ASOCIACIÓN CUBANA DE LA
SOBERANA Y MILITAR ORDEN DE MALTA
LA PEREGRINACIÓN, LA ORDEN Y LOURDES
2008
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LA PEREGRINACIÓN, LA ORDEN Y LOURDES
ASOCIACIÓN CUBANA DE LA
SOBERANA Y MILITAR ORDEN DE MALTA
CONSEJO EDITORIAL
Roberto Francisco López Alberola
Director de Espiritualidad
Mariana Jorge de O’Naghten
Vice Directora de Espiritualidad
Juan José Calvo de Díos
Delegado para las Comunicaciones
Juan Tomás O’Naghten y Chacón
Vicepresidente
2008
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CONTENIDO
La Peregrinación, La Orden y Lourdes
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Las Reflexiones
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Lourdes y Su Significado para los Caballeros de la Orden
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Peregrinación con los Enfermos y Minusválidos a Lourdes
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Las Oraciones
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Oraciones de Especial Significado Para la Peregrinación a Lourdes 24
Oración con los Enfermos
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Oraciones a Nuestra Señora de Lourdes
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Oraciones de Especial Significado para la Orden
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Devoción Mariana
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LA PEREGRINACIÓN, LA ORDEN Y LOURDES
La primera Peregrinación Internacional de la Orden de Malta al Santuario
de Lourdes fue celebrada del 18 al 25 de mayo de 1958. En ese año, 465
miembros de la Orden acompañaron 69 enfermos o malades. Los peregrinos
representaban siete países. Desde entonces, la Peregrinación Internacional ha
crecido a incorporar casi cinco mil miembros de la Orden acompañando y
ayudando a mil quinientos enfermos procedentes de más de treinta países. Este
año, el 2008, celebramos el cincuentavo aniversario de la Peregrinación
Internacional de la Orden de Malta a Lourdes.
La peregrinación tiene un significado especial para la Orden de Malta, mas
allá de lo que significa la Iglesia Peregrina para el resto de la iglesia. El hospital
que en el siglo XI fue el fundamento de nuestra Orden en Jerusalén fue destinado
específicamente para atender los peregrinos a Tierra Santa. Fue la protección de
los peregrinos lo que inicialmente fomentó la militarización de nuestra Orden en
el siglo XII. La Orden en si ha estado en una continua peregrinación, teniendo
que mudarse de Jerusalén a Rodas a Malta y, ahora, a Roma.
Lourdes como objetivo de nuestra peregrinación también tiene un
significado especial. No solamente es una peregrinación a un santuario mariano,
sino el enlace especial de Lourdes y los enfermos le da un enfoque de particular
atracción para los Caballeros y Damas de la Orden. En Lourdes tenemos la
oportunidad, como en ningún otro lado, de tener el encuentro personal con
Nuestros Señores los Enfermos a cual nuestra espiritualidad Sanjuanina nos
impulsa.
El cincuentavo aniversario de la Peregrinación Internacional coincide con el
150 aniversario de las apariciones a Sta. Bernadette. En ocasión del 150avo
aniversario, el Penitenciario Mayor de la Iglesia ha declarado “para cada uno de
los fieles, realmente arrepentidos, debidamente purificados mediante el
sacramento de la Confesión, alimentados con la sagrada Comunión y, por último,
elevando oraciones con devoción por las intenciones del Sumo Pontífice, podrán
lucrar cada día la indulgencia plenaria, aplicable también, a modo de sufragio, a
las almas de los fieles que están en el Purgatorio” siempre y cuando visiten
devotamente entre el 8 de diciembre de 2007 y el 8 de septiembre de 2008,
siguiendo preferentemente el orden propuesto: (i) el baptisterio parroquial
utilizado para el bautizo de Bernardita; (ii) la casa denominada "cachot" o
Calabozo donde vivió la familia Soubirous; (iii) la gruta de Massabielle; (iv) la
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capilla del hospicio donde Bernardita recibió la primera Comunión; y, en cada
uno de estos cuatro lugares dedican un tiempo a la meditación piadosa,
concluyendo con el rezo del Padrenuestro, la Profesión de fe (un credo), y la
oración jubilar u otra invocación mariana.
En la primera sección, reproducimos dos reflexiones, más bien testimonios,
sobre la Orden y la peregrinación a Lourdes. Escritos por un padre y un hijo,
ambos Caballeros, nos dan una orientación espiritual para nuestra propia
peregrinación. En la segunda sección incluimos una selección de oraciones para
la peregrinación.
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LAS REFLECCIONES
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LOURDES Y SU SIGNIFICADO PARA LOS CABALLEROS DE LA ORDEN
Philipp Freiherr von Boeselager
Bailio Gran Cruz de Honor y Devoción en Obediencia
El tema se puede exponer de una forma más clara, al menos así lo creo, si les hablo del
origen de este servicio de la Orden y de la experiencia personal que me llevó a la creación de
esta obra.
Esta comunicación sólo puede ser muy personal, si bien hoy en día no es muy corriente
hablar sobre las creencias de cada uno, sin embargo, se hace público algo, que realmente es
íntimo.
Dado que ya existen leyendas sobre mis andanzas en Lourdes, comenzaré relatándoles
como fue en realidad.
Durante la guerra fui Comandante de un regimiento a caballo, al cual también
pertenecía un médico. Tras la guerra perdimos de vista a los antiguos oficiales, pero pronto
retomamos el contacto.
En la primavera de 1948, hace ya casi 50 años, inesperadamente me escribió el que
fuera médico del Regimiento, diciéndome que quería hacer un viaje a Lourdes con su
moribunda sobrina, que a su vez era su ahijada. Los padres de la niña, protestantes,
calificaron de locura este deseo y no lo permitieron. Dado que la niña estaba verdaderamente
moribunda, y no teniendo otro deseo más que ir a Lourdes, él quería hacer realidad este
deseo. Además, siendo él mismo, también protestante y no tener ni idea de Lourdes ni de los
usos católicos, me pidió que le acompañara a él y su sobrina a Lourdes dado que se acordaba
que yo era católico.
A mí me llegó este favor en un momento muy inoportuno. Sabía por mi tía Lexi Salis,
la cual antes de la guerra hacía algunos servicios allí, que Lourdes era un pueblo donde se
reunía una gran masa de gente. Solo eso ya era muy sospechoso. Sospechoso porque la
última vez que participé en una gran reunión católica fue como alumno jesuita de Godesberg
en el día católico de Essen en 1933 y pude presenciar como tras esta gran manifestación la
Iglesia se escondían en sus madrigueras, que no podían ser más pequeñas.
Por el contrario, este viaje me obligaba a interrumpir mis estudios que quería terminar
en las Navidades del 48 tras seis semestres. Además no le podía dar excesivas largas al deseo
del médico porque se lo tomó al parecer muy en serio.
Así que finalmente acepté, bajo la condición de que organizara todo y que sólo me
comunicara lo que le debía pagar y en qué andén que día le iba a encontrar.
El médico mientras tanto se había informado de que habría una posibilidad de ir en el
primer tren de peregrinos que salía de Alemania tras la guerra. Este tren de peregrinos se
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pudo organizar porque el entonces Obispo de Lourdes, S.E. Theas, de origen Alemán, que
estuvo con él en el campo de concentración, le había invitado para la fundación del Pax
Christi y los Franceses habían repartido los pertinentes permisos. Con 10 marcos del Imperio
en el bolsillo, esta era la cantidad que podíamos llevar, y comenzó el viaje.
Me subí en Colonia en el tren proveniente de Oberhausen. Los vagones se distribuían
en cuatro clases y solo un vagón tenía compartimentos de tercera clase y nosotros estábamos
en estos últimos, es decir el médico, la enferma y yo en un compartimento. El médico ya
subió en Oberhausen con la niña que estaba tumbada en un colchón de goma y no se movía.
En París, el tren debía de parar un día para dar la posibilidad a los peregrinos para visitar la
ciudad. Pensamos que hacer mientras tanto con la niña enferma. Dinero no teníamos para
llevarla durante el día al hospital y así que le propuse que me quedaba con la niña en el
compartimento, porque conocí bien la ciudad durante la guerra y no merecía la pena pasearse
con ella con diez marcos del Imperio. El médico solo debía de conseguir una baguette y una
botella de vino tinto. Y así lo hicimos. Después de que se apearan los peregrinos el tren lo
llevaron a una estación previa y yo me quedé con la niña, algo que apenas se notó. No había
comido nada en las últimas 24 horas, sólo unas cuantas gotas de líquido que le suministró el
médico con la jeringuilla.
A mediodía vino el médico para saber como estábamos y se percató de que la niña se
estaba muriendo. ¿Que hacer? ¿Bajarla y llevarla a un hospital? Le sugerí que esperara. Si
muriera sería más fácil para nosotros trasladarla desde Lourdes a su casa en vez de llevarla a
algún hospital de París. Así lo hicimos y viajamos durante otras 12 horas con la niña
moribunda hacia Lourdes. Durante la parada en París, por puro aburrimiento me leí el
historial clínico. No sabiendo nada sobre medicina, sí que me quedó claro que desde hacía
muchos años ya estaba encamada. Llegamos a Lourdes de noche y en un abrir y cerrar de
ojos entraron unos brancardiers en nuestro compartimento y se llevaron a nuestra enferma en
una camilla. A donde, no lo sabía. Yo mismo ya no conseguí la habitación en el hotel que me
habían dispuesto- en la otra punta, al borde del Gave - y tras ir y venir me llevaron a un
hostal en un pueblo del Pirineo.
Cuando me desperté brillaba el sol, a nuestros pies estaba Lourdes y el día parecía
prometedor en esta magnífica región. Me alegraba poder tener unos días tranquilos y
recuperarme un poco, pero en ese momento se acercó un taxi con unos señores que dirigían la
peregrinación y recogernos -éramos dos- para llevarnos a Lourdes.
Por la separación con el grupo de la peregrinación en el hotel perdí el contacto con la
expedición. Así, visité Lourdes durante los siguientes días por mi cuenta, las diferentes
iglesias, los santos lugares, la gruta. Cuando estaba delante de los baños uno de esos días,
estos estaban entonces delante de la gruta, allí donde ahora se busca el agua que brota de
innumerables grifos, de repente se abrió la cortina que había delante de los baños y en una
camilla, sentada, sacaban a “mi” niña.
Tenía un nimbo visible en la cabeza; me quedé petrificado. No podía ser la misma con
la que yo había viajado a Lourdes. Estaba sentada en una camilla ¡moviendo la cabeza y las
piernas! Estando todavía petrificado me miró y condujo a los brancardiers que la llevaban
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hacia mí. Cuando llegó a donde yo estaba me dijo: “Nos vimos en el tren, usted estaba en el
asiento de enfrente.” Con esto me quedó claro que no estaba loco ó borracho. No, esta era
“mi niña” y estaba curada.
Los brancardiers también estaban algo alterados y hablaban entre ellos. Entonces se
llevaron a la niña al hospital “Asyle” en la sala St. Pierre, a la hermana Marcelle. Ella
también se vio embargada por el asombro. Como era mediodía le dio la comida normal a la
niña. Carne con zanahorias y guisantes. Yo todavía no salía de mi perplejidad porque sabía
muy bien que hacía mucho tiempo que no comía algo con normalidad.
Estando sentado en la cama se acercó un señor para hablar con la niña. Entonces me
preguntó si yo había llevado a la niña a Lourdes. Le conté la historia de cómo me había
apuntado al viaje a Lourdes. Más tarde, supe que era el conde de Beauchamp, el Presidente
de la Hospitalidad. Me pidió que al día siguiente me acercara a la oficina de la Hospitalidad y
me mostró como llegar hasta allí.
Enseguida me puse a buscar en los hoteles al Doctor, el tío de la niña, al cual
finalmente encontré sentado en la mesa. Cuando le conté que su sobrina se había curado no
podía dar crédito. Rápidamente nos fuimos al “Asyle.” Allí el médico se convenció de la
milagrosa curación de su sobrina. Al principio estaba completamente descompuesto. Yo
mismo también estaba tan descompuesto que necesité días y días para poder recuperarme.
Mientras tanto el Presidente de la Hospitalidad se había sincerado conmigo y me comentó
que antes de la Primera Guerra Mundial vinieron muchos alemanes a Lourdes con muchos
ayudantes. En el período de entre guerras apenas vinieron peregrinaciones provenientes de
Alemania, ya sea por la pobreza ó ya sea por el mutuo odio. Los milagros siempre son una
señal, una llamada. Y yo que soy miembro de la Orden de Malta y como tal tengo la
obligación, entre otros, del cuidado de nuestros señores los enfermos. El odio entre Francia y
Alemania sólo se puede extinguir por la oración en común. La Orden de Malta Alemana debe
venir a Lourdes con enfermos. El quería hacer todo lo posible para ayudarnos a organizarlo.
Si tuviere preguntas tendría que hablar con su secretario, Monsieur Lebecque, quién me
resolvería cualquier cuestión sobre la organización y los costes.
El día de nuestro regreso de Lourdes, todos los peregrinos, con la que se curó en
medio, nos dirigimos hacia el Obispo que vivía en su palacio, más allá de la gruta. El Obispo
nos dijo que rezáramos por la paz en el mundo. La niña curada se levantó de su silla de
ruedas y saludó al Obispo, que sabía lo que había ocurrido. Durante el viaje de vuelta iba de
vagón en vagón contando su enfermedad y su curación.
En Lourdes aprendí a entender porqué los milagros del Señor son tan escasos. Muchos
vivieron los milagros de nuestro Señor, pero solo María y San Juan estuvieron bajo la cruz
dando testimonio de Cristo.
El hombre, y esto me quedó claro en esos días de Lourdes, no está preparado para
soportar la plena presencia de Dios. Así como Moisés se transfigura con la zarza ardiente que
no se consume, porque si no, habría destruido la presencia de Dios, del mismo modo el
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hombre no está preparado para asumir la intervención de Dios en la diaria labor de la
naturaleza.
En el mismo sitio donde ocurriera el milagro se puede permanecer toda la vida de
rodillas o intentar que actúe lo sobrehumano, algo que con el milagro se torna en la vivencia
humana de cada día y que se tercia a olvidar. Desde esta experiencia de Lourdes, no
solamente creo, sino que sé que Dios existe. Estoy seguro. También rezo en Lourdes, cuando
me arrodillo junto a los enfermos durante la procesión del Santísimo, para que Dios
todopoderoso quiera hacer sanar a los enfermos. Sin embargo siempre deseo que nunca mas
sea testigo de otro milagro, dado que como les intento explicar, un milagro casi nos destruye
a nosotros, los pobres hombres.
A mi vuelta informé del secreto al Presidente de la Orden de Malta del Rin-Westfalia,
el señor Rudolf Twickel, y le pedí permiso para montar un “servicio de ayuda a los enfermos
entre la Orden y Lourdes” por expreso deseo del Conde Beauchamp. El Presidente me
encomendó la misión y al año siguiente viajaron a Lourdes unos cuantos señores como
Johannes Twickel, oriundo de Lambeck, Clemens Westphalen y Dieter Landsberg para
dejarse orientar e informarse. Al año siguiente salió la primera pequeña expedición, dos
señores y dos ex-enfermeras de la Cruz Roja, a saber, Sophie Isenburg y María Groote con
tres enfermos. Año tras año fue creciendo el número de enfermos y de ayudantes, primero
con la diócesis de Colonia, luego se unió Trier y poco a poco se fueron uniendo las demás
diócesis a los “Equipos de ayuda de Malta a los enfermos peregrinos a Lourdes.”
Partiendo del milagro que viví, enlazo con el significado que tiene Lourdes para
nuestra fe y para nuestra obligación de tuitio fidei. En la carta a los Hebreos se circunscribe
que “la fe es la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas que no se ven”
(Hebr 11,1). Esto también lo dice el catecismo para mayores. Todos desde que nacemos
somos confiados al milagro de Dios en el Antiguo Testamento, por el hecho de que liberó su
Pueblo de la opresión Egipcia destinado a morir de hambre o de sed. También conocemos los
milagros del Señor por el Nuevo Testamento.
Estos milagros surgen para la curación de las personas y atribuidos a Cristo como hijo
de Dios. En la creencia de la cercanía y poder de Dios surge la fuerza a la profesión de fe, la
fuerza a la tuitio fidei tal y como se pedía desde el medioevo a los Caballeros de Malta
cuando eran apresados por los turcos en el campo de batalla. Podían salvar su vida si
renunciaban a su fe o traicionaban a la Orden. En este contexto tiene especial relevancia el
voto de tuitio fidei y hasta hoy se ha transferido su razón de ser. Y además por estos motivos
históricos, los Caballeros de Malta están obligados especialmente a defender al Papa y al
Obispo. La defensa de la fe ó la tuitio fidei es púes pilar de la espiritualidad de la Orden de
Malta, al cual para su mejor comprensión quiero exponerles una reflexiones.
Toda Orden en nuestra Iglesia tiene para sí su propia espiritualidad. En relación con
esto entiendo la espiritualidad lo que para cada Orden es su imagen de Dios. Los
Franciscanos que simbolizan un Señor sufridor y compadeciente que casi se desploma bajo
el peso de los pecados. Los Dominicanos que muestran un Señor caminante y predicador.
Los Sanjuanistas provenían en su mayoría del sur de Italia y Sicilia, dominada por los
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Normandos. Su imagen de Dios era el Pantocrátor, el Todopoderoso, tal y como lo
conocemos de muchas ábsides de iglesias de Sicilia y el sur de Italia, pero también del
Reichenau o incluso María Laach. Estos Pantocrátor también tenían el nimbo de oro en señal
de santidad dado que antiguamente sólo el Gran Rey de Persia podía llevarlo y no se podía
imaginar por aquel entonces alguien más poderoso que el Gran Rey Kyrios.
Cristo era hijo de Rey como hijo de este Dios Pantocrátor. De esta conciencia surgen
los himnos como vexilla regis prodeunt del siglo VI, ó de Reichenau el Salve Regina del
monje Hermann. Ahora sabemos por los mitos germánicos y normandos que los hijos del
Rey se tenían que sacrificar cuando el pueblo estuviera bajo un gran sufrimiento. Pero el
sacrificio tenía que ser voluntario para que la divinidad lo aceptara. Más aún, los caballeros
de la Orden provenientes de la tradición tuvieron más de cerca, para ver y venerar como
Cristo hijo del Rey, su entrega voluntaria al pueblo como Dios Padre. El Pantocrátor se
corresponde a aquel Cristo en la cruz con la corona de oro. Es crucificado voluntariamente y
yace en la cruz por encima de todo dado que es el vencedor sobre la vida y la muerte.
Al servicio de este héroe se ofrecieron voluntariamente los caballeros de la Orden.
Cristo dijo: “Lo que hiciereis a mis hermanos me lo hacéis a mi,” es por eso por lo que
llamamos a los enfermos “nuestros señores.” Como dije anteriormente la defensa de la fe ó la
tuitio fidei es uno de los puntos cardinales de la espiritualidad de la Orden, junto con el
obsequium pauperum a lo que me referiré más adelante. En cuanto a la tuitio fidei, es
necesario llevar una vida desde la fe; púes, una vida desde la fe significa confiarse a la
orientación de Dios.
Asumir la voluntad de Dios, como puede ser una enfermedad terminal, es una dolorosa
prueba sobre nuestra fe. Todos sabemos que la fe es una gracia y un regalo de Dios, pero
siempre debemos rezar por esta gracia. Nuestra experiencia humana y mi experiencia
personal, también nos dicen que la fe se puede experimentar en el marco de nuestra vida
terrenal. Dios irá a nuestro encuentro en algún momento y lugar de nuestra vida. Es
impensable que solo creamos hasta el final de una larga vida sin haber sido confirmada
nuestra Fe. Pero aún así, esta fe no está asegurada sino siempre en peligro. Un peligro doble
por fuera y por dentro. La fe se puede enfriar, fallecer lentamente, dejar de estar presente en
la persona. Este deceso se puede atajar leyendo libros acordes con la fe.
Uno puede sucumbir por una falta de oración o adoptar una actitud pasiva en la Orden de
Malta, en la que no sólo uno deje de implicarse en actividades de la Orden como el “Servicio
de ayuda de la Orden de Malta,” sino también en la ayuda al enfermo de Lourdes ó en las
asambleas anuales y tantas otras. Púes se puede llegar al extremo que sólo se recite el Credo
de un tirón porque la fe se ha vuelto muy estéril, algo que no se nos pide. Con esto uno se
siente cumplidamente ortodoxo. Pero de la ortodoxia a una fe práctica en el día a día no hay
parangón. Es sólo un pequeño paso hasta la negación de la fe en una conversación cualquiera
ó hasta las dudas voluntarias de fe. No se está en absoluto en condiciones para defender la fe
con tuitio fidei. Se podría decir sobre esto que un fuerte debate sobre la fe incapacitaría la
tolerancia. ¡O acaso se intentaría convencer a un tercero! La fe que a las personas casi no dice
nada ni se puede defender ni se puede persuadir. Apenas se conoce la fe, la iglesia y no se
posee un derecho personal como punto de referencia porque nunca se adquirió.
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Rezar el Credo de la Iglesia de nuestros días como profesión de fe en la misa como
costumbre es bastante tardía (en el año 511). Antiguamente era costumbre en Roma que el
que viniera “de fuera” a la iglesia romana recitara el Credo delante de la comunidad para
probar el derecho a profesar la fe del visitante (el arrianismo y el monofisismo jugaron un
importante papel). Para los mismos romanos era más importante la vida desde la fe que el
formalismo de la profesión de fe. Era importante despertar una y otra vez la fe, dirigir hacia
El la vida y vivir como un cristiano. Todos conocemos el pasaje en el que un pagano le dice a
un cristiano: “Fijaos como se quieren.” Para los cristianos de los primeros siglos los frutos de
la fe fueron lo determinante. Muchas veces era el reconocimiento a Cristo lo cual, de vez en
cuando llevó a la muerte de mártires. Los cristianos de estos primeros siglos sabían, bien por
testigos, bien por sus descendientes, de la existencia de Cristo, lo que les hizo estar seguros
de su fe. Estaban seguros que Cristo vivió, que resucitó, que durante su vida hiciera milagros,
dado que aquellos que se beneficiaron de los milagros aún vivían. Púes es verdad que tras
haber resucitado estaban seguros de que Cristo era hijo de Dios.
Estaban seguros- enlazando poco a poco con Lourdes- que este hijo de Dios “podía
hacer milagros” porque hizo para sí mismo el milagro más importante: resucitar. Esto fue
decisivo. Dejemos que este conocido pasaje nos penetre una vez más. Está escrito en el
Evangelio de San Marcos 16,5 y ss.: “Entraron- refiere a las mujeres- en el sepulcro y al ver
un joven sentado a la derecha vestido con una túnica blanca, se asustaron. Pero él les dijo:
“no os turbéis. . . el que buscáis, Jesús el Nazareno. . . . Ellas salieron huyendo del sepulcro
porque se había apoderado de ellas el temor y el espanto y a nadie dijeron nada, porque
tenían miedo.” Hasta aquí la cita.
¿Por qué se asustaron tanto las mujeres? Tenían que haberse alegrado. Es cierto, pero
¿por qué fueron al sepulcro? ¿Por qué nosotros vamos de vez en cuando al cementerio?
Todos queremos despedirnos otra vez, comunicarnos de manera intensiva una vez más con
los muertos, pensar que están vivos, púes todo esto consuela a las personas. En este contexto
fueron las mujeres al sepulcro del Señor. Pero su intención fue desatendida de cualquier
forma. No pudieron despedirse en la tranquilidad del cementerio y encontrar la paz sino lo
que les iba a ocurrir les exaltaría al máximo. Una aparición les diría “¿A quién buscáis? Ha
resucitado.” Esto superó sus expectativas, su esperanza, porque quebrantó su intención por la
que fueron al cementerio. Rompió cualquier experiencia humana ulterior, porque era verdad
lo que oyeron, así que no se trataba de una despedida sino que el alo de esperanza era cierto,
el cual a pesar de todo seguía ardiendo en los corazones. Esta era: ¡No puede haber un fin con
Jesús, es y será el Hijo de Dios!
Pero estas mujeres que todos los días estaban alrededor de Jesús realmente no se lo
creían. Ya no- tras la crucifixión- lo tuvieron vivo entre ellos. Pero temblorosamente resurge
esta fe. Su fe siempre tuvo algo de razonable y nuestra fe ha de tener siempre algo de
razonable. Pero con Dios finaliza nuestra limitada razón. Cuando nosotros nos adentramos en
El y lo admitimos, debemos de saber que eso no tiene nada que ver con la razón. Quizás nos
demos cuenta por el amor de nuestros padres, quizás por un sentimiento de seguridad o
quizás como fue mi caso por una señal de Dios. Pero la fe no tiene nada que ver con la
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certidumbre y la razón. ¿Pero estamos realmente preparados para llevar nuestra fe hasta el
punto en el que puede ser real el poder de Dios y sus acciones milagrosas? ¿Puede ser que no
sólo sea para nosotros una cuestión de fe sino una verdadera posibilidad?
Como verán, esta pregunta nos orienta hacia Lourdes, llega hasta lo profundo de
Lourdes. Me acuerdo de otro pasaje del Evangelio que en Lourdes siempre me inquieta. Se
trata de la cura de un paralítico en Mateo 9,2. “Subió Jesús a una barca, pasó a la orilla y fue
a la ciudad. De pronto le llevan a un paralítico, tendido en la camilla. Al ver Jesús su fe, dijo
al paralítico: “Confía, hijo, tus pecados te son perdonados.” En esta curación no se trata de la
fe del paralítico sino la de los camilleros. ¿Cuál es esa fe que le ayudó a sanar? ¡Acaso es
nuestra fe cotidiana la que nos ha revelado Dios! No, es otra dimensión de fe, es el
entendimiento del poder de Dios, de un poder sobrenatural de Dios, que por Cristo y en
Cristo hace romper las leyes naturales y como un rayo ilumina el mundo natural de Dios todo
poderoso, dejando sin fuerza ese mundo natural para sobrepasar ese mismo por un momento
y en un lugar determinado.
Esta es una fe que se tiene y se pide como lo hizo el señor Longuet, jefe de las
piscinas, ya fallecido hace mucho tiempo y amigo mío, cuando decía. “Se dice muchas veces
que en Lourdes no se obran muchos milagros. ¿Creemos que pueden ocurrir? ¿Hacemos
penitencia aquí para la sanación de los enfermos?” Los milagros se dan también sin los
ruegos de las personas. Pero nosotros podemos exigirlos o, peor aún, impedirlos.
Ciertamente, los hombres podemos impedir a Dios que obre milagros. Esto es una cosa
increíble e inconcebible, pero en las Escrituras ya se dice: “Y no pudo hacer allí (Nazaret)
milagro alguno, a no ser que curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se
maravillaba de su incredulidad” (Mc 6,5-6). O mismamente el pasaje: “Más Jesús les dijo:
“Sólo en su patria y en su casa es menospreciado el profeta.” Y no hizo allí muchos milagros
por su incredulidad” (Mt 13,56-57).
¿Que es esto respecto a nuestra fe? Como hemos visto anteriormente, en Lourdes se
ensalza verdaderamente nuestra fe. El poseedor de la fe no se limita al rezo del Credo sino
que es una fe viva, porque posibilita un contacto personal hacia Dios. Es decir, una fe que
ruega y espera que el enfermo de al lado se levante. Una fe que de vez en cuando y a pesar de
todo crea que esto es posible.
Aquel que está sin esperanza cerca del enfermo y se arrodille junto a él sin fe cuando
pasa el Santísimo en procesión debe de plantearse si de verdad puede ir a Lourdes, mejor
dicho permitir que venga, o si por su falta de fe imposibilita un milagro. Por este motivo
exigimos que a largo plazo y en este contexto sólo viajen a Lourdes creyentes. Nosotros los
miembros de la Orden de Malta cargamos con toda la responsabilidad de la fe de nuestros
equipos. Debemos dejarlo claro para los equipos y rezar conjuntamente con el equipo por una
fe como ésta. Si no, quizás el pasaje mencionado deberíamos aplicárnoslo: “Y no hizo allí
muchos milagros por su incredulidad.” Me temo que les he infundido algo de miedo. Pero
debe ser un temor sano. Sano porque nunca es tarde para la fe, sano porque creer es un don,
un regalo. Pero los regalos no caen del cielo sino hay que rogar por ellos. Quizás debamos al
comienzo de las peregrinaciones rezar por la fe nuestra y la de todo nuestro equipo.
La tuitio fidei, la defensa de la fe, en nuestros días tiene poco que ver con las armas,
pero mucho con nuestra propia falta de fe, en nuestra indiferencia con nuestra fallecida fe
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que nada mueve y nada cree posible. Quizás tengamos miedo a veces a que algo se mueva,
nos puede absorber la fe.
Ser miembro de la Orden de Malta también quiere decir ser Señor, mucho más que en
otras Órdenes. Esto tiene algo que ver con la soledad y la responsabilidad personal. Seamos
púes también conscientes y responsables por la fe de nuestros equipos. En Lourdes esto va
más allá del buen cuidado por nuestros enfermos. Si éstos son nuestros señores, nuestros
señores los enfermos, entonces sólo es posible esta visión desde la fe: una fe con gran
corazón como la han preservado durante siglos y siglos nuestros antepasados.
La segunda obligación de la Orden, la obsequium pauperum, el cuidado de los
enfermos, a los pobres, se aprende y se prueba muy bien en el conjunto de nuestros equipos.
Este significado se atribuye a la Regla de la Orden en la promesa de ayuda a los enfermos,
mencionada en el ceremonial de admisión de 1290, en el que el Gran Maestre dice al neófito
las siguientes palabras: “Y daréis otra promesa que no la hace nadie; os comprometéis a ser
servidor y esclavo de nuestros señores los enfermos.”
De los voluntarios de la Orden de Malta que viajen con nuestros equipos a Lourdes
debe de exigirse que respeten el objetivo religioso de la peregrinación, y de los Caballeros de
la Orden se espera que se trate de una fundada motivación religiosa.
Con lo cual es evidente que lo importante es hasta qué punto está en condiciones la
conciencia individual porque Cristo está presente como tercera persona en esta relación entre
el enfermo y el ayudante y su presencia con el enfermo se determina en la misma. “Lo que
hiciereis a mis hermanos me lo hacéis a mi.” Nikolaus Lobkowitz lo formuló una vez de este
modo: “El servicio de los cristianos creyentes es real, porque sabe aun sus pequeñas e
insignificantes acciones son una pequeña contribución a la respuesta del amado Dios.
Nuestros enfermos, nuestra caridad tiene su razón de ser en última instancia en que no tiene
por objeto el prójimo y para el cual dedica su ayuda, sino que es Dios mismo, porque en la
ayuda diaria a los enfermos recalcamos ese amor a Dios.” Por el contrario, el enfermo
experimenta su dignidad humana en que como representante de Cristo rechaza el servicio del
ayudante. Este último “ganará un trozo de gloria celestial” tal y como se dice en un antiguo
manual de ayuda al enfermo de la Orden. La profunda visión de presencia de Cristo en los
enfermos, lo que se conoce en la tradición de la Orden como “nuestros señores” descrito
como “nuestros señores los enfermos,” se define en nuestro servicio en Lourdes. Esto se
traduce en un culto a nuestros señores, el cual se manifiesta en los enfermos. Esto se llevó a
la máxima expresión en Malta, en donde el Gran Maestre sirve el alimento a los enfermos
con el mismo ceremonial que los Caballeros de la Orden. A esto le prestamos especial
atención en Lourdes en cuanto a que las mesas de los enfermos estén bien dispuestas y
siempre tengan una decoración floral. Vestimos las mesas como si les recibiéramos en
nuestras propias casas. Cumplimos así también un requerimiento del Papa Pío XII que dijo
en su misiva a los miembros de la Orden de Malta en 1941: “No os deis por satisfechos con
solo ayudar a los enfermos con vuestra voluntaria generosidad. ¡No, debéis amarles y en
primer lugar acompañarles en el miedo a nuestro Rey en común encontrándoles y
sirviéndoles!”
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El deseo por hacer realidad este ruego del Santo Padre y la vieja tradición de la Orden,
así como la regla de ayuda a los enfermos por la Orden de Malta (incluso el Gran Maestre
cuidaba personalmente a los enfermos en Malta) llevó a los Caballeros de la Orden hasta
Lourdes. Allí podemos integrarnos en un equipo con nuestros servicios, bajo la dirección de
experimentados cuidadores de enfermos sin que se nos exijan demasiado; allí podemos
aprender como tratar a los enfermos.
Más allá de esto, Lourdes nos lleva a un compromiso social que llega a mucha gente
joven, nos lleva por medio del cuidado a los enfermos al que no estamos acostumbrados a un
nuevo conocimiento de la Iglesia; frecuentemente a una nueva reintegración en la Iglesia de
manera discreta. En Lourdes nadie puede dejar de hacerse la pregunta sobre la razón de l a
vida. Esto lleva a que en muchos casos se vuelva a la fe. Esto se nota más allá en Lourdes:
aquí en la gruta, el cielo y la tierra se tocan, es por ello por lo que con la aparición de la
Madre de Dios se santificara esta parte de la Tierra. En la gruta se reza, se puede aprender a
rezar. Junto con el compromiso externo de los Caballeros de la Orden a la tuitio fidei y el
obsequium pauperum la Orden tiene también sus obligaciones internas con respecto a sus
propios miembros. Esto es el cuidado por la “santificación de sus miembros,” tal y como se
menciona en la Constitución de la Orden.
La santificación de las personas establece de antemano el contacto con Dios por medio
de la oración, es decir, la oración en todas sus formas. El servicio a los enfermos es una
oración cuando lo tratamos de la manera que es debido en este contexto. También es oración
cuando por la noche tras un día agotador de servicio en Lourdes se va uno a la gruta y le dice
a la Virgen: “adsum,” aquí estoy. He venido aquí para estar contigo. Cuando con esta actitud
se está ante la gruta-a pesar del sueño- tras haberte ido del agradable ambiente de la cafetería;
estamos rezando. Basta con el silencio, basta con vaciarse. Dios nos dirá lo que quiere de
nosotros. Permítanme que a lo que les quiero decir, les ponga un ejemplo. Me llevaba muy
bien con mi padre. Cuando por un accidente se quedó parapléjico iba a visitarle a ser posible
un par de veces por semana. Cuando llegaba, primero respondíamos a nuestras recíprocas
preguntas y luego cogíamos nuestro libro y leíamos. Ya no era importante hablar entre
nosotros. Lo importante era que estaba allí para él, que me había tomado mi tiempo para él.
Hay que tomarse tiempo para rezar, para estar con Dios aquí, porque seguro que tiene
algo que preguntar a los hombres y los hombres a El. Para oír si Dios quiere preguntarme
algo hace falta silenciarse y el cansancio de la noche fomenta ese silencio. Con este silencio
aprendemos a rezar. Lourdes es como ya dije una escuela de la oración. Junto a este tipo de
oración que consiste en un simple “adsum,” Señor aquí estoy, en Lourdes debemos sin falta
intentar aprender a “Rezar el Rosario,” tal y como lo deseara la Madre de Dios. El Rosario
goza de mala fama por simple y esquemático. Es verdad, es simple y contiene en su credo
toda la fe los cristianos que se contempla en las 15 letanías. Quiero sin embargo reprochar
seriamente a los que dicen que rezar el Rosario es esquemático.
Las letanías con los Ave María deben representar un espacio de tiempo en el que se
contemplan los misterios o se exponen especialmente los deseos a la Virgen. Se pueden
sonsacar dos ejemplos: acaso no tenemos miedo cuando nos enfrentamos a una decisión
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difícil, una separación, una visita al médico. ¿No tiene esto algo que ver con los misterios
dolorosos del Rosario, rezando por la letanía “El que sudó sangre por nosotros”, poniéndolo
en boca del Señor quién, en el Monte de los Olivos, por miedo a su sufrimiento sudara
sangre? O no tiene que ver esto con rezar por la humildad, cuando decimos: “el que fue
coronado con espinas.” Acaso el Señor no fue coronado con espinas por nuestro orgullo.
Sobre esto les podría dar muchos ejemplos. Una vez que se ha aprendido el Rosario se puede
rezar en el coche, en el puesto de caza o en cualquier sitio.
Les he intentado exponer hasta que punto Lourdes puede ayudar a los de la Orden a
cumplir con las obligaciones de la Orden y cuantas otras ayudas puede dar Lourdes. Además
se integra a los jóvenes que singularmente se sienten atraídos por las obligaciones de la
Orden y que cumplen junto con los caballeros. Lourdes enseña a todos ellos como se pueden
cumplir estas obligaciones con la ayuda de la Virgen. Permítanme para finalizar decirles algo
sobre el significado de Lourdes para toda la Orden.
Unos años después de la creación de los “Equipos de Ayuda de Malta a los Enfermos
Peregrinos a Lourdes,” el entonces Obispo de Meissen, Spülbeck, pidió expresamente a
nuestro Presidente, el Barón Twickel, montar una organización católica de la Cruz Roja,
porque la Cruz Roja Alemana de la RDA se había convertido en muy ateísta. En Lourdes ya
tuvimos la experiencia de un servicio de ayuda de la Orden de Malta con los irlandeses y de
este modo los presidentes propusieron en el Soberano Consejo a Maxton Eltz, quien ya en
numerosas ocasiones peregrinó con equipos a Lourdes, para encomendarle que montara un
servicio como éste en Alemania. Tras estudiar juntos detenidamente la organización
irlandesa, en Colonia empezó muy lentamente la creación del MHD (Servicio de ayuda de la
Orden de Malta) bajo la dirección del ya fallecido hermano de Orden, Georg Truszczcinsky.
Con la Revolución Húngara, en el invierno de 1956/57, se tuvo la oportunidad para
poner a prueba la experiencia que se adquirió en Lourdes. Con los experimentados equipos
de Lourdes se pudo ayudar a los refugiados Húngaros que cruzaban la frontera Austriaca con
niños y con lo puesto en las gélidas noches. En Viena se instaló una oficina de ayuda
Húngara bajo la dirección de Paula Salm. Los equipos de señoras se encargaban de las
mujeres y niños en los cuarteles de los rusos de Eisenstadt y por las noches los hombres
aguardaban durante semanas a los refugiados en lago Neusiedler. Fue la primera gran misión
de la Orden de Malta y que también- no sin algunas molestias- fue reconocida oficialmente
por el Gobierno de la Orden. También miembros de la Orden de otros países participaron
voluntariamente y aprendieron de esta forma de trabajo en la que estaba envuelto el “Servicio
de Ayuda de la Orden de Malta.”
Cuando en el año 1958 se acercaba el centenario de las Apariciones de la Virgen en Lourdes,
propuse al Gobierno de la Orden realizar por primera vez una peregrinación con enfermos
con todas las asociaciones europeas y americanas. Y así se hizo. En 1958 por primera vez los
miembros de las asociaciones nacionales cuidaron por primera vez de sus enfermos en
Lourdes. Desde entonces tiene lugar cada año una gran peregrinación a Lourdes a principios
de Mayo. Estructuras análogas al Servicio de Ayuda de la Orden de Malta se han montado
en estos últimos años en 20 países Europeos, incluso en Europa del Este. Bajo la dirección de
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Caballeros de la Orden y del Hospitalario de la Orden existe una unidad de catástrofes
internacional que tiene capacidad de ayuda por todo el mundo para hacer realidad el
obsequium pauperum.
En Lourdes hace 50 años la Orden ha reencontrado sus fuentes al cuidado personal a
los enfermos y a la tuitio fidei. Deseemos que la Virgen nos dé fuerza para superar los
problemas de hoy en día. Tal y como la Iglesia está semper reformanda, esto también es
válido para nuestra Orden.
Permítanme terminar con unas palabras del libro del Cardenal Suenens sobre el Rey
Balduino, que bien podría estar destinado a ustedes como miembros de la Orden de Malta.
“Dios tiene un sueño que quiere hacer realidad en ti, contigo y por ti. Os ha confiado este
encargo y os ha regalado a cambio su gracia -no en demasía sino para darla- para hacer
realidad este encargo.” Los Caballeros de la Orden rezaban en la Edad Media por la lucha de
María “Tu adesto” (Estate aquí), Este también es nuestro ruego, estate tú también ahora y a la
hora de nuestra muerte.
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PEREGRINACIÓN CON LOS ENFERMOS Y MINUSVÁLIDOS A LOURDES
Albrecht Freiherr von Boeselager
Bailio Gran Cruz de Honor y Devoción en Obediencia
En el Comienzo de un Peregrinaje
No es fácil poner en palabras lo qué sucede durante un peregrinaje a Lourdes. Al
comienzo de un peregrinaje es en primer lugar la salida la que absorbe tanta energía. Cada
viaje largo necesita una planificación más o menos extensa. Éste es aun más el caso cuando
se planea para el lisiado y el enfermo crónico. Solamente los problemas del transporte y de
las provisiones necesitan una enorme preparación.
Pero es principalmente el miedo lo que gobierna a cada peregrino en la plataforma del
ferrocarril, cuando él encuentra a sus aun desconocidos co-viajeros y a sus ayudantes. Más
que los sanos, son los lisiados y enfermos los que dependen de una rutina regular y un
cuidado confiable, puesto que no pueden dominar el mundo por si mismos. Y ahora necesitan
MÁS de la ayuda normal; deben entregarse a otros, de quiénes dependerán durante la
duración del peregrinaje.
El miedo de sobrepasar los límites de su valor ahora se presenta a menudo, así como la
pregunta si el ir en este peregrinaje no era un error. Detrás de estos pensamientos está
probablemente una duda aprensiva: ¿las esperanzas seguirán siendo incumplidas? ¿Será el
regreso al hogar del viajero con una sensación de sentirse traicionado y, teniendo que
someterse a la mofa de los que con una gran cantidad de energía habían intentado
convencerlo de que no fuera al peregrinaje en primer lugar?
Son peregrinajes anteriores o relatos de otros peregrinos los que llevan con más frecuencia a
la decisión de ir en un peregrinaje. A veces, un fuerte deseo para los viajes y la aventura
desempeña en los jóvenes alguna influencia. El incentivo más grande y más común, sin
embargo, es el anhelo por la ayuda, por un reconstituyente, quizás incluso una curación--un
anhelo llevado de la incapacidad y de la aflicción. Sea que se presenta por una fe profunda y
confiada, o por una esperanza desesperada de intentar un peregrinaje cuando otras cosas han
fallado en ocasiones anteriores--en todo caso es un encuentro con Dios y su amor, algo
observado quizás vagamente.
Es por esto que los peregrinos han salido de su casa, han encontrado el tiempo, y ahora al
principio del viaje se acuestan o se sientan en un tren incómodo, careciendo de aire fresco, y
posiblemente bajo una cantidad cada vez mayor de dolor.
Es una situación algo diferente para los ayudantes que los acompañan. Para muchos de
estos ayudantes, no es la búsqueda directa de la intervención de Dios que los ha llevado en
este peregrinaje sino, por el contrario, su voluntad para ayudar a los que son dependientes en
ellos. Pero ellos, a menudo, tienen también pensamientos ansiosos: serán capaces de soportar
la tensión física y, aún más, enfrentarse ante la urgencia masiva y destinos cambiantes de
ésos afligidos con limitaciones o enfermedades.
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En este punto, te recuerdas de Abraham quien, siguiendo la llamada de Dios, salio de
la tierra de su tribu para emigrar a Israel, o de la población de Israel en su marcha a través del
desierto. Ni el destino, ni el cumplimiento del viaje, están a nuestro alcance.
Desde el comienzo, mucho depende de cómo el equipo de ayudantes tiene éxito en crear una
sensación de confianza mediante los cuidos, mediante intercambios verbales y con alegría y
de cómo, por su buena preparación y organización, tienen éxito en transmitir una sensación
de seguridad.
Las primeras devociones y misas ocurren ya durante el viaje y sientan las bases para una
atmósfera de oraciones. Para el momento en que los peregrinos hayan llegado a su destino,
una base inicial de confianza se ha establecido y una cofradía de peregrinos se ha formado,
entre quienes se han tejido ya importantes hilos de conversación.
La fase de llegar a conocerse ha animado a muchos a que cuenten sus historias y
expresen sus esperanzas y decepciones. Esta atmósfera de comprensión y de confianza, la
base para hacer tales conversaciones posibles, es una verdadera sorpresa para muchos.
A la Llegada al Destino
Una vez que se alcanza el destino, la situación cambia. La meta geográfica del
peregrinaje esta próxima y la jornada interior cambia a una nueva fase, que en cierto modo se
asemeja al viaje de los discípulos a Emaus. Si está expresada o no, Dios está presente en
palabra y pensamiento, por lo menos como objeto de conversación o de observación, hasta
que el diálogo directo con Nuestro Señor pueda comenzar, a menudo por primera vez, que
después puede ser tomado, continuado y amplificado.
Lourdes esta, como muchos hostales para peregrinos que atienden a enfermos y a
lisiados, dedicado a María. “Curadora del enfermo”, " Consolador del desperado" son dos de
los muchos títulos honoríficos dados a la Madre de Dios. Hay pocas ocasiones donde la
realidad de estas cualidades de María se experimenta más claramente que en peregrinajes a
Lourdes con el enfermo y el lisiado. En esta capacidad Cristo crucificado la refiere como
Madre de la Iglesia y de cristianos. La atmósfera del hostal del peregrino se infunde con la
confianza en esta Madre y con la aceptación de su cuidado maternal. Ella te dirige en la
trayectoria a Cristo y a Dios el Padre, a una insinuación de una experiencia, o quizás incluso
a una resolución de nuestro plan personal para la salvación, que Dios ha previsto para el
enfermo y lisiado en Su propia manera especial.
Mientras tanto, las impresiones exteriores del hostal de los peregrinos y la rutina diaria
solemne asumen el control. Éstas son: la experiencia extraordinaria como inválido de ser el
centro de la atención, la experiencia de esta gran cofradía de enfermos, a menudo con
situaciones comparables o aún peores en la vida y todas en una atmósfera bendecida por la
perceptible paz de Dios y en general una buena voluntad de ayudar. El hostal del peregrino
parece existir en otro mundo que es de alguna manera - a pesar de esta concentración de
miseria y por la proximidad a Dios - un mundo mas santificado. Transmite el mensaje que
Dios, en su bondad y misericordia al caído y al mundo pecador y, aquí-y-ahora,
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concretamente ofrece la salvación, la extirpación del pecado y del sufrimiento en sus mismas
raíces.
Las Maneras de Progresar a Través de las Experiencias del Peregrinaje
Demasiado a menudo la cuestión del milagro físico, de la curación espectacular es el
interés principal. Tales milagros indudablemente ocurren. Son importantes como muestras y
a menudo la iniciación visible de una vocación especial para la persona así curada o para las
que lo atestiguan. Pero son pocos y distantes entre si, comparados con el gran número de
peregrinos enfermos y lisiados. Si el peregrinaje solamente fuera dirigido a tales resultados,
terminaría en la mayoría de los casos en una decepción abismal. Por una parte, pronto se
pone de manifiesto que una fuerza interna está dada - la energía para persistir a pesar del
dolor no disminuido y continuado - y un nuevo significado es encontrado en nuestra
confinada vida exterior. Los milagros menos espectaculares son los sellos visibles de tal
confirmación.
La rutina diaria después de la llegada sigue siendo vigorosa. Las numerosas
impresiones fuertes no se pueden enfrentar inmediatamente. Muchas serán accesibles más
adelante y solo gradualmente. La Santa Misa, el sacramento de la penitencia y la bendición
para el enfermo se experimentan como ofrendas de gracia y se aceptan con la gratitud más
profunda como compromisos para el futuro.
Por último esta la experiencia de la Iglesia con el sufrimiento--su capacidad de
transmitir este carisma al enfermo y lisiado que se vuelven a ella y toman esto en su liturgia-es esta experiencia la que estampa y mantiene tal peregrinaje. Son estos los momentos en los
cuales la iglesia no es vista como lisiada y vulnerable, sino reconocida como todopoderosa,
no en el sentido de una institución de poder, sino como una comunidad que con la fuerza de
María nos lleve a Dios a Redentor.
Para los ayudantes que acompañan el enfermo y lisiado, la experiencia con estos peregrinos
es profunda. Si muchos apenas fueron solamente a ayudar, pronto se ven enfrentados con la
urgencia de no poder evitar los acontecimientos del peregrinaje o la cuestión ardiente de
Dios. No volverán a casa de la manera que salieron de ella. O dan el " si" a lo que han vivido,
ganan una conciencia más fuerte y comienzan en el camino hacia una nueva y más profunda
fe. O comienzan a establecer barreras. Una postura neutral de ser impasibles es inadmisible
frente a sus contactos personales profundos con los lisiados y a la manera como se
manifiestan los cambios en estos peregrinos.
Esto confirma las líneas de Matthew 25 en la Biblia: “… como le hiciste a uno de los más
humildes de estos mis hermanos, me lo hiciste a mi." Dios acepta esta disposición para
ayudar al desamparado como servicio a Dios y encuentra directamente a estos ayudantes que
asisten al enfermo y al lisiado. Como reacción, se sienten a menudo impotentes y no quieren
aceptar más la gratitud dada por los peregrinos por sus muchos servicios grandes y pequeños,
sus manos amigas, su disposición para hablar y para escuchar. Ahora, los ayudantes son cada
vez más conscientes de sí mismos, tanto como receptores que como dadores a ésos a quienes
vinieron a ayudar.
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Se siente como un alivio enorme, por ejemplo, el echar a un lado la presión de sus propios
problemas, que llegan a ser relativos cuando se comparan con la suerte abrumadora de los
enfermos y lisiados y su obvia gratitud y alegría. La tangible energía curativa de Dios
consolida la confianza de estos ayudantes en El. El enfermo y el lisiado se convierten para
ellos en un evangelio viviente, tan poderoso que puede hacer que la vida de estos ayudantes
tome un nuevo giro.
El enfermo, por supuesto, esta consciente de este efecto y también que ellos mismos son más
o menos responsables. Esto les da la sensación de sentirse importantes y aceptados. Nuestro
Santo Padre en su carta apostólica "Salvifici doloris ", sobre el significado cristiano del
sufrimiento humano, reveló que el misterio del dolor es la fuente de una gran reconciliación.
Para mí ésta es una de las maravillas más grandes, cómo los enfermos y lisiados se percatan
repentinamente del significado de sus vidas enfermizas, cómo lo aceptan y toman fuerzas y
consolación de ello. Y con su aceptación del sufrimiento permite que esto de frutos dentro de
la misma iglesia. Nuestro Santo Padre dice que la iglesia está constitucionalmente construida
en que esto suceda.
He aquí donde esta la casi temerosa responsabilidad de planificar y de ejecutar tal peregrinaje
con los lisiados. ¿Tendrá éxito en crear la atmósfera para tal experiencia que quizás, de
manera absolutamente rara, permita que el lisiado reconozca el sentido de su sufrimiento y lo
acepte, de tal modo haciendo sus vidas fructíferas para el mundo? ¿O esta ocasión será
apagada por errores, por torpeza, quizá por una manera superficial y molesta de hablar del
significado misterioso de la vida?
Afortunadamente, el mismo Dios toma nuevamente el deseo de ir en un peregrinaje como
razón suficiente para ayudar aquí.
Al final de un peregrinaje
Cuando el peregrinaje está finalizando, los resultados positivos llegan a ser más y más
evidentes en el viaje de regreso. Muy raramente he encontrado que los enfermos y lisiados
han estado decepcionados, incluso si obtuvieron algo diferente de lo que habían esperado o
habían deseado.
Uno de los peregrinos se había olvidado totalmente de cómo pedir algo, porque en su país era
inútil hacerlo. Él entonces también dejó de pedirle a Dios cualquier cosa. Los ayudantes
sociables y alegres le repusieron la confianza para pedir las cosas otra vez. Cuando alguien
formulo por él sus propios deseos de Dios, él entonces volvió a descubrir cómo dirigir sus
súplicas íntimas a Dios y, a confiar en el hecho de que estos deseos no serian desatendidos.
Era como ser otorgada una nueva vida.
Otro peregrino vivió con una resignación opresiva, ante su triste situación como un
minusválido. Toda memoria de épocas felices fue enterrada. Durante uno de los servicios una
palabra lo impresiono. Él comenzó a hablarle a su compañero de cuarto enfermo sobre ella y,
animado por El, recibió el sacramento de la reconciliación. Esto abrió el camino para que él
encontrara su propio significado en la vida.
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Otro peregrino, que iba a menudo en peregrinaciones y tenía una fe profunda y confiable,
encontró nueva fuerza en las oraciones y una Fe renovada, como la tuvo la vez última. El
peregrinaje anual es para él como una estación de servicios; él se llena de Fe por todo el año
que sigue.
"Lourdes cambio mi vida" es una frase no indicada raramente. Esto se manifiesta en las
numerosas actividades caritativas que se adoptan una vez en casa. Muchas de las actividades
modernas de la Orden de Malta que habla por la Orden de los Caballeros de Malta serían hoy
impensables si no existiera esta fuente.
También refuerzan en su deber pastoral al sacerdote que va en el peregrinaje, por lo que él
experimenta. Así como al doctor viajero que ha experimentado algunos sentimientos, que lo
acercan a su vocación como "medicus alter Christus".
Y a pesar de todo, los acompañantes del peregrino, conformados por el enfermo, el lisiado y
sus ayudantes son sobre todo un grupo alegre. "No he tenido tantas buenas risas en años" son
uno de los elogios más grandes y, afortunadamente, no del todo demasiado raros.
Despedirse de los acompañantes en la estación de la ciudad natal se hace entonces más
difícil. Muchas lágrimas de despedida son muestras claras que se han formado relaciones
personales cercanas. Dan fe del hecho que la dificultad de volver a la vida diaria no se ha
suprimido. Pero también hablan de los momentos felices que proporciona una nueva fuerza
para dominarla.
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LAS ORACIONES
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ORACIONES DE ESPECIAL SIGNIFICADO
PARA LA PEREGRINACIÓN A LOURDES
Oración del Jubileo
Dios, Padre nuestro, entre todas tus criaturas, hiciste surgir a María, la
criatura perfecta, la " Inmaculada Concepción." En Lourdes, ella misma se dio
este nombre y Bernardita lo repitió. La Inmaculada Concepción es un grito de
esperanza: el mal, el pecado y la muerte ya no son los vencedores. María, signo
precursor, aurora de la salvación. María, la inocencia, refugio de los pecadores,
Te rogamos.
Dios te salve, María…
Señor Jesús, Tú nos has dado a María como Madre. Ella compartió tu
Pasión y tu Resurrección. En Lourdes, se mostró a Bernardita, contristada por
nuestros pecados, pero radiante de tu luz. Por medio de Ella, te presentamos las
alegrías y las penas, las nuestras, las de los enfermos, las de todos los hombres.
María, hermana y madre nuestra, nuestra confidente y nuestra ayuda, Te rogamos.
Dios te salve, María…
Espíritu Santo, Espíritu de amor y de unidad. En Lourdes, María pidió por
medio de Bernardita, que se construya una capilla y que se venga en procesión.
Inspira a la Iglesia, construida por Cristo sobre la fe de Pedro. Congrégala en la
unidad. Guía la peregrinación de la Iglesia, para que sea fiel y decidida. María,
colmada del Espíritu Santo, la esposa y la esclava. Modelo de los cristianos y
rostro materno de la Iglesia, Te rogamos.
Dios te salve, María…
Por tantas gracias recibidas aquí, por todas las conversiones, por todo el
perdón, por todas las curaciones, por las vocaciones y las promesas que has hecho
nacer y has confirmado aquí, por la alegría del servicio, que nos haces apreciar,
Nuestra Señora de Lourdes, te damos gracias.
Dios te salve, María…
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Con todos los seres humanos, hermanos nuestros, con los pueblos carentes de paz
y de justicia, con los jóvenes que buscan su camino, con los que sufren por el luto
o la enfermedad, la discapacidad o el fracaso, con los que tendrían motivos para
desesperar a Ti que te mostraste toda joven a la joven Bernardita, Nuestra Señora
de Lourdes, Te rogamos.
Dios te salve, María…
Porque eres la sonrisa de Dios, el reflejo de la luz de Cristo, la morada del
Espíritu Santo; porque escogiste a Bernardita en su miseria, porque eres la
estrella de la mañana, la puerta del cielo, y la primera criatura resucitada, Nuestra
Señora de Lourdes, te admiramos, te aclamamos y cantamos contigo las
maravillas de Dios: ¡Magnificat!
Esta oración se compone de seis estrofas. Se pueden utilizar por separado las
tres primeras o las tres últimas. Se pueden también utilizar las dos partes en dos
momentos distintos. Después de cada estrofa se puede rezar un Avemaría
Oración al Beber o Lavarse con el Agua de Lourdes
OH Díos nuestro padre, por María, la Virgen pura, nos ha entregado tu Hijo,
Fuente de Agua Viva. Haz que respondamos a su llamada, al venir a purificarnos
a la Fuente de la gracia que brota de tu corazón y cuya agua es signo y recuerdo,
¡para que viva en nosotros al creatura nueva en que hemos sido transformados
por el Bautismo!
El gesto de beber y de lavarse en el Agua de la Grota debe ir acompañado
normalmente por el vía crucis, la Confesión y la Comunión.
Bendición y Oración al Peregrino
Señor Jesucristo que sacaste a tu siervo Abraham de la ciudad de Ur de los
caldeos, guardándole en todas sus peregrinaciones, y que fuiste el guía del pueblo
hebreo a través del desierto, te pedimos te dignes bendecid a estos hijos tuyos que
por amor a tu nombre peregrinan a Lourdes. Se para ellos compañero en la
marcha, guía en las encrucijadas, albergue en el camino, sombra en el calor, luz
en la oscuridad, consuelo en sus desalientos y firmeza en sus propósitos; para que
por tu guía lleguen incólumes al término de su camino y enriquecidos de gracia y
de virtudes vuelvan ilesos a sus casas llenos de saludables virtudes. Por
Jesucristo, nuestro Señor. Marchad en nombre de Cristo que es Camino y rezad
por nosotros en Lourdes.
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Plegaria a La Virgen de Lourdes Solicitando Intercesión en el Camino
María, Madre de la Iglesia, Madre mía, a ti dirijo mi oración de peregrino,
por tus hijos desunidos. Tú de Nazaret a Belén, llevaste a Jesús en tu camino, tú
que,
con
el
hijo
de
Díos
tan
niño,
caminaste hacia Egipto por proteger a tu hijo. Mira con amor a este peregrino,
vuelve a nosotros tus ojos, María. Mira con bondad a los hombres en camino
para que nadie se pierda, sé para todos su guía para cuantos ven la estrella, de su
razón y destino y para cuantos, en oscuridad, esperan la luz del día.
Dios te salve, María…
ORACIÓN CON LOS ENFERMOS
Plegaria del Personal Sanitario
Señor, que sabes que mi deber es asistir a los enfermos, haz que los sirva no
solamente con las manos, sino sobre todo con el corazón; haz que los ame.
Señor, que has tenido piedad de todos los sufrimientos humanos, haz que
sea fuerte mi espíritu, seguro mi brazo para curar a los enfermos, para atender a
los heridos, para sostener a los agobiados y a los moribundos; pero conserva
sensible mi ánimo de cara al dolor de los demás, atenta mi palabra, dulce mi trato,
paciente mi atención.
Señor, que has creado la naturaleza humana compuesta de alma y cuerpo,
haz que respete los dos, enséñame a consolar el alma afligida curando el cuerpo
enfermo.
Señor, que has afirmado como hecho a ti mismo el bien hecho a los que
sufren, haz que te vea en ellos y a ellos en Ti.
Señor, que has prometido no dejar sin recompensa al que da tan solo un
vaso de agua por tu amor; bendice y haz fecundo como sólo Tú puedes hacerlo,
este trabajo que deseo realizar con piedad y amor.
Y tú, María, consoladora de los afligidos y salud de los enfermos, sé para ti
prudente maestra y madre benigna.
Oración compuesta por S.E. Mons. G.B. Montini
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Invocaciones por los Enfermos
Señor, nosotros Te adoramos.
Señor, nosotros creemos en Ti.
Señor, nosotros Te amamos.
Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros.
Señor, ese a quien Tu amas está enfermo.
Señor, que yo pueda ver.
Señor, que yo pueda oír.
Señor, que yo pueda caminar.
Señor, solo di la palabra y seremos sanados.
Jesús, autor de la vida, ten piedad de nosotros.
Señor, que se haga Tu voluntad.
María, Madre de Cristo, ora por nosotros.
Confort de los afligidos, ora por nosotros.
Salud de los enfermos, ora por nosotros.
María, somos tus hijos, ora por nosotros.
María, hazte ver como nuestra madre.
Nuestra Señora de Lourdes, ora por nosotros.
Santa Bernadette, ora por nosotros.
Oración para la Resignación Cristiana
Jesús, tu que sufriste y moriste por nosotros, Tu entiendes el sufrimiento,
enséñame a entender mi sufrimiento como Tu lo entiendes, a soportarlo en unión
contigo, a ofrecerlo contigo para la expiación de mis pecados y para traer tu
Gracia a las almas necesitadas. Calma mis angustias, aumenta mi confianza en Ti
para que pueda aceptar tu santo albedrío y ser mas como Tu en este reto. Si es Tu
voluntad, restaura mi salud para que pueda trabajar para Tu honor y gloria y la
salvación de todos. Amén.
Oración a María para los Enfermos
María, salud de los enfermos: Acompaña a todos los enfermos del mundo;
aquellos que están inconscientes o muriendo; aquellos que han comenzado su
última agonía; aquellos que han perdido toda esperanza de sanación; aquellos que
lloran y lamentan del dolor; aquellos que no tienen acceso a una cura por falta de
recursos; aquellos que deberían descansar pero se ven obligados a trabajar por la
pobreza en que están; aquellos que buscan en vano una posición en la cama
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menos dolorosa; aquellos que pasan largas noches desveladas; aquellos que se
preocupan por una familia en desgracia; aquellos que tienen que renunciar a un
futuro anhelado; por aquellos, en particular, que han perdido la fe en una vida
mejor; por aquellos que se rebelan y maldicen a Díos; por aquellos que no
conocen que Cristo ha sufrido ¡como ellos y por ellos!
Oración a Nuestra Señora de Lourdes para Pedir la Salud de los Enfermos
¡OH amabilísima Virgen de Lourdes, Madre de Dios y Madre nuestra!
Llenos de aflicción y con lágrimas fluyendo de los ojos, acudimos en las horas
amargas de la enfermedad a vuestro maternal corazón, para pediros que derraméis
a manos llenas el tesoro de vuestras misericordias sobre nosotros. Indignos
somos por nuestros pecados de que nos escuchéis: pero acordaos, os diré con
vuestro siervo San Bernardo, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que
han acudido a Vos haya sido abandonado de Vos. ¡Madre tierna! ¡Madre
bondadosa! ¡Madre dulcísima! Ya que Dios obra por vuestra mano curaciones sin
cuento en la Gruta prodigiosa de Lourdes, sanando tantas víctimas del dolor,
guardad también una mirada de bendición para nuestro pobre enfermo…
Alcanzadle de vuestro Divino Hijo Jesucristo la deseada salud, si ha de ser para
mayor gloria de Dios. Pero mucho más alcanzadnos a todos el perdón de
nuestros pecados, paciencia y resignación en los sufrimientos y sobre todo un
amor grande y eterno a nuestro Dios prisionero por nosotros en los Sagrarios.
Amén.
Virgen de Lourdes, rogad por nosotros. Consuelo de los afligidos, rogad
por nosotros. Salud de los enfermos, rogad por nosotros. Rezar tres Avemarías
ORACIONES A NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
Oración a Ntra. De Lourdes
Dóciles a la invitación de tu voz maternal, OH Virgen Inmaculada de
Lourdes, acudimos a tus pies en la humilde gruta donde aparecisteis para indicar
a los extraviados el camino de la oración y penitencia, dispensando a los que
sufren las gracias y prodigios de tu soberana bondad. Recibid, OH reina
compasiva, las alabanzas y súplicas que pueblos y naciones, unidos en la angustia
y la amargura, elevan confiados a Ti. ¡OH blanca visión del paraíso, aparta de los
espíritus las tinieblas del error con la luz de la fe! ¡OH mística rosa, socorre las
almas abatidas, con el celeste perfume de la esperanza! ¡OH fuente inagotable de
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aguas saludables, reanima los corazones endurecidos, con la ola de la divina
caridad! Haz que nosotros tus hijos, confortados por Ti en las penas, protegidos
en los peligros, apoyados en las luchas, amemos y sirvamos a tu dulce Jesús, y
merezcamos los goces eternos junto a Ti. Amén.
Oración compuesta por Pío XII
Bienaventurada
Bienaventurada seas, OH la más pura Virgen, por haber condescendido a
manifestar tu esplendor con vida, dulzura y belleza en la Gruta de Lourdes,
diciendo a la niña Santa Bernadette: "Yo soy la Inmaculada Concepción". Miles
de veces nos hemos congratulado acerca de tu Inmaculada Concepción. Y ahora,
OH por siempre Virgen Inmaculada, madre de misericordia, salud para los
enfermos, refugio de pecadores y consuelo para los afligidos, tu que conoces
nuestros deseos, nuestros problemas y nuestros sufrimientos, dígnate a echar
sobre nosotros una mirada de misericordia. Al aparecer en la Gruta de Lourdes te
complaciste en hacer de él un santuario privilegiado desde dónde dispensas tus
favores y donde ya muchos han obtenido la cura para sus enfermedades, tanto
espirituales como físicas. Acudimos por tanto, con la más ilimitada confianza a
implorar tu maternal intercesión. Consigue para nosotros, OH Madre adorada,
que nuestra petición sea concedida. Por medio del agradecimiento por tus favores,
nos esforzaremos en imitar tus virtudes para así un día poder compartir tu gloria.
OH Señora de Lourdes, Madre de Cristo, tu que tuviste influencia con tu divino
hijo mientras permaneciste sobre la tierra tienes ahora la misma influencia en el
cielo. Ruega por nosotros y obtén para nosotros de tu divino Hijo nuestras
especiales peticiones si esa es la Voluntad de Dios. Amén.
Nuestra Señora de Lourdes, ruega por nosotros. Santa Bernadette, ruega
por nosotros.
Ave María de Lourdes
La Reina del cielo, la Madre de Dios, en Lourdes, benigna, su trono fijó.
Ave, Ave, Ave María...
Del cielo ha bajado la Madre de Dios, cantemos el «Ave» a su Concepción.
Ave, Ave, Ave María...
Un largo rosario que el cielo labró sostiene en sus manos más puras que el
sol. Ave, Ave, Ave María...
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Haced penitencia y ardiente oración por los pecadores que ofenden a Dios.
Ave, Ave, Ave María...
Aquí los enfermos encuentran vigor; aquí luz y vida halla el pecador. Ave,
Ave, Ave María
Invocaciones
1. Virgen Madre de Lourdes, que siempre fuiste fiel, danos tu confianza,
danos tu fe.
(Dios te salve, María…)
2. Virgen Madre de Lourdes, bendice nuestra mesa familiar con el pan
de la salud, con el pan del trabajo, con el pan del alimento, con el pan del amor.
(Dios te salve, María…)
3. Virgen Madre de Lourdes, bendice nuestro descanso con la paz del
alma y la alegría del espíritu. (Dios te salve, María…)
Oración Corta
Santísima Virgen de Lourdes, que a ninguno desamparas ni desechas,
mírame con ojos de piedad y alcánzame de tu Hijo perdón de mis pecados para
que con devoto afecto celebre tú santa e inmaculada Concepción, en tu milagrosa
imagen de Lourdes y reciba después el galardón de la bienaventuranza del mismo
de quien eres Madre. Amén.
ORACIONES DE ESPECIAL SIGNIFICADO PARA LA ORDEN
Oración de la Orden
Señor Jesús, que te has dignado hacerme miembro de la Milicia de los
Caballeros de San Juan de Jerusalén, te suplico humildemente por intercesión de
la Santísimo Virgen María de Filermo, de San Juan Bautista y de todos los santos,
que con tu gracia me ayudes a permanecer fiel a las sagradas normas de nuestra
Orden, para que:
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Practique con firmeza la Religión Católica Apostólica
Romana y la defienda valientemente contra la impiedad.
Ejerza con diligencia la caridad hacia el prójimo y de
manera especial hacia los pobres y enfermos.
Concédeme las virtudes necesarias para poder cumplir, según el espíritu de
Evangelio, con ánimo desinteresado y enteramente cristiano, estas santas
aspiraciones, para la mayor gloria de Dios, la paz del mundo y el provecho de
nuestra Orden.
Amén.
Todo miembro que recite a diario esta oración con
corazón contito puede ganar Indulgencia, según la Iglesia
en su Enchiridion Indulgentarium publicado en 1968
Bendición de un Caballero
Que Dios Todopoderoso te bendiga y fortalezca en Su servicio que lo
puedas honorar, demuestres cortesía a todos, protejas a los débiles y sirvas a
Cristo en los enfermos y pobres. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Al despedirse entre hermanos de manto era costumbre
entre los caballeros dar y recibir una bendición; esta
versión se deriva de la promesa de los Hospitalarios en
época medieval y describe su vocación especial.
Oración Antes de Revistarse del Hábito de Iglesia
Vísteme, Señor, con el habito de la salvación, y déjame usar la mantilla de
la justicia. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Oración Mientras Se Desviste del Hábito de Iglesia
Señor Dios, dador de paz y amor, danos la verdadera sumisión a Tu
voluntad, y colma nuestros corazones con amor fraterno, por Cristo, nuestro
Señor, Amen.
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DEVOCIÓN MARIANA
Ave María
en español
en latín
Dios te salve, María, llena eres de
gracia; el Señor es contigo; bendita
eres entre todas las mujeres, y
bendito es el fruto de tu vientre,
Jesús. Santa María, Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra
muerte. Amén.
Ave María, gratia plena, Dominus
tecum, benedicta tu in mulieribus,
et benedictus fructus ventris tui,
Jesus. Sancta Maria, Mater Dei,
ora pro nobis peccatoribus, nunc et
in hora mortis nostrae. Amen.
Salve
en español
en latín
Dios te salve, Reina y Madre de
misericordia,
vida,
dulzura
esperanza nuestra, Dios te salve.
Salve,
Regina,
mater
misericordiae; vita, dulcedo et spes
nostra, salve.
A ti llamamos los desterrados hijos
de Eva, a ti suspiramos, gimiendo
y llorando, en este valle de
lágrimas.
Ad te clamamus exsules filii
Hevae, ad te suspiramus gementes
et flentes, in hac lacrimarum valle.
Ea, pues, señora nuestra, vuelve a
nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús fruto bendito
de tu vientre.
¡Oh clemente, oh piadosa, oh
dulce Virgen María!
Eia ergo, advocata nostra, illos
tuos misericordes oculos ad nos
converte, et Iesum, benedictum
fructum ventris tui, nobis post hoc
exsilium ostende.
O clemens, o pia, o dulcis Virgo
Maria.
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Angelus
V. Ángel del Señor anuncio a
María.
R. Y
Santo.
concibió
del
Espíritu
Dios te salve, María…
V.
He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu
palabra.
Dios te salve, María…
V.
Y el Verbo se hizo carne.
R.
Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…
V. Ruega por nosotros Santa
Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de
alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo.
Dios te salve, María…
Bendita Sea Tu Pureza
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea Es
tan graciosa belleza. A Ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada María Te ofrezco
desde este día Alma, vida y corazón. Mírame con compasión; No me dejes,
Madre mía.
Consagración a la Santísima Virgen
¡OH Señora y Madre mía! Yo me ofrezco del todo a Ti. Y, en prueba de
mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi
corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, Madre de bondad,
guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amén.
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Magnificat
Glorifica mi alma al Señor y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
Porque ha puesto sus ojos en la bajeza de su esclava; por tanto, desde ahora me
llamarán bienaventurada todas las generaciones. Porque ha hecho en mí cosas
grandes el que es Todopoderoso, cuyo nombre es Santo. Y cuya misericordia se
derrama de generación en generación sobre los que le temen. Hizo manifestación
del poder de su brazo, y deshizo las miras del corazón de los soberbios. Derribó
del solio a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los
necesitados y a los ricos despidió sin nada. Acordándose de su misericordia
Acogió a Israel su siervo. Según la promesa que hizo a nuestros Padres, A
Abraham y a toda su descendencia por los siglos de los siglos. Amén.
Memorare
Acordaos, OH Virgen María, que jamás se ha oído decir, que ninguno de
cuantos se han acogido bajo vuestro amparo, han implorado vuestra asistencia, y
solicitado vuestra intercesión, haya sido abandonado. Movido yo de tal confianza,
acudo, a Vos, Oh Madre, Virgen de las Vírgenes, y gimiendo, bajo el peso de mis
pecados, me postro a vuestros pies. No desechéis mis súplicas, OH Madre del
Verbo, antes, oídlas propicia, y despachadlas favorablemente. Amén.
Regina Coeli
Durante el Tiempo Pascual sustituye al Ángelus
V. Alégrate, Reina del cielo.
Aleluya.
R. Porque el que mereciste
llevar en tu seno. Aleluya.
V. Ha resucitado, según predijo.
Aleluya.
R. Ruega por nosotros a Dios.
Aleluya.
V. Gózate y alégrate, Virgen
María. Aleluya.
R. Porque ha resucitado Dios
verdaderamente.
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Oremos: OH Dios que por la
Resurrección de tu Hijo, nuestro
Señor Jesucristo, te has dignado
dar la alegría al mundo,
concédenos por su Madre, la
Virgen María, alcanzar el gozo de
la vida eterna. Por el mismo
Jesucristo Nuestro Señor.
R.
Amén.
Novena de la Confianza
Madre amable de mi vida Auxilio de los Cristianos, la gracia que necesito
pongo en Tus benditas manos.
Dios te salve, María…
Tú que sabes mis pesares pues todos te los confío da la paz a los turbados y
alivio al corazón mío.
Dios te salve, María…
Y aunque Tu amor no merezco no recurriré a Tí en vano pues eres Madre de
Dios y auxilio de los Cristianos.
Dios te salve, María…
Acuérdate, ¡OH Madre Santa! Que jamás se oyó decir Que alguno te haya
implorado Sin tu auxilio recibir. Por eso con fe y confianza lleno de amor y
esperanza
Este favor yo te pido:
Pedir la gracia que se desea y decir siete veces: “Santa María Milagrosa, ruega
al Señor Jesús por nosotros, y por el mundo entero”.
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LA PEREGRINACIÓN, LA ORDEN Y LOURDES