EL MARTIRIO DE LOS SACERDOTES DE SILESIA

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EL MARTIRIO DE LOS SACERDOTES DE SILESIA
"No queremos estar tristes por haberlos perdido, sino estar agradecidos por
haberlos tenido y aun tenerlos ahora. Pues quien vuelve al Señor, queda en la
comunidad de la Familia de Dios y sólo nos ha precedido.”
(San Jerónimo)
Presentación
¿Alguien ha oído hablar alguna vez del martirio de los sacerdotes de Silesia? No
fue en alguna época remota. Ni siquiera hace tanto tiempo como para que no haya
todavía testigos. Se trata de un genocidio cometido hace un poco más de medio
siglo en el oriente de lo que fue territorio alemán. Al terminar la segunda Guerra
Mundial, la región de Silesia, habitada por germanos desde hace cientos de años,
fue ocupada por el Ejército Rojo y su población sufrió una brutal represión, en
especial los ministros de culto católicos.
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La historia oficial y sus publicistas han insistido mucho en supuestos crímenes
contra la población judía en forma de un producto mercadotécnico que han llamado
como Holocausto y que han instituido como verdad incuestionable. Esta imposición
tiene como otra cara de la moneda la condena al olvido de crímenes cometidos
contra los alemanes durante la guerra y después de ella. La presente obra desafía
esa imposición y se alinea a un frente de resistencia que preserva la verdad
transmitiéndola entre las rendijas que hay en el sistema.
Según la historia oficial, al terminar la guerra Alemania se dividió y ya. Estados
Unidos ayudó a establecer la democracia y a desarrollar económicamente la zona
occidental hasta que espontáneamente se dio la unificación en 1991, pero el
presente texto nos ayuda a darnos cuenta de que los triunfadores cometieron
crímenes que permanecen impunes.
El martirio de los sacerdotes de Silesia compila los casos y testimonio de obispos,
sacerdotes y religiosas que fueron asesinados de diversas formas o que murieron a
causa del maltrato que sufrieron y la expulsión de sus lugares de origen y
residencia. Tan sólo un ejemplo de los muchos crímenes que se cometieron que
siguen ocurriendo bajo la bandera de la democracia, el libre mercado y el
antiterrorismo.
H. Villarreal
Prólogo.
Este libro es un testimonio perfectamente documentado de unas páginas de la
historia de Europa.
Diríase que es un testimonio objetivo, extremadamente objetivo, de sucesos que
hablan muy mal del género humano, ya que, al fin y al cabo, los autores de
aquellas orgías de vandalismo y crímenes de 1945 pertenecen al género humano.
¿Por qué tanta mesura al relatar lo que ocurrió con la población de Silesia?...Nos
hacemos esa pregunta y sólo encontramos la explicación siguiente: Porque el
lenguaje—ya sea escrito o hablado---es incapaz de transmitir toda la tragedia de
millones de personas (en su inmensa mayoría mujeres y niños) que fueron vejados,
robados y expulsados de sus tierras y sus casas. Primero a manos de las hordas
bolcheviques y luego a manos de polacos encegados por el odio.
Otra razón de que la crónica de este libro sea tan objetiva y serena es que tan
magna tragedia dio lugar a que creciera el número de los mártires católicos;
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mártires que ahora—en el cielo—luchan en las Milicias Celestiales a favor de que
se salve el género humano.
Cientos de sacerdotes figuran entre los mártires. Sobre ellos se descargó el mismo
odio que llevó a Cristo a la cruz.
Un comité norteamericano que investigó las bárbaras expulsiones de los habitantes
de Silesia logró datos y testimonios que han permitido afirmar que en la orgía de
expulsiones perecieron cuatro millones ochocientas mil personas, de un total de 16
millones de expulsados.
¡Dieciséis millones de tragedias! ¿Cómo poder explicarlas con palabras?
En la Cámara de los Comunes, de Londres, muchas conciencias se estremecieron
por lo que estaba pasando en Silesia y en otras regiones cercanas, en 1945-1946.
Hubo críticas. Y entonces Mr. Churchil (Premier de Inglaterra) contestó que
“sencillamente se estaban haciendo transferencias de habitantes …como en la
guerra murieron siete millones de alemanes, existe ahora espacio suficiente para
recibir, como mínimo a una misma cantidad de gente desplazada de los territorios
orientales, volviendo en esta forma todo a su antiguo equilibrio.”
De ese “equilibrio” habla este libro, enfocado particularmente a lo que padecieron
los sacerdotes de Silesia cuando prefirieron quedarse al lado de su grey, tratando
de protegerla contra las fuerzas del averno.
Salvador Borrego E.
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EL MARTIRIO DE LOS SACERDOTES DE SILESIA
(1945-1946)
Fragmento de la Pasión Silesiana
Dr. Johannes Kaps
Traducido del Alemán
Por
Hans Pfitzer
con colaboración
de
María Hobal
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Estos documentos están dedicados a todas las víctimas de la patria en el V
aniversario de la tragedia de Silesia
LA PASIÓN DE SILESIA
En el Año Santo de 1950 se cumplió el V aniversario de la tragedia de Silesia, que
comenzó con la invasión de estos territorios por los ejércitos rusos y culminó con la
expulsión de su patria de todos los silesianos, los cuales se veían obligados a
abandonar las tierras, donde habían vivido durante siglos. Cuando el peligro ruso
comenzó a amenazar las bellas tierras de Silesia, el Cardenal Doctor Adolf Bertram,
Príncipe arzobispo de Breslau, ordenó a todos los sacerdotes que permaneciesen
en sus respectivas feligresías. Así pues, los sacerdotes silesianos, compartiendo la
suerte de sus feligreses durante aquellos años terribles, se quedaron firmemente en
todas las poblaciones que no fueron evacuadas por las autoridades alemanas
Mas para comprender el Calvario de Silesia en toda su trágica amplitud, séanos
permitido dar un breve resumen de la historia de este pueblo y de su situación en el
mundo a través del tiempo hasta él momento de la invasión rusa y de la
capitulación de Breslau, ocurrida el 7 de Mayo de 1945.
Cuando el cristianismo comenzó a esparcirse por la tierra, Silesia ya estaba
habitada desde hacía tiempo por tribus germánicas. A lo largo de la orilla izquierda
del Oder vivían los silingos y ligios, y a la derecha los vándalos, esto es, germanos
orientales. Al iniciarse en 375 la gran transmigración de los pueblos germánicos,
que habría de influir de forma decisiva en la historia de Europa, los germanos de
Silesia abandonaron también sus territorios y desde allí, remontando el Danubio
pasan en 406, con un ejército compuesto de vándalos y alanos al mando del rey
Godegiselo, por el Rin Alto y atravesando Francia y España llegaron por fin a Africa
del Norte.
En Silesia quedaron algunos restos de la antigua población germánica, que pronto
fue absorbida por los eslavos, cuando en 600 tomaron posesión de aquellos territorios. Treinta años más tarde, cuando el comerciante Samo, probablemente de
origen franco, unió bajo su mando el espacio comprendido entre el Oder, el Elba y
el Danubio, vemos los primeros brotes de un estado, aunque en los años siguientes
Silesia perteneció a los Estados eslavos del Sur, colindantes con ella.
Después de la muerte de Swatopluco de Moravia, ocurrida en 938, los territorios
bohemios consiguieron su independencia, y el Duque Wratislavo I de Bohemia,
extendiendo sus dominios sobre la mayor parte de Silesia, fundó para asegurarse el
paso sobre el Oder la ciudad de Breslau, en latin Wratislavia.
Mientras tanto, entre los ríos Oder y Elba había surgido un nuevo reino, el polaco,
fundado por el Duque Misika. Este joven reino, que se reconoce a sí mismo en 963
como feudo del Emperador alemán, Otón I, conquistó auxiliado por los ejércitos
imperiales en 990 la ciudad de Breslau. Su hijo y sucesor Boleslavol extendió sus
dominios hasta los montes Sudetes y su influencia llegó hasta Bohemia y Moravia
donde se mantuvo algún tiempo.
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Desde 990 vive Silesia bajo el influjo polaco, hasta que en 1163 comienzan a
gobernar el país los primeros Duques independientes.
Podemos considerar en año 1163 como el comienzo de la colonización alemana en
Silesia. El Emperador alemán Federico I, instituyó en Breslau al Duque silesiano
Boleslavol , hijo de Wladislavo II, que expulsado del territorio por sus parientes
había muerto en Alemania. Fue entonces cuando llamados por estos Duques
silesianos (Santa Hedwig, oriunda de Andechs, Baviera, patrona de Silesia), por los
Obispos, conventos y grandes señores feudales, millares de campesinos,
artesanos, monjes y caballeros parten hacia Silesia buscando allí una nueva patria.
Esta colonización puede considerarse terminada en 1300 en que Silesia tiende a
separarse de Polonia para anexionarse políticamente a Bohemia.
Bohemia había sido, gobernada por los przemislidas, de tendencias germánicas, y
más tarde, desde 1310, por los Condes de Luxemburgo. En 1335, el rey Juan de
Bohemia, que había ido reuniendo bajo su corona a casi todos los ducados de
Silesia, ratifica con el polaco Casimiro el Contrato de Trentschin por el cual estos
ducados se habían separado para siempre de Polonia voluntariamente, y no por
guerra, ni otros tales medios de fuerza.
Veinte años después, en las llamadas Cartas de Reconocimiento, (1355), los siete
Príncipes Electorales de Alemania reconocen a Silesia como territorio dependiente
de la corona de Bohemia y parte inseparable del Imperio Alemán. Esta unión con la
corona de Bohemia (1327-1526), y con la de Habsburgo (1526-1742), duró cuatro
siglos durante los cuales Silesia participaba de todos los beneficios que la Casa de
Luxemburgo, especialmente el rey Juan y su hijo Carlos IV, trajeron sobre los
territorios hereditarios de Bohemia, que en unión de Austria siente los mismos
ideales culturales y políticos.
También desde el punto de vista religioso, fue decisiva para Silesia la toma de
posesión del rey Federico II de Prusia. Mientras los prusianos eran en su totalidad
protestantes, la mitad de los silesianos que pertenecían a la Iglesia Católica, jamás
pudieron olvidar su unión con Bohemia y Austria que afectó benéficamente a todos
los sectores de la vida.
Ya en las fronteras de 1937, el territorio silesiano tenía una extensión de 36.310
kilómetros cuadrados (un 8% del Estado Alemán), con las dos orillas del Oder
Medio y Bajo, y con el valle como eje central. Según el plebiscito del 17 de Mayo de
1939, vivían en estos territorios 4.868.000 almas, (un 7 % de la población total de
Alemania).
Las elecciones para las Cortes alemanas, celebradas el 14 de Septiembre, de
1930, demuestran cuán escaso era el número de polacos que vivían en Alemania,
donde sólo hubo 75.431 votos para los candidatos de todas las minorías
nacionales, estando comprendidos en este número los candidatos del partido
democrático-católico de los polacos nacionales de la Prusia Oriental con 4.276
votos de Pomerania con 1.019, de Silesia Baja con 595 y de Silesia Alta con 37.012
votos.
Aunque durante la actuación del Cardenal Bertram se separaron de Breslau los
obispados de Kattowitz y Berlín, en 1925 y 1929 respectivamente, este Arzobispado
seguía siendo el primero en cuanto a extensión territorial y la segunda Diócesis de
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Alemania en cuanto al número de sus feligreses. Sin los Obispados que antes
hemos citado, comprendía:
La parte prusiana: 1.949.926 católicos de 5.218.548 habitantes.
La parte de Checoeslovaquia: 291.559 católicos de 348.897 habitantes.
El Obispado en total: 2.241.485 católicos de 5.603.445 habitantes.
En 1941 se encontraban diseminados por el territorio de Silesia ejerciendo sus
funciones 1.604 sacerdotes más 357 que pertenecían a distintas órdenes. Según el
Manual Eclesiástico de Alemania, (tomo XII, 1943, editado por Krose), consta por
las indicaciones de los curatos del 31 de Diciembre de 1940 que la totalidad del
Arzobispado de Breslau - incluyendo las partes de las minorías alemanas de
Checoeslovaquia, Freiwaldau, y del territorio de Olsa-, comprendía 787 Parroquias,
118 distritos con sacerdotes propios, 1.234 sacerdotes en la cura de almas de las
Parroquias y 336 sacerdotes independientes que ejercían su ministerio en las
escuelas, en el ejército, en la administración eclesiástica o se encontraban ya
jubilados. Era un total de 2.324.058 católicos entre 3.560.903 personas de otras
religiones. El Arzobispado de Breslau contaba con 5.884.961 habitantes.
Cuando en el Enero de 1945 los ejércitos rusos se acercaron a la frontera oriental
de Alemania, vivían en Silesia, además de la población indígena de unos 5 millones
de habitantes, millares de personas que se habían refugiado del Oeste del Reich.
Solamente Breslau contaba con un millón de habitantes. Es fácil por lo tanto
imaginar la catástrofe, cuando a fines de Enero fue anunciada la evacuación en
masa de toda Silesia y de la ciudad de Bresliau. Durante muchas semanas, trágicos
grupos de familias enteras partían desde la orilla derecha del Oder hacia los montes
cercanos en un éxodo incierto y terrible. A causa de la severidad del frío y de las
copiosas nevadas invernales, los niños que no podían resistir las marchas morían
en el camino. Fueron tantos los muertos que su número exacto no podrá saberse
nunca.
Breslau, declarado "Fortaleza" la bella ciudad que fundara Wratislavo I, se defendió
denodadamente contra el enemigo hasta el último instante. El sitio duró tres meses,
hasta el 7 de Mayo de 1945, un día antes de la capitulación general. Cuando los
rusos entraron en Breslau, la ciudad estaba destruida en un 80%.
Con la invasión rusa comienzan los días de martirio para esta regiones llamadas "el
refugio de Alemania" ya que hasta entonces habían sido respetadas por la crueldad
de la guerra. Desde entonces se suceden los saqueos, los raptos, los asesinatos y
toda clase de atropellos y violaciones, sobre todo de mujeres y jóvenes sin número,
entre ellas centenares de religiosas, cometidos por los soldados rusos y polacos.
También los sacerdotes fueron víctimas de este huracán destructor desencadenado
en Silesia como en todas partes de la Alemania Oriental. Mientras que hasta 1945
en el Arzobispado de Breslau murieron anualmente unos 40 sacerdotes, en el año
de la ocupación rusa sucumbieron 125 de 1.600 que había en total. Más de la mitad
de éstos, obedientes al Buen Pastor, habían muerto defendiendo a sus fieles y
protegiendo con su propia persona sobre todo a las mujeres y a las jóvenes.
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En Junio de 1945, antes de la Conferencia de Potsdam, los rusos entregaron a los
polacos la administración civil de Silesia Baja como ya en Marzo del mismo año les
habían entregado la de la Alta Silesia.
Inmediatamente se procedió a la expulsión de los alemanes. Primero se les obligó a
dejar "voluntariamente” aquellos territorios, confiscándoles sus bienes y
propiedades y quitándoles la cartilla de racionamiento. Pero al ver que no lograban
sus propósitos sino parcialmente, comenzaron a expulsarlos por la fuerza de un
modo cruel e inhumano. Y estos alemanes se vieron en la necesidad de abandonar
las tierras que durante más de 6 siglos habían sido trabajadas por sus
antepasados, que las habían transformado de yermas e incultas en terrenos
prósperos con un aspecto y un carácter típicamente alemanes. Muchos de los
expulsados murieron a causa de los malos tratos, entre ellos gran número de
sacerdotes. El comité norteamericano instituido para examinar los datos de estas
expulsiones en masa, estima las pérdidas de estos alemanes en 4.800.000
personas.
De hecho, se calcula en la Alemania actual que de los 15 o 16 millones de
expulsados sólo han sobrevivido 11 millones, la mayoría de los cuales, desposeídos
de cuanto les pertenecía, viven errantes por toda Alemania esperando la posibilidad
de volver algún día a sus hogares.
Del copioso número de relaciones originales que se han hecho sobre los
acontecimientos ocurridos en Silesia a partir de 1945, queremos presentar al
público tan sólo los extractos de algunos documentos de testigos que presenciaron
la tragedia de los sacerdotes de Silesia, representando con ello un pequeño
fragmento del gran drama de la Alemania Oriental.
Semen martyrum, semen christianorum: la sangre de los mártires es semilla de
nuevos cristianos. Dios quiera que esta antigua máxima cristiana se confirme en los
casos de las víctimas inocentes de la Alemania Oriental. Esperamos que no sea en
vano su sacrificio sino la base de un nuevo período cristiano del pueblo alemán y de
todos los pueblos eslavos en un porvenir más venturoso para Europa.
Los últimos días de la vida del Cardenal Bertram de Breslau
El día 6 de Julio de 1950 se cumple el quinto aniversario de la muerte del Cardenal
Bertram de Breslau. Jamás olvidaré la última entrevista con nuestro Obispo unas
semanas antes de su muerte. El Vicario General me dio la orden de informar a Su
Eminencia de la situación en que había quedado la ciudad episcopal después de
haberse rendido a los rusos el 7 de Mayo de 1945, un día antes de la capitulación
general. El anciano Cardenal que contaba ya 86 años, se hallaba en la residencia
de verano de los Obispos de Breslau, en el castillo de Johannesberg, cerca de
Jauernig, distrito del Arzobispado que pertenecía a Checoeslovaquia. Se marchó el
21 de Enero, antes de sitiar Breslau, siguiendo involuntariamente los consejos de
su médico personal.
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A fines de Mayo, acompañado de un padre franciscano, me dirigí al castillo de
Johannesberg, situado a unos 100 kilómetros al Sur de Breslau. Como los trenes no
funcionaban tuvimos que atravesar en bicicleta las regiones silesianas rebosantes
de ejércitos rusos. Vestidos de sotana larga y cogulla y como arma única la Cruz
sobre el pecho, logramos defendernos de algunos ataques contra nuestras
bicicletas y llegar a Johannesberg al caer la tarde. Al día siguiente, muy de
madrugada, nos recibió el anciano Cardenal. Se hallaba tan decaído y señalado por
la muerte que casi no le reconocimos. Pero su espíritu seguía siendo
inquebrantable: exigió información sin piedad por nuestra parte de la situación en
que se encontraba la ciudad episcopal de las orillas del Oder. Le dijimos que
muchos rumores habían sido exagerados, que sólo un sacerdote y no treinta como
se decía, había muerto a causa de los bombardeos a la "fortaleza” de Breslau.
También el tifus del hambre era entonces un caso excepcional. Sólo después de
despojar brutalmente a la población alemana, empezaron, en el verano del 45, a
morir en masa los alemanes de Breslau y de toda Silesia. Lo que fue imposible
ocultarle era el estado en que habían quedado los edificios eclesiásticos después
del sitio y de la ocupación: la Catedral y las Iglesias habían sido total o parcialmente
destruidas en los días terribles de la Pascua de Resurrección, y del Palacio y de la
Sede Episcopal no quedaban sino escombros.
Una de las cosas que más pesaba en el ánimo del Cardenal, como nos decía,
fueron las intervenciones de las autoridades en su jurisdicción, de las cuales tenía
noticia por otras fuentes.
De forma emocionante nos expresó Su Eminencia la gratitud que sentía por nuestra
visita, nos dio la bendición episcopal e incluso se interesó por nuestros gastos de
viaje. El, como hombre justo, no podía imaginar que los alemanes que aun vivían
en Silesia no pudieran comprar nada en absoluto, ni que vivieran sin derechos, sin
defensa, y sin propiedad. Pero Dios no permitió que conociera lo más doloroso: no
supo nunca que el pueblo fiel de Silesia que tanto le había amado fue expulsado de
su patria. También se le pudo ocultar que la expulsión de él mismo de
Johannesberg había sido firmada y que el jefe checo del distrito había declarado el
17 de Junio que Su Eminencia, acompañado de su séquito, tuviese que dejar
dentro de 24 horas el territorio de Checoeslovaquia. Difícilmente se logró que
declarasen a Johannesberg extraterritorial de forma que el Cardenal moribundo
pudiera quedarse algún tiempo más, hasta nueva orden. De este modo le fue
posible resistir las últimas semanas de su vida aunque sus pocas fuerzas se
consumieron rápidamente a causa de las cargas espirituales. En la noche del 5 al 6
de Julio perdió la facultad de hablar sufriendo un ataque de apoplejía y por la tarde
comenzó decaer tan rápidamente que el secretario episcopal tuvo que administrarle
la Extremaunción. Pocos minutos antes de morir hizo la tentativa de alzar la mano
para darnos a todos su bendición. El 6 de Julio a las tres y media, murió
plácidamente el Cardenal Bertram de Breslau mientras rezábamos las oraciones
por los agonizantes.
Su entierro se verificó el día 11, en el cementerio de Jauernig, y sus restos reposan
en la cripta del LIII Príncipe-obispo de Breslau, Joseph-Christian, de la casa de
Hohenlohe-Bartenstein. El clero y el pueblo católico de las cercanías le
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acompañaron hasta su última morada, y el Obispo auxiliar Ferche - Obispo auxiliar
actual de Colonia - rezó el réquiem pontifical y consagró el sepulcro.
El Cardenal Bertram no había nacido en Silesia, sino en la Sajonia Baja, en
Hildesheim, el 14 de Marzo de 1859. Hijo de un comerciante, estudió Teología en
Würzburg y Munich, recibiendo las órdenes el 31 de Julio de 1881 en Würzburg
(Baviera). Después de estudios más extensos en Innsbruck (Austria), y en Roma,
donde se graduó en Teologia y Derecho Canónico, tomó posesión de la
administración de su diócesis patria de Hildesheim. Después de algunos años fue
nombrado capitular eclesiástico, vicario general, vicario capitular y por fin el 15 de
Agosto de 1906, fue consagrado Obispo de Hildesheim. Permaneció en su ciudad
natal ocho años, al cabo de los cuales se le destinó a la mayor Diócesis de
Alemania que se extendía entonces desde las estribaciones septentrionales de los
Cárpatos hasta la isla de Rügen en el Báltico. El 28 de Octubre le entronizaron
solemnemente como Príncipe-obispo de Breslau y el 15 de Diciembre de 1919
como Cardenal. Cuando en 1930 la Diócesis llegó a ser Arzobispado, el Cardenal
Bertram fue nombrado metropolitano de la nueva provincia eclesiástica de Alemania
Oriental, que comprendía las Diócesis de Berlín y Meissen, así como la prelacía
independiente de Schneidemühl. Durante varios decenios a partir de 1921, dirigió
como presidente las conferencias episcopales alemanas de Fulda, aún en el
período más grave del "Tercer Reich” habiendo protestado varias veces públicamente y en interpelaciones claras y bien formuladas, contra las violaciones de los
derechos humanos cometidas por el gobierno de entonces. Está reservado al futuro
demostrar con documentos hasta ahora guardados, la amplia actividad del
Cardenal en defensa del Derecho y la Humanidad, en el espíritu del Cristianismo, y
entonces se podrá apreciar en su justo valor la magnífica obra de este Apóstol de
Cristo. Los actos, protocolos e interpelaciones de las Conferencias de Fulda, que
afortunadamente no fueron destruidos al desolar su Tierra Santa durante el sitio de
la ciudad, se conservan con los actos privados del Cardenal en la ciudad de
Breslau.
Durante los últimos treinta años el Cardenal Bertram sembró de recuerdo
inolvidable los corazones de su amado pueblo silesiano que tanto le venera y que
guarda en la dispersión sus exhortaciones a la obediencia, a la fe y al amor al
sacrificio. Viven confiando en que su leal Arzobispo rezará ante el Trono de Dios
por la tierra de la Santa Hedwig y por sus fieles dispersos a los cuatro vientos, para
que El en bondad les lleve a un porvenir mejor.
Memorias al Obispo de los Refugiados
El Obispo Maximiliano Kaller de Ermland, fue el primer delegado pontificio entre los
expulsados alemanes. Nació en Silesia Alta el 10 de Octubre de 1880, se ordenó
sacerdote el 20 de Junio de 1903 y murió el 7 de Junio de 1947.
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De un documento dedicado a su memoria por uno de sus últimos y más fieles
colaboradores, extraemos lo siguiente:
El 10 de Julio de 1947, seis hombres con cuello sacerdotal pero sin sotana ni
sobrepelliz, llevaron al sepulcro un ataúd de pino adornado con una modestísima
Cruz. Las cicatrices de la guerra, las huellas de los sufrimientos del tiempo de
prisioneros de guerra y las tormentas de la costa de Holstein habían formado la
expresión de aquellos seis rostros. Y el sarcófago que enterraban detrás de la
Iglesia parroquial de Königstein era el del último Arzobispo de Ermland. Ante el
sepulcro abierto, acompañados de otros sacerdotes, no sintieron vergüenza al llorar
por su Obispo muerto mientras cantaban las oraciones funerales de la patria.
Los sacerdotes no suelen llorar ante los sepulcros, ni siquiera ante los de Obispos,
tal vez porque ante ellos ven llorar a demasiada gente. Se refiere de Nuestro Señor
que sólo una vez lloró ante uno de ellos. Eran pues algo, especial y muy precioso
las lágrimas de estos sacerdotes ante el sarcófago de su Obispo. No brotaban por
un exceso de sentimentalismo, sino que eran la expresión pura de una realidad que
se mostraba grandiosa en aquel momento. El Obispo muerto y sus sacerdotes
habían sido un solo ser, no sólo por los lazos de la paternidad espiritual y por el
orden del derecho eclesiástico, sino porque un mismo objetivo les absorbía sangre
y vida. Aquel cuerpo sobre el que caía la tierra era un miembro de cada uno de
ellos. Se sentían acuñados por él, así como en otro tiempo se habían sentido
regalados y conducidos durante su ministerio pero ahora, ante la tumba de aquél a
quien tantos beneficios debían, sentíanse inquietos porque se sabían llamados a
dar una respuesta que correspondiera al sacrificio de quien enterraban. Lo que le
devolvían lo habían de él: la Excelsa Fidelitas que exige San Pablo a los Apóstoles.
lealtad y confianza generosa en la Imitación de Cristo que, "tomando forma de
siervo se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2, 7). Esta ley
era para el Obispo Maximiliano la medida para dar cuenta de su sacerdocio, y la
obediencia a esta ley le daba la libertad interior y disposición continua, para
escuchar la voz de Dios.
Los datos personales y algunos sucesos transcendentales de la vida de este
Obispo son ya conocidos de muchos, pero es desconocido para todos la
profundidad y ensimismamiento de donde sacaba fuerzas para actuar.
"¿Qué ha hecho él?” se preguntaron sus parientes y compatriotas silesianos y hasta
sus compañeros del Seminario para sacerdotes de Breslau, cuyo Benjamín fue al
ordenarse sacerdote a la edad de 23 años, cuando el coadjutor asiduo de
Gross-Strehlitz fue designado para la diáspora de la isla de Rügen. Por entonces ya
sufría mucho a causa del reuma, consecuencia de estar en el confesionario de la
Iglesia auxiliar de Gross-Strelitz, y esta enfermedad ya habría sido suficiente para
sustraerse honrosamente a esta orden. Pero él no lo hizo así, sino se fue sin
vacilar.
Contaba a menudo y con gran satisfacción, el comienzo penoso, y sin embargo
fecundo, en la isla de Rügen, donde logró ganar como precursor una comunidad
viva con tres iglesias y ocho bases auxiliares para la cura de almas después de un
período lleno de trabajo. La arriesgada empresa de Rügen le dio la experiencia y el
conocimiento necesario para su obra futura. Allí se encontró con el peligro de la
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diáspora, pero también con todas sus perspectivas. Vivió la miseria social y moral
de los trabajadores desarraigados de Polonia que venían a trabajar las tierras en
las épocas de cosecha, y les ayudaba y asistía generosamente. Les echaba la
botella de aguardiente pero también bendecía sus matrimonios y no temía las
multas de la Corte de Justicia Prusiana, si éstos no le podían dar los papeles
indispensables para casarse, que exigía el Estado. Si sabía que alguno, al otro lado
de la isla, se hallaba en peligro de muerte, hacía reventar su caballo fogoso, pero
llegaba a tiempo para asistirle. Por ellos arrastraba su bicicleta sobre nevadas y
erraba por los bosques y pantanos para llevarles la Extremaunción en las horas
nocturnas. Los segadores le amaban y le agradecían su constancia entregándole el
dinero tan difícilmente ganado para que construyera y conservara sus capillas. Le
confesaban sus pecados en el confesonario aunque tenían que llegar a la "Oración
Eterna" o a la "Misión" por la noche del sábado, y esperaban durante todo el día
para los Sacramentos y hacer durante la noche el camino de vuelta a sus puestos
de trabajo.
Las experiencias de Rügen le dieron fuerzas para la obra de Berlín , donde fue
sobrehumana la carga que tuvo que soportar preparando en el desierto de la
diáspora de la capital el camino del Señor cuando se le nombró párroco de San
Migue1 , ya que aquí la miseria social, moral y religioso era infinitamente mayor que
la que había encontrado a su llegada a Rügen. Pero no se dejaba desanimar por el
balance catastrófico de su fichero parroquial, sino esto le estimulaba a una mayor
constancia. Creó una organización modelo en su parroquia, un apostolado seglar
hecho famoso. Trabajaba sin descanso en sus reuniones y círculos, en el púlpito,
en el confesionario ... y a pesar de toda la concurrencia diaria y de la inquietud del
trabajo, se retiraba con sus fieles ayudantes a la paz de la oración y a la comunidad
de la Eucaristía. El no veía como apogeo de su vida sacerdotal la procesión del
Corpus, llena de esplendor y magnificencia, que como primer cura había llevado por
las calles de Berlín, sino el Día de los Enfermos, en el cual reunió en su Iglesia a
centenares de desgraciados que desde sus camas oyeron las palabras
consoladoras de aquel apóstol de Cristo que en aquel día les ganó para su
comunidad. Después de la primera guerra mundial, en días muy duros para su
pueblo, empezó a dar de comer a centenares de pobres ayudado sólo por su
parroquia, y la crítica que esto levantó, no tuvo más remedio que callar cuando al
suspender las distribuciones de alimentos pudo comunicar que le sobraban en su
caja 500 marcos-oro. Veinticinco años más tarde se escribió a la hermana del
Obispo en una carta de pésame, esta frase consoladora: Los pobres de San Miguel,
a quienes daba de comer su hermano, serán sus mejores deprecantes.
La nueva vida parroquial tenía que propagarse, sobre todo después de haberse
publicado su libro "Nuestro Apostolado de San Miguel" sobre los límites de su
comunidad. En 1926 fue nombrado administrador apostólico d e Tutz y en los
cuatro años que vivió allí, formó de aquel distrito administrativo eclesiástico, en que
estaban reunidos en la "Grenzmark" (Comarca Fronteriza) los restos de las
provincias de Posenia y Prusia Occidental, pertenecientes aún al Estado Alemán, el
cuasi-obispado de la prelacía independiente de Sehneidemühl. Al principio el
Gobierno como protector de la Iglesia rehusó otorgarle la parroquia de
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Sehneidemühl, pero no se dejó intimidar, como tampoco antes, cuando los
habitantes de Rügen le recibieron con una huelga. El pueblo de Ermland fue a
recibirle según sus costumbres tradicionales en caballos y carruajes dándole la
bienvenida en un día frío y húmedo de Noviembre de 1930 y le llevó solemnemente
a Frauenburg, en Ermland. Aunque no le dejaron sentirlo, supo que llegaba como
forastero a este Obispado. Cuántas veces recordaría más tarde sus palabras al
despedirse de San Miguel: "¿Adónde me lleva el camino? No sé, a un territorio
desconocido, pero a almas inmortales que me ha entregado Dios. Dios me ha dado
este encargo y El tiene que saber por qué. Y El, Todopoderoso, me dará fuerzas
para cumplir con mi deber. Me entrego enteramente: El me ha llevado hasta, ahora
de una manera maravillosa y así continuará llevándome".
Cuando los primeros sacerdotes fueron encarcelados por la Policía Secreta
(Gestapo), el fue el, primero que llamó a las puertas de las cárceles y cuando
fueron llevados los sacerdotes de Heilsberg ante el Tribunal Especial, interrumpió
su viaje de Confirmación y estuvo viajando en tren dos noches enteras, sólo para
esperar en vano todo el día en las antesalas de los Ministerios de Berlín, sin poder
ayudar de ninguna forma a sus sacerdotes.
Una cordialidad particular unía al Obispo con su extensa diáspora y con los
sacerdotes que le ayudaban en su apostolado en la Prusia Oriental. Sus ricas
experiencias de sacerdote le habían dado a conocer los problemas que podían
surgir en todo momento: como fue el primero en conocer la miseria de la "Iglesia
Trashumante” - él acuñó el nombre, - creó, el servicio sacerdotal para esta Iglesia.
Convocaba a sacerdotes desde el Oeste al Este de Alemania y establecía un
sistema independiente para éstos. ¡Cómo se cuidaba de ellos! Sin suponer su
amplitud, solucionó de un modo ejemplar el problema que le fue planteado al final
de su vida en una escala aún mayor e incomparable: crear un método de cura de
almas para los refugiados que llegaban en masa de la gran diáspora alemana.
En el Anuario para sacerdotes de la Sociedad de San Bonifacio, del año 1940,
escribió un artículo de alarma "Preocupaciones crecientes por la Iglesia
Trashumante". Ya entonces exigió el Obispo no sólo medidas de organización
aisladas, sino también un nuevo método práctico y eficiente en la cura de almas.
Conocía el peligro, pero también las extraordinarias perspectivas para la Iglesia en
esta crisis espiritual por la cual atravesaba el pueblo alemán Vio en esto un castigo
de Dios sobre nuestra incredulidad, seguridad e inercia, pero al mismo tiempo una
llamada de la Gracia para llegar a conocer más profundamente a Dios en la forma
de Cristo siempre vivo, que aun anda sobre la faz de la tierra sin tener dónde poder
reclinar su cabeza. "La Iglesia de Cristo está siempre en camino." "Salgamos pues
a él fuera del real, llevando su vituperio." (Heb. 13, 13.) Más tarde declaró: "La
misión de Cristo es decisiva. Si cumplimos con nuestro deber, el resto es cosa de la
Gracia. No se trata de ganancias ni de posesión de poder: le servimos sólo a El que
viene a recoger a su Iglesia dispersa por los cuatro vientos." Predicaba siempre a
sus comunidades católicas: "Tenéis que ser capaces de vivir en la diáspora,
preparados para la confesión de vuestra fe sin esperar respaldo en la patria ni en
sus tradiciones."
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¡Con cuánta angustia vio partir a sus sacerdotes hacia las cárceles y campamentos
de concentración y al destierro! Decía con frecuencia que de buena gana iría él en
vez del más joven coadjutor. En Febrero de 1942 le rogó el Nuncio Apostólico que
le buscase un sacerdote para los católicos que vivían en el campo de concentración
para judíos en Theresienstadt. El Obispo se creyó solicitado personalmente en este
ruego, y después de deliberarlo mucho, se puso a la disposición del Nuncio,
renunciando a su Obispado por esta tarea que incluía también la condición de estar
preparado para sacrificar su vida. El Nuncio no accedió a su deseo de sacrificarse.
Pero Dios se lo otorgó algunos años después: el 7 de Febrero de 1945, la Gestapo
le sacó del sótano de su casa, que ya estaba al alcance de la artillería rusa, le
arrestaron y le llevaron a Danzig y luego le expulsaron de allí. A los del SS (Escalón
de Protección del Partido Nacionalsocialista) que le "salvaron” como decían ellos,
no sabía cómo persuadir que la mayor injuria que le habían hecho, era el haberle
separado en estos días de terror y miseria extrema, de sus sacerdotes y fieles a
quienes estaba obligado y para quienes era irrevocablemente leal. El anillo
episcopal, símbolo de lealtad, le ardía en el dedo, cuando en Halle esperaba el final
de la guerra, mientras desolaban su Obispado. Un día echó dos maletas en un
carretón pequeño y con un morral sobre el pecho y una mochila a la espalda volvió
ilegítimamente a Ermland y caminó durante tres semanas enteras, llenas de
peligros, miserias y dolores para cargarse con una cruz aún más dura. Bajo
condiciones ignominiosas tuvo que renunciar a desempeñar su oficio en la parte de
su Obispado que administraban los polacos y de donde fue desterrado otra vez. Y
en estos días, al llorar sobre las ruinas de su patria y de su obra, fue, cuando Dios
le llevó a la "excelsa fidelitas" exigida por él: "No quiero reservarme nada ni buscar
salvedad alguna. No puedo imaginarme de otra manera una cosa que corresponda
exactamente a la idea del Santo Padre".
Volvió a Halle cansado y enfermo. Cuidaba de los refugiados, que llegaban allí, con
medios modestos y corazón inquebrantable, de los sacerdotes llegados de
Ermland, compartía con éstos las limosnas, que recibía de vez en cuando,
consolaba y aliviaba el peso de muchos con un amplio apostolado, que se reflejaba
en una nutrida correspondencia y en un fichero para los desdichados fieles de su
diócesis, el cual se abultaba rápidamente, y aunque no estaba ocioso ningún
momento del día sentía el deseo de mayor trabajo. Como en Alemania no se lo
podían conceder, rogó al Santo Padre que le enviara como simple sacerdote a un
campamento de prisioneros de Francia. Pero el Sumo Pontífice no lo permitió, sino
le dio una tarea para la que Dios le había preparado en una larga experiencia y en
la alta escuela de sus sufrimientos: la de ser Obispo y padre de todos los
expulsados.
En este servicio, lleno de espinas, se perfeccionaba su fidelidad. "En pocos meses
se esparció su actividad por toda Alemania." (Arzobispo Jáger). Los refugiados
veían en él la personificación de la miseria extrema y hallaban en su amor inmenso
la respuesta de la Iglesia. Sin la autorización correspondiente, ni los medios
necesarios, que desde el exterior podían servirle de aliento, daba lo supremo: a sí
mismo. El llevaba la Cruz del destierro a la cabeza de todos los demás. No acusaba
a nadie, y conociendo las ocultas raíces de la miseria de los refugiados, veía en la
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Santa Cruz y en el Amor el único camino para superarla. No se quejaba de la falta
de comprensión ni de la pobreza en que vivía, ni del trabajo inmenso que le
agobiaba: tomaba las dificultades que se le oponían como precio para obtener la
bendición de Dios, la cual pedía diariamente al decir la misa en la cripta de la iglesia
destruída de San Ildefonso. Sólo de una cosa se lamentaba, y era, de no poder
arrodillarse durante el día ante el Tabernáculo. El rosario era su refugio durante sus
raros momentos de descanso o si necesitaba tomar aliento de dónde sacar nuevas
fuerzas para continuar su labor, y aunque sólo veía falta de éxito en indecibles
humillaciones, tenía la confianza de no trabajar en vano. Lo que muchos no
comprendieron durante su vida, quizá ya sea obvio explicarlo después del sacrificio
de su vida: que los refugiados eran el símbolo de la iglesia futura, de la Iglesia
sobresaltada y perseguida que se verá desterrada y tendrá que dejar sus hogares
tradicionales; de la Iglesia que solamente por la "excelsa fidelitas" de sus Obispos,
sacerdotes y fieles podrá ser renovada en una animosa imitación de Cristo.
Pensaba asistir a la primera reunión de los sacerdotes de Ermland en Rulle y
cuando ponía en la maleta su libro de meditaciones "Sea Luz” le sorprendió la
muerte, y mientras en Rulle deploraban su pérdida, le recibía en la luz -así, lo
esperamos - que le estaba reservada, la alegría de las muchas almas para quienes
había sido norte y guía hacia Dios, sobre todo las de los sacerdotes de Ermland
que dieron lealmente sus vidas como el Buen Pastor por sus ovejas. Y
posiblemente eran en número más que los que esperaban en Rulle.
Sí, perfeccionado en la fidelidad, nos mira desde lo alto con sus ojos claros,
benignos y penetrantes, un "epíscopos" en el alto sentido de esta palabra, espera y
pregunta, como lo expresó un hombre protestante: ¿Quieres seguir conmigo al
Señor? ¿Quieres sufrir y re-satisfacer la culpa que nos ha llevado a la miseria de
estar desterrados, desamparados, maltratados, la personificación del Cristo siempre
vivo en la Agonía? ¿O quieres seguir viviendo, durmiendo como San Pedro,
Santiago y San Juan en el Monte de los Olivos?. Se trata de una simple decisión:
¿Queremos amar a Cristo así como le amó el Obispo Maximiliano y servirle a El así
como él le sirvió? ¿Queremos ofrecernos a la Gracia como él? El está esperando
humildemente así como Dios está en Cristo esperando nuestro amor.
Eja, fratres, no degeneremos ab excelsis cogitationibus filiorum Dei!
El Obispo Josef-Martin Nathan
Vida y muerte del gran Obispo de Silesia y bienhechor de los hombres
El 21 de Diciembre de 1946, dio el jefe polaco del distrito la orden de que el
constructor de los famosos sanatorios de Branitz (Silesia Alta) dejase dentro de
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pocas horas dicho lugar. Aunque el Obispo estaba enfermo y en cama sufriendo
ataques de fiebre y debilidad cardíaca, fué expulsado de Branitz el mismo día
pasando sobre Piltsch a Troppau en un coche de las autoridades polacas a pesar
del riguroso frío invernal. No lo permitieron que acompañaran unas Hermanas que
estaban cuidando al Obispo durante su enfermedad, y a causa de este viaje le
atacó una pulmonía aguda que no pudo resistir: en Troppau le acogieron
amablemente en el Hospital de "Marianum” construído por los Caballeros de la
Orden Teutónica. Su colaborador que le asistió durante muchos años en Branitz,
Msr. capitular Rudolf Gaideczka, vicario general, que expulsado anteriormente de
Branitz estaba en Troppau, le pudo consolar en sus últimos moinentos. En sus
brazos murió el Obispo, a causa de su debilidad cardíaca, de la pulmonía y de un
ataque de ictericia, el 30 de Enero de 1947 en Troppau. Allí le sepultó
solemnemente el Obispo auxiliar de Olmütz, Dr. Zela. Muchos sacerdotes del
distrito de Hultschin, la patria de sus padres, la población y las autoridades de
Troppau participaron en el duelo: fue un entierro digno de un Obispo. La frontera
entre la Silesia ocupada por los polacos y la Silesia perteneciente al Estado
Alemán, estaba bloqueada por la milicia y aduaneros polacos para impedir en este
día que la población alemana del distrito de Leobschütz participara en este acto.
Su colaborador más íntimo y consejero espiritual de los sanatorios de Branitz que
había sido durante treinta años un feligrés del Obispo difunto, nos comunica:
“Fue la Noche Vieja de 1941. El prelado Nathan entabló una conversación muy
seria con sus colaboradores después de la cena. Pronunció las siguientes palabras,
él que llevaba el nombre del gran profeta Natán: "Llegaremos a ser muy pobres y
nos medirán las viviendas por metros cuadrados." Tal vez yo sonriera un poco, ya
que nuestras tropas se hallaban ante Moscú, Stalingrado y el Cáucaso, habiendo
ocupado Francia, Noruega y los países Balcánicos, pero me dijo el prelado: "Mi
colega, recuerde esto cuando ocurra. Pero puedo consolarles, señores, pues los
más jóvenes de ustedes vivirán aún tiempos gloriosos para la Iglesia, aunque
actualmente no podamos adivinarlo." - La primera parte de la profecía llegó a ser
verdadera, en particular para nosotros los sacerdotes expulsados que tuvimos que
probarlo aún más dolorosamente. ¿Por qué no llegará a ser verdad la segunda
parte del presagio, el futuro dichoso? El cristiano sigue siendo optimista.
Pero, ¿quién fue este prelado Nathan?
Nació el 11 de Noviembre de 1867 en el día de San Martín, en Stolzmütz (Silesia
Alta) y recibió el nombre de Josef-Martin. Su padre era maestro de escuela. Al poco
tiempo de su nacimiento se trasladaron sus padres a Ludgersthal, cerca de
Hultschin.
Con el deseo de entregarse todo a todos, el joven bachiller decidió hacerse
sacerdote. El 23 de Junio de 1891 recibió las órdenes en Breslau. El Obispo de
Olmütz envió al sacerdote recién ordenado como coadjutor a Branitz donde
ayudaba al anciano decano, cura Werner, que sólo parcialmente podía cumplir su
oficio. En poco tiempo se hizo Josef-Martin Nathan coadjutor personal y llegó a ser
el eje central de la cura de almas de la gran parroquia de la que dependían otras
tres. Muchas veces el sacerdote joven visitaba de improviso a las familias. Pero
especialmente durante los meses del invierno los hombres se encontraban en los
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restaurantes. Las mujeres podían criticar y censurarlo, cuanto quisieran, pero no
sabían cambiarlo. El coadjutor Nathan conoció la raíz del mal. Las buenas
campesinas cocinaban todos los días, año por año, su berza fermentada con carne
ahumada. Esto era sano y fuerte, pero soso, y en los restaurantes había más
variedad. ¡Y las bebidas! Muy pronto hizo venir a unas Hermanas de la Virgen de
Breslau que enseñaban a las campesinas a cocinar y coser. Así estableció el Hogar
de la Virgen, donde vivían unas ancianas solitarias y con el dinero que cobraba a
éstas por el alquiler, atendía a los gastos del Hogar. Fundó también un
"kindergarten" para los párvulos. La vida cooperativa comenzó a despertar. La
parroquia sucursal de Bolowitz-Hedwigsgrund no tenía iglesia, pero la población
daba dinero voluntariamente aunque no eran sino campesinos pobres. El coadjutor
Nathan, vehemente y decidido, tomó dinero en pagarés para construirla. Una
denuncia al Arzobispo de Olmütz tuvo por consecuencia una citación en la que el
Arzobispo le dijo: "Oficialmente no tengo más remedio que censurarlo, debido a que
los negocios de pagarés son muy arriesgados, pero quisiera tener más sacerdotes
como usted. Le nombró consejero episcopal." Así se construyó otra iglesia en
Michelsdorf. Cada año se levantaban otros edificios, que estaban en comunicación
con el Hogar de la Virgen, donde ancianos sin amparo hallaban protección y
acogida generosa.
Durante largos viajes, que el cura Nathan hacía por su distrito, vio que los más
desamparados, los más pobres, eran los dementes. Entonces hizo venir al Doctor
Oskar Anders, al frente de un grupo de hábiles médicos, el cual dirigió hasta la
derrota general los sanatorios que se construyeron en poco tiempo. Despacio, pero
cada día, aumentaba el número de los pacientes que llegaron a ser en total 1.200 o
1400. Una ciudad entera fue surgiendo de la nada y pobreza, con sus talleres, dos
panaderías, un molino moderno de cilindros, una herrerería, lavandería, etc., unida
con una sala grande de máquinas, de donde salía también un sistema de
calefacción central. El centro fue la Basílica de la Sagrada Familia, probablemente
una de las iglesias más bellas de Alemania, que no fue destruida. También se
construyó una Casa de Ejercicios dedicada a San José, además, un edificio de
investigación para las enfermedades nerviosas y una sala inmensa para las
representaciones de teatro. Branitz, que tenía cerca de 4.000 vecinos, llegó a ser
muy rico debido al sanatorio. Unos cien enfermeros, criadas, más de 50 artesanos y
muchos empleados, podían ganar allí su vida. Cerca de los sanatorios se
encontraban algunas casas particulares para los médicos, empleados y personal
del sanatorio. Tres fincas daban a los enfermos capaces trabajos ligeros (Burg
Branitz, Branitz y Krug) y con lo que éstas producían, era posible alimentar a los
más enfermos durante el tiempo del sistema de racionamiento. En Burg-Branitz
fundó un Hogar de Correción modelo para jóvenes y niños desamparados y
condenados por la vida.
El mayor éxito del Obispo Nathan era la cura de almas. Después de la primera
guerra mundial se nombró al consejero episcopal Nathan, comisario arzobispal para
la parte prusiana del Arzobispado de Olmütz, y en estos, días, la población oprimida
de Silesia Alta le eleccionó para las Cortes Alemanas. Fundó el Seminario de
Leobschütz para asegurar la instrucción de los adeptos al sacerdocio, y llamó como
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vicario general para la parte prusiana a varias órdenes y comunidades religiosas
que desplegaban una labor fecundísima, particularmente en Leobschütz y Kascher.
Los teólogos jóvenes de este distrito pasaban sus estudios en Breslau, los
exámenes de jurisdicción y administración parroquial, en Olmütz.
Cuando en 1938 las minorías alemanas de Chocoeslovaquia fueron anexionadas al
Reich, se entregó al prelado, como vicario general, la parte alemana de la diócesis
de Olmütz. Empezó sus trabajos con grandes preocupaciones. Se quejaban del
liberalismo e indiferencia de estas regiones, pero en realidad no era así. El prelado
Nathan que visitaba sin descanso todas las parroquias, hallaba por dondequiera un
pueblo fiel y caritativo y un clero capaz de someterse a todos los sacrificios
conservando un nivel muy alto. A nadie se mostraba el prelado como jefe, sino
como consejero amigo paternal, sobre todo con los tímidos curas checos. Amplió el
Seminario para sacerdotes de Weidenau - en la parte checa del Obispado de
Breslau - y lo puso también a la disposición de los teólogos del Obispado de
Olmütz. Para remediar urgentemente la falta de sacerdotes, se traía a los más
jóvenes de las diferentes diócesis de la Alemania Occidental. ¿No es extraño que
durante el tiempo más terrible del régimen de Hitler el número de disidentes de esta
comarca haya sido inferior al de las otras provincias del "Reich"? ¡Qué lo sepan
todos los que sin deliberar detestan y calumnian a los alemanes católicos de esta
región!
Sin cesar daba el vicario general conferencias, organizaba discusiones y reuniones,
a las cuales invitaba como oradores a los mejores teólogos de Alemania y del
extranjero. También se notó este progreso en la instrucción de la juventud, a pesar
de la actividad de la Gestapo, y los centros de Freudenthal y de Branitz no cesaban
de trabajar.
En Troppau y para las autoridades de la Gestapo, era el prelado Nathan una
"persona ingrata". Diferentes pleitos contra algunos sacerdotes que no habían
hecho más que cumplir con su deber, estaban pendientes ante el tribunal de la
Gestapo y un día, el jefe de la sección "Iglesia” el señor St. Se presentó en Branitz
con algunos asistentes y dio la orden de que abriesen el archivo del vicario general
y se lo entregasen. Conocíamos al sr. St. como brutal y cínico. El prelado se le
opuso sin temor. "¿Qué desea Vd.?" y añadió con voz aguda - "Sus papeles de
identificación, por favor!" El jefe de la Gestapo buscó en todos sus bolsillos y
balbuciendo dijo al final: .”Los olvidé." El prelado, enérgicamente, dijo una sola
palabra: ¡Fuera! Esto fue el final del asunto. Mientras tanto, la Gestapo de Oppeln
se enteró de lo ocurrido por una comunicación urgentísima, y dio la orden de que el
archivo se quedase cerrado en Branitz. Poco tiempo después pasé por un interrogatorio que duró cuatro horas y media, en las oficinas de la Gestapo. Se
trataba de unos sermones y de la instrucción de la juventud, pero siempre en torno
a la personalidad del Obispo Nathan. Querían arrancarme por cualquier medio
materiales agravantes contra él. La promesa de darme un puesto de administración
con un salario de cincuenta marcos, no me perturbó lo
más
mínimo.
Las
calumnias, terribles y las sospechas contra el Papa y nuestro Obispo terminaron por
desatarse solo en rabia e improperios, porque el Papa estaba fuera de sus manos y
el prelado dependía "desgraciadamente" de la jurisdicción de Oppeln.
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Un gran premio que nos llenó de alegría purísima fue el del nombramiento de
nuestro prelado, anciano ya, pero muy activo, como Obispo auxiliar de Olmütz.
Inolvidable para nosotros es el 6 de Julio de 1943 , día de la entronización en su
propia y hermosa Basílica, por los Obispos Kaller de Ferche de Breslau y Wienken
de Berlín. Aun más activo y benigno, Su Eminencia Nathan seguía viajando como
Obispo andariego, aconsejando como mediador, bendiciendo, ayudando y
cuidándose particularmente de los sacerdotes que estaban en el ejército y en los
campamentos de concentración. La Gestapo odiaba peculiarmente sus circulares.
Como allí estaba prohibido para casi todos los sacerdotes enseñar religión en las
escuelas, por eso fijaba desde Branitz las horas destinadas en las iglesias para la
instrucción religiosa, obteniendo así mayores frutos que antes.
En 1941 se había establecido en una parte del sanatorio un hospital militar provisto
de dos mil camas para heridos y tísicos que estaban cuidados con un ahínco
singular por las Hermanas de la Virgen, exhortadas por el Obispo Nathan. Muchos
del SS y de los que se habían vuelto de espaldas a la Iglesia volvían de nuevo a
Dios.
En Febrero de 1945 comenzamos a oír en Branitz los primeros cañonazos y más
tarde las primeras órdenes de evacuar la región con el espanto consiguiente. En la
Semana Santa de 1945, los aviones atacaron sobre Branitz que era desde hacía
muchas semanas, un campo de batalla. Siguiendo consejos y ruegos insistentes,
dejó el Obispo la obra de su vida y se fue a pie a Freudenthal. El edificio principal,
donde estaba el Vicariato General II y el fue pasto de las llamas; otros edificios
quedaron destruidos parcialmente.
Inmediatamente después de la derrota volvió el Obispo a Branitz para ayudar a
todos en la reorganización. Los polacos habían ocupado el territorio y confiscado
todas las propiedades alemanas, y por lo tanto tuvo que vivir en el cuartito de la
Casa de Ejercicios de San José. Viendo como despojaban y desolaban el sanatorio,
dijo: "Para ser Job, sólo me falta un montón de estiércol y cristales rotos." Los
polacos intentaron expulsarle varias veces. Le quitaron la jurisdicción eclesiástica y
la entregaron a un administrador apostólico en Oppeln. Entonces en Diciembre,
encontrándome en mi nueva patria, recibí su última carta que entre otras cosas
decía. Tengo que partir ahora al exilio y probablemente el miércoles siguiente, el 18
de Diciembre, estaré en Troppau para recrearme allí un poco, después de las
excitaciones de las pasadas semanas, bajo las cuales ha sufrido mucho mi salud.
Si llegaré tarde o temprano al "Reich" dependerá aún de muchas cosas. Aunque no
quiero quejarme, siento muchísimo tener que despedirme de mi obra, pero ¡cuántos
tienen que pasar aún por cosas más terribles! Que sean estos sacrificios, puestos
por centenares en el altar expiatorio, voluntaria o involuntariamente, una
contribución para mitigar el enojo del Dios Todopoderoso, y dar al Evangelio de
Navidad su sentido real y verdadero. Seamos unánimes en la oración; pongámoslo
todo en manos de Dios."
En efecto, le expulsaron en un día frío y severo de Diciembre de 1946. Le acogieron
en Troppau, situado a una distancia de 18 kilómetros al Sur de Branitz. Estaba
gravemente constipado y sufría una pulmonía: Era otra víctima del Pacto de
Potsdam, uno de los tres mil sacerdotes de Alemania Oriental que se habían
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atrevido a arriesgarlo todo contra el ateismo moderno que como delegado de las
Cortes había sido protector y abogado de millares de personas, como Vicario
General y Obispo siempre un amigo desinteresado y al final de su vida un mendigo
lejos de su patria. El 30 de Enero de 1947 fue llamado el Obispo Nathan a la Patria
Eterna. Su lema episcopal, "Caritas Christi Urget Nos" se había realizado en toda
su vida. Había sido un modelo para los empleados del sanatorio, para los millares
de enfermos que en él habían sido tratados, para sus asistentes y Hermanas de la
Virgen, así como para sus colegas espirituales y para las almas a el confiadas.
¡Que el señor se le recompense su amor!
Quien sólo tenía para los otros amor desinteresado y eligió como lema para su
sacerdocio las palabras de San Pablo: "El Amor de Cristo nos urge” tuvo que probar
al final de su vida el odio.
Quien aliviaba dolores y consolaba, fue solitario y pobre a la hora de su muerte.
Su memoria vivirá en los centros de la Caridad que son la obra de su vida, los
cuales fundó sacrificándose por los más pobres entre los pobres: los dementes.
Vivirá en el agradecimiento de las cinco comunidades a las que construyó una
iglesia.
Vivirá en el corazón de cada uno de sus sacerdotes, para quienes fue luminoso
ejemplo del verdadero amor y de la preocupación del Buen Pastor.
Vivirá en las almas de sus fieles que le veneraban como a su amigo más personal,
porque compartió con ellos todas las miserias y dolores.
El Calvario de los sacerdotes silesianos
Porque por ti somos entregados a la muerte cada día: somos reputados como
ovejas para el matadero. (Rom. 8. 36.)
La siguiente y terrible relación de sacerdotes silesianos muertos en 1945 a 1946, no
tiene por objeto afirmar la culpa colectiva de grupos enteros de hombres. Son un
fragmento de los hechos crueles y brutales que se cometieron en la Alemania
Oriental al final de la guerra, es decir una parte también de la miseria inmensa que
los hombres habían desencadenado al oponerse contra el orden natural y los
mandamientos de Dios.
Que no estimulen las siguientes exposiciones al odio, sino que sean una trágica
advertencia de que un mundo sin Dios tampoco respeta al Hombre, que destruye su
dignidad y expone la Humanidad a la destrucción.
Arnold Christoph
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Decano (Decano corresponde en algunos países al cargo de Arcipreste),
Consejero eclesiástico, Cura de Günthersdorf, dist. Bunzlau
n. (Abreviaturas véase más adelante) 15 - III -1892
o. 13 - VI -1915
m. 21 - II -1945 Fusilado
Cuando quiso proteger a su hermana de la violación, le arrastraron al sótano de su
casa parroquial y le fusilaron. No se pudo hallar su cadáver hasta el XXX
aniversario de su ordenación; se encontraba en un rincón del camposanto, bajo un
montón de escombros y trastos viejos. Se le dio sepultura el día de San Luis del
año 1945, con gran participación del pueblo. Un testigo relata:
"El lunes, 20 de Febrero de 1945, los rusos ocuparon Günthersdorf. Hacia las 11 de
la mañana hubo gran cañoneo desde Waldau y la iglesia recibió un impacto
completo. El cura Arnold, su hermana y yo nos habíamos refugiado en el sótano de
la casa parroquial rezando el rosario y comulgando por última vez. Cuando subimos
a las habitaciones, vimos entrar a los primeros rusos. Estos al principio, se
comportaron bien, preguntándonos tan sólo, si había en la casa soldados
alemanes. Se marcharon en seguida, pero aquella misma tarde llegaron tres
soldados muy jóvenes que se llevaron el reloj del cura. Cuatro rusos volvieron por la
noche y preguntaron por el sótano, de donde sacaron varias botellas de vino. Poco
tiempo después se les unieron tres más con una rusa, revolvieron nuestros baúles y
registraron en todas las habitaciones, rompiéndolo todo y dejándolo tirado por los
suelos. Se llevaron los víveres y cuantas cosas se les antojaron. Cuando se fueron,
todo quedó tranquilo y silencioso aunque desolado, pero pudimos pasar la noche en
el cuarto del cura.
Dos días más tarde, en la madrugada del miércoles, vinieron varios rusos pidiendo
aguardiente, pero como sólo teníamos vino de misa, nos quitaron unas cuantas
botellas y se fueron. Estos mismos volvieron varias veces al día haciendo todo lo
posible para aterrorizarnos, llegaban furiosos, ponían las pistolas en el pecho del
cura, disparaban al aire por todas las habitaciones de la casa y se llevaban cuanto
querían. Así pasamos el día hasta el anochecer. Por la noche, mientras yo sacaba
unas velas que teníamos escondidas en el cobertizo, les oí entrar. Hubo al
momento gran tiroteo acompañado de voces y yo me quedé expectante allí. Desde
mi escondite podía oír el jaleo y las carreras de mucha gente subiendo y bajando
sin cesar por las escaleras. Oí la voz del cura que gritaba: " ¡Esto es horrible!"
De pronto todo se tranquilizó y yo me fui corriendo al restaurante del campesino
Baum, donde habríamos de encontrarnos en caso de ser expulsados. Allí supo que
la señorita Arnold ya había preguntado por mí y que el cura había sido fusilado.
Cuando le oí gritar. "¡Esto es horrible!" era cuando los rusos querían ejercer la
violencia contra su hermana. Momentos después fue arrastrado al sótano, donde le
fusilaron.
Mientras tanto detenían a la señorita Arnold en la habitación de arriba. Cuando ésta
consiguió encontrar a su hermano, le halló muerto y tan sólo pudo cerrarle los ojos
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y cruzar sus manos sobre el pecho. En la sien podía verse la entrada de la bala
mortal.
Después de enterarme por la señorita Arnold del terrible suceso, nos quedamos las
dos con otras personas en la casa de la familia Baum. En total éramos nueve
personas, las que nos habíamos refugiado allí. Al día siguiente entraron los rusos
buscando a las mujeres jóvenes. La hija adoptiva del campesino y nosotras nos
escondimos en el desván, donde se guardaba la paja y, no salimos de allí en
mucho tiempo. Sólo podíamos oír lo que ocurría abajo.
El Sr. nos subía la comida y así pasaban los días, hasta que el sábado 24 Febrero
oímos de nuevo muchos tiros y lucha dentro de la casa. Después otra vez el trágico
silencio que nos anunciaba nuevas desgracias. Nadie nos subió comida aquel día
... Más tarde supimos que habían fusilado a los tres, entre ellos a la señorita Arnold,
dentro de la casa. Todo había ocurrido el 25 de Febrero de 1945. Cuando pudimos
dejar nuestro escondrijo, fue el 4 de Marzo ... No nos permitieron entrar en la casa
del párroco, ni en el restaurante del sr. Baum, porque los rusos se habían alojado
allí. Muchos vecinos de Günthersdorf habían visto los cadáveres de los fusilados en
el restaurante... “
Balzar Kanrad,
cura de Thunskirch, distr. Ratibor (Silesia Alta)
n. 21-II-1906,
o. 29-I-1933,
m. 8-XI-1946.
Murió despedazado al poner inadvertidamente el pie sobre una mina que
había en su huerto.
Bieniossek Josef
Decano honorario de Gogolin (Sil. Alta)
N. 19-III – 1880
o. 23 - VI – 1906
m. 29- I-1945 Matado
El decano Bieniossek y otros siete hombres fueron fusilados después de la invasión
rusa, el 29 de Enero de 1945, en una casa destruida cerca de la del párroco. En el
mismo día asesinaron cruelmente al coadjutor Erich Schewior y a doce mujeres en
otra casa. Rociaron con gasolina los cadáveres y los quemaron.
Brier Josef, Dr. Theol., Act. Circ., cura de Lichtenberg.
n. 24-X-1888,
o. 21-VI-1913,
m. ?-II-1945.
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Le fusilaron junto con su hermana, cuando trató de protegerla contra la violación,
aunque probablemente no pudo evitarlo. El cadáver lo enterraron muy de prisa en el
mismo lugar en que cayó. El cura de Grottkau le sepultó después en el
camposanto.
Brommer Karl, vicario de G.-Schimmendorf.
n. 7-III-1911,
o. 5-IV-1936,
m. ¿?-II-1945.
Le hallaron muerto en la escalera del sótano de la casa del párroco que había sido
destruida por un impacto de artillería. Estaba tendido con los pies hacia arriba y los
rusos le habían fusilado.
Bujara Karl, vicario de Oderhain.
n. 1-I-1904,
o. 27-1-1929,
m. ¿?-I-1945.
Le fusilaron los rusos. Dos días antes le habían puesto en libertad, después que
había sido encarcelado por la Gestapo como prisionero político.
Demczak Hubert
Decano honorario. Cura de Ottmuth, n. 4 - VII – 1881,o. 13 - VI – 1915, m. 30
-I-1945. Fusilado.
Una testigo comunica los pormenores de su muerte:
"Hacia el mediodía del 24 de Enero de 1945 entraron en la casa los primeros rusos:
Eran un alférez y su ordenanza. Nos expedieron un documento escrito para que los
rusos no nos hiciesen nada, y sólo nos prohibieron salir a la calle. Pero entretanto la
torre de la iglesia había ardido sin que nosotros pudiésemos apagar el incendio. El
alférez nos dijo que lo peor habría pasado dentro de tres días: que para entonces
los rusos estarían al otro lado del Oder y que la vida volvería a normalizarse. Pero
no fue así; los rusos avanzaron en los días siguientes hasta Burghausen pasando
por Rogau, pero fueron rechazados por los nuestros y tuvieron que retirarse a
Ottmuth. Durante ocho semanas se libró en aquel lugar una tremenda batalla.
El escrito expedido por el alférez nos ayudó mucho, pero llegaron después otras
unidades, en las que abundaban los soldados borrachos. El martes, 30 de Enero,
entró en la casa borracho un jefe militar que nos amenazó con disparar sobre
nosotros, si no le dábamos dos botellas de vodka. El decano le trajo vino, que era lo
que teníamos, pero aquél estrelló la botella contra la pared y dijo que volvería
después de media hora. "Está tan borracho," - nos dijo el decano - "que no podrá
llegar ni a la casa de al lado. Vamos a rezar el rosario para que se haga la voluntad
de Dios." Apenas habíamos terminado de rezar y estando diciendo la absolución
23
general, se abrió la puerta que daba a la calle y entraron armados de punta en
blanco seis rusos que acompañaban al que antes nos había amenazado. El decano
mandó a Josefina que se fuese corriendo al huerto, pero desde allí silbó una
rociada de balas, pues habían colocado una ametralladora en aquel lugar. Los seis
rusos se quedaron fuera de la casa y sólo entró en ella el oficial. Cuando el decano
se le acercó, disparó dos tiros al aire y rompió contra la pared las botellas que le
habíamos preparado. De pronto puso el revólver contra el pecho del decano y
disparó - El sacerdote se tapó con la mano izquierda la herida, por la que manaba
abundantísima sangre y con la derecha, en la cual aun tenía el rosario, golpeó su
pecho. Sin torcer la boca, suavemente dijo: "Jesús, misericordia," y cayó de
espaldas. Sin cesar, débilmente, estuvo rezando algunas oraciones breves:
"Salvador, quédate con nosotros, no nos desampares. Jesús, Jesús, ven a mí ...”
Quisimos asistirle, pero vinieron otros rusos que nos echaron fuera a culatazos y
nos pusieron en fila sobre la nieve. Todas pensamos que aquello era el fin. Nos
arrancaron los velos de la cabeza y, cuando quisieron arrastrarme hasta la escuela
antigua, me agarré a un picaporte y les dije que prefería morir a ir con ellos. Las
otras Hermanas escaparon y se fueron a la habitación de la señora M. Entonces
empezaron los rusos a saquear. Uno que me vigilaba, trató de consolarme para que
no tuviera miedo diciendo que al día siguiente me llevarían con el capitán a
Leningrado, pero que a las otras Hermanas las fusilarían. Y sólo pensaba yo en
cómo podría venirme la ayuda de Dios.
El decano agonizante estuvo rezando aún durante una hora, cada vez mas
despacio. Estaba ya medio desangrado, cuando volvió el ruso y le disparó dos
balas en la cabeza, una por el hueso parietal y la otra por detrás de la oreja ... Sin
torcerse, sin moverse, sin lanzar un grito de dolor, murió.
Después se llevaron varios objetos de la casa del párroco. Dos rusos estaban
vigilando continuamente, uno en la casa, otro en el huerto. En cuanto me fue
posible, me escapé y fui corriendo al cuarto de la señora M., donde estaban las
otras Hermanas. Allí todo estaba aún tranquilo. Rezamos casi tres rosarios e
intentábamos huir cuando todos aquellos brutos llegaron corriendo hacia nosotras.
Al instante me prendieron y me estrangularon hasta casi perder el aliento y tuve que
soltar la cama, a la que me había agarrado. En aquel momento, un ruso apuntó a
las hermanas y a la señora M. con su pistola automática. Todas tenían heridas en
las sienes menos la señora M. que la tenía en la mandíbula superior. Se oían
nombres de "Jesús, María, José. . ." al mismo tiempo; después todo se quedó
tranquilo. Las seis murieron instantáneamente. Vivir era más terrible que morir, pero
ahora sé que una de nosotras tenía que sobrevivir para dar testimonio de la verdad.
Dios me dio en aquellos momentos las mejores ideas y por eso conseguí escapar
de las manos de los enemigos. Durante ocho días pude ocultarme en un pajar, pero
no temía morir. Sólo temía a los rusos. Prefería morir de hambre a caer en sus
manos. Más tarde me encontré con J... “
Frenzel Johannes
Coadjutor de Mechtal, (Sil. Alta)
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n. 29 - VIII -1907
o. 30 - VII -1939
m. ? -I-1945
Fusilado
Cuando los rusos ocuparon Mechtal, un miembro de las Juventudes Hitlerianas
fusiló a un mayor ruso. Por represalias fueron asesinados muchos hombres, entre
ellos el coadjutor Frenzel. Gente encargada de sepultar los cadáveres, le hallaron
una semana después de su muerte, el dos de Febrero de 1945, en el bosque entre
Mechtal y Stilersfeld. Su hermana, que le había buscado por todos los hospitales,
bosques, cementerios y casas mortuarias, se enteró de lo ocurrido el 4 de Febrero
... Pidió permiso para desenterrarle y llevarle a su pueblo. Volvieron a darle
sepultura en Birkenhain, el 9 de Febrero.
Un comunicado dice entre otras cosas:
Después de dar a un enfermo la Extremaunción le sacaron del sótano. Debían
haberle pegado ya por la escalera, pues la patena, hallada con la bolsa delante de
la casa, estaba un poco estropeada. El estaba completamente mutilado, la nariz
rota, la boca torcida por el dolor, los dos húmeros y la clavícula perforados por las
balas, la tetilla izquierda un poco lesionada, las piernas rotas y las manos atadas.
Un balazo en el cranéo terminó con su vida; le había entrado por el ojo izquierdo.
Los rusos le habían robado el vestido, los zapatos y los calcetines. Sólo por el
cuello sacerdotal aun puesto le habían identificado como sacerdote y esto le libró
de ser enterrado en la fosa común.
Dittrich Johannes
Consejero eclesiástico decano, comisario episcopal de Breslau en Hl. Kreuz
(Sta Cruz)
n. 2 - XII -1879
o. 20 - VI -1903
m. 20- IV-1945
Fue matado por un impacto de artillería en la Curia, situada en la Domstrasse (Calle
de la Catedral). Era el único sacerdote que murió en Breslau durante el sitio.
Fuhrmann Josef
Vicario de Schwiebus a partir de Abril de 1939
n. 20 - III -1913
o. 5 - IV -1936
m. ¿? - IX -1946
(en Krivoi Rog, Rusia)
El 12 de Febrero de 1945 se encontraron el coadjutor Gerhard Ulbrich de Drossen,
a quien los rusos obligaron a trabajar como campesino, y su colega el vicario Josef
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Fuhrrmann, en Pinow. A partir de este encuentro, los sacerdotes Ulbrich y
Fuhrmann pidieron cada día al Señor la merced de quedarse juntos para siempre.
Este ruego fraternal se cumplió.
Pasando por Reppen-Posen-Brest-Litowsk-Kowel, llegaron en un transporte a Krivoi
Rog, en Ucrania, donde los emplearon como trabajadores en obras de
reconstrucción, y aunque ambos sufrían ataques de cardiopatía trabajaban sin
descanso. De vez en cuando, los dos sacerdotes reunían a los demás prisioneros
católicos para rezar a hurtadillas. Hasta tres veces pudieron administrar el
bautismo.
Más tarde, Josef Fuhrmann fue trasladado a un grupo, en el que tenía que arrastrar
vagonetas, mientras que Ulbrich trasportaba en grandes furgones los ladrillos del
horno de una fábrica. De vez en cuando Fuhrmann se veía obligado a suspender el
trabajo, aunque por muy poco tiempo, ya que en sus pies aparecían síntomas de
congelación que se convertían en burbujas de pus. En el mismo año tuvo que
marcharse al Hospital General, pues los ataques de cardiopatía eran cada vez más
intensos. Pero Dios permitió que su cama estuviese al lado de la de Ulbrich que
había llegado al Hospital poco antes. Tuvo que volver al campamento aunque los
médicos certificaron que sólo podía desempeñar trabajos ligeros. Entretanto se
esparció el rumor de que en Septiembre se andaría un transporte de enfermos a
Alemania así pues, conversaciones de ambos sacerdotes se desarrollaban en torno
a los mismos temas: "Patria, madre, hermanos y cura de almas...”
No era extraño que, a causa del intenso trabajo, los ataques cardíacos se
recrudecieran. Un día tuvo fiebre y se desmayó durante la jornada de trabajo y sus
compañeros tuvieron que trasportarte a la enfermería del campamento. Nadie creía
que estaba a punto de morir, porque sus mejillas conservaban un color fresco y rojo
y se encontraba tan lleno de buen humor y amabilidad para con todos como de
costumbre. Tranquilamente, como había vivido cerró sus ojos para siempre a las
nueve de la noche del primero de Septiembre y despertó en la Eternidad: nadie lo
había notado. Compañeros católicos de la Silesia Alta le llevaron en un ataúd
singular al descanso eterno y pusieron sobre su sepulcro una modesta cruz en
señal de victoria sobre la muerte y la tierra. Y en la resurrección espera reunirse, y
esta vez para siempre, con su anciana y encorvada madre y con su hermana que
se encuentra en un campamento de refugiados. Una frase de Fuhrmann, con la que
exhortaba a sus compañeros de sufrimiento a la práctica de los ejercicios
religiosos, era: "Quien ha estado en Rusia, ha expiado toda su culpa."
Gerlich Max
Consejero eclesiástico, cura de Bischofstal (Sil. Alta)
n. 13 - XI -1870
o. 25 - VI -1895
m- ? -I -1945
Le fusilaron junto con sus dos hermanas viejas en los primeros días de la invasión
rusa.
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Glatzel Karl
Cura de Borkendorf, dist. Neisse
n. 29 -I -1889
o. 18 - VI -1914
m. ? - XI -1945
Murió víctima del destierro, a causa de la miseria y los sufrimientos de la huida.
Halló su descanso eterno en Aichach (Baviera).
Glasneck, Bruno, consejero eclesiástico, Bertelsdorf.
Consejero eclesiástico
Cura jubilado director espiritual del Asilo de Ancianos de Bertelsdorf, de
Lauban, dirigido la Caridad.
n. 17- VI -1872
o. 21 -VI -1897
m. 10 - VIII -1945
"El sacerdote Glasneck era nuestro director espiritual en Bertelsdorf, cerca de
Lauban y vivió con las Hermanas en el Asilo de Caridad las trágicas jornadas del 17
de Febrero de 1945, día de la ocupación rusa. Los asilados que desde Silesia Alta
habían venido a refugiarse allí, y él, tuvieron que soportar toda clase de caprichos y
desmanes por parte de los rusos que habían destinado aquel sitio para su cuartel
general.
Los sacerdotes tenían que pasar diariamente por largos interrogatorios y al
segundo día, fusilaron en la cocina, donde vivían unas cien personas, a un profesor
de segunda enseñanza, robaron de la capilla los vasos sagrados, rompieron la
imagen de la Virgen y la pisotearon. El 25 de Febrero fusilaron los rusos al cura
Kalis que con su madre y su cocinera había llegado al Asilo para refugiarse en el
zaguán, delante del balcón. Pocos días después, toda aquella gente fue liberada
por un pelotón de choque alemán y llevados bajo protección de los tanques. El cura
Glasneck quería quedarse en Liebental,
pero también tuvo que marcharse.
Así pues, decidió irse a nuestra casa de Baviera. Sor Gerarda que se cuidaba de él,
le trajo a nuestro convento, el 7 de Marzo y nos fue imposible acogerle, - pues
habían llegado ya 25 refugiados de Bertelsdorf y Lauban, y el 5 de Marzo, el cura
Propst con algunas Magdalenas. Hablé con la Superiora del Hospital de aquí que
necesitaba un sacerdote anciano para decir la misa y allí se quedó hasta su muerte.
Le atendieron bien, y sus conocidos que vivían en la cercanía, y él tenían ocasión
visitas mutuas. El nos visitaba en el convento casi todos los días, pero cuando la
perspectiva de volver llegó a ser dudosa, sufrió grandes depresiones. Sus nervios
no funcionaban. Creía que él tenía la culpa de todas aquellas miserias y
27
penalidades por haber traído el tifus y estaba esperando diariamente su detención.
A partir de Julio no se sentía digno de rezar la misa ni los otros conseguían moverle
a comulgar. Le visitábamos diariamente, porque no salió más a la calle. A
comienzos de Agosto se negó a recibir alimentos y el médico declaró que su
corazón estaba muy débil. Le pedimos que se dejase administrar la Extremaunción,
lo que admitió el 9 de Agosto, y nos dijo que al siguiente fuésemos por el sacerdote.
No guardaba cama y el peligro era urgente, pero en la mañana del día de San
Lorenzo le hallaron muerto en el lecho. Esto fue muy amargo para todos, pues no
creíamos que acabaría tan pronto. Está enterrado aquí. El camposanto del pueblo
está junto a nuestro convento. Nos cuidamos de su sepulcro y rezamos por él."
Görlich Julius
Decano
Cura de Liebenzig, dist. Freystadt
n. 30 - V -1869
o. 23 - VI -1896
m. 21 - IX -1946
Llegó a mediados de Enero de 1945 a Brunzelwaldau, distrito de Freystadt (Sil.
Baja), en un día de frío crudísimo, y junto con su cocinera le acogieron en la casa
del párroco. A pesar de su edad, 77 años, le expulsaron el 24 de Junio de 1945 y
en unión de otro grupo de expulsados marchó a pie hasta la frontera de
Oder-Neisse" (que son los dos ríos que forman la frontera entre la zona rusa y el
territorio alemán ocupado por los polacos), después de un recorrido de 70
kilómetros hasta Forst. Tras una breve parada continuó hasta llegar a Finsterwalde
(Lausitz Bajo) pasando por Cottbus. Allí obtuvo por fin permiso para quedarse y fue
recogido por el cura. A pesar de los sufrimientos y de la fatiga, se encontraba sano
y animoso y ayudaba al sacerdote en todos sus menesteres. El 23 de Junio de
1946 celebró el L aniversario de su ordenación en el exilio, pero murió el 21 de
Septiembre, ya que a causa de la miseria general decayó rápidamente. Murió pues
de edema de hambre y del decaimiento general de sus fuerzas. Le sepultaron como
primer sacerdote católico después de la Reforma de Lutero en el camposanto de
Finsterwalde.
Goerlich Franz
Administrador eclesiástico de Breslau-Lohbrück
n. 14 - II -1911
o. 27 -I -1934
m. 8 - III-1946
Murió a consecuencias de un asalto.
He aquí el comunicado:
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"Un domingo de Agosto, el vicario Goerlich, al regresar de la misa de tarde, que
había rezado, de su iglesia de Gross-Mochbern, cerca de Breslau-Lobbrück, se
hallaba cenando en compañía de su ama de llaves. Como había una gran tormenta,
no oyeron que bandidos rusos rompían la puerta de la casa. Debían ser las ocho de
la noche. De repente vieron, a éstos entrar en la cocina y atacarles echándoles en
el suelo. Debían ser las nueve y media, cuando el vicario Goerlich recobró el
conocimiento: tenía atados los pies y las manos, y le habían puesto una toalla de
mordaza. Logró quitársela con las manos atadas y soltar las ligaduras de los pies, a
tientas salió de la cocina y de la casa y llegó vacilante, exhausto a la casa de las
Hermanas, que le desataron las manos. Después cayó al suelo agotado. A la
mañana siguiente se vio que la Señorita Gulde había muerto a su lado en la cocina,
víctima del asalto brutal; él, por milagro, se había salvado. A partir de este día vivió
en casa de las Hermanas, donde sufrió varios ataques de los soldados rusos que
una vez violaron en su presencia a una Hermana y a él despojaron de sus vestidos
y otro día le pegaron bárbaramente. A causa de estos brutales malos tratos se
empeoraba cada día más su ya delicada salud pues al pisotearle le habían roto
algunas costillas y lesionado gravemente los pulmones. Debilitado y exhausto por
completo se fue al hospital que dirigían las Franciscanas en la Fürstenstrasse (Calle
de Príncipe) y el médico localizó graves lesiones internas y puso en duda desde el
primer día su completo restablecimiento. Tal vez hubiese sido posible salvarle con
una cura especial en un sanatorio, pero era imposible y tuvo que contentarse con el
tratamiento del hospital que era insuficiente para salvarle. A pesar de que éste era
extraordinario y de los cuidados que se le prodigaban, decaía visiblemente y le
sobrevino una tisis grave. Su aspecto era el de una sombra. En la noche del jueves
al viernes, 8 de Marzo de 1946, murió a causa de los crueles e inhumanos
sufrimientos que había tenido que soportar.
La parroquia de San Miguel, a pesar de ser pobre, ofreció tantos sacrificios que fue
posible pagar su estancia en el hospital. Murió mártir: víctima del bolchevismo
criminal y cruel.
El lunes, 11 de Marzo, le sepultaron solemnemente en el camposanto de San
Lorenzo, y millares de feligreses le acompañaron en su último camino. El consejero
eclesiástico Direske rezó la misa solemne por el difunto en la capilla del hospital y el
Obispo auxiliar le enterró. Fue venerado por aquellos que le conocían como un
santo y en muchas ocasiones han obtenido por su intercesión numerosos favores."
Lo que el pueblo pensaba de su vicario Goerlich, lo expresó el ya difunto cura Dr.
Metzger, famoso predicador y conocido por su cura de almas moderna en las
grandes ciudades, en las siguientes palabras:
"Siempre se forma el pueblo una opinión muy clara de sus sacerdotes y así ocurrió
en el caso del vicario Goerlich. Su rostro, su aspecto, su humildad no pueden
olvidarse. Gentes que vivieron con él en los refugios aéreos, donde estaba
cumpliendo su misión sacerdotal y que hoy viven ya en su patria, hablan aún de él,
y no se dan cuenta, por qué no le pueden olvidar. Al recordarle hallan siempre
nuevos matices. Había ganado sus corazones, sobre todo los de personas mayores
y cultas, y llegamos a pensar: tenía que haber hallado un camino especial para
llegar a las almas sencillas del pueblo que amaba sincera y respetuosamente a
29
Franz Goerlich. Pertenecía a esa clase de sacerdotes jóvenes, cuyo sólo aspecto
llena de lágrimas los ojos del pueblo, porque no viven para sí mismos, sino para los
demás. Y si escuchamos más de cerca, la opinión pública podemos oír: El difunto
pertenecía a esos, cuyo ser fue expresión de sus palabras. El pueblo cree que él es
lo que exige la fe católica. Predicaba más con sus obras que con sus palabras.
Realizaba la exigencia de San Pablo: "Ahora lo que se requiere en los
dispensadores es que cada cual sea hallado fiel." (1 Cor. 4. 2) Esta fidelidad nacida
de la fe viva, parece el misterio de su sacerdocio: Dilectus Deo et hominibus." (Sap.
15, 1)
Greiner Georg
Cura de Schurgast
n. 13-VIII-1905
o. 13-VII-1930
m. ¿?-III-1945
Asesinado
Testifican que el cura Greiner llegó corriendo muy excitado a la casa de un
comerciante de su parroquia para que le diese un reloj, pues los rusos le pedían
uno y él no lo tenía. Le hallaron muerto el sábado después de la Resurrección, en el
sótano de la casa parroquial. Hacía varias semanas que le habían asesinado.
Görlich, Leo, Cura de Tempelfeld.
“El cura Görlich persuadía a sus feligreses para que se quedaran, cuando el partido
nacionalsocialista dio la orden de huir, y sólo una parte de éstos se quedaron con
él. El 4 de Febrero llegaron los rusos envolviéndolo todo en crueldad y violencia. Al
cura Görlich rodeado de mujeres y de muchachas asustadas, llevaban de un lado a
otro, ora los encerraban en la iglesia, ora en los sótanos o en las fincas de campo
abandonadas, siempre expuestos a las fuerzas de los rusos que abusaban de
todos, especialmente de las muchachas y a veces en presencia de los demás,
aunque el cura impedía estos crueles malos tratos, aunque casi siempre
inútilmente.
El 6 de Febrero los vecinos de Tempelfeld tuvieron que trasladarse a Laugwitz, un
lugar vecino, y allí el cura tuvo que proteger contra la violación a las alojadas con
él en una casa de campo."
Görlich Leo
Cura de Tempelfeld,
30
dist. Ohlau
n. 15 - II -1903
o. 30 - I -1927
m. 11 - II -1945
Fusilado
Su cuñada que lo había vivido todo atestigua:
“Las dos noches, la primera y la última que pasamos en la casa reinó una agitación
tremenda. Los rusos invadían las habitaciones, en la mano la linterna, pasaban por
encima de nosotros para buscar sus víctimas entre las mujeres más jóvenes y las
muchachas. Había escenas terribles, porque mi cuñado, en caso de demasiada
condescencia y miedo en las muchachas, se oponía enérgicamente y les gritaba:
"¡Dejaos fusilar primero! ¡No tengáis miedo! ¡Es mejor para vosotras morir que
pasar por eso!" Después de la primera tuvimos cuatro noches tranquilas. Un jefe
militar ruso que se había alojado en un cuarto al lado nuestro, nos protegía cuando
llamábamos a la puerta. Vivimos allí episodios interesantes con simples soldados
rusos que se arrodillaban ante los dos sacerdotes (los curas Görlich y M. del pueblo
vecino) besaban la estola, invocaban a Dios y a todos los Santos y se convertían
llorando a la fe de su juventud, hablando en su lengua natal. Luego bailaban
extasiados y caían al suelo medio desvanecidos. Había también discusiones muy
serias y profundas con oficiales rusos que eran judíos intelectuales, sobre Hitler y la
culpa colectiva que el pueblo alemán tiene que pagar aún.
El 11 de Febrero se llevaron a mi cuñado y al cura M. a Klosdorf para un largo
interrogatorio ante la GPU. Pasaban las horas sin que regresaran y sufrimos
terriblemente por nuestros dos pastores que tanto nos habían amparado. Al caer la
tarde llegaron ambos de Klosdorf medio muertos de hambre y frío ...
La calma en que habíamos vivido se rompió a las diez de la noche, cuando
golpearon de nuevo nuestra puerta. Un jefe ruso, vestido de uniforme blanco,
probablemente llevaba un chaleco forrado de piel, blanco como el pantalón: los
uniformes rusos son de una gran variedad - entró corriendo. Era un hombre
hermoso, de ojos ardientes y negros, cabellos del mismo color y en sus manos
nerviosas e inquietas llevaba un látigo. Le recuerdo excitado salvaje, extasiado:
todo en él era sumamente original y extraño. Se lanzó sobre nosotros, examinó a
las muchachas y se detuvo cerca de la estufa, delante de mi cuñado y le registró.
"Me han registrado ya tantas veces...; si usted quiere, por favor," dijo
tranquilamente mi cuñado. Después le llevó consigo. Más tarde oímos un tiro, al
que no dimos importancia, porque los rusos estaban tiroteando todo el día ...
El militar vestido de blanco volvió al poco rato, venía furioso y echando
espumas por la boca, - a partir de este día le considero como al Lucifer encarnado buscó a tres muchachas y se fue con ellas a Tempelfeld, donde celebró orgías
sádicas de una crueldad indescriptible. En la madrugada del día siguiente volvieron
solas las tres muchachas a través de los campos. Al romper el alba, asomada a la
ventana varias veces, nos preocupábamos de mi cuñado y de mi tío Bernhard, y a
través de ésta vi extrañada que una persona estaba tendida ante la puerta de
31
entrada. Creíamos que era un guardia que dormía allí, aunque era raro que no
hubiese buscado para descansar un lugar más cómodo y abrigado que le
resguardase de la humedad y del barro. Por fin se acercó mi tío Bernhard
anunciando que tenía que decirme lo peor, y después de vacilar me dijo: "Su
cuñado ha muerto: está tendido en el patio. En efecto, estaba cerca de la puerta, de
bruces, con la cabeza reclinada sobre una piedra del pozo, las manos en los
bolsillos y reteniendo aún en la izquierda el rosario. Todos nos reunimos a su
alrededor profundamente desolados. Fuimos luego a la iglesia, el único sitio
pacífico del pueblo desolado y destruido, y de un depósito de artículos de
carpintería que pertenecía al cura Görlich, sacamos un ataúd, cosa que los rusos
no habían tocado por carecer de interés para ellos. Vestimos a mi cuñado ya muy
rígido con una casulla de color violeta -las demás estaban completamente
destrozadas - y le pusimos en el ataúd.
Pudimos enterrarle, porque el sepulturero estaba entre nosotros, en un sepulcro
bien hecho, delante de la maravillosa cruz del monumento para los caídos del
pueblo que mi cuñado había hecho construir con cariño y esmero.
A la mañana siguiente se rezó el réquiem en la capilla lateral ... "
Grelich, Robert, Decano honorario, Cura jubilado de Kupp, distr. Oppeln. n.
21-X-1884, o. 17-VI-1909, m. 9-II-1945. Matado.
Una testigo comunica:
"El decano honorario Grelich, que desde hacía un año vivía en casa del sr. X.,
hablaba bien el polaco y un poco el ruso e intentaba dar a entender a sus
"huéspedes" rusos que se fuesen, pues en la casa vivían refugiados unos 60
feligreses. Cada día aumentaba más el número de éstos, especialmente de
muchachas y mujeres jóvenes, expuestas a mayores peligros, que llegaban del
pueblo y de los alrededores. Los primeros días sólo podíamos estar sentados, y así
dormíamos apiñados en el sótano, sin camas, hasta que buenas gentes nos
prestaron algunas cosas de primera necesidad. Siempre estábamos bajo el peligro
de los ataques aéreos y oíamos caer las bombas cerca de nosotros. Por otra parte,
la humedad del sótano nos obligaba a irnos hacia las habitaciones del piso alto.
Vivíamos con varias mujeres y muchachas en un cuartito y dormíamos en el suelo
con el temor de ver entrar a los rusos para escoger a sus víctimas. Las más jóvenes
se escondían entre nosotras, cubiertas con mantones como si fueran mujeres
viejas. A unas monjas que no se habían quitado el hábito y sólo habían añadido una
faja de paño para disimularlo, las identificaron como "monaschki"... El decano
honorario Grelich no rezaba la misa para poder hablar con los rusos e impedir que
nos molestasen. Nos preparaba a morir y nos dio cada día antes de la Comunión la
absolución general. La muerte enseña a rezar, y ¡cómo rezábamos todos, católicos
o protestantes ... ! Dos familias decidieron convertirse a la religión católica.
Durante la noche teníamos un sistema de guardias y, cuando se acercaba algún
grupo de rusos, despertábamos al decano y a todos los durmientes. Luego, en
polaco y en alemán, rezábamos el Santo Rosario hasta tres o más veces. Los
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soldados recorrían con la luz de una linterna nuestros rostros, nos quitaban las
sábanas y se llevaban por fuerza a las jóvenes a sus cuarteles. Un grupo se iba y
otro venía y todos nos amenazaban con quemar la casa y fusilarnos. El decano
Gerlich hacía cosas inauditas para protegernos. El 9 de Febrero llegaron seis rusos
a nuestra casa acompañados de un jefe militar para pernoctar, y después de comer
y beber en abundancia, pidieron por fin a sus víctimas. Se fijaron particularmente en
la sobrina del decano. Este les rogó que se fuesen a dormir en paz. Ellos simularon
hacerlo, pero más tarde se oyó un gran jaleo en los cuartos vecinos y algunos
disparos en el vestíbulo. El decano se fue corriendo al cuarto de su sobrina.
También invadieron nuestra habitación, se sentaron jugando con sus fusiles y
volvieron a hablar de las crueldades hechas en Rusia por los alemanes. Nosotras
estábamos juntas, rezando de rodillas, tranquilamente en voz baja hasta que nos
mandaron a callar. Por fin se fueron y el decano bajó las escaleras tras ellos sin
suponer lo que iba a ocurrir. De repente se oyeron unos tiros y los gemidos del
decano. Después nada; un silencio mortal. Todos adivinábamos lo que había
ocurrido, pero nadie podía salir del cuarto. Oímos después arrastrar algo pesado
por las escaleras, echar agua y limpiar - . Entretanto hacían ruido con el motor de
un coche que habían estacionado delante de la puerta, a fin de que no se oyeran
los del interior. Después de un rato de profundo silencio volvieron por sus víctimas.
Durante la madrugada el señor X. se fue a buscar al decano y encontró su cadáver
en un rincón del huerto, cubierto con leña menuda y tapado el rostro con un
pañuelo. Entonces el cura rezó el réquiem por su alma. A las cinco de la tarde le
sepultamos en el huerto mismo, pero nadie tenía fuerzas para cantar ni orar en voz
alta. Los rusos llegaban a menudo al sepulcro, llevando un poco de arena en un
pañuelo, porque decían que matar a un sacerdote era muy mal para ellos ...
Kupp está destruido en un 70%; muchas de las casas han sido quemadas. En la
primera noche asesinaron a cincuenta personas. En el Asilo de Ancianos mataron a
ocho y quemaron a veintidós. En la fosa común están enterradas más de cien
personas..."
Guzy Johannes
Consejero eclesiástico
Cura de Freystadt (Sil. baja)
n. 24-V-1873
o. 11-VI-1898
m. 21-II-1945
Fusilado
Sobre los últimos días antes de su muerte se comunica:
33
“... Después de hallar a mi mujer que se había refugiado en casa de unos
conocidos, me atreví a ir a la casa del cura para informarme sobre el estado del
consejero eclesiástico Guzy, que se encontraba enfermo.
¡Pero qué aspecto tenía su casa! Las puertas estaban desquiciadas, las escaleras
llenas de lodo y la habitación destruida. Las calles, a pesar de que era la hora de
mediodía, estaban sin vida. Como nadie podía atreverse a seguir adelante, tuve
que esperar para informare de lo ocurrido. Unos días después reunieron a todos los
hombres para registrarlos y así pude saber que el consejero eclesiástico se había
refugiado con su sobrina en casa de un propietario protestante en la Herrenstrasse
(Calle de Caballeros) y que estaba gravemente lesionado por tiro que le dispararon
el 16 de Febrero, cuando estaba en el Asilo de Inválidos. Murió el 21 de Febrero. La
participación de los fieles en el acto fúnebre fue escasa por temor a las crueldades
cometidas por los rusos; ni siquiera las monjas pudieron ponerse los hábitos. Yo fui
quien llevó la cruz a la cabeza de la comitiva funeral..."
Una mujer atestigua:
“... Por la mañana, del 16 de Febrero de 1945 llegaron dos oficiales rusos al Asilo
que dirigían las Monjas Grises de Freystadt y molestaron mucho a las Hermanas. El
decano Guzy llegó al mediodía de la ciudad, donde había alquilado una habitación,
y entró en el refectorio donde estaban la priora y los dos rusos. Uno de éstos
preguntó al decano, si era católico romano y le pidió los papeles de identificación.
Como el decano no podía entregárseles, uno de ellos disparó sobre él. La bala
penetró por la mandíbula superior, pero no murió instantáneamente. En una silla de
ruedas le llevaron a su habitación, donde murió después de recibir la
Extremaunción."
Haase Allons
Cura de Oppeln
n. 6 - VI -1878
o. 23 - VI -1902
m. 1 - IX -1945 en la prisión de Landeshut, a causa de los golpes recibidos por
la milicia polaca.
Un hombre que pasó con él los días del martirio atestigua:
"... El escucha que teníamos dentro de la celda de nuestra prisión, dijo al mirar por
el agujero de observación: "Traen una nueva víctima. Parece un sacerdote o pastor
protestante." Habían echado intencionadamente en el huerto del cura de Oppeln un
cargador lleno de cartuchos para tener un pretexto con que poder arrestarle. Los
viejos y los jóvenes entonces buscaban en sus huertos y jardines, durante la
madrugada, con el temor de que los polacos hubiesen dejado allí "olvidados” armas
o artículos semejantes. El cura, en el sermón del domingo anterior, había
desaprobado este brutal procedimiento polaco y tal vez fue esto la causa de su
detención. La respuesta polaca a tales observaciones desagradables para ellos fue,
naturalmente: la muerte. Respuesta que no podía extrañar en aquel delirio de
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ambición y brutalidad: Vi a soldados de la milicia polaca, de 13 y 14 años, que
empujaban mujeres y ancianos alemanes, maltratándolos con bofetadas y
puñetazos, de tal modo que sólo difícilmente podía uno detenerse. Patrullas rusas
invadían las casas las casas robando, saqueando y violando...
Yo mismo me encontré con el cura Haase al ir por agua al lavabo. Sospeché cosas
horribles al ver su rostro desfigurado y sus gestos tímidos y abatidos . "Soy el
profesor de la escuela de Buckelt, señor ¿No me conoce?” dije. Pero no contestó a
mis palabras. "No hablar” fue la orden que nos dieron. Después de mirarnos con
timidez y de estrechar rápidamente las manos, el cura se tambaleó hacia la puerta,
ya que sin hablar y siempre corriendo teníamos que volver a nuestras celdas, pues
temíamos a los culatazos y golpes en las manos.
Hacia las 6 de la tarde del 15 de Agosto dejaron medio muerto al cura después de
una paliza. Por el agujero de observación de nuestra puerta podía verse el pasillo,
en toda su longitud, hasta la escalera. Exclamaciones débiles, un jaleo de insultos y
estrépito de pasos fueron el motivo de que me lanzara a observar lo que ocurría,
pues era a mí a quien tocaba aquel día la vigilancia. Ordenaron al cura que bajase,
y subiese corriendo las escaleras en dos o tres minutos. El cura anciano no podía
correr por la escalera de la manera usual. Con culatazos y patadas le echaron al
rincón y luego, estos dos milicianos se divirtieron en pegarle y le empujaron y
tiraron cuatro o cinco veces en la mitad del pasillo. Cada vez que se levantaba, le
ponían la zancadilla haciéndole caer hacia atrás. Cuando caía, le forzaban a
levantarse cuanto antes, maldiciendo a carajadas y pisoteándole. Diez o quince
veces le hicieron caer así. Poco a poco el anciano se iba quedando inmóvil y sin
fuerzas. Tenía la impresión de que su corazón era tan débil que no le permitía
moverse con más rapidez.
Se tambaleaba, pero después de unos minutos pudo aún subir las escaleras hasta
el piso superior. Se cerraron las puertas y oí después pasos que bajaban.
Al día siguiente me desolé con la noticia de su muerte, sobre todo después de
haber visto las escenas del día anterior. Debió sufrir un ataque de apoplejía antes o
después de entrar en la celda y esto probablemente le causó la muerte. De todas
formas tuvieron la generosidad de permitir que le trasladasen a su pueblo, en el que
sus feligreses le enterraron solemnemente. Me siento obligado a atenerme a la
verdad de los hechos. La miseria, los horrores y el espanto de la "Prisión del Estado
Polaco" de Landeshut no se pueden describir con palabras."
Habernoll Max, Cura jubilado de Altwarthau.
n- .9-II –1878, o. 23 -VI -1905, m. 2-III-1945. Asesinado
El sacerdote Max Habernoll, que ya estaba jubilado, vivía en Naumburg sobre el
Queis, donde también se había refugiado el decano Otto Rust de Lüben y adonde
por fuerza habían llevado al Padre Norberf Sobel, O.S.B. (del convento de Ettal,
Baviera). Los tres sacerdotes se quedaron pues en Naumburg durante los días del
combate, hasta que esta ciudad fue conquistada por los rusos el 18 de Febrero de
1945. En la noche del dos al tres de Marzo, los vencedores encerraron en la
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llamada Käuferhaus (casa que pertenece al sr. Käufer, dentista) a los alemanes que
habían quedado en Naumburg, y de un tiro en la nuca mataron a unas sesenta
personas, entre ellos a los curas Habernoll y Rust, al Padre Norbert O.S.B. y a
varias monjas.
Una testigo nos relata:
"... Hacia las siete de la tarde ocuparon los rusos la ciudad y nos sorprendieron en
un refugio aéreo. La madre priora de H. y la hermana B. fueron las primeras a las
que maltrataron. Relojes, los anillos sagrados, y medallas fueron robadas desde el
primer momento. Maltrataron a nuestros sacerdotes, en las casas abrían los baúles
y los destrozaban todo en busca de cosas de valor. A quien se les oponía, le
mataban. Dos de ellos llegaron pidiendo aguardiente ...
Nosotras, las siete Hermanas, escapamos al patio por una abertura del vallado del
jardín que pertenecía al sr. Kindler. El cura Habernoll nos llamó y acogió. Nosotras
aceptamos agradecidas.
Pasamos una noche terrible durante la que estuvimos en un cuarto oscuro sentadas
unas contra otras, rezando. Hacia las ocho de la tarde aquellos salvajes armaron un
jaleo enorme al subir las escaleras, entraron gritando en nuestra habitación y nos
escudriñaron a la luz de una linterna preguntándonos: "¿Cuántos años tienes?". Y
así pasó la noche. Durante todo el día otros rusos iban y venían, se sentaban,
fumaban y nos examinaban. Teníamos miedo a la noche. Estábamos sentadas en
cuclillas en el suelo, porque no habíamos dormido durante las últimas ocho noches
y los diablos estaban sueltos.
Del piso de abajo llegaron mujeres perseguidas que querían refugiarse con
nosotras y en pos de ellas rusos salvajes que nos empujaban. Nuestro hábito los
detenía un poco: "monaschki" decían a veces desilusionados, a veces furiosos.
Aquél fue un día, en el que sucedieron las malos tratos.
El jueves, 22 de Febrero, nos pareció vivir en el infierno, pues así se comportaron
los rusos con nosotras. A las ocho de la tarde volvieron y prendieron a Sor Rosalía.
Esta se opuso valientemente hasta que sujeta por tres lados se la llevaron a la
fuerza. Hacia las ocho de la noche volvió sangrienta y descompuesta. Su pulso era
tan débil que hubo un momento en que creímos que había muerto. El decano Rust
le dio la absolución general. El ruso que se había llevado a Sor Rosalía volvió y dijo
burlándose y tocando la harmónica: "Hijita kaputt (rota)."
El 23 de Febrero fue para nosotras de continuas molestias. Al anochecer apareció
de nuevo el terrible comisario, pistola en mano y nos dijo que tuviésemos que
marchar al instante a la "Kommandantura". Tomamos rápidamente nuestros
abrigos. El comisario quiso que Sor Rosalía se quedase, pero ella se esforzó
cuanto pudo, dejándose guiar por Sor Ch. Al pasar por la Bahnhofstrasse (calle de
la Estación), sonó un tiro cerca de la fábrica de cerámica. Poco después otro.
Gritando nos impelían a andar más de prisa. Al oscurecer entró Sor Ch. diciendo
que el comisario había matado a Sor Rosalía, la cual al primer tiro cayó
pronunciando las palabras: “Jesús, María...”
Al segundo tiro murió.
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Viernes, 2. de Marzo de 1945 ... Hasta la una y media pudimos descansar, después
oímos de repente los pasos puedos y temidos de los rusos. La puerta se abrió con
estrépito y de nuevo entró el comisario teniendo la porra en la mano ordenando que
nos levantásemos del catre. Era una noche muy oscura y los golpes de la porra no
nos permitieron calzarnos ni tomar el abrigo. Así nos echaron a la noche
intensamente fría. En la calle tuvimos que ponernos en filas de tres en tres; el
decano Rust nos conducía. "Eres sargento. Un, dos, tres cua..." ¡Como no íbamos
tan rápidamente como querían le daban a menudo con la porra! Tuvimos que
marchar sobre guijarros y vidrios rotos al Käuferhaus (casa del sr. Käufer, dentista)
y nos empujaron a la habitación de consulta, donde tuvimos que quedarnos, sin
haber casi sitio con los que ya estaban allí reunidos. Sólo de vez en cuando
encendía el guardia la lamparilla eléctrica y era siempre que traían nuevas víctimas.
Estaban con nosotros gran cantidad de vecinos de Naumburg. El decano Rust y el
cura Habernoll estaban en el centro del cuarto, que poco a poco se llenaba
terriblemente. Por esta causa el guardia nos ordenó que, por estar más cerca de la
puerta, nos fuésemos al cuarto de al lado. De repente oímos un jaleo terrible;
subían las escaleras hasta el piso de arriba entre tiros y voces. Entre los tiros
oíamos caer los cuerpos al suelo en medio de fuertes gemidos. Creíamos que
aquello era nuestra sentencia de muerte y nos preparamos para ir a Dios rezando
juntas en voz alta. Por fin abrieron bruscamente la puerta de nuestro cuarto y el
guardia armado nos dijo: “Venid”. Nosotras las cuatro monjas avanzamos pidiendo
que nos dejasen estar juntas. Nos empujó al sótano. El pasillo estaba cubierto de
cadáveres de hombres ensangrentados que habían sido asesinados de un tiro en la
nuca o en la sien. Tuvimos que pasar sobre ellos hasta llegar al sitio que nos había
designado...”.
Hemmer Martin
Monseñor Decano. Comisario episcopal cura de Schrmottseiffen
n. 6 -II-1863
o. 19 - VIII -1888
m. 28 - VII -1947
Trágicos fueron los dos últimos años de su vida, de los que él mismo cuenta: “...
Desde el 22 de Marzo hasta el 3 de Junio estuve evacuado por orden del ejército
alemán, que me había alojado en el Asilo de Ancianos de Bad Flinsberg ... Por
orden de los enemigos, el sábado, 23 de Junio de 1945, me arrojaron de casa del
párroco en medio de la noche. Después me trajo el coadjutor un decreto del mayor
polaco con la orden de que no ocuparan y dejasen en paz la casa del párroco y de
las Hermanas ... Pero, sin embargo, a partir de este día tuve que vivir escenas
terribles. Diariamente nuevos soldados alojados que practicaban saqueos y
crueldades. Fue una dura temporada de pruebas y miserias crecientes ... Pienso
mucho en la muerte que me librará de los sufrimientos y horrores de estos tiempos.
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Así sepultan pobre y cruelmente mi trabajo durante cuarenta años en esta
parroquia. ¡Fiat Voluntas Tua!"
Despojado, vivió como testigo de escenas terribles en la incertidumbre de su propia
suerte. Unas veces le decían que se fuese, otras que se quedase con los demás. A
primeros de Junio de 1947 le llevaron con otros vecinos de su pueblo de un
campamento a otro, donde a pesar de sus 84 años, tuvo que soportar el capricho
de los soldados. "Probé en estas semanas mucho dolor, pero también mucho
amor.” Después de un viaje de cinco semanas llegó exhausto y sin fuerza, como un
pobre mendigo al Palatinado, su propia patria, donde - según él escribía - quería
darle su hermana el pan de caridad. “Cuando volvamos a Silesia, seré uno de los
primeros en ir." Pero después de dos o tres semanas, una embolia le liberó de sus
fatigas y sufrimientos.
Reidrich Otto
Decano, Cura de Kaundorf.
dist. Neisse
n. 21 - IV -1873
o.- 21 - VI -1897
m. Al huir en Böhmischdorf (Sudetes Orientales)
Rezó la misa la mañana, del día de su muerte. El vicario general del Arzobispado
de Breslau, el prelado Dr. Negwer que al huir se detuvo en Freiwaldau, le sepultó.
Hertel Georg
Profesor de Religión de segunda enseñanza de Oppeln
n. 23 - X -1901
o. 30 -I -1927
m. 3 -II -1945
Fusilado
"Al evacuar la ciudad de Oppeln, siete monjas quisieron quedarse en el hospital y él
se decidió a no abandonarlas. Al entrar los rusos en Oppeln practicaron registros en
su casa, pero respetaron a los habitantes. Un día sin embargo dijo: "Tengo el
presentimiento de que no voy a vivir más tiempo ..." Propuso que se consumieron
todas las Hostias consagradas para no dejar tras sí al Santísimo, si algo ocurría.
Después dio a las Hermanas y al huésped la Santa Comunión hasta la última
Hostia. Apenas hubo terminado, cuando los rusos entraron en la casa. Uno de
éstos dijo a un serbio o ucraniano, que se encontraba entre nosotros, si vivían aquí
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alemanes. Al mismo tiempo se acercó al sacerdote Hertel y le dio un tiro en la sien.
El sacerdote cayó al suelo y murió sin haber abierto la boca."
Kalis Georg, cura de Berthelsdorf.
n. 8-VII-1909, o. 28-I-1934, m. 25-II-1945. Fusilado.
"El cura Kalis, al aproximarse el peligro ruso, se trasladó con su madre al Asilo de
Caridad de Berthelsdorf, que estaba lleno de refugiados y de ancianos,
anteriormente hospedados en el Asilo de Ancianos de allí. El 17 de Febrero de
1945, los enemigos ocuparon la ciudad. La gente se refugió en los sótanos y el
director espiritual de la casa, el sacerdote Glasneck dio la absolución general.
Después comenzaron los días horribles de la ocupación; diariamente maltrataban a
las mujeres e insultaban al cura Kalis. Un ruso dijo en buen alemán: “Conozco a mi
gente y los llevo a todos." Un día el cura estaba clavando un cartón en la ventana,
cuando le llamó este mismo ruso que tenía un aspecto salvaje, para que se
acercase a él. Después se oyó un tiro y hallaron al cura Kalis moribundo en el
vestíbulo. El sacerdote Glasneck, consejero eclesiástico, le dio la absolución y la
Extremaunción y el moribundo cerró para siempre los ojos.
Al sacerdote G1asneck le abofetearon. Siempre trataba de proteger a las
muchachas sin mostrar odio ni amargura. En una de estas ocasiones un ruso le
puso la pistola en el pecho, pero él extendió los brazos y dijo: "Pues bien, dispare,
pero deje en paz a las mujeres, porque yo no puedo consentir esto." Después de
esta escena un ruso vino y arrastró a una mujer. Los ruegos del sacerdote fueron
vanos en esta ocasión, pero de repente sacó una cruz de su sotana y se acerco al
ruso con ella con la mano extendida. La gente creyó aterrada que le fusilaban, pero
ocurrió algo increíble. El ruso asustado se fue corriendo.
Después de estos días y noches terribles, las tropas alemanas liberaron
Berthelsdorf, el 27 de Febrero. El cadáver del cura Kalis fue trasladado a Ottendorf,
cerca de Naumburg, sobre el Queis, donde le enterraron. El sacerdote Glasneck
partió con las Hermanas al Asilo de Caridad de Oberzell, cerca de Passau, Baviera,
y allí murió el 10 de Agosto a causa de los sufrimientos pasados.”
Kuschka Paul
Coadjutor de Birkenau
n. 26 - VI – 1911
o. 5 -IV -1936
m. 1945
Los rusos le fusilaron y le quemaron como al cura Winkler, consejero eclesiástico, y
al vicario Dropalla de Birkenau.
Jakubietz Georg
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Cura de Soldin-Neumark
n. 25 - V -1905
o. 29-I-1933
m. 27 - XII -1947
Cuando la invasión de los rusos fue llevado a la fuerza a Rusia devuelto a Alemania
gravemente enfermo en el otoño de 1947. A pesar del tratamiento esmerado que se
le prodigó, no pudieron restablecerle. El 27 de Diciembre de 1947, murió a
consecuencias de una tuberculosis ósea, en un hospital de Leipzig. Sus canas
hablaban en una lengua terrible y trágica: en el féretro no era un hombre de 43
años, sino un anciano de 70. En el camposanto del sur de Leipzig halló aquel
sacerdote devoto su paz eterna.
En una ocasión dijo a la Hermana que le atendía: "Muero de ganas. Quién sabe, si
en otra ocasión iría mejor preparado que ahora." El director espiritual del hospital,
las Hermanas y cuantos habían hablado con él, estaban edificados de la vida
interior de este sacerdote que había sido hasta la muerte, según su voluntad y el
Orden de Melquisedech sacerdote para siempre.
Klehr Leopold
Cura de Striegau
31 - I -1900
o. 15 - II -1925
m. a comienzos de Junio de 1945. Fusilado. -No hallaron su cadáver hasta el
mes de Octubre de 1945, en el Kreuzberg, cerca de Striegau, cubierto con leña
menuda.
He aquí lo que cuenta un comunicado:
“... Ya habían saqueado los rusos varias veces la casa y el sótano del cura Klehr,
durante el mes de Mayo. Al mismo tiempo maltrataban a las personas que estaban
presentes, es decir, los padres y la hermana de su madre, (de una edad de más de
50 años varias veces violada). En el mes de Junio volvieron por allí nuevas hordas
que esta vez no eran sólo soldados, y pidieron vino de misa. Como el hijo había
ordenado, el padre les dio algunos botellas, que les parecieron, empero, pocas. Tal
vez por esto los rusos golpearon con algo duro la cabeza del anciano, que cayó
ensangrentado al suelo. El hijo quiso acudir en su ayuda, pero le pegaron también;
después le ataron a un árbol que había en medio de la plaza delante de la iglesia.
Un ruso le vigilaba y los otros se marcharon para volver al poco rato. Entonces se
llevaron a nuestro cura al Kreuzberg (Monte de la Cruz) donde primero le pegaron y
le fusilaron instantáneamente. Fueron vanos los ruegos dirigidos a la
"Kommandatura" por los coadjutores preguntando dónde se había quedado nuestro
cura. Después pasados cuatro meses, mujeres alemanas le hallaron, cuando
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recogían leña. El cadáver estaba escondido bajo hojas y arbustos. Poco después
de llevarse al cura, confirmaron algunos alemanes haber oído gritos y tiros, pero
nadie se atrevió a salir a la carretera, ni mucho menos al bosque, durante los
primeros meses, pues en la mayoría de los casos muchos de ellos habían
desaparecido ..."
Kutz Emil
Cura, Act. Circ. de Marklinden
n. 21 - XII -1893
o. 20 - VI -1920
m. primavera de 1945 Fusilado
Kube Reinrich, Cura de Klein-Helmsdorf, distr. Jauer.
n. 17-V-1882, o. 23-VI-1906, m. 3-VII-1946
Murió a causa de los sufrimientos pasados, cuando lo llevaron a un campamento en
cuarentena.
Laake Otto, Dr. Theol., Consejero eclesiástico de Neuwalde.
n. 5-IX-1869, o. 11-VI-1894, m. 23-III-1945.
Refirieron de la muerte del cura Laake de Neuwalde, que se encontraba en el
Convento de Hermanas donde también vivía, y que había había intentado
protegerlas contra la violación. Los rusos le llevaron fuera de la casa y se le halló
fusilado a poca distancia de ésta. Ocurrió esto hacia el 23 de Marzo pues este día
fue ocupada por los rusos la ciudad de Neuwalde.
Kowallek Johannes
Decano, cura de Hoyerswerda
n. 7 - XII -1885
22 - VI -1912
m. 1945 Fusilado por los rusos
Lange, Karl, cura de Gross-Strehlitz.
Fue asesinado, porque protegía a mujeres y muchachas. El 24 de Enero le llevaron
los rusos y por la mañana, del siguiente día se le halló en la sacristía de la iglesia:
en la cabeza tenía huellas de culatazos y el vestido estaba deshecho cerca del
cuello. Le habían acuchillado.
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Su hermano refiere:
“... Me dijeron lo siguiente: Cuando los rusos se acercaban a Gross-Strehlitz, las
muchachas se refugiaron en la cripta de la iglesia parroquial, y mi hermano logró
protegerlas contra los rusos que llegaban hasta allí.
Pero en una ocasión uno de los rusos quiso llevarse a una muchacha en la flor de
su vida y ésta se agarró a mi hermano rogándole que no la desamparase. Este a
viva fuerza, logró liberar a la joven de las fuerzas del ruso. (Dicha joven fue hallada
después en el campo, gravemente mutilada, donde perdió la vida probablemente
como mártir, defendiendo en lucha vehemente su virginidad). Los rusos,
naturalmente estaban muy enojados contra mi hermano y le dijeron al irse: “¡Tú
kaputt! (Muerto)".
En una de las noches siguientes entraron los rusos en casa de mi hermano ¿cuántos fueron? No sé- y obligaron a todos habitantes a que se reunieran en un
cuarto. Antes pidieron todos los relojes. Como algunos habitantes estaban muy
asustados, mi hermano los tranquilizó diciéndoles: “¡No tengáis miedo!" Esto
tampoco gustó a los rusos, que no se contentaban con los relojes y pedían más
cosas de valor. Pero cuando no hubo más, dijeron a mi hermano y al coadjutor: "Tú,
irte con nosotros." Los dos se fueron con los rusos. El coadjutor se acordó entonces
de que aun teníamos un despertador y dijo a los rusos que quería ir a buscarlo.
Estos le dejaron, ir, y mi hermano le pidió que le trajese la chaqueta forrada, pues
estábamos en el mes de Enero. Entretanto los rusos se fueron con mi hermano.
Algunos dijeron que habían oído tiros. Suponíamos que le habían llevado a la
cripta, pero no lo era así. A la mañana siguiente le hallaron muerto en la iglesia, con
una expresión dolorosa en el rostro. Como fecha de su muerte me indicaron la
noche del 24 al 25 de Enero. Según la opinión del coadjutor, le habían acuchillado.
Sus feligreses, al enterarse de la muerte cruel de su pastor, se llenaron de tristeza.
Le pusieron, vestido de casulla roja, en una tumba en la iglesia, donde le dejaron
ala vista de todos durante ocho días. Lo hicieron intencionadamente, pues notaron
que los rusos, al entrar y ver al difunto con la casulla roja, se iban intimidados y
tranquilos. Y así fue durante ocho días, el protector de las muchachas que se
habían alojado en la cripta. Después le sepultaron sin ataúd, ya que en
Gross-Strehlitz, destruido casi por completo, era imposible encontrar uno.
El día antes de la invasión de los rusos él exhortó a los fieles a que no huyeran,
pues los rusos eran también seres humanos. Su sepulcro se halla en la sacristía de
la iglesia parroquial."
Según informaciones de un testigo, Gross-Strehlitz fue destruido por el fuego en un
90%. Los rusos fusilaron a muchos vecinos y los quemaron con las casas. Había
cadáveres por las calles, los de las mujeres estaban horriblemente mutilados. La
misma suerte corrieron un grupo de jóvenes de 16 a 17 años que habían estado en
el Servicio del Trabajo y acertaron a pasar por Gross-Strehlitz.
Loske Otto
Decano honorario,
Cura de Löwenberg (Sil)
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n. 2 - I -1884
o. 22 - VI -1907
m. 26 - V -1946 A causa de los sufrimientos pasados durante la ocupación
rusa.
"El difunto se quedó con gran parte de sus feligreses y con muchos protestantes,
que hacían causa común con él, en Löwenberg, cuando los rusos ocuparon la
ciudad el 16 de Febrero de 1945.
Estos, llevados por los rusos a la fuerza, tenían que trabajar en la etapa como
zapadores, encontrándose expuestos a todas las crueldades, particularmente las
mujeres, muchachas y monjas de la parroquia. La fidelidad de este pastor con su
rebaño, fue para los más pobres un consuelo en aquellos sufrimientos
indescriptibles. Cuando el decano Loske y sus feligreses pudieron volver a la ciudad
el 18 de Mayo de 1945, comenzaron otros sufrimientos no menores que los
pasados, causados por la Administración polaca. Sus continuos esfuerzos para
establecer relaciones aceptables con los sacerdotes polacos que habían llegado a
su parroquia fracasaban y él sufría mucho a causa de esta difícil situación. Su
entierro fue una manifestación poderosa de la fe católica en esta ciudad puramente
alemana."
Langner Heribert
Cura de Dross-Zielenzig, cerca de Frankfurt sobre el Oder
n. 11 - VII -1908
o. 29 -I-1933
m. ? -II -1948 en el campo de concentración de Buchenwald, cerca de Weimar
(Turingia)
Después de quedarse en su parroquia hasta los últimos días de confusión de
guerra, los rusos le llevaron por fuerza el 3 de Abril de 1945.
Ludwig, Karl, Cura de Strehlitz.
El cura Ludwig volvió a su parroquia inmediatamente después de la ocupación rusa.
Con dos hombres de su pueblo había salido con los últimos campesinos de
Strehlitz. Cuando llegaron al Oder vieron que habían volado el puente, los rusos los
detuvieron allí y los ordenaron que volvieran a su pueblo. Cuando el día 24 de
Enero llegaron a Strehlitz, fueron recibidos por los rusos. El cura y les otros dos
hombres se fueron a la finca de campo de uno de éstos, la cual desgraciadamente,
había sido ocupada por un comandante con su Estado Mayor. Cuando entraron allí,
se entabló una discusión muy vehemente, pues a los dos hombres y al cura se les
acusaba de espionaje. Por fin se los llevaron detrás del pajar y fusilaron a los tres.
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"... Muchos días permanecieron allí los cadáveres, porque ninguno de los pocos
alemanes se atrevía a salir de su casa y tuvieron que esperar a que fuesen,
entregados por los mismos rusos para ser enterrados. El cura Ludwig había llevado
consigo muchas Hostias que estaban desparramadas en la nieve. Las mujeres que
habían hallado los cadáveres, recogieron éstas cuidadosamente y las entregaron al
sacerdote que vivía más cerca.
Informaron de lo ocurrido al cura de Lorzendorf, preguntándole si querría venir a
sepultarlos, pero tampoco él se atrevió a salir, ya que las calles y caminos estaban
atestados de la soldadesca en marcha. El pueblo enterró a los tres. Al cura al lado
del muro del camposanto, cerca del coro de la iglesia. Una cruz de madera con una
inscripción indicaba el lugar. Después de algunas semanas llegaron militares rusos
para indagar el caso, pero se contentaron con ir al sepulcro y así acabó todo. En
Julio enviaron a Strehlitz a un coadjutor polaco de la diócesis de Wilna, que hacía
sólo dos años que se le había ordenado. Al introducirle, quitaron los polacos, sin
saberlo el coadjutor polaco, según él mismo decía, todas las losas y monumentos
en que hubiese inscripciones en alemán. Y así desapareció también la cruz de
madera que había sobre el sepulcro del cura Ludwig ... “
Metzger Konrad
Dr. Theol., Consejero eclesiástico Cura de Breslau-Ohlewiesen
n. 26 - IV -1883
o. 22 - VI -1907
m. 17 - X -1947 en el Hospital de la Sta. Hedwig en Berlín, casi ciego, después
de los sufrimientos de la ocupación rusa y polaca y a causa de una grave
caída.
El cura Dr. Metzger fue uno de los precursores de la moderna cura de almas en las
grandes ciudades, cuya fama llegó mucho más allá de su patria silesiana por medio
de sus conferencias y escritos. (De su libro titulado "El Matrimonio como sacrificio
de sí mismo" ha habido muchas ediciones.) Colaboró en establecer el Instituto para
Instrucción Religiosa en Viena y dirigió en la década de 1920 los primeros cursos
de cura de almas para mujeres en Breslau, a partir de los cuales quedó como su
director espiritual.
El cura Dr. Metzger, perteneció a los 35 sacerdotes que tuvieron que quedarse en
Breslau a comienzos de 1945 para atender a los que allí quedaron cuando la ciudad
fue declarada fortaleza. En la parroquia de Ohlewiesen que comprendía en tiempos
normales 2550 católicos, habían quedado unas cien almas. A los ruegos que no les
abandonase, respondía siempre con una sonrisa tranquilizadora: "Me quedaré
mientras haya almas en mi parroquia”. Sobre su actividad en la cura de almas y
sobre todo de sus últimos días nos informa un miembro del Apostolado Lego, el
cual se compone de mujeres que asisten al cura.
" Sus lecciones y enseñanzas nos mostraban otro mundo. Poseía una devoción
profunda formada en la Liturgia de Nuestra Iglesia y sabía comunicárnosla con una
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religiosidad moderna y universal. Sus pensamientos sobre la cura de almas fueron
precursores, iniciadores y se dilataban más allá de las fronteras de Silesia.
Maravillosamente sabía unir la Sagrada Escritura y el texto de la misa con las
exigencias de la vida cotidiana. El sacrificio del altar rezaba con gran emoción. Sus
palabras en las lecciones y enseñanzas, en sus conferencias y sermones eran el
fruto vivo de su conducta por él mismo probada y conquistada en las luchas.
Así vivió entre nosotros ... A menudo no apreciado en lo justo, ni reconocido en todo
su valor. Fue uno de los primeros sacerdotes que cayeron en manos de los rusos.
Le habían condenado de mozo de molino y le obligaron a trabajar en un lugar no
lejos de Breslau, cerca de Ohlau, donde vivía los terrores de la guerra y de la
actividad enemiga contra su ciudad natal, acordándose con espanto de todos
aquellos, sacerdotes y seglares, que se habían quedado allí y que con las últimas
fuerzas sacrificaban sus vidas. Tal vez sus oraciones salvaron muchas de aquellas
almas cargadas de sufrimientos. Dijo después, que al ver como las escuadras de
aviones atacaban Breslau, había orado tanto al Cielo por los que, estaban en la
ciudad, que no veía los costales del molino.
Después de haber sido puesto en libertad, no tardó en ir a Breslau para ver a los
supervivientes. Alegre y al mismo tiempo doloroso, fue este encuentro entre las
ruinas y escombros de su ciudad natal: A fines de Mayo comenzó de nuevo a
trabajar en su parroquia de antes. Allí le esperaba un nuevo y profundo dolor: la
vista de los bienes destruidos de las personas asesinadas, de las violaciones y
degradaciones de tantas mujeres, cayó como un peso de plomo en el alma de este
noble sacerdote. "No puedo olvidar lo que ocurrió aquí o allá" se quejaba a menudo,
cuando pasábamos por el lugar de alguna de estas tragedias. De todo aquello
sacaba motivos prácticos para su actividad como sacerdote. Las casas destruidas
de la ciudad desolada eran para él un ejemplo de las destrucciones y desolaciones
en el interior de las almas, problemas modernos que sólo los ojos abiertos de un
sacerdote podían ver.
Repetidamente sufrió el ataque de una grave enfermedad: a causa de una
intoxicación de insulina estuvo 3 días sin recobrar los sentidos. No creímos que
pudiese recobrar la salud, pero su hora no había llegado aún. Pasó varias semanas
en el Hospital de Carlowitz regentado por las Ursulinas y durante éstas tuvimos que
frecuentar la misa rezada por un sacerdote polaco.
Entretanto había subido el número de feligreses y como después de su regreso del
hospital había quedado muy débil y no se restablecía del todo, tenía que interrumpir
más de una vez la misa y dejar el altar. En estos casos continuaba el cura polaco la
misa empezada. A veces la rezaba toda entera, lo cual hemos de agradecerle, pues
hasta decía el Evangelio en alemán y nos permitía cantar en nuestro idioma. Así
pues, el cura Dr. Metzger tuvo un nuevo servicio que ofrecer al Señor. Nunca el
pueblo se agarró a sus sacerdotes con tanta fuerza en los tiempos de mayor
sufrimiento como lo hacían a este cura. El que buscaba en él consejo y ayuda,
volvía con regalos ricos, porque se encontraba ante el sacerdote exigido por la
ocasión, que dejaba manar la fuente de la Liturgia que viene de Dios, sobre sus
almas.
45
Otro dolor puso Dios sobre sus, hombros: poco a poco se apagaba su vista hasta el
punto de no poder leer la misa ni el breviario. Lo que sufría por esta causa, sólo lo
podía entender quien mirara de cerca en su alma. Pero también esta enfermedad
se ajustó a la Voluntad Divina y se convirtió en una fuente benéfica. Diariamente se
hacía leer los textos de la Sagrada Escritura, y cuando leíamos juntos las
explicaciones del Antiguo Testamento y discutíamos sobre éste, ¡qué horas tan
hermosas eran éstas también para mí! Pero las fuerzas no podían concentrarse ya
mucho más en su alma decaída. El rosario era para él la oración predilecta. Antes
de pensar en su traslado, deseaba celebrar el aniversario de su sacerdocio, y este
deseo se cumplió. El 24 de Junio de 1947 - XI, aniversario de su consagración - un
circulo de amigos le aconsejó que dejase Breslau en un tren de ambulancia que
ofrecía cierta seguridad para él. Rehusó primero, pues no quería aprovecharse de
ciertas comodidades, pero cuando le dijeron que ese tren, en el que iban enfermos
y moribundos, tendría que abandonar la ciudad sin sacerdote, dijo: "¿Cuándo tengo
que macharme?" Al día siguiente, acompañado de su ama de llaves, pasó la última
vez por su parroquia. No la podía ver, pero se le sentía unido con todas las fibras
de su alma a este campo de Dios. Decía a menudo: "Esto es morir antes de la
muerte."
Así se despidió el cura Dr. Metzger de Breslau. Cartas escritas a nosotros por los
que con él se fueron en tren, expresaban su gratitud y alegría, porque tal sacerdote
los hubiera asistido en sus terrores de refugiados compartiéndolos con ellos. No
escaso fue el numero de aquellos a quienes pudo dar la Santa Comunión y con ella
ánimo y fuerzas en el campamento y en todas sus amarguras. Después de corta
estancia en Neuzelle se fue a Berlín para una operación en los ojos. Y allí llegó
para él la hora de despedirse de este mundo."
Meyer, Alfons, Cura de Malitsch.
Al volver en bicicleta a su parroquia fue atropellado descaradamente por un coche
ruso, Volvía de Jauer, donde había ayudado al cura como confesor auxiliar. Pasó
varias semanas de extrema gravedad y murió en el hospital de Jauer.
La impresión personal del atropellado y los pormenores del accidente indicaban que
el chófer ruso lo había hecho intencionadamente. Al caer penetró la guía de la
bicicleta en su abdomen, causándole graves lesiones interiores.
En los días de lucha antes de la capitulación, el cura Meyer se había puesto en
peligro varias veces en unión con los fieles de su parroquia, al esperar la invasión.
A menudo le daban palos y una vez le llevaron forzosamente casi hasta Neumark,
cuando intentó defender a las mujeres de los ataques usuales de los rusos.
(Estaban en su casa su madre y su hermana.) Adquirió grandes méritos al cuidarse
de los alemanes que allí permanecieron después de la ocupación.
Meyer Alfons
Cura de Malitsch, dist. Liegnitz
46
n. 6 - IX -1905
o. 2 - II -1930
m. 5 - XI -1946
De los últimos sufrimientos en su vida nos cuenta su hermana:
"... Quiero contar de paso los acontecimientos a partir de la invasión (12-II-1945)
hasta la muerte de mi querido hermano.
Mi hermano era el único hombre que había quedado en el pueblo, pues todos los
demás ya se habían marchado. (Mi padre se había roto el brazo en Enero del 45.)
Así tenía que cuidar del ganado, asistido por unas mujeres (en total 20 personas
con 5 niños). Oponiéndose valientemente a los rusos nos protegía a las mujeres de
la peor suerte, por eso le dieron palos de tal modo que se le hinchó la cara
terriblemente, le pisoteaban y le amenazaban con la navaja, fusil y soga. El 28 de
Febrero nos llevaron junto con el ganado a Rüstern, a cinco kilómetros de distancia
de Liegnitz. Mi hermano renovó la iglesia de allí que los rusos habían convertido en
garaje y fue cada día a Liegnitz para rezar la misa, pues allí todos los sacerdotes
estaban encarcelados. Como le llevaron a la fuerza de Rüstern por una temporada
de 10 días, corrió el rumor de que le llevarían a Siberia. Le consideraban como un
espía y militar disfrazado y así pasó por diferentes interrogatorios de la G. P. U. El
día 15 de Mayo pudimos volver. El interior de su iglesia estaba destruido por
completo, pues los rusos habían celebrado allí la fiesta del Primero de Mayo, y lo
habían echado todo fuera al cementerio: el pulpito, comulgatorio, retablos y figuras.
Sólo las piedras desnudas del altar habían quedado en su sitio. El órgano destruido
etc... Esto fue un golpe tremendo para él, pues había hecho restaurar la iglesia muy
artísticamente en 1939. En Julio cayó enfermo mi padre, en Septiembre a mi madre
se le presentaron los síntomas de tifus de cabeza y yo caí enferma de tifus de
abdomen dos días después de la muerte del padre (24-X-45). El murió realmente
de hambre, pues no había absolutamente nada que comer. El trigo maduro del
campo fue molido dos veces en el molinillo de café y hacíamos con esto una sopa o
cocíamos pan añadiendo patatas. De 56 enfermos de tifus de hambre murieron en
nuestro pueblo 46, mi hermano estaba medio muerto y parecía un esqueleto.
Tampoco teníamos luz eléctrica, así es que pueden ustedes figurarse la miseria que
nos rodeaba. Además centenares de rusos y polacos que habían trabajado en el
Reich y estaban de vuelta a su patria, juntos con las fuerzas de ocupación nos
hacían de día y de noche indistintamente el control de unos y de otros. Por fin
fueron llegando las familias polacas y con ello nuestra situación mejoró un poco, ya
que mi hermano les asistía en las bodas, bautizos y entierros y recibía, en lugar de
“zlotis" (moneda polaca), leche, pan, harina o mantequilla. Cuando todo parecía
volver poco a poco a la normalidad, nos sorprendió la pérdida más grave: mi
hermano murió a los 41 años de edad. Después de pasar por todos los sufrimientos
de la ocupación rusa, fue, por fin, víctima de ellos, lo cual es incomprensible para
nosotros. Pero tenemos que someternos a la Voluntad de Dios (5-XI-46).
El 13 de Junio de 1946 llegó a Malitsch, distrito de Jauer, el Obispo auxiliar Ferche,
para confirmar. Al mismo tiempo su viaje debía ser una despedida a sus sacerdotes
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silesianos, pues a él expulsaron poco después de Breslau. Para el domingo, día 16,
se había fijado la confirmación en Jauer. Como mi hermano tenía tres iglesias que
eran filiales de su parroquia y sus feligreses aumentaban con la llegada de los
polacos, se hizo componer una bicicleta con las piezas que había desparramadas
por todas las calles y se fue por la mañana a Jauer para oír las confesiones y
regresar por la tarde. A las cinco menos cuarto llamaron con fuerza a la puerta y
entró una alemana que había estado trabajando con los polacos en el campo, y nos
dijo: "Vamos, vamos; el cura está tendido en la carretera. Le atropelló un ruso."
Cogimos muy de prisa unas sábanas y salimos de allí en busca de mi hermano. A
unos cinco minutos del pueblo le habían atendido ya los polacos; estaba muy
pálido, pero no había perdido el conocimiento. ¿Cómo fue el accidente? Pues que
los rusos atropellaban por el camino a quien se les antojaba, y así había ocurrido en
este caso. Alfons, como sabía esto, llevaba su bicicleta cerca de los árboles de la
carretera para evitarlo. Vio que se acercaba un coche de ambulancia (verde con
cruz roja) y detrás de él un camión: éste fue él que se acercó, le tiró de la bicicleta,
y le atropelló con la rueda posterior sobre el pecho.
Quisimos llevarle en alguno de los coches rusos que pasaban, pero no podía ser,
porque mi hermano era demasiado alto y le dolían las piernas. Por fin llegó un
carruaje polaco y éste le transportó al hospital de Jauer. Allí había un médico
alemán, el Dr. Hornig, que le operó el día siguiente durante cinco largas horas,
asistido por un joven médico francés. Pero ¿qué operación podía ser esta? El
hospital estaba destruido en un setenta por ciento a causa de los combates, no
había aparatos de radiografía ni medicamentos, y los forasteros, los polacos,
estaban a nuestro alrededor. Mi hermano tenía el uréter arrancado del riñón, el
pecho aplastado y los nervios descompuestos de tal modo que sólo podía mover
los brazos y la cabeza, pues el resto del cuerpo lo tenía totalmente paralizado,
aunque se encontraba en plena posesión de sus facultades mentales. Se le podía
dar de comer con una cucharilla. Afortunadamente, mi hermana pudo estar con él,
día y noche, durante los cinco meses de su enfermedad. El jefe-médico polaco le
atendía amablemente, pero carecía de medios para curarle. Mi hermana y dos
enfermeras polacas tenían que trasladarle a la mesa de operaciones para proceder
al vendaje pues estaba paralizado desde el primer momento. Franciscanos polacos,
que estaban en la iglesia parroquial de Jauer, le traían diariamente la Santa
Comunión. Su sumisión a la Voluntad Divina era tan grande, que los polacos en el
hospital se edificaban al verle y sólo le llamaban "el mártir". El médico polaco decía,
que el interior de su cuerpo estaba totalmente destruido, pero el enfermo estaba
siempre alegre y su jovialidad no le abandonaba ni en los momentos más
dolorosos. Estaba siempre lleno de esperanzas y preocupándose, porque mi madre
y yo estuviésemos solas en la casa grande. Deseaba irse a Munich: "Allí hay
buenos médicos, y me curarán para que pueda andar de nuevo." Ver todo esto y no
poder ayudarle, fue terrible para nosotras. Le visitábamos tres veces por semana a
pesar de los peligros del camino. Viajar en tren también era peligroso, porque los
polacos expulsaban de ellos a los alemanes. Mi hermano, frecuentemente, no podía
hablar a causa de los dolores y entonces permanecía acostado, con los ojos
cerrados, pero llenos de lágrimas y el rostro convulsivamente crispado. Pero no se
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quejaba jamás. Lo que sufríamos con él era indescriptible. Diariamente le
inyectaban morfina y otras cosas para que pudiese soportar los dolores.
Espiritualmente sufría también muchísimo, pues los sacerdotes expulsados de
Striegau y sus alrededores, pasaban en grupos y se despedían de él, que estaba
forzado a quedarse en cama. Despacio, pero continuamente, decaía. Su espalda
por completo y las piernas hasta los talones, estaban desollados y llenas de pus. Ni
los mejores ungüentos le servían de nada, aunque los polacos recibían a partir de
agosto de 1946 paquetes “Care" de la UNRRA, de Norteamérica, y había
medicamentos que disponían para mi hermano.
Todos los alemanes tuvieron que marcharse; el médico alemán y los feligreses de
mi hermano fueron expulsados. Cuando un sacerdote dijo: "Qué hecho tan cruel,"
mi hermano, pensando en el ruso que le había atropellado contestó: "Le perdoné
hace ya mucho tiempo."
Cada día después de comulgar, mi hermana tenía que rezarle el Cántico de los
Tres Jóvenes en el Horno. Pero figúrese, cómo le dolerían los lugares desollados
que no podía moverse ni un centímetro: al levantarle volvían a abrirse bruscamente
las heridas. Igualmente segregaba pus el interior de su cuerpo y tuvo además una
necrosis. El médico decía: “Sus dolores deben ser inexplicables. No comprendo
cómo los resiste." "Las tres no podríais soportar durante una hora los dolores que
soporto yo en un día!”, solía decir él. Y a veces: "Si tuviera hoy tan sólo una hora sin
dolores, lloraría de alegría." Cuando pasó la procesión de Corpus de los polacos
dijo: "Dadme el sobrepelliz y la estola; vienen a buscarme." Y cuantas veces: "Todo
a la Mayor Gloria de Dios," o "Todo lo ofrezco a Dios." Cuando alguien le
compadecía y nosotras llorábamos: "¿Por qué lloráis? Ay, antes era peor." Y a la
visita diaria, respondía: "Gracias, estoy bien."
El martes, 5 de Noviembre, murió en paz a las tres de la tarde. El día anterior dijo a
la enfermera polaca: "Moriré." Y al día siguiente: "Hoy moriré." Hacia la una,
estando en la agonía, le dijo mi hermana con desesperación: "Si la madrecita viene,
- la madre llegaba como de costumbre en el tren de las cuatro menos cuarto - ya
habrá pasado ese ataque y te encontrarás bien." El contestó: "Esto no pasará." Así
fue. Mi hermana estaba rezando la letanía de los agonizantes y él rezaba con ella.
Cuando terminaron, dijo aún: "Madrecita, Hildel ..." y dejando caer la cabeza a un
lado murió. No perdió el conocimiento hasta el último instante."
Michaletz Georg
Cura de Wolfau
m 12 - VIII -1895
o. 23 - IV -1922
m. 25 - III -1945 Fusilado
He aquí el comunicado:
"El Domingo de Ramos llegaron unos rusos al pueblo, algunos de ellos estaban
borrachos. Cazaban a mujeres y muchachas. Los hombres intentaban impedir a los
49
rusos. Se produjo una riña y un ruso empezó a tirotear. Una bala penetró en el
corazón del cura Michaletz y éste cayó muerto al suelo.
El Jueves Santo le sepultaron cerca de la iglesia, a la entrada de la sacristía, al lado
de su chantre, maestro de escuela, Sr. Golletz que al mismo tiempo fue matado por
un tiro.
Mittmann Karl
Comisario arzobispal
Consejero ecl.
Cura de Sprottau
n. 26 - V -1877
o. 22 - VI -1901
m. en una mina en el Ural. Según el "Niedersächsischer Kurier" Lippstadt, del
12 de Julio de 1949. ("Correo de la Sajonia Baja" de Lippstadt.)
Los rusos le arrestaron en el verano de 1945 so pretexto de no haber entregado su
radio. De hecho, le habían permitido quedarse con ésta. Nadie pudo saber durante
mucho tiempo a dónde le habían llevado ni qué le había ocurrido. Según informes
posteriores, le habían llevado a Rusia, a pesar de sus 68 años y había muerto allí.
Mühlsteff Georg, Cura de Schabenau, distr. Guhrau.
m. 12-VIII-1907, o. 27-1-1935, m. Enero 1945. Fusilado junto con su madre y
hermana.
No habían hallado sus cadáveres hasta la primavera de 1949, detrás de un pajar,
en un terreno vecino a la casa del párroco, en el huerto, al margen de la carretera
de Schabenau, allí donde se dobla el camino a Bartsch. Polacos fueron los que
encontraron los cadáveres de dos mujeres y un sacerdote, según su vestido,
cubiertos de tierra. Se supone que se trata del cura Mühlsteff, de su madre y
hermana.
Moepert Adolph
Dr. en Filosofía
Consejero ecl.
Cura de Kanth
n. 12 - XII -1890
o. 13 - VI -1915
m. 17 -II -1945
50
Fue fusilado al encontrarse en la escalera de su casa, cuando quiso proteger a las
Hermanas contra las molestias de soldados rusos.
Su prima refiere:
"Al acercarse los rusos, pidió el alcalde a mi primo que aconsejase a todos
abandonar la ciudad, pero como gran parte de los vecinos se quedaron en sus
casas, él no quiso abandonarlos y se quedó con ellos. Dijo, que tal vez lo hiciera
con los últimos vecinos y con las "Monjas Grises”. Pero no pudo salir, porque los
rusos avanzaron más rápidamente de lo que esperábamos. El 9 de Febrero
ocuparon la ciudad. El día 12 apareció un ruso en casa del cura y se comportó tan
mal que mi primo prohibió que en adelante nos quedásemos en casa. Nos fuimos a
la de una familia de comerciantes conocidos, donde ya se habían refugiado otros
vecinos de la ciudad. Pero allí aun fue peor el comportamiento de los rusos. El 16
de Febrero dijo mi primo que no podía estar más tiempo, que se iba al refugio
aéreo, donde ya estaban las Hermanas. Nos fuimos con él. El 17 dijo que rezaría la
misa en la capilla y nos preguntó cuantos queríamos comulgar, pues nadie podía
asegurar que aquella no fuera la última vez. Después de la misa llevó la Comunión
a una enferma que había en el refugio. Como el cura quería ir más tarde a su casa,
dejé el refugio después del desayuno y me fui a la casa para arreglar un poco las
habitaciones.
Hacia las cuatro de la tarde llegó una vecina a decirme que el cura había caído
enfermo. Al preguntar supe que un ruso había disparado sobre él y le había herido.
Al instante me fui al refugio. En el pasillo largo delante del refugio, estaba mi primo,
vestido de sotana y abrigo, sentado en una silla de campaña. Había perdido los
sentidos y comprendí que no había remedio. Hacia las 5 de la tarde murió. El
desasosiego de las Hermanas y de todas las que estaban en el convento era tan
grande a causa de la borracheras de los rusos, que nadie pudo asistir al moribundo,
porque cada uno tenía que pensar en sí mismo. Desamparado y sólo murió en el
pasillo.
Por mi sobrina y por la monja que estaba en la cocina, supe lo siguiente: "A las tres
de la tarde se fue el cura a la cocina para tomar un poco de café caliente.
Entretanto había llegado un ruso borracho al convento y una monja que sabía el
polaco habló con él. Puso a todas las Hermanas contra la pared y quiso matar a la
que hablaba el polaco. Esta exclamó: "Jesús misericordia!” al oír esto, mi primo que
aun estaba en la cocina dijo que tenía que ver lo que pasaba y aunque la Hermana
le rogó que se quedase, se fue. Al bajar por la escalera, el ruso le tomó por blanco y
disparó sobre él. Mi sobrina que estaba en el refugio, oyó la caída, pero creyó que
habían fusilado a la hermana.
Sepultaron a mi primo en un sepulcro de otro sacerdote, detrás de la iglesia, a la
entrada del huerto del cura, a las seis de la madrugada del 20 de Febrero de 1945
...”
Neuber Josef
Decano. Cura de Jauer, dist. Ohlau
51
n. 22 - V -1886
o. 18 - VI -1914
m. 5 - II -1945
Los rusos le mataron, porque protegió a las muchachas contra ellos. Hallaron su
cadáver cerca de la autopista, entre Jauer y Klosdorf, tapado con un poco de tierra,
en la primavera de 1946 y le enterraron en el camposanto del pueblo.
Peschel Josef, cura de Ossig.
n. 5-VIII-1903, o. 27-1-1929, m. 1945. De tifus.
Pohl Alois, cura de Losswitz, distr. de Woh1au.
24-X-1877, o. 20-VI-1903, m. Fusilado a comienzos de la invasión rusa. Los
pormenores no son conocidos.
Pohl Heinrich
Coadjutor de Jauer
n. 17 - X -1910
o. 1 - VIII -1937
m. 12 - II -1945
Fusilado
El coadjutor Pohl había llevado a los hijos de la familia del torrero de Jauer al
pueblo vecino para salvarlos. Cuando quiso volver en su coche a Jauer para buscar
algunas cosas de los niños, cayó en manos de los rusos que habían avanzado
inesperadamente, cerca de Peterwitz. Pararon el coche a tiros, echaron fuera al
coadjutor, le quitaron los zapatos, y probablemente, so pretexto de ser espía, le
hirieron mortalmente. Se arrastró moribundo al margen de la carretera y murió allí.
“... Está enterrado en el cementerio de Peterwitz. La juventud de la parroquia, que
le veneraba, le puso una cruz, de madera, tallada por ellos mismos como
monumento sobre su sepulcro en la conmemoración del primer aniversario, en un
acto íntimo. Murió como víctima en el servicio de la Caridad al salvar a los niños a
quienes pertenecía su corazón sacerdotal."
Pietryga Seraphin, cura jubilado de un establecimiento penal.
n. 8-XII-1871, o. 11-VI-1898, m. probablemente en Enero 1945; no se sabe si
violentamente o a causa de su asma. Probablemente enterrado en el huerto de
su casa.
52
Reisse Roman
Dr. Theol., Decano
Cura de St.Heinrich,
Breslau
n. 23 - VI -1893
o. 25 - VI -1916
m. 8 - VII – 1945
Fusilado
La noche del 8 de Julio, el decano Reisse visitó al consejero eclesiástico Direske y
permaneció en su casa hasta las 10 y media. A pesar de los ruegos para que se
quedara durante la noche, dada la inseguridad y peligro a que se exponía a las
horas nocturnas, se marchó a su casa. En la Blumenstrasse, cerca de la
Tauentzenstrasse (Dos calles de Breslau) le llamó un guardia polaco. El continuó
andando hacia el guardia, tal vez para identificarse como sacerdote o por no haber
oído lo que éste le decía, ya que, a partir de Febrero, no oía bien por haber
estallado cerca de él una granada. Así el guardia polaco disparó sobre él sin
consideración alguna.
El Sr. Dr. Reisse fue uno de los más destacados sacerdotes del Arzobispado de
Breslau y tiene los mayores méritos por el restablecimiento de las colegiatas de
Leubus y Wahlstatt y de la iglesia parroquial de Oels.
Richter Eberhard
Cura de Pombsen,
dist. Jauer
n. 18 - VI -1903
o. 30 -I -1927
m. otoño 1945
Cuando volvió a su parroquia en Mayo de 1945 comenzó a trabajar
infatigablemente. A pesar de las grandes distancias participó en las conferencias de
la decanía de Jauer. Murió a consecuencias de unas fiebres nerviosas al ver que
dos sacerdotes polacos habían ocupado la casa del párroco para sí mismos. Los
dos sacerdotes dejaron la casa y el lugar el día de su entierro sin esperar al acto
funerario.
Rosie Philipp
53
Cura de Steinau
n. 26 -I-1893
o. 25 - VI -1916
m. 19 - III -1945
Fusilado
De la muerte del cura Rosie de Steinau se refiere:
"El 17 de Marzo ocuparon los rusos Steinau. El cura Rosie había dejado su casa
parroquial, pues no se sentía seguro, estando ésta situada en un lugar apartado del
pueblo. Se había ido al convento de las monjas. Los rusos llevaban ya dos días en
el lugar. Era el día de San José, bien pasada la mañana, cuando el cura estaba
sentado con algunas Hermanas y ancianos en el patio. De repente entraron
corriendo dos rusos jóvenes, gritando: "Somos bolchewiki" y prendieron
inmediatamente al cura y le arrastraron al interior del convento. Dos Hermanas
intentaron retenerle sujetándole por los brazos, pero las apartaron dándoles
culatazos en el pecho. Echaron al cura en el cuarto que está frente a la escalera,
cerraron la puerta y oímos un tiro. Poco después salieron los rusos del cuarto
diciendo: "Id por vuestro clerigote, ya no vive más."
El asesinato fue comunicado a los rusos y éstos prometieron buscar a los asesinos
y condenarlos, pero en Enero de 1946, cuando estuve por última vez en Steinau,
las pesquisas aun no habían dado resultado. Si recuerdo bien, está enterrado en el
huerto del convento de las Hermanas."
Rust Otto
Consejero eclesiástico
Cura de Lüben
n. 24 - IV -1871
o. 22 - III -1896
m. 2 - III -1945
Fusilado
Le llevaron en compañía del cura Max Habernoll (véase), del Padre Norbert Sobel
O. S. B. de Ettal, Baviera, que había vivido en el convento de las Magdalenas de
Haugsdorf, cerca de Lauban, como director espiritual, con varias monjas y unos
cincuenta alemanes a la llamada casa del sr. Käufer, dentista, donde los fusilaron.
Cuando llegaron los rusos, el decano Rust de Lilben se había refugiado en
Naumburg, y como se sentía débil y exhausto, rogó a las monjas que no le dejaran
sólo. Los rusos le maltrataron con refinamiento y él fue el blanco de sus burlas. "En
la noche del 24 al 25 de Febrero acudieron a él, para que las protegiera, unas
mujeres de 70 años a las que querían violar. Un militar fue tan cruel, que violó a una
Hermana en presencia de todos nosotros: Agradecimos a Dios la noche oscura. Al
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día siguiente vimos aún a muchos tipos malévolos de aspecto mogol. Por la noche
volvieron y nos maltrataron mucho, pero nuestros ángeles de la guarda aumentaron
nuestra resistencia y estos malévolos tuvieron que marcharse sin haber logrado
llevarnos. Uno nos amenazó con su pistola y por fin nos quitó cuello y velo
desgarrándolos en una rabia furiosa, rompió y pisoteó todo ... En su furia amenazó
al cura Rust..."
Sabisch Rudolf
Cura de Krehlau, dist. Wohlau
n. I - IX -1909
o. 5 -IV -1936
m. 8 -II -1945
Fusilado
No había huido cuando la invasión rusa, porque parte de los feligreses de Krehlau
se quedaron en sus casas.
Un testigo refiere:
"La primera semana pasó bajo las consecuencias de tener próximo el frente de
batalla. El furor de los enemigos crecía cada día más y llegó a su colmo el 29 de
Enero de 1945 cuando por la tarde mataron al cura Sabisch en nuestra presencia .
La bala de la pistola rozó el ojo derecho, rompió la boca y salió por el cuello detrás
de la oreja izquierda. El cura cayó al suelo, inmediatamente un charco de sangre se
esparció por el suelo.
Parecía que el cura iba a morir pronto; la asistencia de un médico era entonces
imposible para los alemanes y las Hermanas se sacrificaron por atenderle, aunque
también ellas sufrían mucho bajo las consecuencias del frente cercano. Los rusos
despojaron la casa entera y molestaron de mil maneras a las religiosas. Una
semana más tarde, según orden rusa, tuvieron que dejar el convento en diez
minutos. Cada una tenía que desarrollar su actividad inmediatamente para poder
sacar lo más necesario. Había que poner a los enfermos, entre ellos a nuestro cura
herido en la calle, en medio del crudo invierno, hasta que pusieron a nuestra
disposición una casita vecina, despojada también y llena de lodo. Había poco que
comer y el espacio era insuficiente para todos. Los enfermos estaban sentados los
unos sobre los otros; debido a estas condiciones, la Muerte tenía una gran cosecha.
El cura herido decaía poco a poco, y sin recobrar el conocimiento, esperaba la
muerte. Murió diez días después de haber sido herido, en la madrugada del 8 de
Febrero, sacrificando su vida, fiel a los deberes sacerdotales. El mismo día
enterraron el cadáver en el camposanto en el sepulcro de otro sacerdote. No fue
posible, que en el sepelio hubiera una representación religiosa como tampoco a la
55
hora de su muerte. Para los que habían quedado atrás, empezó una temporada de
desconsuelo y desamparo. Sin protección, estábamos expuestos a los caprichos
del enemigo, hasta que después de algunos meses su furia disminuyó poco a
poco..."
Scholl Martín
n. 29 - XII -1898
o. 17 - III -1923
m. a fines de Enero de 1945
Fusilado
Su hermana escribe: "... En mayo supimos que el cura y las Hermanas de Auras
habían muerto. Pero no logré llegar a Auras hasta el Día de Todos los Santos de
1945, después de un viaje muy molesto. La mayor parte del lugar había sido
quemada, en particular las casas de los católicos. De la iglesia, un escombro, sólo
se podía identificar el tabernáculo blindado. Encima de los escombros estaba la
gran cruz morena de la Misión. Alrededor de la iglesia habían construido con
ladrillos, la Hoz y el Martillo y habían colgado las sábanas de la casa del cura con
inscripciones.
Muy lejos de la iglesia y de la casa, en una pequeña casita de campo, en cuyo patio
estaban el excusado y un montón de estiércol, un túmulo de flores con una cruz
rota era el primer sepulcro del cura de Auras y de una parte de sus feligreses.
Huellas de sangre llevaban a una puerta que cae al sótano. Allí habían hallado los
cadáveres y los habían enterrado, según las órdenes de los rusos. El de la priora
del convento, de una edad de 80 años estaba tendido en la cocina de la casa del
cura con la toca arrancada, la otra hermana no se ha podido hallar hasta ahora. Los
niños encontraron su rosario en el campo. Todos los testigos han muerto. Nadie
puede decir lo que pasó. Mi hermano fue víctima de su fidelidad; habían evacuado
la población, pero la mayor parte, ancianos y enfermos, se habían quedado. Mi
hermano tuvo dos veces la ocasión de irse en coche, pero rehusó diciendo: "Me
quedo con la iglesia y con los fieles que se han quedado. Al visitar el camposanto
unos meses antes me dijo: "Amo ecclesiam." Esto podré escribir un día en su losa.
En Enero 1946 abrieron la fosa común y los enterraron en el cementerio. Como me
escribieron, fueron los franciscanos polacos quienes ejecutaron el enterramiento . .
.”»
Sauer Paul
Cura de Bunzlau
n. 26 - IX -1892
o. 19 - VI -1921
m. 24 - VI -1946
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“La La policía polaca descubrió una organización secreta "Alemania Libre" en una
ciudad de Silesia Baja. Jefe de esta organización era un ingeniero alemán, sr.
Kühne y su colaborador principal el sacerdote católico Sauer, según pudimos leer
en Julio de 1946 en el "Ejército Rojo” un periódico germano-ruso. Lo que se
encubría detrás de esto, nadie lo podía suponer.
Después de encarcelar la policía polaca al ingeniero sr. Kühne y a otros alemanes,
particularmente de la intelectualidad de Bunzlau, detuvieron también a fines de Abril
al Decano Paul Sauer, so pretexto de tener armas y listas de esta organización
temida. Pero como tal organización no existió jamás y solamente servía de pretexto
para poder arrestar a los alemanes, el cura Sauer tuvo que negar tales afirmaciones
rotundamente. Le arrestaron después de una pesquisa muy larga que hicieron en
su casa. Casi dos meses enteros pasó en la prisión de la milicia polaca, maltratado
cruelmente, donde iba muriendo de hambre. En el día del XXV aniversario de su
ordenación (21-VI-46) aun se le oía rezar en voz baja desde el sótano. Después no
se le oyó más y el 24 de Junio le llevaron moribundo al Hospital de San José. Allí
murió pocas horas después de llegar, mientras las Hermanas rezaban por él. El día
de San Juan fue el día de su muerte. Pertenece a los mártires de la ocupación
ruso-polaca.
Le habían conocido y venerado fuera de su distrito. En los días enmarañados de
Febrero de 1945, se quedó tranquilamente en su puesto. No desertó a sus
feligreses, ni temía bala ni malos tratos para defender a éstos y a su iglesia a él
confiados. Católicos y protestantes, cristianos y ateos venían a su casa para buscar
consuelo y fuerza espiritual. Había logrado defender la iglesia y la casa del cura
contra las consecuencias de la guerra. Muchas de las iglesias saqueadas podían
obtener de la parroquia de Bunzlau, salvada por el cura Sauer, los utensilios y
paramentos que necesitaran."
Un testigo refiere: "... Yo mismo estuve en Febrero en la casa del cura y lo viví todo
de cerca. También a mí me arrestaron el 18 de Junio de 1946 y me encerraron en
una celda particular, vecina a la del cura Sauer. El 22 de Junio me sometieron a un
nuevo interrogatorio y me enfrentaron con el cura Sauer para una confirmación de
las declaraciones. Le vi allí por primera y última vez. Estaba muy delgado, tenía
canas y una barba larga. El mismo no me reconoció.
Cuán terribles fueron para él los siguientes días. Desamparado de todos y
sabiéndose en situación desesperada, lanzaba a menudo palabras
desconsoladoras como éstas: "Ay de mí, nadie puede socorrerme y yo he ayudado
a tantos."
Hacia las cinco de la tarde del 24 de Junio se cayó de su catre y llamó para que
alguien le ayudara a levantarse. Después de mucho rato apareció un guardia, me di
cuenta de que el cura estaba muriendo. Llamaron al instante a un médico polaco y
poco después le llevaron en una camilla y en coche al Hospital auxiliar de las
Hermanas católicas.
A pesar de la ayuda del médico y de las Hermanas era demasiado tarde.
57
Un sacerdote que había visitado al decano el 26 de Abril de 1946, es decir poco
antes de su arresto, atestigua que en aquel tiempo el cura Sauer era aún muy
robusto y de un aspecto fresco y saludable.
Schewior Erich, coadjutor de Gogolin.
n. 14-IX-1907, o. 29-I-1933, m. 29-I-1945.
Los rusos le fusilaron al mismo tiempo que a doce mujeres porque intentaba
proteger a las monjas del hospital de Gogolin contra la violación. Echaron gasolina
sobre sus cadáveres y los quemaron.
Sehmidt Bernhard, cura jubilado de Gläsendorf, distr. Grottkau, decano
honorario del Hogar de Sacerdotes de Neisse.
n. 27-IX-1857, o. 28-VI-1883, m. primavera de 1945 al huir y fue sepultado en un
huerto. No se conocen ni día ni lugar.
Scholz Georg, cura de Michelau, distr. Brieg.
n. 23-I-1900, o. 15-II-1925, m. 25-I-1945.
Fusilado por los rusos en unión de otros nueve hombres al ocupar el pueblo.
Schumann Paul
Decano honorario, cura de Breslau-Neukirch
n. 25 - VII -1872
o. 23 - VI -1902
m. 18 - II -1945
Comunican:
"... Su ama de llaves que aun vive, y la empleada de entonces tuvieron que pasar
sobre el cadáver del cura, cuando abandonaron el refugio contra los ataques
aéreos. El estaba tendido en la entrada del sótano.
El administrador de la iglesia de antes, sr. August Rossdeutscher, difunto ya, siguió
el 18 de Febrero al comisario ruso - así le llamaba un soldado que le acompañaba que había detenido al cura Schumann, hasta la entrada del sótano, y vio como al
llegar allí éste dio dos tiros en la nuca del decano que estaba andando
tranquilamente. A mí mismo, que estaba a una distancia de 300 metros en el sótano
del Hogar de la Virgen, me prohibieron entrar en la casa del párroco el día 19.
Así hice varias tentativas vanas hasta fines de Marzo, cuando vivía en
Hermannsdorf, de entrar en la casa del párroco, hasta que me arrestaron. Después
58
de mi vuelta a mediados de Mayo supe que se habían llevado el cadáver, pero no
pudimos encontrar el lugar del sepulcro pese a todas las averiguaciones y
excavaciones que se hicieron. Más tarde me contó el cura F. Görlich de G.
Mochbern vecino, difunto ya, que había visto el cadáver del decano Schumann en
la casa del párroco, a primeros de Mayo, unos días después de la conquista de la
ciudad. La casa del cura estaba aún sin habitantes, pero poco después establecían
allí un despacho ruso de abastecimientos ...”
Siersetzky Alfons
Cura de Jarischau
n. 28 - VIII -1903
o. 2-II-1930
M. 1945
Fusilado
Los rusos fusilaron a él y a su hermana. Los cadáveres fueron quemados al mismo
tiempo que la casa parroquial.
Schwirtz Josef
Vicario de Märzdorf
D. II - III -1908
o. 29 - VI -1934
m. 6 -II -1945
Fusilado
Una mujer atestigua:
“Los rusos hallaron en la casa del parroco la Cruz de Hierro (condecoración
alemana de guerra) y la foto de su cuñado que era muy semejante a él. Le
consideraron como militar alemán al vicario y le asesinaron con la pistola
automática, disparándole tres tiros en la cabeza."
Su hermana escribe:
“... A fines de Enero de 1945, la situación era ya insostenible, y los refugiados
dejaban el pueblo. La mayor parte de la población indígena se quedaba y así
resultó que tampoco el vicario pensó en huir sino se quedó con sus fieles. Por la
mañana del 6 de Febrero, como de costumbre se fue con su hermana y tres monjas
que vivían a su lado, y algunos feligreses a la iglesia para celebrar la misa. Durante
ella oíamos a los rusos que pasaban con sus caballos. Hacía poco rato que
habíamos vuelto a casa, cuando llegaron tres rusos preguntando por el cura.
Primero pidieron alcohol, luego registraron toda la casa. Uno de estos tres que tenía
cara mogola y aspecto salvaje, amenazaba a la hermana del vicario, la cual tenía
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58 años y que según aviso de su hermano se escondió en el pajar, a donde más
tarde se fueron también las tres monjas. Así pues, el vicario se presentó solo con
sus tíos, que desde el distrito de Oppeln habían venido a refugiarse allí. De repente
oyó la hermana tres tiros muy seguidos y temió que los rusos hubiesen matado al
vicario y a sus dos parientes, pero poco después llegó la tía y llamó a la hermana
para que dejase el escondite, y hallaron al vicario tendido de espaldas en la senda
media del huerto, con los brazos extendidos y la frente arrancada a medias; tres
tiros en la cabeza, probablemente por el hueso occipital, le habían dejado muerto
en el acto. La sotana estaba abierta, pues probablemente habían buscado armas.
Los rusos se habían ido entretanto. Las monjas y los dos parientes que
presenciaron el principio del interrogatorio, atestiguaron que los rusos habían
llamado al vicario espía, militar disfrazado y otras cosas, al poner ante sus ojos las
revistas que habían hallado con fotos militares en la casa. Más tarde le prendieron y
le llevaron al huerto donde dispararon sobre él.
El Viernes Santo de 1945 sepultaron su cadáver en el cementerio, en presencia de
algunos amigos. Junto con el vicario enterraron también al organista, sr. Schrempel,
asesinado unos días después del vicario.
Hasta la capitulación de 1945 la hermana del vicario vivió en el convento de las
monjas: tenían que abrir trincheras diariamente para los rusos y hacer otras cosas
semejantes, mientras que por la noche eran violadas por ellos varias veces.
Sikora, Josef, Vicario de Görbersdorf.
n. 17 - III -1912
o. 5 - IV -1936
m. 23 - XII -1945
Fusilado
La muerte le sorprendió al volver de Langwaltersdorf a Görbersdorf, Minutos antes
de su muerte, un vecino de Göbersdorf le oyó cantar por el camino el “Transeamus
usque Bethlehem..." Lo que ocurrió después no se sabrá jamás: Al día siguiente de
Nochebuena le hallaron muerto en un prado después de larga búsqueda.
Uno de sus feligreses cuenta:
"Transeamus usque Bethlehem et videamus. En medio de las alegres perspectivas
de las Pascuas de Navidad, se oyen tiros que cortan la vida de un joven sacerdote.
Tan de repente como su vida, se apagó nuestra alegría de Navidad al saber la
funesta noticia: la oscuridad se esparció donde debía reinar la alegría y la tristeza,
el dolor y la confusión cayeron sobre nosotros, porque él lo era todo para todos los
que le conocíamos. Unos quedaron abatidos, otros tenían miedo; los hombres
lloraron al saber la noticia y hoy día, aun no podemos comprender que ha muerto.
Parece que esto no es más que un acostumbrarse lentamente a que no volverá
más de su visita a Langwaltersdorf.
Fue el 23 de Diciembre de 1945, cuarto domingo de Adviento, después de la última
misa, cuando el vicario Sikora hizo tocar el órgano al maestro de escuela de
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Langwaltersdorf el "Transeamus" y como nadie estaba presente él mismo, con sus
pies, puso en movimiento los fuelles y cantó a dúo con el maestro alegres
canciones de Navidad. Después, poco antes de mediodía corrió hacia Göbersdorf y
subió cantando la colina. Corría, porque no quería tardar en llegar a casa. Desde
hacía semanas había organizado la representación de un espectáculo navideño
que habría de representarse antes de la Misa de Gallo, y con este motivo se sentía
en aquellos días de Navidad más y más ilusionado que en su niñez. Cada uno
había de tener en su casa algo de la alegría del Nacimiento de Nuestro Señor, algo
de la música de flautas, violines y canciones "fuera cristiano o ateo, supiera alemán
o no". Cantando y corriendo se abría camino su alegría impaciente e ingenua. Lo
que ocurrió después, no lo sabe nadie: la capilla hermosa y modestamente
adornada le esperó en vano.
Como el vicario no llegaba, para celebrar el ejercicio de la tarde, nos sobrecogimos
todos con un miedo espantoso. Al anochecer, cuatro hombres salieron hacia
Reimswaldau para buscarle, pero a las dos de la madrugada volvieron sin noticias.
Desde las seis de la madrugada del lunes - Nochebuena - continuaron la búsqueda
con un grupo de sus fieles en dirección a Langwaltersdorf. Aun era de noche y
nadie podía suponer que estaban pasando el lugar del asesinato. Sólo después de
alarmar a la milicia polaca y de buscar en pequeños grupos por todo el terreno, le
hallaron muerto en un prado, a unos 20 metros del camino, cerca de la casita de un
guarda: Inmóvil, tendido como en el Viernes Santo delante del altar, con los brazos
cruzados sobre la cabeza estaba allí. De la mochila abierta habían caído sobre su
cabeza unas migas de pan - ¡Cuánto pan había llevado particularmente en este día
para los niños de Langwaltersdorf! Los trozos de una botella rota habían sido
puestos en forma de un círculo en torno de su cabeza. Así lo vio un testigo. ¿Le
habían puesto como burla una corona de trozos de vidrio? En el cuello y lado
derecho de la mandíbula inferior se abrían grandes heridas causadas por una bala
explosiva. Más tarde resultó - después de un nuevo reconocimiento del cadáver que tenía dos tiros más, los dos mortales, por el brazo izquierdo y el abdomen. Su
sangre había empapado la tierra hasta unos 15 centímetros de profundidad y a
pesar de la lluvia continua el prado seguía manchado de sangre después de tantas
horas.
Llevaron el cadáver a la iglesia de Langwaltersdorf, pues el asesinato tuvo lugar
dentro de este distrito - y lo pusieron sobre un antiguo altar de la capilla lateral,
donde se guardaban los difuntos hasta el día de su entierro.
Estas no eran para los que le habían conocido unas Felices Pascuas, pues su
muerte les había causado una herida demasiado honda. Recordábamos su actitud
y sus palabras en los días tranquilos en que su cadáver no estaba aún en
Görbersdorf. “Fue como si cantara un ángel al pasar por el pueblo”, dijo una señora.
Jamás había sido para él largo el camino, pesada la carga excesivo el trabajo: lo
único que le importaba era guiar a los hombres a Cristo. Nosotros que
pertenecíamos a su parroquia, conocíamos los montones de cartas que llegaban
diariamente a su escritorio. En poco tiempo contestaba a todas ellas. Toda su vida
pertenecía a los demás. "Siempre vale la pena” era su respuesta cuando le
aconsejaban cariñosamente que no se desgastase tanto. En los últimos meses,
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cuando la situación era más grave, su trabajo se hizo del dominio público;
pertenecía a todos sin descanso y estaba presente, donde fuera necesario ayudar a
las gentes, sin considerar las molestias, las humillaciones, la suciedad ni el tiempo
que en ello perdía... Así mostraba a los otros el camino hacia Dios. En los últimos
meses consideraba la miseria ajena como la suya propia y eran las preocupaciones
por la patria, la búsqueda de un techo bajo el que pasar la noche, el miedo al
hambre, el frío de los niños y la necesidad de un camino firme hacia Dios. El llevaba
esta carga bajo la cual sufría. Y si conseguía alegrarlos y llenarlos de esperanzas,
¿no era ésta la causa que aquí un sacerdote y el pueblo se sabían estrechamente
unido en una comunidad como en las que conocemos por las crónicas sobre los
primeros cristianos? Si sufre un miembro sufre la comunidad. Esto se hizo realidad
en nuestras días. Aquel dolor, por la ayuda mutua, fue convertido en beneficio.
Con cuánto amor había organizado el vicario un servicio de caridad para dar
alimentos a los necesitados, con cuánta insistencia había rezado ante el altar por
los niños, los enfermos y ancianos, y cuánta alegría y beneficio hallan todos ellos,
aún ahora, después de su muerte, en hospitales y asilos para ancianos y huérfanos.
Como su obra, arraigó el amor que había sembrado en la comunidad de sus fieles,
en Cristo.
Una nueva generación aparece. Los hombres a quienes el sacerdote esperó,
vuelven después de su muerte al camino de Cristo ... ¿Tal vez vuelven por el
ejemplo que les dio con ella? ¡Qué sabemos nosotros del misterio del grano
moribundo ...! Dios llamó a casa a un joven perfeccionado, causa de nuestro dolor
y de nuestra alegría. Cuán consoladoras son estas palabras dichas por un
sacerdote y al mismo tiempo por nuestras almas tímidas. "No hace falta sólo rezar
por su alma, sino podemos ir a él como nuestro intercesor."
Así pues, no reinó tiránicamente sobre los ánimos. Y porque el sacerdote había
formado y deseado una comunidad que cantara - quién no oye aún su voz
conmovedora desde el altar - logró que cantasen también, aunque llorando, los
villancicos del día de Navidad.
Se planteaba el problema de traer a la parroquia el cadáver. Diariamente iba su
hermana a Langwaltersolorf para que las autoridades polacas diesen el permiso,
pero cada día la entretenían con nuevas esperanzas, diciendo que la comisión
encargada de averiguar las causas del asesinato no había dejado aún Waldenburg.
Cada noche se reunía su parroquia en la pequeña capilla para rezar juntos el
rosario y rogar constantemente por la vuelta, al menos del cadáver de su difunto
padre espiritual. Ya había pasado una semana y seguían negándole el descanso en
la tierra.
Estaba allí en Langwaltersdorf, - así nos parecía a nosotros - con sus ropas
ensangrentadas como un cazador furtivo. Teníamos todos una preocupación
honda: la de que no nos fuera posible enterrarle como sacerdote. El Día de Noche
Vieja dieron por fin el permiso: hacia las tres de la tarde, le trajo un pequeño grupo
de fieles por el camino de Görbersdorf. Esta vuelta fue para nosotros el desenlace
de un gran drama. Le pusimos en la capilla, cerca del altar, por última vez en medio
de su parroquia y él estaba allí, sin señal alguna de su muerte, adornado de mirto,
entre el árbol de Navidad y la vela de Pascua de Resurrección. La alegría reinaba
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en los corazones y se hicieron completas las fiestas de Navidad, que él había
esperado con tanta ilusión. Todo le había esperado a él: las velas nuevas de
Navidad en el altar, las luces en el árbol, el nacimiento y los alegres villancicos. La
canción para tres voces: "Ha nacido una rosa (Es ist ein Ros” entsprungen)" que le
gustó tanto y luego los dos villancicos: "In dulci jubilo" y "Ha nacido el Salvador (Der
Heiland ist geboren)". Un sentimiento de dolor y alegría nos llenó al mismo tiempo:
no hubo en esta reunión del sacerdote con el pueblo falta de naturalidad ni de
armonía. Cuando el portavoz de la parroquia nos exhortó para que diésemos las
gracias al sacerdote muerto con un discurso ante el ataúd, llenó la melodía del "Te
Deum" sonoramente y sin reservas el reducido espacio de la capilla.
El miércoles, dos de Enero de 1946, le trasladaron a la capilla electoral para el
réquiem solemne. Casi no cabíamos allí, pues había venido mucha gente de los
pueblos vecinos. Seis sacerdotes cantaron el oficio de difuntos, su parroquia el
"Réquiem Alemán” compuesto por el vicario episcopal, Dr. Johannes Theissing de
Breslau, y el coro protestante: “De repente llama la Muerte al Hombre (Rasch tritt
der Tod den Menschen an)". Para todos fue una obligación moral contribuir en
cuanto les era posible, que aquella despedida fuera digna del sacerdote, pues
también para los protestantes había sido una gran ayuda. Probablemente jamás el
vecindario de Görbersdorf participó en un acto funeral como aquél. Delante de las
últimas casas de la población le esperaban los niños, los pequeños, a quienes
había hecho tan alegres las instrucciones religiosas, para acompañar con ramilletes
de pino por última vez a su "tiito vicario”.
El agradecimiento hacia este sacerdote dio a los suyos consuelo y ánimo para
cantar aún delante del sepulcro abierto y como ruego insistente y esperanzado la
última canción, que fue "Señor quédate con nosotros, ya que anochece y el día está
pasando." Es que según palabras de Su Santidad Pío XI:
,,Nada hay más placentero a Dios más honroso para la Iglesia más beneficioso
para las almas que el precioso regalo de un sacerdote santo."
Spittler Josef
Cura de Schweinitz
n. 24 - X -1908
o. 6 - IV -1936
m. 22 -II -1945
Fusilado
Un testigo refiere:
“... El día 9 de Febrero llegaron a nuestra población los primeros tanques y en los
días siguientes, muchos soldados rusos. Tuvimos que evacuar nuestro pueblo y a
mi mujer, nuestras dos hijas y a mí nos acogieron en la casa del cura de
Schweinitz. Al principio vivíamos en paz y el cura Spittler rezaba la misa todos los
días.
63
El 22 de Febrero, a eso del mediodía, llegaron a la casa armando gran jaleo tres
soldados rusos que estaban borrachos y furiosos, lanzando blasfemias y tiroteando
con sus pistolas por toda la casa. Tuvimos que alzar los brazos y mi mujer, las dos
hijas y la administradora fueron encerradas en uno de los cuartos, mientras gritaban
contra nosotros dos en ruso. No nos permitían hablar. Después de unos minutos
uno de los rusos llevó al cura, vestido de sotana y bonete, al huerto mientras que
los otros dos se iban a la calle. La administradora que entretanto había logrado
salir, quiso asomarse a la puerta de detrás para saber lo que le ocurría al
sacerdote, pero el ruso que estaba con él disparó contra la infeliz mujer. Minutos
después se oyeron unos tiros, y al asomarse a la ventana vi caer al cura. El ruso se
fue. Cuando salimos al huerto, hallamos al cura Spittler tendido en su propia
sangre. Tres tiros, en la nuca, en la sien y en el corazón apagaron de repente su
vida. Cubrimos con sábanas al difunto venerado y lo llevamos a la casa. Tenía el
rostro completamente desfigurado.
Pocos minutos después llegó un jefe militar ruso con dos soldados. Intenté
explicarle lo ocurrido. Parecía que tenía mucho interés en encontrar al asesino,
pero, por desgracia, no pudimos indicarle datos exactos. Nos dijo que enterrásemos
al difunto en el huerto, pero accedió a mis ruegos de que fuera en el camposanto.
Le sepultamos pues en el sepulcro del sacerdote Hoffmann, según el deseo que
nos había expresado un día.
Steinfels Erich, Cura de Rudelsdorf.
n. 23-II-1893, o. 19-VI-1921, m. 1945. Matado.
Cuando los alemanes evacuaron Rudelsdorf el 20 de Enero de 1945, el cura
Steinfels se quedó en el pueblo con unos cuantos vecinos, en su mayoría católicos,
viviendo con su administradora en la casa de párroco. De su muerte no tenemos
noticias claras. Es verdad que después de ocupar los rusos Rudelsdorf le
encontraron muerto en el sótano de su casa. Algunos cuentan que había recogido
en su casa a mujeres que huían de los rusos. Es posible que le asesinaran en el
sótano. Su administradora se refugió en el pueblo vecino en la casa de unos
campesinos, pero poco después todos ellos fueron fusilados. Lo que parece cierto
es que el cura Steinfels estuvo durante varios días en el sótano, insepulto. Es
cierto, que le habían asesinado a puñaladas pues se podían localizar varias en su
cuerpo. Le enterraron después de muchas semanas al lado del muro de la iglesia
de Rudelsdorf.
Stephan Otto
Decano honorario
Cura de Dt.Wartenberg
n. 26-VI -1884
o. 22-VI -1911
m. 16-VII-1946
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Después de la ocupación de Silesia, debido a las privaciones sufridas.
El 18 de Julio escribió un joven de su parroquia del distrito Dt. Wartenherg:
"Un dolor profundo pesa sobre todos nosotros en la patria: hoy hemos enterrado a
nuestro querido decano. Cuánto nos conmueve su muerte es inexplicable. Cuando
la semana pasada volvió de Grünberg, estaba completamente exhausto debido a
las fatigas pasadas. Hasta el sábado le quedaron fuerzas para arrastrarse al altar y
decir la misa, pero el domingo tuvo que interrumpirla varias veces, porque su
corazón se debilitaba rápidamente. Desde este día se quedó en cama y ya no la
dejó más. La ciencia y los medicamentos que estaban a nuestro alcance, no
tuvieron eficacia. Murió en la noche del lunes al martes. No sabemos la hora fija,
porque murió solo. En las primeras horas de la noche aun se encontraba bien y se
despidió de la enfermera, pero cuando ella volvió a las dos y media a su cuarto, ya
le había acogido Nuestro Señor.
Quiero contarte cómo le enterraron: Anoche a las seis le llevaron a la iglesia,
vestido de sacerdote, - de sotana, alba, casulla, manípulo - en un ataúd de madera
de encina. Allí el canónigo (sacerdote polaco) y el chantre cantaron el oficio de
difuntos. Después rezamos el rosario así como el martes. El altar mayor y los
altares laterales dedicados al Sagrado Corazón y a la Virgen estaban adornados de
blancas bocas de dragón. En el altar mayor ardían 10 velas de color castaño
durante el réquiem, en total 26 que el difunto había guardado durante doce años
para el día de su entierro. Hoy a las ocho de la mañana, el canónigo ha vuelto a
cantar oficio y después el réquiem. Luego fue la conducción. Cuatro jóvenes de
monaguillos estaban ante el altar. Durante el réquiem las jóvenes de la
Congregación de la Virgen, que se habían quedado entre nosotros, llevaron una
guirnalda alrededor del ataúd. Nuestro coro cantó un réquiem en latín. El canónigo
ejecutó también el acto del entierro. Quiso hacerlo el decano Piowar, pero éste fue
evacuado en unión de los vecinos de Neusalz. Hoy o mañana será el último
transporte. Una de nuestras Hermanas de Santa Isabel dio las gracias en nombre
del difunto y de su familia y nos exhortó a que le recordásemos en nuestras
oraciones, a él que tanto y tantas veces había rogado por nosotros.
También a vosotros exhortamos desde la patria a que no olvidéis a nuestro decano,
todos le somos deudores. Ya no escucharemos sus sermones ni le tendremos
como confesor. Somos ahora muy pobres en la diáspora.
En el camposanto el coro cantó dos canciones: "Aunque llore el Amor" y "Cómo
descansan tranquilamente". Doce hombre le llevaron sobre sus hombros pero ni los
portadores, ni las jóvenes que llevaban la guirnalda, estuvieron vestidos de color
uniforme, debido al saqueo de los rusos y polacos.
Todos los sectores de la sociedad participaron en el entierro y para acudir a él, no
trabajaron aquel día en la granja.
¿No es tonto llorar por la muerte de nuestro decano? Sólo nos ha adelantado ... ¿A
caso es que le envidiamos por haber pasado ya los sufrimientos de la vida y poder
estar sentado a los pies de Nuestro Señor? ”¿No es él un mártir ante el trono de
Dios?"
65
El 11 de Diciembre de 1945 murió el Dr. Strehler a la edad de 73 años en Bad
Charlottenbrunn, después de terminada la guerra ante los límites de su parroquia.
Como hombre justo no pudo comprender las calamidades que después del
armisticio cayeron sobre Bad Charlottenbrunn, hasta que, señalado ya por la
muerte, le ordenaron que se fuese a vivir a la habitación del coadjutor. Cuando
cerró para siempre sus ojos en las horas de la noche del 11 de Diciembre de 1945,
desapareció de sus rasgos todo el dolor que los sufrimientos de la enfermedad, los
terrores y la miseria de los últimos tiempos habían marcado en ellos. Sólo le
quedaba la solemne gravedad que es peculiar en los que están de pie ante Dios, de
la cual emana la verdadera y profunda alegría y felicidad perenne e inagotable de la
eternidad: Tal vez la última señal de una vida que había buscado su integración en
Dios.
Strehler Bernhard
Dr. Theol. Consejero eclesiástico Cura de Bad Charlottenbrunn Fundador y
dirigente por largos años del "Quickborn" y del Heimgarten" en
Neisse-Neuland.
Capellán del castillo de Rothenlels
n. 30 - XI -1872
o. 11 - VI -1891
m. 11 - XII -1945 en Bad Charlottenbrunn
Bajo una modesta cruz que le pusieron sus últimos feligreses antes de su
expulsión, en la víspera de su santo, descansa en el camposanto católico de
Charlottenbrunn de todos los trabajos y sufrimientos de su vida terrestre, esperando
en su resurrección, que el Señor le conduzca como fiel administrador de sus
misterios a la patria eterna.
Como coadjutor joven fue lanzado por su conciencia a una extraordinaria actividad,
es decir, a editar los "Friedensblätter”- (Hojas de la Paz), una revista destinada a los
cristianos separados en la fe. Pertenece a los precursores del movimiento "Una
Sancta”.
Como rector del seminario episcopal de Neisse - a partir de 1903 se empeñó en
unión de su amigo Clemens Neumann, profesor de religión de la escuela de
segunda enseñanza de Neisse, "el juglar de Dios” en conducir a los jóvenes
confiados a él a una alegría más natural y pura que la fundada en la vida innatural
de la sociedad de entonces. Excursiones, juegos, canciones, teatro representado
por aficionados, alegría de la Naturaleza, de música y de arte, es decir de la
plenitud de cuanto Dios de sus bienes naturales y sobrenaturales ha regalado a los
hombres considerándolos como hijos suyos. En la opinión de los dos amigos, todo
esto parecía apropiado para lograr sus fines. Los grupos de alumnos formados en
este espíritu, a los cuales se unió después un grupo de muchachas, eligieron un
nombre para toda la agrupación: el de "Quickborn” (Fuente Viva), antes título de las
poesías de Klaus Groth, un poeta natural de la Baja Alemania.
66
El primer centro de este movimiento que pronto se esparció por más allá de las
fronteras de Silesia, fue el "Heimgarten" (Jardín del Hogar), fundado por el Dr.
Strehler, en Neisse-Neuland, que por sus distintas reuniones y congresos que allí
tenían lugar contribuyó mucho a fortificar y propagar las ideas del "Quickborn” y
como lugar de enseñanza irradiaba con éxito por todo el Este de Alemania
despertando allí la vida católica.
Después de adquirir el Castillo de Rothenfels, situado sobre el Meno, recién
terminada la primera guerra mundial, el Dr. Strehler, con permiso de su Obispo, el
Cardenal Bertram, dejó su campo de actividad en Neisse para dedicarse
particularmente como padre espiritual de Burg-Rothenfels y jefe del “Quickborn" a
organizar el movimiento de los jóvenes católicos.
Más tarde comparó esta actividad de casi un decenio de su vida con un combate en
las trincheras.
Cuando cumplió 55 años, se fue a la parroquia de la diáspora de Bad
Charlottenbrunn; una tarea distinta por completo a la de antes y que exigía todas
sus energías. A los 10 años, no sólo había construido la iglesia parroquial de Bad
Charlottenbrunn con el dinero que había mendigado por su pobre comunidad - la
parte montañosa de Waldenhurg pertenece a las regiones más pobres de
Alemania; Blumenau es la población silesiana hecha famosa por el drama de
Gerhard Hauptmann "Los Tejedores” - más tarde también Blumenau tuvo su iglesia
bajo la advocación del Sagrado Corazón. Desde Steingrund saludaba la iglesita de
la Virgen que en los días de trastorno y confusión que sobrevinieron a nuestra
patria silesiana, se convirtió en un refugio para la comunidad oprimida.
Stenzel Hermann
Consejero eclesiástico Vicedeán de la Catedral de Breslau
n. 24 - IV -1868
o. 15 - VI -1892
m. 12 - IV -1946
Su hermana escribe:
,,Mi hermano fue expulsado a primeros de Enero de 1945 y acogido en el convento
de San Antonio de Frankenstein. Dos, tres y hasta cuatro veces, tuvo que mudar de
casa debido a las confiscaciones de las viviendas por los polacos, hasta que por
una orden polaca de expulsión tuvimos que dejar la ciudad definitivamente.
En la noche de antes ya sufrió bajo los achaques naturales de su edad, los cuales
no pudieron curar las Hermanas que aun estaban allí. En Arusdorf quiso bajar del
tren y volver de nuevo a Breslau. A partir de este momento notamos que pasaba las
noches muy intranquilo y que decía cosas incoherentes.
También en el campamento de Marienthal (zona británica), donde nos habían
acogido, - pero por estar nosotros alojados a causa de la situación a una distancia
de él que se salvaba en casi una hora - le hallaron en el bosque porque "quería irse
a Wartha". En la enfermería un médico le puso una inyección y el pinchazo le
aturdió tanto que a causa de ello no podía estar de pie. Cuando por la mañana le
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busqué para partir, fue necesario llevarle cogido de brazo. A pesar de las
incomodidades, durante el viaje estuvo muy tranquilo en el compartimiento, pero
noté que movía las manos exactamente como si rezase las oraciones de la
Transubstanciacíon es decir que estaba pensando en la Misa. En Westerstede el
médico y los cuáqueros le acogieron al instante, pues ya no podía andar y en
camilla le llevaron a un coche que le trasladó a un hospital recién construido en
Husbäke para los expulsados.
Las enfermeras solían comentar lo pacientemente que se sometía a los dolorosos
procedimientos que eran necesarios para intentar curarle. Después estaba alegre y
como de costumbre cantaba responsos para sí mismo. El decano Krone de
Oldenburg, llamado telefónicamente por una enfermera católica pudo darle la
Extremaunción, porque decayó tan rápidamente que murió el 12 de Abril de 1946 a
las nueve del la noche y le sepultaron a las tres de la tarde del 16 en Oldenburg, en
el camposanto católico.
Tschoetschel Gerhard
Cura de Alteichenau dist. Wohlau
n. 22 - III -1905
o. 1 -II -1931
m. Probablemente en la primavera de 1945
No tenemos noticias exactas sobre su suerte. Desapareció cuando la invasión rusa
y probablemente fue asesinado por éstos en Peterwitz cerca de Stroppen, distr. de
Trebnitz, y enterrado al lado de algún pajar en el campo.
Theissing Johannes
Dr. theol. Vicario de Cabildo
Miembro de la administración arzobispal para la enseñanza religiosa de la
juventud
n. 5 - X -1912
o. 5 - IV -1936
m. 5 - V -1947
Después de la expulsión de sus compatriotas silesianos había ejercido su oficio
entre ellos en Turingia y fue luego llamado a la Jefatura de la Juventud Católica
Alemana a Haus Altenberg. Allí su tarea primordial era la enseñanza religiosa de la
juventud. Su "Réquiem Alemán" se canta en muchos obispados y sus "Actos
Solenmes" de manifestación tenían resonancia por el país entero. Escribía por lo
general bajo el seudónimo de Matthias Rostock. En el "Altenberger Singebuch”
(Cancionero de Altenberg) hallamos muchas de sus canciones y poesías.
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Es posible que a causa de las excitaciones sufridas, de la invasión rusa y de la
miseria consiguiente tuviera que someterse en Abril de 1947 a una operación
quirúrgica que su cuerpo débil no pudo superar. El 9 de Mayo de 1947 le enterraron
a la sombra de la Catedral de Altenberg.
Su personalidad y lo que significaba la pérdida, lo indican unas palabras
pronunciadas por el monseñor Ludwig Wolker, Jefe de la Juventud Católica
Alemana, en el réquiem del 9 de Mayo en la Catedral de Altenberg:
"¡Jonathan, muerto en las alturas! Angustia siento por ti, hermano mío, Jonathan,
que me fuiste muy dulce." (2. Sam. 1, 25-26)
Así se lamentó David por su amigo. Lloramos por nuestro hermano: ¡Hermano
Johannes! Angustia tengo por ti. Lloro sobre ti, Johannes, hermano mío, que me
fuiste dulce. Y ahora muerto en las alturas.
Muerto en las alturas, lejos de la patria. A la sombra de la catedral de Breslau te
preparaste para el sacerdocio. A la sombra de la alta catedral de Colonia
terminaste, joven, los días del sacerdocio. A la sombra de la catedral de Altenberg
dormirás hasta el Día Eterno.
En gran dolor lamentamos:
Lamentamos por el sacerdote Johannes que fue sacerdote cumplidamente según el
Corazón de Dios. Así como le necesitan los hombres, como le desean, como le
aman.
Lamentamos por el teólogo Johannes, el teólogo que, él mismo lleno del Logos
Theou supo hablar de Dios en palabras y en escritos.
Lamentamos por el pedagogo Johannes que estuvo formando y conduciendo en
medio de la juventud de la Iglesia que acaba de empezar a desplegar su eficaz y
profunda actividad renovadora en la Unión de la Juventud Católica.
Lamentamos por el litúrgico Johannes. El litúrgico que supo del Misterio y vivió en el
Misterio que por eso sabía predicar del Misterio por lo profundo de su vigor y su
vocación y que sabía conducir al Misterio.
Lamentamos por el cantor y músico Johannes, a quien Dios había dado gran parte
de este don, la música, para que la ejerciese y llenase con su vigor creador.
Lamentamos por el poeta Johannes, que desde la soledad y humildad acaba de
entrar en la luz con su palabra y su gracia, con las canciones de su lira, a la mayor
gloria de Dios y a la alegría de la juventud.
Lamentamos por el hombre Johannes - el hombre modesto, pero rico en virtudes,
de virilidad severa, de ternura virginal.
Lamentamos por el corazón, el corazón que - sólo quienes le habían conocido
pueden comprender - fue centro de su familia, centro también de nuestro Hogar de
la Juventud.
¡Hermano Johannes, lloramos por ti! Es terrible que le hayamos perdido. Pero
delicioso, delicioso es lo que le ha sido dado. No es de cristianos el lamentar sino el
vivir de la esperanza. No es digno del sacerdote el dolor por los difuntos, sino el
consolar.
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Consuelo: Consuelo es la luz en la oscuridad, fuerza en la debilidad, salvación en el
peligro. Ante esta muerte son consuelo, luz, fuerza, salvación sólo en un nombre,
en el nombre de Cristo, el Resucitado.
El sacerdote Johannes se fue a casa en un día pascual. Fue él mismo un hombre
pascual que en la fe del Resucitado vivió y se puso en camino resueltamente hacia
Él. Fue un hombre escatológico. Su modo teológico de pensar y actuar estuvo
centrado en esto. Interiormente siempre estuvo esperando los últimos
acontecimientos de los tiempos y la venida del Señor. Por eso fue para él el
Apocalipsis el libro de su vida. Aun en uno de los últimos sermones, ante los
cantores del Amor Divino, citó un lugar de la Visión del Evangelista: "Y vi otra señal
en el Cielo, grande y admirable que eran siete ángeles que cantan el cántico del
siervo de Dios, el cántico del Cordero, diciendo: Grandes y maravillosas son tus
obras, Señor, Dios Todopoderoso.
Justos y verdaderos son tus caminos." (Cap. 15) El sacerdote les explicó este lugar
a los pregoneros de la canción: cantar es la efusión del corazón lleno del amor a
Dios. Amantis est cantare. Lo indecible, misterioso, feliz, hasta lo santo tiene un
cierto modo de expresión. Cantar es un símbolo de la vida eterna, donde el corazón
del redimido, desbordado de alegría, ensalza a Dios. Sí, para Johannes fue el
cantar ante Dios un previvir y presaber del cántico eterno en la Gloria de Dios. Así
presintió lo último, lo sobrenatural de su vocación, apenas adivinando su temprana
muerte.
Ay de nosotros y de nuestro pueblo. Dios ha derramado las copas de su furor. Pero
él, el "sacerdos" Johannes ha pasado por las puertas del Templo. Está delante del
Mar de vidrio transparente, donde los vencedores de la Bestia con las arpas
divinas, cantan el cántico del Cordero.
Entró en la Tienda de Tabernáculo del Testamento Eterno, en la Luz del Amor
Inmenso.
Así pues cesemos de lamentar sobre el difunto aunque nos duela tanto el alma.
Cantemos con los cánticos del Eterno. ¡Dios, Te loamos, Te bendecimos, Te
decimos gracias por Tu Gloria Inmensa! Amén.
Unterlauff Maximilian
Consejero eclesiástico
Decano, cura jubilado de Schwammelwitz
n. 22 - XI -1869
o. 11 - VI -1894
m. 28 - XI -1947
"En Wartha, distrito de Breslau quiso vivir los últimos años de su vida en una
merecida paz y tranquilidad. Así le cogió el día 8 de Mayo, en que por primera vez
tuvo que abandonar su habitación para refugiarse en el bosque ante el peligro ruso.
El 7 de Abril de 1946, Domingo de Pasión, nos ocurrió algo terrible: cuando al caer
la tarde del sábado el cura estaba aún en el confesionario, llegaron ocho hombres
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con la orden de la expulsión: A las seis de la madrugada del domingo estábamos
ante la iglesia llevando como equipajes aquello que pudiésemos llevar sobre los
hombros. Vigilados por soldados polacos armados con fusiles y porras, nos fuimos
al campamento de Frankenstein.
El martes, 16 de Abril, nos cargaron en camiones y sentados en los hatos llegamos
como gitanos a Lemathe. El alcalde, un buen católico, pronto se puso en contacto
con el decano Weckel y llevaron al cura Unterlauff al hospital, que entonces aun
estaba ocupado por los ingleses.
Allí al instante le atendió el médico, pero físicamente a causa de las condiciones del
viaje, se encontraba muy mal. En la mañana del 27 de Septiembre, al levantarse,
sufrió un ataque de apoplejía. A las 10 menos 10 del 28 de Noviembre devolvió a
Dios su hermosa alma, en presencia del decano y de dos monjas que rezaban por
él.
Viecenz Reinrich
Consejero eclesiástico
Profesor de religión en la escuela de segunda enseñanza en Hindenhurg (Sil.
Alta)
n. 13 -- XI -1885
o. 20 - VI -1910
m. 22 - III -1945
Murió al huir de los rusos cuando intentaba refugiarse en Bamberg (Baviera). Su
sepulcro está en la cripta de la iglesia parroquial de "Maria Hilf" de Bamberg.
Wolf Edgar
Cura de Sechönwald, dist. Gleiwitz (Sil. Alta)
n. 28 - VIII -1882 o. 22 - VI -1907 m. A mediados de Agosto de 1945
Murió en el campo de concentración polaco de Schwientochlowitz, de tifus de
hambre y a consecuencias de los malos tratos sufridos.
El cura Wolf, delegado de las Cortes Alemanas hasta 1933, se quedó en
Schönwald con tres monjas y su propia hermana, cuando en Enero de 1945
evacuaron a la mayor parte de la población. En los primeros días de la ocupación
rusa fue nombrado alcalde, pero después de entregar la administración a los
polacos, éstos le arrestaron, así como a otros hombres, mujeres y muchachas del
pueblo el día 5 de Julio; al día siguiente, maltratándolos les llevaron a la prisión de
Gleiwitz. Durante unos días, en que se sucedieron los interrogatorios, fueron
apaleados sin excepción, sobre todo el cura Wolf. Después los trasladaron al
campo de concentración de Schwientochlowitz, donde continuaron los
interrogatorios y los malos tratos.
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La mayor parte de ellos sufrieron el tifus de hambre a causa de la insuficiente
nutrición y el cura Wolf fue uno de éstos. Murió a mediados de Agosto y le
sepultaron allí mismo, junto a otras víctimas del campamento, en el cementerio de
Schwientochlowitz. A su lado reposa su hermana Elli Wolf, maestra de escuela, que
se quedó con él hasta la muerte.
Weberbauer Johannes
Cura de Neustädtel,
dist. Freystadt (Sil. Baja)
n. 3 - VIII -1909
o. 28-I-1934
M. 1945
Desaparecido
El cura Weberbauer desapareció al volver de su parroquia filial de Windischborau,
donde sostuvo una disputa con la soldadesca rusa que estaba saqueando.
Probablemente fue llevado por fuerza y asesinado más tarde. No ha sido posible
averiguar su suerte.
Winkler Anton
Consejero eclesiástico
Decano de Birkenau
n. 13 - XII -1875
o. 22 - VI -1901
M. 1945
Fusilado y quemado
En su sepulcro están también enterrados el vicario Dropalla (Véase pag.101) y el
coadjutor Kutscha de Birkenau. Fueron fusilados todos.
Wradzidlo Karl, Administrador de Pitschen.
20-XII-1908, o. 29-1-1933, m. 1945. Fusilado.
Se quedó en Pitschen con la población que no había huido. El 21 de Enero de
1945, después de la batalla de Pitschen-Landberg, los rusos le fusilaron en su
propia casa por haber hallado un teléfono en su habitación. Después de haber
transcurrido varios meses se le pudo enterrar en el camposanto.
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Lista suplementaria de los sacerdotes silesianos que hallaron muerte violenta
Bulla Ehrhard, coadjutor de San Francisco en Hindenburg (Silesia Alta)- n.
9-II-1913, o. 7-VIII-1938, m. MX-1945. Llevado por fuerza a Rusia, murió
tuberculoso en el campamento de Tscheljiabinsk en el Ural.
Dropalla Wilhelm, vicario de Birkenau. n. 10-1-1907, o. 29-1-1933, m. 1945.
Fusilados por los rusos.
Los pormenores de la muerte violenta de los siguientes sacerdotes no son
conocidos hasta ahora:
Herrmann Bernhard, cura jub. de Neustadt (Sil. Alta), m. 1945
Mika Viktor, cura de Schlüsselgrund, m. 1945
Rösler Max, decano hon. de Zobten-Bober, m. 1945
Rudzki Franz, cura jub. de Groschowitz, m. 1945
Scholtyssek Erich, cura de Rentschen, m. 1945
Schroda Josef, cura de Keilerswalde, m. Febrero 1945
Schüler Heinrich, cura jub. Dresden, m. 13-II-1945
Siebner Franz, decano hon. de Liebenau, m. 1945
Walloschek Franz, cura de Glockenau, m. 1945
Watzlawik Franz, coadjutor de Herzogshufen, m. 3-II-1946 en el campamento de
prisioneros de Brest-Litowsk, del tifus de hambre Werner Heinrich, cura jub. de
Branitz, m. 1-IV-1945
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Víctimas de las distintas órdenes religiosas de Silesia
Lerch, P. Konrad S. 1.
Coadjutor de Beuthen (Sil. Alta)
n. 10 - VI -1905
o. 27 - VIII -1935
m. 28 -I-1945
Los rusos le fusilaron cuando quiso impedir el saqueo. No se saben más
pormenores.
Dreiner, P. Albanus, O. S. B.
Benedictino del Convento de Grüssau
n. 3 - VIII -1881
o. 10 - VIII -1921
m. 10 - IV -1946 de tifus del hambre a consecuencias de los saqueos por los
rusos
Su párroco de Niederhermsdorf (distr. Neisse), escribe: "El padre Albanus fue
director espiritual del Castillo de Falkenberg (Sil. Alta). Al acercarse los rusos se
refugió en la población de Mauschdorf, que pertenecía a la parroquia de
Niederhermsdorf, donde se encargó de la cura de almas sacrificándose y sufriendo
grandes privaciones. Estuvo allí desde el Febrero hasta Noviembre de 1945,
viviendo en un cuarto muy pobre, sin estufa y con pocos alimentos debido a las
consecuencias de la ocupación polaca y al saqueo de los rusos. En Noviembre
cayó enfermo y se le trasladó al Hospital de Friedland que dirigían las "Monjas
Grises". Primero diagnosticaron tifus y más tarde una gran debilidad cardíaca, que
no pudo resistir. Murió en este mismo Hospital de Silesia Alta el 10 de Abril de 1946
y fue enterrado el día 13, víspera del Domingo de Ramos en el camposanto de
Friedland. Trece sacerdotes participaron en los actos funerales."
Sobel, P. Norbert O. S. B.
Benedictino del Convento de Ettal (Baviera)
m. 2 – III-1945
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Una testigo refiere lo siguiente sobre los últimos días de su vida:
“Eramos seis Hermanas y unas treinta mujeres, ancianas y enfermas, las que nos
habíamos refugiado en la finca de nuestro Convento de Sächsisch Haugsdorf,
distrito de Lauban. Nuestro director espiritual era, desde 1943, el P. Norbert Sobel,
oriundo de Silesia Alta, que había llegado allí después de haber sido clausurado el
Colegio de Ettal.
Cuando sentimos cercano el frente de batalla, pedimos al jefe nacionalsocialista del
distrito local que salvase a nuestras ancianas, pero no nos hizo caso. El 11 de
Febrero evacuaron el pueblo y de nuevo pedimos a las autoridades que se
cuidasen de las ancianas. Nos dijeron que nos fuésemos a esperar en la carretera,
que allí nos acogerían los coches que pasaban. Esperamos dos horas enteras en
medio del frío. Pero en vano. Por fin llegó un camión, pero estaba destinado a
bloquear la carretera frente a la finca. Así pues nuestras ancianas tuvieron que
quedarse y nos decidimos a permanecer con ellas para no abandonarlas. El ejército
alemán había destruido gran parte de la finca de tal modo que tuvimos que buscar
refugio en algunas casitas no muy lejos de ésta. Cuando enterramos a nueve
soldados alemanes caídos cerca de la capilla, dijo el P. Norbert presintiendo su
muerte: "Dejad aquí un poco de espacio para mí."
La lucha que se acercaba cada día más, hizo estragos alrededor de nosotros. El 19
de Febrero llegaron los primeros rusos. Hasta el 4 de Marzo se quedaron en esta
región, molestándonos de mil maneras, pegando y amenazándonos con sus
pistolas e intimidándonos con tiros al aire. Los rusos nombraron alcalde al P.
Norbert. Esto, sin embargo, no les impedía ponerle varias veces contra la pared
haciéndole creer que le iban a fusilar. El Padre intentaba varias veces presentarse
al comandante ruso y pedirle protección para nosotras, pero en realidad sin éxito
alguno. Nosotras las Hermanas nos agarrábamos las unas a las otras, alrededor del
P. N Norbe y no nos dejábamos separar. Una vez el Padre silbó tan fuertemente
con su pito que los rusos se alejaron por algún tiempo. Algunas de nuestras
ancianas murieron de miedo. Las enterramos en las cercanías y el Padre bendijo
los sepulcros. Un día los rusos ordenaron que nos fuésemos a una casa cercana
donde se habían refugiado dos familias que antes vivieron en las cercanías. Nos
fuimos en unión con el P. Norbert y vimos asustados a los dos matrimonios y a los
tres niños tendidos en el suelo y bañados de sangre, todos con tiros en la nuca o
por cualquier otra parte de la cabeza. Los rusos nos ordenaron abrir una fosa en la
que enterramos a los niños, pero nos negamos rotundamente a sepultar a los
padres aun agonizantes, aunque nos amenazaban con la muerte. Pusimos a los
hombres sobre alguna ropa y éstos murieron a los dos días. A las mujeres las
cuidamos en nuestra casa hasta el final de sus sufrimientos. El Padre rezaba cada
día la misa en nuestro cuarto, donde comulgábamos. La noche del primero de
Marzo llegó de nuevo un ruso que nos molestó muchísimo aunque el Padre nos
defendió con gran energía y le enseñó su cédula personal de alcalde de la
"Kommandantura" rusa. Pero el ruso lo rompió con furia, despedazó nuestras
vasijas y nos mojó con la tetera. Por fin se marchó.
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El Padre que probablemente presentía la desdicha, dijo: "Uno de nosotros tiene que
dar su sangre." En la tarde del 2 de Marzo le llevó un oficial ruso; fue la tarde que le
vimos la última vez, cuando en coche le llevaron a Naumburg sobre el Queis.
El 3 de Marzo llegó el campesino Blasche, de Sächsisch Haugsdorf y nos mostró un
cuaderno, en el que el Padre Norbert había hecho sus apuntes como alcalde por la
gracia de los rusos. Dijo que los rusos le habían nombrado alcalde. El 4 de Marzo
fusilaron al sr. Blasche y a su mujer, antes de retirarse.
Sor Borromea había visto al Padre Norbert en la "Kommandantura" de Naumburg
en el sótano de la casa del sr. Käufer, dentista, donde los rusos, antes de retirarse,
habían fusilado a mucha gente, entre ellos a algunos saceraotes. Allí se halló más
tarde el documento de identidad del P. Norbert; los rusos quitaban la
documentación a los que iban a fusilar para impedir que les identificasen.
Suponemos que le habrán fusilado, porque nos defendía heroicamente. Más tarde
tuvimos que sufrir amenazas terribles por parte de los rusos, pero Dios nos salvó de
lo más horroroso. Cuando las tropas alemanas se acercaron, de nuevo se convirtió
la finca en un campo de batalla, y estuvimos en peligro continuo de muerte durante
muchos días. Por fin pudimos salvarnos caminando hasta Lauban, bajo la
protección de los soldados alemanes. Coches alemanes llevaron más tarde a las
ancianas a Seidenberg."
Zimolong, P. Bertrand O. F. M.
Dr. theol. et phil. Franciscano
n. 26 - XI -1888
o. 18 - VI -1914
m. 18 - VI -1945
Acuchillado
Cuando declararon a Breslau "fortaleza” el Padre Bertrand se fue primero a
Raudnitz, distrito de Frankenstein a la casa de su hermana. Después de la
capitulación volvió con sus parientes a su patria en la Silesia Alta. En la noche del
primero al dos de Junio de 1945 le hirieron con graves puñaladas, cuando intentaba
proteger a su sobrina contra los rusos. Tenía lesiones en los pulmones y el hígado y
a pesar del cuidado y esmero de su hermana, que era enfermera, murió el día de su
ordenación, el 18 de Junio. Le enterraron en su patria.
Sonsalla, P. Benno O. F. M.
Guardián de San Rochus de la provincia silesiana de Neisse
n. 26 - VIII -1888
o. 18 - VI -1914
m. 24 - III -1945
76
Fusilado en unión de cinco Franciscanos (Fray Gottfried, Fray Ferdinand, Fray
Raimund, Fray Dionys y Fray Casimir).
He aquí los pormenores de su muerte:
"... Por qué habían asesinado a estas seis personas lo ignoramos. Sólo sabemos
que los llevaron lejos de los demás y los mataron. Todos estaban tendidos de
espalda y tenían balas en la cabeza. Se podía ver por dónde habían entrado las
balas ...
En el camposanto, que pertenecía al Convento de los Franciscanos, sepultaron los
primeros cuatro cadáveres en un sepulcro al final de la segunda fila al lado del P.
Petrus, los otros dos cerca de la estatua del Resucitado.
El Martirio de las Monjas de Silesia
Queremos añadir sólo un comunicado de un testigo sobre el martirio de las monjas
de Silesia. Refiere lo que pasó en la ciudad de Neisse, la Roma silesiana, donde
había muchos conventos.
"La víspera del Domingo de Ramos, 24 de Marzo de 1945 por la mañana ocuparon
los rusos Neisse, una ciudad de la Silesia Alta, de unos cuarenta mil habitantes. En
ésta se habían quedado unos veinte religiosos, doscientas monjas para cuidarse de
los ancianos y enfermos, y unos dos mil vecinos. Neisse no estaba muy destruido a
pesar del sitio y de los bombardeos sufridos durante ocho días. De los edificios de
valor artístico sólo fue destruido por un incendio, que ocasionó un bombardeo, la
famosa iglesia de Santiago (St. Jakob) en la tarde del 21 de Marzo.
El ejército ruso invadía como un torrente la ciudad y los soldados penetraban por
todas partes. En la casa donde vivían los sacerdotes, quitaron a éstos y a las
monjas todos los relojes y objetos de valor. Lanzando palabras de amenaza
pidieron el vino de Misa y saquearon la casa entera. No respetaron siquiera el altar,
puesto en el sótano, donde se acabó de rezar la última misa. Llenos de codicia
quitaron las Custodias y los Cálices. Continuamente violaban a las muchachas,
mujeres y monjas. Los soldados rojos, los oficiales primero, en largas colas estaban
ante sus víctimas. Ya en la primera noche violaron a muchas de ellas hasta
cincuenta veces. Las monjas que se defendían eran asesinadas o llegaban a tal
agotamiento físico que no tenían fuerzas para defenderse. Echaban a las monjas al
suelo, las pisoteaban sin piedad, les pegaban con la pistola en la cabeza o en el
rostro, hasta que llenas de sangre, mutiladas e hinchadas quedaban en el suelo sin
conocimiento y en este estado eran víctimas de la vehemencia de los rusos, cuya
brutalidad era incomprensible para nosotros. Las mismas escenas se repetían en
los hospitales y asilos de ancianos y en otros tales establecimientos. Hasta las
monjas de 70 y 80 años, que enfermas y paralizadas estaban en cama, eran
violadas y maltratadas por estos hombres brutales. No secretamente o en
77
escondrijos, sino en presencia de todos, hasta en las plazas públicas y en las
iglesias estaban expuestas a las fuerzas más brutales. ¡Madres ante los ojos de sus
hijos, muchachas ante los hermanos, monjas ante los jóvenes, hasta cuando
estaban a punto de morir o ya muertas! ¡A los sacerdotes que intentaban defender
a las monjas, los llevaron violentamente amenazándoles con la muerte! - La ciudad
ardía casa por casa, calles enteras. Primero ardían los sótanos, señal de la
intención con que habían prendido fuego a las casas, como nos enteramos luego
por testigos. A un asilo de ancianos dirigido por monjas le prendieron fuego desde
el sótano de tal modo que casi todos asilados murieron presa de las llamas y del
humo."
Véanse también las relaciones sobre el martirio de los sacerdotes Demezak y
Habernoll.
R. I. P.
Listas
Lista de los Sacerdotes muertos de Silesia
Abreviaturas:
Act. Circ.
cons. ecl.
dec.
dir. esp.
dist(r).
hon.
jub.
m.
msr.
n.
O.
profesor
seg. ens.
vic.
Actuarius Circuli
consejero eclesiástico
decano, arcipreste
director espiritual
distrito
honorario
jubilado
muerto
monseñor
nacido
ordenado
prof.
segunda enseñanza
vicario
78
Lista de los Sacerdotes muertos del Arzobispado de Breslau 1945-1949
nacido: ordenad
o:
Agner, Hugo, coadjutor de Hermannstadt, soldado m. 1945.
22-V-19
07
5-VI-193
5
Allnoch, Richard coadjutor de Santa Hedwig de Breslau caído 16-VI-19 28-1-193
m.27-III-45 cerca de Danzig
08
4
Andres, Dr. Wilhelm, cons, ecl., profesor de segunda
5-X1-18 23-VI-18
enseñanza jub. de Gross
65
91
Strehlitz, m. 1945
Arnold, Christoph, dec., cura de Günthersdorf, m.21-II-45
15-III-18 13-VI-19
fusilado
92
15
Arnold, Johannes, cura de Jordan, m. 1825-VIII-1 22-VI-19
VI-47 en Franefort/Oder dir. esp. del Asilo de la Virgen
885
12
Badelt, Bruno, cura de Neuwalde, dist Neisse, m. 8-V-48 en
22-VIII-1 21-VINienborg, dist. de Ahaus (Münster, Westfalia), sacerdote
878
1904
auxiliar para refugiados
Bahr, Franz, dec. hon. de Ziegenhals, 1945
6-VI-186 21-VI-18
9
93
Bahr, Paul, cons. ecl. cura jub. De Frömsdorf, m 18-X-46
25-VI-18 5-VI-189
67
2
Balzer, Konrad, cura de Thunskirch (Silesia Alta), m.6-XI-46,
21-XI-19 29-I-193
matado por
06
3
una mina
Barion, Franz, dec. hon., cura de Ponischowitz, m. 19452-IV-187 22-VI-19
9
08
Bartsch, Hermann, cura de Köchendorf, m.23-III-47 en el
9-VI-193
hospital de Wittichenau
13-VIII-1 3
a causa de su expulsión
904
Bartsch, Paul, dec. hon. de Briesnitz, m. 1945
-IX-1871 11-VI-18
91
Basler, Otto, cura de Goldberg, m. 12-I- 47, sacerdote auxiliar 4-X-188 7-VI-190
en Dresden,Striesen
5
9
Benke1, Alois, cons. ecl., dec., comisario arzobispal de
19-III-18 3-VI-190
Powitzko, distr. Trachenberg, m. 6-IV-47 en el Asilo de San
78
5
Miguel de Dingelbe (Hildesheim)
79
Benkel, Karl, cura de Bad Warmbrunn, m. 1945
Berg, Karl, dec. hon., cura jub. de Schammerau, m. Abril 1945
en Schammerau
Bertram, Adolf, Dr. theol. et jur can. príncipe-arzobispo de
Breslau, cardenal; m. 6-VII-45 en el castillo de Johannesberg
cerca de Jauernig
Bieniossek, Josef, dec. hon., cura de Gogolin, m. 29-1-45,
matado
Bienert, Alfred, dec. hon., cura de Friedland distr. Waldenburg,
m. 5-V-49, sacerdote para refugiados en Tunxdorf-Nenndorf,
distr. Aschendorf/Ems
Bittner, Heinrich, cons. ecl., cura de Kohlsdorf, m. 19-VI-46
Blöhe, Josef, cura jub. de Frankenstein,m. 24-III-47
Boehm, Richard, cons. ecl., profesor de seg. ens. en Gleiwitz,
m. 16-VIII-46 en Gleiwitz
Bollmann, Alois, cons. ecl., dec., cura de Santa Cruz de
Görlitz, m.2-XII-48
Brier, Josef, Dr. theol., Act. Circ., cura de Lichtenberg, m.
Febrero 1945 fusilado
Brommer, Karl, cura de Gross-Schimmendorf, m. Febrero
1945, asesinado
Bryda, Leo, Dr. theol., profesor de segunda enseñanza,
Weidenau, m.1945
Bujara, Karl, vic. de Oderhain, m. Enero 1945. Fusilado
Bulla, Erhard.. coadjutor de San Francisco en Hindenburg,
m.3-IX-45 en el hospital de Tscheljabinsk (Ural), de
tuberculosis
Bumbke, Otto, cons. ecl. cura de Deutsch-Wette, distr. Neísse
(Sil. Alta), m. 24-III-48, refugiado en Spelle, distr. Hannover a
consecuencias de la expulsión
Cuno, Ludwig, Dr. jur., miembro del cabildo, prelado de
Breslau-Görlitz, m.15-VII-1881, refugiado en Görlitz
Czaika, Anton, cura jub. de Budkowitz, m. a causa de una
apoplejía el 13-IV-46 en medio de la calle en Querfurt
Czwielung, Franz, cura de Bergstadt (Sil.Alta), m. 20-I-46
Demezak, Hubert, dec. hon. de Ottmuth, m. 30-1-1945,
fusilado
Direske, Georg, cons, ecl., cura de Breslau (Corpus Christi),
m, 13-XII-46 en Harthausen cerca de Espira expositus
17-1-188
1
18-X-18
61
14-III-18
59
22-VI-19
07
23-VI-18
91
31-VII-18
81
19-III-18
80
19-V-18
78
23-VI-19
06
23-VI-19
05
13-IX-18
68
19-XI-18
72
1-VI-187
3
5-VIII-18
90
24-X-18
88
7-III-191
1
26-VI-18
98
1-I-1904
23-VI-18
96
11-VI-18
98
11-VI-18
98
13-VI-19
15
21-VI-19
13
5-IV-193
6
10-VII-19
21
27-I-192
9
9-II-1913 7-VIII-19
38
3-V-186 23-VI-18
8
91
18-VI-19
14
17-I-186
9
13-VII-1
905
4-VII-18
81
23-IV-18
83
1-VIII-49
11-VI-18
94
10-VI1-1
932
13-VI-19
15
23-VI-19
06
80
designatus de Erfiveiler (Dahn) diócesis de Espira
Dittrich, Johannes, cons. ecl., dec. comisaría arzobispal de
Breslau (Santa Cruz), m. 20-IV-45 matado por una bomba
Dombek, Franz, cura, Act. Circ., dec.hon., de Ammern (Sil.
Alta), m. 1945
Dropalla, Wilhelm, vicario de Birkenau, matado y quemado
1945
Dubowy, Ernst, Dr. theol. et phil., cura en Berlin, m.26-II-45 en
Kascher
Duezek, Anton; cura jub. en Carlsruhe (Sil. Alta), m.1948
Dumsch, Hermann, dec. hon., cura de Gr, Karlshöh,
m.26-XI-45 en Gr.-Karlshöh
Ende, Hugo, dec. hon., cura de Leupusch, m.194
Engel, Johannes, Dr. theol., cons. ecl., cura jub. de Bad
Salzbrunn, m. 11-V-47, refugadio en Holzminden (Weser)
Flassig, Eugen, dec., cons. ecl., cura de Blüchertal, distr.
Trebnitz, m. refugiado el 11 -IX -45 en Wittichenau, distr. de
Hoyerswerda
Förster, Alois, cons. ecl. en Wartha, m. 1945
2-XII-18
79
2-XII-18
79
10-1-190
7
15-VIII-1
891
9-VI-186
3
5-VIII-18
76
1-X-186
5
4-1-1879
20-VI-19
03
23-VI-19
06
29-I-193
3
8-VI-191
4
27-VI-18
89
23-VI-19
02
27-VI-18
89
22-VI-19
01
8-XI-187 22-VI-19
6
01
14-XII-1
866
11-V-18
95
26-VI-18
91
Förster, Josef, cura de Tillowitz, m. 1945
22-VI-19
19
Franke, Wilhelm, cura jub. en Görlitz-Ost, m. 5 -V –47
21-VI-18
16-IV-18 99
73
Franzkowski, Leo, cura de Goschütz, distr. de Gr.-Wartenberg, 2-III-188 21-VI-19
m. 27-VIII-48, cura auxiliar, refugiado en Steinhach/Eichsfeld 3
13
Frenzel, Johannes, coadjutor de Mechtal, m. Enero de 1945,
29-VIII-1 30-VII-19
matado
907
39
Fritsch, Wilhelm, cura jub. en Breslau,
5-V22-VI1882
1907
Fruntke, Willibald, cura de Kohlfurt, distr. Görlitz, m. 11-X-48,
6-II-1885 31-VII-19
refugiado en Ralshofen (Jülich-Renania)
13
Fuhrmann, Josef, vicario de Schwiebus, m. 1-IX-46 en
20-III-19 5-IV-193
Krivoi-Rog (Rusia)
13
6
Gach, Karl, cura jub. de Mechnitz (Sil. Alta), m. 1945
3-XI-187 20-VI-19
7
10
Gade, Karl, dec. cons. ecl. de Matzkirch, m. 1945
14-IV-18 20-VI-19
78
03
Ganse, Karl, msr., cons. ecl., dec., cura de Ottmaschau, m.
2827-VI-18
1945
I-1864
89
Garak, Oskar, cura jub. de Frankenstein, m. 19-IV-46
2-VIII-18 25-VI-18
81
69
Gerlich, Max, cons. ecl., Act. Circ. De Bischofstal, m. Enero de 13-XI-18
1945, fusilado y quemado
70
Gescher, Franz, Dr. theol. catedrático, Arzobispado de
1-VII-18
Colonia, Breslau, m. 1945
84
Glasnek, Bruno, cons. ecl., cura jub. De Ziegenhals,
17-VI-18
m.10-VIII-45 en Oberzell (Passau-Baviera)
72
Glatzel, Karl, cura de Borkendorf, m. Noviembre 1945 en
29-1-188
Aichach (Baviera)
9
Goebel, Josef, cons. ecl., cura de Waltdorf, m.13-IV-46 en el
31-VIII-1
Asilo de San Florián de Neuzelle
866
a consecuencias de la expulsión
Goerlich, Franz, administrador ecl. de Gross-Mocbbern, m.
148-III-46 en un hospital de Breslau a consecuencias de los
II-1911
malos tratos
Görlich, Julius, cura de Liebenzig, m. 21- IX-46, refugiado en
30-V-18
Finsterwalde
69
Görlich, Leo, cura de Tempelfeld, m. 11-II-45, fusilado
15II-1903
Görkich, Stefan, cura de Steinhaus, distr. Grottkau, m.14-X-48, 7-IV-187
refugiado, dir. esp. en el Hospital para expulsados en Damme 8
(Oldenburg)
Gottschalk, Paul, profesor de segunda enseñanza jub. de
16-III-18
Gleiwitz, m. 1945
90
Greiner, Georg, cura de Schurgast, m. Marzo 1945 matado
13-VIII-1
905
Greksch, Georg, prof. de segunda enseñanza del Arzobispado 9-X-187
de Posen Gnesen, cons. ecl. en Liegnitz, m. 1945
5
Grelich, Robert, dec. hon., de Breslau, m. 9-II-45, fusilado
22-X-18
84
Gressok, Paul, vicario, cura de Friedenau, distr. Kosel (Sil.
12Alta), m.29-I-49 comisario en Sigharting (Diócesis, Linz,
II-1881
Austria)
Gröbner, Karl, cura de Dauchwitz, m. 31-III-46
31-XII-187
5
Gutsfeld, Anton, cura de Sirndorf, distr. Neustadt (Sil. Alta), m. 12-III-18
26 -XI -48 (fue el más viejo sacerdote después de
63
Guzy, Johannes, dec., cura de Freysadt (Sil. Baja) m. 21-II-45, 24-V-18
matado
73
Haase, Alfoins, cura de Oppau, m. 1-IX-45, matado en la
6-VI-187
carcel
8
Habernoll, Max, cura jub. de Altwarthau, m. 2-III-45, fusilado en 9-II-1878
Naumburg/Queis
95
25-VI-18
95
10VIII-1908
21-VI-18
97
18-VI-19
14
23-VI-18
90
18I-1934
23-VI-18
96
30-I-192
7
23-VI-19
05
18-VI-19
14
13-VII-19
30
19II-1899
17-VI-19
09
17-VI-19
09
21-VI-18
99
23-VI-18
88
11-VI-18
98
23-VI-19
02
23-VI-19
05
82
Hahn, Emil, cura de Liebau, m. 3-IV-47 en el hospital de
Borken, vicario de Heiden-Nordick (Westfalia)
Haiduk, Franz, cons. ecl., Act. Circ. De Lohnau (Sil. Alta),
m.1945
Hampel, Emil, cura de Naumburg (Bober), m. 25-VIII-45,
refugiado en Seidlitz cerca de Senftenberg
Hauke, Bernbard, coadjutor en Breslau (San Bonifacio), caído
1945
12-VI-18
83
16-I-187
3
27-VII-1
888
22-VI-19
08
21-VI-18
99
16-VI-19
18
17-XI-191 VIII-1937
2
Hauptfeisch, Georg, cons. ecl., cura de San Bonitacio, Breslau, 26-VI-18 23-VI-19
m.18-1-48,refugiado en un Hogar de Recreo para sacerdotes 77
02
en Schwarzbach (Rhön)
Heidrich, Otto, dec. hon., cura de Kaundorf, distr. Neisse, m.
21-IV-18 21-VI-18
2-V-45
73
97
Hemmer, Martin, prelado, comisario arzobispal, msr. en
6-II-1863 19-VIII-1
Schmottscifen, m. 28-VII-47 en Hainfeld (Palatinado) a
888
consecuencias de la expulsión
Hempel, Wilhelm, dec. de Steinau (Oder) m. refugiado en
12-IX-18 18-VI-19
Annaber- (Erzgebirge) 1945
91
14
Herrmann, Bernhard, cura jub. de Neustadt (Sil. Alta), m. 1945, 1-X-187 21-VI-18
matado
2
99
Herrmann, Wilhelm, cons. ecl., cura jub de Breslau (San
25-VI-18
Enrique), m. 18XII-1946
22-VII-1 95
872
Hertel, Georg, prof. de segunda enseñanza de Oppeln, m. 323-X-19 30-I-192
II-45, fusilado
01
7
Hoffmann, Karl, rector de seminario, cons. ecl. en Paschkau,
10-X-18 23-VI-18
m. 21-1-46 en Neuzelle en el Asilo de San Florián a
66
91
Hollmann, Wilbelm, cura jub. de Berlín-Hermsdorf, m.
20-IX-18 118-XI-1946
69
VI~1894
Hoheisel, Josef, cons., ecl., cura de Patsehkau, m. 1-III-46 en 21-VI-18 15-VI-18
el asilo de ancianos San Florian de Neuzelle a consecuencia
68
92
de la expulsión
Hruby, Victor, cura jub. para encarcelados, cons. ecl. en
13-X-18 23-VI-18
Gross-Strehlitz (Sil. Alta), m. 11-I-47
64
90
Hübner, Alfred, cons. ecl., dec.de Trebnitz, m. 24-X-46
25-VI-18 22-VI-19
86
11
Hübner, Eugen, cura jub. de Briesnitz,
m.1945
8-IV-187 23-VI-19
7
02
Habner, Max, cura de Krossenheim, m. 6- VII-45
9-XI-187 21-VI-19
8
04
Jackowski, Leo, cura jub. en Breslau, m.27-VII-47 en
2022-VI-19
BI.-Weissensee refugiado en el hospital San José
III-1884 08
Jaglo, Josef, prelado, cura de San Pedro en Gleiwitz,
2-IV-187 21-VI-18
83
m.9-lX-49
Jakubitz, Georg, cura de Soldin, vuelto de Rusia, donde estuvo
de prisionero de guerra, murió en un hospital de Leipzig a
causa de una tuberculosis ósea 27-XII-47
Janotta, Norbert, cura de Brünne, m. 1945 violentamente
2
97
25-V-19 29-I-193
05
3
6-VI-190 2-II-1930
4
Jaschke, Paul, cons. ecl., cura de Bochau, m.1945
2411-1865 11-VI-18
94
Jenderko, August, cura de Wallendorf, m. 13-II-46
22-VII-1 15896
II-1925
John, Eduard, dec. hon., cura de Stephansdorf, m. 21-XI1-48, 5-XI-187 11-VI-18
refugiado, dir.esp. del asilo de niños San José de Hürbel, distr. 2
98
Biberach
Jüttner, Maximilian, msr., cons. ecl., cura jub. deGlogau, el
2-IX-185 6-IV-187
más viejo sacerdote de la diócesis, m 19-VIII~48, refugiado en 3
6
Ursberg cerca de Thannhausen (Württemberg)
Jung, Heinrich, cura jub., m.3-VII-45 en el sanatorio de Branitz 10-X-18 21-VI-19
78
04
Kalis, Erich, cura de BerteIsdorf, m. 1945, fusilado
8-VII-19 28-I-193
09
4
Kammel, Georg, msr., comisario arzobispal, cura de
1-II-1875 21-VI-18
Finsterwalde, m.25X-49
99
Kayser, Edmund, dec. hon., cura de Steubendorf (Leobschütz), 17-XI-18
m.20-XI-49, refugiado en el hospital "San Martin" de
67
21-V-189
Duderstadt
3
Kellermann, Johannes, coadjutor jub. de Scheibe de Glatz, m 4-III-190 31-I-193
16-VII-47, refugiado en el sanatorio de Gross Schweiduitz
7
2
(Löbau sobre el Saale)
Kirchner, Josef, cura de Stadt-Olbersdorf, m. 1-II-46
9-III-187 2-VI1-19
4
03
Klapper, Reinhold, cons. ecl. en Breslau, m. 31-III-47
13-VIII-1 23-VI-19
876
00
Klar, Felix, dec., cura de Bischofswalde, debido a la expulsión 18-IV-18 20-VI-19
murió el 11-I-46 en Görlitz-Ost
76
03
Klautsehke, Robert, cura jub. de Breslau, m 23-IV-46
1-X-187 20-VI-19
6
03
Klehr Leopold, cura de Striegau, m. Junio 1945, fusilado
31-1-190 150
II-1925
Klein, Josef, dir,. esp. de Gablitz (Viena), m. 12-1-49
245-VII-189
II-1868 2
Kletzel, Bruno, dec. hon., cura de Ober-Glaserdorf (Lüben),
1322-VI-19
m-22-VII-47
II-1883 08
Klimosch, Alfons, cura de Obergrund, distr. Freiwaldau,
1-VIII-18 19-VII-19
84
m.1947
Klosa, Josef, cura de Olbersdorf, m.13-XI-46
86
26-VIII-1
878
König, Paul, profesor jub., cura de Fürstenberg, m.11-XI-45 en 18-IV-18
Fürstenberg
94
König, Paul, Com. arzobispal, dec. jub. de Ingramsdorf, m.
15-X-18
1945
78
Kosian, Konrad, cura de Kammersfeld, distr. Neustadt (Sil.
5-VI-188
Alta), m. Abril
1949
7
Kotzur, Alfous, cons. ecl., cura de Witgendorf, m. Abril 1945
13-VII-1
882
Kollawek, Johannes, dec. de Hoyerswerda, m. 20-IV-45,
7-XII-18
fusilado en su casa
85
Krause, Ernst, vicario jub. de Freystadt (Prusia Oriental), m.
8-VI-188
27-1-46, refugiado en el hospital Santa Isabel de Leipzig
3
Kresse, Alois, cons. ecl., prof. jub. de Ziegenhals, m,. 15-II-46 24en Forst (Lausitz) debido a la expulsión
XI1-187
1
Kretschmer, Eugen, cons. ecl., cura jub. de Obersebreiberhau 19-X1-1
(Silesia), m. 31-V-47
864
Kretschmer, Herbert, cura de Breslau Hundsfeld, m. 29-VIII-49, 6-VII-18
sacerdote para refugiados en Langenleuba-Niederhain (Saale), 95
durante una estancia en Greifswald para curarse
Krettk, Kurt, cura de Heidersdorf, m. 26-XII-46
27-VIII-1
885
Kube, Heinrich, cura de Kleinhelmsdorf, m. 3-VII-46 en el
17-V-18
hospital de Otterndorf-Stade a consecuencias de la expulsión 82
Kubis, Josef, capitular hon., prelado, comisario arzobispal de
19-III-18
Oppeln, m.
1945
74
Kuhnert, Josef, vic. jub. de Sagrada Familia en Breslau, m.
1-X-187
10-IX-48, refugiado en Gailenbach-Batzenhofen, diócesis de
2
Augsburgo
Kukofka, Wilbelm, dec. hon., cura de Friedersdorf, distr.
16-VI-18
Neustadt, m. 27-VI-49, refugiado en Duderstadt, dir.
81
Kuroczik, Alexander, dec. hon., cura de Langendorf (Silesia
28Alta), m. 1949
II-1886
Kutscha,Paul, coadjutor jub. De Birkenau, m. 27-1-45 (fusilado 26-VI-19
y quemado)
11
Kutz, Emil, cura, Act. Cire. de Marklinden, m. a fines de Enero 21-XII-1
1945 violentamente
893
Laake, Otto, Dr. theol., cons. ecl. en Neuwalde, m. 1945
5-IX-186
matado
9
Lange, Karl, comisario arzobispal, decano de Gross-Streblitz, 21m.25-1-45
matado
II-1870
11
21-VI-19
04
20-VI-19
20
20-VI-19
03
6-VII-191
3
23-VI-19
05
22-VI-19
12
17-VI-19
09
21-VI-18
97
23-VI-18
90
2-III-192
4
20-VI-19
10
23-VI-19
06
21-VI-18
99
11-VI-18
98
23-VI-19
06
22-VI-19
12
5-1V-193
6
20-VI-19
20
11-VI-18
94
25-VI-18
95
85
Langner, Herbert, cura de Zielenzig, m. Febrero 1948 en el
campo de concentración de Buchenwald
Lebok, Johannes, cura de Cronstau, distr. Oppeln (Silesia
Alta), m.2-I-46
Lerch, Johannes, cura de Miechowitz, distr. Beuthen, m.
12-XI-47 en Harstenstein cerca de Zwickau a causa de la
expulsión
Linke, Karl, cura jub. de Gbrlitz, dir. esp. de la casa de
Misericordia "San Antonio" de Lauban, m. 24-IV-46 en el asilo
de ancianos -San Otón-. refugiado en Görlitz
Lischke, Alois, cura jub. de Breslau-Carlowitz, m. 4-VII-46
Lompa, Georg, dec. hon., cura de Sagan, 18-XII-49, dir. esp.
refugiado en el asilo de la Caridad de Alt-Döbern, distr. Calau
Loske, Otto, dec. hon., cura de Löwenberg (Sil.), m. 26-V-46
(en su patria a causa de una apoplejía)
Ludwig, Karl, cura de Strehlitz, m. 24-I-45, fusilado
Maliske, Josef, cura de Stuben, m. 3-12-46, refugiado en
Gelmdorf, distr. Lödingshausen
17-VII-1
908
24-III-18
72
6-III-188
3
29-1-193
3
21-VI-18
99
17-VI-19
09
23-XI-18 24-1X-18
68
93
30-I-186
8
25-IX-18
79
2-1-1884
23-VI-18
96
21-VI-18
04
22-VI-19
07
2-II-1930
23-X-19
02
2725-VI-18
II-1867 95
Maruszczyek, Leopold, cura jub. de Stroppendorf (Sil. Alta), m. 11-VIII-1 23-VI-19
14-XII-46
880
06
Marzoll, Josef, cura de Mosty, distr. Olsa, m. 1946
12-III-18 25-VII-19
80
07
Materne, Felix, dec. hon., cura de Königszelt, m. 1945,
4-VII-18 23-VI-19
refugiado en Klattau, diócesis Budweis
81
06
Meisel, Georg, cura de Tinz, m. 1945
18-XII-1 13-VI-19
891
15
Metzger, Franz, cura jub. de Kattern, m. 12-IV-46
11-IX-18 17-VI-19
84
09
Metzger, Konrad, Dr., cons. ecl. de Breslau-Ohlewiesen, m.
2622-VI-19
17-X-47 en el hospital "Santa Hedwig" en Berlín, Antes dir.
IV-1883 07
esp. de Carolusheim de Neuzelle, ditsr. Guben
Meyer, Alfons, cura de Malitsch, m. 5-XI-46
6-IX-190 2-II-1930
5
Michaletz, Georg, cura de Wolfau,m. 29-3-45, fusilado
12-VIII-1 23-IV-19
895
22
Mika, Viktor, cura de Schlüsselgrund, m. 1945, matado
1-XII-18 20-VI-19
91
20
Mittmann, Karl, com. Arzobispal, cons. ecl., cura de Sprottau, 26-V-18 22-VI-19
murió trabajando en una mina en el Ural (según el
77
01
86
"Niedersächsische Kurier” del 12-VII -49)
Mlotzek, Hubert, dec. de Neudamm, m. 12-XI-45
3-XI-190
3
12II-1890
26-VI-18
98
12-VIII-1
907
22-V-18
86
7-X-187
3
2-II-1930
9II-1873
21-VI-18
97
20-IX-18
78
16-IX-18
89
5-VII-190
3
18-VI-19
14
24II-1905
12-I-187
5
Paschke, Paul, Dr. phil. cons. ecl. en Breslau de San Miguel,
9-VIII-18
m. 1945
64
Pattas, Bruno, dec. hon., cura de Gleiwitz, m. 7-III-47 en el
22-X-18
hospital "San José" de Berlín –Tempelhof
91
Pautsch, Clemens, cura de Kladau, distr. Glogau, m. como
14-IV-18
vicario de Essen cerca de Heudeberg (Harz) el 1-XII-49
97
Pawelke, Karlheinz, sacerdote, caído poco después de su
9-XII-19
ordenación en Breslau
13
Peikert, Paul, cons. ecl., cura de San Mauricio de Breslau,
1-X-188
m-18-VIII-49, vicario de Bredenhorn, distr. Höxter (Westfalia)
4
Peschel, Josef, cura de Ossig, m.1945 (tifus)
5-VIII-19
03
Petzold, Franz, cons. ecl., cura jub. de Dippelsdorf, m. 1946
30-XII-1
869
Piertyga, Seraphim, sacerdote para encarcelados, dec. hon. de 8-XII-18
Brieg, m. Enero 1945, matado
71
Poganiuch, Hugo, dec. hon., cura de Peiskretscham, m. 1945 24-VIII-1
881
1-II-1931
Moepert, Adolf, Dr. phil., cons. ecl. de Kanth, m.17-II-45,
fusilado
Moschek, Johannes, cons. ecl., dec. hon., de Kreuzburg, m.
13-V-45, refugiado en el "Malteserstift" de Räckelwitz (Saale)
Mühlstefl, Georg, cura de Schabenau, m. Enero de 1945,
matado
Neuber, Josef, dec. cura de Jauer, m. 5-11-45, matado
Neugebauer, Johannes, cura de Krintsch, dec. hon. de Kr.
Neumarkt, m.10-1-48, refugiado en Wiedelah cerca de
Vienenhurg (Harz)
Nieborowski, Paul, Dr. phil., cura jub. de Breslau, m. 3-IV-48,
refugiado en el asilo "San José" en
München-Gladbach
Nocon, Robert, cura de Giersdorf-Rotbrünning, m.10-I-47,
sacerdote auxiliar, refugiado en Bad Brambach
Nonnast, Georg, coadjutor jub. de Patschkau, m.22-III-46 en el
"St. Josefstift" de Berlín -Weissensee a consecuencia de la
expulsión
Nowotny, Max, cura de Föhrendorf, m. 10-IX-46 a causa de
una colerina, cura auxiliar de Langliebau (Sil. Alta)
Nozon, Siegfriéd, cura de Trachkirch,distr. Ratibor, m. 1949
13-VI-19
15
17-III-19
23
27-I-193
5
18-VI-19
14
21-VI-18
99
22-VI-19
01
11-VI-18
94
10-VI-19
17
19-VI-19
21
--20-VI-19
10
27-1-192
9
23-VI-18
96
11-VI-18
98
22-VI-19
07
87
Pohl Alois, cura de Lossivitz, m. 1945, matado
24-X-18
77
Pohl, Heinrich, coadjutor de Jauer, m. 12-II-45, fusilado
17-10-19
10
Ponsens, Karl, cons, ecl., cura de Sorau (Lausitz), in. 12-VI-49 24-VIII-1
869
Ramberg, Georg, cura de Boberröhrsdorf, distr. Hirschberg, m. 4-VIII-18
8-IV-48, vicario de Springe (Deister) en el hospital
79
Reimann, Walter, coadjutor jub. en la Casa de Sacerdotes de 31-V-18
Neisse, m.11-V-49 como dir. esp. del Asilo de la Caridad de
86
Sieblos, distr. Fulda
Reisse, Roman, Dr. theol., dec. hon. de San Enrique de
23-VI-18
Breslau, m.8-VII-45, fusilado
93
Renschke, Georg, cura de Hermsdorf,m. 12-XII-46
9-IX-189
5
Richter, Eberhard, cura de Pombsen, m. Otoño 1945
18-VI-19
03
Richter, Paul, cura jub. de Karlsmarkt, caído 1945
13-VI1899
Rösler, Max, dec. hon. de Zobten (Bober), m. 1945, matado
11-XII-1
872
Rosie, Philipp, cura de Steinau (Sil. Alta), m. 19-III-45, fusilado 26-I-189
3
Roter, Adalbert, cons. ecl., cura de Heinrichsau, distr.
15-XI-18
Münsterberg, m. 28-11-49, vicario refugiado en Holtheim
79
(Paderborn)
Rothkegel, Johannes, cura de Schosnitz. m. 1945
7-X-190
0
Rudzki, Franz.. cura jub. de Groschowitz, m. 1945. matado
10-XII-1
866
Rücker, Adolf, catedrático, Dr. tlicol. phil. en Münster
26-V-18
(Westfaiia), m. 13-XI-48
80
20-VI-19
03
1-VIII-19
37
11-VI-18
94
23-VI-19
05
20-VI-19
10
Rust, Otto, cons. ecl., dec., cura de Lüben, m. 2-III-45. fusilado 24-IV-18
71
Sabisch, Rudolf, cura de Krehlau, m. 8- 11-45, fusilado
1-IX-190
9
Salbert, Theodor, cura de Bischdorf. distr. Rosenberg (Sil.
12-III-18
Alta), m. 22-V-48 en el hospital de Essen-Oldenburg
87
Sauer, Max. cons. ecl., cura de Konstadt, m. 3-XII-47,
30-V-18
refugiado en Craivinkel, distr. Gotha
79
Sauer, Paul, cura de Bunzlau. m. 24-VI-46 en el hospital
26-IX-18
católico de Bunzlau, adonde le habían llevado de la prisión
92
Sauermann, Franz, Dr. phil., profesor jub. de Ohlau, m. 1945
7-X-187
22-III-18
96
5-IV1936
21-VI1913
20-VI1903
19-VI1921
23-VI-
25-VI-19
16
10-VI-19
21
30-I-192
7
2-III1924
21-VI-18
99
25-VI-19
16
23-VI-19
06
15-II1925
21-VI-18
93
23-VI-19
06
88
Schewior, Erich. coadjutor de Gogolin. m. 1945, fusilado
Sechmidt, Bernhard, dec. hon. de Neisse, m. primavera 1945
Schmidt, Johannes, Dr. cons. ecl., cura de St. Carolus de
Breslau, m. 20-VII-47, vicario refugiado en Oranienbaum
(Anhalt)
Scholl, Martin. cura de Auras. m. a fines de Enero 1945,
matado
Scholtyssek, Erich, cura de Rentschen, m. 1945, matado
Scholz, Berthold, cura jub. de Frankenstein, m. 19-VII-47,
refugiado en Thuine, distr. Lingen en la casa matriz de las
franciscanas
Scholz, Georg, cura de Michelau, m. 25-I-45, fusilado
7
14-IX-19
07
27-IX-18
57
25-V-18
75
1902
29-I-193
3
28-VI-18
83
28-X-190
1
29-XII-1
898
28II-1906
22II-1875
17-III-19
23
2-II-1930
23-I-190
0
Scholz, Hugo, dec., cura de Wilxen, m. 12-II-47, refugiado en
14-I-187
el St. Josef stift de Hannover
1
Schreiber, Franz, cons. ecl., cura jub. de Jauernig, distr.
5-10-186
Freisvaldau, m. 7IV-48
8
Schroda, Josef, cura de Keilerswalde, m. Febrero 1945,
24matado
II-1874
Schröder, Wilhelm, cons. ecl., profesor Jub. de Beringhausen, 13-III-18
m.17-X-45
55
Schuler, Heinrich, cura jub. en Dresden, m. 13-II-45, matado
16-VII-1
871
Sehütte, Josef, cura de Kerpen, m. 10-V-46 en Kerpen, distr.
30-VIII-1
Neustadt (Sil. Alta)
887
Schulz, Alfons, Dr., catedrático en Breslau, diócesis de
27-IV-18
Emland, m. 7-V-47
71
Schumann, Paul, dec. hon., Act. Circ. de Breslau-Neukirch,
25-VII-1
m.18-II-45,
fusilado
872
Schwarz, Adolf, decano de Selmellewalde, m. 4-XII-47,
15-IV-18
refugiado sacerdote auxiliar en Hills (Krefeld)
78
Schwarz, Emil, dec. hon., cura de Langwasser, distr.
2-IV-188
Lüwenberg, m. 26-X-49, refugiado, dir. esp. de la Casa de
0
Schwedowitz, Walter, dec. cons. ecl. de Riegersdorf, m. 1945 17-III-18
85
Sehwirtz, Josef, vicario de Märzdorf, m. 6-II-45, fusilado
11-III-19
08
Sedlaczek, Anton, cura de Kranzdorf, distr. Neustadt (Sil. Alta), 1-X-188
m. 13-I-48
0
Seicker, Franz, dec. hon. cura de Hermannstadt, distr.
14-IV-18
21-VI-18
99
15II-1925
21-VI-18
97
9-VII-189
1
22-VI-19
01
29-III-18
84
26-VI-18
96
20-VI-19
10
28-X-189
4
23-VI-19
02
21-VI-19
04
23-VI-19
06
18-VII-19
07
29-VI-19
34
10-VIII-1
903
26-VII-19
89
Freiwaldau, m. 22-11-1948
Seichter, Karl, cons. ecl., cura de Nieder-Lindewiese, distr.
Freiwaldau,
m. 16-II-49
Sieber, Franz, cons. ecl., cura de Fürstenau, distr. Breslau,
m.26-1X-49, refugiado en hospital "Santa Isabel" de Eutin
(Holstein)
Siebner, Franz, dec. hon. de Liebenau, m. 1945, matado
76
23II-1869
28-XII-1
867
00
5-VII-189
3
23-VI-18
96
2-IX-188
2
Siersetzki, Alfons, cura de Jarischau, m. 1945, fusilado y
28-VIII-1
quemado
903
Sikora, Josef, vicario de Göbersdorf, m. 23-XII-45, fusilado
17-III-19
12
Skrzypietz, Roman, dec., cura de Schönhorst, m. 28-I-46
11II-1881
Smorloz, Franz, coadjutor de Tunskireh, distr. Ratibor, m. 1945 27-I-191
4
Smykalla, Anton, dec. hon., cura de Ratiborhammer, m.
10-V-18
10-1-48
69
Sobek, Eduard, cons. ecl., dec. de Gleivitz, m. 25-XI-46
11-X-18
78
Spillmann, Max, dec. hon., cura jub. de Altkirch, distr. Sagan,
2-X-188
m. refugiado en Minden (Westfalia), 4-IX-49
0
Spittler, Josef, cura de Schweinitz, m. 22-II-45, fusilado
24-X-19
08
Stark, Wilhelm, dec. hon., cura de Trachenberg, m. 14-X-48,
22-Irefugiado en Referinghausen, distr. Brilon (Sauerland)
1885
Steiner, Josef, vicario de Freiburg, m. 1945
16-XII-1
909
Steinfels, Erich, cura, Act. Cire. de Rudelsdorf, m. 1945,
23fusilado
II-1893
Steinhauf, Leo, cons. ecl., cura jub. de Ziegenhals, in. 27 -1-46 20-IX-18
en Forst (Lausitz) a causa de la expulsión
72
Steinhoff, Franz, cura jub. en Hindenburg, in. 1945
8-X-187
7
Stenzel, llermann, cons. ecl., vicedeán de la catedral de
24-VI-18
Breslau, m. 12 -IV –46 en el hospital para expulsados de
68
Husbäske (Oldenburg) a consecuencias de la expulsión
Stephan, Otto, dec. hon., cura de Dt.-Wartenberg, m. 16-VII-46 26-VI-18
84
Steuer, Gerhard, cura de Obermois, m. 1945
4-V-190
8
Strehler, Bernhard, Dr. theol., cons. ecl., cura
30deCharlottenbrunn, m. 11-XII-45
XI-1872
Sydow, Johannes, cons. ecl., dec., cura
de
24-VI-18
22-VI-19
07
2-II-1930
5-IV1936
17-VI1909
30-VII1939
21-VI1897
21-VI1904
22-VI1907
6-IV1936
22-VI1912
5-IV-193
6
19-VI-19
21
25-VI-18
95
23VI-1906
15-VI-18
92
22-VI-19
11
31-I-193
2
11-VI-18
91
11-VI-18
90
Grosshartmannsdorf, m. 14-XI-46
Tannheiser, Max, cons. ecl., dir. esp. de Kamenz, m. 25-V-46
en el St. Josefstift de Kamenz (Sil.)
Tessen-Wesierski, Franz, von, Dr., catedrático jub. de Stetting,
m. 7-I-1947
Tessen-Wesierski, Stanislaus, von, dec., cura de Senftenberg,
m. 1945
Theissing, Johannes, Dr., vic. de la catedral de Breslau, m.
5-V-47. refugiado, miembro de la jefatura de las Juventudes
Alemanas Católicas de Altenberg
Tobias, Paul, cons. ecl., dec., cura de Krappitz (Oppeln), m. 9II-49
Tschöpe, Karl, cura de Bolkenhain, m. 7-III-47, refugiado en el
hospital "San Vicente" de Braunschweig
Tschötschel,, Gerhard, cura de Alteichenau, distr. Wohlau,
desaparecido a partir de la invasión rusa
Ulbrich, Theophil, cura jub. de Maltsch, m. 8-Vll-46, durante el
transporte de prisioneros alemanes de Checoeslovaquia a
Alemania
Ungerathen, Josef, dec. hon., cura de Lohbrück, m. 1945
75
11-VI-18
72
22XII-1869
16-III-18
74
5-X-191
2
98
17-XII-18
98
25-VII-18
94
24-VIII-1
900
5-IV-193
6
24-VIII-1
876
1-X-188
8
22-III-19
05
9-VII-18
89
23-VI-19
00
22-VI-19
12
1-II-1931
19-VIII-1
879
Unterlaull, Max, cons. ecl., cura jub. de Wartha, m.28-XI-47 en 22-XI-18
el asilo de ancianos de Lemathe (Westfalia)
69
Urban, Karl, cura de Janken, distr. Ratibor (Sil. Alta). m. 1949 5-VI-187
5
Vanicek, Rudolf, cura jub. de Oderberg-Stadt, m. 1945
21-III-18
85
Viebig, Hermann, cura jub., de Dt-Malmen (Hindenburg, Sil.
7-II-1872
Alta), m. 4-VIII-49 en Hindenburg
Viecenz, Heinrich, cons. ecl., profesor en Hindenhurg,
13-XI-18
m.22-III-45, refugiado en Bamberg (Baviera)
85
Völkel Paul, cons. ecl. cura de Hermannstein, m.7-II-46,
26-VI-18
durante el tranporte de silesianos en Lauban
64
Waletzko, Johannes, cura de Langlieben, m. 14-VI-46
28-VIII-1
900
Walliczek, Wilhelm, cons. ecl., profesor de enseñanza religiosa 24-III-18
jub. de Jungferndorf, distr. Freiwaldau, m. en la patria a fines
63
de 1947
Walloschek. Franz, cura de Glockenau, m. 1945, matado
30-IX-18
85
Watzlawik, Franz, coadjutor de Herzoghuf en, m. 3 -II ~46, en 26-X-19
un campamento de prisioneros de Brest-Litowsk (Tifus)
13
Wawra, Karl, miembro del cabildo, prelado, cura de Neisse, m. 1324-X-47, refugiado en Harsum (Hildesheim), profesor en la
II-1868
23-VI-19
06
11-VI-18
94
22-VI-19
07
22-VII-19
08
11-VI-18
98
20-VI-19
10
27-VI-18
89
2-III-192
4
29-VI-18
85
23-VI-19
05
22-VI-19
12
30-VII-19
39
21-VI-18
93
91
escuela de instrucción para campesinas
Wawrzinek, Alfons, cura de Zellin, m. 9-1-47 en Heflin, distr.
Neustadt (Sil. Alta)
Weber, Richard, vicario de Waldtal, distr. Breslau, m.17-VI-48,
refugiado en el hospital de "San Clemente" en Münster
(Westfalia)
Weberbauer,Johannes, cura de Neustädtel, distr. Freystadt
(Sil. Baja), desaparecido a partir de la invasión rusa
Weeker, Franz, cura de Karschin, m. 19- VI-46
13-VI-18
94
2-XI-189
4
20-VI-19
20
22-VI-19
19
3-VIII-19
09
10-XI-18
77
23-VII-1
885
25-VI-18
81
28-I-193
4
22-VI-19
07
17-VI-19
09
23-VI-19
05
3-XII-18
75
21-XI-18
67
Wittig, Georg, dec. hon cura de Frankenstein, m.27-XI-49,
7-IX-184
refugiado, sacerdote de Bolstern, distr. Saulgau, Wüttemberg 9
Wlodarczyk, Emil,,cons. ecl., cura jub. de Obermois, m.
5-VII-18
26-V-45, en Obermois
69
Woehl, Ernst, cura de Casimir, m. 1946
5-X-188
0
Woitok, Richard, dec. hon., cura de Zelasno, m. 1945
19-IX-18
73
Wolf, Edgar, cura de Schónwald, distr. Gleiwitz, m. a mediados 28-VIII-1
de Agosto de 45, en un campo de concentración polaco
882
Wotzka, Georg, cura de Heydebreck, distr. Kosel (Sil Alta),
2-VIII-18
m.13-III-49
95
Wracidlo, Karl, cura en Pitschen, m. 1945, fusilado
20-XII-1
908
Wycisk, Eduard, cura de Grossgauden, distr. Kosel, m.
18-VI1-1
23-VIII-49 en Gross gauden
877
Wycisk, Johannes, cura de Stillersfeld, distr. Beuthen, m.
21-XI-18
4-XII-48
87
Ziebolz, Felix, cura jub. de Endersdorf, m. 1946
14-V-18
72
Zug, Alois, cura de Rogau, m. 1945
30-XI-19
05
22-VI-19
01
15-VI-18
92
23-VI-19
02
21-VI-18
93
13II-1908
21-VI-18
99
22-VI-19
07
22-VI-19
19
29-I-193
3
23-VI-19
02
13-VII-19
13
21-VI-18
97
29-1-193
3
Werner, Heinrich, vicario jub. de Branitz, m. l-IV-45, matado
Wilkens, Heinrich, cura de Dittersbach, distr. Sagan,
m.9-VII-48, refugiado,dir.esp. en el St. Anna-Heim de Berlín
-Schöneberg
Winkler, Anton, cons. ecl., dec. de Birkenau, m. 26 -I-45,
fusilado y quemado
Wirsing, Josef, cons. ecl., cura jub. de Neisse, m. 1945
92
Resumen
en 1945 murieron 131 sacerdotes
en 1946 murieron 56 sacerdotes
en 1947 murieron 34 sacerdotes
en 1948 murieron 26 sacerdotes
en 1949 murieron 28 sacerdotes
en total: 275 sacerdotes del Arzobispado de Breslau
72 de éstos asesinados.
Lista de los Sacerdotes muertos de la Vicaría General de Branitz
(Parte alemana del Arzobispado de Olmütz) 1945-1949
Auer, Richard, cons. ecl.,- vicario del castillo de Krug, m. Otoño 1945
Beyer, Adolf, cura de Roben, m. 4-IV-45 en lglau (Bohemia)
Dudek, Albert, cura en Turkau, m. 13-VII-1949 en Kauthen cerca de Troppau
Gaida, Paul, cura castrense de Leobschütz, m. 25-X-45 en un campamento de
prisioneros en Noworossysk (Rusia)
Grigarczyk, Rudolf, msr., cura, secretario del vicario genera1, m. 18- IV-49 en
Troppau
Grigarczyk, Karl, cons. ecl., cura de Dreimühlen, m. 26-III-45 en Dtsch. -Krawarn
Hantke, Friedrich, coadjutor de Krcuzdorf, m. en Rusia 1944
Kayser, Edraund, cura de Steubendorf, m. 20-XI-49 en Duderstadt-Eichsfeld
Klose, Leopold, cons. ecl., cura de Komeise, m. 31-1-49 en Braunschweig
Kloske, Heinrich, prelado, decano de Baucrwitz, m. 4-VI-48 en Wernigerode (Harz)
93
Melzer, Eugen, cura de Lindau, m. 9-II-46 en Branitz
Moch, Alois, msr., catedrático jub. m. 1-IV-45 en Leobschiltz
Müller, Emil, dir. esp. en Katscher, m. 23-II-48 en Twistringen (Hanover)
Ptock, Franz, coadjutor de Katscher, m. 1945 en Bad Nauheim
Richartsky, Eugen, cons. ecl., cura de Pormnerwitz, m. 28-XII-46 en Reher
Sehmalz, Karl, Dr. cons. ecl., jub. m. 1-IV-45 en Leobschütz
Widlak, Paul, cons. ecl., cura de Schammerau, m. 24-XII-47
Lista de los Sacerdotes muertos de la Vicaría General de Glatz
(Parte alemana del arzobispado de Praga)
desde 1945 hasta el 10 de Abril de 1950
NOMBRE
Filla, Franz, Dr. cura de Altheide-Bad, m. 25-1-45
Nacido
26-1-188
3
Heinsch, August, cura de Mittelsteine, m. 2-II-46 en Stralsund 12-XI1882
Heinze, Augustin, cura de Bad Landeck, m. 20-III-48 en Lcipzig 9-III1865
Hoffmann, Karl, rector del Seminario jub., m. 1-III-46 en
10-XPatschkau
1866
Jünschke, Hermann, cura de Hummelstadt-Lewin, m. 13-1-50 27-Ien Freren, distr. de Lingen (Ems)
1877
Knittel, Julius, cura de Niederhaunsdorf, m. 24-X-46
21-VIII-1
891
Kretschmer, Paul, cura de Schlosshübel-Pischkowitz, m.
21-XII-1
14-VI-46 en Neuenkirche, cerca de Brarnsche, distr.
871
Bersenbrück
Pangratz, Gustav, cura jub., Grundwald, m. 30-VII-45 en
3-VI1-18
Reyersdorf
81
Patra, Josef, cura de Grafenort, m. 22-IV-46
11-VII1887
Raabe, Paul, cons. arzobispal, Bad Renerz, m.5-IX-48 en
6-XPaderborn
1974
Sauermann, Franz, Dr. phil., prof., Ohlau, m. 23-X-45 en 7-X-
0rdenado
12-XI-18
82
22-VI1907
23-VI1891
23-VI1891
15-VII1900
29-VI-19
17
18-IV1900
23-VI-19
06
14-VII1912
30-VI1907
23-VI94
Ludwigsdorf
1877
1902
Wache, Georg, msr., cura de Neurode, m. 20-IX-49 en
Nicheim, distr. Höxter
Zenker, Friedrich, prof. jub. Cosel (Sil. Alta), m.8-lX-45 en
Hirschberg
Zimmermann, Kurt, cura de Kunzendorf -Biele, m.28-VI-48 en
Nordick, distr. Borken (Westfalia)
22-XII1876
15-VII1876
1-VI1892
23-VI1905
15-VII1900
4-VII1915
Nota: En el Condado de Glatz, que se había ocupado después de la capitulación
general, no hubo ningún caso de muerte violenta de sacerdote alguno.
INDICE
La Pasión de Silesia
Los últimos días del Cardenal Bertram de Breslau
Memorias al Obispo de los Refugiados
El Obispo Josef-Martin Nathan .
El Calvario de los Sacerdotes silesianos
Lista suplementaria
Víctimas de las distintas Ordenes religiosas de Silesia
El Martirio de las Monjas de Silesia .
Lista de los Sacerdotes muertos del Arzobispado de Breslau
Resumen
Lista de los Sacerdotes muertos de la Vicaría General de Branitz
Lista de los Sacerdotes muertos de la Vicaría General de Glatz
95
Diseño Portada
Alexis López Tapia
96
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