Subido por MARTA COBO

Tema 53. El teatro del Barroco.Tirso y Calderón

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TEMA 56. EVOLUCIÓN DEL TEATRO BARROCO
1. Introducción
2. El teatro del siglo XVII: características y evolución
3. Tirso de Molina
4. Características de su teatro
a. Análisis de su obra y clasificación
5. Calderón de la Barca
a. Características de su teatro
b. Análisis de su obra y clasificación.
6. Calderón de la Barca: entre la espiritualidad y el conflicto de honor
a. Algo que me invente
b. Honor y honra
7. Las dramaturgas del Barroco
8. Situación de las mujeres dramaturgas
a. Autoras y sus obras
9. Conclusión
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1. INTRODUCCIÓN
Lo que conocemos como Barroco es un concepto histórico que comprende,
aproximadamente, los tres primeros cuartos del siglo XVII, viviendo su mayor apogeo
entre 1605 y 1650. Un período al que debemos acercarnos no en mero contraste con el
Renacimiento cultural del siglo anterior sino como TRANSICIÓN y cuya cultura nace de
una situación de profunda crisis y de conflictos que se van desarrollando a lo largo del
siglo y que sumen al individuo en un estado de inquietud y angustia que conduce a un
mundo de profunda inestabilidad. Así pues los temas que afloran en la literatura del
Barroco darán muestra de ese íntimo estado de conciencia de decadencia (la fortuna, la
fugacidad, la caducidad…) y de una actitud de disconformidad con el entorno que
atraviesan todos los estratos sociales. Un movimiento cuya característica principal y
vertebradora, es la de la concordia oppositorum, es decir, el sometimiento a la formas
equilibradas renacentistas alteraciones y distorsiones. “Pero nos atenderemos a la única
perspectiva legítima: considerarlo no como la expresión de un Zeiygeist, sino como la
marca distintiva de una cultura cuyas líneas de fuerza corresponden a la visión del mundo
que se forjó, en un momento determinado, una sociedad enfrentada con problemas
concretos” (J. Canavaggio, pág. 5)
2. EL TEATRO DEL SIGLO XVII: CARACTERÍSTICAS Y EVOLUCIÓN
Del tiempo en que hombres y dioses compartían el mismo mundo, nace el teatro como
representación artística, además de devenir ya expresión y reflejo de los más hondos
sentimientos del alma. El teatro surge, así, como sucesor de un rito de culto a la divinidad
que irá cobrando diversas formas a lo largo de la historia, pero, en definitiva, siempre un
rito, sacro o profano, aunque siempre envuelto de una misma liturgia.
Aquellos textos ancestrales que servían de canto para el recuerdo de los dioses y para
narrar el descenso a los infiernos del individuo se convirtieron en punto de partida para
la creación de la tragedia y, a su vez, en la posibilidad de burlarse de la condición humana.
No debemos olvidar que, como apunta Aristóteles en su Poética, tanto la comedia como
la tragedia nacen como imitación de una acción; y es en esa mimesis del devenir entendida
como un arte, siempre con su carácter ritual, que el teatro se convierte en el espacio donde
mostrar el problema del sujeto consigo mismo y ante sí mismo. Es entonces cuando el
individuo toma conciencia de la necesidad de ponerse frente a ese espejo que muestra
aquello que esconde en su fuero interno con la intención de buscar respuestas.
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A medida que el gran imperio de la España renacentista caía en descenso hacía una
profunda crisis social, política y económica43 a partir de la década de los ochenta del
siglo XVI, el teatro no sólo nace como espectáculo, sino que impregna la vida del hombre
del siglo XVII y pasa a ser reflejo de un mundo que empieza a resquebrajarse bajo sus
pies. Es en esta crisis devastadora que azota el mundo de final de siglo, y que se extenderá
hasta bien entrado el siglo XVII, con la que individuo toma conciencia de su limitación
frente al tiempo y de la fragilidad de la tierra que le sustenta.
No hay rincón en España que no se vea invadido por una honda desolación y tristeza ante
el espectáculo de la destrucción del entorno al que hombre asiste con impotencia y que se
convierte en alimento de artistas e intelectuales del momento.
La vida se ha convertido ahora en un lugar oscuro en el que hay que estar en constante
alerta, pues se ha convertido en una larga partida de ajedrez cuyo final fatal es la muerte
y su ley la sujeción estricta de las pasiones y el deseo. Y es esta inestabilidad, ese suelo
que ha dejado de ser firme, ese mundo de claroscuros que oculta más que muestra, la que
se erige en el drama del individuo del Barroco, condenado de antemano.
La crisis política, económica y social que azota la España del Imperio de los Austrias,
dejará todo yermo a su paso: hacia finales de siglo la monarquía, alertada por el mal que
sacude el país, cree que la reforma pasa por solventar el problema de índole moral que
azota el territorio. La enfermedad que fustigaba la sociedad, para quienes manejaban el
destino de un pueblo, no era otra que de carácter moral, pues no debemos olvidar que la
conducta del hombre y la mujer del siglo XVII está profundamente condicionada por la
voluntad de Dios; por ello reconducir al individuo hacia la moralidad será lo que acabará
otorgando de nuevo el esplendor de una nación en decadencia. Circunstancias, todas ellas,
que hacen de la falsa piedad, la promiscuidad o los excesos carnales los signos a combatir
por la maquinaria de control creada por una monarquía que se muestra como instrumento
de Dios en la tierra para salvaguardar la religión católica.
Castilla se fue convirtiendo con el cambiar del siglo en una tierra bajo vigilancia por
sospecha de herejía. Y es de este mundo de conspiraciones, de corrupción de todos los
estamentos, incluida la propia alma del hombre, de la pérdida total de identidad y de una
clara voluntad instrumentalizadora del poder por restaurar la moralidad truncada, que el
teatro se convierte en el gran arte del barroco español. El teatro conseguía llegar a un
amplio público además de ponerse al servicio de la propaganda política monárquica,
aunque también permitía a aquellos dramaturgos menos cercanos a la heterodoxia política
y espiritual, mostrar al espectador ese lado más oscuro de hombre. El ser humano y su
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identidad devienen, en este mundo de conjuras, envilecimiento y alienación, la gran
preocupación de ese tiempo de conflicto, de contención y apariencias que es el barroco.
El intenso período de producción teatral que se inicia a finales del siglo XVI con la figura
de Lope de Vega y que se cierra con las últimas obras de Calderón un siglo más tarde,
suele dividirse, según Ruiz Ramón, en dos ciclos dramáticos:
A.) El ciclo Lope de Vega, en el que se enmarca la figura de Tirso de Molina o Ruiz
de Alarcón, entre otros.
B.) El ciclo Calderón de la Barca, Rojas Zorrilla y Agustín Moreto
Ciclos que no se encuentran radicalmente separados sino que coexisten a partir de la
segunda mitad de siglo y que muestran dos maneras de realización del sistema dramático
inventado con Lope con su Arte nuevo de hacer comedia. Así pues, a la primera
generación de dramaturgos, la de Lope de Vega y Tirso de Molina, vendría a sumarse la
de Calderón de la Barca
3. TIRSO DE MOLINA
Tirso de Molina es el dramaturgo más fiel a las formas de hacer lopescas ya que, no solo
trabaja todos los géneros dramáticos y es asombrosamente fiel a la técnica y al sentido de
su fórmula dramática, sino porque en su teatro hace claramente patente la miseria y el
esplendor del teatro español del Siglo de Oro.
Los críticos han destacado en el dramaturgo su claridad expositiva, la finura psicológica
en el retrato de los caracteres, la precisión ideológica, el agudo ingenio satírico, la riqueza
del lenguaje, el sentido realista…
También destaca en su teatro unas protagonistas femeninas que se resisten a adoptar un
papel pasivo frente a la agresión del hombre: descontentas y en desacuerdo con la
posición subordinada que la sociedad, regida por los principios patriarcales, les ha
impuesto, tratan de afirmar su espíritu de independencia, lo afirman en numerosas
ocasiones, bien vengando ellas mismas su honra, bien persiguiendo al ofensor disfrazadas
de hombre hasta conseguir el desagravio, bien adoptando una actitud de burla frente a
ellos.
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Se ha señalado en el dramaturgo su aguda visión de la sociedad contemporánea, cuyos
usos y costumbres pasan a su teatro.
Clasificación:
A.) El teatro religioso
Ha sido clasificado en tres grupos temáticos, según sea la Biblia, las vidas de santos o un
problema teológico la fuente de inspiración.
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Dramas bíblicos: en todos ellos, ambientes y personajes han sido sometidos a un
proceso de actualización, como es frecuente en el Siglo de Oro haciendo que los
contenidos y la acción pertenezcan al momento histórico del autor. El tema bíblico
no es sometido a una interpretación o recreación dramática, sino a una simple
acomodación teatral. Dramas desiguales.
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