Texto Completo
58042FFE-3F91-11D7-A336-0001024B5421
PARTES:
Claypole Delia Bonorino Ezeyza de y otros c. Buenos
Aires la Provincia s. inconstitucionalidad de las leyes 4834
y 4204
TRIBUNAL: Corte Suprema de Justicia de la Nación (CS)
FECHA DE SENTENCIA: 1948/03/03
PUBLICACION:
FALLOS: 210:284 ; LEXCO FISCAL
DICTAMEN DEL PROCURADOR GENERAL
Suprema Corte:
La jurisdicción de V. E. para conocer originariamente en este
litigio emerge de tratarse de causa civil en que es parte
demandada una provincia y los actores, de nacionalidad
argentina, tienen domicilio en la Capital Federal. Así
resulta de la sumaria información rendida a fs. 35-39, que
sirvió de base a la providencia de fs. 41 vta.
He aquí los motivos del pleito. Doña Magdalena Ezeiza de
Bonorino, propietaria de dos campos en la provincia de Buenos
Aires, debía pagar al Fisco provincial un impuesto anual
progresivo del ocho por mil, con arreglo a la ley local 4834
vigente desde el 1º de enero de 1943, dado que sumadas las
superficies de esos dos campos excedían de diez mil
hectáreas. La primera cuota de ese gravamen vencía el 1º de
mayo de 1943; pero, habiendo fallecido dicha señora el 19 de
febrero del mismo año, sus herederos -cinco en totalsostuvieron que no alcanzando ya a diez mil hectáreas la
porción hereditaria de cada uno de ellos, el impuesto aludido
debía dejar de exigírseles. El Fisco provincial desestimó tal
pretensión, por cuanto no existiendo partición, no había
prueba de que la parte alícuota de cada uno de los herederos
resultara inferior al límite legal. Sin embargo, algún tiempo
después, los herederos inscribieron en La Plata el testamento
de la causante y el Fisco admitió que para lo sucesivo dejara
de pagarse el impuesto (21 de diciembre de 1943, fs. 10, exp.
administrativo R-12.141/43, agregado por cuerda).
Entretanto, los herederos Bonorino lo habían satisfecho ya
bajo protesta, y además una tasa adicional creada por el art.
1º, inc. 5º de la ley 4204, para cuya liquidación se
prescindió también de que cada una de las proporciones
hereditarias valiera menos que la totalidad de los campos.
Reclaman ahora aquellos ante V. E. la devolución de lo
pagado, sosteniendo que fue inconstitucional la exigencia del
Fisco, por dos razones; a saber:
1º) desconocimiento del derecho de propiedad emergente del
condominio creado entre los herederos por el fallecimiento de
la primitiva propietaria;
2º) violación del precepto constitucional de igualdad ante el
impuesto.
La primera de esas cuestiones ha sido detenidamente examinada
antes de ahora por V. E. en el Fallo 187:586 y los allí
citados; de suerte que a mantener la Corte el criterio
sustentado entonces contra mi dictamen y el voto de uno de
los Ministros del Tribunal, procedería hacer lugar a la
demanda. En este caso media la circunstancia especial de que
el Fisco de la Provincia, en su resolución del 21 de
diciembre de 1943, admitió la existencia del condominio que
antes había negado.
La segunda cuestión, por tener idéntico origen, debe
resolverse aplicando igual pauta. Obvio es que si se reconoce
existir en el testamento de la causa elementos de criterio
suficientes para determinar que ninguno de los cinco
herederos instituidos alcanzaría a recibir en herencia una
porción mayor que el límite mínimo legal, los impuestos
cobrados deben devolverse.
Cabe, no obstante, una salvedad. El fallecimiento de la
señora Ezeiza de Bonorino ocurrió, como queda dicho, el 19 de
febrero de 1943; de suerte que no existe motivo legal para
que el Fisco de la Provincia de Buenos Aires devuelva la
parte de impuestos correspondientes al período enero 1º
febrero 19 de ese año. - Bs. Aires, octubre 30 de 1946. Juan Alvarez.
FALLO DE LA CORTE SUPREMA
Bs. Aires, 3 de marzo de 1948.
Y vista, la precedente causa, caratulada: "Claypole Delia
Bonorino Ezeyza de y otros contra Buenos Aires la Provincia
sobre inconstitucionalidad de la ley 4834 y del art. 1º, inc.
5º de la ley 4204", de la que resulta:
Que a fs 25 se presenta don Federico J. Meiana, apoderado de
Da. Delia Bonorino Ezeyza de Claypole, Emma Bonorino Ezeyza
de Pueyrredón, Ida Bonorino Ezeyza de Costa Méndez y Lía
Bonorino Ezeyza de Videla y de don Raúl Bonorino Ezeyza,
iniciando demanda contra la Provincia de Buenos Aires por
cobro de m$n. 30.305, sus intereses y las costas del juicio.
Manifiesta que Da. Magdalena Ezeyza de Bonorino poesía dos
campos en el Partido de Mar Chiquita, Prov. de Buenos Aires,
con una superficie de 10.027 hs., 4694 ms.2 y 9449 hs. 4456
ms.2, valuados respectivamente en m$n. 1.418.500 y 1.336.500
para el pago de la contribución territorial. En total, 19.476
hs., valuadas en m$n. 2.755.000.
Que el 27 de octubre de 1942 se creó por ley 4834, a partir
del 1º de enero de 1943, un impuesto anual progresivo
adicional al impuesto inmobiliario, que se liquida sobre el
avalúo fiscal del catastro financiero, y grava a todo
inmueble o conjunto de inmuebles de 10.000 hectáreas o más,
de propiedad de una misma persona natural o jurídica.
Correspondiendo una tasa del 8 a los campos de superficie
hasta 20.000 hectáreas, la señora de Bonorino fué gravada con
m$n. 22.040 anuales, a pagar en dos cuotas con el impuesto
inmobiliario de la ley 4204, o sea, el 31 de mayo y el 30 de
setiembre de cada año.
Que la señora de Bonorino falleció en esta ciudad el 19 de
febrero de 1943, según resulta del certificado de defunción
que acompaña, instituyendo como únicos y universales
herederos a sus cinco hijos legítimos -los actores en el
pleito- con arreglo al testamento que en testimonio agrega,
los que por virtud de lo dispuesto en el art. 3410 del Código
Civil entraron en posesión de la herencia al día del deceso
de su señora madre.
Que en 6 de marzo de 1943 los referidos herederos denunciaron
por escrito al señor Director General de Rentas de la
Provincia la muerte de la señora de Bonorino, solicitando se
la excluyera del padrón especial que establece el art. 9 del
decreto reglamentario de la ley 4834 y se eximiera a los
inmuebles heredados del gravamen creado por esta última, pues
divididos aquéllos entre los cinco hijos correspondía a cada
uno 3895 hectáreas, superficie muy inferior a la que grava el
art. 1º de la ley mencionada. Después de larga tramitación
esa solicitud fue denegada en 28 de agosto de 1943, viéndose
así los actores obligados al pago de la primera cuota del
gravamen -ya vencida- de m$n. 11.020, lo que hicieron con
protesta por escritura pública debidamente notificada, de que
acompaña testimonio. Pagaron también la segunda cuota por
igual suma, con protesta telegráfica de que trae igualmente
copia.
Que finalmente la Intervención Nacional autorizó a la
Dirección General de Rentas para que tuviera por justificado
el condominio de familia de los herederos de la señora de
Bonorino, mediante la presentación en forma del testamento de
aquélla, inscripto en el Registro de la Propiedad,
excluyéndose así, en 31 de diciembre de 1943, los inmuebles
mencionados del padrón especial de los gravados por la ley
4834.
Que dada la tasación de los campos "El Espinillo" y "Nahuel
Rucá" corresponde a cada uno de los actores una parte de m$n.
283.700 en el primero y de m$n. 267.300 en el segundo. El
impuesto inmobiliario de 6 , más 1 de contribución de
caminos, es así para cada propietario, en "El Espinillo", de
m$n. 1985.90 anuales, en conjunto de m$n. 9929.50 o sea m$n.
4967.75 por semestre. Respecto de "Nahuel Rucá", la
contribución individual es de m$n. 1871.10, en total m$n.
9355.50, y semestralmente m$n. 4677.75. Estas sumas coinciden
con las que arrojan los recibos acompañados, incluyendo uno el núm. 1249- m$n. 279 por desagües, partida ajena al juicio.
Que en 1944 se cobró a los actores el adicional del 3 -art.
1º, ley 4204- para inmuebles valuados entre 1.000.000 y
2.000.000 de pesos moneda nacional, considerando a cada
inmueble como de un solo propietario. Pagóse así m$n. 4255.50
por "El Espinillo" y m$n. 4009.50 por "Nahuel Rucá", en total
m$n. 8265, abonados el 31 de mayo de 1944, con protesta
telegráfica. Acompaña los recibos respectivos y la copia del
telegrama colacionado dirigido al señor Director General de
Rentas de la Provincia.
Que en resumen sus mandantes pagaron en 1943 m$n 22.040 por
concepto del impuesto de la ley 4834 y m$n 8265, en calidad
de adicional de la ley 4204, art. 1º, inc. 5. En conjunto
abonaron así m$n 30.305, cuya repetición con intereses y
costas, persigue esta demanda.
Que según la ley 4204, los bienes raíces de particulares
están sujetos al siguiente impuesto inmobiliario anual,
calculado sobre el importe del avalúo oficial atribuido según
el "Catastro Financiero": 6 en concepto de impuesto a los
inmuebles; 1, de contribución de caminos para los que no
paguen alumbrado, barrido y limpieza; 1 de contribución de
canalización y drenaje, en las secciones del Delta del
Paraná; y un adicional que comienza por el 1, para los
tasados en m$n 300.000, y llega al 5, para los valuados en
más de m$n. 2.000.000. La ley 4834 crea además un impuesto
anual progresivo para los inmuebles o conjunto de inmuebles
de 10.000 hectáreas o más, que se liquida sobre el avalúo
fiscal según una escala que comienza por el 6, para los de
10.000 hectáreas, y llega al 14 para los de más de 30.000.
Que la contribución de la ley 4834 es incompatible con la
garantía de la igualdad de los impuestos del art. 16 de la
Constitución Nacional porque prescinde del valor de los
bienes que grava teniendo en cuenta su extensión, que puede
no coincidir con el primero. Por la misma razón el tributo es
injusto, inequitativo y contrario a la proporcionalidad
impositiva, violando también el art. 4 de la Constitución
Nacional.
Que desconoce también el derecho de usar y disponer de la
propiedad -art. 14 de la Constitución Nacional- porque
compele a los propietarios a dividir real o ficticiamente sus
campos y viola también la garantía de la propiedad -art. 17
de la referida Constitución- porque hostiliza a los
latifundistas, creando una categoría de propietarios que no
emana de la Constitución ni del Código Civil, lo que importa
por parte de la Provincia, violación de los arts. 5 y 31 de
la Constitución Nacional.
Que los actores son condóminos por partes iguales de los
campos "El Espinillo" y "Nahuel Rucá" a partir del
fallecimiento de su señora madre. Tal condominio es
reconocido por los arts. 11 y 12 del decreto reglamentario de
la ley 4834, sobre la base de los cuales se consideró
justificado el condominio de familia de sus mandantes,
excluyéndoselos del padrón respectivo el 1º de enero de 1944.
Que el latifundio gravado había desaparecido a la fecha del
vencimiento de la primera cuota del gravamen de la ley 4834 en 31 de mayo de 1943- por el fallecimiento de la señora de
Bonorino, ocurrido el 19 de febrero de ese año. Los actores
no estaban, pues, obligados a satisfacer este impuesto. En
todo caso, nada ha podido exigírseles después del 19 de
febrero, día hasta el cual el impuesto sumaba m$n. 3019.
Que el cobro del impuesto al latifundio a los herederos de la
señora de Bonorino durante el año 1943, con posterioridad al
fallecimiento de aquélla, percibido de acuerdo con el art. 15
de la ley 4834, desconoce su derecho de propiedad y la
garantía de la igualdad como base del impuesto y de las
cargas públicas, con arreglo a la jurisprudencia de esta
Corte, que invoca. También es inconstitucional el adicional
del 3 que establece el art. 1º, inc. 5, de la ley 4204,
cobrado igualmente a los actores, por las mismas razones
expuestas respecto al gravamen al latifundio y de acuerdo con
la jurisprudencia ya citada, siendo procedente la repetición
de las sumas abonadas por ambos conceptos, por tratarse de
pagos sin causa o por causa contraria a las leyes - arts. 792
y 794 del Código Civil-. En definitiva pide que en su
oportunidad se haga lugar a la demanda y se condene a la
Provincia a devolver a los actores la suma de m$n. 30.305 o,
en su defecto, la de m$n. 27.286, con intereses y las costas
del juicio.
Que corrido traslado de la demanda, la contesta a fs. 52 D.
Roberto A. Solá, en representación de la Provincia de Buenos
Aires, el que dice: Que por carecer de los antecedentes
administrativos del caso niega los hechos en que se funda la
acción, negativa que supedita a la prueba que produzcan los
actores o al eventual reconocimiento que su parte pueda
formular. Niega particularmente que la transmisión de los
campos, a los efectos fiscales, haya tenido en la especie
lugar, el 19 de febrero de 1943.
Que la tacha de inconstitucionalidad del gravamen que crea la
ley 4834 es infundada, porque prescinde de los fundamentos y
altas finalidades sociales perseguidos por aquélla -además de
los fines financieros- resumibles en el propósito de
contrarrestar los efectos negativos que para la economía de
la Provincia puedan derivar de la acumulación por un solo
propietario de considerables extensiones de tierra. Los
requisitos que todo impuesto debe llenar desde el punto de
vista jurídico -sanción legislativa; jurisdicción sobre los
bienes gravados; distribución equitativa e igualdad- están
llenados en el caso.
Que conforme a los arts. 17 y 18 de la ley 4834, el art. 11
del decreto reglamentario ha establecido que los propietarios
de 10.000 hectáreas o más, cuya valuación no exceda de m$n.
1.000.000, pagarán el impuesto con una reducción del 50 %.
Contémplase así el valor de la tierra a los efectos de la
aplicación del gravamen para corregir las desigualdades a que
podría dar lugar la aplicación literal de la ley. Por otra
parte, el art. 16 autoriza al contribuyente a solicitar
reajuste impositivo cuando el gravamen o su acumulación con
otro supere el 33 % de la renta, pudiendo aún el P.E.
contemplar todos los casos de exención impositiva
justificada, no previstos en la ley.
Que el cobro durante todo el año 1943 del gravamen de la ley
4834 está expresamente autorizado por el art. 15 de la misma,
que establece que los actos judiciales referidos a
declaratorias de herederos, testamentos, etc., están
previamente sujetos al pago del impuesto, hasta el año
inclusive del otorgamiento del acto o inscripción. Dicho
precepto no viola los arts. 14 y 17 de la Constitución
Nacional, ni las disposiciones del Código Civil, que invoca
la demanda, y conforme a las cuales sostiene que la
transmisión de la propiedad se opera desde la muerte de la
causante, habiendo desaparecido en el caso el latifundio que
grava la ley, en la oportunidad de la exigibilidad del
impuesto.
Que, en efecto, estos principios no juegan frente a la ley
impositiva ni son afectados por ésta. Es así que esta Corte,
en los precedentes que cita, ha admitido la validez de los
impuestos sucesorios que prescinden de la fecha de la
transmisión hereditaria para atenerse a la de su
exteriorización. Las leyes impositivas pueden, además, según
doctrina también de esta Corte, ser retroactivas.
Que en el caso el testamento de la señora de Bonorino fue
inscripto en la Provincia en 31 de diciembre de 1943, y la
posesión de la herencia, deferida el 29 del mismo mes y año.
Hasta ese momento, para la Provincia la causante era la única
dueña de los campos afectados.
Que hay también error en confundir la obligación impositiva y
su exigibilidad. En efecto, el contribuyente debe el impuesto
desde que éste se sanciona, o desde la fecha que la ley
indica, con prescindencia de los plazos que se fijen para su
pago. En la especie, el impuesto, debido desde el 1º de enero
de 1943, fue exigible el 31 de marzo y 30 de setiembre.
Que también es constitucional el adicional de la ley 4204. La
circunstancia de que para la aplicación del mismo se haya
prescindido de que los campos afectados pertenecían en
condominio a varias personas no vulnera el art. 16 de la
Constitución Nacional, porque se trata de un gravamen real.
El tributo discutido es suplementario o accesorio de la
contribución territorial, que es un gravamen directo de la
cosa y debe seguir al principal en los categorías y
porcientos de los bienes afectados.
Que con arreglo a la doctrina que cita cabe distinguir los
gravámenes personales y los reales, siendo estos últimos los
que se relacionan con la situación de fortuna considerada
objetivamente, con prescindencia del individuo, de los que es
ejemplo la contribución territorial.
Que el mecanismo administrativo del impuesto confirma este
criterio. El estado confecciona padrones en los que inscribe
inmuebles, el catastro que sirve de base al cobro de la
contribución, determina unidades inmobiliarias que
constituyen el objeto de la imposición, concepto que no puede
alterar la figura meramente civil del condominio.
Que, por lo demás, en el condominio lo dividido no es la cosa
sino el derecho, estando el mismo legislado en forma que lo
aproxima a la sociedad. Existen además los llamados
"contratos colectivos" que también pueden dar lugar a núcleos
susceptibles de catalogarse como sujetos jurídicos.
Añade que con arreglo a los principios jurisprudenciales que
cita las provincias pueden crear categorías impositivas
atendiendo al objeto y finalidad del impuesto. Sin violar así
la garantía de la igualdad ha podido sancionarse el impuesto
impugnado definiendo la materia y objeto del mismo con
prescindencia del número de titulares del bien afectado. No
hay en ello arbitrariedad porque responde a la naturaleza del
gravamen y a los principios que en la legislación civil
definen el condominio.
Termina pidiendo que en su oportunidad se rechace la demanda,
con costas.
Que abierta la causa a prueba -fs. 66 vta.- prodújose la que
menciona el certificado de Secretaría de fs. 92. A fs. 98 y
103 se agregaron los alegatos de las partes, dictaminando el
Sr. Procurador General a fs. 110. A fs. 111 se llamaron autos
para definitiva.
Y considerando:
Que después del alegato de fs. 103 las cuestiones a decidir
han quedado reducidas a la impugnación de
inconstitucionalidad de las leyes nros. 4834 y 4204 de la
Prov. de Buenos Aires, en que se fundó la repetición que
persigue la demanda. En el referido memorial, en efecto, se
admite que son ésos los únicos puntos sobre que existe
discrepancia, haciéndose así, efectiva la reserva que se
formuló en el escrito de responde, de reconocer eventualmente
los hechos entonces negados sobre la base de la falta de los
pertinentes antecedentes administrativos. Por lo demás, tanto
los pagos como las protestas, invocados al demandar, han sido
debidamente acreditados en el curso del juicio.
Que esa Corte ha declarado reiteradamente que la garantía de
la igualdad ante la ley y de las cargas públicas no impide
que la legislación considere de manera diferente situaciones
que estime diversas, con tal, sin duda, que el criterio de
distinción no sea arbitrario ni responda a un simple
propósito de injusta hostilidad o indebido privilegio.-Conf.
Fallos 209, 28 y los allí citados-. Tratándose de impuestos
se ha declarado así que, respetando los expresados
requisitos, cabe crear categorías de contribuyentes sujetos a
tasas diferentes -Fallos 188, 464; 191, 460; 192, 139 y
otros- y específicamente que el propósito, no sólo fiscal
sino también de justicia social perseguido mediante el
impuesto, no se halla al margen de las normas de la
Constitución Nacional, -Fallos: 190, 231- de tal manera que
la mayor tasa de la contribución territorial exigida a los
propietarios de grandes extensiones de bienes raíces,
calculada sobre el valor de los mismos, es
constitucionalmente válida -Fallos: 171, 390.
Que si bien todo impuesto tiene que corresponder a una
capacidad contributiva, la determinación de las diversas
categorías de contribuyentes puede hacerse por motivos
distintos de la sola medida económica de esa capacidad. El
valor económico de los bienes que constituyen el objeto
material del impuesto no determina por sí solo, y a veces no
determina de ningún modo, las distintas categorías de
contribuciones ni las que el régimen impositivo hace de los
bienes gravados y de la situación de los contribuyentes a su
respecto. En estas determinaciones pueden intervenir factores
que no son económicos o que lo son sólo indirectamente. Tanto
el tesoro público, como el régimen impositivo con que se lo
constituye son instrumentos de gobierno, y para la obtención
del bien común, que es la finalidad de todo sistema
tributario, ha de considerarse no exclusivamente la mayor o
menor capacidad contributiva de cada uno, sino también un
mayor o menor deber de contribuir que tiene razón de ser
distinta de solo la capacidad económica de quien contribuye.
Por las características de los bienes, por el modo de
poseerlos o explotarlos, por la mayor o menor vinculación del
dueño con el país en que la riqueza gravada tiene su asiento
o su fuente, por la clase de actividad que con ella se
realiza, etc., ese deber puede ser mayor habiendo de por
medio valores económicos iguales a los de otros
contribuyentes a quienes se cobra menos y viceversa. Todos
los impuestos progresivos, los que tienen en cuenta la tierra
libre de mejoras, la diversidad de patentes según las
especies de los negocios a que se refieren, los impuestos
aduaneros específicos, la constitución de una categoría
distinta con los ausentes, el diverso porciento con que se
limita el impuesto sucesorio según el parentesco de los
herederos con el causante, etc. son ejemplos de
diferenciaciones impositivas que no se rigen sólo por el
diferente valor económico de las riquezas que constituyen la
materia de gravamen. Y esta Corte ha reconocido
reiteradamente que en tales casos no se viola el principio de
igualdad de los arts. 4 y 16 de la Constitución.
Que en la vida social la función de los bienes o riquezas
tenidas en vista al imponer contribuciones, no es
exclusivamente económica. Es desde el punto de vista de lo
que requiere el bien de la comunidad -fundamento y requisito
de todo bien particular de quienes la constituyen-, que ha de
ser apreciada la condición de cada uno de los contribuyentes
y determinada la función de los distintos bienes o especies
de riquezas, cuando se trata de igualar las obligaciones de
los primeros y las posibilidades de los segundos respecto a
los fines del Estado en vista de los cuales se establecen los
sistemas impositivos y para cuyo servicio se forma el erario
público. Y desde este punto de vista pueden ser desiguales
los valores económicamente equivalentes o lo contrario pues
la igualdad jurídica con que se constituye el orden de la
sociedad es una igualdad proporcional.
Todo ello lo ha sintetizado esta Corte en dos expresiones
frecuentemente empleadas en sus fallos relativos a la
garantía de la igualdad: 1º las leyes deben tratar igualmente
a los iguales en iguales circunstancias; 2º como esta
igualdad debe tomar en consideración tanto las diferencias
que caracterizan a cada una de las personas en la materia
regulada por el régimen legal de que se trata -para
determinar quiénes son iguales-, cuanto la relación en que la
particular obligación impuesta por la ley esté con las
necesidades o conveniencias generales en el lugar, tiempo y
modo de su aplicación -para determinar si son o no iguales
las circunstancias-, las leyes pueden y aún deben establecer
categorías diversas a condición de que la distinción sea
"razonable", es decir, tanga razón de ser en la naturaleza de
las cosas de que se trata (Fallos: 182, 355; 190, 231; 192,
139; 204, 391 y otros).
En ambas determinaciones se trata de trascender las
apariencias de la igualdad aritmética para discernir
desigualdades esenciales y hallar el modo de compensarlas
mediante obligaciones o exenciones legales que igualen ante
la ley a todos los comprendidos en su régimen. La medida
común de referencia es el bienestar general o bien común al
que debe ordenarse tanto el comportamiento de los gobernados
como la acción de la autoridad gobernante, porque todo bien
particular tiene en el bien común su fundamento y requisito.
Puesto que la discriminación razonable que se ha aludido
tantas veces es la que determina categorías distintas con
razón de ser en la naturaleza de las cosas distinguidas, el
juicio de la razonabilidad de la categoría objetada requiere,
en el presente caso, apreciación de la naturaleza de la
propiedad territorial, que es el objeto de ella, desde el
punto de vista de la relación en que la posesión y el uso de
dicha propiedad está con las exigencias del bienestar
general, pues la distinción lejos de comportar desigualdad
igualará -por medio del alivio o la agravación de la carga
respectiva-, siempre que corresponda a una desigualdad
existente entre los integrantes de la categoría objetada y
los demás contribuyentes del mismo impuesto.
Que el régimen de la ley 4834 de la Provincia de Buenos Aires
establece un adicional progresivo de la contribución
territorial para los inmuebles de 10.000 y hasta 30.000 o más
hectáreas. Una tal discriminación podría obedecer, aunque no
siempre, a motivos exclusivamente económicos si se atendiera
combinadamente a la mayor extensión y el mayor valor. Pero si
la razón del aumento, o del alivio -según se considere a la
progresión desde el porciento mínimo o desde el máximo-, es
sólo la extensión, puede suceder que de dos propiedades una
tribute más que la otra no obstante ser ambas del mismo valor
y la misma especie. Si la obligación de contribuir se mide
nada más que por el valor de las riquezas del contribuyente
tenidas en vista al imponer el gravamen ello comportaría
lesión de la igualdad. Pero si lo que se ha de medir es la
magnitud del deber de contribuir desde el punto de vista de
la relación del bien gravado, considerada su naturaleza de
propiedad territorial y su característica de tener una
extensión de más de 10.000 has., con las exigencias del
bienestar general, el planteamiento del problema puede
modificarse fundamentalmente, según se acaba de exponer. Para
juzgar la relación aludida en esta causa es, pues, preciso
considerar la subordinación de la propiedad privada a los
intereses generales en el caso particular de la propiedad
territorial, y la influencia que pueda tener en ello la
extensión de lo poseído por el contribuyente.
Que la propiedad, acogida por la Constitución como uno de los
fundamentos del orden por ella establecido, constituye un
bien fundamental tanto del punto de vista de las condiciones
del trabajo para quien es propietario, como desde el de la
garantía de libertad que la misma comporta. El propietario
hállase, en una superior condición no meramente económica
sino social. Por ello la distribución y el uso de la
propiedad han de subordinarse especialmente al bien común.
Por una parte, cuanto más holgadamente se procure al dueño su
propiedad particular el beneficio de la superior condición
social aludida, mayor es el deber de contribuir a las
necesidades comunes. Y por otra, las posibilidades regulares
de acceso a dicha condición deben ser directa o
indirectamente favorecidas, pues ello comporta afianzamiento
del orden y de la paz sociales. Todo lo cual corresponde a
una categoría de valores que no son los meramente económicos,
aunque tengan relación con ello. De ahí que el impuesto,
considerado como medio de hacer efectivo el cumplimiento de
los deberes de los miembros de la comunidad respecto a ella,
puede recaer con justicia, es decir con igualdad, tanto más
onerosamente cuanto mayor sea la extensión, aunque
económicamente valga lo mismo o menos que otras más
reducidas, siempre que, consideradas las circunstancias de
lugar y de tiempo y el límite a partir del cual comienza, la
progresión sea razonable. Esto es así en razón de la
naturaleza de lo gravado, porque tratándose de la propiedad
de la tierra, realidad limitada y asiento natural y necesario
de cuantos viven en la colectividad, la mencionada
superioridad de la condición del propietario se relaciona con
la extensión poseída con relativa prescindencia de su valor
económico, cuando se trasciende cierto límite -que depende en
cada caso de las respectivas circunstancias.
Sea que se considere a este impuesto como una instancia
destinada a promover la división de las extensiones que
excedan del límite a partir del cual se aplica el adicional y
favorecer con ello las posibilidades de acceso a la propiedad
de un mayor número, sea que se contemple lo que en punto a
bien público puede hacer el Estado con el producido de este
impuesto, compensando con ello relativamente la limitación de
esas posibilidades a causa de la concentración de la
propiedad territorial, la categoría constituida con los
propietarios de 10.000 o más has. tiene razón de ser en la
naturaleza de las cosas que aquí se consideran, es decir, que
corresponde a desigualdades reales y, en consecuencia no
vulnera el principio de igualdad del art. 16 de la
Constitución, como en oportunidad de considerar análogo
problema lo decidió esta Corte en Fallos: 190, 231 y 309.
Que además debe tenerse presente tanto lo dispuesto en el
art. 17 de la ley examinada, según el cual los inmuebles de
más de 10.000 hectáreas que valgan menos de un millón de
pesos pagarán la mitad del adicional, como el régimen de
impuesto progresivo en razón del valor, a partir de la
cantidad de $ 300.000.00 (ley 4204) porque lo uno y lo otro
importan una cierta aplicación del criterio del valor
combinado con el de la extensión. Lo que resulta de estos dos
sistemas no sería suficiente por sí solo para enervar la
objeción de desigualdad si se hubiera de juzgar esta última
desde un punto de vista exclusivamente económico porque puede
haber campos de más de 10.000 has. que no lleguen a valer $
300.000. Sin embargo, la existencia del adicional de la ley
4204 y lo dispuesto por el art. 17 de la 4834 restringen
evidentemente la posibilidad y el alcance de la desigualdad
económica aludida, lo cual no ha de dejarse de tener en
cuenta cuando se trata de la razonabilidad de la categoría en
cuestión.
Que al considerar la aplicación del adicional de la ley 4204
a los condóminos prescindiendo del valor de su parte ideal y
atendiendo al de la totalidad del inmueble poseído en
condominio, aplicación que se declaró lesiva del principio de
igualdad, dijo esta Corte, refiriéndose a la presumible
finalidad social de dicho adicional que "tiene razón de ser
el establecimiento de distintas categorías de bienes según su
valor y extensión, con distinta magnitud de gravamen puesto
que la distinción corresponde a diversas capacidades
contributivas. Pero otra es la cuestión cuando dicha
categoría se establece atendiendo solo a la unidad material
del inmueble con prescindencia de que, por tratarse de un
condominio, el valor del bien así considerado no corresponde
a la capacidad tributaria de cada uno de los dueños". Es
decir que si la escala obedece exclusivamente al valor y se
trata de un inmueble poseído en condominio es patente la
desigualdad de cobrar a los condóminos con el porciento de un
valor que no tiene aquello de lo cual son dueños. Este y no
otro es el sentido y el alcance de aquélla decisión. El
problema considerado en esta sentencia difiere
fundamentalmente. Cuanto se ha dicho aquí sobre el
afianzamiento de la finalidad institucional y social de la
propiedad territorial mediante la mayor distribución de ella
no era de aplicación en aquel caso por la sencilla razón de
que sobre lo poseído en condominio hay tantos propietarios
como condóminos. Sobre esta realidad jurídica y social no
puede prevalecer el hecho de la integridad material del
inmueble poseído. La división de la propiedad que responde a
los fundamentos y a los fines sociales de la institución, no
es siempre la división material de ella sino la
multiplicación de los efectivos propietarios, y los
condóminos lo son realmente. El régimen del condominio puede
conciliar a veces, por ejemplo en el orden familiar, la
conveniencia del acceso a la propiedad del mayor número con
el interés no sólo económico sino también social y moral, de
mantener la integridad de ciertas explotaciones. Por lo
demás, así lo ha entendido la Provincia en este caso respecto
al adicional de la ley 4834 pues dispuso administrativamente
no cobrarlo a los actores, por considerar que en razón del
condominio venían a ser dueños de menos de 10.000 hectáreas,
a partir del año siguiente al de la inscripción de la
transmisión sucesoria.
Que fundada en el carácter nacional de la legislación común Const. Nacional, art. 67, inc. 11- y en la supremacía de las
leyes nacionales -Const. Nacional, art. 31-, esta Corte ha
declarado que las leyes impositivas de las provincias no
pueden establecer prescripciones que contrarían los preceptos
de los códigos de fondo -Fallos: 168, 305; 169, 296; 175,
300; 183, 143; 188, 403; 196, 261 y otros. Toda vez, sin
embargo, que la interpretación de la Constitución ha de
procurar armonizar el ejercicio de las atribuciones de la
Nación y de las provincias -Fallos: 209, 28 y los allí
citados- y particularmente no menoscabar el derecho de los
estados para formar su tesoro público por vía de la creación
y aplicación de los impuestos locales -Fallos: 178, 308- la
regla establecida en el precedente considerando puede admitir
excepciones que no la desvirtúen en su esencia.
Que si es, en efecto, facultad de las provincias la de crear
sus propios impuestos, elegir los objetos imponibles y
determinar las formalidades de su percepción -Fallos: 179,
98; 187, 317; 188, 105; 194, 56 y muchos otros- sólo con
cautela es admisible la invalidación de las normas adecuadas
a estos fines, so color de que las mismas se apartan de lo
dispuesto en los códigos comunes, que legislan supuestos
esencialmente distintos.
Que el precepto con arreglo al cual la subdivisión del
latifundio por vía hereditaria no ha sido óbice para el cobro
del impuesto que lo grava, hasta el año subsiguiente al del
fallecimiento del causante, encuentra justificativo en la
dificultad de la inmediata modificación de los padrones
necesarios para su percepción, fundada por lo demás, en la
posibilidad de que tales hechos no queden legalmente
reconocidos sino después de transcurrido algún tiempo. Es
pues una norma tendiente a la ordenada percepción de la
renta, similar, en ciertos aspectos, a la consagrada en el
orden nacional para el impuesto a los réditos -Fallos: 191,
58-. Tiende también a activar la realización y justificación
de la división de los inmuebles, concurriendo así al
cumplimiento de los fines de la ley. Su propósito no es,
pues, el de desconocer la oportunidad de la transmisión
hereditaria, y debe por consiguiente, en cuanto se la aplique
con prudencia -como en la especie ha sucedido- ser mantenida.
Que como se ha recordado precedentemente esta Corte ha
declarado la inconstitucionalidad de la ley 4204 -art. 1º,
inc. 5º-, aplicada en circunstancias similares a las de autos
-Fallos: 207, 270-. La demanda es por consiguiente procedente
en cuanto persigue la repetición de lo pagado en concepto del
impuesto adicional creado por el artículo referido, durante
el año 1944.
En su mérito y oído el Sr. Procurador General se decide
rechazar la demanda en cuanto persigue la repetición de la
suma de m$n. 22.040 satisfecha en concepto del impuesto de la
ley 4834, absolviéndose en consecuencia de la misma a la
Provincia de Buenos Aires. Y hacer lugar a ella en lo
referente a la repetición de la suma de m$n. 8265 pagados por
el adicional del art. 1º, inc. 5º de la ley 4204, cantidad
que la Provincia demandada deberá devolver a los actores en
el término de sesenta días, con intereses a estilo de los que
cobra el Banco de la Nación Argentina y a partir de la
notificación de la demanda. Sin costas, por no encontrar
mérito el Tribunal para imponerlas.
TOMAS D. CASARES - FELIPE S. PEREZ - LUIS R. LONGHI - JUSTO
L. ALVAREZ RODRIGUEZ - RODOLFO G. VALENZUELA.
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