CRISIS ECÓNOMICA DE 1929 ¿Qué causó la Gran Depresión?

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CRISIS ECÓNOMICA DE 1929
¿Qué causó la Gran Depresión?
Aunque la caída de la bolsa de valores (the stock market crash) de 1929 era uno de los factores importantes,
no es correcto decir que era la única causa, ni la causa principal.
• La sobreproducción
La producción supera las necesidades reales de consumo a partir de 1925, sobre todo en Estados Unidos,
donde los stocks aumentaban conforme se reconstruían las economías europeas.
Las causas de la sobreproducción son las siguientes:
• Distribución desigual de las rentas, que lleva implícita la limitación del consumo a las capas sociales más
ricas, que en la mayor parte de los países no eran muy numerosas.
• Mantenimiento de los precios de monopolio, tipo cartel, que obligaba a la existencia de grandes cantidades
de stocks sin vender, al comprometerse los fabricantes a mantener unos precios pactados de antemano.
• Desfase entre precios agrícolas e industriales, los primeros crecen más lentamente que los segundos y
hacen desminuir, por tanto, el poder adquisitivo de los campesinos.
• La reconstrucción de las economías europeas y el incremento de producción de algunos países menos
desarrollados o coloniales durante la guerra, junto con el desenfreno productivo de los Estados Unidos.
El sector agrario fue el más perjudicado por los excedentes invendidos y la consiguiente baja de precios.
• El desorden monetario
Los momentos de expansión exigen una estabilidad monetaria y el funcionamiento de un sistema monetario
que organice los intercambios desde un centro financiero mediante una divisa hegemónica. Pues bien, la
relativa expansión de los años 20 se caracterizó por el marasmo monetario, la perdida del patrón de oro y la
excesiva dependencia financiera de los Estado Unidos, convertidos en los principales acreedores y con Wall
Street como el cetro financiero más importante del mundo.
La excedencia de nuevos centros financieros como el de Wall Street, junto con los ya tradicionales de Londres
y París, originó una competencia en los préstamos exteriores entre el dólar y la libra que añadió nuevas dosis
de inestabilidad.
En la conferencia de Génova (1922) se revisa el sistema del patrón clásico (gold exchange standard), y se
establece el empleo de divisas claves (el dólar y la libra), junto con el oro, para respaldar los billetes emitidos
por los bancos nacionales.
• El crack de la Bolsa
Desde 1928 la industria de la construcción experimenta una cierta contradicción, no grave, pero que
significará el primer signo de retroceso. Aun así, la euforia de la Bolsa de Wall Street continúa. En septiembre
del 29 la tendencia de la Bolsa está estabilizada, debido al descenso de los precios, como del acero, cobre y la
reducción de los beneficios en algunas empresas. Se procura vender pero los especuladores todavía compran.
El 24 de octubre de 1929, conocido como el Jueves Negro se produce la autentica catástrofe, un gran número
de personas se congregan ante el edificio de la Bolsa de New York, preocupados por el derrumbe de sus
acciones. La acumulación de ordenes de venta había hecho bajar los valores, pero esta tendencia había sido
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amortiguada por la compra por parte de la Banca Morgan. Días más tarde, millones de títulos son arrojados al
mercado a bajo precio y no encuentran comprador: el pánico ha provocado una fiebre de ventas.
La expansión de la crisis por todo el mundo
En Estados Unidos: El hundimiento de la bolsa provocó el llamado Efecto dominó que fue derribando una a
una todas las piezas de economía norteamericana. Grandes empresas y millares de pequeños accionistas se
arruinaron. Estos últimos se vieron obligados a retirar sus ahorros de los bancos. Los bancos no pudieron
seguir concediendo créditos y al no poder comprar a plazos, la demanda se contrajo aún más, por lo que la
actividad industrial se redujo drásticamente. Las quiebras de bancos y empresas se sucedieron y el paro y la
disminución de salarios provocaron un descenso en picado de la demanda.
Pero no sólo la economía norteamericana quedó desecha; pronto, la crisis se propagó a otros países. USA
retiró sus créditos de Europa, provocando el hundimiento de las economías europeas sustentado en los
préstamos de USA. Europa, a su vez, dejó de comprar productos al resto del mundo. De modo que los países
que dependían de la exportación de alimentos y de materias primas vinieron también como sus economías se
hundían.
La crisis afecta primero a los países más dependientes de Estados Unidos, como Japón, que realiza más de un
tercio de sus ventas en este país y América Latina, exportadora de materias primas.
En Alemania, se reunieron la depresión interna, los problemas de la posguerra y las repercusiones del crac,
especialmente la retirada de los préstamos. El desempleo llegó a alcanzar 1.900.000 personas. Al gobierno de
la República de Weimar le va a resultar muy difícil coordinar sus deseos de liquidar de la forma más rápida
posible las deudas de guerra y eliminar la oposición de los comunistas y nazis, que le recriminaban su
debilidad frente a las potencias extranjeras y le hacían responsable del empobrecimiento de la clase obrera.
En Austria, el Banco Kreditanstalt, del grupo Rothcheld, con sede en Viena, fue una de las primeras entidades
víctimas del crac de Estados Unidos. Debido a su mala situación, los austriacos negociaron con Alemania un
proyecto de unión aduanera que, aunque no llegó a realizarse, puso en alerta a británicos y franceses. El
Kreditanstalt se hundió y no pudieron evitarse las quiebras bancarias subsiguientes.
En Gran Bretaña, que se dedicaba tradicionalmente a la exportación de manufacturas y capitales, vio roto su
intercambio con los países productores de materias primas al caer los precios de éstas, lo que eliminó su
capacidad de compra. El descenso de sus exportaciones, unido a la falta de pago de sus créditos a ultramar y la
pérdida de empresas ligadas al comercio internacional, desequilibraron su balanza comercial. En 1931 el
gobierno británico abandonó el patrón oro, y la libra pasó a depender de la oferta y la demanda en el mercado
de cambios que fijaba su valor, que en pocos días bajó hasta un 50 por 100. Esta devaluación arrastró a otras
monedas satélites en Escandinavia, Portugal, Egipto y Latinoamérica. Todos estos movimientos monetarios
desorganizados agravaron las dificultades del comercio mundial.
En Francia, la crisis es más tardía y menos violenta. Pero desde 1927−1928 la economía francesa muestra ya
desequilibrios. El estancamiento del comercio interior por la insuficiencia del poder de compra y la falta de
dinamismo del comercio exterior, acarrean el descenso de la producción.
El excepcional hundimiento financiero e industrial del sistema capitalista causa una masiva destrucción de
empleos.
Las consecuencias de la crisis
• El hundimiento económico
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El sector industrial fue el más alterado por la crisis. La producción
industrial en el mundo descendió casi un 40 por 100 entre junio de 1929 y julio de 1932. Nunca se había
conocido una caída tan importante.
Las industrias más afectadas fueron las siderúrgicas y la dedicada a la fabricación de bienes de consumo no
imprescindibles, como los automóviles, cuya fabricación se redujo a menos de una tercera parte en tres años.
La crisis también se manifestó, como ya hemos visto en el sector agrario, no tanto por la caída de la
producción, cuanto por el total hundimiento de los precios y el descenso de la demanda.
Los precios agrícolas disminuyeron en Estados Unidos en un 57 por 100 entre 1929 y 1932. La caída del
poder adquisitivo de los habitantes de las ciudades se tradujo en la reducción del consumo, incluso de
alimentos. La ciudad arrastró al campo a ruina. Las acciones desesperadas de los campesinos destruyendo sus
cosechas contrastaban con la penuria en la que vivían millones de familias.
El comercio internacional había sido durante el siglo XX, uno de los motores del crecimiento económico.
Durante los años 20, se había desarrollado más lentamente. Pero esto no fue nada comparado con la reducción
que conoció durante los años 30.
La disminución de la actividad económica y del consumo, así como las dificultades monetarias explican la
quiebra general del comercio mundial.
Esta crisis se vio favorecida también por el endeudamiento de la competencia y por la aparición de
dificultadas al libre transito. Los Estados Unidos recurrieron al proteccionismo como una forma de defender la
producción propia frente a la competencia externa. La elevación de los derechos aduaneros, las cuotas para la
importación de determinados productos o el control de los movimientos de capitales se convirtieron en armas
contra el desarrollo comercial.
Ya en 1930, Estados Unidos abrió la guerra de Intercambios con el arancel Hawley−Smoot, que elevaba las
tarifas de entradas de productos extranjeros.
• El caos monetario
A partir de 1931, se fueron creando zonas monetarias separadas, lo que
acrecentó la inestabilidad de los cambios y propició auténticas guerras monetarias.
• Consecuencias sociales
La crisis supuso la destrucción masiva de puestos de trabajo en la
industria, extendiéndose más tarde a los demás sectores económicos. El desempleo prolongado suponía, por
tanto, verse abocado en la miseria. La mendicidad, los asilos de noche, los comedores de caridad se
multiplicaban en unos países acostumbrados a la abundancia y aterrados ante una situación que no
comprendían.
El contraste entre ricos y pobres era cada vez mayor, y las diferencias entre los que conservaban su trabajo y
los que lo habían perdido eran enorme, ya que para estos últimos el poder comer constituía un verdadero
problema. La miseria resultaba difícil de entender cuando en el campo se destruían parte de las cosechas. La
crisis parecía cebarse en los agentes sociales más activos y emprendedores y favorecer a los más pasivos.
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• Consecuencias políticas
Las primeras medidas tomadas por los respectivos gobiernos para
hacer frente a la crisis fueron, en general, un claro fracasó, lo que produjo un fuerte descontento popular,
propiciando graves enfrentamientos sociales.
La ineficacia mostrada por el sistema se convirtió en un problema para los gobiernos y para el mismo sistema
democrático. Las ideologías antiliberales y anticapitalistas adquirieron numerosos adeptos, por la izquierda el
socialismo, y especialmente, el comunismo; por la derecha las tendencias autoritarias, pero sobre todo los
fascismos.
Los extremistas reclutaban a sus militantes entre las víctimas de la depresión: obreros, para dos, agricultores,
clases medias arruinadas o sin empleo. Pero también los intelectuales se alinearon en las posiciones opuestas
al sistema, sobre todo la extrema izquierda.
El balance político final fue muy negativo para los regímenes parlamentario. El autoritarismo se impuso en
numerosos países.
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