ESPÍRITUS LIBRES
EGRESADOS UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
©Universidad de Antioquia
Rector
Alberto Uribe Correa
Vicerrectora de Extensión
María Helena Vivas López
Director Programa de Egresados
Álvaro Cadavid Marulanda
Coordinadora BUPPE
Beatriz Betancur Martínez
Editor
Álvaro Cadavid Marulanda
Edición de textos
Patricia Nieto Nieto
Edición de fotografía
Natalia Botero
Corrección de textos
Margarita Isaza Velásquez
Asociación de Periodistas de la Universidad de Antioquia
Diseño y diagramación
Carlos Eduardo López Piedrahita
María Catalina Durán Giraldo
Cadavid Marulanda, Álvaro
Espíritus libres 1 : egresados Universidad de Antioquia / Autor: Alvaro Cadavid Marulanda
y otros. Editor Alvaro Cadavid Marulanda.- - Medellín : Programa de Egresados-Universidad
de Antioquia, 2011.
282 p. ; 21 cm.
ISBN 978-958-8709-33-8
1. Egresados universitarios 2. Formación profesional I. Tít.
378.986126 cd 21ed.
A1333685
CEP-Banco de la República-Biblioteca Luis Ángel Arango
Foto Portada
Carlos Eduardo López Piedrahita
Impresión
Masterpress
Derechos reservados
ISBN:
Impreso: 978-958-8709-33-8
Electrónico: 978-958-8748-42-9
Este es un proyecto del Banco Universitario de Programas y Proyectos de
Extensión BUPPE. Prohibida la reproducción total o parcial, con cualquier
propósito o cualquier medio, sin autorización expresa de la Universidad de
Antioquia.
Autores
Álvaro Cadavid Marulanda©
Ana María Bedoya Builes©
Beethoven Zuleta Ruíz©
Catalina Vásquez Guzmán©
Carlos Eduardo Henao Calle©
Carlos Gaviria Díaz©
Carlos Mario Guisao Bustamante©
Carlos Mario Correa Soto©
Carlos Mario Gallego Arango©
Carolina Gutiérrez Torres©
César Alzate Vargas©
Darío Arcila Arenas©
Diana Isabel Rivera Hincapié©
Diego Agudelo Gómez©
Hernán Mira Fernández©
Eduardo Escobar©
Elkin Restrepo Gallego©
Gloria Cecilia Estrada Soto©
Gonzalo Medina Pérez©
Guillermo Zuluaga Ceballos©
Gustavo Gallo Machado©
Hernán Botero Restrepo©
Hernán Iglesias Illa©
Hernando Zabala Salazar©
Jacobo Franco Ceballos©
Jesús Alberto Echeverri©
Joaquín Botero Berrío©
Jorge Alonso Sierra Valencia©
José Monsalve Gómez©
Juan Camilo Jaramillo Acevedo©
Juan Camilo Rengifo Garcés©
Juan Carlos Orrego Arismendi©
Juan Mario Sánchez©
Juan José Hoyos Naranjo©
Julio César Restrepo Londoño©
Laura Marcela Pedroza Uribe©
Lucía Victoria Torres Gómez©
Luis Germán Sierra J©
Margarita Isaza Velásquez©
Maryluz Vallejo Mejía©
Oakley Forbes Bryan©
Patricia Nieto Nieto©
Paula Camila Osorio Lema©
Pedro Correa Ochoa©
Pompilio Peña Montoya©
Ramón Pineda Cardona©
Reinaldo Spitaletta Hoyos©
Rubén Darío Acevedo Carmona©
Sara Yaneth Fernández Moreno©
Sebastián Orozco Sandoval©
Sergio Valencia Rincón©
Víctor Casas Mendoza©
Yhobán Camilo Hernández Cifuentes©
Fotógrafos
David Estrada Larrañeta©
Diana Giraldo Kurk©
Jairo Ruíz Sanabria©
Jorge Alejandro Quintero©
Jorge Caraballo Cordovez©
Julián Roldán Alzate©
Nacho Landa ©
Natalia Botero©
Patricia Nieto Nieto©
Olivia Inés Montoya©
León Darío Peláez©
Fotografías: Archivos familiares, particulares; y cortesía de: El Colombiano,
Alma Máter, Parque E., Semana y El Malpensante, y las corporaciones Otraparte,
Héctor Abad Gómez, Asmedas y la Red Colombiana por los Derechos Sexuales y
Reproductivos Residex.
Periodistas practicantes: Yhobán Camilo Hernández, Julián Roldán y Laura
Marcela Pedroza.
Diseñador de versión electrónica
Santiago Orrego Roldán
Colaboradores: Juan Esteban Vásquez Mejía y Joan Esteban Zapata Suárez.
ÍNDICE
48
Alberto Arango Botero
Odontólogo, 1954
Oakley Forbes Bryan
16
50
Natalia Aguirre Zimerman
18
52
20
54
22
56
Licenciado en Educación, Inglés-Español, 1970
Especialista en Ginecología y Obstetricia, 2001
Iván Velásquez Gómez
Antropóloga, 1994
24
58
Jesús María Valle Jaramillo
26
60
Rodolfo Sierra Restrepo
28
Ingeniero Sanitario, 1988
Gerardo Molina Ramírez
Honoris Causa en Sociología, 1981
Guillermo Correa Montoya
Trabajador Social, 2001
Gloria E. Hernández Torres
Trabajadora Social, 1986
Armando Montoya Baena
Administrador, 1982
Héctor Abad Gómez
Doctor en Medicina y Cirugía, 1947
Juan Guillermo Restrepo Restrepo
Médico Veterinario, 1970
Antonio Roldán Betancur
Doctor en Medicina y Cirugía, 1971
Martha Lía Giraldo de Hernández
Doctora en Derecho y Ciencias Políticas, 1974
Luis Bernardo Vélez Montoya
Médico y Cirujano, 1987
30
32
34
Jorge Luis Páez López
Licenciado en Educación Física, 1978
Luis Norberto Ríos Navarro
Licenciado en Educación, Historia y Filosofía, 1977
Ingeniero Químico, 1991
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1970
Laura Marcela Jaramillo Hurtado
Bibliotecóloga, 1996
Trabajadora Social, 1999
Javier Álvarez Arteaga
Ricardo Hoyos Duque
Abogado, 1982
Abogado, 1983
Alba Nidia Sánchez Monsalve
Timisay Monsalve Vargas
Francisco Maturana García
Odontólogo, 1972
62
Luis Bernardo Yepes Osorio
Bibliotecólogo, 1994
64
Alba Elena Correa Ulloa
Enfermera, 1970
66
Rubén Darío Montoya Naranjo
Comunicador Social - Periodista, 2001
68
Delfín Acevedo Restrepo
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1970
36
70
Bachiller Liceo Antioqueño, 1971
Diplomado en Filosofía, 1979
38
72
40
74
42
44
46
Benhur León Zuleta Ruiz
76
78
José Luis Betancur Chaverra
Licenciado en Educación Física, 1996
Luis Fernando Vélez Vélez
Doctor en Derecho y Ciencias Política, 1973
Honoris Causa en Licenciatura en Antropología, 1979
Luz María Agudelo Suárez
Médica y Cirujana, 1986
Rubén Fernández Andrade
Licenciado en Educación, Español y Literatura, 1996
José Humberto Gómez
80
112
Enrique Gil Botero
Hernando Muñoz Sánchez
82
114
Ignacio Vélez Escobar
Licenciado Educación Física, 1992
Especialista en Teorías, Métodos y Técnicas de
Investigación Social, 1998
Luis Alfonso Marroquín Osorio
Bachiller Liceo Antioqueño, 1966
Luis Ignacio Lopera González
Licenciatura en Educación Especial, 1993
Doctor en Medicina y Cirugía, 1942
116
Fabio Luis Montoya Ramírez
90
Magíster en Educación, Orientación y Consejería, 1988
Hernando Zabala Salazar
Historiador, 1984
Gloria María Rodríguez Santa María
Licenciada en Bibliotecología, 1979
Pedro Luis Valencia Giraldo
Doctor en Medicina y Cirugía, 1965
100
José Miguel Corpas Garcés
102
Lucrecia Ramírez Restrepo
104
Especialista en Psiquiatría, 1990
Gustavo Olarte Castaño
Licenciado en Educación, Biología y Química, 1968
108
Francisco Luis Ángel Jiménez Arcila
110
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1930
122
Alberto Cadavid Mejía
124
Rocío Pineda García
Licenciado en Educación Física, 1976
Doctor en Derecho y Ciencia Política, 1977
Licenciado en Educación, Inglés-Español, 1970
Enfermera, 1972
126
Gabriel Jaime Bustamante Ramírez
128
Ana Piedad Jaramillo Restrepo
130
Iacharuna Muyuy Jojoa
134
Gloria Bermúdez Bermúdez
136
Gonzalo Arango Arias
138
Fernando Vallejo Rendón
140
Alberto Aguirre Ceballos
142
Teresita Gómez
144
Carlos Mario Gallego Arango
146
Patricia Nieto Nieto
106
Rosa María Turizo de Trujillo
Abogada, 1953
Julio González Zapata
96
John Jairo Gómez Bernal
Licenciado en Educación, Biología y Química, 1967
120
94
98
Odontólogo, 1985
Baltasar Medina
92
Jorge Arango Arango
Odontólogo, 1974
118
86
88
Dagoberto López Arbeláez
Ingeniero Industrial, 1982
84
Manuel José Bermúdez Andrade
Comunicador Social - Periodista, 2000
Abogado, 1980
Historiador, 2000
Comunicadora Social - Periodista, 1984
Sociólogo, 2008
Licenciada en Bibliotecología, 1964
Bachiller Liceo Antioqueño, 1950
Bachiller Liceo Antioqueño, 1959
Doctor en Derecho y Ciencias Política, 1950
Pianista Summa Cum Laude, 1966
Comunicador Social - Periodista, 1985
Comunicadora Social - Periodista, 1990
Gustavo Adolfo Garcés Escobar
148
Gilberto Martínez Arango
150
182
David Gutiérrez Ramírez
Maestro en Canto
Abogado, 1985
184
Doctor en Medicina y Cirugía, 1958
Julián Estrada Ochoa
Antropólogo, 1982
Rubén Darío Lotero Contreras
152
186
Jorge Valencia Jaramillo
Luis Alberto Álvarez Córdoba
154
188
Delcy Yanet Estrada Figueroa
156
190
José Libardo Porras Vallejo
158
192
Gladis Yagarí González
160
194
Joaquín Antonio Botero Berrío
162
196
Jesús Abad Colorado
164
198
Carlos Mario Correa Soto
Magíster en Educación y Docencia, 1996
Honoris Causa en Comunicación Social - Periodismo, 1996
Ramiro Tejada Rendón
Abogado, 1986
Juan Felipe Jaramillo Toro
Médico y Cirujano, 1987
Orlando Mora Patiño
Doctor en Derecho y Ciencias Política, 1969
Carlos Alberto Sánchez Ocampo
Comunicador Social - Periodista, 1992
Elkin Restrepo Gallego
Estudios de Derecho. Poeta
Juan Carlos Orrego
Antropólogo, 1997
166
Doctor en Ciencias Económicas, 1967
Maestra en Canto, 2005
Licenciado en Educación, Español y Literatura, 1988
Magíster en Educación, 2011
Comunicador Social - Periodista, 1999
Comunicador Social - Periodista, 1992
Comunicador Social - Periodista, 1988
200
Víctor Gaviria González
Honoris Causa en Comunicación Social - Periodismo, 2004
Fernando González Ochoa
168
202
Carlos Mario Aguirre Rodríguez
Luis Alberto Correa Cadavid
170
204
Juan José Hoyos Naranjo
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, 1919
Doctor en Medicina y Cirugía, 1968
Sergio Valencia Rincón
Licenciado en Educación, Español y Literatura, 1990
Carlos Arturo Fernández Uribe
Doctor en Filosofía, 2001
Alejandro Arango Medina
Comunicador Social - Periodista, 2001
Leonel Estrada Jaramillo
Odontólogo, 1943
Rodrigo Saldarriaga Sanín
Honoris Causa Maestro en Artes Escénicas, 2001
Estudios de Literatura. Actor
Licenciado en Ciencias de la Comunicación, 1976
172
208
Carlos César Arbeláez Álvarez
174
210
Alonso Cortés Cortés
Comunicador Social - Periodista, 1992
Doctor en Medicina y Cirugía, 1957
176
212
Álvaro Cogollo Pacheco
178
214
Alberto Villegas Hernández
Biólogo, 1986
Doctor en Medicina y Cirugía, 1955
180
216
Juan José Echeverri Escobar
Ingeniero Químico, 1955
Juan Carlos Arango Lasprilla
218
252
Ángela Patricia Cadavid Jaramillo
220
254
Tiberio Álvarez Echeverri
Alberto Echeverri Sánchez
222
256
María Eugenia Londoño Fernández
Silvia Blair Trujillo
224
258
Ricardo Restrepo Gómez
Fanor Mondragón Pérez
226
260
Sabinee Sinigüi Ramírez
Óscar Alejandro Vanegas Monterrosa
228
262
Gustavo Alberto Zapata Restrepo
Saúl Franco Agudelo
230
264
María Teresa Rugeles López
266
Jaime Alberto Palacio Baena
Psicólogo, 1996
Médica y Cirujana, 1986. Doctora en Ciencias, 1998
Licenciado en Educación, Filosofía e Historia, 1975
Médica y Cirujana, 1974
Ingeniero Químico, 1974
Ingeniero de Alimentos, 2008
Médico y Cirujano, 1975
Patricia Eugenia Díaz Montoya
Antropóloga, 2002
Luis Fernando Tintinago Londoño
Médico y Cirujano, 1988
Jorge Emilio Osorio Benítez
Médico Veterinario, 1985
Químico Farmacéutico, 1967
232
234
236
Enrique del Carmen Rentería Arriaga
238
Álvaro Posada Díaz
240
Biólogo, 1975
Doctor en Medicina y Cirugía, 1970
268
274
276
Carlos Santiago Uribe Uribe
246
278
Zayda Lucía Sierra Restrepo
248
Roberto Giraldo Molina
250
Doctor en Medicina y Cirugía, 1969
Comunicadora Social - Periodista, 2005
Magister en Educación, 2009
Licenciado en Educación, Español y Literatura, 1994
Doctora en Ciencias Básicas Biomédicas, 1997
Biólogo, 1977
Rito Llerena Villalobos
Licenciado Educación, Idiomas y Literatura, 1967
Ramiro Fonnegra Gómez
244
Licenciada en Educación, Historia y Filosofía, 1980
Físico, 2008
272
Martha Cecilia Londoño Báez
Doctor en Medicina y Cirugía, 1961
Honoris Causa Licenciatura en Educación Musical, 1998
José Emilio Yunis Turbay
242
Enfermera, 1980
Doctor en Medicina y Cirugía, 1964
270
Jorge Ossa Londoño
Médico Veterinario, 1973
Jorge Restrepo Paniagua
Doctor en Medicina y Cirugía, 1961
Biólogo, 1972
Olga Lucía Zuluaga Garcés
Licenciada en Educación, Filosofía e Historia, 1975
Magíster en Educación, Psicopedagogía, 1991
Francisco Lopera
Médico y Cirujano, 1979. Especialista en Neurología, 1984
Jaime Borrero Ramírez
Doctor en Medicina y Cirugía, 1953
Índice
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
sociedad sin los otros… Carente de aquellos que sin renunciar
a sus responsabilidades persiguen los sueños y privilegian
la convicción, la discreción, el silencio y el anonimato, para
facilitar así el logro de sus ideales ciudadanos por encima de la
rentabilidad, el ascenso social o económico; y que renuncian a
alcanzar el éxito a cualquier precio.
Del capullo emergió una mariposa*
Este es un libro de microhistorias, semblanzas, perfiles y retratos
de un tipo de triunfadores que no estamos acostumbrados
a exaltar. Aquí están las voces y las imágenes de aquellos
vencedores de lo inmaterial, de los que se quedaron habitando
las convicciones y los sueños, de los espíritus cuyo proyecto de
vida es la coherencia con su conciencia, sus valores y búsquedas.
Esta es una obra para caracterizar a los otros: a los espíritus
libres; a los sin gloria ni popularidad, a los sin rostro popular, sin
celebridad ni aplauso unánime del establecimiento; o a los que se
resisten al canon establecido del deber ser.
Se exceptúa a los inevitables, a los ya célebres, pues ellos son
protagonistas en otros escenarios, poseen otros reconocimientos,
habitan diversas formas del éxito o la grandeza. Qué sería de la
*Dickinson Emily. Poemas. Selección e introducción de Silvina Ocampo.
Tusquets. Barcelona. 2006, p. 106.
Sin los espíritus libres no habría ilusiones ni seres visionarios;
sin ellos sucumbiría la esperanza y Colombia no sería ni posible
ni viable. Sin figuras silenciosas y consistentes, dedicadas
cotidianamente a la ciencia, la investigación, la creación, la
narración, el arte, la conceptualización estética, la gestión social y
cultural, el deporte, el trabajo social, la educación, no sería posible
intervenir, transformar o diagnosticar adecuadamente los orígenes
y la permanencia de una sociedad injusta, violenta, compleja y
contradictoria como la colombiana.
Incluso seres escépticos o desilusionados, aquellos a quienes
los célebres les asignan el fracaso social o profesional, esconden
personas victoriosas en lo estético, intelectual y existencial;
habitadas por la placidez. Son ellos los que colocan en su lugar
las cosas y siembran la duda demostrando la fragilidad de los
falsos esquemas, ponen en evidencia los valores arribistas o el
inmovilismo del deber ser. Ellos sitúan lo efímero y aparente de los
grandes logros, en frágiles espacios del ego y la vanidad.
Sin aquellos con capacidad de hacer renuncias, seguir
convicciones y perseguir un proyecto de coherencia intelectual,
no existiría masa crítica. Los otros son ese elemento variado,
diverso y múltiple que dinamiza con su actitud y ejercicio crítico
a la sociedad, colocan su acento en aquello que no nos gusta, lo
que evitamos, ignoramos o eludimos… Esos seres triunfadores
anónimos, esos profesionales victoriosos de la coherencia y los
sueños, esos vencedores de lo cotidiano son los protagonistas de
este libro. Sus semblanzas son la mejor caracterización de nuestros
egresados; su hacer, su movilidad social intelectual y existencial,
son el mayor patrimonio humano, moral, cultural y científico de la
Universidad de Antioquia y de la sociedad.
La palabra y la imagen son huellas inevitables del lenguaje,
estrategias comunicativas insuperables, formatos connaturales
de la sociedad contemporánea; textura, síntesis y tono facilitan la
noción del tiempo, del transcurrir en los contextos. Ese mismo que
nos habita en la incertidumbre entre formarnos y prepararnos para
ser, ejercer y habitar espacios definitivos en la sociedad.
Las imágenes en el blanco y el negro son el día y la noche, las
diversas caras de la existencia humana. El entorno diverso,
la textura grisácea en la cual habitan y trabajan todo el tiempo
nuestros victoriosos héroes anónimos. Ellos y su hacer son lo que
no se ve, aquello que, como en los cuentos clásicos, solo pueden
percibir quienes lo merecen o se han preparado toda una vida para
hacerlo.
Inicialmente queríamos llamarlo Héroes anónimos, espíritus
libres pero aprendimos, nos enseñaron los protagonistas, que no
eran ni querían ser héroes. Los ciudadanos percibimos demasiados
héroes y al final emergen muchos de papel y terminan transitando
caminos escabrosos o resultan vinculados a las mil maneras del
delito y la violencia en Colombia.
Un espíritu libre requiere, para ser reconocido, que quien lo
indague posea el talento de reconocer el saber del otro. Los
perfiles de este libro reafirman aquello de que solo los ignorantes
pretenden ser más inteligentes que los demás, y que la humildad
es el recurso que caracteriza a los más sabios. Ahí reside la
importancia de asumir la diferencia y la pluralidad. Ella permite
visibilizar la variedad de presencias de un espíritu libre; situarlo
requiere sensibilidad, respeto y humildad. Su historia no está
trazada, no es el que gana más o ejerce un poder transitorio. Es
quien posee actitudes reconocibles, elige caminos revelados por
la razón o la pasión. O que voluntariamente, decide su destino
individual, incorporándose a colectivos o entornos donde ejercer.
Si luego surge la duda y dedica su vida a otro sueño o toma otro
camino, esa decisión será el resultado del obrar como le indican su
conciencia, su razón, su libertad.
Nuestros espíritus libres, protagonistas de la cotidianidad en la
sociedad, son numerosos y están dispersos; para seleccionarlos
fue preciso aceptar realidades, imponerse fronteras, asumir
renuncias, reconocer limitaciones espacio-temporales y
presupuestales. Fijar lo irrenunciable, asimismo puntualizar las
licencias admisibles.
Renunciamos a incluir a quienes ocupan altos cargos en el Estado,
la Universidad de Antioquia, las entidades privadas o ejercen
protagonismos principales en la política activa y en organismos
universitarios. Hay allí egresados notables, otros distintos a
nosotros; cuando pase el tiempo necesario para apreciar sus
obras, valorarán sus historias. Admitimos las limitaciones
económicas y logísticas, reconocimos la imposibilidad de acceder
a todos los lugares distantes del país o del mundo a donde han
llegado nuestros egresados. No disponíamos de recursos para
pagar como es debido a los escritores y fotógrafos. Esa realidad
fue una oportunidad para hacer un trabajo distinto.
La idea inicial: retratar a cien egresados de todos los ciclos
y áreas de formación universitaria; y en ese propósito hacer
visibles grupos, colectivos y singularidades, sin asignar cuotas por
11
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
dependencias, áreas, origen, etnia, preferencias, edades o género.
Lo irrenunciable: construir un texto con absoluta independencia,
sin vetos, consultas jerárquicas, ni prejuicios; un obra donde
los egresados fuesen protagonistas y autores registrando sus
percepciones no inducidas; un libro que albergara a algunos
Honoris Causa acogidos por la universidad como propios, y nos
dejara presentar varios espíritus libres que en su coherencia,
decidieron no graduarse.
Los 130 personajes y los 61 autores, diez de ellos no egresados,
tienen edades distintas, se dedican a profesiones diversas,
habitan entornos y espacios variados. Quienes están incluidos en
el libro tienen el perfil requerido, luego son. Pero no a todos los que
son logramos incluirlos. Algunos no están por su propia voluntad.
Otros se encontraban en sitios alejados o nos fue imposible hallar
quién se dedicara a escribir sus perfiles en tierras remotas.
Con las claridades anteriores procedimos a presentar la propuesta
al Banco Universitario de Programas y Proyectos de Extensión,
BUPPE, con el fin de garantizar parte del costo de la impresión.
Para divulgar la convocatoria seleccionamos un egresado con el
perfil requerido: el maestro Gilberto Martínez Arango, cardiólogo,
insigne deportista en su juventud, académico, dramaturgo,
actor, director y pionero del teatro experimental contemporáneo
en Colombia. Después divulgamos la convocatoria en el Portal
Universitario, en el boletín y la página del Programa de Egresados,
y en los grupos de egresados en Facebook.
Así mismo, utilizamos la base de datos para enviar correos
electrónicos invitando a más de 3O mil egresados que tienen
sus datos actualizados, a las asociaciones en el país y el exterior,
a las dependencias universitarias y a las sedes regionales.
Estudiamos las postulaciones y simultáneamente invitamos a
fotógrafos y escritores egresados a participar como autores.
Incluso si un escritor invitado era postulado, este no participaba
en las valoraciones o decisiones, ni intervenía en ese proceso. Al
final fue agradable ver cómo algunos descubrían que ellos habían
sido objeto de la mirada escrutadora de otro escritor que con
autonomía y distancia escudriñaba su esencia.
Salvo pocos casos, los autores son egresados; varios de ellos,
jóvenes pendientes de recibir su título. Este procuró ser, y
es, un libro de egresados, hecho por ellos. Esto le agrega un
valor adicional, pues al incorporar percepciones de los propios
egresados se constituye en evidencia del tipo de profesional que
forma hoy la Universidad de Antioquia. Este hecho le añade al
presente trabajo legitimidad, calidez y pertinencia.
Las secciones se ilustran en términos poéticos y simbólicos con
grafías que reconocen la creatividad como signo del pensamiento
superior de la inteligencia humana y punto de encuentro del arte
y la ciencia. Dos fragmentos poéticos de Emily Dickinson y uno
del monje y pintor chino Shitao, nos sirven para congregar líderes,
gestores, creadores e investigadores. El método etnográfico, el
estudio de caso y las historias de vida reconocen los lenguajes, la
escritura, la lengua, el relato, la imagen, lo poético y lo literario,
como instrumentos y opción académica válida para caracterizar
e indagar por la pertinencia profesional de quienes se dedican
a gestionar e intervenir en los espacios sociales, culturales y
creativos, o eligen como camino la creación, la palabra, el relato
y la expresión con los lenguajes, o ejercen su libertad recorriendo
los senderos de la ciencia de manera individual o liderando grupos
de investigación.
Escrito de manera cooperada, este texto no hace clasificaciones
ofensivas y discriminatorias del egresado. Evita el uso de
categorías restringidas y artificiales, declina los caminos únicos,
el mandato del tener o el deber ser, y pasa del enfoque rutinario,
impuesto por respetables y solitarios grupos técnicos, alejados de
la vida y enemistados con lo humano y lo singular. Términos como
calidad, pertinencia, eficiencia, eficacia, viabilidad, cobertura,
corresponsabilidad, equidad, vinculados a los conceptos de
aprendizaje, investigación, innovación, extensión, parecen
conducirnos a una trampa al olvidar la realidad y ocultar a los
protagonistas.
La noción de universidad semánticamente es variable, su sentido
coyuntural lo da el contexto, este a veces muta hasta convertir
la expresión en un lugar gélido habitado por referencias comunes
que parecen incorporarlo todo y terminan por despojar la palabra
universidad de su verdadero significante y sentido, distorsionan la
realidad y ocultan al ser humano.
Los egresados protagonistas coinciden en resaltar que en
la Universidad de Antioquia aprendieron la incredulidad, el
escepticismo y la duda, rasgos estos que coinciden con el de
la inteligencia. Los seres humanos objeto de los perfiles no son
perfectos ni modélicos. Este no es un libro de ángeles, ni se
abroga la facultad de señalar que son los únicos o los mejores;
recoge personas ciertas, escépticas, pasionales, imperfectas,
existencias pragmáticas o soñadoras, todos seres presentables,
relevantes y autónomos.
Cualquier crítica que pueda suscitar este trabajo, la asume el
editor general. Este da fe de que ninguna instancia directiva es
responsable de su contenido. El libro se construyó con placer,
sin ataduras ni intereses coyunturales; no se hizo para satisfacer
pequeños egos. Es un producto académico resultado de ejercer
la libertad de pensamiento, expresión y cátedra, un ejercicio
consciente y responsable, no sometido a credos, dogmas,
conveniencias, militancias, intereses, grupos, prejuicios, cuotas,
amos, abolengos, afectos, jerarquías o procedencias. Es una
obra que revela los tipos de profesionales y seres humanos que
ha formado y pretende seguir forjando la universidad; es solo una
muestra de esos miles de espíritus libres.
Álvaro Cadavid Marulanda
Editor
Director Programa de Egresados
Cada escritor o fotógrafo es responsable de su texto. Los logros
son de ellos. Su trabajo no remunerado es un gesto generoso que
abunda y caracteriza a muchos de nuestros egresados; por eso
esta obra es también un reconocimiento a ellos. A quienes sin
serlo participaron en este libro de egresados de la Universidad de
Antioquia, gracias.
13
Hay —entre mi país y el de los otros—
un mar.
Dickinson Emily. En mi flor me he escondido.
Versión en español de José Manuel Arango.
Universidad de Antioquia. Medellín. 1994, p. 100.
UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
disputa; y una mañana, se reconoció en la cubierta de un
barco rumbo a Cartagena, enviado a terminar el bachillerato.
No sabía español y el papel moneda era novedad en sus
bolsillos.
Oakley
Forbes Bryan
Alguien ha cortado el alambre de púas de la columna en que
se apoya Forbes. El brazo descansa en el cemento y soporta
el peso de este hombre que a los 67 años guarda en su pecho
el grito de libertad. No vocifera sus anhelos, los desgrana
suavecito a medida que habla de St. Andrew, Providencia and
Katheleena, el archipiélago donde fue niño y a donde volvió
viejo.
Dio los primeros pasos en tierra de su abuela; aprendió
a hablar en inglés y creole; pasó horas viendo a los viejos
fabricar sus propios barcos y a los capitanes recibir naranjas a
cambio de las maderas que traerían de Canadá; casó peleas
con sus vecinos como primera forma de amistad; asistió a
varios cultos porque en esa época las almas no estaban en
Al hombre que fue su alumno de inglés en Cartagena le debe
su vocación por enseñar y su incursión en la juerga, en el
derroche. A la Universidad de Antioquia llegó en 1966 cuando
los estudiantes paralizaban el país. Las asambleas lo aturdían;
como entendía poco en español, los sonidos se le hacían más
pesados en medio de la algarabía. Entonces prefería retirarse
a sus meditaciones en inglés criollo, la lengua en que se
conocía.
Forbes era un tipo raro, dicen: sabía más inglés que algunos
profesores, ascendió cuatro semestres con validaciones; se
enfurecía cuando a su creole lo llamaban guachiguachi; y
aunque era el más entusiasta a la hora de celebrar, caía en
aquellos letargos propios de quien, de repente, recuerda que
es forastero.
El medio siglo que Forbes pasó en tierra firme fue nefasto para
su isla. En el 2003 regresó a San Andrés, después de más de
una treintena como profesor en la Universidad del Quindío,
donde encendió la lucha gremial —cuando ya podía expresar
su rebeldía en español— y fue Presidente del Sindicato de
Profesores por una década.
Al volver a casa se encontró de frente con su pueblo en
extinción: los nativos han perdido el 53% de la propiedad de la
tierra entre 1953 y 2010, ni siquiera el 10% de los raizales está
empleado, y una tercera parte de la población tiene hambre;
hay carteles para expropiar tierras familiares y luego venderlas
a las multinacionales del turismo que tumban bosques y
profanan cementerios; entre las 100 mil personas que viven
en 27 kilómetros cuadrados, los raizales, apenas 27 mil, son
minoría; y el inglés criollo — creado por sus ancestros al
mezclar palabras del inglés en la estructura del bantú—, para
sobrevivir, ya no es cosa que se enseñe a los niños.
“Los raizales nos estamos muriendo silenciosamente”,
sentencia. Comprendo que ante esa certeza se unió al
Movimiento Étnico Nativo, formado en 1999, con el propósito
de separarse de Colombia —que ha sido saquedora (entregó
la isla al capital extranjero), corrosiva (exportó las formas
mafiosas de la política), déspota (prohibió hablar en creole,
impuso el español como lengua oficial¬ y le entregó las almas
a la iglesia católica— y convertirse en una nueva República.
Esa patria soñada estará sostenida, dice Forbes, en la lengua
criolla donde se almacena la fuerza de la cultura raizal. Por
eso trabaja sin pausa por la propagación de la educación
trilingüe —inglés, creole y español—, como encuentro de los
múltiples matices de negros, blancos y mestizos que ahora
pintan el paisaje.
Forbes es un raizal radical conocido en todo el mundo. Por eso
lo llaman traidor, lo sigue el DAS, lo quieren matar. Y aunque
Jesús le ha dicho que la isla será independiente antes de que
él muera, no pone un pie fuera de ella. No quiere fallar a la
hora de romper los cercos, de deshacerse de las púas.
Fotografía: Natalia Botero / Perfil: Patricia Nieto Nieto
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
Natalia
Aguirre Zimerman
Ella sabe cómo nacen los niños. Ha recibido a cientos en
Afganistán, Sri Lanka y Sudán. Los ha visto venir de cabeza,
de nalgas, de pies y también los ha palpado atascados en el
canal vaginal. En cualquier caso, una vez afuera, los observa
como si se tratara de una obstetra recién llegada al mundo,
y los acaricia: repasa las cejas, recorre la columna, mira
cada dedo. Se embelesa en esa vida que florece donde los
fusiles, la sequía, la barbarie, la pobreza, imponen la pena
de muerte.
Se fue de Colombia —donde no pudo ejercer la obstetricia en
zona rural— detrás de la bandera de Médicos Sin Fronteras.
Vio pasar la insignia en la popa de una canoa en un viaje por
el Atrato, la siguió por internet y diez días después estaba
en Kabul. Vistió una shwar kamize y se dedicó a conversar
con las mujeres: cómo conciben, cómo saben cuándo será
el parto, cómo les gusta dar a luz. Hablar porque “cuando
uno ayuda debe hacerlo con lo que los otros creen que
necesitan”, dice. Solo después procedió a examinarlas
debajo de esas burkas que parecen impenetrables; y a
recibir bebés mientras que la ciudad era bombardeada en la
guerra de Estados Unidos contra los talibanes.
Desde la Kabul sometida, Natalia escribía. Anotaba los
descubrimientos en sus piernas y luego los convertía en
correos electrónicos para mantener un vínculo con su
madre, quien vio cómo las cartas de su hija construían un
relato excepcional de la cotidianidad en la guerra. Así que
las modeló apenas y las tituló 300 días en Afganistán, libro
que convirtió a Natalia Aguirre en una de las autoras más
leídas de Alfaguara en el 2005.
Ella ni se enteró del impacto que generó su libro, porque
para entonces estaba en Sri Lanka que intentaba levantarse
del tsunami. Meses después de la tragedia, apenas los
pescadores volvían al oficio con botes donados por el
gobierno; panaderos, sastres, cocineros y demás seguían
atónitos. Pero la parálisis, producto de perderlo todo, no
detenía el flujo natural de la vida: en albergues y hospitales
improvisados seguían naciendo niños dotados para
sobrevivir.
más pobre del continente. En plena selva bañada por el Nilo,
Natalia fue maestra y alumna. Las aborígenes aprendieron a
poner un plástico limpio sobre el piso que servirá de cama
a la madre y a lavarse las manos. Y ella, la obstetra, a
solucionar partos obstruidos sin instrumentos ni bisturí. Le
bastó aprender a contar del uno al nueve y a decir sangre,
dolor, agua y puje en dinka; y a comprender algunos gestos
para que las parteras pudieran darle su saber: aprendió a
voltear bebés, aun en el vientre de la madre, con sus propias
manos. “Entonces, cuando ves cómo la gente soluciona así
su vida, te preguntas: ¿qué es un problema?”, reflexiona.
La próxima parada de Natalia será Jartum, capital de Sudán,
pues sus dos hijos necesitan casa, escuela. Por un tiempo
estará lejos de la selva pero no fuera de un país en guerra.
Salvará vidas de mujeres y de niños, a otros les cerrará los
ojos; evocará a su padre y a su hermana asesinados hace
años en Medellín; tal vez escribirá; reafirmará su voluntad de
estar en Colombia cuando le llegue la hora de morir; y se dirá
todos los días que no es de las que pasa el río sin mojarse.
A Medellín volverá cada diciembre para que sus niños
disfruten de las luces de Navidad, de la abuela, de la
casita verde de Envigado. O vendrá a dar a luz, como lo ha
hecho siempre, atraída por el olor de la tierra, empujada
por la nostalgia del hogar, urgida del abrazo de su madre,
necesitada de parir en español.
De Asia, Natalia se fue a África, al Sur de Sudán, donde
una guerra de cuarenta años convirtió a ese pueblo en el
Fotografía: Cortesía revista El Malpensante / Perfil: Patricia Nieto Nieto
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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colombiana. Finalmente, se hizo justicia con las secciones y
pasaron a llamarse “Lucrecio Jaramillo Vélez”, nombre que la
institución conserva a la fecha en su sede del barrio Laureles.
Iván
VELÁSQUEZ GÓMEZ
El hoy magistrado auxiliar de la Corte Suprema de Justicia,
Iván Velásquez Gómez, investigador clave de la parapolítica,
recuerda con nostalgia que la pobreza de su colegio llegaba
hasta el punto de no tener durante años un nombre específico
que lo distinguiera del Liceo Antioqueño, además de que a él
y muchos de sus compañeros les tocaba estudiar en pupitres
deteriorados, de cuyo daño los acusaban a ellos mismos
como responsables.
“Secciones de Bachillerato Anexas al Liceo Antioqueño” era
la denominación que tenía la jornada de la tarde en el sector
de Robledo, en donde cursó sus estudios medios, esa misma
que albergó otros nombres de jóvenes que luego tomaron
por senderos diferentes en el complejo devenir de la realidad
Al abogado penalista Velásquez Gómez lo conocí cuando él
era presidente del Colegio Antioqueño de Abogados y yo
me desempeñaba como director ejecutivo. Aunque esta vez
lo encuentro más robusto, sigue caracterizándose por una
mezcla de timidez y simpatía, reforzada por la seguridad con
que desgrana sus palabras cuando se traslada al pasado o se
sitúa en el nada fácil presente que debe enfrentar.
Iván no duda en calificar al Lucrecio como una entidad educativa
con sentido crítico, adonde llegaban algunos profesores que
laboraban en el propio Liceo Antioqueño: Heliodoro Rojas
Olarte —asesinado años después siendo dirigente gremial del
magisterio antioqueño— y Miguel Ángel Rivera Echavarría,
eran dos de ellos. Esos mismos pupitres dañados los compartió
con posteriores personalidades del derecho como Juan Ángel
Palacio, Ricardo Hoyos Duque, Guillermo Villa Alzate, Vicente
Cadavid Herrera y Luis Fernando Otálvaro Calle.
Iván ingresó a la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas, de
la Universidad de Antioquia, en donde comenzó a formarse en
el conocimiento y análisis de la realidad social y política. Su
curiosidad académica lo llevó a pensar en realizar una tesis
de grado que partiera del planteamiento según el cual “la
clientela del derecho penal son los pobres, los excluidos”. Se
trataba, además, de “ver el derecho de una forma diferente,
no literal en su interpretación sino más bien exegética”.
Y también con base en la experiencia que tenía como
secretario de juzgado, en donde trabajó con el entonces juez
Carlos Mejía Escobar —posteriormente magistrado de la
Corte Suprema de Justicia—, Velásquez Gómez adelantó su
trabajo de grado con la orientación de uno de sus maestros,
el penalista Jota Guillermo Escobar Mejía. Al comienzo, los
jurados no estaban dispuestos a aprobarla por no compartir
el enfoque de la investigación, pero luego, en un acto de
confianza hacia el asesor, le dieron el visto bueno.
Treinta años después de graduado, Iván Velásquez Gómez, el
mismo que ha protagonizado y dirigido la investigación sobre
la parapolítica y en especial del hoy condenado senador Mario
Uribe Escobar, primo del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, se
reafirma en su compromiso jurídico y ético a pesar de presiones
recibidas y no obstante los señalamientos del ex mandatario
Uribe Vélez, quien lo ha tildado de “agente del comunismo”.
Iván no quiere terminar la conversación sin referirse a las
coincidencias que ha tenido con aquél: “Estudiamos juntos
Derecho en la universidad; cuando él era senador, yo me
desempeñaba como procurador regional en Antioquia; luego,
cuando él era gobernador, yo me desempeñaba como director
regional de fiscalías”.
Pero más fuertes que las coincidencias entre ambos, han sido
las contradicciones. Iván las sigue enfrentando con la misma
decisión con que se propuso aprender, cuando hace tiempo
estaba sentado en un derruido pupitre de las “Secciones de
Bachillerato Anexas al Liceo Antioqueño”.
Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano / Perfil: Gonzalo Medina P.
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Alba Nidia
SÁNCHEZ MONSALVE
La puerta entreabierta deja ver una silueta. El contorno
dibuja a una mujer ligeramente inclinada que, al parecer,
escribe. Responde al llamado sin levantarse; apenas alza
la mirada. Lleva lentes y sonríe. Al cruzar el umbral, la luz
descubre a una muchacha al mando de un escritorio sin
lugar para más cuadernos rayados y mapas que muestran
mares turbulentos. En los cuadernos se ven trazos de
adolescentes sobre los que ella elogia los aciertos y marca
los errores, y las olas encabritadas dicen que quienes las
pintaron aún no conocen el mar.
En Machuca, Segovia, no saben de mares. Los niños
conocen los ríos con lechos de oro y los montes sembrados
de coca, el oro convertido en crucifijo y la hoja transformada
en cocaína. La maestra, la que ahora pule caligrafías y
corrige la orientación de la rosa de los vientos, conoce a
Antioquia desde la tierra fría del Norte hasta las planicies de
Urabá. Y de esa geografía sentida y contemplada les habla
a los muchachos. A veces se desdobla en añoranzas, en
batallas, y su clase de Sociales es hervidero de ilusiones:
serán médicos o abogados; se convertirán en cantantes o
pintores; romperán las fronteras en barcos o montados en
los lomos de los libros.
Alba Nidia, la maestra, predica porque ha vivido. Dejó
su casa paterna, en la vereda Cantayús Arriba de Santo
Domingo, cuando ya era mayor para la secundaria y muy
niña para el nocturno. Al terminar la primaria —caminaba
40 minutos desde su casa hasta la escuela—, se entregó
a repasar los vinilos que radio Sutatenza le enviaba a su
padre y a enseñarle a leer a su hermanita Berenice. Tres
años después, al punto de la derrota, se fue de la vereda en
procura de un diploma de bachiller.
Del nocturno de Bello pasó al colegio de Cisneros y de allí a
la Universidad de Antioquia. Un bono de alimentación y su
trabajo en la biblioteca la mantuvieron viva en un entorno
que puede tornarse hostil para el campesino. En el 2000,
consiguió su primer empleo profesional en el proyecto
“Escuela amiga de los niños” de la Diócesis de Apartadó
y Unicef. En el primer viaje la conmovieron el sinsentido
del tiempo, la lluvia eterna, el plato de sopa que partió con
quien competía con ella por el empleo. De los años que
siguieron no olvida la bondad de la gente que ha sufrido
y la responsabilidad que le imprimió el haber tomado en
préstamo, para su instalación en Urabá, los 500 mil pesos
que el abuelo atesoraba para pagar su propio entierro.
En el año 2005 —después de cuidar niños para paliar el
desempleo— regresó a Urabá. La escuela que ayudó a
construir albergaba ya a ochocientos niños. La misión —
como le decían en su casa a esos trabajos alejados y
penosos— era la construcción de 181 casas para familias
víctimas de la violencia con la Fundación Compartir. Estaba
cargando arena y pegando adobes cuando recibió, con
semanas de diferencia, dos noticias: a su hermano mayor,
quien ahorraba cada año todo su sueldo de jornalero para
entregárselo a ella cada enero, se le explotó el corazón;
y a ella le habían asignado una plaza como docente en el
Colegio Fray Martín de Porres de Machuca.
Llegó al caserío siete años después de que el ELN produjo
un incendio que calcinó a ochenta personas. “Allí opté por
ser una trabajadora social que quiere convertirse en una
gran maestra”, dice. Tomó a cada niño, lo condujo a un libro,
le sembró una esperanza. Dice que después de seis años
quiere empacar sus pocos trastos, despedirse de Machuca
y desembarcar en otro puerto donde no forme hombres
buenos para que los recluten los ejércitos.
Fotografía: Patricia Nieto Nieto / Perfil: Patricia Nieto Nieto
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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Javier
ÁLVAREZ ARTEAGA
Javier Ignacio Álvarez Arteaga nació el 14 de abril de 1958
en Medellín, y sus primeros días transcurrieron en una
casa del célebre barrio de Buenos Aires, exactamente en
el cruce de Bomboná con Suiza. Veintidós años más tarde
inició estudios de Ingeniería Química en la Universidad de
Antioquia; el fútbol ya era su pasión, pero su padre, profesor
de lenguas extranjeras en el mítico Liceo Antioqueño, le
advirtió que toleraría aquella relación con la pelota sólo si se
entregaba, paralelamente, al estudio de alguna cosa seria.
Fogueado como jugador en la Liga Antioqueña de Fútbol,
Álvarez accedió al nivel profesional y vistió, durante un
puñado de años, las camisetas del Independiente Medellín,
el Deportivo Pereira y el Deportes Tolima. Su vocación para
la contención lo situó lejos del arco y, en consecuencia,
marcó pocos goles —le sobran dedos en una mano cada
vez que los cuenta—, aunque su cabeza guarda el recuerdo
de uno, crítico, que significó una clasificación de última hora.
Mientras tanto, rendía satisfactoriamente en los exámenes
parciales que pretendían medir su pulso de futuro ingeniero,
e incluso le quedaba tiempo para dedicarse al ejercicio físico
en el campus universitario. Alcanzó tal fama de aficionado
a la cultura deportiva que los periodistas, años después,
habrían de zurcir la fábula de que el Alma Máter lo había
coronado como licenciado en educación física. Pero la
verdad es que se tituló como ingeniero en 1990.
Javier Álvarez debutó en 1997 en el oficio que habría de
convertirlo en figura pública: el de la dirección técnica
de equipos de fútbol. Entre 1997 y 1998 estuvo al frente
del Once Caldas, alcanzando un flamante subtítulo y el
prestigio de haber puesto en marcha un fútbol demoledor
de naranja mecánica. Esas virtudes lo llevaron hasta la silla
de entrenador de la Selección Colombia, en cuya cabeza
degustó la miel de doblegar a Argentina 3 por 0 en la Copa
América de Paraguay y la amargura de sucumbir contra
Brasil, por marcador insospechado, en el Torneo Preolímpico
de Londrina. Volvió al Caldas entre el 2000 y el 2002,
sembrando, en algún sentido, las bases de los títulos que
el equipo albo habría de conseguir en el 2003 y el 2004. Fue
subcampeón con el Deportivo Cali en el 2003. Se probó en el
exterior al frente del Aucas ecuatoriano en el 2004. Un año
después tomó las riendas del Medellín: lo redimió de una
eliminación inminente y, sólo por segundos, no lo puso en la
final de diciembre del 2005. Retornó a Ecuador para dirigir al
Deportivo Cuenca al año siguiente. De nuevo en el país, en
el 2007, fue el timonel del Huila; y después, otra vez en el
Caldas —el equipo al que estaba amarrado lo mejor de su
destino deportivo—, se alzó por fin con el título de campeón
cuando, en junio del 2009, batió heroicamente al Júnior en
el inexpugnable Estadio Metropolitano de Barranquilla.
La constancia de la que se ha valido este director técnico
para alcanzar el podio de las celebraciones va más allá de
las canchas e ilumina su vida privada. Émulo de su padre, ha
cultivado pacientemente su espíritu con miles de páginas
clásicas: Víctor Hugo, Alexandre Dumas, Fedor Dostoievski y
Mark Twain son algunos de los invitados a su mesa de noche.
De hecho, rememorando esas lecturas dice que, al igual que
Albert Camus, siente que el fútbol le ha ayudado a conocer
a los hombres. Sin embargo, hoy en día, Javier Álvarez
hace uso de lo mejor de esa sabiduría lejos del banquillo
de técnico o la investidura de ingeniero químico: con ella
ilumina la crianza de su pequeño hijo Simón, quien ya debe
saber —como lo han sabido los jugadores orientados por su
padre— que el crecimiento nunca termina.
Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano / Perfil: Juan Carlos Orrego
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
concejal y diputado; y promovió actividades pioneras, como la
primera “Marcha por la defensa del Derecho a la Vida” en 1983
y el “Encuentro de profesionales de Antioquia: Hacia la paz por
la justicia social” en 1985.
Jesús María
VALLE JARAMILLO
Jesús María Valle Jaramillo nació el 28 de febrero de 1943 en
La Granja, corregimiento de Ituango; fue bachiller y abogado
de la Universidad de Antioquia, acatado dirigente estudiantil
y respetado profesor de ética profesional, derecho procesal
penal y oratoria forense. Integró el Comité por la Defensa
de los Derechos Humanos, Seccional Antioquia, desde su
conformación y asumió valientemente su presidencia en febrero
de 1988, después de que paramilitares habían asesinado a
varios miembros y presidentes de ese comité, entre ellos los
médicos Pedro Luis Valencia, Leonardo Betancur y Héctor Abad,
y los abogados Luis Fernando Vélez y Carlos Gónima.
Además, como líder infatigable y polifacético, conformó la Liga
de Usuarios de las Empresas Públicas de Medellín; presidió el
Colegio Antioqueño de Abogados; fue cofundador y presidente
del Colegio de Abogados Penalistas de Antioquia; actuó como
Como prestigioso abogado penalista, defendió la libertad de
los injustamente detenidos, puso al alcance de los condenados
pobres el elitista recurso de casación, en ese tiempo un
recurso elitista, e hizo de su ejercicio profesional una expresión
comprometida y consecuente con su opción por los humildes y
desprotegidos, los perseguidos por motivos gremiales o políticos
y, en general, por las víctimas de la injusticia, la exclusión y la
discriminación imperantes en Colombia.
Jesús María Valle fue héroe y mártir por la defensa de los
derechos humanos y la lucha contra la impunidad. Héroe porque
dedicó gran parte de su vida a trabajar por estas causas, aunque
conocía los graves peligros que ello implicaba en Colombia, y
mártir porque fue asesinado por su consecuente compromiso
con las mismas.
Entre 1996 y 1997, repetida pero infructuosamente, denunció en
los medios de comunicación y ante los sucesivos comandantes
de la IV Brigada del Ejército con sede en Medellín y el entonces
gobernador de Antioquia, abogado Álvaro Uribe Vélez, cómo las
“Convivir” se habían convertido en grupos paramilitares que, bajo
el pretexto de la lucha antiguerrillera, cometían graves atropellos
contra la población civil, con la tolerancia y hasta la participación
de tropas adscritas a esa brigada. Muy especialmente, denunció
los desplazamientos forzados y las masacres de campesinos en
los corregimientos El Aro y La Granja de Ituango.
Por estas graves y documentadas denuncias, cuya veracidad
estableció la Corte Interamericana de Derechos Humanos en
sentencia del 2006 y fue reconocida por varios comandantes
paramilitares en versiones ante jueces de Justicia y Paz, Jesús
María Valle fue calificado de “enemigo de las Fuerzas Armadas”,
denunciado penalmente por el delito de calumnia contra el
Ejército Nacional en julio de 1997, y amenazado. Por las mismas
causas y por su firme defensa de la libertad, la vida y la justicia,
fue asesinado el 27 de febrero de 1998, en un frío, profesional y
atemorizador operativo paramilitar.
En su voto sobre las masacres de El Aro y La Granja, el juez de
la Corte Interamericana de Derechos Humanos Antônio Augusto
Cançado Trindade escribió, citando a Ionesco, “estamos ahora
subyugados por la razón de Estado que permite todo: los
genocidios, los asesinatos, el meter en cintura a los intelectuales
[…] El Estado impulsa el crimen, justifica el crimen. La cultura,
que es la única que podría dejar al hombre respirar y darle un
poco de libertad, está devorada por el Estado”.
Como este asesinato permanece impune en Colombia, en
sentencia del 27 de noviembre del 2008, la misma Corte
condenó por él al Estado colombiano y dispuso que se hiciera
un acto público de reconocimiento de su responsabilidad
internacional en la Universidad de Antioquia, en relación con las
violaciones declaradas en “el caso Valle Jaramillo y otros, v.s.
Colombia”.
Aunque quienes ordenaron el asesinato de Jesús María Valle
y los paramilitares que lo ejecutaron, causaron un gran vacío
en los defensores de los derechos humanos y en las víctimas
de las múltiples violaciones de estos derechos, solo lograron su
desaparición física. Su espíritu, sus ideales y su ejemplo de lucha
y compromiso permanecen en la memoria de esos defensores,
de esas víctimas y del pueblo antioqueño y colombiano.
Fotografía: Archivo familiar / Perfil: Darío Arcila Arenas
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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Rodolfo
Sierra Restrepo
La vocación por cuidar el medio ambiente está ligada a su
infancia en una finca, donde su padre sembraba la tierra,
cuidaba las quebradas y protegía los guaduales. También
le viene de haber pertenecido a grupos scout que lo
relacionaron con la naturaleza y de haber hecho muchas
salidas de campo en la universidad, que fortalecieron su
vocación por la conservación del agua especialmente.
“O cuidamos esto o nos quedamos sin nada y nos
autoexterminamos, que es la preocupación mundial”, así
piensa Rodolfo Sierra Restrepo, cuya vocación profesional
oscilaba entre la Ingeniería, la Biología y la Arquitectura, y
en la universidad de Antioquia encontró que la Ingeniería
Sanitaria combinaba esas áreas. Durante la carrera trabajó
con un grupo ecológico de estudiantes llamado Hombre
Nuevo. Con ellos iba a Moravia, cuando existía el basurero,
a observar el papel de los recicladores. Esa experiencia le
sirvió para comprender que reciclar era vital para el cuidado
del medio ambiente. De ahí su interés por el montaje de
programas de reciclaje. En Marinilla, con el apoyo del
municipio, creó la cooperativa Agua Marina, que aún existe,
donde capacitó a personas de bajos recursos y a un grupo
de jóvenes que hacía parte de un pacto de paz, para realizar
reciclaje en la zona urbana y parte de la rural, manejar el
relleno sanitario y barrer las calles.
Esa capacidad para relacionarse con las comunidades,
transmitir su conocimiento y fomentar la conservación del
agua, llevaron a Rodolfo a ser exponente internacional en
Costa Rica sobre el manejo de cuencas hidrográficas con
organizaciones comunitarias. También fue solicitado por la
Escuela de Microbiología de la Universidad de Antioquia,
para participar en un proyecto con los lecheros, finqueros y
docentes, en el Nororiente antioqueño, donde los ganaderos
están siendo afectados por el parásito de la Fabiola
hepática, cuyo problema y solución radica en el manejo del
agua.
Actualmente Rodolfo hace parte de la Corporación de
Estudios, Educación e Investigación Ambientales, CEAM,
donde capacita a organizaciones comunitarias integradas por
profesores y líderes rurales, que sacan tiempo de su jornal
para administrar el acueducto de sus veredas o municipios.
Con esta entidad ha realizado un diagnóstico participativo
de las organizaciones comunitarias administradoras del
agua y ha dirigido 180 capacitaciones, de 410 que hay
programadas en el Oriente antioqueño, para fortalecer la
dinámica de estas agrupaciones. Rodolfo piensa que su
trabajo de ingeniero es de porte social, por su relación con la
comunidad, “porque no es de fórmulas sino de comprender
las condiciones de cada sociedad, su capacidad económica,
su dispersión o aglutinación”, explica. Por todo eso, los
resultados en sus trabajos han sido muy buenos, por tener
en cuenta las poblaciones y porque combina lo técnico con
lo social.
La amabilidad y la sencillez le permiten a Rodolfo integrarse
con facilidad a las comunidades rurales, pues confiesa
que además de su pasión por la lectura, el trabajo se ha
convertido en un pasatiempo, porque le gustan las salidas
de campo, disfruta los recorridos por las cuencas, la relación
con los líderes, y siente gratificación porque su labor influye
en la conservación del planeta.
Fotografía: Julián Roldán / Perfil: Yhobán Camilo Hernández
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
fue nombrado rector de la Universidad Nacional en medio
de uno de los mayores escándalos por la reacción opositora
del clero, del conservatismo y de la derecha liberal, que
incrédulos, miraban como este joven, declarado simpatizante
del marxismo había vencido en la puja por dicho cargo al más
destacado hombre de letras del liberalismo, Luis López de
Mesa.
Gerardo
MOLINA RAMÍREZ
Nacido en agosto de 1906 en el seno de una familia
típica paisa de trece hijos dedicados a la agricultura y a la
minería, Gerardo Molina buscó las luces de la educación
trasladándose a Medellín para proseguir sus estudios de
bachillerato y universidad. Corrían los años veinte, una época
de grandes transformaciones en el país y notablemente
en la capital antioqueña, epicentro de nuevas industrias y
de un pujante desarrollo económico. Molina se inclinó por
el Derecho pero hubo de partir hacia Bogotá en razón de
la expulsión sufrida en la Universidad de Antioquia por su
participación en una huelga estudiantil. A la larga ese sería
el comienzo de una gran carrera en los campos de la política
y de la vida académica. Fue representante a la Cámara y
luego senador de la república. Posteriormente, en 1944,
Por fuera de los malos augurios, Molina realizó una gestión de
modernización de la universidad, amplió los cupos, la planta
de profesores de tiempo completo, el intercambio con otras
universidades del exterior, la vida cultural y artística en el
campus y diversificó las carreras.
Hacia 1949 salió del país en condición de exilado cuando
arreciaba la persecución contra liberales y librepensadores.
En París pudo concluir sus estudios doctorales en Derecho
y Ciencias Políticas y dio forma a una de sus principales
obras Proceso y destino de la libertad, en la que da cuenta
de sus experiencias en la reconstrucción de la Europa de la
posguerra y demuestra su lúcido y riguroso dominio de las
teorías en boga.
A su regreso al país, Colombia estaba todavía viviendo la
noche oscura de la dictadura rojista, y aunque fue llevado
a prisión supo moverse para contribuir a la caída de esta en
mayo de 1957. Por esa época fue nombrado en dos ocasiones
rector de la Universidad Libre a la que condujo por senderos
de reforma no sin resistir a las campañas que contra su
nombre se impulsaban desde el alto clero. Más adelante, se
internó durante varios años en una profunda investigación,
inédita en ese entonces, sobre las ideas liberales. El fruto
de esos desvelos se ha podido ver en la edición de los
tres tomos de Las ideas liberales en Colombia, que han
sido referentes para los estudios universitarios en ciencias
humanas y sociales y que contribuyeron a darles una mirada
más profunda y compleja a los problemas colombianos.
Tardíamente reconocido por los grupos de izquierda como un
líder de grandes quilates y proyecciones, fue lanzado como
candidato a la presidencia en 1982. De su campaña quedó
la imagen de un hombre serio, estudioso, nada sectario,
enemigo del fanatismo, educador y sobrio en la exposición
del programa que consideraba apropiado para el país, una
mezcla entre intervencionismo de estado e ideas socialistas
democráticas.
Molina era un hombre de convicciones pero a la vez era
flexible y sabía establecer la distancia entre los deseos y las
posibilidades. Así, para Colombia, como lo dejó consignado en
su Breviario de ideas políticas, la hora no era la de instaurar
el socialismo aunque sí la de profundizar la democracia y
combatir la pobreza extrema. Molina dejó honda huella en las
maneras de hacer política, en el campo de la academia, de la
historia y en la gestión universitaria.
Una universidad ligada a los destinos de la nación, en
disposición de estudiar los problemas y de contribuir a su
solución, una universidad con claras funciones sociales e
impartidora de una educación libertaria. Esto fue lo que dijo
entonces y sería una de sus tesis favoritas en los ensayos que
sobre la educación pública superior escribiría más adelante.
Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano / Perfil: Rubén Darío Acevedo Carmona
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
gracias a la cual pudo vivir la universidad de manera distinta
a como la había conocido en ingeniería.
Guillermo
CORREA MONTOYA
El camino para llegar a Trabajo Social no fue fácil para este
natural de Caldas, Antioquia. Su primera relación con el Alma
Máter fue la Ingeniería de Materiales en 1991, la carrera
que abandonó a los dos semestres de haber emprendido.
Luego de una etapa en la filosofía, regresó a la universidad
con el susto de no reingresar en 1996.
“Cuando estaba por presentarme por segunda vez, conocí
unas trabajadoras sociales como bacanas, muy guerreras,
muy involucradas con la movilización y lo comunitario, y me
dije que era por ahí la elección”, recuerda “Memo”, como
cariñosamente lo llaman quienes lo conocen. Trabajo Social,
entonces, fue la carrera elegida para su segunda vuelta,
“Desde primer semestre pude vivir y descubrir la universidad
en lo humano de las relaciones que se establecían, unas
relaciones tranquilas hasta con los profesores, porque todos
nos preocupábamos por el otro como otro, no solo como
profesional”, recuenta el Correa Montoya.
De su paso por el Alma Máter le queda imborrable un
intercambio con la Universidad de Salamanca, al que accedió
casi por accidente, pero que le permitió dar a conocer su
país y ampliar la base de su conocimiento universitario,
así como explorar por primera vez un tema que le ha sido
cercano, la homosexualidad, alrededor de la cual giró su
tesis de pregrado.
Nueve años después de su acercamiento a la ENS, Guillermo
dirige el área de investigaciones de esa entidad. Además, es
docente del Departamento de Trabajo Social de la Universidad
de Antioquia y ha representado al país, con ponencias
y discursos, en diversos encuentros internacionales de
Derechos Humanos. Actualmente continúa su formación
profesional con el doctorado en Historia.
“Yo estoy seguro de una cosa: cuando vos terminás tu
carrera comienza tu verdadera formación universitaria,
que la hacés vos mismo. Yo tengo doble personalidad, en
últimas; una cosa es lo que adquirí en la universidad, y otra
cosa es lo que la vida laboral me ha dado. Si yo trabajara
en una Comisaría de Familia, o en la cárcel, tendría unas
funciones muy claras; en mi carrera, las funciones han sido
más plurales”, finaliza Correa.
Luego de su paso por el Alma Máter, este trabajador social
cuenta en sus estudios de posgrado la maestría en Estudios
del Hábitat de la Universidad Nacional de Colombia, en la que
abordó, como trabajador social, el mundo de la sexualidad;
allí su tesis de grado se tituló Del rincón y la culpa al cuarto
oscuro de las pasiones: formas de habitar la ciudad desde
las sexualidades por fuera del orden regular.
Su primer trabajo, según cuenta Guillermo, fue al terminar
la práctica académica en el 2001; consistía en contar
asesinados sindicales. Un año después fue el coordinador
del área de Derechos Humanos de la Escuela Nacional
Sindical (ENS), cargo que ocupó durante seis meses.
Fotografía: Natalia Botero / Perfil: Sebastián Orozco
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
mucho antes, en sus años escolares, ya mostraba indicios de la
que sería su lucha personal y colectiva: transformar el sistema
patriarcal que vigilaba a las mujeres y no les permitía vivir con
propia personalidad. Para muchos, se trataba de una rebeldía;
para ella, era el comienzo de un camino.
Gloria
HERNÁNDEZ TORRES
Nació en Medellín, el 19 de julio de 1958, dos años antes de que
comenzara la década que cambiaría el mundo y los derechos
sociales en busca de la igualdad entre las personas. Su llegada
al mundo, en esa perspectiva, no sería fácil, pues entre sus
hermanos, los hombres eran 12, una inmensa mayoría, y las
mujeres, con ella, apenas dos.
Gloria Hernández se impuso desde pequeña el estudio como una
forma de romper las barreras del sometimiento y la pobreza en
las mujeres, por lo que fue una alumna ejemplar hasta terminar
el bachillerato y el pregrado en Trabajo Social en la Universidad
de Antioquia. Ese camino de la academia que siempre siguió la
llevó a especializarse en Políticas Públicas y Derechos Humanos
en la Universidad Autónoma Latinoamericana. Pero desde
Entonces las dificultades trataron de cercarla y ella nunca quiso
dejarse. Si en lo social había un mundo por cambiar, en su
desarrollo personal habría años para ir a contracorriente. Antes
de cumplir 25 años, la operaron de una escoliosis de columna
y tuvo que caminar por el resto de su tiempo con una prótesis
que le permitió mantenerse erguida y mirando al frente. Esta
dificultad en su salud la marcó tanto que en la celebración de
sus cincuenta años, decidió identificarse con la mexicana Frida
Kahlo.
Proteger a los débiles y vulnerables la motivó por siempre.
En 1986 participó como trabajadora social de la Cruz Roja
colombiana, en la coordinación de albergues tras el desastre
de Armero. En 1989 se vinculó a la Corporación Salud Mujer y
empezó su compromiso militante como feminista y defensora
de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Cuando esa institución cerró sus puertas, se trasladó hasta
las minas de asbesto del municipio de Campamento para
acompañar a los trabajadores en sus dificultades sociales; de
allí tuvo que retirarse por amenazas contra su vida. En adelante
y hasta el momento de su muerte fue parte activa del grupo
Gemas, donde se dedicó a liderar procesos de educación
sexual en colegios y organizaciones de Medellín.
En 1992 ingresó como docente a la Universidad de Antioquia.
La amistad y admiración de muchos de sus estudiantes
universitarios dan fe del interés y amor que brindaba en sus
cursos, y se aliaron con ella en la lucha por ampliar y multiplicar
el conocimiento científico social.
Ese mismo año en que se vinculó al Alma Máter fundó con
otras luchadoras la Red Colombiana de Mujeres por los
Derechos Sexuales y Reproductivos, y desde entonces asumió
compromisos militantes con esta instancia en defensa de
la libertad sexual y reproductiva, en temas tan diversos y
polémicos como el aborto, las orientaciones sexuales y los
Derechos Humanos.
A lo largo de su carrera académica y de activista, Gloria
Hernández fue autora de números artículos, discursos, ensayos
y libros que hoy son su legado. En ellos quiso retratar y
transformar temas como el ejercicio responsable y libre de la
sexualidad, la defensa de los derechos sexuales y reproductivos,
los movimientos sociales como formas de resistencia ante las
injusticias de los sistemas económicos y la misoginia en la
jurisdicción penal colombiana, entre muchos otros. Es coautora
de los libros Por el derecho al derecho, Alba Lucía libre (2003)
y Violencia de género en la Universidad de Antioquia (2005).
Su vida intelectual, su lucha personal y su militancia colectiva
son hoy descripciones certeras de su grandeza como persona,
mujer y trabajadora social. Gloria Hernández murió en el año
2009. Su carcajada ante las dificultades queda guardada en la
memoria de quienes la conocieron.
Fotografía: Olivia Inés Montoya / Perfil: Sara Fernández
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
Armando
MONTOYA BAENA
Siempre fue administrador. Desde que era un adolescente,
Armando Montoya tasaba el dinero que sus padres le
enviaban desde Venezuela para sostener su casa y a sus
tres hermanas. Nació el 11 de septiembre de 1953, en
una casa del barrio La Floresta “como antes nacían los
bebés”, dice él deslizando sus robustas manos sobre su
calva cabeza en señal de que los años han pasado, pero los
recuerdos de su infancia aún están ahí, en un niño alegre,
inquieto y espontáneo que lo ha acompañado en todas las
etapas de su vida.
No fue el mejor estudiante cuando hizo el bachillerato en el
Liceo Antioqueño, pero escogió estar allí porque, según él,
“tenía una disciplina muy exigente y al mismo tiempo una
cultura de dejar hacer al estudiante ciertas prácticas que
no eran normales en otros colegios”, pues existían muchas
libertades en cuanto a horario, uniforme y relación con
los docentes. No se imponía la disciplina jerárquica de un
colegio normal, pero se exigía en conocimiento y se educaba
en un ambiente universitario; por algo era el colegio de la
Universidad de Antioquia, en donde posteriormente ingresó
a cursar Administración de Empresas.
Quienes lo conocieron lo identifican como el estudiante
alegre que el día antes de entrar a un parcial le gustaba ir
a cine para relajarse. Atrás quedaron las materias perdidas
del Liceo y pese a que en la universidad no perdió ninguna,
se demoró ocho años para graduarse. Eran finales de los
setenta, y los paros y protestas estudiantiles caracterizaban
el ambiente de la época. Armando no participaba de este
movimiento, tuvo un infarto siendo estudiante, y tal vez por
esto, durante una protesta, prefería quedarse atrás de la
Facultad de Ingeniería o en la parte que él nombra “portería
de los cobardes”.
Pero la cobardía no lo acompañó por mucho tiempo. Renunció
a su primer trabajo en una empresa metalmecánica, en
donde el ambiente laboral era tan hostil que pese a tener
obligaciones y un hijo recién nacido, decidió buscar nuevas
y mejores oportunidades. No se considera una persona
políticamente de “izquierda”, pero su paso por la universidad
y su experiencia al enfrentar el mundo desde la posición de un
profesional le enseñaron que deben existir unas condiciones
de trabajo justo y que hay que buscarlas o luchar por ellas.
No fue fácil, duró meses sin trabajo hasta que una amiga lo
llamó a laborar en la Unión Cooperativa Nacional, Uconal,
donde debía hacer auditorías a las empresas cooperativas
de Antioquia. Le asignaron la cooperativa de trabajo
asociado Recuperar; allí identificó falencias financieras,
generó propuestas para su desarrollo administrativo y, en
menos de un año, conoció la empresa mejor que muchos
de sus empleados, por ello le extendieron la invitación a
trabajar con ellos.
Recuperar surgió de la necesidad de capacitar y organizar a las
familias de Moravia que tenían como medio de subsistencia
el reciclaje. Comenzó con treinta socios fundadores y a lo
largo de 28 años se le sumaron más de 3.600 trabajadores
especializados en la prestación de servicios generales como
reciclaje, aseo y jardinería. Armando Montoya aportó más de
veinte años de trabajo; quince de ellos como gerente general
de la entidad. Participó en la organización administrativa de
la empresa, creó manuales de almacenamiento, archivo y
control, y estuvo al frente de un proceso que formalizó el
trabajo informal ofreciendo condiciones dignas de trabajo.
Según Armando, “los principios y los valores que tiene el
sector cooperativo son una forma de vida que tratamos de
aplicar y de ejercer, y es algo difícil porque en este país primero
hacemos cooperativas y luego somos cooperativistas, pero,
aun así, es la forma de crecer y desarrollarnos”.
Fotografía: Julián Roldán / Perfil: Laura Marcela Pedroza
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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y la emoción, entre la autonomía y la solidaridad o entre la
libertad y la igualdad. Si la rígida teoría mostraba la fatalidad
de la elección y de la jerarquía, la riqueza desbordante de
la vida se encargaría de contradecirla, de la misma manera
en que las objeciones de Zenón de Elea al movimiento se
desvanecían cuando su contradictor salía caminando.
Héctor
ABAD GÓMEZ
“Muchas cosas sabe la zorra, y el erizo sólo una pero bien
grande”... Con esos versos de Arquíloco, puestos a modo
de epígrafe, nos introduce Isaiah Berlin en una sorprendente
tipología humana: zorras y erizos.
Los primeros no saben renunciar a ninguna de tantas cosas
bellas que nos ofrece el mundo, aunque sepan que algunas
son inalcanzables y otras plantean el drama de una elección.
Los segundos centran toda su energía en la materialización
de un solo propósito, a costa de un sacrificio inmenso: la
renuncia a todo lo demás.
Héctor era típica zorra. No cabía en su cabeza que hubiera
que decidirse entre la belleza y la verdad o entre la razón
Por eso decía sin rubor, subrayando su convicción con una
hermosa sonrisa rebosante de optimismo, que era cristiano,
liberal y socialista aunque los postulados catequísticos de
cada credo dijeran otra cosa.
Esa incapacidad de renuncia a todo cuanto se juzga valioso
y digno de perseguirse que a juicio de Ortega y Gasset es la
sustancia del hombre romántico, resplandecía en Héctor de
manera paradigmática.
Encarnaba al utópico, soñador, esteta y buscador de verdades
que quieren para sí y para sus semejantes, equitativamente
repartido, todo lo bello y noble que ofrece el universo. Por
eso lo asesinaron.
Valencia Giraldo, Leonardo Betancur Taborda, y al abogado
y antropólogo Luis Fernando Vélez Vélez. Los cuatro eran
egresados y profesores de la Universidad de Antioquia y
estaban vinculados a los grupos defensores de la vida y los
Derechos Humanos.
El recuerdo y la memoria de Héctor Abad Gómez son un
legado humanístico y ciudadano. Fue un convencido defensor
de la universidad como espacio para la ciencia. Pregonó que
los recursos económicos no se desviaran hacia la guerra y el
gasto militar, y pidió que éstos se invirtieran en agua potable
para la inmensa mayoría.
En su última columna, ¿De dónde proviene la violencia?
escribió: “En Medellín hay tanta pobreza, que se puede
contratar por dos mil pesos a un sicario, para matar a
cualquiera. [...] Vivimos una época violenta. Una violencia
que nace del sentimiento de desigualdad. Podríamos no
tener violencia, si todas las riquezas -incluyendo la ciencia,
la tecnología y la moral- -esas grandes creaciones humanasestuvieran mejor repartidas sobre la tierra.”1
Nota del editor:
Héctor Abad Gómez, doctor en medicina y cirugía de
la Universidad de Antioquia en 1947, fue un maestro
salubrista, innovador en la enseñanza de la Salud Pública.
Su asesinato el 25 de agosto de 1987, que marcó la historia
de la universidad en Colombia, sigue en la impunidad. Ese
mismo año también asesinaron a los médicos Pedro Luis
1
Abad Gómez Héctor, ¿De dónde proviene la violencia?. Texto escrito el día de su
muerte y publicado Postmortem como editorial en periódico El Mundo, domingo,
26 de agosto de 1987. Medellín.
Fotografía: Cortesía periódico El Colombiano / Perfil: Carlos Gaviria Díaz
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
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alimentos y tener hasta recreación, gracias al manejo que
le dan los campesinos a la tierra”. Precisamente por eso
le gustaba radio Sutatenza, porque era educativa y estaba
dirigida a la población rural, y posiblemente de ahí nació su
deseo de continuar de alguna forma esa labor de educación
a distancia, aunque revela que a la radio llegó por accidente.
Juan Guillermo
RESTREPO RESTREPO
Recuerda que de niño se levantaba con su padre a las
cuatro y media de la mañana, esperaba los tragos junto a
los peones, en un corredor cerca a la cocina, y se sentaba
en una mesa grande, donde su padre charlaba y coordinaba
las actividades de la finca. En el entorno campesino se
empezó a afianzar el amor de Juan Guillermo Restrepo
por los animales y también por la radio, porque durante las
charlas mañaneras de su padre escuchaba radio Sutatenza,
que tenía una fuerte influencia en la otra Colombia, como él
suele llamar a la Colombia rural.
Juan Guillermo piensa que “este país está estratificado
y para algunos esa Colombia no representa nada, pero
debemos darnos cuenta de que hoy podemos consumir
Un día fue a realizar una actividad pedagógica a una finca, y
tras finalizar su exposición, el dueño de la casa, un hombre
relacionado con la radio, quedó impresionado por la sencillez
del lenguaje y la manera en que había comunicado su
conocimiento a los empleados de la hacienda. Por eso le
propuso hacer un programa de radio. Juan Guillermo, para
ese momento, estaba muy ocupado con la veterinaria y la
docencia y no aceptó la propuesta. Dos años después lo
volvieron a llamar y decidió aceptar bajo cierta condición:
“Yo dije: ‘vamos a hacer un ensayo para ver si el programa
sirve como yo lo diseño’. Y así fue, en 1979 empecé a
trabajar con temas agrícolas en el programa Colombia,
la nuestra”. Juan Guillermo concibió su emisión como un
espacio educativo y posteriormente introdujo una parte
informativa para mantener a los oyentes actualizados en los
ámbitos nacional y agropecuario.
que era estudiante dedicaba las vacaciones a trabajar
en algunas fincas de la región para poner en práctica los
conocimientos adquiridos en veterinaria. Por eso, si bien
ha cumplido 39 años de ser veterinario, han sido muchos
más los años de trabajar con animales y especialmente de
relacionarse con campesinos, porque recuerda que desde
su época universitaria adoraba las salidas de campo donde
podía entrar en contacto con las poblaciones rurales.
Actualmente tiene una clínica veterinaria y reparte el día entre
el tratamiento de animales y en la lectura. A diario lee dos
periódicos, cuando no logra hacerlo siente que algo le falta, y
en las noches reanuda la lectura de alguna novela histórica.
Así transcurre la vida de este hombre sereno que continúa
realizando Colombia, la nuestra, por eso llega diariamente
a las cinco y media de la tarde a las instalaciones de RCN
Radio, para encerrarse en la cabina, media hora antes de
grabar, a preparar el material y la agenda de cada emisión,
porque ante todo se siente satisfecho con el contacto con
los oyentes y con su compromiso con la otra Colombia, a la
que se niega a dejar en el olvido.
El trabajo de este hombre amable a quien su padre le
transmitió el respeto y la solidaridad con la población rural,
ha sido galardonado con el Escudo de Oro del Departamento
de Antioquia y la Palma de Cera del Departamento de
Caldas, donde Juan Guillermo fue parte de la tentativa,
como él dice, de imponer la bovinocultura, porque desde
Fotografía: Julián Roldán / Perfil: Yhobán Camilo Hernández
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UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA
Índice
compartimos en la Facultad de Medicina, no hablamos ni se
hablaba de ciudadanía universitaria, pero hoy, trascurridos ya
cuarenta años de esa época, he entendido que él se movió
siempre en ese terreno de la ciudadanía en la Universidad de
Antioquia que siempre fue su universidad, desde el Liceo, la
Facultad Medicina, hasta el Consejo Superior.
Antonio
ROLDÁN BETANCUR
Recuperar el valor del valor es la gran estirpe de luchadores
como Antonio Roldán Betancur. Pero no solo tener valor, sino
valores y entregarse a ellos desinteresadamente y sin medir
muchas consecuencias. Así son los héroes morales: seres
humanos autónomos que, cumpliendo los mejores ideales
de la moralidad, deciden vivir con irrenunciable fidelidad a
ellos y al servicio de los demás. El héroe es un reformador
y renovador social, moral, ético y político que aspira a
transformar la realidad en aras de su ideal. Ese ideal para
Antonio fue siempre el servicio a los demás, en sus mejores
formas desinteresadas que no buscan honores personales.
Antonio Roldán vivió intensamente, esgrimió y difundió
los valores universitarios y ciudadanos. En la época que
Desde la universidad se propuso hacer política hacia dentro
y hacia fuera. Desde el Consejo Estudiantil trabajó por
diseñar políticas universitarias con la comunidad académica
que propiciaran e implantaran la reflexión, el debate, la
crítica, como espacios de diálogo real y efectivo. Esto fue
lo que Roldán se propuso llevar a la práctica con la creación
del Instituto de Estudios Políticos —algo que logró hacer
realidad desde el Consejo Superior como gobernador—,
con la idea de darle piso firme a la formación política en la
universidad, lo que hay que trabajar día a día, sin descanso.
Él mismo fue modelo de lo que debe ser un universitario
integral, con compromiso político, en su carrera que
transcurrió por la alcaldía de Apartadó —la tierra que lo
adoptó y lo acogió—, la dirección del Servicio Seccional de
Salud y de Coldeportes, hasta llegar a la Gobernación de
Antioquia, cargo en el cual fue asesinado por las balas del
terrorismo, el cuatro de julio de 1989.
física, moral y mental que le permita el cabal disfrute de
una vida digna, decía Antonio. Ese clamor por los derechos
fundamentales de los seres humanos, fue una inspiración
permanente de su acción en lo público, que es, en esencia,
la política.
Antonio Roldán Betancur, nació el 17 de febrero de 1946, en
Briceño, Antioquia. A los cinco años, cuando murió su padre,
él y su familia vinieron a Medellín. Hizo los años de primaria
en la escuela Pedro Olarte Sañudo, en el barrio Fátima, al
pie de su casa. Cursó el bachillerato en el Liceo Antioqueño
y estudió Medicina en la Universidad de Antioquia. Al morir
su padre, se imprimió un recordatorio que decía: “Sus hijos
recogemos como una bendición sus últimas palabras: ‘que
progresen, que estudien, que sean buenos’”. A ese mandato
y legado siempre le fue fiel, porque la bondad y la solidaridad
que son inseparables, pero que no abundan como debiera
ser, siempre acompañaron a un universitario y ciudadano que
con su vida dejó un mensaje de compromiso irrenunciable
con el bien común, fundamental en el ejercicio de la sana
política, a la que mucha falta le han hecho personas como
Antonio.
Si abogamos por la vida, si reclamamos trabajo y recreación,
si pedimos igualdad y participación, así podemos entender
mejor lo que son los Derechos Humanos, que son
precisamente el compendio de las garantías que debe tener
toda persona desde que nace: gozar de una buena salud
Fotografía: Archivo periódico Alma Máter / Perfil: Hernán Mira Fernández
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Parte I: Hay -entre mi país y el de los otros