El mito de la caverna

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1- Descripción del contexto histórico-cultural y filosófico que influye en el autor del
texto elegido.
El
fragmento
dentro de la
obra de
Platón y de
su proyecto
filosófico
Este fragmento de Platón pertenece al mito de la caverna, la alegoría con la que
Platón nos ilustra el proceso educativo de quien, convirtiéndose en filósofo, está
capacitado para gobernar. El mito de la caverna pertenece al libro VII de La República,
un diálogo de la etapa de madurez fundamental para entender las tesis platónicas sobre
la realidad, el conocimiento, el ser humano, la ética y la política. Este diálogo tiene por
motor la Justicia como valor moral y virtud del individuo y de la polis, el cual resulta
capital en el proyecto filosófico (incluso podríamos decir, biográfico) de Platón: la
creación de una polis absolutamente justa. En este diálogo Platón indaga en los
cimientos de su proyecto, y los encuentra en la educación de los futuros gobernantes en
el conocimiento del Bien. La alegoría del mito de la caverna posee una continuidad
temática con el libro VI, en el cual aborda la naturaleza del Bien, la verdadera filosofía,
la realidad y el conocimiento (a través de símiles como el del sol y el de la línea) como
elementos imprescindibles para entender la alegoría de la caverna. La comprensión de
este fragmento, en el que plantea la educación como una liberación de las cadenas y
una curación de la ignorancia, un tema fundamental en la filosofía platónica, es
posible si nos detenemos en el contexto histórico y filosófico de Platón, ambos muy
unidos, pues para Platón, la sociedad de su tiempo era una sociedad prisionera a la que
había que liberar.
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Contexto histórico-político
En la Carta VII (una carta de carácter autobiográfico que escribió Platón tras la
muerte de su amigo Dión de Siracusa en el 354 a.C.), Platón deja constancia de los
hechos históricos que le impulsaron a no participar directamente en política y dedicarse
a la filosofía, con el fin de fundamentar un Estado justo.
Platón (428-347 a.C.) nació en Atenas procedente de una familia aristocrática
con interés en la vida política, cosa bastante habitual entre los ciudadanos libres de las
polis griegas (basadas en un sistema esclavista de producción). Se trata de una Atenas
revuelta por los cambios políticos, consecuencia de la Guerra del Peloponeso (431-404
A.C.) y el ascenso de Macedonia (primera mitad del siglo IV a.C.). Estos hechos
agudizaron más las contradicciones del sistema democrático ateniense ya existentes
antes de la Guerra del Peloponeso, contradicciones que tenían su reflejo intelectual en la
confrontación entre el modelo aristocrático de justicia y educación con el sofista y el
socrático. Antes de la guerra y de la derrota ateniense, Atenas había sido "el espejo en el
que se miraba toda civilización", como dijo Pericles. Con él al frente de Atenas (461429 a.C.) se desarrolló a la par la política imperialista de Atenas con otras polis de la
Liga de Delos (Liga de polis lideradas por Atenas para protegerse de los persas) y la
democracia con el ascenso de las clases medias en todos los órganos de gobierno
(Asamblea, Consejo, Magistraturas). Se trata de los “años dorados de Pericles” o
“ilustración griega”, que ve florecer la tragedia (Sófocles, Eurípides, Esquilo), la
comedia (Aristófanes), el arte (Fidias, Policleto, Praxíteles) y el pensamiento
(presocráticos, sofistas, Sócrates, maestro de Platón).
Pero no todos en Atenas estaban a favor de esta democratización. Los
aristócratas (entre los cuales estaba la familia de Platón) se oponían a los demócratas, y
Esparta aprovechó el descontento de muchas polis controladas por Atenas y de los
aristócratas atenienses para enfrentarse a Atenas en la Guerra del Peloponeso. En ella,
la Atenas democrática se vio vencida por la aristocrática Esparta, la cual impuso un
gobierno pro-espartano (la oligarquía de los Treinta Tiranos, en la que había dos
familiares de Platón). Platón es invitado a participar, pero se retira viendo las injusticias
de este gobierno. En el 403 vuelve una democracia que busca la reconciliación.
Dispuesto de nuevo a participar en política, en el 399 la muerte de Sócrates ("el
más justo de los hombres de su tiempo"a quien Platón seguía desde hacía 8 años),
condenado a beber cicuta, lleva a Platón a una convicción: todos los Estados están
mal gobernados, pues acceden al poder quienes son movidos por sus pasiones y
ansían el poder, no quienes conocen la Justicia y el Bien. Y los males del género
humano no se acabarán hasta que se eduque a los gobernantes en la filosofía (algo
que intentó Platón en tres ocasiones en Siracusa, a petición de Dión, sin éxito), o los
filósofos fueran quienes gobernaran (algo que Platón quiso lograr al fundar la
Academia de Atenas en el 387 a.C. como centro educativo alternativo a los sofistas).
Contexto filosófico
La educación como una liberación de las cadenas que nos sujetan a la
ignorancia apunta a problemas fundamentales de la época en la vivió Platón: el
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problema de la realidad de los valores morales y políticos, su papel en la vida individual
y colectiva, el papel del lenguaje y de los conceptos en la creación de nuestro
conocimiento y la orientación de nuestra vida. Todos estos problemas se aglutinaban en
el problema de la educación de los ciudadanos, cuando el conocimiento se convierte en
una fuerza social, y los planteamientos presocráticos, centrados en la realidad del
cosmos, resultan insuficientes para las nuevas demandas de la vida política. La
juventud de Platón coincide con el desarrollo del giro antropológico de la filosofía
iniciado con sofistas y Sócrates, y ambas corrientes de pensamiento ejercen una
influencia continua y poderosa en el pensamiento platónico.
Platón sigue el planteamiento socrático en su enfrentamiento con los
sofistas. Calificándolos de "mercenarios de la palabra" y “prostitutos del espíritu”,
considera sus doctrinas escépticas y relativistas sobre el conocimiento y los valores y su
convencionalismo moral y político perversiones para los jóvenes ansiosos de participar
en el poder. Negaban la capacidad del lenguaje para representar la realidad, y en una
sociedad ateniense en la que el gobierno se desarrollaba mediante el uso de la palabra, la
oratoria, la erística y la retórica enseñadas por los sofistas tenían la finalidad de lograr
persuadir para obtener éxito político, y eran el "alimento" de los demagogos que habían
llevado a Atenas al desastre, desde el punto de vista platónico. Son los sofistas quienes
aparecen en el mito de la caverna como los portadores de objetos en el interior de la
caverna, incapaces de liberar de sus cadenas a los prisioneros y conducirlos hasta la luz.
Y es Sócrates quien aparece no sólo como portavoz de las palabras de Platón en todos
sus diálogos, sino que en el mito, es el prisionero liberado que ha ascendido al exterior
(el sabio) y que vuelve al interior de la caverna para liberar a otros prisioneros (aun a
costa de su vida). Para Platón, como para Sócrates, la educación es una mejora
integral del alma, el conocimiento va de la mano de la virtud (intelectualismo moral),
los valores morales son realidades objetivas y universales que se pueden conocer a
través de la razón y definir a través de los conceptos, la verdad se manifiesta a través del
diálogo, y el filósofo tiene la función de educar en una sociedad enferma de ignorancia
y encadenada por aquello que considera valioso pero no son más que “sombras” de la
realidad, como las que ven los prisioneros de la alegoría.
A partir de la muerte de Sócrates Platón desarrolla su proyecto educativo y
político siguiendo el modelo socrático de una forma perdurable y enfrentándose a
los sofistas, pero incorporando elementos decisivos a raíz de sus viajes a la Magna
Grecia porque le pusieron en contacto con los pitagóricos y la escuela eleática. La
influencia del pitagorismo y del eleatismo se observa en sus diálogos de Transición
(Menón, Gorgias, Crátilo), donde predominan los problemas políticos, pero ya se
apuntan sus doctrinas sobre el alma, el conocimiento como recuerdo, la verdad como lo
inteligible. Del pitagorismo recoge la creencia sobre la inmortalidad y trasmigración
del alma, la idea del cuerpo como cárcel del alma, de la impureza por el contacto con lo
sensible, de la expiación de esta impureza gracias al conocimiento, las matemáticas
como conocimiento superior, los números como entidades realmente existentes, la
unión entre política-filosofía. De la escuela eleática influyen tanto el recurso lógico de
la dialéctica de Zenón como las doctrinas de Parménides: su planteamiento racionalista
(los sentidos sólo nos proporcionan opinión, un conocimiento engañoso, sólo la razón
accede a la verdad inmutable, eterna y universal), y el dualismo entre realidad auténtica
(el ser como inmutabilidad, perfección) y apariencia (el mundo del cambio). Esta
influencia del pitagorismo y eleatismo se hace patente en sus diálogos de madurez (El
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Banquete, Fedro, Fedón, La República…), donde aparecen las doctrinas dualistas de
Platón (dualismo ontológico, epistemológico y antropológico), reflejadas en la alegoría
de la caverna, y la utopía del Estado tripartito gobernado por filósofos.
2- Comentario del texto.
Apartado a) Explicación de las dos expresiones subrayadas.
Estas dos expresiones hacen referencia a dos componentes que forman parte del
proceso educativo en cuanto adquisición de conocimiento y de virtud: liberación del
alma de su situación inicial (ignorancia y falta de virtud), y ejercitación del alma en el
conocimiento y las virtudes que la educan.
Liberación de sus cadenas. Con esta expresión Platón hace referencia a la liberación
del alma (prisionero) de todo lo que la ata (las cadenas) a lo inferior y de lo cual debe
purificarse: el cuerpo, el mundo sensible, la opinión, las pasiones innobles de la parte
apetitiva del alma. El alma tiene por destino contemplar la verdad (mirar hacia la luz),
pero no puede hacerlo forzada a una situación antinatural a su naturaleza afín a las
Ideas: encerrada en el cuerpo como en una tumba, habitando en el mundo sensible que
actúa de prisión o cárcel, atada a lo sentidos, llena de conjeturas (el nivel más bajo de la
opinión, rayando la ignorancia), y movida por sus propias pasiones, en lugar de por la
razón, incapaz de conocer la verdad y de alcanzar la virtud. Por tanto, se trata de un
elemento necesario y previo para que se pueda ascender en el conocimiento (curarse de
la ignorancia, pues la falta de sabiduría es vista como una enfermedad para el alma), lo
cual supone marchar mirando a la luz.
Mirando a la luz. Con esta expresión Platón se refiere al proceso de educación del
alma como un proceso de dirigir su capacidad de conocimiento racional (la mirada del
prisionero) hacia la verdad (la luz del exterior de la caverna a la cual está abierta el
interior de la caverna), no hacia la irrealidad, lo ininteligible (la oscuridad de la
caverna), que era la situación en la que está el alma sin educar (el prisionero
encadenado, forzado a mirar hacia las sombras del fondo de la caverna). Esta
expresión aparece en una expresión más grande “marchar mirando a la luz” para
referirse al proceso de conocimiento racional como algo activo, un proceso ascendente
de conocimiento que parte de lo sensible hasta lo inteligible (dialéctica). En esta
“marcha” está implicada toda el alma, pero especialmente está activa la razón, el órgano
de la parte racional del alma que puede conocer la verdad, el Mundo Inteligible (como
los ojos del prisionero pueden ver la luz). En el fragmento Platón especifica que mirar
a la luz (dirigir la razón hacia la verdad) sucede tras la liberación de las cadenas (tras
liberarse el alma de lo que le ata a lo inferior: sentidos, opinión, mundo sensible,
pasiones). Se trata de un proceso gradual que necesita de la acomodación de la razón,
“deslumbrada” (como el encandilamiento de los ojos del prisionero) por las realidades
que tiene que conocer, y que produce incredulidad para admitir como más verdaderas
las realidades que se le muestran en el ascenso hacia la verdad. En el libro VI de La
República, en el símil del sol, aparece la comparación de la luz del sol con la verdad del
Mundo Inteligible.
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Apartado b) Exposición de la temática.
El fragmento de Platón presenta una temática onto-epistemológica y
antropológica. Se corresponde con una parte del mito de la caverna, en la cual hace
referencia a la educación como un cambio en la orientación del alma entera con
respecto a su situación anterior (“encadenamiento” a la ignorancia, la falta de virtud) y
un proceso de ascenso en el conocimiento y en el ser. En referencia a qué es la
educación y cómo se produce, Platón se centra en este fragmento en los componentes de
la educación y en la primera fase de ese ascenso en el conocimiento y en el ser. En este
fragmento aborda estos aspectos desde el punto de vista epistemológico (el paso del
nivel más bajo de conocimiento al inmediatamente superior), ontológico (pasar de lo
menos real a cosas más reales), pero también antropológico: cómo experimenta el
sujeto el proceso de educación al que está siendo sometido. Estos aspectos son
abordados simbólicamente a través de la figura del prisionero (el alma) encerrado desde
niño en el fondo de una caverna (el mundo sensible), que va a ser liberado de sus
cadenas y obligado a marchar mirando hacia la luz.
Sintetizando lo principal del texto, Platón nos dice que la liberación de las
cadenas y la curación de la ignorancia de uno de los prisioneros es un proceso difícil y
forzado ya desde la primera fase en la que el sujeto pasa del nivel más bajo de
conocimiento (mirar sombras) al inmediatamente superior (percibir objetos) y se
aproxima a realidades superiores (más reales) y mira más correctamente (marcha
mirando a la luz), aunque el sujeto no lo considera así
En la estructura del texto, se observa este contenido esencial en tres partes:
En el inicio, se identifica el proceso de educación al que va a ser sometida el
alma sumida en la ignorancia con la experiencia a la que va a ser sometido el prisionero
y que se describirá a continuación (Examina ahora el caso de una liberación de sus
cadenas y de una curación de su ignorancia). El proceso de la educación se muestra
compuesto por dos momentos necesarios, y en un orden concreto: primero la liberación
de las cadenas que nos atan a la ignorancia (las cadenas que tienen al prisionero
inmovilizado en el fondo de la caverna), después la curación de la ignorancia. Con estas
dos expresiones “liberación de las cadenas” y “curación de la ignorancia”, Platón
resume el proceso educativo como un proceso integral al que se somete al alma,
presentándonos metáforas fundamentales de contenido antropológico, epistemológico y
ontológico: prisionero (alma), cadenas (pasiones, sentidos), ignorancia (opinión sobre el
mundo sensible), liberación y curación (superación del estado de ignorancia de la
verdad y de falta de virtud)
A continuación, nos describe el proceso de “curación de la ignorancia” y cómo
experimenta el prisionero (el alma) este proceso de curación. (“qué pasaría….cuyas
sombras había visto antes”). En referencia a los elementos que configuran la “curación
de la ignorancia”, Platón enumera tres acciones que hacen referencia a lo que el alma
debe realizar, y que tienen un claro contenido epistemológico y ontológico: Levantarse
de repente, volver el cuello, marchar mirando hacia la luz, es decir, abandonar la
realidad anterior y el modo de conocimiento anterior para dirigirse a una nueva realidad
y un nuevo conocimiento. En referencia a cómo experimenta el prisionero (el alma)
esta experiencia, destaca la vivencia de verse obligado a actuar en contra de lo que
habitualmente hacía, para poder salir de la ignorancia y alcanzar el saber (forzado a
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levantarse de repente, volver el cuello y marchar mirando hacia la luz), por lo cual
experimenta sufrimiento e incapacidad inicial de conocer la nueva realidad que se le
presenta (y al hacer esto, sufriera y a causa del encandilamiento fuera incapaz de
percibir aquellas cosas cuyas sombras había visto antes).
Finalmente se identifica el primer nivel del ascenso en el conocimiento y en el
ser como el paso de mirar sombras a percibir objetos (percibir aquellas cosas cuyas
sombras había visto antes) como una aproximación hacia algo más real, y una manera
más correcta de conocer, destacando el componente onto-epistemológico (¿Qué crees
que respondería…..correctamente?). La identificación de este primer paso en la
curación de la ignorancia también nos es presentada desde la experiencia del alma, la
experiencia del prisionero. Con respecto a este componente antropológico del ascenso
en el conocimiento y en el ser, Platón destaca la vivencia de la incredulidad y dificultad
( Y si se le mostrara…..muestran ahora?), con lo que Platón resalta la dificultad de la
educación para un alma que, desde su unión al cuerpo, no ha contemplado más que
sombras de la realidad.
Apartado c) Justificación desde la posición filosófica del autor.
Nota: Os propongo dos modelos distintos de justificación. El primero es
un modelo por “apartados”. El segundo es un modelo que se rige
siguiendo el relato del mito de la caverna. En los dos modelos, la
introducción es la misma
(Modelo 1 de justificación)
El análisis de la educación de quienes serán futuros gobernantes es el problema
que nos invita a examinar Platón a través de la alegoría de la caverna (Examina ahora
(…) curación de su ignorancia): ¿Qué es la educación, en qué consiste? Responder a
esta pregunta supone desentrañar toda la filosofía platónica, pues la educación es un
proceso que afecta al alma antera, supone la adquisición de un conocimiento sobre
realidades superiores (las Ideas, y en concreto, la Idea de Bien) que no nos proporcionan
los sentidos ( estos sólo conforman Opinión) sino la razón ( se trata de la Ciencia o
Episteme), una mejora del alma en sus virtudes ( moderación del alma apetitiva,
valentía de la parte irascible, sabiduría de la parte racional), para después saber actuar
de manera justa y acorde al Bien en sí en la vida privada y pública ( el Estado). El
mismo Platón, al inicio de la alegoría, nos dice que comparemos nuestra naturaleza (se
está refiriendo al alma) antes y después de ser educada en el conocimiento del Bien con
una situación que nos describe alegóricamente su dualismo ontológico (mundo
sensible// Mundo Inteligible), epistemológico (Opinión// Ciencia), antropológico
(cuerpo// alma) y los grados de realidad en correspondencia con los grados de
conocimiento (hay un paralelismo entre el mito y el símil de la línea). El objetivo es que
comprendamos la importancia del proceso educativo de los filósofos-gobernantes para
la justicia en la polis.
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La naturaleza del ser humano antes de ser educado como el prisionero
encadenado desde niño en el interior de una oscura caverna. Dualismo ontológico y
antropológico.
En la alegoría, Platón se sirve de la imagen de una caverna para representar el
mundo sensible, y el exterior para simbolizar el mundo inteligible. La caverna tiene
toda su entrada abierta a la luz del exterior, es decir, el mundo sensible participa de
alguna manera de la verdad, aunque no sea la realidad auténtica. El mundo sensible es la
copia o imitación del inteligible. Es un mundo material, por lo que cambia, es
imperfecto, no tiene en sí mismo la causa de su esencia y existencia. El mundo
inteligible es la esencia trascendente del mundo sensible, el modelo o paradigma que
inspiró al Demiurgo cuando moldeó el mundo sensible a partir de la materia caótica.
Está compuesto por entes inmateriales, eternos y perfectos: los objetos matemáticos y
las Ideas, en cuya cima está la Idea de Bien, representada en la alegoría por el Sol del
exterior.
En el mundo sensible están las almas temporalmente ocupando un cuerpo ( a la
muerte del ser humano, las almas transmigran a otros cuerpos, se reencarnan). Las
almas constituyen la naturaleza del ser humano, no el cuerpo. Las almas son
inmateriales, inmortales, afines a las Ideas, son el principio de vida y de conciencia. Su
unión con el cuerpo es violenta y accidental, y unidas al cuerpo son prisioneros, debido
a su caída desde el mundo inteligible, cuando intentaban contemplar las Ideas con su
parte racional, pero las pasiones de su parte apetitiva las arrastraron hacia el mundo
sensible, y la parte irascible del alma (la voluntad), no pudo resistirse a la fuerza de la
pasión. Aquí, en el mundo sensible, se encuentran encerradas y encadenadas a la
ignorancia y a la falta de virtud, como los prisioneros de la alegoría están encadenados
en el fondo de la caverna, incapaces de conocer la verdad si no son educadas, como los
prisioneros no pueden salir al exterior si no son liberados y forzados a marchar
mirando hacia la luz.
La educación del alma (la liberación del prisionero de sus cadenas y la curación de
su ignorancia). Epistemología, Ontología y Ética: dualismo epistemológico, grados
de conocimiento y de realidad y adquisición de la virtud.
Platón alude en el texto al proceso educativo como una liberación del prisionero
de sus cadenas y una curación de su ignorancia. Encerrada en el cuerpo, el alma está
atada a los sentidos como fuente de información y sólo tiene Opinión (conocimiento
sensorial del mundo sensible), un conocimiento confuso, que no contiene la verdad (la
inteligibilidad del Mundo inteligible). Antes de ser educada en el conocimiento del
Bien, el alma se encuentra en el nivel más bajo de conocimiento: la conjetura sobre las
imágenes de los objetos físicos. Esta situación la simboliza en la alegoría con la
situación forzosa de los prisioneros tomando por realidad las sombras proyectadas en
el fondo de la caverna y los ecos que escuchan. Detrás de los prisioneros hay otra
realidad que ver: objetos transportados y una hoguera en lo alto de la caverna. La
percepción de los objetos de la caverna se corresponde con el siguiente grado de
conocimiento, menos confuso que la conjetura, pero Opinión al fin y al cabo: la
creencia, que tiene por objeto las cosas del mundo sensible (objetos naturales y
artificiales). Pero la visión del interior de la caverna (Opinión), es incomparable con la
contemplación del exterior (el conocimiento propiamente dicho o Ciencia:
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conocimiento racional de lo inteligible), algo que sólo se puede conseguir forzando a
los prisioneros a levantarse de repente, girar el cuello y marchar mirando a la luz, es
decir, obligando a la razón a que se oriente hacia la verdad, no hacia el mundo sensible,
y renuncie a los sentidos. El paso de un grado de realidad menos verdadero a uno más
verdadero produce confusión, pues el alma no reconoce la nueva realidad, aunque esté
más próxima a lo real (está ascendiendo en los grados de realidad) y esté mirando más
correctamente (su conocimiento está ascendiendo, desde lo sensible, hacia la ciencia o
episteme, es decir, se está realizando la dialéctica en el sentido general de ascenso en el
conocimiento). El alma no sólo se encuentra confusa en el reconocimiento de la verdad
porque su razón no puede reconocer inmediatamente la verdad y tiene que
acostumbrarse a una ejercitación continua (los ojos del prisionero están encandilados
cuando el prisionero es forzado a marchar mirando hacia la luz), sino que también se
encuentra irritada por el proceso al que se ve sometida. Esto se debe a que el trabajo de
la razón en el conocimiento de la verdad ( la mirada de los ojos del prisionero dirigida
hacia la luz) va acompañado de un control de las pasiones y de un fortalecimiento de la
voluntad, algo a lo que nunca antes se había visto sometida. Sin la adquisición de las
virtudes de la moderación de los apetitos y la valentía de la voluntad, la razón no puede
alcanzar la sabiduría (Dialéctica o Filosofía, la ciencia suprema del Bien), ya que las
pasiones del alma actúan como “cadenas” que sujetan a ésta a la ignorancia, al impedir
el ejercicio racional
El ascenso en los grados de realidad y de conocimiento, después de pasar de las
conjeturas a las creencias, continúa con la adquisición de la ciencia matemática y la
ciencia dialéctica, algo que no aparece en este fragmento pero sí al mito de la caverna.
Es decir, se trata de abandonar la Opinión y adentrarse en la Ciencia. El estudio de las
matemáticas es el primer paso de la Ciencia. Las matemáticas utilizan el pensamiento
discursivo (dianoia) para conocer los objetos matemáticos (“copias” de las Ideas
matemáticas), apoyándose en imágenes sensibles para sus deducciones. Se trata de un
nivel de conocimiento intermedio entre la Opinión y la Ciencia superior: la Dialéctica.
En la Ciencia Dialéctica, el proceso racional que se sigue es la nóesis, inteligencia pura
o conocimiento intuitivo (también llamado dialéctica), un proceso no discursivo para
conocer las Ideas (Ideas de objetos, Ideas matemáticas, Ideas superiores) hasta llegar a
(dialéctica ascendente) la Idea de Bien y a partir de ella, comprender todo el mundo
inteligible (dialéctica descendente). En la alegoría, el conocimiento de lo inteligible se
corresponde con la contemplación del exterior de la caverna: primero los reflejos e
imágenes de los objetos (pensamiento discursivo) después los objetos mismos y el cielo
de noche; finalmente, podrá ver el Sol, tal cual es (contemplación intuitiva del Bien,
dialéctica ascendente) y comprender su importancia en la realidad (dialéctica
descendente)
Platón ve la posibilidad de realizar este ascenso no sólo mediante el uso de la
razón, sino también por el impulso amoroso (el Eros). En cualquier caso, la
contemplación de lo inteligible, y en su cúspide, del Bien, es posible para el alma
encerrada en el cuerpo porque el alma guarda el recuerdo de la verdad contemplada
antes de caer al mundo sensible. El contacto con las copias de lo inteligible puede servir
de ocasión para que el alma recuerde la verdad olvidada (es la teoría de la
reminiscencia: conocer es recordar).
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El conocimiento del Bien y el Estado justo. Epistemología y Política
El ascenso en los grados del ser y del conocimiento y la adquisición de la virtud,
es decir, la educación (liberación de las cadenas y curación de la ignorancia) tiene una
finalidad práctica para Platón: preparar para ser gobernante en un Estado justo. El
prisionero liberado, curado de su ignorancia, que ya ha contemplado el exterior debe
volver a la caverna, para intentar liberar a otros. Es decir, el alma educada en el
conocimiento del Bien debe ponerlo en práctica, intentando educar a otras almas. En la
visión platónica del Estado justo, los filósofos deben gobernar, pues en ellos está
presente la virtud de la sabiduría, y entre sus funciones de gobierno está la función de
educar a los miembros del Estado. Si la liberación de las cadenas y la curación de la
ignorancia suponían la fase teórica de la educación de los futuros gobernantes, el
descenso de nuevo a la caverna para liberar a otros compañeros de cautiverio es la
fase práctica.
¿Por qué sólo los filósofos, los únicos sabios, deben gobernar, los valientes
defender la polis y los moderados en apetitos producir bienes para la polis?
Responder a esta pregunta sobre la estructura tripartita del Estado, la única que
garantiza la justicia (el equilibrio entre necesidades y capacidades entre los miembros de
la polis), requiere conocer lo que representa para Platón el Bien como realidad máxima,
y la importancia de su conocimiento. Comprender el Bien supone comprender toda la
realidad inteligible (todas las Ideas participan del Bien, del principio incondicionado de
todo) y sensible (pues el mundo sensible es una imitación del inteligible). Pero el Bien
no sólo tiene funciones ontológicas (el Bien es la causa del ser y la existencia de lo
inteligible y lo sensible) y epistemológicas (comprensión de lo inteligible y de lo
sensible), sino ético-políticas: Sólo quien conoce el Bien, puede actuar de acuerdo a
él tanto en su vida privada como en la vida pública. Si gobiernan quienes sólo
conocen “sombras” del Bien, nunca actuarán de manera justa, ni buscando el bien del
Estado. Por eso, en la filosofía de Platón, la educación es un elemento que garantiza que
sólo los sabios puedan gobernar, y que aquellos en quienes no domine la parte racional
del alma ni hayan sido educados en el conocimiento del Bien se sometan al gobierno de
los sabios, cumpliendo las funciones de defensa (en quienes predomina la parte irascible
del alma, y tengan la virtud de la valentía) y de producción (en quienes predomina la
parte apetitiva del alma con la virtud de la moderación).
Esta educación en el conocimiento del Bien se complementará con un régimen
de vida que elimine la posibilidad de tener familia propia y bienes privados para
guardianes y gobernantes, evitando así el egoísmo y que la acción de estas dos clases
sociales pudiera orientarse hacia el bien privado, en lugar de hacia el bien común.
(Modelo 2 de justificación).
El análisis de la educación de quienes serán futuros gobernantes es el problema
que nos invita a examinar Platón a través de la alegoría de la caverna (Examina ahora
(…) curación de su ignorancia): ¿Qué es la educación, en qué consiste? Responder a
esta pregunta supone desentrañar toda la filosofía platónica, pues la educación es un
proceso que afecta al alma antera, supone la adquisición de un conocimiento sobre
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realidades superiores (las Ideas, y en concreto, la Idea de Bien) que no nos proporcionan
los sentidos ( estos sólo conforman Opinión) sino la razón ( se trata de la Ciencia o
Episteme), una mejora del alma en sus virtudes ( moderación del alma apetitiva,
valentía de la parte irascible, sabiduría de la parte racional), para después saber actuar
de manera justa y acorde al Bien en sí en la vida privada y pública ( el Estado). El
mismo Platón, al inicio de la alegoría, nos dice que comparemos nuestra naturaleza (se
está refiriendo al alma) antes y después de ser educada en el conocimiento del Bien con
una situación que nos describe alegóricamente su dualismo ontológico (mundo
sensible// Mundo Inteligible), epistemológico (Opinión// Ciencia), antropológico
(cuerpo// alma) y los grados de realidad en correspondencia con los grados de
conocimiento (hay un paralelismo entre el mito y el símil de la línea). El objetivo es que
comprendamos la importancia del proceso educativo de los filósofos-gobernantes para
la justicia en la polis.
Las almas sin educar (para Platón, la mayoría de los seres humanos) son como
prisioneros que desde niños están encerrados en una caverna (el mundo sensible,
material, cambiante, copia o imitación imperfecta del Mundo Inteligible), encadenados
de forma que no pueden ver otra cosa, ni tomar por real, salvo las sombras
proyectadas en el fondo de la caverna y los ecos que escuchan (las imágenes de los
objetos del mundo sensible, también los prejuicios). Detrás de ellos existe otra realidad
que desconocen: un muro, detrás del cual unos portadores (los falsos educadores como
poetas, sofistas, incluso presocráticos) llevan objetos hechos de madera, de piedra…,
que imitan a hombres, árboles…( los objetos naturales y artificiales del mundo
sensible, que son una imitación de las Ideas del Mundo Inteligible, los modelos
inmateriales, perfectos, eternos y esencias trascendentes de la realidad sensible). Y en lo
alto de la caverna, una hoguera (el sol del mundo físico), cuya luz proyecta las
sombras que los prisioneros ven. Las almas de quienes vayan a ser gobernantes deben
liberarse de las “cadenas” que representan el cuerpo, los sentidos, sus pasiones innobles,
para así curarse de la ignorancia y poder contemplar la verdad (hasta contemplar el
Bien), igual que el prisionero debe ser liberado, forzado a levantarse, volver el cuello y
marchar mirando a la luz, subir por la escarpada y empinada cuesta (superar la
dificultad del conocimiento) hasta contemplar el exterior (el Mundo Inteligible) y ver
el sol tal cual es ( contemplar la Idea de Bien).
Platón nos dice en este fragmento que cuando el prisionero pasa de ver sombras
a percibir los objetos cuyas sombras había visto antes, es incapaz de ver con claridad.
Cada ascenso en un grado del conocimiento y del ser (cada ascenso en el proceso
dialéctico, en el ascenso desde lo sensible a lo inteligible) supone un tiempo de
adaptación para la razón (la parte racional del alma) a la verdad, a la inteligibilidad del
mundo inteligible (como los ojos del prisionero deben adaptarse a la luz.) El grado
más bajo de conocimiento es la conjetura o imaginación, el grado de Opinión
(conocimiento sensorial del mundo sensible) que nos formamos sobre las imágenes,
reflejos y sombras de la realidad (también los conocimientos adquiridos por prejuicios).
Si los objetos físicos son copia de las Ideas, las sombras de los objetos son “copia de la
copia”, son la realidad que menos verdad contiene, por eso su nivel de conocimiento es
el más confuso. El grado inmediatamente superior (aunque todavía dentro de la opinión)
se corresponde con la creencia, la percepción de los objetos físicos. Es un conocimiento
menos confuso que el anterior porque se corresponde con realidades más próximas a lo
real (aunque lo auténticamente real es el Mundo Inteligible), y por eso podemos decir
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que el alma conoce más correctamente (que el prisionero mira más correctamente).Si
completamos el ascenso en los grados de realidad y de conocimiento pasamos al Mundo
Inteligible y la Ciencia. En la alegoría se corresponde con la contemplación del exterior
de la caverna. El prisionero sólo puede ver al principio las sombras y reflejos de los
objetos del exterior, es decir, la razón se ejercita en el pensamiento discursivo (dianoia)
sobre los objetos matemáticos (“copias” inteligibles de las Ideas matemáticas). Más
tarde, el prisionero podrá ver los objetos mismos, el cielo de noche, hasta soportar la
visión del Sol. Con ello Platón alude a la fase ascendente de la dialéctica (el proceso
racional, no deductivo ni apoyado en imágenes como la dianoia, sino la noesis o
inteligencia pura) en la que a partir de las Ideas como hipótesis, la razón alcanza la Idea
de Bien. Y el prisionero comprenderá que el Sol es la causa de la luz, del exterior, y
de las cosas que ellos habían visto en la caverna. Es decir, tras la contemplación del
Bien, viene la fase descendente de la dialéctica: una comprensión del Bien como
realidad suprema, causa de la verdad, del Mundo inteligible y de la Ciencia y una
comprensión de cada una de las Ideas, y de las relaciones entre ellas, una comprensión
del mundo sensible como copia del inteligible, y la consideración del Bien como la
realidad de la cual depende la buena acción moral y el bien del Estado. Con la
culminación de la fase descendente del proceso dialéctico, el alma alcanza la máxima
ciencia o episteme (conocimiento racional de lo inteligible): la Dialéctica, Sabiduría o
Filosofía, y con ello la máxima virtud del alma racional (la sabiduría), condiciones
necesarias para actuar como un buen ciudadano y un buen gobernante.
El tránsito por los niveles de conocimiento hasta llegar al Bien es posible
porque, aunque el Mundo Inteligible existe de manera separada al sensible, éste
participa del inteligible, y sirve de ocasión para que en el alma se despierte el recuerdo
de la verdad contemplada antes de unirse al cuerpo, pues conocer es recordar ( teoría de
la anámnesis o reminiscencia). En Platón hay una concepción innatista del
conocimiento: al caer el alma al mundo sensible, arrastrada por sus deseos, olvida
momentáneamente la verdad contemplada en el Mundo Inteligible, pero el contacto con
el mundo sensible puede despertar el recuerdo, siempre que se conduzca al alma hacia
ello (siempre que se fuerce al prisionero a levantarse, girar el cuello…). Es importante
señalar que el proceso de ascenso en el ser y en el conocimiento supone también una
purificación del alma y la adquisición de virtudes. Toda el alma resulta educada, toda
ella debe ascender hacia el Bien. Por eso, es necesario primero dominar las pasiones de
la parte apetitiva del alma (alcanzar la moderación) y fortalecer la voluntad de la parte
irascible del alma (alcanzar la valentía) para que la parte racional del alma ( la razón)
pueda ejercitarse en la Ciencia, en el recuerdo del Bien. A pesar de la insistencia
platónica en el ejercicio de la razón para conocer el Bien, Platón no sólo considera que
la dialéctica nos lleva al Bien: también el impulso amoroso (el Eros), que parte de la
contemplación de la belleza del amado, puede conducirnos al Bien en sí.
La alegoría, finalmente, nos dice qué le espera al prisionero liberado tras
contemplar el sol del exterior: descender de nuevo a la caverna, para intentar liberar a
otros prisioneros. Para Platón, la formación en la Dialéctica o Filosofía no tenía como
objetivo formar a sabios para su propio beneficio, sino para el bien de la polis: el
filósofo debe ejercitarse en las funciones de gobierno (entre las cuales está la
educación), pues sólo ellos podrán actuar con vistas al Bien. Los sabios conformarán el
grupo social de los gobernantes. Quienes no hayan alcanzado esta fase en la educación,
cumplirán otras funciones, generando otros dos grupos sociales: la defensa quienes
tengan un predominio del alma irascible y sean valientes (serán los guardianes), la
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producción quienes tengan un predominio del alma apetitiva y sean moderados (serán
los productores). En este equilibrio de funciones consiste la justicia en la polis como
virtud de la misma, y este equilibrio de funciones dicta que sólo haya un buen régimen
político: el gobierno de un monarca filósofo o de una aristocracia de filósofos. El resto
de formas de gobierno (timocracia, oligarquía, democracia, tiranía) son degeneraciones
de la justicia, pues no gobiernan los sabios.
A la educación de los futuros gobernantes en el estado tripartito de Platón
(gobernantes, guardianes, productores) se une un régimen de vida con comunismo de
bienes y sin familia propia para gobernantes y guardianes, evitando así que se busque el
bien propio en lugar del bien común en el Estado.
3- Relación del tema elegido con otra posición filosófica
Nota: Voy a realizar dos relaciones: una con sofistas y Sócrates
(planteamientos que ya conocéis), la otra con Aristóteles (un autor que
todavía no hemos visto, pero con el cual se suele relacionar a Platón)
(Relación 1. Platón, los sofistas y Sócrates)
Este fragmento de Platón nos sitúa ante las doctrinas fundamentales de este autor
a torno a la realidad, el conocimiento y el ser humano. Además, lo hace en torno a un
problema fundamental en la época: la educación. Desde la perspectiva de la educación y
de los planteamientos epistemológicos, ontológicos y antropológicos que subyacen
detrás de ella, se puede relacionar la filosofía platónica con la sofista y la socrática,
centrándonos en diversas preguntas:
¿Qué es la educación? Para sofistas, Sócrates y Platón, en cierta forma, la educación es
la adquisición de un determinado conocimiento y de una cierta virtud. Pero en relación a
qué se debe conocer y en qué consiste esta virtud, existen claras diferencias. Para los
sofistas, se trata de conocer el arte de la oratoria, la retórica y la erística para saber
utilizar el lenguaje y persuadir al oyente. El objetivo de la educación es la adquisición
de la virtud política, traducida en el éxito en el ejercicio del poder. A ello se enfrentan
Sócrates y Platón. Éste, por influencia socrática, considerará que la educación es un
proceso de perfeccionamiento moral del alma, a la par que la adquisición de los valores
morales como conocimiento teórico. El intelectualismo moral socrático deja su huella
en Platón: conocer la justicia y el bien supone adquirir la sabiduría como virtud moral,
y quien conoce el bien, actúa bien. También Sócrates y Platón coincidirán en considerar
que el objetivo de la educación no es el éxito, sino la virtud moral, y con ello la
felicidad, que siempre resulta útil para quien la posee y para la polis. Esto les lleva a
creer que ciudadanos justos es imposible que den lugar a una polis injusta, y que una
polis justa dé lugar a ciudadanos injustos. Vemos, pues, en Sócrates y Platón, la
consideración ético-política de la educación.
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¿Qué modelo de conocimiento y de realidad hay detrás de estos modelos
educativos? Recordemos que Platón sigue la línea socrática de enfrentarse a los
sofistas. Estos mantienen un planteamiento empirista, relativista y escéptico en torno al
conocimiento, lo que se traduce en una concepción relativista sobre la realidad
conocida. Los sofistas consideran que no hay posibilidad de un conocimiento absoluto
sobre la supuesta realidad objetiva. Esto es especialmente relevante en el ámbito de la
ética y la política: los valores morales y políticos no son realidades objetivas,
universales, sino creaciones humanas fruto de la convención o pacto. Y su valor no es
absoluto, sino relativo. A ello se puede añadir que, si buscamos el valor legítimo de las
leyes basadas en los valores, tendríamos que ponerlo no en relación a una supuesta
realidad independiente del ser humano, sino en relación al comportamiento humano. De
esta manera, el valor de las leyes del estado se establecerá en relación al valor del
derecho natural, lo cual llevará a muchos sofistas a considerar que las leyes son
antinaturales.
Sócrates y Platón conciben los valores como realidades objetivas y universales,
independientes del ser humano, y defienden la posibilidad de un conocimiento objetivo
y absoluto de los mismos a través de la razón. Por ello, el valor legítimo de las leyes
basadas en los valores está en los propios valores objetivos, independientes de la mente
humana. Pero dónde residen estos valores y cómo conocerlos es algo en lo que
difieren Sócrates y Platón. Mientras el primero concibe que los valores son la esencia
intrínseca de las cosas (las cosas justas contienen la esencia de la justicia), la cual puede
ser obtenida mediante el razonamiento inductivo de la mayéutica; Platón insiste en que
los valores universales, las Ideas, son esencias trascendentes al mundo sensible, no están
en las cosas, por lo que la inducción no sirve como método de conocimiento. La
mayéutica socrática será sustituida por la dialéctica, un proceso racional que supone
haber dejado de mirar al mundo sensible y despertar el recuerdo de la verdad
contemplada por el alma antes de caer al mundo sensible. Hay en Platón un dualismo
ontológico, antropológico y epistemológico no presente en Sócrates.
Finalmente, podemos completar la relación en torno a la educación fijándonos
en el modelo de ser humano que hay detrás de cada planteamiento.
Los sofistas, cuando se plantean el valor de las leyes en relación con el derecho
natural, e independientemente de la disparidad existente entre los sofistas en relación a
la naturaleza humana (encontramos desde un modelo igualitario de la naturaleza
humana hasta la idea del hombre como ser guiado por sus propios egoísmos), no
presentan una idea del hombre centrada en su dimensión ética, como sí harán Sócrates y
Platón, ni un dualismo entre cuerpo// alma como sí presenta Platón. La perspectiva
dualista de Platón no llevará sólo a destacar la prioridad del alma sobre el cuerpo, algo
que también había mantenido Sócrates, sino a considerar el cuerpo como una cárcel para
el alma y a mantener las nociones de trasmigración y reencarnación de aquélla, algo que
está fuera de las consideraciones socráticas, y que resulta capital en Platón. El dualismo
platónico tiene su origen en la influencia pitagórica y de la religión órfica, no en la
influencia socrática. En lo que sí coinciden Sócrates y Platón, frente a los sofistas, es en
destacar la dimensión moral del individuo unida de forma indisociable a la dimensión
política: un individuo justo moralmente es justo políticamente, y viceversa.
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(Relación 2. Platón y Aristóteles)
Los planteamientos platónicos en torno a los contenidos epistemológicos,
ontológicos y antropológicos que subyacen a la idea de la educación de lo ciudadanos
tienen una crítica importante en otra de las figuras filosóficas de la Antigüedad griega
fundamental para la filosofía y la cultura occidental: Aristóteles. Alumno de la
Academia y después profesor de la misma, Aristóteles elaboró su propia filosofía en
discusión con Platón, y difiere de su maestro no sólo por la crítica a los planteamientos
dualistas, sino por el distinto proyecto filosófico que hay detrás de cada autor (éticopolítico en el caso de Platón, unificador de las ciencias en el caso de Aristóteles).
Veamos la relación en cada uno de los contenidos presentes en el fragmento objeto de
análisis.
Planteamiento ontológico dualista de Platón: existen dos grados opuestos de
realidad, el inteligible y el sensible, siendo el primero la esencia trascendente que
da ser y existencia al mundo sensible. Aristóteles considera que la teoría de las Ideas
no puede dar razón ni de la naturaleza propia del mundo sensible ni de los cambios que
en éste se producen. Las Ideas, como esencias, si representan la naturaleza de las cosas,
no se tratan de esencias trascendentes, sino inmanentes a las cosas físicas. Toda
realidad sensible existe por la confluencia de cuatro causas o principios: la materia, la
forma, la causa eficiente y la causa final. En los seres naturales, la forma, la causa
eficiente y la causa final es lo mismo: la naturaleza propia de cada ser, lo que llama
Aristóteles la sustancia segunda de las cosas físicas (las sustancias primeras). Todo ser
natural (sustancia primera) está compuesto, de forma indisoluble, por materia y forma
(teoría hilemórfica de la sustancia). No existe la materia de las sustancias disociada de
la forma, ni ésta existe de forma separada a la sustancia natural. Aunque en los dos
autores observamos un modelo teleológico de la realidad (todo existe y se desarrolla
tendiendo a un fin), en el caso de Platón es un modelo trascendente de finalismo (las
cosas copian o imitan a las Ideas, trascendentes) y en el de Aristóteles no (cada cosa se
desarrolla de acuerdo a su naturaleza interna propia).
El cambio de la realidad física, en Platón, era explicado por la materia que
introduce imperfección, corrupción en la copia de lo inteligible, pues las esencias
(Ideas) son inmutables. Para Aristóteles lo sensible no es copia de nada, y el
movimiento se explica por el paso de la potencia al acto, tanto en los accidentes
(cambios accidentales o en los aspectos de algo) como en la forma o esencia (cambio
esencial). La única realidad que no cambia y permanece inalterable es el acto puro en el
que consiste el Primer Motor Inmóvil, la primera causa incausada en el orden de la
realidad, y que produce el movimiento del mundo supralunar (una herencia platónica de
los grados de realidad, que establece un primer principio de todo que da cuenta de la
realidad que observamos).
Planteamiento epistemológico dualista en Platón: los sentidos sólo proporcionan
Opinión (conocimiento sensorial de lo sensible), la Ciencia (conocimiento racional
de lo inteligible) se elabora prescindiendo de los sentidos. Elaborar Ciencia es lo
mismo que recordar la verdad con la que nace el alma, siguiendo el proceso
dialéctico. En estas tesis platónicas observamos un planteamiento racionalista e
innatista del conocimiento, no compartido en absoluto por Aristóteles. Aunque éste
considera, como Platón, que el conocimiento racional es superior al sensorial, el punto
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de partida de Aristóteles es empirista: la razón elabora conceptos sobre la esencia de las
cosas a partir de la información captada por los sentidos. La imagen de la razón o
entendimiento como una tablilla de cera sin ningún contenido innato contrasta con la
imagen platónica de un recuerdo de la verdad inscrito en la razón y que puede
recuperarse. Como la forma esencial de las cosas, según Aristóteles, está en las cosas
(no en un mundo inteligible separado de éste), es a partir de ellas como el entendimiento
puede captarla. Las cosas poseen en sí mismas su cognoscibilidad (no son cognoscibles
por copiar o imitar nada), y la Ciencia consistirá no sólo en dos tipos de conocimiento
(Matemáticas y Dialéctica), sino en la conjunción de todos los conocimientos causales,
objetivos y deductivos que podemos elaborar de toda la realidad, incluida la sensible.
Una primera consecuencia de ello es que la Física, que para Platón constituía Opinión,
se convierte en Aristóteles en Filosofía Segunda (la Filosofía Primera es la Metafísica,
la ciencia del ser en cuanto tal y de sus causas) en el orden de importancia, y su objetivo
es el conocimiento del mundo natural, en el cual está incluido el ser humano.
No sólo qué es conocer, qué puede ser objeto de Ciencia y qué tipos de Ciencia
existen son respondidas de forma distinta en Aristóteles y en Platón. La metodología
va a se diferente: la dialéctica como conocimiento intuitivo no es el modo de llegar a la
verdad, sino la inducción y la deducción lógicas.
Planteamiento antropológico dualista en Platón: el alma se encuentra encerrada en
el cuerpo como en una cárcel, y la educación del alma consiste en la liberación de
las cadenas del cuerpo y el recuerdo de la verdad. En la relación epistemológica
entre los dos autores ya se apuntó la crítica aristotélica al innatismo platónico. Éste tiene
su base en el dualismo antropológico: al alma preexiste al cuerpo, es afín a las Ideas, las
contempla, pero cae al mundo físico, se une de forma accidental y violenta al cuerpo. El
fin del alma es desprenderse del cuerpo, de los sentidos, recordar la verdad, y evitar con
ello el ciclo sucesivo de reencarnaciones. Se trata de tesis de carácter religioso
ausentes por completo en Aristóteles, quien al hablarnos del ser humano, lo hace
desde los planteamientos de la teoría hilemórfica de la sustancia.
De acuerdo con esta teoría el ser humano es un ser natural en el que encontramos
la unión esencial (no accidental ni violenta) del alma (la forma del ser humano) y del
cuerpo (la materia del ser humano). Si Platón habla de tres almas distintas, Aristóteles
insiste en la unicidad del alma: una única forma que cumple funciones vegetativas,
sensitivas y racionales (con las facultades de la razón o entendimiento y de la voluntadla voluntad no era una facultad racional, sino irascible en Platón-).
Se ha discutido si Aristóteles aceptaba algún tipo de inmortalidad para el alma,
pues en ocasiones habla de la parte activa del entendimiento como siendo inmortal. Si
en Aristóteles la inmortalidad del alma, o de alguna parte o función del alma, es objeto
de análisis y discusión por parte del autor, en el caso de Platón es un presupuesto básico
de su filosofía, algo indiscutible.
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