Subido por Luis Antonio Cárdenas Medina

textos de Cuaresma para trabajar

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LA ESPIRITUALIDAD DE LA CUARESMA
Trabajo Práctico
Nombre: ………………………………………………………………………………………………………......................................
Instrucciones:
A.- Lee los dos textos y subraya la siguiente información: a) creencias sobre el significado verdadero de la
Cuaresma, b) prácticas y ritos propias de la Cuaresma y c) espiritualidad de la Cuaresma. (5p)
B.- Completa el cuadro de doble entrada que está después de los textos. (20p)
C.- Elabora una imagen conceptual sobre la Cuaresma. La imagen debe tener 4 elementos integrados y explicados.
(10p)
Texto 1:
La cuaresma es un tiempo de conversión, pero, en general, no nos gusta hablar de conversión. Casi instintivamente
pensamos en algo triste, penoso, muy unido a la penitencia, la mortificación y el ascetismo. Un esfuerzo casi imposible
para el que no nos sentimos ya con humor ni con fuerzas. Sin embargo, si nos detenemos ante el mensaje de Jesús,
escuchamos, antes que nada, una llamada alentadora para cambiar nuestro corazón y aprender a vivir de una manera
más humana, porque Dios está cerca y quiere sanar nuestra vida.
La conversión de la Cuaresma y de la que habla Jesús, no es algo forzado. Es un cambio que va creciendo en nosotros a
medida que vamos cayendo en la cuenta de que Dios es alguien que quiere hacer nuestra vida más humana y feliz. Porque
convertirse no es, antes que nada, intentar hacerlo todo mejor, sino sabernos encontrar por ese Dios que nos quiere
mejores y más humanos. No se trata solo de “hacerse buena persona”, sino de volver a aquel que es bueno con nosotros.
Por eso, la Cuaresma no tiene que ser un tiempo triste, sino el descubrimiento de la verdadera alegría. No es dejar de vivir,
sino sentirnos más vivos que nunca. Descubrir hacia dónde hemos de vivir. Comenzar a intuir todo lo que significa vivir.
Porque convertirse es algo gozoso. Es limpiar nuestra mente de egoísmos e intereses que empequeñecen nuestro vivir
cotidiano. Liberar el corazón de angustias y complicaciones creadas por nuestro afán de poder y posesión. Liberarnos de
objetos que no necesitamos y vivir para personas que nos necesitan. Uno comienza a convertirse cuando descubre que lo
importante no es preguntarse cómo puedo ganar más dinero, sino cómo puedo ser más humano. No cómo puedo llegar a
conseguir algo, sino cómo puedo llegar a ser yo mismo.
Cuando en la Cuaresma escuchemos el texto bíblico: “Conviértanse, porque está cerca el Reino de Dios”, pensemos que
nunca es tarde para convertirnos, porque nunca es tarde para amar, nunca es tarde para ser más feliz, nunca es demasiado
tarde para dejarse perdonar y renovar por Dios.
Texto 2:
No son pocos los que se preguntan por el sentido del ayuno, práctica que la Iglesia recomienda de manera particular
durante el tiempo de Cuaresma. Para muchos, en efecto, se trata de un ejercicio que “no lleva a nada” o “pasado de moda”
para el contexto actual. Este interrogante, sin duda, nos debe impulsar, no a la supresión de una práctica que hunde
profundamente sus raíces en la enseñanza bíblica, sino a una vivencia de la misma según el querer de Dios, esto es, desde
su expresividad más genuina.
El profeta Isaías nos brinda una reflexión sobre el ayuno que Dios quiere. Lo hace en el contexto posterior al exilio de
Babilonia, cuando los israelitas, luego de ser conquistados por los babilonios y expulsados de su tierra natal, tienen la
oportunidad de volver a su país. Un tiempo marcado por la necesidad de reconstruir, a la vuelta del destierro, no solo las
ciudades sino la vida del pueblo elegido, su relación con Dios y con los hermanos. La pregunta por el ayuno, en el texto
bíblico, es por tanto una pregunta por la clave para reedificar la sociedad en el encuentro con el Señor.
En este contexto, el profeta propone el verdadero sentido del ayuno, y lo entiende, en primer lugar, como “soltar las cadenas
injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos” (Is 58, 6). Se trata de romper con
todo tipo de esclavitud, con la injusticia que cierra las puertas de la libertad y con la discriminación que roba a los más
pobres la posibilidad de acceder a lo que necesitan para su vida. La imagen de la prisión o de las ataduras remite a las
múltiples formas de esclavitud que las personas pueden experimentar.
Ayunar es, asimismo, “partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no
desentenderte de los tuyos” (Is 58, 7). Así, el ayuno se convierte, según Isaías, en un abrir el corazón a las necesidades
apremiantes de los hermanos que piden una respuesta de misericordia de nuestra parte. No se vive el ayuno sin esta
dimensión de apertura al otro.
A partir del texto bíblico que hemos considerado, la vivencia del ayuno y de las demás prácticas cuaresmales, como la
limosna y la oración, han de hacerse desde la misericordia y caridad que están contenidas en ellas. Vaciarlas de este
significado es quedarse en el ritualismo, permanecer en la indiferencia o en la ceguera frente a lo que Dios realmente
quiere; se convertirían solo en la ejecución de una pantomima, como la que describe el mismo Isaías en el citado pasaje
(cf. 58, 5).
La Palabra de Dios recalca el partir o el compartir, puesto que el ayuno y la limosna se deben entender como una renuncia
que mueve a ofrecer a otros lo que les hace falta, es decir, el ayuno va unido a la solidaridad y la justicia. Nos dispone a
que fundamentemos nuestra vida en la convicción de que la generosidad con los más postergados multiplica y nos atrae
la bendición divina; de que compartir los bienes con los pobres y hambrientos es cuestión de justicia.
La Cuaresma
Escribir 5 oraciones en cada recuadro
Creencias
(Principios,
convicciones,
ideales, dogmas,
teología, etc.)
-
Costumbres/ritos
(Prácticas
personales y
comunitarias)
-
Espiritualidad
(Valores,
motivaciones,
deseos, intenciones
que están detrás
de las prácticas y
creencias)
-
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