El XVII Congreso del PCCh: un retrato previo Por Xulio Ríos

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El XVII Congreso del PCCh: un retrato previo
Por Xulio Ríos1
El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de China (PCCh)
propuso inaugurar el próximo 15 de octubre su XVII Congreso Nacional. La fecha
se confirmará en una reunión del Comité Central del PCCh, a celebrar el 9 de
octubre. Por su parte, el Comité Permanente de la Comisión Nacional de la
Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh) se reunirá el 19 de
octubre. Así pues, como cada lustro desde que el PCCh recuperó cierta
normalidad política en el país, el calendario político chino se ha puesto de nuevo
en marcha y culminará en marzo de 2008, cuando se reúna la Asamblea Popular
Nacional (APN).
En un sistema político como el chino, los congresos del PCCh tienen una
gran importancia. En este caso, las instancias oficiales insisten en la idea de su
presentación como “un nuevo punto de partida” en el proceso de reforma, que
debe sintetizar las innovaciones introducidas en el primer tiempo del mandato de
Hu Jintao, iniciado en 2002, y que advierten de un matizado cambio de rumbo
que, no obstante, mantiene, en lo básico, las coordenadas originales principales.
Los problemas del campo, de la implantación de un nuevo modelo de desarrollo,
los temas ambientales, así como la armonía social, serán temas que, a buen
seguro, abordará este XVII Congreso del PCCh, con un espíritu remarcado de
mantenimiento de la actual política de reforma y apertura.
En el Congreso participarán 2.217 delegados, que han sido elegidos a lo
largo de toda la geografía del país durante un proceso que ha durado ocho meses.
En
este
sentido,
el XVII
Congreso
presenta
como
novedad
singular
la
participación de lo que en el argot oficial se denominan las “dos nuevas
organizaciones”,
fruto
de
la
nueva
realidad
interna
auspiciada
por
la
implementación de la doctrina de la “triple representatividad” y el nuevo estatus
adquirido, por ejemplo, por la propiedad privada después de su reglamentación
en la sesión de marzo de 2007 de la APN. Estas son las nuevas organizaciones
económicas (representantes de las empresas de propiedad no estatal) y de las
nuevas organizaciones sociales (desde cámaras de comercio a asociaciones sin
ánimo de lucro y otras instituciones de diverso carácter surgidas en los últimos
1
Director del Observatorio de la Política China (Casa Asia-IGADI) y autor de “Mercado y
control político en China” (La Catarata, 2007).
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años). Según informaciones facilitadas por la agencia oficial Xinhua, cerca del
30% de los delegados elegidos pertenecen a las bases, lo que convertirá este
XVII Congreso en el mejor representado de los últimos tiempos. Entre los
delegados, el 20,1 por ciento son mujeres y el 10,9 por ciento pertenecen a
nacionalidades minoritarias. El 93,3 por ciento ha recibido educación superior y el
70,4 por ciento es menor de 55 años.
El principal objetivo que parece asomar en este Congreso es la necesidad
de consolidar un cambio de discurso, de forma que el proceso de reforma y
apertura muestre una mayor sensibilidad hacia un desarrollo equitativo y un
mayor protagonismo de la cuestión social y la dimensión humana, abriendo
nuevos espacios a una democratización progresiva y controlada que no rebase los
límites del sistema.
Nada parece cuestionar la continuidad de Hu Jintao al frente del PCCh y
del Estado en el próximo lustro. Ese será su segundo y último mandato. Dicha
continuidad, como la del primer ministro Wen Jiabao, no parece estar en cuestión,
a diferencia de la intensidad de los mecanismos que se necesita implementar
para cerrar
a cal y canto la fase ultraliberal de los ultimos años que tantas
fracturas sociales ha generado. La sociedad armoniosa que reivindica Hu Jintao
debe reflejarse ahora en el tejido partidario de forma más solemne, estableciendo
un liderazgo cohesionado que pueda perseverar en este empeño más allá de
2012, preservando tanto el crecimiento como la soberanía, aspectos ambos clave
para garantizar el liderazgo del PCCh.
En un editorial del Renmin Ribao (Diario del Pueblo) del 31 de agosto, se
destacaba que el XVII Congreso marcará “un nuevo punto de partida histórico”,
cuando el país ha entrado en una etapa “clave” del proceso de reforma y
desarrollo, que debe acentuar el proceso pacífico de resituar a China en el
epicentro del concierto de las naciones. Historia, revolución y modernización se
acoplan así en un único discurso que parece dejar atrás los impulsos más
liberales, tanto en el orden económico como político, para retomar la senda de
una moderación que tenga en cuenta otros ritmos y exigencias, más acordes con
el discurso original, sin por ello sacrificar la sacrosanta unidad del Partido que
debe seguir manteniendo su posición central en el sistema.
En el discurso del pasado 25 de junio del presidente Hu Jintao en la
Escuela Central del PCCh se sentaron las bases teóricas y políticas del próximo
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Congreso. Durante dos meses ha sido objeto de discusión en todas sus células y
estructuras. La alusión al desarrollo científico y a la necesidad de introducir un
nuevo sistema de administración y gobernanza en el Estado que tenga en cuenta
los intereses de los ciudadanos, son sus contenidos más sobresalientes. Para ello,
se dice, el Partido debe perseverar en cuatro aspectos: creatividad, reforma y
apertura, armonía y justicia social.
Desarrollo
científico
y
armonía
social
son
algunas
de
las
claves
conceptuales del XVII Congreso, llamado, pues, a inaugurar una nueva fase del
proceso de reforma que ambiciona la creación de un nuevo modelo de
crecimiento sin afectar a su elevado ritmo ni abandonar el sistema político
socialista, recuperando espacio para priorizar una mayor atención al bienestar de
las personas, especialmente de aquellos sectores menos favorecidos por los
avances económicos de las últimas décadas. Esa perseverancia es el mensaje
político sustancial que promueve Hu Jintao.
La situación en vísperas
En términos generales, puede afirmarse que, en el último lustro, el
desarrollo económico de China ha recorrido un nuevo y crucial tramo. Ha pasado
del sexto al cuarto puesto mundial y es el tercero por volumen de su comercio
exterior. En 2006, el PIB de China sobrepasó los 21 billones de yuanes, suma que
duplica la de 2002. Desde el año 2003 ha crecido a un ritmo superior al 10 por
ciento, más del doble del promedio mundial. El ministro de finanzas brasileño,
Guido Mantega, ante los graves problemas manifestados recientemente por la
economía
estadounidense,
declaraba
recientemente
que
“China
ya
es
la
locomotora de la economía mundial”. Pero China también tiene los suyos.
En 2006, por ejemplo, la diferencia de renta entre el campo y la ciudad ha
seguido aumentando, pese a los esfuerzos gubernamentales y a las millonarias
inversiones anunciadas en la sesión de marzo de la APN. La renta media anual de
los residentes urbanos ha sido de 11.759 yuanes, es decir, 3,28 veces más que la
de los campesinos (3,22 en 2005 y 3,21 en 2004). El vice ministro de agricultura,
Yin Chengjie, ha reconocido la dificultad de invertir esta tendencia, aún cuando en
los seis primeros meses de este año los ingresos de los campesinos han
aumentado un 13%. A finales de 2005, la población rural china se estimaba en
745 millones de personas, el 57% del total.
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Al margen de dicha tendencia de fondo, en la actualidad, una de las
mayores preocupaciones de los dirigentes chinos está relacionada con la inflación
y el alza de los precios, el más alto desde 1997. Oficialmente, la cifra de inflación
anual es del 3,9%, pero a juzgar por el aumento registrado en bienes como la
carne de cerdo, cereales, legumbres y otros bienes que forman parte de la cesta
de la compra cotidiana de los chinos, esa cifra parece no concordar mucho con la
realidad. Si en julio, la subida del IPC fue del 5,6%, en agosto, oficialmente,
ascendió al 6,5%. En septiembre, no se aguarda una mejora, debido al tirón del
consumo como consecuencia de la “semana dorada” de la Fiesta Nacional (1 de
octubre) y la de medio otoño.
Algunos economistas consideran que este problema no solo tiene que ver
con las inundaciones que han afectado a algunas zonas agrícolas y que, al
contrario, obedece a causas más estructurales, entre ellas, el rápido crecimiento
de la economía, el alza imparable de las bolsas, el fuerte tirón inmobiliario, la
excesiva masa de capitales en circulación, la falta de eficacia de las medidas
adoptadas por el Banco Popular, etc.
La dificultad para controlar las presiones inflacionistas, que generan cierto
descontento, despierta el temor a la inestabilidad social. En un nuevo intento por
contrarrestar sus efectos, el gobierno ha decidido congelar hasta final de año los
precios de los bienes, productos y servicios que todavía están bajo su control,
pero su capacidad de maniobra parece cada vez más limitada.
Los “conceptos” del XVII Congreso
No habrá novedades en cuanto a la democratización sustancial y
homologable del sistema político, aunque si propuestas para mejorar algunos
aspectos del ejercicio del poder. Tampoco cabe esperar grandes cambios en lo
que
se
refiere
a
la
transparencia
informativa.
Cierto
secretismo
sigue
condicionando las noticias relativas al Congreso cuyos entresijos circulan más por
los vericuetos de la rumorología y la especulación que a través de canales
formales.
1. La moralidad socialista
La defensa de la moralidad se ha convertido en una de las palabras de
orden previas al Congreso que goza de mayor generosidad mediática. A los “ocho
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honores y deshonores” que Hu Jintao promovió en 2006, se ha unido ahora la
identificación de hasta 53 modelos nacionales de moralidad. El “top” de la
moralidad en China ha resultado de una selección mixta, con la participación de
entidades oficiales y los votos de los ciudadanos (hasta 21 millones se han
contabilizado). Li Changchun, responsable de ideología en el Comité Permanente
del Buró Político, ha resaltado la importancia de “experimentar los valores
socialistas del honor y la desgracia, a fin de soportar los vaivenes del desarrollo
económico y social, con una fortaleza ideológica y moral a prueba de reveses”.
Ese discurso, que alerta de la importancia de estar preparados para los
momentos duros que pudieran llegar en el futuro (quizás temiendo un
empeoramiento de las relaciones con Estados Unidos o una crisis grave con
Taiwán), es una constante en los mensajes políticos de los actuales dirigentes. El
propio Hu Jintao, en un discurso pronunciado el pasado 18 de septiembre, al
reunirse con estos modelos de moralidad, señaló la importancia de conservar una
moral socialista que practique el sentido del honor y el deshonor y que devuelva
la apreciación de lo correcto que algunos han perdido como consecuencia de la
rapidez del proceso de modernización y desarrollo económico del país.
Probablemente, todo ello guarda relación con la perceptible confusión y
debilidad ideológica de su militancia, que también se pretende remontar con un
nuevo estimulo al estudio del marxismo, en una clara expresión de no renuncia a
ciertas señas de identidad. La nueva y multiplicada presencia de adinerados en
las filas del PCCh presenta algunas ventajas importantes pero también genera no
pocas contradicciones.
La actual exaltación de los valores morales recuerda campañas similares
orquestadas en tiempos de Deng Xiaoping, tendentes a evitar la proliferación de
una moral desprendida y aburguesada. Ese mensaje tiene diferentes dimensiones
(por ejemplo, se han prohibido hasta 13 programas de radio de contenidos
sexuales en cinco provincias del país -Hubei, Hunan, Guangdong, Hainan y
Sichuan- y se ha extremado la vigilancia de todo tipo de contenidos en los
medios), pero la lucha contra la corrupción de los funcionarios se ha convertido
en el eje que delimita la condición de auténtico comunista y vanguardia, y la
afección al núcleo ideológico del PCCh.
La intensidad de la campaña contra la corrupción desatada en los últimos
años tiene pocos paralelismos en la historia reciente de China. A la caída de Chen
Liangyu, jefe del Partido en Shanghai, se ha unido la remoción de muchos líderes
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regionales de diversos niveles y también de los órganos centrales (responsables
de la agencia nacional de los medicamentos, Zhen Xiaoyu –a quien se le aplicó la
pena capital-, o del buró nacional de estadísticas, Qiu Xiaohua). A la muerte por
enfermedad de Huang Ju, miembro del Comité Permanente del Buró Político del
PCCh, le ha seguido la detención de su secretario personal y varias decenas de
personas afines. Y los procesos no paran: en los últimos días se ha iniciado el
juicio por corrupción contra el popular ex gerente del Gran Premio de Fórmula 1
de China, Yu Zhifei, expulsado del PCCh en mayo último, en una nueva muestra
de inexistencia de intocables.
Desde hace meses, todos los medios de comunicación conminan a los
dirigentes a llevar una vida ejemplar que pueda servir de modelo y de
amortiguador del descontento social. En la capital se ha llegado a organizar una
exposición sobre la represión de la corrupción entre los cuadros del PCCh,
destacando la combinación de sobornos, ilegalidades inmobiliarias y amantes.
También se ha creado un juego online (El Guerrero Incorruptible), cerrado al mes
de su lanzamiento, al parecer por sobrecarga en el servidor. En mayo se puso en
marcha una campaña para que los funcionarios corruptos pudieran “confesar sus
faltas” a iniciativa propia, a cambio de cierta indulgencia de las autoridades (unos
2.000 lo han hecho, según fuentes oficiales). Por otra parte, en los últimos cinco
años, más de 140.000 funcionarios entregaron el importe de sobornos a las
autoridades por favor de 676 millones de yuanes, según una información de la
Comisión Central de Control Disciplinario del PCCh. Un fiscal chino anunció que
más de 200 funcionarios corruptos han huido al extranjero (otras fuentes hablan
de hasta 4.000, que han evadido varios miles de millones de yuanes).
Los temas socialmente sensibles (sobornos, escándalos sexuales, etc), son
objeto de una atención específica. Los dirigentes del PCCh que no respeten la
política del “hijo único”, por ejemplo, no tendrán posibilidades de promoción. En
julio, Xinhua había denunciado que en la provincia de Hunan cerca de 2.000
responsables del PCCh no respetaban esta política. En los últimos tiempos,
responsables administrativos y partidarios, empresarios y celebridades han
eludido esta exigencia, provocando una irritación social que ha cristalizado en
diversos disturbios, en especial en el sur del país, donde los campesinos se han
rebelado contra las medidas expeditivas aplicadas por los equipos de planificación
familiar, lo que contrasta con la tolerancia aplicada en otros casos.
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A mediados de septiembre se ha presentado el Servicio Nacional de
Prevención de la Corrupción, que contempla un sistema para compartir la
información entre la administración, los tribunales, las redes bancarias y la
fiscalía, si bien carece de algo esencial, la independencia. El Servicio dependerá
directamente del Consejo de Estado. Su responsable, Ma Wen, es subsecretaria
de la Comisión Disciplinaria del PCCh y esta seguirá desempeñando el papel clave,
siempre lastrado por las motivaciones políticas de su actuación. Uno de los ejes
sobre los que versará su actuación se refiere al impulso de la transparencia y la
prevención.
Las campañas han afectado a temas cruciales en el desarrollo como las
infracciones en el uso de la tierra. En septiembre se anunció una campaña de cien
días en este sentido para mejorar la proporción de tierras cultivables que han sido
usurpadas de forma ilegal por el sector de la construcción en una dinámica de
abusos que ha generado mucho descontento social en algunas zonas del país
donde tierras de cultivo que eran propiedad colectiva de los campesinos se han
destinado a fines no agrícolas con la complicidad de las autoridades locales y
desoyendo
los
requerimientos
del
poder
central.
La
generalización
del
“arrendamiento” en lugar de la expropiación se ha convertido en una práctica
habitual pero no por ello menos ilegal. El Ministerio de Tierras y Recursos ha
declarado que esta práctica viola la ley y no dispone de ningún amparo estatal.
Esta lucha contra la corrupción permite a Hu Jintao y su equipo no solo
moralizar y controlar la conducta de sus militantes, sino también vencer las
últimas resistencias al cambio que promueve (Chen Liangyu, por ejemplo, se
había opuesto a la nueva orientación de controlar el crecimiento económico y
otorgar una mayor primacía a lo social). Y también permite a las autoridades
centrales reforzar su poder frente a los dirigentes territoriales que, en numerosos
casos, ignoran las instrucciones de Beijing, obrando a la ligera y por su cuenta.
Por ello, las consecuencias del fracaso de la lucha contra la corrupción alcanzarían
mucho
más
allá
de
la
lógica
irritación
cívica
contra
determinados
comportamientos.
2. El desarrollo científico.
El concepto de desarrollo científico se presentó en la III Sesión Plenaria del
Comité Central del PCCh, celebrada en 2003. Dicho concepto exige promover y
planificar a un tiempo el desarrollo de las ciudades y las zonas rurales, las
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diversas regiones, la atención a lo económico y social, el medio ambiente, la
defensa de la soberanía nacional y la apertura al exterior. Para ser integral, el
desarrollo
debe
atender
las
dimensiones
material,
política
y
espiritual,
propiciando la sostenibilidad que impone la exigencia de equilibrar las tensiones
demográficas, ambientales, económicas y sociales.
Inseparable de este concepto es la idea de armonía. La conciencia acerca
de la profundidad de las desigualdades sociales, determinan la reiteración
constante de los llamamientos a la implicación de los miembros del partido y las
autoridades en la solución de “los problemas prácticos relacionados directamente
con la gente y los problemas que les preocupan”. La armonía social se ha
convertido en exigencia insoslayable de un desarrollo sostenible.
Otro tanto puede decirse de la formulación de un nuevo modelo de
desarrollo, más exigente, con más valor añadido, con más innovación y nuevas
capacidades para que economía china, en suma, deje de ser sinónimo de “taller
del mundo”. Obviamente, este planteamiento supondrá una nueva relación con el
capital y las compañías extranjeras. China se vuelve cada día más exigente en
aspectos que antes pasaban practicamente inadvertidos. Hoy día, por ejemplo,
aumenta la vigilancia y el control sobre aquellas sociedades extranjeras
contaminantes. Ya no vale todo. Y el nivel de protección de determinados
sectores y empresas nacionales tenderá a aumentar en el futuro.
Afectarán las nuevas disposiciones a la IDE? En los últimos meses, las
inversiones extranjeras han seguido llegando a China. En agosto, el alza ha sido
del 11,87%, y en los ocho primeros meses del año ha alcanzado los 41,9 mil
millones de dólares.
Si cabe esperar, en cualquier caso, una renovada presencia en el exterior,
actualmente muy por debajo de sus posibilidades. En 2006, el volumen neto de
las inversiones de China en el exterior ha alcanzado la cifra de 21.000 millones de
dólares (el 90% en América Latina y Asia), implantándose en sectores como la
minería, los servicios comerciales y los financieros. El incremento de las
inversiones chinas en el exterior es un síntoma de la madurez del proceso de
captación de inversiones extranjeras en China. A finales de 2006, las inversiones
directas acumuladas totalizaban 90.000 millones de dólares, lo que equivale a
menos de una vigésima parte de las acumuladas por EEUU, según Chen Ling,
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subdirector del departamento de cooperación económica con el exterior del
Ministerio de Comercio.
En ese nuevo modelo, el PCCh defiende la existencia de un poderoso
sector estatal instalado en los sectores de mayor importancia estratégica, un
sector saneado y que pueda reportar beneficios, y no cargas, al Estado. Según
informó la Comisión de Supervisión y Administración de Activos Estatales del
Consejo de Estado, entre enero y julio de este año, el aumento de beneficios de
estas empresas ha ascendido al 33 por ciento.
En otro orden, el concepto científico de desarrollo no equivale a
desideologización del Partido: se debe huir de la ideología a la hora de
enfrentarse a los problemas del desarrollo, pero debe abrazarse para prevenir los
riesgos políticos. No se trata de abandonar la ideología, sino de dejarla a un lado
solo en ciertos casos. Hu no plantea desvíos del camino trazado por Deng.
Cambios en la cúpula dirigente
La
renovación
previa
al
XVII
Congreso
vivida
en
las
estructuras
provinciales del PCCh ha indicado una modificación en la media de edad (58 años),
la mejora del nivel de formación (60 por ciento con licenciaturas en derecho o
economía) y una reducción del número de vicepresidentes del PCCh a la mitad
(de cuatro a dos). En cumplimiento de las directrices emanadas del departamento
de organización del Comité Central, en todas las estructuras se ha contemplado
un equilibrio en las franjas de edad de los elegidos, asegurando la combinación de
diferentes perfiles. Los dirigentes en torno a los cuarenta y cincuenta años han
sido los más promovidos, especialmente los nacidos a finales de los años sesenta
que han podido beneficiarse del restablecimiento del sistema universitario
después del final de la Revolución Cultural y también vivido en directo las
primeras transformaciones operadas por el denguismo a la muerte de Mao.
Los criterios actuales de selección ya no pueden tener en cuenta una
sociedad
prácticamente
inexistente
(quienes
participaron
en
las
guerras
revolucionarias o padecido las convulsiones del maoísmo), reflejando los
significativos cambios operados en la sociedad china en los años noventa. Cuando
el PCCh entona la hora de lo social se necesitan funcionarios que dominen los
asuntos globales y que sean capaces de hacer frente a la pluralidad que está
emergiendo en la sociedad china, democratizando sus formas de actuación y
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evitando los abusos y la concentración del poder, facilitando una toma de
decisiones más democrática.
Veremos como impacta tal necesidad en las
rigideces de la burocracia, tan instalada en la noción de jerarquía y de posesión
de la verdad.
Establecer una mayor democracia interna parece ser uno de los desafíos a
los que se enfrenta este Congreso, en el cual, ideas como la mejora de la
información pública, la promoción de la participación social o la adopción de un
sistema de responsabilidad más efectivo, se han incorporado al vocabulario que
adivina ya un nuevo papel para las instituciones gestoras del sistema.
El PCCh cuenta hoy con 72 millones de miembros. En 2006 han ingresado
en sus filas, 2,6 millones de personas de los 19 millones candidatados (el 85% de
las solicitudes ha sido rechazada). Los jóvenes (uno de cada cinco tiene menos de
35 años) y las mujeres (en torno al 20%), han incrementando su presencia. El
nivel de formación también ha aumentado. Entre 2002 y 2006, el PCCh ha
admitido anualmente a una media de 2.372.000 militantes, lo que suma 11.859
millones en todo el período.
El PCCh tiene hoy en sus filas a 810.000 empresarios privados y dispone
de comités organizados en 178.000 empresas privadas, incluidas empresas
extranjeras, lo que representa un aumento de su presencia organizativa en estos
ámbitos del 80% en relación a 2002. Esa extensión forma parte de los 3 millones
de estructuras que proliferan en todo tipo de ámbitos en los que el PCCh aspira
no solo a ejercer de guía, sino también a controlar toda cuanta manifestación de
poder exista en la sociedad china. Esa tupida red, con tantas equivalencias que le
asocian al viejo mandarinato, es la que debe garantizar la obediencia y la
coherencia, evitando las manifestaciones de autonomía o de dinamismo no
inducido que se aparten del slogan elegido en cada momento y situación. Ese es
el principal obstáculo y limite en su relación con la sociedad, que bien pudiera
inhabilitarle para digerir sus propios anhelos.
Hoy por hoy, sabido es que la promoción interna no se establece en
función de elecciones y debates abiertos, sino que pesa lo suyo las guanxi y el
lobbying, asi como la cooptación, mecanismos que garantizan en mayor grado la
afinidad de los elegidos con la estrategia ideada por los máximos dirigentes. Sí
cambian los perfiles: el peso de los expertos en leyes y gestores administrativos
va ganando espacio en detrimento de los ingenieros, que hoy día predominan en
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las altas esferas, incluso sobre los economistas y especialistas en finanzas. Entre
las nuevas elites, las mayores dificultades parecen centrarse en los formados en
el exterior, que optan por prestar servicios en el sector empresarial.
En el XVII Congreso del PCCh deberán resolverse los nuevos equilibrios
entre los diferentes clanes. Venido a menos el “clan de Shanghai”, del antiguo
presidente Jiang Zemin, la emergencia del llamado “clan de los príncipes rojos”
del vicepresidente Zeng Qinghong, que agruparía a los hijos de altos dirigentes,
podría obligarle a establecer un nuevo pacto, aún a sabiendas de la mala imagen
que ambos clanes tienen socialmente, por su vinculación a la corrupción y su
responsabilidad en el rumbo de la reforma desde 1989. Por su parte, Hu ha
seguido tirando del vivero de la Liga de la Juventud Comunista. Dirigentes
situados en los cincuenta son los llamados a tomar el relevo y aunque a estas
alturas del proceso, todo, o casi todo, debe ya estar resuelto, siempre puede
haber sorpresas.
Las luchas internas subsisten. Chen Liangyu, jefe del Partido en Shanghai,
no ha sido relevado por un fiel a Hu, sino por un próximo a Zeng Qinghong (Xi
Jinping). Mientras tanto, otras figuras “resucitan”: el antiguo alcalde de Beijing,
apartado en 2003 en plena crisis del SARS, ha sido rehabilitado, pasando a
desempeñar funciones provinciales (vicesecretario del PCCh y gobernador de la
provincia de Shanxi). Meng Xuenong reemplazaría a Yu Youjun, que podría ser
nombrado ministro de Cultura. Meng es un hombre de Hu.
Entre las estrellas en ascenso figura Li Yandong, vicepresidenta de la
CCPPCh y que podría convertirse en 2008 en la vicepresidenta del Estado. Xu
Caihou podría reemplazar a Cao Gangchuan en la jerarquía militar y en el Buró
Político. Entre los candidatos a la incorporación figuran Wang Zhaoguo (1941), ex
primer secretario de la Liga de las Juventudes Comunistas, actual responsable de
la Federación Nacional de Sindicatos Chinos, lo que vendría a simbolizar el giro
social de la reforma. En la lista también se incluyen a He Guoqiang (1944), del
departamento de organización del Comité Central; Zhou Yongkang (1944),
ministro de seguridad; o Liu Yunshan (1948), responsable de propaganda.
En el reajuste, Hu Jintao buscará disponer de manos libres para preparar
su propia sucesión. Será la primera vez que esta delicada tarea se acometa sin la
presencia de ninguna sombra veterana vigilante. En su día, la elección de Jiang
Zemin o del propio Hu Jintao contó con la anuencia y el espaldarazo de Deng
Xiaoping. Jiang Zemin está muy lejos de desempeñar ese papel y sus propios
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validos en la cúpula del PCCh se hallan en franca retirada. Tampoco Hu se asoma
a la capacidad de influencia y de respeto que ha podido la suscitar la figura de
Deng.
Jia Qinglin, próximo a Jiang, con su esposa e hija involucradas en
evasiones de dinero, no repetirá. Tampoco Luo Gan, por razones de edad. Huang
Ju ha fallecido. El número de miembros del CPBP podría reducirse y en él podrían
permanecer solo Hu y Wen, aunque algunas fuentes señalan también a Li
Changchun.
El Congreso debe ir un lustro por delante para incluir en el Comité
Permanente del Buró Político (CPBP) al que será sucesor de Hu en 2012 y que
deberá liderar el PCCh hasta 2022, sentando las bases de la transición de la
cuarta a la quinta generación de dirigentes. Se trata, pues, de una elección de
gran importancia. Además de compartir el discurso político general, debe ser
capaz de congregar los consensos internos que alejen los temores a la división y
el enfrentamiento fratricida que tanto han dañado la estabilidad del Partido y del
país en el pasado. La lista de candidatos posibles es muy amplia. Las quinielas
abundan por doquier, aunque su fundamento es muy relativo. Uno de los
favoritos pudiera ser Li Keqiang, de 52 años, jefe del partido en la provincia
norteña de Liaoning. Pero también puede citarse a Li Yuanchao, de 56 años, jefe
del partido en Jiangsu; o Wang Yang, de 52 años, jefe en Chongqing; o Wang
Anshun, también de 52 años, jefe adjunto en la capital. También podría incluirse
a Bo Xilai, de 59 años, actual ministro de comercio; o Zhang Gaoli, de 52 años,
jefe del Partido en Tianjin; o Xi Jinping, de 53 años, sustituto del destituido y
expulsado Chen Liangyu, al frente del Partido en Shanghai.
El
proceso
de
renovación
se
verá
facilitado
por
un
régimen
de
incompatibilidades más severo que ha sido introducido el año pasado, imponiendo
un nuevo y acelerado ritmo al proceso de sustituciones en los cargos
administrativos y partidarios.
Los nuevos dirigentes deben ser capaces de dar credibilidad al PCCh y su
política para que la sociedad le siga considerando la mejor solución para dirigir los
destinos del país y con capacidad para afrontar los actuales problemas. El PCCh
necesita recuperar la confianza social, una fragilidad que se ha puesto de
manifiesto recientemente en casos graves que afectan a fenómenos como la
seguridad alimentaria y otros desórdenes (de la reaparición de la esclavitud a la
contaminación incontrolada). La información y su control es un mecanismo de
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importancia crucial para proteger el actual monopolio político, pero un riesgo de
gran alcance cuando afecta a materias sensibles cuya ocultación, hoy más difícil,
genera irritación social. Las exigencias de transparencia, impuestas no solo por
las dinámicas de la evolución política, sino por la propia agenda de desarrollo y
sus problemas, están al orden del día y son cada vez más difíciles de solapar.
Cada vez más sectores de población en China, especialmente en el medio urbano,
toman contacto con una realidad más abierta y ello genera presión sobre un
gobierno que tiene más dificultades para ocultar determinados hechos, por más
desfavorables que le resulten y que ya no puede maquillar. Una nueva ley
aprobada en agosto pasado, relativa a la información en situación de catástrofe,
añade ciertos progresos en esta línea.
Cambios estatutarios
Se ha anunciado la modificación de los Estatutos del PCCh y si bien, por el
momento, no han trascendido detalles concretos, parece orientarse a incorporar
los últimos conceptos teóricos (entre ellos, el desarrollo científico) introducidos
por el PCCh, que reflejan “los últimos avances del marxismo en China”, según
dictaminó el Buró Político en una reunión celebrada el pasado 17 de septiembre.
Igualmente,
pudiera
incluir
la
“triple
representatividad”
como
un
fundamento de la actuación del Partido en la presente etapa. Así, el PCCh no solo
se acredita como la vanguardia de la clase obrera, sino que representa los
intereses de los sectores económicos, culturales y sociales más avanzados,
ampliando la esfera del PCCh, que efectúa así un reconocimiento mayor del papel
que juegan sus militantes en los nuevos ámbitos de poder. Ello, como es sabido,
no goza de total unanimidad y no pocos sectores del PCCh han reivindicado una
mayor coherencia en este aspecto, que Hu Jintao, no parece secundar, como
tampoco el manifiesto que ha promovido Zhao Ziyang, apartado de la Secretaría
General en 1989, reivindicando la aceleración del tránsito a la democracia.
Un debate sin sobresaltos
De cara al Congreso, la seguridad se ha visto reforzada en todo tipo de
dependencias oficiales y en la calle. La policía de la capital ha emprendido una
campaña de confiscación de explosivos ilegales, peinando las pequeñas minas
ilegales de carbón y mercados clandestinos que circundan la ciudad. El jefe de la
policía, Zhou Yongkang, ha prometido mantener un ambiente social “sano” para
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el XVII Congreso, apelando a los 1,8 millones de oficiales de policía para que
extremen la vigilancia a fin de prevenir y evitar actividades que puedan amenazar
la estabilidad, en especial, los incidentes masivos.
Ello se combina con medidas como la puesta en libertad de Zhao Yan,
colaborador del diario New York Times en Beijing, o de Mao Qingxian, uno de los
fundadores del Partido Democrático, decisiones dirigidas a suavizar la presión
exterior con vistas a los JJOO. Zhao, acusado de divulgación de secretos de
Estado, ha debido cumplir integramente sus tres años de condena. Mao ha
pasado 8 años en prisión. China no dará el brazo a torcer en cuanto al control de
los medios y al uso partidario del sistema legal.
Como a menudo acontece en la política china, se yuxtaponen los signos
aparentemente contradictorios. De una parte, el XVII Congreso parece llamado a
extremar la disciplina y el control de sus militantes como garantía de liderazgo.
De obra, confirmará la tendencia a aumentar las posibilidades de participación en
el poder de personas independientes. Anticipándose a dichos cambios, el pasado
27 de abril, Wang Gang, flamante ministro de ciencia y tecnología, se convirtió en
el primer miembro del Consejo de Estado que no tiene carnet del PCCh. Nada así
se recuerda desde los años cincuenta. También otros partidos y sectores sociales
han sido consultados en el proceso pre-congresual. Se trata con ello de abrir más
el poder y a niveles cada vez más elevados a otros segmentos sociales, y ofrecer
una imagen más plural del sistema político, sin que ello sugiera, al menos por el
momento, transformaciones de mayor calado.
Convicción ideológica, lealtad o simplemente oportunismo profesional? Esas
fragilidades de su militancia constituyen una fuente de vulnerabilidad extrema
para el PCCh, a pesar de la seguridad que la simple afiliación proporciona a sus
titulares en momentos en que esta cuenta con un indisimulable valor, e incluso
por las oportunidades que brinda para acceder a beneficios de todo tipo. Pero, no
lo olvidemos, advierte de la existencia de una segunda intención en las nuevas
militancias surgidas del pragmatismo y otras razones ambiguas tan en boga, muy
alejadas de las consideraciones ideológicas y patrióticas que estimularon el
proceso surgido en 1949.
El 29 de junio, el Renmin Ribao publicó un editorial en el que se reafirmó la
vía del socialismo a la china como la única posible para garantizar la estabilidad y
la armonía, pese a las dificultades del momento. La reforma debe combinarse con
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un desarrollo socialista y ello seguirá exigiendo que el PCCh disponga aún de
medios suficientes a su alcance para corregir y orientar el curso de la economía
en la dirección que le interese. El PCCh que salga de este congreso no parece
dispuesto ni a abandonar ese discurso ni a ceder el testigo a la nueva burguesía
emergente que ya milita en sus filas. Opinará lo mismo la próxima generación? La
discusión empieza ahora.
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