balconing

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La vida por nada: los jóvenes juegan con la muerte a cambio
de un rato de heroísmo
La filosofía de ocio del programa americano «Jackass» se lleva al extremo y los
chicos se tiran por los balcones a la piscina y se colocan bajo los vagones de tren en
marcha. El «subidón» de adrenalina y la búsqueda de la falsa heroicidad que se
consigue a través de la red son sus justificaciones.
De travesura a «hazaña» o temeridad, según quien lo mire. Lanzarse a una piscina desde
la terraza de un hotel, más conocido como «balconing», o situarse en las vías de tren y
esperar a que éste pase por encima son algunas de las «aventuras» a través de las cuáles
los jóvenes ponen en riesgo su propia vida. Sin embargo, muchos se preguntan ¿qué
sentido tiene todo? ¿Qué busca esta generación?
La última víctima de estas actividades tuvo lugar hace unas semanas, cuando se
precipitaba al vacío al intentar tirarse a la piscina. El balance de muertos este año por
«balconing» alcanza casi la decena. Pese a ello, los jóvenes no parecen poner freno a
ese deseo de tirarse y luego disfrutar de su hazaña en la web. Ya sea por los efectos del
alcohol, las drogas o el afán por una falsa heroicidad, ninguno piensa en que un fallo de
cálculo al precipitarse sus cuerpos queden aplastados en el suelo, en que su cráneo se
parta y mueran en el acto. O lo que es peor, una caída fatal que los convierta en
vegetales para siempre y no puedan «disfrutar» de su triunfo.
Los expertos aseguran que no hay definido un trastorno que se refiera a la adicción al
riesgo, aunque sí que existe una cierta predisponibilidad genética que, unidas a otros
factores, como la influencia del grupo, el alcohol o las drogas, desencadena con mayor
facilidad este tipo de comportamiento. Ante la búsqueda de un perfil de persona que
disfrute saltando de un tren en marcha o cruzando las vías del metro justo antes de la
llegada del primer vagón y después se vanagloria de su aventura en la red, los
especialistas dan algunas pinceladas ante la dificultad de poder encontrar algo más
concreto.
¿Quiénes son?
«Habitualmente son personas jóvenes casi siempre varones, que buscan estímulos
externos. Podríamos decir que tienen la necesidad de superar situaciones complejas para
tener una recompensa directa. Este punto es interesante porque dentro de los estudios de
neuroeconomía también se observa la mayor tendencia de los hombres jóvenes a buscar
el beneficio inmediato, mientras que la mayoría de las mujeres tienen un
comportamiento más a largo plazo», explica Jesús Porta-Etessam, del Servicio de
Neurología del Instituto de Neurociencias del Hospital Universitario Clínico San Carlos
de Madrid y miembro de la Sociedad Española de Neurología.
Para la generación «Jackass» –serie de la cadena americana MTV, famosa por poner en
práctica actividades de riesgo máximo– quizá es el modelo a imitar. Recogen en vídeos
e incluso películas actividades en las que ponen de forma continua en peligro la
integridad de los participantes. Gracias a internet y las redes sociales sus fans han ido
más allá de estas «gestas» y buscan el subidón de adrenalina y siempre que pueden
ayudados de una cámara. Antonio Cano Vindel, presidente de la Sociedad Española
para el Estudio del Estrés y la Ansiedad, aborda esta «alarma social» desde dos puntos
de vista. «Desde el punto de vista de la personalidad, desde hace varias décadas,
sabemos que algunas personas tienen altas puntuaciones en el rasgo de personalidad
denominado búsqueda de sensaciones, que se caracteriza por la tendencia a desarrollar
conductas que pueden resultar peligrosas, con el fin de buscar nuevas emociones y
sensaciones, conseguir un alto grado de excitación o bien huir del aburrimiento –
manifiesta Cano-Vindel y continúa–. Desde el punto de vista de la psicopatología,
podríamos decir que las personas que buscan estados de excitación intensa serían más
propensos a desarrollar un trastorno antisocial de la personalidad, así como diferentes
trastornos por consumo de sustancias».
Carencias
En este sentido, Valentín Martínez-Otero, doctor en Pedagogía por la Universidad
Nacional de Educación a Distancia y en Psicología por la Complutense, afirma que pese
a no existir un perfil único, «no es extraño encontrar entre personas que ponen en riesgo
su vida características del tipo: menor percepción del peligro, escaso autocontrol,
elevada impulsividad, poca socialización... En algunos casos las conductas arriesgadas
se explican por una depresión». Así, se podría hablar de individuos con carencias
emocionales o sujetos con proximidad a ciertos trastornos conocidos como límite de
personalidad, como apunta Julio Bobes, presidente de la Sociedad Española de
Psiquiatría. «No nos encontramos ante un problema nuevo, sí en la forma, pero no en el
fondo. La gente acusa una falta de compromiso con la vida poniéndola en riesgo. Si
bien es cierto que no se trata de un problema general, sino de un grupo reducido de
personas», explica Bobes.
Un déficit de atención o el vacío personal también llevan a la búsqueda de notoriedad
través de la red. Mariano de Iceta, jefe de psiquiatría del Hospital Infanta Sofía de
Madrid, explica que «el eco y las repercusiones de las acciones mantienen la sensación
del placer de las acciones y llevan normalmente a una escalada en la peligrosidad de las
mismas». Así, en general, la presión del grupo, internet y la sociedad proponen
determinados modelos que los jóvenes adoptan, como el caso «Jackass».
Un cóctel químico
Si se quiere entender la sensación que produce el peligro hay que dirigirse a la «CPU»
del organismo, el cerebro. Aquí es donde tiene lugar todo el proceso. «En las respuestas
rápidas al peligro se activa la amígdala, que además es un marcador emocional
mnésico», apunta Porta-Etessam. Además, como explica De Iceta, «ante este tipo de
estímulos las hormonas protagonistas son la dopamina, la adrenalina y la serotonina.
Hay estudios que vinculan unos bajos niveles de esta última con la ausencia de
inhibición». También hay que destacar la gran descarga placentera de dopamina,
«neurotransmisor responsable de la gratificación cerebral experimentada por el sujeto»,
añade Martínez-Otero.
Para entender a las personas que realizan conductas de riesgo con el único fin de
disfrutar, también hay que buscar en la huella genética. Algunos trabajos desarrollados
por John Maule, del Centro para el Estudio de las Decisiones de la Universidad de
Leeds, en el Reino Unido, apuntan a la posibilidad de que en el ADN haya alguna
alteración que marque la diferencia entre la población general y los temerarios. En este
sentido, Maule ha encontrado mayores niveles de dopamina en los segundos, además
acompañados de bajos niveles de serotonina.
Otras investigaciones, en este caso realizadas por Marvin Zuckerman, profesor emérito
de la Universidad de Delaware (EE UU), concuerdan con las de Maule. Así, en el libro
de Zuckerman, «Búsqueda de sensaciones. Una puesta al día de sus bases biológicas,
sus mecanismos conductuales y su relación con el consumo de alcohol», el autor
manifiesta que «la disposición psicobiológica caracterizada por la necesidad de
experiencias variadas, novedosas e intensas, y una tendencia a involucrarse en
situaciones de riesgo para lograr tales experiencias».
Combinar el deseo irrefrenable de vivir el peligro con otras sustancias como el alcohol y
las drogas tiene como resultado un cóctel mortal en algunos casos. La impulsividad a la
hora de enfrentarse a situaciones de vida o muerte se incrementa si hay un par de copas
de más. «Si nos situamos en este contexto, este tipo de consumos llevan a la anulación
del juicio», apunta De Iceta. En el caso de los jóvenes, como explica Cano Vindel, «el
adolescente es más vulnerable que la persona madura a la influencia de las presiones de
grupo, ya sea para consumir alcohol, otras sustancias, o para poner en marcha conductas
de riesgo. Por lo tanto, no siempre consume sustancias la persona con mayor rasgo de
búsqueda de sensaciones, sino a veces la persona que más se deja llevar por su grupo de
iguales, por sus amigos».
Cuándo hay un problema
Cruzar la línea entre lo que se considera algo puntual y una adicción patológica a este
tipo de experiencias puede ser peligrosa. Según explica Martínez-Otero, «nos
hallaríamos en el terreno psicopatológico si se cumplen los siguientes datos:
impulsividad irrefrenable, pérdida de autocontrol, repetición de las conductas de riesgo,
excitación intensa, gran placer al realizar la conducta y efectos negativos en la vida del
sujeto».
Por su parte, Porta subraya que «habría que analizar cada situación de manera
independiente, pero posiblemente un grupo de los que realizan este tipo de actividades
si tendrá una personalidad mediante que conlleve una dificultad para controlar sus
impulsos y que la gratificación inmediata tienda a generar la repetición del acto (un
trastorno del control de impulsos)». Así, el presidente de la Sociedad Española de
Psiquiatría manifiesta que «en estos casos es necesario analizar al sujeto y sus niveles
de impulsividad, con el fin de buscar si existe una alteración de la personalidad».
Quizás la pregunta para la mayoría es ¿qué actividades están dentro de lo considerado
«normal»? Para la sociedad, queda claro que los deportes catalogados como «de
riesgo», pero en los que existe siempre un medio que previene el accidente (arneses,
paracaídas...). «Actividades como “puenting”, “espeleobuceo”, esquí fuera de pistas,
barranquismo,... son considerados normales... Cuando la sociedad adopta una conducta
busca medios para disminuir el riesgo y regularizarlo, algo fundamental, como por
ejemplo, el puenting», añade Porta.
En este sentido, coincide Martínez-Otero y subraya que «en la medida en que haya un
impulso elevado con pérdida incluso del autocontrol y si la vida gira en torno a ese tipo
de conductas de riesgo, con repetición de las mismas, fases de excitación, gran placer al
realizar la conducta y deterioro significativo de la vida del sujeto, en el plano personal,
familiar, social, laboral…».
Unos factores importantes en este terreno son la educación y el aprendizaje, como
pilares básicos. Cano-Vindel hace además hincapié en la interpretación cognitiva, «las
personas hacen sobre sus sensaciones físicas es muy importante para poder
experimentar placer o malestar por dichas sensaciones. Así, quienes interpretan éstas
como peligrosas o amenazantes, tenderían a generar miedo o ansiedad ante las mismas,
lo que les llevaría a evitarlas; mientras que quiénes las valoran como algo positivo,
tendería a experimentar placer».
MODALIDADES
En realidad, cualquier práctica que ponga en peligro la integridad de la persona es
válida, como persigue la filosofía de ocio de «Jackass»: «Si duele, lo soporto y lo grabo,
soy un héroe».
BALCONING. La práctica la puso de moda Charly García, que se tiró desde uno de los
balcones del Hotel Aconcagua, en Argentina. Su hazaña pasó a la historia gracias a que
fue colgada en la red. Y ahí sigue. Sirviendo de ejemplo a muchos jóvenes que le ven
como un ídolo al que hay que seguir o incluso superar, aunque sea con la ayuda del
empujoncito del alcohol.
METRING. Otras de las modas en auge es colocarse bajo las vías del tren, cámara en
mano, y grabar el momento en el que este pasa por encima. Quienes lo consiguen sin
salir heridos, se convierten en grandes héroes para los internautas que visitan la página
en que se queda inmortalizado el momento «de gloria». En esta modalidad, también
internet recoge el momento en que los jóvenes se pegan a los vagones de metro y se
suben en los estribos de las puertas del tren y saltan antes de que se meta en el túnel.
Gana el último en soltarse.
CONDUCIR de forma temeraria. Ya sea en dirección contraria, invadiendo carriles, o
haciendo carreras ilegales, la moda del «héroe al volante» sigue teniendo sus
simpatizantes, pese a que las autoridades ponen más impedimentos para que esto no
ocurra.
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