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Vigencia de un fascismo democrático:
relaciones paramilitarismo-Congreso
las
Julio César Carrión Castro
Universidad del Tolima
La virtud y línea de orientación que vale para nosotros es la obediencia; de la
obediencia procede incondicionalmente la máxima fidelidad; en servicio de
nuestra ideología, hay que estar dispuesto a todo. La obediencia no vacila ni
una sola vez sino que sigue ciegamente todas las órdenes que emanan del
Führer o que son dadas legalmente por los jefes.
Heinrich Himmler, jefe nazi de las S.S.
Fragmento de un discurso pronunciado en el año de 1933.
Resulta totalmente imposible no establecer la relación existente entre el ubicuo
paramilitarismo, que desde hace más de veinte años se viene apoderando de
las instituciones colombianas, y los senadores de la República que
obedientemente se opusieron al debate de control político promovido por el
senador Iván Cepeda.
Este tipo de censura que logra convocar a la mayoría de parlamentarios, nos
está demostrando hasta donde ha llegado el poder, ya no soterrado sino
retadoramente abierto, del narcotráfico y el paramilitarismo en los más diversos
organismos políticos y sociales del país.
Si bien es cierto, no es la lealtad lo que define y caracteriza a los politiqueros
colombianos, tanto los obsecuentes seguidores de Uribe Vélez como los
supuestamente adscritos a otras corrientes como la del llamado “santismo”, de
manera disciplinada todos ellos cerraron filas en torno al señor del Ubérrimo.
Esto constituye una fehaciente demostración de que no se trata de una simple
solidaridad frente a los supuestos “errores” del pasado, o de un encubrimiento
táctico de las eventuales alianzas Uribe-paramilitarismo, sino de la más
descarada coparticipación y complicidad de los parlamentarios con los
crímenes de esos oscuros personajes que instauraron en nuestra
“democracia”, el argumento de los desplazamientos forzados, el genocidio, el
miedo y el dolor, basándose en el indiscutible “debate” de las motosierras, los
ajusticiamientos ilegales, los falsos positivos y, en general, el terrorismo de
estado.
Es preciso realizar el desenmascaramiento de eso que se ha venido
denominando “democracia representativa liberal”. Esa autonombrada
democracia liberal, inexorablemente nos condujo, (como una herencia del
régimen colonial-hacendatario, el gamonalismo, el clientelismo y la corrupción
administrativa de tan larga historia en este país, consagrado al “sagrado
corazón de Jesús” y a otras veleidades) a una modalidad nueva, original, de
“fascismo”, esta vez de carácter democrático y parlamentario, que le ha
permitido masivamente a muchos hampones y mafiosos no solo legislar y
gobernar, sino constituirse en los más preclaros defensores de esta
“democracia”.
Esto nos lleva a la conclusión de que las formas del estado capitalista
asumidas antaño como “excepcionales” -las dictaduras, militares o civiles, los
golpes de estado, presentados eufemísticamente por parte de los valedores del
poder, como simpes “golpes de opinión”- se han transformado en algo
corriente, institucional, “normal”, que no reclama ya un pudoroso ocultamiento.
El velo de legitimidad de este Congreso se vino abajo, mostrando la falsedad
de una teoría democrática que retóricamente dice permitir el disenso y el
derecho de las minorías a ejercer la oposición. Como bien lo ha señalado el
senador Jorge Robledo, “es muy grave, gravísimo, que las mayorías definan a
las minorías qué debates se pueden hacer en el Congreso...que se puedan
vetar o censurar debates...”
Giovanni Sartori, uno de los más destacados teóricos de la ciencia política
contemporánea a nivel mundial, lo definió con absoluta claridad:
"La prueba más segura para juzgar si un país es verdaderamente libre, es el
quantum de seguridad de la que gozan las minorías". En la misma línea Ferrero
(1947) afirmaba que "en las democracias la oposición es un órgano de la
soberanía popular tan vital como el gobierno. Cancelar la oposición significa
cancelar la soberanía del pueblo". De ello deriva que la democracia no es
simplemente la regla de la mayoría absoluta y que la teoría de la democracia
debe forzosamente encajar, aunque disguste a los impacientes, en el principio
de la mayoría moderada: la mayoría tiene que respetar los derechos y la
libertad de las minorías”.
Pero, este tipo de farsantes, “democráticamente” elegidos, que hoy constituyen
las “mayorías”, como queriendo demostrar un amplio bagaje de pluralismo
intelectual, posando como los representantes éticos de la sociedad, y actuando
ya no sólo a nombre de la vieja derecha goda y sectaria, que de todas maneras
decía respetar la constitucionalidad, sino, en nombre y representación de una
amplísima militancia que se reclama centro-democrática e incluso, varios de
ellos, como fervientes activistas de una “nueva izquierda”, desbordando los
limites de la teoría democrática, se aferran como obedientes súbditos o
lacayos, a la disciplina corporativista medieval, o mejor fascistoide, que les ha
impuesto su caudillo, el ex-presidente Álvaro Uribe.
Estos personajes, con actitudes calculadas y sobradoras, -rutinariamente
empleadas y ampliamente difundidas por todo el aparataje mediático que los
circunda-, hábilmente manejan palabras, discursos, tesis y posturas,
supuestamente en torno a los valiosos compromisos históricos que representan
o como defensores del orden institucional y de las leyes. Prevalidos del mayor
cinismo de que pueden hacer gala, mañosamente, hacen llamados al olvido y
al perdón, como si el asunto de la institucionalización del narcotráfico y el
paramilitarismo, no fuese más que un pequeño problema de baranda,
revanchismo,
o divergencias referidas a opiniones encontradas;
lamentablemente este comportamiento es secundado por un grupo de
plumíferos o pseudo-periodistas, encargados de presentar éste como el
Congreso de la República que habrá de lograr la anhelada paz.
Obstruida toda opción de democracia real por la degradación de la política,
sustituida la democracia teóricamente propuesta por este modelo pragmático
de carácter “demofascista”; reducida a este vertedero o cloaca parlamentaria:
¿Es posible aún persistir en la paradoja de llamar esta burla sangrienta, este
sainete, con el nombre de DEMOCRACIA?
El triunfo global y universalización de la “democracia occidental”, que tanto se
publicita, en realidad no sólo vela u oculta la auténtica victoria de un nazifascismo redivivo, escondido tras la promoción e imposición de unos supuestos
derechos humanos, establecidos y vigilados por la fuerza de las armas
imperiales, sino que se sustenta, a nivel global, en la validación y la
implantación de estos “estados de derecho”, que en realidad no son otra cosa
que estados mafiosos.
Edición N° 00410 – Semana del 1º al 7 de Agosto – 2014