TEMA 3. EL ARTE PALEOCRISTIANO.
Introducción a la Alta Edad Media (siglos V-X).
Tras la decadencia y caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, se
produce una división política, cultural y religiosa del Mediterráneo en tres ámbitos: el
Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente; el Islam; y el Occidente Bárbaro, éste
último dividido en reinos de origen germánico (Reino Franco, Visigótico, etc.)
La caída del Imperio Romano supone una decadencia generalizada en todos los
órdenes y, por tanto, también en el artístico. Sin embargo, cada zona evoluciona de una
manera determinada. Por un lado se produce una fuerte ruralización de Europa
Occidental frente a un cierto mantenimiento de una cultura urbana en el Islam y
Bizancio.
A pesar de la decadencia artística, lo “romano” continúa teniendo prestigio
durante la Alta Edad Media, y es un referente continuo para los estilos artísticos
posteriores que utilizan e imitan materiales y elementos romanos constantemente.
Los Estilos Artísticos de la Alta Edad Media están dominados por religiones
monoteístas (Cristianismo e Islam) frente al politeísmo de la Época Clásica. Se trata de
un arte fundamentalmente religioso. En la Alta Edad Media el teocentrismo sustituye al
antropocentrismo de Época Clásica; Dios y sus representaciones sustituyen al ser
humano como protagonista de la actividad artística.
Frente al naturalismo, proporción y perfección técnica de la Época Clásica, se da
un dominio de lo simbólico, de lo antinatural y del impacto expresivo. El arte es ahora
expresión de una realidad sobrenatural y trascendente que no es de este mundo y por
tanto el artista se esfuerza en que no parezca de este mundo.
El arte es comprendido de forma intelectual y no percibido a través de los
sentidos, por eso hay una tendencia al aniconismo e incluso al arte abstracto,
especialmente en el Islam y los iconoclastas bizantinos. Estos renuncian
conscientemente a representar imágenes por temor a la idolatría.
Arte Paleocristiano
Introducción al Arte Paleocristiano
“Paleocristiano” significa “cristiano antiguo”, es decir, se trata del arte que
realizaron los primeros cristianos. El cristianismo se fue extendiendo por el Imperio
Romano desde el siglo I, pero tuvo que mantenerse en la clandestinidad hasta el Edicto
de Milán en 313, de ahí que sus manifestaciones artísticas sean relativamente pobres
durante los siglos I-III mientras el Arte Romano se encuentra en su período de auge. En
el año 313, el Emperador Constantino decreta el Edicto de Milán, edicto de tolerancia a
la Religión Cristiana. Ésta pasa pronto de ser una religión más a convertirse en la
religión oficial del Imperio Romano durante los siglos IV y V.
Por tanto, tenemos que distinguir dos fases en el Arte Paleocristiano.:
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-Fase anterior al Edicto de Milán (siglo I-313). Se trata de un Cristianismo clandestino
perseguido por Roma. Los cristianos tenían que esconder sus ritos y símbolos. De ahí
que sus muestras artísticas sean escasas y pobres y se limiten a las Catacumbas en el
caso de Roma. También se produce en este período el nacimiento de la iconografía
cristiana, necesariamente críptica y simbólica para adaptarse a su situación clandestina.
-Fase posterior al Edicto de Milán (313-siglo V). Tras el Edicto de Tolerancia, el
Cristianismo aparece como una religión fuerte y pujante. Ahora las realizaciones
artísticas son arquitectónicamente más espectaculares: las basílicas, los martiria,
mausoleos, baptisterios, etc.
Arquitectura Paleocristiana
Las muestras más importantes de arquitectura paleocristiana se producen a partir
del siglo IV. En el período anterior sólo tenemos las catacumbas. Éstas eran cementerios
subterráneos que rodeaban la ciudad de Roma y estaban formadas por galerías
laberínticas excavadas en el tufo (piedra volcánica). En estas catacumbas se deba cierta
relevancia a los cubículum, espacios algo más amplios que hacían las veces de pequeñas
iglesias u oratorios en torno a la tumba de un mártir. Ésta se encontraba en un sarcófago,
a veces cubierto por arcosolio, que hacía de altar. Estos espacios estaban decorados con
pinturas al fresco con temas cristianos. Destacan las Catacumbas de San Calixto y San
Priscila en Roma.
Basílicas Paleocristianas (siglos IV-V)
Las basílicas son la principal manifestación de la Arquitectura Paleocristiana tras
el Edicto de Milán de 313. Se trata de herederas de las basílicas romanas, reutilizadas
esta vez como iglesias. Los primeros cristianos construyeron nuevas basílicas o bien
reutilizaron las romanas con un fin religioso y no comercial o administrativo como era
su función original.
Materiales: las basílicas paleocristianas utilizan básicamente materiales y técnicas
constructivas muy similares a las romanas. Así, se utilizan materiales pobres en los
muros recubiertos de materiales algo más ricos. Los materiales de más calidad (piedra
mármol) se sitúan en las columnas, los capiteles y los arcos formeros. En muchos casos
hay materiales romanos reutilizados, incluso a veces se reutilizan edificios o partes de
edificios completos.
Planta: la planta de la basílica es longitudinal y anuncia lo que será la planta de
cruz latina. Consta de un atrio de acceso situado en los pies del templo, formado por un
pórtico de planta cuadrada al fondo del cuál se sitúa el nártex. Tras el atrio se sitúa la
parte cubierta formada por tres o cinco naves, separadas entre sí por columnas y arcos
formeros (los arcos formeros son los que siguen la misma dirección que las naves). La
nave central es más ancha y más alta que las laterales. Ocasionalmente hay un crucero
o nave transversal muy cerca del presbiterio. El altar se sitúa en un solo ábside
semicircular al que se accede por un arco triunfal. A veces, bajo el altar se ubica una
cripta.
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Alzado: La nave central es más alta que las laterales. Encima de las naves laterales
se suele situar una tribuna o matronium. La nave central se ilumina directamente por un
nivel de claristorio, es decir, un nivel de ventanales.
Elementos formales
Elementos sustentantes: los elementos sustentantes más característicos son las
columnas exentas pertenecientes a órdenes clásicos, con preferencia por el orden
corintio y compuesto. En muchas ocasiones, fustes y capiteles son reutilizados.
Elementos sustentados: las bóvedas se limitan a una parte muy pequeña de la
basílica, normalmente se limitan a la bóveda de horno en el ábside (es decir una bóveda
formada por un cuarto de esfera). Las naves, por el contrario, están cubiertas por
dinteles de madera decorados con casetones. Las naves están separadas entre sí por
arcos formeros de medio punto. La cubierta de madera es a dos aguas en la nave central
y a una sola en las laterales.
Decoración: la decoración utiliza fundamentalmente mosaicos, y éstos se ubican
en bóvedas y paredes del interior (y no en los suelos como entre los romanos).
Valoración estética: El exterior de las basílicas está caracterizado por la
horizontalidad, superposición y escalonamiento de volúmenes, sin embargo se
diferencia de nuestras iglesias por la carencia de torres y por no tener una fachada
destacada. El interior es más importante que el exterior pues todos los ritos se realizan
en el interior. El espacio interno muestra una compartimentación limitada en pasillos
longitudinales muy diáfanos, separados sólo por columnas delgadas.
Funcionalidad y simbolismo: una basílica es una iglesia y su función esencial es
servir de escenario para la realización de los ritos cristianos, especialmente de la
Eucaristía ante el pueblo. Por otro lado, la iglesia simboliza el “camino hacia Cristo, es
decir, hacia la salvación”, así que Cristo se sitúa simbólicamente en el altar y hacia allí
caminan y se dirigen los cristianos. El espacio interno de la basílica está jerarquizado
marcando lugares de mayor y menor importancia. Para jerarquizar estos espacios se
utilizan los motivos decorativos, la iluminación y la significación simbólica de cada
zona. El lugar más importante es el ábside, sede de la eucaristía y el martirium (en la
cripta se suele situar la tumba de un mártir). La nave central es más importante que las
laterales, es más grande y está más iluminada. El pueblo asiste a los ritos dividido en
grupos en diferentes partes de la iglesia. Por ejemplo, las mujeres se sitúan en el
matronium. Asimismo, los catecúmenos (es decir, los que se están preparando para ser
cristianos, se suelen ubicar en el nártex.
Ejemplos: la original Basílica de San Pedro del Vaticano en Roma se construyó en
el siglo IV. Su ábside se situaba sobre la tumba de San Pedro. Constaba de cinco naves
sostenidas sobre columnas exentas y nave de crucero. Delante de las naves existía un
atrio. No se conserva pues se destruyó en el siglo XVI para realizar la actual.
Mejor conservada está Santa Sabina, otras basílicas romanas como Santa María la
Mayor, San Pablo Extramuros, etc. han sufrido muchas alteraciones posteriores.
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Aparte de las basílicas, el Arte Paleocristiano cuenta también con otro tipo de
edificios de planta centrada (circular, octogonal, cruz griega, etc.) y función variada:
mausoleos, martiria y baptisterios.
Entre los mausoleos y martiria, tenemos que citar la tumba monumental de Gala
Placidia en Ravena.
Entre los baptisterios, destacamos el de Santa Constanza en Roma o los de Ravena
(el de los arrianos y el de los ortodoxos).
Orígenes de la Iconografía Cristiana
La iconografía cristiana, es decir, el conjunto de símbolos e imágenes que
identifican los principales conceptos de la fe cristiana, se gesta en buena medida en el
Período Paleocristiano, entre los siglos I-V.
El carácter clandestino del cristianismo primitivo anterior al Edicto de Milán
provocó la aparición de símbolos crípticos o de interpretación difícil. Así ocurre, por
ejemplo con el crismón (anagrama con el nombre de Cristo), el pez (palabra griega
formada por el acróstico: “Jesucristo, hijo de Dios Salvador”).
También influyó en dicha iconografía el deseo de acercarse a los modelos
iconográficos paganos. Así el parecido entre símbolos paganos y cristianos favorece el
sincretismo entre los dos tipos de religiones y consiguientemente la mejor aceptación
del cristianismo por los paganos. En este grupo tenemos que introducir el pavo real,
símbolo de la inmortalidad del alma, el moscóforo-buen pastor, etc. Es muy llamativa la
imagen que da de Cristo este Arte Paleocristiano, pues lo representa como un hombre
joven y bello (imberbe), muy semejante a las representaciones paganas de Apolo.
Por lo demás, ya en el Arte Paleocristiano aparecen los símbolos que después
definirán todo el arte cristiano: la cruz, la última cena, la Virgen María y el niño, etc.
Estas representaciones aparecen tempranamente (siglos II y III), en pinturas al
fresco situadas en las catacumbas, también las encontramos en relieves escultóricos
ubicados en el frontal de los sarcófagos. Así los sarcófagos paleocristianos imitan los
estrígilos y las imágenes clipeatas romanas. También encontramos sarcófagos
historiados en frisos en los que se representan mezcladas escenas del Antiguo y del
Nuevo Testamento. Esta escultura paleocristiana muestra una degeneración formal y
técnica frente a la escultura romana, que anuncia la escultura medieval. Así, las figuras
suelen ser desproporcionadas y la anatomía y los ropajes están menos cuidados, la
ilusión de profundidad desaparece y es sustituida por la isocefalia. Sin embargo, la
influencia clásica sigue estando presente y así seguimos encontrando composiciones
como el contraposto.
Tras el Edicto de Milán la pintura al fresco de las catacumbas será sustituida por el
mosaico que ahora se sitúa en paredes y bóvedas de basílicas, martiria, etc. Los
principales ejemplos paleocristianos los encontramos en el Mausoleo de Gala Placidia
en Ravena.
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Introducción al Arte Bizantino
El Arte Bizantino también es un arte cristiano heredero del Arte Romano y del
Arte Paleocristiano. El origen del Imperio Bizantino o Imperio Romano de Oriente está
en la fundación de Constantinopla en el siglo IV y en la división del Imperio Romano
por Teodosio en 380. Durante el siglo V, el Imperio Romano de Occidente cayó en
manos de los bárbaros, pero el Imperio Oriental o Bizantino sobrevivió. En el siglo VI
Justiniano, Emperador de Bizancio intentó reconquistar todo el Imperio y llevó al
Imperio Bizantino a su máxima expansión.
En el período de Justiniano (siglo VI), el Arte Bizantino llega a su auge teniendo
como principales focos la propia Constantinopla y Ravena (en el norte de Italia).
Características Generales de Arquitectura Bizantina Justinianea
La Arquitectura Bizantina es heredera de la Arquitectura Romana del Bajo
Imperio y de la Arquitectura Paleocristiana, pero al mismo tiempo realiza muchas
innovaciones respecto a éstas, sobre todo en lo que se refiere a la realización de enormes
cúpulas.
Materiales: los materiales de construcción son baratos, e incluso comparados con
los materiales romanos son más pobres. Los bizantinos utilizan el ladrillo de forma muy
frecuente, sin embargo, lo más característico es la utilización de piedra volcánica porosa
para las bóvedas, las ánforas o tubos de arcilla engarzados para elaborar los nervios de
las bóvedas, etc. La utilización de estos materiales ligeros busca que las bóvedas sean
menos pesadas y más fácilmente edificables.
Elementos Formales. Los bizantinos utilizan elementos arquitectónicos propios de
la Arquitectura Romana y Paleocristiana: columnas exentas, arcos de medio punto, etc..
Elementos sustentantes: se siguen utilizando los pilares y las columnas exentas
con los órdenes griegos y romanos, pero ya muy transformados y esquematizados.
Destacamos así el capitel de cesta, el capitel albarda, todos ellos basados en el capitel
corintio y compuesto, pero muy estilizados, con trabajo de trépano ocasionalmente.
También aparece por primera vez el capitel historiado con motivos simbólicos. Encima
de los capiteles se sitúan altos cimacios. Ocasionalmente encontramos la utilización de
contrafuertes exteriores.
Elementos sustentados: aunque encontramos arquitectura adintelada, lo más
característico de de la arquitectura bizantina es el uso de la arquitectura abovedada, y
especialmente de las grandes cúpulas. Como ocurre en la arquitectura romana domina el
arco de medio punto, la bóveda de cañón, la bóveda de arista, de horno. Lo más
característico son las cúpulas semiesféricas y gallonadas sobre pechinas con o sin
tambor, sostenidas por complejos sistemas de contrarrestos y fuerzas opuestas. Esto
convierte a la arquitectura bizantina en una arquitectura muy dinámica, auténtico
precedente del Románico o del Gótico.
Planta: entre los bizantinos encontramos una gran variedad de plantas, así tenemos
plantas basilicales en Ravena (San Apolinar in Classe, San Apolinar el Nuevo).
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Pero en Santa Sofía se combina la planta longitudinal y la centrada generando una
ambigüedad de plantas. También es habitual la planta centrada proveniente de los
martiria o baptisterios paleocristianos, pero ahora con una función de iglesia, como
ocurre en San Vital de Ravena. En todos los casos el presbiterio se sitúa en un ábside
único, curvo al interior y poligonal al exterior. Por herencia paleocristiana es muy
habitual que la iglesia esté precedida por exonártex y atrio.
Decoración: la decoración se concentra en el interior y es muy elaborada a base de
mosaicos. Éstos se sitúan en paredes y bóvedas, como los paleocristianos y ayudan a
oculta interiormente la pobreza de los materiales. Los mosaicos contribuyen además a
crear un ambiente colorista o brillante en el interior de las iglesias.
Valoración estética: En el Arte Bizantino se da una valoración extrema del
espacio interior sobre el exterior. La intención es crear en el interior de las iglesias un
ambiente mágico, que pertenece a un mundo sobrenatural en el que se puede manifestar
la presencia divina.
Principales Ejemplos: En Constantinopla se encuentran varias iglesias: la de Santa
Sofía, Santa Irene, los Santos Sergio y Baco, etc. En Ravena tenemos San Vital, San
Apolinar el Nuevo y San Apolinar in Classe.
Santa Sofía de Constantinopla (la Santa Sabiduría) es sin duda el principal
ejemplo de la arquitectura bizantina justinianea. Fue construida a gran velocidad por
Artemio de Tralles e Isidoro de Mileto (532-537) a instancias de Justiniano para servir
de basílica imperial. Posteriormente Isidoro el Joven tuvo que reconstruir la cúpula en
568. La planta de la iglesia es lo más original y característico de Santa Sofía pues
consiste en una combinación de la planta basilical (un ábside, una nave central y dos
laterales, nivel de matronium y claristorio, todo ello precedido de un exonártex y un
atrio), con la planta centrada (cuadrada) en función de una gran cúpula central. El
sistema de soportes combina grandes pilares y contrafuertes exteriores junto a columnas
exentas que separan las naves entre sí. Estas columnas tienen capiteles albarda y
sustentan arcos formeros de medio punto. Las naves laterales están cubiertas por
bóvedas de arista que soportan las tribunas. La ancha nave central tiene una original
cubrición conseguida por la propia cúpula central y las semicúpulas y exedras que la
sostienen. La cúpula central carece de tambor y linterna y está formada por una cúpula
gallonada sobre pechinas. Su gran tamaño y osada anchura se explica en parte por la
elección de materiales ligeros en su construcción. La sensación interna es diáfana,
luminosa y de una gran unidad espacial. Así la cúpula de Santa Sofía parece flotar
mágicamente sobre un cinturón de luz ya que interiormente no se adivina el sistema
exterior de soportes. La sensación interna de masa se ve aminorada por el mosaico que
contribuye a la desmaterialización de las paredes. Esa misma sensación se ve
intensificada por la combinación de paredes rectas y curvas. En el interior domina el
vano. La sensación externa es muy distinta, de dominio de la masa, pobreza y
austeridad, sin embargo, se crean sugerentes efectos por el escalonamiento de
volúmenes.
San Vital de Ravena es también una iglesia bizantina del siglo VI, ubicada en esta
ciudad del norte de Italia. Se trata de una iglesia construida fundamentalmente en
ladrillo, de planta centrada y de forma octogonal. Tiene un ábside poligonal y un nártex
descentrado del eje del edificio. El edificio está construido en función de una cúpula
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sostenida sobre ocho pilares. Este espacio central está rodeado por un deambulatorio
cubierto por bóvedas de arista sobre las que se apoya una tribuna. La transición entre el
espacio central y el deambulatorio se realiza a través de exedras curvas apoyadas en
pares de columnas exentas y tríos de arcos de medio punto. En el exterior de los muros
se aprecian los contrafuertes que permiten contrarrestar los empujes laterales de las
bóvedas. También en este caso el interior es mucho más importante que el exterior y
consiguientemente está ampliamente iluminado, especialmente por el tambor octogonal
que sostiene la cúpula. Además son remarcables sus bien conservados mosaicos que
dan una imagen interna colorista y desmaterializada. Contrastando con esto, el exterior
tiene un aspecto pobre y macizo.
Los mosaicos de San Vital son uno de los conjuntos bizantinos mejor conservados
e interesantes. Se concentran en torno al ábside, indicando que se trata del espacio más
importante de la iglesia. En la bóveda de horno preside las escenas una imagen de Cristo
joven e imberbe flotando sobre el mundo junto a San Vital y el Obispo Eclesio. Esta
escena está acompañada de otras entre las que destacan por su interés los llamados
mosaicos de Justiniano y Teodora. El de Justiniano muestra al emperador junto a
Maximiano, obispo y gobernante de Ravena, así como otros dignatarios y soldados. El
de Teodora muestra, en cambio, a la emperatriz acompañada de su séquito. En ambos
casos hay una clara intención de vincular el poder religioso y el político. Muchos de los
elementos formales de la representación enfatizan el carácter poco terrenal de los
representados. Así las figuras son planas y carentes de movimiento. Están realizadas con
economía de trazos, gruesos y esquemáticos. Hay una gran despreocupación por la
anatomía, no así por las vestiduras que están tratadas con todo detalle. Los rostros son
muy expresivos aunque la mayor parte de ellos son convencionales excepto los de los
principales personajes que se pueden considerar auténticos retratos. Las
representaciones tienen una gran dosis de ingenuidad (perspectiva jerárquica,
perspectiva torcida, isocefalia, pies en v, etc.). Las escenas discurren en espacios casi
neutros, con pocas referencias espaciales y carentes de profundidad. Las composiciones
son simétricas y monótonas. Estos mosaicos son una muestra del tipo de
representaciones figurativas de la Alta Edad Media, técnicamente menos perfectas que
las del Clasicismo y con una intención menos naturalista y más simbólica. Los mosaicos
fueron realizados con teselas, algunas veces polícromadas de pasta vítrea o translúcidas
que dan una sensación colorista y brillante.
Tema: los temas de los iconos son figuras religiosas que responden a motivos
iconográficos convencionales y rígidos: Pantócrator, Virgen Teothokos, Cristo
crucificado.
Valoración estética: las imágenes bizantinas pretenden enfatizar el carácter divino
de los personajes representados, especialmente de los santos, Cristo o la Virgen La
estilización, rigidez y hieratismo de las actitudes contribuye a crear esa sensación de
personajes que no son de este mundo. La fuerte expresividad y seriedad de las actitudes
denotan su carácter trascendente (incluso en la representación del niño Jesús). La
imagen del Pantócrator es la de un dios justiciero, lejano a los seres humanos y temible.
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1 TEMA 3. EL ARTE PALEOCRISTIANO. Introducción a la Alta Edad

ARTE PALEOCRISTIANO

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CatacumbasArte antiguoArte clásico y edad cristianaPersecución cristianosClandestinidad

EL ARTE PALEOCRISTIANO

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−EL IMPERIO BIZANTINO−

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