“No ver los signos”

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“No ver los signos”
Domingo 18 b del Tiempo ordinario
P. Clemente Sobrado. C.P.
2 de Agosto de 2009
Jesús no es de los que se entusiasma y emborracha con
ese olor de multitudes. Al contrario, es bien claro al
juzgar las razones por las que la gente le sigue. En el
fondo, no han entendido el milagro de la multiplicación
de los panes. Lo han visto más con los ojos del
estómago que con los ojos del corazón.
Lo han visto más con el agradecimiento
Vemos al que nos pide un
del hambre saciada que con los ojos de
vestido, pero no vemos a Jesús
la fe. Lo han visto más como panadero
desnudo.
que reparte pan gratis que como El
Vemos al enfermo que sufre,
mismo haciendo el pan de la Vida. Por
pero no vemos a Jesús enfermo.
eso, le siguen, más con el estómago que
Vemos al encarcelado, pero no
con el corazón. “Os aseguro, me
vemos a Jesús en la cárcel.
buscáis no porque habéis visto signos,
Vemos al anciano solitario, pero
sino porque comisteis pan hasta
no vemos a Jesús abandonado de
saciaros”.
todos.
Jesús no hace milagros simplemente por
solucionar los problemas humanos sino
como señales del Reino. En este caso de
la multiplicación de los panes, Jesús lo
que pretende es una demostración de
cómo celebrar la Eucaristía y como
preparación para el anuncio de El
mismo como “el pan de vida”.
Pero, nuestra miopía espiritual nos
impide ver más allá de las cosas. Las
cosas se nos presentan como una
especie de muro que nos impide ver lo
que hay al otro lado.
Vemos la vida de cada día, pero
no la vemos como un regalo de
Dios.
Vemos el pan de cada día, pero
no vemos en él el regalo del don
de Dios.
Vemos el amor humano, pero
somos incapaces de ver que
amamos porque primero El nos
amó y nos ha hecho capaces de
amar.
Vemos al que nos pide pan, pero
no vemos a Jesús hambriento.
Alguien definió la fe como “un mirar
las cosas por detrás”.
Vemos la muerte como una
desgracia, pero no vemos la vida
que brota de ella.
Vemos el sufrimiento como una
maldición, pero no vemos que
detrás puede haber una llamada
a la fidelidad.
Y esto mismo nos sucede con Dios:
Vemos a Dios como el
omnipotente que tiene que
solucionar
todos
nuestros
problemas, pero no vemos el
amor de Dios.
Vemos a Dios como el que tiene
que darnos trabajo, curar
nuestras enfermedades, pero no
vemos a Dios como vida, como
trascendencia de las miserias
humanas.
Dios no se revela a sí mismo si no es a
través de las realidades humanas. Y de
alguna manera, todos nos parecemos a
aquellos que le siguen “sin haber visto
los signos”. Vieron el pan y el pescado.
Pero no el signo, lo que había detrás del
pan y del pescado.
Hoy hablamos mucho de los “signos de
los tiempos”. ¿No será una frasecita
más de esas que suenan bien, pero que
nosotros
seguimos
viendo
los
acontecimientos de los tiempos, pero el
signo a través del cual Dios nos quiere
hablar y decir algo.
¿Que hoy la Iglesia está
perdiendo credibilidad incluso
entre los creyentes?
¿Y eso qué nos está diciendo a
nosotros?
¿Que hoy muchos abandonan la
Iglesia porque no encuentran en
ella respuesta a sus dudas e
inquietudes?
¿Y eso qué nos está diciendo a
nosotros?
¿Que hoy la juventud ya no se
acerca a la Iglesia?
¿Y eso qué nos está diciendo a
nosotros?
No basta leer los periódicos ni ver las
noticias en la TV o escucharlas en la
radio.
¿No habrá en todas esas noticias “unos
signos” a través de los cuales Dios
también nos está queriendo decir algo?
Les cuento cómo Dios habla a través de
una simple postal.
Cuando el seminario Pasionista me
envió una postal diciéndome que podía
ir pues tenían una Beca para mí,
mientras yo estaba de camino del
Seminario, otra postal llegaba a mi casa
diciendo que no fuese, que había habido
un equívoco.
Pero yo llegué al Seminario antes que la
postal llegase a mi casa. No me hicieron
problema y seguí con la idea de que
alguien pagaba mi carrera.
En mi primera Misa en el pueblo,
catorce años más tarde, a la hora del
café, el sacerdote que me había
encaminado, sacó del bolsillo la bendita
postal que conservó cuidadosamente, y
me la entregó delante de todos. Cuando
la leí creo que me sentí más
emocionado que en la misma Misa. Fue
en un instante donde se me clarificó
totalmente mi vocación. No había dudas
de que Dios me había llamado, porque
mientras los hombres me decían no,
Dios me estaba diciendo sí. Es posible
que el mayor signo de la verdad de mi
vocación la haya descubierto en esa
postal. Una postal no era nada, pero era
una señal, un signo de Dios sobre mi
vida. En ella descubrí a Dios y me
descubrí a mí mismo.
Oración
Señor: Tú, mejor que nadie, lees las razones del corazón humano.
No siempre nuestra fe es desinteresada.
No siempre nuestra fe logra ver más allá de las cosas y acontecimientos.
Te pedimos nos hagas ver tus signos y señales.
Que aprendamos a leer en lo que pasa a nuestro lado tus planes y proyectos.
Que nuestros ojos no se queden al lado de acá de las cosas sino que
sepamos verlas por detrás, al otro lado.
Enséñanos a verte y reconocerte en todo aquello que nos rodea.
Clemente Sobrado C.P.
www.iglesiaquecamina.com
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