Actualización del Tratamiento de la Enfermedad de Hansen

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CARRERA DE POSTGRADO EN DERMATOLOGIA
UNIVERSIDAD NACIONAL DE ROSARIO
FACULTAD DE CIENCIAS MÉDICAS
Actualización del Tratamiento de
la Enfermedad de Hansen
Junio de 2010
Rosario, Santa Fe. Argentina.
Autora: María Valentina Fernández
Tutora: Dra. Mónica Recarte
1
Índice
Introducción
…………………………………………………… 2
Marco Teórico …………………………………………………… 3
Definición
………………………………………………….... 3
Etiología
………………………………………………….... 3
Patogenia
…………………………………………………… 3
Epidemiología ……………………………………………………. 4
Clasificación ……………………………………………………. 5
Formas Clínicas Infrecuentes …………………………………. 9
Diagnóstico ……………………………………………………. 10
Episodios Reaccionales
……………………………………… 12
Tratamiento
……………………………………………………. 16
Breve reseña histórica
………………………………………. 16
Tratamientos Actuales
………………………………………. 17
Esquemas de Tratamiento OMS ……………………………… 19
Rifampicina ……………………………………………………. 20
Clofazimina ……………………………………………………. 21
Dapsona
……………………………………………………. 22
Esquema ROM ………………………………………………… 23
Fluorquinolonas ………………………………………………… 24
Minociclina
………………………………………………… 25
Claritromicina ………………………………………………… 25
Algunas consideraciones importantes ………………………. 25
Esquemas Alternativos
……………………………………… 26
Resistencia a las distintas drogas ……………………………… 27
Recaída – Reinfección
………………………………………. 29
Vacunación con BCG. Quimioprofilaxis
con Rifampicina ………………………………………………… 32
Investigaciones en curso y nuevas drogas a nivel
experimental
………………………………………………… 34
Conclusión
………………………………………………… 36
Anexo
………………………………………………… 38
Bibliografía
………………………………………………… 39
2
Introducción:
La lepra, aun hoy en el siglo XXI, sigue siendo un problema sanitario en
los países en vía de desarrollo.
Si bien en los últimos años, se han producido importantes descubrimientos
en lo que a inmunidad y genética se refiere, la clínica de la lepra,
concebida como tal hacia los años 50, no ha sufrido modificaciones
significativas. Por otro lado, es posible que no haya en el extenso campo
de la patología, enfermedad que haya sido objeto de tan frecuentes
experiencias terapéuticas como la lepra. Podríamos dividir la historia de su
tratamiento en tres grandes periodos: incurabilidad, monoterapia y
poliquimioterapia.
Si tenemos en cuenta que desde la época medieval, además del estricto
aislamiento del individuo, los tratamientos consistían en aplicación de
sanguijuelas, cauterización, flebotomía, mercurio, aceite de hidnocarpo
(Chaulmoogra); ya la aparición de un precursor de la Dapsona (Promin)
hacia el año 1941, significó un antes y un después en el tratamiento de la
enfermedad. La instauración de la poliquimioterapia, propuesta por la
OMS en el año 1982, constituye un nuevo hito en la terapéutica de la
lepra.
Debido a un interés personal, “heredado”, y a que tuve la posibilidad de
ver un número importante de pacientes con lepra durante mi formación
académica en el Hospital Intendente Carrasco, sumado a lo interesante que
resulta el tópico de la terapéutica de la enfermedad, es que decido abordar
este tema para realizar una actualización.
Espero poder aportar con este trabajo datos claros y útiles, basando mi
búsqueda bibliográfica en literatura de elevada calidad y rigor científico,
contando además con la asesoría y supervisión de la Dra. Mónica Recarte,
destacada profesional especializada en Leprología.
3
Marco Teórico:
Definición
La enfermedad de Hansen o lepra, es una afección infecto-contagiosa
crónica producida por el Mycobacterium leprae o Bacilo de Hansen
(descubierto por este médico noruego en 1873). Afecta preferentemente
piel, mucosas y sistema nervioso periférico, pudiendo comprometer a lo
largo de su evolución otros órganos como hígado, bazo, riñones, ganglios,
ojos, genitales, laringe, músculos y huesos. (1)(2)
Etiología
El Mycobacterium leprae pertenece a la familia Micobacteriaceae, orden
Actinomicetales. Se trata de un bacilo pleomórfico, Gram (+), ácidoalcohol resistente a la tinción (BAAR), de reproducción intracelular
obligada, que tiende a agruparse adoptando una disposición en paquete de
cigarrillos o “globis”. No ha podido cultivarse pero sí inocularse en
animales de experimentación (almohadilla plantar de ratón, armadillo de
nueve bandas y algunos primates) reproduciendo la enfermedad y
obteniéndose el bacilo de las lesiones.
(1)(2)(3)(4)
Patogenia
La lepra se transmite en forma directa (contagio interhumano).
El contagio se efectúa cuando hay un contacto frecuente y prolongado
entre un enfermo bacilífero y un huésped susceptible. Por lo tanto, son tres
las condiciones necesarias para que se produzca el contagio:
1- Paciente bacilífero: es aquel que presenta bacilos infectantes en sus
fosas nasales y en piel. Es casi siempre una forma clínica cercana al polo
lepromatoso. Al instaurarse el tratamiento poliquimioterápico indicado
según la forma clínica, el paciente deja de ser fuente de contagio en
alrededor de tres meses.
2- Huésped susceptible: íntimamente relacionado con la inmunidad del
individuo, principalmente la inmunidad mediada por células (IMC)
3- Contacto íntimo y prolongado: la definición operativa de contacto es:
“la persona que convive bajo un mismo techo y efectúa por lo menos una
comida en común”, o “la persona que convive no menos de cuarenta horas
semanales” (Ej.: en su ambiente laboral). A esto se le tiene que agregar un
4
periodo prolongado (los contactos ocasionales no deberían ser tenidos en
cuenta).
Es por esto que se dice que la lepra es la menos contagiosa de las
enfermedades infecciosas.
La vía de transmisión es aérea y discutida la cutánea.
La primera estación del bacilo en el nuevo huésped es la ganglionar, donde
se cumple la primera etapa de la infección (periodo de incubación) que
dura desde meses hasta cinco o más años. A partir de allí, puede suceder:
 Destrucción total del bacilo (90 %), es decir, no hay enfermedad.
 Destrucción parcial con desarrollo de inmunidad celular (aunque
disminuida) (9 %). Son las formas cercanas al polo tuberculoide.
 No hay destrucción bacilar por falla en la inmunidad celular (1 %).
Son las formas cercanas al polo lepromatoso.
Cuando el bacilo vence la resistencia biológica, se produce la
diseminación hematógena y linfática invadiendo piel, nervios periféricos
y, en algunas formas clínicas, el resto del organismo (ojos, hígado,
testículos, etc.) (3)(4)(5)
Epidemiología
En 1991 la Organización Mundial de la Salud (OMS) promulgó la meta
global de eliminación de la lepra como problema de salud pública, al
definir que para el año 2000 la enfermedad debería alcanzar una
prevalencia global menor de 1 caso por cada 10.000 habitantes. En 1999
surgió la Alianza Mundial contra la lepra en la cual participaron entidades
que auspiciaron y financiaron este proyecto, tales como la Fundación
Japonesa Sosakawa, la Federación Internacional de Asociaciones contra la
Lepra, Novartis y las Instituciones de Salud de cada país.
El dinero donado por las entidades mencionadas, logró llevar la
prevalencia mundial de la enfermedad a 1,4 por cada 10.000 habitantes,
eliminarla en 98 países y reducir notablemente el número de
discapacitados. Brasil, India y varios países del África no alcanzaron la
meta deseada, por lo cual la eliminación de la enfermedad se pospuso para
el año 2005.
En el mundo, el número de casos nuevos detectados cada año no ha
variado mucho en los últimos 10 años.
A principios del año 2007, existían cuatro países donde la prevalencia era
mayor a 1 x 10.000. Estos eran Brasil, República Democrática del Congo,
Mozambique y Nepal.
En Argentina, desde 1996, la tasa de prevalencia de todo el país es menor
a 1/10.000 habitantes. Sin embargo, en algunas provincias como Chaco y
Formosa persisten áreas hiperendémicas, con tasas de prevalencia que
5
superan 1 caso por 10.000 habitantes. Es importante tener presente que, si
bien los pacientes en registro de tratamiento (prevalencia) descendieron en
forma importante, la tasa de detección de casos nuevos (incidencia) ha
permanecido en general estable en la última década, a un promedio
constante de 400-500 nuevos casos por año. También hay que recalcar,
que la mayoría de los casos nuevos son adultos, presentan bajo grado o
ninguna discapacidad física, y se trata de formas multibacilares (80 %).
(3)(4)(5)
Clasificación
Debido a la amplia gama de manifestaciones clínicas de la lepra se
intentaron, desde tiempos lejanos, diferentes clasificaciones basadas en
criterios clínicos, baciloscópicos, histopatológicos e inmunológicos.
Las tres clasificaciones más usadas y actuales son:
Clasificación de Madrid (1953)
Divide a la lepra en 4 formas clínicas:
Dos Tipos: con caracteres esenciales clínicos y biológicos bien definidos,
con estabilidad y mutua incompatibilidad: Lepra Lepromatosa y Lepra
Tuberculoide.
Dos Grupos: con caracteres comunes menos definidos, menos estables y
evolución incierta: Lepra Indeterminada y Lepra Dimorfa o Borderline.
Clasificación de Ridley y Jopling (Escuela Inglesa 1962)
Se basa en la correlación entre las características inmunológicas y clínicas
de la lepra. Distingue las formas:
LL (Lepromatoso)
BL (Borderline lepromatoso)
BB (Borderline)
BT (Borderline tuberculoide)
TT (Tuberculoide)
Esta clasificación fue posteriormente modificada por la escuela argentina,
quedando de la siguiente forma:
LLp
LLs
BL
BB
BT
TTs
I
CURAR
90%
PERSISTIR
TTp
6
LLp: Lepromatoso polar/ LLs: Lepromatoso subpolar/ BL: BorderlineLepromatoso/ BB: Borderline-Borderline/ BT: Borderline-Tuberculoide/
TTs: Tuberculoide subpolar/ TTp: Tuberculoide Polar/ I: Incaracterística
La forma Incaracterística está fuera del espectro por considerarse una
forma de comienzo que puede persistir como tal, evolucionar hacia
cualquier otra forma clínica, o curar ad integrum.
El diagnóstico de LL subpolar o TT subpolar es retrospectivo (cuando un
paciente previamente clasificado en una de estas formas clínicas presenta
lesiones de tipo borderline).
Clasificación de la OMS (1981)
La OMS, con fines terapéuticos, sugiere la utilización de una clasificación
sencilla, para ser aplicada por los agentes sanitarios de los programas de
control de lepra en países endémicos. Basada en la bacteriología, establece
dos formas clínicas:
Paucibacilar (PB) Hasta 5 lesiones y baciloscopía negativa. Incluye las
formas TT - I pre T - BT
Multibacilar (MB) Más de 5 lesiones y/o baciloscopía positiva. I pre L BT - BB - BL - LL
Diagnosticado un caso de lepra, es fundamental realizar una correcta
clasificación, lo que nos permitirá emitir un pronóstico, así como elegir el
esquema y la duración del tratamiento a implementar. (3)(4)
Lepra Indeterminada
Es la variedad clínica más difícil de diagnosticar.
Es la forma de inicio de la enfermedad y se caracteriza por ser maculoanestésica. Las lesiones son, en el niño y en el adulto, máculas hipo o
anestésicas, hipocrómicas, eritematosas o eritemato-hipocrómicas.
Variables en cuanto al número, tamaño y localización. Los bordes netos o
difusos. No hay engrosamiento de nervios periféricos, así como tampoco
afectación de mucosas ni órganos internos.
La baciloscopía, y la intradermoreacción pueden ser positivas o negativas.
La histopatología evidencia un infiltrado linfocitario perivascular,
perianexial y perineural. Con la coloración de Ziehl-Neelsen (ZN) pueden
visualizarse o no bacilos ácido- alcohol resistentes (BAAR).
Lepra Tuberculoide
Es una forma clínica de alta resistencia, con afectación sólo de piel y de
SNP. Las lesiones cutáneas son escasas en número, 1 a 5 placas de color
definido, eritematosas o eritemato-hipocrómicas, con limite neto,
expresión de la capacidad inmunológica de respuesta del huésped. Se
7
distribuyen en cualquier parte del tegumento, a veces siguiendo el
territorio del nervio comprometido.
La afectación del SNP, con tendencia a la unilateralidad, se traduce por el
engrosamiento de algún tronco nervioso periférico, con alteración de la
sensibilidad termoalgésica en la zona cutánea correspondiente al territorio
del nervio comprometido.
Los nervios más frecuentemente afectados son: el cubital, el mediano, el
radial, el ciático poplíteo externo, el tibial posterior, colaterales de los
dedos, el facial, ramas auricular y transversa del plexo cervical superficial,
el supraorbitario, el supraclavicular. El compromiso neural nunca es tan
severo como en la lepra Dimorfa.
No hay afectación de mucosas u órganos internos.
La baciloscopía es negativa.
La reacción de Fernández- Mitsuda es altamente positiva.
La histopatología muestra un granuloma tuberculoide que rodea vasos,
anexos y filetes nerviosos. La coloración de ZN es negativa.
Lepra Lepromatosa
Es una forma clínica de baja resistencia. Se caracteriza por el compromiso
generalizado de piel, mucosas, SNP y órganos internos. A nivel cutáneo
las lesiones son de color impreciso, ferruginoso, color “hoja seca”, de
limites difusos, respetando algunos sitios como cuello, pliegues y gotera
vertebral. Dichas lesiones alternan con tubérculos o “lepromas” de
diferentes tamaños, aislados o agminados formando placas, distribuidos en
cualquier parte del tegumento. La infiltración cutánea de la cara da la
“facies leonina”, con acentuación de los pliegues, caída de la pirámide
nasal (por perforación del tabique), madarosis, alopecia de la cola de las
cejas y en claros de la barba, e infiltración de los lóbulos de las orejas en
“badajo de campana”.
El compromiso de las mucosas es tardío y de inicio en mucosa nasal.
Precedido por rinorrea y epistaxis que finalmente progresan a la
perforación del tabique (en su porción antero-inferior). Se afectan también
la mucosa orofaríngea y laríngea, con destrucción de cartílagos laríngeos,
fibrosis y/o estenosis.
La alteración del SNP siempre esta presente con marcada tendencia a la
bilateralidad. Son frecuentes los trastornos tróficos, secuelares a la pérdida
de la sensibilidad: mal perforante plantar, úlceras de pierna y atrofias
musculares, más evidentes en manos.
Los órganos internos están comprometidos por diferentes mecanismos: a)
por el proceso infeccioso, b) por fenómenos inflamatorios vinculables a
episodios reaccionales y c) por amiloidosis secundaria al cuadro infeccioso
crónico. Los órganos más frecuentemente afectados son: ganglios, hígado,
bazo, riñón, testículos y ojos (cámara anterior del ojo).
8
La baciloscopía es siempre positiva.
La intradermoreacción siempre es negativa.
La histología evidencia un infiltrado dérmico constituido,
predominantemente, por histiocitos vacuolados o células de Virchow, que
se disponen de forma perivascular, perianexial y perineural. Con
coloración de ZN se ven numerosos BAAR, dispersos y/o formando
globis.
Lepra Dimorfa o Borderline
Ubicada en el medio del espectro entre los polos de alta y baja resistencia
de la enfermedad, es una modalidad inmunológicamente inestable que da
unidad nosológica a la enfermedad. Abarca un amplio grupo de pacientes
quienes, según reciban o no tratamiento, padezcan o no un episodio
reaccional, podrán moverse, acercándose hacia un polo u otro del espectro.
A nivel cutáneo se caracteriza por lesiones anulares que tienden a encerrar
sectores de piel sana, dando lugar al aspecto en “recorte de hostia”. En
algunos sitios, las lesiones tienen un color y un limite bien definido,
mientras que en otros, son más difusos (lepra BB). Cuanto más cerca están
del polo de mayor resistencia, las lesiones se parecen más a las de la lepra
tuberculoide, son más eritematosas, de contornos más netos, aunque más
numerosas y de mayor tamaño (lepra BT). Por el contrario, cuanto más
cerca del polo de menor resistencia, las lesiones se parecen más a las de la
lepra lepromatosa, de color y límites imprecisos, pero aquí no aparecen los
elementos clínicos: lepromas, perforación del tabique, alopecia de cejas,
que caracterizan al polo lepromatoso.
El compromiso neural es severo, generalmente vinculado con la frecuencia
y/o intensidad de los episodios reaccionales (neuritis agudas) y con
importante riesgo de desarrollar discapacidades.
No hay afectación de mucosas ni de órganos internos.
La baciloscopía generalmente es positiva, pero en algunos pacientes BT,
muy próximos al polo tuberculoide, puede ser negativa.
La reacción de Fernández- Mitsuda es generalmente negativa, excepto en
los BT que puede ser levemente positiva.
La histopatología evidencia infiltrados linfohistiocitarios dérmicos
perivasculares, perianexiales y perineurales. A veces, en el mismo
preparado, otras veces en otros sitios biopsiados, pueden verse sectores
con tendencia a formar granulomas tuberculoides que coexisten con
infiltrados compuestos principalmente por histiocitos vacuolados. Con
técnica de ZN suelen visualizarse BAAR.
(1)(2)(3)(4)
9
Formas Clínicas Infrecuentes
Lepra Nodular Infantil
Es exclusiva del niño, con mayor incidencia en la primera infancia, pero
también se la encuentra en niños de mayor edad. Es equivalente a la
primoinfección en un huésped competente (forma de alta resistencia). La
fuente de contagio son los familiares directos (madre o padre con lepra
multibacilar).
Asienta en sitios expuestos (en donde ha habido más contacto con el
familiar bacilífero). Son lesiones aisladas, escasas en número. No hay
afectación del SNP, ni desarrollo de episodios reaccionales, ni evolución a
otras formas clínicas.
La baciloscopía es negativa y la histopatología pone en evidencia un
granuloma tuberculoide. La coloración de ZN es negativa.
Tiene un pronóstico muy favorable, no requiriendo tratamiento.
Al diagnóstico se arriba fácilmente por la correlación de los hallazgos
clínico-histológicos y el antecedente familiar.
Lepra Histioide o Lepra de Wade
Descripta inicialmente en pacientes LL y BL que recibieron monoterapia
con DAPS. Clínicamente se caracteriza por la presencia de lepromas de
gran tamaño, de aspecto fibromatoso.
La baciloscopía es positiva. La histopatología evidencia un denso
infiltrado dérmico compuesto por histiocitos que adoptan un aspecto
fusiforme, con citoplasma débilmente teñido, con una disposición
arremolinada y numerosos BAAR en su interior.
Lepra Neural Pura
Modalidad infrecuente, bien reconocida en países como la India. Se
caracteriza por signos neurológicos consistentes en pérdida de la
sensibilidad a lo largo del territorio de distribución de un nervio
engrosado, con o sin déficit motor y ausencia de cualquier lesión cutánea.
El diagnóstico por biopsia generalmente no es fácil de realizar y tiene
limitaciones. La electromiografía, la citología por aspiración con aguja
fina, la biopsia del nervio (rama superficial) son recursos que pueden
ayudar al diagnóstico.
(3)(4)
10
Diagnóstico
Los pilares fundamentales del diagnóstico son:
1) Anamnesis y examen físico:
Es importante no olvidar al interrogar al paciente:
 Lugar de residencia los últimos diez años
 Tiempo de evolución de las lesiones y síntomas subjetivos de las
mismas
 Parestesias en miembros
 Rinitis o epistaxis de larga data.
El examen físico debe abarcar la piel, las mucosas, y los nervios
periféricos.
Siempre se debe evaluar la sensibilidad térmica, táctil, dolorosa y
profunda a nivel de las lesiones, así como también realizar una cuidadosa
palpación de los troncos nerviosos a nivel de miembros.
2) Baciloscopía:
Es el examen directo del material extraído de mucus nasal o de la piel,
coloreado con la técnica de Ziehl- Neelsen.
La baciloscopía es positiva en las formas multibacilares, es decir
lepromatosas o próximas a este polo. Es negativa en las formas
tuberculoides polares.
Los bacilos pueden teñirse en forma completa en toda su longitud,
denominándose “sólidos”, o bien de modo parcial: bacilos “fragmentados”
y bacilos “granulosos”. Estos últimos se consideran poco o nada viables y
aparecen, por lo general, luego de la instauración del tratamiento.
Para cuantificar la baciloscopía, se utilizan dos índices:
Índice Bacteriológico (IB): Cuenta la cantidad de bacilos encontrados
por campo microscópico. Se mide en cruces. Va desde 0 (ningún bacilo en
100 campos de inmersión) a 6 + (más de 1000 bacilos por campo de
inmersión). Cuando el I.B. es alto, los bacilos se agrupan en “paquetes de
cigarrillos” o “globis”.
Índice Morfológico (IM): Mide la relación entre bacilos sólidos y
fragmentados respecto del total de bacilos acido-alcohol resistentes. Se
expresa en porcentajes de 0 a 100 %.
Con el tratamiento, el Índice Morfológico disminuye rápidamente (es decir
los bacilos pasan de viables a no viables), pero el Índice Bacteriológico lo
hace más lentamente, ya que es el organismo del huésped el que debe
efectuar el “clearence” de los bacilos.
11
3) Reacción a la Lepromina:
Es una intradermoreacción. La lepromina se prepara con antígenos
obtenidos de lepromas humanos vírgenes de tratamiento (lepromina H), o
de armadillos con infección experimental (lepromina A). Esta prueba
traduce el grado de resistencia del organismo ante la infección. No tiene
valor diagnóstico, sino pronóstico, ya que es un elemento más que nos
permite tipificar el perfil inmunológico del enfermo y controlar a los
pacientes sanos.
La técnica consiste en la inyección de lepromina a través de una aguja
corta y fina, en forma intradérmica, a una dosis de 0,1 ml, en la cara
anterointerna del antebrazo derecho o en la zona interescapular.
Lectura de las reacciones:
Reacción (lectura) Precoz o de Fernández: es a las 48 hs. Se considera
positiva si expresa una mácula eritematosa de entre 10 y 20 mm. Es
negativa cuando no produce ninguna reacción o sólo provoca eritema
menor de 5 mm.
Reacción (lectura) tardía o de Mitsuda: se realiza a los 21 días y es
positiva si aparece un nódulo mayor de 5 mm de diámetro; se la clasifica
como intensamente positiva cuando se ulcera. Se considera negativa si no
hay reacción local al cabo de 21 días.
Las formas multibacilares arrojan resultados negativos (formas LL, BL,
BB). Las formas paucibacilares son positivas (TT, BT). Las formas
indeterminadas o incaracterísticas tiene reacción variable a la lepromina,
pueden ser positivas o negativas, lo que indica una tendencia a evolucionar
hacia el polo tuberculoide o lepromatoso respectivamente. En los
contactos de enfermos, una reacción a la lepromina negativa identifica a
quienes deberán seguirse con más atención ya que, de enfermar, lo harán
en una forma clínica multibacilar.
4) Histopatología:
Lepra Indeterminada (I): Infiltrado linfocitario y macrofágico alrededor de
vasos sanguíneos, filetes nerviosos y anexos cutáneos. Los bacilos son
difíciles de encontrar.
Lepra Tuberculoide (LT): Granulomas no necrotizantes constituidos por
células epitelioides, células de Langhans y linfocitos que erosionan y
destruyen plexos nerviosos. Bacilos en menos del 50 % de los casos.
Lepra Borderline Tuberculoide (BT): Granulomas no muy evidentes con
linfocitos en plexos neurovasculares. Las células gigantes de Langhans y
linfocitos no son tan numerosos como en la LT. La destrucción neural no
es completa.
12
Lepra Borderline (BB): Colecciones de células epitelioides sin formar
granulomas definidos. No hay células gigantes y los linfocitos son escasos.
Ocasionalmente se observan bacilos.
Lepra Borderline Lepromatosa (BL): Infiltrado linfocitario a veces
prominente, con escasa tendencia a formar granulomas. Pequeñas
colecciones de macrófagos. Zona de respeto (muro de contención o banda
de Unna)
Lepra lepromatosa (LL): Infiltrado inflamatorio macrofágico, de aspecto
espumoso (células de Virchow) que destruye anexos. Gran cantidad de
bacilos. Respeta zona de colágeno normal subepidérmico (muro de
contención o banda de Unna). En la Lepra Histioide (de Wade) se ven
células fusiformes que pueden simular un tumor fibrohistiocítico.
(1)(3)(4)(5)
Otras posibles técnicas diagnósticas:
La secuencia completa del genoma del Mycobacterium leprae se conoció
en el año 2001. Sólo la mitad de la secuencia contiene genes funcionales,
codificadores de proteínas (49,5 %), siendo el resto, pseudogenes
inactivos. (Importante diferencia en comparación con el genoma del
Mycobacterium tuberculosis que posee el 91 % de genes codificadores de
proteínas).
Esto indica que M. leprae experimentó una importante evolución
reductiva, perdiendo genes para enzimas catabólicas y respiratorias y otros
sistemas, dejando un conjunto mínimo de genes funcionales para la
supervivencia; hecho que explica la característica de parásito intracelular
obligado. (6)(7)
Tanto la técnica de Reacción en cadena de la Polimerasa (PCR), como las
de Transcripción Inversa de PCR pueden utilizarse para detectar el ADN
del M. leprae a partir de la piel de los pacientes. Pero, a pesar de tener una
especificidad del 100 %, se demostró que dichas pruebas no son más
sensibles que el estudio histopatológico para confirmar el diagnóstico de
lepra (dado su alto costo, no se realizan en la práctica diaria). (13)
Episodios Reaccionales
Son afecciones agudas o subagudas que se producen a lo largo de la
evolución crónica de la lepra. Responden a alteraciones del estado
inmunológico. Si bien son más frecuentes durante el transcurso de la
enfermedad, pueden ser la manifestación inicial de un caso de lepra o
incluso presentarse luego de finalizado el tratamiento. Los episodios
reaccionales pueden desencadenarse como consecuencia de un tratamiento
eficaz (con una reducción del IB), ocurrir espontáneamente, o ser
13
precipitados por infecciones intercurrentes: estrés mental y físico,
embarazo, parto y puerperio, intervenciones quirúrgicas, etc.
Los cambios rápidos y dinámicos en la reactividad inmune, se traducen en
daño tisular con el consiguiente riesgo de lesiones destructivas.
Reacciones tipo 1:
Se deben a cambios en la inmunidad mediada por células (IMC).
Constituyen, desde el punto de vista etiopatogénico, un ejemplo de
reacción de hipersensibilidad retardada (mecanismo IV de Gell-Cooms)
Pueden ser:
Reacciones de Upgrading: Incremento de la IMC frente a los antígenos
del M. leprae, con intensificación de la actividad citotóxica y una
transitoria reducción de la carga bacilar. Puede decirse que revierte la
tendencia natural de la lepra de dirigirse hacia el polo lepromatoso,
ubicando al paciente en un punto de mayor resistencia en el espectro, más
cercano al polo tuberculoide. Ocurren por lo general durante el primer año
de tratamiento, pero pueden presentarse hasta dos años luego de finalizado
el mismo. Las presentan entre un 20 a un 40 % de los pacientes
Borderline.
Reacciones de Downgrading: Se producen por un deterioro en la IMC.
Generalmente ocurren en pacientes vírgenes de tratamiento, que realizan
el tratamiento en forma irregular o en los que presentan una resistencia
bacteriana. Significan un desplazamiento en el espectro hacia el polo de
menor resistencia.
Clínicamente son indistinguibles de las reacciones de upgrading, pero el
conocimiento de los antecedentes del paciente, los parámetros
inmunológicos y su ubicación comparativa en el espectro permiten
diferenciarlas.
Manifestaciones clínicas de las reacciones tipo 1:
 Eritema y tumefacción de las lesiones preexistentes (aspecto
erisipelatoide con descamación cuando regresan).
 Aparición de nuevas lesiones inflamatorias (pueden presentar dolor
e hipersensibilidad, y en casos graves, necrosis y ulceración).
 Edemas de pies y manos.
 Inflamación de nervios periféricos y dolores neuríticos. (Puede
producirse deterioro funcional progresivo y, en los casos más
graves, alteraciones motoras de rápida instauración con parálisis).
 Buen estado general.
14
Reacciones tipo 2:
Mediadas por la inmunidad humoral. Son menos frecuentes que las
reacciones tipo 1. Afectan a las formas Lepromatosas Polares y
Subpolares y, con menor frecuencia, a la Borderline Lepromatosa.
En su fisiopatogenia intervienen Ac de tipo Ig G (que reaccionan contra
los Ag bacilares) con activación de C5, C6 y C7. Participan: Interferón
gama, IL1, IL2 e IL6 y el TNF alfa, que actúa como molécula
proinflamatoria e inicia el daño tisular.
Generalmente se presentan luego de comenzado el tratamiento (desde el
sexto mes hasta incluso uno o dos años), aunque con los actuales
regímenes poliquimioterápicos, también son frecuentes una vez concluidos
éstos.
Comprenden una amplia gama de manifestaciones clínicas que afectan la
piel y otros órganos.
Eritema Nudoso Leproso (ENL): Es un típico ejemplo de enfermedad
por inmunocomplejos. Estos afectan los vasos de la hipodermis.
Clínicamente se presenta con un síndrome febril y múltiples nódulos
eritematosos, dolorosos, generalmente pequeños, aislados, o confluyendo
en lesiones de mayor tamaño. Se distribuyen por todo el tegumento, hecho
que lo diferencia del eritema nudoso de otras etiologías.
Eritema Polimorfo: Los inmunocomplejos se depositan en la dermis
profunda. Puede haber máculas, vesículas o ampollas, pero por lo general
se presenta con lesiones eritemato-papulosas y afectación del estado
general.
Fenómeno de Lucio: Es una vasculitis leucocitoclástica con necrosis
fibrinoide de los vasos subpapilares. Poco frecuente en nuestro medio, se
observa en las formas infiltrativas difusas con una elevada colonización
bacilar en el endotelio de los vasos de la dermis. Clínicamente se
caracteriza por la aparición de máculas eritematosas, livedoides, que se
tornan purpúricas y se necrosan en el centro, cubriéndose con una costra,
que al desprenderse deja una ulcera y posteriormente, una cicatriz
estrellada típica. Habitualmente asienta en miembros inferiores. Se
acompaña de fiebre, decaimiento, poliartralgias y poliadenopatías con
hepatoesplenomegalia.
Manifestaciones clínicas de las reacciones tipo 2:
 Importante compromiso del estado general (fiebre, decaimiento).
 Artralgias y mialgias.
15
 Adenopatías, hepatoesplenomegalia (a veces, cuadros de hepatitis
reaccional).
 Compromiso ocular con iridociclitis (puede terminar en ceguera).
 Orquitis y orquiepididimitis.
 Glomerulonefritis por depósito de inmunocomplejos, que puede
llevar a la insuficiencia renal.
 En la investigación laboratorial puede haber anemia, leucocitosis
con neutrofilia y eritrosedimentación acelerada.
Los episodios reaccionales son considerados urgencias dermatológicas.
Debe hacerse un diagnóstico precoz e instaurar el tratamiento adecuado a
la brevedad (y a dosis suficientes) para evitar el desarrollo de una
discapacidad.
No debe interrumpirse la poliquimioterapia, si el paciente se encuentra
bajo tratamiento al presentar la reacción. Tampoco debe reiniciarse el
tratamiento si fue completado.
En este último caso, hay que evaluar cuidadosamente si se trata de un
episodio reaccional o de una recaída.
(1)(2)(3)(4)
Considero que los episodios reaccionales conforman un capítulo
aparte dentro de la enfermedad de Hansen, el que debería abordarse
en un trabajo independiente detallando, no solo los progresos en
cuanto al conocimiento de su fisiopatología e inmunología, sino la
gran cantidad de ensayos terapéuticos e investigaciones en curso que
pueden encontrarse actualmente en la bibliografía.
16
Tratamiento
Breve reseña histórica
La lepra ya era conocida por las antiguas civilizaciones de China, Egipto e
India. La primera referencia escrita sobre la lepra se remonta
aproximadamente al año 600 a.C. A lo largo de la historia, los individuos
afectados por la enfermedad se han visto condenados al ostracismo por sus
comunidades y familias. (8)
En los primeros tiempos se hablaba del empleo de los remedios más
extraños como grasa de pantera, veneno de serpiente, orina de burro, jugos
de plantas exóticas, pero quizá el más antiguo sea el aceite de
Chaulmoogra, pues en antiguas leyendas indias y birmanas se hablaba ya
de este producto con el que se curó Rama, Rey de Benares, y su
prometida. Este aceite se extrae de la semilla de un arbusto, el
Hydnocarpus whigtiana, que se encuentra en la India. Se importó también
a la China y en el siglo XVIII se utilizó en Japón. (11)
Desde fines del 1700 hasta principios de 1900, se realizaron infinidad de
pruebas terapéuticas. Entre los tratamientos que se utilizaron por vía oral,
podemos nombrar, además del aceite de Chaulmoogra: mercurio,
antimonio, romero silvestre, azafrán, purgantes, tintura de iodo, bromuro
potásico, hierro, aceite de bacalao, etc. Dentro de los tratamientos tópicos,
se emplearon: tintura de alcíbar, mirra y succino, baños sulfúreos, sales
amoniacales, cloruro de zinc, suero de animales, etc. El dolor se calmaba
con morfina, estricnina, cantáridas, etc. Los episodios reaccionales
(“Fiebre Leprosa”) se trataban con cornezuelo de centeno y sulfato de
quinina.
El Chaulmoogra se continuaba utilizando a principios del siglo XX en
inyección de ésteres etílicos (“Antileprol”, de Bayer).
Otros tratamientos locales a finales del siglo XIX y principios del XX eran
la electricidad estática, el termocauterio, el galvanocauterio, la radioterapia
y el radium en los lepromas, la nieve carbónica, fórmulas de ictiol, ácido
salicílico y resorcina y muchos más. (8)(9)(11)
La actividad antibacteriana de la sulfona fue confirmada en 1937. En el
año 1940 se demostró que protegía al conejo contra la infección por
Mycobacterium avium. La síntesis de derivados sulfónicos obtenidos por
sustituciones en los grupos amino, llevó al hallazgo del 4:4 diaminodifenil-sulfona NN-didextrosa sulfonato sódico (“Promin” o
“Pronamida”), que en el año 1941 se aplicó por vía intravenosa para el
tratamiento de la lepra en el Leprosario Nacional de Carville, Louisiana.
En 1946, Cochrane utilizó la sulfona base o madre (diamino-difenilsulfona, conocida como Dapsona o DDS), en suspensión oleosa, por vía
17
intramuscular, para tratar enfermos de lepra en la India. En 1947, Lowe
fue el primero en utilizar la Dapsona por vía oral en Nigeria. La notable
eficacia de esta droga revolucionó el enfoque del control de la lepra,
terminó con el aislamiento de los enfermos y los pacientes pasaron a ser
controlados de forma ambulatoria.
La Clofazimina es un colorante químico parecido al azul de metileno, del
grupo de compuestos rimino-fenacínicos. En 1948, Barry y colaboradores
demostraron la actividad antituberculosa de los productos de oxidación de
las fenilenediaminas. En 1958 se comprobó su acción en la tuberculosis
animal, utilizándose contra otras micobacterias hacia 1960, y en 1962, se
utilizó por primera vez en pacientes con lepra, en Nigeria.
En 1957 se aisló el Streptomyces mediterranei, hongo del cual se
obtuvieron varias sustancias con propiedades antibióticas. La primera fue
la Rifamicina; a continuación, por oxidación, se obtuvieron otras, entre
ellas la Rifampicina, derivado piperazínico que se destacó por obtener
elevados niveles sanguíneos, prolongada vida media en el organismo, así
como mayor actividad en las enfermedades por gérmenes Gram negativos
y contra el bacilo de la Tuberculosis.
Fue presentada en 1963 en el VIII Congreso de Leprología de Río de
Janeiro. En 1970, Leiker y Rees, la introdujeron con éxito en el
tratamiento de la lepra, demostrando que ejercía un efecto muy rápido
sobre la morfología de M. leprae, originando fragmentación y producción
de formas granulares.
La aparición cada vez más frecuente de resistencias medicamentosas y
recaídas, sobre todo con las sulfonas, condujo, como en la tuberculosis, a
administrar varias drogas simultáneamente, siendo las primeras
experiencias en 1974.
En 1981 la OMS recomendó oficialmente los primeros esquemas
poliquimioterápicos, que se implementaron a nivel mundial a partir de
1982. (9)(10)(11)(12)
Tratamientos Actuales
Antes de comenzar, es oportuno recordar algunas características del agente
causal y su comportamiento, que dificultan la instauración de un esquema
de tratamiento eficiente.
 El Mycobacterium leprae presenta un crecimiento lento, que
determina un largo periodo de incubación, con lo cual se dificulta
enormemente la posibilidad de un adecuado “rastreo
epidemiológico”.
18
 La localización intracelular, sea dentro de la célula de Schwann o en
el interior de los macrófagos, le permite evadir al sistema
inmunitario, pudiendo permanecer quiescente durante años sin ser
perturbado; precisándose por ello para su tratamiento medicamentos
con actividad intracelular, en condiciones especiales de pH y
oxigenación.
 Por tratarse de un agente con bajísima actividad metabólica, surge la
necesidad de tratamientos prolongados (varios meses), con la
consiguiente dificultad de cumplimiento para los enfermos.
 Dado que hablamos de millones de mycobacterias con crecimiento
lento y de difícil acceso para los fármacos, otro problema que se
presenta, es la posibilidad de aparición de resistencias primarias y
secundarias. La primaria, es la que aparece en enfermos que nunca
han recibido quimioterapia, como consecuencia de haberse
infectado con microorganismos resistentes, originarios de un
paciente con resistencia secundaria; y la secundaria o adquirida se
da como consecuencia de una quimioterapia inadecuada. El arsenal
terapéutico es ciertamente limitado, de modo que sólo restan
alternativas de eficacia más “dudosa” y de difícil instauración por su
elevado costo.
 Un fenómeno importante es el de la persistencia bacteriana. Los
medicamentos bactericidas eliminan los microorganismos que se
encuentran en fase metabólica activa. Cuando el crecimiento
bacteriano cesa y los bacilos están en fase de latencia, los
medicamentos no pueden eliminarlos. Estos microorganismos se
denominan persistentes y pueden sobrevivir durante la
quimioterapia, comportándose como si fueran resistentes aunque de
hecho sean sensibles a las drogas. Si estos bacilos recuperan su
capacidad de multiplicarse podrán ser destruidos por los
medicamentos; pero si en ese momento ya no se recibe
quimioterapia, dará lugar a una recaída o recidiva de la enfermedad.
(14)
Drogas de Primera línea:
 Rifampicina
 Dapsona
 Clofazimina
19
Drogas de segunda línea:
 Quinolonas
 Minociclina
 Claritromicina
Esquemas de tratamiento propuestos por la OMS:
Esquema Multibacilar (MB)
Se aplica a pacientes con formas LL, BL, BB, I pre L y BT. Se considera
MB todo paciente con baciloscopía positiva o más de 5 lesiones. En caso
de dudas en la clasificación, el paciente deberá tratarse como MB.
Dosis Mensual Supervisada:
 Rifampicicna 600 mg
 Clofazimina
300 mg
 Dapsona
100 mg
Dosis Diaria Autoadministrada:


Clofazimina
Dapsona
50 mg
100 mg
Duración del tratamiento: 12 tomas en un periodo máximo de 18 meses.
Puede prolongarse a 24 tomas en pacientes con IB mayor a 4 cruces o IM
de más de 2 %, según normas del Programa Nacional de Lepra.
Esquema Paucibacilar (PB)
Se aplica a pacientes TT, BT e I pre T. Se considera PB a todo paciente
con menos de 5 lesiones cutáneas y baciloscopía negativa.
Dosis Mensual Supervisada:
 Rifampicina
600 mg
 Dapsona
100 mg
Dosis Diaria Autoadministrada:
 Dapsona
100 mg
Duración del tratamiento: 6 tomas en un periodo máximo de 9 meses.
Una vez concluido el tratamiento, el paciente permanece en vigilancia post
terapéutica (VPT), por cinco años en los MB y dos años en los PB, con
controles clínicos cada seis meses y exámenes baciloscópicos cada año.
(1)(4)
20
Dosis Pediátricas:
Rifampicina: Dosis Mensual: 450 mg (si es menor de 10 años:
10 mg/kg/mes)
Dapsona:
Dosis diaria: 50 mg/ día (si es menor de 10 años:
2 mg/kg/día)
Clofazimina: Dosis Mensual: 150 mg (si es menor de 10 años:
6 mg/kg/mes)
Dosis Diaria: 50 mg/día (si es menor de 10 años:
1 mg/kg/día)
En EEUU, el tratamiento se rige por las recomendaciones de la National
Hansen Disease Program (NHDP). A diferencia del esquema OMS, la
Rifampicina se utiliza diariamente, y la cantidad de tomas es mayor.
ANEXO, Cuadro (1)
(15)
Rifampicina
La Rifampicina es la droga más bactericida para el tratamiento de la lepra.
The National Hansen's Disease Program (NHDP) recomienda una dosis de
600 mg al día, pero incluso una dosis única mensual de 600 mg, tal como
se utiliza en los esquemas de la OMS, es altamente bactericida. (13)
El índice morfológico desciende más rápidamente que con el uso de
Dapsona, habiéndose determinado que una dosis de 600 mg diarios no es
más eficaz que la administración mensual. (La dosis mensual tiene su
fundamento en que el bacilo tarda aproximadamente catorce días en
reproducirse, y necesita otros catorce días para ser viable y cada dosis de
Rifampicina fragmenta el 99 % de los bacilos viables). (14)
La administración continuada de Rifampicina hace descender el índice
morfológico a 0 en unos 6 meses de tratamiento.
Por ser liposoluble es rápidamente absorbida, principalmente cuando se
ingiere en ayunas. Presenta muy buena distribución tisular y su mayor
parte se elimina por el intestino. También hay eliminación de la droga por
bilis y orina, tiñendo ésta, así como las lágrimas y el esputo, de una
coloración rojiza.
Inhibe la síntesis de ARN bacteriano uniéndose a la ARN-polimerasa
dependiente del ADN. Evita la unión de esta enzima al ADN y bloquea así
la iniciación de la trascripción del ARN. Posee una vida media de 3 horas.
Sus efectos colaterales más graves aparecen con la administración
intermitente. Pueden presentarse efectos adversos cutáneos (rubor de cara
21
y cuello, prurito, “rash” generalizado, lesiones acneiformes, urticaria,
dermatitis exfoliativa hasta reacción anafiláctica y síndrome de Steven
Johnson); efectos gastrointestinales (hepatitis, diarrea, vómitos, anorexia,
dolor abdominal) y hematológicos (trombocitopenia, anemia hemolítica,
coagulación intravascular diseminada). Cuando se administra 1-2 veces
por semana (como es el caso de algunos regímenes para la Tuberculosis)
es posible la aparición de un síndrome gripal, con fiebre, rinorrea,
artromialgias e insuficiencia respiratoria; shock e insuficiencia renal por
necrosis tubular aguda. Además la Rifampicina puede interferir en el
efecto de otras drogas (es un potente inductor de la CYP34a hepática),
como los corticosteroides, anticoagulantes, anticonceptivos orales,
carbamazepina, macrólidos, etc. (14)(15)
Clofazimina
La Clofazimina es una droga bacteriostática, o débilmente bactericida,
contra el M. leprae. La combinación con Dapsona es mucho más efectiva
que el uso de ambas drogas por separado, destruyendo al 99 % de los
bacilos luego de la administración continuada durante tres meses. (13)
La Clofazimina se une a la guanidina del ADN bacteriano, modificación
molecular que inhibe el crecimiento de la bacteria. Es poco hidrosoluble y
su absorción alcanza el 70%. Una vez absorbida es captada y almacenada
por el sistema de macrófagos, depositándose en forma de cristales en el
citoplasma de estas células. Se elimina lentamente por la orina (la menor
parte), heces y sudor. Su vida media es larga, aproximadamente de 70
días. Pasa a la leche materna y se demostró, en animales de
experimentación, su paso a través de la barrera placentaria, no
observándose efecto teratogénico. Sí se observa una mayor pigmentación
cutánea en los lactantes cuya madre sigue un esquema terapéutico que
incluye Clofazimina, recuperándose la tonalidad normal de la piel tras
finalizar el tratamiento. La biodisponibilidad de la Clofazimina aumenta
considerablemente cuando es ingerida junto con comidas grasas, y tanto el
jugo de naranja como los antiácidos disminuyen su absorción. Posee un
efecto antiinflamatorio de moderada intensidad, relacionado con la
inhibición de la liberación de enzimas lisosómicas de los macrófagos.
Dentro de sus efectos adversos cutáneos se incluye la coloración pardonegruzca de la piel y las mucosas, más intensa en las zonas de infiltración.
Este cambio de color se debe al acúmulo de la droga en forma de gránulos
PAS (+) dentro de los lisosomas de los macrófagos. Se trata de una
lipofuscinosis reversible que sucede en todos los macrófagos del sistema
retículo-endotelial. Dicho efecto va disminuyendo hasta desaparecer al
suspender la medicación, pudiendo demorar hasta uno o dos años. Puede
producir xerodermia o desecamiento cutáneo, tornándose la piel
22
ictiosiforme, especialmente a nivel de los miembros inferiores. También
se ha descripto la disminución en la secreción de lágrimas, debiéndose
muchas veces complementar el tratamiento con la aplicación de lágrimas
artificiales o solución salina, en especial en aquellos pacientes que
presenten hipoestesia corneal. Ocasionalmente produce cólicos, diarrea y
vómitos, sobre todo si se administra a dosis altas (por encima de 100
mg/día), hecho que puede ocurrir durante las reacciones de tipo 2.
(13)(14)(15)
Dapsona
La Dapsona (DDS o Daps) compite y sustituye al ácido paraaminobenzoico (PABA) de la bacteria, impidiendo la formación de ácido
fólico. Interfiere así con la síntesis de los ácidos nucleicos, lo que inhibe el
crecimiento y la multiplicación del M. leprae. Es un medicamento
bacteriostático.
Es una droga relativamente poco tóxica en la dosis utilizada para el
tratamiento de lepra, y si bien comúnmente acorta la vida media del
glóbulo rojo, la anemia hemolítica grave es rara, excepto en los casos de
un severo déficit de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD) (13)(14)
La Dapsona es insoluble en agua, absorbiéndose de forma lenta, pero total,
por vía oral. Una vez en el organismo es acetilada, habiendo individuos
que son genéticamente acetiladores rápidos o lentos. Presenta una amplia
distribución tisular, con una vida media de 28-30 horas. Se elimina
mayormente por orina en forma glucuronada, pudiéndose encontrar una
pequeña parte en las heces, el sudor, la saliva, el esputo y la leche materna.
Tras una única dosis de 100 mg se pueden encontrar trazos del
medicamento en sangre hasta por trece días y tras la administración
prolongada, hasta por 33 días. La concentración de Dapsona es diez veces
mayor en la piel infiltrada por la lepra que en la piel normal. No hay
contraindicación alguna para iniciar o continuar el tratamiento con
Dapsona durante el embarazo.
Entre sus efectos secundarios se incluyen los cutáneos (fotosensibilidad,
urticaria, erupción fija por drogas, eritema polimorfo, necrólisis
epidérmica tóxica) los gastrointestinales (dolor abdominal, náuseas,
vómitos, pancreatitis, hepatitis tóxica); menos frecuentemente
se
describen: neuropatía periférica, síndrome nefrótico, colestasis, psicosis,
vasculitis por hipersensibilidad. Merecen especial mención los efectos
adversos hematológicos: agranulocitosis (rara pero potencialmente fatal),
metahemoglobinemia y anemia hemolítica. Esta última, por lo general es
discreta, con tendencia a la normalización durante el curso del tratamiento,
pero en los casos de déficit de G6PD puede ser grave e incluso fatal. Dado
que es una anemia que ocurre precozmente, es aconsejable repetir los
23
exámenes hematológicos frecuentemente al inicio del esquema,
suspendiéndolo en el caso de alcanzar la hemoglobina un nivel inferior a
9,0 mg/dl o el hematocrito inferior a 32-34 %. En el año 1984, se llevó a
cabo un estudio en el que, mediante la administración de altas dosis de
vitamina E (800 UI/ día) conjuntamente con la de Dapsona, se buscaba
lograr un efecto protector contra la hemólisis (ya que ésta se debe
principalmente al daño oxidativo sobre la membrana de los glóbulos
rojos), pero los resultados no fueron los esperados (17). En el año 1997, un
nuevo estudio concluyó que la vitamina E por vía oral confería sólo un
efecto protector parcial y no corregía los parámetros de hemólisis. (18)
También constituye un problema, no infrecuente en nuestros días, el
“síndrome sulfónico” (descripto por primera vez en la década de los 40
por Lowe, e inicialmente relacionado con el uso de altas dosis de Dapsona)
que se caracteriza por fiebre, prurito, rush, acompañado por
linfadenopatías y linfocitosis, hepatoesplenomegalia con ictericia y
elevación de las enzimas hepáticas. Este síndrome simula el de la
mononucleosis infecciosa y la erupción dérmica se asemeja a una
eritrodermia exfoliativa. Son escasos los reportes fatales y lo que se
recomienda es discontinuar la droga. No existe un claro mecanismo para
explicar la patogenia, pero la teoría mas aceptada, es que se trata de un
fenómeno de hipersensibilidad, ya que puede existir un intervalo de hasta
7 semanas desde el inicio del tratamiento hasta la aparición de estos
síntomas, por lo que debe sospecharse la posibilidad de este cuadro, con
alta mortalidad, incluso tras haber tomado el paciente la Dapsona sin
problemas durante los dos primeros meses del tratamiento
poliquimioterápico y a dosis bajas.
(14)(15)(16)(19)
Esquema ROM
En 1998 la OMS, basándose en ensayos de campo y estudios clínicos,
recomienda el tratamiento de una única dosis, consistente en Rifampicina
600 mg, Ofloxacina 400 mg y Minociclina 100 mg (ROM), en los
pacientes paucibacilares que presenten una única lesión cutánea (20). En
este esquema se asume que la respuesta del propio huésped eliminará
cualquier bacteria viable residual. Sin embargo, siempre que sea posible,
es mejor realizar un tratamiento más extendido ya que no todas las
lesiones únicas corresponden a paucibacilares, y no todos los organismos
de la lesión son bacterias metabólicamente activas, estado en el cual
serían susceptibles a estos fármacos, en una única dosis. (15)
La OMS recomienda que este régimen de dosis única sea adoptado
solamente por programas que detectan un gran número de pacientes
24
paucibacilares con lesión única de piel por año (1.000 o mas). Tal es el
caso de India. (21)
Si bien las ventajas de un régimen de una sola dosis ROM son obvias,
algunos problemas
operacionales no deben ser subestimados. Es
imprescindible asegurarse de la confiabilidad del diagnóstico mediante:
 Examen de la superficie corporal completo y exhaustivo (de lo
contrario, existe el peligro de que algunos pacientes con más de una
lesión de piel puedan ser considerados como casos de lesión única y
en consecuencia reciban un tratamiento insuficiente).
 Apropiado examen de los nervios (procurando reconocer el
compromiso de nervios periféricos, si lo hubiera, mediante signos
de engrosamiento, pérdida de la sensibilidad o pérdida de la función
motora en extremidades).
 Realizar baciloscopías de piel con el fin de excluir pacientes
positivos (raros aunque no excepcionales) del tratamiento con dosis
única.
El esquema ROM esta contraindicado en mujeres embarazadas o en
periodo de lactancia, así como también en niños menores de 5 años de
edad. En estos pacientes se debe realizar el tratamiento Poliquimioterápico
(PQT) indicado para paucibacilares de 6 meses de duración.
Los pacientes con una nueva lesión que aparece después del tratamiento
con dosis única ROM, deben recibir tratamiento standard PQT por 6
meses. Asimismo, si un paciente con lesión única presenta signos clínicos
de actividad de la enfermedad después de un año de haber sido tratado,
debe ser considerado como un fracaso del tratamiento y debe recibir los 6
meses de terapia multidroga del esquema convencional de la OMS para
lepra paucibacilar. (21)
En Argentina no se implementó el esquema ROM como única dosis, pero
es importante recalcar que ese mismo año, el comité de expertos de la
OMS modificó la duración del tratamiento de los pacientes MB,
reduciéndolo de 24 a 12 meses. (22)(23)
Fluorquinolonas
De las fluorquinolonas disponibles, muchas no son activas frente a M.
leprae, como por ejemplo la Ciprofloxacina. Sin embargo, en las últimas
décadas, múltiples ensayos han probado que distintas quinolonas
presentan actividad bactericida contra M. leprae. Es el caso de
Pefloxacina, Temafloxacina, Sparfloxacina.
25
La Levofloxacina presenta una actividad algo superior que la Ofloxacina,
y, si bien, en muchos lugares de EEUU se utiliza en reemplazo de la
Ofloxacina, no forma parte de los esquemas oficialmente recomendados
por la OMS.
La Moxifloxacina, es una de las últimas quinolonas que se demostró
presenta una potente actividad bactericida frente al M. leprae. (Ver más
adelante).
Ofloxacina: Quinolona de acción bactericida contra M. leprae. Actúa por
inhibición de la síntesis de ADN.
Entre sus efectos adversos se incluyen los gastrointestinales (náuseas,
vómitos y diarrea), afectación del sistema nervioso (mareos, insomnio,
cefaleas y alucinaciones) y cutáneos, dentro de los cuales la
fotosensibilidad es el más descripto.
La dosis empleada es de 400 mg/día. (2)(13)
Minociclina
De todas las tetraciclinas, es la única que presenta actividad sobre el M.
leprae, probablemente debido a su liposolubilidad, que le permite penetrar
las paredes celulares. Actúa inhibiendo la síntesis de proteínas bacterianas
a nivel de la subunidad ribosomal 30S.
Los efectos secundarios incluyen la decoloración de los dientes en los
bebés o niños, la pigmentación ocasional de la piel y las membranas
mucosas, diversas afecciones gastrointestinales, y la toxicidad del sistema
nervioso central, incluyendo mareos e inestabilidad.
La dosis empleada es de 100 mg/día. (2)(13)
Claritromicina
Macrólido derivado de la Eritromicina. Actúa inhibiendo la síntesis de
proteínas bacterianas a nivel de la subunidad ribosomal 50S.
Dentro de los efectos adversos, los gastrointestinales son los más
frecuentes (nauseas, vómitos, diarrea), pero por lo general no requieren
discontinuar la droga.
La dosis empleada es de 500 mg/día. (2)(13)
Algunas consideraciones importantes:
o Las drogas utilizadas en los distintos tratamientos, clasificadas por
orden decreciente según su poder bactericida:
26
1.
2.
3.
4.
5.
6.
Rifampicina (RMP)
Ofloxacina (OFL)
Minociclina (MIN)
Claritromicina (CLA)
Clofazimina (CLO)
Dapsona (DDS o Daps)
o Debido a que la droga bactericida por excelencia es la RMP, se
recomienda que sea uno de los componentes de los distintos
esquemas.
o Si bien el Daps sólo es bacteriostático, al combinarlo con CLO
(bactericida débil), destruye los mutantes resistentes a la RMP.
o Una sola toma de MIN más CLA tendría un efecto similar a un mes
de CLO más Daps.
o La combinación de OFL y MIN tiene un poder bactericida similar al
de la RMP.
Esquemas Alternativos
Si bien el tratamiento poliquimioterápico (PQT) recomendado por la OMS
e implementado mundialmente desde 1982 demostró ser altamente
efectivo, surgió la necesidad de buscar nuevas propuestas, ya sea en
reemplazo de alguno de sus componentes en el caso de intolerancias
medicamentosas, ante el eventual desarrollo de resistencias bacterianas, o
bien con el objetivo de lograr nuevos esquemas con mayor efectividad en
menor tiempo y, fundamentalmente, mejor cumplimiento del tratamiento.
Según el Acta de Consenso: Normas Técnicas de la República Argentina
(Buenos Aires 2-3 de Julio de 2003), los esquemas alternativos se
reservarán para:
a) Toxicidad severa de los esquemas convencionales.
b) Falta de respuesta a un esquema convencional extendido.
c) Discontinuidad en la provisión por la OMS de las drogas del
esquema convencional.
Frente a la intolerancia medicamentosa de alguno de los componentes del
PQT (OMS 1997):
1) Ante intolerancia a RMP, se reemplaza el esquema por:
27
 CLO 50mg/día+OFL 400mg/día+MIN 100mg/día durante 6
meses, seguido de 18 meses de CLO + OFL o MIN (dosis
anteriormente citadas)
O bien:
 CLO 50mg/día+OFL 400 mg/día+CLA 500 mg/día durante 6
meses, seguido de 18 meses de CLO + OFL o CLA (dosis
anteriormente citadas)
2) Intolerancia o rechazo a la CLO se reemplaza por:
OFL 400 mg/día o MIN 100 mg/día o CLA 500 mg/día
Otra alternativa seria el esquema ROM en pulsos mensuales
durante 24 meses: RMP 600 mg + OFL 400 mg + MIN 100 mg
3) Por toxicidad al Daps:
 En PB se suple por CLO 50 mg/día
 En MB se reemplaza por OFL o MIN o CLA en las dosis
anteriormente indicadas.
El esquema ROM puede ser utilizado en pulsos, en forma de una sola
toma mensual supervisada, evitando así la irregularidad en la ingesta
autoadministrada.
Para PB: ROM toma mensual durante 6 meses.
Para MB: ROM toma mensual durante 24 meses.
(21)(22)
Resistencia a las distintas drogas
Hasta 1982, el tratamiento de la lepra se basó en la monoterapia con
Dapsona. La aparición de cepas de M. leprae resistentes a este
antimicrobiano (el primer caso de resistencia fue en 1964), llevó a que la
OMS recomendara el uso de la poliquimioterapia (PQT). (24)(25)(26)
Posteriormente se documentó la presencia de cepas de M. leprae
resistentes a las drogas empleadas en la PQT, entre ellas la Rifampicina (el
primer reporte de resistencia es de 1976). (24)(25) También hay informes
de posibles cepas de M. leprae resistentes a múltiples antimicrobianos, que
podrían ser responsables de la recurrencia de la enfermedad en casos
tratados con monoterapia y PQT (26)
La OMS ha planteado la necesidad de vigilar la emergencia de resistencia
a los antimicrobianos, principalmente a la Rifampicina, ya que esto puede
reducir significativamente la eficacia del tratamiento (27)
Para prevenir la aparición y transmisión de lepra multiresistente, así como
para identificar y tratar los casos existentes de resistencia, es necesario
establecer métodos rápidos de detección de resistencia a drogas. (26). La
28
prueba estándar para determinar la sensibilidad antimicrobiana de M.
leprae es la técnica de la almohadilla plantar del ratón. Esta técnica, que
data de 1960, además de ser de difícil realización y costosa, demora entre
6 y 12 meses en dar resultados y está disponible en pocos laboratorios.
(24)(25)
Las primeras pruebas rápidas de detección de drogas efectivas contra el M.
leprae se desarrollaron en base a técnicas de radioespirometría (BACTEC
y Buddemeyer) y se han utilizado con éxito para identificar los nuevos
antimicrobianos. Sin embargo, el uso de estas técnicas para las pruebas de
sensibilidad, está limitado por el requerimiento estricto de un gran número
de microorganismos viables (107) por cada paciente. (28)
Los recientes avances en biología molecular, permitieron el desarrollo de
diferentes técnicas que, basadas en la detección de mutaciones puntuales
en los genes del M. leprae, permiten predecir la resistencia antimicrobiana
a las diferentes drogas que componen la PQT, en menor tiempo y
reduciendo al mínimo el número requerido de bacilos viables.
Estas técnicas se basan en la amplificación de fragmentos específicos de
ADN de muestras biológicas (por ejemplo, biopsias de piel de pacientes
con lepra) mediante la amplificación de PCR, y la detección de
mutaciones asociadas con resistencia a los medicamentos dentro de esos
fragmentos de ADN. (28)
Así se conoce, por ejemplo, mediante la secuencialización directa del
ADN, que el mecanismo molecular de resistencia a la Rifampicina esta
íntimamente relacionado con mutaciones a nivel del gen rpoB, y las
mutaciones a nivel del gen folP1 son responsables de la resistencia a la
Dapsona. Se ha probado, del mismo modo, la correlación entre la
resistencia a las fluorquinolonas, y mutaciones en el gen gyrA, que
codifica la subunidad A de la ADN girasa del M. leprae. (25)(26)(29)
A pesar de que la Clofazimina se utiliza para tratar la enfermedad de
Hansen desde hace casi cuatro décadas, son muy raros los casos de
resistencia a este antimicrobiano. Algo similar ocurre con la Minociclina,
no hay en la actualidad reportes conocidos de resistencia. (25)
Si bien la secuencialización directa del PCR es un método rápido y seguro
para detectar los casos de resistencia, tiene la desventaja de ser muy
costoso, por lo cual no es aplicable en la mayoría de los países en
desarrollo. En los últimos años, se probaron nuevas técnicas, como el
HAD (heteroduplex method) y el SSCP (PCR- single-strand conformation
polymorphism method) para la detección de mutaciones (29); sin embargo
ninguno de estos métodos cumple con las condiciones requeridas para ser
aplicado en los países donde la lepra continúa siendo un problema de salud
pública.
Uno de los últimos estudios realizados, tuvo como objetivo la aplicación
de una nueva prueba de sensibilidad a drogas, rápida y sencilla, basada en
29
la hibridación del ADN, utilizando micromatrices de ADN. Este novedoso
método, denominado LDS-DA, permite la identificación simultánea de
mutaciones en tres genes, responsables de la resistencia a la Dapsona, la
Rifampicina y las quinolonas. Dicho estudio se llevó a cabo en dos países
en vía de desarrollo (Myanmar y Philippines) y demostró ser accesible y
fácilmente aplicable. “Este estudio parece ser una herramienta sencilla y
fuerte para evaluar la sensibilidad del M. leprae a los medicamentos en los
países en desarrollo, donde las pruebas de sensibilidad a drogas raramente
se realizan”. La indicación para aplicar este método, serían los casos
difíciles, ante la sospecha de recaída o reinfección, para examinar la
susceptibilidad a los antimicrobianos y asegurar la instauración de un
tratamiento efectivo. (29)
Las principales causas de resistencia a drogas radican en la monoterapia y
en el tratamiento discontinuado (afortunadamente, en el presente, son
contados los casos de pacientes que fueron tratados con monoterapia con
Dapsona, teniendo en cuenta que hace más de 20 años que la OMS
implementó la PQT).
Recaída – Reinfección
El tratamiento de la lepra, en comparación con otras enfermedades
infecciosas, es único, tanto porque es a dosis y duración fijas, como en
términos de la definición de “curación”. A menudo, el tratamiento finaliza
luego de la duración recomendada, y no con la desaparición de los signos
y síntomas clínicos que dieron lugar a iniciarlo.
La definición de “recaída” sólo puede entenderse en el contexto de la
definición de “curación”. En la era de la monoterapia con Dapsona, un
paciente MB, se consideraba “libre de enfermedad” cuando las lesiones
resolvían y tres frotis de piel consecutivos y mensuales eran negativos
para bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR), tras lo cual el tratamiento
se continuaba durante 5-10 años más, o incluso toda la vida. Un paciente
PB era declarado “libre de enfermedad” cuando todas las lesiones de piel
resolvían, junto con la ausencia de infiltración y eritema, y los nervios
dejaban de ser dolorosos, luego de lo cual el tratamiento continuaba
durante 3-5 años. Con el advenimiento de la poliquimioterapia, tales
criterios han perdido importancia. En la actualidad, por razones operativas,
una vez que el paciente recibe la quimioterapia adecuada, es considerado
“curado”. La resolución completa de las lesiones, en lo que se refiere a la
clínica y la histopatología, puede demorar meses, o incluso años, luego
de finalizado el tratamiento. (30)
El principal modo de evaluar la eficacia de los regímenes terapéuticos en
la lepra, es la “Tasa de Recaída”. Hay amplias variaciones en las
30
estimaciones de las Tasas de Recaída desde la implementación de la PQT
por la OMS, en diferentes regiones. (31)(32)
Las recidivas, luego de la instauración del régimen PQT recomendado por
la OMS, son, en general, raras. Una encuesta de la OMS reportó que el
riesgo acumulativo de recurrencia fue de 0,77 % para pacientes MB con
un seguimiento de 9 años post- tratamiento. Otros estudios han informado
tasas de recaídas que varían desde menos del 1 % al 20 %. (33).
Las recidivas observadas ocurren entre el tercer y el octavo año luego de
haber concluido la PQT y se relacionan, por lo general, con una carga
bacilar alta (IB de 4 cruces o mayor) al comienzo del tratamiento, y
también con IB alto, aunque menor, al finalizar el mismo. (34)
En Argentina no hay en la actualidad información sobre la tasa de recaída,
aunque es observada por los profesionales y las instituciones dedicados al
manejo de la lepra.
Los factores predisponentes para la recidiva incluyen:
 Presencia de bacilos “persistentes”: Bacilos que persisten latentes ya
que tienen la capacidad de sobrevivir en el huésped a pesar de la
quimioterapia adecuada. Han sido identificados en sitios
inmunológicamente favorables, como los nervios, el músculo liso,
los ganglios linfáticos, el iris, la médula ósea y el hígado. Estos
microorganismos están presentes en aproximadamente el 10 % de
los pacientes MB, y su proporción puede ser mayor en los casos con
un IB alto.
 Monoterapia: La tasa de recaída es alta en los pacientes que
recibieron monoterapia con Dapsona y no recibieron posteriormente
tratamiento poliquimioterápico. Esto responde al desarrollo de
microorganismos resistentes. (30)
Si un paciente ha sido previamente tratado con Dapsona como
monoterapia, el re-tratamiento con un régimen de PQT modificado
de Rifampicina, Clofazimina y Dapsona puede reducir o retrasar el
riesgo de recaída. (35)
 Tratamiento inadecuado: Suele ocurrir cuando se clasifica
erróneamente como PB un caso MB. Al recibir 6 meses de
tratamiento, en lugar de 12, hay buena respuesta al inicio, pero
luego puede sobrevenir una recaída.
 Terapia irregular: La irregularidad en la ingestión de las dosis
autoadministradas de Clofazimina y Dapsona, ya sea debido a
suministro irregular de medicamentos o incumplimiento por parte
del paciente.
31
 IB alto al inicio del tratamiento: Los pacientes que tienen un IB alto
inicialmente, presentan mayor riesgo de recaída luego de
completado el tratamiento poliquimioterápico, en comparación con
los pacientes con baciloscopía negativa o con un IB bajo.
 Presencia de múltiples lesiones de piel y engrosamiento de los
nervios: El número y la extensión de las lesiones, incluidas las
lesiones de los nervios, cuando son múltiples, es decir más de cinco,
y abarcan tres o más áreas del cuerpo, se correlacionan con una
mayor tasa de recaída.
 Negatividad del test de lepromina: Los pacientes Borderline que
presentan pruebas de lepromina negativas, tienen una tasa de
recaída más alta que los que tienen pruebas positivas. (30)
Los métodos convencionales para confirmar la actividad o la recaída en
una enfermedad infecciosa (de demostración y / o cultivo del agente
etiológico) tienen una utilidad limitada en lepra debido a la dificultad para
demostrar la presencia de bacilos en los casos de lepra paucibacilar (PB) y
la ausencia de un método de cultivo in vitro del M. leprae. Los parámetros
bacteriológicos son útiles en la lepra multibacilar (MB), mientras que en la
lepra PB, los criterios para la recidiva dependen principalmente de las
características clínicas.
(31)(34)
Los principales diagnósticos diferenciales de recaída son los episodios
reaccionales, el eritema nodoso leproso y la reactivación / resistencia /
reinfección. (30)
Criterios diagnósticos de recaída:
 Clínicos:
a) Aumento del tamaño y/o extensión de lesiones preexistentes
b) Aparición de nueva/s lesión/es
c) Infiltración y/o eritema de lesiones previamente resueltas
d) Compromiso de nervios (engrosamiento o alteración de la
sensibilidad)
 Bacteriológicos: La positividad (en un paciente con baciloscopía
negativa) para BAAR en dos frotis de piel, tomados de cualquier
sitio, durante el período de vigilancia, es diagnóstico de recidiva. En
pacientes con IB positivo, el aumento de 2 cruces en comparación
con el frotis del alta, se diagnostica como recidiva. (La sola
positividad no es suficiente, ya que algunos enfermos presentan
baciloscopía positiva al término del tratamiento PQT).
32

Histopatológicos: Se refiere a la reaparición de granulomas en los
casos PB y a la infiltración por macrófagos, junto a la visualización
de bacilos sólidos, y aumento del IB en los casos MB.
 Terapéuticos: Es útil cuando se sospecha un episodio reaccional. El
paciente puede ser tratado con prednisona (dosis recomendada:
0,75- 1 mg/kg/día) y si se trata de un episodio reaccional, éste
remitirá en dos meses. Si los síntomas persisten, o empeoran, debe
sospecharse una recaída.
 Serológicos: En los casos LL, la medición de anticuerpos Ig M
PGL-1 es un buen indicador de recaída.
Los tres primeros criterios son suficientes para hacer un diagnóstico de
recidiva. Los dos últimos criterios pueden utilizarse en caso de que
persistan dudas y siempre y cuando las instalaciones lo permitan. (30)(34)
En caso de confirmarse un caso de recaída, debe instaurarse tan pronto sea
posible un nuevo tratamiento PQT, teniendo en cuenta para la elección del
mismo, el tipo de lepra (PB o MB), el tratamiento previo, y la resistencia a
drogas. En ocasiones, los profesionales a cargo pueden necesitar apelar a
su juicio para modificar los regímenes estándar de tratamiento de la OMS,
de acuerdo con la situación de cada paciente. (30)(33)(34)
Vacunación con BCG. Quimioprofilaxis con
Rifampicina
Un metanálisis de todos los datos publicados en la literatura médica desde
el 01 de Enero de 1960 hasta el 01 de Junio del 2009 fue llevado a cabo
para determinar la eficacia de la vacuna BCG como protección contra el
M. leprae.
Se sabe que la lepra no es una enfermedad inmunoprevenible, en el sentido
que no puede controlarse con la vacunación de BCG solamente, sin
embargo, a la luz de los resultados de dicho metanálisis, es innegable que
la BCG confiere protección contra la lepra.
La magnitud de dicha protección varía mucho en los diferentes estudios,
estimándose en un 41 % para los ensayos clínicos y un 60 % para los
estudios observacionales. Al estudiar las razones de dicha heterogeneidad,
no se encontró evidencia estadísticamente significativa en relación con la
latitud de la zona del estudio, el número de dosis de BCG recibido o el año
de publicación del estudio. Sí se encontró una diferencia estadísticamente
significativa en relación con un mayor efecto protector de la vacunación
con BCG en los contactos (familiares cercanos) de pacientes de lepra, en
33
comparación con la población general. No hubo diferencias en cuanto a las
formas clínicas paucibacilares o multibacilares, así como tampoco pudo
evaluarse si difiere la protección de la vacuna aplicada antes de los 15
años de edad, o a posteriori. (36)
Queda a criterio de cada programa nacional evaluar el grado de beneficio
potencial de protección que puede esperarse mediante la vacunación con
BCG en su área o país.
No hay duda de que el diagnóstico y tratamiento precoces son una
necesidad, pero la vacunación con BCG debería considerarse como otra
posible intervención clave en la estrategia global de la lucha contra la
lepra.
En cuanto a la quimioprofilaxis, hay quienes sostienen que podría reducir
la incidencia de lepra e incluso también ayudaría al tratamiento de la
enfermedad subclínica.
La evidencia que refiere a quimioprofilaxis con una única dosis de
Rifampicina, proviene de un estudio realizado en Bangladesh desde 2001
al 2007 (Chemoprophylaxis in the Prevention of Leprosy: COLEP). En
dicho estudio se reclutó a más de 21.000 contactos de 1037 pacientes de
lepra paucibacilar y multibacilar. Se les administró una única dosis de
Rifampicina (300-600 mg) a los contactos, luego de la segunda toma de
PQT del paciente índice (seis semanas). El estudio encontró una reducción
global de lepra del 57 % al cabo de dos años. No se comprobó mayor
reducción de la incidencia al cabo de cuatro años.
Los grupos de riesgo para contraer la enfermedad serían los contactos del
paciente de lepra, ya sean convivientes, vecinos o contactos sociales. En
un programa de control, ellos conformarían el objetivo potencial para la
quimioprofilaxis. Se necesita, sin embargo, mucha más investigación para
poder desarrollar: a) Herramientas prácticas de diagnóstico que permitan
detectar la lepra subclínica y guiar el tratamiento quimioprofiláctico en los
contactos con (muy) alto riesgo. b) Regímenes de tratamiento profiláctico
para contactos de (muy) alto riesgo. c) Herramientas epidemiológicas (por
ejemplo: modelos matemáticos) para evaluar el efecto potencial de la
intervención quimioprofiláctica a nivel de la población. También sería
necesario rever los sistemas operacionales de salud para poder
implementar exitosamente la quimioterapia, tanto a nivel individual como
poblacional, bajo las condiciones de los programas de control de la lepra.
(37)
Recientemente se llevo a cabo, también en Bangladesh, un ensayo doble
ciego, aleatorizado, y controlado con placebo en el que se demostró un
efecto adicional de la inmunoprofilaxis de BCG cuando se asocia con el
tratamiento quimioprofiláctico de Rifampicina, en los contactos cercanos
de pacientes con lepra. La protección de la Rifampicina, que se estima en
aproximadamente un 58 %, aumentó al 80 % al asociarse la vacunación
34
con BCG. Ésta es la primera vez que se demuestra un efecto aditivo entre
dos estrategias de prevención. Es necesario sin embargo, investigar mucho
más, en los diferentes países donde la lepra es endémica, para poder
confirmar estos resultados. (36)(38).
Investigaciones en curso y nuevas drogas a nivel
experimental
Un importante número de investigaciones son llevadas acabo en la
actualidad, en busca de mejorar los actuales esquemas de tratamiento,
tanto de la enfermedad como de los episodios reaccionales:
 En cuanto al papel de la inmunoterapia, la presencia de bacilos
persistentes tras la finalización de la PQT, ha llevado al intento de
aplicar medicamentos inmunorreguladores que estimulen la
respuesta celular para reducir dicho remanente. Como ejemplo, el
levamisol y el zinc juntamente con la Dapsona han demostrado
reducir considerablemente la incidencia y la severidad de las
reacciones. (Se supone que actúan como potenciadores de la
respuesta inmune celular, pero el mecanismo no está totalmente
dilucidado).
Por otro lado, se ha observado que antígenos de varias
micobacterias presentan reacción cruzada con M. leprae, como el
BCG (ya desarrollado), mezclas de BCG + M. leprae muertos,
Mycobacterium W. (Welchii), Indian Cancer Research Centre
(ICRC) Bacillus, M. Habana o el M. Vaccae. Cuando cualquiera de
estos preparados se añade a la PQT convencional (por ejemplo cada
seis meses) los resultados demuestran una rápida disminución del
índice bacilar. (39)
Otros mediadores de la respuesta inmune, como la Interleucina 2
(IL-2) o el Interferón gamma (IFN-gamma) han sido estudiados
para ser incluidos en el tratamiento de la lepra. La administración
intralesional del Interferón, por ejemplo, resulta en el acúmulo de
linfocitos y monocitos en el lugar de la inyección, con formación de
granulomas (señal de buen funcionamiento de la respuesta celular).
La administración de IL-2 promueve un rápido aclaramiento
bacilar. (40)(41)
 Nuevos derivados de la Clofazimina (riminofenacínicos) están
siendo estudiados, como el B746 y el B4157, que además de
mostrar mayor actividad contra la micobacteria producen una menor
pigmentación de piel y mucosas. (39)
35
 Nuevos derivados de la Rifampicina, con vida media mas
prolongada, como la Rifabutina y la Rifapentina.
La Rifapentina (RP) fue sintetizada en el año 1965 y aprobada por
la FDA en 1998. Se utiliza en el tratamiento de la Tuberculosis.
Sus propiedades farmacocinéticas superan a la Rifampicina,
logrando una mayor concentración sérica máxima en menor tiempo
y con una vida media mucho más prolongada. Por medio de la
técnica de la almohadilla plantar de ratón, la Rifapentina demostró
ser más efectiva que una única dosis de Rifampicicna, e incluso que
la combinación ROM, frente al M. leprae. (42)
 Nuevas quinolonas como la Moxifloxacina (MX). Esta
flourquinolona de amplio espectro, se considera la más eficaz,
dentro de las quinolonas, frente al M. tuberculosis en ratones. Ha
demostrado ser más efectiva que la Ofloxacina frente al M. leprae.
También la combinación de MX + MIN demostró ser más
bactericida que la combinación OFL + MIN. Su poder bactericida es
idéntico al de una única dosis de Rifampicina. (43)(44)
 Una única dosis de la combinación Rifapentina + Moxifloxacina +
Minociclina destruye el 99,9 % de M. leprae viables, y demostró ser
50 veces más bactericida que una dosis de ROM. (45)
 La Telitromicina (HMR 3647) es un ketólido, una nueva familia de
antibióticos del grupo de los macrólidos, con un espectro de acción
contra cocos Gram positivos, Bacterias Gram negativas y
microorganismos atípicos e intracelulares. Demostró una gran
actividad bactericida contra M. leprae, igual o superior a la
Claritromicina. (42)
 R207910 (Diarylquinoline o TMC207) antibiótico que mostró,
(mediante técnica de almohadilla plantar de ratón) una importante
actividad bactericida frente al M. leprae, comparable a la de
Rifapentina o Moxifloxacina, y significativamente mayor que la de
Minociclina. La demostración de su poder bactericida a bajas dosis
y en una única toma mensual, sugiere que este antibiótico puede
desempeñar un papel importante en el tratamiento de la lepra.
(46)(47)
.
36
Conclusión
La enfermedad de Hansen sigue planteando importantes desafíos a nuestra
comprensión en cuanto a su microbiología, inmunología, patogenia,
tratamiento y prevención, por lo que es necesario continuar poniendo
énfasis en la investigación básica y la gestión clínica sobre el terreno.
La biología molecular ha permitido secuencializar el genoma del
Mycobacterium leprae, lo que demostró su habilidad para sintetizar y
transcribir varias proteínas en respuesta a diferentes cambios en su medio
ambiente, y probablemente proporcione valiosa información sobre sus
mecanismos de patogenicidad en un futuro próximo.
El análisis de los tejidos, mediante la técnica de PCR, permite identificar
el ADN del M. leprae y se han descubierto mutaciones en el genoma del
bacilo, asociadas con la resistencia a varios de los medicamentos
utilizados en el tratamiento actual. Probablemente, esta técnica termine por
reemplazar a la de la almohadilla plantar del ratón.
Eliminar mundialmente la lepra ha sido el objetivo fundamental tanto de
las políticas de salud de la OMS, como de la investigación de laboratorio,
en los últimos veinte años. Esta meta no se alcanzó en el 2000, ni en el
2005, y es probable que no pueda cumplirse en breve, debido a una
compleja mezcla de factores sociales, económicos y biológicos que no
pueden ser resueltos simplemente en el laboratorio.
Hay en la actualidad, varios agentes antimicrobianos disponibles para el
tratamiento de la lepra y podemos decir que es una enfermedad curable. Si
bien, el enfoque médico más conservador opta por el uso de
poliquimioterapia durante varios meses o años, dependiendo de la forma
clínica de la enfermedad, la OMS tiende, en el último tiempo, a
recomendar protocolos de tratamiento cada vez más cortos, lo que
innegablemente ha sido motivo de controversia entre los profesionales
abocados al tratamiento de la lepra.
En muchos países las actividades de control y tratamiento de la lepra están
siendo integradas en el sistema general de atención de salud, lo que, si
bien reduce el estigma asociado a la lepra, muchas veces muestra falencias
a la hora de enfrentar las complicaciones inmunológicas, y la
rehabilitación de discapacidades y deformidades, tan propias de esta
enfermedad.
Al ser una enfermedad infecciosa, podría decirse que para eliminarla se
requiere del desarrollo de una vacuna eficaz. Este fue el tema central de la
37
investigación en la década del 80 y principios de 1990, y, si bien no se ha
tenido éxito hasta ahora, los esfuerzos continúan.
Hay quienes sostienen que sería más apropiado clasificar la lepra como
una enfermedad crónica estable, y no como una enfermedad infecciosa
sensible a las estrategias de eliminación. Esta teoría, fundamentándose en
el alto costo y la aparente futilidad de las campañas de erradicación en las
regiones de mayor endemia del mundo, propone mejorar las herramientas
de gestión para el manejo de la infección, sus complicaciones, la
prevención y el tratamiento de la lesión neural.
En mi opinión, para que la Enfermedad de Hansen deje de ser un problema
de salud pública, los esfuerzos deben centrarse en el diagnóstico temprano,
para lo cual, como siempre se recalca, hay que pensar en lepra para
poder diagnosticarla. A partir de la confirmación de un caso, hay que
instaurar sin demoras el tratamiento apropiado para cortar la cadena
epidemiológica. Cumpliendo estos simples pasos, es posible que con el
tiempo, se logre el objetivo de erradicar la enfermedad.
ANEXO
Cuadro 1:
Guía de Tratamiento US NHDP
Clasificación
Adultos
Niños
Tuberculoide (TT y BT)
(OMS Paucibacilar, PB)
Dapsona (100 mg) diarios, y Rifampicina
(600 mg) diarios, durante 12 meses.
Dapsona (1mg/kg) diarios, y Rifampicina
(1-2 mg/Kg) diarios, durante 12 meses
Lepromatosa (LL, BL, BB)
(OMS Multibacilar, MB)
Dapsona (100 mg) diarios, y Rifampicina
(600 mg) diarios, mas Clofazimina (a) (50 mg)
diarios, durante 24 meses.
Dapsona (1mg/kg) diarios, y Rifampicina
(1-2 mg/Kg) diarios, mas Claritromicina (b)
(7,5 mg/Kg) diarios, durante 24 meses.
(a) Solo disponible como nueva droga en investigación (IND), a través del NHDP, que solo permite su uso en EEUU, como tratamiento
para la enfermedad de Hansen. Para poder utilizar esta droga, los profesionales deben registrarse como investigadores en el NHDP IND.
(b) En reemplazo de la Clofazimina, la cual esta prohibida para niños en EEUU.
(15) Sophie M. Worobec. Treatment of leprosy/Hansen’s disease in the early 21 st century. Dermatologic Therapy, Vol. 22, 2009:
518–537.
38
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