Subido por KELBI HENRY CANCHARI RAMIREZ

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LA FORMACIÓN DEL PENSAMIENTO POLÍTICO CONTEMPORÁNEO. UNA
HISTORIA DE LAS IDEAS POLÍTICAS.
Análisis y textos.
Zaragoza, 1999
© Javier Velilla Gil y Margarita Gambó Grasa
Licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported
-1-
INTRODUCCIÓN
En nuestro país no es frecuente que la Historia de las Ideas Políticas aparezca
en los currículos de Historia, mucho menos en enseñanza secundaria. Las razones de
esta situación son oscuras, aunque algo tendrá que ver el escaso trabajo que sobre
este tema se ha desarrollado en España, sin duda relacionado con la falta de libertades
que ha caracterizado nuestra historia reciente, y el peso que ha adquirido el análisis
social y económico de los sucesos históricos, en este caso como reacción a la visión
“positivista” y acrítica que ha primado en nuestra historiografía.
No es necesario señalar la importancia de intentar llenar ese vacío. Hoy que en
nuestra sociedad han arraigado profundamente los valores democráticos, la pluralidad
ideológica se está haciendo mayor, y para permitir que los jóvenes puedan tener
acceso a ella y, con ello, enriquecerse personalmente.
El presente trabajo aborda el tema de la formación del pensamiento político
contemporáneo, desde una perspectiva histórica. El punto de partida se sitúa en el
pensamiento ilustrado, con el que se entroncan las grandes corrientes del pensamiento
político reciente: el liberalismo, el nacionalismo y el marxismo, que se abordan tanto
desde el punto de vista de sus formulaciones teóricas, como del de su desarrollo
histórico, atendiendo especialmente a sus raíces sociales. El trabajo concluye con un
recorrido por las principales aportaciones que el siglo XX y los primeros años del XXI
han realizado al pensamiento político y al análisis político de la realidad actual. En
estos últimos capítulos se ha optado por dejar que el lector aborde los temas
directamente, para ello se ha realizado una cuidada selección de los textos de los
autores que han conformado el pensamiento actual.
Los objetivos del libro, como señalábamos antes, han sido marcadamente
didácticos, no sólo porque se ha intentado llenar un vacío en los libros de texto y
currículos de Historia, sino porque los autores han planteado el desarrollo de los
diferentes temas relacionándolo con lo que sí tratan los libros de texto y los currículos,
favoreciendo así su utilización, tanto por parte de los profesores como de los alumnos
que puedan estar interesados. Por otra parte, y con el fin de facilitar la utilización
didáctica del trabajo aquí presentado, los diferentes temas y capítulos del libro recogen
una abundante colección de textos, que pueden ser utilizados en el aula.
-2-
1. El comienzo. Tomas HOBBES (1588-1679)
Hobbes es uno de los pensadores que más han influido en la formación del
pensamiento político, no sólo en cuanto formuló la base doctrinal que utilizó el
autoritarismo monárquico del Antiguo Régimen, sino porque esbozó parte de los
fundamentos epistemológicos de las teorías políticas contemporáneas.
Las raíces del pensamiento de Hobbes hay que buscarlas en:
- Los acontecimientos de su tiempo, que analizó -y que le costaron once años
de exilio-, ante los que respondió con una actitud de temor, de rechazo. La
inseguridad política ocasionada por la decisión del Parlamento británico de
decapitar al monarca y por la llegada al poder de Cromwell, que se
correspondía con la situación ocasionada en Francia por la Fronda, está en la
base de su pensamiento político: la incertidumbre, el temor, es la esencia de la
infelicidad. Las reflexiones de Hobbes buscan las raíces de esa infelicidad y los
remedios a ella.
- El racionalismo. La Naturaleza, como el hombre, en cuanto parte de ella, es
un mecanismo. Es, aunque no necesariamente es lo que debe ser. La Razón
trasciende la Naturaleza mostrando la Verdad, lo que debe ser. Naturaleza y
Razón no son la misma cosa. La primera es el campo de lo mecánico, cuyas
leyes no hay que buscarlas en lo que debe ser, sino en lo que de hecho es. En
este sentido, se abre una cesura entre Razón y Naturaleza: lo natural no es
racional, aunque la Razón pueda pensarlo, pero lo hace transcendiéndolo,
mejorándolo, creando otro mundo no-natural, racional, artificial, aunque no por
ello menos real que el natural, dado que también existe. Es más, lo racional es
superior a lo natural.
El hombre, para Hobbes tiene dos facetas:
1.
En cuanto parte de la Naturaleza, es un mecanismo que actúa/se mueve
obedeciendo a sus apetitos/deseos, buscando su bien, su placer. Pero para
poder obtener el fin de estos “apetitos”, el hombre dispone de ciertas
capacidades, de poder, de medios de acción, físicos e intelectuales El
problema es que en la Naturaleza el hombre está con otros hombres, que son
iguales a él1., con las mismas capacidades y las mismas ambiciones 2. De tal
“La Naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en las facultades del cuerpo y
del espíritu que, si bien un hombre es, a veces evidentemente, más fuerte de cuerpo
o más sagaz de entendimiento que otro, cuando se considera en conjunto, la
diferencia entre hombre y hombre no es tan importante que uno pueda reclamar, en
base a ella, para sí mismo, un beneficio cualquiera al que otro no pueda aspirar como
él...”HOBBES, “El Leviatán”, capítulo III
1
-3-
forma, que es inevitable que los deseos de los hombres choquen entre sí, que
la posesión de uno sea anhelada por los demás. El resultado es un estado de
guerra constante3, en el que todos los hombres luchan contra los demás.
Homo homini lupus. El hombre natural vive, pues, con temor a los demás
hombres, y esto le cohíbe, le impide ser libre, pues vive en una situación de
“temor continuo y continuo peligro de muerte violenta”. Además, en la guerra
no hay propiedad (consecución del deseo), sino posesión momentánea.
2. En cuanto racional, el hombre descubre y es consciente de que el temor a la
muerte (espíritu de supervivencia) está en su esencia natural y es común a
todos los hombres, llevándole a pensar la necesidad (por la apetencia de
seguridad) de superar o transcender ese estado natural. Este espíritu de
supervivencia4 es lo único en lo que los hombres pueden ponerse de acuerdo,
pero en el mismo momento en el que se ponen de acuerdo transcienden su
estado natural, actuando como “animales racionales” y adoptando una primera
ley racional: “no hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan a ti”, o lo
que es lo mismo: “renuncia a tu derecho absoluto sobre las cosas” a cambio de
tu tranquilidad.
“Así hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales de discordia.
Primera, la competencia; segunda, la desconfianza; tercera, la gloria.
La primera causa impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio; la
segunda, para lograr seguridad; la tercera para ganar reputación. La primera hace
uso de la violencia para convertirse en dueña de personas, mujeres, niños y ganados
de otros hombres; la segunda, para defenderlos; la tercera, recurre a la fuerza por
motivos insignificantes, como una palabra, una sonrisa, una opinión distinta, como
cualquier otro signo de subestimación, ya sea directamente en sus personas o de
modo indirecto en su descendencia, en sus amigos, en su nación...” (HOBBES, op.
cit.)
3
“La condición del hombre… es una condición de guerra de todos contra todos, en la
cual cada uno está gobernado por su propia razón… en semejante condición, cada
hombre tiene derecho a hacer cualquier cosa, incluso en el cuerpo de los demás. Y,
por consiguiente, mientras persiste este derecho natural… no puede haber seguridad
para nadie…” HOBBES, op. cit.)
4 “Mientras persiste ese derecho natural de cada uno con respecto a todas las cosas,
no puede haber seguridad para nadie (por fuerte o sabio que sea) de existir durante
todo el tiempo que ordinariamente la Naturaleza permite vivir a los hombres. De aquí
resulta un principio o regla general de la razón, en virtud de la cual, cada hombre
debe esforzarse por la paz… de esta ley fundamental… se deriva esta segunda ley:
que uno acceda, si los demás consienten también… La causa final, fin o designio de
los hombres… al introducir esta restricción sobre sí mismos (en la que los vemos vivir
formando Estados) es el cuidado de su propia conservación… es decir, el deseo de
abandonar esa miserable condición de guerra…” HOBBES, (op. cit.)
2
4
El problema radica en que el hombre no es sólo razón, su faceta natural
no desaparece y su tendencia “egoísta” pervive5. La Razón no es una fuerza
lógica y moral ante la que los deseos retrocedan inexorablemente. Por el
contrario, muestra como “deben ser las cosas” pero siempre en conflicto con el
deseo, con el como son. Por eso, el simple acuerdo entre los hombres para “no
hacer a los demás lo que no se quiere para uno mismo” no es suficiente, hace
falta algo -más allá de la simple obligación racional-moral- que obligue a
cumplirlo, algo con un poder de intimidación tal que subyugue al deseo, hace
falta el Estado (Leviathan).
El Estado, pues, es el resultado de la reflexión racional, es un artificio, algo
que no es natural, obra de los hombres, es el resultado de la renuncia de los hombres
al ejercicio de su poder. Pero para que el estado pueda sobrevivir a los propios
hombres, para que pueda cumplir su función -asegurar la tranquilidad- por encima de
las tendencias egoístas humanas es necesario que tenga un poder ante el que no
quepa desafío: el poder del Estado es el resultado de la suma de los poderes a los
que los hombres han renunciado6. Y lo han hecho para siempre, puesto que cualquier
resquicio de poder que quede entre los hombres siempre podrá alentar el
comportamiento egoísta. En este sentido, el Estado es absoluto, tiene todo el poder y
todo el derecho a ejercerlo y nadie puede discutírselo y los hombres se han
convertido en súbditos. Los hombres contratan entre ellos un compromiso, pero en
ese mismo momento renuncian a su soberanía, a su derecho a ejercer su poder,
pasan a obedecer. Sólo hay un límite: que el Estado no cumpla su función, que no
asegure la “seguridad”, entonces se convierte en algo inútil, en la encarnación de un
poder particular que no representa al conjunto de los hombres, sino los intereses de
uno o unos pocos hombres. En esta situación los súbditos tienen derecho a darse
otro soberano, a cambiar de amo.
Esta necesidad absolutista es ajena a la forma del Estado (aunque para
Hobbes la forma más perfecta sea la monarquía, por ser la más eficaz y la más útil)
porque lo esencial es el ejercicio del poder, su capacidad para intimidar, para
asegurar la tranquilidad. Tres consecuencias de ello:
“Las leyes de la naturaleza son, por sí mismas, cuando no existe el temor a un
determinado poder que motive su observancia, contrarias a nuestras pasiones
naturales, las cuales nos inducen a la parcialidad, al orgullo, a la venganza y a cosas
semejantes…” HOBBES, op. cit, cap. XVII
6 “Esto es algo más que consentimiento o concordia; es una unidad real de todo ello
en una y la misma persona, instituida por pacto de cada hombre con los demás, en
forma tal como si cada uno dijera a todos: autorizo y transfiero a ese hombre o
asamblea de hombres mi derecho a gobernarme a mí mismo, con la condición de que
vosotros transferiréis a él vuestro derecho… Hecho esto, la multitud así única en una
persona se denomina Estado… Esta es el origen de aquel gran Leviatán, o más bien
hablando… de aquel dios mortal, al que debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y
nuestra defensa, porque en virtud de esta autoridad que le confiere cada hombre, el
Estado posee y utiliza tanto poder y fortaleza que por el terror que inspira es capaz de
conformar las voluntades de todos ellos para la paz…”HOBBES, op. cit. Cap. XVII
5
5
-El Estado es el único con capacidad y derecho a ejercer la autoridad,
ninguna institución ni nadie puede disputárselos. La libertad política no es el
ejercicio de ciertas parcelas de poder, sino la “capacidad para hacer todo lo
que el Estado no prohíba”.
-La Ley, prerrogativa exclusiva del Estado, es siempre justa, porque la
única fuente del Derecho radica en el Estado. Puede ser mala o buena
según la conveniencia (necesidad) de esa ley, pero no injusta porque:
1/nadie tiene capacidad/poder para dictaminar sobre ello (los hombres se
han despojado voluntariamente de su libertad de juicio sobre el bien y el
mal, sobre lo justo y lo injusto); 2/el Estado no es arbitrario, sino que es el
reinado de la ley. En este sentido, la necesidad de la Ley no deviene de sus
contenidos (para los ilustrados, el “bien general”), sino del simple hecho de
la necesidad de que haya leyes. De la misma forma, la obligatoriedad de la
Ley no deviene de sus contenidos, sino de la autoridad de quien la ha
promulgado, el Estado. Los contenidos de la Ley tienen que ver con las
realidades que se quiere regular, por eso se puede juzgar que son
necesarias o innecesarias, pero no justas o injustas. La Ley es, pues,
positiva.
-El Estado es único y no admite fragmentaciones porque el ejercicio del
poder debe ser único y no estar debilitado por un ejercicio compartido,
en el que se pueden infiltrar los deseos egoístas o que puede hacerle
perder su esencia, su poder intimidatorio.
Así, la legitimidad de un Estado no depende de su representatividad, ni de ser el
“portador” de la soberanía del pueblo, sino de su necesidad racional y del cumplimiento
de su finalidad.
Similares planteamientos realiza Hobbes al abordar el tema religioso. En primer
lugar, diferencia entre “verdades reveladas”, que se encuentran en las Escrituras, y las
leyes o doctrina religiosa, que son un hecho positivo, producto de la interpretación que
los hombres hacen de las Escrituras.
En el estado natural, cada hombre tenía derecho a su propia interpretación, de
tal forma, que había tantas interpretaciones, leyes, como hombres, pero en el contrato
el hombre transfiere ese derecho de interpretación junto con los demás derechos. Así,
el Estado se convierte en el único interprete, en el único que tiene derecho a fijar las
leyes religiosas positivas. Iglesia y Estado son la misma cosa: si el conjunto de
hombres que transfieren su poder son cristianos, el estado resultante será cristiano,
cada nación tendrá su propia religión. De suerte, que ningún supuesto poder espiritual
tiene derecho a erigirse en rival del Estado soberano, ni tan siquiera en un poder dentro
del Estado. La Iglesia es un organismo subordinado del Estado, que todo lo controla
que todo lo puede. Ahora bien, la religión tiene un componente “espiritual”, la fe, que
escapa a la Razón y que pertenece a las conciencias individuales, en las que el Estado
6
no puede entrar, siempre y cuando no supongan un cuestionamiento explícito del
mismo, porque corresponde a la individualidad humana (natural), a su intimidad.
2. LA ILUSTRACIÓN.
2.1. La Ilustración. Raíces de su pensamiento.
Fue un movimiento intelectual, que tuvo sus más importantes pensadores y
plasmaciones (la Enciclopedia) en Francia, aunque rápidamente se extendió por toda
Europa y América. No son ajenos a esta rápida expansión:
o
La idea de la época de “comunidad de sabios”, que hacía que entre las
principales “cabezas pensantes” de Europa hubiese una especie de solidaridad
intelectual y un sentido ecuménico. Los sabios se conocían (aunque fuese
epistolarmente) entre sí, ponían en común sus ideas y, considerándose por
encima de las vulgares cosas del mundo, habían establecido una especie de
“república de las letras”.
o
El comienzo de sistemas nuevos de difusión de las ideas. Para la ciencia
comienzan a editarse y distribuirse gacetas y enciclopedias, para las ideas más
cotidianas se dejan los cafés, salones y las sociedades secretas (sobre todo la
francmasonería).
La Ilustración tan apenas aportó ideas nuevas, sino que más bien reelaboró con
aportaciones anteriores un pensamiento innovador: recogió ideas ya existentes y al
pensarlas conjuntamente obtuvo elementos que rompían con lo anterior. Lo que sucede
es que los ilustrados no fueron muy conscientes de las consecuencias revolucionarias
que se podían sacar de sus teorías, hizo falta que las leyesen gentes que se iban a
dedicar a la política.
Las principales fuentes del pensamiento ilustrado son:
1/ La Ciencia, especialmente NEWTON, y su afirmación de que los fenómenos
de la Naturaleza podían expresarse en principios universales simples (leyes). La
Naturaleza aparecía así como susceptible de ser analizada y comprendida (y, por lo
mismo, explotada) por los hombres. La razón del hombre era capaz por sí misma, sin
necesidad de recurrir a explicaciones transcendentales, de conocer, de explicar por
medio de leyes racionales la Naturaleza, que, por lo tanto, tenía “comportamientos”
racionales. A partir de este momento, la Ciencia trabará una encarnizada batalla contra
las explicaciones “no racionales”, contra las supersticiones.
2/ El racionalismo. No podemos olvidar el origen mayoritariamente francés del
movimiento. Descartes había aportado dos principios importantes:
7
-La “duda metódica”: la necesidad de someter todo a la razón, a la par que
un escepticismo radical hacia todo aquello que viniese de ámbitos ajenos
a ella.
-La constatación, base del racionalismo, de que las cosas existen en
cuanto se dan en el pensamiento (“pienso, luego existo”, es decir, tengo
conciencia de mi pensamiento, pienso que pienso, luego existo; la
existencia se da, así, inicialmente en mi conciencia, en mi pensamiento).
Los ilustrados tomarán de aquí la afirmación, reafirmada y demostrada por
Newton, de la identidad de Razón y Naturaleza: la Naturaleza es racional.
3/ El individualismo. En el Antiguo Régimen (AR) la sociedad no se entiende
como constituida por individuos, sino por estamentos y corporaciones... (pequeñas
sociedades). No obstante, dos corrientes de pensamiento llevaban implícito el concepto
de individuo:
-El protestantismo, que con su teoría de la “justificación por la fe” y su
“intimismo”, eliminaba la función mediadora de la iglesia y planteaba la
relación directa del hombre-individuo (pecador y sujeto de salvación) con
Dios. Más radical, Calvino, había llegado a plantear el derecho del
individuo (como creyente) a enfrentarse al Estado, allí donde este
mantuviese principios falsos o persiguiese los verdaderos.
-Las teorías políticas absolutistas, imbuidas de Derecho Romano, que
habían concluido en la supremacía de la soberanía del Estado-Monarquía
y en la necesidad de eliminar la capacidad política de estamentos,
corporaciones... (“poderes intermedios”), para constituir una comunidad
homogénea de súbditos (individuos) frente al Estado. En este sentido,
HOBBES, monárquico inglés exiliado en París tras la “revolución inglesa”,
ya había señalado que el estado “natural” del hombre es el individual, y
que sólo la necesidad de preservar la vida y la propiedad (seguridad)
llevan al hombre a vivir en sociedad, a darse una autoridad.
4/ El utilitarismo, en su criterio central de buscar en el beneficio de la mayoría el
criterio de la moral. HELVÉTIUS (1715-1771), planteaba que la utilidad es el único
criterio satisfactorio-científico de la moral, y la utilidad se medía según sus efectos
sobre la felicidad humana. En el mismo orden de cosas, HUME (1711-1776) sostenía
que las leyes humanas son convenciones útiles, en la medida en que garantizaban la
propiedad y el respeto a los compromisos adquiridos. Los ilustrados tomarán cuatro
ideas importantes:
-La desvinculación de las leyes (morales, políticas) de principios o
autoridades ajenas a los hombres. La “destranscendentalización” de las
normas de la conducta humana.
-La idea de que el objetivo de la Humanidad es su felicidad.
-La comprensión de que esta felicidad debe ser terrenal (no esperar al
Cielo) y debe llegar al mayor número de personas.
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-La existencia de dos motores para la conducta humana: el interés
particular y el interés general.
5/ La idea contractual del pensamiento político aristocrático. Lo que sucede es
que ahora no será un contrato entre los “poderes intermedios” y el rey, sino un contrato
entre los individuos para formar una sociedad, un estado.
Estas son, simplificadas, las principales corrientes de pensamiento de las que
bebieron los ilustrados. Ahora cabe hacerse una pregunta ¿qué les llevó a formular un
pensamiento innovador?. Los ilustrados, como ya hemos dicho, eran mayoritariamente
gentes que pertenecían a los estamentos privilegiados del AR, cultos, con
conocimientos de otros países (especialmente Inglaterra) algunos de ellos, que veían
con desasosiego la crisis de la sociedad en la que vivían y optaron por analizarla para
encontrar los males que la acosaban. A pesar de que la “ideología burguesa
revolucionaria” se alimente de la ilustración, en ningún momento cabe pensar que los
ilustrados eran burgueses o defendían sus intereses. En el mejor de los casos, los
pensadores ilustrados despreciaban a la burguesía, a la que consideraban vil y
mezquina. La ilustración tiene un talante aristocrático: no cuenta para nada con las
masas, ni cree que nada bueno vaya a venir de un movimiento de las mismas. Por el
contrario, confía en la educación, en la extensión de la ideas correctas (iluminación),
que llevarán a la Humanidad por el buen camino, pero esta educación debe partir de
aquellos que ya poseen esas ideas, de esa aristocracia del pensamiento (que lo era
también social) que debe ilustrar al pueblo. En este sentido, el culpable de la situación
“actual” es la ignorancia, el no darse cuenta de cual es el verdadero-correcto camino, y
corresponde a este grupo de ilustrados mostrarlo.
Ahora la pregunta es ¿a quién se lo mostraron?. No cabe duda de que los
ilustrados, sobre todo cuando ocuparon cargos ministeriales en el Estado, procuraron la
alfabetización del pueblo y la extensión de la educación. Lo que sucede es que tenían
una visión clasista de la educación: la masa debía educarse para producir más y mejor,
no para participar en elevados debates teóricos. Así, las forma más divulgativa de la
Ilustración fueron las enciclopedias, destinadas a los alfabetizados, con tiempo para
leer y una cultura y unas preguntas intelectuales que hacerse, es decir, en tiempos del
final del AR, la nobleza, el clero y las burguesías, es decir los grupos dominantes del
AR, a los que se quiere confiar la tarea de la construcción de la felicidad colectiva. Por
eso, es en las bibliotecas de estos grupos sociales donde aparecen los libros de la
Ilustración, ellos son sus lectores.
La Ilustración se configura, pues, como un movimiento intelectual de los grupos
privilegiados, pero, entonces, ¿cómo podían divulgar las ideas que luego acabarían con
su AR?. En primer lugar, porque no eran conscientes de las implicaciones políticas que
esas ideas tenían. Repetimos: la Ilustración no es un movimiento político, sino
intelectual, serán los acontecimientos los que hagan que hombres políticos puedan
hacer la lectura política-revolucionarias de esas ideas. En segundo lugar, porque esas
ideas se concebían para ser divulgadas entre el reducido número de los privilegiados,
entre los que no cabía la posibilidad de hacer una lectura revolucionaria (contraria a
sus intereses). Por último, porque en la base de su pensamiento estaba el “modelo
9
inglés”, de una alianza-encuentro entre los intereses de la nobleza-aristocracia y la
burguesía que reformase la sociedad, por un lado, y la monarquía, por otro. No hay que
olvidar que Voltaire, furibundo crítico de la autoridad, el oscurantismo y la intolerancia,
tenía una visión censitaria de la sociedad, en la que cuando habla de libertad la asocia
a la propiedad, dejando que las masas ignorantes queden al margen, incapaces de
aportar nada.
2.2. Principales ideas de la Ilustración.
La Razón y la Naturaleza son las dos ideas básicas del planteamiento ilustrado:
1) La Razón entendida:
-Como capacidad o instrumento humano para conocer. No se duda de la
capacidad de la Razón para llegar a la verdad. De hecho, la Razón es el
camino para llegar a la verdad. Las leyes de la Razón son objetivas,
verdaderas. La Ilustración francesa, a la manera cartesiana, realizó una feroz
crítica a la ideología de la época, basándose en este hecho, la Razón
discrimina entre la verdad y la superstición. Lo que es ajeno a la Razón es
oscurantismo, engañoso. La Ilustración alemana (Aufklärung), con KANT a la
cabeza, establecen la base del idealismo: la Razón es el camino para llegar a la
verdad, que se encuentra en la misma razón, es un desenvolvimiento de la
propia Razón.
-Como conjunto de leyes de la Naturaleza, que la explican (leyes físicas, por
ej.) y la rigen. Se trata de la acepción “la razón de las cosas”.
De esta forma, se produce un esquema coherente: nuestro pensamiento-razón
es capaz de aprehender la razón de las cosas. Hay una ley esencial, la Razón, que rige
en la Naturaleza y nuestro pensamiento.
2) La Naturaleza es lo objetivo, lo que es, lo verdadero. Esta asignación de valor
a lo natural (real, existente), de inspiración científica (Newton había demostrado que se
podían establecer leyes racionales que explicaban el funcionamiento de la Naturaleza),
contrasta con la concepción anterior, en la que lo natural es lo que había sido. Para la
Ilustración lo natural es lo que en sí mismo tiene capacidad de ser y no hay que buscar
fuera (en lo transcendente, por ej.) razones que lo justifiquen, es decir, lo verdadero es
lo que debe ser. Por eso tiene leyes con fuerza universal. Para el pensamiento anterior
lo natural necesita de elementos exteriores para tener validez, se desconfía del
cambiante mundo de la Naturaleza, por eso se afirma que lo verdadero es lo que ha
sido, luego sus leyes no hay que buscarlas en su ser, sino en su Historia, es su
proceso de formación, en la tradición. En última instancia, en quien ha creado la
Naturaleza. Este planteamiento es importante porque marca las dos actitudes del
hombre del AR y de la Ilustración. Mientras que para el primero lo que era (lo que le
rodeaba) era lo que debía ser (siempre había sido así), por tanto, no había “que
buscarle tres pies al gato”, para el hombre ilustrado lo que es (lo que les rodeaba), si no
se ajustaba a la leyes naturales, no debía ser. Esta admisión de la posibilidad de
cambio, da lugar a un cambio en la concepción que los hombres tienen de sí mismos.
10
Para el pensamiento tradicional el hombre poco puede hacer, sino dejarse llevar. Así,
un científico como PASCAL decía: “cuando me puse a considerar en alguna ocasión
las diversas agitaciones de los hombres... descubrí que toda la desgracia de los
hombres proviene de una sola cosa, que es el no saber permanecer en reposo en una
habitación...” Por el contrario, el hombre ilustrado, como veremos, es capaz y se siente
impelido a la acción en la medida en que conoce-sabe como deber ser las cosas.
Voltaire señala “... el hombre ha nacido para la acción... para el hombre no estar
ocupado y no existir es la misma cosa...”
La Naturaleza es una máquina única, regida por leyes que son racionales, en la
cual está el hombre. Así:
-El hombre forma parte de la naturaleza, está sometido a sus leyes (leyes naturales),
que son anteriores a él mismo y que señalan lo que debe ser, lo que tiene que hacer es
descubrirlas. La ley natural es anterior a las leyes humanas, la conducta del hombre
debe ceñirse a estas leyes, si no lo hace es por ofuscación, por no emplear su razón.
Las consecuencias son la vulneración del estado natural: la vulneración de sí mismo
como ser natural, su infelicidad.
-El hombre está (vive) en la Naturaleza y tiene capacidad para comprenderla, para
beneficiarse de ella (vive de ella). La razón de los hombres es, así, un instrumento
eficaz de progreso; cuanto más sabemos de la Naturaleza, mejor podemos servirnos
de ella. La Ciencia ha de ser un disciplina útil, productiva. El hombre es un ser
optimista, cuanto más avanza su pensamiento más beneficios obtiene.
3) El hombre es, pues, un ser racional y capaz (capacidad de acción sobre la
Naturaleza), y por eso ocupa la más alta jerarquía de la Naturaleza. De ello derivan
varias consecuencias:
-El hombre es un ser individual, puesto que cada hombre tiene su razón y sus
capacidades. Luego, por naturaleza, el hombre es individuo (recordemos que
en el pensamiento del AR el hombre era lo que era en cuanto pertenecía a una
sociedad).
-Los hombres al nacer son iguales, porque la razón es única (todos nacen
animales racionales). Será la educación-experiencia la que moldee esta razón
añadiendo las diferencias. Luego, en estado natural, todos los hombres son
iguales, aunque luego la vida produce que haya diferencias (en el AR los
hombres nacían ya diferentes: uno es quién es según el lugar que ocupe en las
jerarquías).
-Los hombres son libres, porque son capaces de razonar (conocer) y de
actuar. La libertad se entiende como capacidad de acción y, en este sentido, se
asocia a propiedad, que se entiende como el resultado de la acción del
hombre sobre la Naturaleza para garantizar la vida. Sin ese derecho a
garantizar los bienes necesarios para vivir, el hombre pierde su capacidad, su
libertad. Así, libertad y propiedad son derechos naturales. Aunque el concepto
de libertad ilustrado es hijo del AR (libertad como autonomía), las diferencias
son notables: todos los hombres nacen igualmente libres, la libertad no nace
11
del privilegio sino de la propia esencia del hombre. Con la propiedad sucede
algo similar: todos hombres nacen con la capacidad-derecho a ser propietarios
(en el AR esto se vinculaba al privilegio), serán luego sus luces (como eduque
su razón) lo que haga que sea más o menos propietario, pero en el límite
siempre será propietario de su persona. La experiencia, la vida, desenvuelven
estos derechos, pero no los anulan, son naturales.
-El hombre-individuo vive con otros hombres, en esta convivencia se produce
una confrontación de las libertades-capacidades de los diferentes hombres: la
libertad ilimitada (poder hacer lo que se quiera, dentro de los límites de lo
humano) choca con las otras libertades ilimitadas. Esta confrontación produce
el miedo a perder la libertad (y, por ende, la propiedad). El ejercicio de la
libertad del otro puede traer consigo la merma de mi libertad. El interés
particular de uno puede vulnerar el interés de otro. El hombre es entonces
infeliz, tiene miedo. Es entonces cuando la razón (hay que fijarse en la
oposición tácita que se da entre “deseo no racional-interés particular” y “razóninterés general”) debe actuar para descubrir que sólo cuando el conjunto de
hombres que conviven deciden vivir conforme a la ley natural (lo que debe ser)
son felices y la ley natural dice que todos los hombres son individuos iguales,
libres y propietarios. Por tanto, la ley de la sociedad debe respetar los derechos
naturales y hacerlo para todos. Luego:
-La sociedad, entendida como un conjunto de hombre que conviven con
una ley común, es obra de los propios hombres, de su decisión de pactar
vivir bajo la ley. Ni es obra de la providencia, ni de la Historia, ni puede
haber diferentes leyes. La sociedad es un acto humano y puede ser
erróneo (la razón se puede ofuscar).
-El fin de la sociedad es la felicidad de los hombres que conviven en la
misma (los ciudadanos), no el engrandecimiento del Estado, ni otras
cosas ajenas a los propios individuos.
-La ley debe garantizar los derechos naturales: igualdad, libertad y
propiedad. Ahora bien, la ley limita la libertad ilimitada del “hombre solo” o
pre social, pero es que el “hombre solo” sólo existe en cuanto entidad
psicológica, en cuanto actúa lo hace conviviendo con otros, entonces su
libertad ilimitada no existe: la cohíben la libertad de los otros. Así, el
hombre para ser libre debe eliminar ese miedo, debe tener garantizados
sus derechos naturales, debe perder el derecho ilimitado a su libertad para
recuperar la verdadera libertad. Sólo la ley de obligado cumplimiento
puede garantizar la libertad.
-Las sociedades, creaciones humanas, que no garanticen los derechos
naturales (el AR, por ej.) no son buenas, contradicen la naturaleza. En
realidad, no son sociedades, simplemente suponen el estadio presocial,
en el que un/unos hombres han conseguido imponen su libertad (interés
particular) al resto de los hombres. Pero estos individuos sometidos no
pierden por ello su naturaleza de libres, iguales y propietarios, sino que la
conservan, aunque sometida, infeliz.
-Se puede hablar pues de un interés general (felicidad: ejercicio de las
facultades naturales del hombre) y de un interés particular (ejercicio de las
12
facultades naturales de un hombre), que la sociedad articula: la razón
señala claramente que el interés particular de los hombres es el interés
general (los individuos sólo son felices cuando puede cada uno de ellos
ejercer sus prerrogativas naturales). La razón señala, pues, el interés
general, la comprensión de ello provoca la “voluntad general”, la idea de
pacto.
-El gobierno de las sociedades es producto de la ley, pero mientras la ley
es un texto abstracto, el gobierno lo ejercen las personas (no han olvidado
su libertad ilimitada), de tal forma que siempre existirá la tentación entre
los gobernantes de utilizar el imperio de la ley en su beneficio, para
imponer su interés particular. La forma de evitarlo es la división de
poderes: el poder que el conjunto de ciudadanos delega en la ley-gobierno
debe estar dividido en unidades que se autolimiten para que ninguna de
ellas pueda imponerse a las demás y a la propia sociedad. Así, el Estado
debe tener delimitados tres poderes: legislativo (hacer las leyes), ejecutivo
(hacer que se cumplan las leyes) y judicial (juzgar si se han cumplido o no
las leyes).
-La Historia del hombre es la de la convivencia presocial, la de la opresión.
Sociedades anti-naturales han hecho infeliz al hombre. Ha imperado la
sinrazón. Nadie ha sido feliz (aquí Hegel encontró la raíz de su dialéctica
histórica): los oprimidos por verse privados de su naturaleza y los
opresores por el temor a que los oprimidos tomasen la revancha. No
obstante, ahora la Ilustración supone un cambio radical: es el siglo de las
luces, de la Razón, por fin el hombre se da cuenta de lo correcto, de lo
que debe ser, de su realización depende la felicidad de los hombres, la
vida en sociedad.
La sociedad aparece como algo único, compuesto por el conjunto de individuos
que deciden formar parte de ella, y que se transforman en ciudadanos: dejan su
libertad individual ilimitada (que conlleva el ilimitado derecho a actuar) en manos de esa
colectividad llamada “sociedad” o “nación” y reciben la libertad política, la libertad en las
relaciones entre esos ciudadanos. Las diferencias con el AR son evidentes: sociedad
única, ley única, frente a sociedad fragmentada. Formar una sociedad o, lo que es lo
mismo, decidir las normas de convivencia, es una reivindicación revolucionaria porque
ataca las mismas bases políticas del AR. No tanto por su aspecto democrático, como
por el hecho de que es la alternativa a la esencia del viejo régimen: la fragmentación.
La sociedad, como ya hemos dicho, es obra de los hombres (no de la tradición o
de Dios) y se forma porque la Razón conduce a ella. Lo natural es el individuo y sus
derechos. La raíz del Derecho cambiará. Frente al predominio del derecho
consuetudinario o positivo, ahora alcanza su primacía el derecho natural (el de los
derechos naturales del hombre) y el derecho político (el de los derechos racionales que
elaboran los hombres para su convivencia). Uno y otro, natural y político, no son
contradictorios, sino que se complementan (sin sociedad no hay respeto a los derechos
naturales). La artífice de esta complementariedad es la Razón.
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4) La educación es el arma esencial que conduce a que todos los hombres
lleguen a comprender la verdad-lo que debe ser. Sólo una sociedad de hombre
“ilustrados” será feliz y progresará (sabrá sacar todo el provecho a la Naturaleza). La
Ilustración es optimista, confía en el hombre como ser racional.
2.3. Principales ilustrados:
1. John Locke (1632-1704)
Vivió y comentó la revolución inglesa y fue un firme partidario de la misma. Sus
publicaciones hallaron un fuerte eco entre los ilustrados, hasta el punto de poder decir
que la imagen que tenían de la “libertad inglesa” es la que transmitió este autor.
Filósofo “empirista” dedicó al tema político dos obras principales: “Ensayo sobre el
Gobierno Civil” y “Cartas sobre la Tolerancia”. Algunos estudiosos lo consideran un
precursor de la Ilustración, aunque por la coherencia de sus pensamientos y la
proximidad de las ideas expuestas, preferimos analizarlo en este capítulo.
Parte de la diferenciación de los dos estadios: natural y social. En estado
natural el hombre es libre, igual (todos los hombres nacen cuan “tabula rasa”) y
propietario (la mejor forma de hacer uso de los bienes que la Naturaleza nos brinda es
la propiedad), como ser racional. Estas tres características del hombre le confieren un
poder, una capacidad, que tiene dos vertientes:
-El hombre dicta sus propias leyes
-El hombre tiene derecho a castigar las lesiones sufridas.
En este estado el hombre es feliz, pero no del todo. Su razón le enseña que:
-No debe dañar a otro
-Debe salvaguardar su propiedad (lo que necesita para vivir)
Pero también le señala una amenaza: existe el peligro de perder la equidad,
pues cada uno es juez de sí mismo.
De esta forma, el hombre es feliz pero le cabe un temor que impide que la
felicidad sea completa. La única forma racional de evitar ese temor es establecer un
poder supremo que garantice la seguridad mutua, la vida tranquila y el goce de la
propiedad. Pero este poder no puede venir de fuera, sino que tiene que ser “netamente
humano”. Se establece mediante un pacto.
La sociedad civil se establece mediante este pacto entre los hombres, por el
cual:
-Los hombres (un conjunto de hombres) deciden vivir en sociedad.
-Los hombres delegan sus poderes en esta sociedad:
14
+El poder dictarse leyes en el poder legislativo.
+El poder castigar en el poder ejecutivo.
-Esta delegación no es renuncia, dado que los derechos naturales son irrenunciables.
-Mediante el pacto el hombre pierde parte de su libertad potencial (no mucha, dado que
su razón
ya la limitaba cuando le enseñaba a no dañar a otros), pero a cambio
gana en seguridad, que le
permite
ejercer más ampliamente la libertad de la
que dispone.
-El fin de este pacto es la felicidad: la conservación de los derechos naturales.
Este pacto exige dos condiciones:
-Que sea libre, una libre decisión de cada individuo que decide vivir en sociedad.
-Que sea igual para todos, nada ni nadie tiene más derechos que los demás.
Constituida la sociedad civil, queda el tema de la personificación de ese poder
constituido, de las instituciones en las que se va a encarnar, del Estado. Para Locke
estas instituciones son dos:
-El poder legislativo, que lo ejerce el Parlamento, con el consentimiento (elección) del
pueblo.
-El poder ejecutivo, que lo ejerce el rey. Esta afirmación le causa a Locke algún
problema
argumental: ¿de dónde le viene el poder al rey? Lo resuelve con razones
de tipo práctico
(educación, tradición, evitar que el poder caiga en cualquier mano,
etc...) y con el argumento de
que el rey está subordinado al Parlamento como
máximo órgano de la voluntad general. En definitiva, funcionariza a la monarquía.
Por último, para Locke se trata de evitar que este poder supremo se vuelva
contra el pueblo, que haga mal uso de los poderes concedidos. Para ello se dan dos
recursos:
-La limitación de poderes, como ejercicio de los mismos por distintas manos.
-El derecho del pueblo a retirar el derecho a gobernar cuando considere que sus
derechos naturales están siendo vulnerado.
2. Montesquieu (Charles de Secondat, barón de M. y señor de la Brède) (16891755)
Representa la ideología de la ilustración aristocrática, como veremos en su
defensa de la Historia como razón de la Ley, en la justificación de los “poderes
intermedios” como equilibradores del poder del Estado, y en la defensa de la
monarquía. Dos obras son fundamentales “El Espíritu de las leyes” y sus “Cartas
persas”. Dividiremos su estudio en tres capítulos:
15
1/ El espíritu de las leyes. Para Montesquieu las leyes son lo que organiza la
convivencia, la sociedad. Así, se pueden diferenciar:
-Leyes que llevan implícito el deber de cumplirlas (que se cumplen con
autocomplacencia).
-Leyes promulgadas, pero que hay que obligar a los hombres a cumplirlas porque no
las asumen como un deber.
A Montesquieu le interesan las primeras, las segundas le parecen leyes
tiránicas, injustas, porque la ley ha de ser necesaria, el individuo ha de sentir la
necesidad de su cumplimiento. De aquí deriva el problema capital de la obra del autor:
la búsqueda de lo que está en el origen de las leyes, de lo que las fundamenta y las
convierte en deberes.
Para nuestro pensador, como buen ilustrado, se da una correspondencia entre
Naturaleza y hombre: en la Naturaleza se dan leyes universales y necesarias, que
deviene de la propia naturaleza de las cosas, pues bien, en la sociedad también tienen
que darse esas leyes y también deben devenir de la propia naturaleza de las
sociedades (no de algo trascendental ni de un acuerdo (voluntad) entre los hombres).
Aquí es donde nuestro autor recurre al pensamiento aristocrático-tradicionalista: esta
“naturaleza de los pueblos”, su esencia, su espíritu, es el resultado de su historia, de lo
que a lo largo de los siglos han conseguido hacer como comunidad-sociedad. Así, la
Historia es un compendio de los historias de cada pueblo, que consisten en una
síntesis de circunstancias objetivas (geográficas, su entorno...) y de su voluntad (como
ejercicio de su libertad).
La ley encuentra pues su fundamento en el espíritu de los pueblos, que es el
resultado de su historia. De ello se deriva:
-La universalidad de la ley: las leyes obligan a los pueblos.
-La necesidad de que cada pueblo tenga leyes diferentes, según su espíritu.
-La idea de Justicia no puede ser entendida como una abstracción: no existe una ley
justa que lo sea para todos los pueblos, sino que cada pueblo tiene sus leyes concretas
y justas.
-La verdadera justicia consiste en la correspondencia de la ley con el espíritu del
pueblo.
-La razón no fundamenta la ley, sino que nos conduce a descubrirla. Es la historia, las
peculiaridades de cada pueblo lo que fundamentan la ley.
2/ La libertad y el Estado. La formas de gobierno-instituciones se fundamentan
también en el espíritu de los pueblos, y son el resultado de la aplicación de la ley. En
este sentido, como para los ilustrados, las leyes son anteriores a las instituciones, y
solo son justas si se atienen a aquellas.
La libertad no es hacer lo que se quiera (dado que no es un concepto individual,
sino social: el individuo no es el punto de partida de Montesquieu, sino el pueblosociedad), sino poder hacer lo que se debe, y no estar obligado a lo que no se debe.
16
Libertad, pues, es poder hacer lo que la ley ordena. En este sentido, la libertad viene de
la ley, que es la que dice lo que debemos-podemos hacer. Nuestra capacidad de
acción (libertad) viene de los límites y la fuerza que nos da la ley.
El Estado tiene una doble faceta:
-Es la encarnación de las leyes en la medida en que su forma-instituciones devienen de
ellas y en la medida en que es el poder que garantiza su cumplimiento.
-Es el legislador, es el lector del espíritu del pueblo que lo escribe en forma de leyes.
Esta doble función pone en peligro la libertad: el Estado puede obligar a cumplir
leyes injustas. De aquí que sea necesario limitar el poder del estado. Se debe hacer de
dos formas:
-Separando las dos facetas-poderes:
-El legislativo, que debería estar representado por los parlamentos.
-El ejecutivo, representado por la monarquía, como encarnación de la idea de
autoridad.
-Limitando el poder de los grupos sociales-intereses que forman parte del Estado, para
evitar una lectura sesgada del espíritu del pueblo. Para ello plantea la existencia de un
equilibrio entre tres instituciones:
-La Cámara Baja (representación del pueblo), que hace las leyes.
-La Cámara de los Lores (representación de la aristocracia, de lo más sano), que debe
moderar y ratificar a la Cámara Baja.
-La Monarquía.
En este punto Montesquieu se adhiere a las teorías de la reforma aristocrática
del AR, considerando a la nobleza como la mejor garantía para la libertad.
3/ Las formas de gobierno. Nuestro pensador analiza las diferentes formas de
gobierno de su tiempo haciendo alarde de un notable escepticismo: si cada pueblo
tiene su espíritu, cada uno debe tener una forma de gobierno que sea acorde a ello, por
tanto no hay una forma de gobierno en sí misma justa, sino diferentes formas que se
deben acoplar a las peculiaridades de cada pueblo. No obstante, el autor se inclina
siempre por aquellas formas de Estado en las que predomina la división de poderes y
el equilibrio, que para él son la base de la libertad. En particular por la monarquía
constitucional, en la que el rey gobierna según las leyes fundamentales (seg. espíritu) y
modera su tendencia al ejercicio ilimitado del poder con la existencia de unos “poderes
intermedios” (la Cámara Baja” y la “Cámara de los Lores”).
Las otras formas de gobierno le parecen cuando no injustas (la república
democrática en la que el pueblo legisla y ejecuta, como un poder autocrático y
absoluto, o el despotismo en el que el rey legisla y ejecuta sin poderes intermedios) si
peligrosas (la república aristocrática en la que ve el peligro de que esta aristocracia se
17
corresponda con un grupo social que haga una lectura sesgada de las leyes, por ello ve
necesaria la monarquía, que es el contrapeso a esa posibilidad).
Se observa, un claro apoyo al sistema inglés y sobre todo una defensa de “los
poderes intermedios” del AR. Montesquieu apoya una reforma, pero no la destrucción
de su sociedad.
3. Juan Jacobo Rousseau (1712-1778)
Fue, sin duda, el pensador más decisivo de la Ilustración, tanto por la
trascendencia de sus teorías en el pensamiento político posterior, como por su
influencia sobre los hechos posteriores. Sus obras principales fueron “El Contrato
Social o el primer principio del Derecho Político” y “Emilio o la Educación”.
Corresponde a una segunda generación de ilustrados, con planteamientos más
elaborados, saca las primeras consecuencias políticas de las teorías. No obstante,
tampoco es un revolucionario, ni pretende actuar para cambiar las formas de gobierno.
Se limita a ilustrar, a enseñar como ser más felices. Lo que sucede es que las
bibliotecas de los revolucionarios si que contendrán los libros de Rousseau y estos si
que harán una lectura política de sus obras y sacarán conclusiones revolucionarias.
1/ Los estados del hombre. Rousseau parte de un análisis del hombre, que,
como se verá, es un análisis histórico. El hombre en su estado natural, en sí mismo,
como individuo, es libre y absolutamente igual al resto de los hombres. es un ser feliz,
en el que razón y deseos se cumplimentan. El problema se plantea cuando
consideramos que el hombre vive con otros hombres, en relación con otros hombres.
Entonces caben dos posibilidades:
-Que se deje dominar por el deseo-egoísmo, entones la superstición impera sobre la
razón, en cuyo caso entrará en una situación de lucha con el resto de los hombres, que
Rousseau llama el estado actual, refiriéndose a la sociedad que a él le rodeaba. Esta
forma de relacionarse no tiene reforma posible: el deseo solo conduce al
encadenamiento del hombre a sus pasiones, la razón queda impedida para actuar. En
este sentido, el peor enemigo del hombre es él mismo. Es un estado en el que el
hombre feliz del estado natural se corrompe.
-Que se deje dominar por la razón, entonces encauzará sus deseos: se olvidará como
individuo
en conflicto con otros hombres y se pensará como miembro de un
colectivo con intereses comunes: ser felices, ser libres, ser iguales, ser fraternos.
Estaremos en el estado político, en el que el hombre es ciudadano (miembro de una
sociedad política).
Esta visión del hombre es también su visión histórica: el primitivismo es aquella
época, que se pierde en el origen de los tiempos, en el que el hombre disponía de todo
porque nadie competía con él. El hombre era propietario, pero su propiedad no entraba
18
en contacto con la de los demás, se circunscribía a lo necesario para vivir. La ignominia
llegó cuando el hombre ansió (deseó) poseer lo que otros tenían, entonces empiezan
los tiempos históricos, la opresión, que se encuentran en un punto terminal: se está
poniendo al descubierto la Verdad. Alumbran tiempos nuevos en los que el hombre va
a volver a ser feliz, va a realizarse como ser racional.
2/El fundamento de la sociedad política (para Rousseau la palabra política es
positiva) es el pacto, el acto por el que los individuos se piensan miembros de una
colectividad y se asignan, pactan, unas normas de convivencia. Este pacto es el que
constituye la sociedad política, en la que los hombres dejan de considerarse individuos
enfrentados, para ser ciudadanos (miembros de la comunidad). En este sentido:
-La sociedad-comunidad es el producto de la voluntad de los hombres.
-La sociedad es una necesidad racional.
Rousseau llama al pacto contrato, pues:
-Nace del consentimiento libre de los hombres, que guiados por la razón se dan cuenta
de qué es lo mejor: el bien común. Pero este pacto entre los hombres es también un
pacto consigo mismo: el hombre reconoce su deber y asume las normas de la
comunidad como propias, se deja guiar por el bien común.
-Es un pacto entre iguales: todos los hombres son iguales ante el pacto, ante la ley.
Todos los hombres dan-aportan lo mismo: su poder (su libertad ilimitada), todos reciben
lo mismo: su libertad política (unos derechos y unos deberes que se corresponden al
bien común).
El contrato se fundamenta en la idea de Bien Común, concepto esencialmente
racional, que está por encima (racionalmente es mejor) de los bienes-intereses
particulares, según el cual el hombre (la razón) se da cuenta que para vivir con otros
hombres (formar una sociedad) debe dar su capacidad-libertad ilimitada para obtener
libertad de actuar entre los hombres. Me explico: la libertad ilimitada no puede convivir
con otras libertades ilimitadas, pues se limitan unas a otras y se contradicen. La libertad
para convivir con otras libertades debe partir del reconocimiento mutuo entre las
diferentes libertades, de la regulación, de la Ley. Este objetivo, la Ley que organice la
convivencia en la sociedad, es el Bien Común. La libertad deja de ser el poder o la
capacidad individual y se convierte en el poder actuar dentro de la sociedad (como
ciudadano). Pero el hombre no pierde nada en esta transacción-contrato: da un
derecho individual que no puede ejercer en sociedad y recibe un derecho colectivo que
si puede ejercer con otros hombres. La nueva libertad es mejor:
-El hombre adquiere y conoce su poder, pues la ley (la colectividad) se lo reconoce
(ahora puede ejercer su libertad). Antes disponía del derecho a actuar pero no podía
ejercerlo porque estaba en conflicto con las demás libertades. Si había alguien libre era
porque oprimía a los demás.
-El hombre ahora puede hacer lo que le dicta su conciencia-razón, sin violentarse
consigo mismo. Antes, oprimido u opresor estaba sometido a otras leyes que
19
contradecían la razón o, en el segundo caso, imponía leyes que contradecían la de los
demás.
-El hombre vive tranquilo: la ley protege su libertad y evita que otros puedan
esclavizarlo.
Esta voluntad racional (darse cuenta de que es lo mejor) de cada uno de los
miembros de la sociedad en la Voluntad General. Si todos los hombres tuviesen un
mismo nivel cultural y no se equivocasen habría unanimidad siempre, pero ni todos los
hombres tienen la misma educación ni están al margen del error, por tanto, la voluntad
general se expresa por la voluntad de la mayoría.
3/ La soberanía. Por soberanía entiende Rousseau el fundamento del poder. La
sociedad, como acabamos de decir, se constituye por un contrato entre sus miembros,
por el cual estos ceden su poder. De acuerdo con este razonamiento, “el poder- la
soberanía” está en la colectividad, en la sociedad. Las formas de gobierno con las que
se dote no reciben la soberanía, sino que son los instrumentos de esa comunidad para
administrar su poder. Así, la soberanía radica en la colectividad, en el pueblo, si lo
entendemos como el conjunto de los ciudadanos.
Ahora bien, el ciudadano no queda desarmado ante la poderosa colectividad,
tiene unos derechos inalienables, que son lo que ha recibido del contrato, por lo que lo
ha firmado, su libertad, su igualdad y su fraternidad. Si la comunidad se corrompe y le
niega esos derechos, el contrato se da por zanjado.
Por lo mismo, si el aparato del estado hurta la soberanía a la comunidad, esta
está en su derecho de abolir esas instituciones creadas para lo contrario, para asegurar
el libre ejercicio de la Ley.
Así, pues, el armazón del pensamiento rousseauniano radica en la idea de
contrato (contrato social), que es la que hilvana las de individuo - colectividad instituciones. El individuo se convierte en ciudadano (miembro con todos los derechos
de la comunidad), la sociedad en la depositaria de la soberanía, como capacidad de
actuar-poder, el aparato del estado es un simple administrador de la colectividad.
En cuanto a las formas de gobierno-aparato de estado, Rousseau analiza las
tres de la época:
-La monarquía le parece criticable en cuanto establece la primacía de un ciudadano por
encima de los demás (el contrato no se realiza entre individuos libres e iguales)
-La república le parece una utopía, sólo viable en un pueblo de dioses (seres
perfectamente racionales y ajenos al error), en cuanto la confusión (en esto sigue a
Montesquieu) de poderes ejecutivo y legislativo son un peligro para la libertad.
-El gobierno aristocrático electivo (los más sabios) le parece el mejor, el que más se
acomoda a la realidad de los hombres.
20
En este sentido, vemos como el mismo Rousseau , que lleva hasta el límite las
consecuencias del pensamiento ilustrado, adolece que ese estigma aristocrático de la
ilustración: desconfía de las masas a las que se pretende salvar.
2.4. La Fisiocracia
Por este nombre conocemos la teoría y la política económica que siguieron gran
parte de los déspotas ilustrados. Hija de su tiempo, recoge los principales postulados
de la Ilustración. Su principal teórico fue F. de QUESNAY (1694-1774).
El punto de partida es que la agricultura es la única actividad económica
creadora de riquezas, considerando que la industria lo que hace es transformar y el
comercio trasladar, pero no crear. La fisiocracia es hija de un tiempo en el que la
agricultura era el sector económico predominante (80%) y ello debía hacerse presente.
Pero, por otro lado, esta doctrina se enfrenta a la teoría económica hasta ese momento
vigente: el mercantilismo, que establecía que la riqueza de las naciones era su tesoro.
Analicemos las diferencias:
-Para la fisiocracia la fuente de las riquezas es una actividad productiva,
mientras que para el mercantilismo es la política económica: el tesoro garantiza
una política monetaria que no derive hacia la inflación, hacia unos precios
demasiado altos que empobrezcan al país y lo hagan poco competitivo (el
mercantilismo también es hijo de su tiempo: de los movimientos inflacionarios
originados por la llegada masiva de plata americana y el fuerte impulso
comercial del comercio con los territorios ultramarinos). Esta diferencia es
importante, porque sitúa el crecimiento económico en la órbita de la producción,
como corresponde a las teorías que se desarrollarán (liberalismo económico) al
compás de la revolución industrial.
-Para fisiocracia la riqueza de las naciones se mide en términos de crecimiento
económico (producción) y no como en el mercantilismo, en función de la
balanza de pagos, de las cuentas del Estado. Mientras esta teoría partía de una
identificación del país con el Estado-Monarquía, aquella, más moderna,
establece ya las diferencias entre la actividad económica y la política.
El segundo aspecto importante es la defensa de la propiedad “exclusiva”,
nosotros hablaríamos de propiedad privada o propiedad plena. En primer lugar, porque
se reconoce como un derecho natural de los hombres (“el hombre recibe de la misma
naturaleza la propiedad exclusiva de su persona y la de las cosas adquiridas por sus
esfuerzos y trabajos”), y en segundo lugar, y más importante, porque se afirma que la
propiedad exclusiva es el motor del crecimiento económico: sólo los propietarios, que
obtienen el producto de sus esfuerzos, son capaces de invertir para mejorar la
productividad de su actividad. Dos conclusiones:
-La propiedad agraria exclusiva, que es la predominante y la que más interés
tiene para los fisiócratas, supone la capitalización de la agricultura: la
asignación de un valor en dinero a la propiedad y, por tanto, la necesidad de
cuidar la inversión para que sea rentable (sino ese dinero se podía invertir en
21
otras cosas). Es el salto que se dará con las desamortizaciones en España o
con la venta de los bienes de la iglesia en Francia o los “enclousures” ingleses.
Resulta evidente el contenido revolucionario del concepto de una sociedad (la
del AR) en la que lo esencial era la propiedad “no plena”.
-Como motor del crecimiento económico se considera el aumento de la
productividad, las inversiones y los cuidados necesarios para que aumente la
capacidad de producir. Verdadero caballo de batalla de los ilustrados,
encuentra en la fisiocracia la argumentación teórica.
De estos conceptos se deriva un tercer axioma: la necesidad del liberalismo
económico. Se enfrenta con este principio al proteccionismo mercantilista (como lo
fundamental era la balanza de pagos, era imprescindible proteger la producción interior
con altos aranceles que gravasen los productos importados, para que no fuesen
competitivos), pero además entronca con el liberalismo de Adam Smith. El Estado no
puede poner trabas a la iniciativa privada, sólo la libre competencia genera riquezas. Si
la propiedad exclusiva es el motor del aumento de la productividad (por tanto, del
aumento de la competitividad), nada debe ponerle límites, hay que dejar que sean los
agentes económicos los que actúen libremente en el mercado. Así, hay que eliminar
todo tipo de limitaciones: el proteccionismo, las reglamentaciones gremiales, las
ordenanzas, etc...
¿Qué papel le cabe, pues, al Estado? En primer lugar, velar por la propiedad, ser
el garante de ella, para eso dispone de poder coercitivo y por eso tiene derecho a
recaudar impuestos con los que mantener ese poder. En segundo lugar, proteger esa
libertad.
La fisiocracia tuvo escasa vida porque el liberalismo económico acabaría
barriéndola. Lo que sucede es que este era hijo de la revolución industrial, que se
impondría en los principales países europeos, mientras que nuestra teoría se
fundamentaba en la economía agrícola de finales del AR. No obstante, tenía en sí los
elementos esenciales para anunciar el futuro.
3. LA CONSTRUCCIÓN DE LOS ESTADOS LIBERALES
22
3.1. El liberalismo. Conceptos generales sobre la formación de la ideología
liberal.
En este capítulo vamos a realizar una síntesis de lo que fue el liberalismo, como
corriente política entre 1789 y 1870. En la actualidad, cuando decimos política liberal
solemos referirnos a una forma de hacer política que se encuentra entre el
autoritarismo de derechas y el socialismo, favorable a la libertad de la iniciativa privada
frente a las “injerencias” o intervencionismo del Estado, pues considera que el motor
del bienestar se encuentra en la competencia. En este sentido, en los países con
tradición democrática, el liberalismo se constituye en el adalid de la conservación de las
instituciones que garantizan esas libertades individuales: el sufragio, las asambleas
representativas y la responsabilidad del poder ejecutivo ante el electorado. Todo ello
teñido del reconocimiento del “ciertos principios de moral política”, esencialmente el
planteamiento de que “el fin no justifica los medios 7”. En el panorama electoral, los
ciudadanos se encuentran con el hecho de que se suele asociar liberalismo y
conservadurismo (recordemos esa tendencia a conservar), frente a otras doctrinas que
ponen el acento en el cambio, y que suelen autoequitetarse como progresistas. En un
modelo anglosajón, que parte de una concepción bipartidista.
No obstante, a pesar de este “etiquetado” electoral, en los actuales países
democráticos, al menos desde la década de los sesenta, todos 8 los partidos políticos y
todas las opciones políticas son liberales, en el sentido en que basan sus concepciones
del estado en los principios que inspiró el liberalismo, y su acción política parte del
axioma, antes señalado, de que el fin no justifica los medios. Las diferencias entre unos
partidos y otros se asientan en aspectos relacionados con el grado en el que se deben
entender la participación en las instituciones y la capacidad de acción que se otorga a
esas instituciones. Así, ninguna opción política viable, con capacidad de ejercer el
poder9, pone en entredicho los principios mismos del liberalismo, sólo se discute la
aplicación de los mismos: el límite de la libre competencia, los límites del estado, los
límites a las libertades de los individuos... Vivimos, pues, en unos Estados que son una
herencia liberal.
Cabe hacer dos últimas precisiones. La primera, es que el liberalismo actual ya
no es completamente liberal. La evolución histórica le ha obligado a limitar su
liberalismo: admite ciertos límites:
-En la libre competencia, para evitar o suavizar las consecuencias más destructivas del
libre mercado, tanto desde el punto de vista de los empresarios como de los
trabajadores.
7
A la inversa: que los medios empleados en la consecución de un fin lo moldean.
8
Sólo quedan fuera una exigua minoría, además decreciente.
9
El del Estado u otro nuevo frente al Estado.
23
-En el individualismo, considerando la validez-legitimidad de la acción “agrupada”,
entendiendo el Estado liberal como el armonizador de esos intereses de grupo.
-En las relaciones entre el individuo y el Estado, dándole a éste último una mayor
capacidad de intervención.
En segundo lugar, cabe referirnos al concepto de democracia. El término se
utiliza en diferentes sentidos:
-Como diferenciador de regímenes liberales (aquí como sinónimo de liberal)
frente a otros que no lo son: fascismo y comunismo.
-Como tendencia progresiva: democratizar, hacer más democrático. En este
sentido, democracia hace referencia tanto a su significado etimológico:
participación del pueblo, como a la necesidad (constante histórica) de ir
perfeccionando el sistema.
-Como distinta a liberalismo. Entonces es utilizada por los enemigos políticos
de los partidos liberales. Se trata de un uso heredado del pasado, cuando se
estableció la distinción entre unos partidos liberales de derecha y unos partidos
liberales más radicales, más a la izquierda, a los que se denominó
“demócratas”, partidarios de ir más allá en la democratización.
Después de esta breve introducción, que pretende aclarar el significado actual
del concepto “liberalismo”, vamos a analizar sus orígenes, su evolución y sus acciones.
Nos vamos a situar en nuestro período de referencia: 1789-1870.
En la mayoría de los manuales se habla del siglo XIX, particularmente de 1789 a
1870, como el siglo del “liberalismo”, en dos sentido que son ciertos:
1. El liberalismo fue la ideología de esa elite innovadora que llevó a cabo o dirigió las
transformaciones/revoluciones que concluyeron con el establecimiento de una sociedad
burguesa. En este sentido, fue la ideología hegemónica: dominó las mentalidades de la
época, fue la ideología de los nuevos estados y todas las opciones políticas bebieron
ella. En una palabra, exceptuando los movimientos obreros revolucionarios 10, nadie
puso en duda los principios del liberalismo.
El liberalismo, pues, fue la forma de pensamiento que movió la Historia, que
modeló los comportamientos personales, las creencias personales, la moral, las
modas, etc...
10
Que adoptan posiciones clara y netamente anti sistema, es decir antiliberales, desde
1848, y que habrá que esperar bastante tiempo para que se constituyan en una
alternativa viable, de masas, al modelo liberal.
24
2. En sentido político, el liberalismo se concreto en doctrina de partido. En general,
todos los partidos, exceptuando los ultras y los socialistas 11 b/ En cuanto al movimiento
socialista, ya hemos señalado las fechas para su comienzo, pero sería muy interesante
analizar los orígenes ideológicos de ciertos postulados suyos, como, por ejemplo, las
relaciones entre el jacobinismo y su teoría de la revolución, las relaciones entre
Rouseau y las primeras concepciones socializantes, partieron de los principios
liberales, aunque cabe hacer alguna matización:
11
No obstante hay que señalar:
a/ En cuanto a los partidos “ultras”, defensores del Antiguo Régimen, su escasa
entidad política, tanto por sus contenidos doctrinarios (luego analizaremos brevemente
a De Maistre o a Bonald) como por el apoyo que recibieron, así como su carácter
arcáico (partidos de la “inercia”) en una sociedad que ya avanzaba por otros derroteros,
les dió una corta vida y una escasa importancia sobre el futuro: la consolidación de los
estados liberales los contaminó de los principios del liberalismo y acabaron convertidos
en el ala derecha del arco parlamentario liberal. Los recalcitrantes partieron al “exilio
interior”, como define Jardín a la actitud de la indiferencia política de quienes se
beneficiaron de los logros económicos de un régimen en el que no creían. En 1830, es
difícil encontrarlos en la Europa occidental.
Es muy significativo el caso de los “emigrados” franceses, que en teoría
deberían ser los más recalcitrantes. La realidad fue otra: la mayoría eran clases
ilustradas que sintieron traicionados son principios y abominaron del “racionalismo” que
conducía a la revolución, pero construyeron sus nuevos esquemas mentales sobre la
base de la ideología de los círculos sociales en los que se movieron en el exilio: la
Aufklärung alemana, el constitucionalismo inglés (Burke), los círculos suizos (síntesis
de constitucionalismo inglés y fuerte religiosidad) y el romanticismo conservador. La
restauración del orden por Napoleón (que los invitó a volver y algunos lo hicieron) y de
la idea de “grandeur” de Francia fueron moderando sus ansias revanchistas: Cuando
regresaron a Francia, con la Restauración de los borbones, se dividieron en dos
grupos: los que aceptaban el liberalismo, aunque desde una óptica ligitimisma y muy
conservadora, y los que “nada habían aprendido y nada olvidaban” que se organizaron
en un grupo ultra cercano a la corte. No obstante, bajo Luis XVIII ambos grupos se
integraron en las estructuras “liberales” (luego haremos un análisis más profundo sobre
la liberalidad de este reinado) del nuevo estado. Sólo será en el reinado de Carlos X
(1824-30) cuando lleven a cabo su “golpe” político. 1830 marcará el final de su
actividad: indemnizados por las expropiaciones revolucionarias, asustados por los
movimientos incipientes de las masas, beneficiados por el desarrollo económico del
régimen orleanista y conscientes del triunfo definitivo del régimen liberal (juicio a los
integrantes del gobierno Polignac), se integrarán en el régimen liberal.
25
-Entre los liberales defensores del orden y de la autoridad del Estado, tendentes a
reducir la participación de los ciudadanos en las instituciones y a limitar las libertades
civiles.
-Entre los liberales que luchaban por “acabar” la construcción del estado liberal,
democratizándolo (aumentando la participación y las libertades y frenando el poder del
Estado.
-Los liberales de centro que se constituyeron en un grupo “bisagra”, equidistante,
defensor de limitar el poder del Estado y de limitar las participación de las masa en el
poder político, aunque sin hacer de ello dogmas. Son políticos posibilistas, que no
dudan en acudir a las masas frente al autoritarismo estatal y al Estado frente al
“desorden” provocado por las masas.
-Entre los partidos que están en el poder y los que están en la oposición. En dos
circunstancias:
-Cuando están en un estado liberal, los partidos liberales se muestran
tolerantes con la oposición conservadora y autoritarios con la oposición
“democrática”, que vivió en la clandestinidad o semi-clandestinidad gran
parte de su oposición.
-Cuando su acción política se desarrolla en el seno de un régimen
escasamente12o nada liberal, la doctrina de los partidos liberales se
radicaliza, adoptando tintes “revolucionarios” y tendiendo a la alianza con
los grupos demócratas.
12
Sobre la liberalidad o no de ciertos regímenes políticos hay ciertas
controversias ¿erán liberales los regímenes de la Restauración en Francia
o de Federico Guillermo IV tras la carta del de 5 de diciembre de 1848?.
Nosotros creemos que sí, en la medida en que podían cumplir los mínimos
liberales: la existencia de una constitución y el reconocimiento de unos
derechos básicos de los ciudadanos. Otra cosa muy diferente es si su
política era autoritaria. Pero no hay que olvidar que regímenes políticos
reconocidos universalmente como liberales (República del 48 en Francia,
gobiernos ingleses (torys o whigs) durante el período, gobiernos alemanes
(incluidos los prusianos) surgidos con la revolución de 1848) reprimieron
los movimientos insurrecionales de las masas e impusieron medidas
autoritarias, limitando las libertades. En resumen, que deberemos
diferenciar entre “estados liberales” y acción política de los liberales.
Estados liberales lo serán en la medida en que se fundamenten en una
constitución (primacía de la ley), tengan instituciones representativas
(legislativo electivo) y garanticen un mínimo de libertades civiles:
conciencia, igualdad ante la ley, reunión...
26
En realidad, la plasmación concreta de la ideología liberal en programas y
acciones de partidos políticos está en función de dos principios:
1. El estado en el que se encuentra la transformación o desarrollo de la elite
innovadora en un grupo más amplio, clase en terminología marxista, nuestra
“burguesía”.
2. El estadio en el que la elite innovadora se encuentra en su tarea de
construcción del Estado liberal.
Ambos aspectos están intrínsecamente relacionados: esa elite se va
conformando conforme avanza en su tarea de construcción estatal, para lo que genera
una ideología o construcción intelectual13 que argumenta tal construcción. La
constitución de esta elite14 pasa, de esta manera, a ser un elemento capital para
comprender el desarrollo de las doctrinas liberales.
Partiremos de un hecho obvio: este grupo innovador se forma según se va
creando una identidad de intereses, en dos sentidos:
1. Se va desarrollando un modelo de estado (el estado liberal) que origina un consenso
interno dentro del grupo:
-En la medida en que permite que el grupo se identifique con lo que el estado va
representando. Desde la óptica liberal, el Estado debe ser el lugar (escenario) en el que
se resuelven las naturales disputas entre los intereses de los individuos, impidiendo
que estos intereses rompan la convivencia, la comunidad. El Estado se convierte, así,
en “el moderador”, el “racionalizador” de la conflictividad social, en el cauce por el que
deben discurrir las desavenencias civiles.
-En la medida en que permite que el grupo se sienta amenazado por el exterior, por
otras alternativas que percibe contrarias a sus intereses. En nuestro caso, por el
desarrollo de las incipientes teorías-políticas igualitarias, atentadoras contra la
propiedad privada. La elite se consolida y atrae a otros grupos (pequeña burguesía
urbana y agrícola) que encuentran en este grupo su mejor defensa.
Ahora bien, este “tener enfrente al enemigo” no quiere decir enfrentarse a él para
eliminarlo. El estado y la ideología liberales, al contrario que el marxismo, pretenden
integrarlo en el sistema, conseguir un consenso de toda la ciudadanía (nación, en el
marco nacionalista). Para ello, necesitó perfilar un sistema de participaciónrepresentación y unos contenidos ideológicos. Estos dos elementos son capitales: la
13
Como ya hemos señalado antes, no sólo en el campo de la teoría política. Se trata de
la acuñación de una espistemología que conforma la “forma de pensar”.
14
De la construcción del estado hablaremos en el siguiente capítulo.
27
defensa de la propiedad privada sólo puede garantizarse en la medida en que los
defensores de la igualdad encuentren cauce para sus demandas en el seno de un
estado (no fuera, en movimientos contra el Estado) que les garantiza la igualdad de
oportunidades para hacerse propietarios. La igualdad se convierte en la igualdad de
oportunidades. No podía ser de otra manera: la propiedad privada no puede
defenderse en un sistema que margina y hace antagónica a la mayoría de no
propietarios. Este consenso universal con el Estado se va a pretender conseguir y
lograr en muchas ocasiones mediante:
-El sufragio universal.
-Contenidos ideológicos que desarrollan entre los ciudadanos creencias en
el
individualismo, la tolerancia, la superioridad de los estados liberales, la defensa de la
propiedad, etc...
-Una política tendente a implantar progresivamente la propiedad en el
seno de las
familias no poseedoras de los medios de producción: en la vivienda, utensilios, etc...
La extensión de la escuela pública, con unos planes de estudio universales, hizo
lo demás.
2. La progresiva práctica de políticas socioeconómicas impulsoras del desarrollo.
Entendiendo por ello:
-Políticas industrializadoras. No podemos olvidar que los estados liberales, a pesar de
los postulados no intervencionistas, llevaron a
cabo políticas activas de apoyo a
la industrialización.
-Políticas fiscales y económicas favorecedoras del aumento de los
beneficios
empresariales.
-Políticas de regulación de los conflictos sociales, que van desde el
desarrollo de
la beneficencia pública, los primeros controles sobre “seguridad e higiene en el trabajo,
la regulación de la edad de los trabajadores, hasta la represión cuando la agitación
social se hacía insoportable a juicio de esa elite gobernante.
Este proceso de formulación de las doctrinas liberales tuvo para los países
centrales europeos15 tuvo dos fases principales:
a/ De 1789 a 184816, en el que la elite innovadora va recibiendo las adhesiones
de importantes sectores de la antigua aristocracia, a la vez que se consolida como
15
Para Estados Unidos se puede considerar la fecha de 1829, con el triunfo
jacksoniano: implantación del sufragio universal, limitación de los poderes del Estado y
desarrollo de los poderes locales, extensión de la educación, etc...
16
Son interesantes también las interpretaciones que llevan esta fase hasta 1856
(acontecimiento frontera: la guerra de Crimea), considerando que es el momento en el
que se quiebra el “espíritu de equilibrio del Congreso de Viena”, en lo internacional con
la destrucción del sistema de división en dos bloques (el Este -Rusia y el imperio
austro-húngaro defensores de sistemas tipo AR; el Oeste con sistemas liberales), y en
política interior con el desarrollo de la industrialización y los regímenes democráticos.
28
grupo dominante. Es la etapa de crecimiento “hacia arriba”. Sus postulados doctrinales
tienden a diferenciar el liberalismo del concepto de revolución, que se asocia con
desorden, anarquía y tiranía de las masas. La Convención jacobina y las guerras
napoleónicas siguen en la mente de este nuevo grupo dominante. Es la época de
esplendor del utilitarismo, de los ejecutivos fuertes (garantía de estabilidad), del
censitarismo, de las monarqías bicameralistas (la monarquía y la cámara alta como
contrapeso a los posibles desmanes de los sistemas representativos) y de las medidas
restrictivas contra las libertades.
b/ De 184817 a 1870 (1873), en el que se puede considerar constituida la
burguesía, acogiendo en su seno a la denominada pequeña burguesía. Es el período
de crecimiento “hacia abajo”. El síntoma más claro es que la burguesía abandona
definitivamente las pretensiones revolucionarias, “las barricadas”, ya tiene algo que
defender; también es el momento en el que comienzan a desarrollarse los movimientos
obreros revolucionarios18. El comienzo de los procesos industrializadores en Francia y
Alemania son el colofón de este proceso. Doctrinalmente, el liberalismo deja de
elaborar grandes tratados teóricos (el liberalismo está lo suficientemente asentado para
que no haya que argumentar en su favor). Las políticas se centran en:
17
Inglaterra en torno a 1840, con la progresiva adopción de medidas librecambistas,
aunque la reforma electoral de 1832 fue el primer peldaño del proceso.
18
1848, aparición del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.
29
-Desarrollo del sufragio universal.
-Ampliación y respeto de las libertades, especialmente de prensa, reunión y conciencia.
-Indiferencia entre monarquía o república.
-Preminencia del legislativo, que pugna y consigue controlar al ejecutivo.
-Introducción de políticas sociales 19.
Desde el punto de vista del escenario político, el liberalismo presenta tres
opciones: el liberalismo clásico, ahora llamado conservador, el nacionalismo (que
también es conservador, como veremos posteriormente) y el radical (demócratas y
republicanos).
Para concluir, diremos que el liberalismo (de momento, dejamos de lado el
nacionalismo) tiene dos centros principales de elaboración doctrinal: Gran Bretaña y
Francia, que ofrecen dos modelos que se corresponden a la diferente problemática
política del mundo británico y el francés. El primero, embarcado en un proceso
industrializador y con un régimen político muy estable, centra sus esfuerzos en el
liberalismo económico y sus repercusiones políticas 20; mientras el segundo trabaja
especialmente sobre aspectos políticos, dada la complejidad de su evolución política:
Revolución, Imperio, Restauración, Orleanismo, República, Imperio, República.
Más que hacer un relato cronológico de los diferentes avatares políticos del
período, analizaremos los sucesos y procesos que resultaron más significativos para
comprender como se construyó el estado liberal.
3.3. El modelo inglés.
La revolución inglesa tuvo unos principios muy tempranos (1642, comienzo de la
“guerra civil” entre el Parlamento y los defensores del absolutismo), pero fue la que
más duró en su doble tarea de construcción de un estado liberal plenamente
desarrollado y constitución de la clase dirigente, la burguesía. Parece una paradoja que
el país que antes inició sus transformaciones -o rupturas- más tardase luego en
finalizar el proceso. Por lo demás, muestra algunas similitudes con el proceso francés:
-Se ejecutó a un monarca y se acabó con una dinastía.
19
Aunque ya antes se habían desarrollado algunos aspectos (Prusia, en 1839, había
prohibido el trabajo a ¡los menores de ocho años!; o Inglaterra, en 1833, había
realizado la primera y muy tímida regulación de la salubridad de los establecimientos
fabriles), pero no dentro de una política estratégica de atracción de las clases más
desfavorecidas.
20
Elaboran la armazón teórica del laissez-faire, de sus implicaciones sociales y de las
relaciones con la política: limitación del estado y relaciones entre política y economía
(especialmente desde que son conscientes de que la imposición del liberalismo pasa
por conseguir la mayoría parlamentaria).
30
-Se formó un ejército (parlamentario).
-Tuvo un período republicano (1649-1660).
-Tuvo una restauración legitimista (1660-68).
-La elite innovadora esta formada por amplios sectores del AR (cuya ideología
se sintetiza en los postulados tories de la época y sectores de la burguesía de
los negocios (ideales whig).
No obstante, el mismo proceso revolucionario fue más lento y diferente: las
masas no actúan en la calle, sino que desde el primer momento lo hacen integradas en
el nuevo ejército; a los ideales constitucionales se suma un componente ideológico
(creemos que es el mecanismo utilizado para conseguir el consenso de la población);
no acaba en la imposición de un texto legal coherente, sino en una mixtura de usos
tradicionales, leyes, declaraciones y códigos 21 que regularan la vida política inglesa.
Esta heterodoxia con respecto a los movimientos continentales se debe
esencialmente a la prontitud con que apareció en Inglaterra esa “necesidad de
implantar el mercado” (libre mercado), sin duda relacionada con la expansión del
modelo colonial inglés y con la necesidad de afrontar las crisis de hambre de la
segunda mitad del siglo XVII. Esta necesidad llevó al progresivo, aunque lento,
afianzamiento de la alianza entre los grupos que formarán esta nueva elite. Sin
embargo, hay otros dos aspectos singulares:
1. Esta elite no acaba totalmente con el estado del AR, sino que se conforma con que
respete ciertos elementos: las libertades del pueblo inglés y el carácter protestante del
Estado; así, deja perdurar ciertos elementos: mantenimiento de ciertos privilegios,
fuerte concentración de poder en el ejecutivo22, por ejemplo. Las causas de esto, quizá,
haya que buscarlas en que el estado inglés prerrevolucionario, si bien impedía el libre
desarrollo de la iniciativa privada, estaba desarrollando políticas activas favorables al
desarrollo de esta iniciativa (ampliación de mercados exteriores). Esta contradicción
explica también el papel y el peso de la nueva aristocracia terrateniente en el seno de
la elite innovadora: entiende el proceso revolucionario como sustitución dinástica y
tiende a mantener posiciones de privilegio23 en el nuevo estado.
2. La nueva elite no realiza una alianza estratégica, sino que se basa en acuerdos
coyunturales, fruto de los cuales es esta forma de entender el constitucionalismo. Así,
tendrá que desarrollarse el proceso industrializador para que la identidad de intereses
entre los diferentes grupos les conduzca a la fusión en una clase. No hay que olvidar
21
Test Act de 1673, Habeas Corpus de 1670, Bill of Right de 1689, Act of Settlement de
1701, etc.
22
Es jefe de los tres poderes.
23
Fuertes poderes de la Cámara de los Lores, fuerte predominio en el censo de
electores, sistema electoral que beneficia claramente (permitió su hegemonía política
hasta 1830) a las aristocracias rurales...
31
que el librecambismo se implantó durante gobiernos tories, que en torno a 1840 se
“convierten” al liberalismo económico.
De forma general, de 1789 a 1848, la política inglesa estuvo regida por cuatro
grandes temas interrelacionados:
-La cohesión interna entre los diferentes reinos y territorios: el problema irlandés
y, en menor medida el escocés.
-El proceso industrializador.
-La necesidad de la reforma electoral.
-El librecambismo.
El proceso industrializador24, iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII, va a
originar un doble proceso: 1) la capitalización (propiedad privada y mercado interior) de
la agricultura25 genera un fuerte aumento de la producción, pero insuficiente ante el
gran desarrollo de la demanda originado por el crecimiento demográfico y el proceso de
urbanización. Este desajuste entre oferta y demanda genera una elevación de precios 26
que genera fuertes beneficios a los empresarios agrícolas y una notoria falta de
competitividad de la agricultura inglesa frente a la colonial y la continental. Esta
situación lleva a los grandes terratenientes, en su mayoría pertenecientes a la antigua
aristocracia, a adoptar posiciones defensoras del proteccionismo, cuyo máximo
exponente son las Corn Law; 2) el desarrollo industrial, con una clase de empresarios
interesados en ampliar mercados para su creciente producción, por tanto con intereses
librecambistas. Este choque entre proteccionismo y librecambismo será crucial en la
vida política y señala la existencia de dos facciones en el seno de esta elite
innovadora27, además será el motor de la producción doctrinal del liberalismo británico,
24
Es interesante también el análisis de la lectura que el Gran Bretaña se dio a la
Revolución Francesa. En un primer momento (1789-91), se hizo una interpretación
política y se originó una controversia entre los defensores y los detractores. No
obstante, desde 1793 y especialmente en el período napoleónico, las circunstancias
cambiaron, el núcleo de la interpretación deja de ser político (aunque se utilicen
argumentos políticos) y pasa a ser económico. El sistema napoleónico amenaza a la
industrialización británica: la posibilidad de la formación de un mercado paneuropeo
controlado por Francia y las veleidades expansionistas de Napoleón por el próximo
oriente atacan directamente los intereses vitales de la industrialización (mercado)
británica y, por ende, de sus clases dirigentes. Fue entonces cuando se desarrolló una
posición antirrevolucionaria entre los liberales ingleses, que pasan a identificar
revolución con Terror, con anarquía. En el plano interior se traduce en actitudes
conservadoras.
25
Con un fuerte desarrollo de formas de gran propiedad (“enclousures”...)
26
Aumentada durante el período del bloque napoleónico.
27
Será el desarrollo industrial (Inglaterra entra en la denominada segunda fase en torno
a 1840-50) el que originará una identificación de intereses, atrayendo a los sectores de
32
en la medida en que desde principios de siglo son conscientes de que sólo conseguirán
su objetivo si logran eliminar el monopolio político de la aristocracia terrateniente. El
arma que utilizarán en esta lucha es la reforma electoral, dado que, como hemos
señalado antes, el sistema electoral estaba en la base de ese monopolio.
Tres autores son fundamentales:
1. ADAM SMITH (1723-1790)
Fue el fundador de la escuela de la Economía Política inglesa y el formulador de
sus principales axiomas. Por eso, a pesar de corresponder a un período anterior, lo
incluimos aquí.
Adam Smith parte de un concepto esencialmente individualista, para él el
estado natural (lo más justo y lo mejor) es aquel en el que los hombres actúan como
individuos que persiguen su propio interés, en competencia con los demás. No hay,
pues, como en las formulaciones francesas, necesidad alguna de llegar a un contrato
que supere la confrontación, la confrontación es:
-Buena porque está en la base del crecimiento económico (objetivo de todas las
sociedades): la libre competencia asegura el crecimiento económico, que da lugar a un
mayor bienestar social, que llega incluso a los más pobres.
-Justa porque parte de una situación natural y está basada en la más equitativa de
todas las relaciones: la absoluta igualdad entre los individuos.
-El origen de la sociedad. Adam Smith establece que la conducta humana28 de mueve
por tres pares de motivos:
-Egoísmo-altruismo
-Deseo de ser libre-sentido de la propiedad
-Hábito de trabajo-propensión al intercambio
Estas disyuntivas forman parte de la esencia del hombre en la medida en que es
individuo y animal social, y son aspectos que se equilibran y se limitan mutuamente.
Así, “cada hombre, al permitírsele perseguir sus propios interese, promueve
inconscientemente el bien común”.
burguesía media y baja, convirtiendo a esos terratenientes proteccionistas en
inversores industriales y dando posiciones de prestigio a los grandes empresarios
industriales.
28
Fue profesor de Filosofía Moral en la Universidad de Glasgow.
33
El autor considera que el objetivo de toda política ha de ser el bienestar de la
sociedad, bienestar que tiene su base en el crecimiento económico (la primacía de
los aspectos económicos sobre los políticos del liberalismo inglés queda establecida
desde ahora, y no es casual29), que se fundamenta en el aumento de la productividad,
de la capacidad de producir, que se asienta en la división del trabajo 30. Esta ofrece dos
virtudes: permite la especialización de la mano de obra y la transferencia 31. En este
29
No hay que olvidar que la industrialización, con sus aspectos concomitantes en otros
sectores económicos y en el plano social, está siendo el caballo de batalla de esta elite
innovadora británica en el proceso de construcción del estado, y de ella misma como
clase.
Es interesante observar como este primer liberalismo interpreta que las “ventajas” de
la industrialización están en la división del trabajo, aunque, como veremos a
continuación, esta requiera de la ampliación de los inputs. No conviene olvidar que la
primera fase de la “revolución” industrial se realiza sobre una tecnología muy precaria,
con máquinas muy sencillas y baratas.
30
31
Esta transferencia se produce porque los intereses económicos se dan/mueven en el
libre mercado, y aquí es necesario introducir la rudimentaria teoría del valor de Smith.
Rudimentaria pero muy significativa, pues pone de manifiesto que, en 1776, cuando
escribe La riqueza de las naciones ya es evidente en Inglaterra esa “certidumbre” que
nosotros situamos en el origen de esa elite innovadora. Pensemos además que el
proceso industrial inglés se encuentra en sus fases iniciales. Parece, pues, que el
establecimiento del mercado es una precondición del desarrollo industrial.
La teoría del valor de Smith parte, así, del hecho de la producción para el
mercado, por eso los productos, que no son sino los componentes de la oferta, se
pueden considerar desde dos perspectivas: por su valor y por su precio. Por su valor en
cuanto contienen en sí algo que les permite ser consumidos (valor de uso, que para la
ciencia económica carece de interés, es más bien el campo de la ingeniería) y por tanto
cambiados (valor de cambio, que ya interesa a la economía como ciencia). Este valor
depende de los tres factores que constituyen el proceso productivo: trabajo, capital y
tierra.
Pero como se produce para el mercado, el valor (que es intrínseco al producto)
no es suficiente, es necesario hablar del precio, que es el valor que otorga el mercado,
por tanto extrínseco, depende de la oferta y la demanda. El precio también presenta
dos aspectos: el precio natural, que es el resultado de sumar los costes de los tres
factores del valor de cambio: salarios, beneficios y rentas (por rentas entiende los
beneficios que el empresario agrícola obtiene por la calidad de sus tierras), y
representa el “valor real” de un bien (no sólo los costes, dado que se incluyen los
beneficios y la renta, de los que hablaremos luego); en segundo lugar, tenemos el
precio de mercado, al que realmente se va a vender/comprar y que fija la rentabilidad o
no de los procesos productivos.
34
sentido, las transferencias se realizarán desde los sectores que obtienen menos
beneficios a los que los dan mayores. Como los beneficios se asentarán en la
diferencia entre precios de mercado y precios reales, dependerán de abaratar los
componentes del precio real, lo que se consigue mediante el aumento de la
productividad (producir más al mismo coste) o de abaratar el coste de los salarios. Lo
primero (la división mayor del trabajo) sólo se podía realizar en esa fase de la
industrialización en los sectores primario y secundario. de mano de obra de los
sectores “no productivos” a los más productivos32. Ahora bien, el crecimiento de la
productividad, por consiguiente, también, de la producción, requiere:
-Un aumento constante de los mercados, que requiere un aumento de la demanda
(conseguido mediante el “natural” aumento del bienestar social-nivel de riqueza y
mediante una política estatal creadora de mercados nuevos: librecambista 33 y
colonialista). De esta necesidad deviene uno de los aspectos esenciales del liberalismo
inglés: la limitación del papel del Estado. Para Smith el ideal es la no intervención, las
instituciones tienen que limitarse al mantenimiento del orden y la ley, la administración
de justicia y la defensa nacional. La utopía 34 la inexistencia de estados: la Humanidad
como un mercado universal35. No es difícil adivinar detrás de estos postulados un doble
trasfondo: 1/el de la necesidad de ampliar mercados para la creciente producción
británica; 2/el de un grupo de la elite innovadora, vinculado a la naciente
industrialización, que establece el corpus doctrinal de su enfrentamiento con el sector
de terratenientes, tanto sobre el librecambio como sobre los privilegios supervivientes.
-Un aumento constante de las inversiones que supone: 1/libertad a la libre circulación
del dinero (de nuevo frente a los postulados de los tories), que debe buscar el máximo
beneficio; 2/un aumento del ahorro, que no se puede originar por un descenso del
gasto-demanda36 sino de un aumento de los beneficios empresariales. Es aquí donde
32
Para Smith, los sectores productivos son aquellos de los que se obtiene objetos
tangibles, cuya producción da lugar a un “excedente”, que permita una posterior
reinversión. Está claro que incluye aquí a los sectores primario y secundario, dejando
como “no productivos” a los servicios.
33
En el exterior con el levantamiento de las barreras arancelarias, y en el interior
abrogando todas las limitaciones a la libertad de empresa y al libre comercio.
34
Utopía en la medida en que los procesos industriales se llevaron a cabo en el marco
de entidades territoriales estatales y con políticas económicas activas.
35
K POLANI, en La gran transformación. Crítica del liberalismo económico,
Madrid,1989, señala para el siglo XIX, como período de hegemonía del liberalismo, el
establecimiento de la idea dominante de que el establecimiento del mercado
autorregulado-libre marca un nuevo concepto en las relaciones exteriores: los conflictos
se sitúan en esta óptica mercantil y no en la belicista.
36
Aunque si, del gasto improductivo.
35
Smith establece su teoría del beneficio. Según el autor, el ahorro doméstico de los
asalariados es demasiado limitado y está vinculado a la mejora de su nivel de vida,
mediante el aumento de sus gastos y, por tanto de la demanda 37. Es el ahorro
empresarial el que se convierte en inversiones, dado que la propia mejora de la
empresa redunda en un aumento de los beneficios. Ahora bien, ¿de dónde proviene el
ahorro empresarial?. De su agudeza para los negocios y de su actuación sobre el
precio natural, de la rebaja de los costes de producción. En general, afirma Smith, los
precios de mercado presentan una tendencia decreciente, ocasionada por el aumento
de la competencia, que conduce a su aproximación a los precios naturales, por lo que
las expectativas de obtener beneficios mediante la especulación mercantil son cada
vez más limitadas. Es necesario actuar sobre los componentes del precio natural:
salarios, beneficios y renta. Los dos últimos son esenciales para la inversión y, por ello,
para el crecimiento económico, pero se encuentran limitados por los salarios: la
tendencia natural (interés particular) del trabajo a luchar por unos salarios más altos
choca con la necesidad económica de unos beneficios mayores. Este choque, esta
confrontación se desarrolla en el seno del mercado: un incremento de los salarios que
limite los beneficios sólo puede ser episódico38, dado que supone un retroceso en la
inversión y, por ello, un retroceso en la competitividad de la empresa, que conduce a la
necesidad de descenso de los salarios o al cierre de la empresa. No obstante, será
Ricardo el que elabore con más precisión la teoría de los salarios que esboza Smith.
Así, Smith realiza la primera formulación teórica sistemática sobre el
funcionamiento de la economía capitalista. Conceptos como crecimiento económico,
productividad, división del trabajo, salarios, beneficios... se encuentran ya en su teoría.
Es lógico interpretar que Smith es el portavoz de esa elite innovadora que está llevando
a cabo las transformaciones en Gran Bretaña; pero es necesario señalar algo más:
Smith muestra las confrontaciones internas de esa elite y las dificultades que está
encontrando para convertirse en clase: sólo la industrialización lo conseguirá. En este
sentido, se entiende el planteamiento que el autor realiza del tema agrario. La
agricultura le parece un sector básico y productivo, y la concibe como un sector
capitalista: produce para el mercado y se mueve con criterios del máximo beneficio,
pero encuentra algo extraño en su funcionamiento:
-La agricultura produce una forma de beneficio propia: la renta, que no tienen que ver
con los beneficios obtenidos de la división del trabajo, sino de la calidad productiva de
la tierra (una tierra buena produce más con el mismo trabajo e inversión). Para
nosotros es un problema baladí: la calidad de la tierra repercute en el precio de la
misma, por tanto hay que incluirlo en el capítulo de inversiones. Pero Smith no lo
entiende así, para él la tierra tiene dos fuentes de beneficios: la producción y la
Es el viejo/nuevo postulado ultra liberal: “¡ustedes gasten, que del ahorro se
encargan las empresas!”.
37
38
En circunstancias en las que la demanda de trabajo supere a la oferta, que
necesariamente no se pueden prolongar.
36
especulación de la compra/venta39
Sobre el tema de la mercantilización de la
propiedad rústica, hay que hacer constar que la introducción de la strict settlement no
supuso una marcha atrás, sino simplemente un parón momentáneo, dado que a la vez
que se producía, se desarrollaba la política de enclousures, se abolieron (1646) las
tenencias feudales y el Court of Wards (derecho a administrar una finca durante las
minorías de edad de los herederos, que la monarquía vendía a particulares),
liberalizando completamente la propiedad.. Argumentación propia de una época en la
que la agricultura sigue siendo el sector fundamental de la economía, y de una
situación concreta (ver pág. 14, nota 2).
-Smith considera más productivo el beneficio industrial que la renta agraria, porque
afirmaba que los terratenientes mostraban una tendencia antieconómica al lujo y a
mantener empleos improductivos40, mientras que el empresario industrial, que no
obtiene más beneficios que los de su inversión y su trabajo, necesita ahorrar para
seguir creciendo. En el mismo sentido, criticará la política de subvención a la
exportación de granos, que hizo elevarse los precios interiores. Para nuestro autor no
cabe duda de la importancia de la agricultura, pero tampoco cabe duda de la necesidad
de que se liberalice completamente. Reconoce el papel de la gentry pero ve el futuro en
los nuevos empresarios que se están formando con el proceso industrializador.
39
Desde el siglo XVI se produjo en Inglaterra una explosión del mercado inmobiliario
rústico: diferentes reglamentaciones (usos y testamentos, en 1536 y 1540) liberalizaron
la propiedad, se vendieron las propiedades de las órdenes monásticas, se expropiaron
las de los “regalistas” durante el período del interregno... Esto produjo dos
consecuencias importantes: 1/ mientras en la Europa continental se pugnaba por
acabar con las manos muertas, en Inglaterra se recurría a cerrar el mercado con una
norma restrictiva, la strict settlement, de 1640, que vinculaba la tierra al hijo
primogénito; 2/ el desarrollo de un proceso muy temprano de empresarios capitalistas
de la tierra, sector compuesto por antiguos miembros de la gentry y por nuevos
gentlemen, que han invertido sus ahorros en agricultura. Este nuevo grupo es el que
junto a sectores de la burguesía negociante constituye la elite innovadora.
40
Seguramente por la obtención de esa doble plusvalía: renta y beneficios.
37
2. DAVID RICARDO (1772-1823)
Ricardo fue un importante teórico de la economía, actualizó las doctrinas de
Adam Smith y formó parte del grupo de radicales que dieron la batalla a los tories en
favor del librecambismo y contra las Corn Law.
Para Ricardo el motor de la economía, como para Smith, es el crecimiento
económico, que entiende como aumento de la producción, pero este proceso genera
una contradicción:
Aumento de la produccióncrecimiento demográficoaumento de la
demanda de alimentos aumento de los precios aumento de los salarios
descenso de los beneficiosdescenso en la producción
Por la cual, el crecimiento económico no redunda en un aumento de los
beneficios que aseguraría la inversión y, por tanto, el crecimiento de la producción 41.
De este primer diagnóstico salen tres importantes consecuencias, que son las recetas
para asegurar el crecimiento y los ejes principales que debería seguir una política
económica positiva:
1. En la situación actual (contemporánea a Ricardo) la distribución de la renta se
desplaza en favor de la agricultura, que, gracias al proteccionismo y a la “renta”,
presentan tasas de beneficios más importantes que la industria. Así, si las cosas siguen
de esta manera, el proceso de expansión económica mina sus propios cimientos.
El crecimiento económico necesita de la libertad de mercado, en dos sentidos:
-Para que las fuerzas económicas discurran naturalmente y la industria reciba las
inversiones necesarias para el desarrollo económico.
-Para ampliar mercados, de tal forma que las nuevas demandas absorban el constante
aumento de la producción industrial.
Para afirmar las ventajas de Inglaterra y de la industria como actividad
económica, en un mercado libre Ricardo elaboró la teoría de la ventaja comparativa,
según la cual:
41
En realidad, al afirmar esto, Ricardo leía su tiempo: en la primera mitad del siglo XIX,
el desarrollo industrial inglés asiste a un proceso de descenso de los beneficios
empresariales, en el marco de un período (ciclo) recesivo. La solución al problema la
encontraron los empresarios en una política de descenso salarial, que condujo a la
masa obrera a una situación de gran penuria y a una fuerte agitación social (sus años
más significativos son 1815, 1819, 1836, 1846)
38
-En la libre competencia, obtienen ventaja los agentes económicos que se
especializan en aquello en lo que son más eficientes. Las consecuencias políticas
de esta afirmación eran evidentes: la Inglaterra “taller del mundo” (su gran ventaja)
no podía seguir manteniendo una política proteccionista que castigaba al sector
industrial y beneficiaba a aquellas actividades (agricultura) en las que mostraba una
clara ineficacia-desventaja.
-A largo plazo, obtienen mayor ventaja las actividades con un alto contenido
tecnológico, porque aseguran mayores beneficios y permiten un afianzamiento del
lugar preeminente en el mercado.
-A largo plazo, la política más eficaz para salir de las crisis de beneficios es la
introducción de innovaciones, que Ricardo interpreta como proceso de
maquinización, porque:
- Dan ventaja en el mercado y permiten colocar la producción, mejorando los
beneficios.
- Permiten aumentar la capacidad de producción del trabajo, abaratando los
costes salariales.
- Disminuyen la necesidad de mano de obra, originando paro y, por tanto, un
abaratamiento de la mano de obra.
En este sentido, el proceso de maquinización de la actividad industrial lleva
consigo la tendencia de los salarios a mantenerse en un nivel de subsistencia:
Aumentos salarialesdescenso de los
innovaciones descenso salarial paro
beneficios
introducción
de
El mercado que regula estos procesos que aseguran el crecimiento, se
encargaría también de mejorar la situación de la clase trabajadora: un mercado libre
permitiría importar productos alimenticios más baratos, por lo que los asalariados,
aunque no viesen aumentar sus salarios, podrían mejorar sus condiciones de vida o,
al menos, no empeorarlas.
Como se puede observar, Ricardo fue un gran defensor del librecambismo; de
hecho, elaboró la base de la doctrina librecambista posterior. Además, con sus
argumentos, contribuyó a la abrogación de las Corn Law.
3. JEREMY BENTHAM (1748-1832)
Participó también en las luchas contra las Corn Law, que como se ve fueron el
principal caballo de batalla de los liberales ingleses en el período 1815-1846, en la
medida en que se convirtieron en un símbolo del monopolio político ejercido por los
terratenientes.
Bentham elaboró la teoría utilitarista que está en la base de este primer
liberalismo.
39
Parte de una concepción del hombre como individuo libre, impulsado por el
natural deseo de poder (propiedad). De tal forma, que lo natural no es la armonía, sino
la confrontación. Lo que caracteriza a la sociedad es la confrontación de intereses. En
esta situación, siguiendo en parte la argumentación de Locke, el hombre siente temor y
realiza contratos42 con sus iguales, que regulan la vida social. Desde este principio,
Bentham argumenta la necesidad del Estado, que tiene que ser el garante del
cumplimiento de estos contratos. La ley obliga a respetar los contratos porque castiga
su incumplimiento. Así, la ley tiene su fundamento en su utilidad y no en el deber de
los ilustrados o en la moral de algunos liberales. La Ley es buena porque es útil 43,
porque tranquiliza a los individuos en sus relaciones con otros hombres.
Pero la Ley, a pesar de ser buena por su utilidad, es un mal en sí misma, en la
medida en que supone sanciones, dolor, castigos, por ello debe limitarse al máximo,
sólo se debe legislar en la medida en que es útil.
El Derecho debe partir, así, de tres principios:
1. Su fundamento de situarse en la “búsqueda de la mayor felicidad para el mayor
número posible”. Por tanto, no hay leyes universales y eternas, las leyes deben
acomodarse a los tiempos y a las relaciones sociales que pretenden regular. No hay un
corpus único que de sentido al sistema44, ni un Contrato en su origen. La Ley es un
asunto exclusivamente humano y positivo.
2. La Ley tiene su origen en la necesidad de garantizar la libertad que siente el
individuo (atemorizado por los otros individuos) y la razón de su cumplimiento radica en
su capacidad sancionadora. Así, la ley es útil en la medida en que beneficia a la
libertad de la mayoría y perjudica a la minoría que la vulnera.
3. La Ley es útil en la medida en que garantiza “el natural deseo de poder” de los
individuos, por eso debe garantizar la propiedad, que es la base de la propiedad, en la
medida en que garantiza la capacidad de actuar de los hombres y es el natural objeto
de ese “deseo”. Para garantizar la propiedad y no dañar la igualdad natural de todos los
42
Es importante destacar el plural, pues para Bentham no hay un interés general
racional, sino intereses particulares. Los contratos se realizan porque interesan a cada
individuo para el mantenimiento de su tranquilidad.
43
Es necesario destacar la enorme influencia de los postulados de Hume sobre el
liberalismo inglés. Su principio de que “las leyes existen en cuanto son útiles”, que fue
utilizado en el proceso de “demolición del aparato de derechos irrevocables”, según
Sabine, es releído por los liberales radicales en su búsqueda de argumentos en favor
de reformas que permitiesen la inclusión de la burguesía industrial en el seno de la elite
que controlaba el poder.
44
Recordemos que Gran Bretaña no tenía una Constitución.
40
individuos, la Ley debe evitar el establecimiento de desigualdades arbitrarias
(privilegios) y debe tratar de establecer un equilibrio entre seguridad de la propiedad e
igualdad, que se consigue garantizando la igualdad de oportunidades para el acceso a
la propiedad.
El Estado, pues, se fundamenta en su utilidad, que ha establecido una doble
costumbre:
-La de un grupo de hombres a gobernar.
-La de la mayoría a obedecer.
Costumbre que ha sobrevivido en la medida en que ha sido útil; no obstante, la
forma de los estados debe adaptarse, para servir, a la sociedad del momento, de lo
contrario, en vez de garantizar la libertad, la obstruiría. La mejor forma de conseguir
esa constante adaptación es mediante el sufragio, que lleva al Parlamento los intereses
de los diferentes individuos e impide que los individuos que ocupan el poder lo utilicen
en su beneficio y no como garantía de la libertad. El sufragio no tiene, de esta forma, su
origen en el Contrato, sino en su utilidad: traslada la confrontación social al ámbito
político y permite que el Estado siga siendo útil.
Como vemos, la principal característica del utilitarismo es que no funda su
estado en el Contrato, como elemento racional que supera la libre concurrencia de
intereses individuales, sino en la afirmación de la necesidad de esa libre concurrencia.
Necesidad que deviene de la naturaleza del hombre. El papel de Estado es
garantizarla.
Los paralelismos con la situación constitucional y social británicas son obvios,
como lo es el contenido político del discurso de Bentham.
3.4. El modelo francés. Revolución y liberalismo.
1. La Revolución francesa. La ideología revolucionaria.
1.1 Francia, 1789
El detonante del proceso revolucionario fue el problema financiero del Estado
francés: el sistema fiscal se mostraba ineficaz e insuficiente. En 1788, el 49 % de los
gastos se dedicaban al pago de la deuda pública. La situación era insostenible. No
obstante, el problema fiscal, al albur de los diferentes interese sociales en juego, se
transformó en un problema social: cómo acabar con los privilegios. A su vez, el
problema social, en el marco de una monarquía defensora del privilegio, se transformó
en un problema político: la creación de un nuevo estado. Este ascenso en el nivel de
los cuestionamientos del AR se produjo en paralelo a un proceso de creación de una
conciencia revolucionaria entre esa elite que va a realizar el proceso revolucionario.
Esto no quiere decir que la creación de esta elite y de sus axiomas ideológicos haya
sido casi instantánea y como resultado de unos fenómenos puntuales. Evidentemente,
ya antes existían unas aspiraciones y unos ideales, unos grupos sociales descontentos
41
y una situación económica, social y política que los determinaba. Pero, la plasmación
concreta en unos grupos sociales “revolucionarios”, con unas alternativas “viables”, se
produjo sobre la marcha, sin premeditación alguna, como si los acontecimientos
obligasen a definirse sobre la marcha, a la delimitación de los campos de la revolución
y de la reacción. Tampoco hay que entender que se produjese ya la elaboración de una
conciencia social burguesa. Como ya hemos señalado, hará falta un período que nos
lleva hasta 1848 para poder hablar con propiedad de una burguesía, al menos como
hoy la entendemos. De hecho, la utilización de conceptos ambivalentes (libertad,
igualdad...) y la forma de entender la abolición del AR 45, nos dicen que estamos en un
momento inicial en la formación de esa conciencia-ideología, en el que las certezas
afectan a la conciencia de unos intereses que están en peligro. Intereses en lo esencial
económicos y de posición social (si es que unos y otros no son lo mismo). La
localización de ese enemigo y los intentos para su neutralización marcan este
comienzo del proceso revolucionario, las primeras rupturas.
Precisamente esta perentoriedad de los hechos nos interesa en la medida en
que va suponer el paso de la teoría ilustrada a la ideología liberal, el paso de unos
postulados teóricos a unas doctrinas políticas. Las lecturas que estos hombres de
acción van a hacer de la ilustración van a deberse a unas circunstancias concretas, y
sus conclusiones van a ir elaborando la doctrina liberal.
Vamos a intentar analizar estos hechos partiendo de tres aspectos que nos
parecen muy significativos:
-El Estado del AR y sus urgentes necesidades financieras, que lo van a llevar a
una política equívoca: defenderá el orden de cosas generado sobre el privilegio pero
intentará la igualación fiscal y algunas reformas liberalizadoras 46, que permitirán cierto
acceso al poder (asambleas provinciales, por ejemplo) a los sectores “liberales”, pero
acabará refugiándose entre su aristocracia cuando sienta el peligro de unos cambios
que acabarían con su esencia: el fin de los privilegios.
45
Ya hemos señalado la peculiar forma en que se pretendió abrogar el feudalismo.
“No por ir de mal en peor cae una sociedad necesariamente en la revolución. Sucede
muy a menudo que un pueblo que ha soportado sin queja, como si no las sintiera, las
leyes más opresivas, las desecha violentamente tan pronto como se alivia de su peso...
En la cumbre de su poder, el feudalismo no inspiró a los franceses tanto odio como lo
hizo en la víspera de su desaparición...” y “el orden social destruido por una revolución
es casi siempre mejor que el que la precedía inmediatamente y la experiencia muestra
que el momento más peligroso para un mal gobierno es, por lo general, cuando se
propone realizar una reforma...” A TOCQUEVILLE, El Antiguo Régimen y la
Revolución, 1856. El autor destaca la importancia de la asunción de las posibilidades
de acceso al poder en la formación de la conciencia revolucionaria.
46
42
-La aristocracia47 del AR que intentará descargar las necesidades fiscales del
estado sobre las espaldas del Tercer Estado. En el último momento, impelido por los
hechos, admitirá la igualación fiscal, pero no renegará de sus privilegios.
-Sectores liberales de la aristocracia y del clero y sectores de la burguesía (alta
burguesía o aristocracia burguesa) que ven (lo están viendo en ese momento) como el
Estado del AR les comienza a abrir las puertas al poder, pero a la vez se convierte en
el principal obstáculo al desarrollo de sus intereses: mayor presión fiscal, peligro de
quiebra del sistema de rentas públicas y de las finanzas, defensa de la limitación de la
propiedad plena... Una vez que comienzan a vislumbrar las posibilidades de cambio
(asunción generalizada de la necesidad de liberar el comercio -de granos...-, defensa
de la libertad, acceso a las asambleas locales con duplicación de sus representantes,
etc.), su acción irá encaminada a controlar ese poder, en el proceso se encontrarán con
que hay que revolucionarlo. Para ello, utilizará 48 las teorías elaboradas por la
ilustración49. Tal revolución inicialmente consistirá en el derribo de los privilegios,
aunque los hechos provocarán que sean necesarios más cambios.
47
Es muy importante entender que esta aristocracia no debe asimilarse a los conceptos
de nobleza o alto clero, sino al conjunto de notables que habían conseguido su posición
social gracias al AR y vinculaban su supervivencia a la del régimen. Quienes
defendieron el privilegio hasta su último momento no fueron la aristocracia y el clero
como grupos sociales con idénticos intereses, sino fracciones de estos grupos y
fracciones de “burgueses” que entendían que del mantenimiento del régimen de
privilegios dependía su supervivencia. Los más claros exponentes son las dos
instituciones que se enfrentarán con la monarquía, primero, y con el Tercer Estado,
después: los Parlamentos y las asambleas de notables. Para estudiar la composición
de los Parlamentos, es significativa la del de París: siete príncipes de sangre, siete
pares eclesiásticos, 27 nobles laicos y el resto, hasta 144, antiguos intendentes y altos
funcionarios. Es decir, mayoría de notables cuyo encumbramiento social y posición
dependía del mantenimiento del AR. En cuanto a las Asambleas de Notables, la
convocada en 1787 (hacía ciento sesenta años que no se convocaba ninguna) estaba
compuesta por prelados, nobles, miembros de los Parlamentos, intendentes,
consejeros de estado, miembros de las asambleas provinciales y de las corporaciones
urbanas, elegidos por el rey. Es decir, otra vez, el grupo de los notables, de la
oligarquía del AR, que no se corresponde necesariamente con la nobleza.
48
Adoptará algunas ideas, rechazará otras, modificará muchas y al final quedará un
compendio de hechos e ideas que forman parte de la primera herencia liberal.
49
Lo que no quiere decir las teorías ilustradas fuesen patrimonio exclusivo de estos
grupos. Por el contrario, la aristocracia del AR y el propio Estado también utilizan ideas
ilustradas: defensa aristocrática de la libertad individual frente al “absolutismo”, defensa
monárquica de la “igualdad ante la ley”... Pero, sólo la lectura de esta elite será eficaz y
“viable” y dará lugar a un corpus coherente.
43
¿Cuál es el marco en el que se van a producir estas cesuras en la tradicional
base social del AR? Viene definido esencialmente por dos asuntos económicos:
-El problema financiero del AR y sus secuelas fiscales, que producen el
debilitamiento del Estado y la conciencia de la necesidad de reformarse.
-La recesión desatada desde 1778-1780. La “prosperidad” de los últimos
cuarenta años se quiebra. Los precios comienzan un proceso decadente y los negocios
comienzan a languidecer. Los grupos sociales “dominantes 50” se sienten amenazados
en sus intereses y necesitan de una reforma, aunque disientan sobre el alcance y
características de la misma. Todos están de acuerdo en la necesidad de modernizar la
economía, eliminando las trabas que se imponían a la liberalización; pero diferirán en
cuanto al alcance de las reformas del Estado: el grupo más vinculado al funcionamiento
(los que viven del statu quo) del AR se plantea su supervivencia vinculada a la del
régimen y hacen de la defensa del privilegio su caballo de batalla, pretendiendo una
vuelta al control del Estado por los poderes intermedios; el grupo “más liberal” no
vincula su situación social preminente al mantenimiento del privilegio y del Estado, sino
al desarrollo de un marco más acorde con sus intereses: la liberalización económica,
social y política, entendida como la limitación o el fin del privilegio y la “fragmentación”.
El “modelo inglés” les sirve de referencia.
Tres acontecimientos son importantes: el tratado de libre comercio con
Inglaterra, de 1786, el comienzo de una etapa de malas cosechas y de profunda crisis
económica en 1787-88, y la bancarrota, de 1788, suponen el fin de las esperanzas de
este último grupo en las posibilidades de mantenimiento del statu quo. Viendo en
peligro sus intereses y las perspectivas de desarrollo, optarán por llevar a cabo las
reformas que estimaban convenientes.
No obstante, lo que si está claro es que “todos los que contaban” eran
conscientes de la necesidad de cambios: acabar con el “despotismo” era la bandera
común. La terminología ilustrada era utilizada por doquier: nación, soberanía, contrato,
libertad, leyes fundamentales, etc. aparecen en el vocabulario de todas las opciones
políticas. El problema es que se quería decir con ellas: la monarquía buscaba un nuevo
pacto que le permitiese sobrevivir, los notables reaccionarios limitar el poder de la
monarquía y afianzar sus privilegios, y la elite innovadora conservar la monarquía pero
bajo un régimen representativo y constitucional. No se trataba de la utilización
50
Esa aristocracia del dinero que se había formado en el AR y que P GOUBERT define
brillantemente: “una «alta sociedad» unida por la riqueza, el poder y el brillo. En ella se
mezclan la Iglesia, la espada, la toga, las finanzas y el talento; en ella la nobleza
inmemorial se codea con la más reciente; los plebeyos opulentos, cultivados o
ingeniosos acceden a ella... No la caracteriza verdaderamente ningún tipo de ingresos;
los más acomodados tienen tierras, señoríos, castillos, residencias urbanas, rentas,
deudas, participaciones en el arriendo general y hasta intereses en el gran comercio y
en las minas de hulla... Casi todos están estrechamente ligados al régimen, al que
muchos sirven y que los enriquece...” El Antiguo Régimen, Madrid, 1979, vol. 2, pág.
250.
44
demagógica de los términos ilustrados para ganar adeptos, sino de las diferentes
lecturas que se estaban realizando de los textos teóricos de los ilustrados, que a fuerza
de ser divulgados y leídos se habían convertido en el lenguaje político de la época.
Ahora bien, que pasaba con “los que no contaban”, que sufrían de forma
evidente las consecuencias de la crisis: el malestar social se manifestaba en
abundantes movimientos insurgentes contra los “señores”, los “recaudadores” y la
reivindicación de abastecimiento y “precios fijos” para el grano.
Desde 1780 comienza un proceso en el que la elite innovadora conseguirá la
“hegemonía” política, los componentes de lo que Soboul llama “partido patriota 51”
comenzarán a elaborar la ideología de esta elite y a difundirla entre los demás grupos
sociales, hasta convertirse en las aspiraciones de la mayoría. Ahora bien, esta
“doctrina” se elaborará, como decíamos antes, “sobre la marcha”, como argumentación
en la lucha política contra los grupos defensores de la “inercia”.
Pasemos a los hechos:
1.2. Los intentos de reforma del Estado.
Como ya hemos señalado en el capítulo del Antiguo Régimen, el Estado desde
1695 estaba intentando llevar a cabo una serie de reformas que le permitiesen
sobrevivir financieramente, para ello utilizaba una doble política: proyectos de reforma
en el sistema de recaudación e intentos de limitar los bastiones52 desde los que los
notables defendían sus privilegios. Ninguno de estos proyectos llegó a fructificar porque
la monarquía se asustaba del “abismo” que estas reformas abrían a sus pies. Nos
interesa de forma especial el planteado por Calonne.
En 1786 (20 de agosto) presentó su Plan d´amélioration des finances, que
presentaba un conjunto de reformas que podemos clasificar en tres grupos:
-Transformación del sistema fiscal: paso de un sistema que grababa los bienes
territoriales y establecía exenciones por el rango o calidad de la propiedad, a otro que
se establecía proporcionalmente a las rentas, de cualquier tipo (agrario, industrial,
comercial o financieras) y sin distinción de rangos. Se trataba de la universalización del
impuesto sobre los beneficios.
“Formado por hombres nacidos de la burguesía, juristas, escritores, hombres de
negocios, banqueros, a los que se sumaron aquellos privilegiados que habían adoptado
las nuevas ideas, los grandes señores... o parlamentarios...” A SOBOUL, La
Revolución... pág. 98
51
52
Parlamentos, especialmente el Parlamento de París, y Asambleas de Notables.
45
-Establecimiento de medidas tendentes a favorecer la creación de un mercado
interior (supresión de barreras arancelarias internas) y la eliminación de ciertas
limitaciones fiscales al desarrollo de la producción (timbre del hierro...)
-Reforma administrativa: institución de asambleas municipales elegidas
“censitariamente” (propietarios con más de 600 libras de rentas), que enviarían
delegados a asambleas de distrito, que, a su vez, los enviarían a las asambleas
provinciales. Se trataba de una “democratización” de la administración territorial, pero lo
importante es que se establecía que el Tercer Estado tendría representación doble
(igual número de representantes que la nobleza y el clero juntos) y el voto se haría por
cabeza, no por estamentos separados.
En realidad, como vemos recogía las principales reivindicaciones que desde
1788 planteará la elite innovadora.
La vida del proyecto fue corta. Una asamblea de notables convocada para
febrero de 1787 se negó53 a aceptarlas. El rey destituyó a Calonne del puesto de
Inspector General de Finanzas y nombró a Brienne. Éste, ante la acuciante situación
del Tesoro y de la economía del reino, se vio obligado a una política parecida a la de su
predecesor:
-Instauración de la “subvención territorial”. Impuesto menos ambicioso que el de
Calonne, pero que pretendía recaudar del clero y los nobles.
-Sustitución de las prestaciones personales de los campesinos por una
contribución en metálico. Era una forma de compensar a los privilegiados por el pago
de impuestos.
-Establecimiento de la libertad en el comercio de granos.
De nuevo, los notables se opusieron a este proyecto, ahora agrupados en torno
al Parlamento de París. Cuando el rey ordenó el registro de estas medidas, el
Parlamento se negó. El 4 de enero de 1788, votó y aprobó el establecimiento de una
requisitoria contra las órdenes de registrar las medidas y la reclamación de la libertad
individual como derecho natural. El 3 de mayo, establecía una “Declaración de las
Leyes Fundamentales del Reino”, en la que señalaba, entre otras cosas, que el voto de
los impuestos pertenecía a los Estados Generales, la ilegalidad de los arrestos
arbitrarios, la necesidad de mantener las costumbres en las provincias y la inamovilidad
de los magistrados54.
53
Aceptó de buen grado la liberalización del mercado y la institución de poderes
“intermedios”, pero se negó a aprobar los cambios fiscales, para los que exigía la
convocatoria de los Estados Generales.
54
Recordamos: ambivalencia en el lenguaje político.
46
La impresión que estos hechos producen es de confusión: la monarquía
pretendía una serie de reformas económicas en la línea de lo que eran los intereses de
nuestra elite innovadora; la aristocracia se hacía con la defensa de la libertad frente al
“absolutismo”. ¿Hacia donde se inclinaría nuestro grupo transformador?.
El Estado tomó el camino del enfrentamiento con el Parlamento: arrestó a dos
cabecillas parlamentarios55 e impuso el registro de varios edictos que limitaban el poder
parlamentario, vaciándolo de prerrogativas judiciales en favor de los tribunales de bailía
y creando una Corte Plenaria encargada de las funciones de registro.
La reacción que estas medidas produjeron fue muy significativa: las asambleas
provinciales, instauradas por Calonne, donde había mayoría del Tercer Estado, se
declararon mayoritariamente en favor del poder parlamentario, impidiendo la
instauración de los tribunales de bailía, provocando un receso (¿huelga?) en las
actividades judiciales y pidiendo la convocatoria de Estados Generales. Las
conclusiones que podemos sacar son:
-La burguesía56, como afirman muchos historiadores, se había aliado con la
aristocracia en contra del estado despótico 57. Lo que sucede es que esa es una alianza
contra natura, que equivalía a refrendar el AR.
-La burguesía que participaba en esas asambleas provinciales estaba, en un
marco territorial más pequeño, donde el poder se siente más cerca, bajo la influencia
de los magnates locales y actuaba en consecuencia. De donde cabe discernir que no
existía propiamente aún una “conciencia” burguesa, como identificación de un grupo
con unos principios y unos intereses.
-Los planteamientos de estos grupos burgueses “de las provincias” no se
adecuaban a los planteamientos parisinos, mucho más innovadores.
Posiblemente se trate de una mixtura de las tres, aunque creemos que el
segundo aspecto es el más importante. Hasta que la aristocracia del AR no cuestione
el poder del Tercer Estado, esa elite innovadora no se formará como tal (no verá en
peligro sus expectativas de poder58), los grupos que la compondrán se encuentran
55
Duval d´Epremesnil y Goislard de Montsabert, declarados por el Parlamento
refugiados en su seno y bajo la protección de la ley.
56
Nosotros entendemos los grupos preminentes de la burguesía que monopolizaban la
representación del Tercer Estado, que se integraba en lo que denominamos “elite
innovadora”.
En una guerra en dos etapas: alianza con la aristocracia contra el “absolutismo” y,
posteriormente, batalla contra la aristocracia.
57
58
Vinculamos la afirmación de una conciencia política de grupo a su conformación
como grupo de poder. El creciente peso económico y el establecimiento de cauces
47
dispersos y sólo la perspectiva del acceso al poder político los unirá, obligándolos a
dotarse de un programa, de una doctrina.
1.3. El poder del Tercer Estado. Los asuntos electorales
El 5 de julio de 1788, Brienne, ante el cariz que tomaban los acontecimientos,
prometió convocar Estados Generales para el primero de mayo del año siguiente. Poco
después era sustituido por Necker y se restablecían los parlamentos.
Es a partir de este momento cuando se produce una eclosión de panfletos,
libelos, proclamas, hojas volantes, discusiones, etc. De esa corriente de opinión que
Soboul identificaba con el “partido patriota”. Las reivindicaciones de este grupo son
muy generales: igualdad civil y fiscal, libertades básicas y gobierno representativo, y
sólo se concretan en dos aspectos que van a ser cruciales: la necesidad de dotar al
Tercer Estado del doble de diputados (los mismos que nobleza y clero juntos) y la
abolición del voto por estamento (establecimiento del voto por cabeza). Reivindicación
que no es algo nuevo, ya estaba en la institución de las asambleas provinciales por
Calonne. Lo que es nuevo es que el Tercer Estado59, o mejor, aún, los publicistas de
esta corriente de opinión, se planteasen por primera vez el acceso directo al poder,
para el que va a resultar imprescindible acabar con los privilegios y su máxima
manifestación política: el estado del AR.
Otro aspecto de singular importancia fue la propia convocatoria de Estados
Generales. En las cartas de convocatoria de los diputados se establecía que éstos “se
hallarán provistos de instrucciones y de poderes generales y suficientes para proponer,
amonestar, aconsejar y consentir en todo lo referente a las necesidades del estado, las
reformas de los abusos, el establecimiento de un orden fijo y duradero en todas las
partes de la administración...” (27 de abril de 1789). Esta exigencia de representantes
dotados de autentica representatividad para llevar a cabo el establecimiento de “un
orden fijo y duradero” fue interpretado por los sectores innovadores como que el rey
había devuelto la palabra a la nación soberana y que la tarea que iban a tener los
representantes era la creación de una constitución para el reino. Se entiende, así, las
“razonables” de participación en las asambleas provinciales situaban a esta elite
innovadora en condiciones de considerar que iban adquiriendo poder político. El
cuestionamiento del mismo producirá una cristalización de la ideología en una
conciencia política, entendida como la asunción de los derechos del grupo al ejercicio
del poder político.
59
La identificación de los intereses del Tercer Estado y de esa elite innovadora requiere
una explicación. Bajo el concepto de Tercer Estado se incluía a todos los grupos
sociales que contaban, pero que no eran privilegiados. Era, pues, un grupo demasiado
heterogéneo; no obstante, la historia tradicional ha tendido a utilizar el concepto para
significar los intereses de la burguesía, aún a sabiendas de la inexactitud del concepto,
basándose en que las reivindicación de la participación del Tercer Estado supusieron
en 1789 la quiebra del monopolio del poder político por los privilegiados.
48
enormes expectativas que levantó y el ímpetu con el que el partido patriótico se tomó la
tarea de formar una opinión pública. Según Jardin, parecía como si la derrota del
despotismo ilustrado hiciese ver que existía la posibilidad de establecer un nuevo
régimen y el peligro de que este fuese aristocrático. No hay que olvidar que, desde
1614, era la primera vez que se iban a reunir los Estados Generales, donde la opinión y
los intereses del Tercer Estado y de los sectores innovadores iban a cobrar carácter
político; esos intereses y esas opiniones iban a dejar el ámbito de los salones, las
tertulias y algunas sociedades para incorporarse al ámbito de las discusiones políticas
oficiales.
Va a ser en el marco de estas expectativas y de la confrontación política donde
se va a formar esa conciencia política que dará lugar a la conformación como grupo de
nuestra elite innovadora.
Brienne dimitió el 24 de agosto y fue sustituido por Necker, que restableció los
Parlamentos y mantuvo la convocatoria de Estados Generales, en un afán “liberal 60"
por buscar un consenso en la realización de las reformas necesarias. El problema
principal se encontrará en las reivindicaciones sobre el sistema electoral del “partido
patriota”.
Necker convocará al Parlamento de París (21 de septiembre) y a una Asamblea
de Notables (noviembre) para que den su opinión. Ambas fueron negativas para las
pretensiones de la elite innovadora. Los notables se manifestaban a favor de que los
Estados Generales se compusiesen y se reuniesen según la norma de 1614:
composición en tres grupos iguales para el clero, la nobleza y el Tercer Estado, y voto
por separado de los tres órdenes. Sólo el 5 de diciembre logró arrancar al Parlamento
la admisión de la duplicación del número de representantes del Tercer Estado, pero no
el voto por cabeza en reunión única.
En enero de 1789 veía la luz el folleto ¿Qué es el Tercer Estado?, escrito por
Sieyes, que tuvo un enorme éxito, y que marca el establecimiento de la base de la
doctrina política que encabezará el proceso revolucionario: la afirmación taxativa no ya
de derechos a participar en el poder político, sino el derecho exclusivo al poder político.
Un salto cualitativo importante; ya no se trata de limitar los privilegios sino de acabar
con ellos. Podemos considerar que la conciencia política de nuestra elite ya se había
formado y cobraba carácter público:
“(La economía) abarca trabajos particulares y funciones públicas. Trabajos particulares
en los que distingue cuatro categorías: los del campo, los de «la industria humana» que
agrega un valor segundo, los de los comerciantes y negociantes, y los de los cuidados
«útiles y agradables para la persona» que van desde las profesiones liberales hasta las
labores de los criados; todos estos trabajos son los que tocan en suerte a los miembros
del Tercer Estado. Las funciones públicas también se dividen en cuatro: la espada, la
Liberal en el sentido de búsqueda de la “armonización” de intereses, que será la
óptica desde la que este personaje aborde el proble del cambio.
60
49
toga, la Iglesia y la administración, en las cuales el tercer Estado ejecuta el trabajo
arduo, mientras la nobleza obtiene los puestos que dan dinero y honor. Por todo, el
Tercer Estado es una nación completa. «Es el hombre fuerte y robusto, uno de cuyos
brazos aún permanece encadenado. Si se quitase al orden privilegiado, la nación no
sería algo menos, sino algo más»”
El 24 de enero de 1789, Necker convocaba los Estados Generales, con la
duplicación del número de representantes del Tercer Estado, pero sin definirse sobre la
segunda reivindicación del partido patriota.
1.4. La ruptura. 1789.
Los resultados de las elecciones fueron:
-Estamento del Clero: 291 representantes electos, de los que aproximadamente
200 correspondían al bajo clero, la mayoría curas.
-Estamento nobiliario: 270 diputados, de los que 90 se identificaban con la elite
innovadora.
-Tercer Estado: 578 diputados con mayoría aplastante de los defensores de las
nuevas ideas. Su composición: 200 hombres de leyes, 100 banqueros,
comerciantes y financieros, 50 propietarios rurales, y el resto muy variado, pero
cabe destacar la ausencia de hombres no propietarios y la presencia de algún
“liberal” procedente de los órdenes privilegiados.
En esta situación, se procedió al acto protocolario de la apertura de los Estados
Generales, el 5 de mayo. Al día siguiente, los representantes del Tercer Estado
rehusaron constituirse en cámara particular y solicitaron la reunión conjunta de los tres
órdenes y el voto “por cabeza”. La nobleza (141 votos frente a 47 61) y el clero (133
votos frente a 114) rechazaron la propuesta.
El día 10 de junio, el Tercer Estado invitó a la nobleza a acudir a la Sala de los
Estados a la verificación común de los poderes de los diputados. Dos días después lo
hizo al clero. Obtuvo respuestas negativas.
El 15 del mismo mes, el Tercer Estado, después de varias discusiones
terminológicas, se proclamó Asamblea Nacional, representante de los intereses de los
ciudadanos franceses. A la par, y muy significativamente, aprobó un decreto por el que
se aseguraba el pago de los impuestos y los intereses de la deuda pública. Desde el
primer momento, queda claro este espíritu de “orden”.
El clero será el primero en ceder. El día 19 aprobó por escasa mayoría acudir a
la comprobación conjunta de las credenciales.
61
Obsérvese el número de abstenciones.
50
La monarquía y su Consejo de Estado vieron el abismo que se abría bajo sus
pies (el sistema político del AR se resquebrajaba) y ordenaron la clausura de la Sala de
los Estados, donde se reunían los representantes del Tercer Estado. Al día siguiente,
estos se reunieron en el Jeu de Paume y “Heridos en sus derechos y en su dignidad,
advertidos de la importancia de la intriga y del encarnizamiento con que intentaban
empujar al rey a desastrosas medidas, los representantes de la nación han de unirse al
bien público y a los intereses de la patria por medio de un juramento solemne 62...”
comprometiéndose a “no separarse jamás y a reunirse en todo momento que las
circunstancias lo exigiesen, hasta que la Constitución quedase establecida y afirmada
sobre fundamentos sólidos...”
Se acuñan, así, lo que serán fundamentos del pensamiento liberal: su carácter
universal (“representantes de la nación”), su carácter patriótico (“unidos al bien público
y a los intereses de la patria”) y su carácter constitucionalista. Pero de ello trataremos
en capítulos posteriores. Lo esencial aquí es señalar que el juramento del Jeu de
Paume supuso la afirmación del poder político de la elite innovadora: desafió al AR,
representado en su Estado y en sus grupos privilegiados.
El 23 del mismo junio llegó la respuesta del Estado. En la sesión real conjunta, el
rey ordenó reunirse por separado a los tres estamentos, ante lo cual el Tercer Estado
permaneció inmóvil. El rey dio la orden a los guardias de corps de disolver a los
diputados. Un grupo numeroso de representantes de la nobleza se opusieron (algunos
“llevaron su mano a la espada”). El rey cedió: el Estado del AR tenía los días contados:
al día siguiente la mayoría del clero acudía a las reuniones del Tercer Estado. Un día
después se le sumaban 47 diputados nobles.
La confrontación llegaba a su punto culminante: los dos bandos tienen
delimitados sus campos. Mientras tanto, ¿que pasa con “las masas”? Asisten
expectantes, conmocionadas por una lluvia de mensajes políticos, la inmensa mayoría
revolucionarios, y acuciadas por el fantasma del hambre. Su participación tiene que
esperar.
El 26 de junio, el Estado y sus privilegios intentaron su última baza: el recurso al
ejército. El rey ordenó reunir veinte mil hombres a las afueras de París y, un día
después, admitía la reunión en asamblea única (recomendaba a la nobleza y el clero
acudir a la reunión del Tercer Estado63), la aprobación de los presupuestos por los
Estados Generales, las garantías individuales y la libertad de prensa, aunque dejaba
intactos los principios sociales del AR: afirmaba categóricamente la existencia de los
diezmos y obligaciones señoriales y feudales y prohibía las reclamaciones sobre
privilegios sin el consentimiento de las partes interesadas. Era el último intento por
62
Declaración de MOUNIER en la reunión del Juego de Pelota, citada por A SOBOUL,
La Revolución... pág. 107.
63
Aunque sólo para los asuntos de interés general. Mantenía las reuniones por
separado para los asuntos pertenecientes a cada estamento.
51
frenar el avance del Tercer Estado: ceder en que ya se había perdido, pero garantizar
que el movimiento no iría más allá. Los notables encontraban en su Estado su último
baluarte, y el Estado se reconfortaba con su último sostén. Pero el Tercer Estado ya
era consciente de su poder y va a dar tres pasos esenciales:
-El 7 de julio se creó, en el seno de la Asamblea Nacional, un “comité
constitucional”, encargado de elaborar una constitución. El día 9, se amplió la
perspectiva y la propia Asamblea Nacional se convirtió en Asamblea Constituyente. El
Tercer Estado actuaba ya libre de tutelas.
-El 10 de julio, los electores64 parisinos del Tercer Estado se reunieron en el
Ayuntamiento y empezaron a obrar como poder municipal, su primera tarea fue la
constitución de una guardia armada burguesa, la futura guardia nacional. El resultado
fueron dos pasos importantes en la constitución del nuevo poder: el comienzo de la
toma de los poderes municipales (el movimiento se extendió por la mayoría65 de las
municipalidades) y el inicio de la creación de una fuerza armada propia y diferente.
-Por estas fechas, se estableció en el Palais Royal el cuartel general del
denominado “partido patriótico” y comenzó su política de atracción de las “masas”.
Rudé señala: “por la noche, se congregaban miles de personas, que recibían consignas
y directrices -y también, posiblemente, los fondos66-...” A pesar de que la Asamblea
Nacional había enviado, el día 8, una apelación a Luis XVI solicitando el alejamiento de
las tropas, las “masas” pasan a ser consideradas por la elite innovadora como el
“cuerpo de choque” militar de la revolución. No obstante, no cabe tampoco despreciar
la labor propagandística en el seno del propio ejército, tendente a ganarse adeptos. La
situación del ejército del Estado distaba mucho de ser ideal, al ya tradicional malestar
de parte de la tropa “reclutada a la fuerza”, hay que sumar la penuria en la que se
movía, la irritación originada por las reformas militares de Brienne, y la llegada a su
seno (por la propaganda revolcionaria) de las controversias políticas entre privilegiados
(mandos) y tropa. Esta debilidad ya se había puesto de manifiesto en la negativa de la
tropa a disparar contra la masa en los sucesos de 1788 (sublevaciones en Burdeos,
Dijón, Grenoble, etc...) y del 23 de julio de 1789. Por eso, Luis XVI había ordenado que
las tropas que se concentrasen en torno a París fuesen regimientos suizos y alemanes
fieles. Pero este hecho permitió a los revolucionarios producir otra reivindicación: el AR
utilizaba extranjeros contra su propio pueblo. Una forma más de ensalzar los
contenidos patrióticos y populistas.
64
El cuerpo de electores que había enviado a sus representantes a los Estados
Generales. Las elecciones del tercer Estado fueron indirectas.
Unas veces siguiendo el modelo parisino, otras con una “revolución desde arriba”
(asumiendo los nuevos principios la anterior oligarquía municipal), otras mediante
acuerdos entre los diferentes grupos...
65
66
La Europa Revolucionaria. 1783-1815, Madrid, 1974, pág. 113
52
El 11 de julio se desencadenaron los acontecimientos definitivos: Luis XVI
destituyó a Necker (sustituido por el conservador Breteuil) y no accedió a alejar las
tropas de París. Al día siguiente, cuando llegó la noticia a París, se produjo una enorme
agitación. El “partido patriota” llama a la sublevación de las “masas”, asociando las
ideas de aristocracia y hambre.
La situación de penuria en la capital ya había provocado algaradas que se
resolvían en el saqueo de las viviendas y almacenes de supuestos “acaparadores” y en
que quema y destrucción de los puestos aduaneros 67 que circundaban París, a los que
se consideraba culpables, en parte, de la carestía. Sobre esta base insurreccional,
típica de los “motines de hambre” del AR, el “partido patriota” va a introducir otra
consigna: la necesidad de armarse para hacer frente a la amenaza aristócrata. El día
12 comenzaron los saqueos a las armerías, casa religiosa, herrerías, etc, buscando
armas. El movimiento asustó a la elite innovadora y los electores de París decidieron
intentar “moderar” el movimiento popular: nombraron a un comité provisional para
controlar el movimiento y entendieron la premura de poner en pie la guardia nacional.
El día 14 de julio se produjeron dos sucesos definitivos: las masas consiguieron
armas de fuego en el saqueo de Los Inválidos y tomaron (se rindió) la Bastilla (habían
ido a buscar pólvora), símbolo de la represión del AR. París amanecía al nuevo
régimen. Las consecuencias fueron definitivas:
1/ La aristocracia del AR comenzó la emigración y, en consecuencia, su poder
comenzó a desmoronarse.
2/ París, definitivamente en manos de los electores (forman la Comuna de París,
primer ayuntamiento del nuevo régimen), se convierte definitivamente en el centro de
irradiación de la revolución. El movimiento, como hemos señalado en la página
anterior, se extendió por el resto de las municipalidades.
3/ El mundo rural comenzó a conmocionarse. La situación de penuria, provocada
por las malas cosechas y la crisis económica, ya había producido desde el año anterior
todo un rosario de “motines de hambre”, que habían consistido en levantamientos de
consumidores que atacaban y saqueaban convoyes de granos, graneros y molinos,
buscando abastecimiento y destruyendo los símbolos de lo que entendían eran los
causantes de su mala situación. Pero un acontecimiento vino a cambiar las cosas: el
Gran Pánico. Las confusas noticias que llegaban de París y de las ciudades formaron
la idea de un país en desorden, sin gobierno. Las mentalidades de estos campesinos,
habituados a la existencia y control de un señor, asociaron estas ideas con las del
temor a que sus señores de siempre se estuviesen preparando, con la ayuda de los
“bandidos”, para dar un escarmiento. Asustados por este hipotético peligro, se armaron,
y como el peligro no se concretaba, espoleados por el hambre y por las noticias que
seguían llegando, que contaban el fracaso de los señores, se dirigieron a las
67
No conviene olvidar esa primera presunción de la necesidad de un mercado libre
para evitar el hambre.
53
residencias de estos, las saquearon y, lo que era más importante, quemaron los
registros, donde se encontraban los documentos que aseguraban los derechos de los
señores. Ahora ya no se trataba de simples “motines de hambre”, la situación había
cambiado, la revolución había tocado el campo: el movimiento se generalizó y cambió
de objetivos, ya no se trataba de abastecerse y vengarse, sino de eliminar las pruebas
de su opresión.
4/ El rey tuvo que viajar a París y dar su aquiescencia a lo que estaba
sucediendo.
Estos sucesos repercutieron en la formación de nuestra elite innovadora. Dos
problemas esenciales se planteaban:
- La necesidad de construir un Estado que se correspondiera con el nuevo orden de
cosas: habían alcanzado el poder y ahora tenían que elaborar las leyes que
asegurasen esa “felicidad” prevista.
- La necesidad de dar cabida en el nuevo sistema a esas “masas” que se habían
armado, conseguir el consenso que permitiese el desarrollo estable de la nueva
sociedad. En seguida, se asociaron, como opuestas, las ideas de estabilidad y orden
con la de “masas”.
Los dos problemas se conjugaron y tuvieron sus principales puntos de
concreción en tres procesos:
a/ La ampliación de la elite innovadora, que va acogiendo en su seno a parte de
los aristócratas que se acercan al poder 68 ante el temor a las “masas” y a
sectores medios de la burguesía (especialmente parisina) que hacen de la
defensa de la propiedad privada su interés básico frente a la iniciativa de los
movimientos populares. La idea de innovación comienza a envolverse con la
idea de orden y de estabilidad. Pero esta ampliación viene acompañada de la
fragmentación en diferentes grupos de opinión:
68
Es muy significativo que en la sesión vespertina de la Asamblea, del 4 de
agosto, “todos los privilegios de los estamentos, de las provincias, de las
ciudades, se sacrificasen en el altar de la Patria” (A SOBOUL, La revolución...,
pág. 118). Consenso que se produjo porque el día anterior la Asamblea había
dejado claro donde estaba el poder: “ninguna razón puede legitimar las
suspensiones de los pagos de los impuestos o de cualquier otro rédito hasta
que la Asamblea se haya pronunciado respecto a esos diferentes derechos...”;
y porque se entendía, como veremos luego, que la abolición del “feudalismo”
suponía la transformación de la antigua propiedad en la nueva propiedad plena,
privada.
54
-Un ala derecha, partidaria de poner el acento en el orden social, que considera que la
revolución ya ha ido bastante lejos, y que ya se trataba de poner límite y fin al
movimiento de las “masas”. Considera que ha llegado el momento de un acuerdo entre
la aristocracia, la monarquía y la nueva elite innovadora que de lugar a una constitución
“a la inglesa”. Plantea el bicameralismo y el veto real como contrapeso a la previsible
irresponsabilidad de los movimientos populares.
-Un ala izquierda, que considera que la revolución no ha hecho sino empezar y que hay
que llevarla hasta la democratización de la sociedad. Para ellos, hasta la fecha no ha
habido sino una “revolución en las alturas”, y ahora se trata de llevarla -en un sentido
mesiánico- hasta las “masas”, que se consideran la principal arma revolucionaria. Son
los difusores de la idea de la revolución acosada por los traidores internos.
-Un ala “centro”, mayoritaria y equidistante de las otras dos posiciones, que intenta
utilizar-frenar a las masas y que tiene como objetivo una monarquía constitucional. Sus
doctrinas políticas se amoldan a los acontecimientos y son esencialmente posibilistas.
La confrontación política entre estas corrientes de opinión no supone la
fragmentación de esta elite innovadora, sino, por el contrario, su consolidación;
en la medida en que su esencia ideológica es la afirmación de la
representación de los intereses de la sociedad, la universalidad, la aparición en
su interior de diversidades es entendida como la asunción por la sociedad de
su hegemonía. Aunque estas confrontaciones sean, a veces, sangrientas, no
supondrán, como se puede observar en el proceso histórico que nos conduce
hasta 1848, la división del grupo innovador, pues la defensa de la propiedad
privada (como veremos al analizar el jacobinismo) los une.
b/ El proceso constitucional, que acaba el 14 de setiembre de 1991, cuando es
promulgada por Luis XVI. Este proceso se entiende en un doble sentido:
creación del Estado y establecimiento de las leyes que establezcan el orden.
En el período que estamos analizando nos interesan dos aspectos:
-La abolición del feudalismo. Como ya hemos señalado varias veces, en la sesión
vespertina del 4 de agosto de 1789 la Asamblea, urgida por las noticias que llegaban
del mundo rural, acordó la abrogación del feudalismo. Pero realmente ¿qué se abolió?.
Se abolieron los derechos de caza, los diezmos, los cotos, los palomares, las
jurisdicciones señoriales, la venalidad de los cargos... es decir, las dependencias
personales, pero no los derechos económicos vinculados a la idea de propiedad. En
realidad, lo que se hizo fue asimilar la propiedad señorial a la propiedad privada: se
respetaron las obligaciones económicas (ahora del campesino con respecto al señor,
aunque, conscientes de los abusos anteriores, se exigió a los propietarios mostrar los
documentos que acreditasen sus derechos y se abrió a los campesinos la posibilidad
de redimir estos derechos mediante su compra. Es decir, la visión de la Asamblea
sobre la abolición del feudalismo consistía en:
-Eliminar las dependencias personales, pero no las relaciones económicas, que pasan
a considerarse contractuales, asegurando la intangibilidad del concepto de propiedad.
55
-Eliminar la fragmentación del AR (recordemos la existencia de sociedades en el seno
de la sociedad por la existencia de múltiples relaciones de dependencia), dando lugar a
la igualdad de todos los franceses ante la Ley.
Naturalmente, esta visión no se correspondía con lo que los campesinos
esperaban de una revolución. Por ello, su actitud fue de rechazo: progresivamente, de
forma tácita, fueron ejerciendo su plena libertad sin pagar su “redención”. En 1793, la
Convención dará carta legal a esta “expropiación”, consiguiendo una sociedad rural de
pequeños propietarios deudores de la revolución, amantes de la propiedad y enemigos
de cualquier cosa que pusiese en entredicho sus derechos a la misma: tanto desde el
punto del peligro que podían suponer sus antiguos señores (la contrarrevolución), como
del que podían suponer las ideas igualitarias que comenzaban a emitir las ciudades.
-El problema del rey. Para la mayoría de la Asamblea el problema monárquico era un
problema de legitimidad del nuevo régimen: la continuidad de la línea dinástica daba,
ante el exterior y ante la mayoría del interior, legitimidad a la nueva legalidad. El
problema era la actitud del rey ante la solicitud que la nueva mayoría le hacía para que
se sumase a la nueva realidad, en el marco de una monarquía constitucional. Luis XVI,
y su cada vez menos numerosa corte, no confió en una monarquía limitada (da la
impresión de que interpretó el movimiento de 1789 como un “motín” que con el tiempo
sería sofocado por las fuerzas del AR) y practicó una política obstruccionista. Así, se
negó69 a ratificar las medidas anti feudales del 4 de agosto y, posteriormente, la
Declaración de Derechos del Hombre, de 26 del mismo mes, y volvió a intentar la
estratagema de julio: llamó a Versalles al regimiento de Flandes. La situación política
se complicaba: la izquierda acuciaba a las “masas”, soliviantadas por el hambre 70, a
sublevarse jugando con la asociación de aristócratas traidores y hambre, y corriendo el
rumor de que la corte de Versalles era la culpable del desabastecimiento de la capital 71;
la derecha buscaba una transacción con el rey que evitase una nueva movilización de
las “masas”. Los acontecimientos se sucedieron. El primero de octubre, los guardias de
corps ofrecieron al regimiento de Flandes un banquete de bienvenida en el que se
cantaron canciones monárquicas y se realizaron actos antirrevolucionarios. Las noticias
llegaron a París y las “masas” de sublevaron. Pero realizaron un significativo itinerario:
primero marcharon sobre el Ayuntamiento, exigiendo pan y armas, posteriormente,
acompañados por la guardia nacional, marcharon sobre Versalles para traer el rey a
“Nunca consentiré en despojar a mi clero y a mi nobleza”, citado por A SOBOUL, La
Revolución..., pág. 120
69
70
Se asiste en los meses de setiembre y octubre a una agudización de la crisis
económica producida por la sequía que impedía a los molinos producir la harina al
ritmo que la demanda solicitaba y por la salida del país de considerables fortunas en
manos de los aristócratas emigrados. Junto a ello, la crisis se cebó en las ciudades en
forma de crisis manufacturera y artesanal, que provocó paro.
La canción que cantaban las “masas” el día 5 de octubre, cuando marchaban sobre
Versalles era “traigamos al panadero, a la mujer del panadero y al chico del panadero”.
71
56
París. El día 6, Luis XVI se instalaba en París, “alejado de la funesta influencia de su
corte” y refrendaba los decretos de la Asamblea.
Decíamos significativo porque muestra la asociación de ideas que se produce en
la mentalidad popular entre hambre y poder, y porque significa los intentos de la elite
innovadora72 por no verse sobrepasados por las “masas”, que primero fueron al
Ayuntamiento.
c/ El problema de las “masas”. Estas estaban siendo organizadas por el ala izquierdista
del grupo innovador:
-Los distritos de París formaban asambleas y clubes que agrupaban a la población y
ejercían funciones administrativas.
-Se comenzaba a divulgar la idea de una democracia de masas. Es significativa la
solicitud que el Palais-Royal hizo llegar a la Asamblea el 31 de agosto, con motivo de la
discusión sobre el veto, pidiendo que se suspendiese la discusión sobre el tema, “hasta
que los distritos, lo mismo que las provincias, se hayan pronunciado”.
-Se estaba produciendo una creciente politización de los movimientos de “masas”, que
estaban dejando de tener características de “motines de hambre” y convirtiéndose en
movimientos políticos.
Ante esta situación, y ante la necesidad que aún tiene de las masas para
enfrentarse al ejército leal al orden anterior, la posición de la Asamblea se ve
claramente en las medidas que tomó tras la marcha sobre Versalles: ley marcial, pena
de muerte por rebelión y censura de la prensa radical. Se marcaba claramente el
territorio: dentro del nuevo orden se podía actuar, fuera de él no.
72
Es importante la insistencia con la que el centro y la izquierda urgieron a Lafayette,
jefe de la guardia nacional, para que condujese a esta a Versalles.
57
La Constitución de 1791 fue el primer texto legal sistemático del liberalismo
europeo y es interesante porque inicia una trayectoria y enuncia unos problemas que
serán los caballos de batalla durante la primera mitad del siglo XIX. Su elaboración fue
larga (desde el 28 de agosto de 1789 hasta el 3 de setiembre de 1791, cuando fue
votada por la Asamblea) y fue el fruto de las concepciones políticas de la elite
innovadora, que no son sino la cristalización del proceso de constitución de la misma.
Tres problemas parecen fundamentales:
-La organización del estado de acuerdo con las máximas liberales.
-La integración del pueblo francés (las “masas”) en el sistema-Estado.
-La necesidad de garantizar la libertad frente al privilegio.
El punto de partida es la afirmación de que la división de poderes es la mejor
garantía para la libertad, que se entiende como libertad individual frente al Estado, a la
autoridad. La Declaración de Derechos del Hombre señalaba el reconocimiento de las
libertades individuales, la igualdad ante la ley y la libertad de culto, de prensa y de
reunión. Pero, frente a esta tendencia reductora del poder estatal, se oponía la
necesidad de un ejecutivo fuerte que garantizase el “orden”. La monarquía hereditaria
pareció el modo más seguro de limitar las “posibles veleidades” de la opinión pública, el
contrapeso a la representatividad que podía dar estabilidad.
En segundo lugar, partiendo de la soberanía nacional, se articuló un sistema
para plasmar esa soberanía en la participación en el Estado, estableciendo el concepto
de representatividad. El Estado debía ser representativo de la opinión pública, lo que se
hacía mediante el sufragio para la cámara legislativa. Pero no se otorgaba el mismo
derecho a toda la nación, que se dividía en dos grupos: ciudadanos activos y
ciudadanos pasivos. El criterio era económico (sufragio censitario). Todos los varones
mayores de 25 años que pagasen una renta superior a tres días de trabajo tenían
derecho al voto. Por otra parte, dentro de esta línea de contrapesar el poder de la
opinión pública, se establecía un sistema electoral indirecto: en la base se elegía a los
componentes de una asamblea electoral primaria-cantonal, que enviaba representantes
(debían tener una renta superior a 150-450 jornadas de trabajo) a una asamblea de
Departamento, que elegía a los representantes que iban a acudir a la Asamblea. El
argumento, que ya hemos descrito, para tal limitación de los derechos era simple: sólo
aquellos que tenían verdaderos intereses en la marcha de las cosas y tiempo y
educación suficiente se podían hacer cargo de los asuntos públicos. En realidad se
trataba de una concepción de la “nación” como el conjunto de los propietarios, y de una
arraigada desconfianza hacia la opinión pública, en el sentido más amplio de la
palabra.
El poder legislativo se encomendaba a una sola cámara, la Asamblea
Legislativa, compuesta por 745 miembros, con iniciativa para elaborar leyes y el
derecho a aprobarlas.
58
El ejecutivo recaía en el rey, que debía someterse a la Ley y prestar juramento a
la Constitución (monarquía constitucional). La figura real se consideraba inviolable y
sagrada. El monarca elegía los ministros, que eran responsables ante él, y tenía
derecho a proponer a la Asamblea la declaración de guerra y los tratados de paz, era
jefe de la diplomacia (aunque la política exterior debía consultarla con la Asamblea), de
la administración (nombraba a los funcionarios) y del ejército. Aparte de estas
funciones de control de los aparatos de “dominación” del Estado, el rey tenía también
derecho de veto a las leyes que dictase la Asamblea, pretendiendo un último “filtro” a la
participación ciudadana.
El poder judicial debía su poder a la delegación de la nación, por eso sus
miembros eran electos y su jurisdicción universal. Se establecía una jerarquía para
todo el estado, que se iniciaba, en la base, con los jueces de paz y avanzaba a través
de los tribunales de distrito, los tribunales de apelación de distrito, el Tribunal de
Casación y el Tribunal Superior de Justicia. Para los casos criminales se establecían
los jurados, compuestos por personas elegidas por sorteo.
La administración territorial se concebía también de forma jerarquizada: comuna
(antes parroquia)-cantón-distrito-departamento-Estado. cada una de estas instancias
tenía sus instituciones, en las que se daba el mismo principio de contrapeso: disponían
de una asamblea, que elegía un directorio, y de un representante del Estado
(procurador general) encargado de “recordar a estas instituciones los derechos de los
ciudadanos y el interés general de la nación.
El resultado, como se ve, era un régimen restrictivo, con amplios poderes para el
ejecutivo, que pronto se encontró con dos problemas importantes:
-La armonización del funcionamiento de los poderes ejecutivo y legislativo. Porque el
funcionamiento del Estado puso de manifiesto que los poderes no sólo deben estar
separados, sino que deben articularse para que uno no obstruya al otro. Los vetos
reales y las disputas sobre la capacidad de las dos instituciones para tratar los
diferentes ámbitos de la política fueron los terrenos en los que se desarrolló gran parte
de la actividad política institucional.
-La necesidad de encontrar un lugar para incluir a los ciudadanos “pasivos” y evitar que
pasasen a engrosar las filas de los “anti-sistema”. El Estado de 1791 no contó con ese
problema, pues, heredero del AR, no contemplaba la posibilidad de que esos grupos
pudiesen tener acceso al poder, a la participación. Por ello, las “masas” actuaron al
margen del Estado, especialmente las más activas, las parisinas, y fueron un constante
peligro para él.
1.5. 1793. La imposición de la “dominación”. El modelo jacobino.
Vamos a intentar explicar este período desde la hipótesis de que el período
jacobino fue, en su momento, asumido por la elite innovadora como una etapa
59
“excepcional73. El problema teórico que plantea es importante para el liberalismo: la
Ley, que según la ideología ilustrada era racional-universal (la Razón llevaba consigo el
deber), a veces, no convence y necesita de algo más que su propia promulgación: una
fuerza coactiva (recordemos los planteamientos de Bentham) y un fundamento del
deber que sea algo más que la Razón, la moral. Como luego veremos, el liberalismo
afirma la raíz moral de la ley.” ante los peligros que acechaban a las conquistas de la
libertad. Esta excepcionalidad, que es asumida como necesidad en el momento de
producirse, se interpreta en el tiempo inmediatamente posterior como censurable, en la
medida en la que ha supuesto “abusos”. En este sentido, los que con su silencio (en no
pocas ocasiones aquiescente) o su voto apoyaron el acceso al poder de los jacobinos
acabaron denostando el período y, durante unos años, jacobinismo se asoció a
dictadura antiliberal, a terror, siendo el anatema que los liberales lanzaban contra
aquellas corrientes políticas que pretendían superarlos por la izquierda.
Tras la proclamación de la Constitución de 1791, nuestro grupo innovador se
había hecho con los centros neurálgicos del poder(localizados en la ciudades,
especialmente París), había implantado la “hegemonía” de su ideología y había dotado
a Francia de una constitución que plasmaba en leyes esta ideología, pero aún no
dominaba (en sentido gramsciano): la situación económica era pésima, las “masas” se
escapaban del marco constitucional, los instrumentos de “dominación” no estaban
establecidos (se había creado la guardia nacional, pero faltaba el ejército nacional y
una administración completa) y se cernía el peligro de una guerra exterior. En resumen,
había que acabar el proceso revolucionario: encontrar un consenso social al cambio de
régimen y completar la obra de imposición de éste.
No obstante, a nuestro modo de ver, el período jacobino, ni sus etapas
posteriores hasta 1815, supondrán el fin del proceso revolucionario, que no se
alcanzará hasta 1848.
Analicemos brevemente la situación a finales de 1791. En primer lugar, se daba
la existencia de una situación económica crítica74, que se caracterizaba por una clara
73
La ideología liberal entiende la excepcionalidad como una etapa en la que se
prescinde de lo normal que es la constitucionalidad. La justificación de estas
“excepciones” deviene de la existencia de momentos en los que la fuerza legal de las
leyes es insuficiente para el mantenimiento del orden constitucional. Esta insuficiencia
proviene tanto de la existencia de fuerzas (interiores) que se consideran anti-sistema y,
por tanto, ajenas al deber de las leyes, como de situaciones puntuales en las que la
vida normal-constitucional de la “nación” se ve alterada por fuerzas o situaciones
exteriores a ella y, por tanto, exteriores a la propia constitución (generalmente
asociadas a un enemigo “de fuera”). Esta excepcionalidad es racionalizada por la
necesidad de preservar la constitución. De tal forma, que no es un período
anticonstitucional, sino, por el contrario, un período proconstitucional.
74
Se debe citar aquí la constatación por muchos historiadores de la economía del
hecho de que la revolución frenó la senda de crecimiento económico que se inició en el
60
tendencia inflacionista, provocada por la depreciación de asignado y por el colapso del
mercado interior y exterior, y por la falta de abastecimiento 75 a las ciudades,
especialmente París. Esta situación producía un profundo malestar, tanto entre los
propietarios como entre las “masas” populares.
Estas últimas manifestaban esta inquietud que se manifestaba en frecuentes
revueltas urbanas y motines agrarios que se resolvían con ataques a comboyes y
asaltos a las propiedades de los emigrados. Pero es más, la participación de estas
“masas” en los acontecimientos revolucionarios las estaba dotando de una
organización (comunas, secciones, clubes...) y de la conciencia de su capacidad de
intervención política.
La elite innovadora se sentía amenazada en sus negocios y en su posición
social y era consciente de la necesidad de imponer autoridad, de imponer el orden
económico, social y político que habían diseñado76.
segundo tercio del siglo XVIII. Es cierto que la crisis de los años 1770-80 supuso un
deterioro de esta situación, pero parece ser que las incertidumbres, la guerra
(economía de guerra, bloqueo inglés...) y ciertas medidas de política económica
(restricciones al mercado, emisiones casi incontroladas de asignados, repartos de la
propiedad agraria...) frenaron momentáneamente el desarrollo de la libre iniciativa, que
iba a suponer uno de los primeros pasos para la industrialización. Cabe hacer una
puntualización: la historiografía liberal resaltará este hecho, buscando un argumento a
sus planteamientos políticos contra las revoluciones. Especialmente, en lo referente al
parcelamiento agrario de las propiedades de los emigrados y a la abrogación de la
redención en metálico de los derechos feudales, donde esta línea historiográfica
encuentra una de las razones esenciales para el “retraso” francés. Pero también cabe
preguntarnos si esas medidas no fueron otra forma de implantación de la propiedad
privada y de la libre iniciativa, que, a fin de cuentas, tuvieron un resultado estructural
(en cuanto concluyeron en una estructura económica industrial) parejo al del modelo
inglés. Por otra parte, también es necesario señalar que la situación protoindustrial
francesa no era la misma que la inglesa en 1789.
“El labrador, que no quiere meter papel (asignados) en su capital, vende de mala
gana sus granos. En cualquier otro comercio hay que vender para vivir de los
beneficios. El labrador, al contrario, no compra nada; sus necesidades no están en el
comercio. Esta clase está acostumbrada a guardar todos loa años en especies una
parte del producto de la tierra. Hoy prefiere conservar sus granos en lugar de amasar
papel”, SAINT-JUST, en un discurso a la Convención, del 29 de noviembre de 1792.
75
BARNAVE, en su discurso a la Asamblea, el 15 de junio de 1791: “¿vamos a terminar
la revolución o vamos a volverla a empezar...? Un paso de más sería funesto y
culpable; un paso más en la línea de la libertad sería la destrucción de la realeza; en la
línea de la igualdad, la destrucción de la propiedad...” Citado por A SOBOUL, La
revolución..., pág. 172
76
61
La amenaza exterior77 contribuía a desarrollar esta sensación de amenaza. La
confrontación civil amenazaba con convertirse en una guerra internacional. Se temía el
castigo por “las culpas revolucionarias”. Pero es que ante esta amenaza la situación
para afrontar una guerra era desastrosa: la economía desarticulada, la sociedad sin
cohesión, el ejército en una situación de desintegración 78. Además, se extendía la
conciencia de las conspiraciones del rey con las potencias extranjeras para restaurar el
AR.
Por último, la Constitución Civil del Clero (12 de julio de 1790) había provocado
la escisión entre refractarios (contrarios a esta ley y progresivamente
contrarrevolucionarios) y constitucionales. Las masas católicas acusaron el golpe, y
una parte considerable de ellas, guiadas por esos curas, corría el peligro de pasarse al
bando del AR. Los desórdenes y motines suscitados por ese tema lo atestiguaban.
Las opciones que barajaba el grupo innovador se pueden resumir en tres:
-Una alianza con las posiciones aristocráticas que condujese a la restauración del
orden en base a la vuelta a una sociedad del privilegio, aunque con reformas que
garantizasen la posición de los nuevos prebostes sociales.
-La opción girondina, de una dictadura de clase.
-La opción de la montaña de una dictadura con apoyo de las “masas79”
Analizaremos estas dos últimas con más detalle. En principio, tanto girondinos
como montañeses, más propiamente la fracción jacobina, son partidarios de una
SOBOUL, en La revolución...: “los emigrados que el conde de Provenza mantenía
unidos multiplicaban las provocaciones: publicación de un manifiesto anunciando la
invasión de Francia, ataques violentos contra la Asamblea, concentración de tropas a
las órdenes del príncipe de Condé sobre el territorio del elector de Tréves, en
Coblenza...” (pág. 178).
77
78
De los 12.000 oficiales, al menos la mitad había emigrado. Los efectivos totales no
superaban los 150.000 hombres, sumando las tropas regulares y los voluntarios
alistados en 1791. Las divisiones de la sociedad francesa habían llegado al ejército,
disociando al mando y a la tropa. La disciplina se resentía. El mando se componía de
generales “políticos” y de mediocres...
79
Desde este punto de vista, la concepción de la dictadura de los jacobinos fue
tremendamente “moderna” y a algunos autores les ha llevado a emparentarla con los
fascismos del siglo XX. Su utilización demagógica de las masas, su populismo (incluso
algunas de sus medidas tendentes a la reglamentación), su uso de la fuerza... conduce
a esa noción de dictadura consensuada tan querida por los dictadores de nuestro siglo.
62
dictadura80 Por no extendernos en las medidas finales: creación de tribunales
revolucionarios y comités de vigilancia o la institución de Comité de Salvación (6-4-93),
amparada en la proclamación de “la patria en peligro 81”, que conducía a la necesidad
de un período excepcional, en la medida en que se planteaba la existencia de un
enemigo doble: el exterior y el interior. Pero, los primeros optaron por una dictadura
directa de clase, del grupo innovador (que pretendía cohesionar hacia la derecha,
defendiendo la autoridad y el orden), que situaba frente a ella a todos sus enemigos,
especialmente a los de la izquierda; mientras que los jacobinos plantean una dictadura
de estado, que defiende, como es obvio, unos intereses, pero que pretende incluir en el
régimen especialmente a las masas, porque lo que se plantea como prioritario no es
defender unos intereses concretos sino al estado que los representa. Esta diferencia es
fundamental, porque explica el final de la dictadura jacobina: cuando las masas
estaban encuadradas dentro del aparato estatal (sus dirigentes “funcionarizados” o
admitidos en la nomenclatura, y sus instituciones “domesticadas” dentro del Estado)
dejó de tener sentido. Además da sentido a los vaivenes de la política jacobina.
Así, el período girondino condujo a una exasperación de las confrontaciones y a
un continuo ceder ante las presiones, que le llevaron a una política errática, que no
solucionaba los problemas que le habían dado origen. Por el contrario, el período
jacobino concluyó habiendo puesto las bases para el período termidoriano.
La doctrina girondina la podemos sintetizar en:
-Defensa del “orden”: “los desorganizadores son aquellos que quieren nivelar todo, las
propiedades, el bienestar, los precios de las mercancías, los diversos servicios que
pueden prestarse a la sociedad82”, poniendo los límites en la defensa de las
80
Las primeras medidas intimidatorias las tomaron los girondinos: el 27 de mayo de
1792 se decretaba que todo sacerdote que fuese denunciado por veinte ciudadanos de
su departamento sería deportado; el 29 de mayo, la supresión de la Guardia Real; y los
decretos de octubre-noviembre del año anterior contra los emigrados. En el mismo
sentido, la figura de los comisarios, como delegados-responsables del control del
ejército y los departamentos, la creación de un Tribunal Criminal Extraordinario
encargado de juzgar los crímenes contra el Estado, la imposición a clérigos y
funcionarios de jurar fidelidad a la Constitución, la autorización de registros
domiciliarios, el ataque contra las congregaciones y las manifestaciones públicas del
culto, etc. fueron obra de los girondinos. De la misma forma, el primer terror
(ejecuciones en las cárceles, 3.000 arrestos en dos días), desencadenado desde el 28
de agosto, con la ley de “sospechosos”, se dio bajo mayoría y gobierno girondino.
81
Proclamación girondina, del 11 de julio de 1792.
82
BRISSOT en Appel à tous les Républicains de France, sur la société des jacobins de
Paris, 1792.
63
instituciones, la propiedad83
PETION en Lettre aux Parisiens (1793), “vuestras
propiedades están amenazadas y cerráis vuestros ojos ante ese peligro. Se excita la
guerra entre aquellos que poseen y los que no poseen y no hacéis nada vosotros por
evitarla. Parisienses: salid al fin del letargo y haced entrar en sus guaridas a esos
insectos venenosos...” (los dos textos están sacados de A SOBOUL, La revolución...,
págs. 232 y 233) y el librecambismo (libertad del comercio de granos, el 8 de diciembre
de 1792).
-Defensa del federalismo y la descentralización, buscando el apoyo de bases sociales
más amplias para frenar el “avispero de París”.
-Defensa de la guerra84, que la entendieron (y la impulsaron) como la forma de
encontrar el consenso nacional, de poner a toda la nación en pos de un ideal común: a
las “masas” difundiendo una especie de “protonacionalismo 85” (colocar al enemigo
fuera y no dentro) que las incluyese en el deseado “consenso”, y a la derecha
obligándola a tener que optar entre la defensa de Francia o la colaboración con el
enemigo; a la par que la guerra serviría para reforzar los instrumentos del Estado:
ejército, administración, autoridad, etc... y consolidar los aparatos de “dominación”. Por
otra parte, los girondinos se manifestaron herederos de la tradicional grandeur
francesa, en dos sentidos:
1/Fueron expansionistas86. Para ellos la guerra tuvo el objetivo final de extender las
fronteras hasta el límite natural del Rihn.
2/Exaltaron el papel de Francia como “luminaria” de Europa: la guerra fue una guerra
de expansión de la “buena nueva” revolucionaria, de extensión de la libertad. También
en un doble sentido:
-Como la creación de estados amigos y correligionarios.
-Como arma militar-política: la extensión de la libertad suponía el debilitamiento de los
estados enemigos.
VERGNIAUD, el 10 de abril de 1793, ante la Convención: “desde la abolición de la
realeza he oido hablar mucho de la revolución. Me he dicho a mí mismo: no hay más
que dos posibilidades: la de la propiedad o ley agraria (parcelamiento y reparto de los
bienes de los emigrados y de los nacionales) y la que nos lleva al despotismo. He
tomado la firma resolución de combatir a la una y a la otra...”
83
“Un pueblo que ha conquistado su libertad después de diez siglos de esclavitud
necesita la guerra: es preciso la guerra para consolidarla...” BRISSOT, el 6 de
diciembre de 1791, respondiendo a los jacobinos en la Asamblea.
84
85
Llamamiento al alistamiento popular y levas.
86
Su política con los territorios ocupados lo demuestra.
64
No obstante estos principios, la situación fue empeorando progresivamente. En
el plano militar, tras los primeros éxitos87 vinieron sonados fracasos como el de la
ofensiva contra Holanda, o las pérdidas de Bélgica y los territorios renanos. El ejército
francés se encontraba el la primavera del 93 en una situación crítica: falto de efectivos
humanos (las primeras victorias se habían conseguido con una base de voluntarios,
que se habían alistado por una campaña y posteriormente abandonaron sus
regimientos), con escasas perspectivas de llevar a cabo una leva masiva88, con
recursos insuficientes (se financió en base a empréstitos forzosos, que levantaron
resistencias entre los adinerados, que tampoco demostraban gran entusiasmo con una
dirección girondina que no acababan de imponer orden) y con un fuerte malestar
interno entre la tropa y los mandos, la tropa regular y los voluntarios. La “conspiración”
de Doumoriez vino a colmar el vaso de los desaguisados militares.
Desde el punto de vista del movimiento popular los resultados tampoco eran
mejores. Alentadas y organizadas por la montaña, las masas se agitaban y
presionaban arrancando importantes conquistas a la debilidad girondina:
-El 10 de agosto de 1792, triunfó una insurrección que impuso la convocatoria de una
Convención, mediante sufragio universal, y la supresión de la monarquía. Resultado,
también, de este movimiento fueron otras medidas de segundo orden pero muy
significativas:
-Creación de un centro de poder alternativo en la Comuna de París.
-Las secciones parisinas adquieren el derecho a elegir a los jueces que
formarán el Tribunal Criminal Extraordinario.
-Establecimiento de “tribunales populares”
-Prohibición de las manifestaciones públicas del culto religioso.
-Medidas de requisa a los agricultores para abastecer los mercados.
-Abolición de los impuestos señoriales sometidos a “eredención”.
-Salida a la venta (desde el 14 de agosto, divididos en pequeños lotes) de los
bienes de los emigrados.
El resultado era una política errática: pretendiendo una dictadura de clase se
estaba consiguiendo fortalecer a la oposición, leyes restrictivas... La única coherencia
que se observaba era la tendencia a no aplicar las leyes contrarias a los ideales
girondinos que el movimiento popular le imponía. Este no cumplimiento excitaba aún
87
A finales de 1792, Francia controlaba Bélgica, Niza, Saboya, Spiro, Worms,
Maguncia y Francfort.
88
El 24 de febrero de 1793, la Convención aprobó una leva de 300.000 hombres, pero
tan apenas se reclutaron la mitad. La tradicional eversión popular a las levas, la forma
en la que se planteó el reclutamiento y la falta de apoyo popular al gobierno girondino
fueron las causas de este fracaso.
65
más el espíritu insurreccional de las secciones parisinas, entrando en un laberinto de
desórdenes, que hacía la situación insostenible para nuestra elite innovadora.
-El 31 de mayo de 1793 y el 2 de junio del mismo año, insurrección popular, con el
apoyo de la guardia nacional, que toma la Convención e impone el gobierno de la
montaña.
Desde el punto de vista económico, la situación también era desastrosa. La
emisión incontrolada de asignados había llevado su depreciación hasta el 50%, en
febrero de 1793. El acaparamiento originaba la escasez de alimentos básicos en las
ciudades y exacerbaba las tendencias inflacionistas, a la par que se desataba un fuerte
movimiento especulador. Las medidas reguladoras 89 aprobadas al calor de la presión
popular no se aplicaban o se hacía con una enorme laxitud, especialmente fuera de
París (y del control de las masa parisinas, y la economía entraba en una situación de
incertidumbre y colapso, que se veía amplificada por la frecuencia con la que se
producían desórdenes y motines de hambre (en el otoño del 92, fueron importantes los
de Lyón, Orleans, Versalles, París...). Sólo los negocios vinculados con el ejército iban
bien, pero estos caían en las manos de la burguesía próxima al poder y originaban un
ambiente de corrupción y descrédito que colaboraba a ampliar el ambiente de rechazo
al gobierno girondino.
Para que la situación de la revolución entrase en una fase agónica solo faltaba la
insurrección de los departamentos:
-En marzo de 1793 (el 10) comenzaba el levantamiento de La Vendée. La causa
directa fue el malestar ocasionado por la leva y la forma de llevarla a cabo, pero las
causas profundas se encuentran en la escasez y miseria en la que se encontraban las
masas campesinas, que se movilizaron tras las consignas de eclesiásticos refractarios
y aristócratas de provincias. El movimiento se expandió rápidamente por el noroeste
francés y hasta octubre permaneció invencible.
-En mayo de 1793 se inició un acercamiento -alianza- de los girondinos provinciales
con la aristocracia y la derecha de los departamentos, que pretendía contrarrestar el
peso cada vez mayor de la montaña en París. El resultado fue el desarrollo de
movimientos de persecución contra los jacobinos y montañeses y de políticas
obstruccionistas a las leyes izquierdistas que llegaban desde París, así como a sus
agentes (comisarios). Cuando los jacobinos tomen el poder, esta alianza se traducirá
en un levantamiento antiparisino y contrarrevolucionario que manchará la memoria de
los girondinos durante varias generaciones.
89
El 11 de abril de 1793, se decretó el curso forzoso del asignado; el 4 de mayo, el
“máximo almacenamiento” de granos en los departamentos; el 20 de mayo, un
empréstito forzoso de 1.000 millones.,
66
Los jacobinos eran una facción de la izquierda, a la que solemos denominar la
montaña, y que tenía otra tendencia más a la izquierda, que denominamos los
cordeliers, los más radicales representantes de los sans-culottes. Como hemos
señalado antes, los jacobinos practicaron una dictadura apoyándose en las “masas”
(muy especialmente parisinas). Conscientes de la necesidad de encontrar un consenso
social al régimen, llevaron a cabo políticas de atracción de las “masas”, pero sin
consentir que estas tomasen el control del poder. El objetivo final era controlar el
movimiento popular, introducir a las “masas” en el estado que la revolución (la elite
innovadora) había creado. No se trataba sólo de “aprovecharse” o utilizar a las
“masas”, se trataba de hacerles un sitio en el “nuevo régimen”. En nuestra opinión, si
las intenciones de una política se miden por sus resultados, la dictadura jacobina no fue
la dictadura del pueblo de París, sino que fue la que acabó con el afán reivindicativo de
ese mismo pueblo: en junio del 94, sus principales líderes habrán sido ejecutados o
estarán en la cárcel, las estructuras organizativas populares habrán sido destruidas o
habrán sido asimiladas por el régimen, y sus reivindicaciones aparecerán como utopías
o las habrá hecho suyas el nuevo estado.
En general, se puede decir que las bases del jacobinismo eran las pequeñas
burguesías precapitalistas (artesanos, pequeños comerciantes...), apartadas por el
censitarismo90 del poder y sometidas por el avance de la libertad de mercado y la
protoindustrialización a un proceso de deterioro inapelable; aunque contó con el apoyo
de los “desarrapados” o sans-culottes, que veían en el gobierno jacobinos la conclusión
de la revolución91 y el pago a sus esfuerzos y movilizaciones 92 desde 1789., la
extracción social de sus dirigentes se corresponde con la de los grupos sociales de la
JP MARAT: “Para concedernos el magro privilegio de ser considerados miembros de
un Estado, del que hasta el momento hemos soportado todas las cargas, del que
hemos realizado los deberes penosos... exigís inhumanamente de nosotros el sacrificio
de tres días de un trabajo que apenas si puede darnos el pan...” Textos escogidos,
Barcelona, 1973, pág. 215
90
91
ROBESPIERRE, en el plan (13 al 21 de julio de 1793) de Lepeletier de SaintFargeau, sobre la educación nacional, “ las revoluciones que se han venido sucediendo
durante tres años han trabajado para las otras clases de ciudadanos, casi nada todavía
para las más necesitadas, para los ciudadanos proletarios, cuya única propiedad es el
trabajo. El feudalismo está destruido, pero eso no sirve para ellos, pues nada poseen
en los campos liberados. Las contribuciones están repartidas de modo más equitativo,
pero por su misma pobreza esta clase es casi inaccesible al impuesto... La igualdad
civil está establecida, pero la instrucción y la educación les faltan... Aquí está la
revolución del pobre...” citado por A SOBOUL, La revolución... pág. 247.
JP MARAT: “ la filosofía preparó, comenzó, favoreció la actual revolución; esto es
incontestable: pero los escritos no bastan; son precisas acciones por lo tanto, ¿a qué
debemos la libertad, sino a los motines populares?...” en Textos escogidos, Barcelona,
1973
92
67
elite innovadora: “nosotros que éramos, nada menos, hombres bien nacidos u hombres
bien criados, honradas gentes y gentes como se debe ser, hombres de leyes y
financieros, togados u hombres de espada...” (ROBESPIERRE, en el Discurso sobre la
Constitución, el 10 de mayo de 1793).
Pasamos a analizar los principales aspectos del ideario jacobino:
-El eje sobre el que se produce esa “atracción” de las “masas” es la idea de igualdad.
Si para los girondinos y la derecha igualdad era igualdad ante la ley, para los jacobinos
“la enorme desproporción entre los recursos es la fuente de muchos males... Pero no
por ello estamos menos persuadidos de que la igualdad de bienes es una quimera 93".
Igualdad, pues, como equilibrio que evite desigualdades excesivas, que suavice la
miseria, porque la propiedad no se pone en duda94, pero se le ponen ciertos límites:
¿cuál es el primer objetivo de la sociedad? Garantizar los derechos imprescindibles del
hombre. ¿Cuál es el primero de estos derechos? El de existir. La primera ley social es,
pues, aquella que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios para
existir: todas las demás están subordinadas a ella. La propiedad sólo ha sido instituida
o garantizada para cimentarla, y es, ante todo, para vivir para lo que se tienen
propiedades...” de donde deviene, segun Robespierre, que “todo aquello que es
imprescindible para conservarla (la vida) es una propiedad común a la sociedad entera.
Sólo los excedentes son una propiedad individual 95”.
Este concepto de propiedad encuentra sus límites, pues, en el derecho a la
supervivencia de los demás, pero este derecho no justifica el ataque a la propiedad
ajena96, sino que ampara el derecho del Estado para regular la economía: con un
sistema fiscal progresivo, con requisiciones de productos, con la regulación del
mercado, etc...
De donde deviene otro elemento trascendental: su concepción de la “libertad de
mercado”: “la libertad del comercio es necesaria hasta que la codicia homicida
93
ROBESPIERRE, Discurso sobre la nueva declaración de derechos, 24 de abril de
1793, en Discursos, Madrid, 1968, págs. 97 y 98
94
Es recogida en el primer artículo de la nueva Declaración de Derechos del Hombre,
de 1793, “La propiedad es el derecho que cada ciudadano tiene a gozar y disponer de
la proporción de bienes que le ha sido garantizada por la ley”.
95
ROBESPIERRE, Discurso sobre las subsistencias, 2 de diciembre de 1792, en
Discursos... pág. 52 y 53.
96
Durante el gobierno jacobino no se realizaron expropiaciones a propietarios
“presentes” (sólo se facilitó el acceso a la propiedad con los bienes de los emigrados,
los bienes nacionales y los bienes comunales). Por el contrario, se respetó la ley del 18
de marzo del 93, que condena a pena de muerte a los defensores de la “ley agraria”,
del reparto de la propiedad agraria.
68
comienza a abusar de ella97”. Así, la libertad económica es buena, genera desarrollo y
riqueza, pero no es un valor absoluto98, como tampoco lo es la propiedad, requiere
moderación que evite el ahondamiento en la miseria de los más desfavorecidos. Los
limites que los jacobinos ponen (influidos por la coyuntura a la que les tocó hacer
frente) son la regulación99 parcial del comercio de granos en caso de escasez, la
implantación de una “economía de guerra” en esas circunstancias especiales y la
evitación del monopolio, la especulación-acaparamiento y el trato de favor. En realidad,
vemos que se trata de regulación en circunstancias especiales y de medidas que
perfeccionan el mercado.
Así, el mismo Robespierre, en el discurso de presentación de la nueva
Declaración de Derechos, decía: “¡almas de cántaro que sólo estimáis el oro! No voy a
embolsarme vuestros tesoros, por muy impuro que sea su origen...” dejaba claro, para
tranquilizar a los sectores de la llanura, que no pretendía cambiar el sistema de
propiedad, ni a realizar ninguna reforma agraria. La igualdad que predican se queda en
el subsidio a los indigentes y pobres (para los que se dictaron normas para el
establecimiento del primer sistema de seguridad social) y en la evitación de situaciones
de dislocación del mercado (carestías y escaseces), que son analizadas por los
jacobinos en la vertiente moral -injusticia- y política -crea el malestar entre los sansculottes-.
-Desde el punto de vista político, destacaremos varias ideas clave:
a/ Los jacobinos se autodefinen como patriotas, en el sentido en que anteponen
los intereses de la revolución a los suyos propios, acuñando el tipo de militante
concienciado, auténtica vanguardia de las masas. A partir de este momento,
jacobinismo se asociará a conspirador, a sociedad secreta y a heroísmo. El
97
ROBESPIERRE, ver cita 1.
ROBESPIERRE: “en todo país donde la naturaleza colma con prodigalidad las
necesidades de los hombres, la escasez no puede ser imputada más que a los vicios
de la administración o de las propias leyes... Es un hecho generalmente admitido que el
suelo de Francia produce mucho más de lo necesario para alimentar a sus habitantes,
y que la escasez presente es una escasez artificial...” Discurso sobre las
subsistencias... pág. 51 y 52
98
99
Las principales leyes jacobinas sobre el tema son: la ley sobre acaparamiento de 26
de julio del 93; la ley de precios y salarios máximos de 29 de setiembre, la ley de
empréstito forzoso de 10 millones para socorros sociales y la lay de 22 de octubre que
estableció la Comisión de subsistencias. No obstante, la aplicación de estas leyes no
fue rigurosa, exceptuando el caso de los salarios y del precio del trigo, adoptando una
actitud transigente y relativista con respecto a su aplicación, que se puso en
consonancia con la situación concreta que se atravesaba. El lugar donde más se
aplicaron las medidas reglamentistas fue en París. Muchas de estas medidas se
aplicaron más con funciones militares (buscando una economía de guerra) que civiles.
69
romanticismo exaltará esta imagen de la entrega por unos valores superiores.
Robespierre definía así a su grupo: “desde el comienzo de la revolución, han
permanecido ajenos a todas las facciones, imperturbablemente ligados a la causa del
pueblo... han seguido por el mismo camino en busca del único objetivo de toda
constitución libre, el reino de la justicia y de la igualdad... se han dado a conocer en la
Revolución del 10 de agosto y... quieren que haya sido hecha para el pueblo y no para
una facción...” (La influencia de la calumnia sobre la Revolución, discurso del 26 de
octubre de 1792). Frente a ellos, los moderados y los girondinos son políticos
interesados, que ponen la acción al servicio de su beneficio, son traidores y engañanutilizan al pueblo. Para los jacobinos, todos los grupos a su derecha son representantes
de los intereses aristocráticos, que materializan en: defensa de la monarquía, del
censitarismo y de la desigualdad100.
A la izquierda, los cordeliers son tachados de servir a los intereses de la
contrarrevolución. El argumento es muy significativo: aquellos que luchan desde fuera
del sistema y contra él, debilitan la revolución y hacen el juego a la reacción. Las
soluciones no se encuentran fuera del Estado, sino dentro de él, en la lucha política por
llegar al poder. La crítica a la utopía y a los “excesos” se centra en el debilitamiento del
estado y en el alejamiento del pueblo del mismo. Decíamos significativo porque señala
muy bien el papel que les tocó jugar a los jacobinos: el asentamiento del Estado, con el
consenso de las “masas”. “Los conjurados predicaban la pobreza. Hambrientos de oro
y de poder, predicaban insolentemente la igualdad para hacerla odiosa. La libertad era
para ellos la insolencia del crimen; la revolución, un comercio; el pueblo, un
instrumento; la patria, una presa. Incluso el poco bien que trataban de hacer no era
sino un pérfida estratagema para ocasionarnos más fácilmente daños irreparables... No
se atrevían a decirle (al pueblo): el hijo del tirano, u otro Borbón, o bien uno de los hijos
del rey Jorge, te harían feliz. Le decían, en cambio: eres desgraciado. Le dibujaban el
cuadro de la escasez que ellos mismos trataban de aumentar... No le decían que su
libertad valiese algo; que la humillación de sus opresores y las restantes consecuencias
de la Revolución fuesen bienes muy apreciables, que siguiera combatiendo por ellos...”
(Robespierre, Sobre las relaciones de las ideas religiosas y morales con los principios
republicanos y sobre las fiestas nacionales, 7 de mayo de 1794).
b/ Tradicionalmente se ha considerado a los jacobinos como los defensores de
gobiernos despóticos (“el despotismo de la libertad”), seguramente al hilo de las
“Desde el principio, han aterrorizado a los ciudadanos con el fantasma de una ley
agraria, han separado los intereses de los ricos y de los pobres, se han ofrecido a los
primeros como sus protectores frente a los sans-culottes, han atraído hacia su partido a
todos los enemigos de la igualdad. Se han adueñado del gobierno y de todos los
cargos, han copado los tribunales y los cuerpos administrativos, se han hecho
depositarios del tesoro público. Y utilizan todo ese poder para frenar los progresos del
espíritu cívico, para reanimar la monarquía y para resucitar la aristocracia, para oprimir
a los patriotas convencidos, para proteger a los moderados hipócritas...”
ROBESPIERRE, Contra Dumouriez y los girondinos, 10 de abril de 1793, en
Discursos... pág. 69
100
70
lecturas marxistas de la revolución, que implican una fase de “dictadura del
proletariado”. Ahora bien, los jacobinos diferenciaron bien entre el modelo de gobierno
que gobierno que correspondería a una etapa de normalidad, de estabilidad, que se
correspondería con lo que podemos denominar “república constitucional 101", y el
modelo de gobierno para momentos excepcionales, en los que lo fundamental es
defender la revolución: “la Revolución es la guerra de la libertad contra sus enemigos;
la Constitución es el régimen de la libertad victoriosa” (Discurso de Robespierre a la
convención, el 25 de diciembre de 1793). Esta excepcionalidad de la situación viene de
la declaración de la patria en peligro, peligro ocasionado por los enemigos exteriores e
interiores102, que buscan el mismo objetivo: la destrucción de la revolución. Para ello,
utilizan las armas, la conspiración-debilitamiento del estado y el estrangulamiento
económico. Por ello, se impuso una política de guerra (“Entendamos, por fin, que
estamos en estado de guerra, que la seguridad del pueblo es ley suprema, y que todo
medio es bueno, cuando es eficaz, para deshacerse de pérfidos enemigos que se han
situado por encima de las leyes y que no dejan de conspirar contra la felicidad
pública103”), que tiene su principal arma en el terror, entendido como ejercicio autoritario
del poder y como utilización de la intimidación 104.
101
Ahí está la redacción de la Constitución de 1793, que no se aplicó, sino que quedó
en suspenso hasta que pasase el “peligro”. “Para fundar y para consolidar la
democracia entre nosotros, para llegar al reino pacífico de las leyes constitucionales, se
hace preciso terminar la guerra de la libertad contra la tiranía, y atravesar felizmente las
tormentas de la revolución: tal es el objetivo del régimen revolucionario...”
ROBESPIERRE, Sobre los principios de moral política que deben guiar a la
Convención nacional en la administración interior de la República, 5 de febrero de
1794, en Discursos... pág.141.
“En el exterior, los tiranos nos cercan. En el interior, todos los amigos de la tiranía
conspiran... Hay que ahogar a los enemigos exteriores o interiores o perecer con ella
(la patria)” y “No se debe protección social más que a los ciudadanos pacíficos, y los
únicos ciudadanos de la República son los republicanos. Los realistas y los
conspiradores sólo son para ella extranjeros, o mejor aún, enemigos. La terrible guerra
que contra la tiranía sostiene la libertad es indivisible...”ROBESPIERRE, Sobre los
principios... pág. 148 y 149. Y “los enemigos interiores del pueblo francés se han
dividido en dos partes... Caminan bajo banderas de diferentes colores y por caminos
distintos; pero caminan hacia el mismo objetivo. Tal objetivo no es sino la
desorganización del gobierno popular, la ruina de la Convención, es decir, el triunfo de
la tiranía...” pág. 153
102
103
MARAT, Textos escogidos... pág. 205
“Si la fuerza del gobierno popular en la paz es la virtud, la fuerza del gobierno
popular en la revolución es a la vez la virtud y el terror: la virtud porque, sin ella, el
terror es funesto. El terror porque, sin él, la virtud es impotente. El terror no es otra cosa
que la justicia actuando con rapidez, con severidad, con inflexibilidad...”
ROBESPIERRE, Sobre los principios... pág. 148 Y MARAT: “nadie más que yo
aborrece la efusión de sangre; pero para impedir que se derramen ríos, os incito a que
104
71
Para ejercer el terror se utilizaron varios instrumentos:
-La implantación de la idea de “sospechoso”.
-La institución de tribunales especiales y de procesos sin garantías.
-La utilización de medios arbitrarios en las detenciones y enjuiciamiento.
-El otorgamiento a instituciones populares irregulares del papel de
policía.
-Una escenificación (ejecuciones públicas) de los castigos.
-La utilización abundante de la pena capital.
No obstante, los jacobinos procuraron regular el terror, utilizándolo como arma
política. Desde su llegada al poder, intentaron frenar el terror ciego que encarnaban los
movimientos populares parisinos, procurando dosificarlo y, sobre todo, ponerlo bajo el
control del Estado. Las cifras que da Soboul son para París: 1.500 detenidos (en
prisión) hasta finales de agosto del 93, que se amplían a 2.398 a principios de octubre y
4.525 a finales de año; en el momento de máximo apogeo, en junio del 94, las cárceles
de París albergaban a 8.000 detenidos. En cuanto a la aplicación de la pena capital, las
cifras fueron en aumento, conforme se iba “desgastando” el poder jacobino; así, entre
octubre y diciembre, se quitó la vida a 177 personas, pero en junio del año siguiente,
las cifras llegaban a 1.376. En provincias, el terror dependió del afán represor de los
representantes públicos y, especialmente, del grado de sumisión que la población
demostraba al nuevo régimen. Los casos más llamativos fueron Nantes, donde entre
2.000 y 3.000 personas fueron eliminadas, entre diciembre y enero, por el terrorífico
sistema del ahogamiento en el río, como consecuencia del fracaso del movimiento de
la Vendé; y Lyón, donde se ejecutó a 1667 personas.
c/ Dejando de lado lo que consideramos régimen excepcional, los jacobinos
realizaron una constitución y reflexionaron sobre el modelo estado que se correspondía
a su visión política, elaborando varios conceptos de una gran modernidad. Parten de un
concepto de libertad como ejercicio de la participación: “la democracia es un estado en
el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son obra suya, realiza por sí mismo
cuanto puede realizar, y por medio de delegados cuanto no puede realizar por sí
mismo105". Pero no se trata de una democracia directa, asamblearia, como defendían
los cordeliers (“la democracia no es un estado en el cual el pueblo, constantemente
reunido, regule por sí mismo todos los asuntos públicos... semejante gobierno no ha
existido nunca, y si existiera sólo podría volver a llevar al pueblo el despotismo”), sino
del ejercicio de la participación y el control sobre las instituciones, que se ejercita
derraméis unas gotas. Para conciliar los deberes de la humanidad con el cuidado de la
seguridad pública, os propongo diezmar a los miembros contrarrevolucionarios de la
municipalidad, del departamento, a los jueces de paz y a la Asamblea nacional...”
Textos... pág. 193
105
ROBESPIERRE, Sobre los principios... pág. 141.
72
mediante la limitación106 del poder de las mismas, el desarrollo de instituciones
“populares” legales107, la prensa (el caso de Marat es significativo) y la asunción del
principio de la responsabilidad de los gobernantes.
Frente a esta idea del poder compartido, se opone la libertad entendida como
equilibrio de poderes, que es censurada: “este equilibrio no puede ser más que una
quimera o una calamidad pública, que supondría la nulidad absoluta del gobierno,
cuando no ocasionase necesariamente la alianza de poderes rivales en contra del
pueblo108". Así, el postulado liberal según el cual la libertad dependía de la no opresión
del estado, que se conseguía neutralizando, por medio de la división de poderes, la
tendencia de la autoridad a extralimitarse, conducía a entender la libertad como un
ejercicio individual garantizado por la no intervención estatal. Los jacobinos comienzan
a entrever un concepto más complejo y más moderno, la libertad como ejercicio del
poder109, como derecho a participar a intervenir en las decisiones. En este sentido,
sometieron su Constitución a referéndum e impusieron el sufragio universal.
Pero el desarrollo de esta participación y, en general, el correcto funcionamiento
del Estado requieren del desarrollo del civismo, de la virtud, que los jacobinos
entienden como una mezcla de moral pública y privada 110, de capacidad para imponer
“Evitad la antigua manía de los gobernantes a querer gobernar demasiado. Dejad a
los individuos, dejad a las familias el derecho a hacer aquello que no perjudique a los
demás. dejad a las comunas la facultad de normalizar por sí mismas sus propios
asuntos...” ROBESPIERRE, Sobre la Constitución, 10 de mayo de 1793, en
Discursos... pág. 121.
106
107
Dentro del Estado. No se trata de que las organizaciones de la trama social
intervengan en el estado, sino de institucionalizarlas. Por ello, se frenaron y luego se
disolvieron los comités de vigilancia, el ejército revolucionario, los comisarios de
acaparamientos, las sociedades populares... “La democracia perece por dos abusos: la
aristocracia de los que gobiernan o el desprecio del pueblo hacia las autoridades que el
mismo ha establecido, desprecio que hace que cada camarilla y cada individuo atraiga
hacia sí mismo el poder público y conduzca al pueblo, por los abusos del desorden, al
aniquilamiento o al poder de uno sólo...” ROBESPIERRE, Sobre los principios... pág.
161.
108
ROBESPIERRE, Sobre la Constitución...pág. 118
“Sólo hay un tribuno del pueblo que yo pueda reconocer: el propio pueblo”
ROBESPIERRE, Sobre la Constitución... pág. 119.
109
“Hay dos clases de egoismo. Uno, vil, cruel, que aisla al hombre de sus semejantes,
que busca un bienestar exclusivo al precio de la miseria de los demás. El otro,
generoso, bienhechor, que confunde nuestra felicidad en la felicidad de todos, que
asocia nuestra gloria a la de la patria...” ROBESPIERRE, Sobre las relaciones... pág.
173 y 174.
110
73
los interés colectivos sobre los privados, y que nosotros definiríamos como la
imposición de la “hegemonía” ideológica: la aceptación del Estado como el campo en el
que se deben resolver los problemas. Este desarrollo de la virtud se deja en manos de
la educación, que es otro elemento de modernidad: la implantación 111 de una
enseñanza pública, obligatoria y homogénea es el arma principal que utiliza el Estado
para crear a sus “ciudadanos modelo”. El nacionalismo será el que utilizará por primera
vez de forma consciente y sistemática este mecanismo, al que deben su éxito el idioma
alemán o el italiano.
d/ La Constitución de 1793. Fue redactado en muy pocos días, siete, y es la
plasmación del modelo de estado jacobino, que no se pudo llevar a cabo, porque el
gobierno la dejó en suspenso, adoptando formas de excepcionalidad, que se
justificaron en la gravedad de la situación que atravesaba el país. No obstante,
conviene que resaltemos los aspectos más destacados:
-La República aparece como el sistema más justo, porque “no reconoce otro poder que
el del pueblo soberano” (art. VI). La monarquía se corresponde a las formas de
gobierno aristocrático.
-Sustituyó el concepto de “nación” por el de pueblo, más amplio e igualitario. Así, se
establece el sufragio universal masculino para los mayores de 25 años.
-Da la primacía al poder legislativo que nombra y controla al ejecutivo. No obstante, se
deja a los poderes cantonales una amplia autonomía para realizar reglamentos y
ordenanzas que articulen la vida colectiva.
-Se establece la división de poderes y las limitaciones de estos, tanto temporales como
funcionales. Se manifiesta una gran preocupación por el mal ejercicio del poder:
prevaricación y corrupción, para lo que se establecen normas fiscalizadoras de las
fortunas de los representantes populares y un tribunal encargado de estos casos.
-Los derechos individuales se recogen el la Declaración de 1793, que se establece
como el pilar de la Constitución:
-Derecho a la propiedad
-Derecho al trabajo y a la asistencia social (como limitación de la propiedad.
-Igualdad de derechos
-Derecho de reunión.
-Derecho a la educación.
-Derecho a todas las funciones públicas.
-Derecho a conocer las deliberaciones de las instituciones.
-Derecho a la insurrección frente a la opresión.
En general, podemos decir que es una constitución liberal que introduce tres
variantes:
111
Afirmada en el artículo 22 de la Declaración de Derechos del Hombre de 1793. El 21
de octubre del mismo año se instituyeron las “escuelas primarias del Estado”, y el 19 de
diciembre se ordenó la creación de una red nacional de escuelas primarias,
obligatorias, gratuitas, laicas y controladas por el Estado.
74
-Una ampliación de las libertades públicas.
-Un desarrollo de las medidas de protección social.
-El sufragio universal.
e/ El insurreccionalismo. El jacobinismo, tras su derrocamiento el 9 de termidor
(27 de julio de 1794), fue el alma de los movimientos revolucionarios hasta 1848. Su
populismo, sus propuestas, sus modelos organizativos y su moral militante están
presentes en todos los movimientos democráticos de la primera mitad del siglo XIX. Es
más, las autoridades constituidas tachaban de “jacobinos” a los movimientos que se les
oponían, asociando la idea de jacobino a la de “anarquía”, desorden y despotismo. La
sombra del terror acompañó a la imagen del jacobinismo durante mucho tiempo. No
obstante, es cierto que el jacobinismo acuñó una idea de la insurrección y, con sus
hechos, dejó establecido un modelo. Analicémoslo.
El punto de partida es la idea de “orden”: “la fuente del orden es la justicia... la
más firme garantía de la tranquilidad pública es la felicidad de los ciudadanos... Las
largas convulsiones que desgarran a los Estados no son sino el combate de los
prejuicios contra los principios, del egoísmo contra el interés general112...” Por eso, todo
régimen que se basa en la desigualdad es opresor, y el pueblo tiene el derecho
“natural” a rebelarse contra él, y el artículo XXIX de la Declaración de Derechos lo
plantea: “la insurrección es el más sagrado de los derechos y el más indeclinable de los
deberes del pueblo... cuando el gobierno viola los derechos del pueblo”. No se trata de
un argumento “presentista”, establecido al albur de los acontecimientos, sino de un
postulado político de calado: la insurrección es la manifestación extrema del derecho a
la participación, a la libertad. Robespierre, en el discurso del 28 de octubre del 92,
señalaba: “llamar doctrinas destructoras del orden público a las máximas filosóficas
aplicadas a la organización de las sociedades políticas; denominar anarquía al
derrocamiento de la tiranía; disturbios, desórdenes y facciones a los movimientos de la
Revolución...” es el argumento de la reacción para aniquilar el movimiento popular,
porque “el pueblo es naturalmente recto y pacífico... siempre lo guía una intención
pura”, “los males de la sociedad nunca vienen del pueblo, sino del gobierno... el interés
del pueblo es el bien público, el interés del hombre que tiene una cierta posición es un
interés privado”. Pero hay peligros: “a veces son los mismos hombres que soliviantan al
pueblo para encontrar un pretexto de degollarle y para convertir la propia libertad en
algo terrible... (aunque) cualquiera que, sobre todo, conozca al pueblo francés, sabe
que no está al alcance de cualquier insensato o de cualquier mal ciudadano sublevarlo
sin ninguna razón contra las leyes que ama, y menos aún contra los mandatarios que
ha elegido y contra la libertad que ha conquistado...” El limite se encuentra en la
efectiva igualdad política, todo movimiento que conduzca a la primacía de unos
individuos sobre el conjunto es censurable: así, Robespierre critica (y condenó) a los
movimientos hebertistas porque “trataban de encadenarlo (al pueblo) por medio de la
subversión, por la rebelión...”
112
ROBESPIERRE, Sobre las subsistencias... pág. 63
75
La insurrección se establece, pues, como el arma definitiva, como la garantía de
la libertad y se desdramatiza la fenomenología revolucionaria y se asocia la idea de
“orden” con la de los intereses que la defienden. Marat señala: “es la moral de los
hombres que han conseguido dignidades y poder. Entre los abusos de la autoridad y
los horrores de la tiranía, no hablan más que de apaciguar al pueblo, no trabajan sino
para impedir que se entregue a su justo furor113".
Pero este derecho a la insurrección tiene unos cauces en la Constitución:
“cuando los derechos del pueblo sean violados por un acto del poder legislativo o del
gobierno cada departamento podrá someterlo a examen del resto de la República, y las
asambleas primarias se reunirán en el plazo que se determine, para manifestar su
opinión sobre este punto” (art. XIX). El derecho de insurrección no es algo absoluto,
hay que diferenciar situaciones: frente a un estado esencialmente opresor, la
insurrección se desarrolla contra ese estado para establecer otro; frente a un estado no
opresor, que comete errores, el movimiento se desarrolla dentro del mismo. Asunto
muy importante, pues, es la clave para entender el período jacobino: apoyándose en el
movimiento popular lo neutralizo como enemigo del sistema.
Veamos el modelo de insurrección contra el estado opresor, que es el que
perdurará. Se entiende al pueblo organizado en sociedades patrióticas114, clubes, etc.
que son los mecanismos de concienciación y de acción. Acción sobre los centros de
poder (toma de la Asamblea e imposición de medidas, conquista de la guardia
nacional...), por eso son esencialmente urbanas (ya hemos señalado anteriormente la
nueva configuración territorial que se estaba imponiendo). En realidad, los movimientos
populares del período adoptaron formas de motín: levantamiento súbito y ataque
directo contra la autoridad que se consideraba culpable, por lo que se les podría
considerar herederos de los motines del AR. No obstante, hay una varias de
novedades que los hacen distintos y contemporáneos:
-Exigen un trabajo previo de preparación (conjura o conspiración).
-Se plantean la toma del poder, para ejercerlo según sus intereses.
-Tienen objetivos políticos, aunque partan de reivindicaciones
económicas.
No obstante, perviven elementos precedentes:
-Confían en el papel de una minoría de concienciados, no se plantean como un
movimiento de masas que cree una nueva “hegemonía”, sino como la acción
contundente de un grupo para conseguir unos fines concretos, confiando en que la
113
Textos escogidos... pág. 184
MARAT, Textos... pág. 198: “cuando se trata de impedir que la patria perezca, las
sociedades patrióticas tienen derecho a ser, no sólo sociedades deliberantes, sino
activas, represivas, punitivas, homicidas, tras haber agotado vanamente todas las vías
legales de reprimir a los enemigos públicos...”
114
76
bondad de esos fines generará el consenso que justificará la acción. De aquí el
extraordinario papel de París en el proceso revolucionario
-Entienden el poder como el gobierno, la autoridad, sin entrar en consideraciones más
profundas sobre la raíz de ese poder o las múltiples formas en las que ese poder se
ejerce a nivel económico, social, cultural, etc.
-Carecen de alternativas globales, sólo pretenden cambios parciales.
-Se marcan un campo de acción limitado: la ciudad, la región, sin aspirar a extender el
movimiento más allá. Hacen suyo su territorio y esperan a que las fuerzas represivas
del Estado acudan para enfrentarse a ellas.
Los jacobinos accedieron al poder tras el levantamiento insurreccional del 2 de
junio de 1793, pero, y a nosotros nos parece lo más importante, contaron con el
respaldo de la mayoría de la Convención, la llanura. En este sentido, no nos parece
apropiado entender el período jacobino como el resultado de la presión popular,
preferimos interpretarlo como la adopción por parte de la elite innovadora de la opción
jacobina por las ventajas que reportaba y cayó cuando esa mayoría de la Convención
consideró que ya no se daban esas circunstancias excepcionales y que esa dictadura
ya había cumplido sus objetivos: victorias militares, paz interior, inclusión del
movimiento popular en el sistema. Como señala SOBOUL, “no teniendo que temer una
nueva jornada revolucionaria ahora que el movimiento popular había sido domesticado,
¿qué razón podía haber para que la Convención soportase por más tiempo la tutela de
los comités”.
1.6. La consolidación de la burguesía. 1794-1848.
Del 22 de julio de 1794 al 9 de noviembre de 1799 dura el período que suele
denominarse “la república burguesa”, que acoge al período de Convención
termidoriana y al del Directorio. Tras la experiencia jacobina y quebrado el sistema
organizativo de las masas (parisinas, especialmente), la elite innovadora va a iniciar un
período en el que va a asentar las bases de su cohesión hacia arriba, buscando
resolver definitivamente el problema de la antigua aristocracia del AR y su inclusión en
el nuevo grupo social de poder. Este período dura hasta 1830, cuando comienza a
hacerse importante el problema de la integración del pueblo en el Estado, de los
sectores bajos de la burguesía en la elite del poder. Mientras tanto, de 1794 a 1830,
una situación económica más favorable, la represión y la difusión de los primeros mitos
ideológicos burgueses (patriotismo, nacionalismo, progreso, igualdad ante la ley,
necesidad de orden...) van a mantener a esas “masas” apartadas y controladas.
Analicemos la situación.
En la Francia de 1794, se había consolidado un grupo que había capitaneado la
Revolución y que había sacado provecho de ella (le había concedido un nivel social
preponderante). Este grupo, al que nos parece prematuro denominar “burguesía 115”
115
Está constituido por un aglomerado de aristócratas reciclados, antiguos funcionarios
liberales, rentistas de la tierra, nuevos propietarios de bienes inmuebles agrarios,
profesiones liberales y burguesía de los negocios (negocios de la guerra, el comercio,
etc..).
77
tiene una clara conciencia de que ni quiere un retorno al Antiguo Régimen, ni una
vuelta a los excesos jacobinos. El miedo a una revancha de los emigrados 116 se unía al
miedo a la abrogación de las compras de los bienes nacionales, y al pánico ante
posibles nuevos “excesos” populares. Se trata de una etapa en la que va a predominar
la idea de orden, del nuevo orden. Para consolidarlo, que es de lo que se trataba, se
perseguirá la progresiva integración de los representantes del “antiguo orden (AR)” en
el nuevo. Los elementos que se utilizarán para este fin serán: la garantía de la
propiedad y la indemnización por las expropiaciones, la concesión de derechos
políticos (parcelas de poder) a la aristocracia hasta ese momento excluida, y la sujeción
de las “masas”. Será un proceso largo, en Francia dura hasta 1830, que tiene diversas
etapas.
La fase de la “república burguesa” representa un primer estadio de transición,
pero marca el inicio de lo que será la ideología liberal, en un sentido estricto. Tras la
experiencia jacobina, que no se va a olvidar (el terror no sólo no se va a olvidar, sino
que constituye un fantasma que va a acompañar a esta conciencia política durante todo
el período), se pretende un Estado que conjugue dos características:
-Un ejecutivo débil, incapaz de una nueva dictadura, que se corresponda a un estado
limitado a la manera del liberalismo inglés, propio de una situación en el que los grupos
“del poder” se sientes y se encuentran sólidamente asentados. La Constitución del año
III establece, como expresión de este ejecutivo, el Directorio, compuesto de cinco
miembros117, elegidos por los Antiguos de una lista que presentaba la asamblea de los
Quinientos, la renovación se establecía que sería de un miembro cada año. Se trataba
de impedir que el ejercicio del poder generase tentativas a perpetuarse en el mismo.
Las funciones de este ejecutivo eran: velar por la seguridad de la República, la jefatura
de las fuerzas armadas (tenían prohibido acercarse más allá de un perímetro trazado
en torno al Legislativo), proponer la guerra y la paz y formular órdenes de detención.
Pero no tenían facultad para tomar iniciativas legislativas, ni derecho de veto ni derecho
a asistir a las sesiones del Legislativo.
-Un sistema de representación que impidiese que el Legislativo se escapase de las
manos de esta elite innovadora. Se establecía un sistema de sufragio censitario118 e
116
Prácticamente hasta 1830 no desaparecerá el miedo a una revancha borbónica
contra los que votaron a favor de la condena a Luis XVI y los que promovieron las
represiones contra los “blancos” o realistas.
117
Actuaban colegiadamente, aunque uno ejercía la presidencia trimestral. Estaban
acompañados por los ministros.
118
Electores todos los contribuyentes y elegibles aquellos que tuviwesen bienes
estimados entre 100 y 200 jornadas de trabajo.
78
indirecto, en la declaración de derechos no se proclamó la libertad de prensa119, y se
establecía un sistema bicameral120, buscando un sistema de contrapeso a las, ya
citadas”, “posibles veleidades” de la opinión 121 -Se genera un contradicción en la
ideología liberal: defensores de la minimización del Estado, apuestan fuerte por él
(comienza a aparecer la razón de Estado) cuando se trata de mantener el orden.. La
cámara baja era la de los Quinientos, cuya misión era la proposición de leyes, que
aprobaba la cama alta, la de los Antiguos, compuesta de doscientos cincuenta
miembros, pero que no podía enmendar las proposiciones de la cámara baja.
El ideólogo de esta concepción liberal del poder fue CONDORCET (1743-1794),
que ya había elaborado el proyecto de constitución girondina. Dos ideas nos interesan:
-La política entendida como ciencia, que descubre a los hombres las leyes de la vida
social y le permite ser libre y feliz. De tal forma, que cabe suponer el establecimiento de
un grupo de “científicos-políticos” que serían los portadores de estos conocimientos
superiores, hasta que el pueblo no fuese instruyéndose. Amén del papel de la
educación en la política y del sentido restringido del ejercicio político que supone esta
concepción, interesa una reflexión sobre el carácter educado de la acción política,
entendiendo por educado reflexionado, ponderado, acorde con las leyes del
comportamiento social, todo lo contrario de la “anarquía” y el desorden de los
movimientos (¿”furores”?) incontrolados jacobinos.
-La idea de progreso como base del nuevo régimen, que se fundamenta en la
capacidad humana para innovar (Razón), sojuzgada en el AR por el privilegio y la
opresión. La Revolución ha traído el reino del individualismo y del progreso. Las
desigualdades sociales existen y no son buenas, el progreso las irá progresivamente
amortiguando. No se trata de realizar un cambio brusco que acabe con el
individualismo (libertad de comercio, de empresa, igualdad ante la ley, etc...), que es la
base del progreso -porque es el fundamento de la creatividad y el desarrollo-, sino de
dejar tiempo y encauzar ese individualismo. Este es el papel del Estado: armonizar el
119
Se trataba de controlar la opinión pública: no se hacían prohibiciones expresas, pero
se dejaba la prerrogativa de actuar contra la formación de corrientes de opinión
adversas.
120
Elegidas las dos por tres años, con renovación anual de un tercio.
121
La idea que se va imponiendo es la de asegurar la continuidad del Estado frente a
los posibles cambios que se puedan producir en las opiniones. Es importante remarcar
esto porque es significativo :
-El Estado se está convirtiendo en el valladar que los intereses del grupo
dominante oponen a la anarquía de los de las “masas”, en el “armonizador”, el
regulador de la vida social. La igualdad, definida expresamente en la Declaración de
Derechos como igualdad ante la ley, como el elemento central de las relaciones
sociales.
79
interés particular para progresivamente ir adaptando la desigualdad real a la igualdad
de oportunidades. Este papel social progresista se plasma en cuatro políticas:
-Fomentar el desarrollo económico que llevará el bienestar a la mayoría.
-Desarrollar sistemas de seguridad social que amortigüen las desigualdades excesivas.
-Favorecer sistemas de crédito para los menos pudientes que permitan su acceso a la
propiedad.
-Desarrollar la educación, fomentando la igualdad de derechos (enseñanza pública,
homogénea y universal).
El planteamiento de la idea de progreso, como constante y caracterizadora del
régimen establecido fue importante, pero lo fue más el hecho de que a partir de ese
momento fue el arma dialéctica e ideológica de la elite innovadora contra la idea de
revolución. El consenso en el seno de esta elite se realizará sobre la base de este
progreso, que se entenderá como desarrollo, y con las “masas” como mejora del
bienestar que debe devenir de este “desarrollo”. La crítica a las doctrinas
revolucionarias se centrarán en que no promueven el desarrollo, el crecimiento, que
generan pobreza (equiparación de igualitarismo y empobrecimiento). Los partidos
progresistas serán los que, desde dentro, pugnen por conjugar desarrollo y medidas
sociales para “hacer extensivo el desarrollo a todas las clases sociales”.
El resultado de esta “composición” constitucional fue un estado escasamente
eficiente. Las trabas a cada una de las instituciones eran excesivas y la
descoordinación entre ellas grande. El resultado fue un clima de inestabilidad, que era
justo lo contrario de lo que quisieron crear los hombres de termidor. Clima de
inestabilidad que se venía incrementado por el desarrollo de movimientos (de opinión e
insurrecciónales) de los realistas -alentados por el apaciguamiento de la Revolución y
las ideas de orden122 de la elite innovadora-, y de los neo-jacobinos, que ven como las
conquistas del 93 se perdían irremediablemente. La respuesta del Estado ante estos
movimientos fue la represión123, que lo fue dejando, cada vez más, en manos de los
aparatos de dominación, especialmente, el ejército. La trama constitucional carecía de
eficacia y obligaba a los grupos de poder a recurrir a las fuerzas armadas.
La evidencia de esta realidad se fue imponiendo y condujo al período
bonapartista. El golpe de brumario, desde esta perspectiva, no fue sino la
122
No olvidemos que se está intentando integrar a los grupos de orden del AR en la
nueva elite.
123
Represión a los motines de hambre de mayo-junio del 95, al movimiento monárquico
de 13 de vendimiario; golpe de estado de 18 de fructidor del año V ante los avances
electorales de lo monárquicos; represión, en mayo del 97, del movimiento de Baboeuf;
golpe de estado del 30 de pradial del año V (dirigido por Sièyes) para imponer “orden”;
destitución del general Bernardotte ante la creencia de que estaba preparando un golpe
de estado jacobino.
80
continuación124, corrigiendo errores125, del período de “república burguesa”. El
comienzo, con reveses, de la guerra general, las revueltas realistas en provincias y el
avance jacobino en París, vuelven a ser argumentos para la excepcionalidad, en este
caso de un golpe de estado y de un cambio constitucional “desde dentro”, de
establecer el sistema político que la elite innovadora necesitaba para afrontar los retos
del Estado y consolidarse “hacia arriba”.
La idea central, expresada por Napoleón, es: “la revolución ha cristalizado
conforme a los principios que le dieron comienzo, ahora ha concluido”, se trata de
desarrollar en leyes y “orden” estos principios. El progresivo autoritarismo napoleónico,
no previsto por quienes dieron su aquiescencia inicial al régimen, ofendió al liberalismo,
pero este se cuidó mucho de llevar a cabo ninguna revolución, entendida como
alteración del orden (con las “masas”), como fenomenología. La oposición se
circunscribió a la agitación parlamentaria hasta 1799, conforme el régimen fue
eliminando las prerrogativas a la participación-control a ese grupo de políticos que se
habían habituado al poder y se consideraban los representantes de lo más digno de la
nación, y a la asistencia a salones y tertulias donde censuraban los “abusos” del nuevo
cónsul y luego emperador. Las “masas” encuadradas en los ejércitos, consultadas en
los plebiscitos constitucionales, exaltadas con los nuevos valores patrióticos, y
moderadas con la recuperación de la religión como “fuerza espiritual que sirve de
sosten al orden social” -y reprimidas cuando quisieron mostrar oposición al régimen-,
apoyaron al régimen, dando su consenso al estado napoleónico. Era el modelo de
relación con el pueblo que habían intentado desarrollar los regímenes representativos
de 1791 y del año III: la generalización de las libertades pero sin someter el Estado al
“populacho”, la libertad como libertad privada-individual, no como participación. El
malestar liberal venía no de que se quebrase su orden, sino de que se excluía a sus
tradicionales representantes del control del poder.
La obra constitucional de Napoleón se realizó en tres etapas: la Constitución del
año VIII (1800) establecía el consulado decenal (tres cónsules, aunque el Primer
Cónsul tenía facultad de decidir); la reforma de 1802 establecía el consulado vitalicio, y
la de 1804 el tránsito al Imperio. Las tres normas constitucionales fueron aprobadas en
124
Aunque no es esencial, es importante para observar esa continuidad reseñar el
papel de instigadores y organizadores del golpe de los principales prebostes del
régimen republicano, así como la coincidencia de la mayoría de los ideólogos liberales
de la época en la conveniencia de “un golpe de fuerza para salvar la república”.
125
El anuncio, citado por Soboul, del Le Moniteur, del 24 de brumario, es muy
significativo sobre los ideales de la elite y sus aspiraciones en el nuevo régimen:
“Francia quiere algo grande, permanente. La inestabilidad la ha perdido, es la
seguridad lo que quiere. No quiere la realeza, está proscrita; quiere la unidad en la
acción del poder que ejecutará las leyes. Quiere un cuerpo legislativo independiente y
libre... Quiere que sus representantes sean conservadores pacíficos, y no innovadores
turbulentos. Quiere, por último, recoger los frutos de diez años de sacrificio”(La
revolución... pág. 417).
81
plebiscito muy mayoritariamente, lo que nos muestra el “apoyo popular” al régimen y la
forma de entender la soberanía popular del mismo. El pueblo daba su consentimiento a
las normas generales de convivencia (el resultado del contrato) pero luego no
participaba en las instituciones, sino que era administrado por ellas. Era el principio
establecido cínicamente por Sièyes, “autoridad desde arriba” y “confianza desde abajo”.
Dos principios se articulan en la obra constitucional napoleónica: un ejecutivo
fuerte y un legislativo multicameral y censitario. El resultado era un régimen autoritario.
El problema es que autoritarismo engendró lo que los liberales llamarían el vicio del
sistema, la tendencia a tener un legislativo dócil, que no impugnase el poder del
ejecutivo, que se manifiesta en las medidas de control que este impuso sobre aquel.
Vayamos por partes.
-El poder ejecutivo, primero en manos de los cónsules (aunque con primacía del primer
cónsul) y luego del emperador, tenía amplias funciones: derecho a dictar
reglamentaciones, encargado de la seguridad interior (derecho a detener sospechosos
y a limitar las libertades públicas cuando peligrase el “orden”), y de la exterior (derecho
a negociar tratado y jefe del ejército126), derecho a nombrar los funcionarios y
monopolio de la iniciativa legislativa (que se ejercía teóricamente a través del Consejo
de Estado). El desarrollo de un estado policiaco intimidador 127, de una fuerte
censura128, del ejercicio de una política corruptora129 de los cargos públicos y la
creación de una nueva aristocracia (de los negocios y social) con el grupo de los
colaboradores del régimen se encargaron de reducir la oposición. El ejecutivo tuvo las
manos libres para actuar a sus anchas.
126
Es muy importante destacar que es ahora cuando el ejército se convierte en el
elemento crucial del aparato de “dominación”, aunque no sea necesaria su actuación
expresa, se convierte en el elemento disuasorio definitivo. Las funciones cotidianas
(expresas) de “dominación” se encomiendan a la recien creada (Fouché) policía. Como
podemos ver, se asiste a la institucionalización de funciones del aparato del Estado que
antes estaban en manos de la masa social. De la idea de una guardia nacional y un
ejército de patriotas se pasa a la de un ejército nacional del Estado, de la idea de
“comités de vigilancia” a la de una policía estatal.
127
Detenciones arbitrarias, generalización de un ambiente de “delación”...
128
El número de periódicos se redujo notablemente. En París se pasó de 73, en 1799,
a 4, en 1811. Se estableció un censor por periódico, que se convirtió en el redactor jefe;
se expropió a la prensa crítica y se repartió la propiedad entre los afines al régimen. En
lo referente a la publicación de libros, la aplicación de secuestros de ediciones, de
castigos a los autores y a los editores, etc... produjo un descenso notabilísimo de
publicaciones, que prácticamente se redujeron a obras menores o aduladoras del
poder.
129
La obtención de beneficios personales, en forma de cargos, negocios, tolerancia
ante prácticas corruptas... a cambio de la fidelidad política fue algo común y
generalizado.
82
-El poder legislativo, como hemos señalado antes, partía del principio de la
conveniencia de la multicameralidad (asegurar el contrapeso) y del censitarismo en la
representatividad. Pero el resultado fue más allá de lo previsto. El ejecutivo no quería
restricciones a su poder. Se optó por tres cámaras:
a/ El Senado, guardián de la Constitución e institución suprema del poder legislativo,
era, también, el encargado de elegir a los componentes de las otras dos cámaras y de
los cónsules. Sus miembros, al principio ochenta, eran elegidos 130 por el mismo
Senado por el sistema de la cooptación entre una lista con tres candidatos propuestos
por el Primer Cónsul, el Tribunado y el Cuerpo Legislativo.
b/ El Cuerpo Legislativo, compuesto de trescientos miembros y renovado anualmente
en un quinto, tenía como función la votación de las leyes, pero sin poderlas comentar o
enmendar, para adoptar su decisión se atenían a las argumentaciones del Consejo de
Estado (que proponía las leyes) y del Tribunado. Su elección era muy particular: el
Senado elegía a sus miembros entre las listas que elaboraban asambleas
departamentales (las listas no debían superar a una décima parte de sus componentes
y se establecían criterios censitarios), compuestas por los delegados (una décima
parte) de las asambleas electorales cantonales, que se formaban por sufragio universal
masculino.
c/ El Tribunado, elegido por el Senado entre la lista que aportaban los departamentos,
era el encargado de discutir los proyectos de ley y expresar dictámenes razonados
sobre ellos.
Así, el legislativo no sólo era restrictivo, sino que además se garantizaba la
docilidad al ejecutivo. El colofón a cualquier carrera política se establecía en el acceso
al Senado, cuyos escaños estaban dotados de abundantes rentas y de una posición
social preminente. La creación, en 1802, de la Legión de Honor, como máxima
distinción del Estado fue en ese camino: se trataba de crear una nueva jerarquía de
notables (desde 1807, se les entregaron mayorazgos y títulos nobiliarios antiguos), que
adquirían su condición por los servicios al Estado 131, por su fidelidad. Las llamadas a
los emigrados para su regreso a la “patria” para cumplir con su deber fue la forma
institucional de regular esa ambición de la elite innovadora de consolidarse “hacia
arriba”.
No obstante la importancia de la obra constitucional, lo esencial de la obra
napoleónica radicó en tres cuestiones:
-Generalizó el sentido patriótico (la máxima expresión fue su exaltación como “héroe”),
dando unidad a la nación francesa, no en torno a los criterios de libertad, igualdad y
130
El primer Senado lo eligió el ejecutivo.
131
Acorde con la idea liberal de preminencia basada en el mérito.
83
fraternidad (o de “patria en peligro”), sino en torno a criterios nacionalistas, como
defensa de lo francés, de la “grandeur”. Este invento ideológico, que luego tendrá su
eclosión en los nacionalismos, tendrá singular importancia luego.
-Desarrolló “los frutos de diez años de revolución”: el Código Civil (1804), la
reestructuración de la administración territorial centralista, la organización de la
administración de la Justicia, de las Finanzas, se creó el Banco de Francia (1800), se
organizó el ejército, se crearon las bases de un sistema de asistencia social pública y
se creó un sistema de enseñanza para Francia. En una palabra, se creó el aparato
institucional del Estado, que ya no se componía solamente de las instituciones
políticas, sino que pasaba a estar dotado de todas aquellas que le permitirán ejercitar
ese papel armonizador-regulador de la vida civil.
-Expandió las ideas revolucionarias por Europa. Las victorias militares napoleónicas
pusieron de manifiesto la “superioridad” del modelo francés, desde el punto de vista
tradicional del poderío del Estado. El ejemplo inglés corroboraba el argumento. Esta
evidencia hizo que nada fuese ya igual. Los estados, incluso los más
antirrevolucionarios y apegados al AR, introdujeron novedades que les permitiesen
emular algunos aspectos del “sistema francés”. Personajes como von Stein en Prusia o
von Stadion en Austria son significativos de este espíritu. Evidentemente no se trataba
de acabar con el AR, sino de reformarlo para hacerlo competitivo en el nuevo marco
internacional: se buscó una mayor cohesión interna132 que permitiese la construcción
de ejércitos nacionales133 (leva universal) y el establecimiento de reformas que
racionalizasen la administración, llegando al caso de intentos de establecimiento de
regímenes de monarquía constitucional, con cierta separación de poderes 134, que
procuraron olvidar en cuanto declinó el poder francés y se hizo innecesario contar con
ese consenso popular.
Por otra parte, el modelo de imperio que estableció Napoleón contribuyó a
implantar ideas revolucionarias en los lugares que estuvieron bajo dominación directa
(adquisiciones, como provincias) y en los lugares donde estableció monarquías títere
(estados “vasallos”). Así, Holanda, Bélgica, la Confederación del Rihn, Italia
(especialmente el Sur) España y Polonia recibieron con su incorporación al “Gran
Imperio” la liberación del régimen feudal-servidumbre, la implantación del Código
132
En Prusia se proclamó el fin de la servidumbre y de las corporaciones. No obstante,
se diseñaran sistemas tan complejos que no ocultan su origen: los campesinos debían
redimir con un pago en efectivo sus obligaciones y dar una fuerte proporción de la tierra
que cultivaban para hacerse con la propiedad sobre la misma. Con lo cual, se
mantenía la preminencia social, económica y política de las antiguas aristocracias.
133
Ejércitos nacionales y levantamientos populares contra Napoleón. Por ejemplo,
Austria, Prusia...
134
Llegó a plantearse incluso en Rusia.
84
napoleónico y sistemas constitucionales más o menos sólidos. Si la idea apuntada por
Polani, sobre el intento napoleónico de crear un bloque económico anti inglés, bajo la
hegemonía francesa, fuese cierto, no cabe la menor duda de que Napoleón pretendió
crear un “núcleo duro” dentro de este bloque con las zonas más centrales, en las que
se daban mejores condiciones protoindustriales, situadas en torno a la cuenca renana,
donde el desarrollo económico hacía que hubiese elites innovadoras que alcanzasen
el poder de la mano de Napoleón. En este sentido, la implantación de esas “novedades
liberales” se utilizó como arma contra el AR y como garantía de la fidelidad.
Ciertamente, tuvo éxito el emperador en esta tarea: los territorios de este “núcleo duro”
no olvidaron los logros de la época imperial, mantuvieron o implantaron rápidamente
regímenes constitucionales y representativos y se mantuvieron en la órbita del
liberalismo.
El dominio napoleónico también fue interpretado como invasión. Especialmente
allí donde el AR tenía firmemente asentadas sus raíces y no se había constituido una
elite innovadora “viable”, las novedades traídas e “impuestas” son tachadas de
extrañas a la tradición propia, que es exaltada como valor superior. Son la iglesia y la
aristocracia las difusoras de estas interpretaciones que se encuentran en la base del
nacionalismo conservador. Los levantamientos populares anti napoleónicos de España,
Prusia y el Tirol, o el carácter patriótico de la guerra para los rusos son claros ejemplos
de esta actitud. En el mismo sentido, la reorganización del mapa europeo por Napoleón
permitió a territorios y pueblos hasta ese momento fragmentados unirse en unidades
más racionales (lo que List denominará estados suficientes), lo que abrió perspectivas
hasta ese momento no imaginadas para el nacionalismo.
En resumidas cuentas, la obra del imperio napoleónico fue mucho más allá de su
obra constitucional, estableciendo las instituciones que caracterizarán al estado liberal
y sacando al liberalismo del coto anglosajón-francés.
Entre el 30 de mayo de 1814 y junio de 1815 se derrumbaron los últimos sueños
napoleónicos. Las potencias enemigas “de la Revolución” vencieron. El Congreso de
Viena inicia el período de la Restauración, bajo la tutela de dos grandes potencias,
Inglaterra y Rusia, una potencia emergente como Prusia, y dos que aspiran a mantener
el lugar central que habían ocupado, Austria y Francia. El ideólogo del proceso
restaurador fue Metternich, que aportó el concepto, básico para comprender el período,
de “equilibrio135”. Equilibrio en las relaciones internacionales europeas continentales,
para evitar que una potencia pudiese manifestar tendencias “expansivas” (aunque no
se contemplaba la expansión “fuera del continente”); equilibrio entre dos bloques
europeos, el occidental organizado políticamente con monarquías constitucionales y el
oriental con monarquías autoritarias; equilibrio interior en los estados, como “pacto”
No es de extrañar que fuese Austria la potencia estipuladora, pues este “equilibrio”
era esencial para mantener el statu quo que le beneficiaba: mantener su posición
internacional, mantener la situación interna de su aglomerado territorial (donde pronto
las tensiones nacionalistas y las pretensiones de terceros comenzarían a actuar),
mantener la monarquía de los Habsburgo.
135
85
entre los diferentes grupos sociales (aristocracia del AR y elite innovadora, donde
tuviese carácter “viable”). Se trataba se sustituir la confrontación por el arreglo, el
acuerdo, la diplomacia, de acabar con la idea de ruptura, de revolución y de agresión,
para asentar la de continuidad, que se manifiesta en la práctica de políticas legitimistas
en la asignación-restauración de las monarquías anteriores a 1789, y en la vuelta a las
fronteras pre-napoleónicas. Los ejércitos de la Santa Alianza actuarían, en principio,
como garantía de este equilibrio. La alteración del “equilibrio” en un Estado se
consideraría la alteración del equilibrio europeo. Las revoluciones, lo había demostrado
Francia, no sólo eran asuntos internos, las ideas se contagiaban.
Esta idea de equilibrio se podía traducir en la idea más convencional de “orden”,
por eso fue aceptada por los grupos sociales “dominantes”, la elite innovadora porque
quería el orden para sus nuevos estados y porque, para asentarse definitivamente,
necesitaba la fusión con los sectores mayoritarios del AR; la vieja aristocracia porque,
dado lo inevitable del cambio, necesitaba un acuerdo que la incluyese en los nuevos
tiempos.
Los principales enemigos del equilibrio fueron:
-Los grupos sociales que no aceptaron la idea de equilibrio, bien sectores vinculados al
AR que no quisieron llegar a acuerdos políticos con sectores innovadores más débiles,
condenándolos a la “subversión”, bien sectores de las “masas” que, excluidos del
nuevo orden y espoleados por las consecuencias que la situación económica recesiva
del continente136 en este período, optaron por la revuelta. La alianza de estos
sectores137 daría lugar a los exitosos, al menos temporalmente, movimientos
“revolucionarios” de 1830 y 1848. Los intentos de los años 20 se vieron abocados al
fracaso por la falta de concurrencia de las “masas 138” y la intervención de la Santa
Alianza139.
136
Especialmente en los momentos de agudas crisis agrarias, que provocaron de
nuevo problemas de subsistencia y carestía (1817-18, 1826-29, 1836-39, 1846-48), que
se tradujeron en motines, que adoptaron formas “jacobinas”, aunque no todos los
contenidos.
137
Y la entrada en una fase crítica de la Santa Alianza por los desacuerdos entre las
grandes potencias a propósito de la independencia griega.
A falta de masas con las que enfrentarse a los aparatos de “dominación”
(especialmente policía y ejército) del Estado, utilizaron parte de estos aparatos,
esencialmente a regimientos del ejército (pronunciamientos militares).
138
139
Esta internacionalización de la represión fue paralela a la creación de redes de
sociedades de conspiradores, que, como los sectores reaccionarios, entendían la
revolución como un asunto europeo, no concibiendo la “revolución en un sólo país”. No
obstante estas redes, para la explicación de la extensión continental de los
movimientos insurreccionales hay que tener en cuenta otros factores como el carácter
86
-El desarrollo de ideas nacionalistas expansivas que pretenden remodelar el mapa
trazado en Viena. Desde nuestro punto de vista (ver capítulo sobre el nacionalismo),
estas ideas tienen que ver con los intentos de sectores aristocráticos por capitalizar el
“cambio” desde posiciones conservadoras (en este período, Zollverein, alemana) o con
sectores innovadores liberales débiles, que representan alternativas “no viables” desde
el punto de vista de su enfrentamiento con grandes potencias dominadoras 140, y que
acabarán en fracasos141, sino cuentan con el respaldo de otras grandes potencias,
como fueron los casos griego, servio o belga.
-La situación en las relaciones internacionales. Parece ser que el fracaso napoleónico
de crear un “bloque” continental frente a la gran potencia inglesa, dió lugar al
surgimiento de un nuevo enfrentamiento, esta vez entre Inglaterra y Rusia, que tenía
dos escenarios claros: el continental europeo y el exterior (especialmente Próximo
Oriente y Asia). El escenario europeo, que es el que aquí nos interesa, quedó diseñado
bajo la idea de “equilibrio”, que, desde este punto de vista, significa mantenimiento de
un statu quo, resultado de la contienda bélica. Rusia ejercería su hegemonía sobre la
parte oriental e Inglaterra “iluminaría” la occidental. El “bloque” oriental adoptaría
formas reaccionarias tendentes a conservar el AR, mientras el occidental se inclinaba
hacia formas “constitucionales”. Las políticas proteccionistas aplicadas por los estados,
al amparo de la situación recesiva, frenarían el desembarco inglés en el continente, y la
división en bloques limitaría el afán expansionista ruso. A la estabilidad de este
esquema geoestratégico se oponen dos problemas:
paneuropeo de los fenómenos de crisis económica, el desarrollo de los medios de
comunicación, la existencia de grupos de exiliados en los respectivos países, etc...
140
Generalmente aliadas a aristocracias no innovadoras. Sólo cuando estas
aristocracias, o sectores de ellas, se alíen con otros sectores innovadores, bajo la
cobertura del nacionalismo, esta opción se convertirá en viable, pero adoptará
posiciones conservadoras.
141
Intentos italianos (Nápoles y Piamonte)
87
-Los intentos rusos por ampliar su área de influencia más allá del “bloque”
oriental, a través de la Santa Alianza, que no es apoyada por Inglaterra,
especialmente en el caso de las colonias americanas de España.
-Las multinacionalidades austriaca y turca, que se encuentran en los
límites de la zona de confrontación anglorrusa del próximo oriente, donde
no está claro se hay que aplicar la política de “bloques”, en cuyo caso,
Rusia tendría las manos libres, o la de expansión. Los casos servio y
griego son paradigmáticos de estas tensiones.
En general, cabe decirse que esta situación dejará 142 el liberalismo, al menos
como opción “viable”, en manos occidentales. Analizaremos brevemente el caso
francés.
La Restauración francesa se entendió por las potencias vencedoras de 1815
como el resultado de dos variables básicas:
-La imposición de un régimen que ya no inquietara a Europa 143, con una monarquía
que se debiese a los vencedores y, por tanto, olvidase veleidades expansivas,
asegurando, además, el principio legitimista, establecido en el Congreso de Viena.
-La necesidad, para consolidar este régimen, de que el mismo fuese aceptado por la
mayoría de los franceses o, al menos, por los “grupos de poder”, esto es, nuestra elite
innovadora.
142
En 1848-50 se produce una ruptura: la expansión del liberalismo, el comienzo de
los intentos unificadores prusianos, la guerra de Crimea, la expansión del liberalismo.
En una palabra, el “equilibrio” continental europeo se rompe y se pasa a una fase de
confrontaciones limitadas, pero que prepara la Primera Guerra Mundial.
143
Desde el punto de vista geoestratégico, era una idea complicada, pues, se trataba
de mantener a Francia como potencia que asegurase el equilibrio, evitando una clara
preponderancia austrorrusa. El éxito prusiano se debió a las mismas pretensiones.
88
Las posibilidades para materializar estas premisas eran limitadas, en realidad se
limitaban a que Luis XVIII aceptase los cambios básicos que la revolución-elite
innovadora había establecido. Por su parte, esta elite debía encontrar en la
restauración borbónica el mecanismo para consolidar la inclusión de la antigua
aristocracia en su grupo, en fin, de “buscar un equilibrio”. La historia de la Retauración
es, en Francia, la historia de esa aceptación y de ese equilibrio.
Las condiciones que los borbones debían aceptar, y que el autoritario Alejandro I
“impuso” o aconsejó a Luis XVIII, eran:
-Un régimen representativo-constitucional.
-Libertad de prensa
-Libertad de cultos
-Conservación de la preminencia socioeconómica, que se plasmaba en:
-Mantenimiento de grados y ventajas en el ejército
-Reconocimiento de la deuda pública y sus rentas
-Prohibición de averiguaciones y represalias por las opiniones y
hechos acaecidos durante la Revolución.
-Consideración de la irrevocabilidad de la venta de los bienes
nacionales.
Las condiciones de la futura monarquía giraron en torno a:
-Aceptación de un ejecutivo fuerte (papel de la monarquía, que se resistía
a reinar pero no gobernar), que se manifestaba en:
-Aceptación de la monarquía hereditaria borbónica como legítima, lo que llevaba
aparejado un modelo de transacción que justificase su aceptación de los nuevos
tiempos sin que la idea monárquica sufriese menoscabo, que se encontró en la
aceptación de una Carta (constitución) otorgada libremente por el monarca (las
constituciones napoleónicas habían sido obra del Senado, aunque habían sido
plebiscitadas)
-Importantes funciones en manos del ejecutivo, que no era responsable ante el
legislativo, y que no sobrepasaban las que había tenido Napoleón.
-Establecimiento de limitaciones a la soberanía nacional:
-Restricción del derecho al sufragio.
-Bicameralismo
-Limitaciones a los abusos en la libertad, especialmente la de opinión y prensa.
-Reconocimiento de las propiedades de la antigua aristocracia, indemnización por las
expropiaciones realizadas e integración en los grupos de poder.
El resultado de este “arreglo” fue la promulgación, el 4 de junio de 1814, de la
Carta francesa, que recogía todos estos aspectos, estableciendo la división de poderes
89
(limitada por la importancia del ejecutivo, que tenía en exclusiva la iniciativa de las
leyes), entre un legislativo con dos cámaras 144, la de los Pares145 y la de los
Diputados146, un sistema de sufragio muy reducido147, el catolicismo como religión del
Estado, aunque se afirmaba la libertad de cultos. La idea de una “declaración de
derechos” se traducía ahora en el “Derecho Público” francés 148, que establecía la
igualdad ante la ley, el derecho igual a ocupar cargos, la libertad de conciencia y
religiosa y la de prensa.
Si comparamos esta carta con las constituciones napoleónicas no encontramos
grandes diferencias, amén de los caracteres “populistas” de estas últimas, que el
afianzamiento del carácter legitimista impedía continuar. Los dos regímenes se
corresponden a sistemas autoritarios, aunque el régimen borbónico tuvo una vida
parlamentaria más rica, siempre y cuando entendamos que este parlamentarismo se
reducía a la selecta elite de los poderosos. Da la impresión de que los instigadoresconspiradores del 18 de brumario, que luego fueron relegados por el autoritarismo
napoleónico, ahora estarían contentos, habrían visto triunfar su modelo de Estado, y
que se sintetiza muy bien en estas frases de Chateaubriand:
“Debemos conservar la obra política que es el fruto de la Revolución... pero
debemos erradicar a la Revolución de esta obra...”
144
Era necesaria la aprobación de las dos cámaras para que se promulgase una ley.
145
Compuesta por individuos nombrados por el rey (mantuvo a una mayoría del anterior
Sebnado napoleónico), que adquirieron el título con carácter hereditario.
146
Elegida por la nación y representante de ésta.
147
Trescientos francos para ser elector y 1.000 para ser elegible, que daban un censo
de 100.000 electores y de 20.000 elegibles para toda Francia, quedando un 90% de los
franceses excluidos de participar.
Se perdían las connotaciones de “derechos naturales” y “derechos universales”,
para recoger las ideas de “derecho positivo” y de “caracteres propios nacionales”.
148
90
El acontecer político hasta 1830 fue el reflejo de:
-Las tensiones entre las facciones de la elite del poder en sus afanes de cohesión entre
el grupo innovador -hijo y padre de la Revolución- y la antigua aristocracia. Los
gobiernos moderados de 1816-20, de centro-derecha (1820-21), de derecha (1821-27),
de centro-derecha (1827-29) y de derecha-ultra (1829-30), marcan los diferentes
ajustes políticos149 que se intentaron realizar, para concluir en 1830, con la “no
viabilidad” del nuevo régimen, que, bajo el reinado de Carlos X, se había refugiado en
la defensa del AR. No obstante, resulta muy clarificador sobre los intereses políticos de
estas elites, el hecho de que la sustitución de la monarquía borbónica por la orleanista,
en 1830, no supuso un cambio drástico en la estructura política, sino en las formas: una
atenuación del autoritarismo150. Es decir se trataba de mantener el poder en las
mismas manos, aunque repartiéndoselo mejor, dando más opciones a las diferentes
facciones de esa elite. Quizá, el cambio más importante fue que los sectores ultras,
representantes de las fracciones de la aristocracia definitivamente no innovadora,
quedaron definitivamente alejados del poder y de las pretensiones “viables” para
ocuparlo151.
-Las tensiones entre la elite en el poder y la mayoría de los excluidos, que se refleja en
la adopción de formas insurrecciónales, asociadas a la existencia de “sociedades
secretas” (clandestinas) para los movimientos de la burguesía urbana media y
pequeña, y a los tradicionales motines de hambre para los grupos inferiores, también
esencialmente urbanos. Cuando los dos movimientos coincidan (1830) se volverá a las
formas jacobinas y podrán poner en entredicho los poderes constituidos. El poder
149
El principal dilema del régimen es que pretendió asentarse sobre la base de la
preminencia del ejecutivo y una representatividad muy reducida, por lo que tuvo que ir
escorándose hacia el autoritarismo (suspensión progresiva de las libertades,
establecimiento del “doble voto” para los mayores propietarios, depuraciones en la
administración y el ejército, concesión de privilegios a la iglesia católica...) frente a una
elite innovadora que observaba como ese autoritarismo llevaba al régimen a situarse al
lado de la antigua aristocracia (los ultras) y a una mayoría de los franceses, excluida
del poder, que volvían a ver a los borbones como los representantes del régimen que la
Revolución había derrotado.
150
La Carta dejó de ser otorgada y se pasó a un modelo contractual entre el príncipe y
la nación (aunque no se establece la primacía de los derechos de la nación),
afianzamiento de las “libertades” (abolición de la censura), reducción de las funciones
del ejecutivo, mayores prerrogativas a las cámaras -coiniciativa legislativa con el
ejecutivo, derecho a realizar enmiendas, voto de presupuesto por capítulos, etc.-En
resumen, el paso de una monarquía representativa autoritaria a una monarquía
representativa constitucional. Pero se mantuvo el bicameralismo, el censitarismo, el
título de carta y no de constitución.
151
Su destino fue el “exilio interior”, del que hemos hablado antes.
91
político, mientras tanto, optará por la represión 152 de estos movimientos, sin dar lugar a
consenso alguno.
Analicemos cuáles eran esas facciones de la elite de las que venimos hablando
y que postulados teóricos tenían.
a/ Los grupos ultras son los representantes de la vieja aristocracia que “nada
habían aprendido ni olvidado”, asociados a la idea borbónica, de la que esperan una
restauración de su antigua posición social. Para ellos, la revolución había sido un
fenómeno accidental153, producto del desarrollo del libre examen y de la funesta
filosofía de la Razón, tolerada, ¡craso error!, por una monarquía que no supo darse
cuenta de cuales eran sus verdaderos adalides. Sus dos ideólogos más importantes
son DE MAISTRE (1753-1821) y BONALD (1754-1840). Para ellos, la política debe
estar basada en la Historia, no en la Razón, que genera “abstracciones”, entes cuya
viabilidad no puede estar demostrada. Dejar la política en manos de “ideólogos”
racionalistas es someter a los países a experimentos catastróficos, como la revolución
francesa había demostrado. Por el contrario, la Historia muestra la experiencia de
generaciones154, cuyo resultado ha sido una sucesión de instituciones estables,
152
La quiebra de las estructuras organizativas populares, la falta de cohesión dentro del
grupo de excluidos entre aquellos que “recuerdan con horror los sucesos del 93",
cuando los “desarrapados” pusieron en peligro/duda sus propiedades, y aquellos a los
que la evolución económica (imposición lenta pero inexorable de una economía de
mercado que está convirtiendo a las formas artesanales y manufactureras tradicionales
en sectores “maduros”; descenso salarial al amparo de las leyes de “reducción del
beneficio”; recesión económica que provoca una deflación de los precios que repercute
en una pérdida de renta de los pequeños productores, etc.), y política está situando en
una posición cada vez más difícil, que, a falta de un ideario (conciencia) “viable”, los
convierte en grupos de la “inercia”, en grupos “desesperados”. El campo, mientras
tanto, está constituyendo su estructura de pequeños propietarios (Francia) beneficiados
por las medidas de 1789-94, y no quiere ni oír hablar de otra cosa que no sea de
“orden”, entendiendo, además, que este fenómeno se está dando en el marco del
nuevo proceso de esclerosis social que se está comenzando a producir en su seno,
con la disociación entre el grupo de los que si van a poder seguir viviendo de las
actividades agrarias y aquellos que comienzan a ver como la proletarización llama a
sus puertas, como la “economía moral de la multitud” asociada a las anteriores
relaciones sociales (derechos a la protección, bienes comunales...) es sustituida por
nuevas relaciones sociales basadas en el mercado. Unos y otros adoptarán posiciones
conservadoras. Los primeros como defensa del statu quo, los segundos como
oposición a los cambios que les está imponiendo la mercantilización de las relaciones
económicas y sociales, que se asimilan a la imagen de lo”urbano”. La religiosidad,
restaurada en su prestigio por Napoleón y Luis XVIII, dará tinte ideológico
(conservación de valores tradicionales) a este conservadurismo.
153
Para De Maistre, la Revolución es una obra de expiación querida por Dios.
154
J. Fiévée (1767-1839)
92
“demostradas”, mejorables pero difícilmente sustituibles. El argumento definitivo lo
encuentran en la “providencia”, mano ejecutora de la Historia. Así, la tradición revela un
orden natural155, previo, unas jerarquías en las que los hombres tienen señalado un
lugar. No son los individuos (el hombre abstracto, como lo concibe la Ilustración, no
existe, existen hombres particulares 156) los que constituyen la sociedad, sino ésta la
que da lugar a las diferentes individualidades. Orden que, como la Historia demuestra,
ha sido el querido por Dios157.
Con estos planteamientos se trataba de rebatir el individualismo y la idea de
soberanía y contrato liberales. Pero la Restauración les impuso la tarea de dar cabida
en su teoría a la aceptación (una asimilación lógicamente interesada) de la herencia
revolucionaria. ¿Cómo introducir los conceptos de libertad y de “régimen
representativo” en estas doctrinas, para justificar su estancia en las instituciones del
nuevo régimen borbónico? Dos argumentos:
1/ El concepto de estabilidad158, que a lo largo de la Historia nos muestra que es el
fruto de la integración de la tradición y de las innovaciones propias de los avances
sociales159. En esta integración, la tradición está representada por la legitimidad
monárquica y el concepto de libertad que representa (del que hablaremos a
continuación) y la innovación por el régimen representativo. Pero como no se trata de
una integración de ideas abstractas o de entidades “nuevas”, sino de la adecuación de
la tradición a los nuevos tiempos, la monarquía no tiene que llegar a ningún acuerdo o
contrato con la innovación, simplemente debe asimilarla en su seno, mediante el
otorgamiento de ese régimen representativo. ¿Qué cambia? La composición de la
En el sentido, del orden que siempre ha sido, no en el sentido “natural” de los
ilustrados: el orden que, aunque no sea, “debe ser”. El resultado es una visión
positivista de la filosofía política.
155
156
Particularidad que, desde el punto de vista social, consiste en su particular posición
en la jerarquía social.
157
La expresión más hiperbólica de esta teoría la realiza De Maistre, cuando señala
que el orden terrestre tiene bases teocráticas: el rey es el representante del poder de
Dios en la tierra, de donde recibe el derecho a gobernar-soberanía y a ser obedecido;
sólo el Papa tiene una magistratura superior.
158
Esta estabilidad es la causante del poder de los Estados, de la armonía social y del
desarrollo económico, que son los fines de cualquier estado.
159
Innovaciones que no son el producto de la Razón o de valores (derechos) anteriores
a la misma Historia, sino el resultado del propio acontecer histórico. Así, el ya citado
Fiévée, sostiene que esas innovaciones se deben a la evolución socio-económica, que
había llevado a la sustitución de la antigua nobleza basada en el privilegio por una
nueva aristocracia basada en el prestigio. Chateaubriand, más literario, asienta los
cambios en las costumbres.
93
aristocracia que sostenía a la monarquía, pero no el hecho esencial 160 de que la
monarquía se base en “el honor y la fidelidad161" que representa la aristocracia, que es
la encargada de la administración del Estado.
-El concepto de la verdadera libertad, que se manifiesta en las libertades “locales”
(comunales y departamentales, entendidas como autoadministración) y en la sujeción
(contrapeso) del Estado a la tradición y los “poderes intermedios” (las libertades locales
y la representatividad de la aristocracia). La libertad no es, pues, participación.
El resultado, como se ha podido apreciar, es intento de adaptación de los
valores del AR a la realidad de una nueva elite. Pero estaba condenado al fracaso
porque el Estado que se estaba construyendo no tenía su fundamento en el privilegio.
b/ La aristocracia moderada representa a los sectores que “si habían
aprendido algo” y preferían olvidar si ello les podía suponer la incorporación a esa
nueva elite del poder. Pero, para ello, necesitaban innovar. Son conservadores
pragmáticos, que por eso mismo no realizaron grandes sistematizaciones doctrinales y
prefirieron teorizar (dar un barniz ideológico) la realidad concreta del régimen
restaurador. Su mejor exponente es Pier-Paul ROYER-COLLARD (1763-1845), para el
que el restablecimiento de la dinastía (el carácter hereditario de la monarquía la sitúa
más allá de las veleidades políticas) debía suponer la vuelta a la estabilidad, la vuelta a
las instituciones naturales162 propias de Francia. Pero, para que el Estado (el
restaurador francés y cualquier otro) tuviese éxito era necesario que se sustentase en
la idea de equilibrio entre los diferentes derechos e intereses que se dan en toda
sociedad, y que, en ese momento, se podían concretar en monárquicos, aristocráticos
y democráticos. Los primeros se correspondían con el mantenimiento del Estado, en la
medida en que suponía el mantenimiento de la dinastía; los segundos con el
mantenimiento del “orden”, que garantizaba su lugar preminente; los terceros con los
de la libertad, entendida como libertades individuales. La mejor forma 163 de lograr ese
equilibrio era el régimen representativo, que es interpretado como la representación de
esos intereses: la cámara de los Pares era el escenario de los intereses aristocráticos,
la de los Diputados la de los democráticos. El establecimiento de un sistema de
equilibrio entre ejecutivo-monarquía, cámara alta y cámara baja suponía la
representación de ese equilibrio necesario para todo Estado.
Como pude observarse, estos aristócratas moderados coinciden con los ultras
en la afirmación de la tradición como fuente de la política, donde fundamentan sus
privilegios y los derechos de la dinastía. Pero, y esto es importante porque permite que
160
En un claro entronque con la ideología “de inercia” de la aristocracia del AR.
161
Chateaubriand
162
La familia, la comuna, la aristocracia y la monarquía.
163
La que la Historia había llevado a cabo (herencia de los sucesos desde 1789).
94
se puedan incorporar a la elite innovadora, admiten la idea de las libertades
individuales y de la aceptación de los “intereses democráticos”. Su defensa del “orden”
y el planteamiento de un sistema de participación limitado coincidían, además, con los
planteamientos políticos que en ese momento tenía la elite innovadora.
c/ La elite liberal heredera de la Revolución estaba compuesta por la elite
innovadora que había capitaneado en proceso revolucionario, cuyos diferentes
avatares habían ido moldeándola, incorporando nuevos sectores, alejando a otros, y
cimentando una mayor cohesión en su seno. Les une una imagen negativa de la
experiencia revolucionaria, especialmente del período de la Convención, que asocian a
la ideas de “masas incontroladas” (anarquía) y despotismo, llegando a la afirmación de
que ambas se engendran mutuamente: el despotismo (refiriéndose al AR) genera el
justo derecho anarquía, tanto porque genera unas relaciones sociales arbitrarias (e
injustas) como porque origina descontento y levantamientos, que son el origen de la
anarquía; a su vez, la anarquía origina la opresión de las mayorías que han alcanzado
el poder por medios no liberales, dando lugar a nuevas formas de despotismo.
La influencia inglesa, el recuerdo del terror 164 y la necesidad de impulsar el
desarrollo económico165, producen en la ideología de esta elite innovadora una serie de
cambios con respecto a las fuentes ilustradas, que se encuentran en su origen. Si para
esta teoría la base se encontraba en la concepción del hombre dotado de unas
capacidades naturales (Razón) que imponían los conceptos de libertad (como
capacidad de acción-intervención) y de contrato (acuerdo para sublimar166 los intereses
particulares en uno general), ahora de trata de los hombres concretos como punto de
partida: ya no hay una unidad inicial (el hombre), que lleve a una afirmación hiperbólica
164
Germaine STAËL (1766-1817), que tenía un influyente salón, donde acudía lo más
granado de la elite liberal, y que había vivido muy de cerca el proceso revolucionario,
señalaba que el Terror surge de “la lucha de los que nada tienen contra los que sí
tienen”. De donde deducía en sus escritos finales (D´Allemagne) que era necesario
tener una mirada benévola para con el pueblo, pero que en ningún momento se le
debía permitir “salirse de su lugar”.
165
Consideran que ya ha llegado el momento de desarrollar las potencialidades
económicas que el depotismo tenía encadenadas. Así, Constant señala que se
encontraba en un momento en el que “el mundo moderno es el universo del comercio,
en el que el hombre por su iniciativa propia trata de adquirir el desahogo económico y
la paz”.
166
La Razón hacía al hombre abandonar su interés para asumir como propio el interés
colectivo. Así, la libertad consistía en abandonar el egoísmo para abrazar la
solidaridad: frenar los impulsos-deseos (el ejercicio individual de esa capacidad
ilimitada de acción) para regirse por la voluntad racional (reconocer que las acciones de
otros infieren en las mías, limitando mi propia capacidad de acción, y, por tanto, la
necesidad de llegar a un acuerdo que establezca unas normas que señalen las
fronteras de esas capacidades, la libertad.
95
de la igualdad, sino de seres individuales movidos por intereses particulares; la
sociedad será, así, el resultante de ese libre juego de intereses y la Razón no los
sublimará sino que impedirá que nada los limite. El interés general no será la
“superación” del interés particular, sino el libre juego de este.
De estos planteamientos se deducen unos cambios trascendentes:
-La afirmación de la bondad del interés particular, porque es la base del desarrollo.
-La libertad como no limitación. Si antes era el Estado-la mayoría, producto del
contrato, la causa de ella (en cuanto legislador), ahora el Estado-la mayoría es uno de
sus peores enemigos, en la medida en que puede limitar, mediante leyes, el libre juego
de los intereses particulares. La libertad tiene su origen en las capacidades individuales
y no en la sublimación de éstas.
-La ley es positiva, no es natural; tiene su origen en la legislación humana, por tanto, es
susceptible de evolución, de cambios, no es universal ni eterna; garantiza la libertad no
limitándola.
-La libertad deja de ser un bien general, para convertirse en un bien particular: el
tranquilo disfrute de los bienes. En este sentido, libertad deja de significar participar
para querer decir no limitar.
-El estado debe ser el garante de esa libertad. Para realizar esta garantía, debe ser
representativo de los intereses particulares. Así, el Estado ya no debe ser
representativo de la nación que realiza el contrato, sino de los intereses que están en
juego. En primer lugar, porque estos intereses necesitan una entidad que les garantice
que no serán limitados, y, en segundo lugar, porque sólo la concurrencia de todos esos
intereses impide que un interés se imponga al de los demás. El Estado, así, es también
positivo, susceptible de evolución y cambios: debe amoldarse a la evolución de la
sociedad, de los intereses.
-El interés particular es lo natural, por ello, el derecho a tener intereses particulares es
natural e igual para todos los hombres. Pero del interés particular nace la desigualdad
real: no todos los hombres acaban siendo iguales; la dedicación, la instrucción y las
“luces” de cada uno están en la base de estas diferencias. Así, la igualdad es una
igualdad ante la ley, pero el desarrollo de esta conduce a la desigualdad real.
-No existe un interés general absoluto, ni tampoco todos los intereses son iguales. La
desigualdad genera que haya individuos con intereses más importantes que otros.
Aquellos que “nada tienen” tienen menos intereses que otros: tienen menos que perder
y menos autonomía167 para poder pensar en sus intereses. Por tanto, el Estado debe
limitar la representatividad a los “verdaderos intereses”.
-Una representatividad “generalizada” conduce al despotismo, a la limitación de los
verdaderos intereses particulares; primero, porque se corre el riesgo de dejarse llevar
por las “veleidades” de los irresponsables que pueden fácilmente arrastrar a aquellos
Entendida como “ocio” (Constant) para poder pensar en sus intereses y, sobre todo,
porque se piensa que los que dependen para subsistir de otros ya tienen sus intereses
representados por esos de los que dependen, que, además, por su posición
preminente defenderán mejor esos intereses.
167
96
SCR 1º
que, sin tener verdaderos intereses, nada pierden con ello y “todo lo pueden ganar168”;
segundo, porque estos últimos, “los que nada tienen” (con lo cual ya han demostrado
que “poco pueden conseguir”), tienen un interés “destructor” (amotinados y luddistas),
tienden a hacerse con lo que no tienen por medios poco decorosos. Dado que el
interés por poseer es natural, algunos lo realizan “bien”, mediante el esfuerzo y el
trabajo en la “libre competencia”, otros, sintiendo ese natural deseo de poseer, buscan
los medios para plasmarlo de “otra manera”, mediante la utilización abusiva del Estado.
-El estado liberal tiene dos facetas: la libertad es igual para todos en cuanto igualdad
ante la ley, pero la participación se limita a “los que tienen algo que decir”.
1.7. B. CONSTANT
Benjamín Constant (1767-1830) parte de un concepto de libertad netamente
individualista (había estado exiliado en Inglaterra), de hecho la define como “el triunfo
de la individualidad”, como la afirmación de la particularidad individual, que, desde un
punto de vista social, se define por la posesión. Dos enemigos tiene la libertad:
-Las mayorías que pretenden someter la opinión-conciencia individual.
-La extralimitación de la autoridad, si impone leyes que limitan la capacidad
individual.
Para Constant la sociedad consiste en un conjunto de individuos que establecen
relaciones y contratos entre ellos, de los que obtienen beneficios (económicos,
sociales, culturales, políticos, etc...). De ello, deduce la necesidad de asegurar la
libertad de esa acción individual beneficiosa.
El Estado tiene su origen en la soberanía popular, que nace de la certidumbre de
la bondad de la iniciativa particular. Por tanto, esta certidumbre limita, es previa, a la
soberanía; nada debe hacer el Estado contra la libre iniciativa, sino conculcaría su
fundamento, sería despótico e ilegítimo. En el mismo sentido, el propio concepto de
soberanía popular no puede suponer la idea de una voluntad general mayoritaria que,
en pos de un interés general, limite la libre iniciativa. Por el contrario, al nacer de la
citada certidumbre, la soberanía popular debe ser la garantía de esa iniciativa
particular.
La manifestación de la soberanía popular es el régimen representativo, que
consiste en “poner los asuntos públicos en manos de apoderados suyos, en los que ha
depositado su confianza, que decidirán en su nombre y le rendirán cuentas”. Pero esta
representatividad, para asegurar “la libre iniciativa”, debe tener dos limitaciones:
168
Se genera una ética de la laboriosidad, por la que la jerarquía social obedece al
esfuerzo. La propiedad aparece como la fuente de la “responsabilidad”, pues limita la
arbitrariedad.
97
-Debe estar restringida a los “propietarios que vivan de sus recursos”, pues son los que
pueden disponer de “ocio para poder interesarse en los asuntos públicos 169” y los que
tienen la suficiente “independencia de juicio” para que su juicio sea libre.
-Debe articularse en el marco de la división de poderes, que no sólo es la garantía de
que ninguno de ellos intentará imponerse a los demás, sino que es, y es lo más
enfatizado en el momento, la garantía de la estabilidad. Dado que el legislativo es
cambiante por las periódicas elecciones, se hace necesario un elemento de estabilidad
en el ejecutivo, que comentaremos después, y en la bicameralidad. La existencia de
una cámara alta representativa de las elites vinculadas al Estado da lugar a un
elemento que defenderá los elementos de permanencia de ese Estado, moderando las
iniciativas de una cámara baja, donde se encontrarán los intereses particulares.
El poder ejecutivo se entiende desdoblado en dos funciones: el gobierno, que lo
realizan los ministros, y la jefatura del estado, que está en manos del rey o del
presidente de la república, cuya misión es ser un poder neutro que:
-Asegure la continuidad del Estado, junto con la cámara alta.
-Arbitre en las normales disputas entre el gobierno y el legislativo.
Sobre la forma del Estado, Constant afirma su relativismo. Las instituciones
humanas (obras de los hombres) son buenas si se corresponden con las sociedades a
las que representan, si se adaptan a su momento histórico. En este sentido, las formas
del Estado dependen de cada país y de cada momento. Conviene observar aquí que
esta idea relativa abre las puertas no sólo a la Restauración (los borbones como algo
francés), sino también a la justificación de los hombres de 1789, que llevaron a cabo la
adaptación de las instituciones políticas a la nueva realidad social.
El único criterio que Constant salva de este relativismo es la necesidad de
garantizar la iniciativa particular, que se manifiesta en la existencia de estados
representativos, como ya hemos visto, y limitados. Limitados porque su misión en
garantizar la libertad y un excesivo intervencionismo del estado la limitaría. Partidario
del librecambismo, que extrapola a una concepción de la diplomacia similar al laissezfaire170, sostiene que en lo único que el Estado tiene que manifestarse fuerte es en la
garantía de esa liberalidad.
169
Queda recuerdo de la Constitución del 93 que establecía el pago de un salario por la
asistencia a las instituciones representativas, favoreciendo, así, la participación de los
que de no podían perder un día de sueldo para poder vivir. La lectura liberal es que
entonces el Estado se convierte en “el empleo” de estas gentes y deja de ser el agente
neutral necesario.
170
Según él, desde 1815, Europa ha entrado en una fase en la que la guerra ya no
tiene sentido, porque las relaciones de los países han abandonado el campo de las
armas para situarse en el del comercio.
98
Por último, Constant plantea un tema que el romanticismo había recuperado,
pero que Napoleón y la propia Restauración habían llevado al primer plano político, la
religión. Olvidadas las actitudes antirreligiosas de los primeros años revolucionarios,
cuando se hizo pagar a la Iglesia por haber sido un soporte (ideológico, económico,
social y político) del AR, se recupera el tema religioso, pero separándolo de la idea de
iglesia, buscando sus aspectos “morales”. Robespierre ya había señalado la necesidad
de una cierta religiosidad que fuese la fuente del civismo y de la virtud. Napoleón
expresó su certeza de que la religiosidad era un elemento esencial del orden social.
Los nuevos liberales refinan el argumento: el sentimiento religioso ha sembrado en el
alma humana las semillas de la moralidad, que se resumen en las ideas de justicia, de
amor, de libertad y de piedad. En pocas palabras, la base del conceptos de dignidad
humana.
Eliminar la religiosidad es un acto innecesario, despótico (oprime las conciencias
individuales) y negativo. Sin religiosidad los hombres actúan cruelmente en esa
sociedad de la libre iniciativa, los derrotados en el combate de la competencia no
obtienen ni clemencia ni consuelo. Así, como en Adam Smith aquellos rasgos básicos
del comportamiento humano, la religiosidad en Constant es un elemento de
armonización social, ha generado el sentimiento de “justicia social” en el alma humana,
entendida como “benevolencia” en su sentido etimológico, que permite socorrer al
necesitado, ayudar al derrotado, no explotar las condiciones de ventaja, etc.
Por tanto, la religión aparece como el corrector del “libre mercado”, pero no a
través de leyes o prescripciones, sino de las conciencias de los individuos, porque es
imprescindible que iglesia y Estado vivan separados, que reine la libertad de cultos y la
tolerancia.
“Durante 40 años he defendido el mismo principio: libertad en todo: en religión,
en filosofía, en literatura, en industria y en política; y por libertad entiendo el triunfo de
la individualidad; tanto sobre la autoridad que quisiera gobernar despóticamente, como
sobre las masas que reclaman el derecho de someter la minoría a la mayoría. El
despotismo no tiene ningún derecho. La mayoría tiene el de obligar a la mayoría a
respetar el orden; pero todo lo que no altera el orden, todo lo que es solamente interior,
como la opinión, todo lo que, en la manifestación de la opinión, no hace daño a otro,
bien provocando violencias materiales o bien oponiéndose a una manifestación
contraria, todo lo que, en materia de empresa, deja a la empresa rival ejercerse
libremente, es individual y no podría someterse legítimamente al poder social...”
(Mélanges de littérature et de politique, 1829)
“Bajo el jacobinismo, se dijo que no había salvación más que en la República y
que era preciso inmolarlo todo en aras de la República y la patria; pero la masa
nacional se percató perfectamente bien de que aquello a lo que se llamaba República
no era la libertad y que formaban la patria, precisamente, todos los afectos y todos los
disfrutes cuyo sacrificio se exigía en nombre de la abstracción a la que se daba aquel
nombre.
99
En ese tiempo, escuché animadísimas arengas y presencié demostraciones por
demás enérgicas; fui testigo de solemnísimos juramentos; no tenía esto el menor valor,
pues la nación se prestaba a estos juegos como si fueran ceremonias para no disputar
y luego cada cual regresaba a su casa, tan descreído o sintiéndose tan poco obligado
como antes...” (Les journaux intimes, ed. 1952)
“Al convocar a la clase industriosa al disfrute de los derechos políticos, la ley
electoral ha situado el poder en la clase que es el centro de las luces prácticas, porque
en ella figuran por igual las clases ricas y las clases pobres. Es más imparcial que las
primeras porque, situadas como están en la cima del Estado social, no conocen de sus
intereses más que lo que los afecta inmediatamente. es más ilustrada que las
segundas a las que absorbe el trabajo mecánico.
En la clase industriosa reside la independencia, porque todo el mundo necesita
de ella y ella no necesita a nadie.
En esta clase reside el espíritu de igualdad, porque es demasiado numerosa
como para tener, como los grandes propietarios, preocupaciones necesariamente
restringidas a un corto número de personas.
En esta clase reside el patriotismo, porque sus intereses, a diferencia de los de
los capitalistas puros, no se pueden aislar de los intereses nacionales...” (Principes de
politique, 1815)
1.8. E. BURKE (1729-1797). El liberalismo “conservador”.
Edmund Burke, británico pero estudioso y analista de la Revolución Francesa,
representa la ideología de los liberales que censuraron los excesos de la Revolución.
Como liberal, apoyó a los colonos norteamericanos y las reivindicaciones de los
católicos irlandeses, pero, en 1790, en sus Reflexiones sobre la Revolución francesa,
censuró el proceso revolucionario francés en cuanto supuso, según él, una ruptura
innecesaria.
La revolución es vista como el experimento de los filósofos franceses 171: la
puesta en práctica (forzada, de ahí la necesidad de violencia, de revolución) de las
ideas racionalistas y abstractas de los ilustrados, el intento de llevar a la práctica unas
ideas abstractas; y para nuestro autor, en política no valen abstracciones sino las cosas
concretas: el Hombre no existe, es una invención, existen los hombres diversos y
diferentes, productos de la Historia. Por lo cual, la aplicación de abstracciones supone
siempre forzar la realidad, tiranizar la realidad, porque los entes racionales, por
definición, tienen carácter paradigmático pero no se corresponden exactamente con la
realidad. Esta inexactitud de las racionalizaciones ilustradas-revolucionarias es lo que
conduce a tener que modificar la realidad para adecuarla a las ideas. La Filosofía no es
el instrumento de la Política.
171
Los denomina “experimentadores de una nueva moral”.
100
La política debe procurar el bien de los ciudadanos, pero estos ciudadanos son
seres concretos, con intereses concretos. Por ello, la política consiste en armonizar
esos intereses concretos, en buscar el interés común a todos esos individuos
concretos. La aplicación de un ideario abstracto no puede sino tiranizar a los individuos,
no puede ser sino la imposición de algo ajeno a la realidad social 172.
¿Dónde está la fuente de las ideas políticas? En la Filosofía no, está en la
Historia, donde se encuentran los procesos que han conducido a la realidad actual, el
conjunto de “tradiciones, de prudencia, de moral incorporada en los usos y en las
costumbres”. La Historia es la principal fuente de lecciones para el político, porque el
hombre puede modificar la realidad, pero no crearla, pues siempre tendrá que contar
con un punto de partida, con una realidad social. Burke opone la Revolución francesa a
la inglesa. La primera intentó levantar un edificio sobre una tabla rasa y condujo al
desastre tiránico; la segunda realizó “una amplia y sutil armonía de costumbres,
prejuicios e instituciones concretas depositadas en el curso de los siglos”. Dicho con
otro aforismo: “las constituciones no pueden hacerse, sino crecer”.
Para Burke, pues, lo censurable de la Revolución francesa fue el hecho
revolucionario, porque la pretensión de acabar con un “orden de siglos” para instaurar
uno nuevo es quimérica, porque ni la libertad ni la igualdad se consiguen por decreto.
Los hombres son más o menos libres y más o menos iguales, según la Historia los ha
hecho; lo único que puede hacer el político es armonizar mejor los diferentes grados de
libertad y de igualdad. Pero, esta acción optimizadora no puede partir de imponer a
esos hombres un orden nuevo, sino de analizar como hacer funcionar mejor la
sociedad.
Para cerrar el sistema, Burke señala que la Historia (creadora de la realidad) es
obra de la Providencia. Así, a la necesidad de contar con la realidad se une el deber de
conservarla, y la acción del político se convierte en una acción moral: mejorar la
sociedad no es sino hacerla más virtuosa, más armónica, situarla en el camino trazado
por la Providencia.
De esta manera:
172
Llegando más lejos, se puede afirmar que esa tiranización es realizada por hombres
concretos en un momento concreto y sobre unos individuos concretos; de tal forma,
que se puede concluir que en realidad obedece a unos intereses concretos. La
revolución se convierte, así, en una nueva forma de despotismo.
101
-El hombre nace inmerso en una sociedad (no existe el Hombre, ni hombres
aislados unos de otros), que es anterior a él y que lo individualiza. Una
sociedad que es el resultado de la Providencia, una sociedad que debe ser. El
contrato no es una obra racional del hombre sino una consecuencia moral.
-El hombre es un ser moral, cuya conciencia vive la confrontación entre la virtud
y el deseo. De esta moralidad deviene la tendencia a exigir ser respetado
(asegurar la integridad personal) y a respetar a los demás. El hombre virtuoso
es el que sigue los dictados de la moral y vence al egoísmo, el que se impone
el deber de respetar a los demás sobre el deseo de dominarlos.
Por lo tanto, la misión del político virtuoso-moral, es la de legislar para asegurar
esta individualidad (el derecho a una conciencia moral), la de proteger los derechos de
los hombres, entendidos como la necesidad moral de poder ser libres. La felicidad de
las sociedades radica en la armonización de las pretensiones individuales, en la
posesión de leyes que sean la plasmación de esos dictados morales.
Para acabar, el gobierno de las sociedades debe estar en manos de hombres
virtuosos, de aquellos que encarnan “la disciplina personal y las virtudes severas y
restrictivas”, de una aristocracia natural, cuyos componentes nacen ya en el seno de la
virtud y se educan en ella. Pero no se trata de una aristocracia del privilegio, sino de la
que sabe situarse por encima de los intereses particulares para servir a la sociedad.
“Puedo yo hoy (1790) felicitar a esta misma nación (Francia) por su libertad?
Porque la libertad, en su sentido abstracto, deba ser colocada entre los bienes del
género humano, ¿iría yo seriamente a cumplimentar a un loco que se hubiera
escapado de la protectora constricción y de la saludable oscuridad de su calabozo, por
la recuperación de la luz y de su libertad? ¿Iría yo a cumplimentar a un salteador de
caminos o a un asesino que hubiese roto sus cadenas por la recuperación de sus
derechos naturales? Esto sería renovar la escena de los galeotes y de su heroico
libertador, el metafísico Caballero de la Triste Figura...” (Reflexiones sobre la
Revolución Francesa” 1790)
“Negaré siempre muy formalmente que figure en el número de los derechos
directos y primitivos del hombre en la sociedad civil... El gobierno no se forma en virtud
de los derechos naturales que pueden existir, y que existen, en efecto,
independientemente de él; estos derechos son mucho más claros y mucho más
perfectos en su abstracción, pero esta perfección abstracta es su defecto práctico;
teniendo derecho a todo, se carece de todo. El gobierno es una invención de la
prudencia humana para proveer a las necesidades de los hombres... Se está de
acuerdo en que entre todas estas necesidades la que más se hace sentir es la de
sujetar suficientemente las pasiones... En este sentido, la sujeción cuenta entre los
derechos humanos tanto como la libertad...” (Reflexiones...).
“La simple idea de la formación de un nuevo gobierno basta para inspirarnos
disgusto y horror; deseábamos en la época de la revolución, y seguimos deseando
todavía hoy, no deber nada de lo que poseemos más que a la herencia de nuestros
102
antepasados. Hemos tenido gran cuidado de no injertar en este cuerpo y en esta cepa
de herencia ningún retoño que no fuese de la naturaleza de la planta originaria... La
política permanente de este reino... es considerar nuestras franquicias y nuestros
derechos más sagrados como una herencia... Tenemos una corona hereditaria, pares
hereditarios y una Cámara de los Comunes y un pueblo que mantienen sus privilegios,
sus franquicias y su libertad por la herencia de una larga serie de antepasados... Esta
política me parece ser ele efecto de una profunda reflexión, o, más bien, el feliz efecto
de esa imitación de la naturaleza que, muy por encima de la reflexión, es la sabiduría
por esencia... Nuestro sistema político está en una simetría y en un acuerdo perfecto
con el orden del mundo...” (Reflexiones...)
(Es menester...) “que las operaciones sean lentas y, en algunas circunstancias,
casi imperceptibles. Si, cuando trabajamos sobre materias inanimadas, las
circunspección y la prudencia son sabiduría, ¿no se convierten, con mayor razón, en un
deber cuando los objetos de nuestra constitución y de nuestra demolición no son
ladrillos y maderajes, sino seres animados, cuyo estado, modo de ser y hábitos no se
pueden alterar súbitamente sin convertir en miserable a una muchedumbre de otros
seres semejantes? Pero se diría que la opinión dominante en París es que para hacer
un perfecto legislador las únicas cualidades requeridas son un corazón insensible y una
confianza que no duda en nada...” (Reflexiones...)
1.9. Liberales católicos
Para continuar con el tema religioso, cabe citar a un curioso personaje que ha
tenido importancia en el pensamiento social de la iglesia católica 173, Lamennais174.
173
El catolicismo social se planteó de una forma clara y sistemática a a partir de 1890,
con el “paternalismo” de De Mun o La Tour de Pin, y el sindicalismo católico), pero
Lamennais fue el primero que introdujo el tema de las clase populares en el debate
católico. La iglesia católica se había situado, desde el siglo XVIII, en una posición
contraria al desarrollo de las ideas innovadoras. El desarrollo del “libre examen”, las
tendencias anticlericales (críticas a los regulares, a la opulencia de la iglesia y
expulsión de los jesuitas), la pérdida de privilegios y la difusión en su seno de esas
ideas ilustradas habían colocado a Roma en una situación incómoda, de pérdida de
influencia. La extensión del laicismo le parecía la raíz de todos lo males. Las medidas
expropiadoras de la Revolución francesa, que pronto fueron acogidas por la mayoría de
los países europeos, restó a la iglesia la fuente de su tradicional forma de vida. No ha
de extrañarnos, pues, que Roma reaccionase enérgicamente contra el liberalismo,
situándose netamente en el campo de “los que nada habían aprendido, ni olvidado”.
Así, la encíclica “Mirari vos” (15 de agosto de 1832), criticaba explícitamente “todas las
doctrinas que ponen en duda la fe y la sumisión debida a los príncipes”, denostando, de
paso, a las sociedades secretas, el indiferentismo religioso y la libertad de conciencia y
de imprenta. La materialización del problema en el propio seno del Estado Pontificio, a
través del nacionalismo italiano, exacerbará estas posiciones. La encíclica “Quanta
Cura”, de 1864, y el “Syllabus errorun”, donde se señala: “el Romano Pontífice no
puede ni debe reconciliarse con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna”,
103
Amén de sus escritos y actividades para crear una orden reformadora en el seno de la
iglesia, nos interesan sobre todo sus escritos sociales. Partió del sentimiento de
conmoción que le causó la miseria de las clases trabajadoras, de los pobres, que,
además, consideró que iba en aumento. Las causas de esta situación las situó en los
vicios del liberalismo, que se manifestaban en un cruel egoísmo, que no manifestaba
piedad por los desfavorecidos, rompiendo así la tradicional armonía (volvemos a la
“economía moral de la multitud”) que había reinado en el AR. Pero Lamennais, al
menos en esta fase, no era partidario de una vuelta al AR, sino de una recuperación de
la moralidad en las relaciones sociales que venciese al egoísmo. Para ello, pensó en
tres líneas de acción:
1/ Mejorar la situación de estos grupos sociales mediante el establecimiento de
organizaciones cuasi-sindicales y cooperativas.
2/ La concienciación-moralización de la sociedad, que debía conseguirse con su
recristianización, para lo que llevó a cabo una enorme labor divulgadora (con bastante
éxito, por otra parte), intentó la reforma de la institución eclesiástica, para acercarla a
los pobres y defendió la separación de la iglesia 175 y el Estado.
3/ La democratización política, que otorgase el sufragio universal, único medio para que
estos grupos sociales pudiesen manifestar sus intereses. Esta democratización debía
de ir acompañada del desarrollo de la libertad religiosa, de educación, de prensa y de
asociación.
Lamennais fue un innovador, pero su inconstancia en los planteamientos y la
censura que suscitó por parte de la iglesia, quitaron importancia a su obra.
2.10
l radicalismo y el republicanismo
Desde nuestra perspectiva, las Tres Gloriosa de 1830 (27, 28 y 29 de julio)
supusieron un reajuste entre las elites del poder, que se saldó con la definitiva
eliminación de los grupos ultras y de las posibilidades borbónicas, que se había aliado
a estos. Pero nada cambió en lo esencial del ejercicio del poder: se rehabilitó la
bandera tricolor, se suprimió la religión de Estado, la monarquía se hizo contractual, se
limitaron las funciones del rey (perdió el derecho a veto y el monopolio de la iniciativa
parlamentaria), pero el sufragio siguió siendo censitario y muy restrictivo, continuó el
bicameralismo, con una cámara de los Lores ahora vitalicia y no hereditaria, se
mantuvo la continuidad con la idea de “la Carta” (ahora no otorgada sino pactada entre
son claros exponentes. Por ello, la aparición de un personaje como Lamennais es
novedoso y supone, a pesar de los particulares puntos de vista de nuestro autor, el
inicio de una visión diferente.
174
Robert de la Mennais, cuando rompió lazos con las posiciones reaccionarias de la
aristocracia, comenzó a firmar Lamennais.
175
Según él, la iglesia podía llevar a cabo su misión sin las servidumbres al poder, en
un régimen de libertad.
104
el rey y la soberanía nacional). En resumen, que las reformas dan la impresión de ser
más una democratización del ejercicio del poder de la elite, perdida la esperanza de
recuperar para el nuevo régimen a la vieja aristocracia, que una democratización del
ejercicio del poder propiamente dicho. La mayoría de la población pudo, mientras no
“incordió” al poder, disfrutar de una mayor libertad de prensa, pero quedó marginada de
la participación. La idea la expresó muy bien Guizot, cuando decía que “era necesario
despolitizar a la nación”, dando prioridad a los logros económicos. El consenso al
nuevo régimen, al ejercicio del poder por nuestra elite innovadora vendría de la
extensión del bienestar, del “desarrollo176”, no de su participación en el Estado.
Pero las jornadas de 1830 supusieron algo más, fueron la demostración del
poder del “pueblo177 en armas178”. Los liberales tomaron nota: era necesario atraer a
esas “masas” (como ya hemos dicho, no mediante la participación, sino por medio del
“desarrollo”) y crear una fuerza represora eficiente, que se consiguió relanzando y
reformando la guardia nacional, que pasó a disponer en octubre de 1830 de más de
medio millón de hombres armados, dejando de ser un grupo de burgueses armados.
Por otro lado, el convencimiento de que sólo con un movimiento de masas se
podían cambiar las cosas llevó a la opción republicana, representante de los que
aspiran a un “orden mejor179”, a una vuelta al jacobinismo, cuya imagen había sido
rehabilitada por la explosión de romanticismo que supuso el éxito de los “heroicos tres
días gloriosos”. Para atraer a esos “excluidos” urbanos, el republicanismo volvió a
trabajar con la idea jacobina de igualdad y de propiedad. La igualdad política debía
manifestarse en la implantación del sufragio universal masculino, la igualdad socioeconómica en la aplicación de medidas correctoras al librecambismo, inspiradas en el
robespierrismo pero adaptadas a los nuevos tiempos, como mejoras laborales,
sistemas de lucha contra el paro a través de talleres nacionales, o la búsqueda de la
seguridad en el empleo. La República quería aparecer como:
176
Que se midió en tres parámetros: cubrir Francia con el ferrocarril benefactor
(pensando en industrializar), mejorar la instrucción pública y elevar el nivel de vida
general de la población.
Seguimos entendiendo grupos numerosos del “pueblo” de París, pero no un
movimiento de las masas francesas. Lo cual pone de manifiesto la debilidad de un
Estado que carecía de fuerzas represivas para acabar con la insurrección parisina y
que estaba limitado por la falta de un consenso social.
177
De nuevo la insurrección de las “masas”, en una situación de carestía y penuria,
aliadas con sectores liberales.
178
Amalgama de los pequeños y medios propietarios excluidos y los grupos “de
inercia”.
179
105
-La desaparición definitiva de los privilegios (derecho igual a la participación política),
asociando a éstos todos “los males que aquejan a la sociedad”: la carestía, la crisis
económica, el paro eran consecuencias de un libre mercado en el que persistían los
privilegios, permitiendo que “cruelmente” hubiese acaparadores, patronos tiránicos o
competencia desleal. El régimen perfecto era la república social, que recuperaba ese
espíritu de la “economía moral de la multitud”.
-La mejor manera de conseguir “una justa distribución del trabajo y de las riquezas”. No
se ponía en duda la propiedad privada, es más, el ideal republicano, denotando su
origen social, era una sociedad armoniosa de pequeños propietarios, pero se limitaba,
a través de la acción fiscal del Estado, la libre iniciativa, para paliar los efectos que
producía.
No hay grandes aportaciones teóricas por parte de los republicanos franceses,
se trata más bien de políticos pragmáticos 180, cuyas publicaciones tienen más de
divulgaciones proselitistas, que de sistematizaciones doctrinarias. En realidad, se trata
de una versión radical del liberalismo, que pone su acento en los conceptos de libertad
como anterior al Estado (Laboulaye181) y de progreso (Edgar Quinet y Jules Simón182)
como camino hacia la nivelación social183. Por lo demás, su confuso concepto de
igualdad tampoco hubiese soportado más esfuerzos teóricos.
Con esta política populista y un extraordinario trabajo publicista, los republicanos
se alzaron como la primera opción política 184 que intentaba capitanear esta amalgama
de intereses que constituía el grupo de los “excluidos” urbanos. Su éxito se vio en las
calles parisinas el 24 de febrero de 1848. La elite innovadora tomó buena nota: era
necesario incluir todos los intereses en el seno del Estado, era necesario el sufragio
universal185, pero había que acabar con las “barricadas”, con las insurrecciones186, con
180
En 1848 acaba el sueño romántico revolucionario y comienza la real politik.
181
1811-1883.
182
1803-1875 y 1814-1896, respectivamente.
Gambetta (1838-1882) definía la República como “la creación de un orden que
transformaría a Francia en una democracia sin clases, abierta a todos, pacífica y amiga
de las artes”.
183
184
El republicanismo tuvo un gran éxito de masas, logrando que durante bastantes
años los movimientos reivindicativos de las clases precarias se identificasen con ese
credo político. De hecho, las corrientes socialistas de clase tuvieron que competir muy
duro para poderles arrebatar ese caudal político.
185
Reconocido en la Constitución aprobada el 4 de noviembre de 1848.
186
La toma del Ayuntamiento de París por el movimiento insurgente, el 24 de febrero, y
su constitución como gobierno provisional, que fue el organismo desde el que la elite
innovadora pasó a controlar el movimiento. Su urgencia en consultar al pueblo sobre el
106
la puesta en tela de juicio del “orden”. El Estado debía dejar de ser el armonizador de
esta elite innovadora (cohesionada187 ya plenamente tras el proceso industrializador
que iba a comenzar y frente a ese populacho que ponía en tela de juicio esa posición
“que tanto les había costado ganar”), para pasar a convertirse en el articulador de todos
los grupos sociales188. La defensa de la propiedad privada frente a la amenaza del caos
y de la anarquía (que se identificaba con las ideas socializantes) comenzaba a cuajar
en una burguesía como hoy la conocemos. Ese mismo año, Carlos Marx y Federico
Engels publicaban el Manifiesto Comunista, comenzaba un proceso de concienciación
de la nueva clase trabajadora que daría como resultado la plasmación de una
alternativa, de un “fantasma” que iba a atemorizar y cohesionar los intereses de la
burguesía.
establecimiento de la República se justifica por la necesidad de impedir que el
movimiento parisino se pudiese extender a las provincias y al campo. No se
consintieron más insurrecciones, fueron reprimidas las “jornadas de abril”, las
insurrecciones “obreras” del 22-26 de junio, se declaró el estado de sitio. Es más, la
mayoría de orden acabó volviendo los ojos al bonapartismo (Napoleón III) para sofocar
el miedo que les inspiraban las masas.
187
Es significativa la forma en la que se produjo el proclamación definitiva de la
República en 1975. Dividida la opinión pública y la elite del poder entre las opciones
“monarquía o república”, se dejó un período transitorio ¡desde 1970 a 1975! para las
negociaciones entre los diferentes bando. Los monárquicos esperando que el
fallecimiento del duque de Chambord dejase los derechos en las manos del conde de
París, mecho más constitucional y liberal y más “presentable” ante la opinión pública.
Los republicanos temiendo que la inmediata proclamación de la República originase un
caos social y el acceso incontrolado de las “masas” al poder. Sólo la urgencia de los
acontecimientos llevó a la proclamación definitiva de la República, que se pacto
presidencialista para que siempre pudiese ser sustituida por una monarquía
constitucional. La cohesión estaba lograda, dirigida por la elite innovadora, la forma del
estado no era problema frente a la verdadera tarea que se presentaba: encontrar el
lugar y los límites para integrar al conjunto de los franceses. El estado francés ya no
sería puesto en tela de juicio, excepto por las opciones revolucionarias de los
trabajadores y de una forma discutiblemente “viable”.
188
La concepción ideológica es: el Estado es el lugar en el que se deben dar los
conflictos, fuera de él, sin sus límites, sólo hay anarquía. A su vez, el Estado no debe
limitar la iniciativa privada, sólo paliar los efectos más negativos. esta especie de
contradicción entre un Estado árbitro de disputas y, a la par, ajeno al libre juego de
intereses, se resuelve distinguiendo entre la normal confrontación de los intereses
“legítimos”, que es una materia civil y que no requiere más árbitro que el libre mercado,
y los conflictos que exceden esa normalidad, que ponen en peligro la integridad de la
libre iniciativa, en cuyo caso, el estado debe intervenir para garantizar esa libertad,
moderando los intereses en juego.
107
Habrá que esperar al fin del neobonapartismo de Napoleón III, que coincide con
el inicio de la industrialización francesa, para que quede plenamente establecida la
burguesía y el estado liberal. En el período de tiempo que va de 1830 a 1870 el
principal problema teórico con el que se enfrentó el liberalismo fue el de incluir a las
“masas” en su sistema, como estaba realizando en la práctica política. A. de
Tocqueville realizó las aportaciones más interesantes e importantes en este terreno.
2.10. A. DE TOCQUEVILLE
Alexis de Tocqueville (1805-1859) es una de los analistas teóricos del nuevo
estado más importante y el que con más profundidad abordó el tema del individuo y las
“masas” en el estado que se estaba creando. La democracia en América (1835-1840) y
El Antiguo Régimen y la Revolución (1856) son dos obras capitales en la historia del
liberalismo.
Para nuestro autor, el estado moderno, que denomina democracia, en cuanto
integra a todos los individuos, es el resultado del juego de dos ideas: libertad e
igualdad, que son dos aspiraciones básicas de los hombres. Por libertad entiende el
libre albedrío, “la libertad de elección de la persona humana, su poder moral sobre su
propio destino, su deber y su derecho a hacerse responsable a sí misma 189...”. Pero
junto a la libertad, el “corazón humano” alberga la pasión por la igualación. De la fusión
de estas ansias, que son universales e irresistibles nace la revolución democrática,
que, para Tocqueville, es un hecho ineluctable porque responde a la naturaleza
humana y siempre ha sido así. La Historia no es sino la lucha de los hombres por la
libertad y, sobre todo, por la igualdad. Nada puede, pues, frenar el avance de la
democracia190, es un hecho irreversible y además en sí misma, como idea, es la forma
de sociedad humana que más felicidad proporciona al ser humano191. Pero el problema
189
CHEVALIER, Los grandes textos políticos, Madrid, 1974, pág. 239.
“A cualquier lado que dirijamos nuestras miradas vemos la misma Revolución que
continúa en todo el universo cristiano. Por todas partes se vieron los diversos
incidentes de la vida de los pueblos resultar en provecho de la democracia... El
desarrollo gradual de la igualdad de condiciones es, pues, un hecho providencial; tiene,
en efecto, los principales caracteres de estos: es universal, es duradero, escapa un día
y otro al poder humano; todos los acontecimientos, como todos los hombres, sirven a
su desenvolvimiento. ¿Sería prudente creer que un movimiento social que viene de tan
lejos puede ser suspendido por los esfuerzos de una generación?...”
190
191
La descripción que Tocqueville hace de la democracia norteamericana, que toma
como modelo, es significativa: “la sociedad actúa allí por sí misma y sobre sí misma. No
existe poder más que en su seno... El pueblo participa en la creación de las leyes con
la elección de los legisladores, y en su aplicación con la elección de los agentes del
poder ejecutivo; puede decirse que gobierna él mismo, tan débil y restringida es la
parte que se deja a la administración, y hasta tal punto se resiente esta de su origen
108
es que, para nuestro autor, la democracia, como toda acción humana, encierra el
peligro de la corrupción, cuya principal raíz se encuentra en la relación que mantienen
libertad e igualdad.
El individuo (Tocqueville, como excelente liberal, parte de un concepto
individualista de la sociedad) se basa en los dos conceptos:
-La libertad le otorga, en cuanto le da capacidad para decidir, su entidad, su diversidad,
hace a los diferentes hombres distintos, individuos. Es la base de la moralidad, que
representa los mejores valores de la libertad.
-La igualdad es, no obstante la pasión más fuerte192 de los hombres (porque es
insaciable, porque jamás encuentra un grado que la colme 193), es la base de la
sociabilidad, lo que provoca que los individuos tiendan a relacionarse.
Libertad e igualdad recuerdan las dicotomías de Adam Smith que garantizaba la
armonía social. No obstante, para Tocqueville, el equilibrio entre los dos conceptos es
difícil y es la clave de la perfección de la democracia: la libertad frena a la igualdad,
impidiendo que oprima a los individuos, dándoles un margen para que desarrollen su
individualidad, sus capacidades, su ser moral; y la igualdad frena a la libertad,
impidiendo que el absoluto desarrollo del individualismo genere sociedades injustas,
que se basen en una jerarquía opresora e inmoral. Empero, la igualdad tiende a
imponerse a la libertad, porque, como hemos dicho, es una pasión más viva, más
fuerte. En nuestra opinión, porque Tocqueville, anunciando teorías venideras de signo
muy distinto, identifica igualdad con “masas” frente a libertad con individuos, dando a la
popular y obedece al poder del que emana. El pueblo reina sobre el mundo político
americano como Dios sobre el universo. El es la causa y el fin de todas las cosas; todo
sale de él y todo se absorbe en él...”
“La libertad política proporciona de tiempo en tiempo, a cierto número de
ciudadanos, sublimes placeres. La igualdad proporciona todos los días una multitud de
pequeños goces a todos los hombres. Los encantos de la igualdad se sienten en todo
momento y están al alcance de todos; los más nobles corazones no son insensibles a
ellos, y las almas más vulgares hacen de ellos sus delicias. La pasión que la igualdad
hace nacer debe ser, pues, enérgica y general...” y “la más pequeña desemejanza
parece chocante en el seno de la uniformidad general; la vista de ella se hace más
insoportable a medida que la uniformidad es más completa...”
192
193
Dando a entender un conflicto entre la pasión igualitaria y la creación de
desigualdades; como si, mientras el hombre tiende a la nivelación, fuese creando
desigualdades. La raíz de este “eterno” conflicto radica en que la libertad genera
diferenciación y, desde el punto de vista social, desigualdad; mientras la igualdad
tiende a lo contrario. Pero no se puede dar un concepto sin el otro: sin libertad no
puede expresarse la igualdad y, sin ésta, no se puede dar aquella.
109
acción colectiva una efectividad mayor, y más nociva, como veremos luego, que a la
individual.
De esta dificultad nacen los peligros para la democracia, que se pueden
esquematizar en tres grandes grupos:
1/ Cuando la exageración de la igualdad conduce a la consideración de que la
soberanía del pueblo es un bien absoluto, lo que se traduce en la apreciación de que la
“mayoría” tiene poderes absolutos194, oprimiendo la diversidad, la disidencia, la
individualidad. Se trata, entonces, de una tiranía de la mayoría.
2/ Cuando la extralimitación de la igualdad lleva a la consideración de que el individuo
es un bien absoluto, capaz de todo, sin reconocer la autoridad moral de la tradición, los
valores morales, el sentido de la justicia o de ciertos hombres superiores. Entonces,
cuando el individuo se considera todo poderoso, la única forma de determinar la
verdad, la bondad y la autoridad radica en la mayoría195, la opinión mayoritaria,
sojuzgando, de nuevo la individualidad, las minorías y la disidencia. El espíritu humano
se encadena a las voluntades generales del mayor número.
3/ Cuando la igualdad llega a tal extremo en que el individuo se cree tan poderoso que
no necesita nada exterior a él mismo, entonces se vuelve sobre sí mismo y
abandona196 la sociedad, que el ha ayudado a crear y de la que forma parte, a sí
misma. Esta situación, que a Tocqueville le parecía la más complicada y peligrosa y
que es la que, para nosotros tiene más actualidad, presenta dos situaciones:
“Cuando un hombre o un partido padece una injusticia en los Estados Unidos, ¿a
quién queréis que se dirija? ¿A la opinión pública? Es ella la que forma la mayoría. ¿Al
cuerpo legislativo? Representa la mayoría y la obedece ciegamente. ¿Al poder
ejecutivo? Es nombrado por la mayoría... ¿A la fuerza pública? La fuerza pública no es
otra cosa que la mayoría en armas. ¿Al jurado? Es jurado es la mayoría revestida del
derecho de pronunciar sentencias...”
194
Entendiendo, en el caso de esta exageración, “que hay más luz y sabiduría en
muchos hombres reunidos que en uno solo”, porque “en los tiempos de la igualdad, los
hombres no tienen ninguna fe los unos en los otros, a causa de su semejanza; pero
esta misma semejanza les da una confianza casi ilimitada en el juicio del público, pues
no les parece verosímil que, teniendo todos luces semejantes, no se encuentre la
verdad del lado del mayor número...” El peligro es que este concepto conduce a que
esa mayoría “no persuade de sus creencias; las impone y las hace penetrar en las
almas por una especie de presión inmensa del espíritu de todos sobre la inteligencia de
cada uno...”
195
“El habitante se considera como una especie de colono indiferente al destino del
lugar que habita. Los mayores cambios sobrevienen en su país sin su concurso; ni
siquiera sabe con precisión lo que ha pasado; tiene barruntos...”
196
110
-El hombre aislado, ajeno a la sociedad, se vacía de toda sustancia de civismo, se
convierte en un ser egoísta, que no reconoce los valores sociales. El resultado es una
sociedad anárquica197, en la que desaparece todo atisbo de igualdad y predomina la ley
del más fuerte.
-El hombre lleva su aIslamiento al punto de abandonar sus deberes-derechos como
ciudadano, dejando todo el poder en manos del Estado, que lo ejerce sin freno, que se
convierte en una entidad autónoma (con respecto a quien la creó, que pasa de ser la
ciudadanía para convertirse en un conjunto de súbditos) muy poderosa pues ha
recibido (contrato) el poder de todos los contratantes. Se trata de una nueva forma de
absolutismo198, muchos más peligrosa, pues ahora es un estado que ejerce su
autoridad sobre un mayor número de súbditos (antes el concepto de súbdito era mucho
más limitado) y, además, las nuevas formas pseudo-democráticas le permiten un
ejercicio del poder más suave, menos violento y menos cruel, por eso acaba con los
individuos sin atormentarlos, es más engañoso, más nocivo.
En el mismo sentido, este estado autónomo genera sus propios intereses de
supervivencia y utiliza la idea de igualdad extrema para acrecentar su poder sobre los
individuos: el individualismo y la uniformidad exagerados facilitan su ambición por
ampliar su poder. Este estado se convierte en patrono, industrial, educador,
benefactor... va absorbiendo las capacidades individuales, convirtiendo a los hombres
en títeres bajo su control, “en un poder inmenso y tutelar, que es el único que se
encarga de asegurar sus (de los hombres) goces y de velar por su suerte. Es absoluto,
detallado, regular, previsor y suave...”
“Este hombre, aunque haya hecho un sacrificio tan completo de su libre arbitrio, no
ama la obediencia más que cualquier otro. Se somete, es verdad, al capricho de un
empleado; pero se complace en desafiar la ley, como un enemigo vencido, en cuanto la
fuerza se retira...”
197
“Veo una muchedumbre innumerable de hombres semejantes e iguales, que giran
sin descanso sobre sí mismos para procurarse pequeños y vulgares placeres, con los
que llenan su alma. Cada uno de ellos retirado y aparte y como extraño al destino de
todos los demás; sus hijos y sus amigos particulares forman para él toda la especie
humana... Por encima de ellos se eleva un poder inmenso y tutelar, que es el único que
se encarga de asegurar sus goces y de velar por su suerte. Es absoluto, detallado,
regular, previsor y suave. Se parecería al poder paterno si, como este, tuviese por
objeto preparar a los hombres para la edad viril; pero, por el contrario, no persigue más
que fijarlos irrevocablemente en la infancia; le gusta que los ciudadanos gocen con tal
que no piensen más que en gozar...”
198
111
SCR 1º
El freno a estas corrupciones sólo puede venir de desarrollo de la libertad, que
se consigue, tomando ejemplo de la revolución norteamericana, que le parece “la
menos corrupta y más admirable de todas”, por cuatro caminos:
1/ Moderando el peso del Estado, mediante:
-Su fragmentación en instituciones libres y cercanas a los individuos, que obliguen a los
ciudadanos a salir de sí mismos, a olvidar sus propios negocios, para ocuparse de los
asuntos públicos.
-La descentralización que da vida política y estimula la participación en cada fracción
del territorio, imponiendo la necesidad de autoadministrarse 199.
-La separación de poderes y la bicameralidad que impiden el desarrollo del
autoritarismo del gobierno, de las mayorías o de cualquier aristocracia.
2/ Desarrollando la participación del tejido social mediante la creación de una estructura
organizativa que permita a los individuos asociarse 200 (sociedades civiles) para
defender sus intereses frente al Estado.
3/ Estimulando la autonomía individual mediante la educación cívica, que desarrolle los
valores participativos.
4/ Dando un importante peso específico a la religión, que fortalece la moralidad de los
individuos, dando enorme peso a su autonomía personal y a su capacidad para poder
controlar sus propias acciones. La idea de religiosidad que tiene Tocqueville está
inspirada en USA201, donde la región está separada del Estado (de lo contrario este
dispondría de un enorme poder sobre las almas y aquella se degradaría como una
moral del Estado) y se da una gran tolerancia, existiendo una enorme variedad de
sectas, que han ido configurando una especie de vulgata religiosa, más preocupada en
la utilidad moral que interesada en el dogma. La religión, pues, estimula los valores
individuales y, a la vez, “impide concebirlo todo y le prohíbe (al individuo) atreverse a
Es “en la comuna donde reside la fuerza de los pueblos libres. Las instituciones
comunales son a la libertad lo que las escuelas primarias son a la ciencia: la ponen al
alcance del pueblo, le hacen gustar su uso pacífico y lo habitúan a servirse de ella. Sin
instituciones comunales, una nación puede darse un gobierno libre, pero no tiene el
espíritu de la libertad...”
199
“No hay nada que la voluntad humana desespera de alcanzar por la acción libre del
poder colectivo de los individuos... En cualquier caso en que, a la cabeza de una
empresa nueva, veis en Francia al gobierno y en Inglaterra a un gran señor, contad con
que veréis en los Estados Unidos una asociación...”
200
Donde la libertad vio en la religión “la compañera de sus luchas y de sus triunfos, la
cuna de su infancia”.
201
112
todo”; pero se trata de una concepción de la religión como sentimiento religioso, como
moral, que como institución eclesial, que como tal se convierte en un poder.
Para Tocqueville, pues, el problema central es el de la relación del individuo con
el Estado en un régimen democrático, que entiende como aquel en el que tiene cabida
toda la sociedad. Ya no se trata de una controversia sobre el derecho a la participación
política de los ciudadanos, sobre el sufragio universal. Para él, es obvio,
independientemente de lo que se pueda pensar 202, que la Historia evoluciona en ese
sentido, que el futuro son los estados democráticos, que suponen el advenimiento de
las “masas”, de las mayorías. La relevancia de sus teorías le viene/vino de que supo
situarse justo en el momento político que estaba viviendo y de que intuyó la
problemática a la que las teorías políticas tuvieron que hacer frente años después. No
obstante, como buen liberal, partió de cuatro conceptos capitales:
-El individualismo como base del pensamiento político. Para él, el individuo es el objeto
de toda política y es un “bien absoluto”, porque es el resultado de los dos valores
esenciales: la libertad y la igualdad. En fin, el individuo 203 es el enemigo del
absolutismo, la base de la verdadera democracia.
-Los intereses particulares que se asocian al concepto individualista, y que tantos
rompimientos de cabeza habían dado a los teóricos liberales anteriores, son admitidos
como buenos y necesarios, son la manifestación del equilibrio entre libertad e igualdad.
La libertad los permite y la lucha por no perder, por no “ser menos que”, por la igualdad
los produce. Una sociedad con una democracia corrompida es una sociedad en la que
la confrontación de intereses particulares no existe (están regulados) o en la que el
conflicto se traduce en guerra.
-La libertad tiene una base moral. En realidad, el individuo tiene un fundamento moral.
De donde se deduce que las leyes, la política deben tener un fundamento moral. No se
trata, como en los ilustrados, de que la filosofía política sea una afirmación de lo que
debe ser, según postulados racionales, sino de que la acción política tiene un fin moral:
la afirmación de la autonomía ética de los individuos. Por eso la libertad no se concibe
sino se vincula al individuo, la libertad está sometida a la no regulación. No es la
202
Tocqueville era de familia aristócrata y reconocía virtudes en la monarquía del AR,
como el freno que para el Estado suponía el poder de la aristocracia o los “poderes
intermedios, pero considera que se está en una situación irreversible y que además
hace más felices a mayor número de personas. Además, no plantea restringir la
democracia, sino que la acepta, pero plantea los problemas que acarrea. Problemas
que no son los derivados de su imposición sobre la antigua aristocracia, que para él ya
ha muerto, sino los derivados del propio funcionamiento de la democracia.
“He querido exponer a plena luz los peligros que la igualdad hace correr a la
independencia humana, porque creo firmemente que estos peligros son los más
formidables, así como los menos previstos, de todos los que encierra el porvenir. Pero
no los creo insuperables...”
203
113
Libertad entendida como capacidad de acción, que supondría una igualdad de partida
en esas capacidades, sino la libertad como acción libre, independientemente de que
cada individuo libre tenga más o menos capacidad para ejercerla. Se trata de una
reducción del concepto libertad al marco de la política, del Estado, en la medida en que
a este se le asigna la función de árbitro de garante de esa libertad. Así, la libertad viene
de las leyes, que son las que la afirman. Las diferencias sociales y económicas, que
determinan la capacidad de actuación social, se dejan en un plano inferior, que sin la
Ley acaba en la discordia, en la guerra, en la anarquía.
-El Estado se separa de la sociedad civil, es considerado como una entidad superior,
en la medida en que es la fuente de la armonía, y esta separación es significativa: lo
sustrae a la realidad de los conflictos civiles originados por la distinta posesión,
convirtiéndolo en el predicador y actor de la libertad y la igualdad... ante la ley.
Por ello, la confrontación entre libertad e igualdad está en el centro de los
debates del liberalismo desde que este consideró que había llegado el momento de
incluir a las “masas” en su seno. La propia diferenciación de estos conceptos obedece
a la percepción exclusivamente política de estos conceptos, ajena a la consideración
de la existencia de desigualdades que impiden acceder en igualdad de condiciones a la
libertad. Los liberales de los años 30 lo habían intuido, Tocqueville le da una
formulación teórica definitiva. No se trata de restringir la libertad o de no entenderla
como participación, como hacían los censitaristas. Efectivamente la libertad política es
participación política, es su esencia, y Tocqueville la ensalza y critica cualquier forma
de limitación. Pero ¿la libertad es sólo libertad política?.
De la misma forma, la igualdad se entiende como igualdad política, y el análisis
de Tocqueville gira en torno a los problemas que la igualación política puede originar
para la libertad política. Pero no aborda los problemas que puede acarrear para la
igualación socioeconómica, para un concepto de libertad más amplio. Es más, no los
aborda porque sostiene que la igualdad extrema, sin límites, es el principal enemigo de
una sociedad democrática.
¿Podía ser de otra manera? La obra revolucionaria se había entendido desde un
primer momento como la lucha por el poder, por arrebatarlo a los poderes de “la
inercia” del AR, y por la construcción, con ese poder, de un estado nuevo que
estableciese una nueva forma de relaciones sociales. Debemos fijarnos en que las
transformaciones que se pretenden tienen su origen en el Estado, porque el poder se
entiende como un asunto político, sacándolo de la órbita del ejercicio del poder en los
terrenos económico y social. De esta forma, en adelante la lucha por el poder será la
lucha por el Estado y no la confrontación por las raíces del poder económico y social 204.
La revolución la inicia una elite innovadora, que se va ampliando hasta convertirse en
una clase social, porque la revolución se plantea como transformación política para
“Los pueblos democráticos odian frecuentemente a los depositarios del poder
central, pero aman siempre al poder mismo...”
204
114
liberar a los demás ámbitos de la actividad humana de las ataduras que limitan su
desarrollo, pero no para transformar las relaciones de poder en esos ámbitos, sino para
reformarlas sólo en la medida en que esas transformaciones son necesarias para el
desarrollo.
Las “masas” son un problema. Es necesario su consenso, se acaba
integrándolas205, mediante el sufragio universal y la posterior aparición de los partidos
de clase, en el sistema político, porque no se las puede dejar al margen, leyendo el
conflicto social como un conflicto de la esfera civil206. Pero el peligro de la integración
de las “masas” en el sistema político consiste en que alguna vez pretendan utilizar ese
poder político para transformar el resto de las relaciones de poder, en que la igualdad
exceda a la libertad.
Para acabar, cabría plantear un último interrogante ¿en el supuesto caso de que
las “masas” accediesen al poder político para transformar las demás relaciones de
poder, no volverían a repetir el esquema?, ¿la localización de la base del poder en el
ámbito político, al que se encarga del resto de las transformaciones, no volvería a
suponer una repetición de la confrontación entre igualdad y libertad?
3. El liberalismo británico y el tratamiento de “las masas”
En el Reino Unido el liberalismo de mitad de siglo abordó también problemas
sociales o de las “masas”, pero, mientras los teóricos franceses centraban sus
esfuerzos en el análisis sobre la participación de estas en el Estado, en Inglaterra el
problema que se estudia es el de las consecuencias sociales del libre mercado y la
forma de atenuarlas. La participación política popular la concede el Estado lenta y
progresivamente: en 1867, una reforma electoral concede el voto a un tercio de los
varones adultos (socialmente llega hasta la pequeña burguesía y los obreros
especializados207); en 1884, una nueva reforma electoral lleva el censo de votantes
hasta las tres cuartas partes del conjunto de los varones adultos (se incluye a los
campesinos propietarios de una vivienda); y será en 1918, cuando se promulgue el
sufragio universal -las mujeres sólo las que tienen más de treinta años-. El liberalismo
inglés da primacía a la suavización de las consecuencias del mercado en la sociedad
civil, en vez de primar la participación en el Estado, como forma de regular-armonizar
esta sociedad civil.
Una fecha es clave, 1840-50. Las “masas” inglesas hasta esas fechas han
centrado sus reivindicaciones en el campo político. El movimiento cartista, que logró
205
Al referirse a la democracia americana, que le parece la más perfecta de todas,
señala que la participación del pueblo genera que allí no se encuentra a “nadie que se
atreva a concebir y, sobre todo, a expresar idea de buscarlo (el poder) en otra parte...”
“Yo digo que para combatir los males que la igualdad puede producir no hay más
que un remedio eficaz, que es la libertad política...”
206
207
Principales componentes de las Trade Union.
115
reunir un millón de firmas en 1839 y más de tres millones trescientas mil -un tercio de
los varones adultos- en 1842, plantea unas reivindicaciones centradas en el sufragio
universal208, y, en 1839, en el momento álgido de la Convención de Londres, cuando se
planteaba una situación superficialmente parecida a la francesa de 1789 (dos tipos de
representación enfrentados: la Convención como representante del “pueblo”, el
Parlamento como representante de la elite del poder), esta decidió encauzar su
movimiento solicitando al Parlamento la aprobación de las reivindicaciones de la Carta.
Pero hay otra diferencia con el movimiento popular francés, el movimiento cartista tuvo
una infraestructura propia y extendida209 El propio proceso innovador británico
obedeció a este modelo: fue una continuación de etapas en las que se fueron
integrando en el poder las elites burguesas emergentes. Por ello, no fue necesario
partir de una Constitución, ni de un Estado nuevo, sino que se reformó el existente para
208
Elecciones anuales a la Cámara de los Comunes, sufragio universal masculino, voto
secreto, distritos electorales iguales, abolición de los requisitos de propiedad para ser
elegible, salario para los miembros electos del Parlamento.
209
No se trata de movimientos de hambre coincidentes en el tiempo, sino de un
movimiento organizado. No obstante, no pone en tela de juicio el “sistema”, sino que
pugna por conseguir el poder para legislar medidas suavizadoras de las consecuencias
sociales del liberalismo económico. Precisamente la asunción de parte de esas
reivindicaciones sociales por parte de los tories, y de los conservadores después, como
una forma de presión política contra los whigs (posteriormente, los liberales), contrarios
a cualquier legislación social que alterase el libre mercado, supone otra característica
inglesa. En Francia son los sectores más a la izquierda los que recogen las
reivindicaciones sociales, como una forma de capitalizar el movimiento de las “masas”.
En el Reino Unido, la legislación social obedece a la práctica de un modelo de
construcción política transacional: el estado las asume para evitar un excesivo
alejamiento de la sociedad civil, que pueda generar una situación embarazosa. Este
modelo obedece a una elite que no concibe el Estado como una sublimación (estado
armonizador) de los conflictos de la sociedad civil, sino como el ejercicio del poder que
corresponde a los poderosos de la sociedad civil. Por esto, la evolución política inglesa
obedece a la asunción por parte del Estado de los nuevos poderes que van surgiendo
en la sociedad civil. El único límite es la puesta en duda del Estado y la propiedad.
Entonces el Estado reprime. Así, la sociedad civil inglesa fue vigorosa, se desarrolló,
sobre todo en el campo de las actividades innovadoras, una fuerte corriente asociativa,
tanto de patronos como de trabajadores (cajas de resistencia, asociaciones, sindicatos,
clubes, sociedades...), la política no fue el campo en el que la confrontación social se
armonizaba, sino que se situó al margen, limitándose a aceptar situaciones de poder
nuevas (reconocimiento de las Trade Unión, reformas electorales...). El consenso social
al estado liberal no dependió de la participación, sino de la realidad de la inclusión en el
Estado de los poderes emergentes. En Inglaterra, así, la protesta no pretende acceder
al poder para llevar a cabo transformaciones, sino fortalecerse en la sociedad civil para
conseguir mejoras-cambios en las relaciones sociales. Se trata de protestas menos
ideologizadas, menos “revolucionarias”, pero que tuvieron un amplio consenso social.
116
dar cabida a las nuevas iniciativas. La aristocracia británica, al compás de la imposición
del mercado, se reformó, renegando de los sectores “de inercia” y pudo formar parte de
la elite innovadora. por gran parte del país. No fue un movimiento londinense, ni de
sólo los grupos “de inercia”, sino que abarcó a un número muy importante de la
sociedad civil “excluida” de la participación política. Fue un intento unitario por alcanzar
cuotas de poder. Pero, en 1842, en medio de una fuerte crisis económica, se produjo la
primera huelga general, significativa del proceso de cambio que estaban sufriendo las
mentalidades de una parte de esos excluidos: dejaban de llevar la protesta social al
ámbito político y la centraban en la sociedad civil. Es a partir de estos años cuando
comienza a desarrollarse el Tadeunionismo, la formación de los sindicatos ingleses,
que llevarán adelante la protesta centrada en temas salariales y laborales 210.
Nos encontramos, pues, ante una elite de poder que, en la década de los
cuarenta, está lo suficientemente segura y cohesionada (está comenzando el desarrollo
de los ferrocarriles que supondrán el desarrollo definitivo de la industrialización 211) para
negarse aceptar desde el Parlamento las peticiones cartistas y para no necesitar a las
“masas” para asentar el Estado. Han conseguido asentar el consenso hacia las
transformaciones no en la participación en el Estado, sino en la situación de este por
encima de las confrontaciones. El poder no se entenderá exclusivamente en el ámbito
político, aunque este sea el ámbito en el que la burguesía (como clase que se
constituye definitivamente con el período industrializador) tenga los últimos recursos
que garantizan su “dominio”.
John Stuart Mill (1806-1873) supone una primera revisión del liberalismo
individualista para recoger a las “masas”. El punto de partida es una revisión del
utilitarismo. Para Stuart Mill el bien, el objeto de la ciencia política no es lo bueno para
la mayoría, sino lo que es bueno para todos los hombres. Se plantean dos problemas:
1/ la existencia de una jerarquía de bienes (lo que es bueno para uno, para varios, para
la mayoría y para todos); y 2/ la necesidad de buscar unos criterios que identifiquen de
forma general qué es lo bueno. Los dos problemas conllevan la necesidad de la
existencia de un sistema de valores anterior al propio juicio-jerarquización de la
bondad, de la existencia de una ley moral anterior y superior a todo juicio político.
La afirmación de la supremacía moral le conduce a considerar inaceptables
ciertas situaciones sociales, que antes se soslayaban con el argumento de su
naturalidad, de ser inevitables, de ser un “mal menor”.
210
La intervención explícita en política no se volverá a desarrollar hasta que, con la
fundación de la “Sociedad Fabiana” (1883) y, posteriormente, con la del Independence
Labour Party, en 1893, no se plantee el acceso al poder, pero esta vez no para
participar sino para gobernar.
211
En 1940, había un tendido de 2.390 Km; en 1850, 9.797; en 1860, 14.603; en 1871,
21.558. Pero, lo que es más importante, la distribución de Producto Nacional por
sectores presentaba los siguientes porcentajes: sector primario, 22%, secundario, 34%,
y servicios, el 44%.
117
Por otra parte, nuestro autor intenta conciliar estas ideas con la defensa del
liberalismo. No se trata, para él, de que la sociedad liberal sea mala sino de llevar a
cabo ciertas reformas, ciertas adecuaciones a la realidad, para mejorarla.
Para Stuart Mill el análisis social diferencia tres realidades: el individuo (definido
como intimidad, “cuando la acción del hombre no afecta a otros hombres”), la sociedad
(conjunto de relaciones sociales e instituciones sociales) y la organización política
(instituciones políticas que dependen de las formas sociales). De los tres planos, el
fundamental le parece el social, donde se dan las relaciones entre los hombres, donde
se da la aplicación de esta moral social. Dos aspectos destacan:
-De la dependencia de las instituciones políticas de las formas sociales,
deviene la necesidad de que aquellas se vayan acomodando a los
cambios en estas, dejando, así, abierta la puerta a ese aspecto
transacional del Estado tan típicamente británico. Por otro lado, al poner el
acento en las relaciones sociales se está teorizando la forma de
construcción del Estado en el proceso de innovación inglés antes descrito.
-La sociedad está compuesta en lo esencial de “relaciones sociales” entre
individuos que persiguen su propio interés y de “instituciones sociales”,
como la propiedad, las asociaciones, normas de conducta, etc., que son el
marco en el que se dan las relaciones y que son la manifestacióninstitucionalización de las normas morales de la sociedad. Stuart Mill
señala que las relaciones sociales se dan -y se deben dar- en un marco
de libertad (sociedad liberal), pero que las instituciones, para se morales,
deben representar una trilogía de valores básicos: libertad, integridad y
respeto a la persona. La tensión entre igualdad y libertad, que en
Tocqueville se producía en el estado democrático, producto de la
Revolución, la traslada nuestro autor al plano de la sociedad y como
tensión entre libertad e individuo. No se trata, pues, de un conflicto
político, sino de una tensión social (sociedad civil). No se trata de una
confrontación entre el Estado-mayoría y el individuo, sino entre la libertad
y las consecuencias que su uso absoluto plantea.
La llave para abordar esta tensión la encuentra Stuart Mill en el concepto de
distribución. Para Smith y Ricardo, la sociedad liberal era esencialmente una sociedad
productiva natural y, cuanto más creciese la producción, más bienestar llegaría a la
mayoría. La libertad (libre mercado) debía ser la norma que reinase en todos los
ámbitos de la vida social porque aseguraba el “desarrollo”, la correcta asignación de
recursos y la innovación. El reparto social de los beneficios de este “desarrollo” se
realiza a través del mismo mercado, que garantiza la continuidad del “desarrollo” (feed
back) y la equidad (a cada uno según sus aportaciones al mercado). La pauperización
de las clases laboriosas se explicaba como el resultado de su mala posición en el
mercado, y Ricardo dejaba establecido que los salarios debían mantenerse
inexorablemente a un nivel de supervivencia, que garantizase la pervivencia de los
118
SCR 1º
trabajadores y de la competitividad en el marco de un proceso de descenso de los
beneficios.
Stuart Mill, por el contrario, sostiene que es necesario diferenciar entre
condiciones de la producción y de la distribución. Para las primeras, mantiene las
posiciones del liberalismo clásico; para las segundas, plantea la necesidad de moderar
la libertad de mercado. El análisis es el siguiente: las relaciones económicas se
mueven (o se deberían mover) exclusivamente en el campo del libre mercado, que
garantiza el desarrollo, pero las relaciones sociales se dan en el contexto de unas
instituciones sociales que perturban el libre mercado, produciendo una distribución
injusta. Nuestro autor está leyendo su tiempo: las relaciones sociales no se dan sólo
entre individuos, sino que están apareciendo sindicatos, asociaciones de patronos, el
Estado practica una doble política de librecambismo, por un lado, y apoyo a la
expansión, por otro, la propiedad permite a los patronos negociar en el mercado con
ventaja. En pocas palabras, el mercado, aplicado a la sociedad civil, tiene
condicionantes (instituciones) por los cuales no todos compiten en igualdad de
condiciones212.
Estas instituciones, no obstante, no pueden considerarse como obstáculos, sino
como producto de la evolución social y de la aplicación de las normas de la moral
social. El papel del Estado (que está determinado por la sociedad civil) debe ser, entre
otros, el de moderador de las consecuencias sociales de la distribución, el de
armonizar igualdad de oportunidades (que es lo que no se produce en una sociedad
civil en que sólo domina el libre mercado) y libertad (libre mercado). Se abre, así,
camino la política social, pero en un marco limitado a la tendencia hacia la igualdad de
oportunidades en el libre mercado.
Para nuestro autor, pues, la confrontación tiene lugar en la esfera de la sociedad
civil y el Estado lo que debe hacer es impedir que el conflicto salga de allí, porque ese
es el lugar en el que se resuelve naturalmente, libremente. Para conseguirlo es
necesario que ese conflicto no se haga irresoluble, porque las instituciones sociales lo
agudicen y provoquen que las partes implicadas puedan poner en duda el criterio
básico de “libertad”. Las sociedades son una consecuencia de la existencia de una
conciencia social, de la asunción de unas normas por el conjunto de la sociedad como
algo bueno para todos. Pero la “conciencia social” no es algo estanco, evoluciona
conforme lo hace la sociedad; cuando la “conciencia social” se aleja de las
“instituciones sociales”, estas están condenadas, se producen cambios históricos.
Obviamente, cuando importantes grupos sociales son alejados del bienestar, se forma
una conciencia reivindicativa, que, si se hace mayoritaria, impone el cambio. La
defensa de las instituciones y del libre mercado está, así, vinculada a la necesidad de
que este no produzca ese alejamiento.
212
En el tema salarial, la sobreabundancia de mano de obra (inmigrantes rurales,
irlandeses...) provoca una tendencia clara al descenso salarial y al paro.
119
SCR 1º
En otras palabras, para Stuart Mill, el “consenso” se encuentra en que el libre
mercado no excluya a las “masas”. El papel del Estado, si quiere garantizar el libre
mercado, es impedir esta “exclusión” mediante la aplicación de medidas correctoras en
las consecuencias sociales. Pero esta política social no debe encaminarse a viciar el
mercado (el campo productivo queda excluido del control) sino a reincorporar a él a los
que, por la propia dinámica mercantil, van siendo excluidos. La igualdad de
oportunidades se entiende, de esta forma, como un reciclaje para el mercado de los
derrotados por el mismo.
El consenso británico se había conseguido en base a una sociedad civil
dinámica, en la que la protesta debía encontrar posibilidades de acceder a la
consecución de ciertos éxitos, en la que el libre mercado debía permitir que los
derrotados por la competencia reincorporarse al circuito. De lo contrario, se generarían
poderes civiles alternativos, que podían poner en duda el mismo marco social. La
amenaza para la libertad ya no viene del Estado, como en los primeros liberales, sino
de sociedades egoístas e intolerantes con las minorías, de sociedades civiles que
generan la exclusión.
4. EL COMUNISMO
1. MARXISMO
El pensamiento marxista, formulado sistemáticamente a partir de 1848, vino a
trastocar el marco del pensamiento político: parte de supuestos distintos, levanta la
perspectiva (que adoptó visos de realidad de forma progresiva, hasta que se confirmó
en 1917) de una nueva revolución y, sobre todo, de plantea como el sistema de
pensamiento de la clase proletaria, a la que hasta ese momento se le había otorgado
un lugar secundario en el panorama político, ideológico e intelectual. No son de
extrañar las palabras que abrían el Manifiesto Comunista de 1848:
“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”
El desconcierto de las clases burguesas fue enorme y parejo a su “miedo”:
¿quién iba a pensar que esa creciente masa de “chusma” se iba a presentar como
alternativa a la sociedad liberal, que tantos esfuerzos le había costado sacar adelante a
la clase ahora en el poder?. Así, E. Wallon escribía en 1848:
“Un rojo no es un ser moral, inteligente y libre, como usted y como yo (...)
Sacrifica su libertad, sus instintos y sus ideas para que triunfen sus
pasiones más brutales y groseras; es un ser caído y degenerado. Por lo
demás, lleva en el rostro el signo de esta decadencia. Una fisonomía
abatida, embrutecida y sin expresión; ojos sin brillo, móviles, jamás miran
a la cara y huidizos como los del puerco; los rasgos burdos, sin armonía;
la frente baja, fría, aplastada y deprimida; la boca muda e insignificante
como la de un asno; los labios gruesos, salientes, índice de pasiones
bajas; la nariz sin finura, sin movilidad, gorda, grande y fuertemente
120
SCR 1º
pegada al rostro; he ahí los caracteres generales de semejanza que
encontraréis en la mayoría de los repartidores...”
Y, sin embargo, esta masa “informe” comenzaba a organizarse, a reivindicar
mejores condiciones de trabajo y salario y, lo que era más “inconcebible” y terrorífico
para esta clase “bien pensante”, a plantear la necesidad de una nueva y definitiva
revolución que pusiese en sus manos los “medios de producción”.
Todos los autores que analizan el pensamiento de C. Marx (1818-1883) y F.
Engels (1820-1895) comienzan por señalar su complejidad y es que el marxismo
pretendió ser un sistema de pensamiento que diese respuesta a interrogantes de todo
tipo: filosóficas, científicas, políticas, económicas, sindicales, etc. el resultado fue una
enorme obra bibliográfica, a la que hay que sumar la densidad del pensamiento de sus
principales autores.
Para hacer una síntesis asequible, comenzaremos por los axiomas básicos del
“sistema marxista”, por las claves de las que parte el conjunto, para luego avanzar en
su análisis de la sociedad burguesa, de la revolución y del comunismo.
1. La filosofía o, simplificando, el método de análisis, del marxismo es el
materialismo dialéctico, que pretende ser una síntesis de las aportaciones de las
ciencias (materialismo) y del pensamiento de Hegel. Vayamos por partes:
-La dialéctica213. Para Marx y Engels la realidad no es algo fijo, estable,
compuesto de seres inalterables, sino que está sometida a procesos de
cambio, de evolución. Pero no cambia aleatoriamente, sino que esos cambios
tienen un sentido: conducen hasta lo que es la realidad hoy. Desde una
perspectiva optimista, podríamos decir que “progresa”. De esta forma, el
estudio de la realidad debe ser el estudio de ese cambio, de ese progreso, de
las leyes que rigen esa historicidad. Leyes que para el marxismo son las de la
“Para la dialéctica, que concibe las cosas y sus imágenes conceptuales,
esencialmente, en sus conexiones, en su concatenación, en su dinámica, en su
proceso de génesis y caducidad (...) La naturaleza es la piedra de toque de la
dialéctica, y debemos señalar que las modernas ciencias naturales nos
muestran como prueba de esto un acervo de datos extraordinariamente copioso
y enriquecido cada día que pasa, demostrando con ello que en la naturaleza,
en última instancia, todo sucede de modo dialéctico, que no se mueve en la
monotonía de un ciclo eternamente repetido, sino que recorre una verdadera
historia. Aquí hay que citar en primer término a Darwin, quien, con su prueba de
que toda la naturaleza orgánica existente, plantas y animales, y entre ellos,
también el hombre, es el producto de un proceso de evolución que dura
millones de años, ha asestado a la concepción metafísica de la naturaleza el
más rudo golpe...” F ENGELS, Anti-Dühring, 1877
213
121
dialéctica: el enfrentamiento entre contrarios (tesis y antítesis), entre lo que se
es y lo que no se es, que conduce a la superación (síntesis), en lo que se será,
de los mismos. De donde podemos deducir que la realidad o la Verdad (el ser
de los filósofos) es su propia historia.
Además, el pensamiento de esa realidad también es dialéctico: no
existen verdades absolutas ni formas de pensamiento absolutamente ciertas y
para siempre, sino que la Ciencia evoluciona o debe evolucionar a la par que la
realidad, la técnica y la sociedad en la que se desarrolla. De esta forma, la
Verdad radica propiamente en el proceso de conocimiento mismo, en el
desarrollo histórico de la Ciencia, que es un proceso dialéctico.
-El materialismo214. El dilema básico que había debatido la Filosofía era la
relación entre nuestras ideas y la realidad: si se podía acomodar lo elaborado
por nuestra inteligencia con objetos materiales, si nuestro cerebro era capaz de
elaborar ideas verdaderas, si, en último término, la verdad dependía de la
realidad exterior a nosotros o de las leyes/lógica de nuestro pensamiento. El
marxismo señala que la verdad está en la realidad material, a la que
corresponde también el hombre y su pensamiento, que no es sino un proceso
material que se lleva a cabo en un objeto material que es el cerebro, y, ante la
relación entre pensamiento y realidad, vuelve a la dialéctica: nuestras ideas se
comportan como tesis que se enfrentan a la realidad (antítesis) para resolverse
(síntesis) en la práctica215 que las supera pues demuestra la veracidad de
nuestras ideas y transforma la propia realidad.
“En esto se viene a pensar cuando se considera “la conciencia”, “el pensar”,
con un criterio absolutamente naturalista, como algo dado, contrapuesto de
antemano al ser, a la naturaleza. Y no tiene uno más remedio que maravillarse
al ver como coinciden la conciencia y la naturaleza, el pensar y el ser, las leyes
del pensar y las leyes naturales. Pero si seguimos preguntando, qué son, y de
dónde proceden el pensar y la conciencia, nos encontramos con que son
productos del cerebro humano y con que el mismo hombre no es más que un
producto natural que se ha desarrollado en su ambiente y con él; por donde
llegamos a la conclusión, lógica por sí misma, de que los productos del cerebro
humano, que en última instancia no son tampoco más que productos naturales,
no se contradicen, sino que corresponden al resto de la concatenación de la
naturaleza...” F. ENGELS, Anti-Dühring...
214
“El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad
objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica
donde el hombre tiene que demostrara la verdad, es decir, la realidad y la
fuerza, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad
de un pensamiento aislado de la práctica es un problema puramente
escolástico...” C. MARX, Tesis sobre Feuerbach, 1888
215
122
El siguiente paso es importante porque intenta explicar el por qué de las
diferentes formas de pensar: si el pensamiento tiene una base material, ¿cuál será la
causa de las diferentes formas de pensamiento que ha habido a lo largo de la Historia y
que hay en la actualidad?. La realidad material que rodea al Hombre. Para el estudio
de esa realidad material humana se recurre al materialismo histórico, que pretende
ser la concreción del materialismo dialéctico aplicado al estudio de la historia humana.
2. El materialismo histórico parte de la idea de hombre como ser social, de tal forma
que la realidad humana historiable216 es su sociedad. Pero lo material de esa sociedad,
lo básico que da lugar a lo demás, son las relaciones de producción, que son las que
permiten sobrevivir a la sociedad y las que le dan forma, pues, para el marxismo, son
las que originan las formas de las relaciones sociales 217. Ahora bien, la producción no
es algo exclusivamente económica, sino que se realiza en una sociedad, por lo que
está atravesado por esas relaciones sociales. Por eso, el marxismo habla de relaciones
de producción. Así, sociedad y producción tienen unos lazos esenciales, intrínsecos,
que no permiten aislar los conceptos.
Esta parte básica de la sociedad es lo que el marxismo denomina
“infraestructura económica”, que determina en última instancia a la superestructura
política e ideológica, las formas políticas y las formas de pensar, que también se dan
en el seno de la sociedad y también, por tanto, se ven íntimamente determinadas por
las relaciones sociales en las que se dan218.
“Contemplada desde este punto de vista, la historia de la humanidad no aparecería
ya como un caos árido de violencias absurdas, igualmente condenables todas... y
buenas para ser olvidadas cuanto antes, sino como el proceso de desarrollo de la
propia humanidad, que al pensamiento incumbía ahora seguir en sus etapas graduales
y a través de todos los extravíos, hasta descubrir a través de todas las eventualidades
aparentes las leyes internas por que se guía...” F ENGELS, Anti-Dühring...
216
“El resultado general a que llegué y que una vez obtenido sirvió de hilo conductor a
mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres
contraen determinadas relaciones necesarias, independientes de su voluntad,
relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de
sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de esas relaciones de producción forma
la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la
superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de
conciencia social. El sistema de producción de la vida material condiciona todo el
proceso de la vida social, política y espiritual. No es la conciencia del hombre la que
determina su existencia, sino, por el contrario, su existencia social la que determina su
conciencia...” C MARX, Prólogo a la Contribución a la critica de la economía política,
1859
217
En este sentido, Marx y Engels replican a sus opositores ideológicos: “mas no
discutáis con nosotros mientras apliquéis a la abolición de la propiedad burguesa el
criterio de vuestras nociones burguesas de libertad, cultura, derecho, etc. Vuestras
218
123
Ahora bien, la sociedad, entendida como conjunto de relaciones sociales (en los
ámbitos económico, político...), no es algo estanco y absoluto, sino que es el lugar en el
que se han producido una serie de luchas, de conflictos, entre diferentes grupos
sociales. La Historia, así, encuentra su motor en esta conflictividad social que ha
llevado a diferentes grupos sociales a ostentar el poder, a dominar e imponer su forma
de “ver” la sociedad.
La clave esencial del pensamiento marxista está en el análisis de esa
conflictividad social. Efectivamente, si lo básico es la infraestructura económica, para
analizar las relaciones sociales habrá que recurrir al trasfondo económico: la sociedad
se compone de grupos sociales que se enfrentan por intereses económicos: pero esto
ya lo había dicho el liberalismo. La novedad es que el marxismo sostiene que la
división de la sociedad en grupos se produce porque unos grupos explotan a otros
grupos. Es más, porque unos grupos existen como grupos porque viven de explotar a
otros grupos219. De esta forma, la sociedad se divide en clases explotadoras y
explotadas220. Y, segunda aportación del marxismo, todo esto es posible porque existe
la propiedad privada, la apropiación de los medios de producción por parte de una
clase que utiliza el trabajo de otra -desposeída-, que percibe por ello lo que le permite
sobrevivir, pero que es menos que lo que su trabajo vale al propietario. Esta diferencia
entre lo que realmente aporta el trabajo 221 y lo que el trabajador obtiene de él es lo que
Marx denominó plusvalía.
ideas mismas son producto de las relaciones de producción y de la propiedad
burguesas, como vuestro derecho no es más que la voluntad de vuestra clase erigida
en ley; voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de
existencia de vuestra clase...” y más tarde: “ ¿acaso se necesita una gran perspicacia
para comprender que con toda modificación en las condiciones de vida, en las
relaciones sociales, en la existencia social, cambian también las ideas, las nociones y
las concepciones, en una palabra, la conciencia del hombre...” en el Manifiesto
comunista, 1848
“¿Es que el trabajo asalariado, el trabajo del proletario, crea propiedad para el
proletario? De ninguna manera. Lo que crea es capital, es decir, la propiedad que
explota al trabajo asalariado y que no puede acrecentarse sino a condición de producir
nuevo trabajo asalariado para volver a explotarlo...” Manifiesto...
219
“Toda la historia ha sido una historia de lucha de clases, de luchas entre clases
explotadas y clases explotadoras, entre clases dirigidas y clases dirigentes, en los
diversos estados de la evolución social...” Prefacio de 1883 (de F ENGELS) al
Manifiesto Comunista
220
Es interesante el concepto de alienación de Marx: “lo que este hecho expresa es,
sencillamente, lo siguiente: el objeto producido por el trabajo, su producto, se enfrenta
a él como algo extraño, como un poder independiente del productor. El producto del
trabajo es el trabajo que se ha plasmado, materializado en un objeto, es la objetivación
del trabajo. La realización del trabajo es su objetivación. Esta realización del trabajo,
221
124
La dialéctica de la Historia aparece, así, como el enfrentamiento entre
explotadores (tesis), que luchan por mantener el estado de las cosas, y explotados
(antítesis), que luchan por cambiar las cosas222, y que en un momento determinado,
cuando las relaciones sociales son un obstáculo al desarrollo de la producción (fuerzas
productivas), realizan una revolución, toman el poder y establecen una situación nueva
(síntesis), en la que pasan a ser explotadores de nuevos grupos sociales.
Para el marxismo, la sociedad inaugurada por la Revolución Francesa y la
Industrialización es la sociedad burguesa, que se caracteriza por el enfrentamiento
entre capital y proletariado: “la condición de existencia del capital es el trabajo
asalariado” (El Manifiesto Comunista).
3. La sociedad burguesa se caracteriza por ser la etapa histórica en la que la
lucha de clases aparece de forma más notoria: la explotación del trabajo por el capital
se muestra clara, sin los velos (esclavitud, servidumbre, relaciones gremiales, etc.) que
la enmascaren, a través de la conversión del trabajo en mercancía223 con la que se
comercia en el mercado; los diferentes grupos sociales se funden, por sus intereses, en
dos grandes clases antagónicas: los poseedores del capital y los que se ven obligados
a venderles su trabajo; el proceso, a través de la mundialización de las relaciones
mercantiles, se universaliza y abarca a todo el Planeta 224. Pero la sociedad burguesa
ya ha oído los “clarines” que anuncian su muerte: las fuerzas productivas ya han
encontrado el sistema estrecho para su expansión y pugnan por el cambio. Tres son
las manifestaciones de esta entrada en crisis del “sistema”:
como estado económico se manifiesta como la privación de realidad del obrero, la
objetivación como la pérdida y esclavización del objeto, la apropiación como
extrañamiento, como enajenación... Todas estas consecuencias vienen determinadas
por el hecho de que el obrero se comporta hacia el producto de su trabajo como hacia
un objeto ajeno. En efecto, partiendo de esta premisa resulta claro que cuanto más se
mata el obrero trabajando, más poderoso se torna el mundo material ajeno a él que se
crea frente a sí, más pobres se vuelven él y su mundo interior, menos se pertenece el
obrero a sí mismo...” Manuscritos económico-filosóficos, 1848
“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de
clases...” Manifiesto...
222
“Estos obreros, obligados a venderse al detall, son una mercancía como cualquier
otro artículo de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a
todas las fluctuaciones del mercado...” Manifiesto...
223
“El trabajo industrial moderno, el moderno yugo del capital, que es el mismo en
Inglaterra que en Francia, en Norteamérica que en Alemania, despoja al proletario de
todo carácter nacional...” y ello porque: “espoleada por la necesidad de dar cada vez
mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en
todas partes, crear vínculos en todas partes”. Manifiesto...
224
125
-La creciente conflictividad entre trabajo y capital, que del lado del trabajo va
adquiriendo fuerza conforme se va “universalizando 225”, adoptando la forma de
“unidad internacional” (“¡proletarios de todos los países, unios!”).
-La aparición de la ideología comunista, que supone, como veremos luego, que,
por primera vez, el proletariado dispone de un ideario que se corresponde con
su conciencia de clase226 (el comunismo pretende hacer explícito y claro lo que
hasta ese momento habían sido intuiciones y motivo de luchas aisladas).
-Las crisis económicas del capitalismo, que son definidas como crisis de
superproducción227, en las que el sistema, que se sostiene en los axiomas de
“producir para el mercado” y “producir cada vez más”, se encuentra con que el
mercado al que da lugar es incapaz de absorber toda la producción de la que
son capaces las fuerzas productivas. De esta forma, mientras una porción
importante de la producción se elimina sin poder ser distribuida, mientras una
parte importante de los medios de producción entra en crisis y deja de producir,
mientras una parte importante de la fuerza del trabajo se queda inactiva,
parada, la mayoría social pasa hambre y privaciones.
“Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta el número de
proletarios, sino que los concentra en masas considerables; su fuerza aumenta
y adquieren mayor conciencia de la misma. Los intereses y las condiciones de
existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina
va borrando las diferencias en el trabajo (...) Los obreros empiezan a formar
coaliciones contra los burgueses y actúan en común para la defensa de sus
salarios... Aquí y allá la lucha estalla en sublevación...” Manifiesto...
225
“Los comunistas... representan siempre los intereses del movimiento
(proletario) en su conjunto (...) Tienen sobre el resto del proletariado la ventaja
de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los resultados
generales del movimiento proletario...” Manifiesto...
226
“Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del comercio no
es más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas
contra las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de
propiedad que condicionan la existencia de la burguesía y su dominación...
Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente, no sólo una parte
considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas
productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en
cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la
sociedad la epidemia de la superproducción (...) Las relaciones burguesas
resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su
seno...” Manifiesto...
227
126
4. La revolución proletaria. La revolución es definida por Marx como “arrancar
por la violencia el poder de la clase dominante”. Pero vamos a ir por partes:
a/¿Qué es imprescindible para que se pueda dar la revolución?, que la clase
obrera tenga conciencia de su situación y de su tarea histórica. Su situación: no
se trata sólo de que asuma las reivindicaciones socio laborales en favor de una
mejora de sus condiciones de trabajo y salario, sino de que sea consciente de
su papel en la lucha de clases y esa lucha adquiere un horizonte político228: la
conquista del poder. Las reivindicaciones salariales son para el marxismo un
medio y no un fin. Son el camino por el que el proletariado se sensibiliza con su
situación concreta, por el que despierta, se une y se organiza. Pero es a través
de esa lucha cotidiana, y con la ayuda del marxismo, como adquiere conciencia
de la lucha de clases y de su papel histórico, como su lucha pasa de ser
sindical a revolucionaria.
b/¿Por qué una lucha política? por que el Estado es el mecanismo que la clase
dominante, ahora la burguesía, utiliza para garantizar su dominación:
constituciones, leyes, burocracia, ejército, policía... son organismo creados para
encauzar, convencer y, si es necesario, reprimir la conflictividad social. El
estado forma parte de la superestructura política pero es el último baluarte del
poder de la clase opresora229: la ideología convence, consigue “despistar” a las
clases opositoras, pero, cuando esto falla, aparecen los cuerpos represivos del
Estado: la opresión se hace explícita y la clase explotadora defiende su
posición a través de la policía y el ejército. Por eso, para acabar con la
explotación es necesario tomar el Estado, y, por eso, esta toma política lleva
consigo violencia230, porque ninguna clase social está dispuesta a dejarse
arrancar aquello de lo que vive.
“El verdadero resultado de sus luchas (del movimiento proletario) no es el
éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros... Más toda
lucha de clases es una lucha política (...) Esta organización de proletariado en
clase y, por tanto, en partido político...” Por eso, los objetivos del movimiento
comunista son: “constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la
dominación burguesa y conquista del poder político por el proletariado...”
Manifiesto...
228
“El poder político es, en sentido propio, el poder organizado de una clase
con vistas a la opresión de otra”, Manifiesto...
229
230
Previendo como se desarrollará la revolución proletaria, señalan Marx y
Engels: “el proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando
gradualmente a la burguesía todo el capital... Esto, naturalmente, no podrá
cumplirse al principio más que por una violación despótica del derecho de
propiedad y de las relaciones burguesas de producción...” Manifiesto...
127
c/ Ahora bien, ¿puede considerarse que la revolución proletaria consiste sólo
en tomar el poder político?, no. La conquista del Estado es sólo el primer paso,
es necesario también derrotar los otros elementos que utiliza la burguesía para
“dominar” al proletariado: la ideología, el aparato jurídico, la religión, etc... Esta
derrota tendrá dos etapas:
*En un primer momento se tratará de que el proletariado se libere de la
contaminación del ideario burgués, de que adquiera conciencia de clase,
para lo que realizará sus propias elaboraciones ideológicas y adoptará sus
propias formas organizativas . Es lo que el marxismo denomina “constituir
un movimiento proletario autónomo, de la inmensa mayoría”.
*En una segunda fase, desde el Estado recién conquistado, el proletariado
eliminará los vestigios del poder burgués e impondrá los suyos propios, a
la par que arranca los medios de producción de las manos burguesas y
los hace propios. Pero, esto es importante, no los distribuye o los
colectiviza inmediatamente porque aun quedan restos de la ideología
burguesa, y esta distribución o esta colectivización se convertirían en un
reparto de la propiedad privada, en una vuelta a un sistema burgués, más
equitativo sí, pero en una vuelta a un sistema capitalista. Lo que el
marxismo plantea es que la propiedad la asuma temporalmente el Estado
proletario231 O, más explícito aun: “el proletariado... mediante la
revolución se convierte en clase dominante y, en cuanto clase dominante,
suprime por la fuerza las viejas relaciones de producción, suprime, al
mismo tiempo que estas relaciones de producción, las condiciones para la
existencia del antagonismo de clase y de las clases en general, y, por
tanto, su propia dominación como clase”. Manifiesto..., y que, cuando
hayan desaparecido los últimos vestigios de la dominación burguesa,
cuando fuerzas productivas y las relaciones de producción marchen a la
par, se colectivice la propiedad. Entonces el Estado será innecesario, no
existirán clases sociales y será el reinado de la igualdad, habremos
entrado en la etapa definitiva, en el comunismo.
“El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando
gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los
instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del
proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la
mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas...
Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido la
diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos
de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter
político...”
231
128
De esta forma, la revolución lo que hace es instaurar un período transitorio
que se denomina la dictadura del proletariado, según Marx y Engels, necesario para
abrir paso a la liberación definitiva, un mal necesario para conseguir el fin último.
5. Las aportaciones de Lenin. Vladimir Ilich Ulianov (1870-1924)
“La idea de educar de manera sistemática a las masas en esta idea... de la
revolución violenta está en la base de toda la doctrina de Marx y Engels... Una
revolución es con toda seguridad la cosa más autoritaria que existe, un acto por el
cual una parte de la población impone a la otra su voluntad a tiros de fusil, a
ballonetazos y a cañonazos, medios autoritarios, si los hay. Le es forzoso al partido
que ha triunfado mantener su dominación por el temor que sus armas inspiran a los
reaccionarios... Así, pues, una de dos: o bien los antiautoritarios no saben ellos
mismos lo que dicen, y en este caso no crean más que confusión, o lo saben, y en
este caso traicionan la causa del proletariado. En los dos casos sirven únicamente a
la reacción...”
“Recuento y control: he aquí lo esencial para la organización, para el
funcionamiento regular de la sociedad comunista en su primera fase. En ella todos
los ciudadanos se transforman en empleados asalariados del Estado, constituido
por los obreros armados... Todo consiste en obtener que trabajen en la misma
medida, que observen exactamente la misma medida de trabajo y que reciban en la
misma medida. El recuento y en control en todos estos dominios han sido
simplificados hasta el extremo por el capitalismo, que los redujo a las operaciones
más simples de vigilancia y registro... Cuando la mayoría del pueblo proceda por sí
misma y por todas partes a este recuento, a este control de los capitalistas
(transformados entonces en empleados) y de los señores intelectuales que hayan
conservado todavía hábitos capitalistas, este control se hará verdaderamente
universal, general, nacional, y nadie podrá ya sustraerse a él. Toda la sociedad no
será ya más que una gran oficina y un gran taller, con igualdad de trabajo e igualdad
de salario...
Cuando haya desaparecido la esclavizante subordinación de los individuos a
la división del trabajo y, con ella, el antagonismo entre el trabajo intelectual y el
trabajo manual...; cuando con el desarrollo múltiple de los individuos las fuerzas
productoras crezcan y todas las fuentes de la riqueza colectiva broten con
abundancia, solamente entonces el estrecho horizonte del derecho burgués podrá
ser completamente superado y la sociedad podrá inscribir en sus banderas: De cada
uno según sus capacidades, a cada uno según sus necesidades...”
(Textos de El Estado y la Revolución, 1917)
2. EL ANARQUISMO. Miguel Bakunin (1814-1876)
“Soy partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que,
fuera de esa igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el
bienestar de los individuos, lo mismo que la prosperidad de las naciones, nunca
serán más que otras tantas mentiras. Pero, partidario incondicional de la libertad,
esa condición primordial de la humanidad, pienso que la igualdad debe establecerse
129
en el mundo por la organización espontánea del trabajo y de la propiedad colectiva
de las asociaciones productoras libremente organizadas y federadas en las
comunas, y por la federación también espontánea de las comunas, pero no por la
acción suprema y tutelar del Estado.
Este es el punto de vista que divide principalmente a los socialistas, o
colectivistas revolucionarios, de los comunistas autoritarios, que defienden la
iniciativa absoluta del Estado. Su fin es el mismo: un partido y otro quieren
igualmente la creación de un orden social nuevo, fundado exclusivamente sobre la
organización del trabajo inevitablemente impuesto a cada uno y a todos por la
fuerza misma de las cosas, en condiciones económicas iguales para todos, y sobre
la apropiación colectiva de los instrumentos de trabajo.
Ahora bien; los comunistas se imaginan que podrán llegar a eso por el
desenvolvimiento y por la organización de la potencia política de las clases obreras,
y principalmente del proletariado de las ciudades, con ayuda del radicalismo
burgués, mientras que los socialistas revolucionarios, enemigos de toda ligazón y de
toda alianza equívocas, piensan al contrario, que no pueden llegar a este fin más
que por el desenvolvimiento y por la organización de la potencia no política, sino
social, y por consiguiente antipolítica, de las masas obreras, tanto de las ciudades
como de los campos, comprendidos en ellas los hombres de buena voluntad de las
clases superiores que, rompiendo con todo su pasado, quieran reunirse
francamente a ellas y aceptar íntegramente su programa.
He aquí dos métodos diferentes. Los comunistas creen deber organizar las
fuerzas obreras para posesionarse de la potencia política de los Estados; los
socialistas revolucionarios se organizan teniendo en cuenta la destrucción, o, si se
quiere una palabra más cortés, teniendo en cuenta la liquidación de los Estados...
Los socialistas revolucionarios sólo tienen confianza en la libertad. Partidarios unos
y otros de la ciencia que debe matar la fe, los primeros quisieran imponerla; los
otros se esforzarán por propagarla, a fin de que los grupos humanos, convencidos,
se organicen y se federen espontáneamente, libremente, de abajo arriba: por su
movimiento propio, y conforme a sus intereses reales, pero nunca según un plan
trazado de antemano e impuesto a las masas ignorantes por algunas inteligencias
superiores...” de La Comuna de París y la noción de Estado, 1971
5. EL NACIONALISMO
El nacionalismo es y fue una corriente política que dio lugar a importantes
acontecimientos en la Historia. Podemos hablar de varios tipos de nacionalismo:
-Como sentido patriótico, el nacionalismo consiste en un sentimiento que
exalta la pertenencia a una nación, basándose en la identificación de algunas
características que definen lo propio/diferencial de esa nación, generalmente se
trata de algún tipo de virtudes, como el heroísmo, la laboriosidad o la honradez. Esta
exaltación es común a casi todas las corrientes políticas y la encontramos en el
liberalismo, el republicanismo o el socialismo. Los objetivos de este sentimiento son
varios, pero destacamos dos: disponer a los individuos para que sacrifiquen parte de
su individualidad (pagar impuestos, cumplir el servicio militar, respetar las leyes,
130
etc.) en favor del Estado, y conseguir el consenso de la sociedad en favor de las
instituciones (amar España es amar sus instituciones). La máxima expresión del
nacionalismo se produce cuando esta exaltación de la “patria” llega al punto en el
que se considera que la propia es mejor y superior a las demás, de tal forma que la
pertenencia a esa nación otorga derecho a actuar sobre las otras naciones.
-Como sentido de opresión por otras naciones, que se sientes distintas a
la propia. Es el nacionalismo de las nacionalidades sojuzgadas, que
identifica a un grupo por unas características que considera propias y
desnaturalizadas por la supremacía de otra nación. Es resultado es el
desarrollo de movimientos de liberación nacionalistas. Es un nacionalismo
disgregador, que pretende la construcción de estados nuevos.
-Como sentimiento de falta de unidad de un pueblo, que tiene unas
características comunes pero que no ha conseguido formar un estado. Es
un movimiento expansivo, que tiende a unir entidades menores en una
mayor.
El primer sentido, como ya hemos dicho, es común a casi todas las formas de
pensamiento político y acompaña a los otros dos sentimientos. Se desarrolla en
menor o mayor grado en las diferentes etapas históricas y se ha dado a lo largo de
toda la Historia. La novedad radica en que en las etapas precontemporáneas no era
un sentimiento general de toda la sociedad, sino que abarcaba a los pequeños
sectores que se identificaban con el estado: las aristocracias, mientras la mayoría
de los “súbditos” de ese estado eran por completo ajenos a él, identificándose
preferentemente con entidades sociales, territoriales y políticas menores: su terruño,
su comarca, etc. La edad contemporánea, al traer estados que pretenden
identificarse con el conjunto de la “ciudadanía” (el contrato de la comunidad), hace
del sentido patriótico algo general al conjunto de la sociedad. No es de extrañar que
el comienzo del patriotismo “general” se produzca con el advenimiento de las
revoluciones burguesas, que tildan de antipatriotas a los defensores del AR, de los
privilegios. No obstante, la fecha a partir de la cual el sentimiento patriótico alcanza
un mayor desarrollo es 1848, momento en el que comienza a extenderse por todos
los estados el sufragio universal (masculino), que hace a todos los hombres
partícipes de los estados.
El sentido disgregador del nacionalismo se dió también desde el principio del
período que aquí estudiamos, pero su consolidación, logros y manifestación política
coherente se dan a partir de 1870, por lo que lo dejaremos a un lado de momento.
Aquí lo que realmente nos interesa es el tercer sentido, porque es uno de los
aspectos determinantes de la política europea entre 1848 y 1870.
Antes de continuar conviene definir tres conceptos de los que parte el
entramado ideológico nacionalista:
a/ Nación o “conjunto de habitantes regidos por un mismo gobierno”. El
país es su expresión geográfica (territorial) y el estado su forma jurídicoinstitucional.
131
b/ Nacionalidad o “conjunto de caracteres peculiares que identifican a una
nación, y son su razón de ser”
c/ Nacionalismo o “corriente política que busca que se produzca la
situación óptima, en la que nación, país y estado coincidan”. El
nacionalismo, en sí mismo, no determina la forma del Estado, necesita de
otros contenidos políticos para éllo. Así, nos encontramos con un
nacionalismo liberal o con un nacionalismo socialista, etc...
5.1. Los orígenes del nacionalismo
De forma general, podemos decir que el pensamiento nacionalista se forma
con la pretensión por conseguir o con la consecución misma de estados
democráticos, que, como ya hemos señalado, se identifiquen con el conjunto de la
sociedad. Estos estados, reales o imaginados (por conseguir), generarán
sentimientos nacionalistas en la medida en que los utilizan para arrastrar a las
masas en pos de ellos.
Las raíces del nacionalismo son múltiples, pero podemos sintetizarlos en:
1/ La idea de soberanía nacional232 entendida como voluntad de
constituirse en nación. Este planteamiento ilustrado, que se encuentra en la base
de las ideas de contrato, da lugar a dos consecuencias:
-Los estados, producto de esa constitución de los individuos en nación,
deben corresponderse con ese carácter voluntario-democrático y
participativo. Son los estados liberales-representativos, que parten de la
máxima: la soberanía nacional.
-El planteamiento del cómo se construye-constituye esa nación o. lo que
es lo mismo, ¿por qué ese grupo de individuos decide constituirse en
nación?. Las respuestas son de dos tipos:
- El planteamiento liberal puro sostiene que es un acto de raciocinio
por el cual los individuos se dan cuenta de las ventajas de la vida en
sociedad. Es más asumen la inevitabilidad de la vida social, dado
que sólo en sociedad-nación el hombre puede ser/es feliz 233
232
"La soberanía es una, indivisible e imprescindible. Pertenece a la Nación y
ninguna parte del pueblo, ni ningún individuo pueden atribuirse el ejercicio de la
misma” (Constitución francesa de 1791, tit.III a.1)
“Supongo a los hombres llegados a ese punto en que los obstáculos que se
oponen a su conservación en el estado natural vencen por su resistencia a las
fuerzas que cada individuo puede emplear para mantenerse en ese estado.
Entonces, ese estado primitivo ya no puede subsistir, y el género humano perecería
si no cambiara su manera de ser...
Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza
común a la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada
233
132
Estas cláusulas, bien entendidas, se reducen a una sola: la
enajenación total de cada asociado con todos sus derechos a toda
comunidad...” (ROUSSEAU, El Contrato Social, 1762).. Es un
planteamiento universalista: habla de la sociedad como algo único.
Cuando a estos liberales se les planteaba la existencia de diferentes
sociedades, muchas veces en conflicto (y a veces en guerra) unas
con otras, atribuían estos particularismos a una falta de desarrollo
racional. El final del proceso/progreso se vislumbraba en una
sociedad-nación universal, en la que la Razón dominase todas las
conciencias por igual, en la que hubiese una armonía universal
(Kant).
- El planteamiento nacionalista incide en la existencia de razones por
las que los individuos se identifican en unos grupos 234
“Puesto
que el hombre nace de una raza y dentro de ella, su cultura,
educación y mentalidad tienen carácter genético. De ahí esos
caracteres nacionales tan peculiares y tan profundamente impresos
en los pueblos más antiguos que se perfilan tan inequívocamente en
toda su actuación sobre la tierra...” JG HERDER, Ideas para una
Filosofía de la Historia de la Humanidad, 1784-91 y no en otros. Es
decir, los individuos forman sociedades-naciones y no una única
sociedad, por ello se trata de analizar el por qué de esos
particularismos. La respuesta se encuentra en la existencia de
caracteres propios a diferentes grupos humanos, que los llevan a
identificarse unos con otros y a diferenciarse de los demás grupos.
Montesquieu ya había señalado la existencia de un “espíritu de los
pueblos”. Los nacionalistas hablan ahora de diferentes
nacionalidades. Como se ve es un planteamiento particularista.
Hay otro aspecto que conviene destacar: del planteamiento ilustrado deviene
la idea de la nación como autoconstrucción, como resultado de la voluntad de sus
componentes. Así: 1/ la imposición de la nación a los individuos es sinónimo de
opresión235, 2/ los individuos pueden y deben liberarse de esa opresión 236
uno a todos, no obedezca sin embargo más que a sí mismo y permanezca tan libre
como antes...
“He aquí lo que es un pueblo en el sentido elevado de la palabra, desde el punto
de vista de un mundo suprasensible: un conjunto de hombres que viven en sociedad
y se forman unos a otros espiritual y naturalmente, obedeciendo a una ley de
desarrollo, especial y cierta, de la divinidad. La unidad de esta ley especial es lo
que, tanto en el mundo eterno como en el temporal, convierte a las multitudes en un
todo compacto y natural...” FICHTE, Discursos a la nación alemana, 1807
234
“...El estado más natural sea también un pueblo con carácter nacional. Este se
conserva por miles de años y puede desarrollarse con mayor naturalidad si el
príncipe respectivo se empeña en ello... Por consiguiente, nada se opone tanto al fin
235
133
construyendo sus naciones en su camino hacia la felicidad. La Historia se entiende
como el camino de las naciones en su autoconstrucción.
La afirmación de la nacionalidad planea dos problemas que no son teóricos:
1/ El papel del individuo en su relación con la colectividad-nación. La
existencia de unos caracteres que definen esa nacionalidad obliga al individuo237, lo
conducen por el camino de la construcción de la nación. En este sentido, el
individuo deja de ser totalmente libre. No obstante, caben dos interpretaciones:
a/ Considerar que las nacionalidades son el producto de las conductas
(historia) de los hombres a lo largo de los siglos 238, en cuyo caso se
admite que existen unas normas superiores al hombre (un deber), pero se
les da un origen humano. Es un planteamiento que se da en
nacionalidades que han tenido a lo largo de la Historia concreciones en
forma de nación.
b/ Considerar que esas características son naturales y anteriores a los
procesos históricos. Generalmente se recurre a fenómenos étnicos o
lingüísticos. En este caso, el individuo se encuentra con un deber “casi
religioso” con el que cumplir239. Este planteamiento, en sus versiones más
exageradas, conduce hacia el autoritarismo: la construcción de la nación
de los gobiernos como esa extensión antinatural de las naciones, la mezcla
incontrolada de estirpes y razas bajo un solo cetro...” JG HERDER, Ideas...
Los estados no nacionales, “no poseen vida auténtica y a los que viven dentro de
ellos, unidos por la fuerza, sólo una maldición del destino podría condenar a la
inmortalización de su desgracia. Precisamente la política que produjo semejante
aborto es también la que juega con los pueblos y hombres como con cuerpos
inertes; pero la historia demuestra a las claras que estos instrumentos de la
soberbia humana son de arcilla y se quiebran o deshacen como toda la arcilla en
esta tierra...” JG HERDER, Ideas...
236
Es el sentido de la ley nacional de Fichte, “esta ley precisa y completa es lo que
se llama el carácter nacional de un pueblo; la ley que preside el desarrollo de lo
primitivo y lo divino...” en Discursos...
237
“A la pregunta «¿qué es un pueblo?», contestaban: un montón de seres efímeros
con cabeza, manos y pies que en este momento desdichado campan por sus
respetos, con todos los síntomas exteriores de la vida, en este trozo de tierra que se
llama Francia; en lugar de contestar: “un pueblo es la comunidad sublime de toda
una larga serie de generaciones pasadas, en vida y venideras, unidas todas a vida y
muerte en un sólo vínculo íntimo y grandioso y en cada generación, a su vez, cada
individuo garantiza la unión común... ¡cuán bella e inmortal comunidad no se hace
patente a los ojos y a los sentimientos generales, en el idioma común, en las
costumbres y leyes comunes...!” A MÜLLER, Elementos de Política, 1808-1809
238
239
Ver cita de la nota 2, pág 20.
134
se pone cómo objetivo supremo de la actividad política, las instituciones
con las que se pretende dotar a la nación se las hace corresponder con
esos caracteres propios y suele ir acompañado de las ideas de
superioridad nacional. El resultado no puede ser peor: son los
nacionalismos fascistas.
2/ El nacionalismo en su búsqueda de nacionalidades puede caer en el
excesivo particularismo: buscando las características identificadoras de los pueblos
se puede llegar a un particularismo extremo. Es necesario poner un límite, encontrar
las auténticas nacionalidades y discriminar entre nacionalidad y particularismo. La
tarea no es fácil y, por el contrario, históricamente ha sido peligrosa. La asignación
de nacionalidades no ha sido un acto fortuito, sino que se ha realizado en el seno de
unos intereses y de unos grupos sociales, el nacionalismo se convierte, así, en un
arma para otros fines: la consecución de un mercado, la obtención de grupos
sociales “inferiores”, la ampliación territorial de los estados, etc. En este sentido, el
nacionalismo puede, y lo ha hecho (caso húngaro, por ejemplo) oprimir 240 a otras
nacionalidades, convirtiéndose en la afirmación de una nacionalidad frente a otras,
pero obviando la existencia de otras nacionalidades subyugadas en su seno. Por lo
mismo, el requisito de que los estados nacionales recojan las peculiaridades de las
nacionalidades impone unos caracteres homogeneizadores que tienden a suprimiroprimir a las minorías. Es el caso de la homogeneización lingüística. El alemán, que
se pretendía en el origen de la nacionalidad alemana, era un idioma hablado sólo
por las elites intelectuales, aristocráticas y burocráticas de los estados alemanes,
pero que la constitución del estado alemán impuso como idioma oficial, anulando la
multitud de dialectos-idiomas que hablaba la mayoría y que constituía una
extraordinaria riqueza cultural.
Fue List, un economista alemán, el que planteó este problema con mayor
claridad: las naciones debían tener un tamaño suficiente para ser viables. Claro el
planteamiento tiene sus orígenes en la situación alemana: el nacionalismo
germánico consistió en la creación de una nación viable económicamente. No
obstante, el concepto de “umbral” es importante, porque:
-Permite discernir claramente entre nacionalidad y particularismo.
240
A propósito del sentido de la unidad alemana, señalaba, en 1810, H. VON
GAGERN, “¿Es que nosotros, teniendo presentes los intereses nacionales,
podemos abandonar en el futuro las provincias extra alemanas de Austria a sí
mismas o al azar? Yo he concebido la misión del pueblo alemán como una misión
grande y universal. ¿qué unidad debemos aspirar? como quiera que nosotros
hemos de vivir conforme a la misión que nos ha sido asignada en el Este, debemos
incorporar, como satélites, dentro de nuestro sistema planetario, a aquellos pueblos
situados a lo largo del Danubio que no tienen ni vocación ni derecho a la
independencia...” Claro que Bismarck se manifiesta más expeditivo en una carta a
su hermana, en 1861, “hay que golpear a los polacos hasta que renuncien a vivir.
Siento gran compasión por su situación, pero si queremos perdurar no tenemos más
remedio que exterminarlos...” citados en F HEER, Europa madre de las
revoluciones, Madrid, 1980
135
-Muestra un origen económico en el nacionalismo (al menos en el anterior a
1870), que aparece así como el arma política para conseguir naciones que se
adecuen al nuevo concepto territorial que impone la revolución industrial. El
territorio fragmentado e inconexo del AR va a ser destrozado por la
industrialización, especialmente por dos imperiosas necesidades:
- El proceso de urbanización va a dar lugar al crecimiento del
fenómeno urbano241, quebrando demográfica y regionalmente el
mundo rural242. El propio concepto de región preindustrial (ámbito
básico de las actividades agrarias de autoconsumo, por tanto de
pequeñas dimensiones) se sustituye por otro 243, en el que prima la
idea de “mercado suficiente”, de mayores dimensiones y
complejidad.
- El proceso de urbanización va a dar lugar a una red de
interinfluencias (cuyos centros-nódulos son las ciudades) y a una
jerarquía territorial que van a articular el territorio y que requiere un
tamaño superior para poder tener éxito.
En este sentido, el nacionalismo es el arma política para la articulación del
territorio de los grupos sociales que dirigen la revolución industrial, bien, como en el
caso alemán o el italiano, para asentar regiones suficientes, bien como en el caso
catalán o vasco para conseguir que subsistemas regionales obtengan un lugar más
relevante en las jerarquías (más poder) española o paneuropea.
-Manifiesta el grupo social que está en el origen del nacionalismo: la nueva
elite que se acabará convirtiendo, como ya hemos visto, en la burguesía.
2/ El liberalismo es una fuente importante del nacionalismo. En primer lugar,
desde una perspectiva negadora: el liberalismo, fundamentalmente el económico
(Adan Smith), en su afán de exaltación del individualismo, tienden a limitar el peso o
poder de los estados y, con ello, el de las naciones. Lo importante es el individuo y
241
No ha de ser causalidad que las ideas comiencen a circular en una red urbana.
Es muy satisfactoria la imagen de un mundo urbano progresivo -liberal e
industrializador- y un mundo rural regresivo -conservador y enemigo de la
industrialización-; no obstante, sin plantear estereotipos demasiado fáciles si que se
puede afirmar que las nuevas ideas se extienden sobre la red territorial que esta
creando la revolución industrial, siguiendo los caminos que están marcando las
influencias económicas.
242
Esta quiebra, acompañada de los evidentes efectos económico-sociales
(emigración a la ciudad, sometimiento a una economía comercial...), produce en el
mundo rural un desapego notable con respecto a las “ideas de la ciudad”, que
conduce hacia el conservadurismo. Precisamente, será el nacionalismo conservador
el que con la exaltación del patriotismo y del primitivismo “nacional” consiga
enganchar a estas masas. Napoleón III, por no seguir con los ejemplos alemanes,
es un paradigma de ello, y sus victorias políticas en los plebiscitos lo demuestran.
243
El nuevo concepto de región se encuentra en la base de la idea de nación.
136
su potencialidad, el interés individual es la fuente del progreso, etc. son postulados
que necesariamente reducen el papel de la nación, del estado y de las
nacionalidades, como conceptos referidos a la colectividad. No obstante, al
liberalismo se le planteó un problema que no podía resolver, una contradicción: para
que reine el individuo es necesaria la existencia (recordemos a Rousseau) de un
estado garante de las libertades, garante del individualismo. De mayores o menores
dimensiones el estado aparece como imprescindible. Desde el punto de vista
económico (Hobsbawn), el problema es el mismo: el interés particular es la fuente
de la riqueza y el progreso, pero los procesos económicos (la industrialización) se
realizan en el seno de las naciones. Es más, en el seno del desigual desarrollo de
las naciones encontró la revolución industrial una de sus principales ventajas, uno
de sus más importantes motores (mercados).
Esta contradicción, este problema es el que va a estar en la base del
desarrollo del nacionalismo, que viene a resolverlo. El liberalismo, amén de lo
anterior, aportará al nacionalismo una armazón teórico-ideológica. No conviene
olvidar que hasta 1830-48 nacionalismo y liberalismo avanzaron de la mano, que los
principales nacionalistas eran liberales convencidos. Así, tenemos:
a/ El concepto de libertad como salvaguarda del individuo frente a la opresión
de la masa o del Estado, da fundamento a:
-La idea de liberación frente a la opresión de los estados que no se
corresponden a las nacionalidades 244. La libertad no es plena, el
hombre no es feliz, si hay opresión. Para los nacionalistas gran parte
de esa opresión proviene de la imposición de la nación no deseada.
La lucha nacional es una lucha por la libertad.
-El derecho de las nacionalidades, en la medida en que forma parte
esencial del derecho a la libertad, es inalienable y previo a cualquier
consideración política. Así, Mazzini sostiene que el hombre tiene por
naturaleza dos libertades: la libertad personal y la de asociación
nacional, sin el ejercicio de las dos no puede haber libertad total.
-La opresión de las nacionalidades proviene del Estado y de las
mayorías que imponen formas culturales, sociales, políticas, etc.
ajenas a la naturaleza de las nacionalidades. Esta opresiónimposición adopta necesariamente una mecánica política que hace
que los estados tengan que asumir formas despóticas: tienen que
disponer de aparatos represivos de los naturales sentimientos
nacionalistas (policía, ejército, sistema educativo, sistema político,
etc.). Incluso aún cuando las instituciones tengan aspecto
democrático, en la medida en que imponen “su nación”, son
despóticas, pues tales instituciones son los vehículos de los que se
sirve la nación opresora para anular la nacionalidad oprimida.
“Le es imposible al Estado aceptar de ningún otro pueblo noción alguna de
abolengo y de idioma diferente, sin perjudicarse a sí mismo y a su propia
formación...” JG FICHTE, Discursos...
244
137
EL NACIONALISMO
-La concepción del individuo como motor esencial de la vida política
da lugar a la exaltación del poder del individuo, de su capacidad para
la acción. El nacionalismo parte de esa capacidad del hombre para
variar o transformar el estado de las cosas, aunque traslada esa
potencialidad al concepto de nacionalidad (ya hemos visto los
problemas del individuo y la nacionalidad en el nacionalismo). Las
naciones existentes pueden ser modificadas, no son inmutables, lo
esencial y previo son las nacionalidades.
b/ La idea de soberanía, que ya hemos comentado antes.
c/ El creciente positivismo. Los problemas de la construcción de los estados y
la necesidad de ordenar la sociedad conducen al pensamiento liberal a olvidar el ius
naturalismo y a afirmar el origen positivo del derecho245. Esa natural dependencia
del derecho de la costumbre y del carácter del pueblo, se conserva también en el
progreso del tiempo, no dentro modo que en el lenguaje...”, De la vocación de
nuestro siglo para la legislación y la jurisprudencia, 1814, releyendo a Montesquieu,
para encontrar la justificación a las formas concretas que iban adoptando los
estados, muchas veces alejadas de los ideales primigenios de igualdad, libertad y
fraternidad. Esta historicidad sirve de base a la afirmación histórica de las
nacionalidades, en ella encuentra el nacionalismo las características definitorias de
las nacionalidades246. El romanticismo no es ajeno a ello. El rechazo romántico de la
fría racionalidad que había conducido a esa vida mezquina propia de “los
burgueses” y la exaltación del pasado, como esos tiempos legendarios en los que el
hombre, en armonía con la Naturaleza y con los demás hombres, era feliz está en la
base de la mitología nacionalista:
-La existencia de un pasado, legendario y remoto, mejor, edad de oro
para algunos, se convierte en argumento esencial que justifica la
reivindicación nacionalista. Esta visión del pasado se realiza a la manera
romántica, como exaltación de valores heroicos, grandes epopeyas...
habitualmente situados en la Edad Media 247. Generalmente es una
FC SAVIGNY: “Preguntaremos ante todo a la historia cómo se ha desenvuelto
realmente el derecho entre los pueblos primitivos, con el fin de procurar ver y juzgar
qué es lo que hay en ese desenvolvimiento de necesario, de útil y de censurable.
En todas las naciones, cuya historia no ofrece duda, vemos al derecho civil
revestir un carácter determinado, peculiar de aquel pueblo...
245
“El carácter de los pueblos antiguos se originó de los rasgos raciales, la región en
que habitaban, el sistema de vida adoptado y la educación, como también de las
ocupaciones preferidas y las hazañas de su temprana historia. Las costumbres de
los mayores penetraban profundamente y servían al pueblo de sublime modelo...”
JG HERDER, Ideas...
246
247
En 1868, declaraba W MENZEL que el pueblo alemán no era un pueblo de
poetas y de pensadores sino que “lo cierto es que irrumpimos en la historia universal
como un pueblo de héroes, y esto es lo que somos y seguiremos siendo pese a
todos los maestros de escuela”, Nuestras fronteras
138
mixtificación: en el caso de haber existido, se hace abstracción de todos
los elementos fríamente racionales-banales, como las situaciones de
opresión social y política o la opresión sobre otros pueblo, y se insiste en
aquellos aspectos que generan más sentimentalismo nacional.
-La existencia de una Naturaleza o territorio (país) idílico en el que se
vivía en aquellos remotos tiempos, con el que se identifica la esencia de la
nacionalidad y que considera vulnerado, deteriorado o explotado, por los
agentes opresores. La reivindicación nacionalista se equipara con la
reivindicación de esa Naturaleza armoniosa. En algunos casos, como una
vuelta ecológica al pasado, en otros, como una reivindicación territorial.
-La existencia de una sociedad perfecta, fraterna y virtuosa legendaria
que fue destruida-oprimida por el invasor. Sociedad que tenía
características propias248
“Se las aglutina (diferentes nacionalidades)
unas con otras dentro de una máquina precaria que se llama máquina
estatal, sin vitalidad intrínseca ni simpatía de los componentes. Reinos de
esta índole que tan problemático hacen el título de padre de la patria a
cualquier monarca, aunque fuera el mejor, ocupan en la historia el lugar
de aquellos símbolos monárquicos en el sueño del profeta, donde la
cabeza del león se une con la cola del dragón y el ala del águila con la
pata del oso en un conglomerado estatal que lo es todo menos
patriótico...” JG HERDER, Ideas..., conformes a la manera de ser de esa
nacionalidad. Por ello, el movimiento nacionalista pretende que el nuevo
estado en construcción adopte esa caracterización.
Amén de esta mitología nacionalista, conviene resaltar que la necesidad de
justificar la nacionalidad hará del nacionalismo una corriente que desarrolle el
trabajo histórico249. Verdaderas oleadas de publicaciones sobre la historia nacional
preceden a los movimientos nacionalistas y serán intelectuales los que realicen los
corpus doctrinales nacionalistas. Michelet es uno de los mejores ejemplos (es
francés, de una nacionalidad con nación, y por tanto, carece de motivaciones para
querer buscar en la Historia lo que esta no tiene). Para él, la nación es un ser
organizado, no una colección de individuos, sino algo vivo y armónico, con un alma
(la moral nacional y los sentimientos nacionales) y una misión. Cada nación tiene
“Los que viven de una vida creadora, los que dejan a un lado la nada cuando otra
cosa no pueden hacer, y esperan a que se adueñe de ellos una vida creadora; los
que, aún sin llegar tan lejos, por lo menos aspiran a la libertad, amándola, en vez de
temblar ante ella, todos esos son hombres primitivos, y si se los estudia, se les
considera como una colectividad, forman un pueblo primitivo (Urvolk): el pueblo
alemán en una palabra... En la nación que hasta nuestros días se la llamado
propiamente pueblo, o sea alemán, la colectividad ha mantenido hasta hoy el
progreso y la vida...” JG FICHTE, Discursos...
248
249
Destacamos las historias de la Revolución francesa de THIERS, MIGNET,
MICHELET, la Historia de la Civilización de GUIZOT, o la Historische Zeitschrift
alemana (1857).
139
sus propias características, así, Francia es la nación de la libertad y su misión es
extenderla al resto de la Humanidad.
Podemos observar, como ya antes hemos señalado, que el nacionalismo
retira al individuo del lugar preeminente en que lo coloca el liberalismo, ahora hay
fuerzas que lo superan: su pertenencia al grupo, la moral, la nacionalidad, etc. Sin
embargo, ya el liberalismo había comenzado a insinuar esta tendencia en su
pensamiento: el individuo es el fin de toda actividad política, pero ese individuo vive
en sociedad y debe regirse por unas normas que, si bien en el pensamiento
ilustrado eran naturales y partían del individuo en cuanto ser racional, para el
liberalismo, constructor de estados y amante del orden social, se encuentran por
encima del propio individuo. Para Destutt de Tracy la ley es un acto positivo,
resultado de la existencia de una autoridad que tiene el derecho a gobernar. La ley
natural-racional comienza a dejar paso a la ley real, útil. Las leyes, como las
entiende el liberalismo inglés (de Hume a John Mill), son convenciones humanas
que deben su vida a su utilidad. En el mismo sentido que Benjamín Constant
afirmará que las instituciones humanas son el resultado de la adaptación del
sentimiento de justicia social, propio del hombre, a las circunstancias concretas en
las que se desarrolla esa acción. Igualmente, Guizot afirmará la primacía de las
normas morales sobre el individuo y las instituciones políticas, que deben ceñirse a
los dictados (deber) morales. Se ha olvidado la universalidad de la ley racional
ilustrada y del individuo todo poderoso, ahora entramos en el campo del relativismo
político (está bien lo que sirve) y de la sumisión del individuo a normas superiores a
él. No son ajenos a estas tendencias los desarrollos teóricos del conservadurismo,
que sostiene a la Historia como fuente de las instituciones. Sin llegar a los extremos
de Bonald (afirma que la tradición revela el orden natural), José de Fiévée señala
que la fuente de las instituciones estables (por ello, buenas) es la integración de la
tradición y las innovaciones propias de los avances sociales. La felicidad, fin de toda
actividad humana (la política es una parte importante), consiste en la victoria de la
virtud sobre el interés particular (individual), virtud que no es sino el resultado de los
usos y costumbres heredados, que han permitido la supervivencia y el progreso de
los hombres.
Así pues, el nacionalismo sitúa al individuo en un segundo plano con respecto
a la nacionalidad, a la nación-estado250 “. El estado no es una manufactura, granja,
sociedad de seguro o mercantil; es la conexión íntima de todas las necesidades
físicas y espirituales, de todas las riquezas físicas y espirituales, de toda vida interior
y exterior de una nación para constituir un gran todo enérgico e infinitamente movido
y vivaz”, A MÜLLER, Elementos de Política, 1808-1809 y a la Historia. La Historia es
el desarrollo del espíritu de las naciones, el camino de su afirmación, en el sentido
en que Chateaubriand señalaba que las sociedades poseían un impulso, algo que
les da vida, que les hace desarrollarse.
3/ La filosofía alemana dará al nacionalismo un fuerte soporte ideológico y
conceptual. Hegel planteó los principales postulados de los que beberá el
“El corazón de los súbditos tiene que latir por el Estado, cada ciudadano debe
estar dispuesto a ofrecer y sacrificar todo a otro todo...
250
140
nacionalismo alemán: 1/ la primacía del Estado como la esfera en la que se concilia
lo particular y lo universal, donde se da la libertad real (la que da la Ley), síntesis de
la libertad individual y la Libertad racional 251 “La unidad de la voluntad subjetiva y
de lo universal, es el orden moral y, en su forma concreta, el Estado. Este es la
realidad, en la cual el individuo tiene y goza su libertad; pero por cuanto sabe, cree y
quiere lo universal... Sólo en el estado tiene el hombre existencia racional... Todo el
valor que el hombre tiene, toda su realidad espiritual, la tiene mediante el Estado...”
HEGEL, Filosofía de la Historia Universal, 1822-1831. Ver también la nota 5 de la
página 19.. Ese Estado, conjunto de leyes, es superior al individuo y es el resultado
del desenvolvimiento histórico de la razón, el objetivo final de la Historia. 2/ La
Historia se concibe como un desarrollo dialéctico en el que cada fase se
corresponde con la afirmación-objetivación de un grupo social252 sobre otros. Esta
afirmación se materializa en la forma de un Estado, que es puesto en entredicho por
los grupos sociales oprimidos, que aspiran a derribarlo y a la construcción de uno
nuevo. 3/ El comportamiento de los individuos es el resultado de la tensión entre la
libertad individual-subjetiva y la norma-el deber, el resultado es la superación de esa
tensión: la plasmación concreta de unos usos y unas costumbres, de una
organización espiritual propia de cada pueblo, que para realizarse debe adoptar la
forma de un Estado.
De estos planteamientos parte el estatalismo del nacionalismo alemán, que
considera que el estado es la instancia suprema, a la que se debe el individuo (el
individuo le debe su libertad al Estado, que es el que le permite, con sus leyes,
ejercerla). El proceso de construcción nacional se entiende como un proceso guiado
por el Estado, en el que éste mismo se construye en la lucha contra el
individualismo y contra otros estados. Así, la afirmación nacional tiene una doble
vertiente:
-La superación del individualismo disgregador. No hay que olvidar lo que
tardó el nacionalismo alemán en comprender el liberalismo y el régimen
representativo.
-La superación del conflicto con otros estados en una dialéctica de
opresor-oprimido.
“El Estado no es una institución artificial, una de tantas invenciones útiles y
agradables de la vida social, sino que es el todo de esa misma vida, necesaria en
cuanto se dan hombres, ineludible, fundada en la naturaleza del hombre, diría, si,
considerado desde todos los puntos de vista juntos, no fueran una y la misma cosa
la existencia humana y la civil...” A MÜLLER, Elementos...
251
“El Estado es... el objeto inmediato de la historia universal... El espíritu, en la
historia, es un individuo de naturaleza universal, pero a la vez determinada, esto es:
un pueblo en general. Y el espíritu del que hemos de ocuparnos es el espíritu del
pueblo... Ningún individuo puede transcender de esta sustancia; puede, sí,
distinguirse de otros individuos, pero no del espíritu del pueblo... Cuando el pueblo
ha hecho de sí mismo su propia obra, desaparece la dualidad entre lo que es en sí,
en su esencia, y lo que es en la realidad. El pueblo se ha satisfecho; ha desenvuelto
como su mundo propio lo que en sí mismo es...” HEGEL, Filosofía...
252
141
Desde esta doble perspectiva se entiende que el nacionalismo alemán
entienda el proceso de construcción de la unidad alemana como un proceso de
afirmación del poder del Estado. Afirmación interior en cuanto el Estado domine
sobre los individuos, y afirmación exterior en cuanto el Estado alemán se afirme con
respecto a los otros estados. Si a esto le sumamos la confianza hegeliana en la
supremacía alemana, encontraremos las raíces ideológicas de la acción
bismarquiana.
Siguiendo con el tema, paralelo a este “estatalismo” se encuentra las
concepciones de Herder sobre lo que constituye una nacionalidad, un “pueblo”
(volk), como comunidad inconsciente de raza, lengua o costumbres. Esta no
necesidad de la conciencia nacionalista para que exista una nacionalidad es una
afirmación cargada de consecuencias, dado que da valor de necesidad a la
construcción nacional, independientemente de los sentimientos de los integrantes
de esa nación. Así, encuentra justificación la política de unificación-anexión
prusiana, se trataba de la defensa de lo alemán, del Estado alemán, aunque
hubiese que someter a los mismos alemanes.
4/ Una última raíz del nacionalismo la encontramos en los propios
acontecimientos históricos que vivieron (al menos vivieron su memoria) los
formuladores de la doctrina. Destacaremos tres:
a/ La Revolución francesa fue vivida como:
-La confirmación de la fuerza de la voluntad de la nación, la primera
afirmación de la soberanía de la nación. Aunque transformando, como ya
hemos visto, el concepto de nación, el nacionalismo encuentra aquí:
-La objetivación de la idea de soberanía nacional.
-La certidumbre de la realidad de la posibilidad de afirmar las
soberanías.
-La idea de que los pueblos los constituyen sus componentes y no un
grupo de ellos o unas instituciones.
-La revolución levantó sentimientos ambivalentes, mientras para unos era
un acontecimiento admirable e imitable, para otros, horrorizados por el
desorden y el Terror, era algo a evitar. Serán estos últimos los que
enarbolen la bandera de lo nacional para defenderse de las influencias
francesas o extranjeras. Es más como la visión que los contemporáneos
tuvieron de la revolución fue la de la obra de “los filósofos”, de los
ilustrados (la mayoría de los cuales, al menos los más conocidos, era
francesa), el pensamiento contrarrevolucionario adoptará posiciones
radicalmente antifrancesas. Es conocido el ejemplo alemán, donde las
cortes estaban desde el siglo XVIII profundamente afrancesadas en sus
gustos y costumbres, lo que provocó entre los primeros nacionalistasrománticos un fuerte rechazo, que los llevó a germanizar sus formas.
142
-La revolución consistió en la destrucción de un estado y la construcción
de otro. La misma idea de destrucción de algo hasta entonces
considerado eterno u obra de la Providencia ilumina las perspectivas
nacionalistas. Pero, además, la mecánica de como se hizo ilustrará los
manuales de estrategia nacionalistas (movimientos de masas,
proclamación de una asamblea constituyente, etc.), como en el caso de la
Asamblea de Francfort, o marcará el camino que no se debe seguir (evitar
las alteraciones del orden, la desorganización política, etc.) como es el
caso de la visión prusiana del nacionalismo.
-La revolución fue realizada por hombres que acuñaron:
-Un nuevo modelo de comportamiento, la ética revolucionaria. El
hombre activo, participativo, arriesgado, que impone sus
obligaciones sociales a las personales, el héroe... dan lugar a la
figura del luchador que es común a los movimientos radicales
democráticos y a los conspiradores nacionalistas. Encontramos
esta ética en las sociedades secretas, cenáculos en los que se
movió el primer nacionalismo, y es pareja a la extensión del
“jacobinismo”.
-La primera imagen del patriotismo contemporáneo, entendido
como ardorosa y valiente defensa de los logros revolucionarios
frente a los enemigos de la revolución (enemigos de la
revolución = enemigos de la patria). Claro que esta concepción
sólo era posible si se defendía un estado de todos, un estado
basado en la soberanía nacional. Las banderas nacionales, los
himnos y las fiestas patrióticas comienzan ahora y son los
símbolos de este patriotismo. El nacionalismo tomará de aquí su
sentimiento de la nacionalidad.
b/ Las guerras revolucionarias. La revolución francesa cambió la forma
de concebir la guerra. Ahora deja de ser únicamente un asunto de
soldados por cuestiones territoriales y se convierte en:
-Un asunto de la nación que defiende su estado. En este sentido,
el modelo de ejército nacional se impondrá partir de ese momento.
Las guerras dejan de ser guerras entre reyes y se convierten en
guerras nacionales.
-Un asunto en el que se dan dos campos de batalla: el bélico,
propiamente dicho, y el de las conciencias. Los revolucionarios
franceses divulgaron sus conquistas como una forma de ganar
adhesiones y debilitar a su enemigo absolutista. Guerra y política,
pues, comenzaron a ir juntas: la guerra se admitió como una
forma de hacer política (en este caso, extender la revolución y sus
bondades) y los planteamientos políticos justificaron hacer la
guerra. Los nacionalistas, que se verán inmersos en procesos
bélicos jugarán con estas ideas.
143
Por otro lado, las guerras revolucionarias extendieron la revolución:
llevaron e impusieron en los territorios dominados las leyes y las
costumbres revolucionarias. Pueblos enteros pudieron vivir los
beneficios de la revolución sin necesidad de hacerla y durante decenios
no olvidarán estos años. Es más, cuando se produzca la Restauración,
muchas de las políticas revolucionarias no se abolirán: la
desamortización de los bienes eclesiásticos, la abrogación de la
servidumbre, etc. perdurarán de una forma u otra. La idea de soberanía
nacional será una de esas que perdurará.
Por último, la guerra sojuzgó a otras naciones. El imperio
napoleónico se construyó sobre la base de la conquista, aunque luego la
aplicación de las leyes francesas (o parte de ellas) se utilizase para
camuflar la conquista con el disfraz de la liberación. Estos pueblos
sojuzgados sintieron como su animosidad ante el innovador exaltaba
sus sentimientos nacionales, llegando incluso al planteamiento de
guerras populares contra el gigante francés: guerra de la Independencia
en España, en el Tirol o levantamiento prusiano.
c/ La modelación de un nuevo mapa europeo por Napoleón tuvo también
consecuencias, especialmente en el caso alemán (Confederación del Rhin)
y en el italiano. Napoleón fue el primero que planteo la necesidad de que
las fronteras marcasen entidades políticas viables, evidentemente esta idea
no tenía aún el calado que le dio posteriormente List, pero sirvió para poner
en la palestra lo que ocupará gran parte del sigo XIX europeo.
5.3. La formulación de las nacionalidades
A lo largo del texto hemos ido haciendo referencia a la raza, la lengua, la
historia o la voluntad de los pueblos como los determinantes que nos llevan a
asignar el concepto de nacionalidad a un grupo social, diferenciándolo de otros.
Todos los movimientos nacionalistas utilizan uno u otro concepto para este fin,
llegando incluso a discutir si uno u otro son los más idóneos. Es el caso del
nacionalismo francés que se enfrenta al nacionalismo alemán por los territorios de
Alsacia y Lorena. Para el primero la nacionalidad de estos pueblos está en función
de la voluntad de sus habitantes, para el segundo, el idioma alemán deja bien
sentado que Alsacia y Lorena pertenecen al ámbito alemán.
Lo importante de este concepto de nación es que supone la idea de la
superioridad de la nacionalidad con respecto a la voluntad de sus habitantes.
Antes hemos comentado los postulados de Herder, pero sin llegar a esos
extremos, los nacionalismos que parten de estas concepciones adoptan
posiciones irredentistas, iluministas y elitistas, para las que las masas no son sino
un conjunto de necios a los que es preciso “salvar” o, al menos, concienciar.
Es muy interesante en este punto citar a Hobsbawn cuando habla del
protonacionalismo popular, para hacer referencia a la posibilidad de existencia de
“ciertos sentimientos de pertenencia colectiva” (a una comunidad-nacionalidad)
144
previos al proceso nacionalista (en nuestro caso, anteriores al siglo XIX),
afirmados rotundamente por el nacionalismo.
Para el autor estos sentimientos se pueden clasificar por su pertenencia
social en dos grupos: 1/ populares (“formas supralocales” de identificación, que
van más allá de las que circunscriben los espacios reales en los que las personas
pasaban la mayor parte de su vida”) y 2/ elitistas (“lazos y vocabularios políticos,
que pueden posteriormente popularizarse”). Hobsbawn niega la existencia previa
de estos sentimientos populares, al menos en la etapa cronológica que aquí
estudiamos, y afirma que en realidad su afirmación por los políticos y los estados
nacionalistas forma parte de la mistificación ideológica que utiliza el patriotismo, en
su versión “victimista” (el buen pueblo oprimido) o en su versión heroica (las
hazañas del pueblo en el proceso de liberación). Esta mistificación ideológica tiene
que ver con el encubrimiento de la realidad: los sentimientos de nacionalidad,
según nuestro autor, partieron de la conciencia de las elites políticas,
administrativas e intelectuales, y luego, con la ayuda de los recién creados
estados, se difundieron entre el “pueblo”.
Hobsbawn analiza los tres aspectos que el nacionalismo planteó para
afirmar las nacionalidades: la lengua, la raza y la conciencia de pertenecer o haber
pertenecido a una entidad política duradera. En el primer caso, afirma que “las
lenguas nacionales (especialmente el alemán y el italiano) son casi siempre
conceptos semiartificiales, virtualmente inventados”. Las hablas populares de la
etapa protonacional eran un sinfín de dialectos e idiomas253, con mayor o menor
parentesco entre sí, que el proceso de construcción nacional envía al saco del
folclore o los mantiene como piezas del museo lingüístico, cuando impone la
lengua oficial-nacional. Sobre el origen de esta lengua señala dos caminos: la
imposición de un dialecto sobre los demás (cuando la construcción del estado
nacional se realiza desde un grupo nacional predominante) o la imposición de una
lengua de elite (cuando es esa elite la que dirige el proceso). Es más, esta
imposición lingüística no sería un fenómeno neutro, por el contrario, es una
manifestación de la jerarquización social dentro de la nación: afirma la supremacía
del grupo dominador a la vez que degrada (los dialectos populares pasan a ser
considerados como “paletos”, arcaicos, etc.) a los grupos dominados.
En cuanto a la raza, señala dos hechos básicos:
-La población de los grandes estados-nación territoriales “es casi
invariablemente demasiado heterogénea para (poder) reivindicar una
etnicidad común.
253
En Francia, sólo la mitad de los franceses hablaban francés antes de su
adopción como idioma oficial y su implantación en los planes educativos (la
implantación real de las lenguas nacionales corre paralela a la implantación de los
sistemas educativos generalistas y universalistas). En Italia, sólo un 2,5 %
utilizaban el italiano de forma cotidiana, mientras en el territorio alemán, no llegaba
a medio millón el número de personas capaces de leer en ese idioma.
145
-Los sentimientos étnicos aparecen frecuentemente asociados a la
pertenencia a un grupo social. Así, en Francia la aristocracia ya en el AR
se proclamaba heredera de los “conquistadores francos” (con lo cual
encontraban la raíz de sus privilegios: grupo guerrero que ha
conseguido la preminencia por su superioridad), que organizaron el país
tras imponerse sobre los galos. En la Prusia oriental, la aristocracia se
identificaba con los germanos, pueblo guerrero que hizo lo propio.
Desde esta perspectiva, parece, pues, que la raza es otro invento
ideológico para justificar la construcción nacional y la opresión de otros grupos
étnicos (generalmente adscritos a los niveles más bajos de la sociedad, como por
ejemplo, los polacos en Alemania) por el proceso liberador.
El tercer elemento, la conciencia de haber pertenecido a una comunidad
con instituciones y autonomía política, plantea también importantes dudas:
-Hay muchos grupos humanos que han tenido a lo largo de su historia
esta autonomía política y que no reivindican su nacionalidad.
-La autonomía política en las formas preburguesas, como vimos al
estudiar el AR, no afectaba a la inmensa mayoría, que vivía apegada a
su terruño, dependiendo de un señor (podía notar el cambio de señor) y
ajena por completo a las formas políticas, de las que no tenía más
noticia que cuando la guerra pasaba por su comarca o los recaudadores
se acercaban. Al alcance de este pueblo analfabeto y demasiado
ocupado en trabajar sólo estaban ciertos símbolos religiosos y políticos
que le permitían identificarse con una unidad política, y los sermones y
comentarios del cura. Es decir, los mensajes de las elites.
-Fueron las elites (en el AR y posteriormente) las que escribieron y
leyeron las crónicas e historias nacionales, que sirvieron de base a la
historicidad de las nacionalidades.
Así, como en los otros dos casos, observamos como la historia de la
nacionalidad aparece como una versión ideológica interesada, elaborada por una
elite que pretende generalmente justificar el proceso de construcción del estado
nacional y su posición relevante dentro de él.
No cabe, pues, más remedio que negar, según Hobsbawn, estos
sentimientos populares protonacionalistas, que no son otra cosa que el resultado
de la lectura que las elites realizaron de la Historia. No obstante, si que se puede
afirmar, en muchos casos, la existencia de una conciencia protonacional entre las
elites. Pero conviene señalar un aspecto básico: las elites del AR entendieron el
sentimiento de nacionalidad como la defensa del privilegio (derecho a
autoadministrarse de un territorio, una provincia, etc.) frente a la política de las
monarquías. El “pactismo”, el contractualismo, etc. del Derecho positivo
preburgués así lo demuestran. Los nuevos estados, más o menos liberales, no
podrán mantener la reivindicación nacionalista en este estrecho margen, necesitan
146
implicar a la soberanía nacional en él. Por eso, crean y difunden el mito de los
sentimientos populares protonacionales.
5.4. Elementos para un análisis de los procesos nacionalistas 1848-1875
La “revolución burguesa” tuvo una segunda vía para realizarse, la vía
nacionalista. Esta se produjo con más retraso254, en los lugares donde la
burguesía era más débil255 y la elite (sectores importantes) 256 del AR tuvo que
tomar la iniciativa para adaptarse a los tiempos, o lo que es lo mismo para poder
competir con éxito en el nuevo mercado capitalista que se estaba abriendo. Este
apremio económico es importante y va a marcar el camino de la vía nacionalista:
254
Aunque las ideas nacionalistas puedan haberse desarrollado antes, los
procesos nacionalistas reales, lo que condujeron a procesos de construcción
nacional y a regímenes liberales se iniciaron en 1821 en Grecia, 1830 en Bélgica y
1848 para Italia y Alemania (también cabría citar a Irlanda). No obstante, los casos
griegos y belga son peculiares. El primero vió una conjunción de intereses
internacionales que condujo a que la victoria griega se debiese a la decisiva
intervención militar conjunta de Francia, Rusia y Gran Bretaña contra las tropas
otomanas. La constitución del estado belga se debió a un proceso revolucionario
tipo 1830, pero que también contó con el apoyo decisivo de Francia y Gran
Bretaña.
255
Se trata de sociedades con un fuerte predominio agrario, en las que las se
presentan fuertes diferencias en cuanto al reparto de la propiedad rústica, y en las
que las relaciones sociales del campo obedecen a fuertes criterios de
sometimiento. La debilidad y dispersión (Norte-Sur, ciudades-campo en Italia, y
Oeste-Este, ciudades-campo en Alemania) de la burguesía le da escaso peso en
la formación de la elite revolucionaria, siendo ejemplares los casos alemán e
italiano, en los que los procesos de unificación van a ser llevados a cabo por
gobiernos que reprimen los movimientos liberales típicamente burgueses.
Guillermo I, Victor Manuel, Bismarck y Cavour odiaban profundamente a los
“revolucionarios” y aceptan las reformas liberales de sus estados como una faceta
más de su realpolitik. No obstante, estas reformas y sobre todo el proceso de
industrialización van a acabar integrando a amplios sectores de la burguesía en
esta “nueva elite”.
256
Lo que justifica el conservadurismo del que hace gala el nacionalismo real
desde 1848. Es más, Piamonte y Prusia eran estados conservadores, con una
monarquía autoritaria y escasísimo respeto por los postulados liberales.
147
1/ Los “nuevos” estados se construirán como una forma de aumentar el
poder económico (por ende, político) dentro de una concepción
geoestratégica en la que se concibe el mundo como una lucha por la
supremacía257 (competencia).
2/ Los procesos nacionalistas reales (los que van a tener éxito) se
realizan uniendo procesos políticos y económicos 258. La construcción de
Alemania se concibe, en este sentido, como dos procesos paralelos:
industrialización259 y creación del estado alemán, mientras que en el
ámbito de las construcciones liberales se otorgaba una primacía clara al
establecimiento previo del marco sociopolítico260 en el que luego se iba
a dar el desarrollo industrial.
257
Tanto Prusia como Piamonte conciben sus respectivos procesos nacionales en
el marco de unas relaciones internacionales. La alianza de Piamonte con
Napoleón III (y la aquiescencia de Prusia) es determinante para el éxito inicial
frente a los austriacos y la política internacional de Bismarck tiene como criterio
esencial es aIslamiento diplomático de sus enemigos. Por otra parte, las
pretensiones tanto del Piamonte como de Prusia son las de encontrar un hueco en
la escena internacional. Esta posición se concibe dentro de unas relaciones de
poder, por ello se desarrollaron políticas militaristas, que necesitaron para su
financiación del desarrollo económico.
J.A.S. GRENVILLE: “en Alemania la unificación de las instituciones políticas se
basó en la unificación de las instituciones de mercado”, pág. 356. y J. DROZ:
“Estas (las cuestiones nacionales) son inseparables de la organización aduanera
italiana”, pág. 181. La Zollverein, creada en 1834, será el eje esencial del
desarrollo económico prusiano y alemán y la vinculación a esta unión aduanera
será el motivo por el que los grandes estados alemanes tengan que aceptar las
pretensiones prusianas: la exclusión supondría la imposibilidad de un mercado
suficiente, base del desarrollo económico.
258
259
Sobre el desarrollo económico, originado por la primera fase de la
industrialización a partir de 1850, F ZIEGLER señala en una carta a su amigo
Ruge, de 1864, “Todo el mundo va detrás del poder material, esto es de la
riqueza. Esta se amontona en cantidades colosales, se consigue con facilidad y el
éxito es un decreto que amnistía cualquier fraude...”
Para Bismarck las instituciones son una pantalla “un engaño” para asegurar el
poder. Así, F. HEER señala “ni la tradición ni la decencia importaban gran cosa a
Bismarck. Con frecuencia habla en la intimidad del “engaño legitimista”, del
“engaño nacional”, del “engaño colonialista” y hasta del “engaño del imperio...” en
Europa madre de las revoluciones, 1980. El mismo Bismarck declaró
taxativamente: “la rama sobre la que nos sustentamos es el ejército, y el que corte
esta rama es mi enemigo...”
260
148
3/ Concebido como cuestión de poder 261, los nuevos estados serán
fuertes262 (ejercerán una fuerte dominación, en términos gramscianos) y
mostrarán rasgos autoritarios y militaristas.
4/ Los movimientos nacionalistas reales se desarrollan a partir de
1848263, exceptuando los casos griego y belga, en los que las relaciones
internacionales, como hemos señalado antes, jugaron una importancia
decisiva.
5/ Estos movimientos partieron de estados relativamente 264 poderosos
(Prusia, Piamonte), que vieron en el proceso una forma de ampliar su
peso específico político y económico (industrialización).
Así, LASSON, embebido por la exaltación posterior a 1871, señala: “un Estado
poderoso es el mejor de los Estados; su pueblo, el mejor de los pueblos, y su
cultura, la más valiosa de las culturas...” (Principio y porvenir del Derecho
internacional, 1871). En 1886, aclara: “un estado considerado pequeño no es
realmente un estado, sino simplemente una comunidad tolerada, que pretende,
ridículamente, ser un Estado sin ser capaz de ejercitar las funciones más
esenciales de éste, cual es el poder rechazar con la violencia cualquier
imposición...” (El ideal de la cultura y de la guerra)
261
Ideológicamente se parte del concepto hegeliano de Estado: “el Estado es, por
lo tanto el objeto inmediato de la historia universal. En el Estado alcanza la libertad
su objetividad. Pues la ley es la objetividad del espíritu y la voluntad en su verdad;
sólo la voluntad que obedece a la ley es libre, pues se obedece a sí misma y
permanece en sí misma y es, por tanto, libre. Por cuanto el Estado, la patria, es
una comunidad de existencia; por cuanto la voluntad subjetiva del hombre se
somete a las leyes, desaparece la oposición entre la libertad y la necesidad...”
HEGEL, Filosofía de la Historia Universal, 1822-1831. “Frente a las esferas del
derecho y del bienestar privados, de la familia y de la sociedad civil, por una parte,
el Estado es una necesidad externa, el poder superior al cual están subordinados
y dependientes las leyes y los intereses de esas esferas; más por otra parte, es un
fin inmanente y radica su fuerza en la unidad de su fin último universal y de los
intereses particulares de los individuos, por el hecho de que ellos frente al Estado
tienen deberes en cuanto, a la vez, tienen derechos...” HEGEL, Filosofía del
Derecho, 1921
262
Cuando el ideario nacionalista es recogido por esta “nueva elite”. Previamente
había quedado en manos de intelectuales y universitarios, que son los que crearon
la cultura nacionalista y dieron justificación ideológica a la reivindicación de la
nacionalidad. Estos movimientos previos, asociados al liberalismo y a los
fenómenos revolucionarios de 1820 y 1830, fracasan en 1848 y se opondrán
durante un tiempo al nacionalismo real, conservador, que se va a desarrollar. Son
significativos los casos de Mazzini y Cavour en Italia, o el cambio ideológico y las
dudas de Garibaldi con respecto a la monarquía de Víctor Manuel.
263
264
Prusia el más poderoso del ámbito alemán, Piamonte del italiano.
149
Los movimientos nacionalistas reales (especialmente italiano y alemán-prusiano)
se produjeron donde se daban tres características esenciales:
a/ El dominio político (directo en el caso italiano e indirecto en el alemán) por
potencias extranjeras, esencialmente Austria, manifiestamente retardatarias
en lo económico y en lo político.
b/ El umbral mínimo, en palabras de List, para que se pueda hablar de un
estado viable no se daba, especialmente por la ausencia de un mercado que
pudiese ser la base de un proceso industrializador 265.
c/ La burguesía innovadora era débil numéricamente, estaba alejada del
poder y se encontraba dispersa geográficamente. Situación en la que la elite
innovadora pasa a estar integrada por fracciones importantes de la
aristocracia del AR, que ven en las alternativas burguesas (modelo liberal)
más un peligro que un aliado. Será la revolución industrial (uno de los
objetivos del proceso), en sus diferentes pasos, que se corresponden con la
introducción de reformas liberales en los estados, lo que articulará 266
progresivamente a la burguesía267 y a estos sectores aristocráticos en la
nueva elite. Mientras esto se produce, la burguesía innovadora presentará
alternativas no viables (fracasarán) partiendo del modelo liberal, por ejemplo,
la Asamblea de Francfort268, y recurrirá al modelo insurreccional.
265
Es conveniente insistir en la fuerza de las razones mercantiles en estos procesos
unificadores, como también en la importancia del proceso industrializador en la base de
las motivaciones nacionalistas.
266
En un doble proceso: hacia dentro organizando a los diferentes grupos (sectores
burgueses, sectores nacionalistas y no nacionalistas de la elite del AR) en torno a la
idea de la defensa del modelo capitalista y a los beneficios económicos y sociales que
el proceso industrializador les reporta; y hacia fuera, como defensa frente a los
enemigos: el fantasma del comunismo.
O KLEIN-HATTINGEN, en 1911 se lamenta de que “los liberales participaran en la
Kulturkampf como aliados voluntarios del gobierno, que en materia política no era, en
modo alguno, liberal...” (Historia del liberalismo alemán).
267
268
En funciones desde el 31de marzo de 1848 hasta junio del año siguiente, adoptó
carácter constituyente desde el 18 de mayo de 1848, tras la realización de elecciones.
Es la primera manifestación de la soberanía nacional alemana, a la que pretendía dotar
de una constitución típicamente liberal. Aprobó una declaración de derechos
fundamentales de los alemanes, entre los que destacan la igualdad ante la ley, la
supresión de los privilegios de clase, las libertades de reunión, asociación, religión y
prensa, y la concesión de garantías procesales. La constitución propiamente dicha
establece un sistema bicameral, con una cámara baja elegida por sufragio universal
masculino directo, y una división de poderes “a la liberal”: el ejecutivo en manos de
150
En estas condiciones, como decíamos antes, la elite que asumirá la tarea de la
construcción del nuevo estado tendrá un predominio de las viejas clases del AR y el
resultado, como es lógico, será menos innovador (más conservador) que en la vía
liberal269. Partirán de un concepto elitista de la revolución: revolución desde arriba, en
el que, aunque el resultado sea la construcción de una sociedad-estado burgués, se
dejará escaso margen, cuando no se reprimirá fuertemente, a la iniciativa popular.
Destacaremos tres aspectos:
a/ La noción de pueblo-nación que se acuña es elitista270. La afirmación de la
nación por una lengua (alemán o italiano) que no hablaban la inmensa
mayoría de los habitantes del territorio (como hemos señalado en los
capítulos anteriores) que se pretendía la nación, sino que era patrimonio de
las aristocracias, así lo demuestra. De la misma forma, la apelación a un
largo pasado común en sociedades en las que la inmensa mayoría se
identificaba con su terruño más próximo, y de las grandes instituciones
políticas del pasado sólo conservaba la imagen de unos signos acuñados por
los estados o las iglesias nos reafirman en la idea.
Káiser, que no es responsable ante el legislativo, aunque este tenga expresar su
consentimiento en los temas legislativos, en los presupuestarios y en el control del
gasto. Ofrecieron la corona a Federico Guillermo IV, que no la aceptó porque, amén de
considerar prematuro el intento de unificación, no estaba dispuesto a encabezar un
régimen que no partía del principio dinástico del poder. La disolución de la asamblea
por las tropas del príncipe de Württemberg, tras la sofocación de los movimientos
insurreccionales en Berlín y Viena, marca el definitivo fracaso de esta vía liberal del
nacionalismo alemán. En Italia este cambio se producirá en 1860.
269
Sobre el ideario constitucional de estas elites, señala Grenville, refiriéndose a la
constitución otorgada (a la manera en que Luis XVIII otorgó la Carta): “el objetivo de
estos conservadores prusianos no era un gobierno parlamentario ni la soberanía del
pueblo, sino un pacto entre el pueblo y el monarca, que dejara al monarca el ejercicio
de todo el poder ejecutivo, pero a la vez garantizara la libertad básica de sus súbditos
frente a los actos ilegales por parte del Estado” (La Europa remodelada, 1848-1878,
Madrid, 1979, pág. 165. Así, esta afirmación del poder del ejecutivo, en contraposición
a las ideas liberales de control/equilibrio con el legislativo será postulada en la misma
constitución del 48 y aparecerá en la de la Confederación Alemana del Norte, de 1867,
que será el modelo de la del Imperio.
“Actualmente, con la confusión general de clases, con el ascenso de los inferiores al
lugar de los superiores orgullosos, agotados e inútiles -para llegar a ser dentro de poco
peores que ellos-, se socavan cada vez más los cimientos más fuertes y más
necesarios de la humanidad; penetra profundamente la masa de corrompida savia
vital... No es posible explicar por medio de una breve comparación el proceso de
decadencia desde hace un siglo del verdadero prestigio voluntario de los superiores, de
los padres y las más altas jerarquías en el mundo...” HERDER, JG, Filosofía de la
Historia para la educación de la Humanidad, 1774.
270
151
b/ La concepción de la construcción nacional como unificación-anexión
van en el mismo camino. La voluntad general-nacional se dejan a un lado,
para dar paso a la necesidad de cumplir “la misión 271
“La
Providencia
misma, el plan divino que presidió la creación del género humano y que no
existe más que para ser pensado por los hombres y realizado por ellos, os
conjuran a que les conservéis el honor y la existencia (la de los héroes de la
nación alemana)” FICHTE, Decimocuarto discurso a la nación alemana,
1807-1808”, en la que la voluntad de los habitantes carece de importancia
frente a la necesidad-objetividad del destino272 “Si hay un punto de verdad
en lo que hemos expuesto en estos discursos, sois vosotros quienes, entre
todos los pueblos modernos, poseéis más netamente el germen de la
perfectibilidad humana y a quienes corresponde la precedencia en el
desenvolvimiento de la Humanidad...” FICHTE, Decimocuarto discurso.... El
concepto de Razón ilustrado se sustituye por el más romántico de
sentimiento. El consenso al proceso nacionalista no se encuentra en la
participación del pueblo en su consecución (se consigue mediante ejércitos)
sino en la exacerbación de ese sentimiento nacionalista.
c/ Los procesos de construcción nacionalista sitúan al enemigo (lo que
hay que derribar-derrotar) en otro estado, no en el propio, por lo que:
-Se da una alianza entre el viejo estado y la nueva elite (la novedad
estriba en sus nuevos intereses). El viejo estado propio se irá reformando
en la medida en que se vayan cumpliendo los objetivos. No es casual que
la introducción de reformas liberales en el estado prusiano sean paralelas
a su proceso de expansión económica y política. Pero no se crearán
situaciones de “vacío” político (derribo de un estado y edificación de uno
nuevo) ni se atacará el principio de autoridad, que en lo esencial se
ejercerá con rasgos marcadamente antiliberales (autoritarios).
La nacionalidad “es la parte que Dios confiere a cada pueblo en el trabajo de la
Humanidad; su misión, la tarea a cumplir sobre la Tierra para que el pensamiento de
Dios pueda realizarse; es la obra que le da derecho de ciudadanía en la Humanidad, el
bautismo que le confiere su carácter y le asigna un puesto entre los pueblos, sus
hermanos...” MAZZINI.
271
“Podéis elegir. ¿Queréis ser un punto terminal, los últimos representantes de una
raza despreciable y despreciada más allá de toda medida por la posteridad?... ¿O bien
queréis ser un punto inicial, el comienzo de una época nueva, cuyo esplendor
sobrepasará vuestros sueños más audaces?... Reflexionad, que sois los últimos en
poder provocar esta gran transformación... Vuestra salvación depende de vosotros
solos...” FICHTE, Decimocuarto discurso ...
272
152
-Las armas que se utilizarán en la construcción nacional no serán el
pueblo alzado en armas, sino los ejércitos de los viejos estados, aunque
reformados (ampliados y reorganizados para vencer) y convertidos en
ejércitos nacionales (el ejemplo napoleónico). Las milicias nacionales
liberales (tan queridas por los liberales alemanes) jugarán un papel
secundario, de refuerzo a lo sumo de la fuerza principal.
-La revolución se sustituirá por la guerra y los estados resultantes tendrán
un matiz militarista.
-Al concebirse el proceso nacionalista como integración (ampliación) en
una unidad preexistente, el resultado será un fuerte estatalismo.
El resultado son unos estados-sociedades conservadores, en los que los
sectores innovadores del AR llevan a cabo las transformaciones pero conservando su
importancia social, económica y política.
Este conservadurismo, por otra parte, se corresponderá con los modelos que por
esas fechas adoptan los modelos liberales (los textos constitucionales prusianos y los
de Napoleón III son en esencia parejos, los comportamientos políticos represivos
también), por lo que se podrán integrar fácilmente en el mundo europeo del “progreso”.
153
6. TEXTOS PARA
CONTEMPORÁNEO
LA
COMPRENSIÓN
DEL
PENSAMIENTO
POLÍTICO
6.1. La doctrina nacionalsocialista
Adolfo Hitler (1889-1945)
“La observación más superficial basta para mostrar cómo las formas
innumerables que toma la voluntad de vivir de la naturaleza están sometidas a una ley
fundamental y casi inviolable que les impone el proceso estrechamente limitado de la
reproducción y de la multiplicación. Ningún animal se acopla más que con su
congénere de la misma especie... Solamente circunstancias extraordinarias pueden
acarrear derogaciones de este principio: en primer término, la constricción impuesta por
la cautividad, o bien algún obstáculo que se oponga al acoplamiento de individuos
pertenecientes a la misma especie. Pero entonces la naturaleza pone en juego todos
sus medios para luchar contra estas derogaciones, y su protesta se manifiesta de la
manera más clara, ya por el hecho de negar a las especies bastardas la facultad de
reproducirse a su vez, ya delimitando estrechamente la fecundidad de los
descendientes; en la mayor parte de los casos los priva de la facultad de resistir a las
enfermedades o a los ataques de los enemigos... Tal acoplamiento está en
contradicción con la voluntad de la naturaleza, que tiende a elevar el nivel de los seres.
este fin no puede ser alcanzado por la unión de individuos de valor diferente, sino
solamente por la victoria completa y definitiva de los que representan el más alto valor.
El papel del más fuerte es dominar al más débil, y no fundirse con él, sacrificando así
su propia grandeza. Únicamente el débil de nacimiento puede encontrar cruel esta ley,
pero es porque se trata de un hombre débil y limitado...
Todo en este mundo puede llegar a ser mejor... siempre que la sangre se haya
conservado pura. Pero la pérdida de la pureza de la sangre destruye para siempre la
felicidad interior, abate al hombre para siempre... es en la sangre solamente donde
reside la fuerzo o debilidad del hombre. Los pueblos que no reconocen o no aprecian la
importancia de sus fundamentos racistas se parecen a gentes que quisiesen conferir a
los perros de aguas las cualidades de los lebreles... Los pueblos que renuncian a
mantener la pureza de su raza renuncian al mismo tiempo a la unidad de su alma...”
“Ciertamente, el lamentable rebaño de pequeños burgueses de hoy nunca podrá
comprender esto. Se reirán, o levantarán sus hombros contrahechos, y repetirán
suspirando la excusa que dan siempre: sería bello en principio, pero es imposible. Con
ellos es, en efecto, imposible; su mundo no está hecho para esto. Ellos no tienen más
una preocupación: su propia vida; y un dios: su dinero. Solo que no es a ellos a quienes
nos dirigimos, mas sí al gran ejército de los que son demasiado pobres para que su
propia vida les parezca la mayor felicidad que hay en el mundo, a los que no miran el
oro como el amo que regula su existencia, sino que creen en otros dioses. Nos
dirigimos, ante todo, al poderoso ejército de nuestra juventud alemana. Crece ella en
una época que es un gran punto de inflexión en la historia, y la pereza y la indiferencia
de sus padres la fuerzan a combatir. Los jóvenes alemanes serán un día los arquitectos
154
de un nuevo Estado racista, o bien serán los últimos testigos de un completo
derrumbamiento, de la muerte del mundo burgués...”
“La nación, invención de las clases «capitalistas» -¡cuántas veces iba a oír esta
frase!-; la patria, instrumento de la burguesía para la explotación de la clase obrera; la
autoridad de las leyes, medio de oprimir al proletariado; la escuela, institución
destinada a producir un material humano de esclavos, y también de guardianes... No
había nada puro que no fuese arrastrado por el fango...”
“El temor que el chauvinismo inspira a nuestra época es el signo de la
impotencia de esta. Toda energía desbordante le falta, le es incluso inoportuna. El
destino no la llamará ya a cumplir grandes cosas. Pues las más grandes innovaciones
que se han producido sobre la tierra habrían sido inconcebibles si sus resortes
hubieran sido, en lugar de pasiones fanáticas e incluso histéricas, la virtudes
burguesas, que estiman la calma y el buen orden. es seguro que nuestro mundo se
encamina hacia una revolución radical. Toda cuestión está en saber si se producirá
para la salvación de la humanidad aria o para el provecho del eterno judío... es al
pueblo que primero se lance por este camino al que le corresponderá la victoria...”
“Si el movimiento nacionalsocialista quiere realmente obtener ante la historia la
consagración de una gran misión en favor de nuestro pueblo..., debe, sin miramientos
para «tradiciones» y «prejuicios», encontrar el valor de reunir a nuestro pueblo y su
poder, para lanzarlo por la vía que lo sacará de su estrecho habitáculo actual y lo
llevará hacia nuevos territorios... El movimiento nacionalsocialista debe esforzarse por
hacer desaparecer el desacuerdo entre la cifra de nuestra población y la superficie de
nuestro territorio -considerado este como fuente de subsistencia y como punto de
apoyo del poder político-, por suprimir también el desacuerdo existente entre nuestro
pasado histórico y nuestra impotencia actual, para la cual no hay salida. Debe tener
conciencia de que, guardianes de la más alta humanidad en este mundo, tenemos
también las más altas obligaciones; y podrá satisfacerlas cuanto más se preocupe de
hacer tomar conciencia de su raza al pueblo alemán... Un estado que en una época de
contaminación de las razas vela celosamente por la conservación de los mejores
elementos de la suya debe convertirse un día en el dueño de la tierra...”
(Textos obtenidos de Mein Kampf, 1923-1925/27)
155
6.2. El Psicoanálisis. S. Freud (1856-1939)
«Porque podríamos objetar: ¿acaso no constituye un logro positivo de placer, un
innegable aumento de la sensación de felicidad, el hecho de poder escuchar tantas
veces como desee la voz del hijo que vive a centenares de kilómetros de mi lugar de
residencia? ¿O que mi amigo me comunique, inmediatamente después de haber
desembarcado, que ha sobrellevado bien el largo y penoso viaje? ¿Acaso no tiene
importancia que la medicina haya conseguido reducir tanto la mortalidad infantil y el
riesgo de infección de las parturientas y que se llegue a prolongar la media de la
longevidad humana en un número considerable de años? Y todavía podríamos añadir
una larga lista de estos beneficios que hemos de agradecer a la tan menospreciada era
del progreso técnico y científico; sin embargo, ya oímos la voz de la crítica pesimista
que nos recuerda que la mayoría de estas satisfacciones sería como aquella
"distracción barata" que recomendaba cierta anécdota y que consistía en sacar en las
frías noches de invierno la pierna desnuda de debajo de la manta y, después, volverla a
cubrir. Si no existiera el ferrocarril, que permite superar las distancias, el niño nunca
tendría que abandonar la población natal y, por lo tanto, tampoco tendríamos la
necesidad de escuchar su voz por teléfono. Y, si no existiera la navegación
transoceánica, el amigo tampoco habría emprendido el viaje marítimo y yo no
necesitaría el telegrama para apaciguar mis temores. ¿De qué me sirve la reducción de
la mortalidad infantil si, precisamente por culpa de ello, nos hemos de reprimir a la hora
de engendrar criaturas, de modo que, a fin de cuentas, no criamos más niños que en la
épocas anteriores al dominio de la higiene, pero sí que nuestra vida sexual en el
matrimonio se halla sometida a difíciles condiciones y probablemente actúa en contra
de la benéfica selección natural? Y, finalmente, ¿para qué esta larga vida, si acaba
resultando tan penosa, carente de alegrías y tan llena de sufrimientos que sólo
podemos dar la bienvenida a la muerte como una liberación?»
Texto obtenido de FREUD, Sigmund. El malestar en la cultura. Madrid: Alianza
Editorial, 1970.
156
6.3. La desilusión frente al “socialismo real”. A. Huxley (1894-1963)
“Desde luego, no hay razón alguna para que el nuevo totalitarismo se parezca al
antiguo. El Gobierno, por medio de porras y piquetes de ejecución, hambre
artificialmente provocada, encarcelamientos en masa y deportación también en masa
no es solamente inhumano (a nadie, hoy día, le importa demasiado este hecho); se ha
comprobado que es ineficaz, y en una época de tecnología avanzada la ineficacia es
un pecado contra el Espíritu Santo. Un Estado totalitario realmente eficaz sería aquel
en el cual los jefes políticos todopoderosos y su ejército de colaboradores pudieran
gobernar una población de esclavos sobre los cuales no fuese necesario ejercer
coerción alguna por cuanto amarían su servidumbre. Inducirles a amarla es la tarea
asignada en los actuales estados totalitarios a los Ministerios de Propaganda, los
directores de los periódicos y los maestros de escuela. Pero sus métodos todavía son
toscos y acientíficos. La antigua afirmación de los jesuitas, según los cuales si se
encargaban de la educación del niño podían responder de las opiniones religiosas del
hombre, fue dictada más por el deseo que por la realidad de los hechos. Y el pedagogo
moderno probablemente es menos eficiente en cuanto a condicionar los reflejos de sus
alumnos de lo que lo fueron los reverendos padres que educaron a Voltaire. Los
mayores triunfos de la propaganda se han logrado, no haciendo algo, sino impidiendo
que ese algo se haga. Grande es la verdad, pero más grande todavía, desde un punto
de vista práctico, el silencio sobre la verdad. Por el simple procedimiento de no
mencionar ciertos temas, de bajar lo que Mr. Churchill llama un telón de acero entre las
masas y los hechos o argumentos que los jefes políticos consideran indeseables, la
propaganda totalitarista ha influido en la opinión de manera mucho más eficaz de lo que
lo hubiese conseguido mediante las más elocuentes denuncias y las más convincentes
refutaciones lógicas. Pero el silencio no basta. Si se quiere evitar la persecución, la
liquidación y otros síntomas de fricción social, es preciso que los aspectos positivos de
la propaganda sean tan eficaces como los negativos. Los más importantes Proyectos
Manhattan del futuro serán vastas encuestas patrocinadas por los gobiernos sobre lo
que los políticos y los científicos que intervendrán en ellas llamarán el problema de la
felicidad; en otras palabras, el problema de lograr que la gente ame su servidumbre.
Sin seguridad económica, el amor a la servidumbre no puede llegar a existir; en aras a
la brevedad, doy por sentado resolver el problema de la seguridad permanente…”
Texto obtenido de A. HUXLEY, Un Mundo Feliz, 1986
157
6.4. El advenimiento de las masas y el pensamiento liberal. Ortega y Gasset
(1883-1955)
“Dondequiera ha surgido el hombre-masa de que este volumen se ocupa, un tipo
de hombre hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres
abstracciones y que, por lo mismo, es idéntico de un cabo de Europa al otro. A él se
debe el triste aspecto de asfixiante monotonía que va tomando la vida en todo el
continente. Este hombre-masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia,
sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas
«internacionales». Más que un hombre, es sólo un caparazón de hombre constituido
por meres idola fori; carece de un «dentro», de una intimidad suya, inexorable e
inalienable, de un yo que no se pueda revocar. De aquí que esté siempre en
disponibilidad para fingir ser cualquier cosa. Tiene sólo apetitos, cree que tiene sólo
derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin la nobleza que obliga -sine
nobilitate-, snob...
Con extraña facilidad, todo el mundo se ha puesto de acuerdo para combatir y
denostar al viejo liberalismo. La cosa es sospechosa. Porque las gentes no suelen
ponerse de acuerdo si no es en cosas un poco bellacas o un poco tontas. No pretendo
que el viejo liberalismo sea una idea plenamente razonable: ¿cómo va a serlo si es
viejo y si es ismo! Pero si pienso que es una doctrina sobre la sociedad mucho más
honda y cara de lo que suponen sus detractores colectivistas, que empiezan por
desconocerlo. Hay además en él una intuición de lo que Europa ha sido, altamente
perspicaz...
Al contemplar en las grandes ciudades esas inmensas aglomeraciones de seres
humanos que van y vienen por sus calles y se concentran en festivales y
manifestaciones políticas, se incorpora en mí, obsesionante, este pensamiento:
¿Puede hoy un hombre de veinte años formarse un proyecto de vida que tenga figura
individual y que, por lo tanto, necesitaría realizarse mediante sus iniciativas
independientes, mediante sus esfuerzos particulares? Al intentar el despliegue de esta
imagen en su fantasía, ¿no notará que es, si no imposible, casi improbable, porque no
hay a su disposición espacio en que poder alojarla y en que poder moverse según su
propio dictamen? Pronto advertirá que su proyecto tropieza con el prójimo, como la vida
del prójimo aprieta la suya. El desánimo le llevará, con la facilidad de adaptación propia
de su edad, a renunciar no sólo a todo acto, sino hasta a todo deseo personal, y
buscará la solución opuesta: imaginará para sí una vida estándar, compuesta de
desiderata comunes a todos, y verá que para lograrla tiene que solicitarla o exigirla en
colectividad con los demás. De aquí la acción en masa... Ante el feroz patetismo de
esta cuestión que, queramos o no, está ya a la vista, el tema de la «justicia social», con
ser tan respetable, empalidece y se degrada hasta parecer retórico e insincero suspire
romántico. Pero, al mismo tiempo, orienta sobre los caminos acertados para conseguir
lo que de esa «justicia social» es posible y es justo conseguir, caminos que no parecen
pasar por una miserable socialización, sino dirigirse en vía recta hacia un magnánimo
solidarismo.
158
Ésta nos muestra la vanidad de toda revolución general, de todo lo que sea
intentar la transformación súbita de una sociedad y comenzar de nuevo la historia,
como pretendían los confusionarios del 89. Al método de la revolución opone el único
digno de la larga experiencia que el europeo actual tiene a su espalda. Las
revoluciones, tan incontinentes en su prisa, hipócritamente generosa, de proclamar
derechos, han violado siempre, hollado y roto el derecho fundamental del hombre, tan
fundamental, que es la definición misma de su sustancia: el derecho a la continuidad...
El hombre no es nunca un primer hombre: comienza desde luego a existir sobre cierta
altitud de pretérito amontonado. Éste es el tesoro único del hombre, su privilegio y su
señal. Y la riqueza menor de ese tesoro consiste en lo que de él parezca acertado y
digno de conservarse: lo importante es la memoria de los errores, que nos permite no
cometer los mismos siempre. El verdadero tesoro del hombre es el tesoro de sus
errores, la larga experiencia vital decantada gota a gota en milenios. Por eso Nietzsche
define el hombre superior como el ser «de la más larga memoria»…
Hay un hecho que, para bien o para mal, es el más importante en la vida pública
europea de la hora presente. Este hecho es el advenimiento de las masas al pleno
poderío social. Como las masas, por definición, no deben ni pueden dirigir su propia
existencia, y menos regentar la sociedad, quiere decirse que Europa sufre ahora la más
grave crisis que a pueblos, naciones, culturas, cabe padecer. Esta crisis ha
sobrevenido más de una vez en la historia. Su fisonomía y sus consecuencias son
conocidas. También se conoce su nombre. Se llama la rebelión de las masas... La
muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en los lugares
preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del
escenario social; ahora se ha adelantado a las baterías, es ella el personaje principal.
Ya no hay protagonistas: sólo hay coro...
El concepto de muchedumbre es cuantitativo y visual. Traduzcámoslo, sin
alterarlo, a la terminología sociológica. Entonces hallamos la idea de masa social. La
sociedad es siempre una unidad dinámica de dos factores: minorías y masas. Las
minorías son individuos o grupos de individuos especialmente cualificados. La masa es
el conjunto de personas no especialmente cualificadas. No se entienda, pues, por
masas, sólo ni principalmente «las masas obreras». Masa es el «hombre medio». De
este modo se convierte lo que era meramente cantidad -la muchedumbre- en una
determinación cualitativa: es la cualidad común, es lo mostrenco social, es el hombre
en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en sí un tipo genérico...
Creo que las innovaciones políticas de los más recientes años no significan otra
cosa que el imperio político de las masas. La vieja democracia vivía templada por una
abundante dosis de liberalismo y de entusiasmo por la ley. Al servir a estos principios,
el individuo se obligaba a sostener en sí mismo una disciplina difícil. Al amparo del
principio liberal y de la norma jurídica podían actuar y vivir las minorías. Democracia y
ley, convivencia legal, eran sinónimos. Hoy asistimos al triunfo de una hiperdemocracia
en que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales presiones,
imponiendo sus aspiraciones y sus gustos...”
Textos obtenidos de J. ORTEGA Y GASSET, La rebelión de las masas, Madrid, 1982
159
6.5. El liberalismo contemporáneo. La sociedad abierta. Popper (1902-1994)
“¿Qué hay que instaurar en lugar de la polarización izquierda-derecha?
Mi propuesta es que una de las partes —espero que la más importante de las dos—
declare: desmantelemos la maquinaria de la guerra ideológica y adoptemos un
programa humanitario, más o menos común, semejante al que sigue. (Nótese que,
aunque se logre un acuerdo pleno sobre nuestros programas, debería haber al menos
dos partidos, para que una oposición pueda controlar la honestidad y la capacidad
administrativa del partido mayoritario.) He aquí nuestro programa alternativo, y estamos
dispuestos a discutirlo y mejorarlo.
1. Refuerzo de la libertad, controlada por la responsabilidad.. Esperamos poder lograr
un máximo de libertad personal, cosa que sólo es posible en una sociedad civilizada —
lo que equivale a decir en una sociedad dedicada a una vida sin violencia—. El rasgo
que define a una sociedad civilizada es la búsqueda constante de soluciones pacíficas
a los problemas.
2. Paz mundial. Desde la invención de la bomba atómica y de las armas nucleares,
todas las sociedades civilizadas deben cooperar en mantener la paz y en controlar
estrechamente la proliferación de las armas de fisión y fusión. Este es, evidentemente,
nuestro primer deber, ya que de otra manera la civilización y, poco después, la
humanidad desaparecerían. Quizá alguien considere esta verdad tan simple como
imperialismo occidental; no importa en absoluto.
3. Luchar contra la pobreza. Gracias a la tecnología, el mundo es lo bastante rico, al
menos potencialmente, como para eliminar la pobreza y reducir el desempleo a un
mínimo tolerable. Los economistas han encontrado esto muy difícil —sin duda lo es— y
han dejado, casi de repente (alrededor de 1965), de considerarlo como su principal
objetivo. Ahora parece un problema insoluble y muchos economistas obran como si
existiesen pruebas de ello. Sin embargo, las pruebas demuestran exactamente lo
contrario, aun cuando resulte muy difícil evitar algunas interferencias en el mercado
libre. Pero nosotros interferimos constantemente en el mercado libre y probablemente
mucho más de lo necesario. La solución de este problema es urgente, y el que no esté
de moda preocuparse de él resulta escandaloso. Si los economistas no alumbran
métodos mejores, utilizaremos las obras públicas, especialmente obras públicas
privatizadas, como la construcción de carreteras, escuelas, formación de maestros,
etc., intensificándolos en períodos de creciente desempleo, con el fin de instrumentar
una política que enmiende la coyuntura.
4. Combatir la explosión demográfica (1). Con la invención de las píldoras abortivas,
además de otros métodos de control de la natalidad, la tecnología bioquímica ha
alcanzado un nivel en el que la educación sobre el control de la natalidad está a
disposición de todo el mundo. La idea de que ésta es una política imperialista de
Occidente puede quedar contrarrestada si las sociedades abiertas se esfuerzan en
lograr una reducción ulterior de su población.
160
Este punto es de la mayor urgencia y relieve en la agenda política de todos los
partidos que tienen programas humanitarios. Si reflexionamos un solo instante, vemos
que los llamados problemas medioambientales se deben esencialmente a la explosión
demográfica. Por ejemplo, puede ser cierto que nuestro consumo energético per cápita
va en aumento, y deba ser reducido, pero aunque así sea, resulta mucho más urgente
atacar las causas de la explosión demográfica, que es la causante de la pobreza y del
analfabetismo. Además, por razones humanas, es preciso hacerse a la idea de que
sólo deben nacer los hijos deseados. Es cruel engendrar un niño cuyo nacimiento no se
desea, pues esto produce violencia mental y física.
5. Educación para la no violencia. Creo modestamente (aunque, desde luego, pudiera
estar equivocado) que la violencia ha aumentado últimamente. De cualquier forma, se
trata de una hipótesis que merece la pena investigar. Creo que hay que averiguar si
educamos o no a nuestros niños en la violencia. Si así lo hiciésemos, sería urgente
actuar en contra, pues aceptar la violencia supone una amenaza clara a nuestra
civilización. Pero, ¿velamos para que nuestros hijos tengan todas las atenciones
precisas? Se trata de un punto de la mayor importancia, ya que a su temprana edad
están en nuestras manos, y nuestra responsabilidad respecto de ellos es
inconmensurable.
Es evidente que este punto está estrechamente conectado con otros
enumerados anteriormente, como, por ejemplo, el de la explosión demográfica. Es
preciso inculcar en nuestros niños, si no la virtud del pacifismo, al menos la verdad de
que el mayor de los vicios, y el peor de los males, es la crueldad. No digo la «crueldad
innecesaria», ya que ésta no sólo nunca es necesaria, sino que nunca debe ser
permitida. Aquí se incluye la crueldad mental que a menudo cometemos sin pensar, y
que es estupidez, pereza o egoísmo.
Me temo que se ha hecho intempestivo hablar de problemas educativos, debido
a nuestra libertad para hacer lo que nos gusta, aunque esto sea un vicio en relación
con la moral pasada de moda. Admito que hay mucha hipocresía en todo lo que se
relaciona con la moralidad. A esto responde lo que Kant nos aconsejó: «Atrévete a
saber». Yo puedo decirles, quizá más modestamente: atrévanse a desafiar a las modas
y sean un poco más responsables cada día. Esto es lo mejor que se puede hacer por la
libertad.
6. Mi sexto y último punto, por el momento es, domesticar y reducir la burocracia y,
aunque tendría mucho que decir en este terreno, no pretendo hacerlo ahora…”
Obtenido de K Popper, “El colapso de la agresión marxista” Rev. Atlántida, nº 11
161
“Menos conocida es la paradoja de la tolerancia: La tolerancia ilimitada debe
conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a
aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una
sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la
destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia. Con este planteamiento
no queremos significar, por ejemplo, que siempre debamos impedir la expresión de
concepciones filosóficas intolerantes; mientras podamos contrarrestarlas mediante
argumentos racionales y mantenerlas en jaque ante la opinión pública, su prohibición
sería, por cierto, poco prudente. Pero debemos reclamar el derecho de prohibirlas, si es
necesario por la fuerza, pues bien puede suceder que no estén destinadas a
imponérsenos en el plano de los argumentos racionales, sino que, por el contrario,
comiencen por acusar a todo razonamiento; así, pueden prohibir a sus adeptos, por
ejemplo, que presten oídos a los razonamientos racionales, acusándolos de
engañosos, y que les enseñan a responder a los argumentos mediante el uso de los
puños o las armas. Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el
derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que
predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier
incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la
incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos…”
Obtenido de POPPER, Karl. La sociedad abierta y sus enemigos, 1981
162
6.6. MARCUSE (1898-1979) Y EL HOMBRE UNIDIMENSIONAL
“Los grupos sociales burgueses en ascenso habían fundamentado en la razón
humana universal su exigencia de una nueva libertad social. A la fe en la eternidad de
un orden restrictivo impuesto por Dios opusieron su fe en el progreso, en un futuro
mejor. Pero la razón y la libertad no fueron más allá de los intereses de aquellos grupos
cuya posición a los intereses de la mayor parte de los hombres fue cada vez mayor. A
las demandas acusadoras la burguesía dio una respuesta decisiva: la cultura
afirmativa.
Esta es, en sus rasgos fundamentales, idealista. A la penuria del individuo
aislado responde con la humanidad universal, a la miseria corporal, con la belleza del
alma, a la servidumbre extrema, con la libertad interna, al egoísmo brutal, con el reino
de la virtud del deber. Si en la época de la lucha ascendente de la nueva sociedad,
todas estas ideas habían tenido un carácter progresista destinado a superar la
organización actual de la existencia, al estabilizarse el dominio de la burguesía, se
colocan, con creciente intensidad, al servicio de la represión de las masas insatisfechas
y de la mera justificación de la propia superioridad: encubren la atrofia corporal y
psíquica del individuo...
La cultura debe hacerse cargo de la pretensión de felicidad de los individuos.
Pero los antagonismos sociales, que se encuentran en su base, sólo permiten que esta
pretensión ingrese en la cultura, internalizada y racionalizada. En una sociedad que se
reproduce mediante la competencia económica, la exigencia de que el todo social
alcance una existencia más feliz es ya una rebelión: reducir al hombre al goce de la
felicidad terrenal no significa reducirlo al trabajo material, a la ganancia, y someterlo a
la autoridad de aquellas fuerzas económicas que mantienen la vida del todo. La
aspiración de felicidad tiene una resonancia peligrosa en un orden que proporciona a la
mayoría penuria, escasez y trabajo. Las contradicciones de este orden conducen a la
idealización de esta aspiración. Pero la satisfacción verdadera de los individuos no se
logra en una dinámica idealista que posterga siempre su realización o la convierte en el
afán por lo no alcanzable... La satisfacción de los individuos se presenta como la
exigencia de una modificación real de las relaciones materiales de la existencia, de una
vida nueva, de una nueva organización del trabajo y del placer…
La corrosión tecnológica de la sustancia trascendente de la cultura superior
invalida el medio en que halla expresión y comunicación apropiadas, provocando el
colapso de las formas literarias y artísticas tradicionales, la redefinición operativa de la
filosofía, la transformación de la religión en un círculo de la posición social. La cultura
se define de nuevo por el estado de cosas existente: las palabras, tonos, formas y
colores de las obras perennes siguen siendo los mismos, pero lo que expresaban está
perdiendo su verdad, su validez; las obras que anteriormente aparecían
sorprendentemente apartadas de y contrarias a la realidad establecida han sido
neutralizadas como clásicas; de este modo ya no mantienen su alienación de la
sociedad alienada. En la filosofía, la psicología y la sociología, predomina un
pseudoempirismo que refiere sus conceptos y métodos a la experiencia restringida y
reprimida de la gente en el mundo regulado, y que quita valor a los conceptos no
163
conductistas al descalificarlos como confusiones metafísicas. Así, la validez histórica de
ideas como las de Libertad, Igualdad, Justicia e Individuo residía precisamente en su
contenido insatisfecho, en que no podían ser referidas a la realidad establecida, la cual
no podía darles validez ni se la dio porque eran negadas por el funcionamiento de las
mismas instituciones a las que se atribuía su realización. Eran ideas normativas; eran
no operativas no en virtud de su carácter metafísico y acientífico, sino en virtud de la
servidumbre, la desigualdad, la injusticia y la dominación institucionalizadas en la
sociedad. Los modos de pensamiento y de investigación predominantes en la cultura
industrial avanzada tienden a identificar los conceptos normativos con su realización
social predominante, o, más bien, toman como norma el modo en que la sociedad
traduce estos conceptos en la realidad, tratando a lo sumo de mejorar la traducción; el
residuo no traducido se considera especulación anticuada…”
Texto perteneciente al libro H. MARCUSE, Ensayos sobre política y cultura, 1970
164
6.7. UTOPÍA Y REALIDAD. K. MANNHEIN (1893-1947)
“En este sentido, la correlación entre la utopía y el orden social existente resulta
ser de carácter dialéctico. Con ello se quiere decir que cada época permite la aparición
(en grupos sociales diversamente localizados) de aquellas ideas y valores en los que
están contenidas, en forma condensada, las tendencias no realizadas y no
consumadas, que representan las necesidades de esa época. Esos elementos
intelectuales se convierten luego en el material explosivo para hacer estallar los límites
del orden social existente. El orden social existente hace nacer utopías que, después,
rompen las ataduras de ese orden...
Pero si miramos al pasado, parece posible encontrar un criterio bastante
adecuado para diferenciar lo ideológico de lo utópico. este criterio es el de su
realización. Las ideas que, con posterioridad, resultaron haber sido meras
representaciones falsas de un orden social pasado o potencial, fueron ideológicas;
mientras que aquellas que fueron oportunamente realizadas en el orden social
subsecuente, fueron utopías relativas...”
Texto obtenido de K MANHEIN, Ideología y Utopía, 1929
165
6.8. la alienación del hombre contemporáneo. T. Adorno (1903-1969)
“El mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural. La vieja
esperanza del espectador cinematográfico, para quien la calle parece la continuación
del espectáculo que acaba de dejar, debido a que éste quiere precisamente reproducir
con exactitud el mundo perceptivo de todos los días, se ha convertido en el criterio de
la producción. Cuanto más completa e integral sea la duplicación de los objetos
empíricos por parte de las técnicas cinematográficas, tanto más fácil resulta hacer creer
que el mundo exterior es la simple prolongación del que se presenta en el film. A partir
de la brusca introducción del elemento sonoro el proceso de reproducción mecánica ha
pasado enteramente al servicio de este propósito. E1 ideal consiste en que la vida no
pueda distinguirse más de los filmes. El film, superando en gran medida al teatro
ilusionista, no deja a la fantasía ni al pensar de los espectadores dimensión alguna en
la que puedan moverse por su propia cuenta sin perder el hilo, con lo que adiestra a
sus propias víctimas para identificarlo inmediatamente con la realidad. La atrofia de la
imaginación y de la espontaneidad del consumidor cultural contemporáneo no tiene
necesidad de ser manejada según mecanismos psicológicos. Los productos mismos, a
partir del más típico, el film sonoro, paralizan tales facultades mediante su misma
constitución objetiva. Tales productos están hechos de forma tal que su percepción
adecuada exige rapidez de intuición, dotes de observación, competencia específica,
pero prohíbe también la actividad mental del espectador, si éste no quiere perder los
hechos que le pasan rápidamente delante. Es una tensión tan automática que casi no
tiene necesidad de ser actualizada para excluir la imaginación. Quien está de tal forma
absorto en el universo del film, en los gestos, imágenes y palabras, que carece de la
capacidad de agregar a éstos aquello por lo que podrían ser tales, no por ello se
encontrará en el momento de la exhibición sumido por completo en los efectos
particulares del espectáculo que contempla. A través de todos los otros filmes y
productos culturales que necesariamente debe conocer, han llegado a serle tan
familiares las pruebas de atención requeridas que se le producen automáticamente. La
violencia de la sociedad industrial obra sobre los hombres de una vez por todas.
Los productos de la industria cultural pueden ser consumidos rápidamente
incluso en estado de distracción. Pero cada uno de ellos es un modelo del gigantesco
mecanismo económico que mantiene a todos bajo presión desde el comienzo, en el
trabajo y en el descanso que se le asemeja. De cada film sonoro, de cada transmisión
radial se puede deducir aquello que no se podría traducir como efecto a ninguno de
ellos aisladamente, pero sí al conjunto de todos en la sociedad. Inevitablemente, cada
manifestación aislada de la industria cultural reproduce a los hombres tal como aquello
en que ya los ha convertido la entera industria cultural. Y todos los agentes de la
industria cultural, desde el productor hasta las asociaciones femeninas, velan para que
el proceso de la reproducción simple del espíritu no conduzca en modo alguno a una
reproducción enriquecida…”
Texto obtenido de HORKHEIMER, May y ADORNO, Theodor, Dialéctica del luminismo,
1988.
166
6.9. La ortodoxia marxista. L. Althuser (1918-1990)
“¿Qué se aprende en la escuela? Es posible llegar hasta un punto más o menos
avanzado de los estudios, pero de todas maneras se aprende a leer, escribir y contar, o
sea algunas técnicas, y también otras cosas, incluso elementos (que pueden ser
rudimentarios o por el contrario profundizados) de “cultura científica” o “literaria”
utilizables directamente en los distintos puestos de la producción (una instrucción para
los obreros, una para los técnicos, una tercera para los ingenieros, otra para los
cuadros superiores, etc.). Se aprenden “habilidades” (savoir-faire).
Pero al mismo tiempo, y junto con esas técnicas y conocimientos, en la escuela
se aprenden las “reglas” del buen uso, es decir de las conveniencias que debe
observar todo agente de la división del trabajo, según el puesto que está “destinado” a
ocupar: reglas de moral y de conciencia cívica y profesional, lo que significa en realidad
reglas del respeto a la división social-técnica del trabajo y, en definitiva, reglas del
orden establecido por la dominación de clase. Se aprende también a “hablar bien el
idioma”, a “redactar” bien, lo que de hecho significa (para los futuros capitalistas y sus
servidores) saber “dar órdenes”, es decir (solución ideal), “saber dirigirse” a los obreros,
etcétera.
Enunciando este hecho en un lenguaje más científico, diremos que la
reproducción de la fuerza de trabajo no sólo exige una reproducción de su calificación
sino, al mismo tiempo, la reproducción de su sumisión a las reglas del orden
establecido, es decir una reproducción de su sumisión a la ideología dominante por
parte de los agentes de la explotación y la represión, a fin de que aseguren también
“por la palabra” el predominio de la clase dominante.
En otros términos, la escuela (y también otras instituciones del Estado, como la
Iglesia, y otros aparatos como el Ejército) enseña las “habilidades” bajo formas que
aseguran el sometimiento a la ideología dominante o el dominio de su “práctica”. Todos
los agentes de la producción, la explotación y la represión, sin hablar de los
“profesionales de la ideología” (Marx) deben estar “compenetrados” en tal o cual
carácter con esta ideología para cumplir “concienzudamente” con sus tareas, sea de
explotados (los proletarios), de explotadores (los capitalistas), de auxiliares de la
explotación (los cuadros), de grandes sacerdotes de la ideología dominante (sus
“funcionarios”), etcétera…”
Texto de Althusser, L, Ideología y aparatos ideológicos del estado, obtenido en
http://www.infoamerica.org/documentos_pdf/althusser1.pdf pag. 6
167
6.10. Globalización y “sociedad del bienestar”. La crítica de izquierdas. Haberlas
(1929-)
“Los antiguos problemas de la paz y de la seguridad internacional, de las
desigualdades económicas entre Norte y Sur, así como el peligro de los desequilibrios
ecológicos eran desde entonces de naturaleza global. Todos se complican ahora por
otro problema, hasta ahora desconocido, que cubre a los demás. Si en el proceso de
globalización del capitalismo hay un golpe más, esta vez definitivo, se limitará también
la capacidad de acción de ese grupo selecto de Estados que, al contrario de los
Estados económicamente dependientes del Tercer Mundo, habían logrado conservar
una relativa independencia. La creciente globalización económica significa el desafío
más importante para el orden social y político de la Europa surgida de la postguerra.
Una salida podría consistir en que la fuerza reguladora de la política hiciera crecer de
nuevo a los mercados que escaparon al control de los Estados nacionales. ¿O la falta
de una orientación iluminadora en el diagnóstico de la época nos enseña que sólo
podemos aprender de las catástrofes?
Ironías de la historia. Las sociedades desarrolladas enfrentan a fines del siglo la
vuelta de un problema que, al parecer, creyeron haber solucionado bajo la presión de la
lucha de los sistemas. El problema es tan antiguo como el capitalismo: ¿cómo
aprovechar efectivamente el descubrimiento y la localización de mercados que se
regulan a sí mismos, sin tener que cargar con las distribuciones desiguales y los costos
sociales que han sido, a su vez, irreconciliables con las condiciones de integración de
las sociedades liberales y democráticas? En las economías mixtas de Occidente, el
Estado dispuso de una parte muy importante del producto social, y también de un
espacio para transferencias y subvenciones, quiero decir: para una efectiva
infraestructura y una política social y de ocupación. El Estado pudo afectar el marco de
la producción y la distribución para también incidir en el crecimiento, la estabilidad de
los precios y el empleo. Dicho de otro modo: por una parte el Estado podía favorecer
medidas que estimularan el crecimiento; por la otra, promover al mismo tiempo la
dinámica económica y asegurar la integración social.
Dejando a un lado las enormes diferencias, el sector de la política social en
países como los Estados Unidos, Japón y la República Federal de Alemania se
extendió en los años ochenta. Sin embargo, desde entonces empezó un cambio de
tendencia: el auge del rendimiento se redujo. Se dificultó el acceso a los sistemas de
seguridad y aumentó el desempleo. La reforma y reducción del Estado de bienestar
social ha sido la consecuencia inmediata de una política económica orientada hacia la
oferta, que busca entre otras cosas una desregulación de los mercados, la reducción
de las subvenciones, el mejoramiento de las condiciones de inversión, una política
monetaria y fiscal antinflacionaria, así como la reducción de los impuestos directos, la
privatización de empresas estatales y otras medidas semejantes.
La liquidación del Estado de bienestar social tuvo, sin duda, una consecuencia
directa: las crisis que había logrado detener resurgieron con más fuerza. Esos costos
sociales dañaron la capacidad política de integración de una sociedad liberal. Los
168
indicadores revelan de modo inequívoco un aumento de la pobreza, de la inseguridad
social, de desigualdad de los salarios; todo esto resume las tendencias de la
desintegración social. El abismo entre los empleados, los subempleados y los
desempleados aumenta cada día más.
Con el aumento de los excluidos —del empleo, de la educación continua, de las
subvenciones estatales, del mercado de la vivienda, de los recursos familiares—,
surgen las subclases. Estos indigentes excluidos del resto de la sociedad ya no pueden
dominar por sí mismos su propia condición social. Sin embargo, una falta de solidaridad
como ésta destruye a la larga toda cultura política liberal, cuyo proyecto universal es
imprescindible para las sociedades democráticas. Por otra parte, los acuerdos
mayoritarios —que cumplen todas las formalidades— muchas veces socavan la
legitimidad de los procedimientos y las instituciones, porque sólo reflejan los miedos de
los grupos amenazados con el descenso social, es decir, reflejan las atmósferas
populistas de derecha.
Ralph Dahrendorf llama a este dilema "la cuadratura del círculo": "Se trata de
unir tres cosas sin conflictos: conservar y fortalecer la capacidad de competencia en el
viento huracanado de la economía internacional; no sacrificar la cohesión social ni la
solidaridad; y llevarlas a cabo bajo las condiciones y en las instituciones de una
sociedad libre". En este ensayo no puedo intentar una descripción aceptable de este
dilema, ni tampoco fundamentarla. Se podría resumir en dos temas: 1) Los problemas
económicos de las sociedades prósperas se explican por la transformación estructural
—que se resume con la idea de la globalización— del sistema económico internacional.
2) Esta transformación restringe a los Estados nacionales de tal forma en su capacidad
de acción, que las opciones que les quedan no bastan para amortiguar las indeseables
sacudidas de un mercado trasnacionalizado.
El Estado nacional cuenta cada vez con menos opciones. Dos de ellas han
quedado excluidas: el proteccionismo y la vuelta a una política económica orientada a
la demanda. Hasta donde los movimientos del capital pueden controlarse todavía, una
política proteccionista dentro de las economías nacionales, bajo las condiciones de la
globalización, tendría consecuencias inaceptables. Los programas estatales de empleo
fracasan actualmente no sólo por el endeudamiento de los presupuestos públicos, sino
también porque han dejado de ser efectivos dentro de los marcos nacionales. Bajo las
condiciones de una economía globalizada, el "keynesianismo en un solo país" ya no
funciona. En este contexto, tiene más perspectivas una política de previsión, inteligente
y preocupada por la adaptación de las condiciones nacionales a las de la competencia
global. Las medidas acreditadas siguen teniendo solvencia: una política industrial
previsora, el incremento de la investigación y el desarrollo, es decir, de innovaciones
futuras, la profesionalización de la fuerza de trabajo, el mejoramiento de la educación,
así como una coherente flexibilidad en el mercado de trabajo. Estas medidas traen a
mediano plazo ventajas dentro del país; sin embargo, no transforman las desventajas
en la competencia internacional. Por donde quiera uno verla, la globalización de la
economía destruye siempre la tradición histórica que hizo posible transitoriamente el
compromiso del Estado de bienestar social. Aunque este compromiso no sea la
169
solución ideal de un problema inherente al capitalismo, mantuvo siempre los costos
sociales dentro de límites aceptables…”
Texto obtenido de J HABERMAS, Nuestro Breve Siglo, en
http://www.nexos.com.mx/internos/saladelectura/habermas_a.htm
170
6.11. El pensamiento feminista. Las sufragistas. Declaración de Seneca Falls,
1948
CONSIDERANDO: Que está convenido que el gran precepto de la naturaleza es que
«el hombre ha de perseguir su verdadera y sustancial felicidad». Blackstone en sus
Comentarios señala que puesto que esta Ley de la naturaleza es coetánea con la
humanidad y fue dictada por Dios, tiene evidentemente primacía sobre cualquier otra.
Es obligatoria en toda la tierra, en todos los países y en todos los tiempos; ninguna ley
humana tiene valor si la contradice, y aquellas que son válidas derivan toda su fuerza,
todo su valor y toda su autoridad mediata e inmediatamente de ella; en consecuencia:
DECIDIMOS: Que todas aquellas leyes que sean conflictivas en alguna manera con la
verdadera y sustancial felicidad de la mujer, son contrarias al gran precepto de la
naturaleza y no tienen validez, pues este precepto tiene primacía sobre cualquier otro.
DECIDIMOS: Que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la
posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del
hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen ni
fuerza ni autoridad.
DECIDIMOS: Que la mujer es igual al hombre - que así lo pretendió el Creador- y que
por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal.
DECIDIMOS: Que las mujeres de este país deben ser informadas en cuanto a las leyes
bajo la cuales viven, que no deben seguir proclamando su degradación, declarándose
satisfechas con su actual situación ni su ignorancia, aseverando que tienen todos los
derechos que desean.
DECIDIMOS: Que puesto que el hombre pretende ser superior intelectualmente y
admite que la mujer lo es moralmente, es preeminente deber suyo animarla a que
hable y predique en todas las reuniones religiosas.
DECIDIMOS: Que la misma proporción de virtud, delicadeza y refinamiento en el
comportamiento que se exige a la mujer en la sociedad, sea exigido al hombre, y las
mismas infracciones sean juzgadas con igual severidad, tanto en el hombre como en la
mujer.
DECIDIMOS: Que la acusación de falta de delicadeza y de decoro con que con tanta
frecuencia se inculpa a la mujer cuando dirige la palabra en público, proviene, y con
muy mala intención, de los que con su asistencia fomentan su aparición en los
escenarios, en los conciertos y en los circos.
171
DECIDIMOS: Que la mujer se ha mantenido satisfecha durante demasiado tiempo
dentro de unos límites determinados que unas costumbres corrompidas y una
tergiversada interpretación de las Sagradas Escrituras han señalado para ella, y que ya
es hora de que se mueva en el medio más amplio que el Creador le ha asignado.
DECIDIMOS: Que es deber de las mujeres de este país asegurarse el sagrado derecho
del voto.
DECIDIMOS: Que la igualdad de los derechos humanos es consecuencia del hecho de
que toda la raza humana es idéntica en cuanto a capacidad y responsabilidad.
DECIDIMOS, POR TANTO: Que habiendo sido investida por el Creador con los
mismos dones y con la misma conciencia de responsabilidad para ejercerlos, está
demostrado que la mujer, lo mismo que el hombre, tiene el deber y el derecho de
promover toda causa justa por todos los medios justos; y en lo que se refiere a los
grandes temas religiosos y morales, resulta muy en especial evidente su derecho a
impartir con su hermano sus enseñanzas, tanto en público como en privado, por escrito
o de palabra, o a través de cualquier medio adecuado, en cualquiera asamblea que
valga la pena celebrar; y por ser esto una verdad evidente que emana de los principios
de implantación divina de la naturaleza humana, cualquier costumbre o imposición que
le sea adversa, tanto si es moderna como si lleva la sanción canosa de la antigüedad,
debe ser considerada como una evidente falsedad y en contra de la humanidad…”
Obtenido en:
http://popeng.lycos.de/redirect/10100617603/0/http://www.geocities.com/Athens/Parthe
non/8947/declaracion.htm
172
6.12. El feminismo actual. Feminismo de la diferencia. Feminismo y diversidad.
“Según el exhaustivo e influyente análisis de Echols, el feminismo radical
estadounidense habría evolucionado hacia un nuevo tipo de feminismo para el que
utiliza el nombre de feminismo cultural. La evolución radica en el paso de una
concepción constructivista del género, a una concepción esencialista. Pero la diferencia
fundamental está en que mientras el feminismo radical -y también el feminismo
socialista y el liberal- lucha por la superación de los géneros, el feminismo cultural
parece afianzarse en la diferencia...
Tras las manifestaciones de fuerza y vitalidad del feminismo y otros movimientos
sociales y políticos en los años setenta, la década de los ochenta parece que pasará a
la historia como una década especialmente conservadora. De hecho, el triunfo de
carismáticos líderes ultraconservadores en países como Inglaterra y Estados Unidos,
cierto agotamiento de las ideologías que surgieron en el siglo XIX, más el sorprendente
derrumbamiento de los Estados socialistas, dieron paso a los eternos profetas del fin
los conflictos sociales y de la historia. En este contexto, nuestra pregunta es la
siguiente: ¿puede entonces hablarse de un declive del feminismo contemporáneo?, y la
respuesta es un rotundo no. Sólo un análisis insuficiente de los diferentes frentes y
niveles sociales en que se desarrolla la lucha feminista puede cuestionar su vigencia y
vitalidad. Yasmine Ergas ha sintetizado bien la realidad de los ochenta: “si bien la era
de los gestos grandilocuentes y las manifestaciones masivas que tanto habían llamado
la atención de los medios de comunicación parecían tocar su fin, a menudo dejaban
detrás de sí nuevas formas de organización política femenina, una mayor visibilidad de
las mujeres y de sus problemas en la esfera pública y animados debates entre las
propias feministas, así como entre éstas e interlocutores externos. En otras palabras, la
muerte, al menos aparente, del feminismo como movimiento social organizado no
implicaba ni la desaparición de las feministas como agentes políticos, ni la del
feminismo como un conjunto de prácticas discursivas contestadas, pero siempre en
desarrollo".
Efectivamente, el feminismo no ha desaparecido, pero sí ha conocido profundas
transformaciones. En estas transformaciones han influido tanto los enormes éxitos
cosechados -si consideramos lo que fue el pasado y lo que es el presente de las
mujeres- como la profunda conciencia de lo que queda por hacer, si comparamos la
situación de varones y mujeres en la actualidad. Los éxitos cosechados han provocado
una aparente, tal vez real, merma en la capacidad de movilización de las mujeres en
torno a las reivindicaciones feministas, por más que, paradójicamente, éstas tengan
más apoyo que nunca en la población femenina. Por ejemplo, el consenso entre las
mujeres sobre las demandas de igual salario, medidas frente a la violencia o una
política de guarderías públicas es, prácticamente total. Pero resulta difícil, por no decir
imposible, congregar bajo estas reivindicaciones manifestaciones similares a las que
producían alrededor de la defensa del aborto en los años setenta...
Terminaremos esta exposición con una referencia al problema del sujeto de la
lucha feminista. En algunos textos se ha acuñado ya el término de "feminismo de
tercera ola" para referirse al feminismo de los ochenta, que se centra en el tema de la
173
diversidad de las mujeres. Este feminismo se caracteriza por criticar el uso monolítico
de la categoría mujer y se centra en las implicaciones prácticas y teóricas de la
diversidad de situaciones de las mujeres. Esta diversidad afecta a las variables que
interactúan con la de género, como son el país, la raza, la etnicidad y la preferencia
sexual y, en concreto, ha sido especialmente notable la aportación realizada por
mujeres negras. Sin embargo, aún reconociendo la simultaneidad de opresiones y que
estos desarrollos enriquecen enormemente al feminismo, cabe hacerse la siguiente
pregunta: ¿"Dónde debemos detenernos en buena lógica? ¿Cómo podemos justificar
generalizaciones sobre las mujeres afroamericanas, sobre las mujeres del Tercer
Mundo, o las mujeres lesbianas?" (44). Efectivamente, llevando esta lógica a su
extremo, tendríamos que concluir que es imposible generalizar la experiencia de cada
mujer concreta. Tal vez sea pertinente concluir con unas palabras de Celia Amorós a
propósito de otro debate. Señala esta que autora que tan importante como la
desmitificación y disolución analítica de totalidades ontológicas es no perder, al menos
como idea reguladora, la coherencia totalizadora que ha de tener todo proyecto
emancipatorio con capacidad de movilización…”
Texto de DE MIGUEL, A, Los feminismos a través de la historia. Feminismo de la
diferencia y últimas tendencias.
Obtenido en: http://www.nodo50.org/mujeresred/historia-feminismo4.html
174
6.13. El escepticismo y la crítica a las ideologías. E.M. Cioran (1911-1995)
“No puede saberse lo que un hombre debe perder por tener el valor de pisotear
todas las convenciones, no puede saberse lo que Diógenes ha perdido por llegar a ser
el hombre que se lo permite todo, que ha traducido en actos sus pensamientos más
íntimos con una insolencia sobrenatural como lo haría un dios del conocimiento, a la
vez libidinoso y puro. Nadie fue más franco; caso límite de sinceridad y lucidez al
mismo tiempo, de ejemplo de lo que podríamos llegar a ser si la educación y la
hipocresía no refrenasen nuestros deseos y nuestros gestos.
"Un día un hombre le hizo entrar en una casa ricamente amueblada y le dijo:
'Sobre todo no escupas en el suelo'. Diógenes, que tenía ganas de escupir, le lanzó el
lapo a la cara, gritándole que era el único sitio sucio que había encontrado para poder
hacerlo" (Diógenes Laercio).
¿Quién, después de haber sido recibido por un rico, no ha lamentado no disponer
de océanos de saliva para verterlos sobre todos los propietarios de la tierra? Y, ¿quién
no ha vuelto a tragarse su pequeño escupitajo por miedo a lanzarlo a la cara de un
ladrón respetado y barrigón?
Somos todos ridículamente prudentes y tímidos; el cinismo no se aprende en la
escuela. El orgullo, tampoco.
Menipo, en su libro titulado La virtud de Diógenes, cuenta que fue hecho
prisionero y vendido y que le preguntaron qué sabía hacer. Respondió: "Mandar", y
gritó al heraldo: "Pregunta quién quiere comprar un amo".
El hombre que se enfrentaba con Alejandro y con Platón, que se masturbaba en la
plaza pública ("Pluguiere al cielo que bastase también frotarse el vientre para no tener
ya hambre"), el hombre del célebre tonel y de la famosa linterna, y que en su juventud
fue falsificador de moneda (¿hay dignidad más hermosa para un cínico?), ¿qué
experiencia debió tener de sus semejantes? Ciertamente la de todos nosotros, pero
con la diferencia de que el hombre fue el único tema de su reflexión y de su desprecio.
Sin sufrir las falsificaciones de ninguna moral ni de ninguna metafísica, se dedicó a
desnudarle para mostrárnosle mas despojado y más abominable que lo hicieron las
comedias y los apocalipsis.
"Sócrates enloquecido", le llamaba Platón. "Sócrates sincero", así debía haberle
llamado. Sócrates renunciando al Bien, a las fórmulas y a la Ciudad, convertido al fin en
psicólogo únicamente. Pero Sócrates - incluso sublime - es aún convencional;
permanece siendo maestro, modelo edificante. Sólo Diógenes no propone nada; el
fondo de su actitud y la esencia del cinismo, está determinado por un horror testicular
del ridículo de ser hombre.
El pensador que reflexiona sin ilusión sobre la realidad humana, si quiere
175
permanecer en el interior del mundo y elimina la mística como escapatoria, desemboca
en una visión en la que se mezclan la sabiduría, la amargura y la farsa; y, si escoge la
plaza pública como espacio de su soledad, despliega su facundia burlándose de sus
"semejantes" o paseando su asco, asco que hoy, con el cristianismo y la policía, no
podríamos ya permitirnos. Dos mil años de sermones y de códigos han edulcorado
nuestra hiel; por otra parte, en un mundo con prisas, ¿quién se detendría para
responder a nuestras insolencias o para deleitarse con nuestros ladridos?
Que el mayor conocedor de los humanos haya sido motejado de perro prueba que
en ninguna época el hombre ha tenido el valor de aceptar su verdadera imagen y que
siempre ha reprobado las verdades sin miramientos. Diógenes ha suprimido en él la
fachenda. ¡Qué monstruo a los ojos de los otros! Para tener un lugar honorable en la
filosofía, hay que ser comediante, respetar el juego de las ideas y excitarse con falsos
problemas. En ningún caso el hombre tal cual es, debe ser vuestra tarea. Siempre
según Diógenes Laercio:
"En los juegos olímpicos, habiendo proclamado el heraldo: 'Dioxipo ha vencido a
los hombres', Diógenes respondió: 'Sólo ha vencido a esclavos, los hombres son
asunto mío'."
Y, en efecto, los venció como ningún otro, con armas más temibles que las de los
conquistadores; él, que no poseía más que una alforja, el menos propietario de los
mendigos, verdadero santo de la risotada.
Tenemos que agradecer el azar que le hizo nacer antes de la llegada de la Cruz.
¿Quién sabe si, injertada en su desapego, una malsana tentación de aventura extrahumana le hubiera inducido a llegar a ser un asceta cualquiera, canonizado más tarde
y perdido en la masa de los bienaventurados y del calendario? Entonces es cuando se
hubiera vuelto loco, él, el ser más profundamente normal, porque estaba alejado de
toda enseñanza y toda doctrina. Fue el único que nos reveló el rostro repugnante del
hombre. Los méritos del cinismo fueron empañados y pisoteados por una religión
enemiga de la evidencia. Pero ha llegado el momento de oponer a las verdades del
Hijo de Dios las de este "perro celestial", como le llamó un poeta de su tiempo.
Texto obtenido de EM CIORAN, Breviario de podredumbre, Madrid, 1972
176
6.14. El pensamiento humanista. E. Fromm (1900-1980)
1.- Creo que la unidad del hombre, a diferencia de otros seres vivientes, se debe a que
el hombre es la vida consciente de sí misma. El hombre es consciente de sí mismo, de
su futuro, que es la muerte; de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente del otro
en cuanto otro. El hombre está en la naturaleza, y sometido a sus leyes, aunque la
trascienda con el pensamiento.
2.- Creo que el hombre es consecuencia de la evolución natural: que ha nacido del
conflicto de estar preso y separado de la naturaleza y de la necesidad de hallar unidad
y armonía con ella.
3.-Creo que la naturaleza del hombre es una incoherencia, debida a las condiciones de
la existencia humana, que exige buscarle soluciones, las cuales a su vez crean nuevas
incoherencias y la necesidad de nuevas soluciones.
4.- Creo que toda solución a estas incoherencias puede cumplir realmente la condición
de ayudar al hombre a superar el sentimiento de separación y a lograr un sentimiento
de concordancia, comunidad y participación.
6.-Creo que la alternativa fundamental para el hombre es la elección entre "vida" y
"muerte", entre creatividad y violencia destructiva, entre la realidad y el engaño, entre la
objetividad y la intolerancia, entre fraternidad con independencia y dominio con
sometimiento.
7.- Creo que podemos atribuir a la "vida" el significado de continuo nacimiento y
constante desarrollo.
8.-Creo que podemos atribuir a la "muerte" el significado de suspensión del desarrollo y
continua repetición.
9.- Creo que, con la solución regresiva, el hombre trata de encontrar la unidad
librándose del insoportable miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfigurando lo que
lo hace humano y lo atormenta. La orientación regresiva se desarrolla en tres
manifestaciones, juntas o separadas: La necrofilia, el narcisismo y la simbiosis
incestuosa.
Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es violencia y destrucción : el deseo de
matar, la adoración de la fuerza, la atracción por la muerte, el suicidio y el sadismo y el
deseo de transformar lo orgánico en inorgánico sometiéndolo al "orden". El necrófilo,
por carecer de las cualidades necesarias para crear, en su impotencia encuentra más
fácil destruir, porque para él sólo una cualidad tienen valor: la fuerza.
177
Por narcisismo entiendo la falta de un interés autentico por el mundo exterior y un
intenso apego a uno mismo, al grupo, clan, religión, nación, raza, etc., con graves
distorsiones del juicio racional. En general, la necesidad de satisfacción narcisista
deriva de la necesidad de compensar una pobreza material y cultural.
Por simbiosis incestuosa entiendo la tendencia a seguir ligado a la madre y a sus
equivalentes : la estirpe, la familia o la tribu ; a descargarse el insoportable peso de la
responsabilidad, la libertad y la conciencia, para ser protegido y amado en un estado de
seguridad con dependencia, que paga el individuo con el cese de su propio desarrollo
humano.
10.-Creo que, escogiendo avanzar, el hombre puede encontrar una nueva unidad
mediante el pleno desarrollo de todas sus energías humanas, que se muestran en tres
orientaciones, juntas o separadas : la biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza
y la independencia y libertad.
11.- Creo que el amor es la llave principal para abrir las puertas al "crecimiento" del
hombre. El amor y la unión a alguien o algo fuera de uno mismo permite trabar
relaciones con otros, sentirse uno con otros, sin reducir el sentido de integridad e
independencia. El amor es una orientación positiva, para la cual es esencial que se
hallen presentes al mismo tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y el
conocimiento del objeto de unión.
12.- Creo que la experiencia del amor es el acto más humano y humanizador que es
dado gozar al hombre y, como la razón, carece de sentido si se entiende de manera
parcial.
14.- Creo que libertad es la capacidad de obedecer la voz de la razón y del
conocimiento, en contra de las voces de las pasiones irracionales. Es la emancipación
que libera al hombre y lo pone en el camino de emplear sus facultades racionales y de
comprender objetivamente el mundo y el papel que en éste representa.
15.- Creo que la "lucha por la libertad" tiene, en general, el sentido excluido de lucha
contra la autoridad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy "lucha por la libertad"
debe significar liberarnos, individual y colectivamente, de la "autoridad" a la que nos
hemos sometido "voluntariamente" : liberarnos de las fuerzas interiores que exigen este
sometimiento porque somos incapaces de soportar la libertad.
Fragmentos del libro de E. FROMM El Humanismo como utopía real, 1994
178
6.15. El fin de las ideologías y el triunfo del liberalismo. F. Fukuyama (1952-) y el
“Fin de la Historia”. EL “Fin de la Historia” y el 11 de septiembre
"El triunfo de Occidente, o de la idea occidental, es evidente antes que nada en
el total agotamiento de alternativas sistemáticas viables al liberalismo occidental.
(Este triunfo) puede verse en la extensión irresistible de la cultura occidental de
consumo en contextos tan diversos como los mercados de campesinos y los aparatos
de televisión en color ahora omnipresentes a través de China, los restaurantes
cooperativos y tiendas de ropa abiertos en Moscú, , el Beethoven entubado en las
grandes tiendas japonesas, y la música de rock deleitando tanto en Praga, Rangún o
Teherán.
Quizás estamos siendo testigos no sólo del fin de la Guerra Fría, o del pasaje de
un período particular de la historia de posguerra, sino del fin de la historia como tal:
esto es, el punto final de la historia ideológica de la humnidad y la universalización de la
democracia liberal occidental como la forma final de gobierno humano (...) hay
poderosas razones para creer que este ideal será el que gobierne el mundo material en
el largo plazo…"
Obtenido de F FUKUYAMA, El fin de la Historia, 1989
El fin de la Historia y el 11 de septiembre
“Una serie de analistas han afirmado que la tragedia del 11 de septiembre
demuestra que yo estaba absolutamente equivocado cuando dije, hace más de una
década, que habíamos llegado al fin de la historia…
A primera vista resulta absurdo, e insultante para la memoria de aquellos que
murieron el 11 de septiembre, declarar que este ataque sin precedentes no alcance el
nivel de hecho histórico. Pero la forma en que yo utilicé la palabra historia, o, mejor
dicho, Historia, era distinta: se refería al avance de la humanidad a lo largo de los siglos
hacia la modernidad, caracterizada por instituciones como la democracia liberal y el
capitalismo.
Mi observación, hecha en 1989, en la víspera de la caída del comunismo, era
que este proceso de evolución parecía estar llevando a zonas cada vez más amplias
de la Tierra hacia la modernidad. Y que si mirábamos más allá de la democracia y los
mercados liberales, no había nada hacia lo que podíamos aspirar a avanzar; de ahí el
final de la historia. Aunque había zonas retrógradas que se resistían a este proceso,
era difícil encontrar un tipo de civilización alternativa que fuera viable en la que la gente
quisiera de verdad vivir, tras haber quedado desacreditados el socialismo, la
monarquía, el fascismo y otros tipos autoritarios de gobierno.
179
Yo creo que en el fondo sigo teniendo razón. La modernidad es un poderoso tren
de mercancías que no descarrilará por los acontecimientos recientes, por muy
dolorosos y sin precedentes que hayan sido. La democracia y los mercados libres
seguirán expandiéndose a lo largo del tiempo como los principios dominantes de la
organización en gran parte del mundo. Pero merece la pena pensar en el auténtico
alcance del desafío actual.
Siempre he creído que la modernidad tiene una base cultural. La democracia
liberal y el libre mercado no funcionan en todo tiempo y en todo lugar. Donde mejor
funcionan es en sociedades con ciertos valores cuyos orígenes pueden no ser
enteramente racionales. No es casualidad que la democracia liberal moderna surgiera
primero en el Occidente cristiano, dado que la universalidad de los derechos
democráticos se puede interpretar muchas veces como una forma secular de la
universalidad cristiana.
La cuestión principal planteada por Samuel Huntington es si las instituciones de
la modernidad, como la democracia liberal y el libre mercado, funcionarán sólo en
Occidente o si su atractivo es lo suficientemente amplio como para permitirlas abrirse
camino en las sociedades no occidentales. Yo creo que es así. La prueba está en los
avances que han experimentado la democracia y el libre mercado en regiones como
Asia oriental, Latinoamérica, la Europa ortodoxa, el sur de Asia e incluso África. La
prueba está también en los millones de inmigrantes del Tercer Mundo que todos los
años votan con sus pies por vivir en las sociedades occidentales y que acaban por
asimilar los valores de Occidente. El flujo de personas que se mueve en dirección
contraria, y el número de los que quieren hacer saltar por los aires a Occidente hasta
donde puedan, es, en comparación, insignificante.
Pero parece que hay algo en el Islam, o por lo menos en las versiones
fundamentalistas del Islam, que ha predominado en los últimos años, y que hace que
las sociedades musulmanas sean especialmente resistentes a la modernidad. De todos
los sistemas culturales contemporáneos, el mundo islámico es el que tiene menos
democracias (sólo Turquía) y no incluye ningún país que haya hecho la transición del
Tercer al Primer Mundo a la manera de Corea del Sur o Singapur.
Hay muchos pueblos no occidentales que prefieren el componente económico y
tecnológico de la modernidad y esperan conseguirlo sin tener que aceptar igualmente
la política democrática o los valores culturales de Occidente (por ejemplo, China y
Singapur). Hay otros a los que les gusta tanto la versión política como la económica de
la modernidad, pero simplemente no dan con la forma de alcanzarlas (Rusia es un
ejemplo). Para ellos, la transición a la modernidad al estilo occidental puede ser larga y
dolorosa. Pero no hay ninguna barrera cultural insuperable que pueda evitar que
finalmente lleguen allí, y ellos constituyen las cuatro quintas partes de la población
mundial.
El Islam, en cambio, es el único sistema cultural que parece producir con
regularidad gente que, como Osama Bin Laden o los talibanes, rechaza la modernidad
de pies a cabeza. Esto suscita la pregunta de hasta qué punto son representativas
180
estas personas de la gran comunidad musulmana, y si su rechazo es de alguna forma
inherente al Islam. Porque si aquellos que la rechazan son algo más que marginales
lunáticos, entonces Huntington tiene razón y vamos hacia un conflicto prolongado que
se hace peligroso en virtud de su capacitación tecnológica.
La respuesta que los políticos de Oriente y Occidente han venido dando desde el
11 de septiembre es que los que simpatizan con los terroristas son una 'pequeña
minoría' de musulmanes, y que la inmensa mayoría está sobrecogida por lo que ha
sucedido. Es importante para ellos decir esto para evitar que los musulmanes como
grupo se conviertan en blancos del odio. El problema es que el odio y el disgusto por
Estados Unidos y lo que representa están mucho más extendidos que todo eso.
Está claro que el grupo de personas dispuestas a ir en misiones suicidas y a
conspirar activamente contra Estados Unidos es pequeño. Pero la simpatía hacia ellas
se pudo manifestar en un primer sentimiento de alegría maligna ante la visión de las
torres que se desmoronaban, un sentimiento inmediato de satisfacción al ver que
Estados Unidos tenía lo que se había merecido, seguidos después, y sólo después, por
unas manifestaciones de desaprobación puramente formales. Si medimos por este
rasero, la simpatía por los terroristas es una característica de mucho más que una
'pequeña minoría' de musulmanes, y se extiende desde las clases medias de países
como Egipto hasta los que emigran a Occidente.
Esta aversión y odio más amplios parecen representar algo más profundo que
una mera oposición a las políticas estadounidenses como el apoyo a Israel o el
embargo contra Irak, e incluir un odio por la sociedad subyacente. Después de todo,
hay mucha gente en el mundo, incluso muchos estadounidenses, que están en
desacuerdo con las políticas de Estados Unidos, pero eso no les lanza a paroxismos de
rabia y de violencia. Ni tampoco es cuestión necesariamente de ignorancia sobre la
calidad de vida en Occidente. El secuestrador suicida Mohamed Atta era un hombre
culto de una familia bien de Egipto que había vivido y estudiado en Alemania y Estados
Unidos durante varios años. Quizá, como han especulado muchos analistas, el odio
nace de un resentimiento hacia el éxito de Occidente y el fracaso musulmán.
Pero, en lugar de psicoanalizar el mundo musulmán, tiene mucho más sentido
preguntarse si el Islam radical constituye una alternativa seria a la democracia liberal
occidental para los propios musulmanes. (No hace falta decir que, a diferencia del
comunismo, el Islam radical no tiene prácticamente ningún atractivo en el mundo
contemporáneo, excepto para aquellos que son culturalmente islámicos).
Para los propios musulmanes, el Islam político ha resultado ser mucho más
atractivo en abstracto que en la realidad. Tras 23 años de gobiernos religiosos
fundamentalistas, la mayoría de los iraníes, y en especial casi todos los menores de 30
años, querrían vivir en una sociedad mucho más liberal. Los afganos que han vivido
bajo el régimen talibán sienten más o menos lo mismo. Todo el odio contra Estados
Unidos cosechado a golpe de tambor no se traduce en un programa político viable que
pueda ser seguido por las sociedades musulmanas en los años venideros.
181
Seguimos estando en el fin de la historia porque sólo hay un sistema de Estado
que continuará dominando la política mundial, el del Occidente liberal y democrático.
Esto no supone un mundo libre de conflictos, ni la desaparición de la cultura como
rasgo distintivo de las sociedades. (En mi artículo original señalé que el mundo
poshistórico seguiría presenciando actos terroristas y guerras de liberación nacional).
Pero la lucha que afrontamos no es el choque de varias culturas distintas y
equivalentes luchando entre sí como las grandes potencias de la Europa del XIX. El
choque se compone de una serie de acciones de retaguardia provenientes de
sociedades cuya existencia tradicional sí está amenazada por la modernización. La
fuerza de esta reacción refleja la seriedad de la amenaza. Pero el tiempo y los recursos
están del lado de la modernidad, y no veo hoy en Estados Unidos ninguna falta de
voluntad de prevalecer…”
Texto obtenido de Lecciones de guerra en la revista Noticias, número 1291, del 22 de
setiembre
182
6.16. El fin de las ideologías y el choque de las civilizaciones. S. Huntington
(1927-)
Entrevista de J. JOFFE a S. Huntington, en Die Zeit, traducida por R. Falcó y publicada
en La Vanguardia, el 11 de setiembre de 2002
“El 11 de septiembre del 2001, hace hoy exactamente un año, el ataque
terrorista contra Estados Unidos relanzó a la actualidad a Samuel P. Huntington,
profesor de Harvard, por sus polémicas teorías sobre el "choque de civilizaciones". El
politólogo estadounidense sostiene ahora que se ha abierto una nueva era: la de las
guerras musulmanas.
-Hace casi diez años escribió "El choque de civilizaciones", un artículo en
"Foreign Affairs", que en 1996 se hizo famoso gracias a un libro del mismo título que
fue traducido a 32 idiomas. ¿El 11 de septiembre ha confirmado su teoría?
-En cierto modo sí.
-Los atentados del 11-S fueron la perfecta ilustración de su tesis. No se trataba
de una guerra entre estados como en el siglo XIX o entre ideologías como en el XX,
sino del ataque de un grupo islámico que actuó a título particular contra un símbolo de
la civilización occidental: EE.UU.
-Así es, eran personas que se identificaban de modo decidido con una rama de
la civilización islámica. Ossama Bin Laden también ha hablado de "lucha de las
culturas".
-Para él, era una "guerra contra los cristianos y los judíos".
-Exacto. Aunque era un choque limitado. Justo después del 11 de septiembre
dije: "Esto no debería degenerar en una lucha entre Occidente y todo el Islam". Un
verdadero choque mundial sólo ocurriría si los gobiernos y las sociedades islámicas se
pusieran del lado de Bin Laden.
-En la guerra del Golfo, algunos países árabes se pusieron de parte de Estados
Unidos contra Irak. Sin embargo, ahora que está a punto de desatarse una segunda
guerra contra Irak, casi todo el mundo musulmán ha mostrado su oposición a Estados
Unidos e Israel, ambos representantes prototípicos de occidente. El "choque entre
civilizaciones" se nos muestra en toda su crudeza.
-Existe potencial para que se dé un verdadero choque. La lucha de culturas se
ha dado de dos maneras: en la escalada entre India y Pakistán y en la segunda
"intifada". Los musulmanes de todo el mundo se identifican con los palestinos...
183
- ... Y el choque se amplía. En su época, su tesis recibió muchas críticas. Ahora
parece más convincente que nunca. La lista de conflictos entre civilizaciones es cada
vez más larga: musulmanes contra hindúes en India, contra cristianos en Nigeria,
contra judíos en Oriente Próximo...
-La primera mitad del siglo XX fue la era de las guerras mundiales, la segunda
fue la era de la guerra fría. En el siglo XXI ha empezado la era de las guerras
musulmanas.
-¿Qué son las guerras musulmanas?
-Son todas las que ha mencionado. A las que hay que añadir Chechenia,
Azerbaiyán, Afganistán y Asia central, Cachemira, Filipinas, Sudán y, por supuesto,
Oriente Próximo. Son todas las guerras en que musulmanes luchan contra no
musulmanes, así como entre ellos mismos.
-Entonces no se trata de una "lucha de las culturas", sino de una lucha entre una
cultura, el Islam, y todas las otras. Una frase famosa de un artículo suyo dice: "El Islam
tiene fronteras sangrientas".
-Así es.
-¿Por qué?
-No porque el Islam sea por principio una religión sanguinaria. Aquí entran en
juego muchos factores. Uno de ellos es el sentimiento histórico que albergan los
musulmanes, y sobre todo los árabes, de que han sido sometidos y explotados por
Occidente. Otro factor es el rencor debido a políticas occidentales concretas, en
particular el respaldo de Estados Unidos a Israel. Un tercer factor es la demografía del
mundo islámico. El grupo de edad de los 15 a los 30 años es el más grande. Estos
hombres no encuentran trabajo en casa. Por lo tanto, intentan emigrar a Europa o se
dejan reclutar en la lucha contra los no musulmanes. Al Qaeda paga muy bien.
-¿Entonces la lucha de culturas es provocada por un factor demográfico que se
alimenta de los altos índices de desempleo de los jóvenes?
-Un hecho es consecuencia del otro. Las sociedades viejas no van a la guerra. A
esto hay que añadir que a los musulmanes les indignan muchas cosas de Occidente.
-¿Europa disfruta de paz porque es vieja y gris?
-Los europeos eran muy violentos hace cien años, cuando su perfil demográfico
se parecía al del mundo islámico. La masacre de la Primera Guerra Mundial sólo pudo
tener lugar porque había muchos hombres a los que matar. Pero no debemos exagerar
este factor. En el año 2020, esta cohorte habrá disminuido mucho. Este cambio
permitirá que resulte más sencillo mantener relaciones de paz con el Islam.
184
-¿Y hasta el 2020?
-Hay que tener en cuenta otro factor: el resentimiento que alberga contra
Occidente y, en especial, contra Estados Unidos. Antes del 11-S, las simpatías
estadounidenses estaban del lado de los chechenos o de los cachemires. Las
simpatías occidentales, y sobre todo las de Estados Unidos, por los palestinos eran
más fuertes.
-¿Perdería el Islam sus "fronteras sangrientas" si Estados Unidos pusiera fin a
esta ayuda?
-Las "fronteras sangrientas" hacen referencia a un fenómeno más amplio que el
conflicto palestino-israelí. Sin embargo, es cierto que los musulmanes consideran a
Estados Unidos un país parcial que tiene en cuenta la seguridad de Israel como un
interés nacional.
-¿Y el resto de los conflictos que moviliza a musulmanes contra no
musulmanes? ¿De Nigeria a Filipinas, pasando por Sudán? Bernhard Lewis, gran
erudito sobre el Islam, cree que esta religión en conjunto tiene un problema con
Occidente. Él también habló de un "choque de civilizaciones".
- Así es, y antes que yo.
-Él ve la "reacción histórica de un viejo rival civilizador contra nuestra herencia
judeocristiana, nuestra presencia secular y la propagación mundial de ambas".
-Es, de hecho, una rivalidad histórica que existe desde el siglo VII, desde el
nacimiento del Islam y de la conquista árabe del norte de África, de Oriente Próximo y a
continuación de parte de Europa. En el siglo XIX se volvieron las tornas, cuando
Occidente empezó a colonizar a Oriente Próximo, proceso que completó en el siglo XX.
-Usted mismo ha escrito sobre la hostilidad islámica a ciertas ideas occidentales:
individualismo, liberalismo, constitucionalismo, derechos humanos, igualdad de grupos
y sexos, democracia...
-Debemos diferenciar entre corrientes y agrupaciones. Por supuesto que hay
musulmanes que comparten estos valores occidentales. Lo que ocurre es que en
general parecen ser una minoría con poca influencia y poder. La mayoría de regímenes
del mundo islámico son dictaduras.
-¿Se trata entonces de una colisión de las formas de gobierno?
-La pregunta es: ¿por qué no hay democracia en Arabia? Quizá el motivo sea
cultural. Pero examinemos el Islam en general: Turquía es una especie de democracia.
Bangladesh tiene un gobierno democrático. Pakistán lo ha tenido a veces. No creo que
el Islam como tal no sea democrático.
185
-Entonces, ¿sólo el Islam árabe?
-Lo cierto es que en esa zona no existe la democracia, con la excepción de
Líbano, pero se trata de un país que era más cristiano que musulmán; cuando las
mayorías se invirtieron, estalló la guerra civil. Pese a todo, hay grandes diferencias
entre los cuarenta países islámicos.
-Usted también ha escrito sobre una "relación islámico-confuciana", con
ejemplos como el flujo de armas de China y Corea del Norte a Oriente Próximo. ¿Es
una cuestión cultural o política?
-La base son los intereses comunes. Las culturas son muy distintas. Los
intereses se refieren a un oponente común: Estados Unidos. Quizá Occidente en
general. La política imperialista no termina nunca. Se refuerza mediante la cultura y la
religión, aunque esto no lo explica todo. Véase, si no, la alianza entre Turquía e Israel.
-Aún existen más ejemplos que contradicen su tesis de lucha de las culturas.
Usted describe Rusia como centro del "cristianismo oriental". Sin embargo, ¿esta
cultura oriental no se decanta de manera decidida hacia occidente?
-Rusia lo ha hecho desde la época de Pedro el Grande. La occidentalización y la
modernización son un viejo motivo de la historia rusa. Pero también lo contrario, el
motivo eslavo, según el cual Rusia tiene un destino distinto al de Occidente y debería
encaminarse hacia él. Esta vía se ve también en el bolchevismo, bajo el lema rojo:
"Somos distintos y mejores, somos el futuro y enterraremos a Occidente".
-El conflicto "dentro" de las culturas es a veces más agresivo que el conflicto
entre culturas. Iraq ha atacado a Irán y Kuwait. Por otro lado, Turquía se acerca más a
la Unión Europea cristiana.
-Seguramente existen graves conflictos dentro del Islam, tal y como subrayo en
mi libro. A propósito de Turquía: hace veinte años que intenta entrar en la UE, pero
sigue al final de la cola. Polonia, Chechenia, Estonia y Lituania subirán, pero no
Turquía, porque la UE cree que no pertenece al club, y quizá también debido a motivos
culturales.
-¿Qué tienen en común países como Uzbekistán o Kazajstán con Egipto, Argelia
o Iraq?
-Todos son musulmanes y todos tienen movimientos fundamentalistas. Y
regímenes extremadamente autoritarios. Lo más interesante del bloque que pertenecía
antes a la Unión Soviética es que la democratización y las reformas económicas se
desarrollan a lo largo de fronteras culturales muy precisas. Todos los países que
pertenecieron a Occidente en el pasado, es decir, a Europa Central, han logrado
grandes progresos. Las culturas ortodoxas como la búlgara, bielorrusa o ucraniana las
186
siguen con retraso y la Albania musulmana o las repúblicas ex soviéticas de Asia
central están mucho más atrasadas.
-¿En su proceso de desarrollo, sufre el Islam de una cultura de mentalidad
atrasada?
-Sólo en cuestiones económicas y políticas, no en las culturales. De los 25
países del antiguo bloque soviético, el desarrollo democrático y económico está en
correlación con las diferencias civilizadoras. ¿Por qué le va mejor a Polonia que a
Ucrania, a pesar de que la república del mar Negro era uno de los centros motores de
la URSS?
-Por lo tanto, se debe a un destino cultural.
-No existe nada como el destino. Pero históricamente la cultura ha sido una
fuerza muy poderosa y hoy en día lo sigue siendo.
-¿No existen también líneas de ruptura civilizadoras dentro de Occidente pese a
la cultura que compartimos? Los conflictos entre Europa y Estados Unidos aumentan,
desde Kioto hasta el Tribunal Penal Internacional. Y casi ningún país europeo quiere
participar en la guerra contra Saddam.
-Primero debemos diferenciar entre cultura y estructura, es decir, la estructura de
la potencia global. En la guerra fría había dos superpotencias; ahora sólo hay una, más
media docena de potencias regionales. Entre éstas y la superpotencia surge un
conflicto natural. ¿Por qué? Porque Estados Unidos tiene intereses en todo el mundo.
Por eso se inmiscuye en todos lados, para influir. Por otro lado, las potencias
regionales (la UE, Rusia, China, India, Brasil) intentan encauzar cualquier asunto en la
dirección que más les conviene. Esto provoca tensiones.
-Así, ¿la estructura pesa más que la cultura?
-En realidad, no. Estados Unidos y la UE comparten una cultura occidental
común. En consecuencia, la lógica de la cultura trabaja contra la lógica de la potencia.
Tomemos como ejemplo el 11 de septiembre, cuando esta cohesión cultural provocó
una ola de compasión e identificación con Estados Unidos. Los europeos se vieron
como miembros de una cultura occidental común. Sin embargo, ahora ha vuelto a
imponerse la lógica de la potencia, junto con las antiguas diferencias. Los europeos no
quieren tomar parte en la guerra contra Iraq y también han criticado la guerra contra el
terror. A esto hay que añadir ciertas disputas económicas y ecológicas. El conflicto de
potencias tiene un segundo aspecto. Las potencias secundarias, que no quieren ser
dominadas por el poder principal de la región, se muestran como socios naturales de
Estados Unidos.
-Como Inglaterra...
187
- ... Cuyos vínculos culturales con EE.UU. son más estrechos. Polonia, Ucrania y
Uzbekistán mantienen relaciones más cordiales con EE.UU. porque no quieren volver
al yugo de Rusia.
-¿El equilibrio político clásico es decisivo?
-No, ambas cosas son importantes, tanto cultura como estructura. Las líneas de
ruptura más importantes están ahí donde las diferencias de poder y cultura se solapan.
EE.UU. y Europa no se enfrentarán en una guerra. Es más que probable que India y
Pakistán acaben haciéndolo, igual que Israel y los árabes. Y China y EE.UU.
-Otra de sus citas dice: "The rest against the West" (el resto contra Occidente).
Pero si tenemos en cuenta las tensiones transatlánticas, ¿podría convertirse en "the
rest of the West against the US" (el resto de Occidente contra EE.UU.)?
-No, ya que la cultura común modera el conflicto de potencias. Lo cual no es el
caso de China y Estados Unidos, donde el abismo cultural agudiza el conflicto de
intereses.
-Entonces, ¿no llegarán al Tribunal Penal Internacional los actos de violencia?
-Es probable, aunque aquí se ha abierto un conflicto de potencias. Estados
Unidos no quiere dejarse encadenar, porque tenemos soldados en todo el mundo que
no quieren exponerse al peligro de un procesamiento penal.
-Sabíamos cómo habíamos evitado en el pasado los grandes conflictos
ideológicos y de política imperialista. Occidente venció a la Alemania nazi, limitó
políticamente e intimidó militarmente a la Unión Soviética. Pero, ¿cómo se lucha en una
guerra de culturas? ¿Y contra quién?
-Esto depende del escenario. Al Qaeda es algo completamente nuevo. Bush
habla de guerra contra el terrorismo. Políticamente es un concepto útil, porque todo el
mundo está contra el terrorismo, pero analíticamente plantea problemas, porque este
término puede abarcar distintas guerras. Rusos, chinos, indios, israelíes, todos califican
a sus enemigos de terroristas. En el fondo son conflictos territoriales. La guerra de Al
Qaeda contra Estados Unidos y la civilización occidental es harina de otro costal
porque no tiene nada que ver con una guerra por un territorio...
-¿Sino con una guerra de civilizaciones?
-Por supuesto que lo es.
-¿Cómo se lucha en una guerra de este tipo?
-Antes que nada, hay que cortar el apoyo que recibe un grupo como al Qaeda de
otros miembros de su civilización. Cuando estos grupos o estados se alían con una
188
parte en conflicto, la escalada es inminente. Es lo mismo que ocurrió en Serbia, donde
Belgrado apoyaba militarmente a los serbios de Bosnia y Kosovo. Por lo tanto, al
Qaeda debe quedar aislada en el mundo musulmán, lo cual es muy difícil porque opera
en cincuenta o sesenta países. De forma que hay que atraer a estos países a nuestro
bando. Sin embargo, el Gobierno de Bush tenía un problema después del 11 de
septiembre: ¿Cómo ganarse el apoyo de todas las potencias regionales, que no eran
precisamente los mejores amigos de Estados Unidos, como Rusia, China, e incluso
Irán?
-¿Volverá a atacar Al Qaeda?
-Como mínimo lo intentará…”
189
6.17. Las Nuevas Tecnologías y la nueva sociedad. N. Negroponte (1943-)
Entrevista con N. Negroponte para la revista “Nova Economía”,
www.maccare.com.ar
obtenida de
-En su opinión ¿Cuál es la mejor manera para resolver los problemas de las ciudades
reales al mismo tiempo que se construyen las digitales? Como arquitecto y experto en
tecnología, ¿Puede sugerir una manera en la que la ciudad digital pueda ayudar a la
real?
-Mi época de arquitecto se remonta a los años sesenta, por lo que no diría que soy un
experto acerca de las ciudades reales. Lo que puedo decir es que el mundo digital será
más importante para los jóvenes y la educación, lo cual debería tener un impacto
positivo en las ciudades. Quizás, más importante que ayudar a las ciudades reales tal
como las conocemos es darse cuenta de cómo cambiarán su papel, convirtiéndose
más en elementos socializadores y decreciendo como espacio económico de negocios.
Tal como se organizan los negocios, cada vez menos cerrados jerárquicamente, la
ciudad sólo tendrá significado como un lugar para el intercambio humano, para el arte y
el entretenimiento.
-Usted coloca en oposición radical los átomos y los bits. Sin embargo, los bits,
normalmente se definen como átomos de información. ¿No está defendiendo, en última
instancia, un radical atomismo informacional? ¿No cree que lo más importante es la
interacción a distancia entre los seres humanos por encima de la digitalización?
-Las telecomunicaciones son realmente importantes. La interacción es la base de la
telefonía,
la
video-conferencia,
y
las
futuras
proyecciones
holográficas, las cuales le colocarán a uno en la sala de estar de otra persona. Pero la
diferencia entre los átomos y los bits es mayor. El negocio de bits está evolucionando,
es aquél en el que la gente hace bits o añade valor a los bits existentes. Bajo esas
condiciones, la naturaleza de cómo hacer negocios cambia. Se encuentra, por primera
vez en la historia, el concepto de una industria casera global (anteriormente sólo
existían multinacionales, sólo compañías realmente grandes) Una pequeña compañía
multinacional es ahora novedosa y posible gracias al nuevo tipo de producto, un
producto que no tiene peso, tamaño, color o masa, y que puede viajar a la velocidad de
la luz.
-Hasta ahora, los actuales dispositivos multimedia están basados en sistemas
audiovisuales y, por esta razón, se dirigen sólo a dos de nuestros sentidos. ¿Qué sabe
sobre la situación de las investigaciones acerca de otros sentidos como el tacto o el
olor? ¿Es posible un mundo o cultura digitales que no impliquen los demás sentidos?
190
-El elemento audiovisual es generalmente de una dirección -del computador a usted-.
No puede recorrer el sentido contrario; no le puede ver u oir. Por lo tanto, los primeros
pasos serían una buena visión y audición (incluyendo el reconocimiento de voz). Los
pasos siguientes serían el tacto y la retroalimentación de fuerza, dos sentidos sobre los
cuales respondemos muy poco en las comunicaciones con el ordenador. El último sería
el olor. ¿Sabe por qué? No porque sea difícil de realizar, sino porque es díficil librarse
de ellos.
-En sus propias palabras, existen personas sin hogar digital, pero también existen los
sin hogar en el Tercer Mundo. ¿Puede la cultura digital ayudar a los sin hogar digitales
a adquirir una casa real? ¿Puede esta cultura (digital) mejorar sus condiciones de vida?
-Esta la pregunta más habitual de las que se me hacen. Lo considero, y mi respuesta,
no ha de sorprender, va a ser optimista. El Tercer Mundo tiene dos ventajas. La
primera es que esos países tienen una infraestructura de telecomunicaciones muy
pequeña y lo que funciona en la actualidad es la fibra óptica, la conexión sin cable y lo
digital- no tienen la carga de historia de telecomunicaciones de los países
desarrollados. La otra es su población, que tiende a ser joven, a menudo con el 50% de
la población por debajo de los veinte años -gente que se desenvuelve como pez en el
agua cuando accede a los computadores.Pero se necesita apoyo, recuérdese que
éstos son bits, no átomos. Los bits no se pueden comer, no puede uno vestirse con
ellos o usarlos como refugio.
-Los ordenadores actuales (compuestos de teclados, ratones e impresoras) serán
obsoletos muy pronto. Por lo tanto ¿Merece la pena formar a nuestros niños con estos
mecanismos, o es mejor esperar a las nuevas carpetas digitales, con reconocimiento
de voz o toque) que usted menciona en "Mundo Digital"?
-Esto es como comprar una cámara de 35 milímetros. Sabemos que cada año van a
ser mejores y van a cambiar. Pero no espere. Esperar es lo peor que se puede hacer.
Es cierto que el ordenador de hoy no se parecerá al de mañana, pero sería un crimen
hacer esperar a los niños, porque los niños no lo son por mucho tiempo. Cuando se
aprende lo que se necesita hoy, incluso si se convierte en el latín de mañana, se hace
uno más flexible y mucho más capaz para adaptarse.
-¿Deben las escuelas asumir las labores educativas o deben ser los padres los cuales
son en su mayoría analfabetos informáticos? Si lo deben ser lasescuelas ¿Cómo
podemos evitar que introduzcan sus propias normaseducacionales?
-Podría ser como la educación sexual, que no pertenece a las escuelas y ligeramente a
los padres. Los niños aprenden de los niños. Es realmente un medio de oído a oído. En
el ámbito de la escuela, los niños saben más que los profesores. Esto es precisamente
bueno para su ego y para su aprendizaje de cómo deben enseñar. Pero esto precisa de
un profesor que piense profundamente para trabajar en este entorno. En casa, es lo
mismo. En los países desarrollados, los niños ricos tienen más medios informáticos que
en sus escuelas. En el mundo desarrollado esto es, con frecuencia, un incentivo.
191
-La educación digital es un elemento educacional estratégico que los Estados Unidos
han desarrollado recientemente. Pero ¿Considera que los futuros gobiernos serán
capaces de garantizar un acceso igual y democrático, con suficientes fondos y
oportunidades para todos los estudiantes?
-Mi predicción es que sí. El acceso a los ordenadores será en general tan importante
como el aire limpio, el agua depurada, y la medicina preventiva. Ningún gobierno
garantiza estas cosas, pero sería difícil imaginar uno que no lo intentara.
-El término "analfabeto digital" es muy expresivo. Pero puede entenderse
incorrectamente y puede ser interpretado de forma polémica. ¿Podemos pensar, más
allá de la metáfora, que en nuestro futuro digital, ser un analfabeto informático podría
ser tan malo como un analfabeto lingüístico?
-Ser un analfabeto informático podría ser, de hecho, peor que analfabeto lingüístico. Al
menos, si se es un analfabeto respecto al lenguaje, se puede trabajar, jugar, y formar
una familia con cariño. Pero en tanto en cuanto el mundo se vuelve cada vez más
digital, tocará todos los aspectos de nuestras vidas. El impedimento será enorme.
-Continuando con la alfabetización digital, en España, en el comienzo de la industria
informática (durante los setenta), la programación se consideró como la clave para el
desarrollo informático. Como consecuencia, mucha gente se dedicó a aprender los
principios básicos de la programación. En la actualidad, y tal como usted propone en su
libro, la facilidad tecnológica debe ser el objetivo de los desarrollos actuales. Por lo
tanto, la tendencia ha cambiado. ¿Podría usted sugerir un currículum para la
enseñanza secundaria?
-Sugerir materias básicas para un currículo es como recomendar una clase de física a
un jugador de baloncesto o clases de dicción a alguien que llama por teléfono. Es hora
de dejar que los trabajos de informática vayan por su cuenta. Esto no quiere decir que
las matemáticas o la electrónica, o que las muchas teorías del lenguaje, el significado o
las comunicaciones deban ignorarse. Pero todas estas deben provenir de la pasión y
de un estilo cognitivo, no de los currículos.
-Europa trata de mantenerse en línea con Estados Unidos y Japón en el desarrollo
informático. ¿Cree usted que EEUU está haciendo las cosas correctamente? Si no es
así, ¿Cuál es su mayor error?
-Estados Unidos y Japón son muy diferentes en cuanto a su desarrollo informático. En
América hay un crecimiento de la vida digital. Japón, en cambio, está atrapado en su
propia homogeneidad histórica. Los japoneses hacen ordenadores, pero, como
sociedad, los utilizan muy poco. Su presencia en Internet es realmente reciente. Lo que
debería hacer Estados Unidos es desregular y animar a las naciones a privatizar sus
telecomunciaciones mucho más deprisa. La ausencia de los ordenadores en la vida
europea puede atribuirse casi enteramente a los altos costos de sus
telecomunicaciones.
192
-¿Cuál es su respuesta a la brecha entre los países desarrollados y los del Tercer
Mundo? Esta está creciendo, sobre todo respecto a la informática. Los países del
Tercer Mundo necesitan una política específica para reducir esta distancia. Por favor,
mencione algunos puntos básicos para esta política.
-Soy alérgico a la palabra "política", pero comprendo su pregunta. Mi respuesta incide
casi completamente sobre los costos. Las comunicaciones en los países del Tercer
Mundo son ridículas, en el sentido de que están en manos del gobierno, se gestionan
de mala manera, y muchas veces obtienen más del treinta por ciento de sus ganancias
de llamadas telefónicas que no se completan. Pero los ordenadores son también
demasiado caros. Windows 95 no sirve para el Tercer Mundo. Es demasiado grande,
ocupa demasiada memoria y tiene excesivas opciones. Es mucho más necesaria una
máquina que cueste 150 dólares…”
193
6.18. El nuevo papel de la Ciencia y la Ecología.
“Hay un sentimiento creciente en numerosos sectores de que la ciencia no está
respondiendo adecuadamente a los desafíos de nuestro tiempo, especialmente a
aquellos que nos plantea la búsqueda de un desarrollo sostenible…
La falta de adecuación del enfoque científico tradicional se ha revelado con
claridad en el episodio de la enfermedad de las "vacas locas", una situación
"problemática" paradigmática. Durante años, los investigadores y asesores acreditados
aseguraron al gobierno del Reino Unido que la posibilidad de transferencia del agente
infeccioso a los seres humanos era muy pequeña. No se dieron cuenta de los
elementos en juego en la decisión implícitos en la política, donde la alarma pública y el
gasto del gobierno se percibían como los principales peligros. El riesgo de una
epidemia entre los humanos (con sus consiguientes costos) fue descartado por los
expertos y, a la larga, oficialmente negado…
El mundo experimenta actualmente un periodo de extraordinarias turbulencias
que reflejan el nacimiento y la intensificación de profundos cambios económicos,
sociales, políticos y culturales relacionados con la actual revolución técnicoeconómica. Además, la velocidad y la magnitud del cambio global, la interconexión
creciente de los sistemas sociales y naturales a nivel planetario, y la creciente
complejidad de las sociedades y de su impacto en la biosfera, da como resultado un
alto nivel de incertidumbre y de impredictibilidad, que plantean nuevas amenazas (y
también nuevas oportunidades) para la humanidad. Por otro lado, las tendencias
actuales son insostenibles (tanto ecológica como socialmente). Se ha reconocido
oficialmente la necesidad de un cambio de dirección en la Cumbre de la Tierra,
celebrada en junio de 1992. Sin embargo, aún no se ha definido claramente la nueva
dirección y la mayoría de los debates y recomendaciones siguen estando muy
compartimentados.
La complejidad de las situaciones y problemas ha aumentado rápidamente en
los últimos decenios (Gallopín 1999, Munn et al. 1999). Esto se debe a diversas
razones, como las siguientes.
Cambios ontológicos: los cambios provocados por el hombre en la naturaleza del
mundo real, que avanzan a ritmos y escalas sin precedentes y cuyo resultado también
es la creciente interconexión e interdependencia en numerosos niveles. Las moléculas
de dióxido de carbono emitidas por la quema de combustibles fósiles (sobre todo en el
norte) se unen con las moléculas de dióxido de carbono producidas por la
deforestación (sobre todo en el sur) y provocan un cambio global del clima. Una crisis
económica en Asia repercute en el sistema económico global, y afecta a países muy
distantes.
Cambios epistemológicos: cambios en nuestra comprensión del mundo
relacionados con la conciencia científica moderna de la conducta de los sistemas
194
complejos, entre ellos el reconocimiento de que lo no predecible y la sorpresa quizá se
encuentren en los tejidos mismos de la realidad, no sólo en el nivel microscópico (es
decir, el principio de incertidumbre ya conocido de Heisenberg) sino también en el nivel
macroscópico, como se describirá más tarde.
Cambios en la toma de decisiones: en muchas partes del mundo, se abre
camino un estilo más participativo en la toma de decisiones que reemplaza a los estilos
tecnocráticos y autoritarios. Esto, junto con la aceptación cada vez más amplia de otros
criterios, como el medio ambiente, los derechos humanos, el género y otros, así como
el surgimiento de nuevos actores sociales, como las organizaciones no
gubernamentales y las empresas transnacionales, conduce a un aumento del número
de dimensiones utilizadas para definir los temas, problemas y soluciones y, por ende, a
una mayor complejidad.
Es cada vez más claro que la búsqueda de un desarrollo sostenible requiere
integrar factores económicos, sociales, culturales, políticos y ecológicos. Requiere la
articulación constructiva de los enfoques de desarrollo de arriba abajo con las
iniciativas de abajo arriba o de base. Requiere tener en cuenta simultáneamente las
dimensiones locales y globales, y la forma en que interactúan. Y requiere ampliar los
horizontes de espacio y tiempo para acoger la necesidad de la equidad
intrageneracional e intergeneracional. En otras palabras, lo que se necesita no es ni
más ni menos que un cambio fundamental en la manera en que enfocamos el
desarrollo de las relaciones entre sociedad y naturaleza…”
Textos obtenidos de: Gilberto C. Gallopín, Silvio Funtowicz, Martin O'Connor, Jerry
Ravetz, Una ciencia para el siglo XXI: del contrato social al núcleo científico. en:
http://www.campus-oei.org/salactsi/gallopin.pdf
195
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