Amartya Sen y sus aportaciones a la Teoría del Desarrollo: Algunas

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Amartya Sen y sus aportaciones a la Teoría del Desarrollo: Algunas
reflexiones
Fran Equiza
Gerente IIG
El aporte central de Sen a la Teoría del Desarrollo tiene que ver con cómo mira Sen el
bienestar, es decir, con las cuestiones acerca de qué es el bienestar y quién es el sujeto del
bienestar. Respondiendo a estas preguntas, Sen redescubre que el sujeto del bienestar es el
ser humano y que el bienestar es el cómo este ser humano se encuentra. Este punto, que
parece obvio, le conduce de forma inmediata al cuestionamiento de la forma de entender,
concebir y, por ende, medir el bienestar que ha venido manejando la Teoría del Desarrollo.
Este enfoque le permite a Sen pasar de preocuparse por los medios que tiene una persona, y
que supuestamente son un indicador de su bienestar, a preocuparse por los fines que consigue
dicha persona. De hecho, y como veremos más adelante, no sólo de los fines que consigue
sino de todos aquellos que está en disposición de conseguir independientemente de que al
final, y bajo su propia voluntad – a la que Sen llama agencia-, los realice o no.
Las implicaciones de este enfoque se manifiestan en la superación del tradicional concepto
utilitarista del bienestar, el paso a un concepto centrado en las posibles realizaciones del
individuo y la entrada del paradigma de que la consecución del desarrollo se fundamenta en el
ensanchamiento de las libertades del individuo de manera que le permitan llevar la vida que
éste considere digna vivir.
La crítica fundamental al bienestarismo, y concretamente al utilitarismo como una de sus
manifestaciones específicas, se basa en: a) la errónea identificación de bienestar con utilidad
en las tres principales interpretaciones: elección, felicidad y satisfacción del deseo, b) la
consideración de que la ordenación por suma es trivial y no deja de lado la cuestión de la
desigualdad y c) la incapacidad de incorporar las diferencias de partida y de agencia entre las
personas.
La identificación de bienestar como elección, además de que ésta pueda no representarse de
forma binaria o pueda no ser transitiva, plantea el problema fundamental de que la conducta de
elección incorpora muchos más elementos que la mera búsqueda y satisfacción del bienestar.
En cuanto a la felicidad, plantea dos problemas. El primero hace referencia a que la felicidad es
básicamente un estado mental que no tiene en cuenta otros aspectos. El segundo se
manifiesta en la limitación de otros estados mentales como consecuencia de interpretar la
felicidad como uno de ellos y la valoración subjetiva que ello implica. Respecto a la satisfacción
del deseo presenta el problema de la valoración (¿valoro porque deseo o deseo porque
valoro?) pero, aún así, los deseos pueden, en virtud de la capacidad de agencia, ir contra el
bienestar de una persona, por lo que sumado éste a la representación de deseo tanto como
potencia como en cuanto acto, además de la contingencia de los mismos, dificulta su utilización
objetiva.
El ordenamiento por suma es la pauta básica en el utilitarismo además de ser considerado
como algo inevitable. Sin embargo, la representación numérica se concreta en la maximización
de la esperanza matemática, en condiciones de equiprobabilidad de ser cualquier individuo,
valores que representan la elección bajo incertidumbre. Estos valores no tienen por qué
coincidir con ningún concepto de bienestar. Además de que representan presuntamente la
absoluta racionalidad, sin que en la ordenación haya podido estar presente el concepto de
igualdad.
Por último, analicemos la incapacidad de incorporar diferencias subjetivas. Dos personas con la
misma cantidad de bienes pueden conseguir realizaciones muy distintas en función de
peculiaridades personales. Estas diferencias de partida pueden provenir de deficiencias físicas,
diferencias biológicas u orígenes sociales dispares y representan posibilidades de bienestar
significativamente variables, variación que ha de ser recogida en virtud de que interpreta estas
peculiaridades, hecho que no contempla el utilitarismo.
Así pues, Sen plantea que la característica fundamental del bienestar es la capacidad de
conseguir realizaciones valiosas y define el conjunto de capacidades como el conjunto de
vectores de realización a su alcance; es decir, la evaluación no se basa en analizar el conjunto
de realizaciones alcanzado sino en analizar el conjunto de realizaciones alcanzable, dado que
la calidad de vida que lleva una persona no se mide por un estándar sino por la capacidad de
esa persona de elegir dicho modo de vida.
De esta manera, Sen identifica los siguientes elementos: a) el conjunto de bienes que posee
una persona xi, b) la función, no necesariamente lineal, que convierte los bienes en
características aplicables c(·), c) la función de uso personal o la pauta en la que el individuo
puede generar realizaciones a partir de las características fi(·), d) el conjunto de realizaciones Fi
y e) el bienestar en función de las realizaciones obtenidas hi(·).
Las capacidades de un individuo vienen delimitadas por dos conjuntos. El primero se refiere al
conjunto de características que el individuo obtiene de los bienes que posee. El segundo viene
definido por el conjunto de realizaciones que puede obtener a partir de dichos bienes. Esta
distinción es crítica en el análisis de Sen, puesto que el bienestar de un individuo vendrá dado
por la intersección de ambos espacios; es decir, tan sólo podrá realizar (o mejor, tan sólo
tendrá capacidad para) las “funcionalidades” que le estén dadas per se y por su entorno sobre
los bienes de los que goza.
Formalizando lo expuesto:
Vector de características de bienes: bi=fi(c(xi))
Bienestar obtenido: ui=hi(fi(c(xi))
Vector de capacidades: Qi(Xi)=[bi| bi=fi(c(xi)), para algunos fi(·)
  Fi y para algunos xi  Xi]
De esta manera, observamos que de una alta acumulación de bienes y sus características, si
no existen las funciones que las transforman en realizaciones, no se obtiene un alto grado de
bienestar o, a la inversa, una alta capacidad de funciones personales sin bienes sobre las que
aplicarlas producen similares resultados. Es decir, para dos personas con la misma dotación de
bienes inicial, pero una de ellas con una discapacidad física de la que la otra carece,
obtendremos realizaciones bien distintas por las pautas que cada individuo podrá aplicar sobre
sus bienes.
Esto nos lleva a la fijación de las políticas para el desarrollo humano. No es suficiente con
ampliar el primer conjunto de la función: los bienes. Es necesario, igualmente, aumentar las
condiciones que convierten dicho conjunto de bienes en capacidades de realización.
Gran parte de las políticas de desarrollo han ido encaminadas hacia el primer subconjunto. Sin
embargo, el reto se establece en el diseño de políticas orientadas a la persona que permitan
las realizaciones mencionadas y es este segundo conjunto de políticas el que no sólo incide
sobre aspectos de capital humano sino, sobre todo, en aspectos institucionales y de capital
social.
Las condiciones de transformación de un individuo de un conjunto de bienes determinado en
capacidades de realización tienen una limitación personal, que podríamos llamar “condiciones
individuales”, y otra limitación de carácter comunitario o social. El conjunto de instituciones,
formales e informales, que condicionan, coartan, impulsan, incentivan o promueven la
conversión de las características de los bienes en capacidades es virtualmente el todo de la
sociedad. Desde pautas familiares, que condicionan el orden de la alimentación y las raciones
así como la prevalencia en la educación, hasta instituciones como los mercados que definen
quién y en qué condiciones se puede actuar, pasando por costumbres sociales que establecen
la vergüenza en una determinada forma de vestir o la forma de constituir matrimonios.
De todo ello se desprende que la nueva acción para el desarrollo ha de superar la provisión de
bienes y competencias individuales y estar orientada hacia la provisión de entornos
institucionales que, en lugar de coartar el posible desarrollo y conversión de dichos bienes en
capacidades, garanticen la ampliación del espacio de libertades de los individuos.
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