Mesopotamia Homosexualidad y sacerdocio en Juan Antonio Cantos Bautista

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Homosexualidad y sacerdocio en
Mesopotamia
14-oct-2010 Juan Antonio Cantos Bautista
Homosexuales, eunucos y travestidos formaban una peculiar e importante forma de
sacerdocio especializado en el Próximo Oriente Antiguo.
Actualmente, se tienen evidencias fiables sobre prácticas homosexuales en la Mesopotamia
Antigua desde el Período Protodinástico Sumerio hasta la destrucción del Templo
de Jerusalén por Nabucodonosor II(586 a.C.). Algo tan natural -la homosexualidad- como la vida
misma, que acompaña al ser humano desde sus orígenes y que, aunque nunca hubieran sido halladas
evidencias sobre su existencia pretérita, seguiría siendo un hecho indudable.
El interés por la homosexualidad en aquellas épocas viene de la necesidad de explicarla
como fenómeno histórico y antropológico, máxime cuando los homosexuales parecen haber
cumplido una papel de suma importancia en el mundo mesopotámico, y que, lejos de estar mal
vistos, pudieron haber gozado de cierta alta posición social.
Homosexualidad sagrada
Aparte de la homosexualidad más típica, la profana, desde el 3000 a.C. aprox., se constata
en el ambiente político-religioso (templos y palacios) la presencia de cierta tipología de
sacerdotes músicos y cantores, los assinu (“hombres-útero”), interpretados tradicionalmente como
travestidos, homosexuales o castrados, o sea hombres de sexualidad ambigua o indefinida, que
participaban de dos naturalezas (masculina y femenina) al unísono.
Los assinu entonaban cánticos funerarios como plañideras tras la defunción de alguna
importante personalidad (como un rey), o bien himnos solemnes durante ciertas festividades. Las
evidencias de participación de assinu en los grandes rituales son especialmente abundantes en el
culto de Inanna (la Ishtar acadia-babilonia, luego Afrodita griega), apareciendo caracterizados
como bailarines travestidos, peinados y engalanados como mujeres.
Por entonces la homosexualidad era entendida como una tendencia sexual normal y
corriente, ni perseguida ni proscrita legalmente. Más aún, está incluso presente en los ciclos
literarios mitológicosmesopotámicos, por ejemplo, en la Epopeya de Gilgamesh, en donde se
describe una relación sexual entre Gilgamesh y su rival –luego convertido en amigo–, Enkidu.
Estos sacerdotes travestís, relacionados con la música y el culto a deidades femeninas
lunares como Inanna/Ishtar, fueron entendidos por numerosos historiadores como homosexuales o
eunucos; algo lógico teniendo en cuenta la constatada importancia que han tenido, históricamente,
los castrados en diversas sociedades como China, la Turquía otomana o el mundo helenístico, como
funcionarios, custodios de lugares sagrados (harenes), intelectuales palaciegos e incluso –los más
hábiles– como gobernadores y militares de alto rango. Hoy día, sin ir más lejos, en el Islam son
precisamente eunucos los custodios de ciertos espacios sacrosantos en La Meca y Medina.
En Mesopotamia los eunucos, efectivamente, solían desempeñar cargos públicos de notable
importancia social, religiosa y política, como atestiguan los textos legales –ciertos decretos
mesoasirios sobre la dirección de los harenes–, y lingüísticamente en el término semítico para
designarlos: sha-reshi, “el cabecilla" o "primero".
Por otro lado, el afeminamiento que se atribuye a determinados sacerdotes sumerios como
los gala y kur-gar-ra, o los acadios assinnu, kalû y kurgarrû, todos relacionados con los cánticos
ceremoniales, éxtasis proféticos y trances adivinatorios -durante los cuales se pudieron ejecutar actos
de autoemasculación (castración) ritual, como símbolo de devoción o rito iniciático-, induce a pensar
que se tratara realmente de eunucos.
Junto a la supuesta prostitución sagrada femenina, de sacerdotisas consagradas a una deidad
en cuyo beneficio venderían sus cuerpos, se ha propuesto una variante masculina de la misma,
ejercida por eunucos o travestidos. No obstante, al menos respecto a la prostitución sagrada
femenina, se debe advertir que nunca existió realmente, y si lo hizo, no según nuestra concepción
actual. La misma hipótesis –una posible prostitución sagrada masculina– ha sido planteada por
diversos autores, basándose en la otrora habitual preeminencia de eunucos en los altos puestos
gubernamentales o religiosos (administrativos, militares,...), aparejada eventualmente a roles de
amantes-consejeros de príncipes y reyes (baste citar a Bagoas con Alejandro Magno).
Entre dos mundos
En los presagios sumerios Shumma Alu aparecen citados los assinu del siguiente modo: “si
un hombre mantiene relaciones sexuales con un assinnu, quedará libre de desgracias". Lo curioso es
la consideración del sexo con seres cuasi-andróginos (¿quizá hermafroditas?) como un "talismán",
algo quizás debido a que, en un contexto patriarcal, las mujeres fueran demonizadas, vistas como
“fuente de desgracias del varón”. Pero eso no explica tal creencia en el carácter protector del
homosexual.
Quizá la explicación haya que buscarla en el poema Descenso de Ishtar, en donde
un assinnu llamado Asushunamir (“De aparición resplandeciente») es enviado por Ea para rescatar
a Ishtar de los Infiernos. Que fuera elegido precisamente un assinnu por un dios como Ea para la
misión, y que parezca además gozar del poder de regresar vivo del inframundo, posiblemente se
deba a alguna atribución de cualidades mágicas a tales personas, tal vez derivadas de su misma
naturaleza "entre dos mundos" (masculino-femenino) y a su interpretación paralela como "existencia
dual" entre la Tierra y el plano espiritual.
En Sumeria, el sacerdote gala era el equivalente al assinnu acadio-babilonio, miembro del
templo, músico que acompañaba sus plegarias con un balag (arpa) y empleaba
un dialecto denominado eme-sal, que parece coincidir con una “lengua de mujeres” (genderlect,
habla específica de un género), exclusivamente utilizada por féminas. Otros datos interesantes sobre
su afeminamiento derivan de su mismo nombre, homófono de otro término, gal-la, "vulva", y de su
peculiar ortografía, USH.KU, legible también como GISH-DUR, literalmente "falo–ano".
A modo de conclusión
No obstante, algunas referencias sobre estos personajes harían dudar de su homosexualidad,
pues a veces son descritos como padres cabezas de familia y casados con mujeres. Esto, que parece
una paradojaa priori, no es nada extraño: los hijos podrían ser adoptados, exactamente igual que
hacían las sacerdotisas naditu en Acadia, las cuales tenían prohibido parir hijos pero no
su adopción ni el casarse (aunque respetando siempre su voto de castidad). Probablemente, la misma
situación fue valida para assinnu y gala.
Pese a toda evidencia sobre la importancia de los eunucos, homosexuales y travestidos en
los cultos mesopotámicos, de lo que no hay prueba alguna es de su supuesta relación con forma
alguna de prostitución, ni sagrada ni profana. Tal suposición errónea se basa en los mismos
prejuicios y ficciones gestadas, siglos después, por autores grecolatinos (Heródoto, Estrabón,...) y
judeocristianos, empeñados sistemáticamente en degradar a las religiones precedentes,
presentándolas intencionadamente como demoníacas, bárbaras y aberrantes.
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