Curso 2014-2015.- Grupos D y M
Materiales complementarios para preparar las lecciones 16 y 17 del
programa: Constituciones españolas. 1808-1931.
Las páginas a continuación proceden del manual de Mariano Peset
y otros, Historia de las constituciones y los códigos, Valencia, 1997, lecciones
2, 3 y 4.
LECCIÓN 2
CONSTITUCIONES ESPAÑOLAS.
Tres cuestiones o problemas. Progresistas y moderados. Sus
ideas constitucionales. Ensayo de una radiografía del poder.
[Estabilidad o cambio constitucional]
Antes de entrar en el estudio de las constituciones del siglo
XIX, parece oportuno plantear sus grandes problemas o su sentido
general en nuestra historia política. Sus textos son cambiados con
cierta frecuencia lo que exige una explicación previa. No es
suficiente indicar que por el cambio de los partidos en el poder o
por concretas circunstancias se fueron sustituyendo unas por otras:
es menester analizar estos cambios. Nuestra historia ha conocido
numerosos textos constitucionales, como ocurre en otros países.
Inglaterra no tiene una constitución unitaria escrita; basa su
estructura política en diversos textos que han ido conformándola a
lo largo de siglos considera su primer texto la Carta magna de Juan
sin Tierra, del siglo XIII, que fue de carácter esencialmente feudal.
Estados Unidos estableció una constitución tras la independencia,
que se conserva, con algunas modificaciones o enmiendas, hasta el
presente. ¿Por qué logran atenerse a una sola constitución? ¿Por qué
Inglaterra, con su acumulación de varios textos difiere de los
Estados Unidos de América? No es fácil explicar estas diferencias,
pero su estabilidad proviene de que la nobleza y la burguesía de
Inglaterra o la burguesía americana supieron alcanzar un acuerdo y
llegar al consenso mínimo para el gobierno y la vida política de
aquellas naciones. No se vieron afectadas por intervenciones
externas, lo que permitió un proceso revolucionario coherente, más
basado en la propia evolución interna.
Pero la unidad constitucional no es lo usual en otros países
europeos y americanos. México por buscar un paralelo cerca de los
cambios peninsulares tras su independencia en 1821 mantiene la
constitución de Cádiz; en 1824 alcanza otra nueva, que se sustituye
por varias leyes de reforma en 1836 conservadoras que a su vez se
derogan por la constitución liberal de 1857... Pero, ¿y la misma
Francia revolucionaria? Su primera constitución de 1791 es
monárquica, por lo que se sustituye en 1793 en la cima
revolucionaria. Poco más tarde, el golpe de Thermidor da lugar a la
de 1795, mientras, después, Napoleón cambiaría la estructura del
poder con nuevos textos. Luis XVIII promulgó una carta otorgada
en 1814, con la restauración borbónica, que es derogada en 1830 por
la revolución orleanista. La revolución de 1848 promulga su
constitución, luego modificada por Napoleón III. Al ser derrotado
en Sedán, termina el Imperio y se inicia la Tercera República: la
constitución de 1875 conservaría su vigencia mayor tiempo... Si
Francia cambió tantas veces de constitución, ¿hemos de extrañarnos
de los continuados cambios en España?
Tres cuestiones o problemas
Para caracterizar la vida constitucional en España me permito
llamar la atención sobre tres puntos, como una explicación previa
del cambio constitucional de los siglos XIX y XX.
a) Nuestras constituciones tienen un carácter pendular, ya que
sus textos oscilan desde posiciones más avanzadas o progresistas a
las conservadoras, y viceversa. No existen reformas técnicas o de
perfeccionamiento de sus textos, que se realicen dentro del
procedimiento previsto en la anterior constitución: se trata de
rupturas continuadas. Tal vez, cuando se redacta la de 1837 se
pretendía la reforma y abreviación de la gaditana, aun cuando el
resultado final es bastante diferente y no se sigue el procedimiento
de reforma que aquella preveía.
La constitución de Cádiz de 1812, aparte los períodos de vuelta
al antiguo régimen, en 1814 y 1823, se verá con malos ojos cuando
empiece la época isabelina. En 1834, cuando se busca implantar un
régimen liberal, más moderado, se prefiere promulgar el Estatuto
real, especie de convocatoria de cortes o constitución limitada, que
dura hasta 1836 en que se proclama de nuevo la de Cádiz. Al año
siguiente, para mejorarla y para cambiar a dos cámaras y a sufragio
censitario se promulga la progresista de 1837. Un movimiento
militar hace subir a los moderados, acaudillados por Narváez, en
1843 y promulgan su propia constitución en 1845. La revolución de
1854 cierra la década moderada y convoca unas larguísimas
constituyentes que llegan a redactar, pero no a aprobar, el texto de
1856. Pasando por encima de las reformas que se promulgan sobre
la de 1845, la gloriosa revolución daría origen a la constitución de
1869 asimismo existe un proyecto republicano del año 1873. Por fin,
la de 1876, sin duda otro movimiento pendular, pero con
indudables deseos y aun soluciones de acuerdo y transacción,
prolongaría su vigencia durante el primer cuarto del siglo actual...
b) La segunda cuestión que ha de ocuparme es la continuidad o
no, de todo este período. ¿El cambio de texto constitucional,
significa ruptura de la continuidad durante el pasado siglo? Veamos
exactamente en qué sentido pueden plantearse estas ideas. Un libro
de François Furet, Penser la Révolution française, París, 1978, sobre el
análisis de historiadores como Tocqueville, pretende una
continuidad entre el antiguo régimen y la revolución, entre una y
otra sociedad; idea que, aunque en algunos aspectos pueda matizar
mejor cómo se realizan los cambios revolucionarios, me parece poco
fecunda y, desde luego, no afecta a la cuestión que ahora planteo.
Creo pues que existe un cambio indudable y profundo desde la
monarquía absoluta al liberalismo; desde luego, las constituciones
pertenecen sólo a este segundo tiempo o época. La cuestión que
presento es otra: ¿existe una continuidad entre las distintas etapas
liberales del XIX español, a pesar de que cambia el texto
constitucional? Joaquín Tomás Villarroya planteó bien esta cuestión.
Depende su respuesta de qué se entiende por constitución y
cuál es el sentido de cada uno de los textos hispanos en la agitada
política del XIX. Para definir una constitución pueden aceptarse
diferentes perspectivas:
1. Una constitución dejo las constituciones no escritas es una ley
fundamental se le otorga el grado primero en la jerarquía legal,
aprobada por el parlamento, en ocasiones específicamente
constituido para esta finalidad. Contiene las garantías o derechos de
las personas y ciudadanos, así como las líneas generales de la
organización de los tres poderes del estado, e incluso algunos
principios que deberán informar determinadas materias o ramas
del derecho. Es una definición formal, abstracta, si se quiere
jurídica; la constitución como texto. Cuando un determinado grupo
social sea una clase o una parte de ella, o una alianza de nobleza y
burguesía logra el poder y quiere cambiar la estructura del estado,
promulga de inmediato una constitución que cumple varios
cometidos: anunciar la nueva situación, al tiempo que convencer al
pueblo de que ésta supone grandes ventajas. Asimismo, señala las
líneas de su futura actuación y los límites en que deberán moverse
los funcionarios o el derecho, con respeto a la constitución.
La constitución posee un sentido de síntesis escrita, de
principios y preceptos que se destina al pueblo, en general, para
que sepa a qué atenerse seguridad jurídica, para convencerle de los
nuevos principios que proclama propaganda e incluso para
entusiasmarlo con las nuevas ideas de libertad, de igualdad, o
democracia, que son centrales en el siglo pasado. Aparte de que los
principios, con toda su vaguedad, traducen sin duda unas
consecuencias que, al menos una buena parte del pueblo sabe
atisbar, comprender; con un ejemplo me explicaré: la constitución
de 1812, en su artículo 12, proclama la religión católica como única
verdadera; sin embargo, cuando se proclama en 1820 todos saben
que, a pesar de ello, la desamortización o el arreglo del clero
acompañan a estos principios. O cuando se discute si la soberanía
es del pueblo o del rey con el pueblo, según sean progresistas o
moderadas, por detrás de la fórmula hay un distinto programa
político.
2. En segundo lugar, la constitución significa la superación del
antiguo régimen, un régimen nuevo. Unas prácticas parlamentarias,
una forma de organización del estado que, con diferencias, se
extienden a todos los países de la Europa occidental o de América.
Es una práctica política, condicionada por las peculiaridades de
cada nación, pero análoga en todas: es un régimen liberal o nuevo,
frente al antiguo régimen... Cuando se hace referencia a las
singularidades de cada uno de los países, tal como se aplican y
practican, aun cuando varíen los textos, se habla de constitución
interna, como la denominaba Cánovas del Castillo; es la práctica
constante de un país, pese a que cambien los concretos textos es el
régimen, la costumbre constitucional, por así denominarla.
Tras estas precisiones acerca de la idea de constitución como
texto y como régimen liberal ya podemos plantear mejor la cuestión
de la discontinuidad o continuidad de las constituciones españolas:
Existe discontinuidad de los textos, que cambian con cierta
frecuencia, salvo tal vez la de 1876, que dura hasta 1931. Es verdad
que, en muchas ocasiones conservan algunos artículos literales, se
redactan sobre otras anteriores; pero formalmente, en su vigencia,
los textos de nuestras constituciones sufren cambios bastante
frecuentes. Tal vez porque son constituciones de partido, que no
todos aceptan y, por lo tanto, en los cambios de partido moderado o
progresista, éstos se sienten forzados a cambiarla. A partir de 1875
el acuerdo entre los dos grandes partidos dinásticos, permite una
continuidad más larga, que se quiebra con la II República: los
republicanos no se sienten dentro de aquella legalidad, ni se podía
mantener tras la salida del monarca Alfonso XIII. Cambios de
textos, como consecuencia de los cambios de partidos, de sus
programas encontrados, contrarios...
En cambio, si atendemos a una idea de la constitución como
régimen liberal, no cabe duda de que éste se mantuvo a lo largo de
todo el XIX, con una continuidad evidente, cualquiera que fuese el
texto constitucional. En todo caso, se ha terminado el antiguo
régimen; con una práctica parlamentaria, si se quiere, viciada por
los abusos electorales o por el caciquismo, pero que, como ideal,
pretendía ser liberal. Tan sólo en 1923 se quiebra esta situación, con
las penosas consecuencias que le tocó vivir a España en los períodos
siguientes.
Es más, creo que se puede afirmar que como constitución
interna, en el sentido de Cánovas, también se siguió con cierta
continuidad unas líneas constantes en la práctica. Podrán existir
algunas diferencias entre los períodos moderados o progresistas,
con fuertes rompimientos y cambios del texto constitucional, pero
hay unas cortes con dos cámaras desde 1834 hasta 1931, aunque con
diferente constitución del senado, según veremos luego; hay unos
mismos procedimientos de aprobación de las leyes, de elecciones,
incluso unas mismas corrupciones electorales... Hay una
constitución interna duradera, aun cuando, en algunos momentos
la Gloriosa, o a partir de la II República los cambios fueron
profundos...
Frente a las enormes divergencias políticas de los partidos en el
XIX hasta 1875, capaces de cambiar hasta el texto de la constitución,
hay también identidad, consensos que no buscaron. Todos
pretenden salvo los carlistas y aún estos en su última etapa de 1872
a 1876 están más cerca un régimen liberal, presidido por una
constitución y capaz de llevar adelante unas estructuras nuevas.
Quieren imponer los grandes principios constitucionales y liberales;
quieren una desamortización, aunque de modo algo distinto; un
estado eficaz y moderno, una administración poderosa... Tal vez lo
lograron, en parte, con Cánovas y Sagasta, que significan la
consolidación del estado burgués y liberal. Pero en esta época
empiezan a aparecer nuevas fuerzas, como los movimientos obreros
y las aspiraciones nacionalistas de vascos y catalanes. La
constitución de 1931 les daba acogida, y proporcionaba solución a
las nuevas realidades sin ninguna duda. Pero no fue posible...
c) También cabe presentar algunas cuestiones acerca de la
mayor o menor aplicación de los textos constitucionales. Sabemos
que muchas veces, en las cortes, se achaca al adversario el haber
cometido una infracción constitucional al no existir mecanismos de
control de las constituciones, la mayoría puede prescindir de quien
le reprocha este tipo de conducta; la interpretación puede ser
dudosa a veces, pero otras resulta muy claro que no se cumple la
constitución ejemplo máximo, cuando a través de un levantamiento
se cambia. Las prácticas electorales se tildan de corrupción, cosa
que, es claro, rompe asimismo los preceptos de la constitución...
Pero, en este punto, se reúnen varios aspectos distintos.
Por lo pronto, habría que descartar algunos preceptos
constitucionales que nunca han pretendido ser más que mera
retórica o propaganda convincente de un texto constitucional; es un
sobreentendido que no pretende nada o apenas nada, unas veces
por tratarse de preceptos vacíos, como el artículo 6 de Cádiz, en que
se dice que los españoles deberán ser justos y benéficos; otras, por
ser preceptos no desarrollados, que al no pasar a leyes concretas no
se aplican o no tienen vía para ser exigidos. Muchos de los derechos
individuales, concedidos por nuestras constituciones, tuvieron
escaso desarrollo legislativo, quedando, tan sólo, en el papel.
En todo caso, las constituciones se aplicaron mal, con una
corrupción indudable en las elecciones o en la vida jurídica
cotidiana, que se distanciaba de los preceptos constitucionales. Hay
dos aspectos que revelan bien esa deficiencia constitucional de
nuestros siglos XIX y XX.
Primero: la corrupción electoral, que amañaba las elecciones,
como después hemos de ver. El sistema censitario reducía el cuerpo
electoral y permitía que los candidatos "tocasen" a los electores para
ganar su voto de forma particular o a través de otras personas. La
falsificación de actas o el añadido de papeletas completaban el
mecanismo: no había control adecuado sobre las mesas. También, la
variación de circunscripciones facilitaba resultados. Cuando en 1890
se establece el sufragio universal no las mujeres las redes y usos
caciquiles impiden que se llegue a un sufragio limpio. Habrá que
esperar a la segunda república a la democracia actual para que
funcione el procedimiento electoral.
Segundo: la fuerza del ejército, indudable en todo el período.
No sólo a través de los pronunciamientos de Riego, 1820; Espartero,
1840; Narváez, 1843 ; O`Donell, 1854; Martínez Campos, 1874;
Primo de Rivera, 1923; los más notables sino también , en
momentos de tranquilidad. La frecuencia de los estados de guerra o
la jurisdicción especial de los militares o la ley de jurisdicciones de
1906, revelan esa presencia militar continuada.
En cada partido, al frente, hay uno o varios militares de alta
graduación. La razón, sin duda, está en que las votaciones y los
órganos del estado no funcionan o funcionan con corrupción o con
intervención del trono mientras el ejército presenta una
organización más estructurada, más fuerte y a lo largo de los años
interesada en el orden y funcionamiento del sistema. La guerra civil
y los años de Franco han sido la última manifestación de estas
realidades.
[Ideas constitucionales de los partidos burgueses]
Progresistas y moderados. Sus ideas constitucionales.
No voy a entrar en su análisis pormenorizado, sino a tratar
algunos puntos concretos que revelan las distintas características de
los textos constitucionales. Puntos que, de otra parte, son clave para
explicar su sentido, dentro de nuestra historia política. Todas las
constituciones se engarzan en una continuidad institucional, que se
revela en la utilización literal o modificada de muchos de sus
preceptos: derechos o garantías, división de poderes, etc. Salvo
Cádiz, que es un texto más amplio, las otras se parecen mucho en
sus regulaciones. Pero no era lo mismo que tuvieran el poder los
moderados o los progresistas, los conservadores o los liberales, pues
unas mismas instituciones parlamentarias y políticas suponían,
según estuviesen en el poder unos u otros, un beneficio para uno u
otro partido; los políticos querían el poder, para ellos y sus
clientelas, que pasaban a ser cesantes cuando cambiaba el gobierno.
Pero en el texto constitucional existen puntos en que se refleja una u
otra situación, incluso la composición del bloque que dominaba...
Así, la presencia de la iglesia y de la nobleza en el senado
moderado, sin duda, apunta hacia el peso político de los
descendientes de aquellos estamentos.
a) El primer aspecto se refiere al principio de la soberanía. Es
un elemento ideológico, que se proclama desde 1810 como
soberanía del pueblo o nación y en las restantes constituciones, en
los preámbulos o en el articulado, delimita su tendencia. Para los
progresistas se afirma que la nación es soberana, mientras los
moderados pretenderán una soberanía compartida entre el pueblo y
el rey. ¿Tenía importancia aquella diferencia? En la realidad, no
mucha, ya que el rey gozaba de análogas prerrogativas, y, en todo
caso, la reina Isabel II hacía sentir su presencia a través de
influencias profundas, de ella y de aquellos a quienes favorecía. Sin
embargo, se discute, se pone como bandera en las distintas
constituciones. Creo que su significado, de acuerdo con ideas ya
expresadas, es precisamente el de un mito o idea llena de
consonancias emotivas, que caracteriza a uno y otro bando. Porque
no significa que los progresistas admitan el sufragio universal, sino
censitario. Es pues un distintivo, un indicio de quiénes están en ese
momento en el poder... Cádiz, en su artículo 3º decretó que "la
soberanía reside esencialmente en la nación y por lo mismo
pertenece a éste exclusivamente el derecho de establecer sus leyes
fundamentales". Pero en las posteriores se revela su pertenencia a
progresistas o moderados. En 1837 se proclama la soberanía de la
nación, mientras en 1845 acuñan los moderados la soberanía
compartida en ambos casos en el preámbulo. La constitución de
1869 establecía en su artículo 32 que la soberanía residía "en la
nación de la cual emanan todos los poderes", en tanto que la
siguiente de 1876, volvía a recogerla compartida entre el rey y las
cortes, en el preámbulo.
b) Otro aspecto de interés es el senado en las diversas
constituciones, a partir de 1834. No existía en Cádiz, e introducido
en el Estatuto real, aparecerá en todas las constituciones del XIX.
Evaristo San Miguel veía inútil su introducción, ya que la nobleza
estaba destruida, pero se juzgó oportuno mantenerlo; los
moderados, para que sirviese de lugar en donde se reunían los
grandes personajes que les servían de apoyo a pesar de que sus
sesiones no supongan más que la aprobación de lo hecho por la
cámara baja, suponía un poder del trono, una limitación a cambios
demasiado rápidos. Los progresistas cambiaron su sentido.
El Estatuto real pretendió abrir cauces a los liberales, pero en
forma cauta y limitada no puede interpretarse como una
refeudalización, según hace Tuñón de Lara. En su estamento de
próceres la terminología sí es antigua reunía arzobispos y obispos,
grandes de España, títulos de Castilla con más de 80.000 reales de
renta, así como altos funcionarios, tales como ministros,
embajadores, consejeros de estado o miembros del tribunal
supremo; aparte, grandes propietarios o dueños de fábricas o
establecimientos mercantiles, o personas de gran renombre en la
enseñanza, en las ciencias o las letras. Todos, salvo los funcionarios,
tendrán, al menos, más de 60.000 reales de renta. Esta cámara
simbolizaba la alianza entre los descendientes de la nobleza y la
iglesia con los nuevos poderes de la burguesía y del alto
funcionariado. Es verdad que la iglesia, a partir de las
desamortizaciones había perdido, en buena parte, su poder; sin
embargo desde Cádiz hasta 1869 se continuó proclamando como
oficial la religión católica sin más; a partir del último año se toleró
otras religiones, como también en 1876. La burguesía no podía
perder la cohesión y el poder ideológico de la iglesia sobre el
pueblo, sobre sus capas altas.
La nobleza, en cambio, había salido con mayores ventajas de la
revolución. La constitución de 1837 designaría el senado por
sufragio, si bien el monarca elegía de una terna. En 1845 se vuelve a
establecer en el senado la alianza que dominaba la revolución
moderada: grandes y títulos, altos funcionarios con unas rentas
determinadas todos así como quienes adelanten contribuciones y
hayan desempeñado cargos de senadores, diputados, diputados
provinciales, alcaldes o presidentes de juntas o tribunales de
comercio... Bravo Murillo, en su proyecto de 1852, todavía daba
mayor importancia a la nobleza... En 1869, el senado se designa por
sufragio, pero los requisitos necesarios para poder ser elegido
limitan a las clases altas la participación en este cuerpo legislativo.
La constitución de 1876 apenas abría la cámara a presidentes de
academias y académicos, a catedráticos o inspectores de cuerpos de
ingenieros... Junto a los senadores hereditarios nobles o vitalicios
nombrados por la corona cabía también otro tipo, designados por
las corporaciones o por ser mayores contribuyentes... En los
períodos de 1837 o 1869 o en la no promulgada del 1856, es decir, en
períodos revolucionarios, se hacía por sufragio. No se suprimiría
hasta 1931 sin duda, porque representaba una garantía para el
trono, aunque fuese el de Amadeo I, y el orden, un freno para los
cambios excesivos, una serie de distinciones para determinados
políticos...
c) Sin embargo, el auténtico poder estaba en el congreso aparte
el poder del ejército, que era liberal, o del trono, con una reina
constitucional. Y para designarlo se estableció, y en ello estuvieron
de acuerdo, un sistema censitario, que, salvo en 1812, en ésta fue
universal e indirecto, estaba fuera de la constitución, en las leyes
electorales. Los progresistas quisieron ampliarlo, es verdad, pero
nunca hacerlo universal: tan sólo durante la Gloriosa o la
revolución de septiembre como también se la llama y después a
partir de 1890, por iniciativa de Sagasta. Las presiones externas o la
confianza en la estabilidad del sistema que se podía manipular por
otros procedimientos oligarquía y caciquismo llevó a este resultado.
Por tanto, durante el XIX la soberanía del pueblo se ejercitaba, en
realidad, por unos cuantos, por las clases altas, acomodadas, que
pagaban unas determinadas contribuciones o bien disfrutaban de
unos signos distintivos o eran profesionales...
La elección de los diputados de Cádiz se hacía por sufragio
universal pero indirecto, en cuatro grados ya lo veremos. El sistema
favorecía el nombramiento de personas de capas altas, como puede
colegirse de la composición de las cortes elegidas por este sistema.
Pero después se estableció el voto censitario, con lo que muy pocos
elegían a los representantes; es decir, los que tenían fortuna aparte
profesionales, que también solían tenerla o quienes disfrutan de
rentas altas designan y controlan el poder. En 1834 son 16.026 y en
1836 se asciende por reforma a 60.067 individuos; en 1840 se llega a
423.787. Todavía en 1878 eran unos 850.000 electores... Los datos
pertenecen a la obra de Tomás Villarroya, Breve historia del
constitucionalismo español, muy útil para una primera aproximación
a estos temas. A través de los sistemas de voto como de la
composición del senado, ¿no queda perfectamente claro el dominio
de la burguesía, o clases medias, sea moderada o progresista?
Con todo, los dos grandes partidos del siglo XIX con el poder,
la riqueza y el control político se enzarzaron en una enemistad
continuada a lo largo del siglo. No respetaron el sistema y lo
enturbiaron a través del pronunciamiento para los cambios, de los
levantamientos o del caciquismo o la corrupción electoral. ¿Por
qué? Tenían ideas e intereses distintos, querían gobernar sin contar
con los contrarios... Si todos estaban de acuerdo en las líneas
esenciales del sistema político, no lo estaban en cambio, en quién
debía gobernar y cuáles eran las reformas que habían de
introducirse... La alta burguesía del moderantismo junto con la
nobleza que, perdidos sus privilegios jurídicos, se alinea con ella
pretende conservar una situación económica que, aparte de
beneficiarle con la desamortización eclesiástica y comunal, le
permita beneficios en la naciente industria y en el comercio, en los
ferrocarriles o en la banca... Las clases medias inferiores no se
resignan a quedar excluidas...
[La estructura del poder en la España liberal]
Ensayo de una radiografía del poder.
¿El poder liberal sería, en definitiva, como se refleja en las
constituciones? Hemos visto que el sistema no funcionaba conforme
se pretendía en las constituciones. Las constituciones del XIX
poseen elementos ideológicos que intentan justificar unas
situaciones que discurren por cauces diferentes a los que se
describen en su articulado.
En ocasiones, instituciones importantes en la vida política, ni
siquiera son nombrados: el presidente del gobierno, no aparece
hasta 1931, cuando es la pieza esencial del poder ejecutivo. Quizá
como no existía en los primeros tiempos constitucionales, no se le
dio el resalte que merecía después. Más bien consideraron que
correspondía a una práctica, sin necesidad de ser recogida en los
artículos de la constitución. También Navarra y las Vascongadas
poseen concesiones de derecho público efecto de las guerras
carlistas y del antiguo régimen que no se reflejan en las
constituciones. Más que estas omisiones o desajustes, hay que
atender a que el poder no respondía al esquema de la constitución.
No se estructura en los tres poderes clásicos del liberalismo, sino de
forma bastante distinta.
El núcleo del poder se encuentra en el trono que interviene
poniendo y quitando a los presidentes de gobierno, quienes
convocan elecciones y las ganan merced al caciquismo
gubernamental y la corrupción electoral los políticos están de
acuerdo en estas ficciones. Los mecanismos de relevo, "desde
abajo", no funcionan, de modo que para cambiar de progresistas a
moderados, o de republicanos a monárquicos, se pronuncian los
militares o se levantan juntas de notables paralelas a los
movimientos militares que apoyan los cambios. A partir de la
restauración, el turno pacífico de los partidos, significa que, aunque
el rey no intervenga, se ceden unos a otros, cuando se han
desgastado, el poder.
Los partidos no logran estructurarse como auténticas fuerzas
políticas, con gran número de personas en sus filas tampoco se
requiere, ya que el voto es restringido, censitario. Son una serie de
prohombres, en Madrid, muchos juristas, algunos militares: en cada
partido hay un grupo de militares, que se dedican a la política; unas
clientelas políticas forman la cohorte de los grandes y van
formándose para el futuro, en el parlamento, en las elecciones... A
fines de siglo, el sufragio universal complica y cambia la situación;
hacen su aparición los partidos obreros y los nacionalistas, mientras
los republicanos se colocan asimismo fuera del sistema. Empiezan
los partidos de masas pero, pese al sufragio universal, los partidos
dinásticos controlan la situación.
Cuando se disuelven las cámaras y se nombra a quien ha de
presidir las nuevas elecciones, éste sabe que las ganará, a través de
mecanismos de caciquismo gubernamental. Son los propios
gobernadores civiles, junto a los partidarios que se tiene en
provincias, quienes logran, por medio de coacciones y de
corrupción, los resultados que se pretenden. El caciquismo no ha de
entenderse como grandes señores, propietarios que obligan a sus
colonos o arrendatarios; este existe en localidades más pequeñas,
pero se entrelaza con todo el entramado gubernamental que es la
auténtica nervadura. La corrupción no puede contenerse por una
magistratura a quien no se le dan medios, y que, en todo caso,
depende del poder ejecutivo. El libro de Varela Ortega, Los amigos
políticos, o el clásico de Joaquín Costa, sobre Oligarquía y caciquismo,
examinan estas realidades.
Por tanto, el poder en la España del XIX no descansa sino sobre
el poder ejecutivo. La administración se forma con funcionarios que
dependen de los vaivenes políticos, pues son cesados al cambiar
quien gobierna. A mediados del siglo empiezan a aparecer los
cuerpos de funcionarios jueces y magistrados, catedráticos de
universidad, o de instituto, cuerpos de la hacienda, etc. que buscan
una estabilidad y un status consolidado. Estos cuerpos van a
constituir el nervio principal de la administración española, en
contraste con un poder político en continuo cambio, por la
inestabilidad que supone el juego de alianzas y poderes entre las
camarillas cercanas al poder y la agitada política del pasado siglo y
de este.
Naturalmente, estas precisiones son insuficientes para dar
cuenta de la estructura del poder en España. Pero puede afirmarse
que posee las siguientes características:
Importancia del monarca, que interviene en la vida política, sin
conformarse con una simple función decorativa como presidente
del estado y jefe de las fuerzas armadas. Es bastante más que un
poder moderador o armonizador, según la calificación que el
administrativista Vicente Santamaría de Paredes le diera.
Partidos formados por unos cuantos prohombres grandes
juristas, grandes militares con sus clientelas, cuya estabilidad
depende de su conexión con el trono y con numerosos pactos con
sus correligionarios. Quizá sea indiscutible, en algunos momentos,
el jefe, pero no los demás la inestabilidad es, por tanto, muy fuerte y
el sucederse de los gobiernos, continuo. Entre los partidos no hay
aceptación de un principio común: siempre quedan fuera algunos,
los progresistas si están los moderados; los demócratas y
republicanos, carlistas... Partidos obreros o nacionalistas...
Predominio del ejecutivo, que se fabrica su propio legislativo,
mediante las oportunas elecciones y que subordina, sin duda, al
judicial, que depende del ministerio de justicia. Dentro del
ejecutivo, por debajo de los políticos, pero con estabilidad, empieza
a formarse una burocracia, organizada en cuerpos, que dan cierta
continuidad, aunque también cierto particularismo y disgregación
al gobierno del estado.
Este modelo bastante distinto de lo que reflejan las
constituciones ha sido constante durante la monarquía, hasta 1923 ó
1931. Su existencia, ya dentro de otros supuestos, continuaría hasta
épocas cercanas...
LECCIÓN 3
REINADOS DE FERNANDO VII E ISABEL II
Estatuto de Bayona. Constitución de 1812: 1) Actuaciones previas a
la constitución; 2) la constitución y los poderes; 3) Abolutistas y
liberales. Estatuto real. Constitución de 1837. Constitución de 1845.
Intentos y reformas.
Estatuto de Bayona de 6 de julio de 1808
En nombre de Dios Todopoderoso, DON JOSE NAPOLEÓN, por la gracia
de Dios, rey de las Españas y de las Indias:
Habiendo oído a la Junta Nacional, congregada en Bayona de orden de
nuestro muy caro y muy amado hermano Napoleón, emperador de los franceses
y rey de Italia, protector de la Confederación del Rhin, etc., etc., etcétera.
Hemos decretado y decretamos la presente constitución, para que se guarde
como ley fundamental de nuestros estados y como base del pacto que une a
nuestros pueblos con Nos, y a Nos con nuestros pueblos.
Algunos autores omiten el Estatuto de Bayona, por considerarlo
imposición francesa o por ser una constitución otorgada no aprobada
por una asamblea constituyente. No obstante, parece oportuno dedicarle
una atención mínima, ya que las ideas constitucionales hispanas
procedían de la Francia revolucionaria. En todo caso, la constitución de
1812 se promulga como reacción al Estatuto, aunque se base en las
francesas de 1791 y 1793. Unos prohombres españoles, partidarios de
Napoleón, fueron llevados a Bayona y aceptaron el texto que se les
proponía.
Los primeros títulos del estatuto están dedicados a la corona. Se
pretendía preservar a la dinastía napoleónica en el trono español y, por
ello, gran parte del texto del estatuto está dedicado al orden de sucesión
a la corona, a la regencia y a la dotación de la corona. Sin embargo,
aunque a lo largo de todo el articulado, las referencias a las intervención
del rey son numerosas, no aparecen especificadas. Sólo cuando se hace
referencia al regente se dice que no será personalmente responsable de
los actos de su administración.
El rey debía jurar "respetar y hacer respetar nuestra santa religión,
observar y hacer observar la constitución, conservar la integridad y la
independencia de España y sus posesiones, respetar y hacer respetar la
libertad individual y la propiedad y gobernar solamente con la mira del
interés de la felicidad y gloria de la Nación española". En este juramento
se plasmaban algunos de los logros de la revolución la libertad, la
propiedad pero se jugaba con ideas tradicionales. De hecho el primer
título del estatuto se dedicaba a la religión, la católica, apostólica y
romana, que sería la religión del rey y de la nación y no se permitiría
ninguna otra.
La composición y formación de las cortes según el estatuto de
Bayona es un tanto singular, ya que a pesar de que en Francia se había
roto con el antiguo régimen, en España, con el fin de no provocar un
rechazo total al sistema impuesto por el invasor, se va a buscar un
régimen conciliador.
El senado, a semejanza de la constitución napoleónica de 1799,
aparece como una institución separada de las cortes. De hecho, viene
regulado en el título VII, mientras que las cortes se recogen en el título
IX.
Composición: infantes de España mayores de 18 años junto con 24
miembros nombrados por el rey entre ministros, capitanes generales,
embajadores... mayores de 40 años. Su cargo es vitalicio. El presidente
también será nombrado por el rey anualmente.
Funciones: según el Estatuto, el senado aparece como una instancia
superior cuyo deber fundamental es garantizar la paz y seguridad
públicas. Por ello, a propuesta del monarca, podrá, en caso de urgencia,
adoptar medidas extraordinarias, incluso suspender la constitución, por
tiempo y lugar determinados. Sólo el senado puede anular como
inconstitucionales las elecciones para diputados de provincia o de las
ciudades. Además debe velar, y en este punto el estatuto se extiende
bastante, por preservar dos grandes logros de la revolución francesa: la
libertad individual y la libertad de imprenta.
Las cortes o juntas de la nación vendrían a ser el cuerpo legislativo,
con independencia del senado.
Composición: en su composición es donde más se advierte el deseo
conciliador de este estatuto, ya que aparece la vieja organización
estamental en España aún no ha habido revolución. Se compone de 172
miembros divididos en tres estamentos: los del clero, la nobleza y el
pueblo. El estamento del pueblo se componía de 62 diputados de las
provincias de España e Indias, 30 diputados de las ciudades principales
de España e islas adyacentes, 15 negociantes o comerciantes y 15
diputados de las universidades, personas sabias o distinguidas por su
mérito personal en las ciencias o en las artes. El resto de los diputados se
repartía a partes iguales entre el clero y la nobleza.
Los representantes del estamento del pueblo debían renovarse de
unas cortes a otras; sólo podían ser reelegidos una vez más y después
habían de esperar un plazo de tres años para ser nombrados de nuevo.
No era, por tanto, un estamento muy estable.
Funciones: las cortes estaban totalmente controladas por el rey. A él
correspondía convocarlas y no podían ser diferidas, prorrogadas ni
disueltas sino por orden suya. Se reunirían al menos una vez cada tres
años. Su función legislativa no aparece recogida con amplitud. Sólo les
corresponde la deliberación y aprobación, en su caso, de los proyectos
de ley propuestos por el consejo de estado, acerca de los presupuestos
del Estado o de cualquier variación que se haya de hacer en el código
civil, penal o en el sistema de impuestos.
El poder judicial será independiente en sus funciones. Como la
justicia se administrará en nombre del rey, por juzgados y tribunales que
él mismo establecerá, los tribunales especiales y todas las jurisdicciones
de abadengo, órdenes y señoríos, quedaban suprimidos. Se remite a las
primeras cortes la introducción o no, en el proceso penal, de los jurados.
Quedaba abolido el tormento. Habría un solo código de leyes civiles y
criminales para España e Indias, así como un solo código de comercio.
La constitución de 19 de marzo de 1812
DON FERNANDO VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la
Monarquía española, rey de las Españas, y en su ausencia y cautividad la
Regencia del reino, nombrada por las Cortes generales y extraordinarias, a todos
los que la presente vieren y entendieren, SABED: Que las mismas cortes han
decretado y sancionado la siguiente constitución política de la monarquía
española.
En nombre de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, autor y
supremo legislador de la sociedad,
Las cortes generales y extraordinarias de la nación española, bien
convencidas, después del más detenido examen y madura deliberación, de que
las antiguas leyes fundamentales de esta monarquía, acompañadas de las
oportunas providencias y precauciones, que aseguren de un modo estable y
permanente su entero cumplimiento, podrán llenar debidamente el grande
objeto de promover la gloria, la prosperidad y el bien de toda la nación, decretan
la siguiente constitución política para el buen gobierno y recta administración
del estado.
1) Actuaciones previas a la constitución
La junta central, surgida en la lucha contra el francés, previó reunir
cortes. Dudaba si hacerlo por estamentos o de forma más nueva, como
en Francia. Al fin, dejó su poder a una regencia Fernando estaba ausente
que hizo la convocatoria para el otoño de 1810.
Las cortes gaditanas sus diversas legislaturas poseen una tenaz
voluntad de transformar la estructura política y jurídica de la nación
española. Y esta finalidad aparece incluso en los documentos
preparatorios, previos a su reunión primera en 24 de septiembre de
1810. En las mentes de los diputados y miembros de las cortes se
evidencia la necesidad y anhelo de cambio, el deseo de promulgar una
constitución y unos códigos, atendiendo al ejemplo de Francia. Una
constitución que organizara políticamente el estado y unos códigos que,
recogiendo sus principios y las modernas corrientes de pensamiento
político, renovasen los antiguos cuerpos legales españoles. Ambas líneas
de intención empezarán a percibirse desde los primeros días de las
cortes generales y extraordinarias, reunidas en la isla de León, primero
y, después, en la ciudad de Cádiz. Más adelante se trasladaron a
Madrid.La nueva organización de la monarquía se manifiesta en el
primer decreto, que establece la división de poderes en la estructura de
gobierno y consagra la soberanía nacional. Reconocían, asimismo, a
Fernando VII por su rey, declarando nula la abdicación realizada por la
violencia y, reservándose el poder legislativo, conferían el ejecutivo,
provisionalmente, al consejo de regencia, por la ausencia de Fernando
VII. Por ahora, confirmaban los tribunales y justicias establecidos, así
como las restantes autoridades civiles y militares.
Si bien las cortes, a lo largo de sus sesiones, fueron trasformando las
instituciones públicas españolas desde sus primeros momentos, eran
conscientes de que era necesario un código político, una constitución.
No obstante, no se aguardó a la aprobación y publicación de la
constitución para considerar e introducir reformas del antiguo régimen.
Así, una copiosa legislación sería decretada durante aquellos primeros
años: la regulación del poder ejecutivo, el gobierno de las provincias, la
libertad de imprenta, los presupuestos, las contribuciones y empréstitos
requeridos por la guerra, la abolición de los señoríos jurisdiccionales,
arreglos de las audiencias, juzgados y creación del tribunal supremo, de
los ayuntamientos y diputaciones, el fin del santo oficio de la
Inquisición, entre otras muchas medidas.
Mas la aprobación de la constitución resultaría decisiva para poner
fin al antiguo régimen y señalar el comienzo de una nueva etapa en
España.
2) La constitución y los poderes
La constitución de Cádiz, que recoge, con originalidad propia,
textos franceses, se inspiró en las primeras revolucionarias,
especialmente en la de 1791, sin ninguna concesión al texto enfrentado
de Bayona. Se trata de una ley muy extensa porque tuvo por norte fijar
principios en numerosas cuestiones. No tiene una tabla de derechos
fundamentales, aunque en sus preceptos se aludía a algunos. Consagra
el principio de la soberanía nacional en su artículo 3: "La soberanía
reside esencialmente en la nación y, por lo mismo, pertenece a ésta
exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales".
Las cortes
Composición: estarían formadas por una sola cámara a diferencia de
las posteriores para evitar, según decían, divisiones en aquellos
momentos. Más bien temían que una cámara alta, con la aristocracia y el
clero, rompiese el principio de la soberanía nacional e impidiese las
reformas. La elección de los diputados de Cádiz se hacía por un sistema
análogo al empleado por Carlos III para elegir en los municipios a los
diputados del común y al procurador síndico entonces sin peligro, pues
las estructuras sociales y la organización municipal, dominada por la
nobleza, dejaba sin fuerza a estos representantes del pueblo. Los
diputados se elegían por sufragio universal e indirecto, en cuatro
grados, según normas contenidas en la misma constitución: los vecinos
elegían unos compromisarios, que elegían a los electores parroquiales;
éstos a su vez eligen a los electores de partido y ellos, por fin, a los
diputados.
Aunque en verdad esta constitución enraíza con el liberalismo,
pretendía ser aceptada y, por ello, muestra un especial interés en
considerarse heredera de las viejas tradiciones hispanas en el discurso
preliminar o exposición de motivos de la constitución son muy
frecuentes las referencias al viejo derecho de Castilla, Navarra o
Aragón.... En consonancia con esta apelación a la tradición, el artículo 12
preceptúa recoge que "la religión de la nación española es y será
perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera. La
nación la protege por leyes sabias y justas y prohibe el ejercicio de
cualquier otra". Establece, sobre elecciones, que "llegada la hora de la
reunión, que se hará en las casas consistoriales o en el lugar donde lo
tengan por costumbre, hallándose juntos los ciudadanos que hayan
concurrido, pasarán a la parroquia, con su presidente, y en ella se
celebrará una misa solemne de Espíritu Santo, por el cura párroco, quien
hará un discurso correspondiente a las circunstancias" (art. 47). Y esto
mismo, cuantas veces se vote.
Para ser diputado se requería ser ciudadano que se hallase en el
ejercicio de sus derechos, mayor de 25 años, nacido en la provincia o
avecindado en ella con residencia al menos siete años, ya fuese seglar o
eclesiástico secular, pudiendo recaer la elección en los ciudadanos que
componen la junta o en los de fuera de ella. Además, era necesario que
contase con una renta anual, procedente de bienes propios. No podían
ser elegidos diputados los secretarios de despacho, los consejeros de
estado y los que sirviesen empleos en la casa real; tampoco ningún
extranjero, aunque hubiese obtenido de las cortes carta de ciudadano,
así como tampoco ningún empleado nombrado por el gobierno.
Los diputados se renovaban cada dos años en su totalidad y no
podían ser reelegidos sino mediando otra diputación.
Funciones: Se reunirían todos los años durante tres meses. No
obstante, podrían prorrogar sus sesiones un mes más a petición del
monarca o, si las cortes lo creyeran necesario, por una resolución de las
dos terceras partes de los diputados. Mientras las cortes estuviesen
cerradas, funcionaría una diputación permanente que debería velar por
la observancia de la constitución y de las leyes y convocar a cortes
extraordinarias siempre que vacase la corona, el rey no pudiera
gobernar o cuando en situaciones críticas, así lo solicitase el monarca.
El rey se limitaba a abrir y cerrar las cortes, no pudiendo estar
presente en las deliberaciones. Cuando a través de los secretarios de
despacho el rey hiciera alguna propuesta, aquéllos podían asistir a las
discusiones e incluso hablar en ellas en algunos casos, pero no podrán
estar presentes en las votaciones.
A diferencia de lo establecido en el Estatuto de Bayona, donde las
sesiones de las cortes no debían ser públicas, llegándose incluso a
considerar como un acto de rebelión la divulgación de las opiniones o
votaciones, en Cádiz las sesiones son públicas. Por tal motivo se
declarará la inviolabilidad de los diputados por sus opiniones.
Son muchas las facultades reconocidas a las cortes en la
constitución. Sin duda, la más importante fue "proponer y decretar las
leyes e interpretarlas y derogarlas en caso necesario". Todo diputado
podía presentar en las cortes un proyecto de ley. El rey deberá sancionar
las leyes, aunque tiene un derecho de veto suspensivo, limitado. El
artículo 131 determinaba, por extenso, en una enumeración, las materias
que son de su competencia y deben regularse por ley. Pero junto a la
función legislativa, le son atribuidas otras competencias: recibir el
juramento al rey, resolver cualquier duda en orden a la sucesión de la
corona, aprobar los tratados de alianza ofensiva, conceder o negar la
admisión de tropas extranjeras, fijar las fuerzas de tierra y de mar, dar
ordenanzas al ejército, armada y milicia nacional, fijar los gastos de la
administración pública, establecer anualmente los impuestos, aprobar
su reparto entre las provincias, promover y fomentar la industria,
establecer el plan general de enseñanza pública en toda la monarquía,
proteger la libertad política de la imprenta...
El poder ejecutivo: el rey
La potestad de hacer ejecutar las leyes reside exclusivamente en el
rey. Su potestad ejecutiva le facultaba para dar reglamentos, firmar
paces o treguas, con acuerdo de las cortes, nombrar empleos civiles y
militares, mandar los ejércitos, nombrar ministros... Sus actividades se
veían mermadas, ya que necesitaba para toda actividad el refrendo de
los ministros. Cádiz, preocupada por la separación de poderes, no
permitiría que los ministros fueran diputados, lo que dificultaba la
relación con las cortes.
El monarca participaba, como hemos visto, en la función legislativa:
podía proponer leyes a través de sus secretarios o ministros, pero sobre
todo sancionaba las leyes que aprobaban las cortes si las vetaba, las
cortes podían aprobarlas hasta tres veces, y a la tercera quedaban
aprobadas, aunque no se sancionasen. A diferencia de lo previsto en el
Estatuto de Bayona, en Cádiz, el monarca no puede impedir, bajo ningún
pretexto, la celebración de las cortes, ni suspenderlas ni disolverlas.
El poder judicial
La potestad de aplicar las leyes en las causas civiles y criminales
pertenece exclusivamente a los tribunales. Ni las cortes ni el rey podrán
ejercer en ningún caso funciones judiciales, y los tribunales no podrán
ejercer otras funciones que las de juzgar y hacer que se ejecute lo
juzgado. Al igual que en Bayona, se recogía la unidad de códigos civil,
criminal y de comercio, aun cuando, sin duda alguna, la influencia
procede no de aquel texto, sino de la constitución francesa de 1791. Se
suprimen el tormento y la pena de confiscación de bienes.
3) Absolutistas y liberales (18081833)
La pugna entre estos dos bandos ocupa el reinado de Fernando VII,
que todavía gobierna con poder absoluto, al igual que sus antecesores,
en el sexenio absolutista (18141820) y durante la década absolutista u
ominosa, como la motejaron los liberales (18231833). El absolutismo se
prolongó en España por la intervención de los Cien mil hijos de san
Luis, tropas francesas de Luis XVIII que entran en 1823 en la península y
rompen el proceso interior revolucionario. Por acuerdo de la Santa
Alianza, de los monarcas absolutos, esa segunda invasión francesa de
una Francia ahora restaurada en el absolutismo cambia, por unos años,
la historia de España... La revolución tuvo dos etapas en este período:
a) Los años de Cádiz (18101814). Los levantamientos de 1808 y las
cortes de 1810 y años siguientes, significaban una intención de defensa
frente a Francia y, al mismo tiempo, un claro designio de transformación
de las estructuras del país. Es evidente que los revolucionarios
gobernaron por unos años; pero, en realidad, sus leyes no alcanzaron a
modificar demasiado la situación anterior. Apenas tuvieron tiempo,
aquejados por las múltiples urgencias: tuvieron que hacer frente a la
guerra, con los cuantiosos fondos que ello suponía, se enfrentaron a una
epidemia de fiebre amarilla que por estos años se apoderó del sur de
España... Se limitaron, pues, a una legislación que expresaba más deseos
de futuro que auténticas realizaciones. La constitución de Cádiz de 19 de
marzo de 1812 era un programa de gobierno y una estructuración del
estado desde los nuevos supuestos revolucionarios: regularon el poder
judicial, audiencias y jueces letrados, incluso crearon un tribunal
supremo para asegurar la unidad de la jurisprudencia; procuraron una
reforma fiscal que sustituyese los viejos impuestos, si bien con poco
éxito... No llegan a reformar la enseñanza, ni a redactar códigos... La
desamortización, aun cuando se dieron normas sobre la forma de
llevarla adelante, no llega a subastar bienes de la iglesia; en la zona
napoleónica parece que sí se hizo, aun cuando fue para allegados y
amigos del rey. La abolición de señoríos apenas rozaría el status de la
nobleza... Mayor importancia tuvo la abolición de la inquisición...
En definitiva, la legislación de la época gaditana sentaba las bases
legales para el futuro, pero la vuelta de Fernando VII desde su exilio, la
restauración del absolutismo, dejó sin efecto aquel proceso que se
iniciaba. Al pronto, el rey respetó la situación, pero durante su estancia
en Valencia se confirma en la idea de que poderosas fuerzas desean la
vuelta a la "normalidad" absoluta; incluso unos 60 diputados de cortes
le presentan un manifiesto llamado "de los Persas", por una alusión a
este antiguo pueblo, en su inicio instándole a la restauración de sus
poderes. Por decreto del 4 de mayo de 1814, datado en Valencia, aun
cuando no se conocerá hasta días después, declaraba abolida la
constitución y aquellos decretos que atentasen contra su soberanía no
todos. Se ocupan las cortes en Madrid y se vuelve al sistema anterior:
aun cuando deja subsistentes los decretos de cortes, los va modificando,
restaurando la antigua organización del estado y la sociedad en cambio,
mantiene la abolición de los señoríos. No persigue, salvo a los
afrancesados o partidarios del rey José I. Durante seis años quedaba
suspendida la revolución, a pesar de algunos intentos de golpe de
estado o pronunciamientos...
b) El trienio liberal (18201823). Los sucesos de España y la tensión
interna que existe en las colonias americanas con movimientos
independentistas, originan un nuevo cambio. Un ejército dispuesto a
embarcar hacia América se subleva; el comandante Riego lo acaudilla
por los pueblos de Andalucía, en momentos en que de nuevo aparecería
la fiebre amarilla. Se sublevan otras guarniciones y el monarca se ve
obligado a jurar la constitución de 1812. Se inicia la segunda etapa
liberal, que, por otro lado, favorece la independencia de las naciones
americanas; México, por ejemplo, en 1821 con Iturbide logra su
independencia. Y aunque hasta 1824, con la batalla de Ayacucho, no se
pierden definitivamente las colonias, puede decirse que el curso de la
historia ha alcanzado una etapa nueva y decisiva para la América
española. Los peninsulares tienen numerosos problemas que resolver.
Son años de impulso revolucionario, en que los políticos y las
sociedades patrióticas, la milicia y las cortes, los gobiernos ahondaron
en la reforma de las instituciones. El estado se configura conforme a la
constitución, se reorganiza desde los ayuntamientos a los más altos
organismos. La iglesia empieza a sufrir la desamortización; se suprime,
de manera definitiva, la inquisición... Una superintendencia de policía
vendría a cumplir sus funciones en las épocas absolutistas, así como
juntas de fe dependientes de los obispos. La nobleza había perdido sus
jurisdicciones señoriales en época anterior, pero ahora, además, se
endurece la legislación acerca de esta abolición necesidad de presentar
títulos para acreditar el dominio solariego sobre las tierras. Empieza la
desvinculación de patrimonios nobiliarios, es decir, pueden disponer de
sus bienes por actos inter vivos o mortis causa, a pesar de que se hallasen
anteriormente vinculados o amayorazgados en una familia, de modo
que los heredaba el primogénito. El ejército ya no es dominio de la
nobleza, pues desde la guerra de la independencia han entrado en su
oficialidad gentes no nobles. También hay reformas de la hacienda,
algunos códigos el penal de 1822...
Los Cien mil hijos de san Luis interrumpen este proceso y restauran
el absolutismo. Si en la primera etapa absolutista el rey, aparte la
persecución de afrancesados, apenas castigó a algunos diputados de los
más señalados en Cádiz, ahora la reacción va a ser muy fuerte:
depuración de empleados públicos, persecución de liberales,
depuraciones en el ejército y en la universidad... El ejército
francéspermanecerá hasta 1827 y aunque no se repone la inquisición, las
juntas de fe velan por la doctrina católica: todavía en Valencia en 1825
sería ajusticiado Cayetano Ripoll, un maestro, culpado de herejía... Por
lo demás, las instituciones políticas del antiguo régimen son
restablecidas, junto al poder absoluto del rey.
Estatuto Real de 19 de abril de 1834
Deseando restablecer en su fuerza y vigor las leyes fundamentales de la
monarquía; con el fin de que se lleve a cumplido efecto lo que sabiamente
previenen para el caso en que ascienda al trono un monarca menor de edad, y
ansiosa de labrar sobre un cimiento sólido y permanente la prosperidad y gloria
de esta nación magnánima; he venido en mandar, en nombre de mi excelsa hija
doña Isabel II, y después de haber oído el dictamen del consejo de gobierno y del
de ministros, que se guarde, cumpla y observe, promulgándose con la
solemnidad debida el precedente Estatuto Real para la convocación de las cortes
generales del reino.
La muerte de Fernando VII en septiembre de 1833 abría una página
nueva de la historia española las colonias americanas eran, de hecho,
independientes, salvo Cuba y Filipinas, bajo la regencia de María
Cristina y siendo niña la reina Isabel II. Ya en los años últimos de la
década se percibieron ciertos cambios, que la historiografía liberal
atribuyó a la influencia de María Cristina: amnistía, una mayor libertad,
unos deseos e intentos de apuntalar la maltrecha economía y hacienda
pública españolas. La creación de un ministerio de fomento o de
gobernación está en esa línea; incluso podría interpretarse que la
promulgación del código de comercio de 1829 junto a la "ley de
enjuiciamiento sobre los negocios y causas de comercio" de 1830,
debidos a Sainz de Andino, parecen querer mejorar el marco legal para
la economía...
Tras la muerte de Fernando VII todo quedó en espera. No se repuso
la constitución de 1812. Los primeros años de la regencia fueron cautos,
intentándose una moderadísima reforma administrativa por Cea
Bermúdez, pero la presión era fuerte. Los capitanes generales de Madrid
y Barcelona, Quesada y Llauder, se dirigen a la reina gobernadora para
que lleve adelante reformas más profundas un pronunciamiento de
guante blanco. María Cristina, con el fin de salvaguardar el trono de su
hija, se ve obligada a asociarse con los liberales, ya que los absolutistas o
carlistas apoyaban al hermano de Fernando VII en la sucesión al trono.
Por ello, cede ante algunas de sus pretensiones y encarga a Francisco
Martínez de la Rosa que había participado en los otros períodos liberales
la redacción del Estatuto Real que permite ya cierto juego parlamentario.
El Estatuto Real no es una verdadera constitución aprobada en cortes
sino una concesión real, una carta otorgada, donde el rey o la regente
aparece con grandes poderes. Tan sólo se refiere a las cortes, sin aludir a
otros poderes: aunque es un paso liberal, sus referencias a las normas
antiguas Novísima recopilación disfrazan las concesiones.
Las cortes dice con terminología antigua se compondrán de dos
estamentos: el de próceres y el de procuradores.
El estamento de próceres estaba formado por los arzobispos y
obispos; los grandes de España mayores de 25 años y que disfruten de
una renta anual de doscientos mil reales; los títulos de Castilla, mayores
de 25 años y con una renta anual de 80.000 reales; personas que se
hubiesen distinguido al servicio del país; personas acreditadas en las
ciencias y en las letras; grandes propietarios, fabricantes... El número de
próceres es ilimitado, su cargo es vitalicio. Son designados por el
monarca, excepto en el caso de los grandes de España, en que el cargo es
hereditario.
El estamento de procuradores se componía de las personas que se
nombraran con arreglo a la ley electoral. Para ser procurador se requería
ser español o hijo de padres españoles, tener treinta años cumplidos y
estar en posesión de una renta propia anual de 12.000 reales. La
duración del cargo de procurador era de tres años, a no ser que antes de
ese plazo el rey hubiese disuelto las cortes. Podrían volver a ser
reelegidos.
En cuanto a la convocatoria de estas cortes, el rey vuelve a asumir
las importantes prerrogativas que ya tenía en Bayona. Al rey le tocaba
exclusivamente convocar, suspender y disolver las cortes no como en
Cádiz, en que la convocatoria es automática y éstas sólo pueden
deliberar sobre los asuntos que se hayan sometido expresamente a su
examen por real decreto. Significó una primera y limitada apertura
liberal, pronto superada con la reposición de la constitución de Cádiz.
Constitución de 18 de julio de 1837
DOÑA ISABEL, por la gracia de Dios y la constitución de la monarquía,
reina de las Españas y en su real nombre y durante su menor edad, la reina
viuda su madre, doña María Cristina de Borbón, gobernadora del reino; a todos
los que la presente vieren y entendieren, sabed: que las cortes generales han
decretado y sancionado y Nos de conformidad aceptado lo siguiente:
Siendo la voluntad de la nación revisar, en uso de su soberanía, la
constitución política promulgada en Cádiz a diecinueve de marzo de 1812, las
cortes generales congregadas a este fin, decretan y sancionan la siguiente.
En agosto de 1836, unos sargentos en La Granja de San Ildefonso
obligan a la reina gobernadora, María Cristina, a reponer la constitución
del doce. Empieza una etapa progresista. La constitución de Cádiz
significaba mayor cercanía a la revolución. Suponía la reposición de
numerosas leyes dictadas por las cortes en los dos períodos liberales del
reinado de Fernando VII. Pretendería, a través de una serie de leyes,
cambiar la estructura social y económica del país hacia el modelo liberal,
que, en definitiva, era el de los partidarios del trono. Por otra parte, la
desamortización suponía la entrada de grandes sumas en el tesoro
público, con las que hacer frente a la guerra carlista. La nobleza
aceptaría las leyes desvinculadoras y la iglesia se vería reformada... En
1839 se llega al pacto de Vergara con la mayor parte de los carlistas, a
los que se reconocen grados y sueldos, como también los Fueros de
Navarra y Vascongadas. Espartero, el héroe que alcanzó la paz, goza de
enorme prestigio y presiona para desterrar a la regente, siendo él mismo
nombrado por las cortes como regente de la reina Isabel, ya en 1841,
quien continúa la política progresista.
En 1836 se vuelve a poner en vigor la constitución de 1812, pero con
deseo de reformarla. El procedimiento de reforma era complicadísimo,
pues se necesitaban tres legislaturas; por esta razón se pasó
directamente a promulgar otra, más acorde con los tiempos: la
constitución progresista de 1837, con inspiración en la francesa de 1830 y
alguna otra. Quería ser una reforma de Cádiz, pero sus diferencias son
importantes: era más corta y, desde luego, menos explícita que aquélla,
de modo que en muchas cuestiones sus preceptos son tan genéricos que
permitían interpretaciones distintas, como si se quisiese que sirviera a
distintas situaciones. Estableció la soberanía de la nación, pero en el
preámbulo, no en el articulado, como si no quisiese entrar en tan
espinosa cuestión, en un momento en que la corona se mostraba
favorable a una estructuración liberal de la cosa pública. Viene además a
matizar esta soberanía nacional, al recoger en el artículo 12 que la
potestad de hacer las leyes reside en las cortes con el rey. Estableció,
asimismo, los diversos derechos individuales que no aparecían en los
anteriores textos constitucionales.
Las cortes se componen de dos cuerpos colegisladores, iguales en
facultades: el senado y el congreso.
El senado. No se quiso que fuera nobiliario ni de mera designación
regia. Los senadores eran nombrados por el rey a propuesta en una
terna, votada por los electores que en cada provincia nombraban a los
diputados. Su número era igual a las tres quintas partes de los
diputados. Y eran renovables por terceras partes, por orden de
antigüedad, cada vez que hubiese elecciones generales de diputados.
Podían, no obstante, ser reelegidos. Para ser senador se requería ser
español, mayor de 40 años y tener los medios de subsistencia y demás
circunstancias que determinara la ley electoral. Este sistema de
composición del senado tres candidatos de elección popular entre los
que decidía el rey no satisfizo, pues no se sentían ni representantes de
unos ni de otro y por ello sería modificado por la constitución de 1845,
con un modelo que se acercaba de nuevo al estamento de próceres del
Estatuto Real.
El congreso era elegido por sufragio directo y censitario, aunque el
cuerpo electoral era más amplio que con el Estatuto Real. Los diputados
podían ser reelegidos indefinidamente. Eran elegidos por tres años, y
para serlo se requería que fuesen españoles, del estado seglar, haber
cumplido los 25 años y tener las demás circunstancias que exija la ley
electoral.
Las cortes, ambas cámaras, se convocaban por el monarca, al que
correspondía también suspender y cerrar sus sesiones. No obstante, se
aleja del rigor del Estatuto Real al determinar que debían convocarse
cada año; si el monarca no lo hacía, se entenderían convocadas para el 1
de diciembre. Era por tanto una solución intermedia entre lo previsto en
Bayona y lo regulado en Cádiz. Las cortes se reunirían con carácter
extraordinario cuando vacare la corona o el rey estuviere imposibilitado
para gobernar.
Al igual que en Cádiz, las sesiones son públicas, y las cámaras no
pueden deliberar en presencia del monarca.
La iniciativa legislativa corresponde a las cortes y al monarca. Se
aprobarían las normas por ambas cámaras y se elevarían a la sanción
real. Votaban los presupuestos de ingresos y gastos... El rey sancionaba
las leyes, pero en caso de desacuerdo gozaba de veto absoluto.
La persona del rey es "sagrada e inviolable y no está sujeta a
responsabilidad. Son responsables sus ministros". En él reside la
potestad de hacer ejecutar las leyes. Además al rey corresponde
nombrar y separar libremente a los ministros, declarar la guerra y
ratificar la paz, dando después cuenta a las cortes... Los ministros
pueden ser senadores o diputados y tomar parte en las discusiones de
ambos cuerpos colegisladores.
El poder judicial apenas recibe una regulación mínima en ésta y las
siguientes constituciones.
La constitución de 23 de mayo de 1845
DOÑA ISABEL, por la gracia de Dios y de la constitución de la
monarquía española, reina de las Españas; a todos los que la presente vieren y
entendieren sabed: que siendo nuestra voluntad y la de las cortes del reino
regularizar y poner en consonancia con las necesidades actuales del estado los
antiguos fueros y libertades de estos reinos y la intervención que sus cortes han
tenido en todos tiempos en los negocios graves de la monarquía, modificando al
efecto la constitución promulgada en 18 de junio de 1837, hemos venido, en
unión y de acuerdo con las cortes actualmente reunidas, en decretar y sancionar
la siguiente constitución de la monarquía española.
En el año 1843 tiene lugar un nuevo pronunciamiento; al frente de
los moderados se pone el general Narváez, que derrota en Torrejón de
Ardoz al gobierno. Espartero marcha al destierro y comienza la década
moderada. La revolución pierde ritmo, pero consolida sus logros. Una
nueva constitución en 1845 preside la vida política, y sustituye a la
progresista de 1837. La desamortización se detiene, si bien en 1851 los
moderados logran pactar un concordato con la iglesia, que reconoce la
nueva situación y convalida las adquisiciones a cambio de la ayuda para
el culto y el clero. La nobleza aparece en la cámara alta, en el senado,
como aliada de los moderados. Hay algunos momentos de cierto
retroceso en 1848 Narváez disuelve las cortes por temor a los efectos de
la revolución en Francia, retoca y endurece el código penal en 1850; o
bien las reformas que preparaba hacia 1852 Bravo Murillo, que suponían
cierta vuelta al sistema absolutista, por el mayor peso de la nobleza o la
reposición de los mayorazgos... En general, los moderados presidieron
una época tranquila y a través de una amplia legislación reformaron
materias de importancia, que habían quedado pendientes: decretos
sobre la universidad o la ley de hacienda de Mon (1845); las leyes
económicas que fueron planteando las condiciones de la nueva época,
desde la banca a los ferrocarriles; algunos códigos penal en 1848, el
proyecto de código civil de 1851, etc. Gobernaron, dejando en minoría a
los progresistas, y frente a los primeros movimientos demócratas y
republicanos. La reina, declarada mayor de edad desde 1843, interviene
en la política, a pesar de su carácter constitucional; pero el mecanismo
electoral depende de quién esté en el gobierno y, muchas veces, es la
reina Isabel quien decide...
La constitución de 1837 había logrado un equilibrio entre el poder
real y las cortes, aunque se tratase de una constitución progresista; sin
embargo los moderados, al imponerse, decidieron su reforma.
Sencillamente, parecían querer dejar constancia de que habían cambiado
las condiciones políticas, pues el texto es muy semejante. Sólo
analizaremos, por tanto, los puntos en los que se separa de la
constitución del 37.
En el preámbulo aparecía la soberanía compartida entre la corona y
las cortes. Desaparecía la convocatoria automática del 1 de diciembre,
con el pretexto de que parecía desconfianza hacia la corona que, no
obstante, como en la anterior, debía convocarlas cada año. El cargo de
diputado se alargaba a 5 años y desaparecía la milicia nacional. La
guardia civil, creada en 1844, se encargaría del orden público.
La modificación más trascendental era la que hacía referencia a la
composición del senado. El número de senadores era ilimitado y su
nombramiento pertenecía al monarca. Sólo podían ser senadores los
españoles que, además de tener 30 años cumplidos, pertenecieran a
determinadas clases, esto es, ministros, arzobispos, obispos, grandes de
España, capitanes generales... y que además disfrutaran de 30.000 reales
de renta. El cargo era vitalicio.
Intentos y reformas
En 1852, Bravo Murillo quiso modificar la constitución, reduciendo
el número de diputados y también el cuerpo electoral a los 150 mayores
contribuyentes de cada distrito, dando mayor presencia a la nobleza en
el senado; intentó reducir igualmente los poderes de las cortes con
ingerencias de la corona, en la designación de sus presidentes o la
aprobación de sus reglamentos internos... Pero no llegó a aprobarse este
proyecto debido a la amplia oposición de los progresistas y los
moderados más avanzados, lo que produjo la caída de Bravo Murillo.
El bienio progresista, 18541856, supone la ruptura con los años del
moderantismo. El general O'Donnell sigue la serie de pronunciamientos
intenta un cambio de gobierno, por determinados escándalos que se han
producido con el negocio de ferrocarriles. Pero, al ver que no logra
apoyo, hace un llamamiento a los progresistas en el manifiesto de
Manzanares en cuya redacción intervino Cánovas del Castillo y
aprovecha los levantamientos que se han producido en las provincias.
Su triunfo en Vicálvaro abre una nueva situación. Unas largas cortes
constituyentes no alcanzan a aprobar una nueva constitución; si bien
legislan en diferentes materias, con sentido avanzado; incluso existe un
proyecto en favor de los obreros, que han participado en aquella
revolución. La ley Madoz continúa la desamortización, mientras una ley
de ferrocarriles permitía la entrada de capital extranjero... Sin embargo,
el mismo O'Donnell frenará los cambios políticos y disuelve las cortes;
crea un tercer partido, la Unión liberal, con moderados avanzados y
progresistas moderados: se les llamará "resellados", por la reconversión
que supone, como a veces se hacía con la moneda o con sellos postales.
Durante el resto del reinado será este general, junto con los moderados
de Narváez, los que gobiernen bajo la constitución de 1845.
El bienio progresista volvió a plantear una reforma constitucional
hasta desembocar en el texto de 1856, que, si bien llegó a ser aprobado
por las cortes, no obtuvo la sanción regia. En sus preceptos se recogía
terminantemente el principio de soberanía nacional (art.1º) y se admitía
la tolerancia religiosa a otras creencias la religión católica era la de la
nación española siempre que no se manifestase por actos públicos
contrarios a la religión. Los diputados lo serían por tres años, mientras
los senadores se elegirían también, en forma análoga a 1837, por cuartas
partes cada vez que se nombrasen diputados. Se regulaban con detalle y
amplitud los derechos individuales... El propio O'Donnell, desde el
gobierno, terminó con la milicia nacional y disolvió las cortes
constituyentes, si bien por decreto de 15 de septiembre de 1856 introdujo
un acta adicional a la constitución vigente de 1845: el jurado para los
delitos de imprenta, restricción al nombramiento de senadores por la
corona, reunión de las cortes al menos cuatro meses al año, etc. Poco
más tarde, el 19 de octubre, fue derogada el acta por Narváez, quien
después, por ley constitucional de 17 de julio de 1857 modificaba el
senado con miembros hereditarios los grandes, miembros natos los
arzobispos, capitanes generales, presidentes de los tribunales supremos,
los hijos del rey mayores de 25 años..., y, por fin, de nombramiento real.
En 1864 fueron derogados estos retoques y todos los senadores
volverían a ser nombrados por la corona, dentro de las categorías
establecidas en la constitución de 1845.
LECCIÓN 4
DE LA GLORIOSA A LA II REPUBLICA
Constitución de 1869. Proyecto republicano de 1873. Constitución
de 1876. Advenimiento de la segunda república. Constitución
republicana de 1931: las regiones autónomas; La república, la nobleza y
el clero; Derechos fundamentales, familia, economía y cultura;
Organización del estado.
En el año 1868, nuevos levantamientos y pronunciamientos
militares comienzan la Gloriosa revolución, según se le llamó en su
tiempo. Los moderados o los unionistas, que han gobernado durante
largos años, han terminado; la oligarquía de intereses que representan
junto al trono, la iglesia y la nobleza, no es capaz de convencer a
extensas capas de la nación. Son sólo un partido, una parte de la
burguesía, unas clientelas políticas que no logran, quizá no quieren,
llegar a un entendimiento con la oposición, cada vez más extendida... En
1866, en el pacto de Ostende, se llega a un acuerdo para derrocar a la
reina y establecer un nuevo régimen; la profunda crisis económica de
aquel mismo año sirve de motivo y realidad al descontento. La reina
pierde prestigio, como se pudo comprobar en la noche de san Daniel, en
1865, cuando se produjo un levantamiento estudiantil por la destitución
de Castelar había comentado en un artículo llamado El Rasgo, la reserva
hecha por Isabel de una parte de los bienes de la corona que cedía al
patrimonio nacional. Un pronunciamiento militar en Cádiz, donde
desembarcaron los más importantes generales emigrados habían muerto
ya O`Donnell y Narváez, es seguido de levantamientos en las
guarniciones; de inmediato logran apoyos de progresistas, demócratas y
republicanos; se acompañan de levantamientos independentistas en
Cuba, comenzará después la tercera guerra carlista... Se trata de
establecer el sufragio universal, el librecambismo, frente al
proteccionismo tradicional en los moderados, reformas monetarias y de
hacienda contra el estanco de la sal o los consumos. Primero se intentó
promulgar la monarquía, después se instauraría la república por la
abdicación de Amadeo I. En general, fue una época difícil, pues la
exclusión de los moderados no permitió estabilizar la situación. La
constitución de 1869 mostró los principios por que pretendían regirse
hubo otra republicana que no llegó a tener vigor. O bien otras leyes,
algunas efímeras, como la de matrimonio civil, otras duraderas como el
código penal de 1870 o la ley orgánica del poder judicial de la misma
fecha... Pero en conjunto, no supieron conseguir ni trazar objetivos no
estaban de acuerdo ni en la forma de gobierno ni en la profundidad a
que se quería llevar las reformas. La revolución destruyó el sistema
anterior ello es evidente pero no supo sustituirlo... El proletariado hace
ya su aparición definitiva en esta época, en que entra la Primera
Internacional en nuestro país y comienzan las asociaciones obreras... En
todo caso fue un período agitado, que no pudo consolidarse no hubo
reformas profundas. No obstante, no hay que negarle importancia, ya
que la Restauración supo aprovechar su experiencia.
Constitución de 1869
LA NACIÓN ESPAÑOLA y en su nombre las cortes constituyentes,
elegidas por sufragio universal, deseando afianzar la justicia, la libertad y la
seguridad y proveer al bien de cuantos vivan en España, decretan y sancionan
la siguiente constitución.
Contiene una amplia tabla de derechos fundamentales. Nadie
puede ser detenido sino por delito expreso. En caso de ser detenido,
debía ser puesto en libertad o a disposición judicial en 24 horas; 72 horas
después, la detención dejaba de tener efecto si no era enviado a prisión;
inviolabilidad del domicilio; libertad de domicilio y de residencia;
derecho a indemnización, en delito de detención arbitraria o de
allanamiento de morada por las autoridades; protección de la propieda
privada. Reconoce la expropiación, siempre y cuando sea por causa de
utilidad común y exista un mandamiento judicial. Derecho al voto,
libertad de expresión, de asociación, de reunión.
La libertad religiosa también se reconoce, aun cuando no reniega de
la tradición. En su artículo 21 dice: "La nación se obliga a mantener el
culto y los ministros de la religión católica. El ejercicio público o privado
de cualquiera otro culto queda garantizado a todos los extranjeros
residentes en España, sin más limitaciones que las reglas universales de
la moral y del derecho. Si algunos españoles profesaren otra religión que
la católica, es aplicable a los mismos todo lo dispuesto en el párrafo
anterior".
La enumeración de los derechos no es exhaustiva; por ello, prevé
que tal cosa no implica la prohibición de los no consignados
expresamente. Al mismo tiempo, se pretende que sean aplicados a partir
del texto constitucional, sin depender de otras leyes complementarias.
La soberanía reside en la nación, de la que emanan todos los
poderes. La forma de gobierno es la monarquía.
Poder legislativo. La potestad de hacer las leyes reside en las cortes.
Debían reunirse todos los años y correspondía al rey convocarlas,
suspenderlas y cerrar sus sesiones. Debían estar reunidas por lo menos
durante cuatro meses y el rey, como muy tarde, debía convocarlas el 1
de febrero. La iniciativa legal corresponde al rey y a cada una de las
cámaras. Además de la potestad legislativa, corresponde a las cortes
resolver cualquier duda en orden a la sucesión de la corona, elegir a la
regencia del reino y nombrar tutor al rey menor, hacer efectiva la
responsabilidad de los ministros...
Las cortes se componen de senado y congreso:
El congreso. Se renovará cada tres años. Se compondrá al menos de
un diputado por cada 40.000 almas, elegido con arreglo a la ley electoral
sufragio universal directo. Para ser diputado se requería ser español,
mayor de edad y gozar de todos los derechos civiles.
El senado. Se renovará por cuartas partes cada tres años. Su
renovación será total, cuando el rey disuelva el senado. Se elegirán
cuatro senadores por cada provincia, por sufragio universal, indirecto en
dos grados. Para ser senador se requería ser español, tener cuarenta
años, gozar de todos los derechos civiles y reunir alguna de las
siguientes condiciones: ser o haber sido presidente del congreso,
ministro, embajador, consejero de estado, arzobispo u obispo, rector de
la universidad, catedrático con dos años de ejercicio... Podían además
ser elegibles los 50 mayores contribuyentes por contribución territorial y
los 20 mayores por subsidio industrial y comercial de cada provincia.
El rey es inviolable e irresponsable políticamente. Nombra y separa
libremente a sus ministros. Le corresponde la potestad de hacer ejecutar
las leyes así como la iniciativa legislativa, la sanción de las leyes, la
disolución y suspensión de las cortes.
El poder judicial. Se establece que la potestad de aplicar las leyes en
los juicios civiles y criminales corresponde exclusivamente a los
tribunales. Unos mismos códigos regirían para toda la monarquía y no
habrá más que un solo fuero para todos los españoles en los juicios
comunes, civiles y criminales.
Proyecto republicano de 7 de julio de 1873
LA NACIÓN ESPAÑOLA, reunida en cortes constituyentes, deseando
asegurar la libertad, cumplir la justicia y realizar el fin humano a que está
llamada en la civilización decreta y sanciona el siguiente código fundamental.
En la constitución del 69 concurrían fuerzas muy dispares, que no
supieron mantener la nueva monarquía, hecho que desembocó en una
efímera república. Se consagran principios que marcan una nueva
época, pero su vigencia iba a ser limitada. En 1873, bajo inspiración de Pi
y Margall, se redacta una constitución federal y republicana que no
llegaría a aprobarse.Traía su tabla de derechos literal de 1869, con alguna
mejora. "Componen la nación española decía su artículo primero los
estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Baleares, Canarias,
Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura,
Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas".
Cada uno de ellos tendría su constitución, que debería sancionarse por
las cortes federales. El estado central se reservaba la política exterior, las
fuerzas armadas, el sistema monetario, comunicaciones y sanidad. El
parlamento federal se componía de dos cámaras: una de diputados, el
congreso, elegido por sufragio universal; la otra, el senado, por los
representantes enviados por las cortes de cada uno de los estados
miembros. Un tribunal constitucional entendería de las competencias
que pudieran darse entre los estados... Pero esta constitución no llegó a
regir. Tras el golpe de estado del general Pavía de 3 de enero de 1874,
termina la república. La sucedió el gobierno del general Serrano, hasta el
pronunciamiento de Sagunto.
La abdicación de Amadeo I trajo la república: los monárquicos se
abstuvieron y los republicanos dominaron la asamblea. Pero, a su vez, se
dividieron entre centralistas y federalistas; éstos a su vez, entre quienes
admitieron el texto constitucional y los intransigentes o centralistas que
provocaron el levantamiento de numerosos cantones Málaga, Alcoy,
Valencia, sobre todo Cartagena que debían ser reconocidos. Mientras, en
el norte, seguía la guerra contra los carlistas...
Constitución de 30 de junio de 1876
DON ALFONSO XII, por la gracia de Dios, rey constitucional de España;
a todos los que las presentes vieren y entendieren, sabed: que en unión y de
acuerdo con las cortes del reino actualmente reunidas, hemos venido a decretar
y sancionar la siguiente.
El pronunciamiento del general Martínez Campos en Sagunto, los
últimos días del año 1874, inaugura una etapa nueva. Manuel Espadas
ha estudiado la Restauración, con todo cuanto significó: el canovismo es
más que un mero cambio; los hacendados cubanos, los partidarios del
joven Alfonso XII, las potencias europeas el Vaticano reconoce
inmediatamente al nuevo gobierno, a pesar de seguir la guerra carlista
ayudaron al cambio. Los progresistas se unieron, bajo la jefatura de
Sagasta... Incluso los republicanos posibilistas de Castelar... Fue, pues,
no una vuelta al sistema anterior, sino buscar, mediante ciertas
concesiones, la unión de la burguesía los perdedores serán los
republicanos, los carlistas, los demócratas... También significa un giro
decisivo en las clases políticas y la burguesía, que inicia su etapa
conservadora; ya no será revolucionaria, ya no se producen apenas
durante unos años pronunciamientos... Se inicia una larga época de
tranquilidad, que llega hasta el 98, en que la pérdida de las colonias
agita, por unos momentos, la conciencia nacional. Durante los años
anteriores, el turno de partidos y la colaboración dentro de un sistema
de caciquismo y corrupción, de sufragio limitado hasta 1890 aseguran
un parlamentarismo sosegado, podríamos llamarlo así, en torno a la
constitución de 1876. Como las elecciones no son limpias, el cambio de
gobierno, de partido, se produce por acuerdo entre los dos grandes el
conservador de Cánovas y el liberal fusionista de Sagasta por un turno
pacífico, pactado. Se promulgan grandes leyes y códigos que consolidan
la situación, se organizan la administración y la hacienda...
La constitución de 1876 fue un importante acuerdo histórico de los
partidos dinásticos: conservadores y liberales lograron dar larga
vigencia a este texto. Sagasta quería mantener la de 1869, mientras
Cánovas prefirió crear una nueva legalidad para una nueva época.
Convoca a 600 anteriores parlamentarios de todas las tendencias que
aprueban su propuesta de redactar un nuevo texto por una comisión.
Una vez terminado el proyecto, se convocan cortes constituyentes por
sufragio universal, por una vez sola, que aprueban la norma
fundamental. Limada para que fuese aceptable por los más moderados,
supo recoger mucho de la anterior. Regulaba los derechos individuales,
si bien dejaba a las leyes ordinarias muchos de sus aspectos, como el
ejercicio de los mismos; más al arbitrio de las cortes o el gobierno, pero
también flexibilizaba la constitución para que pudiera ser entendida de
forma distinta por liberales o conservadores.
La religión del estado seguía siendo la católica. La nación se
obligaba a mantener el culto y sus ministros, y, aun cuando respetaba el
ejercicio de otras religiones, era menos tolerante que la del 69 al
disponer que "no se permitirá, sin embargo, otras ceremonias ni
manifestaciones públicas que las de la religión del estado" (artículo 11).
Las cortes seguían compuestas por dos cámaras:
El congreso era elegido por cinco años, plazo que usualmente no se
cumplía, pues las cámaras se disolvían antes. La ley electoral de 1878
continuó con el voto censitario, aunque cada vez se había ampliado más
ahora, unos 850.000 electores y ya en 1890 se pasó a sufragio universal.
El senado recoge líneas anteriores para establecer una asamblea de
personas distinguidas, unas hereditarias hijos del rey, grandes de
España con renta anual de 60.000 pesetas, capitanes generales..., otras
vitalicias nombradas por el rey y el resto elegidos por las corporaciones
del estado y mayores contribuyentes. Los de derecho propio y los
vitalicios no podían exceder de 180. Los electivos se renovarían cada
cinco años por mitad.
El monarca, por su parte, mantuvo las prerrogativas que se le
habían concedido tradicionalmente: la inviolabilidad, potestad
compartida en la legislación sanción y promulgación de las leyes, la de
hacerlas ejecutar, el mando supremo de las fuerzas armadas,
nombramiento de funcionarios públicos... El gobierno refrendaba sus
actos... El gobierno parlamentario había logrado una constitución que
parecía definitiva. Los partidos se turnaron bajo su texto, con un turno
pacífico, pero cuando aparecieron otros nuevos tendencias regionalistas,
anarquistas y socialistas la crisis se agudizó. Estos movimientos, sobre
todo los republicanos, apenas tenían cabida en el turno constitucional
En 1917 empieza a quebrar el viejo sistema, con huelgas, gobiernos de
concentración... Primero la dictadura de Primo de Rivera en 1923 y
después la república intentaron otra salida, pero no fue posible... En
1923, la constitución de 1876 queda suspendida y el dictador ensaya la
creación de una asamblea y un partido único la unión patriótica.
Advenimiento de la segunda república
La república llegó el 14 de abril de 1931. La dictadura y la
suspensión de la constitución de 1876 llevaron a una situación sin salida.
En 1930, el rey Alfonso XIII cesó a Primo de Rivera y encomendó a otros
militares Berenguer, primero; Aznar, después, la transición hacia la
reposición del régimen constitucional, hacia unas elecciones. Pero por su
complicidad con el golpe de 1923, su posición estaba muy debilitada
existía un fuerte republicanismo que quería terminar con la monarquía,
que tampoco aceptaban los socialistas y anarquistas, ni algunos
nacionalistas.... Unas elecciones municipales mostraron, en las
principales ciudades, que las candidaturas republicanas ganaban. El rey
renuncia y se exilia...
El día 14 de abril se forma el gobierno provisional con Lerroux,
Azaña, de los Ríos, Casares Quiroga, Miguel Maura, Albornoz, Largo
Caballero y Alcalá Zamora, entre otros, como órgano transitorio, que
sometería sus poderes cuando las constituyentes y las elecciones
determinasen
los
órganos
del
estado.
Promete
depurar
responsabilidades emanadas de 1923 y proclama la libertad de creencias
y cultos, la libertad personal y los derechos ciudadanos, garantiza la
propiedad y anuncia el reconocimiento futuro de que el derecho agrario
debe responder a la función social de la tierra. Era el decreto de 14 de
abril. El día 21 reconocía la Generalitat de Cataluña que, de esta forma, se
adhería a la nueva república Macià había proclamado el Estat català
antes. El 28 se aprobaban, por el gobierno provisional de Cataluña, las
normas que regirían su funcionamiento, para consolidar la república...
En mayo son las elecciones a las constituyentes, con distritos
provinciales ya se había roto la normalidad de la vida jurídica en 1923,
con un diputado por cada 50.000 habitantes. Se reducía la edad para
votar de 25 a 23 años; las mujeres y los sacerdotes serán elegibles... En
fin, son profundas las modificaciones hechas a la ley electoral de 1907.
Rápidamente se reúnen y nombran una comisión para la redacción de
un anteproyecto de constitución en la que fue figura destacada Luis
Jiménez de Asúa, penalista insigne. No podemos entrar en su discusión,
que da lugar a notables cambios, como por ejemplo la supresión del
senado, que el anteproyecto concebía formado por senadores elegidos
por las provincias, por representaciones obreras, de profesiones
liberales, de representaciones patronales y de universidades,
instituciones culturales o confesiones religiosas... Jiménez de Asúa la
presentaría y se discutiría ampliamente.
La constitución republicana de 9 de diciembre de 1931
Como presidente de las cortes constituyentes y, en su nombre, declaro
solemnemente que éstas, en uso de la soberanía de que están investidas, han
decretado y sancionado lo siguiente:
España, en uso de su soberanía y representada por las cortes
constituyentes, decreta y sanciona esta constitución.
Empezaba la constitución de 9 de diciembre de 1931 por un
conjunto de disposiciones generales: "España es una república
democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen
de libertad y de justicia". Los poderes emanan del pueblo; los españoles
son iguales ante la ley; el estado no tiene religión oficial; el castellano es
el idioma oficial; la capital es Madrid...
Las regiones autónomas
El título I establecía la organización nacional: el estado se componía
de municipios, mancomunados en provincias, y de las regiones que se
constituyan en régimen de autonomía. Venía en primer lugar esa nueva
idea del estado, que no se halla en las constituciones anteriores salvo en
la federal de 1873. Los diversos territorios peninsulares habían vivido
bajo unas constituciones unitarias, cambiantes incumplidas que no
reflejaban las peculiaridades de Navarra y las Provincias Vascongadas,
con sistema de cupo en materia de hacienda y de servicio militar. A
finales del XIX habían surgido con fuerza los nacionalismos catalán y
vasco Prat de la Riba, Sabino Arana... que no se encontraban a gusto y
habían fundado la Lliga o el partido nacionalista vasco para expresar su
sentimiento y defender sus intereses. La quiebra de la monarquía
constitucional, en 1923 y las dificultades de los dos siglos XIX y XX, no
ayudaban a entusiasmos sobre un proyecto nacional. La España liberal
quiso afirmarse como nación, con los hechos de la guerra de la
independencia ahí están los Episodios nacionales de Galdós pero sin
demasiado éxito. El poder central había visto numerosos levantamientos
y cambios; los ensayos de buscar algún prestigio las intervenciones en
Italia en 1848, o en Marruecos en 1860 no habían sido demasiado felices
y el 98 se vivió como una gran catástrofe nacional. Hay fuertes pugnas
sociales y una intervención constante del ejército para mantener o
derrocar a los monarcas... Por todo ello, ha surgido un fuerte
republicanismo, junto a partidos nacionalistas o regionalistas y a una
potencia, cada vez mayor, de un socialismo revolucionario, en todo caso,
republicano, y un anarquismo que nada quiere saber del poder político.
La constitución de 1931 pretendió dar cauce a los nacionalismos
periféricos y remediar su situación. Articulaba un estado autonomista y
descentralizado. El artículo 11 permitía que las provincias limítrofes con
caracteres históricos, culturales y económicos comunes, pudieran
organizarse en una región autónoma, siempre que lo solicitase la
mayoría de los ayuntamientos, se aprobara por dos tercios del censo y
alcanzase la aprobación de las cortes. El estado, según los artículos 14 y
15, se reservaba las materias más esenciales, dejando el resto a las
autonomías. Así, serían competencia del estado las relaciones con la
iglesia, la representación en el exterior, ejército y defensa, la hacienda,
etc. Por tanto, se establecía una estructura nueva, incipiente, para el
estado español. Los principios sobre nacionalidad o pertenencia al
estado como ciudadano, así como los derechos y deberes de los
españoles, continuaban en los siguientes artículos.
La república, la nobleza y el clero
La abolición de los títulos nobiliarios o la admisión de todas las
confesiones marcaban las señas de identidad de la nueva república si
tenemos en cuenta que había deseos de una reforma agraria, según el
artículo 44 que subordinaba la propiedad y riqueza a los intereses
nacionales, y regulaba la expropiación por causa de utilidad social o se
refería a la "propiedad socializada" percibimos el enfrentamiento con los
dos pilares que habían conservado su fuerza tradicional, la nobleza y el
clero. Sobre éste último es más evidente la presión, al prohibir ayudas
económicas a las iglesias, la suprimir del presupuesto del clero o la
disolución de los jesuitas. Las demás órdenes se sujetarían a la
inscripción en un registro, amén de varias limitaciones más (art. 26). Los
cementerios pasarían a la jurisdicción civil. La república fue anticlerical,
porque la Iglesia significaba muchas cosas ligadas a tiempos anteriores.
La nobleza se vio amenazada en sus tierras por una reforma
agraria... Mientras, el ejército, cercano a la nobleza que, en buena parte,
seguía en sus cuadros, fue objeto de una profunda reforma. El número
de oficiales era muy elevado y Azaña, desde el ministerio de guerra,
permitió retirarse a cuantos quisieran, conservando sus sueldos. En todo
caso, el ejército perdía protagonismo en relación a otras épocas, tras la
muerte de Primo de Rivera.
Derechos fundamentales, familia, economía y cultura.
Tras esta amplia restricción contra la Iglesia, se refería a los derechos
fundamentales: detención sólo por delito y puesta a disposición judicial
en 24 horas o liberación; en 72 horas se elevará a prisión o quedaría sin
efecto. Derecho de circulación y de residencia, de emigrar e inmigrar.
Inviolabilidad de correspondencia, elección de profesión. Libertad de
expresión, derecho de voto de los mayores de 23 años, de uno y otro
sexo. Reunión, asociación, admisión para cargos públicos sin distinción
de sexo, etc.
Después establecía una serie de principios y soluciones en materia
de familia, economía y cultura. La familia quedaba bajo la salvaguardia
del estado. El matrimonio se funda en la igualdad de derechos de ambos
cónyuges y puede disolverse por mutuo acuerdo o a petición de uno,
con justa causa. Los padres están obligados a alimentar, asistir y educar
a sus hijos, aunque sean extramatrimoniales. El estado prestará ayuda a
los enfermos y ancianos y protegerá la maternidad.
Se declara por el artículo 44 que la riqueza está subordinada a la
economía nacional y afecta a las cargas públicas. Los servicios que se
consideren de interés común pueden ser nacionalizados. La riqueza
artística e histórica es un tesoro cultural de la nación, pudiendo
prohibirse su exportación o ser expropiada.
Se recoge el derecho a una existencia digna y a una legislación social
más avanzada y se incluye la protección al campesino y al pescador.
La educación será unificada; la primaria, obligatoria y gratuita,
asegurando la posibilidad de acceder a todos los grados, por aptitud y
vocación; será laica y las iglesias enseñarían en sus propios
establecimientos. Las regiones autónomas es el artículo 50 organizarán
la enseñanza en su lengua, conforme a los estatutos que se aprueben.
Organización del estado
Poder legislativo. Reside en el pueblo, que lo ejerce en las cortes o
congreso de los diputados, elegidos éstos por sufragio universal, igual,
directo y secreto. Representan a la nación por cuatro años y se reúnen a
los 30 días de su elección, que se dejaba en detalles a la ley electoral. Son
inviolables por sus votos y opiniones, y sólo pueden ser detenidos en
delito flagrante o con suplicatorio. Se reúnen siempre en febrero y
octubre y celebran sesiones durante un mínimo de tres meses. Tienen,
como el gobierno, la iniciativa legislativa. El voto de censura, la
ratificación de tratados internacionales y el referéndum aparecen
también en su articulado.
El presidente de la república es el jefe del estado y personifica a la
nación. Sería nombrado por las cortes y un número de compromisarios
igual al de diputados, elegidos por sufragio universal. Tendrá más de 40
años y durará seis años al frente o en el disfrute de su cargo. No podrán
ser elegidos los militares en activo o en la reserva, ni los retirados, a no
ser que lleven diez años en el retiro, ni los eclesiásticos, ni los miembros
de familias reinantes o ex reinantes de cualquier país. En cuanto a sus
funciones, nombra y separa al presidente del gobierno y, a propuesta de
éste, a los ministros. Declara la guerra y firma paces, confiere empleos y
expide títulos, firma tratados internacionales y convenios, autoriza con
su firma y la del ministro correspondiente los decretos, previo acuerdo
del gobierno; también a su propuesta, expide los decretos, reglamentos e
instrucciones necesarios para la ejecución de las leyes incluso en casos
excepcionales y cuando no estén reunidas las cortes puede dictar
decretos-ley con la unanimidad del gobierno y dos tercios de la
diputación permanente. Convoca el congreso con carácter
extraordinario y lo suspende; lo disuelve por decreto motivado, con
señalamiento de elecciones en plazo de sesenta días como máximo.
Sanciona las leyes, en plazo de quince días, que le fueren presentadas;
no puede ejercitar actos y mandatos sin el refrendo de un ministro... La
figura del presidente obtenía grandes facultades, sin duda. Alcalá
Zamora ejerció su cargo, con cierta intervención en la política, tanto en el
primer bienio más avanzado, como en el período 19331936, con las
fuerzas conservadoras. Le sucedió Azaña durante la guerra civil...
El gobierno, compuesto por el presidente y los ministros, llevaría la
política. Elaboraría los proyectos de ley que somete al parlamento, los
decretos y los reglamentos. Si cometen delito o contravención civil de la
constitución y de las leyes, serán enjuiciados ante el tribunal de
garantías constitucionales.
El poder judicial. El tercer poder se proclamaba independiente en su
función y comprendía todas las jurisdicciones existentes la militar se
limitaba. Se destacaban las figuras del presidente del tribunal supremo y
del fiscal general de la república, mientras se prometían avances en la
jurisdicción contenciosoadministrativa o el futuro establecimiento del
jurado. Se regulaban amnistías e indultos, así como indemnizaciones por
error judicial o por delito de los funcionarios, con responsabilidad
subsidiaria del estado. Algunas normas sobre hacienda y sobre el
tribunal de garantías constitucionales desarrollado por ley de 14 de
junio de 1933 contemplaban este aspecto de la constitución.
No es posible relatar los diversos problemas que planteó la
constitución durante los agitados años de la república y de la guerra
civil. Es evidente que introducía numerosas novedades, como la misma
forma del estado republicano sólo el proyecto federal de 1873, entre
todas las constituciones, no era monárquico. Otros avances la separaban
de la tradición anterior, que termina con la constitución de 1876. Se
puede destacar la nueva estructura del estado, que se asemeja a las
realidades actuales. Fue aprobado el Estatut de Cataluña de 15 de
septiembre de 1932 y, ya en guerra, el vasco. En Valencia existen varios
proyectos, pero no se alcanzó su aprobación. Se optaba, a través de las
regiones autónomas, por una forma que, sin llegar al estado federal,
descentralizase el poder y diera vía a los nacionalismos periféricos. Con
todo, aquella idea fracasó, por diversos motivos, desde la presencia de
movimientos totalitarios en el exterior fascismo italiano, nazismo... hasta
el enfrentamiento que se originó en la península. Otros sectores se
pusieron en contra el ejército o la iglesia se sintieron atacados. Dentro de
los republicanos también había disensiones, por lo que hubo que buscar
apoyo en los socialistas republicanos también, mientras el anarquismo
se mantenía al margen... No es posible entrar, con la brevedad que
pretendemos, en el análisis de la tragedia de la guerra civil.