REVISTA
HISTORIA NAVAL
Año XII
Núm. 45
INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA NAVAL
ARMADA ESPAÑOLA
INSTITUTO DE HISTORIA Y CULTURA NAVAL
ARMADA ESPAÑOLA
REVISTA
DE
HISTORIA NAVAL
Año XII
1994
Núm.
45
REVISTA
DE HISTORIA NAVAL
CONSEJO RECFOR:
Presidente:
Director del Instituto de Historia y Cultura Naval, José Ignacio
González-Aher Hierro, contralmirante.
Vicepresidente
y Director:
José Cervera Pery, coronel auditor. Periodista.
Juan Antonio Viscasillas Rodríguez-Toubes. Secretario General del
Instituto de Historia y Cultura Naval; Manuel Martínez Cerro, Jefe
del Departamento de Cultura del Instituto de Historia y Cultura
Naval; Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, de la Comisión Espa
ñola de Historia Marítima.
Vocales:
Redacción, Difusión y
Isabel Hernández Sanz, Paloma Moreno de Alborán, Ana Beren
Distribución:
guer Berenguer.
Administración:
Ovidio García Ramos, comandante de Intendencia de la Armada,
María del Carmen Mérida Guerrero.
DIRECCIÓN Y ADMINISTRACIÓN:
Instituto de Historia y Cultura Naval
Juan de Mena, 1, i.a plta.
28071 Madrid (España).
EDICIÓN DEL MINISTERIO DE DEFENSA
IMPRIME:
Servicio de Publicaciones de la Armada.
Publicación trimestral: segundo trimestre 1994.
Precio del ejemplar suelto: 650 ptas.
Suscripción anual:
España y Portugal: 2.600 ptas.
Resto del mundo: 30 $ USA.
Depósito legal: M. 16.854-1983.
ISSN-0212-467X.
NIPO: 076-94-043-X.
Printed in Spain.
CUBIERTA:
Logotipo del Instituto de Historia y Cultura Naval.
SUMARIO
Págs.
NOTA EDITORIAL
5
.
La contribución de los marinos ilustrados del siglo xviii alprogreso
de las ciencias sociales, por Gregorio Valdelvira González
....
Las islas de Tidore y Ternate en el recuerdo histórico español,
por Leopoldo Stampa21
Cambios substanciales en el concepto de la guerra durante el si
glo xvi, por Féderico Fernando de Bordejé Morencos41
El bastón del Marqués de la Victoria. Un símbolo histórico que se
perpetúa, por Hugo O’Donnell y Duque de Estrada67
La historia vivida, por Alicia Dauvin del Solar79
Documento81
La Historia Marítima en el mundo83
Noticias Generales85
Recensiones93
7
NOTA EDITORIAL
Alcanza hoy la REVISTA DE HISTORIA NAVAL su cuarenta y cinco singladu
ra, y ya este mismo hecho supone un poderoso estímulo para seguir avante.
No ignoramos que queda mucho camino por recorrer y que los afanes de
superación no deben hacernos ignorar con visión realista las dificultades que
surgen de un número a otro.
Abre el presente un importante estudio del profesor Gregorio Valdevira
sobre la contribución de los marinos ilustrados del siglo XVIII al progreso de
las ciencias sociales, para continuar con un sugestivo trabajo que el entonces
embajador de España en Indonesia, Leopoldo Stampa, realizó con motivo
de la última visita del Juan Sebastián de Elcano a las lejanas Molucas. El con
tralmirante Bordejé, bien conocido de los lectores de la REVISTA, ofrece su
ensayo de los cambios sustanciales en el concepto de la guerra durante el
siglo XVI, y Hugo O’Donnell cierra esta primera parte con el recuerdo del bas
tón del Marqués de la Victoria, un símbolo histórico que se perpetúa.
La historia vivida es un nuevo espacio que nos acompañará en sucesivas
andaduras y junto a él se ofrecen los habituales espacios de Documento, Noti
cias Generales y la Historia Marítima del Mundo, reflejos de la panorámica
actual del acontecer histórico, cerrando el número las Recensiones y reseñas
de los libros de la temática naval en su aspecto historiográfico.
La REVISTA DE HISTORIA NAVAL está nuevamente con todos. Con nuevos
ánimos, y los propósitos de continuar con la tarea emprendida. Como siem
pre sus lectores constituyen para ello nuestro mejor soporte.
Año
1994
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS
MARINOS ILUSTRADOS DEL
SIGLO XVIII AL PROGRESO DE
LAS CIENCIAS SOCIALES
Gregorio VALDELVIRA GONZÁLEZ
Catedrático de Instituto
Doctor en Historia
La situación de la Marina de Guerra española, a finales del siglo xvii, no
podía ser más descorazonadora. Los contingentes humanos y materiales se
habían reducido al mínimo. Las escuadras se alquilaban a Inglaterra y Holan
da, a pesar de la necesidad de defender los convoyes entre España y América
(1). Los mandos no tenían la formación que los nuevos tiempos exigían.
Durante el remado de Carlos II se abordaron una serie de reformas que
sentaron las bases del relanzamiento económico del siglo XVIII. También res
pecto a la Marina y el Ejército se tomó conciencia de la necesidad de refor
mas. Pero fue ya bajo los Borbones cuando se realizaron las transformaciones
que modernizaron la Armada española.
Con el impulso a la construcción naval y las reformas emprendidas por
Patiño y el Marqués de la Ensenada, España volvió a contar con una Armada
fuerte.
Los cambios habidos en la ciencia y en la técnica determinaron cambios
tácticos importantes. La preparación científica de los militares se convirtió en
imprescindible, especialmente en la Marina. La guerra en el mar se convertía
cada vez más en una ciencia precisa, objeto de estudio (2).
Los marinos se transformaron en constructores de barcos, cartógrafos,
matemáticos, astrónomos. Al mismo tiempo efectuaban estudios sociológi
cos, antropológicos, de minería, etc., sobre todo, en tierras americanas.
Esta multiplicidad de funciones conllevaba la necesidad de crear centros,
escuelas y academias para la formación de oficiales, bien organizadas, con
medios adecuados y profesores escogidos. La primera academia con una
enseñanza reglamentada, creada con el fin de erigirse en la única vía de
acceso al Cuerpo de oficiales, fue la Compañía de Guardias Marinas de
Cádiz, fundada en 1717. En 1777 se fundarían las de los otros dos Departa
mentos marítimos, El Ferrol y Cartagena (3).
(1) Gonzalo Anes, E/Antiguo Régimen: Los Borbones. 2.aedición, vol. IV de Historia de
España Alfaguara, dirigida por Miguel Artola, Madrid, Alianza, 1976, pp. 337-340.
(2) Véase Pedro Franco Salazar, Restauración política, económica y militar, Madrid,
Imprenta de Sancha, 1812, pp. 290, 298, 332 y 334-5.
(3) Serafín M. de Sotto (conde de Clonard), Memoria histórica de las Escuelas Militares
de España, Madrid, Imp. Gómez Colón y Cía., 1847. pp. 161-168.
Año 1994
G. VALDELVIRA GONZÁLEZ
Los mejores técnicos y científicos del siglo XVIII no se formaron en las Uni
versidades, reacias a la recepción de nuevas ideas, sino en las instituciones
militares, entre las que descuella el Colegio de Guardias Marinas de Cádiz.
Los marinos desempeñaron un papel de primer orden en la recuperación
científica y cultural de España.
Aun destacando sólo lo más sobresaliente, es necesario significar que
Jorge Juan introdujo definitivamente el heliocentrismo y la física newtonia
na; fue el primer español en utilizar el cálculo infinitesimal; fundó el Observa
torio Astronómico de Cádiz; participó junto con Antonio de Ulloa, cuando
aún eran cadetes, en la expedición para medir la longitud de un grado de
meridiano en el ecuador. Antonio de Ulloa divulgó en España los primeros
conocimientos de electricidad adquiridos en Londres, descubrió y describió
científicamente el platino, hizo visible con el microscopio la circulación de la
sangre en la cola de los peces, fundó el primer museo de Ciencias Naturales
y el primer laboratorio metalúrgico. Godin explicaba en Cádiz el cálculo dife
rencial, antes de que se introdujera en centros civiles (4).
Ciscar dirigió la comisión española que asistió a las reuniones en París
para estudiar e instaurar el sistema métrico decimal.
Las tablas de navegación de Mendoza y Ríos, Luyando y Ciscar estable
cían métodos exactos originales y sencillos; su consulta y uso se extendió por
toda Europa.
Gaztañeta, Jorge Juan y Churruca perfeccionaron las técnicas de
construcción de barcos. La obra de Jorge Juan, Examen marítimo, sobre
construcción naval, fue extraordinariamente elogiada en el extranjero; fue
traducida a los principales idiomas europeos, en los que se hicieron numero
sas ediciones.
Se comisionó a marinos para que estudiasen, aprendiesen y «espiasen»
nuevas técnicas en países europeos y las aplicasen en España. Oficiales de la
Armada dirigieron y participaron en expediciones científicas y propagaron
los adelantos del siglo.
El profesor Capel no duda en afirmar que «la Armada se convirtió en el
más importante vivero científico de este siglo» (5).
Sorprende el número tan alto de marinos ilustrados, la variedad y canti
dad de materias que tratan y la profundidad con que las abordan.
Este trabajo no analiza su contribución a las ciencias exactas, a la ciencia
militar, a las actividades políticas o bélicas. Se limita a estudiar la aportación
a las ciencias sociales. La Armada proporciona un número significativo de
estudiosos de las ciencias humanas. Buen número de marinos pertenecía a las
Academias más prestigiosas de España y de Europa y fueron miembros acti
(4) Véanse, Juan Vernet, Historia de la ciencia española, Madrid, Instituto de España,
1975, pp. 134 y ss.; Antonio Ferrer del Río, Historia del reinado de Carlos III en España,
Madrid, Imp. de Matute y Compagni, 1856, pp. 482 y ss.
(5) Horacio Capel. Geografía y matemáticas en la España del siglo xviii, Barcelona,
Oikos-tau, 1982, p. 112.
8
45
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS MARiNOS ILUSTRADOS DEL SIGLO XVIII AL...
vos de las instituciones más representativas de las luces del siglo XVIII, las
Sociedades Económicas de Amigos del País.
Algunas de las disciplinas humanísticas en las que destacan los marinos se
encuentran ciertamente alejadas de la formación que recibían y de su queha
cer diario. Ello se debe a que aún no estaba completamente reglada la espe-.
cialización académica. Durante la Ilustración aún perdura la formación y el
saber polifacético renacentista; en muchos casos, la formación es autodidac
ta. Por ello, además de matemáticos, astrónomos, etc., consecuencia de estu
dios directamente relacionados con su rofesión, encontramos en la Armada
historiadores, geógrafos y economistas.
Los marinos ilustradosy la investigaciónhistórica
La historia móderna es en gran parte una creación de la Ilustración. Hasta
entonces, la historia tenía mucho de mito y se basaba casi exclusivamente en
textos literarios, sin someterlos al tamiz de la crítica.
A partir de este siglo la historia se basará en documentos y estos serán
sometidos a una severa crítica. Los historiadores rastrearán archivos, acumu
larán documentos, los descifrarán con espíritu crítico y erudito. Las fuentes
serán variadas: textos escritos, monedas, piedras. Para esta labor será necesa
ria una gran erudición y el trabajo de varias generaciones (6).
Martín Fernández de Navarrete es autor de una obra histórica monumen
tal. Sus escritos constituyen una de las piedras angulares de la historia de la
navegación y de los grandes navegantes españoles desde los albores de la
Edad Media hasta finales del siglo xviii.
Nació en Avalos (La Rioja) en 1765. Estudió en el Real Seminario de Ver
gara, fundado por la Sociedad Vascongada de Amigos del País. En 1780
ingresó como guardia marina en la Academia de El Ferrol. Participó en el
sitio de Gibraltar de 1782.
En 1789 se le encomendó la dirección de una comisión para examinar los
documentos y manuscritos de los archivos y bibliotecas españolas con el fin de
crear un archivo marítimo. Descubrió documentos muy valiosos, como las
relaciones del primer y del tercer viaje de Colón.
Abandonó esta labor para integrarse al servicio activo con motivo de la
guerra contra Francia entre 1793 y 1796. Renunció a todos sus cargos para no
tener que prestar juramento a José Bonaparte.
Perteneció a la Real Academia Española y a la Academia de Bellas Artes
de San Fernando y fue presidente de la Academia de la Historia.
La citada comisión, creada por la Real Orden de 15 de octubre de 1789,
reconoció los archivos y bibliotecas del reino, generales y particulares, y reu
nió copias exactas de los documentos, con la idea de formar un museo y una
biblioteca pública de Marina en el Departamento Marítimo de Cádiz, donde
(6) Véase Paul Hazard, La crisis de la conciencia europea (1680-17/5), 3. edic., Madrid,
edic. Pegaso, 1975, pp. 34 y 43.
Año 1994
G. VALDELVIRA
GONZÁLEZ
se reunirían también máquinas e instrumentos de navegación y todos los
manuscritos históricos y científicos de esta profesión.
Fruto de éste y otros trabajos, característicos del afán ilustrado de exami
nar archivos y documentar críticamente la historia, con fuentes fidedignas,
son las obras Documentos inéditos para la historia de España y Biblioteca
marítima española.
La primera consta de ciento doce volúmenes de documentos, muchos de
los cuales dormían sepultados por capas de polvo en los archivos; para esta
inmensa obra contó con la colaboración de Miguel Salvá y Pedro Sáinz de
Baranda. El objetivo era reunir una colección de documentos indispensables
para escribir la Historia de España.
El coleccionismo de documentos había comenzado durante los reinados
de Carlos 1 y Felipe II, que organizaron comisiones y destinaron importantes
fondos para reunir manuscritos. Uno de los fines de la Academia de la Histo
ria, fundada por Felipe V, era ocuparse en la «incesante adquisición de mate
riales históricos, especialmente originales, y obras inéditas» (7). Fernando VI
también creó una comisión bajo la dirección del erudito y sabio P. Burriel,
que logró reunir una importante colección que fue depositada en la Biblioteca
Nacional. En los dos reinados posteriores, eruditos como Abella, Traggia,
Velázquez, Muñoz, Sanz, Vargas, Vargas Ponce, Villanueva y otros, formaron
colecciones de documentos que enriquecieron diversos archivos y bibliotecas.
El proyecto de publicación de esos documentos fue una idea que no pudie
ron llevar a cabo Campomanes, Jovellanos y otros académicos, a pesar de que
seleccionaron muchos escritos e hicieron extractos de otros.
Todos estos materiales históricos y otros originales constituyen la base de
los documentos, hasta entonces inéditos, seleccionados por los tres académi
cos para alumbrar esta magna obra, fuente indispensable paralos historiado
res.
Biblioteca marítima española es una compilación erudita que consta de
dos volúmenes. Se trata del análisis de la bibliografía correspondiente a las
ciencias marítimas, fruto de «su instrucción reconocida, la rectitud de su jui
cio y la elegancia de supluma» (8).
La obra fue concebida mientras realizaba los trabajos de la comisión reco
piladora de documentos. Durante los mismos, Navarrete fue formando un
extenso catálogo de obras y escritos de marina. El libro da a conocer los escri
tores marítimos de España y analiza sus obras. Pone de relieve «lbs nombres
de los aplicados geógrafos y astrónomos, que con atinadas observaciones y
juiciosa doctrina facilitaron el paso a nuestros antiguos marinos para sus
extensos viajes y descubrimientos» (9). Da testimonio de los cimientos de las
(7) Martín Fernández de Navarrete, Miguel Salvá y Pedro Sáinz de Baranda, Documentos
inéditos para la Historia de España, Madrid, Imp. de la viuda de Calero, 1842-95. 112 volúme
nes, Prólogo sin paginar.
(8) M. Fernández de Navarrete, Biblioteca marítima española, Madrid. viuda de Calero,
1851.2vols.,vol. I,p. X.
(9) Ibídem, p. XII.
io
45
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS MARINOS ¡LUSTRADOS DEL SIGLO XVII!AL...
ciencias náuticas y de cómo (<hancontribuido al estado actual de la civilización
europea» (10).
Sobre historia de la navegación, Navarrete escribió numerosas y variadas
obras. El «Discurso histórico sobre los progresos que ha tenido en España el
arte de navegar», leído en la Real Academia de la Historia el 10 de octubre
de 1800, es una historia de la Marina española basada en fuentes «recogidas
por mi diligencia de muchos archivos y bibliotecas» (11).
Presta atención a la historia de la navegación desde principios del siglo ix,
en que los catalanes organizaron una armada para defenderse de los musul
manes; estudia igualmente el nacimiento de la marina castellana, las interven
ciones de las armadas de los distintos reinos españoles en la Recoriquista y el
desarrollo de la artillería naval. Otro hilo conductor le lleva al análisis de las
leyes marítimas y mercantiles. También pone de relieve los adelantos cientí
ficos y astronómicos (brújula, tablas alfonsíes) y la aplicación de las matemá
ticas a la navegación. El cuarto aspecto que es considerado por Navarrete se
refiere a los viajes y descubrimientos de los españoles desde el siglo xv y sus
aportaciones a la geografía, astronomía, ciencias naturales y especialmente a
la navegación.
Finalmente estudia los autores y las obras relativas al arte y la ciencia de
la navegación: Francisco Falero, Martín Fernández de Enciso y su Suma de
Geografía, Pedro Medina y su Arte de navegar. En ellas se exponen e investi
gan los principios de cosmografía, tablas de navegación, métodos para hallar
la longitud y la latitud de un punto, uso de instrumentos náuticos como el cua
drante y el astrolabio, descripción de costas y rutas, etc. Todas ellas, obras
que se encontraban a la cabeza de los conocimientos y de la investigación náu
tica, como el tratado de Martín Cortés Breve compendio de la esfera y de la
arte de navegar, traducida y consultada por los navegantes de toda Europa,
sobre todo por los ingleses, que señalaba los errores más importantes de las
proyecciones del globo sobre un mapa plano, las variaciones de la aguja por
la existencia del poio magnético, etc.
En la Introducción a la colección de los viajes y descubrimientos que hicie
ron por mar los españoles desde fines del sigb xv reseña los viajes, avances y
empresas de la Marina española desde Colón, del que esboza una biografía,
hasta finales del siglo xviii. Sostiene que la prosperidad pública es (<resultado
infalible de la industria y del comercio» y el desarrollo de éstos depende del
«fomento de la marina mercantil y militar» (12).
En la Colección de opúsculos (13) recopila biografías de marinos descubri
dores españoles o al servicio de España, anotando sus escritos, obras científi
(10) ‘Ibídem, p. XIII.
(11) M. Fernández de Navarrete, Discurso histórico sobre los progresos que ha tenido en
España el arte de navegar, Madrid, Imp. Real. 1802, p. 10.
(12) M.Fernández de Navarrete, Introducción a la colección de/os viajes y descubri,nien
tos que hicieron por mar los españoles desde fines de/siglo xv, Madrid, 1. Real, 1826, Prólogo
sin paginar.
(13) M. Fernández de Navarrete. Colección de Opúsculos, Madrid. 1.de la viuda de Cale
ro, 1848,2 vols.
Año1994
G. VALDELVIRA
GONZÁLEZ
cas, descubrimientos geográficos, innovaciones y progresos en el arte de
navegar. Muchos hechos de estos ilustres marinos habrían quedado en el
olvido si Fernández de Navarrete no hubiese encontrado los documentos que
dan testimonio de sus obras.
En el libro Españoles en las Cruzadas acomete otra singladura de la histo
ria de la Marina: la participación de los españoles en las Cruzadas y su influen
cia en la expansión del comercio marítimo y en los progresos de la navegación
entre los siglos xi y xv. Refuta la tesis de que los españoles, ocupados en la
Reconquista, no intervinieron en las Cruzadas y documenta las expediciones
que se organizaron en los diversos reinos españoles. Demuestra la influencia
de los cruzados en la legislación marítima mercantil, especialmente en Cata
luña, legislación que «España dictó y se siguió en otros países» (14).
En muchos de sus estudios, algunos por encargo del gobierno, Fernández
de Navarrete perseguía un fin práctico inmediato. Por su carácter de obra de
indagación histórica y de reflexión socio-política, podemos significar Expe
diente sobre el régimen y administración de los Montes de Segura de la Sierra
y de su Provincia (15). Estos montes habían surtido de madera a los astilleros
y maestranzas de artillería. Subraya su utilidad y aprovechamiento para la
construcción naval y, por tanto, la importancia de su conservación y la necesi
dad urgente de contener su decadencia y evitar su ruina para lo que era prio
ritario ordenar las talas y repoblarlos. La solución que encuentra va más allá
de los postulados de la Ilustración, entroncando con los propiamente libera
les: desamortización, desvinculación de señoríos, reforma que lleve al
reparto de los montes en lotes o pequeñas propiedades particulares. Para lle
gar a esta conclusión hace un análisis demográfico, geográfico e histórico de
los montes, desde que «cayeron en el abismo de la amortización» bajo el con
trol de la Orden de Santiago y del arzobispo de Toledo hasta su entrega a
Francisco de los Cobos por Carlos!. Según Navarrete, este régimen de tenen
cia y explotación había provocado la miseria y la despoblación y la subsi
guiente ruina de los montes, que sólo podía subsanarse con el reparto y la pri
vatización.
La obra enciclopédica de Jorge Juan y Antonio de Ulloa no podía por
menos que abarcar también estudios de historia. Estos se deben sobre todo a
Ulloa, pues es conocido que, aunque ambos firmaban conjuntamente las
obras de uno u otro, Jorge Juan se encargaba de la parte matemática y astro
nómica y Ulloa de la parte histórica, naturalista, geográfica, social y antropo
lógica.
Ya se ha significado en la introducción que Jorge Juan y Ulloa fueron
designados por el gobierno español para acompañar a la expedición francesa
dirigida por La Condamine para medir un arco de meridiano en el ecuador.
(14) M. Fernández de Navarrete, Españoles en las Cruzadas, Madrid. Ed. Polifemo, 1986,
p. 151.
(15) M. Fernández de Navarrete, Expediente sobre el régimen y administración de los
Montes de Segura de/a Sierra y de su Provincia, 1. de M. de Burgos, 1825.
12
45
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS MARINOS ILUSTRADOS DEL SIGLO XVIIIAL...
Tenían orden de colaborar con los franceses y, al mismo tiempo, ejecutar, por
su cuenta, sus propias mediciones. También recibieron instrucciones reserva
das para realizar observaciones que permitieran perfeccionar los conocimien
tos cartográficos, geográficos y de navegación. Fruto de estos trabajos fueron
las Observaciones astronómicas y físicas de Jorge Juan y la Relación histórica
del viaje a la América Meridional de Ulloa (16).
La Relación histórica consta de cuatro volúmenes en los que se registra.la
historia, geografía, historia natural, etnografía y arqueología de los territo
rios visitados. Contiene un resumen histórico de los emperadores del Perú
desde el primer inca, Manco Capac, fundador del imperio, hasta Fernan
do VI con los acontecimientos más notables de cada reinado (catorce incas y
ocho españoles). A su vez, se ofrecen noticias del descubrimiento, conquista,
historia política y arqueología precolombina de cada uno de los territorios
transitados.
En el viaje acumularon conocimientos con los que escribieron Disertación
histórica y geográfica, que pretendía solucionar el problema de determinar
con exactitud el meridiano de demarcación de los territorios españoles y por
tugueses,.estipulado por Alejandro VI y, posteriormente, por el Tratado de
Tordesillas. Los autores exponen las cuestiones históricas en tomo a la deter
minación del meridiano con un análisis del descubrimiento y conquista de la
costa oriental de América del Sur y del Amazonas (17).
Siendo gobernador de Luisiana, Antonio de Ulloa recogió datos para
escribir Noticias Americanas: Entretenimientos físico-historicos sobre la Amé
rica Meridional y la Septentrional Oriental (18) que contiene abundantes refe
rencias históricas de estos territorios. Resultado de su estancia en Méjico
entre los años l7’76yl’7’78es el libro Descripción geográfico-física de una parte
de Nueva España, inédito hasta su publicación por F. de Solano en 1979 (19);
aunque la obra trata con preferencia temas geográficos, también presta aten
ción a la historia de los lugares que describe (Ciudad de México, Veracruz,
Xalapa, etc.), basándose en las respuestas de las autoridades a un cuestiona
rio de Ulloa.
Náutica y geografía durante el siglo xviii
La nueva geografía científica fue posible en España, desde mediados del
siglo xviii, gracias a los trabajos de Jorge Juan y Antonio de Ulloa. El presti
(16) Jorge Juan y Antonio de Ulloa, Observaciones astronómicas yphísicas, 1748; Rela
ción histórica del viaje ala América Meridional. Madrid, 1. de Antonio Marín, 1748, 4 vols.
(17) J. Juan y A. de Ulloa, Disertación histórica y geográficasobre el meridiano de demar
cación (1759), Madrid, Instituto Histórico de la Marina, 1972. Véase también Julio F. Guillén,
Los tenientes de navío Jorge Juan y Santacilia y Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral y la medi
ción del Meridiano, Madrid, Publicaciones de la Caja de Ahorros de Novelda, 1973, pp. 178181.
(18) Ibídem, pp. 236 y ss.
(19) Francisco de. Solano, Antonio de Ulloa y la Nueva España, México, Universidad
Nacional Autónoma de México, 1979.
Año 1994
G. VALDELVIRA
GONZÁLEZ
gio de estos dos científicos contribuyó decisivamente a la aceptación en
España de las teorías de Copérnico y Newton, referentes a los sistemas del
mundo y a la forma y magnitud de la tierra. En las Observaciones astronómi
casyfísicas (1748) expusieron las consecuencias geográficas que se derivaban
de estos descubrimientos (20).
En la primera edición de las Observaciones, Jorge Juan se vio obligado a
exponer la teoría heliocéntrica de forma velada para no tener contratiempos
con la Inquisición, que había obligado a retractarse a Galileo años antes. Sin
embargo, en la segunda edición, fechada en 1773, en un ambiente intelectual
y social que ya había cambiado, hace una defensa clara e incluso vehemente
de la teoría copernicana. Añade como prólogo un tratado que titula Estado
de la Astronomía en Europa, y Juicio de los fundamentos sobre que se erigie
ron los Sistemas del Mundo, para que sirva de guía al método en que debe reci
birles la Nación sin riesgo de su opinión y de su religiosidad. Jorge Juan aclara
que aunque el sistema de Copérnico había sido declarado herético por la Igle
sia, se debía a que no se tenían entonces los conocimientos astronómicos que
después se acumularon «y ciertamente que a tenerlos no hubiera habido quizá
ni una sola sospecha que se temió» y afirma que «hasta los que se opusieron
a Galileo ya se arrepentían de ello» y que hasta los religiosos lo enseñaban en
Roma (21).
Respecto a la forma y magnitud de la tierra, las expediciones científicas a
Laponia y al virreinato del Perú midieron los arcos de meridiano de un grado
y demostraron que la tierra no era uniformemente esférica, estaba achatada
por los polos y era más ancha en el ecuador (22).
Los resultados de tipo geodésico y náutico (oblicuidad de la eclíptica,
determinación de la latitud y longitud de numerosos lugares, medición del
grado de meridiano mediante el método de triangulación geodésica, conclu
siones respecto a la forma de la tierra y su aplicación a los mapas, etc.) fueron
desarrollados en las Observaciones. Los resultados geográficos apárecieron
en los cuatro volúmenes de la Relación histórica. Indaga fenómenos de geo
grafía física (mares navegados, mareas, corrientes, islas, costas, vientos, cli
mas, ríos, montañas, páramos), geografía urbana (puertos, ciudades, situa
ción y plano de los lugares), geografía económica (población, fuentes de
riqueza, cultivos, ganadería, recursos mineros, comercio y todo tipo de pro
ducciones) y geografía política (división política, provincias, audencias, obis
pados, gobiernos y corregimientos).
El primer tomo lo dedica al viaje desde Cádiz a Quito, donde se mediría
el grado de meridiano; describe Cartagena de Indias y su bahía, el reino de
(20) H. Capel. «Manuel de Aguirre y la nueva geografía española del siglo xviii» en M. de
Aguirre, Indagación y reflexiones sobre la geografía con algunas noticias previas indispensables
(1782), Universidad de Barcelona, 1981, p. 11.
(21) J. Juan, «Estado de la astronomía en Europa», introducción sin paginar en la edición
de 1773 de las Observaciones..., Madrid. Imp. Real de la Gazeta.
(22) J. Juan y A. de Ulloa, Observaciones..., Prólogo sin paginar. Véase también J. F.
Guillén, ob. cit., p. 4.
14
45
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS MARINOS ILUSTRADÓS DEL S1GLQXVJ1JAL...
Tierra Firme, la ciudad de Portobelo y las provincias de Panamá y Guayaquil.
El tomo segundo describe la provincia de Quito, sus gobiernos y corregimien
tos, la cordillera de los Andes y los ríos amazónicos. El tercer tomo trata de
Lima y del reino de Chile. El cuarto tomo presta atención al puerto, ciudad y
entorno de El Callao y al viaje desde este puerto a Europa por el cabo de
Hornos.
A la par, siguiendo las instrucciones del Marqués de la Ensenada, escribie
ron de forma reservada para el rey y el gobierno Noticias secretasde América,
publicadas en Londres por R. Taylor en 1826.Desde el punto de vista geográ
fico, el que aquí nos ocupa, se describe el virreinato del Perú y, más exacta
mente, la presidencia de Quito desde el río Guayaquil hasta Barbacoas, con
una relación exacta de la costa desde Panamá hasta Chiloé: bahías, puertos,
ciudades, rutas comerciales, productos comercializados, fertilidad de la tierra
y cultivos, industrias, etc.
La descripción es tan fiel y minuciosa (por lo que se mantuvo en secreto y
no se publicó) que, según Taylor, «silos enemigos de España hubiesen sabido
el estado de las plazas y arsenales, podrían haberse apoderado de la costa .del
Pacífico en el siglo xviii» (23); Anson hubiese podido tomar Guayaquil «sin
perder un hombre» y se habría adueñado sin dificultad del mar del Sur; de la
misma manera, Vernon, tras ocupar Portobelo, habría podido marchar con
tra Panamá e Inglaterra se habría apoderado del istmo (24).
En Descripción geográfico-física de una parte de Nueva España Antonio
de Ulloa estudia la situación geográfica, topografía,.plano urbano, clima y
fuentes de riqueza de las más importantes ciudades y numerosos lugares del
virreinato.
Muchos marinos en sus tratados de navegación, elaboración de tablas
astronómicas y trabajos cartográficos aportan interesantes estudios geográfi
cos. Señalemos como ejemplo la obra de José de Mendoza y Ríos. Su Tratado
de navegación (1787) contiene principios de historia natural de la tierra o evo
lución de la superficie terrestre y elementos de geografía física y política nece
sarios para el navegante, puesto que para la denominada navegación práctica
o de cabotaje es necesario conocer los cabos, montes, puertos, poblaciones,
ríos y línea de la costa; yen la denominada navegación teórica o astronómica,
en la que la tierra no está a la vista, es necesario conocer longitudes y latitu
des, vientos, corrientes, mareas; y, en todos los casos, dominar la lectura e
interpretación de mapas (25).
Puesto que la cartografía constituye un complemento casi imprescindible
de la geografía y la labor cartográfica de los marinos del setencientos es de pri
mer orden, presentamos una breve reseña de sus trabajos. Hasta tal punto
destacan, que a finales del siglo xviii eran, junto a los ingenieros militares,
(23) J. Juan yA. de Ulloa, Noticias secretas de América, Londres, Imp. de R. Taylor, 1826.
Prólogo del editor, p. VIII.
(24) Ibídem.
(25) José de Mendoza y Ríos, Tratado de navegación, Madrid, 1. Real, 1787, 2 vols.
Año 1994
G. VALDELVIRA
GONZÁLEZ
«los únicos con posibilidades de realizar una verdadera cartografía científica»
(26).
Las aportaciones de Jorge Juan y A. de Ulloa a la cartografía fueron
extraordinarias. No es necesario insistir en las consecuencias que para la car
tografía tuvo la determinación de la figura y tamaño de la tierra. Del viaje
para medir el grado de meridiano trajeron cartas, portulanos, planos; corri
gieron los que existían en España y en el extranjero; trabajaron en un mapa
general de América del Sur y del golfo de Méjico. Muchos se perdieron; Ulloa
destruyó la cartografía cuando fue detenido por los ingleses en el viaje de
vuelta (27), pero existen numerosos datos que nos permiten asegurar que sir
vieron a los cartógrafos españoles que les siguieron (28). En la Relación histó
rica abundan los portulanos y planos de bahías y ciudades de América del Sur.
Jorge Juan impulsó la elaboración de un mapa general de España, para lo que
escribió un trabajo sobre el método a seguir (29).
En la expedición de la fragata Santa María de la Cabeza al estrecho de
Magallanes (1785-86), José de Vargas, Dionisio Alcalá Galiano y otros mari
nos cartografiaron la costa americana del Pacífico hasta Alaska. En la vuelta
al mundo que dirigió Malaspina (1789-94), se trazaron mapas de América y de
numerosas islas de Asia y Oceanía (30).
Dionisio Alcalá Galiano destacó en los estudios astronómicos y cartográ
ficos (31). Colaboró con Tofiño en la confección de las cartas marítimas de la
costa española y de las Azores. Dirigió la elaboración de la carta geográfica
del Mediterráneo oriental. Realizó importantes estudios cartográficos de las
costas de la América española, algunos de los cuales ya han sido menciona
dos. El gobierno le encargó hacer mapas de España, semejantes a las cartas
marinas de Tofiño; la caída en desgracia a raíz del asunto Malaspina, en el
que quisieron implicarle, impidió que se llevase a cabo (32).
Cosme Damián Churruca participó en varias expediciones científicas en
las que se le encomendaron importantes tareas cartográficas, geográficas y
astronómicas, como en la dirigida por Antonio de Córdova en 1788para reco
nocer el estrecho de Magallanes. En 1792 Churruca mandóla escuadra que
durante más de dos años cartografió las Antillas. Las cartas fueron editadas
entre 1802 y 1804 y fueron adoptadas por la Marina francesa (33).
José de Mazarredo realizó numerosas expediciones en las que cartografió
y determinó las coordenadas geográficas de numerosos lugares. Situó correc
(26) H. Capel, Geografía..., p. 294.
(27) Ibídem,p.131.
(28) J. F. Guillén, ob. cii.,
p.182.
(29) H. Cape!, ob. cii.,
pp.148-52.
(30) Ibídem,pp.257 y SS.
(31) Antonio Alcalá Galiano. Memorias, Madrid. Imp. de Enrique Rubiños, 1886,2 vols.,
p. 10.
(32) Ibídem, pp. 10, 19 y 28-9. Véase también M. Fernández de Navarrete, Colección de
Opúsculos, yo!. 1, pp. 277-90.
(33) Antonio Navas, Churruca. Un almirante de España. Madrid, Editorial Naval. 1962,
pp. 115-18.
16
45
LA CONTRIBUCIÓN DE LOS MARINOS ILUSTRADOS DEL SIGLO XVIII AL...
tamente la isla de Trinidad del Sur y confirmó la existencia de la isla de Ascen
Sión al oeste de aquélla. A bordo del San Juan Bautista, determinó a partir de
1778 la longitud y latitud de numerosos puntos de la costa española y del norte
de Africa. Igualmente fijó las coordenadas de numerosísimos puntos del inte
rior de España (34).
Vicente Tofiño fue marino, matemático y astrónomo. Pero en lo que ver
daderamente destacó fue en la elaboración de cartas marinas, hasta conver
tirse en el padre de la moderna cartografía española y autor de una de las
obras más importantes de Europa (35). En el Atlas marítimo de España
(1785-88) trabajaron, bajo la dirección de Tofiño «casi todos los oficiales de
saber y buen concepto de aquellos días»: los tenientes de navío D. Alcalá
Galiano, J. Espinosa y A. Belmonte; los de fragata J. Vargas, J. Lanz y J.
Canelas y otros eminentes marinos (36). Para el trazado del Atlas, que
ordenó confeccionar el ministerio de Marina, se utilizó el instrumental más
perfecto, vanado y complejo y se combinaron operaciones terrestres y maríti
mas. El trabajo fue realizado con escrupulosidad y perfección. En quince car
tas se representan con exactitud las costas de la península, norte de Africá,
Baleares, Canarias y Azores. José Varela trazó la carta de Africa desde cabo
Espartel hasta cabo Verde e islas de Cabo Verde.
Para una mejor comprensión del Atlas, Tofiño escribió Derrotero de las
costas de España (1787-89). En él se señalan las líneas y rumbos para navegar
por las costas de España, del norte de Africa y de las Azores (37). La navega
ción se volvía bastante más segura, si consideramos que los naufragios en las
costas «rara vez se originan de otras causas que las de la errada situación en
las cartas de los accidentes geográficos» (38).
Aportaciones al estudio de la economía y sus implicaciones socio-políticas
La economía fue objeto de estudio preferente durante el siglo xviii, sin
duda por el afán utilitario propio de la Ilustración.
José Luyando, marino que publicó unas famosas tablas de navegación,
escribió una obra cuyas tesis económicas son ya plenamente liberales, titulada
Examen de las ventajas que producirá el desestanco del tabaco y ensayo de
única contribución (39).
Su defensa del individuo y del trabajo individual como fuente de la riqueza
de la nación es una transcripción casi exacta de Adam Smith: «La riqueza de
una nación es igual a la suma de las riquezas de cada uno de los individuos que
(34) M. Fernández de Navarrete, Marinos y descubridores, Madrid, Atlas, 1944, pp. 173
yss.
(35) Véase A. Alcalá Galiano, ob. cit., p. 10.
(36) Ibídem. Vicente Tofiño de San Miguel, Atlas marítimo de España, Madrid, 1789.
(37) y. Tofiño, Derrotero de las costas de España, Madrid, Imp. viuda de Ibarra, 1787, 2
vois.
(38) Ibídem, p. IV.
(39) José Luyando, Examen de las,ventajasque producirá e/desestanco del tabaco y ensayo
de única contribución, Cádiz, Imprenta Patriótica, 1813.
Áño 1994
G VALDELVIRA
GONZÁLEZ
la componen» (Axioma 1.°). Y más adelante afirma: «El hombre no puede
llegar a conseguir riqueza alguna sino por medio del trabajo» (Axioma 3.°).
Lo que incita al hombre al trabajo es el interés particular (Axioma 5.°).
Se adscribe a la doctrina del «laissez faire, laissez passer»: el Estado ape
nas debe intervenir en las actividades económicas yen los asuntos sociales. Su
principal función consiste en conservar la seguridad y la propiedad de los bie
nes de las personas (Axioma 2.°) y dejar plena libertad a los agentes económi
cos, de modo que las leyes naturales de la economía regulen su funcionamien
to: «El hombre podrá trabajar más o menos, según sea mayor o menor la
libertad que tenga para trabajar». Cuantos más obstáculos se eliminen mayor
será el crecimiento económico. Los monopolios de cualquier tipo han de ser
eliminados: lo exige la economía de mercado, el libre desarrollo de la oferta
y la demanda y la competencia perfecta. El monopolio o estanco del tabaco
ha de abolirse corno el resto de situaciones de privilegio; reportará mayor pro
ducción y mayores ingresos para el erario público (Axioma 4.°).
En sus reflexiones sobre la población, no conoce o no comparte las teorías
de Maithus. La observación de la realidad demográfica española, tan distinta
de la británica durante esos años, difícilmente podía llevar a Luyando a enun
ciar doctrinas catastrofistas de crecimiento ilimitado. Más bien parece formu
lar el principio de autorregulación social de la demografía con rçlación a la
riqueza: cuanta más riqueza genere una sociedad, mayor será el número de
matrimonios y, como consecuencia, el crecimiento de la población («si el
hombre no puede mantener una familia, no se casa»); cuantos más habitantes
haya, más riqueza se creará, pero si, por cualquier circunstancia, hay recesión
económica, descenderá el número de matrimonios y de habitantes (Axiomas
6.° y 7°.).
Respecto al debate abierto desde hacía tiempo sobre política fiscal,
Luyando se muestra partidario de los impuestos directos, o contribución úni
ca, por diversas razones: son más justos, su recaudación exige menos gastos
y, consecuentemente, pueden ser menores. Según el principio que reduce a
mínimos la intervención del Estado, el gobierno debe exigir los tributos
imprescindibles para gobernar y garantizar la seguridad y el disfrute de la pro
piedad (40).
Martín Fernández de Navarrete leyó en 1791, en la Real Sociedad Matri
tense, el ensayo titulado «Discurso sobre los progresos que puede adquirir la
economía política con la aplicación de las ciencias exactas y naturales», en el
que aboga por la aplicación de fórmulas matemáticas a la economía. Cada vez
más, escribe, la investigación depende de las matemáticas; no entiende cómo
puede progresar el estudio de las rentas, de la demografía y de todas las ramas
de la economía sin que se sometan al mismo rigor matemático que las otras
ciencias (41). Precisamente el paso del pensamiento económico a la doctrina
(4Ó) Ibídem, pp. lOyss.,29yss.
(41) M. Fernández de Navarrete. Discurso sobre los progresos que puede adquirir la eco
nomía política con/a aplicación de las ciencias exactasy naturales, Madrid, Imprenta de Sancha.
1791, pp. 16 y 19.
18
45
LA CONTRIBUCiÓN DE LOS MARINOS ILUSTRADOS DEL SIGLO XV1IIAL...
o ciencia económica tiene lugar en el siglo xviii, honor que unas escuelas atri
buyen a los fisiócratas y otras a Adam Smith.
Navarrete divide la sociedad en tres clases: 1a «los quç producen» (canti
dades positivas), compuesta por los agricultores, marineros, comerciantes,
artesanos y obreros; 2a «los poseedores», o propietarios que consumen y no
trabajan (iguales a cero); 3a «los que viven a expensas de los demás» (canti
dades negativas): funcionarios, mendicantes, etc. La riqueza de la nación está
con relación directa a los primeros e inversa a los últimos, por lo que es pre
ciso fomentar aquéllos y reducir éstos (42).
Esta distinción está inspirada en A. Smith y se aleja de la establecida por
los fisiócratas. Según éstos, también existen tres clases: agricultores, propie
tarios y «clase estéril». Sólo los agricultores incrementan la riqueza; los demás
trabajadores (artesanos, transportistas, comerciantes, que producen mercan
cías elaboradas) forman la «clase estéril», ya que únicamente transforman la
riqueza ya producida por los agricultores.
«Los poseedores», la nobleza y sus privilegios, constituyen una carga inso
portable para la sociedad, por la cantidad de bienes vinculados, exentos de
impuestos, y por la altanería y la ociosidad en la que viven. Obligados por su
posición social a dar ejemplo e influir en la cultura y progreso económico y
social, sólo contribuyen a adormecer al pueblo y obstaculizar su desarrollo y
prosperidad. El ilustre marino postula la abolición de los mayorazgos, la des
vinculación de patrimonios y la iguadad fiscal (43).
Sin duda, Fernández de Navarrete no ignoraba las implicaciones políticas
y sociales de sus tesis económicas.
(42)
(43)
Ibídem, pp. 18-19.
Ibídem, pp. 26-27.
Año 1994
LAS ISLAS DE TIDORE
Y TERNATE EN EL RECUERDO
HISTÓRICO ESPAÑOL
Leopoldo STAMPA
Embajador de España
En su octava vuelta al mundo realizada en 1993 el Juan
Sebastián de Elcano hizo escala en las míticas islas Molucas que
un día albergaran la presencia del navegante de Guetaria. El
embajador de España en Indonesia don Leopoldo Stampa, que
estuvo presente en la visita, nos brinda este excelente trabajo
que rememora un pasado histórico español.
Tidore
La isla de Tidore forma parte, junto con su casi gemela Ternate, del archi
piélago norte de la provincia de Molucas, compuesto por las siguientes islas:
Halmahera, Morotai, Ternate, Tidore, y los archipiélagos menores de Bacan
y de Sula. La capital de la totalidad de la provincia es Ambón, situada en la
isla de Seram (Molucas centrales).
Las islas, conocidas a través de la Historia como las Islas de las Especias,
presentan una geografía accidentada donde abundan los volcanes —dos de
ellos en Tidore y Ternate— y las lagunas.
Más de 150 dialectos son los que se hablan en estos grupos de islas cuyas
tradiciones se ven, incluso hoy día, fuertemente impregnadas del rastro de
culturas occidentales y, sobre todo, portuguesa y española, algo qúe se mani
fiesta en su folklore, en algunos apellidos, en los vestigios monumentales y
nombres de ciudades, a pesar de que el paso de los años va desdibujando su
carácter. Por esta razón la presencia de algo tan emblemático como el buqueescuela de la Armada Juan Sebastián de Elcano en las aguas que hace casi
450 años fueron españolas, y el homenaje que se rendirá a la memoria de los
marinos que convirtieron estas islas en hitos de la Historia de la navegación
de España y del mundo entero, es una forma más de revitalizar el recuerdo de
nuestra presencia y difundir el testimonio de nuestro pasado. Éste será el
objetivo de nuestra presencia en la isla de Tidore y de ello trataremos a lo
largo de estas páginas.
La isla de Tidore es algo mayor que la vecina Ternate. Al igual que ésta,
un volcán, el Kiematubu (1.757 m) domina su superficie.
Ambas islas forman dos conos casi perfectos, uno en frente de otro, sepa
radas su costas 3.500 metros (distancia entre el embarcadero de Kayumerah
en Ternate y el de Rum en Tidore) por un brazo de mar estrecho y profundo,
en el que se asienta la isla más pequeña de Maitara.
Año 1994
050’
MODERN
TERNATE
045’
CAS1tE GAMMALAMMA,
PORT NUESTRASEN!LORA
DEL ROSARIOOK GAMI.AMO
Native toWfl Poituguese
Fottress and town called
by tite natives
MARIEKU
1. -FORT TORRE
2. - FORT TSJORBE
3. -MARIEICU
4. - CASTLE(‘IAMMALAMMA,
FORT NUESTRA SEN! lORA
1)!!!. ROSARIOORGAMIAMO
5. -P0141SAN PEDROY SANPABLO
6. -P0111.SANTA I.UCI&
7. -POR! TOLOKO
8. -FOR1 ORANJE
22
1’
04
TIDORE
1SE!.!
Núm. 45
LAS ISLAS DE TIDORE Y TERNA TE EN EL RECUERDO HISTÓRICO ESPAÑOL
Tidore tiene un perímetro de 45 Km, que los recorre una carretera que cir
cunvala prácticamente la isla. Su población, unos 35.000 habitantes, se con
centra en la capital Soa Siu.
Historia
La historia de Tidore está dominada por la rivalidad con Ternate. Primero
entre los dos sultanes de una y otra isla; después por el apoyo dado por los
españoles a los tidoreños frente al Sultán de Tern ate y sus aliados, portugue
ses; y, más tarde, cuando éstos fueron expulsados de la vecina Ternate, los
portugueses y los españoles juntos —ya en Tidore— chocaron con los holan
deses asentados en la isla rival.
Éste sería el resumen de una azarosa historia que dominó los siglos xvi
y xvii.
A partir de 1648(Paz de Westfalia) España cede el control de las Molucas
para concentrarse en Filipinas y la Compañía holandesa V. O. C. ocupa la isla
como hizo con el resto del archipiélago moluqueño, estableciendo el mono
polio del clavo y de las demás especias.
Tidore en la actualidad
Tidore es una isla pobre dedicada básicamente a la agricultura (clavo,
mango, coco) y a la pesca.
Su infraestructura es precaria y elemental. Una sola carretera asfaltada
rodea el perímetro de la isla que dispone de un único hotel, el «Penginapan
Jangi», de 12 habitaciones y de modestísima presencia. No hay restaurantes
y el núcleo urbano se reduce a Soa Siu, la capital.
Desde el punto de vista histórico y monumental, que es el que nos intere
sa, Tidore ofrece cuatro emplazamientos de tradición histórica.
La presencia española
Elfuerte Tsjobbe
De él no quedan más que los restos. Se trata de una atalaya de reducidas
dimensiones, situada al Norte del embarcadero de Rum.
Tenemos suficientes indicios como para afirmar que pudo ser el primer
asentamiento construido por los hombres de Espinosa, que mandaba la Trini
dad y que permanecieron en Tidore cuando la expedición de Magallanes,
desde entonces mandada por Elcano, prosiguió viaje con la Victoria.
Al contrario de ésta, la Trinidad se vio en la necesidad de permanecer en
la isla para reparar, ya que los fondos y la quilla de la nave habían sido afecta
dos por la broma.
Año 1994
LEOPOLDO STAMPA
Elcano siguió viaje con la Victoria logrando la primera circunnavegación
del globo.
Pero veamos más despacio la historia del fuerte Tsjobbe.
Elcano y Espinosa llegaron a las islas el 6 de noviembre de 1521. Inicialmente fondearon en Ternate, ocupada por varios comerciantes portugueses
y algún destacamento de hombres de armas. La acogida del Sultán de Ternate
y de sus súbditos debió ser bastante fría, por lo que Elcano decidió abandonar
la isla para dirigirse a la vecina Tidore.
En efecto, el día 8 de noviembre, «tres horas antes de la puesta de sol»
—como señala Pigafetta— la Victoria y la Trinidad fondeaban en Tidore,
«cerca de la costa, y a veinte brazas». Allí dispararon salvas de saludo y espe
raron la visita de los tidoreños. Al día siguiente el sultán Al-Mansur fue reci
bido a bordo.
El Sultán, que vio en la llegada de Elcano un apoyo decidido frente a los
ternateños, no dudó en proclamarse vasallo de Carlos V y en bautizar a
Tidore con el nuevo nombre de «Castilla», en honor al emperador Carlos, su
nuevo soberano.
Los hombres de la Victoria y la Trinidad fueron agasajados por el Sultán
y gratificados con numerosas fiestas, en una de las cuales quedaron impresio
nados por «una procesión de cincuenta mujeres, todas adornadas de seda
desde la cintura hasta los pies —escribe el cronista Pigafetta— que portaban
24
Núm. 45
LAS ISLAS DE TIDORE Y TERNA TE EN EL RECUERDO HISTÓRICO ESPAÑOL
cincuenta bandejas de manjares sobre sus cabezas y eran escoltadas por hom
bres que llevaban grandes jarras de vino y que más tarde ejecutaron la danza
del “cakalele” o danza guerrera. Cuando el banquete finalizó, las mujeres
capturaron jugando a algunos de los españoles y fue necesario entregar algu
nos regalos para que éstos volvieran a recobrar su libertad». Imagino que con
harto sentimiento por parte de los españoles afectados.
Cúando Elcano zarpó los hombres de Espinosa que quedaron en la isla
reparando la Trinidad, cerca de 50, construyeron una pequeña factoría para
el acopio de las especias y la protegieron artillando el reducto con las piezas
de la Trinidad. Es posible que ese reducto sea el fuerte Tsjobbe, cuyos restos
dominan aún la rada de Rum, descendiendo hasta la playa, que es donde está
previsto —en principio— llevar a cabo la ceremonia en memoria de Elcano y
de su expedición.
Son muchos los indicios que permiten suponer que el fuerte Tsjobbe res
ponde al asentamiento inicial de los hombres de la expedición de Elcano. Es
evidente que una factoría para la recolección de las especias debería estar en
un lugar próximo a la costa, al embarcadero, para facilitar la carga; es asi
mismo lógico pensar que, para evitar sorpresas de los hostiles vecinos de Ter
nate y de los portugueses, la atalaya que protegía el almacén tendría que
dominar con sus vistas los puntos de la isla rival desde donde podrían llevar a
cabo expediciones de castigo contra Tidore y contra la factoría concretamen
te. En aquella época la ciudad y el núcleo poblado de Ternate no se encon
traba en su actual emplazamiento, sino al Suroeste de la isla en un lugar
llamado Gammalamma, que hoy lo ocupa el fuerte de Nuestra Señora del
Rosario, próximo a otro reducto en el poblado que hoy se llama Kastela (de
rivación de «castillo») de indudable origen etimológico hispano-portugués.
Basta mirar el plano de ambas islas para comprobar que cualquier acción diri
gida desde la vieja ciudad de Ternate hacia Rum sería divisada con tiempo
suficiente de preaviso desde el fuerte Tsjobbe.
Por último, en la historia de Tidore no se menciona una construcción pos
terior a esta fecha del reducto de Tsjobbe. Por todo ello me inclino a pensar
que la atalaya de Tsjobbe debió ser el lugar que defendía el almacén. Es posi
ble, asimismo, que la actual estructura de la atalaya fuese entonces más ele
mental que la que hoy podemos contemplar, aunque sólo queden restos, pero
todos los indicios parecen apuntar en la misma dirección, es decir, que el
asentamiento inicial se realiza en Rum.
Volviendo a la historia de los hombres de la Trinidad señalaremos que,
pasados los días y reparado el buque, zarparon los hombres de Espinosa tra
tando de llegar a América por el Pacífico. Al no conseguirlo regresaron nue
vamente a Tidore. En las proximidades de Ternate encalló la Trinidad y se
hundió. Los supervivientes fueron hechos prisioneros poco después por los
portugueses, que terminaron adueñándose de la factoría de Tidore y de la
atalaya. Es más que probable que las obras de acondicionamiento y refuerzo
del reducto se emprendieran a partir de entonces, dando al fuerte Tsjobbe su
fisonomía definitiva.
Año 1994
LEOPOLDO
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26
Núm.
45
LAS ISLAS DE TIDORE Y TERNA TE EN EL RECUERDO HISTÓRICO ESPAÑOL
Las ruinas de la ciudad real de Marieku
de
Las fortificaciones españolas que existían en torno a la ciudad córrespon
deñ a un período posterior a la llegada de Elcano y fueron construidas por los
hombres de la expdición de don García Jofre de Loaysa, quien zarpó de La
Coruña el 24 de agosto de 1525 con 450 hombres y una escuadra compuesta
por seis naos: Santa María de la Victoria, como nave capitana, Sancti Spiritus,
Anunciada, San Gabriel, Santa María del Parral y San Lesmes, y un patache,
el Santiago.
A bordo de la escuadra viajaban dos marinos de excepción: Eléano, en su
segundo viaje, y Urdaneta
La arriesgada empresa y los hechos que la rodearon son de sobra conoci
dos. A lo largo de la travesía los vientos y las tormentas fueron diezmando la
flota, y las enfermedades a los hombres. El 30 de julio de. 1526muere Loaysa,
qúe es sustituido por Elcano. El 7 de agosto fallece el propio Juan Sebastián
Elcano
cuando aúnlas
faltaban
semanas
para llegar
las islas Marianas.
Al
fin alcanzaron
Molucas,
en octubre,
150 ahombres
de los 450 que
‘habían zarpado. Las islas están ocupadas por los pórtugueses, y en Ternate
García Henríquez se considera gobernador del archipiélago y exige que se le
rindan honores. Los españoles se asientan nuevameñte en Tidore, donde el
sultán Al-Mansur vuelve a acogerlos. Mientras portugueses y espáñoles dis
cuten por los derechos de asentamiento, el clima de tensión va creciendo. A
mediados de enero de 1527, la Santa María de la Victoria es dañada en uno de
los combates y Zarquizano, que está al mando de la expedición, dio la triste
orden de incendiar la nave, que ya no era posible aparejar para que pudiese
navegar de nuevo.
Mientras tanto, don Hernando de la Torre activa las defensas de la ciudad
real de Marieku en previsión de un ataque portugués. Este no se hizo esperar
en cuanto llegó a Ternate el general portugués don Jorge Meneses, quien
puso fin a la tregua con los españoles, y al frente de 100 portugueses y 1.000
ternateños asoló la ciudad de Marieku, Durante las opeiaciones fueron cerca
das las fortificaciones españolas adyacentes a Marieku, hasta que se pactaron
los términosde un compromiso entre Meneses y La Torre, que había suce
didoaZarquizano a la muerte de éste.
De Marieku no quedan más que unas piedras, apenas visibles entre la
maleza, sobre la falda de una colina escarpada.
El interés que presentan los restos, hoy. día, es escaso.y la dificultad de
acceso haceque rio sea aconsejable su visita.
.
El fuerte Torre o fuerte Tohula
.
Se llama de las dos maneras, aunque predornina el nombre moluqueño de
Tohula.
Su calificativo como fuerte Torre, que aparece en algunos mapas de la
época, puede responder a dos razones: la primera—y la más plausible—, por
Año 1994
LEOPOLDO
STAMPA
referencia a su construcción, en la que destacaba una torre, aún en pie, aun
que desmochada. La segunda .—de origen más dudoso, pero que apunto
como hipótesis— derivaría del nombre del comandante de la fortaleza don
Hernando de la Torre, quien estuvo al frente de la facción española de los res
tos de la expedición de Loaysa, entre 1527 y 1529.
Ello nos adentra en la historia de la expedición de socorro enviada por
Hernán Cortés, con la intención de reforzar a la flota de Loaysa o lo que que
dase de ella.
Hernán Cortés había recibido una carta del emperador Carlos Y, fechada
en Granada el 20 de junio de 1526, en la que le informaba de las sucesivas
expediciones enviadas a «las nuestras islas de Maluco». Señalaba cómo la nao
Trinidad (la de Espinosa) «quedó allá, porque hizo agua, con hasta cincuenta
y siete hombres» y cómo había enviado una nueva armada (la de Loaysa)
«con seis naos», en las cuales fue por capitán general «el comendador y caba
llero de la Orden de San Juan Fr. García de Loaisa», a quien había ordenado
«quedar en las dichas islas, asentándose su trato en ellas y gobernándolas».
Pór último le ponía en conocimiento de la armada al mando de Sebastián
Caboto, que había partido ese año con tres naos y una carabela para «también
ir a las dichas islas de Maluco».
Cortés recibió noticias de la armada de Loaysa. Uno de los buques, el
patache Santiago, después de una azarosa travesía en la que se separó de la
armada, terminó remontando por el Pacífico hasta aparecer en Nueva Espa
ña. Cortés, informado de las desgracias de la armada de Loaysa e informado
por la carta del Emperador, en la que le ordenaba socorrer a la expedición,
decidió enviar socorro a los españoles «del Moluco». Don Alvaro de Saave
dra Cerón salió con dos navíos y un bergantín. El 15 de diciembre de 1527una
tormenta hundió las naos Santiago y Espíritu Santo. Solamente la Florida
pudo llegar a las Molucas, fondeando en Tidore el 27 de marzo de 1528.
Mientras la armada de Saavedra se dirigía a Tidore, los españoles habían
continuado sus escaramuzas con los portugueses y ternateños. Antes de que
Saavedra desembarcase, La Torre había pactado el fin de las hostilidades con
los lusitanos y se había asentado en la isla. El fuerte Torre, asoladas las defen
sas de Marieku, debió de ser el lugar del nuevo asentamiento, posteriormente
mejorado en su construcción al tiempo que la nueva ciudad de Soa Siu, sede
del sultanato tidoreño, se extendía en sus proximidades. Saavedra, una vez
comprobada la presencia de los españoles en Ternate, intentó el tornaviaje.
Navegó rumbo al Nordeste, después cambió al Este para recorrer 250 leguas,
hasta llegar a las islas de Papúa, donde permaneció algún tiempo. Pero perdi
dos y sin saber qué derrota tomar, fueron retrocediendo hasta regresar a
Tidore.
¿Construyó don Hernando de la Torre el fuerte Tohula o fuerte Torre?
Nada sabeñios a ciencia cierta. Según las informaciones locales el fuerte es
portugués, pero ello nada indica, pues durante la unión peninsular Portugal
y Castilla eran un misma cosa y es frecuente que se confundan sus hechos y su
historia.
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LAS ISLAS DE TIDORE Y TERNA TE EN EL RECUERDO HISTÓRICO ESPAÑOL
El fuerte —aunque en ruinas— se mantiene discretamente en pie. Pró
ximo a Sóa Siu, no es fácilmente visible desde lacarretera. Hay que ascender
a través de una senda empinada y rodeada de vegetación. La entrada es difi
cultosa entre la hojarasca y las piedras sueltas. Su visita en grupo no es acon
sejable debido a las condiciones del terreno.
Palacio del Sultán de Tidore
Mientras otras expediciones españolas siguieron a la de Saavedra (la del
almirante Villalobos a Jailolo en 1542, la de don Francisco de Dueñas a Ter
nate en 1580 y la de don Juan de Marones en 1883) en Soa Siu fueron suce
diéndose asimismo los sultanes. Del palacio de éstos sólo quedan restos, entre
ellos las escaleras de acceso y algunos lienzos de mampostería.
No hay constancia histórica documentada, ni indicios de otra naturaleza
que permitan trazar una vinculación entre la presencia de los españoles y el
palacio de Soa Siu, que debe ser de época posterior (posiblemente finales del
xvi), cuando los españoles concentraban su presencia en Ternate.
De cualquier manera los combates que durante la primera mitad del XVII
enfrentaron a españoles y holandeses tuvieron también a Tidore por escena
rio. Un grabado holandés representa el ataque de lá escuadra del almirante
Hoen a Tidore, en 1609, en lo que bien pudiera ser Soa Siu, donde figura un
palacio en llamas.
El recintó conserva también algunas tumbas de sultanes posteriores al
período español, como las de Nuku y Jainal Abidin Syah.
Tidore completa su lista de reductos históricos con un modesto museo
local, el Sonyine Malige, que contiene recuerdos y parafernalia de los últimos
sultanes: ropajes, armas, instrumentos musicales y un bello ejemplar del
Korán.
En síntesis, salvo los restos del fuerte Tsjobbe, próximos al lugar donde
está previsto que se desarrolle la ceremonia en memoria de Elcano y sus hom
bres, y ante la premura de tiempo, no parece adecuado girar una visita turís
tica a Tidore que, por otro lado —y lamentablemente— no ha conservado
bien los restos de nuestra presencia, reducidos prácticamente a vestigios,
como puede deducirse —más que verse— en las reproducciones de las fotoco
pias de esta «guía». A ello se une la incomodidad del acceso a su emplaza
miento, que podría pasarse por alto si a ello obliga la necesidad de la investi
gación histórica, pero que no sería perdonado en el contexto de una visita
turística.
El folklore de las Molucas, y no únicamente en Tidore y lernate, recoge
ecos de la presencia militar española en el archipiélago. La danza del «cakale
le», una de las coreografías guerreras de los antiguos moluqueños, aporta
incluso hoy día datos significativos.
El «guerrero» cubre su cabeza con una reproducción del «capacete», el
casco con el que los hombres de armas españoles hicieron sus campañas
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durante buena parte del siglo xv y el xvi. Si hay suerte én Ternate, después
de la cena del día 30 de marzo, podremos ver los «capacetes»’actuales en la
danza del «cakalele».
Ternate
El volcán Gamalama (1.721 m) aún en actividad y de similar altura al Kie
matubu de Tidore, domina la isla. Esta es de extensión menor que su vecina
(10 km de diámetro) y notablemente.superior en desarrollo. Los árboles de
clavo y canela dominan el panorama ternateño mezclándose a menudo con un
paisaje de lava solidificada que recuerda, como un testimonio permanente,
los períodos de actividad del Gamalama —al menos 70 ‘durante los’últimos
500 años— habiendo sido la erupción más cercana en 1990.
,
Historia
‘
‘
‘
Al referirnos a Tidore ya hemos desvelado en gran parte la historia de Ter-.
nate. Se trata justamente del reverso de la moneda. Duránte buena parte del
siglo xvi Ternate fue üna posesión portuguesa opuesta al Tidore eÑpañol.
Cuando Elcano llega a sus costas es recibido con frialdad y tarda sólo veiiiticuatro horas’ en poner proa a Tidore y olvidarse de lós ternateños y portu
gueses.
Más adelante, durante la unión peninsular, es’decir, a partir de 1580,caste-.
llanos y portugueses, porque españoles eran todos, harán causa común frenté
a la nueva amenaza holandesa. Y la isla de Ternate será escenario de no pocas
intrigas, combates y asedios a sus plazas fortificadas.
La firma del Tratado de Zaragoza en 1529, por el que’ Carlos V cedía á
Portugal sus derechos en las Molucas, abiió un cierto paréntesis en nuestrá
presencia moluqueña. De las armadas dé Loaysa y Saavedra, quedaban en
Tidore tan sólo diecisiete hombres que abandonaron el archipiélago el mes de,
febrero de 1534.
Algunos españoles continuaron en Tidore con el ánimo dé minar la,pre
sencia portuguesa en Ternate. Allí permaneció por algún tiempó un núcleo
de irreductibles, entre los que llegó a encóntrarse el propio Urdáneta.
Los historiadores portugueses reseñan, por ejemplo, la ayuda recibida por
el sultán Bohejat de Tidore, quien en 1536 gozaba aún del asesoramiento
español en la reconstrucción de atalayas, levantamiento de sólidos bastiones
y muros de piedra (ya hemos visto la historia de los fuertes Tsjobbe y Torre)
para evitar los ataques portugueses. Muchos españoles más terminaban infil
trándose en Tidore, proporcionando a Bohejat mosquetes, pólvora y muni
ciones, con el propósito de que el creciente ejército de Tidore fuese debili
tando la presencia portuguesa en Ternate.
A pesar de la ayuda española el ‘gobernador Galvao invadió Tidore,
derrotando al sultán Bohejat y poniendo fin, al menos provisionalmente, ala
,
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‘‘
‘
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presencia española, aunque ésta estuviera basa.daen aquel momento en «ase
sores» y voluntarios.
Todavía habría enfrentamientos con los portugueses, y algunos de cierta
envergadura, como el ocurrido con la armada de Ruy López de Villalobos,
enviada desde el virreinato de Nueva España en 1542a descubrir nuevas islas,
y que los temporales obligaron a buscar refugio en Tidore. El gobernador
portugués de Ternate, don Gregorio de Castro, arremetió contra los hombres
de Villalobos que terminaron siendo hechos prisioneros y enviados a Ambón
en cautiverio. La mayoría fallecieron de ben-ben, incluyendo al propio almi
rante Villalobos que recibió la extremaución en la isla de Ambón de manos de
San Francisco Javier.
Durante este período «portugués» viajará Francisco Javier a Ternate.
Según dicen las crónicas su misión era convertir al sultán Hairun con quien
mantuvo numerosas audiencias estableciéndose entre ellos una relación de
mutuo respeto. El santo debió de llegar a Ternaté sobre 1549, acompañado
por Friy Juan de Beira, quien fecha algunas cartas en Ternate en ese período.
Tras la expulsión de los portugueses de Ternate por el sultán Baad (1575)
se entra en una época de vacío europeo en las islas, con la excepción de alguna
visita ocasional como la de Francis Drake. El Sultán aceptó convertir a Ter
nate en protectorado inglés, aunque todo ello tuvo mucho de símbolo y poco
de realidad.
Pero los españoles volverían nuevamente a Ternate como tendremos oca
Sión de ver.
Ternate en la actualidad
La capital —Ternate— fue fundada en 1607 por los holandeses. Se trata
de la segunda capital, la moderna, pues la capital histórica, sede del sultanato,
llevaba el nombre de Gammalamma y surgió en los alrededores del fuerte de
ese mismo nombre, bautizado posteriormente como Nuestra Señora del
Rosario por los hispano-portugueses.
Ternate es la segunda ciudad de la región norteña de las Molucas después
de Ambón. Aún así no debemos imaginar una urbe de importancia. Su pobla
ción —en torno a los 50.000 habitantes de los 80.000 totales de la isla—se con
centra en ese núcleo que está lejos, por otra parte, de asemejarse a una ciudad
de corte urbano tradicional.
Una estrecha carretera de denso tráfico de microbuses y motocicletas,
conecta Ternate con las poblaciones de la isla, Tafura, Sango, Loto, Monge,
Kastela, Bastiong..., muchas de ellas de origen etimológico claramente ibé
rico y militar, como las dos últimas —«castillo» y «bastión»— donde efectiva
mente existen restos de un castillo y un bastión en sus alrededores.
Los atractivos turísticos son aún escasos. Al margen de los fuertes, de los
que hablaremos más adelante, Ternate no presenta al visitante más que un
panorama vegetal de árboles de clavo y canela, el humeante Gamalama y
unas playas de arena negra, volcánica, entre las que destaca la de Sulama
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daha. Para los surfistas y los amantes de la inmersión y la pesca submarina,
Sulamadaha ofrece enormes atractivos y los corales que rodean a la isla tienen
fama en las Molucas.
La flora es otro de los fenómenos de los que se enorgullecen los ternate
ños. Un área de recreo, exageradamente llamado el Jardín de Eva (Taman
Eva) es uno de los «resorts» que inevitablemente acoge algunas instalaciones
recreativas, una cafetería y la infraestructura al uso. La Laguna (que aún con
serva su nombre español) y lago Toleri, cuentan con especies raras, cocodri
los y variedades de pájaros.
En la gastronomía ternateña destaca el cangrejo Ketam Kenari, especie
que pesa más de medio kilo por unidad y que se alimenta de cocos. Hoy día
se crían en una plantación de cocoteros en la vecina Halmahera y se envían a
Ternate enuna de las numerosas barcas que pululan por los estrechos y que
hace el recorrido en una media hora. Se trata sin lugar a dudas de la especia
lidad de Ternate, que es servida en los restaurantes de la localidad.
La ciudad cuenta con seis restaurantes discretos, en los que además del
Ketam Kenari, sirven platos indonesios y chinos. De entre ellos destacan el
Pondok Gede y el Siola. En este último está previsto servir la cena del día 30.
Ternate dispone además de una aceptable red de hoteles, alrededor de
una quincena, de mínima capacidad —en torno a las 10 ó 12 habitaciones—
sin lujos pero limpios y hoy por hoy suficientes para la acogida de un turismo
muy minoritario.
Un pequeño aeropuerto comunica la isla con Ambón y Manado. El tráfico
lo realiza un C-212, tres veces por semana. El tráfico naval es de mayor inten
sidad obviamente, y el transporte de pasajeros está cubierto por la línea Pan
Marine 2, con un servicio entre Manado, Sulawesi (Célebes), Ternate, archi
piélago de Sual y Ambón, además de otros barcos de pasajeros y cargueros
que llevan pasaje a bordo. La comunicación con Tidore la efectúa un «ferry»
que realiza la travesía entre Kayumerah y Rum en unos 15 ó 20 minutos. Es
constante el movimiento de pequeños botes entre Ternate, Tidore y las islas
vecinas de Mare, Moti y Makian.
La ciudad, en fin, dispone de un par de bancos para operaciones comercia
les, una oficina de turismo, un club de submarinismo y poco más.
La presencia española
De los diversos fuertes que existen en Ternate, al menos tres de ellos están
fuertemente vinculados a la presencia española en la misma; el fuerte Gam
malamma o fuerte de Nuestra Señora del Rosario, el fuerte de San Pedro y
San Pablo y el antiguo fuerte Malayo o fuerte Oranje, que fue uno de los
mayores puntos de choque entre españoles y holandeses. Existen otros dos de
construcción y control portugués, como son el Tolluco, al que fuentes indone
sias atribuyen su origen hacia 1512, durante la presencia del gobernador gene
ral don Pedro Serrao —y, por tanto, la edificación sería coetánea de la visita
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de Elcano—, ye! fuerte Santa Lucía o Kayu Merah, levantado en 1518, según
las mismas fuentes, y que se encuentra frente a la isla de Tidore. A la vista de
las fechas, ambos serían contemporáneos de la visita de Elcano. Sin embargo,
Pigafetta, que iba a bordo de la Victoria y que fue el cronista de la expedición,
nada dice sobre los fuertes de Ternate, que, sin duda, no hubieran pasado
desapercibidos en la detallada descripción sobre las islas que ha llegado hasta
nuestros días. Por otro lado, la obra monumental de ambos fuertes no es fácil
imaginarla en los pocos años que separan el asentamiento inicial de los portu
gueses en Ternate y la llegada de Elcano con Pigafetta como atento testigo.
Por esas razones deben aceptarse con reservas las fechas señaladas.
El fuerte Gammalarnma o fuerte de Nuestra Senhora del Rosario
Gammalamrna esel origen de Ternate. Allí radicaba el palacio del sultán,
la ciudad y el harén. Las primeras noticias de su existencia aparecen ya con
uno de los primeros expedicionarios portugueses en 1522,el capitán de Brito.
De Brito fue autorizado a construir un castillo —en la amplia acepción del tér
mino de entonces, es decir, almacén, cuadra, factoría, dormitorio y forta
leza—en las proximidades ala ciudad de Gammalamma, donde residía el su!
tán Bolief. El castillo de piedra portugués poco a poco fue levantándose. No
a lo largo de los meses, sino a lo largo de las décadas,
La fortaleza fue sucesivamente gobernada por los portugueses hasta su
expulsión y objeto de luchas e intrigas que no vamos a reseñar.
En 1575 los lusitanos son expulsados de Ternate. Se establecen en Tidore
en 1578, y dos años después se produce la unión peninsular bajo Felipe II. A
partir de ese mismo año se envían expediciones desde Filipinas para reiniciar
el asentamiento en Tidore y conquistar Ternate.
En esa época se inicia la penetración holandesa en Ternate y se fragua la
alianza entre los emisarios de la compañía holandesa V.O.C. (Vereenigde
Oostindische Compagnie) y el sultán de Tidore.
En 1593 la armada de Desmariñas es traicionada por los remeros chinos,
que apuñalan a la tripulación durante la noche, y la conquista de Ternate fracasa.
En 1606, ya bajo el reinado de Felipe III, don Pedro de Acuña, goberna
dor general de Filipinas, arma una flota de «cinco navíos, cüatro galeras, tres
galeotes, cuatro sampanes, tres funeas, dos gabarras inglesas, dos berganti
nes, trece fragatas y una barcaza para el transporte de la artillería», con un
total de 1.300 españoles, 400 soldados filipinos y 649 remeros de esta naciona
lidad. El 26 de marzo se concentran en la bahía de Talangame, frente a Terna
te. Desembarcan en Tidore, donde reciben ayuda del sultán, quien propor
cina una flota de kora-kora, y al amanecer del 1 de abril se disponen a realizar
el desembarco.
Don Pedro divide sus fuerzas en dos columnas para converger sobre el
recientemente construido fuerte de San Pedro y San Pablo. Los ternateños,
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a pesar de estar bien dotadosde cañones, se deciden por el cuerpo a cuerpo.
Lós españoles les superan y a mediodía el reducto se rinde. Tras ello, don
Pedro se dirige al fuerte Gammalamma, cuartel general y residencia del sul
tán Said, nieto de Hairún, que es quien había expulsado a los portugueses
de Temate. Said huye antes de que las tropas de Aéuña lleguen al Gamma
lamma. Cuando éstos llegan arremeten contra las posiciones fortificadas
tomando las piezas, y capturan la factoría holandesa, en la que encuentran
dos mil ducados, grandes depósitos de clavo y numerosas mercaderías.
El sultán Said aceptó regresar a Ternate cuando supo que los españolés le
respetarían la vida si se rendía y reconocía la soberanía española sobre el sul
tanto. En efecto, el 10 de abril de 1606, en el gran salón del fuerte de Gam
malamma, los españoles y ternateños sancionaron formalmente la paz con la
firma de un tratado. El Sultán y su familia juraron lealtad al rey Felipe III. De
esta manera, Ternate y Tidore quedaban bajo soberanía española. Don
Pedro de Acuña, cumplida su misión, regresó a Manila en el mes de mayo.
Durante los meses sucesivos se levantaron puestos fortificados y guarni
ciones en las pequeñas islas vecinas de Moti, Batjan y Makian; en Tidore
reconstruyeron el castillo (e1 fuerte Tsjobbe o el fuerte Torre?), que albergó
una guarnición de 100 hombres; el fuerte de San Pedro y San Pablo albergó a
otros 200 soldados, y el Gammalamma fue ampliado, acogiendo a cerca de
100 familias de portugueses, mestizos portugueses y españoles.
Las últimas reformas de los fuertes de San Pedro y San Pablo, Gamma
lamma, en Ternate, ylos que aún perduran en Tidore, pertenecen, por tanto,
a este período de control español de las dos islas y del norte de las Molucas.
Era el año del dominio total, 1606.
Pero los holandeses no estaban inactivos. Alianzas con los ternateños y el
sultán de Jailolo fueron negociadas por el capitán L’Hermite quien con una
fuerza aúxiliar de 100 kora-kora y soldados holandeses inició razzias contra
las guarniciones españolas de la isla de Matian, intentando luego un desem
barco en Ternate del que salió escarmentado. Lo intentó nuevamente consi
guiendo una base en el antiguo fuerte Malayo, abandonado por los portugue
ses. Los holandeses reconstruyeron el fuerte y lo pusieron en estado de defen
sa.
Dejamos aquí la historia del fuerte Gammalamma, que puede visitarse sin
mayores dificultades. Se encuentra en la carretera, próximo al poblado de
Kastela o Kastiel. En su interior —en ruinas— aún se aprecian los muros y
parte de la torre central que conserva la fisonomía definitiva después de ser
reparado por los españoles y portugueses.
Fuerte Malayo o fuerte Oranje
Se trata del que reconstruyó el capitán L’Hermite. Está situado en el cen
tro de la moderna Ternate. Hoy día lo ocupa la policía local y es el único que
presenta ciertas condiciones de habitabilidad.
El fuerte fue sitiado en 1606por las fuerzas españolas que se acuartelaban
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en el Gammalamma. La batalla del fuerte Malayo, ocurrida durante el mes de
junio de 1606 tuvo lugar entre los 250 sitiadores y cerca de 140 holandeses y
ternateños al mando de L’Hermite. La fortaleza no pudo ser tomada y ello
animó a las fuerzas holandesas a extender su acción sobre Ternate y Tidore.
Las expediciones de los almirantes Caerden (1608), Wittert (1609) y la de
Hoen (1609) contra Tidore, son pruebas de ello.
Fuerte de San Pedro y San Pablo
Algunas fuentes consideran que este baluarte fue el que comenzó a cons
truir el gobernador general portugués don Antonio de Brito en 1522. Otros
por el contrario creen que el que Brito levantó estaría más cerca de Gamma
lamma y que incluso el almacén original de Brito fue el origen del fuerte Gam
malamma. De acuerdo con las tesis mejor fundadas el fuerte ya estaba en pie
durante el reinado del sultán Hairun, quien fue asesinado en ese mismo casti
llo por el portugués Antonio Pimentel en 1570. Ello dio lugar a una guerra de
cinco años, que terminó con la derrota portuguesa y su expulsión de Ternate
en 1575.
Ya hemos visto también como el castillo fue asaltado y ocupado posterior
mente por las fuerzas españolas de don Pedro de Acuña en 1606.
El castillo está situado entre los poblados Taman Riu y Fitu, en la carre
tera de Ternate a Gammalamma. Su posición, vigilando Tidore, habla por sí
sola.
Se conservan los muros exteriores, pero no se puede acceder al interior,
que no se divisa desde la carretera. La entrada tampoco es visible desde los
otros muros y la vegetación, los desniveles y los reptiles, aconsejan observa
ción prudente desde la carretera.
Fuerte Tolluco o Toloco
Se trata de un fuerte portugués. En éste no existen indicios de presencia
española. Atribuida su construcción a Francisco Serrao (1512), ya he indi
cado mis dudas al respecto. La buena conservación del mismo no hace más
que confirmar su construcción posterior a esa fecha.
Está situado a la salida de Ternate en dirección al aeropuerto, la opuesta
a Gammalamma.
Fuerte Santa Lucía
Por último, el fuerte Santa Lucía, o «el bastión», recuerda la presencia
portuguesa en Ternate. El fuerte no llegó a terminarse y hoy las aguas de la
bahía de Talangame penetran entre sus muros.
Puede accederse a su interior desde el que se divisa la vecina Tidore.
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LAS ISLAS DE TIDORE Y TERNA TE EN EL RECUERDO HISTÓRICO ESPAÑOL
En torno a este punto podría situarse e’ primer fondeo de Elcano, el 6 de
noviembre, antes de dirigirse a Tidore, aunque Pigafetta no lo describe sufi
cientemente como para asegurarlo.
En Tidore también puede contemplarse el Palacio del Sultán (construido
en 1610) y su museo. Una desafortunada restauración en 1974ha quitado toda
la gracia al edificio, más parecido ahora a una residencia de montaña que al
palacio de un sultán. El Museo despliega varios objetos de arte, entre ellos
porcelana china, plata, objetos portugueses del siglo XVI, lámparas ornamen
tales, trajes de ceremonial de los sultanes y armas.
Todavía el Sultán acude a algunas ceremonias acompañado de sus guar
dias (suseba) y de sus soldados, que curiosamente —,otra reminiscencia his
pano-portuguesa?—- se denominan bala.
En cuanto al folklore (ya hemos hablado de la danza del «cakalele»), la
danza cortesana llamada Legu recuerda pasadas épocas, acompañadas por
canciones que rememoran al Sultán las obligaciones que tiene con su pueblo.
Otra de ellas, la Dadansa (de n evo etimologías familiares para nosotros), se
ejecuta en presencia del Sultán cuando éste recibe a invitados oficiales. Anti
guamente era una danza de bienvenida a los guerreros tras el combate. En los
trajes de los danzantes pueden observarse reminiscencias portuguesas. Estas,
junto con vocablos españoles, abundan en el idioma malayo, pero los dialec
tos locales recogen muchas otras que se van haciendo más frecuentes a
medida que uno se aproxima a tierras donde la presencia portuguesa y espa
ñola se mantuvo durante siglos.
Algunas tienen su origen en instrumentos desconocidos antes de la llegada
de españoles y portugueses, y se adoptaron inmediatamente y aún perduran:
dadu (dado), garpo (del portugués garfu = tenedor), Kantin (cantina), kase
rol, lentera (linterna), tinta, martil (martillo). Yen Flores, Manado o Ambón
y en el resto de las Molucas, son significativas las de origen militar: kapiten,
Kapseti (capacete), banda, kabal (caballo), aldjanti (ayudante), fila, guarda,
kapa, semor (sargento mayor), punta (apuntar), fogo, bendera (bandera),
armada, ronda, serdadu (soldado), kastil (castillo), kereta (carreta)... y
otras.
En síntesis, Tidore y Ternate, islas donde la presencia de España puede
aún palparse en los vestigios de las fortificaciones, en las tradiciones del fol
klore yen las etimologías de muchos términos de su vocabulario, constituyen,
sin duda, lugares de enorme interés no sólo para el historiádor sino para todos
los españoles que discurran por estas latitudes. El turismo, poco desarrollado
aún en estas islas, no ha permitido hasta el momento la difusión de nuestra
lejana presencia. Estoy convencido de que la visita del buque-escuela Juan
Sebastián de Elcano, cuyo nombre está tan íntimamente vinculado a estas
islas, servirá tanto de recuerdo renovado del pasado de nuestra Armada en
ellas, como de portavoz del testimonio de nuestro pasado en España.
Año 1994
CAMBIOS SUBSTANCIALES EN
EL CONCEPTO DE LA GUERRA
DURANTE EL SIGLO XVI
Federico Fernando DE BORDEJÉ MORENCOS
Contralmirante
Un factor que hace su aparición en la Edad Moderna se relaciona con la
complejidad política de Europa y la íntima interdependencia de las relaciones
entre sus estados, puesto que las guerras del siglo xv habían sido en cierto
modo conflictos aislados. Mientras los Reyes Católicos daban su fin a la
Reconquista y franceses e ingleses dirimían sus diferencias sin sufrir interfe
rencias externas, por su parte, Alemania y Hungría lanzaban una cruzada
contra los husitas, en tanto que los turcos encontraban la oportunidad de
colocarse en la retaguardia de Europa con la conquista de Constantinopla,
totalmente olvidada por Occidente.
Pero tan pronto como Maquiavelo escribe su obra El Príncipe, sus teorías
se convierten en realidades. Francia invade Italia en 1494 e involucra en su
acción, no sólo a las ciudades-estados de aquella península, sino a España, al
Papado y al Imperio, propagándose la querella en pocos años hasta los confi
nes del Viejo Continente, pues muy pronto Inglaterra ylos sultanes contrae
rán alianzas con alguno de los príncipes beligerantes entrando en el juego
político europeo.
Con la llegada al trono de España de Carlos 1, la guerra va a intentar libe
rarse de todas sus ataduras convencionales que hasta allí la habían condicio
nado, reforzando su papel de instrumento de la política, una política que tra
tará de abarcar y controlar al mundo entero y que inicialmente iba a girar en
torno al conflicto franco-español, que se abre en 1495 con la conquista de
Nápoles por Carlos VIII de Francia.
Dentro del escenario internacional, en 1512la guerra encontrará en Selím 1
un soberano con pretensiones universales que no dudará en mover sus ejérci
tos, a la vez, en Oriente y contra Occidente, puesto que después de haber
doblegado a sus enemigos en el Este, con la conquista de Siria, Arabia y Egip
to, volverá, sus miradas hacia Europa, constituyendo la línea fronteriza turca,
que se extendía desde Bosnia a Bengasi pasando por el Bósforo, una seria
amenaza para la cristiandad, tanto por tierra como por mar.
Por su lado, Venecia, que en el siglo anterior se había aprovechado de sus
pactos con los sultanes para extender su área de influencia hacia el Este, más
allá de los límites naturales de Occidente, se verá obligada a replegarse sobre
sí misma, iniciando su declive como potencia marítima, lo mismo que Géno
va, en tanto que el emperador Maximiliano, en los umbrales de su muerte,
asistirá a esa acelerada evolución, no escapándosele los peligros que van a
pesar sobre su Casa y Europa, estimando que heredando la corona imperial
su nieto Carlos, éste podría asumir la defensa de Alemania y de Occidente.
Año
1994
FEDERICO FERNANDO DE BORDEJÉ Y MORENCOS
Más al sur, Francia, a pesar de verse sometida en cierto modo a un cerco,
podrá todavía disfrutar de su excelente posición central y enfrentarse a Carlos 1
bien sola o como alidada del turco, razones y circunstancias que abrirán una
guerra en dos frentes y que se convertirá en el elemento dominante de la polí
tica imperial, habiendo perdido ya la idea de cruzada todo sentido. Finalmen
te, Inglaterra practicará durante un cierto número de años una política de
espléndido aislamiento y los ducados de Polonia y Moscú proseguirán la
mayor parte del siglo sumidos aún en las tinieblas y olvido.
Pero Carlos 1 no hubiera podido conducir sus líneas de acción política de
no haber accedido al trono de España, país de reciente unidad que acababa
de salir de una situación de retraimiento que favorecía su seudoinsularidad y
que iba a permitir al emperador explotar todas las ventajas que confería a la
Península la geografía, como bastión avanzado sobre el Atlántico, de control
del Mediterráneo Occidental y de flanqueo y retaguardia con respecto a
Europa. La ocasión se le presentaba propicia, pues establecida la unidad, con
responsabilidades en Italia, en marcha la colonización del Nuevo Mundo y
con el prestigio que le confería la corona imperial, había ascendido España a
la categoría de priméra potencia del mundo de la época, que no debería man
tenerse por la fuerza de las armas si Carlos ¡ lograba crear un «Imperium
Mundi» católico, en el que Alemania debía desempeñar un papel fundamen
tal al servicio de Su Majestad hispánica, puesto que por su excéntrica posición
le era difícil a España afirmarse por sí sola en el continente con las mismas
ventajas que disfrutaba una potencia central.
Dos años después de haber sido proclamado emperador y dentro de su
designio político, Carlos 1 se sintió lo suficientemente fuerte y libre de com
promisos como para reiniciar la lucha en Italia, que entre 1496y 1516 habían
mantenido sus abuelos maternos en el mismo escenario y contra el mismo
adversario, conflicto en el que buscará doblegar a Francia y luego extender su
dominio e influencia por todo el ámbito mediterráneo, antes de que los oto
manos sean capaces de perforar la línea exterior que protegía a la Cristian
dad.
Ese largo conflicto entre dos países vecinos transformará el mosaico polí
tico italiano, convirtiéndolo en un enorme tablero de ajedrez en el que se for
jarán y liquidarán alianzas y coaliciones, convirtiéndose las guerras de Italia
en un crisol del arte militar, todavía empírico y multiforme, afrontándose,
fusionándose, surgiendo y conjugándose tácticas diferentes y alejadas de las
practicadas hasta esos momentos.
Será una lucha sin cuartel conducida en el interior de los territorios que
para Carlos 1 debían constituir el nuevo sistema de estados europeos y que,
en teoría, debería finalizar cuando una de las dos naciones, Francia o España,
hubiera logrado adquirir una ventaja decisiva sobre la otra o establecerse un
equilibrio que garantizase, tanto a esos países como al resto, unas relaciones
de buena vecindad que permitiera al conjunto vivir un futuro en paz.
Para Carlos 1 la guerra será el factor predominante de su reinado y a ella
recurrirá cuantas veces lo exija su finalidad política aunque, eso sí, desenca
42
45
CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
denándola cuando le parezca más propicia y si bien no fue un monarca con
una especial inclinación por los enfrentamientos armados, si sabrá apreciarlos
en su justa medida y valor como instrumento para alcanzar sus objetivos, por
lo que se servirá de ellos con frecuencia. Cuando en 1521, rodeado del presti
gio que le confería su casa, su origen y su situación marcha a Italia, no será con
la intención de afianzar la posesión del Milanesado, conquistado por Fran
cisco 1 en 1515, tras la victoria de Marignano, sino, más bien, la de asegurar
y restaurar un Occidente, tal como lo concebía y hecho a su medida.
Las guerrasde Italia con Carlos 1
No trataremos de describir las guerras que Carlos 1 debió mantener
durante cerca de veinticinco años, soberano de un mundo de dimensiones en
cierto modo desconcertantes para la época, puesto que se confunden o inte
gran íntimamente con su política.
En 1521, la llegada a Milán del príncipe italiano Próspero Colonna al
servicio de España motivó,una vez más, la alianza de Francia y Venecia, sur
giendo en un segundo plano un Pontífice que continuamente moverá los hilos
de una situación muy compleja pero que, como soberano de un estado tempo
ral, le conviene que exista.
Uno de los contendientes, como Señor de España y de las Dos Sicilias, de
Luxemburgo, Borgoña y el Franco Condado, heredero de los Países Bajos y
emperador de Alemania, Austria, Tirol y Estiria, reunía en sus manos una
serie de fuerzas heterogéneas y dispersas en el espacio, como jamás había
logrado el propio Carlomagno. Por su parte, Francisco 1, después de haber
finalizado su conflicto con los cantones helvéticos por decisión unilateral de
estos y no sin antes haber puesto a su disposición sus mercenarios, estimaba
ser otro príncipe extremadamente poderoso y, por ello, capaz de asumir el
conflicto con grandes probabilidades de éxito, monarca con una clara voca
ción para solventar los problemas a través de la guerra y, en esos momentos,
deseoso de alcanzar una victoria sobre su secular enemigo, España, creyendo
que ahora se le presentaba la ocasión.
La campaña que se inicia en.1521 se anunciaba difícil y, desde luego, des
cansaba en la habilidad maniobrera de los capitanes del emperador, que
habían superado la táctica imperante a finales del siglo xv y comienzos del xvi,
pues de aplicar ahora aquellas normas, demasiado estáticas, sus acciones se
hubieran mostrado insuficientes si se pretendía con ellas alcanzar una deci
sión. Por sus marchas y continuos cambios de posición, Próspero Colonna
acabó por arrebatar tanto terreno a la coalición franco-veneciana que les fue
imposible a éstos lograr la concentración de sus fuerzas, dando la guerra por
perdida, y mientras Milán caía sin combate en manos del emperador, Fran
cisco 1, no resignándose a verse derrotado, levantaba otro ejército a las órde
nes de Lautrec con la orden de reconquistar Milán.
Lautrec maniobró sin contratiempos pero sin conseguir que, esta vez,
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Colonna abandonase una estrategia defensiva, por lo cual aquel se vio forza
do, contra lo que le dictaban sus conocimientos militares, a atacar el 23 de
agosto de 1522 no lejos de Milán, en Bicoque, acción que respondía más a un
deseo de sus mercenarios suizos, quienes le reclamaban a toda costa entrar en
combate, que a un correcto estudio de la situación. Por tanto, fue una batalla
provocada por los propios mercenarios pero sin responder a la evolución nor
mal del conflicto ni a un plan de operaciones viable y preconcebido.
A propósito de los mercenarios, factor negativo y muy abundante en
ambos bandos, debe señalarse que éstos imponían sus propósitos puesto que
sus contratos eran limitados en el tiempo y basados en el botín tomado, por
lo que de no escucharles, pensaban que no tenía entonces ningún sentido ser
vir en un ejército que no les ofrecía beneficios cuando, por el contrario, fre
cuentemente pagaban su servicio con su propia vida.
De ahí que deba decirse que los franceses sufrieron una crisis de mando y
de autoridad, al ceder Lautrec a aquellos requerimientos o imposiciones,
ordenando atacar las líneas españolas mientras Colonna decidía no variar su
actitud defensiva, inspirándose en el principio de la guerra que prescribe que
«esperar un ataque es la mejor forma de economizar fuerzas», persuadido de
que la defensiva era el método de combate más idóneo en ese momento si no
pretendía, como así era, alcanzar un objetivo físico predeterminado. Sin
duda, esa táctica española implicaba una cierta renunciación pero,como se
demostraría en el encuentro, Colonna sufrió ligeras pérdidas en tanto que su
adversario veía aumentar las suyas, renunciación que en determinadas cir
cunstancias se olvidaba si, como en este caso, se alcanzaba una resonante vic
toria, consecuencia del repliegue de los suizos a sus posiciones iniciales y deci
dir Lautrec no proseguir la batalla e iniciar la retirada. De ahí que pueda
decirse que fue en Bicoque cuando los suizos se encontraron en inferioridad
de condiciones ante una infantería dotada de su mismo armamento.
A pesar de ese revés, Francisco 1 no consideró perdida la guerra y en el
mismo momento en que los turcos se aproximaban a tierras de los Habsburgo,
el rey francés estimó que era el momento de volver a intentar conquistar la
Lombardía.
Por su parte, Carlos 1, desde la primavera de 1521tenía necesidad de obte
ner una victoria en el frente oriental del continente si deseaba reforzar aún
más su autoridad, dado que en ese año Solimán II, sucesor de Selím 1, se
había apoderado de Belgrado, posición clave para dominar los Balkanes y de
partida para ejercer una fuerte presión sobre Hungría y Estiria, encontrán
dose Austria asimismo amenazada, sultán que al año siguiente se asentaría
en Rodas, expulsando a los Caballeros Hospitalarios de San Juan, para pasar
a control turco el tráfico comercial veneciano y genovés con el Próximo
Oriente.
Puesto que los húngaros eran incapaces por sí solos de resistir dicha pre
sión musulmana, Carlos 1 confió la protección de esa tierra y del resto de los
estados de los Habsburgo a su hermano Fernando, casándolo en 1522 con
Ana de Hungría. Sin duda alguna, ante los derechos que podría hacer valer
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CAMBIOS SUBSTANCIALES
EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
el esposo de Ana de Hungría sobre este reino y sobre la corona de Bohemia,
y si recordamos que ya presidía el Consejo de Regencia en Alemania y el
emperador le había asignado los dominios hereditarios de los Habsburgo,
naciendo así la rama austríaca de esa Casa, dichas medidas de carácter dinás
tico tenían gran valor para Carlos 1, que sentía que Alemania podía verse
amenazada simultáneamente por Francia en el Oeste y por Solimán en el
Este.
Cuando nuevamente Francisco 1 reanudó las operaciones, el Emperador
renunció a librar una batalla decisiva que, paradójicamente, tampoco busca
ría el monarca francés, porque ambos rivales reconocían que las campañas
lejos de las bases metropolitanas terminaban por costar más de lo que con
ellas se lograba, razón de que durante dos años de enfrentamiento Carlos 1
sólo intentase explotar políticamente a la coalición, maniobrando para atraer
a su órbita a Génova, mientras que el francés dirigía sus miradas a los otoma
nos. De ahí que aunque Lombardía y el Piamonte se convirtieron en teatros
de operaciones, fueron muy raros los encuentros armados de cierta entidad,
destacando únicamente la entrada del Condestable de Borbón, al servicio del
emperador, en la Provenza, con el fin de llevar las operaciones al propio suelo
francés. La decisión llegó cuando erróneamente Francisco 1 determinó en
noviembre de 1524 sitiar Pavía, defendida por Antonio de Leyva, aprestán
dose el Marqués de Pescara, sucesor de Colonna, a levantar el asedio, hacién
dose ahora inevitable la batalla decisiva puesto que el mando español, ante las
dificultades que sufría para poder pagar a sus mercenarios y, por ello, teme
roso de ver disgregarse su ejército, empujado a ceder la plaza y retirarse, no
vio otro camino que presentar combate.
Como se advertirá, no fue el mando el que provocó, la crisis y la batalla,
sino una circunstancia muy particular, volviéndose a repetir lo sucedido a
Lautrec en Bicoque pero, con la gran suerte, de conseguir la victoria y así sos
layar lo que fue una nueva crisis de autoridad.
Es bien conocido que el rey francés fue hecho prisionero en ese encuentro,
que perdió la Lombardía y la Provenza y pudo de nuevo Borgoña recuperar
su independencia. Además, el citado monarca, encerrado en la Torre de los
Lujanes de Madrid, firmó una serie de concesiones que como pronto se
demostraría no pasarían de ser papel mojado, algo lógico, si pretendía el
emperador excluir a Francia del sistema de estados europeos, volviendo dos
años más tarde a ignorar lo firmado y aprestarse para iniciar otra contienda.
Si el primer período de hostilidades comprendió de 1521 a 1525,los próxi
mos enfrentamientos entre ambos adversarios se desarrollarían entre 1527 y
1529, seguidos de otro conflicto entre 1536 y 1538y un cuarto que se extende
ría de 1542 a 1544, sin que en ninguno de dichos períodos se vuelva a dar uña
batalla de carácter decisivo, como fue la de Pavía. Una constante común a los
cuatro enfrentamientos se relaciona con el escaso protagonismo que en ellos
tuvo la mar y, por tanto, la ausencia de verdaderos combates navales, que
ciertos historiadores de ambos países, incluso en nuestros propios días, han
pretendido inflar, justificar y ensalzar como si se hubiera tratado de grandes
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batallas navales. Ese fue el caso del de Rapallo en 1494;el de Génova en 1512;
el de Cabo D’Orso y Prevesa en 1528 o el del bloqueo de Marsella en 1536,
llevado a cabo por un Andrea Doria ya español, que fueron las operaciones
navales más importantes que se desarrollaron en la primera mitad del si
glo xvi. Realmente no pasaron de ser acciones de escasa entidad y sin tener
un gran impacto en las operaciones terrestres. Ello se debía a que las fuerzas
navales de los contendientes eran excesivamente reducidas y contaban poco
en los planteamientos estratégicos, en los que la decisión se daba y obtenía en
la tierra, pues aunque en ciertos momentos, como en las expediciones a
Túnez y Argel, se nos citan los cientos de naves que intervinieron y su estruc
tura orgánica y operativa, su papel se limitó a ser meros transportes de fuerzas
embarcadas.
Bicoque y Pavía demostraron que la táctica y hasta los mandos no eran
dueños de sus propias decisiones si un ejército dependía de los contratos de
sus mercenarios. Esa es la razón de que ambos contendientes se vieran empu
jados a tener en cuenta una serie de factores, incluso, no militares, como eran
las diferencias religiosas dentro de un mismo ejército, su procedencia étnica
y hasta su humor, en otras palabras, debían tener presente al iniciar una cam
paña, tanto la situación estratégica como la moral de las fuerzas, lo que se tra
ducía en largas y penosas guerras de movimiento para encontrar en pueblos
y villas visitados el ansiado botín, por lo que puede afirmarse que era la solda
desca la que mediatizaba la conducción de las operaciones.
Esa constante se dio en la guerra de 1527-1529, que se caracterizó por la
existencia de un dinamismo degenerado, siendo Frundsberg su primera víc
tima cuando se sublevaron sus lansquenetes y sabotearon la campaña de 1527.
Otra víctima fue el Condestable de Borbón cuando entró en Roma al frente
de una banda de fanáticos deseosos únicamente de consagrarse al pillaje y
robo, ilustrando el llamado «saco de Roma» ese desorden en el campo mili
tar, saqueo en el que murió el propio Condestable, según se dice, por un
disparo efectuado por el famoso Benvenuto Cellini, conquista que tendía a
castigar al papa Clemente VII por haber constituido contra España la Liga
Clementina, en la que figuraba Francia.
Dentro de ese conflicto en su segunda fase, cuando Lautrec entró de
nuevo en Italia para «liberar a la Iglesia», obligó al sucesor del Condestable,
el Príncipe de Orange, a refugiarse en Nápoles, ciudad que quedó cercada por
tierra y mar, asistiéndose a la formación y liquidación de alianzas, lo que pare
cía demostrar que era imposible establecer una coalición sólida y permanen
te. Si se tiene en cuenta su favorable posición, no se comprende como Saluzo,
sucedor de Lautrec, abandonó Nápoles cuando, además, un encuentro naval
en sus aguas dio su control a la flota franco-veneciana. Sin duda, así lo decidió
para apoyar a su compañero el Conde de Saint Pol quien, por otra parte, se
veía sitiado por el general Landriano, resultados que indujeron a Francisco 1
a abandonar la partida después de haber agotado, por segunda vez, todos sus
medios disponibles, aviniéndose a rubricar la paz de las Damas o de Cambrai,
en virtud de la cual los franceses dejaban Italia, cedían al Emperador Flandes
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
y Artois y reconocían sus derechos sobre Borgoña, aunque, como siempre,
era una renunciación que Francisco 1 no consideraba eterna, siendo digno de
mencionar el paso al servicio del emperador de Andrea Doria, almirante que
se negaba a seguir las órdenes de Francia.
No obstante, ese conflicto se vio influenciado por factores externos pues,
aunque Inglaterra no había decidido todavía implicarse abiertamente en el
confuso panorama continental, sí esperaba obtener ciertos beneficios como
aliada de Carlos 1, mientras que Solimán se encontraba ya a las puertas de
Viena, al haber derrotado el 29 de agosto de 1526 a Luis de Hungría en la
batalla de Mohacs.
De repente, el peligro otomano sobre Europa se convertía en una ame
naza real, riesgo que se manifestaba mediante un perfecto dominio del arte
militar, lo que sorprendió a los estados occidentales. Una vez más la ventaja
debía pertenecer a quienes hiciesen prueba de una mayor movilidad, ataca
sen con mayor ímpetu y ardor y dispusiesen de un mando firme y tenaz, lle
gándose a la conclusión, en Occidente, que mientras el imperio erigido a ori
llas del Bósforo se considerase a sí mismo como un estado militar que vivía de
sus conquistas, no era posible rivalizar con él. Quizá hubiera sido factible si
Austria, que debía asumir la defensa de la frontera oriental de la Cristiandad,
hubiera inventado o practicado una táctica especialmente concebida a hacer
frente a ese adversario y hubiera enviado la totalidad de sus fuerzas hacia
aquella frontera. Al no ser así, Europa volvía a enfrentarse con idéntico peli
gro al que había sentido con la llegada de Atila y Gengis Khan.
Sin duda alguna, los turcos eran los herederos militares de la técnica orien
tal y habían sabido aprovechar las experiencias de otros, principalmente de
los bizantinos. Sus ejércitos se habían familiarizado con el manejo de todas las
armas y habían creado entre ellas una ligazón en la que la maniobra táctica y
hasta estratégica brillaba con máximo esplendor.
Occidente parecía desconocer que los otomanos disponían de una infan
tería que, tanto en el ataque como en la guerra de posiciones, tanto con armas
de fuego como con armas blancas, era capaz de alcanzar una perfección simi
lar a la de los jenízaros, o que su artillería había sobrepasado la fase de los
tiros de eficacia, que una vez iniciada la batalla perdían todo su valór, para
hacer fuego ahora disparando desde reductos naturales o preparados o desde
espacios abiertos cada vez que el objetivo valía la pena y sin importar al
mando el que sus propios hombres sufrieran sus efectos. Pero el elemento
esencial de la táctica turca residía en el asalto masivo, desencadenado con tal
impetuosidad, que solamente una defensa decidida, disciplinada y muy
cerrada parecía capaz de hacerle frente y, dependiendo de la suerte o de deci
siones erróneas del enemigo, ser capaz de mantener sus líneas defensivas.
Ante Viena los efectivos otomanos ascendían a unos 300.000 hombres
mientras los imperiales, que por una vez y por poco tiempo olvidaron sus que
rellas, incluso, religiosas, puesto que Martín Lutero exhorto a los protestan
tes alemanes a prestar sincera ayuda, ascendían a 65.000 infantes y 11.000
caballos. Al frente de las tropas figuraba el propio Carlos 1, quien marchó al
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Danubio con sus mejores veteranos españoles e italianos, conjunto que se
aprestaría a defender Viena y con ella a Europa, según disponía una táctica
húngara que durante treinta años aplicaran los ejércitos imperiales.
Ella se basaba en plantear un dispositivo defensivo que debía primar
sobre la movilidad, integrándose la caballería en grupos autónomos, lo
mismo que la infantería dotada de picasy la artillería, táctica sobre la que pos
teriormente se fundamentaría la formación de los famosos Tercios que, gra
cias a un adiestramiento excepcional serían capaces de llevar a cabo movi
mientos defensivos y ofensivos de gran envergadura, para terminar siendo los
grandes señores de los campos de batalla desde la mitad del siglo XVI a la
guerra de los Treinta Años. Sería una especie de credo legionario que impreg
naba a los Tercios lo que lograría imponer una disciplina a sus hombres aun
que, eso sí, siempre que religiosamente fuesen pagados. No obstante debe
rían transcurrir algunas décadas antes de que dotados de más movilidad se
enfrentasen con éxito a formaciones compactas, iniciando una maniobra de
aproximación al adversario agrupados sobre sus banderas y marchando sobre
el centro del dispositivo enemigo para luego envolverlo por las alas y dislo
cario con sus contraataques.
En Viena, Solimán no se arriesgó a un encuentro y a cambio de una tre
menda pérdida de prestigio se mantuvo a distancia de la capital, limitándose
a arrasar la campiña y capturar villas fronterizas. Esta opción señaló el
comienzo de una fase de operaciones, en la que los asedios menores alterna
ban con incursiones y guerra de posiciones, maniobra otomana que prevale
cería hasta la muerte del sultán, treinta y dos años más tarde, durante otra
campaña en Hungría. La auténtica victoria estratégica que alcanzó el empe
rador se había logrado sin batalla, gracias al sistema táctico español que pre
sentó a los turcos un bastión defensivo demasiado formidable hasta para el
más grande de los sultanes turcos. Luego, y contrariamente a la regla históri
ca, la guerra contra el Islam por tierra adquirió un papel pasivo mientras que
el encuentro decisivo tendría lugar en la mar, unas décadas después.
Aunque se salvó Viena y Carlos 1 se reafirmó corno primer príncipe de la
Cristiandad, cuando tres años más tarde éste pasó a Africa para asegurarse en
una típica campaña colonial, que no tenía nada de cruzada, la posesión de las
costas tunecinas frente a Sicilia, el dominio turco en el Mediterráneo se había
afirmado y el sultán podía considerarse dueño del Mare Nostrum.
Sú fuerza se basaba en que todavía nadie era capaz de romper la sólida
barrera que mantenía a Occidente alejado del Extremo Oriente pues, dueños
de la mar, los otomanos controlaban los productos de la exótica Asia que sólo
llegaban a Europa si lo permitía Constantinopla. Si Occidente hubiera
podido combatir al Islam conjugando sus esfuerzos con los de los soberanos
de aquellos lejanos confines, le habría sido difícil a los sultanes mantener
dicha barrera, pues se hubieran visto amenazados por dos frentes, pero era
una perspectiva inimaginable e imposible de materializar en el siglo xvi, por
lo que Europa se veía forzada a enlazar con aquellas tierras navegando por las
derrotas recientemente abiertas por los portugueses.
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
AdemÁs, Occidente era incapaz de unirse en un solo bloque para opo
nerse a los turcos, pues había desaparecido el ideal religioso de la época de las
cruzadas para privar ahora los intereses dinásticos. Cuando Francia estable
ció una alianza con los dueños de Constantinopla, para combatir a Carlos 1,
se facilitaba a éste su penetración en el juego político europeo y en aquel
tiempo mundial, en un momento en que, paradójicamente, los ducados mos
covitas y escandinavos no habían accedido todavía y permanecían aislados y
ajenos al nuevo orden internacional que pretendía establecer el emperador.
Cuando Carlos 1 desembarca en Túnez percibe una amenaza a sus espal
das que no tardará en manifestarse, en el momento en que Francisco 1
renueve por tierra y mar y de acuerdo con Solimán la lucha contra el imperio
español, volviendo a ser Italia el objetivo.
El encontrarse cualquier soberano siempre dispuesto a combatir será uno
de los rasgos dominantes en ese siglo que, por otro lado, repudiará los trata
dos por inservibles. De ahí que cuanto acontezca o se emprenda revista el
carácter de conflicto armado, sin que ningún problema, litigio o tensión
parezca escapar a la espada, luchas por el poder y por el ideal religioso, éste
en ciertos casos como tapadera de los verdaderos objetivos, que surgen por
doquier, ofreciéndose como única solución para lograr los fines políticos, la
guerra.
El nuevo conflicto, más encarnizado y devastador y que no se verá cons
treñido por ningún escrúpulo, no revelará ningún nuevo principio táctico o
estratégico, mostrándose ambos contendientes hábiles en sacar el mayor pro
vecho posible de los métodos de combate hasta allí practicados.
En constraste con los conflictos anteriores, este tercer enfrentamiento
franco-español, desarrollado entre 1536 y 1538, además de poner en movi
miento a toda Europa verá ampliar los teatros de operaciones, guerra que,
como en las anteriores, asolará el norte de Italia y en la que Francisco 1, aun
que volverá a tomar la iniciativa, consquistará Saboya y penetrará en el Pia
monte, yerá, por enésima vez, cómo fracasa su acción ofensiva al irrumpir
Carlos 1 en la Provenza gala, combinando el movimiento con la táctica de tie
rra quemada. No obstante, esa maniobra de diversión desgastará al empera
dor, obligándole a retirarse sin haberse producido ninguna batalla decisiva,
como fue la de Pavía.
Pero la novedad radicó en que Enrique de Nassau, al servicio de España,
invadió el norte de Francia procedente de los Países Bajos, encontrándose el
monarca francés atacado por su retaguardia y flanco más desprotegido, lo que
le impedirá alcanzar su ansiado objetivo, el Milanesado, que abandonará
dejando en su retirada cuantiosas bajas. Aunque podrá rechazar la citada
invasión y hasta asediar ciertas ciudades en el Piamonte, no logrará sus metas,
siendo difícil predecir de qué lado se inclinará la victoria.
Es el momento en que Solimán invade de nuevo Hungría, en el que sus
jenízaros asolan Estiria y una flota otomana penetra en el mar Tirreno para
mostrar su pabellón en aguas bajo la soberanía española, cuando decide
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Carlos 1, a la vista de la situación, establecer un armisticio en 1538, conocido
como la Tregua de Niza.
En realidad, las hostilidades se interrumpen cuando alcanzan su punto
culminante y, esta vez, será el emperador quien abandone, tregua que pre
veíaun período de paz de diez años pero que, como en las anteriores negocia
ciones, volverá a ser vulnerada, si bien permitirá a Carlos 1 conducir una
desastrosa expedición a Argel, refugio de piratas berberiscos que perturba
ban la navegación occidental, acción que tiene lugar en 1541. Francisco ¡
aprovechará esa tregua para reafirmar su alianza con los turcos y para atraer
a su órbita a Suecia y Dinamarca, lanzándose de nuevo a la lucha en 1542,
dando comienzo la cuarta guerra franco-española.
Esta vez París ha meditado su estrategia y aunque piensa mantenerse en
Italia decide atacar también la potencia española en los Países Bajos y en
Cataluña, en este último caso no pasará de ser un intento infructuoso de apo
derarse de Perpiñán, plan que introducía un nuevo elemento en un conflicto
que se arrastraba desde hacía más de veinte años, el de atacar la base de par
tida y reducto de su oponente, la propia Península Ibérica.
Carlos 1 reaccionó alertando y poniendo en movimiento a Enrique VIII de
Inglaterra, mientras que el Duque de Guisa atacaba desde Luxemburgo y
Guasto defendía el Piamonte, al mismo tiempo que una armada franco-turca
aparecía ante Niza sin encontrar oposición alguna, revelándose la alianza
entre el monarca galo y Constantinopla tan peligrosa, que por un instante se
pensó que podía decidir el porvenir de Occidente. Pero es en ese momento
cuando surge con toda su fuerza y valor el carácter excéntrico de la Península
Ibérica, que va a suministrar al emperador las fuerzas que requiere.
Pero lo que es importante señalar, es que en esa cuarta guerra el arte de
la guerra proseguirá encorsetado haciéndose visible la necesidad de variar y
modificarse, pues los principios hasta allí dominantes, la defensa a ultranza
que prescribía la citada ordenanza húngara, unido a la táctica tradicional de
ganar las guerras mediante asedios, amagos y fintas, conducían a una total
paralización de las operaciones y de la maniobra y, ello, porque la guerra de
movimiento que se aplicaba en ciertas ocasiones seguía siendo vista con
recelo por los beligerantes. De ahí que el propio Marqués de Pescara la consi
derase como la negación de la acción táctica, en su opinión, porque expresaba
la sujeción a reglas muy estrictas, estimando que la conquista de ciudades
mediante su asedio y asalto aseguraba más el dominio del terreno que una
batalla al descubierto, que costaba demasiada sangre sin posibilidad de reem
plazar las pérdidas. Pero como por otra parte raramente se obtenían éxitos si
las plazas se veían bien fortificadas, los resultados no conducían a resolver la
situación, pudiendo afirmarse que no se perdían batallas pero tampoco se
ganaban las guerras y así éstas nunca finalizabán.
Con una sensación de impotencia y después de dos años de lucha, en 1544
la contienda se había convertido en algo desesperante, pues se trataba de una
guerra de desgaste pero mal interpretada, dado que ningún conflicto en sí ni
por principio tiene por finalidad el agotamiento de los beligerantes. Aunque
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
en nuestros días hay alguna teoría estratégica que propugna ese tipo de gue
rra, el desgaste siempre ha sido y proseguirá siendo la expresión de la incapa
cidad para golpear y romper el espíritu de resistencia del adversario y, por lo
mismo, su voluntad de lucha. Es por esto por lo que todas las guerras deben
tener por finalidad el aniquilamiento, algo que no se daba en los conflictos del
siglo xvi.
Por todo ello, a comienzos de 1544 estuvieron de acuerdo ambos conten
dientes en terminar ese permanente conflicto, de una forma o de otra. Por pri
mera vez Carlos 1 rompe con los moldes tradicionales y se plantea marchar
desde la Península Ibérica directamente sobre París, sin establecer ningún
tipo de asedio como forma de alcanzar las fuentes vitales del enemigo y su
centro de decisión política y militar, plan que refrendó Enrique VIII pero que
por una mala aplicación de la maniobra los resultados no respondieron a sus
intenciones.
De acuerdo con el plan previsto, los ingleses atacaron Boulogne sur Mer
y los españoles Luxemburgo, ignorando, unos y otros, que los franceses tam
bién habían cambiado de estrategia. Ahora preconizaban una táctica más
ofensiva, encamando esa mutuación el Duque de Enghien, quien conseguiría
algo que los franceses desconocían desde hacía décadas, alcanzar una victoria
en campo abierto, la de Cerisoles, batalla resultante de un asedio y de una
maniobra basada en el movimiento. Lo que conviene retener de este encuen
tro es que el ataque de la infantería se transformó en un combate cuerpo a
cuerpo y que en terreno descubierto la caballería, incluso, la pesada, se reveló
todavía superior a los tiradores dotados de armas de fuego.
Aunque esa victoria inclinó la campaña de Italia en favor de las armas
francesas, no modificó, por el contrario, el curso de la guerra, puesto que su
evolución no dependía de las operaciones llevadas a cabo en aquel teatro,
sino del desarrollo de la ofensiva estratégica conducida por Carlos 1 contra
París, que iba a obligar a Francisco 1 a abandonar Italia para concentrarse en
la defensa de su capital. Finalmente, tampoco se dio la batalla decisiva al ser
elmonarcagalo
consciente de que después de veinticinco años de conflictos,
éstos habían decidido la relación de fuerzas y empujaban a Francia a mante
nersç en una situación de subordinación con respecto a España. Ese reconoci
miento lo rubricaría a la paz de Crespy, firmada en aquel mismo año de 1544,
en virtud de la cual, Carlos 1 devolvía Borgoña y el rey francés prometía ayu
dar al emperador en su próxima lucha contra los protestantes germanos, al
tiempo que renunciaba a Flandes, Artois y Nápoles, en tanto que Paulo III
convocaba el Concilio de Trento a instancias del emperador.
No obstante, la alianza de París con el turco se demostró que había sido
beneficiosa para Francia, pues sólo así pudo resistir el cerco y presión que
desde todos los azimuts le impuso su adversario, quien realmente no venció
militarmente, sino que su victoria final se debió al peso y potencia de un impe
rio que todavía no había encontrado y fijado sus fronteras.
Esos cuatro conflictos pusieron de manifiesto que no eran rentables las
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campañas de ruinosas derrotas y costosos triunfos; que en Pavía las fuerzas
españolas sometieron a su adversario a una potencia de fuego de una magni
tud desconocida hasta entonces en la era de la pólvora y que aunque por ello
se ganó, la reacción que produjo iba a conducir a reemplazar el concepto de
conquista coyuntural por el de consolidación de lo que se dominaba; que no
sólo se confió en un arma, la infantería, para sostener un gran imperio, sino
que esa arma adquiriría consistencia a costa de la movilidad, al ser sustituidos
los ágiles grupos que se batieron en Pavía por Tercios agrupados; que el fuego
a discreción dejaba paso a las descargas cerradas a la orden del mando, lento
proceso que precisaría continuos relevos de tiradores para ocupar la primera
fila y, finalmente, que las fuerzas españolas actuaron en esas guerras y conti
nuarían actuando como fuerzas disuasivas, que salvaguardarían a Europa de
una nueva conquista musulmana.
Por otro lado, se puede afirmar que en lo sucesivo la guerra no se conce
birá ya como algo ajeno a la vida de los pueblos, que en el futuro, se enfrenta
rán en calidad de grandes potencias, situación que estudiará Clausewitz siglos
más tarde, para reconocer que sería erróneo extraer consecuencias única
mente sobre la guerra en sí misma, puesto que sus deducciones eran asimismo
aplicables a la política, de la cual la guerra era su instrumento. Con su máxima
«hay casos en que la mayor audacia es expresión de la mayor sabiduría»,
Clausewitz se refería al Emperador y a su política al haberse arriesgado
durante años, poniendo fin a su lucha con Francisco 1 en el momento en que
Solimán se encontraba en el vértice de su poder y amenazaba al conjunto del
mar Mediterráneo, forzando a Fernando de Austria a pagarle un tributo
anual de 30.000 ducados.
En la vertiente naval, entre 1508 y 1510, en el período de la llamada
Regencia, se conquistó el Peñón de la Gomera, Orán, Bugia y Trípoli, expe
diciones en las que los buques se limitaron, como ya mencionamos, a servir de
meros transportes de fuerzas terrestres. Con Carlos 1, el paso de Andrea
Doria a su servicio fue fundamental, disponiendo su marina en 1531 de esca
sas unidades: once galeras de España al mando de Bazán, cinco de Sicilia,
cuatro de Nápoles, más quince del propio Doria y algunas otras de Génova,
Mónaco y de la Religión de Malta.
Pero la acción naval más importante de su reinado fue la expedición a
Túnez, puerto del que en 1534 se había apoderado Barbarroja, campaña diri
gida por el propio emperador e iniciada en 1534 en la que intervinieron 400
embarcaciones muy heterogéneas, galeras, galeotas, naos, carracas, fustas,
carabelas, zabras, galeones, etc., embarcando 25.000 hombres y 2,000 caba
llos, finalizada con éxito al permitir la conquista de Túnez, Bona, Bizerta y el
fuerte de la Goleta. De signo totalmente diferente fue la empresa de Argel,
llevada a cabo en 1541 con el fin de apoderarse de aquella base logística y de
operaciones de la flota turca y nido de corsarios, al terminar destrozada la
flota de desembarco por los malos tiempos.
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DELA GUERRA DURANTE...
Las campañasde Carlos ¡ en Alemania
En sus luchas contra Francia, Carlos 1 demostró que sabía dosificar con
sumo cuidado su tiempo y sus fuerzas, siendo la mejor prueba de ello su
consagración a poner en orden Alemania tan pronto como se cerró su con
tencioso con Francisco 1. Hasta entonces fue consciente de que le había sido
preciso evitar todo conflicto con el protestantismo y los distintos príncipes
alemanes, entre otras razones porque tenía necesidad de su concurso y de las
fuerzas militares de estos para combatir a Francia y Constantinopla; pero la
paz de Crepy le había dejado las manos libres para actuar y enderezar iina
situación que se había deteriorado y actuaba en su contra, libertad de acción
que se había reforzado al establecer con el sultán en 1545, en Adrianópolis,
un armisticio.
Precisamente desde 1545 todo hacía presagiar el estallido de un conflicto
armado en Alemania, al haber sido inútiles los esfuerzos del emperador para
llegar a un acuerdo con los protestantes agrupados en la Liga de Smakalda y
decidir éstos en la Dieta de de Worms, en aquel mismo año, no asistir al Con
cilio de Trento, conflicto armado que se adivinaba como el único medio para
resolver el problema religioso por la fuerza y confirmar Carlos 1 su sueño de
dominio universal.
Pero es que, además, el Emperador estimaba que ese dominio se converti
ría en una simple influencia española en Europa si Alemania no se sometía a
la autoridad imperial y rechazaba reconocer ese imperio de carácter dinástico
y militar, pensamientos que reforzaban su idea de que la lucha era inevitable,
aunque fuera consciente de los riesgos que iba a asumir, y de que si no alcan
zaba su objetivo perdería Alemania ese preciado bastión de su imperio.
Abierto el conflicto en 1546, Carlos 1 aprovechó la desconfianza y desa
cuerdo que reinaba entre los miembros de la Liga para maniobrar a placer
entre Augsburgo e Ingolstadt, manteniéndolos en una perpetua indecisión
con su táctica de escaramuzas y tierra quemada, viéndose además favorecido
al negarse sistemáticamente los coaligados de Smakalda a aceptar la batalla y
haberse hecho con los servicios de Mauricio de Sajonia, experto maniobrero.
Conquistada Bohemia, punto de apoyo para la campaña de Alemania, y
cuando el rey Fernando y Mauricio de Sajonia amenazaron las tierras del
príncipe elector Federico de Sajonia, el ejército protestante concentrado en
Ulm se disgregó, retirándose los príncipes de Hesse y Sajonia a defender sus
posesiones y abandonadas e indefensas las ciudades de Alemania del sur, que
solicitaron la paz.
No obstante, Federico de Sajonia aún creyó poder asegurarse el triunfo,
olvidando que Carlos 1 tenía por costumbre esperar sin renunciar a su hora.
No atacándole en Eger y retirándose a Sajonia, el elector le hizo el juego que
aquel deseaba, permitiendo que el 4 de abril de 1547el Duque de Alba se pre
sentase y combatiese, siendo herido el elector cuando intentaba eludir el con
tacto que iba a desembocar en la gran batalla de Muhlberg, ganada por el
Emperador y que condujo a su otro adversario, Príncipe de Hesse, a detener
sus operaciones considerándose liquidado el conflicto.
Año 1994
FEDERICO FERNANDO DE BORDEJÉ Y MORENCOS
Una vez más la campaña se distinguió por la alternancia de maniobras y
negociaciones, de desplazamientos de fuerzas y acciones de persecución pero
sin darse choques violentos, excepto en la mencionada batalla, por lo que no
tuvo carácter de verdadera guerra, habiéndose convertido en los protagonis
tas del escenario la infanteríá y caballería del Duque de Alba. Asimismo, con
sagró definitivamente las armas de fuego portátiles que permitían a los mos
queteros combatir sin otra ayuda, mientras que la caballería, dotada de armas
cortas, aplicó una táctica denominada de la «caracola» que se consideró como
una forma elegante de luchar. Por su parte, la artillería conseguía ya despla
zarse con cierta facilidad, pudiendo hacer fuego en mejores condiciones aun
que con un ritmo todavía muy lento y una gran dispersión. Otro dato a señalar
se relaciona con el fusil, pues su desarrollo iba a subordinarse a la invención
del mecanismo de disparo; cuya mejora preocupó a lo largo de todo el siglo
XVI y que jugará un papel decisivo en la guerra de los Treinta Años, cuando
el sistema tradicional de mecha, que había aparecido en el siglo xv, deje paso
a la chispa producida por una piedra de pedernal o sílex en el siglo xvii, salto
cualitativo que permitirá, a partir de entonces, la descarga de salvas en cortos
intervalos y durante largo tiempo, saliendo así el combate de los estrechos
condicionamientos en que hasta allí se había mantenido.
Si la guerra de Smakalda no ofreció nuevas tácticas ni grandes encuentros,
sí contribuyó a que se generalizase la maniobra basada en la movilidad de
pequeños grupos operativos, que en muchos casos actuaron como simples
bandas incontroladas y alejadas de los verdaderos ejércitos que se enfrenta
ron en las dos últimas guerras franco-españolas en los campos de Flandes y
Lombardía. Pero la conclusión más importente fue que los conflictos conti
nuaban ajustándose a moldes del pasado, quizá porque la guerra era aún un
arte difícil de dominar para poder explotarla a fondo.
Años después de Muhlberg, Carlos 1 inició la lucha contra una Liga
reconstituida, en la que ahora figuraba Mauricio de Sajonia, quien solicitó y
obtuvo el apoyo de Enrique II de Francia, al que prometió los obispados de
Metz, Toul y Verdún y quien derrotaría al Emperador en Innsbruck. El con
flicto finalizaría cuando, cansado el emperador y al no fraguar un intento de
acuerdo con los príncipes alemanes en la Dieta de Passau, en 1552, aceptó la
proclamación de la libertad religiosa en la paz de Augsburgo, en 1555, un año
antes de entregar la corona española a Felipe II y la de Alemania a su her
mano Fernando, quien además retenía los territorios austriacos.
En realidad, ese segundo conflicto religioso lo heredará el nuevo monarca
español, quien lo proseguirá pero en su vertiente francesa. Felipe II, señor de
España, de los dominios italianos, estados de la casa dé Borgoña y territorios
de Ultramar, encarnará el ideal de rey absoluto que vinculará el Estado a su
persona, girando su ideología política alrededor del eje de la unidad católica
y de la hegemonía hispánica. Decimos que heredaría el conflicto con Francia,
pues aunque Carlos 1 firmó en 1556la paz de Vaucelles con ese país, Enrique II
no respetaría lo firmado, lanzándose en aquel mismo año a una nueva cam
paña contra España.
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
Evolución del arte militar con Felipe II
En el nuevo enfrentamiento franco-español solamente se dieron dos bata
llas importantes, la de San Quintín en 1557, que abrió a las fuerzas españolas
el camino hacia París, lo que se hubiera logrado si núcleos importantes de
aquellas tropas no se hubieran opuesto a alcanzar la capital francesa descon
tentas por la falta de pagas y la victoria que se obtuvo en Gravelinas al año
siguiente, campaña larga que-tuvo escasa repercusión en Italia y que se cerra
ría en 1559 con la paz de Cateau-Cambresj. De nuevo Francia renunciaba al
Franco Condado, y Nápoles, pero conservaba sus conquistas en Flandes,
excepto Chavelas, paz que permitiría al monarca español intervenir en la
política francesa por su matrimonio con Isabel de Valois, hija de Enrique II,
para quien Flandes era ahora más importante para Francia que la Saboya y
Piamonte. Asimismo Enrique II recuperaba Calais, abandonado por los
ingleses, lo que compensaba al país vecino de las derrotas sufridas durante la
guerra de los Cien Años.
Para Felipe II, el dominio del Franco Condado, Italia y los Países Bajos le
permitía proseguir cercando a Francia mediante una tenaza, presión que se
intensificaría años más tarde, cuando en 1584 el rey español apoye a la Liga
Católica de los Guisa en su lucha interna contra el heredero hugonote Enri
que de Borbón y Navarra, futuro Enrique III, abriéndose un sexto conflicto
en el siglo, en el que las armas españolas conquistarán Amiens y Calais, si
bien la alianza franco-anglo-holandesa le inducirá en 1598 a firmar la paz de
Vervins con su vecino.
Pero un acontecimiento capital que surge en 1566, aunque sus anteceden
tes se remonten a años antes, se relaciona con el levantamiento de los Países
Bajos contra el dominio español, que va a desplazar brutalmente el centro de
gravedad de la estrategia militar y política hacia el Norte.
En sus comienzos ese conflicto nos anuncia ya el paso a una táctica que
presenta ciertos signos reales de madurez y modernidad, al mismo tiempo que
aparece más próximo lo que muchos años después se denominaría «gran
estrategia»,• que la materializará la marcha del Duque de Alba desde Italia a
Flandes con el fin de apagar la rebelión y afirmar la soberanía de Felipe II en
aquellas brumosas tierras. Esa rebelión la había motivado la negativa real a
las peticiones de los nobles Egmont, Horn y Guillermo de Nassau, Príncipe
de Orange, y no resolver la situación el Compromiso de Breda, causas a las
que también se añadía la instauración del llamado Tribunal de la Sangre.
Esa marcha, desde el punto de vista militar, de la situación internacional
y considerada en el cuadro de la época, iba a tener para Europa consecuencias
muy profundas. Desde una perspectiva militar será la primera guerra que se
imponga a un pueblo que tratará de luchar por su libertad y en la que las ope
raciones las dirigirá un prestigioso y eficaz general que decidirá aplicar a raja
tablalas directrices que emanan de su rey; conflicto que comenzará en 1567
y que, inmersos en él, se prolongará en el siglo xvii, al finalizar en 1648.
Cuando en 1567 se produce esa marcha del Duque de Alba, las guerras de
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la época de Carlos 1 han llegado a su fin. Las cuatro grandes figuras que con
sus características diferenciales habían llenado e ilustrado gran parte del siglo
xvi ya no existían. Enrique VIII de Inglaterra y Francisco 1 de Francia se
habían reunido con sus antepasados en 1547, mientras que en 1558, en el
monasterio de Yuste, Carlos 1 abandonaba este mundo que prácticamente
había dominado, en tanto que Solimán el Magnífico fallecía en 1566 en su
tienda de campaña, ante Sziget.
Con la muerte del Sultán los turcos se alejarán del teatro de operaciones
europeo, pudiendo decirse que si Solimán conquistó Bagdad, Tabriz, Buda y
Rodas, en Viena había sido detenido y obligado a replegarse, hecho que debe
tomarse como decisivo para la futura construcción europea.
A partir de 1556 en que Felipe II accede al trono, el sistema europeo,
sobre el que ya no va a pesar ningún poder imperial, se encuentra en un pro
ceso de fermentación que inconscientemente prepara su porvenir, así como
los contornos de las naciones que lo van a componer.
Por otro lado, la estrategia continuará precediendo a la política, y a sus
condicionantes se deberá la delimitación del Viejo Continente, en el que la
guerra se adaptará a los dictados de su geopolítica. Asimismo, los movimien
tos religiosos se mezclarán con conflictos de autoridad que tratarán de refor
zar los poderes territoriales, lo que dividirá y enfrentará profundamente a
Europa, conflictos de autoridad que llevarán a una consolidación de las casas
reinantes, viéndose absorbidos los restos del feudalismo por el absolutismo
de los reyes.
Una evolución paralela se producirá en el Este, pues los ducados que aún
subsisten entre el Volga y mar de Aral, con una mentalidad heredada de Gengis Khan, se integrarán en la Rusia moscovita. Iván IV, el llamado el «Terri
ble», pondrá en movimiento y en todas las direcciones a unos pueblos surgi
dos de las invasiones tártaras, alcanzando sus conflictos a Crimea, Urales,
Kazán y hasta las costas del Báltico para constituir, frente a las hordas de la
estepa, un gran imperio, aunque con demasiados caracteres y antecedentes
asiáticos, poder que comenzará muy pronto a ejercer una presión sobre el
conjunto de los estados europeos al solicitar Moscú el puesto que le corres
ponde en el juego político europeo.
Además, Iván pondrá las bases para establecer un poder militar moderno
formando una infantería, en la que los boyardos serán su espina dorsal, ejér
cito que abandonará su tradicional dependencia patriarcal, transformándose
así los zares en el factor dirigente de la potencia militar rusa que se caracteri
zará por continuar siendo fiel a los modelos asiáticos, lo que entrañaba el
derroche y dispersión de las fuerzas combatientes, clara herencia militar tár
tara, no adoptando la táctica europea hasta que sea implantada, más tarde,
por Boris Godounov.
En Asia, el arte militar proseguirá sometido a métodos arcaicos. En el
siglo xvi China será todavía incapaz de encontrar mandos idóneos que adies
tren a sus hombres en el manejo de la artillería y, si cuenta con masas mongo
las a su servicio, no poseerá capitanes de cierta talla, mientras que en el
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
ámbito naval esa incapacidad será aún mayor, lo que le impedirá expandirse
por el Pacífico, algo que la potencialidad de la dinastía Ming debía haberle
permitido. En cuanto al Japón, continuará sumido en luchas intestinas y ence
rrado sobre sí mismo y, únicamente, un descendiente lejano de Gengis Khan
y de Tomur añadirá en la India un capítulo glorioso de conquistas. Este perso
naje fue Baber, quien en 1525, el mismo año que Carlos 1 triunfaba en Pavía
y Solimán aplastaba a los húngaros en Mohacs, partía de Samarcanda para
apoderarse de Afghanistán y después de franquear el Indo establecía un
imperio en Delhi, convirtiéndose en el primer Gran Mogol, imperio que se
mantendría durante más de tres siglos.
Regresando a Europa, el Duque de Alba inició su marcha en 1567 fran
queando Monte Cenis a la cabeza de 10.000hombres, para remontar seguida
mente el Ródano y Saone y atravesando el Franco Condado y Luxemburgo
llegar a Bruselas. Pero lo que interesa destacar, es que el conflicto de los Paí
ses Bajos, comúnmente llamado de Flandes, terminará por dejar obsoleta la
táctica aplicada hasta ese momento, al encontrar nuevos moldes que sancio
narán y justificarán una guerra de independencia nacional, la primera de ese
tipo que se produce en la Edad Moderna.
Alba confió el mando de sus fuerzas a capitanes experimentados que tra
taron de reemplazar el valor individual por una rígida disciplina y subordina
ción, teniendo los efectivos y cuadros plena conciencia de la importancia de
las nuevas armas de fuego, especialmente de los arcabuces de un modelo per
feccionado y del que se había dotado a los tiradores, que suponían la quinta
parte de las tropas del duque. Asimismo, contaba con un buen material de
artillería y de ingenieros, viéndose apoyadas las fuerzas españolas por una
logística bien organizada y sin que temiera emprender una campaña mientras
Madrid hiciese llegar regularmente las pagas de los soldados.
Ante la situación que reinaba en los Países Bajos, de desorden y franca
desobediencia civil, intensificada con la ejecución de Egmont y Horn, el
Duque de Alba no se precipitó, limitándose a instalar fuertes guarniciones en
Bruselas, Amberes y Gante, centros políticos y económicos del país. Su
adversario, Guillermo de Nassau, Príncipe de Orange, refuguiado en Alema
nia, iba a tomar una errónea decisión, la de reclutar fuerzas y enviarlas al
encuentro de los españoles sin lograr en ningún caso establécer contacto, lo
que indujo a Alba a dirigir sus esfuerzos a un punto débil de su enemigo,
Coqueville, quien procedente de Normandía había invadido el Artois siendo
batido por los españoles. Esta victoria se vería empañada cuando, casi simul
táneamente, el Duque de Ahremberg fuera incapaz de derrotar a Luis de Nas
sau que procedía de Frisia, siendo vencido por éste en los campos de Gronin
ga, aprendiendo entonces los españoles que una sola derrota en un país
alzado en armas podía costar más caro que toda una serie de reveses en un
conflicto con otro estado.
La insurrección, que había terminado por contagiar a todas las provincias
flamencas, amenazaba las comunicaciones del Duque de Alba, por lo que éste
decidió lanzar una ofensiva contra Luis de Nassau, al que venció en Jengum,
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y proseguir su acción contra Guillermo de Orange, quien había cruzado el río
Mosa y ponía sus esperanzas en una batalla que reanimase la fe y confianza
del país en su causa. Maniobrando con inteligencia, Alba eludió el encuentro
consagrándose a aniquilar grupos rebeldes y, por medio de maniobras, forzó
a Orange a marchas y contramarchas que acabaron por agotarle, replegán
dose hacia la frontera francesa y dispersándose su ejército en completo desor
den camino del Rhin y del Mosela.
Así daba fin la primera guerra de movimiento de la Edad Moderna, en la
cual el vencedor no había renunciado jamás a la victoria pero a la que había
rehusado ante la facilidad del adversario para romper todo posible contacto,
si la ocasión no le era propicia, y refugiarse en Francia o Alemania.
Pero lejos de someter al país, las duras medidas tomadas por Alba pro
vocaron un nuevo levantamiento más importante que el precedente, al bene
ficiarse los rebeldes del abierto apoyo de Inglaterra, Francia y príncipes ale
manes, insurrección que esta vez debía conducir a una verdadera guerra de
independencia nacional, afirmándose un principio muy general en la Histo
ria, el de que lo que un general gana en un conflicto puede perderse cuando
éste se convierte en político.
Esa insurrección iba a comenzar al año siguiente de haber conseguido
Felipe II una resonante victoria en un alejado teatro de operaciones, en el
Mediterráneo. Tras haber fracasado los turcos en 1565ante Malta, cinco años
después invadieron Chipre, apelando Venecia a toda la Cristiandad en ayuda
a aquella posesión insular, recibiendo eco su llamamiento y constituyéndose
en el verano de 1571 una fuerza naval a las órdenes de Don Juan de Austria,
flota coaligada en la que figuraban unidades de los tres poderes que habían
constituido la Liga Santa, esto es, Venecia, España y el Pontificado.
Antes de que la formidable armada cristiana se hiciese a la vela, Chipre
había caído en poder de los otomanos, repartiendo sus fuerzas Don Juan, de
tal manera que ninguna escuadra podía afirmar que pertenecía por entero a
una sola potencia, formando una línea de batalla con tres escuadras en cabeza
y una cuarta de reserva. Mandaba el ala izquierda el veneciano Barbarigo, la
derecha Doria y el centro el propio Don Juan, embarcado en la galera Real,
teniendo en su proximidad las galeras de Colonna, almirante del Papa, y las
del veneciano Veniero, en tanto que el Marqués de Santa Cruz dirigía la
escuadra de resrva.
No vamos a relatar la batalla, bien conocida y explicada. Solamente seña
laremos que la maniobra tuvo poco que ver con los resultados, pues Lepanto
fue virtualmente un combate terrestre sostenido por dos ejércitos en las
cubiertas propias o en las del adversario, íntima mezcolanza de dos flotas,
puesto que se vio cómo las galeras atravesaban las líneas y atacaban por la
retaguardia. Asimismo, el cañoneo y abordaje fueron empleados por ambos
bandos durante tres horas de desesperada pugna en la que los cristianos obtu
vieron la preponderancia, especialmente debida a la veterana infantería espa
ñola que, en combate cuerpo a cuerpo, logró que se desmoronase el centro
turco conduciendo a un colapso general de éstos.
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CAMBIOS SUBSTANCIALES
EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
Como Salamina, representó una batalla de infantería librada sobre plata
formas flotantes, diciéndose de esa victoria que fue el encuentro más decisivo
desde la batalla de Actium el año 31 antes de J. C. Tras esa derrota, el poder
naval otomano declinó tan rápidamentecomo había surgido, de forma que en
lo sucesivo Europa sólo tendría que contender con intermitentes incursiones
piráticas.
En otro aspecto, como única contribución táctica los turcos introdujeron
la galeota de 18 a 24 remos, buque que debía considerarse como una galera
de tonelaje medio y muy idónea para incursiones, dada su velocidad y manio
brabilidad. En el otro extremo los venecianos presentaron la galeaza, termino
aplicado a una galera de gran tamaño, aunque las, que intervinieron en
Lepanto eran otra cosa, al tratarse de unidades que buscaban combinar el tipo
galeón con el de la galera, es decir, con la masa fuerza y armamento del galeón
y la propulsión a remos de la galera, pero, como la mayoría de los buques mix
tos, ese modelo tendría una corta existencia, siendo por otra parte digno de
advertir que en Lepanto no intervendría ningún galeón, y eso a pesar del buen
resultado que dio en la anterior batalla de Preveza.
La nueva fase de la rebeldía de los Países Bajos se abrió en 1572 cuando
los llamados «mendigos del mar» tomaron por sorpresa BrilI, Flesinga, Diest
y la isla de Voorne, al tiempo que se obligaba a las guarniciones españolas del
litoral a replegarse hacia el interior, por lo quede ese modo la costa se abríá
atodo tipo de acciones e incursiones.
Casi simultáneamente Luis de Nassau reaparecía en el Brabante y se apo
deraba de la fortaleza de Mons, mientras el Príncipe de Orange atravesaba el
Mosa y tomaba Roermond, Malinas y Tirlemont, estableciendo su cuartel
general en Lovaina, permaneciendo a la expectativa en Bruselas el Duque de
Alba, evaluando la amenaza y la relación de fuerzas. Finalmente, tomó la
decisión de encerrar en Mons a Luis de Nassau, lo que impulsó a Orange a
acudir en su ayuda pero, siendo incapaz de enfrentarse a los españoles atrin
cherados alrededor de aquella plaza que asediaban, se vio impulsado a ini
ciar, una vez más, la retirada y repasar el Rhin, terminando Nassau por rendir
la fortaleza.
Por su acción concéntrica, Alba, además de apoderarse de Haarlem,
expulsaba a los rebeldes del territorio sin haber corrido ningún riesgo, aun
que, de nuevo, en su papel político, como gobernador general, iba a fracasar
con sus medidas de dureza.
Cuando en diciembre de 1574 el Duque de Alba, tras el desastre de una
pequeña flota española en Enckhuyssen, fue relevado por Luis de Reque
sens, abandonó una misión que parecía ya no tener salida, debiendo recono
cerse que en esta segunda fase del conflicto había hecho una correcta aplica
ción de los principios tácticos, cuyo valor se confirmaría años después, en
1580, durante la invasión de Portugal, en una acción combinada con las fuer
zas navales del Marqués de Santa Cruz. De igual modo habían intervenido
decisivamente en el éxito la disciplina y el adiestramiento de un ejército que
desde hacía largó tiempo había perdido la fe en su cometido, por haberse des
Afio
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gastado al tomar parte en vanas operaciones contra un enemigo invisible y de
represión.
La crisis a la que estaban expuestas las fuerzas españolas no se hizo espe
rar, como consecuencia del endurecimiento de la violencia por ambos bandos
y pretender los españoles, en muchos casos, vivir a costa de las poblaciones
tomadas al adversario. Sin duda, con Requesens se obtuvieron nuevas victo
rias en campo abierto y se conquistaron fortalezas y provincias, pero eso no
impidió que, ahora, la disciplina se resquebrajase, en gran parte debido a los
mercenarios, cuyos malos espíritus no tardaron en surgir al degenerar el con
flicto en actos de pillaje y de amotinamientos de una soldadesca que, al no ser
pagada, acababa por no obedecer a sus mandos y actuar, generalmente, como
bandas incontroladas que recorrían el país.
Como resultado de esa situación, cuando en octubre de 1576 entraron los
españoles en Amberes, los vencedores se consagraron durante tres días a
saquearla, con tal furor, que de allí procede la frase «la furia española».
Dicho panorama fue el que impulsó a Felipe II a restablecer el orden y la dis
ciplina en los Tercios, pero también para congraciarse con los holandeses al
aceptar por el Edicto Perpetuo los compromisos que establecía la llamada
Pacificación de Gante, suscrita por los católicos del sur y los calvanistas del
norte (Zelanda y Holanda), que prescribía la retirada de los Tercios y respe
tar las libertades de Flandes, a cambio de conservar el territorio la fe éatólica
y reconocimiento de la autoridad del nuevo gobernador, Don Juan de Aus
tria, quien sería incapaz de enderezar la situación al entrar el movimiento
independentista en su recta final y fallecer al año siguiente en unos momentos
muy difíciles para España en aquella región.
Ni el gobierno claramente conciliatorio de Don Juan, ni la victoria de su
sucesor Alejandro Farnesio en 1578 en Genbloux y la confirmación por éste
de las libertades de las provincias del sur agrupadas en la Unión de Arras,
como tampoco el asesinato de Guillermo de Orange en 1584 o la reconquista
de Amberes en 1585por el mismo Farnesio, años después de haber declarado
la Unión de Utrech la independencia de los Países Bajos, iban a lograr que en
las provincias en las que se había instalado sólidamente la Reforma volviesen
a la soberanía española.
Sin duda, en ello también influyó el haber encontrado los rebeldes en
Mauricio de Orange un buen sucesor de su padre Guillermo, así como el fra
caso de la Gran Armada, tema en el que no entramos al haberse escrito hace
unos años una serie de obras sobre dicha efeméride, publicadas en 1988 por
el Instituto de Historia y Cultura Naval, acontecimientos que hacían inviable
que España pudiera ganar dicha guerra.
Por primera vez aparecía netamente que una guerra de independencia no
podía acomodarse ni resolverse mediante negociaciones y concesiones, y que
el dominio de la mar tenía una importancia decisiva en aquel conflicto conti
nental. La pérdida de la Armada privó a España del control de las aguas del
Mar del Norte y Canal de la Mancha y, con él, las comunicaciones de Farnesio
con su retaguardia peninsular, viéndose forzado a combatir en un territorio
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CAMBIOS SUBSTANCIALES EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
alejado y aislado en el que sólo podía contar con sus propias fuerzas. Pero es
que, además, Farnesio cometió el error de iniciar incursiones en Francia en
apoyo de la Liga Católica, puesto que esas operaciones terminarían por ago
tar sus recursos militares.
A pesar de todo ello, durante cuatro años combatiría a Mauricio de
Orange pero sin ganar un metro de terreno y a su muerte, en 1592, Farnesio
dejaba en manos de su rival todo el país comprendido entre Ems y la desem
bocadura del Escalda y sin que la abdicación de Felipe II de la soberanía de
los Países Bajos en su hija Isabel Clara Eugenia sirviera para nada, al ser
rechazada su autoridad por las provincias del norte.
A la muerte de Felipe II en 1598, las provincias rebeldes estaban ya perdi
das para España y dos años después, en 1600, Mauricio derrotaba a los Ter
cios en Nieuport, entrándose en el siglo xvii sin que la conquista de Ostende
por Spínola en 1604 evitara que Felipe III acordase una tregua por doce años
que prácticamente implicaba el tácito reconocimiento de la independencia de
los Países Bajos, declinando rápidamente la soberanía de España, a partir de
allí, en lo poco que aún dominaba.
La lucha que llevaron los neerlandeses, en cierto modo muy análoga a la
que condujo a los suizos a su emancipación, provocó una renovación en los
métodos de combate practicados hacía muchas décadas por los helvéticos,
puesto que los holandeses se vieron obligados a luchar en condiciones dife
rentes y, por ello, no pudieron acomodarse a la táctica suiza, que era muy pri
mitiva al basarse esencialmente en lanzarse en masa y con gran impetu al
asalto formando cuñas que se sostenían unas a otras. Ahora, con la generali
zación de las armas de fuego y la acción combinada de las tres armas reina (in
fantería, caballería y artillería), todo era muy diferente, aplicándose métodos
que diferían totalmente de la táctica española, al haberla despojado Orange
de toda su rigidez y refundirla con normas propias de un ejército popular y
guerrillero.
Por su parte, los españoles recurrieron con gran visión a una táctica dife
rente y muy flexible, lejos de los severos principios de la llamada ordenanza
húngara de los tiempos del emperador. A las formaciones en cuadro, dema
siado masificadas y lentas, se las fraccionó en secciones de 500 hombres arti
culados en dieciséis líneas en profundidad, colocándose a los tiradores en los
flancos; por su lado, a la caballería, cuya utilización en grandes formaciones
cerradas también dificultaba su maniobra, igualmente se la fragmentó en
pequeños escuadrones dotados de más movilidad en sus evoluciones, mien
tras que la artillería había comenzado a aplicar dos modalidades, la de apoyb
a la infantería y el fuego de concentración o castigo. En resumen, Alba y Far
nesio adoptaron un dispositivo que olvidaba viejos moldes pero que impli
caba un mayor adiestramiento de lás fuerzas, lo que no podía concebirse sin
una vuelta a una estricta disciplina y obediencia a los mandos, al tiempo que
permitía poner en línea más fuerzas que las que se integraban en las antiguas
formaciones cerradas en cuadro.
Tampoco olvidemos que Farnesio encarnó la estrategia dilatoria que tra
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taba de alcanzar la misión impuesta con el menor desgaste posible mediante
un cambio de posición, flexibilidad, rapidez en los movimientos y ejecutando
continuas maniobras de diversión que le permitiesen alcanzar una total liber
tad de acción, incluso para evitar la batalla si ésta no le convenía, pero
pesando decisivamente, directa o indirectamente, sobre las operaciones del
adversario. Además, de acuerdo con las máximas establecidas por Maquiave
lo, al que debió estudiar, hizo un buen uso del factor sorpresa, esto es, «saber
conocer la ocasión precisa y no perderla cuando se presenta», así como del
principio de la economía de fuerzas, «no oponer fuerza a fuerza, sino fuerza
a debilidad», condenando la persecución tal como hasta allí se había practica
do. No obstante, al final Farnesio cometió el error ya mencionado, intervenir
en las luchas intestinas de Francia perdiendo lo que de otro modo pudiera
haber ganado.
La ventaja de los rebeldes residió en haber sabido mantener a sus fuerzas
bajo mandos estimados, por lo que se preocuparon de inculcar a sus hombres
una cierta moral, en la que se mezclaban dosis de fe religiosa y de patriotismo o
nacionalismo, además de haberles pagado un sueldo sustancial regularmente.
Asimismo las guerras de Flandes y de Religión demostraron que los con
flictos motivados o en los que intervenía el factor ideológico o místico son
difíciles de frenar y, por tanto, son conflictos inútiles, bastando cón recordar
las recientes guerras de la descolonización o Vietnam en nuestro propio siglo,
puesto que no se puede destruir las ideas con las armas ni modificarlas cuando
se sostienen con firmeza.
En el ámbito naval, la eclosión del poder marítimo holandés se basó en la
improvisación, si bien el papel del mar no fue excesivamente relevante en las
operaciones, que se limitaron a encuentros menores. Quizá lo más llamativo
fue la aparición de los «mendigos del mar», a cuyo frente figuraba Boissot,
ofreciéndose el choque más interesante ante Middelburg, plaza cercada por
los rebeldes que Requesens trató de aprovisionar con setenta y cinco peque
ñas unidades, intercalando ambas andanadas a corta distancia antes de ini
ciarse el abordaje en el que llevó la peor parte la flotilla española, que perdió
quince buques y 1.200 hombres, conduciendo ese resultado a la capitulación
de la plaza. Otro triunfo de Boissot se dio en 1574 al destruir catorce embarca
ciones españolas en Scheldt, lo que motivó que en adelante las aguas interio
res pasasen al control neerlandés, afectando a las operaciones terrestres en
sus aspectos de apoyo logístico y comunicaciones.
Algunas conc’usiones y comentarios
Se puede afirmar que al finalizar el siglo xvi el arte de la guerra se funda
mentaba en la potencia de fuego y en la aceleración de los desplazamientos,
siendo conscientes de que el proyectil alcanzaba antes su blanco que un hom
bre portando pica o espada, y de que podría llegar un día en que fuera posible
cargar tan velozmente mosquetes y cañones, que sus salvas pudieran asimi
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45
CAMBIOS SUBSTANCIALES
EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
larse a un huracán de fuego. Pero el reconocimiento de esa verdad se mezció
desde el principio con un elemento perturbador, la tendencia a alcanzar en
cortos espacios de tiempo un resultado favorable mediante la eficacia de un
fuego absoluto que contuviese a la infantería y desarbolase los barcos, lle
gándose infinidad de veces a retener a la caballería para obligarla a usar sus
pistolas y arcabuces antes de iniciar la carga.
A finales del siglo xvi y durante la guerra de los Treinta Años, esas ideas
condujeron a resultados diferentes de los previstos y motivaría la paralización
de la caballería, que, liberada de antiguos principios tácticos totalmente ya
superados, se había constituido en arma autónoma. Durante la guerra de los
Treinta Años se verá aún a los coraceros españoles e imperiales avanzar al
paso ante el enemigo con el fin de agotar sus pólvoras, dejando, incluso, pasar
la ocasión de lanzarse a la carga.
En otro orden de cosas, es evidente que para su época Alba, Farnesio y
Orange establecieron unas reformas esenciales, aligerando los frentes de
combate y dando más atención a los fuegos cerrados, aunque la «gran guerra»
proseguirá durante décadas aferrada y fiel a la antigua táctica de los Tercios.
De ahí que en los tiempos de Tilly el orden de batalla se asemejará a una for
taleza masiva, tan ancha como profunda, que ondulará por el campo de bata
lla tratando de aplastar al enemigo.
Hemos citado a Maquiavelo y no se puede conocer ningún problema mili
tar o estratégico de comienzos de la Edad Moderna sin recordar su figura y sus
escritos.
Antes de entrar en el siglo xvi raramente se estudiaba la naturaleza
del arte militar ni se le definía correctamente, lo que no significaba que no
hubieran existido preocupaciones sobre el desarrollo histórico de los aconte
cimientos bélicos, puesto que tanto filósofos, historiadores y literatos como
caudillos y capitanes de la Antigüedad y Edad Media relataron o dejaron
constancia de los hechos acaecidos en aquellos tiempos de la Historia. Des
pués, a comienzos de la Edad Moderna, los escritos de los viejos historiadores
de temas militares se redescubrieron, tal como lo demostró Carlos 1, cuando,
después de leer con fervor los relatos de Julio César, envió una comisión a
Francia con el solo objeto de comprobar la veracidad de los datos que aquel
ofrecía sobre sus campañas en la Galia.
No obstante fue Maquiavelo el primero en exponer la naturaleza de la
guerra, emitiendo ideas que hasta entonces no se habían escuchado. Tras
admitir que la caballería debía ceder su puesto privilegiado a la infantería
como arma decisiva, concepto que se ratificaría en ese mismo siglo, conside
raba que las legiones romanas y el sistema de reclutamiento universal, que se
impondrá en el siglo xix, eran modelos a imitar. Sin duda Vegecio, al escribir
en el siglo iv su Re Militan tras el desastre de Adrianópolis, no podía imaginar
que su glorificación de la Legión romana, ignorada por los descendientes
romanos de su tiempo, había de dar frutos mil años más tarde.
Pero su concepción se basaba en un error fundamental, al olvidar que el
éxito de lás legiones se había debido a una disciplina férrea y absoluta, base
Año 1994
FEDERICO FERNANDO DE BORDEJÉ Y MORENCOS
de la organización militar romana, algo difícil de conseguir en el siglo xvi con
ejércitos plagados de mercenarios apátridas. Pero sería injusto que por ello se
minimizase el valor de sus obras puesto que, como acabamos de señalar,
recordó la necesidad de resucitar el reclutamiento universal como en tiempos
del Imperio Romano. En otras palabras, opinaba que los ejércitos nacionales
en los que se integraba el soldado-ciudadano habían dejado anticuado el con
cepto de guerra medieval, ideas que se abrirán paso lentamente en el siglo
xvi, en el que se pondrán los cimientos de los ejércitos permanentes y que
provocarán que el servicio militar o de las armas cese de ser privilegio de una
determinada clase social para convertirse en un deber y en una función públi
ca.
No obstante, como Maquiavelo era más bien un doctrinario que un militar
profesional, le faltó la facultad de percibir con suficiente realismo los diversos
factores que provocan e intervienen en los conflictos.
En el ámbito naval, al finalizar la época medieval las naciones más impor
tantes siguieron el ejemplo inglés de construir buques de guerra para no tener
que depender en una emergencia de barcos mercantes armados.
El origen de ese acontecimiento que haría de Inglaterra durante 350 años
la potencia naval más fuerte del Globo, radicó en el interés de Enrique VII
por sus nuevos navíos Regent y Sovereign, y, después, en el hecho de que su
hijo Enrique VIII reconociera que los remos debían dejar lugar a la vela y la
táctica del abordaje a las andanadas de artillería. De ahí que entre 1520y 1530
las fundiciones se convirtieran en establecimientos permanentes capaces de
asegurar la artillería, que requerían buques como el Great Harry o Henry
Grace a Dieu, rearme que le permitía la situación financiera del reino, que,
como se conoce, se nutría de los fondos y patrimonio de una Iglesia persegui
da. Esas ideas, relevo del abordaje por el combate a distancia, respondían a
una concepión que nos explica el historiador sir Charles Ornan, «la visión de
hacer del navío de guerra un instrumento de combate al cañón más que con
vertirse en un fuerte dotado de una gran guarnición para abordar al adversa
rio y librar un combate próximo, es lo que produjo en Inglaterra una transfor
mación capital de la psicología naval», ideas que se afirmarían con Isabel 1 y
Jacobo 1 para arrancar a España el dominio de los mares.
En cuanto a nosotros, hasta bien avanzado el reinado de Felipe II no debe
hablarse de la existencia de un verdadero poder naval organizado, en sus ver
tientes de estructura orgánica, mandos, personal y despliegue, aconsejando al
interesado en profundizar sobre el tema, la consulta o lectura de la obra del
fallecido profesor Olesa Muñido, que lleva por título La organización naval
de los Estados mediterráneos, y en especial de España, durante los siglos xvi
y XVII.
Por nuestra parte, nos limitaremos a señalar que con Felipe II se comenzó
a sufrir en la mar una estrategia de desgaste a la que le sometieron sus enemi
gos, especialmente a partir de 1588, pues las múltiples guerras agotaban los
recursos económicos y humanos y los continuos buques y levas que requerían
las armadas para hacer frente a las responsabilidades de una estrategia global,
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45
CAMBIOS SUBSTANCIALES
EN EL CONCEPTO DE LA GUERRA DURANTE...
terminarían por paralizar el tráfico marítimo que el corso protestante, la cató
lica Francia y los piratas berberiscos atacaban sin cesar, especialmente a los
galeones de la Carrera de Indias. Esa dispersión de objetivos, la necesidad de
lograr una eficaz distribución de recursos y la dificultad para formar dotacio
nes provocaría que al final del siglo XVI nos debilitásemos en la mar, situación
que motivaría a partir de 1593 que se alzasen airadas voces en las Cortes
nacionales, denunciando el lamentable estado de la Marina Real, a las que se
sumaban las de los hombres del mar, como fue la del almirante de la Escuadra
de la Mar Océano Diego Brochero, que había mandado dicha agrupación en
la época de su mayor esplendor, entre 1603 y 1606, situación que en otro tra
bajo analizaremos.
Año
1994
EL BASTÓN DEL MARQUÉS DE
LAICTORIA. UN SÍMBOL9
HISTORICO QUE SE PERPETUA
Hugo O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA
Vicepresidente de la Comisión Internacional
de Historia Marítima (ICMH)
El bastón como símbolo de mando
Cetro, bengala y bastón de mando han sido símbolos muy semejantes de
autoridad, de poder y más concretamente de mando militar. En su origen, el
cetro, atributo real, representa la soberanía, y su propio término, derivado
del griego «skeptrona., es decir, báculo usado por la gerontocracia dominante,
va asociado a una idea de respeto debido a la sabia ancianidad. Considerado
como una prolongación de la mano real, dispensadora de justicia y gracias, en
ocasiones tiene manifestación física en algunas piezas medievales que repro
ducen en su oro una mano con el dedo índice extendido en actitud de ordenar,
y junto a la espada desnuda y el globo terráqueo se identifica con el poder
absoluto y universal, que corresponde en primer lugar al Creador y en la tie
rra a sus representantes que el emperador encabeza.
La bengala, un cilindro alargado y
hueco, forrado y decorado en ocasio
nes, imita y sucede al «scipio» triunfal
romano de la iconografía imperial, cuyo
tamaño era equivalente a la longitud del
brazo, es decir, dos tercios de la esta
tura del hombre, de forma que, empu
fiado por uno de los extremos, llegara el
otro a la altura del hombro. Su signifi
cado se restringe al poder militar, pero
su utilización se extiende a todo general
con mando independiente y total que lo
detenta como alter ego del soberano
cuyo brazo y mano alegoriza.
A imitación de las efigies de los prín
cipes y condotieros italianos renacentis
tas, reproducidas por los grandes escul
tores y grabadores de medallas, los
artistas españoles del siglo xvi al XVIII El bastón del marqués de la Victoria. Un
representan a reyes y generales con: símbolo histórico que se perpetúa.
bengalas de tamaño algo menor, que
reciben ese nombre por ser normalmente de palo de la India (Bengala), hue
co, a fin de introducir en ella el real despacho, comisión o nombramiento,
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-
Año 1994
67
H. O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA
como si de un relicario se tratara. Los grandes generales del mar españoles
como don Juan de Austria, don Alvaro de Bazán o el Duque de Osuna, osten
tan sus bengalas en grabados, pinturas, estatuas, tapices y acuñaciones.
Aunque no existe documentación escrita, hay abundante pintada y dibu
jada de oficiales superiores del siglo XVII que se sirven de bastoncillos, que los
distinguen del general con su bengala y de los capitanes con sus cortas lanzas
de hierro dorado y borla junto a la punta denominadas jinetas; sin embargo,
hasta principios del siglo xviii no se introduce el uso del bastón para el arma
de Infantería, distinguiéndose los empleos de coronel a cabo en la riqueza y
material del puño, de oro a madera, y permaneciendo la bengala como distin
tivo de los oficiales generales. A mediados de siglo la bengala desaparece, y
los mandos superiores del Ejército y de la Armada adoptan bastones de puño
y piñas de oro de vara de caña de Indias, conservándose esta costumbre entre
la normativa vigente, cuya más reciente disposición, la Orden Ministerial
número 603, de fecha 26 de junio de 1979, en su apartado 4.1.20 establece el
«Bastón de mando de caña de Indias con puño de oro y contera de plata; lle
vará un adorno colgante constituido por un cordón de seda negro que remata
en dos bolas en forma de piña; éstas de tejido dorado y seda grana paralos ofi
ciales generales y de seda negra para los particulares».
Barcos y generales para el traslado de un rey
El 11 de septiembre de 1759 era proclamado Rey de España el hasta
entonces Carlos VII de las Dos Sicilias, hermano de Fernando VI, fallecido
sin sucesión directa. Por exigencias de política internacional, el nuevo
monarca que la historia conocerá en adelante como Carlos III, habría de
renunciar casi de inmediato a la corona napolitana en favor de su hijo, Don
Fernando, tras dieciséis años de habilísimo reinado en los que había conquis
tado el cariño y admiración de sus súbditos italianos.
A fin de transportarlo a su nueva corte, se armó en Cádiz y Cartagena una
escuadra de quince navíos de línea, cuatro fragatas y dos tartanas que fondea
ron entre Castell d’Uovo y el espigón del faro del muelle de galeras el 29 de
septiembre de aquel mismo año. Los cálidos pinceles del pintor de cámara
Antonio Joli plásmaron para la posterioridad el despliegue de colorido de los
navíos engalanados con banderas y gallardetes sobre andariveles pasados por
los topes de los palos y los penoles de las vergas, y empavesados de anchos
lienzos en sus bordas, los arcos de sus gavias y su popa, en el incomparable
marco de la bahía napolitana atalayado por un humeante Vesubio.
La flota que heredaba Don Carlos de su prudente hermano era la que
correspondía a la tercera potencia marítima mundial, con un total de unida
des operativas que ascendía a 47 navíos de línea y 28 fragatas con gran
número de buques menores y fuerzas sutiles. Lo mejor de la Armada estaba
reunido para el traslado de la real persona y familia; los navíos eran todos de
porte superior a 70 cañones, y entre ellos se encontraban los más modernos,
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45
EL BASTÓN DEL MARQUÉS DE LA VICTORIA. UN SÍMBOLO...
construidos entre 1758 y 1759, algunos recién salidos de gradas, como los
ferrolanos Triunfante, Soberano, Glorioso, Monarca y Guerrero.
Por designación del propio Carlos III, había sido nombrado general de la
escuadra don Juan José Navarro, Marqués de la Victoria por gracia de Felipe
V desde su sonado triunfo sobre cuarenta y seis navíos ingleses, disponiendo
sólo de doce propios, sobre el cabo Sicié a la altura de las islas Hieres en 1744,
y a la sazón gobernador general de la Armada y director general de ella, con
el mandci del departamento de Cádiz, que le era anexo. En tal nombramiento
habían pesado dos circunstancias: la de ser el marqués el almirante más afa
mado y glorioso del momento, y la de conocer a la perfécción todo lo corres
pondiente al ramo de Marina, como lo había demostrado y seguiría hacién
dolo la larga lista de informes doctísimos sobre los más variados aspectos; su
condición de director general, es decir, «Xefe de toda la Armada», le permi
tía poner en conocimiento del Rey todos los pormenores y necesidades. La
flota contaba con otros cuatro generales; dos procedentes de Cádiz, el
teniente general don Andrés Reggio y el jefe de escuadra conde de Vegaflori
da, izándose sus distintivos en el Triunfante y el Princesa, respectivamente; el
teniente general don Pedro Stuart, embarcado en el Galicia, y el jefe de
escuadra don Carlos Reggio en el Terrible, procediendo estos últimos de Car
tagena, segunda de las bases de formación del contingente naval. Cada
teniente general quedó encargado de una de las divisiones táctiéas corres
pondientes.
El estandarte real se había de arbolar en el tope mayor del navío de 80
cañones en tres puentes Fénix, del mando de don Gutierre de Hevia, yerno
del general, que preceptivamente también embarcaba en él; bajel construido
en La Habana diez años antes, cuyo poder y amplios alojamientos se presta
ban mejor que ningúñ otro para el fin a que se destinaba, habiéndose prepa
rado en Cádiz la cámara principal para la real pareja, dos camarotes dentro de
esta misma para las Infantas, y la cámara baja para Don Carlos, Príncipe de
Asturias, y el infante don Gabriel. Una vez a bordo, sin embargo, el Rey deja
ría a su esposa e hijas el espacio mayor, reservándose otro camarote junto a
la bitácora. Las ricas alfombras, las doradas mesas, los mullidos canapés y las
artísticas cornucopias de estilo rococó y con velón adosado que se usaron para
esta ocasión, quedarían grabadas en la mente artística de don Juan José
Navarro, a quien Ceán Bermúdez coloca entre los mejores dibujantes de su
tiempo, para aparecer después en una lámina de su archifamoso Album. Un
alojamiento parecido del navío Triunfante habrían de compartir los infantes
Don Antonio (futuro almirante general en el reinado de su sobrino Fernando
VII), y Don Gabriel. Esta separación familiar obligaría durante el viaje a des
tacar con cierta frecuencia un jabeque de comunicación de la Capitana Real,
a fin de saber nuevas de los jóvenes, acercándose a la voz en otra ocasión el
Triunfante, para que los Reyes pudiesen ver a sus hijos desde la barroca gale
ría popel del Fénix.
Deun honor singularísimo concedido al Marqués de la Victoria serían
Año 1994
H. O’DONNELL YDUQUEDEESTRADA
mudos testigos estos aposentos reales, al mandarle el Rey tomar asiento en su
presencia y mesa, como si de un miembro de su familia se tratara.
Pese a los cortinajes de brocado de oro, las adaptaciones de los camarotes
y todos los medios ideados para la máxima comodidad de sus usuarios, un
barco de guerra no era entonces, como tampoco lo es ahora, un transatlántico
de placer. La reina Amalia tendría amarga experiencia de ello, al añadirse a
las naturales incomodidades de la escasez de espacio y movimiento de la mar
su falta de costumbre y destreza a bordo, que le haría dar un traspiés al bajar
por los últimos peldaños de una escala que conducía a la santabárbara,
durante una visita llevada a cabo por todo el barco. Situado el rancho de san
tabárbara, donde se guardaban municiones y pertrechos, a nivel inferior del
de la cámara principal, habría de descender por un empinado tramo, y pese
a todas las prevenciones y avisos, se produciría el pequeño accidente con gran
turbación de cuantos la acompañaban, ya que, como señala su cronista el
teniente de navío don Santiago de Zuloaga, «se dio un golpe que resonó, en
la cabeza, contra una caña de timón que iba de respeto...». Los Infantes, que
no las Infantas, se acostumbrarían pronto, pululando por los parajes más
recónditos acompañados por los guardiamarinas don Domingo Encalada y
don Felipe Alesón, poco mayores que ellos, encargados de su instrucción
marinera y su recreo. De sus progresos con la aguja de marear, con las forma
ciones tácticas sobre planitos y con dibujos de buques, con las maniobras yen
la fábrica de pequeños cabrestantes sobre la meseta de la cámara, se harían
lenguas los cronistas casuales que nos han servido a nosotros de fuente direc
ta.
Doscientas sesenta y ocho horas a bordo
El seis de octubre, una semana después de la llegada de Navarro a Nápo
les, embarcaba la familia real en los navíos a ella destinados. Este tiempo se
había empleado en avituallar la flota y subir a bordo unos cañones de nueva
fundición de los que se esperaban notables resultados; mientras tanto se
habían sucedido los actos oficiales y protocolarios, incluidas las inevitables
óperas del San Carlo, dejándose para el último momento la ceremonia de
renuncia a la corona napolitana. Los Reyes fueron llevados al Fénix en una
falúa especialmente fabricada y engalanada en Cádiz, cuyo gobierno al timón
se reservó el propio marqués de la Victoria.
La despedida que los napolitanos brindaron a su monarca cesante resultó
en extremo emotiva, permaneciendo en el puerto una gran multitud que sólo
dejó de vitorear cuando las velas se perdieron en el horizonte. No en vano con
Carlos VII se habían fortalecido el país y las instituciones, saneado la
hacienda y llevado a cabo una acertada política de obras públicas en todo el
reino.
A las ocho de la mañana del 7 de octubre, aprovechando viento fresquito
por el Norte, se haçía a la vela la escuadra compuesta en esta ocasión por cua
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45
EL BASTÓN DEL MARQUÉS DE LA VICTORIA. UNSÍMBOLO...
renta bajeles, ya que a los procedentes de España se habían unido parte de la
flota napolitana con ocho mercantes que transportaban el equipaje, y tres
galeras de la Orden de Malta que, tras haber participado en el cortejo, se reti
raron hacia sus objetivos corsarios contra las caravanas berberiscas y turcas
con la triplicada salva de Ordenanza.
No era únicamente el traslado de un jefe de Estado, que hubiese necesi
tado mucho menos aparato y protección; se trataba del de todo un nuevo sis
tema de gobierno que, habiendo demostrado su eficacia en Italia, traía con
sigo a España el flamante Rey. Entre los cortesanos y consejeros, numerosos
próceres, artistas y sabios, pretendían con sus proyectos y planes imbuir de
una nueva sabia el ya prometedor árból de la Ilustración española. En parte
arraigarían estas novedades, y en parte serían rechazadas como extranjeris
mos irritantes por el pueblo español. Entre la comitiva se contaba el Marqués
de Squilache, nuevo ministro de Hacienda y Comercio, quien entre otros pro
gramas tenía intención de introducir en España la lotería napolitana, prome
tedora de grandes ingresos para las arcas del Estado.
Además del séquito, embarcaron en Nápoles criados de ambos sexos para
atender el servicio de la real familia, y guardias de Corps para la seguridad de
los aposentos. Cortesanos, damas, azafatas, camaristas, criados y guardias,
poco acostumbrados a travesías marítimas, serían de muy poca utilidad
debido a su estado de semipermanente mareo durante los diez días que duró
el viaje, por lo que sobró mucho de las golosinas, chocolates, vinos y jamones
que se habían acopiado en Nápoles para su regalo como beneficiarios de la
real mesa, circunstancia ésta de la que, como veremos, el general de la escua
dra sacaría provecho por concesión graciosa del Rey.
El viaje constituyó para Carlos III no sólo un auténtico bautizo de mar,
sino una profunda toma de contacto con su Marina por medio de alguien tan
caracterizado como el marqués de la Victoria; buena parte de lo que con esta
ocasión expuso a Don Carlos se publicaría en 1761 bajo el título «Discursos y
diferentes puntos particulares sobre marina que expone á los R.P. de V.M. el
marqués de la Victoria, capitán general de vuestra Real Armada». No es
aventurado afirmar que si la política de construcción de buques y de perfec
cionamiento de infraestructuras en este ámbito no sólo no se frenó durante el
reinado, sino que se amplió hasta el grado de convertir a la Nación en un
momento determinado en una potencia naval sólo superada por Inglaterra,
ello fue en cierta medida debido a que sus marinos, y muy singularmente don
Juan José Navarro, supieron conseguir del Rey un decidido apoyo a su poder
marítimo como única forma eficaz de mantener unidos sus extensos domi
nios. Tal vez un Yiajede esta índole en edad madura por parte de su sucesor
Carlos IV, hubiese hecho variar el rumbo de la Historia, despertando en éste
el interés por una poderosa flota penosamente sacrificada por el generalísimo
Godoy, quien eludía con aversión el mero hecho de embarcarse.
Los comentaristas de la jornada hablan de la inclinación del Rey por la
Marina, de sus numerosas preguntas a los pilotos y jefes del Estado Mayor
sobre rumbos, vientos y maniobras, cabos de labor y táctica naval, llegando
Año 1994
H. O’DONNELL YDUQUE DE ESTRADA
a ganar una apuesta con su confesor sobre la duración del viaje una vez que
pudo calcular los datos de velocidad y distancia, y cuyo premio consistía en la
rica cruz pectoral del eclesiástico, aunque como el propio monarca señalaría
irónicamente, el verdadero perdedor en cualquier caso no podía ser otro que
él mismo, ya que se vería obligado a regalar a su oponente una joya más rica
aún.
El Rey acabó conociendo el Fénix de roda a codaste y en toda su distribu
ción interna, hablando con soldados, marineros y oficiales, mostrando sus
propios y notables conocimientos en otras ramas relacionadas ocasional
mente y que ponían de manifiesto su preparación. Zuloaga cuenta la anéc
dota del carpintero francés que le presentó una preciosa maqueta de madera
de una máquina de su invención destinada a hacer varar los navíos, esperando
una gracia real a la vista de la manera en que celebraba todo Don Carlos, y de
qué manera éste le demostró con sus conocimientos de Física y Mecánica la
inviabilidad del invento. De cómo tratar a la tropa tenía el Rey también acu
mulada experiencia, demostrándolo en el momento de acercarse a besarle la
mano los soldados de Batallones de guarnición en el navío, entre los que se
metió también el paje de un oficial de guerra de alta graduación que lucía el
blasón de su señor; la tropa quedó ganada por completo al exclamar el Rey
dirigiéndose al lacayo «no conozco criados de esta librea» y añadir volvién
dose a un soldado mientras agarraba su uniforme azul de vueltas grana: «de
ésta sí».
La experiencia de Doña Amalia de Sajonia no fue sin embargo nada grata
pese a los conciertos de flautas, oboes, trompas y violines a cargo de los doce
músicos de Guardias Marinas, los improvisados títeres de la marinería, las
acrobacias de los pajecillos de escoba, el arte de un hábil solista de guitarra
denominado Neyra, y los numerosos paseos por cubierta y hasta proa del
brazo general de la escuadra o del comandante del navío, que ningún otro
gozó de tal privilegio. La causa mayor de su infortunio la constituyó el mareo,
que en un principio no le afectó, aunque sí y de modo violentísimo a todas sus
camareras que quedaron fuera de servicio y tiradas por donde pudieron la
mayor parte de la travesía; cuando la Reina empezó a notar sus propios sínto
mas se encontró sin nadie de su Casa que la atendiera, mientras la infeliz
exclamaba «questo movimento extraordinario de la barca me face un imbro
glia di ventre», si hemos de creer a Zuloaga.
En la mañana del quince de octubre se avistaba la costa barcelonesa, fon
deando el Fénix en la rada a las once de la noche del día siguiente. Desembar
cados los Reyes el diecisiete, se arrió su pendón para izarse la bandera de
tope.
La largueza de un rey
Tras la travesía y en muchos casos durante la misma, el nuevo rey prodigó
sus favores sin excepción, repartiendo ascensos, dineros, honores y gracias.
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EL BASTÓN DEL MARQUÉS DE LA VICTORIA. UN SÍMBOLO...
Por una relación de don Juan Antonio Enríquez, tesorero de la escuadra que
condujo a Carlos III a España, que se conservaba en la Academia de la Histo
ria, conocemos, el gran número de mercedes concedidas a don Juan José
Navarro; entre ellas se cuentan varias con ocasión de este viaje real. Fernán
dez Duro por su parte recoge una «Noticia circunstanciada» anónima, de las
dádivas concedidas a bordo de la Capitana. La liberalidad fue correspondién
dose con los sucesivos momentos del viaje.
Durante la estancia del teniente general Navarro en Nápoles, le había sido
concedido el cordón de San Jenaro, la Orden de Caballería del Reino; con
ello se hacía justicia al marino que, pese a haber alcanzado la altísima catego
ría de teniente general y habérsele otorgado título de Castilla con la denomi
nación de Marqués de la Victoria y el previo de Vizconde de Viana, no había
obtenido hasta entonces merced de hábito alguna. Prueba de la alta conside
ración en que tenía el Rey esta distinción la constituiría el hecho algo poste
rior de recriminar al Marqués de la Mina, capitán general de Cataluña, por
usar la banda azul del «Saint Sprit» francés sobre la roja napolitana.
El detalle de pilotar personalmente la falúa real, fue premiado in situ con
la invitación a cubrirse ante Don Carlos, equiparándose así el General a los
grandes de España. Esta circunstancia juntamente con la de sentarle a su
mesa, no son recogidas por Enríquez, aunque sí por Zuloaga, quien sin
embargo no parece valorar suficientemente el hecho.
Al avistarse tierras catalanas el quince de octubre de 1759, el teniente
general fue promovido al empleo inmediato y máximo: «Capitán general de
sus reales Armadas marítimas, con todos los honores, prerrogativas y sueldos
que pertenecen a los capitanes generales de mar y tierra». A las dignidades
se añadieron gratificaciones económicas muy generosas, incluyéndose en
ellas las concedidas a las hijas del marqués y un soberbio retrato de Carlos III
guarnecido de brillantes y valorado en tres mil doblones del que el benefi
ciado se vanagloriaría toda su vida.
En atención a los méritos de su suegro y a los suyos propios, y a instancias
del Marqués de la Victoria, el comandante del Fénix, capitán de navío Hevia,
fue promovido a jefe de escuadra, recibiendo también mercedes económicas,
y al fir!alde la singladura el título dMarquésdel Real Transporte, para sí, sus
hijos y sucesores, con la gracia especial de exención perpetua de los impuestos
de lanzas y media anata que pudieran gravar el mismo. Como título previo, y
como requisito necesario a toda concesión de título de rango superior al de
conde, le había sido otorgado temporalmente el de Vizconde del Buen Viaje,
denominación, como la del título definitivo, que equivalía a toda una exposi
ción de motivos de su concesión.
Como gracias accesorias el Marqués de la Victoria obtuvo todos los restos
no consumidos de la real despensa y la distribución a su arbitrio entre las igle
sias más pobres de Cádiz del rico mobiliario y decoración de losaposentos
reales y de la capilla, incluidas las alfombras, los brocados y los damascos.
Vargas Ponce añade otra merced más; la de la falúa que como propiedad de
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H. O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA
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Núm. 45
EL BASTÓN DEL MARQUÉS DE LA VICTORIA. UN SÍMBOLO...
don Juan José Navarro se custodió en el arsenal de Cartagena y fue recom
prada por el Rey en 1782 para el conde de Artois en mil pesos.
Hemos querido dejar para el último lugar el objeto principal de este estu
dio: el bastón de mando, cuyas circunstancias particulares pasamos a señalar.
Cuestiones que suscita el bastón del Marqués de la Victoria
Antonio Enríquez en sus «Gracias que el rey Carlos III concedió al gene
ral, Marqués de la Victoria y á su familia» cita, como tercera de treinta, «Un
bastón que le regaló al mismo tiempo, cuyo rico puño de oro tiene la particu
laridad apreciable de ser obra de las reales manos de S. M., al torno en Nápo
les». La «Noticia» que recoge Cesáreo Fernández Duro habla también de
«...un bastón, cuyo puño de oro lo trabajó S. M. en Nápoles», sin embargo,
la más extensa y pormenorizada «Relación del viaje...» del teniente de navío
Zuloaga se refiere al .puño de bastón trabajado también por S. M.», lo que
nos deja en la duda sobre si el objeto del regalo fue un bastón o solamente su
empuñadura, a la que posteriormente se podría haber dotado de caña de
madera horadada, contera y borlas.
Por otra parte, la entrega no parece coincidir con el nombramiento de
capitán general, que tuvo lugar el día quince de octubre, sino que es anterior,
según se desprende de la relación de Enríquez que la simultanea con la dona
ción del retrato, hablando simplemente de bastón sin más y sin añadir el
motivo o relacionarlo con la nueva categoría con la que iba a investirse a
Navarro, habida cuenta de que sobre el uso del bastón de mando no se con
serva otra reglamentación más próxima que la Ordenanza de 1716, por la que
se conceden bastones de mando con puño de oro a los coroneles o asimilados
(capitanes de navío) pero no se cita a los generales, que parecen disponer aún
de gruesas bengalas, como la que ostenta don Blas de Lezo (muerto en 1741)
en su retrato anónimo del Museo Naval. A todo esto hay que añadir otro fac
tor más que parece indicar que, ni se trataba de un bastón de mando, ni fue
hecho para ser regalado al general: el de haberse fabricado por el Rey en
Nápoles con anterioridad a la llegada de los barcos.
Pese a todos estos indicios y a la falta de fuentes legales sobre las que esta
blecer el momento en que el bastón sustituye a la bengala como distintivo del
empleo de capitán general, somos de la opinión de que los generales de
Marina lo usan ya desde mediados de siglo, como lo atestigua la abundante
iconografía de que se dispone y muy especialmente un documento absoluta
mente contemporáneo debido al Marqués Alfonso Taccoli, gentilhombre de
cámara del difunto infante Don Felipe, duque de Parma, quien ofreció a Car
los III en 1760su obra de acuarelas de uniformes «Teatro militar de Europa»,
en la que aparece el de capitán general español, dotado de un bastón de
mando del todo similar al presente. El propio gran retrato de cuerpo entero
del Marqués de la Victoria, de autor desconocido pero de excelente factura,
propiedad del Museo Naval, muestra a éste en uniforme de capitán general
«..
Año 1994
H. O’DONNELL YDUQUEDE
ESTRADA
con un bastón de mando cuyo puño, semioculto por la mano, no permite apre
ciar su dibujo, pero que con gran probabilidad se trata de la pieza regalada por
Carlos III, pese a que en la pintura no aparece la caña horadada para hacer
pasar por ella los cordones de las borlas de oro y no se distingue contera algu
na; modificaciones que acaso se hicieran con posterioridad, atendiendo a
cambios de moda más que de ordenanza.
Es muy significativo asimismo que la decoración del puño de oro incluya
numerosos motivos castrenses como armas, banderas y tambores, que exclu
yen todo destinatario no militar o consideración ajena al símbolo de mando
del propio bastón. Unas anclas repujadas disipan ya toda duda: tiene que tra
tarse de un bastón de mando destinado a un general de Marina, hecho por
Carlos III con ocasión de su viaje a España en un torno privado del que dispo
nía en Nápoles para su recreo. Tras estas aclaraciones no parece quedar duda
razonable de que el beneficiario no podía ser otro que el Marqués de la Victo
ria, a quien el Rey tenía pensado de antemano nombrar capitán general en
cuanto le prestase el primer servicio. ¡Qué gran muestra de tacto, oportuni
dad y previsión de este notable hombre que hasta en sus ratos de ocio pensaba
en sus deberes de Rey!
Características de la pieza
Se trata de un bastón de ochenta y ocho centímetros de longitud cuya vara
en su parte superior es de un grosor equivalente al pulgar de un adulto, para
ir adelgazándose hacia la contera. Sus líneas generales son muy sencillas, aun
que no así su decoración, presentando su parte superior un diseño de pera
muy común y sin complicaciones. Su trabajo artístico corresponde al tradicio
nal repujado o labrado manual de fina lámina de oro con cincel de doble bisel
y martillo. Aunque su valor artístico no es extraordinario, pecando su factura
de la ingenuidad e inmadurez de un trabajo de mero aficionado con sensibili
dad, su valor histórico es grande, constituyendo una de las más valiosas joyas
del Museo Naval.
El puño es de forma más o menos troncocónica invertida rematada por un
casquete esférico, con profusión de bajorrelieves. Su diámetro mayor es de
treinta y ocho milímetros y su altura de setenta y tres. La parte superior, des
tinada a apoyar sobre ella el hueco de la mano, presenta el motivo principal,
un medallón del busto del Rey con manto; en torno a él, cubriendo el períme
tro del mango, o bien en cartelas, aparecen otros asuntos claramente milita
res, como banderas, palmas, tambores de parada, arcos y flechas, petos, yel
mos, trompetas y anclas de Marina. Sobre la superficie lateral, cuatro óvalos
rodeados de coronas de laural muestran otros tantos retratos de la Reina.
Diversos motivos ornamentales como follajes, rocallas y roleos son claro
exponente del gusto barroco del momento.
Su caña, «caña de Indias», en tono anaranjado y de cerca de ochenta cen
tímetros de longitud y 18 milímetros de diámetro máximo, muestra el corres
76
45
EL BASTÓNDEL
MARQUÉS DELA VICTORIA. UN SÍMBOLO...
pondiente taladro relleno de un cilindro de oro por el que pasar el cordón que
no se conserva. Está rematada en su base por una contera metálica.
La elección de los motivos decorativos es muy acertada, ya que revela cla
ramente el destinatario de su fábrica, capitán general de mar, así como el
aprecio especialísimo de los Reyes, representados, Don Carlos en el lugar de
honor, y a modo de compensación y por cuatro veces, Doña María Amalia de
Sajonia, cuyos afilados rasgos recogidos por Mengs en su retrato del Museo
del Prado son claramente identificables en el bajorrelieve. No es muy aventu
rado pensar que esta inteligente princesa polaca quisiera aparecer en el obse
quio realizado probablemente en su presencia en horas de asueto, ya que de
la compenetración existente entre ambos esposos hay cumplida documenta
ción, recibiendo del Rey el cariñoso apelativo de «gran madrera», no sólo por
la numerosa prole de que de ella tuvo, siete hijos y seis hijas, sino por su sacri
ficada dedicación a la familia.
Un homenaje de justicia
El Real Decreto 1477/1992,de 4 dé diciembre de 1992 (BOE n.° 292, de
5-12-1992), promovía al empleo de Capitán General de la Armada con carác
ter honorífico a S.A.R. Don Juan de Borbón y Battenberg, Almirante de la
Armada. La Armada española, honrada con un nombramiento íntima y lar
gamente deseado, quiso sumarse al homenaje con la entrega de un recuerdo
significativo que testimoniase su adhesión. Del Museo Naval, cuyo Patronato
presidía el propio Conde de Barcelona, partió la idea de reproducir el más sig
nificativo de los bastones de mando a sucustodia, encargándose a los presti
giosos joyeros diseñadores don Miguel Angel y don Jesús Navarlaz Garrido
la reproducción exacta del bastón del capitán general marqués de la Victoria,
el más venturoso y polifacético de los marinos modernos, hecha por mano del
sexto abuelo del Conde de Barcelona. Meses antes del fallecimiento de Don
Juan, una representación de los Cuerpos de la Armada le entregó el bastón,
que conserva S. M. el Rey como recuerdo de entrañable significado.
El difícil trabajo del orfebre
La moderna tecnología permite hoy en día realizar trabajos de gran
belleza y perfección, copiándose con exactitud dibujos complicados. No se ha
querido, sin embargó, «mejorar» el original, sino guardar la máxima fidelidad
al trazado ingenuo aunque digno del real aficionado. Por otra parte, se ha pre
ferido llevar a cabo la más complicada tarea que supone su cincelado a mano,
con unas técnicas que no han variado en lo fundamental desde el siglo xviii,
y siguiendo los mismos pasos del más ilustre de los orfebres en su taller
doméstico napolitano de torno y fuelle de pie.
Año 1994
H. O’DONNELL Y DUQUE DE ESTRADA
El oro natural de veinticuatro quilates es un material demasiado blando
que si se usase para fabricar el pomo de un bastón se abollaría al primer golpe
o caída; una liga que diera un oro de dieciocho quilates sería demasiado dura
para poderla trabajar a mano con facilidad; por ello se debe escoger entre una
gama que va de dieciocho a veinticuatro quilates, según el criterio apetecido.
En el caso presente se ha elegido oro de veinte quilates con aleación de plata,
en lugar de cobre, para hacer la pieza más clara, con resultados de una gran
similitud.
Una vez ligado el oro a veinte quilates, se entalla en plancha de un mínimo
de siete decímetros para poder dar formas torneadas y redondeadas a lo que
constituirá la futura empuñadura en bruto. Al mango sin desbastar ni pulir se
le aplica una anilla concéntrica que cierra la unión con la caña por la parte pos
terior, repasándose el conjunto con una fina lija.
A continuación se dibujan los motivos hasta el más pequeño detalle en su
proporción y dimensiones definitivas, y con un cincel y un martillo se lleva a
cabo una obra artística de mérito no inferior al de una escultura o pintura,
ajustándose perfectamente la caña al enmangado de oro y taladrániose con
sumo cuidado ésta e introduciendo en el orificio un cilindro de oro rematado
por dos círculos abiertos a la altura debida, para poder hacer pasar el corres
pondiente cordón. El rematado inferior de la caña se realiza con un emboque
de plata con base o apoyo de metal que amortigua el roce con el suelo y pro
duce el característico sonido que debe acompañar al acompasado juego de
movimientos con la vara y pasos, distintivo del caballero del Madrid o del
Cádiz dieciochescos.
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44
LA HISTORIA VIVIDA
Alicia DAUVIN DEL SOLAR
Escritora
Santiago de Chile
Recuerdo de una visita
Todavía están recientes los ecos de la última visita del buque-escuela espa
ñol Juan Sebastián de Elcano al puerto y ciudad de Valparaíso. Toda la serie
de actos programados en su honor se desarrollaron en un ambiente de entu
siasmo y cordialidad receptiva, y durante una semana los marinos españoles
se hermanaron con sus camaradas chilenos en intensa participación afectiva.
Cabe destacar dentro del intenso programa oficial la visita al buque del
Presidente de la República don Eduardo Frei y en el que permaneció más
tiempo que el protocolariamente establecido; la ofrenda floral en el monu
mento a los héroes de Iquique; la jura de bandera de jóvenes españoles resi
dentes en Chile y la ceremonia de imposición de la Gran Cruz del Mérito
Naval española al Comandante en Jefe de la Armada chilena, almirante Jorge
Martínez Busch. Otros actos importantes fueron también la visita de oficiales
y guardiamarinas españoles a la Escuela Naval Arturo Prat, con las conferen
cias dictadas por el vicealmirante Juan Carlos Toledo de la Maza, rector de la
Universidad Marítimade Chile, sobre «Chilenidad e hispanidad marinera» y
del coronel auditor director de esta Revista, José Cervera Pery, que trató el
sugestivo tema de «Guardiamarinas chilenos en la Real Compañía de Cádiz».
Como cabía suponer, junto a la Marina chilena, la colectividad española
de Santiago y Valparaíso, ofrecieron diversos agasajos a todo el personal del
buque-escuela y las fiestas y excursiones contribuyeron a hacer más grata la
permanencia del velero español y de sus tripulantes.
Sesenta y cuatro años antes de este feliz evento, el Juan Sebastián de
Elcano había recalado también en Valparaíso, en su segundo crucero de ins
trucción (el primero lo había constituido un viaje de circunnavegación del
mundo), al mando también del que ya era su segundo comandante, el capitán
de fragata Claudio Lago de Lanzós, un auténtico marino de «La vieja escue
la» y un auténtico enamorado de la vela.
El acontecimiento marcó un auténtico hito en las relaciones hispano-chi
lenas, y de las informaciones y reseñas de prensa de la época, entresacamos
los aspectos más sobresalientes de esa historia vivida que supuso aquella pri
mera visita.
El 3 de marzo de 1930llegó a Valparaíso el buque-escuela de guardiama
rinas Juan Sebastián de Elcano. Como en sus dos escalas anteriores en puertos
de Chile (Punta Arenas y Talcahuano), su paso dio lugar a manifestaciones de
entusiasmo patriótico por parte de las numerosas colonias españolas allí resi
dentes y puesto una vez más de relieve las simpatías con que las autoridades
y nacionales reciben a estas misiones de la patria hispana.
Año 1994
ALICIA DAUVIN DEL SOLAR
La llegada a Valparaíso fue verdaderamente emocionante, tomando
parte en el recibimiento entusiasta chilenos de todas clases y condición social,
y cuya prensa dedicó a la Marina española representada por la dotación del
buque-escuela los más calurosos y cordiales artículos de bienvenida.
Después de las visitas de protocolo, el día 6 se trasladaron a Santiago de
Chile los jefes, oficiales, guardiamarinas y una sección de marinería, donde
fueron recibidos por una gran multitud que vitoreó a España y aplaudió a sus
marinos despertando gran entusiasmo el desfile de guardiamarinas y marine
ría por delante del palacio presidencial, y que fue presenciado por el Presi
dente de la República, Ministro de Marina y demás autoridades, en quienes
el desfile causó grata impresión como así lo expusieron al embajador de
España en Chile y al propio comandante del buque.
El Ministro de Marina mostró gran interés por conocer el Juan Sebastián
de Elcano y acompañado del subsecretario y personal técnico del Ministerio
se trasladó a Valparaíso con el exclusivo propósito de conocer el buque con
todo detalle, ya que existía el proyecto de reemplazar el actual buque-escuela
chileno Baquedano por otro dotado de más modernos elementos y para lo que
el Elcano podría ser una buena fuente de inspiración. Salieron de la visita alta
mente complacidos mostrando grandes deseos de encargar un buque-escuela
igual a los astilleros españoles.
Innumerables fueron los festejos ofrecidos a la dotación del buqueescuela español, no sólo por parte de la colectividad española, sino también,
del elemento oficial chileno que terminaron en animada fiesta a bordo,
correspondiendo así a las cariñosas atenciones de todos recibidas.
A las ocho de la mañana del 10 de marzo se hizo a la mar el Juan Sebastián
de Elcano siendo despedido por numeroso público que esperaba también la
llegada de la escuadra peruana, y por feliz coincidencia cuando el velero espa
ñol pasaba por la boca del puerto se encontró en ella con el buque insignia de
la referida escuadra, cambiándose los honores reglamentarios.
Este hecho fue también muy favorablemente comentado. .por la prensa
chilena, por haber sido España con su buque-escuela el que se adelantara a
recibir a aquellos buques peruanos que después de cincuenta años realizaban
un viaje de cordialidad por aguas chilenas.
En sus comentarios finales, toda la prensa del país chileno consideró como
fructífero el resultado de la visita del Elcano a los puertos de Chile, que con
tribuyó no sólo a estrechar más y poner en mayor evidencia los vínculos de
fraternidad que unen a los dos países, sino que ha servido también para
aumentar el prestigio de los constructores navales españoles.
Desde aquel lejano 1930 hasta los días actuales, el Juan Sebastián de
Elcano ha venido visitando con continuidad y frecuencia los puertos de Chile,
que desde hace varias décadas también cuenta con su hermano gemelo, el
buque-escuela Esmeralda que en recíproco tratamiento, cuando recala en
puertos españoles, recibe todo el afecto y comprensión de la nación española,
ayer madre y hoy hermana sobre la genealogía de la Historia.
80
45
DOCUMENTO
Don Diego Contador sentó plaza de cadete en el Real Colegio de Artille
ría de Segovia el 24 de diciembre de 1771,salió subteniente de Artillería el 25
de diciembre de 1775 y, por su talento, quedó como profesor de mecánica y
cálculo diferencial e integral de dicho instituto. El 20 de enero de 1778,a peti
ción propia, se pasó a la Real Armada con el empleo de alférez de fragata y
el cargo de maestro de mecánica en la Compañía de Guardias Marinas de
Ferrol, qué acababa de establecerse, de la cual fue nombrado también habili
tado.
El 22 de febrero de 1783ascendió a teniente de navío e ingeniero, yen este
Cuerpo de Ingenieros de la Armada ascendió a brigadier el 6 de enero de
1784, sin haber estado embarcado ni haber navegado un solo día, cosa inusual
para la época.
Durante catorce años fue gobernador dela plaza de Ferrol, «con general
aceptación», y ascendió a jefe de escuadra el 22 de julio de 1796. En 1808fue
destinado a Cartagena y ascendió a teniente general el 14 de octubre de 1814.
Tuvo diversos destinos hasta que falleció el 30 de julio de 1833, de muerte
natural, cuando contaba con setenta y seis años de edad y más de sesenta y dos
de servicios efectivos; eso sí, sin embarque alguno. Tenía ganada reputación
de sabio, honrado y recto.
Durante su mandato en Ferrol dio las instrucciones para los bailes de más
caras, que aportamos como curiosidad del buen gobierno de don Diego Con
tador, que así aparece nombrado en Estados Generales y en la Biografía de
Pavía.
Año 1994
DON DIEGO MARTINEZ
DE CORDOB Y CONTADOR GEFE DE ESQUADRL DE LA
REAL
ARMADÁ:
GQBERADOR
POLITTCO, Y (LITAR
SUUDELECÁDD
DE REALES RENTASEN
DE ÉSTA PLAZA:
ELLA Y SU PARTIDO, &.
:saber..
las personasde
estado,
sexsoy condicban
que fueren
queEx&-.
pm
Orden
deltodas
Excelendsimo
Señorqualquieta
D. Francisco
de Taranco,
Capitán Generál
de ,este
cito y Reyno, se manda, queen el Coliséo de ésta Plaza se executen durante el presente
Carnabal algunos Bayles públicóscoñ máscara, á fin de atender con su produao á las ur
gencias Mi1itres que S. E. estime conveniente; y’ para que éstas Funcionesse executen con la quie.
lsd , buen orden, y Policla que es devido , se matda , y previene lo siguiente:
T.
IT.
Que ninguna persona lleve armas de ningunaclase á dicha Funcion.
Que en el Patio del Collado,no entre ninguna persona que no vaya disfrazada, y con Misra-.
ra , á no sér los empleados por el Magistrádo , y miembros de Justicia.
IT!. Que & los Palcos, 6 Cazuelas debe irae síu disfraces , ni Máscaras ; y en el caso de que
algunas de las Périonas disfrazadasen el Patio, quiera subir á los Palcos ó Cazuelas , tendr.
la Caréta quitada mientras subsistaen estossitios.
1V.
Que en el Patio no se entrará con uniformes( á no sér los Oficiales empleados para la
Policia del Teatro ) y que tampoco han de usarsede uniformesde Militares para disfraces , nl
menos de los de Edesiasticos , Religiosos ti otros Sagrados6 de Dignidades.
V
Que las Personas, que asistan & esta Funcios han de sér de las dIcentes y ¡nodéstas , Isa
que no ad presetitaráa con disfráces ridiculos y extravagantes , 6 indecetátés, ni fumarán is rl
Teatro, Palcos, ni Cazuelas.
VI.
Que para que se mantenga la quietúd, tranquilidad y buen orden , no se use de las
cias de la Caréta , para decir, ni hacer cosas indecorósas,ni de que puedan resultar quex.as , y
disturbios , ni perjuicio, 6 agraviode tercero.
VII. Queen las quatro Calles que rodean el Teatro, no se paren, ni agromeren gentes , passd.
con quietud , y silencio, las que vayan á las ‘unciones , y no deteniendoseningunas otras,
17111. Que así los que vayan de Máscara,como los que no la lleven, han de ir acompañadosde lucc
por las Calles.
IX.
Queestando prohividos los disfráces y Másçaraspor Reales Pragmsticaa , y pernaitienlosa
solo ahora estós Bayles enmascaradosen el Teatro, para los fines que los Superiores estiman cosa
venierites, nadie llevará pór las Calles puesta la Caréta.
X.
Quepor igual razon se prohive á los Vecinos, estantes y laabitantesen este Pueblo , recivan
Máscaras en su Casa , y el que tengan Bayles. donde éllas asistan.
Xl.
Quepor la puerta de la izquierda del Teatro há de ser la entrada , y donde deben entregarse,
así los Voletines, como las Capas ti Capotes, y élfin de que no ae equivoquenéstos, llevaráca
da uno cosido su Nombre en un Lienzo debajo del cuello.
XII.
Quela puertade la derecha del mismoTeatro, será la de la salida , y al que saliese para bolvcr
á entrar, se le dará en la puerta una contra—seda,
que entregará en la propia puerta, que atrá
tambien de entrada para los que hayan salidocon contra—seña.
XIII.
Que por la puerta de la espalda del Teatro, no entrarán ni saldrán sino los sirvicu’:c del
Teatro, y empleadosen él.
XIV.
Que por céda persona se cobrará de etitrada diez reales de vellon, por cada noche cleljien:io
pagar tambienla misma entrada las personasque vayan á los Palcos, además de pagar
crda
Palco de primera fila treinta reales de veilon , veinte por los de segunda y quatro reales de
sellen por cada Asiento de la tercera fila.
XV.
No se fumará en el Collado,y iold pdr fumirse en el quarto inmediatod la entrsda, donde
solo podrán estar hombres ,y no muger alguna.
XVI. Enel foro se podrá bever, 6 comer, pagando por Arancel, que tendrá fiado á la vista de todos
el que despacha.
XVII. Habrá dos Bastonéros nombrados por el Magistrádo, los qualesdispondrán lo que han de tocar
las Orquestas, y el tiempo que há de durar cada espaciede toque, sin que nadie pueda entrolllelerso
en ello, quedandole la libertad de baylar 6 ñál? que se roque.
Baxo cuyas circunstancias, y Reglas se dará rincipio él éstas Funciones, quando se avise pcr
Carteles particulares, que ad fixáran enias Puertas4el Coliséo, donde tambiense pondrán las dcrnas
reglas de Polici, y buenórden, que hán deobsérvarse en estas Funciones: esperando de los lo
dividuos, que cnmposieneité’Psíblico,eontribufráhtodospor su parte á que se executela divesdon
coriel mejor sostego;tiaáiqUilidad,yiarmonía yen casode que algunosfalten a semejantesdeha-.
res, 6 desluzcan , contra lo que ae previene , y manda,serán castigadoscon el rigór que el caso,
y las circunstanciasexijan. Y para que ningunoalegueignorancia,espido el presente, firmado cm,
y refrendado del-infrascrito Escribano del Número,y Ayuntamiento:En la Plaza del Ferról, ú
dias del mes de.Febrero, año de a8oS.
Por mandado de su Seíiora’a.
DIEGO C’ONTADÓR.
Antonio
JuanÜardcmll.
LA HISTORIA MARÍTIMA EN
EL MUNDO.
El Instituto de Estudios Histórico-Marítimosdel Perú
Sus antecedentes se remontan a septiembre de 1963, cuando a iniciativa
de la Comisión de Cultura del Centro Naval del Perú y del Museo Naval y bajo
los auspicios del Ministerio de Marina, se creó la comisión encargada de
redactar la historia marítima del Perú, proyecto ilusionadamente ambicioso
y necesario, que luego se plasmaría en vigente realidad.
La labor constante y bien planificada de los historiadores y expertos
encargados de preparar la primera parte de la Historia Marítima —verdadera
enciclopedia del dilatado quehacer marítimo peruano— dieron como fruto la
plasmación de una obra sustancial, fundamentalmente histórico-científica,
en doce volúmenes que abarcan las áreas científica e histórica, esta última en
sus épocas Preshispánica, Conquista, Colonia, Emancipación y comienzos de
la República. La crítica mundial especializada emitió su veredicto favorable
al considerar a la Historia Marítima del Perú no sólo como el más importante
esfuerzo en la materia realizado por un país de habla hispana, sino también
como la versión más completa y autorizada acerca de aquella compleja e
intensa actividad marítima.
Vistos los excelentes resultados obtenidos en la investigación, el 17 de
octubre de 1973se crea como continuación de la comisión historiadora el Ins
tituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, que prosigue la obra
emprendida encomendando a renombrados historiadores —bajo la coordina
ción de distinguidos almirantes— la difícil, aunque sugestiva, tarea de histo
riar la vida marítima nacional desde mediados del siglo xix hasta comienzos
del siglo xx, y de esta manera enlazar cronológicamente la primera parte con
la segunda, a la que seguirán una tercera y cuarta parte comprensivas de los
períodos 1919-1947y 1947-1968 respectivamente.
Orgánicamente el Instituto es una entidad de derecho privado cuyo fin es
realizar y foméntar el estudio sobre el mar peruano, la Historia Marítima del
Perú y los acontecimientos relacionados con el poder marítimo. Está regido
por una asamblea general que es el órgano supremo de la Asociación y cuenta
con un consejo directivo integrado por miembros de número elegidos en la
Asamblea General. Sus académicos son de número o correspondientes, elegi
dos entre destacadas personalidades peruanas y de los países iberoamerica
nos, y se rigen por sus correspondientes estatutos. Edita periódicamente una
revista que es el órgano oficial del Instituto y cuya donación por canje contri
buye a enriquecer su biblioteca. También edita diversas publicaciones sobre
temas históricos, marítimos y estratégicos.
El Institúto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú tiene suscritos con
venios con diversas instituciones, tales como la Universidad de Lima, para
Año 1994
83
fosÉ
ANTONIO OCAMPO
desarrollar proyectos conjuntos de orientación científica, tecnológica y cultu
ral, relativos al ámbito marítimo, fluvial y lacustre; o como el Centro de Altos
Estudios Militares, para el desarrollo de intercambio de programas culturales
y de información sobre la realidad nacional, incluyendo orientación científi
ca, tecnológica y cultural, relativos al ámbito marítimo, fluvial y lacustre. Y
por último con la Dirección de Intereses Marítimos, con el fin de contar con
la asesoría calificada, permanente y duradera, para el mejor funcionamiento
del Archivo Histórico de la Marina, con el fin de preservar, incrementar, cla
sificar y difundir sus fondos documentales en forma técnica y adecuada.
El Instituto presta también apoyo a distintas entidades de la Marina de
Guerra, en especial a la Escuela de Guerra Naval, a la Dirección de Intereses
Marítimos, al Museo Naval, y proporciona elementos de juicio a la Coman
dancia General de la Marina y al Estado Mayor General de la misma.
La Comisión de Estudios Estratégico-Marítimos fue creada por el Insti
tuto en octubre de 1984, y está formada por oficiales de Marina de reconocida
solvencia intelectual así como por otras personas idóneas en diferentes disci
plinas, destinada a cultivar y promover los estudios de carácter estratégicomarítimo y contribuir al desarrollo, consolidación y divulgación de una estra
tegia marítima nacional, para lo cual cuenta con tres organismos: Junta
Directiva, Departamento de Coordinación y Comités de Trabajo.
Dentro del Instituto radica también la Secretaría Permanente del Simpo
sio de Historia Marítima y Naval Iberoamericana cuya última reunión se cele
bró en Viña del Mar (Chile) en el pasado noviembre de 1993. Anteriormente
se había celebrado otra en Lima, y están previstas sendas celebraciones bia
nuales en Argentina, Brasil y posiblemente España.
La dirección del Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú es:
Avenida de Salaverry 2.487, Lima 27, Perú. Teléfonos 229950 y 407273.
José Antonio OCAMPO
84
45
NOTICIAS GENERALES
Visita de los Reyes al Museo Naval
El pasado 20 de abril, Sus Majestades los Reyes de España, Don Juan
Carlos y Doña Sofía, visitaron el Museo Naval tras las obras de remodelación
y acondicionamiento llevadas a cabo en dicho centro. Los monarcas, a quie
nes acompañaba el jefe de su Cuarto Militar, almirante Poole Pérez-Pardo,’
fueron recibidos por el almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, almi
rante Juan José Romero Caramelo; el jefe de la Jurisdicción Central, viceal
mirante Antón Pérez-Pardo, y el director del Instituto de Historia y Cultura
Naval, contralmirante José Ignacio González-Aller Hierro. También fueron
cumplimentados por el pleno del Patronato del Museo, encabezado por su
presidente 5. A. R. el Duque de Calabria.
Don Juan Carlos y Doña Sofía giraron una detenida visita a las nuevas ins
talaciones, recibiendo las detalladas explicaciones de su director, y pudieron
admirar los incunables y manuscritos, cuadros famosos de combates navales
y personajes de relieve, instrumentos náuticos de precisión y cartografía de
los antiguos dominios españoles en América y el Pacífico. Igualmente, se
‘detuvieron en la contemplación de los numerosos tipos de navíos de los si
glos xvi a xviii.
Los trabajos de remodelación del Museo Naval, que han supuesto la
inversión de ciento cuarenta millones de pesetas, financiadas por el Ministe
rio de Defensa con la colaboración del Ministerio de Cultura y diversas ayu
das de particulares, constituyen la primera fase de un ambicioso proyecto que
Año 1994
85
NOTICIAS GENERALES
se continuará en los próximos años con la rehabilitación de las cinco salas que
aún quedan pendientes y con la reorganización, restauración y clasificación
de todo el material de los siglos XIX y xx.
Como señaló el almirante Romero Caramelo en las palabras de saludo a
Sus Majestades, estas modernas instalaciones guardan una de las colecciones
más notables del mundo, no sólo por la importancia de su patrimonió, sino
también por el elevado valor artístico de algunas de las piezas señeras que ate
sora, para rogar a los Soberanos que vieran en los objetos expuestos en las
diferentes salas, «lo que muchas generaciones de marinos han sido capaces de
conseguir con su trabajo, su entrega, su vocación y sacrificio, en la victoria o
la derrota con la mente puesta al servicio de España y la Corona».
Conferencias en Valparaíso
Con motivo de la visita del buque-escuela español Juan Sebastián de
Elcano a la ciudad chilena de Valparaíso, tuvieron lugar en la Escuela Naval
r
Conferencia del coronel auditor Cervera Pery en la Escuela Naval de Chile.
86
Núm. 45
NOTICIAS GENERA LES
«Arturo Prat», de la Marina chilena, dos conferencias para guardiamarinas
chilenos y españoles dentro de un acto de confraternización de ambas Arma
das.
La primera de ellas —el 12 de abril pasado— fue dictada por el rector de
la Universidad Marítima de Chile, vicealmirante Juan Carlos Toledo de la
Maza, que disertó sobre «Chilenidad e Hispanidad marítima», y la segunda,
pronunciada por el coronel auditor José Cervera Pery, director de la REVISTA
DE HISTORIA NAVAL, cuyo tema fue el de «Guardiamarinas chilenos en la
Real Compañía de Cádiz».
Los conferenciantes fueron presentados por el director de la Escuela
Naval chilena, capitán de navío Fernando Gaete Winkelmann Gaete, figu
rando entre los asistentes, además de los alumnos mencionados, el coman
dante y oficiales del Juan Sebastián de Elcano y autoridades navales de la
Marina chilena.
Posteriormente, el día 16, el coronel Cervera Pery repitió su conferencia
en el mismo centro de la Escuela Naval «Arturo Prat», esta vez para la totali
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NOTICIAS GENERA LES
dad de cadetes navales y aprendices de la Marina chilena, a solicitud del
mando de la citada Escuela.
Inauguración de la Cátedra extraordinaria«AlmiranteMartín-Granizo»
El 25 de abril se celebró en la Universidad de Salamanca el acto inaugural
de la Cátedra extraordinaria «Almirante Martín-Granizo», en el aula Salinas
del edificio histórico. En el curso de la ceremonia de inauguración, el primer
director de la cátedra, vicealmirante Albert Ferrero, desarrolló el tema «La
Armada como instrumento de la política exterior».
A dicha conferencia asistieron el director del CESEDEN, general de divi
sión Sosa Hurtado, así como el jefe de la Jurisdicción Central de la Armada,
vicealmirante Antón Pérez-Pardo, y una nutrida representación universitaria
y militar, hallándose también presente la viuda del almirante Rodríguez
Martín-Granizo> doña Eva Núñez.
La nueva cátedra es fruto de la revisión del Convenio de Cooperación,
que data de 1985, entre el Centro de Estudios de la Defensa Nacional
(CESEDEN) y la Universidad de Salamanca, firmado en la fecha arriba indi
cada.
Décimas Jornadas de Historia Marítima
Durante los días 9 a 11 de mayo últimos, y organizadas por el Instituto de
Historia y Cultura Naval, con la colaboración de la Asamblea Española de la
Soberana Orden de Malta y el Instituto de Estudios Históricos y Hospitalarios
de la Orden de Malta de la Universidad Complutense de Madrid, han tenido
lugar en el marco de la sala de exposiciones del Museo Naval las Décimas Jor
nadas de Historia Marítima, con un ciclo de conferencias bajo el título gené
rico de la Orden de Malta, la Mar y la Armada.
Intervinieron en las mismas el coronel auditor José Cervera Pery, que
disertó sobre «La Orden de Malta y la Armada: una vinculación histórica»; el
profesor Dr. Paolo Caucci Von Sauken, presidente del Centro Italiano de
Estudios Compostelanos, que habló de la Orden y el Camino de Santiago, y
el canciller de la Asamblea Española de la Orden de Malta, don Juan Echeva
rría Gangoiti, que habló de la Orden en nuestros días.
Las mesas redondas estuvieron moderadas por el director del Instituto de
Estudios Históricos y Hospitalarios de la Universidad Complutense de
Madrid, don Hugo O’Donnell y Duque de Estrada, que tuvo a su cargo el
tema de «La Orden de Malta en las colecciones documentales del Museo
Naval», y en las que participaron igualmente don Valentín Céspedes Arécha
ga, investigador y miembro del Archivo Histórico de la Asamblea Española
de la Orden de Malta (Aportaciones inéditas a una historia común); el capitán
de fragata e investigador naval don Antonio de la Vega Blasco (Los marinos
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NOTICIAS GENERALES
del Museo Naval), el teniente coronel médico don Manuel Gracia Rivas,
director del Centro de Estudios Borj anos de la Institución «Fernando el Cató
lico» (Los «grafitti» del palacio de Ambel), doña María del Carmen Aréchaga
Rodríguez-Pascual, directora del Archivo de la Asamblea Española de la
Orden de Malta (El caballero del reloj de Ticiano, ¿un personaje desconoci
do?), y los investigadores y miembros del Archivo Histórico de la Orden don
Carlos Sangro Gómez-Acebo (Estudio de la identidad de la talla de un caba
llero orante) y don Juan Alejandro Magaz Van Nes y don Diego Gamazo de
Roux (La iglesia de la Veracruz en Segovia).
El acto de apertura del ciclo estuvo a cargo del contralmiranté González
Aher Hierro, director del Instituto de Historia y Culturá Naval, siendo clau
suradas las conferencias, en nombre del almirante jefe del Estado Mayor de
la Armada, por el jefe de la Jurisdicción Central, vicealmirante Antón PérezPardo.
Conferencia debate en el Centro de Estudios Malaspinianode Mulazzo
El pasado 28 de mayo en el auditorio «Mario Mengoli» del Centro de
Estudios Malaspiniano de Mulazzo (Italia), el profesor Oldrich Kaspar, de la
Universidad Kariovy de Praga, pronunció una conferencia bajo el título de
«El nuevo siglo visto por un europeo del setecientos: la contribución de
Tadeo Hanke a la expedición Malaspina(1789-1794)».
En el mismo acto el profesor Roberto Malaspina, síndico de Mulazzo,
entregó al orador la «metopa Malaspina 1994» en reconocimiento de su dedi
cación al fomento de los estudios malaspiniános en el área eslavo-alemana.
La presentación del conferenciante estuvo a cargo del profesor Darío
Manfredi, director del Centro de Estudios «Alejandro Malaspina» de la
comuna de Mulazzo.
Agenda de actos culturales
Cumpliendo el encargo recibido en la reunión que tuvo lugar en la base
argentina «Esperanza», en la península Antártica, en el mes de noviembre de
1992, el Instituto de Estudios Marítimos del Perú y la Universidad de Lima,
han convocado la II Reunión de Historia Antártica Iberoamericana, que ten
drá lugar en Lima del 20 al 22 de julio próximo, adelantándose asimismo que
la III Reunión será organizada por el Instituto Antártico Chileno en 1996,
probablemente en la Base Antártica «Presidente Frei».
Como merecido homenaje al capitán de navío de la Armada española
Juan Francisco de la Bodega y Cuadra, nacido en Lima hace 250 años y
muerto en México hace 200, el Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del
Perú, los Museos y Archivos de Vancouver del Norte y la Pontificia Universi
dad Católica del Perú, han organizado un coloquio internacional en que par
Año 1994
NOTICIAS GENERA LES
ticiparán diversos especialistas en el personaje y en la época que le tocó vivir.
Las fechas previstas son del 17 al 19 de agosto próximo.
La Asociación Internacional de Historia Marítima Económica tendrá una
sesión dentro de la XI Conferencia Internacional de Historia Económica
dedicada al tema de «Administración, finanzas y relaciones industriales en
las industrias marítimas». La sesión tendrá lugar entre agosto y septiembre
del año en curso, siendo la Universidad de Leicester la encargada de su orga
nización.
El Congreso Internacional de Historia Marítima sobre puertos, ciudades
y comunidades marítimas tendrá lugar en Monreal (Canadá) entre los días
27 de agosto y 3 de septiembre de 1995, estando su organización a cargo de
la Comisión Internacional de Historia Marítima, en el marco del Congreso
de la Comisión Internacional de Ciencias Históricas.
El XX Coloquio Internacional de Historia Militar tendrá lugar en Varso
via (Polonia), entre los días 5 a 10 de septiembre del presente año, bajo el
tema genérico «Las insurrecciones nacionales después de 1794».
La participación española se realizará a través de la Comisión Española de
Historia Militar, radicada en el Centro de Estudios Superiores de la Defensa
Nacional (CESEDEN).
Ámbito nacional
Dentro de los cursos de verano de la Universidad de Oviedo, que todos los
años viene organizando el Museo Marítimo de Asturias con el título genérico
de Historia Marítima de Asturias, se desarrollará en el presente año el tema
monográfico «Marinos ilustres asturianos».
Las conferencias tendrán lugar en la biblioteca del Museo de Luanco entre
los días 18 a 23 de julio actual.
En la Zona Marítima del Cantábrico, y en base a un acuerdo con la Uni
versidad de La Coruña, se desarrollará un curso de apoyo al curso de verano
de la Universidad Internacional «Menéndez Pelayo» sobre el tema «Guerra,
exploraciones y navegación: Del mundo antiguo a la Edad Moderna».
El curso se impartirá en un total de nueve conferencias y dos mesas redon
das en las instalaciones de la Cátedra «Jorge Juan» y dos visitas a instalaciones
navales.
En esta convocatoria se han reservado cinco becas a disposición de la
Armada. Los trámites de petición pueden hacerse a través de la Sección de
Organización del Estado Mayor de dicha zona marítima.
Aulas del Mar en Cartagena. Organizadas por la Universidad de Murcia,
a través de su Vicerrectorado de Investigación, tendrán lugar en Cartagena,
entre los días 12 al 16 de septiembre próximo, las conferencias correspondien
tés a las distintas Aulas del Mar, que alcanzan este año su décima edición.
La correspondiente a «La influencia naval en la Historia», que está di
rigida por el coronel auditor José Cervera Pery, director de la REVISTA DE
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NOTICIAS GENERALES
y el profesor Juan Andreo García, del Departamento
de Historia Moderna Contemporánea y de América de la Universidad de
Murcia, se desarrollará el presente año bajo el título genérico de «Hombres,
barcos, puertos y dinero en la Carrera de Indias», y contará con la participa
ción dedestacados especialistas en la materia.
HISTORIA NAVAL,
José Antonio OCAMPO
Año 1994
RECENSIONES
BONNICHON, Philippe: Los navegantes franceses y el descubrimiento de Amé
rica.—Editorial Mapfre. Colección Mar y América. 1992. 392 páginas.
El autor de este extenso e interesante trabajo es doctor en Historia por la
Universidad París-Sorbonne, de excelente trayectoria en el estudio de temas
marítimos; entre ellos destacan su tesis doctoral del año 1973, titulada «Sou
venirs de Pierre-Bruno Jean de la Monneraye pour la periode 1760-1790»;
«The american revolution and the sea» (1974); «Historia naval brasileira»
(1975); «Missions de la marine militaire en temps de Louis XVI» (1976);
«L’importance de l’exploration maritime» (1982) y «Horizons marins, itine
raires spirituels» (1987).
La tesis que mantiene el autor está resumida admirablemente en este
párrafo que pertenece a la introducción del libro: «Los franceses no descu
brieron América, ni tampoco, evidentemente, los ingleses, ni los holandeses.
Pero intervinieron en muchos puntos del Nuevo Mundo antes que estos últi
mos, y si no precedieron a los ibéricos, sí intervinieron, al menos, en el cono
cimiento y difusión de América. Sin duda, su contribución en esta expansión
universal y multisecular es apreciable».
Se trata de una investigación precisa, prolija y, sin embargo, de fácil lectu
ra, fruto de largas horas de trabajo y dedicación. También se observa el cariño
del autor por los temas marítimos, su admiración por los trabajos de la profe
sión, el vencer las grandes dificultades que eran entonces, y aún hoy, los ele
mentos de la naturaleza desatados. Interesa también la evolución científica y,
sobre todo, la importancia política de lo si no descubierto, sí por lo menos
explorado y aprovechado, con asentamientos en lugares estratégicos.
La lectura del índice es suficiente para conocer la magnitud de la investi
gación de Philippe Bonnichon y las claves de sus inquietudes e interrogantes
históricos. Interesan, y mucho, los viajes científicos ya modernos de Bougain
ville y Lapérouse.
El índice es el siguiente:
Primera parte: Navegantes franceses en las américas en la etapa del huma
nismo.(siglo xvi). Capítulo 1: Los franceses en Brasil o los logros del comercio
entre1503 y 1505; Capítulo II: Marinos franceses en las rutas del Atlántico
Norte hasta 1543; Capítulo III: Los círculos y los medios del descubrimiento;
Capítulo IV: Primeras experiencias de colonización (1555-1565). Fracasos e
intentos posteriores hasta 1603; Capítulo V: Las repercusiones del descubri
miento.
Segunda parte: Exploración de las costas y del interior de América. Misio
nes, marina y colonias en la etapa de la hegemonía francesa en Europa (16101715). Capítulo 1: De la Francia equinoccial a la Guayana y las Antillas; una
presencia residual de los franceses en América Central; Capítulo II: Los
Año
1994
RECENSIONES
navegantes franceses en Canadá durante el siglo XVII; Capítulo III: Explora
ciones francesas en el Norte de América bajo Luis XIV; Capítulo IV: Conoci
miento de América en la Francia del clasicismo: las repercusiones del descu
brimiento en la etapa de la crisis de la conciencia europea (finales del siglo
xvii); Capítulo V: Estrategia marítima en tiempos de Luis XIV: el lugar del
Nuevo Mundo.
Tercera parte: La etapa de los beneficios, de la ciencia y del sueño: losfran
ceses y el descubrimiento de América en el siglo de las luces (1715-1742).Capí
tulo 1: Sueño y conocimiento de América en Francia durante el siglo xviii;
Capítulo II: América, ilustración y progreso. La importancia de la técnica: la
organización estatal y la transformación de la Marina durante el siglo xviii en
Francia; Capítulo III: En torno a Bouganville. Navegantes franceses en Amé
rica del Sur (1765-1769); Capítulo IV: Ciencia y descubrimiento de América,
durante el reinado de Luis XVI: en torno a Lapérouse.
Completan el trabajo una Conclusión y, como es habitual en esta colec
ción, la Bibliografía y los Indices Onomástico y Toponímico.
Antonio de la Vega
José M.a:Diccionario de Órdenes de Caballería y Cor
poraciones Nobiliarias. Editado por la Academia de Genealogía, Nobleza
y Armas. Madrid. Marzo de 1994, 176 páginas.
MONTELLS Y GALÁN,
José M. Montelis es licenciado en Historia Moderna y Contemporánea
por la Universidad Complutense, es también diplomado en Heráldica,
Genealogía y Nobiliaria por el Instituto Salazar y Castro, del Consejo Supe
rior de Invetigaciones Científicas. Ha publicado varios libros de poesía y una
novela, pero son importantes aquéllos dedicados al tema que nos ocupa: «Es
cudos y banderas de la casa de Borbón» (1991). «El hospital yla milicia de San
Lázaro de Jerusalén» (1992) y «Heráldica en la obra de don Ramón del ValleInclán» (1992).
Auténtico especialista en la materia y con prestigio internacional por su
óbra y por su excepcional don de gentes, José M. Montells nos ofrece en este
libro el fruto de largos años de investigación en los temas que tanto ama.
Aunque quizá pase desapercibido, estamos en un auténtico renacer del
asociacionismo exaltador de los antiguos ideales de la caballería, quizá
debido al deseo de algunos de regenerar una sociedad que les parece dema
siado materialista.
Nos dice el autor: «Hay en este Diccionario órdenes históricas irreprocha
bles, órdenes dudosas en cuanto a su legitimidad de origen y órdenes absolu
tamente falsas» y nos propone que en el mundo de hoy «Es en esta recupera
ción de lo auténticamente caballeresco donde podemos apreciar la falsedad o
no de una institución», lo cual es una norma de excelente y fácil aplicación
para efectuar las inevitables diferenciaciones.
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45
RECENSIONES
Las virtudes de esta obra están, en primer lugar, en ser única y actualizada
y, en segundo, en la precisión de sus datos históricos demostradores de una
profunda y minuciosa investigación.
El índice es el siguiente: Órdenes de Caballería (se consignan tan solo
las dinásticas y aquellas otras que han tenido relación con España durante el
siglo xx). Corporaciones nobiliarias. Distinciones honoríficas (se recogen tan
solo aquéllas relacionadas con el mundo caballeresco, huyendo de la infini
dad de distinciones de todo tipo que han proliferado en España en estos últi
mos años). Apéndice A: Relación de Grandes Maestres reconocidos por la
Comisión Internacional para el Estado de las Órdenes el 21 de septiembre de
1970. Apéndice B: Relación de Grandes Maestres o Jefes Soberanos. Apén
dice C: Relación de Corporaciones Nobiliarias Españolas tuteladas por la
Corona. Apéndice D: Relación de Órdenes de Caballería de las que no
consta su relación con España ni el ingreso de caballeros españoles. Completa
el trabajo una extensa Bibliografía y un Album Gráfico.
Es deseable que en la indudablemente próxima segunda edición semejore
el índice, de tal forma que una orden, que no olvidemos puede tener un largo
nombre, pueda ser encontrada en varios lugares a la vez.
-
Antonio de la Vega
LUZZANACARACI,llana: Navegantes italianos. Editorial Mapfre. Colección
Mar y América. 1992. 320 páginas.
llana Luzzana Caraci es catedrática de la Universidad La Sapienza de
Roma. Es autora de las obras «Colombo e Américo Vespucio» (1987), «Co
lombo vero e falso» (1989), «Scopritori e viagiatori del Cinquecento e del Sei
cento».
‘Este libro constituye una nueva aportación del gran proyecto editorial de
la Fundación Mapfre, creada en 1988, y que con motivo del Quinto Centena
rio del descubrimiento, ha proporcionado ya más de doscientos títulos. Es
preciso recordar que esta colección (<Mary América», dirigida con pericia por
el almirante Bordejé y Morencos. Está constituida por 19 libros, de los que
sólo faltan dos por salir al mercado.
Era inevitable que los hombres de la península italiana tuviesen gran pro
tagonismo en los sucesivos descubrimientos americanos, la historia marítima
de sus hombres, desde la antigüedad, en la historia marítima y mercantil del
mundo, sobre todo en aquellos años en que el mundo se reducía al Mare Nos
trum. Y es que la llamada bota de Italia ocupa una posición central en este
mar, lo cual era importante en aquellos tiempos del remo y la vela. Esta posi
ción central favoreció el desarrollo de las célebres repúblicas marineras de
Amalfi, Venecia, Pisa y Génova.
Desde Italia el tráfico mercantil hacia Oriente pudo llegar a Rusia, Persia
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RECENSIONES
y China; hacia Occidente se viajó por todas las ciudades musulmanas del
Norte de Africa.
La profesora Caráci, en los dos primeros capítulos del libro, nos da las cla
ves del por qué los navegantes italianos serían importantes en el descubri
miento; estos capítulos constituyen el antecedente necesario, ya que se estu
dian las técnicas náuticas y su evolución, las situaciones políticas existentes
que propiciaron la navegación mercantil y, sobre todo, la notable influencia
del Humanismo y del Renacimiento. Estos antecedentes producirán célebres
marinos, ya en la gran historia: los más conocidos, Colón ylos Caboto y los
menos como Verazzano o Cuneo. Es necesario reseñar que el último gran
navegante italiano fue Alejandro Malaspina, lo cual no deja de ser relativa
mente una cierta apropiación.
Los capítulos son los siguientes: 1. Los presupuestos; II. Las premisas;
III. Cristóbal Colón: de la intuición al descubrimiento; IV. Los otros viajes de
Colón; V. Juan Caboto y la ruta septentrional a las Indias; VI. Américo Ves
pucio: un hombre parael Nuevo Mundo; VII. Sebastián Caboto: La esfinge de
la historia americana; VIII. Juan de Verazzano y la tierra Francisca; IX. La
conclusión de los aventureros. Completan el libro la Bibliografía y los habi
tuales y tan útiles Indices Onomástico y Toponímico.
Antonio de la Vega
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