Subido por francisco perez

Elías oró 7 veces

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Elías oró 7 veces, ¿cuánto oró por lluvia?
“La lluvia no cayó inmediatamente, pero no vaciló la fe de Elías.
Continuó orando más fervientemente que antes, vez tras
vez…Elías oró 7 veces”.
Antes de entrar a revisar la experiencia de Elías y la oración, es
importante revisar un pasaje bíblico que nos ayuda a entender
la necesidad de orar y no desmayar, de perseverar y no renegar
contra Dios, de creer y no soltarse de su mano hasta recibir su
respuesta.
Sufrir por falta de agua no debe de ser tan duro como padecerlo
en un desierto, ¿verdad? ¿Si estuvieras en el desierto qué
harías? ¿Clamarías a Dios por este recurso? ¿Y si fuera Dios
quien te hubiera llevado a ese desierto, renegarías contra Él?
Leamos el libro de Éxodo 17:1-3 “Y toda la congregación de los
hijos de Israel partió del desierto de Sin, por sus jornadas, al
mandamiento del SEÑOR, y asentaron el campamento en
Refidim; y no había agua para que el pueblo bebiese. Riñó el
pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua que bebamos. Y
Moisés les dijo: ¿Por qué reñís conmigo? ¿Por qué tentáis al
SEÑOR? Así que el pueblo tuvo allí sed de agua, y murmuró
contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para
matarnos de sed a nosotros, y a nuestros hijos y a nuestros
ganados?”.
Había sed y cansancio
Sin duda que estaban en el desierto y a pesar de que la columna
de nube los protegía, allí había sed y cansancio, pero no había
agua. ¡Y luego el pueblo se quejó de Dios! Poco tiempo antes
venían de ver señales maravillosas en su favor como recibir el
maná caído del cielo, habían visto el mar abrirse en dos para
pasar en medio de él y habían sido partícipes de una liberación
milagrosa precedida por las 10 plagas en Egipto. Pero ¿por qué
se quejaron?
Es triste ver cómo hoy la mayoría de los cristianos somos como
el pueblo de aquella época. Con seguridad algún tipo sequía ha
pasado por nuestras vidas y hemos visto antes la mano de Dios
ayudándonos. Pero cuando surgen los problemas nos quejamos
con facilidad. Las circunstancias no son fáciles, pero no
debemos dar marcha atrás en nuestra relación con el Señor.
¿Qué haré con este pueblo?
En una ocasión similar 40 años después por culpa de la misma
queja, Moisés se perdió la entrada a la Canaán terrenal:
Números 20:1-5 “Y llegaron los hijos de Israel, toda la
congregación, al desierto de Zin, en el mes primero, y reposó el
pueblo en Cades; y allí murió María, y allí fue sepultada. Y no
hubo agua para la congregación, se juntaron contra Moisés y
Aarón. Riñó el pueblo con Moisés, y hablaron diciendo: ¡Mejor
que nosotros hubiéramos muerto cuando perecieron nuestros
hermanos delante del SEÑOR! … ¿Y por qué nos has hecho
venir de Egipto, a este mal lugar? No es lugar de sementera, de
higueras, de viñas, ni granadas; ni aun hay agua para beber”.
El mismo error
Estando en Cades, se nos muestra lo curioso de repetir el mismo
error. ¿Qué han debido hacer? ¿Quejarse? No, ¡clamar! ¿Pero
quién se tomó la molestia de clamar para que no fueran
destruidos? ¡Fue Moisés! En vez de quejarnos cuando estamos
pasando por el desierto de las dificultades, nuestra obligación es
la de clamar a Dios para recibir su ayuda. Y hoy repetimos el
mismo error: nos quejamos, pero es Cristo quien intercede.
Puede interesarle ver: 3 versículos para pedir la ayuda de Dios
Desde antaño el Señor condujo a su pueblo a Refidim, y puede
escoger conducirnos a nosotros allí con el propósito de probar
nuestra fidelidad y lealtad hacia Él. En su misericordia, Él no
siempre nos coloca en los lugares más fáciles; pues si lo hiciera,
por nuestra autosuficiencia olvidaríamos que el Señor es
nuestro ayudador en tiempo de necesidad. Pero Él desea
manifestarse en medio de nuestras emergencias y revelarnos la
abundante ayuda que hay a nuestra disposición,
independientemente de lo que nos rodea; y Él permite los
desengaños y las pruebas para que percibamos nuestra
impotencia y aprendamos a pedir ayuda al Señor, como un niño
que cuando está hambriento y sediento se dirige a su padre
terrenal. Nuestro Padre celestial tiene el poder de transformar
las duras rocas en corrientes refrescantes y vivificantes. Nunca
sabremos, hasta que estemos ante Dios cara a cara, cuántas
cargas Él llevó por nosotros, y cuántas habría estado dispuesto
a llevar si, con una fe semejante a la de un niño, se las
hubiéramos llevado a Él.
Elías oró 7 veces
En la época del profeta Elías, alrededor de 600 años después
de la historia anterior, en la región de Samaria, las 10 tribus de
norte sufrían de una gran sequía causada por algo diferente: la
idolatría del pueblo (Capítulos 17 y 18 del primer libro de Reyes).
La situación era grave. Pero después de la escena de la muerte
de los 450 profetas de Baal, Elías oró 7 veces por lluvia.
1 Reyes 18:41-45 “Entonces Elías dijo a Acab: Sube, come y
bebe; porque una gran lluvia suena. Acab subió a comer y a
beber. Y Elías subió a la cumbre del Carmelo; postrándose en
tierra, puso su rostro entre las rodillas. Y dijo a su criado: Sube
ahora, y mira hacia el mar. Él subió, y miró, y dijo: No hay nada.
Y él le volvió a decir: Vuelve siete veces. A la séptima vez dijo:
He aquí una pequeña nube como la palma de la mano de un
hombre, que sube del mar. Él dijo: Ve, y di a Acab: Unce tu carro
y desciende, para que la lluvia no te ataje. Y aconteció, estando
en esto, que los cielos se oscurecieron con nubes y viento; y
hubo una gran lluvia”.
Elías dominaba completamente la situación
Fue él quien dio órdenes al pueblo y el que dirigió al rey. Elías
dijo “una gran lluvia suena”. ¿Ya estaban apareciendo los
truenos en el cielo? El sonido no estaba en los oídos del profeta
sino en su corazón. Por fe sabía que estaba por llover porque
empezando el capítulo 18 está registrada la promesa del Señor.
El arrepentimiento del pueblo había suprimido el motivo del
castigo y Elías se dio cuenta de que estaban por caer las lluvias
por tanto tiempo anheladas. Él vivía una vida de fe y de oración
y por eso Elías oró 7 veces.
Su oración fue de intercesión a favor del Israel
arrepentido. Sabía que vendría la lluvia, pero se preocupaba
para que se cumplieran plenamente las condiciones para
recibir la bendición celestial, y para que pudieran ser
permanentes los resultados de la reforma.
Puede consultar también el apartado Cuando Dios dice no
¿Sabemos que vendrá la lluvia de bendiciones en nuestras
vidas?
¿En los momentos difíciles tenemos la plena confianza que el
Señor está al control y que nos va a responder? Únicamente
cuando el pueblo de Dios esté imbuido de intenso fervor y
cuando esté dispuesto a orar como Elías, y cuando
principalmente se preocupe de cumplir con las condiciones
requeridas, entonces caerá la lluvia que espera.
La lluvia no cayó inmediatamente, pero no vaciló la fe de Elías.
Continuó orando más fervientemente que antes, vez tras vez y
el registro nos dice que Elías oró 7 veces. Dios nos ha dado una
poderosa promesa en Mateo 7:7 “Pedid, y se os dará; buscad,
y hallaréis; tocad, y se os abrirá”, pero el Señor no dice “pedid
una vez y se os dará”. Elías se postró y clamó 7 veces. ¿Si
hubiera abandonado a la primera? ¿A la sexta? Seguro que a
un paso de la bendición la hubiera perdido.
Con humildad debemos acudir a Dios sin pretender que Dios
está obligado a respondernos cuándo y cómo queremos y sin
cumplir nuestra parte. Esto es igual al pecado de presunción y
si Elías hubiera obrado con presunción hubiera muerto en el
instante…pero su oración es ejemplo de humildad y de fe.
El mundo hoy necesita hombres y mujeres con la fe de Elías
La obra de Dios será terminada por hombres que obren con el
espíritu y poder de este profeta de la antigüedad. La mano de
Dios no se ha acortado para que no pueda salvar (Isaías
59:1). Dios es tan poderoso y está tan dispuesto a conceder
victorias hoy como en el tiempo de Elías. Cuando el pueblo de
Dios llegue al punto de tener el mismo espíritu que tuvo Elías,
cuando sea tan ferviente, tan activo, tan valiente, tan dispuesto
a perseverar en oración, tan intrépido frente al peligro y tan
ansioso de responder a las invitaciones del Señor, entonces se
terminará prestamente la obra de Dios y Jesús volverá para
recibir a los suyos.
En las dos historias de hoy tenemos un desierto, una sequía.
Una fue para probar la fe del pueblo, la otra fue consecuencia
del pecado. Si hoy estás pasando por un desierto,
probablemente tu situación corresponda a una de las dos.
Encomienda tu camino, encomiéndate al Señor y Él te salvará
(Salmos 37:5).
“El Señor te bendiga y te guarde, el Señor haga
resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su bondad, El
Señor te mire con amor y te de su paz!
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