México, D. F., a 3 de septiembre de 2007
CGCP/124/07
COMUNICADO DE PRENSA
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos presentó a la opinión pública su
Recomendación 34/2007, sobre el caso de la señora Ernestina Ascencio Rosaria, dirigida al
general Guillermo Galván Galván, Secretario de la Defensa Nacional; al maestro Fidel
Herrera Beltrán, gobernador del estado de Veracruz; al diputado Juan Nicolás Callejas
Arroyo, Presidente de la Mesa Directiva de la LX Legislatura del Congreso del Estado de
Veracruz y a la licenciada Nohemí Quirasco Hernández, Presidenta de la Comisión Estatal
de Derechos Humanos de Veracruz.
El Ombudsman nacional, José Luis Soberanes Fernández, manifestó que la muerte de esta
mujer desnudó varias precariedades en el funcionamiento del Estado mexicano en su
conjunto. “Se evidenciaron de la peor manera, subrayó, la ineficiencia burocrática, la
inoperancia y la deficiente preparación de numerosos servidores públicos municipales,
estatales y federales, pero también la incuria y la mala fe”.
Destacó que la investigación de un caso criminal basado en especulaciones, actos de fe y
carencia de pruebas científicas mostró los alarmantes excesos a los que puede llegar el
manejo de los intereses políticos en nuestro país.
“Asistimos, añadió Soberanes Fernández, a un lamentable despliegue de oportunismo y falta
de escrúpulos. Sin pruebas de por medio, sin haber concluido las investigaciones, sin haber
evaluado la suma de evidencias, diversos grupos se erigieron en jueces altisonantes e
inapelables y buscaron –y quizás aún lo buscan— convertir la muerte de Ernestina Ascencio
en una bandera para sus causas”.
Tras señalar que doña Ernestina sufrió todas las discriminaciones posibles: como mujer,
indígena monolingüe, anciana y paciente médico en estado crítico, entre otras, demandó que
haya discusión con datos e información, y no con sesgos partidistas. “La memoria de
Ernestina Ascencio y el conocimiento de una verdad exigen que el debate sobre su
fallecimiento deje de conducirse a partir de dogmas ideológicos”, aseguró.
Acompañado por la segunda visitadora general, Susana Thalía Pedroza de la Llave, así
como por los peritos médicos que intervinieron en el caso, Soberanes Fernández enfatizó
que “Ernestina Ascencio ya es un símbolo –sin duda molesto, sin duda incómodo para
quienes lo vieron como rápida oportunidad para los aprovechamientos mediáticos—, porque
el suyo es uno de los muchos nombres del rezago histórico de los mexicanos más pobres, de
la disparidad y del atraso que puede haber en la sociedad mexicana”.
Aseveró que, como resultado de las investigaciones de la CNDH, quedó establecido que la
señora Ascencio Rosaria no fue víctima de violación sexual ni de ataque a su persona, y que
falleció a causa de anemia aguda por sangrado de tubo digestivo secundario a úlceras
gástricas pépticas agudas, en una persona que cursaba con una neoplasia hepática maligna,
un proceso neumónico en etapa de resolución, isquemia intestinal y trombosis mesentérica.
Refirió que quedaron al descubierto errores y omisiones del personal de la Procuraduría
General de Justicia de Veracruz que intervino en el caso, ya que sus peritos médicos
llegaron a conclusiones erróneas y contrarias a la práctica de la medicina forense, lo que
contribuyó a que ganara fuerza la tesis de la violación sexual y se enviaran pistas
equivocadas a investigadores del Ministerio Público y a visitadores de la CNDH, además de
confundir a la opinión pública.
Dio a conocer que el actuar del Ministerio Público también mostró irregularidades que
ocasionaron la vulneración de los derechos de legalidad y de seguridad jurídica, además de
permitir que varios militares ignoraran requerimientos y citatorios, sin consecuencia alguna, y
utilizar traductores que, por incompetencia o mala fe, distorsionaron sustantivamente los
testimonios rendidos en lengua náhuatl.
Al señalar que el traductor de la Comisión
Estatal de Derechos Humanos asentó
afirmaciones que jamás fueron dichas en náhuatl por la hija de la señora Ascencio –cuyas
palabras están registros videograbados que requirieron estudios lingüísticos—, Soberanes
Fernández puntualizó que esa actuación fue una maquinación contra la ley y la verdad, cuya
finalidad y propósitos aún deben ser desentrañados.
Mencionó que las autoridades del municipio de Soledad Atzompa rehuyeron sus
responsabilidades, ya que el alcalde faltó a su deber al conocer de un presunto delito por
parte de militares y no denunciarlo, e incluso se negó a colaborar con el Ministerio Público en
el esclarecimiento de los hechos y cuando la CNDH le solicitó conocer las pruebas que ante
la prensa dijo tener, se negó a proporcionarlas.
En cuanto a la actuación de la Secretaría de la Defensa Nacional en este caso, dijo que fue
irregular en repetidas ocasiones, como instalar un campamento en contravención de la
legislación castrense y la negativa de diversos militares a colaborar con las investigaciones
del Ministerio Público, sin recibir sanción alguna por obstruir la justicia y entorpecer la
búsqueda de la verdad, además de emitir diversos comunicados de prensa que confundieron
a la opinión pública al contener información incierta y no comprobable.
“En el México democrático, dijo, es inadmisible que la Sedena pueda incurrir en situaciones
de desinformación como política de comunicación social. El silencio de una institución tan
relevante y comprometida con México sólo puede generar zozobra en la sociedad. Los
integrantes de nuestras fuerzas armadas son parte de la sociedad nacional y no pueden
incurrir, en el siglo XXI, en conductas públicas de cofradía, que sólo abren caminos a la
impunidad y al abuso”.
Respecto de la especulación en algunos medios informativos acerca de que la CNDH
informó al Presidente Felipe Calderón de los resultados de sus estudios médico forenses tras
la exhumación del cadáver de la señora Ascencio, precisó que de acuerdo con las
investigaciones de este Organismo nacional, la Sedena elaboró por escrito tres días antes un
informe pericial sobre el caso.
Al presentar pormenores de las investigaciones de la CNDH en este caso, la segunda
visitadora general, Susana Thalía Pedroza de la Llave, reveló que los militares asentados
irregularmente en predios de un particular en el área de Zongolica realizaban operaciones de
reconocimiento mediante patrullajes y actividades de búsqueda de información, con el fin de
disuadir e inhibir acciones violentas por parte de grupos subversivos, así como para ubicar
campos de adiestramiento, casas de seguridad, líderes, centros de acopio de armas,
municiones, vestuario y equipos.
Informó que en la investigación ministerial 227/2007/S.S que integra la Procuraduría estatal
sobresale la evidencia testimonial de una servidora pública de dicha representación social
que reveló que “quien realizó la necropsia, el 26 de febrero de 2007, al cuerpo de la señora
Ascencio Rosaria fue un empleado de la funeraria “Hermanos Vázquez” y no el médico
legista designado para tal diligencia”.
Expresó que la CNDH acreditó que servidores públicos de la procuraduría estatal toleraron
que personas ajenas a la institución intervinieran activamente en las diligencias ministeriales,
tales como participar en el embalaje de muestras, toma de fotografías del cuerpo de la
agraviada y en el estudio de necropsia del 26 de febrero de 2007, la cual “se realizó en un
lugar distinto del recinto oficial de la Procuraduría General de Justicia del estado de
Veracruz”, violentado lo dispuesto en el artículo 93 del Reglamento de la Ley General de
Salud en materia de Prestación de Servicios de Atención Médica.
Dio a conocer que la CNDH cuenta con evidencias videográficas que se obtuvieron con
motivo de los testimonios que rindieron los familiares y vecinos de la señora Ernestina
Ascencio Rosaria, donde participó como traductor del español al náhuatl y del náhuatl al
español un servidor público de la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz.
Añadió que al ser valorada lingüísticamente dicha traducción por un profesor-investigador
experto en idioma náhuatl, adscrito al Posgrado en Ciencias del Lenguaje de la Escuela
Nacional de Antropología e Historia del Instituto Nacional de Antropología e Historia del
Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, “se acreditó que el referido servidor público de
la Comisión Estatal no se limitó a traducir los testimonios de los familiares y vecinos de la
presunta agraviada, sino realizó una labor de intérprete e indujo en varias ocasiones a los
entrevistados, lo cual no sólo ocasionó una deficiente traducción, sino una distorsión de la
verdad histórica del testimonio rendido”.
Por lo anterior, la CNDH emitió su Recomendación 34/2007, que consta de 446 páginas,
resultado de un expediente de 9,190 fojas, donde se contienen las actuaciones del personal
de la CNDH, reportes de información emitidos por diversas autoridades federales, estatales y
municipales, así como 14 dictámenes médicos de esta Comisión Nacional y tres dictámenes
lingüísticos de un traductor especializado, así como diversos dictámenes de la Procuraduría
General de Justicia del Estado de Veracruz, de la Procuraduría General de Justicia del
Distrito Federal y de laboratorios médicos particulares.
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