Subido por Yineth Alexandra García Parrado

El ejercicio de la práctica clínica en psicología

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Formulación Clínica Conductual: Conceptualización Y Crítica
La práctica clínica en psicología representa uno de los mayores retos para el
posicionamiento de esta como ciencia en términos de la rigurosidad de los métodos de
intervención que aplica y los resultados que produce en aras de la explicación, predicción,
control y modificación del comportamiento humano. No obstante, ha imperado a través de
la historia una insuficiencia en la construcción de modelos que garanticen una correcta
evaluación de las problemáticas biopsicosociales que aquejan a los consultantes y provean
de recursos suficientes al psicólogo para diseñar un plan de tratamiento efectivo conforme a
los objetivos planteados en la relación terapéutica (Gonzáles, 2008).
Dicha falta de interés manifiesta por la mayoría de las corrientes en psicología, se
debe en parte al desarrollo de tecnologías para el tratamiento de diversos trastornos de
comportamiento, así como al énfasis en métodos de intervención con enfoque en procesos
psicológicos únicos de naturaleza biológica, cognitiva, emocional o conductual. Aunado a
ello, la atribución del éxito de la formulación clínica al grado de experiencia del terapeuta,
a su intuición o a lo que se ha denominado el “ojo clínico”, sin sustento metodológico y
sistemático de los pasos a llevar a cabo, se presenta como otro error exponencial en el
diseño de nuevos modelos de formulación clínica (Bernardi, 2014).
Pese al contexto descrito anteriormente, donde la formulación clínica ha sido
desprovista de la relevancia que posee, el conductismo ha sido la corriente que mayor
atención ha prestado a este asunto, creando la mayoría de los modelos apegados al modelo
científico existentes en la literatura. En consecuencia, surge el interrogante sobre ¿qué
aspectos generales propone el enfoque conductista para la formulación de relaciones de
causalidad que dan lugar a determinados problemas de índole psicológica y el tipo de
tratamiento a emplear en un paciente determinado?
Para responder a este interrogante, en primer lugar, puede definirse la formulación
clínica como un modelo de relaciones causales, una compilación de información que se
considera asociada con los motivos por los que un paciente decide buscar ayuda profesional
y que brinda las bases para diseñar un programa de intervención dirigido a mejorar la
calidad de vida de la persona. Esta labor se asemeja a aquella que desempeña un científico
para ordenar un conjunto de observaciones de fenómenos naturales que se presentan en
disposición caótica, para poder identificar las variables que los mantienen y lograr el
control sobre el medio en que ocurren. En síntesis, la formulación de caso clínico en
psicología como un compendio de hipótesis acerca de las causas, precipitantes e influencias
mantenedoras de los problemas psicológicos, interpersonales y conductuales de una
persona, indispensable para la planificación del tratamiento y la negociación de las
intervenciones (Caballo, 1998).
El establecimiento de un modelo molar que explique las relaciones causales
permite, además, aplicarlo a diversos campos, que van desde el esquema tradicional de
terapia del comportamiento, pasando por la intervención conductual en el ámbito
organizacional, hasta el abordaje de problemas sociales a nivel comunitario, como los
trabajos de prevención en salud y el cambio comportamental en masa (Haynes et al., 2014).
La formulación clínica somete a comprobación rigurosa una teoría del
comportamiento, ya que intenta resolver la pregunta de ¿cuáles son las variables que
determinan la conducta?, remontándose al quid de la ciencia de la conducta.
En segundo lugar, dentro las características distintivas de la formulación conductual
clínica se encuentra el desarrollo de una metodología sistemática que permite formular
hipótesis verificables sobre relaciones funcionales entre acontecimientos observados,
haciendo posibles formas de modificación de los fenómenos psicológicos de interés del
profesional o motivos de consulta.
La formulación de hipótesis está basada en los datos recogidos a partir de la
evaluación conductual y se basa en un cuerpo de conocimientos adquirido a través de la
investigación empírica, básica o aplicada, en diversas disciplinas científicas que arrojan luz
sobre los fenómenos conductuales en distintos niveles de molecularidad/molaridad, tanto en
términos de su dimensión temporal, como en la organización estructural del
comportamiento en torno a diversos niveles de explicación (Caballo, 1998).
Como un tercer aspecto relevante en la formulación clínica conductual, resulta
imprescindible destacar que los modelos moleculares de formulación basados en el análisis
funcional de la triple relación de contingencia han mostrado utilidad en la explicación de
conductas discretas; pero son insuficientes para explicar relaciones entre niveles generales
de organización (Kaholokula et al., 2013).
Por otra parte, aunque los modelos de formulación que hacen énfasis en sistemas
aislados, como el sistema cognitivo o de transformación de la información o los sistemas
motivacionales, han mostrado en explicar fenómenos conductuales mediados por los
procesos correspondientes, no son exhaustivos para explicar fenómenos dependientes de
otros sistemas de organización (Caballo, 1998).
Por ende, se puede establecer que, aunque la formulación clínica basada en el
análisis funcional cumple con las dos condiciones básicas relativas a la metodología de
validación de hipótesis y está basado en un cuerpo de conocimientos validado, requiere de
un contexto teórico en el que se puedan enmarcar resultados de la investigación de diversos
sistemas de organización conductual (Kaholokula, et al., 2013). Se ha hecho énfasis en
causas inmediatas, pero no se ha abordado la forma en la que la covariación de eventos
psicológicos puede producir interrelaciones que por causalidad generan la aparición del
fenómeno de estudio (Caballo, 1998).
Finalmente, como una alternativa ante la necesidad de un modelo explicativo del
comportamiento que incluya relaciones proximales y distales que no contempla el análisis
funcional de la conducta, se presenta el diseño de una formulación basada en procesos la
cual permite identificar relaciones que tienden a covariar e interactuar. Dentro de esta
perspectiva, la labor clínica consiste en identificar los procesos básicos que no son
reductibles a otros; identificar las leyes que conforman dichos procesos; y, finalmente, en
describir los tipos de interacción entre tales procesos elementales que permiten establecer
redes causales y que llevan a procesos de segundo orden para explicar e intervenir sobre la
probabilidad de ocurrencia de las conductas problema (Rodríguez y Vanegas, 2010).
Este modelo contempla una dimensión temporal que constituye los factores de
predisposición biológica y de desarrollo del individuo, y que interactúa con las
características del contexto en el cual dicho desarrollo tiene lugar a partir de la interacción
del individuo con su medio. Una dimensión de organización conductual que representa una
jerarquía, desde una respuesta discreta específica hasta los procesos genéricos de tipo
biológico, de aprendizaje y motivacional y, por último, una dimensión contextual
ambiental, que se refiere a los recursos que se encuentran en el ambiente dentro del que se
desarrolla el individuo.
Referencias
Bernardi R. (2014). La formulación Clínica del Caso: su valor para la práctica
clínica. Revista de psiquiatría del Uruguay. Vol. 2, pp. 157-172.
Caballo, V. (1998). Manual para el tratamiento cognitivo conductual de los
trastornos psicológicos. México: Siglo Veintiuno Editores.
Gonzales, L. (2008). Formulaciones clínicas en psicoterapia. Terapia psicológica,
vol. 27, pp. 93-102.
Haynes, S., Godoy, A. y Gavino A. (2014). Como elegir el mejor tratamiento
psicológico. Formulación de casos clínicos en terapia de comportamiento. Ediciones
Pirámide.
Kaholokula, J., Godoy, A., Haynes, S. y Gavino, A. (2013). Análisis funcional en
evaluación conductual y formulación de casos clínicos. Clínica y Salud, 24(2), 117-127.
Rodríguez, M., y Vanegas, F. (2010). Validación de Constructo de la Formulación
Clínica por Procesos Básicos. Psychologia, 4(1), 25-38.
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