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R E V I S TA   D E L   O B S E RVAT O R I O   D E L   C A R I B E   C O L O M B I A N O
aguaita
R E V I S TA   D E L   O B S E R VAT O R I O   D E L   C A R I B E   C O L O M B I A N O
N Ú M E R O 1 9 – 2 0 D I C I E M B R E D E 2 0 0 8 – J U N I O 2 0 0 9 C A R TA G E N A D E I N D I A S
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El Observatorio del Caribe Colombiano es el centro de estudios regionales del Sistema Universitario Estatal (SUE) del Caribe
y realiza programas concertados con el Ministerio de Cultura de Colombia.
El material de esta publicación puede ser reproducido parcial o totalmente citando la fuente y el autor. Las opiniones expresadas
en los artículos firmados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no comprometen al Observatorio del Caribe Colombiano.
Impreso en Colombia, Printed in Colombia, Cartagena, diciembre de 2008 – junio de 2009.
ISSN
0124- 0722
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o
ntenido
EDITORIAL
OPINIÓN
El Caribe: un mapa heterogéneo que fascina, seduce y atemoriza. Entrevista con Arcadio Díaz Quiñonez
Javier Ortiz
9
La reciente invención del caribe nicaragüense
Eric Dubesset
21
HISTORIA
La estructura económica de San Andrés y Providencia en 1846
Adolfo Meisel Roca
31
E CO N OMÍA
Y
SOCIEDAD
Cerro Matoso y la economía del ferroníquel
en el Alto San Jorge (Córdoba)
Joaquín Viloria de la Hoz
41
C ULTURA
El Caribe en la narrativa de Eligio García
Margarita Sorock
59
Amor, despecho y cortesía en las canciones de Agustín Lara
Julio Escamilla Morales
74
CIUDAD
Y
REGIÓN
Pelícanos y rémoras en Bazurto
Adolfo Meisel Roca
95
D ossier
Homenaje a Orlando Fals Borda
99
Orlando Fals Borda: el nacimiento de una vocación
Alexander Pereira Fernández
101
Historia doble de la Costa: : el legado que nos queda
Armando Martínez Garnica
117
Vida y Obra de Orlando Fals Borda Las ideas de Fals Borda sobre la regionalización del país
Gerardo Ardila
123
Fals Borda y la regionalización. Comentarios a la ponencia de Gerardo Ardila
Alberto Abello Vives
129
Fals Borda: hombre icotea y sentipensante
Víctor Manuel Moncayo Cruz
133
ARTES
PLÁSTICAS
La Cueva y sus poéticas visuales
Álvaro Medina
139
POESÍA
Hernán Vargascarreño
145
LA
ALEGRÍA
DE
LEER
Guillermo Tedio
Lyda Vega
Ariel Castillo Mier
147
LA
ALEGRÍA
DE
BAILAR
Nadia Celis Salgado
155
NOTIC IAS
159
R ESÚMENES
167
AUTORES
168
rial
o
edit
D
esde su firma el 2 de noviembre de 2007, en Barranquilla, la dirigencia política,
empresarial, académica, los medios de comunicación, los gobiernos locales y algunos
sectores ciudadanos de la región, se han venido incorporando con entusiasmo al
Compromiso Caribe. Esta propuesta de desarrollo regional recogió las conclusiones de ocho
talleres realizados en los departamentos del Caribe colombiano, en los que se plantearon
interrogantes y se esbozaron propuestas para empezar a reducir en serio las profundas y
persistentes brechas entre las regiones de Colombia.
La iniciativa, consignada en 11 puntos que tienen el propósito de una agenda de desarrollo,
se suma y complementa con otras propuestas surgidas en el Caribe1, la región que más ha
insistido en un reconocimiento institucional, y más ha recalcado en la necesidad de que
el Gobierno central salde viejas y recientes deudas económicas y sociales con la periferia
colombiana.
En los talleres que precedieron la firma del Compromiso, el Observatorio del Caribe
Colombiano estuvo acompañado por Fundesarrollo y el Centro de Estudios Económicos
Regionales (CEER) del Banco de la República en Cartagena, instituciones que de paso
asumieron la tarea de evaluar y hacerle un seguimiento periódico.
En ese sentido, el primer paso lo dimos en 2008, cuando convocamos a investigadores de las
universidades oficiales de la región para que evaluaran los planes de desarrollo departamental
a la luz de los postulados del Compromiso. Así mismo, importantes académicos del país,
invitados por el Observatorio, expusieron sus puntos de vista sobre los principales retos de
la región de cara a las propuestas y metas fijadas en esta iniciativa, en encuentros realizados
en las ciudades capitales.
En el 2009, de nuevo en compañía de Fundesarollo, realizamos un foro con los candidatos y
precandidatos de origen costeño a la Presidencia de la República para conocer su percepción
sobre el Compromiso y cómo lo incorporarían a sus propuestas de gobierno. Este ejercicio fue
otro avance para posicionar el tema en el debate político regional y nacional, y para ambientar
una reflexión más sistemática que llegue a sectores más amplios de la población.
Así mismo, en el presente año iniciamos la socialización de los resultados del “Indicador
Global de Competitividad de las ciudades del Caribe Colombiano, 2008”, una investigación
en la que se evaluó la situación competitiva de 22 ciudades del país y se elaboró un ranking
en el que las capitales de los ocho departamentos de la región, con excepción de Barranquilla
y Cartagena, se ubicaron en los últimos lugares de la clasificación.
En la actualidad, el equipo de investigadores del Observatorio, con la financiación de
Colciencias y el apoyo técnico de la Universidad de Cartagena, construye una plataforma
virtual de indicadores para monitorear los avances de la región en el cumplimiento de los
Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y del Compromiso Caribe. Esta plataforma
1
Al menos cuatro manifestaciones marcan la agenda regional del Caribe en el siglo XX y la primera década
del XXI. La primera de ellas fue la Liga Costeña, cuya primera asamblea se reunió el 12 de enero de 1919 en
Barranquilla, a instancias de los periódicos de la región; casi 50 años más tarde aparecería el Sistema de Planificación Urbano Regional –Sipur-- (1974); en los años 80 empezaron los foros regionales (El I Foro de la Costa
Atlántica se realizó en marzo de 1981. En total se realizaron siete foros.), que marcaron uno de los períodos de
mayor activismo en los temas regionales y le dieron protagonismo a una nueva generación de dirigentes; y el
Compromiso Caribe, firmado el 2 de noviembre de 2007 en Barranquilla.
contendrá, además, un componente de indicadores de competitividad que permitirá medir los
avances o retrocesos de la región en esta materia. Los primeros resultados de este proyecto
los conocerá la comunidad en el primer trimestre de 2010, y confiamos en que será una
herramienta de mucha utilidad para generar nuevas investigaciones.
Estos ejercicios de seguimiento y reflexión con los que el Observatorio cumple su
“compromiso” con el Caribe colombiano son, sin duda, una plataforma para sustentar,
impulsar y visibilizar los justos reclamos de una región cuyos indicadores de progreso material,
social e institucional, lejos de converger con los de las zonas más desarrolladas del país, se
acercan, en algunos casos, a los de las más atrasadas.
Estamos convencidos de que el propósito fortalecido de la identidad y la integración
Caribe, y la urgente necesidad de lograr un mayor equilibrio regional, tocarán muy pronto
las puertas de las instancias a cuya responsabilidad corresponde definir las políticas para
lograr este fin. Mientras tanto, hay que seguir empujando, ojalá con mucho empeño y en la
misma dirección.
o
p
ini
Ó
n
El Caribe: un mapa heterogéneo que fascina, seduce
y atemoriza. Entrevista con Arcadio Díaz Quiñonez
Javier Ortiz Cassiani
El desaparecido Edward Said nos reveló hace algún tiempo cómo el imperialismo, desde mucho antes que se produjeran
las invasiones a los territorios, encontró en las expresiones artísticas y literarias su fundamento más sólido. Las obras
de Conrad, Dickens, Flaubert e inclusive la ópera de Verdi, están cargadas de manifestaciones que muestran la idea de
superioridad del mundo occidental. Resulta muy reveladora la imagen de Robinson Crusoe, inmortalizada por Daniel
Defoe, del náufrago europeo que llega a una isla aparentemente desierta, rebautiza todo y construye un mundo lo
más parecido al que había dejado atrás. Crusoe nombra, legisla, traza límites, ordena e inventa una nueva cartografía
del lugar.
El Caribe ha sido, por excelencia, un espacio
imperial. En él, las potencias fueron construyendo sus
cartografías del poder que lo convirtieron, durante
mucho tiempo, en una zona exótica que atemorizaba,
pero también seducía. El Premio Nobel de Literatura V.S.
Naipaul, en su obra Un camino en el mundo, con su estilo
crítico, habla de aquellos extranjeros que construyen
imágenes del Caribe desde la comodidad de sus lujosos
cruceros y que, luego, por esa capacidad que siempre
ha tenido el poder de nombrar, imaginar y construir
geografías, se convierten en la visión oficial de varios
pueblos del Caribe.
Arcadio Díaz Quiñónez, investigador, ensayista y
crítico literario, profesor de la Universidad de Princeton
en los Estados Unidos, en la presente entrevista que se
realizó en 1998, nos habló de ese Caribe producto de
la penetración imperial y de la complejidad que eso
implica. En su generosa y aguda conversación se ocupó
del racismo, la exclusión, la dificultad de formación
de los estados naciones, la modernidad, la Guerra
Hispanoamericana y lo emblemático pero difícil de
conmemorar que resultaba el año 1898. Arcadio también
habló de Cartagena y el Caribe colombiano, como una
forma más de refutar los mapas construidos desde el
poder que por muchos años asumieron estos territorios
por fuera del Caribe.
La necesidad de historiar los mapas
del Caribe
Arcadio, en los últimos años el Caribe ha sido uno de los
escenarios que más discusión ha generado. Existen serios
intentos para tratar de definir lo que es ese espacio caribeño,
que intenta superar las visiones exóticas. Desde la experiencia
que usted tiene como investigador, ¿qué nos puede decir al
respecto?
La mirada sobre el Caribe, en efecto, es un problema
literario, cultural, antropológico e historiográfico. Ya en
el famoso libro de Benedict Anderson, Comunidades
Imaginadas -sobre todo en la segunda edición-, hay un
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
9
planteamiento sobre mapas, geografías, que creo que
es central para el debate contemporáneo. ¿Cuál es el
mapa?, ¿cuáles son los mapas que se han concebido para
el Caribe? Aunque, por supuesto, no pensando en el
Caribe, esta preocupación está planteada en Anderson,
al igual que en el libro de Edward Said, Cultura e
Imperialismo. Es decir, las transformaciones geográficas,
geopolíticas, los nuevos mapas que se establecen con los
imperios y los cambios de imperios, y con los estados
nacionales. Así, yo diría que el primer problema, hoy día,
para discutir, cuando uno habla del Caribe, es partir del
comienzo o de uno de los comienzos, cuál es el mapa,
cómo se ha entendido la cartografía o, mejor aún, cuáles
son los mapas que históricamente se han privilegiado y
desde qué intereses, porque la cartografía es también
una relación de poder.
¿Cuáles son esos mapas del Caribe?
A mí me parece que el mapa del Caribe es muy
debatible. Problemático desde los comienzos de la
modernidad que, para mí, está en el siglo XVI, en el caso
del Caribe. Peter Hulme, estudia el mapa del Caribe,
por ejemplo, en Inglaterra, en el siglo XVI, que abarca
desde el sur de los Estados Unidos hasta Venezuela1. Es
un Caribe inmenso, la zona de los caníbales, porque
eso es lo que quiere decir caribe, y es el Caribe que
aparece en las obras de Shakespeare, por ejemplo, un
Caribe inmenso que es el espacio de la otredad, una
zona que fascina y atemoriza. Hoy el mapa es distinto,
pero siempre persiste, por distintas razones, esa idea de
zona oscura, que fascina y seduce y, al mismo tiempo,
infunde temor. Desde luego hay que historizar el mapa;
es decir, no hay un mapa del Caribe, sino que hay
mapas históricos del Caribe, con ciertas inclusiones y
exclusiones, y eso es un tema de debate. Yo no puedo
decir ahora, cuál es mi mapa del Caribe, porque depende
de lo que uno esté pensando, por ejemplo hay un mapa
de la música, el amigo Ángel Quintero2, estudia la
música del Caribe, entonces ese es un mapa. Hay que
trabajar con varios mapas: el mapa literario; el mapa de
la esclavitud, que es muy importante también; el mapa
1
Peter Hulme, Cannibalism and the colonial World, Cambridge,
Cambridge University Press, 1998.
2
Se refiere al libro del sociólogo puertorriqueño Ángel Quintero
Rivera, Salsa, sabor y control. Sociología de la música tropical, México,
Siglo Veintiuno Editores, 1998.
10
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del contrabando; el mapa de las relaciones intelectuales
y culturales; el mapa religioso… De todas maneras, yo
creo que habría que empezar diciendo que hablamos
hoy, con mayor conciencia, del Caribe como una zona
amplia, heterogénea, que comparte ciertas experiencias
históricas.
¿Cuáles son esas experiencias históricas?
Yo creo que el gran caribólogo Gordon Louis, a mi
juicio, lo planteó muy bien en uno de sus importantes
libros. Primero, la experiencia de la colonización europea
es, sin duda, algo que marca a todo el Caribe y a todos
los posibles caribes; en segundo lugar, la presencia fuerte
de las culturas africanas en su transformación, lo que
quiere decir la esclavitud. Esclavitud y modernidad
empiezan juntos en el Caribe, esclavitud e imperio
también, y desde luego la resistencia a esas dos grandes
experiencias también permite marcar al Caribe; y tercero,
la circulación increíble, tanto de europeos como de
norteamericanos, hacia el Caribe, y la circulación de los
caribeños en el Caribe y fuera del Caribe...
Las diásporas...
Exacto. Diásporas forzadas por una violencia
inmensa como la diáspora de la esclavitud, pero
también las diásporas modernas que pertenecen a la
fuerza de trabajo. Desde los balseros cubanos hasta los
puertorriqueños que viajan en avión continuamente, los
colombianos, los cartageneros que viven en New Jersey
y en Nueva York, esa diáspora no ha terminado y no va
a terminar, todo lo contrario. Así que yo diría: mapa
histórico, determinado por la mirada de quien mira y
quien construye el mapa; en segundo lugar, experiencias
decisivas como son la colonización, la esclavitud, las
diásporas. Dentro de eso quizás el elemento unificador
sea la presencia del mundo europeo y el mundo africano
con sus transformaciones. Tal vez por mi ignorancia, en
mi lectura hago un paréntesis, que muchos criticarían
con razón, del mundo indígena en las islas del Caribe y
el Caribe continental, porque me parece que el mundo
indígena que fue realmente víctima del genocidio inicial,
ha permanecido, pero muy transformado, de modo que,
a mi juicio, no se puede comparar, en la modernidad,
con el impacto de la presencia africana y el impacto de
la presencia europea.
Modernidad, esclavitud y guillotina
no se contradicen
Teniendo en cuenta esta serie de mapas, las diferencias,
la heterogeneidad, ¿cómo se aborda la modernidad en el
Caribe?
Quiero decir una cosa sobre los mapas. Hoy nos
preguntamos quién produce los mapas: hay que insistir
mucho en esa pregunta, quién produce los mapas y para
quién, porque no cabe duda de que el Caribe como
sujeto histórico es también, en buena medida, nos guste
o no, una construcción de una mirada externa. Esa
mirada externa tiene que ver con los imperios y con la
modernidad.
Sobre la modernidad en el Caribe yo creo que hoy,
en los estudios culturales y en los estudios literarios,
hay una premisa fundamental que es una especie
de hipótesis de trabajo, algo que el gran intelectual
afroamericano W.E. Dubois llamó la doble conciencia
de la modernidad, y que algunos teóricos historiadores
como Paul Gilroy, han tomado –aunque Gilroy no
habla mucho del Caribe- como punto de partida. ¿Qué
significa aquí la doble conciencia de la modernidad?
Significa que en el Caribe y en muchas partes de
América, la modernidad, ya desde sus comienzos,
viene con toda la complejidad del mundo colonial
y del mundo de la esclavitud. No es que haya una
modernidad por un lado y que nosotros estemos
rezagados con respecto de la modernidad: que la
esclavitud es inherente a la modernidad europea y
norteamericana y que el imperialismo es inherente a
esa modernidad, no es contradictorio.
El gran historiador cultural brasileño, Roberto
Schwarz, escribió un ensayo -que a mí me gusta mucho,
aunque discrepo- que llamó Las ideas fuera de lugar
sobre Brasil. Es un ensayo muy estimulante, yo lo he
leído muchas veces, hoy tendría que decir que estoy en
desacuerdo, pero un desacuerdo interesante, porque
es un texto muy bueno. Schwarz postula ahí que las
ideas de la Ilustración, las ideas de la modernidad, eran
ideas fuera de lugar en el Brasil, pues había un desfase
muy grande entre la realidad de la sociedad esclavista,
la realidad colonial, y las ideas de la Ilustración. Pienso
que en el Caribe esa es nuestra modernidad, y no
solamente la nuestra, es la modernidad europea también.
La modernidad europea es la que construye todo ese
edificio enorme del imperio, construye el edificio de la
esclavitud y construye las colonias y, por lo tanto, no
podemos separar una cosa de la otra.
Es lo que Gilroy llama la doble conciencia de la
modernidad, en el sentido de que hay una conciencia
metropolitana de la modernidad y una conciencia,
llamémosla colonial o criolla, de la modernidad. Ahora
sabemos, como en la novela famosa de Alejo Carpentier,
El Siglo de las luces, que la declaración de los derechos
del hombre llega con la guillotina, en el mismo barco,
a Haití, durante la Revolución Francesa. Carpentier, en
su gran novela, plantea el impacto que tiene enseguida
en el Caribe la declaración de los derechos del hombre
y muestra que ésta llega con la guillotina, igual que en
Europa. Doble mirada de esa modernidad que, por un
lado, trae ideas de liberación, pero también trae una
enorme violencia.
Algunos estudiosos del Caribe han dicho, creo que
con mucha razón, que sería más interesante estudiar la
modernidad, por ejemplo, de la Revolución Francesa,
desde Haití, y no a la inversa, como se suele estudiar.
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Por qué no empezar por Haití, Haití nos permitiría una
mirada hacia Europa para observar esas ideas...
Una mirada desde el otro...
Exacto, lo cual no quiere decir que no vaya a
haber contradicciones; al contrario, se multiplican las
contradicciones, pero nos permite una mirada mucho
más matizada y compleja de eso que llamamos la
modernidad. Creo que el debate actual está ahí, en una
nueva reflexión sobre lo que es la modernidad, sobre
su periodización, y sobre esto que podemos llamar
la doble, algunos dirían la triple, conciencia de la
modernidad. De modo que no se separe arbitrariamente
una cosa de la otra, porque todos esos valores modernos
identificados de una forma u otra son valores que sufren
grandes transformaciones en Europa, en América y
específicamente en el Caribe. Yo pienso mucho en eso,
por ejemplo, cuando hablamos de la esclavitud, porque
la modernidad sin esclavitud no se entiende.
Nada más premoderno que la esclavitud,
parece una contradicción...
Parece una contradicción, pero así es. La producción
azucarera, la producción cafetalera, la producción
algodonera, todo lo que fue transformando la cultura
europea, descansa sobre la esclavitud en América y no
se puede desligar una cosa de la otra. Sidney Mintz
ha escrito todo un libro sobre la transformación del
azúcar e incluso la invención de los dulces.3 Toda la
ornamentación, la fantasía, en Europa, del mundo
azucarero, del lenguaje, todo eso, repito, descansa sobre
la mano de obra esclava. De modo que el dulce es muy
moderno y está lleno de esclavos.
Pregoneros con cibernautas: coexistencia
de temporalidades
A partir de las apreciaciones que usted ha hecho,
¿podemos decir que debemos dejar ya de lado la visión del
Caribe como un espacio premoderno, un espacio donde la
modernidad no ha llegado, un espacio de la modernidad
periférica?
Es una pregunta interesantísima y también
problemática, porque tiene que ver con terminologías.
La terminología siempre es importante discutirla y
detenerse en ella. Yo, por ejemplo, uso el término
premoderno; en cambio, no uso o trato de evitar el
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término culturas periféricas, modernidades periféricas,
a pesar de los buenos estudios que se han hecho bajo
ese concepto. ¿Por qué? Quizás debo empezar por ahí.
Yo uso premoderno, porque es una manera breve de
apuntar hacia la coexistencia de temporalidades: no lo
uso en un sentido peyorativo, lo uso como abreviatura
de algo muy complejo. Empleemos algunos ejemplos
que a mí me interesan mucho.
En nuestro mundo caribeño es muy importante eso
que hemos llamado como un término contradictorio
Literatura Oral, es decir, las grandes tradiciones de
poesía que se trasmiten oralmente. En el siglo XX, por
ejemplo, gracias a los medios de difusión, radio, discos,
casetes y toda clase de elementos de la gran revolución
tecnológica, muchísima gente de todos los sectores
3
Sydney Mintz, Dulzura y poder. El lugar del azúcar en la historia
moderna, México, Siglo Veintiuno Editores, 1996
sociales, incluso los que saben leer, se han iniciado en
la literatura a través de algún tipo de tradición oral,
bien sea la canción, puede ser el bolero, la décima,
tradiciones de trovadores. Todo eso existe y coexiste con
una gran producción libresca. Yo llamo a la tradición
oral premoderna para distinguirla de producciones
literarias, por ejemplo, que dependen mucho de la
alfabetización, porque la alfabetización fue un valor
muy grande en la civilización y lo sigue siendo, y lo uno
coexiste con lo otro. En última instancia, podríamos
llamarlas a los dos modernas.
Me parece interesante usar el término premoderno,
porque apunta a la larga duración de esas tradiciones
que uno observa en el Caribe, no solamente cuando
hablamos de literatura. Es lo que el amigo Ángel
Quintero ha observado cuando estudia los santos,
la religiosidad puertorriqueña, las tallas en madera
de altares privados y particulares de las casas, donde
la gente, vaya o no a la iglesia, mantiene un espacio
sagrado4. Yo he visto esos santos no solamente en
Puerto Rico, sino en Nueva York, en New Jersey,
porque los santos, además, son portátiles y viajan con
la gente. Entonces es un elemento de gente que viaja
en avión y lleva su santito, y no hay nada más antiguo
que esos santitos, porque es una tradición artesanal, de
un sentido muy específico, que se opone, hasta cierto
punto, a otros valores de la modernidad que coexisten
con ellos, como la secularización, la educación basada
en el libro, la alfabetización, etc.
De modo que décimas, tradición oral, santos,
apuntan hacia elementos premodernos que todavía
coexisten con otros. Me llama muchísimo la atención
del ambiente urbano de Cartagena, la presencia
artesanal que ha desaparecido de otros lugares del
Caribe; por ejemplo, en Puerto Rico, se ha reducido
muchísimo. Lo artesanal con pequeñas empresas
familiares, desde ebanistas, marqueterías, toda clase
de trabajos, eso aquí está muy vivo todavía. Pero
coexiste con una ciudad cibernética, con una ciudad
absolutamente postmoderna, con una ciudad que
tiene elementos del siglo XXI ya muy presentes.
La artesanía y las manifestaciones más inquietantes
de otra temporalidad, que no sabemos ni siquiera
cómo llamarlas, coexisten, y eso crea tensiones,
ambigüedades y posibilidades también.
Tocas un punto sobre la cibernética, lo virtual,
¿cómo funciona eso a propósito de la coexistencia de
temporalidades?
Precisamente era el otro ejemplo que quería citar,
el de la cibernética, eso que Beatriz Sarlo ha llamado la
segunda alfabetización. Todos pertenecemos al sistema
educativo, pertenecemos a instituciones disciplinarias,
nos basamos en el libro, en la palabra impresa, pero
resulta que hoy los chicos que llegan al colegio, a lo
mejor tienen más curiosidad y saben más del mundo
cibernético o por lo menos les es mucho más natural
estar viendo la televisión o trabajando con un monitor
o haciendo sus juegos de video game. Están más
familiarizados con una tecnología que sus maestros,
ahora un chico de diez años o doce años tiene más
capacidad que sus maestros.
Entonces, ahí coexisten -Beatriz Sarlo lo ha
analizado muy bien- la primera alfabetización con la
segunda. No quiere decir que podemos prescindir de
la primera, obviamente no; incluso la segunda, la de
4
Ángel Quintero Rivera, Vírgenes, magos y escapularios. Imaginería, etnicidad y religiosidad popular en Puerto Rico, San Juan,
CIS, 1998.
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13
la cibernética, la de la gran revolución informática,
presupone la primera, porque uno tiene que saber leer
y escribir, y leer los libros. Pero hay una coexistencia,
es una revolución de una magnitud extraordinaria
lo que está ocurriendo desde el punto de vista de la
información, de la diseminación, de la capacidad de
archivo. Se ha transformado nuestra noción de archivo,
nuestra noción de lo que es una foto, con todo lo que
se llama digitalizar, y nuestra capacidad para manipular
los materiales, pero al mismo tiempo, coexisten y
coexistirán durante mucho tiempo con el libro, con
el artículo, con el papel, con la biblioteca, con los
documentos impresos, porque esa es una tradición tan
fuerte que no puede, ni debe -espero- desaparecer, pero
obviamente se va a transformar. El video, la cibernética,
la informática, coexisten perfectamente con lo que ya
hoy empieza a ser arcaico como es la producción de
un libro.
El alto precio de la conformación
de los estados nacionales
Abordemos uno de los temas de mayor análisis en los últimos
tiempos en el Caribe, la discusión acerca de la formación de
los estados-nación.
En efecto, ese es uno de los temas centrales del
debate contemporáneo y me voy limitar a algunos
puntos. Quizás debo empezar por decir que estoy
leyendo ahora el libro de Alfonso Múnera, El
Fracaso de la nación, región, clase y raza en el Caribe
colombiano, un libro que me está gustando muchísimo
y creo que va a ser muy importante. Quisiera partir
de ahí, porque es una lectura que muestra todos
los problemas que nos interesan. Creo que lo que
Múnera plantea fundamentalmente es la dificultad
o la imposibilidad de los estados nacionales para
ciertas comunidades del Caribe, y él lo ilustra con la
historia de Cartagena, y con la historia de Cartagena
frente a Santa fe de Bogotá y con el triunfo eventual
del estado nacional colombiano y la liquidación de la
posibilidad de la nación cartagenera. Resumámoslo,
es la historia de una imposibilidad. El libro, tiene una
riqueza de materiales extraordinaria y está escrito con
enorme inteligencia, Múnera destaca allí realmente
un capítulo importante para todo el Caribe, porque la
historia del Caribe es precisamente el conflicto entre la
14
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
idea de estado nacional y la existencia de comunidades
muy heterogéneas y muy complejas, para decirlo de
algún modo, tanto en el Caribe insular como en el
Caribe en general.
Las comunidades no han podido —o han podido
hacerlo, pero con mucha dificultad, como en el caso
de Cuba— constituirse en esa utopía moderna que fue
el estado nacional. Ahí hay problemas de ciudadanía,
problemas de cultura. Si algo se puede aprender en
el Caribe, y lo ilustra el libro de Múnera, es que la
concepción misma del Estado nacional, que es uno de
los centros del pensamiento ilustrado liberal del siglo
XIX, ha sido prácticamente imposible en el Caribe, o
se ha logrado a un precio muy alto como es el caso
cubano.
Mientras leo el libro de Múnera, estoy conti­nua­
mente pensando en Puerto Rico y en Cuba, porque
Cuba sería el caso, para algunos, del logro y del triunfo
del estado nacional, pero si uno repasa la historia
cultural, intelectual y social cubana, en realidad, uno
ve que eso ha sido a un precio altísimo que continua
hasta el día de hoy. No solo en las guerras del siglo
XIX, sino durante toda la vida política y los discursos
nacionales a lo largo del siglo XX, y todavía hoy sigue
siendo un debate si Cuba es o no un estado nación y
si su futuro permitirá serlo.
Esto es muy complejo porque, por otro lado, están
también los problemas de ciudadanía, como dice un
joven intelectual puertorriqueño, Ramón Grosfoguel,
que ha escrito mucho sobre las migraciones caribeñas,
en el Caribe se dan toda clase de gradaciones. Al
mismo tiempo que estudia las migraciones, ha
vuelto a plantear la existencia en el Caribe de estados
nacionales republicanos, por ejemplo, la República
Dominicana, Cuba y la existencia de colonias, por lo
menos en su organización jurídica, como es Puerto
Rico. Distintos grados de ciudadanía, de participación
ciudadana. En el caso de las excolonias -algunos
dirían todavía colonias- francesas, es notable que ya
han ingresado al territorio francés como ciudadanos
y que exista una nueva migración hacia el centro
metropolitano. En el caso puertorriqueño, también
como ciudadanos, aunque ciudadanos de segunda,
tercera o cuarta clase. En el caso de los cubanos, la
existencia de un estado nacional no ha impedido
un fuerte éxodo y una disputa permanente sobre el
estado nacional.
pero cambia el discurso y cambia la mirada y eso está
pasando en todo el Caribe.
Yo creo que va a haber un gran debate sobre el
estado nacional cubano; en Puerto Rico se viene
debatiendo hace tanto tiempo; debates sobre qué
significa la ciudadanía a finales de siglo XX, qué
significa la participación en un estado nacional, es o no
es posible realmente un estado nacional para nuestras
comunidades, qué precio estamos dispuestos a pagar,
qué precio se debe pagar para el estado nacional. Es
decir, estamos hoy ante uno de los grandes temas
políticos, culturales, sociales, para todo el Caribe, y
yo creo que Cartagena, con esta nueva historiografía
representada por Múnera, puede enseñarnos algo
sobre la complejidad de todo el proceso.
¿Cómo ubica al Caribe colombiano y a Cartagena
de Indias dentro de ese debate?
El discurso nacional es como un saber —diría
Foucault— normalizado que pretende imponerse
como definición, y Foucault decía que toda definición
es autoritaria. Yo creo que todo discurso de identidad
o todo saber de ese tipo normalizado conduce a
posiciones autoritarias y estáticas, esencialistas, en
última instancia, sobre la identidad. Foucault decía, no
me pidan que defina mi identidad, porque la policía
es la que pide el carnet de identidad. Creo que con
esa frase expresaba algo muy profundo: es policial
pretender fijar la identidad, porque casi siempre
obedece a fines de vigilancia.
La vigilancia no quiere que veamos la hetero­
geneidad y eso es un problema del Caribe. El
discurso nacional tiende a dar síntesis, a postular
homogeneidades y a localizar lo heterogéneo afuera.
Ese afuera es el mundo de la exclusión, y puede ser
racial o de clases. Ciertamente en el Caribe se agudiza,
porque casi siempre la exclusión coincide con la raza
y con la clase, pero lo mismo podríamos ver en toda
América, en donde los discursos nacionales tienden
a ser saberes normalizados y la función intelectual
crítica es cuestionar la normalización del saber.
Hasta cierto punto Cartagena puede ser un nuevo
punto de referencia para el debate sobre la realización
del estado nacional en el Caribe. El debate casi siempre
ha estado en torno a Cuba como modelo. Cuba no tiene
que ser el modelo, por qué no miramos a Cartagena,
no para ver el fracaso -ahí yo tendría que marcar la
distancia con el libro, dentro de lo excelente que esporque la categoría fracaso me parece que tiende a
cerrar el relato. Un relato que no ha terminado todavía,
y quizás no hay un fracaso, sino pérdida, pérdida de
una utopía. A mí me interesa el problema de la pérdida,
en el sentido freudiano, en el sentido del final de una
utopía, de la decepción frente a las utopías. Pero toda
pérdida, aún en el sentido freudiano, también supone
que ha habido una cierta realización.
Yo me pregunto si fracaso es la mejor categoría o si
fracaso no supone que ya el relato ha terminado, y se ha
cerrado, cuando la propia intervención de Múnera, es
una intervención que ilustra que el problema sigue en
pie y está sobre el tapete. Es lo que hace un intelectual,
cambia el discurso; no puede cambiar la política,
Dentro del tema sobre los discursos que crean y legitiman los
estados nacionales siempre ha existido un sesgo excluyente
que tiende a dejar de lado, posiciones, visiones, grupos
sociales… Dentro de ese discurso, en el Caribe ¿cuáles son
los puntos en términos políticos, sociales, culturales que más
han sido soslayados por el hecho de que no existía interés en
ellos o que iban a contrapelo con el estado que pretendían
montar las élites?
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15
Conmemorar 1898: un juego
de equivocaciones y de fantasmas.
Este año, 1998, se conmemoran los cien años de la llegada de
los norteamericanos a Cuba y a Puerto Rico, indudablemente
la fecha emblemática ha generado una serie de debates y de
visiones sobre este hecho. ¿Cómo se está mirando ese 98 desde
Cuba y Puerto Rico?
He estado pensando mucho esa pregunta en los
últimos años, y quizás deba empezar por decir lo
siguiente, el 98, el Centenario, como ha dicho Eric
Hobsbawm en su libro La invención de las tradiciones, es
un año emblemático y, como todo emblema, es difícil
de interpretar. Está sujeto a distintas interpretaciones:
es un emblema, una efeméride, una manera de contar
la historia, y por lo tanto una manera prejuiciada
y discutible. Yo creo que el 98 es muy difícil de
conmemorar y es muy difícil de conmemorar en Estados
Unidos, en España, en Cuba y en las Filipinas.
¿Por qué es difícil de conmemorar?
Es muy difícil de conmemorar porque en la
conmemoración se pone el énfasis en los recuerdos,
en los lugares de la memoria. No queda claro si algo
16
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
comienza o termina. Como soy en realidad una persona
dedicada a la literatura, me interesan mucho los
comienzos y los finales. Los comienzos de los relatos,
los finales de los relatos, y en la historiografía hay
eso también, dónde empieza uno y donde termina,
yo creo que todavía no sabemos bien qué es lo que
termina con el 98, si es que algo termina, y qué es lo
que empieza.
Provisionalmente diría que el 98 es difícil de
conmemorar porque ningún imperio quiere recordar
sus gestas imperiales ni su barbarie imperial, por lo
tanto a los españoles se les hace muy difícil recordar
estas últimas colonias y se colocan como víctimas
de un desastre originado por los yanquis perversos, y
borran de la historia toda la guerra de Cuba, prefieren
enfrentarse a los norteamericanos. Como si la guerra
Hispanoamericana hubiera sido solamente con los
norteamericanos.
Para los cubanos es muy difícil de conmemorar
porque quienes ganaron esa guerra, el ejército cubano
y el partido revolucionario cubano, tuvieron que pedir
la intervención norteamericana para enfrentarse a los
españoles que, después de todo, no fueron vencidos
hasta cuando entraron los norteamericanos. De modo
que la República cubana nace con la enmienda Platt en
1902, y es muy difícil de conmemorar algo que queda
tan borroso y tan ambiguo.
En Puerto Rico, en realidad, pasó algo, incluso
extraordinario, y es que no hubo ningún tipo de
resisten­cia armada a los norteamericanos, pero tampoco
hubo ningún apoyo a los españoles, y como dice un
texto contemporáneo, no se sabe quién detestaba más
a los españoles, si los cubanos que estaban peleando
en la manigua o los puertorriqueños que no pelearon
en la manigua, pero aplaudieron la llegada de los
norteamericanos, sin dar un solo apoyo a los españoles.
El caso filipino es extraordinario, porque en Filipinas
no solamente había guerra contra los españoles, sino
que fueron los únicos que inmediatamente iniciaron la
guerra contra los norteamericanos, fueron sus aliados
momentáneamente. La guerra se dio en las Filipinas
hasta 1912 y fue como un Vietnam, porque fue una
masacre terrible contra los filipinos que se ha borrado
totalmente de la historia norteamericana, salvo para los
eruditos y, por lo tanto, es muy difícil de conmemorar,
porque nadie quiere conmemorar una guerra tan salvaje
como fue esa.
De modo que hoy tenemos un año emblemático
extraordinariamente delicado y difícil de interpretar
e imposible de conmemorar. Lo que se está haciendo
era previsible, y creo que no se están haciendo cosas
muy interesantes francamente. Siguen los mismos
discursos, en España un renovado antiyanquismo,
como si todo se debiera al imperio de los yanquis
y no hubiera problemas internos con el gobierno
español. Curiosamente existe una especie de nueva
reconciliación de que el adversario eran los Estados
Unidos y ellos están muy orgullosos de lo que
perdieron, no frente a los cubanos, sino frente a los
Estados Unidos. En España, fuera de los historiadores
profesionales, no se sabe nada del Caribe, se sabe muy
poco en realidad, porque España es un imperio que no
ha podido reconciliarse con su historia.
Por su parte, en Puerto Rico no se habla de la
guerra de Cuba, sino que se habla de la autonomía
puertorriqueña que es totalmente incomprensible fuera
de la guerra de Cuba. Creo que el 98 es un juego de
equivocaciones y de fantasmas, en términos generales,
repito, salvo para los historiadores profesionales. De
modo que yo creo que aquí se plantea el problema de
la historiografía profesional, por un lado, y, por otra
parte, el discurso de la historia, el discurso de los textos
escolares en las conmemoraciones y en ese sentido no
se ha avanzado mucho, a mi modo de ver.
y, sobre todo, puertorriqueños y cubanos, empiezan a
circular de una manera intensa, como fuerza de trabajo
en el ámbito norteamericano, y eso creo que tampoco
se ha estudiado, ni sus implicaciones culturales.
De modo que para mí el año 98 sigue siendo un
fascinante enigma cuyo comienzo y final no conocemos
bien todavía y está realmente abierto a discusión y a
debate y tiene mucho que ver con el presente.
Más allá de Cuba y Puerto Rico, los protagonistas
centrales del 98, ¿Qué otras realidades caribeñas habría
que analizar?
El 98 quiere decir también Panamá y quiere decir
el canal de Panamá. El comienzo de otra modernidad,
quizás con otra tecnología, y el canal de Panamá tuvo
unas consecuencias extraordinarias para el mundo
entero, no solo para Estados Unidos. Además, es un
emblema, la representación iconográfica del canal de
¿Qué se tendría que empezar a analizar para avanzar
más en la comprensión de esta fecha tan importante en el
destino del Caribe?
Lo que está sobre el tapete es plantearse qué
terminó realmente, qué siguió de lo español -incluso
después del 98 durante mucho tiempo-, cuáles son las
implicaciones culturales de ese imperio que dura hasta
el 98 y, por otra parte, qué es lo que empieza y cómo
empieza la consolidación del imperio norteamericano.
Ahí hay elementos no solo militares, sino culturales,
lingüísticos, sociales, religiosos. El estudio, por ejemplo,
de los misioneros protestantes, el estudio del nuevo
saber que genera el imperio norteamericano, un saber
geográfico -volvemos a los mapas-, un saber de los
ingenieros, un saber científico, un saber etnológico,
aunque sea en el marco imperial, hay un saber
etnológico, una experiencia bilingüe, y la apertura,
sobre todo, a un mercado de trabajo, no solamente
un mercado de mercancías. Después del 98, filipinos
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Panamá es toda una historia, la representación simbólica
de los canales, soñado ya por Humboldt, aunque no
necesariamente en Panamá, y las consecuencias que
tiene para la historia colombiana y para el estado
nacional también merecen análisis. Todo eso hay
que verlo relacionado. El 98 implica eso que ahora
llamamos globalización -palabra que yo detesto,
pero que uso normalmente-. Genera la necesidad de
estudiar las conexiones, porque lo que está ocurriendo
en el 98 sucede también en el Pacífico y en el Caribe;
altera las relaciones de Estados Unidos con Europa y
la historia de toda la zona del Caribe para siempre en
el siglo XX.
De manera que hay que mirar tanto al Pacífico
como al Caribe. El reto de los intelectuales es enorme.
Yo desde mis propios y modestos recursos estudio un
pequeñísimo rincón que es el mundo del discurso
intelectual y del mundo de las imágenes de la guerra,
ese es un pequeñísimo rincón que me ha permitido ver
algunas cosas nada más, y por lo menos me convence
de que hay que comparar y que estamos muy distantes
de saber las cosas esenciales que habría que saber. El 98
es, sobre todo, un poderoso estímulo para pensar y para
investigar.
Un mundo profundamente racista
En varios de los ensayos que usted ha escrito sobre el
98 hay una parte que me parece fundamental y es la
idea de repensar la cuestión de raza a partir de allí�5
Repensarla en el sentido del impacto que causa la llegada
de una nueva forma de opresión después de la española, la
norteamericana, y lo que eso trae con respecto a la mirada
que hay sobre la raza a partir de ese momento en el Caribe,
porque serían dos visiones: un racismo que existía desde
lo español, y ahora un racismo que se incorpora desde lo
norteamericano. ¿Qué nos podría decir usted al respecto
sobre esa situación en Cuba y en Puerto Rico?
Absolutamente central. Toda la cuestión racial
en el 98 es centralísima por muchas razones. El
ejército revolucionario cubano en su inmensa mayoría
estaba constituido por negros y mulatos, el llamado
ejército Mambí, y así aparece en las representaciones
iconográficas. España en su propaganda contra la
guerra de Cuba utiliza argumentos racistas alegando
que allí se iba a producir una república negra, y
obviamente en los Estados Unidos hay sectores
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-incluso sectores anti-imperialistas- que eran antiimperialistas por racistas, o sea que no querían tener
territorios nuevos con gente de raza llamada de color.
Incluso, algunos anti-imperialistas norteamericanos
decían que aceptaban Cuba y Puerto Rico, pero
no Filipinas, porque les parecía que era excesiva la
diferencia.
Así que toda la cuestión étnica racial está en el
centro de las Filipinas, de Cuba y de Puerto Rico,
como se observa en las fotografías. Pero es muy
complejo también, porque sería muy tentador
atribuirle solamente al nuevo imperio el racismo que
se impone. Hay un racismo interno, criollo, que se
junta con las nuevas valoraciones racistas negativas.
Para simplificar demasiado algo que es muy complejo,
yo diría que el gran secreto -secreto en el sentido
freudiano del término, es decir, aquello oculto- del
mundo caribeño es, no el racismo de los imperios,
eso se sabe: es el racismo interno.
Es mucho más cómodo atribuírselo al de afuera,
pero el Caribe, y debemos decirlo en muy alta voz, es
un mundo profundamente racista, por más mestizo
que sea, y a veces precisamente por el mestizaje. Es
un mundo tan profundamente racista que ha logrado
que en algunas zonas del Caribe, se dé su último
grado de perfección, representado en la ausencia de
toda reflexión crítica sobre el racismo, como el caso
cartagenero. En Puerto Rico también es un tema tabú.
Casi no hay temas tabú en Puerto Rico, pero ese es
uno de los temas tabú que a la gente le incomoda
mucho.
¿Qué pasa en Cuba?
En Cuba, por lo que yo he podido observar y
por testimonios de otra gente, hay un nuevo racismo
reactivado que se nota en las formas como se asume el
turismo, en la exclusión de los sectores negros y mulatos
de los centros de poder y de los centros turísticos.
Hay algo muy inquietante que está ocurriendo
en Cuba racialmente que nos permite entender, quizá
mejor hoy, otros cuasi secretos de la historia cubana,
5
Arcadio Díaz Quiñónez, “Martí: la guerra desde las nubes”,
Estudios: Revista de Investigaciones Literarias, Universidad de Puerto
Rico, Recinto de Río Piedras, 9, San Juan, 1997; “1898: hispanismo y guerra”, en Revista Encuentro de la Cultura Cubana, No.
11, Madrid, 1998; “El 98: la guerra simbólica”, en Quimera Revista
de literatura, No. 176, 1998.
la guerra de 1912. Porque el 98 no terminó en el 98,
en Cuba, como algunos dicen, terminó en 1912. En
1912 lo que ocurre en Cuba es una guerra contra el
Partido Independiente de Color que eran veteranos de
la guerra del 98 en su gran mayoría. Cómo es posible
que doce años más tarde ocurra en Cuba una guerra
dirigida ya por la república contra veteranos de la guerra
que reclamaban su propio partido político, eso es algo
extraordinario, y creo que son preguntas a las que hay
que volver; qué pasó en Cuba en el 98 que, por un
lado, permitió la constitución de una república, pero
que, al mismo tiempo, permitió la nueva exclusión de
los propios veteranos negros y mulatos de la guerra,
mediante otra guerra que llamaban curiosamente una
“guerrita” y aparecía así en los libros de historia. Qué pasa
en Puerto Rico desde el punto de vista racial cien años
después, qué pasa en las Filipinas cien años después,
yo no tengo las respuestas, pero creo que son preguntas
muy importantes.
Me interesa también qué repercusiones tuvo eso en
la vida de la metrópolis. Qué repercusión tuvo el 98
realmente en España, qué repercusión tuvo en Estados
Unidos. Creo que en España acentuó el militarismo y
que la guerra civil española hereda en buena parte todo
ese legado militar generado en las colonias y muchos
de los protagonistas eran los mismos. Me parece que
es trágico que España no haya podido empezar a
estudiar en serio su papel en la composición étnica y
en el racismo de los pueblos caribeños que dominó
hasta el otro día.
Ni traidores ni héroes,
repensando la zona gris
La mirada sobre 1898 en la actualidad, como usted bien
lo viene señalando, tiene algunos elementos que son puntos
de discusión y permiten nuevas reflexiones, uno de ellos es
la visión que tiene el discurso oficial cubano a partir de
la revolución de 1959 sobre el 98, a propósito de que los
Estados Unidos, sus antagonistas ideológicos del presente,
fueron los máximos colaboradores de Cuba en el proceso
de acabar con el colonialismo español ¿Cómo se mira
ahora eso?
Hay una peculiaridad cubana que tiene que ver
con la utopía del estado nacional, quizás los cubanos,
a diferencia de Cartagena y de Puerto Rico, han
tenido una intensa pedagogía nacionalista, antes de
la revolución, y después de la revolución, mucho
más. Eso que puede ser un baluarte para crear cosas
positivas, como en efecto lo ha sido, pero también
ha tenido el efecto no tan positivo de distorsionar
la propia historia, al punto de que el 98, a partir de
1959, ha quedado envuelto en brumas. Se presenta a
la república cubana creada a partir del 98 como una
pseudo república, ese es el término que se usa en Cuba
todavía. No tengo claro qué se quiere decir con pseudo
república, no sé si con eso se quiere decir que no era
una república democrática totalmente, yo quisiera
saber cuál es la verdadera república democrática.
Por otro lado, esa pedagogía nacionalista,
parecería también crear un grupo de traidores y de
héroes, y la historia narrada como el tema del traidor
y el héroe de Borges no conduce a ninguna parte,
sino a posiciones religiosas ante la historia. Yo creo
todo lo contrario, que Cuba ilustra la necesidad de
estudiar, ahora con más seriedad, todas las formas de
colaboración y de complicidad con el nuevo imperio,
y digo eso de colaboración y complicidad sin el
sentido negativo. A qué sectores -y parece que eran
muchos- les convenía la intervención norteamericana
y la presencia norteamericana. No podemos condenar
en bloque a sectores tan nutridos de la población, a lo
mejor colaboraban por razones opuestas, por razones
distintas, no es lo mismo pensar que los organizadores
de los primeros sindicatos puertorriqueños de
trabajadores que se organizan después del 98, no antes,
no se beneficiaron de un espacio público que se creó
en Puerto Rico bajo los norteamericanos.
No hay que desdeñar el hecho de que en Puerto
Rico se construyeron muchísimas escuelas públicas
primarias que no existieron bajo España, y que la
primera universidad puertorriqueña se construyó en
1903, después del 98. No hubo universidad en Puerto
Rico bajo la dominación española. En el caso cubano,
habría que pensar que muchos de los miembros
prominentes del Partido Revolucionario Cubano -con
la excepción de Martí que ya había muerto- estaban
muy interesados en la intervención norteamericana,
porque creían que era la manera más rápida de
obtener la independencia sin derramamiento de más
sangre y creían honradamente en los valores de la
democracia norteamericana. Martí también celebró
la democracia norteamericana y le tenía miedo a la
república imperial, pero veía que también había una
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sociedad que estaba funcionando democráticamente
con todas las limitaciones de la democracia.
De modo que yo creo que en el caso cubano,
en particular, la pedagogía nacionalista ha sido tan
fuerte, que ha construido una especie de estado puro
imaginario, no real, que excluye, no solo racialmente,
sino como traición, a todo aquel y todo proceso que
implica un nexo profundo con lo norteamericano. Pero
como ha demostrado el historiador Louis A. Pérez6,
posiblemente Cuba haya sido el país latinoamericano
más vinculado a los Estados Unidos económica y
culturalmente en el siglo XIX, hasta el punto de que
el Partido Revolucionario Cubano lo firma Martí en
Nueva York. De manera que hay que replantear toda la
discusión de la nación cubana, si no queremos continuar
con versiones heroicas de la nación que distorsionan esa
zona gris, y quizás miserable, que nos caracteriza a los
seres humanos y que se llama, a veces, colaboración,
complicidad, sobrevivencia, pacto o negociación.
Cartagena de Indias, 16 de agosto de 1998.
6
Louis A. Pérez Jr., “Identidad y nacionalidad: las raíces de
separatismo cubano, 1868-1898”, en Revista Op. Cit., Centro de
Investigaciones Históricas, Universidad de Puerto Rico, Recinto de
Río de Piedras, No. 9, San Juan, 1997. Este tema fue desarrollado
con mayor amplitud por el autor en 1999 con la publicación del
libro On becoming Cuba: Identity, Nationality and Culture, University of North Carolina Press, 1999, en el año 2007 fue traducido
con el título de Ser cubano: identidad, nacionalidad y cultura, La
Habana, Editorial Ciencias Sociales, 2007.
20
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o
p
ini
Ó
n
La reciente invención del Caribe nicaragüense
Eric Dubesset
Desde mediados de los años 1980, todos los países
latinoamericanos continentales del Mediterráneo
americano1� se han dedicado, con sendos ritmos,
a reforzar su vocación caribeña. Colombia 2 , �
Venezuela, México y, aún más recientemente,
Guatemala, Honduras, Costa Rica y Panamá han
procedido, mediante una política voluntarista, a una
“re-territorialización”3� de su litoral bañado por el Mar
Caribe que durante largo tiempo había sido dejado de
lado en provecho de las regiones interiores o, en el caso
de algunos Estados bi-oceánicos, de su fachada pacífica.
La Costa oriental de Nicaragua participa también de
esta dinámica espacial. Su reciente institucionalización
1
Inicialmente formulada, en el siglo XIX, por el geógrafo alemán
Alejandro de Humboldt para designar unas comarcas de las que
fue uno de los primeros en emprender la exploración científica,
la expresión fue magistralmente recuperada en Francia por Elisée
Reclus en 1891 en su Nouvelle géographie universelle. Hoy esta
representación empleada por varios científicos como Yves Lacoste
(fundador de la revista de geografía y de geopolítica Hérodote) y
Olivier Dollfus, se fundamenta en unas analogías con otros mediterráneos (euro-africano o asiático). El concepto es científicamente
válido para poner de realce los intercambios y flujos de este conjunto
geográfico que consta de los archipiélagos de Bahamas y de las
Antillas así como de los territorios continentales abiertos al Mar
Caribe desde las Guayanas, Venezuela y Colombia al Sur hasta los
cinco Estados del Sureste estadounidense al Norte, vía México y
América central al Oeste.
2
Véase el artículo de Alberto Abello Vives, “El Caribe de
Colombia en los tiempos de globalización”, IV Seminario internacional de Estudios del Caribe, Universidad del Atlántico, Bogotá,
1999: 425-452.
3
Los términos de espacio, territorio y territorialidad tienen un
carácter anfibológico que pone en tela de juicio su validez científica. Cf. Tizon, Ph., « Qu’est-ce que le territoire ? », in : G. Di
Méo (dir.): Les territoires du quotidien, L’Harmattan, Géographie
sociale, Paris, 1996. Por nuestra parte, definimos la « territorialización » como el proceso que consiste en inventar un territorio
y revalorizarlo con determinados fines que pueden ser de índole
geopolítica o económica.
constituye incluso un excelente laboratorio para la
identificación del proceso de regeneración del espacio
caribeño vía la « invención » de territorios. Para tratar de
comprender dicho tropismo caribeño en ejecución en
Mesoamérica y sus principales determinantes, nuestra
reflexión nos llevará a explorar, desde el triple punto de
vista del espacio, de la población y de las instituciones,
cómo se manifiesta este proceso político en el caso
nicaragüense.
La morfogénesis de la costa caribe
La reciente invención de un Caribe nicaragüense ha
sido formulada ante todo alrededor de la producción
de nuevos marcadores territoriales. La redefinición
toponímica, el desenclave (vía la ordenación del
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
21
territorio), así como la inserción económica y la cooperación regional han dado cuerpo, en el espacio, a semejante
objetivación territorial.
La producción de nuevos marcadores territoriales
Situada entre el Cabo Gracias a Dios y San Juan del Norte, la costa oriental de Nicaragua se extiende a lo
largo de más de 400 kilómetros del Norte al Sur y de unos 150 kilómetros del Este al Oeste. Con una superficie
total de 60.366 kilómetros cuadrados, o sea un 46 % del territorio nacional, este espacio rodeado por numerosas
barreras naturales (mar, lagunas, ríos4, bosques, cordillera) está formado, excepto en su parte septentrional, por
una amplia llanura. Sus suelos erosionados por las intensas lluvias tropicales y su vegetación natural de bosques
latifoliados la distinguen claramente del resto del país que queda ampliamente dominado por paisajes montañosos
y unos suelos volcánicos relativamente fértiles (Castillo, 1984, 23-24). Su inestabilidad es otro rasgo distintivo.
Los riesgos de huracanes y de inundación son particularmente altos en esta zona como lo atestiguan la recurrencia
y la intensidad de los cataclismos.5
Fig. 1. Portadas de libros y estudios nicaragüenses
4
La Costa Caribe cuenta con varias lagunas y bahías como la
laguna de Perlas (515,18 km²) y la Bahía de Bluefields, y algunos
ríos como el Río Coco, el más largo de América central, el Río
Prinzapolka (301 km), el Río Escondido (88km) y el Río San
Juan (199 km).
5
En octubre de 1998, el huracán Mitch causó muchas pérdidas
en todo el país: más de 3.000 personas murieron, 885 desaparecieron y cerca de 872.000 fueron damnificadas. Los daños materiales
rondarían, en total, los 1,336 millardos de dólares, o sea, alrededor
del doble de los ingresos anuales de exportación y los dos tercios
del producto nacional bruto.
22
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Fig. 2. Mapa de Nicaragua
Tradicionalmente denominada Moskitia6 (o Costa
de Mosquitos) o, no pocas veces, Costa Atlántica -en
contraste con la vertiente pacífica-, esta franja oriental
suele llamarse hoy en día Costa Caribe. Desde mediados
de la década de los 80’, un sinnúmero de historiadores,
geógrafos, botanistas, artistas, políticos e incluso
ONGs la han rebautizado así. El empleo generalizado
de la nueva denominación por la sociedad civil y los
actores locales (asociaciones, empresas, medios de
comunicación, establecimientos públicos) participan de
dicha recalificación del espacio y coadyuvan a refundar
los lugares en territorio. Radio Caribe y la Universidad de
la Costa Caribe constituyen dos ejemplos de adopción
endógena del nuevo topónimo. A escala nacional, su
utilización presenta un carácter fundamentalmente
geopolítico, y expresa, primero que todo, la voluntad
del gobierno de Managua de crear símbolos propios que
se inscriban y echen raíces en la cultura caribeña. Tal
referencia supranacional inmediata se fundamenta en
la concepción de un patrimonio cultural común y en
la necesidad de crear las condiciones de un desarrollo
económico (turismo, comercio, etcétera) y de una
cooperación fructífera con los demás países y territorios
del Mediterráneo americano. Traduce, además, la
voluntad de reconquistar esta porción de Nicaragua
que, por más de doscientos años, fue un protectorado
británico, antes de mantenerse cruel y duraderamente
apartada por la élite nacional (Rizo, 2000, 101).
El desarrollo y el desenclave
Este enclave litoral acusa un retraso significativo
con respecto al resto del país (Castillo, 2001, 22)7. Los
6
La Moskitia (o Mosquitia) nicaragüense abarca la mayor parte
de la Moskitia centroamericana, una porción de la cual se extiende
a lo largo del litoral hondureño. Cf. artículo de Gilles Bataillon,
« Moskitia nicaraguayenne : changements sociopolitiques et égalisation des conditions (1979-1999) », in : Delhom, J. & Musset,
A. (dir.), En el ojo del Huracán, Ed. IHEAL/IHNCA/UBS, Paris,
2000, pp. 121-134.
7
Véase el artículo de Rizo, M., « Los pueblos indígenas de
Nicaragua y su naturaleza jurídica », Revista de Historia, Comunidades y Pueblos indígenas de Nicaragua, 14, 2002, IHNCA-UCA,
Managua, p. 89-118.
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23
estudios socioeconómicos recientes8, la sitúan entre las
regiones menos desarrolladas de Nicaragua. Su nivel de
infraestructuras viales9, sus índices de electrificación10
y de densidad telefónica son los más bajos del país. Las
discontinuidades de desarrollo humano entre ambas
fachadas marítimas y la capital son considerables. La
tasa de analfabetismo asciende al 31,4% en la vertiente
caribeña, mientras que no alcanza el 21% para el
conjunto nacional. La tasa de desocupación (cerca de
una tercera parte de la población activa) y el trabajo
informal quedan particularmente preocupantes así
como los ingresos globales que permanecen inferiores
al umbral de extrema pobreza. Por lo demás, tan sólo
un 21% de las viviendas costeñas tiene acceso al agua
potable frente a un 60% al nivel nacional. La esperanza
de vida de su población (65,8 años) resulta más débil
que en cualquier otra parte del país (68 años). Además,
de los veinticinco municipios más pobres de Nicaragua,
doce se ubican en la Costa. Con un 90% de habitantes
en condición de pobreza, Prinzapolka es la ciudad
caribeña más desfavorecida del país. (Castillo et Als.,
2001, 20)
Cuadro 1.
Indicadores de infraestructuras
Indicadores
Nacional RAAN11 RAAS12
Índice de electrificación
(%)
49,26
14,24
17,48
Densidad telefónica
(teléfonos/1000 hab.)
30,4
2,9
8,1
Fuentes: Presidencia ejecutiva, ENEL y Vicepresidencia
de Promoción y Desarrollo, ENITEL, citado en Desarrollo
Humano en la Costa Caribe de Nicaragua 2000, PRANAFT,
Managua, 2001, p.21.
El retraso se lee asimismo dentro de la propia
región. Fuertes desfases socioeconómicos existen entre
zonas urbanas y rurales. Excepto el municipio de Corn
Island que registra el mayor ingreso per cápita de toda
la Costa13, son las localidades de Bilwi y de Bluefields
(y, por extensión, los municipios de Puerto Cabezas
y de Bluefields) las que exhiben los mejores niveles
de desarrollo regional (infraestructuras de transporte
y de energía, saneamiento, etcétera.). Por su parte,
las localidades rurales son de difícil acceso y resultan
menos equipadas en el ámbito sanitario. Por tanto, la
búsqueda de equidad espacial y social constituye un
24
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resorte geopolítico mayor de la valorización territorial
en curso. En aras de reducir tal brecha espacial, los
gobiernos regionales se han afanado por poner en
práctica, a partir de 1996, un plan estratégico de
ordenación y de desarrollo sostenible. Entre los ejes
prioritarios están la urbanización de las poblaciones
rurales, la regularización de los regímenes de
propiedades de la tierra y el saneamiento de Bluefields,
capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, así
como la mejora de las infraestructuras de energía,
comunicación (telefónica y radiofónica) y transporte
(vial y marítimo).
El interés que manifiesta el gobierno por el
desarrollo de la Costa está dictado también por el
imperativo de reconstrucción y de revitalización
económica. Asolada por una larga guerra civil (19821988) y, más recientemente, por el fuerte ímpetu
de los frecuentes huracanes, la Costa experimenta,
en la actualidad, una necesidad vital de reactivación
económica. Según las autoridades 14, el paso del
huracán Mitch en 1998 tuvo ingentes impactos en
materia de infraestructuras. A nivel nacional, cerca
de 41.500 viviendas fueron damnificadas (un 58%
de ellas fue totalmente destruido) y más de quinientas
escuelas, un centenar de centros de atención médica,
cinco centrales eléctricas, una treintena de puentes
y ocho mil kilómetros de carreteras y caminos
resultaron parcial o totalmente devastados (República
de Nicaragua, 1999). Así, para encarar el necesario
8
La Costa Caribe fue excluida de los censos y otras encuestas
nacionales por muchos años.
9
Según los datos de 1999, la Costa Caribe (Región Autónoma
Atlántica Norte y Región Autónoma Atlántica Sur), que ocupa el
46% del territorio nacional, tan sólo posee el 8,26% de las vías
de acceso del país. En el caso de la RAAS, un 3,35% de sus 65,3
kilómetros de carreteras tiene pavimentación. Esta situación contribuye a aumentar en un 40% el precio de los productos consumidos
por los habitantes más aislados de la Costa y a hacer difíciles los
intercambios comerciales con el resto del país.
10
El 14,24% de la población de la RAAN y el 17,47% de la de la
RAAS tienen acceso a la electricidad mientras que la media nacional
de electrificación es del 49,26 % de la población total del país.
11
RAAN: Región Autónoma Atlántica Norte.
12
RAAS : Región Autónoma Atlántica Sur
13
Es el menor municipio por su superficie y su población.
14
Gobierno de Nicaragua, «Reconstrucción y transformación»,
Grupo consultivo de Estocolmo, in:
www.cancilleria.gob.ni/srec/estocolmo/pro.html
desafío de reconstrucción, veinticuatro millones de
dólares fueron desembolsados a la región después del
ciclón (Delhom, 2000, 69).
La proyección en el Mar Caribe
e inserción regional caribeña
El Estado nicaragüense tiene especial interés en
el tema del desenclave y del acceso para permitir la
ampliación del espacio nacional, inclusive más allá de
los meros límites terrestres actuales. La apertura al Mar
Caribe puede favorecer una explotación racional de las
potencialidades haliéuticas y marítimas. Los arrecifes
y fondos marinos son sumamente ricos en corales, en
manglares, en mariscos15 e incluso en hidrocarburos
(Ryan, 1993, 35). Unas recientes prospecciones han
revelado la presencia de petróleo cerca de las costas.
Por eso, desde hace varios años, la Administración
de Managua apoya financiera y políticamente los
proyectos on shore y off shore. Entre 1991 y 2000, el
monto total de los fondos nacionales destinados a
la Costa Caribe para su valorización se incrementó
ampliamente pasando de 1,3 millón a 27,68 millones
de córdobas (o sea veintiuna veces más), de modo que
resulta ser, en la actualidad, el segundo hogar receptor
de las inversiones nacionales después de Managua,
(Williamson, 1999).
Fundamentalmente artesanal y familiar, la
economía de la Costa queda insuficientemente
diversificada y poco competitiva. Las principales
actividades productivas conciernen a la agricultura
(maíz, frijoles, arroz, café), la pesca (langostas,
camarones), la ganadería (aves de corral y bovinos) así
como la explotación forestal y minera. La importancia
de las actividades agrícolas y extractivas se lee en la
proporción alta de personas empleadas en el sector
primario. Un 57% de la población activa trabaja en este
sector frente a un 9% y un 34% respectivamente en
la industria y los servicios. A la excesiva concentración
sectorial, se añaden una débil productividad y una
fuerte dependencia económica y tecnológica foránea.
Con motivo de la tradicional dominación colonial
europea16 así como de la entrega de concesiones a
empresas extranjeras privadas para la explotación
de los recursos mineros y marítimos, la economía
regional es, de muy antiguo, fuertemente extrovertida
y dependiente de las inversiones exógenas (Williamson,
1997, 24). Por ende, en la actualidad, la Costa ha de
reorientar su desarrollo. Desde este punto de vista,
su inserción turística y comercial en el área caribeña
supone una apuesta mayor. Con sus cuatrocientos
kilómetros de playas y sus numerosas islas, posee un
fuerte potencial turístico cuya valorización es capaz de
diversificar, a mediano o largo plazo, la economía local
y de generar abundantes divisas dado que el mercado
de los viajes —especialmente el de los cruceros— es
importante en el Mediterráneo americano. 17 En el
ámbito comercial, el arco antillano constituye asimismo
una salida promisoria para los productos agrícolas,
silvícolas e industriales de la Costa. Con más de treinta
y tres millones de habitantes, el archipiélago puede
absorber una parte de su producción de ganado y de
madera.
La voluntad política de acercamiento y de
cooperación económica con el archipiélago antillano
constituye, por lo tanto, uno de los incentivos mayores
del actual renuevo territorial del Oriente nicaragüense.
La adhesión del país a diversas agrupaciones regionales
tales como la Asociación de los Estados del Caribe
(AEC) y, más recientemente, la Alternativa Bolivariana
para las Américas (ALBA), impulsada por el eje
Caracas-La Habana, lo atestiguan. No obstante, tal
lógica económica conlleva riesgos para la estabilidad
política regional. Los proyectos de explotación de
los recursos petroleros alimentan ya unos fenómenos
geopolíticos de irredentismo. Nicaragua le reclama
con insistencia a Colombia las islas San Andrés
y Providencia situadas mar adentro y cerca de
unos yacimientos de crudo recién descubiertos.
El desenvolvimiento de la cooperación sectorial
prefigura además una acrecentada dependencia
extranjera. Como lo señala Joël Delhom, es de temer
que el proyecto de modernización y de fomento de
los intercambios comerciales con los otros países
del Caribe margine las producciones domésticas en
15
Cf. artículo de Newell, N. D., « An outline of the history of
tropical organic reefs », American Museum of Nat. History Novitates, p. 1-37, 1971 y el de RYAN, J., « Los arrecifes del Caribe
nicaragüense », Wani, 1993, p. 35-52.
16
Se remonta al año 1630 la llegada de los Británicos a la Mosquitia nicaragüense, pero no fue hasta 1844 cuando Inglaterra
estableció oficialmente allí su protectorado (Rizo, 2002, 106).
17
Más de doce millones de viajeros de cruceros viajan cada año
por el Mar Caribe.
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25
beneficio de los cultivos de exportación y agudice
la fuerte dependencia externa del país, tanto desde
el punto de vista de las exportaciones como de las
importaciones de productos agrícolas (Delhom,
2000, 70).
La etnogénesis de la costa caribe
El examen de la etnogénesis18 confirma el interés
creciente que presta hoy la clase política de Nicaragua
a la ocupación y a la valorización de la costa oriental
del país. A semejanza de su objetivación en el espacio,
dicha territorialización se formula, en el ámbito social,
alrededor de la producción de nuevos marcadores
que derivan de las políticas de desplazamientos de
poblaciones y de los programas de identificación y de
integración de las comunidades autóctonas.
La producción de nuevos marcadores
sociales
Denigrada por la élite colonial española, luego
postcolonial nicaragüense, la Costa Caribe padeció de un
prolongado ostracismo. Las raíces de esta marginación
se remontan a los abundantes prejuicios negativos de
las autoridades coloniales y de los científicos de aquella
época. Eso fue el caso por ejemplo de Juan de Pineda19
que, inspirado en las teorías de Hipócrates, no dudó
en establecer, en 1595, una distinción entre la Costa
Pacífica centroamericana, considerada como sana, y la
Costa Atlántica, juzgada deletérea en razón del fuerte
calor y la humedad que allí suelen reinar (Musset,
2000, 23). Teniendo como bases tales consideraciones
climáticas, los primeros colonos españoles prefirieron
edificar sus ciudades en el centro del país así como en
la vertiente Pacifica, dejando así la fachada Atlántica
en total abandono y olvido:
La Costa Atlántica Nicaragüense representa ese lado oscuro
de nuestra identidad (por desconocido y misterioso), esa
gran reserva cultural (diferente y exuberante), marginada y
olvidada, por momentos codiciada, amenazada de promesasproyectos incumplidos. Maltratada por el hombre, el hambre
y la furia de una naturaleza que languidece al borde del
tiempo. (Aróstegui, 2000, 7).
Para acabar con semejantes representaciones
espaciales sumamente discriminatorias y perjudiciales
para el desarrollo efectivo de la Costa, un paquete
26
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de medidas políticas y sociales ha sido adoptado e
instaurado desde la década de los 90. Con miras a
acelerar la valorización de las tierras arables y a poner
término al aislamiento multisecular, Managua y
los poderes locales han llevado conjuntamente un
programa de asentamiento. Individuales o masivos,
los desplazamientos de poblaciones campesinas
e indígenas (principalmente Miskitos) han sido
organizados frecuentemente desde el centro y el
Oeste del país. Pero esta movilidad, parecida a
una colonización agrícola, ha repercutido al nivel
demográfico, de modo que, en la actualidad, más del
20% de los costeños son unos desplazados oriundos
mayoritariamente de los departamentos vecinos (León,
Matagalpa, Chontales). Con tan ingente proporción
de inmigrantes, la cosmopolita Costa Caribe es una
de las pocas regiones del país con sueldo migratorio
positivo. Asociado con otros factores demográficos
(aumento de la tasa de natalidad y baja de la tasa de
mortalidad), dicho fenómeno migratorio ha acarreado
un incremento exponencial del número de habitantes.
En la segunda mitad del siglo pasado, la población fue
multiplicada por siete mientras que, en el ínterin, tan
sólo cuadruplicó la población nacional (Castillo et als,
2001, 9).
La revalorización de la Costa no se fundamenta
únicamente en programas sistemáticos de asentamientos
y en discursos políticos. También se basa, desde hace
poco, en una fecunda producción científica, técnica
y artística. Unos recientes estudios publicados en
revistas especializadas como Wani se están dedicando
a la promoción de los aspectos desconocidos de la
esencia multicultural de la región. El Instituto de
Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA) de la
Universidad Centroamericana (Managua) desempeña
asimismo un papel clave en la reconstrucción de
18
Concepto corriente en geopolítica, la etnogénesis resulta
ser muy útil para analizar la formación de una nación o de una
comunidad a través de su historia, su cultura, su asentamiento y la
ocupación de un territorio. A decir verdad, permite captar la manera
utilizada por la clase política para lograr producir un sentimiento de
pertenencia comunitaria en un espacio determinado. Cf. Thual, F.,
Méthode de Géopolitique : Apprendre à déchiffrer l’actualité, Ellipses,
1996, pp.64-68.
19
Juan de Pineda, Avisos de lo tocante a la Provincia de Guatemala
(1595), Relaciones geográficas del siglo XVI: Guatemala, Ed. de
René Acuña, Instituto de investigaciones antropológicas, UNAM,
México, 1982: 303-336.
la historia y de la cultura de la Costa Caribe20. Sus
programas de investigación producen regularmente
unas publicaciones científicas que versan sobre la
identidad, las costumbres, la organización social y
política de las comunidades indígenas y afrocaribeñas.
Otra realización en curso consiste en la reorganización
y descripción de los Archivos Históricos epónimos.
La objetivación social del Caribe nicaragüense está
plasmada por lo demás por una reciente y abundante
producción estadística. Teniendo como base el censo
poblacional de 1995, las primeras encuestas nacionales
sobre el desarrollo humano de la Costa datan de 2000.
Aunque siguen algo fragmentarias, le confieren hoy a
la región una verdadera visibilidad tanto dentro como
fuera del país21 a la par que dan una idea de conjunto de
sus principales rasgos sociodemográficos. De acuerdo
con estas encuestas, la población asciende, en los
albores del nuevo milenio, a 473.109 habitantes, o sea
el 10,7% de la población nacional y su densidad queda
sumamente débil (7,84 habitante/km²) en comparación
con la media nacional (el 42,14%). Los datos subrayan
asimismo la fuerte heterogeneidad étnica. Con el
72,54% de mestizos y el 28% de indígenas,22 la Costa
representa un verdadero calidoscopio étnico (Castillo
et als, 2001, 9).
Emergencia de un sentimiento
de pertenencia regional e integración
nacional
Desde 1987, las comunidades indígenas de la
Costa se benefician de un nuevo estatus jurídico
destinado a facilitar su integración nacional. Tal
reconocimiento estatutario que autoriza el bilingüismo
y el acceso a puestos de trabajo (políticos, jurídicos,
médicos y académicos, por ejemplo) antes reservados
a todos aquellos que no fueran indios, les ofrece
hoy reales posibilidades de igualamiento étnico y de
movilidad social ascendente. Al nivel identitario, crea
incidentemente las condiciones favorables para la
emergencia de un sentimiento de unidad costeña y de
pertenencia regional así como una visibilidad inédita
en el marco nacional. La emergencia del sentimiento
de pertenencia regional, a través de la borradura de las
barreras étnicas, participa de la política gubernamental
de pacificación. El aplacamiento de los conflictos,
de la violencia y de las reivindicaciones indígenas o
campesinas son una prioridad efectiva para el gobierno
que pretende instaurar una verdadera estabilidad social.
El caso es que dicha búsqueda de paz y de equilibrio
no es privativa de la clase política. En el contexto
económico actual, las diversas comunidades de la
Costa no ignoran el interés de superar sus ancestrales
diferendos, de reconciliarse y de unir sus fuerzas. Como
lo subraya cabalmente Gilles Bataillon: « Miskitus,
Mayangnas, criollos y mestizos, antaño en lucha para
disputarse el favor de los representantes del poder central
hispanohablante, hablan ahora de una necesaria unidad
de los habitantes de la Costa Caribe para conjurar la
amenaza de una dominación de las élites de la Costa
Pacífica ». (Bataillon, 2000, 125)
La institucionalizacion de la costa caribe
La invención del Caribe nicaragüense no es
únicamente de índole espacial y social. Es también de
esencia institucional. Continuum jurídico y político
del llamado proceso de reconciliación étnica y de
integración nacional, la objetivación institucional de
la Costa, a través de la anexión y la instauración de un
nuevo régimen jurídico de autonomía, inscribe en la
Constitución nacional el paso del estatuto de territorio
al de región.
Anexión de la Costa Caribe
Su historia jurídica e institucional está marcada por
una serie de trastornos. En sus orígenes, era un reino
indígena (Mosquitia) que supo preservar duraderamente
su autonomía luchando con ardor contra los colonos
españoles. La gran resistencia militar de los Miskitos,
20
Margarita Vannini, Directora general del IHNCA precisa
en la presentación del libro Estampas del Caribe Nicaragüense,
IHNCA-UCA, Managua, 2000, p. 2: « Uno de estos programas
de investigación ha producido importantes publicaciones sobre
pueblos indígenas del norte, centro y occidente del país, los que
aportan valiosa información para reconstruir, no sólo aspectos de su
historia y su cultura, sino también para comprender los problemas
jurídicos y la marginación que sufren en el presente. »
21
Esas encuestas han sido realizadas por unos organismos
nicaragüenses (CONPES, PRANAFP) y financiadas por el Fondo
Fiduciario Danés administrado por el PNUD.
22
El reparto de los llamados indígenas es el siguiente : el 18,04%
de Miskitos, 6,22% de Negros, el 2,45% de Mayangnas, el 0,43%
de Garifunas y el 0,32% de Ramas
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27
Sumus y Caribes le permitió librarse de la amenaza
ibérica y erigirse temporalmente en un enclave
independiente. Pero, dadas sus bazas económicas y
geoestratégicas23, fue rápidamente codiciada por piratas
y comerciantes británicos que supieron ganarse la
confianza de los indígenas. Resultó que, merced al apoyo
logístico y militar recibido, la Costa pudo mantenerse
fuera del alcance de la metrópoli española, pero a costa
de un implacable protectorado británico que duró
hasta su revocación en 1786 cuando un Tratado de Paz
estableció que España podía extender legalmente su
soberanía sobre la Mosquitia, anexándola. En 1844,
con desprecio de ese pacto, Inglaterra decidió restablecer
oficialmente su protectorado24 en aras de salvaguardar
sus intereses económicos amenazados por la creciente
hegemonía de los Estados Unidos de América en todo
el istmo centroamericano.
Independiente en 1821, Nicaragua emprendió,
en 1860, unas negociaciones con el Estado británico
protector con miras a recuperar la Costa. Bajo fuerte
presión estadounidense y en virtud del Pacto de
Managua, Inglaterra se la devolvió. En compensación,
Nicaragua se comprometió en conceder a los pueblos
indígenas el derecho a la autonomía y a la jurisdicción
territorial mediante el establecimiento de una
estructura municipal ad hoc (la Reserva). Pero, contra
toda previsión, su Constitución fue elaborada, al
año siguiente, en gran parte por los comerciantes
anglosajones instalados en la región y en función de sus
propios intereses, con lo cual, al negar totalmente los
derechos supuestamente concedidos a las comunidades
indígenas, el tratado no pasó de ser un dispositivo
fundamentalmente diplomático encaminado, antes
que nada, a reconciliar a las dos fuerzas en presencia
permitiéndole al Estado nicaragüense afirmar su
soberanía en esta porción del territorio nacional y a
los comerciantes anglosajones preservar sus intereses
económicos en la zona (Rizo, 2002, 107).
Instauración de nuevos marcadores
institucionales
Para acabar con semejante enajenación y extroversión
que dificultó poderosamente el establecimiento de
sólidas instituciones, el Estado nicaragüense actual
desea imprimir unos nuevos marcadores institucionales
capaces de legitimar su autoridad en la zona. Para ello
28
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
está fomentando el desmantelamiento de los monopolios
y favoreciendo el desarrollo de nuevos espacios de
decisiones. En la esfera cultual, está abogando, por
ejemplo, por la desregulación de lo religioso y la dilución
de la influencia morava. Sólidamente implantada en la
Costa desde 1848, esa Iglesia acogió tradicionalmente
en su seno a una gran mayoría de Miskitus, Mayangnas
y Criollos25. Ahora bien, desde hace poco, debe afrentar
la aparición de nuevos actores religiosos (iglesias
pentecostales y evangelistas, principalmente) que, al
competir entre ellas, cuestionan su histórico monopolio.
Paralelamente, desde finales de los años 1980, el Estado
nicaragüense está efectuando, en el ámbito jurídico y
administrativo, una profunda reorganización estatutaria
de la Costa. Al promulgar, en 1987, el nuevo régimen
de Autonomía, emprendió la transformación de los
antiguos departamentos26 de Zelaya Norte y de Zelaya
Sur en regiones autónomas: la Región Autónoma del
Atlántico Norte (RAAN) y la Región Autónoma del
Atlántico Sur (RAAS). La reforma constitucional de
1995 vino a reforzar, al nivel jurídico, la organización
institucional de dicha autonomía regional. En ese
marco, se crearon varios consejos regionales autónomos
electos. Actuando como instancias mediadoras entre
el Estado y las comunidades, estos nuevos espacios
de representación política son la expresión de la
representatividad y pluralidad étnicas. Intervienen con
frecuencia en caso de conflictos relacionados con la
propiedad de la tierra o la explotación de los recursos
naturales. La democracia electoral se plasma a través
de las elecciones regulares y, desde 1996, a través de los
foros y de los espacios de concertación. Al fin y al cabo,
el nuevo régimen ha signado la conversión definitiva del
territorio en región autónoma. Al conferírselo, el Estado
23
Las cuestiones de bi-oceanidad desempeñaron un papel
preponderante en la geopolítica sudamericana y centroamericana.
Durante el siglo XIX, Inglaterra y Estados Unidos pensaron que
Nicaragua proyectaba construir un canal transoceánico en razón
a su amplia red de lagos interiores que atraviesa el país de un
extremo a otro.
24
El protectorado británico fue aceptado por muchos indígenas
y criollos de la Costa para librarse de la colonización española.
25
Cf. el artículo de P. Vayssière, « L’église catholique nicaraguayenne : bilan d’une décennie », Delhom, J. & Musset, A. (sous
la dir.), En el ojo del Huracán, Ed. IHEAL/IHNCA/UBS, Paris,
2000:185-198.
26
Estos departamentos fueron creados por la Revolución sandinista.
ha proclamado simultáneamente la incorporación
administrativa de la Costa al espacio nacional a la par
que ha efectuado una transferencia de sus competencias
hacia las autoridades locales electas.
Para hacer eficiente esta descentralización
administrativa y financiera en curso y para salvaguardar
los particularismos de la Costa, un paquete de medidas
complementarias ha sido adoptado. Ya desde 1992 y en
1993, fueron fundadas, respectivamente, la Bluefields
Indian & Caribbean University (BICU) y la Universidad
de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe
Nicaragüense (URACCAN). Miembros con pleno
derecho del Consejo Nacional de las Universidades
desde 1996, ambos establecimientos regionales se
dedican a la investigación participativa y aplicada
de las tradiciones orales y de las prácticas culturales
autóctonas. Más recientemente, han brotado otras
realizaciones de promoción de la idiosincrasia costeña
en los campos de la edición (diccionarios, gramáticas,
antologías de cuentos), de la educación (enseñanza
bilingüe) y de la ciencia. El Centro de investigación
y de desarrollo de la Costa Atlántica (CIACA) se ha
reconvertido en un centro de estudios de la lengua,
el folklore, la medicina tradicional y la historia de las
comunidades indígenas. Además, han sido creadas
dos radios locales. Junto con las emisoras nacionales,
Radio Miskut y Radio Caribe difunden cotidianamente
unos programas consagrados a las leyendas y músicas
caribeñas (Bataillon, 2000, 124).
Fig. 3. Límites administrativos y densidades
de población de Nicaragua
Fuentes: A. Musset, op.cit, p. 23.
El Mediterráneo americano es un espacio cinético
en continuo proceso de recomposición geopolítica.27
Irredentismo, anexiones, alianzas y agrupaciones
regionales han sido los tradicionales mecanismos
políticos que han coadyuvado históricamente a
la perpetua reconfiguración de las unidades que
lo componen. La invención territorial que se está
observando en las riberas latinoamericanas abiertas
al Mar Caribe viene a completar el dispositivo.
Hoy incipiente en Panamá, Costa Rica, Honduras
y México, la atribución de una nueva vocación
a un espacio bruto con miras a su apropiación
y valorización resulta cada vez más manifiesta
en Nicaragua. Desde hace unos veinte años, el
Estado nicaragüense se ha aplicado en objetivar su
fachada oriental mediante la producción de nuevos
marcadores espaciales, sociales e institucionales. El
cambio toponímico, la ordenación, el desarrollo, el
asentamiento, la cooperación regional así como la
institucionalización de regiones autónomas han sido
otras tantas operaciones que han marcado el territorio
y han modificado su relación con el espacio nacional
por una parte y con el espacio regional caribeño por
otra. Desde este punto de vista, se plantean nuevas
cuestiones sociales y geopolíticas. ¿Puede adaptarse
semejante construcción a la metaestructura espacial de
los habitantes? ¿Cómo percibe la población su nuevo
entorno? ¿Se reconoce en él? De lo contrario, ¿no va
a imponerse la necesidad de afirmarse o defenderse
para existir frente a una estrategia política considerada
como exógena? Además, ¿no van a emerger, desde el
interior, nuevos marcadores espaciales para distinguirse
mejor del exterior? En esta perspectiva, ¿cuáles son
los riesgos potenciales de conflictos entre los distintos
participantes (actores políticos y económicos, sociedad
civil, etcétera)?28 Estos interrogantes requieren una
sana reflexión y unas respuestas pragmáticas a la hora
de una globalización que recompone profunda y
aceleradamente los espacios a la par que los pone - a
veces peligrosamente - en competición.
27
E. Dubesset, « La Caraïbe, complexité d’un espace cinétique
en partage », Cultures Sud, Caraïbes : un monde à partager, 168,
janvier-mars 2008 : 32-43.
28
Para responder a estas preguntas, véase el artículo de Philippe
Subra, « L’aménagement, une question géopolitique », Hérodote,
Editions La Découverte, Paris, N°130, 2008 : 222-248.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
29
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30
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
h
ist
o
ria
La estructura económica de San Andrés
y Providencia en 1846
Adolfo Meisel Roca♦
El autor agradece los comentarios de Yury Reina, Irene Salazar los
asistentes a un seminario organizado por el Banco de la República
en San Andrés, el día 13 de noviembre, en las instalaciones de
INFOTEP donde se presentó esta investigación.
Desde el siglo XVIII y hasta fines de la década de
1950 la base económica de las islas de San Andrés y
Providencia fue la agricultura. Entre los historiadores y
geógrafos que se han ocupado del tema ha existido un
relativo consenso en que hasta el ascenso de la economía
exportadora del coco, después de 1850, el principal
Fotografía tomada del libro de Clara Eugenia Sánchez,
La casa isleña, editado por la Universidad Nacional de Colombia,
sede Caribe.
Todas las fotografías de este artículo han sido tomadas del libro
de Clara Eugenia Sánchez.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
31
siglo XIX. A continuación se reportan los principales
empleos de la fuerza laboral de la época. Además, se
hace un cálculo del producto interno bruto (PIB) de
las islas, desagregando los dos sectores económicos
más importantes, el agrícola y el ganadero. También
se presentan los estimativos del PIB en términos
per cápita. Para finalizar, se discute el valor de la
riqueza material, así como la cantidad y precio de
los esclavos. En síntesis, se analizara la economía
de San Andrés en un nivel de detalle que hasta la
fecha no se ha hecho para ningún año anterior a la
década de 1950.
En uno de los trabajos más completos sobre
la historia económica y social de San Andrés y
Providencia, Isabel Clemente señaló que un informe
de Thomas de Ramery de 1793 decía que la principal
actividad económica de San Andrés y Providencia
era la agricultura y dentro de esta última pesaba
mayormente la exportación de algodón1. Hacia 1802
esa producción algodonera se había incrementado a
4.000 quintales anuales. De acuerdo con Clemente,
el resto de la producción agropecuaria se dedicaba
a la subsistencia. Es decir, un caso muy claro de
monocultivo exportador.
Por esta época, primera década del siglo XIX,
además de dedicarse a las actividades agropecuarias,
los isleños estaban muy activos en el negocio del
contrabando. Al respecto señalo el geógrafo James J.
Parsons que:�2
cultivo y producto de exportación fue el algodón. El
objetivo del presente documento es describir, con un
mayor nivel de desagregación, la actividad económica
de las islas en la década previa a su especialización
en el cultivo del coco. Para ello se hará uso de un
informe especial sobre San Andrés y Providencia que
se encuentra en el Archivo General de la Nación y
que es de una gran riqueza cuantitativa. Hasta la fecha
dicho informe era desconocido para los investigadores
que han tratado la historia económica del archipiélago
en el siglo XIX.
En este breve ensayo se muestra que la imagen
de una isla mono exportadora de algodón con una
economía agrícola poco diversificada no corresponde
a lo que había en las islas en 1846. Se inicia el análisis
con un recuento del movimiento de la población
después de la independencia y hasta mediados del
32
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Se rumoraba que el mismo Gobernador O´Neille se
involucró en comercio de contrabando. Un inspector
de Guatemala al refutar el testimonio de O´Neille ante
la Junta de Fortificaciones en Madrid, describió a San
Andrés como una bodega donde se almacenaban bienes
ingleses, que se contrabandeaban hacia el continente,
especialmente a León en Nicaragua.
A comienzos de la era republicana la población
de San Andrés y Providencia era muy escasa y no
llegaba a los 1.000 habitantes. En efecto, en el
censo de 1835 se contabilizaron un total de 986
personas viviendo en las dos islas (véase Cuadro
1). Aunque entre ese censo y el de 1843 la tasa de
1
C. F. Follet (1837: 207-208).
2
C.F . Follet (1837: 206-207).
crecimiento demográfica fue relativamente lenta, ya
para el periodo siguiente, 1843-1851, esta se elevó
bastante, pues alcanzó a ser de 7.8% promedio anual.
Esto último parece indicar que había prosperidad
económica en ese momento.
Cuadro 3
Censo de Población de San Andrés y Providencia, 1851
Hombres
Libre
Cuadro 1
La población de San Andrés
y
Providencia en las primeras décadas
de la República
Tasa de crecimiento
anual (%)
Año
Población
1835
986
1843
1025
0,5
1851
1925
8,2
Fuente: Censos Nacionales y cálculos del autor.
En el censo de 1843 encontramos que había un
buen número de esclavos en San Andrés y Providencia,
261. En efecto, estos representaron el 25.5% de la
población (véase Cuadro 2). Sin embargo, ya para
el censo de 1851, debido tanto a la prohibición
para importar esclavos que estableció la república
como a la manumisión, no había sino 137 esclavos,
representando el 7.2% de la población total (véase
Cuadro 3).
Cuadro 2
Censo de Población de San Andrés y Providencia,
1843
Hombres
Mujeres
Mujeres
Total
Libre
Esclavo
San Andrés 655
52
707
526
52
578 1285
Providencia 319
23
342
288
10
298
Total
75
1049 814
62
876 1925
974
Total
Total
Esclavo
640
Fuente: Censos Nacionales y cálculos del autor.
En 1846 la abrumadora mayoría de los isleños
eran labradores, 56.8%, es decir que estaban
dedicados a las actividades agropecuarias (véase
Cuadro 4). Los criados representaban otro 31.8%,
sumando entre estos y los labradores el 88.6 % de
la fuerza laboral activa en San Andrés y Providencia
por esa época. Llama la atención que en total sólo
había de 29 pescadores. Una razón para esto puede
ser que en sus tiempos libres muchas personas se
dedicaban a la pesca de autoconsumo y la parte
comercializada de esta actividad era muy pequeña.
Es probable que casi el único producto del mar
que se exportaba fuera el carey, que se obtenía de
las tortugas que abundaban en los cayos cercanos,
como Serrana, Serranilla y Roncador, entre otros.
La temporada de captura de tortugas duraba seis
meses e iba desde marzo hasta agosto. Para esa
actividad se usaban tres embarcaciones de entre
10 y 15 toneladas. 3 También vale la pena destacar
que en 1846 no había profesionales, abogados o
médicos, ni clérigos en las islas.
Total
Libre
Esclavo
Total
Libre
Esclavo
Total
262
95
357
273
101
374
731
Providencia 118
32
150
111
33
144
294
Total
127
507
384
134
518 1025
San Andrés
380
Fuente: Censos Nacionales y cálculos del autor.
3
C. F. Follet (1837: 207-208).
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33
Cuadro 4
de
Ocupaciones de los habitantes en el cantón
San Andrés y Providencia en el año económico
de 1845-1846
Ocupaciones
Labradores
Criados
Empleados
Pescadores
Aserradores
Músicos
Carpinteros
Albañiles
Parteras y comodrones
Calafates
Sombrereros
Maestros de escuela
Militares
Total población ocupada
Número
Participación
(%)
580
325
32
29
14
14
13
5
3
2
2
2
1
56,8
31,8
3,1
2,8
1,4
1,4
1,3
0,5
0,3
0,2
0,2
0,2
0,1
1022
100
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios
volúmenes y cálculos del autor.
La presencia de aserradores, carpinteros y
calafates, 29 en total, parece ser el reflejo de una
buena actividad en materia de la construcción y
reparación de embarcaciones. De hecho ningún
oficio especializado lo supera en número de personas
involucradas. En un informe inglés de 1837 se hace
referencia a las maderas disponibles en Providencia.
Más importante aún, es que se hace referencia a las
partes de los barcos que se podían hacer con esas
maderas, así como aquellas piezas para las cuales no
había las maderas adecuadas:4
Habíamos mencionado que hay la idea generali­
zada de que la economía que había en San Andrés
y Providencia antes de la liberación final de los
esclavos a comienzos de la década de 1850 se basaba
casi exclusivamente en los cultivos de algodón
para exportación y de otros productos para el
consumo de los habitantes del archipiélago, tales
como maíz, ahuyamas, ñame, yuca, caña de azúcar,
naranjas, entre otros5. Sin embargo, un análisis de
la información de la producción de las islas en el
año 1845-1846 muestra que la economía de San
Andrés y Providencia era bastante más diversificada
de lo que se había pensado y que algunos productos
tenían una importancia económica mayor o similar
a la del algodón.
En el Cuadro 5 se presentan los principales
renglones productivos de las islas en el año corrido
entre septiembre de 1845 y agosto de 1846. La
abrumadora mayoría corresponde al sector de la
agricultura, silvicultura, apicultura y la caza. Un
grupo de sólo seis productos de dicho sector aporto
el 75.7% del PIB total de ese año: caña de azúcar,
algodón, miel, ñames, plátanos, cocos. Aunque el
cultivo de algodón era importante, en ese año el valor
de su producción no ocupaba el primer puesto en la
economía local. Ese lugar le correspondía a la caña
de azúcar, con una producción anual de 5.859 pesos,
que superaba ampliamente al algodón, cuya cosecha
fue en ese mismo periodo de 3.600 pesos. De todas
maneras el algodón ocupaba aún el segundo lugar
en el valor de la producción y probablemente era
todavía el principal producto de exportación.
De acuerdo con las fuentes primarias utilizadas
en este artículo, las exportaciones de San Andrés y
Providencia en 1845-1846 fueron de 4.200 pesos,
lo cual implica que una parte significativa de la
producción agrícola se dedicaba al consumo local.
Esto debía ser especialmente cierto para la caña de
4
5
34
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C. F. Follet (1837: 206-207).
Ibíd., p. 338.
Cuadro 5
Producción y valor de la producción de la agricultura, silvicultura, apicultura, caza, ganadería y avicultura
e industria en el cantón de San Andrés y Providencia durante todo el año 1845-1846
Ramas de
producción
Agricultura,
Silvicultura,
aplicultura
y caza
Cantidad
producida
Producto
Medida
Aguacates
1000
Docenas
Ají
10300
Docenas
Algodón
2400
Arrobas
Anones
1000
Docenas
Arroz
25
Batatas o camotes
95
Café
15
Arrobas690
Valor específico
Pesos
Reales
1
4
3.600
Arrobas
6
18
6
Cargas
2
23
6
6
90
Caña de azúcar
400000
Docenas
4 docenas por ½
5.859
Cocos
20100
Docenas
1
2.512
Fríjoles
300
Arrobas
Guandú
100
Arrobas
Limones
60000
Docenas
Maíz
1400
Arrobas
Melones
1200
Docenas
Maní
50
Arrobas
4
25
Naranjas
1800
Docenas
1/2
112
Ñames
1500
Cargas
Papayas
5000
Docenas
Piñas
70
Docenas
Plátanos
3600
Cargas
Sagú
25
Arrobas
Ahuyamas o zapallos
300
Cargas
Yucas
2200
Cargas
Carey
450
Libras
Maderas
13000
Varas
1
2
25
2
350
2
4
35
6
2.700
5
187
75
4
700
Cantaras
5
125
Toneladas
10
3.500
1.250
27.089
202
Arrobas
1
Cueros
8
Arrobas
1
8
Mantequilla
10
Arrobas
2
20
Manteca de cerdo
200
Arrobas
1
Leche
125
Cantaras
2
31
Arrobas
1 por cada 12,5
arrobas
210
21000
Valor Producción Ganadera
Industria
1.625
Carne
Huevos
4
1.800
1
Miel
4
3.000
3
Palos de Tinte
4
300
Valor Producción Agrícola
Ganadería y
avicultura
Valor Total
Pesos
Reales
4
303
200
772
Aceite de tártago
9
Arrobas
4
Almidón
85
Arrobas
1
Valor Producción Industrial
2
2
36
85
121
PIB
27.982
2
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios volúmenes y cálculos del autor.
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35
azúcar, de la cual se producía panela y ron. También
debía suceder con productos perecederos como el
ñame y los plátanos. Quedaban pues una variedad
de productos para exportar como el coco, algodón, la
miel, palo de tinte y maderas. Es decir, las islas estaban
lejos de ser una economía mono exportadora, como
sucedió unos años después con la consolidación de
las exportaciones de coco.
Otro aspecto a destacar es que ya la producción
de coco tenía un peso importante en la economía de
las islas, pues representaba en 1845-1846 el 70% de
las de algodón. Probablemente esto era el resultado
de dos influencias. Por un lado ante la prohibición
para importar esclavos, que se estableció desde
el inicio mismo de la república, los agricultores
debieron empezar a buscar cultivos que no fueran
intensivos en mano de obra. Por otro lado, los
precios del algodón de exportación en el mercado
mundial alcanzaron su nivel más alto en la década de
1790, para luego iniciar una tendencia al descenso.
Mientras en 1795 en el mercado de Nueva Orleans
se cotizó la libra de algodón en 36.5 centavos de
dólar, ya para 1830 ese precio había descendido a
sólo 8.4 centavos de dólar. También por esa razón,
es probable que en San Andrés y Providencia el
cultivo de algodón hubiera perdido importancia en
la primera mitad del siglo XIX6.
Las exportaciones de 1845-1846, representaron el
15% del PIB de ese año. Ello implica que San Andrés
y Providencia tenían una economía mucho más abierta
que la de la Nueva Granada continental, la cual tenía
un índice de exportación a PIB cercano al 7%.
Las ramas de la producción que aparecen en el
Cuadro 5 son la agricultura, silvicultura, apicultura y
caza, la ganadería y avicultura y la industria. El total
del PIB fue de 27.982 pesos. Sin embargo, es evidente
que falta contabilizar el aporte del autoconsumo de
sectores que aparecen enumerados pero para la cual
no se reporta el valor de la producción. Tal es el caso
de la yuca, el aguacate, la papaya, el limón, el anón,
el ají, el melón y la pesca. También falta incluir el
valor agregado en la construcción y reparación de
embarcaciones.
Al calcular el PIB per cápita para 1845-1846,
usando la población calculada para este último año,
obtenemos un estimativo de 22 pesos de la época. Si
se tiene en cuenta, como se mencionó previamente,
36
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
que en este estimativo no se incluyen los aportes
del autoconsumo de varios productos agrícolas,
ni de la pesca, o de la reparación y construcción
de embarcaciones marítimas, además de otras
actividades menores, podemos concluir que el PIB
per cápita debía ser similar al calculado por Salomón
Kalmanovitz (2008:33) para Colombia en esa época,
es decir 24 pesos.
El informe sobre la economía de San Andrés
y Providencia no se limita a la presentación de la
producción anual en diferentes rubros, sino que
también se adelantó un inventario de la riqueza material
con que contaba la isla, así como de la cantidad de
esclavos y su valor (véase Cuadro 6).
Quienes realizaron el inventario total de la
riqueza de las islas en 1845-1846, incluyeron los
bienes materiales que normalmente se relacionan en
este tipo de análisis y también agregaron los esclavos,
por cuanto estos tenían un valor de mercado para sus
propietarios. Los bienes de mayor participación en la
riqueza de San Andrés y Providencia en 1845-1846
fueron las viviendas particulares, con un 42.5%. Lo
anterior corresponde a una regularidad empírica,
observada tanto a través del tiempo como en el espacio.
Por ejemplo, en Australia, a comienzos del siglo XXI,
las viviendas representan algo así como el 65% de la
riqueza privada del país.
El otro componente que pesa bastante en el
inventario de la riqueza material del archipiélago es
el de los animales domésticos, tales como gallinas,
pollos, cerdos, caballos, yeguas y vacas. El 76.8%
del valor de esos animales estaba representado en
los cerdos. La ventaja que estos tienen, con respecto
al ganado vacuno, es que su cría no es intensiva
en pastos. Por tanto, la mayor parte de la carne
consumida en la isla era de cerdo, dado que su
producción era más adecuada a las condiciones de
las islas.
Más allá de la riqueza material, de acuerdo con
el valor de mercado, el segundo componente de la
riqueza de San Andrés y Providencia que aparece
registrado en el informe es el de los 215 esclavos que
había en ese momento. Su valor promedio era de 113
pesos de plata de la época lo que correspondía a una
suma grande. Por ejemplo, por el valor de un esclavo
era posible adquirir en ese momento en la isla, un
total de 13 reses.
Cuadro 6
Riqueza material y cantidad y precio de los esclavos
en el cantón de San Andrés y Providencia durante
todo el año económico de 1845-1846
Número
de fanegadas
Valor ($)
Tierras de cultivo
2050
4100
Tierras de cría
450
900
Total tierras
2500
5000
Número
Valor (pesos)
Casas de teja en las cabeceras
6
3500
Casas pajizas en las cabeceras
161
32200
Casas pajizas en los campos
200
2400
Total edificaciones
367
38100
Número
Valor (pesos)
1
250
Embarcaciones pequeñas
110
660
Total embarcaciones
111
910
Animales domésticos
Número
Valor (pesos)
Pollos
10.400
650
Gallinas ordinarias
6.300
787
Cerdos
5.500
16.500
Caballos y yeguas
208
2.080
Toros y vaca
125
1.125
Número
356
Tierras
Edificaciones
Embarcaciones
Embarcaciones grandes
Otros
Total animales domésticos
21.498
Esclavos
Número
Valor (pesos)
Hombres
102
11.580
Mujeres
113
12.600
Total esclavos
215
24.180
Total
89.688
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios
volúmenes y cálculos del autor.
En el Cuadro 7 se desagrega con mayor detalle el
valor del inventario de los animales domésticos que
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
37
había en San Andrés y Providencia en agosto de 1846.
El segundo valor reportado es el de los caballos y yeguas,
animales por los cuales los isleños sienten, aún hoy, un
gran afecto. Estos debían jugar un papel importante en
el transporte de la época estudiada.
Cuadro 7
Inventario de animales domésticos que existen
en el cantón de San Andrés
al 31 de Agosto de 1846
Valor unitario
Animales
Cuadro 8
Valor total
Cantidad
Pesos Reales
12 pesos, en las cabeceras el valor de estas oscilaba
alrededor de 200 pesos (véase Cuadro 8). Mucho
más costosas eran las casas de teja que había en las
cabeceras y cuyo valor individual ascendía a 500 pesos.
Sin embargo, como sólo había seis de estas, su valor
total era mucho menor al de las casas pajizas en las
cabeceras. Como se registraron un total de 367 casas
en las islas en 1846, el promedio de personas por
vivienda fue de 5.2, que es una cifra que resulta muy
razonable para la época.
Pesos
Pollos
10.400
1/2
650
Gallinas ordinarias
6.300
1
787
Cerdos
5.500
3
16.500
Caballos y yeguas
308
10
2.080
Gallos
200
1
25
Capones
150
2
37
Toros y vacas
125
Patos
125
2
31
Pavos
100
4
50
Cabras y manos cabríos
70
Gallinas de guinea
12
Ovejas comunes
10
2
20
Burros
6
8
48
Reales
Inventario de edificaciones que existen en el cantón
de San Andrés y Providencia en agosto de 1846
Valor promedio
4
Tipo de especificaciones
Valor total
Número
Pesos
Reales
Pesos
Reales
Edificios del Gobierno
Casas de teja en las
cabeceras
6
500
3.000
Casas pajizas en las
cabeceras
161
200
32.200
Casas pajizas en los campos
200
12
2.400
Casas de teja en los campos
9
4
1.125
2
Establecimientos públicos
Total
Total
3
4
21.498
4
6
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios
volúmenes y cálculos del autor.
Como se había mencionado, el grueso de la
riqueza isleña estaba representada en las casas de
vivienda. Especialmente valiosas eran las casas de las
cabeceras de San Andrés y Providencia, pues las de
las zonas rurales tenían un valor más bajo. Mientras
que una casa pajiza en el campo valía en promedio
38
367
37.600
140
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios
volúmenes y cálculos del autor.
El último componente de la riqueza del
archipiélago incluido en el inventario de agosto de
1846 es el que corresponde a los esclavos. En ese
año había 215 esclavos, que representaban el 11.2 %
de la población total (véase Cuadro 9). Lo primero
que se debe señalar es que, si se compara por rangos
de edad, los hombres siempre alcanzaban precios
mayores. Por ejemplo, los hombres menores de 40
años valían en promedio 200 pesos, mientras que las
mujeres de una edad similar costaban sólo 150 pesos,
en promedio. Sin embargo, las mujeres eran más
numerosas, y además más jóvenes. En efecto, había
un 10% más de mujeres. Además, mientras que el
63.7% de las mujeres era menor de 40 años, en el caso
de los hombres ese porcentaje era de sólo el 31.4%.
Esto explica porque el valor total de las mujeres fue
ligeramente mayor que el de los hombres.
Cuadro 9
Número y valor de los esclavos que existen
en el cantón de San Andrés y Providencia
en agosto de 1846
Esclavos según
género y edad
Número
Valor
unitario
(promedio)
Valor total
Intereses
de este
capital
Pesos Reales Pesos Reales Pesos Reales
Menores
de 40 años
32
200
6.400
320
De 40 a 60
años
28
125
3.500
175
Mayores
de 60 años
42
40
1.680
84
Total
hombres
102
114
11.680
579
Menores
de 40 años
72
150
10.800
640
De 40 a 60
años
31
50
1.550
77
Mayores
de 60 años
10
25
250
12
4
Total
mujeres
113
112
12.600
730
4
Hombres
Mujeres
Fuente: AGN, República, Gobernación de Cartagena, varios
volúmenes y cálculos del autor.
Otro aspecto a destacar es que tanto para los
esclavos como para las esclavas el precio promedio
iba bajando con la edad. En el caso de los hombres
al pasar de los 40 años el precio bajaba de 200 pesos
a 125 pesos y los mayores de 60 valían en promedio
40 pesos. Lo mismo sucedía para las mujeres.
Por último, se debe resaltar que el rendimiento
del capital económico representado en los esclavos
era favorable para sus propietarios, pues recibían una
rentabilidad que estaba entre 5%, para los hombres,
y 5.8%, para las mujeres, lo cual para la época era
bastante bueno, especialmente por que los precios
eran estables.
El análisis detallado de la producción de San
Andrés y Providencia en el año 1845-1846 revela
que, la economía era mucho más diversificada que
lo que se deducía de la información fragmentaria
con la cual se contaba hasta ahora. Por lo tanto, es
necesario abandonar la imagen de una producción
mono exportadora de algodón que dio paso, después
de 1851, a la era del coco y que duro hasta comienzos
de la década de 19507. Contrario a lo sucedido en
durante la hegemonía del coco, ya para mediados de
la década de 1840 la participación del algodón en la
producción agropecuaria se había reducido mucho,
hasta el punto de ser uno más entre varios productos
que se destinaban al mercado internacional y otros
que se consumían casi que exclusivamente en la isla,
como el ñame o los cerdos.
También es necesario señalar que por esta época
la población de las islas tenía un estilo de vida de
muy buena calidad. Esto se debía en parte a los
buenos ingresos y a la baja densidad de población,
lo cual facilitaba el acceso a los recursos de la
pesca y la agricultura de subsistencia. La oferta
alimenticia variada y rica en proteínas se tradujo
en una excelente alimentación, que permitió que
a comienzos del siglo XX los isleños fueran los
colombianos con mayor estatura. Para los nacidos
en el quinquenio 1905-1909, la estatura promedio
de los habitantes de San Andrés y Providencia, de
1.68 cms, fue la más alta del país y superaba el
promedio nacional en 8 cms8.
La importancia de que la economía de San Andrés y
Providencia fuera bastante diversificada en las primeras
décadas de vida republicana es que ello la hacía menos
vulnerable a las bruscas fluctuaciones económicas que
caracterizan a los países y regiones dependientes de
un monocultivo. Nótese que poco tiempo después,
y hasta mediados del siglo XX, las fluctuaciones en
el precio del coco, y los problemas de la producción,
como las ratas que deterioraron los cocoteros en algunas
épocas y las sequias, fueron una fuente de inestabilidad
económica.
Cartagena de Indias, diciembre de 2009
7
Para un análisis de la economía de San Andrés y Providencia
en la era del coco, véase Adolfo Meisel Roca (2005). También consúltese Loraine Vollmer (1997); James J. Parsons (1956); Alberto
Abello Vive y June Marie Mow (2008).
8
Adolfo Meisel Roca y Margarita Vega Acevedo (2007: 156).
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
39
Bibliografía
Abello, Alberto, y June Marie Mow, “San Andrés, nuestra ciudad insular”, Credencial Historia, Edición 228, diciembre, 2008.
Clemente, Isabel. “El Caribe insular: San Andrés y Providencia”, en Adolfo Meisel Roca, Historia económica y social del Caribe colombiano,
Ediciones Uninorte, Bogotá, 1994.
Follet, C.F., “On the Island of Old Providence”, Journal of the Geographical Society of London, Vol. 7, 1837.
Kalmanovitz, Salomón. Consecuencias económicas del proceso de Independencia en Colombia, Universidad de Bogotá-Jorge Tadeo Lozano,
Bogotá, 2008.
Meisel, Adolfo. “La continentalizacion de la isla de San Andrés, Colombia: Panyas, raizales y turismo”, en María Aguilera, editora,
Economías locales del Caribe colombiano: Siete estudios de caso, Banco de la República, Colección de Economía Regional, Bogotá, 2005.
Meisel, Adolfo y Margarita Vega, La calidad de vida biológica en Colombia, Antropometría histórica, 1870-2003, Banco de la República,
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Ocampo, José A. Colombia y la economía mundial, 1830-1910, Siglo XXI Editores, Bogotá, 1984, p. 362.
Parsons, James J., San Andrés and Providencia, English Speaking Islands in the Western Caribbean, University of California Press, Berkeley
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Vollmer, Loraine. La historia del poblamiento del Archipiélago de San Andrés, Vieja Providencia y Santa Catalina, Ediciones Archipiélago,
San Andrés, 1997.
visítenos
www.ocaribe.org
40
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
econom
í
a
y
s
o
ciedad
Cerro Matoso y la economía del ferroníquel
en el Alto San Jorge (Córdoba)
Joaquín Viloria de la Hoz*
Introducción
En las tres últimas décadas, el Alto San Jorge dejó
de ser una subregión eminentemente agropecuaria, en la
medida en que la minería fue ganando un peso creciente
dentro su economía. La explotación de ferroníquel y,
en menor medida, de oro y carbón, le ha generado a
los municipios cuantiosos recursos por regalías que no
siempre se han invertido en los proyectos prioritarios.
Paralelo a la economía minera, en este territorio se ha
presentado un fenómeno de colonización de las zonas
rurales, que permitió ampliar no sólo la frontera agrícola
en el Alto San Jorge, sino también los cultivos ilícitos.
Otra problema ha sido el conflicto armado entre guerrillas,
paramilitares y narcotraficantes, lo que desencadenó un
grave fenómeno de desplazamiento de la población.
Estas problemáticas económicas y sociales, fueron la
motivación inicial para adelantar esta investigación.
En el presente documento se analiza la estructura
económica del municipio de Montelíbano y su área de
influencia, en el departamento de Córdoba, tomando
como eje central del análisis la producción de ferroníquel
Panorámica de Cerro Matoso
Foto: www.panoramio.com/photos/original/12323028.jpg
El autor agradece los comentarios de Adolfo Meisel, María Aguilera, Luis Armando Galvis, Julio Romero, Irene Salazar y Leonardo
Bonilla, del CEER – Banco de la República, así como a Mónica
Gómez, estudiante en práctica del CEER. También expresa sus
agradecimientos a Sergio Piñarte y Liliana Pineda (Cerro Matoso
S.A.), José Rodríguez (Fundación San Isidro), César Montes y Carolina Oyola (Alcaldía de Montelíbano), Edwin Padilla (Asproesa),
Carmenza Gabi Alzate (Asicor), Denis Miguel Vega (CVS), Luis
Alfredo Garavito (docente) y Víctor Negrete (escritor y profesor
universitario).
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
41
de Cerro Matoso. En la medida en que las estadísticas
lo permiten, los datos para Montelíbano se comparan
con los de Puerto Libertador, La Apartada y Caucasia,
este último municipio ubicado en el departamento de
Antioquia, en los límites con Córdoba y muy cerca de
la mina de Cerro Matoso.
El documento se estructuró en cinco partes, además
de la introducción y las conclusiones. En la primera
sección, se tratan, de manera sintética, los aspectos
geográficos de la subregión del Alto San Jorge. Luego
se estudia el capital humano, destacando la evolución
demográfica y algunos aspectos educativos. La siguiente
sección está dedicada a la estructura económica
departamental, a partir de la evolución del PIB y de
cada uno de sus sectores. También se hace un análisis de
la economía de Montelíbano, centrando la atención en
la producción histórica de ferroníquel y de sus precios
internacionales. Las finanzas públicas forman parte de
esta sección a partir del análisis de sus presupuestos,
regalías e impuestos. Luego se presentan algunos
ejemplos de responsabilidad social y de proyectos
conjuntos gobierno-empresa-comunidad tanto a nivel
nacional como internacional, los cuales pueden ser
modelos para replicar. Por último, se presentan algunas
conclusiones del trabajo.
Córdoba (CVS, 2000: 41-42). En la cuenca alta del
río San Jorge se ubica Cerro Matoso, la única mina
de níquel de Colombia y una de las más importantes
de América Latina, en jurisdicción del municipio de
Montelíbano.
Mapa 1
Ubicación geográfica de Montelíbano
y Cerro Matoso
I. Ubicación geográfica
El departamento de Córdoba está ubicado en las
llanuras del Caribe, en el sector nor-occidental de
Colombia, y gran parte de su territorio se ubica en
los valles de los ríos Sinú y San Jorge. Su orografía la
componen las serranías de Abibe, al occidente, la de
San Jerónimo, al centro, que separa los ríos Sinú y San
Jorge, y la de Ayapel, al oriente, ubicada entre los ríos
San Jorge y Cauca.
Estas tres serranías se desprenden de la Cordillera
Occidental, en el sitio denominado Nudo de Paramillo,
que alcanza una altitud cercana a los 4.000 metros,
en los límites entre los departamentos de Antioquia y
Córdoba. El río San Jorge nace en el Nudo de Paramillo
y tiene una longitud de 368 kilómetros. Este río recorre
parte de los departamentos de Antioquia, Córdoba,
Sucre y Bolívar, para desembocar en el río Magdalena,
en la zona conocida como Brazo de Loba. El área
total de la cuenca es de 9.900 kilómetros cuadrados,
de los cuales el 42% pertenece a la jurisdicción de
42
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Fuente: IGAC.
II. Capital humano
A. Demografía
En la subregión del Alto Jorge se viene presentando
desde la década de 1970 un auge minero, una vez el
gobierno nacional y la empresa privada decidieron
emprender la explotación de níquel en Montelíbano
y de carbón en Puerto Libertador. Este fenómeno, así
como la colonización en la parte montañosa de estos
municipios, han generado un crecimiento demográfico
considerable. Las estadísticas de las últimas décadas
demuestran esta afirmación.
Cuadro 1
Población de los municipios de la subregión del Alto San Jorge,
Departamento de Córdoba y Colombia, 1973-2009
Municipio
1973
1985
1993
2005
2009
Montelíbano
24.475
38.102
52.549
73.619
79.860
La Apartada
12.728
13.632
9.169
16.220
20.500
36.026
39.994
33.644
54.322
73.049
122.373
133.486
734.424
1.013.247
1.275.623
1.472.699
1.558.267
20.666.920
27.867.326
33.109.840
44.450.260
44.977.758
Puerto Libertador
Subregión Alto San Jorge
Departamento de Córdoba
Colombia
Fuente: Dane, Censos de población (1973-2005) y proyecciones (2009).
La población de Montelíbano durante el período
1973-2009, se triplicó al pasar de 24.500 a 74 mil
habitantes, mientras la de Puerto Libertador se
cuadruplicó. En este período, la subregión del Alto
San Jorge presentó una tasa de crecimiento de 4%
promedio anual, frente a 2,2% en Colombia y 2,1%
en Córdoba.
Al analizar por origen geográfico se encuentra que
los municipios de La Apartada, Montelíbano y Puerto
Libertador, tienen una población mayoritariamente
cordobesa, aunque los antioqueños representan el
grupo de migrantes no cordobés más numeroso. En
este sentido, de las personas que reportaron su origen
geográfico los antioqueños representan cerca de ocho
mil personas, de los cuales más de la mitad están
radicados en Montelíbano. Los oriundos de Antioquia
representan el 7% del total de migrantes en estos tres
municipios, pero su presencia es muy notoria al dominar
los ejes de la economía subregional, como la ganadería,
el comercio y el transporte principalmente.
Cuadro 2
Origen de las migraciones por municipio, 2005
Municipio
Cordobés Antioqueño
Otros
Dptos.
Total
La Apartada
10.657
1.321
634
12.612
Montelíbano
58.379
4.161
5.133
67.673
Puerto
Libertador
29.087
2.353
1.825
33.265
Caucasia (Ant.)
10.061
66.134
7.344
83.539
Fuente: Dane, 2005.
Por el otro lado, los cordobeses se constituyen
en el mayor grupo de migrantes en el municipio
antioqueño de Caucasia, con más de 10 mil personas.
Estas cifras nos indican que sólo en Caucasia hay más
cordobeses que antioqueños radicados en La Apartada,
Montelíbano y Puerto Libertador. Este flujo humano
sinuano-paisa moviéndose en ambas direcciones ha
sido la constante de la subregión por lo menos en los
últimos cien años, convirtiéndose en el motor de su
economía.
B. Educación
Desde el año 2004, Montelíbano muestra los
mejores resultados de Córdoba en los exámenes
de Estado (pruebas Icfes y Saber), jalonado por la
Fundación Educativa de Montelíbano (FEM), de
la empresa Cerro Matoso, por el Plan Maestros o
alianza estratégica por la calidad educativa y por el
Centro de Recursos Educativos Municipales - CREM.
Este Centro fue inaugurado en 2002 y contó con la
participación de la Gobernación de Córdoba (300
millones de pesos), Alcaldía de Montelíbano (200
millones de pesos) y Cerro Matoso (700 millones de
pesos), además de la Fundación San Isidro, Diócesis
de Montelíbano, así como la mayoría de instituciones
educativas y maestros, desde donde se trabaja por
mejorar la calidad de la educación del municipio. En
el CREM, la comunidad académica del municipio
tiene acceso a laboratorios de física, química, biología,
matemáticas y salas de sistema. En cuatro años, el
crecimiento del CREM fue acelerado: se llegó a
más de 13 mil estudiantes atendidos, cerca de 800
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
43
profesores capacitados y su biblioteca tuvo más de
12 mil visitantes (Cerro Matoso, 2007).
Gráfico 1
Participación por sectores dentro del PIB, 2007
60
Cuadro 3
50
Indicadores
Estudiantes atendidos
Población estudiantil atendida (%)
Colegios atendidos (usuarios)
Profesores capacitados
Ingreso a biblioteca (usuarios)
40
2002
2006
3.657
13.167
20
21,1%
63,2%
10
12
28
0
363
780
0
12.395
Fuente: Cerro Matoso, 2007.
Las iniciativas educativas han tenido continuidad
y ya se empiezan a ver los resultados en términos
de calidad. Además, estos indicadores educativos
muestran a Montelíbano en mejor posición que sus
vecinos y con respecto a la media departamental, pero
el objetivo de las autoridades municipales debe ser,
por lo menos, alcanzar los indicadores de la media
nacional.
III. Estructura económica
A. La economía departamental
En el período 1990-2007 la economía del
departamento de Córdoba tuvo mayor dinamismo
que la colombiana en su conjunto. Durante el período,
el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia creció
a 3,5% promedio anual, mientras el de Córdoba lo
hizo a 4,8%.
El mayor dinamismo de la economía cordobesa
se explica por el crecimiento de la actividad minera,
que lo hizo al 5,5% promedio anual, además de
crecimientos en la construcción (10,1%) y la
industria (6%). Pero si se analiza la participación de
cada sector dentro del PIB departamental durante
el período de estudio, se observa que el sector
agropecuario cayó nueve puntos porcentuales,
mientras la minería y la construcción presentaron
los mayores incrementos.
44
Porcentaje
Cobertura del CREM, 2002 y 2006
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
30
Agropecuario
Córdoba
Minería
Industria
Construcción
Admon.
Pública
Servicios
Colombia
Fuente: Dane.
La economía minera en Córdoba está constituida
básicamente por la explotación de cuatro recursos:
ferroníquel, oro, gas natural y carbón. La producción de
carbón térmico en Córdoba es marginal, si se compara
con los volúmenes manejados en departamentos como
La Guajira y Cesar.
En el sector minero departamental se observan
tres períodos claramente definidos, medidos a partir
de su participación dentro del PIB departamental: un
primer período de estancamiento (10-11%), que se
prolonga hasta 1997. Luego se observa un período de
crecimiento hasta 2003 (17%) y en los últimos años
se presenta un retroceso hasta 2007 (12%). En todo
el período, la participación minera dentro del PIB de
Córdoba fue más elevada que la de Colombia en su
conjunto (ver Gráfico 2).
B. Montelíbano y la economía del níquel
1. Proxi al PIB municipal
Las actividades económicas de mayor peso de los
municipios de Montelíbano, Puerto Libertador y La
Apartada son la minería, la ganadería y los servicios.
Además de estos tres municipios cordobeses, en la
presente sección se tiene en cuenta información del
municipio antioqueño de Caucasia, al estar ubicado
en el límite entre los dos departamentos y a escasos
kilómetros de la mina de Cerro Matoso.
El sector minero está constituido principalmente
por las explotaciones de níquel, carbón y oro. El PIB
promedio (2000-2007) de Montelíbano fue de 330 mil
Gráfico 2
Participación porcentual del sector minero dentro
del PIB de Córdoba y Colombia, 1990-2007
al de Montelíbano (4,5 millones) y Caucasia (5,4
millones). De todas formas, se debe resaltar que el
PIB de Montelíbano fue el segundo más alto del
departamento de Córdoba, sólo superado por el de
Montería, la capital departamental.
18
14
12
10
8
6
4
2007
2006
2005
2004
2003
2002
2001
2000
1999
1998
1997
1996
1995
1994
1993
0
1991
1992
2
1990
Porcentaje de participación
16
Colombia
Córdoba
Fuente: Dane, Cuentas regionales.
millones de pesos constantes, representando el 6% de la
economía departamental, mientras Puerto Libertador
y La Apartada en conjunto participaban con el 3% del
PIB cordobés. Por su parte, el municipio antioqueño
de Caucasia tuvo un PIB de 442 mil millones de pesos
constantes, superior al de Montelíbano en un 34%.
Cuadro 4
PIB de Colombia, Córdoba y algunos municipios
del Alto San Jorge, promedio 2000-2007
(millones de pesos de 2003)
Territorio
Colombia
Córdoba
PIB
278.844.812
PIB
per cápita
PIB km2
6,60
244,14
5.628.088
3,92
224,94
La Apartada
50.354
4,16
187,89
Montelíbano
329.352
4,65
182,97
Puerto Libertador
105.778
3,23
51,30
Caucasia
441.965
5,36
417,74
Fuente: Cálculos de J. Romero con base Dane, Cuentas
Regionales y Finanzas públicas municipales.
Con respecto al PIB per cápita, el de Colombia
fue de 6.6 millones de pesos constantes, muy superior
2. El níquel de Cerro Matoso
El níquel es un metal duro, maleable y dúctil,
que presenta su punto de fusión a los 1.455°C y el
de ebullición a los 2.730°C. Desde hace varios siglos
el níquel se ha utilizado en la acuñación de monedas,
pero apenas fue reconocido como elemento en el
año 1751, cuando el químico sueco Axel Cronstedt
consiguió aislar el metal (Enciclopedia Encarta).
El níquel y el ferroníquel son materias básicas
para la industria del acero inoxidable y otros
aceros termo-resistentes. El ferroníquel es una
aleación de hierro y níquel, en el que éste último
representa el 33%. Cerca del 65% de la oferta
mundial de níquel se utiliza en la producción de
acero inoxidable, 20% en otros aceros y el restante
en otras aleaciones. El acero inoxidable se compone
de hierro (72%-74%), níquel (6%-8%), cromo
(10%-20%) y otras cantidades menores (Fundación
San Isidro, 2001).
Para el caso colombiano, el ferroníquel se
encuentra a cielo abierto. Su extracción se requiere
el uso de palas hidráulicas. El material es extraído
y cargado en camiones para ser transportado hasta
la planta de procesamiento, en donde se utiliza un
proceso desarrollado en Noruega conocido como
“Horno eléctrico rotatorio”. Los camiones descargan
el mineral, el cual es sometido a varias etapas de
trituración y luego secado. Las siguientes etapas
consisten en un proceso piro-metalúrgico integrado,
en el que se utilizan tres hornos: el primero es de
calcinación para la reducción parcial del hierro y
eliminación de agua. Luego, el mineral pre-reducido y
calcinado se introduce en un horno de arco eléctrico,
donde se produce su fusión a más de 1.450 °C. A
continuación, el metal pasa a un proceso de refinación,
iniciándose la inyección de oxígeno y cal, para la
remoción de azufre, carbono y fósforo disueltos en
el metal líquido (Minera Loma de Níquel, 2007). El
horno eléctrico requiere “tanta energía como la que
consume una ciudad como Pereira (3 a 4% del total
nacional), lo que implicó construir una subestación en
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
45
la línea de interconexión San Carlos-Sabanalarga, a 6
kilómetros de la mina, para el mejor fluido eléctrico”
(Nieto y Redondo, 2001: 33). Esto explica por qué
Cerro Matoso es el mayor consumidor industrial de
energía eléctrica y de gas en Colombia (Cerro Matoso,
2008; Dávila et al., 2006).
Los yacimientos existentes en Cerro Matoso fueron
descubiertos a principios de la década de 1950 por el
geólogo chileno Enrique Hubach, quien adelantaba
una actividad exploratoria para la compañía Shell.
Hubach reportó el descubrimiento como un depósito
de hierro (no de níquel), en las proximidades del
municipio de Montelíbano. Para la misma época
geólogos de la empresa norteamericana Richmond
Petroleum Company detectaron estas “reservas de
hierro”1. A partir de estos descubrimientos, en 1956 la
compañía Richmond presentó al gobierno colombiano
una propuesta para celebrar varios contratos de
exploración y explotación de hierro, níquel, cobalto
y cromo en el área de Cerro Matoso (Negrete, 1981).
Este yacimiento está ubicado en el municipio de
Montelíbano, departamento de Córdoba, distante
22 kilómetros de su casco urbano y 350 kilómetros
de Cartagena. Su área de influencia se extiende a los
municipios de La Apartada, Puerto Libertador y Uré,
esté último de reciente creación.
Desde el primer momento se presentaron
disputas por la concesión de Cerro Matoso, hasta
que en 1970 la concesión fue entregada al consorcio
norteamericano Chevron-Hanna, quienes de inmediato
fundaron en Estados Unidos la Compañía de Níquel
Colombiano S.A. (CONICOL), con una subsidiaria
en Colombia. CONICOL entró a participar con un
aporte de capital de 66,6% del proyecto, y el gobierno
colombiano el restante 33,4%, a través de la Empresa
Colombiana de Níquel -ECONÍQUEL-, propiedad
del Instituto de Fomento Industrial. En estos años,
algunos directivos de la nueva empresa propusieron
establecer en el municipio antioqueño de Caucasia
la sede administrativa de Cerro Matoso, por contar
con mejor infraestructura y vías de comunicación
que Montelíbano. Esta propuesta generó un fuerte
malestar y rechazo por parte de la comunidad
cordobesa, situación que obligó a la empresa a no
considerar la propuesta y más bien apostarle al
desarrollo socio-económico de la subregión del Alto
San Jorge (Mendoza, 2005). Luego de esta primera
etapa de indecisión, la empresa decidió establecer
en la propia planta, ubicada en Montelíbano, la
presidencia y su equipo directivo (Dávila et al., 2006).
En el caso de la empresa carbonera del Cerrejón
(departamento de La Guajira), la presidencia estuvo
en Barranquilla durante muchos años y luego, fue
trasladada a Bogotá.
Los litigios y problemas continuaron, ahora
con colonos y terratenientes, y apenas en 1979
se creó la sociedad Cerro Matoso S.A., de la que
formaron parte el gobierno colombiano a través de
IFI-Econíquel (45%), Billiton Overseas del grupo
Royal Dutch Shell (35%) y Conicol de Hanna
Minning (20%). La construcción de las instalaciones
de Cerro Matoso se adelantó entre septiembre de
1979 y abril de 1982. La mina y la planta ocupan
una extensión de 1.170 hectáreas (Negrete, 1981;
Gándara, 1997).
El depósito de níquel de Cerro Matoso está
cubierto por una capa denominada canga (material
1
La empresa Richmond Petroleum Company era subsidiaria
de la Standard Oil of California – SOCAL. En 1965 Richmond
cambió su razón social por Chevron Petroleum Co., y luego, parte
de la concesión fue negociada con la compañía norteamericana
Hanna Mining Co.
46
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Parque Montelíbano
Foto cortesía de El Meridiano de Córdoba.
de hierro) que en algunos sitios tiene un espesor que
varía entre 15 y 20 metros. El 80% de las reservas
de Cerro Matoso tienen un contenido promedio de
3,1% de níquel, de 10% a 15% de magnesio y 15%
de hierro (Gándara, 1997). Con la tasa de explotación
del año 2007, la producción de Cerro Matoso se puede
extender en un horizonte de 20 años (IMC, 2007), por
lo que se estima que al año 2027 el recurso explotable
estará agotado.
El complejo minero-metalúrgico de Cerro Matoso
inició actividades en 1982, confirmándose como el
mayor yacimiento de níquel de Colombia. El costo
inicial del proyecto, de acuerdo con el estudio de
factibilidad de 1970, fue calculado en 87,5 millones
de dólares, al año siguiente se elevó el cálculo a 181
millones. En 1976 ya estaba en 300 millones, pero
a medida que fue avanzando la obra los costos se
incrementaron hasta alcanzar los 426 millones de
dólares el día que empezó la producción. Algunos
problemas técnicos con el horno eléctrico y el de
refinación durante los primeros años, elevaron los
costos del proyecto a 591 millones de dólares (IFI,
1986: 14; DNP, 1974: 9).
La mina se explota a cielo abierto y en sus inicios
la planta trabajó con tres hornos, diseñados por las
empresas más reconocidas a nivel internacional:
Elken de Noruega, F. L. Schmidt de Dinamarca y
ASEA de Suecia (IFI, 1986). El horno eléctrico es
noruego y se considera la pieza maestra de la planta.
Uno de los hornos es el secador y funciona con
carbón o gas natural; el segundo es el calcinador y
utiliza gas natural, y el tercero se denomina horno
de arco eléctrico, en donde se hierve la mezcla del
mineral a altas temperaturas. Este horno requiere
“tanta energía como la que consume una ciudad
como Pereira (3 a 4% del total nacional), lo que
implicó construir una subestación en la línea
de interconexión San Carlos-Sabanalarga, a 6
kilómetros de la mina, para el mejor fluido eléctrico”
(Nieto y Redondo, 2001: 33). Esto explica por qué
Cerro Matoso es el mayor consumidor industrial
de energía eléctrica y de gas en Colombia (Cerro
Matoso, 2008; Dávila et al., 2006).
De acuerdo con las variaciones o circunstancias,
la producción histórica se puede clasificar en tres
etapas: la primera se desarrolló entre 1982 y 1989,
y se podría denominar de aprendizaje. Durante ese
Montelíbano. Foto cortesía de El Meridiano de Córdoba.
período se presentaron dos accidentes técnicos en los
hornos, en 1983 y 1985, lo que obligó a suspender
la operación por más de siete meses. Después del
segundo accidente, la producción tuvo altibajos:
primero una caída del 31%, al año siguiente se
recuperó con una tasa de crecimiento del 67% y dos
años después se presentó una contracción del 13%.
Durante esta primera etapa la producción pasó de
2,9 a 37,3 millones de toneladas. A mediados de
la década, en medio de las deudas crecientes, bajos
precios, accidentes industriales y ante la inminente
“quiebra técnica”, se barajó la posibilidad de liquidar
la empresa (Cerro Matoso S.A., 2008: 22).
En los siguientes años la empresa fue madurando
y consolidándose. La segunda etapa se desarrolló
entre los años 1990 y 1997, caracterizada por una
mayor estabilidad en la producción y conocimiento
del mercado internacional. La producción osciló
entre 41 y 55,4 millones libras, lo que representó
una tasa de crecimiento de 4,6% promedio anual (ver
Gráfico 3). El fin de la segunda etapa y el comienzo
de la tercera estuvo marcado por la venta que el
gobierno colombiano le hizo a la multinacional
Billiton de su participación en Cerro Matoso, en
1997.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
47
Gráfico 3
Producción de ferroníquel en el Departamento
de Córdoba y precio internacional en términos reales
(dólares por libra), 1982-2008
140.000
20
18
120.000
16
Miles de libras
100.000
14
12
80.000
10
60.000
8
6
40.000
4
20.000
Producción
2008
2006
2004
2002
2000
1998
1996
1994
1992
1990
1988
1986
1984
2
1982
0
0
Precio real
Fuente: Cálculos del autor con base en información de Cerro
Matoso (producción) y Bolsa de Londres (precios).
La actividad niquelera en Colombia es una
historia de apenas tres décadas, en la que inicialmente
el Estado colombiano participó con la empresa
privada en el desarrollo del proyecto. Luego, a partir
de 1997, Cerro Matoso se convirtió en un proyecto
privado del grupo anglo-australiano BHP Billiton.
Esta multinacional también tiene una participación
accionaria considerable en la empresa carbonera del
Cerrejón (33,3%), así como en diferentes proyectos
de exploración petrolera en Colombia (BHP Billiton,
2009).
La tercera etapa (1998-2008) se caracterizó por
la expansión de la capacidad instalada, toda vez
que en el 2000 la empresa invirtió cerca de 353
millones de dólares en un proyecto de expansión. La
construcción de esta segunda línea de producción
incluyó el montaje de dos apiladores de mineral,
un secador, un horno calcinador y otros equipos
auxiliares.
Esta etapa se inició en 1998 con una producción
de 62 millones de libras y en 2005 llegó a 116,3
millones de libras, la máxima producción histórica.
En este período, la tasa de crecimiento fue de
9,4% promedio anual, durante el cual se logró la
mayor expansión productiva de Cerro Matoso.
48
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
A través de esta mina, Colombia participa con el
3,2% de la producción mundial de ferroníquel
aproximadamente. Estos montos de producción
convirtieron a Colombia en el tercer productor de
ferroníquel de América Latina, después de Cuba y
República Dominicana.
La consolidación exportadora del ferroníquel
de Córdoba no encontró estímulos en los precios
nominales y reales del mineral en los primeros años.
Según el Gráfico 7, las exportaciones colombianas
de ferroníquel y el precio real del mismo para
el subperíodo 1982-1997, muestran una baja
correlación negativa (- 0,031). Luego, entre 1998
y 2008, la correlación se elevó considerablemente
(0,58). Lo anterior podría indicar que en la primera
etapa del proyecto la capacidad instalada de Cerro
Matoso primó sobre la variable precios, pero luego
los precios jugaron un papel no despreciable.
Se podría suponer que los efectos que ha tenido
sobre la empresa Cerro Matoso la apreciación
del peso durante el período 2003-2007, se han
compensado con el incremento de los precios reales
del níquel, los menores costos de producción y
mejoras de eficiencia en la explotación y fundición
del mineral. Al respecto dice un autor: “Los costos
de producción del níquel de Cerro Matoso presentan
ciertas ventajas comparativas frente a otras plantas
del mundo. Se considera que esta planta tiene uno
de los costos más bajos dentro de los depósitos
lateríticos explotados en el mundo occidental”
(Anaya, 2002: 122).
Montelíbano. Foto cortesía de El Meridiano de Córdoba.
Gráfico 4
Generación de empleo directo en Cerro Matoso,
2002-2008
1.100
1.007
Gráfico 5
Exportaciones de ferroníquel de Cerro Matoso:
participación por países, 2008
1.073
1.050
1.000
950
964
Resto
21%
990
915
Japón
6%
900
Alemania
7%
850
800
China
25%
2002
2005
2006
2007
Holanda
8%
2008
Fuente: Cerro Matoso, Informe Social, diferentes años.
En la última década la generación empleo directo
del proyecto Cerro Matoso ha girado en torno a los
mil puestos de trabajo, pero en el año 2000 se presentó
una bonanza laboral, que en algunos momentos
se tuvieron contratados más de 3.000 trabajadores
de planta, por la construcción del segundo horno
(Mendoza, 2005: 342). En el 2002 se generaron
1.805 puestos de trabajo, de los cuales 915 trabajaban
en la mina, planta y oficinas, mientras 890 eran
contratistas (ver Gráfico 4). Si a eso se le adiciona el
empleo generado en tres fundaciones de la empresa
(San Isidro, Panzenú y Educativa Montelíbano), el
empleo secundario y el inducido a través del consumo
de bienes intermedios, el empleo total generado por
Cerro Matoso es por lo menos de 4.400 personas
(Cerro Matoso, 2003).
La generación de empleo directo ha sido creciente
en los últimos años y su relación con la generación
de empleo a través de contratistas es de 1:1. De otra
parte, la relación entre empleo directo e indirecto es
de 1:5 aproximadamente, lo que implica que a 2008
la generación de empleo fuera del orden de 5.000
trabajadores. Ante estas cifras, no cabe duda que Cerro
Matoso S.A. es el principal empleador de Montelíbano
y el departamento de Córdoba, pero estas entidades
territoriales deben impulsar estrategias para que la
economía minera genere encadenamientos productivos
que jalonen el resto de la economía y de esta forma
dinamizar el mercado laboral.
España
13%
Taiwan
10%
Italia
10%
Fuente: Dian.
A nivel del mercado internacional, Colombia es
el tercer productor de ferroníquel de América Latina,
después de Cuba y República Dominicana. En 2007,
Cuba produjo cerca de 150 millones de libras del
mineral, mientras Colombia llegó a 109 millones
(IMC, 2008). En el mercado mundial, los grandes
productores de níquel son Rusia, Canadá, Australia,
Indonesia, Nueva Caledonia, además de Colombia,
Cuba y República Dominicana. Del lado de la
demanda, los países de Europa concentran el 38% del
mercado mundial, seguido por los de Asia con el 33%
y América Latina con el 18% (Veneconomía, s.f.).
Este inmenso mercado está concentrado en cinco
empresas multinacionales: Norilsk Nikel de Rusia,
Xstrata de Suiza, Jinchuan de China, Vale do Doce
de Brasil y BHP Billiton de Australia, esta última
presente en Colombia a través de la explotación de
Cerro Matoso.
En el caso específico de Cerro Matoso, toda su
producción se exporta a los mercados internacionales,
siendo los países asiáticos su principal destino, seguido
por los de la Unión Europea. Por países, China
concentra una cuarta parte de las exportaciones,
seguido por España, Italia y Taiwan (ver Gráfico 5).
Hacia estos cuatro países se dirige el 58% del níquel
cordobés exportado.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
49
Ingresos y desempeño fiscal
El estudio de las finanzas públicas de una entidad
territorial permite un acercamiento a su economía, a través
de variables como ingresos, gastos y endeudamiento. Al
analizar los ingresos totales de Montelíbano se advierte
una alta dependencia de los ingresos de capital, en los
que están incluidas las regalías y las transferencias por
el Sistema General de Participación –SGP (ver Gráfico
6). Durante el período 1999-2007, los ingresos totales
de Montelíbano crecieron en términos reales a más de
17% promedio anual.
Este elevado crecimiento se apoyó en los ingresos
de capital, los cuales tuvieron un incremento de 26%
promedio anual. Esta situación tiene el agravante
que los giros de regalías al municipio se encuentran
suspendidos por DNP desde el primer semestre de
2008, al comprobar irregularidades en su manejo e
incumplimiento en los compromisos adquiridos. Por
el contrario, los ingresos corrientes, en los que están
incluidos los ingresos tributarios y no tributarios,
tuvieron durante el período un crecimiento negativo
(-10% anual).
Gráfico 6
Ingresos totales e ingresos de capital
en Montelíbano, 1999-2008
60.000.000
50.000.000
Miles de pesos de 2003
C. Finanzas públicas
40.000.000
30.000.000
20.000.000
10.000.000
0
1999
2000
2001
Ingresos totales
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
Ingresos de capital
Fuente: Cálculos del autor con base en DNP.
Cuadro 5
Participación porcentual de los ingresos de capital en los ingresos totales
1999-2008
Municipio / año
de algunos municipios,
1999
2000
2001
2002
2003
2004
2005
2006
2007
2008
Caucasia
51
76
56
59
70
65
71
70
70
76
Montería
22
69
55
50
69
66
74
80
76
80
La Apartada
90
95
86
81
85
83
69
80
88
Montelíbano
54
83
73
79
89
86
89
90
95
87
Puerto Libertador
93
93
68
84
82
85
80
80
Fuente: Cálculos del autor con base en DNP.
Al calcular la dependencia de los ingresos de capital
(IC) se observa cómo en Montelíbano éstos participaron
de forma creciente en los últimos años. En efecto, en
1999 los ingresos de capital representaban el 54% de
los ingresos totales (IT), lo que significa que casi la otra
mitad de los ingresos del municipio provenían de los
ingresos corrientes, en el que se incluyen los tributarios
y no tributarios. En los siguientes años esta razón IC/
IT se fue incrementando hasta alcanzar el 95% en
2007, presentándose una alta dependencia de regalías
50
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
y transferencias de la Nación. Los IC en los municipios
de Montería y Caucasia fueron aumentando con el
tiempo, pero siempre se mantuvieron por debajo de
Montelíbano (ver Cuadro 5). En 2008, la dependencia
de Montelíbano de los ingresos de capital se redujo
como consecuencia del aumento de sus recaudos,
mientras en los otros tres municipios sucedió todo lo
contrario. A pesar de lo anterior, Montelíbano continúa
con la relación más alta (IC/IT) dentro de los cuatro
municipios estudiados, después de La Apartada.
Gráfico 7
Ingresos corrientes per cápita (ICPC)
por municipio, 2007-2008
(en pesos constantes de 2003)
anterior y para ser más objetivos se construyó el indicador
de Ingresos Corrientes Per Cápita Municipal (ICPC), en
el que se tienen en cuenta los ingresos tributarios y no
tributarios. En 2007, Montelíbano presentó un ingreso
corriente per cápita de 45 mil pesos, muy inferior al de
La Apartada, Montería y Caucasia, aunque levemente
superior al de Puerto Libertador. Tanto Montelíbano
como Puerto Libertador, municipios que muestran un
bajo indicador de ingresos corrientes por habitante,
reciben regalías por la explotación de ferroníquel y
carbón, respectivamente (ver Gráfico 7).
Pesos constantes de 2003
250.000
200.000
150.000
100.000
50.000
0
La Apartada
Montería
ICPC 2007
Caucacia
Montelíbano Puerto Libertador
ICPC 2008
Fuente: Cálculos del autor con base en DNP y Dane.
Esta alta dependencia de regalías y transferencias
de la Nación se puede asociar con pereza fiscal. Por lo
Al analizar el ICPC de 2008 se observa que los
municipios de La Apartada y Caucasia tuvieron una
caída considerable, Montería se mantuvo, mientras
Montelíbano presentó un incremento del 64%,
mostrando un esfuerzo fiscal considerable en este último
año, producto de una eficiente gestión de la Secretaría
de Hacienda Municipal en el cobro de los impuestos2.
El indicador de este municipio se acercó al de Caucasia,
pero sigue siendo inferior al de La Apartada.
Cuadro 6
Ranking del desempeño fiscal municipal, 2006-2008
Año
2006
2007
Municipio
Posición a nivel Nal. Posición a nivel Dptal.
Posición
a nivel Nal.
2008
Posición
Posición
a nivel Dptal. a nivel Nal.
Posición
a nivel Dptal.
La Apartada
52
1
118
1
1.072
25
Montelíbano
117
2
416
6
132
4
Montería
152
3
126
2
96
2
Puerto
Libertador
811
23
1.009
25
1.095
29
74
13
135
19
774
75
Caucasia
Fuente: DNP.
2
Entrevista con Cesar Mora, Tesorero Municipal de Montelíbano, 5 de octubre de 2009.
A nivel más integral, el DNP elabora y publica
desde hace varios años los resultados de desempeño fiscal
para departamentos y municipios, a partir del cálculo
de seis indicadores: porcentaje de ingresos corrientes
destinados a funcionamiento, los que corresponden a
transferencias y a recursos propios; porcentaje del gasto
total destinado a inversión, magnitud de la deuda y
capacidad de ahorro. Con base en estos indicadores de
desempeño fiscal para 2008, los municipios de Nobsa
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
51
Regalías, impuestos y compras
En Colombia, 745 entidades territoriales (entre
municipios y departamentos) reciben regalías por la
explotación de sus recursos naturales no renovables.
Las regalías son una fuente muy importante de
recursos públicos, que por su naturaleza financian
inversión social y de infraestructura. Se busca que
los proyectos financiados con estos recursos generen
eslabonamientos que dinamicen las economías de
municipios y departamentos. Se debe señalar que
los mayores recursos por transferencias y regalías
no siempre fortalecieron los fiscos locales: también
incrementaron las posibilidades de corrupción
en las entidades territoriales. Al igual que otros
departamentos como Cesar, Bolívar o Meta, en
Córdoba los grupos armados se disputaron el control
de rentas legales e ilegales, tales como las regalías y
los contratos públicos.
52
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Cuadro 7
Regalías de níquel consignadas por entidad
territorial, 1999-2008 (en millones de pesos de 2003)
Ente territorial
Total 1999-2008
Cartagena
8.084,0
Córdoba-CVS
235.112,5
Ayapel
33.467,7
Buenavista
21.743,8
La Apartada
19.701,2
Montelíbano
164.544,4
Planeta Rica
35.038,0
Pueblo Nuevo
30.441,4
Puerto Libertador
31.391,7
Total regalías de níquel
579.524,7
TOTAL REGALÍAS NACIONALES
22.875.778,9
Fuente: cálculos del autor con base en DNP.
En una década (1999-2008) la producción de
ferroníquel generó regalías por un monto cercano a 580
mil millones de pesos constantes, de los cuales el 41%
correspondió a la Corporación Autónoma de los Valles
del Sinú y San Jorge - CVS-Departamento de Córdoba,
28% al municipio de Montelíbano y el restante 31%
para los municipios de Ayapel, Buenavista, La Apartada,
Planeta Rica, Pueblo Nuevo, Puerto Libertador y el
distrito portuario de Cartagena (ver Cuadro 7).
Gráfico 8
Regalías recibidas por Montelíbano, 1989-2008
(en millones de pesos constantes de 2003)
45.000
40.000
Millones de pesos de 2003
(Boyacá) y Rionegro (Antioquia) mantuvieron sus
posiciones 1 y 2 a nivel nacional.
En el caso de los municipios del área de influencia
del proyecto Cerro Matoso, La Apartada se mantuvo
en la primera posición departamental en los años
2006 y 2007 y un lugar destacado a nivel nacional.
En 2008 su desempeño fiscal fue muy deficiente, al
descender a la posición 25 dentro del departamento
y a la 1.072 en el ámbito nacional. Puerto Libertador
está en una posición aún más crítica que el anterior y
en franco deterioro fiscal en los últimos años (cayó a la
posición 1095). Por su parte, Montelíbano desmejoró
su desempeño entre 2006 y 2007, pero al año siguiente
hizo un manejo ajustado de sus finanzas públicas, hasta
ubicarse en la posición 132 a nivel nacional (ver Cuadro
6). De hecho, a estos dos últimos municipios el DNP
ordenó suspender los giros de las regalías desde mayo
de 2008, por incumplimiento de los compromisos
adquiridos. Ante esta situación, se vieron abocados a
acogerse a la Ley 550 de 1999.
En este campo hay un reto enorme para las
autoridades locales, regionales y nacionales, así como
para las empresas privadas que trabajan en la zona como
Cerro Matoso y Carbones del Caribe, en la medida en
que se hace necesario y urgente mejorar los niveles de
gestión pública, para así tener no sólo mejor desempeño
fiscal, sino sobre todo mejores estándares de calidad de
vida para su población.
35.000
30.000
25.000
20.000
15.000
10.000
5.000
0
89
19
8
-9
99
19
00
20
01
20
02
20
03
20
04
20
05
20
06
20
07
20
08
20
Fuente: cálculos del autor con base en DNP. Para el período
1989-1998, Dávila et al., 2006.
Se debe destacar que el monto de las regalías
de níquel apenas representa el 2,5% del total de las
regalías nacionales, ya que la participación mayoritaria
está constituida por las regalías de petróleo y
carbón.
Hasta 1988 las regalías pagadas por Cerro
Matoso eran percibidas por la CVS, pero a partir del
siguiente año, una norma determinó que los diferentes
municipios empezaran a recibir ingresos por este
concepto. En 20 años (1989-2008), el municipio de
Montelíbano ha recibido más de 197 mil millones de
pesos constantes por concepto de regalías. En 2007 el
municipio recibió los mayores montos por regalías,
presentando una tasa de crecimiento de 88% con
respecto al año anterior (ver Gráfico 8). Vale la pena
señalar que en ese año se reportó el precio histórico
más elevado del níquel a nivel internacional, así como
la tercera mayor producción a nivel nacional.
En 2008 el monto de las regalías cayó considerable­
mente (-63%), como consecuencia de la disminución
de la producción (-16%) y del precio real (-45%). La
caída de la producción estuvo asociada a la huelga que
durante 33 días paralizó la planta de Cerro Matoso3.
En condiciones normales, esta planta produce en
promedio 350 mil libras de níquel por día, lo que
significa que durante la huelga se dejó de producir
cerca de 11,6 millones de libras, que a precios de 2008
representó una pérdida de 110,5 millones de dólares.
Al cambio de esa fecha, las pérdidas de la huelga por
la falta de producción fueron del orden de 200 mil
millones de pesos, a lo que habría que adicionarle
los costos fijos.
Además de las regalías, Cerro Matoso paga
impuestos a los municipios y a la nación, los cuales
en los últimos cuatro años (2005-2008) ascendieron
a 2,1 billones de pesos constantes. Estos ingresos son
muy importantes para la economía nacional y regional,
3
La huelga se inició el 27 de febrero de 2008 y se prolongó
por 33 días. Los trabajadores exigían aumento del 9% en los
salarios para la vigencia del 2008, pago de un bono único de doce
millones de pesos y regulación de los contratos del personal que
se incorpore a la empresa. El acuerdo firmado entre trabajadores y
directivas estableció un incremento salarial del 8% en 2008 y en
los dos años siguientes la inflación más dos puntos; se le entregó a
cada trabajador un bono por nueve millones de pesos por vigencia
de convención colectiva. Cfr. Portafolio, Bogotá, 11 de marzo de
2008; El Espectador, Bogotá, 13 de marzo de 2008.
toda vez que representan montos superiores a los de
las regalías. Así por ejemplo, en 2007 los impuestos
pagados por la empresa fueron 4,4 veces superiores
a las regalías y al año siguiente esa relación se elevó a
once.
Cuadro 8
Pago de impuestos, regalías y compra de bienes y
servicios por la empresa Cerro Matoso, 2005-2008
(millones de pesos constantes de 2003)
Item
2005
2006
2007
2008
Total
impuestos
272.990
340.438
646.228
844.216
Compras
nacionales
471.130
672.211
434.296
Montelíbano
46.179
68.294
47.660
Barranquilla
131.529
Fuente: Cerro Matoso, Informe Social, varios años.
Con respecto a las compras de bienes y servicios
efectuadas por la empresa para su funcionamiento, en
2007 estas fueron superiores a 672 mil millones de
pesos constantes, representando un incremento del
43% con respecto al año anterior. La crisis financiera
de 2008 ocasionó una caída del 35% en las compras
de la compañía. Vale la pena destacar que en 2007 las
compras de la empresa fueron levemente superiores
al pago de impuestos, mientras al año siguiente
cayeron a cerca de la mitad. Para Montelíbano en
particular, las compras de Cerro Matoso mostraron
un comportamiento similar al general: en 2007, las
diferentes empresas y microempresas del municipio
le vendieron mercancías y servicios por valor superior
a 68.300 millones de pesos, para luego caer al año
siguiente en más del 30% (ver Cuadro 8).
La información de 2008 deja claro que los
comerciantes de Barranquilla fueron los más beneficiados
con sus ventas a Cerro Matoso, con una facturación
superior a 131.500 millones de pesos constantes, tres
veces más que lo vendido por los de Montelíbano.
Este nivel de desagregación de la información sobre las
compras presentado para el año 2008, es importante
conservarlo y profundizarlo si fuera el caso, para
poder hacer análisis de la magnitud de la influencia
de Cerro Matoso, en las economías locales, regional
y nacional.
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53
D. Cultivos ilícitos
IV. Responsabilidad social y trabajo coordinado
Más allá de la ganadería y la minería, el Alto San
Jorge ha sido una subregión en donde el conflicto
armado se intensificó en las últimas décadas. Guerrillas
y paramilitares dominaron esta zona antioqueñocordobesa, en la que se propagaron los cultivos de coca
con el beneplácito de unos y otros.
Entre los años 2002 y 2005, en pleno apogeo del
dominio paramilitar y primeros años de desmovilización,
se observa una rápida expansión de los cultivos de coca,
al pasar de 400 a más de 3.000 hectáreas, con una tasa
de crecimiento superior al 100% promedio anual (ver
Gráfico 9).
Gráfico 9
Cultivo de coca en el Departamento de Córdoba,
1999-2008
3.136
1.920
1.858
1.710
1.536
838
652
1.216
385
117
Fuente: ONU, 2004 y 2009.
En estos años de dominio paramilitar y de la
economía cocalera, la influencia económica de Cerro
Matoso decayó en Montelíbano y otros municipios del
Alto San Jorge. Directa o indirectamente, la mayoría de
establecimientos comerciales se beneficiaron del flujo de
dinero que movía la economía narco-paramilitar4. Por
su parte la empresa Cerro Matoso, ante las amenazas
latentes y reales de guerrillas y paramilitares, suscribió
un acuerdo con el Ministerio de Defensa, para el
establecimiento de una base del ejército cerca de la mina.
Según algunos expertos, “estas alianzas han funcionado
como un elemento disuasivo para los grupos armados al
margen de la ley” (Bernal, 2009:15). Aunque la violencia
continúa en el Alto San Jorge, la desmovilización
paramilitar ha permitido que de nuevo los dirigentes
políticos, gremiales y cívicos piensen en la economía
desde la legalidad, en donde el Estado, la empresa privada
y la comunidad deben jugar un papel fundamental.
54
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Los gobernadores y alcaldes deben no sólo aprovechar
la dotación de sus recursos propios o endógenos, sino
también hacer funcional a sus objetivos de desarrollo las
externalidades positivas relacionadas con la proximidad
de regiones dinámicas y la presencia de grandes empresas
en su territorio.
Algunas experiencias internacionales señalan que la
explotación de un recurso natural, o la administración
de las regalías que estos generan, no deben convertirse
en una tragedia. Ejemplos de experiencias exitosas se
pueden encontrar en Chile, Malasia o Botswana, para
sólo citar casos de países en vías de desarrollo que han
administrado con responsabilidad sus recursos naturales5.
Allí se encontraron casos exitosos de cooperación entre
el sector público y la empresa privada para impulsar el
desarrollo local y regional.
Es bien ilustrativa la experiencia presentada
alrededor del complejo minero de El Teniente, ubicado
en Rancagua, Chile. La región experimentó en los
últimos años un proceso exitoso de reconversión agrícola,
a partir de actividades agroindustriales, apoyadas por la
Corporación de Desarrollo Pro-O´Higgins. Esta entidad
de desarrollo fue creada en 1999 por la Corporación
Nacional del Cobre (Codelco), la mina de El Teniente,
algunas empresas privadas, el gobierno regional y los
municipios del área, con el propósito de impulsar la
competitividad regional (Muñoz, 2001: 163).
A nivel nacional, la cooperación internacional ha sido
fundamental en el sur de Bolívar, una zona de conflicto,
desplazamiento forzado y cultivos ilícitos. Allí se vienen
desarrollando algunas iniciativas gubernamentales y no
gubernamentales, centradas en la resolución de conflictos
y el impulso de proyectos productivos. En 1995
inició actividades el Programa de Desarrollo y Paz del
Magdalena Medio – PDPMM, financiado con recursos
de la Unión Europea. El Programa se sustentó en dos
4
Entrevista con el profesor Luis A. Garavito, Montelíbano, 10
de septiembre de 2009.
5
El caso de Botswana es menos conocido en Colombia que el
de Chile o Malasia. Este país africano viene administrando con
eficiencia los cuantiosos recursos que le genera la producción de
diamantes y es citado con frecuencia como el modelo africano a
replicar. Para más información consultar la página web de Botswana
Export Development and Investment Authority (BEDIA):
www.bedia.co.bw
objetivos: la construcción de lo público y el desarrollo
sostenible. A partir de 2005 el Programa ADAM (Áreas
de Desarrollo Alternativo Municipal), financiado con
recursos de USAID, empezó sus proyectos en varios
municipios del sur de Bolívar. Este programa impulsa
un modelo de desarrollo económico sostenible, guiado
por el mercado, que a la vez sea participativo, fortalezca
la gobernabilidad local y promueva una cultura de “cero
cultivos ilícitos”. Estos programas invirtieron gran parte
de sus recursos en proyectos productivos de cacao, palma,
caucho, café, productos agroforestales, así como microhatos (Viloria, 2009).
Las experiencias confirman la relevancia de contar
con instituciones sólidas y eficaces, invertir en capital
humano y ahorrar parte de las ganancias actuales para
disfrutarlas en el futuro. Para los casos de Montelíbano,
Puerto Libertador, Barrancas o Tolú-Coveñas, se
espera que estos municipios aprovechen al máximo las
externalidades positivas que le pueden generan sólidas
empresas públicas y privadas como Cerro Matoso,
Carbones del Caribe, Cerrejón o Ecopetrol.
En esta línea de acción, se presenta la cooperación
gobierno-comunidad-empresa, entre la Alcaldía
de Montelíbano, la Gobernación de Córdoba, las
asociaciones comunitarias y Cerro Matoso. A través de sus
fundaciones, esta empresa impulsa los elementos básicos
de la educación, la salud y los proyectos comunitarios.
Para desarrollar el primer objetivo se creó la Fundación
Educativa de Montelíbano (FEM); la salud está a cargo
de la Fundación Panzenú y el tercer componente lo
desarrolla la Fundación San Isidro (FSI).
La Fundación San Isidro fue creada en el mismo
año por la empresa Cerro Matoso y la Diócesis de
Montelíbano. La Fundación busca contribuir al
desarrollo sostenible de la Subregión del Alto San
Jorge, la protección del medio ambiente, el desarrollo
comunitario, así como a la generación de empleo y de
ingreso a la población. Para estos propósitos, apoya
organizaciones como la Asociación de Productores de
Especies Menores y Acuícolas del San Jorge (Asproesa),
creada en 2004 y quienes tienen 180 productores activos.
El último domingo de cada mes, la Asociación realiza
la única subasta de carnero en el país. Asproesa tiene
proyectos con el Ministerio de Agricultura (incentivos
agropecuarios), la Universidad Nacional (Sistema de
Gestión Técnica, SIGETEC) y el Frigorífico Camagüey,
para asegurar la comercialización de la carne6.
Otra agremiación con fuerte presencia en la
economía del Alto San Jorge es la Asociación de
Industriales de la Confección de Córdoba (Asicor), con
sede en Montelíbano. Esta organización gremial fue
creada en 2003 y desde sus inicios cuenta con el apoyo
de Cerro Matoso, Fundación San Isidro y Alcaldía de
Montelíbano. De sus 28 asociados hay tres que tienen ya
grandes empresas organizadas, con clientes en Montería,
Caucasia y Medellín, además de Montelíbano-Cerro
Matoso.
En 2006 la FSI participó en la construcción del
Centro de Desarrollo Productivo para la Confección
(CDPC), junto con la alcaldía y la gobernación. El
CDPC cuenta con 40 máquinas industriales, genera
40 empleos, pero se tiene proyectado alcanzar los
200 puestos de trabajo en el mediano plazo. Hasta
ahora el principal cliente de Asicor y CDPC ha sido
Cerro Matoso, quienes les encarga la dotación de sus
trabajadores, así como otras necesidades de la empresa.
La Alcaldía de Montelíbano también ha efectuado
compras significativas, como por ejemplo el encargo
de 36 mil uniformes escolares para los estudiantes
del municipio. En este pedido participaron todos los
asociados de Asicor, quienes trabajaron durante cuatro
meses continuos para cumplir con la alcaldía7.
A partir de 1999 la FSI inició el Sistema de
Planeación Zonal Comunitaria (Siplan), como una
herramienta para medir el impacto del sector público
y privado en la subregión del Alto San Jorge, integrado
por los municipios de Montelíbano, La Apartada, Puerto
Libertador y Uré. Además de los municipios y la FSI,
esta iniciativa cuenta con el apoyo de las empresas Cerro
Matoso y Carbones del Caribe. A través del Siplan se
elabora el Índice de Calidad Básica de Vida (ICBV),
el cual se trabaja a partir de doce variables: educación;
salud; vivienda; servicios públicos domiciliarios; sistema
vial; participación ciudadana; medio ambiente; espacio
público; recreación y cultura; presencia institucional y
sistema de comunicación. El ICBV es la línea base de la
región elaborada por la propia población, subdividida en
6
Entrevista con Edwin Padilla, Presidente de la Asociación
de Productores de Especies Menores y Acuícolas del San Jorge
(Asproesa), Montelíbano, 10 de septiembre de 2009.
7
Entrevista con Carmenza Alzate, Presidenta de la Asociación
de Industriales de la Confección de Córdoba, Asicor, Montelíbano,
10 de septiembre de 2009.
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300 comunidades, 47 zonas, 8 macrozonas y 1 región,
el Alto San Jorge8.
Cuadro 9
Índice de Calidad Básica de Vida – ICBV, 2008
Municipio
Urbano
Rural
La Apartada
2.83
2.58
Montelíbano
3.30
2.42
1.98
2.56
Puerto
Libertador
3.02
2.28
2.25
2.48
Subregión
Alto San Jorge
Rural 2
Total
2.75
2.60
Fuente: Fundación San Isidro, Sistema de Planeación Zonal
Comunitario, Siplan – Alto San Jorge, 2008.
El Índice se mide de 0 a 5, donde 5 es el máximo
valor esperado por la población. En 1999 se partió
con un ICBV de 1,8 y en una década se había elevado
a 2,6, mostrando una evolución positiva del bienestar
de acuerdo a la percepción de la propia comunidad.
Al analizar el ICBV por municipio se observa que La
Apartada presenta los mejores indicadores en su zona
rural y en la media (total), mientras Montelíbano tiene
mejores resultados en su parte urbana. En contraste, este
último municipio presenta el Indicador rural más bajo
de la subregión (1,98 en Rural 2), en la zona integrada
por los corregimientos de El Palmar, Puerto Nuevo,
Puerto Ánchica y Tierradentro (ver Cuadro 9).
En el año 2006 la FSI cofinanció varios proyectos de
gran impacto como la construcción del alcantarillado de
un barrio de Montelíbano, del cual fueron beneficiarios
más de 900 familias. También participó en la construcción
del Centro de Desarrollo Productivo para la Confección
(CDPC), junto con la alcaldía y la gobernación. Otro
de los proyectos financiados fue la pavimentación de la
vía Montelíbano-Cerro Matoso, de 14.6 kilómetros de
longitud y a un costo de casi 10 mil millones de pesos,
cofinanciados por Cerro Matoso, Carbones del Caribe
y la Alcaldía municipal (Cerro Matoso S.A, 2007; Cerro
Matoso, Balance Social, 2007)9. Esta obra permitió
que la carretera Cerro Matoso-Cartagena, por donde se
transporta el níquel en camiones hasta el puerto, quedara
totalmente pavimentada.
El proyecto social más ambicioso de Cerro Matoso
inició sus primeros pasos en el 2007. En efecto, al
56
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cumplirse 25 años de la empresa en Colombia sus
directivas decidieron ofrecer una donación considerable
para impulsar un proyecto de gran impacto en la
comunidad regional. Así surgió la idea y se consolidó
el proyecto de remodelación, dotación, sistematización
y modernización de los hospitales de Montelíbano,
Puerto Libertador y La Apartada, con una inversión
cercana a los 18 mil millones de pesos y ejecutado por
la Fundación San Isidro10. Esta clase de inversiones
de empresas como Cerro Matoso a través de sus
fundaciones conlleva una “distribución regional de
los recursos”, toda vez que la inversión se queda en la
región en una obra de envergadura. De otra forma, estos
recursos se convertirían en impuestos de la Nación,
que poco o nada se revertirían a la región productora
del mineral.
La primera etapa será la construcción del Hospital
de Montelíbano (noviembre de 2009), a un costo de
12.500 millones de pesos. Luego sigue el diseño y
construcción de los hospitales de Puerto Libertador
y La Apartada, por valor de 6.300 millones de pesos,
en el cual la Gobernación de Córdoba cofinancia una
parte (ver Cuadro 10).
Cuadro 10
del
Inversiones en los nuevos hospitales
Alto San Jorge (en millones de pesos de 2009)
Municipio
Montelíbano
Puerto
Libertador
La Apartada
Total
Cerro
Matoso
Gobernación
12.500
Total
12.500
2.800
500
3.300
1.000
1.000
2.000
16.300
1.500
17.800
Fuente: El Universal, septiembre 30 de 2009.
8
Entrevista con José Rodríguez, Director Ejecutivo de la Fundación San Isidro, Montelíbano, 9 de septiembre de 2009.
9
Además de las fundaciones, Cerro Matoso tiene una ciudadela
para sus empleados y familiares, así como dos clubes, ubicados en
los sectores de Paimaná, Tacasaluma y Jagua. Estos nombres fueron
recomendados por antropólogos del Museo del Oro de Bogotá,
quienes asesoraron al respecto al Comité Técnico de Econíquel.
Cfr. Fundación San Isidro, 2001.
10
Entrevista con Sergio Piñarte, Contralor Financiero de Cerro
Matoso, Liliana Pineda, Superintendente de Comunicaciones de
Cerro Matoso y José Rodríguez, Director Ejecutivo de la Fundación
San Isidro, Montelíbano, 9 de septiembre de 2009.
Para garantizar que estos cuantiosos recursos se
inviertan de manera honesta y eficiente, se firmó un
Pacto por la Transparencia, del que participaron la
Alcaldía de Montelíbano, la Gobernación de Córdoba,
las empresas promotoras de salud, la gerencia y la junta
directiva del Hospital de Montelíbano, así como el
sindicato y empleados no sindicalizados del centro
hospitalario, con el aval y asesoría de la Corporación
Transparencia por Colombia.
A partir de estas experiencias, se propone que
las administraciones municipales de Montelíbano,
Puerto Libertador, La Apartada y Uré coordinen, e
incluso co-financien, proyectos estratégicos para su
población, como la construcción de acueductos, redes
de alcantarillado, diques para evitar inundaciones o
dotación de colegios. Esta cooperación estratégica entre
empresas como Cerro Matoso o Carbones del Caribe y
las administraciones públicas locales, ayudaría a superar
el concepto generalizado de economía de enclave o
actividad exportadora incrustada que se tiene de esta
clase de actividades.
Reflexiones finales
El auge minero del Alto San Jorge impulsó una
ola migratoria hacia la subregión, lo que llevó a que
su crecimiento demográfico entre 1973 y 2009 haya
sido del 4% promedio anual, casi el doble que la
media colombiana. Como las expectativas de los recién
llegados casi siempre superan la realidad económica,
gran parte de esta población no encontró trabajo en la
actividad minera formal. Muchos de estos migrantes
se vieron en la necesidad de buscar ubicación laboral
alternativa, que en ocasiones podía ser informal y, en
otras, ilegal.
En términos económicos, Córdoba ha crecido
más rápido que la economía colombiana, impulsada
principalmente por el sector minero, la construcción y
la industria, mientras el sector agropecuario tuvo una
caída considerable. La minería le genera a Montelíbano,
Córdoba y Colombia grandes recursos por concepto
de regalías e impuestos. Así mismo, irriga recursos a
la economía a través de los sueldos de sus empleados
y las compras a sus proveedores. Pero el análisis de
las finanzas públicas de Montelíbano muestra que las
regalías y las transferencias de la Nación han generado
cierta dependencia de los ingresos corrientes, lo que
puede traducirse en pereza fiscal.
En cuanto a la generación de empleo, no cabe
duda que Cerro Matoso es el principal empleador de
Montelíbano y el departamento de Córdoba, pero
esto será por un tiempo limitado. En tal sentido, y
“para no quedarse con el pecado y sin el género”,
las autoridades y los empresarios deben construir
encadenamientos con otros sectores de la economía
local y regional, para ir ganando paulatinamente
independencia de las actividades extractivas, que al
momento de su agotamiento hacia el año 2027, la
economía regional no entre en recesión. En efecto,
de acuerdo con las reservas estimadas y la explotación
proyectada, el ferroníquel de Cerro Matoso se agotará
hacia el año 2027, por lo que se hace necesario formular
una especie de “Plan Estratégico 2027”, en el que se
contemple el futuro económico de la región una vez
agotado el mineral. La educación de la población y
las regalías recibidas por los entes territoriales deben
generar sostenibilidad económica a través de proyectos
productivos alternativos, que entren a remplazar la
economía minera.
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cul
t
ura
El Caribe en la narrativa de Eligio García
Por Margarita Sorock
Conformada por cuatro cuentos1 y una novela2,
publicados entre 1971 y 1981, antes de que el autor
cumpliera los treinta y cinco años, la obra ficcional
de Eligio García, situada en Cartagena, narra la vida
cotidiana, los pequeños triunfos y grandes derrotas de
personajes íntimamente relacionados con su contexto
social, y poetiza, mediante el lenguaje de la calle
1
“Esa rara tristeza”, finalista en el II Concurso Nacional de
Cuento Onix Sello Negro, se publicó en 8 cuentos colombianos
en 1972. “El campeón de siempre”, incluido en 1976 en Obra en
marcha, es el cuento más conocido de Eligio García, pues figura
en las antologías Selección del cuento colombiano (1981), Antología
del cuento caribeño (2003) y Cuentos y relatos de la literatura colombiana (2005). “A cambio de nada” salió en El Espectador en 1978
y forma parte de la novela inédita Virreyes y virreinas. “Con pinta
de bigliguer” vio la luz en la revista cartagenera En tono menor en
1981. Con prólogo de Roberto Burgos, los cuatro cuentos junto
con la extensa entrevista que le hizo Jacques Gilard a Eligio García
en 1981, fueron reunidos en febrero de 2007, por Álvaro Castillo,
bajo el título Ocaso en el trópico.
2
Para matar el tiempo, su única novela publicada, tuvo una
larga germinación y fue transformada en varias ocasiones. La idea
empezó a desarrollarse en los años sesenta y, en 1968, Eligio decidió
escribirla. Inicialmente mucho más extensa, narrada en tercera persona y titulada Después de las fiestas, Eligió la presentó al concurso
nacional de novela “Vivencias”, en 1975. Para su publicación, en
1978, la novela se tituló Para matar el tiempo, y aparece narrada
por Hernando, uno de los personajes principales, lo que le imprime
el tono nostálgico que Eligio buscaba. En la primera edición, la de
Carlos Valencia Editores, al final de la novela se inscribe la fecha de
enero de 1970. En su entrevista con Jacques Gilard, Eligio García
explica que esa fecha marca la terminación del relato de Hernando,
como si fuera arrancado de su diario personal y no corresponde por
ende a la fecha en que Eligio García terminó de escribir la novela
(Gilard, “Eligio García se confiesa”, 58). El tiempo de la novela va
de diciembre de 1969 a enero de 1970. En la segunda edición, la de
la Biblioteca de Literatura Colombiana de la Editorial Oveja Negra,
la eliminación de la fecha al final hace que el lector identifique la
época de la novela con la de su escritura.
-“la oralidad escrita”-, los temas de la juventud, la
marginalidad, el deporte, la música, el sexo y la muerte,
al tiempo que muestra otra cara, nada heroica, de la
ciudad.
La narrativa de Eligio García evoca mundos
realmente vividos y nos ayuda a entender una
historia local. A diferencia de los textos históricos
o los estudios de planeación, Eligio García recobra
la memoria del pasado en una ciudad particular y
recupera la experiencia al conferirle un significado
(Warnock, 1987: 90, 100). Sus relatos, sin próceres ni
actos heroicos, recrean, a través de múltiples historias
con “h” minúscula, una sociedad de masas que no
canaliza las energías de sus jóvenes y cobra caro la
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trasgresión de la mujer. Cada narración se abre como
una ventana que muestra una parte de la realidad
desde una perspectiva singular y, en su conjunto,
revelan a una sociedad compleja y fragmentada
evitando simplificarla con la imposición de una sola
“identidad”, a la vez que cuestiona las conclusiones
de su historia oficial. Un factor une las diferentes
narraciones, aparentemente tan variadas: son anti
historias. Por una u otra razón, los personajes, aunque
hayan estado en la cumbre de la popularidad y del
poder, aparecen marginados y viviendo momentos
difíciles: un joven que muere en medio de la tristeza de
sus dolientes; el boxeador resentido que, encarcelado,
vive de la gloria del pasado; la mujer de la alta sociedad
que pierde en el juego y hace de su hija quinceañera
la chiva expiatoria de sus deudas; el beisbolista cuya
desgracia es la del béisbol profesional mismo; y la de
los jóvenes en camino hacia la madurez.
Ninguna de estas situaciones, aunque forman
parte integral de su realidad, habría de registrarse en
la historia oficial de la ciudad. Eligio García, autor
que “le da voz a los que no la tienen”, escribe sobre
acontecimientos que nadie haría públicos. En su obra
narrativa, de corta extensión y gran profundidad, reposa
la memoria de los nuevos pobladores de una Cartagena
transformada en urbe cuyas inéditas preocupaciones
claman por ser escuchadas. Eligio García es uno de los
primeros escritores que en Colombia ubica al lector en
el proceso socio-histórico del nacimiento de la cultura
de masas. En su narrativa se ve la pérdida de poder de
las oligarquías tradicionales y la presencia de una clase
media que aún no hace sentir su poder dentro de la
sociedad. Si bien el entorno es cartagenero y caribeño,
los personajes luchan con problemas y situaciones
universales. Al situar cada narración en un lugar
diferente de la ciudad, con su nombre correspondiente
en la realidad, Eligio García se erige como el historiador
privado de su ciudad.
Eligio García y el Caribe
La presencia del Caribe se siente, sin duda, en la
obra narrativa de Eligio García: el mar, la forma de
hablar, la música y el deporte, elementos constantes
en la novela y los cuentos, si bien se encuentran en
los diferentes espacios insulares o continentales de
la región, nunca se dan de manera idéntica, pues
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cada localidad les imprime su sello, enriqueciendo la
tradición.
1. Lo local y lo foráneo
En el complejo mundo de hoy es muy difícil
distinguir lo local y lo extranjero, lo autóctono y lo
global. Antes se hablaba de la “identidad” con el afán de
llegar a definir la región, la etnia, la nación, la localidad
y los procesos culturales que las caracterizaban. Hoy en
día el concepto de la “identidad” ha sido cuestionado
por su falta de precisión y claridad: la “identidad”
actualmente se ve como un elemento del discurso
(Melo, 2006: 89), como una estructura retórica (90).
A través del discurso los miembros de una comunidad
se reconocen como tales. Pero el abuso de este discurso
ha tenido sus consecuencias negativas. La “identidad” se
ha prestado para la creación de mitos manipulados por
políticos que tienden a olvidar, subestimar, o, en el peor
de los casos, satanizar a las minorías, los marginados y
los discriminados (95).
Lo local, entonces, está tejido de elementos
universales. Y los que manejan el poder determinan
las transformaciones culturales (96). Pero, al mismo
tiempo, la localidad adapta y modifica las nuevas
ideas. Antes se hablaba de la élite, de la oligarquía
todopoderosa en contraste con lo popular, lo excluido
(Nieves, 2001: 48). Pero en el mundo de hoy se ha visto
claramente que ni las élites ni los sectores populares
constituyen masas homogéneas. La expresión “cultura
popular”, en realidad hace referencia a múltiples
culturas populares. Y esas culturas populares, a la vez,
no son receptores pasivos de las culturas de las élites. Las
reapropiaciones creativas se ven en los gustos musicales,
la radio y los audiovisuales, para mencionar sólo unos
ejemplos. Y esa creatividad también se plasma en la
literatura de la región.
2. El Caribe en letras e imágenes
Cuando Eligio García comenzó a escribir, la
sociedad de las masas era un mundo nuevo que
apenas empezaba a sentirse. No obstante, había ciertas
iniciativas que Eligio García conocía y aplaudía. Pese a
reconocer el puesto pionero del escritor cubano Alejo
Carpentier (1904-1980) como “máximo exponente,
teórico y práctico, de esa realidad del Caribe”,
Eligio García expresó su preferencia por el Caribe de
Guillermo Cabrera Infante (1929-2005), al que sentía
más íntimamente (Gilard, 2007: 62). Eligio García fue
uno de los primeros escritores colombianos en reseñar
sus libros en la prensa nacional en los 70: en Tres tristes
tigres Cabrera Infante expresa su nostalgia de La Habana
anterior a la Revolución Cubana de 1959, a través de
unos “relatos vinculados entre sí por hilos secretos” (E.
García, 1972: 4). La narrativa del escritor cubano cuyos
personajes y metáforas de los mundos del boxeo y el
béisbol recuerdan al Ernest Hemingway (1899-1961)
que eligió el Caribe como su sitio preferido para vivir
y crear, interesó a Eligio García desde los años sesenta.
Tiempo después, cuando Eligio vivía en Londres,
conoció a Cabrera Infante y, a pesar de las diferencias
políticas con respecto a la Revolución cubana, se
hicieron amigos. Más tarde Eligio García incluiría una
entrevista de Cabrera Infante en su libro Son así.
En cuanto a los escritores y artistas que recreaban
el Caribe colombiano, Eligio García dejó constancia
de su admiración por la poesía de Luis Carlos López, a
quien veía como un hombre de “doble rostro” (Eligio
García, 1993: 216), pues pese a pertenecer a la clase
dirigente, se mostraba, a la vez, solidario con la gente
humilde. Lo que López expresaba en palabras, Hernán
Díaz, fotógrafo nacido en el interior, pero residente
en Cartagena, lo mostraba en imágenes que captaban
la Cartagena mestiza y auténtica que no registran los
folletines turísticos: “Bocagrande no es Cartagena.
Sus playas radiantes, sus hoteles ambiciosos, su frívolo
cosmopolitismo, sus mansiones aparatosas de nuevos
ricos, su cara superficial de ciudad bonita; todo esto
agrada pero hasta allí. Es imposible que sea algo más:
le ha dado la espalda al mar” (E. García, 1972: 7).
Eligio García (1947-2001) contrastaba la visión
turística y comercial de Cartagena con la visión mítica
de los libros del mayor de los hijos de Gabriel Eligio
García Martínez y Luisa Santiaga Márquez Iguarán, su
hermano Gabriel (1927), de quien lo separan veinte
años de cambios dramáticos e irreversibles en el país,
la región y la literatura, y de Álvaro Cepeda Samudio
(1926-1972). Cuando en 1980 se publicó una nueva
edición de La casa grande (1962), Eligio García (1985:
20) la reseñó en el Magazín Dominical de El Espectador
destacando la forma como Cepeda narra los hechos de
la huelga bananera en la región del Caribe en 1928 con
una combinación de diálogos y monólogos interiores
que, a su juicio, constituyen “un ejemplo magistral
de arquitectura. De despliegue de técnicas. Y, lo que
es más importante, de ejemplar y limpia escritura”.
Eligio García señala la “ausencia escandalosa” de los
libros de Cepeda en las librerías, a la vez que se da la
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tarea de divulgarlos y comentarlos, pues lo considera
excelente periodista y escritor generoso con los jóvenes
de la región que aspiraban a expresarse a través de
la palabra. Aún hoy el aporte de Cepeda a las letras
permanece ignorado, pues el escritor es mucho más
conocido por su amistad con Gabriel García Márquez
que por su propia obra.
Eligio García parecía tener los sentidos entrenados
para reconocer y denunciar las imágenes falsas del
Caribe y, cuando el resto del país la ignoraba o
despreciaba, él escribía sobre la región resaltando sus
valores y combatiendo las miradas distorsionadas y
los infundados estereotipos. Por esta razón es preciso
examinar lo que significa el Caribe en Colombia y su
relación con el mundo antillano y continental fuera de
sus límites territoriales.
62
3. El Caribe colombiano
De izquierda a derecha:
Eligio García, Ernesto Sábato y Myriam Garzón.
La región caribeña es en Colombia la de más antigua
influencia española. Santa Marta fue fundada en 1525 y
Cartagena en 1533. Desde el punto de vista cultural, la
conquista del Nuevo Mundo puede entenderse como la
globalización más dramática del mundo con la llegada
de la religión católica, el idioma español y la escritura.
La lectura pudo acelerar la globalización ya que el
lector recibía las nuevas ideas/órdenes sin necesidad de
desplazarse (Melo, 2006: 96). Sin embargo, la herencia
española no es un legado uniforme ya que tiene rasgos
de la España oficial y de la España popular, aunada a la
fuerte influencia árabe (Nieves, 2001: 51). Pero no sólo
ha tenido las influencias árabes de la península ibérica
del siglo XV, sino las de las nuevas inmigraciones del
Medio Oriente a América en el siglo XX, de gentes
que huían de guerras y conflictos, buscando una nueva
oportunidad (Musallam, 2006: 10-12).
Desde 1830, cuando se disolvió la Gran Colombia,
hasta mediados del siglo XX, los historiadores y
estudiosos están de acuerdo en que Colombia es, por lo
menos, cuatro naciones, una de las cuales la constituye
su costa caribeña (Williams, 1991: 12-13). El Caribe
colombiano, con la excepción de los pisos medios y
altos de la Sierra Nevada de Santa Marta, es una región
de tierras bajas y la composición étnica de su población
es, en su mayoría, andaluzoafricana, con vocación
mercantil, pesquera y agropecuaria (Mercado, 2003:
31). Como Colombia es un país de dos costas, la región
ahora conocida como caribeña, anteriormente fue
conocida como la costa atlántica. El cambio empieza
a darse en los 1970, cuando Eligio García comienza a
publicar sus relatos.
El impacto de la narrativa de Gabriel García
Márquez implicó, según el investigador contemporáneo
Eduardo Posada Carbó, una revaloración de la región,
cuyo resultado ha sido que “Colombia se descubre a
sí mismo también como costeña y caribe” (Posada,
1999: 20). En junio de 2006, en diferentes encuestas
en Colombia el “sombrero vueltiao”, trenzado de
la fibra de caña flecha, con un diseño en dos tonos
-beige y café-, de uso cotidiano principalmente entre
los campesinos de las sabanas de los departamentos
costeños de Córdoba y Sucre, fue escogido como
símbolo nacional (Tatis, 2006: 8), reemplazando a
la ruana, el carriel, las alpargatas, el tiple y el café,
símbolos nacionales de procedencia andina, vigentes
hasta los años sesenta.
Posada Carbó (1999: 21) encuentra una fuerte
tradición escrita desde los años setenta que ayuda a
forjar conciencia de la región y destaca la creación de
instituciones costeñas como Telecaribe, la programadora
televisiva regional; el Corpes de la costa atlántica que
promueve la planeación regional, y la apertura a un
reordenamiento territorial, a partir de las regiones, que
trajo consigo la Constitución de 1991, fundada en la
conciencia de que Colombia es un país pluriétnico
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y multicultural. Para Posada Carbó (1999: 20), en
consecuencia, la reivindicación de la costa no se da
como provincia, sino por su valor universal.
Lo sorprendente de la afirmación de Posada
Carbó radica en cómo él, a pesar de ser un estudioso
de la política, destaca el papel de la literatura en la
construcción del Caribe colombiano. Es como si
al ganar el Premio Nobel de la Literatura en 1982,
Gabriel García Márquez se llevara con él toda la región,
antes abandonada, al centro de la conciencia regional,
nacional, latinoamericana y universal. Y esa misma
conciencia ha provocado un replanteamiento de lo que
la región fue, es y puede ser. Los costeños nunca antes
“se habían reconocido a sí mismos con tanta intensidad,
ni con tanta minuciosidad, como en las pasadas tres
décadas” (21).
La región caribeña de Colombia fue y sigue siendo
un mundo oral, reforzado por la radio. La palabra
hablada, la palabra cantada, la música y el deporte
se comparten al interior del Caribe colombiano y
con los países situados en y a orillas del Mar Caribe.
Partes de Colombia, Venezuela, México y los países
centroamericanos forman parte del Caribe al igual
que las islas de Cuba, Puerto Rico y la República
Dominicana. Los casos de Colombia y Venezuela son
similares, pues en sus zonas andinas radica el poder.
El centralismo de las decisiones en Bogotá y Caracas,
durante mucho tiempo, hizo que la región caribeña
estuviera abandonada. Sin embargo, hay vínculos entre
las costas caribeñas de ambos países y muchas familias
colombianas de la costa tienen miembros en Venezuela
que, en el apogeo de su bonanza petrolera, ofrecía
oportunidades a nacionales del vecino país (Cárdenas
y Mejía, 2007: 3,7-8).
A través de la radio, el cine, la televisión y el
espectáculo en vivo, la muy variada y popular música
del Caribe se daba a conocer, enriqueciendo las
tradiciones populares de cada país. El bolero fue la
educación sentimental de las generaciones de los 50
y 60 en Colombia (Mercado, 2003: 117). Orquestas
como La Fania All Stars, la Sonora Matancera y el
Gran Combo de Puerto Rico se conocieron por todo
el Caribe latino (Rocha, 2006: 4). Los artistas se
presentaban en vivo y sus grabaciones circulaban legal
o clandestinamente por toda la región.
Otro pilar para la integración caribeña, tanto
dentro como fuera de Colombia, fue y es el deporte.
El béisbol y el boxeo son muy populares en el Caribe
colombiano. Aunque hay equipos de béisbol aficionado
en el interior del país, la costa caribeña se destaca por
tener equipos profesionales cuyos integrantes han
llegado a jugar en las Grandes Ligas. Y equipos de
todo el Gran Caribe participan en ligas de béisbol
con campeonatos organizados, muy populares en
toda la región. En 1946, cuando hacía campaña para
la presidencia de Colombia, Mariano Ospina Pérez
le ofreció al pueblo cartagenero la opción de escoger
entre un estadio de béisbol o alcantarillado, la gente, de
modo unánime, optó por el estadio y al salir elegido,
Ospina Pérez cumplió la promesa. Los grandes ídolos
de esa época eran “Chita” Miranda, el paracortos que
jamás cometía errores, y “Petaca” Rodríguez, el lanzador
que le ganó a Cuba, el equipo más temido de la región
(“Editorial”,1981: 2). El pueblo los sentía como suyos
y sus proezas han inspirado creaciones literarias y
musicales. Hoy en día Telecaribe presenta algunos
partidos de béisbol de Grandes Ligas y Costavisión, la
proveedora de televisión por cable, ofrece una amplia
programación de béisbol para su público.
Las similitudes dentro del Gran Caribe se extienden
mucho más allá del deporte y la música. Son lugares
con climas tropicales, que tradicionalmente vivían de
la pesca, la ganadería y los cultivos de tierra caliente: el
algodón, el tabaco, el azúcar, el banano y el arroz. Sus
fortunas han estado estrechamente ligadas a mercados
internacionales (Mercado, 2003: 114). Con la intención
de no depender tanto de esos mercados, la gran mayoría
de países de la región ha visto la ventaja del desarrollo
Eligio García con el puño en alto.
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del turismo para aprovechar su clima, su historia y
su belleza natural. Por supuesto, la competencia para
atraer el turista es fuerte y cada sitio busca la manera
de destacarse en ese competido mercado. Y, finalmente,
el contrabando, siempre presente en el Gran Caribe,
continúa hoy en día con el tráfico de narcóticos y armas
como los negocios más peligrosos y rentables.
El Caribe colombiano comprende los departamentos
de Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira,
Magdalena, Sucre y San Andrés. Según el censo de
1997, unos 8.5 millones de personas, un poco más del
21% de la población colombiana, vive en la región. Se
trata de un porcentaje en aumento, ya que el censo de
1973 muestra un 20% de la población colombiana en
la región (López y Abello, 1998: 1). De todas las áreas
geográficas del Caribe colombiano, la única isleña es
San Andrés. El Departamento de Cesar, creado en
1967, no tiene costas, pero sus tradiciones se asemejan
más a las caribeñas que a las de cualquier otra región y
su capital, Valledupar, es cuna de acordeoneros y de la
música vallenata que antes se conocía sólo en la costa,
pero hoy es un valor nacional.
Dentro del Caribe colombiano se dan ciertas
rivalidades y la de las ciudades de Cartagena y
Barranquilla es de las más exacerbadas. Barranquilla es
una ciudad comercial e industrial, abierta a inmigrantes
de diferentes países del mundo y mucho más joven que
Cartagena, a la que supera en población y actividad
portuaria. Y la competencia entre sus equipos de
béisbol siempre ha sido muy reñida (Mercado, 2003:
68). En cuanto a sus relaciones en el Gran Caribe,
Colombia tiene diferencias limítrofes con Venezuela
y con Nicaragua.
Desde los 1990 el Caribe ha recibido cierta
atención académica dentro de Colombia. En 1996
la Universidad Nacional estableció su Sede Caribe
en San Andrés y ofrece una maestría en estudios
del Caribe. La Universidad de Cartagena tiene un
Instituto Internacional de Estudios del Caribe que
ofrece una maestría y está en contacto permanente
con programas académicos en el Gran Caribe ya que
organiza un congreso bienal con académicos para
divulgar los nuevos conocimientos sobre la región. Y
también es posible estudiar el Caribe en universidades
privadas de Bogotá que ya se especializan en la
región. Además, la coordinación académica entre las
universidades se viene haciendo desde los 1990 a través
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del Observatorio del Caribe con sede en Cartagena, una
institución que publica estudios de y sobre la región
y organiza encuentros en diferentes lugares del país
para promover y divulgar los saberes relacionados con
el Caribe colombiano. Sus publicaciones han tenido
una circulación cuantiosa tanto dentro como fuera de
la región.
La actitud de Colombia hacia lo caribeño ha
cambiado desde los 70. Colombia cada día se reconoce
como un país integrado por diferentes regiones con
diferentes culturas y la costa, antes considerada exótica
y folklórica, en la que predominaba la afinidad por
la parranda y la aversión al trabajo, ha cambiado de
imagen. Las expresiones culturales de la costa se han
nacionalizado, ya que la región se destaca en la música,
la literatura y las artes plásticas (Posada, 1999: 22).
Aunque el vallenato se escucha a lo largo y ancho de
la nación y del continente y los cuadros de Alejandro
Obregón se exponen en Bogotá y en el Vaticano, es,
sobre todo, por sus escritores, en general, y Gabriel
García Márquez, en particular, que se tributa el gran
reconocimiento y la aceptación de la región.
El cambio de “costeño” a “caribeño” ha sido
positivo, pero la lucha por su valoración apenas
comenzaba cuando Eligio García empezó a escribir
sus obras de ficción. Y, como veremos más adelante,
Eligio García sitúa sus cuentos y su novela en el mundo
caribeño, un mundo con cualidades y defectos, que
merece mayor atención por parte de la literatura
colombiana, caribeña, latinoamericana y universal.
Aunque se respira el Caribe en la totalidad de la
narrativa de Eligio García, la presencia de la región se
concentra en cinco aspectos de las obras: los temas, el
entorno, la música, la actividad económica y el enfoque
de lo cotidiano. En las líneas que siguen, me propongo
examinar los elementos que identifican al Caribe, sin
olvidar que cuando se publicaron las obras de Eligio
García, el Caribe era una noción vaga y un tanto ajena a
Colombia, un lugar exclusivamente isleño, importante
en la época colonial, ámbito de figuras míticas como el
pirata, el corsario y el filibustero, que en su dimensión
literaria dio ori cuna del espíritu de la independencia en
el Nuevo Mundo gen a la poética de lo real maravilloso,
crisol de las culturas coexistentes en la región. Y el
mundo que Eligio García crea en sus narraciones es
un mundo actual, un mundo de “héroes terrenales”
para usar el término del escritor, periodista y pintor
del Caribe colombiano Héctor Rojas Herazo (Salcedo,
2006: 6). Y ese mundo fue nuevo para la literatura de
su época y su país.
4. El deporte en la narrativa de Eligio
García
El boxeo y el béisbol son los deportes preferidos en
el Caribe colombiano, tal como el fútbol y el ciclismo
son los preferidos en la región andina. Y el boxeo y el
béisbol ocupan lugares céntricos en la obra de Eligio
García. “El campeón de siempre”, aunque se centra en
el complejo y engañoso mundo interior de un boxeador
ex campeón, también comenta el mundo del boxeo,
presente en todo el Caribe, pues el pugilista pelea en
Kingston (402), Puerto Rico (405) y Maracaibo (407)
y el Kid, uno de sus contrincantes, “había tenido que
emigrar a Maracaibo por la ruta de los muertos de
hambre” (E. García, 1976: 400). Según el campeón,
sólo él cabía en el mundo del boxeo de Colombia y el
Kid debía buscar fortuna por otro lado. Pero al Kid le va
bien en el exterior, porque conquista el título mundial
en Panamá (401) y regresa a Colombia como un héroe.
Con el boxeo, la gente, buscando el ambiente propicio
para triunfar, cruza fronteras y amplía el mundo,
tanto para el deportista como para el aficionando.
El protagonista de “El campeón de siempre” no sabe
leer, pero ha viajado y ha conocido el mundo a través
de su deporte. El cuento evoca ese mundo en que
el personaje lucha para mantenerse como campeón,
cuando su público ya no cree en él. De esta manera
su gran derrota es consigo mismo y si bien el boxeo
proporciona el entorno, su lucha es universal.
El béisbol y la experiencia del beisbolista Jesse
Concepción son los motivos del cuento “Con pinta
de bigliguer”. Jesse, obviamente latino, viene a jugar
en Cartagena desde los Estados Unidos donde había
llevado a su equipo al primer puesto (E. García, 1981:
35). Los aficionados crean una leyenda sobre las
proezas de Jesse y esperan milagros de él. A pesar de
que en Cartagena jugaba con un equipo que perdía,
los aficionados lo creían capaz de convertirlo en “el
equipo más temido de toda la cuenca del Caribe” (35).
Durante mucho tiempo, Jesse no llena las expectativas
y los aficionados se molestan porque está ganando un
sueldo muy superior al de los jugadores nacionales y
consideran que “con ese dinero se podía traer al gran
Dimaggio (con Marilyn y todo) e incluso a Roberto
Clemente, el espectacular puertorriqueño” (38).
El mundo de béisbol profesional en Colombia es
un mundo caribeño. Las competencias internacionales
de aficionados y profesionales permiten conocer el
béisbol venezolano, panameño, mexicano, cubano,
dominicano y puertorriqueño, todos países con
una sólida tradición beisbolera. Frecuentemente los
mejores jugadores de las Grandes Ligas de los Estados
Unidos hacen su debut en las ligas caribeñas. Los
aficionados los conocen y siguen su trayectoria. Otra
vez, el deporte amplia el mundo tanto para el jugador
como para los aficionados que quieren que su equipo
se destaque en el mundo caribeño. Jesse Concepción
recuperó la confianza en sí mismo y pudo triunfar
en Cartagena y gracias a un acertado batazo, el odio
de la fanaticada se trueca en amor. Jesse, agradecido,
quiso volver a jugar más tarde en Cartagena, cuando
se había convertido en un “bibliguer” estelar, pero no
le fue posible porque el béisbol profesional se había
terminado en Cartagena. Mientras Jesse surge, el
béisbol cartagenero decae y muere. La lucha interna
de Jesse para recuperar la confianza bajo condiciones
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cada vez más adversas, eje del cuento, es una situación
humana universal ambientada en un contexto
netamente caribeño.
La novela Para matar el tiempo contiene asimismo
múltiples referencias al boxeo y al béisbol. De los
jóvenes del bonche, Willy quería ser boxeador (E.
García, 1978: 57) y Carmelo, beisbolista (60). Sin
embargo, ninguno de los dos realizaría su sueño ya que
la abuela de Willy se opuso a una carrera de boxeo para
su nieto y el brazo de Carmelo se cansaba rápidamente.
Los deportes son frecuente tema de conversación
entre los amigos del bonche ya que “en Cartagena se es
boxeador o se es beisbolista” (33). Y antes de Navidad
la selección cartagenera de béisbol reconquista el título
nacional, ganándole a la de Barranquilla. El júbilo se
sentía y “la gente se echó a las calles cantando el batazo:
eran gritos de emoción confundidos con las sirenas de
la radio y los pitos de los carros y la música antillana
que el viento comenzó a traer desde la Loma. Aquello
era el desorden de la dicha...” (83).
El deporte figura en un primer plano en el
lenguaje de los jóvenes que muchas veces construyen
comparaciones y metáforas con base en su mundo
de referencias. Cuando Hernando quiere expresar
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su sorpresa, lo hace con términos del deporte: “Fue
como en el béisbol, cuando lo cogen a uno fuera de
base” (40). Y al referirse a la relación de Carmelo con
Sandra señalan que hacen un “juego de béisbol y sexo”
en el que Carmelo pichea y Sandra es el cuarto bate,
pero no quieren las consecuencias de un jonrón (60).
Y no es extraño escuchar una mezcla de metáforas de
béisbol y boxeo. Hernando, el reportero del grupo,
el que cuenta sobre los demás, revela poco sobre lo
que está pasando en su interior; sin embargo, Carlos
Alberto casi logra descifrarlo y Hernando piensa:
“nuevamente yo estaba con la guardia en su sitio,
como los buenos boxeadores, que es como me gusta
estar siempre para que nunca me cojan de sorpresa
ni fuera de base” (43).
Finalmente, la novela menciona personajes y
hechos del mundo real. En una temprana versión de la
novela, Eligio García aludía al triunfo del colombiano
Álvaro Mejía en la maratón de San Silvestre en Sao
Paulo, un acontecimiento feliz para Colombia, pero
luego lo suprimió de la novela para referirse a la
muerte de Roberto Clemente, pese a que las fechas no
concuerdan, porque “era una referencia más concreta
al mundo del Caribe. La absurda trágica muerte de
ese beisbolista puertorriqueño conmovió más a los
cartageneros que el triunfo del colombiano Mejía”
(Gilard, 2007: 60).
En el Caribe el deporte significa mucho. Es, o
puede ser, alegría para el público aficionado. Sus
héroes, de condición humilde, de la clase popular, de
la masa, han superado obstáculos y vencido barreras
para llegar a la gloria y su pueblo se los agradece,
aunque el amor entre el deportista y el público no
sea eterno. No es gratuito entonces que Eligio García
señale el deporte como un elemento significativo en
su obra narrativa, pues ésta recrea un mundo popular,
familiar y cotidiano.
5. La presencia del mar en la narrativa
El mar está presente en todos los cuentos y la novela
de Eligio García. Para el boxeador y el beisbolista, la
playa es un sitio de libertad donde pueden correr y
practicar en un ambiente limpio y natural. Para el
boxeador es, además, un lugar para mostrarse y ser visto
por su antigua fanaticada y por un rico apoderado en
potencia (E. García, 1976: 413).
En Para matar el tiempo el mar es cómplice de los
amores de Sandra y Carmelo y los cobija cuando van
al hondo para hacer el amor. Pero Sandra era una joven
con un temperamento muy variable y su relación con
Carmelo tenía sus altibajos. Ella misma no se entendía
y le echaba la culpa al mar. Y cuando Hernando piensa
en eso, en su interior se dice: “Pobre mar” (E. García,
1978: 49).
En “A cambio de nada” Eligio García contrasta
el mar que existe para los turistas y el mar “oscuro e
impenetrable” para la protagonista (94). En camino a
su cita con el gerente del hotel, Carolina contempla el
mar, los barcos de vela y los sitios donde se construirían
alojamientos para los turistas y se detiene un momento
para mirar la nueva quinta que construyó el gerente,
visible desde el hotel como “un galeón de vidrio
iluminado” (E. García, 1971: 94). Para ella, inmersa
en su estado de desgracia, ese mar luminoso y alegre
no existe: el mar que llama su atención es el que no se
revela en la sombría noche.
El mar está presente en seis de las doce páginas de
“Esa rara tristeza”. Ángela, Luis y el narrador principal
amaban el mar y lo contemplaban juntos con frecuencia
al atardecer. En una de las conversaciones imaginarias
entre Luis y Ángela, él trata de convencerla de que su
sepultura será “el aire insondable, el mar eterno” (142).
Y luego, en otro momento, Luis le dice que si ella le da
un beso al mar, el mar le devuelve “su ternura salada”
(146). El mar es entonces un elemento que compartían
en vida y va a seguir uniéndolos más allá de la muerte de
Luis. Es un elemento “eterno” y “tierno” que tuvieron
juntos en vida y que Ángela tendrá para su consuelo
en la soledad de sus recuerdos.
6. El entorno tropical
El mar no es el único elemento que marca el
entorno del Caribe en la narrativa de Eligio García. El
trópico, con su arquitectura y su vegetación, también
se siente, sobre todo, en Para matar el tiempo. Tatiana
está en la arruinada mansión familiar en Pie de la Popa,
la misma que su abuela cuidaba con tanto esmero,
“pendiente del mínimo detalle, las flores del jardín,
pintar la mansión en todos los diciembres, los techos
reparados en agosto antes de que llegaran los grandes
aguaceros, los árboles refrescando aquella inmensa casa”
(E. García, 1978: 129). El ritmo del año con su verano
en diciembre y su invierno fuerte en septiembre es
típico del Caribe. En este contexto, “verano” significa
época de brisa y ausencia de lluvia y el “invierno”,
aguaceros. El clima cálido tropical se siente los doce
meses del año.
La arquitectura ecléctica de moda en Cuba
en el siglo diecinueve fue copiada en el Caribe
colombiano por los ganaderos y hombres de negocios
que intercambiaban productos en ese entonces. El
nuevo estilo con jardines suntuosos, frontispicios
e interiores con sólidas columnas se impuso en las
nuevas construcciones en los barrios de Manga y
Pie de la Popa (Mercado, 2003: 60). La mansión de
Tatiana impacta a Hernando. Es una construcción
con columnas “que comienzan a cariarse por culpa del
salitre”. Los ventanales son altos; los cuartos, inmensos
(E. García, 1978: 24). Hay varios patios, uno poblado
de árboles frutales y otro embaldosado con una fuente
(25). Pero en conversación con Hernando, el padre
de Tatiana comenta que los estilos arquitectónicos
no son auténticos: “falso germánico en las ventanas,
falsas columnas corintias, falso estilo marroquí, solo
auténticos los vitrales art nouveau” (129). Y la mansión
que una vez fue la envidia de la sociedad cartagenera
yace bajo capas de salitre y óxido, con las maderas
carcomidas por el comején (127, 131). El clima tropical
y marítimo, tan atractivo para el turista de climas fríos,
exige una cuidadosa protección de los elementos y la
persistente prevención de las plagas que abundan en
los paraísos caribeños.3
7. La música caribeña
La música en sus múltiples manifestaciones
hace parte del mundo caribeño y es uno de sus más
conocidos productos de exportación. El Caribe se
escucha en la obra narrativa de Eligio García.
En Para matar el tiempo el bonche de jóvenes pasa
el tiempo bailando y hablando de la música de moda.
Willy vende discos de contrabando y es un bailador
consumado. Para la fiesta de grado de su hermana
contrata los servicios de un picó, un potente equipo
de sonido con discos y un disc jockey para amenizar la
3
La mansión aún existe hoy en día en el barrio Pie de la Popa,
al lado de lo que fue el Teatro y Heladería Miramar. Actualmente
es la sede de una universidad.
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67
reunión (34). Hay considerable competencia entre los
dueños de los picós para conseguir música novedosa,
diferente y exclusiva y ellos hacen modificaciones
técnicas al sonido del equipo para acentuar ciertos
registros (Pacini, 1996: 8).
Bailar y saber bailar bien son valores entre el grupo
de amigos. “Si es por el baile yo les gano a todos” dice
Willy (E. García, 1978: 36), pero Nelaqui, también
experto, lo reta. En la fiesta de la hermana de Willy,
Sandra y Willy bailaron inspirados y los demás les
hicieron rueda, palmoteando y gritando al son de
la música. Luego todos bailaron “olvidándonos del
mundo, la culpa era de esa música que con solo oírla al
cuerpo le entraban unas irresistibles ganas de bailar...”
(58).
Muchas veces la canción de moda relata aconteci­
mientos cotidianos que se vuelven legendarios. Un
eterno campeonato de dominó, juego muy popular
en el ambiente caribeño, es la base para la canción
“El dominó celestial”, la cual narra la historia de “un
grupo de personas que jugaban desde hacía más de
cuarenta años un infinito campeonato de dominó;
algunos fundadores estaban muertos, otros habían sido
reemplazados por los hijos, los más ansiosos proponían
la fórmula de jugar todos al tiempo un dominó celestial”
(64-65). El cantante y compositor, Juancho José, invita
a los jugadores a dejar su campeonato para “bailar su
ritmo sabor” (65). No sabemos si el campeonato sucedió
realmente ni si había una canción que lo inmortalizaba.
Sin embargo, su inclusión en la novela contribuye a su
verosimilitud.
Los jóvenes conocen la música de todo el Caribe:
hablan de Ricardo Ray de Puerto Rico (21), de Santana
(46, 88), de Joe Cuba y su “terrible descarga” (105) y
de los boleros de Daniel Santos (148). Personas del
barrio del bonche tienen apodos de canciones cubanas
como Juancito Trucupei y Pepe Antonio (146). La
música antillana suena por la radio en Cartagena a
toda hora (74, 113) y las orquestas antillanas llegan a
la ciudad para amenizar las fiestas de noviembre (46).
Aunque predomina la música caribeña, los jóvenes
también están al tanto de la moda musical del mundo
occidental, pues se saben las canciones de los Beatles,
Simon y Garfunkel y Bob Dylan (88), todas con letra
en inglés.
A los jóvenes, la música movida, bailable, es la
que los atrae. Sin embargo, la música romántica, en
68
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esa época el bolero, les sirvió de “escuela sentimental”.
Los amores prohibidos, imposibles y difíciles,
inmortalizados en esas canciones, abren una ventana
al mundo de los sentimientos de otros que han vivido
más que ellos y saben expresar su estado emocional. En
el cuento “Con pinta de bigliguer”, Jesse Concepción
pasa las noches escuchando los boleros de Nelson
Pinedo, Celio González y Felipe Pirela para consolarse
(38). Aunque su problema no fue de amor, la música
romántica y sentimental le ayudaba a desahogar sus
penas. Y esa expresión musical se conocía y se escuchaba
por todo el Caribe.
La radio, la televisión, el cine y las compañías
discográficas divulgaban la música caribeña y los
artistas de otros países se presentaban en Colombia.
Había una marcada diferencia entre la música de la
costa y la del interior. El vallenato era un ritmo que
se escuchaba exclusivamente en la costa atlántica.
Las canciones reconstruían acontecimientos de
importancia local, inmortalizando así a personajes
como “Abel Antonio” que resucitó en su propio
velorio, y “la vieja Sara” que tuvo que soportar las
travesuras de los jóvenes del pueblo. Gabriel García
Márquez, gran aficionado de esta manifestación
musical, insiste que Cien años de soledad no es sino un
vallenato de trescientos cincuenta páginas (E. García,
2001: 340-41).4 En los 1980, Cartagena sería la sede
de un Festival de Música del Caribe con participación
de grupos musicales que cantaban en español,
francés e inglés. La música costeña ya se escucha en
todas partes dentro de Colombia y fuera del país.
Se componen vallenatos en la región andina, y un
ganador del Festival Vallenato es oriundo de Bogotá.
Pero en la época en que escribía Eligio García, esas
tendencias apenas comenzaban. El Caribe colombiano
se abría al Gran Caribe. Luego el Caribe se tomaría
a todo el país.
4
Por supuesto existe una canción vallenata titulada “El vallenato
Nobel”. Fue compuesta por el gran compositor de este género
musical, Rafael Escalona, quien formó parte de la delegación oficial
colombiana que acompañó a Gabriel García Márquez a Estocolmo
en 1982 para recibir el Premio Nobel. La canción, interpretada
por Los hermanos Zuleta, también integrantes de la delegación
colombiana a Estocolmo, menciona, entre otras cosas, las mariposas
amarillas de Mauricio Babilonia, los pescaditos de oro, el hielo que
un gitano trajo a Macondo y el perfume desconocido con el olor
de la guayaba. También hace una referencia indirecta al coronel a
quien nadie le escribe.
8. La actividad económica
El turismo, actividad económica que identifica
al Caribe, se presenta en la obra narrativa de Eligio
García, tanto en los cuentos como en la novela. El
campeón de boxeo quiere atraer la atención de un rico
extranjero y por eso practica en las playas por donde
pasan los turistas del aeropuerto al sector de los hoteles
(E. García, 1976: 404). Carolina pierde en el casino
de uno de los exclusivos hoteles un lunes de marzo sin
turistas (E. García, 2001: 98). Carmelo y Hernando
comentan la importancia de hablar inglés en Cartagena
para atender a los turistas (E. García, 1978: 98). Pero
el turismo trae también consecuencias indeseadas.
Hernando, ahogándose en el tedio de su vida sin
rumbo, dice que nunca ha pasado nada en Cartagena.
Carmelo le responde que sí ha habido cambio en la
ciudad: cada día hay más venta de droga y nuevas casas
de citas (43). Borracho, el 31 de diciembre, Hernando
habla de las vecinas que viajan a Venezuela a trabajar la
temporada turística como prostitutas (149).
El deporte también es una actividad económica
en el Caribe. El boxeador se sentía explotado por los
“tiburones del boxeo cartagenero” (E. García, 1976:
400). Los aficionados de béisbol resentían el elevado
sueldo que estaba ganando Jesse Concepción cuando no
rendía en el diamante ni en la caja de bateo (E. García,
1981: 38). El deporte genera dinero para un grupo
reducido de promotores, pero está sujeto al vaivén de
los mercados internacionales, mercados en los que el
Caribe está en desventaja.
En Para matar el tiempo, tres de los cinco amigos
están involucrados en el contrabando, actividad
económica, por excelencia, del Caribe. El Chino
andaba en la embarcación de su familia trayendo
contrabando para la venta (E. García, 1978: 33).
Nelaqui vende cigarrillos americanos en el mercado
(59) y Willy, música (22). Ambos productos estaban
sujetos a elevados impuestos y su evasión generó todo
un mercado de la ilegalidad. La economía informal, la
del “rebusque”, emplea a personas marginadas, como
los amigos del bonche, para vender esos productos que
entran al país clandestinamente, exponiéndolos así a
posibles consecuencias legales.
La familia de Tatiana, en cambio, en su época de
prosperidad, poseía extensas tierras donde cultivaba
el tabaco y la caña de azúcar y abundante ganado
(68). Cuando Eligio García escribía, se vivía un
empobrecimiento de la región. La demanda de carne
había bajado y en los precios de tabaco, algodón,
banano, arroz y maíz pasaban por un periodo crítico
(Mercado, 2003: 114). Como el deporte, el agro estaba
sujeto al comportamiento de mercados internacionales
y políticas monetarias fuera del control de los de la
región.
9. El enfoque cotidiano
Eligio García, Revista Credencial.
Según el escritor e investigador Jairo Mercado,
“el Caribe es tanto universo verbal como universo
espacial y la vida es aquí vivida en la medida en que
es hablada” (Mercado, 2003: 143). Los narradores del
Caribe emplean un tono costumbrista que reproduce
el mundo de “esas pequeñas y anónimas gentecitas
del montón” (141). En momentos oportunos para
la narración, Eligio García reproduce el acento y los
dichos típicos de sus personajes, sin caer en la réplica
exacta y constante del acento y la jerga de la gente.
Los comentarios de la palenquera en el entierro de
Luis en “Esa rara tristeza” reproducen el habla de esa
población (E. García, 1972:142) cuya presencia se
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69
Izq. Der. Santiago Mutis, Arnulfo Julio, Gabriel García
Márquez, Roberto Burgos Cantor y Eligio García Márquez-1989.
siente asimismo en “El campeón de siempre”, pues
uno de los principales contrincantes del campeón
es el Kid, un palenquero que logró traer un título
mundial de boxeo a Cartagena (Eligio García, 1976:
399-400).
En su estudio sobre la narrativa periodística
del Caribe, Alberto Salcedo (2006: 7) cita, entre
otros, a Eligio García como uno de los escritores
en la vanguardia de los cambios. Según Salcedo, lo
cotidiano entró en el periodismo colombiano con
los periodistas de la costa ya que los del interior
enfocaban a los ministros, la gente de la sociedad,
los acontecimientos históricos y el mundo europeo.
En el Caribe, en cambio, el periodista se esforzaba
para “encontrar noticias grandiosas en la vida común
y corriente de todos los días” (5). Lo cotidiano está
valorado y se ve la vida, aparentemente común y
corriente, no tan común y corriente. Y es precisamente
esa vida la que celebra Eligio García en su narrativa.
La vida cotidiana se ve en los reportajes, crónicas
y novelas de otros escritores y periodistas de la región:
Juan Gossaín, Ramón Illán Bacca, Roberto Burgos y
70
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Julio Olaciregui, para mencionar unos pocos. Y ya se
veía en algunos cuentos y reportajes de los modernistas
Rubén Darío (1867-1916) y Manuel Gutiérrez Nájera
(1859-1895).
Escribir sobre lo cotidiano siempre tiene su riesgo.
Hay que descubrir lo interesante y lo asombroso en un
mundo rutinario y tedioso. En Para matar el tiempo
los jóvenes, sin mayor oficio, están esperando asumir
sus vidas en una sociedad de pocas oportunidades.
Al finalizar ese año de baja actividad, Hernando se
emborracha y vomita para sacar “todas las tristezas
y amarguras de aquel año de mierda” (E. García,
1978: 52). Y como Hernando, hay muchos. El lector
que conoce la región puede reconocerlo y hasta
identificarse con él, pero siempre existe el riesgo de
aburrir, de decir lo que ya se sabe. Eligio García evita
ese problema con un cuidadoso tratamiento de lo
cotidiano, conectándolo con lo humano y lo universal.
En las vidas de los pequeños vemos grandes luchas
interiores y luchas heroicas contra grandes obstáculos
externos. Jesse Concepción logra triunfar mientras
que el campeón y Carolina se hunden cada vez más.
El bonche de marginados termina en trabajos menos
precarios e informales. Pero la vida de baile y tragos
termina abruptamente con la muerte de Sandra. Y las
ilusiones de Ángela terminan con la muerte de Luis.
Cómo asimilar la muerte, sobre todo de una persona
que aún no ha vivido, es algo que forma parte de la
condición humana. Otra vez, el contexto es caribeño
y la situación, universal.
Eligio García sitúa su narrativa en el Caribe
colombiano, un mundo con fuertes enlaces con el
Gran Caribe. Los temas, el entorno, la música, la
actividad económica y el enfoque de lo cotidiano son
elementos que él utiliza para crear o recrear el Caribe.
Es el mundo que él conoce, el mundo donde fue
criado, el mundo donde aspiraba a terminar su vida.
Su narrativa abre la puerta a ese mundo en su región
y su país, no como un ejemplo de lo local, sino como
valor universal. El reconocimiento de la narrativa de
este escritor, tan identificado con su región, está apenas
comenzando tanto en el Caribe colombiano como en
el resto del país.
Sin lugar a dudas el crecimiento urbano fue el
fenómeno social de más impacto en Colombia en la
segunda mitad del siglo XX. Eligio García nació en
un mundo rural y creció en los barrios populares de
Cartagena, ciudad del Caribe colombiano y sitio de los
legendarios actos de su pasado colonial. Es uno de los
primeros autores que escribe sobre la vida cotidiana de
la ciudad en el momento en que ésta se perfilaba como
un nuevo centro turístico en el Caribe.
C. Eligio García en el mundo de las letras
Las obras de Eligio García son realistas,
pero expresan una realidad temporal y espacial
fragmentada, a la vez que profundizan en el mundo
interior de sus personajes y sus complejas relaciones
multidimensionales con la sociedad. A Eligio García
le interesaba la marginación de sus personajes con
respecto al poder, los intereses y los valores de la
sociedad dominante. Fue el hijo menor de una
numerosa familia que llegó a Cartagena para probar
suerte en una época difícil para la ciudad, la región y
el país. Su familia no figuraba en la cumbre política
y social de Cartagena que Eligio observaba de lejos
y criticó de cerca en su obra narrativa. Él mismo se
ubica en la cultura popular y sus cuentos y novela
dan testimonio de una nueva fuerza en la ciudad: una
clase urbana de escasos recursos y altas aspiraciones,
que aún no tenía conciencia de sí misma dentro del
esquema urbano.
La mirada de Eligio García nos muestra que cada
persona tiene algo digno de contar o de ser contado
por muy pequeño y anónimo que sea. “Lo popular”
está hecho de lo autóctono y lo ajeno, filtrado por la
óptica particular de cada participante en el proceso.
La obra de este narrador representa la renovación
literaria conocida en Colombia como la nueva narrativa
urbana. Sus entornos son los diferentes sectores de la
ciudad de Cartagena. Las historias están narradas en un
lenguaje cotidiano y familiar. Los personajes luchan con
problemas humanos que trascienden las limitaciones
de época y espacio. Eligio García ubica al lector en el
proceso de cambio social, reflejado en su literatura.
Su obra nos ayuda a entender la historia de una época
específica y en un espacio particular, mientras que nos
identificamos con la humanidad de los personajes en
sus luchas, retos y derrotas.
Eligio García fue un escritor original y talentoso
tanto en el campo de la ficción como en el periodismo
y la crítica. Fue autodidacta en estos campos, pero su
hábito de lectura, adquirido a una temprana edad y
reforzado a lo largo de la vida, lo convirtió en uno de
los intelectuales de más vasta cultura literaria de su
país y su época. Para Eligio García la creación literaria
siempre era noticia y sentía el afán y la satisfacción de
compartir esa vasta cultura con el público.
Cuando Eligio García empezaba a escribir y a
publicar, lo que los sociólogos llamarían la cultura de
masas, estaba comenzando, alimentada por la radio, el
deporte, la música y los medios de comunicación. Sin
embargo, por el tratamiento individual que da a sus
personajes, Eligio García los rescata del montón. El
autor comparte sus secretos con el lector, quien aprecia
la gran variedad y diversidad entre los habitantes de
una urbe.
El Caribe está muy presente en las referencias
a la vegetación, el clima y las playas que identifican
la ciudad. El boxeo y el béisbol son deportes que
apasionan tanto al cartagenero como al caribeño de
otros países. Los nombres de los boxeadores en el
cuento corresponden a seres reales de la época que
combatieron con el campeón. Los equipos de béisbol
corresponden a los de la ciudad y la rivalidad entre
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71
Cartagena y Barranquilla en el deporte fue y sigue
siendo real. Y la música, presente en la novela, es la
que los jóvenes escuchaban y bailaban en sus fiestas
y reuniones.
A través de los cuentos y la novela el lector de la
obra narrativa de Eligio García entra en el mundo de
Cartagena de los sesenta y setenta. Su obra muestra
el Caribe y Cartagena en los comienzos del proceso
de integración nacional y regional. Hasta mediados
del siglo XX, la costa atlántica de Colombia, con el
20% de la población nacional, se integraba al país en
términos políticos, pero en términos culturales miraba
hacia el Gran Caribe. La música y el deporte facilitaron
esa integración y la radio fue el medio que permitió y
promovió la comunicación, a veces más fácil y amena
con Cuba y Puerto Rico que con Bogotá. La valoración
de la palabra hablada y cantada se compartía en la costa
atlántica de Colombia y con el Gran Caribe de habla
española.
La costa atlántica tenía una imagen negativa
en la región andina de Colombia, región de donde
emana el poder. El costeño típico era una persona
extrovertida, apta para las fiestas y los bailes, pero
poco dispuesta para el trabajo. La región mostraba
grandes carencias en salud y educación. Sus mani­
72
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fes­t aciones culturales en literatura, pintura y
música tenían poca divulgación fuera de la región.
Su folklore se consideraba divertido como una
expresión de lo diferente y lo exótico, precisamente
las cualidades que el nuevo sector turístico esperaba
aprovechar y explotar.
Los movimientos internos de la población
colombiana y los grandes avances en los medios de
comunicación en la segunda mitad del siglo veinte
contribuyeron a la integración nacional. La costa
atlántica empieza a reconocerse como el Caribe
colombiano a la vez que todo colombiano se reconoce
como caribeño. La música, el deporte y la oralidad, tan
características de la región, invaden el mundo andino,
no como costumbres locales, sino como valores
nacionales y universales. El lugar de Cartagena y el
Caribe cobra importancia en el universo colombiano
por la narrativa de Eligio García quien muestra, con
sus cualidades y defectos, a la región, en la que todavía
era posible celebrar la vida. La nostalgia del Caribe de
su crianza nunca se apartó de Eligio García, aunque la
región dejó de ser su domicilio principal desde 1968.
Su narrativa la inmortaliza y le permite compartirla
con sus lectores, lo que constituye un excelente legado
para su ciudad, su región y su país.
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73
cul
t
ura
Amor, despecho y cortesía en las canciones
de Agustín Lara
Julio Escamilla Morales
1. Introducción�1
Agustín Lara fue un inigualable compositor y
pianista mexicano a quien la popularidad y la leyenda
convirtieron en uno de los más importantes artistas
latinoamericanos del siglo XX. De él dijo Carlos
Monsiváis (2005: 61) que fue “el hombre que no le tuvo
miedo ni a los sentimientos ni a su expresión febril”.
También afirmó que de Lara los mexicanos lo conocían
todo: “bohemia, sinceridad atroz, entrega saqueable a
las mujeres, cursilería implacable, romanticismo estoico
y al pie de la letra, mitomanía sentimental, inspiración a
raudales, caballerosidad como derroche, magnificencia
sin límites”. A la construcción y perpetuación de ese
imaginario socio-cultural contribuyó el mismo Lara
cuando, en una entrevista publicada en la revista
Siempre en abril de 1960 (Citado por Monsiváis, 2005,
62), expresó lo siguiente:
He amado y he tenido la gloriosa dicha de que me
amen. Las mujeres en mi vida se cuentan por docenas.
He dado miles de besos y la esencia de mis manos se
ha gastado en caricias, dejándolas apergaminadas. He
tocado kilómetros de teclas de piano y con las notas
de mis canciones se pueden componer más sinfonías que
las de Beethoven. Tres veces he tenido fortuna –fortunas,
no tonterías- y tres veces las he perdido. Las joyas que he
componer una “java” francesa, que un “pasodoble” español,
una “tarantela” italiana que un “lied” alemán. He gastado más
de 2000 trajes de finos casimires ingleses muy bien cortados
y los coches que he poseído podrían formar una hilera de
los Indios Verdes a las Pirámides de Teotihuacán. He tenido
junto a mi perfil de “cara dura” a los rostros más bellos de
este siglo a partir de Celia Montalván. Soy un ingrediente
nacional como el hepazote o el tequila… pero en el fondo
soy más Werther que Dorian Gray. No soy apocado para el
pecado y amar ha sido el capital de los míos.
regalado, puestas como estrellas en el cielo, podrían formar
la Osa Mayor en una refulgente constelación de diamantes,
esmeraldas, rubíes, zafiros y perlas. He viajado lo suficiente
como para dar 20 vueltas al mundo. Hablo francés como
si fuera mi idioma y el Señor de los Señores me otorgó la
divina gracia de la musicalidad y, con ello, lo mismo puedo
74
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1
El autor agradece a los colegas Grandfield Henry y Efraín
Morales, miembros activos del Círculo de Análisis de DiscursoCADIS, por sus minuciosos comentarios sobre los borradores de
este artículo y, especialmente, por sus sugerencias relacionadas con
las explicaciones que aquí se hacen acerca de la enunciación y la
(des) cortesía en las canciones de Agustín Lara.
Soy ridículamente cursi y me encanta serlo. Porque
la mía es una sinceridad que otros rehúyen…
ridículamente. Cualquiera que es romántico tiene un
fino sentido de lo cursi y no desecharlo es una posición
de inteligencia. A las mujeres les gusta que así sea y no
por ellas voy a preferir a los hombres. Pero ser así es,
también, una parte de la personalidad artística y no
voy a renunciar a ella para ser, como tantos, un hombre
duro, un payaso de máscaras hechas, de impasibilidades
estudiadas. Vibro con lo que es tenso y si mi emoción
no la puedo traducir más que en el barroco lenguaje de
lo cursi, de ello no me avergüenzo, lo repito, porque
soy bien intencionado.
Quiero morir católico pero lo más tarde posible.
En esa sui generis caracterización hecha por el
propio Ángel Agustín María Carlos Fausto Alfonso
del Sagrado Corazón de Jesús Lara Aguirre del Pino,
nombre con el que fue bautizado el Agustín Lara que
todos conocemos, se resalta su genialidad musical
para componer canciones de muy diversos géneros.
De acuerdo con Évora (2001: 215), “su sensibilidad
creativa fue tal que sin ser un músico calificado había
compuesto poco menos de 500 piezas musicales de
varios géneros, incluyendo unos 170 boleros que
todavía se cantan y bailan”. Además de eso, Lara ha
sido “seguramente el compositor a quien más le han
grabado en la historia de la canción y el bolero” (Évora,
210). En muchas de esas canciones y boleros Agustín
Lara le ha cantado, por supuesto, tanto al amor feliz
como al desdichado. De amor feliz hablan, por ejemplo,
canciones suyas muy populares como Amor de mis
amores, Azul, El adiós del marino, Mujer, Pensando en ti,
Santa y la siempre recordada y tarareada María bonita.
Del despecho y el amor desdichado se encargan, por su
parte, canciones como Arráncame la vida, Aunque no
me quieras, A tus pies, Buscándote, Cuando vuelvas, En
vano espero, Estrella solitaria, ¿Por qué negar?, Reliquia
y Rival.
Según los biógrafos y conocedores de la obra
musical de Agustín Lara, la mayoría de sus canciones
recrean sus vivencias personales y guardan, por lo tanto,
una estrecha relación con su vida sentimental (Zavala,
2000; Rico Salazar, 1987; Castillo Zapata, 1993;
Cabrera Infante, 2002; Monsiváis, 2005, entre otros), es
decir, son de naturaleza abiertamente lírica. El lirismo,
como todos sabemos, se caracteriza por presentar “la
María Félix.
visión estrictamente personal de un autor que revela
sus propias experiencias y sentimientos” (Escamilla,
Morales & Henry, 2005: 49). A este mismo respecto,
Thomas (1995: 111) afirma que “todas las canciones
son composiciones líricas de hondo subjetivismo cuya
temática se refiere casi siempre al amor y, por ello, su
función dominante es expresiva y ‘poética’, enunciada
en forma de monólogo, acompañada siempre
musicalmente”. Este carácter esencialmente lírico de las
canciones de Lara está relacionado con declaraciones
amorosas o peticiones sentimentales, intentos de
reconciliación, manifestación de incertidumbre frente
a los sentimientos de la persona amada, expresión
de tristeza por la ausencia de esa persona amada,
exteriorización de una pena de amor o manifestación
de desazón por la separación de su pareja y cambio de
actitud sentimental2. Lo anterior equivale a decir que,
como lo señala el compositor colombiano Alejandro
Durán, “no hay sino dos temas para componer: amor
y decepción: Uno enamorado hace cosas bonitas, cosas
alegres; decepcionado hace lamentos, quejas” (citado
por Escamilla et al., 2005: 38). Eso mismo lo plantea
el compositor puertorriqueño “Tite” Curet Alonso de
la siguiente manera:
2
Este fenómeno, característico de la canción popular en general,
lo hemos explicado más ampliamente en un trabajo colectivo sobre
la canción vallenata, uno de los géneros musicales de mayor arraigo
en toda Colombia (Escamilla et al., 2005 (15, 37-41).
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75
La gente siempre vive del amor, y el amor, a diferencia
de lo que muchos creen, es un enfrentamiento, un
enfrentamiento fecundo y dramático y de él siempre
queda el drama. Cuando una relación amorosa se
mantiene estable, digamos que normal, pierde la
expectativa (…). La gente cuando habla del amor,
habla porque éste ya pasó y porque quieren que vuelva
a pasar, y es ahí cuando viene el bolero. El bolero es un
acto de agresión, de alevosía, el reto por lo que fue y
el reto por lo que vendrá (Citado por Rondón, 2007:
271-272).
2. Algunas consideraciones sobre el bolero
Desde la perspectiva de Zavala (2000: 31), el
bolero ha sido considerado como una forma musical
que ha alegrado “corazones compungidos con temas
de despecho o decepción” y, sobre todo, como “formas
elípticas de declarar el amor, afianzarlo o despedirlo”.
Para otros, “el bolero es la música del amor no
correspondido, del amor triste” (Espinosa, 1993). Esto
mismo lo expresa Lara Romero (2001: 22): “El amor
feliz no tiene historia. Sólo el amor mortal es novelesco;
es decir el amor amenazado y condenado por la propia
vida. Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer
de los sentidos ni la paz fecunda de la pareja. Es menos el
amor colmado que la pasión de amor. Y pasión significa
sufrimiento. Tal es el hecho fundamental”. Ahora bien,
cuando se le mira como “cuerpo discursivo, el bolero
es una institución perversa que pone en escena una
contrasociedad regida por Eros” y se convierte, por esa
razón, en “un enigma de seducción” (Zavala, 2000: 32).
Para Castillo Zapata (1993: 25), quien lo denomina
“dispensador de paradigmas de actuación y de relación,
el bolero es el almacén simbólico más rico con que
contamos, a nivel continental, para comprender y
expresar el amor, para asumirnos como enamorados y
desempeñarnos como tales”. Sin pretender que “todo
el mundo se enamore en Hispanoamérica según las
pautas que el discurso bolerístico propone”, este mismo
autor afirma que “el bolero proporciona a quien lo
escucha, a quien aprende a servirse de él como lengua
natural del amor, el imprescindible privilegio de vivir
las apreturas amorosas más reconfortado, menos solo,
menos desamparado, menos a la deriva, y hasta, si se
quiere, menos desprovisto de confort” (Castillo Zapata,
25).
76
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Teniendo en cuenta lo antes planteado, este
artículo se centra en las conclusiones obtenidas en el
estudio semiolingüístico de un corpus de 80 canciones
románticas del compositor Agustín Lara, sin distingo
de ritmo o cadencia musical3, en las que es evidente
la presencia discursiva de los interlocutores, es decir,
aquellas en las que aparece un sujeto enunciante que le
habla directamente a un destinatario femenino con el
cual mantiene/ha mantenido relaciones sentimentales
o quiere establecerlas/restablecerlas4. Pero como “no
se habla del amor, como diría Barthes (citado por
Castillo Zapata, 9), sin un [destinatario] constante,
implícito o explícito, real o alucinado, presente, pasado
o futuro al que remito mis palabras”, en este trabajo
diferenciamos, siguiendo a Hernández Flores (2004:
99), los “tipos de actividades de imagen” efectuadas por
el compositor-enunciante en cada canción: las dirigidas
a exaltar su propia imagen, por un lado, y las dirigidas
a realzar tanto “la imagen del destinatario como la
propia”, que son las que tienen que ver directamente
con el fenómeno socio-discursivo denominado
cortesía. A este propósito es conveniente resaltar
que, como lo recalca Amossy (1999: 9), en realidad,
“todo uso de la palabra implica la construcción de
una imagen de sí mismo” y “para ello no es necesario
que el locutor trace su retrato, detalle sus cualidades
ni que hable explícitamente de él mismo [ya que] su
3
En la bibliografía consultada es frecuente encontrar rotuladas
con el nombre de boleros todas las canciones románticas de Agustín
Lara, aun tratándose de aires musicales diferentes como el danzonete,
el vals, el tango, el blues y la canción. Esta “indeterminación del
bolero como género y su maleabilidad, que facilita el surgimiento de
híbridos como la canción-bolero, el bolero-beguín, bolero-moruno,
bolero-tango, bolero-mambo, bolero-gitano, bolero-ranchera y el
bolero-chá”, ha sido achacada por Acosta (2007: 226) a “la existencia de varios procesos distintos” en la conformación del bolero
como género musical. Para los propósitos de nuestro estudio, y
aún a riesgo de ser anatematizados por algunos musicólogos, eso
no es relevante, pues sólo nos interesa explicar el funcionamiento
discursivo de la cortesía en el corpus seleccionado.
4
La selección del corpus de canciones analizadas se basó en la
recopilación de Mario Arturo Ramos, titulada Agustín Lara: cien
años, cien canciones (México: Océano, 2002), en el libro Cien años
de bolero, de Jaime Rico Salazar (1987), en la Biblioteca de Voces del
Siglo XX y en el Prontuario de la canción mexicana, lo mismo que
en la audición de las canciones grabadas por el mismo compositor
y por cantantes de reconocimiento internacional. Como es apenas
obvio, en varios casos, nos topamos con versiones diferentes de
una misma canción, caso en el cual optamos siempre por la versión
grabada por el propio compositor.
estilo, sus competencias discursivas y enciclopédicas,
sus creencias implícitas son suficientes para dar una
representación de su persona”. Además de esas actitudes
corteses, en este trabajo también diferenciamos, claro
está, entre las actitudes supuestamente descorteses
asumidas por el enunciante cuando profiere ofensas
no intencionales (en las que “parece haber actuado
inocentemente”) y ofensas maliciosas, “cuya intención
es insultar abiertamente” 5 (Goffman, citado por
Bernal, 2007: 69).
Bravo (2005: 33-34) caracteriza la cortesía como
“una actividad comunicativa cuya finalidad propia es
quedar bien con el otro y que responde a normas y
a códigos sociales que se suponen en conocimiento
de los hablantes. Este tipo de actividad en todos los
contextos considera el beneficio del interlocutor. El
efecto que esta actividad tiene en la interacción es
interpersonalmente positivo”. Tomando en cuenta
esa caracterización sociocultural de la cortesía,
Bernal (2007: 86) nos describe la descortesía como
“una actividad comunicativa a la que se le atribuye la
finalidad de dañar la imagen del otro y que responde
a códigos sociales supuestamente compartidos por los
hablantes” (Cursiva en el original). Nos dice, además,
que “en todos los contextos” la descortesía “perjudica
al interlocutor” y que su “efecto emergente (…) es
interpersonalmente negativo”. Kerbrat-Orecchioni
(2005: 147) ha considerado, por su parte, que “la
cortesía no es otra cosa que una máquina para mantener
o restaurar el equilibrio ritual entre los interactantes,
y por lo tanto para fabricar contentamiento mutuo”
(Cursiva en el original). Considerando “que su no
respeto desencadena reacciones de violento discurso”
y apoyándose en una definición dada por La Bruyère,
añade: “Me parece que el espíritu de cortesía consiste
en cierta atención por lograr que mediante nuestras
palabras y nuestros modales los demás queden
contentos de nosotros y de ellos mismos”.
Ahora bien, hablar de bolero y canciones románticas
de naturaleza similar de fuerte arraigo popular en
Latinoamérica6, implica hacerlo siempre sobre la base de
considerar ese tipo de canciones como manifestaciones
concretas de literatura popular “identitaria” que
constituyen “una numerosísima colección de productos
verbales de factura poética (bien o mal sucedida) con
temáticas recurrentes y circulación reconocible en el
entorno social e histórico donde se producen, con
marcado carácter tropológico y reconocibilidad social”
(Muñoz-Hidalgo, 2007: 6). Según este mismo autor,
El bolero es, primordialmente, música popular, aunque
su recepción social esté fuertemente condicionada por
su discurso poético. Sin la letra, el bolero pierde su
condición identitaria y su capacidad de ser repetido
y vehiculizado entre uno y otro oyente. Y del mismo
modo como en el vasto repertorio de la tradición oral
los textos son rítmicamente acompasados para facilitar
su memorización, el bolero posee una melodía que
perdura en la memoria del oyente y permite que, con
tan sólo un verso emblemático, el oyente reconstruya
el diseño melódico. V.gr.: Esta tarde vi llover; Solamente
una vez; Tú me acostumbraste; Reloj, no marques las horas;
En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse…
son frases que por sí solas evocan la melodía que las
vehiculizó”.
Desde el punto de vista de su producción discursiva,
al igual que cualquier otro tipo de canción, el bolero
está basado en una “puesta en escena” del lenguaje
en la que participan seres reales y seres discursivos,
5
Estamos de acuerdo con Bernal (2007: 69) cuando plantea
“las dificultades que surgen al tratar de determinar si una persona
ha actuado intencionadamente o no”, pues no es el analista quien
decide “que el hablante A, al usar un término grosero hacia B,
ha sido descortés”. En nuestro caso, siendo la canción un acto
monolocutivo por excelencia, es decir, un acto en el que solamente conocemos lo dicho por el enunciante pero no la reacción
de su destinatario, estaríamos en incapacidad de determinar si la
actitud asumida por ese enunciante fue cortés o descortés. Para
obviar ese problema, tendremos en cuenta que “el valor cortés o
descortés de una expresión está parcialmente determinado por la
actividad en que se enmarca”, tal como lo señala Culpeper (citado
por Bernal, 73).
6
El bolero como género musical surgió en Cuba a finales del siglo
XIX y se extendió inmediatamente por todo el Caribe, de donde
pasó a gozar de gran aceptación en el mundo entero. De acuerdo
con lo expresado por Évora (2001), desde sus inicios el bolero “se
convirtió en una modalidad poética de uso común y melodías
pegadizas al alcance de todos gracias a la radio, los discos”. A este
respecto, Romero (2001) ha reconocido que “antes de aprender
a leer y a escribir, antes de amar y de odiar, antes de aprender a
caminar y a huir, los habitantes del Caribe nacemos, crecemos y nos
desarrollamos determinados por la música, la variada y riquísima
música caribeña; desde el Drume negrita que nos cantan al pie de la
cuna para dormirnos, hasta el Bésame mucho que susurramos desde
la adolescencia a la mujer amada, pasando por los ritmos excitantes
que, en el baile colectivo, nos permiten celebrar nuestra particular
y contradictoria existencia”.
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77
produciéndose una doble relación que funciona de la
siguiente manera:
-
Relación entre los seres reales o interlocutores, es
decir, los “seres sociales y sicológicos que entran en
contacto a través de ese tipo de discurso” (Escamilla
et al., 2005: 16): el compositor de cada canción
y el público que la escucha, que es, en última
instancia, su real destinatario, pues las canciones
son compuestas para darlas a conocer públicamente
a través de los discos, la radio y las presentaciones
en vivo del artista que las actualiza cada vez que
las canta.
-
Relación entre los sujetos discursivos, que no
son más que las imágenes del enunciante y del
destinatario puestas en escena por el locutorcompositor que produce la canción. En este caso,
hay que precisar que no hay un solo destinatario,
sino dos: el primero es, teniendo en cuenta lo dicho
en el literal anterior, el público que ama el bolero y
se deleita con lo que en él se cuenta o se describe; el
segundo, es de naturaleza estrictamente discursiva
y no es otro que la persona a la que se le habla, así
sea un ser de ficción.
Locutor-Emisor:
Agustín Lara
Enunciante:
Sujeto que aparece
hablando en la canción
Interlocutor-Receptor:
Oyente(s) de la canción
Destinatario 1:
Público amante del discurso
amoroso
Destinatario 2:
Sujeto al que se le habla en la
canción amada
Representación gráfica de la puesta en escena discursiva
en las canciones de Agustín Lara
Como aparece representado en la gráfica precedente,
el compositor Agustín Lara se constituye en “el
responsable directo” de la producción discursiva de sus
canciones, ya que fue él quien conscientemente hizo
uso “de las permisiones y limitaciones señaladas por el
marco situacional” en que ellas surgieron (Escamilla et
78
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al., 2005: 16). Aquí hay que resaltar que el bolero es
“una forma especializada en poetizar tipos de relación
social” y que “entre la amplia producción de boleros
perviven textos que, más allá de los estereotipos,
resultan síntesis de la expresión artística de modos de
creer, de sentir y vivir, propios de su contexto cultural”
(Lara Romero, 2001: 37). En consecuencia, tanto el
propio compositor Lara como los sujetos amorosos que
aparecen hablando en sus canciones, lo hacen como
hombres pertenecientes a la cultura latinoamericana,
la cual nadie duda en calificar de machista. En otras
palabras, el enunciante que aparece en ellas actúa
de manera similar a como lo haría cualquier otro
latinoamericano en contextos similares, es decir, cortés
y galantemente, como lo hacían frente a “la vida
amorosa” los hombres provenzales en los siglos XII y
XIII (Castillo Zapata, 25)7.
3. Enunciación y (des)cortesía
en las canciones románticas de Agustín Lara
En las canciones de Agustín Lara que han servido
de base al análisis que aquí presentamos, es evidente
que su autor ha dejado traslucir sus propias vivencias
personales y exterioriza algunos de sus comportamientos
discursivos como amante empedernido que fue. “Su vida
bohemia le trajo bastantes desdichas, que felizmente
para sus admiradores, sublimó en páginas inolvidables”,
inspiradas “en desconsolados amores imposibles”
(Évora, 2001: 211-212) y en los placenteros momentos
que vivió al lado de su “María bonita, María del alma”
y de las “docenas” de mujeres que también lo amaron,
como él mismo lo reitera en ese texto exuberante que
citamos al comienzo de este artículo. En esos amores
felices y desdichados se halla la razón por la cual sus
canciones giran en torno a actos de lenguaje muy
significativos como exaltar, desear o entregarse al ser
amado, implorarle su cariño o renunciar a él, censurar
a esa persona o vengarse de ella, dudar de su amor o
arrepentirse de él, prometerle algo o desconocer a la
persona amada, los cuales pueden ser considerados
7
Según Castillo Zapata (25), “la vida amorosa de los hombre
provenzales” estaba organizada “puntillosamente, como en un
encaje” y se caracterizaba por ser una “red dispensadora de modelos
de actuación y de relación, de fórmulas expresivas y meditativas”.
En ese contexto, “el aparato simbólico de la cortezia era al mismo
tiempo un soporte universal e individual de la existencia”.
Invtiación al romance
corteses o descorteses según la circunstancia situacional
en que cada uno de ellos aparece.
Basándonos en los postulados de KerbratOrecchioni (1997: 93) sobre la subjetividad en el
lenguaje, podemos afirmar que las canciones de Lara
son discursos eminentemente subjetivos por cuanto
en ellas aparece un enunciante que “se confiesa
explícitamente o se reconoce implícitamente como la
fuente” de todo lo que allí se dice acerca de unos sujetos
amorosos, uno de los cuales es él mismo. Y porque,
además, utiliza elementos lingüísticos en los cuales
aparece, como veremos posteriormente, su indiscutible
impronta personal.
Antes de entrar a considerar la naturaleza (des)
cortés de los actos enunciativos que subyacen en las
canciones de Agustín Lara, es conveniente resaltar
que, tal como lo indica Fromilhague (1995: 105-106)
a propósito de “los poemas líricos”, tales actos están
dirigidos “a un interlocutor ficticio” femenino y que
“los poemas líricos dirigidos a seres femeninos” están
basados en la figura retórica denominada “apóstrofe”,
que es la encargada de establecer discursivamente la
comunicación entre los interlocutores�.8
En las primeras décadas del siglo pasado, Bajtín
(1987: 123)9 ya había sentenciado que ‘la enunciación
es el producto de la interacción de dos individuos
socialmente organizados y [que] aun en los casos en que
no hay un interlocutor real, podemos substituirlo por el
prototipo del grupo social al que pertenece el locutor”,
pues siempre “la palabra se dirige a un interlocutor”
(…) No puede haber interlocutor abstracto’10. Mucho
tiempo después, Benveniste (1981: 82-91) confirmaba,
sin haber leído a Bajtín, que “toda enunciación es
explícita o implícitamente una alocución”, es decir
una interacción que exige un interlocutor. Para él,
la enunciación es el acto individual que le permite
a un locutor apropiarse del “aparato formal” de la
lengua, construirse a sí mismo como sujeto discursivo
y convertirse en centro de referencia de su acto de
lenguaje, al tiempo que “postula” y construye a su
destinatario, cualquiera que sea el grado de presencia
de éste. Todo ello es posible a través de la utilización de
“formas específicas cuya función es poner al locutor en
relación constante y necesaria con su enunciación”. Uno
de los aspectos fundamentales de los planteamientos de
Benveniste radica en que, según él, la “relación yo-tú”
sólo puede producirse en y gracias a la enunciación.
A propósito de esa relación ineluctable y del
marco situacional en que ella se produce, KerbratOrecchioni (1997: 28) precisa que es en ella donde
cada interlocutor construye su imagen de enunciante al
8
El apóstrofe es definido como una ‘figura estilística que consiste
en interrumpir un discurso o un relato para dirigirse súbitamente
a un destinatario generalmente ausente o ficticio’ (Figure de style
qui consiste à interrompre un discours ou un récit pour s’adresser
subitement à un destinataire en général absent ou fictif) (Pougeoise,
2001: 50). También es definido por este mismo autor (51) como
‘un modo de enunciación discursiva que permite designar a un
destinatario animado o personificado al cual uno le dirige la palabra
con el fin de llamar su atención’ (Mode d’énonciation discursive
qui permet de désigner un destinataire animé ou personifié auquel
on adresse la parole afin d’attirer son attention).
9
Aunque los planteamientos de Bajtin a que nos referimos
aparecieron consignados en su obra “El marxismo y la filosofía del
lenguaje”, publicada en Rusia en 1929, bajo la supuesta autoría
de V. N. Voloshinov, sólo fueron conocidos en Occidente medio
siglo después.
10
“L’énonciation est le produit de l’interaction de deux individus
socialement organisés et, même s’il n’y a pas un interlocuteur réel,
on peut substituer à celui-ci le représentent moyen du groupe social
auquel appartient le locuteur. Le mot s’adresse à un interlocuteur
(…) Il ne peut y avoir d’interlocuteur abstrait”. (Cursiva en el
original).
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tiempo que construye la de su destinatario, basándose
para ello en su propia “competencia cultural”. Este
destinatario “puede ser singular o plural, nominal o
anónimo, real o ficticio” y, en algunos casos, diferente
del sujeto que actúa efectivamente como interlocutor
en un determinado proceso comunicativo, tal como
sucede en las canciones. La misma Kerbrat-Orecchioni
(32) expresa que la definición del “destinatario
propiamente dicho” radica en el hecho de que el locutor
lo considera “explícitamente” así cuando, para dirigirse
a él, utiliza el “pronombre de segunda persona” tú o
usted. O cuando recurre a cualquier otra forma vocativa
para mencionarlo, como lo veremos posteriormente.
A partir de los postulados de Bajtín que hemos
señalado, Lara Romero (2001: 30) sostiene que “la
situación real de emisión de un bolero (o de cualquier
canción)” sugiere un “diálogo amoroso de X pareja,
existente o imaginable, que se enfrenta cara a cara
para plantearse X problema, en algún tiempo y lugar,
también existente o imaginable”. También plantea que
“otra característica de [esa situación enunciativa] es
que las palabras del [interlocutor], la segunda persona
implicada, son solamente supuestas por el locutor”.
A lo anterior agrega que “el enunciado lingüístico del
bolero se nos ofrece como un turno de palabra, como
el momento en que el emisor se dirige a su interlocutor,
a quien presupone, señala y diseña a su manera,
como una presencia real que escucha y responde”.
Por eso, podría decirse “que el objeto que representa,
o el objeto del cual se hace signo, es la conversación,
el diálogo amoroso [y que] en la medida en que
es signo, se puede suponer que finge, que imagina
una relación interlocutiva” (Lara Romero, 35). Esta
supuesta interacción es casi siempre percibida como
real por parte de muchos oyentes que no diferencian
entre los efectos de realidad y ficción desplegados por
el compositor en sus canciones. Creen, pues, que el
enunciante les habla de la realidad misma y no de una
simple invención del compositor.
Como anota Thomas (1995: 111) con respecto a
las canciones románticas en general, en las de Agustín
Lara “habla el Yo de un sujeto amoroso, habla del amor,
de la posesión o del proyecto de posesión de un objeto
amado, de la nostalgia, de la pérdida o de la ruptura,
llevándonos a un universo eufórico, de sueño, de
fantasías, de duelo o de catástrofe”. Consecuentemente,
tanto este yo que enuncia como su destinataria (tú) se
80
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La hora íntima
transforman “en héroes y heroínas aunque sólo sea
fugazmente” (Zavala, 2000: 108), algo que al público
latinoamericano le ha encantado siempre, como puede
comprobarse fácilmente en los ratings de sintonía de
las radionovelas de épocas pasadas y de las telenovelas
pasionales que ofrecen diariamente los canales públicos
y privados en todos nuestros países11.
Al igual que otros conocedores de la vida y obra
de Agustín Lara, Évora (2001: 214) considera que su
principal e innegable fuente de inspiración fueron las
mujeres con las que compartió su vida y que, quizá
por esta razón, los defensores de la «virtud mexicana»
lo atacaron tanto. Como ejemplos menciona dos casos
muy puntuales: En 1936, un crítico comentaba que
“Lara no [había] escrito una sola canción mexicana.
Aventurera, Perdida, Cortesana, son sus títulos favoritos:
Sólo faltan Horizontal y Ramera»”. Posteriormente,
en 1946, “el Obispado de México y otros organismos
[moralizantes] retomaron el papel de inquisidores [y
vetaron] los temas sensuales y supuestamente eróticos
en la canción popular. Palabras de mujer fue prohibido
y retirado de la circulación por decir «Aunque no quiera
Dios, ni quieras tú, ni quiera yo…» Esta supuesta frase
blasfema tuvo que ser cambiada por «Aunque no quieras
tú, ni quiera yo, lo quiso Dios…»”.
En las canciones de Agustín Lara la cortesía se
manifiesta preferentemente por medio del uso de
expresiones o enunciados de carácter apreciativo, y la
descortesía, a través de expresiones o enunciados de
11
Uno de los principales éxitos radiofónicos de todos los tiempos
ha sido, sin duda alguna, “El derecho de nacer”, drama original del
escritor cubano Félix B. Caignet.
carácter despectivo. Las primeras están relacionadas
con el afecto positivo y las segundas, con el afecto
negativo. Según la definición de la Real Academia
Española (2001), el vocablo afecto se refiere a “cada una
de las pasiones del ánimo, como la ira, el amor, el odio,
etc., y especialmente el amor o el cariño”. Ello quiere
decir que existen, pues, expresiones afectivas positivas
y negativas. Para el caso que nos ocupa, diremos que
el enunciante que aparece hablando en las canciones
utiliza expresiones afectivas positivas o apreciativas y
negativas o despectivas cuando quiere exteriorizar el
aprecio (estimación) o el desprecio que siente por su
destinataria. O como dice André-Larochebouvy (1984:
149-174), cuando estratégicamente utiliza juegos
miméticos y agonales12 que le permiten identificarse o
diferenciarse de su destinatario, es decir, cuando hace
todo lo posible por demostrar que comparte o no
comparte con él sus mismas características personales,
comportamentales, sicológicas e ideológicas. Entre esas
expresiones sobresalen por su importancia los vocativos,
por ser los elementos lingüísticos utilizados por el
enunciante para invocar o designar a su destinatario,
indicándole de este modo que es a él a quien se está
dirigiendo, como antes hemos dicho, y calificándolo de
manera positiva o negativa, según el caso (Charaudeau,
1992: 580). La escogencia de un vocativo representa
para el locutor, pues, la posibilidad de nombrar a su
destinatario de cierta manera y de decir el tipo de
relación que existe entre ellos13. Veamos esa presencia
afectiva en los vocativos utilizados en las canciones del
corpus analizado.
3.1 Vocativos afectivos positivos (apreciativos)
Los vocativos de carácter afectivo positivo o
apreciativos que aparecen en los textos de las canciones
estudiadas son los siguientes14: Mi vida, amor de mis
12
Aunque esta autora se refiere exclusivamente a los juegos
agonal y mimético como “reglas estratégicas” utilizadas por los
interlocutores de los procesos conversacionales, creemos que ellos
también son válidos en otro tipo de interacciones, como éste de
las canciones románticas que estamos analizando.
13
En Escamilla (1998: 59-67) puede leerse una explicación más
amplia sobre el uso de los vocativos y la deixis personal utilizada
por los hispanohablantes.
14
En lo sucesivo, aparecerán en letra cursiva las expresiones y/o
versos citados textualmente, y entrecomillado en letra corriente
entre paréntesis, el nombre de la canción de la cual fueron extraídos.
Palabras de mujer
amores, sangre de mi alma (“Amor de mis amores”);
Virgencita del recuerdo, pedacito de mi vida, dueña de
mi corazón (“Cuando vuelvas”); Negra santa (“El adiós
del marino”); Amor (“El cielo, el mar y tú”, “Mi primer
amor” y “Revancha”); Enamorada de lo imposible, rosa
que se marchó (“Enamorada”); Vida mía (“Hastío”);
María bonita, María del alma (“María bonita”);
Monísima mujer, divina ensoñación (“Monísima”);
Mujer (“Mujer”, “Pervertida”); Mulata (“Piénsalo
bien”); Sol de mi vida, luz de mis ojos (“Pobre de mí”);
Rosa deslumbrante, divina rosa, rosa palpitante que en
un instante mi alma cautivó (“Rosa”); Santa, santa mía;
santa (“Santa”); Señora tentación, señora tentación de
frívolo mirar, mujer hecha de miel y rosas en botón, mujer
encantadora, romántica mujer (“Señora tentación”);
Muñequita (“Sólo una vez”); Querida niña, bien que
adoro, alma, prenda, prenda querida (“Un beso”); Vida
de mi alma, mujer a quien adoro (“Pervertida”).
En los anteriores vocativos es evidente el pleno
cumplimiento de la tercera máxima de cortesía de
que habla Lakoff (1998: 273), pues en cada canción
el enunciante se dirige a su destinataria con términos
elogiosos y lisonjeros que buscan que ella “se sienta
bien”. Siguiendo a Haverkate (2004: 61), debemos
considerar tales actitudes como verdaderos cumplidos,
es decir, como expresiones cuyo propósito discursivo
es “trasmitir solidaridad y aprecio por la persona
del interlocutor”. En casi todos los casos, se trata
de metáforas diversas que explícitamente ponderan
las cualidades del ser amado y resaltan su imagen
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positiva, al tiempo que muestran al enunciante como
una persona cortés e incondicional. De lo cual se
desprende, evidentemente, el reforzamiento positivo de
la propia imagen de éste. Lo anterior prueba que, como
lo plantea Hernández Flores (2006: 42), “la cortesía
es una actividad de imagen que apunta a favorecer
la imagen del destinatario y la del hablante en una
situación de teórico equilibrio, es decir, de manera que
ambas ocupen una situación socialmente favorable en
el marco comunicativo”.
Ahora bien, los interlocutores estarían en un plano
de cuasi igualdad con el enunciante, si no fuese porque
la amada es, desde la óptica de éste, el súmmum de las
cualidades que cualquier amante desearía encontrar
en la mujer de sus sueños. Por supuesto, alguien
como Schopenhauer (2000: 195) podría calificar tal
comportamiento como “trasnochada galantería (…)
carente de todo gusto” que sólo sirve “para hacer a
las mujeres tan arrogantes y faltas de escrúpulos”. No
hay que olvidar que la galantería como “modelo de
comportamiento social” surgió en Francia en el siglo
XVII, cuando entraron en decadencia los modelos
culturales del “héroe” y el “santo varón”. Entonces, el
nuevo “hombre galante” o caballeroso se convirtió en
“el superlativo del hombre honesto”, caracterizado por
su espíritu, sus palabras, sus acciones, su perfección,
su honestidad, todo lo cual lo hacía amable y amoroso
(Viala, 1999: 179). A partir de ese momento, la
galantería, como “arte de agradar” se convirtió en “un
modelo global” que con el transcurrir del tiempo fue
perdiendo mucha vigencia, hasta el punto de haber
desaparecido prácticamente. Afortunadamente para
nosotros, la época en que vivió y amó Agustín Lara
le permitió ser, en la vida real y en sus canciones, un
modelo de hombre galante.
El comportamiento discursivo asumido por Lara
en sus canciones, como autor y como enunciante
(ver representación gráfica de la puesta en escena
discursiva en sus canciones, en este mismo artículo),
también reafirma el funcionamiento de las “actividades
de cortesía” de que habla Bravo (2004: 28). En
efecto, el enunciante que él pone en escena en las
canciones donde aparecen los vocativos apreciativos
antes mencionados, recurre a la “imagen básica” del
hombre galante latinoamericano, que era la “imagen
consensuada y extendida” por todos nuestros países
en la primera mitad del siglo XX. Siguiendo a Bravo
82
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
(28), podemos afirmar que los “contenidos de imagen”
que subyacen en esos vocativos guardan una estrecha
relación con la “personalidad social ideal” anhelada por
el compositor como hombre enamoradizo que fue, y
que no es otra que esa con la cual se identifica.
3.2 Vocativos afectivos negativos (despectivos)
En consonancia con lo planteado en el numeral
anterior, en el corpus de canciones seleccionadas
y analizadas solamente hemos encontrado cuatro
vocativos de carácter afectivo negativo o despectivos,
que son los siguientes: Aventurera (“Aventurera”);
Tirana (“Tirana”); Pervertida mujer a quien adoro y
Mujer ingrata por quien tanto he sufrido y tanto lloro
(“Pervertida”)15.
Parece que el ostensible talante cortés del
compositor Lara le impedía asumir conductas verbales
que desdibujaran su imagen de caballero a carta
cabal. Estos vocativos despectivos que acabamos de
mencionar demuestran realmente que él no era muy
dado a usarlos. Sin embargo, los usó de una manera
un poco especial. Ellos están relacionados con el
sórdido mundo en que se movió desde muy temprana
edad, pues, como es bien sabido, sus inicios en la
música y el donjuanismo se dieron “en una casa de
mujeres de vida alegre”, donde se desempeñó como
pianista (Évora: 2001: 210)16. Aventurera y pervertida
mujer son vocativos preferentemente despectivos que
hacen alusión directa al comportamiento sexual de las
destinatarias, es decir, a su “vida licenciosa”, aunque
algunos estudiosos de la obra de Agustín Lara no los
consideren como insultantes ni como reproches, sino
como una forma de elevar la condición y glorificar “al
ser más degradado, la prostituta” (Monsiváis, 2005
15
Aventurera, tirana, pervertida e ingrata son ejemplos paradigmáticos de expresiones insultantes, incluidas en el Diccionario de
insultos (Luque et al. 2000), obra en la que ese tipo de términos es
definido como “un antídoto contra el engaño”.
16
Para que no quede duda al respecto, citamos aquí el siguiente
comentario, aparecido en el diario El Tiempo de la ciudad de
Bogotá, el miércoles 27 de diciembre de 2000: “Si algo destacan
de su personalidad los biógrafos y quienes conocieron a Lara, es su
pasión por las mujeres, además del gran placer que le proporcionaba la visita de clubes nocturnos y cabarets, los cuales comenzó
a frecuentar a la tierna edad de 12 años tocando el piano. Por eso
no es raro que haya compuesto canciones impregnadas de ese aire
de bohemia y sordidez como Aventurera, Pecadora, Te vendes o
Una cualquiera”.
propósito de atacar la imagen de su destinataria. Aquí
no sólo resulta afectada la imagen de la destinataria de
cada uno de esos vocativos, “sino también la del propio
hablante, pues si aceptamos que es un propósito social
común el que la interacción discurra en armonía, una
violación de esa ‘norma’ social repercute negativamente
en uno mismo” (Hernández Flores, 41).
3.3 Otras expresiones apreciativas y despectivas
Rosa
y Ramírez, 200417, entre otros). Por eso no debe
extrañarnos que dos de esos vocativos “insultantes”
(Pervertida mujer a quien adoro y Mujer ingrata por
quien tanto he sufrido y tanto lloro) coexistan en una
misma canción (“Pervertida”) al lado de dos expresiones
afectivas positivas como Vida de mi alma y mujer a
quien adoro. Formas vocativas plenamente agresivas
y humillantes que violan la máxima de cortesía de
Lakoff que antes hemos mencionado son, esas sí, las
expresiones Tirana y Mujer ingrata por quien tanto he
sufrido y tanto lloro, las cuales muestran a un enunciante
que, además de no comportase “amigablemente” con su
destinataria, pretende incomodarla y maltratarla.
Según Hernández Flores (2006: 39), la esencia
de la interacción humana no radica sólo en el aspecto
comunicativo. En realidad, cuando hacemos uso de
la lengua para interactuar, también establecemos o
creamos “relaciones sociales con nuestros interlocutores”
y proyectamos, consciente o inconscientemente, una
determinada imagen de nosotros mismos, que es lo que
la precitada autora denomina “actividad de imagen”.
En consecuencia, el carácter armónico o conflictivo
de nuestras relaciones depende, en gran medida, de “lo
que decimos” y de la manera “cómo lo decimos”. En el
caso de los 4 vocativos que ahora estamos elucidando,
es evidente que ellos hacen parte de la “descortesía
abierta”, pues el enunciante las ha proferido con el
Las expresiones afectuosas e injuriosas se manifiestan
también a través de combinaciones léxicas compuestas
por formas pronominales sujetivas (yo, tú, usted,
nosotros), objetivas (me, te, le, nos, a mí, a ti, a usted, a
nosotros) y posesivas (tuyo, tuya, tuyos, suyo, suya, suyos),
adjetivos posesivos de segunda persona singular (tu, tus)
y adjetivos calificativos, lo mismo que por sustantivos
y verbos de naturaleza esencialmente subjetiva. Tales
expresiones también se manifiestan en español por
medio de formas imperativas que pueden ser, según
el caso, “tanto un ruego como una orden” (Haverkate,
2004: 60) e incluso una sugerencia, pero aquí no nos
referiremos a ellas.
Para no hacer muy extensa la relación de todos
los tipos de combinaciones encontrados y sin entrar
en especificaciones gramaticales, mostraremos
a continuación las principales expresiones que,
acompañadas o no de las formas vocativas antes
citadas, se refieren afectuosa (+) o injuriosamente (-) a
las características físicas y/o comportamentales de las
destinatarias de algunas de las canciones estudiadas.
3.3.1 Expresiones afectuosas o corteses
Este tipo de expresiones correspondientes al ya
mencionado “juego mimético” de que habla André-
17
Refutando tal vez el carácter despectivo de vocativos como
aventurera y pervertida, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez
ha afirmado que “el mito de la eterna felicidad en el oficio queda
deshecho (…) en la voz pecaminosa de Agustín Lara, que puso a
las putas, Santa, santa mía… en el doliente altar de la adoración,
con aquel inmortal te vendes, quién pudiera comprarte…”.
Su voz y piano
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83
Amores habrás tenido,/ muchos amores,/María bonita, María del
alma,/ pero ninguno tan bueno/ ni tan honrado/ como el que hiciste/
que en mí brotara./ Lo traigo lleno de flores/ como una ofrenda/para
dejarlo/ bajo tus plantas. (“María bonita”).
Mírame,/ mírame con tus ojos/ que son dos luceros/que Dios puso
en mi corazón.// Mírame,/ mírame que al mirarme/ me das un
remanso de paz/ y una nueva canción”. (“Mírame”).
Tienes el perfume de un naranjo en flor,/ el altivo porte de la
majestad…/ tienes en el ritmo de tu ser/ todo el palpitar de una
canción,/ eres la razón de mi existir, mujer. (“Mujer”).
Mi vida…/ tuvo el encanto/ de tus perfumes y tu carmín./ Brotaste
de la ilusión/ y perfumaste con tus/ recuerdos mi corazón.// Rosa
deslumbrante,/ divina rosa/ que encendió mi amor,/ eres en mi vida/
remedio de la herida/ que otro amor dejó./ Rosa palpitante/que en
un instante/ mi alma cautivó,/ Rosa, la más hermosa,/ la primorosa
flor/ que mi ser perfumó. (“Rosa”).
Larochebouvy (1984: 163-174), es utilizado por el
sujeto enunciante que aparece en cada canción con
el propósito de lisonjear a su destinataria, elogiarla,
hacerle una confesión amorosa, expresarle un anhelo o
deseo amoroso y hacerle algún ofrecimiento amoroso.
En realidad, no hay que hacer mucho esfuerzo para
comprender que esos actos lingüísticos contienen una
gran carga de afectividad positiva de parte de quien
los ejecuta y que son, por lo tanto, una clara muestra
de su deferencia hacia el ser amado. Con cada uno
de esos actos, el enunciante busca manifestarle a su
supuesta interlocutora la importancia que ella tiene
para él. Para ello hace uso de comportamientos diversos
tales como:
♦ La lisonja, definida como una “alabanza afectada,
para ganar la voluntad de alguien” (RAE., 2001),
es ostensible en las siguientes expresiones:
84
Tú has sido la estrella/ que alumbra mi cielo…/ tu rara
hermosura… Santa, santa mía,/ mujer que brilla en mi
existencia…/ alienta con tu luz/ mi corazón. (“Santa”).
Mujer hecha de miel/ y rosas en botón./ Mujer encantadora,/
señora tentación./ Romántica mujer…/ quisiera tu sonrisa…/
Quisiera el sortilegio/ de tus lindos ojazos/ y el nudo de tus brazos,/
señora tentación. (“Señora tentación”).
Formé con tu vida mi altar/ y en él mis flores deshojé/ y pude
mi camino iluminar/ con luz que de tus ojos me robé. (“Tus
pupilas”).
♦ El elogio, una “alabanza de las cualidades y méritos
de alguien o de algo” (RAE, 2001), es utilizado en
los casos que se citan a continuación:
Es tu pie menudito/ como un alfiletero/ en cuya felpa rosa/ prendí
mi amor entero.// Y tu pie chiquitito/ tiene tal distinción/ que
por eso yo quiero/ dejar a tus pies mi corazón.// Alfombra de
rosas/ quisiera poner a tus plantas,/ regar tu sendero florido/
de cosas muy santas./ Amarte con fervor/ hasta la muerte,/ ser
un príncipe/ azul para quererte.// Poner en tus noches divinas/
regueros de estrellas… (“A tus pies”).
Yo te dejo mi canción arrulladora/ y me llevo tu mirar
de gran señora,/ tu mirada fascinante y misteriosa/ a través
del antifaz color de rosa. (“Clave azul”).
Quisiera decirte/ al compás de un son/ que tú eres mi vida…/
que respiro el aire/ que respiras tú…/Amor de mis amores,/ sangre
de mi alma,/ permíteme que ponga/ toda la dulce verdad/ que
tienen mis dolores/para decirte/ que tú eres el amor/ de mis
amores. (“Amor de mis amores”).
Cuando vuelvas,/ virgencita del recuerdo,/pedacito de mi vida,
dueña de mi corazón,// Cuando vuelvas/nuestro huerto tendrá
rosas,/ estará en la primavera floreciendo para ti...// Cuando
vuelvas/ arderán los pebeteros/ y una lluvia de luceros/ a tus pies
se tenderá. (“Cuando vuelvas”).
Tus ojos bonitos, tus ojos sensuales, /tus negros ojitos.//
Quiero sentirte mía,/inmensamente mía;/que asesinen tus ojos
sensuales/ como dos puñales mi melancolía. (“Como dos
puñales”).
Amor, asómate al balcón/, tus ojos quiero contemplar…/
recuerda que mi vida/ son el cielo, el mar y tú. (“El cielo, el
mar y tú”).
Tus labios de cereza,/ esos labios tan lindos y tan rojos…// tus
labios tienen dulce sabor, /tienen aroma como la flor. (“Loca
tentación”).
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Bésame, negra santa,/ como sabes besar./ Tú sabes que me
encanta/ tu manera de besar. (“El adiós del marino”).
Tus labios en flor//… las dalias/ de tus castos sonrojos. (“Gotas
de amor”).
♦ La confesión amorosa está relacionada con el
proyecto discursivo de un sujeto que, cortés y
voluntariamente, desea expresarle a la persona
amada sus actos, ideas o sentimientos verdaderos,
porque “supone que [ella] ignora ese saber o duda
acerca de la verdad del mismo” (Charaudeau,
1992: 616-617). Esa actitud podemos verla en los
siguientes enunciados:
Se acerca la partida./ Yo me debo marchar./ Esto ha sido un
descanso/ para mi eterno peregrinar.// Me llevo la esperanza/
de poder regresar;/ me llevo tus recuerdos/ que nunca, nunca
se borrarán.// Bésame, pues quién sabe/ si no vuelva jamás./ Quién
sabe si el destino/ de entre tus brazos me arrancará./ (“El adiós
del marino”).
Te quiero, como a nadie quiero,/ como nunca pude soñar en
querer./Te adoro, si adorar se llama/hacer todo entero para
una mujer.../ Te quiero como a nadie quiero,/como no esperaba
llegarte a querer./ (“Te quiero”).
Cuando veo tu retrato,/ el único que tengo,/ porque la
suerte quiso/ que fuera para mí,// Lo tomo entre mis manos/
nublándose mis ojos,/ ya que es la sola prenda/ que me quedó
de ti.// Y le hablo y le pregunto/ qué te hice yo en la vida,/cuál
ha sido el delito/ para pagarlo así.//Y tu retrato calla/ por no
decir mentira./Y lo estrujo y lo beso/ y te bendigo a ti./ (“Tu
retrato”).
Querida niña…// un beso yo te mando, oh bien que adoro/
entre aromas y trinos de campiña;/ un beso que te lleva mi
pensamiento,/ un beso que te lleva toda mi vida// Alma, prenda/
y que hace vibrar mi alma/ de amor, prenda querida. (“Un
beso”).
♦ El anhelo o deseo amoroso de parte del
enunciante, como expresión de su “voluntad
íntima” de ver satisfecha una “carencia”, para
así convertirse en beneficiario de la acción que
colma esa necesidad, está latente en los siguientes
enunciados:
♦ El ofrecimiento amoroso le permite al enunciante
garantizarle un amor eterno e incondicional a la
destinataria amada, como se ve en los casos que se
citan a continuación:
Mira, yo te idolatro/ aun cuando tu desprecio/ me castiga.// Cuando
la escarcha pinte tu dolor,/ cuando ya estés cansada de sufrir,/ yo tengo
un corazón para quererte,/ un nido donde tú puedes vivir.//
Yo te sabré besar, yo te sabré querer./ Y yo haré palpitar todo tu ser./
(“Escarcha”).
Yo soñé que tú eras mi primer amor//… yo te seguiré / y para
adorarte sólo viviré/… déjame entregarte mi primer amor. (“Mi
primer amor”).
La observación de los fragmentos anteriores, nos
permite corroborar que, a través de cada una de las
expresiones afectuosas, el enunciante nos ofrece una
construcción subjetiva de la imagen de la persona amada
que es su destinataria, en la puesta en escena ficcional que
ya hemos caracterizado. Así, por ejemplo, sabemos que el
ser amado hace parte del propio ser del enunciante o que
éste pertenece al ser amado; que éste, a su vez, tiene una
gran hermosura manifiesta en sus ojos, labios, mirada,
sonrisa, porte y elegancia. Y, como si fuera poco, el
enunciante sacraliza a la amada, la eleva a la esfera divina,
transgrediendo así la fe católica imperante en el contexto
sociocultural del bolero: Negra santa; Santa, santa mía.
Por otra parte, el uso de los diminutivos en muchas
de las canciones analizadas constituye, en sí mismo,
una prueba del carácter afectuoso de los enunciados
seleccionados: tu pie menudito, tu pie chiquitito, una
penita secreta, tus ojos bonitos, tus negros ojitos, virgencita
del recuerdo, pedacito de mi vida, pequeñito parral,
Pensando en ti,/ en ti, nomás en ti,/ no más soñé querer,/ soñé
soñar así// Todos los luceros/ los quisiera para ti;/ todas
tus miradas/ las quisiera para mí.// Pensando en ti, / en ti/
nomás en ti/, no más soñé querer,/ soñé soñar así. (“Pensando
en ti”).
Esto no es un disco,/ es un pedazo de mis sentimientos// Esto es
algo que yo quiero ofrecerle a usted/ como una migaja que pudiera
llegar milagrosamente/ hasta el lado infinito de su silencio. (“Un
poco de lo mío” / “Final”).
Viviré para ti solamente./ Nada más para ti, para ti./ Y
seré para ti únicamente,/ aunque tú nunca seas para mí./
Yo quisiera esconder mis angustias/en tu boca color carmesí/
y secando tus lágrimas mustias/nada más viviré para ti./
(“Viviré para ti”).
María Félix y Agustín Lara. Fotografía: Hermanos Mayo
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85
un poquito de tu amor, María bonita, tus manitas, las
estrellitas, un poquito desentendida, muñequita, de tu
alma las ventanitas. Además de lo anterior, también
debemos considerar como verdaderamente cortés el
empleo de diferentes formas pronominales y verbales
inclusivas, como las siguientes: nuestra historia de amor,
nuestro amor, nuestro aventurero corazón, encontrarnos,
abrazarnos, tenemos un derecho sacrosanto, nuestro idilio
encantador, nadie podrá separarnos, nuestros corazones,
nuestras dos vidas, nos llegarán, nuestras vidas, nuestras
almas, hemos de seguir, sigamos engañando el corazón y
nuestro nido. También debe resaltarse como cortés el
único uso que el enunciante hace de la muy respetuosa
forma pronominal usted para dirigirse a su destinataria
en la canción “Un poco de lo mío”, en la que le habla a
una mujer silenciosa que causa su admiración: Pero esto
no es un disco,/ aunque la forma y el sonido lo desmientan./
Esto es algo que yo quiero ofrecerle a usted /como una migaja
que pudiera llegar milagrosamente/ hasta el lado infinito
de su silencio.
Pero el ejemplo más evidente del juego mimético
lisonjero desplegado por el compositor Lara es, sin
duda alguna, “María bonita”, canción que le dedicó
al gran amor de su vida, la actriz y cantante mexicana
María Félix. Esa famosísima canción es una totalidad
narrativa y descriptiva afectuosa, de la que resultaría
difícil y hasta imposible extraer una sola palabra que
no tuviese como propósito discursivo la ponderación
del ser amado:
Acuérdate de Acapulco,/de aquellas noches,/ María bonita,/
María del alma.//
Acuérdate que en la playa/ con tus manitas/las estrellitas/las
enjuagabas.//
Los actos discursivos que mencionamos al comienzo
de este numeral (lisonjear, elogiar, hacer una confesión
amorosa, expresar un anhelo o deseo amoroso y hacer
algún ofrecimiento amoroso), están fuertemente
articulados con las siguientes actitudes enunciativas,
de la cuales sólo ilustraremos las dos primeras:
♦ En algunas canciones, el enunciante exalta
esencialmente aspectos sensuales y actitudinales del
ser amado y llega a equiparar el amor y la felicidad
con esa persona. En otros términos, la mujer es la
única razón de la existencia del enunciante (Azul,
Bendita palabra, Milagro, Monísima, Mujer, Nadie,
Rosa, Santa y Señora tentación).
MUJER
Tienes el perfume
de un naranjo en flor,
el altivo porte de la majestad.
Sabes de los filtros
que hay en el amor,
tienes el hechizo de la liviandad,
la divina magia
de un atardecer
y la maravilla de la inspiración.
Tienes en el ritmo de tu ser
todo el palpitar de una canción,
eres la razón de mi existir, mujer.
La divina magia
de un atardecer
y la maravilla de la inspiración.
Tu cuerpo del mar juguete,/ nave al garete,/ venían las olas,/
lo columpiaban./
Tienes en el ritmo de tu ser
todo el palpitar de una canción,
Y mientras yo te miraba,/lo digo con sentimiento,/mi
pensamiento/me traicionaba.//
eres la razón de mi existir, mujer.
Te dije muchas palabras/ de esas bonitas/ con que se arrullan/
los corazones.// Pidiendo que me quisieras,/ que convirtieras/
en realidades/ mis ilusiones.//
La luna que nos miraba/ ya hacía ratito,/ se hizo un poquito/
desentendida.//
Y cuando la vi escondida/ me arrodillé pa’ besarte/ y así
entregarte/ toda mi vida.//
Amores habrás tenido,/ muchos amores,/ María bonita,/
María del alma.//
Pero ninguno tan bueno/ni tan honrado/como el que hiciste/
que en mí brotara.//
86
Lo traigo lleno de flores/como una ofrenda/ para dejarlo/
bajo tus plantas.//
Recíbelo emocionada/ y júrame que no mientes/porque te
sientes/idolatrada./
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♦ En otras canciones, el enunciante parece
renunciar a su individualidad y pasa a convertirse
en un objeto que se entrega al ser amado. En
algunos casos, esta entrega es positiva para el
enunciante, pues lo lleva a un estado de felicidad
y euforia del que carecía anteriormente; en otros,
la entrega es nefasta por la incapacidad de acceder
a la mujer deseada, sea por que él la ha ofendido
de alguna manera; sea porque ella lo rechaza o le es
indiferente (Amor de mis amores, Bendita palabra,
Contraste, El cielo, el mar y tú, En vano espero,
Escarcha, Humo en los ojos, Imposible, Lágrimas de
sangre, Mi primer amor, Pensando en ti, Piensa en
mí, Pobre de mí, Te quiero, Tu retrato, Tus pupilas,
Un beso, Un poco de lo mío y Viviré por ti).
HUMO EN LOS OJOS
Humo en los ojos
cuando te fuiste,
cuando dijiste muerta de angustia:
ya volveré.
Humo en los ojos
cuando volviste,
cuando me viste antes que a nadie
no sé por qué.
Humo en los ojos
al encontrarnos,
al abrazarnos
el mismo cielo se estremeció.
Humo en los ojos,
niebla de ausencia
que con la magia de tu presencia
se disipó.
♦ El enunciante le revela a la persona amada el
amor que siente por ella y le expresa su deseo de
tenerla a su lado, de besarla o de poseerla, aunque
sea un instante. Igualmente, le expresa su deseo
de reconciliación. Así alcanzaría la felicidad que,
por lo general, le ha sido esquiva (Clavelito, Como
dos puñales, Entre los dos, Sólo una vez, Suerte loca
y Tirana).
♦ El sujeto que habla en la canción le solicita a la
mujer (interlocutora de su discurso) que lo ame,
que lo rescate del hondo pesar que padece por no
tenerla a ella, que renueven sus lazos amorosos o
que disfruten de las mieles del amor (Arráncame
la vida, Aunque no me quieras, A tus pies, Clave
azul, Cuando vuelvas, Gotas de amor, Limosna,
Loca tentación. Mía nomás, Mírame, Orgullo,
Palabras de mujer, Piénsalo bien, Quién te quiere
más, Serpentina, Tengo ganas de un beso y Ven
acá).
♦ El enunciante abandona, en contra de su
voluntad, a la persona amada y queda, en la
mayoría de los casos, sumido en un hondo dolor
(El adiós del marino, El último beso, Entre los dos,
Estrella solitaria, Mensaje, ¿Por qué negar? y Te vi
pasar).
Derechos Reservados Periódico Excélsior, S.A. de C.V., 2007.
Bucareli No. 1, Col. Centro. C.P. 06000 México, D.F.
Hablando de “la cortesía como pensamiento del
otro” basado en una auténtica alteridad, Barthes (2004:
82-83) la vincula estrechamente con la delicadeza y
dice que ésta se halla “consustancialmente ligada al
poder de metaforizar, es decir, de destacar un rasgo y
hacerlo proliferar en el lenguaje, en un movimiento
de exaltación”. Esta exaltación puede llegar hasta la
extravagancia. Si aplicamos lo expuesto por Barthes (77,
82) sobre esa extravagancia de la cortesía, tendremos
que reconocer que, tratando de ser “delicado” en su
trato hacia la mujer que ama, Lara insiste en “el detalle
inútil o misteriosamente útil” que es “la minucia” y que
raya “en el límite de lo extravagante”.
3.3.2 Expresiones injuriosas o descorteses
Los comportamientos tratados en esta sección
están basados en un “juego agonal” de parte de un
enunciante insatisfecho o despechado. Esta agonalidad,
que es una clara muestra de descortesía, le permite
al enunciante manifestar abiertamente, a través de
“señales de diferenciación y de distanciamiento”
(André-Larochebouvy, 1984: 149-163), su deseo de
censurar alguna actitud o comportamiento asumido
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por su interlocutora, la persona amada. Tal censura
gira esencialmente en torno a la recriminación y
el desenmascaramiento, y se convierte, en algún
caso concreto, en evidente indiferencia. Para ello se
utilizan expresiones que tiene el valor de calificaciones
negativas, como puede comprobarse en los siguientes
actos discursivos:
abandono, en las siguientes canciones: Aventurera,
Hastío, Pecadora y Te vendes.
♦ Recriminación (Acto que consiste en “reprender,
censurar a alguien su comportamiento, echarle en
cara su conducta”):
… con tus desdenes/… mis amores/ son quejas dolientes/ que
aunque son fervientes/ no llegan a ti// Sé que no me quieres,/ sé
que me aborreces (“Aunque no me quieras”).
Lo que me hiciste ayer/ no tiene ya perdón/ … matas mi
querer (“Buscándote”).
Aunque de tus labios/ escuché un “te quiero”/ sé que tú me
engañas (“Nadie”).
Has perdido la fe / y te has vuelto medrosa y cobarde
(“Hastío”).
He sabido que has mentido, al fin mujer/… he aguantado de tus
amores la falsedad (“Quien te quiere más”/”Falsedad”).
Cambias tus besos por dinero,/ envenenando así mi corazón/
… tus infamias de perjura/…y tu castigo se lo dejo a Dios”
(“Imposible”).
¿Y tú qué me diste?/ Tan sólo mentiras,/ cansancio, miseria//…
miseria que es odio y es llanto/ porque sé quién eres
(“Miseria”).
He sentido la espina/ de tus rencores/ pagando así la deuda/ de
mis amores.// He sentido la espina/ de verte ajena/ a ti que me
juraste/ ser siempre buena//… pervertida/… mujer ingrata,/ por
quien tanto/ he sufrido/ y tanto lloro (“Pervertida”).
Poco a poco me has ido enseñando/ el camino de la ingratitud//
Siempre te vas porque quieres dejarme,/ porque quieres matarme
(“Siempre te vas”).
♦ Este acto también es utilizado por el enunciante
para cuestionar diversas actitudes de la mujer,
como el desamor, la infidelidad, la indiferencia y el
El músico poeta
88
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♦ Desenmascaramiento (Acto que consiste en
“dar a conocer tal como es moralmente alguien,
descubriendo los propósitos, sentimientos, etc.,
que procura ocultar”):
♦ Desconocimiento irónico (Acto que consiste
en decir irónicamente que no se recuerda algo o
alguien):
No me acuerdo/ si fuiste una vez mía./ Si una vez te besé,/ ya no
me acuerdo (“Ya no me acuerdo”).
Ateniéndonos a lo dicho por Kaul de Marlangeon
(2005: 300), a propósito del “discurso tanguero” de la
segunda década del siglo XX, es evidente que en los
anteriores casos de descortesía observados en algunas
canciones de Agustín Lara, aparece como enunciante
un “protagonista masculino” que considera que “el
amor es casi siempre un castigo o un engaño que lo
conduce al fracaso”. Un sujeto al que “su despecho
lo lleva a manifestar reproche, crítica, burla, queja,
advertencia, confesión o expresiones de fuertes
emociones negativas hacia la mujer que lo traiciona
[y/o] lo abandona”. Siguiendo a esta misma autora,
también podemos afirmar que allí se presenta una
“descortesía de fustigación (en el sentido metafórico
de dar azotes), construida abrumadoramente por
comportamientos volitivos, conscientes y estratégicos,
destinados a herir la imagen [de la persona amada],
para responder a una situación de enfrentamiento o
desafío, o con el propósito de entablarla” (302).
Con respecto a otras expresiones supuestamente
injuriosas o agresivas en las canciones analizadas, hay
que decir que, en un entorno socio cultural machista
y bajo el influjo de sentimientos negativos como
la rabia, el despecho, la impotencia, etc., aparecen
imágenes y actitudes relacionadas con la “crueldad”
del ser amado (Arráncame la vida, Aunque no me
quieras, Buscándote, Contraste y Estrella solitaria)
y con el desprecio que se siente por algún rasgo
del comportamiento o la personalidad de ese ser
amado (Aventurera e Imposible). Sin embargo, no
puede afirmarse tajantemente que en ellas el uso del
lenguaje sea abiertamente descortés, tal como puede
comprobarse en las siguientes canciones en las que
las palabras utilizadas contribuyen a proyectar una
imagen negativa de la mujer que se ama y constituyen
una agresión más o menos sutil. Veamos estos dos
casos:
BUSCÁNDOTE
Por qué no me hablas ya.
¿Qué cosa te hice yo?
¿Por qué no me has de hablar
si está mi corazón
queriéndote,
buscándote?
Lo que me hiciste ayer
no tiene ya perdón,
pero a pesar de ver
que matas mi querer
buscándote me voy, me voy... me voy.
Caricatura tomada de: BABAB_COM - Agustín Lara,
El Schubert Jarocho.mht. BABAB No. 27. Febrero 2005.
4. Conclusiones
construcción de imágenes positivas o negativas tanto
del destinatario como del enunciante. Apoyándonos
en Miranda (2007: 84), podemos decir que en esas
canciones encontramos “una memoria discursiva”
que nos habla de los “asuntos ligados al universo
masculino”, es decir, de las “preocupaciones del
hombre con su masculinidad” y de “sus conquistas
afectivas”. En consecuencia, esas canciones muestran
que el proyecto discursivo de Lara es, a todas luces,
el deseo o la necesidad de expresar poéticamente sus
avatares sentimentales, asumiendo para ello algunas
actos de lenguaje que tienen que ver directamente con
el galanteo, la satisfacción por haber conquistado a
una mujer o por mantener una relación amorosa con
ella, la necesidad o conveniencia de dar por terminada
esa relación, el reencuentro o la reconciliación con
la persona amada y la recriminación a ésta por
alguna actuación o comportamiento “incorrecto” o
inadecuado18.
La producción de las canciones románticas del
compositor Agustín Lara, al igual que la producción de
cualquier otro acto de comunicación, está íntimamente
relacionada con su propio proyecto discursivo (proyecto
global de comunicación), del cual se desprende una
determinada actitud enunciativa que desemboca en la
18
Para mayor información sobre las principales manifestaciones
enunciativas de este tipo de proyecto discursivo, puede consultarse
la obra La canción vallenata como acto discursivo, en la que Escamilla
et al. (2005: 33-74) ofrecen una caracterización discursiva de las
principales actitudes enunciativas y su relación con los proyectos
y estrategias discursivas predominantes en ese género musical
colombiano.
AVENTURERA (Canción)
Vende caro tu amor,
aventurera;
da el precio del dolor
a tu pasado.
Y aquél que de tu boca
la miel quiera,
que pague con brillantes
tu pecado.
Ya que la infamia de tu ruin destino
marchitó tu admirable primavera,
haz menos escabroso tu camino,
vende caro tu amor, aventurera.
Ya que la infamia de tu ruin destino
marchitó tu admirable primavera,
haz menos escabroso tu camino,
vende caro tu amor, aventurera.
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89
Ahora bien, teniendo en cuenta el entorno socio
cultural del bolero y los sentimientos que motivan el
acto enunciativo del compositor Lara, puede afirmarse
que en sus canciones es fácilmente observable el uso
preferente de las estrategias de cortesía positiva sobre
las negativas. Más aún, muchas de las canciones aquí
reseñadas dan cuenta de una selección léxica y de unas
actitudes que si bien no pueden llamarse altamente
corteses, por lo menos no son descorteses, pues en la
puesta en escena discursiva que ofrecía a sus oyentes,
Agustín Lara prefería el juego mimético al juego
agonal como estrategia de relación interpersonal. Sin
importarle, por supuesto, las críticas de aquellos que
90
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
consideraban sus canciones como el reino de lo cursi,
pues estaba convencido de ser uno de los más grandes
genios de la canción popular latinoamericana, si no
el mejor.
Creemos que el análisis discursivo que aquí hemos
presentado sirve para comprender mejor las razones
por las cuales se ha afirmado desde hace mucho tiempo
que el bolero es, tal vez, la expresión “identitaria”
del ser latinoamericano en asuntos sentimentales.
Tiene razón, pues, el poeta colombiano Mario Rivero
(1993) cuando afirma que “todo el mundo [léase, todo
latinoamericano] “tiene un bolero que representa algún
momento intransferible de su propia vida”.
ANEXO
CANCIONES DE AGUSTÍN LARA QUE SIRVIERON
DE SOPORTE A ESTE ARTÍCULO
Título
01. Amor de mis amores
02. Arráncame la vida
03. Aunque no me quieras
04. Aventurera
05. Azul
06. A tus pies
07. Bendita palabra
08. Buscándote
09. Cada noche un amor (En secreto)
10. Clave azul
11. Clavelito
12. Como dos puñales
13. Contraste
14. Cuando vuelvas
15. El adiós del marino
16. El cielo, el mar y tú
17. El ultimo beso
18. En vano espero
19. Enamorada
20. Entre los dos
21. Escarcha
22. Estoy pensando en ti
23. Estrella solitaria
24. Final
25. Gotas de amor
26. Hastío
28. Humo en los ojos
29. Imposible
30. Lágrimas de sangre
31. Limosna
32. Loca tentación
33. María Bonita
34. Mensaje
35. Mi primer amor
36. Mía nomás
37. Milagro
38. Mírame
39. Miseria
Año
1936
1934
¿?
1930
1933
1931
1941
1941
1942
1933
¿?
¿?
1931
1944
1945
1950
1934
1934
1932
¿?
1950
1967
¿?
1966
¿?
¿?
1945
1928
1946
¿?
¿?
1947
1948
¿?
1936
¿?
1944
1949
Género
Bolero
Tango
Bolero
Canción
Canción blue
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Canción
Bolero
Bolero
Bolero
Canción
Bolero
Foxtrot
Bolero
Canción
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Canción vals
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Versión
Compositor
Compositor
Cien años, cien canciones
Compositor
Elvira Ríos
Compositor
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Compositor
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Compositor
Cien años, cien canciones
Alfredo Sadel
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
El bolero. Historia de…
Cien años, cien canciones
Compositor
Compositor
Cien años, cien canciones
Compositor
Compositor
Compositor
Toña la Negra
Compositor
Toña la Negra
María Félix
Cien años, cien canciones
Compositor
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
María Luisa Landín
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91
ANEXO (continuación)
40. Monísima
41. Mujer
42. Nadie
43. Naufragio
44. Nunca más
45. Orgullo
46. Palabras de mujer
47. Pecadora
48. Pensando en ti
49. Pervertida
50. Piensa en mí
51. Piénsalo bien
52. Pobre de mí
53. Por qué negar
54. ¿Por qué te vas?
55. ¿Por qué ya no me quieres?
56. Quién te quiere más (Falsedad)
57. Reliquia
58. Revancha
59. Rival
60. Rosa
61. Santa
62. Señora tentación
63. Serpentina
64. Siempre te vas
65. Sólo una vez
66. Suerte loca
67. Talismán
68. Tengo ganas de un beso
69. Tirana
70. Te quiero
71. Te vendes
72. Te vi pasar (La vi pasar)
73. Tu retrato
74. Tus pupilas
75. Un beso
76. Un poco de lo mío (Final)
77. Ven acá
78. Viviré para ti
79. Volverás
80. Ya no me acuerdo
92
1930
1933
1933
1940
¿?
1962
1945
1947
1945
¿?
1935
¿?
1941
1950
¿?
1953
¿?
1929
1947
1935
1930
1931
1932
1933
1940
¿?
1950
1932
1959
¿?
1933
1950
1940
1948
1932
¿?
¿?
1940
1934
1959
¿?
Danzón
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Danzonete
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Bolero
Vals
Canción criolla
Bolero
Bolero
Canción
Bolero
Bolero
Bolero
Canción
Bolero
Danzonete
Bolero
Bolero
Blues
Bolero
Foxtrot
Bolero
Blues
Bolero
Bolero
Bolero
Canción
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Cien años, cien canciones
Compositor
Internet
La Rondalla Tapatía
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Compositor
Pedro Vargas
Cien años, cien canciones
Prontuario de la canción mexicana
Compositor
Compositor
Cien años, cien canciones
Toña la Negra
Compositor
Prontuario de la canción mexicana
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Compositor
Compositor
Compositor
Compositor
Rebeca
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Daniel Santos
Cien años, cien canciones
María Victoria
Cien años, cien canciones
María Félix
Cien años, cien canciones
Pedro Vargas
Alfredo Sadel
Compositor
Cien años, cien canciones
Cien años, cien canciones
Toña la Negra
Cien años, cien canciones
Alejandra Vargas
Cien años, cien canciones
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94
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C
I
U
D
A
D
y
regi
ó
n
Pelícanos y rémoras en Bazurto1
Adolfo Meisel Roca
Amanece en el Mercado de Bazurto y se oye una
explosión en el sector que colinda con la Avenida
del Lago. Otra vez, uno de los pelícanos medio
ciegos que viene a alimentarse con los desechos
de los pescados que limpian a esa hora múltiples
manos diestras se ha estrellado contra los cables
de la luz que no pudo ver al levantar vuelo con la
barriga llena. Las vísceras de las mojarras, jureles,
bocachicos y lebranches vuelan por el aire al abrírsele
las entrañas al ave marina, con la brutal descarga
eléctrica que ha puesto fin a su existencia miserable
este sábado de abril. Algunos clientes de las ventas
de plátanos, aguacates, limones y pescados, corren
asustados sin saber qué ha sucedido, pero la calma
vuelve cuando todo se aclara. Los vendedores han
permanecido indiferentes, acostumbrados ya a esta
fatalidad mañanera.
Diariamente, los pelícanos envejecidos, que ya
no pueden pescar su alimento, pues han perdido la
excelente visión que caracteriza a su especie, se
acercan en bandadas, en las primeras horas del día,
al caño que pasa por la parte de atrás de la zona
Foto: Manuel Pedraza, fotógrafo del diario El Tiempo
en Cartagena.
de Bazurto. Allí los limpiadores de pescado les
van tirando a la orilla sucia del caño las tripas que
extraen cuando, después de quitarle las escamas,
cortan la barriga de los pescados que llegaron hoy de
Magangué, La Guajira, Moñitos, Tolú, el Canal del
Dique. Uno de ellos, David, lleva 14 años trabajando
en este oficio del cual está muy orgulloso, pues le
da para vivir y para sostener a su abuela y a su hijita
de cinco años, con quienes vive en el sector de La
Candelaria del barrio Olaya. Él se autodefine como
1
Esta crónica y las fotografías de Manuel Pedraza, de El Tiempo,
son resultado de un taller realizado en Cartagena por la Fundación
para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI).
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
95
Foto: Manuel Pedraza, fotógrafo del diario El Tiempo
en Cartagena.
“Un trabajador del pescado. Lo que más me gusta de
mi trabajo es abrir el bocachico, más que arroyarlo”
(hacerle cortadas laterales, AM). Su solidaridad con
los pelícanos es conmovedora, entre otras razones,
porque en la tradición cristiana estas aves son
símbolos de la caridad.
David está en el último rincón de Bazurto. Su
mesa de trabajo se ubica en el andén de la Avenida
del Lago que da contra la cerca de alambre de púas
que bordea la orilla del caño. En Bazurto, mercado
principal de alimentos de Cartagena e improvisada
central de abastos, hay una clara jerarquía económica
y social que se expresa, entre otras dimensiones, a
través del espacio: cuanto más se aleja uno de la
Avenida Pedro de Heredia introduciéndose por los
pasajes y recovecos estrechos, menor es la posición
económica y social de los propietarios y trabajadores
independientes que allí encontramos.
Esa estratificación se asocia con la creciente
suciedad y el hedor que vamos percibiendo cada vez
con mayor intensidad, hasta cuando ya casi no puede
uno respirar, pues se siente sumergido en un mar de
olores putrefactos de carnes en descomposición, de
sangre sobre las mesas de corte y venta de animales
diversos y de los desechos de frutas y verduras que se
añejan en los pisos, se añejan en los pisos oscurecidos
por muchos años de desaseo.
La inmundicia alcanza su esplendor en el
Mercado Público, hoy rodeado por el descomunal
crecimiento de los últimos 30 años del comercio
96
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
formal e informal, es decir, desde que en 1978 se
trasladó a este lugar el Mercado de Getsemaní,
que estaba ubicado donde hoy queda el Centro
de Convenciones. Su traslado obedeció a la
recuperación demográfica de Cartagena en el siglo
XX. En 1905 la ciudad tenía sólo 9,681 habitantes
y en 1973 había pasado a 312,557. Getsemaní se
había desbordado hacia las áreas públicas que lo
rodeaban. “Con Bazurto ha sucedido lo mismo que
con el Mercado de Getsemaní, pero tres veces más”,
dice el ingeniero José Henrique Rizo Pombo, alcalde
de la ciudad en esa época. Agrega que tres décadas
de inacción y falta de control fue lo que llevó a la
presente situación.
La nula higiene del Mercado Público que
administra la Alcaldía de Cartagena se evidencia en
que desde hace varios años no hay agua en ninguno
de los locales, pues Acuacar, la empresa prestadora
del servicio, la cortó por falta de pago. Eso explica
por ejemplo, por qué a un despistado visitante, que
consumió pescado frito servido en papel reciclado
de costal de empacar granos, cuando quiso lavarse
las manos con agua de un balde, le dijeron que no
debía echarse el agua, sino introducir las manos en
ella para poder ahorrarla. Al hacerlo se dio cuenta
de que no estaba muy limpia, pues tenía un color y
textura que se parecía a la del sancocho costeño.
En el punto más alto de la pirámide socioeconómica de Bazurto están los grandes negocios.
La base de datos de los registros mercantiles de
la Cámara de Comercio de Cartagena contiene
información de los 981 establecimientos inscritos
que son de este sector. El mayor patrimonio es el
de la firma Unicat, que está dedicada al negocio del
chance y cuya propietaria es la empresaria Enilce
López. Además de poder económico, los propietarios
de los grandes establecimientos comerciales tienen
una importante influencia en la vida gremial y
política local.
Bazurto es como una ballena que por su inmensa
boca recibe casi todos los alimentos que llegan a
Cartagena y los procesa, comercializa y distribuye
por la ciudad. Llegan de lunes a sábado las naranjas
de Armenia, la ciruelas de Campeche, la carne de las
sabanas del Sinú, el bocachico de las riberas del río
Magdalena, la patilla de Arjona, los aguacates del
Carmen de Bolívar, la cebolla de Ocaña, los quesos
de Mompox, los granos de Medellín, los bocadillos
de Vélez, las camisetas de la China, los conejos de
Turbana.
Desde las primeras horas de la madrugada llegan
camiones y tractomulas a descargar su mercancía
en bodegas o directamente en las calles aledañas,
ya apropiadas por los compradores que a su vez
la revenden allí mismo sobre la vía pública a otros
intermediarios, más pequeños, que la redistribuyen
a los comercios de los barrios y a los vendedores
minoristas.
Ante la falta de espacio y de autoridad, los camiones
y vehículos que cargan y descargan desde tempranas
horas en la Avenida Crisanto Luque y la Avenida
del Lago congestionan el sector rápidamente. Como
además en la Avenida Pedro de Heredia también ocurre
algo similar, pero en razón de los buses y los mototaxis,
Bazurto se convierte en un nudo de tráfico, que afecta
severamente toda la movilidad urbana de Cartagena,
dada su posición central.
Cuando uno entra por la “boca” de Bazurto,
viniendo desde la Avenida Pedro de Heredia, se
encuentra con la cara más amable de esta inmensa
ballena. Allí se encuentran los almacenes de ropa y
zapatos, que están hasta las banderas con mercancías.
Pero, entrañas adentro, se van descubriendo los
diferentes círculos que conforman la dura realidad de
quienes aquí obtienen su sustento.
El dinero en efectivo es casi el único que sirve para
las transacciones en Bazurto. Siguiendo el espíritu de
las ideas del médico francés Quesnay, quien escribió
sobre economía en los años anteriores a la Revolución
Francesa, podemos decir que el dinero es como la
sangre que irriga todo este inmenso organismo en un
proceso circular.
Pero esta ballena parece estar azotada por cientos
de rémoras humanas que se han pegado a su piel
para beber de su sangre, hasta el punto de que son las
verdaderas beneficiarias de los alimentos recibidos.
Esto debido a la presencia de una jauría de rémoras
sedientas, los prestamistas al interés, que cobran todas
las tardes sus ganancias por un crimen sin castigo que se
conoce como pagadiario, y que en el lenguaje coloquial
de los cartageneros se identifica con los términos de
chupasangre, puyaojos, o vampiros.
Buena parte de los vendedores de Bazurto, así
como los vendedores ambulantes que compran sus
productos aquí para repartirlos por toda la ciudad, se
han endeudado para financiar el modestísimo capital
de trabajo que necesitan. No acuden al sector financiero
formal porque “piden muchos papeles”. Quienes
entregan el dinero del pagadiario y cobran todas las
tardes, de lunes a sábado, tienen la “generosidad” de
respetar el domingo. Los describen como cachacos, lo
Foto: Manuel Pedraza, fotógrafo del diario El Tiempo
en Cartagena.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
97
que aquí quiere decir que son del interior del país.
Los intereses de los pagadiarios son del 5% diario
durante seis días de la semana, o sea que al año se paga
el 1.585%. Es decir, usted pide prestado $100.000
pesos el 1 de enero y habrá pagado $1.685.000 el 31
de diciembre, si tiene la buena suerte de poder salir de
ese atolladero.
David, el joven que limpia pescado, me dice que
él no ha querido sacar un préstamo de pagadiario para
evitarse problemas. Tal vez sea uno de las pocas personas
que trabajan en Bazurto que no se ha visto obligado,
hasta ahora, a recurrir a este prestamista de última
instancia de quienes viven cerca del nivel mínimo de
subsistencia.
Una vendedora de pescado paga todos los días
$10.000 por los $200.000 que le prestaron. No sabe
realmente cuál es el interés que paga. Me dijo que el
20%, pero cuando le saqué la cuenta aceptó que era
el 5% diario. También señaló que si una persona se
cuelga en el pago dos o tres días no hay problema, eso
lo entienden. ¿Qué sucede cuando ya son 15 o 20 días
de atraso y no lo entienden?
¿Qué piensan las autoridades municipales sobre la
problemática de Bazurto? En el proyecto de plan de
desarrollo distrital 2008-2011, Por una sola Cartagena,
no hay ni un diagnóstico, ni una propuesta sobre qué
se debe hacer con Bazurto. Sin embargo, se enuncia
en los proyectos de infraestructura una “Central de
abastos y central de carga” y en los macroproyectos un
“Proyecto de recuperación del Mercado de Bazurto”.
¿Con qué recursos económicos se cuenta para esto? No
se dice nada al respecto. Conociendo sobre la penuria
que aqueja el fisco local, lo predecible es que no pasará
nada significativo con Bazurto en los próximos años y
el problema será cada vez más grave.
98
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Una ciudad con casi un millón de habitantes no
puede tener en su epicentro geográfico un mercado
central que hace las veces de una inadecuada central
de abastos, y que contribuye, además, a crear enormes
problemas de circulación, pues al desbordarse hacia las
vías aledañas se obstaculiza el tráfico.
Pero habría cosas que se pueden hacer para mejorar
la situación que no implican grandes inversiones. Por
ejemplo, para volver realidad el deseo de David, el
preparador de pescados, no se necesitan demasiados
recursos. Lo que él quiere es que Bazurto sea aseado
y ordenado. Pero lo mínimo es que se restablezca el
servicio de agua potable y que se despejen las vías que
están a su alrededor.
David trabaja muy pocas horas a la semana: de
6:30 a 9:30 AM, todos los días, es decir, 21 horas
semanales. Eso le permite ganarse unos $15,000
diarios, así que sus ingresos mensuales están cerca del
salario mínimo. Un plan de desarrollo distrital bien
concebido conceptualmente tendría que entender que
su drama es el de muchos trabajadores de la ciudad:
subempleo, poca calificación, subutilizacion e incluso
desconocimiento de sus talentos, y, quizás debido a
la falta de oportunidades con la cual ha tenido que
enfrentarse toda su vida, un gran conformismo con su
precaria situación.
La Cartagena del siglo XXI no puede seguir
insistiendo en la desgastada estrategia de promocionar
la ciudad amurallada y los barrios estrato 6 y dejar
abandonada a su suerte al resto de la ciudad. Bazurto
es un ejemplo claro de ello. Pero Bazurto se desbordará
hasta el centro histórico y los barrios de estrato 6, si no
logramos que personas como David y su hijita puedan
ver la luz al final del túnel.
d o ssier
Homenaje a Orlando Fals Borda
En Bogotá, a los 83 años de su edad, el 12 de agosto
de 2008, falleció uno de los personajes sobresalientes
en la vida política y cultural colombiana en la segunda
mitad del siglo XX y a comienzos del XXI, Orlando
Fals Borda, impulsor de la sociología académica en
Colombia, fundador con Camilo Torres de la facultad
de sociología de la Universidad Nacional (1959), uno
de los representantes más destacados de la Investigación
Acción Participativa (IAP), método de investigación
cualitativa orientado no sólo al conocimiento de las
necesidades sociales de una comunidad, sino también
a la transformación de la realidad estudiada con base
en tales necesidades.
Pionero en los estudios sobre violencia en
Colombia, sobresale este barranquillero, entre los
intelectuales caribeños integrales, por sus atinadas
reflexiones en torno a la singularidad de su región, al
ethos de sus hombres y a las inequidades de su historia
económica y social, desde una perspectiva amplia en
la que se alían el arte y la ciencia, la academia y la
cultura popular, la política y el magisterio, la literatura
y la acción social. Polémico, practicante de una ética
libertaria, obstinado en trascender la contemplación
propia del teórico, Fals aunó a su obra polémica,
provocadora, una vida ejemplar plena de acciones a
favor de los desfavorecidos de la fortuna, lo que le
acarreó innumerables sinsabores.
Como homenaje a un maestro del Caribe, el Área
Cultural del Banco de la República, sucursal Cartagena,
100
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y el Observatorio del Caribe Colombiano, a través de
la Cátedra del Caribe Colombiano, con el apoyo del
Centro de Formación de la Cooperación Española
y la Universidad Nacional Abierta y a Distancia
(UNAD), el 18 de agosto organizaron un gran
seminario en homenaje a la vida y obra del sociólogo
costeño. La revista Aguaita como órgano de difusión
del Observatorio del Caribe Colombiano se une a
este merecido homenaje reuniendo las ponencias
“Orlando Fals Borda: el nacimiento de una vocación”,
de Alexander Pereira Fernández, “Historia doble de
la Costa: el legado que nos queda”, de Armando
Martínez Garnica y “Vida y Obra de Orlando Fals
Borda. Las ideas de Fals Borda sobre la regionalización
del país” de Gerardo Ardila, junto con los comentarios
a esta última por parte de Alberto Abello Vives, “Fals
Borda y la regionalización” y el excelente ensayo de
Víctor Manuel Moncayo, “Fals Borda: hombre icotea
y sentipensante”, que sirve de prólogo a la antología
Una sociología sentipensante para América Latina/
Orlando Fals Borda. Las tres ponencias, el comentario
y el prólogo concurren en una visión amplia de la
trayectoria intelectual y vital del maestro en las que
se destacan la pasión por un oficio, la urgencia por
traducir lo teórico a lo real, la necesidad de un uso
social del conocimiento, su legado a las ciencias
sociales y su vida ejemplar, signada por una actitud
insobornable e insumisa en la defensa de la región y
de los valores de la democracia.
d o ssier
Orlando Fals Borda: el nacimiento de una vocación
Alexánder Pereira Fernández
A los ocho años en el patio del Colegio
Americano de Barranquilla
Antes de empezar
“Nunca han confiado en mis capacidades deportivas
[...], las pocas veces que las utilicé en Barranquilla,
ustedes no lo notaron”, escribía Orlando Fals a sus
padres cuando tenía 17 años de edad. Y añadía: “fui
campeón de natación, y todavía conservo el lapicero que
me regalaron en el II Campeonato de Pto. Colombia,
por haber sido el joven que ganó más puntos”. En
contra de la opinión de sus padres, Orlando pensaba
que su verdadera vocación era la de ser un General
del Ejército. A principios de 1943, el chico viajó de
Barranquilla a Bogotá para ingresar a la Escuela de
Cadetes. La pieza clave para su incorporación fue su
primo el escritor Jorge Zalamea Borda, por entonces
secretario privado del Presidente López Pumarejo.
“Estas molestias que Jorge se tomó por mí –escribe–,
son dignas del mayor agradecimiento57.
Ya en el ejército, buscó adaptarse a la nueva vida.
Aunque en las cartas que escribía no escatimaba
57
A menos que se diga otra cosa, las citas sin referencias de las
cartas enviadas por Orlando Fals Borda (OFB) desde la Escuela de
Cadetes, son tomadas del Archivo General de la Universidad Nacional, (AGUN), Fondo Fals Borda, Caja 53, Carpeta 8, fls. 1-38.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
101
en entusiasmo, a veces se le escapaba una que otra
confesión: “la vida aquí es rutinaria”, decía. En el
ejército los días pasaban más o menos igual, y las
asignaturas resultaban aburridas para él, pues eran una
repetición del bachillerato. Pasado el primer trimestre
informó a los padres lo que sería una constaste en su
rendimiento: “en el servicio no soy tan bueno como en
las clases, pero no soy el último ni el peor”. Ese trimestre
quedó en el segundo puesto: “Hagan mucha bulla de
esto allá en Barranquilla –son sus palabras– para que
empiecen a callarse las malas jetas”. Orlando, o Nando
como le decían, salía del cascarón.
Convencido como estaba de que en el ejército
adquiriría “don de mando y dirección”, admitía que
le atesaran las clavijas: “No me ha costado trabajo
adaptarme a esta vida, porque es metódica, y yo he
sido siempre metódico (lo muestra la biblioteca del
colegio que organicé, el coro, etc.)”. Sin embargo,
Nando no podía evitar sentirse desencantado por el
poco respeto que había a su condición de protestante:
“Los curas dominan aquí”, afirmaba. El joven cadete
no se equivocaba; el Sagrado Corazón de Jesús seguía
siendo el Patrono Nacional, a pesar de las cacareadas
reformas de la República Liberal, en el sentido de
laicizar la sociedad. Al respecto, en una carta enviada
a su mamá, narró:
Se echó, como de costumbre, contra el protestantismo.
Algunos amigos me buscaban entonces con la mirada, pero
para mí era como si nada; saqué lo bueno de lo que oía y olvidé
lo malo e insensato, de tal manera que, en vez de debilitarme,
pasé la prueba bien. Eso sí, en la tarde del sábado, que fueron
las confesiones, me sentí deprimido, solo; permanecí en el
salón de clases, viendo entrar y salir a mis compañeros y
leyendo un libro, El proceso Dreyfus. Muchos que todavía no
sabían mi religión, me invitaban a subir y luego se quedaban
como extrañados; pero se sonreían y seguían solos. Realmente,
entre nosotros, la religión no vale; pero si yo quisiera hacer
valer la mía, los curas formarían una alharaca, incluso pedirían
expulsarme por pervertir la Escuela.
Este relato expresa algunos de los valores cultivados
por Orlando a sus 17 años, la mención del proceso
Dreyfus resalta una conciencia de minoría excluida,
pues no de otro modo se entiende la referencia al caso
del militar judío perseguido. ¿Una exageración pueril
por parte de Nando? Probablemente. Lo cierto es que
interpretaba el caso Dreyfus desde la posición del
hostigado, defendiendo la libertad de conciencia, tal
como hicieron los defensores de Dreyfus a finales del
siglo XIX, esto es: con base en los ideales democráticos
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Egresados del Colegio Americano de Barranquilla, 1941.
de la Ilustración y de la Revolución Francesa, en contra
de tradiciones autoritarias y católicas ultramontanas58.
Justamente, en adelante mostraremos la forma en que
Fals expresaba esas ideas durante su primera juventud,
al tiempo que indicaremos cómo por esa vía llegó a
encontrar la vocación de científico social.
Orlando
A principios de 1944, Orlando llegó al grado
de subteniente con la más alta antigüedad de su
grupo, debido a que ingresó al ejército con el título
de bachiller. No obstante, su mamá, que no era muy
amiga de las armas, por esas semanas le escribió un
marconigrama poniéndolo a decidir entre la Escuela
de Cadetes y una beca en una universidad presbiteriana
de Estados Unidos. Esta no era una decisión fácil de
tomar. Dar el brazo a torcer, no estaba en los planes del
muchacho. Abandonar el ejército sería como admitir el
fracaso de una decisión precipitada que, además, puso
en aprietos económicos a la familia. El joven titubeó,
pero finalmente cerró los ojos y aceptó la propuesta de
su mamá. Su decisión no se debía al malestar religioso
que venía experimentando, pues él decía estar dispuesto
demostrar a todos lo que “puede y debe hacer un
protestante”. El motivo se relacionaba con las mismas
razones que lo llevaron a entrar a la escuela militar.
La comunidad presbiteriana que tanto le aportó en su
infancia y adolescencia, al salir del bachillerato le había
hecho sentir la endogamia propia de congregaciones
58
(Coser, 1980: 226-227).
Desfile militar de la Escuela de Cadetes de Río Negro,
Bogotá, 1944.
minoritarias. Para romper con ese envoltorio fue que
tomó la decisión de ingresar al ejército: “Se debió
–explica– a una reacción a la sobreprotección, a la
rutina; no veía yo un futuro en lo que estaba, sea con
la iglesia o con el Colegio Americano”59. Pues eso
mismo fue lo que halló en el ejército, donde no soportó
la rutina de un estilo de vida en que tenía que actuar
bajo una lógica de obediencia debida. Pese a todo,
esta experiencia le reforzó el hábito por el orden y la
cooperación, aprendió el sentido de la camaradería y a
convivir con colombianos de diversas regiones y quizá,
lo más importante, le sirvió para no avergonzarse de
sus creencias religiosas.
59
Entrevista con OFB, Bogotá, 19 de febrero 2004.
Ver: Dubuque Christian American, “Latin-american wins
acclaim” [s.c., s.c., s.f.]., en: AGUN, Fondo Fals Borda. Caja 22,
Carpeta 7, fls. 1-3.
61
“Who’s Who among Students in American Universities” [s.
e., s. c.], 1947, p. 63, en AGUN, Fondo Fals Borda, Caja 22,
Carpeta 6, fls. 12-13.
62
La referencia a la actividad que Fals Borda desempeñó como
auxiliar de un profesor, se puede ver en una carta de 1949, en:
AGUN, Fondo Fals Borda, Caja 22, Carpeta 6, fls. 15. Acerca del
hecho de que un profesor le abrió los ojos sobre la sociología en
este período, consúltese: las notas a mano elaboradas por nosotros,
a partir de conversaciones con OFB, Bogotá, 4 de noviembre 2003.
Por otra parte, dado que Fals Borda estaba estudiando una carrera
sobre literatura inglesa, no es extraño que haya tenido la oportunidad de ver cursos sobre sociología. Según afirma Josep Picó, durante
el período de la posguerra, Estados Unidos “presenció una gran
expansión de la sociología tanto dentro de las universidades como
fuera de ellas e incluso en el ámbito de la segunda enseñanza”, ver:
Joseph Picó (2003: 26).
60
A finales de 1944 viajó a hacer efectiva su beca
en la Universidad de Dubuque, Estado de Iowa,
donde demostró capacidades para desempeñar
múltiples tareas académicas. En 1947, al graduarse
con el título de Bachelor of Arts en literatura
inglesa, la prensa de esa universidad informó que
su trayectoria “fue muy inusual y sus intereses muy
diversificados” 60. Orlando llegó a ser presidente
estudiantil del Club Panamericano, miembro de Club
de Relaciones Internacionales, editor del periódico
estudiantil, miembro del grupo que trabajaba
en el Libro del Año, vicepresidente del Consejo
de Estudiantes, integrante del coro de música
evangélica y del grupo de arte dramático; aparte de
practicar baloncesto, tenis y natación. Y hay más.
Por sus altas calificaciones, el libro Quién es quién en
universidades y colleges de Estados Unidos, lo incluyó
entre los mejores estudiantes del año, siendo el
único hispanoamericano en la publicación61. Además
fue ayudante de un profesor en la Universidad de
Washington & Jefferson, en Pennsylvania, y con
otro tomó cursos de antropología y sociología que,
según contó, le “abrió los ojos” sobre esta última
disciplina62. Fue a través de esos cursos que pudo leer
por primera vez un libro de sociología que trataba
sobre la situación social norteamericana. Desde
entonces la curiosidad por la sociología quedaría
sembrada.
De regreso a Barranquilla, a principios de 1948,
fue nombrado director del Centro Juvenil Presbiteriano
y director de los coros del Colegio Americano y de la
iglesia evangélica. Regresaba formado por los maestros
corales de Dubuque, quienes completaron la educación
musical que tuvo en el bachillerato. Fue precisamente
por esos días cuando presenció la insurrección
popular del 9 de abril. Orlando estaba preparado para
comprender la amargura de quienes salieron a las calles
a protestar, amargura también sentida por él, pues
aunque estuvo fuera del país, la educación recibida
en torno al hogar y al mundo presbiteriano lo había
impregnado de muchos de los contenidos democráticos
representados por el gaitanismo. Pero poco o nada tenía
que ver Orlando con la insurrección que estalló ese día,
simplemente había vuelto a tiempo para presenciar
un acontecimiento que simbolizaría el drama social
de Colombia en el siglo XX, y que marcaría a su
generación. Al respectó contó:
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
103
Yo estaba en el centro, viendo los acontecimientos en la
oficina de una prima que daba sobre el Paseo Bolívar.
Recuerdo dos cosas: las turbas, destruyendo el periódico
La Prensa, destruyendo las máquinas y sacando el papel.
Era impresionante, porque eran grandes rollos que se iban
desenvolviendo por las calles. El otro recuerdo, es al puro
pie de la estatua de El Libertador, donde estaba Saúl Charris,
encabezando una manifestación con banderas del Partido
Liberal, gritando abajos [...]. Él era como un hermano, un
papá63.
Teniendo en cuenta sus experiencias culturales
e intelectuales, es posible afirmar que Orlando fue
un muchacho de ideas políticas imprecisas que, sin
embargo, se inclinaban a cierto tipo de liberalismo
democrático, dominadas, eso sí, por un sentido moral
cristiano y humanista filantrópico con potenciales
capacidades de indignación ante las injusticias sociales.
Más que una conciencia políticamente definida, lo que
mostraban sus ideas en 1948 era un punto de partida
cuyos reflejos podían apreciarse en una cantata que
compuso por esos meses con motivo de la violencia
desatada a partir del asesinato de Gaitán.
A mediados de 1948, con 22 años de edad, viajó
a Bogotá en búsqueda de trabajo para contribuir con
los gastos de la familia, ingresó como profesor de
inglés en el Colegio Americano y director del coro de
la iglesia presbiteriana de esa ciudad. Por esas semanas,
conmovido e inquieto por la insurrección que vio en
Barranquilla y por el malestar social que se sentía en
el país, compuso la cantata Mensaje a Colombia, que
sintetizaba los contenidos ideológicos de su conciencia
juvenil. La letra contrapunteaba las convicciones
morales y políticas que lo habían formado. Modulando
humanismo filantrópico con ideales republicanos,
piedad religiosa e ideales patrióticos, indignación
moral y esperanza, la cantata, compuesta en una
línea melódica para un coro mixto de cuatro voces
y con acompañamiento de piano, terminaba con el
mensaje siguiente: “¡Construyamos una patria grande
y verdadera¡/Que perdure como hermosa, libre, justa
y ordenada, con la ayuda siempre, siempre del eterno
Santo Dios”64.
Al año siguiente consiguió otro trabajo, pero
no pasó un mes cuando ya lo estaban despidiendo.
Era “sociólogo”, según decía, en el Instituto de
Antropología Social (fundado en 1948 como ente
adscrito a la Escuela Normal Superior 1936-1951).
Las razones que adujo su jefe para despedirlo fueron
104
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Director del coro de la iglesia presbiteriana de Bogotá,
en 1944 y en 1948.
las siguientes: por establecer amistad con habitantes
del municipio objeto de estudio e informar a estos,
asuntos del proyecto de investigación; por falta de
sencillez de espíritu e intentar establecer jerarquías
con los demás empleados; por incompatibilidad de
carácter con el jefe; por conseguir dinero por cuenta
propia para actividades del proyecto y, como si fuera
poco, por negarse a pagar una deuda contraída en el
casino de empleados65 .
Orlando se había enterado de una investigación
adelantada por el Ministerio de Educación en el
municipio de Vianí (Cundinamarca). Esa vez, sus primos
Zalamea Borda volvieron a ayudarle; a través de ellos,
consiguió cartas de recomendación del profesor Luis
López de Mesa y del médico Jorge Bejarano, personajes
vinculados con los Zalamea por las actividades que
63
Entrevista con Orlando Fals Borda, OFB, Bogotá, 19 de
febrero de 2004.
64
Partitura de la cantata Mensaje a Colombia, ver: AGUN, Fondo
OFB, Caja 57, Carpeta 2, fls. 7-14.
65
AGUN, Fondo OFB, Caja 10, Carpeta 3, fls. 11-13.
desempeñaron durante la República Liberal. También
contó con la recomendación de Rafael Borelly, su
padrino de bautismo, quien había llegado al Congreso
en representación del Partido Liberal66. Borelly era
un “Anciano gobernante” de la iglesia presbiteriana y
amigo cercano de los Fals Borda. En su condición de
evangélico, masón y gaitanista, fue un caso especial en un
medio tan católico como el colombiano de ese tiempo:
se destacó en los negocios y en la política. Acerca de él,
Fals Borda dijo: “Me dio ejemplo de eficacia ejecutiva,
desprendimiento económico y amor, no sólo por sus
diezmos que constituían la mitad de las entradas de la
iglesia, sino porque, cuando mis padres por un tiempo
no pudieron sostener la familia, don Rafa y su esposa
Atala, me adoptaron como a un hijo”67. Borelly fue un
modelo de superación para Orlando: le demostró que un
protestante también podía acceder a la vida pública.
Con las cartas mencionadas, se presentó a
una entrevista ante el Ministro de Educación, el
liberal Fabio Lozano y Lozano. Dijo que su título
correspondía al de sociólogo y que, por lo tanto, su
perfil era el adecuado para el programa social que venía
ejecutándose en Vianí68. Antes de salir de la oficina ya
estaba contratado. Orlando se sentía comprometido
con el nuevo empleo. Sabía muy bien que, aun
cuando tomó cursos de sociología en el bachelor, su
formación estaba más inclinada hacia la literatura y
la música; entendía que su entrenamiento profesional
no era suficiente para desenvolverse como sociólogo.
La sensación de inseguridad que le producía ese
hecho, lo llevó a buscar textos de sociología, siendo
así como llegó a sus manos el libro Tabio: Estudio de
la organización social rural (1944) del norteamericano
Thomas Lynn Smith. “Leyendo ese libro como
autodidacta –comenta-, supe cómo proceder en el
terreno metodológicamente. A partir de ese momento,
sin conocerlo personalmente, mi principal influencia
sociológica proviene de Lynn Smith”69. Entre 1943
y 1944, Smith estuvo en Colombia y Brasil como
funcionario adjunto de la embajada estadounidense.
Al igual que él, otros sociólogos rurales hicieron parte
de un estudio sobre las posibilidades productivas de
zonas agrarias de Latinoamérica. Por la relación que
Orlando tendría con ellos, sólo mencionamos a Lowry
Nelson que estuvo en Cuba, y a Olean Leonard, que
realizó sus estudios sobre Bolivia y Ecuador70. Aunque
a estos investigadores los animaba la posibilidad de
Estudios en la Universidad de Dubuque, 1947.
experimentar las metodologías de sociología rural
que entre todos venían desarrollando, las ideas del
gobierno norteamericano no eran tan altruistas, ya que
el objetivo era controlar áreas agrícolas estratégicas,
siguiendo la lógica de la segunda contienda mundial
y, posteriormente, la de la Guerra Fría. Lo anterior era
presentado en Colombia bajo la forma de cooperación
internacional para la mecanización y desarrollo del
campo71.
Además de investigar sobre el municipio de Tabio,
Smith fue asesor técnico del Ministerio de Economía
Nacional, donde recomendó una política de parcelación
y colonización de tierras con el fin de estimular una
clase media rural que contuviera los crecientes
conflictos sociales72. En cuanto al estudio de Tabio,
este fue uno de los primeros de sociología rural hechos
en Latinoamérica con técnicas y métodos empíricos
modernos, siguiendo las propuestas de Smith en su
influyente libro Sociología de la vida rural (1940). La de
Tabio era una investigación sobre comunidades agrarias
y sus formas productivas, realizada dentro de una
66
AGUN, Fondo OFB, Caja 15, Carpeta 3, fls. 19.
Orlando Fals Borda, Algunos recuerdos de mis primeros años
(inédito), s.c; s.f., p.. 9.
68
Entrevista con OFB. Bogotá, 29 de febrero de 2004
69
Entrevista con OFB, Bogotá, 29 de febrero de 2004.
70
Orlando Fals Borda (1963: 157).
71
Santiago Perry (1983: iii-iv)
72
Absalón Machado (2000: 17-18).
67
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
105
perspectiva que combinaba positivismo con una fuerte
preocupación por la obtención de información factual,
que sirviera para apoyar la ejecución de programas
gubernamentales de modernización (mecanización
de la agricultura, mejoramiento de escuelas rurales,
etc.)73. Smith esperaba que su libro sobre Tabio también
sirviera para familiarizar a los colombianos con la
metodología que venía desarrollando, por lo que le
añadió un apéndice que era casi un curso intensivo
de técnicas sobre sociología rural, para el que, según
escribía en la introducción, se “habría requerido varios
años de residencia y avanzados estudios en Estados
Unidos”74. Dicho anexo, aparte de mapas y gráficos,
incluía una copia del cuestionario adaptado para
las entrevistas con los campesinos. A más de otras
explicaciones, como recomendaciones para aplicar
el cuestionario, señalaba cuidados que iban desde
precauciones durante las visitas a los campesinos, hasta
la amistad que debía conseguirse con el cura párroco
para acceder a ellos75.
Con ese libro Orlando no sólo consiguió la
seguridad que necesitaba para comenzar en el empleo,
sino que rápidamente acarició la idea de experimentar
sus técnicas con los pobladores de Vianí. Allí, su jefe era
el antropólogo Gabriel Ospina, en calidad de director
del Instituto de Antropología Social76. El programa
ejecutado en Vianí buscaba experimentar técnicas
de desarrollo de la comunidad en áreas rurales, por
medio de trabajos de infraestructura con base en los
esfuerzos de los propios pobladores77. A Orlando le
asignaron la organización del archivo del proyecto,
tarea que le resultó tan sencilla que en menos de quince
días la tenía lista. Entonces pensó que con el tiempo
disponible podría a prueba las técnicas de investigación
de Smith. Pues dicho y hecho: buscó hacerse amigo de
los campesinos y a tratar con el cura del pueblo, a quien
se ganó rápidamente sirviéndole de organista en las
misas. En confianza con algunos campesinos, les contó
73
Thomas Lynn Smith, Justo Díaz y Luis García (1944:
3-13).
74
Ibíd., p. 4.
75
Ibíd., pp. 99-122.
76
Más datos sobre este personaje pueden encontrarse en: Martha
Cecilia Herrera y Carlos Low (1994: 93).
77
Flor Romero de Nohra (1953: 7).
78
AGUN, Fondo OFB, Caja 18, Carpeta 2, fls. 11-13
106
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
cuáles eran los objetivos del programa, lo que enfureció
en tal forma a su jefe que de inmediato le exigió la
renuncia. Los cargos que le hacían lo exasperaron tanto
que enseguida respondió con otra carta, en la que su
defensa personal nos revela hoy algunas de las ideas que
sustentaban su visión del mundo al recibir la década
de los cincuenta. Oigámoslo:
Quiero por medio de la presente expresarle lo que pienso [...]
ya que todos nos decimos perseguir un noble fin, cual es el
de la redención moral y material del pueblo colombiano [...].
Vianí me dio la impresión de ser una villa totalitaria, con sus
espías y sus secretos de estado. Ninguno de los empleados
del Instituto podíamos hablar con los campesinos acerca de
lo que más nos interesaba a todos: el proyecto social. Quizás
Ud. tuviera razón al así ordenarlo, pero es mi opinión que
toda cosa buena mientras más conocida es más amada. Si el
Instituto es bueno y marcha a su meta con justicia y rectitud,
debe soportar por lo menos las preguntas y las observaciones
de los interesados [...]. Realmente Ud. ha hecho una gran
labor al asegurarse la adhesión de los dirigentes del pueblo,
pero no ha alcanzado aún la del pueblo mismo, que ha
permanecido como siempre ignorante, sin representación
activa en el Instituto [...]. Esto me lleva a pensar que Ud.,
al menos por ahora, se interesa en velar más por su propio
proyecto (la posición en el gobierno y en la sociedad, el tener
maquinas, vehículos y empleados, el dar órdenes, etc.) que
por el mismo pueblo [...]. Si el país va a progresar en todo
sentido, un movimiento debe comenzar con nosotros los de
la nueva generación. Deberíamos olvidar los prejuicios de
nuestros padres, conservar sus ideales y sus virtudes, y con
un nuevo espíritu trabajar por engrandecer al país [...]. Elevo
pues mis votos al cielo para que Ud., que está en posición tan
privilegiada, pueda realmente servirle al país y brindarle al
correr de los años una obra positiva de redención nacional.
Bajo su dirección, Vianí podría ser algún día una gran centro
de preparación de líderes sociales que llevaran por todo el
país el mensaje de servicio que implica; podría llegar a ser
una Meca de apóstoles interesados en el progreso del pueblo,
donde puedan enseñarse mutuamente sus experiencias,
comunicarse sus ideales, sus realizaciones y sus proyectos,
e inyectarse de entusiasmo para la nueva, ardua labor. Mas
esto sólo puede hacerse a base de altruismo y compresión, sin
prejuicios de ninguna clase. Sólo por este ideal habría querido
seguir en Vianí a pesar de todo, para luego, contagiado por
su entusiasmo, salir a trabajar en otras regiones78.
Este escrito está cruzado por un idealismo moral
de raíz cristiana: la noción de “redención moral” que
se menciona está atravesada por la idea del sacrificio
personal. Orlando entendía el empleo con el Estado
como un servicio social que exigía sacrificio y al que era
preciso consagrarse por la redención colectiva, de ahí
que asumiera el trabajo como una especie de apostolado
y de ahí también el áspero ataque a la falta de conciencia
pública de su jefe. Esta idea del apostolado nos
remite a cierta actitud ética de compromiso social, no
Por los alrededores del la represa del río Sisga, 1949.
mesiánica, pues también parte de cierta confianza en
las capacidades de la gente común, por eso la queja de
que los pobladores no tengan representación activa en
el Instituto.
Como quiera que sea, para junio de 1949, Orlando
ya tenía otro trabajo. Ahora hacía parte la legión de
obreros, oficinistas, técnicos e ingenieros que se habían
enclavado en un campamento sobre el cañón del río
Sisga en la sabana de Bogotá. Un anuncio de prensa
que solicitaba un secretario bilingüe lo condujo a aquel
sitio. Esta vez no decía ser sociólogo, sino estenógrafo
y taquígrafo. “Mentiroso yo –narra–, porque de
taquigrafía no sabía absolutamente nada. Pero le dije
al gerente que era capaz de escribir cartas en inglés.
Entonces, éste me contrató”79. Entraba a laborar como
secretario de la compañía Winston Brothers, firma de
ingenieros norteamericanos contratada por el gobierno
de Ospina Pérez para construir los embalses de los ríos
Neusa y Sisga. Estas complejas obras de ingeniería
eran una de las tantas que avizoraban el inicio de la
mecanización agraria en Colombia, con las que se
pensaba hacer frente a los requerimientos de materias
primas por parte de los mercados internacionales,
a las necesidades de la industrialización interna y al
abastecimiento de una población urbana en acelerado
crecimiento80.
Este giro hacia la modernización agropecuaria
tenía fundamento en políticas desarrollistas que
venían impulsándose desde los años cuarenta, y que
cobraron vigencia con el famoso discurso de posesión
del presidente norteamericano Harry Truman,
en enero de 1949. Dicho discurso oficializaba a
escala mundial el desarrollismo como política de
contención comunista durante la Guerra Fría, en
los desde entonces llamados países subdesarrollados.
Los años cincuenta conocerían así una de las épocas
más complejas de la historia colombiana, en que se
conjugaban hondas trasformaciones socioeconómicas
y políticas difíciles de explicar bajo una misma óptica.
El auge en la construcción de infraestructura, el
acelerado crecimiento de las ciudades, la bonanza
exportadora de café y el incremento ostensible de la
industrialización, sorprenden tanto como el espantoso
número de colombianos desplazados y asesinados por
los múltiples conflictos que encierra la denominada
Violencia.
Tal sería el contexto en el que Orlando se
desenvolvería desde su llegada al campamento del
Sisga. Las primeras semanas fueron para él de goce
estético con la naturaleza, vivía maravillado con la
singular belleza que le ofrecía el espectáculo geográfico
de la hoya del río y del altiplano cundiboyacense:
un entorno repleto de verdor exuberante y poblado
por un mundo campesino muy distinto al puerto
caribeño donde creció. Durante las semanas iníciales
de trabajo, se dedicó a recorrer el área y a conversar
con los campesinos que laboraban como obreros
en la represa. En una carta que le dirigió por esos
días a su hermano Jaime, hablándole sobre los
campesinos, decía que les deseaba “conocer mejor
antes de emprender ningún proyecto sociológico”81.
El joven seguía acariciando la idea de experimentar
las técnicas sociológicas de Smith. Y su experiencia
en los meses siguientes le confirmaría la importancia
que un estudio de ese tipo tendría en una zona
que, a simple vista, estaba demostrando quedar
79
Entrevista personal con OFB, 3 de diciembre de 2004.
José Antonio Ocampo (1988: 280)
81
Carta de Fals Borda a Jaime Fals, en AGUN, Fondo OFB,
Caja 10, Carpeta 3, f. 8.
80
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
107
trasformada por la nueva construcción. “El interés
que tuve –cuenta– era más que todo de rescatar
ese mundo nuevo que yo vivía, que veía que estaba
ya en trance, en transición y en peligro de quedar
transformado”82.
Con los recorridos realizados en la zona se
percató de la existencia de tres veredas campesinas
que podrían servirle para el estudio. Le pareció que
la más indicada sería una que se llama Saucío, por
poseer características que la hacían típica de las
localidades andinas del altiplano: con pobladores
constituidos por pequeños y medianos propietarios,
arrendatarios, concertados, mineros, fabricantes de
ladrillos, entre otros. Tenía una hacienda en sus
alrededores que la hacía más compleja. Era la que
mayor impacto experimentaba por ubicarse en la
zona donde se construía la represa, y el hecho de
contar con pocos pobladores la hacía manejable
para el trabajo de un sólo investigador. A los dos
meses, Orlando tenía varios conocidos provenientes
de Saucío, especialmente trabó amistad con un
campesino llamado Francisco Torres, Pacho. A través
de él, empezó a visitar el vecindario con actitud de
observador cuidadoso, iba todos los fines de semana,
portando un pequeño diario de campo. Al tiempo
que tomaba las primeras notas sufría un proceso
de sobreexcitación. La vibración interna que le
producían las observaciones sobre las mutaciones
de Saucío lo llevaron a darse cuenta que no podía
esperar más. Entonces optó por adaptar las preguntas
del formulario de Smith a la realidad saucita, tarea
no muy complicada, pues la localidad trabajada
por Smith guardaba características semejantes a las
de Saucío, ambas comunidades andinas, a tan sólo
sesenta kilómetros de distancia.
Buscando ser aceptado en la comunidad y para
ir conociendo las actividades de los labriegos, ofreció
su colaboración en los quehaceres de las parcelas. Al
concluir 1949, informó a los campesinos más allegados
su aspiración de realizar un estudio sobre la vereda. Al
ver que estos no mostraron inconveniente, al comenzar
1950, intensificó a tal punto el ritmo de visitas que
terminó viviendo en la casa de la familia de Pacho
Torres, típica de un campesino pobre: con techo de
paja, piso de tierra y sin ventanas. La casa de Pacho le
era favorable: al estar sobre la carretera que pasaba por
el vecindario, le facilitaba la observación de la vida
108
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
cotidiana de los saucitas. Lo anterior implicó, poco
a poco, un proceso de adaptación mutua: Orlando
combinaba su acento costeño con la jerga andina de
los campesinos, se le veía usar ruana, sombrero, botas y
pantalones color caqui, al mejor estilo de los lugareños.
Conforme iban las cosas, era imposible predecir qué
quedaría del joven juicioso de otros tiempos: vivía
entretenido jugando al tejo y visitando asiduamente la
tienda de la vereda, donde tomó sus primeras cervezas
sin aguantar el ritmo de sus cómplices de banca. El
proceso de adaptación con la comunidad no podía ser
mejor, ahora le era posible traer una cámara para retratar
a los labriegos en sus actividades diarias, lo llamaban el
“fotógrafo”, y lo buscaban para fotografiar en fiestas,
bautismos, matrimonios y primeras comuniones. En
esas actividades también logró la amistad del cura de
Chocontá, pueblo cabecera municipal de Saucío.
De forma paralela, aprovechaba los viajes a Bogotá
para conseguir libros que le abrían camino a las ciencias
sociales en el país. Estudios pioneros como los realizados
por Alejandro López (Problemas colombianos, 1927), el
de su primo Jorge Zalamea (El Departamento de Nariño:
esquema para una interpretación sociológica, 1936),
Antonio García (Geografía económica de Caldas, 1937),
Luis Eduardo Nieto Arteta (Economía y cultura en la
historia de Colombia, 1941), José María Ots Capdequí
(El régimen de la tierra en la América Española, 1946)
y el de Guillermo Hernández Rodríguez (De los
chibchas a la Colonia y a la República, 1949), hicieron
parte de las lecturas que el joven efectuó a principios
de los años cincuenta. Por esas fechas, también leyó
ávidamente obras más ligadas a la tradición de la
filosofía social especulativa, de autores como Luis
López de Mesa (Introducción a la historia de la cultura
en Colombia, 1930; De cómo se ha formado la nación
colombiana, 1934) y el ensayo de Armando Solano
(“La melancolía de la raza indígena”, 1953), los cuales
pueden considerarse como importantes precedentes
de la sociología moderna en Colombia83. Asimismo,
durante la primera parte de 1950, empezó a acceder
82
Entrevista de Humberto Cubides con OFB, Bogotá, diciembre
12 de 1994. Agradezco a Humberto Cubides haberme cedido este
valioso documento. La información que a continuación expondremos del proceso de elaboración de la investigación sobre Saucío la
hemos obtenido de Orlando Fals Borda (1961: 307-316). También
de: Entrevista con OFB, 3 de diciembre de 2004; y la de Cubides,
ya referenciada.
a otros textos: el libro que Smith elaboró sobre Tabio
lo condujo a uno de los estudios que Olean Leonard
realizó sobre comunidades campesinas de Bolivia y
Ecuador84. Se trataba de la investigación Pichilingüe:
A study of rural life in coastal Ecuador, publicada en
1947, por el Departamento de Agricultura de Estados
Unidos, e inspirada en trabajos Nelson y Smith. Sobre
tales estudios, Orlando dijo: “Aunque perjudicado por
la escasez de literatura sobre el tema y por la ausencia
de antecedentes de obras de esta clase en Colombia,
esas lecturas me ayudaron mucho en la formulación del
enfoque objetivo de la sociedad de Saucío”85.
A fines de 1950 no sólo había mimeografiado
el formulario de encuestas, sino que ya lo tenía
diligenciados con 70 familias que pudo entrevistar. Y
decimos pudo, porque no faltaron algunos campesinos
opuestos a la idea: unos orientados por la sospecha
de que Orlando era un enviado del gobierno con
una nueva estrategia para tasar impuestos; otros,
simplemente, le dijeron que si se acercaba a su casa
le echarían los perros y lo sacarían a pedradas. Por ser
aislados, estos casos no llegaron a entorpecer la tarea;
además, el párroco de Chocontá lo respaldó desde
el púlpito, logrando así que cesaran los rumores.
La rapidez con la que trabajaba en su investigación
también tenía una motivación proveniente de una
noticia recibida en la Winston Brothers. En una carta
enviada a su mamá, se leía: “sucedió algo extraordinario
que, salvo causas imprevistas, pueden facilitar
enormemente mi regreso a los Estados Unidos”. Y como
si lo que le sucedía fuera una revelación del destino,
agregaba: “Fue algo inesperado, que vino como caído
del cielo, pero que demuestra que Dios no nos ha
abandonado, sino que sus caminos, aunque confusos,
llevan a metas seguras”86. Sucedió lo siguiente: Orlando
escribió un artículo para el periódico Wistonia, órgano
informativo de la Winston Brothers, donde hablaba
sobre la importancia de los trabajos adelantados
por la constructora con respecto a la nueva política
de asistencia técnica plasmada en el Punto IV de la
doctrina Truman. Vale la pena transcribir lo que decía
en algunos de sus párrafos:
Mucho antes de que el señor Truman hablara al congreso
sobre su Cuarto Punto en 1949, la Winston –créanlo o
no– había estado llevando a cabo un programa similar.
Lo asombroso de esto, es que la Winston lo hizo sin saber
exactamente que lo estaba haciendo. [...]. Este es un
país en crecimiento, cuyas riquezas están enormemente
intactas; sus recursos están subdesarrollados. El talento
local está simplemente floreciendo ahora en líneas de
ingeniería, mientras en otros países está dando ya frutos.
No hay dudas sobre el talento –aquí está [...]. Desde que
la Winston construyó el ferrocarril de Medellín-Amaga,
ha estado cumpliendo un involuntario programa Punto
Cuarto en la transmisión de la experiencia americana,
en exponer ejemplos e ideales a los nativos, en promover
desarrollos económicos saludables a las comunidades, y
de esta manera ha estado elevando el estándar de vida
del país87.
Su fe en el progreso quedaba atrapada ingenuamente
bajo el manto ideológico del desarrollismo.
Ingenuamente, porque su juvenil optimismo liberal
y el contagioso espíritu modernizador de la Winston
no le dejaban ver que detrás de la modernización
promocionada por Estados Unidos lo que, en realidad,
se hallaba, era la otra cara de una política de hegemonía
continental: contra las revoluciones y la influencia de
la Unión Soviética. Al igual que muchos en su época,
Orlando entendía la asistencia científica y tecnológica
norteamericana como una colaboración neutral a
favor del progreso social88. Pero lo anterior no era
todo lo expresado en su artículo, luego remataba con
una pregunta espontánea, dirigida al presidente de la
83
Aparte de otras investigaciones de Antonio García, leyó los no
menos influyentes estudios de: Juan Friede (El indio en lucha por la
tierra, 1944); Jorge Bejarano (La derrota de un vicio, 1944); James
Parsons (La Colonización Antioqueña en el occidente colombiano,
1949); Ernesto Guhl (“El aspecto económico-social del cultivo del
café en Antioquia”, 1953); Luis Ospina Vásquez (Industria y protección en Colombia, 1955), entre otros. La bibliografía mencionada
fue escogida con base en las entrevistas a OFB y en la bibliografía
de sus dos libros: Campesinos de los Andes (1961) y El hombre y la
tierra en Boyacá (1957).
84
Orlando Fals Borda (1961: 314).
85
Ibíd., p. 314.
86
Ver: Cartas de Fals Borda remitidas a María Borda, AGUN,
Fondo OFB, Caja 12, Carpeta 3, fls. 4-9.
87
Existe una copia del original de ese artículo en una carta que
Orlando envío a su mamá: ver: “The impact of Winston at Sisga”,
donde se indica que fue publicado por la revista The Winstonian,
en abril de 1950, en AGUN, Fondo OFB, Caja 7, Carpeta 3, fls.
2-4.
88
“La tecnología era considerada neutral e inevitablemente
benéfica y no como instrumento para la creación de los órdenes
sociales y culturales”, afirma Arturo Escobar (1999: 81). Una mirada
rápida a la prensa de esos años, puede dar una idea de las grandes
expectativas que estaba creando la política de asistencia técnica del
Punto IV en el país. Sobre todo, véase: “Cómo trabaja el Punto IV
en Colombia”, en: El Tiempo, 2 de noviembre de 1952, p. 3.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
109
Trabajo con la Winston Brothers en el cañón del río Sisga.
1949-1950.
empresa: “¿Y por qué no entrenar algunos colombianos
prometedores en los proyectos de la Winston en
Estados Unidos?”. Al mes siguiente el presidente de la
constructora vino al país para efectos de una inspección
rutinaria en los trabajos del Sisga. Estando allí,
preguntó por Orlando, y según narró éste en la carta
enviada a su mamá, “en el curso de la conversación,
me preguntó límpidamente si quería ir a los Estados
Unidos a trabajar, pues la idea expresada en mi artículo
era buena y él pensaba ponerla en práctica”89. Y agrega:
“Yo le dije que sí, pero que me gustaría al mismo tiempo
adelantar estudios universitarios. Y él me dijo: siempre
y cuando usted cumpla con sus trabajos, vaya; entonces
acepté, ¡con todo pago, súper beca!”90. A mediados
de 1951, contando con un cupo en la Universidad
de Minnesota, el joven viajó a Minneapolis para
laborar como supervisor de las obras de la Winston en
Colombia. Llevaba en su equipaje una envidiable masa
documental sobre Saucío: aparte de los cuestionarios
diligenciados, portaba libros de historia, boletines
estadísticos oficiales y materiales históricos de archivo,
fotografías y hasta un herbario de plantas locales.
En esa maestría impartía clases Lowry Nelson,
quien además de haber participado en investigaciones
sobre comunidades rurales de Latinoamérica, fue
junto con Pitirim Sorokin uno de los profesores más
110
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
influyentes de Lynn Smith91. Y también lo sería del
propio Orlando, ya que en él pudo encontrar un
decisivo y generoso respaldo intelectual. Nelson estaba
contento con el estudiante colombiano, pues alcanzó
a sorprenderlo con todo el material empírico que
traía consigo. Guiado de su mano, Orlando no sólo
leyó los avances sociológicos del propio Nelson, sino
que profundizó en la obra teórica de Smith y en la de
sociólogos clásicos como Tönnies, Durkheim, Redfield
y Weber, entre otros. También leyó a Sorokin y a los
estructural-funcionalistas Parsons y Merton, de quienes
recibió una influencia algo heterodoxa, debido a que
al mismo tiempo su formación se inclinaba hacía la
microsociología, corriente sociológica más o menos
antagónica de cualquier estructuralismo.
Con todo, por el trabajo con la Winston, el
colombiano tenía dificultades para asistir a clases: “Yo
iba y venía, iba y venía –cuenta–, pero francamente
era muy duro para mí cumplir con todos los requisitos
universitarios, porque, en la práctica, yo era empleado de
tiempo completo y estudiante de tiempo completo”92.
Esta fue una situación que Nelson comprendió y pudo
resolver pasando las clases a un horario nocturno, en
su propia casa. Es así que con base en los documentos
que poseía, el joven realizó tabulaciones, análisis
estadísticos y demás tareas relacionadas con trabajos
de laboratorio propios del empirismo sociológico de
la época. Asimismo, aprovechando que la Winston lo
enviaba a cumplir labores a Colombia, continuó con
las visitas a los archivos parroquiales y municipales de
Chocontá, además de dedicarse a corroborar datos
de los formularios con los saucitas. A esas alturas,
Orlando tenía claro que el acercamiento logrado
con los campesinos correspondía a la técnica que los
antropólogos llaman observación por participación, y
llegó a leerle a estos partes del informe que utilizó
para graduarse. Al respecto escribió: “Fueron leídos
a algunos de los campesinos unos pocos capítulos
89
Carta de Orlando Fals a María Borda, en AGUN, Fondo OFB,
Caja 7, Carpeta 3, fls. 5-6.
90
Entrevista personal con OFB, Bogotá, 29 de febrero de
2004.
91
Los trabajos de Nelson, a los que Fals Borda tuvo acceso en
esos momentos, son las siguientes: Rural sociology (1948) y Rural
Cuba (1950).
92
Entrevista personal con OFB, Bogotá, 29 de febrero de
2004.
community in Colombia, producto del requisito que
debió cumplir para el grado de Master of Arts en
sociología rural y antropología94. Por esas fechas,
Nelson lo había conectado con Lynn Smith, quien
daba clases en la Universidad de Florida. Precisamente,
gracias a la diligencia de este último, Orlando fue
invitado a ofrecer una conferencia sobre la investigación
de Saucío en dicha Universidad 95. En cuanto al
ascenso laboral, le iba tan bien económicamente que
estos profesores empezaron a preocuparse de que
descuidara sus estudios, así que buscaron persuadirlo
para que renunciara a la Winston y continuara con el
doctorado. La fórmula para lograrlo fue la siguiente:
gracias al poder que Lynn Smith tenía en el jurado
que otorga las becas de los Premios Guggenheim, a
Orlando se lo concedieron dos veces, en 1953 y 1955,
el tiempo necesario mientras realizó el doctorado
en la Universidad de la Florida. “Fue una fórmula
muy generosa. Me concedieron un premio que sólo
se le daba a los grandes artistas y literatos”96, narró.
De esa manera pasó de la guía intelectual de Nelson
a la de Smith, quien en adelante sería su mentor.
Académicamente hablando, los años que van de 1953 a
1957 serían muy fructíferos para él: concentró la mayor
parte de las energías en su entrenamiento sociológico,
en el desarrollo de la investigación sobre Saucío, en la
experimentación de técnicas agrícolas en el altiplano
cundíboyacense, en la publicación de artículos y en la
realización de su tesis doctoral.
Mientras realizaba el doctorado, profundizó en
la investigación de la maestría hasta transformarla
en la obra Campesinos de los Andes. Estudio sociológico
de Saucío, publicada en inglés por la Universidad de
Florida en 195597. La versión castellana de esta edición
se publicó en Colombia en 1961, entre tanto, algunas
Recorridos en la vereda de Saucío, 1950.
93
del presente libro, pues yo pensaba conocer las
reacciones y opiniones de aquellos. Sus sugestiones
fueron ciertamente esenciales para formarme un
juicio equitativo y honrado acerca de la comunidad.
[...] Especialmente, el capítulo titulado ‘La formación
del campesino’ fue ampliamente examinado con los
agricultores”93.
Para julio de 1952, con 27 años de edad, estaba
graduado y con un ascenso laboral. De lo primero,
surgió la tesis Saucío. A Sociological study of a rural
Orlando Fals Borda (1961: 315-316).
Véase el prospecto universitario: “The University of Minnesota announces its July commencement 1952. Northrop
Memorial Auditorium”, en AGUN, Fondo OFB, Caja 21, Carpeta
5, fls. 1-6.
95
“Orlando Fals Borda regresa a los EE.UU”, en: El Espectador,
29 de octubre de 1952, p. 15.
96
Entrevista con OFB, Bogotá, 29 de febrero de 2004; “Los que
salen”, en: El Tiempo, 18 de septiembre de 1953, p. 14. Sobre las
becas de los Premios Guggenheim, véase: AGUN, Fondo OFB.,
Caja 29, Carpeta 3, fls 4-8.
97
Orlando Fals Borda (1955: 350).
94
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
111
Trabajo de campo en Saucío.
partes circularon en forma de artículos, a los que
fueron sumándose otros producidos a partir de nuevas
pesquisas. Las nuevas indagaciones correspondían
en su mayoría a la investigación doctoral que venía
adelantando sobre los campesinos de Boyacá, que
puede entenderse como una ampliación del estudio de
Saucío. Ambas trataban sobre sociedades campesinas
minifundistas, ubicadas en la cordillera de los Andes,
con antecedentes históricos comunes, y vinculadas a un
mismo proceso de transformación capitalista.
Entre finales de 1954 y 1955, estuvo dedicado
al trabajo de campo y de archivo en Colombia,
durante ese período, recorrió a caballo, a pie y en jeep
el Departamento de Boyacá. Su chofer y auxiliar de
investigación era el campesino saucita Pacho Torres,
con quien profundizaría en adelante una amistad que
duraría toda la vida. Pacho Torres y otros campesinos
de la zona le sirvieron de puente con las comunidades
que visitaban, de ese modo, fue integrándose a las
actividades agrícolas y a la vida cotidiana de las
poblaciones donde debió instalarse. Boyacá durante
la Violencia fue uno de los departamentos más
afectados por la pugna bipartidista, no obstante, ya
sea porque Orlando se transportaba con campesinos
que conocían la zona o por el hecho de que el gobierno
de Rojas Pinilla lograba cierta desmovilización de los
combatientes, las observaciones directas no fueron
afectadas. Así las cosas, aun cuando esta vez no
utilizó encuestas, sí pudo realizar muchas entrevistas
personales, visitar notarías y fincas, participar en labores
agrícolas, tomar fotos, elaborar mapas y apuntar datos
en su acostumbrado diario de campo. A principios de
112
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
1955 sumaba toda esa información a la recogida en el
Archivo Nacional, en las notarías municipales y en las
instituciones gubernamentales de estadísticas98. “En
esta forma –ha escrito–, se complementó el sistema de
observación del segmento actual de la sociedad con el
método histórico-evolutivo”99. Con todo lo anterior, en
junio de 1955, obtuvo el título de Ph. D. Degree en el
área de sociología latinoamericana, con la disertación
A sociological study of the relationships between man
and the land in the Department of Boyacá, Colombia.
A mediados de 1957, esta tesis fue trasformada en el
libro El hombre y la tierra en Boyacá, obra que lo daría
a conocer en los medios intelectuales y políticos de la
época.
Desde su regreso a Colombia, a finales de 1955, a
los 30 años de edad, Orlando fue labrándose un nombre
a través de múltiples trabajos: entró a ser catedrático de
la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional
(1955-1958); ingresó como funcionario del Ministerio
de Educación y Agricultura (1955-1957); ocupó
el cargo de Subdirector del Programa de Extensión
Agrícola, en el Servicio Técnico Agrícola Colombiano
Americano, STACA, (1955-1957); pasó a ser consultor
y profesor del Centro Interamericano de Vivienda,
CINVA, (1955-1958); y participó en una misión de
la OEA en Brasil, sobre el problema de la vivienda
rural (1958). Por esas fechas también empezó una
labor que generalmente sólo es asignada a los pastores
evangélicos: ser asesor del Consejo Mundial de Iglesias,
institución internacional protestante con sede en Suiza,
entre 1956 y 1964.
Los trabajos en el Ministerio, en el CINVA, en
la misión de la OEA en Brasil y en el STACA, están
enmarcados dentro de las labores que venía ejerciendo
un tipo de profesional que empezaba a establecerse
98
En la primera mitad del siglo XX, el Estado colombiano había
logrado ciertos avances en la organización de materiales estadísticos
y de datos nacionales en general. Esto fue un proceso que contribuyó positivamente al establecimiento de las ciencias sociales en la
segunda parte de la centuria. Así, las primeras obras de Fals Borda
indican un aprovechamiento sustancial de este tipo de fuentes. En
este sentido, fueron importantes el Censo de 1951 y los datos de
instituciones, como los de la Contraloría General de la República,
los ministerios de Educación, Economía y Trabajo, y los producidos
por la Normal Superior y el Instituto Etnográfico Nacional, este
último dirigido durante muchos años por el etnógrafo francés, Paul
Rivet. Ver: Rodrigo Parra Sandoval (1985: 179).
99
Orlando Fals Borda (1957: 221).
en Latinoamérica: el experto. A saber, una especie de
consultor técnico, dedicado al asesoramiento “científico”
de las nuevas instituciones de planeación y de asistencia
técnica de la política desarrollista100. Llama la atención
que sus primeros trabajos estuvieran orientados en ese
sentido, teniendo en cuenta que a actividades similares
se dedicó su maestro Smith. Lo relevante de ello está
en que el joven heredaba –a través de Smith– una
tradición científica con ciertos elementos positivistas,
que en esta época se entrecruzaban con elementos de
la política desarrollista, en auge a raíz del Punto IV de
la doctrina Truman.
Teniendo en cuenta su visión liberal del mundo,
no debe sorprender la afinidad de Orlando con algunos
contenidos del desarrollismo, tales como la asistencia
científica o tecnológica. Afinidad a la que también
contribuía el peso de la educación racionalista que
venía recibiendo desde el bachillerato y el contacto
con la acción tecnológica de la Winston Brothers, que
le hacían valorar positivamente la modernización para
el progreso y el bienestar social. Asimismo, estaba el
humanitarismo que portaba en virtud del idealismo
moral de su formación cristiana que igualmente lo
conducía a creer en el poder de la ciencia para redimir
a la humanidad101. Puede decirse que el racionalismo y
el humanitarismo que lo acercaban hacia desarrollismo
100
Sobre los “expertos” y el avance del desarrollismo en Colombia ver: Arturo Escobar (1988: 6-10).
101
En esta parte debemos destacar que la misma sociología
rural poseía un origen cristiano protestante que la ligaba a una
tradición humanitaria. He ahí que sea posible interpretar que, por
ese camino, esta rama sociológica y a través de ella Fals Borda,
también tuvieran afinidades electivas con los elementos de la
política desarrollista que hablaban de la búsqueda del progreso y el
bienestar social. En su libro clásico, Smith asevera: “La sociología
rural nació de la filosofía humanitaria que se ha convertido en una
potente fuerza en los Estados Unidos durante la última década del
siglo diecinueve. La decadencia de la iglesia rural, el agotamiento
del suelo y la despoblación de muchas zonas rurales de antigua
colonización de los estados del este, y la rápida diferenciación de las
formas de vida urbana y rural fueron, probablemente, algunos de
los acontecimientos que ayudaron a llamar la atención hacia el problema rural y estimularon un interés humanitario por los asuntos
rurales. De cualquier manera, tal interés se difundió ampliamente
entre los clérigos de la época. El mismo se caracterizaba por la
piedad, simpatía y un ardiente deseo de mejorar las condiciones
rurales mediante la ampliación de medios ya disponibles”. Ver:
Thomas Lynn Smith, (1960: 7).
102
Para un recuento del impacto del Informe Currie en los años
cincuenta ver: Absalón Machado (1981: 72-73).
Los primeros libros
eran también los que habían orientado su vocación
hacia las ciencias sociales, vistas también como una
herramienta para el progreso social.
Es preciso destacar que la afinidad de Orlando con
las políticas de modernización y desarrollo también
se expresaba en escritos que venía realizando en estos
años. Permítasenos una pequeña digresión. En 1949,
el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento,
BIRF, envió al país la primera Misión encargada de crear
un programa global de desarrollo económico. De ahí
surgió el texto Las bases de un programa para Colombia,
elaborado por el economista Lauchlin Currie, en
1950. Este informe presentó diversas recomendaciones
dirigidas acelerar el desarrollo del capitalismo en
sectores estratégicos de la economía nacional, siendo las
formulaciones que tocaban el sector agrario las que más
resistencias levantaron entre los latifundistas, quienes
vieron sus intereses afectados debido a la propuesta de
gravar con mayores impuestos las tierras que tenían sin
explotar. Las ideas del Informe Currie sobre el asunto
agrario, estaban orientadas a presionar una mayor
productividad en los latifundios y al fomento de una
clase media productiva en el campo102. Es decir, que
sus ideas se encaminaban por el mismo camino que
las propuestas que años atrás hizo Smith como asesor
del gobierno.
Aunque las recomendaciones de Currie no fueron
puestas en práctica, su informe dio pie para que
durante el gobierno de Rojas Pinilla se discutieran
asuntos relativos a la política agraria. Hemos traído
esto a cuento, porque siendo el informe Currie el que
organizó el primer programa desarrollista en Colombia,
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113
fue también, al igual que las ideas de Smith sobre el
mismo asunto, la inspiración principal del joven Fals en
la propuesta de reforma agraria que introdujo en el libro
El hombre y la tierra en Boyacá, que no por casualidad
llevaba por subtítulo Bases sociológicas e históricas para
una reforma agraria. Justamente es en ese texto donde
más se deja ver la afinidad de Fals con las políticas
desarrollistas. A mediados de 1957, cuando el libro
empezó a circular, el gobierno de Rojas Pinilla caía del
poder y el país se preparaba para el establecimiento del
régimen de coalición liberal-conservadora del Frente
Nacional. La aparición del texto no podía ser más
oportuna, pues era una coyuntura histórica en la que
el reformismo y el desarrollismo, como política de
Estado, estaban sobre el tapete. No es raro entonces
que la publicación de El hombre y la tierra en Boyacá
le valiera a Fals Borda para ser nombrado, en 1959,
como Director General del Ministerio de Agricultura
y Decano fundador de la Facultad de Sociología de la
Universidad Nacional. De ahí que pueda decirse que el
sociólogo arrancó su vida pública con el pie derecho.
Un círculo abierto
“Fals Borda, afortunadamente, no sólo es un
sociólogo. A él, como dijera alguien, le duele la
patria”, señalaba el escritor Francisco Zuleta, en una
de las primeras reseñas sobre El hombre y la tierra en
Boyacá103. Ese sentimiento de dolor que Fals dejaba
percibir resulta sorprendente por cuanto sus primeras
obras declaraban un frío distanciamiento científico
sobre el objeto estudiado. Sin embargo, Fals Borda
dejaba traslucir un perfil intelectual y humano
caracterizado por estar moralmente obligado con los
menos favorecidos. Durante la trayectoria intelectual
que en adelante proseguiría, asumiría otras perspectivas
teóricas, metodológicas y políticas, pero la estructura
de valores que lo habían formado sólo cambiaría para
fortalecerse aún más. Es así que cincuenta años después,
uno de sus discípulos más importantes, el sociólogo
Alfredo Molano, diría lo siguiente: “Su enseñanza no se
limitó a decirnos qué era el pueblo sino que nos abrió
la puerta para sentirlo, vivirlo, dolerlo”104.
Al subir al primer tren de su viaje intelectual, Fals
Borda llevaba dentro del equipaje un cofre donde
portaba las nociones morales que orientaron sus
pensamientos y acciones personales. Cuando se plegó
a las ideologías reformistas que le suministraron los
enfoques del cambio social dirigido, del desarrollismo,
de la modernización y demás perspectivas ideológicas
relacionadas, éstas debieron pasar, primero, por los
filtros de las convicciones morales que lo habían
alimentado a través sus experiencias materiales y
culturales. La voluntad moral que lo animaba, estaba
atada a la idea cristiana de la redención a quienes
padecen la adversidad. Ésta era una especie de ideología
del sacrificio, atravesada por una pasión en el servicio
social, en la responsabilidad colectiva y el deber
individual. De esa manera, el idealismo moral en que
se apoyaba, lograría colorear las otras ideologías que fue
absorbiendo a través de su itinerario intelectual.
Al mezclar todos esos elementos ideológicos, Fals
imprimiría en sus obras una marca personal que haría
que quedara sin cerrarse el círculo político liberal que
rodeaba su mente, y que definiría el perfil intelectual
y humano con el que se proyectaría en los escenarios
públicos del país. Nos referimos a ese aspecto moral
que es posible apreciar desde sus obras más tempranas,
cruzando sus investigaciones como parte de un discurso
piadoso que expresa cierta sensibilidad humana para
identificarse con el dolor del otro, con ese otro que
es la víctima, mas no con ese otro que es el agresor o
victimario. Se trata de un sentimiento de dolor que tiene
103
104
114
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Francisco Zuleta Holguín (1958: 3)
Alfredo Molano (2005: 14A).
que ver con cierta actitud de reclamo ante la injusticia
social, que en Fals se expresa como un malestar sentido
por medio de la experiencia de esos otros oprimidos
con los que logra identificarse en calidad de testigoinvestigador, pero que en años posteriores lo haría
como testigo-investigador-participante. Esa empatía
con las víctimas se percibe en Fals Borda como ese
dolerse del dolor del otro del que han hablado autores
como Roberto Briceño-León y Heinz Sonntag para
referirse a los intelectuales latinoamericanos que luego
de promediar el siglo XX optaron por posiciones
radicales a favor de las clases oprimidas105.
Ese dolerse del dolor del otro no es otra cosa que
la expresión sentimental de cierto tipo de escrúpulos
morales. El giro ideológico anticapitalista que Fals
Borda daría desde finales de los años sesenta, es una
prueba de de la estructura de valores morales que lo
habían formado durante su niñez y primera juventud.
Esas convicciones morales, que fueron las mismas
que lo llevaron a optar por las ciencias sociales como
herramienta para la redención social, pese a haber
podido quedar atrapadas en la perspectiva modernizante
y desarrollista con que inició su carrera intelectual,
fueron las que prepararon su camino hacia la querella
política que tiempo después manifestó a favor de las
clases populares. Al ver frustradas las ilusiones de
cambio social, desarrollo y modernización, que traía
consigo, desde los enfoques políticos e intelectuales que
el contexto le posibilitó escoger, Fals Borda llegaría a
experimentar un proceso de indignación moral que lo
deslizaría hacia opciones políticas radicales.
Estos procesos de radicalización intelectual suelen
entenderse como producto de “grandes rupturas”,
donde la discontinuidad es causada por “los impactos”
de explosiones políticas al estilo de movimientos
revolucionarios o fenómenos parecidos. La importancia
de procesos sociales de ese género, sobre los virajes de la
conciencia política de los intelectuales es imposible de
soslayar. Sin embargo, para que tales fenómenos puedan
ser asimilados, el intelectual debe haber tenido un
acumulado de experiencias personales y sociales que son
las que, en definitiva, sirven para recoger e interpretar
las nuevas situaciones e ideas106. Desde esta perspectiva,
el viraje hacia la izquierda que llevaría a un buen grupo
de intelectuales en los años sesenta a asumir como
causas suyas las de sectores subalternos, no debe ser
comprendido sólo como efecto de impactos políticos
externos, ya que las rupturas en la conciencia de ellos,
a veces son más aparentes, pues, en muchas ocasiones,
los cambios vienen preparados por la formación éticomoral que estos portan. Como bien lo argumenta
Michael Löwy, las mediaciones que conducen a
los intelectuales –sean cristianos o no– a optar por
una u otra posición ideológica, más que de carácter
socioeconómico, son de naturaleza “ético-culturales
y político-morales”107. Ello es precisamente lo que
muestra el caso de Fals Borda en su desenvolvimiento
como intelectual.
105
Roberto Briceño-León y Heinz Sonntag (1998: 12-13).
Michael Löwy (1978: 136-153).
107
Michael Löwy (1978: 17-18).
106
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116
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d o ssier
Historia doble de la Costa: el legado que nos queda
Armando Martínez Garnica
De abuelas momposinas y con familiares en San
Martín de Loba y Magangué, Orlando Fals Borda
publicó entre 1979 y 1986 cuatro tomos de una
Historia doble de la Costa, titulados Mompox y Loba
(1979), El presidente Nieto (1981), Resistencia en el San
Jorge (1984) y Retorno a la tierra (1986). Originalmente
dedicada a la memoria de sus abuelas, a su familia y a los
pobladores de las riberas de la depresión momposina,
el último tomo fue dedicado a los “movimientos
resurgentes” de algunas regiones colombianas, deseando
que ellos “salvaran a Colombia” si persistían en su
“necesario relevo de las actuales clases dirigentes, cuyo
devastador y egoísta desempeño” esperaba haber
desnudado en sus obras.
De entrada, estos compromisos afectivos y
políticos de un sociólogo barranquillero (1925-2008),
bien formado en universidades norteamericanas,
pero comprometido de lleno con los movimientos
campesinos de la década de 1970, provocan muchas
dudas. Para Fals el acontecimiento de la Revolución
Cubana y el ejemplo de vida del cura Camilo Torres
pusieron a prueba las ciencias sociales “para determinar
si eran útiles o no al proceso de transformación
necesaria”, y, al no pasar el examen, le habían abierto
la opción de abandonar la Universidad Nacional para
crear las fundaciones Rosca y del Caribe, desde las
cuales comprometió sus investigaciones “con la práctica
concreta” del movimiento campesino liderado en
Córdoba por la ANUC, proponiendo la perspectiva
de la IAP (Investigación-Acción-Participativa), que
entendía como un “agente catalítico intelectual
y externo” en los movimientos de reivindicación
campesina de tierras. Postulando una “ciencia propia”
contra el “colonialismo cultural”, se comprometió a
escribir “una ciencia al servicio del pueblo”, vinculando
el trabajo sociológico con un compromiso personal
y una “experiencia vivencial”. En su opinión, las
“investigaciones militantes” obligaban a los sociólogos
a “declarar sus intereses de clase y de grupo”, y a
actuar parcializadamente a favor de las demandas de
grupos particulares. En la práctica, esta “investigación
comprometida” motivó la “acción directa” de grupos
campesinos en episodios de “toma de tierras”, con
lo cual el sociólogo se convirtió en actor político.
No es extraño entonces que Fals haya sido elegido
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117
popularmente como uno de los constituyentes de la
asamblea nacional de 1991.
El patrón social de la generación intelectual
colombiana de la experiencia de los años sesenta del
siglo XX fue el compromiso político con “los de abajo”
y contra “los de arriba”. La IAP es un buen ejemplo del
patrón de comprometimiento de los sociólogos de esa
generación, con lo cual los problemas que plantearon
e intentaron resolver con diversas ideologías poseían
un alto grado de heteronomía frente a los sentimientos
personales (“dedicado al pueblo riberano y por su
mundo”) y a los sesgos políticos (“dedicado a los
movimientos resurgentes”), de tal suerte que sus
opiniones políticas marcaban todas las investigaciones.
En el caso de Fals, el último tomo de su Historia
doble de la Costa fue dedicado, en su mayor parte, a
la crónica del movimiento campesino de Córdoba,
Sucre y Bolívar de la década de 1970, es decir, a las
invasiones de fincas como expresión de la acción
política directa.
Para la siguiente generación de sociólogos esa
heteronomía es difícil de aceptar, porque el patrón
de relativo distanciamiento que hoy se exige se está
institucionalizando en las ciencias sociales como
parte de la nueva tradición científica que presiona el
registro y clasificación de grupos por Colciencias. Ese
distanciamiento relativo impone rodeos investigativos
más largos que, en la práctica colombiana, significó
un fortalecimiento de la investigación histórica,
con lo cual no fue extraño el tránsito de muchos
sociólogos al campo de la historia, y es posible que
la propuesta de la IAP se haya ido para siempre
con su proponente. Norbert Elias advirtió que los
científicos sociales no pueden evitar interesarse por
los asuntos sociales y políticos de su grupo y de su
época, ni pueden evitar que estos les afecten, pero su
apuesta por la comprensión les exige un gran esfuerzo
por alcanzar una relativa autonomía respecto de
la sociedad que estudian. La inscripción que Marc
Bloch quiso que sus deudos grabaran en su lápida
funeraria, Dilexit veritatem, ilumina ese esfuerzo por la
relativa autonomía de los historiadores en sus juicios,
ese esfuerzo de probidad respecto de las fuentes que
soportan sus afirmaciones.
La investigación es el rodeo que Elías recomendaba
para remediar los compromisos personales que marcan
todas nuestras opiniones heterónomas, pues a mayor
118
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distanciamiento de las sociedades examinadas es mayor
la tendencia hacia las valoraciones autónomas. Aunque
en la década de 1970 Fals pudo ser juzgado por sus
colegas como “uno de los sociólogos más importantes
del mundo”, en la década actual los historiadores
pueden juzgarlo como anacrónico en sus juicios, lo
cual no impide que la Universidad que abandonó
haya reeditado recientemente los cuatro tomos de la
Historia doble de la Costa. En conjunto, esta obra es
una buena fuente sobre el propio Fals y sobre la opción
heterónoma que representó en las ciencias sociales de
las décadas de 1970 y 1980, a despecho de la ironía
que resulta al recordar que su propósito manifiesto
fue inventar una nueva ciencia social “propia” que
“quebrara” una supuesta relación de “dependencia”
respecto de las “escuelas de pensamiento que han
colonizado nuestra vida científica”, tales como el
positivismo y el marxismo.
No voy a evaluar las lecciones de la acción política
ejercida por Fals Borda, tema de los colegas politólogos,
pues me reduciré al ámbito del legado historiográfico
que proviene de los dos primeros tomos de la Historia
doble de la Costa. Ignoro también la narrativa que corre
por el canal A, fuente para el análisis de su trabajo de
campo, y me limito a la representación historiográfica
que corre por el canal B.
El abecé del oficio de historiador predica que hay
que rehuir los conceptos abstractos para no perder
de vista aquello que se esconde tras ellos, que son
los hombres. En la década de 1970 era difícil que las
representaciones históricas construidas en Colombia
dejaran de incluir conceptos tales como modos de
producción, formación económico-social, estructuras
regionales, formación colonial, superestructuras
jurídicas e ideológicas. Fals las enuncia en Mompós y
Loba, antes de fabricar el concepto de cultura anfibia,
para referirse a las sociedades que habitaron la depresión
momposina desde los tiempos prehispánicos. Las
escasas noticias sobre el poblamiento hispano en la
zona las englobó en el concepto de régimen señorial
americano, con lo cual la complejidad de las relaciones
sociales fue reducida a unos esquemas verticales muy
simples, atribuyendo a los encomenderos señorío sobre
vasallos en un modelo abstracto de “explotación señorial
simple”. Fácilmente renunció Fals a la consulta de los
grandes fondos documentales del Archivo General de la
Nación y del Archivo General de Indias, argumentando
gratuitamente que “no permiten la búsqueda regional
sistemática”. En realidad, el trabajo sociológico de
campo redujo sus fuentes a la memoria campesina y a
los escasos archivos familiares de baúl.
Sorprende al lector una fuente elegida para la
representación de la esclavitud africana del siglo XVII
en la zona, las poesías de un autor de la segunda mitad
del siglo XIX –Candelario Obeso– y su justificación
en una “proyección ideológica” hacia atrás. Aquí Fals
delata su compromiso extremo con la gente de la zona
hasta el punto de abrazar el anacronismo sin reservas.
Como no existen en los archivos expresiones literarias
que mencionen la esclavitud de los negros del período
“colonial”, da por buena fuente los versos de ese tesorero
municipal del puerto de Magangué en 1869, solamente
porque su autor era momposino y supuestamente
negro, si bien su retrato no lo confirma. Va más allá, al
proclamar que esos versos hacen de Obeso el precursor
de la escuela de poesía popular en el hemisferio
americano y el primer negro defensor del “interés de
clase de su raza”. Ese capítulo sobre la “dialéctica de la
esclavitud” se detiene en una representación ideal de
los palenques de negros cimarrones y de su rey Bioho
para poder extraer una “lección histórica” que pudiera
servir para “impulsar las justas luchas que las clases
populares adelantan hoy en la región y en el país contra
sus enemigos tradicionales”.
Ese sesgo comprometido de la representación
de lo acontecido a la sociedad momposina del siglo
XVII, “con el enfoque de las clases explotadas”, fue
llamado por Fals “recuperación crítica”, cuya finalidad
pedagógica para la formación de cuadros e intelectuales
orgánicos de las clases trabajadores fue llamada
“devolución sistemática”. Abiertamente reconoció que
el tomo Mompós y Loba, desde el principio hasta el fin,
era “una aplicación del principio de la devolución”, con
miras “a la acción política consecuente”. La primera
parte de este primer tomo de la Historia doble de la
Costa es entonces un testimonio de una generación de
la sociedad colombiana, de su sesgo ideológico y de su
compromiso político bajo el influjo de la Revolución
Cubana y de la Guerra Fría, pero no es un legado
perdurable para la ciencia histórica.
La segunda parte de este primer tomo trata del
régimen señorial de las haciendas de la Costa Caribe.
La mirada de Fals se centra en dos casas nobiliarias, los
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119
marqueses de Santa Coa y Torre Hoyos, paradigmas de
la formación del “poder terrateniente” en la depresión
momposina y de la “formación social colonial”.
Colectó noticias sobre la concentración de tierras y
árboles genealógicos, pero estos dos ejemplos son una
porción mínima de la sociedad momposina del siglo
XVIII. El tomo se cierra sin conclusiones e inconcluso
en el trabajo crítico sobre la documentación reunida.
Desde la perspectiva del historiador actual es un
trabajo fallido. Para Fals eso no importaba, pues lo que
entonces le interesaba era el propósito con el que cierra
este tomo: “mantener vivo el frente ideológico por
parte de los científicos sociales”, especialmente entre
los comprometidos “con el cambio radical de nuestra
sociedad subdesarrollada y dependiente, y que quieren
vivir y actuar en consecuencia”.
El segundo tomo de la Historia doble de la Costa
se centra en la figura de uno de los presidentes que
tuvo el Estado Soberano de Bolívar, Juan José Nieto
(Baranoa, 1804 – Cartagena, 1866), paradigma del
“caudillismo costeño”. Vencido en la batalla de Tescua
por el ejército constitucional y desterrado a Jamaica,
Nieto fue emergiendo a su regreso a Cartagena, hasta
que las expectativas abiertas por el liberalismo radical
durante la Administración del 7 de Marzo lo llevó a la
Legislatura de 1850 como representante a la Cámara
por Cartagena. Gratuitamente, Fals nombró esta
Administración que encabezó el general López como
“revolución democrático-burguesa impulsada por la
masonería y una antiélite nacional”, la cual habría
afianzado “el poder de nuevas oligarquías”. Pese a todo,
opinó Fals que no había sido más que “una revolución
colonizada y dependiente que nos mantuvo sujetos”.
Una supuesta burguesía tabacalera y mercantil de
El Carmen y las sabanas de Bolívar habría impuesto
a Nieto como presidente del Estado de Bolívar a
mediados de 1859. Aliado con el general Mosquera,
a la sazón gobernador el Estado del Cauca, Nieto
participó en el movimiento que enfrentó al presidente
de Confederación Granadina hasta permitir que el
general Mosquera quedase al frente del gobierno
nacional, a mediados de 1861. Nieto se habría
consolidado entonces como caudillo regional, capaz
de ir “más allá de los intereses locales de los gamonales
y de las facciones”. Para Fals no era cualquier clase de
caudillo, sino algo más sorprendente: un “caudillo
anticaudillo”. Esta extraña denominación la inventó
120
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para poder explicar la distancia entre los dictadores
de la literatura latinoamericana y la decente actuación
de Nieto, ilustrada por su “tendencia humanitaria y
civilista, culta y generosa”.
La crítica de la Historia doble de la Costa “en
nombre de la disciplina de la historia” fue presentada
por Charles Bergquist en la primera mesa redonda que
sobre ella se organizó bajo el auspicio del Banco de la
República durante la primera semana de agosto de
1988. Como este historiador norteamericano, todos
los historiadores sabemos que esta obra de Fals viola
todos los cánones de nuestro oficio: desconocimiento
de la tradición historiográfica sobre sus temas y la
época, escasa aplicación de un juicio crítico sobre
las fuentes, mínima atención a todos los actores del
cambio social que interactuaban en la región. En una
ocasión anterior advertí cierta injusticia de la crítica de
Berquist, porque no estamos evaluando a un historiador
profesional orientado por una ética de nuestro oficio,
sino a un querido amigo amante de su tierra y más
atento a las demandas campesinas que al canon de una
ciencia que él consideraba un elemento de un supuesto
colonialismo cultural.
Como no tiene sentido emprender una defensa
de los cánones de nuestra disciplina en la lectura de la
Historia doble de la Costa, me limitaré a dos aspectos
del legado intelectual de Fals: el lenguaje que ya no es
posible usar en una investigación histórica sobre una
sociedad localizada regionalmente y el aporte de su obra
a la memoria histórica de los colombianos.
La selección de un lenguaje inequívoco para una
investigación histórica puede provenir de dos fuentes
básicas: del escritorio del investigador o de la propia
experiencia histórica de la sociedad investigada en una
época de su acontecer. En cualquier caso, el lenguaje
debe servir para describir los hechos que resultan de
una interpretación y para adaptarse progresivamente
a los nuevos datos que se irán recolectando. Durante
la época en que Fals trabajó, el patrón colombiano
era empezar las investigaciones con un “marco
teórico” abstracto fabricado en el escritorio. Por
ejemplo, diciendo que la “subregión” momposina
podía “considerarse teóricamente como componente
de formaciones sociales sucesivas que muestran…
comunidades de reproducción autoidentificables que
actúan, viven y se transforman dentro del proceso
histórico-natural”. El concepto de región había sido
incluido indirectamente por los estudiosos marxistas,
decía Fals, en la categoría de formación económicosocial.
Pero la emergencia de la historia conceptual, como
consecuencia del llamado “giro lingüístico”, ya afectó
en nuestros días el patrón lingüístico en la investigación
histórica. Antes que revisión de los discursos, la historia
conceptual fija su atención en los conceptos, pero no
en la determinación de una definición semánticamente
correcta, sino en el movimiento histórico de su
significado. Por ello atiende al proceso mediante el
cual los conceptos se han articulado para dar cuenta de
peculiares situaciones históricas y después se modifican;
rastrea las diversas significaciones de un concepto
que se encuentran acumuladas en el acontecer de las
sociedades como “una especie de capas estratigráficas
que son reactivadas en cada uso efectivo del lenguaje”,
clarificando la diversidad de niveles de los significados
de un concepto que proceden cronológicamente de
épocas diferentes. El rigor de las nuevas investigaciones
históricas debe atender ahora a las voces que emanan de
la documentación contemporánea a la sociedad que es
estudiada, presionando por una selección de conceptos
analíticos provenientes de las mismas fuentes. Como
consecuencia, hoy ya no es posible hablar más de
“marcos teóricos” a priori, sino de conceptos en
movimiento semántico obtenidos a posteriori en las
mismas fuentes. La experiencia de la generación de
los años sesenta no puede entonces ser repetida por la
nueva generación de científicos sociales.
Finalmente, el legado de La historia doble de la
Costa, separando el grano de la hojarasca seca. Creo
que este fue el producto del afecto de Fals por las gentes
de su tierra, dado que introdujo en nuestra memoria
unos personajes hasta entonces casi desconocidos:
Candelario Obeso, Juan José Nieto y Domingo Bioho,
sin contar al movimiento campesino de la ANUC en
Córdoba. El éxito de este legado se constata con la
iniciativa del Ministerio de Cultura que declaró a este
año 2009 como el de Candelario Obeso y Jorge Artel,
intentando “recuperar la memoria de dos importantes
escritores del Caribe”, el primero nacido en Mompox
y el segundo en Cartagena. Según la opinión de la
actual ministra de Cultura, desde su “poesía negra” se
habría configurado la región Caribe. ¿Cómo fue que
la máxima institución estatal de la política cultural
colombiana llegó a la convicción de que esa poesía,
anteriormente desconocida, es “una manera de
reconocernos como colombianos”?
La respuesta es unívoca: se trata del legado de
la obra de Fals. La dignificación de la figura del
presidente Nieto en la historia de la experiencia federal
colombiana, hasta entonces bastante desconocida en
la representación histórica nacional, si se la compara
con la del gobernador contemporáneo del Estado
del Cauca, el general Tomás Cipriano de Mosquera,
también es un resultado de su percepción, para quien
este personaje resultó ser “un jefe popular amante de
la tolerancia y la democracia, que rechazó la violencia
autocrática” y “reconoció el derecho a la rebelión justa”.
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Aún más: habría tocado “en la esencia misma de la
costeñidad” e incluso “en la de la propia estirpe de los
verdaderos colombianos patriotas”.
Nos guste o no, las figuras costeñas que Fals
introdujo en el imaginario histórico colombiano
llegaron para quedarse, al menos por el lapso de
una generación. Con ello contribuyó a enriquecer el
panorama humano de la memoria histórica nacional,
hasta la década de los años sesenta del siglo pasado,
bastante limitada a los personajes que se pasearon por
el altozano de la catedral de la capital de la República.
122
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Los historiadores dedicados a las historias regionales
pudieron ver por ello en Fals a su paladín, si bien
algunos abusaron al poner la imagen enriquecida
en términos bipolares de costeños contra reinosos.
Testimonio de su generación y amigo muy querido por
sus colegas, dada su generosidad y su don de gentes,
Orlando Fals Borda es un elemento importante del
legado de la primera generación profesional de la
sociología colombiana.
Cartagena de Indias, 18 de septiembre de 2009.
d o ssier
Vida y Obra de Orlando Fals Borda. Las ideas
de Fals Borda sobre la regionalización del país
Gerardo Ardila
Orlando Fals manifestó en varias oportunidades
que, en toda su vida, sólo trabajó sobre tres temas
básicos: los campesinos y la tierra, la investigación
acción participativa y el ordenamiento territorial.
Sugirió, también, que estos tres temas se sucedían de
manera cronológica en su vida. Sin embargo, una de
las primeras dificultades al intentar referirse a uno de
estos aspectos sin tratar los otros (en especial el tema
territorial), es que sus ideas básicas se entremezclan
desde sus primeros años de tal manera que, para
entender algunos de sus planteamientos, es necesario
seguir el curso de sus reflexiones a través del tiempo
y descubrir así el proceso de su maduración lenta o
de su transformación repentina ante el alborozo de
un hallazgo que le hacía volver al principio y tejer de
nuevo una nueva discusión que le llevara a sus tópicos
recurrentes: la autonomía regional y el poder popular.
Su trabajo sobre el ordenamiento territorial busca, de
manera constante, articular el objetivo de la autonomía
regional desde el reforzamiento del poder popular.
En una de sus intervenciones tempranas como
Director General del Ministerio de Agricultura de
Colombia, en noviembre de 1959 (Fals 1959:6), al
esbozar sus fundamentos para una política oficial
de reforma agraria en Colombia, dedicó una parte
de su discurso a lo que llamó “el problema de
la Autonomía Regional”, considerando que el
fortalecimiento de los procesos de autonomía
administrativa de los “vecindarios” y municipios era
posible mediante el crecimiento del poder de las
asociaciones de Acción Comunal, apoyadas por el
Estado mediante la destinación de una parte del recién
creado impuesto territorial nacional a la atención de
los problemas identificados y solucionados por los
campesinos organizados. Su intervención terminó
con dos temas claves: con el anuncio de los peligros
de un levantamiento campesino si no se actuaba con
inteligencia y justicia social y una disquisición sobre la
“función social de la propiedad” que, por entonces, no
era tema de discusión pública, a pesar de formar parte
vertebral de la Constitución Política colombiana.
En el primer tomo de la Historia Doble de la
Costa (1980), explica su idea de la formación social
basada en la fórmula “Región y Cultura” que toma de
Lenin, de quien resalta su criterio para identificar a la
formación social como un proceso histórico-natural
que, en criterio de Fals, se puede aplicar al concepto
de Región, como él quiere entenderlo y utilizarlo. En
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123
su visión, una totalidad social está delimitada por la
naturaleza de sus articulaciones propias, las cuales,
más allá de la interpenetración con sus diversos
modos de producción, comprenden la manera como
se interrelacionan con la evolución de las instituciones
políticas y sociales locales y con sus secuencias de
continuidad y discontinuidad histórica, las cuales
determinan social y económicamente el espacio
geográfico que es entendido como el “teatro de esas
secuencias”. Acoge explícitamente, la idea de una
“concepción orgánica de la historia” que combina lo
sociológico con lo geográfico, lo político y lo histórico,
de suerte que puede analizar las articulaciones de la
totalidad social como una secuencia de “nacimiento,
desarrollo y muerte de toda formación social y su
pasaje a otra”.
Este será el núcleo de reflexión sobre el que se
mueve el pensamiento de Fals Borda en relación con
sus propuestas de ordenamiento territorial, matizado
y adecuado a las variaciones de sus experiencias
particulares y a los intereses de su acción política.
La Depresión Momposina será su referente teórico
y empírico, enriquecido con la observación de otros
procesos que lo animan a reforzar su argumentación,
como ocurre con la circunstancia de la “alianza del Sur”,
compuesta por seis gobernadores que concordaron en
defender una agenda común. En sus libros posteriores,
y en sus innumerables presentaciones, conferencias,
y actividades periodísticas o proselitistas, se dedica
a ampliar –o a recrear constantemente- el análisis de
los conceptos básicos: provincia y subregión, región e
historia, acción y espacio-tiempo, bioespacio (al que
llamó también espacio de los pueblos) y tecnorregión,
Kaziyadu (despertar territorial), contenedores
territoriales, soberanía y Estado-nación.
Gran parte del trabajo de Fals Borda se concentra
en la revisión histórica de la conformación regional en
Colombia, buscando un modelo territorial nacional
adecuado a su propuesta de regiones autónomas.
Sus libros (en particular los publicados con el IEPRI
de la Universidad Nacional de Colombia) son
ampliaciones conceptuales y recomendaciones políticas
y metodológicas que buscan detallar los planteamientos
que hiciera en la primera parte de su Insurgencia de las
provincias, publicado en 1988. Su experiencia como
Secretario General de la Comisión de Ordenamiento
Territorial, desprendida de la Asamblea Constituyente,
124
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la cual trabajó durante tres años, entre 1991 y 1994,
se plasma en Región e Historia (1996), mientras que
Acción y Espacio (2000) muestra a Fals ensayando un
giro posmoderno que combina con su trabajo previo.
En Kaziyadu (2001) una recopilación de conferencias,
asesorías y recomendaciones puntuales, busca contagiar
con su entusiasmo por lo que interpretó como “el
despertar territorial de Colombia”.
No hay duda de que su texto más importante,
claro e influyente sobre el tema del ordenamiento
territorial y la regionalización (“integración regional”)
es su artículo en La Insurgencia de las Provincias (1988),
que aporta un análisis histórico fundamental para
entender la sociología, la historia y la realidad política
de la división territorial de Colombia (país de “muchas
naciones heterogéneas de base”), así como permite
descubrir las ideas básicas del pensamiento de Fals que
lo llevan a reclamar una asamblea constituyente en la
que se merece un puesto. En este texto, Fals retoma
parte de sus conclusiones en la Historia Doble de la
Costa, mostrando el carácter especial de la ecología
y de la historia de la Depresión Momposina (que se
concretan en la cultura anfibia) y los combina con su
experiencia en el ya para entonces famoso Foro de
Mompox (1987), para generar su modelo de región
basado en la articulación histórica de provincias.
Propone la existencia “histórico-natural” de cuatro
provincias que sólo requieren ser reconocidas como
partes constitutivas de una misma región momposina:
Mompox, El Banco, Magangué y San Marcos (el viejo
Panzenú prehispánico) “con sus respectivos municipios
vinculados funcionalmente”.
Fals propone sus más claros planteamientos
metodológicos en este texto, al considerar que para
ejecutar la propuesta de ordenamiento territorial e
integración regional, se cuenta con tres mecanismos: “(1)
investigaciones sobre espacio-historia; (2) movilización
y participación populares; y (3) articulación de un
nuevo pacto social y político entre los colombianos
que dé prioridad a la región y a la provincia” (Fals
1988:55). La puesta en marcha de estos mecanismos
supone, según Fals lo plantea, la colaboración entre
líderes intelectuales locales y los líderes populares que
orientan los movimientos sociales.
Para los primeros, los intelectuales orgánicos, esboza
un marco holístico de investigación comprometido
con la identificación de las “formaciones sociales” y
de sus procesos de transformación, y basado en su
idea integradora de naturaleza y cultura, de historia
natural y social108: “Los estudios territoriales deben
dirigirse a aclarar cómo se vincula al administración
técnica (macro) de los recursos naturales regionales
con un manejo político (micro) de las provincias
(presupuestos, instancias, oficinas, personal, etc.), que
neutralice la interferencia de gamonales mañosos; y a
mostrar también cómo todas las necesidades básicas de
los habitantes de cada provincia se pueden satisfacer
dentro de los ámbitos de ésta…” (Fals 1988:58). Aquí
Fals invita a investigar los caminos que él mismo no ha
podido delinear, a la vez que reitera su confianza en la
capacidad investigativa y ejecutiva de las comunidades
locales, como es apenas obvio en los planteamientos
de la IAP.
Para los segundos, los líderes populares, establece
una metodología de construcción del poder popular:
“en este campo se ha trabajado con dos principios
que pueden continuar facilitando los trabajos en las
regiones: (1) proceder de las bases o periferias hacia las
cúspides (no al revés, como se acostumbra por la rutina
existente), combinando la inteligencia y la experiencia
de los grupos locales y provinciales comprometidos
en la acción con los aportes de intelectuales orgánicos
externos; y (2) adoptar una filosofía vivencial y
saturante de participación como rompimiento de
esquemas dogmáticos vigentes de sumisión, opresión y
explotación, lo cual debe llevar a la modificación de la
estructura autoritaria de la sociedad en sus expresiones
básicas, a limitar el poder caciquista, manipulador y
comprador de los partidos, y a una concepción colectiva
y pluralista del liderazgo político y de los gobiernos
provinciales” (Fals 1988: 60). Al hacer esta sugerencia
resalta la importancia política de las interrelaciones
entre la discusión de la “dimensión territorial” y
la movilización de la solidaridad social local, para
“aglutinar a las microcomunidades alrededor de
iniciativas específicas de nivel macro” (Fals 1988:61).
El tercer mecanismo, el de la articulación entre
los anteriores, que produciría un nuevo pacto social
y político que priorice la región y la provincia, Fals
imagina “un pacto social que permita al pueblo asumir
la democracia integral, directa, para llegar a ser motor y
fiscal de sus decisiones y dueño y artífice de su propio
destino… mediante el reavivamiento del cabildo abierto,
la asamblea comunal y barrial, el referéndum regional y
veredal, la elección de dignatarios revocables, la nación
indígena con sus propias instituciones y prácticas, la
autogestión y cogestión para el manejo de la producción
industrial, campesina y urbana, la formación de
cuadros, maestros, técnicos propios; en fin, un pacto
social que afirme y consolide el contrapoder popular
para equilibrar los peligros de abuso, monopolio y
restricción que tiene el Leviatán actual que es el Estado
burgués, con sus organismos y delegatarios explotadores
de las mayorías nacionales” (Fals 1988:64). En
este párrafo Fals define su idea del pacto social que
avizora, basado en la participación directa de las “bases
populares” mediante mecanismos de decisión –que no
de consulta- basados en el referéndum desde las escalas
más bajas de la sociedad. Más tarde, completará estas
ideas, agregando “una sociedad reconstruida con base
en normas ecológicas satisfactorias y con una mejor
disposición y uso productivo de los espacios vitales y
recursos disponibles.” (Fals 2000: xi).
Sus visitas y participación en foros y debates
públicos se incrementan durante los años 2000 y 2001
debido a la esperanza que le proporciona la “Alianza del
Sur”, en la que Fals veía la mejor oportunidad histórica
para concretar sus ideas de regionalización autónoma
mediante el fortalecimiento del poder popular 109.
108
De estas líneas se desprende su propuesta de “ciencia propia”,
la cual se completa con la publicación de un manifiesto compuesto con un biólogo, presidente por entonces de la Academia
Colombiana de Ciencias. Fals explica este proceso varias veces, al
concebirlo como una parte medular de sus propuestas de acción y
de su visión de la Investigación Acción Participativa –IAP-.
109
Fals Borda 2001a, 2001b y Ardila 2001.
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Creía que los gobernadores Jaramillo (del Tolima),
Cárdenas (del Huila), Cuéllar (de Nariño), Muñoz (del
Caquetá), Guerrero (del Putumayo), y Tunubalá (del
Cauca), conformaban un bloque de acción política y
socioeconómica de gran importancia para hacer frente
al Plan Colombia, para fortalecer la regionalización y la
capacidad de negociación de una región hasta entonces
insignificante para el poder hegemónico del gobierno
nacional, y para convertir en realidad su sueño de
“despertar” hacia una forma nueva de organización
del territorio, consecuente con las nuevas realidades
sociales, las dinámicas políticas y económicas locales y
las implicaciones de la globalización.
Hoy nos podemos beneficiar del inventario de
la historia y ver que ese proceso fue efímero, que no
contribuyó para nada a la organización de la región
del sur, que no logró hacer una oposición siquiera
visible al Plan Colombia, que no pudo defender sus
esfuerzos básicos (como sucedió con la idea de crear los
laboratorios de paz que terminaron siendo absorbidos
y desvirtuados por el gobierno de Álvaro Uribe), que
se fracturó antes de que los gobernadores terminaran
sus períodos y que no generó siquiera poderes locales
que pudieran continuar trabajando sobre la idea de una
región armónica como la soñada por Fals. Sabemos que
entre ellos hubo diferencias de criterio, diversidad de
objetivos, desconfianzas y luchas de poder internas que
no permitieron que sus acuerdos generales avanzaran.
Tal vez Fals lo sabía, como parece desprenderse de sus
discursos en Pasto, Ibagué, o Neiva (Fals 2001b), pero
no quería decirlo para contribuir a la unidad rehuyendo
la confrontación interna.
Se puede preguntar por qué Fals se ilusionó
tanto con un proceso que no tenía los ingredientes
fundamentales de su guía-de-acción, sobre la que
insistió de manera persistente: (1) él mismo había
escrito que los departamentos eran entidades políticas
agonizantes y los gobernadores, sus sepultureros, sin
posibilidades reales de poder y sin mecanismos de
negociación, más aún, en casos como el de varios de
estos departamentos que no tenían ninguna posibilidad
financiera para seguir subsistiendo; (2) él exigía que
los procesos se iniciaran de abajo hacia arriba, como
producto de la acción política de las bases organizadas
(el poder popular) y, en este caso, los procesos surgían
en los sectores intermedios, con muy poca participación
popular, a pesar de que los gobernadores representaban
126
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fuerzas opositoras a los poderes tradicionales; (3) él
creía que las regiones se constituían sobre una base
combinada de ecología e historia y, en este caso, había
claramente tres bloques bien diferentes para construir
una región impulsada por su propia historia (CaucaNariño, Putumayo-Caquetá, y Huila-Tolima); y (4)
él pensaba que había que transgredir los límites y
las fronteras para generar unidades socioeconómicas
coherentes sobre las cuales construir nuevos imaginarios
territoriales con fuerza política y respaldo cultural, lo
cual no era el caso de esta región construida sobre el
respeto a los límites territoriales de los departamentos
representados por los seis gobernadores.
Sus discursos y discusiones teóricas dejan ver
algunas grietas en la estructura de su pensamiento
acerca de la integración territorial, pues las definiciones
básicas no son tan precisas como pareciera, a lo que
se suma una tendencia a la utopía y a la confianza en
la “acción popular” como base de las propuestas más
importantes: Fals trata de no medir la distancia entre lo
ideal y lo posible, pero está dispuesto a conceder crédito
a pequeños logros locales como si fueran grandes
aventuras políticas o caminos novedosos hacia lo que
él llamó “la nueva república”.
En particular, su discurso es muy frágil al
definir el “poder popular” o el “pueblo” soberano
que toma decisiones y que se opone a “otros”.
Desde esta generalidad invita al ejercicio de una
“democracia participativa” plena que, según él, supera
la representatividad, a la que excluye de su escenario
político. Invita a construir desde abajo hacia arriba, pero
no reconoce quiénes y cómo constituyen ese “abajo” al
que se debe conceder audiencia y reconocimiento. Su
visión de lo “popular” no identifica diferencias, luchas
de poder, no deja lugar a los enfrentamientos entre los
miembros de unas “especies de” bloques compuestos
por los de “abajo” y por los “otros”, de suerte que, en la
realidad de la política local, su teoría no ayuda a definir
la legitimidad de los actores: abajo está el “vecindario”
contra la hacienda, pero al cambiar a la escala del
municipio, éste se convierte en el “vecindario ampliado”
que se enfrenta a los “departamentos”, que varias veces
identifica como la base del poder hegemónico nacional
“cachaco”.
El “otro”, entonces, se ubica en una “especie
de” centro de poder geográficamente establecido e
identificado con Bogotá (y recreado en las élites locales),
desde donde no se puede observar el país real, que es
el que requiere de la autonomía, la cual no es otra cosa
que el derecho a tomar decisiones propias regionales o
locales, sobre la base de la identificación previa de los
problemas locales por parte de la alianza entre líderes
intelectuales y sociales. Pero, ¿cómo se establece quién
toma esas decisiones?, ¿cómo se organiza el poder local o
regional para saber quiénes son “pueblo” y quiénes están
afuera de esa categoría?, ¿cómo se articula la sociedad
para descubrir y crear sus “deseos” que se convierten
en decisiones, más allá de la realización de referéndums
para todos los temas y a todas las escalas?
En una época temprana, Fals encontró que la
unidad organizativa básica, el escenario de los poderes
locales, era la “acción comunal”, tanto como institución
y como práctica política. Pero nunca más se refirió a
ella, reemplazándola por el genérico de “movimientos
sociales” o de “movilizaciones populares” que no tienen
valor metodológico ni analítico. En el año 2000, plantea
una guía para la reconstrucción de la gobernabilidad
local. Es una fórmula “al alcance de cualquiera” que
contiene pasos descritos con detalle y delimitados por
grandes categorías: “(1) registre síntomas de vacíos
de poder; (2) determine los orígenes de los vacíos
de poder; (3) apele al poder primigenio del sector
civil y articúlelo; (4) tome en cuenta las necesidades
fundamentales de los pueblos; (5) reviva el altruismo
tradicional; (6) anticipe y combata la resistencia de
políticos enemigos del reordenamiento; y (7) establezca
zonas reordenadas o de paz en contenedores mínimos
vitales” (Fals 2000:45-52). Esta guía muestra muchas
cosas, pero las dos principales tienen que ver con: (1)
su idea de que el gran problema del ordenamiento
territorial actual, defectuoso, radica en la ausencia del
Estado en áreas donde esa ausencia genera conflictos
para definición del poder; (2) las dificultades que
encuentra Fals para que sus ideas básicas lleguen hasta
las gentes de “la base”, a quienes hay que darles estas
ideas en fórmulas de acción. Estas son, quizás, sus más
visibles contradicciones.
El trabajo sobre ordenamiento territorial e
integración regional de Orlando Fals Borda es -y será
por un tiempo- un referente obligatorio que marca,
sin duda, una manera diferente de ver la historia
y la política. Su trabajo, como él mismo lo escribe
con frecuencia, es exploratorio, es una invitación a
continuar pensando a partir de su oferta permanente de
ideas. En ese sentido de exploratorio es contradictorio:
a veces se queda corto y, en otras, abunda en detalles
que oscurecen lo fundamental; a veces insinúa y
luego se paraliza o retrocede; a veces es tan suave que
no quiere hacer daño a sus interlocutores y, a veces,
es de una agresividad contundente. Sin embargo,
seguir con atención y con inteligencia el curso de
sus pensamientos es siempre un placer intelectual y
una aventura política. Fals toma riesgos, plantea un
ecosocialismo esperanzador, basado en la observación
empírica de que los avances en la lucha política por los
derechos ambientales son el camino para construir una
sociedad renovada.
Orlando Fals Borda es un pionero de los estudios
territoriales, a pesar de que antes se hubieran hecho
análisis importantes por investigadores de la talla
de Ernesto Guhl y de Miguel Fornaguera y de
algunos otros. Su intento permanente de vincular
sus reflexiones académicas (él diría su condición de
intelectual orgánico) con su práctica política basada en
una enorme influencia y un gran prestigio no tienen
antecedentes. Avances fundamentales en la generación
de instrumentos como la Ley 388 de 1997 que ayudan
a limitar los abusos del rentismo, la especulación por
parte de los latifundistas urbanos, el robo continuado a
las arcas públicas mediante la captación de las plusvalías
generadas con inversión de dineros públicos, basando
las acciones estatales en el reconocimiento de la función
social de la propiedad, la búsqueda de la equidad en
cargas y beneficios, la participación ciudadana en la
definición del ordenamiento del territorio municipal,
han encontrado su inspiración en el trabajo continuado
de Fals Borda, a pesar de que él mismo consideraba
que esos avances son insignificantes mientras no
exista una ley orgánica de ordenamiento territorial
que recomponga la articulación de contenedores
territoriales y territorios (bioespacios), en términos de
sus aportes conceptuales.
Entre los valores fundamentales del trabajo de
Fals, algunos de los cuales no son explícitos, aunque
se sugieren y desarrollan con diferente intensidad, se
puede mencionar que: (1) reconoce la integración
profunda entre naturaleza y sociedad como inseparable,
producto conjunto de interacciones complejas que
él llamó ecosociedad, nueva interacción de espacio
(naturaleza) y tiempo (historia); (2) destaca el carácter
cambiante de la naturaleza y de la sociedad a través de
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127
la historia (natural y social) y la necesidad de responder
a esos cambios desde la técnica política (haciendo
énfasis en la transformación constante de límites y
de fronteras); (3) señala el valor de los conocimientos
(epistemologías) locales, producto de la articulación
entre naturaleza y sociedad y de la necesidad de
interacción igualitaria con los saberes externos y las
demandas de la globalización reconociendo el carácter
político del conocimiento y de sus usos; (4) sugiere
que el ordenamiento territorial (instrumento político)
y la integración regional (instrumento técnico) son
la forma actual del “retorno a la tierra”, la manera
como se produce la reforma rural y urbana en las
nuevas prácticas sociales y políticas asociadas a nuevas
relaciones económicas y culturales, integradas en un
proceso político de mayor categoría; y (5) explica su
convicción de que la ley orgánica de ordenamiento
territorial es la base de un acuerdo político que implica
la fundación de una nueva república, una manera
novedosa de enfrentar el nuevo siglo.
Como tantos otros que consideran que Orlando
Fals Borda fue su amigo, pues lograba serlo de todos,
incluyendo a sus contradictores más furibundos, no
puedo terminar sin expresar mi admiración profunda
por su capacidad de trabajo, por su disposición
permanente para tomar riesgos, por su ternura
infinita aún en medio de los combates más recios.
En el ocaso de su vida, mientras asumía otras tareas
como el periodismo y la práctica política partidista,
y mientras acompañaba con amor a su esposa en
su lento tránsito hacia la muerte, asumió la tarea
de digerir la espesa retórica del posmodernismo
para volver a barajar sus ideas y presentarlas en
consecuencia. Un ejemplo de compromiso intelectual
de un valor tan grande como su vida entera. Muchas
gracias, maestro.
Bibliografía
Ardila, Gerardo (2001), Raza, poder, desarrollo y ordenamiento en Colombia: Comentarios a propósito del texto de Orlando Fals
Borda. Documentos iniciales para la formulación del Plan de Ordenamiento y Manejo Integral de la Cuenca del Río Grande de la Magdalena
–POMIM-. Editado por Gerardo Ardila. Serie Documentos POMIM 1. Bogotá-Barrancabermeja: Cormagdalena-Centro de Estudios Sociales
–CES-, Universidad Nacional de Colombia. Pp. 22-30.
Fals Borda, Orlando (1959) Fundamentos de la política oficial de Reforma Agraria en Colombia. Texto de la conferencia dictada por el
Director General en Montevideo, Uruguay, con ocasión del 2º. Seminario Latinoamericano sobre problemas de la Tierra, Noviembre de 1959.
Bogotá: Manuscrito, Ministerio de Agricultura.
Fals Borda, Orlando (1980), Mompox y Loba: Historia Doble de la Costa, Tomo I. Bogotá: Carlos Valencia.
Fals Borda, Orlando, ed. (1988), La insurgencia de las provincias: Hacia un nuevo ordenamiento territorial para Colombia. Bogotá: IEPRI,
Universidad Nacional de Colombia - Siglo XXI Editores.
Fals Borda, Orlando (1996), Región e Historia: Elementos sobre ordenamiento y equilibrio regional en Colombia. Bogotá: Tercer Mundo
Editores – IEPRI, Universidad Nacional de Colombia.
Fals Borda, Orlando (1998) Participación Popular: Retos del futuro. Congreso Mundial de Convergencia en investigación participativa ´97:
estado del arte. Bogotá: Icfes, Iepri, Colciencias.
Fals Borda, Orlando (2000) Acción y espacio: Autonomías en la nueva República. IEPRI, Universidad Nacional de Colombia – Tercer
Mundo Editores.
Fals Borda, Orlando (2001a), La Cuenca del Río Magdalena: aspectos socioadministrativos. Documentos iniciales para la formulación
del Plan de Ordenamiento y Manejo Integral de la Cuenca del Río Grande de la Magdalena –POMIM-. Editado por Gerardo Ardila. Serie
Documentos POMIM 1. Bogotá-Barrancabermeja: Cormagdalena-Centro de Estudios Sociales –CES-, Universidad Nacional de Colombia.
Pp. 11-20.
Fals Borda, Orlando (2001b) Kaziyadu: Registro del reciente despertar territorial en Colombia. Bogotá: Ediciones desde abajo.
Fals Borda, Orlando (2003), Prólogo. In-Sur-Gentes: Construir Región desde abajo. Torres, William Fernando, Bernardo Tovar y Luis
Ernesto Lasso, Compiladores. Neiva: Editorial Universidad Surcolombiana.
128
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Fals Borda y la regionalización
Comentarios a la ponencia de Gerardo Ardila
Alberto Abello Vives
Las ideas de Orlando Fals Borda sobre la
regionalización del país aparecen dispersas en varios
escritos a lo largo de su vida, como lo ha señalado
Gerardo Ardila en su ponencia Las ideas de Fals Borda
sobre la regionalización del país. Luego de la revisión
de la abundante bibliografía sobre el tema adelantada
por el profesor, quisiera detenerme en uno de sus
documentos que considero sumamente importante en
la búsqueda de sus ideas al respecto, la ponencia general,
“Provincias y Asociaciones (Rurales) de Municipios”,
presentada ante la Comisión Segunda de la Asamblea
Nacional Constituyente el 26 de marzo de 1991. Se
trata, por supuesto, no de un documento académico,
sino de un documento político que hace la defensa de
la regionalización en los momentos de preparación de
una nueva carta constitucional para Colombia.
La ponencia recogió, según Fals, planteamientos
expresados en 19 proyectos de reforma constitucional
cuyos autores representaban a un gran espectro político:
gobierno nacional, Partido Liberal, Partido Social
Conservador, Unión Patriótica, AD-M19. Ante la
posibilidad de introducir cambios en el ordenamiento
territorial que abría la Asamblea, en ella se concretaban,
luego de discusiones y negociaciones, las principales
ideas defendidas por Fals en esta materia. Son ocho:
La desaparición legal, mas no real, de la provincia
en Colombia como consecuencia de lo que Fals llama
las tendencias centralizantes del Estado Nación dio pie
al fortalecimiento de la figura del departamento como
ente territorial subordinado del gobierno central.
Los límites internos inconsistentes, los desfases y
“aberraciones” en la estructura político administrativa
de Colombia, soportada mayoritariamente en el
departamento, exigían una nueva ordenación del
territorio. Los departamentos, por lo demás, hacían
parte de un engranaje de transmisión de la corrupción
clientelista y el desgreño administrativo. En cambio, se
presentaba la resistencia de las provincias a desaparecer,
pues, por el contrario, su constitución había crecido
durante el siglo XX, y el choque constante de éstas con
el orden jurídico y la estructura político administrativa
vigentes v.g., casos como los del sur de Bolívar o las
riberas del río Magdalena, hacían pensar en la necesidad
de un nuevo ordenamiento territorial.
Las reformas descentralistas de la década de los
80, de carácter municipalista, pero manteniendo la
figura del departamento, fueron consideradas como
tímidas en la ponencia ante la escala y urgencia de
asuntos mayores a la dimensión municipal asociados a
la explotación de los recursos naturales y a la prestación
de servicios sociales (salud, educación, mercado,
transporte, etc.).
La descentralización administrativa y fiscal no
debería detenerse en el municipio y el departamento,
sino que debería dar libertad, a través de la consulta
popular, a la creación de entes territoriales aun
más amplios y autónomos, como las provincias y
las regiones. Las provincias serían constituidas por
municipios o territorios étnicos contiguos. Las regiones
se conformarían por la fusión de los departamentos o
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por provincias, municipios y territorios étnicos. En
ambos casos, entre las partes integrantes, existirían
vínculos sociales, históricos, culturales, económicos
y ecológicos.
El concepto de autonomía regional, central en
los planteamientos de Fals como lo anota Gerardo
Ardila, se basa, según el texto, en el logro de la
capacidad administrativa, financiera y presupuestal
de las regiones; en la existencia de recursos suficientes
para el cumplimiento de sus funciones; y en la elección
popular de autoridades.
Entre estos entes, la Nación y otros organismos
regionales, se sugiere la definición de funciones
claras para impedir la duplicidad y la aplicación de
la equidad como regla para compensar, por parte de
los entes territoriales más desarrollados, a aquellos
atrasados. Sugiere también la posibilidad de crear
Fondos de Compensación Territorial, como se propone
–según Fals- en algunos de los proyectos de reforma
estudiados.
La principal propuesta se dirigía a buscar, de
manera gradual –fue claro en la forma-, un Estado
Regional Participativo.
Sería una Comisión de Ordenamiento Territorial,
adscrita al IGAC, la que luego de los estudios
pertinentes, documentara la creación de las nuevas
entidades y propusiera el nuevo ordenamiento.
No cabe duda que en la Colombia de hoy
se presentan, todos los días, “aberraciones” y
traumas derivados de la actual estructura político
administrativa. Me refiero al diseño de políticas
amparadas en fronteras inexistentes que separan la
naturaleza y fracturan los territorios al no contemplar
la existencia de regiones y subregiones ambientales;
me refiero a la lejanía entre el Estado y los ciudadanos
y, para la coordinación, que exigen los distintos
niveles de la administración pública existentes, por
ejemplo, entre una capital departamental como
Cartagena y un municipio sureño como Simití, en el
sur de Bolívar; me refiero a las erráticas estrategias de
competitividad departamentalizada, cuando cadenas
y aglomeraciones económicas pueden integrar
territorios de varios entes territoriales; me refiero
al rompimiento de redes sociales y culturales y la
consecuente rivalidad entre pobladores de municipios
vecinos cuando la solidaridad debería imponerse:
me refiero a la inmensa fragmentación cuando,
130
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de manera poco técnica y sin mucha viabilidad, se
separan y crean nuevos municipios, casi siempre
movidos por la búsqueda de un botín (léase regalías
o cualquier otro recurso).
Sin embargo, no está del todo claro que la actual
estructura por departamentos haya obedecido siempre
a cacicazgos políticos y voracidad administrativa. En
la región Caribe, los casos de los departamentos de
Atlántico y Cesar pudieran estar mostrando que éstos
son consecuencia de la aparición de nuevos polos
de desarrollo1 y de la aparición de contradicciones
económicas y políticas con el poder ejercido desde
una capital en decadencia económica, distante y rival.
El caso “relativamente exitoso” del departamento de
Atlántico en el conjunto de la región Caribe, podría
–por lo demás- estar insinuando que antes que grandes
regiones con capitales lejanas, los pequeños entes
con centros políticos cercanos al resto de municipios
podrían ser más viables.
Pero, no cabe duda, sin embargo, que pensando
en la naturaleza, en la cultura, la economía y la gente
misma, el país sería mejor con un nuevo ordenamiento
territorial. Y la idea de reordenar el territorio nacional
a punta de provincias y regiones tiene cierta lógica y
resulta atractiva. Pero, acaso, con su impulso, en las
actuales circunstancias colombianas, ¿no estaríamos
sumándole nuevos problemas al país? O, ¿cómo evitar
que los “problemas del país” (leáse narcotráfico, guerrilla,
paramilitarismo, control militar) se inmiscuyan en ese
proceso?
1
Ver Posada Carbó Eduardo. ¿Regiones o Nación? El Tiempo,
2002.
Esas fueron precisamente las inquietudes planteadas
por Fals en un mensaje enviado al gobernador Angelino
Garzón para la instalación del Seminario sobre
Autonomía Regional organizado por la Gobernación
del Valle el 15 de abril de 2005. Luego de insistir en que
“primero deberíamos trabajar la paz con justicia social,
bien y a conciencia, como se ha dicho repetidas veces
en el desierto de la opinión ilustrada”, Fals se pregunta
“Hacia dónde podrán dirigir sus ojos los dirigentes del
Valle del Cauca con el fin de crear, digamos, una Región
Autónoma constitucional”. Es decir, hacia una región,
a partir de la decisión de conformarla por parte de dos
o más departamentos.
Fals Borda anota más adelante: “En el Valle del
Cauca, las realidades circundantes son problemáticas.
Por el norte, estaría un Chocó secesionista y sujeto a
megaproyectos impuestos por ejércitos enfrentados
por el control del espacio. Por el oriente aparecerían
comunidades orientadas hacia el Eje Cafetero con
soldados campesinos-informantes descomponiendo
con el rigor castrense la esencia de las familias paisas y el
confiado espíritu abierto de los viejos pueblos. Y por el sur
nacería una nueva y pujante Región Surcolombiana, pero
con naciones indígenas, comunidades afrocolombianas
y pueblos campesinos asediados por un ejército oficial
exterminador del virus de la paz automática. La
situación sería intolerable para el Valle y en el resto del
país. “En consecuencia, lo más apropiado para el Valle,
en tan trágicas circunstancias, sería seguir como está y
proclamarse él mismo como Región Autónoma…”2.
Fals terminó, ante las circunstancias del conflicto
armado colombiano, recomendado el fortalecimiento
del departamento del Valle a través de una mejor
organización interna de sus subregiones y provincias.
En esta ocasión, la regionalización, como la planteada
en la Asamblea Constituyente, que derivó en los dos
artículos conocidos de la Constitución Nacional los
cuales permiten la constitución de regiones a partir de
acuerdos de dos o más departamentos, no estaba ya en
el orden del día.
El debate sobre la regionalización de Colombia,
que se reabre cada cierto tiempo, requiere, en cierta
medida, sopesar –como lo hizo Fals al final de sus
años intelectualmente productivos- la conveniencia y
oportunidad de la propuesta con el momento histórico,
para no hacer del país un rompecabezas imposible de
armar�.
En el caso de la región Caribe, recordemos los
macabros desafueros, masacres y desplazamiento
forzado ocasionado por fuerzas al margen de la ley en
busca del control del territorio, las zonas productivas,
las áreas de intercomunicación, los corredores para el
tráfico de drogas, armas y contrabando, y la estrategia
militar y política regional, expresada a través de las
acciones y los planteamientos de sus cabecillas, en
abierta alianza con sectores militares y de las clases
política y empresarial, para capturar la región (su
economía, los estados regionales y sus finanzas, y la
población) y someterla bajo el imperio del terror.
Recordemos la propuesta política de alias Jorge 40 de
conformar una región en el Caribe desde su visión y
llevar a la presidencia de la república a un hijo de esta
tierra. Este drama que aun no baja el telón totalmente
se convierte en uno de los principales obstáculos a la
propuesta de regionalización.
Otro tópico explorable en los debates sobre la
regionalización es su concepción como punto final
y profundización del proceso de descentralización
política, administrativa y fiscal que el país ha vivido
desde mediados de la década de los 80. Cuando se
presentó por parte de Fals la ponencia mencionada,
había transcurrido un quinquenio de la reforma
municipalista. El país presenciaba la elección popular
de alcaldes en los municipios en un marco de
ampliación de entrega de competencias y recursos a
las entidades territoriales. La descentralización, sobre
la que existían inmensas expectativas, al ser concebida
como herramienta fundamental en un modelo de
desarrollo que acercaría el estado a los ciudadanos en
beneficio de estos para una mayor eficiencia y eficacia
en la satisfacción de necesidades básicas, empezaba
a generar preguntas sobre los balances finales de las
finanzas de los entes territoriales. En efecto, ante este
desbalance entre el valor de las competencias asignadas
y el total de los recursos (propios y de transferencias)
desde las esferas del gobierno central, se impulsaba
como compensación el alto endeudamiento municipal
que años más tarde entraría en crisis. Por lo demás los
problemas de diseño hacían pensar en el agravamiento
de las desigualdades regionales.
2
Orlando Fals Borda (2007), Hacia el socialismo raizal y otros
escritos. Ediciones CEPA y Ediciones desde abajo. Bogotá.
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Un proceso de regionalización podría verse inmerso
en una visión nacional marcadamente fiscalista,
presionada por los recurrentes déficits de las finanzas
públicas nacionales, tal como han sido diseñadas las
dos grandes reformas que ha sufrido el sistema de
transferencias de la Nación a los entes territoriales.
Así que a las propuestas de regionalización les han
faltado finanzas. No están nada claras las cuentas en
momentos en que la Nación ha fortalecido un sistema
fiscal regresivo y marcadamente centralista y la real
autonomía de los entes territoriales aún se cuestiona por
la alta dependencia local que aun existe de las finanzas
nacionales. Por ello es recomendable en el debate que
busca la regionalización y mayor autonomía de las
regiones pasar el filtro fiscal.
Cuando se trata en últimas de buscar mejor
calidad de vida para la población, superar la condición
de atraso económico relativo tanto nacional como
regional, de consolidar una base productiva competitiva
internacional, pero incluyente, de superar la condición
de pobreza de prácticamente la mitad de los habitantes
y consolidar la golpeada democracia, como es el
caso de Colombia, se requiere –pienso- el trabajo
mancomunado de los distintos niveles de gobierno
y grandes sinergias sociales buscando consensos,
sin cohesiones amorfas, para las transformaciones
esperadas. Las justas y democráticas reivindicaciones
de las regiones pobres de Colombia seguramente
requerirán procesos y alternativas bien distintos a
los surgidos de reivindicaciones autonómicas en
estados multinacionales o en naciones industrializadas
con regiones con economías poderosas interesadas
en romper principios basados en la equidad, la
corresponsabilidad y la solidaridad en la atención
nacional a las regiones rezagadas.
Para terminar, quisiera proponer dos cosas que
pienso pueden ser el mejor homenaje que se rinda a
Orlando Fals Borda, esa gran figura de la Latinoamérica
de la segunda mitad del siglo XX que buscaba un
pensamiento propio en contraposición a las acentuadas
teorías desarrollistas.
La primera, sugerir la profundización de la
integración regional del Caribe colombiano en oposición
a su languidecimiento. Los tiempos han cambiado y han
132
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entrado a operar con la globalización fuerzas centrífugas
que hacen ver en la distancia los ya históricos procesos
de integración que caracterizaron la región.
Retomar, mientras se conocen propuestas refinadas
para la regionalización, la senda de la integración
caribe, a través de redes sociales, empresariales e
institucionales para el intercambio, la cooperación y
la búsqueda de propósitos comunes, es la propuesta.
Que no sorprendan, entonces, iniciativas que tiendan a
fracturar esta región, que existe –debemos reconocerloa pesar de su inexistencia como ente territorial;
iniciativas como la de conformar dos o tres regiones
en la planicie caribeña o de conformar entre Antioquia
y Córdoba una sola región.
La segunda, quisiera sugerir al Banco de la
República, al Observatorio del Caribe y a los
organismos regionales que han liderado la creación de
un Fondo de Compensación Regional para superar
las pronunciadas disparidades regionales, que éste
lleve el nombre de Orlando Fals Borda, en vista de
la clara coincidencia entre la idea de crear fondos de
compensación territorial, planteada por Fals en el
documento analizado, y la propuesta contenida en
el Compromiso Caribe, resultado de los Talleres del
Caribe colombiano realizados durante todo 2007 en
los 8 departamentos de la región.
El Fondo de Compensación Regional, como lo
proponen quienes han desarrollado la propuesta,
contribuiría a la superación de la brecha del inmenso
corredor costero de Colombia (las dos costas) donde se
presenta un alto porcentaje de la población colombiana
en condición de pobreza, donde han sido insuficientes
los recursos del Sistema General de Participaciones y
se presentan debilidades productivas que impiden a
los entes territoriales contar con una mayor capacidad
fiscal. En este corredor los municipios disponen de
menos recursos (21%) que el resto de municipios para
atender las necesidades de su población. Qué mejor que
este Fondo, llamado a compensar esta situación, sea
bautizado con el nombre de Orlando Fals Borda quien
será, por mucho tiempo, como lo anota Gerardo Ardila
en su ponencia, un referente obligatorio en el campo del
ordenamiento territorial. Podría ser una contribución
a la memoria del querido maestro Orlando.
Fals Borda:
Hombre icotea y sentipensante1
Víctor Manuel Moncayo Cruz
En conversación sostenida diez meses antes de su
fallecimiento,2 el maestro Orlando Fals Borda hizo
de nuevo alusión, con muchos detalles anecdóticos,
al vocablo sentipensante, con el cual hemos querido
calificarlo para arropar los textos que se reúnen en este
libro, que representa el homenaje que CLACSO no
pudo rendirle en vida, como era su propósito.
En la cultura del Caribe colombiano y, más
específicamente, en la cultura ribereña del río Grande
de La Magdalena, que rinde sus aguas al mar Atlántico,
el hombre-hicotea,3 que sabe ser aguantador para
enfrentar los reveses de la vida y poder superarlos,
que en la adversidad se encierra para volver luego a la
existencia con la misma energía de antes, es también
el hombre sentipensante que combina la razón y el
amor, el cuerpo y el corazón, para deshacerse de todas
las (mal) formaciones que descuartizan esa armonía y
poder decir la verdad, tal y como lo recoge Eduardo
Galeano en el Libro de los Abrazos, al rendir homenaje
a los pescadores de la costa colombiana.
Fals Borda, en el fandango o rueda de cumbión
de su vida – para rememorar igualmente el sentido
colectivo de la música y de los bailes que son expresión
1
Presentación de la antología de Orlando Fals Borda (2009)
Una sociología sentipensante para América Latina/ Orlando Fals
Borda; compilador Víctor Manuel Moncayo. Bogotá, Siglo del
Hombre – Clacso.
2
Orlando Fals Borda falleció en Bogotá D.C. el 12 de agosto
de 2008. El viernes 19 de octubre de 2007, en conversación con
Rafael Bassi, a propósito del compositor José Benito Barros, se
extendió en referencias a la cultura popular del Caribe colombiano
y, en particular, al hombre-hicotea y al concepto de sentipensante.
El Heraldo. Barranquilla, Colombia, diciembre 8 de 2008.
3
Noción explicada por el propio Fals Borda en la conversación
citada.
4
Nos referimos, entre otros textos, a la obra El hombre y la tierra
en Boyacá: Bases sociológicas e históricas para una reforma agraria
(Bogotá, Antares/ Documentos Colombianos. 1957), de la cual
incluimos en este libro el capítulo XI.
5
La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, Tomo
I, Bogotá, Tercer Mundo, 1962.
de las combinaciones étnicas presentes en las tierras
de Loba y del San Jorge, de la Mojana y la Depresión
Momposina, que siempre admiró y ponderó por su
riqueza autóctona-, en muchas ocasiones, como la
hicotea, hubo de internarse en la reflexión para renacer
y reaparecer sentipensante en la acción decidida y
enérgica.
Así entendemos sus años iniciales de formación
académica y de investigación empírica, que lo llevaron
luego a abrazar románticamente la posibilidad de una
transformación de la estructura agraria,4 y a contribuir,
de manera esencial, a ese verdadero hito del análisis
social e histórico que constituye La violencia en
Colombia5 por cuyo contenido lo satanizaron las clases
y sectores dominantes.
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El mismo signo tiene el momento en que se vio
forzado a separarse de la primera escuela de sociología
en Latinoamérica, que había fundado y organizado en
la Universidad Nacional de Colombia, en compañía
de su entrañable amigo, el inolvidable cura Camilo
Torres, del cual emerge con fuerza en múltiples
empresas de investigación, acción y participación6 con
las comunidades indígenas, campesinas y, en general,
populares, y con grupos de pensamiento articulados
alrededor de La Rosca de Investigación y Acción Social,
la Revista Alternativa, la Fundación para el Análisis
de la Realidad Colombiana, Fundarco, o la Editorial
Punta de Lanza.
Idéntico carácter encontramos en la circunstancia
represiva de esa otra “seguridad”, llamada entonces
“nacional”, de finales de los años setenta y comienzos
de los ochenta, que los llevó a prisión, a él y a su
compañera María Cristina Salazar, de la cual también
salió fortalecido al unirse con los grupos y movimientos
que luchaban por la liberación de los presos políticos,
contra el Estado de Sitio y el Estatuto de Seguridad,
hasta llegar a la Constituyente de 1991 que escuchó
su voz en favor de las heterogéneas comunidades que
la categoría nacional del capitalismo ahoga y somete,
como lo evidencia su preocupación permanente por
la redefinición del ordenamiento territorial que, a
pesar de estar consagrado normativamente, no ha
podido tener aún ni un mínimo desarrollo, y para
asumir posteriormente el compromiso con un nuevo
proyecto de izquierda democrática,7 al cual sirvió hasta
el momento de su muerte.
Y el mismo rasgo lo observamos en aquella última
emergencia hospitalaria que por horas lo alejó de la
vida, de la cual, como él mismo lo dijera, “los médicos
me resucitaron…para poder actualizar mi libro La
subversión en Colombia, actualización que constituye
uno de sus últimos escritos.8
Por esas razones, entre muchas otras, Fals Borda
adelantó tanto una obra teórica como una acción
política, que se extiende y cubre de manera cualificada
buena parte de la historia nacional colombiana –de la
segunda mitad del siglo XX a los inicios angustiosos
de este siglo XXI que hemos empezado a trasegar-,
desarrollada hasta el final de su existencia, pues,
como buen costeño sentipensante, por encima de sus
desfallecimientos físicos, siempre se erguía su vitalidad
revolucionaria y su compromiso social.
134
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Orlando Fals Borda con Camilo Torres. Foto: El Espacio
Es así como, por ser su obra tan vasta, amplia
y multiforme, entendimos que desbordaba las
posibilidades mismas de la reducción antológica, y
que lo importante no era pretender reunir los que
consideráramos sus principales escritos, sino más
bien mostrar a los lectores los elementos centrales
de su trayectoria vital, como la mejor invitación a
estudiarlo. Por ello, lo que se encuentra reunido en
este libro es una simple colección de textos que revela,
de alguna manera, su itinerario teórico-político, con
las obvias limitaciones, dificultades y deficiencias de
toda selección. No es, por lo tanto, ni siquiera un
esbozo de su biografía intelectual, que otros con rigor,
conocimiento y suficiencia vienen adelantando.9
6
Como es sabido, Fals Borda construyó una tendencia metodológica en ciencias sociales, conocida como Investigación-AcciónParticipación, (IAP).
7
Se trata del Partido Polo Democrático Alternativo, (PDA), del
cual fue Presidente Honorario hasta su muerte.
8
Véase la misma conversación mencionada en la nota 2. El
maestro Fals Borda, luego de participar en una manifestación
política, a causa de la lluvia contrajo una neumonía y conducido
a un hospital, lo declararon muerto y lo trasladaron a la morgue.
Por fortuna, su sobrina médica observó que aún tenía signos vitales
y, tras un tratamiento de choque, volvió a la vida. El texto de esa
actualización del libro La subversión en Colombia, se incluye en
el presente libro.
9
Nos referimos, por ejemplo, a los trabajos que, en este sentido,
realiza el investigador colombiano Alexander Pereira Fernández,
de quien se publicó el artículo, “Orlando Fals Borda: la travesía
romántica de la sociología en Colombia” en la revista Crítica y
Emancipación, 3. Buenos Aires, Clacso, 2009.
En lo puramente biográfico, optamos por incluir
unas notas inacabadas del propio maestro,10 que sólo
nos llevan hasta el umbral de sus estudios universitarios
en los Estados Unidos de América, adelantados gracias
a una beca que logró conseguir su madre, y en el
transcurso de los cuales cursó también música, piano
y canto, y hasta llegó a integrar el grupo de tenores
de la Universidad, de manera tal que, según su propia
expresión, “lo sociológico fue uniéndose al arte”.
Para dar cuenta de su etapa inmediatamente
posterior, nada mejor que un capítulo de uno de sus
textos en el cual se muestra convertido en verdadero
“campesino de los Andes”11, como lo manifiesta el
título de la que es considerada como la primera obra
de la sociología colombiana, fruto de su investigación
empírica y participativa en la población de Saucío, el
libro El hombre y la tierra en Boyacá, escrito luego de
aquella investigación pionera, que contiene el esquema
de sus ideas para una reforma agraria, con la cual se
comprometió, en la creencia, luego rectificada, de que
era posible una transformación desde arriba, gracias a
una acción ilustrada que moviera a algunas élites hacia
la modernización.
Sin duda, ese primer enfren­t a­m iento con la
realidad fue la cantera inicial de sus investigaciones
y de sus posiciones teórico-polí­ticas. Como muchos
lo han advertido, encontramos en ese momento a un
Fals Borda que ha abrevado en la escuela estructuralfuncionalista y que, siéndole fiel, empieza por el estudio
de caso, pero se sitúa a mitad de camino entre la teoría
y el empirismo propiamente dicho, para unirse a la
tendencia de muchos otros sociólogos latinoamericanos
de corte demoliberal y evolucionista, del indispensable
tránsito de lo tradicional a lo moderno.
A partir de lo que representaron esos primeros
pasos, Fals Borda completa su panorama del problema
nacional agrario, contribuyendo a su historia12,
incluso planteando el análisis en términos de modos
de producción, aun cuando no puede afirmarse que
se haya aproximado, en ese momento, a la obra de
Marx. Se trata de una construcción muy propia, cuya
apoteosis se encuentra en la Historia Doble de la Costa,
de la cual incluimos apenas una pequeña muestra, sobre
todo, para subrayar la metodología del doble canal que,
en términos de la musicalidad que afloraba siempre
en sus escritos, le otorgaba al análisis un carácter
“estereofónico”.13 En efecto, como bien lo explica uno
de sus biógrafos, la Historia Doble es una verdadera obra
de sociología histórica escrita “desde el punto de vista de
los vencidos”, en la cual de “una manera polifónica…
se intercalan las voces del autor con las de los sujetos
investigados, al modo de un canto coral, música en la
que Fals Borda era experto”.14
Cuestión muy distinta es la que tiene que abordar
Fals Borda en el conjunto de análisis y estudios sobre
la violencia liberal-conservadora,15 aunque tiene una
necesaria conexión lógica con sus preocupaciones
agraristas iniciales. Es en ese momento en el cual
podría decirse que encuentra los límites del método
estructural-funcional, pues pese a que lo utiliza como
ejercicio teórico-conceptual, reconoce la necesidad de
“coordinar” esa orientación con las teorías del conflicto
y de los valores sociales, lo que lo lleva a apreciar, por
10
Páginas que gentilmente nos ha suministrado Alexander
Pereira Fernández.
11
En la misma conversación mencionada en la nota 2, Fals
Borda decía que “en esos años fue tanta la compenetración con
los habitantes de los altiplanos cundiboyacense y nariñense,
que cuando abandonó la zona de Saucío se encontró vistiendo
la típica ruana paramuna, hablando con el “acento rústico” de
los campesinos, segando trigo, extrayendo papas de la tierra y
jugando turmequé”.
12
Historia de la cuestión agraria en Colombia. Bogotá, Punta
de Lanza, 1975.
13
Historia Doble de la Costa. Bogotá, Carlos Valencia, 1986, de
la cual hemos incluido el capítulo 5 titulado “Los embrujos del
Sinú-Riqueza agrícola y explotación humana”.
14
Alexander Pereira Fernández, op.cit.
15
La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, Tomo
I, Ediciones Tercer Mundo, Bogotá. 1962.
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135
Posición política que no sólo asumió en ese
escrito, sino en forma simultánea, en unión de otros
intelectuales que, por la época, conformaron una
“Comisión de Paz Independiente”, al reaccionar a
la negativa gubernamental que les negó el permiso
para entrevistarse con los campesinos insurgentes
en Marquetalia, en estos términos que bien podrían
repetirse hoy frente a la realidad del conflicto no
resuelto en que está sumida la sociedad colombiana:
Grupo AIP en Tres Palmas buscando una foto de María Barilla.
De izquierda a derecha: de pie, Roger Serpa y Rosario Movilla;
sentados: Enrique Mendoza, Orlando Fals y Albio Martínez.
ejemplo, cómo “la “violencia dejó su antifaz político
y tomó un cariz eminentemente económico”, e
incluso a vislumbrar, de manera premonitoria, que
esa violencia estudiada encerraba “las bases del nuevo
conflicto que en sus cauces cismogenéticos normales
ya se está gestando” y que en el fondo se trataba de
“los mismos temas de antes de la “violencia” pero en
otro contexto”16
Esa premonición la confirma al analizar el
impacto causado por el primer volumen de La
violencia en Colombia: “En muchas regiones donde
parece muerta, la violencia sigue viva en forma latente,
lista a expresarse por cualquier motivo, como las brasas
que al revolverse vuelven a encenderse”.17 Fals Borda
disecciona todas las opiniones negativas y positivas
sobre el primer volumen de la obra, para concluir,
siguiendo a Lerner, que la publicación había sido
trascendente por muchas razones, pero, en especial,
porque desnudó cómo la violencia entraba en una
peligrosa etapa latente que contenía la semilla de
futuros problemas sociales: no se reconocía, sino que
se negaba y, por esa vía, se racionalizaba “la inercia
culpable de no poder actuar eficazmente en la solución
de los problemas básicos de estructura que están en
la raíz del fenómeno. Pues mientras no se resuelvan
tales problemas, seguirá la violencia en sus múltiples
formas.”18
136
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Pueda ser que no se reanude el holocausto de vidas y bienes
que acompaña a la violencia. Violencia cuyas causas no
residen fundamentalmente en factores como la propaganda
de ideología alguna, sino en la miseria y el desamparo
en que se ha mantenido a gran parte de la población
colombiana. Cualquier tipo de acción que se proponga para
la reincorporación de estas áreas a la vida normal del país,
lejos de ser represivas, deben partir de la elemental defensa
de los derechos humanos, dando prelación al plan que vaya
a la raíz económica y social del fenómeno.19
Sin ser lineales ni, mucho menos, deterministas, el
efecto de sus intervenciones investigativas, en especial
aquella sobre la violencia en Colombia, aguza en Fals
Borda su urgencia por racionalizar el papel que, como
intelectual, debía desplegar frente al orden social
vigente. Asume, en consecuencia, una revisión rigurosa
de las tendencias de la “sociología comprometida”, de la
mano de los protagonistas de la época en el campo de
las ciencias sociales20 y de instituciones pioneras en ese
campo, como los espacios académicos organizados en
las Universidades de Argentina y Venezuela, similares
al que había contribuido a formar en la Universidad
16
Véase el capítulo XIII de La violencia en Colombia. Estudio de
un proceso social, Tomo I, Bogotá, Tercer Mundo, 1962, incluido
en este libro.
17
Véase “Introducción” a La violencia en Colombia. Estudio
de un proceso social, Tomo II, Bogotá, 1964. De este existe una
reedición en Bogotá, Taurus, 2005.
18
Véase “Introducción” a La violencia en Colombia. Estudio de
un proceso social, Tomo II, Bogotá, 1964. De este segundo existe
una reedición en Bogotá, Taurus, 2005.
19
El Espectador, Bogotá, 3 de mayo de 1964.
20
En el Capítulo 4, “La crisis, el compromiso y la ciencia” de
la obra Ciencia propia y colonialismo intelectual. México, Nuestro
Tiempo, 1970, incluido en este libro, Fals Borda menciona su
acercamiento a los trabajos de Luiz A. Costa Pinto, Jorge Graciarena, Torcuato S. di Tella, Rodolfo Satvenhagen, Pablo González
Casanova, Eliseo Verón, Theotonio dos Santos y Aldo Solari,
entre otros.
Nacional de Colombia o en centros especializados como
FLACSO en Santiago de Chile, CLACSO en Buenos
Aires o el Centro Latinoamericano de Pesquisas em
Ciencias Sociais de Río de Janeiro. Repasa las tendencias
metodológicas de “observación-participación”, de
“observación-intervención” y de “observación-inserción”;
se acerca a las tendencias del “compromiso”, en diálogo
con la obra de Sartre, Marcuse y Gorz. En fin, apunta
a la construcción de su método Investigación-AcciónParticipación, que luego elabora, insinuándose ya en
su obra una mayor aproximación a la de Marx, pues al
fin y al cabo encuentra en las Tesis sobre Feuerbach, la
primera articulación formal del paradigma de la ciencia
social crítica. Si pudiera hablarse de ruptura, es en este
tiempo cuando se produce, para luego dar los frutos
que se recogen en el Simposio Mundial de Cartagena,
Crítica y Política en Ciencias Sociales, celebrado en
1977, y en otros textos incluidos en esta obra.21
Paralelamente, Fals Borda entiende la importancia
de mirar el conjunto de la problemática latinoamericana,
en términos de sus procesos revolucionarios inconclusos,
lo que le permite encarar, en toda su crudeza, el valor
altruista de la subversión. Hay en esta nueva perspectiva
una gran distancia frente al evolucionismo demoliberal
de los años cincuenta, que tiene ahora como telón de
fondo la preocupación por la causas estructurales del
conflicto que le revelaron los estudios sobre la violencia
en Colombia, para aseverar que “muchos subversores
no pretenden “destruir la sociedad” porque sí, como
un acto ciego y soberbio, sino más bien reconstruirla,
según novedosas ideas y siguiendo determinados ideales
o “utopías”, que no acoge la tradición.”22 Hay, por lo
tanto, espacio para su propuesta de socialismo raizal, y
para ambicionar un Quinto Orden que nos libere de la
“boa constrictor de la guerra” y que detenga “la espiral
de nuestra violencia ancestral”.
Fals Borda era ante todo opti­mista y en este estado
emocional vivió hasta el fin de sus días, pues entendía
que
A diferencia de aquellas viejas generaciones centristas
acomodadas, la Generación Activa y Sentipensante
actual ha logrado acumular prácticas y conocimientos
superiores sobre la realidad nacional y puede actuar mejor
en consecuencia. No ha temido salir al terreno a pesar de
los peligros e incomprensiones, y volver a aprender con
gusto y ánimo sobre nuestro especial entorno tropical,
combatiendo el tradicional colonialismo intelectual y
político ante los norteños, y redescubriendo las culturas y
tradiciones regionales y provinciales de nuestros pueblos de
origen: los aborígenes, los afrocolombianos, los campesinos
antiseñoriales provenientes de España, y los colonos internos.
Y son respetuosos de los valores fundamentales de éstos, que
debemos remozar y proyectar hacia el presente y el futuro,
como pegante ideológico del socialismo raizal o Kaziyadu
que adviene sin tregua.23
Ese es, a grandes rasgos, el maestro Fals Borda
a quien solamente de nombre cuando ingresamos
a la Universidad Nacional, en el momento en
que construía la primera escuela de sociología en
Colombia y en Latinoamérica, a comienzos de los
años sesenta; cuya obra leímos después, cuando volvió
a encenderse el conflicto colombiano a partir de las
brasas no extinguidas de la primera violencia, como
proféticamente lo advirtió desde 1964, y a quien, ya
21
Nos referimos a: a) “Como investigar la realidad para transformarla” (Introducción al libro El problema de cómo investigar
la realidad para transformarla. Tercer Mundo, Bogotá.1979. b)
“Experiencias teórico-prácticas” (Parte III del libro Participación
popular. Retos del futuro Ed. ICFES/IEPRI/COLCIENCIAS,
Bogotá. 1998) y c) “El tercer mundo y la reorientación de las
ciencias contemporáneas.” (En Revista Nueva Sociedad, 107.
Mayo-junio 1990).
22
Véase “La subversión justificada y su importancia histórica”
(Capítulo 1 del libro Las revoluciones inconclusas en América
Latina: 1809-1968. México, Siglo XXI, 1968), “Las revoluciones
inconclusas en América Latina” (Capítulo 5 del mismo libro Las
revoluciones inconclusas en América Latina: 1809-1968. “Elementos
ideológicos en el Frente Unido de Camilo Torres, ayer y hoy”
(Camilo 40 Aniversario, Bogotá. 2006. Consulta electrónica:
Camilo Torres 40 aniversario. Un vino por Camilo), en http://
www.internacionalistas.net/camilo/index.html
23
“Lo que va de ayer a hoy y el ritmo social de la historia” (Prólogos de 1967 y 2008 y epílogo de 2008 al libro La subversión en
Colombia. El cambio social en la historia. Bogotá, FICA – CEPA,
2008, texto incluido en este libro.
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la conmemoración de un aniversario más de nuestra
Alma Mater, con estas palabras que quiero repetir a
manera de colofón de esta presentación de algunos de
sus textos:
Maestro: usted ha vivido en esta Universidad hace más de
cuarenta años y la ha hecho vivir con su práctica siempre
comprometida. Quienes lo conocimos allí, al frente de la
otrora Cafetería Central, en la naciente Facultad de Sociología,
al lado de Camilo, Umaña, Pears y otros más, oíamos las dudas
que siempre existen para los desinformados u maledicientes,
que se apoyaban en su formación en universidades
estadounidenses o en sus convicciones religiosas para, de
manera irresponsable, vincularlo a agenciase extranjeras.
Qué gran mentís supo darle a esas absurdas conjeturas.
Supo quién fue Camilo, a quien recordamos ahora en este
último ejemplar de la serie de historia de la Universidad, y
frente a su opción respetó su convicción, pues conocía su fe
altruista en la bondad final e intrínseca del cumplimiento de
su deber como sacerdote y como colombiano en la lucha por
la justicia social, como nos lo recordó hace unos años. Ha
sido muchas veces “punta de lanza”, claro está no violenta,
de muchas acciones y organizaciones sociales y políticas,
siempre asociadas a la investigación social que, como ahora,
cuentan con su compromiso insospechable. Como nos lo
recordaban algunos académicos hace unas semanas, cuántas
alternativas ha promovido y cuantas más esperan contar
con su experiencia y su sapiencia. En estos momentos de
confusión, su voz y su acción siguen siendo definitivas. La
Universidad se enorgullece de tenerlo entre los suyos y por
eso lo enaltece una vez más.”�24
Foto de Rubén Darío Otálvaro Sepúlveda,
Archivo Magazín del Caribe.
en los últimos años, acompañamos en las tareas sin
tregua de su incancelable compromiso político con la
transformación de la sociedad colombiana.
Ese es el hombre hicotea y sentipensante a
quien tuve el orgullo de dirigirme en la siempre
recordada noche del 22 de septiembre de 2002, en
24
Aparte de la intervención del autor de esta presentación, en su
condición de rector de la Universidad Nacional de Colombia, en
la fecha indicada, con ocasión del ingreso del maestro Fals Borda
a la Orden del Rector magnífico Gerardo Molina. Véase, Víctor
Manuel Moncayo, Universidad Nacional: espacio crítico. Reflexiones acerca de una gestión rectoral. Bogotá, Aurora, 2005: 79.
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A
R
T
E
S
P
L
Á
S
T
I
C
A
S
La Cueva y sus poéticas visuales
Por Álvaro Medina
La rivalidad entre pueblos hermanos ha sido una
constante de la historia. Una de las más legendarias
se produjo en la Italia del Renacimiento, cuando
Florencia y Venecia se enfrentaron amistosamente
alegando, cada una, poseer la mejor escuela pictórica
de la época. Los florentinos, representados por el
genio de Miguel Ángel, eran dados a magnificar los
volúmenes y consideraban por lo tanto que un pintor
debía, ante todo, saber dibujar y manejar el espacio.
Los venecianos, representados por el Ticiano, no menos
genial en sus creaciones, alegaban que la buena pintura
dependía básicamente del color. La discrepancia de
teorías no era cuantificable, así que los historiadores
han terminado por admitir que las dos posiciones eran
y son absolutamente válidas, lo cual quiere decir que
no las podemos considerar excluyentes. Dicho de otro
modo, se puede admirar a Miguel Ángel y exaltar al
mismo tiempo la obra del Ticiano.
Me estoy refiriendo a la polémica que tuvo lugar en
un país culto, en el apogeo de su creatividad artística.
Es oportuno mencionar el detalle, porque la rivalidad
entre pueblos hermanos ha sido motivada, en otros
casos, por razones de competencia comercial, de
productividad agrícola o comercial, incluso por juegos
entre atletas en el campo deportivo. Hablo de rivalidad,
no de guerra. Verdad es que hay y ha habido guerras
fratricidas. En Colombia sabemos mucho de esto, ya
que hemos tenido muchas guerras civiles, declaradas
y no declaradas, y resulta que toda guerra civil es una
guerra fratricida, o guerra entre hermanos imbéciles.
Aparte el hecho de afirmar que todos nosotros, por
inteligentes que seamos, nos comportamos como
redomados imbéciles varias veces en la vida, quiero
dejar claro en estas líneas que mi tema es la rivalidad
creativa y no la guerra destructora.
En mi niñez, en los años cincuenta, Barranquilla
y Santa Marta se miraban con celos a la hora de
jugar fútbol, divergencia amistosa que Barranquilla y
Cartagena definían en los diamantes de béisbol. Hoy,
cuando los estadios se convierten a veces en frentes de
guerra a muerte, es grato recordar que las rivalidades de
entonces se resolvían con goles o con carreras anotadas,
seguidos de aplausos, muchos vivas y rara vez un abajo.
A propósito de rivalidades, yo soy barranquillero, pero
me encanta recordar que nací en la calle Cartagena,
no otra que la número 63, que baja del barrio Recreo
al barrio Boston, donde mi padre construyó la casa
familiar.
En la avenida 20 de Julio o carrera 43, límite
entre Recreo y Boston, funcionó La Cueva en esos
mismos años cincuenta. El bar se ha vuelto legendario
porque, sin discriminación ni celo, estimuló una
actividad cultural sin precedentes en la región Caribe
colombiana. Esa actividad tuvo sus prometedores
inicios en la calle San Blas, en la sede de la Librería
Mundo. La librería pertenecía a Jorge Rondón, un
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hombre culto y emprendedor que le abrió campo en
sus locales al semanario Crónica, la publicación semanal
que embutió de lleno a Gabriel García Márquez en
la literatura. Rondón fue también el editor de Todos
estábamos a la espera, el primer libro de Álvaro Cepeda
Samudio. La creación cultural de la Costa entraba así
en una nueva etapa, fulgurante en cuanto involucró y
potenció las artes plásticas, de escasas resonancias hasta
entonces en la región.
La Cueva fue la sede operativa de hitos que han
tenido proyección internacional, logro que fue posible
gracias a la convergencia de creadores de gran talento
de Barranquilla y Cartagena, las ciudades que, con sus
equipos, se jugaban el todo por el todo en los estadios
Tomás Arrieta y Once de Noviembre. Yo recuerdo
que el enfrentamiento deportivo casi cotidiano le
dio alas y mucha audiencia a un programa de radio
que transmitían, en cadena, las Emisoras Unidas de
Barranquilla y la Emisora Fuentes de Cartagena. Se
transmitía a las 12:30 del día y enfrascaba en sesudas
discusiones, durante casi media hora, a los comentaristas
más agudos de las dos pequeñas urbes, empeñados
siempre en la tarea de demostrar que los peloteros de
sus localidades respectivas eran los mejores.
El chovinismo suele ser moneda corriente en el
deporte, la economía, la política y la religión, y bicho
raro en la cultura. Míos de mi corazón son el poeta
griego Homero y el cinematografista japonés Akiro
Kurosawa, el dramaturgo inglés William Shakespeare
y el anónimo arquitecto maya de Tikal, en Guatemala,
el compositor francés Eric Satie y el escritor argentino
Jorge Luis Borges, el pintor español Pablo Picasso y el
novelista ruso León Tolstoy, el escultor norteamericano
Alexander Calder y el cuentista francés Guy de
Maupassant. La cultura se globalizó muchos años antes
de la invención de la máquina de vapor y por eso quiero
referirme, en este estrado, a la buena relación que los
cartageneros Nereo López, Cecilia Porras y Enrique
Grau establecieron en la segunda mitad de los años
cincuenta con los barranquilleros Alejandro Obregón
y Álvaro Cepeda Samudio, que como bien se sabe no
nacieron en Barranquilla, pero allí dieron lo mejor de
sus talentos. El encuentro de unos y otros se produjo al
calor del ambiente que Eduardo Vilá Fuenmayor creó
en La Cueva, de la que era propietario.
Para entrar en materia toca definir antes los
ciclos que en su desarrollo tuvo el llamado Grupo
140
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Álvaro Cepeda, Cecilia Porras, Alejandro Obregón y un amigo,
alrededor del cuadro de Antonio Roda.
de Barranquilla. En Poéticas visuales del Caribe
colombiano al promediar el siglo XX, de reciente
publicación, estudié el asunto y concluí que sus
actividades se pueden dividir en tres fases y cito:
a) La primitiva (1945-1949), nucleada en torno a
escritores y periodistas de la vieja guardia como eran
Ramón Vinyes y Fuenmayor padre [José Félix]. La
animaban Bernardo Restrepo Maya, Rafael Marriaga,
el librero Jorge Rondón y otros intelectuales. Esta fase
contó con la temprana presencia de jóvenes como
Germán Vargas y Fuenmayor hijo [Alfonso].
b) La legendaria, inmortalizada en Cien años de
soledad y en consecuencia la más estudiada. Concluye
definitivamente en enero de 1954, cuando García
Márquez se va a trabajar a Bogotá y entra a trabajar en El
Espectador. Sus aportes están ligados al estrecho círculo
de Crónica [con la participación de Alfonso Fuenmayor,
Germán Vargas, Álvaro Cepeda Samudio y Orlando
“Figurita” Rivera].
c) La fase brillante (1954-1965), con epicentro en La
Cueva, bar situado en El Recreo, barrio residencial
hoy de capa caída que en la época estaba habitado por
un nutrido grupo de prósperos comerciantes árabes.
Los numerosos logros de esta fase son claramente
diferenciables de los sucedidos en la fase primitiva, ya
que sus protagonistas contaron con la dinámica creada
por el amplio y heterogéneo círculo de La Cueva110.
110
Medina, 2008: 151.
La periodización anterior me permite señalar que,
en general, se han confundido las creaciones y aportes
de la fase legendaria, cuyos protagonistas quedaron
inmortalizados en el penúltimo capítulo de Cien
años de soledad, con las creaciones y aportes de la fase
brillante. En la primera campeó la literatura, con la
publicación en Crónica de cuentos de García Márquez
y Cepeda Samudio; en la segunda primó, la pintura
ampliamente, y digo primó porque la literatura tuvo
aportes relevantes con la publicación en 1954 de Todos
estábamos a la espera, el libro de cuentos de Cepeda,
y la aparición en 1962 de La casa grande, su única
novela. Desde el punto de vista estrictamente creativo,
los protagonistas principales de la fase legendaria son
García Márquez y Cepeda, y los de la fase brillante son
Cepeda nuevamente y el pintor Alejandro Obregón.
Por afición, decisión y empeño de Álvaro Cepeda
Samudio, la pintura adquirió la relevancia que nunca
antes había tenido, gracias a la gestión que el entonces
joven escritor desarrolló desde el Centro Artístico.
La pintura adquirió importancia a partir de tres
decisiones fundamentales que el narrador y sus amigos
impulsaron con entusiasmo: 1) Remplazar el Salón
de Artistas Costeños que, por iniciativa oficial del
Departamento del Atlántico, se realizaba desde 1945,
con un Salón Nacional auspiciado por la empresa
privada. 2) Transformar ese Salón Nacional en un Salón
Interamericano. 3) Crear y fortalecer la pinacoteca de
La Cueva.
La creación del Salón Nacional se concretó en 1955
y de cierta manera fue una dura crítica a la clausura,
Ilustración de Orlando “Figurita” Rivera para un cuento
de Álvaro Cepeda.
por decisión de un gobernador militar nombrado por
el general y dictador Gustavo Rojas Pinilla, del Salón de
Artistas Costeños. El último de esos salones regionales
se realizó en 1953, poco antes del golpe militar. La
suspensión definitiva se produjo al año siguiente, en
1954. Con motivo del cincuentenario de la creación
del Departamento del Atlántico, en 1955, el Centro
Artístico resolvió unirse a los festejos convocando a un
Salón Nacional, experiencia que se repitió en 1959.
Algunos de los ganadores en los salones regionales
fueron Alejandro Obregón, Enrique Grau, Cecilia
Porras y Orlando “Figurita” Rivera, los ganadores de
los salones nacionales fueron Ignacio Gómez Jaramillo,
Alejandro Obregón, Enrique Grau y Fernando Botero.
Se concluye, en uno y otro caso, que los galardones
fueron otorgados a artistas de talla, el menos conocido
de los cuales es “Figurita”.
Pero “Figurita” no fue ningún pintado en la pared.
Rara combinación de bacán y camaján, además de
marihuanero empedernido, bailarín, pintor y publicista
que, en ocasiones, se hundió en la indigencia, al pintor
barranquillero (éste sí, nacido en Barranquilla) se debe
el carácter de La Cueva como centro promotor del arte
contemporáneo. El primer antecedente de un bar de
intelectuales bebedores, que aceptó la idea de exhibir
pinturas en sus muros, es El Automático de Bogotá.
La iniciativa vino de un pintor sin galería, cuando en
Bogotá no había sino dos galerías de arte, que convenció
al dueño del prestigioso café para que lo dejara colgar
y vender sus cuadros. Ocurrió en diciembre de 1950
y en adelante se hicieron muchas más exposiciones
gracias a la imaginación y a la audacia de ese pionero.
Su nombre: Orlando “Figurita” Rivera. La idea tuvo
eco en Cartagena, en julio de 1951, cuando Cecilia
Porras abrió una exposición de temas marinos en el
Café Metropol, y con fortuna aterrizó en Barranquilla,
donde fue depurada por el mismo “Figurita” con la
substancial colaboración de Álvaro Cepeda, Alejandro
Obregón y Eduardo Vilá.
La diferencia fundamental entre El Automático
y La Cueva la da el hecho de que el establecimiento
bogotano fungió de galería de arte comercial que cada
cierto tiempo colgaba y descolgaba exposiciones, en
general individuales, mientras que La Cueva reunió
poco a poco una colección de su propiedad, sin afán
de lucro, para gusto y placer de sus contertulios. Sin
duda, fue la primera colección de arte contemporáneo
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141
abierta al público que hubo en Colombia, si bien es de
reconocer que a La Cueva no entraba todo el mundo,
no por arbitraria discriminación del dueño, sino porque
no se oían rancheras ni tangos ni mambos ni chachachás
ni merecumbés ni siquiera vallenatos, sino jazz y música
barroca de Bach y Vivaldi, entre otros.
La actividad de La Cueva en artes plásticas se
puede resumir mencionando los acontecimientos
que marcaron época. El primero fue la presencia
permanente de Nereo, el fotógrafo oficial y extra oficial
de los contertulios que allí se reunían. Nereo fue el
protagonista casi único de La langosta azul, la película
argumental que Luis Vicens dirigió en 1955 basado en
un guión de Cepeda Samudio, en la que colaboraron,
como asesores artísticos, Cecilia Porras (la actriz de
la película) y Enrique Grau. Me permito afirmar que
sin la presencia de Nereo, Cecilia y Quique Grau,
cartageneros los tres, La Cueva no hubiera sido nunca
lo que fue. El fotógrafo vivía en Barranquilla, los dos
pintores la visitaban con asiduidad.
En 1957 Nereo publicó en Cromos un reportaje
gráfico que mostraba a Vilá y Obregón, escopeta
al hombro, en una sesión de cacería. Debidamente
enmarcadas, las fotos de Nereo fueron las primeras
obras de mérito en ser colgadas en los muros del
nuevo bar. Los tirajes exhibidos no eran profesionales,
lo que les daba a los abigarrados conjuntos, de doce
Cecilia Porras.
Ilustraciones para Todos estábamos a la espera
de Álvaro Cepeda Samudio. 1954.
142
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Enrique Grau.
Ilustración para un cuento de Gabriel García Márquez
en Fin de Semana. El Espectador, 1948.
y más fotos bajo un mismo vidrio, un aire informal,
como de recuerdos de familia. Las segundas obras que
entraron a la colección fueron pintadas por “Figurita”,
Grau y Cecilia, ya que Obregón no había vuelto aún
a Colombia. Con su llegada en 1955, Alejandro le
dio carácter a la colección, no en vano era el pintor
colombiano más vanguardista y más sólido de su
época.
El segundo gran acontecimiento fue el retrato que
Antonio Roda le hizo al grupo en 1957, motivo de una
fiesta esplendorosa en La Cueva que Nereo registró
con su cámara. Roda retrató, agrupados junto a una
paloma, una copa y una botella etiquetada Ron La
Cueva, a Alfonso Fuenmayor, Eduardo Vilá, Nereo,
Germán Vargas, Álvaro Cepeda y Alejandro Obregón.
Sabemos, gracias a los registros fotográficos que ya he
mencionado, que Cecilia Porras estaba presente el día
que se colgó el retrato colectivo del grupo.
El tercero fue la realización, en 1958, del mural que
Obregón pintó en el bar. En Poéticas visuales del Caribe
111
Medina, 2008: 164
“El II Anual de Pintura—La mejor exposición que he visto
en Colombia”, El Heraldo, Barranquilla, 7 de abril de 1960: 14.
112
colombiano he escrito lo siguiente de ese mural: “Su
tema es la Madre Tierra y está resuelto en dos partes:
a la derecha hay una figura femenina frontal, de torso
desnudo y cabellera de tocado vegetal; a la izquierda
se alza una montaña-florero que tiene en la base un
pez semejante al celecanto o pez fósil vivo, tema que
Alejandro había pintado en Europa varios años antes.
La composición y el tratamiento geométrico eran la
continuación en pequeña escala del mural al fresco
Simbología de Barranquilla, realizado en el edificio
que el Banco Popular construyera en el paseo Bolívar”
en 1956112.
El cuarto gran acontecimientos fue la realización
en 1959 del llamado Salón Anual de Barranquilla, al
que siguió, un año después, el Salón Interamericano
de Pintura. La convocatoria nacional se pudo ampliar
y volver panamericana gracias a la colaboración de José
Gómez Sicre, director de artes visuales de la OEA. La
actividad contó siempre, de modo preciso y puntual,
con el respaldo de Marta Traba, la joven crítica de arte
que nos estaba enseñando a ver y comprender el arte
contemporáneo. Fue precisamente en vísperas del Salón
Interamericano de 1960 que Gómez Sicre descubrió
en la puerta de La Cueva al pintor ingenuo Noé León,
el ex policía santandereano que vivía en Barranquilla
desde 1930. Noé realizaba una obra pictórica carente
de ambiciones, copiando de cromos de almanaques y
fotografías de revistas.
Convencido de la calidad de su paleta, Gómez
Sicre le sugirió pintar lo que veía a su alrededor, idea
que nuestro primitivo aceptó sin tardanza. La obra
resultante, El gran Luruaco, fue admitida en ese primer
Salón Interamericano, como lo prueba una fotografía de
El Heraldo en la que Marta Traba y Alejandro Obregón
aparecen admirando la pintura que cambió la vida
del humilde ex policía. En entrevista concedida a El
Heraldo, Marta declaró, por cierto, que en Barranquilla
había visto la mejor exposición realizada en Colombia,
afirmación rotunda que el periódico usó de titular112.
El Salón Interamericano se realizó por segunda y
última vez en 1963. Por los dos salones internacionales
desfilaron artistas muy jóvenes de casi veinte países,
que con el tiempo hicieron historia. Cabe mencionar
la presencia de los venezolanos Jesús Rafael Soto y
Alejandro Otero, los argentino Marcelo Bonevardi
y Rómulo Macció, los ecuatorianos Aníbal Villacís y
Enrique Tábara, los mexicanos Manuel Felguérez y José
Luis Cuevas, el peruano Fernando de Szyzlo y el chileno
Mario Opazo, que expusieron junto a consagrados de
la talla del guatemalteco Carlos Mérida, el cubano
Wifredo Lam, el chileno Roberto Matta y la boliviana
María Luisa Pacheco.
El quinto gran acontecimiento fue la apertura,
en una sala contigua al bar, de la Galería Artes
Contemporáneos. Eduardo Vilá la fundó para albergar
el Salón Interamericano de 1963. Allí expusieron
posteriormente Alejandro Obregón, Ángel Loockhart,
Delfina Bernal, Julio Abril, Hernán Díaz, Nirma Zárate
y muchos más. La suma de los ricos acontecimientos
reseñados hasta aquí permitió reunir, poco a poco, una
pinacoteca que tenía por centro el retrato colectivo que
Antonio Roda le hizo al grupo y contaba, entre sus
hitos, un mural, una xilografía y dos óleos de Alejandro
Obregón, un óleo y varias caricaturas de Orlando
“Figurita” Rivera, un óleo de Cecilia Porras, dos de
Enrique Grau, un dibujo al carboncillo de Fernando
Enrique Grau.
Ilustración para una crónica de Gabriel García Márquez.
Lámpara, 1952.
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Botero, dos óleos de Luciano Jaramillo, decenas de
fotografías de Nereo, la foto que Hernán Díaz le hizo
a Marta Traba, un autorretrato y tres paisajes de Noé
León, una pintura de Angel Loockhart y una de Delfina
Bernal junto a cuadros firmados por muchos otros
artistas, algunos de ellos extranjeros que pasaron por el
bar de Vilá y quedaron encantados con el sitio. Pegados
al cielo raso había una buena cantidad de afiches
originales pintados a mano, anunciando exposiciones,
conciertos y obras teatrales, productos de la época
en que imprimir afiches era sumamente costoso y el
trabajo artesanal solía suplir, con imaginación y pericia,
la reprografía industrial.
Los cinco acontecimientos descritos antes tuvieron
un complemento significativo en la actividad que,
como ilustradores de los textos de sus amigos escritores,
desarrollaron los pintores. Enrique Grau ilustró “TubalCaín forja una estrella”, el tercer cuento que García
Márquez publicó en su vida. El texto, no recogido en la
compilación Ojos de perro azul, fue publicado en enero
de 1948 en Fin de Semana, el suplemento semanal de
El Espectador que dirigía Eduardo Zalamea Borda. Grau
volvió a ilustrar a nuestro premio Nobel en 1952, con los
tres dibujos que hizo para “La sierpe”, especie de crónica
que mezcla realidad y ficción, texto seminal que Dasso
Saldívar considera un claro antecedente del realismo
mágico que el autor de Aracataca manejaría en “Los
funerales de la mamá grande” y en Cien años de soledad113.
En 1955 salió La hojarasca, con tapa a tres tintas diseñada
por Cecilia Porras. Si comparamos esa tapa colorida y
bien pensada con las que en general se acostumbraban en
la incipiente industria editorial colombiana de la época,
no hay duda que es excepcional.
La misma Cecilia había ilustrado, en 1954, los
cuentos que Cepeda Samudio reunió bajo el título
de Todos estábamos a la espera. Libro excepcional por
su calidad literaria y la excelencia de su presentación
gráfica, el de Cepeda contó con siete dibujos de la
pintora cartagenera, tres de los cuales eran retratos del
escritor, detalle que obedecía al hecho de que el propio
Cepeda aparecía como protagonista de algunos de esos
cuentos. A Cepeda también lo ilustró “Figurita” Rivera,
aunque indirectamente como vamos a ver, cuando el
barranquillero se desempeñaba como dibujante de El
Colombiano Literario de Medellín. En las páginas de
ese magnífico suplemento, dirigido por Eddy Torres,
Cepeda publicó una traducción de “Osamenta”, un
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cuento de William Faulkner que “Figurita” acompañó
con un dibujo. La relación de artistas y escritores
concluyó en 1972, cuando se publicó póstumamente
Los cuentos de Juana del mismo Cepeda Samudio, con
veinte ilustraciones a color de Alejandro Obregón.
Para concluir quiero citar lo que he planteado
sobre esas ilustraciones en Poéticas visuales del Caribe
colombiano: “No sobra anotar que la sígnica de las
imágenes, los colores brillantes, la amplitud de los
planos, la síntesis gráfica y la simplicidad de las
composiciones son rasgos que podemos conectar con
los del inmenso mural que Alejandro Obregón pintó
para una sede bancaria de la calle San Blas, el más
grande que nos dejó con su firma”�. Debo agregarle, a
esta última cita, el dato de que en esa misma calle de
San Blas, casi al frente de la mencionada sede bancaria,
quedaba la Librería Mundo de Jorge Rondón, anfitrión
de la oficina de redacción de Crónica y editor del libro
de cuentos de Cepeda. Como serpiente que se muerde
la cola, esta historia concluye donde había comenzado,
mas no sin antes proclamar que la unidad cultural de
la región la ha hecho siempre fuerte y que debemos
procurar acerarla.
Bibliografía
Medina, Álvaro (2008), Poéticas Visuales del Caribe
colombiano al promediar el siglo XX,
Molinos y Velásquez, Bogotá.
Saldívar, Dasso (1997), García Márquez—El viaje
a la semilla. La biografía, Alfaguara,
Madrid.
113 Saldívar, 1997: 260
P
O
E
S
I
A
Poemas de Hernán Vargascarreño
Ilustraciones: Rómulo Bustos
Honda
Envidias
la libertad del pájaro que pasa
y por un momento quisieras transmutar
tu figura
tus miserias
tus ilusiones
en ese frágil destello de la tarde,
olvidando que el pájaro cumple
con sus inagotables oficios:
provisiones
migraciones
nidadas
y están además sus constantes peligros:
la simple honda
de un chicuelo, por ejemplo.
Envidias
la libertad del pájaro
que por un momento arroba tu esencia.
Mira un poco más alto:
¿Ves cómo la gran honda que es el Universo
nos apunta desde siempre ?
Rapsodia
Antínoo, iluminarías
el corazón de la noche
si a mi casa pudieras tornar
y sobre mi pecho dormitaras.
Al instante de mirarnos a los ojos
el amor mediaría sus temores:
dos gamos temblorosos que se huelen
una vez lejos el peligro de la muerte.
En lo más íntimo de nuestro dolor
los deseos urdirían sus almizcles secretos
así como el árbol se extasía ante la belleza
del animal que se lame bajo su sombra.
Si venciera mis miedos
y me sumergiese en tus aguas
habitaríamos de nuevo la Dicha,
portaríamos su luz,
esta casa sería el Universo
y no la calma que abate
con su lentitud de finísimos venablos;
esta tarde sería la Presencia,
no la oración ni la rapsodia que te anhela.
Si venciera mis miedos…
Pero mira, encantador de días y de noches,
hasta dónde me ha doblegado el tiempo
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145
sin atreverme a cruzar
el umbral que nos separa.
Si venciera…
En torno a Horacio
-Adriano, ahora que los tañedores descansan
y liras, cítaras y caramillos
parecieran soñar la música,
prosigue hablándome sobre el Tiempo.
-Caro Antínoo, ven, recuéstate a mi lado:
El Tiempo es solo una ilusión perenne.
Por ejemplo, ahora mientras escuchas,
mientras hablo,
muere un enigma, crece una caricia,
nace una monstruosidad.
Ser feliz, en este instante,
es más sustancial que medir las horas.
Nosotros somos el tiempo, Antínoo,
esta leve brisa de abril que apenas nos acaricia.
A propósito, nuestro poeta Horacio
nos legó algo valioso sobre el tema:
Para destruir la ansiedad de la espera
-el tiempo ya escapa por entre estas palabrasgocemos. Róbate el minuto.
No deposites la más mínima fe
en el instante que viene.
Sí. Gocemos. Robémonos el instante.
Como nosotros, el tiempo también es un viajero,
solo que él lo hace a perpetuidad
y su Sueño nos inmola para ofrendarnos
el alivio del olvido.
El tiempo, el mismo que ha depositado en mis
manos
este Imperio para que yo batalle contra el
mundo,
o la serena floración de tus labios
para que me doblegue ante los misterios del
amor.
¿Quién puede enfrentarse al tiempo, Antínoo,
quién asirle siquiera
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una guedeja de sus oscuros cabellos?
Es él quien enceguece con obsequios veleidosos,
permite gozar de efímeros palacios,
vapulea a su antojo
y luego nos arroja a sus vastas oquedades.
Si nos balanceamos en su juego,
acariciamos sus días y lunamos sus noches,
si nos dejamos arrullar por sus ocasos
y tratamos de no entender, solo así, Antínoo,
sucumbiremos esplendentes
al espectro de su vana apariencia.
No temas más, lirio de los dioses,
fragancia de la tarde,
hace mucho que el tiempo y sus secuaces
han fraguado nuestro olvido,
y mientras ese instante demore su llegada,
el devenir esculpe, abundante y lento,
la dicha entre nosotros.
Gocemos. Robémonos el instante.
Estancia
La casa inunda
con sus enormes estancias.
En los patios, la lluvia
abandona sus huellas somnolientas.
Sin temores los gatos entran
y cazan pájaros
que montes y vientos prodigan.
Escucho mis pisadas de animal
cuando la luna invade corredores.
Advierto tus roces entre el jardín
cortando tus hierbas favoritas.
Así el olvido,
que sin afanes extiende sus raíces.
Un encuentro presentimos.
Los dos lo sabemos.
Cualquier instante podría tropezarnos.
Pero, qué ha sucedido con el tiempo
dónde estamos
dónde estás
quién de los dos partió primero.
Inéditos de Tempus-Un sol negro para Antinoo-
la
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g
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a
de
leer
Charlas con un hombre que lo sabía todo
Álvaro Suescún (2009)
Ceniza salobre: Entrevistas con Gustavo Ibarra Merlano.
Cartagena, Universidad Tecnológica de Bolívar, 213 pp.
Guillermo Tedio
“El poeta ha venido a este mundo a vivir,
que es el máximo y tenebroso oficio que uno tiene”,
Ibarra Merlano, 146.
Gustavo Ibarra Merlano, en
sus charlas con Álvaro Suescún,
no habla de sí mismo, seguramente
fiel a su idea de vivir alejado de las
alharacas de la fama o porque, como
afirma Miguel Iriarte en el prólogo,
“Su vida y su obra las hizo al margen
de casi todos nuestros patrones
conocidos” (11). No obstante,
aunque habla, sobre todo, de otros
—Héctor Rojas Herazo, Jorge
Artel, García Márquez…—, tal
vez correspondiendo a la intención
periodística y cultural de Suescún,
orientada a proyectar nuevas luces
sobre la vida de esos tres grandes
creadores mencionados, al final el
lector se forma un profundo perfil
del entrevistado, sobre todo en las
tres últimas partes del libro, cuando
Ibarra Merlano aborda temas que
lo apasionan -el cine y la poesía-,
y se refiere a una de sus manías, la
depresión o melancolía.
En realidad, los seis contactos
que Álvaro sostiene con Ibarra
Merlano durante los años 1998,
1999 y 2000, no son propiamente
entrevistas, sino un género híbrido
que el autor se ha inventado,
con elementos de la crónica, que
tampoco se encuadra dentro del
reportaje. Tanto es así que el mismo
Alberto Salcedo Ramos, utiliza,
en la nota de la contraportada,
indistintamente las palabras
entrevista, conversación, reportaje.
Álvaro va matizando las temáticas
abordadas por Ibarra Merlano con
comentarios iluminadores sobre
Bogotá y Cartagena, el ambiente, el
espacio, los lugares, el tiempo, los
decorados, las actitudes de Ibarra, su
familia, su esposa Josefina, sus hijos,
su enfermera, el asma, el ahogo, la
empleada de servicio, la cocinera,
los jugos de zapote y guanábana que
llegan en bandeja para refrescar la
lengua, los visitantes, las mascotas,
el paisaje callejero, las palenqueras
vendedoras de frutas, la playa, los
efectos de la luz colándose por las
ventanas, los cuadros de Rojas
Herazo en las paredes…
Quiero destacar cómo
Ibarra Merlano nos va dando los
contextos socioculturales en que
se originó la obra inicial de Rojas
Herazo, Artel y García Márquez,
en un relato clave para entender
cómo se construyó la obra de
estos tres creadores. En relación
con Rojas Herazo, nos enteramos
de cómo fue él, Ibarra Merlano,
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147
quien hizo que el autor toludeño
abandonara el título de Los ojos de
Filipo por el asertivo de Respirando
el verano, sugerido por Ibarra. De
Artel, sostiene, con esa gracia del
costeño para hablar sin tapujos que
“La suya era una presencia muy
importante, tenía él una majestad
del carajo, parecía un jefe de tribu”
(58) y luego: “Ser popular ha sido
algo muy sospechoso, y Jorge
no lo era propiamente, pero era
muy querido, sobre todo entre
los negros porque era un poeta de
la africanía, lo tenían como una
figura canónica, casi mítica. Pero
no sabían quién era ni cuánto
valía” (77). Y para el caso de
García Márquez, nos enteramos
de cómo escribió La hojarasca, sin
haber leído Antígona, de Sófocles,
y posteriormente, cuando Ibarra
le da a leer a los trágicos griegos
(Sófocles, Esquilo, Eurípides)
decide colocar, para despistar a los
críticos, el epígrafe del dictador
de Tebas, Creonte. Dice Ibarra:
“Cuando eso Gabriel no tenía la
menor idea de quién era Sófocles,
ya lo dije antes: yo puedo certificar
la originalidad ab-so-lu-ta de La
148
hojarasca, nada tiene que ver con
Antígona” (99). De Gabo nos da
este retrato: “era pálido, bastante
delgado, tenía un copete crespo,
un incipiente bigotito negro y era
tan joven que aún despuntaban
algunas espinillas en su cara”
(91).
En la charla acerca de esos tres
escritores, que fueron sus amigos
(Rojas Herazo, Artel y Gabo),
desfilan otros autores y personajes
comprometidos en el desarrollo
de la vida cultural cartagenera y
caribeña. Uno de ellos es Clemente
Manuel Zabala, un hombre al que
le decían el “hombre lámpara”
porque “iluminaba en silencio”,
“un indio mochigua” que se cubría
el cabello negro y liso con una
boina vasca” (87) y quien “se tomó
el trabajo adicional de corregirle a
Gabriel los artículos que él escribía”
(88).
Llama poderosamente la
atención la rigurosa erudición
de Ibarra Merlano, quien se
presenta como un lector y autor
profundamente sumergido en el
alma de los clásicos, no solo de la
literatura sino de la filosofía, porque
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para él, “la profunda filosofía
es profunda poesía” (161). Por
las charlas de Ibarra Merlano
con Suescún, desfilan incontables
autores clásicos, desde los trágicos
griegos hasta los poetas del siglo
de oro español, que nutrieron a
Rojas Herazo, a Artel y a García
Márquez.
Las tres últimas entrevistas son
igualmente iluminadoras acerca de
cómo concebir la poesía, apreciar
el cine y hacer que la depresión sea
algo tolerable. Dice: “Tampoco
me interesa que digan que estoy
lleno de plenitud, ¡qué carajo!
Uno está lleno de servidumbres. El
testimonio del poeta es el testimonio
de la servidumbre humana, y por
eso me encanta haber pasado por la
depresión, claro, con la posibilidad
de salir de ella” (188).
Trabajos como éste de Álvaro
Suescún constituyen un rescate
memorístico para el conocimiento
de nuestros grandes intelectuales
y escritores, tarea pertinente y
necesaria precisamente para saber
de dónde venimos y poder avanzar
por la vida, sin dar tantos palos de
ciego.
El efecto Mossar en literatura
Guillermo Tedio (2008)
El amor brujo o historia de la guitarra y el piojo.
Medellín, Lealón, 74 pp.
Cuando anuncian por el altavoz que se ha perdido un niño,
siempre pienso que ese niño soy yo.
Ramón Gómez de la Serna
Lyda Vega
El último cuento de Guillermo
Tedio, El Amor brujo o la historia
de la guitarra y el piojo, evoca a
Hathor egipcia y a Ganesha hindú,
seres mixtos con cabezas de vaca
y elefante, respectivamente, pero
con cuerpo humano. El híbrido
de Tedio conjuga al lector niño y
al adulto: dos sensibilidades, dos
inteligencias distintas en un solo
rostro único y verdadero, un solo
yo. Prima facie es una historia para
niños, tal y como pensaron los
primeros y cándidos alocutores de
Alicia en el País de las Maravillas
(1865) y de El Principito (1943),
dos clásicos del género. El texto
abreva, entonces, en la tradición
de Carroll y de Saint-Exupéry,
lo cual implica, una crítica a esa
“literatura infantil” en la cual el
escritor se arroga la facultad de
saber de los límites de la capacidad
lingüística y cultural del niño a
quien le escribe. El niño —ante
todo el de estos tiempos— es
sabido, interactúa tan fluidamente
con los medios de comunicación
que resulta comprensible que no
les interese tanta bazofia que lo
subestima. El niño que decodifica
Los Simpsons no encuentra nada en
esos textos; el adulto, menos que
eso. La propuesta de Tedio pretende
conjurar esa amenaza. Lo brujesco
de su intención está dado desde su
dedicatoria, al apelar al misterio del
niño que somos y del adulto que
son. El “A todos, cuando éramos
niños”, de El Principito.
No es una vaca, no es un
elefante, es un Piojo. Este vive en
una ciudad que tiene todos los
visos de ser Barranquilla. En un
arrebato profético, el autor sitúa
nuestro presente como el pasado
museológico de la ciudad virtual
de la historia, en la que después
de esos años pretéritos tan cerca
del abismo, se ha dado un paso
muy significativo hacia adelante:
los habitantes de la ciudad, a causa
del smog y la contaminación,
son calvos; no hay animales, los
perros se comían y los pocos que
quedaban eran habitados por
pulgas cibernéticas. Era un abismo
contaminado, pero se entiende,
por lo del dato cibernético, que
viviendo su momento —al fin— de
ultra-modernidad. Un peladero,
literalmente (en donde hasta el
remanente de animales del zoológico
carecía de pelo), pero en un
ambiente robótico. (¿Eco esto acaso
de la ciudad que quedó atrás y que
conjugaba a la imperfección tiendas
por departamento circundadas
de avenidas miamizadas y una
periferia hambrienta, sedienta,
desplazada?)
A punto de desfallecer, el Piojo,
a causa de la carencia de su sustento,
entró cierta vez en una casa, y “del
salón en el ángulo oscuro, de su
dueña tal vez olvidada, silenciosa
y cubierta de polvo, veíase…” no
el arpa de Bécquer, sino la guitarra
verde de Cepeda Samudio. El Piojo
había escuchado alguna vez que “la
música sirve para quitar el hambre
y el aburrimiento, porque llena el
alma de emoción y el estómago de
viento y ritmo” (16), por lo que
optó por sacarle a la guitarra —él,
que había vivido de la sangre del
director de orquesta Mossar— las
mejores sinfonías de De Falla y de
Vivaldi. El Piojo, en esta parte del
relato, llegó a descubrirse, era una
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Pioja, que tuvo piojitos, los que a
la postre terminaron conformando
una gran orquesta invisible que
hacía ver a la guitarra verde como
un objeto mágico que producía
música por sí misma.
A la ciudad llega el circo “La
Crispeta Maromera”, una troupe
de artistas fracasados a los que la
guitarra “mágica” les viene como
anillo al dedo, porque a partir
del mismo momento en que
la incluyeron como parte de la
función
se produjo en el escenario el milagro
de que los payasos arrancaran
estruendosas carcajadas al público…
los trapecistas no se cayeron […], al
viejo león le salieron unos espantosos
colmillos que paralizaron de pánico
los corazones de los espectadores
[…] y el cuchillero, inspirado por su
hija, la bailarina lanzó doce dagas, sin
tocarle un pelo. (pág. 41)
Es decir, la guitarra verde trae
vida al circo, recupera para éste su
esencia, tal y como en “Hoy decidí
vestirme de payaso”, de Cepeda, la
insistencia del narrador en dar con
alguien que sepa tocar la guitarra
verde, se traduce en la búsqueda o
anhelo por la música, la armonía
que rompería con el cerco frío,
mustio, triste que se escenifica en
ese otro circo también.
A propósito del circo, es un
elemento rico en simbologías
semánticamente negativas. No
es entonces de extrañar que la
mejor literatura de la región
—incluyendo a García Márquez,
por supuesto— lo explote en
sus diversas significaciones. El
circo viene a representar lo que
permanece oculto en la vida diaria,
el tema de la máscara. En el circo
todo se mueve en forma circular (lo
rutinario). Los animales recorren
150
la pista generalmente en sentido
contrario a las agujas del reloj. Este
movimiento constante, que no lleva
a ningún lado, es señal de pérdida
de expectativas y frustración. La
misma carpa simbolizaría la evasión,
el nomadismo, el aislamiento (“son
toldo aparte”), la dificultad para
relacionarse con el entorno. ¿Y los
animales del circo? Estos encarnan
la decadencia y la humillación. Una
vez fueron fieras salvajes, vivían
en su elemento y eran libres. En
el circo son animales sometidos,
vejados; su instinto se reprime a
basa de premios y castigos; pierden
el vigor y la belleza: el león de
Tedio no tiene dentadura; el de
Cepeda, ostenta una melena de
papel amarillo.
Esos animales malogrados
son epígonos del primero de los
actores del relato, el Piojo. En un
ambiente degradado, sucio, mísero
y mezquino, no podía ser ni un
pato, ni un cisne —tan usados
y abusados en los “textos para
niños”— quienes protagonizarán
esta metáfora de una ciudad o
acaso de un mundo cercano al
colapso. El Piojo, digno estandarte
de la “estética de la fealdad”, habita
en un mundo prácticamente
yermo donde la carencia de su
sustento (cabelleras, sangre) nos
lleva inmediatamente a la reflexión
sobre el agotamiento de los recursos
del planeta: sin cabelleras no habrá
piojos; sin hielo pronto no habrá
osos polares…
Este énfasis en un mundo
futuro de carencias, lo refuerza la
calvicie que padecen los habitantes
de la ciudad. Al cabello siempre
se le ha visto simbólicamente
como el portador de la fuerza.
El no tenerlo se leería como una
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señal de debilidad, de entrega. Los
ciudadanos de El amor brujo o la
historia de la guitarra y el piojo son
seres calmos a quienes no les resta
sino esperar el desencadenamiento
final de su mundo, un mundo que
se asume cada vez más moderno,
más futurista, más cibernético,
menos bestial, por lo tanto el pelo
(incluso el de los animales del
zoológico) hay que eliminarlo con
depilación definitiva.
Detengámonos ahora en el
performance lingüístico del que
se vale el autor para troquelar
su relato. El lenguaje, uno de
los resortes narrativos de toda
historia, devela, en este caso, un
mundo que “sabe”: carcajadas de
coco, cara lechosa, crispetas, nubes
de algodón, labios de sandía,
hemoglobina achocolatada son
algunas de las marcas que avalan
lo dulce de una vida que se niega
a desaparecer. Ciertamente este
imaginario sabroso, deleitoso, es
afín al niño y aunque pareciera
que otros vocablos desafinaran con
el anterior propósito. Recordemos
que de lo que se trata también es
de abrirle nuevas posibilidades
lingüísticas al novel lector: que la
premisa histórica aquella —y ya
por estos tiempos hasta histérica—
de que al chicuelo hay que hablarle
en diminutivos y en un código
estandarizado para discapacitados
mentales, empiece a replantearse
y no se le tema a enfrentarlo con
vocablos de mayor nivel. Increíble
que todavía pensemos que un
niño de nuestro tiempo se maneje
en el mismo nivel lexical que
aquel de hace veinte, cuarenta o
cincuenta años. En la página 59 de
la historia del Piojo, se retrata al
Inspector de Sanidad de la ciudad
como un “hombrecito aséptico,
escéptico, ascético, patético y
peripatético”. Nos preguntamos, si
esa frase hiciera parte de “literatura
no infantil”, ¿qué porcentaje de
adultos desconocería el significado
de algunos de esos adjetivos?
Anotemos, por otra parte, el
carácter dramático que refleja el
relato, al adoptar el narrador el
pronombre tú como protagonista
de la enunciación. En efecto, resulta
particularmente conmovedora, la
manera —hasta tierna— como
el narrador interpela al lector
para que advierta, para que no
se pierda; lo dirige, lo educa. El
lector se siente tan atrapado (tú,
el elegido) tan parte de la historia,
que experimenta los leves cambios
del performance de la palabra, como
cuando del sosiego en el contar
pasa al desafuero, en esta especie
de epifanía narrativa:
Y comenzó aquella sinfonía de
uñetazos sobre la piel del cráneo
mientras los veintiún piojos se
saciaban como lobos diminutos o
dráculas menudos y daban inicio
al coro cantado y ejecutado de El
Amor brujo para que la especie de
los anapluros se multiplicara sobre
la faz de la cabeza del Hombre
Pájaro en una infinita piojamenta,
pues habían descubierto el delicioso
reino del plasma, el paraíso perdido
de los glóbulos rojos y blancos, la
frondosa selva dorada del regocijo.
(pág. 67)
La palabra, según Octavio Paz
es hija del silencio, nace de sus
profundidades, aparece por un
instante y regresa a sus abismos.
Surge otras veces en la forma
onomatopéyica del rataplán,
rataplín, que evoca a “Los funerales
de la Mamá Grande”, de García
Márquez; invocando el circo
cepediano; mostrándose tributaria
de Carroll cuando rememora a la
monarca malgeniada, La Reina de
Corazones, quien llena de furia
ciega sentenciaba con un “que le
corten la cabeza” a todo aquel que
osaba ofenderla; en nuestro relato,
el Inspector de Sanidad pronuncia
a cada rato un “habrase visto” que
le sirve para canalizar su malestar.
La apariencia de dicho inspector
es inclusive Pombo redivivo: al
lucir “muy tieso y muy majo” nos
hace volver la vista atrás a uno de
sus personajes más conocidos, Rin
Rin Renacuajo.
Este diálogo con esas grandes
voces, habla, efectivamente, de una
propuesta rica en matices como es
a la que nos tiene acostumbrados
el escritor. Un fracaso de piojo,
un fracaso de circo, un fracaso
de ciudad son el pretexto para
la reflexión siguiente: así como
en la tipología de Cortázar un
lector-macho puede ser una
mujer y un lector-hembra un
hombre, para Tedio un lectorniño podría ser un adulto y
un lector-adulto podría ser un
niño. Un niño que decodifica los
mensajes cada vez más sofisticados
de esta ultramodernidad en la
que ha nacido desprecia, en
consecuencia, tanta tontería
orgánica que le quieren hacer
creer es lo que su mentecita puede
asimilar.
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151
La dura vida de Andrés Landero
Numas Armando Gil Olivera, (2008)
Mochuelos cantores de los Montes de María la Alta III
Andrés Landero, el clarín de la montaña
Bogotá, Kimpress, 261 pp
Ariel Castillo Mier
Quizás no haya existido en
el Caribe colombiano otro
acordeonista con tan mala suerte
como Andrés Landero quien,
a pesar de haber sido uno de
los músicos más completos de
la región, capaz de componer,
cantar, improvisar y tocar en el
acordeón los principales ritmos
caribeños y de encontrarse, cuando
se creó el Festival Vallenato, en el
apogeo de su carrera, nunca se
ganó este concurso. Y lo peor del
caso es que perdió (o lo hicieron
perder), de manera humillante,
ante contendores que no estaban
a su altura, pues ni cantaban ni
componían ni poseían, como él,
un estilo propio, inconfundible,
ni habían alcanzado el
reconocimiento internacional por
su obra.
Aunque la trayectoria musical
de Landero fue una de las más
originales e interesantes en el estilo
vallenato, el único acordeonista
que hacía llorar al acordeón, al que
supo aportarle los dejos ancestrales
y nostálgicos de la música de gaitas
de los Montes de María y, pese
152
a que su vida llena de peripecias
fue emblemática del carácter y el
destino del hombre de las sabanas
del Viejo Bolívar, a diferencia de lo
ocurrido con reyes vallenatos como
Alejandro Durán y Luis Enrique
Martínez, acordeoneros como
Emiliano Zuleta Baquero y Pacho
Rada, compositores como Rafael
Escalona y Romualdo Brito, y
cantantes como Guillermo Buitrago
y Diomedes Díaz, tampoco existía
hasta hoy una biografía competente
de este destacado juglar del Caribe
colombiano durante la segunda
mitad del siglo XX.
A llenar este vacío imperdonable
viene el libro de Numas Gil, tercero
de su tetralogía, Mochuelos cantores
de los Montes de María la Alta,
precedido de la concisa y acertada
presentación del periodista Andrés
Salcedo y del prólogo pleno de
aportaciones personales del filósofo
Tomás Vásquez.
El libro se abre con unas
reflexiones filosóficas que sirven de
marco a la biografía cuya intención
central es la de contribuir a la
toma de conciencia, por parte del
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hombre caribeño, del potencial
de su cultura para que deje de ser
espectáculo pintoresco y asuma,
por fin, su autodeterminación.
Para Numas el contexto geográfico
en el que se sitúan la vida y la
obra de Landero, los Montes de
María, generador de un particular
ethos Caribe, no puede eludirse al
explorar su producción musical.
De allí que en los capítulos
siguientes se imponga la recreación
del ámbito en el que nace el
músico y transcurren su infancia
y prácticamente toda su vida. Con
gran despliegue de imaginación
para aquellos momentos sobre
los cuales no hay muchos datos,
Numas aborda la efímera relación
de la artesana bailadora de cumbia,
Rosa Landero, con el gaitero Isaías
Guerra, de la que nace Andrés
Gregorio, el 4 de febrero de 1931
a las cuatro y veinte de la tarde en
el barrio Miraflores de San Jacinto,
pueblo que vivía por esos años un
periodo de esplendor económico,
gracias a la ganadería y al cultivo
del tabaco. Al referirse a la dura
infancia de Landero, en la que
comía tierra y padecía terrores
nocturnos, Numas describe con
minucia los juegos de los infantes
de la época y su precaria educación
primaria. Numerosos detalles
sobre la cacería de los pájaros
y la frustrada temporada en la
escuela en la que no pasó del libro
tercero de Alegría de leer, amenizan
estos capítulos reveladores de
cierta perversidad, por parte de
Landero, en relación con los
perros callejeros y los pájaros, los
gatos y las cotorras, así como su
temprana dedicación a las labores
del campo, de cuya rutina ingrata
lo salvó el hechizo de la música
popular que Landero, sin duda,
traía en sus venas.
Los inicios de Landero en
el acordeón, están llenos de
episodios, no por pintorescos
menos dolorosos, con quienes,
incluido su padrastro, no tenían la
paciencia para tolerar el monótono
ejercicio de repetición que impone
el aprendizaje de un instrumento
musical, hasta el instante
providencial en que los matarifes
de San Jacinto lo llamaron para
ver qué tanto sabía y convencidos
de su destreza, le pagaron, por su
trabajo de unas horas, lo que se
ganaba en una semana de monte,
y lo convencieron para que se
consagrara de tiempo completo
a la música.
En los capítulos siguientes
Numas aborda los momentos
clave en el periplo vital de Landero
–el rapto de Lastenia Alvis y el
matrimonio en 1951, el magisterio
paternal de Toño Fernández, la
fuerte relación de Landero con la
madre que le impidió viajar a Europa
con Los gaiteros de San Jacinto, el
golpe brutal en el modo de ser
alegre del acordeonista que significó
la muerte de su guacharaquero
Eduardo Lora en 1956, la génesis
de sus principales composiciones
y sus penosos últimos días, tras el
accidente de tránsito que, unido
a un par de enfermedades que
Landero ocultó a sus amigos,
acabaron con su existencia física
en una solitaria cama de hospital, y
no en la intensa comunión de una
parranda infinita como lo desea
todo músico popular.
Al igual que en los dos
to­mos anteriores de su tetralogía,
Mochuelos cantores de los Montes
de María la Alta, Numas, deseoso
de recuperar la memoria colectiva
de San Jacinto y de reivindicar
su papel de resistencia ante la
ignominia de la historia, incorpora
a su trabajo los testimonios de
varios amigos y admiradores
de Andrés Landero, como el
profesor Germán Bustillo, los
compositores Adolfo Pacheco,
Héctor Vásquez, Hernán Villa,
Rodrigo Rodríguez y Miguel
Manrique, de Pedro Acosta, su
último guacharaquero, y de dos
de sus amigos de tragos, Álvaro
Rivera y Juan Carlos Hernández
Vega, y del investigador Simón
Martínez. Con base en ellos
se puede reconstruir la génesis
y el sentido de las principales
composiciones de Landero, La pava
congona, Flamenco, Las miradas de
Magali, Tres ricos pueblos, El pastor
enamorado, Alicia, la campesina, La
muerte de Eduardo Lora, Dos amigos
y La fiebre, reconocer su papel
de pionero, en San Jacinto, de las
grabaciones con acordeón, gracias
al cual fue admitido en las salas de
los ricos de su pueblo, y apreciar
sus facetas de hombre con miel
para las mujeres, generoso con sus
músicos acompañantes, quienes
se peleaban por estar con él, y su
fuerte personalidad sin complejos,
incluso altiva, que le trajo líos, por
su ingenua autosuficiencia puesta
de manifiesto en frases como “Ni
tengo ni necesito” o “No necesito
vejigas para nadar”.
Los diversos testimonios forjan
la persuasiva imagen del Landero
de carne y hueso con sus hábitos
en el hablar y el vestir, en el juego
y el trabajo, tanto en su tierra como
fuera de ella, un artista integral
cuya producción más importante
coincidió con la plenitud creativa
de otros tres magníficos músicos
-Toño Fernández, Adolfo Pacheco
y Ramón Vargas-, maestros que
hicieron de San Jacinto un auténtico
emporio cultural y dejaron un
legado musical que trascendió los
límites del pueblo y ha adquirido
resonancia nacional e internacional.
Entre los distintos testimonios
cabe destacar, por la riqueza y la
amenidad de sus anécdotas así
como por la profundidad de su
conceptos, el de Adolfo Pacheco, en
especial, su relato de la grabación
de su primer disco (p. 117), y la
graciosa narración de Rodrigo
Rodríguez sobre el viaje triunfal de
Landero a México y los percances
en el aeropuerto azteca el día de
su regreso (p. 154). Las múltiples
voces se complementan con más de
cuarenta fotos correspondientes a
diversos instantes en la trayectoria
vital de Andrés Landero, las
partituras de sus principales
canciones, el registro civil de
nacimiento y las carátulas de sus
discos.
El libro de Numas Gil consti­
tuye no sólo un auténtico acto
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153
de justicia y reparación con una
figura y con una subregión del
Caribe colombiano cuyos valores
culturales han sido discriminados
y menospreciados, sino que
asimismo aporta pertinentes
informaciones que habrán de
contribuir a la comprensión y
la valoración de la vida y la obra
musical de Andrés Landero. En
154
momentos en los que la música
vallenata ha alcanzado una vasta
difusión internacional y sus
cultores disfrutan de los privilegios
del triunfo, conviene recordar a
aquellos héroes que, con sudor
y lágrimas, lograron despejar el
difícil camino –grandes hombres
que, como anotaba Nietzsche,
ha sido un continuo maltrato de
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
animales- y, en especial, destacar
a este acordeonero que nunca
perdió el contacto con la tierra,
que jamás renegó de su condición
de campesino, y cuya sintonía con
la visión del mundo del pueblo se
pone de manifiesto en la sencillez
de sus letras, en la espontaneidad
de su lenguaje y en la reiteración
de los motivos de la naturaleza.
la
ale
g
r
í
a
de
bailar
Una celebración erudita del baile
Ángel Quintero-Rivera (2009)
Cuerpo y cultura: Las “músicas mulatas” y la subversión del baile
Iberoamericana, Madrid, 398 pp
Nadia Celis Salgado
Caribeño que se respete es versado en el lenguaje
del cuerpo. Sabe de meneos, bembeos, miradas, giros,
acercamientos y toda una gama de gestos que, en el
nutrido vocabulario de nuestra comunicación cotidiana,
constituyen desde aprobaciones e invitaciones hasta
los más airados insultos. Incitados por la música,
los cuerpos parlanchines encuentran su escenario
más prolífico en el baile. Ya sea en la calle, la sala del
anfitrión de turno o la pista del rumbeadero de moda,
es en el espacio tomado y mapeado por los cuerpos
danzantes donde se producen las más ingeniosas frases
y giros estéticos de la poética cotidiana del ritmo
caribeño. El libro de Ángel Quintero-Rivera, Cuerpo y
cultura: Las “músicas mulatas” y la subversión del baile es,
ante todo, un homenaje verbal a la ri queza lírica de
los cuerpos. Es también un examen y una celebración
erudita de la memoria histórica y cultural en-carnada
por los cuerpos danzantes caribeños.
No abundan entre nosotros las indagaciones
sociológicas en los significados que circulan a través
de los cuerpos o del baile. Aprendemos, eso sí, cómo y
cuándo sacar o no a bailar, dejarse o no apretar, y cuánto
contonear la cadera si se quiere resistir o invitar, pero no
sabemos cómo lo sabemos. Tampoco somos conscientes
de los roles y relaciones que aprendemos a través del
diálogo entre los cuerpos danzantes. De hecho, debo
el reconocimiento de estos fenómenos a mi condición
de migrante y asidua viajera, que me ha hecho testigo,
más allá de nuestras fronteras, de la fuerza expansiva
y arrolladora de la sonoridad caribeña. A pesar de los
sentimientos de orgullo, pertenencia y alegría que me
produce encontrar nuestra música en los más inusitados
escenarios del “Primer mundo”, tengo que admitir que
me genera aún algo de extrañeza ver bailar y bailar
entre los “otros”. Y es que incluso entre los más diestros
bailarines, son otros los mensajes expresados por sus
cuerpos, y muchos los malentendidos suscitados por
sus imitaciones de nuestros movimientos.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
155
Sin embargo, fue en esos escenarios extranjeros y
ante los “problemas de traducción” de nuestras músicas
y bailes, donde descubrí el Caribe. Mejor dicho, fue
allí donde vine a comprobar algo que intuía, pero que
no había necesitado articular: la relación endémica
entre el caribeño y la música y, más aún, la existencia
de una serie de significados socioculturales vinculados
a la música y al baile que, desde entonces, he intentado
comprender. En castizo, tuvo que faltarme la “banda
sonora” de los picós y las discotecas ambulantes - alias
busetas - para saber que esta manera de vivir la música
es tan particular en nuestra corporalidad como en
nuestra historia. Y tuvieron que faltarme las miradas y
meneos públicos, para darme cuenta de que gran parte
de nuestra comunicación cotidiana se da a través de los
cuerpos. De modo que el contraste provocó también mi
comprensión de que en el Caribe los cuerpos hablan.
En esa certeza se basan mis profundas afinidades con
el trabajo de Ángel Quintero-Rivera y, en particular,
con Cuerpo y cultura, un libro que, entre otros méritos,
tiene el de partir y girar alrededor del cuerpo.
Siglos de estigmatización del cuerpo como
agente de lo irracional, el pecado y la perdición, o la
marca indeleble de una raza o condición de “natural”
inferioridad, han contribuido a la negación, al
menosprecio, y al miedo que, en contraste con nuestra
versatilidad corporal, caracteriza nuestros discursos
sobre el cuerpo. No obstante, la conciencia corporal
de los sujetos caribeños es un motivo recurrente tanto
en las prácticas y percepciones populares, como en
la discusión teórica, y en la imagen globalizada de la
cultura caribeña, en cuya caracterización se destacan
- no exentos de malos entendidos - rasgos como la
propensión al ritmo, la sensualidad y el performance.
156
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Nuestros poetas y narradores han contribuido a
materializar a través de la palabra esta corporalidad, a
hacer visibles las distintas modalidades de marginación
que han marcado los cuerpos caribeños, y a traducir
los lenguajes, memorias y saberes que han producido
y atestiguado esos cuerpos. Narrar las historias detrás
de voces violentamente silenciadas o tradicionalmente
disimuladas tras las voces dominantes del poder
colonial, ha sido un propósito común de escritores
y teóricos a todo lo largo del Gran Caribe. Algunos
escritores y escritoras han sumado a este objetivo el de
denunciar el carácter patriarcal de la violencia sobre los
cuerpos, así como el de distinguir las vulnerabilidades
específicas a ciertos cuerpos, marcados por diferencias
étnicas, raciales, de género, preferencia sexual, clase o
edad, y cuyas diferencias no se reducen a la distinción
del blanco del negro.
Recrear al Caribe desde los cuerpos ha permitido
también dar cuenta de la continuidad de esta violencia
en el contexto postcolonial, bajo la transformación
del cuerpo ya no sólo en un objeto de apropiación e
intercambio sino en un objeto de consumo. Gracias
a este tipo de investigaciones es posible, por ejemplo,
trazar las continuidades entre la explotación laboral
y sexual bajo el régimen esclavista, y fenómenos
contemporáneos como el turismo sexual, en cuyas
transacciones se actualizan las fuerzas que históricamente
han atravesado las relaciones de los caribeños y sus
cuerpos con los centros de poder.
Sin embargo, las historias contadas por los cuerpos
siguen siendo elusivas a la escritura, y el saber producido
por la corporalidad caribeña carece aún del estatus
de “conocimiento” que garantice su lugar en el mapa
intelectual de la región. De hecho, puede reconocerse
en la literatura y los estudios caribeños una tendencia
a cierto “canibalismo discursivo”115, que haciendo del
cuerpo metáfora y asumiendo su docilidad frente al
poder, ha dejado de lado los gestos y posibilidades contrahegemónicas implícitas en la cotidianidad de los cuerpos
caribeños. De allí que el de una epistemología que dé
cuenta de la corporalidad comunicativa del Caribe es aún
un proyecto incompleto. Un proyecto para el cual el libro
del “Chuco” Quintero, es una piedra angular.
115
M.M. Adjarian. Allegories of Desire: Body, Nation, and
Empire in Modern Caribbean Literature by Women. London:
Praeger, 2004.
Cuerpo y cultura es un libro pionero que identifica
y responde a la urgencia de pensar el Caribe desde los
cuerpos, un proyecto indispensable para una sociedad
fundada sobre la violenta en-carnación del poder
colonial y patriarcal, que si bien lleva en los cuerpos
la memoria de esa violencia, lleva también en ellos el
testimonio de las múltiples y variadas resistencias de
los sujetos caribeños.
El más reciente libro de Quintero Rivera retoma
preguntas abiertas por su ya célebre Salsa, sabor y
control: Sociología de la música tropical (1999), donde
plantaba la semilla para un estudio sistemático de los
saberes producidos desde las maneras de hacer música
y el particular goce en el ritmo de los y las caribeñas.
En la salsa, leía el “Chuco” a través de un análisis
de las “claves” de su sonoridad, visiones alternativas
del tiempo que revelan la africanidad profunda de
nuestra cultura e impugnan la visión eurocéntrica del
mundo y de las relaciones humanas impuesta por la
colonización. Más que nada, el libro era un intento de
encontrar en una práctica tan nuestra como la salsa, a
pesar de su condición migratoria, y paradójicamente
como resultado de la misma, un vocabulario y una
semántica alternativos desde los cuales plantear un
diálogo equitativo con el saber occidental letrado,
un diálogo que no sólo cuestione sino que sobrepase,
con nuevos términos y desde distintas visiones de
lo humano, las definiciones y divisiones jerárquicas
impuestas por el proyecto capitalista y racionalizador
de la “modernidad”.
En Cuerpo y cultura: las “músicas mulatas” y
la subversión del baile, este esfuerzo encuentra su
principal aliado en los cuerpos. La convicción de la
inteligencia del cuerpo, y de la necesidad de entender
su lenguaje para entendernos a nosotros y nosotras
mismas, cataliza el brillante esfuerzo investigativo
y reflexivo que caracteriza el libro del “Chuco”, un
volumen extenso y profundamente documentado
de la historia corporal y sentimental inherente a
nuestra memoria colectiva. Quintero persiste en
este libro en su esfuerzo por traducir las visiones del
mundo propias de nuestra cultura popular. Con el
rigor intelectual que le ha merecido reconocimiento
internacional y premios como el Casa de las Américas y
el Premio Iberoamericano de la Asociación de Estudios
Latinoamericanos, el “Chuco” recurre en Cuerpo y
cultura a una lectura de los cuerpos como entes vivos,
agentes de comunicación y creación. A partir de una
genealogía de las “músicas mulatas” americanas, desde
la bomba hasta el reggaetón y la champeta pasando
por la salsa, Quintero recrea las prácticas de resistencia
que los caribeños hemos ejercido a través del ritmo,
situando en los cuerpos danzantes el antídoto contra
el acartonamiento y la hegemonía eurocentrista, y
contra sus jerarquías raciales y étnicas. Así, el libro
del Chuco no es sólo un recorrido por el origen de las
músicas que él llama “mulatas”, sino un recorrido por
los sentimientos e ideas sobre las relaciones entre los
seres humanos y de los mismos con su contexto social
y natural subyacentes en cada paso improvisado, cada
agarre y suelte, cada giro, aceleración o pausa.
Cuerpo y cultura empieza por establecer los
diferentes significados que el baile asumiera en
el contexto esclavista. El baile constituía para los
africanos en América una expresión ritual de memorias
colectivas. Así mismo, su énfasis en la sensualidad y el
movimiento cumplía una doble función: la afirmación
de una propiedad sobre el cuerpo, más allá de la
impuesta por el amo, y la incitación, a través de una
estética de la seducción, a prácticas libertarias. Desde
ese entonces, la recepción de los significados sociales
del baile ha estado marcada por una tensión entre su
percepción como “diversión enajenada” y como “fiesta
libertaria” (9). Dicha tensión es una manifestación
tangible de la radical división entre mente y cuerpo, y
del imperio de la Razón que ha dominado los discursos
y las prácticas que definen a los individuos como
“sujetos” bajo el pensamiento y el poder occidental.
Una división que, como vendrá a demostrar Quintero,
no corresponde a la realidad individual o colectiva de
los caribeños. De allí que, en esta segunda impugnación
de la visión eurocéntrica del mundo, el eje sea el baile,
la materialización corporal del tiempo en el espacio, y
“el cuerpo (y su naturaleza) como sujeto, generador de
cultura, de expresividad, comunicación y elaboración
estética” (13).
El libro está dividido en un paseo, un merengue
y un jaleo, con sus respectivos repiqueteos, imitando
la estructura de los merengues, como fueran llamados
originalmente en las tres Antillas hispanas las primeras
danzas de sabor “mulato”. En el paseo se introducen
los contextos sociales y los significados asociados a las
músicas bailables mulatas y las prácticas dancísticas
del Caribe, con un especial énfasis en las formas
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
157
de ciudadanía y en las dinámicas de pertenencia social
que se manifiestan a través de la comunicación entre
sonido y movimiento. La definición de las músicas
mulatas es el centro de la segunda parte del libro:
“Breve historia social de las “músicas mulatas”, de
donde cabe destacar su definición de la historia del
baile como “social”, pues es imposible desligar la
producción sonora y performativa de las condiciones
sociales que la rodean. Posteriormente, en el primer
repiqueteo del jaleo, Quintero Rivera retoma
las complejas relaciones de clase, género y “raza”
implícitas en estas condiciones sociales, al igual que
su desarrollo histórico.
Mulatas son estas músicas, en principio, porque
mezclan la espontaneidad de la música y el baile
comunales de sus orígenes africanos, con la composición,
principal legado de su tronco europeo. La combinación
da lugar a una estructura en claves en la que se
expresan concepciones del tiempo más coherentes
con el “progreso discontinuo” y las experiencias
fragmentarias de la historia americana (71-76). Esta
estructura privilegia también el mundo subjetivo sobre
el objetivo. El diálogo surgido de la mezcla se extiende
a otras características, tales como la prevalencia del
ritmo sobre la melodía y el diálogo entre composición
e improvisación. También es destacable el contraste
entre el tronco como centro de la danza occidental
y el cuerpo descentrado del baile caribeño, en
movimiento y ondulación abierta, así como la mezcla
entre vitalidad y compostura o la de romanticismo y
erotismo, que caracterizan nuestras músicas y bailes.
En estas características, Quintero Rivera sitúa la huella
de saberes y concepciones vitales otras que disputan,
desde la heterogeneidad y la apertura al cambio, la
racionalidad homogeneizante eurocentrista.
Finalmente, llegamos al Jaleo, en cuyo primer
repiqueteo se cuenta el origen del merengue, el primer
baile en parejas en las Antillas hispanas, que cambia
de nombre después para cada una de ellas. En esta
primera parte del Jaleo se discuten los vínculos entre la
institucionalización de estas danzas como “nacionales”
y las negociaciones de las clases populares, en especial
de los mulatos, para ser incluidos en los proyectos
158
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
nacionales de cada país. El segundo repiqueteo hace
un recorrido por el desarrollo de las músicas bailables,
ya en el siglo XX, desde el baile comunal de barrio
hacia el mundo mediatizado, el ámbito internacional
y migratorio, hasta el surgimiento y la globalización
de esa mezcla bien condimentada de sabores que es
la salsa.
En el tercer repiqueteo, Quintero discute las
consecuencias de la arrolladora difusión internacional
de nuestras músicas bailables. Antes que un cierre,
este capítulo es una invitación abierta, una serie de
preguntas legadas a caribeños de todos los rincones
del gran Caribe y su diáspora: ¿Qué tienen estas
músicas que las hacen tan universales? ¿Cuál es la
estructura sentimental transmitida desde el Caribe a
través de nuestros sonidos y nuestros bailes? ¿Cuáles
son las lecciones para el mundo transportadas por
este diálogo entre sonoridad y movimiento? Las
anteriores son preguntas especialmente pertinentes
para investigadores del Caribe colombiano, dada la
inmensa riqueza y extraordinaria difusión de nuestra
música, y dado el papel que ha jugado la misma en la
reconstitución de la identidad colombiana, dentro y
fuera de nuestro país.
Ensayando respuestas posibles, aunque no únicas
a estas cuestiones, el “Chuco” señala el hecho de
que esta música, viajera y plural desde sus orígenes
transnacionales, engendra y manifiesta identidades
culturales compartidas, como es evidente en la libre
combinación de géneros de la salsa y en muchas de
sus letras. Aún más, al tratarse de músicas “donde se
conjugan expresión sonora y el movimiento corporal,
donde música, poesía y baile dialogan y se fecundan”,
música “para mover el organismo”, nuestras músicas
sitúan en el cuerpo la lucha contra la hegemonía
cultural (357-358). Al poner a mover el cuerpo,
nuestras músicas “mulatas” van mostrando a los
nuevos bailadores cómo suturar la herida ancestral
de la división entre cuerpo y mente. Así, el libro de
Ángel Quintero Rivera demuestra cómo, bailando, los
cuerpos caribeños le han enseñado y siguen enseñando
a personas de todo el mundo otras maneras de coexistir
y entenderse a sí mismos.
N
O
T
I
C
I
A
S
Noticias Aguaita
Observatorio, con nuevo director
académico
El 2009 tuvo un excelente comienzo para el
Observatorio del Caribe Colombiano, con la llegada a
la institución de Antonio Hernández Gamarra, como
director Académico.
Hernández Gamarra, curtido investigador y hombre
público, aceptó el llamado del Consejo Directivo del
Observatorio del Caribe Colombiano, que lo invitó a
liderar una nueva etapa en la Institución. Una etapa de
fortalecimiento y proyección de su quehacer académico
y de influencia a nivel regional y nacional.
El nuevo director Académico nació en Sincé (Sucre),
y aunque ha residido por largos años en Bogotá, nunca
perdió contacto con el Caribe colombiano.
Hernández Gamarra es economista de la Univer­
sidad Nacional de Colombia, fue presidente de la
Empresa Colombiana de Gas y de la Financiera
Energética Nacional (FEN), Ministro de Agricultura,
miembro de la Junta Directiva del Banco de la
República y Contralor General de la Nación. En
su recorrido académico fue decano y profesor en la
Universidad Externado de Colombia, Universidad de
los Andes y Universidad del Valle.
A su llegada al Observatorio, Hernández Gamarra
propuso la creación de un Consejo Asesor para la
institución y la realización de una evaluación periódica
del cumplimiento de las metas y propósitos del
Compromiso Caribe por parte de las administraciones
locales, para lo cual el Ocaribe se encuentra desarrollando
un conjunto de indicadores y una plataforma virtual
en la que se hará seguimiento permanente a la
situación competitiva de la región, a los avances en
el Compromiso Caribe y en el cumplimiento de los
Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Antonio Hernández Gamarra.
Hernández también viene liderando desde el
Observatorio una propuesta de diálogo regional, a
partir de las experiencias del regionalismo que se
dieron en el siglo XX con la Liga Costeña, que este
año cumplió 90 años. En ese marco se realizaron
diversos eventos a lo largo de toda la región y un gran
foro en Santa Marta en el que se presentó la propuesta
de creación de un Fondo de Compensación para la
periferia colombiana.
La llegada de Hernández Gamarra al Observatorio
del Caribe Colombiano ha sido celebrada por la
co­m uni­d ad académica de la región y por todas
aquellas personas e instituciones que conocen y
valoran la trayectoria del Observatorio como centro
de pensamiento.
Lanzamiento de Aguaita
La Casa Mapfre, en el Centro Histórico de Carta­
gena, fue el escenario en el que se presentó el número
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159
17-18 de la Revista Aguaita, en un evento que contó
con la participación de investigadores, docentes, artistas
y estudiantes. La presentación estuvo a cargo del editor
de la publicación, Ariel Castillo Mier, quien hizo un
recorrido por la variedad y riqueza de los artículos
contenidos en ese número, los cuales retratan la cultura,
la historia, la economía y el desarrollo de la región
Caribe colombiana.
En el evento el Consejo Directivo del Observatorio
del Caribe Colombiano hizo una presentación pública
del nuevo director Académico de la institución, el
economista sucreño Antonio Hernández Gamarra.
Durante su intervención, Hernández presentó del
plan de acción de la institución para el año 2009 y acto
seguido se presentó la nueva imagen y contenidos de
la página web del Observatorio (www.ocaribe.org),
la cual estuvo a cargo del diseñador gráfico Mauricio
Gómez Perdomo.
Barboza; los ex ministros Manuel Rodríguez Becerra,
Cecilia Rodríguez, José Henrique Rizo Pombo; y la ex
vice ministra de Medio Ambiente, Carmen Arévalo,
Directora del Parque Culural el Caribe.
GEO Cartagena
La ciudadanía y las autoridades de Cartagena
conocieron los resultados del Informe GEO Cartagena:
“Perspectivas del Medio Ambiente Urbano”, preparado
por el Observatorio del Caribe Colombiano, y
financiado por el Programa de las Naciones Unidas
para el Medio Ambiente (PNUMA), la Alcaldía de
Cartagena y el Establecimiento Público Ambiental
(EPA).
GEO Cartagena hace parte del Proyecto GEO
Ciudades del PNUMA que busca promover una mejor
comprensión de la dinámica de las ciudades y sus
ambientes, proporcionando información confiable y
actualizada para los gobiernos municipales y el público
en general de la región.
Hasta la fecha se han realizado un total de 30 GEO
Ciudades en América Latina y el Caribe. Cartagena
de Indias es la número 31 y es la segunda ciudad en
Colombia en tener un diagnóstico de esta magnitud.
El informe GEO Cartagena plantea que las
posibilidades de un desarrollo vigoroso y sostenible para
Cartagena y la posibilidad de mantener sus dinámicas y
competitividad en el contexto Caribe en lo económico,
social y ambiental, depende en alto grado de un manejo
correcto de su medio ambiente.
Al evento asistieron la Alcaldesa de Cartagena,
Judith Pinedo; el director Académico del Observatorio,
Antonio Hernández; la directora Ejecutiva Madalina
160
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Portada del Informe GEO Cartagena.
La directora Ejecutiva del Observatorio del Caribe Colombiano,
Madalina Barboza; el Director Académico, Antonio Hernández,
y la Alcaldesa de Cartagena Judith Pinedo. Foto: Aura García.
Homenaje a Roberto Burgos Cantor
Los resultados del Informe GEO Cartagena fueron presentados
ente autoridades ambientales, ONG y comunidad en general.
Foto: Aura García.
Amigos del Observatorio
No son un millón, pero sí son muchos, los amigos
que a lo largo de 11 años ha cultivado el Observatorio
del Caribe Colombiano. Para reunirlos y contarles los
proyectos de la institución para el 2009, se realizaron
dos encuentros, uno en Bogotá y otro en Barranquilla,
los cuales sirvieron además para realizar las primeras
cátedras del Caribe de 2009.
En Bogotá la reunión se realizó en la Biblioteca
Luis Ángel Arango, y en ella el crítico de arte Álvaro
Medina presentó su conferencia “Poéticas Visuales del
Caribe colombiano”. Así mismo, Alberto Abello Vives,
y Adolfo Meisel Roca presentaron su visión sobre la
vigencia del Compromiso Caribe.
En Barranquilla el encuentro se dio en el Teatro
Amira de la Rosa y tuvo como telón de fondo un
homenaje a la poeta Meira Delmar, el cual estuvo a
cargo del poeta e investigador Miguel Iriarte.
Roberto Burgos Cantor no olvidará fácilmente
este 2009. Los comentarios elogiosos de la crítica
especializada a su novela histórica La ceiba de la
memoria no han parado, obtuvo el premio de Narrativa
José María Arguedas de la Casa de las Américas, un
galardón que han ganado escritores como Rubem
Fonseca, Sergio Ramírez y Antonio Skármeta, entre
otros, y ha sido objeto de varios homenajes como el
ofrecido por la Facultad de Ciencias Humanas de la
Universidad de Cartagena en el marco de las Jornadas
Culturales Héctor Rojas Herazo, las cuales se realizaron
entre el 4 y el 8 de mayo. El Observatorio del Caribe
Colombiano se sumó a este reconocimiento, con la
de la Cátedra del Caribe, “La ceiba de la memoria: las
felicidades de la incertidumbre”, a cargo del profesor
y crítico literario Cristo Figueroa Sánchez. A lo largo
del homenaje se programaron charlas y conversatorios
sobre la obra de Burgos Cantor, y se le entregaron
varias distinciones.
Roberto Burgos Cantor durante su intervención en las Jornadas
Culturales Héctor Rojas Herazo. Foto: Augusto Otero Herazo..
José Luis Garcés en Leer el Caribe
El poeta Miguel Iriarte en su conferencia sobre Meira Delmar,
en el Amira de la Rosa, en Barranquilla. Foto: Augusto Otero
Herazo.
El programa Leer el Caribe tuvo como invitado en
2009 al cordobés José Luis Garcés González, escritor,
ensayista, investigador, gestor cultural, miembro
fundador del Grupo El Túnel, de Montería.
Garcés ha publicado cuentos, poemas, crónicas,
investigaciones literarias, ensayos y estudios monográ­
ficos. Su argumento Caballo viejo fue adaptado como
telenovela y vendido a más de veinte países del área
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
161
hispana. En España obtuvo el premio Onda. Cuentos
suyos han sido traducidos al eslovaco (Antología del
cuento colombiano, traducción de Slovenka Literárna
Agentúra, de Bratislava, 1987), francés (Antología de
la novela latinoamericana, 1991), alemán (Cuentos
hispanoamericanos: Colombia, 1997), inglés (El libro de
la brevedad, 2000) y poemas de su libro Cuerpos otra vez
fueron traducidos al portugués (traducción de Fernando
Mendes Vianna, 1999).
El primer encuentro de Garcés con los estudiantes,
quienes leyeron la obra de Garcés González de las
instituciones oficiales del Distrito de Cartagena fue
en el mes de abril, en una jornada maratónica en el
Paraninfo de la Universidad de Cartagena, donde se
reunieron más de 300 jóvenes, varios de los cuales
dialogaron con el autor y le hicieron preguntas sobre
su obra.
Posteriormente el profesor Guillermo Tedio realizó
una jornada de capacitación con los docentes de la Red
de Educadores de la Lengua Castellana del Distrito de
Cartagena, que sirvió de base para el proceso con los
estudiantes, que leyeron la obra de Garcés González y
prepararon diferentes adaptaciones de sus cuentos.
Cátedras de norte a sur
La realidad del Sur
En 2009 la Cátedra del Caribe empezó su
recorrido por la región Caribe por Santa Rosa del Sur,
en el Sur de Bolívar. Allí, el 29 de abril el Observatorio
del Caribe Colombiano y el Banco de la República
realizaron la Cátedra “Economía y conflicto en el
cono sur de Bolívar”, a cargo de Joaquín Viloria
de la Hoz, investigador del Centro de Estudios
Económicos Regionales del Banco de la República
en Cartagena. Tras la presentación de los resultados
de la investigación se realizó un foro en el que
participarán diferentes actores sociales de la zona sur
del Departamento, integrada por 16 municipios.
El investigador Joaquín Viloria respondió preguntas
de un público muy diverso en Santa Rosa del Sur.
Foto: Augusto Otero Herazo.
Diálogo del escritor José Luis Garcés con los estudiantes
en el Paraninfo de la Universidad de Cartagena.
Foto: Augusto Otero Herazo.
Más de 300 estudiantes se reunieron en el paraninfo de la
Universidad de Cartagena para escuchar al escritor invitado.
Foto: Augusto Otero Herazo.
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a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
Critica Literaria
Una semana más tarde (8 de mayo), la Cátedra
hizo presencia en la Universidad de Cartagena, en el
marco de las Jornadas Culturales Héctor Rojas Herazo,
en donde el investigador y crítico literario Cristo
Figueroa dictó la conferencia “La ceiba de la memoria:
las felicidades de la incertidumbre”, en la que se abordó
el proceso de escritura de esta importante novela de
Roberto Burgos Cantor.
Música Wayúu
La música ancestral del pueblo Wayúu fue objeto
de otra cátedra, esta vez de la mano del programa
Oyendo el Caribe, que lideran el Observatorio y la
Fundación de Música, con el apoyo del Ministerio de
Cultura y de empresas como Chevron.
La presentación de “Weirain: La música y
la palabra entre los Wayúu”, nombre del quinto
volumen de Oyendo el Caribe, estuvo acompañada
por una conferencia del investigador musical Egberto
Bermúdez, la cual tuvo lugar en el Centro Cultural
Departamental de Riohacha (La Guajira).
Todas las grabaciones del CD fueron hechas en
Uribia en marzo de 1992 en el contexto del Festival
de la Cultura Wayúu por iniciativa de Weildler Guerra
Curvelo, en ese momento Secretario de Asuntos
Indígenas del departamento de La Guajira.
Obeso, protagonista en Mompox
El 2009 fue declarado por el Ministerio de Cultura
como el Año Obseso – Artel, en reconocimiento a la
obra de los dos grandes poetas del Caribe.
El Observatorio se sumó a este reconocimiento en
la propia Mompox, lugar de nacimiento de Candelario
Obeso, adonde se llevó la cátedra “La actividad
literaria de Candelario Obeso: entre la exotización y
el reconocimiento”, dictada por el historiador Javier
Ortiz Cassiani.
Obeso es considerado el iniciador de la llamada
“Poesía Negra” en Colombia. Nació en Mompox, pero
a los 17 años de edad se instaló en Bogotá, donde inició
una breve, pero prolífica vida intelectual, durante la cual
publicó novelas, poemarios, traducciones y participó en
la actividad literaria y en la prensa nacional.
El museo por el Caribe
Uno de los hechos más afortunados para la cultura
y la identidad del Caribe colombiano es, sin duda, la
apertura en Barranquilla del Museo del Caribe, un
proyecto que el Observatorio ha acompañado desde
su concepción. Con el ánimo de mostrar este espacio
por fuera de Barranquilla, enfatizando su carácter de
proyecto regional, las dos instituciones planearon una
serie de cátedras por varias de las capitales del Caribe
colombiano. Fue así como la directora del Museo, la
investigadora y gestora cultural Carmen Arévalo Correa,
presentó los antecedentes y guión que dieron origen
al primer museo regional de Colombia. La cátedra
recorrió las ciudades de Montería (Córdoba), Sincelejo
(Sucre), Santa Marta (Magdalena), Valledupar (Cesar)
y Riohacha (La Guajira). En todas estas ciudades se vio
una positiva recepción del público.
Muestra del Museo del Caribe, por su directora Carmen Arévalo,
en la Cámara de Comercio de Sincelejo. Foto: Augusto Otero
Herazo.
En Mompox, el historiador Javier Ortiz Cassiani habló
de la actividad literaria de Obeso.
Aspecto de la presentación del Museo en el auditorio del Banco
de la República, sucursal Santa Marta. Foto: Augusto Otero
Herazo.
La comunidad momposina acudió en gran número a la sede
la Academia de Historia de ese municipio, donde se realizó
la Cátedra. Foto: Augusto Otero Herazo.
Investigar sobre música en el siglo xxi.
En asocio con el Instituto de Investigaciones
Estéticas de la Universidad Nacional de Colombia
y con el apoyo del Centro de Formación de la
Cooperación Española y del Museo Bolivariano de
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Arte Contemporáneo, la Cátedra del Caribe se vinculó
este año a la agenda académica de la III Cátedra
Latinoamericana de Artes Alberto Urdaneta, del
Instituto de Investigaciones Estéticas.
El primer coloquio de esta Cátedra se realizó en
Bogotá, con la participación de los investigadores
Geoffrey Baker (Reino Unido), Gonzalo Camacho
(México), Weildler Guerra Curvelo (Colombia) y Juan
Luis Restrepo (Colombia).
En Cartagena participaron los investigadores
Geoffrey Baker, Gonzalo Camacho, Jorge Nieves
Oviedo y Egberto Bermúdez (Colombia). Esta misma
cátedra se realizó en Santa Marta.
164
Homenaje a un maestro del Caribe
El investigador mexicano Gonzalo Camacho en la Cátedra del
Caribe. Foto: Augusto Otero Herazo.
El Área Cultural del Banco de la República,
sucursal Cartagena, y el Observatorio del Caribe
Colombiano, a través de la Cátedra del Caribe, con
el apoyo del Centro de Formación de la Cooperación
Española y la Universidad Nacional Abierta y a
Distancia (UNAD), realizaron el 18 de agosto un
gran seminario en homenaje a la vida y obra del
sociólogo costeño Orlando Fals Borda, fallecido en
2008.
Orlando Fals Borda dedicó buena parte de
sus años a la investigación social, fue pionero en
los estudios sobre violencia en Colombia y formó
parte de una generación de sociólogos que combinó
la investigación con la acción política y abrió el
camino para los estudios interdisciplinarios en el
país.
Entre los participantes estuvieron los investiga­
dores Alexander Pereira, Weildler Guerra, Martha
Herrera, Bernardo Restrepo, Fabio Zambrano,
Víctor Negrete, Alberto Abello Vives y Gerardo
Ardila, entre otros.
El seminario sirvió de apertura a la exposición
Orlando Fals Borda: Ciencia y compromiso, que contó
con el apoyo de la Universidad Nacional de Colombia,
institución que conserva un acervo documental donado
por Fals Borda.
Trabajos presentados en ese seminario sirvieron
de base para el homenaje que AGUAITA le brinda al
maestro en este número.
Los investigadores Jorge Nieves Oviedo, Gonzalo Camacho,
Geoffrey Baker, en la Cátedra que se realizó en el Centro
de Formación de la Cooperación Española. Foto: Augusto Otero
Herazo.
Afiche promocional del seminario Vida y obra de Orlando Fals
Borda. Diseño: Mauricio Gómez P.
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Los investigadores Weildler Guerra, Gerardo Ardila y Alberto
Abello en un panel del seminario. Foto: Augusto Otero Herazo.
Para hablar sobre la Historia doble de la Costa fueron invitados
los investigadores Víctor Negrete, Armando Martínez G., Fabio
Zambrano y Edgardo Támara. Foto: Augusto Otero Herazo.
Música del Archipiélago.
La música popular del Archipiélago de San Andrés,
Providencia y Santa Catalina también estuvo en la
Cátedra del Caribe Colombiano. Esto ocurrió en la
propia isla, donde se presentó el cuarto volumen de
la serie Oyendo el Caribe “No Body Business But My
Own”, interpretado por el Coral Group.
En esta ocasión el musicólogo Egberto Bermúdez,
presidente de la Fundación de Música, hizo un recorrido
histórico por los ritmos y músicos de la isla, señalando
que los temas contenidos en ese volumen son ejemplos
representativos de los estilos que identifican la cultura
raizal del archipiélago y que se han convertido, junto
con otros, como los nuevos ritmos caribeños (reggae,
deejay, dub, soca, etc.), en un importante elemento de
su resistencia cultural.
El musicólogo Egberto Bermúdez, durante la presentación
del disco “No Body Business But My Own”, en el salón
Alejandro Rankin de la Cámara de Comercio de San Andrés,
Providencia y Santa Catalina. Foto: Augusto Otero Herazo.
III Encuentro de investigadores.
El Claustro de la Merced de la Universidad de
Cartagena acogió, en mayo, el III Encuentro de
Investigadores del Caribe Colombiano, que reunió
durante dos días a más de 250 investigadores de la
región. El encuentro, organizado por el Observatorio
del Caribe Colombiano, contó con el apoyo de
la Universidad de Cartagena y la financiación de
Colciencias.
Para el encuentro se inscribieron 80 ponencias y
fueron seleccionadas 33 que fueron presentadas en
cuatro mesas de trabajo por áreas de conocimiento:
Ciencias Sociales, Ciencias Humanas, Ciencias Básicas
y Desarrollo Tecnológico.
En este tercer encuentro tuvieron espacio por
primera vez las ciencias básicas y el desarrollo
tecnológico, con el objetivo de dar a conocer lo que hace
la comunidad científica de la región en estos campos.
Los investigadores se reunieron en comisiones por área
de conocimiento. Foto: Cortesía Universidad del Magdalena.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
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Las presentaciones en plenaria tuvieron lugar en el Paraninfo de
la Universidad de Cartagena. Foto: Cortesía Universidad
del Magdalena.
Un indicador para El Caribe.
Investigadores del Observatorio del Caribe
Colombiano y la Cámara de Comercio de Cartagena
recorrieron las capitales del Caribe colombiano
socializando los resultados del Indicador Global
de Competitividad (IGC), una investigación que
involucró a 22 ciudades colombianas y que contó con
la financiación del Grupo Bancolombia.
La correría comenzó en Montería y terminó en
la Isla de San Andrés, y durante las presentaciones se
invitó a comentaristas expertos en competitividad,
lo mismo que a empresarios, gremios y autoridades
locales. Estos eventos contaron con el apoyo de las
Cámaras de Comercio de la región, y de instituciones
como el Banco de la República.
166
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
El director Académico del Observatorio del Caribe Colombiano,
Antonio Hernández acompañó la divulgación de los resultados
del ICG en todas
las capitales del Caribe colombiano. Foto: Augusto Otero
Herazo.
En Santa Marta, el comentarista invitado fue el investigador
y docente Jairo Parada. Foto: Augusto Otero Herazo.
resú
m
enes
Cerro Matoso y la economía del ferroníquel en el Alto San Jorge (Córdoba)
Joaquín Viloria de la Hoz
Resumen
En el presente documento se analiza la estructura
económica del municipio de Montelíbano y su área
de influencia, en el departamento de Córdoba,
tomando como eje central del análisis la producción
de ferroníquel de Cerro Matoso. Los datos para
Montelíbano se comparan con los de Puerto
Libertador, La Apartada y Caucasia, este último
ubicado en el departamento de Antioquia. En
términos económicos, Córdoba ha crecido más rápido
que la economía colombiana durante el período
1990-2007, impulsada principalmente por el sector
minero, la construcción y la industria, mientras el
sector agropecuario ha perdido participación. En
cuanto a las finanzas públicas de Montelíbano, su
análisis muestra que las regalías y las transferencias
de la Nación han generado cierta dependencia de los
ingresos corrientes.
La estructura económica de San Andrés y Providencia en 1846
Adolfo Meisel Roca
Resumen
La historiografía sobre San Andrés y Providencia,
las principales islas colombianas en el Mar Caribe, ha
argumentado que en el periodo que va desde fines del
siglo XVIII hasta comienzos de la década de 1850 el
archipiélago tuvo una economía mono exportadora de
algodón. Luego y hasta los años 1950, el algodón fue
reemplazado por las exportaciones de coco. En este
ensayo argumentamos que la economía que había en las
islas antes de la era del coco no estaba tan estrechamente
especializada en la producción de algodón, y que se
cultivaban una gran variedad de productos agrícolas.
Fue sólo con el ascenso de las exportaciones del coco
que San Andrés y Providencia vivieron un periodo de
exportación de un único producto agrícola que hizo
que su economía fuera vulnerable a la inestabilidad
de ese sector. Para la discusión se utiliza un detallado
informe sobre la economía del archipiélago encontrado
recientemente por el autor en el Archivo General de
la Nación.
Amor, despecho y cortesía en las canciones de Agustín Lara
Julio Escamilla Morales
Resumen
En este artículo se presenta una caracterización
discursiva de las manifestaciones de (des)cortesía que
subyacen en las principales canciones del compositor
mexicano Agustín Lara, casi todas pertenecientes
al género caribeño denominado bolero. En esas
canciones describimos y explicamos los aspectos
temáticos predominantes y las principales actitudes
enunciativas propias de las relaciones sentimentales
cordiales y conflictivas que en ellas aparecen, es
decir, las manifestaciones ostensibles del amor y el
despecho que le expresa el enunciante a la persona
amada. Con base en lo anterior se especifican los
elementos lingüísticos utilizados por el compositor
Lara para construir su propia imagen de enamorado
feliz o infeliz y la de su destinataria, considerada
como origen o causa de la felicidad o infelicidad
en cuestión.
a g u a i t a - DIECINUEVE - VEINTE / diciembre 2 0 0 8 - Junio 2 0 0 9
167
aut
Javier Ortiz Cassiani
javierortizcass@yahoo.com
Historiador de la Universidad de Cartagena,
Magister en Historia de la Universidad de los
Andes. Ha sido profesor de las universidades de
Cartagena, Jorge Tadeo Lozano (seccional del
Caribe), los Andes y la Santo Tomás de Cartagena.
Es coautor de los libros Desorden en la plaza.
Modernización y memoria urbana en Cartagena
y De los 50 días que hicieron a Colombia. Ha
publicado ensayos, artículos y reseñas sobre la
historia y la cultura afrocolombiana y sobre la
historia de la cultura en las revistas Historia Crítica,
Palimpsesto, El taller de la historia y Aguaita.
Ganó la VI Convocatoria de las Becas Culturales
Héctor Rojas Herazo del Observatorio del Caribe
Colombiano y el Ministerio de Cultura con el
proyecto “Los rumores de la estación. Memoria
oral del ferrocarril Calamar – Cartagena”. Como
asesor del grupo de Patrimonio Inmaterial de la
Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura
fue curador de la exposición Candelario Obeso:
bogando en un río de letras, organizada por el
Ministerio de Cultura y la Biblioteca Luis Ángel
Arango. Actualmente adelanta el doctorado en
Historia en El Colegio de México.
Eric Dubesset
dubesset@u-bordeaux4.fr
Doctor en estudios iberoamericanos, investigador
en el Centro de Análisis Político Comparado, de
Geoestrategia y de Relaciones Internacionales
(CAPCGRI) Université de Bordeaux (Francia), e
investigador asociado al Centro de Investigación
sobre el Caribe hispánico (CARHISP). Es el autor
de varios trabajos sobre las dinámicas y las apuestas
geopolíticas contemporáneas de los territorios
hispanos del espacio caribeño. El artículo incluido
en este número de Aguaita es la versión aumentada,
retocada y traducida del texto publicado en Francia
por el autor bajo el título «L’invention de la Côte
caraïbe centraméricaine: le cas du Nicaragua»,
168
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o
res
in Ch. Lerat (dir.), Le monde caraïbe : défis et
dynamiques. Géopolitique, intégration régionale et
enjeux économiques, Tome 2, Maison des Sciences de
l’Homme d’Aquitaine, 2005.
Adolfo Meisel Roca
ameisero@banrep.gov.co
Barranquilla, 1954. Economista de la Universidad
de los Andes, Magíster y doctor en Economía de
la Universidad de Illinois, Magíster en Sociología
de la Universidad de Yale. En los últimos años sus
investigaciones han sido sobre la historia monetaria
y fiscal de Colombia, la evolución en las disparidades
regionales y la historia económica del Caribe
colombiano. Gerente del Banco de la República,
sucursal Cartagena. Ha publicado, entre otros libros,
Política, políticos y desarrollo socioeconómico de la Costa
Atlántica: una visión histórica (1989) y El Banco de la
República: antecedentes, evolución y estructura (1990). Es
compilador con Haroldo Calvo de los libros Cartagena
de Indias y su historia (1998), El rezago de la Costa Caribe
colombiana (1999), Cartagena de Indias en el siglo XIX
(2002), Cartagena de Indias en el siglo XVIII (2005),
Cartagena de Indias en el siglo XX (2006) y Cartagena
de Indias en el siglo XVII (2007).
Joaquín Viloria de la Hoz
jvilorde@banrep.gov.co
Santa Marta, 1962. Economista de la Universidad
Externado de Colombia. Magister en Planificación y
Administración del Desarrollo Regional, Universidad
de los Andes. Magister en Economía y Políticas
Públicas, Universidad de Chile. Doctorado en Historia.
Investigador del Centro de Estudios Económicos
Regionales (CEER) del Banco de la República Sucursal Cartagena.
Margarita Sorock
marelso@hotmail.com
Nueva York, 1943. Es una profesional
independiente que se dedica a la investigación,
redacción, traducción y docencia. Está radicada en
Cartagena desde 1981. En febrero de 2008 terminó
su Doctorado en Literatura y Lenguaje en Español
en la Universidad de la Ciudad de Nueva York con
una tesis sobre el Eligio García. Su tesis de maestría,
del 2003, trataba la ciudad de Cartagena y su
representación en ciertas novelas de Manuel Zapata
Olivella, Gabriel García Márquez, Roberto Burgos
y Eligio García. Ha sido profesora catedrática en el
Departamento de Humanidades de la Universidad
Tecnológica de Bolívar. Participa como profesora
invitada en el programa de doctorado en Ciencias
de la Educación de la Universidad de Cartagena. Ha
sido profesora de literatura en la Universidad Jorge
Tadeo Lozano. Durante 22 años (1988-presente) ha
sido redactora y traductora del Festival Internacional
de Cine de Cartagena. Desde 2008, coordina la
sección del Festival conocida como Cine Mujer.
Trabaja como relatora y traductora para la Fundación
Nuevo Periodismo Iberoamericano, siendo su esfuerzo
reciente la participación en un seminario sobre el reto
global y el desarrollo de medios. A menudo realiza
investigaciones y traducciones para el Observatorio
del Caribe Colombiano.
Julio Escamilla Morales
Julesmor2@gmail.com
Licenciado en Filología e Idiomas de la Universidad
del Atlántico y Magíster en Semiolingüística de la
Universidad París XIII (Francia). Profesor titular de
la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad
del Atlántico, donde tiene a su cargo los seminarios
de Análisis del discurso, Procesos semiológicos y Cine
latinoamericano. Es director del Círculo de Análisis del
Discurso-CADIS, grupo con el cual ha realizado varias
investigaciones en torno a las interacciones verbales
en Barranquilla, la canción vallenata y los imaginarios
socioculturales presentes en los discursos cotidianos.
Ha participado como ponente en múltiples congresos
internacionales de la Asociación Latinoamericana de
Estudios del Discurso-ALED, el Programa de Estudios
del Discurso de Cortesía en Español- EDICE, la
International Association for Dialogue AnalysisIADA y la Asociación de Lingüística y Filología de
América Latina-ALFAL. Entre sus publicaciones se
encuentran los libros Fundamentos semiolingüísticos
de la actividad discursiva, La canción vallenata como
acto discursivo y diveros artículos sobre el graffiti, los
obituarios y la expresión de la cortesía, entre otros.
Dirige, además, la revista Polifonía y es miembro del
Comité Editorial de la Revista ALED.
Alexander Pereira Fernández
pereirafernan@yahoo.com
Historiador de la Universidad Nacional de
Colombia y Magíster en Historia de América Latina
de la Universidad Michoacana de San Nicolás de
Hildalgo, México. Ha escrito artículos sobre Orlando
Fals Borda en el Anuario Colombiano de Historia Social
y de la Cultura, y en la revista Crítica y Emancipación
del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.
Armando Martínez Garnica
armando@uis.edu.co
Doctor en historia por el Colegio de México
y profesor titular en la Escuela de Historia de la
Universidad Industrial de Santander. Es autor de
varios libros y artículos relacionados con el proceso de
la independencia en las reales audiencias de Santa Fe
y de Charcas. Recientemente publicó el libro titulado
La agenda de Colombia, 1821-1831.
Gerardo Ardila
giardilac@unal.edu.co
Antropólogo, con estudios de doctorado en
Ecología, en la Universidad de Kentucky, Estados
Unidos. Profesor del Departamento de Antropología
e investigador del Centro de Estudios Sociales
–CES—, de la Facultad de Ciencias Humanas de la
Universidad Nacional de Colombia. Coordinador
del Programa de Ecología Histórica –PEH—,
y del Programa Universitario de Estudios sobre
Movilidad Humana –PUEMH–. Consultor de
agencias nacionales e internacionales en el campo
del ordenamiento territorial y las migraciones. Su
trabajo se concentra en los aspectos conceptuales
y prácticos de la construcción territorial desde la
ecología política. Entre sus obras figuran Colombia:
migración, transnacionalismo y desplazamiento
(2005). Los tiempos de las conchas. Investigaciones
arqueológicas en la costa de la península de la Guajira
(1996). La Guajira: de la memoria al porvenir, una
visión antropológica (1990).
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Alberto Abello Vives
aabello@unitecnologica.edu.co
Santa Marta, Magdalena. Economista de la
Universidad Externado de Colombia. Magíster en
Estudios del Caribe de la Universidad Nacional
de Colombia. Ex director del Observatorio del
Caribe Colombiano. Miembro de la red Ocaribe
de investigadores. Actualmente es el Decano de la
Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas
y director de la maestría en Desarrollo y Cultura
de la Universidad Tecnológica de Bolívar. Autor
y compilador de varios libros entre los que se
encuentran: La región y la economía mundial.
Cedetrabajo. Bogotá. 1997; El Caribe colombiano,
la realidad regional al final del siglo XX. Coordinador
con Cecilia López Montaño. DNP. Observatorio del
Caribe colombiano. Tercer Mundo. 1998; La Costa
que queremos, reflexiones sobre el Caribe colombiano
en el umbral del 2000. Coeditor con Cecilia
López Montaño. DNP. Universidad del Atlántico,
Observatorio del Caribe colombiano. 1998;
Directorio de profesionales para la investigación en el
Caribe colombiano. Fonade. Observatorio del Caribe
Colombiano. 1998; Estructura industrial del Caribe
colombiano (19741996). Coautor y director de la
investigación. Observatorio del Caribe Colombiano.
2000. Poblamiento y Ciudades del Caribe colombiano.
Compilador conjuntamente con Silvana Giaimo.
Observatorio del Caribe Colombiano. 2000; El
Caribe en la Nación Colombiana; compilador.
Memorias de la X Cátedra Ernesto Restrepo
Tirado del Museo Nacional y el Observatorio del
Caribe Colombiano. Bogotá (2006). exdirector
de la revista Aguaita del Observatorio del Caribe
Colombiano. Asesor científico del Museo del
Caribe (Barranquilla) y de la Casa Museo de García
Márquez en Aracataca.
Víctor Manuel Moncayo Cruz
vmmoncayoc@unal.edu.co
Abogado de la Universidad Nacional de Colombia
con estudios de posgrado en Ciencia Política de la
Universidad Católica de Lovaina. Es profesor emérito
de la Universidad Nacional; ha sido Decano de la
Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales,
y Rector durante seis años. Su vasta producción
170
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académica alterna estudios sobre teoría del Estado y
del Derecho con análisis de políticas públicas, siempre
en una perspectiva crítica de la organización social
y productiva vigente. Autor de numerosos libros y
artículos entre los cuales se destaca su más reciente
obra El Leviatán derrotado.
Álvaro Medina
almedinama@gmail.com
Nació en Barranquilla en 1942. Arquitecto,
narrador y crítico e historiador del arte. Ha residido
gran parte de su vida en los Estados Unidos y Francia,
Finalista en el Premio Biblioteca Seix Barral con una
novela aún inédita, Papa Rey. En los años sesenta
militó en el movimiento nadaísta con el seudónimo
“José Gabriel Jorge”. Integrante de la Comisión
Coordinadora del Suplemento del Diario del Caribe,
1973-1979. Ejerció la crítica de arte a través de la Radio
Nacional y se dedicó a investigar en fuentes primarias
la historia del arte colombiano. Durante muchos
años se desempeñó como curador del Museo de Arte
Moderno de Bogotá, actividad que compaginó con
la docencia, siendo profesor adscrito del Instituto de
Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional de
Colombia Sede Bogotá. Autor de más de una decena
de libros sobre el acontecer artístico del país, entre los
que cabe destacar: Procesos del arte en Colombia (1978);
El arte colombiano de los años veinte y treinta (1995);
Alfredo Guerrero y su mundo pictórico (1998); Armando
Villegas (2005) y Juan Cárdenas (2007). Curador de
importantes exposiciones internacionales y nacionales
como Colombia en el umbral de la modernidad, en
1997; Arte y violencia en Colombia desde 1948, en 1999;
Carlos Salas – Pintura activa, en 2000; Nadín Ospina
– Tergiversaciones y Germán Londoño – Como un río de
sangre, ambas en 2001. Su investigación sobre el arte
colombiano de los años veinte y treinta le mereció el
Premio Nacional de Historia, otorgado por Colcultura.
Parte de su producción académica e intelectual ha sido
traducida al inglés, al francés y al alemán. En 2000,
Medina publicó su investigación pionera titulada El arte
del Caribe colombiano, bajo los auspicios de la Secretaría
de Educación y Cultura de la Gobernación de Bolívar.
En los años siguientes continuó esas investigaciones que
culminaron en su obra más reciente Poéticas visuales del
Caribe colombiano al promediar el siglo XX (2008).
Hernán Vargascarreño
poetasalexilio@gmail.com
(Colombia, 1960). Poeta, traductor y editor.
Docente de literatura egresado de la Universidad
Industrial de Santander. Creó y dirigió en Santa
Marta el programa nacional Poesía Mar Abierto
(1991-2008). Dirige la revista de poesía Exilio. Se
ha desempeñado como promotor de lectura con el
Ministerio de Cultura y el área cultural del Banco
de la República, y como tallerista en la Casa de
Poesía Silva. Libros publicados: País íntimo (2003) y
las traducciones de Edgar Lee Masters: Almenas del
tiempo (2003) y de Emily Dickinson: ¿Quién mora en
estas oscuridades? (2007). Becado por el Ministerio de
Cultura en la modalidad de creación literaria (1999);
Premio Nacional de Poesía Antonio Llanos (Biblioteca
Centenario, Cali, 2000); segundo finalista en el
Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá IDCT
(2002); Premio Nacional de poesía sin banderas de
la Casa Silva (2003).
Rómulo Bustos Aguirre
romulobustosaguirre@yahoo.com.
(Santa Catalina de Alejandría, Bolívar, 1954).
Realizó estudios de Derecho y Ciencias Políticas
en la Universidad de Cartagena y Literatura
Hispanoamericana en el Instituto Caro y Cuervo.
Se ha desempeñado como profesor de literatura en la
Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad de
Cartagena. Ha publicado: El oscuro sello de Dios (1988),
Lunación del amor (1990), En el traspatio del cielo
(Premio Nacional de Poesía Colcultura 1993) y Palabra
que golpea un color imaginario (1996) en la colección
Encuentros Iberoamericanos, de la Universidad
Internacional de Andalucía. Otros libros suyos son: La
estación de la sed (1998) y Antología de poetas costeños
(1993). Oración del impuro, editada por la Universidad
Nacional, reúne su obra poética completa.
Manuel Guillermo Ortega Hernández
(Guillermo Tedio)
manuel.ortegah@telecom.com.co
Cuentista, ensayista y profesor titular de la
Universidad del Atlántico donde coordina el área de
Literatura. Par académico inscrito en COLCIENCIAS
y Director de GILKARÍ, Grupo de Investigación
Literaria del Caribe, categorizado en A. Licenciado
en Filología e Idiomas. Estudió Derecho, graduándose
con una tesis meritoria sobre Derecho de autor
o propiedad intelectual. Magíster en Literatura
hispanoamericana del Instituto Caro y Cuervo. Ha
publicado tres libros de cuentos, La noche con ojos,
También la oscuridad tiene su sombra y El amor brujo.
Su cuento “Tierra de iguanas” fue premiado por El
Espectador en el Concurso Nacional de Cuentos, 1975.
Ha ganado concursos nacionales e internacionales de
Cuento y sus trabajos críticos han sido publicados
en revistas, periódicos y magazines de Colombia y el
extranjero. Cuentos suyos figuran en antologías de
cuento colombiano y han sido traducidos al italiano
y al francés. Edita y dirige en Internet la revista La
casa de Asterión [http://lacasadeasterion.homestead.
com], donde se publican ensayos sobre literatura,
arte y cultura.
Lyda Vega.
lydalouveg@hotmail.com
Licenciada en Lenguas Modernas. Universidad
del Atlántico. Especialista en Literatura del Caribe
colombiano de la Universidad del Atlántico. Docente
del Nuevo Colegio del Prado. Catedrática en el área de
literatura de la Universidad del Atlántico.
Ariel Castillo Mier
facasil@metrotel.net.co
Licenciado en Filología e Idiomas de la
Universidad del Atlántico con estudios de Maestría
en Letras Iberoamericanas en la Universidad Nacional
Autónoma de México y de doctorado en Letras
Hispánicas de El Colegio de México. Miembro del
Grupo de Investigación Literaria (Gilkarí), profesor
de la Universidad del Atlántico, coordina la Cátedra
del Caribe Colombiano, programa del Observatorio
del Caribe Colombiano y editor de la revista Aguaita
del Observatorio del Caribe Colombiano. Premio
Nacional de Periodismo Simón Bolívar (2002).
Compilador de Respirando el Caribe. Memorias de
la Cátedra del Caribe Colombiano y Feedback Editor
y prologuista del libro de crítica literaria de Carlos J.
María, Feedback. Notas de crítica literaria y literatura
colombiana antes y después de García Márquez, (1997);
del diccionario de Adolfo Sundheim, Vocabulario
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costeño o lexicografía de la región septentrional de
la República de Colombia (1998); de Respirando el
Caribe. Memorias de la Cátedra del Caribe Colombiano
(2001) y coeditor del libro Meira Delmar Poesía y
Prosa, (2003).
Nadia Celis Salgado
nadia.celis@gmail.com
Nació en Montería y creció en Cartagena, en cuya
universidad se graduó en Linguística y Literatura.
Es doctora en Literatura caribeña y latinoamericana
de Rutgers, la Universidad estatal de Nueva Jersey,
donde también obtuvo su título de Maestría y
visítenos
cursó su especialización en “Estudios de género”.
Actualmente trabaja como profesora e investigadora
para Bowdoin College, donde enseña literatura y
cultura latinoamericana y “latina”. Entre sus intereses
de investigación se encuentran el pensamiento, la
cultura y la narrativa caribeñas, en particular el trabajo
de escritoras del Caribe colombiano en diálogo con
el de autoras del Gran Caribe. Sus publicaciones
han aparecido en revistas académicas nacionales e
internacionales e incluyen ensayos críticos sobre Marvel
Moreno, Fanny Buitrago y Mayra Santos-Febres,
además de colaboraciones editoriales para la prensa
nacional.
www.ocaribe.org
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