RAYAS, LETRAS Y BARCOS:
LOS GRABADOS RUPESTRES DE LA GOMERA
Juan Francisco NAVARRO MEDEROS1
Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO2
1. A modo de introducción
A lo largo de estas líneas pretendemos dar una visión breve y renovada de los
conocimientos que en la actualidad manejamos sobre las manifestaciones rupestres en la isla de
La Gomera. Hace quince años presentamos una publicación de síntesis (Navarro, 1996), por
aquel entonces un producto fresco derivado de las recientísimas prospecciones y estudios de
grabados rupestres en el marco del proyecto “Arqueología de las montañas”. Pero las
aportaciones de la investigación en estos últimos años han enriquecido el cúmulo de
información, de manera que, si bien muchas partes de aquel trabajo siguen vigentes, otras deben
ser matizadas o modificadas y debemos incorporar algunas novedades importantes. El texto
que presentamos es, pues, una revisión de la información que se manejaba hasta 1995,
añadiendo los datos y las reflexiones obtenidas desde estas fechas hasta hoy.
A lo largo del texto empleamos una serie de nuevos conceptos y categorías, además de
desarrollar algunas metodologías que hemos venido proponiendo para la totalidad del arte
rupestre canario, y que, tal como escribíamos en 1995, continúa estando necesitado de una
homologación terminológica y conceptual.
2. Investigación
En los primeros años de 1980 Antonio Tejera y Rodrigo Balbín habían inaugurado el
estudio de los grabados de Tenerife, poniendo en duda que todo lo inciso fuera post-hispánico,
como hasta entonces se había mantenido. Al mismo tiempo comenzaba tímidamente la
investigación sobre las manifestaciones rupestres de La Gomera, a pesar de que ya más de un
siglo antes Juan Bethencourt Alfonso ya intentó encontrar grabados en esta isla.
Efectivamente, el Dr. Bethencourt realizó en 1874 una estancia en la zona suroccidental de La
Gomera, durante la cual visitó y excavó parcialmente varios yacimientos, de lo que sólo
poseemos una breve descripción suya. Fueron algunas cuevas sepulcrales en la zona de
Chipude y La Dama, diversas estructuras de la famosa Fortaleza de Chipude y unos concheros
en la desembocadura de Valle Gran Rey, hoy desaparecidos lamentablemente. Estando en este
último lugar, hizo una excursión a la Playa del Inglés y al gran cono de derrubios al pie del risco
de La Mérica, donde observó ciertas huellas en la roca, sobre las cuales dijo:
1
Departamento de Prehistoria, Antropología e Historia Antigua. Universidad de La Laguna.
2
Museo Arqueológico de La Gomera (Unidad de Patrimonio Histórico. Cabildo Insular de La Gomera).
Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
... en el punto denominado los "Lagiales", sin duda debido á los millares de enormes
prismas de basalto que ... se han ido acumulando por desprendimientos de elevado
acantilado que arranca del risco de América, hemos creído descubrir antiguos y numerosos
caracteres trazados sobre dichos prismas, principalmente en los alrededores de un extenso
kjökkenmodinger ó restos de cocina situado en los mismos "Lagiales". ...tenemos nuestras
dudas sobre si lo que vimos son verdaderos caracteres labrados por la mano del hombre ó
simplemente figuras caprichosas debidas a la casualidad y a las fuerzas de la naturaleza ...
(J.Bethencourt, 1882: 115)
En efecto, se trataba justamente de esto último: alteraciones naturales de la roca. Pero
para entender esa búsqueda de "letreros", como él mismo los llama en otra parte del mismo
trabajo, deberíamos recordar que apenas cuatro años antes del viaje de Bethencourt se habían
descubierto en El Hierro los primeros grabados alfabéticos canarios, a los que se dio el nombre
de "letreros" sacado de la toponimia popular. Por otra parte, en los años en que escribía Juan
Bethencourt estaba teniendo lugar un debate sobre el origen y significado de esas inscripciones,
que en 1876 el general Faidherbe reconoció como escritura líbico-bereber.
Sin embargo, la presencia de grabados no había pasado desapercibida a la población
rural de la isla –es decir a su mayoría-, igual que sucedió en otras partes, de manera que la
toponimia menor recoge voces que aluden a estas manifestaciones. En La Gomera hay
detectados dos lugares denominados “El Cabezo del Letrero”, y otro “Las Letras”,
topónimos recogidos por José Perera, (2005: volumen 16 § 39 y volumen 25 § 229).
En el año 1974 comienza uno de nosotros su vinculación con la arqueología de La
Gomera, realizando prospecciones y reuniendo datos arqueológicos por toda la Isla. Pero en
esta etapa la adscripción cronológica y cultural de los grabados se tomaba con muchas reservas,
porque muchos estaban escasamente meteorizados y habían sido hechos con técnica incisa, que
en ese tiempo se consideraba introducida después de la conquista. En realidad, se estaba
operando con premisas que surgían de la experiencia en el estudio de los grabados rupestres de
La Palma y esta adscripción post-conquista quedaría completamente desechada durante la
excavación del Lomo del Piquillo en 1999-2000 (J.F.Navarro et al., 2001a) (San Sebastián),
como más tarde se verá.
Este renacimiento de los estudios de grabados en el Archipiélago llevó a realizar en la
Gomera las primeras revisiones de los grabados ya conocidos y los que se iban descubriendo.
Entre 1980 y 1986 apareció una sucesión de estaciones cuya modernidad estaba menos clara,
como la que Francisco Herrera encontró en el Ancón (Agulo), uno de cuyos paneles ha sido
publicado en varias ocasiones (J.F.Navarro, 1990 y 1992). En 1983 estudiamos dos estaciones
en el Barranco de Los Polieros (Alajeró) (J.F.Navarro, 1988; 1990; 1992; 1993). Con ocasión
del homenaje que en 1984 se hizo a La Rebelión de los Gomeros de 1488, miembros de la
Asociación Amilcar Cabral dieron a conocer los grabados de la Cueva del Conde (San
Sebastián) (Colectivo Cultural Valle de Taoro, 1987). Durante esta década y comienzos de la
siguiente también otras estaciones fueron siendo reconocidas, aunque no se llegaron a divulgar.
Dos años después Fernando Álamo y Vicente Valencia reconocieron una estación ubicada al
2
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exterior e interior de una cueva que por error se denominó del Cabezo Camacho, cuando en
realidad está en el Cabezo Castilla (Hermigua), y que había sido encontrada por Francisco
Herrera y un grupo de amigos aficionados a la arqueología (V.Valencia, 1990: 32; J.F.Navarro,
1990: 70); este mismo había encontrado una piedra suelta con grabados cerca de una vereda
que bordea el impresionante risco donde el Barranco de La Palmita se precipita sobre Agulo
(J.F.Navarro, 1993: 104-107).
Ocurre con frecuencia que la difusión de un tipo de yacimiento da como primer
resultado la búsqueda mimética de otros iguales. En el año 1994 se llevaba a cabo en La
Gomera el proyecto “Garajonay: Arqueología de las Montañas”, en el que se localizaron
numerosos paneles grabados relacionados con lugares destacados en el paisaje y, en particular,
con lugares que podríamos calificar de “ceremoniales”. Entre los años 1995-1996 se realizaron
los Inventarios del Patrimonio Arqueológico de Vallehermoso, Alajeró y Valle Gran Rey,
donde se reunió información de campo de estaciones de grabados rupestres, entre otros
yacimientos. Posiblemente estos han sido los proyectos que han permitido identificar una mayor
cantidad de estaciones con grabados en la isla3. Mientras tanto, aumentó en La Gomera el
interés general por la arqueología, como lo hizo la colaboración con los equipos de prospección
por parte de algunos vecinos, investigadores4 o asociaciones –especialmente la Asociación
Cultural y Ecologista Tagaragunche-, lo que provocó la multiplicación de los descubrimientos
y consecuentemente de la difusión sobre el Patrimonio Arqueológico.
En este contexto tuvo lugar el “I Congreso sobre Manifestaciones Rupestres de las Islas
Canarias y el Norte de Africa” (Santa Brígida, Gran Canaria, 1995), donde se presentó el
primer estudio global de los grabados gomeros que ya empezaba a dar sus primeros resultados
(J.F.Navarro, 1996). Algunas de las conclusiones obtenidas en ese primer estudio no han
variado hasta hoy, pues aquella síntesis del trabajo de campo realizado hasta esas fechas ya
mostraba las grandes perspectivas que para la investigación ofrecían los grabados rupestres en
la Isla.
Tres años más tarde, a partir de un proyecto de prospecciones localizado en toda el
área de Puntallana, uno de nosotros realizaría un estudio sobre los grabados rupestres
naviformes del Lomo Galión (San Sebastián de La Gomera) (J.F.Navarro, 2003) que de alguna
manera supondrá un hito por la originalidad de su metodología, y por ser el objeto de su
investigación una temática abiertamente histórica como es la evolución de las embarcaciones
representadas en varios paneles, entre los siglos XVI y XIX.
En 1999-2000, las excavaciones arqueológicas en el Lomo del Piquillo permitieron
analizar la relación entre grabados rupestres y pireos o aras de sacrificio (J.F. Navarro et al.,
2001a).
Estos proyectos fueron la base que alimentaron el Inventario de Patrimonio Arqueológico de la Isla en el
Plan Insular de Ordenación de La Gomera, cubriéndose los tres municipios restantes (Agulo, Hermigua y
San Sebastián), con información oral y algunas prospecciones puntuales. Desde la informatización de este
inventario, llevada a cabo por el CICOP en el año 2001, el documento no ha variado dicho inventario, que
acumula un total de .64 yacimientos arqueológicos consistentes en estaciones de grabados rupestres.
3
En este panorama destaca José Perera López, cuyo ingente trabajo (J.Perera, 2005) es una obra de
referencia obligatoria para las personas interesadas en cualquier aspecto de las ciencias sociales o naturales
en la isla de La Gomera.
4
3
Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
A partir del año 2000 y, sobre todo, del 2006, la Unidad de Patrimonio Histórico del
Cabildo Insular ha contado de forma constante con el trabajo de una serie de técnicos que ha
permitido una actividad de terreno relativamente sostenida en el tiempo, aunque no intensa. Las
visitas e informes, además de las prospecciones de reconocimiento, han permitido incorporar
una serie de nuevas estaciones de grabados rupestres, como por ejemplo son las únicas
estaciones con grabados alfabéticos sobre soporte fijo que hasta hoy se conocen.
3. Grabados rupestres y territorio
Las estaciones de grabados en La Gomera muestran, a primera vista, una notable
concentración en la vertiente meridional, igual que sucede en la vecina isla de Tenerife. Este
hecho coincide con que esta parte de la isla reúne unas mejores condiciones para la vida de las
comunidades aborígenes y, por tanto, contiene una densidad de asentamientos humanos muy
superior que la vertiente opuesta
Las estaciones estudiadas hasta el momento son 144, aunque poseemos información
parcial o referencias de otras más que no incluimos aquí. De la cifra citada, no vamos a
computar 9 a efectos de su ubicación en el territorio, bien porque son bloques embutidos en
muros, que fueron desplazados de su sitio originario o por otras razones que hacen dudar de su
localización inicial. Nos quedaríamos pues con 135 estaciones.
De ellas, la unidad geomorfológica de acogida (UGA) más frecuente es la “lomada”,
término que en el sur de la isla designa a los característicos interfluvios en rampa de esta
vertiente, mientras que en el norte alude a un lomo grande (J.Perera, 2005, T.I, Vol.I: 139). Si
consideramos dentro de las lomadas algunos llanos elevados o mesetas, sumaría el 36% de la
casuística estudiada.
Los "lomos" son interfluvios estrechos y alargados que separan don barrancos o cañadas,
que en ocasiones y dependiendo de su estrechez pueden convertirse en “rabo” o “a/engosto”,
según la denominación local. Suponen el 35,5% de las UGA de los yacimientos analizados; y
ambos tipos -lomadas y lomos- concentran el 71,5% de los grabados vistos5, si bien hay que
señalar que el porcentaje sería mayor si sólo tuviéramos en cuenta los grabados prehistóricos.
Las laderas no habían destacado hasta ahora como accidentes susceptibles de contener
este tipo de yacimientos y, sin embargo, son el 16,3%, porcentaje que en principio pudiera
parecer demasiado elevado respecto al total de estaciones. Esta circunstancia viene de la mano
de que la mayor parte de las estaciones localizadas en laderas contienen grabados de carácter
histórico6. Dichas estaciones se vinculan con caminos, paredes de coladas y sobre todo,
pequeños roques y resaltes que en la pendiente pueden adquirir una altura inusitada, tal como
A los totales de cada una de las unidades geomorfológicas se ha sumado los correspondientes a aquellos
elementos topográficos menores que se relacionan estrechamente con estas UGA.
5
La presión demográfica sobre el suelo de la Isla obtuvo sus cotas más altas entorno a la posguerra, durante
el siglo XX. En este período el número de habitantes multiplicó por 15 los efectivos que se calculan para
antes de 1488. También debe subrayarse la enorme presión que el sistema productivo desarrolló a fines de
los años 40 sobre el territorio, además de la intensa dispersión de los asentamientos poblacionales por toda
la Isla.
6
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
ocurre con las estaciones de La Banda de Los Pobres en la ladera derecha el Barranco de
Tapahuga (Tesina, San Sebastián).
Otros elementos donde aparecen grabados rupestres son las montañas y “roques”,
entendiendo estos últimos como accidentes de tamaño considerable, que de alguna manera
destacan en el paisaje circundante, tal como lo hace el emblemático caso del Roque Cano, en
Vallehermoso. Estos accidentes concentran el 11,6% de los yacimientos, tendiendo la
característica de que concentran ejemplos muy relevantes, a pesar de su escaso número.
Por último, los pobladores de la isla también eligieron para grabar las "degolladas",
expresión canaria usada para los collados o pasos naturales, que suelen ser lugares de parada o
descanso, quizás una de las posibles explicaciones para que algunas estaciones -el 6,1% del
total- se ubiquen en ellas.
En unos casos u otros, los grabados suelen aparecer en las partes o vertientes de solana
y/o sotavento, con notable preferencia a las de umbría y/o barlovento, aunque no de manera
excluyente. No es raro que en zonas ventosas la estación esté en posición claramente
resguardada.
Prácticamente en todos los segmentos altitudinales y pisos bioclimáticos de La Gomera
existen grabados, desde unas decenas de metros sobre el nivel del mar hasta la cúspide misma
de la isla; desde los tabaibales abiertos y marcadamente xerofíticos de la costa meridional hasta
el brezal de cumbre. Ahora bien, a tenor de las estaciones conocidas hasta el presente,
observamos cierta tendencia a concentrarse entre los 100 y 800 m.s.n.m. en la vertiente sur, y
entre los 100 y 400 m.s.n.m. en el norte, aunque en un número bastante inferior. En la vertiente
meridional, la mayoría de los grabados están ubicados desde el tracto perteneciente al dominio
del cardonal-tabaibal y en lo que debió ser el dominio del sabinar seco y de los palmerales de
ladera. En el norte están en los límites superiores del cardonal-tabaibal, pero sobre todo en los
bosques termófilos y muy pocos en la periferia del monte verde.
Es decir, en toda la isla la mayor concentración de grabados coincide aproximadamente
con el piso bioclimático termocanario seco, que como ya se ha comentado, es donde se
encuentra la mayoría de los asentamientos humanos estables (J.F.Navarro, 1992: 58).
La asociación grabados-agua, que tradicionalmente se buscó en otras islas, en el caso
que nos ocupa no está clara del todo. De hecho, la mayoría de las estaciones no tienen un
vínculo directo con puntos de aprovisionamiento de este recurso, salvo unos pocos casos
situados junto a fuentes, por ejemplo, Los Risquillos y Charco Viejo (San Sebastián). Un
comentario aparte merecen las dos estaciones de grabados alfabéticos halladas en el municipio
de San Sebastián, cuya interpretación se ha vinculado en buena parte en torno al agua
(J.F.Navarro y J.C.Hernández, 2008).
Las condiciones de visibilidad de las estaciones de grabados son, como promedio,
superiores a la de los asentamientos, porque suelen ocupar cotas ligeramente más elevadas,
pero normalmente inferior a la de los conjuntos de pireos. Por tanto, los grabados no ocupan
necesariamente formaciones naturales que destacan más en el paisaje y se divisan desde más
partes, a diferencia de lo que sucede en un gran número de estaciones de Tenerife, cuyas
unidades geomorfológicas de acogida tienen un alto grado de visibilidad. Por tanto, en La
5
Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
Gomera este factor no parece haber sido el más relevante a la hora de elegir el sitio. En algunos
casos, estos yacimientos tienen unas relaciones altimétricas con el entorno que los hacen
perceptibles desde largas distancias. Esto en el extraordinariamente compartimentado territorio
gomero equivalen a radios máximos de cinco o seis kilómetros. Pero, salvo estas excepciones,
la mayoría está en accidentes topográficos de segundo orden, visibles dentro de un radio de 0'5
a 3 kms.
Sucede lo mismo en lo que respecta a la visualidad. Las cuencas visuales son
relativamente pequeñas, como puede verse en el mapa adjunto. Los sitios con grabados no
suelen ser los puntos desde los cuales se posee el máximo dominio visual sobre el entorno
lejano, pero sí son lugares con unas notables condiciones de visualidad sobre el entorno
inmediato-mediato, generalmente controlando un amplio sector de barranco e incluso alguna
parte de otro contiguo. Una gran lomada, un llano, etc. Claro está que, teniendo en cuenta el
extremo abarrancamiento de La Gomera, estas ubicaciones implican, además, un control parcial
de zonas más alejadas.
En consecuencia, la elección no está motivada por una necesidad estratégica de
controlar territorios extensos. Por el contrario, nuestra opinión es que desde un gran número de
yacimientos rupestres se ejerce el control directo de espacios menores, concretamente unidades
de pastizal o campos de pastoreo. Dicho de otra manera, muchos grabados están en los mismos
sitios donde hasta hace muy poco tiempo solían permanecer los pastores tradicionales vigilando
el ganado suelto.
Puede ser interesante, a este respecto, hablar del contexto arqueológico de los
grabados. Las evidencias arqueológicas muebles que se les asocian, salvo excepciones,
acostumbran a ser poco significativas o no existen, como sucede en la mayoría de las estaciones
de arte rupestre al aire libre de cualquier parte del mundo. En varios casos hay industria lítica y
raramente algunos fragmentos de cerámica, sin contar elementos de dudosa adscripción
cronológica, como son los restos de fauna. En estaciones muy singulares -como El Terrero de
Las Brujas (Vallehermoso)-, que no coinciden con asentamientos humanos estables, hay una
concentración de abundante y variado material aborigen (cerámica, industria lítica, fauna) junto
con otro histórico -dualidad que está asimismo presente en los grabados-, e indica una reiterada
afluencia y permanencia en el lugar antes y después de la conquista. Teniendo en cuenta que la
existencia o ausencia de material arqueológico y sus propias características no siguen reglas
fijas, podemos inferir que no todas las estaciones de grabados acogieran los mismos tipos de
actividades y, en todo caso, las acciones relacionadas con ellos produjeron pocos desperdicios
en la mayoría de los casos.
Teniendo en cuenta lo que antecede, consideramos más relevante el contexto de
yacimientos arqueológicos inmediatos. Aunque como se ha comentado, las estaciones de
grabados y los asentamientos humanos estables suelen ocupar, en términos generales, similar
franja altitudinal, la relación espacial entre ambos está marcada por una proximidad relativa.
Habitualmente -no siempre- los grabados se ubican a cotas algo superiores a los poblados. Esto
parece lógico si tenemos en cuenta que dichos asentamientos eran mayormente en cuevas, por
lo que estarían localizados, a una u otra altura, pero casi siempre en ladera; por otra parte, debe
tenerse en cuenta la gran actividad que debían concentrar los interfluvios, como por ejemplo
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
buena parte de los desplazamientos para acceder a la masa boscosa de la Isla o a otros
barrancos o sectores contiguos; pero dicha relación quedaría definida, sobre todo, porque en
dichas lomadas habría cómodos campos de pastoreo para buena parte del año, y esto
constituiría un elemento importante de fijación de relaciones sociales, económicas, políticas y
culturales en general, al territorio.
Conocemos algunos casos, aunque muy poco representativos (2,8% del total), donde la
proximidad es mayor. De hecho, hay grabados en el interior y exterior de cuevas naturales que
en apariencia fueron viviendas, como sucede en la Cueva del Conde, Las Toscas del Guirre y
en el Cabezo Camacho, de las que cabría preguntarse si realmente esas cuevas tuvieron un
mero carácter doméstico; esta circunstancia llama la atención dada la gran relevancia que éstas
tenían en la vida cotidiana de los antiguos gomeros. Ahora, desconocemos si los grabados son
contemporáneos a la vivienda o se hicieron a posteriori; sin olvidar que el caso de la Cueva del
Conde es interesante por el papel que ha jugado ese sitio en la memoria colectiva de los
gomeros (según la tradición oral y las crónicas, allí se produjo en 1489 el ajusticiamiento de
Fernán Peraza a manos de los indígenas, lo cual desencadenó una represalia militar castellana y
el consiguiente dominio de la isla).
También se han detectado algunas estaciones de grabados, así como cazoletas y
canales7 en lo alto de algunos lomos o espigones, cuyas laderas son auténticas necrópolis
formadas por multitud de cuevas sepulcrales, como sucede en el Barranco de Argaga. En estos
casos nos inclinamos a pensar que se trata de una relación de frecuentación de la zona por
razones ajenas a la presencia de las estructuras cultuales y a las necrópolis, en relación, por
ejemplo, con el pastoreo en las llanadas existentes sobre estos interfluvios, pero en ningún caso
pensamos que haya una relación directa de causa efecto entre ambos tipos de yacimientos.
4. Escala local: elección de los soportes
Los soportes que acogen a los grabados pueden ser fijos –inmuebles- o sueltos –
muebles-, predominando el primero. Los soportes fijos son o inmuebles formaciones rocosas
descarnadas por los diferentes procesos erosivos, que se presentan en distintas tipologías, como
más adelante veremos. Allí los grabados ocupan generalmente las caras verticales de los
bloques pero también algunas superficies horizontales. En menor proporción, en algunos
lugares encontramos afloramientos rocosos planos a ras del suelo, donde los grabados ocupan
las caras horizontales o poco inclinadas de las lajas. Ejemplos de ello son Charco Viejo y el
Cabezo de la Vega Nueva (San Sebastián).
Tanto a las lomadas como a los lomos y, en menor proporción, a las restantes unidades
geomorfológicas, habría necesariamente que vincular una serie de elementos que vendrían a
constituir los soportes más empleados para realizar los grabados. Estos son, en primer lugar,
los rebordes rocosos de la cima o cresta de los propios interfluvios, donde se encuentra el
24,3% del total de estaciones con grabados rupestres detectadas en la isla. Este tipo de
accidente topográfico se emplaza a lo largo, o en determinados tramos, de los flancos laterales
Las estaciones de cazoletas y canales no serán tratadas en el presente artículo por considerar que dichas
manifestaciones requieren de un estudio específico.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
de una lomada o un lomo. Pueden constituir un pequeño roquedo sobresaliente o estar muchas
veces a ras del suelo.
También suelen acoger gran cantidad de grabados (22,2%) los roquitos y “cabezos”,
término por el que se denomina a los pequeños promontorios rocosos -a veces también se
denomina así a los promontorios de tierra- que no llegan a tener el desarrollo en altura de los
roques (J.Perera, 2005, T.I, Vol.I: 139). Estas formaciones son frecuentes en los bordes y,
sobre todo, en la cabecera de las lomadas y lomos.
En tercer lugar se encuentran los bloques exentos y sueltos, que alcanzan el 15,9% del
total. Este porcentaje está sobredimensionado porque originariamente muchos de ellos
formarían parte de estaciones inmuebles. Suelen ser partes desprendidas de afloramientos
rocosos o de roques, que en algunas ocasiones, una vez grabados han sido desplazados
intencionadamente desde sus lugares originales para incorporarlos a construcciones antiguas o
modernas, o bien han sido grabados una vez desplazados. Este es el caso de las estaciones
asociadas a yacimientos de clara significación mágico-religiosa. Hay grabados que se relacionan
con "aras de sacrificio" (construcciones tumulares usadas para incinerar animales, situadas en
puntos elevados), compartiendo el mismo espacio en la cima de la montaña, como ocurre en El
Garajonay o El Lomo del Piquillo; o están por debajo de las aras, en una degollada por donde
pasa el camino de acceso, como sucede con la estación de El Cerrillal junto al conjunto de aras
de Ajojar (Vallehermoso) y otros lugares. Estas combinaciones no superan en la Isla la media
docena y por el momento no podemos confirmar la existencia de un patrón al respecto.
Anteriormente se ha comentado la existencia de estaciones de grabados rupestres en las
laderas, pues bien, muchas veces estos hitos testimoniales que se encuentran en laderas,
interfluvios o fondos de barranco son tramos de “taparucha” (dique volcánico) que, por la
erosión, han quedado en resalte desprovistos de los materiales que normalmente las cubren. Las
caras planas y la superficie tersa de este tipo de rasgo topográfico, muy habitual en el paisaje
gomero, las convierten en parapetos y abrigos naturales que en muchas ocasiones fueron
elegidos como soporte para grabados. Estadísticamente, las “taparuchas” en ladera constituyen
como soporte un 14,6% del total de estaciones.
En quinto lugar, destaca las paredes o escarpes de coladas en lo que en la isla se
denomina el “andén primero”, y que hace mención a la cornisa -o pared de colada- que en
numerosas ocasiones aparece inmediatamente por debajo de una cima de lomo o lomada. La
protección de las paredes verticales, el acceso fácil y rápido a las cimas amesetadas y la
formación de cuevas, repisas y recodos susceptibles de ser aprovechados en numerosas
utilidades, hacen que estos espacios contengan muchos yacimientos arqueológicos, entre ellos,
grabados rupestres, que constituyen el 13,9%.
En sexto lugar, también contienen grabados algunos espigones (4,2%), varios de los
cuales suelen encontrarse dominando las divisorias de barrancos o “juntas”.
Por último se encuentran los grabados en cuevas (2,8%), en planchas de tosca (1,4%) y
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
en un roque (0,7%).
Para nosotros está claro que aquí y en otros lugares la diversidad de soportes -que a su
vez tienen una presencia variable, como hemos visto- se produjo por la combinación de dos
factores condicionantes, dependientes entre sí:
a) unos criterios de ubicación preferencial para las estaciones de grabados, que tienen
que ver con las razones que en cada caso motivaron que se grabara.
b) unas ofertas concretas de piedras con diferente grado de aptitud para servir de
soporte al grabado.
En consecuencia y, pese a que parezca superfluo decirlo, no está de más recordar que,
aunque un lugar reúna las condiciones más idóneas para albergar una estación, si allí no hay
buenas rocas para grabar, evidentemente no se hizo; y la piedra de mejor calidad para grabar no
se usó si estaba en un ambiente poco o nada sugerente para hacerlo. Cabe la preguntarse si las
condiciones del lugar primaron sobre las características de la roca o a la inversa, pero
probablemente no haya una respuesta global, válida para todos los casos. Incluso, si
pudiéramos establecer cortes temporales claros para los grabados gomeros, a lo mejor
descubriríamos que el orden de prioridades pudo ser diferente en épocas distintas. Tanto en lo
que se refiere a las condiciones topográficas, económicas y culturales de los lugares escogidos;
como a las calidades de las rocas para ser grabadas. Puede que los más antiguos tiendan a
ocupar siempre sitios concretos, mientras que los manifiestamente recientes aparezcan de
manera más indiscriminada, situados en unos sitios u otros casi sólo debido a la oportunidad. Y
aunque todavía no estamos en disposición de sistematizar estas cuestiones, ya se han apuntado
algunos rasgos que van siendo evidentes al respecto, como el de la ocupación de las laderas por
testimonios más recientes.
5. Superficies grabadas y sus características petrológicas
Los tipos de rocas usadas para grabar en La Gomera son, en su gran mayoría, basaltos
y traquibasaltos pertenecientes al Edificio Basáltico Subreciente (Basaltos Horizontales y
Subrecientes) fechados entre 6,5 (o 5,7 para otros) y 2 millones de años. Una parte
proporcionalmente menor están realizados sobre diques sálicos y algunos sobre domos sálicos
de composición traquítica, cuya edad es de 4,5 a 3,9 m.a. (J.J.Coello, 2009).
Las rocas elegidas suelen presentar una corteza de meteorización de espesor variable.
Dicha corteza es una capa superficial donde la roca ha sufrido un proceso de alteración mineral
por fenómenos físico-químicos y microbiológicos, debido a las interacciones entre la roca, las
condiciones climáticas y organismos tales como bacterias, hongos y líquenes. Las
características de esa capa varía según el tipo de roca y las condiciones de exposición
(J.F.Navarro et al., 2001a; J.F. Navarro, 2003a).
A efectos del ejecutar el grabado, eso se traduce en que la piedra tiene una capa externa
reblandecida por la citada alteración, donde es fácil realizar un surco con otra piedra, a veces
incluso con la propia uña. Según nuestra experiencia en el terreno, son interesantes para grabar
las fonolitas y basaltos pliocénicos con superficies tersas, cuyas cortezas de meteorización sean
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
uniformes, con un espesor aproximado entre 1 y 3 mm., sin grandes descamaciones ni fisuras.
A este respecto, hemos comprobado que la mayoría de los grabados de La Gomera,
Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura y, en general, allí donde predomine la incisión como técnica
de ejecutarlos, se hicieron sobre superficies someramente oxidadas que destacan por su
tonalidad ocre. Estas se dan en ambientes poco húmedos, por tanto, generalmente expuestos a
la solana o sotavento, ya que la humedad suele generar esas características tonalidades grises o
grises moteadas debidas a la colonización por hongos y líquenes.
Pero, además, también hemos constatado que, tanto en los basaltos como en las
fonolitas, los mejores espacios rocosos para grabar son las antiguas superficies de fisura. En las
formaciones rocosas de origen volcánico, las antiguas diaclasas de enfriamiento han dado lugar
a fisuras que determinan bloques, lajas, etc., que tienden a desprenderse debido a la distensión
en el lado del vacío. Las superficies de fisura, una vez separadas, se nos muestran a menudo
planas, tersas, regulares y con una estrecha corteza de meteorización homogénea, idónea para
grabar.
Como hemos señalado, la exposición de la roca, además de su antigüedad, incide
mucho en su meteorización, de tal manera que una roca expuesta al norte tiende a alterarse
rápidamente y eso asegura la menor vida del grabado que se haya hecho en ella. Por otra parte,
una corteza excesivamente gruesa ha perdido consistencia y se agrieta, se descama o incluso se
desprende en amplias porciones, lo que la hace poco útil para grabar.
Los basaltos de superficies frescas, recién fracturados, nada o poco meteorizados,
pueden admitir la técnica del picado, pero resultan poco aptos para la incisión, salvo que se
esfuerce mucho el grabador o lo haga con instrumento más duro que el basalto o la fonolita,
por ejemplo de hierro, que evidentemente fue introducido en la isla a partir del siglo XV. Por
eso, cuando uno observa finos trazos incisos en rocas de esta última característica, de entrada
sospecha que son posteriores a esa fecha.
Tampoco son aptas una buena parte de las rocas muy antiguas, como algunas del
complejo basal y muchas del siguiente ciclo volcánico que se gestó hasta hace 5 millones de
años, que ocupan una parte del N y NO de la isla, ya que suelen estar demasiado degradadas; ni
los basaltos fenocristalinos, que contienen cristales de calibre considerable -como piroxenos,
augita y olivino, entre otros- los cuales son un obstáculo para el utensilio del grabador.
6. Técnicas de ejecución
Hemos podido constatar las técnicas de ejecución usadas en 137 yacimientos
arqueológicos. La incisión es la técnica que abrumadoramente predomina en los grabados
gomeros habiéndose ejecutado con ella el 92,7 % de los grabados. De hecho, la incisión está
totalmente ausente sólo en 10 estaciones y en algunas coexisten la incisión y la percusión.
Varios grabados de La Gomera, igual que de Tenerife, han sido ejecutados tras una
preparación previa de la superficie de la piedra. Se trata de un procedimiento de ligera
"limpieza", que debió ser hecho con panochas, ramaje o simplemente con la palma de la mano.
Así se suprimió, cuando hizo falta, la fina capa externa de líquenes y hongos y/o la porción más
desagregada y deleznable de la corteza, de manera que esa parte de la piedra adquiere un tono
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
cromático diferente al resto. Este tratamiento, que estimamos se usó sólo en ocasiones
puntuales (la mayoría de las veces se grabó sin preparación previa), desbastó entre una fracción
de milímetro y poco más de un milímetro, según los casos, obteniendo con ello un soporte para
el grabado que fuera menos perecedero que la superficie originaria. Los yacimientos con este
tipo de tratamiento son escasos en La Gomera, tales como Hica 3 o El Biso de la Vinagrera.
A)
Incisión
En muchos casos parece claro que se empleó un útil lítico provisto de filo cortante, o de
extremo en pico o romo, según los casos; mientras que en otros es evidente el uso del metal.
Este segundo se identifica en grabados que, en la mayoría de los casos, presentan surcos muy
homogéneos poco o nada meteorizados, lo que evidencia su cronología reciente. Aunque
también es cierto que existen grabados con surcos bastante alterados porque están expuestos a
barlovento o en condiciones de humedad, pero en los que sospechamos -o se ve claro- que
intervino un útil metálico.
Las incisiones hechas con un útil lítico de filo cortante -es decir lascas y posiblemente
también disyunciones columnares-, tienden a generar surcos en V, estrechos (la mayoría entre 1
y 2 mm.) y poco profundos (en torno a 1 mm. o incluso menos). Sin embargo, un alto grado de
alteración de la superficie de la roca puede facilitar que con el mismo útil se logren surcos
mayores, llegando a anchuras y profundidades de 3 y más mm.
Las incisiones hechas con útil metálico -sobre todo hierro- crean surcos de
proporciones muy homogéneas y suelen ser de dos tipos: de una parte, las que se hicieron con
una hoja estrecha, seguramente de un cuchillo, una hoz, etc., que dan lugar a surcos finos (0'5 a
1 mm. por lo general) con bordes muy regulares y en muchas ocasiones derivan en simples
rayados superficiales o raspados que dejan una traza blanquecina producto del roce de la punta
metálica con la superficie de la roca; de otra parte, las que se hicieron con un objeto grueso y
habitualmente romo -probablemente el regatón de un astia o lanza de pastor y similares-, que da
lugar a anchos trazos con sección en U y de bordes regulares. En ocasiones también se
observan simples golpes sobre los paneles realizados incluso con distintos objetos, que dejan
una impronta similar a un suave punteado y que ha llegado a formar parte de un motivo de
cierto valor estético, como el encontrado en La Gollada del Cardón (Cañada El Machal).
Además, están las clásicas huellas de amolar -estrías y surcos- dejadas por las hojas metálicas
en la piedra, que no pueden ser confundidas con grabados.
B)
Incisión repasada
Una variable de la anterior es la incisión repasada. En algunos casos, el grabador ha
insistido varias veces en el mismo trazo, agrandado sus proporciones, lo que también hemos
denominado en otras ocasiones “incisión reincidida”. En algunos tipos de roca
excepcionalmente blandas los surcos llegan a alcanzar una anchura irregular de varios
milímetros, a veces más de 1 cm.; en estos casos no era necesario recurrir a los filos cortantes
sino que, por el contrario, se obtenían mejores rendimientos incidiendo o abrasionando con un
útil lítico denso, pesado y de extremo sobresaliente (tipo pico, un simple canto tallado y hasta
11
Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
un clasto natural). Los surcos obtenidos así tienen una sección en U o en V muy abierta, con
una anchura irregular de varios milímetros, a veces más de 1 cm.
C)
Percusión
La técnica de la percusión, también denominada “picado”, está presente en La Gomera
en 12 estaciones, el 8,7 % del total, en dos de ellas coexistiendo con incisiones. La manera en
que se presenta habitualmente es el picado discontinuo: una corta sucesión de puntos de
percusión aislados, sin formar surco ni motivos identificables, aunque a veces estén dispuestos
en línea. De momento son escasas las composiciones a base de auténticos surcos con picado
continuo, en ocasiones seguido de abrasión. Entre ellas, tenemos algún caso donde dudamos
sobre si el útil empleado era o no de metal, a tenor de las trazas dejadas por el mismo. Es lo
que sucede con el panel 1 de Santa Catalina (Vallehermoso) -que presenta un sugerente motivo
en greca cerrada- o el de Los Andenes de La Mulatica-1 –con un motivo rectangular y un
cruciforme en su interior-. Estas estaciones se grabaron sobre un basalto muy blando,
fácilmente atacable con cualquier tipo de material. Sin embargo, otras estaciones tienen un
incuestionable sello antiguo, como las dos únicas estaciones con grabados alfabéticos
localizadas hasta el momento en la Isla.
7. Motivos representados
Como ocurre con las técnicas de ejecución, también son 137 los yacimientos sobre los
que manejamos información. Los motivos más comunes en la isla de La Gomera son:
A)
Trazos rectilíneos
Con esta denominación genérica nos referimos a un vasto grupo, los más abundantes.
De hecho, las líneas rectas aparecen en el 97,8 % de las estaciones de grabados de la isla. En
casi todos los yacimientos las líneas rectas están presentes de alguna forma, observándose una
infinidad de variaciones y composiciones: paralelas, oblicuas, formando reticulados, etc. Entre
ellas, gran cantidad de paneles se presentan con multitud de líneas sin aparente orden; sin
embargo, es el grupo de líneas paralelas y de los llamados ajedrezados, reticulados o
cuadriculados -donde grupos de líneas paralelas horizontales son cortadas por paralelas
verticales- el más numeroso una amplia diferencia respecto al resto. Entre los motivos
rectilíneos también contamos aquellos haces de líneas que se cruzan en un solo punto, que en
algunos casos tienen su convergencia hacia la mitad del mismo borde del panel, para luego
extenderse por toda su superficie. Motivo diferente es el denominado “estrellado”,
consistente en la representación de algo que interpretamos como un astro, mediante el cruce
de un pequeño grupo de cortas líneas, tal como aparece en Lengosto Los Guirres (La Dama).
La casuística de los grabados rectilíneos es muy amplia, englobando casos muy
dispares en el tiempo y en la intención del grabador; dentro de ésta cabe desde un sistema de
contabilidad de tiempo o ganado, hasta un trivial juego que, por aburrimiento y mimetismo,
pudieron hacer los pastores del siglo XX en sus paradas diarias.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
Junto a los anteriores o combinados con ellos, suele aparecer, por circunstancias
comentadas con anterioridad, otro tipo de motivos, angulosos, geométricos, alfabéticos latinos,
antropomorfos, naviformes, etc. Estas formas tan elementales son difíciles de atribuir a un
tiempo y a un ambiente cultural concreto. Las encontramos ejecutadas tanto con piedra como
con metal. Por tanto, las posibilidades son diversas:
1. Que unos hayan sido realizados por los antiguos gomeros antes de la colonización
europea.
2. Que sean posteriores al siglo XV, aunque pudieran tener retazos de la anterior
tradición.
3. Que representaciones tan simples pueden ser producto de cualquier tradición o
comportamiento, incluso de colonos europeos o, en todo caso, no exclusivos del mundo
indígena o de sus pervivencias.
4. Que sea una mezcla de las anteriores. De hecho la pervivencia, entre otras cuestiones
relacionadas con técnicas, motivos y UGA, es uno de los rasgos distintivos de la historia que
generó los grabados rupestres de La Gomera. A este respecto cabe subrayar los numerosos
casos en los que en un mismo panel aparecen grabados de distintas épocas, superpuestos o
exentos. De 144 yacimientos inventariados en el 42% de los casos se detectaba, no ya una
reutilización sino una continuidad entre grabados antiguos y recientes. Casi la mitad de
estaciones con grabados prehistóricos tiene “añadidos” posteriores.
B) Figuras geométricas
Nos referimos aquí a las figuras geométricas de línea cerrada -rombos, rectángulos,
triángulos, círculos, círculos radiados, óvalos, etc.-, por lo común asociadas también al grupo
A, con el que se combina, en ocasiones enmarcándolos, como más arriba indicábamos. Entre
las formas rectilíneas destaca el triángulo o simplemente un ángulo agudo, a menudo con trazos
internos. Son menos frecuentes de momento los rectángulos con trazos internos así como los
rectángulos enmarcando trazos simples u otras figuras, por ejemplo triángulos opuestos.
Son habituales también las figuras curvilíneas -circulares y ovales- que, como es bien
sabido, son difíciles de grabar mediante incisión. Un caso destacado al respecto son los
grabados de óvalos que se encuentran dispersos por la cima del Roque Cano en un número que
supera la docena. La interpretación de esta estación la situamos dentro del margen del mundo
religioso de los antiguos gomeros; pocos lugares en la isla registran con tanta claridad la
pertenencia a este ámbito cultural.
Hemos incluido ya dentro del grupo A los motivos radiales (conjunto de líneas que se
entrecruzan en un mismo punto), que a veces están enmarcados en círculos, componiendo
círculos radiados. Unos y otros han sido asociados en otros contextos con simbología astral o
específicamente solar. No deja de ser interesante que uno de ellos proceda del Alto de
Garajonay -la montaña más alta de la isla y ubicada en el centro de ella- y, además, en relación
con una gran ara de sacrificio.
El óvalo muy alargado dispuesto verticalmente –que también ha sido denominado
“fusiforme”- es un motivo que hemos visto frecuentemente junto a grabados de los grupos
anteriores. Nos inclinamos a considerarlo como una recurrencia iconográfica, quizás de
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
carácter figurativo. A veces sus extremos se unen en ángulo, a modo de dos segmentos de
círculo dispuestos verticalmente, que se unen por los extremos. En unas pocas ocasiones el
autor no consiguió la línea curva y se conformó con una recta doblada en ángulo obtuso. En el
interior acostumbran a tener líneas verticales o también otro par de segmentos de círculo. Ya
hemos aventurado la posibilidad de que sea una representación vulvar, sobre todo porque
existe un caso en que forma parte de un aparente motivo antropomorfo procedente de Los
Polieros (Alajeró). Este tipo de motivo aparece en su manifestación de mayor tamaño en El
Terrero de Las Brujas (Chijeré, Vallehermoso), donde ocupa un panel como único motivo.
C) Antropomorfos
En La Gomera son frecuentes los motivos antropomorfos, con 13 estaciones donde se
detecta con claridad la presencia de seres humanos representados. En 1983 encontramos los
primeros, hechos de manera muy esquemática en una taparucha de Alajeró, y entonces
juzgamos serían cronológicamente muy recientes por lo frescos que parecían los trazos, sin
apenas meteorizar, y porque un informante nos aseguró que fueron hechos por un pastor en
1940 (J.F.Navarro, 1988: 68). Nunca hemos afirmado que sean aborígenes, ni siquiera que sean
todos de una misma época (J.F.Navarro, 1996).
Muchos de los más interesantes tienen muy mal estado de conservación, por lo que es
difícil conseguir buenas reproducciones y fotografías de bastantes de ellos; otras veces se puede
reconocer el contorno de las figuras, pero se han perdido los detalles del interior.
Independientemente de cual sea su cronología, los consideramos del máximo interés por el
enorme naturalismo con que se representan a menudo los rasgos de las figuras: postura,
peinado8, tocado, vestido, etc., así como por las relaciones espaciales y temporales con los
restantes grabados. La información que algunos casos arrojan por dicho realismo, es singular y
única, como el caso del hombre que aparece representado agrediendo a una mujer en el
yacimiento del Lomo del Delgadillo, o los jinetes de La Cañada de La Mérica 2.
Las figuras humanas aparecen aisladas y, más comúnmente, en grupos de dos o varios
individuos, o ensayos de los mismos, como en Los Risquillos (Tejiade). Suelen estar asociados
a otros grabados de los grupos precedentes, si bien hay algunas pocas estaciones donde los
antropomorfos constituyen la inmensa mayoría.
Existe un conjunto de cánones más o menos generales para representarlas, que son
fácilmente reconocibles y que encontramos en puntos de la isla muy distantes entre sí, aunque
unas pocas representaciones no se ajustan a esos cánones.
La cabeza es desproporcionadamente grande, de forma circular u ovoide; los ojos
circulares y sin pupila; la boca suele faltar, aunque en algunos se reproduce con una línea
horizontal, un pequeño óvalo o incluso con una línea quebrada. El pelo está presente con
mucha frecuencia e, incluso, con cierto detalle; en otros ese característico tratamiento del
cabello ha sido sustituido por un reticulado. El tronco y las piernas aparecen muy
esquematizados y reducidos a figuras de tendencia geométrica.
En muchos casos están asociados a grabados de los grupos A y B. En varios paneles
8
En el yacimiento La Degollada del Cardón, a la figura humana se le grabó cada uno de sus pelos.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
coexisten con letras y números hechos con instrumentos metálicos distintos a los que sirvieron
para ejecutar los antropomorfos y aparentemente posteriores.
Por su ubicación, hay que relacionarlos con un ambiente pastoril y probablemente
debamos aceptar que fueron pastores los que realizaron estos grabados, con independencia de
qué parte de su realidad plasmasen. Sobre ellos caben muchas preguntas, pero sobre todo tres:
1) ¿se trata de una tradición indígena que continuó tras la colonización europea, tal como
ocurre con otros grabados?; 2) ¿en qué períodos históricos concretos están centrados?; 3)
¿hasta cuando se estuvieron haciendo?
Los antropomorfos son de épocas diversas, algunos relativamente modernos. Lo cierto
es que la cronología de estas imágenes humanas es problemática en su conjunto y, encima, no
todas las figuras parecen ser contemporáneas entre sí. Algunos están ejecutados con
instrumento metálico y otros con piedra. La vestimenta, cuando la hay, en unos casos puede
evocar remotamente el atuendo de los primitivos gomeros, pero también el de tiempos
posteriores; de hecho, buena parte de las esquemáticas vestimentas encajaría también en los
siglos inmediatos a la conquista; alguno tiene rasgos que permiten situarlo sin discusión en el
siglo XVIII y otros en el XIX-XX.
D) Cruciformes
Existen numerosos motivos de aspecto vaga o claramente cruciforme, a veces
combinados con los anteriores. La cruz no tiene por qué ser necesariamente un símbolo
cristiano y, de hecho, es muy probable que no todos los cruciformes lo sean. Pero muchas
veces no nos cabe la mínima duda de que representan la cruz de Cristo. Otra cuestión es por
qué se representa esté símbolo de innegable contenido religioso: en unos casos quizás porque
un uso indígena se acomodó al nuevo orden religioso y su correspondiente simbología; en otros
probablemente se haya intentado cristianizar un lugar pagano; en la mayor parte de los casos la
cruz es un simple gesto de devoción de personas con fe cristiana, como es el caso de El Corral
Viejo (Quise) o La Punta del Risco (Chijeré).
En el caso de las cruces debe tenerse muy en cuenta su tipología. Cuando estas
aparecen con peana, con crucificado, con sudario, pometeadas o con remates en sus brazos,
cruces patriarcales, etc., es decir cuando son convencionalismos claramente adscritos a la
iconografía cristiana de todas las épocas o de algunas en particular. La explicación o función de
unas u otras varía según los casos. A título de ejemplo, las cruces griegas o de brazos iguales
pueden ser marcas de lindes.
Queremos destacar tres casos que nos parecen significativos:
En primer lugar, en medio de la estación de Los Risquillos, en el sitio más visible, existe
una gran cruz de surcos mucho más anchos y profundos que los otros grabados y que, además,
está menos meteorizada, tanto porque parece más reciente que el resto, como porque en
sucesivas ocasiones ha sido retocada y remozada. Hay aquí la aparente voluntad de mantenerla
siempre presente y hacerla destacar, en medio de unas representaciones profanas –entre ellas
antropomorfos- que el tiempo se va encargando de desdibujar. Quizás se trate de la
cristianización de un lugar considerado pagano.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
El segundo caso es el de algunas cuevas sepulcrales aborígenes a cuya entrada se ha
grabado una cruz como, por ejemplo, la que existe en el muro que tapia la boca de una de ellas
en el Bco. de Quines (Vallehermoso).
El tercero es la estación del Terrero de Las Brujas (en el mismo término), sugestivo
topónimo de cuyo origen se ha perdido ya la memoria entre los pastores. En ese lugar hay una
estación de grabados sobre bloques de roca particularmente blanda, lo que posibilitó que la
mayoría tengan anchos surcos y que también se excavaran cazoletas, además de cruces –
aparentemente más recientes- y otros motivos. Una vez más, puede que estemos ante zonas de
significación mágico-religiosa para los antiguos gomeros, que tras la colonización europea se
identificó con ese mundo complejo de la llamada "brujería", tan importante en esta isla, y que
fue cristianizado mediante las cruces grabadas y con la erección de una ermita, la de Santa
Clara. Aquí pudo ocurrir lo mismo que en otros probables "santuarios" indígenas o lugares con
valor simbólico, en cuyo solar luego se pusieron cruces de madera o se construyeron ermitas,
como La Fortaleza de Chipude, la ermita de Las Nieves, El Calvario de Alajeró, la Ermita de
Guadalupe en Punta Llana, etc.
E) Inscripciones líbico-bereberes
En los últimos años la isla de La Gomera ha pasado a incorporarse al resto del
Archipiélago en lo que a existencia de inscripciones alfabéticas líbico-bereberes se refiere. La
primera noticia que se tuvo procedía de un objeto de madera de sabina, encontrado por un
vecino de Vallehermoso en el relleno arqueológico de una de las Cuevas de Herrera González
(Tazo). Durante el año 2009 se efectuaron tres sondeos en distintas partes de este conjunto
arqueológico que han despejado las dudas sobre la naturaleza del lugar; el relleno de donde fue
extraída la pieza con los alfabéticos concentraba abundante restos domésticos, estando ausente
el material antropológico. El objeto, hoy en el Museo Arqueológico de La Gomera, contiene en
la mitad proximal de la rama un texto con cinco signos.
Existe otro objeto de madera, en este caso una vasija9, que posee un asa en forma de
cola de pez, en cuya superficie existen unos trazos incisos, que pudieran asemejarse a la
escritura supuestamente latina de las islas de Fuerteventura y Lanzarote, si bien, hoy barajamos
esta posibilidad como incierta.
En el año 2005 la Unidad de Patrimonio del Cabildo Insular localizó en Las Toscas del
Guirre (Municipio de San Sebastián), un panel con grabados alfabéticos líbico-bereberes en las
paredes de una pequeña cueva, ocupando una superficie de 2,15 m. de ancho por 1,63 m. de
alto. En total son 105 signos realizados mediante percusión, si bien originariamente debieron
ser más, porque se han roto varios sectores de la superficie rocosa. El texto está construido en
torno a un núcleo central, con líneas más espaciadas conforme nos vamos alejando de él. Uno
de los hechos llamativos es la casi equidad entre líneas verticales y horizontales, unas 13 y 10
respectivamente, a lo que hay que sumar 8 caracteres aislados. Además, algunos signos
forman parte de dos líneas, una vertical y otra horizontal.
9
Este objeto se encuentra hoy en los fondos del Museo Arqueológico de Tenerife.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
Todos los caracteres habían sido registrados con anterioridad en otros sitios del
Archipiélago y, como en el resto de las Islas, están ausentes los signos puntiformes, tan
frecuentes en los alfabetos tifinagh, por lo que de nuevo se corrobora su afinidad más
estrecha con las inscripciones de la zona más septentrional de Africa durante la Antigüedad
(J.F.Navarro, R.Springer y J.C.Hernández, 2006).
Al poco tiempo una vecina de San Sebastián informó al Museo Arqueológico de La
Gomera, la existencia de otra estación de grabados alfabéticos en El Pilar. Se trata de un solo
panel ubicado en una taparucha (o dique volcánico) que separa el caserío en el que se
encuentra y el cauce de un barranco, y que discurre con una orientación NW-SE (310º-130º).
Una fisura separa dos subpaneles, el de la izquierda con 10 signos y el derecho con 5 visibles
y algunos muy borrosos. La ejecución de los signos ha sido mediante una percusión continua
con una herramienta de punta triangular, cuya sección se observa con claridad. En el extremo
izquierdo se guardó un mayor cuidado en el acabado de cada letra, sin embargo en el derecho
se realizaron mayores trazos con menos golpes.
El yacimiento está emplazado entre dos potentes cauces de agua, el de San Antonio y el
de La Villa. Este hecho, sin duda, establece paralelismos en la interpretación que pudiera
hacerse entre Las Toscas del Guirre y El Pilar.
No queremos concluir este apartado sin mencionar algún hallazgo descontextualizado de
piedras con signos, también aislados, que tienen formas asimilables a caracteres alfabéticos
líbico-bereberes, pero que, por el momento no pueden considerarse como tales porque los
signos no son muy claros y estos no componen líneas.
En el 2006 se ensayó -por primera vez en Canarias- la aplicación de la fotogrametría y el
scanner al análisis de las inscripciones líbico-bereberes de El Pilar10 y en la actualidad se está
trabajando en otras estaciones.
F) Textos y cifras modernos
Los graffiti de cualquier época dentro de las cinco últimas centurias suelen aparecer
junto o superpuestos a los restantes grabados. Por lo normal son ensayos epigráficos, nombres
propios, iniciales, frases cortas y operaciones matemáticas elementales (sumas y restas).
Obviamente, las fechas –generalmente años del siglo XX y excepcionalmente del XIX o XVIIIsirven de indicador cronológico para los grabados a los que acompañan o a los que se
superponen.
Este tipo de grabados es de los más extendidos, siendo difícil establecer un patrón
locacional con ellos; suelen manifestarse donde hay otro tipo de grabado, pero también
aparecen solos. Se pueden agrupar en dos conjuntos: aquellos insertos o cercanos a actuales
caminos o rutas recorridas por turistas o vecinos en general; y aquellos otros localizados en
cualquier otro tipo de UGA, a la que pudieron llegar cazadores, agricultores, vecinos en
general y sobre todo, pastores. En algunos casos hemos logrado identificar la pertenencia de las
iniciales, los nombres o los motes, e incluso el objeto al que hace mención determinadas frases,
10
Por la empresa Servicios Integrales de Patrimonio Histórico SL.
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
pero esto no siempre es posible. La ejecución de las letras suele ser mediante incisiones,
rayados o incluso raspados, pero en ocasiones muy contadas están realizados con cualquier
otra técnica.
A ello se añade lo que en otros trabajos hemos denominado “trazos angulosos” o
“emulación de escritura”. No los consideramos como una tipología concreta de grabados por
no ser un grupo numérica ni morfológicamente representativo. Por este motivo lo
entendemos integrado en el grupo F (alfabéticos latinos y números árabes). Se trata de
pequeños motivos a base de cortos trazos rectilíneos que se doblan en ángulo formando a
modo de zig-zags, triángulos y otras figuras poligonales que no acaban de cerrar, etc. En
muchos casos está claro que se trata de una emulación de escritura, es decir alguien que no
sabe escribir pero emula toscamente líneas de escritura.
G) Barcos
Existen en La Gomera grabados de barcos fácilmente reconocibles, así como algunas
composiciones encuadradas en el grupo A, que vagamente pudieran recordar siluetas o
arboladuras de embarcaciones a vela. En los últimos años el número de grabados de naves se ha
multiplicado, apareciendo por toda la geografía insular, pero sobre todo en el Oeste y Sur de la
Isla. Ya suman en la isla 25 estaciones con motivos naviformes, lo que supone un 18,2 % del
total.
Unos son muy esquemáticos e incluso de trazado torpe mientras que otros están más
cuidados, como los de La Gollada de Los Marrubios (Arure), El Cabezo (El Higueral) o los del
Lomo Galión (San Sebastián), algunos de ellos claramente relacionados con la advocación a la
Virgen de Guadalupe. Los barcos reúnen las más variadas tipologías, con un rango muy amplio
de complejidad pero reuniendo generalmente las características mínimas para poder ser
identificados. En la mayor parte de los casos hemos podido determinar sus rasgos diagnósticos
(casco, arboladura, velamen, etc.), de manera que hemos logrado identificar naos y galeones de
los siglos XV al XVII, fragatas, navíos, bergantines, goletas, balandras, etc. de los siglos
XVIII-XIX y vapores de las primeras décadas del siglo XX. La mayoría están, lógicamente, en
puntos próximos a la costa, aunque haya casos notablemente alejados del mar (J.F.Navarro,
1999 y 2003a).
H) Otros motivos
Además de todos los anteriores, existen otros motivos no tan frecuentes, que aparecen
compartiendo o no los mismos soportes y con cronologías muy diversas. Suelen ser
representaciones que tienden a lo figurativo, como motivos florales de aspecto moderno, los
ramiformes –que en algunos casos hemos identificado con el trigo que se cultivaba en las
lomadas, como ocurre en El Lomo de Los Picachos-, viejos camiones de las décadas de 192030, como los del Piquillo en el Barranco de Tapahuga, etc., jinetes de los siglos XIX o incluso
XX, así como otros motivos de mayor complejidad y dificultad para interpretarlos.
8. Falsificaciones
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Juan Francisco NAVARRO MEDEROS y Juan Carlos HERNANDEZ MARRERO: Rayas, letras y barcos: los grabados rupestres de La Gomera
Caso aparte merecen las falsificaciones o modernos grafismos que emulan los antiguos,
generalmente inscripciones líbico-bereberes. Como suponemos es bien conocido, algunos
canarios actuales han grabado textos de esas características, empujados quizás por su
posicionamiento ideológico o reivindicando raíces culturales. Emplean para ello signos tomados
de alfabetos, épocas y zonas distintos. Pueden verse neo-inscripciones en piedras de varias islas
–algunas tomadas erróneamente por antiguas-, entre las que La Gomera no ha sido una
excepción. Encontramos al respecto varios ejemplos, casi todos en el entorno de la Villa
capital: en la carretera de Abalos, en La Banda de Los Corrales (Barranco del Revolcadero),
sobre un bloque suelto en La Cañada del Langrero, en la carretera de Jaragán (todos en el
municipio de San Sebastián) y otro en el Cabezo de Sardina, cerca de Tamargada (límite
municipal Agulo-Vallehermoso).
Aunque suelen ser fácilmente reconocibles, algunos autores se cuidan de envejecer su
obra mediante procedimientos artificiales. A pesar de esto no pensamos que exista detrás de
ello la intención de confundir, de engañar, como quizás ha podido llegarse a pensar, sino más
bien la voluntad de extender la evidencia de una supuesta pervivencia cultural; aunque también
caben razones más simples, como adornar el medio con señales que sus autores entienden tan
propias y naturales en la isla como pudiera ser la flora o la geología. Debe tenerse en cuenta
que la mayoría fueron hechas antes de que hubiera una sola prueba arqueológica de que las
inscripciones líbicos-bereberes estaban presentes en La Gomera. Hoy es una práctica en desuso.
9. Cronologías
Por primera vez en la historia de Canarias se ha podido obtener una datación ante quem
para un grabado. Como más arriba señalamos, las excavaciones arqueológicas en el Lomo del
Piquillo en 1999-2000 permitieron analizar la relación entre grabados rupestres y pireos o aras
de sacrificio, ya que en las piedras que conforman estas estructuras y en las rocas de su entorno
hay muchos grabados. Algunos de ellos son más antiguos y otros recientes, lo cual se aprecia a
simple vista: por estar estos últimos menos meteorizados que otros que comparten el mismo
soporte, a veces porque hay superposiciones y, además, porque en ocasiones reproducen
motivos perfectamente identificables (vehículos, personas con vestimentas y otras cosas) de
cronologías recientes (J.F. Navarro et al., 2001a).
Además, se excavaron dos pireos, y la base de la cavidad de combustión de uno de ellos
–estructura 4- era una cubeta rocosa, en cuya superficie se había realizado un grabado. Por
tanto, ese grabado fue hecho antes de que se empezara a quemar ofrendas en su interior. Uno
de los últimos levantamientos que se realizó en esta estructura, sobre el grabado, se dató por
C14 entre 1270 y 1390 Cal AD.
La gran mayoría de los carbones recuperados en las cavidades de combustión son de
pino (Pinus canariensis), del que se ha demostrado sobradamente que es inadecuado como
muestra para C14, ya que en los controles que hemos hecho arroja siempre una diferencia de
300 a 500 años de más de antigüedad respecto a carbones de plantas arbustivas y anuales de
la misma muestra. Por eso lo hemos desechado y escogimos el siguiente taxón en orden de
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frecuencia –si bien muy alejado del anterior-, es decir de Angiospermae sin poder especificar,
aunque debe tenerse en cuenta que los fragmentos de carbón de esta Clase identificados son
en su mayoría de tabaibas (Euphorbia sp.) y unos pocos de madroño (Arbutus canariensis).
Hemos experimentado con varios criterios para dar una cronología a los grabados o
establecer relaciones anterioridad / posterioridad entre ellos:
En primer lugar, la iconografía puede llegar a ser bastante precisa en términos
cronológicos, sobre todo en los graffiti históricos con motivos figurativos propios de una
época concreta –barcos, vehículos, algunos artefactos, personas con vestimenta,
determinados tipos de cruces, etc.-, o que responden a cánones reglados, como es el caso de
la escritura y sus variantes históricas.
Las relaciones anterioridad / posterioridad las hemos trabajado mediante el empleo de
tres criterios básicos: las superposiciones, la distribución y jerarquización de motivos en el
panel y el grado de meteorización del surco.
Si nadie duda que las superposiciones son un referente de cronología relativa, nosotros
proponemos usar también –en ausencia de superposiciones- la jerarquización en la
distribución de motivos en un mismo panel. Para ello estudiamos las condiciones litológicas y
morfológicas de las superficies y, en particular, la microtopografía, así como la accesibilidad y
otras variables circunstanciales. A partir de ello se puede inferir que las distintas partes de un
mismo panel suelen tener –no siempre- diferentes grados de idoneidad para grabar. Así puede
suceder que el primero que graba elige la parte de la superficie que reúne mejores
condiciones y así sucesivamente, hasta que los últimos grafismos se plasman en los huecos
que quedan, si no se superponen a los precedentes.
En el panel 1 de Lomo Galión se aprecia una clara jerarquización espacial de los barcos
grabados, de tal manera que los navíos del siglo XVII o inicios del XVIII son mayores y
ocupan la posición central y más accesible del panel, con superficie más regular y plana; luego
hay otras embarcaciones del siglo XVIII de tamaño menor y situados en los huecos laterales
de los anteriores y, por último, tres bergantines del siglo XIX se acomodan forzadamente en
pequeñas superficies rugosas y periféricas.
La distribución espacial puede combinarse con el grado de meteorización.
Evidentemente, no debe confundirse la colonización por líquenes y hongos con la
meteorización de la roca. Hemos distinguido cuatro grados de meteorización estándar del
surco. La tonalidad11 (o tonalidades, si varía por zonas) de la superficie no grabada
corresponde al grado máximo de meteorización; mientras que la tonalidad de la roca sin
meteorizar (comprobable en una rotura) equivaldría al grado mínimo de meteorización. En la
tabla de colores se localizan los dos grados intermedios equidistantes. Normalmente es
posible matizar hasta esos cuatro grados, salvo casos singulares de rocas con variación
cromática muy alta donde hemos distinguido hasta siete tonos.
Los grados de meteorización calculados de esa manera son: A) Muy baja (interior del
surco nada o muy poco meteorizado, de manera que su color es similar al de un trazo recién
ejecutado); B) Media-Baja; C) Media-Alta; D) Muy alta (interior del surco de igual tono al
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Usando un código de colores tipo Munsell Soil Colors Charts.
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resto de la superficie, es decir igual grado de meteorización).
Este es un indicador de cronología relativa útil, siempre que tengamos en cuenta:
- La litología. Pues unas rocas meteorizan más rápidamente que otras.
- El clima local
- Las condiciones de exposición ambiental de cada panel y sus partes. Para eso se
cuantifica en grados su orientación e inclinación, pues la meteorización de la roca –y también
la colonización por líquenes- es más rápida en los paneles orientados al alisio que los de
sotavento o en posición resguardada y entre unos y otros hay condiciones intermedias.
- La profundidad del surco. Un grabado pudo atravesar toda la corteza de
meteorización y otro contiguo solamente calarla parcialmente, de manera que desde el
principio ambos surcos tienen un grado diferente de meteorización.
Si un panel tiene a lo largo de su superficie las mismas propiedades petrológicas y de
exposición, y todos los grabados fueron hechos con la misma técnica y con profundidades de
surco similares, las diferencias de meteorización deben indicar un escalonamiento en el
tiempo.
Combinando los criterios anteriores, hemos podido secuenciar los grabados de varias
estaciones con resultados bastante satisfactorios (J.F.Navarro, 1999 y 2003a; J.F.Navarro et
al., 2001a).
10. Algunas consideraciones finales
Existe un vínculo evidente de los grabados con el pastoreo, como se puede apreciar a lo
largo de todo el texto. Evidentemente, hemos presentado un repertorio de grabados que van
desde los que están insertos en la cultura de los antiguos gomeros hasta los que sin duda son de
épocas muy recientes. Los indígenas de La Gomera, mantuvieron largo tiempo sus creencias y
modo de vida aún después de consolidarse el dominio castellano, de tal manera que su
transformación cultural fue muy lenta y progresiva, por lo que muchos usos e ideales se
resistieron a ser desarraigados. En este sentido, no dudamos en aceptar la posibilidad de que
eso mismo sucediera con los grabados. La presencia de metal representa un margen temporal,
pero no necesariamente una ruptura cultural. Teniendo en cuenta que existe constancia de que
se introdujeron armas y utillaje de hierro en la isla al menos desde el primer cuarto del siglo XV
(antes de la ocupación castellana), podríamos aceptar teóricamente esa fecha post quem para
los grabados hechos con instrumento metálico. Si bien es cierto que su uso generalizado no
debió darse hasta finales del XV o inicios del XVI.
Queda aún mucho por hacer: parte del territorio está sin prospectar, muchas estaciones
conocidas restan por estudiar y otras están sólo parcialmente reproducidas. Por tanto, todavía
es prematuro para aventurar conclusiones más allá de lo que planteamos. Una visión más sólida
de los grabados de La Gomera pasa por completar el procesado sistemático de toda la
información recabada hasta ahora. Al mismo tiempo, hay que completar los corpora, acabando
las prospecciones en la mitad oriental de la isla, para conseguir una mayor profundidad en la
interpretación. Pero no olvidemos que una asignatura pendiente sigue siendo la necesidad de
unificar a nivel archipielágico los procedimientos de registro y análisis e incluso los propios
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conceptos.
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