Inversión extranjera: hora de barajar y dar de nuevo

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Año 38 - Edición Nº 861 – 28 de Marzo de 2016
Inversión extranjera: hora de barajar y dar de
nuevo
Jorge Vasconcelos
[email protected]
Inversión extranjera: hora de barajar y dar de
nuevo 1
La visita del presidente Obama a la Argentina forma parte de un cúmulo de señales,
que arrancaron en Davos en enero, vinculadas al creciente interés que despiertan en
países desarrollados los cambios que se producen en el país. No cabe esperar que
esto se traduzca en cuantiosas inversiones en lo inmediato, por dos motivos
principales. Por un lado, el mundo está muy lejos de vivir un auge y, por el otro, la
Argentina todavía necesita consolidarse en lo institucional y, simultáneamente, adquirir
un perfil más nítido en lo que habrá de ser su nuevo modelo de desarrollo. Aún así, la
carencia de inversiones que sufrió el país en años anteriores dio lugar a “demanda
insatisfecha” que abre oportunidades, al tiempo que dejar atrás el esquema de
“capitalismo de amigos” puede generar una oleada de interés en empresas que, por
ese motivo, se habían mantenido al margen. En este escenario, es clave no repetir las
malas experiencias de México y Brasil, que no pudieron convertir a la Inversión
Extranjera en motor de la productividad agregada, debido a que las radicaciones
quedaron confinadas a enclaves de exportación en el primer caso y a proyectos
puramente “mercado-internistas” en el segundo.
Esta publicación es propiedad del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL). Dirección Marcelo L. Capello.
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Nota publicada en el diario Perfil el 26 de Marzo de 2016 2
Revista Novedades Económicas – 28 de Marzo de 2016
Por el momento, la renovada atracción que está logrando la Argentina tiene un
contenido más político que económico. Es que el resultado de las elecciones de fin de
2015 fue un “punto fuera de la línea”, en una región en la que los gobiernos de sesgo
populista lograban continuidad a través de sucesivos comicios. En este sentido, Macri
fue una “rareza política”, porque su triunfo ocurrió antes y no después que estallaran
los desequilibrios económicos propios de las gestiones anteriores. Lo “normal” en la
región fue que, por ejemplo, Dilma lograra su reelección en 2014 y lo “excepcional”
fue que aquí la administración saliente no pudiera garantizar su continuidad. Por ende,
el desafío del actual gobierno viene por triplicado: revertir los desequilibrios heredados
sin que el ajuste le quite el apoyo popular; hacerlo sin mayorías en el Congreso, y
convencer a los inversores que las nuevas reglas de juego no habrán de ser revertidas
después de 2017 o 2019.
Existe un gran terreno por recuperar en materia de Inversión Extranjera Directa. Años
atrás, la Argentina capturaba el 12 % del flujo anual de IED dirigido a América del Sur,
participación que cayó a 5,5 % según los últimos datos. Con sólo retomar aquel
market share, el país podría aspirar a una corriente adicional de capitales de 7,5 mil
millones de dólares/año.
Inversión Extranjera Directa: Participación de la Argentina en América del Sur
12%
11,7%
10%
8%
5,5%
6%
4%
2%
0%
2010
2014
Fuente: IERAL de Fundación Mediterránea en base a UNCTAD Statitstics
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Revista Novedades Económicas – 28 de Marzo de 2016
Sin embargo, la Inversión Extranjera Directa no es la panacea si las reglas de juego
locales no están bien diseñadas. Un estudio de economistas brasileños (Edmar
Bacha/Regis Bonelli: “Coincident growth collapses; Brasil and México since the early
1980s”) encontró que el limitado impacto sobre la productividad agregada que tuvo la
IED en México y Brasil se explica por vías distintas pero convergentes. En México, la
apertura de la economía fue exitosa para el desarrollo de enclaves de exportación,
pero no se logró una verdadera integración doméstica, con cambio estructural en el
desempeño de las pymes y de la informalidad, que es lo que hubiera permitido una
dinámica ascendente para la productividad agregada. En Brasil, en cambio, hubo
avances en reducir la informalidad y en la capacidad de competir de las pymes, pero
las grandes firmas industriales tuvieron más incentivos para concentrarse en el
mercado interno que para salir a exportar, lo que terminó siendo un lastre para su
productividad. La propuesta de Bacha y Bonelli es avanzar de modo simultáneo en
integración doméstica e internacional.
Las lecciones que surgen de los casos de México y Brasil pueden ser aprovechadas, ya
que la inversión entró en el país en modo “pausa” a partir de 2012, lo que haría
menos traumática una reconversión productiva en función de nuevas reglas de juego.
Justamente, la Argentina es hoy una excepción en un mundo caracterizado por los
excesos de endeudamiento y de inversión en actividades que han perdido rentabilidad.
¿Qué ventajas competitivas pueden ofrecerse? Hay que partir de la base que el país no
tiene costos laborales bajos, ya que la relación de salarios en dólares con México es de
2,5 a 1. Tampoco es sencillo encarar proyectos capital-intensivos, porque aun después
de la eventual salida del default el riesgo país seguirá siendo uno de los más elevados
de la región. Y las ventajas basadas en la abundancia de recursos naturales ahora
están cuestionadas por la desaceleración de China.
Existen atractivos, de todos modos. La “demanda insatisfecha” por años de desinversión está en el podio. Es el caso de logística y transporte, distribución y
generación de energía y también de la llamada infraestructura social. Un sendero
ambicioso de crecimiento para el país requiere de una tasa de inversión del orden de
25 % del PIB y, recientemente, un estudio publicado por la Cámara Argentina de la
Construcción precisa que, dentro de ese ratio, habría que incluir 8,5 puntos del PIB
destinados a la Infraestructura Social y de Producción. Se trata de una cifra
inalcanzable para fondos exclusivamente estatales, por lo que cabe preguntarse como
involucrar al capital privado. Queda claro que ese objetivo es imposible bajo un
régimen de “capitalismo de amigos”, como lo muestran en forma fehaciente los casos
de Brasil y de la Argentina. Primero, porque los beneficiados por los contratos no
aportan fondos propios, sino que reciclan partidas presupuestarias. Segundo, porque la
proliferación de estas prácticas aleja a empresas que sí podrían aportar tecnología y
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Revista Novedades Económicas – 28 de Marzo de 2016
financiamiento. Tercero, porque la productividad del capital se resiente bajo esas
condiciones, impidiendo cualquier tipo de círculo virtuoso.
Así como el avance del “capitalismo de amigos” ha reducido el crecimiento potencial de
nuestros países, habría un salto cualitativo si esa etapa quedara atrás, por la irrupción
de nuevos actores y el efecto multiplicador de inversiones efectuadas en un contexto
competitivo.
El desafío para el gobierno es “barajar y dar de nuevo”, para alinear los incentivos a
favor del empleo privado. Una forma de superar el sesgo anti-exportador en que cayó
Brasil (también lo hizo la Argentina) es cerrar acuerdos comerciales con la Unión
Europea y con los países de la Alianza del Pacífico. Para evitar la persistencia de la
fragmentación interna (la experiencia mexicana), la clave es que la inversión en
infraestructura social y productiva tenga un diseño en red y federal, así como la
reconversión de instituciones (SENASA, INTI, INTA, enseñanza técnica, universidades).
Actualizar mecanismos como el “compre nacional” será útil, siempre que se apunte a
corregir “fallas de mercado” preexistentes, alentando la innovación y la formalización
de las pymes. Y, muy especialmente, que en las llamadas provincias pobres avance la
agenda del empleo productivo, en detrimento del clientelismo.
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