Documento 1170346

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REPORTAJE
Los terroristas asentados en Azawad pueden aprovechar el desempleo juvenil para reclutar nuevos yihadistas.
El nuevo refugio
de al-qaeda
A tan sólo cuatro horas de vuelo desde Madrid, el norte de Malí
se ha convertido en un peligroso campamento yihadista.
M
Por Javier Molina
alí fue en su época un glorioso cruce de caminos que le dio
relevancia cultural y comercial al entonces Imperio malí
que dominaba todo el oeste
africano entre el siglo XI y el XVI. La posterior colonización francesa a mitad del XVIII paralizó su
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desarrollo, hasta su independencia de Francia, en
septiembre de 1960, cuando logró convertirse en la
República de Malí, una democracia casi modélica
en África.
Sin embargo, ahora sufre la amenaza de convertirse en un Estado fallido partido en dos, cuyo territorio del norte, Azawad, se disputa entre los na-
Ataque a las mezquitas de Tombuctú (Malí).
En 2004 la mayoría
de inmigrantes que
arribaban a España
procedían de malí
cionalistas de etnia tuareg y distintas marcas de la
tenebrosa Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).
No obstante, los últimos acontecimientos políticos
aceleran la destrucción de esta joven democracia
africana. Así, el pasado marzo un grupo de militares
rebeldes impulsó un golpe de Estado y suspendió la
Constitución de 1992. Los sublevados se ampararon
en la incapacidad del Gobierno de Amadou Touré
de solucionar la crisis en Azawad, donde los terroristas ya están aplicando la sharía, las normas integristas islámicas sin el control del ejecutivo de Bamako. No en vano, la fuerte presión internacional
obligó a los militares sublevados a acelerar la transición democrática y Dioncounda Traore fue elegido presidente provisional el 12 de abril.
Malí se encuentra entre los 25 países más pobres
del mundo. Con una economía basada en la extracción de oro y otros metales –es el tercer exportador
tras Sudáfrica y Ghana–, el cultivo del algodón –es
el segundo exportador algodonero del continente
por detrás de Egipto–, la agricultura y la pesca, pese
a que el 65% de su territorio es desértico y depende de la ayuda extranjera. Cuenta con más de 14,5
millones de habitantes, un 30% de paro y una tasa
de alfabetización de tan sólo el 31,1%. Otro dato: la
población juvenil supone casi la mitad de la población malí, lo que podría suponer un riesgo a medio
Estatua del buda de Bamiyán (Afganistán).
plazo para los países occidentales si AQMI talibaniza la región de Azawad y en el futuro termina dominando el resto del país. En 2004, la mayoría de
inmigrantes subsaharianos que llegaban a España
procedían de Malí.
TALIBANIZACIÓN DEL MAGREB
Un acontecimiento clave, que supuso un punto de inflexión, fue la explosión, por parte de los terroristas yihadistas, de las puertas de las tres mezquitas de Tombuctú,
denominadas Las puertas del fin del mundo, donde
destruyeron los 333 santos, un complejo declarado
Patrimonio de la Humanidad en 1988.
Elisa Povedano, profesora de Historia del Arte de la
Facultad de Humanidades de la Universidad Carlos III
de Madrid, describe la ciudad malí de Tombuctú como
un asentamiento con una gran historia, convirtiéndose
en una de las capitales intelectuales y espirituales del
islam y que sirvió de nudo difusor de esta religión en
todo el continente. Tombuctú se creó en el siglo V y fue
sede de la universidad coránica de Sankoré.
La destrucción de las mezquitas de Tombuctú fue
una escena que ya se repitió en la ciudad afgana de
Bamiyán, cuando hace 10 años los talibanes volaron
las estatuas budas. Jorge Bolaños, analista del Ministerio de Defensa, interpreta estas acciones como propias del fundamentalismo: “Es lógico que una de sus
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REPORTAJE
El nuevo refugio de Al-Qaeda
Dos francotiradores haciendo guardia.
Patrulleros de AQMI en una calle de Gao (Malí).
primeras acciones haya sido destruir el tesoro cultural
de Tombuctú. Como dejó escrito el antropólogo Jack
Goody, la iconoclastia responde siempre al temor que
suscite el ambiguo significado de las imágenes. Destruyéndolos se refuerza el poder propio, se eliminan
lazos de unión, vínculos sociales en torno a los que se
podría articular una respuesta de la población local
para sacudirse esa dominación”. La profesora Povedano señala que los actos de devastación acaecidos en el
norte de Malí persiguen la aculturación y “es una gran
contradicción, pues es una ciudad que representa el
avance del islam en África, pero que en la actualidad
es considerada por los más estrictos seguidores del islam como pagana”.
En Malí conviven principalmente seis etnias: un 50% de
la población es mandé (bambaras, malinkés y soninkés);
un 17%, peuls; un 12%, voltaics; y un 10%, moors y tuaregs
entre otros. Estos últimos son los principales responsables de la inestabilidad que vive el norte del país, que,
en su lucha por la liberación nacional de su etnia, estrecharon lazos con el conglomerado de grupos terroristas
de corte islamista que se han adueñado del territorio. En
cuanto a la fe religiosa de la población malí, un 90% es
musulmana frente al 1% de cristianos, una minoría que
está sufriendo las consecuencias del control del norte
de Malí por parte del conglomerado terrorista. Según
la agencia católica Aci, el director de Cáritas en Gao,
Jean-Jacques, comunicó que la noche del 31 de marzo
los terroristas que llegaron a la ciudad malí destruyeron
la sede de la organización y su parroquia.
CONDOMINIO YIHADISTA
una bomba de relojería
Según un informe publicado por el IEEE,
“el riesgo de desintegración territorial
de Malí, las consecuencias de la crisis
libia, la intensificación de la actividad
vinculada a AQMI, que afecta también al
norte de Nigeria, agravan las nefastas
consecuencias que ha supuesto para el
Sahel la prolongada sequía”.
Por consiguiente, además de la misión
Eucap, la Comisión Europea ha destinado
377 millones de euros para intentar
atajar la crisis alimentaria que acecha
a la región. Un conjunto de factores que
los terroristas podrían aprovechar para
reclutar malíes en pro de la yihad.
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Fernando Reinares, catedrático de Ciencia Política y
Estudios sobre la Seguridad de la Universidad Rey Juan
Carlos, explica el fenómeno terrorista en Azawad como
“un verdadero condominio yihadista” con muchas diferencias entre sí y con un tamaño relativamente reducido. Reinares los clasifica en tres grupos. Se trata
de Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), Ansar al
Din (AD) y el Movimiento por la Unicidad y la Yihad
en África Occidental (Muyao). “Tanto la desintegración
del régimen de Muamar el Gadafi en Libia como el reciente golpe de Estado militar en Malí proporcionaron
a los yihadistas la oportunidad que, facilitada asimismo
por los errores en la estrategia del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad, les ha permitido someter a la población de Tombuctú, Gao, Kidal y otras localidades de la zona”.
El analista de Defensa Jorge Bolaños confirma la gravedad de la situación en el norte de Malí: “Los grupos
afines a Al-Qaeda se han hecho fuertes. Será difícil recuperar el control de esa región a corto plazo, incluso
con intervención exterior”.
Es por ello que la Unión Europea, a sabiendas del peligro que supondría la creación de un nuevo Afganistán en el norte de de África, ha enviado una misión en
el Sahel para frenar la expansión de los grupos armados vinculados a Al-Qaeda: “En zonas geográficas tan
sensibles para la seguridad occidental como el Cuerno
de África o el Sahel”, según recoge un informe del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE), dependiente del Ministerio de Defensa. La Misión Europea
para la Generación de Capacidades en el Sahel (Eucap)
se emplazó el 1 de agosto y fijó su cuartel general en
Níger, país fronterizo con Malí, bajo el mando de Francisco Espinosa, coronel de la Guardia Civil. Sin embargo, no parece que los terroristas se dejen doblegar por
el anuncio del inminente despliegue del operativo de
seguridad europeo. “Ni Al-Qaeda ni Ansar Dine están
dispuestos a desaprovechar la gran oportunidad que
supone disponer de Azawad, con una extensión que
supera la de Francia como centro de operaciones. Es
una zona estratégica, cercana al Magreb, al golfo de
Guinea, a los mayores productores de hidrocarburos
del continente, no muy lejana de Europa...”, explica el
especialista Bolaños.
Sin duda, entre las luchas a las que habrá que hacer
frente al conglomerado terrorista malí está su financiación, que en parte la obtiene gracias al tráfico de drogas.
Los cárteles del narcotráfico sudamericano utilizan la
ruta del Caribe a África occidental, aprovechando que
está menos controlada y no hay fuerzas del orden ni radares. Entre los países receptores se encuentran Guinea Bissau y Guinea Conakry. Desde allí, mucha mercancía llega a Malí, además de otros países limítrofes,
a través de medios aéreos y marítimos, convirtiéndose
así en una verdadera plataforma logística para repartir
la droga en vehículos terrestres y medios aéreos hacia
España. Por todo ello, la misión Eucap deberá poner
freno a AQMI para que no se asiente en el Magreb. n
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