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2 U crt}iu *
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j& g o n ia .
P o c a s noli, in' especiales podemos dar do este magnífico ' evidentem ente pertenecen á una época p osterior; tales
alcázar, cuya liistorin es poco conocida en d eta lle, lid ves I son la escalera principal y el p alio m a yo r, que sin la m e­
por Indi.irse al lado de otros objetos ipic p or su m érito y
nor duda son del siglo X V I ó acaso de principios del X V I I .
utilidad lian Húmido casi exclusivam ente la atención de
E l segundo es obra del tiempo de F e lip e 11. Es una pru e­
cimillos Iiiiii escrito acerca de los monumentos de S egoba irrefragable de la antigüedad de aquel m onum ento, el
via.— Escosa muy singular ; todos aquellos escritores con­
huello que refieren varios historiadores de que en castigo
sagran piiginns y capítulos enteros á la descripción del
de cierta blasfem ia, p or él e m itid o , cuy ole un ra y o á
acueducto, ile la cated ral, de la casa de la moneda poi:
don Alonso el Sabio, hallándose en el A lc á za r de Segovia,
ejem p lo, y por lo que lince ni alcázar, apenas se a m o r - 1 que es también donde se sospecha que escribió sus lam o­
Uuu de é l ; dicen que e x is te , quo es antigu o, p ero lo qno
sas tablas astronómicas.— O tra prueba eviden te de la ve ­
es noticias histéricas, descripciones artísticas de su lubri­
nerable antigüedad de este palacio, es e l carácter d e de­
ca , Dios las dé. — May edificios que nacen con mala es­
coración que nuil cu el din conservan en él algunos salo­
trella como ciertas personas, y no siempre con m otivo;
nes; véusc varios de estos, sobre lodo cu los espléndidos
en este caso se halla el A lcáza r de Segovia.
artesones de las techum bres, ricam ente Iluminados d e oro
O bra grandiosa, llena de carácter y de severidad , uuu
y colores vivísim os, usanza peculiar de la prim era infan­
no ha sido justamente apreciada , ni b ie n , ni medio bien
cia del a r te , en casi todos los pueblos cristianos, y que
descrita; Ponz no encuentra en cllu de bueno mas qno un
no pasó en España de los siglos X I V y X V . — Hóllanse
patio a l o V ig iló la ; don D iego de Colm enares, el histo­
cu un salón de este Alcázar, ademas d e las estatuas d e to ­
riador especial de S egovia, le nombra com o basta media
dos nuestros reyes do España desdo don F ru e la I hasta la
docena de veces, y Dios guardo á V- muchos años; ni
reina doña Juana, la del Cid Campeador y la del c é le ­
aun le cree digno de una descripción superficial. — ¿ Y qné
bre F ernán G on zá lez, prim er C onde de C astilla.—
mucho si era tan instruido el digno don D ie go que atribu­
Seis inscripciones hay en el A lcáza r , p ero por ningu­
y e con todo candor á H ércules E jip cio la fundación del fa­
na de ellas puede venirse en conocimiento de la época fija
moso acueducto segoviano? — A s i se lian escrito muchas
en que fue construido. — Por la prim era se sabe que e l
historias eu España y fuera de e lla ! —
m u y a lt o c m u y p o d e r o s o I lu s t r e S c n n o r e l R e y D o n E n r E l A le n ta r de Segovia debe perten ecer p or el carác­
rii/u e e l i/u a rto m a n d il f a s e r el gabinete ( l a Q u a d r a )qnu
ter general de su construcción á los siglos X ú X I , y no
ahora se llama d e l Pabellón , que es una pieza cuadrada,
haber sido terminado entonces, ó haberse deteriorado bas­
adornada de una soberbia media naranja, dorada y tallada
tante ol cabo de poco tiem p o, pues hay p arles en él que
con sumo p r im o r , l a c u a l s e a c a b ó d e o b r a r e n e l a n n o
1 7 d a A b r i l i836-
SEMANARIO PINTORESCO.
26
d el
n a s c im ic n to
c u a tr o c ie n to s
de
n u e stro
c c in c u e n ta
S en n or
JehuX po
de
m ili c
e s e i s a n u o s ......... l a c u a l o b r a
c o b r ó M a e s t r o X a d e l A l c a l d e . E n la sala que an­
tiguamente se llamaba de la G a l e r a hav dos; una, es aque­
lla deprecación latina que empieza A t l o r a n u i s l e D . J . C
y la otra indica que hizo aquella obra p or mandato de la
reina doña Catalina, D ie go Fernandez , V e c ero de A r c e n ­
lo , que se concluyó cu el año i 4 i 2 , y que la reparó el
r e y F e lip e I I en i5 9 2 .— Las otras tres inscripciones, son
una del tiem po del p rín cipe dou Enrique, hijo prim ojénito
de dou Juan I I , otra del reinado de aquel mismo principe,
E nrique I V , (e'sla se halla en el gabinete de la reina ó
pieza del Cordou , que es donde se dice que cayó el rayo
que amenazó á don Alonso el Sabio , aunque el P . B u rr ie l en su P a l e o g r a f í a e s p o l í a l a , califica de ficción y em ­
buste el rayo y la causa que le p ro d u jo ; — una blasfemia
d e l sabio r e y ) ; y la última , que se halla también en el
salón de la G a l e r a , puesta en 1 8 1 8 cou m otivo de ha­
berse hospedado dos dias (2 3 y 24 de octubre ) en el A l ­
cázar S S. M M . y A A .
E l alcázar de Segovia, si se conservara com pleto en su
genero, seria un monumento precioso para Ja historia del
a r t e ; p ero p or desgracia , estos tipos puros son rarísimos
en España. Es menester toda la obcecación propia del es­
p íritu d e partido , toda la intolerancia del error triunfante,
para zurcir ¡ i una arquitectura de capricho, sujeta solo al
pensamiento del artista que la m aneja, retazos de gusto
dórico ó toscano , p or santos y buenos que ellos sean en sí.
L as añadiduras bastardas hechas al cuerpo de aquel ed ifi­
cio , que son la edificación de P o n z y domas arqueólogos
del siglo pasado, no pasan de ser una verdadera chavacañería; — no porque todas ellas no sean m uy buenas,
p o r separado , sino porque no debian e star, porque son
absurdas a llí.— L a mas poblada patilla sentaría muy mal
en el rostro de una doncella.
T a l cual e x is te , el Alcázar de Segovia es uno de los
edificios mas curiosos de España. N adie ignora que desde
1764 ( época en que le cedió al gobierno, su propietario
el conde de C hinch ón) está dedicado.d colegio «le caba­
lleros cadetes de a rtille ría ,— y q u e d e él ha estado sa­
liendo desde su fundación hasta el día una oficialidad de
que con justo título blasona nuestro orgullo nacional.—
Autos de terminar este artículo justo será que haga­
mos mención , en obsequio de los pocos que no le hayan
oido, del espantoso caso de una nodriza que dejó caer
desde uno de los halcones del Alca'zar nada menos que al
hijo de un r e y .— N o lo tom e V . á broma ; si lo duda, va­
ya á preguntárselo d las viejas de Segovia quienes su le
asegurarán y le enseñarán a í n d a m u í s la ventana desde
donde bajó á hacerse tortilla e l augusto infante.— E 11
punto á tradiciones populares no tiene Segovia que ceder
la palma á ningún otro pueblo del mundo.
orden ó
DE
L O S A R T IS T A S
ESPAÑO LES.
t i n o de los rasgos mas característicos del estado actual
de España, y p or a c t u a l entendemos no solo el del mo­
mento sino, el de muchos años á esta parte , es la falta de
actividad en todos ios ramos que abraza la inteligencia
humana. A l paso que cu las demas naciones cultas de
E u r o p a , el m ovimiento intelectual progresa con una v e ­
locidad increíble, p oco menos que nulo es es este en nues­
tro suelo y para colm o de desgracia, hay razones muy
poderosas para que sea asi, hay obstáculos muy difíciles
de rem over y que p or muchos años detendrán su mar­
cha , á pesar de los mas vigorosos esfuerzos del gobierno
y de los escritores ilustrados. Tom em os p o r ejem plo el
estado actual de las bellas artes en E spaña; y como es
evidente que en una nación todas Jas decadencias se dan
la mano para llega r juntas al suelo, heridas todas de
muerte por la misma causa madre , si indicamos los 1110
tivos áqu e se debe en gran parte el abatimiento en que
hallan aquellas, bastará aplicar á las demas cosas de
inteligencia los efectos inmediatos de aquellos m otivos q
igualm ente han cgcrcido su pernicioso influjo sobre elli
para que hayamos indicado también las causas de la tristg
ruina á q u e han llegado cu España todas las a rte s , todas
las ciencias, todos ios ramos del saber.
Veam os pues el estado actual de las bellas arles en
nuestro pais.— ¿P u ed e acaso ser mas lastimoso? ¿ Q u j
corazón no se licúa de amargura al v e r el vergonzoso aba
tim icnto cu que han caldo aquellas hermosas hijas de
c ie lo , objeto el mas d ign o, después de la divinidad, de
culto de los hom bres? N o entraremos aqui en la cuestión
de si tienen ó no los españoles genio artístico creador
porque sin recu rrir á los antiguos B errn gu ete, V claz
quez , H e rr e ra , y otros m il, muchos artistas modernos
y contem poráneos, pueden darnos cou sus obras una res­
puesta convincente. — S i , y esto 1 1 0 admite ningún género de d uda; los españoles no ceden á ningún pueblo
del inundo en genio cread or.— ¿ P e r o que puede hacer
el genio contra obstáculos materiales ? ¿de qué le sirve
sus poderosas alas al águila encerrada entre cuatro pare
des de plom o?— E xiste en España una preocupación mu
necia y es la de c re e r que hay posición alguna social ma
n o b le , mas elevada que la del grande artista; en Espa­
ña y acaso no aventurem os demasiado diciendo que solo
cu España ó islas adyacentes, se hallarían sin dificultad
personas y no de todo punto bárbaras, que harían mas aca­
tamiento á un E v i nió. S r. que á A lv a re z p or ejemplo,
si v iv ie r a , ó al divino M ozart. P u es b ie n ; esta preocu­
pación, p or mas ridicula que parezca es cutre muchas
o tra s , uua causa del abatimiento que antes indicam os; v
para que nadie nos haga una objeción que n prim era vis­
ta se ocurre , procurarem os desvanecerla de paso.— Se
dirá que 1 1 0 eran muy generales estas ideas en los siglos
X V y X V I y que los grandes genios de aquella época 1 1 0
eran m uy atendidos, pues sobre casi todos pesaba ( en­
tendámonos, en España ) el título de c r i a d o s de este ó el
otro p oderoso, de lo q u e mucho schonraban; p e ro es de
ad vertir que en aquellos tiempos de abyecto servilismo,
este título era un m otivo de orgullo aun para los mas en­
copetados señores: y aun en aquellos tiempos en que tan
mal conocían nuestros mayores la dignidad del a rle como la
del hombre , es seguro que 1 1 0 se hubiera bajado Cárlos I
para recoger el manto de un duque com o se bajó para re ­
coger los pinceles á Ticiano.
E l p rim e r paso que lia y que dar en España para ele­
var al arte á la altura que le p e rte n ec e , única cu que
es posible su cvisteo cia, es destruir toda preocupación
contraria á su dign idad, apreciarle como lo que él vale,
es decir como la cosa mas sublimo cu que puede em ­
plearse la inteligencia del hombre. — L o misino dire­
mos de todos los ramos del saber. M ientras en España goze de mas consideración pública 1 1 1 1 empleado que 1 1 1 1 ar­
tista ó uu sabio, tendremos com o ahora muchos em plea­
dos y pocos artistas y pocos sabios • y en el moderno
sistema social este es un gran signo de atraso en punto
á civilización. Muchos medios liav de conocer á prim era
vista la situación de no pais; el m ejor para lograrlo es , á
nuestro p a rec e r, examinar e l estado en que se hallan en
é l las bellas arles , que son com o la literatura , l a e s p r e s i o n m a s e x a c t a d e l a s o c i e d a d á q u e p e r t e n e c e n . A p li­
que esta regla á nuestro pais el que tenga ánimo para ha­
cerlo. —
¿ Q u é mas podemos decir?
S in
la
p r o te c c ió n
s u b s is tir c o n
decoro
in m e d ia ta
en
E sp a ñ a
d el
un
g o b ie r n o
a r tis ta
n o
p o r
puede
grande
s e a s u m é r i t o . V e rd a d amarga p e ro inn egable, ’
que con vergüenza teucinos lodos que confesar. ¿ Y se di
rá que el gobierno tiene la culpa de esto ? Seria p or cier
to notable injusticia. E l gobierno ó por m ejor decir el poder
que
SEMANARIO PINTORESCO.
r e a l, es en España haca mucho tiempo e l paño de lagrimas
de los artistas, de los poetas, de todos los hombres de
jen io ; mas d irem os; á no ser por d i, todos ellos ten­
drían que dejar el arte por la oficina, ó abandonar su
patria o viv ir en ella miserablemente. S e r artista ó sabio
¡i secas y no recib ir sueldo del go b ie rn o , es imposible en
España al que no posee bienes de fortuna. Pocas obras
de arte se cjcculnn en nuestro p a is ; p e ro aun esas pocas
¿quien los paga? el gobierno y cierto que no se halla este
respectivam ente mas sobrado de recursos que los simples
particulares. Algunas obras se escriben en el d ia, pero
pregúntese á sus autores si ganan con ellas para mante­
nerse por tanto tiem po com o han tardado en escribirlas
y todos cu coro responderán que n o . Habrá alguna csccp c io n , p ero será muy rara. — E l público que es pa­
ra quien se escriben las obrns, no las com pra, y no las
com pra porque uo las aprecia, porque no esta bien pene­
trado de que vale mas saber , que ser ignorante. Apenas
se convenía de eslu verdad eterna , deseara instruirse, y
pasada esta dificultad, veucida esta fu rria de inercia, to ­
dos los progresos sociales vendrán com o suele decirse por
su propio pie.
A inculcar esta verdad en el ánimo del p u eb lo, del
p ob re p u eb lo, única clase del estado en quien uo es en
España vcrgouiosa la ignorancia, porque nodie se ha dig­
nado hasta ahora escribir para ilustrarle sin pedirle lo que
no puede d a r , esto e s , mucho d in ero, dirijirá sus esfuer­
zos el S e m a n a r i o P i n t o r e s c o E s p a ñ o l , creado bajo el in­
dujo de esta gran verdad m o ra l: i o s h o m b r e s s o n t a n t o m e ­
j o r e s c u a n t o s o n m a s i l u s t r a d o s . P ara lograr nuestro obje­
to, debemos ante todas cosas inspirar al p u eblo, respeto y
amor al s a b e r ; logrado e s to , poco nos faltará para ha­
b er cum plido cu toda su latitud nuestra intención, porque
es seguro que no tardara entonces en afanarse p or adqui­
rir cu lo posible el objeto de su mnor y de su respeto.
Las semillas que caen en el pueblo siempre dnn su fruto;
¡ terrible responsabilidad para ál que las siembra! N o nos
arredra el peso de la que tomamos sobre nosotros ; con
toda seguridad de conciencia esperamos el fruto, prúesimo
ó lejano , de nuestras tareas, larcas que quedarán sobrada­
m ente recompensadas si entro otras verdades , propias y
ngenas, logramos inculcar esta en las cinscs poco favo­
recidas de la fortuna que es á las que principalmente
nos dirijimus : — n a d a e s m a s r e s p e t a b l e e n e s t e m u n ­
d o q u e la
v ir tu d y
e l
sa ber.
E . d e
O .
( E l o p ú s c u lo q u e o fr e c e m o s d c o n t in u a c ió n d n u e s t r o s
le c t o r e s ,
m enos
y
que
h a sta
ahora
m u y p o c o c o n o c id o
le b r e P .
Is la
,
que si no
p r o d u c c io n e s la s
tie n e s in
duda
,
e l p r iv ile g io
la r is a
d e l a u d ito r io c o n
le n g u a je
in é d ito
d
<1 p o r
la p lu m a
lo
d el ce ­
s ie m p r e a c e r tó d c o n s e r v a r e n s u s
le y e s d e la
dos en
creem os
e s d e b id o
un
d e lic a d e z a y
d e
s in n ú m e r o
s ie m p r e f á c i l y
L A F U N C IO N
e x c ita r
d e l buen
g u sto ,
ir r e s is tib le m e n te
d e c h is te s
v e r ti­
c a s t iz o .J
ESTUPENDA.
D * c noticia al curioso de la misa nueva que en la gran
v illa de Paterna de la rib era, celeb ró don M artin V ia rtc ,
hijo natural de dicha villa , en el dia 8 de Setiembre de
este de noventa y siete.
Paterna y noviem bre 2 de 1797Y a no se toma cu boca la privada que se habia man­
dado hacer en esta corte por nuestro señor D u q u e , pues
todo el platdlo es de los regocijos y fiestas que se p revie­
nen p or la misa nueva que se ha de cantar por el futuro
I - o m i n e D o m i n a n t e , aunque se ha dilatado el dar prin­
cipio p or no haberse hallado tinta en el p a is , ni papel pa­
27
ra fijar los carteles como es costum bre; p e ro habiendo
llegado dos propios que habia despachado el senado, uno
de A lca lá con el pregonero, á quien por sus muchos iruíritos y actos positivos se le ha concedido el m inisterio do
verdugo para la prim era v e s que se o fr c íc a , y la licen ­
cia de que vaya á pregon ar á esta de Patern a p or una
ve/,, á petición de esta c o r t e , y el otro de Jerez con un
cuarto de tinta en un ja rrillo y un pliego de papel , so
pusieron p or obra ; y el domingo pasado, p o r ser dia do
T od os Santos , y dia en que estaba de medias el senado
con el m otivo de asistir á la misa m a y o r, se dieron prin ­
cipio á las fiestas y regocijos con un bando que se p u b li­
c ó en la forma siguicutc :
Iba delante la fam a, que la hacia bien imitada un an­
gelito de hasta treinta años con unas naguas de lamparilla
v e rd e , un dclantar blanco, una camiseta de jerga y una
montera de plumas negas; venia sobre un jumento blan­
c o , y colgaban de la albarda todas las gaitas y vocinas
que habia en e l pueblo , y cu la fren te del pollino este
letrero :
A publicar diversiones
Campando v o y por el mundo,
Y ine sirve de trompeta
D e este pollin o el rebuzno.
Seguia otro p o llin o , y en di uno que tocaba la gaita
gallega con aquella armonio quo es n otoria, rodeado de
todos los muchachos de la villa , cada uno con su instru­
m ento como cencerros, esquilones, alm ireces, e c t .; pen­
día de la cola del jumento este p a p e l:
A la fama com o suele
L e estimula este instrumento ,
Pues p or nqui sale el viento
Para que armonioso vuclu.
Venían después imitando á los alabarderos con mon­
tera calada , capotillos de dos faldas y espadas desnudasuna cuadrilla de mocitos en dos filas, y traían cu el cen ­
tro encaminado en un mulo de un m a le ro , al escribano
del ca b ild o, notario apostólico, sacristán sochantre , en­
terrador y campanero ( que todos estos empleos ejerce por
sus esperíincntados talentos, uno solo ) , venia muy g ravo
on el muladar campanario con la sotana muy tendida para
dar á entender los empleos eclesiásticos que gozaba, y
para lo secular traía una casaquilla de m ontnr, una pelu­
ca y encima un som brero de clérigo : venia á su estribo
el pregonero que vino para este asunto , y cerraba la co­
m itiva el señor alcaldu , con golilla y som brero de tres pi­
cos, venia en un bruto asnal con sus hainugas y almoha­
da por m olestarle á su m erced aquel dia las almorranas, y
con esta pompa y magostad pascaron toda la corte acom­
pañados del resto del p u e b lo , y en los sitios públicos sa­
cando el escribano sus anteojos, los enristraba en la nariz
y desemballeslnba un papelón que recitaba con muchas
admiraciones al p re g o n ero , cuyo contenido era como se
sigue :
“ N os por la gracia de D ios y p or los fieles «lefuntos,
la justicia y supervivencia de estos contornos, súbdito y
pedagogo del real servicio , p or cuanto á Nos toca y esta
nuestra pastoral solicitu d , y sin perju iciode tercero , man­
damos eu faz de nuestra madre la iglesia , com o mas ha­
y o lugar en derecho á lodos los hombres de cualquier
sexo que sean habidos y p or h aber, vecinos , habitantes,
entrantes y salientes: que el domingo que v ie n e , que ha
sido y será por el tiem po de nuestra voluntad , no pnodun
salir del p u eb lo, antes sí concurran á la misa sacerdotal
que aquel dia p or la mañana ha de cantar el señor domine
sacerdote de misa nueva don M artin V ia r le , según y c o ­
mo , ni inas ni m enos, para que se haga con lodo el aquel
que se req u ie re ; y mandamos quo en el tal d ia , sin p e r­
juicio de la costum bre, salgan todos á cscrcruentar e x -
28
SEMANARIO PINTORESCO.
tram aros n r m i n e d i s c r e p a n t e , paro que se conserven las
calles limpias <le p olvo y p o ja ; y que todas las personas
quo fueren suficientes para entrar en de.’iza concurran en
tal dia en el corral del concejo, de donde saldrán las di­
versiones mas enorm es qu e lia visto el m undo, y que este
nuestro odicto sea fijado privadam ente , sin escrúpulo de
conciencia , en los sitios públicos para que venga á noti­
cia de todos c c t.'Q uedaron fijados en los sitios y plazas hasta dos car­
te le s , con levadura p or falta de oblea , y se retiraron al
corral d e l concejo quedando todo el pueblo muy d iverti­
do y resignado en obedecer el nuevo decreto : aquella no­
che desvanecido de su nueva idea tan bieu lograda , el bar­
b ero d e la v illa em pezó á dar tales brincos cu su casa que
discurriendo ser m aleficio acudió el sacristán con calde­
reta y asperges, entró echando el compás á el n e r e c o r d e r i s , y reconociendo con su acostumbrada cspcricncia
ser solo demostraciones de a le g ría , largó las herram ien­
tas d e l conjuro y em pezó á echar el contrapunto en des­
comunales cab riolas; acudió el vecindario , y echando lo ­
dos inano de sus habilidades se rem ató en fandango lo que
principió cu locura.
Habiendo llegado pues el dia 7 , sábado víspera de la
nunca oida fiesta en esta villa y c o r te , se determ inó por
el concejo y junta de arados se diese de mano al trabajo
al m ediodía, y se cerrasen las tiendas de mercaderes y
almacenes públicos, y que cesasen los aguadores , fa b ri­
cantes de seda, rem endones, y se cerrasen las audien­
c ia s , por lo que el escribano de cabildo echó en su oficio
tres trancas, y por fuera para m ayor seguridad la cla­
v ó con un pedazo de herradura lodo enseñal de la mucha ale­
gría que tenia y debía tener todo el pueblo : mandando
» 1 mismo tiem po se sujetasen y encerrasen todos los p e r­
ros que liubic.sc en la villa por cuanto se esperaba hu­
biese gran número de lobos domésticos y pudieran oca­
sionar gran alboroto y confusión : llegada la hora de las
doce se cebó repique g e n e ra l, principiando este p or la
m atriz y siguiendo todos los conventos y ermitas, acom ­
pañando la a rtillería de tierra con una gran porción de
chinos pelados que conjuraron contra los clarineros que
liahian venido a' esta función, alegando lodo el pueblo
ser aquellos hombres alborotadores públicos de aquella
villa y sus con torn o », y que supuesto que no entendían
aquellas voces que saltan p or las traseras de los cañones,
los echaran del pueblo , que para eso tenian ellos sus
instrumentos que su1 ir i un desempeñar la función: con esta
novedad mandó sil m erced el señor alcalde se retirasen los
dichos clarineros, y que los vecinos hiciesen lo prom e­
tid o , por lo que se juntaron los muchachos de la v illa y
el barbero con su guitarra sentados lodos por su orden
en el ala del tejado de la iglesia cantaban al rem ate de
repique ia letra siguiente.
Instrumentos sonoros,
V oces sin arle.
V en id á la misa
N u eva de Vísete.
V íc to r , v ictor respondía toda la villa que puesta de
medias se hallaba regada p or la plazoleta : en esta
forma y c o n toda seriedad duró e l repique hasta tres
minutos.
A las tres de la tarde llegó la capilla de músicos de
Medina que se compoma de seis oficiales muy especiales,
y con grandes ganas de sentarse á la m esa. los que lue­
g o que llegaron fueron bien recibidos mediante á que fue­
ron guiados p o r m i hermano trabuco, donado de san F ra n ­
cisco , que entrando por las puertas del sacerdote nuevo
em pezó asi: alabado sea el niño Jesús: bendito Dios: el
mal se vaya y el bien se v e n g a : aqui tienen V V - « los
señores Rabeles ; respondió e l sochantre que le seguía.
D io* delante y san Cristóbal g iga n te , siguicudo el maes­
tro de capilla con su cara de roete de pajuelas y
rem ate el organista don Antonio que paree i a miraba
plato y miraba á las tajadas: ya estoy aqu í, dijo la i
dre del sacerdote nuevo, D cogracias, padre nuestro ; i
tardaba , que asi me apresuraba : ¡J es porque veia se
gastando las pitanzas de la boda sin que alcanzase ur
tajada ? pues pierda el cuidado que y o le daré una c
Hincho caldo: adentro , caballeros, vayan besando la ma
á m i hijo que ya es sacerdote de misa , y pronto lia
ser santo de gacela.
Apenas se habla sentado esta cuadrilla de danzan
cuando llegó el padre vicario de la villa diciendo era pr
eiso se cantasen las vísperas de misa nueva, y que
procurasen afilar las herramientas, porque era tarde y t
nia que v e r los cerem oniales para el día sigu iente; apei
habia pronunciado esto cuando so disparó el coh ete ral
ro de don Cristóbal Hosauo cou su cara de com adreja,
con deseos de parecer hom bre, d ijo : eso no, p a d re vira
que mi persona es m uy parecida a' un ayudante de
cristnu, y asi para esto de ceremonias , soy el m ayor c
re inomero que lian parido madres.
En esta contienda estaban, y por evitar disensiones s
determ inó entre lodos el que ni el padre vicario tenia qu
ver ceremonias dí que cantar vísperas , que aquello i
ero función de difuntos, y asi supuesto el que era de to
alegría, y placer , se desatasen aquellas talegas de bayel:
v e r d e , que era el repuesto de la gente música y que
que habia de s e rv ir de quimera se convirtiera en lauda
g o : convinieron todos, p or lo que cebando mano de 1
rabtir binos , y acompañándoles un gran guitarrón tendí
á manera de m esa, que sus altos dcciun : q t i e r n i , q i i e r n i
p a / i i ; y los bajos p i t ó n , p i t ó n . Con esta armonía acu
diú la m ayor parte del pueblo haciendo cada uno sus ha
bilidades, y ensayáronse para autorizar la función d e le
fuegos qu e habia p or la noche.
Lu ego que anocheció se iluminó toda la plaza de Is
iglesia y las casas con lo claro de la luna que parecía
sur de dia, á que acompañó un gran numeroso concurs
de damas bien adornadas á la prusiana con monteras de
plumas negras, mantellinas de bayetas coloradas, nagua
i amarillas y sin delantal ; traía cada una en la mano ui
I cuña v e rd e ron sil hojas que parecían bureas en prado,
acompañadas de todos los galanes del com ercio con sus c
pailas desnudas, casaquillas de montar y sombreros d
tres p ic o s , sin capas p or decreto del senado; con cst
pompa pasearon esta c o rle basta que el huí boro de la vi
Ua acabó de pelar barbas, y tomando su guitarra avis
tí su m erced el señor alcalde el que mandó convocar á
todos los muchachos del pueblo para que con la solem
nidad del mediodía autorizasen la noche lo que se cgecu
tó con grandísimo gu sto, y para diferenciar de música >a
dispuso la cantada siguiente.
INSTRUMENTOS.
Una zam bom ba, tres alm ireces, cuatro ccncorros,
una trompeta , una guitarra y la galla gallega.
C a n lu d a
a
d os voces.
A y que me pones,
A v que me sacas
Manteca de bacas:
Entona el ra b e l,
Y
en la melodía
D e m i chirimía
C ruja el cascabel.
A y avecillas que pican en él.
A m e n , am en , am en, respondía todo el pueblo con
muchísima a le g ría , repitiendo este mismo soneto al fin
de cada repique, disparando muchos triquitraques y trus-
SEMANARIO PINTORESCO.
cuyo estrem o traia una cabeza de borrico p or morrión,
y un pito en la boca con este mote : C o n t o d o e l m u n d o
c o m p i t o . Pendía d e l asta este cartel:
A armas de lin t a l alegría
Se le loca la chirimía.
no s ; p ero todo con gnu» serenidad y compostura, á fu erii. del mucho celo y cuidado con que andaba el señor al­
calde con su ronda, v p o r retaguardia llevaba para cau­
sar mas respeto un mocito vestido ti lo jaque con mónte­
la calada
calzón de ante y una asta en las manos, en
XDaco
6 tt e t t e o
¿ 7>pCCuíl\Cl 0 p
I.
ucs señor, estamos de acuerdo , dijo el lib re r o , cmbuzániloiu en su rapa tío rico sellan , guarnecida de pieles
de chinchilla; — lina sátira «pie haga rchcntar de risa ti
todo M adrid;— sin piedad, y duro ¡i lodo el m inisterio.—
(ion la gracia que sé y o que tiene V - , es cosa que se ven­
derá como pan bendito.— C ab allero, he tenido mucha
«ni¡sfaocion uu conocer ti V - ... en cuanto al precio, ya es­
tá d ich o:— veinte duros s ó b re la marcha.— Estamos?
— Corriente.
— Beso tí V - la mano.— A h ! se me olvidaba! que no
pase de pliego y medio de im presión.— Cinco m il ejem ­
plares , á 2 reales— son?... eso es.— L o dicho, dicho,
pliego y m edio— y sobro to d o , que haga r e ir .— R e ­
pito.
— Gusta V . que le alumbre?
— S i... este demonio de escalera!— T o d o s los gran­
des hombres han empezado asi... C ervan tes.... el T a s o ....
la alegría habita en las buhardillas.— Rendido estoy de
haber subido estos cinco pisos.— Se m e olvidaba— ¡Si
tin go la cabeza hecha un bombo con esta desgracia!—
Mañana á las ocho en punto estaré aqui sin falta tí reco­
g e r el manuscrito y á tra e rla suma.— T e n g o antes que le é r­
selo á * * * .... que esta' á un paso.... con que vendré y o mismo-— A las doce se reúne el Estam ento, — ti las ocho
y media ha de entrar en prensa — que uo falte por
Dios. —
Esto dccia el lib rero F . . . . bajando con precaución la
escalera , precedido de A lfred o que le alumbraba.
— A h ! gracias á D ios! añadió bajado el últim o tramo-— N o se m oleste V . en ir mas adelante.— C on que
el manuscrito á las ocho , y vein te duros sobre la m arcba.— Beso á V . la mano.
Si a' lo menos se hubiera atrevido A lfre d o a' pedirle
algo á cuenta de aquella suma! P e r o un sentimiento de o r -
güilo le im pidió h a cerlo; aquel dinero no le pertenecía
bnstu las ocho de la mnñuna siguiente. — A d em as, no co­
nocía ti aquel h o m b ro!— R ecu rrir d él , no hubiera sido
pedirle uu b eneficio, sino una limosna.
— Beso á V - la m ano, respondió A lfre d o .
Subió el mancebo en cuatro brincos la em pinad« escnlera, y abrió con precipitación la puerta que separaba la*
ilos únicas piezas tic que se componía su vivienda.
— L u is a ! Luisa uña! cscltiinó, a légrate! era un lib re ­
ro que venia tí encargarm e un trabajo para mañana tem ­
prano.— Mañana seremos r ic o s !.... veinte duros!....
— Mañana! respondió una vo z doliente.
Y en tanto un rayo d e alegría b rilló en la frente pá­
lida de la pobre n iñ a, y sacando con trabajo de entre los
pliegues de las sábanas su mano trasparente, apretó con
Lermu-a la mano de A lfre d o .
— Cuino te sientes ahora ? la dijo.
— M e jo r .... m e siento mejor.
— Estás bien abrigada ?— esta noche hace un frío
h o rro ro s o !....
— Sí, sí.... estoy bien ; p ero tú ! con este frió que ha­
ce y estás asi!....
E n efecto A lfre d o había amontonado sobre el lecho
de la enferm a su capa , su chaleco y hasta su único fra c.—
A qu ella estancia presentaba el .cuadro com pleto de la indijencin, p ero de una iadijcucia decorosa; no liabia allí
mas que lo estrictam ente necesario.
E li aquel iiiom eu to, una tos seca y ron ca, hizo re ­
chinar el pecho de la enferma.
— O h ! siem pre esa to s ! cada v e z que te oigo toser
asi, me estrem ezco.... una cucharada de este jarabe que
La mandado el m éd ico....
C ojió la botella que estaba junto á la cama— la bo­
tella estaba vacia.
|
— S e acabó!.... D io s m io !....
30
SEMANARIO PINTORESCO.
— M añana, A lfr e d o , mañana seremos ricos.
— S í . m añana!— p e ro h o y !!.... Y el m edico ha di­
cho que si no tomas esa bebida cuando te d:¡ la to 3 .,..
Oh ¡ Dios mió! Dios m ió ¡ — L u e g o añadió, como hablando
consigo m ism o:— Ningún recu rso! Eduardo salió esta
mañana para S e v illa .... Y a lodo lo he ven d id o.... hasta
la sortija que me dejó m i madre al m o rir!.... O h! Dios
m ió!
Y el infeliz se cubría el rostro con ambas manos.
— T o d o por m í, A lfr e d o !.... M i larga enferm edad lia
agotado tus recursos....
— Calla, calla!
— P o r mí, ni aun quiere responderte tu padre; y o te he
hecho in fe liz.... A lfr e d o ¿m e perdonas?
— L u is a , tus palabras me desgarran el corazón. T ú
eres la que debes perdonarme , tú que eras feliz y que
lo has perdido todo p or m i, p or unir tu suerte á la fa­
talidad que me persigue.
— N o hablemos mas de eso.— Vam os, ponte :í tra­
bajar, aqui , ¡unto a' m í— N o sé que presentim iento me
dice que esa obra te v a á dar mucha fam a,— que va ¡¡
m ejorar nuestra su erte.... A d em a s, m e siento m e j....
N o pudo p ro segu ir; la misma tos de au le s , cascada,
seca , vino á desgarrar el alma de A lfred o .
— Luisa , Luisa ! csclamó lanzando un quejido d oloro­
so.— Y ya no qucila ni una gota «le ese calm ante que en ­
cargó e l m éd ico!.... que hacer?— no tengo á quien recur­
r ir .... O h ! esto es volverse loco.
— M añana, A lfr e d o , m añana!....
— Y si entro tan to!.... oh n o , n o , eso no puede ser;
es imposieble esperar hasta mañana.— M ira , ahora me
ocurre una idea : esc lib re ro no tendrá inconveniente en
adelantarme algo á cuenta de lo que me ha de dar ma­
ñana.— E s una humillación— p e ro ¿ q u é im porta? ir é á
v e rle ahora m ism o....
— Ah ora! está lloviendo á mares.— A lfr e d o , no pue­
des salir.—
— S í, sí— eso es lo m ejo r.... está m uy coren— Luisa
m ia!— v o y á dejarte p or un momento— no tardaré....
— T e vas y con este frío !
— N o hay remedio. Si te vuelve la tos, luego será ya
tarde para com prar esc jarabe.— V ida mia; no puedo p er­
d er un m om ento... ese hombre tendrá compasión de m í.—
N o tardaré nada.... D ios no querrá que te pongas peor
mientras esté y o fuera.
— N o te vayas! m ira... te aseguro que me siento m e­
jo r .— N o te vayas— ponte á trabajar.
•— T ra ba jar mientras te veo s u frir! pensar en cosas
alegres cuando tus dolores me despedazan el alma!
— T e aseguro que me encuentro m ejor— ¿no es v e r ­
dad que mañana tendremos dinero ?
A lfr e d o quedó pensativo , indeciso.
— T ie n e s razón— mañana con el producto de mi traba­
jo , compraremos todos los remedios necesarios.— V o y
á trabajar— v oy á hacer p or alegrarm e.
Serian las nueve de la noche, una noche de enero,
fría y lluviosa. A c e rc ó A lfred o á la cama una incsita , puso
una luz sobre e lla , sentóse á la cabecera de la enferma,
cogió una pluma y em pezó á escribir.
Luisa parccia algo aliviad a; la p ob re niña se violenta­
ba para no toser.
A cada instante la miraba A lf r e d o ; viola al parecer
mas serena.... cobró algún aliento y escribió la prim era
estrofa.
— Pues no está m al! dijo después de haberla leido.—
Luisa , L u is a ! Y a he escrito la prim era estrofa. E s•u lia.— .
— T ie n e g ra cia ! dijo Luisa haciendo un violento es­
fuerzo para no to se r, porque en efecto sufría atroz­
mente.
Como casi siempre sucede, aquellas prim eras líneas le
pusierou en ven a.— Escribió otra estrofa y luego otra;
y cada vez estaba mas contento de su trabajo , tanto
mas cuanto Luisa no daba señal de sufrir. N i siquiera
advertia A lfre d o el frió y húmedo relen te que penetraba
por las rendijas de la puerta y de la ventana.
P e ro á pesar de todos sus esfuerzos, no pudo L u isita contener p or mas tiempo la tó s ; tanto se habia violen­
tado , que aquella v e z , al retirar el pañuelo que habia
acercado á la boca , le sacó lleno do sangre.
í-1 g rito que dió A lfre d o en aquel m om en to, hubiera
quebrantado un corazón de piedra ; en seguida echó á llo­
rar amargamente , sollozando com o un niño.
— Esa bebida m e baria b ien ! dijo L u is a , y e l vivo
.dolor de su pecho enferm o la arrancó algunas lágrimas,
que ella se apresuró á enjugar sonriendo.
— V o y á tr a é r te la !... no hay r e m e d io ,— Luisa, no te
aflijas p or D ios.... vu elvo al instante.
— á í ; v é , vé ! dijo con voz apenas inteligib le , v é ....
L a infeliz necesitaba llo r a r , y no quería que lo viera
su marido.
A lfr e d o se puso el frac y salió de la estancia com o un
insensato.
2.
M edia hora después volvió A lfr e d o , chorreando agua
de la lluvia que habia caido sobre é l , los ojos desencaja­
d o s , los cabellos casi blancos; Luisa se estrem eció p ro ­
fundamente al v e rle de aquella manera. — M iróla él de
hito en h ito , con una espresion de amargura infinita , y
luego se dejó caer sobre el lecho , desesperado , loco ;—
la p ob re enferm o couoció que era necesario esperar hasta
el dia siguiente el único calillante que podía aplacar sus
acerbos dolores.
— Cómo ha de s e r! csclamó resignada.
— Sí — todo ha sido in ú til! Sú plicas, lágrim as, deses­
peración , nada ha podido conm over aquella alma de es­
topa.— M e lie humillado como un p e rr o .... nada ! S e lo
he declarado t o d o ; — le lie dicho que era para salvar á
mi esposa , á una niña de diez y seis años , á un án gel....
nada ! L e he maldecido ,— he pedido á D ios que haga mo­
rir delante de él al sér que mas ama en este m undo.... na­
da , nada!!.. O h ! Lu isa, L u isa! esto es m orir condenado!
— P o b re A lfr e d o !— aním ate, el c ic ló s e com padece­
rá de nosotros. — Desde que te fuiste, no te puedes ima­
ginar cuánto m e ha calmado la tós.— M e siento tan bien,
que creo que v oy á d orm ir un poco.
— O h ! si pudieras dorm ir ! si y o pudiera lograrlo á
costa de mi vida !...
— S í.... siéntate aquí á escribir para que mañnna ten­
gamos din ero.— M ira .... me parece que v o y á descansar.
E n e le c t o , no tardó en ce rra r los o jo s , quedando en
una especie de sueño ó le ta rg o , parecido á la m uerte ; la
desdichada se hallaba en aquel grado de dolencia, en que
no sufrir mucho es gran m ejoría. D e vez cu cuando se la
oia resp irar....
— Esta es acaso su última noche , dijo A lfr e d o mirán­
dola con ojos mates como v id rio ; — si ella m u e re , v o
m oriré también.— V o y á cum plir m i último d eber de hi­
jo .... mi padre lo sabrá todo.—
C ogió un p lie go de papel de cartas y em pezó á es ­
c rib ir.—
(t
................ ......................... ................ ,..
............................................................... ” V iv ia en uno de los
barrios mas retirados de M a d rid , con una anciana que la
servia de aya. Luisa no conocia á sus padres ; y o creo y
ella cree tam bién, que es hija de algúnpersonage á quien
intereses de familia obligan á no reconocerla públicamen­
te. P o r lo dem as, seguramente es hija de persona rica,
pues Luisa hasta la época fatal para e lla , en que unió su
suerte á la mia , v iv ió en la abundancia , aunque sin v e r
nunca al autor de sus dias, al menos bajo este título. Y o
la conocí y la amé con delirio ; V - se obstinó en no dar­
m e su consentimiento para este enlace, — ella ine amaba,
y fue m i esposa. N adie lo su po, n i mis mas íntimos ami-
31
SEMANARIO PINTORESCO.
— M i hija! csclamó.— H o r r o r ! h o r r o r !!...
,-os, ni nuil el ayn que había servido de m adre á mi ama­
E ra en efecto su hija natural , el fruto de una pasión
da ¡ ’ ambos tem íanlos que el descubrimiento de los padres
desgraciada, la cosa que mas amaba en este muudo.—
de L uisa , pusiese algún obstáculo á nuestra felicidad.—
La maldición del poeta había caido sobre él.
A l cabo de tres meses cayó Luisa peligrosam ente en fer­
A lfr e d o se v o lv ió loco.
ma ; fue preciso venderlo todo , y sin embargo , lle g ó un
E l lib rero hizo una b u e n a e s p e c u l a c i ó n ; vendió los
m om ento en que ni aun teníamos para com prar los rem e­
ciuco mil ejem plares de la sátira contra el ministerio , y
dios indispensables.... Q ué h o r r o r !!...... F u i ri casa del
el manuscrito le salió de valdc.
de O .
lib re r o ; Je p edí adelantado lo que quisiera darme — para
salvar á mi esposa. — D ijo : “ que no me cunocia, — que
no tenia costumbre de h a c e rlo ,— que había llevado mu­
chos chascos” ; — en fin , no quiso.— A tro z egoísm o! S olo
el recuerdo de mi pobre Luisa me im pidió com eter un
crim en.— E ra una cosa h o rrib le , padre m ió ; aquel hom­
b re o p u len to, anciano ya , que debía com prender las mi­
serias de la vida , y sin em bargo, frió ¡i las súplicas de un
alma desesperada, in m ób il, apoyado en su rico bufete.
O h ! tuve que salir porque ya no bastaba ¡i contenerm e
el recuerdo de L u isa.— P e r o antes, no pudicudo vengar­
m e de otro m od o, quise echarle m i maldición , á él y á la
cosa que mas él ama en este in u n d o !— E n ton ces, tuve
un momento de horrible ansiedad; mi maldición produjo
cu él un efecto extraordinario.... L e v i conmovido , páli­
d o .... Sus labios se abrieron con un m ovim iento convulsi­
v o , y en ellos vagaron algunas palabras incoherentes....
“ M i 1¡ija !... mi p ob re h ija !— un hombre desesperado!...
lo q u e mas amo cu este m undo.... e lla !...” — O lí! y o no
puedo decir lo que pasó entonces en mi corazón! — V i
tina lágrima cu sus ojos.... Sacó la llave del bolsillo para
a b rirla gabela , y . . . . el iulcrés venció p o r f in !. . . — V o l­
v ió d guardarse la ll a v e , y a' rep etir aquellas palabras
m alditas.... “ no me c o n o c ía ,— liabia llevado muchos
chascos.... ”
“ Ah ora escribo á V - junto ú su lecho de m u e rte ,—
A d ió s ! — Cuando lea V - estas líneas, ya no existirá su hijo
A lfredo ."
C erró su corta con lo calma de la desesperación ; v o l­
v ió i¡ le e r las primeras estrofas, y sonrió amargamente.
— T ien en gracia! d ijo ; precisam ente han de hacer reír
m u ch o!...
Y v o lv ió a escribir con nuevo fe rv o r. Estrellábanse
en su cabeza los pensamientos horribles, palpitantes , in­
fern ales, alegres con la alegría de los dem onios.... una
sátira como la hubiera escrito Bvron.
A veces se interrumpía para mirar a Luisa.
— D uerm e , d u erm e, decia; ese sueño te a liv ia rá !...
Em pezaba ya á despuntar el din, muy á tiempo por
cierto , pues casi en el misino instante se consumió el acei­
te de la lámpara que alumbraba al poeta ; la escasa luz se
npagó como un enferm o que exhala el último supiro.
A la cenicienta claridad de una mañana de invierno
riguió escribiendo A lfred o , cada voe mas animado; el vien­
to que silbaba en la estrecha c a lle , agitaba su alma como
una inspiración sobrenatural.
— Y a se acerca la hora, y no m e fallan mas que al­
gunos versos...!— Bien ! bien í...
Llam aron entonces a la p u erta ; era el lib rero que v e ­
nia á recoger el manuscrito.
— U n m om ento, — me fallan dos versos.... dijo A l ­
fredo recibiéndole en la pieza inmediata.
— E n tre tanto v oy á contar el din ero; — p ero despa­
chemos p or D io s .— L o s cajistas están perdiendo tiempo,
y m e cuestan....
— Y a está.— T o m e V .
E n aquel momento salió un débil suspiro del locho de
la enferma.
L u isa! csclamó A lfred o volando á ella frenético de
alegría.- \ a somos ríeos ! ya somos felices !
Cogióla una mano— aquella mano estaba fr ía .... su
cora con liabia cesado de la tir....
Y a estaba m u erta!!...
41
•
...
°*
A I g rito que dió A lfr e d o , entró el lib rero despavori­
do en el cuarto de la cuferma.
O T R A JI-C O M E D I A D E C A L IX T O
Y
M E L IB E A .
R o m p ie n d o telaiuñas y sacudiendo de sus reverendas to­
cas el p o lv o de once años d e subterránea reclusión, míe—
\ ámenle salió ha p oco tiem po á v e r la luz pública la
insigne C e l e s t i n a - , (!o r , nata y espuma de cuantas viejas
caritativas ó zurcidoras de voluntades, com o las llam ó
Q u e v e d o , negocian las pasiones amorosas á beneficio de
joyuelas ó dineroslia r lo sabida es de los inteligentes la historia literaria
de este lib ro , atribuido n dos ingenios, para que nos d e ­
tengamos á repetirla con riesgo de cansar á nuestros lec­
tores. SolamcuLc diremos que la C e l e s t i n a con todas sin
obscenidades, cautivó de tal manera la atención de nues­
tros castísimos antepasados qu e el tal lib rillo no se les caia
de las manos , á despecho de los familiares del Santo O f i­
cio : tan grande era el regocijo que espcrinientabnu con
su lectura. F u e tanta , pu es, la celebridad de aquel cuen­
to , que no solamente se vid traducido á varios idiomas,
sino que sirvió de modelo para otros cuentos ó romances
en prosa, y bajo form a dramática como el de Celestina.
E n esta clase de draujas, escritos solamente para ser lai­
d o s , se cuentan la T e b a i d a , la H i p ó l i t a , la S e g u n d a C e ­
l e s t i n a ó la R e s u r r e c c i ó n d e l a C e l e s t i n a , la S d v a g i a ó
S e l v a g a según algunos, la F l o r i n c ' a y la E n f r o s i n a , es­
crita en portugués p o r J o r g e V e n d r á s , y ‘ traducida al
castellano p or d o n F e r n a n d o d e B a l l e s t e r o s y S a o v e d r a .
T od os ellos pertenecen al siglo X V I ; lodos reconocen
32
SEMANARIO PINTORESCO.
p or m odelo mas ó menos inmediato la C e l e s t i n a , y lodos
son inferiores á ella en m é r ito , aunque casi iguales en in­
decorosas torpexas.
V arios son Jos juicios críticos que se lian lieclio de la
C e l e s t i n a p or diferentes autores; y todos convienen , v
nosotros con e llo s , en que 1 a pintura de caracteres, lo fes­
tivo del lenguaje y lo sentencioso del e s tilo , recomiendan
esta obra com o joya preciosa de nuestra antigua literatu­
ra. P ero su uso puedo ser m uy peligroso para manos ¡Hes­
p erias : « e s una flor (d ic e un autor an tigu o) de la cual
*«■.« m iel el d iscreto, y ponzoña ci am bicioso.» Aludien­
do á este doble m otivo nuestro sesudo C ervantes dijo : que
la C e le s tin a e r a e n s u o p in ió n , lib r o d iv in o , s i e n c u b r ie ­
ra m as
lo h u m a n o .
D e la lectura de esta y otras obras que pintan con so­
brada candidez las costum bres de nuestros antiguos espa­
ñoles , semejantes en eso ¡i los demas europeos, pudié­
ramos deducir si no nos tachasen de maliciosos nuestros
abuelos, que los hombres de antaño y los de ogaño se pa­
recen tanto cu el fondo cuino un llu evo á o t r o , y que en
ciertas materias poquísimo tenemos que echarnos encara.
E l autor juzgó tan necesaria su obra p o r l a m u c h e d u m b r e
d e g a l a n e s y e n a m o r a d o s qu e entonces babia en nuestra
p a tr ia , y de tul manera llegó ú recelar no seria leída,
sino rebozaba su moralidad con la salsa del d eleite , que
determ inó , com o él dice , m eter la píldora amarga den­
tro del manjar dulce para engañar al gusto :
D e esta manera mi pluma se em barga ,
Im poniendo dichos lascivos, rien tes,
A tra e los oidos de penadas gen tes;
D e grado escarmientan y arrojan su carga.
Y no se crea que la C elestin a, lib ro maestro de pu­
d o r , es obro de estos últimos tiem pos; de estos ominosos
tiempos de corrupción y lib e rtin a je , com o dicen nuestros
ancianos ; nada de eso : la Celestina pertenece al siglo X V ;
esto e s , á uno de los siglos mas altam eulc religiosos y se­
veros en teorías; :í uno de los siglos en que el honor y
la razón llevaban el convencim iento en la punta de una
lanza ; á uno de los siglos cu f i n , que aseguró para mu­
cho tiem po la omnímoda potestad d e l santu tribunal de la
inquisición.
N o sabremos decir cuales siglos son p e o re s ; si aque­
llos ó el actual. P o r nuestra parte nos sentimos muy
indinados al que nos lia tocado en su e rte , y pop cie rto no
es de los mas apetecibles. P e r o aquel alan de nuestros
antepasados de andar siem pre á cuchilladas á la esquina
ile cada calle ; aquello de no p od er cada cual v o lv e r en
paz de noche tí su casa p or el riesgo de tropezar :í cada
paso con algún alma en p e n a , que p or tener solaz en la
reja con la señora de sus pensamientos , saludaba cuando
menos con sendos cintarazos al p ob rete que osaba pasar
tranquilamente p or la calle; aquello de verse uno obligado
si tenia amores , ¡i salir á inedia noche p or tapias y ven ­
tanillas , con g ra v e riesgo de rom perse los cascos y con el
mas seguro todavía de sacar el cuero liccb o una criba ; bro­
mas son que no uos parecen asaz divertidas. E llo es muy
cierto que nuestros antiguos, en negocios amorosos abre­
viaban m aravillosamente los tram ites del p ro c es o ; lo que
babia de hacerse en un año, hacíanlo en un mes: ya se v é ;
lau irascible era el quijotesco humor de los padres y h e r­
manos de las doncellas castellanas. Encontraban :í un hom­
bre en su casa, y no babia rem edio ; ó muerto ó casado
habla de salir cou ella : y á fé que en muchos casos tanto
valdría lo uno com o lo otro.
Tam años azares v contratiempos , debieron hacer niuv
ncccsaria'la in tervención , en estos negocios, de tanta due­
ña honrada del corte de C e l e s t i n a : de otro modo no se
com prende como pudieron aquellos prudentes varones sos­
tener sus intrigas galantes, y cstendcr tanto su progenie,
que á veces la imaginación mas retozona se asombra solo
de pensarlo. E n tre muchos sucesos raros y curiosos ¡unoiituuados en nuestros cronicones , y precisam ente coinci­
diendo con la época de C e l e s t i n a , recordamos un don L o p e
García d e S a la za r, señor rico y p oderoso, que amen de
estar casado a t u v o m a s e n d i v e r s a s m u j e r e s c i e n t o y v e i n ­
te lu jo s y h ija s b a s t a r d o s , y
lo s m u s e n
m u je r e s d e li n a g e,
u e hered aron
p o r
su s
m adres
ca sa s
a n tig u a s
y
. » Asi habla la crónica.
L os que están acostumbrados á ojear la historia de E s­
paña uu so admirarán de que citem os un hecho entre mi­
llares do los que aquella contiene semejantes á este. La
m ayor parte de los monarcas y proceres de los reinos de
C astilla, L e ó n , Navarra y A ragón abundaban en hijos
naturales y bastardos ; y no solamente eran habidos y re ­
putados por ta le s , sino que les suministraban rentas, y
les daban cargos im portantes en la rep ú b lica ; y aun al­
guna vez ocuparon el sóJio.
Estos hechos que no son p or cierto recomendables nunque pertenezcan á épocas p o r muchos muy recomendadas,
prueban basta la evidencia que asi com o en los siglos p re­
sentes se pugna de una manera extraordinaria p or la p ro ­
pagación d é la s luces, en aquellos de que hablamos se pug­
naba con m ayor tenacidad p or la propagación de la espe­
cie ; y váyase lo uno p or lo otro.
D e todos modos es evidente que las costumbres m ili­
tares de nuestros antepasados, las licencias que la guerra
to lera , la galantería y el v a lo r , bases do la educación du
aqu ellos, debieron conducíales á tener en poco en la prác­
tica lo que en teoría , y tratándose de su propio Interés,
dofendiaii com o sagrado con la punta de la espada. Juz­
gaba u en los demas como un crim en contra el h o n o r, lo
que resp ecto á sí propios calificaban de simple travesura,
y esta baja moralidad se conformaba perfectam ente con su
instrucción y costumbres.
¿ Y acaso cu estos siglos de luces no tenemos la misma
lógica para juzgar de nuestros extravíos? V eteranos do
nuestros «lias, hablad, referid vuestras juveniles calave­
radas; comparadlas con las de tantos retoños que ocupan
ahora vuestro nutiguo puesto cu la sociedad, y decidid.
Ciertam ente m irareis con ceñudo gesto su gusto y livian­
d ad, al paso que las diabluras hechas antiguamente por
vosotros mismos en la propia c a rre ra , os parecerán ju­
guetes y niñerías. Esta es la justicia y la imparcialidad de
los hombres. T o d o s hablamos de v ir t u d , y muy pocos
somos virtuosos : tenem os para nosotros tanta indulgencia
com o severidad para los domas : siem pre nuestro siglo es
el m ujor, el mas p e rfe c to ; ni podemos transijir fácilmen­
te con otro siglo que nos abruma con su p eso, y nos e x ­
cluye p or inválidos para el servicio de amor. La envidia
no uos abandona ni aun al borde del sep u lcro; y por eso
nos complacemos en el descrédito de aquella bulliciosa so­
ciedad que á pesar nuestro nos aleja de sus placeres.
P o r ahora nos loca de derecho vituperar las costum­
bres pintadas en la célebre Celestina. Cuando la vejez ar­
rugue nuestra fr e n te , seremos sin duda com o los demas
ancianos, esto es, injustos; y m iraremos con iudulgcucia
nuestras actuales C elestinas, siquiera por ser consecuen­
tes con nuestra flaca naturaleza. Entonces tal vez otra plu­
m a, ninciio mas dura que la p resen te, tomará á su cargo
atacar la incurable manía que todos tenemos de ensalzar
la época de nuestra juventud á expensas de la de nuestra
vejez.
R-
p r in c ip a le s
M
h a c e r e l a ju s te d e l n ú m e r o
d o i/ u c n o p u e d e
te n e r
b r e e l d r a m a tr à g ic o d e
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c a b id a
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C. D elavignc
n ú m e r o s ig u ie n te ir á c o n
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titu la d o
e l ju ic io
e n c o n tr a ­
T e a tr o s s o ­
L u is
11.°;
d e la s tie r n a s n o ­
v e d a d e s te a tr a le s tic la s e m a n a .
M A D R ID :
IMPRENTA
de
D. T. JORDAN,
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pdf Semanario pintoresco español. Tomo I, Núm. 3, 17 de abril de