INTERVENCIONES ARTÍSTICAS EN TORNO AL RÍO TORMES
Laura MUÑOZ PÉREZ Dpto. Historia del Arte. Facultad de Geografía e Historia. Universidad de
Salamanca
RESUMEN: Esta comunicación versa sobre dos intervenciones artísticas llevadas a cabo en el ámbito del río
Tormes, en Salamanca, durante los años 80 y 90 del siglo XX. Tras analizar sus características estéticas y su
impacto social y ambiental, se cuestiona el apoyo mediático e institucional dado a las mismas, pues en última
instancia es el que determina la falta de continuidad de este tipo de iniciativas y la posterior repercusión que ese
vacío tiene para un entorno urbano potencialmente atractivo pero apenas desarrollado.
Las aguas del Tormes son muy celebradas (...). Sus márgenes (...) estarían frondosas de arboledas, con que la
Naturaleza por sí misma las hermosearía si no se le impidiese hacernos este beneficio, que nosotros debíamos
procurar con mucho arte y cuidado. Y así, casi toda la ribera en el distrito de la ciudad está pelada, pudiendo
ser un delicioso jardín si las aguas se aprovechasen todo lo posible.
Antonio Ponz. Viaje de España (tomo XII, carta VIII). 1772.
1.- INTRODUCCIÓN
Afirmar que Salamanca es una ciudad determinada por el río que la cruza no es ninguna
novedad. Su crecimiento urbanístico, su evolución económica y social e incluso su pasado
histórico han estado íntimamente ligados a la presencia inevitable del Tormes, que en
orígenes recorría el límite sur de la ciudad y, con el crecimiento de la misma, se ha convertido
en parte constituyente de Salamanca, al pasar a ocupar la orilla izquierda del río nuevos
barrios y polígonos industriales. De ese modo, lo que durante siglos se consideró una barrera,
un límite natural al desarrollo global de Salamanca, por sus propias necesidades urbanas se ha
acabado integrando como elemento vertebral de la vida ciudadana. Desde ese punto de vista,
resulta lógico pensar que, a partir, sobre todo, de la consolidación de la democracia, los
alcaldes de Salamanca deberían haberse esforzado para que dicha interacción fuera plena y
fructífera para los habitantes. Sin embargo, esa idea choca con la realidad a la que se enfrenta
la ciudad incluso hoy, pues cuenta con unas márgenes ribereñas no del todo aprovechadas
que, de manera esporádica y aislada, tratan de incorporarse al devenir local con desiguales
resultados. Los intentos por mejorar para la vida pública estos espacios, ligados en la
actualidad al ocio y esparcimiento de los salmantinos, no siempre han cosechado éxito, quizá
porque nunca se han afrontado desde una perspectiva global e integral o posiblemente porque,
para algunos sectores sociales, la ribera del río haya permanecido asociada a un espacio
marginal dentro de la ciudad. En ese sentido no hay que olvidar que gran parte de las
actividades económicas más artesanas y menos reconocidas de Salamanca se han
desarrollado, a lo largo de su historia, a orillas del río. El trabajo de curtidores, lavanderas,
mataderos o fábricas (como la conocida industria química Hijos de Mirat S. A.), así como las
ferias ganaderas celebradas en los arrabales del Puente Romano han sido prueba evidente de
ello, asociándose además el carácter obrero de estos oficios con la categoría social de los
trabajadores que los desempeñaban, los cuales residían alrededor de sus lugares de trabajo1.
El ambiente de marginación social (y la consiguiente inseguridad ciudadana),
despreocupación municipal por urbanizar y purificar la zona así como la confirmación,
durante décadas, del río Tormes como vertedero de los residuos ciudadanos, no ha ayudado a
la recuperación de estos entornos naturales para el disfrute popular, siendo un tema que no
está, a comienzos del siglo XXI, resuelto por completo, pese a los evidentes avances que se
han realizado al respecto2.
1
Esta realidad ha sido estudiada por especialistas como Santiago González Gómez, Manuel Redero San Román, David
Senabre López o Julio Villar Castro (ver bibliografía).
2
Desde la planificación, como entornos deportivos y naturales, de los recintos de La Aldehuela y la ciudad deportiva Salas
Bajas a la revitalización económica de la orilla derecha del río gracias al hotel Casino del Tormes, pasando por su
vindicación cultural con la apertura del Museo de Historia de la Automoción, su recuperación como espacio de paseo gracias
al adecentamiento del parque Fluvial o la apertura de nuevas vías de comunicación, en especial el puente Príncipe de
Asturias, abierto en el año 2000, entre otras actuaciones.
Por todo lo anterior resulta atractivo afrontar, en una mirada panorámica, aquellas
intervenciones de carácter artístico que se han querido llevar a cabo en Salamanca con el río
Tormes como eje vertebrador y poder notar cómo, bien por la desidia municipal (que puede
ocultar inconvenientes urbanísticos-especulativos no resueltos), bien por el rechazo ciudadano
(expresado a través de los medios de comunicación), bien porque el momento no resultaba
aún maduro para apreciar las bondades de las propuestas, éstas se han visto empujadas al
fracaso, entendido éste como la no continuidad de las mismas (o de otras similares) ni en el
espacio ni en el tiempo salmantino, lo que las convierte en exponentes aislados de un deseo de
revitalización del entorno ribereño.
2.- SIGNOS ARQUITECTÓNICOS/ SIGNOS DE AGUA
Dentro de la historia salmantina más reciente, dos son las actuaciones que vamos a tratar
en este breve ensayo. Si bien son el resultado del trabajo de dos autores tan dispares, estética
y formalmente, como el artista vizcaíno Agustín Ibarrola y el escultor salmantino –de
Villavieja de Yeltes- Ángel Mateos, ambas comulgan en muchos más aspectos de los que
cabría presuponer, como la valentía de sus creadores a la hora de encararse con una sociedad
reticente, el grado de experimentación que sus trabajos proponen, el deseo de desarrollar
experiencias de vanguardia en un entorno tradicionalmente conservador como el salmantino
pero, sobre todo, la perfecta integración del hecho artístico con el elemento natural, que en
este caso abarca tanto a las aguas del Tormes como a la fauna y la flora que lo personalizan.
La primera y más antigua de estas intervenciones es la que protagoniza Ángel Mateos, un
autor en quien el sentido de lo material, lo terrenal y orgánico ha permanecido siempre muy
arraigado en su creación artística. En él, el latido de lo natural, expresado a través de la parte
más robusta y áspera de la naturaleza, ha estado presente a través de la rotundidad
volumétrica, la geometría acusada (representada en la búsqueda de los planos sencillos y los
ángulos marcados), la pureza de las formas, que consigue contraponiendo líneas verticales,
horizontales y perpendiculares y las dimensiones monumentales, como ejemplos humanos de
aquellas intervenciones ciclópeas que más bien podían haber sido desarrolladas por la madre
naturaleza, explicándose así el contacto constante de las obras del escultor con el medio
ambiente.
La recia personalidad de Ángel Mateos -que
se lee a través de estas potentes esculturas que
hemos comentado- le caracteriza, además de
como un autor original y único en el marco
salmantino, como un artista inquieto e
inconformista con su condición creativa; rasgos
que trascienden su personalidad y que le han
forjado una imagen de personaje crítico y firme
en sus convicciones, más preocupado por la
Ilustración 1. Signos arquitectónicos/ Signos de agua.
investigación y comprometido con su tierra y su El Adelanto, 27-octubre-1984 (Biblioteca Universidad
entorno que atento a la condescendencia con los de Salamanca)
organismos oficiales, a los que sorprende y desubica en ocasiones. De hecho, ése fue el caso
de la exposición-intervención que aquí vamos a tratar de dilucidar, la cual se lleva a cabo
entre octubre y noviembre de 1984 3.
En la misma Ángel Mateos se atreve a colocar un conjunto de catorce grandes piezas de
chapa de hierro pintadas de colores cálidos (rojo, amarillo, naranja, ocre y morado4) en el
cauce mismo del río Tormes, en concreto junto al puente de Enrique Estevan. Los jardines del
3
Durante el verano de ese mismo año, Ángel Mateos había desarrollado una experiencia previa a esta exposición en la vecina
localidad de Huerta. Ver HERNÁNDEZ, Ángel L. “Exposición de esculturas flotantes de Ángel Mateos en el río Tormes”, El
Adelanto, 6-octubre-1984, pag. 5.
4
En teoría, aquellos tonos que adoptaría la chapa metálica al oxidarse por permanecer demasiado tiempo en el cauce del río.
parque Fluvial son así el espacio idóneo desde el que contemplar una serie de piezas de
formato cúbico que emergen del agua, flotan, se deslizan y desplazan al contacto con la
corriente, lo que las convierte en materia viva fundida con el medio natural, pretensión
constante de la trayectoria del escultor.
Este choque formal entre la vanguardia escultórica racional y abstracta de Ángel Mateos
con el entorno monumental de las catedrales que sirve de fondo al evento y, por supuesto, con
el ambiente boscoso y natural de las lindes del río es el comentario constante de los círculos
culturales salmantinos, en los que es posible oír todo tipo de comentarios críticos, desde los
admiradores de la original idea hasta los enconados detractores, quienes no ven en este tipo de
experimentos más que un afán de protagonismo por parte del artista.
Para profundizar en la concepción de estos Signos arquitectónicos/ Signos de agua hay que
señalar que se trata de un conjunto de piezas en torno a los cuatro o cinco metros de longitud
y los quinientos y mil quinientos kilos de peso, las cuales adquieren carta de libertad para
desarrollarse como entes individuales, sometidas a las inclemencias de la meteorología y a los
avatares del tiempo. El público, si participa de manera activa, podrá asistir a los cambios y
transformaciones de la obra, a la que hay que añadir además el atractivo que supone su reflejo
sobre las aguas mansas del río –duplicando así a la inversa su forma geométrica- y también su
sutil iluminación nocturna, encargada de llenar de nuevos matices unas piezas tan sugerentes
de día como de noche.
Tan importantes como los matices estéticos y los
logros formales de Ángel Mateos, son otros los
condicionantes que plantea la intervención, como por
ejemplo la idea del desafío hacia una sociedad que debe
interrogarse sobre lo que está contemplando o también
una protesta hacia esa misma sociedad, que tiende más a
la consecución de un pragmatismo de matiz económico y
técnico que a valorar en sus justos términos las
propuestas estéticas y lúdicas producto de la creación5. Ilustración 2. Exposición de Ángel Mateos.
No hay que desmerecer otro reto, en este caso el La Gaceta Regional, 26-octubre-1984
personal, dado que con esta actuación el escultor quiere (Biblioteca Universidad de Salamanca)
enfrentarse a las limitaciones que la sociedad impone al arte y, en sus palabras, busca
apartarse del puritanismo trasnochado de las actuaciones expositivas o del quehacer artístico
de siempre6.
Sin embargo, tan protagonista como las esculturas de Ángel Mateos, como el propio
creador o como los condicionantes personales que acabamos de subrayar, destaca en la
exposición el río Tormes, que carga de originalidad una muestra en la que confluyen la
belleza intrínseca de la obra de arte con una de las perspectivas más nobles, hermosas y
repetidas7de Salamanca. Lo que de racional, frío y abstracto tiene la escultura del artista
queda definido y matizado gracias al entorno escogido, que no es elegido al azar sino que
resulta ser uno de los parajes más sugerentes de Salamanca, tanto por su trasfondo histórico
como artístico así como por su idoneidad estética y su papel de icono definidor de la propia
ciudad, que es a la postre la mejor propaganda para la escultura. El beneficio último no
revierte tan sólo en las piezas –que demuestran su potencia expresiva fuera del taller o de la
sala de exposiciones tradicional, al enfrentarse con un entorno tan atractivo como ellas
mismas-. En efecto, dicho marco urbano, tanto del río como de las márgenes de éste, se ve
favorecido al hacerse beneficiario de una publicidad extraordinaria que lo lleva a la actualidad
política y social y demanda su papel dentro de la vida cotidiana de los salmantinos, ya sea
5
MACHADO. “Ángel Mateos, entre «La Bauhaus» y el principio de Arquímedes”, El Adelanto, 27-octubre-1984, pag. 22.
P. L. A. “Ángel Mateos: «Los mecenas se han acabado»”, La Gaceta Regional, 18-octubre-1984, pag. 11.
7
Ver HERNÁNDEZ, Ángel L. Nota 3.
6
como un ámbito expositivo alternativo a los tradicionales que exija una mayor participación
de los ciudadanos, ya como simple espacio de recreo y distensión de éstos. En esa línea
apuntan los partidarios de la iniciativa, quienes ven cómo se ha reivindicado, de este modo, un
rincón privilegiado del urbanismo local en la línea de lo que se hace en otros países europeos.
Sin embargo, lo que resulta más notable es que tratan, con su apoyo, que no sea ésta una
opción pasajera sino que este enclave afortunadamente harto mejor conservado, aproveche
esta ocasión para acrecentar (...) el acervo paisajístico8 de Salamanca, contando a partir de
entonces no sólo con sus conocidas bondades arquitectónicas sino, también, con las
paisajísticas y medioambientales que completan y complementan a las primeras, formando un
auténtico entorno único.
Sin embargo, no todas las voces son unánimes respecto al tema que nos ocupa,
comenzando a hacerse oír las críticas -de manera tibia al principio- cuando opinan sobre el
escaso volumen de las piezas respecto al cauce del río9. Poco a poco los ánimos se enconan,
muy en especial a raíz de una carta abierta a Ángel Mateos en el periódico local La Gaceta
Regional por su crítico de arte Francisco Casanova, en la que tacha el experimento de vano y
temerario, conminando al escultor a montar la muestra en la orilla del río pero no en su
interior, donde las piezas no pueden ser apreciadas en su volumen global. Según sus palabras,
el entorno desvirtúa y altera la fisonomía de las esculturas y éstas piden a gritos un suelo
firme sobre el que asentarse10. Casanova no logra aprehender la vertiente interactiva de la
intervención entre naturaleza y arte; la necesidad del autor de extrapolar la creación artística
de sus escenarios canónicos y, con el fin de normalizarla entre la sociedad, acercarla a un
entorno cotidiano, público, vinculado al ocio y de fácil acceso como es la ribera del Tormes.
Así, para él las obras no ofrecen ese pretendido contraste entre modernidad y tradición, pues
no es en ese ámbito donde deberían encontrar su sentido sino en una plaza de trazado
moderno y algo alejada de la parte monumental11. Negando con ello el necesario intercambio
entre lo actual y lo clásico en aras a extraer, del contraste, una visión renovada de lo antiguo y
una mirada sosegada de lo moderno, Casanova dice transmitir las sensaciones de la mayoría
de los ciudadanos y reniega de un experimento insuficientemente entendido tanto desde lo
artístico como desde lo urbanístico o ecológico. Su opinión, muy valorada en los medios
culturales locales por su veteranía y experiencia acumulada, en este caso alentó a los críticos
anónimos, aumentando un sentimiento contrario al experimento que pudo ser perjudicial a la
hora de volver a sopesar esta zona de la ciudad como futura sede de otras propuestas
similares.
Por más que desde los medios de comunicación los partidarios de la idea admitan
esperanzados que, con el presente ejemplo, nos hacen confiar en una edad futura, en la que el
auténtico arte pueda mostrarse al hombre como una necesidad para la pervivencia y el
bienestar en la misma escala que la comida, la casa y las distracciones12, la verdad es que
toda la propaganda generada, que fue mucha –incluso a nivel nacional13-, también resultó ser
pasajera y, en definitiva, no logró garantizar a largo plazo el desarrollo equilibrado del
entorno y la explotación de éste en beneficio de su conservación y del disfrute de los
paseantes, ni tampoco aseguró la puesta en marcha de otras similares iniciativas artísticas -a la
vez que medioambientales-.
8
SANTONJA, Antonio. “La exposición flotante de Ángel Mateos”, El Adelanto, 25-noviembre-1984, pag. 4.
“Algo flota sobre el agua”, El Adelanto, 17-octubre-1984, pag. 1.
10
CASANOVA. “Carta abierta a Ángel Mateos”, La Gaceta Regional, 21-octubre-1984, pag. 10.
11
CASANOVA. “Experimento, ¿para qué?”, La Gaceta Regional, 30-octubre-1984, pag. 9.
12
VELASCO MERCHÁN, Agustín. “Arte, urbanismo y esculturas flotantes”, El Adelanto, 11-noviembre-1984, pag. 6.
13
Con artículos periodísticos como el aparecido en el diario El País el 30 de octubre de 1984, titulado “14 grandes figuras de
formas geométricas flotan sobre el río Tormes”, pag. 31.
9
Olvidando estas polémicas, al escultor le queda la satisfacción personal del resultado
obtenido, que es tal que ya baraja la posibilidad de que esta muestra náutica pueda trasladarse
a otros contextos, para terminar su sueño eterno en las aguas del lago de Sanabria14.
La intervención de Ángel Mateos logra, pese a las dificultades comentadas, transformar al
río en el pedestal sobre el que libremente juegan las formas geométricas y, de ese modo, hacer
al Tormes protagonista de una actividad cultural, lúdica y fantasiosa –a la par que
espectacular- donde, como hemos visto, el propio río tiene tanta o más importancia que el
elemento artístico en sí mismo.
3.- EL BOSQUE ENCANTADO
La siguiente propuesta que vamos a desgranar comparte con la de Ángel Mateos su riesgo,
originalidad e innovación estética, así como la incomprensión de ciertos sectores ciudadanos
de Salamanca y, por supuesto, su vinculación con el escenario del río Tormes, encargado de
darle su auténtica razón de ser. Pese a ello, no es en las inmediaciones del río donde nace esta
iniciativa. En efecto, hemos de remontarnos al año 1995, cuando un grupo de estudiantes de la
facultad de Bellas Artes, asesorado por los profesores Hipólito Pérez Calvo y Leonardo
Platón, decide tallar y pintar un conjunto de olmos muertos, afectados por la enfermedad de la
grafiosis, que existen en distintos puntos de Salamanca15. El hecho de que este proyecto
multidisciplinar se asimile, desde sus orígenes, al bosque animado de pinos en Oma
(Vizcaya), obra de Agustín Ibarrola, es determinante a la hora de poder contar con el
compromiso desinteresado y el apoyo de este mismo artista, quien desde ese momento se
traslada a Salamanca para colaborar en la complicada tarea que se avecina16.
Y es que, desde el comienzo de los trabajos, las dificultades de realización se multiplican,
fundamentalmente porque son constantes y
contrapuestas las opiniones en torno a la obra,
oscilando entre las que se alegran de respirar
aires de modernidad y vanguardia en la
ciudad17 hasta aquellas otras que creen
ridículo, aberrante y nada artístico el hecho de
colorear con tonos chillones troncos muertos,
máxime en una ciudad como Salamanca, que
por su condición de ciudad monumental es, en
este sentido, muy especial y exigente18 y,
siendo como es, por sí misma arte, no es lugar
adecuado para extravagancias19.
Pese a las oposiciones, el proyecto sigue en
marcha e incluso se amplía, siendo el momento
Ilustración 3. Primer plano del bosque de olmos. Al
en que el Tormes se convierte también en
fondo, las catedrales de Salamanca.
El Adelanto, 31-mayo-2000 (Biblioteca Universidad de protagonista de la iniciativa cuando de lo que
Salamanca)
se trata es de crear, en la margen izquierda del
río y junto al Puente Romano, un bosque encantado de cincuenta y cuatro árboles secos en
una superficie de unos cien metros cuadrados, como un espacio concebido para el ocio y la
cultura y también, tal y como insiste el propio Ibarrola, un elemento de impulso económico
14
Ver P. L. A. Nota 6. Mateos va a seguir investigando en las posibilidades que ofrece la comunión entre agua y arte en otro
proyecto, concebido éste para la bahía de Palos de Moguer. Se trata de un monumento flotante en homenaje a Cristóbal
Colón. Sobre él informa ASENJO, Susana. “Ángel Mateos, la macro-escultura”, La Gaceta Regional, 12-julio-1990, pag. 10
y MARCOS, A. “Ángel Mateos prepara el proyecto de un obelisco para el «triángulo»”, El Adelanto, 12-julio-1990, pag. 36.
15
Por ejemplo, “Los alumnos de Bellas Artes embellecerán las calles y plazas”, El Adelanto, 3-abril-1995, pag. 9.
16
Entre otros, MONTERO, José A. “El escultor Agustín Ibarrola participará en el montaje de un bosque encantado”, La
Gaceta Regional, 17-mayo-1995, pag. 10.
17
G. CRESPO, J. M. “Ya han comenzado a pintar los olmos, ya llegó la polémica”, El Adelanto, 27-mayo-1995, pag. 15.
18
J. A. G. “Un bosque demasiado animado”, La Gaceta Regional, 29-mayo-1995, pag. 16.
19
“Colorines para los olmos”, La Gaceta Regional, 1-junio-1995, pag. 1.
para la ciudad, pues se convertirá en referente turístico en toda Europa y atraerá hacia sí a
nuevos viajeros.
Esta propuesta que, como la de Ángel Mateos, mezcla lo escultórico, lo ecológico y lo
urbanístico en aras a la recuperación de un entorno ciudadano minusvalorado y con grandes
posibilidades como espacio turístico y de recreo, encuentra el apoyo de la facultad de Bellas
Artes, la comisión técnico-artística del consistorio y su alcalde, el rectorado de la Universidad
de Salamanca y la intelectualidad local20 pero también sufre un contratiempo por parte de la
comisión territorial de la Dirección General de Patrimonio Cultural de Castilla y León, que
adopta posturas tradicionales y de escaso riesgo al considerar que el entorno histórico y
catedralicio de Salamanca se ve amenazado con esta presencia.
Aunque en principio su dictamen sirve para paralizar los trabajos, tras someterlos a un
proceso de control se da vía libre para su desarrollo21, lo cual anima de manera extraordinaria
tanto a la veintena de jóvenes creadores como a los profesores de la facultad de Bellas Artes y
al propio Ibarrola, quien deja su impronta personal en el proyecto a través de una escultura en
piedra de Villamayor y dos árboles pintados por su mano.
Por desgracia, este ímpetu dado a la materialización del bosque va a chocar con nuevas
dificultades y es que el ayuntamiento de Salamanca, pese a su actitud inicial, parece no
albergar ninguna intención inaugural e incluso resta su apoyo a la iniciativa. Los olmos,
abandonados a su suerte por la falta de medios técnicos y económicos para trabajar en ellos,
comienzan a dar al entorno una imagen que, lejos de mejorarlo, lo empeora notablemente,
transmitiendo una sensación decrépita, sucia e impropia de la capital22.
En los meses siguientes el proyecto pasa por todo tipo de altibajos inexplicables. Tras el
abandono en que queda el conjunto a
pocos meses de empezadas las obras
en él, el año 1996 comienza con
expectativas más optimistas que dan
a entender que, contando con el
apoyo municipal, la idea se va a
ampliar durante la primavera con
once olmos más. Según las noticias
emanadas de la prensa, en realidad el
ayuntamiento plantea un proyecto de
intervención a gran escala en la
margen izquierda del río que
Ilustración 4. El bosque de olmos, en la actualidad. Al fondo se consistirá en la limpieza de la zona,
adivina el Puente Romano.
el ajardinamiento y repoblación
Foto de la autora.
forestal de la misma y, en esa línea,
la culminación de las tareas de adecentamiento con el pleno desarrollo del bosque animado
como foco de atracción para los salmantinos, por su funcionamiento como espacio de reunión
y recreo23.
Sin embargo, la realidad indica que, en el mes de mayo de 1996, el alcalde Julián
Lanzarote está previendo la eliminación de todos los árboles y, en todo caso, para evitar su
20
Estas adhesiones se suceden en los artículos periodísticos aparecidos en la prensa local en el mes de junio de 1995.
B. F. O. “Patrimonio propone que se suspenda la actuación de Ibarrola con los olmos secos”, La Gaceta Regional, 16junio-1995, pag. 9. SERRANO, Isidro L. “Patrimonio levanta la suspensión cautelar del proyecto de los olmos”, El Adelanto,
23-junio-1995, pag. 3. Éstos son sólo algunos de los artículos publicados al respecto.
22
“El Ayuntamiento ya se ha olvidado de Ibarrola”, El Adelanto, 21-septiembre-1995, pag. 3, entre otras reseñas.
23
Por ejemplo, A. C. M. “El «Bosque animado» se ampliará con once olmos más en primavera”, La Gaceta Regional, 11enero-1996, pag. 11.
21
destrucción, su traslado a un espacio temático que se ha proyectado, sin fecha prevista de
inauguración, en la isleta central del río24.
Durante los dos años siguientes los artistas piden en reiteradas ocasiones al consistorio que
tome una decisión definitiva sobre el particular y que mejore el lamentable estado del
conjunto, si bien parece que el afán municipal es deshacerse de una obra que, pese a recibir
alabanzas en el momento de su nacimiento, no ha supuesto más que quebrantos para el grupo
gobernante. Cuando las esculturas ya se encuentran en una situación casi irreversible y ante
las presiones ciudadanas y de los artistas implicados, el ayuntamiento comienza a sugerir
nuevos emplazamientos, pues es obvio que la propuesta del parque temático en el propio
caudal del río nunca pasó de tal. Así, se oscila entre el parque de La Aldehuela, donde el
bosque seguiría vinculado al entorno del río Tormes25 o el campus universitario Miguel de
Unamuno26. Sea cual fuere su destino, lo cierto es que el futuro de esta intervención ligada de
manera vital a la orilla del río parece adivinarse lejos de éste y se esconde de una de las vistas
panorámicas más famosas de Salamanca para dar satisfacción a ciertos sujetos nostálgicos de
otras estéticas digamos “caudillistas”27 que no son capaces de apreciar la validez estética y
urbanística, por revitalizante, de la propuesta.
Si bien 1999 parece querer asistir a la colocación del maltrecho bosque de olmos en La
Aldehuela, en concreto a la entrada de su ciudad deportiva28, la realidad es que los
acontecimientos se precipitan de forma muy distinta durante el año 2000. Cuando Ibarrola es
víctima de los ataques de la banda terrorista ETA (que destruye parte de su bosque en Oma),
el consistorio salmantino, de manera quizá algo partidista e interesada –tal y como hacen
notar los grupos políticos de la oposición29-, convierte la restauración del mítico bosque en un
acto de homenaje y solidaridad con el autor vasco.
Desde lo artístico y urbanístico que más nos interesa aquí, la noticia positiva es que se
rubrica el compromiso de colocar el bosque de olmos no en La Aldehuela, como estaba
previsto, sino en una zona ajardinada entre el paseo del Progreso (frente a la plaza del
Poniente) y la plaza recién urbanizada contigua a la iglesia nueva del Arrabal. Allí, a escasos
metros de donde se alzó en origen el proyecto, quedan acogidos los ejemplares que han
podido salvarse de la penosa experiencia por la que han atravesado. El espacio del bosque se
cubre con césped, excepto los alrededores de los árboles, que se revisten de gravilla para
acentuar el contraste entre su carácter muerto y redivivo y la auténtica vida emanada de las
orillas del río. Nace así un espacio integrador que resalta los vínculos del hombre con la
naturaleza a través de la búsqueda del equilibrio y la armonía30, si bien haciendo notar
siempre la artificialidad de la actuación. En efecto, no existe el afán de que la naturaleza
absorba la intervención artística pues, de ese modo, perdería su carácter intervencionista y
propiamente humano. El deseo de estos artistas, guiados por Ibarrola, es lograr la integración
a través de la diversidad y conseguir penetrar en la naturaleza desde lo artificial. Pretender
imitar las creaciones naturales es tarea vana e improductiva de tal modo que, para lograr una
aportación útil y constructiva, hay que radicalizar aquellos aspectos que no están acentuados
en la vida a orillas del río, sobre todo aquello relacionado con la exacerbación del color31.
Desde allí los olmos siguen reflejando su rostro en las aguas del Tormes y transmitiendo a
los salmantinos que, tras un azaroso nacimiento, su esencia está ligada al río de manera innata
24
A. C. M. “Lanzarote: «La isla del centro del Tormes sería un sitio ideal para situar el bosque de olmos»”, La Gaceta
Regional, 17-mayo-1996, pag. 7, entre otros.
25
G. G. “El Bosque de Olmos, a La Aldehuela”, El Adelanto, 30-diciembre-1998, pag. 14.
26
MERINO, José F. “El bosque de olmos puede ir al campus Unamuno”, El Adelanto, 19-enero-1999, pag. 11.
27
NOVELTY, Paco. “El bosque de Ibarrola”, El Adelanto, 20-diciembre-1998, pag. 6.
28
“El Ayuntamiento recuperará en La Aldehuela el bosque de olmos de Ibarrola”, La Gaceta Regional, 15-septiembre-1999,
pag. 9.
29
J. A. G. y E. V. S. “Pareja acusa al PP de haber despreciado a Ibarrola”, Tribuna de Salamanca, 31-mayo-2000, pag. 14.
30
“El bosque de olmos se ubicará junto a la iglesia de El Arrabal”, El Adelanto, 26-mayo-2000, pag. 15.
31
Así se expresa el propio Ibarrola en Agustín Ibarrola. Arte y naturaleza... págs. 15 y 16 (ver bibliografía).
y es junto a él donde adquieren plena categoría como nueva forma de expresión artística. Con
su aspecto rompedor, colorista y trasgresor contrastan tanto con los tonos dorados que
caracterizan al clásico perfil salmantino como con la verde naturaleza que ribetea las
márgenes del río, cuya vivacidad también vivieron un día estos olmos secos. Un logrado
ejemplo de reciclaje natural y artístico, de conciencia medioambiental, de integración entre
modernidad y tradición, de land art en definitiva, se alza a las orillas de un río que, mudo,
hubo de asistir a la polémica generada en torno a su paisaje pero que, con esta experiencia tan
novedosa (igual que años atrás con la participación de Ángel Mateos), hizo nacer la esperanza
de revitalizar su milenario discurrir.
Es de lamentar que el paso del tiempo no haya confirmado plenamente esas sensaciones y
que los frutos de estas actividades no hayan rebrotado en nuevas y estables propuestas. Habrá
que esperar que, al menos, el recuerdo y el aprendizaje de estas experiencias no haya
desaparecido por completo y que, en un futuro, puedan desplegarse nuevos trabajos en torno a
las orillas del Tormes para que, una vez más y de manera constante, los salmantinos puedan
extraer de este reducto de la ciudad –que lo vertebra y lo condiciona- todo el potencial que
silencia y que, como al cauce quieto del río, es preciso escuchar para aprender de su
experiencia y saber así aprovechar sus múltiples recursos en estos nuevos tiempos.
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COMUNICACIÓN CONGRESO DUERO