Ciudad y campo

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CIUDAD Y LÍMITE
La separación formal y jurídica entre ciudad y campo se rompió a partir de la Revolución Francesa, las
transformaciones económicas y tecnológicas subsiguientes han integrado física y funcionalmente el espacio,
las actividades económicas y las formas de vida urbanas se han esparcido sobre la totalidad del territorio.
Ciudad y Límite son hoy conceptos inconciliables y el territorio se ha convertido en la citta sconfinata Una
ciudad sin confines.
Este espacio ilimitado está lleno de límites desde el punto de vista social y administrativo. La extensión de la
ciudad sobre el territorio no ha hecho desaparecer las viejas divisiones sociales del espacio; sino ha
transformado su carácter y expresión. Así pues, ciudad difusa, la ciudad ilimitada, es también fragmentada
social y administrativamente. La ciudad sin confines es al mismo tiempo la ciudad de los confines.
LA CIUDAD DIFUSA: CIUDAD SIN CONFINES
En tiempos modernos la diferenciación formal entre la ciudad y el campo se disuelve jurídicamente a raíz de
la Rev. Francesa y las convulsiones sociales y políticas. En vísperas de aquel estallido , todavía definía la
ciudad como conjunto de muchas casas dispuestas en calles cerradas por una cerca común mas exactamente
recinto cerrado por murallas que contiene diversos barrios, calles, plazas publicas y otros edificios pero ya
desde tiempos alto medievales la ciudad y el campo mantenían un dialogo permanente y mutuamente
transformador.
A fines del siglo XVIII la relación entre ambas realidades empieza la transformación radical y acelerada; se
diferencia entre población urbana y población rural desde el punto de vista legal la burguesía ha sometido el
campo a la dominación de la ciudad gracias a la Rev. Industrial y la densificación interna finalmente sin
conflictos desaparece los elementos delimitadores de la ciudad y campo como 2 realidades fisicamente
diferenciados.
Pero a mediados de nuestro siglo todavía era la ciudad claramente diferenciable, a raíz de la plena
mecanización de la agricultura y difusión de la industria sobre el territorio, aquellos coágulos se han
conectado entre sí, para formar espacios en los que predominan actividades y formas de vida urbanas.
Estas nuevas realidades son una consecuencia de la disolución misma de los conceptos tradicionales de campo
y ciudad. El resultado de esta transformación ha sido convertir cada pueblo en una parte de la gran telaraña, en
la actualidad los territorios en los cuales la distinción campo ciudad ya no esta basada en la densidad sino en
la estructura económica.
INTENTOS DE DELIMITACION
Basados en criterios objetivos de la nueva realidad, las definiciones responden a 5 tipos de parámetros:
A. EL ESTATUTO JURIDICO
Partiendo de las delimitaciones administrativas existentes (municipio, comunidad, distrito, etc.) para
identificar la ciudad central de los sistemas metropolitanos núcleo donde tradicionalmente se han concentrado
las funciones de jerarquía mas alta, donde se encuentran los principales monumentos simbólicos y donde se
genera en buena parte la imagen de toda la metrópolis.
Los defectos de este tipo de definición son: no se trata ya de que las formas de viada urbana o las relaciones
funcionales crucen claramente los limites administrativos sino que en muchos casos es el mismo espacio
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construido lo que se extiende sobre diversas unidades administrativas, la continuidad del fenómeno urbano
por encima de las demarcaciones jurídicas
B. LA CONTINUIDAD DEL ESPACIO CONSTRUIDO
Basado sobre todo en el espacio construido partiendo de las consideraciones morfológicas, a partir de una
interpretación cartográfica, la fotografía aérea o imagen vía satélite, por encima de las peculiaridades del
ordenamiento administrativo y estadísticos
La incapacidad de esta definición para abrazar la complejidad del fenómeno urbano contemporáneo son: hoy
las dinámicas urbanas integran funcionalmente espacios construidos que no tienen continuidad física entre
ellos y a menudo se encuentran incluso a muchos kmts. de distancia, por otra parte la creciente reivindicación
de los espacios abiertos (parques naturales, espacios fluviales, reservas de suelo) como elementos
estructurantes de la ciudad no son tomadas en cuenta en esta definición.
C. LAS AREAS FUNCIONALES
Basado en criterios de movilidad, definición del espacio urbano como una red de relaciones. La movilidad de
las personas, el movimiento de las mercancías y los flujos de información tejen redes sobre el territorio
integrando espacios que no tienen a menudo continuidad física. Estas tienen distintas intensidades de flujo,
obteniendo un indicador de pertenencia a una misma realidad.
Pero sin embargo esta definición tiene como problema que cada función urbana tiene un espacio propio
además varia con el tiempo, las delimitaciones funcionales han de ser por lo tanto necesariamente
restrictivas y suelen tomar en cuenta una sola función.
D. LA ESTRUCTURA ECONOMICA Y FORMAS DE VIDA
Basado en función de la estructura económica y los hábitos y condicionantes de la población. Se suele
asociar la presencia de un alto porcentaje de población activa en el sector primario a ruralidad.
Existencia de bajas rentas, dificultad para acceder a ciertos servicios y la persistencia de ciertos hábitos
y estructuras familiares serían indicadores de ruralidad.
Hay sin embargo una aproximación más rica y sutil que la estructura sectorial a la hora de tratar de
definir la ciudad desde una perspectiva económica, su consideración como artefacto productivo
complejo que gracias a la acumulación de actividades permite aumentar la eficiencia y reducir costos.
E. LOS SERVICIOS Y SU JERARQUÍA
Desde la perspectiva no del consumo se ha querido identificar la ciudad en relación a los equipamientos y
servicios.
Vemos pues que los cinco grupos analizados (jurídicos, morfológicos, funcionales, económico−productivos y
de servicios) presentan importantes problemas en su utilización como instrumentos, estos grupos de criterios
pueden aún combinarse entre ellos dando lugar a definiciones más complejas.
Más que tratar de definir la ciudad en abstracto, lo importante es entender el proceso de urbanización. David
Harvey lo plantea en estos términos: Pienso que es importante reconceptualizar la cuestión urbana no como el
problema de estudiar unas entidades casi naturales, llámense ciudades, suburbios, zonas rurales o lo que sea,
sino como algo de esencial importancia en el estudio de procesos sociales que producen y reproducen espacio
temporalidades que son a menudo de tipo radicalmente nuevo y distinto Así ... El proceso de urbanización ha
de ser entendido no en términos de una entidad socio−organizativa llamada en el tiempo de la ciudad difusa.
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¿qué utilidad puede tener, pues, el concepto de ciudad?. Puede ser útil ciertamente como instrumento para el
análisis histórico, es decir, para el estudio de las formaciones sociales preexistentes cuyo legado condiciona y
mediatiza las transformaciones hoy en curso.
La utilidad del concepto ciudad difusa es, precisamente, la de definir un momento en este proceso histórico:
aquel en el que las redes de relación abarcan ya la totalidad del territorio y hacen, de todo el territorio, ciudad.
La ciudad difusa: la ciudad de los confines.
Esta ciudad difusa, esta ciudad indelimitable y sin confines, es también la ciudad de los confines. Confines y
divisorias que son, en primer lugar, sociales y funcionales y, en segundo lugar, políticas y administrativas.
Contra aquello que alguna vez se ha afirmado, el paso del crecimiento intensivo al desarrollo extensivo del
espacio urbano no traduce necesariamente en una mayor igualdad de oportunidades para los ciudadanos a la
hora de acceder a la renta, los equipamientos y los servicios. Es cierto que el proceso de difusión de la ciudad
sobre el territorio puede tener en este campo efectos que resultan sin duda positivos.
De la misma manera, es evidente que actividades productivas y servicios se difunden hoy sobre el territorio.
Esto tiene también, sin duda, efectos positivos: la dispersión de la ocupación sobre el territorio y la
homogeneización relativa en la dotación de servicios. Ahora bien, estos movimientos no afectan por igual a
todas las actividades económicas y son distintos los comportamientos de la industria de alto y bajo valor
añadido. Así, el territorio de la ciudad difusa, además de conocer nuevas formas de segregación social,
presenta nuevos tipos de especialización funcional.
En este contexto, la fragmentación de los espacios urbanos en un gran números de niveles y unidades
administrativas es, al mismo tiempo, causa y reflejo de las divisiones económicas y sociales.
Por otra parte, la creciente complejidad de la gestión de los servicios y equipamientos urbanos ha conllevado
en muchos lugares la creación de estructuras administrativas sectoriales. Finalmente, en diversos países se ha
favorecido conscientemente, por razones políticas, para aplicar determinadas políticas e imposibilitar otras, la
fragmentación administrativa de los ámbitos metropolitanos.
Empresas y corporaciones se pueden valer de la fragmentación administrativa para conseguir de unas
autoridades locales en competencia entre sí mejores servicios a cambio de impuestos más bajos sin que la
capacidad de éstas para captar el retorno a favor de la comunidad local resulte siempre evidente. Así, la
configuración del mapa administrativo de la ciudad tiene repercusiones también sobre la distribución de las
rentas entre capital y trabajo. Tal como escribió Ann Markusen: Si os intereses capitalistas consiguen
transferir diversos costes de producción hacia el presupuesto local y escapan a los impuestos que hace falta
pagar por ellos, pueden ampliar con éxito sus beneficios y expensas de los asalariados. Esto tiene la apariencia
de una pugna sobre los recursos para el consumo colectivo y no sobre los retornos de la producción, pero es
esencialmente el mismo conflicto. En vez de acontecer e el interior de la empresa, el conflicto tiene lugar en la
arena política local.
Las muestras de cómo la fragmentación administrativa acompaña y favorece las divisorias sociales en la
ciudad difusa podrían alargarse más y más: con los problemas que ésta plantea para el planteamiento
urbanístico integrado, con las dificultades que pone para la práctica de políticas sociales redistribuidas en un
mismo espacio urbano, con la dinámica que imprime a la política local, etc. La especialización funcional, la
segregación social y la fragmentación administrativa se alimentan mutuamente para levantar y reforzar un
laberinto de confines en la ciudad sin confines.
LA CIUDAD ILIMITADA Y LA CIUDAD FUTURA
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La indefinición de los límites de los espacios metropolitanos y la proliferación de divisiones administrativas
en su interior contribuyen poderosamente, como hemos visto, a las tendencias espontáneas de diferenciación
social de los espacios urbanos.
Otros costes son aún los que se derivan de la pérdida de eficiencia administrativa y legitimidad democrática
de unos entes locales que se corresponden cada vez menos con el espacio de vida de los ciudadanos.
Así, administrativamente fragmentada, la ciudad difusa es no sólo la red relacional de la que hemos hablado,
sino también una malla apta para capturar a los más débiles mientras permite escapar a los poderosos. Los
versos de la obra en la que Bertolt Brecht representó como en una parábola el ascenso y la caída de la ciudad
capitalista vienen aquí a la memoria:
¡Fundemos una ciudad, en este lugar, y se llamara Mahagonny, que significa «Ciudad−red»!
Será como una red tendida a todos los pájaros comestibles.»
Faltos de este diseño colectivo, democráticamente definido y aplicado de acuerdo con los intereses
mayoritarios, nuestros espacios urbanos no serán ciudades. Serán, más bien, mosaicos de parcelas social y
funcionalmente especializadas, yuxtapuestas sin otro principio ordenador que el de la renta urbana y el
privilegio social.
El desarrollo reciente de algunas de las grandes áreas urbanas de los Estados Unidos de América provee
indicios respecto hada dónde puede conducir, en una sociedad avanzada, un desarrollo urbano de este tipo,
sometido de forma abrumadora al dictado de los intereses privados:
La ciudad ilimitada sólo será, pues, ciudad si incorpora un proyecto de ciudad futura. «Cittá futura» en un
sentido gramsdano, es decir, un proyecto de transformación social en beneficio de la mayoría de la población.
Este proyecto, como decíamos, no puede centrarse solamente en la transformación física de la estructura
urbana.
La transformación física del espacio es un factor importante en este proyecto de mejora, ya que, como hemos
visto, la configuración del territorio es al mismo tiempo elemento resultante y elemento condicionante de los
procesos sociales que en él tienen lugar, es decir, que en el espacio, «las formas creadas se vuelven
creadoras». Pero además de actuar sobre la forma urbana se deberá intervenir también, y quizás en primer
lugar, en otros campos decisivos, y, en particular, sobre la organización de la producción y el consumo. Uno
de los principales requisitos para dotarse de un proyecto de este tipo es adaptar las estructuras políticas y
administrativas a los requerimientos que las nuevas dinámicas territoriales y sociales plantean. Esto debe
hacerse se está haciendo ya en algunos casosa todas las escalas: de la planetaria a las continentales, las
regionales y las locales. A escala grande sobre territorios pequeños, pues, el reto principal es dotar los
espacios urbanos de mecanismos de gobierno democrático que, sin destruir las identidades locales ni anular la
riqueza que se deriva de tas prácticas sociales, permitan planificar y gestionar unidades significativas del
territorio, regiones metropolitanas enteras.
Y para establecer estos mecanismos de gobierno se debe proceder necesariamente a delimitar espacios
urbanos. Esta delimitación no debe, a nuestro entender, tratar de recrear las desaparecidas barreras entre
ciudad y campo. liemos visto cómo, alo largo déla histía−ia «[...] la ciudad existe en tanto que hay una no
ciudad que la rodea, creada por eüa misma con tanta o más precisi<mqocei repació central, la ciudad n^da,
periferia, borde, alfoz, suburbairo,arta^ extramuros. La línea que separa estos dos espacios señalando el 'hasta
dónde' y 'desde dónde' de sus normas, leyes y ordenanzas, resume mejor que ningún otro elemento la idea de
ciudad deseada, al exchrir o rechazar de forma expresa lo que en cada momento [...] se considera como no
ciudad».53 Pues bien, en tiempos de la ciudad difusa, es decir, cuando las dinámicas urbanas integran todo el
territorio, los limites administrativos no deben separar ya «cuidad» y «no ciudad», sino espacias urbanos
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centrífugos (formados por espacios construidos y espacios abiertos, por áreas centrales y áreas periféricas, por
sistemas generales y sistemas locales) a los que el sustrato histórico, las dinámicas sociales y la escala de las
intervenciones aconsejan dotar de disantos proyectos de «ciudad deseada». Una delimitación de este tipo,
como resulta de aquello qne se expoma en los apartados anteriores, ha de ser forzosamente normativa,
voluntaria. Es difícil expresarlo mejor que José Manuel Naredo: «Recalquemos que la delimitación y la
relación entre lo de fuera' y de 'dentro' de ese espacio pretendidamente ordenado que es la ciudad, no son el
resultado de ninguna evidencia geométrica o territorial concreta, sino de las propias ideas de los ciudadanos.
Y siendo la ideología el vehículo espontáneo de nuestro pensamiento y de buena parte de nuestras reacciones,
hemos de someterla a reflexión, si queremos modificar incidencias territoriales. Pues ya hete» apuntado que
no basta para ello con recurrir a ese pensamiento dirigido que es la ciencia, mientras permanezca; prisionero
del statu quo mental e institucional que se trata de modificar».54 Es decir, para hacer frente a los retos
planteados por el desarrollo de la ciudad difusa hace falta un − proyecto colectivo, y este proyecto ha de
incorporar necesariamente como premisa, como medio y como resultado una delimitación del espacio urbano.
Para beneficiar a la mayoría de la población, esta doble delimitación física y política deberá hacer posible,
como mínimo, la vertebración del espacio urbano, seria necesario un gran impulso cd^tivo para imponerlos y
concretarlos, y su implantación deberá producirse, para ser efectiva, en el contexto de una información
progresiva del conjunto de mecanismos en los que se ha basado, basta ahora, el proceso de urbanización.
Existe este impulso colectivo podremos, en el futuro, hablar propiamente de ciudades en un mundo de
ciudades. Esta es la razón por la cual, a mi entender, hay que dar nuevos confines a la ciudad sin confines.
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