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Bolaño-Estridentismo

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MANIFIESTO ESTRIDENTISTA
Irreverentes, afirmales, convencidos, excitamos a la juventud
intelectual del estado de Puebla, a los no contaminados de
reaccionarismo letárgico, a los no identificados con el sentir medio
colectivo del público unisistematizal y antropomorío para que
vengan a engrosar las filas triunfales del estridentismo.
el estridentismo
Roberto Bolaño
Yo no pienso. yo muerdo. Para Alain Jouffroy. el artista de vanguardia es el primero
en arriesgarse el primero en tirarse al agua. El que pone la maquinita peluda del
amor y la aventura a toda velocidad. Para Alain Jouffroy y en esto se toca con los
situacionistas, el artista de vanguardia es el que, por sobre todo, subvierte la
cotidianidad, transformando y transformándose. Yo no muerdo, yo me araño. Y se
necesitaba tener un espíritu muy heroico para sobrevivir y crear y difundir una
poesía nueva en el México de 1928: un movimiento que no antecede a la revolución,
pero que se va extinguiendo con esta revolución. Los sabrosos veintes, la visión de
Huidobro jugando chirlitos con Reverdy, Pablo de Rokha construyendo una de las
más hermosas ballenas de este siglo – Alberto Hidalgo haciendo antologías con
Borges (el primero murió riéndose de su pobreza y su olvido; el segundo todavía
hace chistes públicos de un humor macabro), Girondo era bailarín y pudo ser actor
de Hollywood. Vallejo pensaba en Rita, Oquendo de Amat escribía a los 17 años sus
cinco metros de poesía y ya no escribiría nunca más. Martín Adán ponía coma final a
La Casa de Cartón, y pupulaban por América unos jóvenes que tenían facha de
terroristas (además, lo eran), y que hacían poesía. Ante esa obra lo que se escribe,
por ejemplo, por los cuarentas o cincuentas (para no hablar de los sesentas, en
donde la cosa parece, hasta nueva orden, que volviera a brotar) se ve
definitivamente asqueroso, pero por suerte (suerte para los malos, como dijo el
Bosco y Billy the Kid), surge un grupo de poetas y/o ensayistas que se encargan de
darle algunos retoques a la historia, quedando todos al final dentro de la misma
familia. Yo ya me cansé de arañarme; mejor me voy. En México los estridentistas se
van, los “contemporáneos” se quedan, la paz vuelve a casa.
Del periodo 1921 – 1928 quedan sin embargo libros que útiles. Algunos como
Andamios Interiores y Poemas Interdictos, de Maples Arce, y Esquina, de List
Arzubide, nos sirven para comenzar a ver una manera diferente la tradición de la
poesía mexicana. Estrellas bailadoras que sólo tuvieron una edición, pero que nos
esperan en la garganta tibia de una hada muerta hace mucho. Y avión (1917 –
poemas – 1923) de Luis Quintanilla, poeta “casi” estridentista. Quedan también
revistas de las que sólo conocemos los nombres (aquí la palabra quedan es nada
manera de decir): Actual, Irradiador, Horizonte.
“No sólo se gastan los partidos en el poder, sino también las escuelas artísticas. Los
procedimientos de la creación se agotan y cesan de herir los sentimientos del
hombre: es el signo inconfundible de que una escuela está madura para entrar en el
cementerio de las posibilidades agotadas; es decir, en la Academia. La creación viva
no puede salir adelante sin desviarse de la tradición oficial, de las ideas y
sentimientos canonizados, de las imágenes y giros impregnados de la lacra de la
costumbre. Cada nueva orientación busca un nexo más directo y sincero entre las
palabras y las percepciones. La lucha contra la simulación en el arte se transforma
siempre, más o menos, en la lucha contra la falsedad e las relaciones sociales.
Porque es evidente que si el arte pierde el sentido de la hipocresía social, cae
inevitablemente en el preciosismo”.
“Cuanto más rica y compleja es una tradición cultural nacional, más brutal es la
ruptura”: León Trotsky.
Los estridentistas no pudieron sostener esas barricadas ácidas de la nueva poesía,
pero nos enseñaron más de una cosa sobre los adoquines. A los versos de Maples
Arce escritos en 1922.
Y 200 estrellas de vicio
a flor de noche
Escupen pendejadas y besos de papel
podemos meditarlos con estos de José Peguero escritos hace tres meses:
Corre corre Valerina
Que me da el Rimbaud
Que me da el Rimbaud
Y AFIRMEMOS:
Primero: Un profundo desdén hacia la ranciolatría ideológica de
algunos valores funcionales, encendidos pugnazmente en un odio
caníbal para todas las inquietudes y todos los deseos renovadores
que conmueven la hora insurreccional de nuestra vida
mecanística. Segundo: La posibilidad de un arte nuevo, juvenil,
entusiasta y palpitante, estructuralizado novidimensionalmente,
superponiendo nuestra recia inquietud espiritual al esfuerzo
regresivo de los manicomios coordinados con reglamentos
policiacos, importaciones parisienses de reclamo y pianos de
manubrio en el crepúsculo. Tercero: La exaltación del tematismo
sugerente de las máquinas, las explosiones obreriles que estrellan
los espejos de los días subvertidos. Vivir emocionalmente. Palpitar
con la hélice del tiempo. Ponerse en marcha hacia lo futuro.
Cuarto: La justificación de una necesidad espiritual
contemporánea. Que la poesía sea poesía de verdad, no babosadas,
como las que escribe Gabrielito Sánchez Guerrero, caramelo
espiritual de chiquillas engomadas. Que la pintura sea también
pintura de verdad con una sólida concepción del volumen. La
poesía, una explicación sucesiva de fenómenos ideológicos, por
medio
de
imágenes
equivalentistas
orquestalmente
sistematizadas. La pintura, explicación de un fenómeno estático,
tridimensional, redactado en dos latitudes por planos colorísticos
dominantes.
CAGUEMONOS
Primero: En la estatua del general Zaragoza, bravucón insolente de
zarzuela, William Ducan del filme intervencionista del imperio,
encaramado sobre el pedestal de la ignorancia. Horror a los ídolos
populares. Odio a los panegiristas sistemáticos. Es necesario
defender nuestra juventud que han enfermado los merolicos
exegísticos con nombramiento oficial de catedráticos. Charles
Chaplin es angular, representativo y democrático. Segundo: En don
Felipe Neri del Castillo, fonógrafo interpretativo del histerismo
primaveral tergiversado, que hace catrinas de pulque con cenizas
de latines para embriagar a sus musas rezaderas; en don Manuel
Rivadereyra y Palacio, momia presupuestiva de 20 reales diarios;
en don José Miguel Sarmiento, recitador de oficio en toda clase de
proxenetismos familiares en que la primavera y el “jazz band” se
zangolotean en los espejos, y en algunos estanquilleros literarios,
como don Delfino C. Moreno y don Enrique Gómez Haro. Tercero:
En nuestro compatriota Alfonso XIII, el Gaona de los tenderos
usuarios, Tío Sam de los intelectuales de alpargata, salud de los
enfermos, consuelo de los afligidos, rosa mística, vaso espiritual de
elección, agente viajero de una camotería de Santa Clara, ¡la gran
cháchara!
PROCLAMANDO:
Como única verdad, la verdad estridentista. Defender el
estridentismo es defender nuestra vergüenza intelectual. A los que
no estén con nosotros se los comerán los zopilotes. El
estridentismo es el almacén de donde se surte todo el mundo. Ser
estridentista es ser hombre. Sólo los eunucos no estarán con
nosotros. Apagaremos el sol de un sombrerazo. Feliz año nuevo.
¡VIVA EL MOLE DE GUAJOLOTE!
Puebla, Enero 1 de 1923
Manuel Maples Arce, Germán List Arzubide, Salvador Gallardo, M.
N. Lira, Menoraza, Salazar, Molina; siguen doscientas firmas.
En el número 62 se publicarán las entrevistas que concedieron a
Plural Arqueles Vela, Manuel Maples Arce y Germán List Arzubide.
ARQUELES VELA
tres estridentistas en 1976
Roberto Bolaño
Bandido adolescente en la zona de Tehuantepec, muchacho de ojos azules que
dormía en las redacciones de los periódicos, bailarín y contador de chistes en
cabarets españoles, cómplice de Miguel Angel Asturias en aventuras que no
narramos por pudor, casi todo lo ha experimentado Arqueles Vela, que a los 16 años
miraba carrancistas a caballo y recitaba la traducción que Gómez de la Serna hizo
de los Cantos de Maldoror. Rima (¡ja!). Si Maples Arce a veces me recuerda
físicamente a Floyd Paterson y List Arzubide a Sonny Liston, Arqueles da la
impresión de un Kid Azteca posando demasiado, demasiado sereno en un rincón
eléctrico del ring. Por supuesto es de noche y la arena está vacía. La campana
comienza a entibiarse, En una butaca de tercera un espejo está sentado. El Kid no lo
mira. Los posters sacan una pistola con silenciador de sus chalecos y se suicidan.
Entre el vapor – que comienza a invadirlo todo – parece que bailaran un par de
guantes de oro.
¿Cómo entró usted al estridentismo?
Cuando Maples Arce publicó su primer libro, después del Manifiesto Comprimido
Estridentista, la mayoría de los críticos de entonces no sólo atacaron el espíritu del
libro, no sólo detractaron la personalidad de Maples Arce, sino que algunos críticos
o comentaristas como González Peña dijeron: “No había yo comentado este libro
porque creía que se trataba de un manual de albañilería”; porque el libro se llamaba
Andamios Interiores. Como joven de la época y también como renovador del
periodismo, porque yo trabajaba en el Universal Ilustrado, me pareció que era no
solamente indigno, sino antiperiodístico, hacer un comentario de esa naturaleza, y
entonces yo escribí un artículo analizando la poesía de Maples Arce y también
fundamentando lo que debería ser la crítica nueva. Así fue como Maples Arce tuvo
noción de que no obstante que no teníamos nosotros ninguna noticia acerca de su
movimiento, y no obstante que no nos conocíamos, existían mentalidades y espíritus
revolucionarios que podían entender lo que podría ser la nueva poesía.
¿De la aparioción de Actual 1 y de Andamios Interiores, cuánto tiempo transcurre
para el encuentro que tiene usted con Maples Arce? El grupo estridentista, el primero,
de hecho lo forman los dos.
El lapso fue muy breve porque el Comprimido Estridentista se publicó en el 21 y
Andamios Interiores apareció en 22, y mi artículo se publicó inmediatamente
después de la publicación de Andamios Interiores, y Maples Arce me visitó al día
siguiente de haber aparecido mi crítica sobre su libro, de manera que en cierta
forma yo fui el segundo que formó el grupo, porque mi crítica fue una forma de
adherirme al movimiento, puesto que apoyaba los principios de una poesía nueva y
me estaba sumando a la rebeldía de Maples Arce.
¿Recibieron muchos ataque en los comienzos del estridentismo?
Recibimos todas las pedradas que en aquella época eran para nosotros como una
posibilidad de defendernos. El ambiente no estaba preparado para un movimiento
como el estridentista, pero sí existieron poetas ya de renombre y de generaciones
anteriores a la nuestra, como Rafael López, que entendieron lo que nosotros
tratábamos de realizar renovando la forma y la sustancia poética. De manera que a
pesar de la renuencia casi general para aceptar nuestros principios, se adhirieron a
nosotros gente como List Arzubide, Salvador Gallardo, Echeverría, Mena, que
jóvenes también, vislumbraron lo que iba a ser el estridentismo.
En el mismo año en que aparece Andamios Interiores usted publica La Señorita
Etcétera. ¿Cree usted que es la primera novela estridentista?
No sólo fue la primera novela estridentista, fue la primera novela que viola la
estructura tradicional en nuestras latitudes hispanoamericanas. La Señorita Etcétera
viola los conceptos de tiempo y de espacio y elimina a los personajes. La Señorita
Etcétera es una novela en donde el Yo es el determinante; y es el Yo, lo subjetivo, lo
que convierte personajes a los transeúntes, a la idea que se tiene acerca del hombre,
de la mujer. Inclusive el paisaje forma parte; por eso la denominación de novela
poética.
¿La vería como una novela de lenguaje, de tonos, de matices, de colores?
Sí, y qué pregunta tan cerca de lo que es la novela, porque es una novela de matices,
de matices íntimos, de estados interiores que corresponden a realidades que sólo
han existido en el recuerdo, en el desvanecimiento de los hechos. Eso es La Señorita
Etcétera. Una novela que utiliza la palabra, la lengua, que no usa lugares comunes, ni
en la palabra ni en las relaciones entro los personajes. La Señorita Etcétera se
caracteriza porque allí es el Yo el determinante, hasta donde llegó, naturalmente
superándolo todo, y guardando las desproporciones entre Joyce y Arqueles Vera,
porque el Ulises se publicó en 1922 también. Quiere decir que yo, son conocer todas
la renovaciones que hacía el gran creador de Ulises, y guardando las
desproporciones, repito, porque es un monstruo el Ulises de Joyce, y mi novela es un
microbio, es el principio de lo que puede ser un animal antes del diluvio y en contra
del diluvio; si ustedes releen La Señorita Etcétera verán que es el Yo el que crea
todo: los conflictos, las realizaciones; la realidad que existe no existe sino a través
del Yo.
Me gustaría que me hablara de lo que usted hacía antes de formar parte del grupo
estridentista, de su formación literaria.
He dicho que yo fui revolucionario antes de conocer a Maples Arce, porque en mis
comentarios que hacía en el Universal Ilustrado, comentarios semanales, yo siempre
seleccionaba los temas que no eran tratados por ninguno de los periodistas de mi
tiempo…
Además, en un estilo diferente…
Y en un estilo absolutamente diferente, que a veces me los rechazaban porque me
decían que no era periodístico. Yo publiqué entonces un comentario que se llamaba
El Hombre Antena, refiriéndome a las experiencias y experimentos de un aficionado
que deseando eliminar la estática había llegado a encontrar algunas variantes para
hacer más audibles las transmisiones. Y entonces yo, de ese hecho real, en mi
comentario llegué a crear un personaje que es absolutamente electrónico, porque
decía que este hombre no solamente captaba las radiaciones, las ondas hertzianas,
sino que también el pensamiento de los demás hombres; y era casi como el nuevo
mesías, el nuevo mensajero, el nuevo apóstol de las ondas, de la transmisión etérea,
De manera que antes de conocer a Maples, antes de que se publicara el Manifiesto,
en mí había un espíritu nuevo. Y un espíritu nuevo porque, yo ya lo he dicho, soy el
más original de todos porque era el más ignorante de todos. Pero siento el más
ignorante, yo había sido formado por tres grandes libros, que me parecen todavía
los decisivos para formar un espíritu nuevo: Lautreamont, en sus Cantos de
Maldororo; Villiers de L`Isle Adam en la Eva Futura y Nietzsche en Así Hablaba
Zaratustra.
Esos son los libros que usted lee recién salido de una escuela de curas.
Sí.
Tiene que haber sido un golpe tremendo.
Fue un contraste enorme que modificó mi vida, porque después de educarme en una
escuela de jesuitas, en donde todo es opresión y dogma, yo me encontraba con tres
libros que son la anarquía pura, y la liberación del nombre para entender al mundo,
al hombre y a los fenómenos fuera de todas las teorías establecidas.
¿Qué relación tuvieron ustedes con el futurismo? ¿En qué medida lograron destruir las
formas de ejercer la poesía de su época?
En verdad nosotros no tenemos una similitud muy fuerte, ni profunda, ni vasta con
el futurismo, porque el futurismo, según lo entiendo, era un devenir de las
posibilidades estéticas, y el estridentismo era un asistir a la realidad inmediata, una
convivencia con lo inmediato de la existencia. A tal grado que nosotros estuvimos en
contra de muchas realidades artísticas. Por ejemplo las estatuas que ustedes
conocen, que se exhiben en la Alameda Central, que son de Chucho Valenzuela,
nosotros los estridentistas, una noche las empapelamos con papel periódico, como
protesta a la estética escultórica de nuestro tiempo; también un día desapareció la
corona de laurel que le habían regalado a uno de los más grandes escritores,
Gamboa el de la Santa, don Federico; y cuando le robaron su corona de laurel, que
era de oro, entonces Rafael López escribió un comentario diciendo “un robo
estridentista: sólo los estridentistas son capaces de atentar contra la gloria de uno
de los académicos más prestigiosos”. De manera que el espíritu nuestro estaba ya
extendiéndose, no sólo en los comentaristas como Rafael López, sino inclusive en
muchos de los que tenían afición por la literatura, que empezaron a comprender
cual era el espíritu nuestro; participar en los hechos inmediatos de la vida. Mi labor
era de una crítica sutil a la manera de escribir y pensar de la época. Por ejemplo en
mis comentarios una vez escribí, y esto me valió la enemistad de González Martínez,
porque decía: “Todos los animales del jardín zoológico están muy preocupados con
la poesía de González Martínez, por aquel verso que comienza: tuércele el cuello al
cisne”. Yo terminaba diciendo que los demás animales se había preocupado porque
si González Martínez seguía escribiendo de esa forma pues iba a acabar con el jardín
zoológico.
¿Qué cauce toma usted y el estridentismo después de los primeros años, o sea después
de 1923?
Yo recuerdo muy bien que nuestras actividades se bifurcaron. Yo en verdad no soy
hombre de multitudes ni de manifestaciones. No me gusta mucho la ostentación
pública, de manera que yo no participé en ningún manifiesto. Yo más bien hice una
propaganda desde el periódico y en las entrevistas que me hacían. Se sumaron
muchos, surgieron movimientos de poetas jóvenes en Guadalajara, en Puebla, en
Monterrey, pero mi participación fue desde el periódico. En verdad nosotros
tuvimos vidas muy contrarias. Maples Arce era el gran señor del estridentismo,
porque él tenía dinero y no necesitaba trabajar para sobrevivir. Estudiaba Derecho y
su padre le daba dinero para estudiar, para vivir, para vestirse lujosamente, para
convivir lujosamente. El era el que convidaba a todos. Cuando íbamos al café.
Cuando comíamos, él era el que nos hacía sentir grandes señores. Yo vivía del
periodismo, List Arzubide también, de manera que mi vida esta más relacionada,
más profundamente relacionada con la realidad circundante; de allí las novelas
novelerías. Yo soy probablemente de los estentistas el que continuó afinando su
estilo, mejorándolo hasta alcanzar las proporciones que ustedes encontrarán en
Luzbela, porque de La Señorita Etcétera como en Un Crimen Provisional, Un crimen
sin Nombre, la tentativa de crear palabras nuevas. Esta inquietud no la tienen los
otros estridentistas, y no la tienen la mayoría de los escritores mexicanos,
búsquenlos ustedes, no la tienen. Sus perversátiles ojos dice en En el Café de Nadie,
una palabra nueva de perverso y versátil; sus factuales miradas, de facto y actual; y
así también encontrarán ustedes culoviasola…
¿Culoviasola?
Culoviasola, de sola la vida del culo. Y así innumerables palabras que son una
conjunción de sonidos groseros aunados a lo sutil de la misma palabra, que a su vez
se una a otra.
¿Hay una disociación entre escritura y vida en el estridentismo?,
Maples vivió la Revolución Mexicana, y por eso escribió Urbe, después de Andamios
Interiores, Urbe y Poemas Interdictos, pero Urbe es el poema de la Revolución
Mexicana, porque Calles propulsó las actividades obreriles, y salían a la calle los
batallones obreros con finalidades subversivas, pero Calles se espantó retrocedió y
hasta reaccionario llegó a ser. Pero nosotros convivíamos con nuestra realidad
mexicana. Somos los que dimos u sentido estético a la Revolución Mexicana. La
Señorita Etcétera es la realización literaria del desorden provocado por la
Revolución. La Revolución nos dispersó materialmente: eso significa una dispersión
interior también. No podíamos encontrar un ritmo.
Su obra no se ha difundido mucho, casi nada en comparación con la del grupo
Contemporáneos. ¿ a qué cree que se deba eso?
Se debe a que yo he sido enemigo de la publicidad. En diversas ocasiones me han
pedido trabajos míos, la última de Argentina; y me enviaron una circular para que yo
mandara informes sobre mi personalidad y mi obra. Y yo respondí, mientras me
encuentre alguien que haya conservado uno de mis cuentos, mientras no se
divulguen y alguien tenga interés y se informe a través de antologías o índices
literarios y me incluya en una antología sin pedirme que escriba sobre mí mismo,
prefiero no aparecer en ninguna antología. Porque si yo creo en la gloria es la gloria
aquí en la Tierra, y gloria es que me lean y que me entiendan y que me sigan dentro
de mi obra, de manera que si no han conservado un cuento mío, pues no me interesa
que me publiquen nada, ni que lo traduzcan. Las traducciones que han hecho las han
hecho espontáneamente; estoy traducido al hebreo, al inglés y al francés en un
cuento, porque hay un cuento mío que es célebre, se llama Una Aventura
Desconocida, que se ha publicado en la mayoría de los diarios hispanoamericanos
sin que yo intervenga, y una de estas veces, como en los años cuarentas, el cuarenta
y nueve, a mi me pidieron que les enviara un cuento para premiármelo, pero me
pedían de encargo y nunca lo escribí. Y también de Cuba me pidieron que les enviara
un cuento inédito para premiármelo y yo les dije ¿por qué o me premian ustedes por
lo que ya he escrito? El cuento que me piden tal vez no me salga bien. No, pero es
que necesitamos que sea inédito. No, no me interesa a mi. Lo que me interesa el
juicio de ustedes sobre lo que he hecho y no sobre lo que pueda yo hacer en lo
futuro.
¿Qué relación tuvo usted con los surrealistas franceses cuando estuvo en París?
Fui amigo de los surrealistas, íntimo amigo de algunos de ellos, pero nunca me sumé
a su movimiento. Fui amigo de Robert Desnos, de Anonin Artaud…
¿No obedece su ida a España a una ruptura con los estridentistas? Usted se va por el 26
ó 25…
A principios del 25 me fui a España, pero yo me fui de aventurero, no por
desilusiones, por escisiones o fricciones, no; por extender mi mundo, para alargar
mi mundo como diría el pícaro español; a eso me fui, a alargar mi mundo. No tenía
yo nada en contra de nadie, tenía sólo en contra de mi mismo, de mi pobreza, ya
había agotado todo lo que había vivido, necesitaba vivir mucho más intensamente
para crear nuevas obras.
¿Propuso el estridentismo un calcio para la época, una tonificación en todos los
sentidos, estética, vital?
Sí, Y ese calcio y esa energía sólo se podrá encontrar dentro de su mundo. En las
experiencias que adquieran al ponerse en contacto con la realidad, en forma
rebelde, pacífica, en forma sentimental, política; en todas las formas, pero sólo la
experiencia del hombre con la realidad de su tiempo. Siempre es necesaria una
vanguardia, pero la vanguardia no se inventa, son hechos sociales los que van a
crear una necesidad irrupta en el devenir. No ha surgido una juventud que esté en
contra de su tiempo como lo estuvimos nosotros.
MAPLES ARCE
Paradójicamente, el fundador del estridentismo parece ser el que menos
importancia le da al movimiento. Maples ya tiene 76 años. Hace mucho dejó de ser el
muchacho que disparaba con dos pistolas a la vez. A simple vista, todo lo que se
refiera al estridentismo lo deja frío, pero rascando un poco sobre esas temporadas
de caza que fueron los veintes, empieza a tomar forma, aunque nunca del todo, el
rostro casi histérico y dulce de los motines; entonces aparece mi Maples Arce
obsequiándole a las señoritas bombas Molotov, saludando desde su motocicleta en
marcha a los a los generales revolucionarios de 28 años, escuchado yaz con el
estómago mientras los trenes militares descargan heridos, diciéndole a la poesía, de
ahora en adelante te llamas aventura. ≪Tout est fini≫, como dijo Philippe Abou.
Lo que aquí aparece son sus respuestas a un cuestionario que redactamos en su
casa, ante su negativa de que pusiéramos a funcionar nuestra flamante grabadora.
Hicimos la verdadera entrevista bebiendo un café turco que nos invitó,
escuchándolo contar anécdotas bellísimas; mirando sus cuadros. Luego José
Peguero leyó Venus Prospecto, según Peguero el único poema estridentista del libro
Memorial de la Sangre. Uno de sus versos me retrata a Manuel Maples Arce y al
estridentismo:
“Un silbato lejano da idea de sus cabellos”
¿Qué importancia cree que tuvo el movimiento estridentista?
Maples Arce: Ante todo hay que aclarar la denominación Estridentismo con que se le
conoció en México al movimiento de vanguardia que hizo tan radicales aportes a la
literatura mexicana. Y no sólo a las letras, sino a la plástica en general. Había en la
estrategia que plateó mi primer manifiesto aparecido en la hoja Actual algo de
broma, de agresión y de sutileza destinado a producir estupor y una rápida difusión
de las etiquetas literarias. Cuando se le compara con otras tendencias intelectuales
mexicanas de la época, salta a la vista la diferenciación de propósitos estéticos y
vitales. La fuerza expresiva de la poesía vanguardista, su dinamismo, y su riqueza de
imágenes producen una visión instantánea, inconfundible.
¿De qué manera ubicaría al estridentismo dentro de las vanguardias que por esa
época se dan en Europa? Se dice que usted fue influido por Matinetti y el futurismo.
¿Cuáles son las características propias del estridentismo?
Los movimientos de vanguardia tomaron en Europa otras denominaciones, aunque
obedecían al mismo fenómeno espiritual e intelectual, de insatisfacción, inquietud y
fineza perceptiva. El movimiento mexicano tiene además una mayor hondura vital y
una intención revolucionaria que no se queda únicamente en el aspecto esteticista
que caracteriza a otras corrientes. La idea de revolución está presente en él con una
insistencia que delata su valor humano.
Decir que Marinetti influyó en mí es absurdo. Mi poesía no tiene nada qué ver ni con
las tendencias estéticas ni con la poesía misma del escritor italiano. Me parece que el
error viene porque en un poema muy juvenil de Andamios Interiores yo cité su
nombre con una intención simbólica. La exaltación de la vida moderna, de las
máquinas y del trabajo data de antes. Withman y Verhaeren sintieron fervor por
estas manifestaciones de la civilización de nuestro siglo. El futurismo cantó desde un
ángulo externo los objetos mecánicos; yo interpreto desde el interior su encanto, su
influencia sicológica. Schneider lo advirtió y sintió muy bien al comentar mi Canción
desde un Aeroplano. Una ligera lectura de Poemas Interdictos lo pondría de
manifiesto. Creo que estas interrelaciones emocionales constituyen uno de los
aspectos de mi poesía, en aquel tiempo.
¿A qué personas incluyó en el “Directorio de Vanguardia” que aparece en Actual 1?
¿Tenía usted relación con los movimientos vanguardistas europeos?
El Directorio de Vanguardia que inserté en mi primer manifiesto era muy abundante
y comprendía poetas, prosistas, autores teatrales, pintores y escultores de casi todos
los países de Europa. Con algunos de ellos estaba en correspondencia; a otros los
conocía por simples referencias o porque había leído algo suyo en periódicos o visto
reproducciones de sus obras en “Plaquettes” y revistas de arte. Incluí también
algunos nombres mexicanos: El Doctor Atl, David Alfaro Siqueiros, Mario de Zayas y
Diego Rivera, a quien poquísima gente conocía entonces en México. Una entrevista
que le hice para la revista Zig-Zag es lo primero que se publicó sobre su llegada.
También incluí a José Juan Tablada, Alfonso Reyes y José D. Frías. Estos últimos,
aunque no propiamente vanguardistas, veían con simpatías y alentaban las nuevas
tendencias.
Cuando apareció su libro Andamios Interiores a la mayor parte de los intelectuales
mexicanos se les erizó el pelo. ¿Cómo ubicaría usted ética y estéticamente esta obra?
Andamios Interiores Produjo gran desconcierto entre los escritores mexicanos.
Algunos, sin embargo sintieronque en esta obrita había muchas cosas originales que
habían de perdurar. Creo que los críticos fueron los más despistados. Uno de ellos
dijo que al leer el título creyó que se trataba de una obra de albañilería. Si este
criterio debiera prevalecer en la crítica literaria, Cal y Canto de Rafael Alberti,
debería considerarse con más razón como material de albañilería, y Lascas de Díaz
Mirón, obra de picapedrero. Andamios Interiores, por momentos, está todavía dentro
del posmodernismo; en otros, acusa fuertemente su vanguardismo. Jorge Luis
Borges señaló muchas de sus conquistas: la intensidad de las imágenes y la
significación de los adjetivos. En México, Arqueles Vela fue el primero en señalar
entusiásticamente su aparición en las columnas de El Universal y El Universal
Ilustrado. La técnica es limitada, pero sus destellos poéticos han sido hondamente
sentidos por los jóvenes.
La mayor parte de los críticos dan por terminado el movimiento estridentista en 1927
o en 1928. ¿Cree que así es? ¿Y por qué?
Creo que es correcta la apreciación. Y me parece que esto se debe a las
circunstancias que nos agrupaban: entusiasmo de ideales, inconformidad, desprecio
por las cosas materiales y el hecho de coincidir en un mismo lugar. Esto es aún más
verdadero cuando pienso en los años de Jalapa. Algo muy similar aconteció con los
movimientos europeos. Bastaría ahondar un poco en el fenómeno para que nos
diéramos cuenta de su deslumbrante claridad.
¿A qué nivel sitúa (qué ritmos nuevos, qué estructuras nuevas) los hallazgos que logra
con Andamios Interiores? ¿Cuál es la distancia estética entre Andamios y Urbe y
Poemas Interdictos?
La escala de valores estéticos que me plantea aparece efectivamente en mi obra,
pero se desenvuelve en el tiempo, porque la poesía no está plasmada por un artificio
en el libro, sino en mi sensibilidad, y ésta cambia. Avanza y se confunde con la vida.
Yo pienso que el grupo Contemporáneos constituye un retroceso estético, pero sobre
todo ético, ante los logros, las brechas abiertas, los caminos propuestos por el
estridentismo. ¿Cuáles son las diferencias básicas entre los estridentistas y los
Contemporáneos?
Parece que así es, a juzgar por la sintaxis que emplean y sus ataduras lógicas. Su
estética y su temática son imitaciones de algún escritor mexicano o extranjero, y
esto les quita impulso y ascensión. El estridentismo es la inconformidad, el grito
lírico para sacudirse la pesadez.
¿Cómo crece el estridentismo a partir de Actual I?
Sería largo de relatar. Hubo luchas, triunfos, y algún revés, más que ante el público,
ante nuestra conciencia. Después del primer número de Actual, que contiene el
manifisto y el directorio de vanguardia, se publicaron dos números, el segundo
dedicado totalmente a Pedro Echeverría, un joven; y otro, con colaboraciones de
Humberto Rivas, hermano del director de Ultra, Muñoz Orozco, Salvador Gallardo y
hasta algún descarriado “Contemporáneo”. Entre otras muchas actividades de
carácter literario que semana a semana se desarrollaban en El Universal Ilustrado, se
promovían exposiciones, una en el Café Europa (Café de Nadie) en la avenida Jalisco
número 100; otra en un local de la avenida Madero, otras aún n Independencia y en
un café cercano a la Cámara de Diputados. En 1923 0 24 publiqué la revista
Irradiador en colaboración con Fermín Revueltas, y nos instalamos
espléndidamente en Madero (Librería de César Cicerón) con un anuncio
espectacular de Revueltas que agredía sin piedad a los paseantes. Mi primer libro se
anunció en la Librería de Cultura (Avenida Argentina) con unas escultura de
Guillermo Ruiz, autor, en colaboración con Alva de la Canal, que lo decoró, del
monumento a Morelos en Pátzcuaro. Intervine también en la inauguración del gran
mural de Diego Rivera en el anfiteatro de la preparatoria, pronunciando uno de los
discursos (el otro lo dijo el maestro Antonio Caso). En 1925 me trasladé a Jalapa,
donde después de una corta temporada como juez primero de primera instancia, el
gobernador del estado, general Heriberto Jara, me designó secretario general del
gobierno. Gracias a su confianza pude realizar una labor de renovación literaria y
difusión cultural a través de varias publicaciones de forma y espíritu nuevos.
Nuestro propósito era hacer una revolución completa que abarcara la ideología
revolucionaria, la literatura, las artes plásticas y todas las manifestaciones de la
cultura. El 23 de mayo de 1927, para conmemorar el tercer centenario de la muerte
de don Luis de Góngora, el apasionante y revolucionario poeta de Las Soledades,
publiqué una pulcra edición de la Fábula de Polifemo y Galatea. Tenía yo la sensación
de que aquella modesta capital de mi Estado asumía una actitud dirigente en la
nueva cultura de la América Hispana.
LIST ARZUBIDE
¿En qué forma el estridentismo cambia el ambiente de la literatura mexicana?
Hubo indudablemente un cambio, tal vez no en el sentido que me lo proponía,
porque la historia no se planifica. Pero la modificación es claramente apreciable. Las
aspiraciones posmodernistas quedaron atrás. Inclusive escritores de gran prestigio
entre la juventud, como Enrique González Martínez captó y vivió nuestros anhelos
renovadores en Las Señales Furtivas, o el poeta guanajuatense Rafael López
adoptando actitudes iconoclastas, renunció al sillón que le ofrecía la Academia
Mexicana de la Lengua. Los mas titubeantes asumían una posición de cercanía a la
nueva tendencia. Otros, aunque haciendo algunas salvedades estéticas, aplaudían la
originalidad, la intrepidez, la necesidad de una honda renovación literaria, como el
novelista Gregorio López y Fuentes, el poeta Francisco González Guerrero, en su
poema intitulado Regreso, con la técnica metafórica de la nueva poesía: Roberto
Barrios, José D. Frías, Ricardo Gómez Robelo. Todos sentían inconformidad y
aspiraban a algo nuevo. En forma muy especial debe citarse a José Juan Tablada, que
con sus breves poemas japoneses e ideográficos producía destellos de inquietud
creadora entre los jóvenes. Su pasión alerta lo sitúa entro los maestros de nuestro
tiempo.
¿Cuáles son las obras de sus camaradas estridentistas que más le gustan, que más se
apegan a la estética estridentista?
Las novelas cortas de Arqueles Vela, El Movimiento Estridentista de List Arzubide,
los paisajes de Revueltas, el Café de Nadie y las ilustraciones de Horizonte de Alva de
la Canal, algunos grabados de Leopoldo Méndez y mi retrato. No selecciono ni
preciso en forma crítica. Son simplemente ráfagas de recuerdos que me vienen a la
memoria en este momento.
¿Qué nexos tuvo el estridentismo con el ultraísmo y otras vanguardias de
Hispanoamérica?
La comunidad de propósitos innovadores era indudablemente una causa de
acercamiento. El público reaccionaba de manera semejante ante el arte nuevo, y esto
también influía en nuestra solidaridad. Con todas las publicaciones de alguna
significación en América teníamos en América teníamos canje. Enviábamos y
recibíamos libros de todas partes, a veces con expresiones significativas. Recuerdos
de esta fraternidad tengo con Alberto Hidalgo, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo,
Miguel Angel Asturias, Pablo Neruda, Angel Cruchaga Santa María, Luis Cardoza y
Aragón, Jorge Carrera Andrade, Salvador Reyes, César Vallejo, Mariano Brull,
Salomón de la Selva, Eugenio Florit, Jorge Zalamea, José María González de Mendoza,
Etcétera.
¿Cuál es la diferencia principal entre lo que podríamos llamar su poesía estridentista y
sus trabajos posteriores?
Dentro de la originalidad de la búsqueda, la primera me parece técnicamente más
limitada. Pero no creo que esto tenga mucha importancia. Lo realmente importante
es la poesía misma, lo que significa para el propio poeta y cómo la sienten sus
lectores. Sobre mi obra posterior hay diversos ensayos de escritores europeos y
latinoamericanos.
¿Cree en la vanguardia como motor de cambio del arte?
Sí, pero no de manera absoluta. Cada época tiene su vanguardia, e impulsa
determinadas tendencias. Los románticos fueron una vanguardia en relación a los
poetas neoclásicos; Darío, Lugones y los modernistas, lo fueron en relación a los
románticos, y las tendencias que suceden a éstos, representan también una
vanguardia. Estas fuerzas, por la comunicación humana y sus resonancias, actúan
como agentes de inquietud e influyen estilísticamente. Pero no son determinantes
de cambios en el arte. Esos cambios son el resultado de una creación genial.
Pie de Foto
Luis Angel Firpo notable autor de libros que entusiasma al gringo. La América
se vuelve sensitiva el “Jazz Band” lo tocan ahora borrachos e gasolina. El
viento es presuntuoso.
(Esquina, libro de poemas de Germán List Arzubide, 1923.)
De este libro, Manuel Maples Arce dijo: “No sé si tenga que reprochar a List Arzubide
ese desenfadado humorístico, esa actitud despreocupada. Con frecuencia advierto
que teme emocionarse, pero no por eso deja de ser menos sincero. Probablmente
haya un fondo de bondad en todo esto. La literatura desde hace tiempo dejó de ser
una cosa seria; la vida misma no es ya sino una puta que es necesario tratar a
puntapiés …” “El poeta Arzubide se ha identificado con el alma de la época. Es ya un
clásico, un estridentista”
Cuando Maples publicó Andamios Interiores, yo vivía en Puebla y hacia una revista
que se llamaba Ser. Entonces, desde hacía tiempo en esa revista nos habíamos
empeñado en publicar poesías de los grandes poetas del mundo. Nosotros
publicamos ahí cosas de Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez, en fin, de muchos
poetas totalmente desconocidos en Puebla. Andábamos en esa inquietud Salvador
Gallardo y yo; Aguillón Guzmán, que también tenía esa inquietud, estaba en México y
me mandó el libro de Maples Arce; entonces, cuando yo leí ese libro me interesé,
mandamos una carta a Maples diciéndole que nos gustaría que viniera a Puebla, y él
vino. Fuimos a recibirlo, comió con nosotros, hicimos un pequeño grupo de gente y
de ahí nació la idead de lanzar el Manifiesto Número 2, que redactamos entre
Manuel y yo, me acuerdo, en un café de chinos. El manifiesto lo pasamos luego a
algunos muchachos para que lo firmaran. Desde luego, los que aparecen en el
manifiesto son pocos porque muchos no se atrevieron a firmar. Lo imprimimos en
una hoja de papel afiche de colores, delgado, brillante. Después lo distribuimos por
todas partes, bajo las puertas, por las ventanas, y al día siguiente aquello estalló;
Puebla trepidó como nunca. Mucha gente temprano ya lo tenía. Como a las doce del
día apreció la primera extra de un periódico que se llamaba El mosquito, en que nos
atacaron, especialmente a mí, que sabían que había dado los nombres y había
presentado todas esas cuestiones. Me llamaron un estudiante vago, que se decía
estudiante pero nada más andaba de paso por todos lados, que andaba yo
luciéndome, que me las daba de poeta y todas esas cosas que se dicen. Y en la noche,
en el portal veníamos paseando Manuel y yo cuando vimos a uno de los poetas que
habíamos aludido, Gabriel Sánchez Guerrero, que era muy miope, que estaba
rodeado de tres o cuatro leyendo la hoja aquella ( como era muy miope la tenía casi
pegada a la cara), y alguien le dijo que yo venía: el entonces él se ajó y me increpó.
Me dijo “Le voy a contestar esto como se merece, si es posible con una mentada de
madre”, y le digo yo, pues , pues, ahí debe usted comenzar conmigo y desde luego
vamos saliendo. Entonces la gente se alborotó y Manuel se recargó así, entonces
usaba polainas y andaba siempre con su bastón, y dijo aquellas frases célebres: “El
estridentismo no admite vales ni da fianzas, y usted es un lamecazuelas literario”.
Un tipo que estaba allí se me echó encima para darme un bastonazo; yo levantñe el
brazo y le pegué una bofetada y nos separaron y seguimos nosotros paseándonos,
aparentemente muy tranquilos. Bueno, siguió el escándalo. Maples regresó a México
y yo me quedé aló a recibir las pedradas de toda esa gente, y así fue como Salvador
Gallardo, Miguel Aguillón y yo formamos parte, ya después, del movimiento
estridentista. Iba a aparecer uno de los números de Ser y en esta revista aparece una
página de adhesión al movimiento estridentista. Antes se había publicado en México
el primer número de Irradiador, donde aparecen, además de poemas de Salvador
Novo, de tres o cuatro gentes. Maples debe tener un número, una copia del número 1
de Irradiador…
¿Novo nunca fue estridentista?
No, nunca. Había cierta intención renovadora en él y en este otro muchacho que
siempre anduvo con él, ¿cómo se llama?, Villaurrutia; cierta intención renovadora,
porque entonces en el ambiente estaba esto. Desde luego. Por ejemplo en el Actual 1
de Maples aparece al final una larga lista de escritores, de escultores, de gente de
vanguardia. Maples vivía entonces en la capital y le llegaban muchas cosas que en la
provincia ni remotamente podíamos pensar que llegaran. Suerte que Maples estaba
enterado de todas esas cosas. Nosotros le seguíamos, tanto Gallardo como yo,
porque teníamos una gran inquietud de renovación que estaba en el aire, y por ello
tan fácilmente nos incorporamos al movimiento estridentista, y se formó ya un gruo;
se formó en realidad la vanguardia del movimiento estridentista.
Después de ingresar en el movimiento usted sigue con la revista que tenía en Puebla y
el estridentismo continúa en la capital con Maples y Arqueles Vela, ¿cuál es su
actividad entonces, en Puebla?
Yo seguí con la revista aquella y claro, se había creado para mí una atmósfera
terrible, tan terrible que un día yo publiqué en un periódico un artículo diciendo que
era necesario renovar totalmente a las escuelas, particularmente al Colegio del
Estado, donde los jóvenes, pues, seguían la rutina de los viejos maestros y no se veía
que hubiera intención de nada nuevo. A la sazón, uno de esos viejos maestro se
sintió aludido y fue y alborotó a los estudiantes. Al día siguiente de publicar este
artículo, estaba yo parado en alguna parte cuando un tipo llegó y me puso una
pistola por detrás. Yo sentí el piquete, di la vuelta, y me dijo: “Si usted es tan hombre
como dice, véngase conmigo”. Y le respondí, donde usted quiera. En ese momento
pasaba un coche y me dijo suba. Nos subimos los dos y me rodearon estudiantes. Me
llevaron así al Colegio del Estado, me bajaron y me golpearon entre todos. Pero yo
era entonces líder de los trabajadores, porque habíamos formado una unión de
periodistas, de artes gráficas, y estábamos en contacto directo con los obreros. Y
cuando se supo esto, porque corrió la noticia, los obreros intentaron asaltar el
Colegio del Estado y se formaron grupos de trabajadores dispuestos a combatir
contra los estudiantes. La cosa se puso dura y violenta. Me acuerdo que en esos días
vine a México y platicamos con José Juan Tablada y él me dijo: Bueno, Germán ¿y
además de hacer versos y andarse dando de palos por allá, qué otra cosa hace uted
en Puebla? Y le dije: Pues intento estudiar, pero más que todo intento ser un
escritor. Y me dijo, pues no lo será usted en Puebla, véngase a México; de todas
manera hay que salir de la provincia se ahogan, porque siempre la provincia tiene
una cosa aldeana que los va deprimiendo. Véngase a México. Y resolví venirme a
México, y me vine a México. Busqué un trabajo en una oficina y formamos un grupo
cerrado que todo el mundo conocía. No sé si les contó Manuel que tuvimos una
oficina aquí en México, en la calle que ahora es Belisario Domínguez. Había dos
pintores: Javier Arias y Humberto… Humberto… no recuerdo en este momento su
apellido (todavía vive y trabaja en Novedades. Alguna vez llegué a encontrarlo y
convinimos en vernos. En fin, esta ciudad es enorme, imposible). En el estudio de
ellos se dibujó una tablita que decía Movimiento Estridentista. Íbamos allí todas las
tardes o a un café que estaba a la vuelta, “Las Olas Altas”. Ya entonces aparte de
Maples, Arqueles, Salvador Gallardo y yo, formaban parte del grupo Germñan Cueto,
Alva de la Canal, Leopoldo Méndez.
¿Al escribir tan pronto la historia del movimiento estridentista no lo estaba usted
dando por liquidado?
No, no, no. Yo hice este libro cuando estábamos con más fervor. Me acuerdo que yo
tenía una recámara en una de esas casa de huéspedes, que era una recámara muy
grande, de esas casa de provincia que tiene piezas enormes. Yo comencé a hacer el
libro, y si usted lo ha leído acordará que empiezo contando cosas de cómo Maples y
la figura de él y todas esas cuestiones. Contando, contando. Yo quería que se supiera.
Y si no, escuche esto que escribí en aquella época: “… este libro mío que fue a hablar
a las juventudes en una forma vital, fecunda y fuerte de la poesía, que los impotentes
y los tontos habían convertido en un desahogo de cenáculos, y que desde Actual I de
Maples Arce, sacamos a la calle para ponerla en contacto con la multitud y con la
vida. Aquí están las voces de admiración con que un continente nos saluda,
admiración merecida porque esta obra encierra nuestro anhelo y nuestra lucha,
cuando frente al imbecilismo de los periodistas y el odio oficial de las academias
nosotros opusimos nuestra gran risa despreciativa y altanera, que todavía duele a
los poetas de los ministerios que usufrutuando el favor del Estado no fueron
capaces sino de adquirir una gloria de papel que los reporteros están siempre
dispuestos a vender bajo precio. Hermosos días en que jugábamos con el insulto y
coronamos del sol el odio de las oficinas. Éramos tan pocos, que tuvimos que
afiebrarnos trabajando, y todavía nos sobró tiempo para decorar de bocas pintadas
nuestro abrazo de machos. En hora un poco lejos de este combate en que hicimos
trepidar la calma de los escribidores mexicanos anteriores a nosotros, grandes
rebaños de estúpidos cuya única labor fue doblarse con todo esmero a los pies de
Porfirio Díaz, mientras probamos con nuestras ediciones que si combatimos en lo
pasado es porque podemos ofrecer lo presente y hasta lo futuro, nuestra voz dice a
la América que nos escucha, el mensaje rotundo atlético, intenso, que va como un
aventurero de otrora a inventar mundos y crear horizontes”. Como ve, estoy
hablando de cosas que estamos haciendo. Mi intención era que supieran qué era lo
que habíamos hecho, pero además la intención era seguir, seguir. Y dice “mi libro
está aquí magnífico de escándalo y alegría, y mi risa, mi gran risa de vencedor, suena
en todo como una catarata de triunfo. Yo saludo a los camaradas que sobre mi libro
opinaron y los convoco para que afirmando sus palabras hagamos de América
campo a la gran gesta del espíritu nuevo y escribamos la epopeya gigante de un
mundo sin fronteras. Jalapa 1928”. Yo estaba presentando un libro en el que contaba
lo que habíamos hecho y además lo que queríamos que se siguiera haciendo. Claro,
lo que pasó con nosotros es lo que ha pasado con la revolución mexicana en todos
sus aspectos. Después nos dispersamos. Maples ya no se ocupa del movimiento,
absolutamente, y lo que es más grave, llega a Europa, publica una antología sobre la
poesía mexicana y ni en el prólogo, ni en el resto del libro hay una sola palabra sobre
el movimiento estridentista, y lo que el es más, no incluye en la poesía que él
presenta ahí a ninguno de los poetas estridentistas. El sí que los dio por liquidados.
Maples había escrito una vez: “Nuestra locura no está en el presupuesto”, pero lo
cierto es que cuando entró en el presupuesto se le acabó la locura también. Es una
cosa que a veces yo se lo recuerdo y él no sabe qué contestar.
¿Qué ocurre con el resto de los estridentistas cuando comienza la desbandada?
Yo, a Salvador Gallardo, en Puebla, en una editorial que hice allá, en donde publiqué
mi poema aquel El Viajero en el Vértice, le edité su libro y le puse prólogo mío. Y
hubiera publicado el libro de Aguillón Guzmán, pero no sé; puede ser que nos haya
entrado cierto desánimo cuando vimos que esta cosa se había quedado dormida,
abandonada. Yo siempre he creído que si el movimiento estridentista hubiera
estallado en París, por ejemplo, tendría ahora un renombre universal. Me acuerdo
que un chileno le decía a otro que si en lugar de publicar si libro en Barcelona lo
hubiera publicado en Santiago, no sería en absoluto un poeta conocido, y es verdad.
A Vallejo en el Perú no lo conocía nadie. Vallejo muere, se puede decir, de hambre. Si
Vallejo se hubiera quedado en el Perú, con todo lo grande que era, se hubiera
perdido. Y quién sabe con Neruda qué pasa si no sale de Chile. Y tan grande como
Neruda, yo lo aseguro, fue Pablo de Rokha, ¿y quién habla de Pablo de Rokha, a
pesar de que publicó aquellos libros tan grandes y poderosos? Porque de Rokha
tenía una voz tremenda, una voz potente. ¿Y qué pasó con él? Se quedó perdido en la
provincia. Si el movimiento estridentista hubiera estallado en París esto hubiera
sido diferente. Ahora yo le hago una acusación a Maples: El anduvo por Europa y no
pudo haber presentado allá al movimiento estridentista. No lo hizo.
Habría que ver lo que se dijo aquí sobre el estridentismo. Dos historias de la
literatura mexicana existen, la de Jiménez Rueda y este otro, no me acuerdo de su
nombre, en donde se ve una incomprensión absoluta. No puede entrarles de
ninguna manera el movimiento estridentista. Para ellos es una gritería de
muchachos que se divierten molestando a la gente. No pudieron entender lo que era
en realidad el ansia de crear una vida nueva dentro de la poesía. Se necesita tener un
espíritu heroico para, por encima de todas esas cosas; seguir trabajando.
Si no nos hubieran cortado tan violentamente (porque en realidad estorbábamos,
íbamos demasiado lejos para todos los demás), no sé qué hubiera pasado con la
poesía en México. A veces me entristece pensar que los jóvenes, en lugar de estar
haciendo poesía, estén repitiendo cánones en todas esas cosas que no pueden
decirles nada.
Salvador Gallardo va a dar a la provincia y la provincia se la come. Y lo que hace
primero que todo es darle gusto a su mujer, tomando parte en esos juegos llamados
florales. Se saca dos o tres premios, y claro, se pierde en esas cuestiones. Ya de
hecho dejó de ser poeta estridentista. Aguillón, creo yo, se hizo un tanto cuanto
burócrata. Ramón Alva de la Canal también en cierta forma se fue desprendiendo,
deprendiendo, y Ramón ya no es aquel que nosotros teníamos. Leopoldo Méndez
fundó aquí el Taller de Gráfica Popular, que es un taller donde se hicieron
verdaderas campañas a base de grabados y dibujos. Los grabados de él en contra
des fascismo son muy buenos, todavía tengo por ahí un retrato que me hizo
Leopoldo, y lo conservo como un verdadero tesoro, en donde estoy en una especie
de tribuna con el brazo levantado, que por cierto después se repitió de verdad
cuando formé parte de un grupo el día de la gran concentración que hizo Cárdenas
en el Zócalo, cuando se nacionalizó el petróleo, y aquello se llenó de obreros que
iban de verdad, no acarreados, sino de verdad, y a mí me tocó pronunciar un
discurso por mi grupo.
¿Cuándo se desintegra el movimiento, los estridentistas militan en partidos políticos de
izquierda?
Claro, yo he sido miembro del Partido Comunista. No lo soy ya porque el partido, en
cierta forma, también ha sufrido muchas descomposiciones. Pero la primera vez que
visité Rusia fui enviado por el Partido Comunista.
¿Arqueles Vela también militó en el Partido Comunista…?
No, Arqueles no, Ni Maples tampoco. Maples, en el fondo, es un liberal. Arqueles, yo
no sé; no puedo situarlo exactamente. Yo sí soy un hombre absolutamente de
izquierda. Inclusive el partido me envió a un congreso en Frankfort, Estados Unidos,
en una de las cosas que más me enorgullece, porque me dio la bandera que Sandino
les arrebató a los yanquis en uno de sus combates, decía sobre la misma bandera,
escrito de puño y letra e Sandino: “Esta bandera fue arrebatada a las fuerzas
imperialistas yanquis, en el combate del Chimbote, Patria y Libertad, Augusto César
Sandino”. Y esa bandera vino a dar aquí traída por dos venezolanos, porque
nosotros reuníamos en mítines, en grandes mítines que se llamaban “Manos Fuera
de Nicaragua”, a la gente, para estar siempre en acción. Y recogíamos dinero para
mandarles, no para armas, porque las armas se las arrebatan a los yanquis, sino para
medicinas que les mandábamos cada vez que se podía. Entonces dos venezolanos,
De la Plaza y otro más, les llevaron esas medicinas a los sandinistas y nos trajeron la
bandera. Y esa bandera nos sirvió para mítines. Cada vez que enseñábamos la
bandera, que era enorme, había unos escándalos pavorosos, y una vez el diputado
comunista Hernán Laborde, desde la tribuna de la Cámara, pronunció un discurso y
puso la bandera encima de la tribuna. Y naturalmente, la embajada de Estados
Unidos la reclamó, y el gobierno dijo: La tienen los comunistas. Entonces, para que
no la pudieran obtener, había un congreso antimperialista en Frankfort, y me
dijeron: Te vas con ella; te vas por Nueva York y tienes que pasar con ella. Eso fue en
1929. Llegando a Monterrey había un muchacho y él me consiguió unos cordeles. Yo
me desnudé, me la envolví en el cuerpo, y así la pasé por Estados Unidos. Y al llegar
a Nueva York, que fue por cierto un 4 de julio, fui a parar a la casa de un compañero
chileno que tenía un balcón pusimos el 4 de julio la bandera que Sandino le había
arrebatado a los yanquis. Esa bandera fue a Frankfort. El día que acababa de
terminar el congreso antimperialista yo vi desfilar a los grupos fascistas llevando las
banderas de la cruz gamada y unos pífanos
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