Subido por Camilo G.

Cultura Costarricense

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Curso Cultura Costarricense
Primer examen parcial II 2019
Profesor Andrés Fernández
Estudiante: Camilo González M.
1. Refiérase a las características que los tres autores señalan como
comunes al costarricense; luego, hágalo con aquellas en que podrían deferir
dichos autores. Utilice también los criterios vistos en clase.
El costarricense posee características eminentes a su contexto político y social
dadas desde el siglo XX hasta entrado el siglo XXI. Costa Rica se ha sumergido
en varios estudios sociológicos y políticos en donde los intelectuales han podido
establecer un canon del “ser” tico. Este se ha definir por un costarricense que es
individualista, aislado y con falta de actividad laboral.
En las tres lecturas, se desarrolla el ser costarricense que tiene que ver con
la idea de un país pobre y rural que fue creciendo de manera exponencial a un
urbanismo moderno. Con la ayuda de los europeos, el costarricense pasó de ser
un modelo labriego y sencillo a una búsqueda compleja de intelectualidad, cultura
y sociedad urbana. Los tres autores señalan dos fases del costarricense: antes de
ser un país con potencia capital, pues que se pueda sustentar y ofrecer a manera
global, como lo fue con el café y el banano, a ser un país con fuerte economía
basada en la agricultura.
Estos dos modelos dan al costarricense histórico dos fases de “ser”. El
primero ha de representar “el costarricense Abel” que es soñador, falta de
nacionalidad, aislado en “la isla” y humilde; arraigado en su raíz campesina que
tiene miedo al cambio urbano. Poco a poco, dejando de lado esas raíces
humildes, el costarricense de la primera mitad del siglo XX comienza a radicalizar
en su forma de ser. Con la construcción urbana y el capitalismo desmesurado, se
verá una reforma cultural en donde se trata de educar al campesino humilde sin
ganas de trabajar, a un ser cultural e intelectual, que se le abre la posibilidad del
trabajo y educación, que posee una noción de nacionalismo o de un cercano
sentimiento de un “ser” costarricense.
Los autores sin embargo difieren en algunas características. Para algunos
autores el costarricense es falto de un sentimiento de “odio profundo” que va en
contra de un sentimiento multicultural que tiene el costarricense. Sí, existe un
valle-centralismo; existe el “yo” y el “otro”, desde los estudios sociológicos, pero
eso no define al costarricense.
El choteo, que se comparte entre los autores y se afirma que es una
característica sustancial sociológica desde el costarricense campesino al
costarricense contemporáneo, se encarga de cubrir una desigualdad racial o
social. Al choteo nadie escapa, ni las diferencias étnicas ni sociales.
Otra diferenciación es el sentimiento del progreso urbano, unos autores
como en el “Debe y haber del costarricense” y “Abel y Caín en el ser
costarricense”, radica en connotar negativamente el desarrollo urbano al que va
dirigido Costa Rica, Abel ha de destruir a Caín (un descontento del desarrollo de
la ciudad provoca que el costarricense esté descontento de esta misma), o
viceversa el Caín destruye al Abel (sentimiento e identidad nacional perdido por la
movilización y desarrollo del pueblo costarricense) mientras que en el otro autor
(“La isla que somos”) contempla un avance optimista de acuerdo al desarrollo y la
privatización del la sociedad costarricense, una movilización a un futuro
costarricense con diferente identidad a la del costarricense del siglo XX.
2. Refiérase a las principales tendencias de la dinámica cultural en Costa
Rica, que identifica en su ensayo Rafael Cuevas Molina, en el siglo XX.
Utilice también los criterios vistos en clase.
Rafael Cuevas Molina estudia las tendencias que ha de poner en dinámica
la cultura costarricense. Esto quiere decir que Costa Rica siempre ha estado en
constante movimiento: cambios sociales, políticos y económicos que han forjado
una identidad establecida o construida para tener, al menos, una nacionalidad
estable con características ontológicas-nacionalistas que permiten la construcción
de “emblemas” o símbolos nacionales que han de establecer, de nuevo, al “ser
costarricense”.
La primera tendencia que surge en Costa Rica es la creación de la ciudad
de San José y cómo se ha de centralizar el poder cultural, político, económico e
intelectual dentro del Valle Central. Dentro de ese valle se comienza a diferenciar
lo que es el “tico” del “costarricense”, conceptos diferentes. El “yo” y el “otro” son
concepciones culturales que se trajeron los intelectuales europeos a Costa Rica.
La falta de una estimulación externa de extranjeros o la dificultad que tenían los
extranjeros de entrar al Valle Central desde las costas no se vio diferenciada
hasta que llegó el Enclave Bananero, trayendo consigo la cultura negra y
extranjera a las costas, formando así costas multiculturales.
Con esta tendencia multicultural, se fortalece el nacionalismo y la crisis de
poseer o no poseer una identidad cultural “¿qué es el tico?”. Con esto y la
influencia calderonista de fortalecer las instituciones nacionales, mejor dicho de
crear instituciones nacionales que puedan sustentar una sociedad costarricense,
sucede la reforma socialdemócrata. Que lleva consigo la Guerra Civil (el cambio
más importante de la cultura costarricense) y Costa Rica comienza a tener las
tendencias más importantes la segunda mitad del siglo XX, el cual se hablará en
la siguiente pregunta.
Dados esos cambios, comienza a surgir la Guerra Fría el cual dio paso a la
transición del modelo europeo al modelo costarricense, dado que Costa Rica tiene
que sustentarse en la ayuda norteamericana para seguir su desarrollo urbano.
Así, con la aceptación ideológica del norte de América, se genera el
“American Way of Life”, dicho de otro modo, también, el movimiento hippieconsumista.
También surge la tendencia de la revolución cubana, de ahí los
movimientos políticos comunistas y revolucionaros (recordemos la generación
ALCOA) que marcaron profundamente la sociedad y la intelectualidad
costarricense.
Sucede, consigo, al fin y al cabo, una cultura de masas con una fuerte
influencia de una globalización. La cual Costa Rica se ve afectada hasta la
actualidad y sigue desarrollando sin cesar.
3. Refiérase a la identidad nacional tal y como la define Iván Molina en su
ensayo, y al cambio cultural ocurrido en la Costa Rica de la segunda mitad
del siglo XX.
Iván Molina presenta en su ensayo cómo los cambios culturales, desde el
expansionismo urbano, hasta la Guerra Civil del 48 estableció en Costa Rica
fuertes cambio sociales, políticos y económicos que han de ser estudiados para
llegar a conclusiones que alzan expectativas unas optimistas y otras negativas a
los cambios que suceden en el país.
Costa Rica se ve modelada por una ideología capitalista, gracias a las
tendencias que mencionamos anteriormente. Esta ideología permitirá el desarrollo
del consumismo y del desarrollo urbano, desde los carros hasta el
entretenimiento. Estos sentimientos son criticados por el autor, con sus índoles
comunistas, donde menciona que el consumismo y el desarrollo de instituciones
privatizadas destruye la cultura costarricense, la hace más unilateral en el sentido
individualista-capital y produce una noción desmesurada de sentimiento
materialista, en otras palabras, que la llegada de esta ideología capital destruye la
identidad nacional.
La identidad, entonces, para Iván Molina, se va perdiendo, desmenuzada y
atacada por la privatización y la falta de uso hacia las instituciones públicas. La
utilización de los parques públicos disminuye, según el autor, se comienza
acrecentar la criminalización por lo mismo, se pierden los valores de unión social
y de valor político nacionalista, etc.
Cosas que podemos criticar: sin el desarrollo capitalista, materialista; la
creación de instituciones privadas, etc, Costa Rica no podría desarrollarse. Ya
sabemos históricamente lo que nos trajo el aislamiento: pobreza. De ser lo
contrario tenemos expansión cultural y nacional. Esto nos permite desarrollar a
Costa Rica hasta tener una metrópolis urbana aceptable. Y nos permite compartir
el talento y las riquezas culturales provenientes del país. Y con esta perspectiva
optimista, sí, puede ser caro vivir aquí, pero se vive bien, a comparación de
nuestros vecinos latinoamericanos.
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