SERVICIO
HISTO’RICO
MILITAR
REVISTA
DE
HISTORIA
Año XXVII
MILITAR
1983
Ntim. 55
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Espinbs
Orlando,
gada de Infantería.
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CapitAn
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DE ALCALA,
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de Artilleria.
de Infantería.
y Administración
9 -
MADRID
-
TELEFONO
247.03-00
SUMARIO
Póginas
II Centenario del nacimiento de Simón Bolivar ..,........,........,........,......................... 7
Sobre el modo de ser y de combatir de las Ordenes de Santiago, Calatrava,
Alcantara y Montesa en la Edad Media, por CARLOS MARTINEZ VAL-
9
VERDE ..........._.____.._.........................................................................................................
Alejandro Farnesio,Capitan Generaldel Ejército deFlandesy Gobernador
Generaldelos PaisesBajos(157%1592),por MANUELTOURON YEDRA....
El segundositio de Viena por los Turcos (1683), por MANUEL TORRES
43
MMARIN ........._...............................................................................................................
57
El Ejército Espafiolen la primeramitad del ochocientos,por JOSE CARLOS
CLEMENTE BALAGUER ....._.._......................................................................................
83
105
Lo militar en Ortega y Gasset,por JOSE MARIA CARATE CORDOBA
DOCUMENTOS:
Estuche-Relicariode la Virgen de Guadalupe................_.._..........................
.. .. .....
137
INFORMES:
Credencialde Comisariode la Santa HermandadRealy Vieja de la Villa de
143
Talavera(1711).(S.H.M.) .............._.___....................................................................
147
Dioramadel CombatedeArjonilla, por JOSE MAYORAL HERRERO
ACTIVIDADES DEL SERVICIO HISTORICO MILITAR:
Visita al Servicio Histórico Militar del Director General de ServiciosGeneralesdel Ejército, Excmo. Sr. D. JoséBonal Sánchez,Generalde División_______._...................................................,............,....................................................
153
BIBLIOGRAFIA:
La Espaliade FelipeIV, deFranciscoTomásValiente y Otros .. ... .. .. ...... .. .. 157
La Instituci6n Militar en Cartagenade Indias (1700-1810),de Juan MarchenaFernández.................................................................................
: ....................... 160
Historia del TradicionalismoEspañol,de Melchor Ferrer Dalmau................... 162
Los Asedios:(El Alcázar de Toledo, El Santuariode la Virgen de la Cabeza, la Ciudadde Oviedo y los Cuartelesde Gijón), RedactorponenteJo165
séManuel Martínez Bande(S.H.M.) .....................................................................
Obraseditadaspor el ServicioHistdrico Militar ..................................................... 169
RevueHistoriquedesArmées.......................................................................................
178
Esta Revista invita a colaborar en ella a los escritores militares y civiles, españoles y extranjeros, que se interesen por los temas históricos relacionados con la institución militar y la profesi6n de las armas. En sus páginas encontrarán acogida los trabajos que versen sobre el pensamiento militar a lo largo de la historia, deontología y orgánica militar, instituciones,
acontecimientos bélicos, personalidades militares destacadas, usos y costumbres del pasado, particularmente si contienen enseñanzas o antecedentes provechosos para el militar de hoy y el estudioso de la historia.
c
La traducción y la reproducción íntegra o parcial, de los textos e ilustraciones de esta Revista, debe ser previamente solicitada a la Direcció de la misma.
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R. H. AI., 1.’ semestre 1983
Depósito legal: M. 7.667 - 1958
GRAFICAS
BeCeFe,
S.A.
-
ALFREDO
ALEIX,
30 -
MADRID
- 25’
SEGUNDO
CENTENARIO
DE SIMON
BOLIVAR
(1783-l 983)
Todo centenario
es una meditación, un
volver sobre el significado y la valoración
del hecho conmemorado. Tratándose de
un hombre, esta reflexión conduce a plantearse los rasgos decisivos de lo biográfico:
la verdad del hombre
y la complejidad de su
personalidad.
En Bolívar doscientos años parecen
suficientes para saber
su verdad, despojado
del mito, en sus dimensiones reales de
hombre español y patriota americano. Personalidad dual sin cuya comprensión quizás no sea posible entender su vida e incluso su obra. Como
hombre hispano todo
en él nos es familiar;
su mentalidjd,
su caSim6n Bolivar (cuadro de Paulin Guerin,
1842, existente en el Conrácter, su ,forma de
greso de la Re$tblica
en Caracas).
hacer frente a la vida.
Como americano le correspondió emprender la tarea de emancipación que
las circunstancias marcaron para la separación de aquellas provincias de Ultramar. El momento no lo escogí6 él sino la Historia. Y a él le escogió el Destino.
Pero la grandeza de Bolívar está por encima de las vicisitudes y los logros de aquella lucha. Su concepción de un mundo americano, surgido de las
cenizas de una guerra entre hermanos, rescataba paradójicamente la unidad
de aquellos virreinatos y capitanías generales que hoy, más que nunca, se
siente como la culminación de su obra. Sea cual sea el futuro de Hispanoamérica, el pensamiento boliviano, ecuménico y unificador, será el sueño de
todos, americanos y españoles.
(R.S.H.)
SOBRE EL MODO DE SER Y DE COMBATIR
DE
LAS ORDENES DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA EN LA EDAD MEDIA
por Carlos MARTINEZ-VALVERDE
Contralmirante
A modo de preámbulo
En la ciudad de Antequera,
un día de Santiago, el del aiio 1982
MPIEZO a poner en orden las numerosas notas que tengo, muchas de ellas tomadas en la paz estudiosa del viejo palacio de la
madrileña calle de Leon donde tiene su sede la Real Academia de
la Histor?$. Notas tomadas tras leer, y pensar largo tiempo, sobre
el noble y evocador tema que es el del modo de ser y de actuar nuestras Ordenes Militares durante la Reconquista, esa gran epopeya en que se fragua la
Unidad Nacional de Espaha.
El hecho de ser hoy dia de Santiago, nuestro Apóstol y nuestro conductor y aliento en los combates, me impulsa a esta tarea que en un principio me
pareció ardua. Las épocas a que me referiré en este trabajo empiezan a estar
lejos en el tiempo, y, aunque mucho se escribió sobre las Ordenes Militares
espafíolas yo quiero presentarlas haciendo énfasis en un aspectono muy analizado, tratando de desvelar lo mejor que pueda el que tuvieron como institucion combatiente. Hay que entresacar, para ello, de las antiguas Crónicas,
de los tratados de Historia y de los estudios existentes sobre armas y tácticas
medievales, lo que dicen al efecto, y después filosofar para llegar a conocer
lo que no detallan, lo que no precisan...
Así «tomo la pluma» en esta Antequera, ciudad ahora, castillo y villa de
frontera un día, en un evocador ambiente; jardín con bojes y arrayanes, encuadrado por puntiagudas morunas almenas. Diviso entre los arcos de los recortados cipreses el castillo tomado a los moros por el Infante Don Fernando
de Castilla, «el de Antequera»,llamado
así por la Historia; castillo en cuya
torre del homenaje onde6 un feliz día del ano de gracia de 1410 el estandarte
del Apóstol Santiago siempre ensena de las principales en toda accion bélica
de la Reconquista (1).
(1) En Antequera siguió pujante la devoci6n al Apost Santiago. De ella se conserva la
iglesia a él dedicada, en la salida hacia Granada (1563). Y en la iglesia de los Remedios, en el re’ mate de su retablo mayor aparece el Apbstol acaballo, en gran tamano, ya que es tradición que
él trajo‘la imagen de la Virgen, Patrona de Antequera, entregándosela a Fray Martin, un santo
francisco en el cercano monasterio de las Suertes, que ya no existe.
10
CARLOS MARTINEZ-VALVERDE
Y escribo todo esto pues si importante es saber -y a ello va conducido
lo que sigue- tan importante 0 más es sentir.
Algunos datos del Historial
De generalidad
de nuestras Ordenes Militares.
Las Ordenes Militares españolas, en la Edad Media, fueron hermandades de nobles caballeros y de religiosos, que se constituyeron en los diferentes reinos de la Península, durante la Reconquista, para combatir a los moros, y que-fueron aprobadas por el Papa; cada una en su momento.
- Impulsaron su constitución el espíritu religioso, guerrero y caballeresco
de nuestra Nobleza. Su disciplina, para su vida y para su lucha, se bas6 en la
religiosa, resultando la más eficaz para mantener el espíritu de lucha contra
el Islam, al basarse aquella en la austeridad y en la obediencia, magníficas
cualidades para el guerrero.
Las Ordenes que vamos a considerar en este trabajo son las de Santiago,
Calatrava, Alcántara y Montesa, las genuinamente espaholas y que perduraron hasta nuestros días. La Orden de Santiago tomó como regla la de San’
Agustín, las demás la del Cister, orden religiosa de gran predicamento en el
siglo XII, cuando nuestras Ordenes se fundaron.
Desde el final de la Reconquista éstas se fueron transformando. Muchos
de nuestros mejores Capitanes a ellas pertenecieron, pero ya no actuaron
formando cuerpo, poco a poco fueron dando en ser una muy apreciada distincion nobiliaria; instituciones plenas de tradición hispana.
Se inspiraron estas Ordenes en las fundadas en Palestina con ocasión de
las Cruzadas: la de los Hospitalarios de San Juan y la de los Templarios. Estas también pasaron a Espafia y actuaron en la larga lucha contra los moros,
especialmente la de San Juan (2).
En su aspecto de guardar las fronteras, nuetras Ordenes se parecieron algo a los «ribats» que existieron en la España musulmana. Los wibatm o wábitas» eran una especie de conventos fortificados, mantenidos en las fronteras con los cristianos, guarnecidos por ascéticos monjes-guerreros que alternaban la oracion con una tensa vigilancia y con los combates consiguientes
(3).
Con referencia a las Ordenes cristianas antes mencionadas podemos decir que llegaron a Espafia hacia 1120. Poseyeron vastos terrenos, villas y castillos que les dieron nuestros Reyes, y tomaron parte en diferentes campahas.
Una de estas en que participaron los de San Juan fue en la conducente a
la conquista de Mallorca. Tanta influencia alcanzaron los Templarios, en
(2) La Orden de los Hospitalarios tuvo a su cargo, en Jerusalém, la guarda del Hospital de
los Cruzados. La de los Templarios, la protección de los peregrinos al Santo Sepulcro. Además,
naturalmente, el combate contra los enemigos de la Fé de Cristo.
(3) LOS «ribats» fueron fundados respondiendo al espíritu de la « Yihad, o Guerra Santa».
Al parecer fue fundada la instituci6n por el Califa cordobés Hixem III. Hubo muchas «rúbitas»
de las que nos quedb el nombre: la de Adra, la del Puerto de Santa María, de la Denia, la de
Huelva (la Rábida), la de Antequera (existe el cerro de la Rábita hoy de Santa María de la Cabeza). . .
ORDS.DESANTIAGO,CALATRAVA,AL~ANTARAYM~NTESA-EDADMEDIA
11
Aragón, que Don Jaime 1 «El Batallador» lleg6 a legarles su reino, como sucesión, en 1134. No lleg6 a cumplirse ian extraño legado.
Vamos a hacer una corta presentación de cada una de las cuatro Ordenes
españolas que nos ocupan: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa. Si
bien el reconocimiento por el Papa es más antiguo el de la Orden de Calatrava, empezaremos por la de Santiago, ya que es la referente al Santo Patrón
de España y la devocibn de éste fue común a todas.
Sobre la Orden de Santiago, llamada de Santiago de Espada por muchos.
El descubrimiento en Compostela del sepulcro del Apóstol, produjo
gran conmoción en la Península y en Europa toda.
Algunos historiadores dan por fundamento de la Orden de Santiago, la
reunión de doce Caballeros leoneses, en 1170, con el propósito de hacer méritos que borrasen antiguas culpas’. Se pusieron por misión la protección de
los peregrinos que se dirigían a Compostela. Como los Canónigos de San
Eloy tenían hospitales a lo largo del camino que allí conducía, los Caballeros
se unieron a ellos, siendo éstos sus primeros Capellanes.
Los Caballeros aumentaron su número y constituyeron una fuerza cápaz
de combatir contra los moros en campaña. Fernando II de León, di6 por misión al fundador Don Pedro Fernández de Fuencalada,‘guarnecer Cáceres, y
los Caballeros fueron llamados los Freires de Cáceres. Eran los Caballeros
de Santiago.
Pero hay historiadores que encuentran un fundamento muy anterior. Se
basan en la existencia de una Cofradía u Orden de Santiago,.en el año 844,
en la iglesia de Santiago el Real de los Caballeros, en Logroño (4). Ello nos
remite a la discutida por algunos, Batalla de Clavijo. Discutida, sí, pero...
cuesta mucho trabajo despreciar y desechar la tradición transmitida de generación en generación; basada además en monumentos, en la..liturgia, en la
toponimia y en documentos. AIgo muy grande tuvo que ocurrir para que los
nuestros apellidasen iSantiago! en los combates durante siglos y desde muy
cerca del año en que se supone la discutida batalla.
Por mi parte, me limito a presentar al lector, la existencia de un relieve
en la catedral de Santiago, que se encuentra inmediatamente entrando por la
puerta de Platerías (5). Representa al Apóstol Santiago, a caballo, espada en
mano, llevando también la Cruz, con una banderola con la inscripción:
«:SCS:IACOBUS:APL
VS:XPZ:»- Aparecen además seis figuras de mujer
en actitud orante, tres vestidas de modo diferente a las otras tres. Losmantenedores de la tesis dicen que representan doncellas nobles y doncellas plebe(4) De ser cierto, la fundaci6n de esa Cofradía de Armas u «Orden» (no de las mismas que
las que luego se fundaron) sería anterior, incluso a la de los Hkpitalarios que fue en 1048. La
cofradíade Armas pudo serun hermosoantecedentede la Orden de Caballería, con otras características, sin 10s votos de la Orden; sin la aprobación pontificia. Más modernamente, en 1338
existió en Burgos una Cofradía de Caballeros de «Sun Pedro y Santiago», cuya documentación
se guarda en el Archivo Municipal de la Ciudad.
(5) El referido relieve está hoy sobre un ventanal pero antes estuvo sobre una puerta en el
antiguo templo. Es distinto a todos los demás en él existentes.
12
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
yas (6). Una junta de arquitectos reunida en el pasado siglo, estimo que el relieve en cuestion era doscientos años más antiguo que la puerta de Platerlas,
que es del año 1078 (7). De ser ciertas las investigaciones, el relieve es un «documento» fehaciente de la existencia del ominoso tributo, y de la batalla de
Clavijo, o de otra de su misma significación y alcance. La toponimia de los
terrenos cercanos a Clavijo es elocuente: El valle en que se supone tuvo lugar
lo más sangriento de la pelea se denomina «de la Victoria»; parte de él es conocido por el «de la Matanza»; otro cercano es el «de los Moros» y otro es el
«de la Muerte». Ramiro 1, al parecer, fundó una pequeña iglesia «de Santiago» en el sitio en que se desarrolló lo más recio de la lucha...
El primero que empezó a apellidar «iSantiago!»,
en aquella victoriosa
jornada fue Don Sancho Fernández de Tejada que conducía las fuerzas castellanas en el choque. Conocido es el sueño del Rey en el que se le aparece el
Apóstol. Conocida es la supuesta «aparición» en el combate. iCómo fue?
¿Al oir la invocación unos; al pasar la voz de unos a otros, creyeron realmente que Santiago les conducía a la victoria ?.- Sentado que nada es imposible
para Dios (8) y que un milagro pudo producirse, al enjuiciar estos hechos hemos de tener en cuenta que la facultad de ensoñación y de credibilidad en la
. frecuencia de lo sobrenatural, era mucho mayor en los hombres del año 844
que en los de hoy en día (9).
Al parecer -siempre siguiendo a los que creen- el Caballero antes citado Fernández de Tejada, para reconocerse y ayudarse en la pelea, había concertado con otros, de los más allegados, llevar,una cruz encarnada en forma
de espada (10). Después de la batalla se presentó al Rey el de Tejada, con trece Caballeros, entre ellos sus hijos, manisfestándole que había acordado formar una «Orden de Caballería» bajo la advocación del Ap6stol Santiago,
que serviría para rememorar la batalla de Clavijo y para subvenir a la defensa del Reino. El Rey lo aprobó y esos Caballeros fueron los primeros « Treces» de la orden; y hubo esta jerarquía, después, en la Orden aprobada por el
Papa (ll).
Por documento suscrito en Calahorra se establece el voto de Santiago.
Por él se deben dar primicias de lo recolectado a la Catedral Compostelana;
y de los lugares tomados a los moros «con el nombre y apellido deI Apóstol
Santiago)), también han de darse: «al mismo glorioso nuestro Patrdn y defensor de las Esparias tanta parte como se diere a un hombre de cavallo». Y
(6) En el tributo de las Cien Doncellas,
repetimos tan discutido asunto, cincuenta habian de
ser nobles y cincuenta plebeyas.
Si no llrg6 a pagarse no llegó a consumarse
el ultraje.
(7) Según dice una inscripción
existente en una de sus jambas.
(8) Claro es; para el creyente y los nuestros lo eran.
(9) Debemos consignar
que algunos creen que pudo ser la batalla en Abelda en vez de en
Clavijo, acorta distancia;
reilida entre Ordofio
1 y el Vali de Zaragoza
Muza ben Zeyad el Djedzai.
(10) Pudo ser el mismo simbolo el adoptado
por los Freires de Cáceres que el que habian
usado ios Caballeros
de Clavijoromo
sefial de reconocimiento.
(ll) Don Sancho de Tejada dividió el terreno que le di6 el Rey en trece partes o divisiones y
al darselas a sus hijos y deudos ellos fueron los Diviseros de Tejada, del sehorio de los Montes
Cadines. El Monte de Valdosera
fue también dividido en trece partes, dándose una a un hijo del
de Tejada y una a cada uno de «doce caballeros galicianos».
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
13
el Voto de Santiago existió en memoria de la batalla de Clavijo. Fue suprimido por las Cortes de Cádiz y después se restablecio. Ello a pesar de que algunos tuvieron por apócrifo el documento de Calahorra. Tanto de época anterior al reconocimiento de la orden de Santiago por el Papa como de época
posterior hay antecedentes que pueden ser base de la tradición; siempre sujetos a la acusación de no ser ciertos. Pero.. . iY la insistencia con que aquélla
se mantiene?. Pero no insistamos más en la existencia o no existencia de la
batalla de Clavijo y del tributo de las doncellas; la disgresión tan sólo ha tenido por objeto llevarnos a lo que podemos considerar como antecedentes de
la Orden de Santiago.
Dice Ambrosio de Morales en su Crónica Ibien es verdad que ésta es ya
del ano 1574-,que «en tiempo de este Rey Don Fernando el Primero (10171065) ya tenía el Santo Apóstol acá algún principio de la esclarecida Orden
de Cavallería que debaxo de su nombre y amparo se instituyó para pelear
contra los moros y librar de su poder a España, que es una de las mayores
grandezas del Santo en la Tierra y un muy hermoso manifiesto testimonio de
la antigüedad de su devocibn en esta su provincia» (España) (12)... Y, siguiendo con Morales: «La Orden de Santiago no era (entonces) cosa tan insigne, comenzólo a serlo muy después en tiempo del Rey Alfonso su quarto
nieto (de Don Fernando I), el de las Navus, en que comer& la Orden más en
forma hasta llegar a esta grande a con que agora sirve en ella al Santo Apóstol la mayor parte de la Nobleza de España»:
Todo lo antes dicho muestra la posibilidad de agrupación de «Caballeros Santiaguistas» al ser tan recia la llamada del Apóstol al espíritu de nuestros Caballeros y en esto puede estribar ese nebuloso origen que algunos historiadores dicen de la Orden, presentándola como la más antigua de las espafiolas, pese a que su fecha de confirmación papal sea posterior a la de la Orden de Calatrava (1175 la de Santiago, y 1164 la de Calatrava).
La Orden de Santiago desarrolló una enorme actividad guerrera a lo largo de toda la Reconquista. Pronto tuvieron lugar sus hechos de armas lejos
de las tierras de León en que se fundo, pues el Maestre Guarino, con sus Caballeros sirvió a Alfonso 1 de Aragon, defendiendo tenazmente, durante seis
semanas, las torres de Penascales, contra los moros de Valencia.
Muchos Maestres de Santiago perecieron en los combates: Fernández de
Lemus en la batalla de Alarcos (1195), Pedro de Arias en la de las Navas de
Tolosa (1212), Gonzalo Ruiz Girón, muere de resultas de las heridas recibi(12) De esta época, cuando el Rey Don Fernando
II sitia a Coimbra,
un romance de los
comprendidos
en el Romancero
del Cid, cita la aparición
del Apóstol Santiago,
a un Obispo
griego, llamado Astianos,
que duda de su aspecto guerrero.
Se le aparece en suenos en guisa de
guerrero
cuando él le tenía por pescador.
Y en un privilegio
existente en el monasterio
de Sancti Spiritus, de Salamanca,
de 1030 refiere el Rey «visidn milagrosay
ckuru» en que el Apóstol le promete la victoria.
Por su ayuda, el
- Rey, otorga el privilegio,
con cierta donación,
al monasterio.
Coimbra
cay6 en manos de Don
Fernando
en 1064.
Generalmente
se asegura que la primera escritura en que se hace clara alusión a la Orden de
Santiago es de 12 de febrero de 1171, cuando el Arzobispo
y el Cabildo de Compostela
reciben
por Canónigo
al Maestre Don Pedro Fernández
y por vasallos y soldados del Santo Apóstol a
todos sus Freiles.
14
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
das en Alcalá de Benzaide (1280). Igualmente mueren en combate otros tres
Maestres Diego NúIíez, García Fernández y Vasco Rodríguez.. . Juan Padilla
no es muerto por los moros sino por sus propios Caballeros, que se negaron
a reconocerle por considerar que su elección no se había verificado según las
reglas establecidas... El último de los Maestres de Santiago fue Don Alonso
de Cárdenas que fue gran auxiliar de los Reyes Cat6licos en sus luchas contra
Portugal y en las guerras de Granada.
La Orden de Santiago, durante mucho tiempo, tuvo el honor de formar
parte principal de la delantera o vanguardia en las huestes reales. Así lo vemos en las campañas de Alfonso XI.
La Orden se dividía en dos provincias: Una Castilla, la otra agrupaba
Galicia, Asturias, Portugal, León, Zamora, Salamanca, Córdoba, Sevilla,
Huelva y.Cadiz (según se fueron conquistando). La jurisdicción de la Orden
se extendía, cuando los Reyes Católicos asumieron el poder, sobre ochenta y
tres encomiendas, dos ciudades, ciento setenta y ocho villas y lugares, doscientas parroquias, cinco hospitales, cinco conventos y un colegio en Salamanca. En la guerra podían llevar a campana cuatrocientos Caballeros a
más de unas mil lanzas.
Al Comendador Don Pedro Fernández de Fuencalada, le concedió el
Rey de Castilla Alfonso VIII el castillo de Uclés; cerca de él se construyó el
convento. Era el ano 1174 y desde entonces-casa matriz de la Orden (13). Se
comprometían los de Santiago a defender la frontera. De Uclés salieron los
que fueron con el Rey a conquistar Cuenca y, en el transcurso de los anos, de
allí partieron para diferentes campafías, fortalecidas sus almas por la oración y fortalecidos los cuerpos por los ejercicios guerreros.
La Orden de Santiago se extendió, también a Portugal. Los Freires portugueses dependieron, en un principio de Uclés, hasta que el Rey Don Dionis
quiso que el Maestre se hiciese independiente del de Castilla (1325 ap.). Se le
acord6 ya en tiempos de Don Juan II.
La cruz adoptada por los portugueses no fue en forma de espada e iba
flordelisada en sus cuatro extremos.
Hagamos presente que existieron monjas Canonesas de Santiago desde
1312. Su primer convento fue el de Salamanca, fundado por el Maestre Don
Pelayo Pérez Correa y su esposa. Después hubo varios conventos en Espafia,
con distintas variantes en su disciplina y votos.
Sobre la Orden de Calatrava.
Tuvo por origen esta Orden la organización de la defensa del castillo y
de la villa de Calatrava amenazada por los moros. Castillo y villa habían sido
dados a los Templarios por el Rey Don Alfonso VII de Castilla;en
1147.
Abandonados por éstos, Sancho III que a la sazón reinaba en Castilla, conocido por el sobrenombre de «el,Dqeado»,
ante la amenaza de los enemigos
(13) Parece ser que al tener guerra León con Castilia aquél Rey desconfió de los Caballeros
de Santiago, teniéndolos por parciales del Rey castellano. Ello hizo que saliesen de los territorios del de Le6n y pasasen a Castilla, donde el Rey les di6 como sede el castillo de Uclés.
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALiTRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
15
encargó la defensa de Calatrava a un monje del Cister, antiguo guerrero,
Fray Diego Velázquez. Este, buscando refuerzo, acudió al Abad de Fitero,
de la misma Orden Fray Raimundo Sierra (14). Este recorrió la comarca
ofreciendo divinas gracias a los que acudiesen a la defensa de Calatrava,
pues de Guerra Santa se trataba. Con él llevó también a los monjes de Fitero.
Al saber la reaccibn de los cristianos los moros desistieron de su ataque. Dícese que Fray Raimundo, llegó a reunir a más de 20.000 personas con las
cuales pobló la comarca. A los monjes y a los caballeros nobles les uni en
Orden de Caballería, tomando como regla para regirla, claro esta, la del Cister. Era la mejor ordenanza para el mantenimiento
de la disciplina de la Orden, manteniendo, también el espíritu religioso para animarla en la lucha
constante que había de sostener contra los infieles.
Desde un principio Calatrava se tuvo por «llave del reino de Toledo».
Corría el ano 1158 cuando, en AlmazAn, firmó el Rey la cesi6n de Calatrava
a la orden formada por el Abad Sierra, con la condici6n de que aquella había
de defender aquél territorio. La Orden fué aprobada por el Papa Alejandro
III, en 1164, tomandó el nombre de Calatrava. Más tarde, durante algún
tiempo se llamaría «de Salvatierra» (15).
Monjes y Caballeros de Calatrava, teniendo este castillo y villa quedaron en este antemural dispuestos a la lucha, por el momento defensiva.
Cuéntase que estando el Rey Don Sancho III en Calatrava «hubo un gran rebato de moros». Monjes y Caballeros acudieron con rapidez alpeligro y, pasado éste, volvieron al convento y unos y otros se entregaron a la oración
«con divino fervor». «Paréceme Padre, les dijo el Rey, que el son de las
trompetas hace de vuestros súbditos lobps y el de las campanas corderos».
La derrota de Alarcos (1195) di6 principio a una época crítica para la
Orden, ya que de momento se-perdió Calatrava. Ello favoreci6 los deseos
aragoneses. Calatrava se reconquistó en la campana de las Navas de Tolosa,
pero en 1248 se estableció en Alcafiiz, un segundo Comendador Mayor,.sometido directamente al Maestre como lo estaba el de Castilla. Reinando Alfonso XI en Castilla estableci6 la Orden su casa matriz en Almagro, creándose allí una verdadera «corte eclesiástica». La encomienda de Alcafiiz di6
lugar a un cisma no duradero.
La Orden de Calatrava lleg6 a tener gran fuerza, riqueza, e influencia.
Llegb a tener sefiorío sobre más de 300 villas y pueblos, con más de 200.000
súbditos. La renta que percibía alcanzó la cantidad de millón y medio de reales. En tiempo de los Reyes Católicos, tenía la Orden 56 encomiendas y 16
prioratos y numerosos castillos. Podían mantener en campana hasta 2.000
hombres de caballo, incluídos los Caballeros de la Orden.
(14) Sierra 6 Serrat. natural de Saint Gaudeamus de Carona. En 1150 había fundado,el
monasterio de Santa María de Fitero, del que,fue el primer Abad. Sus restos reposan en la Catedral de Toledo.
(15) Cuando fue tomada esta fortaleza por el Maestre Don Martín Pérez de Siones. La Orden tomó el nombre del castillo conquistado. Asi quedb plasmado en el fuero que se di6 al pueblo de San Silvestre (1236) firmado por el «Magister de Salvatierra»: «Fuero dado a todos meos
vasallos quanto in Sancto Silvestre sunt .mqodo&s
-- agora o quantos ibi vernan a morar;>.
16
CARLOS
MARTItiEZ-VALVERDE
Si bien el Prelado del Cister tenía «derecho a visita, corrección y reforma», regía la Orden, de un modo efectivo, el Maestre, elegido por mayoría
de votos. En solemne proclamación tomaba la espada, el estandarte y el sello,
y prestaba fidelidad al Rey.., A continuación se entonaba el Tedeum.
Seguían en jerarquía al Maestre -y esto es general en todas nuestras Ordenes militareslos Comendadores, que eran Caballeros a los que por sus
hechos relevantes, se les concedía el gobierno de villas y lugares, con percepción de su renta, sin ser ésto de modo estrictamente personal debido al voto
de pobreza. Otros cargos principales eran el de Príqr del convento (Prelado
con báculo). Existía también el Obrero Mayor que tenía a su cargo la conservación de todos los castillos y conventos de la Orden. Había un Coadjutor
del Maestre, un Subclavero;un Alguacil Mayor y un Alférez (16).
Los Caballeros, ya fuesen eclesiásticos o legos se denominaban freyles o
freires. El Estandarte de la orden fue blanco (signo de pureza), con una gran
cruz flordelisada negra, que despúés, cuando los caballeros llevaron las cruces encarnadas (1397) fue también de ‘ese mismo color.
El «Campo de Calatrava», sometido a la Orden, dada su extensión e importancia, tuvo un Gobernador propio que tenía a su cargo todas las villas
en él comprendidas.
El Maestre de Calatrava tuvo derecho de visita, en un principio, sobre
las Ordenes de Alcántara y Montesa, así como sobre la portuguesa de Avis,
cuyo Abad residía en Alcobaca. Ello estaba originado por las concesiones de
castillos y de villas que hizo en 1212, el Maestre Don Rodrigo Garcés de Arza, séptimo Maestre de la Orden de Calatrava.
Esta, con las de Alcántara, Montesa y Avis, formaban un dispositivo,
extendido de Este a Oeste, frente al poder de los musulmanes. Todo regido,
con más o menos autoridad, desde el Sacro Convento de Calatrava y, desde
luego, por las reglas del Cister.
Sobre la Orden de Alcántara.
1
La Orden Militar de Alcántara fue fundada primero como «Cofradía de
Armas>>, según unos en 1156, según otros diez afios más tarde, por el Caballero Don Suero Fernández Barrientos (que había de morir en combate), reuniendo un grupo de Caballeros de León y de Salanianca. Su objeto era, como el de la Orden de Calatrava, batallar sin descanso contra los tnoros. Por
consejo del santo ermitafio Armando, se escogió como norma de regla la del
Cister. Su nombre primero no fue el de Alcántara sino el de San Julián de
Pereiro, por la defensa que los Caballeros hicieron de la villa de ese nombre,
situada en la ribera del Coa, en el Obispado de Ciudad Rodrigo. Fue reconocida por el Papa Alejandro III en el arlo 1177.
Empezó la nueva Orden dependiente de la de Calatrava, cuyo Maestre
tenía «derecho de visita, corrección y reforma». En 1183 el Papa Lucio III,
(16) Desde 1219 hubo Monjas Calatravas,quepara su ingresodebían presentarlas mismas
pruebasde noblezap.uelos Caballeros. Suprimer conventofue el de Barrios, en tierras de Bur-
gos. Estaban sometIdas en lo religioso al Abad, y en lo temporal al Maestre.
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
17
la hizo independiente, quedando directamente sujeta a su autorktad, sin embargo ésto no fue reconocido fácilmente por Calatrava, y, cuando en 1337
fue nombrado Maestre de Alcántara Don Gonzalo Núfiez, al ser destituído
Don Ruy Pérez, se contó con el Maestre de Calatrava que era a la saz6n Don
Núñez de Prado.
La primera divisa de la Orden de San Julián de Pereiro fue un peral silvestre sin hojas, con las raíces descubiertas, en campo de oro. Sin embargo
empez6 sin divisa alguna, como Calatrava, vistiendo sus Caballeros hábito
religioso adaptado para montar a caballo y pelear. Como los de Calatrava,
los Caballeros de San Julián, y después de Alcántara hacían los ‘votos de
Obediencia, Castidad y Pobreza (17).
Alfonso IX de Le6n cedió a la Orden la villa y el castillo de Alcántara.
De ella tomó e! nombre y allí estableció sus sede principal, recibiendo el Rey
pleito homenaje del Maestre -como era de rigor- que le acogería en la villa
y en el castillo de Alcántara en cualquier tiempo que quisiese entrar y que haría paz y guerra con él. El Rey había dado en un principio, villa y castillo a
los de Calatrava, pasándoselas después a los de San Julián por tener aquellos
su convento lejos, «en otra frontera de los moros», y, así no podían acudir a
todo. Alcántara debería quedar sometida (visita y reforma a Calatrava).
La Orden de Alcántara lleg6 a alcanzar gran prosperidad, pues tuvo industrias propias y comercio exterior. Por el puerto de Lisboa exportaba lienzo, sayales, calzados;pieles curtidas, ganados, vinos, pasas, cera... En el siglo XV cay6 todo en decadencia, ai intervenir su Maestre Don Alonso de
Monroy (1472) en las contiendas entre cristianos. Levantó de nuevo la prosperidad de la Orden el Maestre don Juan de Zúñiga (1475), que ces6 al ser
nombrado Arzobispo de Toledo (í8).
Tomaron parte los de Alcántara en muchas campanas de la Reconquista. Con Don Alfonso VIII llegaron a Algeciras. En 1221 conquistan la ciudad de Valencia (la de Alcántara); lo hace el Maestre Don Gutierre Gómez
de Toledo, llevando «buen número de caballeros (hombres de caballo) ypeones». La expresión nos indica que los de las Ordenes van a la guerra con sus
‘vasallos. En 1339, Don Alfonso el Onceno hace justicia en el Maestre de Alcántara Don Gonzalo Martínez al que hizo «degoUar y quemarpor traidor»,
por haberse alzado contra él y no plegarse a su autoridad aunque le di6 ocasión para ello.
En 1455 sufren los de Alcántara un descalabro al caer en una celada su
Maestre Don Gutierre de Sotomayor, sobre Ubrique. Solamente se salvan
100 hombres de los 1.000 peones y 800 caballeros que llevaba. En 1479 to(17) Hasta 1546 no les autorizó e! Papa el casarse; cambiándoles el voto de castidad por el
de defender la Pureza de Maria Inmaculada.
(18) Las turbulencias dentro de la Orden fueron grandes: Monroy se habia apoderado del
maestrazgo. Don Francisco de Solis se hizo nombrar Maestre y fue muerto por un criado del de
Monroy. Este fue admitido por los Reyesy para ellos conquistó algunos castillos, pero después
se pasó al bando de D”Juana y de su esposo el Rey de Portugal. Zúfiiga se puso del lado de D”
Isabel y fue reconocido Maestre... Esto pasaba en 1470. En 1335, en tiempo de Alfonso VII
también habia habido conflictos acallados por el Rey y por el Maestre de Calatrava obrando como visitador.
18
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
man parte importante en la batalla de la Albuera, resoiutiva de las luchas
contra el Rey de Portugal Alfonso V, defensor de los presuntos derechos de
«la Beltraneja», y en la que fue derrotado.
Alcántara también luchó en las Guerras de Granada.
Sobre la Orden de Montesa.
Fue fundada por Don Jaime II de Aragón para con ella remplazar las
guarniciones de las plazas tenidas por los Templarios al ser éstos disueltos
por el Papa Clemente V, para así defender la costa y los límites con Valencia
de las incursiones de los moros por aquella parte. Fue reconocida por el Papa Juan Xx11, en 1317.
El Rey Felipe IV de Francia se había enemistado con los del Temple por
su inclinación angevina y su ciega obediencia al Papa. Les acusó de herejes y
de apóstatas. Abrió un proceso y, mediante el tormento, consiguió confesiones, las más de ellas no veraces. A consecuencia de ello el Maestre de la Orden murió en la hoguera, y los bienes de los Templarios fueron, en Francia,
confiscados.
El Papa no accedió a la entrega de los bienes de los Templarios al Rey de
Aragón como éste le pedía para constituir una nueva Orden que remplazase
en su reino a la disuelta del Temple, pero sí accedió a ello el sucesor de Clemente V, que fue Juan Xx11. El acto de constitución de la nueva Orden tuvo
lugar en el Palacio Real de Barcelona. Se inició con diez Caballeros de Calatrava, estableciéndose que se rigiese también por la Regla del Cister y en todo
se pareciese a la susodicha Orden de Calatrava.
La nueva Orden estableci6 su sede principal en Montesa, situada en el
valle valenciano de este nombre, el castillo llegó a tener enormes proporciones, ya que en su plaza de armas podían caber unos 2.000 hombres. Montesa
había sido conquistada a los moros en 1277 por Don Pedro III de Aragón;
nuevamente la habían reconquistado los enemigos, pero en 13 18 lo fue de
nuevo por Don Jaime II, que fue el que se la asignó a la nueva Orden para
defensa de aquel importante punto, tomando aquella el nombre del referido ’
lugar.
El primer Maestre de Montesa fue el anciano Caballero catalán Don
Guillén de Eril. Se encomendó la visita de la Orden a los Abades de Santa
Creus y de Valldigna.
. En 1400 se incorporó a Montesa la Orden, ya existente, de San Jorge de
Alfama, tomando el conjunto de ambas el nombre de Orden de Nuestra Señora de Montesa y de San Jorge de Alfama. La que ahora se incorporaba había sido creada por Don Pedro II de Aragón, en 1201, y confirmada en 1215
por el Concilio Lateranense. La encomendó el monarca, la guarda de la entrada en tierras de Cataluña por el Col1 de Balaguer, que tantas veces ha
mostrado su importancia estratégica a lo largo de la Historia. Alfama es una
zona desértica que se extiende por aquellas avenidas.
La Orden de San Jorge de Alfama se regía por las Reglas de San Agustín
(como la de Santiago) dulcificada en parte con algunos estatutos más suaves
Santiago,
según co-
pia de la efigie miniada del C6dice CalixtiDO (f” 119), del siglo
XIII,
existente
en la
Fe:yoteca
de Palacio
.
Relieve
existente
en la Catedral
de
Santiago,.
muy
anterior
al siglo
XIII. Obsérvense
las doncellas
en
oración,
a ambos
lados. Parece ser
un doylmento
irrefutable
de la
existencia
del
Tributo
de las
Cien
Doncellas
pero desde luego
plasma la cr&ncia de la ayuda
del Ap6stol
en
nuestras luchas.
Orden de Calatrava.
El Maestre
Don
Luis de Guzmán,
en 1430, recibiendo
la obra que había encargado,
una glosa de la Biblia,
de manos de su autor:
La minialura
que decora la referida
Biblia, existente
en el Palacio
de Liria,
presenta a los Caballeros,
en el traje de
la época, con las cruces en el lado izquierdo
del pecho.
Guerreros
medievales:
Caballeros
en combate
según una ilustración
de las Cantigas
de Alfonso
X. Parece que
forma la punta de un «cuneo»
o cufia. En tales formaciones
combatieron
también los Freires de nuestras Ordenes Militares,
integrándose
con otros Caballeros
o formando
un cuerpo todo de la Orden, o de las Ordenes.
OROS,
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
19
MEDIA
de la Orden de San Juan de Jerusalem. Había sido reconocida por el Papa
Gregorio XI, reinando, ya, en Aragón Don Pedro IV (19).
La divisa de la Orden de Montesa fue en principio como la de Calatrava,
distinguiéndose sus freiles por el hábito corto, con escapulario y capucha,
adecuado a la monta y al combate. En 1393 el Papa Clemente VII aprobó el
distintivo de una cruz negra. Al unirse la Orden de San Jorge tomó también
su Cruz de Gules.
/
Sobre el modo de ser de nuestras Ordenes Militares
nada.
«Las Ordenes Militares fueron
carga». - Eugenio Hartzembusch
estado,
-
y su modo de hacer mes-
profesiõn,
oficio,
cargo, y aún
Mucho se ha dicho sobre que las Ordenes Militares españolas fueron un
adelanto de lo que más tarde fuera un Ejército Regular, permanente.
En cierto modo sí, sin duda, más no queramos encontrar en ellas las características de los ejércitos ni de Felipe V, ni de los Austrias, ni aún de los
Reyes Católicos. Cada uno de los de estas diferentes épocas las tiene, también muy distintas. Lo que no cabe duda es de que los Caballeros eran guerreros de forma permanente y sometidos a una severa disciplina. Su adiestramiento era de la mejor calidad que pudiera encontrarse según la época.
La disciplina -tenemos que insistir en este punto- era la que imbuían
las reglas religiosas por las que se gobernaban; muy a propósito además para
una guerra de.carácter religioso cOn la que se hacía frente a la que era Santa
para los moros. Los votos la robustecían. Había también en las Ordenes
unas jerarquías mantenidas y respetadas: El Maestre, los Trece (en la de Santiago), los Comendadores Mayores, los Comendadores.. .
Los Freires de Santiago hacían los tres votos: de obediencia al Maestre;
de «castidad conyugal» los que estaban casados, y de vivir.castamente los
que no lo estaban; y el de pobreza. No podían retener cosa alguna, salvo lo
que les fuese concedido por el Maestre, o, en su efecto por el Comendador.
Lo ganado a los moros era preferentemente dedicado a la redención de cautivos (Cap. XXVI) (esta Orden fue la adelantada en tal sentido).
Los Caballeros de Alcántara hacían votos aún más estrictos: De castidad
absoluta -no podían casarse-, de obediencia, y de pobreza. No podían poseer nada y por lo tanto les estaba prohibido testar (hasta 1540). La regla,
por lo demás era en extremo severa: «Vestidos y ceñidos dormireis, y en ora- .
torio, dormitorio,
(1%
goza.
como
refectorio
En un principio
y cocina guardareis
se concedió
(20) En 1540 el Papa Paulo
para contraer
matrimonio,
cok?” la Inmaculada Concepcidn
a esta Orden
de Aranda,
silencio»
en el Obispado
(20).
de Zara-
III les facultó tan;0 para testar (se acab6 el voto de pobreza)
a cambio de juramentarse
para defender «en público y en sede la Virgen
En 1414 el Maestre Don Luis Gonzalez
«consiguió
pobreza,
en el Capitulo
general de 1199 se dispuso
seido no retuviese propiedades
el lugar
continuo
de la’orden
para
Maria.
Antes
había
habido
algunas
dispensas:
casarse
una sola vez».
En cuanto
a la
«que el Maestre
que dimiriese
ofuera
desposu propio
USO».
para
20
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
-
Las Ordenes Militares eran proclamadas como tales por los Pontífices.
Nacen bajo la protección Real, pues los monarcas les conceden villas, castillos y territorios y los Maestres juran fidelidad al Rey. Pero hay un algo que
se escapa de su autoridad. Las encomiendas son elementos geográficos de repoblación de los terrenos reconquistados, independientes, en cierto modo,
del poder Real. La Orden de Calatrava nace subordinada a un poder religioso exterior, al Prelado de Scala Dei, en GascuAa, con «derecho de visita, correccidn y reforma».
Los Maestres habían de ser nombrados por los Cdpítulos de las Ordenes, y si bien hay veces que atienden en este punto a los deseos
del Rey, otras se oponen a su mandato. Uno de estos casos es cuando el
Maestre electo de Calatrava Fernández de Padilla se opone con las armas al
del Rey Don Juan II que quiere que se nombre Maestre a Don Alfonso, hijo
natural del Rey de Navarra (21). Antes Alfonso XI había conseguido se
nombrase Maestre de Santiago a su hijo natural Don Fadrique.
Una de las manifestaciones de disciplina y de identidad de miras es la
uniformidad en el vestir los que forman un determinado grupo humano dedicado a un mismo fin. Los Caballeros de las Ordenes guardaban en su atavío cierta uniformidad como veremos al tratar de como vestían y como iban
armados.
Formaban Unidad pero.. . iCuántos la formaban cuando actuaban juntos? iCómo se fraccionaba? ~Cu&ntos Caballeros iban en una determinada
cabalgada o concurrían a una cierta campana?.- Podemos asegurar que unas
veces más y otras menos, según la cuantía disponible en el momento. Igual
que los Ricos Homes las Ordenes concurrían, también, a campaña con una
mesnada compuesta por los vasallos de sus encomiendas. Unas veces numerosa y otras menos numerosa. La mesnada la mandaría el Comendador o
simplemente un Caballero, o alguno de los vasallos. Entre los vasallos los
había de a pie y de a caballo jengrosaban éstosel grupo de los caballeros de
la Orden?. En la campana de 1247, de Don Pelayo Pérez Correa en el Aljarafe
sevillano, sí que estaban integrados. Para la integración del grupo de caballeros (hombres de caballo en este caso) había de tenerse en cuenta en una batalla si eran hombres de armas o caballeros a la jineta... Es obvio que en las
contestaciones a las anteriores preguntas tiene forzosamente que presidir la
flexibilidad en el más alto grado. Cuando presentemos el conjunto de lo que
podemos llamar <¿Estampa.s de combate» veremos cuan variadas son las circunstancias en-que intervienen las fuerzas de las Ordenes y en ellas no intervienen unidades que pudiéramos llamar de «reglamento
táctico».
Conforme fue pasando el tiempo se fueron aflojando los votos, los
Maestres, unas veces en su propio beneficio, otros en el de la Orden, se mezclan en las intrigas y rivalidades que abundan en el campo cristiano, contribuyendo así indirectamente a entorpecer la Reconquista. El poderío de las
Ordenes lleg6 a ser un obstáculo -como lo era el feudalismo, en generalpara la EspaAa que concibieron los Reyes Católicos. Al fin consiguieron incorporar la administración de las Ordenes a la Corona. Volveremos sobre es(21) El monarca castellano cede, en este caso. Por el contrario se cumple su voluntad al
conseguir que la Orden de Santiago nombre Maestre a Don Alvaro de Luna.
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
21
te punto. Pero no nos quedemos con ésta impresibn que podemos titular
«negativa»: Las Ordenes Militares Espafiolas fueron uno de los elementos
fundamentales para la Reconquista y por lo tanto para la constitución de la
Unidad Nacional. Las más de las veces estuvieronen campana, obedientes al
Rey, siendo uno de sus más principales apoyos en la guerra contra los moros
(22).
Antes de la administración Real, el nombramiento
de los Maestres fue
privativo de las Ordenes. Se hacía en asamblea. En la de Santiago sólo votaban los Trece y los Priores. En las demás, el nombramiento
había de ser refrendado por determinados Abades poseedores de tal facultad.
Sobre el atavío -ropas
litares.
y armas-
de los Caballeros de nuestras Ordenes Mi-
No podemos hablar de «uniformes», de modo general; sí de atavío, de
atuendo; modo de vestir y armarse. Las armas defensivas: la loriga de malla,
el capillo, el yelmo, el bacinete.. . Todo ello proporciona protecci6n y al propio tiempo también «aspecto»... Los Caballeros de Calatrava sí van, en unprincipio -podemos decir- uniformados al llevar hábito. Empecemos pues
por ellos: Vestían sobre las lorigas, hábitos como los monjes del Cister, pero
más cortos, de tal manera que no entorpeciesen para cabalgar y para pelear.
Como abrigo llevaban «pieles corderinas y manteos aforrados con ellas, y
capas». . . «y un escapulario por hábito de religión con capilla y capa... Los
pafios de las vestiduras, en color y grosor, eran como los de los Freiles del
Cister».
Usaban camisa de sarga. Empezaron no llevando otro distintivo que el
hábito; éste sin Cruz. El Papa Benedicto XIII, en 1397 les dispensó de llevar
capilla o capucha, y les di6 por seRa una cruz encarnada, de pafio, de brazos
iguales, terminados en flor de lis. Deberían llevarla sobre sus vestiduras que
seguirían siendo,blancas como sirnbolo de pureza, en el lado izquierdo y con
obligacibn de llevarla siempre. Empezaron a usarla el día de Todos los Santos del referido ano (23).
Los Caballeros de Santiago lo hacían de otro modo: Como los demás
Sefiores de su tiempo (esto es que variaba con los tiempos) vestían sobre la
loriga una sobrevesta, en su caso, blanca, y en ella en el pecho, la Cruz en
forma de espada, que les hacía ser llamados «de Santiago de Espada». Sustituían así 10 que otros Sefiores llevaban que era las armas de su linaje. Bien
sabido es que la espada que hacía de cruz llevaba la empufiadura flordelisada
en sus tres extremos, de pomo y guarda. La sobrevesta en realidad era corta.
(22) En todos los sentidos. Recordemos
un caso de mayor servicio: El Maestre de Santiago,
Don Pelayo Pérez Correa, según la Crónica del Rey Fernando
III dice que para la campaha de
Murcia
(1243) «hizo muchos gastos, trayendo mucha gente a su costa (una mesnada heterogé-
nea) y proveyendo de muchos mantenimientos».
(23) El Papa les dice cuando les concede el uso de la Cruz: «Porque mejorpueda echarse de
ver el estado y condición de vuestra Caballería, acostumbrasteis traer unos escapularios debajo
de vuestras vestidura! superiores y unas capilletas cosidas a los mesmos escapulari&, las cuales
capilletas se parecían sobre las dichas vesiiduras». . . no las Bevarian en adelante porque -dice
la Bulapor aquellas capilletas
no se diferenciaban
ni distinguían
las Ordenes de los seglares (muchos de estos llevaban capucha)..
bastante
los Caballeros
de
22
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
Antes se us un ropaje más largo que después se fue acortando. Iba abierto
por delante y por atrás para facilitar el colocarse a horcajadas al montar a
caballo. Tal ropaje tenía especialmente por objeto proteger del calentamiento que pudiesen hacer, en la loriga, los rayos del sol, no de la lluvia, al no ser
impermeables. Lo normal es que los Caballeros de Santiago llevasen ropas
blancas, siempre simbolizando este color la pureza. No era raro el uso del co;
lor pardo en las prendas de abrigo; indicaba humildad.
Sobre como vestían los Caballeros de Alcarrtara hay dos versiones que
difieren, en realidad. Uno de los historiadores de las Ordenes, Fray Francisco de Rades dice que los Caballeros andaban én habitos seglares honestos y
los clérigos en hábito clerical. Pero que unos y otros para distinguirse de los
seglares traían unas chías de pafio y un escapulario. Otro, Antonio Manrique
por su parte se expresa: «El hábito de los de la Orden del Pereyro fue alprincipio el mismo que traían los monjes de San Bernardo, y por ser de algún impedimento para el ejercicio de las armas tomaron en su-lugar unos capirotes
con unas chías tan anchas como una mano y tan largas como palmo y medio» (24). Los de Alcántara vistieron de este modo hasta el afro 1411, aRo en
el que el Papa Benedicto XIII les permitió el uso como emblema, de una cruz
verde rematados sus extremos por flores de lis. Tuvieron también «una túnica blanca y una capa negra», debiendo substituirse por un largo manto, para
los actos solemnes. Debían llevarlo, igualmente, para recibir los Santos Sacramentos y con él debían ser enterrados.
Los Caballeros de Montesa tuvieron por divisa una cruz sencilla, de brazos iguales, negra. Al unirse con los de San Jorge de Alfama, pusieron sobre
la cruz anterior, otra de un tamaño menor, encarnada, que era la divisa de
esta Orden incorporada.
Para mostrar el atavio de los Caballeros de las Ordenes tenemos que
complementar lo dicho para las ropas, con,&$rmas,
ya que especialmente
las defensivas constituyen también «vestido». Dichos Caballeros usaban las
propias de la época, en cada caso, no otras extraordinarias, pero no por ello
dejaban de completar su atavío (25).
La. defensa de cabeza, cuando empezaron a existir estas Ordenes era el
capillo de hierro cónico (ojival), o con forma redondeada esférica, a veces cilíndrico, bajo; con protección nasal o sin ella, puede ser que también con
protección auricular. Las ilustraciones de las Cantigas de Alfonso X (1265
c.) nos muestran guerreros con el casco (capillo) rodeado de un muy pequeño
turbante, a modo de chichonera para amortiguar los golpes. Los que recibían eran tan contundentes que para herir o matar no era necesaria la penetraci6n. Para amortiguarlos usaban también un casquete almohadillado
protegiendo la cabeza bajo la malla y por tanto también bajo el capillo que era
lo más exterior. Para obtener parecido efecto en el cuerpo, se usaba el gambax a veces acolchado y otras no. A veces este gambax era la única protec(24) “Capirote” responde a la acepción de especie de capucha ajustada con prolongación
hacia abajo, a cubrir los hombros. De esta parte pendían las chías formando como escapulario
pequeño.
(25) No se pretende, en estas líneas, hacer un estudio de las armas, con detalle. que habría
de dar a este trabajo una excesiva longitud.
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
23
ci6n de los hombres de a pie qtie’carecían de medios para tener cota de malla (26).
Esta, loriga, lorig6n o camisote (cuanto envolvía las manos) cubría el
cuerpo y los brazos e iba abierto adelante y atrás para poder man@ a horcajadas,. a caballo; llevaba por lo general una capucha unida, el almófar. Se
ven ilustraciones contemporáneas en las que este almófar esla única protecci6n de cabeza sin que vaya casco alguno sobre él, generalmente en gente de
menos posibilidades, no es de esperar que fuese éste el caso de 10s Caballeros
de las Ordenes pero sí en sus vasallos reunidos en mesnada.
En el último tercio del siglo XIII, algunos empezaron a usar el yelmo,
como defensa de la cabeza: casi tubular, amplio, que permitía llevar bajo él,
incluso el capillo. No llevaba visera adicional (27). Cuando se empezó a afinar la parte alta del yelmo resbalaban más las armas en el golpe, pero ello hacía que fuesen a herir los hombros; por ello se usaron unas planchas protectoras de ellos, geneialmente de forma circular («aletas»). En el siglo siguieote se cubre la cabeza con el bacinete, que es un capillo prolongado hacia abajo proporcionando así una mayor protección. También se usa la celada, casco con alas de más vuelo. En este siglo se van introduciendo planchas de hierro de protecci6n, de forma adecuada al lugar que protegen: los brazos, las
piernas, los codos y las rodillas. Poco a poco va surgiendo así la armadura
completa de tiempos posteriores; toma ésta su forma y uso en el siglo XV. Su
descripción se sale de los limites de este trabajo.
Desde el siglo XIII, se usan los guanteletes, con planchuelas de hierro
protegiéndose así la mano mejor que con la malla usada anteriormente, prolongación de las mangas del camisote. El ropaje que cubre la malla y ahora
la coraza, se ha hecho más corto, es una sobrevesta en la que los Sefiores suelen llevar sus «armas» pintadas o tejidas, por ello se llama «cota de armas».
Los Caballeros de las Ordenes Miiitaresf desde que el Papa permitió el uso
de las Cruces distintivas de aquellas, las llevan en las sobrevestas. Con la descripción, si bien somera, que precede nos podemos figurar el aspecto y la
protección de los susodichos Caballeros.
Complementa aún más esta idea la consideración del escudo de madera
forrada de cuero o de hierro, pequeño para los hombres a caballo. Los Caballeros de las Ordenes era frecuente llevasen pintada la cruz en el escudo
(28). En los finales de la Edad Media se empezó a usar la rodela.
Los hombres que componían tas mesnadas de las Ordenes reclutadas en
sus encomiendas iban vestidos y armados como los de los concejos. Es
. de es(26) La loriga fue anteriormente a la malla, de cuero con refuerzos de lo mismo, o grandes
clavos (grande su cabeza), o camisote de tela fuerte recubierta
por escamas. Cuando vino la malla se siguió llamando
loriga. La de malla pesaba de unas 25 a 30 Iibrzs.
(27) Se lleva bajo el yelmo, siempre, scbre el casquete de tela,‘al almófar o capucha de malla y aveces, como qued6 dicho hasta el capillo de hierro. Sobre el yelmo se usaron crestones (no
en el caso de las Ordenes que en todo eran austeridad).
Los crestones grandes, con figuras de
animales, con frecuencia
se usaban especialmente
para los torneos.
(28) A veces usaban los cristianos
las adargas o escudos de forma en dos lóbulos, que usaban los moros (había un reflejo en ellos que tambien usaban armas cristianas,
y aveces ropaje).
Seguramente
no llevarian estas adargas, por ser de moros, los Caballeros
de las Ordenes religiosas y militares.
El escudo de los peones era mayor, más largo que el que llevaban los de caballo.
’
24
CARLOS
MART-INEZ-VALVERDE
perar sin embargo que dada la buena organización de Jas Ordenes se les suministrasen las armas mejores que pudiesen tener en sus arsenales.
Cumple hablar también de las armas ofensivas: Espadas de corte, las
largas de punta o estoques, las lanzas, hachas mazas y martillos de armas.
Los hombres de la mesnada de a pie, llevaban lanzas, ballestas y arcos; en el
siglo XV empezaron los espingarderos.
No hay que relacionar las Ordenes con la artillería, los cafíones eran armas del Rey. Bien pudieron tener, sin embargo, los Caballeros, algunas piezas de pequeño calibre y de afuste en las murallas, ya que las tuvieron Sefiores en sus castillos feudales. De tenerlas era tan solo para defensa de sus fortalezas.
La Ordenanza de Segovia del tiempo de Don Juan II, nos proporciona
una clara idea de las armas que se exigen según las posibilidades económicas
de los que constituyen una mesnada consejil(29). Estas mesnadas van a ser el
fundamento de la modernización de los ejércitos borrando más y más el signo feudal. La transformación, impulsada por el aumento del poder del Rey,
afecta naturalmente, también a las Ordenes Militares, que, al fin y al cabo,
son poderosos y extensos señoríos.
Para completar la idea del atavío y atuendo de los Caballeros hemos de
hablar también del caballo. Este, a lo largo de las épocas mediavales va, en
un principio, sin protección, después si; los señores pudientes le defienden
con lorigas de malla, en dos piezas, separadas por la silla o montura (caballos armados). Así vemos algunos caballos en las ilustraciones de las Cantigas. También vemos caballos con largas gualdrapas (caballos encobertados)
,éstas podían proporcionar alguna defensa especialmente si eran acolchadas.
Vemos, también, otros caballos sin más arreos que las monturas, las bridas
etc. En época siguiente se abandonan las defensas del caballo, quedando únicamente para los de los Reyes y principales magnates, caballos que no han de
sostener grandes galopadas. Un rico home, llevaba varios ca.ballos y a uno de
ellos, escogido para el choque era el que armaba. En la táctica vemos el papel
de los «caballos armados» en las cuñas rompedoras (cúneos). La protección
del caballo, en su cabeza, estaba proporcionada,
en algunos, por la
«testera». Finalizando ya la Edad Mdia, cuando el hombre se protege con
pianchas de hierro, que constituyen la armadura, también se protegen algunos caballos, con piezas de armadura adecuadas a su anatomía. Creo que de
estas armaduras, podemos excluir a los de los Caballeros de las Ordenes que
habían de ser maniobreros dentro de su fortaleza.
(29) Estas Ordenanzas tienen el interés de enunciar las armas: Para los que poseen más de
20.000 maravedises exije «cotas e fojas» (éstas son laminas de hierro y corazas); de «quijotes e
canilleras», e «avan brazos»; de bacinetes, con su <<camal» e «capellina» (ésta un capillo con el
ala ligeramente caida y el camal es un capuchón o esclavilla de malla que cubre los hombros). El
«gluve» es una espada corta: habla de estoque (espada de punta)...; habla de daga. De 3.000
maravedises arriba: lanza, dardo, escudo, forjas, cota, bacinete sin camal o capellina; espada et
estoque, o cuchillo complido. De 2.000 a 3.000: lanza, espada, o estoque, o cuchillo cumplido;
bacinete o capellina et escudo. El que tenga entre 600 y 2.000 maravedises debe llevar bahesta;
los que tengan menos de 600 tan solo lanza, dardo y escudo... Se ve pues que poca exigencia había para considerar armados a los humildes que eran los que integraban las fuerzas de a pie. LOS
vasallos de las Ordenes tenían mejor armamento, sin duda.
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DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
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Washington Irving literato, pero también historiador en lo que seerefiere
a la conquista,de ‘Granada pone un hermoso elogio de las Ordenes Militares
en boca del Cronista que tanto cita: Fray Antonio Agapida, presenta la estampa de los Caballeros de las Ordenes, en Córdoba, en una muestra del
ejército que se prepara para marchar contra Loja (1486): Pasan Ios Maestres
de Santiago, Calatrava y AlcAntara con sus valientes Caballeros, luciendo las
Cruces de sus Ordenes respectivas. Les titula «la flor y nata de la Caballería
cristiana». Alaba su perfecta disciplina y su preparación para la guerra por
la continuidad de su servicio de campana, incomparablemente
mejores que
las fuerzas, en parte colecticias, de los Sellores feudales. Les vé impotentes,
serenos, fuertes como torres sobre sus fuertes caballos de guerra. Sin embargo no hay ostentación en ellos, como manifiestan otros. Tampoco tratan de
distinguirse en el combate por vanas alharacas, .ni se sefialan por su ferocidad. Sin embargo nadie les aventajaba en el campo de batalla así como tampoco en su apostura marcial, en su aspecto guerrero en las muestras y desfiles (30).
.
Es importante, en lo que a atuendo se refiere, presentar algunos datos
sobre !as serias, pendones y estandartes, sobre los sellos.
La Orden de Santiago los usó de tela carmesí, con la imagen del Apóstol
cabalgando en blanco corcel, espada en mano y arbolando la Cruz, del mismo modo que dícese se vi6 en la Batalla de Clavijo, hoy tan discutida por algunos. A veces llev6 el estandarte veneras, símbolo tan peculiar del Santo
Apóstol. Esta venera se puso a veces bajo el puflo de la espada que constituye la Cruz de la Orden. Con el transcurso del tiempo hubo variaciones sobre
el antes descriro. Se sabe como era el que llevaban los de Santiago que entraron en Sevilla en 1248, con el Rey San Fernando: «De dospuntas, y tenía por
dimensiones de dos por cinco y media varas. Estaba fabricado de damasco
rojo, cok el Apóstol Santiago caballero en un caballo blanco, figurando un
guerrero a la jineta; una cruz grande con cuatro brazos iguaies que rematabqn en forma de flor de lis, éstas de color blanco; y con cuatro veneras o conchas de oro, sobrepuestas en los ángulos».
El estandarte de Calatrava era blanco, con la Cruz en él, al principio en
negro, y las trabas. La Cruz sencilla.
(30) Washington Irving, antes de dedicarse a la literatura de sus «Cuentos de la
Alhambra», estudi6 profundamente la Guerra de Granada. Como se trata de un merecido elogio, por parte de un extranjero, magnífico en su exposición, yen el texto va tan sólo la expresi6n
en traducción muy libre, no me resisto al deseo de transcribir lo dicho en el propio idioma del escritor americano; dice poniéndolo en boca del cronista: «These» -10s Caballeros de las
Ordenes- awere theflower of Christian chivalry. Being constantly in service. they became more steadfast and accomplished in discipline than the iregular and temporary levies of the feudal
nobles, Caim. solemn, and stately, they sat like towers upon their powerful chargers. On parades, they manifested none of the show and ostentation of the other troops. Neither in battle die
they endeavour fo signaltse themselves by any fiery vivacity, or desperate and vanaglortous explot; every thing with them was measured and sedate, yet ii was observed that none were more
warlike in their appearance in the camp. or more terrible for their achievements in the field»...
«It was a glourious spectacle». Washington Irving sededica al estudio de la Historia durante sus
tres anos de permanencia en Madrid y después recorre las tierras que un dia estuvieron bajo el
dominio de los Moros.
-
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CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
El de Alcántara era blanco y en él campeaba el peral con las raíces al des* cubierto (de San Julián de Pereiro). Cuando la Orden de Calatrava le dio a
esta Orden el castillo de Alcántara, de! que tomó nombre con la condición de
mantenerse subordinada a ella, los de Alcántara pusieron en su estandarte la
cruz de Calatrava además de peral. La Cruz pasó de ser negra a ser roja.
Cuando en 1441 se independizó por completo Alcántara cambió el color de
su Cruz a verde, flordelisada en sus extremos como la de Calatrava.
El Estandarte de Montesa fue blanco con la Cruz y lo mismo el de la Orden de San Jorge de Alfama, cada una de las cruces con los colores correspondientes, y con ambas superpuestas después de la fusión.
El Sello de la Orden de Santiago, tenía «una espada y bajo su guarda
una venera». El del Maestre tenía en su parte alta un sol y una luna y el del
convento dos cruces. El Sello de Calatrava la Cruz y las trabas debajo y por
la parte del reverso un castillo y bajo él, también las trabas;
Los ctiballeros de ías Ordenes Militares
en el combate.
Hemos visto el atavío de los caballeros de las Ordenes, tratemos ahora
de representárnoslos en el combate; reunidos con otros sefíores a caballo o
formando grupo aparte.
Barado se imagina el cuadro: «Se comprende -diceque en un principio la Caballería no formó cuerpo (en la Edad Media, se entiende), pues los
caballos armados aparecían rodeados de numerosos hombres de armas levantados a sus expensas (naturalmente, de los señores), y que secundaban su
accidn individual o colectiva en los campos de batalla. AM se verían, distinguiéndose por sus motes y divisas y rivalizando en arrojo y esfuerzo, los ricos
homes de penddn y caldera, los príncipes de la Iglesia y los Caballeros de las
Ordenes religiosas (militares),
formando
un conjunto
imponente y
brillante» (31).
Ello está de acuerdo con el concepto por algunos enunciado de «bandas
feudales», más o menos mezcladas unas con otras, pero tenemos que hacer ’
constar la existencia de ejemplos, en que los caballeros de una Orden actúan
juntos y de modo aislado del resto, regidos por su Maestre. Por ejemplo en
las operaciones conducentes a la conquista de Sevilla por Fernando III, actuando en tierras de la orilla derecha del río Guadalquivir, con el estilo propio de la entrada o algara. En las «estampas operativas» que expondré al final del trabajo veremos otras ocasiones de este modo de actuar.
Podemos decir que los Caballeros de las Ordenes Militares, combatían
como los demás señores de su época, en cada momento, pero, constituyendo
un conjunto de hombres de calidad, bien montados y bien armados, muy
bien adiestrados en el manejo de las armas, animados de un profundo sentimiento religioso y actuando con una magnífica disciplina de grupo. Estos
dos últimos extremos les distinguían principalmente
de los demás.
Puede decirse que hasta mediados del siglo XV, suele resolverse todo, en
campo abierto, con tan sólo la Caballería. Los peones van por lo general mal
(3.1) Francisco
Barado;
«Museo
Militar».
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armados y forman un conjunto poco maniobrero. Sirven para guarnecer una
línea o posición de partida; proteger una retirada, defender castillos o atacarlos siguiendo a los hombres de armas cuando estos combatían a pie, siempre mejor armados y mejor adiestrados. Entre los mismos podemos situar a
los caballeros de las Ordenes Militares (32).
Puede considerarse que hasta la época dicha del referido siglo, no va a
constituirse lo que podríamos llamar «disciplina de hueste», constituyéndose
agrupaciones tácticas con hombres sea cual sea su procedencia y el Señor a
quien pertenecen, portadores de las mismas armas, lanzas, ballestas o arcos,
y después enseguida de espingardas. Hasta entonces no se establecen subgrupos homogéneos mandados por jefes, aptos para efectuar con ellos una buena maniobra.
«La Edad Media» es «verdadero naufragio de las civilizaciones precedentes». . . «el Ejército, como demás clases, había vuelto a su infancia»; se
expresa el Conde de Clonard. Aquellos ejércitos romanos, con legiones, cohortes, manípulos y centurias; con soldados del Estado; con jefes calificados, habían quedado muy lejos en el tiempo. También lo que tuvieran de
mayor o menor eficacia los de los godos... El espíritu ,feudal, había dado a
todo aquello como un escobazo final.. . El proceso de regeneración de las
«huestes», hasta hacerse verdadero Ejército del Rey, va a ser largo. La
cheste» va a ir observando normas militares conforme se va afirmando la
autoridad Real, y eso,va a ser a costa de algunos vaivenes, ya que los Señores
no se resignan facilmente a perder sus prerrogativas.. . En 1407 da una Ordenanza el Infante Don Fernando, Regente de Castilla durante la minoría de
Don Juan II -un Infante, aquél, que Manda- en la que dá normas para la
organización de las huestes que puedan formarse. En 1463 se puede contemplar, en Jaén, un alarde con tropas, con sus jefes armados, con grupos de diferentes armas, capaces pues, para un buen empleo táctico. Y antes en 143 1,
ha tenido lugar la batalla de la Higueruela, en cuya representación (Sarga del
siglo XV, trasladada luego a los muros de la sala de las Batallas del Monasterio del Escorial) vémos formaciones correctas que parecen un adelanto a lo
que serán las unidades de la Guerra de Granada y las posteriores del Gran
Capitán. Naturalmente,
cabe el que el pintor haya mejorado las formaciones.
Antes se dieron normas en diferentes Fueros, referentes a la formación
de mesnadas que han de integrar huestes (33) y en Las Partidas (1265) se de(32) A lo largo de toda la Reconquista
los caballeros y escuderos desmontados,
mejor protejidos que los peones, toman parte en las acciones de mayor riesgo: En la toma de Antequera
(1410) les vemos cegando el foso, echando espuertas de tierra, dándoles ejemplo de ello el Infante D. Fernando
en persona. También en el asalto, son los primeros en apoderarse
de la primera
torre que se tomó a los moros.
Con respecto a las Ordenes...
Los Comendadores
de Castilla y de Lebn de la Orden de Santiago, Fernandez
de Villagarcia
y Suárez de Figueroa,
mandan grupos de asalto al hacerse éste
«LI la redonda».
Otro grupo lo manda el Gobernador
de la Orden de Alcántara
fray Juan de Sotomayor.
(33) Posteriores
a la constitución
de nuestras Ordenes Militares,
podemos citar el Fuero de
Uclés (1179), el de Larraga (1180), el de San Sebastian (1180) el de Castroverde
(1197), el de Madrid (1201), el de Cáceres (1229), el de Cordoba
(1241)...
En 1382, se establecen en Castilla los
cargos de Condestable
y de Mariscal,
el primero revestido de la mayor autoridad
militar después
del Rey, En 1390, se publica en Segovia una Ordenanza
en que se establece como deben ir armados los que acuden a la hueste, de acuerdo con sus posibilidades
económicas..
.
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CARLOS MARTINEZ-VALVERDE
dica mucho espacio a como se deben organizar las tropas y a como deben
combatir éstas, dándose verdaderas normas tácticas. Ahora bien, podemos
preguntarnos: iHasta qué punto se observaron en épocas en que los Sefiores
tenían, cada uno, una minúscula fuerza heterogénea y animados ellos de la
mayor soberbia?. Vamos a ver metidas en todo este maremagnun a nuestras
Orden& Militares: Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa cuyo modo de
combatir nos ocupa.
Detengtionos
algo sobre lo dicho en Las Partidas de Don Alfonso X,
mucho de ello, puesto, sin duda, en práctica, por su padre Don Fernando III.
Existía la formación en «haz», con los hombres alineados, que podrían
ser de Caballería o de peones (34). Existía también el formar «muro», constituyendo una masa compacta cerrada. Otra formación que previenen las Partidas es la «de en cerca» 6 «corral», cuadrada, con tres líneas de peones.
Cuando era circular se denominaba «muela». Para atacar existía «el cuneo»,
que era una cuAa constituida con tres hombres bien armados en la primera línea, seis en la segunda... y así doblándose el número en cada una de las siguientes (35).
Existía, también, el «tropel» -ya su nombre es elocuente-:
«E tropel
llamaron al ayuntamiento de ornes que están en campaña magüer sean muchos ornes o pocos, en cualquier menera que sean partidos». . . «Había pelotones llamados tropeles que fueron fechos e puestos para facer derramar las
huestes; et otrosí para rescibir los que vinieren derramados tornándoles las
espaldas de manera que los desbarütasetw (36).
En los flancos del cuerpo principal de batalla debían situarse las «citaras». . . «por si acaesciese que las haces se alongasen mucho unas de otras que
no pudiesen los enemigos de travieso entrar en ellas». . . y porque cuando se
juntasen no fuesen envueltos y por el contrario se pudiese envolver al enemiSe aclara que.los hombres de
go -una misión genuina de la Caballeríauna «citara» combatían en formación y «en el tropel lo hacían hasta independientes unos de otros». Existían también los «tapes» que eran cuerpos
volantes para operar con independencia del grueso de la hueste.
A principios del siglo XIV, escribió Don Juan Manuel (hijo del Infante
Don Manuel) su «Libro de los Estados» en el que daba normas tácticas (37).
La formación en cufia la concibe más «afilada» que la descrita en Las Partidas ya que si bien coloca tres caballos armados en la primera linea, pone tan
sólo cinco en pos de ellos, a continuación ocho, a continuacibn doce «et en
pos de ellos veinte et en la zaga alunos buenos caballeros, porque cuando la
punta entrare por el tropel (enemigo), que la zaga no enflaquezca». Da nor(34) «Haz» era «una campaífa en línea, tocando los hombres codo con codo». Los grandes
haces, en tiempo de Don Juan II se denominaron «batallas».
(35) Se utilizaba el «cuneo» contra las haces de los enemigos.
(36) En el lenguaje actual «en tropel» es «yendo muchos juntos, sin orden y
confusamente».
(37) «Libro del Infante o de los Estados». En parte puede verse en el «Museo Militar» de
Barado (Estudio Quinto).
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mas especiales para la guerra de moros que tiene facetas peculiares (guerra la
que más interesa en nuestro estudio sobre las Ordenes Militares). El efecto sicológico de la sorpresa, el empleo de las celadas y el evitar las del contrario,
son táctica usada, que en los relatos de combates de las Crónicas abundan de
modo extraordinario. En todas sus normas está la idea de «cojer enmedio» y
de «envolver»... Se sale del objetivo de este trabajo ser más explicito (38), sí
debemos hacer constar el espíritu religioso de la época: «Non hay otro seso
nin otro acabdeffamiento
sinon fa voluntad
de Dios».
Nos podemos imaginar a los caballeros de las Ordenes Militares en las
formaciones antes apuntadas, más apropósito para la ofensiva, y en las de’ fensas de plazas defendiendo torres, puertas o combatiendo en los adarves,
siempre en los puestos de mayor peligro, al constituir una de las fuerzas mejor preparadas. Efectuando las salidas... En los ataques encabezando los
más decisivos.. .
Podemos complementar lo antes dicho, sobre el modo de ser del combale medieval, con lo que-dice el Conde de Clonard, en su «Historia Orgánica
de fas Armas de Infantería y de Caballería Español+.
Se expresa: La «lid»
se sostenía en campo abierto, pero ninguno de los beligerantes obedecía allí
las órdenes de un caudillo de primer orden ni de general de mérito; era un
choque más o menos sangriento trabado y mantenido por fuerzas poco considerables, y la misma denominacion tenía el ataque de rebato que hacían algunos caballeros armados sin constituir un cuerpo en orden ni llevar ensena
distinguida. -Cuando los beligerantes venían a las manos batiendo a su cabeza caudillos y enseñas y peleando ordenadamente se llamaba «fascienda»;
y «batalla» cuando asistían los Reyes y Emperadores. Entonces el ejército
marchaba con todas las «reglas tácticas». . . Pone como ejemplo la batalla de
Higueruela. Pero iy antes?- Parece difícil, al mantenerse la indisciplina y
los fueros feudales (39).
Interesante es considerar algunas estrofas del Poema de Alfonso XI, de
su época, en su parte relativa a la batalla del Salado. Con algún corto comentario:
(38) Además de reglas tácticas se dan numerosos consejos tales como que no se combata
cara al sol o cara al viento. Que no sean conocidos los planes por el enemigo. Que no se lleven
los hombres dispersos. Que se apellide «iSantiago!» y. que, griten todos -efecto sicologico-:
«iferidios que vánse y vencidos son»!.
Para un mejor conocimiento de la guerra medieval es útil la lectura del Estudio Quinto de la
obra de Barado, aludido en la nota anterior.
(39) Mando «en consejo»: Es interesante observar que en las Crónicas, cuando se dice de
un destacamento nunca se dice que vaya al mando de un determinado jefe. Se enuncia: «Salieron (fulano, zutano, con perengano)...» «dándose asíel nombre de /ossefioresprincipaies. Encontré que en una fallida tentativa sobre Archidona, durante la campaiia de 1410 del Infante
Don Fernando, al saber el fracaso de los suyos se expresa: «No fué bien fecho para ser acaescido
entre tules caballeros como vosotros que cuerdamente debiérais habido vuestros consejos». . .
«Os mando (él sí que manda en Jefe), os mando que no os acontezca otro tal sino que todos los
capitanes que allí os acaesciese osjuntkk todos aparte a haber consejo de lo que debéis hacer, y
sin continente acordar lo mejor».
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CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
(En la aproximacion)
«De sus armas bien guarnidos
El «puerto» iban tomando
(Facinas, cercano a Tarifa)
Los pendones bien tendidos
E los Reyes los guardando
(el de Castilla y el de Portugal)
Ibanse contra la sierra
Con «muy gran placer sin arte»
(Sin formación)
Los que eran de una tierra
Acost&banse a una parte
(reunidos los de los concejos,
los súbditos de un mismo Seflor)
.. .. .. . .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .
(De los Moros)
Once «haces» de gran compafla
(muy numerosos tenían que ser dados los
efectivos de los Moros)
Hizo el rey Moro fuertes,
Desde el mar a la montaga
(hasta las sierras del norte de Tarifa)
Veinticinco «almogotes»
(masa de peones en batalla)
.. .. . .. .. .. . .. .. .. .. .. .. .. .. . .. .. .. . .. ..
(Efectivos)
Sesenta mil soldaderos
Son los Moros en la montana
Trece mil son caballeros
De la parte del Rey de «Espalia» (Nótese
que.dice «EspaRa» IEspíritu de Unidad!)
(Despliegue)
De una parte del Salado
En «haces» entran paganos (en formación)
En «tropel» están cristianos
(tropel, para romper los haces)
Con tu Rey bien aventurado.
. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. .
(Combate)
Todos a luego ajuntaron
La lid fué cometida
Un «torneo» comenzaron (combate en
Incorporacidn
de las Ordenes Militares
revuelto torbellino)
Donde muchos perdieron vida.
. . ... . .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .. . .. .. .. .
(Apellido; corfcentraci6n para
un nuevo choque)
Allende el río se juniaron (los cristianos)
Muy gran poder de compafia
E Santiago llamaron
El Apdstol de «Espalla». (otra vez se repite
el nombre de ESPAÑA)
.. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. ..
(Se lanzan contra los moros)
Con gran braveza entraron
Los de la Randa llamó (el Rey de Castilla a
sus caballeros de la Randa lleva tambitn a
los de «Santiago») (40).
Salid de la costanera
La delantera tomd. (saliendo por un
costado se pone a la cabeza)
. . .. .. .. .. .. . .. .. . .. .. .. .. .. . .. .. .. .. .. .
(Salen los de Tariga, reforzados y atacan a
los moros, de flanco. El Rey de Portugal
ataca por la izquierda; lleva con él a los
caballeros de Calatrava y de Alcántara.)
.. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. . .. .. .. .. .. . ..
Todo el poder ajuntando
Con la «Caballería de Espaifa (la caballería
resuelve, en esta época)
Gran «torneo» fue mezclado (combate en
revuelto torbellino)
Ferido por muy gras sana (luchando con
gran sana)
. .. .. .. . .. .. .. .. .. . .. .. .. . .. .. .. .. .. .. . .
(Derrota de los moros)
Yacían todos los puerlos (hacia Algeciras)
Mas negros que carbones
Cubiertos de moros muertos
E de seflas e pendones
El Rey moro escapd
Vil con muy poca compana
Y dejó bien quince mil
Muertos por esta montaha
a la Corona.
Los Reyes Católicos vieron claramente cuan necesario era el sometic& la turbulenta Nobleza. feudal. Para la Espafia que querían forjar
miento
GRDS. DE SANTIAGO, CALATRAVA, ALCANTARA Y MONTESA - EDAD,MEDIA
31
era preciso~anular resabios anteriores de los poderosos. Las Ordenes Militares eran grandes poderes feudales, tambikn, pese a los grandes Servicios que
a 10s sucesivos monarcas prestaron en su lucha contra los moros. Para.m&s
complicaci6n las Ordenes, a pesar de recibir tierras y castillos de los Reyes,
dependían también del Papa en lo religioso y ello a veces interfería bastante
entre ambos poderes. También hubo Abades, de fuera de,las fronteras de los
reinos españoles con derecho de visita en alguna Orden determinada.
Las Ordenes, habían plantead6 muchos conflictos a lo largo de su existencia. En lo interior tuvieron cismas perjudiciales para su disciplina, con
gran reflejo al exterior. El cumplimiento
de los votos, se había debilitado
mucho. Hubo Maestres que intervinieron en las turbulencias de los ricos
ornes de su tiempo. En el último tiempo dos Maestres el de Calatrava y el de
Alcántara, habían tomado partido del lado de DoAa Juana y de su protector
el Rey de Portugal en contra de 10s derechos de Dofia Isabel.
En lo que a eficacia para la guerra se refiere, los Freyres de las Ordenes
constituían una magnífica caballería, como; ya lo hemos visto. Las Ordenes
tenían también la mesnada de sus vasallos.. . pero en la guerra de la época se
necesitaban fuerzas de otra clase. La infantería aumentaba su importancia
en la batalla, con sus armas clásicas y con las armas de fuego y no digamos
dela influencia de la artillería de pblvora, de altos efectos. El Ejército cambiaba, hacían falta unidades disciplinadas capaces de formar masa y de actuar fraccionando ésta, de un modo ponderado e inteligente.
Los Reyes Católicos que veían todo ésto, no sólamente hicieron la guerra a los SeAores feudales de mayor o de menor importancia, sino que estimaron la necesidad de hacerse con el mando y administraci6n de las Ordenes
para manejarlas, a su favor.
La Reina Isabel se presehtó de improviso en Uclés cuando los Treces de
La Orden de Santiago se disponían a nombrar Maestre; el elegido era Don
Alonso de CArdenas: «E dixoles +dice Pulgar en su Crdnica- que bien sa
bían como aquel Maestrazgo de Santiago era una de las mayores dignidades
de tqda EspaAa e que allende de ser grande en rentas e vasallos había en el
muchas fortalezas derramadas, fronteras de los moros e de los otros Re-vnos
comercanos; e que por esta causa los Reyes sus progenitores pusieron la mano en esta dignidad; e la tomaron en su administración (podemos decir que
trataron de tenerla, unas veces con éxito y otras no) b la dieron a persona fiel
a la casa Real de Castilla.. . ». DIJoles que había suplicado al Papa que el Rey
tuviese aquel maestrazgo en administración...
«Por ende que les mandaba
que suspendiesen aquella eleccidn que querían facer* porque no complía al
Servicio del Rey ni al suyo, ni al bien de sus reinos» (41).
Don Alònso de!Cárdenas, esperaba en Corrai de Almaguer la noticia de
su nombramiento,
y en Vez de ella recibió tin correo de la Reina pidiéndole
que «cesase en su pretensión por tal dignidad, porque no va en servicio del
Rey ni el nuestro». AAadia que si ella veía, después, que debía concedersele,
(40) Véase la «Estampa» correspondientea las Ordenes en la Batalla del Salado.
(41) Hernando Pérez del Pulgar. «Chica de los Reyes Catdlicos». Este corto pero elocuente esquema, expuesto por la Reina, es también aplicable a las otras Ordenes Militares.
32
CARLOS
MARTINEZ-V.4LVERDE
ella lo haría. El de C&rdenas se sometió a la voluntad de la Reina y se fue a la
guerra contra los portugueses que apoyaban a DoRa Juana.
El Papti accedió a la petición de los Reyes de Espaila y entonces Dofia
Isabel, por su propia voluntad nombró a Don’Alfonso de Cárdenas Maestre
de la Orden de Santiago, que demostraría su lealtad y pericia en la guerra de
Granada (42). A su muerte la administración del maestrazgo pasó al Rey don
Fernando. Era el aAo 1493. La Orden de Calatrava había pasado su administración al Rey a la muerte de su Maestre Don García López de Padilla. La de
Alcántara pasó en 1494, al resignar el maestrazgo Don Juan de ZúÍíiga en favor del monarca, al conocer la voluntad del Papa (43). La Orden de Montesa
no habrá de incorporarse hasta mucho más adelante en 1587. En 1494 se
constituyó el «Consejo de Ordenes», para administrar el patrimonio de ellas
y aconsejar al Rey sobre el reparto de encomiendas y otras prebendas. En
1523 el Papa Adriano VI, refrendó todo lo hecho, reinando Don Carlos 1 en
Espaíía y ya coronado Emperador. La vinculación era siempre a través de la
corona de Castilla de la que.era Rey el Emperador.
La Orden de Montesa fue una excepción. Cuando pasó a la Corona fue
a la Corona de Espafia a través del Reino de Aragón y quedó gobernada por
el Consejo del referido reino hasta la supresi6n de éste en 1707. Mabía sido
vinculada a la Corona a la muerte de su Maestre Don Galcerán de Borja.
«Estampas» de vida, y de combate, de nuestras Ordenes Militares
Media.
en la Edad
Lo anteriormente expuesto deja lagunas en algunos aspectos por no haber datos concretos sobre ellos. Para mejor mostrar el modo de ser y de combatir de nuestras Ordenes Militares, van a continuaci6n párrafos que pudieramos llamar «Trozos de vida y de Combate» de aquellas. En cada uno podemos encontrar algo de lo no anteriormente tratado, o un mejor refuerzo
de ello (44).
-Hermandad
entre las Ordenes (1202)
Hubo conflictos entre las Ordenes: Alcántara y Montesa nacen supeditadas a Calatrava y hacen esfuerzos por independizarse. A veces hubo conflictos internos, un verdadero cisma en Calatrava, pero también hay deseos de
unión; exponemos a coritinuación un documento firmado por Santiago y por
Alcántara:
«Juramos entre nos tal anuencia, que los unos favorezcamos a los otros,
et los otros a los otros en todas las cosas, a buena fé sin engaiio, cuanto todas
(42) Don Alonso de Ckdenas fue nombrado Maestre en la Sede Metropolitana, con toda
solemnidad. Hizo pleito homenaje a 10s Reyes, de las fortalezas de la Orden, con el concepto de
«acogerles en ellas de día o de noche, airados o pagados, con pocos o con muchos, y de hacer la
guerra y la paz al tenor de su mandato y de cumplir sus cartas y providencias».
(43) Don Juan de Zútliga fue nombrado Arzobispo de Sevilla.
(44) Estas «Estampas» se basan en las Crbnicas de los Reyes de Castilla, de las epocas correspondientes, en la de las Ordenes de Caballería de Fray Francisco de Rades Andrada, y en la
II
Historia General de EspaAa del Padre Mariana.
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las personas del Mundo salvo empero nuestra Ley e nuestro Seiíor el Rey de
Ledn y de Galicia (Manifiestan fidelidad al Rey). E aun somos avenidos que
cada (vez) que la una Orden tuviese guerra contra los-moros de alen Tejo o
aquen Tejo, la otra Orden sea tenir a le ayuda a buena fé... Si el Rey hace
guerra y las dos Ordenes toman parte, la ventura que Dios diera a la una Orden sea repartida entre los de estas dos, magüer los unos sean más que los
otros, y si los moros fuesen contra villa o castillo de alguna los otros vengan
a defenderlo.. . E que en todo nos ayamos por hermanos: ca ansi es ello pues
tenemos hábito de religidn y habemos’cortado la longura de nuestros cabellos (Nótese esta alusion a una cierta tonsura), para servicio de Dios, e ansi 10
prometemos e juramos».
-Las Ordenes en la Campana de las Navas de Tolosa.- Empuje de sus Freiles (1212)
Los Caballeros pasan a reforzar, muy oportunamente
la delantera o
vanguardia. Formaban el primer grupo de la batalla, o grueso. Se había cruzado el Guadiana, en su cauce casí seco habían puesto los enemigos muchos
abrojos. Se había tomado Malagón y recuperado la villa de Calatrava que
llevaba 17 anos en poder de los moros: En Calatrava la Vieja estaba Abenhabot con 200 caballeros y muchos peones, con muchas banderas de colores
para que los cristianos creyesen que estaba toda la morería.. . » Ganaron, después los cristianos los castillos de Alarcos, Caracul, Benavente y Almodóvar. Acamparon cerca del .Castillo de Salvatierra... «Siguieron adelante los
freiles de las Ordenes de Calatrava, Santiago, San Juan y Templarios.. . La
vanguardia iba mandada por Don Diego Lbpez de Haro, formada por los
vizcainos y por los concejos de algunas ciudades y villas y la mesnada de Don
Gonzalo NuAez de Lara.. . » «La hueste de los moros, constituida por 80.000
de a caballo y por un número increible de peones, detuvo a la vanguardia
cristiana: Los Maestres y Caballeros de las Ordenes que iban en el escuadron
de enmedio avanzaron y, junto con la gente de la delantera, comenzaron a
romper’la batalla (el cuerpo) de que formaban los moros.. . » El esfuerzo de
los freiles de las Ordenes fue en este primer combate de la gran batalla de las
Navas de Tolosa.
-Los Caballeros de Santiago en la defensiva, entre las dos campañas de
Murcia (1245)
Su acción era generalmente la ofensiva, como fuerza la más efectiva; no
obstante a veces guarnecían sus castillos y guardaban lo tomado. Después de
la primera campana de Murcia, el Infante Don Alfonso con el Maestre de
Santiago Don Pelayo Pérez Correa, volvió a Castilla, dejando Caballeros de
la Orden de Santiago y seglares, en la guarda de los castillos del reino de
Murcia ya conquistados.. . Volvieron, y, en una segunda campana conquistaron Lorca, Mula y Cartagena, tomando importante parte en ello los de Santiago. De vuelta a Castilla «el Maestre, que tenía gran predicamento», aconseja al Rey el ir a tomar Ja.én. Se tomó y fue un importante paso para ulteriores conquistas.
-Los
Caballeros de Santiago en tierras de Llerena (1247)
l
34
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
En las operaciones conducentes a la toma de Sevilla tiene lugar la jornada llamada de Ten-tudía o Tudía. Existe una tradición que dice que estando
el Maestre de Santiago Don Pelayo Pérez Correa, peleando contra los moros, llevando ya muchas horas de combate sin resolverse: «sin conocerse la
victoria de unaparte a otra», había y muy poco tiempo de luz y con deseo de
vencer suplicó: «;Sancta María, detén tu día!» - Esta piadosa peticidn tuvo
el efecto de durar la luz del sol y con ello conseguirse la victoria que tan dificil se presentaba. Cierto es que Don Pelayo fundó alli una iglesia que se lla.m6 de Santa María de Ten tu día, que ahora se llama de Santa María de Tudía. En ella fue enterrado, a su muerte.
-La Orden de Santiago en el Aljarafe sevillano maniobra con gran movilidad (1247)
Llegada a Sevilla la Flota de Bonifaz, el Maestre Pérez Correa «Fue a
pasar el río et pasó de la otra parte so Enalfarache.. . » «Paso con 270 caballeros (hombres de a caballo) entre freyres y seglares» (N6tese que además de
los Caballeros de la Orden van otros, también a caballo, probablemente los
vasallos de las encomiendas). No era ciertamente muy numerosa esta fuerza
para enfrentarse contra el poder del Rey de Niebla; que podía acudir. Don
Pelayo Pérez Correa, lleva a cabo «una campaña que puede ser modelo en
las de esta clase, con fuerzas de caballería». Ataca Gelvez, Aznalfarache y
las comunicaciones de Triana con el Aljarafe occidental. El Rey Fernando le
manda refuerzos. «No es cosa justa, ni cortesía -dicepartir tan mal con
los que están a la otra parte del río (los de Santiago), porque acá somos mil
caballeros (no eran ciertamente muchos los de caballo, aún, después vendrían refuerzos) y ellos no llegan a trescientos.. . » Les envía 100 más. Así reforzado el Maestre de Santiago, tiende «una celada» a los moros y les hace
más de trescientas bajas incluyendo prisioneros.
-Los
de las Ordenes acuden con rapidez al combate (1248)
Los moros mantenían la ofensiva dentro de su defensiva. Atacan el real
de los cristianos. «Cayeron sobre él los moros por el sitio en que estaban 10s
Caballeros de Calatrava, de Alcaíiiz y de Alcántara» (Nótese que la Crónica
hace mención especial a los de Alcafiiz, parte de los de Calatrava que luego’
hicieron cisma). Los Maestres con los freires salieron en persecución de los
atacantes y «estos les llevaron a una celada» (táctica tan practicada) en la
que estaban apostados 500 moros de a caballo, los rebasan y van a dar contra otro destacamento de 300 (que completaban la celada)». Los Caballeros
combatieron tan reciamente que cuando salía el Rey a socorrerles ya volvían
al campamento, victoriosos (45).
-Entrada
triunfal en Sevilla.- Puesto de honor de las Ordenes (1248)
Es digno de notarse que las crónicas siempre hacen mención de que entre
(45) Un ejemplo claro este ataque de los moros, del «forrtafuye»,
por ellos como por los cristianos:
ataque con pronta huida para llevar
celada.
tkctica empleada
a los perseguidores
tanto
a una
I_
I
’
:
)
*’
.
__
:
Caballero
de la Orden
Militar
de Calatrava,
vistiendo
el hábito
de los primeros
tiempos.
.
Caballero de la Orden Militar de Alcántara,
con el hábito de los primeros tiempos: Orden de San Julián de
Pereir0.
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
35
las banderas victoriosas, está en lugar preeminente el Pendón del Apóstol
Santiago. Como Pendón, como estandarte o como bandera flamea en las torres no bien se conquistan las plazas. En él, el Apóstol a caballo, haciendo
patente su intervención al frente de los nuestros.. . En la entrada triunfal en
Sevilla, el 22 de diciembre de 1248, marchan en cabeza «como distincidn» los
Caballeros de las Ordenes Militares con su senas y estandartes.
-Ofrecen
al Rey ayuda los Maestres de Santiago y Calatrava (1308)
Conscientes de su deber de batallar incesantemente contra los moros, los
Maestres, en las Cortes de Madrid, animan al Rey a que les haga guerra,
«ofreciéndole servirle con sus Caballeros y vasallos» (Nótese la presencia de
éstos en las mesnadas de las Ordenes).
-Los Caballeros de las Ordenes en algaras (1312)
« Veyendo el Infante Don Pedro (tio del Rey Alfonso XI y regente a la
saz&) que de acá ni de otra parte non había acorro nenguno para la entrada
en la Vega de Granada non dexo por eso de entrar allá: et entraron con él entonces los Maestres de las Ordenes de Santiago, et de Calatrava, et de Alcántara, et del Hospital (San Juan), et todos los concejos de la frontera et el Arzobispo de Sevilla et Obispo de Cdrdoba: et fizo en esta entrada muy gran
dafio en tierra de moros.. . » Tomaron Tiscar, distinguiendos en el ataque por
sopresa «Pero Fildalgo, que era del Maestre de Calatrava» que subid a una
peiia cercana al castillo «que era una de las fortalezas que y avía» con muy
pocos hombres y mató a los moros que la guardaban.
Estando en Tiscar, fueron él y el Infante Don Juan a Alcalá de Benzaide, y pasaron hacia la vega de Granada. Salió el enemigo al encuentro y Don
Pedro fue muerto en el combate, muriendo Don Juan poco después. «Los
Maestres y sus fuerzas» no pudieron llegar a tiempo para salvarles, «por ir
muy a vanguardia» y ser los cristianos por retaguardia.
-Los
de Santiago bajo el fuego de la artillería
(1321)
En el tio de 1321 «los de Santiago guarnecían los castillos de Galera,
Orce y Huescatw, en la frontera con los moros de Granada. Estos los atacaron y los tomaron, «utilizando artillería de pólvora en el ataque a Huescar».
Fue una gran sorpresa táctica, muchos dicen que fue el primer empleo de estas armas ya que no está probado que las empleasen en Niebla cuando la atac6 Alfonso X, y en todo caso habría pasado muy largo tiempo. Sabido es
que ya en el sitio de Algecieras sí emplearon los «truenos» (1342).
-Cisma
en la Orden de Calatrava (1322)
«Los Caballeros de Castilla de la Orden de Calatrava y los de Aragón de
la misma Orden tenían entre sí grandes diferencias y cisma; en lugar de uno
eligieron dos Maestres, uno en Calatrava y otro en AlcaAices». Los hechos se
produjeron porque Don Garci López, Maestre de la Orden fue acusado de
que siendo el Rey menor de edad, rob6 el Reino e hizo muy poco caso de su
Religión y Orden. «Fue llamado por el Rey pero él no fue y marchó a Ara-
36
CARLOS
MARTINEZA’ALVE~DE
gdn por miedo a ser castigado; no se sabe si le acusaba su conciencia o temía
a los más poderosos de la Orden». El Rey de Aragón le protegió y quedó en
Alcafliz, ejerciendo el maestrazgo. Fue declarado en rebeldía por el Rey de
Castilla y se nombró Maestre a Don Juan Nuñez de Prado, confirmando a
este los Abades del Cister que tenían derecho de visita y corrección, como ya
es sabido. Los «Freiles y Caballeros aragoneses no quisieron obedecerle» y
una vez que murió el fugitivo Don Garci López elegieron a otro, Don Alonso
Pérez de Toro, siendo confirmado su nombramiento
por el Abad de Morimonte; en Francia (sigue, como se vé la influencia exterior), al que competía
la ratificaci6n. Muerto el elegido en Alcaikes, los Caballeros de allí nombraron a otro, así pues el conflicto se alargaba habiendo dado lugar a un verdadero cisma en la Orden... Se les hizo ver cuan pernicioso era y al fin tuvo
lugar en Zaragoza, una asamblea en la que tomaron parte los dos Maestres y
muchos Caballeros de Castilla y Aragón. «EI Rey de Aragdn fue nombrado
árbitro» y fall en favor del nombrado en Calatrava. Al nombrado en Alcatices seie dió.el titulo de Comendador Mayor y se orden6 que «el Maestre
de Calatrava no pudiese proveer cosa alguna tocante al referido Comendador Mayor y a los Caballeros aragoneses mientras durase la vida de los presentes si no fuese con consejo de los Abades de Poblet y de Veruela~~, (sigue
la ingerencia extrtia en lo que respecta a Castilla, reino independiente del de
Aragón).
Así se solucion6 el conflicto y muchos murmuraron en Aragón que no se
había obrado con arreglo a Derecho sino por «respeto al Rey de Castilla».
-Los
Caballeros de Calatrava, fuerza de maniobra
(1331)
<<Movimiento envolvente fue el que realizó el Maestre de Calatrava con
una de las costaneras (alas)» de la hueste de Alfonso XI, cuando este se dirigía a socorrer Gibraltar. Un ejército moro seguía al cristiano para tomarle
entre él yfel.10~ moros que sitiaban Gibraltar. Don Alfonso ordenó, que su
retaguardia fingiese huir sobre el grueso para que fuese perseguida por los
enemigos. Cuando estuvo más cerca hizo también alto el grueso. El orden6
que la costanera izquierda de la hueste maniobrase para tratar de envolver a
lo moros atacantes. Estos habían subido a un cabezo de Sierra Carbonera
para desde allí precipitarse sobre la retaguardia cristiana.. . «Et ansi como los
moros comenzaron a descender aquel cabezo, el Maestre de Calatrava y los
otros caballeros que iban en aquella costanera (la izquierda) aguijaron cuanto pudieron alrededor del cabezo a tomarles la delantera»... Los moros sin
embargo no fueron cercados por completo, pero. . . «Et quiso Dios que morieran y de los moros en aquella aguijada fasta quinientos caballeros».
Huyeron hacia Algeciras perseguidos por el de Calatrava y los otros Seflores, llegando imprudentemente
con el ardor de la persecución hasta el río
Palmones, cercano a Algeciras, saliendo de esta plaza fuerzas en socorro de
los moros furtivos: «Gran acorro de gentes de a caballo, et muchas gentes de
a pie, ballesteros et lanceros». El de Calatrava y los demas se vieron mal hasta que les lleg6 el socorro enviado por el Rey Don Alfonso, y el de la Flota
que desembarcó ballesteros. Así pudieron retirarse sobre el real.
-Las Ordenes con el Rey.- Efectivos (l-334)
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
Y MONTESA
-
EDAD
MEDIA
37’
«El Maestre de Santiago Don Vasco Rodrigue2 y el de Calatrava Don
Juan NuAez de Prado, con mil hombres de a caballo», estuvieron contra los
castillos de García Mufioz y de Alarcón, para impedir que don Juan Manuel,
hijo del Infante Don Manuel, sublevado contra el poder Real, hiciese wontra las tierras del Rey».
-El
Maestre de Santiago «vence al poder del Rey de Granada» (1338)
Don Alfonso Méndez, Maestre de la Orden de Santiago, estando en
,IJbeda supo que los moros tenían sitiado a Siles, que era de la Orden (En
Jaén). Reunió hasta «mil1 ornes de caballo et dos mill ornes de pie». Al acercarse a Siles salieron a combatirle «fasta mill et quinientos caballeros et gran
compaña de gentes de pie que pasaban de seis mill». Algunos trataron de disuadirle alegando que era mucha la superioridad del enemigo y que «non le
era mengua de dejar de pelear con poder de un Rey que tenía muchas gentes
más que 4~. Contestó «que los otros Maestres de Santiago, que fueran antes
que él, tovieran por derecho de pelear con el poder de los Reyes de Granada,
et que el su linaje dé1 non era menor que ninguno de los otros Maestres...»
Arremetid contra los moros y aunque estuvo a punto de ser vencido por el
gran número de aquellos, les derrotd, haciéndoles muchas bajas y persiguiéndolo hasta más de dos leguas. Se apoderd de todo lo que tenían los enemigos en su campamento.. . «Et partid dende, et fue a la tierra de su Orden á
enderezar las cosas para venir 6 la guerra de los Moros al verano
adelante».-Esta voluntad de vencer y esta pericia en la direccidn de la batalla
eran las propias de los Maestres de nuestras Ordenes Militares.
-Intromisidn
del Rey en los fueros de las Ordenes (1338)
Conscientes los Reyes del poder de las Ordenes, trataban de que los
Maestres fuesen suyos. Alfonso XI, envía emisarios a los «Treces de la Or:
den de Santiago para que no elijan Maestre sin su parecer y licencia». Les
manda ir a Cuenca ddnde él se halla y ellos se niegan. Con arreglo a sus estatutos nombran Maestre a Don Vasco López. El Rey se resigna; al morir
aquél, sí conseguir8 que se nombre a Don Alvaro Meléndez de Guzmkn hermano de su amada DB Leonor. f$l morir Don Alvaro, también lograra se
nombre a su hijo natural Don Fadrique, con dispensa del Papa por ser menor (1342, durante el sitio de Algeciras).
l
-El
Maestre de.Alcántara
Comandante
en Jefe de la frontera
(1338)
El Rey había ido a.Madrid para preparar desde allí la próxima campaila
contra los moros, y, «entre tanto el venía de& en la frontera a Don Gonzalo
Martinez, Maestre de Alcántara, et dex6 con él muchos caballeros de la su
mesnada, et de los vasallos SUSfijos. Así que podian ser estos m&s que mill
ornes a caballo, de bonos Caballeros e Escuderos de Castiella et de Ledn: et
mandbles que en aquella guerra ficiesen lo que el Maestre dixese, ansi como
lo farian por el mismo».
El Maestre entró en tierras de Granada, despues acudió a la persecución
de <«1bomelique» que con grandes fuerzas, mas de 5.000 caballeros, efectua-
:
38
CARLOS
MARTINEZ-VALVERDE
ba una gran razzia por tierras de Lebrija. En los combates tuvo gran intervención la Orden de Alcántara. Un Freyle de esta Orden fue el primero que
pasó un río que defendía el moro «Aliutur» con 150 caballeros. «Ali&zm le
tiro una azagaya, con tanta fuerza que pasó un lorigón y el g?mbax, hasta
salir por la espalda, .cuyendo muerto a tierra». . . Pero los cristianos que habían sido reforzados con SeAores y Concejos de algunos pueblos, quedaron
victoriosos, recobrando los ganados que llevaban los moros. También batieron cumplidamente a las fuerzas de cobertura de la algara, poniéndolas en
fuga y persiguiéndolas.
Suceso importante fue el que <Abomelique» fuese muerto, cuando, huido, fingía estar ya sin vida, pero un cristiano que al ver que alentaba, le di6
dos lanzazos.
-Se subleva el Maestre de Alcántara y es reducido y ejecutado (1339)
Pese a la confianza que el Rey había depositado en él y su brillante comportamiento en los combates de frontera, el Maestre de Alcántara Don Gonzalo Martínez, acusado en la Corte, reaccionó alzándose contra la autoridad
Real, buscando adem&s ayuda en el Rey de Portugal (enemigo del de Castiha, aunque en tregua por el momento) y en el Rey de Granada. Se refugió en
el castillo de Valencia (de Alcantara) después de sublevar a los alcaides de varios castillos tenidos por la Orden. El Rey, Don Alfonso el Onceno, consiguió que los Caballeros de la Orden, en Alcántara nombrasen Maestre a Don
NuAo Chamizo; por él propuesto. Se puso en carnpafla y asedi al sublevado, en el castillo de Valencia. Este había desplegado en las torres las banderas tomadas a «Abomelique» que como vencedor mantenía en su poder y,en
medio de ellas el pendón de la Orden «de damasco blanco, con las Armas de
la Orden que eran un peral y dos trabas» (Era el emblema de antiguo de San
Julian de Pereiro)
No.obsta.nte ofrecerle, el Rey, el perd6n si me sometía «mando disparar
contra él piedras’ y flechas», matando a uno junto .al monarca. Algunos de
!os sublevados entregaron al Rey las torres que guarnecían, dejando que las
escalasen. El castillo fue tomado y el Maestre «fue preso, dudo por traidor y
como tal degollado y quemado, apropósito de que los demás escarmentasen
con un castigo tun grande». Dice el P. Mariana ‘que cuando se examinó su
causa sin pasión se le declaró inocente. De.su actitud final no puede decirse
lo mismo, puede ser que en un principio lo fuese.
-Las
Ordenes Militares
en la batalla del Salado (1340)
El Rey Abohacén de Marruecos; con Yusuf de Granada, sitiaban Tarifa.
Va en su socorro Alfonso el Onceno, al que acompaila el Rey de Portugal,
éste con pocas fuerzas. Los moros, al saberlo, habían dejado momentáneamente el sitio de la plaza y ocupaban posiciones en unas alturas al otro lado
del pequeho río Salado. El punto de partida de los cristianos, fue la Pena del
‘Ciervo, pasado el desfiladero de Facinas.
El Rey de Castilla se lanza contra las posiciones del Rey de Marruecos,
éstas las mas cercanas a Tarifa y el Rey de Portugal contra las ocupadas por
ORDS.
DE SANTIAGO,
CALATRAVA,
ALCANTARA
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EDAD
MEDIA
39
el de Granada, más tierra adentro. En la delantera de las fuerzas del de Castilla, los Caballeros de Santiago, «los que llevaban el Penddn del Maestre
guiaron por un otero que iba a pasar al otro lado, donde el Rey de Marruecos estaba».
Con el Rey de Portugal, reforzando su escasa mesnada fueron, los Caballeros de Calatrava y de Alcántara. La guarnición de Tarifa, reforzada la
noche anterior por la hueste y con gente desembarcada de la flota, hace una
salida y toman el dispositivo de los moros de flanco. La batalla fue sangrienta. Se jugaba mucho la Espaila cristiana, ya que se trataba en un principio de
la invasión de los benimerines del Rey de Marruecos. Muchos le dan a la victoria más importancia que la obtenida en las Navas de Tolosa. Yen ella, tomaron parte preponderante las Ordenes de Santiago, Calatrava y Alcántara.
Los enemigos derrotados fueron perseguidos hasta las inmediaciones de Algeciras. Muchos quedaron muertos en los barrancos que llevan hacia el mar.
-Grave
incidente de frontera provocado por el Maestre de Alcántara (1394)
El espiritu guerrero de los Caballeros de las Ordenes era grande. Estaban propicios a hacer la guerra contra los moros. El combatir a los infieles
continuamente, formaba parte de su razón de ser. En alguna ocasión, se dijo
que incluso cuando el Rey tuviese tregua3 paces con los moros. Ello llev6 al
Maestre de AlcAntara Don Martin Yafiez Barbuda, a irrumpir en la vega de
Granada al frente de 300 lanzas y 1.000 peones (se vé, pues, que iban en su
mesnada Caballeros de la Orden y vasallos). Envió una delegación al monarca nazarí, con un desafiante mensaje en que le decía «que la Fé de Jesucristo
era Santa y Buena y que la Fé de Mahoma era falsa y mentirosa; y que si le
contradecía estaba dispuesto a luchar contra él». El de Granada contesto con
un fuerte ataque en que derrotb al Maestre. El Rey de Castilla, que lo era a la
saz& Don Enrique III, pidid disculpas al Monarca granadino.
-El
Maestre de Santiago en la batalla de la Albuena
(1480)
Dice la Crónica de las Ordenes: «Rompieron las lanzas y a los primeros
encuentros cayeron muchos caballeros de ambas partes (la batalla se mostraba en extremo encarnizada). Los peones del Maestre (de Santiago) como vieron ésto y los encuentros de los caballos, y las batallas revueltas, apartáronse
y huyeron y los caballeros de una parte y de la otra perdidas las lanzas, vinieron a las espadas; y andaban tan mezclados hiriéndose (atacándose), que
muchos por estar tan juntos no podían aprovecharse de las espadas y peleaban con los puiiales. Desta manera estuvo la batalla dudosa por espacio de
tres horas.. . El Maestre como bien experimentado en semejantes haciendas,
andaba de unos a otros, socorriendo a los lugares mas flacos y juntando a los
que estaban desmandados, y peleaba por su persona contra los que andaban
más esforzados: y doquier estaba hacía tal estrago en los contrarios que al
fin del día se mostró el vencimiento».- El Maestre de Santiago era Don AlonSO de Cárdenas». Gracias a su pericia militar y a su esfuerzo, fueron terminadas las pretensiones portuguesas en contra de la Reina Isabel, en los campos
de batalla. Después, vendrían las negociaciones que afianzaron a nuestra
Reina en la Corona de Castilla.
.
40
-Los
CARLOS
hMRTINEZVAL.VERDE
Caballeros de Calatrava en la frontera
de Granada (1485)
En el fallido ataque a Loja, en 1482, llevado a cabo por Don Fernando
el Católico, había sido muerto por los enemigos el «joven Maestre de la Orden de Calatrava Don Rodrigo Téllez Girdn»; al alzar el brazo, levantando
la espada, una flecha o viratón le entró profundamente por la axila (46).
En 1485, los Caballeros de Calatrava, mandados por el Clavero de la
Orden Don Gutierre de Padilla guarnecian Alhama. Un grupo de ellos que
regresaba de una cabalgada en busca de provisiones, había sido sorprendido
por «El Zagal», que de Ronda se dirigía a Granada a tomar posesión del
Trono. Sorprendidos los de Calatrava, hizo sobre ellos gran mortandad;
«entrando sus ginetes en Granada con cabezas de calatravo colgando de los
arzones y borrenes de sus monturas», en macabra fantasía. Pasado algún
tiempo, un moro, proporcionó a Don Gutierre, la ocasión de resarcirse del
golpe, facilitándole el medio de «sorprender a la cercana Zalea», desde dónde los enemigos perturbaban toda incursión de los de Calatrava». La tomaron». Poco después Alhama fue socorrida y terminó su situación apretada.
En el ejército que se organizb en Córdoba en 1486, los de Calatrava junto con los de Santiago y Alcántara, formaban una fuerza eficaz, dentro de
las de Caballería.
En Cqmpostela,
a los pies del Apóstol Santiago (47)
Finalizo aquí, en Compostela, estre trabajo sobre nuestras Ordenes Militares en la Edad Media en nuestra Reconquista, siguiendo «mi adagio» de
que <csi importante es saber, tanto o más lo es el sentir».
Acabo de salir de la basilica, donde una gran muchedumbre de peregrinos entonaba con uncibn el himno del Ap6sto1, mientras el botafumeiro,
manejado con destreza, surcaba el ámbito: «;Santo adalid, Patrdn de las Espaiias.. . .‘». El humo del incienso daba a todo un tinte de misterio y de gloria.
Peregrino, por la paz en una moderna Espafia, aunque rememore la guerra aquella en que tanto se basó nuestra Unidad Nacional. No en vano fue
invocado Santiago por los que nos precedieron en la honrosa profesión de
las Armas. Invocaron a Santiago en guerrero apellido, y al rendir culto a su
memoria no podemos olvidar cómo era y cómo sentía, con amoroso respeto.
(46) El Maestre de Calatrava Don Rodrigo Tellez Girón había tomado partido frente al de
la Reina Isabel, junto a Da Juana y a sus mantenedores portugueses. Después de la batalla de
Toro, el Maestre reconoció su falta y los Reyes le perdonaron «refriendo en cuenta su
iuventud». Al morir tuvo como sucesor en la Orden al Clavero Don Garcia López de Padilla,
“que había estado siempre del lado de los Reyes Isabel y Fernando.
(47) El Romancero del Cid pone en boca de nuestro heroe en palabras dirigidas a Jimena:
« Y as[ buena andanza hayades que me fagades ía huesa (si de mortales feridas fincare muerto en
la guerra),. junto al altar de Santiago, amparo de lides nuesasx
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«Castillos de EspaAa». Sarthou Carreres, Carlos. Espasa Calpe (Madrid).
ALEJANDRO
EJERCITO
FARNESIO, CAPITAN GENERAL DEL
DE FLANDES Y GOBERNADOR DE
LOS PAISES BAJOS
(15784592)
por Manuel TOURON YEBRA
Licenciado en Historia
«A mi hermano Juan Carlos.
Soldado de Automovilismo»
I-INTRODUCCION
N 1567, se incia una etapa crucial de la Historia de Espaiía con la
rebelión de los Paises Bajos. Durante casi 80 silos este enclave esptiol, se convierte en un gigantesco campo de batalla, consumiendo gran número de recursos humanos y materiales.
La dureza de esta confrontación bélica, la convierte en el ma@o ideal
para que se desaten violentas pasiones y se cometan numerosas atrocidades.
Es en estos anos cuando tiene su origen la célebre «Leyenda Negra», propiciada por el escrito extremadamente violento, la Apología, que el estatúder
Guillermo de Orange, dirige a los Estados Generales, en el que se denigra la
figura del rey Felipe II, hasta extremos insospechados. Por exte&&
la (Leyenda» alcanza a todo lo esptiol y pretende cargar sobre Espafia, todas las
culpas de los lamentables hechos que sucedieron durante el conficto, corrientes, por otra parte, en cualquier guerra del siglo XVI. Si bien han de admitirse algunas de estas acusaciones, no es menos cierto que los ejércitos de las
Provincias Unidas, no se quedaron cortos a la hora de la represión de los caMicos y de la destrucción sistemática de sus tierras.
La mítica figura del Duque de’Alba, tal vez el personaje mas conocido
de toda la guerra, encaja perfectamente dentro de las lineas generales de la
«Leyenda Negra», aunque su represión a través del tristemente célebre «Tribunal de los Tumultos», no fue tan brutal como a veces se ha querido presentar (1).
Pero los gobiernos de Alba y sus sucesores -Don Luis de Requesens y
Don Juan de Austria-,
fueron breves y hay un largo período del conflicto
c
-’
(1) Elliòtt, J.H.. La Europa dividida.l559-1598,
Madrid,
1976 p. 168.
44
MANUEL
TOURON
YEDRA
(1578- 1592) dominado por una figura, en la que buen número de historiadores esptioles y extranjeros creen ver el prototipo de principe valeroso, que
encarna las más altas virtudes humanísticas y castrenses. Este príncipe es
Alejandro Farnesio.
II-ALEJANDRO
FARNESIO.
PRIMEROS.tiOS
Y ESCALADA
CIA EL PODER (154%1578)
«Infancia y juventud. Formacidn militar y humana».
HA-
Alejandro Farnesio, nace en Parma el 27 de agosto de 1545. Era hijo de
Octavio Farnesio, destacado miembro de esta familia italiana que tantos servicios prest6 a la Corona-de Espafía, y de Margarita, hermanastra de Felipe
II e hija del emperador Carlos3ryde
una holandesa.
Alejandro pasa sus primeros años en el viejo palacio episcopal de Parma
y pronto se destaca como un niño precoz, de espiritu ingenioso y de viva inteligencia. Sus padres, consiguieron para él, excelentes preceptores y gracias a
ello aprendió griego, latín y posiblemente alemán y francés. Tenía buena memoria y entre sus estudios preferidos estaban las matemáticas y la ciencia militar. Ya entonces se decía con exageración que:
c&l joven Farnesio escuchaba mejor el sonido de las trompetas
que las canciones de sus nodrizas». (2)
En 1556, cuando Felipe II tenía establecida su corte en Bruselas, Alejandro llega a esta ciudad y es muy grata la impresión que causa en el monarca,
que queda admirado de la espontaneidad y vivacidad de su joven sobrino.
En Bruselas Alejandro conoce a grandes personajes de la corte: Ruy G6mez
da Silva, los duques de Feria y Alba, Antonio Pérez, Erasso, etc..
Ya en 1559 viene a la corte de Espafla, donde permanecerá hasta 1565.
Es evidente la huella profunda que dejó en el joven Farnesio su contacto’con
la austera corte castellana. En Espafla frecuenta la compañía del principe
Don Carlos (el malogrado hijo de Felipe II) y especialmente la de Don Juan
de Austria. Don Juan y él se hacen grandes amigos y de esta amistad nacerán
grandes colaboraciones en el futuro, a través de diversas empresas militares
que tendrán por protagonistas a ambos.
Alejandro, contrae matrimonio con María de Portugal; cumpliendo fielmente las instrucciones de Felipe II que deseaba esta unión.
De regreso a Parma, después de visitar a su madre Margarita que es gobernadora general de los Paises Bajos, su vocacibn militar está decidida y se
prepara a fondo para futuras acciones. Su vida es metódica, entregada al
aprendizaje y al ejercicio físico. Por la mañana se dedica a la equitación, y
por la tarde, después de comer y de preparar audiencias, juega a la pelota, a
la cuerda y practica esgrima; también dedica mucho tiempo a conversar con
personajes políticos, intelectuales y religiosos, obteniendo provechosas ensefianzas que le serán de gran utilidad.
Pasa el tiempo y los sucesos de Flandes ocupan el primer plano de la actualidad. El rey llama a la corte a los grandes del reino, pero no a los Farnesio, pese a’que siempre alentaron la esperanza de que Felipe II nombrara a
Octavio, Capitán de Flandes, en sustitución del Duque de Alba.
(2) Leon Van Der Essen, Alexandre Famtse Prince de Parme, Gouvemeu; g&rd
(1545-1592). Bmxelles 1933-1935, 5 ~01s. 1.
Pays-Bas
des
ALEJANDRO
«La jornada de Lepanto.
Juan de Austria».
FARNESIO
45
Farnesio en Flandes como lugarteniente
de Don
En .1571, la atenci6n del rey Felipe II se dirige hacia el peligro que representa para Espana el Imperio Otomano. Con el Papa y la República de Venecia como aliados, se forma la Santa Liga y se prepara una gran flota de combate;. Farnesio, atento a los acontecimientos, decide participar en las jornadas que se avecinan, partiendo al encuentro de Don Juan de Austria, que había.llegado a Italia para hacerse cargo de la expedición.
El encuentro entre los dos viejos amigos es extraordinariamente
cordial
y Don Juan nombra a Alejandro miembro de su Consejo de Guerra. En mi
opinión; este, Consejo es el ,mismo que el rey había asignado a su hermano,
para asesorarle en las dificultades que se presentasen, supeditando las decisiones de .Don Juan a la previa aprobación por los miembros más influyentes
del Consejo, grandes militares y marinos como Don Luis de Requesens, Don
Alvaro de B,azan o Juan Andrea Doria. El jefe de la flota combinada parece
que tema‘ facultades para nombrar a determinados miembros del, por otra
parte, extenso Consejo, como es el caso de Alejandro Farnesio.
Farnesio. se embarca en Ja «Capitana de Génova» y participa en el glorioso combate de Lepanto, donde se distingue por su arrojo incontenible. Finalizada.la acción es felicitado por Don Juan y por el propio rey.
Al aiio siguiente, en 1572, Don Juan de Austria le llama de nuevo para
participar en la prbxima campaña y otra vez le distingue con un puesto en su
Consejo de Guerra.
Lepanto había constituido un serio revés para el Turco, pero los enormes ‘recursos de este imperio le permitieron recuperar su poder,ío naval en
breve espacio de tiempo. Don Juan desea asestar un nuevo golpe a los tur,cos, que.los aleje definitivamente de la zona de influencia de EspaAa, pero
Felipe II tiene que destinar los siempre escasos recursos económicos a otras
zonas del Imperio. Pese a ello, la nueva expedición se pone en marcha y su
destino es la faja costera occidental del Peloponeso, desde él Golfo de Corinto ‘alCabo Matapán. La flota de la Santa Liga; avista a la del Turco, pero
soninuchas las precauciones que se toman y no se llega a entablar combate.
La expedición se consume en una serie de movimientos inútiles, hasta que se
détermina el regreso a Italia. No obstante, en determinado momento, se ordena a Alejandro Farnesio que desembarque al frente de fuerzas de Infantería espaflola e italiana y Artillería, y ponga sitio a la fortaleza de Navarino,
distinguiéndose en una arriesgada acción.
Deshecha la Santa Liga, Alejandro regresa a Parma, donde se mantiene
ináctivo pero expectante. Al producirse la muerte de Requeséns, el gobierno
de los Paises Bajos pasa a Don Juan de Austria y Farnesio moviliza a sus
amistades para obtener un puesto en la milicia de aquellos Estados. El rey, le
promete que muy pronto contará con sus servicios.
Es curioso anotar, que Don Juan de Austria no quería aceptar el gobierno de los Paises Bajos, donde yacían sepultadas tantas carreras militares.
Cuando acepta finalmente, es porque está convencido de que su. triunfo allí
le permitirá grandes empresas futuras (3).
(3) Lynch, J., EspaRa bajo los Austrias, Madrid. 1975, 2
VOX.
I p. 372.
46
MANUEL TOURON YEDRA
Alejandro Farnesio, es nombrado lugarteniente de Don Juan y llega a
los Paises Bajos en 1577, en un momento especialmente delicado para la causa espanola y con unas tropas faltas de moral. Por otra parte Don Juan, se
siente abandonado por el rey y piensa que en Madrid se duda de su capacidad militar.
La llegada de Farnesio, actúa como estimulante, su fama eleva la moral
del ejército y su presencia no pasa inadvertida para un gran personaje como
el Príncipe de Orange, quien profetiza un importante cambio en los asuntos
de la guerra.
Don Juan, se alegra mucho de la llegada de Farnesio y así escribe a Don
Rodrigo de Mendoza:
«J’ai ici avec moi le prince de Parme, dont je suis extrêmement con. tent, ‘car il vaut beaucoup et donnera ce qu’il promet» (4).
Llegados a este punto es necesario hacer un alto y analizar, aunque sea
someramente, las circunstancias que originaron la guerra de Flandes y los
hechos más significativos del período que concluye con la llegada de Alejandro Farnesio. Entre todas las posesiones del Emperador Carlos V, los Paises
Bajos gozaban de una gran prosperidad basada en el comercio y en la industria, constituyendo, junto con Espafia, su mayor fuente de ingresos.
Las comunidades comerciales e industriales de los Paises Bajos, cuidaban celosamente de ejercer sus derechos autonomos, frente a los intentos
centralizadores y unificadores .del emperador. Los Estados Provinciales y
Generales, mantuvieron una resistencia tenaz frente a Carlos V, que nunca
intentó colocar españoles al frente de la administración.
Los enemigos del
emperador, especialmente Francia, siempre encontraron en los Paises Bajos
terreno abonado para su intervención.
La tradicional alianza con Inglaterra, base de la seguridad de los Paises
Bajos y sustentadora del equilibrio Habsburgos-Valois,
se rompe con la
muerte de María Tudor (segunda esposa de Felipe II) y con la pérdida para
los ingleses de la plaza de Calais.
El valor que para Espafia tenían los Paises Bajos era muy grande, desde
un punto de vista.material, porque después de las Indias, eran el cordbn umbilical economice más importante de Castilla, mercado para la lana y fuente
de bienes y servicios esenciales. Hacia mediados de siglo la ciudad de Amberes, era el,mayor centro comercial de Europa, y punto neurálgico de las finanzas internacionales. España recibía además de los Paises Bajos, cereales
y bastimentos navales, tan necesarios para su subsistencia como potencia, al
mismo tiempo que otra serie de productos también de gran importancia.
Felipe II, desde SU llegada al poder,. esperaba la ocasión propicia para
hacer cargar a los Estados, con una parte de los gastos originados por su política en el norte de Europa. Los Estados, estaban dispuestos a satisfacer parte
de estas exigencias financieras, pero las necesidades de la monarquía eran
elevadas y había que superar las barreras constituacionales que se oponían a
la autoridad real. Menos partidario que su padre de soluciones de compro(4) Leon Van Der Essen, obra citada, vol. .I p. 204.
(Grabado
de Crispin
Alejandro
de Pase
Farnesio
- Biblioteca
Nacional,
Madrid).
41
ALEJANDRO FARNESIO
miso con los Estados, en orden a la concesión-de subsidios, Felipe II exigía
hacer valer su soberanía. En 1559, los Estados redactaron una lista de agravios políticos que con el tiempo se constituyeron en vehículo de resistencia
hacia los metodos de gobierno del rey.
Las instrucciones recibidas de Espaila, chocaban con los intereses de los
Estados. El Consejo de Estado se hallaba dividido, por un lado la regente,
Margarita de Parma, y tres personajes más que gozaban de la confianza del
rey; de otro, la alta nobleza de los Estados, encabezada por Guillermo de
Orange.
El protestantismo, bajo las formas de luteranismo, anabaptismo y especialmente calvinismo, se había introducido en los Paises Bajos desde la temprana fecha de 1519. Felipe II continuó con la política religiosa de su padre,
aunque de forma más rigurosa, publicando edictos contra la herejía y persiguiendo a los desviados por medio de la Inquisición. Los tribunales de la Suprema, que actuaban en los Paises Bajos, eran en extremo rigurosos y el rey
se defendía del ataque de sus enemigos,.en el sentido de que deseaba introducir la Inquisición española en aquellos Estados, diciendo:
«El cuento que inventa de que deseamos introducir la Inquisición espaiiola allá es falso y carece de fundamento, pues la Inquisición de los Paises Bajos es más implacable que la de aquí» (5).
Pese a que algunos obispos y la propia regente aconsejaron al rey una
política religiosa más moderada, Felipe II insiste en las medidas antiherériCaS.
Repentinamente,
en 1566, una crisis de subsistencia hace coincidir momentáneamente los elementos de protesta política, religiosa y social. En
agosto de ese ano, se origina un violento estallido que provoca desordenes en
ciudades, saqueo de iglesias y monasterios y quema de diferente iconografia
religiosa catblica.
El rey decide aplastar la revuelta por la fuerza y no tiene en cuenta los
consejos de la regente que, muy habilmente, logra restaurar el orden, aprovechando la reacción popular contra los excesos de agosto, que se habían desarrollado bajo los auspicios de los calvinistas.
Felipe II, encarga al Duque de Alba la formación de un ejército que debería dirigirse rápidamente hacia los Paises Bajos y aplastar a la oposicibn.
Dando pruebas de una soberbia organizaci6n, un ejército de 9.000 hombres se reune en Milán y en junio de 1567, inicia su marcha hacia el norte,
ejerciendo un efecto traumatico en todos los protestantes de Europa, que
desconocían los exactos objetivos de esta formidable máquina de guerra.
Alba, logra restaurar el orden apresando a los cabecillas de la revuelta,
pero la falta de cobertura naval de sus tropas y la barrera natural que suponen los caudalosos ríos de los Paises Bajos, difíciles de franquear para su infantería, hacen que algunas de las plazas de las provincias de Holanda y Zelanda caigan en manos de los rebeldes.
0
‘(5) Felipe II a Margarita de Parma, 17 de julio de 1562, citado por Dierickx, M.
tique religieuse de Philippe II dans les anciens Pays-Bas, en «Hispania»
no 62, XVI
130-143.
SJ,
~~ pali-
(1956)
pp.
48
MANUEL
TOURON
YEDRA
Los denodados esfuerzos del Duque de Alba para controlar la situación,
no dan los resultados esperados y el rey le destituye en 1573, nombrando en
su lugar a Don Luis de Requesens quien, a través de métodos mas moderados, pretende llegar a un acuerdo con los rebeldes.
A la muerte de Requesens, el desorden se extiende y los Estados Generales se levantan contra la dominación espanola, exigiendo la salida de las tropas. Es el momento de Don Juan de Austria que, aunque partidario de la acción militar, no descarta la negociación, y así, en febrero de 1577, firma el
llamado &dicto Perpetuo», por el que acepta la salida de las tropas españolas de los Paises Bajos, a cambio de su reconocimiento como gobernador y
del mantenimiento
de la religi6n catblica por parte de los Estados.
Esta es la situación que se encuentra Alejandro Farnesio, a su llegada a
los Paises Bajos. Las tropas abandonan Flandes y la situación de Don Juan
se hace insostenible.
Alentado por Farnesio, decidido partidario de uná ofensiva contra los
rebeldes, Don Juan solicita y obtiene del rey el regreso de las tropas. En enero de 1578, en la batalla de Gembloux, tiene ocasión Farnesio de demostrar
sus aptitudes militares y pasará a la posteridad como el autentico artífice de
esta victoria de las armas espafiolas en la guerra de Flandes, durante el periodo de la gobernación de Don Juan de Austria.
A lo largo de 1578, es Farnesio el que dirige las acciones militares, hasta
la muerte de Don Juan en octubre de ese mismo ano.
La política real fluctúa ahora entre la línea dura y la conciliación. Los
rebeldes también tienen dificultades y se produce una reaccibn cat6lica frente al poder de los calvinistas, al mismo tiempo que la aristocracia se enfrenta
a la burguesía. Este momento era una gran ocasión para Felipe II, que esta
vez no la desaprovech6, eligiendo al hombre adecuado y dotlindolo de medios militares y financieros importantes. Este hombre es Alejandro Farnesio.
III-ALEJANDRO
DE FLANDES
(1578-1592)
FARNESZO,
CAPZTAN
GENERAL
DEL EJERCITO
Y GOBERNADOR
GENERAL
DE LOS PAISES BAJOS
((La reconquista
de los Paises Bajos del sur».
La nueva época que ahora se inicia está marcada por tres acontecimientos:
A.- El curso que toma la campana de Flandes, bajo el impulso del nuevo
Capitán General y Gobernador. Se emprende con éxito la reconquista de todas las provincias del sur, de las que se desaloja a los rebeldes.
B.- El auge que experimenta la idea de un castigo ejemplar a Inglaterra,
país sumido en su propia reforma religiosa y que apoya a los enemigos de Espana, al tiempo que intenta cortar nuestro comercio con las Indias.
C.- Ya a fines de siglo, una nueva guerra con la Francia protestante, persiguiendo unos objetivos un tanto utópicos y embarcándonos en una aventura de dudoso resultado.
ALEJANDRO
FARNESIO
49
En los tres acontecimientos interviene Alejandro Farnesio; en el primero
como cabeza principal de la contraofensiva èspahola; en los dos últimos como artífice de una política exclusivamente real, cuyos planteamientos bksicos difieren de su propia concepción de la situación.
Los últimos meses de Don Juan y la precaria’situación en que se encontraba el ejercito, desaniman momentaneamente
a Farnesio que escribe a su
madre participandole sus deseos de abandonar los Paises Bajos:
<<La situacibn des crffaires aux Pays-Bas était si mauvaise que
tout homme de bon sens devrait refuser le poste de gouverneur» (6).
Pero este pesimismo, pronto desaparece y el rey confirma en su puesto a
Farnesio:
«A cause de la grande prudente, de l’expérience et de la loyaute
et á cause de l’amour et de 1.‘affection qu’il portait au service du Roi
et principalement
á toutes les choses que le souverain avait á
coeur» (7).
El rey reconoce las virtudes de un gran hombre, del que se opinaba de esta forma:
«De sa personne se dégageait une impression de forte et d’intelligence, et á sa beauté physique, heritée de ses ancêtres, s’ajoutaient de
grandes qualites d’esprit et de coeur» (8).
Los soldados de los tercios, pronto admiraron a Farnesio, un hombre
que sufría con ellos y que estaba dispuesto a arriesgar cuanto fuera preciso
por su seguridad. Farnesio a su vez confiaba en sus soldados:
«Milicia vieja, disciplinada, hecha a padecer y a pelear con la
gente de aquí» (9).
Farnesio, como CapitAn General del ejército de Flandes, con un salario
anual de 36.000 escudos, que equivalía a la renta de un patrimonio de los
mayores de EspaAa, monopolizaba el poder ejecutivo en los Paises Bajos,
ejerciendo una considerable influencia sobre los Tribunales de Justicia del
Ejército y sobre los departamentos y patronatos de Hacienda. Su autoridad
era realmente impresionante (10).
En 1559, Farnesio entra en campana contra el duque Casimiro, aliado
de los rebeldes, presentándosele la oportunidad de terminar con él y con sus
hombres, pero le perdona la vida y lo deja huir a Alemania. Casimiro, se lo
agradece vivamente y pregona por todas partes el caballeroso gesto del general. De esta forma, por la fuerza o mediante negociaciones, Farnesio consigue la lealtad de diversas ciudades, al propio tiempo que acrecienta y reorganiza su ejército.
Desde esta posición de fuerza, Farnesio actúa con gran prudencia en la
(6) Leon Van Der Essen, obra citada, vol. II p. 39.
(7) Leon Van Der Essen, obra citada, vol. II p. 57.
(8) Leon Van Der Essen. Obra citada. Vol. II p. 25.
(9) Parker, G. El Ejército de Flandes y el Camino Esptiol(1567-1659).
Madrid, 1976, pp.
68-69.
(lo) Parker, G. El Ejército de Flandes y el Camino Espailol (1567-1659). Madrid, 1976, p.
147.
50
MANUEL
TOURON
YEDRA
preparación del importante acontecimiento de la sumisión de lasprovincias
valonas a la autoridad del rey de Espafla. Entra en negociaciones con los caballeros «malcontents» (católicos opuestos a los rebeldes y a Felipe II), que
desean la suspensión de las hostilidades, pero exigen la salida de los tercios
españoles. Farnesio no está de acuerdo con esta exigencia y dilata su solucibn, prosiguiendo su victoriosa ofensiva y acrecentando su fama de guerrero, principalmente en el sitio de Maastricht, gloriosa epopeya que merece la
atención de Lope de Vega y a la que dedica una de sus inmortales obras.
«Uno de los más memorables que se vi6 ni oyo en nuestros tiempos» (Il).
Farnesio, logra un gran triunfo sobre Guillermo de Orange y los Estados
Generales, con la firma del Tratado de Arras el 17 de mayo de 1579, por el
que se lograba la reconciliación de Hainault y Artois eón Felipe II, pero no
esta de acuerdo con el Capítulo V’del Tratado, que contempla el controvertido tema de la salida de las tropas españolas y extranjeras de lasprovincias reconciliadas. La propia letra del Tratado, le permitía utilizar estas tropas en
las provincias que mantenían resistencia, como Brabante y Flandes, pero él
deseaba poder contar con los mejores y mas experimentados soldados, como
eran los tercios españoles. Antes de la firma, las provincias presionaban pero
Alejandro ajamás se daba por entendido, procurándolo dilatar cuanto podía» (12).
Por otra parte:
.
<<Leprince etait convaincu que, rien qu’avec l’armée nationale
qui serait mise sur pied, il ne serait pas possible de se maintenir contre les attaques des Orangistes et, encore moins, de continuer la guerre centre eux» (13).
Tras la firma del Tratado de Arras, para lo que es preciso una expresa
orden real, Farnesio desea dejar el cargo de Capitán General y regres‘ar a
Parma, previa autorización de Felipe II, lo que prueba que no deseaba la ratificación del Tratado, al menos en los términos en que se llevó a efecto.
La hábil diplomacia de Farnesio, hace que consiga nuevos aliados y de
esta forma puede oponerse a la ofensiva de la Unión de Utrech, que agrupa a
las Provincias Unidas del norte de los Paises Bajos.
Ante la generalización de la guerra, los Estados valones reconsideran su
actitud para con los tercios, ya que si bien los odiaban, consideraban que:
«Cuan necesarios eran para hacer la guerra, y que sin ellos no la
podían acabar como deseaban, por ser la genta más domestica y bien
disciplinada que había en aquellos ejércitos, ni que con mayor tesdn,
menos costa y daflo de los naturales y sus tierras, sufriesen los trabajos e incomodidades de la guerra» (14).
(ll) Vázquez, A. Los sucesos de Flandes y Francia, del tiempo de’ Alejandro Farnesio. En
Co. Do. In. LXXII p. 198.
(12) Vhzquez, A. Los sucesos de Flandes y Francia. del tiempo de Alejandro Farnesio. Co.
Do. In LXXII p. 232.
(13) Leon Vq Der Essen. Obra citada. Vo1 II p. 217.
(14) VaZquez, A. Obra citada. Co. Do. In. LXXII p. 234.
Los Paises
Bajos
en la época
de Alejandro
Farnesio.
ALEJANDRO FARNESIO
.
51
Farnesio, tenía razón en contra de la opinión de Felipe II; los rebeldes
no querían la paz, sino acabar con el poderío espahol. Con las tropas lejos
no tardan en dar señales de vida, atacando la ciudad de Malinas y degollando a toda la guarnición. Paulatinamente
se van apoderando de otras villas y
ciudades, pero Farnesio no cede, ni militarmente,
ni politicamente,
como
cuando es llamado a Mons, por los Estados reconciliados y nombrado Capitán General, con el propósito de desautorizarle poco a poco. Pretendían estos Estados, controlar por medio del Consejo de Hacienda, el dinero que llegase de EspaAa, pero Farnesio no lo consiente.
En 1580 toma la célebre ciudad de Breda, a.la que envía al obispo de Terramunda y a muchos padres jesuitas para tratar de eliminar la herejía:
«Estos religiosos lo hicieron, como siempre, tan bien, que en
breve tiempo se sacd muy gran fruto de su trqbajo» (15).
Llegados a este punto se plantean dos cuestiones de importancia:
- El peso de los tercios españoles, erre1 conjuntó del ejército catõhco.
- La cuestión religiosa en los Paises Bajos.
Para Felipe II los tercios españoles son: «EI nervio y la seguridad de esos
estados» (16). Afirmación esta, que se contradice con la política real en relación con el-Tratado de Arras.
Resulta evidente que las tropas españolas son las más leales a la causa
real. Los tercios, no tienen buena reputación en los Estados, pero no se han
‘seguido las más elementales reglas de objetividad en el analisis de esta cuestión. Se habla siempre de atrocidades, soldados y ejércitos «espaAoles», como si las fuerzas de ocupación no comprendieran más que soldados de esta
nación. Parece mucho más lógico hablar de un ejército real que de un ejército espafiol.
La composición del ejército por tropas de distintas naciones, justifica la
actividad bélica de Farnesio, aún después de la firma del Tratado de Arras.
En realidad se ve obligado a operar con regimientos valones y caballería ligera italiana y albanesa, lo que le mantiene inmovilizado para acometer empresas importantes, empresas que tendrAn que esperar al regreso de los tercios
esptioles e italianos y a las compahias borgofíonas y albanesas (17).
Hay cuatro momentos en la política religiosa de Felipe II en los Paises
Bajos:
1”) Período de 12 aiíos en los que Felipe II continúa con la política de su
padre (1555-1567).
2“) Después de la furia iconoclasta, sigue un período de absolutismo con
el Duque de Alba (1567-1573).
3O) Siguen seis anos de tanteo (1573-1579).
4“) La reconquista de los Paises Bajos del sur por Alejandro Farnesio,
(15) Vhzquez. A. Obra citada. Co. Do. In. LXXII p. 264.
(16) Felipe II a Requesens, citado por Leon Van Der Essen «i CroLsude centre la h&etiqua
OUguerre centre les rebelles?». En Revue d’Histoire Ecclesiastique. Louvain, 1956.
(17) Leon Van Der Essen. Croisade centre... rebelles?.
MANUEL TOURON YEDRA
52
permite comenzar la reforma católica, que los archiduques efectuaran en el
S-XVI (1579-1598).
El gobierno de Farnesio considera como única religión el catolicismo y el
general acoge personalmente a los capuchinos en los Paises Bajos, y en 1584
suprimirá las trabas que impiden el apostolado de los jesuitas (18).
La guerra en los Paises Bajos es una guerra esensiahnente religiosa. Farnesio, habla siempre de «herejes y rebeldes», aliando el aspecto religioso y
político del problema. En las cartas de los soldados, de los oficiales, de los
memorialistas españoles e italianos de s-XVI, al ejército real se le denomina
siempre como «ejército catdlico», «las armas católicas» y la guerra tiene como objetivo la defensa de la religión católica (19).
En 1581, prosiguen las campatlas de Farnesio sin sus mejores tropas. Se
prodúce la toma de Tornay.
En este mismo aAo regresa a los Paises Bajos, Margarita de Austria, ,madre de Farnesio, encargada por Felipe II de gobernar los Estados, mientras
queda en manos de su hijo la Capitanía General del Ejercito. Farnesio no
acepta esta decisión que:
«Ponía a rksgo el caudal de su ,honra y que ademks desto, dirían
los que no le conociesen, que por incapaz le deponían del gobierno y
eni)iaban a Su Alteza a darle instrucciones» (20).
Es la primera vez que se enfrenta al rey y consigue salir airoso de la empresa. En 1582, y ante el hecho incuestionable de que tropas francesas combaten al lado de los rebeldes, Farnesio decide obviar el Capítulo V del Tratado de Arras y, de forma muy inteligente, gestiona el regreso de los tercios,
hecho que se lleva a cabo en agosto de ese mismo año.
Farnesio, recuperadas sus mejores tropas, toma Dunquerque y Brujas y:
«Siempre que con las armas no podía Alexandro oprimir las tierras de los rebeldes y reducirlas al servicio y obediencia del Rey catdlico, su tío, lo procuraba con inteligencias» (21).
En el verano de 1584, Farnesio pone cerco a la ciudad de Amberes, cerco
que prosigue en 1585, hasta que la ciudad cae el 17 de agosto de ese ano. La
toma de la ciudad, es un gran triunfo para las armas reales y parece que Felipe II recibió la noticia con gran júbilo, mucho más que el demostrado al tener conocimiento de la victoria de Lepanto. Para Farnesio esta acción constituye el punto culminante de su gloria militar. Una sólida línea de posiciones, separa el sur del norte de los Paises Bajos. Bajo la protección de esta
frontera, el catolicismo guarda en el sur una posición excepcional.
Con la ocupación de las provincias de Brabante y Flandes, el poder espaAol alcanzó su limite. Defendidas por sus grandes ríos y su poderío naval, las
provincias del norte, cuyo centro eran Holanda, Zelanda y Utrecht, permanecieron por el momento inatacables.
(18)
(19)
(20)
(21)
Dierickx, M. Obra citada.
Leon Van Der Essen. Croisade centre... rebelles?.
Vbzquez. A. Obra citada. Co. Do. In. LXXII p. 319.
Vbquez. A. Obra citada. Co. Do. In. LXXII p. 457.
ALEJANDRO
«La preparach
vencible».
FARNESIO
53
de la invasidn de InglateFra y el desastre de la Armada In-
En 1536, Farnesio toma las plazas de Gravelinas y Venló, entre otras
ciudades. En mayo de 1587 piensa en alguna acción importante para el verano y decide atacar las plazas de Ostende y La Esclusa de Brujas (Sluis), las
únicas ciudades que le quedaban por conquistar en Flandes. En una de las
operaciones más brillantes y dificiles de toda la guerra, pone sitio y rinde la
Esclusa de Brujas.
Ahora es el momento, en que Felipe II decide asestar un golpe definitivo
aI poderío inglés y prepara una gran armada cuyo objetivo es la invasión de
Inglaterra, invasión a la que el Ejército de Flandes, debería aportar el núcleo
de tropas mas selectas, que se unirían a la Armada en el canal de la Mancha,
para proseguir viaje hacia su objetivo.
Farnesio, en constante contacto con la realidad del poderío militar de las
Provincias Unidas, sostiene que debe abordarse la empresa de la invasión en
el invierno, pues en esta época se lograría la inmovilizacibn de la flota rebelde y la infantería esptiola podría progresar hacia el norte a través de los ríos
helados, completando la reconquista de los Paises Bajos y teniendo así a Inglaterra al alcance de la mano (22).
Felipe II, que en afios anteriores había estudiado las sugerencias de Farnesio y sopesado las posibilidades de éxito, parece ahora decidido por’una
gran Armada que salga de la Península.
Después’de la toma’de la Esclusa, Farnesio ordena la construcción de canales entre esta plazay,.Nieuport,
con el fin de que las barcazas que transporten a sus’,tropas hacia, Inglaterra puedan pasar del Escalda, más arriba de
Amberes, hasta~@u$luerque.
A estas alturas, de:los:preparativos,
da la impresión de que Farnesio ha
asumido totalmente $u,.papel en la empresa y al fin estaba de acuerdo con los
deseos de Felipe -II (23),;‘,,
,‘.‘:. ,,: :
La preparación de laS,tropas, fue laboriosa y costosa y, además, era una
situación, que no se,‘podia mantener por mucho tiempo. A los Paises Bajos,
van llegando diversósjefectivos que Farnesio distribuye en los distintos tercios. Hace acopio de‘ .provisiones y máquinas de guerra y mantiene correspendencia con Medina Sidonia; a la sazón en Lisboa.
La «Armada» de’F&nesio, compuesta por unos 100 navíos, se ve inmovilizada’en ia.esclusa’de Brujas; debido a los acontecimientos del Canal. La
dispersión por los i,ngleFes y las tempestades de la «Armada Invencible», priva a la flota de,:Fdnesro.de la protección necesaria para alcanzar las costas
inglesas. Ante el enorme riesgo que supone hacerse a la mar sin protección,
con la flota rebelde vigilando sus movimientos, Farnesio desiste de la empresa y,se apresta para proseguircon sus operaciones en tierra contra los rebeldes. Las m&iuraciones
entre los soldados son inevitables:
(22) Lefèvre, J. Correspondence de, Philippe II sur les affaires des Pays-Bqs. Bruxelles
1953, 3 vols.
(23) Vázquez, A. Obra citada. Co. Do. In. LXXIII, capítulo del aíío ,1587.
.
MANUEL
TOURON
YEDRA
‘« r por deshacer la ignorancia del novelero vulgo, que sin saber
ni’asigñar !o Qi+? dice; discurre en lo que no vi6 ni entendió, que el
Puque de ‘Medín& y el Adelantado perdieron dos Armadas con que
iban. a ,conqui$Fai Inglaterra, y no juzgan la causa que estuvo en la
fuerza de los:iriclein~ntes cielos que compelieron al mar y vientospara tan .grandes p4rdida.w (24).
«La intthencidn , en Frunoia del Ejhcito de Flandes».
La situación de guerra.civil que se había mantenido en Francia durante
muchos anos, situacibn que, era muy favorable para la política de Felipe II,
cambia con el asesinato delEnrique III y la posible subida al trono del protestante’Enrique de,Navaiia;.Las .fuerzas católicas de la Liga, capitaneadas por
EspaAa y por,el Papa; no’est$n dispuestas a consentir que esto suceda y Felipe II deci,de la intervenci6n:en Francia del Ejército de Flandes.
El rey ordena a Früriesio,,que entre con su ejército en Francia y libere
París del:asedio de Enrique de Navarra,
Farnesi8 eraconsciente de que apoyando a la Liga, defendía los inteieses espafíoles,; pero le preocupaba desamparar los Paises Bajos, sin llegar
previamente a ningún tipo,de acuerdo con las Provincias Unidas. En su afán
de preservar los territorios tanduramente ganados, propone al rey la aceptación de un plan de paz,,que-consistía en autorizar el culto calvinista a cambio
de que los .rebeldes volvieran a,la obediencia real. El rey rechaza este plan y
Farnesio se ve así obiigado.a,luchar
en dos frentes.
En agosto de.1599 entraen Francia, conduce a sus tropas por el Marne y
no presenta batalla al enemigo.hasta la toma de Lagny, que le abre las puertas de ~París. Enrique de Navarra, levanta el asedio de la Capital y Felipe II
decide,que’es el momento’. de hacer valer los derechos al trono de su hija Isabel, o de imponer un candidato aceptable para la Liga. Farnesio no estl de
acuerdo, dando pruebasde gran sentido político y militar, considera que los
franceses no aceptaran esta solucibn y, por otra parte, su ejército posiblemente ser8 insuficiente:p&a
someter a todo el país (25).
La situación empeora& los Paises Bajos y Farnesio regresa en noviembre. Mauricio’ de Nassau,, hijo de Guillermo de Orange, había aprovechado
bien la situación, ,preparando.una’ gran ofensiva contra el ejército real. Los
rebeldes toman aIgunas plazas y la situación era difícil, incluso en las provincias sometidas’a la autoridad del,rey, pero Felipe II, ordena de nuevo a su general que suspenda toda actividad en los Paises Bajos y entre de nuevo en
Francia. Farnesio hizo cúanto pudo para dar a entender al rey, la locura de
esta decisi6n, pero sus esfuerzos fueron vanos (26).
Bn diciembre de. 1391; entra de nuevo en territorio francts para ayudar a
las fuerzas,de la Liga,y en especial para socorrer a la ciudad de Ruán, sitiada
por Enrique de Navarra .y’sus ‘ahados ingleses. Farnesio plantea brillante(24) Vázquez, A. Obra citada. Co. Do. In. LXXIII, pp. 328-359.
(25) Leon Van Der Essen. Alexandre Farnkse... val. V. pp. 293-310.
(26) Lefkvre, J. Obra citada. Vo1 III pp. 585-594.
ALEJANDRO
FARNESIO
55
mente la campana, pero,iaci desgracias se ciernen sobre-su ejército. En junio
de 1592, regresa a los Paises Bajos, no sin antes obligar a Enrique a levantar
el cerco de. Ruán.
Desde finales de 1591, el rey había decidido sustituir a Alejandro Famesio, por las graves ‘desobedien&s;en
‘que había incurrido y así, mientras el
general combatía en Fiar@, el.rey nombraba Capitán General y Gobemador, al marques de Cerralvo; que falleció~cuando se dirigía a los Paises Bajos. En su lug,ar el rey nombra al conde de Fuentes, quien llega a su destino
en noviembre, de 1592, Farnesio, a quien.el rey había dado instrucciones de
que entrara por ‘tercera vekeir Francia, nunca llegará a ver a su sustituto ni se
enterará de la decisión de Felipe II de sustituirle, porque muere en la noche
del 2 al 3 de ‘diciembre, de, 1’592, en la ciudad de Arras.
IV-«EPILOGO»
De cuantqs hombres,s@vieron~a Felipe II en altos puestos, Farnesio era
sin duda el rnti iealis~,y.,o...más.sincero,
lo que le llevó a discrepar abiertamente con la política:real,- ,especialmente en la intervenci6n militar en Fran.._ ,cia.
Hombr.e’de clarividencia poco’común, metódico y fiel cumplidor de su
deber, era muy :querido p.or&s soldados, que comprendían las atenciones
que su capitán les dispensaba.jEn la correspondencia que mantiene a lo largo
de 1579 y 1580 con DonPedro de Toledo, deja ver la gran preocupación que
siente por la vida y,hacien.da de,sus hombres, al mismo tiempo que trata de
paliar los desastres que :la guerra origina en vidas y propiedades de los naturales del psis; En esta, misma’correspondencia,
da instrucciones concretas y
minuciosas sobreel a&ntamiento de los tercios y sobre la forma en que se debe mantener ,el orden(27).
Su justicia era proverbiahdespreciaba
y castigaba con dureza a los traidores y premiaba.a;los, soldados que se distinguían en el combate. Es muy
.significativo que durante su mandato en los Paises Bajos, pocos motines se
dieron entre:sus tropas, cuando con otros capitanes eran cosa corriente (28).
’ Frente al enemigo; era audaz y gran estratega, pero también era clemente con los prkioneros,. fomentando el intercambio de los mismos. Su valentía, le llev6ademostrar
en diversas ocasiones que sabía estar en los puntos
de mas peligro,, compartiendo eliriesgo con sus soldados.
Es muy posible que,‘de contar con los medios económicos y humanos
necesarios, hubiera estado,.& ,condiciones de recuperar para Espaila las provincias del norte’de’los~Paises. Bajos; llevando a cabo la proyectada invasión
de Inglaterra en condiciones mucho. mas favorables.
La figura de:&ejari&o’Farnesio,
brilla con luz propia en el firmamento
del, Imperio Espaflol del siglo ‘XVI. Su recuerdo; perdurará a través de los
tiempos en,los:Bjércitos de ,Espaf& como en la actualidad, donde el nombre
de su Casasirve’ para .denominar uno de nuestros mas gloriosos regimientos
de Caballería, el Farnesio.+ 12 así como, lo füé el IV.tercio de la Legión.
(27) Farnesio a Don Pedro de Toledo, diversas fechas. En Co. Do. In. l&XV.
(28) Parker, G. Obra citada.
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EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
POR LOS TURCOS
1683
por Manuel TORRES MARIN
Preliminares
L 12 de septiembre de 1683 descendieron por las faldas del Kahlenberg las huestes cristianas -las tropas del Emperador, los contin-.
gentes de los príncipes alemanes y el ejército auxiliar polaco- para presentar batalla al ejercito de los turcos que, desde hacía dos
meses, mantenía un apretado cerco en torno a Viena. Fue aquel uno de los
grandes momentos de la historia europea; pues no cabe ‘duda de que un ’
triunfo de la Media Luna entonces hubiera cambiado el curso de la historia,
y no sólo de Europa central sino de todo el Occidente. Por este motivo puede
compararse el segundo sitio de Viena con la batalla de Lepanto; pues en ambos casos una coalición de fuerzas cristianas cortó el avance de la potencia
otomana. Pero estos acontecimientos se pueden situar, a su vez, dentro de
una perspectiva mucho más amplia: son capítulos de la historia ya bastante
larga de los asaltos de las hordas asiáticas contra la civilización cuyos herederos somos. Los hunos, los mongoles, los turcos irrumpieron en sus respectivos momentos históricos, ocasionaron inmenso sufrimient0.y destrucción, y
por último fueron contenidos y rechazados. En cada ocasión pudo Europa,
pese a su crónica deunión, reunir fuerzas para salvarse de la esclavitud definitiva. Esta historia no ha terminado, pues Europa sigue expuesta a tales
desbordes periódicos de la barbarie que se acumula en las regiones del Este.
A la luz de esa constante histórica ha de hacerse la evocación del sitio y liberación de Viena, de que en el presente ano se celebra el tercer aniversario.
No era esa la primera vez que los turcos atacaban a Viena. Durante el
‘período de su apogeo, bajo el reinado de Soliman el Magnífico, y cuando ya
habían subyugado los países de los Balcanes y Hungría, se movieron a lo largo del Danublo y, en 1529, asediaron la ciudad. Esta operación fracasó por
haber sido emprendida estando demasiado avanzada la estación; pues, de
otro modo, la esforzada guarnición de Viena, que entre otras fuerzas contenía también 700 soldados españoles, no hubiera podido resistir a la enorme
superioridad de los turcos. Con la muerte de Solimán, en 1566, y la batalla
de Lepanto, en 1571, se inició la prolongada decadencia. del Imperio Otomano; pero aún conservaba territorios muy extensos y recursos enormes, de
!
58
MANUEL
TORRES
MARIN
modo que, dirigido por una cabeza competente, podía volver a ser un peligro
muy grave.
Fue una afortunada coincidencia -afortunada
para la supervivencia de
la civilización europea germánico-románicaque el vigor agresivo, de los
turcos quedara paralizado en la primera mitad del siglo XVII, pues Europa
pasaba al mismo tiempo por una de sus crisis más graves. La combinación de
odios religiosos y ambiciones políticas hizo estallar la llamada Guerra de 30
Arlos, que absorbió la atención y consumió las fuerzas de casi toda la Cristiandad. Ocupada por entero en destruirse a sí misma, no hubiera podido
Europa hacer frente a un atacante de la talla ‘de Solimán.
En Hungría, entretanto, no habían cesado nunca las escaramuzas y las
violencias, aún cuando Turquía se mantuvo oficialmente.en paz mientras las
naciones cristianas se desgarraban entre sí. Pero esa inactividad tuvo fin con
la aparición en Constantinopla de una serie de estadistas competentes. Fueron éstos los Kopriilü, familia de origen albanés, que durante medio siglo
ejercieron la autoridad efectiva, dejando al Sultán apenas el poder de premiar o castigar, e infundieron al Imperio Otomano un dinamismo del que ya
no paracía capaz. El primero de ellos fue Mahomet Köpriilii, que alcanzó la
dignidad de Gran Visir en 1656 siendo hombre ya muy viejo, pues parece haber nacido alrededor de 1575..
Si la primera mitad del siglo XVII estuvo bajo el signo de la guerra de religión, en la segunda predominaron
las contiendas políticas u dinásticas,
concentradas en tres actores principales: el Rey de Francia, el Emperador y
la potencia turca (ya que no cabe hablar de ningún Sultán como protagonista). Luis XIV y el Emperador Leopoldo 1 eran parientes y rivales. Cada uno
tenía por madre a una hija de Felipe III de EspaAa y estaba casado con una
hija de Felipe IV; pero eso mismo contribuía a ponerlos en pugna. Luis XIV,
nacido en 1638, empezó a reinar por sí mismo en 1661, convirtiéndose en el
prototipo del monarca absoluto, ambicioso e inescrupuloso para importar su
voluntad en lo interior y efectuar agresiones hacia el exterior. Aspiraba, sobre todo, a ampliar sus dominios arrebatando territorios a España y al Imperio. Leopoldo 1, nacido en 1640, no era el destinado a reinar ni parecía estar
hecho para tales responsabilidades. De débil constitución física y de espiritu
retraído, se complacía en los libros y en las artes, y seguramente hubiera,,sido
feliz en el estado eclesiastico a que estaba destinado. Sin embargo, por el deceso prematuro de su hermano mayor, pasó a ser el sucesor de su padre, y en
1658 fue coronado Emperador. Su primera esposa fue la Infanta’Margarita
Teresa, hermana de Carlos II de Espana; aquella dulce princesaque Velázquez pintó muchas veces, aún después de ponerla como figura central de su
cuadro más famoso, <(Las meninas».
En 1661 falleció Mehet Köprülü y le sucedió en el cargo de Gran Visir su
hijo mayor Ahmed (1635-1676), hombre también de gran capacidad política.
Después de medio siglo renovó Ahmed Koprtilü la guerra en Eúr,opa central,
siendo el motivo, como más de una vez, las rivalidades entre candidatos al
principado de Transilvania. Avanz6 el Gran Visir a través de Hungría a la
cabeza.de una hueste de 100.000 hombres; y, como de costumbre, no contaba el Emperador con muchos recursos, pero sí con los servicios de un gran
general, el taliano Raimondo Montecuccoli. Este tomó posición en la con-
EL SEGUNDO
SITIO DE VIENe
POR LOS TURCOS
(1683)
59
fluencia de dos ríos, en la actual frontera entre Austria y Hungría, cerca de
la abadía de St. Gotthard. que dio nombre a la batalla. El lo de agosto de
1664 obtuvo ahí Montecuccoli una gran victoria, siendo esa la primera primera vez que un ejercito otomano era derrotado en campo abierto por los
cristianos. El resultado de este encuentro fue que se pact6 una tregua de ,
veinte anos entre el Emperador y los turcos.
Mehemet Köprülü se mantuvo fiel a la tregua, pero a su muerte subi6 al
cargo de Gran Visir un cierto Kara Mustafá, hombre de ilimitada ambición y
de inmensa codicia, que a través de las relaciones internacionales aspiraba a
ansanchar su propio poder. Para lograrlo estaba dispuesto a romper de nuevo las hostilidades en Europa central; y comenzó fomentando una rebelión
en Hungría, en la cual colaboraba también el Rey de Francia. Luis XIV favorecía todo plan de guerra en el Este de Europa, porque ello le facilitaba sus
propios designios de conquista sobre el Rin.
La inminencia de un gran ataque de los turcos contra Europa central en
un momento cuando el Emperador se veía fuertemente presionado en el flanco occidental, significaba un peligro para la Cristiandad entera, como no se
había conocido desde los tiempos de Solimán el Magnífico. iQuién podía
prever dbnde se detendrían los ejércitos de la Media Luna si, capturada Viena, les quedaban abiertos los caminos hacia Praga, Munich y Venecia?. Un
hombre que comprendió plenamente la gravedad del peligro que el Papa
Inocendio XI (Benedetto Odescalchi), elegido en 1676, austero en su vida
personal, reformador del gobierno de sus Estados y lleno de celo por la causa
de la religión. Ahora puso toda su influencia al servicio de una idea, la de
unir a los príncipes cristianos para la defensa común; empresa dificil porque
el espíritu de cruzada estaba muerto, y los príncipes apenas entendían otro
lenguaje que el de sus particulares intereses. Un punto clave donde se concentraron los esfuerzos del Papa, fue Polonia procurando aproximarla al
Emperador, lo que equivalía a separarla de la influencia francesa (ofensa
que los franceses no perdonaron nunca a Inocencio XI). Varsovia se convirti6 en teatro .de una intensa batalla diplomática, en que los enviados de Luis
XIV se oponían por todos los medios a las gestiones del Nuncio y del representante del Emperador. La situación se hizo intensamente dramática en el
curso de 1682, cuando se sabía que los turcos se .armaban para la guera y se
podía pensar que atacarían al ano siguiente.
LOS mejores planes pueden malograrse a veces por circunstancias fortuitas y aún triviales. Así también se malogró en Polonia, al menos en esta ocasión, la influencia francesa que parecía tan asegurada. Uno de los puntales
de esta influencia era la Reina, María Casimira de la Grange, francesa de origen y no de sangre real, pues su padre era un modesto marqués. Cuando
Juan Sobieski fue elegido Rey, «se le fueron a María Casimira los humos a la
cabeza:» pidió a Luis XIV que a su padre le concediera el título de duque y,
en vísperas de hacer un viaje a Francia, reclamó para sí misma honores reales. Todo esto era mucho pedir de un Luis XIV, para quien la realeza y la alta nobleza eran esferas muy por encima de los simples mortales. No concedió
el ducado, e hizo saber a María Casimira, que había gran diferencia entre
una reina hereditaria y una reina por elección. Tales rechazos pusieron de
muy mal humor a la esposa de Juan Sobieski, la cual, olvidándose de que era
60
MANUEL
TORRFS
MARIN
francesa, trabajó en adelante en contra de 18s planes de Luis XIV. Al mismo
tiempo se descubrió que un gran dignatario polaco, el Tesorero de la Corona
Andreas Morsztyn, también casado con francesa, estaba en relaciones secretas con Francia. Se encontraron cartas suyas en que hablaba de la mala salud
de Sobieski y sugería que sede buscara en Francia un sucesor. También se ha’ llaron cartas del embajador francés, según las cuales Morsztyn le comunicaba todas las decisiones:del gabinete y le había procurado la cooperación de
altas personalidades, que se habían dejado ganar por el dinero de Luis XIV.
Estos hechos torcieron los ánimos de todos los grandes sefiores polacos
en contra de Francia, pues nadie quería hacerse sospechoso de haberse dejado sobornar; de modo que el Rey ya no encontró obstáculo para hacer aceptar la alianza con el Emperador. El tratado se firmó el 31 de marzo de 1683,
o sea, en el último momento cuando aún podía servir de algo. Se trataba de
una alianza defensiva en general y ofensiva contra los turcos, y no podía cesar mientras no se obtuviera una paz segura y duradera. El Emperador se
obligaba a poner 40.000 hombres en campana, más 20.000 en servicio de fortaleza; y el Rey, a salir personalmente a la guerra al mando de 40.000 hombres. También debía enviar tropas Sobieski para luchar contra los rebeldes
húngaros. Para sufragar los gasos de la guerra, hacía el Emperador un pago
anticipado de 200.000 escudos al Rey de Polonia. En confirmación de la
alianza, esta debía ser jurada, por medio de delegados especiales, en manos
del Papa Inocencio XI.
En esos mismos días se movía ya el ejército otomano a través de los Balcanes y entraba en Hungría. Le acompañaba el Sultán, aunque sin ninguna
intención de compartir las penalidades de la campaña, por lo cual se quedó
en Belgrado, rodeado de sus mujeres y sus cortesanos, aguardando la noticia
de la gran victoria que lo haría sefíor de Viena y de Europa. Siempre fue diflcil formar un cómputo de las tropas otomanas, por la diversidad de su procedencia; pero se cree que en este caso sumaban unos 200.000 hombres. No todos eran combatientes de primera línea, pues muchos servían sólo como tropas ligeras para efectuar reconocimientos 0 como auxiliares para el transporte de la impedimenta y de la artillería. Tampoco se puede decir que todos
fuesen «turcos» en ningún sentido de la palabra. Entre las tropas del Sultán
no había unidad racial o nacional, pues contenían soldados europeos asiáticos y afrianos. Ni siquiera había unidad religiosa, ya que no todos eran musulmanes. Muchos de los soldados procedentes de Serbia, Bulgaria, Macedonia, Rumanía, Transilvania y Hungría seguíán siendo cristianos, aún despues de siglos de sometimiento. Eran, sin embargo, gente ruda, habituada a
una existencia rural deshumanizada y a la arbitrariedad de sus señores, y venía estimulada por la esperanza de botín. Aunque no fuesen soldados muy
aguerridos, eran tan de temer como los demás a la hora de cometer atrocidades.
El ejército del Sultán era apoyado también por las fuerzas rebeldes húngaras, encabezadas por Emerich Tõkoly. Este hombre abrigaba planes de
hacerse rey’de una Hungría independiente, pero lo ilusorio de tales planes se
revelaba por el vasallaje que reconocía con respecto a los turcos. Su actitud
servía sólo para ahondar los sufrimientos del pueblo húgaro y aumentar las
cartas de triunfo de Kara Mustafti.
EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
POR
LOS
TURCOS
(1683)
61
EI comienzo de la gúerra
Los Habsburgo, con pocas excepciones, no poseyeron grandes aptitudes
militares, pero tuvieron a menudo a su servicio soldados distinguidos. Este
fue sobre todo el caso de Leopoldo 1, tal vez el menos militar de toda la dinastía, que cont6 con una serie de generales de merito superior: Montecuccoli, Carlos de Lorena y el Príncipe Eugenio de Saboya. El segundo, discípulo
del primero y maestro del tercero, fue el que debió enfrentarse al ejército
otomano en 1683. Heredero de una dinastía que había reinado en la antigua
Lotaringia desde finales del siglo XI, naci6 Carlos V Duque de Lorena
(1643-1690) en Viena como refugiado, pues su padre había s,ido desposeído
por los franceses. Luis XIV acentuó a política de apoderarse gradualmente
de Lorena, pues así cortaba la vía de comunicación espafiola que iba desde
Milán. hasta Flandes, y ganaba un acceso al Rin por donde iniciar nuevas
conquistas. Si accedió a devolver Lorena al Duque Carlos, ello fue en condiciones que convertían a éste, príncipe soberano del Imperio, en vasallo del
Rey de Francia. Carlos se negó a aceptar, y en adelante puso su espada al servicio de Leopoldo 1, esperando alcanzar así la restitución de su ducado..
Nombrado a comienzos de 1683 Generalísimo del ejército que debía resistir a los turcos, se encontró colocado ante una tarea muy difícil, pues debía empezar por oganizar ese ejército contando con elementos muy reducidos. Como siempre, en las arcas de Viena escaseaba el dinero, pero también
eran escasas la,comprensión de la gravedad del momento y la voluntad de
hacer sacrificios. Los nuevos impuestos decretados para financiar la guerra
tropezaban con muchas resistencias, y se pagaban tarde y mal. La contribución del clero, aunque estaba aprobada por el Papa mismo, tampoco era entregada de buena voluntad. Pudo remediarse la situación únicamente con los
subsidios que llegaban del extranjero, sobre todo del Papa y de Espaila. Hasta el verano de 1683 envió Inocencio XI poco menos de un millón de florines,
mientras que del Rey de Espafia se habían recibido 200.000. Contribuyeron
también varios Estados italianos, como Florencia, Génova y Saboya, e incluso el lejano Portugal. En tales condiciones, no pudo Leopoldo 1 poner en pie
de guerra sino una fracción de las tropas que se habían previsto. En una gran
ceremonia militar-religiosa
celebrada en Kittsee el 6 de mayo, con asistencia
del Emperador y de todas las dignidades de la corte, presentó en revista Carlos de Lorena un ejército de 22.000 hombres de infantería y ll .OOOde caballería, el cual representaba el poder militar propio del Habsburgo, el único
disponible hasta la llegada de las tropas de los príncipes alemanes. En el consejo de guerra efectuado en esta ocasión, se determinó entrar en Hungría para tratar de contener el avance de los turcos lejos de Viena.,
Avanzó Carlos de Lorena a lo largo del Danubio durante el mes de mayo. Deseaba observar, apoyado en las fortalezas de Raab y Komorn, cómo
se desenvolvían los movimientos enemigos, amagando al mismo tiempo las
plazas fuertes otomanas de Gran y Neukäusel. La aproximación de los turcos se sena16 como siempre por los humos de las aldeas incendiadas. Kara
Mustafá, despreciando las opiniones de sus consejeros, st nagaba a efectuar
una ocupaci6n sistemática de Hungría y asegurar así su retaguardia. Quería
avanzar directamente sobre Viena, forzando al pequen0 ejército cristiano a
62
MANUEL
TORRES
MARIN
una batalla desfavorable para quitarlo de enmedio, a fin de lanzar un ataque
fulminante sobre la ciudad que lo obsesionaba’. El Duque Carlos se vi6 antes
de mucho en una situación crítica, pues fuerzas enemigas se adelantaban por
sus dos flancos, amenazando un envolvimiento;
por lo cual, muy a su pesar,
a principios de julio orden6 la- retirada.
Mucho tiempo había reinado en Viena un estado de ánimo optimista, y
por ende descuido, pues se creía que el turco quedaría detenido en suelo de
Hungría. Con la llegada de las primeras columnas de refugiados, que contaban escenas de horror, llegó también la inquietud; que se transformó en espanto cuando se esparcieron rumores, fácilmente creídos, de que el ejército
había sido aniquilado. Muchos de los habitantes, sobre todo de los más acomodados, empezaron a emigrar en dirección a la Alta Austria, y más lejos
todavía. Al poco tiempo no se podía conseguir un carruaje ni un caballo a
ningún precio. Simultáneamente,
los pobladores de los suburbios, empezaban a abandonar sus casas, buscando la protección de las murallas de la ciudad. El 7 de julio entró un oficial del Duque de Lorena, con la noticia de que
el ejfcíto no estaba vencido pero venía en retirada. Esto dio nuevo acicate a
los’ temores de la población.
El Emperador, con el acuerdo de sus consejeros, decidió retirarse asimismo de Viena. Como no era militar, su presencia no podía contribuir mucho al resultado de los combates. Además, no podía arriesgarse a quedar en- ’
cerrado en la ciudad. No sólo era Archiduque de Austria, no sólo Rey de
Hungría, sino y por sobre todo Emperador; por lo cual un triunfo de los turcos sería de inmensas repercusiones si conseguían apoderarse de su persona.
Acompafiado de su familia, de su corte y servidumbre, el 8 de julio salió
Leopoldo de Viena, en medio de las lamentaciones de la población, y cruz6 a
la orilla izquierda del Danubio, que se consideraba segura todavía. Esa noche se alojó con grandes incomodidades en Korneuburg. Río de por medio,
en las alturas del Kahlenberg, ardía como fúnebre antorcha el monasterio de
los camaldulenses, concendiado por un destacamento de los turcos. Siguió
su triste camino Leopoldo, y finalmente estableció su corte en Passau, de
donde reiteró sus urgentes pedidos de ayuda a los príncipes alemanes y al
Rey de Polonia.
La ciudad de Viena, entretanto, quedaba en buenas manos. El Burgomaestre de ese año, Andreas von Liebenberg (1627-1683), era un gobernante
enérgico y sereno, que cumplió sus obligaciones con el mayor celo y lealtad,
sin desmayar en ningún instante. En cuanto al comandante militar de la plaza, el Conde Rüdiger von Starhemberg (1638-1701), era el hombre más acertado para la difícil misión de defender a Viena. Su nombramiento
fue uno de
los aciertos de Leopoldo en la selección de sus colaboradores. Starhemberg
había servido primero en cargos civiles, pero habiendo participado una vez
en una campana como voluntario, se aficionó a la carrera de las armas y
mostró grandes aptitudes para ella. Poseía el don de mando en alto grado, y
sabía hacerse respetar y aún querer de los soldados, cuyos peligros y penalidades compartía aun a riesgo de la propia vida. Al mismo tiempo, era de inexorable dureza para castigar las faltas y mantener. la disciplina. Su decisión
de mantener la plaza hasta el fin lo convierte en el verdadero héroe de la defensa de Viena.
EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
La ciudad, hasta ese momento,
F’OR
LOS TURCOS
(1683)
apenas tenía guarnición;
63
pero el mismo
y broncos golpes de timbal,
la caballería del Duque de Lorena, cuya vista levantó
un poco la moral de los habitantes. En los días siguientes lleg6 tambien la infantería, que había efectuado su retirada por Presburgo, y entró acompaada no de música militar sino de los mugidos de gran número de vacunos, previsoramente arreados para aprovisionar de carne a la ciudad. A &viar.el
eterno problema del pago de las tropas contribuyó el Obispo de Wiener
Neustadt, disponiendo que el tesoro del Arzobispado de Gran, que tenia.bajo su custodia, se dedicara a ese fin. Dicho Obispo, Leopoldo Kollonits
(1631-1707), fue, por 10 demás, uno de 10s hombres que en ese momento histórico mejor cumplieron con su deber. Venía de un linaje de Croacia; en su
juventud había sido caballero de Malta y combatido contra los turcos en
Creta; después se hizo sacerdote, llegó a obispo y, más tarde, a cardenal. De
su meritoria actividad durante el sitio de Viena se hará mención mb adelante.
Carlos de Lorena conferenció con Starhemberg y con el Margrave Hermann von Boden, Presidente del Consejo Aulico de Guerra, sobre las providencias que correspondía tomar. El Duque expuso su pensamiento de no dejarse encerrar en la ciudad con sus tropas, sino mantenerse en campana y.estorbar los planes de los turcos hasta que, reunidos todos los aliados, pudieran tomar la ofensiva. De acuerdo con Starhemberg, dejó a éste una parte de
su infantería y se retiró con el resto del ejército al Norte del Danubio. En
Viena se podía saber ya con qué fuerzas se contaba para la defensa. El Burgomaestre Liebenberg movilizó una guardia urbana de 1.815 hombres; y
también se organizaron varios batallones o companías por gremios o actitudes: 255 taberneros, 300 carniceros, 155 panaderos,)288 zapateros, 250 comerciantes, 1 .OOOempleados de la corte, 700 estudiantes, tipógrafos y encuadernadores, etc. En total ascendía la guarnición a unos 15 6 16 mil hombres,
que ni por su número ni por su experiencia de las armas parecían suficientes
para hacer frente a las huestes turcas. Se abrigaban en la ciudad unas 60.000
personas, pues si muchos habitantes habían partido, también se habían recibido muchos refugiados. La aglomeración de tanta gente en casas elevadas y
calles angostas creaba un‘grave peligro de epidemias o de incendios.
Hasta entonces, y pese a las serias advertencias de Hermann von Baden,
se había prestado escasa atención a las defensas, creyéndose que no llegaría
el caso de ponerlas a prueba. Liebenberg y Starhemberg concentraron ahora
toda su atención en ellas, y pusieron a trabajar a la población entera, inclusive eclesiásticos y mujeres, en los preparativos para sostener el sitio. Debían
levantarse nuevas empalizadas y abrirse trincheras, tapiarse las puertas,
construirse terraplenes y plataformas para colocar en posición los cafiones.
Una medida defensiva quedaba aún por tomar, pero era tan penosa que
Starhemberg la dilató hasta el último momento. Sólo el 13 de julio dio la orden de quemar los suburbios, como solía hacerse entonces en caso de sitio;
para impedir que sirvieran de alojamiento o de defensas al enemigo. Ardieron entonces casas, iglesias y palacios, aniquilandose riquezas acumuladas
durante un siglo y medio; y mucha gente que aún no había podido decidirse a
abandonar sus hogares, perdió entonces los bienes que había Densad.orork
día 8 de julio empezó a entrar, con estridentes clamores de trompeta
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MANUEL
TORRES
MARIN
Así aguardaba Viena, en la primera quincena de julio de 1683, la aproximación del vasto ,ejercito de los turcos. Las tropas ligeras del enemigo corrían por los campos en sus rápidos caballos, evitando los lugares capaces de
defensa pero asaltando las aldeas, granjas e iglesias desamparadas. Los habitantes eran torturados o asesinados, si no huían o encontraban refugio a
tiempo. Se dice que en el villorrio de Rohrau, en la amplia llanura que se
abre desde Viena hacia Hungría, un nifió, lleno de miedo, se escondió en una
chimenea mientras los turcos perpetraban atrocidades afuera. Ese niAo sobrevivió y, con el correr del tiempo, llegó a ser el abuelo de dos músicos de
renombre, Josef y Michael Haydn. Es una triste reflexión pensar que en la
guerra no sólo perecen los frutos del pasado, pero pueden perecer también,
en simiente, los del futuro.
El primer
mes de sitio
Kara Mustafá, que cruz6 el río Raab el 7 de julio, se demoró seis días en
llegar delante de Viena, y esta lentitud de su marcha fue un error que influy6, desfavorablemente para 8, en el curso de las operaciones. Con algo más
de rapidez hubiera podido alcanzar al ejército del Duque de Lorena, que seguramente hubiera sucumbido por su inferioridad numérica, y sorprender a
Viena con sus preparativos de defensa inacabados. El 13 de julio se encontró
Kara Mustafa en el punto donde, 154 anos antes, había estado la tienda de
capaña de Solimán el Magnífico. Ahora existía ahí un palacio de recreo, y
Mustafá, impresionado por la hermosura del edificio o por el recuerdo hist6rico, puso guardias ahí para preservarlo de la general destrucción. Pero el
Gran Visir no había venido a admirar palacios sino a conquistarlos. Ese mismo día hizo que dos de sus oficiales, se aproximaran al glacis y dejaran ahí
un documento, escrito en turco y en latín, por el que exigía la capitulación de
la ciudad, ofreciendo, como era de costumbre, la seguridad de las personas y
los bienes bajo a protección del Sultán. Los habitantes de Viena sabían ya lo
que valían tales promesas, y no dieron respuesta alguna.
En torno a Viena surgió una nueva población abigarrada, pintoresca y
bulliciosa, la de los campamentos turcos que se extendían en un gran semicírculo, con sus dos extremos apoyados en el río. El emplazamiento de estos
campamentos era más o menos el de los barrios exteriores de la Viena moderna, concentrados sobre todo en el espacio entre la ciudad y el Wienerwald
(los «bosques de Viena»), esto es, las alturas que dominan la planicie. Se exponían los turcos de esta manera al ataque del ejército que, en algunas semanas mas, vendría desde esa dirección en socorro de Viena; pero el Gran Visir,
ademAs de las seguridades de victoria rápida que le inspiraba su soberbia, tenía tambien sus razones. Sabía por sus informantes, que por ese lado eran
defectuosas las fortificaciones; además, el suelo estaba menos impregnado
de agua y se prestaba mejor para el trabajo de zapa, sistema ofensivo muy
empleado por los turcos; El 14 de julio se iniciaron las obras de sitio, dirigidas por los ingenieros franceses con que contaban los turcos.
Para estas obras eran ampleados sobre todo los habitantes de la región,
a los que se hacía trabajar con barbara dureza y se castigaba con suma crueldad. Detrás de los trabajadores y de los soldados se encontraba Kara Musta-
\
ELEND
Plano
1: Fortificaciones
de Viena
y puntos
de ataque
de lOS TUCOS.
EL SECUNDO SITIO DE VIENA POR LOS TURCOS (1683)
65
fa en persona, incitandolos con su palabra y con el terror que inspiraba su
nombre. El sector que se había propuesto atacar estaba defendido por los
bastiones llamados Burg y Löbel y por un ravellín, obra exterior avanzada
que cortaba el paso hacia la muralla. Esa misma noche quedó abierta la primera paralela y también se instaló una batería, que empezó a batir las defensas y a bombardear la ciudad misma. Los sitiados observaban esos trabajos
desde la muralla, pero no pasivamente, pues su interés consistía en estorbarlos, para retrasar el momento en que los turcos pudieran acercarse bastante
para lanzar un asalto. En las noches def 15, el 16 y el 19 de julio hicieron salidas, logrando dar muerte a muchos turcos y destruir en gran parte las obras
empezadas. Pero los turcos, por la gran cantidad de mano de obra disponible, podían reparar rápidamente sus trincheras y proseguir la aproximación.
Es preciso destacar, con todo, que el asedio de Viena era no sólo un choque material, sino también un encuentro de dos culturas; las que, aun aborreciéndose, no podían dejar de fructificarse mutuamente. Los turcos traían
consigo, por ejemplo, los elementos de lamúsica militar europea (l), inclusve la tradición de la retreta; la cual podían escuchar los habitantes de Viena
al mismo tiempo que los ruidos del combate. En el diario de campaña del
Maestro de Ceremonias otomano se lee, en la anotación del 18 de julio:
«Hoy, después de la plegaria de la tarde, empezd la banda militar del Gran
Vkir a tocar en su reducto; y otro tanto hicieron, en los demás sectores, las
bandas del jefe de los jenízaros y del gobernador de Rumelia, como también
las de los visires y gobernadores de provincia y de distrito. Así tocan ahora
cada vez, despu& de las plegarias, a la caída del sol, en la noche y al amanecer, las diversas bandas; de modo que con el resonar conjunto de tambores,
oboes, flautas, tamboiiles y pkitillos, al que se unía el estrépito de los caiiones y mosquetes, temblaban la tierra y el cielo». El Maestro de Ceremonias
tenía también un oído crítico. El 22 de agosto, cuando lleg6 de visita a campamento turco el Príncipe de Transilvania, le pareció que la comitiva de éste
hacía «un ruido absurdo con sus cornetas, tambores y timbales».
Entretanto, mientras la capital de la Baja Austria y residencia del Emperador quedaba estrechamente asediada, extendían los turcos sus destructivas
correrías por toda la región. Llegaron tan lejos que incluso la ciudad de
Enns, en el límite con la Alta Austria, hubo de ponerse en estado de alerta; y
la alarma cundió también hacia el interior de Alemania, por Baviera y Suabia. En la Baja Austria fueron muy pocos los lugares que lograron sobrevivir, como islas en un mar embravecido, a la invasi6n otomana. Algunas ciudades se salvaron mediante una oportuna sumisión a Emerich Tököly, haciéndose súbditas de éste por mientras pasaba la tormenta. En cambio, Wiener Neustadt, que en 1529 había desafiado el poder de Solimán, se sostuvo
también heroicamente contra Kara Mustafá.
(1) Por supuesto que desde la Antigüedad se usaban trompetas y otros instrumentos para
marcar el paso a los soldados, para animarles o para transmitir sefiales; pero la banda militar
misma fue invención de los turcos, que la constituian con gran número de instrumentos, Ilevando los de viento la melodía y los de percusi6n el ritmo. Este genero de música era escuchado con
involuntaria admiración por los europeos durante el siglo XVII, hasta que los alemanes empezaron a imitarla, y con ellos los demás pueblos. Todavía modernamente se denomina en alemán
Jmitscharenmusik (música de jenízaros), la música de bandas de infanteria.
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MANUEL
TORRES
MARIN
La artillería de los turcos empezaba a hacer sentir sus efectos en las construcciones de Viena, y estuvo a punto de ocasionar una pérdida irreparable.
El 15 de julio, mientras hacía su ronda en la muralla, sufrió Starhemberg
una grave contusi6n por una piedra que salto al golpe de una bala enemiga.
El general debió guardar cama un par de días, pero después reapareció en
público, transportando en una silla de manos, para seguir animando la defensa. El 20 de julio se presentó un parlamentario con una misiva del Gran
Visir, que solicitaba una breve tregua para enterrar a sus muertos. Al mismo
tiempo instaba de nuevo a la ciudad a rendirse, amenazando que, si era capturada por fuerza, no se perdonaría ni a la criatura en el vientre de su madre.
Starhemberg rehusó la tregua, e hizo responder que la ciudad sería defendida
hasta la última gota de sangre. Esa noche se recibió en Viena, por primera
vez desde el comienzo del sitio, un mensaje del exterior: el Duque de Lorena
instaba a resistir, pues el socorro estaba cercano. Con una columna de humo
durante el día, y con cohetes que se disparaban de noche desde la torre de San
Esteban, se hozo saber al Duque que su mensaje había sido recibido y que la
defensa no cejaba.
Más que la artillería inspiraban temor las minas del enemigo. Al anochecer del 23 de julio estallaron dos en la contraescarpa de los bastiones que
eran objeto preferente de ataque de los turcos. Quince soldados resultaron
muertos y muchas empalizadas quedaron destruidas. Enseguida lanzaron los
turcos un gran asalto contra ambos bastiones. Fueron rechazados con fuego
de mosquetería, granadas y arma blanca, y aunque el ataque se desarrollóen
tres oleadas sucesivas, no consiguieron ganar ni un palmo de terreno. A pesar de este triunfo, inspiraba inquietud la penetraci6n subterránea del enemigo, sobre todo porque la guarnición no disponía de soldados habiles en el
trabajo de contramina, Hubo que improvisarlos, y su valor e ingenio suplieron a su falta de experiencia.
El 25 de julio repitieron’los turcos su ataque contra el ravellín del .Bastión Burg. En la madrugada abrieron fuego con todas sus baterías; a media
tarde hicieron estallar una mina en la contraescarpa, dando muerte a diez
soldados, y a favor de la confusión así ocasionada se lanzaron por tres veces
al asalto. Fue tal su ímpetu, que en un momento pareció debilitarse la resistencia, pero entonces llegaron cien granaderos de refuerzo, los cuales, en un
cruento combate cuerpo a cuerpo, expulsaron al enemigo y lo persiguieron
hasta sus trincheras, las que en gran parte fueron destruidas. Los turcos perdieron mucha gente, pero los cristianos lamentaron también sensibles bajas.
Stárhemberg fué, asimismo, herido por un casco de granada mientras visitaba el lugar del reciente combate.
Al día siguiente renovó Kara Mustafá sus intentos de inducir a los sitiados a capitular. Atada a una flecha recibieron éstos una carta en que se les
hacían grandes promesas de buen trato si accedían a rendirse. Era obvio que
a Kara Mustafá le interesaba ganar la plaza por capitulación más bien que
por asalto; Si la obtenía intacta, haría suyos la mayor parte de los tesoros
que encerraba, los que se perderían en el saqueo de una captura por fuerza.
Además, una fortaleza en ruinas no ofrecería mucho abrigo a sus soldados
para el invierno siguiente, ni tendría mucho valor militar para campahas úl-
EL SEGUNDO
SITIO DE VIENA
POR.LOS
TURCOS
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teriores. Su codicia personal y sus planes de conquista le hacían ver la conveniencia de inducir a los sitiados a capitular.
El mes de julio terminó con intenso cai’ioneo y. estallido de minas, pero
sin que los turcos hubiesen hecho aún gran mella en las defensas de la ciudad. Sólo en el bastibn Löbel, donde los perjuicios eran considerables, se ordenó que los artilleros tomasen posición más atrás, pues ya no estaban protegidos contra el fuego enemigo. También había progresado el trabajo de zapa
de los turcos, que -les permitía asaltar la contraescarpa desde muy cerca, pero
aún nopodían poner el pie en ella. Para el caso de que lograsen entrar, dispuso Starhemberg que en los lugares mas amenazados se colocaran caballos
de frisa y otros obstaculos, y que estuvieran listos los medios para derramar
agua hirviendo, pez caliente y materias combustibles sobre los asaltantes.
La guerra no estaba limitada al cerco de Viena. MientrasKara Mustafh
combatía en la orilla- derecha del Danubio, avanzaba su aliado, o más bien
subordinado, Emerich Toköy, por la izquierda del río. A la cabeza de 14.000
húngaros y 6.000 turcos se proponía cooperar con el Gran Visir, asegurandole una buena comunicación entre ambas márgenes, y el lugar apropiado para
ello le pareció la ciudad de Presburgo, donde tenía partidarios. Estos le
abrieron las puertas, y la guarnición hubo de encerrarse en el castillo, donde
siguió ofreciendo resistencia. Al mismo tiempo, de las tropas sitiadoras de
Viena, se desprendió un cuerpo de 10.000 hombres, para reunirse con Taköly una vez que éste hubiese tendido un puente sobre el río. El duque Carlos
de Lorena, no podía permitir que el enemigo se consolidara en Presburgo, y
amenazara desde ahí las regiones del lado Norte del Danubio. El 29 de julio
se presentó con todo su ejército ante la ciudad y, después de un breve pero
intenso combate, la obligó a entregarse. Tököly, sorprendido por la rapidez
de este avance y sin poder lograr acuerdo con los Baja& turcos para presentar batalla, optó por la retirada. Esto no lo salvó de una derrota, pues Carlos
de Lorena, reforzado por un cuerpo de caballería polaca, atac a los húngaros y turcos y les infligió grandes pérdidas, con lo que la orilla izquierda del
Danubio quedó por el momento limpia de enemigos, y se restableció el contacto con las fortalezas de Raab y Komorn. Kara Mustafa afectó no dar importancia a la derrota de Toköly, pero en privado le hizo hperos reproches,
que colmaron de furor al rebelde.
Entretanto empezaban los turcos mismos a sentir los efectos de la barbarie con que habían asolado la región de Viena, pues allí ya no encontraban
alimentos y debían ir a buscarlos a distancias considerables. Esto ofrecía
nuevas oportunidades a las tropas imperiales. Un destacamento turco, después de recoger provisiones mediante robos y violencias en los alrededores de
Wiener Neustadt, regresaba con un convoy de 600 carros; pero el general Johann von Dünewald que lo supo, salió al encuentro de ‘los turcos con varios
escuadrones, los destrozó y les arrebató el botín. Igual suerte corrió un destacamento de tártaros enviados a Petronell; junto al Danubio, los que fueron destrozados por los auxiliares polacos.
La noche del 6 de agosto fue muy crítica para Viena. Los jenizaros atacaron el ravellín y trataron de establecerse en el foso. Mientras en ese lugar se
combatía con ciego furor, estalló una mina en la contraescarpa y los turcos
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MANUEL
TORRES
MARIN
procuraron inmediatamente penetrar por la abertura practicada. Sólo la llegada oportuna de refuerzos permitió rechazarlos hasta la contraescarpa,
donde se fortificaron. La guarnici6n perdió esa noche unos cien hombres entre muertos y heridos. Los días siguientes transcurrieron en continua actividad.de ataques, trabajos de zapa y salidas de los sitiados. El ll de agosto empez6 la artillería enemiga un fuego intenso e ininterrumpido,
que prosiguió
el día 12, dirigido sobre todo contra el palacio imperial, la catedral de San
Esteban y las casas del lado occidental de la ciudad. A mediodía ~016 una mina que derrumbó todo el angula saliente del ravellín, sacudiendo la explosión
a la ciudad entera. Los turcos avanzaron por entre el polvo y el humo, y también acudieron los defensores; ahí se trabó uno de los combates más sangrientos de todo el sitio, el que dur6 dos horas. Los turcos al retirarse dejaron montones de cadáveres de los suyos.
Starhemberg comprendía que la ciudad, por el momento, debía bastarse
a sí misma; sin embargo, procuraba mantener el contacto con el exterior para afirmar la moral de los ciudadanos y de los soldados. El 13 de agosto hizo
salir a un mensajero, que disfrazado de turco, cuyo idioma y costumbres conocía, logró atravesar las líneas enemigas con una carta para el Duque de
Lorena. El mensajero fue y volvió, entre novelescas aventuras, trayendo como respuesta el anuncio de que el ejército cristiano ya se estaba reuniendo
para la gran batalla. Como noticia alentadora, comunicaba el Duque la recaptura de Presburgo y la gran derrota de Tökoly.
La concentracidn
de los aliados
En efecto, durante el mes de agosto se estaban juntando las tropas aliadas que, unidas a las fuerzas imperiales, formarían el ejército que había de
vencer a los turcos y liberar a Viena. Tal era, al menos, su programa; pero la
realización del mismo no estaba exenta de dudas, porque los elementos que
podían reunir los cristianos no igualaban al ejército otomano, ni siquiera se
aproximaban a lo previsto en el tratado de Leopoldo 1 y Juan Sobieski.
Los primeros que entraron en campafía fueron los contingentes de los
príncipes alemanes, aunque con dificultad porque el Imperio aún no se reponía de los estragos sufridos en la Guerra de los 30 Arlos, y no sin vacilaciones, dadas las conocidas intenciones agresivas de Luis XIV. El punto de reunión era la ciudad de Krems sobre el Danubio, y ahí se presentaron a mediados de agosto las tropas de Baviera, bajo el mando del General Degenfeld y
el Margrave de Bayreuth. Eran seis regimientos de infantería y cinco de caballería, con un total de 11.300 hombres. El Príncipe Elector de Baviera,
Max Emanuel, a la sazón de 21 afios de edad, con laudable modestia no quiso tomar la jefatura, y la dejó a hombres más experimentados en la guerra.
Sin embargo, hizo tan bien su aprendizaje, que a los pocos aAos era uno de
10s generales mas distinguidos
en las campafias contra los turcos en Hungría.
Otro príncipe que estaba convencido de la necesidad de unir las fuerzas
para proteger el Imperio de los ataques de los otomanos era Juan Jorge III,
Elector de Sajonia. Hombre de más edad y bien ejercitado en las armas, ya el
4 de agosto tenía reunido en Dresden un ejército de ll .400 hombres, compuesto de seis regimientos de infantería, cuatro de caballería, uno de drago-
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POR
LOS
TURCOS
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nes y su guardia personal. El ll de agosto inició la marcha a través de los
montes de Bohemia, hasta efectuar la reunión en Tulln el 8 de septiembre. Al
mismo tiempo avanzaban a lo largo del Danubio las tropas de Wurtemberg y
del Círculo de Franconia, que sumaban 8.400 hombres disribuidos en seis
batallones de infantería y 14 escuadrones de caballería. Venían a las órdenes
del Príncipe Jorge Federico de Waldeck, que también ejercía el mando supremo sobre las tropas de Baviera. .Waldeck, gran amigo de Guillermo de
Orange -el futuro Guillermo III de Inglaterraera uno de los hombres que
con más energía trataba de aunar las fuerzas de los pequefios príncipes.,alemanes para hacer frente a los ataques externos, así de los turcos como de los
franceses.
En cuanto al aliado polaco, sus dificultades eran tan grandes, que en algún momento se pudo desesperar de su asistencia. Juan Sobieski (1629-1696)
reinaba sobre un país unido sólo en apariencia, pero de hecho seriamente dividido por las ambiciones y la independencia selvática de sus grandes sefiores. La monarquía era electiva, y cada elección era motivó de intrigas internas y externas. Sobieski, que también era uno de esos grandes señores, tuvo
una juventud aventurera durante la cual vivió en París y en Constantinopla.
De vuelta en Polonia, sus cualidades militares y el apoyo de Francia, que
contaba con él para que secundase sus planes de conquista, contribuyeron
para que en 1674 fuese elegido Rey con el nombre de Juan III. Durante las
turbulencias de la elecci6n, habían reiniciado 10s turcos las hostilidades contra Polonia, y Sobieski los combatió con resultado variable. En 1676 se hizo
la paz, por la cual Polonia retuvo sólo dos tercios de Ucrania, mientras que
el resto y toda Podolia quedaban en manos de los turcos. El deseo de reconquistar la perdido, fue uno de los móviles de Sobieski para alejarse de Luis
XIV y concertar el tratado de alianza con Leopoldo 1.
’
Sin embargo, en el momento de la acci6n se encontró Sobieski ante una
falta de elementos casi insuperable. El ejército constaba sólo de 18.000 hombres, sin duda valerosos y aguerridos, pero tan indisciplinados y licenciosos,
que constituían un peligro para la población civil de Polonia, por 10 cual se
les mantenía dispersos en lugares remotos de Ucrania. Por otra parte, el
Gran Ducado de Lituania, que estaba unido a la monarquía polaca, tenía un
ejército separado; pero el general que lo mandaba, por. ser enemigo personal
de Sobieski, demoró el envío de sus tropas hasta que fue demasiado tarde.
La escasez de dinero en las arcas reales era absoluta. Los únicos medios disponibles eran la ayuda enviada por el Papa y el subsidio concedido por el
Emperados con arreglo al tratado, a lo que se agregó el sacrificio que hizo
Sobieski de su tesoro personal para armar y equipar a sus hombres. Aun así
no llegó ni de lejos a los 40.000 que tenía prometidos. Cuando hubo reunido
25.000 consideró que no podria pasar de este número, y con tales fuerzas salió de Varsovia el 18 de julio. A su paso por Cracovia fue despedido por la
Reina y por toda la corte. También se hallaba presente el embajador francés,
que hasta el último momento había estado escribiendo a Luis XIV que los
polacos no se hallaban en condiciones de marchar. Sobieski, al verlo, le dijo:
«Ahora, señor embajador, podéis informar a vuestro amo que verdaderamente me dirijo a Viena».
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TORRES
MARIN
El 3 de septiembre se celebró en Stetteldorf un gran consejo de guerra,
con asistencia de Sobieski y muchos príncipes alemanes. El Duque de Lorena
propuso, y así quedó acordado, que la ruta mas corta y segura para atacar a
los turcos era pasando por las alturas del Kahlenberg, que dominan la planicie de Viena. Era un camino difícil, por lo quebrado del terreno y la abundancia de bosques, pero por lo mismo favorable, pues la infantería alemana
se podía mover ahí con más facilidad que las huestes turcas. Ademas, eso
protegía la línea de abastecimiento por el Danubio y, en el peor de los casos,
aseguraba la retirada por los puentes de Krems y Tulln. Sobieski prestó su
asentimiento a los planes del Duque y declar6 que estaba dispuesto a guiarse
por su mayor experiencia. Qued6 decidido que el ejército actuaría concentra-do a las órdenes superiores del Rey, y se acordó también el orden en que entrarían en batalla las diversas divisiones.
Mientras estaban en marcha las tropas aliadas no había permanecido
ocioso el Duque de Lorena, pues mantenía la vigilancia sobre las operaciones
de los turcos en torno a Viena y tambien sobre las actividades de Emerich
Tokoly. Este era, en efecto, el brazo móvil de la ofensiva otomana y, aunque
con fuerzas inferiores, podía contribuir eficazmente al resultado de la campana. El 6 de agosto forz6 Tököly el paso del río March; con intención de
unirse a fuerzas turcas que atravesarían el Danubio y expandirse después por
Moravia para obstruir el camino a las fuerzas polacas. El Duque de Lorena
le salió al encuentro, y nuevamente lo oblig6 a retroceder con grandes perdidas. Sin embargo, conociendo el Gran Visir la aproximaci6n de los aliados,
insistió en la idea de derrotar a las tropas imperiales mientras aún estaban
aisladas. Envió a Toköly un refuerzo de 10.000 tártaros; al mismo tiempo, el
Bajá de Grossvardein avanzaría con 14.000 turcos por la orilla izquierda del
Danubio y sería reforzado por 4.000 hombres desprendidos del ejército sitiador de Viena., Estas maniobras se cumplieron como estaban ordenadas.
El Duque de Lorena se situó en Weikersdorf, desde donde podía observar a sus dos adversarios. Viendo que estaban bastante separados, y que Tököly no ofrecía peligro a su flanco izquierdo, se lanzó impetuosamente al
ataque contra el Bajá. El 24 de agosto le inflingió una derrota completa en
Stammersdorf, donde quedaron muertos 1.200 turcos, mientras que muchos
otros se ahogaron en el Danubio, salvándose el Bajá mismo apenas en un
barquichuelo. Mucho botín quedó en manos de los vencedores, y 600 húngaros se pasaron a sus filas, lo que indicaba que la causa otomana empezaba a
perder atractivo para ellos. Tökoly, a su vez, se retiró de nuevo detrás del
March, y en adelante no intentó mas que pequefias incursiones de merodeo
en dirección a Moravia.
Estas victorias del Duque de Lorena fueron de importancia decisiva para
la liberación de Viena, pues aseguraron la reunión del ejército que debía realizar la magna empresa de salvar a la ciudad y a Europa.
El segundo mes de sitio
A mediados de agosto, empez6 la situación interna de Viena a tornarse
crítica. Escaseaban los víveres frescos y tambien el agua; y las condiciones
sanitarias, normalmente poco satisfactorias en las ciudades de la epoca, se
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DE VIENA
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LOS TURCOS
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hacían aún más deficientes, con lo que cundían las enfermedades contagiosas y hacía estragos la disentería. Sufrían en especial las personas de las clases populares, pero los individuos altamente colocados no estaban exentos.
También Starhemberg cay6 enfermo, pero se recuper6. Otra victima fue el
Burgomaestre Liebenberg, quien por su edad avanzada no logró sobreponerse al mal, y falleció el 10 de septiembre, muy lamentado por la población.
Los batallones conservaban apenas la mitad de su efectivo, y muchos de sus
soldados escasamente tenía fuerzas para ir a ocupar sus posiciones en las murallas.
Las autoridades adoptaban las medidas que estaban a su alcance para
remediar tantas dificultades. En este que podría llamarse el frente interno,
desplegaba la mayor actividad el Obispo Kollonits. Acompafiaba a Starhemberg en sus rondas, estimulando con su palabra y su ejemplo a los defensores, visitaba todos los días los hospitales para atender a los heridos y enfermos, y reunía y cuidaba a los huérfanos. Para las mujeres, nihos y ancianos
que no podían participar en la lucha estableció talleres, en que se confeccionaban zapatos, medias y ropa destinados a los combatientes. Ayudó también
en la organización de voluntarios ‘para acudir a los incendios y en la aplicación de medidas para estabilizar los precios de los artículos de consumo. El
Gran Visir, que supo de estas actividades de Kollonits, mont6 en cólera e hizo juramento de cortar la cabeza al Obispo y mandarla al Sultán ensartada
en una lanza. Esto del envío de una cabeza ocurrió efectivamente más tarde,
pero de un modo muy diverso de lo que se imaginaba Kara Mustafa.
En las fortificaciones proseguían diariamente los combates, siguiendo la
pauta ya establecida. Los turcos hacían estallar minar, que iban derrumbando poco a poco los baluartes, y luego trataban de ganar posiciones mediante
furiosos asaltos, que daban lugar a sangrientos choques cuerpo a cuerpo.
Los sitiados hacían de vez en cuando una salida, en que dafiaban las obras de
los turcos y a veces conseguían apoderarse de provisiones de boca, que .mucha falta le hacían. Pero si los cristianos tenían dificultades-para alimentarse, también las tenían ya los turcos. Kara Mustafá, furioso por la prolongación del sitio, y sabiendo que sus tropas se empezaban a desalentar, tom6 entonces una medida de increible barbarie. A fin de disminuir el número de
«bocas inútiles» orden6 degollar a todos los cautivos cristianos que había en
el campamento, exceptuados los más jóvenes a quienes se reservaba para el
trabajo forzado de las trincheras.
Razón tenía Kara Mustafá en estar impaciente, pues el Sultán también lo
estaba. El 19 de agosto llegó al campamento un envio del Gran Sefior. Traía
magnificos regalos para el Gran Visir, pero también quería saber cuál era el
estado de la situación. El Sultán yá hacía tiempo que aguardaba la noticia de
la caída de Viena, y había dispuesto festejos extraordinarios para celebrar la
victoria, que consideraba superior a la toma de Constantinopla misma pues
le daría, el imperio de Europa. No tardó el enviado en darse cuenta de que, a
pesar de 1s grandes pérdidas sufridas por el ejército otomano, aún no estaba
próxima la captura de de.Viena; y con esta poco satisfactoria información se
volvió a Constantinopla.
Kara Mustafá, a pesar de las muestras de benevolencia de su amo, entendió que su posición peligraba y empezó a exigir ma-
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yores esfuerzos de sus hombres, y también de sí mismo. Abandonando el lujoso retiro en que había vivido hasta entonces, se hacía transportar a los
puntos de combate en una litera blindada con planchas de hierro, animaba a
los soldados, recompensaba a los valientes, y hacía ejecutar sin piedad a los
que vacilaban en el asalto.
Así transcurrieron los últimos días de agosto, alternando bombardeos,
explosiones de minas y luchas en el foso y en el derruido ravellín. Como Starhemberg se negaba a admitir una tregua para enterrar a los muertos, todo el
contorno de Viena estaba cubierto de cadaveres, lo que contribuía a deprimir
a los turcos y a emponzoñar el ambiente, con peligro para sitiados y sitiadores. De todos modos, el asedio progresaba, aunque con lentitud, y la capacidad de resistencia de los cristianos se iba agotando.
A comienzos de septiembre, obtuvieron los sitiadores algunos éxitos de
importancia. En la mafktna del 2 de este mes se desplomó, por efecto de una
mina, el ángulo saliente del bastión Burg, y los sitiados no pudieron impedir
que el enemigo ampliara la abertura. A la noche siguiente se establecieron los
turcos de manera definitiva en el foso, y comenzaron a atacar con mucho
empetIo el ravellín, que ya no era más que un montón de escombros. Aunque
la tropa ahí destacada se defendió con denuedo, Starhemberg, que no deseaba sacrificar innecesariamente a sus soldados, orden6 el día 3 abandonar el
ravellín, puesto que su conservación se hacía imposible. De la torre de San
Esteban volaban noche a noche los cohetes, para hacer saber al Duque de
Lorena que la ciudad aún resistía pero estaba en la última extremidad.
El 4 de septiembre voló una mina en el bastión Burg, y enseguida avanzaron 4.000 turcos al asalto mientras los defensores corrían a sus puestos. La
campana de San Esteban sonaba lugubremente Ja alarma, y los turcos trepaban por encima de las ruinas gritando el nombre de Allah. Ambos bandos estaban igualmente desesperados, por lo que el choque fue terrible. Los turcos
alcanzaron a plantar varios de sus estandartes, pero pudieron ser expulsados
por la llegada de refuerzos. Ahí quedaron muertos 500 turcos, pero también
-i 14 cristianos. EL día 5 tronó la artillería turca continuamente contra la ciudad, y el 6 estalló una mina en el bastión Lobel, produciéndose un combate
tan furioso como los anteriores. Como para aliviar la angustia de los sitiados
en esos momentos de máximo peligro, esa noche se elevaron cinco cohetes
sobre las alturas del Kahlenberg. Era un anuncio de que el ejército aliado había empezado a atravesar el Danubio.
El 7 de septiembre, mientras proseguía la actividad de artillería y zapa,
pasó revista el Gran Visir a su ejército: el total de las tropas ascendía a
173.400 hombres y las bajas sumaban hasta esa fecha 48.544. Tales cifras
eran más decidoras por el lado del pasivo que del activo. En efecto, en el total se incluían muchas fuerzas que operaban en Hungría y aún algunas que
ya habían sido aniquiladas en combate. En cambio, la enorme cantidad de
bajas, indicaba el precio altísimo que estaba pagando Kara Mustafá por la
conquista de Viena. De todos modos, aún reduciéndolas mucho, las fuerzas
de que aún disponía -tal vez unos 147.000 hombres- le daban la superioridad numérica sobre la guarnición de la ciudad y el ejército aliado juntos.
Los días 8 y 9 de septiembre renovaron los turcos el asalto contra el
PLANO
2.
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Plano
2: Batalla
del Kahlenberg,
12 de septiembre
de 1.683.
EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
POR
LOS
TURCOS
(1683)
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arruinado bastión Lobel, hasta que los sitiados hubieron de abandonarlo
porque ya era indefendible. Los turcos estaban firmemente establecidos junto a la muralla y empezaban a minarla; y estos trabajos prosiguieron los días
10 y ll, mientras la artillería disparaba continuamente. Sin embargo, los turcos ya no intentaron nuevos asaltos, no porque hubieran desistido de su objetivo, sino porque las circunstancias les imponían una dilación. Ya se hacía
sentir la aproximación del ejército aliado, aunque Kara Mustafá, en su soberbia, afectaba despreciarlo.
El 10 de septiembre celebró consejo de guerra el Gran Visir, no para trazar nuevos planes, pues a nadie prestaba oídos, sino para que hubiera alguien en quien descargar la responsabilidad en caso de algún tropiezo. Sus
‘generales deseaban levantar el sitio y tomar medidas ofensivas y defensivas
contra el ejercito cristiano, pero el Gran Visir impuso su propia opini6n. No
quería abandonar las trincheras que tanto habia costado hacer llegar a la
muralla de la ciudad. Estaba seguro de que, una vez derrotado el ejército de
socorro, Viena no tendría más remedio que rendirse.
Durante el ll de septiembre hubo intenso ir y venir en el campamento
turco y grandes fuerzas se desplazaron hacia las laderas del Kahlenberg. Al
atardecer se vio desde Viena que en esas alturas aparecían tropas, y poco después, desde ahí se hicieron disparos de artillería contra las fuerzas turcas más
próximas. Al mismo tiempo, en la cima del Leopoldsberg se desplegó una
gran bandera roja con una cruz blanca -estandarte que no era el de ninguno
de los aliados, y por eSo los representaba a todos-. Tal espectáculo hizo nacer las mayores emociones en Viena. Los soldados, enardecidos, peían hacer
una salida contra el enemigo; mucha gente coronaba las torres y murallas para ver lo que ocurría; y muchos también corrían a las iglesias para impetrar
la ayuda divina en aquel trance. Era evidente que la suerte de Viena estaba
por decidirse.
La batalla de Kahlenberg
El desenlace de la campaña de los otomanos contra Viena en 1683 se debió a varios factores, y muy especialmente a los errores estratégicos de Kara
Mustafá. Uno de los más grandes, fue no haber tomado seriamente en consideración al ejército cristiano, por lo cual no adoptó medida alguna para disputarle el paso del Danubio ni para estorbarle el tránsito por la zona montuoso que debía recorrer para acercarse a Viena. Por eso, al aparecer los cristianos en la cima del Kahlenberg, debieron los otomanos improvisar una línea defensiva al pie de los montes.
El ejército aliado reunido constaba de unos 85.000 hombres, distribuidos como sigue:
CåAones
Infantería
Caballería
Total
17.200
27.100
70
Imperiales
9.900
18.000
26.600
30
Polacos
8.600
30
Sajonia
5.200
6.200
11.400
3.500
11.300
26
Baviera
7.800
Wurtemberg
12
1.200
8.800
7.600
y Franconia
168
46.100
85.200
39.100
Total
74
MANUEL
TORRES
MARIN
En estas tropas se incluían muchos voluntarios, generalmente nobles, así
como pequenos contingentes de diversos príncipes alemanes. El Duque de
Brunswick-Luneburg
envió 600 soldados, entre ellos, como voluntarios, dos
hijos suyos; uno de éstos llegó a ser, 30 silos más tarde, el Rey Jorge 1 de
Gran Bretaña. Llama la atención en la composici6n del ejercito la excesiva
proporción de la caballería en sus efectivos. Del ejército imperial, ya se sabe
que gran parte de su infantería había quedado como guarnición en Viena y
en otros lugares; el ejercito polaco, que normalmente actuaba en los vastos
espacios de Ucrania, tendía a ser más fuerte en caballería. Por eso, era tanto
más importante la presencia de las tropas alemanas que aportaban más de la
mitad de la infantería disponible para la batalla. El propio Sobieski quedó
muy impresionado por el aspecto de estas tropas, sobre todo las de Sajonia,
y exclamó: «Se puede decir de los alemanes lo que se dice de los caballos:
ellos mismos no conocen su propia fuerza». Descontadas las fuerzas dejadas
atrás para proteger los puentes del Danubio o como destacamentos separados, quedaban unos 65.000 hombres para dar la batalla por Viena. Los turcos, ya se ha visto que disponían de unos 147.000 hombres, que también se
reducían a unos 120.000 por la ausencia de destacamentos.
Al atardecer del ll de septiembre, después de una fatigosa marcha de
varios días, alcanzó el ejercito aliado la línea Leopoldsberg-Cobenzl,
donde
hoy está el limite urbano de Viena. La infanteria sajona tom6 posesibn de la
cumbre del Kahlenberg y, apoyada luego por los imperiales, dispersó a cañonazos a algunas fuerzas turcas que intentaban subir desde el lado de la ciudad. Estos disparos fueron los que se vieron desde Viena, y dieron a los sitiados la seguridad de que el socorro estaba próximo. Desde la altura se ofrecía
una espléndida vista de la ciudad, medio cubierta por las nubes de humo de
la artillería, como también de los campamentos turcos donde reinaba la actividad preliminar a la batalla. En estos momentos se dio una curiosa diferencia de pareceres, de esos que indican que la visión no está en las cosas sino en
el ojo que las mira. Los alemanes, acostumbrados a andar por bosques y
montanas, sostenían que el descenso no presentaría dificultades; pero Sobieski, el hombre de las llanuras de Polonia y Ucrania, estimó que las dificultades naturales eran enormes, y que pasarían por lo menos dos, días en combates parciales antes de poder dar la batalla. Tan convencido estaba de ello,
que hasta sefialó los lugares donde acamparían las tropas en las noches del 12
y el 13 de septiembre. Además, para asegurar su descenso, pidió que se le reforzara con infantería alemana, a lo cual accedió el Duque de Lorena. Cuatro regimientos -uno imperial, uno de Baviera, uno de Sajonia y uno de
echa para apoyar el avance de los
Franconiafueron trasladados al
ba en manos de Sobieski, sino que
San el choque: la situación
cristianos de liberarla, y la
arrebatar un triunfo que ya
esperas ni dilaciones, quei bien la batalla no estaba
dad su ejercito. Dejando
fuerzas suficientes para mantener el cerco de Viena, con la mayor parte de
EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
POR
LOS
TURCOS
(1683)
75
sus tropas ocupó una línea defensiva que se extendía desde Dornbach hasta
Nussdorf. En vista de esta maniobra, resolvieron Sobieski y el Duque de Lorena, iniciar tambien un avance restringido para no dejarse arrebatar la ventaja que les daba su posición mas elevada. Antes de abrirse la marcha tuvo
lugar un solemne oficio religioso en la cima del Kahlenberg, con la participación del famoso capuchino Fray Marco d’Avíano (163 l-1699), confesor del
Emperador Leopoldo y enviado especial del Papa. Este fraile, nacido en la
aldea de ,Aviano, en el Friul, era un predicador de renombre en Italia y Alemania y por sus virtudes gozaba de mucho prestigio en el pueblo y entre los
príncipes. Convencido de la terrible amenaza que representaban los turcos
para la Cristiandad, ponía todo su celo al servicio de la resistencia a la Media
Luna, tratando sobre todo de disipar las discordias entre los propios cristianos. Celebró misa Fray Marco en la montana e impartió la bendicibn al ejército. En vez de música sagrada, acompañaba esta ceremonia el estruendo de
las explosiones que sacudían los debilitados muros de Viena.
Muy de mafíana empezó la lucha en el ala izquierda del ejercito aliado,
compuesta de las tropas imperiales y sajonas. Ahí mandaba el Duque de Lorena, teniendo a sus órdenes a los Margraves Hermann y Luis de Baden y a
otros nobles señores, entre ellos el Príncipe Eugenio de Saboya, que entonces
hacía sus primeras armas. Los turcos ocupaban sólidas posiciones en Nussdorf, y el Duque trató de desalojarlos haciendo avanzar una parte de sus soldados de frente mientras que otros atacaban el flanco del enemigo. En.las
primeras filas iba Fray Marco d’Aviano, en alto una cruz; exhortanto con
fervorosas palabras a los combatientes. La lucha duró largo tiempo, con
ventajas ya para otros, y se renovó varias veces con la llegada de refuerzos
por ambas partes, hasta que los turcos fueron obligados a retroceder a las alturas situadas entre Nussdorf y Heilingenstadt.
Siete horas habían durado
estos combates, y el Duque, siguiendo en la idea de que esta no era la batalla
final, decidió dar un descanso a sus soldados. Hasta mediodía sólo había entrado en acción intensa el ala izquierda. El centro, mandado.por el Príncipe
d Waldeck, a cuyo lado iba el joven Elector de Baviera, adelantaba poco a
poco, procurando no perder el contacto con el Duque de Lorena. Más que la
resistencia del enemigo, le daba trabajo el constante subir y bajar por las laderas de Grinzing y Síevering. En el momento de la pausa en la lucha, el ala
izquierda se hallaba situado frente a Heiligenstadt y el centro, frente a Wahring. El ala derecha, esto es, el ejército polaco, no se,presentaba aún, pues su
marcha se había retrasado por las dificultades del terreno.
Como a las dos de la tarde aparecieron por in los polacos, y saliendo de
los bosques de Dornbach.‘Sobieski
se lanzó inmediatamente
a la carga con
sus escuadrones de húsares; pero Kara Mustafa le opuso una masa de tropas
que aún no habían combatido, y contra esa muralla humana se estrellaron
los esfuerzos de los polacos. En ese momento pudo creer el Gran Visir que
tenía segurada la victoria; pero Sobieski llamó en su ayuda a los cuatro regimientos alemanes que le habían sido asignados, y éstos contuvieron varios
ataques consecutivos’de los turcos. Enseguida, unidos a la caballería polaca
reorganizada y a la infantería polaca que empezaba a llegar, fueron haciendo
retroceder al enemigo, hasta que el ala derecha cristiana estuvo a la misma
’
l
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MANUEL
TORRES
MARIN
altura que el centro y el ala izquierda. Hasta este momento se había alcanzado la línea que estaba fijada como meta de los aliados para ese día.
Ese fue también el momento en que, arrastrados por el desarrollo de la
lucha, convirtieron 10s aliados el encuentro en la batalla definitiva por Viena. Sobieski advirtió-una gran masa de caballeria enemiga que mostraba signos de vacilación, y se lanzó contra ella con la suya propia. Kara Mustafa,
por su parte, trasladó nuevas fuerzas a ese lugar, y el combate prosiguió con
encarnizamiento.
Entretanto, el Duque de Lorena puso también en movimiento el ala izquierda, en un gran movimiento envolvente de la línea turca.
También en ese punto se combatió con mucho ardor, hasta que la infantería,
sobre todo la de Sajonia, se apoderó de las baterías apostadas en Heiligenstadt y dirigió esos cañones contra los propios turcos. Entonces esa ala de los
enemigos fue empujada hacia el centro de la li ’ ea, produciendose gran confusión entre los turcos; lo que aprovecharon 18 tropas de Baviera, Franconia y Wurtemberg -el centro cristianopar atacar decididamente en dirección a Währing. Bajo esia nueva presión se odujo la desmoralización de
los turcos, y pronto empezaron a cejar. Kara
stafá hizo enarbolar la bandera verde del Profeta, pero eso no reanimó el4 alor de los suyos; y la bandera misma fue salvada apenas de caer en manos de los cristianos. Como ultimo recurso, orden6 formar un círculo de carros a modo de fortaleza en que
proseguir la resistencia, pero ya nadie obedecía; y el propio Gran Visir fue
arrastrado en el torbellino de su ejército en desorden.
Todavía durante el fuego de artil¡erí’a contra .Viena, y el Margrave Luis de
Baden se lanzó con varios regimientos de caballería sobre los artilleros turcos
y los exterminó. Al mismo tiempo, Starhemberg orden6 una salida de la
guarnición, lo que terminó de aterrar al enemigo. El retroceso de los turcos
se transformó en una fuga general; a las 7 de la tarde estaba ganada la batalla, y Viena había quedado liberada. El cansancio de la jornada impidió una
persecución en regla; sin embargo, dos regimientos de caballería imperiales y
uno polaco siguieron al enemigo hasta .el río Fischa, sableando a muchos en
el camino y acosando a otros hasta precipitarlos a la corriente del Danubio.
Nunca se supo con certidumbre el número de turcos que perecieron ese día, y
como cifra moderada se habla de 25.000. El ejército otomano, después de la
terrible sangría del sitio de Viena, sufrió en la batalla un golpe del que no se
repuso nunca del todo, pues los caídos eran sobre todo los mejores soldados,
la flor de los jenízaros y de la caballería regular. Las pérdidas de los cristianos eran relativamente bajas, no pasando de 5.000 hombres. Muchas más
eran las víctimas del sitio, pues se estima que por efecto de los combates y de
las enfermedades murieron unas 25.000 personas, entre soldados y civiles.
El ejército cristiano había ganado la batalla, pero no es fácil asignar a alguien el mérito especial de la victoria. Los jefes empezaron el día sin intención de librar batalla, y sólo esperaban ganar posiciones para los días siguientes. Durante la jornada nadie ejerció el mando superior del ejercito
aliado, sino que cada uno de los generales dispuso lo que le pareció más conveniente en su sector. El Duque de Lorena atac resultamente en el ala izquierda, pero se detuvo cuando le pareció haber hecho suficiente por ese día.
Juan Sobieski se,presentó muy tarde en el campo de batalla, y aunque dio car-
Emperador
Leopoldo
1. (Mathias
Steinle.
1645?-1727).
Museo
Histbrico
de Viena.
EL SIXXJNDO
SITIO
DE VIENA
POR
LOS
TURCOS
(1683)
?7
ga-tras carga con sus jinetes y mostró mucho valor personal, no consiguió
perforar la masa de sus adversarios hasta que estos se vieron atacados de
flanco por el resto del ejército. Precisamente este ataque de flanco, iniciado
por el Duque de Lorena, es lo que más se asemeja a una concepción táctica
para vencer al enemigo, pero fue seguramente una improvisación que ganó
impetu por sí solo. Ademas, el ejército cristiano no empefiõ todas sus fuerzas
en la batalla. Gran parte de los polacos no llegaron sino despues de terminado el combate, y las fuerzas de reserva sólo descendieron del Kahlenberg al
declinar el dia. Lo más acertado sera acaso pensar que la batalla por Viena se
ganó mediante la colaboración de todos los elementos en juego. El ejército
aliado asestó el golpe final, pero no habría llegado a dar ese golpe si la ciudad no se hubiera sostenido por sus propias fuerzas durante dos meses, con
lo cual debilitó y desmoralizó a los turcos; la ciudad, a su vez, se sostuvo
porque el ejército del Duque de Lorena distrajo importantes fuerzas enemigas, impidió operaciones que hubieran empeorado la situaci6n de los sitiados y, sobre todo, mantuvo viva la esperanza de socorro para Viena; pero este ejército, muy reducido de número, pudo mantenerse en campaña precisamente gracias a la resistencia de la ciudad, que inmovilizó la mayor parte del
ejercito otomano. Con todas sus vacilaciones, dilaciones e insuficiencias, fue
la cooperación entre los cristianos la que aseguró el final de la amenaza musulmana contra Europa (2).
El epilogo de la guerra
La, derrota de los turcos en Viena tuvo inmensa repercusión en Europa,
sobre todo en Italia y Alemania que había estado expuestas más directamente. En todas partes hubo fiestas y celebraciones, populares, principescas y religiosas; se escribieron himnos y poesías en honor de los héroes del momento; y se les otorgaron distinciones y premios. La atención se concentraba sobre todo en Starhemberg, que con su porfiada defensa de Viena había hecho
posible la victoria. El Emperador le dio el título de Mariscal dé sus ejercitos y
una rica recompensa; Carlos II de EspaAa le concedió la orden del Toisón de
Oro; Inocencio XI, en un Breve dirigido personalmente a él le expresó el reconocimiento de la Cristiandad. Europa entera se hallaba entonces de plkemes, a excepción tal vez de Luis XIV, que hubiera visto con agrado un triunfo de los turcos para poder presentarse en escena como un «deus ex machina», expulsarlos de Alemania, y quedar el como tibitro de los destinos del
continente. El Papa, que justamente podía considerarse a sí mismo como
uno de los artífices de la victoria, quiso perpetuar la significación religiosa de
la lucha, cuyo desenlace atribuía a la ayuda del Cielo. Con este objeto hizo
extensiva a toda la Iglesia Católica la fiesta del Santísimo Nombre de María,
que antes era exclusivamente española, disponiendo que se celebrase en ade(2) Vohaire, en su historia de Luis XIV, traza un esbozo tan superficiaJ como inexacto de ta
batalla del Kahlenberg. Despues de afirmar que solo los errores del Gran Visir impidieron ta
captura de Viena, escribe: «El Rey de Polonia, Juan Sobieshi, tuvo tiempo de llegar; y, con et
auxilio del Duque de Lorena, no tuvo mas que presentarse ante la multitud otomana para ponerla en derrota». No reconoce la heroica defensa de la ciudad ni la denodada lucha del ej&-&0
turco; además, tergiversa los papeles al convertir en protagonista a Sobieski, que fue apenas un
auxiliar. Esta tergiversación de Voltaire, se ha seguido repitiendo en libros posterjores.
ii
MANUELTORRESMARIN
lante el 12 de septiembre en perpetua memoria de la victoria sobre los turcos.
Durante casi tres siglos se mantuvo esta conmemoracXm, hasta que la suprimi6 el Concilio Vaticano 11, permitiendo que continuase ~610 en la liturgia
alemana.
Entretanto el derrotado ejército otomano proseguía su desordenada retirada a través de Hungría. La ira y los temores de Kara Mustafá no conocían
limites. Hizo cortar la cabeza a muchos altos oficiales turcos para desahogar
su despecho, y también para dar la impresión de que los culpables de desastre recibian ya su castigo, con lo cual creía ocultar su propia responsabilidad.
Igualmente violenta fue la decepción del Sultán, que todo ese tiempo había
permanecido en Belgrado aguardando nuevas de la toma de Viena. El 16 de
septiembre llegó la noticia de la derrota, y al principio nadie se atrevia a comunicársela. Cuando la supo, montó el Sultán en cólera terrible y quiso tomar venganza haciendo matar a todos los cristianos que habitaban en sus dominios. Se le hizo ver, que esto le concitaría la oposición general de las naciones de Europa, y entonces cay6 el Sultán en la melancolía más profunda, y
durante días no quiso ver a nadie. Lleno de pesar emprendió el regreso a
Constantinopla.
Por el momento se dej6 engafiar todavía por la versión de
los hechos que le enviaba Kara Mustafá, y le mantuvo su confianza.
Sin embargo, la guerra seguía siendo desfavorable para los otomanos.
Los cristianos avanzaban con gran ímpetu, y si bien Sobieski, por su presunción de lograr un triunfo que fuera exclusivamente suyo, se dejó derrotar en
Parkany, ese lugar fue teatro poco después de una rotunda victoria del ejército aliado, A consecuenCia de e!lo, el 27 de octubre hubo de capitular la importante fortaleza turca de Gran. Esto colmó la medida en la relativo al
Gran Visir. El Sultán, hombre de carácter débil, así como antes no había resistido a Kara Mustafá cuando éste acumulaba todos los poderes en sus manos, ahora tampoco resisti6 a los que pedían que se castigase al que había dirigido tan mal una guerra que él mismo había provocado.
La sentencia de muerte fue llevada a Belgrado por un gran funcionario
de la Sublime Puerta, que encontr6 inmeditito acatamiento cuando exhibió
sus poderes. A solicitud del jefe de los jenízaros, y aún sin sospechar el peligro, convocó Kara Mustafá un consejo de guerra, que se reunio el 25 de diciembre. Apenas cumplidos los preliminares, se le pidió que entregara el sello imperial, que llevaba colgado al cuello. Palideció Kara Mustafäl al entender lo que esto significaba. Se desprendió del sello, y con voz temblorosa,
preguntó qué más que exigía de él. Entonces avanzó el enviado del Sultán y
le presentó la sentencia junto con un cordón de seda negra. Sabía muy bien
Kara Mustafá, que de tales sentencias no habáta apelación posible, de modo
que sólo pidió unos momentos más para decir una plegaria. Enseguida se coloc6 el mismo el cord6n de seda el cuello, rogó a sus servidores que no prolongaran sus sufrimientos, y fue estrangulado por éstos. El cadáver fue decapitado, el cuerpo se exhibió públicamente y la cabeza fue enviada al SultBn.
Después de cierto tiempo fue devuelta la cabeza a Belgrado, y enterrada junto con el cuerpo en la mezquita que el mismo Gran Visir había hecho edificar. El cráneo de Kara Mustafá, el cordón de seda negra y ia camisa que tenía puesta en el momento de su muerte llegaron por último a Viena; lo cual
EL SEGUNDO
SITIO
DE VIENA
POR
LOS TURCOS
(1683)
79
ocurrió de la manera siguiente. En 1688, al ser capturada Belgrado por las
tropas imperiales, varios soldados se introdujeron
una noche en la mezquita
donde yacía Kara Mustafá, creyendo que ahí encontrarían tesoros. No encontraron más que esos fúnebres despojos, de los cuales se hicieron cargo los
jesuitas y los remitieron al Cardenal Kollonits. Así, por un irónico azar, recibio Kollonits el cráneo del hombre que había amenazado con decapitarlo a
él (3).
La guerra duró todavía muchos anos, pues el Emperador, distraído por
las continuas agresiones de Luis XIV en el Rin, no podía concentrar sus fuerzas contra los turc,os, los cuales aún poseían un gran, podería militar. De todos modos, una serie de grandes victorias de los cristianos hizo evidente la
declinación de los otomanos. En 1686 fue reconquistada Ofen (Buda), la capital de Hungría que había estado 145 años sometida a la Media Luna; en
1688 (transitoriamente),
Belgrado. En 1691 ganó el Margrave Luis de Baden
la batalla de Slankamen, en que murió el Gran Visir Mustafá Köprülü, el
hombre que los turcos veneraban como el renovador de sus destinos; y en
1697 obtuvo el Príncipe Eugenio de Saboya la victoria de Zenta, donde el
ejército otomano quedó completamente aniquilado, otro Gran Visir perdió
la vida y el Sultán mismo logró apenas escapar. Así terminó el largo conflicto que había empezado cuando Kara Mustafá se puso en marcha contra Viena en 1683. Los turcos, ya sin fuerzas para seguir luchando, aceptaron entrar
en negociaciones. La paz se firmó el 26 de enero de 1699 en Karlowitz,
pequeña ciudad junto al Danubio, perteneciente hoy a Yugoslavia; el signatario otomano fue un Köprülü, el Gran Visir Hussein, como simbolizando la
quiebra del gran designio que su familia había pretendido realizar.
Entretanto iban abandonando este mundo los actores del gran drama de
Viena. En 1689 murió Inocencia XI, rodeado de veneración por sus eminentes virtudes. Hasta un escritor moderno muy poco simpatizante de la Iglesia
habla bien de él: «Ningún protestante de juicio ecuánime he negado el máxi-
mo respeto a este Papa, hombre verdaderamente íntegro en sus acciones. S6lo el odio de Francia lo persiguid hasta más allá de la muerte» (4). En efecto,
Inocencio XI se cuenta ahora en el número de los santos, pero su canonizacion tuvo que esperar hasta 1956. El Duque Carlos de Lorena falleció en
1690 en Wels (Alta Austria). Todo el batallar de su vida había sido infructuoso para él mismo, pues nunca pudo recuperar su patria usurpada. Algunos años después, en 1696, murió en Varsovia Juan Sobieski, dejando a su
reino tan anarquizado como lo había encontrado. El Emperador Leopoldo 1
bajó a la tumba en 1705, ya libre de la pesadilla otomana pero no del eterno
conflicto con Luis XIV, pues ahora se combatía por la sucesión de España.
El tratado de Karlowitz constituyó un hito entre dos épocas. Por una
parte, inició Turquía el largo camino de regreso -que tarde o temprano siguen todos los pueblos conquistadoreshacia un destino nacional circunscrito. En cambio, los dominios propios de la rama alemana de los Habsbur(3) El cráneo de Kara Mustafá,
en el Museo
de la Ciudad
de Viena,
(4) Hans Kühner, Dui fmperium
pág. 302.
---
pasó después
pero,
como
der füp~fe.
al Arsenal
de Viena.
Actualmente
se conserva
es natural,
ya no se exhibe
al público.
Fischer
Taschenbuch
Verlag.
Francfort.
1980.
80
MANUEL
TORRES
MARIN
go (la única que en adelante existiría, pues la de Espana agonizaba junto con
Carlos II) se ampliaron y redondearon. Constituían ahora una gran masa territorial, con su centro en Viena; y esta masa, en parte dentro y en parte fuera. del Sacro Imperio Romano Germánico, pasó a llamarse simplemente
«Austria» y entró en el siglo XVIII como una de las grandes potencias europea. Sin embargo, en medio de la nueva carrera de Viena como centro de poder en Europoa central, no se desvanecía el trauma popular de los horrores
de 1683 y se traducía en expresiones ingenuas. Así, en la ciudad de Enns puede verse todavía, sobre el muro de una capilla, un grupo plástico de Pilato
mostrando a Jesús flagelado -obra de finales del siglo XVIIpero es un
Pilato vestido, no a la romana, sino como Gran Visir de los turcos. En Viena
todos los anos, el 12 de septiembre, una procesi6n conmemorativa recorría
las calles, y así lo hizo durante un siglo entero; hasta que en 1783 fue suprimida por el Emperador José II, que, a fuer de déspota ilustrado, estaba desprovisto de una cualidad tan fundamental en el gobernante como el deseo de
progreso: la piedad para el pasado, ya que pasado y futuro no son más que el
arriba y el abajo de la corriente única de vida de un pueblo. Y, en todo caso,
el siglo XVIII iba precipitándose en problemas nuevos, que hacían aparecer
muy remotos los de cien años antes. Frente a las convulsiones de la Revolución Francesa, iquién se representaba aún lo que había sido la contien’da de
Viena y su importancia
para que no se quebrase la línea del devenir
europeo? (5).
Al cumplirse el segundo centenario del sitio, en 1883, revivió en Viena el
recuerdo y se materializó en un gran monumento de mármol, que que erigió
dentro de la catedral de San Esteban. Pero ese monumento duró apenas medio siglo. En 1945 cayeron de nuevo sobre Viena .las hordas de Oriente; la
gran iglesia quedó llena de ruinas, y el monumento sucumbió también. De
entre los escombros se salvaron tan sólo unos fragmentos, que se conservan
adosados en una pared del crucero: al centro una figura de la Madre de Dios
exaltada sobre el mundo, y a los lados dos estatuas que son símbolos de los
poderes que en 1683 salvaron a Viena: la de Inocencio XI, la fuerza espiri-,
tual, y la de Leopoldo 1, la soberanía temporal. Más no queda.
(5) En la Comedia nueva (1792) de Leandro
F. de Moratín,
el cerco de Viena es el tema de
una pieza de teatro disparatada,
completamente
fabulosa en los personajes y en los pormenores.
Se ve que para el poeta autor de ella -y acaso para el propio Moratinel cerco de Viena estaba
tan distante ya y era tan irreal como las historias de la Tabla Redonda.
.
c
BIBLIOGRAFIA
- Wien, 1683, Diiriegel, Günter, Viena, 1981.
- Die Herrscher der Osmanen, Frank, Gerd, Düsseldorf, 1980.
- Wiens erste Belagerung durch die Türken, 1529. Hummelberger,
Walter,
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- Kuru Mt&tufu vor Wien (diario del sitio de Viena, escrito por el Maestro
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- Siècle de Louis XZV, Voltaire, con introducci6n y notas de Emile Bourgeois, París, 1914.
n
EL EJERCITO
EN LA PRIMERA MITAD
ESPAÑOL
DEL OCHOCIENTOS
por José Carlos CLEMENTE BALAGUER
Licenciado en Filo@íí.y Letras,
y Ciencias de la Información.
LAS FUERZAS ARMADAS
DEL ANTIGUO REGIMEN.
SURGIDAS
TRAS LA QUIEBRA
L desmoronamiento
del Antiguo Régimen en los albores del siglo
XIX repercutió en la propia estructura de las Fuerzas ,Armadas
borbónicas. Lo ejércitos espafioles, desde Felipe V, habían sido organizados a imágen y semejanza del vecino francés. El mando supremo efectivo lo ostentaba el Rey, que asimismo designaba según su voluntad a los jefes y sefialaba la política de ascensos. Los ejércitos, pues, eran un
conjunto de hombres armados propiedad del monarca, que usaba de ellos
para la defensa de sus intereses. No es de extrafiar que los jefes militares sirvieran con lealtad absoluta al poder real. Esta lealtad significaba que muchos de ellos llegaran a formar parte de los gabinetes ministeriales e, incluso,
al frente del propio Gobierno.
La división territorial civil, además, casi coincidia con la militar. Los Virreyes eran a su vez Capitanes Generales de la zona, concentrando en sus manos no sólo la jurisdicción militar sino también la civil y la judicial (1). Eran
los mandos natos de la Monarquía. Su autoridad dependía exclusivamente
del Rey. De ahí la sumisión y lealtad de los militares a la Corona.
El llamado militarismo o pretorianismo del Ejército en los siglos XIX y
XX no era, pues, ninguna novedad. Los militares del Antiguo Régimen estaban firmemente arraigados en las estructuras administrativas y políticas del
sistema.
Esta sumisi6n a las decisiones reales trajo consigo que al renunciar Carlos IV y Fernando VII en Bayona a favor de Napoleón, las Fuerzas Armadas
españolas no movieran un solo dedo para alzarse contra los franceses. Al iniciarse la Guerra de la Independencia el Ejército regular de tierra constaba de
(1) A. GARCIA GALLO: La Capitanrá General como institución de gobierno político en
EspaAa e Indias en elsiglo XVIII. Academia Nacional de Historia. Caracas 1979. Pags. 559 y
SS.
84
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
las siguientes fuerzas: por las denominadas Tropas de la Casa Real (Guardias de Corps, Alabarderos, Carabineros Reales, Guardias de Infantería Espafrola y Guardias de Infantería Walonas), por las Armas de Infantería (de
línea, ligera y suiza), de Caballería (de línea y ligera) y por los Cuerpos de
Artillería, Ingenieros (Zapadores-Minadores)
e Inválidos, que totalizaban
unos 100.000 soldados mandados por unos 5.500 jefes y oficiales (2).
Los efectivos de las Milicas Provinciales constaban de 42 regimientos,
formados cada uno de ellos por un solo batallón de 700 soldados y distribuidos prácticamente por todo el territorio,nacional
(3).
En cuanto a la Marina, tras el combate de Trafalgar en 1805, había quedado reducida a 42 navíos, 21 fragatas ‘y 32 corbetas, bergantines y buques
menores, pero «de los cuarenta y dos navíos de escuadra no menos de diecisiete estaban desarmados en los puertos» (4).
La marinería ascendía a unos 25.000 hombres, los oficiales a 1.500 y los
pilotos a 500 (5).
Todo este aparato militar quedó inoperante ante los franceses y la resistencia fué organizada por las primeras Juntas provinciales y, más adelante,
por la Junta Central.
Las Cortes de Cádiz, que en su seno contaba con 66 diputados militares
(6), empezó a legislar para organizar un nuevo ejército más acorde con las
necesidades del país, eliminando las situaciones de privilegio (pruebas de nobleza, etc.) y adaptando sus estructuras al sistema naciente propiciado por la
nueva Constitucion y por las exigencias sociales del momento. Pero el retorno de Fernando VII frustro esta primera organización moderna de las Fuerzas Armadas, que volvieron al antiguo modelo absolutista del Antiguo Régimen.
Habrá que esperar hasta el Trienio Constitucional, en 1820, para que las
Fuerzas Armadas recuperen la legislación gaditana, concretada y precisada
en nuevas leyes reformadoras, como la promulgaci6n de la «Ley Orgánica
del Ejército», la «Ley Orgánica de la Armada», y los Reglamentos y Ordenanzas de la «Milicia Nacional local» y la «Milicia Nacional activa», cuyo
conjunto legal constituye sin lugar a dudas un considerable avance que colocaban a nuestros ejércitos en la órbita de la ideología liberal de la época.
Este conjunto de normas jurídicas liberales sirvieron como eje modernizador y abrieron los cuadros militares a todos los ciudadanos, se generali&
el servicio militar sin privilegios de clase alguna aboliendo la reducción a meBURBANO:
Las Fuerzas Armadas en el inicio del constitucionalisMadrid
1982. Pág. 34.
(3) Un estudio minucioso
de estas Milicias
lo constituye
la obra de J. HELLWEGE:
Die
spanischen Provinzialmiiizan
im 18 Jahrhundert. Harald Boldt. Boppard am Reim. 1969.
(4) JOSE RAMON
ALONSO:
Historia política del Ejército espafíol. Editora Nacional.
Madrid
1974. Pitg. 105.
(5) GEORGES
DESDEVISES
DU DEZERT:
L’Espagne de I’Ancien Règime Revue Hispanique. Paris, 19251928.
Pág. 468. Y también en F.J. MOYA
Y JIMENEZ
y C. REY JOLY: El
Ejército y la marina en las Cortes de Cádiz. Chdiz 1914, pág. 63 y SS.
(6) MOYA
y REY, op. cit., pág. 89 y SS. nos enumera minuciosamente
este grupo de militares que ostentaban
la condición
de diputado
en las Cortes gaditanas.
(2) PABLO
mo
CASADO
espafiol. EDERSA.
l
EL EJERCITO
ESPAÑOL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL
85
OCHOCIENTOS
talico y se redujo el ámbito del fuero castrense con la intención de que no’sirviera de amparo para situaciones anticonstitucionales.
Las purgas y reorganizaciones militares que supusieron el final del Trienio no significaron el retorno puro y simple al anterior sistema absolutista.
Los sucesivos gobiernos de la última época fernandina se esforzaron en articular un Modus vivendi con los militares: en 1828 los gastos del Ejército representaron el 56% del presupuesto del Estado y se intentó que las Fuerzas
Armadas se profesionalizaran, alejando de sus filas a los exaltados absolutistas o a los radicales liberales. En definitiva, se propició la consolidación de
un ejército profesional de signo moderado.
EL MILITARISMO
EN LA ESPANA DEL PRIMER
PERIODO ISABELINO: LA INCIDENCIA
«PRETORIANA»
Y EL PODER CIVIL.
La cuesti6n sucesoria rompió en afiicos este modus vivendi. La corte fernandina se había dividido en dos sectores claramente diferenciados: los partidarios del infante Don Carlos, hermano de Fernando VII, que por su oposición a reconocer como heredera a la hija del Rey, Isabel II, habían sido sistemáticamente depurados y apartados del mando real; y los cristinos o isabelinos, beneficiarios directos de esta disputa por el poder.
En 183 1, Fernando VII fué concediendo los puestos militares más importantes a los’mandos moderados de confianza y se ascendió a los profesionales neutros. Se liquidó la operación contra, los militares de signo liberal,
que fueron restituidos en sus cargos e, incluso, se les premi6 con recompensas y primas. Además, se realizó una purga dentro de la elitista Guardia
Real, eliminando a los mandos más significativamente
absolutistas o sospechosos de carlismo, en número aproximado a doscientos, siendo sustituidos
por liberales moderados. En 1832 se empez6 a desarticular a los Voluntarios
Realistas, que se habían convertido en un peligroso foco anti-isabelino, al
propio tiempo que en algunas regiones se favorecía la formación de la Milicia Urbana que por su signo burgués y urbano era declaradamente anticarlista. No quedó un sólo capitán general de signo procarlista y los nuevos detentadores del poder militar se encargaron de barrer del seno de las Fuerzas Armadas cualquier signo que pudiera entorpecer la coronación futura de Isabel.
A la muerte. de Fernando VII, en septiembre de 1833, todo el poder real
había recaido en manos de los militares de signo liberal. De tal modo esto era
así, que e! poder civil podía considerarse casi inexistente o, por lo menos, se
había depositado toda la confianza en el único sector de la sociedad espafiola
capaz de asegurar la sucesión en Isabel II. Este hecho llegará a pesar como
una losa en la política futura. Esta preponderancia militar llegará hasta 1875
y con raz6n se afirmará que «el Ejército profesional, reorganizado en 18241827, fué sustituido en 1833 por lo que al cabo de unos cuantos años llegaría
a ser uno de los ejércitos más decididamente pretorianistas de la historia moderna» (7). Pero un matiz importante: este pretorianismo fué mayoritariamente apoyado por los políticos del moderantismo. Detrás de cada pronunI
_’
drid
.C7) STANLEY
G. PAYNE:
1977, pág. 34.
Ejkrcitoy
Sociedad
en la Espafia
liberal.
1808-1935.
AM.
hla-
86
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
ciamiento existía un grupo de políticos liberales, moderados y progresistas.
Juan Valera llegó a decír que entre 1814 y 1854 se había contabilizado más de
300 y concretamente entre 1843 y diciembre de 1848, los pronunciamientos
ascendían a 38. Pirala nos da otro dato escalofriante: de 1843 a 1844 se real&
zaron 214 fusilamientos, más que en todo el reinado de Fernando VII, que
duró 19 anos (8). La realidad es que la intervención directa del militar en la
política se fraguó a partir de 1808. Desde entonces, la figura del militar al
frente o en los aledafios más inmediatos del poder, sera un hecho frecuente y
llegará a convertirse en normal, creando la imagen de unas Fuerzas Armadas
alejadas de su genuino papel profesional.
MILITARES-POLITICOS
Y POLITICOS-MILITARES
Mucho se ha escrito sobre la intervención de los militares en la política
española del siglo XIX. Los continuos pronunciamientos,
sublevaciones,
cuartelazos y golpes de estado, el derribo o ascenso de gobiernos, las guerras
civiles, las sociedades secretas y la conspiración, son hechos cotidianos que
nos ilustran sobre la inquietud militar en el gobierno de la nación.
Las causas de este intervencionismo nos llevarían a un prolijo y necesario analisis del devenir político español a partir de los inicios del siglo,.cosa
por otro lado alejada de las intenciones de este trabajo. No obstante, ya hemos apuntado que el derrumbamiento
del Antiguo Régimen trajo consigo la
desorganización militar del sistema absolutista. La debilidad del régimen
surgido de la guerra de la Independencia propició el inicio del ascenso de un
nuevo ejército cuyas bases sociales fueron las de una nueva clase también en
ascenso: la burguesía, en alianza con la aristocracia latifundista e ilustrada. 1
La falta, además, deguerras exteriores a partir fundamentalmente
de 1814,
empujaron a los militares a participar en las querellas políticas internas. Los
políticos, conscientes de la debilidad citada, debido en primer término a la
inconcrecibn de un sistema político estable, animó a estos militares a resolver
sus propios problemas por medio de la guerra o el pronunciamiento.
La guerra civil con los carlistas y la división en las propias filas liberales, fueron clave en la toma de conciencia de intervenciouismo partidista de los militares.
Fueron los civiles quienes empezaron a dar cancha a los militares. Las
capitanías generales fueron confirmadas en el control político y judicial en
las provincias, así como en la direcci6n de los asuntos militares. Frecuentemente se apelaba al estado de sitio o de guerra para asumir todos los póderes. Como ejemplo, he aquí el texto del artículo lo del decreto de 1838 del
ministro del Interior, José María Moscoso de Altamira:
«Que para dar más fuerza y vigor a las autoridades militares en las provincias sublevadas y evitar todo motivo y pretexto de dilación o entorpecimiento, se declaran dichas provincias en estado de sitio, quedando sujetas en
clase de tales, a la autoridad militar, con arreglo a lo que se observa en semejantes casos en todas las naciones y a lo que previenen las leyes y ordenanzas» (9);
(8) ANTONIO PIRALA: Historia de la guerra civil y de los partidos liberal y carlista, con
la historia de la Regencia de Espartero. F. González Rojas Editor. Madrid 1889, vol. 1, phg.
(9) Estado de sitio. En «Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo-americana».
Calpe, XXII, phg. 529.
Espasa-
..
J’.
Reinado
de Felipe V. Enseitas e instrumentos
bklicos.
Caballería.
Príncipe.
Estandarte
de Caballería
de línea regimiento
de Borbbn.
Rey. Clarines
y timbales en los regimientos
de Caballeria.
Tambor
Estandarte
de la Guardia
Estandarte
de Dragones
de Dragones.
del regimiento
regimiento
del
EL EJERCITO
ESPAÑOL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL
OCHOCIENTOS
87
Ello significaba simple y llanamente que se suspendían todas las leyes y
autoridades civiles, convirtiéndose el gobernador militar o el capitán general
en la mrkima autoridad y en árbitro de la situación. El Ejército, de este modo, se convirtió en el primer aliado de los gobiernos liberales de la época,
constituyendo su mejor instrumento de represi6n contra los enemigos del sistema. La consecuencia más inmediata ,de esta medida fué la institucionahzación de las Fuerzas Armadas como interventores en los asuntos civiles, apareciendo los generales como políticos de primera línea.
Por otro lado, no se di6 la inversa, es decir, la intervención de,Ios civiles
en los asuntos propiamente militares, gracias al sistema legalmente reconocido del fuero militar. Los militares no podían ser juzgados por los tribunales
ordinarios o civiles, sino por los suyos propios, incluyendo en ellos a esposas, viudas, hijos, huérfanos, criados, y a los reservistas y retirados. Este privilegio venía del siglo XVIII y no fué parcialmente abolido hasta la revolución de septiembre de 1868.
El intervencionismo militar en la política incluso se ti¡%6 con metodos similares alos civiles para la conspiración y el acceso al poder, como el de las
sociedades secretas. Una de ellas, por ejemplo, fué la Orden Militar Española, nacida en Francia el año 1838 de la mano de militares tan significativos
como Narváez o Leopoldo O’Donnell. Esta sociedad utilizaba ceremonias similares a las de los masones, así como los correspondientes juramentos. La
mayoría de los conjurados eran moderantistas y se proponían derribar al general progresista Espartero. La estructura estaba formada por triangulos secretos de tres oficiales, cada uno establecidos según un orden descendiente
de jerarquías. Unos 400 oficiales se unieron a la organizaci6n tan sólo en las
guarniciones de Cataluha. La OME subsisti6 hasta 1843, una vez conseguidos sus propósitos (10).
De todos modos, hay que matizar que la OME no fué la primera sociedad secreta en que participaban militares. En 1814 volvieron del exilio francés cerca de 4.000 oficiales espafioles, la mayoría de los cuales habían sido
iniciados en las logias masónicas. La labor proselitista de las sociedades secretas incidía en los oficiales jóvenes, que eran adoctrinados políticamente
hacia el liberalismo. Según estudios recientes, se calcula que el número de
militares masones durante estos anos iniciales del siglo, era aproximadamente de 15% de los oficiales. De esta leva salieron las «pronunciados» posteriores. En 1824, y con fines de purga de todos los masones conocidos, se confeccionó una lista en la que aparecían unos 2.000 nombres, la mitad de ellos
oficiales de alta graduación. Más tarde se confeccionó otra lista, destinada a
similares intenciones, en la que aparecieron cerca de 1.300 oficiales que ostentaban cargos de capitán para arriba (ll).
Una vez asimiladas las mieles de Ia política y las del poder, fué imposible
reconducir a los militares a sus tareas estrictamente profesionales. Cuando se
intentó, el militar ya estaba inserto plenamente a la mecánica política de la
(10)
General
FERNANDO
FERNANDEZ
DE
Madrid 1907. pógs. 14-15. Yen DIEGO SEVILLA
Valencia 1959.pág. 4.
drid
(ll)
JOSE LUIS COMELLAS:
1958, phggs.
144-145. Yen
Mis memorias Íntimas vol. III.
ANDRES Del 19 de Marzo al 14 de Abril.
CORDOVA:
Losprimerospronunciamientos
PAYNE,
op., cit. págs. 26-27.
en Espaifa. 1814-1820,
Ma-
88
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER.
época. Habría que esperar a la Restauración, con Cánovas en el poder, para
que los militares reencontraran su función específica en el campo profesional
y en la defensa de los intereses españoles en el exterior.
ESTRUCTURA
DEL EJERCITO
CRISTINO-ISABELINO
La estructura interior del Ejército inmediatamente posterior a la muerte
de Fernando VII, provenía del reinado de Carlos III y en líneas generales respondía al siguiente esquema:
Órganos superiores del Ejército (Ministerio de la Guerra, Subsecretarías, etc.)
Inspectores generales de las armas o cuerpos.
Capitanes generales de provincias o distritos militares.
Cuerpos armados activos.
Reservas.
Organos administrativos militares.
.La figura del Director General no aparece en la Infantería hasta 1847, en
sustitución de los antiguos inspectores. Y las Subsecretarías se crearían por
Real Decreto de 16 de julio de 1834, teniendo por objeto asumir alguna de
las competencias administrativas de los ministros (12).
Esto en términos generales, pero vayamos a aspectos más concretos de
esta estructura, como son: la dimensión o lo que algunos autores den0mina.n
el «tamaño» del Ejército espafiol, la procedencia social y geográfica de los
militares, la división territorial castrense, la propia organización del Éjército, las reformas de las Armas generales y la existencia de los cuerpos especia-’
les o facultativos. Ello nos dará un panorama más completo de a qué tipo:de
Ejército, en cantidad y cualidad, se enfrentaron los «matiners» catalanes en
las postrimerías de la primera mitad del ochocientos.
Dimensión
del Ejército
espaiiol
En este tema es muy dificil la unanimidad. Unos autores dan cifras que,
comparadas con otras, las diferencias son enormes. Los textos coetáneos son
también poco de fiar, ya que con objeto de hinchar el presupuesto los distintos ministros de la Guerra exageraban las correspondientes plantillas. .No
obstante, como a algo hay que asirse hemos recurrido a un organismo oficial
ajeno a los sectores militares: como la Direccibn General de Estadística. Según este organismo, el número de soldados y oficiales existentes en el decenio 1840-1849, que es el que en nuestro caso interesa, es el siguiente:
1840 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139.642
1841............................
125.666
1842 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 69.078
1843 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 98.060
licer.
(12) JOAQUIN
DE SOTTO
Madrid
1968, pág. 386.
Y MONTES:
Síntesis histdricu de la Caballería espufiolu. Esce-
EL EJERCITO
ESPAÑOL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL
OCHOCIENTOS
89
1844 ............................
103.928
1845 ............................
107.155
1846 ............................
106.917
1847 ............................
108.569
1848.. .........................
.104.662
1849 ............................
139.814
Estas cifras incluyen a soldados y oficiales de Infantería, Alabarderos,
Artillería, Caballería, Ingenieros, Guardia Civil (a partir de 1844), Guardia
Real (sólo los ahos 1840 y 1841).
Pero estas cifras también son insuficientes, porque no incluyen en el ano
1840 los componentes de las Unidades de Voluntarios, como tampoco a los
miembros de las Milicias Provinciales que también lucharon contra los carlistas. Si a los números ya resenados le afiadimos los conceptos anteriores, el
cuadro queda algo más completo con las siguientes cifras:
1840.. .........................
.235.844
1841............................
170.805
1842 ............................
121.378
1843 ............................
105.482
1844.. .........................
.111.350
1845 ............................
143.408
1846 .............................
143.229
114.105
1847 .............................
1848 ............................
147.929
1849.. .........................
.139.814
Las fuentes (13) no indican el número de miembros de los Cuerpos Auxiliares ni las de Carabineros.
Para redondear aún más estas cifras, se debe añadir el’número de gene-’
rales de las fuerzas Armadas, que la D.G.E. no incluía:
1840.. ..............................
.598
1841 ................................
.603
1842 .................................
617
1843.. ..............................
.589
1844.. ........... . ..................
.652
1845 ................................
.651
1846 ................................
.627
1847 ................................
.642
1848 ................................
.660
1849 ..................................
.660
(13) Anuario Estudktico de E.~paíio. Direcci6n General de Estadística. Madrid 1866, págs.
713-715. Las cifras que nos ofrece este organismo abarcan desde 1828 hasta 1865.
90
JOSE CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
En términos generales incluye a los Capitanes Generales, Tenientes Generales, Mariscales de Campo y Brigadieres, de los cuerpos siguientes: Infantería, Caballería, Artillería, Ingenieros, Estado Mayor, Guardia Civil, Carabineros, Alabarderos y unidades de plaza (14).
En definitiva, apoyándonos en los cuadros anteriores, las dimensiones
aproximadas del Ejército espafiol en el período que abarca la época de los levantamientos montemolinistas 0 «matiners» catalanes, 18451849, son las siguientes:
1845 . . . . . . . . . . . ..“..............
144.059
1846 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143.856
1847 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 114.747
1848 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 148.589.
1849 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 140.474
El aumento de casi 35.000 hombres en 1848 corresponde al período más
álgido de la guerra, un buen numero de los cuales fueron destinados a Catalufla. Con ello, Narváez correspondía a las demandas del general Fernandez
de Córdova, que el 10 de septiembre había sustituido a Pavía en la jefatura
de la región militar catalana. El aumento de efectivos también corresponde,
y no casualmente, a la entrada en Cataluiia del general Ramón Cabrera y a la
conjunción de las facciones carlistas con las republicano-progresistas
de Abdón Terrades y Victoriano Ametller.
Procedencia social de IoS militares
La carrera militar en el Ejercito del Antiguo Régimen estaba reservada
exclusivamente a la nobleza, a pesar de que en las Reales Ordenanzas de Carlos III, de 1768, el criterio para el acceso a la oficialidad basado en el privilegio de la sangre se sustituía por el del mérito personal o hidalguía. Para ser
Cadete de cuerpo debía,demostrarse hidalguía o ser hijo de Capitan para
arriba (graduado incluso).
’
Fue a partir de la guerra de la Independencia cuando las cosas empezaron a cambiar. Los jefes de las guerrillas y cabezas de facciones, fueron incorporándose al Ejército con los grados de oficiales que, generalmente, conservaron una vez acabada la campana. Los hijos de estos guerrilleros y los de
las clases humildes, vieron como el acceso a las academias militares y, por
consiguiente, la oficialidad, se les iba abriendo paulatinamente.
A su regreso, Fernando VII respetó a regañadientes el hecho consumado, pero creó un bastión exclusivo para la aristocracia, la Guardia Real, en
detrimento del Ejército regular. A su muerte este cuerpo de elite fué disuelto,
pero la nobleza se refugió en la Artillería (15). Pero subsistía todavía el requisito de la «limpieza de sangre», que equivalía a demostrar que no se te(14) Cifras
tomadas de ANTONIO
LOPE2
DE LETONA:
Estudios
Madrid
1866, págs. ‘109, 176, 181 y 182.
BEMUDEZ
DE CASTRO
Y TOMAS: Mosaico mil&ir:
qfticos sobre el estado
milifur de &@Aa.
(15) LUIS
Historias historietas
anécdotas, episodios, alegrfas, tipos y costumbres de la vida militar’de antaiio. Madrid 1951:
pig.
122.
\
91
EL EJERCITO ESPmOL DE LA PRIMERA MITAD DEL OCHOCIENTOS
níall antepasados judios o moros, requisito que no fué abolido hasta 1865. A
partir de esta fecha, para convertirse en oficial, sólo se exigía aprobar el ex&
men de ingreso y, naturalmente, tener el dinero suficiente para costearse la
carrera (16). Desaparecía el obstáculo del origen social pero permanecía el
económico.
Otra avalancha importante de militares de procedencia popular sobrevill0 al finalizar la primera Guerra Carlista, al reconocerles a los militares de
Don Carlos por esta campafia y por medio del Convenio de Vergara, los grados, honores y recompensas que había obtenido en este conflicto. La mayor
parte de 10s «convenidos» provenían de las clases bajas que nutrieron las facciones y de los antiguos Voluntarios Realistas.
Es muy difícil, por no decir casi imposible, realizar un anAlisis exacto de
la procedencia social de los militares espafioles en la primera mitad del XIX.
La falta de expedientes completos para esta época o en la existencia de los
mismos incompletos, depositados en el Archivo General Militar de Segovia,
apoyan esta afirmaclbn. No obstante, el profesor Fernando Fernández Bastarreche, ha realizado un meritorio primer intento tomando como punto de
partida el Ejército de 1833, al inicio de la primera Guerra Caslista, completando el panorama para la primera mitad del siglo con el estudio del afro
1843, inicio del reinado de Isabel II (17).
Según estas calas, la procedencia social de los militares pertenecientes a
las distintas armas, es la siguiente (18).
Procedencia
Noble.. . . . . . . . . . . . . . . . . .
Militar.. . . . . . . . . . . . . . . .
Calidad noble.. . . . . . .
Calidad honrada.. . . .
Desconocida.. . . . . . . . .
Infantería
194
15,8
27,5
17,6
37,4
Caballería
1,6
10,6
26,0
20,4
41,0
Artillería
43,2
991
47,7
Ingenieros
-’
54,7
Es de destacar en este cuadro el elevado porcentaje de datos desconocidos, debido fundamentalmente,
como ya se ha seaalado; a la ausenciá de
ellos en las correspondientes hojas de serviciq, cosa que no se corregirá hasta
1858, al cambiarse el modelo, oficial estableado. De todos modos, se observan tres focos en las armas generales referentes a la procedencia social de los
militares en esta primera mitad del siglo: el militar o autorreclutamiento,
calidad noble y calidad honrada. También se observa que sólo los dos primeros
focos se encuentran en las armas facultativas, dato que cqrifirma el establecimiento de «coto cerrado» de las mismas.
En general, se puede deducir que un 25% de los miembros de Infantería
y Caballería procederían de clase honrada y un porcentaje algo m8s elevado,
(16) DANIEL R. HEADRICK: Ejkrcito y política en Espah (1866-1898). Tecnos. Madrid
1981. D¿k. 71.
(19) -hRNANDO
FERNANDEZ BASTARRECHE: El Ejército espafiol en el siglo XIX.
Siglo Ventiuno de Espatla, Editores. Madrid 1978. 190 págs. Y referente a la época isabelina
ver: El Ejercito y la Marina en tiempos de Isabel II: organizacidn y estructuras internas. En
«Historia de Espafía», de Ramón Menéndez Pidal, tomo XXXIV. Madrid 1981. p&g. 510.
(18) Op. cit., en primer lugar, págs. 11 l-l 12.
92
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
un 30% aproximadamente,
correspondería a la diferenciación entre procedencia de autorreclutamiento
o militar y calidad noble. Todo ello, con las
debidas matizaciones y observaciones oportunas por la provisionalidad
de
los datos aportados.
Procedencia geográfica de lob militares
Siguiendo con las calas realizadas en el Archivo Militar de Segovia por el
profesor Fernández Bastarreche -1833 y 1843- y teniendo en cuenta la falta a veces de algunos datos en los expedientes personales, es posible vislumbrar una panorámica aproximada de la procedencia geogrhfica de los militares en la primera mitad del siglo, tanto en cifras absolutas como en proporción al número de habitantes en cada región (19).
En cuanto a la procedencia regional en cifras absolutas, los porcentajes
son los siguientes:
Andalucía . . . . . . . . . . . . . . . . . 14-17,5%
Castilla la Nueva . . . . . . . . 7-10,5%
León.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,5- 7%
Aragbn . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,5- 7%
Galicia.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3,5- 7%
Castilla la Vieja. . . . . . . . . . 0,3- 5%
Extremadura . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
Murcia . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
Valencia.. . . . . . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
Asturias . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
País Vasco.. . . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
Cataluña.. . . . . . . . . . . . . . . . . 0,3- 5%
De la procedencia social se colige que la profesión militar es más urbana
que rural y en referencia a las cifras absolutas más altas de la procedencia
geográfica se llevan la palma Andalucía y Castilla la Nueva. Andalucía, indudablemente en función del eje militar Cádiz-Ceuta, con todo su complejo
de plazas fuertes y la existencia de dos capitanías generales y, además, por su
peso específico demográfico. En cuanto a Castilla la Nueva, además de su alta población, en base a Madrid capital (20).
Las restantes regiones no presentan grandes diferencias en cuanto a cifras absolutas y en cuanto a proporci6n a sus respectivas poblaciones. Tras
las dos regiones citadas, les siguen en importancia:
León.
Castilla la Vieja.
Extremadura.
Aragón.
Valencia.
Murcia.
y ya muy atrás, es de destacar un grupo que por su evidente Peso específico
político sorprende por la casi nula inclinación a la carrera militar:
Galicia-Asturias.
País Vasco.
Catalufia.
.
(19) Op. cit., págs. 124 y ss.
(20) Op. cit., pág. 511.
I
l
EL EJERCITO
ESPAROL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL OCHOCIENTOS
93
las tres nacionalidades históricas espafiolas. Un dato a tener muy en cuenta,
ya que en ellas se va a radicar la oposición carlista al srstema liberal.
Divisidn territorial militar.
Espana, en la época esparterista que va de 1840 a 1843, estaba dividida
en 14 capitanías generales, a saber:
Capital
Capitanías
Provincias que comprenden
NO
1
Castilla la Nueva
2
Catalufia
3
Andalucía
Ciudad Real
Cuenca
Guadalajara
Madrid
Segovia
Toledo
Barcelona
Gerona
Lérida
Tarragona
Cadiz
Córdoba
!2%iY
y las comandancias
generales de Ceuta
y Campo de Gibraltar
4
Valencia
Galicia
Arag6n
Granada
8
Castilla la Vieja
Madrid
Barcelona
Sevilla
Valencia
iEi%
fy;;;;6n
Valencia
La Corufia
Lugo
Orense
Pontevedra
Zaragoza
Huesca
Teruel
Almería
Granada
Jaén
Málaga
y los presidios
de Africa.
Avila
León
Oviedo
Palencia
Salamanca
;;¿xtr;hd
La CoruAa
Zaragoza
Granada
Valladolid
94
JOSE CARLOS CLEMENTE BALAGUER
Cáceres
Badajoz
Badajoz
Navarra
Pamplona
10 Navarra
Burgos
Burgos
Burgos
ll
Logrono
Santander
Soria
Vitoria
12 Vascongadas
Alava
Guipúzcoa
Vizcaya
Baleares
Baleares
Palma de Mallorca
::
Canarias
Canarias
Sta. Cruz de Tenerife
En estas 14 capitanías generales existían las denominadas Comandancias
Generales, que más tarde, a partir de 1852, se convirtieron en Gobiernos Militares. Las plazas fuertes dependientes de estos 14 distritos militares ascendían a 145 (21).
Existían, además, las capitanías generales de Ultramar: Cuba; Puerto
Rico y Filipinas.
En 1847, en pleno conflicto de los «matiners» o segunda Guerra Carlista, se creó la Comandancia General del Maestrazgo con territorios de las
provincias de Castell6n, Tarragona, Teruel y Zaragoza, con capital en Morella (22). Su objetivo era coordinar las fuerzas militares para combatir mejor
a las facciones carlistas. Esta comandancia fue suprimida en 1871 (23).
Al frente de cada región militar se hallaba un general con el cargo de capitán general, del cual dependían las comandancias militares de las correspondientes provincias de su demarcación, a cuyo frente se encontraba un coronel o brigadier (24).
Esta división territorial militar no sufrió importantes modificaciones a
lo largo del siglo, excepto las introducidas por López Domínguez a finales de
la centuria.
9
Extremadura
Organización del Ejército
Como ya hemos visto anteriormente, las fuerzas del Ejército español tenían la siguiente organización:
Armas generales: Infantería y Caballería.
Cuerpos especiales o facultativos: Artillería, Ingenieros y Estado Mayor.
Cuerpos Auxiliares: Administrativo,
Sanitario, Clero castrense y Jurídico militar.
Cada uno de estos cuerpos y armas sufrieron leves modificaciones durante la época esparterista, pero la estructura fundamental permaneci6 intanta durante la primera mitad del siglo XIX.
El Arma de Infantería, tenía la siguiente organzaci6n: (25)
(21) SERVICIO HISTORICO MILITAR: Estado Militar de Espafia e Indias. Aifo 1846.
SHM-Museo-1846-24.
(22) SHM. Real Decreto de julio de 1847.
(23) SHM. Real Decreto de ll de febrero de 1871.
(24) SHM. Real Decreto de 8 de septiembre de 1841.
(25) SHM. Escalafón
General de los Swiores Cc& .V ~$¡c¡u~~~.s
OI 1 ” & I>ICII:TO
rk 184-q.
Musco-3.Vitrina 6, pág. 7.
EL EJERCITO
ESPAROL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL
95
OCHOCIENTOS
Inspecci6n General.
32 Regimientos, de 3 batallones cada uno.
EJ Batallón fijo de Ceuta.
Y un Cuerpo de 8 compaflías sueltas de Veteranos en la península.
Cada uno de estos 32 regimientos constaba de 3 batallones y cada batallón de 9 compañías, de las cuales hay una de granaderos, otra de cazadores,
las 6 restantes de fusileros y una además de depósito. La fuerza asignada a
cada Regimiento era la de 2.167 hombres, sin contar los músicos, sastres, zapateros y armeros por no ser plazas de reemplazo (26);
En cuanto a la denominación de estos regimientos, veamos el cuadro siguiente (27):
NOMBRE,
NUMERO
DEL ARMA
Y ORGANIZACION
DE INFANTERIA
DE LOS REGIMIENTOS
EN LA PENINSULA
no 12 Valencia
no 23
no 1 Zaragoza
Rey
24
13 Bailén
Reina r
2 Mallorca
3 América
14 Navarra
Príncipe
;d
15 Albuhera
.Princesa
4 Extremadura
27
5 Castilla
16 Reina Gobernadora
Infante
28
6 Borbón
17 Uni6n
Saboya
29
7 Almansa
18 Constitución
Africa
8 Galicia
19 Espafia
Zamora
:1
9 Guadalajara
20 Asturias
Soria
32
21 Isabel II
Córdoba
10 Aragón
22 Batallón fijo de Ceuta
San Fernando
ll Gerona
La composición específica del Arma de Infantería tuvo la siguiente evolución desde 1828 hasta 1842, según lo expuesto a continuación (28):
((1828. Por el reglamento de 31 de mayo de 1828 se orden6 se compusiese la infantería de 10 regimientos de línea de tres batallones, siete de dos y
seis ligeros de igual número de ocho compañías (. . .) debiendo constar la menor fuerza del qre efectúe en tiempo de paz.
De un Regimiento de tres batallones con las compaílías de dep6sito.. . . . . . . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
De un Regimiento de tres batallones con las compafiías de depósito.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
De un batallón de línea con la
comptiía de dep6sito . . . . . . . . . . . . . .
De un regimiento ligero . . . . . . . . . . . .
SHM.
Idem.,
pág. 17.
SHM.
Idem.,
pág. 17.
SHM.
Infantería. Escalfón General
Musco-47-Vitrina
6, pbgs.
16 y 17.
(26)
(27)
(28)
1846.
Jefes y
oficiales
Capellanes y
cirujanos
95
6
1.629
64
4
1.091
31
58
2
4
538
1.075
Tropa
de los SeAores Gefes y Oficiales en 1’ de Enero de
,
*96
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
En 5 de agosto de 1841 se dispuso que la Infantería se compusiese de 28
regimientos de tres batallones.
El 6 de diciembre de 1841 se crearon-los regimientos de la Constitución y
Espafia.
El 1 de enero de 1842 se formó el Regimiento de Asturias.. .
. ..quedando en lo demás existente la organización de 18281).
Esta composici6n fue completada por decreto de 17 de noviembre de
1844, con lo que la Infantería del Ejército quedaba a finales de la primera
mitad del siglo con 32 regimientos de línea de a tres batallones cada uno, mas
la organización especial del Batallón fijo de Ceuta (29).
En cuanto a la organización del Arma de Caballería, el 18 de mayo de
1844, un Real Decreto orden6 el aumento de un regimiento de Caballería, así
como la organización interna de cada cuerpo se hiciese a base de cuatro
escuadrones-compafiía de 165 plazas cada uno, si bien tan ~610 deberán ser
plazas montadas 145; con lo que los efectivos de cada regimiento resultaron
de 690 jinetes con 588 caballos. Igualmente disponía dicha disposición oficial que en esta nueva estructura del Arma se volviese al antiguo y orgánico
sistema de las numeraciones parciales, abolidas en el ano 1842. Por tanto,
con arreglo a dicha orden, la Caballería, en el ano 1844, tomó la articulación
siguiente (30):
Regimiento del Rey, 1 de Coraceros.
>>
Reina, 1 de Lanceros.
>>
Príncipe, 2
”
>>
Infante, 3
”
>> Alcántara, 4
”
>>
Almansa, 5
”
>>
Pavía, 6
”
” Villaviciosa, 7
”
>,
Espalla, 8
”
>>
Sagunto, 9
”
” Calatrava, 10
”
>> Santiago, ll
”
,>
Montesa, 1 de Cazadores.
>> Numancia, 2
”
>> Lusitania, 3
”
” Constitución, 4
”
,>
Bailén, 5
”
” Ma Cristina, 6
”
Pero estas Armas generales recibieron algunas reformas antes de finalizar la primera mitad del siglo. Reformas que vamos a ver en el apartado siguiente.
Las reformas de las Armas ge&aIes.
En 1841 en el Arma de Infantería reaparece la Guardia Real y el Arma
quedaba compuesta por’28 regimientos de a 3 batallones, constituyéndose la
(29)
SHM.
(30) SOTTO
Estado Militar de Espoila e Indias. Museo-1846-24,
Y MONTES:
Op. cit.,
pags. 412-413.
pág. 5 1.
EL EJERCITO
ESPAROL
DE LA
PRIMERA
MITAD
DEL
OCHOCIENTOS
97:
reserva en base de ,las milicias provinciales, organizadas en 50 batallones
(31).
Y en 1844 también se reformaba la Caballería, que quedaba organizada
en‘una escala general y única, en 17 regimientos, aumentados algo más tarde
en uno más. Cada uno de ellos se componía por 4 escuadrones de 165 plazas,
de las que 145 eran montadas (32).
Pero sería en 1847 cuando se llevará a cabo una reforma más amplia
(33). Por la misma, la Infantería quedaba dividida en permanente y de reserva, bajo el mando de un director general. La permanente se componía de:
15 regimientos de línea, de a 3 batallones.
30 regimientos de línea, de a 3 batallones.
16 batallones de cazadores.
‘Cada batallón regimental constara de 6 compañías:
i de granaderos.
1 de cazadores.
4 de fusileros.
La de reserva, en 49 batallones, cada uno con 8 compañías:
1 de granaderos.
1 de cazadores.
6 de fusileros.
En cuanto al Arma de Caballería, quedaba organizada en 18 regimientos
de lanceros y 4 escuadrones de cazadores.
Los cuerpos especiales 0 facultativos.
De los cuerpos facultativos, el de Artillería era el más significativo, por
su secular conflictividad con las denominadas Armas generales. Su composición en el territorio espafiol en 1846 era el siguiente, según los propios artilleros:
«El Cuerpo de Artillería se compone actualmente:
En EspaAa y Canarias de un Director, Inspector y Coronel general de
Espafia e Indias: 5 Generales, subinspectores de departamento: 5 Brigadiers,
jefes de Escuela: 34 Coroneles, uno de ellos Comandante de departamento:
43 Tenientes Coroneles: 22 Primeros Comandantes: 12 id. segundos: un
Ayudante mayor: 121 Capitanes; 304 Tenientes y segundos Ayudantes. Además, 14 Capitanes, 24 Tenientes y Ayudantes y 28 Subtenientes de la clase de
prácticos (. . .) El personal de tropa.consiste en cinco Regimientos de Artillería a pie, de los cuales el primero, segundo y cuarto se componen de dos Brigadas, y el tercero y quinto de tres: cada Brigada de a pie consta de cuatro
baterías a 99 hombres. Tres brigadas de montana de a cuatro baterías a 112
(31)
Real Decreto de
3
de agosto de 1841.
(32)Re@Decreto de 18 de mayo de 1844.
(33)Reales Decretos de 16 de agosto de 1847 y de 21 de septiembre de 1847. Además en: A.
VALLECILLO:
Ordenanzade SM. para el regimen, disciplina, subordinación y servicio de sm
Ejércitoss. ilustradas Por Orticu(os con las Reales Ordenes expedidas hasta fa fecha de esta edicidn. Madrid 1850, tomo 1, págs.
19-29 y 88-92.
98
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
hombres. Tres Brigadas fijas de igual numero de baterias,a 99 hombres. Cincocompafiías de obreros a 72 plazas. Y una de armeros con 135. Y finalmente, en Canarias una Brigada a 2 baterias con 108 hombres cada una y una
seccibn de 12 obreros.
(. . .) En Sevilla se halla establecida la fundición de caíiones de bronce: en
Murcia la fábrica de pdlvora: en Toledo la de armas blancas: en Oviedo, Plasencia y Sevilla las de fusiles: en Loja la de piedras de chispa: en Orbayceta la
de municiones de Artillería, y en Trubia la .de caífones, municiones y demás
productos de hierro colado» (34).
En cuanto al personal de jefes y oficiales y tropas, otra publicaci6n oficial militar;así
mismo, nos da la siguiente composición (35):
«(. . .) constando actualmente en la Península y Canarias de un Director,
Inspector y Coronel general de España e Indias, cinco Subinspectores, cinco
Gefes de Escuela, treinta y cuatro Coroneles cuarenta y tres Tenientes Coroneles, ventidos Primeros Comandantes de Batallón, un Ayudante Mayor,
ciento treinta y dos Capitanes, ciento cincuenta y dos Tenientes y segundos
Ayudantes, todos facultativos, y catorce Capitanes, venticuatro Tenientes y
ventiocho Subtenientes de la clase de prácticos (...) La fuerza personal de
tropa consiste en cinco Regimientos de Artillería a pie, tres Brigadas montadas, tres de Montana, cinco Compafiías de Obreros con uno de Armeros y
tres Brigadas fijas».
La oficialidad ingresaba en este cuerpo facultativo a través de la Academia y los ascensos, de alférez a coronel, se realizaba por rigurosa antigüedad. Oficialidad práctica con escala independiente, cortada en el empleo de
capitán a la que se accedía desde la clase de tropa.
El cuerpo de Artilleria no sufrió modificaciones importantes en estos
anos, hasta los finales del reinado de Isabel II, que se organizó en: 4 regimientos de a pie, con numeración correlativa, compuesto cada uno por 2 batallones de a 6 compafiías; y 5 regimientos montados, también con numeración correlativa, con 4 baterías cada uno y 1 regimiento de montaña con 6
baterías (36).
Otro cuerpo facultativo, el de Ingenieros, constaba de un solo regimiento, cuya fuerza variaba según el número de hombres que las Cortes fijaban
para constituir un Ejército permanente. Su composicion específica era en
1846 la siguiente (37):
«(...) El Regimiento de Ingenieros consta de tres batallones, y cada uno
de ellos de seis compafiías; cuatro de Zapadores, una de Minadores y otra de
Pontoneros; formando parte cada companía veinte obreros, y una sección
para el servicio del tren, compuesta de un Sargento, un Cabo y ocho zapadores primeros (...) Cada Compañía consta de 72 hombres (...)».
Y
6.
(34) SHM.
Cuerpo de Artilleria.
Estado General. 1846. Museo-Escalafones-1846-9,
(35) SHM.
Estado Militar de Espafia e Indias. AAo de 1846. Museo 1846-24, págs. 68 y 69.
de Historia y Arte Militar Madrid 1870, pág. 427.
de Ingenieros en general y de su organización en
(36) C. VARONA:
Apuntespara un libro
(37) SHM. Resumen Hktdrico del Arma
Espaia. Museo-6-6-1846-14,
pág. 135.
págs. 5
..__
-.__-.-._
---.
.-
-
-
--I
..--
EL EJERCITO
ESPAÑOL
DE LA
PRIMERA
MITAD
DEL
OCHOCIENTOS
99
El cuerpo de Ingenieros, como el.de Caballería, era de élite. El ingreso
en filas se realizaba a través de una estricta selección social e intelectual, lo
que les di6 un tinte de cuerpos conservadores y cerrados (38).
El cuerpo de Estado Mayor de Plazas, con oficialidad facultativa, fué
creado en 1842. Ese mismo año se ponía también en marcha Ia Escuela de
Estado Mayor, en la que ingresaban directamente los aspirantes civiles. Este
cuerpo comenzó a separarse paulatinamente del Ejército, lo que llegó a López de letona a hacer el comentario de que el aislamiento de sus oficiales les
restó efectividad (39).
El Estado Mayor General estaba compuesto por los capitanes y tenientes
generales, mariscales de campo y brigadieres. En la primera mitad del reinado de Isabel II, como cifra media existieron 650 de estos generales. En 1847
se limitó su número en 321 (40), pero esta medida tuvo escasa aquiescencia y
fracasó ostensiblemente.
PRESUPUESTO
Y EJERCITO
Durante el siglo XIX los porcentajes de los presupuestos dedicados al
Ministerio de la Guerra, en relación con el Presupuesto general del Estado y
comparados con los del siglo anterior, habían descendido considerablemente. Por ejemplo, entre 1793 y 1797 el porcentaje alcanzaba el 70%. Sería durante la guerra contra Napoleón cuando este, porcentaje llegaría a su cota
más alta, el 82%.
Con razón, pues, algunos sectores políticos se quejaron de que los gastos
que ocasionaba nuestro Ejército eran demesurados. Al finalizar la primera
Guerra Carlista, este porcentaje descendería hasta el 40%. A partir de entonces, los presupuestos sufrirían diversos altibajos, tocando fondo al final del
reinado isabelino, con Narváez en el poder, cuando descenderían hasta el
15%.
Pero vayamos a ver lo que pas6 en la época que nos interesa, es decir, en
el último decenio de la primera mitad del XIX.
Dotación presupuestaria (1842-1851).
Hasta 1848 no existen en los archivos específicos que hemos consultado
los datos compIetos de las cifras dedicadas anualmente a los gastos militares.
Los autores coetáneos no se ponen de acuerdo en los montos anuales y los in-vestigadores actuales inician sus análisis a partir de la segunda mitad del siglo.
No obstante, buscando datos para otra investigación encontramos en el
Servicio HistOrico Militar una carpeta, archivada en la Biblioteca de este
centro (41), con manuscritos que hacían referencia a los gastos dedicados al
Ejército correspondientes a la primera mitad del siglo. Gracias a este golpe
de suerte, hemos podido reconstruir la época que nos interesa.
Concretando, los presupuestos para el Ejercito ascendían a las siguientes
cifras:
(58)
SHM.
(39)
(40)
Op.
Real
p8gs. 154-15s.
Estridi? Histórico del Cuerpo de Ingenieros delEj&cito.
Cit.,
pág. 68.
Decreto
de 15 de julio
de 1847.
Madrid 1911, tomo 11,
(41) SHM. B.C.M.-l’-IV-3a izq.: Presupuestos del Ministerio de la Guerra.
100
JOSE
CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
1842 . . . . . . . . . . . . . . . ..411 millones de reales.
1843 . . . . . . . . . . . . . . . . .351
”
”
1844 . . . . . . . . . . . . . . . . .351
”
”
1845 . . . . . . . . . . . . . . . . . 323
”
”
1846 . . . . . . . . . . . . . . . . .323
”
”
1847 . . . . . . . . . . . . . . . . . 323
”
”
1848 . . . . . . . . . . . . . . . . . 299
”
”
1849 . . . . . . . . . . . . . . . . .299
”
”
. 1850 . . . . . . . . . . . . . . . . . 315
”
”
1851 . . . . . . . . . . . . . . . . .292
”
”
Para darnos una idea mejor de la relación percentual entre Presupuesto
del Estado y Presupuesto para el Ejército, es interesante avanzar el siguiente
cuadro que alcanza hasta 1875:
Arios
Porcentajes
1813’
82
1817-1823
49
1834-1839
43
1840- 1843
37
1844-1849
28
1850-1852
25
1863-1869
16,5
1869-1875
19,9
A simple vista se nota que a partir de primeros del siglo XIX se intentó ir
rebajando estos porcentajes, que según la opinión pública y la de los políticos, gravaban en exceso los presupuestos del Estado.
La subida del último período, 1869-1875, se debía a que en 1874-75 se
confeccionó un presupuesto para atender a las guerras carlistas, cubana y
cantonal.
De estas cifras, aproximadamente
el 64% se destinaba a sueldos del personal y el 36 restante a material bélico, lo que nos muestra que las plantillas
estaban sobrecargadas; en la época del Sexenio esta proporción se elevó todavía mas, el 72% frente al 28% (42).
Sueldos del Ejército.
Antes de mostrar los sueldos de los militares durante el período que analizamos, hay que tener en cuenta que hasta 1853 asistimos a una aguda crisis
económica en el país, producida entre otras cosas por los estragos de la guerra de la Independencia y las malas cosechas, con las consecuentes secuelas
de epidemias y hambre, que provoc6 el alza de los precios y el descenso del
poder adquisitivo. Los militares, como es de suponer y como funcionarios
del Estado que eran,, sufrieron las consecuencias de esta crísis. Si a ello añadimos el retraso con que los militares percibían sus sueldos, que a veces era
de varios años, podemos imaginarnos el panorama que tenían ante ellos los
(42) Las cifras procedentes están calculadas a partir de: Memoria sobre la organización militar de Espaila. Depósito de la Guerra, IV, Madrid 1871. Y de J.FERNANDEZ
AUPETIT:
Tarifa de los haberes y gratificaciones que corresponden a todas las clases del Ejercito. Madrid
1871.
~
l
EL EJERCITO
ESPAÑOL
DE LA PRIMERA
MITAD
DEL
101
OCHOCIENTOS
que no poseian bienes de fortuna con que sobrevivir él y su familia: «Las remesas llegaban con varios anos de retraso, con lo que el Ejército, para subsistir, ha de entregarse a un pillaje apenas disimulado. Los oficiales, si no
son ricos por su casa, viven en una miseria vergonzosa, careciendo incluso de
uniformes. En espera de sus sueldos viven de adelantos usuarios que agravan
aún más su situacibn, y para conseguir un pago relativamente puntual han de
conseguir enormes rebajas», ha sefialado Alejandro Nieto refiriéndose al segundo decenio de la primera mitad de la centuria que estudiamos (43).
A partir de 1833 hay que afiadir a estas deficiencias el tema de los militares en situación de reemplazo, que significa estar apartado de la profesión
por falta de puestos debido a 18 sobrecargadas que estaban las plantillas,
percibiendo en esta situación el 50% del sueldo.
Esta coyuntura permanecería inalterable durante toda la primera mitad
del siglo.
En julio de 1842, los sueldos mensuales de los militares eran los siguientes (44):
Capitanes generales.. . . . . . . . . . . . . . .9.000 reales.
Tenientes generales.. . . . . . . . . . . . . . .6.750 ”
. Mariscales de campo . . . . . . . . . . . . . .4.700 ”
Brigadieres . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .2.700 ”
Coronel de Caballería . . . . . . . . . . . . .2.070 ”
>> Artilleria e Ingenieros. 1.980 ”
9,
Infantería . . . . . . . . . . . . . . . . 1.800 ”
Capitán Ingenieros . . . . . . . . . . . . . . . . 1.125 ”
>> Caballería.. . . . . . . . . . . . . . . 1.020 ”
>> Artilleria . . . . . . . . . . . . . . . . . 930 ”
>> Infanteria . . . . . . . . . . . . . . . . 840 ”
En 1844, las retribuciones a las capitanías generales peninsulares ascendian a 10.000 reales al mes, pero las de Ultramar llegaban a cinco veces más,
en términos medio (45).
De teniente para abajo, refiriéndonos al ano 1850 y al arma de Infantería, se percibía al mes el siguiente sueldo:
Teniente.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .5 17 reales.
Alférez.. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .423
”
Sargento
Io
.
.
.
.
.
.
.
.
.
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.
.
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.
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.
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.
117
”
,,
2” . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105
”
Cabo lo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .75-80 ”
,9 2’.............................
65-70 ”
Todas estas cifras las facilitamos en términos generales, ya que existian
una série de pluses, honores y recompensas,
según se estuviera en campaha,
.
drid
SS.
(43) A. NIETO: La rerribución de los funcionariogdel Estado. Revista
1967, pág. 80.
(44) En Diario de Sesiones, 1842.
(45) ADOLFO
CARRASCO:
Iconografía del generalato espafiol. Madrid
de Occidente.
1901,
Ma-
pág. 127
y
102
JOSE CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
en Ultramar, en los cuerpos faculttitivos o auxiliares, etc. (46). Para lo que
nosotros pretendemos en este trabajo, xios parece suficiente esta ojeada general.
CREACION
DE LA GUARDIA
CONTRA
LOS «MATINERS».
CIVIL
Y SU LUCHA
EN CATALUÑA
La Guardia Civil fué una creación del moderantismo en el poder, como
contrapeso a la Milicia Nacional del progresismo. La burguesía moderada
necesitaba un cuerpo armado que restituyera el orden en el campo y que
afianzara el centralismo estatal. Los republicanos federales, los carlistas y
los progresistas eran los enemigos políticos naturales del moderantismo.
Tanto es así, que en Catalufia llegará a consolidarse un frente común contra
el poder establecido que tendr,á su máximo exponente en la guerra de los
«matiners» de 1846 a 1849.
Restituir el «orden en el campo» significaba luchar contra los carlistas,
por lo que recién creado este cuerpo las primeras acciones en los afios fundacionales fueron contra los «matiners», hecho que imprimirá secularmente en
el Carlismo cierta prevenci6n hacia los guardias civiles, considerando a esta
institución como creada fundamentalmente
para luchar contra ellos.
La Guardia Civil nació en 1844, teniendo como primer jefe y organizador del cuerpo a Francisco Javier de Girón, Marqués de las Amarillas y segundo Duque de Ahumada (47). .Tenía la consideración de institución armada para reprimir los des6rdenes públicos a nivel nacional y sus efectivos iniciales fueron:
5.769 hombres
232 oficiales
14 jefes
distribuidos en 9 compañías de Caballería y 34 de Infantería, que con los
afios irán creciendo.
Los tercios de la Guardia Civil se nutrirán de los licenciados en el,Ejército, los soldados que hubieran realizado servicios especiales y los que solicitaron el pase al cuerpo desde el Ejército. Los ascensos se producían igual que
en el Ejército y los sueldos eran algo mayores.
Servicios que empezó a prestar (48):
Contra los enemigos del orden político: carlista, republicanos y progresistas.
(46) Para una mayor profundización
sobre estos aspectos ver, por ejemplo, las recientes investigaciones
ya citadas de F. FERNANDEZ
BASTARRECHE.
(47) Real Decreto de 28 de marzo de 1844; Gabinete
González
Bravo. El 13 de mayo de
1844, el Gabinete
Narváez
rectificó
el anterior decreto, quedando
su situación legal como defi:
nitiva, cuyos Reglamentos
de Servicios y Reglamento
Militar
se aprobaron
el 9 y 15 de octubre
de 1844, respectivamente.
(48) ENRIQUE
MARTINEZ
RUIZ:
La Guardia
Civil y el manfenitniento
del orden inferno. En «Historia
de España»,
de Ramón Menkndez
Pidal, tomo XXXIV,
Madrid
1981, pág.
551 y SS. Idem.: Creación de la Guardia
Civil. Madrid
1976. Y refercnrc
n los sueldos: Idem.,
pág. 83 y nota 84.
EL EJERCITO
.
ESPAÑOL
DE LA PRIMERA
MITAD
103
DEL OCHOCIENTOS
Contra los enemigos del orden público: bandolerismo, contrabando, defensa de la propiedad, uso de armas, juegos prohibidos, motines y alborotos
opulares, seguridad en los caminos y en los medios de comunicación, vi@-.
Pancia en ferias, conducción de presos, prófugos y desertores, y sublevaclones de quintas.
Reneficiencia publica: ayuda en epidemias, salvamento en CatáStrOfeS,
servicios de escolta, devolución de objetos perdidos, moneda falsa, control
de senales geodésicas y similares.
Servicios en campana: guerra de los «matiners», guerra de Africa Y campaña de Portugal.
Cuatro afios más tarde de su fundación, en 1848, las fuerzas de la Guardia Civil empezaron a crecer, contando con 7.266 plazas, de ellas 5.977 de
Infantería y 1.289 de Caballería, siendo voluntarias la mitad de ellas.
De esta fuerza, l-.222 eran reenganchados; 1.959 casados y 5.320 solteros. De sus expedientes personales en esta época se entresacan una serie de
datos sociológicos muy interesantes (49):
:.~!W& sabían leer
escribir
3:048
”
aritmética
formar sumarios
2.170
”
5.056 con el concepto educativo de buenos
953 ,‘>
1:
::
regular
442 ”
mediano
168 ‘>
”
”
malo .
de lo que se deduce que de estos efectivos, 1.328 eran analfabetos completos,
que representa algo más del 18% del total. Cifra no muy alta si tenemos en
cuenta el nivel educativo de la época.
El concepto que tenían los progresistas de la Guardia Civil como «guardia pretoriana» del moderantismo, se destruy6 al acceder al poder este grupo
político y no suprimirla: la utilizó, consagrándola de este modo como «institución nacional» al servicio del gobierno legalmente constituido, fuera el que
fuere.
No sucedió lo mismo con los carlistas, que siguieron considerando a la
Guardia Civil como un serio obstaculo en su lucha de acceso al trono. Por’
último, no me resisto a transcribir un lúcido comentario de Martínez Ruiz,
respecto al papel que jugó la Guardia Civil en los distintos alzamientos carlistas (50):
«En el mantenimiento
del orden político, los guardias se enfrentarán
a los carlistas (. ..) luchará en la, guerra de los «Matiners», en el estallido de 1855, aparte de otras acciones sin tanta resonancia, y participará en los sucesos originados por le fracasada conspiractón de San
(49) LUIS DIAZ VALDERRAMA:
Historia, servicios notables, socorros, comentarios de
la Cartilla y reflexiones sobre el Cuerpo de la Guardia Civil, dedicada a su Alteza Real el prhipe de Asturias. Madrid 1858, pág. 72.
(50) OP. cit., págs. 558-559. Respecto al tema de Ia Guardia
Civil, como
:nlralismo
ver: DIEGO
LOPEZ
GARRIDO:
La Guardia
Civil y /os orí,,enes
.trli.~u. Crítica.
Barcelona
1982, 220 págs.
instrumento
del Es[ado
de1
cen-
104
JOSE CARLOS
CLEMENTE
BALAGUER
Carlos de la Rápita. De estos acontecimientos, el más amenazador
para Isabel II fue, sin duda, la guerra de los «Matiners», en la que la
Guardia Civil dej6 constancia de su resencia en todas las zonas afee:
tadas, luchando tanto a pie y a cab 8Ro como en cascos urbanos y descampados. Es de destacar que, siempre que atacaban una población,
los carlistas se dirigían invariablemente a los lugares donde podían
encontrar dinero o apresar a las autoridades y, especialmente, neutralizar a los guardias cercandalos en la casa-cuartel para reducirlos.
El cuartel adquiere así el valor de un símbolo al convertirse en el bastión más firme y constante del bando isabelino, lo que, además de ser
una novedad respecto a la primera guerra carlista, impide a la «otra
legitimidad» considerarse plenamente dueña del núcleo urbano que
atacaba, y esa resistencia permitía a los isabelinos ganar tiempo en el
envío de socorro. También resulta evidente la capacidad de adaptación de la Guardia Civil a los diversos modos de lucha, unida al elevado conocimiento geográfico de la comarca en que actúa; esto explica que pueda sorprender a los rebeldes en sus propios escondrijos,
adivinar los caminos y veredas por los que transitan y en algunas zonas, como CataluAa, marchan al frente de las columnas del Ejército
en calidad de guías. Es evidente, pues, que los carlistas encontraron
un inconveniente para la realización de sus fines en los hombres del
Cuerpo, que supieron darle la réplica en la «guerra de guerrillas» emprendida por aquellos».
.
/
LO MILITAR
EN ORTEGA Y GASSETE
por Jose María GARATE CORDOBA
Coronel de Infantería
Contribucidn al centenario de Jose Ortega y Gasset
SCRIBIR sobre Ortega es una tentación y, como tal, un peligro.
La tentación y el peligro de adentrarse por terrenos extraños y perderse o errar. Quien más, quien menos, ha paladeado la golosa literatura orteguiana con todo lo que tiene de dulce juego y ácida
ironía, de aquilibrismo diakctico y polémica audaz. Para quien se contrae al
terreno militar. el peligro decrece, pues el aficionado puede comentar a Ortega siempre que lo haga con tiento y precauciones. En su aspecto más filosófico, lo hizo no hace mucho el general Montero, con el seguro acierto de qujen
va muy al hilo de los textos, ofreciéndonos una buena introducción al pensamiento militar del fil6sofo (1).
El arquero y el pájaro
Hay que empezar encontrando en Ortega una especial sensibilidad castrense, que haría pensar en antecedèntes familiares o en una especial huella
de la milicia en su vida. De lo segundo nada he visto, de.10 primero, lo suficiente. El hecho de que Ortega fuese el único pensador de izquierdas que trataba con afecto al Ejército entre 1920 y 1930, nos hizo averiguar sus posibles
parentescos castrenses y, efectivamente, como sefiala José Ramón Alonso,
sus apellidos Ortega, Gasset y Chinchilla, figuran con relieve en la historia
militar espafiola del siglo XIX. Su bisabuelo, don Manuel Gasset Rodríguez
Parejo, fue mariscal de campo de Estado Mayor, el teniente general don Manuel Gasset Mercader, primo de su abuelo Eduardo, ganó el título de marqués de Benzú en la guerra de Africa de 1859-60 y su tío-abuelo, don José
Chinchilla y Díaz de OBate, también teniente general, fue ministro de. la
Guerra en 1888. Su sobrino, Enrique Gasset de las Morenas, fue un prestigioso oficial de artillería en el regimiento a cuyo mando murió en Burgos,
donde Rafael Gasset, tío de Ortega, hizo construir el puente de su nombre
siendo ministro de Fomento.
También era de familia militar su esposa, Rosa Spottorno y Topete, con
i) Jesús Montero Romero, «La milicia en Ortega y Gasset»: «Ejkrcito», núm. 458 (marzo
1978).
106
JOSE
MARIA
CARATE
CORDOBA
quien cas6 en 1910, pues fue hija de Juan Spottorno y Bienert, general jurídico de la Armada, y de Josefina Topete Cavaillon, sobrina del almirgnte
Juan’Topete, el de «La Gloriosa», hijo a su vez del almiran!e Ramón Topete
(2).
Con ello, Ortega y Gasset es el único de los intelectuales aquí estudiados
con fuerte raigambre militar, que explica, por sus vivencias íntimas y acaso
ejemplares, una comprensión que otros no podían tener a causa de una perspectiva deformada y hostil. También puede haber mucho de pesonal. Lo
cual hace pensar que es todo visceral, psicosomático y acaso de indirecta influencia prusiana. Cualquiera habr8 reparado en sus continuas metáforas
militares, aún para conceptos y expresiones muy dispares. Tenía doce aAos
cuando dijo a su hermano Eduardo:
&?e encontrado en estos días el principio o lema que me va a guiar:
Seamos en nuestras vidas como arqueros que tienen un blanco. Hay
que elegir un fin en la vida, una diana para ir derechos aprovechando
incluso los atajos, sin perder tiempo en la duda y la desorientacidn (3).
Se nos podrá argüir que el lema no es exactamente castrense, pero tampoco deja de serlo, más si se considera la especial aficibn de Ortega al medievo, que debió ser precoz, pues el deporte del arco se ha fomentado muy modernamente y la cita es de 1895. Cuesta resistirse a contraponer la idea infantil de la trayectoria tensa y segura, directa a la verdad, con la opuesta radicalmente en la madurez de sus 45 arlos, cargada ya de experiencias err6neas, desengaños y fracasos.
Desde entonces, sus imágenes castrenses, en hiriente calificativo o en redonda metáfora, antítesis o paradoja, esmaltan la mayoría de sus escritos y
discursos. Cualquier mediano lector de Ortega podría exhibir un espeso ramillete cortado casi al azar, como lo son los dos que nos salen al encuentro, y
no son los más llamativos ni los más insistentes en expresiones militares:
En la vida moderna, la fuerza material apenas si tiene eficiencia alguna sobre las luchas intestinas de una sociedad. La cóntienda se produce entre poderes espirituales y se resuelve según una mecánica psicoMgica, donde las energías combatientes son los prestigios. Elpoder
de mayor prestigio absorbe irremisiblemente al otro y vuelve con perfecto automatismo el equilibrio social.
No importa que una institucidn se corrompa; siempre quedan otras
sanas y ungidas de autoridad. Apoyándonos en cualquiera de ellas
podremos disciplinar, corregir y curar la institución decadente (4).
Tales párrafos, aún de 1918, son quizá su primer atisbo de interpretación bélica de la Historia, lucha un tanto marxista. Hay una excelente captación del sentido militar, cuya esencia se cifra en «la moral», y ésta, a su vez,
(2) José Ramón Alonso: Historia Política del Ejército Espafiol, pág. 489. Gonzalo Redondo: Las Empresas Políticas de Ortega y Gasset, 1, págs, Il y 19. José Ruiz Castillo: «Evocacidn
~
de Doíia R&a»,
art, en El País, 25-9-1980.
(3) Eduardo ortega y Gasset «Mi hermano José»: «Cuadernos americanos» (mayo-junio
1956). p. 195.
(4) Ortega, La verdadera cuestión espafiola II.
LO MILITAR DE ORTEGA Y GASSET
107
se expresa en «el espíritu». Con estos motores anímicos se impulsa la disciplina, y los poderes espirituales que mueven la fuerza material, sobreponien;
dose a luchas internas, producen energías de prestigio, que es, en definitiva,
10 que consigue la eficacia en la contienda. Explico militarmente,
en trasposición, lo que Ortega explicaba en metáfora para mostrar su perfecto ajuste,
SU sensibilidad en términos muy depurados, profesionales. Su esencia es
principio del tema de la guerra, que luego examinaremos, pero también hay
implícito un anticipo de su comprensión del régimen de autoridad, previsible
en ese poder de mayor prestigio que ha de ser el Ejército, que absorbe irremisiblemente al corrompido, para disciplinar y curar la institución decadente,
gracias a la indiscutible autoridad que nace del prestigio. La intuición está
clara, y anos más tarde la hará explícita Ortega.
Patria y nación
En lo militar, Ortega es razonable, razonador y vital, vitalista. Como filósofo se alinea positivamente en todos los conceptos generales sobre aspectos metafísicos, psicológicos, éticos, de las ideas básicas de patria, fuerza armada, milicia y ejército, espíritu guerrero y virtudes militares.
La preocupaci6n de Ortega por ampliar el concepto de patria, demasiado estático, atávico y terrestre, se muestra por primera vez en 1909. No solía
él diferenciarlo del de nación, quizá confundiéndolo adrede porque ello favorecía sus propósitos. Eran días clave de la desgracia espafiola, tres meses
después del episodio del barranco del Lobo, cuando aún mordía la amargura
del 98. Ortega aludía así a la idea de nación:
«En estos tristísimos días que han pasado... España no existe como
nación. iEs que alguien llama nación a una línea geográfica dentro
de la cual van y vienen los fantasmas de unos hombres, sobre los cadáveres de unos campos, bajo la tutela pomposa del espectro de un
Estado?» (5).
Resulta manifiesto lo que no es una nación, geometría en la geografía,
fantasmas en vez de hombres, cadáveres de tierra, espectro de un Estado,
que se define bien como tutela más pomposa que efectiva. Está por ver el aspecto positivo de la nación, que cuajará, vertido hacia la Patria, y mejor hacia el patriotismo, cinco meses después, en una conferencia bilbaína, donde
distinguía entre dos patriotismos, estático y espectacular el uno, que es amor
de contemplaci6n del pasado y el presente, según el cual la Patria es la tierra
de los padres. El otro es dinámico y futurista, para el cual, la Patria es la tierra de los hijos, «algo que no podrá existir como no pugnemos enérgicamente por realizarlo nosotros mismos, acción sin descanso, duro afán por realizar la idea de mejora». Y concluía: «El patriotismo verdadero es crítica de la
tierra de los padres y construccidn de lq tierra de los hijos».
Quedaban ya perfilados ásí los dos aspectos del patriotismo, entendiendo por tal el amor patrio, contemplativo
el uno, de perfección el otro, con
idea de mejorar la Patria, de la que Unamuno y Maeztu dirían que nos duele
y José Antonio que no nos gusta. La idea adquiere su perfil orteguiano mas
agudo en la conclusión, que como siempre, abrocha su pensamiento helicoi(5) Ortega, discurso en el Ateneo de Madrid, el 15-10-1909, recogido bajo el título de los
«Dos patriotismos», en discu. ‘WS políticos, p. 42-44 (Alianza Ed., Madrid 1974).
108
JOSE
MARIA
GARATE
CORDOBA
dal. En 1916, había ensanchado el concepto, y la tesis adquiría firmeza y
profundidad en este desarrollo más completo que figura en «El espectador»:
Hay dos maneras de patriotismo. Uno, mirar a la patria como la condenación del pasado y el conjunto de cosas gratas que nos ofrece el
presente de la tierra en que nacemos., Las glorias más o menos legendarias, la belleza del cielo, el garbo de las mujeres... Como esta ahí,
no hay más que mirarlo. Es el patriotismo inactivo, espectacular, estático, en que el alma se dedica a la fruición de lo existente, de lo que
un hado venturoso le puso’delante.
Hay otra noción de patria. No la tierra de, los padres que decía Nietzsche, sino la tierra de los hijos. Patria no es el pasado y ,el presente,
es, por el contrario, algo que todavía no existe, más aún, que no podrá existir como no pugnemos enérgicamente para realizarlo nosotros mismos. La Patria es una tarea a cumplir, un problema a resolver, un deber. Patriotísmo dinámico y, como dice Gabriel Alomar,
futurista, se ve precisado constantemente a combatir el otro patriotismo, quietista y voluptuoso. El patriotísmo verdadero es crítica de
la tierra de los padres y construcción de la tierra de los hijos (6).
Estas reiteraciones, y aún triplicaciones, con ligeras variantes, son habituales en Ortega; más cuando se trata de discursos que pasan a ser artículos y
iibros, pero casi siempre retocados y ampliados, sin grandes añadidos ideo16gicos, sino mas bien retóricos y estilísticos. No cabe duda que estos conceptos afectaban y afectan al militar de profesión, al oficial de entonces y a
muchos, que no lo son, de ahora. La vida militar es, ante todo, servicio a la
Patria, y es esencial en ella su concepto.
Terminaba el aflo 1918 y Ortega volvía su mirada a la Patria, no para redondear viejos conceptos, sino desde un punto de vista tan nuevo y tan extrafio en él, que lo proclamaba sentimental. Extrafio, más no raro, porque
Patria-y patriotismo son, antes que nada, sentimientos:
La gracia de lo sentimental está en que da su justa flor allí donde viene a agostarse la razón. Y en estos días en que, con evidente inoportunidad, definen las gentes su vario patriotismo, permítaseme decir
que el mío consiste en soñar una Espaha habitada por veinte millones
de agotadores de razón (7). ,
Había acabado la Gran Guerra en la que fueron cronistas de campaña.
los hombres del 98: Unamuno, Azorín, Maeztu, Valle Inclán, y otros más jóvenes afines; como Azaña y Pérez de Ayala, con uno mayor, Palacio Valdés.
Eran. días de definir el patriotismo en sentido positivo y claro, y por oportunidad, no digo oportunismo, Ortega, sin dejar de mirar el verdadero concepto, el de la tierra de los hijos, lo definía como sentimiento y sueho de quienes
no podían hacer otra cosa porque habían agotado la agostada razón. Su concepto constructivo, aún con la gracia titubeante del puro esbozo se leía dos
años después, en diciembre de 1920, en el primer artículo,de la.serie «Particularismo y acción directa», donde, acaso inconscientemente, al hablar del
Estado, citaba la sustancia y la fuerza como dos integrantes, sin decir que la
sustancia era la Patria y la fuerza, el Ejército; de modo que, en su incipiente
I
(6) Lói dos patriotismos;
(7) «Anatomía
en
de un discurso»:
El Espectador I,
«El
Sol»
1916,
(13-12-1918).
p. 496.
LO MILITAR
DE ORTEGA
Y GASSET
.109
concepto, se encerraba un doble sentido militar: la fuerza armada’ de nada
sirve si no está respaldada por el propio espíritu patriótico y el de toda su nación.
Motivaba su artículo la visible disgregación de clases sociales y regiones
-geográficas, que absorbía la savia del Estado y que hacía de desesperanza
del
‘
futuro espafiol:
En toda verdadera incorporación, la fuerza es un adjetivo; lo sustancial es un dogma nacional, un proyecto sugestivo de vida en común.
Repudiemos toda interpretación estática de la convivencia nacional y
sepamos entenderla dinámicamente.
No viven las gentes sin más ni
más y porque sí; esa cohesión a priori sdio existe en la familia. Los
grupos que integran un Estado viven juntos para algo; son una comunidad de propósitos, de anhelos, de grandes utilidades. No conviven por estar juntos, sino para hacer juntos algo (8).
Eran tiempos de sombrío futuro en que no cabía optimismo al mirar
adelante. El mismo Ortega ejercía de profeta de la Espana nueva, pero mirando hacia atrás, nada menos que a la Espaila de formas de vida caducadas
hacía cinco siglos, que ahora ofrecía para la renovación, coincidiendo;- sin
saberlo, con Menéndez Pelayo, él, que nunca lo creyera, porque lo suyo era
el Medievo, y lo del maestro montañés era el Imperio. Ortega había dicho en
1921 algo que glosaba un mote heráldico de signo militar: «Nobleza
obliga»,10 cual engarzaba su elogio y su esperanza:
Lema admirable de un época ferviente, transida por un generoso impulso de sesgo ascendente y creador.
La sociedad es la unidad dinámica espiritual que forman un ejemplar
y sus d6ciles.
Lo cual, para Redondo, no es sino fiel trasunto de la estructura marcadamente ,jerárquica del Medievo. Hay en ello un anticipo de la esencia de
«La rebelidn de las masas», cuyo argumento es que los mejores, los egregios,
guien a las mas&, y éstas las sigan; pero es también un trasunto de la estructura disciplinar de la milicia, donde la subordinaci6n es virtud obligada para
quien debe mandar y obedecer a la vez, en cuanto ostente la más mínima jerarquía. Sin intención de serlo, el comentario de Ortega sirve como pensamiento militar.
Aquella división de conceptos de patria y patriotismo, dinámico y estático, tenía en párrafos de este año sus ejemplos históricos, incluso su exacta
divisoria en la España imperial. Recordaba Redondo, al traernos la cita, que
Sánchez Albornoz mencionaba con sentimiento «el cortocircuito de la modernidad española», y que Ortega ni siquiera lamentaba el cortocircuito, sino la modernidad misma (9). El texto de Ortega era:
De 1580 hasta el día, cuanto en Espaila acontece es decadencia y desintegración. El proceso incorporativo va en crecimiento hasta Felipe
II. El ano vigésimo de su reinado puede considerarse como la diviso:
ria de los destinos peninsulãres. Hasta su cima, la historia de España:
(8) «Particularismo i acción directa» 1: «El Sol» (16-12-1920).
(9) GXrzalo Redondo, Las empresas políticas de José Ortega y Gasset II. (Rialp,‘Madr@
1970).
’
I
110
JOSE
MARIA
GARATE
CORDOBA
es ascendente y acumulativa: desde ella hasta nosotros es decadente y
dispersiva.
Lo concretaba incluso para elaborar, según ello, nada menos’ que una
definición de nación:
Una nación es una masa humana organizada, estructurada por una
minoría de hombres selectos (10).
Es notable ver cómo el concepto de patria lo va consolidando y completando Ortega al compás de sus meditaciones sobre la decadencia espafiola
que presencia; por eso hay grandes pausas en la alternancia de las ideas abtractas y las visiones concretas, entre lo racional y lo vital de sus escritos.
Cuando en 1922 aparece su «Espafia Invertebrada», recoge en la página 26
aquella su primera formulación del dogma nacional de la convivencia para
hacer juntos algo, del proyecto sugestivo de vida en común formulado dos
anos antes, sin más variantes que algún alargamiento de frases para mayor
pr,ecisión.
Estamos otra vez de lleno en el tema de La rebelidn de las masas, que se
va desarrollando lentamente en párrafos periodísticos, pero que acaso se incrusten en los borradores de la obra ya germinada. Luego, a finales del ano
1922, ofrecería su tercera versión del párrafo de dos anos antes, ya incluido
en «Espafia Invertebrada».
La última alusión conocida al tema es de 1930. Bajo el título de «i Quien
manda en el mundo?», insistía por cuarta vez en explicar su concepto optimista del estado:
«El Estado no es consanguineidad, ni unidad linguística, ni unidad
territorial, ni contigüidad de habitación. No es nada material, inerte,
dado y limitado. Es un puro dinamismo -la voluntad de hacer algo
en común-; merced a ello, la idea estatal no está limitada por término físico alguno» (ll).
Nunca, desde su primera formulaci6n de tales términos en 1920, diez
ahos antes, los atribuyó a un concepto de patria, sino al de.Estado, pero indudablemente hay en ellos una gran conexión con sus dos ideas de patria,
concretamente con la segunda, como objeto del patriotismo, que permite
perfilar su conjunto como una definición moderna.
Una interpretacidn bklica de la historia
En los conceptos generales de la guerra rondaba Ortega ideas de lo que
ya se llama Polemología, y para él eran de metafísica, fenomenología y ética
del hecho bélico. Partía en sus ensayos de una revisión del pensamiento de
Marx, Max Scheler y otros, para rectificarlos o mejorarlos, y sus ideas, aunque carezcan de matices de precisión profesional, los rondan y circundan de
cerca con admirable intuici6n, colaborando a la claridad en el conocimiento
civil de los principios militares básicos. Sus conceptos son ortodoxos en la filosofía castrense, lo son en general desde sus primeros escritos, pero en los
últimos se afinan y depuran.
(10) «Patologia nacional» 1: «El Sol» (4-2-1922).
(ll) «¿Quikn manda en el mundo?» VII: «El Sol» (13-7-1930).
LO MILITAR
DE ORTEGA
111
Y GASSET
Hay que renunciar a la tentación de ver evolucionar el pensamiento de
Ortega ep la pura cronología de sus escritos,-porque una mínima sistemática
exige poner orden en los temas. Por eso hay que empezar por su visión global
de la guerra como fen6meno humtio,
o inhumano, si se quiere. Entonces
encontramos una afirmaci6n amarga y realista en lo hist6rico, que hasta no
hace mucho se tenía por axioma en las academias militares: si históricamente
siempre ha habido guerras, hay que pensar que son inevitables. En esa misma línea dijo Ortega en 1918:
Es una puerilidad suponer que la norma en la vida sea la paz.. . La lucha entre los partidos, entre las clases u otras agrupaciones es el mo-,
do normal de convivencia colectiva (12).
Para el militar español de entonces no decía nada nuevo. Creía que la
paz no es sino una pausa entre dos guerras y que la guerra está en la esencia
de la naturaleza humana, siendo imprudente y suicida pensar lo contrario. El
cristiano Villamartín,
filósofo militar por excelencia, en quien todos bebían
sus ideas, había dejado sentada inamoviblemente
desdé 1863 una definición
lapidaria y de visible influencia marxista:
La guerra es el choque material de los elementos de dafio y defensa de
que disponen dos poderes sociales que se hallan en oposición de intereses (13).
El parentesco de ideas es visible, así como la común inspiración en un
principio de lucha de clases, o de «poderes sociales». Con el tiempo, Ortega
matizaría y se opondría al principio marxista, como Villamartín se mantendría bien lejos de tal ideologí?,.centrado en la doctrina católica. Pasarían siete afios hasta que Ortega definiese su oposición al materialismo en un artículo, titulado muy expresivamente, en octubre de 1925: «La interpretacidn belica de la Historia», que, según piensa Redondo, posiblemente lo escribiría
empujado. por los recientes acontecimientos marroquíes del desembarco de
Alhucemas, y suponía algo así como un intento de justificar, desde la óptica
de la filosofía de la Historia, el gobierno dictatorial de entonces (14). No es
s,ino una suposicibn muy gratuita, pues Ortega, aun escribiendo demasiado
al hilo de hechos y noticias, nunca cedió al oportunismo en sus ideas, que podían ser apresuradas, pero no aduladoras, como se vio bien pronto respecto
al Directorio, que es aquí referencia. La esencia de su c&terpretacibn bélica
de la Historia» era ésta:
Sorprende que no se haya aprovechado más una insinuacidn que al
desgaire hace ya Aristdteles en su Política cuando dice que, «en cada
Estado, el soberano es el combatiente, y participan del Poder los que
tienen armas».
Este pensamiento podría proporcionarnos
una interpretación bélica
de la historia que formaría el perfecto contrapunto a la interpretacidn econdmica. Según ella, la vida en cada época sería, no lo que
fuesen los instrumentos de producción, sino al revés, los instrumentos de destrucción. Una modificacidn de las armas de combate aca(12) «La verdadera cuestión espaíIola» 1: «El Sol» (12-8-1918).
(13) Francisco Villamartín, Nociones de Arte Militar (Selecci6n) (Edit.
1943) p. 19.
(14) Redondo, O.C. II, p. 60.
Ej&+,
Madrid
112
JOSE
MARIA
CARATE
CORDOBA
rrearía una distinta configuracidn de la sociedad. La forma política
se modelaría en la forma de la guerra, y el Poder público aparecería
siempre en las manos que tienen las armas (15).
Para quien ha leído ya su admiración por ciertos aspectos militares medievales y aun imperiales de Espafia, encontará que, en conexión con ellos,
hay aquí cierto paralelismo con las expresiones de Maeztu que formulan la
Monarquía militar en 1930, aunque la superposición sería desilusionante,
por el distanciamiento de sus respectivas ideas en la época en que cada uno
las formuló, a cinco anos de distancia.
Dos anos después estudiaba Ortega, en «El Espectádor», con más detenimiento, el fenómeno de la guerra, haciendo algunas precisiones sobre la interpretación bélica de la Historia, que pueden resumirse así:
La interpretación bélica de la Historia tiene de común con la idea de
Marx la conviccibn previa de que la realidad histórica es lucha y que,
en ella, quienes luchan mas que los hombres son los instrumentos...
No fue Marx quien inventó el mecanismo de la lucha como explicación de los cambios históricos. Guizot interpreta ya la historia de
Franciacomo perpetua colisión entre dos clases: nobles y burguesía,
que se verifica en el campo jurídico. Marx no hizo sino transponer la
sustancia «clarificadora»,
del derecho a la economía, siguiendo a
Saint-Simón, verdadero padre de la criatura. Yo sospecho que esa es
una falsa historia, que se fija ~610 en el «pathos» y no el «ethos» de la
convivencia humana; es una historia de sus frenesíes, no de su pulso
normal; en suma, no es una historia, sino más bien un folletín. Pero
es, claro está, de por sí revelador que en el siglo pasado, no hubiese
oído más que para las desafinaciones hist6ricas
Para sugerir algo de lo que podría entenderse por «interpretación bélica de la Historia», subrayaré este hecho: Europa hubiera sido imposible sin Roma, que crea como su primer esquema y cimiento de organización. Pero a su vez, Roma no habría existido sin Grecia. Por
una razón sencilla. Hay un momento en que el Occidente parece condenado a la orientalizaci6n. Es la época en que la formidable nación
persa se lanza sobre nuestro continente. Grecia desnuca su poderío
con Milcíades y Temístocles en Maratón y Platea. iMagia? Ninguna.
Todo lo contrario. Una clara invención de la vivaz mente helénica.
Grecia, Roma, Europa, han sido posibles gracias a la falange (16).
Con ello está lograda, de modo muy explícito y con brillante viveza, la
introducción firme a su argumento bélico para entender la historia. Valientemente sale al paso del reparo estudiantil y profesoral a que la historia tenga
por eje una sucesión de guerras. Ortega explica que es así porque así fu ,desde Grecia, y lo ampliará y completará, aunque ya ha sefialado antes u n hito
en la historia de la Francia contemporánea. Luego llama en su ayuda al que
considera el mejor historiador del arte bélico, Hans Delbriick, y nos aporta
un largo parrafo suyo en el que examina el nacimiento de la cohesión como
factor táctico, porque «los héroes homéricos son combatientes singulares».
Ortega acepta su planteamiento y nos lo explica con su propio estilo, pero
(15) «La interpretación bklica de la Historia»: «El Sol» (3-10-1925).
(16) «La interpretacibn bélica de la Historia», en El Espectudor II, p? 273 y SS., 1917.
LO MILITAR
DE ORTEGA
Y GASSET
113
ello interesa más al concepto del Ejército, que luego examinamos.
Aquel mismo aho y en el mismo libro profundizaba sobre la idea común
de la guerra como hecho inherente a la vida animal y, de la mano de Max
Scheler, encontraba, por encima de ello, ser «algo especí@kamente humano»
que no se concibe como expresión rectilínea de la vida infrahumana. Agarrado a Scherler explicaba:
La guerra no es mera expansi6n de la violencia física: a la cual abandona su puesto la espiritualidad racional cuando se srente impotente,
sino que es una controversia de poderío y voluntad entre las personas
espirituales colectivas que llamamos Estados. La finalidad última de
ella es máximo dominio espiritual sobre la tierra. También poderío es
espíritu... Poderío es una idea que tiene su base en el sentimiento de
la propia voluntad y eficacia.
Aclaraba luego que, siendo esencial a la guerra el empleo de medios físicos y violentos, dentro de la idea bélica éstos sólo representan el papel de
«esteriorizadores del poderío y su comprobacidrw. Anticipaba así ideas de la
guerra disuasiva y sugeriría una frase muy plástica, que era apoyo remoto de
uno y otro concepto, el «estos son mis poderes» de Cisneros. Encontraba en
ello la explicación de que jamás se hubieran puesto en juego durante una
guerra todas las energías de violencia que los beligerantes poseían, sino que
había bastado con aquel mínimo de ellas que, al enfrentarse, indicaban claramente el estado de equilibrio o la superioridad entre las potencias respectivas. Y concluía así su explicación personal de las ideas de Max Scheler:
De esta suerte, la batalla viene a ser ~610 la muestra del poder, su índice.
Por con siguiente, el ejercicicio de la violencia, con su-resultado de
matanzas, etc,, que es donde se detiene preferentemente la interpretación naturalista de la guerra, no forma el núcleo de ésta: es sólo su
manifestaciõn, medida y sefial de las energías de voluntad que entran
en conflicto.
Basta esto, según Scheler, para distinguir el fenómeno guerrero de
toda lucha por la existencia. En la guerra se lucha por algo superior a
la existencia: se lucha por el podería y por lo que de él depende y con
él coincide: la libertad política.
Había que aclarar, y lo aclaraba, que, por lo mismo, no son guerra las
labores de exterminio contra los indios y los negros; ésas sí que son «caza»
de una especie a otra, porque:
La verdadera guerra no busca el aniquilamiento
de agrupaciones humanas naturales, sino un nuevo reparto del poderío espiritual colectivo sobre esas unidades naturales.
Así concluía Ortega explicándonos la teoría de Max Scheler, que la guerra tendrá un origen vital, pero opuesto al que se supone que rige la existencia animal. No es el hambre, sino, al contrario, la abundancia, la sobra de
energías, Ic, que suscita la guerra, y en la perspectiva histórica, el acto bélico
aparece como el verdaderamente organizador; es éste lo que lleva a ser unidad de pueblo a las hordas y les da una estructura política estable. MaxScheler llega tan lejos como es el planteamiento de un postulado paradójico: los
/
114
JOSE MARIA GARATE CORDOBA
períodos de paz son posibles merced a los períodos de guerra. La guerra es,
por esencia, el principio dinámico de la Historia, mientras que la obra pacífica es una actividad de «adaptacidn» al sistema dinámico de poderes determinado por la guerra precedente. La paz sólo es, pues, el principio estático de
la historia, mientras que en toda guerra se verifica un retorno a la originalidad creadora de donde nació el Estado (17).
Con este haz de conceptos que aquí he resumido, cerraba Ortega, comentando a Max Scheler su interpretación bélica de la Historia, cosa que para él era básica en el planteamiento mismo de la filosofía de la guerra.
No había contradicción con Scheler en sus conceptos históricos y fenomenológicos sobre la guerra, sino en los metafísicos y éticos. A los primeros
dedicaba Scheler uno de los capítulos de su libro, que Ortega encontraba demasiado «imperativo» y harto poco probatorio, y nos copia una página que
le repugna a su razón, en la que dice: «En la hora bélica creemos ver y como
palpar ese enorme ser espiritual del que somos miembros. Cada uno percibe
que es mucho más evidente la existencia de la nación que la suya propia», y
culminan su interpretación metafísica en el supremo símil de la unibn con
Dios en el amor divino, con lo cual Scheler da a la guerra un significado mistico: la guerra como juicio de Dios. Ortega rebatia así tales ideas:
Identifica, sin pretexto alguno, la voluntad de Estado con una apti:
tud especial, ajena en su esencia a aquella, cual es el temperamento y
el arte de guerrear. Es completamente gratuito confundir ambas cosas. Así podrá darse el cáso de dos pueblos, uno de ellos muy poco
numeroso, pero con muy intensa voluntad de Estado; otro enorme en
extensión y población, pero de escasa cohesión política. El hecho
brutal de este desequilibrio traería consigo la derrota del primer pueblo. Es decir que, según Scheler, en cada época de la Historia resultaría injusta la presencia de Estados cuyo número de habitantes fuese
inferior a cierto cómputo.Bsto
es absurdo y en cierto grado irritante.
Buena lección de que asi es reciben ahora los alemánes, que no han
querido recordar la perpetua ensenanza de la Historia. Pues como
ahora (Gran Guerra) siempre el Estado poderoso es la culminación
de sus energías guerreras precisamente, ha provocado la alianza tran‘sitoria de los débiles, que juntos lo han vencido y lo han deshecho.
Tan lejos anda la guerra de dar el triunfo a quien, desde el punto de
vista del noderío, más lo merece (18).
El general Montero recuerda que por las fechas en que Ortega concluía
su último tomo de «ElEspectador»,
la escuela polemóloga que Gastón Bouthul fundó en 1945 variaba por completo la fenomenología de la guerra, interpretando que el conflicto bélico es investigable y funcionalmente evitable
en el futuro, porque «el fenómeno de la guerra no se concibe fuera del clima
particular que la superpoblación crea como estructura demográfica adecuada», por lo cual, en suppini6n, «la guerra no parece ser un hecho primitivo,
sino más bien un fenómeno que se afiade fatalmente a otro, un epifenómeno
(17) Ibid.
(18) «Etica y metafísica de la guerra», en El E.fpectador
II
1917, p. 203 y ss.
LO MILITAR
DE ORTEGA
Y GASSET
ll.5
o manifestación. febril de desequilibrios sociales, principalmente demográficos», teoría que trata de alejar de la mente el tópico del fatalismo histórico
que considera inevitables las guerras.
Quedaba por examinar el aspecto ético de la guerra. Ortega, en pasajes
de muy distintos textos, se mostraba decididamente antipacifista. Desde
1914, en un contexto lateral al que nos ocupa, donde decía: «esta premeditada renuncia a la lucha se ha realizado alguna vez y en alguna parte, en otra
forma que no sea la complicidad y el amigable, reparto» (19).
En 1927 entraba a fondo en el tema del pacifismo, haciendo su crítica:
Fácil es descubrir el absurdo de ciertas acusaciones que contra la guerra suelen hallarse en algunos periódicos y partidos excesivos; por
ejemplo, su interpretación como «matanza». Porque en todo tiempo
se ha reconocido ser esencial del asesinato que la voluntad comience
por negar la existencia de una persona individual como persona,
arrebatándole, por decirlo así, su ser y dignidad1 Más nada de eso encontramos en la guerra. Las guerras no van dirigidas contra individuos, sino contra Estados, y esto, comúnmente, tras precedente declaración y libérrimo acuerdo. Su fin principal es el desarme del Estado enemigo o de su gobierno, no la matanza de hombres. Y en la batalla no se halla, ante la visión espiritual de los soldados, una suma
de individuos y personas, como enemigos, sino el poder colectivo del
adversario, en calidad de instrumento del gobierno hostil, cuya voluntad actúa en el conjunto de ese poder. Esto bastaría por completo
para diferenciar la conciencia de la guerra de la del asesinato (20).
La formulación es exacta. Despu& Cphan estereotipado los tópicos: «En
el Ejército se aprende a matar», como si fuese éste una escuela de crimjnahdad, olvidando que el fin de la guerra es destruir la moral combativa del enemigo, o su voluntad de defensa, mediante la destrucción o neutralización de
SUS armas. Eso es lo que pretendían los tratadistas, desde Epaminondas
hasta Clausewitz, cuando hablaban de destruir al enemigo. El general Cuartero
comentaba con humor la posibilidad de unos gases de «envolvimiento sensoria/» que dejarían dormido el enemigo durante el tiempo necesario para hacerle prisionero. La finalidad de la guerra no es matar; la muerte de cada
enemigo es un accidente, no un fin. Puede pensarse que son distinciones metafísicas, pero en ellas se funda la común idea soldadesca de que para no perder acometividad hay que evitar la mirada a los ojos del enemigo. Porque en-,
tonces tendría que atacar una persona individualizada.
.
Ortega sigue el desarrollo de su pensamiento con nuevas razones:
Pero, además de esto, toda guerra que lo es verdaderamente, descansa, de igual suerte que el duelo, en el principio caballeresco que implica el respeto a la afirmacibn de la persona del contrario y hasta incluye que sea ésta, en el acto mismo dirigido a destruir su organismo,
tanto más profunda y cordialmente afirmada y estimada cuanto me(1.9) Vieja y mevu polífica,
Madrid
1914.
(20) «Guerra
y ética de Schelen!, en EIEspecfador 11 1917, p. 194 SS., y «En cuanto
fismo», en El Especfudor~II 1917,‘. 286 SS.
al paci-
,
116
JOSE
MARIA
GARATE
CORDOBA
jor y más eficazmente responde al golpe con un contragolpe, tal vez
mortal. Este matar es un matar sin odio, es un matar con animo de la
más alta estimación. De aquí proviene la majestad de la terrible obra.
Parece aquí que Ortega se eleva demasiado en su estetica, y poco faltaría
para que,la última frase le inspirase un ensayo sobre «la guerra considerada
como artistica»; tal es la resonancia vagneriana de aplicarle a la guerra la
aureola de majestad terrible. Pero sabe Ortega calar hondamente el sentido
individual del guerrero en su matar sin odio, no imaginando’en
1927 que
nueve aílos después, una frase semejante, «Tirad sin odio», sería consigna
-apostólica del «Angel del Alcázar» que se repetiría en el mundo. La ví glosada en un poema de mi amigo, muerto,, Antonio Gutierre2 Martín: «Yo combatí sin odio. Os lo juro por la santa memoria de mi madre que combatí-sin
odio». No era un poeta cualquiera, su libro, publicado en 1939, al terminar
la guerra, llevaba un prólogo de ocho apretadas páginas en folio, de Pemán
(21). Pero sigamos el artículo de Ortega, que va creciendo en pensamiento y
en literatura:
De aquí proviene la majestad de la terrible obra. Por ella ha ido siempre unido en la historia el derecho de guerrear a cualidades perfectamente circunscritas, sobre todo;al reconocimiento del hombre armado como una persona libre. Podrá la lucha cuerpo a cuerpo encender
furia, ira, momentánea ansia de venganza; pero el odio al enemigo es
un elemento completamente ajeno a la verdadera guerra. El disparo
de un so10 francotirador suscita mayor deseo de venganza y odio que
la más grave derrota causada por las fuerzas regulares. S610 a pueblos exentos de condición guerrera, blandos, sensuales y cobardes,
como, por ejemplo, ahora los belgas, les falta el don de distinguir entre la muerte cabelleresca que se da en la guerra y el vulgar asesinato
cometido por el francotirador.
iAquella doctrina naturalista de la
guerra como matanza vendría a «<justificar» a estos pueblos cobardes
y débiles! iBastante, pues, lo dicho contra esa idea, necia y abyecta,
que hace de la guerra una matanza!.
Tras lo cual, Ortega entra en contradicción con Max Scheler, del que
acepta que en la guerra hay justamente un motor biológico y un impulso espiritual, que son altos valores de la humanidad, y afirma, en consecuencia,
que «el ansia de dominio, la voluntad de que lo superior organice y rija a lo
inferior, constituyen dos soberanos impulsos morales«. Luego discrepa de
Scheler: la paz no es tan pacífica como él dice, reducido por él a esos términos el fenómeno bélico; todo era muy sencillo, pero Ortega distingue que, si
en la guerra «hay» eso, la guerra no «es» eso, porque «no ~610 con la espada
en la mano se aspira a ejercer influencia sobre los demas, sino con la pluma
en la misma mano; no sólo en la trinchera, sino en la conversación, en todas
las formas del trato social y de la producción intelectual e industrial», lo cual
le llevaba a c.oncluir: «El poderío espiritual y la guerra no son, por tanto,
una misma cosa». Con eso se concretaba y distinguía uno de los aspectos que
,
(21) Antonio Gutiérrez,Martín,
Algo
mis Ediciones Verba, CAdiz, 1939, 110 phgs.
LO MILITAR DE ORTEGA Y GASSET
lli
hay en la guerra, el espiritual, y pasa a limitar tambien el otro, el de la fuerza
fisica:
@ora bien: esa «fuerza bruta» no es tal. Si lo fuera, esta perdurable
tragedia del hecho guerrero, que atraviesa la Historia de punta a punta, habría sido hace tiempo resuelta. Scheler insiste muy acertadamente en que esa fuer- bruta es fuerza espiritual. Bruto es el cti6n
una vez hecho, cargado y en puntería; pero todo eso, cahón, carga y
puntería, es una condensación de energías espirituales: saber, buen
orden, constancia, laboriosidad, previs$n, etc. He aquí lo terrible,
séilores ~cprogresistasq o como Nietzsche diría, senores «filisteos de
la cultura»; he ahí lo terrible: que el espiritu sea susceptible de convertirse en fuerza bruta, que la fuerza bruta sea a la par fuerza moral.
Esta lealtad tiene que tener con el problema quien ambicione lealmente la solución. Lo demas son palabras sin consecuencias. Desde
Tibulo, se llama <(ferus et vere ferreus» al que saca Ia espada, y desde
Tibulo, con ejemplar perseverancia, la espada sigue su siega periódica de poéticas gargantas (22).
Todo venía referido uf pacifismo, en una refutación construida en 1917
sobre la marcha misma de la Gran Guerra. Veinte anos despues, en 1937,
volvería sobre el tema «En cuento al pacifismo», en su prólogo para ingleses
de la rebelión de las masas, donde nos ofrecía un extenso.estudio sobre este
punto, al que se había decidido, según explicaba, porque, desde hacía veinte
ahos, Inglaterra -su gobierno y su opinión públicase había embarcado
en el pacifismo, con lo cual se veía obligado a aclarar la ambigüedad del término, pues cometemos el error de designar bajo ese único nombre actitudes
tan diferentes que, en la practica, resultan con frecuencia antag6nica.s:
Hay, en efecto, muchas formas de pacifismo. Lo único que entre
ellas existe de común es una cosa muy vaga: la creencia en que la guerra es un mal y la aspiración a eliminarla como medio de trato entre
los hombres. Pero los pacifistas comienzan a discrepar en cuanto dan
el paso inmediato y se preguntan hasta qué punto es en absoluto posible la desaparición de las guerras. En fin, las divergencias se hacen
superlativas cuando se ponen a pensar en los medíos que exige una
instauración de la paz sobre un pugnacísimo globo terraqueo.
La realidad actual nos facilita desgraciadamente el asunto. Es un hecho demasiado notorio que el pacifismo inglés ha fracasado. Lo cual
significa que ese pacifismo fue un error. El fracaso ha sido tan grande, tan rotundo, que alguien tendría derecho a revisar radicalmente
la cuestión y a preguntarse si no es un error todo pacifismo» (23).
Los veinte anos de pacifismo inglés iban desde 1917, en plena guerra, a
1937, en vísperas de otra guerra. Ortega creía que acaso fuese más útil de lo
que parece el estudio completo de las diferentes formas de pacifismo, creyen(22) «Gu&ra y ética de Scheler», en EIEspectudor II 1917, p. 1917. p. 194 SS;«En cuanto al
pacifismo». en El Espectador IV 1930, p. 286 SS.
(23) «En cuanto al pacifismo», en La rebelión de los majas” 15.’ Ed. Espasa-Calpe, Col.
Austra17. Epilogo para ingleses, París 1937, p. 166-188.
/
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GARATE
CORDOBA
do que del estudio emergería no poca verdad, pero pensaba que no le correspondía hacerlo a él entonces, aunque en tal anahsis quedaría definido con
cierta precisión el peculiar pacifismo ingles. Trataba luego de comprenderlo
y suponer que su aspiración a la paz del mundo era una excelente aspiración,
lo cual subrayaba más el error del resto, es decir, su apreciacibn de las posibilidades de paz que el mundo ofrecía y en la conducta que había de seguir
quien pretendiese ser pacifista de verdad. Suponía que los ingleses se disponían ya serena y decididamente a rectificar el enorme error que su pacifismo
había sido durante veinte anos y a sustituido por otro mas perspicaz y más
eficiente. Encontraba que el mayor defecto inglés y de todos los titulares del
pacifismo había sido subestimar al enemigo, lo cual les inspiró un diagn&tico falso.
El pacifista -generalizaba
ya Ortega- ve en la guerra un dafio, un crime.n o un vicio; pero olvida que antes que eso y por encima de eso, la guerra
es un enorme esfuerzo que hacen los hombres para resolver ciertos conflictos. «La guerra no es instinto, sino invento; los animales la desconocen y es
de pura instituci6n humana, como la ciencia de la administración. Ella llevó
a uno de los mayores descubrimientos, base de toda civilización: el descubrimiento de la desciplina. El pacifismo está perdido y se convierte en nula beatería si no tiene presente que la guerra es una genial y formidable técnica de
vida y para la vida». Y aún nos sorprendería diciendo:
Si la guerra hubiese muerto, habríamos llegado a una situación totalmente nueva en la historia humana. Como la guerra es siempre un
acontecimiento terrible, nuestro primer movimiento sería de contento. Pero tenemos obligación de reflexionar seriamente sobre lo que la
muerte de la guerra significa.
Tras esas precisiones sobre la guerra y los errores de abstración del pacifismo, aún distinguía Ortega, en su gran ensayo «En cuanto al pacifismo»,
de su prólogo para ingleses a La rebelión de las masas, y en ello se acercaba
mucho a las optimistas previsiones de la polemología actual, aunque con
más intuición que optimismo:
Coma toda forma histórica, tiene la guerra dos aspectos: el de la hora
de su invención y el de la hora de su superación. En la hora de su invención significó un progreso incalculable. Hoy, cuando se aspira a
superarla, vemos de ella sólo la sucia espalda, su horror, su tosquedad, su insuficiencia... Porque antes lo que se hacía era matar a todos los vencidos. Fue un genio bienhechor el primero que ideó, en
vez de matar a los prisioneros, conservarles la vida y aprovechar su
labor.
Hasta ahora sólo había insistido Ortega en explicar las raíces y causas
del fenómeno guerra, despojándolo de todo tópico pacifista, encarándolo en
su totalidad histórica, para que al enfrentar su realidad y su habitualidad, su
contemplacibn no nos llevase al desánimo, sino a explicar nuestros errores,
resolviéndonos a estudiar el fenómeno a fondo, para descubrir sin piedad sus
gérmenes y construir la nueva concepción de las cosas que el examen nos
proporcione. Ahora es cuando aporta, serenamente, la invitación concreta y
las bases de un plan de pacifismo constructivo y no plañidero, algo que el ge-
LO MILITAR
DE ORTEGA
Y GASSET
119
neral Montero no subrayó, porque no se ocupó de este texto, sino de otro
muy anterior, pero que seguramente hubiera complacid9, como sugerencia,.
a Gastón Bouthul, el polemólogo:
Por desconocer todo esto, que es elemental, el pacifismo se ha hecho
su tarea demasiado fácil. Pensó que para eliminar la guerra bastaba
con no hacerla, o a lo sumo, con trabajar en que no se hiciese. Como
veía en ella ~610 una excrecencia superflua y morbosa aparecida en el
trato humano, creyó que bastaba con extirparla y que no era necesario sustituirla. Pero el,enorme esfuerzo que es la guerra ~610 puede
evitarse si se entiende por paz un esfuerzo todavía mayor, un sistema
de esfuerzos complicadísimos y que, en parte, requiere la venturosa
intervención del genio. Lo otro es un puro error.
Lo otro es interpretar la paz como el simple hueco que la guerra dejaría si desapareciese; la paz es una cosa que hay que hacer, que hay
que fabricar, poniendo a la faena todas las potencias humanas. La
paz no «está ahí», sencillamente; presta sin más para que el hombre
la goce.
Comparaba el caso con el de cualquier logro humano importante, que
requiere sudor del hombre y no lo obtiene como regalo, como fruto espontáneo de un árbol; no hay árboles que den frutos de paz, y recordaba que el título más claro de la especie humana es el de «horno faber», por eso mismo.
Tras lo cual entraba en el examen de la única ocurrencia pacifista en el terreno de las realizaciones prácticas: el desarme y, en consecuencia con él, la declaración solemne de los países que renunciaban a la guerra. Aludía como
ejemplo a Inglaterra, pero sin duda le punzaba el recuerdo ir6nico de aquel
artículo inicial de la constitución republicana, estampado inutilmente:
«Espana renuncia a la guerra como instrumento de política nacional». La explicacian de Ortega decía:
Si se atiende a todo esto, jno os parecerá.sorprendente la creencia en
que ha estado Inglaterra de que lo más que podía hacer en pro de la i
paz era desarmar, un hacer que se asemeja tanto a un puro .omitir?.
El error de diagnóstico que le sirve de base es la idea de que la guerra
procede simplemente de las pasiones de los hombres, y que si se reprime el apasionamiento, el belicismo quedará asfixiado.. . Imaginemos
que en un cierto momento todos los hombres renunciases a la
guerra.. . ,$e cree que basta eso, más aún, que con ello se habría dado el más leve paso eficiente en el sentido de la paz? iGrande error!. . .
La renuncia a la guerra no suprime estos conflictos. AI contrarip, los
dejaría intactos y menos resueltos que nunca, porquelos con,fhctos
reclamarían solución, y mientras no se inventase otromedio,
la guerra reaparecería inexorablemente en ese imaginario planeta habitado
sólo por pacifistas.
NQ es, pues, la voluntad de paz lo que importa últimamente en el pacifismo. Es preciso que este vocablo deje de significar una buena intención y represente un sistema de nuevos medios de trato entre los
hombres. No se espere en este orden nada fértil mientras el p&fis-
120
J~SE~~~IAGARATJ~CORD~BA
mo, de ser gratuito y cómodo deseo, no pase a ser un difícil conjunto
de nuevas técnicas (24).
Por esas nuevas técnicas andamos en escuelas de estudios sociales, de
polemología, investigación científica para descubrir los caminos de un mundo sin guerras, en la que la sociología y la demografía son apenas dos ciencias iniciales en la complicada maraha de disciplinas convergentes, que todas
serán poco. sin la ayuda de un derecho internacional completo, humano y generoso, unlveisalmente respetado.
Faltaban las tecnicas jurídicas y prácticas, pero lo que faltaba esencialmente era el genio capaz de crearlas e imponerlas que antes reclamó. En su
primer trabajo lo había dicho ya: «En cuanto al pacifismo, es preciso primero que algunos hombres especialmente inspirados descubran ciertas ideas o
principios de derecho». No citaba, porque no era lo suyo, que esa era la doctrina cristiana, que estableció como saludo un deseo de paz y que estaba fundada por un Hombre especialmente inspirado. Pero ni era su fuerte el tema
religioso ni los pacifismos se plantean por ese camino.
Y vale la pena cerrar este apartado con dos notas finales que dan el tono
estético del pensamiento de Ortega sobre la guerra, en contraste con otro tono ético anterior. En lo moral encontraba primero una comprensión de la
barbarie:
Al hombre del siglo pasado... la guerra le parecía una cosa bárbara
-lo cual es rigurosamente verdad-, y la barbarie le parecía absolutamente mal, lo, cual po es ya tan cedente (23.
Tras lo cual, no mucho después, se permitía’una estimación artística de
la guerra, la segunda que encontramos, que en su tiempo debería resultar escandalosa:
La prosa de Cohen, hablada o escrita, era de índole belica, y, como
casi siempre, lo bélico, aunque un poco barroco, es profundamente
elegante (26).
No pensaría lo mucho de bélico que íbamos a sacar en sus propios textos, ciertamente llamativos por su belleza literaria, y también un poco barrocos. En la literatura de todos los tiempos, no menos en el nuestro, ha destacado el genero bélico más o menos concreto.
EI ejercito, el guerrero y d militar
Si hemos examinado un tanto largamente el pensamiento de Ortega sobre la patria y la guerra es porque, a nuestro entender, son los dos axiomas
que fundamentan la existencia del Ejercito, tema que, en su planteamiento
general y elevado, era muy caro a Ortega, algunas dec-uyas frases respecto a
él se han hecho populares, tanto o mas que las otras dos que sintetizan sus
ideas sobre los dos conceptos anteriores. Conviene aclarar, si es que no lo hemos hecho, que Ortega nunca habló mal del Ejército como institución, es de(24) Lo rebelidn de los mosos, prdlogo poro olernones, p. 45.
(25) «Notas del vago estío», VI. «El Espíritu guerrero»,
en El Espectador V (1927).
(26) Lo rebelión de íos mosos. Prólogo para alemanes, p. 45, 1930.
LO MILITAR
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121
cir, en abstracto, sefialando en cambio, con dureza incluso, los viciosos extremos que veía 0 conocía en la milicia, española 0 extraña, valga esto como
aclaración a lo dicho por Marrero, que es cierto en parte. Afladamos también que Ortega, como los sabios, o los pensadores, era hombre de rectificación; su actividad periodística le llevaba a tomar partido sobre los sucesos
militares del día, acaso con entusiasmo, y su espíritu idealista y crítico le hacía destacar enseguida los primeros errores y su disconformidad general con
lo mstituído; lo veremos en pormenor sn su momento.
Curiosamente, destaca su entusiasmo militar en el primero v el último de
sus escritos sobre el.tema. El-buen método .hist&-ico nos pide empezar por el
post&% en su prólogo a las Aventuras del Capitán-Alonso de Contreras;
que escribió con verdadero deleite y documentación, está a la vista, en 1943,
donde llaman la atención sus precisiones sobre el nacimiento del Ejército
moderno, organizado por Fernando el Católico, con certeros atisbos en lo
que toca al arte de la guerra, del que Ortega debía de ser un atento-lector circunstancia.& no mas que aficionado:
Fernando el Católico es el primer rey que comprende ser necesaria al
Estado una nueva forma de ejércitos, un ejército que sirva para ganar batallas, fabricado a, medida de esta finalidad y no para pasear
pendones y dar lugar al heroísmo singular del romance fronterizo.
Tal vez delante .de Málaga se hace el primer ensayo, aún muy rudimentario y tullido, de un ejército moderno.. . en el que nada funciona
bien..., pero se había sentado el principio, y de la fusión entre aquellas dos fuerzas dispares -la de la tradición y la del nuevo estilosurgió no mucho después el tercio castellano, refiguración de todos
los ejercitos posteriores hasta la Revolución 8 rancesa y, aún en ciertos carácteres, hasta la fecha actual (27).
Vemos, primero, con qué naturalidad narra el hecho bélico en sí,‘sin
prejuicios ni remilgos, como quien está metido de lleno en el ambiente; luego, sus afirmaciones rotundas, en las que habría mucho que distinguir, dando plenitud y actualidad al primer tercio castellano, nada menos que hasta
nuestros días, tan artificiosos militarmente hablando, y aún en los suyos de
1943, en plena guerra mundial. Tras ello, nos explica en sulargo prólogo co”mo era el soldado de 1600 en el tercio castellano, del que Alonso de Contreras se nos muestra como magnífico ejemplar, que,. si llega a capitan, gusta a
Ortega admirarle de soldado,.entre otras cosas para senalar matices histqric-osdiferenciales y decir que el soldado es la ultima etapa de una evolución en
Ia que primero fue el guerrero, luego el caballero y, despues, el militar.
Pero esta admiración por los hombres de guerra se había mantenido viva
en :Ortega desde casi sus escritos iniciales; el primero en que nos lo muestra
esta en Vieja y nueva polítiq
donde afirma que Riego y Narváez, aunque
como pensadores fueran un par de desventurados, como seres vivos resultaban dos «altas llamaradas de esfuerzo». En el mismo aiio 1914, en las Meditaciones del Quijote, contempla con estima y fraseología militar a los espa(27) Prólogo a Las.aventuras del capitán Al&so
7-42.
Contrerbs Alianza Ed., Madrid 1967, p.
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ñoles-de los primeros cincuenta ailos del siglo XIX, «los de las guerras civiles», dice, y luego explica:
Porque, si no había en ellos complejidad, reflexión, plenitud de intelecto, tenían, sin embargo, su coraje, esfuerzo, dinamismo. Se trataba de seres vivos, verdaderas altas llamaradas del esfuerzo, esplendores de un incendio de energías; los dinamismos fueron viniendo a tierra como proyectiles que han cumplido su parábola en el vivir hueco
de la Restauración. LEsta premeditada renuncia a la lucha, se ha realizado alguna vez y en alguna parte, en otra forma que no sea la complicidad y el amigable reparto? (28).
lkllevar
a su último extremo, estos juicios, veríamos en sus consecuencias últimas una justificación de la guerra civil, más freudiana que espiritual;
pero sabemos que Ortega no llegaba hasta ahí, como hemos visto enUnamuc
no.
Aquel primer libro, Meditaciones del Quijote, contenía un análisis y un
elogio del héroe, a quien ya entonces veía, en su concepto clásico, enfrentado, no con la adversidad, sino con la circunstancia. Luego hubiera podido
decir, y ya lo apuntaba entonces, que el hombre del «yo y mi circunstancia»
es el hombre normal, vulgar, el hombre masa; pero el héroe, como selecto en
extremo, lucha contra su circúnstticia si le es adversa; se sobrepone a ella y,
normalmente, muere ene1 empeño. No sé si luego 10 lleg6 a explicar así Ortega; entonces decía esto,. que indudablemente ss,rrfer.ia. al .heroe. militar:
Aspiran los héroes a que las cosas lleven un curso distinto: se niegan
a repetir los gestos que la costumbre; la tradición y, en resumen, los
instintos biológicos les fuerzan a hacer. A estos hombres llamamos
héroes. Porque ser héroe consiste en ser uno, uno mismo. Si nos resistimos a que la herencia, a que la circunstancia nos imponga unas
acciones determinadas, es que buscamos asentar en nosotros el origen de nuestros actos. Cuando el héroe quiere, no son los antepasados en él o los usos del presente quienes quieren, sinó él mismo. Y este querer él ser él mismo es la heroicidad (29).
Entre abundantes citasorteguianas respecto del Ejército hay que atender
a una estructura mínima de su pensamiento para presentarlo con el mínimo
orden deseable, pero también importa la cronología, y en ella, nuestra tercera nota es la única de tono desfavorable, bien que se trata de una sola frase
en.un contexto enumerativo de inconvenientes. Era en un artículo de El SQI,
a propósito de las ventajas .de la joven América, cuyo frescor. político envi-.
diaba:
América, exenta de pasado, no arrastra otra obra muerta: Sus órganos están en plena vigencia. No pesa sobre ella la Iglesia, no pesa la
aristocracia genealógica, no pesa el arcaico espíritu militar, no sufre
la tradición de, las añejas burocracias. América es toda de hoy, es pura modernidad (30).
(28) Meditaciones del Quijote, Madrid, 1914 en Obras completas 1, p. 389.
(29) Ibid.
(30) «Los momehtos supremos. Espalla entre las Naciones»: «El Sol» (17-10-1918).
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DE ORTEGA
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Aún es la época eufórica de Ortega, un tanto violenta en IO político y lo
religioso -no adjetiva la Iglesia acaso porque en sí misma ve expresados sus
males-? y el peso del espíritu militar mas parece residir en su arcaismopue
en su esencia, aunque, expuesto así, duda el lector de si el espíritu militares
arcaico siempre o uno arcaico y otro moderno. Tampoco hay que buscar
muchas vueltas a un parrafo que canta a la modernidad, el único que presenta un reparo al espíritu militar, porque,el próximo de nuestras fichas es de
elogio:
En tal sesgo, muy distmro del que suele emplearse, debe un pueblo
sentir su honor-vinculado a su Ejército, no por ser el instrumento por
el que puede castigar las ofensas que otra nación le infiera: éste es un
honor externo, vano, hacia fuera. Lo importante-es que un pueblo
advierta que el grado de perfección de su Ejército mide con pasmosa
exactitud los quilates de moralidad y vitalidad nacionales. Raza que
no se siente ante sí misma deshonrada por la incompetencia de su organismo guerrero, es que se halla profundamente enferma e~incapaz
de agarrarse al planeta (31).
El tema era importance entonces y actualísimo hoy, tanto que se presta a
esas policitaciones de titular «Ejército del pueblo» al que lo es del Estado, la
Nación o la Patria, a hablar de simbiosis entre pueblo y Ejército, como si éste no fuese una parte de él, pero sin entrar en búsquedas de precisiones sustantivas que van desde concebir de Ejército como personificación dela nacionalidad, pasando por verlo como uno de los elementos del Poder, «la fuerza
que respalda su autoridad», a ser «la columna vertebral de la Patria» o sólo
su «brazo armado», que algunos quieren dejar en «brazo armado del Gobierno»; la distinci6n que aquí hace Ortega es esencial y ortodoxa, al ver en
el Ejército, más aún que el brazo sustentador del honor nacional, su defensor y mantenedor, la expresión misma de las virtudes de la raza, concentradas en él como en una «religión de hombres honrados», en verso calderonia;
no, entregados al servicio nacional en una ecuaci6n de servicio que identifica
el propio honor con el honor patrio, el honor de su pueblo, lo cual se comprende mejor que nunca en situaciones limite; y aquel 1918 en que esto escribía Ortega, lo comprendían bien los europeos, unos en un limite y otros en
otro, aunque España vivía momentos desgraciados de politización militar.
Pero es en Espafla invertebrada, aquel mismo afIo de 1922, donde se desarrolla una amplia teoría sobre la necesidad del Ejército, y aún se alza su loa
hasta ver en él «una de las creaciones mas maravillosas de la espiritualidad
humana». Su razonamiento empieza por la justificación de la fuerza armada
en un país:
¡fo siento mucho no coincidir con el pacifismo contemporáneo en su
antipatía hacia la fuerza; sin ella no habría habido nada de lo que
más nos importa en el pasado, y si la excluimos del porvenir, ~610 podemos imaginar una humanidad caótica. Pero también es cierto que
con sólo la fuerza no se ha hecho nunca cosa que merezca la pena.
(...).
(31) «Nación y Ejército»: «El Sol» (14-11-1922).
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En cuanto a la fuerza, no es difícil determinar su misión. Por muy
profunda que sea la necesidad histórica de la unión entre dos pue\blos, se oponen a ella intereses particulares, caprichos, vilezas, pasiones y, más que todo esto, prejuicios colectivos instalados en la superficie del alma popular, que va a aparecer como sometida. Vano fuera
el intento de vencer tales remoras con la-persuasión que emana de los
razonamientos. Contra ellas Sb10 es eficaz el poder de la fuerza, la
gran cirugía histórica (32).
Atrevida defensa de la fuerza, donde destaca como cirugía indispensable
contra las miserias humanas, incluso colectivas, a las que no es ajeno un mal
entendido espíritu nacional que trata de justificar y sostener los propios vicios, abusos y errores, presentes o pasados. Esa visión del mal y su inconsciencia, por aquello del. alma colectiva que actúa de forma elemental y sentimental, cerrandose a cualquier raz6n, como cegada por instintos y pasiones,
puramente animal, es la que fuerza a la quirúrgica bélica como único recurso, según Ortega. Pero Cl mismo detecta la actitud contraria en un concepto
negativo de la fuerza armada que recusa:
Es, pues%la misibn de esta (la fuerza) resueltamente adjetiva y secundaria, pero en modo alguno desdeñable. Desde hace un siglo padece
Europa una perniciosa propaganda en desprestigio de la fuerza. Sus
raíces hondas y sutiles provienen de aquellas bases de la cultura moderna que tienen un valor mas circunstancial, limitado y digno de superación. Ello es que se ha conseguido imponer a la opinión pública
europea una idea falsa sobre lo que es la fuerza de las armas. Se la ha
presentado como cosa infrahumana y torpe residuo de la animalidad
persistente en el hombre. Se ha hecho de la fuerza lo contrapuesto al
espíritu o, cuando mas, una manifestación espiritual de carácter inferior .
La relación directa entre Ejército y guerra había llevado a los políticos
adversos a unir en su anatema las razones de uno y otra. Aún no hace mucho
se me preguntaba en un coloquio juvenil si creía que habría guerras si no hubiese ejércitos, y hube de responder con una contrapregunta, trasladando la
suya al caso.del incendio y los bomberos, en cuya relación se encerraba una
doble respuesta sobre el origen y la misión del Ejército; porque la primera
agresi6n fue la de Caín, y no consta que fuese guerrero, sino labrador. Esta
identificación entre la barbarie de la guerra y el oficio de las armas, es más,
esta absurda inversi6n de causa y efecto ha llegado hasta nuestros días, cuando la realidad es que, si alguien, con seguridad irrebatible, garantizase que
no habría mas guerras, haría desaparecer los ejércitos por pura lógica. Pero
en tales apreciaciones había una visión del militar como guerrero brutal, como gladiador, en el que no contaban para nada las virtudes que lo impulsan
vocacionalmente y las virtudes instrumentales que se le exigen y ha de adquírir, todo lo cual se encierra en el espíritu militar, y de las que hablará luego
Ortega.
(32) Eyafla invertebrada, en Obras completas III, p. SS-57 (1922).
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Ahora, una página después de lo anotado, eleva su canto simplemente a
ensalzar el Ejército en sí mismo, como realización del espíritu humano, frente a quienes ~610 lo ven como expresión de fuerza bruta:
Medítese un poco sobre la cantidad de fervores, de altísimas virtudes,
de genialidad, de vital energía que es preciso acumular para poner en
pie un buen ejército. iCómo negarse a ver en ello una de las creaciones más maravillosas de la espiritualidad humana? La fuerza de las
armas no es fuerza bruta, sino fuerza espiritual.. . La fuerza de las armas, ciertamente, no es fuerza de razón, pero la razón no circunscribe la espiritualidad.
Más profundas que ésta, fluyen en el espíritu
otras potencias, y entre ellas las que actúan en la bélica operación.
Asá, el influjo de las armas, bien analizado, manifiesta, como todo lo
espiritual, su caracter predominantemente
persuasivo. En rigor, no
es la violencia material con que un ejército aplasta en la batalla a su
adversario lo que produce efectos históricos. Rara vez el pueblo vencido agota en el combate su posible resistencia. la victoria actúa, más
que materialmente, ejemplarmente, poniendo de manifiesto la superior calidad del ejército vencedor, en la que, a su vez, aparece simbolizada, significada, la superior calidad histórica del pueblo que forjó
ese ejército.
Mucha densidad y muy profundas sugerencias se encierran en este parrafo a pesar de su lírico comienzo.
El vencido se ha dejado invadir por el desarrimo; y la victoria y la derrota, antes que materiales, quizá sólo unos segundos antes, son morales. Es el
triunfo de la fuerza moral, de la voluntad de vencer -principio
básico del
arte de la guerra-, amparada en el apoyo espiritual de la retaguardia civil,
presente y pasada, en las virtudes ancestrales de la raza, más recia y firme
que la del enemigo.
”
Ortega sale al paso de una posible y trivial objeción de que un pueblo
puede ser más inteligente, sabio, industrioso, civil o artista que otro y, sin
embargo, bélicamente más débil que otro; para replicar que la calidad o rango histórico de un pueblo no se mide exclusivamente por aquellas dotes, hace
observar que el «bárbaro» que aniquila al romano decadente era menos sabio que éste, y, sin embargo, no es dudosa la superior calidad histórica de
aquél; pero advierte que su afirmación general, antes expresada, tiene, como
toda regla, sus excepciones y su compleja casuística.
Tras ello avanza un paso más en su razonamiento para hacer ver que el
Ejército, actuando por presencia, como catalizador bélico, evita mas batallas de las que emprende. Era el concepto de los «guardianes», en La República y Las leyes de Platón, y el de las modernas fuerzas disuasoras:.
«S610 quien tenga de la naturaleza humana una idea arbitraria, tachará de paradoja la afirmación de que las legiones romanas, y como
ellas todo gran ejército, han impedido más batallas que las que han
dado. El prestigio ganado en un combate evita otros muchos, y no
tanto por el miedo a la fisica opresión como por el respeto a la superíoridad del vencedor.
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El estado de perpetua guerra en que viven los pueblos salvajes se debe, precisamente, a que ninguno de ellos es capaz de formar un ejército y con él una respetable, prestigiosa, organización nacional» (33).
Aquel libro de 1922 no tema desperdicio en sus ideas militares, aunque
fuese muy discutido en lo político, y aún en lo político-militar,
y tampoco
fuese aceptable en su totalidad la interpretación histórica de Espafia, bien
que fuese lucida y sorprendente. Pero se extendía aún en aspectos generales
del Ejército como instrumento para la guerra, o mejor para la defensa, aunque el parrafo citado ya hubiese sugerido lo que luego fue lema estereotipado: «Nuestra misión es la paz», como también explicaba el sentido espiritual
del respeto al vencedor, más elevado que la superioridad de fuerza y esfuerzo: el papel de la fuerza, «inseparable de ese astro divino de los pueblos creadores e imperiales»; pero, sobre todo, esa seguridad de que el genio creador
del programa sugestivo nacional forja, a la vez, como símbolo y cartel, una
hueste ejemplar que lo defienda. Esta premisa básica tendría desarrollo mucho más adelante en las mismas páginas de Espafia invertebrada con visiones
recíprocas y complementarias,
donde las conclusiones pasan a ser premisas
de nuevos argumentos:
Pero tener un Ejército y no admitir la posibilidad de que actúe es una
contradicción gravísima que han cometido en el fondo de sus corazones casi todos los espafioles de 1900.. . Una vez resuelto que no habría
guerras era inevitable que las demás clases se desentendiesen del Ejército, perdiendo toda sensibilidad para el mundo militar...
La reciprocidad se hacía inevitable; el grupo social que se siente desatendido reacciona automáticamente
con una secesión sentimental.. .
Entonces comienza el Ejército a vivir -en ideas, propósitos y
sentimientosdel fondo de sí mismo, sin recepción ni canje de incluencias ambientales (34).
l$ capítulo al que corresponden estos párrafos va dirigido a explicar al
lector la trayectoria psicológica del espíritu militar español; tema propio de
uno de nuestros apartados posteriores. Y es verdaderamente llamativa la
confesión que Ortega pone en nota al pie de que el esquema que ofrece de la
evolución del «ánima del grupo militar espafiol» es, muy posiblemente, un
puro error, pero que quiere ser leal intento de entender el espíritu de los militares; sistematización teórica del aislamiento de la clase militar, si acaso un
tanto simplista, pero real, como más adelante veremos.
Es en el mismo texto también donde se establece por primera vez el brillante planteamiento orteguiano del guerrero y el militar, el más conocido y
popular de sus conceptos militares y uno de los más literarios e ingeniosos de
sus obras, pero además una de las pruebas más claras para examinar el desarrollo abierto de una idea incipiente: Por que la distinción que aquí nace, como réplica directa a una idea de Spencer, en 1922, se despliega, ya como teo(33) ESPU~~U invertebrada, en Obras completas III, p. 58-59. En el capítulo a que estas phginas corresponden se incluye el articulo de «El Sol»: «Los momentos supremos, Espana ante las
naciones», de 17-10-1918, uno de cuyos párrafos ya tenemos anticipados.
(34) E.spaílo invertebrada: ibid., p. 787 SS.
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ría propia en 1927, bajo un título expresivo, de referencia tan concreta como
«Espíritu guerrero»:
«El buen Heriberto Spencer, expresión tan vulgar como sincera de su
nacibn y de su época, opuso al espíritu guerrero el espíritu industrial,
y afirmó que era éste un absoluto progreso en comparación con
aquél.. . Nada es, en efecto, más remoto de la verdad. La ética industrial, es decir, el conjunto de sentimientos, normas, estimaciones y
principios que rigen, inspiran y nutren la actividad industrial, es moral y vitalmente inferior a la ética del guerrero. Gobierna a la industria el principio de la utilidad, en tanto que los ejércitos nacen del entusiasmo. En la colectividad industrial se asocian los hombres mediante contratos, esto.es, compromisos parciales, externos, mecánicos; al paso que en la colectividad guerrera quedan los hombres integralmente solidarizados por el honor y la fidelidad, dos normas sublimes.
Dirige el espíritu industrial un cauteloso afan de evitar el riesgo,
mientras el guerrero brota de un genial apetito de peligro. En fin,
aquello que ambos tienen de común, la disciplina, ha sido primero
inventada por el espíritu guerrero y, merced a su pedagogía, injertado en el hombre.
Sería injusto comparar las formas presentes de la vida industrial,
que en nuestra época ha alcanzado su plenitud, con las organizaciones militares contemporáneas, que representan una decadencia del
espíritu guerrero. Precisamente lo que hace antipáticos y menos estimables a los ejércitos actuales es que son manejados y organizados
por el espíritu industrial. En cierto modo, el militar es el guerrero deformado por el industrialismo (35).
Tienta la idea de estudiar comparativamente
el proceso de ideación que
empieza en este planteamiento para culminar en el desarrollo incluído en las
«Notas del vago Estío», del tomo V de El Espectador, ya que no conozco
ninguno intermedio en esos cinco anos ni otro posterior.
El espíritu industrial le sirve de término medio en su distinción entre el
guerrero y el militar, para decir primero que las formas actuales de plenitud
en la vida industrial no pueden compararse con las organizaciones militares
contemporáneas, decadencia del espíritu guerrero, cuyo demérito esta en que
lo organiza y maneja el espíritu industrial.
Cinco anos después va mucho más allá, pues analiza las cualidades del
espíritu guerrero, encontrando que en él prevalece el espíritu de acción sobre
el temor al riesgo, y que la causa de ello está en un radical sentimiento de
confianza en sí mismo. Un buen esquema básico de la personalidad incipiente del guerrero. A renglón seguido, sorprendentemente, busca una relación
de ello con la cultura, diciéndonos que la nueva cultura que desea hay que
asegurarla en un mínimo de virtudes bárbaras, y sobre todo el espíritu guerrero.
(35)
Ibid.,
p. 57-58.
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Toda cultura se engendra en ese fondo de barbarie, que, si se agota, la
cultura se anquilosa y muere:
Desde Spencer se acostumbra a oponer el espíritu guerrero al espíritu
industrial, y se prefiere, sin titubeo alguno, éste a aquél.
El hombre del siglo pasado se complacía en que se le calificase de industrial y nada guerrero. La guerra le parecía una cosa barbara.. .
La causa por la cual en el espíritu guerrero prevalece, el apetito de acción sobre el temor al peligro, no es otra que un radical sentimiento
de confianza en sí mismo.
Quien desee para mafiana nueva cultura, tiene que asegurarse en la
Europa,de hoy cierto mínimo de virtudes bárbaras. Y, sobre todo, el
espíritu guerrero.
Toda cultura se engendra en ese fondo de barbarie y, cuando ésta se
agota, la cultura se seca, se anquilosa y muere. Lo cual, en otra pirueta sorprendente le hace saltar al militar, que es para él una degeneración del guerrero corrompido por el industrial, y define que «el militar es un industrial armado, un burócrata que ha inventado la pólvora». Cuando sigue explayándose en la idea, invade el terreno quijotesco del discurso de las armas y las letras, en una versión modernizada y breve, para repetir en una variante de planteamiento las diferencias entre el espíritu del guerrero y del industrial. En el primero, el
riesgo no basta para apartarle de la empresa; el segundo vive con perpetua cautela, considerando siempre el peligro. Y aporta una conclusión en este párrafo:
Pero una cosa es el guerrero y otra el militar. La Edad Media desconoció el militarismo.
El militar significb la degeneraci6n del guerrero
corrompido por el industrial. El militar es un industrial armado, un
burócrata que ha inventado la pólvora. Fue organizado por el Estado
contra los castillos. Con su aparición comienza la guerra a distancia,
la guerra abstracta del cailón y el fusil. Llamo espíritu guerrero a un
estado de ánimo habitual que no encuentra en el riesgo de una empresa motivo,suficiente
para evitarla. En el espíritu industrial, por el
contrario, decide la consideración del peligro, y siente la vida como
una perpetua cautela. La guerra, concretamente, no es sino una de
las muchas formas en que el espíritu puede realizarse. Lo esencial de
ella es ser un peligro de muerte (36).
Pero Ortega penetra también en reflexiones sobre los conceptos esenciales de la filosofía moral de la milicia, conceptos muy relacionados con la organización social; luego se vio que cada vez más, como son los de mando,
disciplina y fortaleza. Explicaba Ortega con gran intención el origen bélico
de la voz «pueblo» empleada en aquel senatus populus&e
romanus, en el
que el verdadero sentido de popufus fue el de cuerpo armado, porque, en la
mente romana, lo civil era el senado, y los demás, el pueblo, no intervenía
primitivamente
sino en faenas de guerra, hasta que logra ingresar en política
(36) Eifipectudor,
V (1927).
en O.C.,
II,
p.
419421.
\
,
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a fuerza de huelgas militares. Hay que romper una vez más ia cronología orteguiana, puesto que el primer concepto de psicología castrense que templa
es el del mando, ya en 1920, pero una mejor ordenación nos ha de recoger
antes el de esfuerzo, por conexión directa con el del espíritu guerrero. El texto está en su «Meditación del Escorial», donde-un apartado se titula nada
menos que «Tratado del esfuerzo puroa para hablarnos de la emoción artística de lo hercúleo desde que Miguel Angel impuso la maniera grande, y definir el Escorial como un «Tratado del esfuerzo puro» y afirmar que toda
nuestra grandeza y nuestra miseria está en que, en la Historia universal, los
espailoles fuimos «un ademán de coraje». Más concreto el apartado siguiente, sobre «El coraje, don Quijote y Fitche», sus relaciones entre el esfuerzo,
la acción y la hazana, con referencia concreta y don Quijote como htroe militar, encaja de lleno en nuestro estudio, con el original planteamiento de
proponer el paralelismo entre el Escorial y el Quijote, porque, en cuanto al
«esfuerzo puro», si el primero es su tratado, el segundo es su crónica. Ortega
lo desarrolla así:
Es el esfuerzo aislado y no seguido por la idea de un bravío poder de
impulsi6n, un ansia ciega. Para el hombre esforzado no tiene interés
la acci6n, que se dirige a un fin y vale lo que éste valga. No le interesa
al esforzado la acción, sino la hazaha.
Cohen encontraba que Sancho empleaba siempre la misma palabra
de la que hacía Fitche el fundamento de su filosofía: hazafia, que en
el texto alemán se traduce por acto de voluntad, de decisión.
El Quijote es la crónica del esfuerzo puro Don Quijote es un héroe esforzado: «Podrán los encantadores quitarme la ventura, pero el esfuerzo y el ánimo es imposible)? (37).
Recordemos que ya había hecho Ortega su defensa de la fuerza frente al
pacifismo que la condenaba, en su artículo de El Sol, publicado en diciembre
de 1920 y recogido, como tantos, dos anos después en Esparia invertebrada;
pero en lo que antecede no hay repetición ni parentesco, pues de la fuerza colectiva, que es acaso el ejército, ha pasado a algo tan distinto como el esfuerzo individual, que es el arrojo. También individual es la acción del mando, a
la que en el mismo artículo aludía temprano, para insistir en ella diez anos
después en La rebelión de las masas, con más reflexión. En 1920 decia sólo:
Mandar no es simplemente convencer ni simplemente obligar, sino
una exquisita mixtura de ambas cosas. La sugestión moral y la imposici6n material van intimamente
fundidas en todo acto de imperar
(38).
El problema del mando, su psicología y pedagogía constituye un estudio
militar más científico e intenso cada día en los centros de ensenanza de oficiales del Ejército. Lejos del puro concepto castrense, perono sin interés para él, ecribió en 1930:
(37) Meditación
del Escorial:
«Tratado del esfuerzo,pL#o» y oMelancolía»,
dor. Biblioteca Bhsica Sa!vat (1970). p. 164-166.
(38) «Particularismo y acción directa» II: «El Sol» (16X2-1920). ,
en El especta-
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CORDOBA
Por mando se entiende aquí primordialmente
ejercicio de poder material o de coacción fisica. Porque aquí se aspira a evitar estupideces,
por lo menos las mas gruesas y palmarias. Ahora bien, esa relación
\ establecida y normal que se llama mando no descansa nunca en la
fuerza, sino al revés, porque un hombre o un grupo de hombres que
ejerce el mando tiene a su disposición ese aparato o máquina social
que se~llarna «fuerza».
La verdad es que no se manda con los jenízaros. Así le decía Talleirand a Napoleón: Con las bay.onetas, Sire, se puede hacer todo menos una cosa: sentarse sobre ellas. Y mandar no es el gesto de arrebatar el poder, sino tranquilo ejercicio de él. En suma, mandar es sentarse. Contra lo que una óptica inocente y folletinesca supone, el
mando no es tanto cuestión de pufios como de posaderas (39).
En otro lugar, tres tios antes, es decir, en 1927, había anticipado Ortega
en rdación con la obediencia, uno de los componentes de la disciplina que
mayo1 sagacidad e inteligencia exige para verlo: «Estimar al que manda»,
consecuencia recíproca del «hacerse querer» que las ordenanzas imponen al
cabo como primer elemento en la cadena del mando, por lo que su obligación se prolonga a todos los superiores. Ortega, en su apreciación, da por supuesto que el que ejerce mando lo merece, por formación, sentido de la justicia, eficacia y humana comprensión del conocedor de hombres. Al menos así
lo enjuicia el general Montero (40).
Muchas más alusiones aisladas a cualidades y virtudes militares hay en la
copiosa literatura orteguiana; a características positivas y negativas de Ejército y sus hombres en distintas épocas históricas; pero la última que merece
destacarse por la precisión que Ortega le dedica, es la disciplina, a la que alude en 1927 en El Espectador y, en 1937, en su «Epílogo para Ingleses» de La
rebefidn de fas masas. En el primer texto empieza generalizando sobre la importancia de la disciplina en cualquier organización humana:.
«La disciplina bélica ha sido una de las máximas potencias de la historia. Toda disciplina, muy especialmante la que es supuesto de cualquier industria complicada, viene de este orden espiritual inventado
por el hombre para combatir».
Con esta definición de la esencia militar de toda disciplina, ya puede pasar Ortega a mostrar su comprobación en el arnbito más insospechado inicialmente, como es el místico, con el ejemplo del defensor de Pamplona, Ignacio de Loyola, que, pasó a ser «general» de una orden religiosa:
«Cuando un esptiol genial intenta detener la desbandada mística
que significó el protestantismo, encuentra en sus hábitos de guerrero
el remedio, y funda una «compaSa» cuya educación y régimen provienen de unas «ordenanzasG morales, que llamó, con vocabulario de
capitán «Ejercicios Espirituales». Allí está la famosa meditación de
«Las dos Banderas», que parece pensada junto a la tienda de campana, en un alborear rojizo de cruenta jornada...».
(39) La rebelidn de las masas; en O.C.. p. 1230 y 1241.
(40) Jesús Montero Romero, «La milicia en.Ortega y Gasset»: «Ejército» 458 (marzo 1978),
p. 18.
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pero juego, para centrar de modo más macizo su lección, -acude a 10~
tiempos de la disciplina más clásica y apretada, la griega de los atenienses, la
de la Roma primitiva y la del Imperio, llevada hasta extremos heróicos, con
un ejemplo lapidario de heroísmo que, a la fuerza argumenta& añade la de la
imagen plástica:
«La sorprendente eficacia que va unida al puno romano desde que
.
aparece sobre el &rea histórica, se debe, ante todo, a una intensificación de la disciplina. El Ejército ateniense sólo había tenido la que resulta mec&nicamente del cuerpo táctico y de su ejercicio. Faltaba, en
cambio, el factor coercitivo. Cualquier soldado, en plena campafia,
podía reclamar ante el Aerópago, de su estratega, que carecía de jurisdicción. De aquí el frecuente relevo de generales durante las campañas. Roma, por el contrario, entrega la justicia absoluta al jefe del
Ejercito, el Cónsul.
Como ejemplo de rigor vigente, se recordaba que, de las pocas noticias autenticas de la Roma anterior a 1st~guerras púnicas, el ano 425,
el cónsul Aulus Pastumius hizo decapitar a su hijo por haber abandonado la formaci6n y haberse trabado con un enemigo en combate sin
igual, del que salió victorioso» (41)
El planteamiento hist6rico es de por sí una lección de disciplina porque
se ve en su momento cumbre, que es también su extremo, su misión y su eficacia ejemplar, aunque inhumana. Poco más añadiría Ortega en su cita de
1937, donde más bien cierra el circulo insistiendo en su origen castrense, como le place mostrarlo en tantas otras cosas, por especial afición. En aquel
epílogo cuyo subtítulo es «Contra el pacifismo», les dice a los ingleses, para
quienes lo envía:
«Ella (la guerra) llevó a uno de los mayores descubrimientos, base de
toda la civilización: el descubrimiento de la disciplina. Todas las demas formas de la disciplina proceden de la primigenia, que fue la disciplina militar» (42).
Quizá fuese mucho pedir a Ortega una exquisita distincibn entre disciplina, subordinacibn y obediencia, matizando como cada virtud condiciona a
la-siguiente; como pedirle esas precisiones actuales de fijar hasta dónde la
disciplina es o una técnica; o una virtud y, en el segundo caso, si es en si misma «la virtud militar», que, para Villamartin «Marca y circunscribe a todas»
0, como yo he creido averiguar, una de ias tres esenciales, que con el valor y
la abnegacibn constituyen la «virtud militar». En cualquier caso,Ortega distingue claramente que el caso de Pastumius es un ejemplo claro de disciplina,
pues que se falta a una org@ica ritual prevenida, no a una orden concreta,
más 0 menos inmediata Y personal, que eso es obedecer y no aquello. Obedecer tiene para-él un Se110muy especial y exquisito en «estimar al que manda»,
obediencia mental y activa, pero tarñbien cordial, mucho m& importante y
difícil que la mera obediencia ciega, formal y pasiva, que tantas veces se ha
167.
(41) El Ehpectador, VI, O.C., II p. 565 y 566.
(42)«En cuanto al Pacifismo», en Lo rebelidn de las masas. Epílogo
para ingleses
1937,p.
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JOSE
MARIA
GARATE
CORDOBA
tenido por suficiente, lo cual, a la recíproca;exigirá
al jefe poner mucho de
su parte para hacerse estimar, que en eso estriba el prestigio.
La precisión de Ortega sobre la obediencia es de La rebelibn de las masas, pero de 1930, anterior al epílogo citado, que se añade siete afios después
para una traducción inglesa. Dice así:
«Pero obedecer no es aguantar -aguantar
es envilecerse- sino, al
contrario, estimar al que manda y seguirlo, solidarizándose con el, si- .
tuándose con él bajo el ondeo de su bandera» (43).
Tomado al pie de la letra, eso de «aguantar es envilecerse» iría contra la
virtud de la paciencia y aquel consejo cristiano que daba el catecismo de «SUfrir con paciencia las adversidades y molestias de nuestros prójimos». Pero
hay que tomarlo dentro del contexto militar, que mira al crecimiento de la
virtud. En fin de cuentas, también en lo cristiano, aunque lo de «envilecerse»
no sea aceptable, el precepto evangélico dice «amar a vuestros enemigos»;
cuanto más a nuestros jefes; quizás esa sea la interpretación que pide el texto
orteguiano .
Sobre la Guerra Mundial
Había intuído Ortega dos fechas críticas de una nueva era para Espaila,
que coincidían con dos guerras, espailola la una y mundial la otra. Eran las
guerras del 98 y del 14. De la Gran Guerra veía salir al obrero-soldado con
una nueva responsabilidad y distinta influencia social, hasta el punto de que
el mundo giraría en torno suyo:
«Lo que el guerrero fue para el mundo antiguo, es para nuestra edad
el obrero.. . Vive hoy de militar europeo enterrado en la trinchera;
cuando salga de ella veremos que la mitad de su cuerpo es de obrero.
Y sentirá indomable repugnancia para todos los arcaicos privilegios
que hacían del Ejército un ejemplar de faunas desaparecidas» (ti).
Era diciembre de 1917. Su atencibn a la presión social qúe el obrero ejercía en aquel ano crítico en Espaila, en Rusia, en la guerra misma, le hacía
imaginar con previsión de pensador y de poeta el resultado de la presión; en
otro preveía consecuencias políticas espafiolas de la política del bando victorioso, que influiría en Espana, acaso también por mimetismo:
«Esta propensión del parlamentarismo
actual a convertir en peleas
lugarefias las grandes batallas universales, produce hondo quebranto
en nuestra política» (45).
El símil, elocuente y muy gráfico -pese a que la guerra de microbios no
no sabemos si convenció a los laboristas
es química, sino bacteriológica-,
ingleses, de suyo tan suyos, pero hubo de poner claridad en muchos lectores
confusos. Cerraba así su tema contra el pacifismo, que es tema esencialmente militar: el de la guerra como origen de todos los ejércitos. Por eso los
(43) La rebelidn
de las masas;
en O.C., IY, p. 241.
(44) «Hacia una nueva política. Comedia del libertino escrupuloso»: «El Sol», 28-12-1917.
(45) «El Sol», 25-10-1918.
LO MILITAR
DE ORTEGA
Y GASSET
133
ejemplos de Espafia, que sólo eran ejemplos,al tema general, se remataban al
final del libro diciendo:
«Mientras se produzcan fenómenos como ése, todas las esperanzas
de que la paz reine en el mundo son, repito, penas de amor perdidas»
(46).
Buen final educativo -de lo particular a lo general- para el epílogo del
libro -La rebelidn de las masas- y para nuestro estudio sobre Ortega.
Conclusidn
Ortega viene a terminar por donde empezó y deja como síntesis un concepto nuevo y ‘abierto de patria y de nación una actitud admirativa del Ejército como máquina humana para la paz, una ironía del pacifismo al uso, una
contemplación seria de la guerra, como fenómeno humano cuando fallan todos los remedios, un elogio de las virtudes militares, de la vocación y de la
carrera de las armas, en resumen, una visión positiva en los conceptos generales relacionados con la milicia y, por el contrario, negativa en los particulares hechos históricos que le tocó vivir o contemplar, relacionados con lo militar.
Su concepto de patria como «un proyecto sugestivo de vida en común»,
formulado primero en la idea de nación, fue una gran novedad y constituyó j
un paso adelante sobre las definiciones vigentes de la patria en un sentido
más telúrico, desencadenando una serie de pensamientos para matizar más la
profundidad y proyección del sentido de patria.
En su momento, Ortega fue un tkcnico de la visión ética y metafísica de
la guerra. Escribió largo sobre ella como origen del Ejército en «Contra el
pacifismo». La admiraba como elemento artístico y como fuente de imaginación, organización y exigencia de disciplina, hasta el punto de decir: «La
guerra llegó a uno de los descubrimientos base de toda la civilización, el de la
disciplina. Todas sus formas proceden de la primigenia, que fue la disciplina
militar».
Manifestó su admiraci6n por el Ejército hasta el punto de ser el único de
los pensadores de izquierdas que lo comprendían y‘sólo por ello se acercaba
a Maeztu. En lo cual hubo de influir la raigambre militar de su familia y la de
su esposa. Cantó al Ejército como Menéndez Pelayo, Valle, Maeztu y Morente. Sobre todo admiraba al del medievo y a Fernando el Cat6lico, el creador del Imperio español, en su introducción al Capitán Contreras, otro prototipo que le sedujo. Llegó a afirmar que «el Ejército es una de las creaciones
más maravillosas de la espiritualidad humana», que constituye «el sistema
óseo y la columna vertebral de la nación», y que «SU grado de perfección mide con pasmosa exactitud los quilates de moralidad y vitalidad nacionales».
Prefería el guerrero al soldado y éste al militar, al que consideraba como la
degeneración industrial del soldado. Tuvo especial afición a la caza, deporte
militar al que dedicó hermosas páginas, y le gustaba el nombre de «El Arquero».
(46) LU rebelidn de tus masus. «En cuanto al pacifismo» p. 186.
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Quiso «entrar en fraternidad» con los militares cuando hizo un llama- I
miento a los jóvenes oficiales, con una especie de «lSalvadnos jóvenes!» casi
como el de Unamuno, que inspiro la Falange. Mostró su gratitud a los militares que se retiraron por la ley de Azaña, pero también a los que se quedaban en activo con.la segunda República.
Era un entusiasta de las virtudes militares, del esptritu militar alma del
Ejército. En su formación filosbfica germana admiraba la disciplina como
algo de importancia esencial y por ella al Ejército, porque el Ejército fue su
«inventor».
En general, no fue admirador de las figuras militares contemporáneas,
pero si elogió a algunas personalidades militares destacadas en el pensamiento, la organización y la técnica.
En cuanto su actitud ante los acometimientos
bélicos-militares,
tratb
poco de la guerra de la Independencia y la de Cuba y nada de la Carlista. En
cambio aludía mucho a la Gran Guerra, mostrándose aliadófilo, pero con
admiración a la cultura alemana;como
Maeztu, y advirtióel nactmiento en
las trincheras de un nuevo soldado obrero que presionaría en la sociedad de
postguerra.
Estuvo en contra de la Ley de Jurisdicciones y se mostr6 oscilante con
las Juntas de Defensa, aceptandolas al nacer y recusandolas después. También vari6 de opinión durante la campana de Marruecos y a su rotunda oposición inicial sucedió al fin una actitud expectante y comprensiva, resignándose a que se concluyese por las armas antes de explicarla al país. Influyó en
la caída de Alfonso XIII con su «Delenda est Monarchía» y en el descrédito
de la República que había ayudado a nacer con su «No es eso, no es eso». En
cambio no consta ningún comentario suyo sobre la rebelión de Jaca; se indignó primero y distinguió más tarde ante la del 10 de agosto de 1932 y mantuvo siempre su condenación del octubre rojo-de 1934. Exaltó con los máximos elogios la «Hazaha de Azaha» por las reformas militares. Explicó a
Einstein y a los pacifistas ingleses que interpretaban mal sus palabras, el sentido nacional del alzamiento de 1936, advirtiéndoles que no era un pronunciamiento mas, pero que no iba a «caer en la inocencia de exponerles su opinión positiva sobre la guerra civil espafiolaw
Concluyendo: Ante lo militar y lo bélico, Ortega resultó muchas veces
teórico y contradictorio, por demasiado periodístico e improvisador, tomando partido apresurado ante hechos que requerían más paciente y prudente
información, lo cual fue ocasión de que rectificase al menos cinco veces su
criterio en otros tantos acontecimientos graves.
Pero gran parte de sus ideas son básicas para el pensamiento y la cultura
militar, aunque oscilen entre los extremos ocasionales de su loa al Ejército
como «una de las creaciones más maravillosas de la espiritualidad humana»
y su rechazo al «arcaico espiritu militar español» entre su contemplación reflexiva de la guerra y la milicia, y sus duras objeciones a las guerras y los militares.
DOCUMENTOS
ESTUCkIE-RELICARIO
DE LA VIRGEN
QUE PERTENECIO
A HERNAN
DE GUADALUPE
CORTES
Los datos y fotografias de este Documento, con los antecedentes legales que lo
autentifican, han sido facilitados a este
Servicio Histórico Militar por el actual
poseedor del Medallón (Estuche-Relicario
de la Virgen de Guadalupe) D. Ricardo
Benedi Mir de la Laguna y Barber, Marqués de Villalopez.
DON VICENTE GARCIA MEDIANO,
mayor de edad, casado y vecino de.
Zaragoza, con domicilio en el paseo de Calvo Sotelo, núm. 19, entresuelo,
por su libre y espontanea voluntad, y para los fines que más abajo dice, formula la presente declaración jurada en la que quiere hacer constar la autenticidad absoluta de los siguientes hechos:
PRIMERO:
Que entre los objetos de su propiedad figura un relicario de
plata cincelada, de 60 x65 x 13 mm. de ancho, alto y grueso, de forma ochavada y con sus caras laterales provistas de vidrios planos sujetos al relicario
susodicho por un reborde o pestafla. El anverso o cara principal de la pieza
lo constituye una lamina de marfil muy delgada, donde aparece tallada en
bajo relieve la Virgen de Guadalupe, Patrona de Mejico, rodeada del halo de
rayos luminosos entrevistos por el indio Juan Diego al presentársele Nuestra
SeAora en el cerro de Tepeyac el día 9 de diciembre de 1539, como asegura la
tradición. A los pies de María Santísima se ve la media luna alegórica y a un
nifio asido al vuelo de su manto. Una guirnalda de flores enmarca esta versión iconográfica de la Virgen guadalupana, cuya talla revela por parte del
artista que la realizó una técnica m,uy depurada. Al reverso del relicario, la
imagen de San Expedito, también de gran veneraci6n en Méjico, está realizada sobre marfil y coloreada en parte. Según los expertos, no se puede datar
esta pieza con anterioridad a la última década del siglo XVI, ni tampoco atribuirse a la gubia o cincel de un artífice indígena, pese a que la policromía parece establecer cierto entronque con los azules aztecas, tan afamados.
SEGUNDO: Declara y manifiesta asimismo el que suscribe, que el relicario susodicho -según le consta por noticias transmitidas de padres a hijos y
138
DOCUMENTOS
por la fuente documental a que despues se remite- ha estado hasta la fecha
en poder de los siguientes seflores:
1. MARTIN
CORTES Y ZUÑIGA, hijo del conquistador de Méjico y
segundo Marqués del Valle de Oaxaca, que cas6 con su prima hermana dona
Ana Ramirez de Arellano, hija de los Condes de Aguilar de Inestrillas.
2. HERNAN CORTES Y ARELLANO,
hijo del anterior y tercer Marqués del Valle de Oaxaca, que cas6 con dona María de la Cerda, de la casa de
los duques de Medinaceli, en la que no alcanzó sucesión.
3. PEDRO CORTES Y ARELLANO,
hermano del anterior y cuarto
Marqués del Valle de Oaxaca. También murió sin hijos en 1629, sucediéndole en el título marquesal su sobrina Ana de Aragón y Cortes.
4. RODRIGO PACHECO, Marqués de Cerralbo y Virrey de Nueva.Espana desde 1624 a 1635, como sucesor de Diego Carrillo. Su descendencia se
uniría a la del emperador Moctezuma en el siglo XVIII.
5. FRANCISCO
MANSO DE ZUÑIGA Y SOLAS, Obispo de Cartagena y, posteriormente, Arzobispo de Burgos y de Méjico. Fue creado primer
Conde de Hervías, por Felipe IV, el 26 de mayo de 1651.
6. LUIS ENRIQUEZ
DE GUZMAN,
Conde de Alba de Liste y Grande
de Espaila. Fue Virrey de Nueva Espaiia desde 1650 a 1653, en que le sucedió
en este cargo Francisco de la Cueva, duque de Alburquerque.
7. ALVARO DE BRACAMONTE,
casado con Concepción Arias. Residentes en Méjico y de la casa de los señores de Penaranda de Bracamonte,
Condes del mismo título desde 1602, por merced de Felipe III.
8. ALONSO DAVALOS-BRACAMONTE,
hijo de los anteriores, primer Conde de Miravalle en 1690 y Canciller de la Santa Cruzada en Nueva
Espaila. En su casa continúa el relicario gran parte del siglo XVIII.
9. MIGUEL JOSE DE ASANZA, Duque de Santa Fe y Virrey de Nueva
Espafia de 1798 a 1800, ano en que volvió a la Península. Muerto sin hijos en
Burdeos (1826), donde estuvo expatriado por liberal.
10. FRAY EUGENIO SESE, agustino recoleto y Comisario General en
Filipinas. Fue electo obispo de Santa Marta en Indias (actual Colombia) en
1801. Se anota su fallecimiento en 1803. Era de Crivillén.
11. MANUELA
SESE, hermana del anterior y vecina de Siétamo (Huesca), donde su padre era boticario. Era mucho más joven que el Obispo y cas6
con Manuel Morlan, médico, natural de Labata.
12. FRANCISCA
MORLAN,
hija del anterior, casada con Raimundo
Mediano Clos, médico, nacido en Laluenga. El matrimonio estableció su residencia en la villa de Almudévar (Huesca).
13. PILAR MEDIANO,
hija de los anteriores, casada con Vicente García Sánchez, burgalés. Nació en Almudévar (Huesca) el 27 de septiembre de
1883 y residió con su esposo en Zaragoza.
14. VICENTE
GARCIA
MEDIANO,
actual propietario de la reliquia,
con el que se cierra,por el momento el ciclo humano abierto por Martin Cortés. Nacido en Zaragoza el 14 de mayo de 1908.
TERCERO:
Expresa el declarante que la antedicha joya devota fue remitida a Siétamo.en 1802, y como obsequio para su hermana, por parte del
obispo de Santa Marta, confiando su traída a España a unos frailes de SU or-
Virgen de Guadalupe
ron los descendientes
(anverso
del Medallón
de Hernán
Cortés).
que utiliza-
San Expedito,
bajo cuya pkcci6n
fueron puestoi
los
viajes de Hernrh
Cortk
al Nuevo Mundo (reverso del Medalltm).
DOCUMENTOS
139
den, que la remitieron, para su entrega a doAa Manuela Sèsé, al Vicario de la
localidad donde se encontraba la destinataria. El Parroco de Sietamo cumplió el encargo, no sin antes hacer puntual relaci6n escrita de la historia de la
reliquia y de todos cuantos hasta entonces la habían tenido en su poder, copiando la escueta relación nominal de los mismos que acompafiaba a la relk
quia, sin duda hecha por Fray Eugenio Sesé de la Satísima Trinidad. La relación manuscrita del Vicario de Si&amo se conservó hasta el afro 1936, en que
destruido el archivo parroquial, donde el declarante la copió con motivo de
hacerse cargo de la reliquia, al cedersela su señora madre. Tal ha sido la
fuente de conocimiento que le ha servido de pauta para redactar la presente
declaración jurada en lo que concierne a la identidad cierta de los diferentes
propietarios de la reliquia guadalupana, como se la llamaba y fue nombrada
siempre en la familia Sesé-Morlán.
CUARTO: Quiere hacer constar el que suscribe que el acopio de datos
acerca de los poseedores de la reliquia en América han sido facilitados a ruegos del declarante por el Ilmo. Sr. D. Adolfo Castillo Genzor, miembro nu;
merario del Instituto Salazar y Castro del Consejo Superior de Investigacio:
nes Científicas, de la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis y
de otras Corporaciones académicas nacionales y extranjeras, quien le ha proporcionado de su archivo hèraldico-nobiliario
particular lo concerniente a
los cargos de las personalidades que se citan, sus parentescos, títulos y bonores respectivos.
QUINTO:
Que al objeto de que el contenido integro de la presente declaración tenga el respaldo debido, el que suscribe se remite a lo referente a
las connotaciones nobiliarias que se citan a la autoridad del señor Castillo
Genzor, que por esta razon ha querido que las presentes líneas tengan el alal
de su firma, a los solos efectos de garantizar lo que el que suscribe indica en
relación con los diez primeros poseedores conocidos y ciertos de la reliquia
en cuesti6n.
Finalmente, hace constar el declarante que la finalidad del presente escrito no es otra que impedir, cara al futuro, que la historia de la reliquia de la
Virgen de Guadalupe se pierda y desaparezca a su muerte.
En su consecuencia, extiende esta declaración jurada, que autoriza con
su firma y la del señor Castillo Genzor en la presente ciudad de Zaragoza, el
día 15 de agosto de 1975, víspera de la Asunción de Nuestra Sefiora.
Firmado:
Firmado:
Vicente García Mediano.
Adolfo Castillo Genzor.
(Rubricados).
YO RICARDO GIMENEZ
MARTIN,
NOTARIO
DE ZARAGOZA
Y SU
ILUSTRE COLEGIO CON RESIDENCIA
EN LA MISMA.------------------DOY FE: Que la precedente xerocopia extendida en tres folios de papel
común, que rubrico reintegro y sello es auténtica, por reflejar fiel y exacmmente, su Original que figura unido al instrumento número 1.275 del día diez
de agosto. del presente ano, al que en su caso me remito. -------------------------Zaragoza a nueve de septiembre de mil novecientos ochenta y tres.
(Sellado y rubricado).
.,
I
INFQRMES
CREDENCIAL
DE COMISARIO DE LA
SANTA HERMANDAD
REAL Y VIEJA DE LA VILLA
TALAVERA
DEL SIGLO XVIII.
DE
El Informe original se encuentra depositado en el archivo central de este servicio.
Nos los Alcaldes de la Santa Hermandad Real y Vieja de esta noble y leal villa de Talavera, sus montes y terminos, ciudades, villas y lugares. El Rey
Nuestro Seiior que Dios guarde en todos sus reinos y seiiorios: Hacemos saber a todos los Seiiores Asistentes, Corregidores, Alcaldes Mayores y ordinarios y en su lugar Tenientes y a los encargados de los castillos y casas fuertes
y llanas y a todos los demás Seííores, Jueces y Justicias de Su Majestad, como Nos por el presente nombramos por nuestro Comisario de esta nuestra
Santa Hermandad a ‘Diego de la Casa Herwtes, vecino de la villa de la Puebla de Montalban, Arzobispado de Toledo, que es un hombre de edad de
veintinueve aíios, de buena estatura, pelo castaño y algo calvo y con una se. fial de herida en la frente, al lado izquierdo, al cual cometemos y encargamos
que con vara alta o corta de Justicia o sin ella y en público o en secreto, pueda proceder y proceda contra cualisquier gitanos, ladrones, bandoleros, salteadores de caminos, por robos o allanamientos hechos en campo yermo o
despoblado, de que lleva instruccidn secreta el dicho nuestro Comisario, y
tos prenda y secuestre sus bienes, que depositar& en persona legal, llana y
abonada que los tenga de manifiesto; y los presos entregar& en la Carcel Real
de esta nuestra Santa Hermandad al Alcaide de ella; y en raz6n de lo referido, hará tas informaciones y averiguaciones sumarias que convengan y sean
necesarias hasta que la verdad se averigue; procediendo asimismo contra
cualkquier delincuentes que hubieren hecho y delinquido en cualquier maleficios en todos los términos de esta Santa Hermandad o que hubiéndolos cometido fuera de ellos despub tos hubieren hallado de hurtos y salteamientos
hechos en campo yermo o despoblado, muertes, fugas de carceles, violencias, incendios, talas de montes, selladores de moneda falsa, de que Nos debemos conocer conforme a leyes de estos reinos, exenciones, privilegios y
ejecutorias que esta Santa Hermandad tiene; procediendo así mismo contra
INFORMES
los tales culpados y secuestrándoles sus bienes; y para lo referido y en busca
y seguimiento de los tales culpados pueda ir y vaya a Andalucía, Ewtremadura, Sierra Morena, Mancha, Castilla, Aragdn, Valencia, Navarra, Granada,
Ciudad de Toledo, Villa de Madrid, y a todas las demás partes de los reinos y
señorios de Su Majestad, exhortamos y requerimos y de la nuestra pedimos y
encargamos a dichos Senores Jueces y Justicias, le den y hagan dar todo el
favor y ayuda que hubiere menester, guardas, carteles, prisiones, posadas y
mantenimientos a justos y moderados precios, por convenir asía1 real Servicio de Su Majestad, buena administracidn de Justicia, seguridad de los caminos y pasajeros. Otrosí, exhortamos y requerimos a dichos Seíiores Jueces y
Justicias, le aguarden y hagan guardar al dicho Diego de la Casa Herustes,
nuestro Comisario de esta Santa Hermandad las exenciones y libertades que
por tal le están concedidas, libertándole de quintos, levas, alojamientos y todo otro genero de cargas y oficios concejiles y le damos poder para que pueda traer y traiga armas ofensivas y defensivas, públicas y secretas, de día y de
noche, y sin recurrir en pena alguna, para cuanto ha de ir ejerciendo la real
jurkdic&n
con el dicho oficial de tal Comisario y cualisquier servicios, Ministros de Justicia y demás personas particulares le asistan a los autos y diligencias que se le ofrecieren, tomando testimonio de lo referido, debajo de las
penas expresadas en dichos reales privilegios y que de su parte en nuestro
nombre se les impusiere, de lo cual mandamos dar y damos el presente, firmado del Setior Don Juan Joseph de Vega Loaysa y Verdugo, uno de Nos
los Alcaldes de dicha Hermandad y refrendando del infrascrito escribano
que lo es de Su Majestad, público, del número de esta Villa de Talavera y su
tierra y de las Hermandades Real y Vieja de ella. Por su Majestad que Dios
guarde en todos sus reinos y seiíorios.
Hecho en Talavera en quince días del mes de Diciembre de mil setecientos once ahos. Por mandado de los Alcaldes de las Santas Hermandades
Real y Vieja de Talavera.
Juan Joseph de Vega Verdugo.
Francisco de Aponte Marchena.
Nos los escribanos públicos de número de esta villa de Talavera y su tierra que aqufsignamos y firmamos, certificamos y damos fe que el señor don
Juan Jose Vega Loaysa y Verdugo es uno de los Alcaldes de lasSantas Hermandades Real y Vieja de esta dicha villa y como tal ejerce el referido su oficio y la firma que está al pie del título de esta otra parte, es suya y la misma
que acostumbra echar. Otrosí certificamos y decimos que Francisco de
Aponte y Marchena de quien así mismo va firmado el referido, es escribano
de Su Majestad, público, -de dicho número y como tal usa y ejerce el referido
su oficio y el de la Santa Hermandad Real y Vieja de esta villa por Su Majestad que Dios guarde en todos sus reinos y seiíorios, de quien asimismo es tal
INFoRhms
145
escribano fiel, legal y de toda confianza y a sus escritos, autos y demás diligencias que ante el pasan y se otorgan, siempre se le ha dado y da entera fe y
credito en juicio y fuera de él, a los cuales conocemos. Ypara que conste, de
pedimiento de Diego de la Casa Herustes, Comisario de la dicha Santa Hermandad Real de la villa de la Puebla de Man talban, damos el presen te, en esta villa de Talavera en quince días del mes de Diciembre de mil setecientos y
once anos.
En testimonio de verdad
En testimonio de verdad
Juan Paez de Herrera
Simdn Gdmez de Mejorada
Juan Cerdero Olmedo
Rubricas y signaturas con filigranas
Sobre folio de papel de oficio.
Sello en seco estrellado, notarial,
manuscrito.
de la Hermandad,
adherido al documento
‘DIOkAMA
DEL COMBATE
por el
Dr.
Jose MAYORAL
DE ARJONILLA
HERRERO
Con motivo de la celebraci6n del centenario del Circulo Militar Argentino, se organizó una importante exposición sobre «Medallas y Condecoraciones» por el Director del Museo de Armas de la Nación,. Coronel D. Juan Alberto Gomila. Esta exposición se realizó, con mucho exito, durante los meses de Abril a Noviembre de 1981. Con destino a dicha exposición, el Coronel D. Juan A. Gomila, tuvo la deferencia de encargarnos la construcci6n de
un «Diorama» sobre el Combate de Arjonilla, que realizamos en colaboración con el Profesor Ricardo P. Longo, que pintó el paisaje y colaboró en la
pintura de las miniaturas.
El Diorama de 090 m. de ancho, por 0,43 m. de alto y 0,33 m. de profundidad, está realizado con efectivos reales, 21 soldados de caballería EspaRoles (Cazadores a Caballo de Olivencia y de Caballería de Linea de Borbón)
y cincuenta Dragones Franceses. Representa el momento en que ambas fuerzas han chocado, produciéndose el combate de caballería. El Capitán D. Jose de San Martín, combatiendo al frente de sus hombres contra los Dragones
Franceses, mientras algunos de estos últimos comienzan a huir. Las figuras
planas de 30 mm. (tamafio de Nuremberg) son de la casa A. Ochel de Riel,
excepto la que representa al Capitán D. Jose de San Martín que es de la casa
Scheibert de Viena; pintadas de acuerdo a los uniformes de las unidades representadas.
El General D. José de San Martin, luchó en el combate de Arjonilla como Capitan del 2O Batallón del Regimiento de Infantería Ligera, «Voluntarios de Campomayor», al que pertenecía desde el aí+io 1.801, habiendo hecho
con el la campaña de Portugal y siendo ascendido a Capitan en 1.804. El uniforme de los «Voluntarios de Campomayor»,
era: Casaca y cuello azules,
vueltas, solapas y forro carmesí, chaleco, cazón y vivos blancos, botones y
galonadura de plata, sombrero bicornio negro. Como era un oficial montado, botas negras; la tropa usaba polainas negras.
El batallón «Voluntarios de Campomayor» se incorporó al ejercito del
General Castanos, en cuya vanguardia, puesta bajo las órdenes del General
Marques de Coupigny, se formó una división volante, con piquetes selectos
de distintas unidades, que se denominó «de Montana» y cuya jefatura fue
confiada ‘al Teniente Coronel D. Juan de la Cruz Mourgeón, y San Martín
pasó a ser jefe de su vanguardia.
148
JOSE
MAYORAL
HERRERO
Para relatar el combate creemos lo más conveniente reproducir el parte
de dicha acción, dado por el Teniente Coronel D. Juan de la Cruz Mourgeón, publicado en la «Gaceta Ministerial de Sevilla» del miercoles 29 de junio de 1808.
«El Teniente Coronel D. Juan de la Cruz Mourgeón dio parte desde Arjonilla, con fecha de 23 del corriente, al Sr. Marques de Coupigny, Comandante de la Vanguardia, y éste a la Suprema Junta, del glorioso combate que
tuvo con una partida del exercito de Dupont. A las 3 h. de la madrugada del
mismo día, se puso en marcha dicho Mourgeón, dirigiéndose a ocupar los
puestos avanzados de Arjonilla, con el cuerpo de su mando, compuesto de la
compafiía de cazadores de Guardias Walonas, la de Barbastro, la de Voluntarios de Valencia y Campomayor, la del Príncipe de Caballería, Dragones
de la Reyna, Húsares de Olivencia, Berlín y Escuadrones de Carmona. Puesta en orden la columna de Ios de Aldea del Río por el camino del arrecife, y
habiendo andado como tres cuartos de legua, le avisó al Capitan D. Josef de
San Martín, Comandante de su vanguardia, que se había encontrado una
descubierta de los enemigos: le orden6 los atacase, pero no pudiendo verificarlo en el momento por haberse puesto los enemigos en huida, determinó
cortarlos por otro camino. En consecuencia se dirigió San Martín por una
trocha, sostenido por una partida suya de Campomayor, al cargo del subteniente del mismo D. Cayetano de Miranda, y la Caballería de su mando de
Húsares de Olivencia, y Borbón, cuya fuerza consistía en 21. caballos: con
ellos pasó a la casa de postas, situada en Santa Cecilia: al llegar a ella vio que
los enemigos estaban formados en batalla, creyendo que San Martín con tan
corto número no se atrevería a atacarlos; pero este valeroso Oficial unicamente atento a la orden de su Xefe puso su tropa en batalla y atacó con tanta
intrepidez, que logró desbaratarlos completamente, dexando en el campo 17.
dragones muertos y 4. prisioneros, que aunque heridos los hizo conducir sobre sus mismos caballos, habiendo emprendido la fuga el Oficial y los restantes soldados con tanto espanto, que hasta los mismos morriones arrojaban
de temor, lográndose coger 15 caballos en buen estado, y los restantes quedaron muertos. Mucho sintió San Martín y su valerosa Tropa se les escapase
el oficial y demh soldados enemigos; pero oyendo tocar la retirada, hubo de
reprimir su ambición de gloria. El Teniente Coronel Mourgeón, orden6 la
retirada por haber observado que venía al enemigo un refuerzo de 100 caballos. Dispuso en consequencia, fuese el Teniente de Caballería del Príncipe
D. Carlos Lanzarote con 20 caballos a sostener a San Martín por el arrecife,
mientras tl mismo se adelantaba por la derecha de este con el escuadrón de
Dragones de la Reyna, al mando de su Capitán D. Josef de Torres, dexando
el del resto de la columna al del Teniente Coronel, y Comandante de la Compafiía de Cazadores de guardias Walonas D. Dionisio Bouligni, con la orden
de que tomase posición, y cubriese los bagages y municiones, con cuya operación se contuvieron los enemigos, y dexaron retirar con el mejor orden a
San Martín. Por nuestra parte solo ha habido un cazador de Olivencia herido, a pesar de haber sufrido nuestra tropa descargas de tercerolas y pistolas.
San Martín hace un elogio distinguido de toda su tropa, particularmente del
sargento de Húsares de Olivencia Pedro de Martos y del cazador del mismo
Juan de Dios, que en un inminente riesgo, salvaron las vidas del sargento de
INFORMES
c
149
caballería de Borbón Antonio Ramos, y’ del soldado del mismo Ignacio
Alonso.
Los que huyen de esta manera, son los vencedores de «Jena y Austerlitz».
Este combate es conocido como de Arjonilla por haber firmado Mourgeón el parte en dicha localidad y ser mencionado así en el despacho expedido a San Martín como Capitán Agregado al Regimiento de Caballería de Línea de Borbón No 5, se produjo cerca de la venta de Santa Cecilia, dos leguas antes de’llegar a aquel punto (Villegas).
En el parte original, que reproducimos puede llamar la atencibn que, al
referirse al Regimiento de Olivencia, se le denomine, a veces Cazadores y a
veces Húsares. En realidad en el Ejército Espafiol existían en esa época solamente dos regimientos de Cazadores a Caballo: Olivencia-y Almansa y dos
de los Húsares: María Luisa y Húsares Espaíloles. El empleo de uno u otro
nombre, indistintamente,
proviene seguramente de haberse adaptado el uniforme de los Cazadores a Caballo a la forma del de los Húsares, mas vistoso.
Puede provenir de los cambios habidos en las tropas francesas durante el período de la República y del Consulado. En dicha época, tomaron la forma de
los uniformes de los Húsares los Cazadores a Caballo y la Artillería a Caballo, pero conservando siempre sus colores.característicos, es decir, verde los
Cazadores y azul los Artilleros. Dicha costumbre se extendió a casi todos los
paises Europeos.
El uniforme del Regimiento de Cazadores a Caballo de Olivencia, era
dolman verde con cuello y puhos encarnados, trencillas y galoneado blancos,
pantalón verde, botas negras cortas estilo Húsar, chacó negro con galoneado
blanco y pluma encarnada al lado izquierdo, escarapela encarnada, paños de
las monturas verdes con galoneado blanco.
Esta breve descripción del «Diorama» del Combate de Arjonilla, puede
servir para apreciar la utilidad de las miniaturas militares. Las figuras planas, de 30 mm. son muy empleadas para reproducir escenas de Historia Militar en numerosos museos de Austria, Alemania, Suiza, etc.. Hace varios
anos tuvimos la oportunidad de construir otro. «Diorama», de 1,70 m. de ancho por 1,70 M. de profundidad, para reproducir el Combate de San Lorenzo, a efectivos reales, que figura en el museo del Regimiento de Granaderos a
Caballo General San Martín, Escolta Presidencial. Estos «Dioramas» constituyen un elemento muy importante para la ensenanza y divulgación de la
Historia Militar.
BIBLIOGRAFIA
- «Museo Militar». Capitán Barado, Francisco. Barcelona.
- «Soldados de Espaila». Bueno, José M” . Málaga 1978.
- «San Martín en el Ejército EspaRol en la Península». General Espindola;
Adolfo S. Buenos Aires 1962.
--«Uniformenkunde».
Prof. Knotel, Richard. Hamburg.
- «San Martín y su época». Villegas, Alfredo. Buenos Aires 1976.
ACTIVIDADES
DEL
SERVICIO HISTORICO
MILITAR
VISITA AL SERVICIO HISTORICO
MILITAR
DEL
DIRECTOR
GENERAL DE SERVICIOS GENERALES
DEL EJERCITO,
EXCMO. SR. DON JOSE JUAN
BONAL SANCHEZ,
GENERAL DE DIVISION,
EL DIA 8 DE JUNIO DE 1983.
Es motivo de satisfacción mostrar ei cotidiano trabajo que todo Centro
Militar realiza a fin de lograr su desarrollo normal y presentar, con motivo
de visita -en el caso concreto del Servicio Histórico Militarlos numerosos
y valiosos documentos históricos que custodia, documentos únicos, como así
ocurre en este Centro.
Desde el 30 de septiembre de 1980 y por Orden Ministerial
número
30/81, el Servicio Histórico Militar, depende de la Dirección de Servicios Generales del Ejercito y su actual General Director, Excmo. Sr. D. JOSEJUAN BONAL SANCHEZ, el día 8 de junio visit6 por primera vez,\ después
de hacerse cargo de dicha Dirección, este Servicio.
Fue recibido en el zaguan del Centro, por el General Director, Excmo.
Sr. D. VICTOR ESPINOS ORLANDO y después de presentar en formación
a los Jefes, Oficiales y Suboficiales destinados en el mismo, el General BONAL, pasó al despacho del General Director, quien brevemente le expuso la
organización, misiones y pequefios problemas, tanto de plantilla como de la
labor diaria, que tiene el Servicio Histórico. A continuación, y en el mismo
despacho, se proyectaron una serie de diapositivas comentadas tituladas
<(LAS ARMAS
Y LAS LETRAS»,
disponiendo así de una visión de conjunto sobre los documentos custodiados por el mismo.
‘Esta primera impresión del Servicio, fue ampliada posteriormente durante la visita a las distintas dependencias, donde los Coroneles Jefes de Ponencias, Redacción de la Revista de Historia Militar, Archivos y Biblioteca
pusieron de manifiesto la labor y obras,publicadas y realizadas durante el pasado aflo de 1982 y las que actualmente se encuentran en fase de trabajo.
A continuación se inició un recorrido por el Archivo Central, y, dentro
de dicho Archivo, por la Sección correspondiente a la Guerra de Espafia
1936-39, que agrupa la documentación del Ejército Nacional, Ejército Republicano y Cuartel General del Generalísimo., Fijó la atención el General BONAL, entre otros muchos documentos, en el plano original sobre el cual el
General Franco dirigió la Batalla del Ebro.
Los investigadores que visitan el Servicio Hist6rico, frecuentemente necesitan reproducir documentos, disponiendo para ello este Servicio, de ,una
Sección de Reproducciones y Encuadernación. Esta dependencia fue tam-
154
ACTIVIDADES
DEL
SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
bién visitada a continuación, apreciando el General BONAL la labor de microfilmación de documentos, los aparatos lectores donde dichos investigadores realizan su trabajo y la reproducci6n de los mismos, como, igualmente,
la conservación y encuadernación, recientemente modernizada con nueva e
importante maquinaria.
En la Redacci6n de la Revista de Historia Militar, comprobó el detalle
con que los trabajos publicados son seleccionados. Continuó su visita por la
Unidad de Tropa, Jefatura de Detall y Biblioteca Central para finalizar en
las Ponencias de «Historia del Ejército Espaiiol», «Guerra de Liberación», y
«Heráldica e Historiales dl los Cuerpos», donde los Jefes de las mismas respondieron a las consultas que durante la visita formuló& citada Autoridad.
Después de firmar en el Libro de Honor, elogiando el esfuerzo que realiza el personal destinado en el Servicio para el buen logro de sus misiones, fue
despedido por el General Director de este Centro acompafiado de los Coroneles Jefes de Secretarías, Ponencias, Archivos, Bibliotecas, Jefatura de Detall y de Servicios.
BIBLIOGRAFIA
«LA ESPAÑA DE FELIPE IV. EL GOBIERNO
DE LA MONARQUIA,
LA CRISIS DE 1640 Y EL FRACASO DE LA HEGEMONIA
EUROPEA». De la Historia de EspaAa, fundada por RAMON MENENDEZ PIDAL y dirigida por José María Jover Zamora. Tomo XXV, Madrid, Espasa Calpe, 1982, 830 paginas.
Este nuevo tomo de la Historia de Espafía, de MenCndez Pidal, trata
ampliamente del reinado de Felipe IV. Epoca conflictiva, presidida en gran
parte por la figura del Conde-Duque de Olivares, que supuso para la monarquia espaiiola la confirmación de una decadencia ya iniciada durante Felipe III y el último acto de la presencia espafiola como protagonista de la política europea.
El siglo XVII, fue ante todo un siglo de guerras continuas en Europa.
Para España se inició, ciertamente, con preludios de paz. En 1604 finalizaba
la contienda con Inglaterra comenzada en 1588 y en los Países ajos, por otro
lado, se concertaba en 1609 una tregua de doce afios. Pero a partir de su terminacion en 1621, EspaAa se vio envuelta en todos los grandes conflictos
europeos hasta 1700. Los dos reinados siguientes es decir, los de Felipe IV
(1621-1665) y Carlos II (1665-1700), estuvieron sujetos a los avatares de la
guerra, aunque con signos distintos. Durante Felipe IV nuestro poder militar
no había sido puesto en duda e incluso se cosecharon importantes triunfos en
los campos de batalla. Con Carlos II, por el contrario, pasamos a un segundo término como potencia, si bien sería más justo decir, que este papel se inicio en 1659 con la Paz de los Pirineos. La época de Felipe IV, por consiguiente, es clave para entencer la desaparición de Espafia como gran potencia europea; como lo es igualmente para explicar la quiebra interior producida por los sucesos de Portugal y Catalufia en 1640.
La política exterior belicista de Felipe IV y su valido,, llevó inexorablemente a la agudización del problema fiscal. «La guerra en Europa -seíiala
justamente el profesor Tomás y Valiente- absorvieron en la kpoca de los
Austrias, rios de hombres y de dinero. Había que formar ejércitos buscando
hombres y sacando dinero para pagarles la soldada, para armarlos y vestirlos; y estos fondos debían hacerse efectivos donde el ejkrcito estuviera alojado, lo cual obligaba a complicadas y costosas operaciones financieras, a
asientos concertados con unos banqueros, que en cada ocasidn, encarecían el
precio del dinero y exigían unas condiciones crecien temente onerosas para la
Hacienda Real».
El efecto inmediato de ello, fue la necesidad de aumentar la presión fiscal, originandose así las primeras tensiones entre la monarquía y su aparato
institucional. Como Castilla era quien soportaba principalmente las exigencias del Tesoro Real, la solución no podía ser otra que el reparto de esta car-
158
BIBLIOORAFIAS
ga y esto conduce a la comprensión de las particularísimas características de
la monarquía espahola del siglo XVII. Su constitución interna, heredada
desde los Reyes Católicos, era de una complejidad conceptual difícil de aprehender para el hombre de hoy y que en esta obra se analiza con la rigurosidad que el tema se merece.
La Espaffa del siglo XVII, era una monarquía que comprendía varios
reinos y entidades políticas menores. Los reyes de Espaíla no se titulaban como tales sino con la larga enumeración de sus posesiones. Es decir, reyes de
León, de Aragón,
_ -_. de Portugal, de Sicilia, etc., así como Condes de Barcelona y Benores ae vrzcaya, aparte ae wros anuros. cra, pues, un congnnneraao
que se caracterizaba por la unión en su persona de la titularidad de todos
ellos. Como dice Valiente, «Desde un punto de vista jurídico-político,
el titular de la monaquía no es oficialmente rey de Espuela. Esptia es el ámbito sobre el cual ejerce su soberanía, pero éste no se titula jurídicamente rej de Espaííu, sino rey de los reinos, o conde y sefi6r de los condados y señoríos que
integran esa comunidad política. Lo cual no significa negar a Espafia como
realidad histórica. Si había un Estado espaflol, una monarquía espafiola, es
porque existía esa entidad colectiva llamada Espaila».
El aparato jurídico-político
de esa realidad llamada Espafla, era la monarquía entendida como una agregacibn o unidn de coronas. Sin embargo,
en la titulación del monarca español no aparecían dichas coronas sino los reinos y esto es significativo. «Conviene recordar -aclara el profesor Tomas y
Valiente- que en el Derecho medieval se distingue entre reinos acupetos o de
ganancias o de conquistas, de los cuales pude disponer libremente el rey que
los ha adquirido (por ejemplo, repartiéndolos entre distintos hijos); y los reinos o territorios de abolengo, esto es, recibidos en herencia como una uni‘dad, y que como tal el rey ha de transmitir indivisos. La tendencia ya en la
Baja Edad Media, precisamente cuando predomina una visión política acerca de la disponibilidad
patrimonial sobre los reinos, es la de integrar éstos en
una realidad institucional indivisible e inalienable. Esa realidad es la Corona. La Corona, implica que todos los reinos y sefioríos que la integran forman una unidad.indivisible,
que como tal se transmite hereditariamente».
Así, resulta la monarquía como un sistema de categoría superior al reino
-como reunión de varios de estos- y al que puede aplicarse, parece ser, el
concepto de corona por ser de la misma naturaleza que los reinos. En este
sentido, ambas entidades pueden o no serlo, siempre hablando en términos
jurídicos.
Otra cuestión muy importante para percatarnos de la problemática espafiola del siglo XVII, es la diferenciación entre patria y nación para los hombres de la época y los significados diversos que para ellos tenía esa palabra.
Patria era Espalla toda, como se desprende de textos de Quevedo y Cervantes, y también la villa o lugar concreto de nacimiento; es decir, y en ambos
casos, la tierra, el lugar de origen. Nación, en cambio, se entendía como conjunto de individuos con vínculos de común origen, de patria, de historia y
costumbres. Su organización política no era transcendental, aunque la tuviesen, bien en forma de reino o de simple condado. Existía, pues, también el
sentimiento de Espafia como nación, de la misma manera que la afinidad común de las diversas colectividades regionales formadas durante la Reconquista. El nacionalismo -al menos, en el siglo XVIIno pretendía la inde------ca_--_
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BIBLIOGRAFIAS
159
pendencia política de estas naciones menores. Era mas bien una actitud recelosa sobre lo que pudiese afectar a las instituciones jurídicas de las formas
políticas de dichas naciones. Las tensiones provocadas por la política del
Conde-Duque de Olivares, fueron de esta naturaleza y no de otra, y la oposición a su programa unificador, puede contemplarse bajo esta perspectiva.
«La resistencia ejercida contra el absolutismo real -insinúa el profesor Toentendido como posibilidad de alternar el derecho político
más y Valiente-,
de cada reino o entidades arralogas, por decisión de la voluntad soberana del
monarca, utilizando como trinchera de constitución jurídico-política
de los
reinos y la mentalidad o conciencia de las naciones jno serían batallas reAidas y ganadas por los estamentos políticos dominantes en cada una de
ellas? » .
El Ejercito, junto con la Diplomacia, fue uno de los instrumentos en la.
política exterior de la monarquía española de este siglo. Pero su conocimiento estg lejos todavía de ser completo. «Porque si bien es cierto -dice con
certeza el profesor Tomás y Valienteque dada la evidente importancia de
su proyección ad extra, las actividades diplomáticas constituyeron durante
mucho tiempo el objeto preferido de una historiografía construida con nombres y fechas de batalla y de tratados, también lo es que el estudio de la actividad no fue acompafiado por otro que atendiese a la organizacibn estable,
institucional, de la Diplomacia y el Ejército».
Los libros de Geoffrey Parker -«El Ejercito de Flandes y el camino español, 1567-1659» (Madrid, 1976)- y de Jose Alcalá Zamora y Queipo de
Llano -«Espaiia,
Flandes y el mar del Norte, 1618-1639» (Madrid, 1975)pueden servirnos para conocer algunos aspectos parciales, siempre incompletos, de la instituci6n militar del diecisiete. Y el de René Quatrefages
-«Los Tercios esptioles, 1567:1577».(Madrid,
1979) reeditado en 1983es quizas el mejor anlisis h$st$la fecha de la estructura interna de la infantería española del siglo XVLPéro aunque queda mucho Ror-saber. orobablemente lo fundamental, del Ejercito de los Austrias{%n la etapa mas brrllW?
de nuestra Historia militar. Y no..sólo por las grandes victorias y los hechos
de los famosos Capitanes de la época, sino tambien por la aportación espaAola a un sistema de guerra que imperó -y se copió- hasta su sustitución
por unnuevo concepto de lós ejércitos. Hasta las’reformas de Louvois, que
crearon el embrión de los ejércitos dinasticos, la organización militar espaAola fue posiblemente la más perfecta, y la más eficaz, en unas guerras donde predominaba el mercenario, como combatiente, y el capitán-empresario,
como agente reclutador.
Período trascendental para comprender la Historia de Espafla, este reinado de Felipe IV servirá al menos para’profundizar en las causas de la crisis
de 1640 y ver al Conde-Duque de Olivares como político, más que como
hombre de poder. Su fracaso pudo originarse en los metodos que empleó e
incluso en la visión que tenía de la monarquía como institución política, pero
en última instancia sus ideas y sus medidas tienen un sabor moderno. «Hay
que comprender a Olivares -nos dice el profesor Tomas y Valiente-.
No
tanto a don Gaspar de Guzmán como hombre. Lo que interesa comprender
es el por qué de su política».
(F.R.D.)
.
160
BIBLIOGRAFIAS
LA INSTITUCION
MILITAR
EN CARTAGENA
DE INDIAS 1700-1810,
por JUAN MARCHENA FERNANDEZ. Escuela de Estudios HispanoAmericanos de Sevilla, 1982, 506 páginas.
La Escuela de Estudios Americanos de Sevilla, lleva publicadas más de
doscientos setenta y dos obras desde 1944. De ellas once están relacionadas
con el tema militar y principalmente sobre cuestiones, tales como campaflas
y fortificaciones. El libro de Juan Marchena Fernández, es casi el único que
‘se acerca analíticamente al estudio del Ejército de America, tomando como
excusa la guarnición de Cartagena de Indias.
El profesor Marchena, tiene en su haber, otro estudio sociológico de la
Oficialidad del Ejercito de America -su tesis doctoral, que pronto verá la
luz- y un artículo publicado en el número 51 de esta Revista, con el sugestivo nombre de El Ejército de América: el componente humano. Su trabajo
sobre Cartagena de Indias, es el resultado de las primeras fases de su investigación y tiene su origen en la comprensión, por parte del autor, de que laplaza fuerte había sido la cédula elemental del sistema defensivo del Nuevo
Continente. El motivo de que escogiese Cartagena de Indias, se debe a que
esta plaza es posiblemente la que mejor rcúne las condiciones de representatividad necesarias para la apropiada exposición histórica del tema.
La defensa de la integridad territorial de‘h&ndias,
preocupó desde los
primeros momentos, casi desde la misma Conquista, e mcluso en 1588 Felipe II procuró perfeccionar, en lo que pudo, tal sistema defensivo. Nuestro
dominio en el mar hizo, durante mucho tiempo, que la presencia de los piratas y corsarios no supusiera un peligro grave para el Imperio Espafiol de Ultramar. Sus exitos aislados, ~610 podían sevir para resaltar la inquietante realidad de la ayuda que recibían de algunos países europeos, sobre todo durante el siglo XVII, cuando les sustituyeron los bucaneros y filibusteros. Más
peligrosas, por sus futuras consecuencias, fueron las concesiones españolas
que facilitaron la presencia legítima de otros países europeos en America
-como el permiso otorgado a los holandeses para navegar por los mares del
Sur (1649) y el reconocimiento de la soberanía inglesa sobre la isla de Jamaica (1670). Pero sería a partir del siglo XVIII cuando nuestros dominios de ultramar se verían realmente amenazados. «Es una nueva etapa -dice Marchena acertadamente-,
mucho más dura para los dominios americanos, en
cuanto que ser& una guerra de grandes objetivos, a plazos medios y con efectivos cada vez más poderosos y campaiias de mejor preparacidnk
Los recursos que se necesitaban para proteger casi 25 millones de Km*
superaban, como es fácil comprender, las posibilidades de EspaAa para atender a las lógicas peticiones de los Virreyes, Gobernadores y Capitanes Generales. Marchena lo explica con simplicidad, utilizando las palabras del propio Secretario de Indias durante el reinado de Carlos HI. «El edificar todas
las obras de fortificacidn que se proyectan en America como indispensables
-decía D. Jose de Gálvez-, enviar las tropas que se piden para cubrir los
parajes expuestos a invasidn, y completar las dotaciones de pertrechos de todas las plazas, sería una empresa imposible aún cuando el Rey de Espafla tuviese a su disposición todos los tesoros, los ejercitos y los almacenes de Europa».
BIBLIOGRAFIAS
161
El argumento de Gtivez, que no era otra cosa que una enunciación del
principio de economía de medios, venía a decir que no se podía ser fuerte en
todas partes y en todas las ocasiones. De lo que se trataba era de sustituir la
visión particularista -siempre pesimista, clara está- por otra global y encaminada a.conseguir una potencia de defensa proporcionada a los ataques.
Porque, además, era de suponer que el atacante también tendría sus dificultades, teniendo que hacer frente al elevado coste de las expediciones, a las dificultades de la travesía y al desconocimiento de la geografía de los puntos
atacados.
Por lo pronto, el siglo XVIII, fue testigo de la aparición definitiva del
Ejército regular, el nacimiento de las Milicias disciplinadas y el auge de la
fortificaci6n española en América. Desde Madrid, se pedían insistentemente
‘noticias y escrupulosas descripciones, que servían de elementos de juicio para las decisiones adoptadas por la Corte. Más adelante llegaron a elaborarse
verdaderos planes de defensa, concienzudamente redactados, y mejor6 tambiénel estado de la Hacienda, lo que a la postre resultó beneficioso en todos
los sentidos. Como sefiala Marchena, «. . . la incidencia entre estos dos sectores, militar y .econdmico, fue decisilo: una buena defensa permitía una mayor regularidad del tráfico comercial, y parte de este dinero que revertía, era
aplicado en el perfeccionamiento
de la defensa».
La obra, comprende tres parte bien definidas. En la primera, se analizan
los medios de defensa de la zona sur del mar Caribe y se relatan las vicisitudes sufridas por la guarnici6n de Cartagena de Indias ante los principales
ataques ingleses. En la segunda, se estudia la dualidad gubernativa, política
y militar, de las autoridades gobernantes, explicando con detalle el mecanismo económico del sistema militar de la época. Y en la tercera, se dedica la
atención a las unidades militares que sucesivamente tuvieron a su cargo la
defensa de Cartagena de Indias. AcompaAada de cuadros explicativos y con
una profusa referencia a las fuentes empleadas, representa una encomiable
labor de investigación -y de inteligente análisis- que acredita al profesor
Marchena como uno de nuestros mejores especialistas en el Ejército espafiol
de América. La lectura de su libro es, innegablemente, necesaria para todos
los interesados en la historia militar de las antiguas provincias de ultramar.
(F.R.D.)
«HISTORIA
DEL TRADICIONALISMO
FERRER DALMAU. 30 Tomos. Editorial
1941-1979.
ESPAÑOL».
Por MELCHOR
Católica EspaAola S.A. Sevilla
Si alguna obra es .índispensable consultar para conocer, desde la vertiente .carlísta, la problemática política y dinástica espafiola de los siglos XIX y
XX, esta obra es el monumental trabajo del historiador catalán Melchor Ferrer.
La obra se completó a finales de 1979 con la edición de los dos volúme-.
nes que coWpòri18 el tomo XXX, abarcando toda la época de la jefatura di-
162
BIBLIOGRAFIAS
nástica de don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, es decir, desde su
proclamaci6n en octubre de 193 1 hasta su muerte en Viena en septiembre de,
1936.
El autor nació el 28 de noviembre de 1888 en Matar6 (Barcelona). Cursb
sus estudios en el Instituto de Barcelona y en la Escuela de Ingenieros Industriales y Textiles de Tarrasa. Viajero incansable recorrió casi toda Europa,
norte de Africa y Cercano y Medio Oriente.
Polemista agudo en el campo del periodismo, inició sus primeras colaboraciones, siendo aún estudiante, en revistas literarias y periódicos carlistas. Ha sido director de los diarios «El Correo EspaAol» de Madrid, «El Diario Montahes» de Santander, «Eco de Jaén» y aLa Unidn» de Sevilla. Igualmente dirigi6 los periódicos semanales o mensuales siguientes: «Reaccid»,
«La Protesta» y algunos otros más ligados al partido carlista, entre los que
e notar de una forma destacada el diario «EI Correo Catalán» de Barcelona. Fue redactor y colaborador, entre otros, de «Diario de Barcelona»,
«El siglo Futuro», e «Informaciones»
de Madrid, «El Pensamiento Navarro» dc Pamplona y «Gil Blas» de Santander. Así como de los semanarios
aLa Bandera Regionalq
aLa Trinchera» y <<La Nacib» de Barcelona, <<El
Radical» semanario, jaimista de Reus, «El Guerrillero» de Valencia y «Patria» de Villacarrillo.
Además en las revistas «Espaha» y «Mision» de Madrid, «Iberia» «Gráfico Legitimista» y «Cristiandad» de Barcelona, «Tradi‘cidn» ,de Santander, «Nubis» y «Siempre» de Palencia, y «Montejurra»
de
Pamplona. El record de Melchor Ferrer, como podemos ver, es impresionante.
Donde radica especialmente la importancia de la obra de Melchor Ferrer
es.en sus libros. Ha publicado «Síntesis delprograma de la Comunidn Tradicionalista Espaíiola» (Santander, 1931); «Observaciones de un viejo carlista
à unas cartas del Conde de Rodezno» (Madrid, 1946); «La legitimidad y los
legitimistas» (Madrid, 1958); «Documentos de don Alfonso Carlos de Borb6n y Austria-Este» (Madrid, 1950); «Antología de los documentos reales de
la Dinastía Carlista» (Madrid, 195 l), «Escritos políticos de Carlos VII»
(Madrid, 1957); y ,kBreve Historia del Legitimismo
Espaiíob (Madrid,
1958).
:, :
,
Melchor Ferrer fue profesor, en la preparaci6n de ingreso en la Academia Militar General de Zaragoza y para las de Aviación y la Armada. Fue,
además, profesor en la Escuela Náutica «San Telmo» de Sevilla. Fue secretario político de don Jaime de Borbón y el pretendiente carlista consejero de la
‘Comunión Tradicionalista.
El ilustre historiador fue condecorado por diversos paises europeos,~~especialmente Rumanía y Francia, pero una de la que
estaba más.satisfecho era la «Cruz de la Orden de la Legitimidad Proscrita»
que le fue impuesta por don Javier de Borbón Parma. Nunca, como en este
caso, hicieron los carlistas un acto de justicia. Melchor Ferrer falleció en Valencia el 4 de junio de 1965.
Quien.quiera conocer la historia del tradicionalismo
espafiol, tiene dos
opciones generalmente aceptadas por los profesionales e investigadores de la
Historia de Espana. Desde el punto de vista liberal, la del que fue secretario
y consejero amadeísta, Antonio Pirala, cuya «Historia de la guerra civil y de
BIBLIOGRAFIAS
163
los partidos liberal y carlista», es una ingente fuente documental de primera
mano. Y, como ya hemos senalado, desde el punto de vista carlista no cabe
ninguna duda que la «Historia del Tradicionalismo Espafioh de Melchor Ferre;, es una obra de consulta inexcusable.
A través de sus apretados y voluminosos 30 tomos, transcurre toda la
historia de un importante sector del pueblo espafiol que, sin dejar de querer
introducir en las estructuras económicas y sociales espafiolas las ideas de
progreso y reforma, no creyó en el ideario centralista que intentaban imponer los liberales decimonónicos espafioles.
Donde la presente obra tiene un interés más acuciante para los lectores
de nuestros días es, sobre todo, en sus últimos tomos, donde Melchor Ferrer
narra las escisiones ideológicas dentro del tradicionalismo
espafiol afecto al
carlismo. Desde la separación integrista de Nocedal, a la tradicionalistaconservadora de Vázquez de Mella.
Ante la disputa dinástica alfonsismo-carlismo,
tras la muerte sin sucesi6n directa de don Jaime de Borbbn, hijo de Carlos VII, y de su tio don Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, Melchor Ferrer toma partido por la
tesis política del Fal Conde y la legitimista de Fernando Polo: la sucesión pasa a la rama directa de Felipe V, y a la familia Borbón Parma, en la persona
de su titular don Javier de Borbón Parma.
Sobre las conversaciones tendentes a la unión dinástica mantenidas entre.
don Alfonso XIII y don Jaime III, Ferrer reconoce que existieron tales conversaciones e, incluso, que en el animo y.la voluntad del propio don Jaime
hubo indudables deseos de terminar con la llamada «cuestión dinástica», en
la que tanta sangre y tantas penalidades sufrieron por ella, varias generaciones de espaiíoles a través de tres guerras civiles. No obstante, sefiala que el
«Pacto de Territet» aparecido tras la súbita muerte del titular carlista, era
apócrifo. Como también señala Ferrer que se mantuvieron contactos entre
don Juan de Borbón y don Manuel Fal Conde 2. con
_ objeto de ,que el primero
aceptara el liderazgo dinastico carlista, hecho que provocó en su tiempo dos
escisiones en el partido carlista: la del grupo del conde de Rodezno, que reconoció a Don Juan; y la de don Mauricio de Sivatte, que fundó la llamada
asociaci6n integrista «Regencia de Estella».
A pesar de que actualmente, operan en reducidos núcleos regionales algunos partidarios del tradicionalismo
político, su escaso número e importancia ante la opini6n pública ha hecho que permanezcan como actitudes puramente testimoniales y, desde luego, sin el ingrediente dinástico de antaí’ro. La
aprobación mayoritaria por el pueblo espafiol de la vigente Constitución, es
la prueba más irrefutable de que el problema dinástico ha dejado de ser un
banderín de enganche y una excusa para dirimir las discordias nacionales.
De todos modos, la «Historia del Tradicionalismo Espaiioh de Melchor
Ferrer es una obra que debe consultarse para conocer las razones que indujeron a una gran parte de los espaholes de la época a la disidencia poli’tica y social. El esfuerzo de Ferrer al escribir esta obra debe merecer, al menos, el reconocimiento a su valioso trabajo y el respeto a su ideario político, aunque
no se esté de acuerdo con sus tesis.
164
BIBLIOGRAFIAS
Se recomienda la lectura de la obra a todos los amantes de la Historia en
general y en particular a los investigadores del tradicionalismo.
(R.S.H.)
«Los Asedios: El Alcázar de Toledo, el Santuario de Nuestra Seiíora de la
Cabeza, la ciudad de Oviedo y los Cuarteles de Gijdn». (Monografía de
la Guerra de EspaAa núm. 16). Librería Editorial San Martin, Madrid
1983. 358 ,páginas con fotografias y croquis en negro y color. Servicio
Histórico Militar. Redactor Ponente D. JOSE MANUEL
MARTINEZ
BANDE, Coronel de Artillería.
En esta monografía, más allá de las batallas y combates de las grandes
marchas y campanas, de la Guerra Civil Espafiola, se trata de describir al detalle estos cuatro asedios, con sus circunstancias peculiares. En el de El Alcázar de Toledo, la defensa se realiza en un edificio muy fuerte, prácticamente
una fortaleza militar; en el Santurario de la Virgen de la Cabeza, la defensa
se lleva a cabo en un verdadero campamento de gran extensión, con bastantes edificios pequenos y en general pobres; en el caso de Oviedo, es prácticamente la defensa de una ciudad entera y en el de Gijón, la defensa se concreta en dos cuarteles o mas bien, un cuartel y un viejo colegio de débiles estructuras. De esta forma se estudian cuatro asedios bien distintos pero que no
por eso dejan de poseer algunas características comunes.
Puede decirse en general, que la táctica de los que cercan los reductos
mencionados, será en un primer momento dejar que aquellos caigan por si
solos, mediante la intensificación paulatina de acciones psicológicas y por la
falta de avituallamiento.
En los cuatro casos, habrá unos primeros dias tranquilos, al menos relativamente, pero de corta duración. Las fuerzas sitiadoras acabarán comprendiendo la moral alta de las fuerzas sitiadas, que ni el
tiempo ni el aislamiento, ni aún siquiera la presunción de que no van a ser SOcorridos, será capaz de doblegar su ánimo. Los sitiadores acudirán entonces
a todos los medios de destrucción, en particular a fuertes bombardeos de artillería y aviación y al empleo de minas, que irán utilizando de menor a mayor intensidad hasta llegar, en el caso particular del Alcázar, a volar prácticamente la fortaleza, manteniendo a la vez y gradualmente las anteriores acciones psicológicas. En los cuatro casos, será necesario el asalto final.
En la táctica de los cercados, se sigue la vieja linea de resistencia hispana, de morir antes que ceder en defensa de unos ideales y estas gestas recuerdan las antiguas de la Guerra de la Independencia (Zaragoza, Gerona, etc.),
y las primitivas celtibéricas de Numancia y Sagunto.
La obra que es continuación de las anteriores monografías del coronel
Martínez Bande, bien conocido por nuestros lectores por su pluma consagrada, es exhaustiva en la exposición de los hechos, perfectamente documentada y objetiva, va acompañada de una extensa bibliografía del archivo del
BIBLIOGRAFIAS
165
Servicio Histhico Militar, con documentación nacional y republicana y de
libros, revistas, periódicos y prensa oficial de nuestra Guerra Civil.
En resumen, la lectura de este trabajo es necesario a todo investigador
de aquella pasada contienda y recomendada a todo estudioso de la Historia
de Espaila.
(R.S.H.)
OBRAS EDITADAS
POR EL
SERVICIO
-HISTORICó
MILITAR
i
Ami&
de Espeñu en Africa
Tomo 1: Iberos y bereberes (Madrid, 1935), 296 p4ginas, 16155 pesec
tas. (Agotado.)
Tomo II: Cristiunos y musulmanes de Occidente (Madrid, 1941), 295
pdginas, 27 pesetas. (Agotado.)
Tomo III: El repurto polftico de Africa @ladrid, 1941h 162 p@naa,
20,35 pesetas. (Agotado.)
‘Ilustrados kdos con grabados, fotografías, mapas y planos.
El- tomo 1 fue publicado, en 1935, por la Comisión Histórica de laa
Campañas de Marruecos, ya suprimida y distribuido por el Servicio Geográfico del Ejkito.
l
Dos expediciones
Un volumen,
españolas contra Argel (1541-l 775)
151 páginas, con ilustraciones (Madrid,
Geograjia de Marruecos,
Protectorado
1946), 300 ptas.
y Posesiones de Espatía en Ajrica
Tomo III: L.u vida social y politicu, 659 pãginas, con grabados, fotografías, mapas y planos (Madrid, 1947), 900 pesetas.
Los tomos 1 y II de esta obra, titulados,
respectivamente, ~Mawuecos
en general y zona de nuestro Protectorado en 1Uarruecos y Estudio particrclas de las regiones naturales de la zona, plazas de roberanfo española y vida
econdmicu, fueron publicadas en 1935 y 1936, por la suprimida Cqnisi6n
Histórica
Historia
de las Campatis
de Marruecos. (Ambos agotidos.)
de las Campañas de Marruecox
*
Tomo 1: (Comprende hasta el año 1900), 608 p&inas, con gmbados,
fotografías, mapas y planos (Madrid, 1947). (Agotado.)
Tomo II: (1900 a 1918), 944’páginas, con grabados, fotograffas, mapas y planos (Madrid, 1951). (Agotado.)
16
I
170
OBRAS
Torno III:
grafias
Tomo IV:
blanco
Campañas del
EDITADAS
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
(1919-1923), 724 p&inas, con abundantes croquis y fotoen blanco y negro, 1.925 ptas.
(1923 a 1927), 270 phginas, con croquis y fotografhs en
y negro, 950 pesetas.
Rif y Yebala
Por-el General DÁMASO BERENGUER.
Tomo 1: El Raisuni y nuestra acción de Protectorado
337 páginas. (Agotado.)
Tomo II: La ocupación de Xauen i Monte Mauro
328 p&inas. (Agotado.)
Armamento
(Ma+id,,
1948),
(Madrid,
1948),
de los ejércitos de Carlos V en la guerra de A&mun&
Un volumen de 56 páginas con grabados y fotografias (Madrid,
100 pesetas.
1947),
Los tercios de España en .la ocasi6n de Lepanto
Un volumen de 291 págihas, con chinas en color, aphdice documental y facsímiles de documentos inéditos (Madrid, 1971), 600 pesetas. (Agotado.)
Histo&a
de las armas de fuego y su uso ,en España
Un tomo ilustrado, con grabados en color y en sepia, 332 p&inas
(Madrid, 19Sl). (Agotado.)
!Vomenclotor hist6rico milite
Tomo único: Diccionario de voces antiguas d& carkter
ginas (Madrid, 1954). (Agotado.)
Accih
militar,
372 p&
de España en Perú
Un tomo de 557 páginas con ilustraciones (Madrid,
1949). (Agotado.)
OBRAS
EDITADAS
Cartografía y Relacionk
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
171
Históricas de Ultramar
Tomo 1 y Carpeta de mapas: América en general.
El tomo, de 495 páginas, tamtio folio mayor (Madrid, 1950), (AgotadqYJTomoI.-nuevaedición
1983, de 551 pág. reeditado, 5.OOOpts.
Tomo II y Carpeta de mapas: Estados Unidos y Canadá.
El tomo, de 598 páginas, en folio mayor (Madrid, 1953). (Agotado.)
Tomo III y Carpeta de mapas: Méjico.
El tomo, de 399 páginas, en folio mayor (Madrid, 195). (Agotado.)
Tomo IV y Carpeta de mapas: Amética Central.
El tomo, de 286 páginas, en folio mayor (Madrid, 1950). (Agotado.)
Tomo V y Carpeta de mapas: Colombia, Panamá y Venezuela, con
182 láminas. El tomo, de 662 páginas, en folio mayor y Ia
carpeta, 5.000 pesetas (Madrid, 1981).
Campañas en los Pirineos, finales del siglo XVIII
(1793-95)
‘Tomo 1: Antecedentes. Ilustrado con grabados y fotografías (Madrid,
1949), 341 páginas. .(Agotado.)
Tomo II: Campaña del Rosellón y Za Cerdetía, idem, 682 p&inas,
(Mac@id, 1954). (Agotado.)
Tomo III: Lu campaña de Cataluña, ídem, en dos volúmenes, 380 y
514 páginas, 1.000 pesetas (Madrid, 1954).
Tomo IV: Campaña en los Pirineos Occidentales y Centrales, idem,
752 páginas, 800 pesetas (Madrid, 1959).
Catálogo de la Coleccidn histórica documental
Independencia. (Madrid, 1947 a 1950.)
Tomo
Tomo
Tomo
Tomo
1:
II:
III:
IV:
Letras
Letras
Letras
Letras
del Fraile. (Guerra de la
A a Ia C, 253 páginas. (Agotado.)
CH a la K, 226 pzíginas. (Agotado.)
L a la Q, 215 páginas, 200 -3s.
R a la Z, 228 páginas, (Agotado.)
La guerra de la Independencia
(Madrid,
1966)
Tomo 1: Antecedentes y preliminares, 483 páginas profusamente hstradas (Madrid, 1966), 1.OOOpesetas.
Tomo ZI: Lu primera campaña de 1808, 480 p&inas con numerosos
croquis y láminas (Madrid, 1972), (Agotado.)
172
OBRAS
EDITADAS
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
Tomo III: Lo segundu caqaha de lgO8, 376 p@inas (Madrid, 1974),
1JO0 pesetas.
Tomo IV: Curnpuñu de 1809, 376 p&inas con ilustraciones y croquis
(Madrid, 1977), 1.000 pesetas.
Tomo V: Campaña de 1810, 370 p&inas (Madrid, 19gl)jl.OOO~pesetas.
Diccionurio Bibliográjico
(1808-1814)
de la Guerru de tu Independenciu
Espuño
Tomo
1: Letras A a la H, 345 p@nas. (Agotado.)
Tomo II: Letras 1 a 18 Q, 270 p&inas, (Agotado.)
Tomo III:
Letras P a la Z, 341 p&inas, (Agotado.)
Ilustrados los tres con grabados y fotografías, en color y en negro
(Madrid, 1944-1952).
Europu y Africu entre dos grundes guerrus
Un tomo, 317 ‘páginas, con mapas y fotograffas (Madrid,
!%510se vende en el Servicio Geogrhfico del Ejhcito.
Cronología episódico de tu Segrrndu Guem
1944).
Mundiul
Tomo 1: Primer periodo, 310 phginas. (Agotado.)
Tomo II: Segundo y último período, 349 páginas, (Agotado.)
Ilustrados Iòs dos con mapas y planos (Madrid, 194?-).
Curso de conferencias sobre Historia, Geogrufíu y Filosofiu de 1~ Guewu,
en el Servicio Histórico Militar (Madrid, 1947)
Un volumen, 343 pAginas, ilustrado con grabados, fotografías, mapas
y planos. (Agotado.)
Cursos de Metodologfu y Críticu Histdricus, para formación
moderno historiador, en el Servicio Histórico Militar
Tomo 1: Curso ‘Elementul (1947-48), 200 páginas.
Torrio II: .Curso Superior (1949), 359 phginas.
(Madrid, 1948-1950).
(Agotados.)
tknica
del
OBRAS
EDITADAS
POR
EL SERVICIO
El ataque a travhs del Canal (Madrid,
HISTORICO
MILITAR
173
1963)
Un volumen de 602 pdginas, con 25 m.xpas. No esd a 1~ venta.
Versi& española de la obra de Gordon A. Harrison Cr& Channel
attack, segundo volumen de la subserie «El Teatro de Operaciones europeo*, de la enciclopedia «El Ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial*,
que se publica bajo la direcci6n de la Jefatura de
Historia Militar del Departamento del Ejkcito.
Gderia militar
contemporánea
Tomo 1: Lu Real y Militar. Orden de San Fernando (Madrid,. 1953).
Con historia de la Orden y relaciones de hechos y retratos de los
caballgos condecorados en la Guerr? de Liberación p División en
Rusia, 387 páginas. (Agotado.)
ToÍno II: La Medalla Militar. Primera parte: Generales y Coroneles
(Madrid, 1970). Con historia de la condecoración, relaciones de hechos y retratos de los caballeros condecorados en la Guerra de Liberación y División en Rusia, 622 páginas, 800 @etas.
Tomo III: La Medalla Militar. Segunda parte: Tenientes coroneles y
Comandantes, 497 páginas, 700 pesetas.
Tomo IV: Lu Medalla Militar. Tercera parte: Oficiales, 498 póginas,
700 pesetas.
Tomo V: L.a Medalla Militar. Cuarta parte: Suboficiales, Tropa y-condecoraciones colectivas., 513 paginas, 800 pesetas.
Tomo VI: La Real y Militar Orden de San Fernando (2? parte). Campañas españolas en Africa, 345 p&inas, 675 -pesetas.
Tomo VII: Medalla Militar (5.’ parte). Condecorados en las Campañas de Africa durante los años 1893 a 1935 (1980), 335 paginas,
875 pesetas.
Tratado de Heráldica Militar
Tomo 1: 288 pdginas, en papel registro, con grabados y fotograffas,
algunos en color, encuadernado en imitación pergamino (Madrid,
1949). (Agotado.)
Tomo II: 390 páginas, ídem (Madrid, 1951). (Agotado.)
Tomo HI: 374 paginas, idem, 400 (320 pesetas para los’ miembros y
organismos del Ejército) (Madrid, 1959)d(Agotado.)
Tomo IV: El anunciado como tal, pasó a constituir la obra aHer&%ca
e Historiales de los Cuerpos*.
174
OBRAS
Heráldica
EDITADAS
e Historiales
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
de los Cuerpos
Tomo 1: Infanterla (Emblemática del Ejercito, de la Infanteda y de
la Enseñanza Militar. Historia de las Academias Militares. Historiales, escudos y banderas de los once primeros Regimientos de
Infanteria),
294 páginas, 66 láminas a todo color y 9 en negro
(Madrid, 1969). Agotado.
Tomo II: Infantería (Historiales,
escudos y banderas de los diecinueve siguientes Regimientos de InfanterEa), 234 páginas, 50 láminas
a todo color y 10 en negro (Madrid, 1969). Agotado.
Tomo III: Infanteria (Historiales,
escudos y bnnderas de los Regimientos de Infanterfa, hasta el número 40), .420 páginas, 54 láminas a
todo color, (Agotado) (Madrid, 1973). (Agotado’.)
Tomo IV: Infantería (Historiales, escudosy banderas de los Regimientos de Infantería (del núm. 41 al 54), 403 páginas, 17 láminas a
todo color, 1.700 pesetas(Madrid, 1973).
Tirada aparte de 135 láminas a todo col& de escudos, banderas v
distintivos de Unidades del Ejército, contenidos en los dos primeros tomos de la obra (Madrid, 1969). (Agotado.)
Tiradas aparte del Historial de cada uno de los Regimientos, contenidos en los dos primeros tomos de la obra (Madrid, 1969).
(Agotados’)
Tomo V: Infantetía iHistoriales, escudos y banderas de los Regimientos de Infantería (del núm. 55 al 60), 35 láminas a todo color
y 14 en blanco y negro 1.700 Pesetas;
Monograffas histórico-geneatbgicas
1.
2.
3.
4.
Regimiento de Infantería Inmemorial núm. 1 (1965), 22 páginas.
(Agotado).
Regimiento de Caballería Dragones de Santiago núm. 1 (1965), 18
páginas, 100 pesetas.
Regimiento Mixto de Artillería núm. 2 (1965), 15 páginas, 100 pesetas.
Regimiento de Zapadores para Cuerpo de Ejército (1965), 25 pági,
nas, 100 pesetas.
Estudios sobre la guerra de España (1936-39)
1.
Historia de la Guerra de Liberacidn, 1736-37, Vol. 1: Anteccdentes, 457 ‘Páginas. Imprenta del Servicio Geográfico del Ejercito
(Madrid, 1945). (No está a la venta.)
OBRAS
EDITADAS
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
175
2.
Lo guetru de ,minus en Espcriia (Madrid, 1948). Un volumen de
134 páginas, con fotografías y planos, 200 pesetas.
3. Síntesis histhicu de la guerra de Liberucidn, 233 p4ginas (Madrid, 1968) (Servicio Geográfico del Ejército). (Agotado.)
4. Partes oficiales de guerra (1936-1939).
2 tomos. Madrid, 1978,
2.200 pesetas.
.
Monografías
1.
Lu marcha sobre Madrid, 213 páginas, 18 croquis, 22 láminas de
fotograbados. 1.’ edición: Madrid, abril de 1968. 2.’ edición: iunio de 1968. (Agotada.) Reeditada- en 1982. 1.3m Pesetas.
2. Lu lucha en torno u Madrid en el inuierno de 1936-37. Operaciones sobre la carretera de La Coruña. Batalla del jarama. Batalla
de Guadalajara, 230 páginas, 19 croquis, 22 láminas de fotograbados (Madrid, 1969). (Agotada.)
3. Lu campaña de Andalucía, 242 páginas, 17 croquis, 22 liminas de
fotograbados (Madrid, 1969). (Agotada.)
4. Lu guerra en el Norte. La campaña de Guipúzcoa. El socorro a
Oviedo. La ofensiva sobre Vitoria. La gran ofensiva sobre Oviedo,
295 páginas, 16 croquis, 22 láminas de fotograbados (Madrid,
1969),,1.300 pesetas.
5. Lu invasidn de Aragón j el desembarcoen Mullo~cu, 320 págna~.
Numerosos croquis, documentos y fotografías inklitas (Madrid,
1970). (Agotada.)
6. Vizcaya, 315 páginas, 26 láminas fotográficas en negro y 17 croquis a tres tintas, 15 documentos, bibliografía y cronologIa (Madrid, 1971). (Agotada.)
7., h ofensiva sobre Segovia y la Butulla de Brunete, 330 páginas,
12 croquis en color, 24 Iáminas.negro (Madrid, 1972). (Agotada.)
8. El final del Frente Norte, 313 páginas, 13 croquis en color, 24 láminas en negro (Madrid, 1972). 1.3OOpesetas.
9. Lu grun ofensiva sobre Zaragoru, 301 pgginas, 14 croquis en color.’
(Agotado.)
10.
Lu batalla de Teruel, 328 páginas, con numerosasfotograffas, croquis a tres tintas y 12 documentos (Madrid, 1974). (Agotada.)
ll.
Lu llegada al mar, 323 páginas, 10 croquis en color, 24 kninas
en negro, 13 documentos (Madrid, 1975). 1.3001@.
12. La ofensiva sobre Valencia, 295 páginascon fotograffas y croquis
(Madrid, 1977). 1.300 ptas.
13. La batalla del Ebro, 376 páginas, 14 croquis en color, 24 hninas
en negro, 3 documentos (Madrid, 1978). (Agotada.)
14. L.¿zcampuZiade Catalut?a, 313 páginas, 10 croquis en color,. 22 l&
minas en negro, ll documentos (Madrid, 1979). lAI? ptas.
176
OBRAS
15.
16:
Historia
EDITADAS
POR
EL SERVICIO
HISTORICO
MILITAR
La batalla de Pozoblanco y el cierre de la bolsa de Mérida, 368
páginas, 18 croquis color, 20 láminas cn negro (Madrid, 1981),
1.300 pesetas.
«Los Asedios», 358 página, 10 croquis color y 24 láminas en negro (Madrid, 1983), 1.500’pesetas.
17 - La Batalla de Peñarroya y el final
de la Guerra
Próximas Monografias
18 - La Dirección de la Guerra
0 - El Alzamiento y sus Antecedentes
del EjPrcito Español
Tomo 1: Los Orígenes (desde los tiempos primitivos hasta la invasidn
musulmana), con 10 láminas en color, 20 en negro y numerosos mapas, croquis y grabados en texto, 448 páginas (Madrid, 1981). Agotado - próxima reedición.
Revista de Historia
Militar
Un número semestral, 150 pesetas. (Algunos números agotados.)
Indice General de la Revista de Historia
Militar
Tematica, cronológicos, de autores de voces de recesiones (1957-1982),
1123páginas, comprende los números del 1 al 52 (Madrid, 1982),
1OO pesetas.
OBRAS
EDITADAS
EN
1983
-
«Cartografía y Relaciones Históricas de Ultramar».
Tomo 1 y Carpeta
de Mapas: América en General. Nueva edición de 551 páginas,
5.000 ptas.
-
«Monografías
de la Guerra de España (1936I939)».
«Los Asedios»
no 16, 358 páginas, 10 croquis color y 24 láminas en negro, 1.500 ptas.
-
«Coronel Juan Guillermo
-
«Indice Bibliográfico
de Marquiegui».
Un personaje Americano al
Servicio de España (1777-1840), con 245 páginas- su precio de venta es
de 870 ptas.
nas, (Madrid,
-
de la Colección Documental
«El Real Felipe del Callao, Primer
Castillo de la Mar del Sur». 96 pági-
nas, 20 láminas en color y 47 en negro, (Madrid,
-
del Fraile». 449 pági-
1983), 1.500 pesetas.
1983), 1.500 pesetas.
Colecciones de cuatro láminas cada una, con untamaño de impresi6n de
dibujo de 38 x 29 cms., en la que se reproducen pinturas inéditas, de bellísima ejecución, relativas al Ejército Austro-Húngaro,
en época inmediatamente posterior a las Guerras Napoleónicas. El precio de cada colección es de 1.000 pesetas.
Notas.a) Los precios que se indican son los normales de venta.
Al personal de la Administración Militar (militar o civil), y a Librerías,
sefacilitan las obras con el 20% de descuento sobre el precio señalado,
a excepción de la Revista de Historia Militar y las Carpetas de Láminas
del Ejército Austro-Húngaro.
b) Las obras pueden ser adquiridas personalmente en la Sección de Venta
de Obras de este Servicio Histórico Militar, calle Mártires de Alcalá,
no 9. MADRID-8 - Telf.: 247 03 OO.También se remiten a provincias
por correo certificado contra reembolso, y en este caso, se incrementa
los gastos de envío, derechos y tasa fija.
REVUE
HISTORIQUE
DES ARMEES
Premiada por la Academia Francesa en 1954. Premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas en 1981. Publicación trimestral común a
los tres ejércitos: Tierra, Aire y Mar. Creada en 1945. El número 1 de 1983,
contiene doce estudios con ilustraciones, más simbología y crónicas bibliográficas, según el siguiente
SUMARIO
«Cinco meses de combates, desde Medjez-el-Bab au Zaghouatm, por el Servicio Histórico del
Ejército francés.
«OperacXm aerotransportada sobre Oudna», por el Mayor General J.D. FROST.
«Estrategia y logística alemanaen el norte de Africa», por KLAUS JUGEN MULLER.
«La cooperación franco-aliada durante la Campaha de Túnez», por PATRICK FACON.
«La potencia naval francesa en 1937-1938»,por MARC NOUSCHI.
«Los agregados militares en Europa Central en 1938»,por ANTOINE MARES.
«Acciones clandestinas (1941-1942)»,por el General HENRI DE BKANCION.
((700aAos de Vincennew, por el Coronel JEAN VERZAT.
«La Caballería en el combate de Vercingétorix contra Cesar», por Andre WARTELLE.
«El Ejército francés ante la crisis de Fashodan, por el coronel JEAN DEFKASNE.
«El Museo de Infantería» por el General PIERRE BERTIN.
«La batalla de Kanghil(29 de septiembre de 1885))).por el Servicio Histórico del Ejercito Frances.
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II Centenario del nacimiento de Simón Bolívar . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Sobre el modo de ser y de combatir de las Ordenes de Santiago, Calatrava, Alcántara
y Montesa en la Edad media, por Carlos Martínez Valverde . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Alejandro Farnesio, Capitán General del Ejército de Flandes y Gobernador General de
los Países Bajos (1578-1592), por Manuel Tourón Yedra . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 43
El segundo sitio de Viena por los turcos (1683), por Manuel Torres Marín . . . . . . . . . . . . . . . . 57
El Ejército Español en la primera mitad del ochocientos, por José Carlos Clemente
Balaguer . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 83
Lo militar en Ortega y Gasset, por José María Carate Córdoba . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 105