elcuaderno 41
Quincenal de cultura. Segunda época
Enero del 2013: primera quincena
elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com
CHARRIS
2
elcuaderno
FOUJITA, SOUTINE, KIKÍ
Otra clase de pintores
Carlos Ardohain
Hubo una época en que el arte bullía
en los corazones de los hombres con
más intensidad que nunca, cada artista
sentía dentro de sí la imperiosa necesidad de cambiar el mundo, de hacer
de él un lugar en el que la belleza fuera
cosa habitual. En esa época una ciudad
se había erigido como faro y en ella pululaban los artistas de todas partes del
mundo. Algunos de ellos se hicieron famosísimos con los años y otros quedaron al costado de la celebridad cayendo
en un olvido, en la mayoría de los casos,
injusto. Pero todos enriquecieron la
historia de la cultura con su vida y su
obra. Aquí un par de anécdotas que recuerdan a dos de aquellos pintores.
Foujita
Kikí de Montparnasse estaba molesta,
y no era por el frío que hacía en el estudio, a eso estaba acostumbrada. El
japonés no le hablaba, si bien era cierto
que su francés era muy rudimentario y
su carácter extremadamente reservado, estaba muy inquieto. Era su primera sesión. Por recomendación de Man
Ray vino a dar al atelier de Foujita, y
éste la recibió con mucha cordialidad,
a su gusto un poco excesiva.
Le indicó un diván en el rincón, le
pidió que se quitara la ropa y le sugirió
una pose, y ahora no dejaba de dar vueltas, la miraba y miraba el papel, miraba
a su gato y la volvía a mirar a ella.
Algo parecía no funcionar. Algo
estaba fuera de lugar. Trazó un par de
líneas con lápiz y detuvo el trabajo. La
miraba a través de sus gafas redondas
y su pequeño bigotito parecía vibrar,
pero no hablaba.
Gine-Louise Delaunay, Foujita Croque Kikí, 1922, óleo sobre lienzo, 65 µ 54 cm
De pronto pareció tomar una decisión y se acercó a ella caminando lentamente con algo en la mano. Kikí sintió miedo, pero no dijo nada, observó
la figura menuda acercándose y cuando estuvo a un metro vio que Foujita
tenía en la mano un pincel de punta
finísima embebido en tinta china, una
sonrisa le iluminaba el rostro, se acercó más, se agachó y comenzó a trazar
con el pincel, uno a uno, los cabellos de
su inexistente vello púbico.
De modo que era eso, la ausencia de
la sombra triangular en su sexo ponía
nervioso al pintor, que con paciencia
le dibujó una hermosa motita de exquisitos cabellos.
Luego se paró, volvió a su tablero
y comenzó a trabajar con decisión y
alegría.
El gato se arrellanó en su silla.
Kikí se acomodó en su diván con la
certeza de que esa noche ella poseía el
monte de Venus más bello de París.
Soutine
La noche estaba helada, por las calles
de ese barrio alejado no había nadie,
pero dos sombras avanzaban riéndose y cantando, dos mujeres abrigadas
con una botella de ajenjo en la mano,
rescatada del último bar en el que habían estado. Parecían saber adónde
iban, o tal vez era solamente la impre-
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
sión que daban al caminar rápido, escapando del frío y afirmando la alegría de
estar vivas, de ser jóvenes y hermosas,
de estar en París.
Kikí y su amiga apuran el paso, les
falta poco para llegar a La Ruche, el
edificio donde viven sus amigos pintores. Tocan a la puerta de Soutine, que
es la única debajo de la cual se ve luz,
y el ruso les abre con un cuchillo en la
mano, les sonríe y las invita a pasar.
El estudio es un desorden y tirados
en el piso hay varios de sus últimos
cuadros. Ellas se quedan paradas entre los cuadros y la puerta. Entonces
Soutine les explica que estaba mirando sus últimas pinturas para ver
cuáles le parecían buenas: a las que no
aprobaran el examen les esperaba el
cuchillo. Las mujeres ríen a carcajadas y mientras él recoge las telas y deja
el cuchillo, apoyan la botella en la mesa
atestada de papeles.
En el estudio hace frío, mucho más
frío que fuera. El pintor tiene puesto un
abrigo y ellas no se sacan los suyos, pero
no pueden dejar de temblar, y entre la
risa que traen de la calle y el frío que tienen parecen estar bailando. Entonces
Soutine les dice que esperen, que las
va a caldear, así dice, caldear, dicho lo
cual agarra una de las dos únicas sillas
que hay en el estudio, la rompe y haciendo un montículo en la vieja chimenea
prende unos papeles debajo de ella para
encender un fuego improvisado.
Después toma la otra silla y, rompiéndola también, la ubica encima
de la otra y el fuego toma fuerza, presencia, se hace amo del espacio. Las
llamas ondulantes se parecen a las
pinceladas nerviosas de sus cuadros
Entonces le dice a Kikí: Bueno…,
¡ahora, a brindar!
Y los tres se quitan los abrigos, se
sientan en el suelo cerca del fuego, se sirven ajenjo y brindan durante el resto de
la noche por el fuego creador, la pintura
y las mujeres, por Rusia y por París. ¢
Portada: Charris, El cuervo, 2011. Óleo
sobre lienzo. 200 µ 150 cm
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
UN PINTOR EN SU CAMINO DE DAMASCO
elcuaderno 3
Lo que
queda
del 12
Cambio de año, tiempo
de listas y balances. El
Cuaderno ha pedido
a algunos de sus
colaboradores que rescaten
lo que merece la pena ser
recordado de entre lo que
ha traído 2012 en distintos
apartados: libro de poesía en
el ámbito internacional (Pi);
libro de poesía en el
ámbito nacional (PN);
libro de narrativa en el
ámbito internacional (Ni);
libro de narrativa en el
ámbito nacional (NN);
ensayo internacional y/o
nacional (E); música (M)
y cine (C).
VISIONES DE DAMASCO
(Una parábola)
• Damascus, 2012, óleo sobre
papel, 30,8 µ 40,8 cm
• Dark City, 2012, óleo sobre
papel, 40,8 µ 30,8 cm
Charris
On the road to Damascus
Galería Gema Llamazares
Instituto, 23. Gijón
Hasta el 27 de enero
i.
Juan Carlos Gea
Uno nunca puede estar seguro
de nada. Pero me jugaría mi colección completa de ejemplares de
El Cairo a que Moustapha, el dueño
del Damascus Bakery en Atlantic
Avenue, vende el mejor falafel y los
pastelitos de laham ajeen más inolvidables de todo Brooklyn, de toda
la ciudad y estoy por decir que de toda la Costa Este. Eso basta, sin duda,
para justificar los siete kilómetros
y pico de caminata urbana que me
obligo a dar de vez en cuando desde
mi estudio hasta Brooklyn Heights,
cruzando a pie el puente. Es poco
más de una hora a buen paso que
me sirve para desentumecer los músculos y, sobre todo, la cabeza y los ojos
después de horas, quizá días de pintura. Un peatón neoyorquino encuentra
inconcebibles esas distancias, pero para un europeo de a pie no son más que
un paseo quizá un poco extravagante.
Claro que es más discutible que las delikatessen sirias de Moustapha justifiquen una excursión a Atlantic Avenue
cruzando el East River cuando toda la
Costa Este se encuentra en estado de
pánico preventivo ante la llegada de un
superhuracán.
Los satélites dicen que aún quedan
un par de días antes de que Sandy entre en los Estados Unidos, más o menos veinte millas al sur de mi barrio,
pero llueve ya casi todo el tiempo una
lluvia fría y racheada, y el vendaval
agita con violencia los árboles desde
hace horas. Antes de salir he revisado
en el portátil las fotografías termográficas en tiempo real del satélite
NOAA: una sobrecogedora imagen
que reproduce cada quince segundos las evoluciones de una masa rojoanaranjada con bordes verdosos
que por el momento aún avanza en
paralelo a la costa y que parece salida de un cuento de Lovecraft. Pero
se me ha incrustado en la cabeza
otra imagen: la de una docena de
suculentos laham ajeen recalentándose en mi horno mientras espero
que pase el huracán con mi sobado
ejemplar de Gates of fire en las manos y buena música. Y los que me
conocen ya saben hasta qué punto
soy vulnerable a las imágenes que
ensambla mi mente. Además, acaban
de avisar de que los puentes quedarán
cerrados en unas horas.
Así que me abrigo bien, cojo mi paraguas, salgo del estudio... y antes de
haber recorrido cien metros de mi camino al Damascus, el pavimento mojado me juega una mala pasada. Resbalo junto a un plátano, me golpeo en
la cabeza con su tronco, caigo al suelo
y todo se apaga al instante.
[•]
Amelia Gamoneda
pi: Zurita, Raúl Zurita, Delirio.
pn: La bicicleta del panadero, Juan
Carlos Mestre, Calambur.
ni: El origen del mundo, Pierre
Michon, traducción de María
Teresa Gallego Urrutia,
Anagrama.
nn: Todos los cuentos, Antonio
Pereira, Siruela.
e: Esperando a Gödel. Literatura y
matemáticas, Francisco González
Fernández, Nivola.
m: A modo, Abe Rábade, Nuba +
Karonte Records.
Tess Gallagher
pi: Tremolo, Alice Derry, Red Hen
Press. Half Finished Heaven, Tomas
Tranströmer, Graywolf Press.
ni: Happiness is a chemical in the
brain, Lucia Perillo, W. W. Norton
& Company.
m: Original Album Classics,
Dave Brubeck, Sony Music
Masterworks.
c: The Best Exotic Marigold Hotel,
John Madden, 20th Century Fox.
Gabriel García-Noblejas
pi: El lenguaje del deseo,
Hadewijch de Amberes,
traducción de J. M. Ibeas, Trotta.
pn: El espejo de tinta, Andrés
Sánchez Robayna, Cátedra.
ni: Las aventuras de Sherlock
Holmes, Arthur Conan Doyle,
traducción de J. M. Ibeas, Alianza.
e: La sociedad del cansancio,
Byung-Chul Han, traducción de
A. Sarataxaga, Herder.
[página 5 •]
4
elcuaderno
UN PINTOR EN SU CAMINO DE DAMASCO
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
ii.
No por mucho tiempo.
La negrura se ilumina de golpe
como si alguien hubiese encendido un
proyector. Aunque no son diapositivas, ni retroproyecciones, ni nada que
se parezca. Son imágenes que contienen y emiten, de alguna manera, su
propia luz mate. Se mantienen unos
segundos y pasan, con ese chasquido
tan confortante y rítmico del carrusel
de diapositivas que el profesor hace
girar a tus espaldas, en la oscuridad
del fondo de la clase. Lo que veo me
recuerda bastante mis propios cuadros, pero estos no los he pintado jamás. Quiero decir que sé que lo que
veo no es pintura, pero está hecho
con pintura. Y con algo más que eso.
A veces, escucho algún sonido. Voces
o música que provienen de las figuras
aunque todo sigue estático en ellas.
Otras veces percibo con claridad lo
que piensan, o adivino con nitidez
cosas que en realidad serían completamente invisibles, de estar en un
cuadro. Unas cuantas pasan y siguen
de largo en la confusión del momento antes de que pueda siquiera verlas.
Pero me sereno, las dejo ir pasando
con la cadencia que ellas eligen y de
algún modo me acomodo mentalmente en la oscuridad de la inconsciencia para observarlas mejor.
Clic.
De nuevo la termografía del Sandy,
pero ahora enfocado casi a ras de suelo, en fuerte contrapicado, con el desnudo bloque de la Gagosian Gallery de
Chelsea en primer plano. La borrasca
se extiende por el cielo y se cierne sobre Manhattan como una crema que
palpita con los rojos, los amarillos
y los verdes enfermizos de Gerhard
Richter. Un sujeto exquisitamente
trajeado dirige hacia ella un extraño
instrumental de precisión. Una mujer
con aspecto de ejecutiva apunta cifras
a su lado. Un tercero, en pie tras un
atril que se parece a los de las casas de
subastas, las transmite fuera del campo de la imagen con ayuda de un viejo
megáfono.
• Stop, 2012, óleo
sobre papel,
65 µ 50 cm
• Departures,
2011, óleo sobre
lienzo, 75 µ 225 cm
Clic.
Un delirante paisaje de los que
dibujaba George Herriman, pero
pintado a la manera de Patinir. Una
enorme cabeza de Krazy Kat recamada con diamantes se alza como un
ídolo en mitad de los baobabs gordos,
los edificios alargados sin puertas ni
ventanas, las palmeras plantadas en
macetas, la extensa llanura curvada.
El oficial Pupp, a la derecha de la imagen, se lleva detenidos a Damien Hirst
y al ratón Ignatz. Todos ellos parecen
pequeños muñecos de plástico tienda
de baratijas.
Clic.
Bianca Castafiore, con tocado
frutal tipo Carmen Miranda, y Beni
Moré cantan a dúo Dolor carabalí con
la orquesta de Pérez Prado sobre la
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
UN PINTOR EN SU CAMINO DE DAMASCO
elcuaderno 5
[• página 3] Lo que queda del 12
m: Out of the Reeds, Pharaoh’s
Daughter, Tzadik Records.
c: Luna de papel, Peter
Bogdanovich, Paramount
Pictures.
José María Pérez Álvarez
pi: En la cuerda de tender, Dinu
Flamand, traducción de Catalina
Iliescu, Linteo.
pn: La bicicleta del panadero, Juan
Carlos Mestre, Calambur.
ni: El ángel esmeralda, Don
DeLillo, traducción de Ramón
Buenaventura, Seix Barral.
nn: La hija del este, Clara Usón,
Seix Barral.
Jesús Martínez
ni: El crack-up, Francis Scott
Fitzgerald, traducción de
Mariano Antolín Rato, Capitán
Swing Libros.
nn: Donde anidan los sueños, Blas
Gallego, Ediciones Carena.
Enrique Vila-Matas
• Desierto, 2012, óleo sobre papel,
65 x 50 cm
• Hasten, 2012, óleo sobre papel,
50 x 65 cm
Clic.
Otra estampa marinera, pero esta
profundamente serena. Sentados en
cómodas butacas de mimbre, el coronel Kurtz (bajo la apariencia del gordo Sydney Greenstreet vestido como
El Holandés en Malaca), un Joseph
Conrad anciano, Morcillón y Babalú
comparten unos vasos de ron jamaicano en la cubierta del vapor Nellie. Al
fondo, el Támesis fluye hacia el humo
de las chimeneas y el atardecer londinense. En el lugar del sol pende un
cartel amarillo que advierte: DEAD
END STREET.
cubierta inclinada en 45 grados del
Sirius mientras el transatlántico se
hunde frente al faro de Cabo de Palos:
Mi Dió yo no quiero morí
Mi cuepo no acuanta el doló
Mi negra me niega su amó...
Clic.
En apariencia, es el mismo atardecer en Cape Cod. Solo que en este
veo lo que está pensando la mujer en
pie junto a la puerta. Piensa (no: sabe,
acaba de saberlo) que nunca podrá
cruzarla de vuelta al interior. Que,
vistas desde fuera, todas las casas de
este mundo son volúmenes macizos,
inhabitables; y que, si las viese desde
dentro, la luz que entraría por sus ventanas y todo lo que alcanzase a contemplar a través de ellas sería también
una sustancia compacta y tan densa
como el óleo. De igual manera, sabe
que el bosque del fondo es solo una
cierta cantidad de pintura violácea y
negra. Que todos, su marido, ella misma, son figurantes a sueldo. Que el collie es un muñeco suspendido sobre la
hierba espesa, inmóvil como un caballito de carrusel en su eje. Esta segura
de que nadie, ni siquiera su marido, va
a creerla y por eso guarda silencio. El
tema del cuadro es su resignación. Eso
sí es igual en el original.
Clic.
Dos patinadores descienden por
la rampa central del museo Guggenheim. Todas las obras expuestas
—cientos, cubriendo toda la pared—,
son cromos de viejos álbumes de la
editorial Maga. Destaca una de Zoología y botánica (1962), reproducida
a gran formato: la imagen (cromo nº
65, fragmento) de un nativo africano
junto a un termitero que quintuplica
su estatura. La pequeña cartela junto a él reza: Humildad, o La condición
humana.
Clic.
El laboratorio de Nicola Tesla en
Colorado Springs. Bajo los extraños
aparatos y los haces de rayos, [•]
ni: Estoy leyendo con entusiasmo
creciente Moo pak, una novela
del apátrida Gabriel Josipovici,
un escritor formidable. En esta
novela, la primera que de él se
publica en España, nos cuenta la
historia de unos largos paseos por
los parques londinenses, donde
dos amigos conversan acerca del
mundo y nos envuelven en su
conversación sin barreras. Una
oda a los viajes andados, al arte
de caminar y conversar, al arte de
desplazarse, cuando esta actividad
se convierte en la más luminosa; tal
vez sea esta actividad tan creativa
porque tiene la velocidad humana.
Hay caminatas que parecen
producir una sintaxis mental y
narrativa propias.
nn: Estoy leyendo con muy
notable interés El pulso del azar
(Alfabia), de la asturiana Ana
Rodríguez Fischer. Rabia, estupor,
consternación, fracaso doloroso.
Ofrece un punto de vista muy
singular sobre nuestra ya vieja
guerra civil; lo centra en la cárcel de
mujeres de Wad-Ras, en Barcelona,
donde una joven recibe un
voluminoso paquete con cartas que
le van a contar una dura historia.
Muy bien escrita, estilo potente,
sin duda el mejor trabajo narrativo
hasta la fecha de Rodríguez
Fischer: «Y por favor, Elisa, a la
estampa que compongas, sea cual
sea, añádele el asco y la rabia, más la
consternación».
Andrés Catalán
pi: Collected Poems, Edward Dorn,
Carcanet Press.
pn: Zurita, Raúl Zurita, Delirio.
Poesía completa, Zbigniew
[página 7 •]
6
elcuaderno
UN PINTOR EN SU CAMINO DE DAMASCO
ran con gesto preocupado. En primer
plano, una camarera cuyo rostro me
resulta familiar, mantiene cerca de mi
cara un paño húmedo y me pregunta
si me encuentro bien. Reconozco el
toldo de la pizzería de la esquina con
la Segunda Avenida. Siento un suave
dolor de cabeza, cierta desorientación
que no es exactamente física y un raro bienestar, a pesar de todo. O es más
bien euforia. El apremio de volver corriendo al estudio y empezar a pintar
como un loco. El deseo de pintar.
Tesla en persona, ataviado con una
gran bata, un mandil de cuero y unos
guantes de goma, vigila con los brazos en jarras y gesto preocupado una
mesa de operaciones. Sobre ella, el
urinario de Duchamp, impecablemente ejecutado en origami, recibe
varios rayos emitidos por un aparato
invisible desde el techo. No lo pone en
parte alguna, pero sé que el título del
cuadro es Deus ex-machina.
Clic.
Una falla en la que los ninots están
dispuestos exactamente igual que en
la portada del Sgt. Pepper’s (pero ninguna de cuyas efigies coincide en realidad con las del original), a medio arder en la plaza de la iglesia del barrio
valenciano de Benimaclet mientras
la contempla por un solitario hombre de espaldas, ataviado con traje y
sombrero. Me cuesta identificar los
rostros de los ninots, pero sé que ninguno es el mío. Y no sé si eso me alivia
o me entristece.
iii.
Clic.
Un lanzador de cuchillos que se parece una barbaridad a un famoso crítico de arte que se ha ocupado a menudo
de mi pintura lanza sus dagas contra
la figura de un hombre maniatado en
una rueda que gira (este sí se parece
a mí). Cada cuchillo lleva grabado el
nombre de cada uno de los artistas a
los que ha escrito que le recuerdo; con
ellos (son decenas) me ha ido silueteando hasta casi llenar la superficie de
la rueda. En los damascos del fondo de
escenario, bordado en letras púrpuras:
La Fama.
Clic.
La torre roja, de Giorgio de Chirico. A la la izquierda de la torre, una
nave espacial humeante y medio destrozada, como si hubiese sufrido un
aterrizaje violento. Reconozco en ella
la Estrella Lejana, de Roco Vargas, dibujada por Daniel Torres. Junto a ella,
dos figuras observan el entorno: una
de ellas, es el propio Roco Vargas, vestido de astronauta y alzando la visera
de su escafandra. La otra, que mira en
dirección opuesta, es el escritor Roberto Bolaño, que sostiene con gesto
escéptico un cigarrillo en la mano derecha y guarda la izquierda en el bolsillo
de una arrugada americana.
Clic.
El Stuka del piloto de caza Beuys
alcanzado por el fuego de las lejanas
baterías rusas, justo cuando termina
de escribir con el humo de sus llamas
en el cielo de Crimea una quintilla del
trovero Ángel Roca:
El trovero ha de volar
por cielos inexplorados,
ingenio en repentizar
y sutileza en crear
han de ser siempre aliados.
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
•• Euronómadas, 2011, óleo sobre lienzo, 200 µ 200 cm • Smart, 2012, tinta
sumi y gesso sobre papel de periódico, 56 µ 60 cm
Clic.
La célebre fotografía del astronauta americano Edward H. White tomada desde el Gemini IV durante su paseo espacial del 3 de junio de 1965. Lo
que se ve tras él, flotando en el espacio,
no es un fragmento de la Tierra, sino la
esquina de una caja de Joseph Cornell
del tamaño del planeta.
Clic.
El horizonte del mar Menor visto,
más o menos, desde un embarcadero
de Los Urrutias. El Barón y la Perdiguera no son islotes sino pequeños
volcanes que emiten una fina humareda, como anticipando una erupción.
En primer plano, zarpa hacia ellas el
Submarino Peral. La ceniza de los volcanes dibuja tenuemente en el cielo la
frase: ¿Por qué me persigues?
Clic.
La fotografía de Yves Klein Salto al
vacío. Sobre el asfalto, tirado justo en
el lugar donde va a caer su cuerpo, el
Cuadrado negro de Malevich.
Clic.
El Cuadrado negro de Malevich.
Clic.
Una luz distinta. Viento y lluvia.
Caras de desconocidos que me mi-
Sin embargo, no consigo
pintar nada ni ese día ni a
lo largo de todo el día siguiente. Las
visiones del minuto escaso en el que,
según me contaron, permanecí fuera
de juego siguen girando en el interior
de mi cabeza con la misma violencia
que el huracán ahí afuera; se confunden y recombinan entre ellas, se entrometen con las de los cuadros que
ya tenía empezados para la exposición
que me espera de vuelta a España, me
lo desordenan todo como si hubiese
abierto de par en par las ventanas del
estudio para que entrase la tempestad. Me pongo en camino ante cada
lienzo, tropiezo y vuelvo a levantarme
una y otra vez. Y el final siempre es el
mismo: la frase en ceniza “¿Por qué
me persigues?”. El Cuadrado negro
como una especie de ventana abierta
a la ceguera.
El tiempo ha empeorado mucho.
Los informativos dicen que Sandy ha
tocado tierra al sur de Atlantic City
hace una hora y que permanezcamos
en casa, pero no puedo quedarme encerrado con todos estos fantasmas
que me importunan. Mejor salir que
salir loco.
Ya en las calles, me sorprende la
cantidad de nativos y turistas que han
decidido desafiar a Sandy y a las autoridades para ser testigos de lo que
quizá nunca más vaya a tener ante
sus ojos. No puedo reprochárselo. Es
un espectáculo sobrecogedor, irrepetible. Los edificios parecen trepidar bajo la tempestad y el avance se
hace fatigoso. Cuando salgo a Union
Square, todas las luces de Manhattan
sur se apagan de golpe. La ciudad se
transforma en un instante en un desfiladero de paredes oscuras. Huyo del
negro malevich y me encuentro con la
negrura también aquí fuera.
Hacia el norte, el Empire State permanece iluminado como un gigantesco faro. Su resplandor y el de las luces
que permanecen encendidas más al
norte iluminan las nubes bajas, desflecándose en lluvia. La oscuridad está
solo aquí abajo, en los edificios.
Arriba, el cielo resplandece como
un televisor estacionado en un canal
sin emisión, esperando que lo sintonicen. Se despliega tras las moles negras
como un inmenso y disponible lienzo
en blanco.
Vuelvo corriendo al estudio. Ahora
lo veo claro. ¢
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
Existe una selecta familia
de libros que vuelan fuera
del espacio y del tiempo;
que ignoran toda supuesta
convención de género.
Estas obras no dudan en
sacrificar la coherencia
interna, porque en su caso
equivaldría a dejar de
respirar, para regalarnos
un viaje tan libre como
placentero.
Carlos Vara Sánchez
Ilustraciones: Alfonso Fernández
Fisiología del gusto, de Jean-Anthelme Brillat-Savarin (editado originalmente en París en 1826 y ahora
recuperado por Ediciones Trea en
colaboración con la Fundación Alimerka), pertenece sin ninguna duda
a este caprichoso y esquivo grupo de
artefactos literarios. No ha de engañar
el ilustrado título Fisiología del gusto,
pues nada más alejado de un arduo
tratado sobre la materia es lo que se
recoge en sus páginas. Si bien hay disquisiciones sobre el proceso digestivo,
sobre los gustos y el olfato, son mucho
más abundantes las anécdotas, los
fragmentos sobre el buen comer, unas
pocas recetas e incluso algún poema.
Todos ello gobernado por la inequívoca
pasión de un francés de épocas convulsas por la buena mesa.
El valor de este libro no sólo reside
en su innegable influencia en la gastronomía desde su ya lejana fecha de
publicación, sino en su carácter radicalmente pionero e influyente sobre
un gran número de obras y escritores
posteriores. Así pues, sin forzar mucho la vista, se atisban elementos de
lo que habría de ser el característico
modo de ver el mundo de Walter Benjamin: el esfuerzo del filósofo alemán
por captar la modernidad a través de
los pasajes parisinos aquí es una sociedad cambiante escrutada desde la
mesa y la alimentación. También se
intuye un innegable anticipo de lo que
se ha dado en llamar estudios culturales; esas investigaciones —tan de moda en ciertos ámbitos universitarios—
presas de una voluntad totalitaria que
buscan conectar el mundo entero a
través de una causa y sus innumerables efectos. Pero sobre todo, si casi
doscientos años después de su escritura sigue siendo un libro que provoca
una lectura tan placentera como estimulante, se debe a que, como el propio
Brillat-Savarin recoge en uno de sus
introductorios aforismos, «el placer
del buen comer incumbe a todas las
edades, condiciones, naciones y épocas». Si la gastronomía moderna —de
la que habrían de venir Bullis y demás
templos— nació en la Francia [•]
elcuaderno 7
EL SABOR DE UN CLÁSICO
DE LA
BUENA
MESA
BUEN
COMER
AL
Una obra universal sobre
las relaciones entre alimento,
apetito y placer
[• página 5] Lo que queda del 12
Herbert, traducción de Xaverio
Ballester, Lumen.
nn: Hablar solos, Andrés
Neuman, Alfaguara.
e: What light can do: essays on
art, imagination, and the natural
world, Robert Hass, Ecco.
m: Old ideas, Leonard Cohen,
Sony Music Entertaiment.
c: Luces rojas, Rodrigo Cortés,
Nostromo Pictures.
Clara Janés
pn: Canción errónea, Antonio
Gamoneda, Tusquets.
m: Tatiana Smelova-Starry Sky
Cicle, Urmas Sisask, Pianobox.
Antonio Méndez Rubio
pi: Sombra para el deseo del sol,
Adonis, Vaso Roto.
pn: Onda expansiva, Pedro
Provencio, Amargord.
e: La moral del testigo, Carlos
Piera, Balsa de la Medusa.
m: Cut the World, Antony and the
Johnsons, Rough Trade.
c: Amor bajo el espino blanco,
Zhang Yimou, Beijing New Film
Pictures Co.
Pablo Batalla Cueto
e: La masonería femenina en
España. Dos siglos de historia
por la igualdad, Rosa Elvira
Presmanes García, Libros de la
Catarata.
nn: La existencia de Dios, Miguel
Barrero, Ediciones Trea. El tango
de la guardia vieja, Arturo Pérez
Reverte, Alfaguara.
Fernando Menéndez
pi: Casi invisible, Mark Strand,
traducción de Julio Trujillo, Visor.
pn: Lo solo del animal, Olvido
García Valdés, Tusquets.
ni: Cartas de verano de 1926,
Marina Tsvietáieva, Boris
Pasternak, Rainer Maria Rilke,
traducción de Selma Ancira,
Adam Kovacsics y Francisco
Segovia, Ediciones Minúscula.
nn: La vuelta a Europa en avión.
Un pequeño burgués en la Rusia
roja, Manuel Chaves Nogales,
Libros del Asteroide.
e: Las cataratas, Eliot
Weinberger, selección y
traducción de Aurelio Major,
Domo Ediciones.
m: 11 de noviembre, Silvia Pérez
Cruz, Universal.
c-tv: Homeland, primera
temporada, AMC.
Enrique Bueres
Brillat-Savarin según grabado de Bertall para la edición de 1848
pi: Antología de Spoon River,
Edgar Lee Masters, traducción de
Jaime Priede, Bartleby Editores.
pn: Segunda oscuridad, Andrés
Trapiello, Pre-Textos.
[página 9 •]
8
elcuaderno
Aforismos del profesor
para servir de prolegómenos
a su obra y de fundamento
eterno a la ciencia
i. El Universo es vida, y todo lo que
vive se alimenta.
ii. Los animales pacen; el hombre
come, pero sólo el hombre inteligente
sabe comer bien.
iii. El destino de toda nación depende
de su forma de comer.
[•] napoleónica, este libro es el perfecto testimonio de aquella época.
Desde la categoría casi estética
de la gourmandise se va desplegando, en sucesivas constelaciones, todo
aquello que tiene algo que ver con esa
placentera actividad que es la buena mesa. No resulta casual que dicha
gourmandise sea situada por el autor
a medio camino entre «la elegancia
ateniense, el lujo romano y la delicadeza francesa». Envueltas en una capa
de delicado hedonismo no dejan de
aparecer justas recomendaciones que
aún hoy en día siguen en plena vigencia, como son la llamada a la mesura
en la alimentación, los peligros de la
grasa y las pesadillas que ésta engendra, así como la necesidad de mante-
EL SABOR DE UN CLÁSICO
iv. Dime lo que comes y te diré quién
eres.
v. El Creador, al condenar al hombre
al deber de alimentarse para poder
vivir, lo atrae a través del apetito, y lo
recompensa mediante el placer.
vi. La gourmandise1 es un
acto juicioso, mediante el cual
concedemos nuestra preferencia a
los alimentos agradables al gusto, por
encima de aquellos que carecen de tal
cualidad.
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
vii. El placer del buen comer incumbe
a todas las edades, condiciones,
naciones y épocas. Puede asociarse a
todos los otros placeres y es el último
en desaparecer, para consolarnos de la
pérdida de aquéllos.
viii. La mesa es el único lugar donde
uno jamás se aburre durante la
primera hora.
ix. El hallazgo de un nuevo manjar
hace más en favor del bienestar
del género humano que el
descubrimiento de un nuevo astro.
x. Quienes se indigestan y quienes
se emborrachan ni saben comer ni
saben beber.
xi. El orden adecuado de la ingesta
de comestibles comienza con los más
sustanciosos y concluye con los más
ligeros.
xii. El orden adecuado de la
consumición de bebidas empieza con
las más ligeras y termina con las más
fuertes y aromáticas.
Jean-Anthelme Brillat-Savarin
Fisiología del gusto
Introducción: Eduardo Méndez Riestra
Traducción: Pablo Batalla Cueto,
Ilustraciones: Alfonso Fernández
Ediciones Trea/Fundación Alimerka,
2012, 331 pp., 30 ¤
científica a todo el proceso, buscar
las causas y las consecuencias y, desde métodos empíricos, dar consejos
para provocar o evitar ciertos efectos.
Así es presentada, de un modo tan divertido como curioso, la disquisición
sobre el hipotético carácter afrodisiaco de las trufas, donde se enarbola
como prueba de ello la experiencia de
una buena señora parisina que compartió dichos preciados alimentos
durante una velada con un tranquilo
amigo de su esposo. En aquella ocasión la señora afirma que el caballero
perdió la compostura animado por el
suculento manjar.
Pero el libro no deja de ser la obra de
un individuo, con sus intereses, sus filias y sus miedos y —precisamente por
nerse mediante una dieta equilibrada
tan alejados de la obesidad como de la
delgadez extrema.
Resulta destacable la necesidad
que impulsa a Brillat-Savarin a lo
largo de varios capítulos —o «meditaciones», como él denomina— a
otorgar la importancia debida a la alimentación. El camino emprendido
es el propio de la Francia de comienzos del siglo xix: dar una cualidad
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
xiii. Es herejía sostener que no debe
cambiarse de vinos; la lengua se
satura y, tras la tercera copa, incluso
el mejor de los caldos no produce más
que una sensación obtusa.
xiv. Un postre sin queso es
comparable a una beldad tuerta.
xv. El cocinero se hace, pero el buen
cocinero nace.
xvi. La cualidad más indispensable de
cualquier cocinero es la puntualidad;
también debe serlo del invitado.
EL SABOR DE UN CLÁSICO
xvii. Alargar la espera al
convidado que tarda es una falta de
consideración hacia todos aquellos
que han sido puntuales.
xviii. Quien recibe a sus amigos y no
pone un cuidado minucioso en los
alimentos que ha de ofrecerles no es
digno de tener amigos.
xix. Es deber de la dueña de la casa
procurar que el café sea exquisito; del
dueño, que lo sean los licores.
xx. Convidar a alguien significa
ocuparse de su bienestar durante
todo el tiempo que permanece bajo
nuestro techo.
Los diccionarios traducen el término
gourmand como goloso y gourmandise
como gula o glotonería, pero se trata de
aproximaciones no completamente fieles
a la idea francesa. Por otro lado, el propio
Brillat- Savarin ruega a sus posibles
traductores al final de la meditación
undécima que no traten de traducir
este término. [N. del T.]
1
elcuaderno 9
[• página 7] Lo que queda del 12
ni: Tú y yo, Niccolò Ammaniti,
traducción de Juan Manuel
Salmerón, Anagrama.
nn: Aire de Dylan, Enrique VilaMatas, Seix Barral.
e: El ritmo perdido. Sobre el influjo
negro en la canción española,
Santiago Auserón, Ediciones
Península.
m: Gold Dust, Jonathan Jeremiah,
Universal Music.
c: En la casa, François Ozon,
Mandarin Cinéma.
Agustín Fernández Mallo
pn: Canción errónea, Antonio
Gamoneda, Tusquets.
ni: Hormigón/Extinción, Thomas
Bernhard, traducción de Miguel
Sáenz, Alfaguara.
nn: Karnaval, Juan Francisco
Ferré, Anagrama.
e: Emociónese así , Eloy
Fernández Porta, Anagrama.
m: Bloom, Beach House, Sub-Pop.
c: Level Five, Chris Marker,
Intermedio.
Chus Fernández
ni: Los peces no cierran los ojos,
Erri de Luca, traducción de Carlos
Gumpert Melgosa, Seix Barral.
nn: Medusa, Ricardo Menéndez
Salmón, Seix Barral.
e: No leer, Alejandro Zambra,
Alpha Decay.
m: Fantasmage, Fantasmage,
Discos Humeantes.
c: Moonrise Kingdoom, Wes
Anderson, American Empirical
Pictures.
Jorge Ordaz
Hoy en día, cuando tantas cosas amenazan con derrumbarse, en el
testimonio de un solterón francés de hace doscientos años se reconocen
ciertas verdades que algunos parecen haber olvidado
ello— tiene tan gran interés. No duda
en romper el discurso para introducir
una reflexión sobre el modo en que
podría advenir el fin del mundo. No
vacila en introducir una décima musa
—Gasterea—, encargada de «presidir
los goces del gusto». Y sí, hablamos de
un individuo, pero poseedor de una
erudición que se transforma en sagacidad y en sensibilidad al tratar cualquier
tema. De este modo es capaz de llevar
a cabo un resumen de treinta páginas
titulado «Historia filosófica de la cocina», donde se alternan los modos de los
banquetes romanos con citas de fragmentos de Horacio o Catulo.
Los dos objetivos que en las últimas páginas reconoce el autor para
su obra («establecer las bases teóricas
de la gastronomía» y «definir con precisión lo que debemos entender por
gourmandise») no sólo son saciados
sino ampliamente superados. Como ya
hemos dicho, esta obra constituye una
lectura absolutamente recomendable.
No sólo para aquellos interesados en el
noble placer de la buena mesa, sino en
la Cultura. Cultura con mayúsculas,
porque en una época tan importante
como es la Francia posrevolucionaria
surgió esta obra que, aunando salud y
placer, busca estudiar los cambios y las
constantes de la buena alimentación.
Es una obra global en el mejor sentido
de la palabra. Hoy en día, cuando tantas
cosas amenazan con derrumbarse, en
el testimonio de un solterón francés
de hace doscientos años se reconocen
ciertas verdades que algunos parecen
haber olvidado: como la de que lo más
importante es poner al alcance de los
más lo mejor. No guardar los tesoros, en
este caso alimenticios, en los gastados
palacios donde sólo la riqueza alumbra.
Este ilustrado y tantas veces traicionado ideal brilla en todas y cada una de las
páginas escritas por Brillat-Savarin. ¢
pi: Antología de Spoon River,
Edgar Lee Masters, traducción de
Jaime Priede, Bartleby Editores.
pn: Poesía completa, Víctor
Botas, edición de José Luis García
Martín, Isla de Siltolá.
ni: Pasando el rato en un país
cálido, Jose Dalisay, traducción
de Marta Alcaraz, Libros del
Asteroide.
nn: Incierta gloria, Joan Sales,
traducción de Carlos Pujol, Destino.
e: Las cararatas, Eliot
Weinberger, traducción de
Aurelio Major, Duomo.
Juan Carlos Suñén
pi: Antología de Spoon River,
Edgar Lee Masters, traducción de
Jaime Priede, Bartleby Editores.
pn: Canción errónea, Antonio
Gamoneda, Tusquets.
ni: Locus Solus, Raymond Russel,
traducción de Marcelo Cohen,
Capitán Swing Librso.
nn: El enredo de la bolsa y la vida,
Eduardo Mendoza, Seix Barral.
e: Contra toda esperanza,
Nadiezhda Mandelstam,
[página 11 •]
10
elcuaderno
EL PIONERO URUGUAYO
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
Felisberto y el ataúd volador
El ataúd no cabía por la escalera, así que lo cerraron, lo montaron
en una polea y abrieron la ventana. En el imaginario de la literatura
hispanoamericana el féretro volador colgando en el aire, suspendido sobre
la ciudad, es en realidad dos: uno custodiaba el largo cuerpo de Roberto Arlt,
que se cernía sobre Buenos Aires; el otro albergaba el hinchado cadáver de
Felisberto Hernández, rumbo al cementerio de Montevideo.
Elena de Lorenzo Álvarez
Como ambas imágenes son verídicas
pero dignas de mundos de ficción,
han sido utilizadas con eficacia para
explicar la obra de los dos escritores.
Para Ricardo Piglia, Arlt flotando sobre Buenos Aires era metáfora de su
desplazamiento frente a la tradición
literaria argentina: «Arlt siempre será
joven y siempre estaremos sacando
su cadáver por la ventana» (Un cadáver sobre la ciudad, 1991). Para Ángel
Rama, aquel último gesto involuntario de Hernández era símbolo de su
excéntrica actitud vital: «Salió en su
ley, haciendo trizas la solemnidad y
el recogimiento del acto funeral, con
un repentino desvío de humor». Y el
capítulo del funeral, «la descripción
del centenar de personas que bajo el
sol de las tres de la tarde contemplaba los denodados esfuerzos del sepulturero por ampliar la zanja, echando
la única agua bendita que él hubiera
aceptado, la de su sudor, sobre la madera pulida del cajón», era página
digna de un relato del uruguayo (Sobre Felisberto Hernández: burlón
poeta de la materia, 1964).
Abundando en la idea, de algún
modo los relatos de Felisberto (Montevideo, 1902-1964) se ciñen a las características de la potente historia del
ataúd volador. Sin recurrir a lo fantástico, hechos posibles y cotidianos toman un sesgo insospechado e insólito,
como el extraño velorio de Felisberto;
los objetos, o el propio cuerpo, revelan
ocultas voluntades, como ese ataúd
Felisberto Hernández
La casa inundada
Prólogo de Eloy Tizón
Atalanta, 2012, 350 pp., 23 ¤
Felisberto al piano, hacia 1927
www.trea.es
Historia. Narrativa. Poesía.
Arte. Gastronomía y alimentación
Biblioteconomía. Archivística
Museología. Patrimonio cultural.
Gestión de la información y el
conocimiento. Gestión cultural.
Estudios árabes e islámicos.
Cultura escrita y bibliología.
Documentación. Bibliofilia
y obra gráfica
que decide llevarse a Felisberto volando; y el narrador, perplejo, queda a
merced de ellos y sólo puede observar
y describir, como su propio cuerpo encerrado en el ataúd.
En estas historias los balcones se
enamoran y se suicidan, las ventanas
hostiles deciden ocultar y no mostrar,
las perturbadoras muñecas enajenan,
las manos revolotean a su voluntad,
las caras lloran y las bocas sonríen sin
http://elcuadernoculturaldelavoz.blogspot.com.es
• EDITA: Ediciones Trea
• COORDINADOR: Juan Carlos Gea
• CONSEJO EDITORIAL: Juan Cueto, Álvaro
Díaz Huici, Jordi Doce, Elena de Lorenzo
Álvarez, Helios Pandiella, Jaime Priede
• DISEÑO GRÁFICO: Pandiella y Ocio
• IMPRIME: Gráficas Apel
Ediciones Trea, S. L.
Polígono Industrial de Somonte,
c/ María González la Pondala, 98, nave D,
33393 Gijón • Tel.: 985 303 801
www.trea.es • elcuaderno@trea.es
trea@trea.es
D. L. : As. 02972-2012
EL PIONERO URUGUAYO
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
poder evitarlo su dueño… Y el
narrador, sorprendido, narra; y
lo hace un poco a la manera del
protagonista de El acomodador,
que un día descubre sobrecogido que en la oscuridad sus ojos
emiten una luz que le permite
percibir otra realidad; o como el
de Menos Julia, que se sumerge
en un túnel, una realidad paralela en que es posible otro modo
de acercamiento: allí disfruta
palpando a oscuras objetos y
mujeres que le resultan irreconocibles aunque pertenecen a su
vida cotidiana.
Y siempre en una vaga atmósfera de pasado imperfecto,
porque, aunque cada historia
tiene vida propia, comparten las
más la insistente presencia de
un yo narrador que recuerda y
reflexiona sobre el recuerdo. En
la serie más —llamémosla, para
entendernos— autobiográfica,
Rara, excéntrica, marginal, vanguardista,
surrealista han sido calificaciones frecuentes de
la obra de Felisberto, que había obtenido escaso
reconocimiento como escritor en vida y cuya
reivindicación no arrancó con decisión hasta
después de su muerte, en los años setenta
Por los tiempos de Clemente Colling (1942), El caballo
perdido (1943) y Tierras de
la memoria (1960), una voz
narrativa común recrea su
infancia y adolescencia en
un ejercicio que igualmente
puede leerse en clave de estilo proustiano o de contenido
autoficcional. Pero no es eso
lo fundamental: el recuerdo
de sus profesores de piano de
las dos primeras narraciones da pie a demoradas reflexiones ensayísticas sobre
la identidad, el tiempo y el
recuerdo, que persistirán en
su obra. «Mientras yo no había dejado de ser del todo quien era y
mientras no era quien estaba llamado
a ser, tuve tiempo de sufrir angustias
muy particulares. Entre la persona
que yo fui y el tipo que yo iba a ser, quedaría una cosa común: los recuerdos.
Pero los recuerdos, a medida que iban
siendo del tipo que yo sería, a pesar de
conservar los mismos límites visuales
y parecida organización de los datos,
iban teniendo un alma distinta» (El
caballo perdido).
Rara, excéntrica, marginal, vanguardista, surrealista han sido calificaciones frecuentes de la obra de
Felisberto, que había obtenido escaso reconocimiento como escritor en
vida y cuya reivindicación no arrancó con decisión hasta después de su
muerte, en los años setenta. Carlos
Fuentes llega a sostener que «se podría decir que la ficción moderna de
El narrador
uruguayo hacia
1923, en 1935 y
autografiando
la edición
artística de
El cocodrilo
(1961)
América latina tiene sus comienzos
con dos más bien oscuros escritores
uruguayos, Horacio Quiroga y Felisberto Hernández» (Casa con dos
puertas, 1970); y Onetti afirma que
su paisano «nunca fue ni será un escritor de mayorías. Desgraciadamente, murió demasiado temprano para
integrar ese fenómeno llamado boom,
que todavía no logro explicarme de
manera convincente» (Felisberto, el
naïf, 1975).
Esto, pese a que en el Buenos Aires
de los años cuarenta había visto publicados varios relatos suyos con apoyo
de Victoria Ocampo y Jorge Luis Borges en Sur y en Los Anales de Buenos
Aires y Sudamericana había editado
Nadie encendía las lámparas (1947).
Y pese a que su obra había venido
siendo desde entonces piedra de toque de una sonada polémica entre
Emir Rodríguez Monegal y Ángel Rama, quien más claramente apostó por
él, editándolo en Arca (1967), defendiendo una literatura auténtica, profunda y al margen de las modas, que,
construida con materiales deleznables
y formas paupérrimas, incomodaba
al público burgués, y denunciando «la
inercia del país para percibir el arte
cuando no nace en el mundillo agitado
y frívolo de los que se creen dueños de
la cultura».
Pero es en aquellos setenta cuando
Felisberto Hernández va dejando de
ser un escritor secreto, con las ediciones de Italo Calvino (Einaudi, 1974) y la
antología de Cristina Peri Rossi prologada por Julio Cortázar (Lumen, 1975).
De la mano de Siruela llegarían
las Narraciones incompletas (1990),
luego la edición de Cátedra a cargo de
Enriqueta Morillas (1993) y ahora con
Atalanta esta Casa inundada
(2012). Aunque la secuencia cronológica y la adscripción de los textos no quedan
reflejadas con claridad, se
renuncia aquí a textos tempranos —con acierto, pues a
algo se ha de renunciar, y esta
antología alcanza las 350 páginas—, como los de Libro sin
tapas (1929), pero también a
algunos emblemáticos, como
Por los tiempos de Clemente
Colling (1942), el preferido
de Onetti, o Las hortensias
(1949); y se antologan El caballo perdido (1943), los relatos de Nadie encendía las
lámparas (1947), una Explicación falsa de mis cuentos (1955), que
una evocadora errata ha convertido en
Explicación falsa de mis «sueños»,
la Casa inundada que motiva el título
(1960), El cocodrilo (1949), Lucrecia
(1953) y La casa nueva (1959) —relatos
recopilados en Tierras de la memoria
(1965)—, y Manos equivocadas (1946)
y Mur (1948) —en Diario del sinvergüenza y últimas invenciones (1974).
No es cuestión menor ésta de la
cronología para valorar en su medida
el carácter innovador de la narrativa
del uruguayo, porque, como señala
con acierto y precisión Eloy Tizón
en la sugerente introducción, «Felisberto estuvo allí y estuvo antes», «un
minuto antes de que la tribu de Melquíades hiciese su estruendosa aparición, antes de las autopistas del sur y
las regiones más transparentes, antes
de los tres tristes tigres, antes de que
los jardines se bifurcaran en múltiples
senderos, antes de todo eso, allí estaba
Felisberto Hernández».
Seguramente, como decía Onetti,
Felisberto nunca será un escritor de
mayorías, pero va dejando ya de ser
un autor secreto y raro; al menos, gracias a esta edición de Atalanta, llegará a más y lo será menos. Sirve, pues,
como decía Tomás Eloy Martínez,
Para que nadie olvide a Felisberto
Hernández (1974). ¢
elcuaderno 11
[• página 9] Lo que queda del 12
traducción de Lydia Kúper,
Acantilado.
m: Quinteto para cuerdas en do
mayor (op. 163 D. 956), Franz
Schubert, Cuarteto Arcanto.
Olivier Marron, violonchelo.
Harmonia Mundi HMC 902106.
c: Amour (Love), Michael Haneke,
Sony Pictures Classics
Sergio Gaspar
pi: Antología de Spoon River,
Edgar Lee Masters, traducción de
Jaime Priede, Bartleby Editores.
pn: Espacio y tiempo, Juan Ramón
Jiménez, edición de Joaquín
Llansó Martín-Moreno y Rocío
Bejarano Álvarez, Linteo.
E: Pío Baroja, José-Carlos Mainer,
Taurus.
Moisés Mori
pn: Lo solo del animal, Olvido
García Valdés, Tusquets.
nn: Medusa, Ricardo Menéndez
Salmón, Seix Barral.
e: Esperando a Gödel. Literatura y
matemáticas, Francisco González
Fernández, Nivola.
Pedro Provencio
pn: Lo solo del animal, Olvido
García Valdés, Tusquets.
e: La moral del testigo, Carlos
Piera, Antonio Machado Libros.
Javier García Rodríguez
pi: Perdurable compañía, W. S.
Merwin, Vaso Roto.
pn: El sueño de Visnu, David Meza,
El Gaviero.
ni: Diario de invierno, Paul Auster,
Anagrama.
nn: El tiempo es un sueño pop.
Vida y obra de Terenci Moix, Juan
Bonilla, RBA.
e: La desaparición del exterior:
cultura, crisis y fascismo de baja
intensidad, Antonio Méndez
Rubio, Eclipsados.
m: La menor explicación, Toni
Zenet, El Volcán Música.
c: En la casa, François Ozon,
Mandarin Cinéma.
Javier Roma
ni: una novela de 1923, que aquí
se publicó por vez pimera en los
80 y que ha vuelto a editar Siruela.
Verdaderamente estremecedora
e irrepetible: Los mutilados de
Hermann Ungar, traducido por
Ana María de la Fuente.
nn: una novela que me sorprendió
fue Un buen detective no se casa
jamás de Marta Sanz (Anagrama),
una mezcla muy atractiva de
Chandler y Nabokov.
c: una alemana, Bárbara de
Christian Petzold, ambientada en
la extinta República Democrática
Alemana, un drama sutil construido
sobre miradas y detalles. ¢
12
elcuaderno
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
T. S. NORIO
Dejar decirse
a la poesía
Un mosaico de textos que exhibe el
misterio de lo poético sin pretender
nombrarlo
un delicioso puñado de páginas en las
que T. S. Norio se hace las preguntas
que le llevaron a emprender esta tarea
y cuenta también cómo las aguas del
misterio le fueron empapando para
dejarle claro que su labor no iba a ser
encajonar los textos, sino, por el contrario, darles vuelo.
El trabajo de maquetación y diseño de Amelia Celaya refuerza un aire
de enciclopedia, de viejo tratado, pero
no hallaremos aquí orden alfabético
ni volúmenes temáticos. El empeño
es mostrar —rodeando y sin nombre—
«lo que tiene de asombro y de entra-
Laura Casielles
Las autoras místicas que, en
pleno Medievo europeo, cometieron la osadía de interpretar a
Dios como lo hacían los teólogos
varones, en su escribir no nombran lo divino: lo rodean. Así lo
cuenta, siglos más tarde, la filósofa italiana Luisa Muraro cuando
celebra que, en los textos de estas
arriesgadas religiosas, esa astucia
destinada a burlar a los censores
lograra convertirse en el delicado
desarrollo de la que pudiera ser
quizá la única forma de rozar lo
divino: no nombrarlo.
Si nada se puede definir o categorizar sin robarle un poco el
alma, menos aún la poesía: territorio, como los dioses, del misterio; palabra que siempre apunta
a otro lugar. De la poesía es un libro cuyo título nos pone a jugar con la
expectativa. Si buscábamos respuestas, habrá que repensar la pregunta.
Este extraño tratado tiene por centro
un vacío al que no le cabe el nombre.
También dice la filósofa que lo que
llevaba a las místicas a escribir era el
amor. Y que desde el amor, libre de
nombres, lo amado se dejaba decir.
De la poesía es, de igual manera, un
dejar que la poesía se diga sola. Y si la
poesía se deja decir por lo que, sin cercarla, la rodea, ocurre que en este libro
se ponen a hablar realidades como la
oración y la terapia, como el amor y la
guerra, como los tributos que se pagan
a los muertos. Como el dinero, el poder y el ponerle o no ponerle dueño a
las palabras. Goliardos y otros monjes,
juglares y otros oficios; manuales de estética y costumbres agrícolas; regueros
de vino; célebres tatuajes. Diccionarios
semánticos y listas de éxitos del pop;
anécdotas inciertas de autores que conocemos y pormenorizadas biografías
de poetas que, sin haber existido, fueron eternos. Censores y mecenas, miedo y risa. Epitafios, efemérides, estrategias diversas para contar las sílabas: de
todo ello hay, en este libro.
Se aúnan en él textos antropológicos y de crítica académica, relatos
védicos y médicos, noticias, inscripciones, anécdotas, refranes… Y por
supuesto poemas: decenas de poemas
la reflexión sobre temas como migraciones, feminismo o ecología. En este
libro, ambos proyectos se dan la mano
para indagar en uno de los puntos que
pueden tener en común sus propuestas: el empeño de albergar palabras
que cuenten lo que de verdad pasa en
nuestro mundo fuera de los discursos
oficiales, lo que nos acerca en tanto que
personas, la escritura que es hermana
de la vida.
En una reciente entrevista, T. S.
Norio explicaba que uno de los estímulos que le llevó a trabajar en De la
poesía fue darse cuenta de que ésta se
ha convertido en un género literario minoritario y exquisito.
Si —como este libro nos recuerda
que decía Bataille— «la ausencia
Este autor que no quiere
serlo se presenta como un
compilador casual, como
un afortunado recolector
de gemas que se limitara a
ir colocándolas en el lugar
que, mágicamente, les tiene
previsto el cuadro
que —sin casillas de
lugar, tiempo o estilo—
se imantan de cuantas
maneras quiera el azar
que se vayan abriendo las páginas. Cada
uno de los fragmentos
— cuidadosamente referenciados para que el
lector pueda tirar del
hilo que más le tiente—
es una ventana ante la
que se abre una mirada
posible sobre lo poético y sus lenguajes. Más caleidoscopio
que catálogo, más rastro que mapa.
El artesano que cuidadosamente
encaja las piezas de este mosaico es
T. S. Norio (Oviedo, 1959), esquivo
nombre de pluma de quien es también
autor de las colecciones de poemas Un
mensaje a García, Academia Rilke
y Tres poemas, de las novelas Vida
del Gates y Variaciones Nuria, del
libro de relatos El tesoro de los cuentos y de otros artefactos del decir como el libro-baraja 10.000.000.000
performances. Pero en De la poesía
el polígrafo se borra. Este autor que
no quiere serlo se presenta como un
compilador casual, como un afortunado recolector de gemas que se
limitara a ir colocándolas en el lugar
que, mágicamente, les tiene previsto
el cuadro. Así lo explica en el prólogo,
T. S. Norio
De la poesía
Libros de la Herida/
Cambalache Libros,
2012, 496 pp., 22 ¤
ña sagrada la palabra
poética. Su invencible
descon
variedad, su desconcertante persistencia
para brotarse y fructificar a lo largo de la vida
y la muerte humanas
de todas las épocas y
todas las geografías». Así, lo único que
queda de cartográfico en la obra es un
cuidado índice en el que se listan los
principales temas, personajes e inquietudes que recorren sus páginas,
poniendo en juego conexiones y acercamientos como quien deja señales en
un camino de montaña.
Los artífices materiales de este
libro son dos editoriales de distinto
rostro. Libros de la Herida, afincada
en Sevilla, ha ido desgranando en los
últimos años un personalísimo y cuidado catálogo de libros de poemas.
Cambalache es la rama editorial del
colectivo de igual nombre, que lleva
una década realizando en Oviedo un
importante trabajo social a pie de calle
desde un espacio autogestionado que
se ha convertido además en uno de los
corazones de la ciudad en lo tocante a
de la poesía es el eclipse de la
suerte», Norio no se ha resignado a dejar sin fortuna a este
tiempo en que la poesía ronda
por pocas manos. Desde la idea
de que, por el contrario, a lo largo
del tiempo y el espacio la palabra
poética ha sido más bien tierra entre
los dedos de todos, su libro la devuelve,
como quien da un regalo, a sus usos de
juego y de oráculo, de grito y de gente: a
sus múltiples posibilidades.
De la poesía: la inspiración que
fulmina a un alemán sentado en un
parque, el rabino de Montevideo calibrando razones para decidir si una
canción es o no es kosher, los cantos
siberianos cuando se mata a un oso,
las exigentes ceremonias de los brahmanes, el catastro de cantos de los
pieles rojas, los modos en que Ezra
Pound salvaba a sus contemporáneos,
las horas que llevaría leer de viva voz
la Ilíada. La mariposa que se posó en
la cabeza del contable. El concurso
de versos de la emperatriz de Japón.
Los poemas que se pegan en las cárceles, los que se escriben en los muros
de la ciudad. Los veteranos de guerra
que aprenden disciplina a través de la
belleza de los campos.
Leemos en De la poesía que Rainer
María Rilke escribió: «Transmitir el
misterio sin conocerlo, como una carta sellada».
Así este libro.
Lo que ronda a la poesía se posa por
un segundo sobre la hoja.
Atravesado de amor, lo entrevisto
renuncia al nombre, abre las ventanas
del misterio.
Y pasa la voz. ¢
elcuaderno 13
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
Con estos
narradores
nunca se
sabe
Rafael Suárez Plácido
Con Antonio Pereira nunca se sabe.
Uno va leyendo la narración que nos
propone, recorriendo cada contorno de cada sílaba, como si fuera un
poema, pensando que le están contando una historia que más o menos
le suena, y en el último momento, en
el último párrafo o en la última frase,
aparece la frase —a veces la palabra—
que lo cambia todo y que hace que la
historia suene como nueva. Con Antonio Pereira nunca se sabe. No lo digo
yo, lo dice él mismo en su «Cuento de
los dos narradores»: «… que con estos
cuentistas nunca se sabe». Y tanto que
no se sabe, porque este cuento, por
ejemplo, de los dos narradores, no es
siquiera un cuento al uso, sino que fue
el prólogo de la antología Cuentos del
medio siglo. Eso es lo primero, esta narrativa breve completa incluye toda su
obra narrativa, excepto sus tres novelas:
más de doscientos textos agrupados en
doce libros.
Se trata de un acontecimiento
editorial, por supuesto. Antonio Pereira falleció en el 2009 y, aunque ya
había publicado alguna antología de
cuentos, nada ha sido comparable al
esfuerzo editorial que le ha dedicado
la editorial Siruela, con esta edición
ANTONIO PEREIRA
cuidadísima, marca de la casa, que,
además, lleva un texto prólogo, o a
modo de prólogo, del poeta Antonio
Gamoneda. ¿Un poeta prologando los
cuentos de Pereira? Claro, el descubrimiento —para quien aún no lo haya
realizado— del Pereira narrador no
puede hacer olvidar que ahí hay también un Pereira poeta. No sólo cuando
escribía versos, también en su narrativa. De hecho, él siempre se consideró
más poeta que otra cosa.
Su primer libro de poemas, El regreso (1964), aparece en la entonces
más que prestigiosa colección Adonais, y está adscrito a la estética del
círculo castellano-leonés formado en
torno a la revista Espadaña. Quizá
hubiera sido un buen comienzo para
hablar de un buen poeta, pero sólo dos
años después apareció su primer libro
de cuentos: Una ventana a la carretera. Ya desde estos inicios nos encontramos a un autor maduro. Realmente
lo era, pues nació en 1923: hablamos
de primeros libros publicados con
más de cuarenta años y el jovencito
que iba publicando sus artículos y
poemas, desde muy joven, en algunos
periódicos de la zona, ya no era un
principiante y tenía cierto nombre
entre sus paisanos, y algunos de los
más entendidos ya lo reconocían como un nombre muy a tener en cuenta.
En el citado «Cuento de los dos
narradores» hace una brevísima semblanza de su biografía literaria. Esos
«dos narradores» son él mismo y se
refieren a los dos estilos, o dos estéticas
que marcaron su obra. El primero, un
narrador inocente, al que podían tachar «de localista y de costumbrista y
provinciano» con cierta razón, porque
sus historias se referían a «lo que él
veía o imaginaba en sus comarcas del
interior». Pero «fue perdiendo la inocencia con los libros de teoría literaria
y otras malas compañías
[…] y prosperó en el oficio
de contar y se convirtió en
el narrador resabiado». El
cuento concluye diciendo
que, pese a esa evolución
en lo estético, «no se arrepiente de sus cuentos de
aquel tiempo, ni a sus personajes los niega». Es un
tema sobre el que se puede escribir mucho y, sin
duda, se ha escrito. El primer Antonio Pereira escribía cuentos provincianos y costumbristas, pero
era plenamente consciente de que lo
eran y buscaba con ellos una intención
crítica. En estos cuentos aparece reflejada la vida cotidiana durante la dictadura. Y, aunque es cierto que se publicaron ya en los segundos años sesenta,
se mostraban maneras de vivir que no
eran las habituales ni las consentidas
por el sistema. En este sentido, ya en
su segundo libro, El ingeniero Balboa
y otras historias civiles, publicado en
1976, ese escritor resabiado aparece
plenamente y esa intención crítica con
la dictadura y sus costumbres es ya más
que evidente. Hay un tópico cuando se
escribe sobre un autor de cuentos, y es
decir que tal cuento o tal otro es digno
de aparecer en una antología de relatos
del siglo. «El ingeniero Balboa» es digno de ser uno de los grandes relatos escritos en nuestra lengua. Ahí es donde
se ve a ese Antonio Pereira que ha leído
y asimilado teoría de la literatura y, sobre todo, que se ha juntado con malas
compañías, y comienza a aparecer él
mismo en sus relatos, con datos autobiográficos evidentes, mezclando realidad y ficción: ahí empieza a no saberse
dónde acaba la realidad y dónde empieza la ficción. El personaje de Elena
Balboa, Lena, es uno de esos personajes que siempre buscamos en nuestras
lecturas y al que ponemos una u otra
Antonio Pereira
Todos los cuentos
Prólogo de Antonio
Gamoneda
Siruela, 2012, 892 pp.,
29,95 ¤
Cada cuento que
leemos, cada uno de
los casi doscientos
cuentos que le siguen,
es una aventura
por vivir, de la que
sabemos un título, un nombre
propio evocador, pero no
mucho más. Lo único que vamos
previendo es que hasta que no
lleguemos a la última línea del
cuento, no sabremos realmente
qué estamos leyendo
cara, según sea nuestro estado de ánimo, que sólo ha llegado a nosotros por
unas cuantas frases y escenas intuidas
más que leídas: uno de los grandes personajes de nuestra literatura esbozado
en unas pocas páginas.
A partir de ahí, cada cuento que
leemos, cada uno de los casi doscientos cuentos que le siguen, es una aventura por vivir, de la que sabemos un
título, un nombre propio evocador,
pero no mucho más. Lo único que vamos previendo es que hasta que no
lleguemos a la última línea del cuento,
no sabremos realmente qué estamos
leyendo. Sus pasiones, sus amigos
(Antonio Gamoneda, que le escribe
un maravilloso y emocionado prólogo, el jovencísimo Juan Carlos Mestre
o Juan Eduardo Zúñiga), sus autores
favoritos (los ilustrados franceses, los
simbolistas —Rimbaud— y un listado
de contemporáneos que sorprende
por su heterogeneidad desacostumbrada en aquellos tiempos que le tocó vivir), el amor, el sexo, la amistad,
el gusto por lo bueno y, muy especialmente, por la literatura, nos van
acompañando en esta singladura que
sorprenderá a los lectores que aún no
lo conozcan. Una vez que lo empiecen
a leer, ya no podrán soltarlo. ¢
14
elcuaderno
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
POEMAS INÉDITOS
Del día
y la nada
Xavier
Palau
A lo largo de los cinco libros
publicados entre los años 1978 y 2005
(Atardecer en la fábrica, El señor
gastado, Recuerdo del bañista, 1950,
Paradís y El eclipse) y el aún inédito
El día y la nada, del que adelantamos
a nuestros lectores estos poemas, la
poesía de Xavier Palau (Barcelona,
1950) ha sido el constante relato de
las sucesivas pérdidas que jalonan la
existencia de un hombre y de la inútil
nostalgia por lo irremplazable.
Infinitud
Mitos
Seres en el descenso
admiran la belleza
del invierno final
y sus cuerpos esperan
la piedad del pasado.
Me acerco en tu búsqueda
a la estrecha carretera
donde fuimos a besarnos,
sabedores de que la luz
de la noche quedaría
sobre nuestras bocas húmedas
y en la tierra ya crecía
el fin suave de la luna.
Aunque ese viaje
es para ti bellísima
nada, para tu boca
fingida y tu fría
calma, para tu pútrida
ebriedad infinita.
Mes de abril
Lavaron tu cuerpo
con esponjas, tarde
y con suavidad,
dos mujeres lentas
te dejaron bella
para la mirada
de otros, para mí
y tu hija; pero no
miramos tus formas,
no supimos verte
y la última tarde
terminó de pronto
sin luz ese día.
Circularidad
Los muertos
Vivirás un día tan sólo
para saber que la herida
de la sangre y de su rosa
son vanos elogios antiguos
y que es la repetición
el inevitable declive
de los seres, que la corona
gloriosa será consumida
por completo cada mañana.
Os siento dentro del aire
pretérito, sumergidos
en graves mares que sólo
son profundidad, errantes
animales que sin luz
os precipitáis allí
donde intactos se guardan
los jardines del pasado.
Temblor
Lecciones de la
repetición eterna
Miraste al espejo
un instante y quedó
el temblor de tu rostro,
de tu ser en descenso;
tu navegación es
ese día eterno
que observan sin dolor
los animales viejos.
Tú, mañana que apareces
desafiante y nueva,
que sobrevives y eres
la perpetua cazadora.
Te entrego estos deseos
porque serás la aurora
fecunda, luz que jamás
la poesía soñó.
Posibilidad
Pavesiana
Lentamente he contado
todos los sueños que quedan,
los escasos seres vivos
que podrían envolverme
con su cuerpo, la mujer
que acercaría su rostro
para mostrar el temblor
de una resurrección.
Serás tú, que permaneces
en este atardecer
que no quiere postergar
la mañana, y tus gestos
tendrán un deseo nulo,
la belleza de otro mundo,
el de las mujeres que miran
con desdén el fin del día.
México
Mueve sus caderas
a los lados, abre
los labios ya ebrios
de un deseo alto
y entra el aire cálido
en su ser indemne
y respira, alta
como una cierva,
la felicidad.
Comienzo y fin
Viven errantes muchachas
en la breve duración
de los días concedidos,
su mirada siempre es gozo
y feroces beben del placer
como los desesperados
y callados cuerpos pálidos
de niños abandonados
sobre estanques de lluvia.
Placer
Degusta este placer
con extrema lentitud
y serenidad, abraza
su tan sagrado refugio,
debes educar tu cuerpo
en su simple laberinto,
infinito y tan breve.
Realidad
Hay edificios orientados
hacia el olvido, en el frío
de seres desaparecidos,
en parcelas muy apartadas,
bajo la neblina de antiguas
rutas que el viento desdibuja.
Si entras en las habitaciones,
advertirás que allí también
hubo vida y previsiones,
errores y sueños quiméricos,
la caída hacia el abismo
de días siempre parecidos.
elcuaderno 15
Número 41 / Enero del 2013 /1ª quincena
«ANIMAL SIN PARACHOQUES»
PSICODELIA, POST-PUNK,
ELECTRO-FOLK & CARBÓN
ASTURIANO
Pablo Und Destruktion construye un país
musical propio desde un hórreo de Morvís
Javier F. Granda
Pablo Und Destruktion se
muestra al mundo con ese
individualismo característico de la modernidad líquida,
con un ojo puesto en la cultura popular y en la sociedad
posindustrial, con el cuerpo
maltrecho y recompuesto
con prótesis de titanio celebrando con ironía The End
of Europe desde un hórreo
de Morvís, y con la influencia
cosmopolita de un Berlín que
proyecta las inquietudes del
talento más contemporáneo.
Intuyo que quieren al
destructor por su palabra y su
voz, enormes como pocas de
las que se elevan en el panorama musical actual, pero sobre todo por el magnetismo
de un trasfondo auténtico.
De su prolija actividad
musical se han vertido múltiples y variadas opiniones.
Lleva varios años trabajando en la música, buscando
y moldeando ese sello personal que hoy le identifica.
Los que han llegado a tiempo
le han conocido en Arroz y
en Silencio Oso; a los que se
incorporan ahora les toca
probar el perfil del solitario, pero también descubrir
su huella en los controles
de Pauken Grabaciones y
Conspiraciones, a los mandos de Estudios Güelita, o en el relanzamiento de Gandaya, vida alegre
y vagabunda.
Una de las prolongaciones creativas que podemos observar en éste factótum es la escritura, tan
sonora como su música a juzgar por la potencia que
alcanzan sus Crónicas Asturpsicodélicas en MondoSonoro, o las píldoras de consumo más informal
que nos ofrece en webs y redes sociales, donde sus
palabras se acomodan y se dispersan entre los impulsos de la electricidad, haciendo valer independencia, creatividad y autenticidad de un solo golpe
y sin despeinarse.
La asturpsicodelia vive un momento álgido en
manos del destructor. La grabación de su último
disco, Animal con parachoques, en los Estudios
Güelita, de Morvís (Villaviciosa), finalizó en abril
del 2012 y desde entonces no ha dejado de girar por
media Europa, desde Brighton a Braganza, pasando
por Hamburgo o Viena. Once temas en
Carátula de Animal con parachoques, por Fee Reega
los que el destructor se las
arregla con la guitarra, sintes, voces, bajo y percusiones
y del cual comenta en vice.
com que todo ello «nace del
barbecho de Silencio Oso»,
ya que «necesitaba eliminar
cualquier rastro de buenas
intenciones y suavidad»
para hacer «una mezcla de
danzas indias con epilepsia»
envueltas en «pinturas a base de carbón asturiano de
primera calidad, mucho mejor que el de la competencia
polaca».
Temas como Extranjera,
Du Bist El Sol, Me quieres
como a un perrín, Gloria o
Barro, Pequeña Retorcida,
Pupilas Dilatadas De Ira o
Golpead a Pablo Und Destruktion, entre otros, se construyen sobre bases electrónicas obsesivas en las que
se insertan sonidos procedentes de un instrumental
diverso y customizado a la
medida del artista. Todo ello
conforma una psicodelia
post-punk envuelta en tonalidades folk y con un arsenal de loops y delays que se
cuelgan de unas letras ágiles
y desgarradoras, no ajenas a
cierta atmósfera velvetiana
en ocasiones.
La imagen no es un recurso secundario en la puesta en escena de Pablo Und
Destruktion. Su música se proyecta con éxito en la
videocreación experimental, donde encontramos
calidad narrativa y destellos de un universo chamánico con rituales que conexionan con la naturaleza para emprender un camino alternativo hacia la
búsqueda de identidades. En clips como Extranjera
(2011, Berlín-Gijón), Du Bist El Sol (2011, Cantabria), Amigos (2012, La Coruña) o Agujero (2012,
Morvís) asistimos a una experimentación deliberada de los códigos con los que el artista construye
un orden simbólico más allá de lo musical.
Un breve pero lúcido comentario a las canciones
de Animal con parachoques ha sido volcado por Víctor R. Villar en hipersonica.com.
Quien no haya tenido la oportunidad de conseguir aún ese lujo de cd en edición limitada a 130
ejemplares puede darse prisa, porque los 275 ejemplares del vinilo desaparecen a velocidad del rayo, y
esto no ha hecho más que empezar… ¢
16
elcuaderno
Número 41 / Enero del 2013 / 1ª quincena
AGENDA CULTURAL DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS
Vídeo Selecta. 11 obras de videoarte
de colección
Hasta el 6 de enero del 2013
Sala de exposiciones Banco Herrero. Oviedo
La imagen en movimiento como posibilidad artística. Desde
el video arte hasta el cinema expandido, pasando por la
video-instalación, el video-objeto, la reconstrucción, el
video ensayo y la video documentación.
40 años en el corazón del mundo celta
Exposición aniversario del Festival Intercéltico de Lorient
Hasta el 6 de enero del 2013
Hall del auditorio del Centro Niemeyer
La historia del Festival Intercéltico de Lorient, desde la
llegada a la ciudad del campeonato de bagadou (bandas
de gaitas bretonas) en 1971 al gran acontecimiento
cosmopolita de hoy.
Feather Tales II
Hasta el 4 de febrero del 2013
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Robotix, taller de iniciación a la robótica
Ciclo Rock&Roll: The Fleshtones
Del 2 al 4 de enero
LABoral, Centro de Arte y Creación Industrial
18 de enero. 22.00 h
Centro Niemeyer
Taller de iniciación a la robótica dirigido a niños de entre 10
y 14 años. Sus participantes aprenderán a diseñar, construir,
programar y poner en marcha robots Lego Mindstorms
NXT Education.
El show de David Guapo
12 de enero, 21.00 h
Teatro de Laboral, Ciudad de la Cultura
David Guapo presenta su nuevo monólogo,
Quenonosfrunjanlafiesta, una apuesta segura donde el
humor, la música y la improvisación se mezclan en un
espectáculo único para todos los públicos, divertido y
sorprendente, en el que combina la música y el diálogo con
los espectadores.
15 de enero, 20.30 h
Teatro de la Laboral
Farruquito presenta Abolengo
Presencia activa
Bob Geldof en concierto
19 de enero, 20.30 h
Auditorio del Centro Niemeyer
Gran concierto de Año Nuevo
de Johann Strauss
Inspirado en la tradicional cita musical que cada año
se celebra en Viena y de la mano de La Strauss Festival
Orchestr vuelve a España, tras el éxito de ediciones
anteriores, el Gran Concierto de Año Nuevo con una
atractiva selección de los mejores valses, polcas y marchas
de Johann Strauss.
Un work in progress del artista brasileño Ricardo
O’Nascimento y de la artista turca Ebru Kurbak en el
que utilizan las prendas de vestir como una forma de
comunicación y de protección, situándolas en el núcleo de
unas investigaciones que vinculan el diseño y la moda.
The Fleshtones es una de las mejores bandas de garage
revivalista de todos los tiempos, liderada por el carismático
Peter Zaremba, en activo desde hace más de 30 años y
en plena forma, que asegura diversión y rock&roll en sus
frenéticos conciertos.
18 de enero, 20.30 h
Teatro de la Laboral, en Gijón
Con coreografía de Antonio Canales, en Abolengo se
produce el encuentro entre dos de las más grandes familias
del baile flamenco, los Farruco y los Amaya. Farruquito
cuenta como invitada especial con la bailaora mexicana
Karime Amaya, sobrina nieta de Carmen Amaya e hija de
Mercedes Amaya.
Hasta el 25 de febrero del 2013
LABoral Centro de Arte y Creación Industrial
Cantante, compositor, actor y activista político, el
prestigioso músico irlandés vendrá al Niemeyer
acompañado de una gran banda de hasta catorce
músicos en escena y con una completa composición de
instrumentos. Timbales, bongos, ukeleles y acordeones,
entre otros, le acompañarán en un concierto que
combinará las raíces británicas con el pop y el rock más
comprometido.
Ciclo de Palabra: Sami Naïr
y Elena de Lorenzo Álvarez
24 de enero
En la Cúpula del Centro Niemeyer
Coordinado por el escritor Jordi Doce, el Ciclo de Palabra
es un espacio de diálogo y debate donde destacados
creadores y pensadores, tanto nacionales como
internacionales, comparten sus ideas, pensamientos y su
interpretación de la realidad y del mundo.
Presencia activa muestra, a través de las obras de doce
artistas internacionales la evolución de la performance en sus
cincuenta años de existencia y su vigencia en el arte actual.
Ciclo Esencias Celtas: Fraser Fifield
Miraes 2012 - Itinerancia
Entre la tradición escocesa-europea y la improvisación,
Fraser Fifield, gaitero y flautista impregnado del espíritu
improvisador proveniente del jazz, es un saxofonista y
multiinstrumentista que interpreta la música tradicional de
Escocia y todo su caudal compositivo como si esta hubiese
usado siempre el saxo soprano en vez del violín o la gaita.
25 de enero, 20.30 h
Centro Niemeyer
Hasta el 17 de noviembre del 2013
Varios emplazamientos
Esta exposición constituye el resumen del año en imágenes
realizadas por los fotoperodistas asturianos.
www.clubculturaasturias.com/14/agenda.html
Visitas guiadas
Laboral Ciudad de la Cultura
Además de conocer la arquitectura,
la historia y los usos actuales, se
visita algunos de los lugares que
componen este espectacular
conjunto como el teatro, la torre o el
patio corintio.
Centro Niemeyer
Además de sus actividades
culturales, el Centro Niemeyer
constituye por sí mismo un
interesante y espectacular espacio
arquitectónico moderno de
referencia internacional que merece
ser conocido y disfrutado.
Museo del Jurásico de Asturias
En un lugar privilegiado a 155
metros sobre el nivel del mar,
se alza un museo singular que,
bajo la forma de una gran huella
tridáctila de dinosaurio, acoge una
de las muestras más completas y
didácticas del mundo sobre estos
fascinantes reptiles.
Centro de Arte Rupestre
de Tito Bustillo
Su moderna concepción, basada en las
técnicas más novedosas y atractivas
para todos los públicos, permite
ofrecer al visitante un equipamiento
cultural que aspira a convertirse en un
referente en el ámbito nacional sobre
el arte paleolítico, especialmente el
albergado en la cueva de Tito Bustillo.
Parque de la Prehistoria
de Teverga
Su objetivo es dar a conocer el arte
del Paleolítico Superior en Europa
mediante una importante muestra
de sus manifestaciones artísticas
por medio de reproducciones
facsimilares de significativos
conjuntos parietales y objetos de
arte mobiliar.
Centro de Recepción
e Interpretación del
Prerrománico
Un espacio dedicado a explicar
de forma científica y rigurosa
los monumentos que integran el
prerrománico asturiano, en las
inmediaciones de Santa María de
Naranco y San Miguel de Liño.
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