Subido por franco contreras

resumen final problemas soc

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UNIDAD 1
Pacenza - “Mas allá de un siglo de condicionamientos internacionales”
Las interpretaciones acerca de los vínculos internacionales con America Latina desde la
colonización europea a la actualidad, tiene una importancia crucial para entender muchas de las
luchas políticas, ideológicas y académicas que han atravesado este último siglo.
Las teorías desarrollistas interpretan la relación internacional como un vínculo necesario para la
salida de la etapa de subdesarrollo y el logro del crecimiento económico, e interpretando el
subdesarrollo como etapa anterior al desarrollo. El desarrollo – subdesarrollo es visto como dos
caras dela misma moneda, en un único contexto mundial en el cual los condicionamientos
económicos y políticos de las potencias hegemónicas hacia nuestros países posibilito el
desproporcionado crecimiento de los países centrales y la pobreza y dependencia de los países
llamados periféricos. La categoría dependencia denota, la particular forma en que los países
de la región se insertaron en el desarrollo capitalista mundial: como tributarias de centros
hegemónicos cuya función primordial fue succionar gran parte de las producciones nacionales en
pro de su propio crecimiento y desarrollo.
Características fundamentales del capitalismo:
• El capitalismo es un sistema mundial polarizado en centros hegemónicos, metrópolis y áreas
dependientes ligados entre si con concretas relaciones de explotación. Concepto metrópoli satélite, como desarrollo dialectico de un único sistema mundial.
• Si bien la característica esencial del sistema: explotación subdesarrollante permanecerá
inmutable, las formas que va asumiendo dicha características no permanecen inalterables sino
que, van cambiando en función de los cambios operados en los países centrales.
Toda interpretación de los acontecimientos y procesos sociopolíticos siempre está apoyada en
elementos valorativos.
Características de España y de la relación colonial:
España coloniza América en el momento en que prevalecía el pre capitalismo comercial,
construye estados coloniales dependientes políticamente del Rey de España y su objetivo
fundamental era la exacción de oro y plata, el metálico. Los colonizadores españoles buscaban
metales preciosos o materias primas reclamadas por el mercado mundial, y mano de obra indígena
fácilmente explotable. Los “descubrimientos” abrieron un periodo de intensa expansión en la vida
económica europea: nuevos lugares para comerciar, nuevos mercados para los productos del
propio país, nuevos artículos para el viejo continente.
La regiones más florecientes en el momento de la colonización son hoy las más empobrecidas y
las áreas más rezagadas son hoy las mas desarrolladas.
El sur de América fue conquistado por una España feudal que traspasa a sus áreas dependientes
estas formas organizativas, por el contrario los colonizadores ingleses, implantan una
organización anglosajona mas progresista.
Las relaciones sociales en las áreas colonizadas no están determinadas por un factor genético que
supuestamente los colonizadores trasplanta, sino por las condiciones materiales que la nueva
situación les impone: tipo de productos a exportar, índole de las relaciones sociales que
encuentran en el área, escasez o abundancia de mano de obra, organización de la misma a la
llegada del colonizador, etc.
Las diferencias entre el Norte y el Sur de EEUU son prueba suficiente para lo que estamos
señalando: los plantadores del sur de EEUU emplearon trabajo esclavo y los colonizadores del
Norte fundaron su desarrollo en el trabajo personal en pequeñas granjas.
En América Latina al igual que los anglosajones del sur de los EEUU se encontraron con
productos fáciles de exportar con vistas al mercado mundial, pero a diferencia de los
colonizadores del Sur norteamericano, no dependieron de la mano de obra africana ya que se
encontraron con gran cantidad de población indígena fácilmente explotable. La economía
colonial es la producción en gran escala para el mercado.
Las diferencias entre las colonias inglesas del norte y las españolas están determinadas por la
riqueza natural delos medios de vida y riqueza natural de medios de trabajo.
El desplazamiento de España como centro hegemónico y su reemplazo por nuevas potencias que
advienen aceleradamente al industrialismo, redefinen la problemática de la región.
España impone hasta mediado del siglo XVIII:
•
Monopolio comercial
•
Producción de monocultivo agropecuario y minero extensivos en gran escala
•
Predominio del sector exportador
• No está interesada en el desarrollo manufacturero, esto permite el desarrollo de la industria
en el interior del Virreinato.
•
Libre comercio con Inglaterra y el comienzo de la era neocolonial.
A fines del siglo XVIII España no logra superar su etapa mercantil y se hace cada vez más
dependiente de los centros industriales, las industrial textiles ocupan un lugar indiscutible, tanto
en el marcado nacional como internacional.
En ese momento Francia e Inglaterra eran los grandes competidores del comercio mundial.
Francia inicio el proceso de industrialización bajo la protección del Estado, llevaba cierta ventaja
sobre Inglaterra.
Los inventos aplicados al campo de la industria por parte de Inglaterra jugaron un rol de primera
línea en la consolidación de las tendencias esbozadas en este periodo. El desarrollo de la economía
inglesa no dependió originalmente de mejores métodos de producción sino de la creciente
expansión de los mercados extranjeros.
El siglo XVIII fue un periodo en el que se desarrolló al máximo el capitalismo mercantil y eso
beneficio al país que estaba en mejores condiciones para explotar un mercado mundial en
creciente expansión.
El comercio ingles consistía en: esclavos de África a América, minerales y comestibles de
América a Europa, bienes manufacturados baratos de Europa a América y África.
El proceso de penetración inglesa abrirá en américa Latina la etapa Neocolonial, cuya función
principal será asegurar un mínimo orden interno para que se posibilite la entrada de manufacturas.
La etapa en que Inglaterra opera como nuevo centro hegemónico puede dividirse en dos periodos:
• Desde 1809, fecha de la firma de los adicionales al tratado de Apocada. Donde España a
cambio del apoyo de Inglaterra contra Francia abre américa a la introducción de manufacturas
inglesas, hasta 1850 en la cual se consolida la etapa libre - empresista.
• Desde 1850-70 hasta 1930, etapa en que se consolida el transito del capitalismo libre –
empresista al imperialismo, en la que se producen nuevas modificaciones en la formas de
penetración e interacción con las clases dominantes.
Los acontecimientos que marcan las diferencias entre Europa del primer cuarto del S. XIX
con l mitad del XVIII fueron:
•
El uso extendido en Inglaterra de la energía mecánica
•
Rápido progreso del comercio de ultramar
•
El rápido crecimiento de EEUU como mercado y fuente de abastecimiento de Europa
• La derrota de Francia en su competencia con Inglaterra con el ámbito comercial, industrial y
naval que hara que Francia refugie en la producción de artículos suntuarios.
•
La apertura de America Latina a Londres.
•
La total destrucción en Europa de los resabios feudales.
En la década de 1860 se producirá un hecho fundamental: en EEUU el norte industrialista derrota
definitivamente al sur agrícola y esclavista, imprimiendo al desarrollo del país características
cualitativamente diferentes a la etapa anterior.
La libre empresa y el libre comercio eran las formas predominante hasta antes de la crisis, la
célula del sistema eran las empresas individuales relativamente pequeñas que dado su peso
equivalente se disputaban una pequeña fracción del mercado, no estando ninguna de ellas en
condiciones de ejercer mas influencia que las otras.
El monopolio significa en escencia, la capacidad de influenciar de tal forma en el mercado que
prácticamente hay una única determinación sobre el precio de la mercancía. El criterio es el
dominio del mercado.
El capital exportado e invertido en nuestro países, no se utiliza en la inversión en al industria sino
que, se destina al proceso de desarrollo de producción primaria exportadora, siendo muy poca la
cantidad destinada a la producción de manufacturas para el mercado interno.
La etapa que estamos estudiando se caracteriza por:
• La adopción por parte de casi todos los países de Europa de la forma de estructuración
económica interna monopólica con la fusión de las empresas industriales y financieras.
• Inglaterra va perdiendo su rol de primera potencia mundial acosada por nuevos rivales,
particularmente EEUU, Alemania y Japón.
• El agravamiento y eclosión de las pugnas entre los países centrales, derivadas de las
tendencias expansionistas que sufren las distintas economías monopolizadas, lo que culmina con
la primera guerra mundial y su consecuencia fundamental: el ascenso de EEUU al primer plano
mundial en lo que se refiere al proceso industrial y financiero.
• La unificación definitiva del mundo en una nueva realidad política e ideológica: países
neocoloniales y coloniales, y metrópolis, que eclosionara en los años siguientes.
Características económicas de los centros hegemónicos a partir de 1873:
•
Concentración de la producción y del capital que crea el monopolio
• Fusión del capital bancario con el industrial. Se procede la unión de capitales para formar las
compañías por acciones
•
Exportación de capitales a diferencia de exportación de mercancías
•
Formación de Asociaciones internacionales que pugnan por el reparto del mundo
• La fase competitiva del capitalismo crea sus propias contradicciones, dado que a medida que
se van creando nuevos mercados se crea un exceso de capacidad productiva que no puede
utilizarse y aparece la tendencia a la baja de la tasa de ganancia y la necesidad de exportar
capitales.
• Terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias más importantes, situación
que se redefinirá en los conflictos de las dos guerras mundiales.
La importancia del ferrocarril:
•
Refuerza el proceso de concentración y exportación de capitales.
•
Produce desarrollo de industrias conexas y una nueva tecnología basada en la ciencia
• Amplía hasta el límite máximo el mercado interno, al no haber lugar, dentro del ámbito
nacional que no sea tomado por una vía férrea
•
Acelera el proceso integracionista mundial
•
Se integra al comercio de ultramar
• Acelera en las zonas periféricas el traslado de capitales, dando lugar a inversión de capitales
en gran escala
•
Inglaterra es pionera en esta industria.
Breve análisis de Estados Unidos
En la explicación se combinan una serie de factores están relacionados con el equilibrio entre el
volumen de la producción, la capacidad de absorción de su mercado interno y la riqueza natural
de su territorio.
El desarrollo industrial yanqui se realiza sobre la base de un colonialismo interno que los sectores
manufacturares el Norte operan sobre el sector agrícola en su conjunto.
Las bases de las nuevas industrias están dadas por el uso de hierro y el carbón, ambos se
encontraban en abundancia en el territorio yanqui.
La entrada a la era del ferrocarril, luego de la guerra civil, termina de soldar ambos elementos, al
llevar la manufactura hasta los límites mismos del territorio nacional.
Después de la guerra civil, con el triunfo del Norte industrialista, por la renovación tecnológica
de los antiguos sectores agrarios, los Estados Unidos llegaron a ser una gran nación agrícola, que
lo convirtió en el granero del mundo, formando la base de lo que será su evolución industrial y
financiera.
De la hegemonía Inglesa a la norteamericana
El acontecimiento que señala el ascenso de EEUU al lugar de primera potencia mundial, fue la
primera Guerra Mundial. Antes de este hecho ya se había operado la penetración del capital
norteamericano a todas las de América Latina.
Al encontrarse las naciones Europas sumidas en la guerra, con su producción manufacturera
destinada enteramente de alimentos de armamentos, los yanquis se convirtieron en el principal
abastecedor de alimentes y mercaderías de las naciones en guerra.
Los banqueros norteamericanos emitían empréstitos tras empresito para los gobiernos aliados,
dinero que estos consumían en la compra de manufacturas y productos alimenticios de la misma
economía norteamericana, es decir que el dinero que salía de los bolsillos yanquis entraba por el
conducto de los granjeros y manufactureros que abastecían a los aliados.
Al avecinarse la crisis mundial del 30 los EEUU eran el principal país manufacturero del mundo
y no solamente en la manifactura ocupaba el primer lugar, sino en casi todos los campos su
hegemonía pasa a ser indiscutida.
El rasgo más importante del periodo de desarrollo hacia fuera, que se extendió desde fines del
siglo XIX hasta en 1930, es la estrecha vinculación económica, comercial y financiera
internacional que se traducía en al predominio de la libra esterlina, moneda respaldada económica
y militarmente y se expresaba en unas corrientes internacionales de comercio, crédito inversiones
y migraciones internacionales.
El mundo de la Posguerra y la guerra fría
En la segunda guerra confluyen varios procesos:
Una guerra interimperialista, producto de la pugna de las diferentes potencias, por encontrar
nuevos mercados y nuevas fuentes de materias primas, que se traduce en siguientes
enfrentamientos:
•
Alemania contra Inglaterra en Europa
•
Estados unidos contra Japón en el pacifico y contra de Alemania en Europa
•
Un enfrentamiento social entre dos sistemas: capitalista y socialista
•
Una guerra de liberación en Asia, fundamentalmente China e Indochina contra Japón.
El fin de la posguerra conlleva a un cambio decisivo de las condiciones geopolíticas
internacionales, que da lugar a situaciones inéditas en término de la relación entre las naciones
que rigieron los destinos de la mayor parte de los pueblos del globo.
Hasta entonces los grandes ejes de confrontación mundial había girado esencialmente alrededor
de centros imperiales, que buscaban su predominio a través de luchas interhegemonicas dentro
del contexto de un mismo sistema global.
Los imperios coloniales estaban formados por una nación central y una periférica dominada –
colonial o dependiente con diversos grados de extensión, el enfrentamiento entre las metrópolis
por el reparto y la explotación del Tercer Mundo se articulaba con los objetivos de adquirir un
mayor peso dentro del equilibrio de fuerzas y de poder mundial.
Luego de la finalización de la segunda guerra el surgimiento de la URSS como centro dominante
de un bloque de poder mundial, genera condiciones cualitativamente diferentes. Se produce
entonces la estructuración de un sistema bipolar, en el que los nacientes bloques de poder se
conforman no solo a través de un potencia central y naciones periféricas más débiles, sino que
además abarcan países con un considerables grado de desarrollo, incluso antiguas potencias
coloniales se someten ahora a la dirección de una nueva nación.
La contención del avance soviético se trasforma en una condición si no que no son para el
despliegue de los objetivos fundamentales de occidente.
El resultado de la guerra en Europa, con la presencia de los ejércitos soviéticos en Europa central,
confería a este país una marcada superioridad en el continente, determinando especiales
condiciones para la URSS al iniciarse las negociaciones tendientes a definir las respectivas ares
de influencia.
El país que el país del norte de América había logrado acumular se refleja en estas cifras: su
ingreso nacional es cerda del 50% del ingreso de las naciones capitalistas, su participación en
el comercio mundial es del 47% y sus reservas de oro son 70%.
• Al iniciarse los primeros conflictos que llevan a la Guerra Fria, cuyos escenarios fueron:
Grecia, Turquia, Chechoslovaquia, Polinia, Norteamerica comienza a implementar su proyecto
estratégico de contención del avance soviético sobre nuevas regiones bajo influencia occidental.
Se jerarquiza la construcción de un cerco geopolítico de bases aéreas en paises claves que rodean
a la URSS y su esfera de influencia.
ASIA: Inglaterra ocupaba la India, Francia Indochina y China donde además de la presencia
occidental se encontraba Japón y la península de Corea lo que hacía de esta región una zona
altamente conflictiva. La ocupación de Japon de estos territorios había debilitado la posición de
las potencias occidentales, pero su derrota luego de la guerra género condiciones propicias para
la independencia: así India obtiene la independencia.
1949 se marca un punto importante en el fortalecimiento del bloque socialista en la región: la
revolución china y el estallido de la primera bomba atómica en la región, dan a la URSS dos
armas fundamentales en su disputa con occidente.
MEDIO ORIENTE: en el periodo de la preguerra se encontraba dividido entre Francia e
Inglaterra, años mas tarde dos fenómenos marcan el comienzo de un camino difícil: el movimiento
nasserista en Egipto y la revolución argelina deben enfrentan a las antiguas metrópolis que no
están dispuestas a ceder sus dominios.
AFRICA NEGRA: desarrollara un proceso de independencia
AMERICA LATINA: una coyuntura favorece el acceso al poder de movimientos nacionales: el
peronismo en argentina, la acción democrática en Venezuela, marcara un nuevo periodo en
América Latina.
La libertad que sentará las bases del poder transicional será usada en un doble sentido: como
opción al totalitarismo del bloque soviético en el marco de la guerra fría y reclama a las naciones
sometidas libertad de acceso a sus capitales.
Las características más importantes de la fase transicional son:
• Afluencia de filiales manufactureras y/o de servicios, norteamericanas, europeas y/o
japonesas.
• No son grupos económicos que intervienen para la obtención de materias primas, sino que
son plantas para el consumo interno de la nación receptora o para realizar exportaciones
•
Internalización del capital y de los procesos productivos
•
Crece el comercio internacional dentro de cada empresa
• Nueva lógica: dado el cesto laborar o de las materias primas, algunos países periféricos
producen y exportan artículos de la industria de consumo.
• Desde el punto de vista de la teoría social se desarrollan dos corrientes: desarrollista o teoría
de la modernización y Teoría de la dependencia.
El mundo global y el fin del mundo Bipolar
La desintegración de la URSS y la consiguiente caída del muro de Berlin ponen un fin a la guerra
fría al desaparecer uno de los bloques del mundo bipolar y la potencia que lo encabeza. La
separación de las dos Alemanias y el muro de Berlin fueron los símbolos más representativos del
mundo bipolar y una frontera importante entre los dos bloques antagónicos.
La importancia de la URSS es un punto de inflexión importante ya que implico el fin del mundo
bipolar, entre dos sistemas opuestos en lo económico, político, ideológico y cultural que estaba
asentado sobre un eje de seguridad militar y económico. Al caer al mundo comunista arrastro
también la caída del Tercer Mundo, que implicaba una partición del mundo tricotómico, URSS,
EEUU y países tercermundistas no alineados en ninguno de los dos polos.
La llamada perestroika implico la recepción de capitales europeos, principalmente préstamos de
los bancos alemanes que quebraron con el colapso, a la ex URSS.
Desde el punto de vista económico entra en crisis el modelo Keynesiano.
En nuestro país esto implica la caída del modelo sustitutivo de importaciones y la inclinación
hacia políticas aperturistas, de ajuste fiscal, de liberación económica y de creciente financiamiento
externo, que conducirá a la crisis de la deuda de los 80.
Los fenomenales cambios son consecuencia de procesos de trasformación profundos que han
iniciado sobre la organización social, tales como:
• La revolución Científico - técnica y sus derivaciones al mundo de la producción y al plano
de la organización y gestión. Nos referimos al desarrollo de la tecnología electrónica, la
cibernética, etc.
•
La trasformación del mundo del trabajo y sus efectos sociales
•
La globalización económica.
El aventamiento de los procesos de globalización económica y política ha implicado la crisis y
ruptura del modelo sustitutivo y la implementación en toda la región y muy especialmente en
nuestro pais del modelo aperturista.
Sunkel O – “Trasnacional y desintegración nacional”
•
Las relaciones entre el proceso de polarización internacional y el proceso de polarización
nacional:
Característica básica de la economía internacional: la penetración de las economías desarrolladas
en las economías de los países subdesarrollados por medio de las subsidiarias del conglomerado
transnacional extractivo, manufacturero, comercial y financiero; resulta que debe haber una
estrecha vinculación entre dichas prolongaciones de los países desarrollados en los
subdesarrollados. En el sistema global obtenemos dos elementos componentes:
a)un complejo de actividades, grupos sociales y regiones que se encuentran ubicados
geográficamente en Estados/naciones diferentes, conforman la parte desarrollada del sistema
global y se hallan ligados entre sí, a través de una variedad de intereses concretos así como por
estilos
y
niveles
de
vida
similares
y
fuertes
afinidades
culturales;
b) un complemento nacional de actividades, grupos sociales y regiones parcial o totalmente
excluidos de la parte nacional desarrollada del sistema global y sin ningún lazo con las
actividades, grupos y regiones similares de otras naciones.
Esta visión del fenómeno desarrollo/subdesarrollo trata de incorporar los aspectos de
dominación/dependencia, de marginalidad y de desequilibrios espaciales que son parte inherente
del mismo; los países desarrollados resultarían ser aquellos donde prevalece la estructura
económica, social y espacial desarrollada, mientras que las actividades, grupos sociales y regiones
atrasados y marginales constituyen fenómenos excepcionales limitados, y aparecen como
situaciones de importancia secundaria. A la inversa, los países subdesarrollados son los que
prevalece la marginalidad excluyente, afectando a gran parte de la población, de las actividades
económicas y del espacio físico, presentándose como un problema básico, urgente y agudo por su
dimensión absoluta y relativa.
Partiendo de las categorías básicas que se han combinado para llegar a esta formulación
(economías capitalistas nacionales que se caracterizan internamente por una heterogeneidad entre
países desarrollados y subdesarrollados o dominantes y dependientes, y un sistema capitalista
internacional que define las relaciones entre las economías nacionales) se elabora un modelo
gráfico. Se supone en primer lugar, la existencia aislada del sistema capitalista internacional, ya
que su coexistencia con uno o varios sistemas socialistas no es importante. Se supone que el
sistema capitalista internacional está integrado por un solo país desarrollado o dominante y por
dos subdesarrollados y dependientes.
En cada país hay una gran heterogeneidad de niveles de desarrollo, de modernidad, de progreso,
de ingresos. Se hablara de sectores integrados y marginados. Suponemos que el sistema capitalista
internacional contiene un núcleo internacionalizado o transnacionalizado, compuesto por los
sectores nacionales integrados y las relaciones entre ellos, y segmentos nacionales excluidos
formados por los sectores marginales de cada país y las relaciones entre estos y los integrados.
El sistema capitalista internacional contendría un núcleo central internacionalizado de sectores
sociales de mayor o menor importancia relativa en cada país. Estos comparten una cultura y un
estilo de vida común. No obstante hablar idiomas diferentes, estos sectores tienen una capacidad
de comunicación entre sí que es mucho mayor que la posibilidad de comunicación de uno de estos
sectores con sus coterráneos obreros, campesinos o marginados. Para que esta comunidad
internacional que reside en los diferentes países del mundo, tanto desarrollados como
subdesarrollados, pueda sostener patrones de consumo similares, debe tener también niveles de
ingresos similares.
En general, en los países desarrollados la distribución del ingreso se ha mantenido más o menos
constante o ha mejorado en las últimas décadas, en los subdesarrollados la desigualdad de los
ingresos, seguramente se ha acentuado. Los grupos marginados experimentan ritmos de
crecimiento demográficos superiores al promedio de uno y otro tipo de países, mientras que sus
ingresos crecen a tasas menores que sus respectivos promedios nacionales, sus ingresos per cápita
crecen menos que el promedio nacional también por efectos de ambos factores. Se traduciría en
un deterioro de la distribución del ingreso en ambos grupos de países. Tal tendencia puede quedar
contrarrestada en los países desarrollados por efecto de las políticas de redistribución de ingresos.
En los países subdesarrollados dichas políticas, no logran alcanzar resultados similares porque los
sectores de bajos ingresos representan una proporción sustancial de la población. La razón por la
que cuando dichas políticas se aplican en nuestros países tienden a beneficiar a los grupos
restringidos pero bien organizados de los sectores medios y obreros antes que a la gran masa.
Lado Silvana – “La metamorfosis del capitalismo”
En las ciencias sociales, el análisis de la génesis y conformación de la estructura social
latinoamericana y argentina en sus dimensiones internacionales, nacional y local, es atravesado
por el debate de las teorías interpretativas sobre las posibilidades del desarrollo.
La teoria de la dependencia sostiene que el desarrollo de los países centrales ha sido posible por
la relación de apropiación, expoliación y explotación de recursos de las sociedades colonizadas,
y como contracara, el subdesarrollo de estos países.
España, colonización y acumulación originaria
Se habla generalmente de la conquista española y se suele dejar de lado el hecho de que la
conquista, al menos en sus inicios, fue castellana.
En el momento de la colonización prevalencia el pre capitalismo comercial. España organiza
estados coloniales dependientes del rey de España, cuya actividad productiva principal era la
extractiva de metales basada en la explotación de fuerza de trabajo servil y esclavo de indígenas
y negros.
A partir de la conquista y colonización, la vida colectiva de la población americana, ya no se
orienta hacia la satisfacción de sus propias necesidades, sino en función de los intereses de las
Metrópolis.
Merino - “Tensiones mundiales, multipolaridad relativa y bloques de Poder en una
nueva fase de la crisis del orden mundial”
ed A nivel regional, el comienzo del nuevo siglo trae consigo una nueva etapa política que Sader
denomina etapa post-neoliberal.
Se da una convergencia entre proyectos que tienen en común su oposición al proyecto neoliberal
y la necesidad de plantear otras formas de integración regional para avanzar en grados de
soberanía relativa. Se puede observar un enfrentamiento entre un regionalismo autónomo (que
intenta establecer estrategias de desarrollo endogeno y construir un bloque de poder regional), y
el regionalismo dependiente (que privilegia la alianza de occidente y busca estrategias de
adaptación al capitalismo mundial).
A partir de junio de 2012 se pone en funcionamiento la Alianza Pacifico, conformada por Peru,
Colombia, Mexico y Chile, en estrecha relación con el Acuerdo Transpacifico de Cooperacion
Economica, bajo los pilares del llamado “regionalismo abierto”. Este esta cerrado en la libertad
de comercio, la atracción de las inversiones extranjeras, los acuerdos de libre comercio con
distintos países y bloques regionales a nivel mundial, la explotación de las ventajas comparativas
estáticas, la hiperespecializacion productiva y el desarrollo puesto en relación con la integración
en el capitalismo global y las cadenas globales de valor dominadas por las empresas
transnacionales.
En respuesta a la Alianza Pacifico, se intento producir una integración cruzada entre los países
del ALBA y del MERCOSUR para fortalecer un bloque regional. Ello se observa a partir de la
incorporación de Venezuela al MERCOSUR, la firma de un protocolo para la incorporación de
Bolivia y los acuerdos para la incorporación de Ecuador. Con estas incorporaciones, el
MERCOSUR controlaría las mayores reservas energéticas, mineales, naturales y de recursos
hídricos del planeta y paso a constituirse como el bloque con mayores reservas mundiales de
petróleo.
La demora en la construcción de un “Estado Continental”, es un gran problema que impide tener
a la región la estatura política suficiente que le permita ser un actor mundial con proyecto propio.
La mirada integradora del regionalismo autónomo siguió gobernada por la concepción de
articulación de “Estados Nacionales”. El avance a nivel gubernamental en el núcleo del
MERCOSUR de fuerzas que se declaran a favor de la integración en la Alianza Pacifico, propician
el retorno a las políticas de libre comercio y de re-alineamiento con Occidente y en particular con
EE.UU, modifica profundamente el escenario regional.
La línea de enfrentamientos entre bloques de poder es entre bloques centrales, y bloques
emergentes. Dichos enfrentamientos, han pasado a ser directos y en escenarios principales.
Tambien se hacen mas evidentes e intensos en escenarios secundarios como en Siria. Estos
enfrentamientos se expresan en la aparición de una nueva institucionalidad internacional y en un
conjunto de acuerdos económicos, políticos y estratégicos.
Las pujas estratégicas globales surcan la región de America Latina profundizando el
enfrentamiento entre una forma de regionalismo que prioriza el alineamiento con Occidente, y el
regionalismo autónomo, que prioriza la contruccion de un bloque regional y las alianzas con los
bloques emergentes.
Svampa – La sociedad Excluyente
Capitulo 1
o
Capítulo 1: Hacia el nuevo orden neoliberal:
Durante décadas, en la Argentina imperó un modelo de integración de tipo nacional-popular, cuya
máxima expresión fue el primer peronismo (1946-1955). En primer lugar, en el plano económico,
presentaba una concepción del desarrollo vinculada a la sustitución de importaciones y la
estrategia mercado internista. En segundo lugar, implicaba el reconocimiento del rol del estado
como agente y productor de la cohesión social por medio del gasto público social. Por último, una
tendencia a la homogeneidad social, visible en la incorporación de una parte importante de la
clase trabajadora, así como la expansión de las clases medias asalariadas.
El desmantelamiento de este modelo social, y su reemplazo por un nuevo régimen centrado en la
primacía del mercado conoció diferentes momentos.
El nuevo orden liberal llevo a diversas transformaciones: durante los primeros años del retorno a
la democracia se visualizaron cambios en la estructura social, pero los principales cambios se
dieron a fines de los 80 y principios de los 90 con la gestión menemista.El cambio en el régimen
de acumulación conoció un primer intento con el “Rodrigazo”, bajo el gobierno de Isabel
Martínez de perón, durante el cual se aplicaron drásticas medidas de ajuste con devaluación y
aumento de las tarifas de servicios públicos, se apuntaba a poner fin a la política económica
nacionalista y reformista, característica del peronismo, para dar paso a una política de
estabilización y ajuste.La segunda tentativa arrancaría con el golpe de estado de 1976, el objetivo
fue llevar a cabo una política de represión, al tiempo que aspiraba a refundar las bases
materialistas de la sociedad.
Las consecuencias económicas y sociales de estos procesos fueron devastadoras. El nuevo
régimen de acumulación supuso la puesta en marcha de un modelo asentado en la importación de
bienes y capitales en la apertura financiera. Lo cual implicaba la interrupción de la
industrialización sustitutiva y propiciaba el endeudamiento de sectores públicos y privados,
reflejados en el aumento de la deuda externa. El proceso de desindustrialización iniciado por la
dictadura produjo cambios en la estructura social, anticipando la “latinoamericación” de
Argentina, a través de la expulsión de mano de obra del sector industrial al sector terciario y
cuentapropista, y la constitución de una mano de obra marginal. Se da el aumento de la llamada
“pobreza estructural”, así como la aparición de una nueva pobreza que afectaría a los sectores
medios y bajos.
Durante los primeros años del gobierno de Alfonsín hubo ciertos ensayos que se propusieron
reorientar el desarrollo, acorde al modelo de acumulación precedente. Fines de los 80: el país se
hundía en una grave crisis económica, con la caída de inversión interna y extranjera, la fuga de
capitales y record inflacionario. Se da una crisis hiperinflacionaria en 1989, impulsada por los
grandes grupos económicos, estos sucesos determinan el retiro de Alfonsín. Argentina a
principios de los 90 era una sociedad empobrecida y atravesada por desigualdades. 1989: significó
el final de un ciclo político-económico, tanto en el nivel internacional como nacional. El fin del
mundo bipolar abrió un espacio político-ideológico que sería ocupado por el neoliberalismo
(como pensamiento único). En los países latinoamericanos se da la “década perdida”.
La crisis hiperinflacionaria trajo una mayor caída del salario real, el reemplazo de la moneda local
por el dólar, desemboco en el acuerdo entre diferentes actores sociales sobre ciertos puntos
referidos al agotamiento del modelo de integración social que el peronismo había puesto en
vigencia, y la hiperinflación terminó por afianzar las posturas que afirmaban la necesidad del
mercado y un achicamiento radical del estado. Además, confrontó a los individuos con la perdida
de los marcos que rigen los intercambios económicos, a través de la desvalorización de la moneda
nacional.
La sociedad argentina asistía al final de un modelo de integración social, siendo la crisis
hiperinflacionaria la que sentó las bases para el consenso neoliberal. La época que se abría rebela
una concepción diferente respecto de la relación entre lo social y lo político, en el marco de un
nuevo modelo caracterizado por el aumento de la polarización social.
El nuevo orden neoliberal: Programa de ajuste.
La progresiva institucionalización del sistema político partidario no se dio sin inconvenientes,
sucedieron rebeliones militares producidas durante el gobierno de Alfonsín y el primer año del
gobierno de Menem. Aunque la campaña electoral de Menem se fundó en el llamado populismo,
terminó construyendo una nueva alianza política-económica que le permitió dar cauce a la
demanda de ejecutividad, mediante una estrategia liberal, orientada a la deslegitimación y
desmantelamiento del modo nacional-popular. Se abrió una nueva época marcada por la
polarización y fragmentación social, así como por la hegemonía de los grupos económicos en
alianza con el partido mayoritario.
Se consolidó la liberación de la economía, a partir del plan de Convertibilidad y la reforma del
estado, el primero produjo la equivalencia entre el dólar y el peso, la restricción de la emisión
monetaria, la liberación del comercio exterior y el aumento de la presión fiscal. Se logró salir del
espiral hiperinflacionario. El nuevo orden impuso un modelo de “modernización excluyente”,
modificó la inserción de la economía en el mercado mundial, ya que la apertura a las
importaciones condujo a una reprivatización de la economía. Las limitaciones del último modelo
serían notorias a partir de 1995, momento en el que el crecimiento se estanca, acompañado por la
desocupación. 1998: se entra en un periodo de recesión profunda que llevaría al estallido del
modelo hacia fines del 2001.
La restructuración del estado:
Nuevo modelo de gestión se caracteriza por las “CINCO R”: restructuración, reingeniería,
reinvención, realineación, reconceptualización. Restructurar significa eliminar de la
organización todo aquello que no contribuye o aporta valor al servicio o producto suministrado al
público, cliente o consumidor. Se da una fuerte reducción del gasto público, una matriz social
caracterizada por la desigualdad.
A lo largo de los 90 la dinámica de consolidación de una nueva matriz estatal se fue apoyando
sobre tres dimensiones: patrimonialismo (se vincula con la total perdida de la autonomía relativa
del estado, a través del carácter que adoptaron las privatización, asistencialismo y reforzamiento
del sistema represivo institucional.
Durante el proceso de privatizaciones el estado generó nuevas normas jurídicas que favorecieron
la implantación de capitales extranjeros. El estado se vió obligado a reforzar estrategias de
contención de pobreza, por vía de la distribución de planes sociales y de asistencia alimentaria.
El estado se encamino al reforzamiento del sistema represivo institucional apuntado al control de
las poblaciones pobres y a la represión y criminalización del conflicto social.
El impacto del proceso de privatizaciones:
Este proceso tuvo dos etapas:
1) La primera se extendió desde la asunción del Menem hasta principios de 1991 y abarco
la transferencia a manos privadas de ENTEL y aerolíneas argentinas. También se dio
inicio a otras privatizaciones (canales de televisión, áreas petroleras, líneas de
ferrocarriles, etc)
2) La segunda etapa abarco la privatización del servicio eléctrico, de agua así también como
el resto de los ferrocarriles, etc
El plan de estabilización implementado por Caballo había logrado detener la inflación. La
privatización de YPF, la empresa productiva estatal más grande del país construyó un modelo de
civilización territorial.
1991 “nueva ley de empleo”: conlleva a un cambio en el modo en el que el estado intervenía en
la relación capital-trabajo. La flexibilización del contrato de trabajo formal y la creación de nuevas
modalidades de contratación destinadas a facilitar la entrada y salida del mercado de trabajo y se
dio el desarrollo de políticas sociales compensatorias.
Modernización excluyente y asimetrías regionales:
El doble proceso de modernización y exclusión que afecto al sistema económico nacional se
reprodujo en cada una de las regiones que lo integran. La política de apertura económica significó
el desmantelamiento de la red de regulaciones que garantizaban un lugar a las economías
regionales en la economía nacional.
Área central: de gran desarrollo económico, caracterizado por la existencia de “economías
urbanas de servicios” (ciudad de buenos aires), así como por la existencia de “estructuras
económicas de gran tamaño y diversificación” (buenos aires, córdoba y santa fe). El proceso de
modernización excluyente desembocó en una desindustrialización, acompañada por
concentración de la actividad económica en manos de grupos privados y empresas
multinacionales.
Área mixta: conformada por las provincias patagónicas, a excepción de Rio Negro, caracterizadas
como “estructuras productivas basadas en el uso intensivo de recursos no renovables”
Área periférica: se mantienen rezagadas en términos de crecimiento económico, más allá del
desarrollo de ciertas áreas marginales. Entre las provincias periféricas intermedias se incluye a
Rio Negro, Entre Ríos, Tucumán, Salta y La Pampa, Mendoza y San Luis. En el grupo de las
provincias periféricas rezagadas, caracterizadas por fuerte rigidez en su aparato productivo, están
Misiones, San Juan y Jujuy, mientras que La Rioja, Santiago del Estero, Corrientes y Formosa,
presentan un retraso.
El proceso de modernización excluyente implicó la introducción de un nuevo modelo agrario. El
proceso de apertura económica posibilitó la introducción de nuevas tecnologías que modificaron
bruscamente el modelo local de organización de la producción, orientada al mercado externo.
Incrementó la producción de soja transgénica, colocando a la Argentina entre los principales
exportadores mundiales.
Década del 90: final de la “excepcionalidad Argentina” en el contexto latinoamericano. Enorme
cantidad de trabajadores fueron expulsados del mercado de trabajo formal, mientras que otros
sufrieron las consecuencias de la precarización.
Capitulo 2
Globalización y nueva dependencia. La globalización puede ser considerada como un proceso de
superación de las fronteras políticas, sociales y económicas, lo cual está en el origen de la
transformación del Estado nacional y la emergencia de nuevas formas de soberanía, así como de
una nueva articulación entre economía y política. Este proceso implicó el desmantelamiento de
los marcos de regulación colectiva desarrollados en la época gordita y la afirmación de la primacía
del mercado, en función de las nuevas exigencias del capitalismo. Esto supuso un debilitamiento
del Estado nacional como agente regulador de las relaciones económicas, así como el surgimiento
de nuevas fronteras y de nuevas formas de soberanía, más allá de lo nacional-estatal. Todo ello
trajo aparejada una nueva división del trabajo internacional, que benefició muy especialmente a
las naciones desarrolladas, al tiempo que potenció las asimetrías existentes entre las naciones del
Norte y del Sur.
En América latina, la entrada en nuevo orden socio-económico implicó la conjunción de dos
procesos diferentes: por un lado, la profundización de la transnacionalización de la economía; por
el otro, la referencia reforma drástica del aparato estatal, que produjo el desmantelando el marco
regulatorio del régimen anterior. Este doble proceso desembocó en la institucionalización de una
nueva dependencia, cuyo rasgo común sería la exacerbación del poder conferido al capital
financiero, por medio de sus principales instituciones económicas. La economía se separó y
autonomizo, disociándose bruscamente de otros objetivos.
En consecuencia, en diferentes países periféricos se impuso un esquema de crecimiento
económico disociado del bienestar del conjunto de la sociedad esto es una sociedad, esto es, una
"sociedad excluyente", modelo donde convergen modernización económica y dinámica de la
polarización social. La modalidad efectiva que adoptaron las reformas estructurales en cada país
no fue ajena a los diferentes arreglos políticos, ni al peso de la cultura institucional existente. En
América latina, estos procesos se apoyaron y terminaron por reforzar la tradición
hiperpresidencialista existente. Esto más una visión populista del liderazgo aceleró la
desarticulación de lo económico respecto de lo social, al tiempo que garantizó el proceso de
construcción política de una suerte de "nueva soberanía presidencial", frente al vaciamiento de la
soberanía nacional.
Estos cambios trajeron aparejadas grandes transformaciones de la política, que fueron
configurando un modelo de dominación apoyado sobre tres ejes centrales: el primer eje, la
sumisión de la política a la economía; el segundo, la consolidación de una democracia
presidencialista fuertemente decisionista; el tercero, el desarrollo de nuevas estructuras de
gestión, que condicionaron el hacer político tanto "desde arriba", como "hacia abajo".
La sumisión de la política a la economía. El primer rasgo y tal vez el más notorio del "modelo
argentino" fue sin dudas el alcance que tuvo la subordinación de la política a la economía, como
resultado del reconocimiento de la "nueva relación de fuerzas". Está perdida de autonomía de la
política con relación a la economía puede ser leída en dos niveles diferentes. En primer lugar, la
primacía de la economía adoptó distintos registros de inflexión. El primero aparece reflejado en
la retórica de Menem, quien desde sus comienzos adoptó un discurso que aceptaba la pérdida de
autonomía de la política. Está estrategia tenía dos objetivos mayores: subrayar el carácter
ineluctable de las reformas, para desactivar las críticas al nuevo programa; y hacer desaparecer el
carácter político de la decisión. La estrategia tendía a despolitizar las decisiones, restándoles su
carácter contingente, producto de una situación de conflicto, al tiempo que enfatiza el carácter
unívoco del camino emprendido para encarar las reformas. El correlato de esta estrategia de
borramiento de la política fue que el espacio de la decisión pasó a estar concentrado en la
autoridad presidencial y su entorno.
En segundo lugar, la subordinación de la política económica condujo a una naturalización de la
globalización, en su visión neoliberal. Gran parte del establishment político se esforzó en dar por
sentada la identificación entre orden liberal y nueva dinámica globalizadora, naturalizados la
nueva dependencia. Está visión implicaba una confusión entre "globalización" y "globalismo".
Una vez superada la crisis inflacionaria y lograda la estabilización mediante la estrategia de shock
y la convertibilidad de la Módena nacional al dólar, la tendencia a naturalizar la asociación entre
globalización y neoliberalismo, reafirmando la existencia de una "vía única", pareció encontrar
una confirmación en la ausencia de un verdadero programa alternativo. Esta estrategia de
despolitización del espacio de la decisión tuvo como corolario el borramiento de los
antagonismos. La adhesión al plan de convertibilidad contribuyó a desdibujar las identidades y
divisiones políticas, creando esa suerte de "consenso blando".
La inocultable rigidez del modelo estaba vinculada a las proporciones que tomó la nueva
dependencia, a través de la reducción del espacio de la política y la centralidad de los mandatos
económicos. Con el correr de los años la "convertibilidad" funcionaba no solo como el máximo
principio de regulación de la sociedad post-inflacionaria, sino, en el límite, como único principio
de legitimidad en medio de la recesión económica y la inestabilidad de las posiciones sociales. Se
expresó en la rigidización de las conductas, lo cual no hizo más que potenciar la dinámica perversa
del modelo.
En resumen, una de las declinaciones más importantes de la época es la forma particular que
adoptó la sumisión de la política la economía. Esta se fue construyendo y prolongando en
movimiento sucesivos mediante los diferentes arreglos políticos e institucionales. Finalmente, lo
que al inicio de la década apareció, en medio de una crisis mayor, como una aceptación de la
pérdida de autonomía de la política,
terminó por convertirse en una suerte de horizonte insuperable anclado en una sola certeza de la
estabilidad de la moneda.
El giro presidencialista: entre el decisionismo y el personalismo. El decisionismo es un estilo
político en el cual el líder interviene como autoridad soberana y fuente absoluta de la decisión
política. La construcción del espacio de la soberanía presidencial aparece como el sustituto de un
centro estatal vaciado. El proceso de construcción de la soberanía presidencial aparece ilustrado
por los decretos de "necesidad y urgencia" que la Constitución habilita para el caso de las
"situaciones extraordinarias", y en el uso del veto cial. El resultado fue así la instalación de una
suerte de "decretismo", que amplió las facultades del Ejecutivo, otorgándole el poder de legislar,
y facilitando olvidar las dificultades de una confrontación democrática. Este proceso fue
favorecido por una democracia de tipo presidencialista, así como por la eficacia simbólica del
vínculo populista. Ese modelo de gestión política se consolidó en los países latinoamericanos que
cuentan con una clara tradición presidencialista y un parlamento débil.
Está situación fue promovida por la misma tendencia del propio Partido Justicialista a devenir "un
sistema político en sí mismo" convirtiéndose en oficialismo y oposición. Este modelo político de
gestión fue potenciado por el estilo político peronista. La práctica política de Menem se
caracterizó por una estrategia de concentración creciente del poder, orientada hacia el control y
dominio de diferentes actores sociales. Está práctica la permitió a Menem disciplinar vastos
sectores sociales y estructurar un nuevo consenso sin tener que pagar por ello altos costos
políticos. Está política de concentración del poder se prolongó en la práctica de los gobernantes
que sucedieron a Menem, tanto De la Rúa, como Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.
Esta tendencia a la normalización del "estado de excepción", visible en la concentración de poder
en el Ejecutivo y en la alteración de la división republicana de poderes, alcanzó dos situaciones
extremas: en primer lugar, en los poderes extraordinarios otorgados a Menem durante la primera
etapa de su gobierno, lo cual le permitió implementar por decreto una política de reformas, en
segundo lugar, la cesión de poderes otorgados a Cavallo convertido en súper ministro en el último
tramo de gobierno de De la Rúa.
El segundo rasgo asociado al nuevo estilo político es la proliferación de liderazgos personalistas.
La nueva figura del liderazgo se haya asociada al proceso de restablecimiento del juego
democrático, que fue acompañado de una crisis de representación política, ligada al
debilitamiento de los cuerpos intermedios y el ingreso una relación más directa entre el líder y
sus electores. Estos nuevos procesos dan lugar a una serie de popularidad es evanescentes y
transitorias. Así, mientras que el líder carismático posee un aura particular que incorpora en el
espacio político, el líder personalista es un puro efecto de una posición institucional. El interés
por su persona es momentáneo, ligado al deseo de descubrir la persona detrás del rol, sobre todo,
el deseo de descubrir una persona semejante a uno. La identificación con la persona del presidente
y no con la figura del líder carismático. El liderazgo personalista se coloca más cerca de lo Tucker
denominó "carisma de situación", un fenómeno que no está determinado por los componentes
mesiánicos de la personalidad del líder, sino por un estado de stress agudo en la sociedad que
predispone a la gente.
Mientras que el líder carismático se vincula con lo político desde la distancia en la cual lo colocan
sus supuestas cualidades excepcionales, el actual líder personalista asegura una forma de
vinculación gracias a la proximidad de su carácter. La personalización del liderazgo puede dar
lugar a la consolidación de figuras políticas desprovistas de todo carisma político. El líder
personalista ya no es más un líder carismático a través del cual los sectores populares se
identifican, proyectan, constituyen en el sistema político, por el contrario, en la medida en que la
vida política se institucionaliza y el manejo de la economía se independiza del recambio electoral,
el sentimiento de distancia respecto del sistema político requiere ser compensado por el interés
hacia la persona del líder.
La consolidación de este tipo de liderazgos no puede ser disociada de la importancia que han
cobrado los medios masivos de comunicación en la época contemporánea y el impacto que esto
ha causado en la concepción del vínculo político. Los nuevos de liderazgo se apoyaron exc
ulación mediática, desechando desde el inicio cualquier posibilidad de construcción o vinculación
con estructuras de base.
Uno de los corolarios de este proceso fue que se aceleró la desarticulación de lo político respecto
de lo social y la política se tornó cada vez más autorreferencial, es decir, se encapsuló.
En definitiva, la consolidación de un estilo político decisionista viene a expresar la convergencia
entre una tradición hiperpresidencialista, un vínculo populista y un liderazgo personalista.
La triple inflexión de la política como "gestión". La tercera inflexión se refiere el pasaje a un
determinado modo de "hacer política" vinculado al mandato de los organismos multilaterales, que
puede ser sintetizado como un nuevo modelo de gestión estatal. Las nuevas estructuras de gestión
se asientan sobre tres características fundamentales: la existencia de la profesionalización, la
descentralización administrativa y la focalización de la política social. Frente al primer modelo,
se plantea la necesidad de llevar a cabo una nueva división del trabajo político, profesionalizando
las funciones; frente al segundo, postula la descentralización administrativa y la focalización en
el tratamiento de los problemas, con el objeto de lograr una mayor eficiencia y equidad.
En primer lugar, dentro del nuevo modelo de gestión adquiere centralidad la figura del experto.
La centralidad del saber-experto se vincula con el proceso de destradicionalización de la sociedad
contemporánea, que tiene como correlato una mayor reflexividad, a la vez institucional y
personal. La profesionalidad y el conocimiento colocarían al experto en una posición óptima para
aprender el interés público o general y para implementar las políticas más adecuadas.
El modelo argentino ha encarnado de manera acabada la vinculación orgánica entre élites
tecnocráticas y mundo empresarial. Así, una de las claves del período fue la rápida conformación
de un entramado económico, suerte de "comunidad de negocios", entre grupos económicos
nacionales y empresas transnacionales, asociados en la adquisición de empresas estatales
privatizadas. El nuevo estilo de gestión incorpora un esquema binario o polar que derivaba del
diagnóstico que la tecnopolítica hacía de las crisis. Los modelos teóricos que pretenden atribuir
un contenido "modernizador" al proceso de transformación en marcha, se basan en un
reduccionismo que rememora las interpretaciones duales del subdesarrollo económico. El "viejo
estilo de gestión" englobaría nada menos que al conjunto de las empresas estatales, numerosas
economías regionales y la totalidad de las administraciones provinciales. En el lenguaje dualista
de los técnicos, "inviables" resultaban ser las empresas del Estado, las economías regionales y
también gran parte de las plantas administrativas de los estados provinciales.
La política del gobierno nacional apuntó a sostener las estructuras clientelares en las provincias
periféricas, postergando recortes en el empleo público provincial e incrementando el flujo de
recursos del gobierno central a las provincias, lo cual le permitió garantizar la gobernabilidad que
requería una política tan drástica de reformas. el clientelismo fue integral a la racionalidad política
de las reformas. El nuevo estilo de decisión se aplicó sobre todas las áreas centrales de la economía
Argentina, mediante la implementación sistemática de una política social focalizada y la
descentralización administrativa. Sus consecuencias fueron múltiples: trajo consigo una
orientación hacia una política social particularista destinada a aliviar la pobreza; la
descentralización implicó el de trabas amiento de responsabilidades administrativas del Estado
nacional a los municipios y provincias. Ambos procesos conllevan una reformulación de la
relación con los sectores populares.
En efecto, en primer lugar, la focalización indica un claro giro de la política hacia el mundo de
las necesidades básicas mediante la multiplicación de las formas de intervención territorial en el
mundo popular. El plan PAN fue una nueva estrategia de intervención social que se consolidan
en el nivel provincial para hacer finalmente implementados en escala nacional a partir de la
gestión de Menem.
En la década del 90 emergió un entramado político constituido por una red de nuevos militantes
sociales fuertemente dependientes de la ciudad el estado. el nuevo estilo de decisión generó
cambios importantes en las estructuras territoriales preexistentes. Gran parte de las organizaciones
territoriales terminaron por
perder su autonomía relativa subsumidas o neutralizadas por las estructuras clientelares del
partido justicialista.
El impacto de la nueva política en la identidad peronista de los sectores populares fue
considerable. "desde abajo", el peronismo perdió su carácter de contracultura política, para
reducirse a una lógica de dominación a través de las multiplicadas formas del clientelismo
afectivo o las nuevas formas de la militancia social.
En resumen, la consolidación de las nuevas estructuras de gestión pondría al descubierto la
emergencia de un nuevo modelo de dominación, no sólo "hacia arriba", sino también respecto de
los sectores populares. "desde arriba", su puesta en marcha se tradujo en una nueva y estrecha
articulación entre las técnicas y grupos privados, sentando las bases de lo que se llamaría una
nueva comunidad de negocios. "hacia abajo", el nuevo modelo fue consolidando una matriz
asistencial, a partir del desarrollo de estrategias de contención de la pobreza, por la vida de la
distribución de planes sociales y de asistencia alimentaria las poblaciones afectadas y
movilizadas.
Los avatares del modelo de dominación política (1989-2001). En cuanto a las diferentes
declinaciones de la política, cada uno de esos procesos una dinámica relacional compleja,
atravesada de tensiones y arreglos diferentes, y a su vez, produce efectos en niveles distintos:
tanto en el plano de la articulación entre lo nacional y lo global, como en la trama de la política
local o en las convulsionadas escenas provinciales.
A lo largo de los 90 se fueron configurando los contornos de un nuevo modelo de dominación
política. El modelo de dominación política encontró una nueva inflexión durante el breve y
colapsado gobierno de De la Rúa. Su dinámica entre 1999 y 2001. En primer lugar, la
subordinación de la política de la economía se expresó de manera dramática en medio de la
recesión de los sucesivos ajustes y los renovados arreglos con el FMI relativos al pago de la deuda
externa. En segundo lugar, la rápida licuación del capital político de la alianza y el
cuestionamiento de la capacidad de conducción del entonces presidente, pusieron al descubierto
los límites del modelo de dominación político. Durante la época de Menem el éxito de la gestión
decisionista y el personalismo del liderazgo permitieron pensar la política como algo más que
clientelismo afectivo, orientado a la gestión de las necesidades básicas. una de las mayores
promesas de la alianza había sido la de depurar, las instituciones, así como impulsar la apertura
del espacio público.
El presidente De la Rúa no encarnaba un liderazgo de tipo personalista. Quedaba en evidencia la
incapacidad de De la rúa desempeñar el rol la imposibilidad de sostener un efecto de posición. A
la promesa de democratizar la ayuda social recentralizandola, y su ostensible fracaso dio cuenta
también del escaso conocimiento que el gobierno de la alianza poseía del alcance y la dinámica
de la descolectivización en la sociedad argentina.
Así los componentes del modelo de dominación político se fueron desarticulando uno tras otro.
Vastos sectores sociales experimentan una pérdida de confianza en la autoridad de la figura
presidencial, que no sólo era vertiginosa, sino que llegaría a adquirir connotaciones por demás
grotescas, que los medios de comunicación se encargarían de explotar. Las propias declaraciones
de De la rúa no hacían más que acentuar el karis personalista y decisionista de la autoridad
presidencial. La avalancha de votos nulos y en blanco de las elecciones legislativas de octubre de
2001 advertiría en el alcance de la crisis.
El regreso de Cavallo desembocó en una nueva vuelta de tuerca del carácter decisionista del
gobierno, al habilitar la "cesión extraordinaria de poderes", con el argumento de la situación de
emergencia económica. Ese argumento profundizaba la alteración de la división republicana de
poderes, habilitando de hecho la entrada en un estado de excepción.
De la rúa se vería obligado a abandonar el poder tras las masivas protestas que siguieron a la ola
de saqueos y al decreto del estado de sitio. Tras las jornadas más sangrienta vivida en la historia
de la
democracia de 198, un nuevo escenario político se habría marcado por una profunda crisis
económica, el cuestionamiento de las formas de representación política y las crecientes
movilizaciones sociales.
La naturalización de la relación entre globalización y neoliberalismo tuvo dos consecuencias
mayores: por un lado, contribuyó fuertemente al desdibujamiento de la política entendida como
esfera de deliberación y participación, como espacio de disputa y de conflicto, en función de los
diferentes modelos de sociedad existentes; a su vez, esta reducción de la política potenció la
desarticulación entre el mundo de la política institucional y las formas de politización de los
social.
Svampa – Cuatro claves para Leer america Latina
S A partir del año 2000 América Latina ingresó en un nuevo ciclo político y económico
caracterizado por un novedoso escenario transicional, marcado por el protagonismo creciente de
los movimientos sociales y por la crisis de los partidos políticos tradicionales y de sus formas de
representación. El cambio de época tomó un nuevo giro con la emergencia de diferentes
gobiernos apoyándose en políticas económicas heterodoxas, se propusieron articular las
demandas promovidas desde abajo.
Para designar a estos nuevos gobiernos, se impuso como lugar común la denominación genérica
de progresismo; si bien tiene el defecto de ser demasiado amplia, esta categoría permite abarcar
una diversidad de corrientes ideológicas y experiencias políticas gubernamentales, desde aquellas
de inspiración más institucionalista hasta las más radicales, vinculadas a procesos constituyentes.
América Latina diezmada por décadas de neoliberalismo y ajustes fiscales, el progresismo
fue emergiendo como una suerte de lingua franca, común a diferentes países, más allá de la
diversidad de experiencias y los horizontes de cambio.
Concepto de Consenso de los Commodities → cuya caracterización parte del reconocimiento de
que, a diferencia de lo que ocurría en los años 90, las economías latinoamericanas fueron
enormemente favorecidas por los altos precios internacionales de los productos primarios, lo que
se verá reflejado en las balanzas comerciales hasta los años 2011-2013.
Con los años el cambio de época fue configurando un escenario conflictivo en el cual una de las
notas mayores es la articulación entre tradición populista y paradigma extractivista.
•
El avance de las luchas indígenas: entre la demanda de autonomía y la consulta previa:
En las últimas décadas asistimos a un ascenso de los pueblos indígenas y a una apertura
de las oportunidades políticas. Hacia los años 90, la apelación a una ciudadanía étnica
devino una herramienta política ineludible en la dinámica de empoderamiento de los
pueblos indios, no solamente en términos de reconocimiento cultural, sino también
vinculado a la reivindicación de la tierra y el territorio
En los últimos 15 años, el proceso de expansión de la frontera de derechos tuvo como contracara
la expansión de las fronteras del capital hacia los territorios indígenas, junto con la emergencia
de una nueva conflictividad. En consecuencia, en el marco de los gobiernos progresistas, esta
problemática fue suscitando respuestas diferentes, frente a lo cual los pueblos originarios
colocaron en el centro del conflicto la cuestión de la autonomía y, de modo más generalizado, la
defensa del derecho de consulta previa.
En América Latina, la autonomía como mito movilizador presenta tres momentos sucesivos y
diferentes: →en primer lugar, irrumpe innovadoramente como demanda democrática con el
levantamiento neozapatista de Chiapas, en 1994 → en segundo lugar, la autonomía tuvo su
momento destituyente en 2001- 2002 con las movilizaciones y levantamientos urbanos en
Argentina cuestionaron el neoliberalismo y rechazaron las formas institucionales de la
representación política → en tercer lugar, hacia 2006, el eje se trasladó a Bolivia, donde la
demanda de autonomía estaría asociada al proyecto de creación de un Estado plurinacional.
Fue en Bolivia donde se expresó de manera más acabada el proyecto político indígena
autonómico, ilustrado por el Pacto de Unidad, integrado por ocho importantes organizaciones
indígenas y campesinas que, en 2006, prepararon especialmente para la Asamblea Constituyente
un documento que proponía la creación de un Estado comunitario y plurinacional. Esa propuesta
autonómica encontró límites, primero en la propia Asamblea Constituyente y, por consiguiente,
en la Constitución del Estado Plurinacional que se sancionó finalmente. Una vez derrotadas las
oligarquías regionales, a partir de 2009, con el proceso de consolidación de la hegemonía del
Movimiento al Socialismo (MAS), el gobierno boliviano dejó en evidencia que las llamadas
autonomías indígenas originario-campesinas (AIOC) ocupaban un lugar marginal en su agenda.
Otra de las cuestiones fundamentales del ciclo progresista asociadas a los pueblos originarios es
el derecho de consulta previa, libre e informada (cpli), incorporada a todas las constituciones
latinoamericanas a través del Convenio 169 de la oit de 1989.
Frente a la degradación o manipulación que la CPLI sufre en manos de los diferentes gobiernos
y las dificultades jurídico-administrativas que conlleva su implementación, en varios países se
han desvanecido las expectativas de inicios del ciclo progresista. Las CPLI se han convertido en
un campo minado.
•
La crítica al desarrollo y el modelo extractivo: es la crítica a la visión hegemónica de
desarrollo, que en la actualidad aparece asociada al modelo extractivo exportador. una
nueva etapa se abrió hacia el año 2000, con el ingreso al «Consenso de los Commodities»
y la posterior crítica al neoextractivismo, que instala un nuevo cuestionamiento a la
ideología del progreso. Megaproyectos extractivos: megaminería, explotación petrolera,
nuevo capitalismo agrario con su combinación de transgénicos y agrotóxicos,
megarrepresas, grandes emprendimientos inmobiliarios. Estos modelos presentan una
lógica extractiva común: gran escala, orientación a la exportación, ocupación intensiva
del territorio y acaparamiento de tierras, amplificación de impactos ambientales y
sociosanitarios, preeminencia de grandes actores corporativos transnacionales y
tendencia a la democracia de baja intensidad.
•
Regionalismos, geopolítica y nuevas dependencias: Hay una tercera clave, de índole
también histórica, que plantea una reactualización de las relaciones de dependencia bajo
el signo del extractivismo. asistimos a importantes cambios geopolíticos, manifiestos en
el fin del mundo unipolar y en la configuración de un esquema oligopólico de poder,
ilustrado por la emergencia de nuevas potencias globales, entre ellas, la República
Popular China.
La segunda cuestión importante en términos geopolíticos es el alcance del regionalismo autónomo
latinoamericano, uno de los tópicos más reivindica- dos por los gobiernos progresistas.
En la actualidad, tanto la tesis del regionalismo desafiante como la de la cooperación Sur-Sur
parecen ser más una suerte de wishful thinking que prácticas económicas y comerciales realmente existentes de los diferentes gobiernos progresistas latinoamericanos
•
El regreso de los populismos infinitos: se entiende el populismo como un fenómeno
político complejo y contradictorio, que presenta una tensión constitutiva entre elementos
democráticos y elementos no democráticos. Esta definición propone una óptica críticocomprensiva y se aparta del tradicional uso peyorativo y descalificador del concepto12,
que predomina en el ámbito político-mediático, donde se reduce el populismo a una
política macroeconómica (despilfarro o gasto social) y a la demagogia y al autoritarismo
político (déficit republicano), y se dejan de lado, interesadamente, otros componentes. La
autora propone pensar el populismo a partir de la coexistencia de dos tendencias
contradictorias: la ruptura fundacional (que da paso a la inclusión de lo excluido), pero
también la pretensión hegemónica de representar a la comunidad como un todo.
Desde el punto estrictamente político, asistimos a un populismo de alta intensidad 14, en el cual
coexiste la crítica del neoliberalismo con el pacto con el gran capital; procesos de democratización
con la subordinación de los actores sociales al líder; la apertura a nuevos derechos con la
reducción del espacio del pluralismo y la tendencia a la cancelación de las diferencias, entre otros.
A esto hay que agregar que, a diferencia de los populismos conservadores o de derecha que se
expanden en la actualidad en Europa y EEUU, los populismos latinoamericanos del siglo xxi
fomentaron la inclusión social, de la mano de un lenguaje nacionalista y a la vez
latinoamericanista, y no de la xenofobia o el racismo.
Desde el punto estrictamente político, la actualización del populismo de alta intensidad afirma un
modelo de subordinación de los actores sociales (movimientos sociales y organizaciones
indígenas) y apunta a la cancelación de las diferencias, lo que pone de relieve la amenaza a las
libertades políticas o su cercenamiento.
el retorno del populismo de alta intensidad y el final del ciclo progresista aparecen asociados. Así,
desde el punto de vista económico y más allá de los manifiestos de buenas intenciones, se observa
que el extractivismo actual no condujo a un modelo de desarrollo industrial o a un salto de la
matriz productiva, sino a una reprimarización y a mayores conflictos socioterritoriales. A esto hay
que sumar el fin del llamado «superciclo de los commodities»
•
Fin de ciclo y posprogresismos: los progresismos realmente existentes parecen haber
entrado en una fase final, ilustrada por el giro conservador que adoptaron dos de los países
más importantes de la región: Argentina y Brasil, a lo cual hay que añadir la crisis
generalizada que atraviesa el gobierno venezolano. Cabe aclarar que la crisis no se debe
solo a factores externos (el fin del superciclo de los commodities y el deterioro de los
índices económicos), sino también a factores internos (el aumento de la polarización
ideológica, la concentración de poder político, el incremento de la corrupción)
El fin de ciclo y el eventual giro político se insertan en un escenario mundial muy perturbador,
marcado por el avance de las derechas más xenófobas y nacionalistas en Europa, así como por el
inesperado triunfo del magnate Donald Trump en EEUU.
podría decirse que, pese a la sobreutilización de la hipótesis conspirativa, el giro conservador está
vinculado, en gran parte, a las limitaciones, mutaciones y desmesuras de los gobiernos
progresistas.
El agotamiento y el fin del ciclo progresista nos confrontan con un nuevo escenario, cada vez más
desprovisto de un lenguaje común. Por un lado, es cierto que, sin apelar a retornos lineales, los
actuales gobiernos de Brasil y Argentina recrean núcleos básicos del neoliberalismo, a través,
entre otras cosas, de políticas de ajuste que favorecen abiertamente a los sectores económicos más
concentrados, así como del endurecimiento del contexto represivo.
Svampa - Posprogresismos, polarización y democracia.
R Nuevos vientos ideológicos recorren América Latina. El final del ciclo progresista, al menos
tal como lo conocimos, parece un hecho consumado. El ocaso se habría iniciado en 2015, en
Brasil, con el golpe parlamentario contra la presidenta Dilma Rousseff, y luego, en Argentina,
con el triunfo electoral de Mauricio Macri; se profundizaría en 2017, con la transición ecuatoriana,
tras la victoria de Lenín Moreno, cuyo gobierno implicó un distanciamiento de las coordenadas
del progresismo, y se completó en Chile, en 2018, con el regreso de Sebastián Piñera al gobierno.
El «fin de ciclo» incluye también otras mutaciones, como la deriva autoritaria del gobierno de
Nicolás Maduro en Venezuela, país que desde hace años atraviesa una crisis generalizada y de
alcances geopolíticos, a lo que se añade la consolidación de un régimen abiertamente represivo
en Nicaragua, con sus muertos y centenares de presos, digno de una dictadura,
Variantes (y valoraciones) interpretativas
•
En América Latina, hacia fines de la primera década del siglo xxi, la categoría
«populismo» fue ganando terreno hasta tornarse nuevamente un lugar común. Así, una
vez más, devino un campo de batalla político e interpretativo. Tal como los entiendo, los
populismos, así, en plural, constituyen un fenómeno político complejo y contradictorio
que presenta una tensión constitutiva entre elementos democráticos y elementos no
democráticos. Los populismos comprenden la política en términos de polarización y de
esquemas binarios, lo cual tiene varias consecuencias: por un lado, contribuye a la
simplificación del espacio político, a través de la división en bloques antagónicos, por
otro lado promueve la selección y jerarquización de determinados antagonismos en
detrimento de otros, los cuales tienden a ser denegados o minimizados en su relevancia
y/o validez, así como la subestimación del pluralismo político y social.
Lo propio de los populismos es la consolidación de un esquema de gobernanza, de un pacto social,
en el cual conviven, aun de manera contradictoria, la tendencia a la inclusión social y el pacto
con el gran capital. En esa línea, y pese al proceso de nacionalizaciones los progresismos
populistas establecieron alianzas con grandes corporaciones transnacionales, lo que aumentó el
peso de estas en la economía nación.
Rofman y Romero – “Sistemas socio-economicos y estructura regional en la
Argentina”
o
S Primera etapa: La Argentina criolla
La primera etapa corresponde a la situación de Argentina sobre 1852. Si bien el objetivo es la
caracterización de etapas dentro del proceso histórico argentino, la elección de un límite temporal
es arbitraria. Sin embargo, este año sirve para caracterizar un periodo cuya finalización
corresponde al momento en que se produce la apertura de la Argentina al mercado mundial.
1. El sistema internacional
Hacia 1852 el sistema internacional correspondiente al capitalismo industrial ya está estructurado
y son evidentes las jerarquías que funcionarán en el siglo XIX y parte del XX. Las relaciones de
dependencia a escala internacional se organizaron según las formas económicas del capitalismo
comercial, que obtenía beneficios en el área de la circulación, aprovechando las diferencias de
precios entre las regiones productoras y consumidoras.
En 1770 comenzó a predominar en Inglaterra un nuevo tipo de relaciones de producción
(capitalistas) que se caracterizaban por la apropiación del excedente bajo la forma de plusvalía y
que coincide históricamente con el proceso de la Revolución Industrial. Este proceso estaba
desarrollado en Inglaterra en 1852 y comenzaba a afirmarse en el resto de Europa occidental.
Estos cambios influyeron en el sistema internacional total.
La Revolución Industrial implicó en Inglaterra una aceleración en la división interna del trabajo.
Esto exige una expansión del mercado que, de no producirse, origina un estrangulamiento en el
desarrollo. Los mercados coloniales adquirieron así una importancia decisiva, y la formación de
un área mercantil colonial estuvo relacionada con este desarrollo industrial. La expansión colonial
fue acelerada por la Revolución Industrial.
El sistema internacional se caracteriza por el papel de mercados que tienen las áreas coloniales.
Al mismo tiempo, comienzan a esbozarse las características de la etapa siguiente, e Inglaterra
empieza a organizar la producción a escala mundial, determinando la formación de las áreas de
monocultivo que se ajusten a las necesidades de ese mercado. Esta jerarquización económica se
traduce en formas de dominación política más variadas y flexibles.
2. El sistema nacional
Dentro de ese sistema internacional jerarquizado, la función del sistema nacional argentino se
relacionó directamente con el grado de su integración al mismo. En 1852 la integración de
Argentina al sistema internacional es bastante limitada en relación a la etapa siguiente. Sin
embargo esta integración se fue acentuando desde fines del siglo XVIII. Esta misma provocó
cambios internos que prefiguraron los contactos posteriores con el sistema internacional. La
integración de Argentina al sistema internacional, ya en este momento, representa una primera e
importante forma de relación.
2.1. El papel económico del sistema nacional
El sistema internacional asigna al sistema nacional una cierta función económica. Argentina se
integró al área mercantil inglesa para absorber su producción, industrializada, permitiendo
además que siguieran funcionando los mecanismos del capitalismo comercial que posibilitaban
la concentración de los beneficios en la metrópolis. A su vez, en la llanura pampeana se dio un
desarrollo ganadero que se ajustaba tanto a la necesidad de abrir el área a la oferta como a la de
formar un área de monocultivo según las necesidades de la demanda. Esta estructuración se dio
sobre una organización regional ya existente, que hizo que la adaptación de las distintas regiones
fuera diferente (el Litoral realizó este cambio más rápida y profundamente que en el Interior).
La apertura de Argentina a los requerimientos del mercado mundial se produjo en el siglo XVII.
Buenos Aires se convirtió en el punto de conexión con el exterior y se estructuró una red de
intercambios organizada para que los beneficios que se originaban quedaran en el puesto. La
región litoral tuvo un desarrollo de la producción ganadera, cuyos productos eran exportados por
Buenos Aires hacia los compradores europeos. El Interior ocupó un papel secundario en la red de
intercambio, que desapareció en 1810, cuando se perdió el contacto con el Alto Perú.
Predominó en el país la producción pecuaria, de características simples y rudimentarias, mientras
que el comercio exterior proveyó de la mayoría de los restantes artículos.
2.2. La estructura social y política
A. Las estructuras locales de dominación
La estructura de la sociedad criolla es simple y su configuración es casi dual. La ganadería es la
actividad principal, la tierra está distribuida en pocas manos, y hay en esa sociedad pastoril
terratenientes y trabajadores rurales. Los sectores urbanos se encuentran en retracción.
Las relaciones capitalistas de producción se encuentran escasamente desarrolladas. Dentro del
sistema capitalista que se estructura a escala internacional se incluyen en las áreas periféricas
subsistemas productivos de tipo precapitalista, que permiten la existencia de objetivos entre los
grupos dominantes del sistema internacional y de los subdominantes locales.
La estructura social es simple y el dominio del sector terrateniente le permite asegurarse la
concentración de los beneficios que se originan en la actividad ganadera. La forma en que los
ganaderos estructuran su dominación política varía según las regiones.
En Buenos Aires, la sociedad está más diversificada, quizás el rasgo más característico sea la
debilidad de la burguesía porteña, en contraste con la importancia comercial de la ciudad. La
actividad mercantil está en manos de comerciantes ingleses. Otro rasgo de Buenas Aires es la
existencia de una importante plebe subocupada, cuya existencia se hace posible debido a la
variedad de oportunidades de subsistencia que ofrecía la capital virreinal.
La terminación de las guerras europeas, con la afirmación del dominio comercial inglés, provocó
el desplazamiento de la burguesía mercantil hacia las actividades pecuarias, surgiendo la
oligarquía terrateniente porteña. Sus miembros más ilustres provienen de las viejas familias
comerciales del fin de la Colonia, que encontraron en la tierra una alternativa para conservar su
posición.
En el periodo de 1820/27 (época rivadaviana) el Partido del Orden representó la alianza de los
ganaderos con los políticos urbanos, para realizar un programa de orden, progreso económico y
apoyo en la expansión ganadera. Este equilibrio precario desaparece con la crisis de 1820/27, que
se prolonga hasta la llegada de Rosas al poder. De la crisis surge un sector nuevo: la plebe
campesina. Esta masa de peones y capataces se movilizó políticamente por primera vez como
reacción a la guerra, la penuria económica y las levas forzosas. Estos factores crearon una
movilización que era vista como irreversible y que incorporaba a la vida política un nuevo sector.
Esta situación era peligrosa tanto para el orden rural como para las bases de la sociedad pastoril;
de ahí que el rosismo encontró una fórmula política que incluyó y canalizó el movimiento popular,
rural y urbano, bajo la hegemonía del sector terrateniente. Esta estructuración del poder se muestra
más sólida y eficaz que la anterior, y dura hasta 1852.
En las otras provincias litorales la situación es más sencilla, no solo por la homogeneidad
económica sino por la inexistencia de un sector urbano. La forma que asume la dominación de
los ganaderos es el caudillismo. Este puede ser el representante de los terratenientes y de masas
rurales cuyo grado de movilización política es muy alto, presentaba los intereses de la provincia
en bloque.
En el Interior se vive una situación de cambio. Tradicionalmente los grupos dominantes eran
“gente decente”, comerciantes, doctores, etc. La declinación económica de esa clase se enlaza con
la crisis del sistema mercantil del Interior, y con la simplificación de la vida política y la
desaparición de las funciones administrativas y eclesiásticas que sustentaban la posición social de
la “gente decente” (pérdida del poder político de estos sectores). Muchos de estos terminaron al
servicio de los nuevos caudillos que surgieron. El agotamiento económico es causa de que
ninguno de los sistemas de poder locales logre afirmarse realmente.
B. Las estructuras nacionales de dominación
Hacia 1852 no se había constituido en Argentina un Estado nacional asentado sobre un sistema
jurídico institucional; este lugar era ocupado por la estructura laxa de la Confederación, en la que
las provincias permanecen unidas, manteniendo la autonomía y delegando en el gobierno de
Buenos Aires solo el manejo de asuntos externos. Las relaciones entre los estados provinciales
fueron conflictivas. En 1830, cuando las provincias litorales firman el Pacto Federal, para
oponerse a la Liga del Interior, propicia la ocasión para plantear a Buenos Aires algunas
exigencias que implicaban modificar la política económica porteña.
Litoral e Interior discrepaban en aspectos básicos de dicha política. Mientras el Interior, con una
economía más diversificada, debía defender su industria de la competencia de productos
importados, el Litoral ganadero era partidario del librecambio. Los grupos dominantes de Buenos
Aires pudieron imponer siempre su hegemonía a las provincias a causa de su mayor solidez
económica. Esta provenía no solo de las rentas aduaneras, sino también de la expansión ganadera.
Esta hegemonía adoptó diversas formas según la peculiar coyuntura y los apoyos que utilizó.
Durante el periodo Virreinal, Buenos Aires pudo reunir su hinterland económico dentro de un
marco político. Durante la primera década de la independencia (1810-1820) Buenos Aires
pretendió mantener ese predominio y consolidarlo con un sistema institucional unitario. La
declinación de su protagonista, la burguesía comercial porteña, significó el fracaso del intento y
la ruptura de la unidad nacional, con la siguiente anarquía y surgimiento de las provincias. El
federalismo artiguista, que movilizó el Litoral, fue el intento más firme de quebrar la hegemonía
porteña.
La crisis final de los gobiernos nacionales de Buenos Aires (1820) coincide con el comienzo de
la expansión interior porteña, basada en la ganadería, lo que le dio gran solidez económica. Y el
hecho de que el sector ganadero este enraizado en la antigua clase gobernarte aumentó la cohesión
de su poder. De ahí que Buenos Aires puede articular un dominio de hecho, sin armazón
institucional que lo sustentara.
En esta tarea la clase ganadera porteña tuvo aliados. En primer lugar, los terratenientes
santafesinos proporcionaron a Bs As ayuda militar a cambio de apoyo económico. Sin embargo,
durante los periodos en que la crisis y la división interior debilitaron a Buenos Aires, Santa Fe
intentó arrebatarle ese predominio. Por otro lado, todo el Litoral se unió a Buenos Aires en función
de intereses comunes básicos, para mantener dominado y fraccionado al Interior.
C. La inserción en el sistema internacional de dominación
La situación de Argentina en el sistema internacional de dominación fue relativamente autónoma,
sobre todo en relación con la subordinación que se dio en la etapa siguiente. El sistema mercantil
estuvo, desde 1810, en manos de comerciantes británicos. La relación con el mercado mundial
fue débil: Argentina aportó cueros, cebo y carne salada, pero los produjo independientemente, sin
inversiones extranjeras.
Esa relativa autonomía se tradujo en el plano político en la existencia de una frontera que permitió
a los sectores dominantes locales manejarse más o menos libremente con respecto a las grandes
potencias. Esto llegó a su culminación con las actitudes de Rosas frente a los franceses, que
pretendían desplazar a los ingleses de sus posiciones dominantes en el comercio rioplatense.
Rosas intentó mantener cerrada la navegación de los ríos y recuperar el control político sobre
Montevideo, cabecera del comercio francés.
La frontera alta que mantenía Argentina coincidió con su status jurídico independiente, respetado
por las potencias coloniales. Así es que la Argentina tuvo un status de semicolonia.
3. La configuración espacial
3.1. El Litoral
La evolución del Litoral desde mediados del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX está
caracterizada por: el desarrollo del puerto y la configuración de un área comercial; y por la
formación de una zona productiva ganadera en torno del mismo.
A. El sector comercial
El sector comercial controló el grueso de las inversiones. Los sectores comerciales concentraron
los resortes del poder en todos los niveles y su acción fue decisiva en la configuración espacial
Argentina. Para comprender la situación es necesario analizar esquemáticamente su evolución:
a. Hasta 1776 Buenos Aires era puerto cerrado. La región litoral se desenvolvía
autosuficientemente mientras la región dinámica era la del Alto Perú, que encontraba salida por
Lima y se conectaba con el Interior argentino. No obstante, antes de 1776, Buenos Aires
experimentó un alto desarrollo. Este había sido posible por el tránsito de mercadería hacia el
Interior, la actividad de los marinos franceses y el contrabando por ingleses y portugueses desde
Colonia.
b. A lo largo del siglo XVIII, la presión de los países imperiales que ansiaban incorporarse al
comercio americano comenzó a hacerse sentir en el Rio de la Plata; esto representa la primera
acción de la variable externa y la primera vinculación con el mercado mundial. Desde principios
de siglo se dio una fácil comunicación con el mercado mundial. Buenos Aires se convirtió en el
puerto de entrada de los productos europeos y de salida de la plata potosina.
Hacia fines del siglo la plata representaba el 80% de las exportaciones por Buenos Aires. El
carácter básico de las inversiones: a partir de un centro productor minero, Potosí, hay una
traslación de excedente al sector comercializador y exportador.
c. Este reemplazo se originó en la presión de los centros mundiales de decisión, para los cuales
Buenos Aires tenía más condiciones que Lima. Pero también fue decisiva la creación del
Virreinato. Esta medida liberó a Bs As del control de Lima y dio vigencia administrativa al
hinterland comercial porteño, incluyendo en él a Potosí. Luego, el reglamento de Libre Comercio
otorgó mayor flexibilidad a los contactos comerciales de las colonias con Europa, aliviando la
presión del monopolio. La acción del Estado tuvo importancia decisiva para acelerar sus efectos.
d. Examinaremos las características de este sistema de inversiones. Las inversiones se produjeron
en el sector comercial y los capitales se centraron en las casas comerciales. Estas casas articularon
un sistema destinado a trasladar el total de los excedentes económicos al exterior. Si bien el grueso
del excedente se trasladó al exterior, una parte quedo en Bs As. A su vez, el Virreinato fue un
área comercial que se abrió a los productos manufacturados europeos.
Este efecto secundario se complementó con la formación de una serie de economías de
aglomeración. Los beneficios comerciales crearon una gran demanda, dando lugar a una
concentración del comercio y el consumo de artículos de importación y regionales. A esto se
agregó que Bs As era sede de la administración colonial. Estos rasgos explican cómo, a partir de
la concentración inicial de las inversiones comerciales, se produjo una concentración secundaria
de inversores no ligados que complementó a aquella y la realimentó, dando lugar a un proceso
circular.
e. Esta situación básica se modificó parcialmente durante la coyuntura originada por las guerras
europeas de la Revolución Francesa y de Napoleón. En estos momentos se debilitaron y
rompieron los lazos que unían a Bs As con su metrópoli y no se notó aun la presencia de la que
reemplazaría a España. El comercio local se expandió y se vinculó con el mundo entero.
f. 1810 Inauguró una nueva coyuntura que alteró esa preeminencia de los comerciantes porteños.
En primer lugar, disminuyó su hinterland por los sucesivos desmembramientos. La acción del
nuevo Estado fue ineficaz para reconstruir su hinterland. Por otra parte, el dominio inglés sobre
las áreas coloniales comenzaba a reafirmarse a partir de 1810. En Bs As, la libertad de comercio
estuvo acompañada por la radicación de un grupo de comerciantes británicos que terminaron
desplazando los criollos. Hubo un cambio en los sectores inversores y un reordenamiento en el
sistema comercial, una disminución de las exportaciones que provocó un aumento de
importaciones. Otro mecanismo para saldar el déficit citado consistió en inversiones locales de
los sectores británicos en compra de tierras. Los desequilibrios básicos de la economía portuaria
van a ser compensados por la expansión ganadera.
g. A través de este proceso se produjo la formación, el crecimiento y la crisis del grupo comercial
porteño, primer sector inversor en actividades mercantiles, y su desplazamiento por los ingleses.
B. La ganadería
Desde 1810 los productos pecuarios abarcan el 90% del valor de los productos salidos por Buenos
Aires. Esta expansión de las exportaciones pecuarias se origina la expansión de la ganadería
bonaerense, que se inicia en 1820 y se desarrolla sin cambios hasta 1850. Esa ganadería conformó
algunos aspectos de la estructura económica-social.
a. La expansión ganadera se ajusta a una decisión muy general del sistema internacional, que
presiona para estimular el desarrollo de zonas de monocultivo. El vehículo eficaz fue la demanda
de productos pecuarios que se aceleró desde fines del siglo XVIII. En tanto la relación
predominante era la de mercado y la situación en Argentina era de un sistema capitalista, esta
demanda fue el único medio de acción. Las inversiones exteriores para estimular la producción
no aparecen en este periodo. Las peculiaridades de esta demanda influyen en las características
de la producción. El cuero argentino ocupa un lugar secundario en el mercado mundial. La
ganadería debe desarrollarse con independencia del precio y esto explica la necesidad que tienen
los inversores locales de operar con escasos capitales y asegurando altas ganancias.
El mercado mundial demanda cueros, preferentemente gruesos y carne salada, no necesariamente
de buena calidad. Las exigencias de la demanda se limitan a un animal muy tosco y poco refinado.
b. Características del agente inversor. El núcleo es la nueva clase ganadera, surgida de la entraña
del grupo comercial porteño y por la nueva ordenación del comercio mundial. Este grupo encontró
en la ganadería la salida a esa difícil situación. Las inversiones en tierras es el ámbito elegido por
los inversores extranjeros localizados en Bs As. Estas inversiones son una de las formas de
compensar los balances comerciales sistemáticamente deficitarios del comercio porteño. La
expansión ganadera permitió también la integración de los dos grupos hasta entonces rivales.
El Estado no actúa como inversor directo, sin embargo, está controlado por los ganaderos y su
acción es decisiva como anticipo y ayuda del proceso inversor para estimular el desarrollo
ganadero.
c. El punto seleccionado para la inversión ganadera es la campaña de Buenos Aires. No era una
región que originalmente hubiera tenido gran ganadería. Las guerras civiles y la acción disruptiva
del comercio británico produjeron un aniquilamiento ganadero en las provincias litorales, que
permitió a Bs As expandirse sin competencia. Los demás factores se relacionan con la necesidad
de escasas inversiones y altas ganancias. La coyuntura desfavorable de 1810 había descapitalizado
a los comerciantes y ganaderos porteños. La acción del Estado fue decisiva para superar estos
inconvenientes:
1) En primer lugar era necesaria tierra. La campaña al desierto de Martín Rodríguez, y la de Rosas,
y la defensa de la frontera ganada, muestran la acción del Estado para incorporar una gran porción
de tierra a la explotación agropecuaria.
2) La tierra debía ser barata para los ganaderos, y sobre todo no debía producirse la especulación
que suele acompañar a los procesos expansivos. La ley de enfiteusis de Rivadavia y las políticas
adoptadas hasta 1852 tuvieron como resultado que la tierra fuera entregada en grandes
propiedades y a precios bajos. En este segundo aspecto, el Estado sentó las bases de la oligarquía
terrateniente bonaerense.
3) A la escasa inversión en tierras correspondió una escasa inversión en instalaciones y adelantes
tecnológicos. Las inversiones privadas se dirigieron predominantemente a la adquisición de
animales y sal. Los fondos del Estado, que se dirigían a facilitar la expansión ganadera, provenían
de los impuestos aduaneros de las importaciones, las exportaciones eran mínimamente gravadas.
4) La carencia de mano de obra representaba una posible limitación a la expansión ganadera, no
solo por la escasez crónica sino por los hábitos laborales, características de una situación anterior
a la modernización. La acción del Estado fue decisiva, concentró el poder judicial y de policía
rural en manos de los jueces de paz, que eran personas allegadas a los hacendados. Estos
agregaron a su predominio local el uso del aparato represivo para impulsar activamente al trabajo
de mano de obra. Se lograba así atemorizar y disciplinar a los restantes, mientras que los enviados
a las milicias colaboraban defendiendo la expansión ganadera. Se configura un cuadro de
producción donde escasas inversiones aseguraban grandes ganancias.
Hacia 1852 se agota la coyuntura favorable y se instalan nuevas formas productivas. El mercado
mundial comienza a tener otras exigencias y la escasez de mano de obra comienza a disminuir.
Sin embargo, el fin de esta coyuntura mantendrá intactos algunos elementos, como el régimen de
tenencia de la tierra y la estructura social que genera, que influirán en la etapa siguiente. Esta
expansión ganadera se concentró en la provincia de Buenos Aires.
Sobre 1840 empieza a producirse una acelerada modernización en Entre Ríos, que se convierte
en el centro de la oposición al predominio porteño.
3.2. El Interior
El proceso de incorporación al mercado mundial que provocó el desarrollo comercial y productivo
del Litoral produjo una decadencia en el Interior, que comenzó a ser superada a fines del periodo.
Fases y etapas:
a. La situación inicial, hacía del Interior la zona más floreciente del país. La producción del
Interior, se colocaba en un mercado de gran capacidad adquisitiva, el Interior se comunicaba, por
medio de contrabando, con centros comerciales portugueses del Brasil, lo que lo convertía en un
cruce de rutas comerciales.
b. El desarrollo comercial de Bs As dio vida a los centros urbanos a lo largo de la ruta al Alto
Perú. Sin embargo, la importancia del sector comercial del Interior no bastaba para cimentar un
crecimiento sostenido. Dentro del sistema comercial, donde se operaba la transferencia del
excedente a la metrópoli, y a Bs As, los centros intermediarios del Interior lograban absorber una
pequeña parte del mismo, que se concentraba en el puerto y el exterior, impidiendo que este
sistema se capitalizara y lograra autonomía.
c. La apertura económica provocó una consecuencia negativa sobre la producción local, que sufrió
los efectos de la competencia de los productos europeos.
d. Más importante fue la fragmentación del antiguo Virreinato (luego de 1810); al separar a uno
de los polos del sistema, el Alto Perú, dejó la ruta que los unía sin función económica.
e. Perdidos los beneficios para los inversores privados, la acción del Estado multiplicó los efectos
negativos. La fragmentación y la anarquía aumentaron el número y las exigencias de los aparatos
fiscales.
f. La simplificación de la administración estatal desplazó a los sectores “decentes”, que ocupaban
los cargos de gobierno y constituían uno de los fundamentos de la vida urbana.
g. Todos estos factores provocaron efectos secundarios de desaglomeración, que trasladaron y
multiplicaron las consecuencias, realimentando el proceso.
h. Esa situación comienza a ser superada cuando algunos sectores inician una reorientación hacia
la ganadería. En esta decisión operan los mismos factores estimulantes que en el Litoral. Los
grupos inversores fueron sectores que anteriormente tenían poca importancia, que comenzaron a
prosperar en cada una de las provincias (como por ej. los caudillos).
i. Los costos de transporte y la ventajosa competencia de ganadería del Litoral hacen que
generalmente la producción ganadera del Interior no se vuelque en Buenos Aires.
4. Configuración del esquema urbano
A fines del siglo XVI habían sido fundadas, con excepción de Catamarca, todas las ciudades que
surgieron en el territorio ocupado por los españoles y que correspondieron a las tres corrientes
colonizadoras que penetraron en territorio argentino. Las ciudades resultado de ese afán fundador
de los primeros conquistadores dejaron configuradas desde entonces las líneas fundamentales del
esquema regional argentino. Las ciudades fueron, en primer lugar, la concreción política y jurídica
de la toma de posesión del territorio. La ciudad se originó también como etapa de una ruta de
conquista. A fines del siglo XVI quedaron establecidas también las vías de comunicación entre
las ciudades que ponían en contacto a regiones muy diversas.
El esquema regional se altera profundamente con la creación del Virreinato del Rio de la Plata.
Buenos Aires, sede virreinal, tiene un crecimiento y se convierte en el puerto de salida de la
producción de metales preciosos del Alto Perú. El establecimiento de una activa ruta comercial
entre el Alto Perú y Buenos Aires estructura un esquema regional ahora centrípeto. Las ciudades
reorientan sus actividades en función de esa ruta, y cobran importancia las funciones comerciales,
de transporte y administrativas en detrimento de la producción. Durante el periodo Virreinal, las
distintas regiones y ciudades que integran el hinterland ven subordinado su crecimiento a la
actividad del comercio porteño.
Con la Revolución se inicia una nueva etapa y el periodo va de 1810 a 1830 muestra grandes
alteraciones del esquema anterior. La pérdida del Alto Perú, rompe el eje que integraba las
diferentes regiones al cortar el camino Potosí-Buenos Aires.Se inicia un periodo de
desorganización de las diferentes economías regionales y de destrucción de riquezas como
consecuencia de las campañas militares y las guerras civiles. Paralelamente se da la decadencia
de los grupos de comerciantes urbanos y funcionarios de la antigua administración, y los
gobiernos provinciales recurren a los derechos de tránsito y aduanas provinciales, que entorpecen
aún más la actividad comercial.
Los saqueos, venta indiscriminada de ganados y el cierre de los ríos por el monopolio de Buenos
Aires, se relaciona con la decadencia de la ganadería del Litoral.
En el período entre 1830 y 1859 se produce un resurgimiento de las economías regionales y de
las ciudades en función de los nuevos mercados periféricos y en general basadas en la ganadería.
Este nuevo esquema centrípeto concluye cuando se reconstruye la unidad sobre la organización
nacional del país, la supresión de las aduanas interiores, el establecimiento de la libre navegación
de los ríos, las mejoras de las comunicaciones y los nuevos caminos. Estos factores ayudan a
configurar un mercado interno nacional.
o
Segunda etapa: La producción de bienes primarios exportables (1852-1930)
Esta segunda etapa tiene una fecha de iniciación imprecisa, pero termina con la crisis mundial de
1930.
1. El sistema internacional
La producción industrial se generalizó como modo de producción dominante en Europa
occidental y en Estados Unidos, afianzándose el núcleo de los países centrales. Las relaciones
capitalistas de producción se hicieron extensivas también al sector agrícola. La situación de las
áreas marginales es distinta a la de la etapa anterior. El proceso de crecimiento económico rebalsó
los países centrales y se proyectó hacia el resto del mundo. Estos países se convirtieron en
imperialistas; la concentración y centralización de la producción metropolitana impuso la
necesidad de organizar la economía mundial, incorporando al sistema capitalista nuevas regiones.
La organización se basó en la especialización funcional de las distintas áreas y en la división
internacional del trabajo en función de las necesidades de los países centrales.
Uno de los cambios que acompañó al desarrollo industrial fue el aumento de población y traslado
de grandes masas de actividad agrícola a la producción industrial. Este proceso provocó un
aumento en la demanda de alimentos, que se unió a la demanda de materias primas para la
industria. De ahí es necesario que los países centrales organicen en la periferia economías
primarias, productoras de alimentos y materias primas para la exportación y consumidoras de las
manufacturas europeas. Por esto las áreas coloniales pasaron a ser productoras, esto determina la
función de estas áreas: recibir inversiones de capitales de los países centrales.
Estos dos aportes (población e inversiones) correspondían tanto a los requerimientos de estas
regiones para expandir su producción cuanto a las propias necesidades internas de los países
centrales, que trasladaban a la periferia las contradicciones surgidas del desarrollo capitalista.
Los excedentes demográficos de los países centrales se volcaron hacia las regiones periféricas.
Fueron emigraciones de zonas dedicadas a la cultura fundamentalmente. El capital acumulado
que no encontraba áreas rendidoras de inversión en la metrópoli, halló en la periferia la solución
a la tasa decreciente de la ganancia. La expansión imperialista no solo aseguró el dominio del
mundo a los países capitalistas, sino que evito su propia destrucción interna.
El desarrollo capitalista trajo aparejado en los países centrales un proceso de concentración y
centralización económica que llevo a la integración de las distintas ramas de la producción, el
comercio y el financiamiento. Si en la primera parte de la etapa el dominio de Inglaterra fue
indiscutido, aparecieron hacia su fin nuevos competidores (Alemania y EEUU), siendo las
regiones periféricas el campo de disputa. La Primera Guerra Mundial sirvió para dirimir las
supremacías y allanar el camino al crecimiento norteamericano.
2. El sistema nacional
La relación de Argentina con los países centrales se modificó en esta etapa; se dio un acelerado
crecimiento económico en función de las necesidades de los países centrales. El crecimiento
relevó un grado muy alto de integración de la economía argentina al mercado mundial: la etapa
puede caracterizarse por la presentación de una frontera muy débil frente al sistema internacional
de dominación.
2.1. La función económica
La incorporación de Argentina al sistema mundial se vio favorecida porque la región litoral no
era una “zona vacía” y tenía orientada su producción hacia la actividad agropecuaria: solo fueron
necesarias algunas adaptaciones que acentuaron tendencias ya perfiladas. Para realizar esa
adaptación, Argentina recibió inmigrantes y capitales del exterior. Los inmigrantes se instalaron
en el Litoral; las inversiones extranjeras no se dirigieron a la actividad productiva directa, sino a
la creación de una infraestructura de transporte, al control del sistema de comercialización y al
financiamiento del Estado nacional.
La acción de las inversiones locales y extranjeras permitieron una rápida expansión de la
producción litoral. La colonización agrícola en Santa Fe y Entre Ríos, el desarrollo de la
producción lanera en Buenos Aires, las transformaciones que provocó la aparición del frigorífico
y el desarrollo de la agricultura fueron las grandes etapas del desarrollo de esta producción
primaria. A su vez, el crecimiento de los centros urbanos estimuló el desarrollo de una industria
manufacturera que empezó a sustituir algunas importaciones.
Esta expansión se tradujo en un incremento del comercio externo y una modificación de las
relaciones con la metrópoli. Argentina pudo eliminar el déficit en la balanza de pagos. El control
británico de los transportes y la comercialización externa y los préstamos que recibía el Estado se
tradujeron en un estrechamiento de las relaciones financieras y una gran sensibilidad local a las
fluctuaciones cíclicas metropolitanas.
La región donde se realizaron estas transformaciones fue la del Litoral, cuya extensión territorial
se amplió. El crecimiento hizo que los desequilibrios existentes en el Litoral e Interior se
acentuaran. Sin embargo, produjeron dos variantes con respecto a la situación anterior: el aumento
de las importaciones y el establecimiento de la red ferroviaria acercaron los mercados del Interior
a Buenos Aires, modificando la situación de dispersión del mercado nacional existente hacia el
comienzo de la etapa.
2.2. El sistema de dominación
El proceso de expansión económica descripto fue conducido por la oligarquía terrateniente.
Consolidado el dominio interno y modernizado el aparato estatal, el proceso de crecimiento
económico movilizó a nuevos grupos sociales que se incorporaron al sistema de dominación
dentro de los marcos fijados por la oligarquía.
a. La consolidación del sistema nacional de dominación
Cuando se inició el proceso de expansión, la oligarquía lo condujo de modo tal que las bases de
su hegemonía (posesión de las tierras) no se vieran alteradas; la expansión se realizó al ritmo de
la conquista y ocupación de nuevos territorios, que fueron entregados por el Estado a precios muy
bajos. La instrumentalización del poder político que hizo la oligarquía se completó, desde 1880 y
hasta la crisis de 1890, con la inflación del valor de los bienes raíces a causa de la especulación,
que impidió que las tierras escaparan del control de los que ya las tenían. Los excedentes
originados en la expansión agropecuaria fueron canalizados por la oligarquía, que logro
mantenerse cerrada y acrecentar su poder interno. Su eficacia fue mayor en la medida que logró
superar las divisiones dentro de la clase, consolidándose un sistema nacional de dominación en el
que quedaron delimitados los grupos hegemónicos. Esta cohesión interna se logró a través de
etapas:

Durante el periodo de 1852/62 la división del Estado argentino en dos sectores
enfrentados parecía indicar que se prolongaban las luchas anteriores. Esta situación
terminó con la victoria de Mitre en Pavón y la posterior reunificación.

Las primeras presidencias (1862/80) correspondieron a una etapa de consolidación del
poder del Estado nacional, el cual debió combatir fuertes focos de resistencia, no solo
por los levantamientos de los caudillos provinciales sino también por la revolución
mitrista de 1874 y los conflictos surgidos en torno de la federalización de Buenos
Aires. Se dio un principio de entendimiento entre los sectores provinciales y el
gobierno nacional, que se reforzó a partir de 1880.

Luego de resolver el problema de la capital, Roca logro articular los distintos grupos
locales en una agrupación política, el Partido Autonomista Nacional, que aseguró la
continuidad y la canalización de las tensiones políticas internas de la oligarquía dentro
del marco legal durante veinticinco años. La constitución del nuevo bloque señaló la
decadencia definitiva de los sectores mercantiles de Buenos Aires, representados
políticamente por el mitrismo.
A través del PAN la oligarquía terrateniente incorporó al sistema de dominación a las oligarquías
del interior. Esa participación les daba a las oligarquías marginales un peso político. Sobre esa
base, los grupos del Interior pudieron acogerse a los beneficios de la expansión económica del
Litoral, actuando el Estado como redistribuidor del ingreso nacional en beneficio de los sectores
dominantes pero sin alterar la situación de las provincias. El desarrollo de la burocracia estatal
permitió emplear a los tradicionales decadentes sectores dominantes del Interior.
B. La modernización institucional
La función de la oligarquía en el plano político fue organizar el Estado nacional de modo tal que
pudiera operar sobre el proceso expansivo que se desarrollaba. Esta acción correspondió a un
programa iniciado en 1852 y acelerado luego de 1880.

El primer paso fue la consolidación de la unidad nacional, acabando con los
particularismos políticos locales y afirmando el poder del Estado. Esto demando un
proceso largo y conflictivo en el que se incluyó el acuerdo e integración de las
oligarquías mencionadas antes y la eliminación de los núcleos de oposición mediante
el uso de la fuerza. La unificación política se produjo paralelamente al proceso de
unificación económica y de conformación del mercado anterior.

La unificación se prolongó en la tarea de dotar al país de un armazón políticoinstitucional que comprendió la sanción de la Constitución y la creación de los poderes
nacionales, la obra codificadora y la organización del Estado. Este armazón fue el
sostén del orden interno y la garantía para la concurrencia de las inversiones
exteriores.

El Estado nacional se apoyó en la fuerza militar, garantía del mantenimiento del orden
interno. Además el ejército sirvió para expandir y defender la frontera, ganando tierras
a los indios y asegurando el reparto de las mismas dentro de la clase dominante.

El Estado actuó como intermediario de la inversión extranjera, que en buena parte se
canalizó en los préstamos al mismo. La política económica adoptada fue liberal,
evitando la interferencia en la actividad privada, excepto en aquellos sectores que no
eran absorbidos por ninguno inversor privado.

La obra de la modernización estatal incluyó importantes realizaciones en la promoción
de la educación, la laicización de algunas actividades tradicionalmente eclesiásticas.
El funcionamiento del Estado fue modernizado siguiendo criterios de eficacia y
agilidad, pero manteniendo su control intacto en manos de los sectores tradicionales.

La escasa participación política tenía que ver con el carácter marginal de los
contingentes inmigratorios, para los que durante mucho tiempo fue indiferente a la
suerte del país; la lucha política que se producía no era más que la competencia entre
las facciones de la propia oligarquía para adueñarse del poder. En cambio, la clase
dominante trató de lograr un consenso del conjunto de la población para los valores y
objetivos de los grupos dirigentes.
C. La integración al sistema internacional de dominación
Toda estructura de poder tiene un carácter bipolar, originándose por un lado en una relación de
fuerzas de los sectores dominantes internos y por otro en una alianza con el poder metropolitano.
Para la etapa anterior se señaló que a un sistema nacional poco integrado correspondía una
estructura de poder apoyada en las relaciones sociales internas y con cierta independencia respecto
del sistema internacional de poder.
En esta etapa la oligarquía gobernante recibía su poder tanto del control interno de la producción
como de su capacidad para negociar eficazmente con el exterior. Sin embargo, la función
primordial consistió en asegurar que el grueso del excedente fuera remesado al exterior, quedando
el productor local como último y modesto eslabón en una larga cadena de beneficiarios. Esta
tendencia se acentuó en épocas de crisis.
D. La incorporación de las clases medias
El crecimiento del sector primario exportador provocó una expansión económica global de la
sociedad. Esta se diversificó, apareciendo nuevos grupos, algunos se incorporaron al sistema de
dominación. Tal fue la experiencia que Argentina vivió con el radicalismo. El desarrollo del sector
primario modificó la estructura ocupacional. El establecimiento del Estado nacional amplió el
estado burocrático.
Estamos ante el proceso de expansión y diversificación de la sociedad y aparición de las clases
medias. Estas se caracterizaron por su heterogeneidad y por el carácter marcadamente encontrado
de sus objetivos últimos. Tenían un rasgo común: su condición de marginales en un sistema
político que mantenía todas las características tradicionales y que les vedaba totalmente la
posibilidad de incorporación. Esta marginalidad fue la fuente de numerosas tensiones y conflictos.
Las tensiones se caracterizaron por el intento de estos sectores de incorporarse a una sociedad que
les parecía legítima y llena de posibilidades, y cuyos fundamentos últimos no pretenderían
cambiar.
En la zona rural, la tensión creada por la superexplotación a que eran sometidos los arrendatarias
no hizo crisis hasta que no se produjeron dificultades reales en la expansión de la agricultura. El
grito de Alcorta procuraba incorporar a ese sector rural medio a la organización social vigente en
mejores condiciones.
La misma tendencia a la incorporación predominó en la acción gremial del incipiente movimiento
obrero. Mientras la línea socialista intentaba incorporar a la clase obrera a la vida política. La
línea sindicalista manifestaba desconfianza hacia la acción política y sostenía que, a través de los
sindicatos, se podían lograr esas mismas reformas.
Ni la protesta rural ni la protesta urbana se vincularon con el movimiento político de las clases
medias y, en el caso del socialismo, manifestaron siempre una decidida repulsa hacia el
radicalismo. Estos sectores de clase media expresaron sus reivindicaciones en el plano político, y
su programa, el de la Unión Cívica Radical, fue el del sufragio universal y la vigencia de la
Constitución. Movimiento heterogéneo, unía a grupos de intereses encontrados, que solo un
programa que significara la posibilidad de la incorporación a la vida política podía convocar. La
UCR libró un combate largo y paciente, en el que se esforzó por limitar su lucha a la intransigencia
y la abstención electoral. Luego de una obstinada resistencia, la oligarquía comprendió que era
más riesgoso tratar de mantener el control exclusivo del Estado que aceptar la participación en el
poder. La Ley Sáenz Peña, que concretó en 1912 el sufragio universal, garantizaba que los viejos
sectores dominantes no desaparecerían por completo de la escena política.
El triunfo del radicalismo significó la ampliación del sistema de poder, la incorporación de vastos
sectores y, en conjunto, la adaptación de la vida política a las pautas de los países europeos. La
oligarquía cedió el gobierno a un partido que contaba con apoyo popular pero que, por sus mismas
características, no aspiraba a modificar los elementos básicos del poder, que permanecieron en
manos de los viejos sectores. Su acción de gobierno respetó los intereses agropecuarios; no se
modificó el latifundio ni se debilitó el poder de los frigoríficos; tampoco hubo política de
promoción industrial. En algunos aspectos secundarios el gobierno radical pudo adoptar
posiciones progresistas, mientras que los tibios intentos de nacionalismo económico, faltos de
proyecciones reales, fueron frenados por los grupos tradicionales, que conservaban buena parte
del poder efectivo.
El radicalismo reunía, en equilibrio inestable y delicado, a grupos de la oligarquía y a sectores
medios; durante el gobierno de Alvear ese equilibrio se rompió. Al tiempo que se retrocedía en
aquellos aspectos políticos en que el primer gobierno radical había avanzado, se organizó una
tendencia antiyrigoyenista, de carácter oligárquico. Solo la quiebra del sistema internacional en
1930 llevó a la crisis definitiva de este sistema político y a la restauración de la oligarquía.
3. La configuración espacial
A. Las inversiones extranjeras
Desde mediados del siglo XIX Argentina comenzó a ser receptora de capitales europeos, que se
hizo más intenso en el periodo 1880-1914, decayó durante la Guerra Mundial y reapareció en la
década del veinte. Esos capitales emigraron de la metrópoli empujados por la disminución de la
tasa de ganancia que se había provocado la acumulación de capital.
Hay una división de funciones entre las inversión extranjera y la local, orientándose la primera
hacia prestamos al Estado y creación de una infraestructura, y solo secundariamente a la inversión
directa, que quedó a cargo de inversores locales.
Durante el siglo XIX, esas inversiones provinieron de Gran Bretaña, que hacia 1900 totalizaba
4/5 partes de la inversión extranjera. La competencia interimperialista se reflejó en Argentina con
la aparición de capitales alemanes y norteamericanos; luego de la guerra, y hasta 1930, la
influencia de estos últimos se acentuó.
Las inversiones extranjeras se radicaron en la región pampeana, cuyo objetivo final era estimular
la producción agropecuaria. Esta selección obedeció a las aptitudes y recursos naturales de la
región y a su ubicación cercana a los puertos de salida. Además fue decisivo el hecho de que ya
tuviera su producción orientada hacia las actividades agropecuarias. El Litoral se amplió con
respecto a la etapa anterior. Esta región naturalmente apta no disponía mano de obra suficiente,
por lo que el primer requerimiento y sector donde se localizó la inversión de capital extranjero
fue la inmigración.
Pese a que la ley de Avellaneda de 1876 establecía un fomento estatal a la inmigración, cerró
prácticamente todos los caminos para la apropiación de la tierra por el inmigrante.
El grueso de las inversiones británicos se orientó hacia los prestamos estatales, las cedulas
hipotecarias y los ferrocarriles y puertos, a través de los cuales las inversiones operaron
directamente sobre la producción. Las inversiones extranjeras controlaban también la
comercialización y elaboración primaria, así como las fuentes de financiamiento.
En esta etapa se construyó toda la red ferroviaria. Estas inversiones tuvieron dos tipos de efectos
distintos. A corto plazo los inversores ferroviarios obtuvieron importantes beneficios. A mediano
plazo, la red ferroviaria estimulo la producción agropecuaria, posibilitando la colocación de los
productos en los mercados y haciendo rentable una actividad como la agricultura, que hasta
entonces no se había encontrado condiciones favorables para desenvolverse, el ferrocarril orientó
la producción en el sentido de las necesidades de la metrópoli. El ferrocarril cubrió densamente
zonas hasta entonces despobladas. El ferrocarril contribuyó también a consolidar la posición de
Buenos Aires como centro exportador-importador, sobre todo luego de la construcción del nuevo
puerto y la centralización de líneas férreas.
Los préstamos al Estado fueron utilizados para la realización de aquellas obras públicas que por
su carácter deficitario no podían ser emprendidas por los inversores extranjeros. El grueso de los
gastos del Estado correspondió a la creación y sostenimiento de la administración y al
mantenimiento del orden interno, condiciones indispensables para el crecimiento económico que
se estaba esperando.
La tasa de los beneficios logrados por los inversores extranjeros era sensiblemente inferior a la
que obtenían los sectores locales con la especulación en tierras. Varias causas explican esta
división de funciones. En primer lugar, los inversores locales no podían emprender esas
inversiones básicas, las que valorizaban las tierras; para los extranjeros, la inversión cumplía la
doble función de estimular el desarrollo industrial metropolitano. Buena parte del capital provenía
de pequeños ahorristas, para quienes los títulos ferroviarios o cédulas hipotecarias constituían la
única forma de invertir en los lejanos países periféricos.
La inversión extranjera escoge la zona más apta, tanto por los recursos naturales como por los
humanos, y realiza las inversiones en infraestructura que posibilitan el desarrollo de la producción
primaria en esa zona.
B. Las inversiones locales
La inversión de los sectores locales se orientó a la adquisición y especulación en tierras. Luego
de 1880, las inversiones ferroviarias, la colonización y la expansión de la producción hicieron de
la tierra un valor de especulación, cuya reventa dejaba altos márgenes de beneficios. Estas
inversiones permitían rápidas ganancias y una acelerada capitalización. Para lograr el crecimiento
de la producción, la inversión en tierras estuvo acompañada por inversiones de capital para la
explotación rural: aguadas y molinos. Estas inversiones tuvieron menos efectos que la ocupación
de la tierra.
C. Las etapas de la producción
La producción del Litoral vario a lo largo de esta etapa; las diversas formas que asumió
dependieron del desarrollo de las fuerzas productivas internas, las posibilidades tecnológicas y el
cambio de la composición de la demanda mundial. Estuvo en constante aumento desde 1880 hasta
1914, estabilizándose después hasta la crisis de 1930. Los precios internacionales fueron
fluctuantes.
A partir de 1855, la lana suplanta al ganado vacuno y el tasajo, y pasa al primer lugar como rubro
de exportación. Agotadas las perspectivas del cuero y el tasajo, se produjo en el último periodo
de la etapa anterior el desarrollo de la cría de ovejas en Buenos Aires.
El perfeccionamiento de la cámara frigorífica, logrado hacia 1890, abrió a las carnes argentinas
la posibilidad de llegar al mercado europeo, introduciéndose cambios en la producción. La oveja
merina fue reemplazada por la Lincoln, al tiempo que el vacuno comenzó a recuperar importancia.
La alta exigencia de calidad del frigorífico condujo al refinamiento en la cría de ganado. Las
exigencias del frigorífico acentuaron la división del trabajo, distinguiéndose el criador del
invernador, encargado del engorde final del animal antes de su utilización. El ganado vacuno
termina desplazando a las lanas del primer lugar como consecuencia de la aplicación del sistema
del chilledbeef.
La agricultura se desarrolló, desde 1880, directamente vinculada con esa expansión agrícola. La
necesidad de alfalfar los campos, con la poca tradición agrícola y escasa mano de obra empleada,
obligó a los ganaderos a recurrir los inmigrantes. A partir de esta situación se produjo el desarrollo
agrícola de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba. La abundante mano de obra disponible,
la infraestructura ya montada y la posibilidad de un cultivo extensivo hicieron que los gastos de
inversión fueran bajos y las ganancias altas. Argentina se convirtió en 1914 en el tercer exportador
mundial de granos. Luego en 1920, las circunstancias del mercado mundial, el cese de la
explotación de nuevas tierras y el aumento del consumo interno llevaron a la tecnificación
agrícola.
D. Inversiones y apropiación del excedente
Los beneficios de la expansión, originados en la llanura litoreña, se concentraban en el extranjero
o en Buenos Aires. La parte principal de las ganancias era remesada del exterior bajo diversas
formas: servicio de la deuda externa del gobierno, remisión de utilidades de las empresas
ferroviarias, frigoríficos, pagos a compañías de transporte o seguros, etc. Otra parte del excedente
se concentró en los puntos de vinculación de la producción local con el mercado externo; como
Buenos Aires y los demás puestos litorales. Esto se debió a diferentes factores:
-
La posición del centro del poder administrativo hacia donde se derivaba parte de los
ingresos.
-
La ubicación en ese lugar de la cabecera de las líneas marítimas internacionales y el
desarrollo del puerto, construido con fondos estatales.
-
La ubicación de las terminales de las líneas férreas, cuya política de concentración llevo
al predominio del puerto de Bs As sobre los demás.
-
La localización de los centros comercializadores de la producción.
-
La instalación en los centros portuarios del Litoral de frigoríficos y molinos harineros,
que efectuaban la elaboración primaria del producto, fijando el precio al productor.
Estos factores muestran que si bien la actividad agropecuaria estaba en manos de empresarios
locales, el grueso de las ganancias se concentraba en el sector exportador, controlado por el
inversor extranjero. Este controla las actividades clave del país: elaboración primaria, transporte,
financiamiento, comercio exterior, a las que se suman el transporte de ultramar y los seguros.
La desigual participación del sector local y del extranjero en las ganancias provocó el surgimiento
de oposiciones en épocas de contradicción de las ganancias, los sectores extranjeros tendían a
descargar las perdidas en los locales. La especialización y división del trabajo beneficiaron a las
actividades más cercanas a la comercialización.
E. La traslación de ingresos y la conformación de la red urbana
La policía de tierras estimuló la concentración de masas inmigrantes en las ciudades litorales.
Esta concentración estuvo acentuada por factores como las actividades de elaboración primaria,
los ferrocarriles, el puerto, que determinaron la localización de mano de obra en la ciudad. Se
expandieron los sectores secundarios y terciarios, cuyo desarrollo no fue concomitante con un
real crecimiento industrial, proceso característico de las economías exportadoras.
La demanda existente, la oferta de la fuerza de trabajo proveniente de una inmigración no
absorbida totalmente y la dependencia de los insumos importados que entraban por el puerto
acentuaban la pauta de localización en los centros portuarios. El desarrollo de la manufactura
estuvo limitado por la competencia de productos europeos. En tanto la política aduanera benefició
a los productos de lujo, se mantuvo para la industria local la posibilidad de llegar al sector de bajo
consumo, desarrollándose así una producción muy variada. La Guerra Mundial no pudo ser
aprovechada, pues la industria local tenía una organización muy débil y no pudo superar los
primeros problemas de abastecimiento. El periodo de la guerra fue de recesión y la industria
comenzó a recuperarse después de 1919.
F. El papel del Estado
Si bien el Estado actuó parcialmente en el proceso de inversión, cumplió importantes funciones
favorables a este.
a.
Realizó la unificación y organización del Estado nacional, condición necesaria para la
localización de las inversiones extranjeras.
b.
Aseguró el mantenimiento del orden interno.
c.
Llevó a cabo la política de incorporación de tierras, que fue uno de los factores dinámicos
del crecimiento.
d.
Mantuvo una política monetaria y crediticia acorde con las necesidades de los grandes
productores agropecuarios, canalizando así el crédito externo.
e.
Reorientó parte de los ingresos de la actividad agropecuaria hacia las regiones marginales
garantizando el equilibrio del sistema nacional total.
f.
Estimuló el proceso exportador ante la necesidad de recaudar fondos a través del sistema
aduanero, principal mecanismo para incorporar ingresos al erario.
g.
El papel del Estado inversor fue determinante como conformador del espacio. El
comportamiento del Estado fue decisivo en la concentración geográfica argentina, que se
refleja en la particular configuración de la red de los centros urbanos.
4. La estructura de centros urbanos
El efecto de los procesos descriptos consistió en un acelerado desequilibrio ecológicodemográfico a lo largo del periodo. Dicho desequilibrio se manifestó en un rápido crecimiento
poblacional de los núcleos del sistema urbano-regional que actuaron como ejes de vinculación
con el Resto del Mundo.
El proceso migratorio externo e interno se orientó a reforzar el esquema concentrador. Una parte
de la migración externa, destinada a las tareas agropecuarias, desistió de ese propósito. A su vez,
la migración interna comienza a manifestarse desde la primera verificación censal, en 1869. La
desigualdad estructural en la posición relativa de cada región con referencia al proceso exportador
agropecuario identifica a las zonas emisoras y receptoras de los migrantes internos.
Las raíces del desequilibrio demográfico descansan en la forma de inserción de la estructura
socioeconómica nacional en el sistema capitalista mundial, y no en el modo como tal inserción
tiene lugar en alguna de las etapas de su desarrollo histórico. En primer término, el proceso de
concentración demográfica en la cúspide, a través de un progresivo distanciamiento del resto de
los núcleos urbanos, fue ininterrumpido en toda la etapa. En segundo término, el orden de
ubicación de las ciudades se va modificando entre censo y censo. En tercer término, surgen otros
núcleos urbanos con particular ímpetu, sobrepasando a centros fundados en las primeras épocas
de la ocupación española. En último término, de los diez centros más significativos en 1914, seis
de ellos se encuentran establecidos sobre las vías fluviales o marítimas de salida de productos
agropecuarios al exterior. Los flujos migratorios tuvieron un papel fundamental en la alteración
del esquema urbano-regional preexistente.
Hay un polo central de atracción, que es la región geográfica vinculada a la división internacional
de trabajo, y polos secundarios, que constituyen los núcleos en donde los sectores dominantes
locales han conseguido cristalizar alianzas con el poder central para mantener procesos
productivos regionales en marcha.
Torrado S – “Estructura social de la Argentina”
e Susana Torrado plantea la evolución de la estructura social de la Argentina desde fines del siglo
XIX hasta nuestros días. La crisis internacional del 1930 da lugar a dos etapas históricas:
-
La primera caracterizada por la vigencia del modelo de acumulación o estrategia de
desarrollo basado en el sector agroexportador.
-
La segunda, asentada, primero, en la industrialización sustitutiva para el mercado interno
y luego, en la apertura a la globalización económica internacional.
o
El modelo agroexportador: antes de 1930
Las transformaciones que experimenta la economía argentina a partir de la segunda mitad del
siglo XIX están directamente determinadas por la coyuntura de los mercados internacionales de
materias primas, signada en ese entonces por el notable acrecentamiento de su demanda en los
países que se consolidan como centros industriales, fundamentalmente en Europa. Se induce asi
una nueva división internacional del trabajo que favorece la incorporación a la economía mundial
de las regiones productoras de bienes primarios, vía la inversión de capitales y las migraciones
internacionales desde el centro a la periferia.
La Argentina fue designada como una de las zonas más aptas para la producción agropecuaria.
Las elites que condujeron el país durante este periodo se abocaron a resolver cuatro cuestiones
prioritarias: la organización política; la atracción de capitales externos que posibilitan el
desarrollo de formas modernas de producción agropecuaria; la promoción de la inmigración
europea; la educación universal y obligatoria.
La unidad nacional y la organización institucional eran indispensables para asegurar las
inversiones extranjeras y la continuidad de las actividades económicas. La promoción de
inmigrantes europeos tenía por objetivo “poblar el desierto”. La universalización de la educación
buscaba asemejar el elemento humano nacional al de los países europeos que servían de
paradigma. Puede considerarse que todos estos objetivos se alcanzaron durante el lapso 18701930.
El asentamiento en las ciudades de la mayoría de los recién llegados proporcionó una temprana e
importantísima urbanización en las áreas que se incorporaron a las nuevas actividades
agroexportadoras, la que fue acompañada por una incipiente industrialización ligada a la
preparación de productos primarios para la exportación y por un muy considerable desarrollo del
sector terciario. Entre 1885-1914 hubo una rapidísima expansión de los sectores medios, y esto
afecto a la movilidad social. Las cifras indican que el proceso de movilidad social ascendente fue
mucho más acentuado entre los extranjeros. A su vez, es necesario recalcar que las tasas de
movilidad debieron haber sido muy desiguales entre regiones, en razón del muy dispar desarrollo
del país durante el modelo agroexportador. Éste modelo finaliza con la crisis mundial de 1930.
En Argentina las consecuencias fueron inmediatas y se tradujeron en disminución de las
exportaciones, deterioro de la relación de intercambio entre los productos nacionales y los bienes
de importación, disminución de la entrada neta de capitales, aumento de los servicios de la deuda
externa, cierre del país a la inmigración extranjera, etc.
o
La industria como eje del desarrollo: 1930-1975
Como consecuencia de la crisis del 30, la Argentina debe abandonar el modelo agroexportador y
se inicia un proceso de desarrollo basado en la industrialización sustitutiva de importaciones.
Ambos modelos tienen un rasgo en común, si bien a diferente ritmo, ambos indujeron el
crecimiento de actividades no-agropecuarias dando lugar a la transferencia de mano de obra rural
hacia los sectores urbanos (migraciones internas). También con respecto a la movilidad social.
Ambas estrategias difieren en lo que concierne a la forma en que se absorbe el empleo noagropecuario según los sectores productivos y según los estratos sociales componentes y, por lo
tanto, en perfil resultante de la estratificación social.
El modelo justicialista (1945-1955): Este periodo estuvo asignado por el estancamiento de la
actividad agropecuaria tradicional y por el estímulo a la actividad industrial, entrando en juego el
capital extranjero mediante la inversión directa en actividades industriales que funcionaban en
condiciones oligopólicas. Sin embargo, hacia 1945 predominaban en la estructura internacional
las empresas pequeñas y medianas de capital nacional.
En 1945 emerge un nuevo movimiento liderado por Juan Domingo Perón como expresión de una
nueva alianza de clases: la de la clase obrera y los pequeños y medianos empresarios industriales.
Ahora la industria constituye el objetivo central del proceso de desarrollo. Se impulsa una
industrialización sustitutiva basada en el incremento de la demanda de bienes de consumo masivo
en el mercado interno, la cual es generada a través del aumento del salario real. El principal
mecanismo para lograr estos objetivos fue la reasignación de recursos para la producción a través
de la acción del Estado. Para este entonces, las medidas que impulsaron la industrialización
beneficiaron sobre todo a los pequeños y medianos empresarios de origen nacional y, los
asalariados industriales. También el Estado busca nacionalizar o crear empresas de servicios
públicos, hubo altísimos niveles de creación de empleo urbano.
Por única y primera vez en la Argentina, la industria manufacturera asume el liderazgo de ese
proceso favoreciendo a la creación de puestos asalariados tanto de la clase obrera como de la clase
media. Lo fundamental de este modelo justicialista fue su superior capacidad de creación de
empleo industrial, aunque no puede afirmarse de un importante crecimiento en la economía ni
tampoco modernización destacable en la estructura social. No solo se da lugar al aumento del
empleo asalariado sino también del empleo autónomo (empleadores y cuenta propia). La distancia
entre las velocidades de expansión entre la clase obrera y la clase media era cada vez menor. No
se detecta en este momento empleo precario y existe escaso empleo marginal. En conclusión,
todas las evidencias disponibles llevan a concluir que la movilidad ocupacional ascendente fue
efectivamente acompañada por un movimiento también ascendente en la escala de ingresos.
Una serie de restricciones estructurales y coyunturales en las variables que sostenían la
acumulación interna se conjugaron para interrumpir el crecimiento industrial impulsado durante
el periodo justicialista. Entre ellas pueden citarse: la acérrima oposición del sector agroexportador
que, al disminuir la producción exportable, favoreció una crisis en la balanza de pagos que redujo
la capacidad de importación de los bienes intermedios y de capital indispensables para continuar
y profundizar la industrialización sustitutiva; la no menos virulenta oposición de los grandes
empresarios que retrotrajeron la inversión y trataron de recuperar ingresos a través del aumento
de los precios con la consiguiente inflación; el fracaso en la tentativa de obtener capitales externos
que permitieran superar el estrangulamiento externo de la economía. Estas fueron las principales
fuerzas que se conjugaron para derrocar al gobierno justicialista en 1955.
El modelo desarrollista (1958-1972): En 1958 accede al poder un nuevo bloque caracterizado por
la alianza de la burguesía industrial nacional y el capital extranjero, corporizado este último por
grandes empresas transnacionales norteamericanas que afluyen entonces al país en magnitudes
significativas. En esta nueva estrategia, la industria también constituye el objetivo central del
proceso de desarrollo. Pero, a diferencia del modelo justicialista, se impulsa ahora una
industrialización sustitutiva de bienes intermedios y de consumo durable, en la que el incremento
de la demanda está asegurado por la inversión, el gasto público y el consumo suntuario del estrato
social urbano de altos ingresos. Este modelo implica, un proceso regresivo de concentración de
la renta. El papel de la industria manufacturera es prácticamente nulo. Este modelo destruye un
número muy considerable de pequeños y medianos establecimientos industriales pero crea
empleo asalariado de clase media a un ritmo veloz. Aunque es verdad que la creación de empleo
urbano es aún más rápida que durante el justicialismo, el contexto ya no es de pleno empleo. La
expansión del empleo favoreció más al asalariado que al autónomo, se acelera el crecimiento de
la clase media con respecto a la clase obrera, dentro de la clase media la expansión beneficia al
estrato asalariado y en la clase obrera al estrato autónomo, es decir, se produce un proceso de
asalarización de la clase media y de desalarización de la clase obrera.
Con respecto a la movilidad social, la misma es descendente relativa que constituye el efecto neto,
por un lado, del mejoramiento de las posiciones correspondientes a la clase alta y a los segmentos
superiores de la clase media, por otro, del empeoramiento de las posiciones propias de la clase
obrera y de los segmentos inferiores de la clase media. Hay notoria modernización y
complejización de la estructura social gracias a la expansión rápida de puestos de clase media
asalariada, pero también hay incremento de empleo precario que hace que se lo denomine como
“excluyente”.
El freno de este modelo estuvo dado por la convergencia de factores económicos y políticos de
índole adversa. Entre los primeros, se encuentra la recurrencia de las crisis de la balanza de pagos,
la agudización del conflicto social manifestado en las movilizaciones de protesta. Durante 19701973, una aguda crisis institucional que se resuelve con el llamado a elecciones generales y con
la asunción del tercer gobierno justicialista, en mayo de 1973.
o
El modelo aperturista: 1976-2001
El gobierno surgido del golpe de Estado de marzo de 1976 adoptó una estrategia de desarrollo
sustancialmente diferente a todas las experimentadas en el pasado. Esta estrategia aperturista dio
lugar a la vigencia de los precios de mercado como régimen básico de funcionamiento; promoción
de los sectores altamente competitivos lo que implicaba la concentración del capital y la
eliminación de empresas de menor productividad; apertura de la economía a la importación de
capital extranjero y de bienes de todo tipo; etc.
En el plano económico se observa una notable reducción de los aranceles a la importación,
privatización, se desmantela el Estado de bienestar que se había organizado en nuestro país en la
década de 1940. Este modelo está conformado por dos momentos: el de ajuste en dictadura y el
ajuste en democracia.
El ajuste en dictadura (1976-1983): Un golpe de estado militar desplaza al modelo justicialista en
marzo de 1976 adoptando una nueva estrategia de desarrollo. Puede caracterizarse al nuevo
bloque dominante durante 1976-1983 como una alianza entre el estamento militar y el segmento
más concentrado del capital nacional y de las empresas transnacionales. Las Fuerzas Armadas
llegaron al poder modificando la antigua estructura de relaciones sociales, políticas y económicas.
Dicho modelo da por terminada la industrialización como objetivo central del proceso de
desarrollo.
En cuanto a los aspectos sociales hubo una disminución de la migración interna hacia las grandes
ciudades, retroceso de la inmigración de trabajadores limítrofes, aumento de la emigración
externa de argentinos. Hubo aumento de los no-asalariados y del alza del trabajo precario y
marginal, es decir, que se detiene el proceso de asalarización de la clase media y se acelera el de
desalarización de la clase obrera. El desempleo abierto afectó a todos los trabajadores pero en los
estratos inferiores lo hizo con mayor intensidad. Hay una desigualdad en la distribución del
ingreso (reducción del salario real, incremento de desigualdad en la distribución de las
remuneraciones entre los asalariados y los no-asalariados, etc).Y con respecto a la movilidad
social, el menor crecimiento del empleo urbano elimina la movilidad ascendente, expansión de la
clase media aunque dicha clase crece menos que en las etapas precedentes. En conclusión, el
balance del modelo aperturista durante el gobierno militar es de preeminencia de movilidad
estructural descendente.
El ajuste en democracia (1983-2001): En abril de 1982 la guerra de las Malvinas marca el ocaso
del gobierno militar es por ello que para fines de ese año, estaba ya en marcha el proyecto de
reconstrucción democrática que culminaría con la asunción del gobierno constitucional de Raúl
Alfonsín(partido radical) en diciembre de 1983. Desde entonces hasta julio de 1989 no llegó a
implementarse una estrategia de desarrollo especifica distinta al aperturismo. La recuperación
democrática había legado al nuevo gobierno una situación económica caótica, con enorme déficit
fiscal y presiones inflacionarias. Los brotes hiperinflacionarios hacia fines de 1980 obligaron a la
entrega anticipada del poder en julio de 1989.Carlos Saúl Menem (partido justicialista) asume
para ese entonces. Fue en 1991 con el Plan de Convertibilidad que se afianza una estrategia de
desarrollo nítida en sus objetivos y en sus medios de implementación, que, en el placo económico,
retoma el modelo aperturista del gobierno militar pero ahora con un éxito notable en el control de
la inflación y en el crecimiento del producto bruto nacional, al menos durante algunos años. A los
inconvenientes generales que el modelo aperturista arrastraba desde los años setenta, se agrega
durante los noventa un agravamientos de la vulnerabilidad externa de la economía.
En diciembre de 1999, el justicialismo fue desplazado del poder por una alianza de partidos que
llevó como presidente a Fernando De La Rúa, cuyo gobierno no cambió la orientación aperturista
prevaleciente hasta su renuncia anticipada a fines del 2001.
Entre 1980-1991 se acelera el aumento del cuentapropismo, aumenta el número de empleadores
varones, expansión ocupacional del sector terciario y volvió a disminuir la mano de obra ocupada
a la industria. Durante la década de 1980 hay un aumento del desempleo, intensa precarización
del trabajo asalariado donde la desocupación en el 2000 era más que el doble de 1991.
Entre 1991-2000 fue prácticamente nula la creación de empleo asalariado. Hubo una nueva y
brutal devaluación de los títulos académicos que indujo la abrupta irrupción del hiperdesempleo
ya que ahora para conseguir empleo se necesita de más educación pero para reciclarse se necesitan
ingresos que no se obtienen porque se es desempleado. A partir de 1991, el exitoso control de la
inflación que acompañó el Plan de Convertibilidad permitió que mejorasen los ingresos reales de
todos los grupos de perceptores. No obstante, ésta importante recuperación después de 1994
continuó la tendencia negativa de las remuneraciones reales. Hay una desregulación de las
antiguas protecciones de los trabajadores, ya que las normas laborales se modificaron dando lugar
a la precarización del trabajo aumentando el trabajo en negro y la vulnerabilidad social.
Con respecto a la estructura social hubo una drástica desalarización de toda la estructura, aumento
de la clase obrera, crecimiento del estrato autónomo, abrupto incremento del estrato marginal, etc.
En cuanto a la movilidad social fue esencialmente descendente tanto desde el punto de vista
ocupacional como de la distribución de los ingresos.
En conclusión, el aperturismo da lugar a un empeoramiento de las condiciones laborales y de
bienestar en tan corto lapso, heterogeneidad de la pobreza crítica, deterioro brutal de los niveles
de bienestar, etc.
Una visión de largo plazo: Antes de 1930, durante el modelo agroexportador, el perfil de la
estructura social se trastoca profundamente, se aprecia una rapidísima expansión de los estratos
medios. Después de 1930, la estrategia justicialista si bien no modernizó significativamente la
estructura social, fue claramente distribucionista e incluyente de los estratos más desfavorecidos.
Por su parte, el desarrollista aunque modernizadora, fue marcadamente concentrador y
excluyente. La aperturista presenta rasgos de claro sesgo desindustrializador, concentrador y
excluyente, sin atisbos de modernización.
Dalle P. – “Cambios recientes en la estratificación social en Argentina”
Introducción
En la primera década del siglo XXI, la cuestión del desarrollo económico “hacia adentro” volvió
a plantearse como primordial para los países de la región, desde la necesidad “renovada” de
aprovechar un ciclo de crecimiento económico para profundizar procesos de industrialización que
contemplen la integración entre actividades económicas, la difusión del desarrollo a todo el
territorio y la distribución más equitativa de los procesos de acumulación económica. Desde
distintas perspectivas teóricas que conforman el campo de debate sociológico se plantea que
estamos inmersos en un “cambio de época”. Con diferentes ritmos e intensidades según los países,
las políticas de Estado pusieron en cuestión la hegemonía económica neoliberal, ampliando el
horizonte de democratización hacia distintas esferas. El análisis de la evolución del perfil de la
estratificación social, la formación de clases sociales y las tendencias de movilidad social en el
tiempo constituyen dimensiones centrales para evaluar la dirección y los significados del proceso
de cambio social en curso. Varios estudios constataron una disminución en el peso relativo de la
clase obrera y el aumento de la precarización laboral en los países que siguieron en mayor
profundidad políticas de apertura y desregulación económica (Chile, Argentina y México).
Asimismo, los sistemas de estratificación social se habrían vuelto más cerrados en relación a las
posibilidades de movilidad social ascendente desde las clases populares y medias. En la última
década, el retorno a políticas económicas y de empleo que favorecen la expansión del mercado
interno -aun sin llegar a adquirir los contenidos altamente proteccionistas de la industrialización
por sustitución de importaciones- marcaron un punto de inflexión con aquellas desplegadas en la
década de 1990.
Decadencia y derrumbe
Desde la segunda mitad de la década de 1970, la reestructuración capitalista neoliberal de la
economía a través de la desarticulación de la estructura productiva industrial y el deterioro de las
instituciones del Estado de Bienestar, erosionaron las bases que estructuraban el sistema de
estratificación abierto e integrado de la segunda posguerra. Este proceso no fue lineal, durante el
gobierno de la Junta Militar (1976-1983) se aplicaron medidas de apertura comercial y
liberalización de la economía, no obstante, el Estado mantuvo el control de las empresas estatales.
Durante el primer gobierno democrático, hubo esfuerzos por volver a recrear el modelo de la
industrialización sustitutiva sostenida en el mercado interno, pero sus esfuerzos fracasaron en un
contexto signado por las urgencias financieras que imponía la crisis de la deuda a los países
latinoamericanos y por ende un mayor condicionamiento de los organismos internacionales de
crédito. La crisis de la hiperinflación y la nueva hegemonía neoliberal difundida por el Consenso
de Washington abrieron, a principios de la década de 1990, las vías para las reformas de mercado
las cuales desmantelaron el tejido productivo de la industrialización sustitutiva de importaciones.
Una mirada de mediano plazo, permite observar las transformaciones regresivas de la estructura
social que acompañaron esta súbita y profunda transición. Entre los efectos regresivos sobre la
estructura social se destacan el aumento de la desigualdad de ingresos, el crecimiento de la
pobreza, la instalación de la desocupación como problema estructural del funcionamiento de la
economía y el incremento sostenido de la precariedad laboral. El proceso de desindustrialización
y reducción del Estado generó la expansión de un estrato marginal-precario. Desvinculado del
trabajo formal fabril, se fue configurando un universo heterogéneo de marginalidad
socioeconómica compuesto por trabajadores que realizaban actividades de subsistencia. La crisis
de 1998-2002 no se trató de un fenómeno coyuntural sino de la fase final de una progresiva
“decadencia social” de un país que desarticuló su estructura productiva y su entramado social. El
período 1998-2001 en el que se produce la crisis final del modelo de apertura y liberalización de
la economía, se profundizaron tendencias que venían desarrollándose en el mediano plazo. La
estratificación social de la Argentina durante la crisis de 1998-2002, condensó el mayor nivel de
desigualdad de al menos todo el siglo XX. Los efectos de la globalización neoliberal fueron la
polarización de sectores tradicionalmente ligados a las clases medias y la desestructuración de la
clase trabajadora organizada apoyada en el trabajo formal y el acceso a cobertura social. En 2002,
luego de la devaluación, la desocupación superó el 21% (en mayo) y más de la mitad de la
población quedó bajo la línea de pobreza (54,3% en Octubre). En ese contexto, la distribución del
ingreso evidenció los niveles de mayor inequidad entre el vértice de los sectores de mayor poder
económico y una base amplia conformada por un conjunto heterogéneo de obreros no calificados
precarizados y trabajadores cuenta propia con débiles o nulos lazos con la economía formal.
Indicios de recomposición social
En el período 2003-2011, la economía creció a un ritmo acelerado impulsada por la expansión del
mercado interno y las exportaciones del agro. La hoja de ruta de este proceso fue proyectada desde
el Estado a través de la reedición de políticas de estímulos a la demanda tales como el aumento
de salarios, subsidios a los servicios básicos y el sostenimiento de un tipo de cambio competitivo.
Complementariamente, esta política fue favorecida por un contexto internacional favorable para
las exportaciones de commodities y productos agropecuarios (en los cuales el país cuenta con
ventajas comparativas y es altamente productivo) demandados en forma creciente por la
incorporación al mercado mundial de los países del sudeste asiático, en espacial China. Ambos
procesos confluyeron favoreciendo una década de casi ininterrumpido crecimiento económico.
Uno de las consecuencias del impacto de la expansión económica fue el aumento significativo de
la población asalariada de 72,5% del total de ocupados en 1998, a 76,3% en 2011. El crecimiento
de casi 4 puntos porcentuales de la tasa de asalarización, junto al incremento de la Población
Económica Activa (PEA) y el descenso de la tasa de desocupación, representó en términos
absolutos la incorporación de alrededor de 3.800.000 nuevos trabajadores asalariados a la
población ocupada urbana. La novedad del modelo de desarrollo económico-social en curso reside
en que mientras en la década de 1990 aún en los ciclos de crecimiento económico se
incrementaban el desempleo y la precariedad laboral, la tendencia actual ha mostrado hasta el
momento un rasgo incorporador de fuerza de trabajo.
En paralelo al proceso de asalarización se fue consolidando otra tendencia de signo más positivo
para la integración social: el incremento sostenido del empleo registrado (con cobertura social) y
desde fines de 2004 el estancamiento del empleo no registrado, trayendo aparejado como
corolario un paulatino cambio de composición de los trabajadores asalariados. Los
“empleadores”, que refieren a los propietarios de capital, aumentaron su número con un ritmo
lento pero constante luego de la crisis de 2001-2002 e incrementaron su participación más de un
punto porcentual entre los ocupados. Se trata de dueños de medianos y pequeñas fábricas,
comercios y empresas de servicios que florecieron al abrigo de la protección cambiaria y los
estímulos de la creciente demanda interna de bienes de consumo. Por su parte, las ramas que más
absorben empleo estatal como los servicios sociales y de salud, administración-defensa y
educación se expandieron entre un tercio y un cuarto respectivamente respecto de su volumen
inicial. En todas las ramas se produjo un mayor crecimiento relativo del empleo registrado sobre
el no registrado. Estas tendencias se frenaron en 2009 por el impacto de la crisis internacional,
pero continuaron su expansión con el retorno del crecimiento económico hacia fines de 2009. Sin
embargo, en 2010 y 2011 el incremento del empleo fue más lento de lo que había sido los años
previos, a pesar de lo cual se mantuvo la tendencia de mayor dinamismo del empleo registrado.
Si bien el crecimiento de la mano obra asalariada en la industria manufacturera en el período
2003-2011 fue importante, aún no alcanza en cifras absolutas el nivel que registraba en 1998.
Dinámicas emergentes
Uno de los rasgos distintivos de este breve pero intenso período fue una recomposición de la clase
trabajadora consolidada conformada por un sector de la clase obrera calificada inserta en grandes
y medianas empresas de los sectores más dinámicos de la economía (automotrices, petroquímica,
siderurgia, minería, agroindustriales, entre las principales) y la recuperación del sector asalariado
de las clases medias bajas. Unos y otros apoyados en el fortalecimiento de los sindicatos tanto en
su densidad como en su capacidad para negociar los salarios, fueron mejorando su posición
relativa en la estructura social al tiempo en que se profundizó una tendencia precedente: la frontera
entre los trabajadores asalariados no manuales y manuales se volvió más difusa por una
participación económica creciente de los obreros. En este marco, el movimiento sindical, dejó
atrás la política defensiva de la década de 1990 contra los despidos, el desempleo y la
flexibilización laboral, y desarrolló una política ofensiva orientada hacia el aumento de salarios,
la disminución de las condiciones de explotación y la ampliación de la cobertura laboral junto a
la sindicalización de los trabajadores. Estas problemáticas difieren del incremento de la exclusión,
la marginalidad y los nuevos pobres que caracterizaron a la década de 1990. El progresivo
incremento de los salarios a través de la negociación colectiva, acompañado por un proceso de
disminución de las desigualdades salariales tendió a mejorar la posición relativa de los obreros
calificados en la estructura social, obteniendo en ocasiones mejoras salariales más altas que
sectores asalariados de las clases medias “fuera de convenio” y otros cuenta propia o pequeños
propietarios de capital. Esta dinámica impulsa la regeneración de dos tipos de problemáticas en
la estructura social: i.) Por un lado, se observa un retorno de los conflictos de clase por la
apropiación del ingreso típicos del modelo de acumulación capitalista basado en la
Industrialización por Sustitución de Importaciones en el que la relación salarial se extendía en el
mundo del trabajo. Palomino y Trajtemberg trazan un recorrido de la negociación colectiva desde
la década de 1990 hasta la actualidad, mostrando que la misma experimentó desde 2005 un
crecimiento exponencial: mientras en la década pasada los convenios colectivos de trabajo
rondaban en promedio los 200, en 2011, alcanzaron los 1600, una cifra ocho veces mayor.
También se incrementaron los conflictos laborales con paro y la cantidad de huelguistas, en
particular en el ámbito público. El impulso de la economía y de la inflación, le otorgan un carácter
conflictivo al período en la carrera por la distribución del ingreso. En un trámite acelerado, los
obreros y parte de los trabajadores de cuello blanco fueron experimentando mejoras, obteniendo
incrementos salariales por encima del aumento de precios, al tiempo que mejoró el perfil
distributivo. ii.) Por otro lado, se manifiesta en la estructura social una aceleración de procesos de
“inconsistencia de estatus”, en la medida en que el estrato formal y calificado de la clase obrera
ha adquirido mejoras económicas periódicas en un contexto inflacionario que les permitió
sobrepasar en la carrera por apropiación del ingreso a un sector significativo de las clases medias.
Estas últimas apoyadas sobre una pretensión de mayor prestigio social desarrollan actitudes y
comportamientos reactivos al avance de los obreros al tiempo que buscan imitar sus prácticas de
afiliación sindical.
Los estratos de clase media conformados por profesionales, docentes, empleados públicos,
empleados de oficina de grandes y medianas empresas, ampliaron sus fronteras y mejoraron su
posición económica en relación al período de crisis e incluso la década de 1990, contribuyendo a
abrir canales de ascenso desde las clases populares, sobre todo para los hijos/as del sector más
calificado e integrado. Si bien la tendencia dominante de los años recientes ha sido la de un
proceso de recomposición social, un segmento importante de las clases populares aún no ha
podido salir de una situación de pobreza y precariedad laboral. Algunos indicadores basados en
la distribución personal del ingreso muestran que el nivel de desigualdad, tanto en los ingresos de
los ocupados como los ingresos familiares, disminuyó en el período 2003-2011. Sin embargo,
dicha disminución no fue suficiente para revertir el largo deterioro distributivo que tuvo lugar en
el país desde mediados de la década de 1970, presentando en la actualidad un nivel alto similar al
de mediados de la década de 1990. Para los asalariados no registrados y trabajadores cuenta propia
de baja calificación, la salida de la crisis de 2001-2002 implicó una cierta mejora de sus ingresos.
La recuperación del trabajo, aunque sea precario, implicó efectos favorables en la organización y
reproducción de la vida cotidiana. En esta línea, la asignación universal por hijo aplicada
recientemente ha mejorado sus ingresos, no obstante, para un segmento importante de las clases
populares todavía no se han abierto canales efectivos de movilidad ascendente. En el contexto
actual, entre las principales privaciones de este estrato se encuentran la carencia de una vivienda
digna, el hábitat deficitario, la sobre-explotación económica y la falta de protección laboral.
Reflexiones finales
Visto en perspectiva, el perfil de la estratificación social en Argentina en la actualidad condensa
las huellas de dos procesos sucesivos de distinta direccionalidad. Por un lado, aún persiste un alto
nivel de desigualdad y un sector importante de las clases populares conservan marcas de la
exclusión social que implicó la etapa de hegemonía neoliberal. Por otro lado, desde 2003 es
posible constatar un proceso de recomposición social aún en ciernes que ha implicado una
expansión de sectores importantes de la clase obrera y las clases medias. Si la desindustrialización
y el declive del mundo obrero significaron una doble pérdida: de la estabilidad laboral y la acción
sindical como fuentes de acceso a mejores condiciones de vida, los cambios en los años recientes
en el marco de una nueva etapa de desarrollo económico-social, han marcado algunas inflexiones
tanto en el tamaño relativo de las clases como en algunas dinámicas propias del sistema de
estratificación social. En las clases medias, se constató el aumento relativo de los grupos
ocupacionales asalariados, en especial del estrato medio bajo, compuesto por docentes,
trabajadores calificados de la salud y empleados de rutina de la administración pública y privada.
En las clases populares, se expandieron los grupos ocupacionales calificados y disminuyeron su
peso relativo los trabajadores cuenta propia no calificados y los obreros no calificados en la
industria y los servicios, en donde los niveles de precariedad laboral son mayores. Apoyados en
el fortalecimiento de los sindicatos la clase obrera calificada y parte de las clases medias
asalariadas fueron mejorando su posición relativa en la estructura social. A diferencia de la década
de 1990 en la que se popularizó el concepto de “nuevos pobres” para conceptualizar la caída de
estos grupos, en los comienzo del siglo XXI, se ha observado un proceso de sentido inverso: la
ampliación de las clases medias en términos de ingresos por la recuperación de fracciones de esta
clase anteriormente empobrecidas y la incorporación de algunos grupos de las clases populares
que en el ciclo reciente de crecimiento económico lograron mejorar sus ingresos.
Lozano y Rameri – “Una aproximación a la estructura social de la Argentina”
S Se presenta una aproximación de la estratificación social de la Argentina de hoy sobre la base
de los ingresos de los hogares como capacidad de acceso a distintos umbrales de consumo.
Tanto la CBA (canasta básica de alimentos), como la CBT (canasta básica total), son las líneas
de indigencia y pobreza publicadas por la EPH-INDEC mientras que el valor de la CT (canasta
total) que se aproxima a un nivel de consumo medio.
De la siguiente manera quedaron definidos los seis estratos sociales al primer trimestre 2019:
Estrato indigente: Constituido por los hogares cuyo ingreso total mensual no alcanza para cubrir
la Canasa Basica de Alimentos de $11.111,4 para una familia tipo.
Estrato pobre no indigente: constituido por los hogares cuyo ingreso total mensual, si bien
alcanza para cubrir una CBA, no logra cubrir un a CBT de $27.588,1 para una familia tipo
Estrato no pobre vulnerable: constituido por los hogares cuyo ingreso total mensual, si bien
alcanza para cubrir una CBT, no logra cubrir el valor de una Canasta Total (CT) socialmente
aceptable de $32.425,96 para una familia tipo propietaria y de $54.596,1 para una inquilina.
Estrato medio frágil: constituido por los hogares cuyo ingreso total mensual, si bien alcanza
para cubrir una CT, solo la supera en un 25%. Es decir, sus ingresos familiares se encuentran por
debajo de los $40.532,5 para una familia tipo propietaria y de $54.596,1 para una inquilina.
Estrato medio: constituido por los hogares cuyo ingreso total mensual, si bien alcanza para cubrir
una canasta equivalente a 1,25 veces la CT, se encuentran por debajo de los $129.703,8 para una
familia tipo propietaria y de $174.707,4 para una inquilina.
Estrato acomodado: constituido por los hogares cuto ingreso total mensual es igual o superior a
cuatro veces la CT.
Lo primero que puede advertirse sobre la estratificación social en el 1° cuatrimestre 2019, es que
actualmente la “Argentina de la amplia clase media” representa hoy menos del 38% de la
población.
Los sectores medios comienzan a tener relevancia desde mediados del siglo XX y reconocen un
punto de quiebre en su expansión a partir de los años 80. Conformada especialmente por
trabajadores que se insertaban en las ocupaciones no manuales, suele estar compuesta por
profesionales, técnicos, comerciantes, dueños de pequeños emprendimientos, funcionarios
públicos, que comparten una concepción de progreso de carácter individual.
Al año 2019, el 57,4% de la población mantiene una situación socioeconómica vulnerable que va
desde la fragilidad social a la indigencia. Ello implica que 25,7 millones de personas viven en
hogares con consumos por debajo de lo socialmente aceptable.
El hambre, como expresión mas significante de la pobreza, afecta al 7,1% de la población (poco
mas de 3 millones de personas) y la pobreza abarca a 12 millones, quienes tienen una capacidad
de consumo por debajo de la subsistencia.
Se observa también una significativa presencia de un sector que se puede identificar como la
“clase media baja”. Son casi 10,5 millones de personas que se distribuyen en estratos signados
por la fragilidad social y una condición de vulnerabilidad lindera a la pobreza. En este ultimo
segmento se encuentra el 11,9%.
Con respecto a los cambios producidos en la estratificación social, en comparación entre el 1°
cuatrimestre 2015, y 1° cuatrimestre 2019, se observa la drástica caída que sufrió la clase media
que paso de representar el 43,5% al 37,4%, reducción que implico una expulsión de 1.972.901
personas. Se verifica un radical engrosamiento del estrato pobre que se amplia en 2.381.428
personas al pasar del 22% al 27% del 2015 al 2019.
Otro sector que refleja un movimiento importante es el estrato indigente: el mismo aumento del
6% al 7,1%. Loos estratos que experimentan aumentos de menor magnitud son la clase media
baja y la clase alta o acomodada.
Mientras los sectores medios cayeron, los dos segmentos de pobreza se expandieron entre 4,5 y
4,8 veces mas que el crecimiento demográfico normal del sector, mientras el sector acomodado
duplico el crecimiento poblacional natural.
El 71,4% de quienes dejaron de formar parte del estrato medio pasaron a engrosar el estrato de
pobres no indigentes, el 17,8% paso directamente a la indigencia, un 7,8% experimento un
proceso de movilidad social ascendente para alcanzar una posición de mayor privilegio y el 3,1%
vio deteriorar sus condiciones de vida hasta hundirse en una situación de vulnerabilidad social.
Se relanza asi un nuevo ciclo de generación de “nuevos pobres” como resultado de la
implementación de regímenes económicos que promueven el empobrecimiento general y la
polarización social.
Luego de la recuperación que este segmento experimento durante el periodo de recuperación
económica desde el 2003, un nuevo modelo económico de agudización de las condiciones de
apertura comercial y financiera, desregulación y desindustrialización irrumpe para achatar otra
vez la pirámide de estratificación social.
El empleo asalariado formal, en esta coyuntura de derrumbe ve deteriorar su capacidad de
contención a la clase de trabajadores por doble via: por un lado, conforme a la retracción de
alcance del mismo, es decir, una destrucción de puestos de trabajo y por otro lado, la cada vez
menor calidad que este garantiza en términos salariales y de derechos. Este proceso es, la principal
causa del empobrecimiento de la clase media y la marginalización de la población pobre de los
últimos cuatro años.
Asimismo, cuando se aceleran las condiciones de fragmentación y polarización, se generan
también selectas nuevas oportunidades de ascenso social que garantizan generalmente buenas
condiciones de ingreso y condiciones flexibles de contratación. Las alternativas pueden ser
ventajosas para quienes tienen las posibilidades de aprovecharlas.
El modelo de consumo, atraviesa (en especial en los últimos 4 años) un proceso de
empobrecimiento de magnitudes colosales, es indudablemente desigual y orientado a los sectores
de altos ingresos. De la mano del empobrecimiento de la clase media y la mayor pauperización
de las condiciones de vida de la población pobre, la brecha de ingresos entre los estamentos
sociales se amplia.
UNIDAD 2
Svampa – “La sociedad excluyente”
o
s Capítulo 4: Continuidades y rupturas de los sectores dominantes
De manera general la teoría social considera como sectores dominantes a aquellos sectores
sociales que ocupan un lugar privilegiado –económico y político- dentro del modelo de
acumulación capitalista. Buena parte de la literatura latinoamericana pareció concluir en el
carácter más bien dominante – antes que dirigente- de la burguesía. Sin embargo, la presentación
sobre los sectores dominantes tiene un carácter fragmentario e incompleto, ya que existe una
escasa investigación al respecto.
Del empate social a la gran asimetría
Entre 1880 y 1930 las clases dominantes argentinas se caracterizaron por un fuerte dinamismo
social y económico. Durante esta etapa las clases dominantes pusieron en marcha un proyecto
modernizador que trajo aparejada la integración socio- económica de vastos sectores de la
sociedad. Sin embargo, esta integración era acompañada por una tendencia política excluyente,
con una definición restrictiva de la democracia. Luego de la sanción del voto universal y
obligatorio en 1912, la gran dificultad de la elite dirigente seria consolidar a nivel nacional un
partido conservador. Por ello, los portavoces de privilegiados de las elite serían las corporaciones
tradicionales: Sociedad Rural Argentina (SRA) y la Unión Industrial Argentina (UIA); y por otro
lado el Ejercito. Así se arrancaba entonces el proceso de conformación de una elite oligárquicomilitar. Durante los años 30, aparecen los núcleos identitarios de los sectores dominantes:
liberalismo económico, conservadurismo político y por último, el anti peronismo militante.
Sin embrago, el pasaje a un modelo nacional-popular implicaría importantes cambios en la
estructura económica del país, lo cual pondría en evidencia el declive de la burguesía
agropecuaria, así como la emergencia de un nuevo empresariado nacional, asociado al desarrollo
sustitutivo. La CGE, ilustraba la alianza entre un sector de la burguesía y los sectores populares,
promovida por Juan Domingo Perón desde el Estado. También cabe destacar el rol de la UIA que
estaba formada por grandes empresarios pertenecientes a la elite tradicional argentina y que supo
consolidar un grupo de control con poder económico y fuerte influencia política que se mantuvo
estable hasta su colisión (política) con el peronismo. A pesar de que el programa de
industrialización sustitutiva le restaría dinamismo económico a la elite agropecuaria, seguiría
conservando una gran centralidad política, económica y también cultural. Luego en 1955, con la
entrada en un periodo de democracia restringida, luego de 1955, coincidió también con el avance
de la internacionalización del capital; y a su vez este nuevo escenario aceleraría la dinámica de la
polarización política.
Un primer intento de poner fin a esta situación tuvo lugar durante el gobierno de Onganía, en
donde se establece una alianza entre el estamento militar y las elites burocráticas, vinculadas con
los grandes grupos extranjeros. El resultado fue la implementación de un “Estado burocráticoautoritario”
Finalmente, sería la última dictadura militar y bajo la gestión del ministro Martínez de Hoz,
cuando se sellaría el empate social, sentando las bases de un nuevo régimen excluyente. El
proceso de concentración se inicia en los 70, época en la cual se interrumpe la industrialización
sustitutiva y se produce una transferencia de excedente desde el Estado a los grandes grupos
económicos. Asimismo, se marca un reemplazo de empresas nacionales por extranjeras
diversificadas y/o integradas. De esta manera, el programa de la dictadura militar permitiría a los
sectores dominantes adaptarse a los cambios, sin tener que renunciar a su núcleo identitario
(liberalismo económico, conservadurismo político y antiperonismo).
Posteriormente con la reinstalación del régimen constitucional, Alfonsín, al inicio de su gestión,
intentó llevar una propuesta de “concertación” que aspiraba a involucrar a los principales agentes
socioeconómicos. La acción de los sectores dominantes se orientaría a la colonización de los dos
grandes partidos políticos existentes, mediante la difusión de un discurso económico liberal, como
eje de la solución de los problemas argentinos. Sin embargo, el triunfo final de la estrategia de los
grandes grupos económicos no hubiera sido posible sin aquel golpe de estado de 1976 que
desembocaría en una verdadera revancha de clase por medio de la represión. La resolución final
del empate social, marcaria entonces la entrada en un periodo signado por las grandes asimetrías,
entre las elites cada vez más internacionalizadas del poder económico y los cada vez más
fragmentados y empobrecidos sectores populares y medios.
Concentración económica y extranjerización del capital
El gobierno de Carlos Menem abrió las puertas al establecimiento de una alianza entre los sectores
dominantes, nucleados en los grandes grupos económicos y la dirigencia política, de origen
peronista. El correlato económico de esta nueva alianza fue la modalidad que adoptaron las
privatizaciones de las empresas públicas. Esa modalidad posibilitó la reconfiguración positiva de
los grupos económicos nacionales, que reorientaron sus actividades hacia los servicios. Dicha
reconfiguración del perfil empresarial incluyó la desaparición de las empresas estatales, dando
paso a un mayor protagonismo de los grupos subsidiarios de empresas transnacionales y de unos
pocos grupos económicos locales.
A su vez, la desregulación económica potencio la dinámica desindustrializadora característica de
mediados de los 70, acentuando una tendencia concentracionista y el proceso de extranjerización.
Esta dinámica implicó el colapso y cierre de numerosas pequeñas y medianas empresas. Así
durante los primeros años de la década del 90 varias empresas argentinas decidieron repatriar
parte del capital financiero depositado en el exterior, para invertirlo como capital fijo. Para el año
1997 y como consecuencia de las privatizaciones, los sectores más favorecidos serían los
comerciantes, financieros y profesionales. En los años 90 se produce la proliferación de
hipermercados y shoppings, perjudicando notablemente los pequeños comercios. Sin embargo, la
dinámica de la concentración no solo alcanzó los rubros de la vida social y económica, sino que
también incluyó los medios de comunicación, hacia fines de los 90.
Empresariado, privatizaciones y sector financiero
Los grupos dominantes poseen dos rasgos característicos: el primero de ellos se refiere al carácter
independiente del gran empresariado respecto del estado, el segundo, a la profundización de una
perspectiva “cortoplacista”.
De esta manera, diremos que una parte importante de los grandes empresarios nacionales supo
adaptarse exitosamente a los nuevos tiempos mientras que los pequeños y medianos empresarios
quebraban o eran absorbidos por firmas mayores. Una vez más, las privatizaciones fueron el
marco ideal para garantizar el acceso y saqueo del Estado por parte de los grupos privados. Por
otro lado, el contexto externo también acompañó la consolidación de un nuevo “empresariado
absentista”, las nuevas reglas del capitalismo tendieron a afianzar una relación de exterioridad.
De esta manera se produjo el pasaje a un nuevo modelo de desregulación estatal. Así, el sector
financiero, favorecido por la estabilidad monetaria, logró expandir notoriamente sus servicios
modernizando su oferta y aumentando el volumen de sus créditos. Esta expansión fue
concretándose en un marco de concentración y consolidación de la posición de los grandes bancos
y su creciente internacionalización.
Uno de los grupos de interés que ilustrara estas nuevas coordenadas seria ADEBA (Asociación
de Bancos de la Argentina) la cual no se opuso a la extranjerización. En el caso de la Asociación
de Bancos de la Argentina, decidió modificar sus estatutos para poder representar también a los
bancos extranjeros.
Modelo agrario y ¿nuevos? perfiles empresarios
Desde mediados de los 90, asistimos al desarrollo de nuevas tramas productivas en el agro
argentino. Este nuevo modelo, que se caracteriza por el uso intensivo de biotecnologías, ha
colocado a la Argentina no solo como uno de los grandes exportadores mundiales de cultivos
transgénicos sino como uno de los países mejor posicionados en términos tecnológicos. Dichas
innovaciones implicaron el desarrollo del sector agroalimentario. Según Roberto Bisang, el
desarrollo de la agroindustria se trata de una figura empresarial que se ha desarrollado en el marco
de un mercado abierto y competitivo de alta rentabilidad por medio de altas tecnologías. En este
modelo encontramos diferentes actores económicos: mientras que en el sector semillero aparecen
las grandes empresas multinacionales y unos pocos grandes grupos económicos locales; surgen
otros actores económicos conocidos como los “terceristas” (los que cuentan con el equipamiento
tecnológico)y los “contratistas”(productores sin tierra, que rentan la propiedad para su
explotación), además de los “productores rentistas”. De esta manera, en los años 90 se produce la
emergencia de una nueva clase empresarial, suerte de “nuevos ricos”. Así el contratista y el
tercerista vendrían a reflejar una nueva tendencia que expresaría un perfil empresarial que asocia
las nuevas tecnologías con la búsqueda de nuevos nichos de mercado
Otro elemento novedoso es el surgimiento de organizaciones empresariales vinculadas a este
sector agroindustrial, las cuales convocan numerosos seminarios y convenciones en donde
convergen los distintos actores involucrados, abordándose así preocupaciones técnicas,
económicas y políticas.
De esta forma, hay elementos que indican que el vertiginoso desarrollo de la agroindustria ha
traído aparejada la desarticulación de los sistemas productivos locales, en favor del desarrollo de
formas organizacionales como lo son los pools de siembra y los fondos de inversión, con escasas
relaciones en el contexto local. Asimismo, no hay que olvidar los “paquetes agrotecnológicos”,
los cuales están en manos de unas pocas empresas multinacionales.
Las marcas del mimetismo cultural
Ahora daremos cuenta de ciertas transformaciones culturales de los sectores dominantes, en
especial, a las fracciones más tradicionales de la elite. En términos generales, los sectores
dominantes argentinos se han caracterizado por el desarrollo de una sociabilidad de tipo
comunitario; se han caracterizado por un “colectivismo práctico”: prácticas y estrategias sociales
encaminadas a la conservación de las posiciones y la reproducción social dentro del espacio
social. En la Argentina, desde los orígenes de la república moderna, dichas prácticas fueron
definiendo círculos de pertenencia exclusivos, realizados colectivamente como el polo, el golf o
los countries.
Sin embargo, la sociabilidad de la elite oligárquica encontró un límite en el carácter “socialmente
abierto” de la sociedad argentina. Ahora bien, el establecimiento de una alianza con el peronismo
triunfante produjo en las elites argentinas, tradicionalmente liberales y profundamente
antiperonistas, una importante recomposición. En los 90, las clases altas fortalecieron su
seguridad ontológica, esto es, su confianza de clase, al encontrar en su adversario histórico, el
peronismo, un inesperado aliado. Al mismo tiempo este encuentro con el peronismo se dio en un
contexto de modernización de la elite y de generación de nuevos espacios de sociabilidad,
asociados al avance de la privatización del social. Así, en un contexto de alta rentabilidad la elite
tuvo que resignar ciertos criterios de afirmación del nivel social, para aceptar la entrada de
“nuevos ricos”. El resultado fue la ampliación de los espacios de sociabilidad y socialización,
posibilitando el contacto entre los políticos y los “nuevos ricos”. Dicha alianza con el peronismo
se dio en un contexto de modernización y globalización de las elites.En el caso del menemismo,
se observó un estilo de vida marcado por el consumo ostentoso, la frivolidad, los gastos excesivos,
todos ellos abrazando a la clase dominante argentina. Sin embargo, para una parte de la clase
política esta reconfiguración cultural supuso un gran quiebre ideológico a partir del abandono
ideario tradicionalmente peronista y la conversión al neoliberalismo.
Elitismo, socialización homogénea y visiones de la pobreza
En los 90 se redefinen los espacios de sociabilidad y de socialización. Esto aparece ilustrado en
la expansión de las urbanizaciones privadas. Esta nueva dinámica privatizadora, trajo aparejado
tanto una apertura social como la reformulación de las tradicionales estrategias de distinción. De
esta manera, frente a la deserción del Estado y el vaciamiento de las instituciones públicas se
fueron desarrollando modalidades privatizadas de la seguridad y de la integración social que
marcarían nuevas y rotundas formas de diferenciación entre los ganadores y perdedores del
modelo neoliberal. La elite participó activamente en la recreación de nuevos espacios de
sociabilidad, producto de la nueva ola privatizadora, en los cuales confluyeron diferentes
fracciones, entre ellas, un contingente de nuevos ricos ligados al poder, y también franjas
importantes de clases medias consolidadas y las clases medias en ascenso. Se observó también la
proliferación de centros de enseñanza privados que reforzaban la homogeneidad de los círculos
sociales. También se desarrollaron políticas de contención social, intentando incluir al excluido.
Las marcas de la distinción
La reformulación de las estrategias de distinción puede ser ilustrada por dos aspectos visibles en
los espacios de sociabilidad: por un lado la flexibilización de los códigos de pertenencia y por el
otro la reafirmación del estilo de vida asociado a la elite, como símbolo de la distinción.
El primero se refiera a las estrategias de adaptación de la elite, frente a la flexibilización inevitable
de las condiciones de acceso a los espacios de sociabilidad tradicionales. Un ejemplo de esto se
puede ver en el boom de los countries, los cuales desarrollaron una política de expansión en donde
optaron por flexibilizar el pago de la cuota de ingreso o disminuir su costo. De esta manera
encontramos lo que se conoce como “estilo de vida verde” que imita el de las clases medias y
medias-altas. De esta manera, la exclusividad de los fines de los 90 aparece representada por la
permanente tranquilidad, por la extensión del predio y por el resguardo de la privacidad, todo
esto, generando una distinción notable. Estas nuevas condiciones acentuaron también la
importancia del capital financiero en la estructura productiva argentina.
RECAPITULANDO, consignamos la expansión de un nuevo paradigma agrario desde mediados
de los 90, hablando así de un nuevo perfil empresarial, vinculado a la revolución tecnológica y la
sociedad del conocimiento. Exploramos también las transformaciones culturales analizando las
prácticas de los actores. Desde el punto de vista cultural, para los sectores dominantes liberales
en lo económico y antiperonistas), la alianza con el gobierno de Menem significó una gran
oportunidad. Este giro inesperado alentaría una suerte de mimetización cultural de la elite con la
clase política gobernante, una fascinación por lo plebeyo despojado de su dimensión antagónica
y contracultural, en una dinámica en la cual se entremezclaban y confundían ética de la
ostentación y sentimiento de impunidad, consumos suntuarios y afán de transgresión. Aunque
acostumbradas a la distancia social y las ventajas de los lugares protegidos, la modificación del
espacio social trajo consigo consecuencias importantes para las clases altas en términos de
socialización y sociabilidad. Así los nuevos espacios serán compartidos tanto por los antiguos
como los recién llegados a la elite.
o
Capítulo 5: La fragmentación de las clases medias
Históricamente en nuestro país las clases medias fueron consideradas como un rasgo particular
de la estructura social respecto de los países latinoamericanos. Sin embargo, la crisis de los 80 y
el pasaje a un nuevo modelo de acumulación en los 90, terminaron por desmontar el anterior
modelo de integración, echando por tierra la representación de una clase media fuerte, y hasta
cierto punto, culturalmente homogénea, asociada al progreso y la movilidad social ascendente. Se
da de esta manera una suerte de fragmentación de las clases medias.
Rasgos generales de las clases medias
-
Debilidad estructural: Las clases medias han designado un vasto conglomerado social,
con fronteras difusas; esto es una categoría intermedia cuya debilidad congénita estribaría
en su misma posición estructural, un tercer actor sin peso específico propio, situado entre
la burguesía y las clases trabajadoras. Esta debilidad estructural explicaría tanto sus
comportamientos políticos como culturales. Desde el punto de vista político se ven las
dificultades en desarrollar una conciencia de clase autónoma, y desde el lado cultural
desarrollan conductas imitativas respecto de los patrones culturales de las clases
superiores. Dicha adopción de pautas de conducta de las clases superiores implica así una
disociación entre el grupo de pertenencia y el grupo de referencia (sirve de parámetro a
los individuos para valorarse a sí mismos). Dicha debilidad determinara la conformación
de una mentalidad conservadora y reaccionaria.
-
Heterogeneidad: esta heterogeneidad corresponderá tanto a lo social como a lo
ocupacional. El criterio de diferenciación más clásico para caracterizar a las clases medias
ha hecho hincapié en el trabajo como variable, distinguiendo a los trabajadores
“manuales” de los “no manuales” que luego adoptaría el nombre de trabajadores de
“cuello azul” y “cuello blanco”. Así los distintos análisis afirman que durante el siglo XX
los sectores de cuello blanco se complejizaron y ampliaron las dimensiones de la clase
media. Dentro de las ocupaciones de cuello blanco encontramos una creciente
diferenciación ya que la brecha sería desde empleados administrativos hasta empleados
con mayores oportunidades de promoción.
-
Educación como canal de ascenso: otra de las notas constitutivas de la identidad de las
clases medias ha sido la movilidad social ascendente. Así se contribuyó a aumentar la
importancia de la educación como canal privilegiado para el ascenso y reproducción
social.
-
Capacidad de consumo: aparecen definidas positivamente por su capacidad de consumo
y por el acceso a un determinado estilo de vida, caracterizado por un modelo tipo en el
cual tienen una aspiración residencial (vivienda propia), la posesión de un automóvil y la
posibilidad de esparcimiento.
En resumen, la debilidad estructural haría referencia a características más bien negativas como la
mentalidad conservadora y el mimetismo cultural; la heterogeneidad daría cuenta de la
imposibilidad de unificar sus intereses de clase, explicando la necesidad de una movilidad
ascendente. Y por último la definición a través del consumo le otorgaría un cierto estatus. En
consecuencia, se la puede definir a las clases medias como “clases de servicios”, apoyada en el
fuerte incremento registrado en el sector servicios.
Las clases medias en Argentina
A lo largo del siglo XX, las clases medias latinoamericanas se constituyeron en un agente central
en el proceso de desarrollo. Según algunos autores esta centralidad se debe a la preocupación que
las clases medias manifiestan por la educación, siendo éste un instrumento por excelencia de
movilidad social y criterio distintivo. El arquetipo de estas clases seria el pequeño propietario o
el comerciante, o especialmente, las profesiones asalariadas empleadas en el sector público. El
modelo argentino parecía hacer referencia a dos componentes mayores: por un lado, el progreso
y la movilidad social ascendente y por el otro, una cierta homogeneidad racial y cultural.
Desde una perspectiva económica, la acción (1946-1955) no solo beneficio a los vastos sectores
de la clase trabajadora sino, también, a los amplios sectores medios mediante el impulso al sector
asalariado dependiente del Estado. De esta manera, a partir de los años 60, los estratos medios se
convertirían en los principales proveedores de una demanda de puestos gerenciales, burocráticos,
administrativos, promovidos por el sistema sustitutivo. Así los sectores asalariados irían
adquiriendo mayor peso por sobre el sector autónomo, lo cual confirmaría una clase media de
servicios, ligada al estado.
¿Cómo explicar entonces el antiperonismo militante de las clases medias argentinas? En realidad,
el peronismo lesionó a las clases medias a través de pautas de comportamiento y sus modelos
culturales. Así fueron sus rasgos plebeyos e iconoclastas
(estigmatizados como forma de
barbarie) los que más fastidiaban y afectaban la tranquilidad de las clases medias. A su vez, su
oposición se vio acentuada por el carácter autoritario que tomo el régimen peronista, respecto del
mundo conocido de la cultura. El peronismo, no solo afectó sus pautas culturales sino que les
negó la inclusión simbólica dentro del discurso político oficial.
Hacia los años 60, el proceso de modernización cultural produjo grandes cambios y
transformaciones culturales e ideológicas de las clases medias. Estos cambios fueron desde
nuevos hábitos de consumo, cambios en la moral sexual y el rol de la mujer, y un gran
cuestionamiento a los modelos familiares y escolares tradicionales. En definitiva, se trataba de
una nueva clase media. De esta manera, la alianza entre los sectores medios y los populares se
tornaba real y posible, gracias a la peronización de la juventud y de los sectores intelectuales. Así
la década del 60, queda establecida como la época de oro de las clases medias, pues estas habrían
de afirmar una cierta autonomía cultural respecto de las clases dominantes, buscando así una
articulación política con las clases populares peronistas.
Hacia la heterogeneidad y la polarización social
Durante mucho tiempo, el modelo de integración social se asentó en la afirmación de estilos
residenciales y espacios de socialización mixtos, apuntando a una mezcla entre distintos sectores
sociales. El marco propicio para tal integración eran los espacios públicos. Estos proveían al
individuo de una orientación doble: hacia adentro y hacia afuera de su grupo social, apareciendo
como contextos propicios para una socialización mixta y exitosa.
Ahora bien, a partir de los 90, la entrada en una sociedad excluyente tiró por la borda esta
representación integradora de la sociedad argentina, centrada en lo público. La nueva dinámica
excluyente puso de manifiesto el distanciamiento en el interior mismo de las clases medias,
producto de la transformación de movilidad ascendente y descendente.
Dichas transformaciones terminaron de abrir una gran brecha en la sociedad argentina,
acentuando los procesos de polarización y vulnerabilidad social. De esta manera, la entrada en
una sociedad excluyente determinó que ciertas clases medias se vieran empobrecidas y debieran
desarrollar estrategias de sobrevivencia, basadas en la utilización y potenciación de competencias
culturales y sociales preexistentes.
Empobrecimiento y multiplicación de estrategias de adaptación
Como ya dijimos, la movilidad social descendente asumió una dimensión colectiva que arrojó del
lado de los “perdedores” a grupos sociales que formaban parte de las clases medias asalariada y
autónoma: franjas de empleados, técnicos y profesionales del ámbito público, cuentapropistas,
etc.
La segmentación social fue consolidando una fractura intraclase que es necesario leerla en dos
tiempos diferentes:
-A fines de los años 80, el proceso de empobrecimiento de ciertas franjas de las clases medias
estuvo vinculado a la inflación y claro está, a la hiperinflación, esto es a la pérdida del deterioro
salarial y la pérdida del poder adquisitivo. Asimismo, tanto la degradación de los servicios
públicos como la privatización de los servicios básicos (educación, salud, seguridad)
contribuyeron fuertemente al empobrecimiento de las clases medias por la precarización laboral
y la inestabilidad.
-A mediados de los 90: la fractura intraclase se hizo mayor cuando el empobrecimiento pasó a
vincularse no solo a la pérdida del poder adquisitivo, sino también al desempleo.
Así, fue surgiendo lo que se conoce como “Nueva pobreza” caracterizada por ser en términos
urbanos, más difusa y dispersa. En algunos casos como el de los jubilados, el empobrecimiento
en las últimas décadas ha sido una notoriedad incontestable. En otras situaciones, como el de los
expulsados, tarde o temprano también terminó en una relocalización urbana. La nueva pobreza
entonces adoptaría nuevas dimensiones urbanas.
Podemos decir que la nueva pobreza tiene un carácter “intersticial” o “hibrido”, dando cuenta de
afinidades y semejanzas con los sectores menos consolidados en variables tales como el nivel
educativo o la composición de la familia, y a su vez revelaban cada vez más la proximidad con
los “pobres estructurales” en términos de ingresos, características del empleo (subempleo) y
ausencia de cobertura social. De esta manera, los primeros testimonios de estas personas reflejan
la desnaturalización e incertidumbre para definir esta situación.
Así, a fines de los 90, se posicionaba dentro de los sectores medios una fuerte pauperización. El
empobrecimiento, trajo aparejados importantes cambios en las prácticas y orientaciones de la
acción. Como consecuencia de ello, lo propio del periodo fue la multiplicación de estrategias
individuales orientadas a obtener ventajas comparativas; se vieron ante la necesidad de redefinir
los marcos sociales y culturales de su experiencia, siempre en una visión cortoplacista y de total
incertidumbre.
Empobrecimiento y experiencia del trueque
En términos generales recién hasta la segunda mitad de los 90, los sujetos sociales incorporarían
plenamente un discurso que permitiría evacuar el estigma del fracaso personal. En 1995 nace el
famoso “trueque” como una organización estructurada sobre la base de redes.
La actividad de trocar aparecía como una forma de:
-
Reinventar el mercado, reinventar la vida y como alternativa a un patrón de desarrollo
que ha llevado la exclusión a grandes sectores de la población
-
Vínculo social de otro tipo, basado en la reciprocidad y en la confianza
Consecuencias del trueque:
-
Permitió una cierta reconstitución de las identidades individuales
-
Permitía revalorizar capacidades negadas y descartadas por el mercado formal
-
Emergencia de un espacio de sociabilidad, donde confluían sectores populares y
empobrecidos
-
Mayor libertad y reflexividad, sin necesidad de tener que “seguir aparentando lo que no
eran”
-
Les permitió el acceso a las necesidades más elementales
Después del colapso del modelo de convertibilidad en el 2001, el trueque registro una explosión
incontrolada. Así, en 2002, la Argentina poseía la red del trueque más extensa del mundo. Ahora
bien, se puede decir que la explosión del trueque estuvo directamente ligada a la crisis económica.
El resultado es conocido,las redes no pudieron procesar este crecimiento explosivo y la mayoría
terminaron pos estallar en medio de una crisis de inflación de la moneda social (los créditos) y de
corrupción.
El ascenso y la búsqueda de la distancia social
El reconocimiento de la producción de nuevas brechas en el seno de las clases medias aparece
ilustrado por la expansión de consumos y estrategias de inclusión, cada vez más diferenciadas,
tanto en términos de capital económico como cultural. Sin embrago, en un segundo momento la
fractura intraclase aparece reflejada en los nuevos estilos residenciales, modelos de socialización
y formas de sociabilidad emergentes.
En el caso de la oferta inmobiliaria, importa recodar que el centro de expansión no comprendió
tanto los clubes de campo, exclusivos y elitistas, sino los nuevos barrios privados cerrados,
provistos de seguridad privada, cuyos destinatarios eran las clases medias en ascenso. Los
destinatarios han sido mayoritariamente matrimonios jóvenes pertenecientes a las clases medias
de servicios, con hijos pequeños. Entre urbanizaciones privadas y clases medias ascendentes
podemos abordar dos temas: en primer lugar, la seguridad privada impulsa el desarrollo de un
estilo de vida, centrado en el contacto con el verde que se caracteriza por la homogeneidad social
y generacional. En términos de sociabilidad este nuevo estilo de vida presenta rasgos comunes
con un modelo más comunitario y cerrado propio de las clases altas.
En segundo lugar, las urbanizaciones privadas han permitido la creación de nuevos marcos de
socialización que implican un escaso contacto con seres diferentes. La sociabilidad se desarrolla
en un amplio espacio común en la cual se encuentran barrios privados, countries y los diferentes
servicios.
En resumen, este nuevo estilo residencial tiende a afirmar una inclusión hacia arriba, en donde
los espacios comunes tienden a naturalizar la distancia social.
Entre el consumo y el vínculo privilegiado con la cultura
Las clases medias empobrecidas se juntarían así con las franjas medias de las clases medias.
Buscaron reafirmar una identidad en crisis, mediante una lógica de acción individualistaestrategia que apunto a una integración por medio del consumo. Ciertamente no hay que olvidar
el éxito del menemismo, el paradigma del consumidor puro, sobre todo hasta 1995.
Por otro lado, el devenir del ciudadano consumidor estuvo acompañado por la introducción de
nuevas tecnologías de la comunicación y la información, nuevos hábitos y prácticas ligados a una
sociedad atravesada ideológicamente por el “discurso” único del neoliberalismo.
Para hablar en términos de Bourdieu, la cultura puede ser concebida como una variable o recurso
en términos de capital cultural. Esto sucede, con las clases medias empobrecidas, donde la cultura
es concebida como capital incorporado o como competencia del sujeto. En esta perspectiva
también puede ser comprendida la de la dimensión del consumo, como capital objetivado.
RECAPITULANDO: las nuevas estrategias de adaptación de las clases medias empobrecidas
dieron cuenta de la centralidad que adquirían el capital y las competencias culturales. Asimismo,
los diferentes estudios mostraron que, una vez asumida la caída social, frente a la imposibilidad
de retornar a su estatus anterior, la experiencia del empobrecimiento conducía a la progresiva
recomposición de una cultura individualista en el seno de nuevas formas de solidaridad. Por
ejemplo, la experiencia del trueque puede ser leída en estos términos. Luego, en 2001, se vio la
importancia de la textura cultural en el proceso de redefinición de las clases medias movilizadas.
Así, es importante subrayar el rol de la cultura en la constitución de las clases sociales, sobre todo,
en el pasaje de la acción colectiva. Pensaremos así la cultura, como eje de reconstrucción de la
subjetividad y a la vez, como expresión de la resistencia colectiva.
o
Capítulo 6: La transformación y territorialización de los sectores populares
Durante décadas en la Argentina hubo una fuerte tendencia a interpretar las transformaciones de
los sectores populares urbanos en sintonía con la historia de los sectores sindicales a la luz de los
avatares del peronismo. Cambios económicos y sociales que arrancaron en los 70 y se acentuaron
en los 90, reconfiguraron el mundo popular urbano, cuya identidad colectiva se había estructurado
en torno a la dignidad del trabajador. Marcado por la desindustrialización, la informalización y el
deterioro de las condiciones laborales, este conjunto de procesos fue trazando una distancia
creciente entre el mundo del trabajo formal y el mundo popular urbano, cuyo resultado fue tanto
el quiebre del mundo obrero como la progresiva territorialización y fragmentación de sectores
populares. Este proceso “el pasaje de la fábrica al barrio”, señala el ocaso del universo de los
trabajadores urbanos, y la emergencia del mundo comunitario de los pobres urbanos.
Tres ejes mayores constituyen la trama mayor del mundo popular actual:
-
Transformaciones y quiebre del mundo obrero
-
Emergencia de un nuevo tejido territorial
-
Análisis de las mutaciones del peronismo
La doble configuración de “lo popular”
La teoría social clásica ha elaborado la noción de “clases obreras o trabajadoras” para designar al
sector social que ocupa una posición desventajosa en la estructura productiva, caracterizado por
la no propiedad de los medios de producción y obligado a vender su fuerza de trabajo en el
mercado. Se le suele añadir la dimensión cultural, que incluye tanto los modelos de socialización
como los estilos de vida; por otro lado, la dimensión política, que alude a las formas de
organización y la acción colectiva resultante. La acción de las clases trabajadoras en tanto actor
de clase, comportaría la articulación de estas tres dimensiones (económica, cultural y política),
esferas propiamente diferenciadas y contrapuestas al otro gran actor de clase, la burguesía o clase
dominante.
La aplicación de este esquema reveló rápidamente sus insuficiencias en las sociedades periféricas,
donde sectores subalternos constituyen un conglomerado más amplio y heterogéneo que el de la
sola clase obrera. Éste es el caso de los países latinoamericanos, región en la cual la existencia
de un proletariado multiforme y heterogéneo, en el cual se entrecruzan y al mismo tiempo se
dividen estructuras y estilos de vida tradicionales y modernos, correspondientes a diferentes
modelos culturales y formas de desarrollo económico, constituye una marca de origen.
La acción de los sectores populares no estaría determinada de manera exclusiva por el conflicto
de clase, sino también por las luchas por la integración nacional y contra la dominación extranjera.
Desde el comienzo, lo popular tendería a designar una resistencia cultural y política, tanto frente
a la acción de una clase dominante con notorios resabios feudales, como frente a la dinámica
imperialista de los capitales extranjeros.
Entre las décadas de 1930 y 1950, el carácter subalterno y la dependencia terminaron por habilitar
el llamado nacionalista y desarrollista del proletariado latinoamericano. Encontró su expresión
política en el populismo, fenómeno estructurado institucionalmente en torno a un líder
carismático y un proyecto nacional basado en una coalición de clases sociales. Signó el éxito de
la noción de “pueblo” sobre la de “clase social”. Concepto de pueblo realidad difícil de acotar y
multidimensional, construida en el cruce siempre ambiguo entre lo social y lo político, categoría
central del discurso político y las ciencias sociales latinoamericanas, designando sectores
populares como sujeto social y actor colectivo.
Desde la perspectiva del marxismo, hacia los años 60, se elaboraron otras nociones para dar cuenta
del carácter multidimensional de la realidad social latinoamericana. Teoría de la marginalidad
consideraba que la especificidad latinoamericana en relación con las sociedades centrales, residía
en la “masa marginal”: aludía a los múltiples tipos de relación con los medios de empleo,
subrayando el carácter deficitario de los mecanismos de integración sistémica proporcionados por
un mercado y/o por el Estado.
La heterogeneidad de situaciones sociales dentro del mundo urbano latinoamericano terminó
siendo un rasgo poco tenido en cuenta en el contexto del modelo de acumulación sustitutivo. En
el caso argentino, en un contexto de pleno empleo la pregnancia del modelo nacional-popular fue
tal que durante mucho tiempo se consideró que nuestro país estaba más cerca de las “sociedades
salariales” del Primer Mundo que de otro países latinoamericanos.
En las últimas décadas, el proceso de desmantelamiento del modelo nacional-popular ha sido de
tal envergadura que significó para numerosos individuos y grupos sociales la entrada a la
precariedad, pérdida de soportes sociales y materiales que durante décadas habían configurado
identidades sociales. Política de flexibilización laboral apuntó a la “reformulación de las fronteras
de trabajo asalariado”, afectó fuertemente la capacidad de representación y de reclutamiento del
movimiento sindical, acelerando con ello el quiebre del mundo obrero. Este proceso de pérdida y
despojo de derechos se vio agravado por el comportamiento de los grandes sindicatos nucleados
en la CGT, cuya adaptación pragmática a los nuevos tiempos desembocó en el apoyo del modelo
neoliberal propuesto por el peronismo triunfante, a cambio de la negociación de ciertos espacios
de poder. En consecuencia, el pasaje a un nuevo modelo de sociedad supuso una fuerte
transformación de las pautas de integración y exclusión social, lo cual se tradujo en la
desvinculación de amplios contingentes de trabajadores y la rápida puesta en marcha de una
modelo caracterizado por la precarización, la inestabilidad laboral y una alta tasa de desocupación.
Analizaremos los ejes centrales de esa configuración de “lo popular”:
Peronismo, integración y sectores populares
En nuestro país “lo popular” se definió en oposición a otros grupos sociales. Le tocaría al
peronismo, entre 1946 y 1955, llevar a cabo este proceso de configuración de las clases populares,
mediante la integración socio-económico y simbólica en términos de “pueblo trabajador”, visible
en la extensión y reconocimiento de los derechos sociales, asociados al trabajo asalariado.
Conllevó la legitimación de la acción sindical así como la valorización del mundo del trabajo y
de los valores obreristas.
Pese a que la experiencia concreta y central del “pueblo” estuvo anclada en la figura del trabador,
ésta no encontró una expresión política completamente “clasista”. Es que, en el lenguaje político
del peronismo, el trabajador era tanto un “trabajador” como un “descamisado”, esto es, a la vez
un explotado y un humillado. El trabajo no desempeñó un rol determinante a la hora de definir la
dominación social, la noción de “pueblo” adoptó un registro político. Aun cuando es posible hallar
elementos comunitarios y clasistas de la conciencia obrera en la Argentina, su debilidad relativa
hizo improbable una primacía de la conciencia clasista sobre otras dimensiones. La presencia de
una inmigración extranjera y la ausencia de verdaderas familias obreras no permitieron su
verdadera consolidación.
El peronismo histórico presenta dos vías heterogéneas pero en gran parte complementarias, de
integración social: la primera se apoya sobre la figura del trabajador, mediante la afirmación de
los sectores obreros como fuerza social nacional y de la consolidación de valores como la justicia
social y la dignidad del trabajo; la segunda apuntaba a la figura del pobre, históricamente
desposeído, por medio de las políticas sociales compensatorias. La figura del pobre se constituía
como una prolongación casi natural de la imagen del “pueblo-trabajador”, pues ahí donde la
intervención social del Estado se manifestaba como insuficiente, la beneficencia emergía con el
fin de colmar tales vacíos sociales. Mientras que el Estado regulador se erigía como mecanismo
“impersonal” de redistribuciones, la beneficencia guardaba un carácter personalizado y
discrecional.
La desarticulación del mundo de los trabajadores urbanos, iniciada en los 70 y consumada en los
90, trajo aparejados profundos cambios en la experiencia popular peronista. El peronismo fue el
lenguaje político que permitió desactivar la verticalidad del vínculo social. Durante los 90, el
peronismo dejó de ser el principio de articulación entre una identidad obrera, un sentimiento
nacional y una conciencia popular. La identidad obrera, relativamente débil en la argentina, entró
en crisis con la transformación del mercado laboral, la precarización y la inestabilidad de las
trayectorias laborales. El sentimiento nacional fue diluyéndose, en tanto y en cuanto las demandas
populares no encontraron correlato en un programa de políticas públicas, que apuntara a la
integración social y nacional. La conciencia popular fue desdibujándose a medida que la
heterogeneidad social fue multiplicando los registros de desigualdad, y que las divisiones
ideológicas comenzaron a reducirse a diferencias respectos de la implementación de políticas, o
cuestiones de orden ético en torno de un único modelo socio-económico.
El peronismo fue perdiendo la capacidad de articular las diversas dimensiones de la experiencia
social y política. Dejó gradualmente de ser un mecanismo activo de comprensión de lo social, a
partir del cual los sectores populares entendían la dominación.
Descolectivización y transformaciones de la subjetividad popular
A partir de los años 70, la dinámica desindustrializadora y el empobrecimiento del mundo
popular originaron un proceso de descolectivización, que fue traduciéndose en profundos cambios
dentro del tejido social popular. Este proceso, que afectó a las clases trabajadoras argentinas, no
ocurrió en una secuencia única, sino en diferentes fases: en primer lugar para un sector de los
trabajadores menos calificados de la clase trabajadora formal, el proceso de descolectivización
arrancó en 1976, con la última dictadura militar y se fue acentuando durante los gobiernos
democráticos, en este período muchos trabajadores se vieron excluidos del mercado formal, y
comenzaron a desplazarse hacia actividades propias del sector informal, a partir del trabajo por
cuenta propia o en relación de dependencia. En términos de acción colectiva, este proceso de
pauperización de las clases populares aparece ilustrado por la toma ilegal de tierras
(asentamientos), que se desarrollaron desde fines de la dictadura militar y durante los primeros
años del gobierno de Alfonsín, los asentamientos expresan la emergencia de una nueva
configuración social que pone de manifiesto el proceso de inscripción territorial de las clases
populares. En segundo lugar a partir de 1990-1991, a raíz de una serie de reformas para abrir la
economía, se privatizaron las empresas públicas, se descentralizó la administración pública y se
controló la mano de obra mediante la flexibilización laboral. Los individuos tendieron a buscar
un refugio en las actividades informales y precarias, acentuando con ello la inestabilidad de las
trayectorias laborales. En tercer lugar, en 1995, con el “efecto tequila”, se inició una nueva etapa
de crisis económica y desempleo (intensas movilizaciones colectivas encabezadas por empleados
del Estado, los docentes y jubilados). Sin embargo, la recesión económica se instaló sobre todo
a partir de 1998 lo cual terminaría por acelerar el proceso de expulsión del mercado de trabajo y
el aumento de la inestabilidad laboral. Desembocaron en un conglomerado de organizaciones de
desocupados. Ambos procesos nueva vuelta de tuerca durante la crisis del 2001-2002.
Este conjunto de transformaciones se inserta en un escenario laboral que da cuenta del aumento
de la productividad, producto tanto de la modernización tecnológica como de la ostensible
reducción de los costos de la mano de obra, a través del deterioro de las condiciones de trabajo,
implementación de la flexibilidad y la precariedad laboral. En términos de subjetividad política,
la descolectivización se revistió de otras dimensiones. El rol que desempeñaron los sindicatos en
este proceso de desestructuración subjetiva fue mayor. La subordinación de una gran parte de los
sindicatos a las orientaciones del gobierno justicialista generó una gran desorientación en los
individuos. No fueron poco aquellos que, provenientes del mundo popular, resultaron
abandonados literalmente por sus sindicatos, a la hora de afrontar el desmantelamiento del modelo
de relaciones sociales en el cual se habían socializado.
Cambios estructurales de las últimas décadas generaron un proceso de desinstitucionalización que
repercutió sobre identidades laborales, produjo una crisis de las identidades políticas. A estos
procesos hay que agregarle las consecuencias que tuvo la expansión de las industrias culturales
en el proceso de socialización de las clases populares, en la medida en que esas industrias fueron
portadoras de nuevos modelos de subjetivación que tendría que ver con la pura identificación con
nuevas pautas de consumo.
La desaparición de los marcos sociales que definían al mundo de los trabajadores urbanos y la
emergencia de nuevos procesos, profundamente marcados por la desregulación social, la
inestabilidad y la ausencia de expectativas de vida, así como la gran difusión de las nuevas
subculturas juveniles, producto de la globalización de las industrias culturales y la influencia de
medios de comunicación masivos. Los modelos de subjetivación que fueron cobrando
importancia en los procesos de construcción de las identidades se distancian de los roles sociales
y profesionales y remiten cada vez más a nuevos registros de sentido centrados en el primado del
individuo, en la cultura del yo y en los consumos culturales. El resultado de ello ha sido la
emergencia de identidades sociales más volátiles y más débiles que antaño, fuertemente marcadas
por una matriz conflictiva de las relaciones sociales.
Las nuevas relaciones laborales: juventud y límite de la inserción
En la sociedad actual, los jóvenes constituyen el sector más vulnerable de la población, pues
vienen sufriendo los múltiples efectos del proceso de desinstitucionalización (crisis de la escuela,
crisis de la familia), así como la desestructuración del mercado de trabajo que caracteriza a la
Argentina en los últimos 15 años. En mayo de 1995, el país alcanzó su primer record histórico de
desempleo, la desocupación de los jóvenes del Área Metropolitana de Buenos Aires alcanzaba el
34,2%. Noviembre de 1999, los jóvenes desocupados duplicaban la tasa nacional de desempleo.
A la falta de clasificación laboral se le sumaba la ausencia de oportunidades educativas, también
aparece como un fiel reflejo de una integración cada vez más lejana. El mundo laboral en el cual
deben insertarse los jóvenes aparece sacudido por diferentes transformaciones económicas,
laborales y sindicales. Nuevas políticas de empleo desarrolladas por empresas apuntaban a
población más joven considerada como “más maleable” y “menos problemática”. Jóvenes se
constituyeron en el target ideal de la política de flexibilización y precariedad laboral.
La noción misma de “derechos sociales”, tan cara a los trabajadores de otras épocas y tan
recurrente en el lenguaje sindical peronista, tiende a desdibujarse aceleradamente. Tanto la
fragmentación salarial como la existencia de un contingente vasto de desempleados que oficia
como fuerza disciplinadora, conspiran contra su posible reactualización. También hay que señalar
que el rápido desdibujamiento de la existencia de derechos sociales se halla ligado a la
consolidación de la inestabilidad laboral.
El proceso de subjetivación se realiza en un escenario atravesado por la incertidumbre y la
inestabilidad, prontamente naturalizado, que impulsa a los jóvenes de los sectores populares a
desenvolverse como verdaderos cazadores en una ciudad cada vez más caracterizada por la
multiplicación de fronteras sociales, en la cual el individuo debe procurarse recursos para
sobrevivir, sin posibilidad alguna de planificación reflexiva de la vida.
Las estrategias de persuasión dirigida a los jóvenes trabajadores incluye un discurso, a la vez de
corte pedagógico y normativo, en torno de los derechos del trabajador: la cultura del trabajo, el
orgullo sindical, la solidaridad social y el reconocimiento del lugar que todavía ocupa el
peronismo en la vida de los trabajadores, los cuales se constituyen en la contracara inevitable de
la despolitización juvenil y de la afirmación individualista del consumo.
Hay que tener en cuenta que la irrupción del neoliberalismo en el mundo laboral fue tan violenta
que parecen quedar pocos vestigios acerca de esa supuesta edad de oro que representó el modelo
peronista, que articulaba bienestar social, derechos sociales y orgullo del trabajador industrial.
Los jóvenes trabajadores tienden a desarrollar un tipo de solidaridad expresiva, que pone de
relieve la importancia de los lazos afectivos, sin que ello desemboque en la construcción de una
solidaridad de tipo laboral.
En definitiva, en la medida en que el trabajo deja de ser el principio organizador en el proceso de
afirmación de la subjetividad, otros componentes, ligados al consumo y, sobre todo, los gustos
musicales, adquieren mayor peso. Una de las consecuencias de la nueva dinámica laboral es que
los modelos de subjetividad emergentes se construyen a distancia del mundo de trabajo, y remiten
cada vez más a nuevos registros de sentido centrados en las dimensiones más expresivas del
sujeto. El trabajo continúa siendo factor de integración social, pero lo que aparece relativizado es
su importancia como principio de individualización y como espacio de construcción de un
colectivo social.
Cultura popular y estigmatización de la juventud: el horizonte de la exclusión
El declive y la desagregación del mundo de los trabajadores urbanos coincide con el fuerte avance
de la industria cultural y de la influencia de los medios masivos de comunicación en un mercado
cada vez más globalizado, de esto forman parte los jóvenes.
Entre las nuevas narrativas identitarias juveniles se encuentra la oposición a la policía, ésta tópica
tiene su origen en la última dictadura militar. Es el rechazo a una de las instituciones más
cuestionada en las últimas décadas. Tiende a poner al descubierto y a denunciar la estigmatización
de la juventud como “clase peligrosa”. Dicha política de represión y ensañamiento para con los
más jóvenes tiene de paradigma el rock “chabón” y la “cumbia villera”. El rock chabón se define
como el rock de aquellos jóvenes a los que les duele que el mundo de sus padres no exista más.
Con sus letras que aluden al barrio, a las peleas callejeras, a la oposición a la policía, ésta música
está lejos de ser un ritmo de los “ganadores”, es más bien de las “víctimas jóvenes de una
reestructuración social violenta, abrupta y traumática”. Diferente es el caso de la “cumbia villera”,
depende del sector social, surgió en los 90. Se caracteriza por un discurso que constituye un
“nosotros” negativo y termina por vaciar de significado el reclamo. Tópicos centrales: la mujer
(denigrada y ridiculizada, refleja la crisis del universo masculino debido a la autonomía de éstas);
repudio a la policía (represión y persecución a los jóvenes).
Los jóvenes de los sectores populares aparecen como la ilustración más acabada de un conjunto
de procesos: por una parte, devienen los destinatarios privilegiados del nuevo modelo de
relaciones laborales (más flexibles, con pocos vestigios de un pasado de integración social y
laboral); por otra parte aparecen como la expresión por antonomasia de la “población sobrante”
(la clase peligrosa). Entre esos dos polos que definen tanto el límite de la inserción como el
horizonte de la exclusión, se van configurando los nuevos marcos de referencia de las conductas
juveniles, donde conviven desorganizadamente y a veces en tensión, diferentes principios y
valores; la naturalización de la situación alterna con el talante antirepresivo; el rechazo a los
políticos, con una actitud antisistema, pocas veces politizada; la conciencia del horizonte de
precariedad duradera, con una necesidad de descontrol de las emociones y sensaciones.
La mutación organizacional: hacia el mundo comunitario de los pobres urbanos
En la Argentina, el nuevo régimen de acumulación terminó de liquidar la estructura salarial
anterior, que ofrecía protección social, estabilidad laboral y derechos sociales. Durante este
período de grandes mutaciones, la sociedad argentina no contó con centros de formación o de
reconversión laboral, al tiempo que fue notable la ausencia de políticas estatales en la materia,
todos mecanismos que hubieran compensado, en parte, los efectos de las progresivas medidas de
flexibilización laboral o los despidos masivos que acompañaron a los procesos de privatización y
de reconversión de empresas en el nuevo contexto de apertura comercial. Las redes de
reciprocidad y las organizaciones de bases existentes, orientadas a la gestión de las necesidades
más básicas, fueron ciertamente insuficientes.
A partir de 1987, Año en que Antonio Cafiero asumió la gobernación de Bs As, fueron
multiplicándose las formas de intervención en el mundo popular, que encontraría su expansión
durante el gobierno de Menem.
Modo de “hacer política” vinculado al discurso neoliberal y el mandato de los organismos
multilaterales, era el elemento central de un nuevo modelo de gestión. Ese modelo se basa en tres
presupuestos centrales: la división del trabajo político por medio de la profesionalización de las
funciones, la política de descentralización administrativa y la focalización de la ayuda social.
Estos tres ejes de la política neoliberal fueron la clave para la reformulación desde el Estado de
la relación con las organizaciones sociales, peronistas y no peronistas. El pasaje de la fábrica al
barrio se fue consolidando a través de la articulación entre descentralización administrativa,
políticas sociales focalizadas y organizaciones comunitarias, trajo consigo una reorientación de
las organizaciones locales.
Las nuevas estrategias de intervención territorial fueron produciendo un entramado social en el
cual se insertaron las organizaciones comunitarias, fuertemente dependientes de la ayuda del
Estado. Nueva política local produjo hondas transformaciones: por un lado, promovió una nueva
figura de mediador, el “militante social” de los barrios. Mientras que el trabajo específico quedaba
en mano de los profesionales, instalados en el municipio, la acción del nuevo militante social, de
carácter asistencial, quedaba prácticamente encapsulada en el territorio.
Los fondos de inversión social en América Latina surgieron como una estrategia compensatoria
a lo que dio en denominarse “las consecuencias sociales negativas del ajuste estructural”.
Trabajosamente, en medio de la crisis y de la desaparición de las instituciones típicas de la
sociedad salarial, estas redes territoriales se fueron densificando y orientando cada vez más a la
gestión de las necesidades básicas, configurando de manera incipiente los contornos de un nuevo
proletariado, multiforme y heterogéneo, caracterizado por la autoorganización comunitaria.
Mundo peronista, brechas culturales y nuevas militancias
Las mutaciones del mundo popular urbano ocurridas durante los 90 conllevaron también una
transformación del peronismo, no sólo en el nivel organizacional, sino en el plano de la
subjetividad. La transformación del peronismo en los sectores populares encuentra tres grandes
inflexiones: una primera se produce durante la etapa inicial del gobierno de Menem (1989-1995),
y aparece asociada al debilitamiento del peronismo en términos socio-culturales; una segunda
inflexión arranca en 1996/97, y está directamente vinculada al desarrollo de formas de (auto)
organización de lo social y nuevas figuras de la militancia territorial, por fuera de y confrontadas
con la estructura del partido peronista. Por último, una tercera inflexión se produce a partir de
2002, como producto de la masificación de los planes sociales en el empobrecido mundo popular.
La primera inflexión es de índole socio-cultural y presenta dos aspectos íntimamente
relacionados: el debilitamiento del peronismo en términos identitarios y la difusión de culturas
alternativas, que conducirían a la multiplicación de los grupos de pertenencia. La primera brecha
socio-cultural aparece manifiesta en la dificultad de transmisión del peronismo en el marco
familiar, que remite tanto a las consecuencias sociales que tendría el viajero neoliberal del Partido
Justicialista, al tiempo que nos advierte sobre la importancia creciente de otros ejes de
construcción identitaria. A mediados de los 90, se fue diseñando un corte claro que remite tanto
al desapego creciente de los jóvenes hacia la política como al hecho de que el peronismo dejó de
ser, para ellos, el núcleo de una vivencia social. Este proceso de debilitamiento del peronismo en
la cultura popular coincide con fuerte avance de la industria cultural en un mercado cada vez más
globalizado.
Segunda brecha fue introducida por religiones alternativas. Durante mucho tiempo, la hegemonía
del peronismo en los sectores populares se tradujo en suerte de homogeneización político-cultural,
expresada en la subordinación y, en el límite, en la deslegitimación de otras prácticas o creencias
populares. Desde sus orígenes, el peronismo estuvo estrechamente asociado a valores de la cultura
católica, más allá de duros enfrentamientos entre Iglesia y Estado.
Los planes conllevan un fortalecimiento de la matriz asistencial del modelo neoliberal. A
diferencia del militante político de las décadas pasadas, la nueva figura del militante social tenía
la ventaja de presentar un perfil “despolitizado”y, por ende, menos problemático. En el origen de
esta brecha política cobra relevancia el carácter abusivamente clientelar y manipulador del
peronismo, así como la escasez de recursos, en un contexto de cruda descolectivización y
pauperización masiva de los sectores populares.
En consecuencia, durante los años 90, el peronismo, en tanto lenguaje político desde el cual los
sectores populares inteligían la dominación social, se desdibujaba aceleradamente, al tiempo que
diferentes organizaciones territoriales a través de nuevas formas de acción colectiva, vehiculizan
fuertes apelaciones a la dignidad y la lucha. Entre 1997 y 2002, surgimiento de nuevas
organizaciones de tipo territorial puso en evidencia no sólo el deterioro de la relación entre el
peronismo y el mundo popular, sino también la posibilidad de la politización de lo social.
A partir de la crisis del 2001-2002, se implementó la nueva política de Plan Jefas y Jefes de Hogar.
Por una parte, la entrega de subsidios compensatorios, planes sociales, muestra la continuidad con
políticas anteriores, se tiende a fijar su inclusión como excluidos. Esto se ve complementado con
el otorgamiento de subsidios para los emprendimientos productivos, que exige la
autoorganización de los pobres, lo cual complejiza y transforma el modelo de ciudadanía
asistencial participativa que el neoliberalismo reserva a los excluidos.
En el marco de este proceso de reconfiguración territorial, surge un nuevo proletariado,
multiforme, plebeyo y heterogéneo, que no sólo es el asiento de prácticas ligadas al
asistencialismo y al clientelismo afectivo, promovidas centralizada o descentralizada desde
diferentes instancias y organizaciones, sino también el locus de nuevas formas de resistencia y
prácticas políticas.
Aleman J. – “Neoliberalismo y subjetividad”
El neoliberalismo a diferencia del liberalismo clásico o neoconservadurismo, es una construcción
positiva, que se apropia no solo del orden del Estado sino que es un permanente productor de
reglas institucionales, jurídicas y normativas que dan forma a un nuevo tipo de racionalidad
dominante. Su racionalidad se propone organizar una nueva relación entre los gobernantes y los
gobernados. Explicando la génesis del neoliberalismo, es la propia población la que pasa a ser
objeto del saber y del poder. Las técnicas de gobernación propia del neoliberalismo tienen como
propósito producir un nuevo tipo de subjetividad. El sujeto neoliberal se homogeniza, se unifica
como sujeto emprendedor, entregado al máximo rendimiento y competencia como un empresario
de sí mismo; vive permanentemente en relación con lo que lo excede, el rendimiento y la
competencia ilimitada.
El neoliberalismo se propone como la racionalidad actual del capitalismo. El neoliberalismo se
extiende no solo por los gobiernos, circula mundialmente a través de dispositivos productores de
subjetividad.
Beccaria L. Y Vinocur – “La pobreza del ajuste o el ajuste de la pobreza”
S En la Argentina, la generalización de la educación primaria, secundaria y superior, la
construcción de la red hospitalaria, la infraestructura de transportes, las redes de agua potable y
alcantarillado conforman un hábitat urbano que aún hoy sorprende a propios y extraños. Nuestro
país sufrió las consecuencias del endeudamiento externo, de los desfavorables comportamientos
de los términos del intercambio y de las políticas de estabilización. El hecho de que este proceso
de deterioro se haya verificado en sociedad con niveles relativamente elevados de bienestar, el
cual se distribuía entre la población sin las diferencias típicas de las economías en desarrollo, hizo
que la pobreza asumiera características también peculiares.
Reseña breve de la pobreza en la Argentina
La privilegiada asociación de este país con el mercado mundial, hasta la crisis del treinta, y, luego,
la enorme expansión del mercado interno, que posibilito sustentar el modelo de sustitución de
importaciones, generaron condiciones de vida que resultaron de las mejores del continente y
comparables con algunas naciones europeas.
La población pobre estaba constituida por segmento del sector rural (personas vinculadas a la
elaboración de productos que no competían con similares de origen europeo). Los pobres urbanos
fueron inmigrantes europeos que habitaron llamados “conventillos” a principios de siglo. Una vez
insertos en el mercado de trabajo formal, aquellos fueron reemplazados por migrantes internos,
provenientes de economías regionales cada vez más debilitadas. Se sumaron los inmigrantes de
países limítrofes, estos dos últimos grupos ocuparon cordón de tierras fiscales, la mayoría bajas
y no aptas para ser urbanizadas, rodean las principales ciudades y que pasaron a constituir las
“villas miseria”.
La consolidación del modelo acumulativo a través de sustitución de importaciones llevada a cabo
por el peronismo implicó el alumbramiento de la clase popular y la generalización de políticas
sociales que sentaron las bases de la versión nacional del “estado de bienestar”. Proceso de
desarrollo que supuso grandes diferencias con mayoría de los países latinoamericanos. Desde
1955 hasta 1975, la problemática de la pobreza marcó un debate sobre los reales alcances del
proceso de crecimiento encarado por la economía argentina. La oposición sostenía que la pobreza
era inherente al modelo de desarrollo.
La primera medición sobre la condición de pobreza en el país, referida a la situación de los años
70 y medida a través de la insuficiencia en los ingresos. Un 5% de los hogares urbanos argentinos
tenían ingresos inferiores a los necesarios para acceder a una canasta básica de bienes y servicios.
Pero en 1976 se puso en marcha un proyecto que buscaba modificar radicalmente el patrón de
acumulación. La idea era volver a basar el crecimiento en las ventajas comparativas (Argentina =
tierras), abriendo la economía a la competencia internacional y reduciendo el papel del Estado
tanto en la producción de bienes y servicios como en la regulación de los mercados. Ese objetivo
no pudo ser logrado, pero el tema se instaló definitivamente en la sociedad argentina.
Empleo, salario y distribución del ingreso
Uno de los elementos centrales de la política de ajuste puesta en marcha en 1976 fue la
concentración salarial. Al impedirse toda acción gremial resultó prácticamente inexistente la
resistencia al deterioro de las remuneraciones y se facilitó el redimensionamiento de la fuerza de
trabajo ocupada en empresas puesto que también se redujo la oposición a los despidos y al
rediseño de los procesos de trabajo. Implicó un incremento de la productividad sin inversión.
El crecimiento del empleo global se desaceleró a lo largo de todo el período bajo análisis (19741989) como consecuencia de lo que acontecía con la demanda del sector formal. La desocupación
abierta cayó en principio debido a la disminución de la oferta de trabajo y del crecimiento del
“cuentapropismo”. Entre las consecuencias derivadas del crecimiento del “sector informal” se
encuentra la expansión del número de trabajadores precarios o clandestinos, aquellos que no están
registrados en la seguridad social y no gozan de los beneficios básicos de la legislación laboral.
Fue a partir de mediados de los 80 cuando el persistente estancamiento de la demanda de empleo
empezó a reflejarse en desocupación y subocupación abiertas. Fines de la década, el desempleo
alcanzó niveles nunca antes conocidos en el país. La combinación de continuo deterioro del nivel
de empleo asalariado y fundamentalmente de las remuneraciones reales, derivó en fuerte caída de
la participación de sueldo y salarios en el ingreso nacional. Se incrementó la desigualdad en la
distribución de las remuneraciones entre asalariados. Diversas razones permiten entender este
comportamiento y todas derivan de la fuerte reducción de los pisos salariales que fijaba el
gobierno hasta 1988. Ciertas firmas decidieron otorgar salarios por encima de convencionales a
todo o parte de su personal, especialmente al más calificado. Se redujo el efecto de
homogeneizador que significaban las convenciones colectivas por rama de actividad y salarios
pasaron a reflejar las posibilidades de pago de las empresas. Este proceso se dio conjuntamente
con ampliación de las diferencias en las posibilidades de pago entre empresas de mismo sector.
El comportamiento exhibido por la economía argentina a lo largo del periodo reseñado llevó a
creciente heterogeneización de la estructura productiva. La regla fue la diferenciación hacia el
interior de las ramas industriales.
Los ingresos de los ocupados no asalariados, básicamente los de los cuentapropistas, siguieron un
proceso similar de concentración. El aumento en la desigualdad de la distribución de sus ingresos
es una consecuencia del creciente grado de subempleo que dicho proceso refleja. Hasta mediados
de los 70, los que trabajaban por cuenta propia lograban ingresos adecuados al producir bienes y
servicios con un nivel razonable de productividad. La caída de la demanda de trabajo formal llevó
a que las actividades independientes comenzaran a ser consideradas como una alternativa frente
al desempleo. Muchos de los que pasaron a desarrollarlas se dedicaron a tareas de muy baja
productividad. Junto al deterioro de los salarios se mantuvieron en niveles extremadamente
reducidos los haberes jubilatorios.
La economía argentina desde 1976
El rápido proceso de empobrecimiento de amplios sectores de población es el resultado más
dramático de la evolución socioeconómica de la Argentina. El país mostraba, hacia principios de
los 70, condiciones sociales atípicas para la región. Argentina respondió a los efectos de la crisis
mundial de años 30 embarcándose en esquema de sustitución de importaciones, proceso que fue
profundizado por política peronista iniciada a mediados de los 40. A diferencia de otras
realidades, ese proceso se inició en un país con escasa población fundamentalmente urbana, sector
rural que mostraba alta productividad y donde el campesino no constituía un sector demasiado
grande. Esta estrategia generó flujos inmigratorios hacia BsAs y otras metrópolis desde el sector
rural y más tarde de países limítrofes.
Niveles de salarios de los centros urbanos, donde sindicatos tenían cierto poder de negociación,
eran altos en comparación con los de otras naciones en desarrollo. Política redistribucionista del
primer gobierno peronista elevó aún más los salarios y mejoró sustancialmente. Durante los años
50 y 60, aun cuando la economía continuó creciendo, lo hizo a una tasa algo menor que la
registrada anteriormente y exhibiendo comportamiento fluctuante. La inflación pasa a ser un
fenómeno casi permanente, cuya intensidad depende de la suerte que siguen las cuentas externas.
Es a partir de 1976 cuando comienzan a observarse alteraciones significativas en tendencias que
venían operando y que derivaron en los elevados niveles de pobreza. En marzo de ese año se
quiebra nuevamente el régimen constitucional que se había iniciado tres años antes. Se buscaba
reinsertar a la economía argentina en el mercado mundial a partir del aprovechamiento de sus
ventajas comparativas. Se hacía necesario eliminar todas las restricciones al comercio, consolidar
un sistema financiero moderno y también inserto en el mundo, reducir la regulación de los
mercados y acabar con el Estado empresario logrando asi mayor eficiencia en la producción de
los bienes y servicios que estaban en sus manos y que constituían insumos básicos para la
producción. El programa estabilizador del gobierno militar logra reducir la inflación aun cuando
la misma permanece elevada. Se consiguió controlando los salarios a través de la eliminación de
toda actividad gremial. El frente externo también mejoró de modo notable como consecuencia de
las políticas de ajuste: aumento de tipo de cambio real, caída del consumo interno.
La inflación distaba de estar bajo control y se ensayó un nuevo esquema estabilizador: se pauta la
cotización futura del tipo de cambio, que evolucionará a un ritmo de aumento decreciente. Si bien
la medida redujo el nivel inflacionario, no logró que se ubicase por debajo del ritmo de
devaluación. El acelerado crecimiento de la deuda externa sin una expansión paralela de la
capacidad productiva y con superávit de la cuenta comercial.
La continua sobrevaluación del peso comenzó a hacer menos atractivo el endeudamiento en
dólares y se incrementó la tasa de interés interna, esto tuvo un impacto negativo sobre el sistema
financiero. En el marco de la continua libertad cambiaria, se produjo una corriente de adquisición
de activos extranjeros por parte de los agentes domésticos. El gobierno trató de compensar la
salida de capital endeudándose fuertemente en el exterior. En marzo de 1981, junto con cambio
de presidente, se modificó el esquema de política económica. Se procede a devaluar el tipo de
cambio, lo que ocasiona los conocidos efectos inflacionarios y contractivos. El gobierno estatiza
entonces la deuda externa privada y permite una licuación del pasivo de empresas.
El anuncio de la vuelta a la vida democrática hacia fines de 1982, el hecho de que se esperasen
políticas expansivas de quienes ganaran las elecciones y el aumento de las remuneraciones
favorecen el nivel de actividad. Los efectos del elevado endeudamiento externo no se hacen
esperar. Mediados de 1984 se agudizan los problemas de balance de pagos e inflacionarios, lo
cual llevó a poner en marcha políticas contractivas.
Solo hacia 1989 comienza a dibujarse una propuesta articulada que se enmarca en el paradigma
neoliberal vigente a nivel mundial. Durante el primer año y medio del gobierno justicialista, las
preocupaciones estuvieron centradas en la resolución del problema inflacionario y poco se avanzó
en la implementación de medidas que plasmaran los objetivos de reestructuración económica.
Cabe destacar el irreversible proceso de privatizaciones que implicará la consolidación de nuevos
grupos de poder en los que se asocian capitales extranjeros y un puñado de empresarios
nacionales.
La medición de la pobreza
Dos aproximaciones tradicionalmente utilizadas para medición de la pobreza: la denominada
línea de pobreza (LP) y la de necesidades básicas insatisfechas (NBI). La primera presupone la
determinación de una canasta básica de bienes y servicios de costo mínimo que se construye
respetando las pautas culturales de consumo de estratos populares en un determinado momento
histórico. Esta canasta normativa define la LP. La valorización de una canasta de alimentos de
costo mínimo permite determinar la línea de indigencia (LI). La segunda aproximación, NBI,
remite a las manifestaciones materiales que evidencian falta de acceso a ciertos servicios como
vivienda, agua potable y educación. Según su criterio, se considera como pobres a los hogares
que respondan a uno de los siguientes indicadores:
✓ Hacinamiento (conviven más de tres personas por cuarto)
✓ Viviendas carecen de servicios higiénico con arrastre de agua
✓ Viviendas son precarias (construidas con desechos o en terrenos de tenencia precaria)
✓ Deserción escolar (niños en edad escolar que no asisten a la escuela)
✓ Baja capacidad de subsistencia (cuatro personas o más por miembro ocupado y el jefe de
hogar tiene un nivel de instrucción igual o menor a segundo grado de primaria)
Ambos métodos evalúan situaciones diferentes. El de las NBI, la pobreza histórica o “estructural”,
es decir, la de aquellos sectores que han sufrido carencias esenciales por generaciones y que
difícilmente pueden superarlas mediante estrategias individuales, aun cuando sus ingresos pueden
ser superiores al valor de la LP; estos sectores necesitan programas sociales. El método de la LP
toma en cuenta aquella situación de pobreza que sólo se expresa en ingresos insuficientes y que
en la Argentina es resultado de un proceso de pauperización. Este enfoque da lugar a clasificación
de los hogares en cuatro grupos: no pobres, transicionales, pauperizados y estructurales.
Los cambios entre 1974 y 1989
Hacia 1974la pobreza en el Conurbano Bonaerense se concentraba en el grupo de los
transicionales, es decir, los hogares que tenían alguna necesidad básica insatisfecha, los niveles
de ingreso eran relativamente elevados. Gran parte de los transicionales estaban en un proceso de
movilidad ascendente. A lo largo de la segunda mitad de los años 70 disminuye la pobreza total,
se reduce en forma significativa la incidencia de aquellos hogares con NBI pero casi se triplica la
de los pauperizados o nuevos pobres, y se deterioran las condiciones de los estructurales.
Grupos de distinto grado de intensidad de la pobreza entre los pobres por NBI:
•
•
•
Pobreza extrema: constituido por aquellos hogares que presentan al menos una de las
siguientes condiciones
o
Ingresos inferiores al valor de la línea de indigencia
o
Vivienda precaria
o
Vivienda sin servicios higiénicos de arrastre de agua
o
Hacinamiento y además tenencia precaria de la vivienda
Pobreza estructural no extrema: constituido por aquellos hogares con al menos una de las
siguientes condiciones
o
Hacinamiento
o
Deserción escolar
o
Tasas de dependencia de cuatro y más inactivos por miembro ocupado
o
Tenencia precaria de la vivienda
Pobreza estructural con ingresos suficientes: constituido por hogares con las mismas
características que el subgrupo anterior, pero con ingresos mayores que la LP.
El proceso que se inició a mediados de la década del 70 tuvo como resultado un incremento de la
pobreza global, explicando por la caída de los ingresos de un segmento social muy significativo.
Si bien los pobres por NBI representan actualmente una proporción algo menor que 15 años atrás,
sus condiciones de vida empeoraron, tanto por la disminución de su capacidad de consumo como
por la intensidad de las carencias. Da como resultado una estructura social sumamente
heterogénea, compuesta por sectores que tienen muy distinto origen, disimiles expectativas y
experiencias organizativas y que poseen vivencias también diferentes sobre causas y sobre
posibles respuestas.
Uno, los estructurales, habitan espacios relativamente homogéneos, tienen referencias culturales
similares y pueden reconstruir a partir de su comunidad cierta capacidad de gestión y
organización. Otros, los pauperizados, residen en un heterogéneo y vasto espacio urbano que
dificulta reconocerse entre pares. Formaron parte de cultura que tuvo en el ascenso social su
paradigma, con escasa experiencia organizativa tanto a nivel laboral como social. Tienen una
percepción de pérdida en su calidad de vida que genera frustración, pues carecen de vías
apropiadas para canalizar sus demandas y visualizan una respuesta individual.
Quizá lo que ambos sectores comparten sea apenas la certidumbre sobre los efectos sociales que
han provocado los sucesivos planes de ajuste y estabilización. La reducción de los niveles
inflacionarios que se advierten desde la puesta en marcha del programa de convertibilidad, su
efecto expansivo sobre el nivel de actividad y el consecuente mejoramiento de los ingresos
familiares muy posiblemente han llevado a disminuir la incidencia de la pobreza por ingresos. Sin
embargo, y considerando una perspectiva más amplia, la consolidación del nuevo esquema de
acumulación que se está cristalizando aceleradamente en los últimos meses, más abierto a la
competencia internacional y con una menor participación del Estado en la regulación de los
mercados, puede también acentuar y reafirmar el proceso de exclusión social que se verifica desde
mediados de los 70. Ello implicaría la consolidación de un escenario en el que la persistencia de
la pérdida de la calidad de vida de los pauperizados los convierte en estructurales, si no ésta en la
futura generación.
Bucci – “Progresos y retrocesos en clave de desigualdad”
r Pobreza multidimensional y desigualdad social: la condición en términos de calidad de vida de
la infancia y adolescencia si bien incluye indicadores de ingresos y pobreza monetaria, alude a
una definición de desarrollo humano y social que resulta ser mucho más compleja. La medición
multidimensional de la pobreza toma 3 espacios de referencia: bienestar económico, desarrollo
social y contexto territorial. La pobreza multidimensional se mide considerando: el ingreso
corriente per cápita como medición de bienestar económico, índice de privación social
representado por 8 indicadores: derecho a la alimentación, derecho a la salud, derecho al hábitat
digno, derecho a los espacios de crianza y socialización, derecho a la subsistencia, derecho a la
educación, derecho a la información, derecho a la protección social contra el trabajo infantil, y
grado de cohesión social según indicadores de desigualdad social y de polarización territorial.
Esta medición clasifica a las personas en cuatro categorías: pobreza multidimensional, ingreso
inferior a la LP, vulnerabilidad por carencias sociales, sin carencias, pero con ingresos inferiores
a la LP, y sin pobreza multidimensional, ingresos superiores a la LP y sin carencia social. Pobreza
infantil en la Argentina, privaciones más significativas: entre 2017/2018 se incrementa su déficit
en un 35%, lo logran cubrir las necesidades alimentarias de todos sus miembros el 29,3% y el
hambre se ubica en el 13%. El 63,4% de los niños entre 0 y 17 años se encontraba privado en el
ejercicio de un derecho en el espacio de la vivienda, saneamiento, salud, estimulación, educación,
información y/o alimentación. Privación social, derecho a la alimentación: hasta el año 2017 se
consideraba que la AUH evitaba que se cayera en la indigencia monetaria, el 43,4% entre 2 y 19
años esta desnutrido, alcanzando en el conurbano el 45% y registrándose una baja en la talla de
5,45%. La desnutrición no se manifiesta en el bajo peso como en la crisis del 2001/2002 sino en
el sobrepeso y la obesidad, producto de la ingesta de harina y falta de proteínas. Derecho a la
salud: se incrementó la concurrencia a la salud publica en un 10%, el 25% de los chicos más
pobres tiene 6.4 veces más chances de tener como única opción la atención de la salud en este
sector que el 25% de los chicos de los niveles medios y altos, dos de cada diez niños/adolescentes
nunca concurrieron en el ario a una consulta médica y el 44% no fue al dentista, entre 2015 y
2018 la disminución en la consulta fue el 7%. Derecho a un hábitat digno: hacinamiento que es el
derecho vulnerado a la privacidad, calidad del sumo, imposibilidad de hacer las tareas escolares
en un espacio adecuado, y saneamiento, agua de red, inodoro, cloacas, afecta al 41,9%, su
evolución ha sido positivo entre 2010/2018 de 20% de merma y entre 2015/2018 de 10%.
Derecho a la subsistencia: pobreza monetaria en 2018 fue de 51,7%, siendo los pobres indigentes
del 10,9%, la pobreza en la infancia bonaerense alcanzo el 63,6% y el 15,4% fueron pobres
indigentes, la más elevada del país. Derechos en los espacios de procesos de socialización y
crianza: estimulación de la palabra 4 de cada 10 niños no suelen ser receptores de historias orales
o lectura de cuentos, los comprendidos en el 34% son los menores de 5 años y 147% de los pobres
monetarios, y el maltrato físico el 24,8% de los niños sufría maltrato en 2018, los más afectados
son los bonaerenses y los del interior del país. Derecho a la información: libros, internet,
computadora y celular, el 47,7% no tiene internet, entre el 2010/2018 hay una disminución
significativa del 35%. Derecho a la educación: incumplimiento de la doble jornada y espacios de
músicas, arte, educación física, idioma extranjero y TIC, el 40% no tiene inglés. Derecho a la
protección social contra el trabajo infantil: se mide a través de las tareas domésticas intensivas y
en el mercado laborar, en 2018 el 15,5% realizaba algún tipo de trabajo, creció el estrato social
medio no profesional y en el interior del país. Formas de convivencia familiar de las infancias y
desigualdades: 1. Hogares urbanos, vínculos de parentesco y formas de co-residencia entre sus
integrantes Adultos de Referencia, puede ser padres u otros adultos que conviven en el hogar,
desempeñan un papel en los procesos de crianza, socialización y aprendizaje. 2. Arreglos de
convivencia, distingue hogares nucleares y hogares extensos, en los últimos hay otros familiares,
el 29,4% en la Argentina vive en hogares extensos, el 15,6% incorpora un adulto más y el 13,8
más de uno. Los arreglos familiares dependen de las características de los estratos socioeconómicos, de ello derivan el tamaño de los hogares y las estrategias domésticas y reproductivas.
3. Hogares monoparentales: tienen más dificultad de enfrentar la pobreza, obtener ingresos y
distribuir el tiempo entre el trabajo reproductivo y productivo entre sus integrantes, la posición de
jefa depende más del lugar ocupado en la estratificación social que no en los arreglos de
convivencia que se puedan efectuar. Brecha de desigualdad: las disparidades de los grupos
sociales en el acceso a determinados servicios, recursos, beneficios y derechos, pueden ser
económicos, sociales, étnicos o religiosos, es un concepto que se define por la diferencia entre los
grupos que conforman la totalidad de la población y no sobre los pobres. Se aceptan que hay
desigualdades determinadas por las circunstancias al nacer, origen étnico, genero, lugar de origen
y entorno familiar, condiciones que escapan al control de las personas. Desigualdad monetaria:
mayor aumento de los ingresos laborales de los trabajadores más pobres, aumento de
transferencias a los hogares pobres a través de los programas focalizados -21% y pensiones -9%,
y cambio demográfico bonus, mas miembros en edad de trabajar, lo que favorece el crecimiento
y el ahorro ya que hay menos niños en el hogar. América Latina sigue siendo muy dependiente
de la exportación de productos primarios, condición de debilidad que la deja muy expuestas a los
comportamientos del mercado internacional. Desigualdad no monetaria: según la OIT para
revertir la Desigualdad No Monetaria se requiere acceder al trabajo productivo, ya que es el
principal medio para salir de la pobreza por tratarse de empleo decente, su creación depende del
crecimiento económico sostenido, inclusivo y sostenible de un país. Desarrollo sostenible, hambre
cero: desnutrición, sobrepeso y obesidad, considera la disponibilidad incierta de alimentos en
cantidad y calidad que permite cubrir los requerimientos nutricionales de los individuos, así como
la habilidad para cubrirlos de mundo aceptable desde una perspectiva social y cultural. Lectura
en clave de desigualdad: entre 2010 y 2018 entre el 25% del estrato superior y el 25% del inferior
paso de 12.4 veces a 37.3 veces, mientras que en el resto de los estratos la brecha fue entre 11 a
13 veces. Salud: conocer la prevalencia moderada de la población, garantizar el acceso al agua,
su gestión sostenible y el saneamiento para todos, lograr el acceso equitativo a servicios de
saneamiento e higiene adecuados, lograr una vida saludable y adecuada, promover la cobertura
sanitaria universal de salud, medicamentos y vacunas. El incremento de no acceso considera 3
dimensiones: derecho a la alimentación, a la salud y a un hábitat de vida digna. Más de la mitad
de los niños adolescentes dependen de la atención pública de salud. Lectura en clave de
desigualdad: los del estrato trabajador/marginal tiene casi 22 veces más chances de no tener obra
social, mutual, prepaga en relación al estrato profesional. Educación: entre 2010 y 2018 se registra
un descenso del 22.8% de niños que no asistían al nivel inicial, se observa una escolarización casi
plena en la sala de 5 arios y un fuerte avance en la sala de 4 arios. Lectura en clave de desigualdad:
la gestión pública concentra el 75.5% de la matricula comprendida entre los 6 a 17 años, los niños
del estrato marginal tienen 4 veces más chances de no asistir al jardín, los que conviven con un
solo padre tienen más rezago escolar, no obstante, esto no parece ocurrir en los hogares extensos.
Privación de derechos, estado actual: en 2018 se estima que el 65.4% de las personas se encuentra
privada de algún derecho social, y un 31.3% padece de pobreza monetaria y de privación del
menos 1 derecho social, la pobreza monetaria depende de la coyuntura económica y la pobreza
dimensional está orientada a medir privaciones en los diferentes espacios de los derechos
humanos y sociales.
Kessler – “Exclusion social y desigualdad”
d El texto de Gabriel Kessler, abordará las dinámicas de estructuración y las desigualdades
persistentes en la estructura social es preciso tomar en cuenta, al menos, dos cuestiones: una
de ellas la hemos visto al analizar los procesos históricos en los dinámicos empobrecimiento y
continuidad de distintos estratos de pobreza como rasgo estructural. Una segunda cuestión es
considerar en el análisis distintas variables involucradas, tanto las económicas como otras
dimensiones que también que hacen visibles los procesos de exclusión -y no solamente sus
resultados- y las fuertes desigualdades.
Al análisis tradicional para abordar la problemática de la pobreza, vamos a incorporar el concepto
de exclusión social. Originalmente pensado en la realidad europea a partir de la década del 70,
como consecuencia del aumento de los niveles de pobreza y marginalidad, a lo que Gabriel
Kessler, hace una breve descripción de sus orígenes y nos propone preguntarnos, si dicho
concepto es válido y útil en nuestra realidad latinoamericana y argentina, y en cambio, para qué
ha sido más productivo dicho concepto.
Por otra parte, el autor destaca el valor central que tiene el concepto de desigualdad en estas
latitudes, desigualdad que ha sido históricamente alta y en aumento a partir de los años 90’. Señala
en este punto una serie de tendencias que son específicas de Argentina y que contrastan con el
aumento de la desigualdad. Identifica así, matices en esos procesos de desigualdad social que
complejizan el análisis. Por ejemplo, al mismo tiempo que la desigualdad aumenta, algunos
indicadores sociales (como el Índice de Desarrollo Humano, algunos indicadores de salud y
escolarización entre otros) han mejorado según las mediciones realizadas, la movilidad social
adquiere características particulares que la diferencian de otros momentos históricos, aumentó el
acceso al sistema educativo y el consumo. Kessler sostiene que señalar estas tendencias
contradictorias, que no son excluyentes entre sí, permite configurar de manera más completa una
imagen de la sociedad argentina.
Asimismo, analiza también algunas implicancias que tienen estas tendencias en términos de
violencia social, segregación urbana, y los efectos que tiene sobre la movilidad social, la
expansión educativa y la discriminación. De esta manera, estos análisis nos permiten caracterizar
de manera más completa, compleja y dinámica nuestra sociedad.
Mercer – “Salud y pobreza en la Argentina”
s¿De qué salud hablamos cuando hablamos de salud? La salud ha estado relacionada con la
presencia o ausencia de una enfermedad, la salud contempla hoy una serie de dimensiones que
van más allá del acto médico, por ejemplo, gozar de una vivienda digna de un ambiente con
condiciones de saneamiento básico, acceder al sistema educativo, son aspectos que hacen a la
salud. Hoy la salud es comprendida como una construcción social en donde varios factores se
conjugan condicionando sus niveles de expresión en una comunidad y un territorio, estos factores
reciben la denominación de determinantes sociales y expresan las condiciones básicas necearías
para que las personas puedan lograr niveles asequibles de salud que les permiten vivir con
dignidad, la OMS define los determinantes sociales como las condiciones sociales en las cuales
las personas viven y trabajan.
Algunos determinantes sociales de la salud en la niñez. Pobreza y salud: la OMS clasifica a la
extrema pobreza como la más cruel de las dolencias, la pobreza en es motivo de que no se vacune
a los lactantes, de que las poblaciones no dispongan de agua potable para el consumo humano ni
de estrategias de saneamiento ambiental adecuado. En argentina la brecha de mortalidad materna
entre provincias ricas y pobre constituye un ejemplo de inequidad sanitaria y expresión del
impacto de la pobreza sobre la posibilidad de ejercer el derecho a la salud y a la supervivencia.
Más de 3.000 nacimientos se producen en chicas menores de 15 años, producto de la vulneración
de sus derechos sexuales y reproductivos, poniendo en riesgo la vida de los bebes y la de sus
madres. Desarrollo temprano y salud: los logros en salud y educación están relacionados con las
condiciones socioeconómicas en la que vivimos, las habilidades parentales de las condiciones en
las cuales ellos han sido criados desde niños, cuanto menor será el NSE de los padres, mayores
las posibilidades de sufrir del estrés condicionado por la situación de salud o financiera, y de
transmitir el estrés a sus hijos en la forma de relaciones conflictivas. Los niños que nacen en
hogares con bajo NSE tienen mayor prevalencia de problemas de salud física y mental, viven
menos que aquellos provenientes de sectores afluentes de la sociedad. La mayoría de los niños y
niñas gozan de las mismas potencialidades biológicas al nacer y es la calidad de relacionamiento
con los entornos lo que va modelando la capacidad de expresar dichas potencialidades en mayor
o menor medida, todo niño/a tiene el derecho a alcanzar el máximo estándar de salud posible.
Genero, niñez y salud: el enfoque de género en la niñez es pertinente por varias razones, la
construcción de los roles de género que acompañan al desarrollo de los niños y niñas es parte de
su socialización, el género se constituye como una de las relaciones estructurantes que sitúan al
individuo en el mundo y determina a lo largo de su vida oportunidades, elecciones, trayectorias,
vivencias, lugares e intereses, las diferencias de género son construcciones sociales. Las pautas
de género en nuestras sociedades llevan a los varones a no reconocer sus emociones y a sentir que
no necesitan cuidarse, ya que pueden ser cuidado por otras, las masculinidades están asociadas a
pautas que impiden el reconocimiento de fragilidades y desfavorecen la búsqueda temprana por
las practicas preventivas. La familia es la institución primaria para la organización de las
relaciones de género en la sociedad, donde se puede ejercer los derechos individuales, pero
también donde se establecen relaciones de poder desigual y asimétrico, se presenta el conflicto
social, la discriminación y el maltrato, siendo sus víctimas más débiles: las mujeres, niños y niñas
y adultos mayores. Momento de propuestas, de un Estado sectario a otro intersectorial: se
requieren estrategias integrales de gobierno, mediante políticas y programas coherentes y
armonizados que atiendan la distribución desigual de recursos en la sociedad y mejoren las
condiciones estructurales que afectan a sectores de la población. Para erradicar la pobreza el
Estado plantea dos estrategias: el diseño e implementación de políticas y programas integrales
coherentes con la ampliación de las oportunidades de acceso al mercado de trabajo formal, las
creación de cooperativas de trabajo y programas de microcréditos, la segunda de las estrategias
se basa en la promoción de políticas basadas en derechos, obliga a las políticas públicas a
desplazar su atención desde la oferta hacia la demanda de las familias, los jóvenes, las
organizaciones locales. La tipología para la acción política sobre los determinantes sociales de la
salud seleccionados y las inequidades en materia de salud presenta puntos de accesos para las
políticas e intervenciones sobre dichos determinantes. 1º reducir la estratificación social, reducir
las desigualdades en el poder, el prestigio, los ingresos y la riqueza vinculadas a diferentes
posiciones socioeconómicas. 2º reducir la exposición específica a factores que dañan la salud
sufridos por las personas en posiciones desfavorecidas. 3º procurar reducir la vulnerabilidad de
las personas desfavorecidas a las condiciones perjudiciales para la salud en las que se encuentran.
4º intervenir mediante la atención de salud para reducir las consecuencias desiguales de la mala
salud y prevenir el deterioro socioeconómico.
Murillo – “La estrategia neoliberal y el gobierno de la pobreza”
Los planteos básicos del liberalismo centrados en el derecho universal a la propiedad, la libertad
y la igualdad generaron lo que se conoce como la cuestión social, que refiere a la brecha entre
esos principios y la realidad concreta en la que desde la primera revolución industrial vio florecer
por el contrario la pobreza y la desigualdad. El neoliberalismo tiene como objetivo reemplazar
esta intervención del Estado por la centralidad del mercado, el neoliberalismo dio un primer paso
al sostener la teoría subjetiva del valor que propone que la fuente de la riqueza depende de la
estimación subjetiva de los hombres y no del trabajo humano, centro el análisis en la estructura
de la conducta individual, sosteniendo que la ruina o el éxito, dependen de la libre decisión
individual, el hecho de que la libertad no sea considerada racional es un punto central en el ideario
neoliberal, la pobreza es producto de libres decisiones individuales irracionales, influenciadas por
valores y emociones. El conocimiento e intervención sobre los valores y sentimientos de las
poblaciones se conforma y constituye en un objetivo central de la estrategia neoliberal. El
concepto de que la teoría económica y toda la teoría social pueden describir patrones conductuales
que surgirán si se satisfacen ciertas condiciones general, el segundo supuesto afirma que aun
cuando modelo tiene las limitaciones antedichas, sus predicciones son testeables y valiosas, de
modo que en tanto la teoría nos dice bajo qué condiciones generales se formara un modelo de
conducta de algún tipo. Valores que naturalizan la desigualdad y la pobreza como parte de la
condición humana, el desamparo antropológico experimentado por las sensaciones de terror,
naturaliza el concepto de que vivimos en la inseguridad y que ella es hija del delito y este de la
pobreza. Se construye el centramiento en la competencia y el cuidado de si, la angustia es su más
clara manifestación, sus corolarios son adicciones diversas, intentos de suicidio, violencia verbal
en las calles o entre pares. El neoliberalismo debió construir diversas estrategias para gobernar a
una pobreza que concibe como irremediable y a la vez como necesaria, dado que ella, del mismo
modo que la desigualdad, se convierten en estímulos a la productividad por parte de los que logran
diversos grados de inclusión en el sistema. La patologización tiende a la introducción de
categorizaciones que pueden conducir a un tratamiento médico de conductas que son propias de
poblaciones vulnerables, lo cual implica por un lado la patologización de la pobreza, lo cual en
diversas publicaciones ya es considerada la causa fundamental de los desórdenes mentales y por
otro genera el riesgo de etiquetar como desorden mental a las conductas de quienes se oponen al
orden sociopolítico. La estigmatización y el estímulo al consumo de drogas legales en los sectores
pobres son de extrema gravedad, se conforman en una condición más de posibilidad para el
ingreso de los sectores populares excluidos en el circuito de las drogas ilegales, las mafias y el
narcotráfico.
UNIDAD 3
Andrenacci – “Problemas de política social en la Argentina Contemporanea”
s La política social argentina en perspectiva histórica
En el Occidente capitalista, las tres regiones de la política social moderna muestran tres grandes
períodos históricos. Durante el primero, la política social se ordena alrededor del imperativo de
expansión del mercado de trabajo capitalista y de homogeneización sociocultural del Estadonación. La denominaremos política social del Estado capitalista clásico. Durante el segundo, la
política social adquiere los caracteres propios a la constitución del estatus de los asalariados y los
mínimos Problemas de la política social en la Argentina Contemporánea 59 universales de
condiciones de vida garantizados por el denominado Estado Social o Estado de Bienestar.
Llamémosla entonces política social del Estado social. Durante el tercero, aún en desarrollo, la
política social gestiona la flexibilización y precarización del empleo, la transformación de los
seguros sociales y las instituciones universales en cuasimercados, y la expansión de los
dispositivos de detección de, intervención sobre, y neutralización de los conflictos provenientes
de los grupos de riesgo. La llamaremos política social del Estado capitalista neoclásico.
El estado capitalista clásico en la Argentina
En la Argentina, la condición de cambio del trabajo forzoso al trabajo libre vino de la mano de la
inmigración transatlántica masiva en un contexto de expansión de las relaciones capitalistas
urbanas y rurales. Hasta entrada la segunda mitad del siglo XX, el tributo y los servicios
personales que las comunidades indígenas del Noroeste y Nordeste debían al encomendero
colonial se transformaron en arrendamientos pagos en moneda o especie a un terrateniente
propietario, o en impuestos a un Estado titular de tierras fiscales. La mano de obra flotante o
estacional necesaria para las nuevas explotaciones, indígena o mestiza se obtenía y se retenía con
sistemas de trabajo semiservil –el conchabo– hechos obligatorios en la práctica por métodos
represivos. El juego de la consolidación de la inserción económica internacional, la expansión de
las relaciones económicas capitalistas y la inmigración transatlántica masiva, a partir de la década
de 1860, contribuyeron a transformar la división social del trabajo hacia formas de salarización
libre en las economías urbanas de manufacturas y servicios, aunque sólo parcialmente, con fuertes
diferencias regionales, en el mundo rural y centros urbanos del interior. Al mismo tiempo, la
rápida generalización de relaciones salariales produjo el surgimiento de conflictos entre capital y
trabajo e intervenciones estatales predominantemente (aunque no exclusivamente) represivas. Los
conflictos que la propia época denominará “cuestión social” serán progresivamente
protagonizados por los nuevos inmigrantes asalariados.
La inmigración le dará además un giro característico al mundo del trabajo urbano: las formas
asociativas de protección social. Las propias características del empleo disponible y del mercado
de trabajo, combinadas con una oferta nueva y segmentada, hicieron de las organizaciones
mutualistas una instancia clave en la autoprotección de los trabajadores. Se manifiesta así un
desarrollo, aún incipiente, de esquemas de seguros capaces de sostener el ingreso de los
asalariados frente a los “riesgos” más acuciantes de la vida activa: la vejez y la muerte.
La política de servicios universales, en la Argentina, aparece también vinculada al descubrimiento
de la importancia estratégica de la población y sus condiciones de vida. Esta preocupación por la
población estaba presente, como se sabe, en las especulaciones de la élite sobre la ocupación de
los espacios vacíos y la conformación de contingentes de brazos capaces de producir trabajo y
riqueza, tal y como aparecen en los escritos de Sarmiento y Alberdi. En las últimas décadas del
siglo XIX esta preocupación incorpora los dilemas propios a las consecuencias de la inmigración
masiva: las condiciones de vida en una ciudad sobrepoblada, la “nacionalización” cultural de los
recién llegados. Es el origen de la esfera de las intervenciones públicas universales o
universalizantes, dentro de las cuales puede comprenderse la aparición del sistema de educación
pública básica y, con el auge del higienismo, un campo propio a la sanidad y la salud pública. La
educación básica pública fue presentada como proyecto de ley en 1880 y aprobada luego de un
fuerte debate, sumamente polarizado, entre progresistas y católicos. La universidad pública, por
último, continuaría siendo un baluarte de las clases dominantes hasta la Reforma Universitaria de
1918. Antes que los dilemas de la instrucción, las grandes epidemias –en particular la de fiebre
amarilla (1871)– sobre unos núcleos urbanos en rápida expansión determinarían que los
problemas de la salud y la enfermedad ingresaran con creciente relevancia a la agenda del Estado,
en forma de preocupación por la higiene pública. Así, la laicización gradual de los
establecimientos asistenciales existentes es paralela a los comienzos de la profesionalización de
la medicina y de la aparición de la preocupación pública por cuestiones de salud, en particular
con el Departamento Nacional de Higiene (DNH).
Por debajo del mercado de trabajo libre en expansión y de las redes de protección mutualista el
sistema asistencial mantiene estabilidad relativa, en franca continuidad respecto del pasado, como
instrumento de política social en la Argentina. En los años ’30, sin embargo, la asistencia social
sigue transitando el pasaje de una filantropía no demasiado sistemática a una asistencia social
relativamente laicizada y profesionalizada. La crisis económica introdujo la idea de que la pobreza
podía ser (también) un fenómeno coyuntural propio a las oscilaciones de la economía capitalista.
Se abre paso gradualmente, así, una concepción de la pobreza como situación que incumbe a la
sociedad reparar, y una noción del empleo como condición que el Estado debe normalizar y
proteger.
El estado social en la Argentina
Contra cierta idea generalizada de que hasta 1943 las relaciones entre el Estado y las
organizaciones de asalariados estuvieron caracterizadas exclusivamente por el enfrentamiento y
la represión, hay evidencias de un éxito relativo tanto en las medidas de lucha cuanto en los
resultados de las negociaciones colectivas. Estas habrían comenzado a redundar en “estatutos de
garantías” que incluyeron el nivel de salarios y otras mejoras, “una nueva pauta en las relaciones
laborales”, cuya tendencia central habría sido la negociación. El cambio hacia un patrón
intervencionista del Estado en el nuevo dominio de “lo social” cruzaba instituciones e ideologías,
constituyendo una suerte de espíritu de época, cuya complejidad no se agotaba en las nuevas
necesidades económicas de un modelo en crisis. Para todo esto, que se hallaba “en ciernes”, el
período 1943-55 fue una etapa histórica clave. En esa etapa cambió la intensidad y la relación
entre las dos lógicas de la intervención social, aquéllas que llamásemos lógicas de intervención
“en el centro” y “en las márgenes”. Se consolidó, en primer lugar, un nuevo tipo de intervención
en el centro, basada en la expansión de una condición de los asalariados protegida y regulada por
el Estado. Esta condición salarial se realizó fundamentalmente a través de una mayor intensidad
en la regulación pública de los contratos de trabajo; del crecimiento de los salarios reales; de la
extensión cualitativa y cuantitativa del “salario indirecto” en forma de seguros sociales. Las
transformaciones se pusieron en marcha por la vía de una relación menos conflictiva y más
“protectiva” del Estado en los conflictos capital-trabajo, culminando en una alianza estratégica
entre Estado y sindicatos que fue el sostén esencial del gobierno peronista; y que imbuyó de sus
especificidades al Estado Social en la Argentina. Se recicló, en segundo lugar, la intervención en
las márgenes, adoptando modalidades novedosas. Por una parte, la asistencia social fue
efectivizada por primera vez en términos de derecho ciudadano y de deuda pública, poniendo en
crisis la lógica de legitimación del dispositivo filantrópico-caritativo y paraestatal, que se basaba
en una correcta distinción entre pobres, la máxima profesionalización en la atención al pobre
incapaz o no vergonzante y una división del trabajo con el Estado respecto del pobre capaz. Sin
embargo, al mismo tiempo se descubrió el valor político de una asistencia social eficaz; y el
grueso de la asistencia pública continuó siendo paraestatal, canalizándose a través del partido
gobernante, con el Estado como refuerzo financiero y legal. El aumento del salario real se
convirtió en el elemento de transferencia de ingresos de índole redistributiva de mayor intensidad
de la política social del peronismo clásico. La expansión salarial fue posibilitada directamente por
aumentos reales, a través de negociaciones colectivas en donde los asalariados fueron apoyados
fuertemente por el Estado; mientras que el sector privado fue presionado para otorgar aumentos
a cambio de crédito subsidiado. Indirectamente, además, el salario real creció fuertemente por la
disminución de costos clave de la canasta familiar, como el congelamiento de alquileres urbanos
y los arrendamientos rurales; el de los servicios públicos, progresivamente nacionalizados; y el
de los alimentos, sujetos a controles de precio y a subsidios indirectos. El otro elemento clave del
nuevo modelo de intervención fue la consolidación de una fuerte tutela pública del contrato de
trabajo. El Estado medió en los conflictos entre capital y trabajo, aplicando como novedad la
fórmula de la conciliación obligatoria, fallando en una cantidad cada vez mayor de casos a favor
de los asalariados, imprimiendo intensidad y masividad a la dinámica mediadora.
Los cambios del período 1943-1955 fueron clave también en el conjunto de políticas
universalistas. En la más asentada de estas políticas, el sistema de educación pública, la etapa
implicó la extensión y masificación de la enseñanza media y secundaria; y la aparición de la
preocupación por estrategias de instrucción vinculadas al desarrollo económico: las necesidades
productivas y las lógicas del mercado de trabajo. En salud pública el balance es ambiguo, en la
medida en que los proyectos originales de centralización y semiestatización quedan relativamente
truncos; y al mismo tiempo el crecimiento del sector público en salud es intenso. La expansión
de la red de hospitales públicos y de su capacidad de atención serán resultado del esfuerzo
presupuestario de los gobiernos provinciales y de la Fundación Eva Perón. El Estado nacional se
mantuvo en estrategias de coordinación suprajurisdiccional y en el desarrollo de instituciones
especializadas en atención específica; o en el desarrollo de medicamentos clave. El cambio más
dramático en políticas universales provino de la estatización de los servicios públicos. Se
nacionalizaron o crearon instituciones públicas de servicios en las comunicaciones, una parte
importante del sistema de transportes urbanos e interurbanos, la infraestructura sanitaria y los
servicios de energía. El fuerte cambio de modelo de política social se reflejó también en la política
asistencial. El proyecto inicial del Estado peronista fue de crear un sistema público de asistencia
a la pobreza que integrase intervenciones sanitarias y transferencias distributivas, y que absorbiese
directamente a la estructura filantrópico-caritativa. Muy pronto, sin embargo, el grueso de la
política asistencial pública se canalizó a través de la Fundación de Ayuda Social Doña María Eva
Duarte de Perón (más tarde Fundación Eva Perón, en adelante FEP). La FEP realizó un doble tipo
de acción: la “ayuda social directa” – distribuciones de bienes (muebles, ropa, juguetes, máquinas
de coser, medicamentos y equipamiento médico) y de dinero (efectivo y becas)– y el
mantenimiento de una infraestructura de instituciones asistenciales – hogares de tránsito y de
ancianos, proyectos de vivienda, hospitales, centros recreativos y colonias de vacaciones,
proveedurías de bienes a precios subsidiados. En composición de ingresos la FEP distribuía en
forma de política asistencial recursos provenientes fundamentalmente del Estado nacional y de
los sectores asalariados. En la FEP se combinaba la consolidación de una idea de obligación
universal del Estado en la atención a la pobreza con el descubrimiento del potencial políticoelectoral de la asistencia social. La impronta del Estado Social argentino marcó los modos de
integración social de la Argentina en las décadas siguientes al peronismo clásico. Los fortísimos
vaivenes políticos de la segunda mitad del siglo, quizás aún más que la inestabilidad
macroeconómica, hicieron variar la intensidad y la dirección de esta tutela: los sectores incluidos
y parcialmente excluidos del paraguas protectivo de un Estado semimilitarizado y feudalizado por
una “sociedad civil” más fuerte que lo que una lectura superficial del proceso ha tradicionalmente
sugerido. Luego del golpe de Estado de 1955, y a pesar de un breve intento de revisión general
de la política social peronista, las tendencias de lo que hemos denominado política del trabajo en
el período 1943-55 se consolidaron: un contrato de trabajo pautado y regulado por el Estado según
formas fordistas, con un fuero laboral con impronta protectiva de los asalariados; y un sistema de
seguros sociales garantes de la estabilidad del ingreso, fragmentado según líneas corporativoprofesionales pero unificado “por debajo” a través de la intervención pública.
El aspecto más conflictivo y cambiante en el período 1955-76, con mayor impacto probablemente
en los matices del complejo de política social fue la relación entre el Estado y el movimiento
obrero organizado. La revisión del lugar clave que esta relación había ocupado en el período 194355 se constituyó en uno de los objetivos primordiales de los gobiernos posteriores. Esta situación
politizó radicalmente al diálogo Estado-sindicatos, en la medida en que estos últimos eran al
mismo tiempo los representantes políticos de los asalariados y del peronismo proscrito, partido
de oposición mayoritario de gobiernos civiles y militares. Como se sabe, la crisis del modelo de
crecimiento económico y de las formas de intervención del Estado Social trajo aparejada una
paulatina degradación de las condiciones de generación de empleo y de financiación de la
estructura de la protección social. Durante la segunda mitad de los años ’70 y durante los años
’80 la Argentina presenció el crecimiento de la pobreza, la caída en la tasa de generación de
empleo, la saturación del sector cuentapropista y las pérdidas de posición de los salarios reales y
de la calidad de la protección social de los asalariados. Aunque la dictadura militar de 1976-83
significó un parteaguas en la historia política y económica argentina, los cambios no redundaron
en una alteración definitiva del modelo de política social. El impacto más importante se verificó
en una fuerte restricción de la influencia sindical en la negociación colectiva tripartita con Estado
y patronales que permitió una fuerte caída del salario real, un disciplinamiento represivo de la
mano de obra y la intervención del sistema de Obras Sociales. El disciplinamiento represivo sobre
los asalariados se combinó con formas de terrorismo de Estado destinadas a neutralizar la
movilización social en organizaciones comunitarias barriales que había sido una característica de
los años ’70, a través de la desaparición física (por encarcelamiento o asesinato). Es la dictadura,
por último, la que inicia el proceso de descentralización de la educación pública y el de
privatización parcial de los servicios públicos. La transición democrática (1983-1991) fue una
etapa de crisis abierta del modelo de integración social, de las capacidades presupuestarias del
Estado y del complejo argentino de política social; pero la compleja dinámica del sistema político
evitó que esa crisis redundara en transformaciones sustantivas. La política laboral estuvo signada
por la negociación directa Estado-sindicatos de la indexación salarial en un contexto de fuerte
inflación y de convenciones colectivas congeladas.
El estado capitalista neoclásico en la Argentina: En términos generales, se podría decir que en la
última década del siglo XX se presencia un proceso de asistencialización de la política social
argentina. Es decir, hay un cambio fundamental en la intervención sobre el mercado de trabajo,
que desregula completamente las formas de salarización y el sistema de seguros sociales, incluso
privatizando parcialmente una parte de ellos. Hay una fuerte caída de la calidad de la cobertura
de los sistemas universalistas del Estado y la desaparición completa del sistema de servicios
públicos como tales, quedando sólo una laxa y cuestionable regulación en su lugar. Por último,
adquiere una centralidad inmensa la política asistencial, tanto que gran parte de la legitimidad
sociopolítica del Estado argentino parece pasar a depender de esa política asistencial. Como se
sabe, la crisis del modelo de crecimiento económico y de las formas de intervención del Estado
Social trajo aparejada una paulatina degradación de las condiciones de generación de empleo y
de financiación de la estructura de la protección social. Durante la segunda mitad de los años ’70
y durante los años ’80 la Argentina presenció el crecimiento de la pobreza, la caída en la tasa de
generación de empleo, la saturación del sector cuentapropista y las pérdidas de posición de los
salarios reales y de la calidad de la protección social de los asalariados. El cambio en las formas
de acumulación de los años ’90 agravó y consolidó este proceso en vez de detenerlo. El empleo
se estancó, y un proceso de reemplazo de empleo estable por empleo precario afectó a una parte
importante de los asalariados.
La política social argentina sigue de cerca y consolida estos procesos sociales. Adaptándose a las
condiciones de funcionamiento de los capitalismos de fin de siglo, la intervención social del
Estado viró en casi todas partes hacia la búsqueda de formas de reinsertar sujetos que habían
perdido su calidad de asalariados hacia la búsqueda de formas de proteger sujetos cuya
salarización es de tan baja calidad que ya no garantiza el acceso a una protección social abarcativa.
En el ámbito de la política laboral, la ley ya no garantiza que una relación salarial formal esté
organizada de manera de proveer los ingresos monetarios mínimos para la subsistencia del
asalariado/a y de su grupo doméstico. La flexibilización contractual, pensada para adaptar la
estructura del empleo a nuevos procesos productivos, redundó en la Argentina en procesos de
precarización laboral. El achicamiento del mercado de trabajo es tal, que se trata de crear
instancias alternativas de obtención de ingreso monetario. Esas instancias revisten para sus
receptores el carácter de relaciones salariales, a pesar de que formalmente sean presentadas como
programas asistenciales de tipo workfare, es decir subsidios a desempleados con contraprestación
en forma de trabajo. Completando la mutación de la política social, a los cambios en el
funcionamiento del mercado de trabajo y en la política laboral se sumó la transformación
sustancial del sistema de seguros sociales. El sistema previsional y el sistema de seguros de salud,
principales componentes de la seguridad social argentina fueron parcialmente privatizados. La
seguridad social ya no tenderá a homogeneizar la condición salarial entre los extremos, sino que
reproducirá en la calidad de la atención de salud y en las prestaciones de retiro el éxito relativo
de cada individuo en los ingresos de su vida activa. Las políticas universales del Estado argentino
acompañan también la tendencia. El sistema educativo público sufre hace bastante tiempo de una
degradación de la calidad de la enseñanza en sus tres niveles. La tendencia a una educación de
calidad diferenciada entre sector público y privado es visible, y está sólo frenada probablemente
por la relativamente baja competitividad que ha ofrecido hasta ahora la enseñanza en el propio
sector privado. Como tendencia general, el aspecto asistencial de las políticas sociales ha pasado
a ser el ámbito fundamental de las nuevas formas de intervención social del Estado argentino
durante los años ’90. El Estado argentino ha optado políticamente, en el contexto de sus opciones
de gobernabilidad (alianzas, límites fiscales y elecciones de política económica) por multiplicar
y –recientemente– sistematizar los programas que brindan asistencia alimentaria y nutricional,
asistencia de salud y empleo temporario. Estos programas han tomado una creciente centralidad,
al punto que se asocia “políticas sociales” a programas y políticas asistenciales.
Laguado – “Tranformaciones de la estatalidad social en el Regimen de acumulación
post neoliberal”
s El retorno del Estado: la confluencia de dos tradiciones del Estado post neoliberal, el
desarrollismo y la tradición nacional popular. El neodesarrollismo vuelve a poner un lugar central
la intervención estatal en la regulación social y la inversión económica, dando un lugar destacado
al sector público. Dar al Estado el rol de centralizador y asignador de la renta del recurso nacional
básico a la sociedad civil se le cede la tarea del desarrollo endógeno y esto se combina con la
interpelación a una burguesía nacional. Lo que caracterizo a la etapa iniciada en 2003 fue un
énfasis en la reindustrialización con el objetivo de reiniciar el círculo virtuoso propuesto por
Keynes para reactivar la demanda: pleno empleo, mercado interno, fortalecimiento fiscal,
inversión social. La otra vertiente que influirá en el modelo estatal postneoliberal, es la tradición
nacional popular, se trata de un espacio que la visión nacional y popular asume como en
desarrollo, con marcados desequilibrios políticos, económicos y sociales, asimetría entre el poder
regular del sector público y los segmentos más concentrados de la economía, aguadas
desigualdades territoriales, funcionamiento restringido de su institucionalidad, bolsones de
marginalidad social, sobredimensión del poder relativo de fracciones del capital
internacionalizadas, debilidad de los encadenamientos productivos. El objetivo de la actividad
política es salir de la situación de subdesarrollo, superarlo implica abandonar el lugar periférico
y dependiente en la economía mundial y sortear los desequilibrios sociales, con énfasis en la tarea
de operar sobre los bolsones de pobreza y marginalidad, así como reducir los desniveles en la
asignación del ingreso. La centralidad que tiene la significante justicia social explica que las
normas distributivas promulgadas trascienden la generación de bienes sociales propuesta por el
desarrollismo.
La reconfiguración de la estatalidad social: el estado verifica un cambio en el modo de su
intervención en cuatro ejes: universalización, integridad, territorialización y protagonismo
popular. Se hace foco en características de diferentes acciones que componen la estabilidad social
post-neoliberal, que es un conjunto de atributos relativos a la intervención social del estado, que
lo conforman institucionalmente, pero en relación con su rol como instancia de dominación
política, que le exige tomar parte de diversas formas del proceso de construcción social.
Tendencia a la universalización: la AUH es una de las iniciativas más destacas por su
innovación como por su quiebre con la focalización en base a su tendencia a la universalización.
La AUH es un derecho que les corresponde a los hijos de las personas que están desocupadas,
trabajan en la economía informal con ingresos iguales o inferiores al Salario Mínimo, Vital y
Móvil, monotributistas sociales, trabajadores del servicio doméstico, trabajadores por temporada
en el periodo de reserva del puesto. El cobro de la Asignación Universal por Hijo requiere la
acreditación anual de escolarización y controles de salud de los niños, se abona a los menores de
18 años, hasta un máximo de 5 hijos, priorizando a hijos discapacitados y a los menores de edad.
Una característica es tender a la universalización de la seguridad social retomando los aspectos
solidaristas que caracterizaron a los Estado de Bienestar y la tradición nacional popular.
Tendencia a la integralidad: el principio de integralidad implicar abordar los fenómenos
complejos desde sus múltiples aristas, las iniciativas del área social pueden pensarse como
acciones coordinadas destinadas a tratar los diversos determinantes de una problemática dada. La
nueva gestión ministerial abogo por la integralidad, entendida como un trabajo de unificación y
articulación de recursos, circuitos administrativos y gestiones compartidas y consistentes por tipo
de prestaciones que se tradujo en la reducción y conversiones de pequeños y grandes programas
en 3 grandes planes. Englobar la cantidad de programas en 3 planes no solo permite la eficacia en
el accionar de la organización, permitiendo la planificación y articulación, sino que en términos
de modelo de gestión es una iniciativa de diseño institucional que desanda el camino del trabajo
por programas. Políticas públicas de carácter universal confluyen en la integralidad, conformando
un nuevo modo de regulación, donde los programas no son iniciativas aisladas, sino que hace
parte de una iniciativa de universalización de derechos. Las políticas sociales entre y de estas con
el régimen de acumulación basado en el mercado interno y el pleno empleo.
Procesos de territorialización: hay cuatro desarrollos que muestran la situación. Los Centros de
Referencia (CDRS) y los Centros de Integración (CIC) del Ministerio de Desarrollo Social, las
unidades de Atención Integral (UDAIS) de la ANSES, y las Oficinas de Empleo (OE) del
Ministerio de Trabajo y Seguridad social. Los Centros de Integración son espacios públicos de
integración comunitaria, para el encuentro y la participación de diferentes actores que trabajan de
modo intersectorial y participativo para promover el desarrollo local en post de la inclusión social
y del mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades. Los Centros de Referencia son
espacios conformados por equipos interdisciplinarios que articulan las diversas líneas de acción
del Ministerio para construir estrategias de desarrollo local y provincial desde un abordaje
integral. Las UDAI son oficinas para la atención del público, distribuidas por todo el territorio
nacional con el objetivo de estar cerca de cada ciudadano, se pueden realizar todos los transmites
relacionados con la Seguridad Social y recibir asesoramiento sobre las prestaciones y servicios
que brinda ANSES. La OES son oficinas en las cuales se brinda acompañamiento en la búsqueda
de empleo, orientación sobre el mercado de trabajo loca, vinculación con cursos de formación
profesional gratuitos, programas de empleo, talleres para la búsqueda de empleo y con puestos de
trabajo.
Tendencia a fortalecer el protagonismo popular: un tema fundamental para un proyecto de
inclusión social es la participación de los sectores populares. El Ministerio de Desarrollo Social
mostro interés en la participación de diversos sectores del quehacer social, uno de los objetivos
fue promover y fortalecer la participación y organización popular, mediante la herramienta de la
capacitación basada en la lógica democrática de la educación popular, desde la perspectiva de los
derechos sociales y la construcción de ciudadanía plena.
Tobar – “Breve historia de la prestación del servicio de salud en la Argentina”
s Enfoques en el análisis histórico de la salud: hay 3 dimensiones centrales para el análisis del
sector salud en un país, la situación de salud de la población, sus políticas de salud y su sistema
de salud. La situación de salud de la población constituye una dimensión de la calidad de vida de
los pueblos que puede ser medida a través de indicadores epidemiológicos, la salud de la
población depende en pequeña medida de las políticas y de los sistemas de salud, cuatro
determinantes importantes, conductas y estilos de vida, el ambiente, la genética y el sistema de
salud. Las políticas de salud constituyen un capítulo de las políticas sociales y pueden ser
definidas como un esfuerzo sistemático para resolver los problemas de salud. Una política de
salud implica la definición de la salud como un problema público en el cual el Estado asume un
rol activo y explicito, definir políticas de salud es decidir qué rol desempeña el Estado en salud.
Y el sistema de salud engloba la totalidad de acciones que la sociedad y el Estado desarrollan en
salud, se trata de la respuesta social organizada para los problemas de salud de la población.
Etapas en la historia de los servicios de salud: la asistencia médica se configuro como la
resultante entre dos vertientes, la primera seguía la herencia peninsular, priorizando la función de
brindar soporte a las acciones militares, la segunda de base comunitaria que resulta sensible a
tradiciones de los pueblos originarios, a algunas prácticas innovadoras desplegadas por los
criollos. La primera etapa del desarrollo estaría caracterizada por la orientación del proceso de
acumulación hacia los intereses hegemónicos de la burguesía agroexportadora, la modalidad de
ejercicio del poder político instituida por esta clase fue llamada Estado Liberal. La segunda etapa
es el inicio del proceso de industrialización inaugura la etapa de crecimiento hacia afuera, la
misma desplazo a la oligarquía agroexportadora dando lugar a una coalición que incluye a la
burguesía industrial, a los sectores medios a los trabajadores urbanos, dando origen al Estado de
Compromiso. La tercera etapa del desarrollo del capitalismo industrial marcada por la
internacionalización del capital en un proceso de asociación entre capitales de origen nacional e
internacional da lugar a un estado burocrático-autoritario, empresaria, militarizado y tecnocrático,
que excluyo del poder al movimiento obrero organizado. Finalmente, la crisis económica reciente
del capitalismo mundial redefine los patrones de acumulación como los modelos de producción
y la división internacional del trabajo, configurando grandes bloques, se produce al agotamiento
del Estado Benefactor y se impone el discurso neoliberal.
La policía medica: durante la primera fase del desarrollo del sector salud la medicina progresaba
de forma independiente a las funciones del Estado, esto se debe a que en el Estado Liberal la salud
no era consideraba un problema publico sino privado. Para el Estado Liberal la preocupación por
la salud no se centraba en curar a la población enferma sino en evitar la propagación de las
consecuencias negativas de la enfermedad y de las epidemias, se trata de un modelo higienista de
intervención del Estado, pero más preocupado por aislar a los enfermos que por prevenir las
enfermedades.
El Estado de Bienestar y la salud: el surgimiento de nuevas amenazas a la calidad de vida unido
a la expansión de demandas sociales impulsó una progresiva incorporación del Estado en las
cuestiones de salud. Por un lado, el modelo del seguro social bismarckiano, segundo el modelo
del seguro social bismarckiano en Alemania, y tercero el modelo de Seguridad Social de
Inglaterra.
Surgimiento del seguro social: el modelo del seguro social expresa un esquema de protección
social cuya principal característica es su vinculación al mundo del trabajo, lo que transforma este
modelo de atención y protección de la salud en un sistema es el pasaje del seguro individual al
seguro social, la proclamación legal de la obligatoriedad del seguro. Se abandono la integración
vertical entre financiador y proveedor para favorecer la consolidación de un mercado de
prestaciones médicas transformando lo que era un gasto directo en un gasto indirecto, y dadas las
restricciones del mercado de trabajo formal para incorporar nuevos beneficiarios se buscó
incorporar regímenes de cobertura no contributivos que permiten avanzar en la inclusión de
sectores de la economía informal.
El Estado de Bienestar: se formuló la salud como un derecho universal y el acceso a los servicios
paso a ser garantizado y financiado con recursos públicos, financiar esa nueva obligación del
Estado a través de recursos fiscales obtenidos vía impuestos y contribuciones laborales no
resultaba muy difícil en países que pasaban por una fase de franca recuperación económica. Se
caracteriza por tener financiación pública con recursos procedentes de impuestos y acceso
universal a los servicios que son suministrado por proveedores públicos, los trabajadores
profesionales y no profesionales dependen del Estado, que tiene una gran responsabilidad en la
conducción y gestión del sistema.
El estigma de la fragmentación de las respuestas sanitarias en Argentina: una vertiente
comunitaria que impulso una expansión precoz de hospitales y dispensarios vecinales, así como
la propagación de organizaciones mutuales, se enfrentó en forma sostenida a una vertiente
institucional de base vertical y burocrática del desarrollo de respuestas sanitarias. Se inicia una
inclusión social junto a la expansión de los derechos sociales y de una multiplicación de la oferta
pública universal y gratuita de servicios de salud, y se expande la lógica del seguro social
focalizado en un grupo de trabajadores formales asalariados. El pensamiento del Ministerio de
Salud de Perón era categórico al respecto no podía existir medicina si medicina y sin una política
social del Estado. El médico de familia que atendiera una población cuya asistencia médica
primaria estaría a su cargo a la cual atendería en su consultorio particular, y para la atención
especializada postulaba que aquel incremento sostenido en la respuesta publica seria la plataforma
para captar profesionales de la medicina que podrían atender a sus clientes particulares en el
mismo consultorio del hospital y recibiendo una remuneración complementaria. El surgimiento
del sindicalismo en el interior del sistema político que se encuentra en la base del “Estado de
Compromiso”, representa unas de las diferencias más importantes con las condiciones vigentes
bajo el Estado Liberal. La predisposición a incorporar nuevos actores en el debate sobre las
políticas públicas permite la inclusión de modelos técnicos modernos en la gestión del Estado, el
rol del Estado se redefine en términos globales incluyendo al bienestar de la población como
premisa y una amplia convocatoria social.
El estado desarrollista y la salud: el rol distribucionista del Estado es reemplazado, en el
desarrollismo por el de garantizar la acumulación del capital. El sector salud sufre el impacto de
las políticas de austeridad fiscal, los intentos por disminuir el gasto del Estado nacional conducen
a propuestas de racionalización del sector público, se traducen en la paralización del crecimiento
de su capacidad instalada. Esta política de transferencia que impacta a los servicios según
capacidad de gasto y de gestión de los respectivos gobiernos provinciales, profundiza las
carencias de una red de servicios que en buena medida se había conformado bajo el imperio de la
discrecionalidad y la improvisación. Comienza a desarrollarse en su interior en una capa tecno
burocrática, con vinculaciones en el sector empresario nacional e internacional, comprometida en
tareas de planificación del desarrollo a partir del estímulo a la iniciativa privada.
El Estado Neoliberal y la salud: el modelo de Estado burocrático-autoritario que instala en
Argentina asume características fundacionales y desarrolla todos sus esfuerzos en erradicar las
bases del Estado de compromiso que asumía funciones de intervención, de mediación de interés
conflictivos, con un rol en la distribución del ingreso a través de instrumentos fiscales, que asumía
un compromiso activo con el desarrollo industrial y donde las políticas sociales tenían un papel
fundamental. La esencia del modelo neoliberal en salud consiste en implantar una definición de
salud como mercancía, como bien de consumo. 1. Fragmentar al sistema, la primera medida
significativa del gobierno militar a través de la Ley 21.902, se destruía cualquier puente entre la
financiación, el modelo de atención o la gestión de los subsectores público y del seguro social. 2.
Descentralizar los servicios, esta figura de la devolución de los servicios no es un principio
exclusivo del neoliberalismo, si lo es cuando la misma se da bajo sin la correspondiente
transferencia de los recursos a las jurisdicciones que pasan a asumir la responsabilidad por
financiar los servicios. 3. Focalización de la provisión publica, el principal cambio que se da es
el cambio en la concepción de la prestación de la salud, se dirigió a la población de recursos más
bajos y sin otra cobertura. 4. Arancelamiento de servicios públicos, bajo el contexto autoritario
que sofocaba reclamos sociales era posible incorporar un golpe de gracia a la lógica liberal, el
arancelamiento de los servicios públicos de salud. 5. Abordaje tecnocrático, se incorporan al
discurso oficial principios modernizadores como la jerarquización esbozados, lo que se opera es
una descentralización de los hospitales que transfiere el conflicto a la esfera provincial liberando
al presupuesto fiscal de toda responsabilidad por la salud de la población.
Obstáculos en la democratización de las políticas de salud en Argentina: surge un nuevo
proyecto que intenta integrar al sistema a través de un Seguro Nacional de Salud por medio de la
unificación financiera del sistema, admitiendo en su interior una oferta pluralista de servicios de
atención médica. En primer lugar, el país ha asistido a un crecimiento progresivo de la oferta de
servicios privado de salud, luego de Carrillo las camas en mutuales y otras entidades privadas
habían reducido su participación en la oferta. Segundo, creció de forma sostenida y estimulada
por el Estado, la cobertura de la medicina prepaga, sectores que tienen altos ingresos y representan
un 10% de la poblacional nacional. Tercero, la regulación de la medicina prepaga reafirma la
noción de la salud como una mercancía, la medicina prepaga continuó funcionando sin regulación
específica hasta 2011 cuando se promulgó la ley 26.682 que provee el marco regulatorio para esta
actividad. Y cuarto, perduran acciones que fragmentan al sistema, con la creación del hospital
público de autogestión, surgía una nueva posibilidad para avanzar en la coordinación entre el
sector público y las obras sociales.
Trayectorias históricas en la organización de los servicios de salud en Argentina: pueden
identificarse 4 modelos de Estado en relación a las políticas de salud, en el primero la salud es
subsidiaria y el rol del Estado se limita a garantizar que esta no afecte el ritmo natural del mercado.
En el segundo, las principales transformaciones en la estructura social del país consolidan las
bases sociales de un nuevo Estado. En el tercero, durante el desarrollismo provoca un giro en el
rol del Estado por el cual el compromiso con el proceso de acumulación es anterior al compromiso
con los derechos sociales. En el cuarto, es incorporado en la formulación de políticas públicas
bajo el régimen autoritario, incorpora el espíritu de la contención del gasto, la focalización, la
descentralización de los servicios e intenta introducir una cuña en el sistema solidario de
seguridad social, permitiendo la salida de este de los sectores de mayores recursos mediante su
incorporación a los seguros privados, que se convierten en una pujante área de valorización del
capital.
Bertona – “Politicas publicas en salud”
Una lenta transición al cambio de política sanitaria: la política sanitaria post-convertibilidad
se hizo en base a un paradigma de gestión diferente del paradigma mayoritario, un claro
posicionamiento de regular el sistema de salud, proponiendo políticas estatales que puedan
establecer mecanismos de control de la intervención del mercado en esta materia, una concepción
integral de salud que contempla aspectos políticos, económicos, sociales, culturales, psicológicos,
como también expresiones en lo singular, lo particular y lo general. La política sanitaria postconvertibilidad puso hincapié en la prevención de la enfermedad, promoción de la salud y la
reorganización funcional del sector público, con el objetivo d permitir una mayor accesibilidad al
sistema de atención público y un mejoramiento de la salud de la población. Esta nueva perspectiva
renueva los debates sobre el derecho a la salud, así esta cuestión se reduce solo al acceso a los
servicio también está vinculada a la modificación de los determinantes sociales de la salud, si es
posible crear un sistema de salud equitativo y solidario en una sociedad donde la inequidad
persiste y se promueven valores como el individualismo, cual es la responsabilidad del Estado
con respecto a la salud pública y las condiciones de vida de los habitantes del territorio argentino.
Programa Nacional de Municipios y Comunidades Saludables: el Ministerio de Salud
Nacional toma parte activa en la organización general del sector, promoviendo la articulación del
sistema en su conjunto e impulsando la participación de las diferentes jurisdicciones en la
discusión y definición de las reformas, esto es acompañando por un esquema de transferencias
financieras que recompensa a aquellos que adhieren a las políticas consensuadas.
La Política Nacional de Medicamentos (PNM): establece un nuevo marco regulatorio con
reglas fijas y claras que benefician a todo el sistema sanitario en son conjunto, se plantea a través
de la Ley de Utilización de Medicamentos, se constituye en necesaria la provisión directa de
medicamentos para aquellos que no disponen de medios para adquirirlos en las farmacias, y con
el objetivo central de garantizar el acceso a medicamentos esenciales de la población cuya
cobertura médica es publica, se implementa el Programa Remediar.
Derechos Sexuales y Reproductivos: el desarrollo en términos de derechos humanos establece
un avance en la concreción de postergados reclamos de movimientos sociales, las feministas en
especial. Se crea el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable que debe
garantizar el acceso a información, controles ginecológicos y métodos anticonceptivos a todo/a
ciudadano/a mayor de 14 años que así lo requiera.
Fortalecimiento de los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS): los Centros de
Atención Primaria de la Salud son entidades cuya expansión tiene que ver con la implementación
del Plan Federal de Salud que propuso hacer énfasis en la atención primaria de la salud con el
doble objetivo de mejorar los indicadores básicos de la salud y aliviar a los hospitales públicos de
flujos de población.
Plan Nacer: este programa es una herramienta estratégica para disminuir el componente sanitario
de la morbimortalidad materno-infantil y tiene por objetivos fortalecer la red pública de servicios
de salud otorgando a la atención primaria un rol activo en la prevención y cuidados de la salud,
asegurar el acceso a la salud a todas las mujeres, niños y niñas y promover la participación social.
Requiere de articulación entre nación, provincias y municipios, ya que es la Nación quien
transfiere recursos a las provincias y de estas a los municipios.
Plan Sumar: dirigido a niños, niñas, adolescentes, embarazadas y mujeres hasta los 64 años sin
obra social, para mejorar y profundizar su atención en los establecimientos públicos de salud. Los
objetivos propuestos son disminuir la tasa de mortalidad infantil y materna, profundizar el cuidado
de la salud de los niños/as en toda etapa escolar y durante la adolescencia, mejorar el cuidado de
la salud de la mujer a través de controles preventivos y reducir las muertes por cáncer cérvico
uterino y por cáncer de mama.
Chiarvetti – “La reforma en salud mental en argentina”
La gestión de Carrillo durante los dos primeros gobiernos de Perón: se sustituye “alienados”
por el término “enfermos mentales” y pretende hacer del manicomio hospital, las forma en que
son estibados en ellos los enfermos, obliga a calificar a esos establecimientos como reducidores
humanos. Carrillo definía que pueden ser independientes del hospital común, son centros de
diagnóstico y tratamiento clínico ambulatorio, y deben proveer al tratamiento externo de los
enfermos mentales, ya sea como centros de consejo psicológico, ya como centros de cuidado de
los enfermos dado de alta. Estos centros de Psiquiatría Preventiva debían proveer lo que Carrillo
llamaba el servicio prehospitalario, la preparación del paciente y de su familia ante la nueva
situación creada, ejercer vigilancia sobre los enfermos dados de alta y tener una relación directa
con todos los problemas del servicio social se trata de un centro médico cuya acción no se cumple
dentro de sus muros sino fuera de ellos, en el ámbito económico, social y familiar.
Configuración del campo de la salud mental en la Argentina: se produjeron 3 hechos
fundamentales. 1. Creación del Instituto Nacional de Salud Mental. 2. Creación de las primeras
carreras de Psicología en el país. 3. Creación de uno de los primeros servicios de Psicopatología
en un hospital general. La creación del INSM: el Instituto Nacional de Salud Mental como
organismo descentralizado, entre cuyos findes figuraban: prevenir las enfermedades
neuropsiquiátricas, prestar asistencia integral los enfermos que padecen afecciones
neuropsiquiátricas y contribuir a la recuperación y rehabilitación social de estos enfermos. Se
creaba una Comisión Nacional Asesora de Salud Mental (CNASM), que capto la idea de
contribuir el INSM y se convirtió en promotora de este, participando en reuniones en las que
consiguieron introducir reformas que tornasen más operativa la labor futura de ese organismo.
Este periodo histórico esta atravesado por cambios sustanciales que inician el pasaje de la
psiquiatría a las políticas en salud mental y que de ningún modo puede ser considerado como
vacío de contenidos significativos, estos cambios configuraron el campo de la salud mental en
Argentina. Otros momentos de la historia en salud mental.
La dictadura de la Revolución Argentina: en 1972 se constituye la Coordinadora de
Trabajadores en Salud Mental y su Centro de Docencia e Investigación, como expresión del
debate generado en el campo de la Salud Mental por las luchas contra la dictadura militar y lo que
se anticipaba como su final. La Coordinadora se proponía una intervención política orgánicas en
la problemática del sector Salud Mental en su relación con lo social, apuntaba a asumir en los
hechos el surgimiento en Argentina de este nuevo sector llamado de la Salud Mental, e intervenir
en la definición de las nuevas relaciones que se establecían con el Modelo Medico. La represión
impidió el desarrollo de esta experiencia y valorar su capacidad de construcción de un modelo
alternativo en Salud Mental.
La reapertura democrática, el gobierno de Alfonsín: entre las estrategias que planteaba para
Salud Mental incluía 7. 1. La integración de las políticas en Salud Mental con las políticas
generales de la salud. 2. La integración intersectorial. 3. La ampliación de la cobertura, incluyendo
acciones de promoción y prevención, de manera que la misma fuera equitativa para toda la
población. 4. La participación de usuarios y prestadores en la definición de necesidades,
estrategias y asignaciones de recursos. 5. El desplazamiento del eje centrado en el modelo
Hospital-Enfermedad hacia el modelo Comunidad-Salud y el incremento de presupuestos para
ello y nunca para incrementar prácticas y sistemas custodiales, segregacionistas y/o
asistencialistas. 6. La transformación de los grandes Hospitales Psiquiátricos y el desaliento de
los institutos privados que funcionaran similar. 7. El desarrollo conceptual y practico de la
estrategia de Atención Primaria de la Salud (APS) en Salud Mental. La ley promueve un sistema
de salud que garantiza el tratamiento y rehabilitación de las personas de cualquier edad con
sufrimiento mental. Prohíbe la habilitación y funcionamiento de manicomios públicos o privados,
que no se adecue a los principios de la ley. La internación se concibe como último recurso
terapéutico y en caso de que sea imprescindible debe lograr la más pronta recuperación y
resocialización de la persona. El estado arbitrará los medios conducentes al objetivo fijado y
promoverá la implementación de medidas asistenciales alternativas, entre ellas, servicios de salud
mental en hospitales generales, con y sin internación, atención domiciliaria en salud mental,
servicios de emergencia en salud mental, centros de salud mental en la comunidad, hospitales o
casas de medio camino, talleres protegidos.
La Salud Mental durante la implantación del neoliberalismo en salud: para lograr un cambio
estructura era un plan de externación nacional, capacitarlos con un oficio, conseguirles trabajo,
buscarles familia, alfabetizarlos, procurarles salud física, que permitiera fragmentar este sistema
de almacenes donde se juntan enfermos psiquiátricos con pacientes geriátricos y aislados que no
tienen donde vivir y pasan ahí toda su vida, con los recursos que tiene la psiquiatría no tendría
por qué haber una admisión más en estos hospitales. Se dicta el Plan Nacional de Salud Mental,
entre los propósitos de este plan se menciona: optimizar las actividades de promoción, prevención,
tratamiento y rehabilitación de los trastornos mentales a través de estrategias de descentralización,
educación y participación comunitaria y construcción colectiva, tendiendo a la atención del
paciente en su propia comunidad, conservando sus vínculos familiares y con su medio social.
Estrategia de desmanicomializacion mediante la adecuación de hospitales psiquiátricos
consolidando otras estrategias alternativas a los mismos.
De que se trata la Reforma en Salud Mental: se trata de la transformación organizativa en
materia de salud mental que con el desarrollo de programas y estructuras alternativas a la
institución manicomio. El desmantelamiento del hospital psiquiátrico cuando ya no hace falta,
porque se han creado todas las instancias alternativas para la atención de las personas con
trastornos mentales. En 1990, se exhorto a los Ministerios de Salud y de Justicia, a los
parlamentos, los sistemas de Seguridad Social y a otros prestadores de servicios, las
organizaciones profesionales, las asociaciones de usuarios, universidades y a los medios de
comunicación de cada Estado, a que apoyen la estructuración de la atención psiquiátrica,
asegurando así su desarrollo para el beneficio de las poblaciones de la región. Se reconocieron
los derechos de las personas con discapacidades mentales a partir de considerar que la atención
psiquiátrica convencional no permite alcanzar los objetivos compatibles con una atención
comunitaria, descentralizada, participativa, integral, continua y preventiva. La OMS señala que
la desinstitucionalización no es sinónimo de deshopitalizacion, cerrar hospitales psiquiátricos sin
alternativas comunitarias es tan peligrosa como crear alternativas comunitarias sin cerrar
hospitales psiquiátricos, lo uno y lo otro debe hacerse a un tiempo por etapa bien coordinadas. Un
proceso de desinstitucionalización tiene 3 componentes:
-
La prevención de ingresos injustificados en hospitales psiquiátricos mediante la dotación de
medios comunitarios
-
El reintegro a la comunidad de los pacientes institucionalizados de larga duración que hayan
sido preparados
-
El establecimiento y el mantenimiento de sistemas de apoyo comunitarios para los pacientes
no institucionalizados.
Elementos que definen la reforma:
-
Integración en el sistema general de servicios sanitarios
-
La territorialidad, accesibilidad y continuidad asistencial
-
La interdisciplinariedad
-
La organización comunitaria ambulatoria en una red integral de servicios de salud mental,
con recursos y completa para dar respuesta a las necesidades y demandas preventivas,
terapéuticas y rehabilitadoras de los enfermos mentales
-
La defensa de los derechos de los enfermos, punto central de una reforma
-
La desinstitucionalización, elemento esencial de la reforma.
Analisis de la política de salud mental en Argentina ingresados en el siglo XXI
Naddeo D – Hacia la consolidación de un cambio de paradigma
s Introducción:
Ley nacional de salud mental N°26.657. El 9 de octubre de 2013 se lanzó el Plan Nacional de
Salud Mental, este plan es una herramienta de gestión, fue llevado a cabo a lo largo del país con
diferentes actores institucionales y sociales, su objetivo es el de garantizar la protección de la
población y los derechos humanos de las personas con padecimientos mentales según establece
la Ley y su decreto reglamentario N°603/2013. A partir de esta nueva legislación en materia de
Salud Mental, se describirá a su vez el subsistema de salud público en el partido General
Pueyrredón.
La situación de la Salud Mental en Argentina:
En nuestro país desde la segunda mitad del s. XX, el sistema de salud está compuesto por tres
subsistemas: político, privado y de seguridad social. En particular, cada subsistema ha tenido su
predominio en distintas etapas de nuestra historia, el público, durante el peronismo; el de
seguridad social durante el desarrollismo y el privado durante el aperturismo.
En Argentina hay aproximadamente 25.000 personas internadas en psiquiátricos (66 % en sistema
público 33 % en privado). De las cuales el 80% permanece más de un año internada mientras que
en algunos casos lo hacen de por vida. Alrededor del 70% de ellos, pertenecen internados por no
tener o haber perdido sus lazos sociales, en algunos casos se encuentran en situaciones de pobreza,
esto también evidencia la falta de creación de dispositivos comunitarios.
En lo respectivo a la asignación de recursos, se observa que en la pcia. de Bs As, se destina el
80% del presupuesto de salud mental, a hospitales psiquiátricos, de esta manera reproduce el
modelo asilar y favorece la discapacidad. Cerca del 75% de los internados son “pacientes
sociales”, que pertenecen internados por no tener vivienda. Esta situación luego de la crisis del
2001 acrecentó la cantidad de personas que solicitaban asistencia en salud mental, dificultando el
ya deficiente servicio. Otro de los puntos de falencia del sistema es la carencia que se observa en
las políticas de promoción, prevención y rehabilitación y en la falta de articulación entre los
Estados Provinciales y Municipales. Otra de las fallas en el sistema está vinculado a la permanente
violación de los derechos humanos de los usuarios de estos servicios en el marco del modelo asilar
de tratamiento.
Organismos internacionales de salud afirman que en los países en vías de desarrollo entre el 76%
y el 85% de las personas que requieren de atención en salud mental, no la reciben y por lo tanto
es en este sentido que el cambio de paradigma se hace imperioso, la forma de atención debe ser
en la profundización del trabajo comunitario. En Argentina, las experiencias de transformación
se vienen desarrollando de forma asilada, desde hace algunos años (ej, reformas en San Luis,
Mendoza, etc). Es particular la situación de la ciudad Autónoma de Bs As que tiene también
promulgada una ley de Salud Mental, la Ley N°448 desde el año 2000, y que hasta el momento
no se ha podido llevar adelante en la práctica.
La conformación del servicio de salud local y las características socio-económicas de los usuarios:
Sobre la ciudad de Mar del Plata, se hará foco en particular en el subsector público. Desde el
Estado Provincial se encuentran dos hospitales regionales en la ciudad, uno de adultos, con
internación psiquiátrica y el otro de maternidad e infancia. En tanto que desde el Estado municipal
la atención se brinda a partir de Centros de Atención Primaria en Salud (CAPS) y postas sanitarias.
En las unidades sanitarias municipales se asume el trabajo de atención primaria y dentro de este
marco, en lo referente a la Salud Mental, se contempla el trabajo de disciplinas como: Terapia
ocupacional, psicopedagogía, psicología, psiquiatría, etc.
En lo que respecta al perfil de la población que mayoritariamente utiliza los servicios públicos de
salud se puede afirmar que son fundamentalmente personas provenientes de sectores con
Necesidades Básicas Insatisfechas, pauperizados, con ingresos insuficientes y/o vulnerables que,
por diversas razones, no cuentan con capacidad económica como para contratar algún tipo de
cobertura en salud. Mar del Plata es una de las ciudades del país con mayor nivel de desempleo y
empleo informal, lo que repercute negativamente en el bienestar de la población.
El cambio de paradigma de la Ley 26.657: entre consensos y resistencias:
Para poder comprender el proceso que desemboca en la promulgación de la Ley es necesario
mencionar algunos documentos internacionales y nacionales de los que parte y a los que se
adhiere:
- Conferencia sobre Atención Primaria de la Salud (APS) de Alma-ata (1978). En donde se definió
a la APS como “...la asistencia sanitaria esencial basada en métodos y tecnologías prácticos,
científicamente fundadas y socialmente aceptables, puesta al alcance de todos los individuos y
familias de la comunidad mediante su plena participación y a un costo que la comunidad y el país
puedan soportar, en todas y cada una de las etapas de su desarrollo y con un espíritu de
autorresponsabilidad y autodeterminación. Representa el primer nivel de contacto de los
individuos, la familia y la comunidad con el sistema nacional de salud, llevando lo más cerca
posible la atención de salud al lugar donde residen y trabajan las personas, y constituye el primer
elemento de un proceso permanente de asistencia sanitaria”.
- Conferencia convocada por OPS/OMS, llamada “Declaración de Caracas” (1990): se planteó la
reestructuración de la atención psiquiátrica en Aca Latina. Proponiendo un modelo novedoso
basado en el comunitario, la descentralización y preventivo, rompiendo con el modelo asilar.
- Convención internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (2008): se logró
mayor impulso al asumir que es el Estado el encargado de garantizar a las personas con
discapacidad el ejercicio pleno de sus derechos.
- Consenso de Panamá (2010): se reafirmó la importancia del modelo de atención comunitaria en
Salud Mental y asegurando el cierre de los manicomios para toda la región de Latinoamérica.
- Declaración de Lujan (2007): se propuso los lineamientos para la reforma de la modalidad de
atención en Salud Mental en la provincia de Bs As.
Finalmente se ha promulgado y reglamentado una Ley de Salud Mental, hecho histórico en torno
a la conquista y ampliación de derechos para toda la población. Esto implica dejar de lado una
vieja concepción y tornar un cambio claro de paradigma en función a instalar el campo de la Salud
Mental con características interdisciplinaria, intersectorial y con diferentes actores intervinientes.
Durante mucho tiempo nuestra región y en el resto del mundo, una serie de factores impidieron
estos avances. Por un lado, la instalación del capitalismo financiero desde mediados de los 70,
promovió una privatización del sector Salud. Su consecuencia es la medicalización del
padecimiento subjetivo. En Salud mental a este movimiento se lo llama “la contrarreforma
psiquiátrica”.
Se observará de qué se trata este cambio de paradigma a partir del análisis de algunos artículos de
la Ley.
El artículo 1°: “la presente ley tiene por objeto asegurar el derecho a la protección de la salud
mental de todas las personas, y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con
padecimiento mental que se encuentran en el territorio nacional...”
Esta ley propone una ruptura con el modelo asir ya que concibe al usuario del servicio como
sujeto de derechos y no como objeto de asistencia, se propone el pasaje a un modelo comunitario
de Salud Mental. Los usuarios de servicios de Salud Mental históricamente han sido
invisibilizados y marginados en sus derechos. Con la promulgación de la ley es necesario generar
instituciones capaces de asegurarle atención y ayuda en cualquier momento a las personas con
trastorno psicóticos (que difícilmente pueden sostener un tratamiento en el sub- sector privado de
la salud).
Una de las modificaciones que se hace sobre el Código Civil, es a causa de que los internos podían
estar internados de por vida y sin derecho a asistencia jurídica, y por la imposibilidad de
internación de personas por su peligrosidad. Por ello se incorpora un artículo a la Ley “las
declaraciones judiciales de inhabilitación o incapacidad deberán fundarse en un examen de
facultativos conformado por evaluaciones interdisciplinarias. No podrán extenderse por más de
tres años y deberán especificar las funciones y actos que se limitan, procurando que la afectación
de la autonomía personal sea la menor posible”.
Otra de las modificaciones sobre el Código Civil es el Art 482, que es sustituido por: “No podrá
ser privado de su libertad personal el declarado incapaz por causa de enfermedad mental o
adicciones, salvo en los casos de riesgo cierto e incierto e inminente para sí o para terceros, quien
deberá ser debidamente evaluado por un equipo interdisciplinario del servicio asistencial con
posterior aprobación y control judicial. Las autoridades públicas deberán disponer el traslado a
un establecimiento de salud para su evaluación a las personas que por padecer enfermedades
mentales o adicciones se encuentren en riesgo cierto e inminentemente para sí o para terceros.
A pedido de las personas enumeradas en el artículo 144 el juez podrá, previa información sumaria,
disponer la evaluación de un equipo interdisciplinario de salud para personas que se encuentren
afectadas en enfermedades mentales y adicciones, que requiera asistencia en establecimientos
adecuados, aunque no justifiquen la declaración de incapacidad o inhabilitarla”.
Otra modificación es la Derogación de la Ley 22.914 de 1983, que establecía las normas que
regulan la internación y el egreso de establecimientos de salud mental.
Además, previo a la promulgación de la ley, los usuarios de los servicios generalmente podían ser
medicados de forma excesiva, se los obligaba a internarse sin su voluntad, en muchos casos
llegando a pasar largos períodos de encierro. Despojados de sus derechos, anulados en sus
posibilidades y potencialidades, sin poder: trabajar, casarse, votar, estudiar, se podría pensar estos
sujetos como expresión del concepto de nuda vida. A partir de las elecciones presidenciales de
1995 podían votar, haciendo visibilizar y manifestar la posibilidad de acceso a los mismos
derechos que el resto de la población.
Desde la letra, el cambio de paradigma tiende a finalizar la reproducción de un sistema basado en
lo patológico que estigmatiza a los sujetos en donde: “la segregación de las instituciones
psiquiátricas incrementa la discapacidad y viola los estándares internacionales de derechos
humanos. Al ser separados de sus comunidades las personas profundizan la perdida de familiares
y amigos. Van perdiendo también sus habilidades de vida esenciales para vivir en la comunidad,
obstaculizando su inclusión y rehabilitación. El modelo que se propone enfatiza en lo salutogénico
aspirando al desarrollo de acciones territoriales al alcance de toda población contemplando una
mirada comunitaria y de inclusión social.
Se plante un sistema de integración entre lo que pueda hacer el equipo de salud y lo que pueda
hacer la comunidad con sus distintas ramas que son: la familia si alguien le ofrece un soporte
adecuado: las instituciones del territorio cuando informadas, los distintos tipos de servicios
existentes dentro de la comunidad.
A lo largo del escrito de la ley no se habla de enfermedad mental, sino de padecimiento mental;
en el Art 3 se plante a que la Salud Mental “...es un proceso determinado por componentes
históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y
mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los
derechos humanos y sociales de toda persona” de esta manera se incluye aspectos sociales de los
padecimientos mentales y, al incluir la multicausalidad de los aspectos mentales, se obliga a un
abordaje interdisciplinario.
El Art 13 muestra una reconfiguración del espacio de poder de la Salud Mental por parte de los
actores sociales que intervienen, ya que la interdisciplina propone la igualdad de condiciones entre
diferentes profesionales atravesados en el campo de conocimiento de la salud mental para ocupar
cargos de conducción y gestión de los servicios institucionales. Los Art 16 y 20 hablan acerca de
los casos de las internaciones voluntarias o involuntarias, en donde serán necesarias dos firmas,
de las cuales al menos una debe ser de un psicólogo y/o un psiquiatra, y la otra de cualquier otro
profesional de la salud mental. Considerando fundamental la formación del psicólogo dentro del
campo de la psicopatología.
La ley refiere en el Art 14 que la internación es “un recurso terapéutico de carácter restrictivo, y
solo puede llevarse a cabo cuando aporte mayores beneficios terapéuticos que el resto de las
intervenciones realizables en su entorno familiar, comunitario y social.
En los Art 27 y 28 se prohíbe “...la creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o
instituciones de internación monovalentes, públicos o privados.” Los ya existentes deben
readaptarse a los objetivos dispuestos hasta ser sustituidos por dispositivos alternativos. Esto no
significa que las personas no se internen, sino que lo que sucederá es que no lo harán en hospitales
psiquiátricos, sino en hospitales generales, que deberán adaptarse a tal fin. Se rompe con la lógica
asilar del padecimiento mental como estrategia terapéutica, proponiendo la
desmanicomialización.
Ahora “...si la cuestión de salud mental queda subsumida a debatir la situación de los manicomios
varias cuestiones quedan eludidas. No solo la política de Salud y Salud Mental, que va mucho
más allá de los Hospitales Monovalentes. Sino también cuales son los dispositivos teóricos
técnicos necesarios para poder llevar adelante una transformación. Y como se sostiene. Inclusive
se puede utilizar la nueva Ley de Salud Mental para encubrir despidos y profundizar la
privatización de la salud.”
La ley contempla en el Art 4 “Las adicciones deber ser abordadas como parte integrante de las
políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen
todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios
de salud”. La importancia de este articulo reside en que se manifiesta que las adicciones es un
asunto de salud mental, esto tiene dos consecuencias inmediatas, la primera es que deja de lado
la visión delictiva penal de la persona que consumía sustancias psicoactivas y la segunda es la
que da lugar al tratamiento de las adicciones como problemática de la salud.
El Estado provincial propone los Centros de Prevención de Adicciones (CPA), en la ciudad de
Mar del Plata funcionan dos de ellos, uno con modalidad ambulatoria y otro con internación en
Chapadmalal. El Estado garantiza becas para las personas que padecen de algún tipo de adicción
y que quieren realizar tratamiento, los mismos se llevan a cabo en las instituciones pertenecientes
al tercer sector, el de las ONGs que terminan haciendo un negocio, ahí donde el Estado garantiza
las posibilidades para ello. En el último tiempo, han comenzado a surgir instituciones del tercer
sector que trabajan desde distintas corrientes de la psicología, generados desde el ámbito
psicológicos, en otros casos se observa también la inclusión de ex-adictos o instituciones
religiosas.
La atención en la salud publica sufre desde hace décadas un desfinanciamiento, y los sectores más
vulnerables de la sociedad se han convertido en los sujetos de la necesidad, ya que las políticas
del Estado llegan luego de que la demanda se ha generado, desbordado y naturalizado, esto claro
está dentro del contexto de desigualdad social que tiene la ciudad.
Derechos de las personas con padecimiento mental, con el objetivo de la inclusión social y la
equidad:
-Derecho a la libertad y autonomía de la persona con padecimiento mental. De este modo la
internación involuntaria solo quedar restringida a circunstancias de riesgo cierto e inminente para
sí o para terceros.
-Se promulga en el Art 21, la celeridad en los plazos para informar la internalización involuntaria
al juez.
-Derecho a un trato digno y respetuoso: según el Art 29, se obliga a la denuncia de toda sospecha
de trato digno.
-Derecho al acompañamiento y contención familiar: las personas con padecimiento mental tienen
derecho a ser acompañadas durante el proceso terapéutico por familiares u otros afectos.
El objetivo central del centro de salud mental es el de trabajar para que no se intensifiquen las que
ya existen y se creen otras nuevas. Para ello, los servicios deben ayudar a constituir una red fuerte
pero flexible que detenga la caída de apoyo psicosocial de las personas cuyas conexiones con el
mundo se han agotado con el tiempo.
-Derecho a no ser identificado ni discriminado por un padecimiento mental pasado o actual.
-Derecho a ser informado y a decidir: el Art 7, la persona con padecimiento mental y/o su familia
debe ser informada de manera clara y comprensible adaptando sus medios y tecnologías de
información acerca de los derechos y de lo inherente a su salud, tratamiento y alternativas de
estos.
-Derecho a que el padecimiento mental no sea considerado un “estado inmodificable” aquí se
intenta una ruptura con los rótulos de “demente”.
El Art 32 refiere que el Poder Ejecutivo Nacional debe incluir en los proyectos de presupuestos
un incremento en las partidas destinadas a salud mental hasta alcanzar un 10% del presupuesto
total de Salud, ya que en este sentido las partidas presupuestarias dependen de las provincias y/o
municipios dependiendo los casos, lo que sí es de destacar en la actualidad el presupuesto total
en Salud Mental es de aproximadamente el 2%. Con el cambio en las intervenciones que se
deducen a partir de la ley, gran parte de la atención deberá fortalecerse en lo que respecta a la
Atención Primaria de la Salud, la misma se lleva a cabo desde los CAPS municipales.
A lo largo del tiempo se han podido corroborar en las instituciones psiquiátricas diversos casos
de violaciones a los derechos humanos. Esto es posible ya que no existen mecanismos de
supervivencia publica, además de la falta de recursos apropiados, capacitación de los agentes de
salud y el déficit edilicio en las instituciones.
Paralelismo entre la Ley 180 (Italia) y la Ley 26.657 (Argentina):
En Italia al igual que en nuestro país se propuso:
-Cierre progresivo de los hospitales psiquiátricos, prohibiéndose la construcción de otros nuevos
o la actuación de nuevas internaciones allí.
-La apertura de pequeños departamentos de hospitalización en los hospitales generales o en los
centros de salud mental en el territorio, considerados la base de la nueva red de asistencia.
-La creación de pequeñas estructuras protegidas para personas incapaces de vivir en familias o
solas.
-El tratamiento es considerado terapéutico y voluntario (las excepciones, son estrictamente
reglamentadas y delimitadas); se sanciona el derecho del paciente a rechazar los cuidados,
quedando firme el deber del servicio público de garantizárselos, en libertad, en la medida de lo
posible.
Concluyendo:
Será imperiosos conocer cómo funciona el poder y las hegemonías en el campo de la Salud Mental
en general y en cada región en particular, ya que ninguna ley por si misma genera un cambio, en
particular, esta ley es un instrumento de cambio que esta formulada desde un ideal progresista,
pero para poder llevarla adelante es necesario correlacionar fuerzas entre los diversos actores
sociales intervinientes tales como organizaciones profesionales, gremiales, de derechos humanos,
etc., de modo tal que se pueda intervenir tanto en la precarización laboral como en las faltas graves
en el campo de trabajo.
Lo cierto es que la historia de esta ley marca que, en el colectivo de la Salud mental, pocas veces
se había debatido o pensado en formular una ley sobre este campo, en la formación académica
del psicólogo no aparecía como tema pendiente y necesario, tampoco para la mayoría de los
trabajadores de la Salud Mental.
Al principio, la aprobación tomo por sorpresa a la mayoría de los trabajadores quieren en muchos
casos negaron que a ellos los afectara en su trabajo, otros se interiorizaron para ver de qué manera
afectaría su práctica. Entonces es una ley que aparece con más fuerza desde arriba hacia abajo, lo
riesgoso aquí es que se promulga sin demasiada conciencia y conocimiento sobre su importancia
por parte de los principales actores, lo que podría generar en estos actores involucrados una escasa
defensa para su cumplimiento.
En este proceso se deberá asegurar que la desinstitucionalización no signifique cerrarlos
hospitales para reducir el gasto público, abandonando en el territorio a quieres en él estaban
internados, que tampoco signifique imaginar falsamente que se están eliminando las instituciones
de control social en nombre de la ampliación de derechos de los pacientes que luego nadie va a
garantizar, y menos que no signifique desplazar a los “encerrados” a otros lugares con lógicas
similares, con nombres diferentes pero que totalizan a los enfermos en la enfermedad si, debería
significar empezar otra vez por la complejidad de la persona humana, por la necesidad de aligerar
sus lazos sociales e interiores, por su derecho a ser protagonista y libre, para no enfermar e incluso
para elegir el tratamiento de su parte enferma.
Por último, hay que tener en cuenta que para evitar que el Mercado se filtre, será necesario que el
Estado sostenga la salud publica desarrollando una política universalista de seguridad social con
la participación de equipos interdisciplinarios y usuarios. Para ello debe asignar un presupuesto
adecuado para dar una cobertura de salud a todos los ciudadanos independientemente de sus
posibilidades económicas y que los profesionales no sufran precarización laboral. “pero mientras
el poder lo tengan las empresas privadas, la hegemonía psiquiátrica neopositivista tratara de
impedir modificar el campo de la Salud Mental. (...) Sin embargo, la sanción de la ley permite
avanzar en la lucha por la organización ética, racional y científica en el campo de la Salud
Mental”.
Naddeo D – Ley 26657. 10 años después
UNIDAD 4
Delgado - Movimientos sociales.
Introducción
Se entiende por movimientos sociales a las acciones colectivas con alguna estabilidad en el tiempo
y algún nivel de organización, orientadas al cambio o conservación de la sociedad o de alguna
esfera de ella. La expresión nuevos movimientos sociales comienza a ser utilizada en los años 70,
y corresponde a unas formas de acción colectiva diferentes de aquellas basadas en el conflicto
central puesto en el Estado y en las divisiones entre clases sociales. Teniendo en cuenta la
historicidad del objeto sociológico (en ciencias sociales no es solo el observador quien interfiere
en el proceso de observación, sino que el propio objeto de investigación se sitúa siempre en un
contexto histórico) existen dos dimensiones a tener en cuenta a la hora de pensar en el surgimiento
de los nuevos movimientos sociales. Por un lado, una dimensión empírica que habla de la
aparición en el espacio público de unos actores hasta el momento relegados al espacio privado.
Por otro lado, una dimensión teórica, que nos sitúa de cara a la crisis del estructuralismo y a una
nueva teorización de la subjetividad.
Surgimiento de los nuevos movimientos sociales
De un modo empírico, es posible decir que a fines de las décadas del 70 y el 80 en América Latina,
y antes en Europa, hemos asistido a la emergencia en el espacio público de nuevos actores y
nuevas formas de expresión política. Estos actores (movimientos de mujeres, homosexuales,
migrantes, de derechos humanos) aparecen como novedosos frente a los actores políticos
tradicionales. Son movimientos sociales con minúscula y en plural por oposición al Movimiento
Social con mayúscula y en singular, que fue generalmente el movimiento obrero. Este movimiento
se constituyó en relación a una matriz sociopolítica clásica o nacional popular, donde el Estado
ocupaba un lugar de referencia central para las acciones políticas.
Por un lado, el Movimiento Social (mayúscula singular), orientado al nivel histórico–estructural
de una determinada sociedad y definiendo su conflicto central. Por otro lado, los movimientos
sociales (plural minúsculas) que son actores concretos que se mueven en el mundo de la vida,
organizacional o institucional, orientados hacia metas específicas y con relaciones problemáticas,
que se definen en cada sociedad y momento con el Movimiento central.
Hasta los años 70, el tema de la participación estaba centrado en el sistema político: partidos
políticos y elecciones para la transformación social democrática, guerras de liberación para la
transformación societal. El Estado estaba en el centro. Inclusive los actores corporativos
tradicionales – burguesía, movimiento obrero, los militares – eran mirados fundamentalmente en
cuanto a su capacidad de intervenir en el espacio político del poder del Estado. Los otros actores
sociales eran débiles; lo que había eran protestas, demandas frente al Estado, espacios de
sociabilidad y de esfuerzo cultural local. En el plano internacional, la centralidad del aparato del
Estado llevaba a acuerdos y convenciones. Pero la centralidad del Estado y la matriz nacional
popular que le daba sentido en América Latina se resquebrajó en un contexto de ruptura o crisis
debido a múltiples y complejos procesos: la globalización económica y cultural; el pasaje de una
sociedad industrial de Estado Nacional hacia sociedades post industriales globalizadas, con la
consiguiente crisis y declinación del paradigma del trabajo como eje organizador de la vida común
y de la política. Frente al surgimiento de un nuevo tipo societal, emergieron nuevos actores y
nuevas formas de acción colectiva.
En América Latina, a partir de los 70 hacen su aparición en el escenario público y van cobrando
creciente importancia formas de articulación de intereses y agrupamientos que dirigen sus
demandas al Estado, pero que no se canalizan a través de los partidos políticos. En la Argentina,
en el contexto de la Dictadura, el Movimiento de Derechos Humanos supo articular un espacio
de participación que operó, en la medida que reformulaba las demandas y lograba condensar los
nudos del conflicto, como eje de oposición ante el gobierno militar. La experiencia argentina de
los movimientos de derechos humanos, los que surgen como un modo de defensa ante la agresión
de estos derechos, se caracterizan por su relación negativa ante el poder, pero carece de propuesta
global de transformación social. El Movimiento de Derechos Humanos en la Argentina, invalida
el fundamento de la guerra contra el enemigo interno denunciando la represión y la ilegalidad del
gobierno militar. Los derechos humanos aparecen como el nudo de la acción política y su defensa
desnuda la lógica de la dominación.
En las transiciones a la democracia, algunos movimientos se constituyen en actores sociales
institucionalizados, especialmente en los gobiernos locales. Otros tienen recorridos diferentes en
los años 80, siendo incorporadas sus plataformas en la agenda social y política de la transición.
Puede decirse que se produce una doble situación en el proceso de transición. Por un lado, los
movimientos de DDHH se debilitan y quiebran, existiendo conflictos alrededor de las estrategias
entre quienes quieren entrar a las estructuras del poder y quienes eligen no negociar, aunque esto
signifique quedar fuera. Pero, por otro lado, sus temáticas se extienden socialmente y son
apropiados por la sociedad, lo que finalmente afirma la fuerza de estos movimientos. La temática
de los movimientos sociales en los 90 se reconfigura, con un fuerte impacto en el empleo.
La temática de los movimientos sociales en los 90 se reconfigura, en un contexto de profundas
transformaciones sociales y económicas, con un fuerte impacto en el empleo. Comienzan a
aparecer movimientos ligados a la recuperación del trabajo o la protesta social, vinculada a
obtener beneficios directos para la sobrevivencia, de amplios sectores sociales desplazados del
proceso de modernización.
Las características de los nuevos movimientos sociales: Son las más sobresalientes a partir de
algunas de sus particularidades más visibles, sin que por esto sean compartidas por todos ellos ni
que aparezcan siempre de manera absoluta.
•
El conflicto: no son movimientos anclados en el mundo del trabajo o el Estado
exclusivamente, pero que se fortalecen en ese universo en la década del 90. En la medida
en que estos movimientos se agrupan en torno a demandas tan variadas como trabajo,
libertad sexual, la identidad, la ecología, el consumo, etc., y que incluso generan
comunidades que van más allá de las fronteras del estado nación, crean una sociedad civil
internacionalizada; la problemática que plantean no puede reducirse a la oposición
sociedad civil/estado. Si en Europa surgen básicamente en torno a los conflictos ligados
al género, a la noción de identidad/diferencia, a la ecología, no siendo el Estado el
adversario fundamental, en América Latina estos nuevos movimientos sociales no pueden
ser entendidos son la referencia fuerte al Estado. Esta dimensión es muy clara en los
llamados Movimientos de Derechos Humanos que se configuran para resistir a los
Estados represivos de las dictaduras militares. Pueden verse en América Latina 4 ejes de
conflicto o de acción colectiva: primero, el eje de la democratización política, que implica
movimientos y actores que definen su acción social hacia el cambio de régimen político;
segundo, el eje de la democratización social, en torno a la redefinición de la ciudadanía,
la superación de la pobreza y la exclusión social; tercero, el eje de la reconstrucción de la
economía nacional, en torno al cual se realizan acciones colectivas defensivas frente a la
pérdida de conquistas sociales previas a la desarticulación del modelo de desarrollo del
Estado Nacional hacia adentro; y por último, el eje de la modernidad, en torno del cual
se desarrollan acciones colectivas de afirmación e impugnación de los diferentes modelos
de modernidad y las identidades posibles.
•
Las estrategias: en varios de estos nuevos movimientos sociales el poder es redefinido a
partir de su no exterioridad con respecto a los sujetos, no como algo del cual hay que
apoderarse sino como una dimensión que hace al tejido social. Se parte de asumir que la
voluntad colectiva no se juega en un solo tablero, lo que implica la ausencia de un único
adversario. Estos movimientos no se plantean la estrategia que subvierta el orden social,
sino más bien, microdisidencias en las que caben distintas actitudes frente al poder. Para
el zapatismo, por ejemplo, la lucha contra la dominación no implica cambiar un poder
por otro, no implica la toma del poder, idea que sintetizan a través de la afirmación: “para
nosotros nada, para todos todo”
•
La política y la cultura: estos movimientos, si bien no niegan la política partidaria, no se
remiten a ella como única vía para hacer política. Marcan su autonomía con respecto a
los partidos y dan prioridad a la sociedad civil por sobre el Estado. Prestan especial
atención a la visibilización a través de la dramatización, de la puesta en escena del
conflicto. Asumen que en la pelea por sus reclamos la cultura como expresión simbólica
juega un papel importante para sostener una demanda cuando las vías políticas se
clausuran. Las prácticas culturales son, más que acciones, actuaciones. (Buscando la
visibilidad negada por siglos, los zapatistas muestran el pasamontañas como símbolo de
la colectividad, afirmando que todos somos Marcos, tapándose para hacerse ver). Por otro
lado, las madres de Plaza de Mayo sabían que sus hijos estaban muertos, pero también
sabían que, para todo el pueblo argentino, pedir la aparición con vida era lo más justo que
podían hacer. Este pedido opera en dos dimensiones: como memoria de la sociedad, y
como proyecto hacia el futuro.
•
La comunicación: la lucha por la definición de los conflictos, por los símbolos, por la
legitimación de los actores y las demandas encuentra en los medios masivos de
comunicación una arena de disputa ciertamente valorada por estos movimientos. La
comunicación juega un papel central en la gran mayoría de ellos, tanto desde una
dimensión mediática como por fuera de ésta. Así, no sólo existe una preocupación por
estar, ser en los medios masivos, sino que también diseñan estrategias comunicacionales
por fuera de estos medios (ej: el Zapatismo usa medios de baja intensidad –cartas,
comunicados, pliegos, petitorios– pero también tecnología de punta–Internet). En cuanto
a los medios masivos, como agentes que disputan a las instituciones tradicionales la
hegemonía en la construcción de sentidos sociales de la vida, los nuevos movimientos
sociales han tenido especial interés en participar en ellos y en sus lógicas de
visibilidad/invisibilidad.
•
Espacio público/privado: la emergencia de los nuevos movimientos sociales se hace
desde la crítica a la configuración del espacio público/privado tal cual lo había ordenado
la modernidad, planteando conflictos diversos en torno a la identidad, la diferencia, el
poder, la cultura, la subjetividad. Las líneas divisorias entre el dominio público y privado
son redefinidas.
Nuevos movimientos y nuevas perspectivas teóricas: Los movimientos sociales en relación con
ciertos debates que en el plano de las ciencias sociales se han dado en los últimos años en torno a
la subjetividad, la identidad, el poder y la memoria:
•
La subjetividad: desde un punto de vista teórico, no podemos pensar la aparición de los
Nuevos Movimientos Sociales si no es relacionada con lo que se ha llamado el
surgimiento o retorno de la subjetividad, por reacción a las explicaciones deterministas
de la acción y la conciencia social. Esta emergencia de la subjetividad tiene que ver
entonces con la crisis de los paradigmas de análisis estructuralistas, que pretendían
explicar la acción y la conciencia social por la determinación de las estructuras, de las
cuales los sujetos eran sólo epifenómenos. Pero, además, la problemática de los nuevos
movimientos sociales surge en relación a una línea de pensamiento que va a caracterizar
la crisis de la modernidad a partir de la idea del proyecto inconcluso. La modernidad se
concibe como un proceso de constitución de sujetos, pero éstos no se pueden entender
sólo desde una dimensión racional. El sujeto se define como la reivindicación por el
individuo o el grupo de su derecho a ser un actor singular y esta finalidad se constituye a
través de la conflictividad. La subjetivación realizada, puesta en el espacio público por
los actores, es lo que da vida a los nuevos movimientos sociales, estos donde los actores
combinan la experiencia cultural privada con la participación en el universo de la acción
instrumental.
•
Identidad: si durante los procesos de constitución de los estados nacionales, y
específicamente en América Latina, las identidades colectivas se habían afirmado desde
la nación, con la crisis de los modelos de estado dominante y con el desarrollo de los
procesos de globalización, estas identidades entran también en crisis. Los nuevos
movimientos sitúan en primer plano las cuestiones ligadas a la identidad de sus
integrantes, que en ocasiones son consideradas plataformas para la participación. Salen
del ámbito privado para transformarse en reivindicaciones sociales. Las reivindicaciones
de estos movimientos tienden a presentarse asociadas a una serie de símbolos, creencias,
valores y significados colectivos que tienen especial importancia para sus seguidores por
dos razones: 1) están en el origen de los sentimientos de pertenencia a un grupo
diferenciado; 2) están íntimamente relacionados con la imagen que los seguidores de
estos movimientos tienen de sí mismos y con el sentido de su existencia individual. Pero
la identidad no es sólo la imagen de uno mismo, sino que supone como condición de
emergencia la intersubjetividad, la otredad: la identidad emerge y se afirma sólo en la
medida en que se confronta con otras identidades en el proceso de interacción social. La
emergencia de estos nuevos movimientos sociales en la escena pública no sólo puso de
manifiesto la necesidad de un reconocimiento de la alteridad a partir de una afirmación
positiva de la identidad (nosotros somos gay, nosotros somos aborígenes) sino que
también expresó la participación asimétrica en la posesión de los recursos materiales
circulantes en el espacio social (somos pobres, somos sin tierra).
A la hora de hablar de movimientos sociales e identidad, es necesario tomar la conceptualización
realizada por Castels en torno a lo que él llama las identidades defensivas por oposición a las
identidades proyectivas: las identidades defensivas, como aquellas que ante las adversidades
desarrollan estrategias de sobrevivencia cuya característica es la defensa del entorno; las
identidades proyecto, aquellas que pasan de la defensa al proyecto, a una actitud proactiva.
Corriendo el riesgo de la generalización, se podría decir que en Europa los nuevos movimientos
sociales surgen a partir de la afirmación religiosa, de género, ecológica, mientras que es posible
pensar que en América Latina es más fuerte la dimensión de la carencia, de la falta: los sin tierra,
sin bienes, injusticia, sin identidad.
•
Memoria: durante los 2 últimos siglos el tiempo fue concebido básicamente desde 2
lugares centrales: por un lado, como tiempo episódico o histórico, por otro lado, como no
tiempo, o tiempo de la larga duración. La primera definición debe atribuirse a aquellas
narrativas que explicaron el tiempo de las sociedades y las culturas desde la idea de
historia aunada a la noción de progreso indefinido. Así se presenta el tiempo como una
serie de sucesiones lineales, donde cada etapa supera a la anterior. En segundo lugar, las
ciencias sociales han analizado la temporalidad social desde el paradigma estructuralista
donde el tiempo es un gran ausente en la problematización de lo social. En los últimos
años, de la mano de la sociología histórica y de los estudios culturales, las ciencias
sociales comienzan a pensar el tiempo desde una densidad diferente, planteándose las
múltiples temporalidades o (des) tiempos de lo social; de la historia (un único tiempo) a
la memoria.
En la Argentina pos-dictadura se reconoce la presencia de movimientos sociales que son producto
de la intención de hacer oír la memoria. Movimientos que se construyen a partir de la pérdida, el
dolor, de la consecuencia de los hechos o de la derrota. Ejemplo de esto son el grupo HIJOS y los
ex soldados combatientes de Malvinas. A estos movimientos los une el carácter de un hecho que
los atravesó y les otorga sentido de pertenecía. HIJOS se constituye como grupo involucrando en
ello la reintroducción de los otros, del pasado silenciado y olvidado. Si bien hoy hay florecimiento
de nuevas y múltiples subjetividades políticas (de clase, étnicas, gay, ecológicas, feministas,
religiosas) en el caso de HIJOS existe un proceso que busca la reconstrucción histórica de un
relato fundante que posibilite un proceso identificatorio desde la reconstrucción de la memoria.
Ellos buscan el pasado de sus padres y el presente propio.
•
El poder: las ideas clásicas en relación al poder, atravesadas por las miradas marxistas,
hablaban de un poder dividido en dos, uno coaccionando sobre el otro: una clase
dominando a la otra, imponiéndole su fuerza. A partir de los aporte gramscianos se lleva
a cabo un desplazamiento de la concepción del poder como imposición hacia la noción
de hegemonía. Se traslada el acento puesto en la dominación como imposición hacia la
dominación como relación de reconocimiento, de comunicación, donde el poder no se
ejerce como fuerza sino como sentido. Es decir, que los procesos de dominación social
ya no son pensados como procesos de imposición desde un exterior y sin sujetos, sino
como procesos en los que una clase o sectores de clases hegemonizan en la medida en
que representan intereses que también representan como suyos las clases subalternas. No
hay hegemonía, sino que ella se hace y se deshace, se rehace permanentemente en un
proceso vivido, hecho no sólo de fuerza sino también de sentido, de apropiación del
sentido por el poder, de seducción y complicidad, lo que implica que la hegemonía nunca
puede ser total, siempre pueden surgir formas de conciencia en la vida cotidiana que se
movilicen contra el orden hegemónico.
Por otro lado, para los años 80 opera también la ruptura con la idea moderna del poder expresada
a partir de la idea foucaultiana de la microfísica del poder. El mismo la define así: no hay poder,
sino que, dentro de una sociedad existe múltiples relaciones de poder extraordinariamente
numerosas y múltiples, colocadas en diferentes niveles, apoyándose unas sobre las otras y
cuestionándose mutuamente. El poder en las sociedades está en todas partes, circula; la
organización social está regida por el ejercicio del poder. Esta idea fue asumida por los propios
movimientos, como mirada desde donde ubicarse en la conflictiva social, tanto para sus
accionares como para sus modos de organización interna.
A manera de conclusión
Es posible afirmar que en lo últimos años asistimos a la emergencia de unos nuevos actores y
formas de acción colectiva que se definen no más por su posicionamiento estructural
excluyentemente sino por la inscripción de la subjetividad y la memoria en el espacio público.
Estos nuevos movimientos sociales, caracterizados no a través de un conflicto central sino en
relación a diversos ejes, surgen de la mano de la crisis de la sociedad industrial y el pasaje a una
sociedad posindustrial o de la información, donde el paradigma organizador de la vida cotidiana
deja de ser el trabajo, sino más bien la ausencia de él y las identidades colectivas comienzan a
desplegarse del Estado Nacional. En este nuevo contexto, los actores sociales y los movimientos
tienen un rol doble: por un lado, son sistemas colectivos de reconocimiento social, que expresan
identidades colectivas viejas y nuevas, con contenidos culturales y simbólicos importantes. Por
otro, son intermediarios políticos no partidarios, que traen necesidades y demandas de las voces
no articuladas a la esfera pública y las vinculan con los aparatos institucionales del estado.
La primera pregunta que surge al analizar los nuevos movimientos sociales se relaciona con la
capacidad o no de los nuevos actores de marcar una diferencia, es decir, de ejercer poder de
transformación de las relaciones sociales hegemónicas. Porque si bien es posible afirmar que la
emergencia de nuevos sujetos y nuevas demandas ha significado un efecto democratizador, se
plantea la duda en torno a la posibilidad de acción cuando la fragmentación de actores y demandas
toma difuso los oponentes y las vías de canalización. En segundo lugar y ligado a lo anterior, una
cuestión que suscita interés se refiere a la vinculación entre esas nuevas demandas y el sistema
político. Sin duda la vinculación entre los movimientos sociales y las instituciones políticas, las
agencias estatales, los partidos políticos, son altamente cambiantes. El panorama es heterogéneo.
Aunque se diferencian del Movimiento Social, con mayúsculas, estos nuevos movimientos
sociales, por lo menos en América Latina y en los últimos años, se consolidan y estructuran, vía
la protesta social, y que tienen como eje articulador, la desafiliación del mundo del trabajo.
Cefai. Acción asociativa y ciudadanía común.
¿Las asociaciones, lugares de ejercicio de la ciudadanía común?:
Mediante la expresión ciudadanía común entendemos que el sentido de la ciudadanía no es
asimilable al clásico de Marshall que insiste de un modo demasiado unilateral en una concepción
de los derechos pasivos de la ciudadanía. No se la puede reducir a algunos indicadores estadísticos
como el conocimiento de las instituciones políticas o de los derechos cívicos, la información sobre
los partidos políticos. Las asociaciones constituyen un observatorio idóneo para analizar cuáles
son los recursos cívicos movilizados por los ciudadanos de a pie, cuáles son las virtudes cívicas
que valoran y cuáles son las consecuencias cívicas que desarrollan.
Ámbitos de realización de la autonomía personal:
Las asociaciones constituyen un ámbito que favorece la elaboración de un proyecto de sí mismo
y refuerza la autonomía personal, ya que permiten proseguir la realización de proyectos
colectivos. Los individuos aprenden a afirmarse y enfrentarse, reconocerse y respetarse, viven de
esa alianza de intercambios de dialogo, coordinación y competencia como fuente de desarrollo
personal. Proporciona a los individuos unos elementos de constitución de una identidad que les
ayuda a autodeterminarse proyectándose en el futuro. Elaboran estrategias para alcanzar sus
objetivos, controlan universos de recursos e información, entran en relaciones de poder y
oposición.
Microespacios de reciprocidad, de sociabilidad y de solidaridad:
El segundo argumento se centra menos en la autonomía personal que en los vínculos de
reciprocidad, sociabilidad y solidaridad asociativa. Se supone que la vida pública rompe con los
vínculos de sociabilidad primaria, se nutre de ellos para luego desprenderse de ellos, la oposición
entre las relaciones de orden privado y público tiene una pertenencia descriptiva en el sentido que
da cuenta de modos diferentes de compromiso. Lo importante es que la lógica del don no se
encierra en preocupaciones domésticas, sino que se abre a la vida pública, la vida asociativa no
se circunscribe a relaciones circulares de persona a persona, entra en juego un tercer actor, el
público, se ven implicados, sienten deseos de verdad y sentimientos de justicia sin que les mueva
ningún interés, son como jueces de un tribunal de la razón.
Redes de acumulación de capital social:
El capital social se reduce a otro recurso más, a otro tipo de capital a añadida a los repertorios de
capitales económicos, informacionales, políticos o culturales, ese capital social se adquiere, se
invierte, se acumula, y se reproduce. Se pone el acento en los vínculos de reciprocidad que
enriquecen el sentido de las normas, la cantidad de confianza, y la entrada en redes que favorecen
el compromiso cívico y densifican esos vínculos horizontales de reciprocidad. Las bonding
associations son formadoras de identidades exclusivas y de grupos homogéneos, permiten que las
clases dominadas tengan formas de apoyo mutuo, que los movimiento feminista o negro se
inventen una identidad colectiva y tengan un sentimiento de orgullo o que unos hombres de
negocios se conozcan y puedan emprender estrategias comunes.
Mediaciones de la sociedad civil, investigar y experimentar:
Las asociaciones como unos lugares de producción, de recopilación y elaboración de información
de alcance público, desempeñan un papel de contrapoder, desarrollando labores de investigación,
sacando a la luz situaciones desde una perspectiva problemática y haciendo surgir públicos
subalternos que proponen lecturas anti hegemónicas del mundo. Sería una forma de autogestión
y autogobierno que se basaría en asociaciones de asociaciones, con anclajes en centros de trabajo
y lugares de residencia, de comercio y religión. El modelo habermasiano de formación de una
voluntad general autónoma y de constitución de una razón comunicacional, que investigue sobre
las propias experiencias, los hechos y las normas en un mundo de la vida intersubjetivo y que
presione desde fuera sobre el poder legislativo y sobre los poderes ejecutivo y administrativo
regidos, sobre una racionalidad instrumental, falla en esa mezcla de asociaciones, de redes
sociotécnica, del Estado y del mercado.
Escuelas de democracia deliberativa, comunicar y razonar:
Los miembros de las asociaciones descubren en ellas los rudimentos de la actividad política, como
presentarse, hablar y debatir, convencer y manipular, negociar y entenderse, coaligarse y
oponerse. Los contextos de deliberación permiten desnaturalizar las evidencias ideológicas y
negarse a aceptar el “pret-a-penser” impuestos por los medios de comunicación. Según la tesis de
la democracia deliberativa, los miembros de las asociaciones son actores implicados en procesos
de comunicación pública y de razonamiento colectivo, contribuyen a demostrar ciertas verdades
y a contestar verdades establecidas por otros.
Lugares de formación para el civismo, virtudes y competencias:
Las asociaciones forman competencias cívicas e inculcan virtudes cívicas. Organización,
experimentación y deliberación enriquecen las competencias de los ciudadanos, aptitud para la
reflexión y el juicio autónomo, capacidad para tomar distancia ante los prejuicios, pensar por sí
mismo y no ceder a las ideologías, examen critico de las situaciones que pasa por la
argumentación racional y la comprobación empírica, resistencia a las tentaciones de tiranía,
adquisición de un sentido de conflicto, de la negociación y del consenso, de un sentido de
reciprocidad, de la confianza y del agradecimiento, practicas del voluntariado en las que el tiempo
y la energía dados no se pagan como en un mercado, ni están sujetas a la búsqueda del poder. La
competencia para actuar y opinar, suele ser el privilegio de las personas que tienen mayor capital
económico, social o cultural, y disponen de los recursos materiales, de las redes de relaciones y
de los repertorios de conocimientos necesarios para el compromiso. Se requiere la primera para
que se constituyan públicos hechos del cruce y del choque de perspectivas heterogéneas, en las
que se van buscando verdades factúrales, sin un juego de intervalos entre individuos, no habría
lugar para que surgiera una opinión, un juicio o una acción que se pudiera calificar de públicos.
La segunda, garantizan las libertades civiles y políticas, protege y promueve la primera, asegura
que todos tienen voz y voto e intenta encontrar el modo de insertarlos en el espacio de la vida
pública, a través del derecho a la expresión, concede una forma de reconocimiento público de las
singularidades individuales, de las condiciones sociales y de las posturas políticas.
Asociaciones, bienes públicos y bienes privados.
La mayoría de las asociaciones no aspiran a la democracia como finalidad en si. Los bienes
materiales o simbólicos que pretenden lograr no son necesariamente compatibles con la
democracia, las modalidades de organización o de acción a través de las que se propone conseguir
esos bienes contravienen a veces los principios de pluralidad, libertad, igualdad y legalidad.
Los riesgos de deriva antidemocrática.
La acción asociativa puede resultar muy peligrosa para la vida democrática. El principio de
asociación puede ser fuente de toda clase de bandas hostiles al pluralismo democrático. Muchas
asociaciones no dejan lugar a la controversia ni al debate: no dudan en aniquilar las oposiciones
internas, ya que su proyecto consiste en realizar sus ilusiones ideológicas, acaparar el poder sin
respeto a la ley o al conflicto, suprimir la diversidad racial, religiosa o política, imponer una
verdad dogmática que refuerza una dominación total.
Una reflexión sobre la ciudadanía asociativa tiene sentido siempre y cuando se inscriba en una
concepción de la experiencia democrática y republicana. Debe resistirse a la ilusión de la
asociación como sujeto político en sí y para sí.
No debe limitarse a sus objetivos directos, sino que debe estudiar las consecuencias prácticas que
producen a lo largo de redes y sobre públicos más dispersos en el espacio y el tiempo.
El debate sobre la relación Estado y las asociaciones no puede darse por cerrado. Em algunos
casos se tacha al estado de monstruo frio que quiere dirigir todo y contribuye con sus excesos de
regulación y de represión a mantener la anomia cívica y la inhibición política. Las asociaciones
trabajan por un reparto de los derechos y de las obligaciones en la sociedad civil que no se
determina totalmente ni con el derecho positivo, ni con la intervención administrativa, ni con la
actuación de los partidos político, ni con la acción de los grupos de intereses. Son fuentes de
inventiva publica de cooperación social, de dinamismo económico, de libertad religiosa, sin los
que se pierde gran parte del pluralismo democrático.
Acción pública, interés general e intereses particulares.
El bien público no es más que una de las figuras posibles de los bienes a los que aspiran las
asociaciones. Además, no se puede entender de modo objetivo, no se puede disociar de las
controversias en torno a su definición y de las posturas normativas por parte de sus defensores y
sus detractores.
La determinación de lo que es el bien público es tema de disputas institucionalizadas en mayor o
menor grado. Aunque todos los actores coincidan en la necesidad de referirse al bien público,
difieren sobre el sentido de la palabra.
Dos preguntas se entrelazan: La primera se refiere a la autorización de los actores asociativos para
participar en medidas de acción pública. La segunda a la aceptación publica de sus propuestas,
denuncias y reivindicaciones. Las asociaciones han estado alejadas durante mucho tiempo de la
acción pública. La representación política y los expertos científicos tenían tendencia a poseer el
monopolio de la definición y de la realización del bien público.
Toda la literatura sobre la gobernanza muestra como redes de actores privados, semipúblicos y
estatales colaboran, aunque existen asimetrías de poder y de prerrogativas, de dinero e
información. El bien público se convierte en la clave de las transacciones en las que algunas
asociaciones consiguen una representatividad y una legitimidad frente a los representantes
elegidos por la nación o frente a los representantes de la función pública. En este caso, las
asociaciones son socios de las empresas privadas y de las instituciones públicas en la constitución
de la acción pública.
Las asociaciones proponen nuevas definiciones de los problemas, alternativas a las del Estado o
de las empresas, y obligan a poner en marcha otros referentes sociotécnicos, otros montajes
financieros y otras interlocuciones sociales. Sin ningún condicionamiento inicial, pueden surgir
para construir espacios libres. Pueden surgir como una reacción a una emergencia local. Pueden
verse implicadas, de modo directo y duradero, en dispositivos de concepción, deliberación,
decisión, aplicación y evaluación de políticas urbanas.
Todas esas actividades colectivas modifican la configuración de los foros públicos de los que
forman parte y fijan nuevas agendas de problemas públicos. Participan en la organización de
formas de cooperación entre actores cuyo estatuto jurídico es privado o público, sin que esa
cooperación sea un mero hecho de transacciones mercantiles o de reglamentaciones estatales.
Podemos citar las experiencias de la economía solidaria o del tercer sector. Las empresas sociales
y las asociaciones solidarias tejen redes de protección contra la desafiliación de los parados y se
proponen crear un vínculo social y la autoestima. Pese a todo, el margen suele ser reducido entre
Tercer Sector, Estado y mercado: por mimetismo institucional, las asociaciones corren el peligro
de tomar partido por la reglamentación publica en materia de normas de servicios, de presupuesto
y de gestión o adoptar la lógica del beneficio privado como respuesta a la presión de la
competencia económica.
Segunda cuestión. Los miembros de las asociaciones se encuentran en la disyuntiva del
compromiso público y la pertenencia a unos colectivos particulares. Están vinculados a redes de
relaciones interpersonales y anclados en comunidades de territorio y de vecindad; defienden
intereses comunes a grupos culturales, religiosos o profesionales de los que sacan beneficio,
excluyendo a otros. Para hacer oír su voz y valer sus derechos, las asociaciones se ven obligadas
a adoptar los repertorios retóricos del interés general o de la utilidad pública. Los ciudadanos se
ven obligados a tener en cuenta intereses contrarios o competidores, a situar sus puntos de vista
en un plano político, territorial institucional.
Experiencias privadas, bienes públicos: las paradojas de una política personal.
El sentido de las situaciones, de las actuaciones y de los acontecimientos a los que los ciudadanos
de a pie se ven confrontados está impregnado de redes de significados cívicos y políticos.
Aunque no consigan lograr sus objetivos explícitamente designados, las acciones asociativas
producen transformaciones de la experiencia subjetiva e intersubjetiva. La fabricación de las
causas públicas y la movilización de los actores colectivos contribuyen a inventar nuevas
identidades, prácticas y representaciones.
Transforman las relaciones de explotación y de dominación, las escalas de deferencia y de
subordinación, las dinámicas de estigmatización y de discriminación, las fronteras de la inclusión
y de la exclusión, los sentimientos de pertenencia o de extrañamiento.
Las culturas publicas moldean la experiencia privada y las acciones colectivas la transforman, y
viceversa, los objetivos del bien público suelen tener anclajes en la experiencia privada.
Al constituir espacios públicos, instauran puntos de referencia para la comprensión, la
interpretación y el juicio que los actores utilizan en su vida privada y pública. Esbozan paisajes
descriptivos, interpretativos en los que los actores pueden situarse, orientarse y proyectarse. De
esta forma el despliegue de públicos asociativos es una fuente de creatividad colectiva que vuelve
a articular su experiencia de ciudadanos corrientes y los hace existir como miembros de la ciudad.
Nos podemos imaginar los vínculos estrechos entre lo público y lo privado.
Resulta difícil oponerlos y afirmar que los progresos de una cultura de la realización de uno
mismo significan el final de los compromisos cívicos o políticos.
El bien público se propone mantener un vínculo circular con las experiencias privadas en las que
se encuentra un terreno de impulso y que modela. La acción asociativa contribuye a hacer que los
particulares presten atención a lo que quedaba relegado antes a la vida privada, a exponer en los
escenarios de los medios de comunicación lo que era antes del dominio de la intimidad y a
movilizar a los poderes públicos en temas que escapaban antes de su jurisdicción.
Jelin E, Cagghiano y Mombello
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Los derechos como resultado de luchas históricas
A partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, y de todos los pactos,
tratados y convenciones internacionales posteriores, el campo de la discusión y defensa de los
“derechos humanos” es amplio y complejo. Estos acuerdos, siempre parciales y cuestionados, no
son eternos. Son el producto de luchas históricas, de conquistas logradas por hombres y mujeres
que se han ocupado y preocupado por lograr que las instituciones reconozcan y especifiquen los
atributos humanos que deben ser garantizados, y quienes han luchado por ampliar el acceso a
estos atributos a más categorías de seres humanos, previamente discriminados y excluidos en
función de su género, raza, edad, educación, etc.
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¿Qué es la ciudadanía?
En la teoría democrática, la noción de ciudadanía está anclada en la definición legal de derechos
y obligaciones que la constituyen.
Hay tres ejes claves de debate:
- La naturaleza de los “sujetos” que serán considerados ciudadanos;
- El contenido de sus “derechos”; y
- Las responsabilidades y compromisos inherentes a la relación ciudadanía-estado.
Históricamente, el tema de los derechos humanos y de la ciudadanía se inaugura en Occidente
como una demanda da la modernidad de la burguesía (y de sus filósofos) frente al poder y a los
privilegios de las monarquías (gobierno de uno solo). Las luchas históricas siguen vigentes en
relación con el contenido de derechos específicos. Marshall plantea una progresión (aumento)
histórica que implica primero la extensión de los derechos civiles, una segunda etapa de expansión
de los derechos políticos, y, por último, los derechos sociales. La hipótesis de Marshall de la
expansión de los derechos se corresponde con la terminología de generaciones de derechos. Los
derechos de primera generación son los derechos civiles y políticos; los de segunda generación
son los derechos económicos, sociales y culturales, que requieren un papel activo del Estado para
asegurar las condiciones materiales requeridas para el ejercicio de los anteriores. Estos dos tipos
de derechos se refieren fundamentalmente a derechos individuales. Los derechos de tercera (paz,
desarrollo, medio ambiente) y de cuarta generación (derechos de los pueblos) son de otra
naturaleza, ya que hacen referencia a fenómenos globales y colectivos.
La ampliación de la base social de la ciudadanía (por ejemplo, la extensión del voto a mujeres o
a analfabetos/as), la inclusión de grupos sociales discriminados o desposeídos como miembros de
la ciudadanía y el reclamo por la “igualdad frente a la ley” han sido temas casi permanentes en la
historia contemporánea.
En este sentido, tanto la ciudadanía como los derechos están siempre en proceso de construcción
y de cambio.
Desde una perspectiva analítica, el concepto de ciudadanía hace referencia a una práctica
conflictiva vinculada al poder, que refleja las luchas acerca de quienes podrán decir que en el
proceso de definir cuáles son los problemas comunes y cómo serán abordados.
El derecho básico es el “derecho a tener derechos”. Las acciones propias de los ciudadanos son
sólo aquellas que tienden a mantener, y de ser posible a incrementar, el ejercicio futuro de la
ciudadanía.
Lo importante de la tradición de los derechos humanos occidentales es la ausencia de referentes
trascendentes. No hay autoridad por encima de la sociedad, no hay un “gran juez” para solucionar
los conflictos. La justicia queda anclada en la existencia de un espacio público de debate, y la
participación en la esfera pública se convierte en un derecho y un deber.
Lo importante y significativo de esta historia: la noción de individuo con derecho a participar en
el debate público se definió en términos excluyentes como hombres masculinos. Además de la
referencia a los derechos, la ciudadanía incluye las responsabilidades y los deberes de los
ciudadanos/as.
En el plano macrosocial, el proceso de construcción de derechos y deberes ciudadanos tiene como
referente al Estado. La historia latinoamericana ha sido y es la de una lucha por transformar un
Estado que ha permanecido lejano de la ciudadanía.
El proceso de democratización (la democracia es una forma de organización del Estado en la cual
las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo) implica el desmantelamiento (destrucción)
de formas antidemocráticas de ejercicio del poder (autoritarias, basadas en la fuerza pura) y
también el reconocimiento y la vigencia de los derechos, así como los criterios que otorgan
legitimidad a los actores sociales. La gente tiene que adoptar comportamientos y creencias
coherentes con la noción de democracia. Los líderes políticos y las clases dominantes tienen que
aprender a reconocer y tomar en cuenta los derechos y las identidades de actores sociales diversos,
renunciando a la arbitrariedad y a la impunidad.
El concepto de “ciudadanía” es histórico y dinámico. Puede definirse como un conjunto de
derechos y responsabilidades que las personas tienen en el marco de una comunidad determinada
y en tanto que miembros de una comunidad. Cada persona debe ser tratada como miembro pleno
de una sociedad de iguales.
Es común hablar de ciudadanía en términos de derechos civiles, políticos, sociales y culturales.
Normalmente existe una enorme distancia entre la formalidad de la ley y la realidad de su
aplicación (entre lo que la Ley dice y lo que se hace), y una buena parte de las luchas sociales está
históricamente destinada a acortar esta brecha. Puede también haber una gran distancia entre la
formalidad de la ley y la conciencia sobre los derechos que los propios sujetos de derecho tienen.
Aún en los casos en que existen derechos de ciudadanía formalmente definidos, en la vida
cotidiana la gente no los ejerce, no los demanda, no se apropia de ellos. De esta forma, se viven
como normales y naturales las jerarquías y las desigualdades sociales.
Una cuestión central es saber cómo se construye la ciudadanía “desde abajo”. En otras palabras,
lo que importa son las maneras en que se van ampliando las categorías de personas que son
consideradas ciudadanos/as (por ejemplo, reconocer que quienes son analfabetos/as también son
ciudadanos/as con derechos) y cómo se van adquiriendo más derechos.
Los escenarios de acción pública y del reclamo y la lucha por derechos son múltiples. Estos
escenarios se ubican en diversas escalas o niveles. En la sociedad, hay una pluralidad de órdenes
normativos operando al mismo tiempo. Los grupos que luchan por conseguir un derecho o por
proteger uno ya existente se mueven en diversas escalas y en relación con esta pluralidad de
órdenes normativos. No es acertado pensar esta multiplicidad de sentidos y de niveles como si se
tratara de esferas cerradas, separadas entre sí. A veces, los intereses y escenarios de acción se
articulan en diversas escalas de manera armónica o conflictiva.
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Un proceso con idas y vueltas
El proceso dinámico de construcción de derechos y de ciudadanía toma formas diversas. La
ampliación y profundización de los mismos puede darse a través de su institucionalización, o a
través de formas menos institucionalizadas, pero no menos importantes.
Derechos por los que se luchó y fueron conquistados hace mucho tiempo fueron desmantelados
(deshabilitados) después. Discusiones que avanzaron en un plano pudieron haber generado
retrocesos en otros, etc.
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Tensiones y dilemas
El proceso de demanda, consolidación y mantenimiento de derechos humanos y ciudadanía
generan tensiones o dilemas. En primer lugar, la tensión entre derechos y responsabilidades o
deberes de ciudadanía es permanente, con contenidos cambiantes. En segundo lugar, los derechos
humanos son universales, afectan a todos/as. La ciudadanía (pertenencia que una persona tiene
hacia una sociedad determinada en la que participa. En tanto ciudadano tiene derechos y
obligaciones) también es universal, aunque limitada. Si bien afecta a todos los miembros de un
Estado Nación, en el ejercicio de la ciudadanía y los derechos hay diferencias entre las personas
y muchas veces los reclamos por los derechos son reclamos de reconocimiento, de respeto o de
tolerancia de las diferencias.
La igualdad literalmente entendida puede ser engañosa o insuficiente en muchas situaciones.
Todos los seres humanos son iguales por naturaleza. Pero los seres humanos no son sólo
“naturales” sino también sociales e históricos, es decir, son lo que son en tanto forman parte de
una sociedad o de un grupo social y tienen una historia. En esa otra cara de la realidad los
individuos no somos todos iguales. Siendo iguales por naturaleza, somos diferentes por sociedad,
por cultura y por historia. Otra crítica a la noción de igualdad está contenida en la universalidad
de los derechos humanos o de la ciudadanía. Nadie puede tener una mirada universal. No es
posible formular derechos y reglas en términos universales que sean ciegos a las diferencias. Sólo
tomando en cuenta las diferencias se podrá lograr la inclusión y la participación de todos. Las
diferencias existen y muchas veces es necesario reclamar para que se las respete. Se hace difícil,
entonces, mantener aquel paradigma de la igualdad universal. Hay una tensión inevitable entre el
principio de la igualdad y el derecho a la diferencia.
En tercer lugar, existe un tema controvertido, vinculado a la pertenencia y al reconocimiento de
bienes simbólicos, del derecho a tener una identidad colectiva, de pertenecer a una comunidad,
de defender intereses en función de ella.
El tema de la pertenencia comunitaria se vuelve problemático cuando hay una comunidad
hegemónica (normalmente un Estado-Nación) que engloba a otra (y que incluso puede pretender
ignorarla o borrarla étnica o culturalmente, por ejemplo).
Hablar de derechos culturales es hablar del derecho de grupos, comunidades, colectivos o
sociedades (autodefinidas como tales) a vivir en su propio estilo de vida.
Los derechos humanos pueden llegar a ser contradictorios con los derechos colectivos. La
vigencia de derechos humanos universales no es garantía de la vigencia de derechos colectivos
de los pueblos.
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El espacio de los movimientos sociales y la acción colectiva
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Un poco de historia
Durante La década de los 70 y comienzos de los 80 se incrementaron en América Latina los
estudios de los nuevos movimientos sociales. La particularidad latinoamericana fue que la
visibilidad de estas formas de acción colectiva coincidió con el cierre de los canales
institucionales de expresión de demandas sociales. La cuestión era entonces determinar si estas
formas de acción colectiva eran un fenómeno legítimamente nuevo o una respuesta al cierre de
los canales instituidos de expresión de las demandas sociales. A partir de ese momento, cuestiones
ligadas a la construcción de ciudadanía, al reconocimiento de derechos y a la participación han
estado a la orden del día.
En términos sociales, la decadencia del Estado de Bienestar trajo un aumento notorio de las
desigualdades y la polarización social, acompañado por políticas públicas “focalizadas”, basadas
en un modelo asistencialista productor de exclusión y marginación.
En este contexto histórico, asistimos en la primera década del siglo XXI a una transformación del
escenario público-político en varios países de la región. En Argentina, entre ellos, se recobra y se
renueva la demanda social expresada en acciones colectivas y en movimientos sociales.
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Voceros e intermediarios: movimientos sociales y ONGs.
El panorama mundial de los actores sociales se ha transformado profundamente en las últimas
décadas. Hasta los años 70, el tema de la democracia y la participación estaba centrado en el
sistema político. El Estado estaba en el centro; las estrategias de la toma del poder eran el eje de
la discusión. Lo que había eran protestas y demandas frente al Estado. En el plano internacional,
la centralidad del Estado llevaba a acuerdos y convenciones. La sociedad tenía poca cabida directa
y poco espacio en ese mundo. En las dos décadas siguientes (80 y 90), el poder de las
organizaciones sociales no gubernamentales fue creciendo.
A partir de los años 70, hacen su aparición en el escenario público, y van cobrando creciente
importancia, agrupamientos que dirigen sus demandas al Estado. En el plano internacional, la red
de organizaciones sociales ha tenido un papel central en la defensa y promoción de derechos de
categorías y grupos específicos (niños y niñas, derechos ambientales, etc.).
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Derechos Humanos y ciudadanía internacional
El campo de los derechos humanos y el mundo de las mujeres constituyen las áreas donde este
fenómeno de los movimientos sociales se ha extendido más.
En las sociedades latinoamericanas, las protestas colectivas y los movimientos se fueron
transformando en organizaciones más formales, constituyendo un nuevo sector, el llamado Tercer
Sector, diferente del Estado y del Mercado, compuesto por organizaciones privadas sin fines de
lucro, auto-gobernadas y con algún grado de actividad solidaria. Se trata de un sector muy
heterogéneo, donde interesa distinguir dos tipos de organizaciones: las que son mediadoras y las
conformadas por los propios beneficiarios. En el primer tipo, su papel mediador es entre el Estado
y las demandas de los sectores populares. Estas organizaciones, conformadas a menudo por
profesionales, trabajan para ampliar los derechos de sectores subordinados. Cuentan con reglas
de funcionamiento propias y con una creciente legitimidad en ámbitos gubernamentales. Las del
segundo tipo, organizaciones de pueblos originarios, de mujeres, de jóvenes, de inmigrantes, etc.
Son agrupamientos que dirigen sus demandas al Estado.
En los años 90, las organizaciones no gubernamentales se fueron convirtiendo en intermediarias
entre los desposeídos y el poder, o en organizaciones compensadoras de lo que el Estado no
proveía. A menudo representan ante el poder a aquellos que no tienen voz, los excluidos.
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El nuevo siglo
En una perspectiva de mediano plano, las demandas sociales representadas en movimientos
colectivos han ido cambiando de perfil. La heterogeneidad y multiplicidad de actores y de sentidos
de su acción se tornaron más visibles. Primero fueron movimientos heterogéneos y diversos y
luego apuntaron a formas más diversificadas y múltiples.
En este nuevo contexto, los actores sociales y los movimientos tienen un doble rol: por un lado,
son sistemas colectivos de reconocimiento social, y por otro son intermediarios políticos no
partidarios.
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Derechos sexuales y reproductivos y acción colectiva en la Argentina
Dos casos resonantes de negación y obstaculización del derecho al aborto no punible por parte de
adolescentes con discapacidad mental embarazadas como producto de violación recibieron amplia
cobertura en los medios en Argentina en el año 2006. Distintas organizaciones del movimiento
de mujeres se movilizaron para exigir el derecho de esas adolescentes a interrumpir el embarazo
de acuerdo al Código Penal, y también acompañaron y asesoraron a las madres de las jóvenes. La
historia de las luchas por asegurar los derechos sexuales y reproductivos es una historia de lucha
y confrontación de diferentes actores sociales y políticos. El rol del movimiento de mujeres se
destaca como el principal actor comprometido con la defensa y la promoción de los derechos
sexuales y reproductivos.
En cuanto a los derechos sexuales y reproductivos, en el caso argentino, sigue la acción de la
sociedad civil organizada con énfasis en la exigencia del cumplimiento de los derechos
acreditados en las leyes vigentes y en la demanda por la despenalización y legalización del aborto.
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Los derechos sexuales y reproductivos en las conferencias internacionales
En el contexto de las conferencias internacionales de las Naciones Unidas se acordó a fines de los
años 90 que los derechos sexuales y reproductivos son derechos humanos, cuya base fundamental
es que hombres y mujeres tienen derecho a vivir sus vidas sexuales de forma satisfactoria y segura
y a controlar sus vidas reproductivas.
En la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948 los derechos sexuales y reproductivos
no fueron materia de definición específica.
Recién en 1994 en la IV Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, llevaba en El
Cairo, se definieron los alcances de la salud reproductiva: “la salud reproductiva entraña la
capacidad de disfrutar de una vida sexual satisfactoria y sin riesgos, así como la capacidad de
procrear, y la libertad para decidir hacerlo o no hacerlo, cuándo y con qué frecuencia”. Allí
apareció el eslabón perdido de la sexualidad. Tanto la IV Conferencia Internacional sobre
Población y Desarrollo, llevaba en El Cairo, como en la V Conferencia Mundial sobre la Mujer
realizada un año después (1995) en Beijing, se han constituido en puntos de torsión en el marco
de las luchas por los derechos sexuales y reproductivos. Aun así, los caminos de los derechos
sexuales y reproductivos siguen plagados de obstrucciones.
La cuestión de los derechos sexuales y reproductivos constituye un tema altamente sensible para
algunos sectores de la sociedad para quienes el planteo de la autonomía en relación a la sexualidad
representa una amenaza para la moralidad, la familia tradicional, etc.
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La importancia de la “y” en los derechos sexuales y reproductivos
Separar la esfera de la sexualidad de la esfera de la reproducción, y subrayar el derecho a la
sexualidad no reproductiva: desde los años 60 uno de los puntos medulares sobre los que se ha
apoyado la lucha por la emancipación de las mujeres se ubica en torno de la sexualidad y el control
de la capacidad reproductiva. El eje central es la separación de la sexualidad de la procreación y
la posibilidad de que la maternidad sea una opción y no un destino para las mujeres.
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Argentina: derechos sexuales y reproductivos
En Argentina el desarrollo de políticas públicas en el campo de la salud sexual y reproductiva ha
sido lento y escaso. El Estado ha tenido históricamente una actitud refractaria (reacio, rebelde)
para reconocer y atender los derechos sexuales y reproductivos de la población, y a su vez se ha
hecho sentir la fuerte influencia de la jerarquía de la Iglesia Católica en las decisiones de políticas
públicas. Esa intromisión ha marcado un camino lleno de obstáculos en el reconocimiento y
garantía de los derechos sexuales y reproductivos por parte del Estado y en la efectiva
implementación de políticas públicas en este campo.
En 1974 se dispuso la prohibición de las actividades de planificación familiar, se restringió la
venta libre de anticonceptivos, por medio de la promulgación del decreto 659 bajo el gobierno de
Isabel Perón. En 1977, se promulgó (publicó) el decreto 3938 donde se afirmaba la necesidad de
eliminar las actividades de control de la natalidad (control sobre el número de nacimientos). El
efecto de las prohibiciones sobre el acceso a los métodos anticonceptivos fue profundamente
discriminatorio, ya que recayó sobre los sectores populares que eran y son los usuarios de los
servicios públicos de salud. Las mujeres de clase media y alta pudieron recurrir al sector privado
para resolver las necesidades de anticoncepción. Tres años después de la recuperación de la
democracia, ambos decretos restrictivos estaban aún vigentes. En 1986 el gobierno de Alfonsín
los anuló y reconoció por primera vez en un instrumento legal “el derecho de la pareja a decidir
libremente acerca del número y el espaciamiento de los hijos”.
La década del 90 estuvo signada por una postura del gobierno nacional sumamente conservadora,
de profundo alineamiento con la Iglesia Católica, y reacio a cualquier avance en el reconocimiento
de los derechos sexuales y reproductivos. Recién a finales de los 90 comenzó a gestarse un
proceso de apertura y cambios institucionales a favor del reconocimiento de los derechos sexuales
y reproductivos.
En el año 2001 la Cámara de Diputados dio media sanción a un nuevo proyecto de ley para crear
el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable que finalmente fue aprobado
en el 2002 convirtiéndose en ley. La ley y el Programa son el producto de un complejo proceso
histórico, político y social, de la larga lucha encabezada por el movimiento de mujeres y de años
de debate parlamentario.
La sanción de esta ley ha marcado un punto de inflexión en el largo proceso de instalación en la
agenda pública de la salud sexual y reproductiva como un derecho.
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El programa
El Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, destinado a la población
general, tiene como objetivos (entre otros): alcanzar para la población el nivel más elevado de
salud sexual y procreación responsable con el fin de que pueda adoptar decisiones libres de
discriminación; disminuir la mortalidad materno-infantil; prevenir embarazos no deseados;
promover la salud sexual de los adolescentes; garantizar a toda la población el acceso a
información, orientación, métodos y prestaciones de servicios referidos a la salud sexual y
procreación responsable, etc. Esta ley pone un énfasis particular en la provisión gratuita y
universal de métodos anticonceptivos. La implementación de este programa no ha estado libre de
obstáculos. La distribución gratuita de anticonceptivos hormonales y la anticoncepción hormonal
de emergencia también han sido objeto de presentaciones judiciales. Existen varios casos
judiciales que han logrado limitar la distribución gratuita de anticoncepción de emergencia.
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El orden de las leyes: la brecha entre las leyes existentes y su efectiva aplicación
El punto más crítico tiene que ver con las deficiencias en la implementación de políticas para el
ejercicio de los derechos consagrados en las leyes. La distancia entre la existencia de legislación,
la provisión de los servicios correspondientes y la posibilidad real del ejercicio de los derechos
por parte de la población es enorme.
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Monitoreo ciudadano
En Argentina, distintas organizaciones llevan adelante acciones de control social o ciudadano
sobre la existencia, disponibilidad y calidad de las prestaciones del Estado para denunciar el
incumplimiento de los derechos.
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El aborto en Argentina
El aborto en Argentina está legalmente restringido. El Código Penal lo tipifica como un delito
contra la vida y la persona, y lo sanciona con prisión para quien lo efectúa y para la mujer que se
lo causara o consintiera. Sin embargo, el artículo 86 establece causales específicas de
despenalización que incluyen: 1) si el aborto se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la
vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios y 2) si el
embarazo proviene de una violación sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el
consentimiento de representante legal deberá ser requerido para realizar el aborto.
A pesar de que esta normativa existe desde hace más de 90 años, los abortos permitidos son
todavía inaccesibles para la mayoría de las mujeres. En la práctica prevalece una interpretación
restrictiva del artículo 86.
El aborto no punible es el ejemplo extremo de la brecha entre la ley y su verdadera aplicación y
una asignatura pendiente del Estado que debería dar respuesta a través de una política pública
para ofrecer servicios de aborto legal disponibles, accesibles y de calidad, cuya ausencia
constituye una clara violación a los derechos humanos de las mujeres.
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Aborto inseguro
Estimaciones realizadas en los últimos años mostraron la ocurrencia de 460.000 abortos inducidos
por año. Alrededor de 100 mujeres mueren por abortos inseguros cada año, siendo ésta la primera
causa de muerte materna en muchas provincias. Dada la ilegalidad del aborto muchas mujeres
recurren a procedimientos que ponen en riesgo su salud y su vida. Existe un mercado de servicios
de aborto donde la calidad y seguridad de los procedimientos está asociada a la capacidad
económica de la mujer.
La práctica del aborto ha variado en los últimos años a partir de la expansión de la utilización del
misoprostol para interrumpir el embarazo. El aborto con medicamentos se ha constituido en un
recurso de alto valor para los países con legislaciones restrictivas ya que es un método de
interrupción del embarazo seguro y efectivo y relativamente accesible. El aborto con
medicamentos ha contribuido a disminuir las complicaciones de los abortos inseguros, aunque su
utilización incorrecta puede generar graves consecuencias.
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El movimiento por los derechos sexuales y reproductivos
El movimiento de mujeres es el principal actor comprometido con la defensa y promoción de los
derechos sexuales y reproductivos. Sus acciones se concentran principalmente en reducir la
brecha existente entre el marco normativo y la posibilidad real de ejercicio de los derechos, en
especial para los sectores más desprotegidos de la sociedad, y en la ampliación del marco de los
derechos, a través de una reforma legislativa que conduzca a la despenalización y legalización del
aborto.
Aunque el acceso universal a la anticoncepción y el acceso al aborto seguro son dos de los
principales ejes de la agenda del movimiento de mujeres, este movimiento no es homogéneo.
Algunas autoras prefieren hablar de movilización de mujeres para dar cuenta que coexisten
diferentes modos de plantear las inequidades de género y la cuestión de la sexualidad y la
reproducción. Así, los grupos de mujeres proyectan objetivos comunes a la vez que se caracterizan
por la heterogeneidad y diversidad de tendencias.
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Tensiones sobre la despenalización/legalización del aborto
El discurso dominante acerca de la liberalización del aborto en la Argentina se apoya en tres
pilares básicos: el aborto como problema de salud pública, de derechos humanos y de justicia
social.
Desde la perspectiva de la salud pública: la expresión más dramática de la prohibición del aborto
está en las cifras inaceptables de mortalidad materna por aborto inseguro que presenta nuestro
país.
Desde la perspectiva de los derechos humanos: el reclamo de la liberalización del aborto se
estructura en base a la discriminación que sufren las mujeres ya que las leyes que penalizan el
aborto recaen sobre las mujeres que son quienes experimentan físicamente el embarazo y las
consecuencias de los abortos inseguros.
El argumento de la injusticia social: señala la inequidad que existe en el acceso al aborto seguro
entre mujeres de distintos sectores sociales.
Conclusiones
Los avances legislativos no tienen un correlato fuerte en la implementación de políticas públicas
y acciones que posibiliten el ejercicio pleno de los derechos adquiridos.
El movimiento de mujeres se ha profesionalizado, institucionalizado e internacionalizado
constituyéndose en un actor social legitimado, reconocido y con creciente poder de presión.
Actualmente la ampliación de los derechos sexuales y reproductivos, en especial en lo relativo al
aborto, se percibe por primera vez con un horizonte posible.
La posibilidad de dar nuevos pasos en el acceso y ejercicio de los derechos sexuales y
reproductivos depende en gran parte de las acciones de monitoreo, denuncia y exigibilidad de
derechos de la sociedad civil.
Lado S. Apuntes y reflexiones para el debate Ciudadania, Acceso a Derechos,
Estado y Democracia en America latina.
d Introducción
Ciudadanía: conjunto de prácticas que definen a una persona como miembro de pleno derecho
dentro de una sociedad y como el acceso pleno a determinados derechos. La ciudadanía implica
otros términos como el sentido de pertenencia y la posibilidad de construcción identitaria respecto
de una comunidad política.
Asociado al ideario de la modernidad desde la Revolución Francesa y la Declaración de los
derechos del hombre y del ciudadano, su expansión e implementación ha pasado por varios
derroteros, luchas y resistencias vinculadas a la expansión del capitalismo como modo de
producción hegemónico y a las determinadas relaciones que se establecen entre Estado, sociedad
y democracia en cada sociedad particular.
El concepto se remonta a la ciudad/estado de la Grecia clásica en donde dicha categoría designaba
a los nativos que tenían resueltas sus necesidades económicas e implicaba el derecho político, es
decir el derecho a participar de las decisiones comunitarias de la polis. El sujeto de la ciudadanía
constituye el demos (pueblo como colectivo orgánico constituido por los ciudadanos) y su objeto,
la participación política.
El Renacimiento y la recuperación de la antigüedad clásica sentaron las bases para la construcción
de la ciudadanía moderna de la mano de las Revoluciones Francesa y Americana en el siglo XVIII.
No obstante, su emergencia debió enfrentar tres problemas centrales:
1) el del Estado y la formación de instituciones nuevas asociadas a la unificación política sobre
un vasto territorio, el nacimiento del Estado nación y la separación entre política y sociedad civil;
2) el problema del gobierno en donde la reconstrucción de la república, la isonomía (igualdad ante
la ley) y la igualdad se dio en contextos de monarquías absolutas; y
3) el problema de la dignidad del hombre y el humanismo cristiano que concibe a todos los
hombres como iguales ante Dios.
El principio de la ciudadanía moderna, fundado sobre la idea de humanidad, enfrentó muchas
dificultades para su aplicación. La primera se refiere al tamaño de las repúblicas modernas, que
impide el ejercicio directo del poder por el ciudadano. El Estado se destaca de la sociedad civil,
el poder no puede ya ser ejercido por todos. Para evitar el despotismo, el principio republicano
consagra la idea del control popular por el sufragio universal, inspirándose en la visión de
soberanía popular defendida por Rousseau.
De acuerdo con la doctrina de la representación, fundada en la soberanía popular, el origen y el
fin de toda soberanía se encuentra en el pueblo. El ciudadano no puede ya ejercer en persona el
poder, pero escoge con su voto a sus representantes. Este principio se universalizó, pero sufrió
algunos períodos de derogación, como la llamada democracia censaria, reservada a los
propietarios.
Con la modernidad y fundamentalmente a partir de la organización de los Estados-nación, la
ciudadanía quedó asociada al concepto de nacionalidad, y los derechos y obligaciones de los
individuos -garantizados por medio de una Carta Magna o Constitución- asociados a su
pertenencia como miembros de una nación y al territorio nacional.
La organización política del Estado Nación cristaliza las luchas liberales/burguesas incluyendo
los llamados derechos civiles: derechos individuales de libertad, igualdad, propiedad, libre
desplazamiento, libertad de culto, libertad de expresión, derecho a la vida, etc. Además, se
incluyen derechos políticos como la libertad de asociación y reunión, de organización política y
sindical, de participación política y electoral. Dentro del territorio del Estado Nación moderno, el
sujeto de la ciudadanía es el individuo y el objeto la representación política de todos y cada uno
de los ciudadanos.
En los desarrollos de los teóricos contractualistas (que utilizaban la metáfora del contrato o pacto
social para explicar el paso del estado de naturaleza o pre-social al estado social) podemos ver
que el eje está centrado en la defensa de las libertades individuales frente al poder absoluto del
Estado. El pacto/contrato/constitución/carta magna establece cuáles son los derechos,
obligaciones de los individuos en tanto ciudadanos y qué garantías tienen en relación con el
Estado.
Es a partir del discurso de las ciencias sociales que se empieza a discutir la explicación jurídica y
formal de la ciudadanía. Comienza a analizarse el concepto en relación con las condiciones
objetivas y subjetivas necesarias que posibilitan el real ejercicio de la ciudadanía (ciudadanía
formal vs. ciudadanía sustantiva).
El debate entonces centra su mirada sobre los actores sociales y sus prácticas efectivas, su
organización y construcción identitaria, sus luchas y resistencias, por un lado, y sobre la
naturaleza de las democracias y los soportes institucionales que se ponen en marcha desde el
Estado para garantizar la participación, las políticas públicas y su definición de sujeto destinatario,
por el otro.
La actitud contemporánea que parece prevalecer es la de buscar una estrategia para combinar lo
civil (derechos individuales) y lo cívico (deberes para con el Estado, responsable por el bien
público). Combinar la libertad de los antiguos (participación política del hombre público) con la
libertad de los modernos (derechos individuales del hombre privado). Pero para eso parece ser
necesaria la presencia previa de un elemento aglutinador, el sentimiento de comunidad, de
identidad colectiva que sería, entre los antiguos, pertenecer a una ciudad, y entre los modernos,
pertenecer a una nación. La construcción de una ciudadanía plena exige un sabio equilibrio entre
los dos espacios (el público y el privado) pues el predominio excesivo de un polo puede
inviabilizar el otro. En otras palabras, se trataría de buscar la integración de la solidaridad familiar
existente en el espacio doméstico, con las reglas impersonales, racionales, de las instituciones
públicas.
I. La crisis del ’30 como crisis global del capitalismo dio lugar a la implementación de un conjunto
de medidas y la puesta en marcha de un entramado institucional que se ha conocido como Estado
de Bienestar. El rol del Estado da paso a una revalorización de la ciudadanía y una expansión de
su alcance en cuanto a los derechos y a la población que incluye (relativa a la creciente
incorporación de sectores populares al mercado de trabajo formal). Al desarrollo de los derechos
civiles y políticos, se agregan ahora los derechos sociales o de segunda generación.
Es en este contexto que Thomas H. Marshall despliega su teoría sobre el desarrollo histórico de
los derechos como resultado de la tensión entre igualdad democrática y desigualdad económica.
Para él, la ciudadanía, es por un lado conquista de derechos y por el otro espacio de conflicto
donde se disputa por la expansión de esos derechos.
Según Marshall, la ciudadanía como construcción histórica ha recorrido tres etapas. En la primera,
correspondiente al siglo XVIII y asociada al contractualismo, la ciudadanía se refirió a la
adquisición de los derechos civiles de propiedad, libertad de expresión, igualdad ante la ley, etc.
Es la ciudadanía asociada a la emergencia de la sociedad civil, como resultado de las luchas de la
burguesía para terminar con los privilegios de los grupos sociales dominantes del Antiguo
Régimen.
Posteriormente, en el siglo XIX, se amplía el área de derechos al ámbito político, la ciudadanía
política, emanada de la puja de las clases medias industriales para ser incluidas dentro de la
comunidad política. Está relacionada a los procesos de democratización y a las instituciones
parlamentarias.
La tercera etapa corresponde al siglo XX, cuando se comienzan a tener en cuenta los derechos
sociales. A través de ellos, se pretende garantizar a los ciudadanos los estándares históricos
económicos y sociales, que, en cada sociedad específica, y su alcance en un momento determinado
de su desarrollo histórico social. Aquí se encuadran el derecho al trabajo, a la salud, a la
educación, a una vida digna, etc., tornando reales los derechos formales. El actor fundamental es
el movimiento obrero y su lucha sindical.
Para Marshall, la ciudadanía es aquel status que se concede a los miembros de pleno derecho de
una comunidad, lo que no excluye la desigualdad, la presencia de miembros sin plenos derechos.
Funciona como un status ideal a conseguir; como significante que moviliza para conquistar
derechos y que una vez conquistados se llenan de contenidos. Desde esta perspectiva la ciudadanía
sería una institución que contempla la existencia de la desigualdad y que excluye la igualdad real.
Su evolución, dice Marshall, coincide con el auge del capitalismo, que no es un sistema de
igualdad sino de desigualdad.
La ciudadanía, entonces, desarrolla un tipo de igualdad compatible con otros tipos de desigualdad.
La paradoja es que su legitimación reside en su función integradora de lo desigual, que supone y
tolera. El éxito de la democracia capitalista reside, en parte, en haber desarrollado un Estado social
que logró, como dice Ralph Milliband, conjurar las presiones desde abajo transformando sus
expresiones revolucionarias en reformistas, mientras se sigue garantizando la acumulación de
capital.
Desde el materialismo histórico, el cuestionamiento radica en que el mismo concepto de
ciudadanía supone una sociedad compuesta por individuos iguales y por lo tanto implica un
ocultamiento de las relaciones de clase, relaciones sociales antagónicas de explotación y opresión,
de cuyo develamiento y toma de conciencia dependerá la praxis revolucionaria que permita el
acceso a una sociedad sin desigualdades. Considerar al ciudadano como punto de partida y no
como resultado de las relaciones sociales de producción en el modo de producción capitalista,
conlleva el ocultamiento de la lucha de clases bajo la forma demanda de los ciudadanos.
No obstante, desde la izquierda también emergieron voces que revitalizaron el discurso de la
declaración de los derechos del hombre y del ciudadano y de la revolución democrática francesa
y estadounidense: Ernesto Laclau y Chantal Mouffe señalan que, a partir de ese exterior discursivo
democrático de igualdad, las relaciones de subordinación se transforman en sede de antagonismos
y comienzan a sentirse y percibirse como relaciones de opresión posibilitando la resistencia y la
lucha.
Se ha criticado el análisis de Marshall dado que su desarrollo histórico de la ciudadanía no es
aplicable al análisis de América Latina en la que los derechos sociales asociados a los derechos
de los trabajadores han sido garantizados con anterioridad al pleno ejercicio de los derechos
civiles y políticos. O incluso, al considerar las múltiples interrupciones de las democracias en
América Latina, es posible comprobar cómo los derechos políticos han sido suprimidos y los
partidos políticos proscriptos.
Eduardo Bustelo resalta que si bien los tres tipos de ciudadanía (civil, política y social) se asocian
al principio de libertad, es el propio Marshall quien reconoce la tensión inherente respecto de la
igualdad ya que consideraba al capitalismo como un sistema que producía desigualdades:
mientras que los derechos civiles no entran en contradicción con la lógica de mercado, los
derechos políticos, al ampliar las bases de participación a los grupos anteriormente excluidos de
la lucha política, posibilitaron la consolidación del reformismo social frente a la vía
revolucionaria. Por eso la tensión se va a centrar en la ciudadanía social que se encuentra limitada
por la imposibilidad de cambiar la estratificación social derivada de la lógica capitalista. La
respuesta de Marshall a esta tensión es la modificación de la forma de distribución de la riqueza,
garantizando a todos los ciudadanos un piso de bienes y servicios esenciales. Siguiendo a Bustelo,
su importancia radica en que comprendió a los derechos sociales como habilitaciones para su
ejercicio, como desarrollo de capacidades y, por lo tanto, abiertos a la posibilidad de su conquista.
Los derechos sociales no son dádivas (¿regalos?) a súbditos y presuponen la constitución de
actores que ganen el espacio político que posibilite su implementación efectiva.
Los derechos sociales se ganan en la lucha por el poder dentro de la dimensión política y es en
esa dimensión donde se define el proceso de ampliación de la ciudadanía. En otras palabras, los
derechos adquieren sentido en contextos sociales determinados y asociados a Instituciones
específicas que permitan su ejercicio, es decir, entender la ciudadanía en términos de prácticas
sociales.
Según Liszt Vieira, existe una tensión interna entre derechos y Estado: mientras los derechos
civiles y políticos precisan de un Estado mínimo, los derechos sociales precisan de un Estado muy
presente con un desarrollo de entramado institucional importante. Así, la tesis actual del Estado
mínimo (patrocinada por el neoliberalismo) corresponde no a una discusión meramente
cuantitativa, sino a estrategias diferenciadas de los diversos derechos que componen el concepto
de ciudadanía y de los actores sociales respectivos. Esta tensión quedó puesta en evidencia con el
desmantelamiento del Estado social y las políticas neoliberales.
En la segunda mitad de nuestro siglo surgieron los derechos de tercera generación, que tienen
como titulares a colectivos (pueblo, nación, minorías étnicas, la humanidad). Dentro de estos
derechos de tercera generación podemos citar como ejemplo el derecho de autodeterminación de
los pueblos, derechos ambientales, de las mujeres, los niños, los jóvenes, los ancianos y otros
derechos incluidos dentro de lo que se llama derechos difusos cuyo ejercicio requiere de la
ponderación de la particularidad y la diferencia frente a la igualdad y la universalidad y la
implementación de la discriminación positiva o compensatoria.
En la actualidad ya se habla de derechos de cuarta generación, que tienen en cuenta cuestiones de
bioética con el fin de evitar la destrucción de la vida en el planeta y en un intento de regulación
frente a los avances de la biotecnología en la creación de nuevas formas de vida.
II. La crisis del Estado de Bienestar, crisis del capitalismo y de sus instituciones políticas,
económicas y sociales a partir de los ’70, produce un cambio en las formas de dominación y una
ampliación de la colonialidad del poder en todas las áreas de la vida social. Frente a la
implementación de políticas neoliberales, reestructuración del Estado y de su rol en la relación
capital/trabajo, avance y ampliación del mercado, surgen nuevos espacios de resistencia que
llevan a que desde las ciencias sociales cobre nuevos bríos el estudio de la ciudadanía, ahora
asociada al estudio de los nuevos movimientos sociales que ponen de manifiesto la tensión entre
derechos universales y derechos particulares de determinados grupos. Esta tensión da lugar a la
emergencia de los derechos de tercera y cuarta generación.
Concomitantemente, y derivado de los debates sobre la desterritorialización de los Estados y la
deslegitimación de los partidos políticos como organizaciones que pueden dar respuesta a las
crecientes demandas sociales, se están discutiendo nuevas formas de ciudadanía que trasciendan
la tradicional asociada al Estado-nación.
En América Latina, hasta la irrupción de las dictaduras militares, el debate sobre ciudadanía
estuvo centrado en torno a los derechos sociales como garante de la posibilidad de ejercer los
derechos civiles y políticos que estaban formalmente garantizados. Es decir, el acceso a los
derechos sociales, que se asociaban en su ejercicio y acceso a la condición de trabajador, se
consideraba condición objetiva y subjetiva para el acceso real a los derechos civiles y políticos
formalmente establecidos.
Las dictaduras restringen los derechos en todas sus dimensiones, por lo que el debate sobre la
ciudadanía que resurge de la mano de los procesos de transición a la democracia en los ’80, se
transforma en espacio de disputa respecto de cómo se estructurarán las relaciones que habiliten la
participación política, económica y social, y cómo se garantizará la integración social y la
gobernabilidad. En este proceso, surge una doble identificación de los derechos con los derechos
humanos, en tanto garantías individuales, y con la democracia, en tanto forma de gobierno capaz
de garantizar su ejercicio.
La caída del Estado de bienestar y su entramado institucional, y las consecuencias que ha tenido
la implementación de las políticas neoliberales en la región, cuya máxima expresión es la
emergencia de sociedades excluyentes, exacerba la tensión entre igualdad política y desigualdad
social, poniendo en crisis la asociación entre expansión de la ciudadanía e integración social. Se
postula entonces un nuevo concepto de ciudadanía como espacio que dé cuenta de la pertenencia
a múltiples formas de interacción y participación social más allá de la pertenencia asociada a un
Estado. No obstante, la configuración de la sociedad excluyente que implicó la expulsión de
grandes masas de la población del acceso a recursos y bienes sociales significativos, sumado al
deterioro de las condiciones objetivas de vida, ha tenido consecuencias devastadoras para la
conformación de una ciudadanía autónoma, capaz de definir sus preferencias, estrategias y
objetivos, de organizarse en la demanda de acceso a derechos, proceso que Maristella Svampa,
denomina proceso de descolectivización creciente y otros denominan desciudadanización.
Hoy, la ciudadanía parece haberse escindido en dos: la de los incluidos, que reclaman por los
derechos difusos (calidad de vida, preservación del medio ambiente, valoración de identidades,
etc.) y la de los excluidos, que reclaman por la vigencia de los derechos sociales básicos.
Frente a este panorama, la cuestión central pareciera ser la de lograr sociedades en las que la
mayor parte de sus integrantes estén incluidos y puedan ejercer sus derechos políticos y sociales.
III. Algunos desarrollos ponen el acento en la relación entre ciudadanía y exclusión. Desde esta
perspectiva interesa destacar aquéllos que señalan la diversidad étnica y cultural de los países
latinoamericanos. La multiculturalidad puede entrar en colisión con los sistemas legales y
normativos hegemónicos (de la modernidad occidental) al cuestionar, por ejemplo, determinadas
concepciones sobre los derechos de propiedad. Desde esta perspectiva son interesantes los
trabajos que analizan los conflictos entre las formas de propiedad de la tierra que asumen las
comunidades indígenas y la propiedad privada capitalista garantizada en general por los sistemas
jurídicos de los países de la región que produce una jerarquización de los ciudadanos de acuerdo
a sus posibilidades reales de acceso y ejercicio de los derechos.
Sinesio López, establece, para el caso de Perú, mapas de ciudadanía de acuerdo con las
desigualdades de status al interior de los territorios, en los que remite a la existencia de ciudadanos
de primera, segunda y tercera clase que conviven dentro del mismo espacio social segmentado de
acuerdo al diferencial acceso a derechos de acuerdo a su pertenencia de clase, género, étnicas, de
acceso a la educación y a la salud. Si bien reconoce la ampliación del acceso a derechos de gran
parte de la población a partir del siglo XX en el que se produjo el paso de una sociedad cerrada
de señores, a una sociedad de ciudadanos a través de un proceso que todavía no ha concluido, es
este un proceso en el que se ha podido constatar la emergencia masiva de peruanos con derechos
de diverso tipo, más o menos reconocidos, aunque difícilmente garantizados.
En la misma línea y dentro de las investigaciones urbanas que articulan el derecho de propiedad
y el acceso a la vivienda, se pone de manifiesto la contradicción entre un derecho social y el
derecho civil de propiedad como derecho de exclusión garantizado por el Estado. La propiedad
está instituida como la base legal que posibilita el intercambio y el mercado legitima la
fragmentación: ser o no ser ocupante ilegal. El ocupante ilegal sería un ciudadano de segunda
categoría. Sin embargo, estas investigaciones trascienden ese emergente y analizan la esencia,
centrándose en un viraje de las normas a las prácticas sociales, es decir, saltan de la propiedad
como institución legal, a la apropiación como proceso social legítimo y abundan en la posibilidad
de que las distintas maneras de apropiarse de los mismos bienes resulten en fuente de nueva
producción jurídica. En otras palabras, resignificar el derecho del modo que lo utilizan los actores
sociales y no como un objeto en sí mismo.
Otros estudios trasladan el eje de la discusión al análisis de las desigualdades materiales y su
impacto en el desarrollo de una ciudadanía plena, considerando que es necesario el acceso a
determinadas condiciones materiales (y también simbólicas) como garantía de la participación
política. En ellos, se discute la noción de igualdad y se propone su reemplazo por el concepto de
equidad o igualdad compleja como reconocimiento de las diferencias y promoción de acciones
que compensen las desigualdades de género, étnicas, territoriales y de edad en las políticas
sociales.
Eduardo Bustelo, considera la relación existente entre política social y proceso de expansión de
la ciudadanía. Toda política social lleva implícita una concepción particular sobre derechos
sociales y ciudadanía, así como una definición ontológica del sujeto destinatario. Es así que va a
contraponer dos modelos, dos paradigmas de ciudadanía, que atraviesan la definición de la
política social en los países de América Latina:
1) La ciudadanía asistida, derivada de la racionalidad capitalista, parte de una concepción
atomística de la sociedad en la que son los individuos quienes, buscando su propio provecho
personal, producen el bienestar general.
2) La ciudadanía emancipada, en cambio, derivado de una concepción socialista, solidaria, parte
de una concepción comunitaria en la que los derechos se derivan de la pertenencia a una
comunidad y son los derechos sociales los que prevalecen, garantizando la calidad de miembro
de la comunidad. En este caso, se privilegia la existencia de un nosotros y se considera que es la
ciudadanía social la que habilita el acceso al resto de los derechos.
En la misma línea, y recuperando la concepción de Hanna Arendt (la ciudadanía como el derecho
a tener derechos), Elizabeth Jelín pone el acento en el umbral de humanidad (necesidades básicas
satisfechas, sentido de pertenencia e historia compartida) y la revalorización del espacio público
como condición para el ejercicio de la ciudadanía: la pertenencia, la interacción, la ausencia de
aislamiento son las bases fundantes de la idea de comunidad y humanidad. En otras palabras, se
necesita espacio público, la presencia del otro, la interacción para convertirnos en humanos.
En el libro que compila junto con Sergio Caggiano y Laura Mombello centran su preocupación
sobre la brecha que existe entre los derechos adquiridos y su accesibilidad como eje central para
pensar la acción política y como debate de las ciencias sociales sobre la relación Estado/Sociedad
civil en el diseño de marcos regulatorios que garantizaran los derechos en el marco de los procesos
de democratización en América Latina.
Las cuestiones que orientan el análisis remiten a la influencia de la acción colectiva en la
ampliación de derechos y el cumplimiento de los derechos formalmente reconocidos, analizando
la tensión entre la lógica formal del derecho y la lógica de las prácticas de la acción colectiva.
Elizabeth Jelín, luego de introducir la discusión sobre ciudadanía, nos presenta un interrogante,
“¿En qué relaciones sociales ejercemos efectivamente nuestros derechos ciudadanos?”, para
presentarnos la relación entre movimientos sociales y acción colectiva en su doble rol
(instrumental y expresivo) como prácticas que fortalecen las instancias institucionales de la
democracia. El planteo permite pasar de la categoría ciudadanía (en relación al Estado Nación
desde su impronta de origen), hacia la perspectiva de derechos humanos como derechos que
implican el acceso a derechos de colectivos y que no son accesibles desde la perspectiva del
individuo. Asimismo, muestra cómo las organizaciones sociales permean las fronteras del Estado
y cuestionan la legitimidad de su marco regulatorio basando su accionar en los sentidos de
pertenencia identitaria y neo comunitaria. Los trabajos compilados dan cuenta de cómo a partir
de la acción colectiva se produce la incorporación de nuevos derechos a la vez que señalan la
brecha entre los marcos regulatorios y el acceso a derechos.
IV. Maristella Svampa analiza los modelos y figuras de ciudadanía realmente existentes que
remiten a la renuncia a modelos más universalistas de derechos. Para esto señala como
problemática importante, los modelos de ciudadanía que se consolidaron en los ’90 a partir del
despojo y la conculcación de los derechos sociales de una parte importante de la población.
En primer lugar, sostiene que en Argentina nunca hubo un modelo de ciudadanía efectivamente
universalista y para ilustrarlo refiere a las teorizaciones e investigaciones que se desarrollaron en
los ’60 sobre marginalidad en América Latina. En ellas se demuestra que los individuos
dependieron menos de mecanismos de integración sistémica que de redes solidarias y de
sobrevivencia generadas a partir de los propios contextos de pobreza.
En América latina la característica ha sido la existencia de formas de integración y exclusión muy
diferenciadas, en donde Argentina se planteaba como una excepción porque fue uno de los pocos
países de la región que tuvo sociedad salarial con el modelo justicialista o peronista de
acumulación. Por lo tanto, amplios sectores de la población fueron integrados a través del trabajo
y a partir de ello tuvieron acceso a derechos laborales, protección laboral y estabilidad. Si bien no
se daba acceso igualitario a los derechos sociales, el modelo habría logrado integrar amplios
sectores populares al funcionar con una lógica igualitaria y establecer fronteras sociales menos
rígidas y jerárquicas.
El pasaje a un nuevo tipo de sociedad llevó a la polarización, la multiplicación de las
desigualdades sociales y las distancias sociales, presentando una nueva cartografía en la que
puede delinearse:
1) Una franja de ganadores pertenecientes a los grandes grupos económicos y a la nueva clase de
servicios compuesta por gerentes y profesionales);
2) Un conglomerado de perdedores: que incluye importantes sectores de clase media de servicios,
pauperizados de la clase media y el nuevo proletariado de servicios asociado a las nuevas
modalidades de trabajo precario y flexible y a la desafiliación laboral; la clase trabajadora afectada
por el debilitamiento de los derechos sociales y por la expulsión del mundo del trabajo que
conforman el nuevo proletariado marginal (masa de desocupados con escasa vinculación con el
sistema).
A esta nueva matriz social le corresponden nuevas formas de ciudadanía como límite en el acceso
a recursos, bienes y derechos sociales. El nuevo tipo de sociedad supone la redefinición de la
relación entre Estado y Sociedad, cambios en las formas de regulación social, afirmación de la
preeminencia del mercado como mecanismo de inclusión social y reformulación del rol del
individuo frente a la nueva dinámica de individualización y privatización de las diferentes áreas
de la vida y como otra cara del proceso de globalización. Ahora el individuo enfrenta una mayor
exigencia de autonomía y autorregulación: la sociedad exige a los individuos que se hagan cargo
de sí mismos y que, independientemente de los recursos materiales y simbólicos, desarrollen los
soportes necesarios y las competencias para garantizar el acceso a bienes sociales.
En Argentina, la desregulación y los programas de ajuste estructural implicaron la pérdida de
soportes sociales y materiales que durante décadas configuraron las identidades sociales. La
pérdida de referencias colectivas es tal que hay que hablar de descolectivización masiva de la
sociedad civil. Asimismo, supuso el fenómeno de reenclasamiento de amplios sectores sociales
expulsados de sus anteriores pertenencias de clase.
El modelo neoliberal caracterizado por la redefinición de los roles del Estado, la primacía del
mercado y un proceso de individualización compulsivo produjo nuevos modelos de ciudadanía
en los 90: la ciudadanía patrimonialista; la ciudadanía del usuario consumidor y la ciudadanía
asistida. Estos tres tipos de ciudadanía están restringidas en cuanto a: dimensiones que abarcan,
población y derechos, y están muy distanciadas de un modelo más igualitario, incluyente y
universalista.
La ciudadanía patrimonial es vista como una figura valorada positivamente. Se fundamenta en
dos ejes: el del ciudadano contribuyente y en la autorregulación individual. Los beneficiarios son
los que tienen recursos materiales y simbólicos, soportes, y acceso a bienes sociales y materiales.
Su cartografía se hace visible en la expansión de las urbanizaciones privadas: nuevas
configuraciones urbanas basadas en la segregación espacial. Es un tipo de ciudadanía centrada en
la privatización de los bienes sociales que busca realizar sus aspiraciones comunitarias entre sus
semejantes (frontera espacial, acceso a la propiedad, afirmación de homogeneidad social de la
gente como uno). Conforman una nueva sociedad con reglas propias, diferente de la sociedad
desregulada y anómica, cuyos límites como comunidad es que se basa en principios de
mercantilización del lazo social y no en la solidaridad. Hay una mercantilización de la sociabilidad
y la reciprocidad. Como consecuencias perversas señala el vandalismo infantil y los crímenes. La
seguridad privada es su marca de status.
El modelo del ciudadano consumidor es una figura que propone la inclusión a través del consumo
y que nació de la mano de la convertibilidad, la fantasía de pertenecer al primer mundo, del dólar
barato, etc. Ocultó otras dimensiones del modelo neoliberal (como la dinámica relacional
excluyente mediante la ilusión de inclusión que conllevaba la destrucción de puestos de trabajo y
el aumento de las desigualdades sociales).
El tercer modelo de ciudadanía, la asistencialista, está ligada a las fuerzas excluyentes del modelo
neoliberal. Incluye a los sectores expulsados, desvinculados del trabajo formal e informal,
desconectados de las instituciones educativas y políticas y con escasas posibilidades de consumo
(pobreza y desocupación como problemáticas centrales de la sociedad argentina). Es un modelo
asistencial reservado a la población excluida y vuelve a la concepción del pobre merecedor. Se
implementan políticas focalizadas del Estado para la asistencia y contención de sujetos sin
recursos materiales o que no pueden integrarse al mercado de trabajo. La propuesta del modelo
neoliberal es la inclusión de estos sectores, pero se los incluye en tanto excluidos, por medio de
la intervención territorial en los barrios que se da luego del eclipse del mundo del trabajo urbano
y el pasaje de la fábrica al barrio como locus privilegiado de construcción de identidades
colectivas. Se produce la emergencia del mundo comunitario de los pobres urbanos y la
redefinición del peronismo mediante la multiplicación de las formas políticas de intervención
territorial (de la unidad básica al comedor comunitario). Se establece una nueva relación con los
sectores populares, el clientelismo afectivo, que incluye la dimensión simbólica y afectiva
vinculada a la memoria y lealtad hacia el peronismo (nuevo modelo de legitimación). El modelo
asistencial señala la omnipresencia del estado en el control biopolítico de los sectores pobres de
la población.
Frente a esta situación y a la exigencia de autorregulación en un contexto en el que no existen los
soportes necesarios para autorregularse, el recurso es la autorregulación comunitaria. Es
paradójico cómo el desarrollo de las redes comunitarias locales, que antes era visto por los
organismos internacionales como un obstáculo a la modernización, ahora es una dimensión
revalorizada en los debates en los que es reinterpretada como capital social comunitario.
Finalmente, Svampa se pregunta si el desarrollo de redes comunitarias, redes locales, posibilita el
ejercicio de nuevas formas de ciudadanía o constituye una nueva modalidad de administración de
la pobreza. Sostiene que el mundo comunitario es complejo y dentro de este mundo complejo
reivindica a las organizaciones piqueteras como organizaciones político-sociales que pueden abrir
una brecha política en el mundo de los pobres urbanos, articulando tres ejes: la acción directa, la
dinámica asamblearia y las experiencias de autogestión. Considera que constituyen un aporte a la
recomposición de relaciones sociales y lazos sociales nuevos como espacios de posible acción
emancipatoria.
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