EXHORTACION: He visto la aflicción de mi pueblo

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EXHORTACIÓN PASTORAL
DEL EPISCOPADO VENEZOLANO
ASAMBLEA ORDINARIA CIV
Caracas, 9 de julio 2015
“He visto la aflicción de mi pueblo” (Éxodo 3,7)
A todos los venezolanos, salud y bendición
1.- “He visto la aflicción de mi pueblo” (Éxodo 3,7), éste es el dolor que Dios escucha, el clamor
de los pobres, el de los desvalidos, el de Venezuela, pueblo que resiste graves penalidades, que
sufre la falta de igualdad de oportunidades, que llora la pérdida de la vida.
2.- Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, reunidos en la CIV Asamblea Ordinaria, queremos
compartir las angustias y esperanzas del trabajo pastoral que realizamos al servicio de todos.
La visita apostólica del Papa Francisco en Latinoamérica reafirma las razones para la esperanza
y nos impulsa al renovado compromiso por la nueva evangelización. Agradecemos también su
preocupación por Venezuela. Es muy grato comprobar que su magisterio ha sido motor de
diversas iniciativas. Su exhortación “La alegría del Evangelio” y recientemente la encíclica
“Laudato si”, “Alabado seas”, con su sugerente mensaje desde una ecología integral, son un
preciado regalo a los creyentes y al mundo entero. El Papa con sus palabras y sus gestos nos
ofrece un hermoso testimonio para asumir las dificultades con coraje, esperanza,
responsabilidad.
3.- Es también motivo de alegría para la Iglesia latinoamericana, la beatificación del Arzobispo
Oscar Arnulfo Romero, mártir de la fe, del amor a la Iglesia y de la defensa a los desvalidos,
cuyo ministerio profético manifiesta la permanente actualidad de una Iglesia de los pobres y
para los pobres.
4.- Acompañamos con nuestra oración y nuestra solidaria comunión a las sufridas
comunidades cristianas sometidas a horrendas persecuciones y amenazas de exterminio por
parte de grupos terroristas, ante la indiferencia de la comunidad internacional.
5.- En el ámbito eclesial venezolano, subrayamos el entusiasmo generado por el próximo
encuentro nacional de jóvenes -ENAJO-, que tendrá lugar en Barquisimeto, en agosto próximo,
donde se espera a miles de jóvenes de todo el país; igualmente, la preparación de la Asamblea
Nacional de Pastoral, en noviembre de este año, quiere ser un instrumento para la renovación
de la Iglesia.
6.- La Palabra de Dios nos pide a todos ser profetas y promotores de esperanza. No al
conformismo ni a la resignación, sino decidida voluntad de superar dificultades para crear
ámbitos de encuentro, diálogo y reconciliación en toda la extensión de nuestra patria. Con la
fuerza del Espíritu podremos mirar el horizonte con sentido de compromiso y
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corresponsabilidad. Si tenemos “el gusto espiritual de ser pueblo” (EG 268), hemos de
manifestar que la esperanza nos hace protagonistas de la renovación de nuestra sociedad.
LA DURA REALIDAD QUE NOS INTERPELA
7.- La preocupación por la gravísima situación que vive el país, sentida por todos, nos exige ser
críticos, creativos, solidarios. Compartimos las inquietudes y anhelos, el sufrimiento que
padece nuestro pueblo por tanta incertidumbre. La mayoría asume que vivimos un momento
muy difícil e incierto, que es necesario y urgente superar. No se puede negar lo que está a la
vista: los presos políticos, los vejámenes, las torturas, la violación de los derechos humanos.
8.- El pueblo venezolano exige mejores condiciones de vida diaria; pide seguridad y mayor
protección a su derecho a la salud y a la alimentación de su familia. Toda la nación padece la
falta de medicamentos y atención hospitalaria y la escasez. Exige mayor seguridad ante la
violencia desbordada, la impunidad y el narcotráfico. A lo anterior se suman las crónicas fallas
eléctricas y en el servicio del agua potable en todo el país que repercuten tanto en la vida
familiar como en el trabajo, generando más angustias y daños.
9.- Los venezolanos vemos con asombro la devaluación diaria de la moneda con las terribles
consecuencias en el costo de bienes y servicios. Todo cuesta más cada día, lo que golpea el
poder adquisitivo de las familias venezolanas. Urge tomar medidas económicas sensatas en el
marco de la Constitución y las leyes que impidan ese absurdo y nocivo mecanismo de una
política económica equivocada que enriquece a unos pocos y empobrece a la mayoría.
10.- Un nuevo y gravísimo problema es la creación de las mal llamadas “zonas de paz”. En ellas
los cuerpos de seguridad del Estado no pueden ingresar ni actuar sin orden superior. Extensas
zonas de algunos municipios están actualmente bajo el control de bandas anárquicas y
delictivas, que actúan allí impunemente. Eso es inaceptable y en esos sectores debe restituirse
el control del Estado y de la ley.
11.- Las inundaciones que padece el llano apureño en Guasdualito y en varias regiones de los
Andes, llaman a la solidaridad de todos. Agradecemos las ayudas que llegan a través de las
CARITAS, nacional, diocesanas y parroquiales; que nos permiten hacernos solidarios con el
acompañamiento sincero, la oración fervorosa y la ayuda, expresión de la caridad fraterna.
TODOS SOMOS NECESARIOS PARA RECONSTRUIR A VENEZUELA
12.- Venezuela es de todos, y para reconstruir el país debemos reencontrarnos como
hermanos, buscar juntos las soluciones a nuestras necesidades, empezando por las llamadas
“necesidades básicas”. Lo primero que podemos hacer, es que nadie pretenda imponerse
eliminando a los otros. Todos somos necesarios, por tanto hemos de ser actores y
protagonistas de la Venezuela que queremos. Asimismo, es urgente ser conscientes de los
errores que se deben corregir. Por eso, es equivocado cerrarse en visiones ideológicas, en
fanatismos o en legados intocables.
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13.- Venezuela es una sola. La necesidad de diálogo y de toma de decisiones concertadas, es
impostergable. Nadie, ningún sector o persona, tiene el monopolio de la verdad ni puede
erigirse en oráculo de la verdad plena. Para ello, cada quien tiene la obligación moral de
aportar lo mejor, en la búsqueda del bien común, teniendo en cuenta los intereses de los más
pobres, para que no sean ellos los que carguen con lo más oneroso de las medidas que se
tomen.
LOS VENEZOLANOS QUEREMOS CONSTRUIR UN PAÍS
14.- que ame la paz, donde haya seguridad para trabajar, producir y compartir, donde se
destierre la prédica estéril y dañina de catalogarnos por las diferencias, por el odio de clases,
por la exaltación del enfrentamiento, idealizando el nacionalismo vacío, la violencia o la
guerra, en el que la fuerza puede más que la razón.
15.- que promueva la unión de las familias divididas, enfrentadas, dolidas por la ausencia de
los seres queridos que han tenido que emigrar, o que han sido víctimas de la violencia y ya no
están entre nosotros. Es posible el abrazo que sana heridas, devuelve la sonrisa y tiende la
mano generosa.
16.- en el que la sociedad considere y respete a los maestros y profesores, desde el preescolar
hasta la universidad. Que haya la convicción de que la clave está en el desarrollo del talento de
su población y para lograrlo hay que contar con la familia y con escuelas de calidad que
premien la superación y no la mediocridad. Toda la sociedad debe crear esa conciencia pues es
la mejor inversión para formar hombres y mujeres capaces de ser competentes en cualquier
campo.
17.- que entienda la política como el arte de armonizar lo diferente para buscar caminos de
consenso y el bienestar común de todos los venezolanos. No empecinarse en erigir la
polarización, las diferencias, la negación a reconocer al otro y dialogar con el arma del poder.
18.- donde se respete y cultive la autonomía e independencia de los poderes públicos para que
el poder ejecutivo no los concentre y domine. La experiencia también enseña que los
regímenes, de corte populista y excluyentes, favorecen el abuso del poder y la corrupción.
19.- que promueva la actividad económica abierta, en el que la iniciativa privada con
responsabilidad social, sea motora de desarrollo y progreso, lejos del estatismo que ha
fracasado en el mundo entero, antes y ahora.
20.- que destierre de raíz la cultura de la muerte, la épica del armamentismo y militarismo, la
imposición de una única forma de ver el mundo. No hay nada más absurdo y sin sentido que
buscar la solución de los conflictos con la violencia. Son muchos los héroes civiles, algunos de
ellos anónimos, mujeres y hombres trabajadores, inventores, promotores de todo lo bueno
que deben ser iconos referenciales para la promoción de una cultura de la vida y de la
solidaridad.
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21.- que asuma la naturaleza que Dios nos ha regalado, la cuide y la proteja. Que cultive la
tierra y la haga producir, asegurando alimentos para toda la población. Que cuide los recursos
naturales, el agua, los bosques, la vegetación, asegurando la belleza de la casa que Dios nos
regaló para vivir en ella. Que los recursos no renovables como el petróleo, se siembren para
mejorar la calidad de la educación, la salud, la vialidad, y no sean usados para ganancias
políticas que no benefician en nada a la población.
22.- que se enorgullezca de ir con la verdad por delante, porque es el único camino que genera
confianza y credibilidad, pues sólo “la verdad nos hace libres” (Jn. 8,32). El uso de la mentira,
de las medias verdades, de la manipulación, degrada al ser humano y lo convierte en promotor
de inequidad e injusticia, y no ayudan a la credibilidad y confianza que todos tenemos tener en
quienes deben representar y defender a todos los ciudadanos sin distinción.
LA ESPERANZA PASA POR LA PARTICIPACIÓN, LIBERTAD, CREATIVIDAD.
23.- Todo el pueblo debe participar con responsabilidad en el proceso electoral de diciembre
próximo. En las actuales circunstancias resultan de muy significativas e importantes. Es un
deber que no podemos eludir. Es la oportunidad de la recomposición política y social del país.
No queda sino el poder de la soberanía popular que indique con su intuición creadora, el país
que sueña y quiere. Trabajar por un proceso limpio, participar con valentía pero con respeto,
denunciar con verdad, es obligación ciudadana y cristiana. Los responsables de garantizar el
orden público y la pulcritud del proceso electoral, en conciencia, deben asumir la misión que
les asigna la Constitución para que los comicios se desarrollen en igualdad, en paz y en
libertad.
24.- Los candidatos y las organizaciones políticas, tanto del oficialismo como de la oposición,
deben buscar el bien común y no en mezquinos y particulares intereses. La gente quiere
sentirse tomada en cuenta, no burlada ni engañada, y reclama que se le ofrezcan propuestas
que le permitan acrecentar su esperanza, ofreciéndoles positivamente un futuro mejor en paz
y concordia.
25.- El Consejo Nacional Electoral tiene la obligación de ser imparcial, evitando el ventajismo,
el abuso o la parcialización, y garantizando el libre ejercicio por parte de los electores del
derecho al voto según su conciencia. Esta actitud favorecerá la superación de la inercia y el
desánimo y permitirá ponernos en el camino que nos insinúa el Papa Francisco: reconocer al
otro, sanar las heridas, construir puentes, estrechar lazos y ayudarnos mutuamente a llevar las
cargas (EG 67).
26.- El pueblo exige libertad, para opinar, disentir, proponer, tener acceso a una información
libre; es un derecho que no debe ser cercenado. Las excesivas cadenas y la propaganda
tendenciosa tienen que ser rechazadas y puestas al descubierto.
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INVITACIÓN CORDIAL Y FRATERNA
27.- En estos tiempos de angustia y dificultad, reafirmemos nuestra fe en el Señor resucitado
que nos invita a superar el miedo y la desesperanza en la búsqueda de un país justo, unido y
productivo. El Papa Francisco nos llama a vivir un año jubilar a partir del próximo 8 de
diciembre para una profunda conversión del corazón, de las actitudes y de las acciones. Para
ello recordándonos que Dios quiere misericordia y no sacrificios, nos impulsa a construir y
hacer posible en Venezuela el Reino de Dios, de justicia, paz y amor, centrar toda nuestra vida
en Cristo, “rostro de la misericordia de Papá Dios”. No bastará sólo con actos piadosos: la
oración y la reflexión a partir de la Palabra de Dios deben ir acompañados con acciones que
hagan posible el perdón y la reconciliación, así como descubrir la corrupción que frena un
futuro lleno de esperanza (“El Rostro de la misericordia”, n. 19 y 20).
28.- Como ciudadanos y como creyentes, sabemos que la experiencia cristiana debe provocar
consecuencias sociales. Queremos seguir construyendo una Iglesia pobre y de los pobres, en
actitud misionera, en permanente actividad de conversión, servicial y samaritana, que enseñe,
predique y sane con actitud misericordiosa. Es la razón de ser de nuestros planes y proyectos
pastorales. La realidad concreta, máxime si es difícil, nos interpela a establecer relaciones
entre el evangelio y la vida concreta, personal y social (cfr. EG 180-181).
29.- Escuchar el grito de los pobres es una forma especial del ejercicio de la caridad, que pasa
por devolver la dignidad y la paz a la sociedad en la cual vivimos. Que María de Coromoto
bendiga al pueblo venezolano, también a los que no creen o no comparten nuestra fe, pues los
dones de Dios son para todos.
Con nuestra afectuosa bendición.
LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE VENEZUELA
Caracas, 9 de julio de 2015.
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