EL AMOR A BOTTICELI: JOSÉ CARLOS MARIATEGUI DESDE LA MIRADA
DE ERNEST H. GOMBRICH DE WARBURG
Por Wilma E. Derpich Gallo.
Socióloga e historiadora peruana. Doctorada en Sao Paulo. Estudió en Londres con Eric
Hobsbawm. Trabaja sobre Cultura y Migración china e historia de las ideas liberales en
la América del Sur.
Resumen.
El artículo se propone tratar, bajo los principios de la Escuela de Warburg, el símbolo y
los signos de la obra de Sandro Boticcelli y así, hacer una alegoría a favor del arte desde
el punto de vista de la historia. Por lo tanto, se aborda cómo los individuos dedicados a
interpretar deben conocer las representaciones, el rol de los mecenas y las características
de la obra, cuando se pretende indagar el por qué de las imágenes.
Introducción.
Para el siglo XIX el renacimiento era un movimiento de liberación del dogmatismo,
escribe embebido el historiador austriaco Ernest H. Gombrich1 Cuando José Carlos
Mariátegui llega en 1919 a Italia, inquieto gustador de Botticelli, cae rendido a sus pies.
Tanto o más que algunos historiadores europeos del arte renacentista como Berenson y
Wolflin, poco después Hauser y Huizinga, (éste último convertido en casi un manual)
que bajo el hechizo del renacimiento libertario y profano intercambiaban con facilidad
significado con símbolo. Mitología con lirismo.
El Instituto Warburg, activo en la década del 30, cuyas obras nos sirven de cobija para
lanzar estos apuntes, comenzó en Alemania con Aby Warburg, su fundador. En él sacó
carnet de membresía, Ernest Gombrich, cuando abandonó la presencia hitleriana en su
país. Para saltar con su pasión de esteta, recapitulando sus estudios y polémicas.
El Warburg, instalado ya en Londres, rompe una corriente histórica y reconoce el
relieve que tenían mecenas y artistas de la época. Uno de los más destacados fue Edwin
1
Gombrich nació en Viena y estudió Historia del Arte en esta ciudad. Se centró en el simbolismo visual del
renacimiento. Tiene detallados estudios sobre Botticelli, Rafael y Mantenga. En 1936 se traslada a Londres.
1
Panofsky quien bautiza a esta nueva filosofía del arte, como iconología.2 Que
simplemente quiere decir “lo que no es” en arte. Lector agudo y voraz como fuera
nuestro autodidacta Mariátegui, asumió parte de esta atmósfera renancentista y a
Botticelli. En el ámbito italiano, vivió su re-nacer. Lo que no implica que él hubiera
conocido o frecuentado a los autores.
Cierto es que para los amantes de Botticelli no era suficiente recurrir a textos
neoplatónicos y ni al mismo Platón, para responder no sólo con gran erudición sino con
relativa facilidad, las claves de la pinturas mitológica- renancentistas, que tenían como
en todo signo, varias claves igualmente valiosas. Por ello tomamos permiso de quienes
pareciera poseen una elaborada plantilla enriquecida con sus estudios del simbolismo y
los significados, pero especialmente de Gombrich para aclarar dudas esquemáticas
adelantar otras. Las enseñanzas aristotélicas, por ejemplo, sirvieron para advertir con
reserva el método empleado, ya que relacionaba la imagen visual con los mecanismos
didácticos (del medioevo) unido a la retórica de la metáfora. El romanticismo de
Mariategui trabajado por Lôwy, no está exento de estas observaciones, por el contrario
nos acerca a su personalidad y a su peculiar pasión por la religión tanto como a la
mística soreliana. E inclusive como no le era ajeno, las propuestas simbólicas de Freud
y de Gustavo Jung. Michael Lôwy escribe en el Boletín Nª 2, El marxismo romántico de
J.C. Mariátegui.
Queremos plantearnos diversas lecturas de José Carlos, hombre atemporal en su país y
en el resto del mundo. Con extremo cuidado y como propuesta, debemos confirmar,
que nuestro propósito es analizar el comportamiento y las creencias mariateguistas, para
desmenuzar y con mayor amplitud comprender teóricamente los contenidos anímicos de
sus tesis que constituyeron no sólo ensayos sino programas para la acción, y buscar
nuevas explicaciones para su vigencia actual. Naturalmente aquellos elementos como la
pasión y sentimientos, están en el mundo no visible, que por entonces eran desdeñadas o
dejadas de lado. Fue un adelantado que tuvo el coraje de defender lo que no era muy
bien aceptado. Queremos llegar a explicarnos la existencia en Mariátegui llena de luz y
modernidad; lo que quiere decir revelar el oculto mundo del inconsciente que lo
animaba como político y humanista. Tal y como es la icnología que usaba Ernest
Gombrich, aquella que permitía expresar la visualización no tangible del alma.
2
E. Panofsky escribió El significado de las artes visuales, en 1955. De él, Gombrich encabeza uno de sus
capítulos con la cita: “Hay que reconocer que existe el peligro que la icnología” tenga problemas ya que
debemos afirmar es la indefinición del significado!
2
Es recomendable recoger otra postura sobre la iconología, tomando al historiador inglés
Peter Burke, quien postula que “el método específico para la interpretación de imágenes
que salió de Warburg puede ser considerado errado por ser excesivamente preciso.” Y
no tomar en cuenta la diversidad histórica.3 Considera que los historiadores necesitan de
la iconología, pero deben practicarla de una manera más sistemática, al punto de poder
incluir el uso del psicoanálisis, del estructuralismo, y otras corrientes. No es momento
de discutir lo que Burke desarrolla en uno de sus capítulos, en tanto no queremos ni
debemos plantear un debate, sino, utilizar instrumentos menos ortodoxos, que descansen
en argumentos puestos a prueba, para permitirnos resultados visibles que nos lleve a
aventurar algunas propuestas para interpretar la figura y la obra excepcional de
Mariátegui. En buena cuenta, queremos poder responder qué produjo un personaje
como Mariategui, un pensador inclinado al mito, a la religión entendida como fe en la
sociedad buena, y su amor por el arte, tornándolo el individuo destinado a ser no visto
con buenos ojos por la Unión Soviética ni por los seguidores de los partidos comunistas.
Mariategui no sólo es el símbolo adelantado y permanente, sino que su breve vida
estuvo entregada con disciplina, coherencia y pasión, a formar cuadros que pudieran
fecundar la tierra, con seriedad, alejados de las posturas egoístas de los camaradas
propios y extraños. No fue el oportunista que se dio y ofreció a negociar sus creencias
ante la menor insinuación, sino el apóstol límpido que reflejan las fotos o imágenes,
tomadas por el lente del pintor argentino José Malanca; si vemos esos ángulos y esos
encuadres, saltará el ser transparente, joven, que anuncia su fugaz paso por la tierra.
Más que razones para devenir con el tiempo, en una imagen sacra, plena de autoridad
moral, emblemática, romántica y querible.4
ESCENARIO 1 LA PASIÒN ANUNCIADA.
Ya en la advertencia que escribe Mariátegui en los Siete Ensayos, cita por segunda vez,
a Federico Nietzsche, “Y si algún mérito espero y reclamo que me sea reconocido es el
de (también conforme un principio de Nietzsche) meter toda mi sangre en mis ideas.”55
3
Peter Burke Testemunha ocular, História e imagen, Edusc, Sao Paulo, 2004.pp.52.
Para su época y para la actualidad ejerce Mariátegui, una seducción; a mi juicio más cercana a aquella
que ejercen los santos, los mitos, los elegidos por sus dotes carismáticos, aquellos que por necesitarlos,
realmente nos representan. Es bueno recordar su empatía con el dirigente obrero George Sorel, que
escribiera Reflexiones sobre la violencia. Hablo del ser predestinado para llenar los vacíos de una
colectividad. Precisamente por esa razón, no triunfó en la política criolla. Como hemos expresado en el
libro que escribiríamos con Cecilia Israel, en1987, publicado por la Fundación Ebert, Testimonios años
treinta. Los obreros textiles, Lima.
4
3
Al finalizar tal advertencia, dice: “Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis
sentimientos, de mis pasiones”.
En el comienzo del capítulo siete, El proceso de la literatura, hace un testimonio de
parte, que lo pinta de cuerpo entero; agudo y contundente a sus 29 años, dice “Mi
testimonio es convicta y confesadamente un testimonio de parte, contra lo que
baratamente pueda sospecharse, mi voluntad es afirmativa, mi temperamento es el de
constructor, y nada me es más antitético que el bohemio puramente iconoclasta y
disolvente; pero mi misión ante el pasado, parece ser la de votar en contra.” Aquí
aparece el estilo y los signos que ocultaban sus palabras. Esto es estados de ánimo,
voluntad de enfrentar sus oposiciones, temperamento, idea de misión.
Apoyado con conocimiento y seriedad en Nietzsche, hace lo mismo con Gobetti, se
declara tal y como es, con certeza y honradez, consciente que tiene un destino, aunado a
una entrega apasionada. Seguramente sólo en Gramsci, podemos hallar tan orgánica y
honesta revelación.
Su testimonio de parte, acude a otra cita: “Piero Gobetti6, uno de los espíritus con quien
siento más amorosa asonancia, escribe en uno de sus admirables ensayos: -El verdadero
realismo tiene el culto de las fuerzas que crean los resultados, no la admiración de los
resultados intelectualisticamente contemplados a priori.
Cuantas discusiones bizantinas nos llevó a perder el tiempo juvenil en las aulas de San
Marcos, sobre el realismo, en vez de haber leído un poquito a Mariátegui aquellos que
creíamos en el socialismo, Con el agregado que seguramente el aprendizaje nos hubiera
preparado mejor para los debates que vendrían después, además de enseñarnos a
respetar la autoria de citas. Pienso también, en las discrepancias terribles en relación a la
línea correcta que nos haría pelear para defender el socialismo de la Unión Soviética
contra el de China y al revés. Más bien tuvimos la manía de tomar escritos de segunda
mano y los manuales, que por cierto dañaron nuestra formación, llevándonos por el
sendero del dilantismo y la retórica. Entonces nosotros fuimos libres pensadores o
inconsecuentes con el propio marxismo que postulábamos. Críticos o sectarios.
Naturalmente que esa época, acabó en manos del triunfo de Stalin y el sectarismo,
ambos inválidos para una revolución lozana, junto a los grupos que se eternizaron en el
poder en nombre del pueblo. Tampoco es tirarnos la soga y ahorcarnos, pues sucedió en
5
Debe recordarse que la cita que encabeza los Siete Ensayos es de Nietzsche, autor de Más allá del bien y
del mal, de quien soy ferviente admiradora. Nietzsche desarrolla la tesis de la moral de amos y esclavos
Autor de obras claves para occidente, como Así hablaba Zaratrusta. Postula al hombre superior.
6
Piero Gobetti Opera Critica, pp.88 en relación al realismo.
4
todo lo largo y ancho del socialismo. Y son temas y características de cuanto
pensamiento y acción ha recorrido la humanidad, que simbólicamente entendemos o
debemos comprender ahora para evitar sandeces en las prácticas sociales de los
partidos. Los signos y figuras, de todo movimiento político ayuda a tener otra mirada
del poder que suele dejar de lado, entre sus tantas llamadas desviaciones, los
sentimientos. Por ello con mayor facilidad predomina el oportunismo que es tan natural
entre los avivados y eternos políticos que saben perdurar en cualquier circunstancia.
Allá ellos que disfrutan siempre de los encantos del poder y que están bien con cuanto
soberano lo representa.
En otra cita de Mariátegui, de uno de sus grandes conocidos, Benedetto Croce7, en su
ensayo sobre la crítica literaria como filosofía copiamos “la verdadera critica de arte es
ciertamente crítica estética, pero no porque desdeñe la filosofía…..”
Y otra vez, insistente dice Mariátegui: “Declaro, sin escrúpulo, que traigo a la exégesis
literaria todas mis pasiones e ideas políticas, aunque dado el descrédito y degeneración
de este vocablo en el lenguaje corriente, debo agregar que la política en mi es filosofía y
religión”. Imposible dejar de lado, su perseverancia en la esfera de la pasión.8 Dirige a
las propuestas literarias de Riva Agüero sus armas más aguerridas, llamándolo colonial
y representante del civilismo. Entonces dice: “Por mi parte, a su inconfesa parcialidad
civilista o colonialista enfrento mi explícita parcialidad revolucionaria o socialista. No
me atribuyo mesura ni equidad de árbitro: declaro mi pasión y mi beligerancia de
opositor. Los arbitrajes, las conciliaciones se actúan en la historia, y a condición de que
las partes se combatan con copioso y extremo alegato”.
Exprofesamente coloqué en el párrafo anterior la frase en la esfera de la pasión. Fue el
alemán posterior a Carlos Marx, Weber9 quien trabajó las esferas autónomas y
relacionadas entre sí, para descifrar y señalar caminos metodológicos que nos llevaran a
entender la presencia de la religión en el drama de la sociedad moderna. Para Weber,
quien toma del poeta Schiller la expresión “desencanto del mundo”, que quiere decir “la
expulsión de la magia en las cosas” el asunto está en otros lados. Por ello viene a pelo
7
Benedetto Croce, filósofo idealista italiano (1866-1952).Dirigió el partido liberal. Conocido por sus
aportes a la estética.
8
Max Weber, (1864-1920) al decir de uno de sus conocedores Reinhard Bendix, Amorrortu Editores,
Buenos Aires, 1979, prolijo escritor. Sus obras son importantes y actuales, Economía y sociedad.. Popular
entre los sociólogos por sus ideas respecto a la burocracia y la legitimación en el poder. En el presente se
lee o cita sin leer, hasta por los marxistas.
9
Max Weber, Ensayos sobre sociología de la religión, Ed. Tauros, Madrid, pp. 348-360. Habermas,
Jürgen A crise de legitimacao no capitalismo tardío, parte III, Cap.1.
5
indicar que Mariátegui bien podría ser diagnosticado desde Max Weber, al menos en lo
que a arte y religión se refiere, como un hombre en tensión que recogió el lado mágico y
mítico de la vida, para encauzar el socialismo humano. Weber mismo fue como ha
indicado Habermas, un luchador, quien no logró éxito al orientar su desencanto, en
búsqueda de la felicidad a través de la incorporación de elementos irracionales
pertenecientes al campo de la emotividad. Pero esto es sociología, que puede ayudarnos
a conocer otras posiciones que vienen en auxilio para esta ponencia sobre el
renacimiento y Botticelli en José Carlos.10
El Mariátegui que presentamos es más la reconstrucción de un programa, que la
identificación de un texto. En su viaje a Italia, él concentra su atención (junto a los
movimientos socialistas) en la figura alucinante de Botticelli; podemos avizorar el
impacto elocuente que tuvo para él su estadía en el centro del renacimiento. Adherido
como estaba al renacimiento como corriente esteta, enriquece su perspectiva del
socialismo como el triunfo del humanismo. Tal y como es propio de la iconografía 11 que
interpreta el simbolismo desde la idea previa en el tiempo que analiza.
Lo que enseña el análisis de las imágenes en contextos conocidos dice Gombrich es la
multiplicidad que es más importante para el estudio de los símbolos que para el asunto
del lenguaje cotidiano. Pasa así con los que aprenden un idioma y se hacen la ilusión del
significado de una palabra que pueden encontrar en el diccionario, sin darse cuenta que
el significado ofrece una gama de interpretaciones.
El libro Icnología de Cesare Ripa, que utiliza Gombrich, presenta una lista de
personificaciones de conceptos por orden alfabético para sugerir diversas formas para su
identificación. No deja de ser una técnica para Ripa cuya intención no estuvo de parecer
un diccionario ni manual.
Como ejemplo la soledad normalmente incorporada en el cuerpo de una mujer de
blanco, con un gorrión sobre su cabeza ilustra lo que decimos, aunque sin convencernos
como alegoría (“imagen que representa otra cosa”). Ripa deja sentado explícitamente
que los símbolos que utiliza como atributos son metáforas ilustradas. Y que estas no son
reversibles12. Dependen de los contextos.
10
Refiérese a Mariátegui, José Carlos.
Iconografía del griego y del latín, es tratado que describe imágenes, retratos, roles, especialmente desde
la óptica de los antiguos.
12
Ripa, Cesare, era un aristotélico. Escribe su Icnología en 1593.
11
6
Mariátegui, es un individuo de su contexto, y las palabras que reitera como pasión y
sentimientos, permiten varias explicaciones, en primer lugar el significado que tenían
para él. Y en segundo, el signo alegórico que Mariátegui les otorgaba. No dejamos de
pensar que tanta erudición y libertad, caía en saco roto de los insulsos burócratas del
socialismo realmente existente.
Gombrich agrega algo más, cuando escribe en el capítulo Filosofía del simbolismo, “el
símbolo no es un código convencional” sino una forma de definición. La interpretación
neoplatónica o mística del simbolismo, que hemos utilizado en este trabajo para
conversar sobre Mariátegui, tiene origen más en la religión que en la comunicación
humana,”el símbolo aparece como idioma misterioso de la divinidad”.
En consecuencia creemos que la permanencia de Mariátegui en nuestro tiempo, (donde
predominan tribalismos, nacionalismos, fundamentalismos, matanzas religiosas), es
necesaria aunque esté más cerca de lo divino que de la política. Cerramos este círculo,
definiendo que Mariátegui era y es un ìcono, 12 que en su acepción es representación
devota de pincel o de relieve, usada en las iglesias orientales, unidas como tablas
bizantinas. Imagen, es figura y también expresión de las virtudes, vicios y otras cosas
morales o naturales con la figura o apariencia de la persona.13
Podemos indicar que la posibilidad de hacer que las cosas signifiquen no se perdió en
maestros tales como Leonardo, que representó al niño Jesús jugando con una
devanadera que recuerda la forma de la cruz. De otro lado Panofsky subrayó la
importancia del simbolismo “disfrazado” en el arte de los primitivos flamencos, gracias
a la luz que penetra por la ventana.
En la vida de Mariátegui, el símbolo opera o funciona como una metáfora X que
adquiere sentido específico en un contexto dado.¿Cómo es posible su vigencia, con los
cambios indiscutibles de los últimos ochenta años? La respuesta está en su inclinación
al arte y al mito. En el presente, el avance de la sociología nos obliga a incorporar lo
conciente y el inconsciente. Que implica, el peso dado a las zonas umbrales de la
conciencia, y las diferencias entre conciencia e inconciencia, para llegar al inconciente
colectivo.
X La metáfora debe entenderse como una figura literaria que viene del griego, indica
comparación tácita, o palabras que se toman en sentido recto, o en sentido figurado.
13
Opiniones tomadas de Gombrich, pp. 15, obra citada. Citamos sólo Imágenes simbólicas, olvidando
otra obra estudiada y tan reveladora como la primera, me refiero a Arte e ilusión, Gallimard, 1977
llamada Psicología de la representación pictórica, que es de rigor trabajar en el curso Sociología del Arte
que hace años se dicta en la Universidad de Sao Paulo. Recibí este curso por Sergio Micelli.
7
ESCENARIO 2 RENACER DE SANDRO BOTTICELLI EN JOSÉ CARLOS
MARIÁTEGUI.
“Muchos artistas buscan a sus maestros y sus dechados entre los ùltimos prerenacentistas. Otros se remontan a Cimabue y a Guitto, Sandro Botticelli, Fra Filippi
Lippi, Pier Della Francesca resultan extrañamente actuales……A mí, verbigracia, un
cuadro de Botticelli me impresiona y place mucho más que un cuadro de Rafael”.
Precedidos por la cita que hemos tomado de Variedades 1924, nos ocuparemos del nexo
de Mariategui con el renacimiento desde la mirada de Ernest Gombrich quien titula a
este capitulo Las mitologías de Botticelli, con dos subtítulos muy llamativos: Estudio
sobre el simbolismo neoplatónico de su círculo. Y una posdata a modo de prefacio.
José Carlos escribe sobre Botticelli, entre líneas. En el índice onomástico leemos
Botticelli, Sandro (1445-1510)- pintor italiano del renacimiento. Es uno de los maestros
de la plástica universal. Destacan en su producción: Alegoría de la Primavera, Palas y el
Centauro, Las tres gracias.
En el alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy, escribe “El arte italiano se
caracteriza, en conjunto, por ser teatral. En Miguel Ángel, esta teatralidad se sublima.
En Veronese, en Bernini, tiene menos elevación, más grandilocuencia. Es la nota
persistente del Renacimiento y de sus escuelas. Sandro Botticelli, Piero della Francesca,
Antonello da Messina y muchos otros artistas italianos, exquisitamente líricos,
hondamente subjetivos, no pueden ser olvidados, no pueden ser ignorados…..Y, lo
mismo que el arte, el pueblo y el paisaje son en Italia, teatrales.”pp.65.
Botticelli tiene un sinnúmero de biografías. No es el caso citarlas. Pero contamos con
Frederick Hartt en su libro Botticelli, publicado en 1954 y André Chastel en 1959,
quienes dieron argumentos a Gombrich para lanzar sus hipótesis que las pinturas de
Botticelli a la luz de las interpretaciones neoplatónicas, podían ser deducibles. Dice
Gombrich “para defender esta hipótesis que carecía de antecedentes en la bibliografía
sobre el artista, reuní numerosos textos, extraídos principalmente de los escritos de
Marsilio Ficino.” Y quién era este Ficino? Sencillamente el promotor del resurgimiento
del neoplatonismo en Florencia.
8
Dos autores, por último, cuestionaron la lectura alegórica de esos cuadros, proponiendo
volver a la interpretación anterior, según la cual los cuadros no reflejan tanto las
preocupaciones filosóficas de Ficino como la poesía amorosa de Angelo Poliziano…..”
Otro señor importante en Florencia.
Pero es obligación indicar lo siguiente: al decir de Gombrich, no es cuestión de buscar
fuentes textuales para este estudio. De hecho “La primavera ha merecido cuantiosas
obras que demuestran que en la literatura antigua y renacentista existen innumerables
referencias a la diosa del Amor, a Flora y a las Gracias. “Pero tengo la impresión que su
misma abundancia tiende a oscurecer más que a iluminar, el problema de esas
pinturas”.14
La relación estrecha entre Mariátegui y su amor por la obra de Botticelli, que tiene
muchos admiradores, indica dos hechos: el primero que Botticelli era en su tiempo
proclive a las mitologías. Y el segundo, que introduce temas paganos en el arte, puesto
que fue el primero que pintó una Venus desnuda en plena etapa de los Mèdicis en
Florencia. Para nosotros que ensayamos una propuesta, es claro que Mariátegui era
seguidor de los mitos del pasado incaico, inclusive en su tajante admiración por el
comunismo incaico. Pero también, era un buscador del mito humano y por eso toma
como suya la postura soreliana. El mito es una explicación de sabiduría y una clara
presencia de los orígenes. Ambas le eran muy caras. El mito debe ser leído como una
forma neoplatónica de ser y en Platón está el raciocinio en el hombre superior, como en
Nietzsche.
Existe una tercera razón, para plantear estas inquietudes que sugiere Gombrich, y que
caracterizaba los aportes del Instituto Warburg. Me refiero a la relación establecida
entre los mecenas y los artistas que ellos protegían. No por azar la Primavera como el
nacimiento de Venus, proceden de la villa de Castello, de la que era propietario Lorenzo
de Pierfrancesco, primo de Lorenzo de Médicis, éste último, mecenas de Botticelli.
Pareciera complicado todo este caudal de palabras, pero no lo es. Por ejemplo, la
palabra tiene un significado, según quien la use. Igual el símbolo, representación que se
hace común, de acuerdo a contextos. Una y otro, no tienen sentido, si, por ejemplo,
mostramos una computadora a un nativo de Tailandia, que nunca la ha visto ni en foto e
ignora lo que es y menos esperar que reaccione ante tal objeto. Lo mismo sucede con
14
Gombrich, Imágenes simbólicas, Debates, Madrid, 2000, pp. 32.
9
los signos que son representaciones de contenidos. Aquí como en todo, depende del
entendimiento que tenga el observador.
Como si fuera poco, en ese tiempo, Ficino había remitido al joven Médicis una
exhortación para que fije sus ojos en Venus que significa la Humanitas. Desde luego, no
es tan sencillo concluir que esa tercera razón, hizo que Botticelli pintara estos cuadros
fantásticos. Tampoco para no considerarla.15
No debe dudarse ni de la proximidad de Ficino al joven Médicis, ni del hecho que las
pinturas eran algo más que decorativas. Detrás estaba el mito más que la imagen
(Gombrich)16
No pongo en discusión esta aseveración de Gombrich, por lo contrario afirmo que me
complace ya que el mundo de José Carlos Mariátegui coincidentemente también estaba
envuelto y comprometido con los sentimientos, los mitos, la religión como filosofía y
política, todas ellas propias de las esferas emotivas o irracionales.
En cartas de Italia17 Mariátegui demuestra cuan enterado estaba del paisaje y las gentes
de este lado del mundo, que él eligió cuando sale a Europa y que Lôwy ha discernido en
varias hipótesis interesantes, sobre el romanticismo.18
Volviendo a Botticelli, re- descubierto en el siglo XIX, por sus temas paganos,
basados en los mitos, al punto que sus cuadros se convirtieron en telones de fondo
del renacimiento. Necesitamos una interpretación histórica más rigurosa que por
cierto incluya sus mitologías. Ni siguiera la mirada de Gombrich puede sentar
conclusiones, de modo que el espacio está abierto para los estudiosos.
15
Gombrich, Ernest, Arte e ilusión, ya citada. Pp. 35
Ernest Gombrich no oculta la admiración por E. Panofsky ni el gozo que le da el reconocimiento del
maestro, cuando explicita que éste aprobó la sentencia escrita por él en el sentido que “el punto de vista
del neoplatonismo sobre el antiguo mito fue el que consiguió –franquear a esferas emotivas el arte
profano, que hasta entonces habían sido patrimonio exclusivo del culto religioso”.
16
17
Mariátegui, José Carlos, Cartas de Italia, en MARIATEGUI TOTAL, tomo 1. Lima, Minerva,
1994.Reúne los artículos escritos por Mariátegui, publicados en diarios y revistas como El Tiempo,
Variedades, Mundial, otros, entre 1920 y 1922.Mencionamos en párrafos anteriores que de ahí tomamos
su artículo sobre Los amantes de Venecia, de Charles Maurras.
18
Lôwy, Michael. El marxismo romántico de José Carlos Mariátegui, marzo, 2008.
La pasión como el romanticismo, son términos censurados por el partido comunista,
desde sus inicios. Y aún quedan vestigios primitivos en seguidores socialistas y de
sectas religiosas, que hablan de dedicar la vida a la causa política, dejando de lado hasta
a la familia. Suficiente es mencionar las ramas del Opus Dei, en nuestro tiempo.
10
Hasta este momento, hemos recurrido a fuentes literarias para interpretar la
Primavera de Sandro Botticelli. Podemos preguntar muchas cosas como ¿hasta que
punto penetró Botticelli en el espíritu de la alegoría de Ficino, el promotor del
renacimiento religioso en Florencia?
Sandro Botticelli conocía las tradiciones del arte profano que había en al norte y sur
de los Alpes. De su elección podían salir temas sobre el amor y temas de caballerìa.
Pero al parecer éstos no estaban rondándole la cabeza, aunque hubiera recibido la
sugerencia de hacer imágenes más religiosas, que sospechamos le llegó por
intermediación de Ficino.
Hizo entonces a Venus Humanitas cuadro donde Gombrich, afirma encontrar
elementos nuevos, como por ejemplo, el sentido lírico y el espíritu, que impregna
Botticelli. ¿Qué quiere decir con esto? Que la Venus – Humanitas despierta en el
contemplador, un sentimiento cercano al entusiasmo religioso, como si obedeciera a
Ficino. Pese a cualquier conjetura, Botticelli extrajo el intenso patetismo que
transfirió a esta obra, porque pintó con fervor y delicadeza, como señala
Gombrich.19
Botticelli en fin abrió de emotividad al arte profano. Esta es la tesis completa que
propone Gombrich y nos parece válida, al menos para sentir una emoción “sana”
cuando contemplamos sus cuadros.
Termina Gombrich, “los símbolos visuales tienen manera de hacer valer sus derechos.”
Que, por cierto, es una bonita figura. Para agregar que “en la siguiente generación de
pintores, la dignidad y la emotividad de los temas clásicos empezaron a igualar a la de
los temas religiosos” Podemos pensar por ejemplo que fue el caso de Caravaggio.20
Pero agreguemos algo más sobre este asunto, tomado de citas tan sesudas del
historiador austriaco del Instituto Warburg. Según el texto de Kristeler,” Ficiniana”,
señala que los nuevos estudios del renacimiento, tienden a reducir la talla de Ficino,
llamado por algunos, “el nuevo Platón”, quien no tendría los brillos que se le había
atribuido. Panofsky, tenía claro los contenidos de ciertas obras de Ficino. Dando pie así
para poner en duda la inmensa influencia de los consejeros de los Mecenas, aunque
19
En esa época, las repúblicas de Venecia y Florencia estaban en auge y en decadencia, se pensaba que
las artes debían “liberar” la mente de los autores y observadores, del deseo carnal.
20
Caravaggio fue gran pintor; sus personajes, como Jesús y los apóstoles, parecen salirse del cuadro.
Adquiere entonces lo sacro mayor evidencia de sentimientos y emociones humanos. Y seducción en los
contempladores de todos los tiempos
11
hubiera escrito su Teoría Platónica y fuera dueño del Gimnacium donde moldaba gustos
y estilos de los jóvenes pintores.
No debe dejarse de mencionar que los pintores en su relación con sus mecenas, pendían
realmente su libertad. Porque eran reclutados desde muy jóvenes20 y era la forma que
tenían para vivir bajo protección; por tanto más allá de Ficino, y de los Médicis,
efectivamente fueron determinantes. Y lo son en el presente, porque además manejan el
mercado de arte junto con los críticos. O al revés.21
En la historia del arte, como en otras disciplinas que se aprecien, todo párrafo escrito
viene acompañado de abundantes citas. Es como trabajaba el grupo de Warburg y por
tanto Gombrich. Por ello los pie de páginas obligatoriamente deben ser leídos. Las
mitologías de Botticelli, que hemos resumido aquí, tienen más de 264 notas en apenas,
50 páginas.
Botticelli, es otro claro ejemplo de la pertenencia de estos bellos y jóvenes pintores.
Recièn ingresó al gremio de pintores, para buscar protección “laboral” al final de su
carrera activa. Los gremios por cierto tenían el objetivo de ocupase de sus miembros..
Pero al final de cuentas, qué libros leyó Mariátegui sobre Botticelli? No leyó? Tal vez
consultó en bibliotecas existentes ya por entonces, a Ferruolo, o Michel Levey. No
olvidemos que puede encontrarse datos bibliográficos sobre Botticelli hasta 1931. Y en
alemán el libro de 1893, Geburt der Venus, en Leipzig. O seguramente al pasear por la
Capilla Sextina pudo contemplar los frescos de Botticelli, que al decir de Vasari, “no
salen mejor parados que el techo de Miguel Ángel o las estancias de Rafael”.
Nos resta reiterar que el Instituto Warburg tiene el reconocimiento de quienes se
interesan por la historia del arte y me place poder ofrecer en este simposio internacional,
una propuesta sencilla y compleja, sobre la simbología en la figura de Mariátegui en los
Siete ensayos.
En su Obra total, Tópicos de Arte Moderno, Mariátegui, en 1924, escribe,”Las botellas,
los vasos y las manzanas no han variado en cinco siglos; pero la sensibilidad de los
hombres sí. Y el mundo exterior de los artistas de hoy no se parece casi al mundo
exterior de un artista del Renacimiento……,…Algunos críticos asignan un rol a la
velocidad en la generación del impresionismo. Es absurdo, es cretino pretender que se
pinte hoy como en los días del Tintoretto.”
21
Miguel Ángel para ilustrar lo dicho tenía unos 16 a lo más, 17 años, cuando se sentaba a la mesa al lado
de su Mecenas, el Magnífico.
12
En lo que a mi intención compete Mariátegui lanza dos sentencias vigentes, enhebradas
con su cultura y su amplitud. Una, la cambiante percepción de la sensibilidad de los
artistas que por cierto, lo alejan de toda defensa del realismo socialista. Y dos, su
conocimiento de las corrientes de la pintura. Es de extrañar que esta faceta de él como
político amante del arte, no solamente fue dejada de lado por temor del marxismo más
ortodoxo, sino por la ignorancia de quienes lo sucedieron. Digo esto sin temor a
equivocaciones, puesto que hasta la actualidad, los sectarios terribles aplican críticas a
pintores peruanos y extranjeros con una seguridad digna de mejor causa. O lo que es lo
mismo, con una enorme ignorancia. Creo que este lado de Mariátegui, es tan vigente
que debe comenzar a estudiarse.
Por prudencia transcribo un ensayo corto aparece en Poliedro en 1926, en Ensayos
sintéticos, porque reúne en breves palabras algo hermoso de la vida de Mariátegui.
LA VIDA QUE ME DISTE
“Renaci en tu carne cuatrocentista como la de La Primavera de Botticelli. Te elegì
entre todas, porque te senìi la màs distante. Estabas en mi destino. …..Yo era el
principio de muerte;
Tú eres el principio de vida. Tuve el presentimiento de ti en la pintura ingenua del
cuatrocientos”.
Para concluir que no solamente compara a su amada esposa con un cuadro de Botticelli,
sino como una madona toscana. Tampoco vamos a delirar de vitalismo como para
señalar que es un texto poético, cuando el mismo Mariátegui lo tituló como ensayo. Por
lo contrario rescato su dedicado amor por Botticelli y su cariño y pasión humana y
común por su esposa, como hombre cotidiano, educado y fino.
ESCENARIO 3 LA RELIGIÒN COMO FILOSOFIA Y POLITICA EN
MARIATEGUI
Hasta dónde la religión dejada en el campo irracional se apodera de todo especialmente
de la política, entrando al mundo cotidiano, a la esfera de lo expresivo? Nos
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preguntábamos leyendo a Max Weber.22 Sigo pensando que es una inquietud válida para
esta ponencia con distinto enfoque, sobre la religión en José Carlos Mariátegui.
Weber un neo kantiano alejado del positivismo, buscador de la idea o la razón
para construir un método, que vamos a tomar en esta ocasión, aplicable a la realidad, vía
el ejercicio riguroso de la reflexión racional( trabajo citado, que copio), nos da paso para
varias ideas.
Primera idea:
La moral para Weber nace por necesidad o por culpa. Si la moral surge del
sentimiento de dolor o sufrimiento, será negativa e interpretada como castigo. Será así
difundida por los intermediarios y legitimizada en el corazón de los creyentes.
Pero algo más, pasará a formar parte de la racionalidad mundana y tendrá un poder muy
grande tanto en pobres como en ricos. Del mismo modo, si nace por necesidad para
justificarse, como pareciera ser el caso de los puritanos, quiere decir que será mundana
y estará contra el placer y contra la vida.
En ambos caso, llegará a convertirse en una lógica, la católica o la protestante. Weber
avanza hasta distinguir dos tipos de comportamiento en occidente, aquel aristocrático
que vive a plenitud y el burgués que construye su poder ahorrando y celebrando el
trabajo como el bien purificador dado a Dios.23
Segunda idea:
En el mundo de la acción, las ideas que son movidas por intereses tanto materiales
como ideales, suelen desempeñar el rol de guías en manos de los intelectuales, quienes
son los que las racionalizan, dominando de ese modo también los sentimientos.
Tercera idea:
22
Presenté el trabajo Algunas reflexiones en torno a lecturas de Weber, texto inédito, para el curso
llevado con Antonio Flavio Pierucci en el doctorado de la Universidad de Sao Paulo en 1998. Pierucci es
autor del texto Magia, ediciones Folha de Sao Paulo, 2004.Cito del mismo.
23
Weber, Max Ensayos de sociología, Zahar Editores, 1971, parte III, religiao, XI A, psicología social das
religioes mundiais, pp. 309-347, en mi trabajo.
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La permanente lucha entre racionalidad e irracionalidad, que poco tiene que ver con la
idealización de la inocencia como sinónimo de felicidad, concede a Weber un atractivo
especial. Por ello, la desacralización del mundo, la vida, las cosas, la religión, el poder,
es un eje central en el pensamiento weberiano.
Cuarta idea:
Weber considera que el caudillismo específico de occidente es político y que la
aceptación al líder carismático posee una dosis muy elevada de obediencia religiosa.
Cuando habla del surgimiento de los políticos profesionales, a partir del advenimiento
del estado moderno, distingue a aquellos que viven de la política como los verdaderos.
Los otros, hacen política en cuanto poseen un patrimonio económico.24
Con estas ideas entremos entonces a re- pensar al político Mariátegui.
Si Mariátegui asumió intensamente el ejercicio político, con vehemencia pasional
como correspondía a su carácter y lo difundió y amplió re- interpretando la realidad
peruana para la construcción de un mito maravilloso: la sociedad socialista,
Si este hombre activo de su tiempo, continúa siendo referencia obligada en el plano
sentimental y moral,
Si como sabemos se apegó al mito soreliano y defendió la creación heroica del
socialismo “sin calco ni copia”. Perdura más por sus señas de hombre bueno y
combativo, moral y agónico, a quien necesitamos acudir con tranquilidad y entrega.
Por imperiosa búsqueda de lo posible en medio de la desolación y fracaso del
socialismo. Seguramente admiramos en èl más su impido itinerario, su frontal lucha,
que sus mismas teorías para la construcción de un país socialista y libertario.
No tenemos figura ni símbolo más emblemático. No hay quien pueda sustituirlo
como conductor transparente y disciplinado. Mucho menos como signo de nuestra
necesidad humana de quien nos acogemos como asas de protección. Postulamos que
Mariátegui es un ícono.
24
Weber había hecho política y quiso transformar esta experiencia en aprendizaje para el estudio con sus
alumnos. Combatió el latifundio en Alemania, tanto como a la burocracia prusiana y al absolutismo.
Participó en la redacción de la constitución de la República de Weimer y fracasó cuando intentó formar
un partido. Fue un desencantado. Por ello tuvo más confianza en la ética profesional moderna que en el
idealismo de la ética religiosa.
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1 EL AMOR A BOTTICELI: JOSÉ CARLOS MARIATEGUI DESDE LA