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El deporte a principios del siglo XX: su
(re)presentación en películas de distintas
épocas
JOSÉ-IGNACIO BARBERO Y HUGO RODRÍGUEZ
Universidad de Valladolid
Resumen
El deporte y el cine han sido las más potentes industrias de la cultura y del entretenimiento de masas del siglo XX. El
argumento de un buen número de películas gira en torno al deporte. Este cine deportivo ha sido rara vez utilizado como fuente
primaria por la historia social del deporte. En esta tesitura, exponemos aquí un heterodoxo trabajo de investigación consistente en utilizar películas deportivas realizadas entre 1930 y 1950 (que hemos denominado ‘de época’) como fuentes de una
información que es contrastada con la extraída de otras de finales de siglo (que hemos llamado ‘históricas’). Los hechos
narrados en todas ellas tuvieron lugar durante las primeras décadas del siglo XX. El objetivo del estudio tiene tres dimensiones: analizar el discurso con el que se representa el deporte en las películas ‘de época’; contrastar dicho discurso con el de las
películas ‘históricas’; y valorar su potencial educativo en la formación universitaria relacionada con las Ciencias de la Educación Física y el Deporte. Metodológicamente, hemos realizado un análisis de contenido de un conjunto de películas superior
a las incluidas en la muestra y, en este sentido, los procesos de análisis y muestreo han ido paralelos. Entre las conclusiones,
cabe mencionar: la similitud entre la representación del deporte en las películas de distintas épocas; la densidad de la explicación contenida en dichas representaciones; la conveniencia de considerar y ver varias películas como conjunto; y, en fin, su
potencial formativo trabajando tanto con películas completas como con fragmentos de ellas.
Palabras clave: Deporte, Educación Física, cine, principios siglo XX, historia social del deporte.
Sport in the early XXth century: Its
(re)presentation in movies from different
periods
Abstract
Sport and movies have been the most powerful culture and mass entertainment industries of the XXth century. The plot
of many films revolves around sport. These sport movies have rarely been used as primary source for the social history of
sport. In this context, we present here an unorthodox research work consisting on the use of sport films produced between
1930-1950 (that we have called ‘period films’) as sources of information to be contrasted with that obtained from films
made at the end of the century (that we have called ‘historical films’). The storyline in all of them focuses on sport events
taking place in the early decades of the twentieth century. The aim of the study is threefold: first, to analyse the discourse
with which sport is represented in period films; second, to contrast such discourse with that of historical films; and third,
to consider their educational potential in university studies related to Physical Education and Sport Sciences.
Methodologically, we carried out a content analysis of a higher number of films than those included in the sample and, in
this sense, analysis and sampling processes are very much related. We conclude that: there is a great similarity between the
representation of sport in films from different periods; the explanations contained in such representations are dense; the
convenience of considering and watching several films as if they were a whole; and, finally, their valuable educational
potential both using full movies or fragments of them.
Keywords: Sport, Physical Education, cinema, early XXth century, social history of sport.
Correspondencia con los autores: Universidad de Valladolid. Departamento Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal. Escuela Universitaria de Magisterio. Pl. Colmenares, 1. 40001 Segovia. Correos electrónicos: jigna@mpc.uva.es |
hugorc@mpc.uva.es
Original recibido: 5 de febrero de 2011. Aceptado: 22 de abril de 2011.
© 2012 Fundación Infancia y Aprendizaje, ISSN: 1135-6405
Cultura y Educación, 2012, 24 (3), 305-318
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Introducción
El cine y el deporte han sido las más potentes industrias de la cultura y el entretenimiento de masas del siglo XX. Tan sólo unas décadas separan su emergencia en la historia
durante la segunda mitad del siglo XIX. Durante los años treinta del siglo pasado, el cine
se convirtió en una de las ‘empresas’ más grandes de los EEUU, y el deporte trataba de
afianzar su trama institucional por todo el planeta.
Desde la prehistoria del cine, el argumento de un buen número de películas giró en
torno al deporte. Sin embargo, dado el status marginal del (sub)género ‘cine deportivo’,
carecemos de estudios que ofrezcan una panorámica global del campo1. Paralelamente, la
historia social del deporte no acostumbra a utilizar el cine como una fuente válida de
información.
Con este telón de fondo, surge la siguiente pregunta: ¿cómo representa el cine los
momentos iniciales del deporte moderno? Partiendo de esta cuestión general, este escrito
resume un estudio con objetivos muy delimitados.
Objetivos
El heterodoxo juego investigativo que proponemos consiste en utilizar como fuentes
primarias películas deportivas de una época cuya información es contrastada con la obtenida en otras de una época posterior.
Las limitaciones espaciales de este artículo nos obligan a dejar a un lado la triangulación entre el cine y la historia social del deporte. A este respecto, el estudio sobre el significado y funciones del deporte en la vida universitaria a partir de tres películas mudas
(Barbero y Rodríguez, 2010) ilustra la coincidencia entre el mensaje del cine y el de la
literatura científica.
Desde esta óptica, nuestros objetivos son:
– Analizar el discurso predominante2 en la representación del deporte en la primera
época del cine deportivo sonoro3 cuando aquél se está todavía ‘inventando’ bajo la decreciente influencia británica y el emergente poderío estadounidense. Incluimos aquí películas que se caracterizan por su sencillez formal y su estructura lineal, producidas entre 1930
y 1950, la segunda de las cuatro edades del cine, denominada (Lipovetsky y Serroy, 2009,
p. 17) de ‘modernidad clásica’.
– Contrastar la visión del deporte predominante en los relatos fílmicos de los años
1930-1950 que narran sucesos, reales o imaginarios, de su propio tiempo, con la ofrecida
en otros de finales del siglo XX, la cuarta época del cine (ibid., 2009, p. 21), que abordan
también hechos acaecidos a principios de siglo.
– Considerar el potencial educativo de las películas deportivas en el contexto de los grados y postgrados universitarios de las Ciencias de la Educación Física y el Deporte.
Metodología
Este texto se basa en el análisis de contenido de una muestra reducida de películas
(Tabla I) cuya selección obedece a los siguientes criterios:
En primer lugar, las interrelaciones entre los procesos de muestreo y de análisis de un
universo más amplio de películas nos han permitido escoger unas y marginar otras en función de los propósitos del presente escrito.
En las ‘películas de época’ nos hemos centrado en la primera etapa del cine sonoro y, por
tanto, hemos dejado fuera interesantes filmes silentes deportivos de los años veinte (i.e.,
The freshman, Brown of Harvard, College).
Para incrementar la diversidad de ‘voces’ y/o representaciones, hemos seleccionado relatos de
naturaleza diferente (meras ficciones o biografías supuestamente basadas en hechos reales)
que giran sobre distintos deportes.
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Pensando en el potencial educativo del cine deportivo, hemos tenido en cuenta la claridad, saturación, complementariedad y contraposición entre los discursos dominantes en
las distintas películas.
Finalmente, la configuración de categorías (se indican más adelante) útiles para la comprensión y explicación de los discursos dominantes nos llevó a escoger películas cuya
trama recrease básicamente una sola categoría.
En lo que se refiere a las ‘películas históricas’, para ilustrar el contraste entre representaciones de distintas épocas nos bastaba con una sola película, la cual, dadas sus características (calidad cinematográfica, narración de hechos reales, elementos biográficos, variedad
de ingredientes y densidad discursiva), tenía que ser Carros de fuego. A partir de ahí, buscamos otra ‘voz’ diferente: otro deporte, otro contexto, otro continente...
TABLA I
Muestra de las películas objeto de estudio
Películas
Deporte
Año de
producción
Género
La historia
transcurre en…
Ficción
Ficción
‘Biopic’
‘Biopic’
‘Biopic’
Su tiempo
Su tiempo
1910-30
Finales del XIX
1910-40
Películas ‘de época’
College Coach
A yank at Oxford
Knute Rockne All-American
Gentleman Jim
Jim Thorpe All-American
Fútbol americano
Atletismo, remo
Fútbol americano
Boxeo
Atletismo, fútbol
americano, beisbol
USA 1933
USA 1938
USA 1940
USA 1942
USA 1951
Películas ‘históricas’
Chariots of fire
The greatest game ever played
Atletismo
Golf
UK 1981
USA 2005
Histórica 1920-24
Histórica 1913
El análisis de contenido trajo consigo la distinción entre ‘películas de época’ y ‘películas históricas’, clasificación que nos permite contrastar el mensaje ofrecido por dos cines diferentes.
Consideramos que las películas de época son, como afirma Williams (2006, p. 8) a propósito de Knute Rockne All American, crónicas bastante realistas de la percepción del deporte
en la sociedad del momento.
Dos de las cinco ‘películas de época’ (College Coach y A yank at Oxford) son ficciones4. La
primera cuenta las vicisitudes de un equipo de fútbol americano de una universidad imaginaria; la segunda gira en torno a las aventuras de un deportista yanqui becado en Oxford.
Las otras tres son ‘biopics’: Knute Rockne: All-American narra la vida de Rockne a partir de
documentos proporcionados por su viuda; Gentleman Jim es la supuesta biografía de James
J. Colbert, un peso pesado al que se considera uno de los padres del boxeo moderno, campeón del mundo durante la última década del siglo XIX; y Jim Thorpe All-American cuenta el ascenso y la caída de uno de los más grandes deportistas (atletismo, beisbol, fútbol
americano…) de la primera mitad del siglo XX, un indio de la tribu de los Fox y Sac,
ganador del Pentatlón y del Decatlón en los V JJOO (Estocolmo, 1912).
Por su parte, las películas históricas son relatos recientes que dan cuenta de hechos del
pasado. De ellas, una es americana, The greatest game ever played (Juego de honor), y la otra
europea, Chariots of fire (Carros de fuego). Ambas recrean eventos de principios de siglo: el
Open de Golf de USA de 1913 y los VIII JJOO de París de 1924.
El análisis de contenido consiste (ver, por ejemplo, Krippendorff, 1997, p. 28; Piñuel,
2002, p. 2) en la aplicación de distintos procedimientos interpretativos de carácter cuantitativo y cualitativo con el fin de extraer inferencias aplicables a un contexto. El objetivo de
nuestro análisis se circunscribió, ya se ha dicho, al discurso dominante en determinadas pelí-
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culas deportivas, teniendo en cuenta su potencial educativo en la formación universitaria. Las
fases del trabajo fueron, grosso modo, las habituales (Bardin, 2002, pp. 71-78): preanálisis
(donde acotamos la muestra y confirmamos que el ‘material tenía contenido’), exploración
del material (centrado en la variedad y reiteración o ausencia de ‘temas-conceptos/imagen’) e
interpretación de resultados (para nosotros, ‘¿qué representación del deporte se desprende?’).
Los informes que se ofrecen a continuación sintetizan dichas representaciones. Su contenido se articula en torno a cuatro grandes categorías: crítica del deporte; frivolidad de los
jóvenes y ricos colegiales deportistas; visión idealista del deporte; y natural cotidianeidad
de la distinción.
Informe a partir de las películas de época
Aunque todas las películas contienen ingredientes de las distintas categorías, nuestro
relato tiende a establecer una relación unívoca entre película-y-categoría. Este planteamiento obedece a motivos didácticos que, como se ha dicho, influyeron también el proceso de muestreo.
Visión crítica del deporte
College Coach es una crónica de su tiempo que, en clave de humor, hace una crítica (casi
sociológica) del deporte, anticipando muchos de los temas presentes en Any given Sunday
(1999) de Oliver Stone, posiblemente la más potente crítica del deporte hecha desde el cine5.
Nada más concluir los créditos iniciales, la cámara nos introduce en la sala de reuniones
de la Junta de Síndicos de la imaginaria Universidad de Calvert donde el Consejo analiza
la precaria situación económica de la institución. La bancarrota parece inevitable y ningún
miembro está dispuesto a realizar más aportaciones. Uno de los presentes se levanta de la
mesa y enciende una radio donde los comentaristas relatan emocionados un partido de
fútbol americano. Cuando le requieren que apague el aparato y preste atención al serio
asunto que les ocupa, responde:
El fútbol es un serio negocio… 100.000 personas pagan para ver ese partido (2’40’’).
Y como solución a la crisis financiera propone la contratación de un caro entrenador
profesional para que forme un gran equipo universitario que atraiga a las multitudes. Las
iracundas negativas de algunos de sus colegas se transforman rápidamente en favorable
unanimidad al oír el febril clamor de los espectadores y de los comentaristas radiofónicos.
La lectura económica del fútbol se mantiene a lo largo de toda la película. En el clímax
final, la supervivencia de la institución académica pende del resultado de un partido y
hasta el anciano profesor de Química, que está a punto de ser despedido, acude al estadio
en busca del milagro: en las gradas participa de la excitación colectiva aplaudiendo emocionado la victoria in-extremis 21-20 que, entre otras cosas, conlleva el mantenimiento de
su puesto de trabajo. Aquí le vemos gritando:
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¡Puedo seguir!, ¡puedo continuar!, ¡no tengo que irme!, ¡no tengo que irme!… (72’)
College Coach deja muy claras las interdependencias entre recursos económicos, victorias
deportivas, medios de comunicación y espectadores en masa. En la búsqueda de la victoria, los atajos, corruptelas y juegos de doble moral constituyen el pan nuestro de cada día
que alimenta a casi todos los protagonistas. Si hay que contratar profesionales, se contratan; si hay que matricularles en asignaturas cuyos nombres desconocen, se les matricula; si
hay que aprobarles aunque dejen el examen en blanco y presuman de ello, se les aprueba;
si hay que lesionar a la estrella del equipo contrario para evitar la derrota, se le lesiona; y si,
en fin, luego muere,… ¡es fútbol!
Quizás la crítica más feroz –por su vis cómica y por el obvio contraste con la realidad–
se encuentra en el discurso del coach a los ‘Camp Fire Boys’ de América sobre el valor educativo del deporte. El entrenador se convierte en protagonista de esta gran mentira por su
valor publicitario: Un millón de niños son ‘camp fires’, todos tienen familias, padres, madres…
(31’) Y vestido de jefe honorífico de la organización juvenil, proclama:
¡Debéis recordar una cosa: la honestidad es lo primero! Sí señor. La vida es como un partido de fútbol. Seas el
entrenador o el aguador, siempre tienes que dar el máximo. Los otros juegan sucio, tú juegas limpio. Los otros
juegan limpio, tú juegas su.., tú juegas más limpio; ganes o pierdas, defiendo el deporte limpio. (…) Y recordad mis jóvenes amigos, no es el resultado lo que cuenta, sino el espíritu con el que se juega. (34’-35’)
Manteniendo la vis cómica, a medida que la mentira es, si cabe, más gorda, la cámara se
acerca para mostrar la cara del protagonista y el saludo moviendo el dedo meñique.
La frívola vida de los jóvenes y ricos colegiales
La comedia A Yank at Oxford narra las aventuras de un joven atleta americano que, gracias a una beca, accede a dicho distinguido y distintivo encierro universitario. Al contrario
que en College Coach, esta ficción glorifica la frívola vida de los colegiales.
El relato repasa los tópicos de las silentes películas colegiales norteamericanas de los
años veinte (ver Barbero y Rodríguez, 2010) –no en vano su director, Jack Conway, hizo
alguna de ellas– entre los que cabe mencionar: la universidad es cualquier cosa menos un
lugar de estudio; los acomodados universitarios viven ajenos a la sociedad y gozan de gran
autonomía; el clima general y la relación entre los estudiantes es de camaradería y amistad, no exento de bromas; y el deporte desempeña un papel muy importante a nivel individual (a través de los éxitos se gana reconocimiento y aceptación) e institucional (las regatas entre Oxford y Cambridge son un gran evento seguido por multitudes).
Finalmente, a diferencia de la realidad recreada en las películas mudas norteamericanas, donde la presencia de las mujeres en la universidad era un hecho normal, Oxford es
un recinto exclusivamente varonil. Así, en todo el relato sólo hay una mujer estudiante
que, para variar, también se deja deslumbrar y conquistar por los éxitos deportivos del
extrovertido atleta yanqui.
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Una visión idealista del deporte
El entrenador Knute Rockne es el contrapunto perfecto del College coach, casualmente
interpretado por el mismo actor (Pat O’Brien). El tono general de este relato –basado en la
vida del que fuera estudiante, jugador y exitoso entrenador de fútbol de la Universidad de
Notre Dame– choca frontalmente con el de la ficticia Universidad de Calvert.
La familia de Rockne emigró al gran continente porque su padre pensaba que era el
único lugar de la tierra en el que sus hijos podrían disfrutar de las mismas oportunidades
que todo el mundo. Su trayectoria es un canto al valor educativo del deporte, a la perseverancia, a la rectitud moral, a la universidad de Notre Dame y a los EEUU. Ante el telón de
fondo de la Gran Depresión, Knute propone esfuerzo, espíritu de lucha y trabajo en equipo. ¿Cómo inculcar estos valores a los jóvenes? A través del fútbol americano.
Knute no es un jovenzuelo cuando accede a Notre Dame tras años de trabajo para
pagarse los estudios. En este ambiente recoleto y limpio, de amplios espacios verdes flanqueados por edificios neogóticos, se respira una calma y un espíritu de trabajo que permite
a cada cual encontrar su camino compaginando, como hace Rockne, el trabajo intelectual y
la práctica deportiva.
La película es una loa al fútbol americano y, de paso, a América. Recién llegado al
nuevo continente, el niño Knute se acerca a jugar con los zagales del lugar, todos más
grandes que él, y recibe su primer mamporro. Sangrando por la nariz vuelve tarde a casa y
se sienta a la mesa donde su familia está comenzando a cenar. Su padre le reprende en su
lengua vernácula y el muchacho replica:
– He estado fuera jugando al más maravilloso juego del mundo. Se llama ¡fútbol!
– Estás sangrando por la nariz. (La madre)
– Alguien la pisó. Dijeron que era parte del juego.
– (Su padre dice algo…)
– Papá, no hables en noruego, habla americano. ¡Ahora, somos todos americanos! (7’)
Dedicado en cuerpo y alma al fútbol6, sus éxitos como entrenador se debieron, en parte,
a sus innovaciones en el juego de ataque, entre ellas el pase largo y el revolucionario desplazamiento lateral antes del lanzamiento (que se le ocurrió a partir de una coreografía de
baile) y, sobre todo, al espíritu de ‘entrega al equipo’ que inculcaba a sus jugadores.
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A modo de ejemplo, así se explicaba al inicio del primer entrenamiento de una temporada:
De acuerdo chicos, empezamos hoy una nueva temporada…, una dura tarea por delante…, estamos acostumbrados a eso en Notre Dame… Digámoslo claro antes de empezar… no quiero nadie aquí que piense
que es mejor que ningún otro… (…) Fútbol es ante todo placaje, valor,… Nadie puede estar en el equipo
si todo lo que sabe hacer es llevar el balón y pasar… (…) El sistema de Notre Dame está basado en el trabajo en equipo… que es una combinación de sacrificio personal, cabeza y sudor. La cabeza es lo primero…
Sólo quiero hombres que sepan pensar, y pensar rápido. Si alguien aquí es un descerebrado,… puede irse.
El fútbol es para mentes claras. Ahora, espero de vosotros que trabajéis duro y también espero que obtengáis una media alta en vuestras clases. Queremos ganar si podemos, pero no habéis venido a Notre Dame
simplemente para jugar al fútbol. En cinco años, el público se habrá olvidado de vosotros. Recordad eso.
(49’-51’)
El tono moral se eleva cuando Knute atribuye todo el mérito a sus chicos y alaba su
entrega incluso en la derrota, cuando defiende la limpieza del fútbol expulsando de su despacho a quienes le hacen propuestas económicas, cuando responde con fuerza al comité
establecido en Nueva York para juzgar supuestos fraudes y, en fin, cuando fallece en un
accidente aéreo.
Al destapar la prensa posibles casos de profesionalismo en el deporte universitario y
poner sobre el tapete determinadas dudas sobre el valor formativo del deporte, Knute
acude a declarar ante un Comité y defiende el papel educativo del fútbol en estos términos:
Deportes como el fútbol son más que una ayuda para los chicos. Son una absoluta necesidad para el mejor interés
de la nación.
– (¿Por qué es el fútbol tan vital para el bienestar público?)
Porque todo joven de cualquier parte del mundo cae en lo que podemos llamar el espíritu natural a combatir. En muchas partes de Europa y en otras de todo el mundo, este espíritu se manifiesta en continuas
guerras y revoluciones. Nosotros hemos intentado que los deportes competitivos sirvan como un elemento
de seguridad para el espíritu de combate. Creo que hemos tenido éxito.
– (¿Quiere decir que usted nunca ha intercedido a favor de un jugador de fútbol que iba mal en sus clases y
tenía que ser expulsado de su equipo?)
Quiero decir simplemente eso. Cualquier jugador que falla en su clase, no es bueno para su entrenador ni
para la escuela a la que va. (…)
– (En su opinión, Mr Rockne, ¿cuál es el fin de la Universidad? ¿Dónde encajan estos espectáculos deportivos en el esquema de la educación. ¿Cómo valoraría la contribución media de un deportista a la inteligencia nacional?)
Caballeros, vivimos en el siglo XX, limitar la educación universitaria a las aulas, los libros y los laboratorios es dar a la educación un significado muy estrecho para los tiempos modernos. Si he aprendido alguna
cosa en mis veinte años de trabajo con mis chicos es esto: lo más peligroso en América hoy es que nos estamos haciendo blandos, por dentro y por fuera, estamos perdiendo la herencia de fortaleza corporal y mental que una vez fue una preciosa posesión. Estos hombres (los otros entrenadores) y yo hemos empleado
nuestras vidas intentando desarrollar esa filosofía, trabajando el cuerpo y la mente de los chicos. Creemos
que el mejor trabajo del hombre es la formación de su carácter. Hemos intentado inculcar coraje, iniciativa, tolerancia, persistencia, sin las que el hombre más educado no vale mucho. (…) (82’-88’)
Knute Rockne fue un hombre que se hizo a sí mismo en la tierra de promisión y oportunidades para los trabajadores honrados. Rockne falleció en un accidente aéreo en 1931,
unos años muy difíciles y, a la vez, propicios para ensalzar el vital papel del deporte (el fútbol) en la formación del carácter de la juventud del siglo XX.
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Distinción social-cultural-y-deportiva
El punto nodal de las otras películas del género biográfico es la separación entre espacios de capitales económico, cultural y simbólico muy dispares.
En Gentleman Jim, el propio título es una metáfora del conflicto que encierra dicha distinción: Jim pertenece a una familia obrera de origen irlandés cuyo porte y apariencia (un
joven Errol Flynn) son los de un caballero. Este oficinista de banca, que resuelve sus amistosas disputas fraternales a puñetazos, quiere formar parte del ‘otro lado de la ciudad’, pero
es rechazado y acabará convirtiéndose en boxeador profesional.
Por su parte, Jim Thorpe, cumpliendo una promesa que hizo a su padre, abandona la
reserva de su tribu para ingresar en la Carlisle Industrial School, un espacio educativo creado para los indios7. Despojado de su vital contacto con la naturaleza, este espacio educativo es para él un verdadero encierro al que le cuesta mucho adaptarse. La lógica disciplinaria del recinto se ejerce a través de las rutinas, del lenguaje (no se puede hablar indio), de
los libros y del deporte: el recién llegado está desde niño acostumbrado a correr en libertad
por la reserva de su tribu, por espacios abiertos sin regulaciones de carácter deportivo8.
Una irrefrenable necesidad de evasión le lleva a correr alocadamente por el campus, llamando la atención del que, a la postre, sería su entrenador.
El relato de Gentleman Jim se inicia en 1887 con un clandestino combate de boxeo profesional, nocturno punto de encuentro de ricos y pobres, de burgueses y obreros, de jueces
y maleantes, que termina con una redada policial y un buen número de detenidos. En la
cárcel, un juez se siente ultrajado y, dirigiéndose a uno de los boxeadores profesionales,
explica enfadado el plan político deportivo de las clases acomodadas de San Francisco:
– Vosotros, asqueroso montón de músculos del salvaje oeste, habéis matado el boxeo. Pero recordad lo que
os digo, ¡va a haber cambios en esta ciudad!
– ¿Qué cambios juez?
– El Club Olímpico, joven; lucho por un deporte limpio, y si no podemos ir a las peleas, entonces le prometo que las organizaremos nosotros.
– ¿Contratará boxeadores profesionales?
– No. Hemos traído a un entrenador de Inglaterra, Harry Watson, que enseñó al Príncipe de Gales. Entrenará a unos cuantos chicos de buenas familias. Si no podemos convertir a los boxeadores en caballeros, trataremos de convertir a los caballeros en boxeadores. (6’)
Un plan de acción político-deportiva que remite a varios de los capitales que trazan la línea que separa a ricos y pobres. Primero, el modelo corporal, el asqueroso montón de músculos del boxeador profesional que ha de ser sustituido por otro, no enunciado, distante del forzudo gañán, con el porte educado de los jóvenes caballeros amateurs. Segundo, el recinto exclusivo, el Club Olímpico, tan grande que podría entrar
en él la mitad de San Francisco (12’); un espacio señorial con amplias salas, escalinatas,
columnas, esculturas, sofás, bar y mesas de juego, en el que se amalgaman aristócratas
y burgueses; un club con un gimnasio donde no pueden entrar los miembros femeninos porque es sólo para hombres (16’). Tercero, la enseñanza de nuevas técnicas corporales, venidas de Inglaterra, cuna del deporte, de la mano de H. Watson, profesor, nada menos,
que del sucesor a la corona del imperio; una modalidad de boxeo que un socio del
club define como el científico arte de la defensa personal y que incorpora, por primera vez
en América, las reglas del Marqués de Queensbury (30’), entre las que se incluye el uso de
guantes. Y cuarto, los destinatarios, que han de ser jóvenes caballeros porque la materia prima condiciona mucho el proceso de enseñanza y, por ahora, ha sido imposible
convertir a los boxeadores en caballeros.
En el relato sobre Jim Thorpe, la distinción de espacios también refleja una filosofía política:
(Diálogo entre Ed Guyac y gran Little Boy, compañeros de habitación de Jim en la Carlisle)
– ¡Eh!, ¿qué estás murmurando?
– Historia americana. ¡Bah!
– ¿Qué tienes contra la historia de América?
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– Blanco zurra a indio: gana gran batalla. Indio zurra a blanco: masacre. ¡De locos!
– ¡Nunca lo había pensado! (24’)
Gentleman Jim forma parte de una familia bien estructurada de origen irlandés cuyos
miembros varones son unos bebedores empedernidos. Cajero de banca, de apariencia estilizada y modales educados, aunque demasiado locuaz, no consigue ser aceptado en la otra
parte de la ciudad y se ve abocado a ganarse la vida en el ring como boxeador profesional.
Sólo al final del relato, convertido ya en campeón, cuando obtiene el sí de la rica chica a la
que pretendió desde el principio, parece asumir su origen.
Por su parte, Thorpe se introduce en el fútbol porque la conquista de la mujer añorada
depende de los éxitos deportivos. Bajo su liderazgo, gracias a su natural talento atlético, el
equipo de la Carlisle, formado sólo por indios, es pronto conocido en toda América. Así,
poco a poco, empieza a imaginar su dedicación futura: entrenador deportivo.
Para que pudieran sobrevivir durante las vacaciones estivales, la Carlisle buscaba trabajos a sus internos. De este modo, Thorpe y sus amigos acaban en una granja cuyo dueño es,
diríamos hoy, un racista. En esta situación, un directivo del Montañas Rocosas, un club
local de beisbol, le ofrece un puesto en el equipo a cambio del mismo mísero sueldo
(comida y alojamiento) que recibe del granjero. Thorpe acepta encantado sin saber cuánto
iba a influir dicha decisión en su futuro.
Tras sus medallas de oro en los JJOO, Thorpe es recibido en olor de multitudes y el
propio Presidente William Howard Taft ensalza su figura como ejemplo para los ciudadanos americanos. Pero poco después un comité deportivo le acusa de profesionalismo y le
priva de sus medallas y trofeos: ¡Si al menos, le sugieren, hubiera tomado la precaución de
jugar en el Montañas Rocosas con un nombre falso!:
– De acuerdo con nuestra información, usted jugó al beisbol un verano con el Montañas Rocosas de la liga
de Carolina del Este. ¿Es cierto?
– Sí señor.
– ¿Con que nombre jugaba usted?
– Con el mío. ¿Qué otro nombre iba a usar?
– Usted seguramente sabe que hay deportistas que, a veces, intentan ganar algo de dinero jugando con
nombres falsos.
– Si yo tuviera que hacer algo con un nombre distinto al mío, no lo haría.
– Pero usted admite que jugó al beisbol.
– Sí, claro, lo admito.
– Esta es una imputación muy seria, Sr. Thorpe. ¿Tiene algo que decir en su defensa?
– No señor.
– ¿Ninguna defensa?
– No sé de qué tengo que defenderme. No veo que haya hecho nada malo.
– Usted aceptó dinero.
– Sí, pero sólo para alojamiento, comida y gastos. No jugaba para ganar dinero. Me gusta el beisbol y me
pareció una buena manera de mantenerme en forma durante el verano.
– ¿Hay algo más que quiera decir?
– Sólo que si he hecho algo equivocado, lo siento muchísimo. Pero desconocía esas normas,
– Jim, la ignorancia no es una excusa. (65’)
De este modo, este gran atleta nativo (entiéndase, indio desposeído de los más elementales derechos civiles) es expulsado del espacio amateur y se ve obligado a abandonar el
proyecto vital de entrenador universitario que tanto le había costado vislumbrar durante
sus años en la Carlisle.
Informe a partir de las películas históricas
El discurso predominante en los dos relatos fílmicos de finales del siglo XX cuyo argumento recrea eventos deportivos de principios de siglo es, en términos generales, el mismo
que en las películas de época. En esta tesitura, nos limitamos aquí a resaltar algunas ideas
que complementan el informe anterior.
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Nueva categoría de distinción: el don Nadie amateur palurdo
The greatest game ever played recrea el Abierto de Golf de USA de 1913 cuyos principales
protagonistas fueron Vardon, jugador profesional británico de mediana edad, y Ouimet,
joven amateur norteamericano, admirador del anterior, ambos de origen humilde.
Al margen de las breves, aunque potentes, referencias al imperialismo y al nacionalismo, el asunto que subyace en la trama es la oposición por el origen social y su correspondiente idiosincrasia amateur o profesional.
El mensaje queda claro desde el principio del relato: se inicia una fría mañana de 1879
con una lenta panorámica cenital del montañoso e inhóspito paisaje de la Isla de Jersey
que se detiene sobre una solitaria palloza de piedra, el Vardon Cottage. Los ruidos externos
despiertan al niño Vardon que, somnoliento, sale de la casa y se acerca a los hombres vestidos de negro y alto sombrero de copa que están tomando medidas del terreno:
– ¿Qué estáis haciendo?
– Un campo de golf.
– ¿Y qué es el golf?
– El golf es un deporte para caballeros. No para los de tu calaña. Venga. ¡Largo muchacho! (Y le lanzan
una moneda… 1’)
La distinción entre ricos y pobres, amateurs y profesionales, constituye el eje central de
la película. Vardon acabará convirtiéndose en un gran golfista profesional y en el Open de
1913 se topará con Francis Ouimet, un joven que vivía al otro lado de la calle, enfrente del
club de golf donde ejercía de caddie, y que, patrocinado por uno de sus socios, se ganó un
puesto en dicho evento, causando un enorme pesar a su padre, un honrado jornalero consciente de las diferencias de clases:
– ¿Tan mal lo he hecho Francis?, ¿es lo que te he enseñado?
– No señor, pero es un deporte.
– ¿Un deporte? ¡Con eso un hombre no puede ganarse la vida!, ¡ni tener familia!
– Sí, pero si gano pueden pasar grandes cosas
– No pasará nada. Te utilizarán y se reirán de ti.
– Lo conseguiré. Sé que soy muy bueno.
– (…) Yo también tenía sueños. Hagas lo que hagas, ¡no te dejarán cruzar esa calle! (19’)
El estatus amateur de Ouimet, un joven de origen humilde, hace chirriar el principio
de correspondencia entre los elementos de los binomios ricos-pobres y amateurs-profesionales. Por ello, distintos interlocutores le hacen saber en múltiples ocasiones que se
encuentra fuera de lugar:
Jovencito…, puede que te hayan invitado. ¡Pero ni se te ocurra pensar que éste es tu sitio! (25’)
Por ello también, de un modo casi natural, entre ostra y ostra, reflexionando en voz alta
ante la incertidumbre del resultado, el poderoso crea una nueva categoría clasificatoria:
amateurs palurdos.
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El deporte a principios del siglo XX / J.-I. Barbero y H. Rodríguez
Es inconcebible… ¡Pero si sólo es un amateur! (…) Los amateurs no ganan los Open. Bueno, la última vez
que pasó fue hace cuarenta años y fue un caballero. Éste está lejos de serlo. Es un palurdo, un Don Nadie,
se hundirá seguro. Si no golpeara la bola tan fuerte, estaría haciendo zanjas.
El relato no se mantiene neutral en este juego de contradicciones. Al contrario, tiende a
remarcar la hipocresía y natural superioridad que se atribuyen aristócratas o burgueses.
Paralelamente, las personas de origen humilde son honradas, se ganan la vida con su propio esfuerzo y, en un momento dado, son capaces de enfrentarse a los poderosos defendiendo el mérito personal frente al valor de la estirpe:
(Habla Vardon)
Le diré algo: He venido a ganar un trofeo. Y si al final consigo que sea así, no será ni por Usted ni por
Inglaterra. Será por la satisfacción de ser el mejor. Por eso estamos aquí. Si el Sr Ouimet gana mañana, será
porque es el mejor, porque se lo merece. No será ni por su padre ni por su dinero, ¡sino porque se lo habrá
merecido! Y quiero que no lo olvide. Le agradeceré que sea lo respetuoso que un caballero debe ser. Buenas
noches.
La complejidad del deporte
Carros de fuego, la única película europea elegida, ofrece una explicación del deporte
mucho más compleja que las anteriores. De algún modo, cada uno de sus principales protagonistas encarna una idea/tipo: el aristócrata amateur que practica deporte por placer, el
emergente burgués que trabaja para ganar y necesita la victoria, el cristiano muscular que
honra a dios desplegando sus cualidades atléticas, el poderoso (académico, político o
deportivo) que adapta sus principios morales a las circunstancias, el entrenador profesional
que es rechazado por el sistema…
La trama de Carros de fuego está impregnada de polaridades. Abraham es el protagonista
principal debido, quizás, a la antagónica posición en que le sitúa su origen (pasado), idiosincrasia (presente) y habitus (futuro). Aunque Abraham es inglés, es de origen lituano y
de religión judía; frente a la ausencia de necesidad, etos hegemónico representado por su
compañero Lord Lindsay, Abraham personifica el esfuerzo y el mérito porque sabe que
nada le es dado gratis; frente a la hipocresía del fair play, recurre a un entrenador profesional que, además, es de origen árabe e italiano; incluso frente a su compañero Eric Liddell,
siervo de la Iglesia Escocesa, que parece dotado o inspirado por una fuerza divina interior
que le ayuda a correr, Abraham ha de exprimirse al máximo para estar a su nivel. En cierto
modo, Abraham está fuera de lugar y su vida parece más complicada que la del resto:
(Sentado, solo en las gradas vacías, la mirada perdida, repasa apesadumbrado las imágenes de su derrota
ante Liddell. Se acerca su novia:)
– ¡Harold!... ¡Harold!... Esto es absolutamente ridículo. Perdiste una carrera, no un pariente. Nadie ha
muerto. ¡Por el amor de Dios, déjalo ya!
– ¡Perdí!
– Lo sé, estaba allí, te vi ¿recuerdas? ¡Estuviste maravilloso!
(…)
– ¡¡Yo no corro para ser derrotado!! ¡Corro para ganar! ¡Y si no puedo ganar, no corro! (48’)
La diversa temática que, con mayor o menor fuerza, estaba presente en las películas
anteriores (clase social, amateurismo vs profesionalismo, idealización de la buena relación
estudiantil, reducto masculino, intereses políticos y económicos, función educativa,
medios de comunicación…) adquiere en Carros de fuego una dimensión mucho más explícita y sugerente. En todo caso, la imagen-idea que predomina en el relato es la del amateurismo como filosofía política del deporte. Una imagen compuesta de luminosidad, limpieza,
espacios abiertos, paisajes verdes, juventud, proyecto, camaradería, amistad, esfuerzo, respeto y la música de Vangelis; una imagen que recrea el entusiasmo de un puñado de jóvenes aristócratas y burgueses que se dedican al deporte simplemente porque sí, por puro
amor (amateur); una imagen en la que no cabe la suciedad de la fábrica, la mina o el barrio
obrero. Como explica Buford (2010b),
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El amateurismo fue de hecho una brutal norma destinada a mantener a las clases bajas fuera de los deportes. Sólo los deportistas con medios suficientes podían permitirse competir. El amateurismo fue también
el medio con el que las clases pudientes se aseguraron un fin superior: El control del juego, el prestigio y el
dinero proveniente del emergente universo deportivo.
Epílogo: ¿potencial educativo de estas películas deportivas?
Respecto a la utilidad de estas películas en los estudios universitarios de las Ciencias de
la EF y el Deporte, concluimos lo siguiente:
Las películas de época tienden a desarrollar de forma lineal un sólo tema y, por tanto, conviene ver varias para obtener una idea de conjunto más compleja. En todo caso, pueden ser
muy útiles para presentar tres importantes asuntos de la historia social del deporte:
– Una explicación bastante densa del valor educativo del deporte y, en general, de su
concepción idealista.
– Una crítica del deporte, igualmente densa, que el pensamiento social tardará 50 años
más en elaborar.
– El énfasis en un aspecto decisivo en la génesis del deporte: la marca y distinciones de
clase.
Hemos comprobado que las películas históricas reinciden en los mismos asuntos y que,
en algunos casos, son más ricas en matices. En consecuencia, parece pertinente combinar
relatos sobre el mismo asunto realizados en distintas épocas.
Creemos que es conveniente ver más de una película o fragmento sobre un mismo tema
porque unos ayudan a captar y entender mejor los otros. A este respecto, Bergala (2007,
pp. 111-125) elogia el trabajo con fragmentos puestos en relación. Para este autor, el fragmento puede ser elegido ateniéndonos a dos criterios contrapuestos (p. 118): su autonomía, es
decir, que puede verse en sí mismo como una pequeña totalidad sin echar de menos lo que lo rodea; o
por la mera arbitrariedad de recortar un trozo que genera suspense, frustración, deseo…
Ambas opciones, afirma, tienen virtudes pedagógicas. En el tema que nos ocupa, proponemos la combinación de dichos criterios con un tercero: el propósito de fijar la atención
sobre asuntos específicos.
Nuestra preocupación se centra aquí, como se ha dicho, en los discursos dominantes en la
(re)presentación cinematográfica del deporte y no en la veracidad el detalle histórico (lo que
se dice de tal o cual personaje o la descripción de un hecho concreto). A este respecto, el cine
deportivo sirve también para estimular la curiosidad por la indagación socio-histórica.9
Finalmente, aunque tampoco es el tema que aquí nos ocupa, a través de las películas
deportivas no sólo se adquieren conocimientos sobre el deporte, sino también de cine y, en
general, del mensaje/medio audiovisual. Un aspecto nada despreciable en la hipermoderna
cultura que nos envuelve.
Notas
1
Sí hay muchos sobre diferentes asuntos parciales. Entre ellos: Mérida (1995), Marín (2004), Marañón (2005),
González-Fierro (2006), Sánchez, de Dios y Sesé. (2008), Barbero y Rodríguez (2010). Romaguera (2003)
presenta un primer inventario del cine deportivo español.
2
De acuerdo con Foucault (1995: 198), el discurso es el conjunto de reglas anónimas históricas que, en un tiempo
y espacio dados, condicionan el ejercicio de la función enunciativa, es decir, delimitan lo decible y lo indecible.
3
Se considera que The jazz Singer (1927) es la primera película propiamente sonora. A partir de ese momento,
el cine silente desapareció rápidamente llevándose por delante a personas como el genial Buster Keaton que
no consiguieron adaptarse al nuevo medio.
4
Un breve comentario sobre el vocablo ‘ficción’. Partimos de la idea de que todos los relatos fílmicos son ‘ficciones’, es decir, representaciones más o menos imaginarias (ficticias) o realistas (documentadas, fidedignas)
de la realidad. Puede ocurrir que una película de ficción describa o analice la realidad con mayor profundidad
y fuerza que otra realista. Como explica Sparkes (2002), esto es también aplicable a los textos escritos académico-científicos que, para que parezcan tal cosa, han de aproximarse a un determinado canon. Por ello, afirma (p. 217), si se transgreden las reglas del estilo (por ejemplo, mediante relatos en forma de ficción), el
autor pone su estatus científico en entredicho.
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El deporte a principios del siglo XX / J.-I. Barbero y H. Rodríguez
5
A este respecto, Cabrera (2008, pp. 240-264) escoge precisamente una película de Stone para ilustrar el capítulo sobre cine político y de aproximación al pensamiento marxista. Por otra parte, la visión crítica del
deporte no cristaliza en el pensamiento social hasta los años 1960.
6
Cuando eligió ser entrenador, ante sus posibles dudas, el padre John Callahan le dice: Todo el que sigue la verdad que le indica su corazón, nunca se equivoca. (…) Tú estás ayudando a la gente; y todo aquel que ayuda a la gente,
ayuda a Dios. (29’)
7
La Carlisle ya no existe; fue el primer internado creado para nativos indios con el fin de integrarlos en la
sociedad; sirvió de modelo para la creación de otros centros. Ver, por ejemplo,
http://www.historicalsociety.com/ciiswelcome.html.
8
Este antagonismo entre el estandarizado espacio deportivo y la experiencia vital en contacto con la naturaleza de los indios aparece también en Running Brave (1983), una película basada en la vida de otro
gran deportista nativo sioux, Billy Mills, oro en los 10.000 metros en los JJOO de Tokio (1964). En el
mismo sentido, dicho antagonismo está presente cuando los niños, especialmente de contextos poco
occidentalizados, han de afrontar la cultura corporal de la Educación Física obligatoria (véase: Moreno
y Calvo, 2010; Mwewa, Taborda y Fernández, 2010; Román, 2010; Alzate, 2010; Velásquez y Campos, 2010).
9
Por ejemplo, sobre Jim Thorpe existen estudios históricos, documentales televisivos, webs, etc. con los que
profundizar en el significado y funciones del amateurismo, en la evolución del deporte y, por supuesto, en las
condiciones de vida de los nativos indios (véanse Buford, 2010a; Weeler, 1981).
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The jazz singer (El cantante de jazz), 1927, USA, Director: Alan Crosland, Warner Bros. 88’.
*Orden alfabético por título original.