PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
EL ÁRBOL DEL RUISEÑOR
Hubo una vez un lindo ruiseñor que hacía su nido en la copa de un gran roble. Todos
los días el bosque despertaba con sus maravillosos trinos.
La vida volvía a nacer entre sus ramas. Las hojas crecían y crecían. También lo hacían
los polluelos del pequeño pajarito.
Su nido estaba hecho de ramitas y hojas secas.
Algunas ardillas curiosas se acercaban para ver como los polluelos picoteaban el
cascarón hasta dejar un hueco en el que poder estirar su cuello. Empujaban con fuerza y
lograban salir hacia fuera.
Sus plumitas estaban húmedas. En unas cuantas horas se habrían secado y los nuevos
polluelos se sorprenderían de lo que les rodeaba.
El árbol estaba orgulloso de ellos. Él también era envidiado por los demás árboles no
sólo por tener al ruiseñor sino por la belleza de su tronco y sus hojas. Era grandioso verlo en
primavera.
Al llegar el otoño, las hojitas de los árboles volaban hacia el suelo. Con gran tristeza
caían, pero el viento las mimaba y las dejaba caer con suavidad. Al pasar el tiempo éstas
serían el abono para las nuevas plantas.
Al ruiseñor le gustaba jugar entre sombra y sombra. Revoloteaba haciendo piruetas,
buscando la luz y cuando un rayo de sol iluminaba sus plumas, unas lindas notas musicales
acompañaban su alegría y la de sus polluelos.
Un día un hongo fue a vivir con él. Ya lo conocía de antes se llamaba Dedi, bueno,
tenía un nombre muy raro, pero ellos le llamaban así.
El roble comenzó a sentirse enfermito, tenía muchos picores y su piel se arrugaba.
De vez en cuando le corría un cosquilleo por el tronco.
Estaba un poco descolorido, ni siquiera tenía ganas de que los ciempiés jugaran
alrededor de sus raíces.
Él hongo estaba celoso del árbol y de su amistad con el ruiseñor.
Pensó que si le enfermaba, el ruiseñor le haría mas caso a él, envidioso de su amor no
le importó hacerle sufrir.
Los demás animales convencieron al hongo para que abandonara al árbol. Así
conseguiría, ser su amigo pero nunca por la fuerza.
A partir de aquel día siempre se juntaban para ver amanecer.
El hongo aprendió una gran lección, su poder y su fuerza debía utilizarlas, para algo
bueno, para crear, no para destruir.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
EL ÁRBOL MÁGICO
En el centro de una placita, en el pueblo, había un precioso árbol. El árbol tenía ramas
muy largas para los costados y también para arriba. Parecía un poquito unos brazos locos que
invitaban a los niños a subirse a él.
Pero el árbol, que ya era muy viejito, porque tenía 103 años, estaba un poquito triste.
Resultaba ser, que de tan abuelito que era, de tan tan pero requete tan gordo que estaba Había bebido mucha lluvia decían - , le pusieron una cerca a su alrededor...con un cartel. Pero
como el no sabía leer... Estaba más y más triste porque era un abuelito sin la alegría de sus
chiquitos.
Un día escuchó el árbol - porque saben oír muy bien ellos, eh! - que alguien leía el
cartelito: - Árbol centenario. Monumento histórico nacional. Plantado por.....
Pero al árbol no le interesaba nada esas cosas, el quería oír risas y sentir cómo se
trepaban los chicos... oir los secretos que le contaban... pero no le gustaba nada cuando las
personas grandes le hacían daño, escribiéndolo o rompiéndolo.
Tanto tiempo había pasado... que el árbol ya se había cansado de esperar.
Cuando esa tarde de primavera, un chiquito, de unos 10 años, pasó la cerca! Qué
contento se puso el árbol...! Tanto, que escuchen bien lo que pasó:
El chiquito fue a buscar a otro amigo para no estar tan solito. Treparon a una rama que
iba para el costado del sol y se quedaron recostados contándose cosas... pequeños secretos de
cosas que les gustaría hacer.
El árbol escuchaba todo y se reía con sus hojas alegres. Entonces pensó que sería una
linda idea hacer un poquito de magia.
El chiquito que primero había trepado se llamaba Guillermo, el otro Agustín.
Guillermo le contó a Agustín que él quería poder ganar muchas veces a las bolitas para que
Jorge no se riera más de é en el colegio, y así Carlota se haría su amiga.
Al día siguiente misteriosamente, Guillermo ganó en todos los recreos a las bolitas y
Carlota le dijo que lo había hecho muy bien y le regaló una bolita preciosa. Guillermo estaba
muy contento y guardó esa bolita como "la bolita de la buena suerte"
Esa misma tarde, después del cole, fue saltando y cantando de alegría al árbol, a
encontrarse con Agustín y le contó todo lo que pasó.
Así, el árbol escuchó todo y estaba muy feliz, ahora se reía muy fuerte con sus ramitas
y sus hojas... - La magia funcionó! se dijo el árbol.
Agustín también le contó lo que quería hacer con muchas ganas y fue así como el
árbol abuelito se convirtió en el ÁRBOL MÁGICO, el que concedía los sueños.
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Bambi y los amigos del bosque
Autor: Felix Salten.
Bambi y los amigos del bosque
Había llegado la primavera. El bosque estaba muy lindo. Los animalitos despertaban
del largo invierno y esperaban todos un feliz acontecimiento.
- ¡Ha nacido el cervatillo! ¡El príncipe del bosque ha nacido! -anunciaba Tambor el
conejito, mientras corría de un lado a otro.
Todos los animalitos fueron a visitar al pequeño ciervo, a quien su mamá puso el
nombre de Bambi. El cervatillo se estiró e intentó levantarse. Sus patas largas y delgadas le
hicieron caer una y otra vez. Finalmente, consiguió mantenerse en pie.
Tambor se convirtió en un maestro para el pequeño. Con él aprendió muchas cosas
mientras jugaban en el bosque.
Pasó el verano y llegó el tan temido invierto. Al despertar una mañana, Bambi
descubrió que todo el bosque estaba cubierto de nieve. Era muy divertido tratar de andar sobre
ella. Pero también descubrió que el invierno era muy triste, pues apenas había comida.
Cierto día vio cómo corría un grupo de ciervos mayores. Se quedó admirado al ver al
que iba delante de todos. Era más grande y fuerte que los demás. Era el Gran Príncipe del
Bosque.
Aquel día la mamá de Bambi se mostraba inquieta. Olfateaba el ambiente tratando de
descubrir qué ocurría. De pronto, oyó un disparo y dijo a Bambi que corriera sin parar. Bambi
corrió y corrió hasta lo más espeso del bosque. Cuando se volvió para buscar a su mamá vio
que ya no venía. El pobre Bambi lloró mucho.
- Debes ser valiente porque tu mamá no volverá. Vamos, sígueme -le dijo el Gran
Príncipe del Bosque.
Bambi había crecido mucho cuando llegó la primavera. Cierto día, mientras bebía
agua en el estanque, vio reflejada en el agua una cierva detrás de él. Era bella y ágil y pronto
se hicieron amigos.
Una mañana, Bambi se despertó asustado. Desde lo alto de la montaña vio un
campamento de cazadores. Corrió haciá allá y encontró a su amiga rodeada de perros. Bambi
le ayudó a escapar y ya no se separaron más. Cuando llegó la primavera, Falina, que así se
llamaba la cierva, tuvo dos crías. Eran los hijos de Bambi que, con el tiempo, llegó a ser el
Gran Príncipe del Bosque.
Si por el bosque has de pasear, no hagas a los animales ninguna maldad.
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BILLI, EL LAGARTO
Ahora te voy a contar las aventuras de Alicia en la casa del Conejo Blanco.
Recuerdas que al Conejo Blanco se le cayeron los guantes y el abanico del susto que
se llevó al oír la voz de Alicia que parecía venir del cielo. Bueno, comprenderás que no podía
presentarse a visitar a la Duquesa sin guantes y sin abanico; de manera que al cabo de un rato
volvió para buscarlos.
Para entonces ya se habían marchado el Dodo y las demás criaturas extrañas, y Alicia
estaba deambulando solita por allí.
¿Y qué crees que hizo el Conejo? ¡En realidad creyó que Alicia era su doncella, y
empezó a darle órdenes! «¡Mary Ann!» le dijo. «¡Vete a casa y tráeme un par de guantes y un
abanico!» «¡Ahora, deprisa!»
Tal vez con esos ojos de color de rosa no veía muy bien. Porque sin duda Alicia no
tiene aspecto de doncella ¿verdad? Pero ella era una niña muy amable, y no se sintió nada
ofendida, sino que salió a todo correr tan rápido como pudo hacia la casa del Conejo.
Por fin encontró la puerta abierta; porque si hubiera tenido que llamar al timbre,
supongo que habría salido a abrir la verdadera Mary Ann: y esa no habría dejado entrar a
Alicia por nada del mundo. Y menos mal que tampoco apareció Mary Ann mientras Alicia
corría escaleras arriba: ¡porque me temo que hubiera tomado a Alicia por una ladrona!
Por fin descubrió la habitación del Conejo: y había un par de guantes sobre la mesa, y
ya los iba a coger y marcharse, cuando vio un frasquito en la mesa. ¡Y naturalmente en la
etiqueta ponía «BEBEME»! ¡Y naturalmente Alicia bebió un poco!
Bien, pues yo creo que también eso fue una suerte ¿no crees tú? Porque si no hubiera
bebido nada, no habría ocurrido toda esta aventura maravillosa que te voy a contar. Y eso
hubiera sido una pena, ¿no?.
Ya vas conociendo tan bien las aventuras de Alicia, que me apuesto a que te imaginas
lo que ocurrió a continuación. Y si no te lo imaginas te lo contaré.
Creció, y creció, y creció. Y en muy poco tiempo la habitación estaba llena de Alicia:
¡Exactamente igual que un tarro está lleno de mermelada! ¡Había Alicia hasta en el techo; y
Alicia estaba en todos los rincones de la habitación!
La puerta abría hacia el interior, y naturalmente no había sitio para abrirla: y cuando el
Conejo se cansó de esperar y vino él mismo a buscar sus guantes, naturalmente no pudo
entrar.
¿Y qué crees que hizo entonces? (Ahora miremos el dibujo). Envió al Lagarto Bill al
tejado, y le mandó bajar por la chimenea. Pero resulta que Alicia tenía un pie en el hogar: y
cuando oyó que Bill bajaba por la chimenea, nada más dio una patada muy flojita ¡y Bill salió
volando por los aires!
¡Pobrecito Bill! ¿No te da mucha pena? ¡Qué susto debió haber pasado!
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CEIP “Eduardo Palomo”
La blanca gaviota y el travieso sol
Erase una bella gaviota tan blanca, pero tan blanca, que al pasar por una nube no se
veía, porque se confundía con el color de las nubes.
Todas las mañanas al despertarse, salía volando en dirección al Sol, buscando nuevas
aventuras. Ella sabía que en la mañana el Sol salía por el Oriente, y que si volaba hacia él, iría
alejándose de su casa. También sabía que por las tardes el Sol se ponía por el Occidente, y
que si se dirigía hacia él, iría a su casa. Por esta razón nuestra amiga jamás se perdía.
Se cuenta que un día el Sol amaneció contento y con ganas de hacer alguna travesura.
Se trazó un plan y se propuso jugarle una broma a nuestra amiga la gaviota. Ese día el Sol
salió como siempre por el Oriente, pero en el plan estaba calculado no ponerse por el
Occidente sino por el Sur. -¡imagínense lo que pasará con esta loca travesura!-. Al amanecer,
nuestra amiga se enrumbó como de costumbre hacia el Oriente, contenta como siempre
mirando el mar y a los muchos peces haciendo piruetas; le agradaba ver las rocas en la orilla
del mar y de vez en cuando parloteaba con otras gaviotas que venían de otros sitios. Ese día
almorzó sobre una roca que estaba situada en el medio del mar, mientras escuchaba como el
mar con violentas olas iba y venía. Así, después de tanto ajetreo, se dedicó a esperar que el
Sol se ocultara por el Oeste para que le sirviera de guía una vez más en su regreso a casa. Al
rato levantó vuelo y se dirigió al Sol, pero éste siguiendo su plan de jugarle una mala pasada,
no se estaba poniendo por el Oeste sino por el Sur, tal y como lo había decidido. Nuestra
amiga tal vez un poco cansada no se percató que su vuelo iba directo a las montañas.
Ella se dió cuenta que no encontraba su casa, sólo veía montañas, bosques y árboles,
pero su casa no se veía por ninguna parte. Cansada de volar decidió pararse a descansar y
tratar de entender lo que pasaba.
Al posarse sobre un árbol encontró a una graciosa ardilla que al ver la gaviota se
asustó, pues nunca había visto un ave de mar por tierra.
¿Qué estás haciendo tú por aquí, tan lejos de tu mundo?, le preguntó la ardillita.
Realmente no entiendo lo que pasa, todos los días para regresar a mi casa me guío por
el Sol, pero en esta oportunidad me perdí en el camino, estoy en un lugar desconocido. ¿Qué
hago ahora?, preguntó la extraviada gaviota.
Sólo alguien con todo el conocimiento necesario, podría ayudarte y en el bosque, solo
el señor sabio Don Juan Lechuza es capaz de encontrarle una solución a ese terrible problema,
le dijo la ardillita.
¿Y dónde puedo encontrar al señor sabio Don Juan Lechuza?, le preguntó la gaviota.
El se encuentra en el árbol más, pero más grande del bosque, y en la punta más, pero
más alta, le respondió la ardillita.
La gaviota emprendió el vuelo, no sin antes despedirse de su apreciada amiga quien,
aparte de darle una información que podía ayudarla mucho, le había dado además tranquilidad
y esperanza, al ofrecerle una solución al problema.
Tan sólo tenia que encontrar al señor sabio Don Juan Lechuza, y para ello necesitaba
encontrar el árbol más alto del bosque. Se dijo a si misma: ¿Cómo puedo encontrar el árbol
más alto del bosque?. Bueno, creo que eso no es dificil; subiré volando a lo más alto y el pico
del árbol que se vea más, será porque es el más alto, y así lo hizo. Ascendió rapidísimo hasta
lo más alto y desde allí vió cual era el pico que más sobresalía y se dirigió hasta ese pico, se
posó en el árbol y llamó al señor sabio Don Juan Lechuza, pero nadie respondía; repitió su
llamado pero en ese árbol no había respuesta.
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CEIP “Eduardo Palomo”
Busco el árbol más alto y no entiendo porqué si este es el que más se ve desde la
altura, no es el más alto.
Nuestro amigo el carpintero le resolvió el problema:
Este árbol parece el más alto, pero no lo es, porque está ubicado en la loma más
elevada de la montaña, pero los árboles más altos están en las bases de las montañas e igualan
a los de la punta o parecen más pequeños porque al estar en la base, los de la cima parecen
más altos. ¡Pues claro! - dijo la gaviota, pero ahora ¿Cómo encontraré el árbol más alto?.
Nuestro amigo el carpintero le dijo:
El árbol más alto es el más viejo y el más viejo es el más duro, porque los árboles al
crecer van colocando más y más capas de corteza alrededor de ellos mismos y por eso son los
más duros. Veamos, yo he picado todos los árboles de éste bosque y puedo decirte que el más
duro es el Sr. Roble, que está en la base de la montaña, pegado a la ladera del río.
La gaviota se emocionó toda, agradeció de mil maneras a nuestro amigo el carpintero
y se dirigió hacia el árbol más grande, el Sr. Roble.
Al llegar a él, inmediatamente empezó a buscar al señor sabio Don Juan lechuza, pero
el árbol era gigantesco, iba a tener que buscar mucho hasta encontrarlo. Buscaba y buscaba, y
no lo hallaba. Se encontró con el Señor Saltamontes, pero al acercársele a él, pegó un salto tan
grande que ni siquiera pudo ver a dónde se había ido. Se encontró con el Sr. Grillo, pero éste
sólo grillaba pidiendo agua y no pudo entenderse con él. Al fin se consiguió con alguien que
hablaba algo que ella entendía, era el Sr. Gavilán, fuerte y poderoso, la miró de arriba a abajo
y le preguntó: ¿Qué haces por aquí?
Nuestra amiga la gaviota le contestó: Busco al señor sabio Don Juan Lechuza.
El gavilán le responde: Al sabio no le gusta, ni necesita la luz; debes buscarlo en las
zonas más oscuras del árbol. ¡Claro!, dijo la gaviota, a las lechuzas no les gusta la luz, el debe
estar en las zonas más oscuras.
Velozmente se dirigió a las zonas oscuras del árbol y allí por fin encontró al señor
sabio Don Juan Lechuza. ¡Señor sabio, señor sabio!, por favor, ¡Podría usted ayudarme?,
tengo mucho tiempo buscándolo para ver si puede ayudarme a encontrar el camino de regreso
a casa. Vea, señor sabio, estoy perdida desde ayer cuando salí como siempre a ver el mar.
Nuestro amigo el señor sabio se volteó lentamente, como siempre hacen las lechuzas,
abrió un solo ojo y vió a nuestra desesperada amiga que estaba solicitando su ayuda, y le dijo:
Tu eres una gaviota marina, blanca como las nubes, solo comes pescado y vives en las rocas
de las montañas que están al borde del mar, hazme el favor de decirme ¿Qué haces por aquí
tan lejos de tu casa?.
La gaviota le explicó con detalles todo lo ocurrido y nuestro amigo el Buho se puso a
pensar, había que buscar el camino de vuelta y este debía de ser tan claro que no produjera
ninguna confusión ni equivocación y que fuera fácil de recordar para que la gaviota si se
volviese a perder algún día, pudiera fácilmente conseguir el camino a su casa. El señor
Lechuza, como todos los sabios, resolvía los problemas con preguntas y por ello le preguntó a
nuestra amiga la gaviota:
¿Qué es lo que más abunda por tu casa, amiga gaviota?
El agua, contestó la gaviota.
¿Y de dónde viene toda esa agua?.
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Bueno, a veces de la Iluvia, pero también de algunos rios que caen al mar, contestó la
gaviota.
Y el agua de esos rios ¿De dónde viene?.
De las montañas, dijo la gaviota.
¡Aaah!, entonces ¿Cómo regresarás a tu casa?
La gaviota lo miró fijamente y pensó. De repente vió la respuesta. Claro, era sencillo,
si seguía cualquier río, debería liegar al mar, y al llegar al mar, todo era mís sencillo. Le
preguntó al sabio:
¿Qué río debo seguir?
¿Cuál crees tú que debes seguir?
El más grande.
¡Por supuesto! - exclamó el sabio.
Una vez conseguido su objetivo, la gaviota le dió mil gracias al señor sabio Don Juan
Lechuza y voló hasta lo más alto que pudo, desde allí pudo ver un gran río que bordeada el
bosque por su lado derecho, se dirigió hasta él y empezó a volar sobre el río siempre en la
misma dirección en que éste iba, voló y no fue mucho, de repente se encontró con el mar.
Dios mío, ¡Que maravillosa sensación!.
Inmediatamente reconoció el lugar y sin más dudas voló rápidamente a su casa. ¡Qué
bién se sentía!, no tanto por haber conseguido el camino a su casa, sino porque había
aprendido cómo poder volver a su casa sin necesitar al Sol, se habia independizado. Ya no
necesitaba al Sol para que la guiara, ella sólamente con sus conocimientos podría encontrar
todos los caminos
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EL BOSQUE ENCANTADO
Había una vez, un bosque bellísimo, con muchos árboles y flores de todos
colores que alegraban la vista a todos los chicos que pasaban por ahí.
Todas las tardes, los animalitos del bosque se reunían para jugar. Los conejos, hacían
una carrera entre ellos para ver quién llegaba a la meta. Las hormiguitas hacían una enorme
fila para ir a su hormiguero.
Los coloridos pájaros y las brillantes mariposas se posaban en los arbustos. Todo era
paz y tranquilidad.
Hasta que... Un día, los animalitos escucharon ruidos, pasos extraños y se
asustaron muchísimo, porque la tierra empezaba a temblar.
De pronto, en el bosque apareció un brujo muy feo y malo, encorvado y viejo,
que vivía en una casa abandonada, era muy solitario, por eso no tenía ni familiares ni amigos,
tenía la cara triste y angustiada, no quería que nadie fuera feliz, por eso...
Cuando escuchó la risa de los niños y el canto de los pájaros, se enfureció de tal
manera que grito muy fuerte y fue corriendo en busca de ellos.
Rápidamente, tocó con su varita mágica al árbol, y este, después de varios
minutos, empezó a dejar caer sus hojas y luego a perder su color verde pino. Lo mismo hizo
con las flores, el césped, los animales y los niños. Después de hacer su gran y terrible maldad,
se fue riendo, y mientras lo hacía repetía: - ¡Nadie tendrá vida mientras yo viva!
Pasaron varios años desde que nadie pisaba ese oscuro y espantoso lugar,
hasta que una paloma llegó volando y cantando alegremente, pero se asombró
muchísimo al ver ese bosque, que alguna vez había sido hermoso, lleno de
niños que iban y venían, convertido en un espeluznante bosque.
- ¿Qué pasó aquí?... Todos perdieron su color y movimiento...
Está muy tenebroso¡ Cómo si fuera de noche!... Tengo que hacer algo para que éste
bosque vuelva a hacer el de antes, con su color, brillo y vida...
A ver, ¿Qué puedo hacer? y después de meditar un rato dijo: ¡Ya sé!
La paloma se posó en la rama seca de un árbol, que como por arte de magia, empezó a
recobrar su color natural y a moverse muy lentamente.
Después se apoyó en el lomo del conejo y empezaron a levantarse sus suaves orejas y,
poco a poco, pudo notarse su brillante color gris claro. Y así fue como a todos los habitantes
del bosque les fue devolviendo la vida.
Los chicos volvieron a jugar y a reir otra vez, ellos junto a los animalitos
les dieron las gracias a la paloma, pues, fue por ella que volvieron a la vida. La palomita,
estaba muy feliz y se fue cantando.
¡Y vino el viento y se llevó al brujo y al cuento!
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EL CUENTO DE LOS CABRITILLOS
Esta mañana, Periquín se ha despertado con un poco de sobresalto. Toda la noche ha
estado soñando el cuento de los cabritillos.
En su sueño, mamá cabra entraba, salía daba de comer a sus hijitos y ahuyentaba al
lobo malo.
Entre todos armaban tanto jaleo, que no le dejaban descansar tranquilo.
- ¡Be... be... be... be...!,- decían los cabritillos.
Y mamá cabra gritaba también.
Y el lobo golpeaba la puerta, con su pata fea, llena de harina.
Abuelita, que desde hace unos días está en casa, ha entrado a vestirlo.
Con los ojos cerrados, el niño la ha sentido entrar, pero, cosa rara: sabía que estaba
despierto y, sin embargo, continuaba oyendo bien claro, como si estuvieran al otro lado de la
puerta, a los cabritillos de su sueño.
- ¡Be... be... be... be...!,- Iban diciendo.
Abuelita lo ha besado en la frente y el niño se ha echado en sus brazos diciendo:
- ¡Ay, abuelita! ¿Dónde están los cabritillos del cuento?
- ¿Qué cabritillos?
- Los de la cabra y el lobo! ¿No los estás oyendo?
Abuelita se ha reído mucho.
- ¡No son los cabritillos! -ha dicho-. Son dos lindos hermanitos que el ángel te ha
dejado.
Corriendo entra a verlos.
Ya no lloraban.
Dormían con un dedito metido en la boca.
Con mucha prisa, se ha dejado vestir y ha tomado su desayuno. Deseaba llegar cuanto
antes a la escuela, para darles la gran noticia a la señorita y a su amigo Toñón.
A la puerta del colegio se han encontrado con la vecina del tercero, cargada con la
cesta de la compra.
- ¡Enhorabuena! - ha dicho a la abuelita- ya sé que ha aumentado la familia.
Periquín, entonces, ha echado a correr.
Ha subido de golpe los escalones del vestíbulo. Y entrando como una tromba en la
clase, sin acordarse del diario saludo, ha dicho a su profesora:
- ¡Hemos aumentado la familia; esta noche el ángel me ha dejado dos hermanitos!..
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EL CENTAURO Y EL ESCORPIÓN
Cuenta la leyenda que existió un centauro, que vivía en lo más alto de una montaña,
cada atardecer disparaba una flecha hacía su padre Sol para acompañarlo en su peregrinar
celestial. Pero sucedió que un día, después de haber lanzado una flecha , una voz femenina lo
sorprendió.
-¡Que el sol te proteja, hijo del fuego!
-Igual para vos, seas quien seas, dulce dama.- Al tiempo que trataba de saber el origen
de aquella voz tan hermosa y misteriosa.
-Gracias, más yo soy hija del agua.
-Esta bien hija del agua, sal para que pueda verte.
-¡no!, Querido centauro, no quiero que huyas al verme, muchos solo ven la apariencia
externa, no lo inmortal y verdadero que se halla escondido en lo más profundo de cada ser.
-No soy como los otros, pues el ser mitad caballo, mitad hombre me hace diferente.
Imaginate... ¿qué sería del universo sin la diversidad? Es en la diversidad donde se encuentra
la belleza y armonía de este mundo.
-Lo se, amigo centauro, por eso decidí hablar contigo; al ser diferente se puede estar
solo, a pesar de estar rodeados de seres y objetos.
-Entonces, ¿por qué te ocultas? Manifiéstate sin temor, ya que si te veo, te mirare con
los ojos Del espíritu con los cuales se ve la verdadera esencia.
-No, todavía no, no quiero romper con este mágico momento.
-Esta bien, pero al menos dime tu nombre para llamarte por el.
-Mi nombre lo sabrás al verme.
-Si así lo deseas, pero me has intrigado, ¿por qué temes que huya al verte?-Porque el Creador al darme vida, creyó conveniente poner en mi un veneno mortal,
más no es un veneno cualquiera, sino uno que transmuta en algo mejor aquello que toca,
siempre y cuando se hallan preparado para ello. Pero los seres comunes huyen al verme;
también por hablar con la verdad creen algunos que es mi más poderoso veneno, ya que la
verdad no es siempre bella, pero así es la verdad.
Para ese momento la oscuridad reinaba en lo alto de aquella montaña y la luna
iluminaba con sus rayos plateados a la tierra.
El centauro se había sentado sobre sus cuatro extremidades equinas, a la vez que
descansaba su carcaj, sus flechas y su arco, el clima comenzaba a ser frío, pues el invierno y
la naturaleza empezaba a dormitar. Por lo que el centauro reflexionó.
-Sobre la verdad... te he de ser sincero, mi padre sol pronto se alejará y la oscuridad
será mayor que la luz; en estos días oscuros y gélidos me invade también la soledad, es
cuando más quisiera estar con mi padre permanentemente en el cielo, es por eso que cada
atardecer vengo a esta montaña, tomo una flecha, tenso mi arco, en la flecha concentro mi
cuerpo ,alma y espíritu para que se una al sol y yo sea uno con él. Sin embargo también
entristezco, pues algún día envejeceré y no podré tensar más mi arco, pues las fuerzas me
abandonarán y temo ya no estar con mi padre. Pero sobre todo, me pesa dejar este plano sin
haber Encontrado a alguien que hiciera menos dura la soledad, alguien que motivara una
sonrisa y una lagrima. He buscado incluso en las hijas de los hombres, algunas son muy
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bellas, pero solo eso son. No quiero llegar con mi padre y mostrarle un corazón estéril quiero
llegar con un corazón radiante como si el propio sol habitara en el.
En ese momento, debajo de una piedra salió un escorpión, que a la luz de la luna se
veía como el escorpión más bello que hubiera existido en la tierra. Bajo la luz de la luna su
color negro brillaba intensamente; se acerco al centauro, su dulce voz se quebró por la
emoción.
-Querido centauro, en verdad que tus palabras han penetrado la coraza que rodeaba a
mi corazón, con un rayo de luz lo has iluminado; el calor de tus palabras lo ha descongelado.
Gracias por no haber huido al verme.
-No tenía por qué, bello escorpión; he visto tu alma y no la envoltura. En cuanto a tu
veneno no le temo, por el contrario.
-Yo también he visto en ti, no al centauro, sino aquello que se halla oculto en tu
interior.
El silencio reinó y en lo más alto de una montaña un centauro y un escorpión se vieron
a los ojos; en ellos contemplaron al universo.
El centauro tomó de su carcaj una flecha de oro que guardaba para su ultimo tiro, se
levanto del suelo, tenso su arco, apunto al cielo al tiempo que miraba al escorpión.
-Por favor, amado escorpión, sube a mi espalda.-¿Qué te propones? ¿qué piensas hacer?-No quiero que este Momento se olvide ya que has hecho que experimente como Si un
millón de escorpiones me hubieran picado e iluminaran con su veneno a mi corazón; como si
el sol estuviera dentro de mi y sin temor a equivocarme diría que conocí el Amor pero como
nunca hubiera podido concebirlo mortal alguno, más allá de mis expectativas, más allá del
tiempo, del espacio .Quiero que subas a mi espalda y cuando lo hagas introduce tu veneno, así
estaremos unidos para siempre y nuestros cuerpos ya no serán barrera para nosotros, pues nos
liberaremos de ellos. ¡escorpión, hazlo... Ya nada me detiene en la tierra.
El escorpión se subió al centauro y en su lomo introdujo su veneno, guardando un
poco para si misma.
-Esta bien, amado centauro. Yo iré a donde tu vayas, tampoco tengo nada que hacer en
este mundo.El centauro decidido tensó más su arco hasta que empezó a sentir un calor que lo
inundaba; en ese momento soltó el arco y la flecha salió disparada al cielo, mientras en la
cima de la montaña el centauro y el escorpión se desplomaban sin vida; sin embargo en el
rostro del centauro se dibujaba una sonrisa y rodaba una lagrima. Sus vidas se habían ido en la
flecha y a medida que subía dejaba una estela de fuego a su paso. Cuando llego más allá de
las estrellas exploto y de las partículas se formo en el cielo la constelación del centauro y el
escorpión.
Desde entonces aparecen en las noches dos seres que traspasaron el plano mortal al
inmortal, acompañando al sol en su peregrinar celestial hasta el final de los tiempos.
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LOS CUATRO TESOROS MÁGICOS
Cuatro santos derviches de la jerarquía segunda, se reunieron y decidieron buscar, por
toda la superficie de la tierra, objetos con los que pudiesen ayudar a la humanidad. Habían
estudiado cuanta cosa estuvo a su alcance y concluyeron que mediante este tipo de
cooperación podrían servir de la mejor manera posible.
Decidieron encontrarse nuevamente treinta años después.
El día indicado se reunieron nuevamente. El primero trajo consigo desde el extremo
Norte un bastón mágico. Quien lo montase podía alcanzar su destino de inmediato. El
segundo había traído del extremo Oeste una, capucha mágica. Quien la pusiera sobre su
cabeza podría cambiar de inmediato su apariencia, logrando así hacerse pasar por cualquier
otro ser viviente. El tercero, como resultado de sus viajes y búsquedas por el extremo Oriente,
trajo un espejo mágico. Con sólo desearlo, se podía contemplar en él cualquier lugar de la
Tierra. El cuarto derviche, trabajando en el extremo Sur, había traído un tazón mágico, con el
que cualquier enfermedad podía curarse.
Así equipados, los derviches miraron en el Espejo para encontrar la fuente del Agua de
la Vida, que les permitiría vivir lo suficiente como para dar uso eficaz a estos instrumentos.
Encontraron la Fuente de la Vida; volaron a ella en el Bastón mágico y bebieron del Agua.
Una vez hecho esto, efectuaron una invocación para descubrir quién era el ser más
necesitado de sus servicios. Apareció en el Espejo el rostro de un hombre que se encontraba al
borde de la muerte. Se hallaba a muchos días de viaje.
Inmediatamente los derviches montaron el Bastón mágico y volaron en un abrir y
cerrar de ojos, hasta el hogar del enfermo.
"Somos famosos médicos", le dijeron al hombre que estaba en la puerta, «y nos hemos
enterado de que tu amo se halla enfermo. Permítenos entrar y lo ayudaremos."
Cuando el enfermo oyó esto, ordenó que los derviches fuesen traídos hasta su lecho.
Sin embargo, tan pronto los vio, su salud empeoró; casi como si hubiese sufrido un ataque.
Fueron echados de su presencia. Uno de los sirvientes les explicó que el enfermo era enemigo
de los derviches y los odiaba.
Colocándose, uno por uno, la Capucha mágica, cambiaron su apariencia tomando así
un aspecto agradable para el enfermo. De esta manera se presentaron nuevamente, pero esta
vez como cuatro médicos diferentes. Tan pronto el hombre hubo bebido una medicina del
Tazón Mágico, se sintió como nunca en su vida. Estaba contentísimo, y como era un hombre
rico, recompensó a los derviches, obsequiándolos con una de sus casas; los derviches se
instalaron en ella.
Se quedaron a vivir en esta casa, y todos los días se alejaban en distintas direcciones
usando, para beneficio de la humanidad, los objetos mágicos que habían reunido.
Un día, sin embargo, cuando los otros derviches estaban haciendo sus recorridas
habituales, llegaron unos soldados y arrestaron al derviche que poseía el Tazón que curaba. El
rey de ese país había oído hablar de este gran médico; había mandado por él para que curase a
su hija, que sufría una extraña enfermedad.
El derviche fue conducido junto al lecho de la princesa. Le ofreció una de las
medicinas que ella solía tomar, pero servida en el Tazón especial. Mas, encontrándose
imposibilitado de consultar con el Espejo mágico cuál era la cura, ésta no dio resultado.
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La princesa no mejoró, y el rey ordenó que se clavara al derviche en una pared. Este
rogó que le dieran tiempo para consultar a sus amigos, pero el rey, que era impaciente, pensó
que esto sólo era una estratagema para poder escapar.
Tan pronto como los otros derviches arribaron a su morada, miraron en el Espejo
mágico para descubrir dónde había ido su compañero. Viéndolo al borde de la muerte volaron
inmediatamente en su ayuda , utilizando el Bastón mágico. Lo salvaron justo a tiempo. Pero
no pudieron salvar a la hija del rey, pues el Tazón no pudo ser encontrado.
Mirando en el Espejo mágico, los derviches vieron que había sido arrojado, por orden
del rey, a los abismos del océano más profundo de la Tierra.
A pesar de disponer de los otros objetos milagrosos, les tomó mil años recobrar el
tazón. A partir de la experiencia con la princesa, estos cuatro derviches trabajaron siempre en
secreto, de manera que, mediante una hábil manera de actuar, cuanto hicieran en beneficio de
la humanidad pareciese haber sido hecho en forma fácilmente explicable.
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EL DUENDE Y EL RATÓN
Dicen que en la oscuridad de la noche, habitan unos pequeños seres, muchos de ellos
dueños de una luminosidad provocada por sus pequeñisimos faroles que siempre llevan
consigo.
Habitan en los jardines y en los rincones de las casas de madera. Suelen celebrar
grandes reuniones y fiestas entre los leños de las cocinas sureñas.
Siempre visten bien, usan unos bonitos sombreros rojos, amarillos o lilas; chalecos y
pantaloncitos que generalmente hacen juego con sus sombreritos y en sus pies usan unas
calzas que terminan en punta coronados por cascabelitos.
Generalmente, cuando en las noches despertamos sin ningún motivo aparente, es que
uno de ellos a pasado corriendo por la almohada muy cerca de nuestra cabeza, haciendo sonar
sus calzas con cascabelitos.
Son bastantes traviesos y bromistas, muchas veces se sientan al lado de nuestras orejas
y nos susurran los sueños que más tarde tendremos. En otras ocasiones participan
directamente de ellos, pero el placer más grande entre sus bromas es despertarnos justo en el
momento culminante de un bonito sueño. Y como lo hacen? ; pues bien nos pegan con la
punta de su farolillo en la nariz y salen arrancando.
Bien esta es la historia de uno de ellos. Que por buen duendecillo que se precie,
también tenía su farolillo y sus calzas de cascabel, signo inequivo de ser un experimentado
duende de los sueños.
El nombre de este duendecillo era Plis-Plin y se jactaba de ser muy conocido en la
comunidad nocturna de las flores de los jardines y bosques; donde también habitan otros seres
algunos de luz como pequeñitas hadas o suspiros del viento; este duendecillo era muy famoso
por sus bromas algunas de ellas muy pesadas. Plis-Plin como todas las noches, salía a inventar
sueños entre los niñitos que dormían desde temprano en sus camas abrigaditos.
Saltaba de almohada en almohada, susurrando sueños en los oídos de los niños,
cuando se encontró de sorpresa con otro trabajador nocturno y también paseador de las
cabeceras infantiles. Era Don Ratón Dentista; Plis-Plin había escuchado muchas veces en las
reuniones de duendecillos de los sueños; sobre este señor Ratón, toda una autoridad nocturna
ya que él se dedicaba a retirar de debajo de las almohadas todos los dientes de leche que se
caían de las boquitas de los niñitos y niñitas, a cambio les dejaba una moneda de chocolate.
Su labor era muy importante y respetada.
Nuestro duendecito lo miraba intrigado sentado sobre un libro de cuentos. El Señor
Ratón lo miró y lo invitó a acercarse para que conversaran un rato. Él Ratón Dentista era
viejito usaba anteojos y bufanda, además cargaba dos maletitas, una con las monedas de
chocolate y otra con los dientecitos de leche que retiraba de las almohadas.
Estuvieron charlando largo rato mientras comían algunas monedas de chocolate. Sé
rieron bastante contándose las anécdotas que solían ocurrirles a ambos en las noches de
trabajo. Y ya que se habían llevado también decidieron continuar juntos esa noche trabajando;
mientras el duendecillo susurraba los sueños al oído de los niños, el Señor Ratón Dentista
revisaba bajo las almohadas en busca de algún dientecito de leche para cambiar por una
moneda de chocolate.
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Así estuvieron toda la noche hasta que llegó el amanecer y también llego la hora de
despedirse. Pero el duendecillo Plis-Plin tenía una gran duda y era ¿qué hacía el Señor Ratón
Dentista con todos los dientecitos que recolectaba durante la noche? .
El Señor Ratón le explica a nuestro curioso duendecillo que todos los dientecitos, se
llevan a una gran fábrica en donde se lavan en rica leche de vaca recién ordeñada y se los
pinta con una capita de dulce de calcio, se les deja secar y después el Señor Ratón Regala
Sonrisas; que era un ratón blanco de orejas rosadas y también de anteojos; los va colocando
en las almohadas de los bebitos para que la Señora Hada de La Luz Azul, pase y con un
toquecito de su varita mágica, el dientecito aparezca en la boquita de los chiquitos como el
primer regalo de los seres de la noche.
Después que Plis-Plin dio por satisfecha su curiosidad se despidió del Señor Ratón
Dentista y partió corriendo a saltitos hacia su mullida camita de hojitas y pétalos que tenía
dentro de un alerce.
Había sido una noche muy interesante y se prometió a sí mismo volver a encontrarse
con el Señor Ratón Dentista pero esta vez le iba a llevar como regalo un dedal de néctar tibio
y un rico trozo de queso
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EL ELFO DEL ROSAL
En el centro de un jardín crecía un rosal, cuajado de rosas, y en una de ellas, la más
hermosa de todas, habitaba un elfo, tan pequeñín, que ningún ojo humano podía distinguirlo.
Detrás de cada pétalo de la rosa tenía un dormitorio. Era tan bien educado y tan guapo como
pueda serlo un niño, y tenía alas que le llegaban desde los hombros hasta los pies. ¡Oh, y qué
aroma exhalaban sus habitaciones, y qué claras y hermosas eran las paredes! No eran otra
cosa sino los pétalos de la flor, de color rosa pálido.
Se pasaba el día gozando de la luz del sol, volando de flor en flor, bailando sobre las
alas de la inquieta mariposa y midiendo los pasos que necesitaba dar para recorrer todos los
caminos y senderos que hay en una sola hoja de tilo. Son lo que nosotros llamamos las
nervaduras; para él eran caminos y sendas, ¡y no poco largos! Antes de haberlos recorrido
todos, se había puesto el sol; claro que había empezado algo tarde.
Se enfrió el ambiente, cayó el rocío, mientras soplaba el viento; lo mejor era retirarse a
casa. El elfo echó a correr cuando pudo, pero la rosa se había cerrado y no pudo entrar, y
ninguna otra quedaba abierta. El pobre elfo se asustó no poco. Nunca había salido de noche,
siempre había permanecido en casita, dormitando tras los tibios pétalos. ¡Ay, su imprudencia
le iba a costar la vida!
Sabiendo que en el extremo opuesto del jardín había una glorieta recubierta de bella
madreselva cuyas flores parecían trompetillas pintadas, decidió refugiarse en una de ellas y
aguardar la mañana.
Se trasladó volando a la glorieta. ¡Cuidado! Dentro había dos personas, un hombre
joven y guapo y una hermosísima muchacha; sentados uno junto al otro, deseaban no tener
que separarse en toda la eternidad; se querían con toda el alma, mucho más de lo que el mejor
de los hijos pueda querer a su madre y a su padre.
- Y, no obstante, tenemos que separarnos -decía el joven Tu hermano nos odia; por eso
me envía con una misión más allá de las montañas y los mares. ¡Adiós, mi dulce prometida,
pues lo eres a pesar de todo!
Se besaron, y la muchacha, llorando, le dio una rosa después de haber estampado en
ella un beso, tan intenso y sentido, que la flor se abrió. El elfo aprovechó la ocasión para
introducirse en ella, reclinando la cabeza en los suaves pétalos fragantes; desde allí pudo oír
perfectamente los adioses de la pareja. Y se dio cuenta de que la rosa era prendida en el pecho
del doncel. ¡Ah, cómo palpitaba el corazón debajo! Eran tan violentos sus latidos, que el elfo
no pudo pegar el ojo.
Pero la rosa no permaneció mucho tiempo prendida en el pecho. El hombre la tomó en
su mano, y, mientras caminaba solitario por el bosque oscuro, la besaba con tanta frecuencia y
fuerza, que por poco ahoga a nuestro elfo. Éste podía percibir a través de la hoja el ardor de
los labios del joven; y la rosa, por su parte, se había abierto como al calor del sol más cálido
de mediodía.
Acercóse entonces otro hombre, sombrío y colérico; era el perverso hermano de la
doncella. Sacando un afilado cuchillo de grandes dimensiones, lo clavó en el pecho del
enamorado mientras éste besaba la rosa. Luego le cortó la cabeza y la enterró, junto con el
cuerpo, en la tierra blanda del pie del tilo.
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- Helo aquí olvidado y ausente -pensó aquel malvado-; no volverá jamás. Debía
emprender un largo viaje a través de montes y océanos. Es fácil perder la vida en estas
expediciones, y ha muerto. No volverá, y mi hermana no se atreverá a preguntarme por él.
Luego, con los pies, acumuló hojas secas sobre la tierra mullida, y se marchó a su casa
a través de la noche oscura. Pero no iba solo, como creía; lo acompañaba el minúsculo elfo,
montado en una enrollada hoja seca de tilo que se había adherido al pelo del criminal,
mientras enterraba a su víctima. Llevaba el sombrero puesto, y el elfo estaba sumido en
profundas tinieblas, temblando de horror y de indignación por aquel abominable crimen.
El malvado llegó a casa al amanecer. Quitóse el sombrero y entró en el dormitorio de
su hermana. La hermosa y lozana doncella, yacía en su lecho, soñando en aquél que tanto la
amaba y que, según ella creía, se encontraba en aquellos momentos caminando por bosques y
montañas. El perverso hermano se inclinó sobre ella con una risa diabólica, como sólo el
demonio sabe reírse. Entonces la hoja seca se le cayó del pelo, quedando sobre el cubrecamas,
sin que él se diera cuenta. Luego salió de la habitación para acostarse unas horas. El elfo saltó
de la hoja y, entrándose en el oído de la dormida muchacha, contóle, como en sueños, el
horrible asesinato, describiéndole el lugar donde el hermano lo había perpetrado y aquel en
que yacía el cadáver. Le habló también del tilo florido que crecía allí, y dijo: «Para que no
pienses que lo que acabo de contarte es sólo un sueño, encontrarás sobre tu cama una hoja
seca».
Y, efectivamente, al despertar ella, la hoja estaba allí. ¡Oh, qué amargas lágrimas
vertió! ¡Y sin tener a nadie a quien poder confiar su dolor!
La ventana permaneció abierta todo el día; al elfo le hubiera sido fácil irse a las rosas y
a todas las flores del jardín; pero no tuvo valor para abandonar a la afligida joven. En la
ventana había un rosal de Bengala; instalóse en una de sus flores y se estuvo contemplando a
la pobre doncella. Su hermano se presentó repetidamente en la habitación, alegre a pesar de su
crimen; pero ella no osó decirle una palabra de su cuita.
No bien hubo oscurecido, la joven salió disimuladamente de la casa, se dirigió al
bosque, al lugar donde crecía el tilo, y, apartando las hojas y la tierra, no tardó en encontrar el
cuerpo del asesinado. ¡Ah, cómo lloró, y cómo rogó a Dios Nuestro Señor que le concediese
la gracia de una pronta muerte!
Hubiera querido llevarse el cadáver a casa, pero al serle imposible, cogió la cabeza
lívida, con los cerrados ojos, y, besando la fría boca, sacudió la tierra adherida al hermoso
cabello.
- ¡La guardaré! -dijo, y después de haber cubierto el cuerpo con tierra y hojas, volvió a
su casa con la cabeza y una ramita de jazmín que florecía en el sitio de la sepultura.
Llegada a su habitación, cogió la maceta más grande que pudo encontrar, depositó en
ella la cabeza del muerto, la cubrió de tierra y plantó en ella la rama de jazmín.
- ¡Adiós, adiós! -susurró el geniecillo, que, no pudiendo soportar por más tiempo aquel
gran dolor, voló a su rosa del jardín. Pero estaba marchita; sólo unas pocas hojas amarillas
colgaban aún del cáliz verde.
- ¡Ah, qué pronto pasa lo bello y lo bueno! -suspiró el elfo. Por fin encontró otra rosa y
estableció en ella su morada, detrás de sus delicados y fragantes pétalos.
Cada mañana se llegaba volando a la ventana de la desdichada muchacha, y siempre
encontraba a ésta llorando junto a su maceta. Sus amargas lágrimas caían sobre la ramita de
jazmín, la cual crecía y se ponía verde y lozana, mientras la palidez iba invadiendo las
mejillas de la doncella. Brotaban nuevas ramillas, y florecían blancos capullitos, que ella
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besaba. El perverso hermano no cesaba de reñirle, preguntándole si se había vuelto loca. No
podía soportarlo, ni comprender por qué lloraba continuamente sobre aquella maceta.
Ignoraba qué ojos cerrados y qué rojos labios se estaban convirtiendo allí en tierra. La
muchacha reclinaba la cabeza sobre la maceta, y el elfo de la rosa solía encontrarla allí
dormida; entonces se deslizaba en su oído y le contaba de aquel anochecer en la glorieta, del
aroma de la flor y del amor de los elfos; ella soñaba dulcemente. Un día, mientras se hallaba
sumida en uno de estos sueños, se apagó su vida, y la muerte la acogió, misericordiosa.
Encontróse en el cielo, junto al ser amado.
Y los jazmines abrieron sus blancas flores y esparcieron su maravilloso aroma
característico; era su modo de llorar a la muerta.
El mal hermano se apropió la hermosa planta florida y la puso en su habitación, junto
a la cama, pues era preciosa, y su perfume, una verdadera delicia. La siguió el pequeño elfo de
la rosa, volando de florecilla en florecilla, en cada una de las cuales habitaba una almita, y les
habló del joven inmolado cuya cabeza era ahora tierra entre la tierra, y les habló también del
malvado hermano y de la desdichada hermana.
- ¡Lo sabemos -decía cada alma de las flores-, lo sabemos! ¿No brotamos acaso de los
ojos y de los labios del asesinado? ¡Lo sabemos, lo sabemos! -. Y hacían con la cabeza unos
gestos significativos.
El elfo no lograba comprender cómo podían estarse tan quietas, y se fue volando en
busca de las abejas, que recogían miel, y les contó la historia del malvado hermano, y las
abejas lo dijeron a su reina, la cual dio orden de que, a la mañana siguiente, dieran muerte al
asesino.
Pero la noche anterior, la primera que siguió al fallecimiento de la hermana, al
quedarse dormido el malvado en su cama junto al oloroso jazmín, se abrieron todos los
cálices; invisibles, pero armadas de ponzoñosos dardos, salieron todas las almas de las flores
y, penetrando primero en sus oídos, le contaron sueños de pesadilla; luego, volando a sus
labios, le hirieron en la lengua con sus venenosas flechas. - ¡Ya hemos vengado al muerto! dijeron, y se retiraron de nuevo a las flores blancas del jazmín.
Al amanecer y abrirse súbitamente la ventana del dormitorio, entraron el elfo de la
rosa con la reina de las abejas y todo el enjambre, que venía a ejecutar su venganza.
Pero ya estaba muerto; varias personas que rodeaban la cama dijeron: - El perfume del
jazmín lo ha matado.
El elfo comprendió la venganza de las flores y lo explicó a la reina de las abejas, y
ella, con todo el enjambre, revoloteó zumbando en torno a la maceta. No había modo de
ahuyentar a los insectos, y entonces un hombre se llevó el tiesto afuera; mas al picarle en la
mano una de las abejas, soltó él la maceta, que se rompió al tocar el suelo.
Entonces descubrieron el lívido cráneo, y supieron que el muerto que yacía en el lecho
era un homicida.
La reina de las abejas seguía zumbando en el aire y cantando la venganza de las flores,
y cantando al elfo de la rosa, y pregonando que detrás de la hoja más mínima hay alguien que
puede descubrir la maldad y vengarla.
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EL FABRICANTE DE JUGUETES
Jugar nos compensaba de las privaciones impuestas a nosotros niños campesinos por
la pobreza. El tiempo libre dejado por la escuelita y el trabajo de colaboración con nuestros
padres era para el juego. Ante todo el juego con la naturaleza. Teníamos muchas horas para
verla, contemplarla y amarla. La naturaleza era nuestro mejor espectáculo y, a veces, nuestro
único espectáculo... El agua... jugábamos con el agua, haciendo canales, pozos, represas, y
con ingeniería hidráulica de nuestras propias manos, hacíamos deshacíamos y volvíamos a
hacer. Pero sobre todo retozábamos en las aguas de la quebrada como peces, o nos
aventurábamos en medio de la lluvia, como árboles ambulantes.
El fuego... la piromanía nos fascinaba. Hogueras, fogatas, caminos de candela,
guardarrayas. Éramos unos volcanes instintivos, salvo cuando el incendio en el bosque nos
aterraba, con llamas de muchos metros, con crepitar infernal.
El aire... el impulsor de nuestras cometas, el motor de los follajes a donde trepábamos
para ser mecidos por él.
La tierra... con ella hacíamos pirámides y otras figuras de una geometría más
inventada que conocida. Amasada con agua, era la materia prima de una rústica alfarería y
cerámica que nos divertía. Hasta llegamos a hacer con barro una réplica minúscula de la
aldea, iluminada con aceite de higuerilla, extraído por nosotros también con el "tártago" o
ricino en lámparas de barro, normalmente también de nuestra fabricación.
Todo esto en comunidad infantil que el juego convocaba, seleccionaba, comunicaba y
hacía convivir en grupo. En "pandilla". La pandilla, por sí misma, era el juego. En realidad el
gran juego eran nuestras manos que tenían que hacerlo todo para jugar. Nuestra pobreza no
nos permitía comprar juguetes. O los hacíamos nosotros, o nunca tendríamos nada.
Donde nuestras manos más se lucían era en la fabricación de trompos, jaulas, arcos,
flautas de bambú o caña brava "runrunes" con botones o tapas de cerveza, rodajas y piola,
cornetas, escopetas de madera, cocas. Una buena gama de productos de nuestra propia marca
para jugar.
El mejor fabricante de la pandilla era el Manco Pastor Castro, de once años. Era casi
inexplicable cómo con un trocito de naranjo seco, un bejuco, un alambre, un tubo viejo, en su
mano derecha un cuchillo, ayudado por el muñón de la izquierda, Pastor fabricaba juguetes
impecables: trompos de bailar "sedito"; fusiles, arcos, arpones, flechas, y como con unas
"vendas", engrudo y papel periódico producía las cometas más voladoras, sin que nuestras
manufacturas en tal sentido pudieran competir. Sin embargo, cada uno hacía lo suyo o no
jugaba.
Los de la pandilla nos estimulábamos en mejorar nuestro ingenio. Una vez estuvimos
medio día apostados en silencio en un matorral esperando que un turpial cayera en la trampa
de Pastor Castro, y otra trampeamos una ardilla que luego encerramos en una jaula de Pastor,
quien la regaló a la pandilla. Propiedad comunal, teníamos derecho a llevarla por unos días, y
por turnos, a nuestras casas.
Pastor nunca regateaba, era generoso y abierto. Él, como casi todos los de la pandilla,
dábamos lo que nuestras manos hacían, pues no teníamos más que dar. Pero nos dábamos
todos los unos a los otros con compañerismo, interrumpido por alguna bravata y disputa
transitoria, con reventones de narices y reconciliación.
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La pandilla empezó un día a ser menos alegre. Rumores extraños empezaron a correr:
que si rojos, que si azules... que si de la oposición... que si del gobierno... que don Juan no le
habla a don Pedro... que si el asalto, que si la guerrilla, el ejército o la policía... que mataron a
Luis Gómez de la tienda del Alto... que en el pueblo el alcalde está contra el cura...
Y fuimos informándonos indirectamente de "los contras"... Cuál contra quién... y
quién contra cuál... La comunidad de la tierra, el hombre y el animal, tan práctica en nuestra
comarca, fue rompiéndose. Apareció entre los hombres la palabra "violencia", que nosotros
los niños creíamos aplicable solamente a las fieras. Y hasta nosotros mismos, sin darnos
cuenta, comenzamos a ser violentos en nuestros juegos de "rayuela" donde intentábamos
"rayar" el trompo perdedor, y en las guerras de cometas-enredar en los aires, una con otra y no
dejar caer la propia. En la escuelita la maestra se entristecía cada vez más al no poder
apaciguarnos siempre. Y la pandilla empezó a disminuir, pues algunos padres prohibieron a
sus hijos participar en ella.
Un día hirieron al papá de Pastor Castro. Al curarse, la familia de Pastor se fue a otro
municipio y la pandilla definitivamente se disolvió. La violencia había llegado.
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FRESILINDA Y EL JARDÍN MÁGICO
Había una vez , un hermoso jardín de flores de brillantes colores y plantas de hojas
muy raras, todas parecían pintadas.
Pero en el fondo allá muy lejos dónde nadie jamás llegaba, se encontraban las plantas
de frutillas todas desparramadas por el suelo y por el aire su dulce aroma .
Este no era un simple matorral de frutas silvestres , era el último refugio de frutillas
especiales . Sí muy especiales y una de ellas mas que todas, se llamaba Fresilinda y era la mas
traviesa, siempre estaba buscando nuevas aventuras y se metía de lío en lío. Estas eran las
únicas frutas que podían hablar, pensar y hasta salirse de sus plantitas y volver para dormir.
Habían logrado estas virtudes hace muchos años cuando una bella hada perdida de
algún cuento se emocionó al ver esas hermosas plantas tan verdes y con sus frutillitas tan
rojas y se le ocurrió cambiarles la vida. Así dijo sus palabras mágicas :
-¡Peras,
uvas
y
manzanas
serán
las
frutillas
las
encantadas!
¡Que ningún hombre descubra su reino y seguirán por siempre libres viviendo!Y desapareció entre las nubes.
Desde entonces han vivido como lo hacen las personas, unas trabajan, otras cuidan a
las mas pequeñas, otras vigilan que todo marche bien y las mas chiquitas hacen travesuras
como todos los chicos.
Pero hoy te voy a contar lo que le ocurrió a Fresilinda por ser muy distraída. Una
mañana de primavera el sol sonreía como siempre y saludaba con sus rayos a todos las plantas
que habitaban el Jardín Mágico, así se llamaba este lugar desde la visita de el hada misteriosa.
La graciosa frutilla jugaba con sus amigas debajo de una gran hoja cuando vio pasar una
mariposa que volaba orgullosa de aquí para allá , tan linda era que Fresilinda no podía dejar
de seguirla y así lo hizo por largo rato solo mirando las alas multicolores de la mariposa. De
repente no la vio mas , se había escabullido entre las margaritas que estaban todas florecidas y
muy grandes.
En ese momento la frutillita se dio cuenta que no conocía ese lugar pues tenía
prohibido alejarse del Jardín Mágico y sin darse cuenta había caminado por largo rato. Ella
lloró un ratito y trató de encontrar el camino de regreso pero todo fue inútil, sola no podría
regresar.
-¡Buenas tardes señorita ¡- le dijo un elegante gusano que vestía corbata, sombrero y
guantes mientras la estaba observando- -Hola - contestó triste la pequeña.
-Yo soy Dongusano y conozco muy bien este territorio así que si quieres te puedo ayudar a
encontrar tu casita.
Fresilinda estaba muy apurada por ir con su mamá así que confió en el apuesto
Dongusano . Comenzaron a caminar, trotar y correr entre los pastos hasta que ¡Pruum,
Pruum! Chocaron con una enorme montaña de tierra .
-¡No, no es posible! Este es el hormiguero de Hormiganegra la mas malhumorada de
los alrededores- .Dijo Dongusano muy asustado. Cuando de un salto salió del hormiguero una
fea hormigota con largas antenas y cara de enojada
-¡ Quién se atreve a molestar en horario de trabajo! ¿Creen que tengo tiempo para
perder? ¡Psss , psss ¡ ¡Fuera!
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Y sin pensarlo corrieron escapando hasta que... ¡Puc, puc ! esta ves tropezaron con
algo muy duro y cayeron sentados. Fresilinda ya cansada de tanto susto no podía creer lo que
veía era un enorme caracol, todo adornado como una casita con una pequeña ventana, flores y
chimenea.
-Debe estar abandonado- pensó; pero lentamente salieron de la casita unas antenitas, y
después la cabeza de un viejo caracol que amablemente los saludó:
-Buenos días amigos ,¿qué están buscando? Yo soy Grancaracol- Dongusano le contó
todo lo sucedido y Grancaracol lo oía con cara de aburrido pero estaba muy atento.
-Bueno, bueno y tú preciosa ¿extrañas a tu familia?- preguntó y Fresilinda con sus
ojitos nublados por las lágrimas le dijo que extrañaba mucho a su mamá.
-No perdamos tiempo y súbete , queda mucho por andar hasta llegar al Jardín Mágico.
Dongusano la ayudó a subirse al techo del caracol y le deseo suerte -¡Hasta pronto y ten
cuidado Fresilinda!
Después de un rato de andar Fresilinda le preguntó a Grancaracol:
- ¿Cómo sabes que vivo en el Jardín Mágico? ¿Acaso lo conoces?
"Por supuesto" dijo sonriente el viejo caracol -Hace mucho tiempo cuando yo era un
joven caracolito se me ocurrió comer algo nuevo y seguí un aroma dulce que me llevó hasta
un hermoso jardín que parecía pintado con miles de rojos adornitos, eran frutillas y no pude
resistir las ganas de morder una y ...
-¿Te comiste una frutilla especial? Preguntó Fresilinda muerta de miedo.
-¡No! Al morderla la frutilla gritó como loca y todas las que estaban durmiendo en sus
plantitas se abalanzaron sobre mi y me dieron patadas y golpes defendiendo a su amiga y fue
tal mi susto que no se como me deslicé tan rápido ,parecía un pez en el agua y jamás volví a
probar una fruta. Tranquilízate solo quiero ayudarte, nunca pude olvidar el camino a ese dulce
jardín
Sin darse cuenta ya habían llegado y su mamá la estaba esperando muy triste, y al
verla Fresilinda brincó sobre su madre y le prometió que no volvería a alejarse sola. Mamá
frutilla la abrazó muy fuerte y la llenó de besos y besitos y agradeció a Gran caracol su buen
gesto y lo invito a regresar las veces que quisiera al Jardín Mágico y olvidar viejos enojos
tomado un té de flores de manzanilla.
Y colorín colorado este rico cuento se ha terminado...
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EL GRILLO GORDILLO
Gregorio salió al jardín para recoger las hojas que caen en otoño. Cogió un rastrillo y
agrupó las hojas en un montón muy grande. Limpió la gardenia de ramas secas y regó las
plantas que estaban a punto de germinar. Gregorio se encontraba muy alegre porque le
agradaban mucho los campos y la agricultura, por eso, de mayor, quería ser guardabosques. El
día era gris, como casi siempre en otoño, y pronto comenzó a llover. Gregorio se guarneció
debajo de un árbol muy gordo para protegerse de la lluvia.
-¡Oh! ¿Qué es esto?- se preguntó el niño.
En el tronco grueso y gordo del árbol había una grieta bastante grande. Gregorio
asomó la cabeza y descubrió una gruta gris y tenebrosa.
¿Sería la guarida de un animal peligroso? ¿Sería una gruta mágica o sería,
simplemente, una grieta de árbol viejo?
Gregorio no lo sabía y decidió averiguarlo. Con la garganta seca por los nervios y un
sabor amargo en la boca, penetró en la gruta.
-¡Hola!- dijo una voz.
-¡Ah!- gritó Gregorio aterrorizado.- ¿Quién es?- preguntó con un gorgorito en la voz.
-Soy yo- respondió alguien desde el suelo.
Gregorio bajó la cabeza y descubrió a un grillo negro muy serio sentado sobre un
garbanzo.
-Soy el grillo Gordillo, el guardián de la gruta del árbol mágico. Por ser bueno y
recoger las hojas del jardín puedo concederte dos deseos.
Gregorio estaba encantado. Un grillo mago, llamado Gordillo, iba a concederle dos
deseos. ¡Era genial!
-¡Quiero ser mayor!- exclamó sin dudarlo un segundo.
El grillo Gordillo que seguía sentado, muy grave, sobre el garbanzo, dio unos pases
mágicos y sucedió el prodigio.
Gregorio comenzó a agrandarse y agrandarse hasta que quedó completamente pegado
a las paredes de la gruta.
-¡Socorro! ¡No me puedo mover!
El grillo Gordillo había cumplido lo acordado y había hecho a Gregorio tan mayor que
era tan grande como el tronco de árbol y no cabía por la grieta. ¡Nunca podría abandonar la
gruta mágica!
-¡Por favor!- suplicó- ¡Quiero volver a ser pequeño!
El grillo, con un gesto muy gracioso, realizó los pases mágicos adecuados y Gregorio
encogió hasta volver a ser el mismo de siempre.
-¡Muchas gracias!- dijo Gregorio aliviado.
-Siento no poder concederte más deseos. Quizás si vuelves mañana...
Gregorio le agradeció mucho su buena intención y abandonó a toda prisa la gruta.
Estaba claro que el grillo Gordillo era un malísimo mago. Pero, aún así, Gregorio decidió
pensar toda la noche el deseo y regresar a la mañana siguiente.
¡A ver si tenía más suerte!
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GUMERSINDO EL GNOMO
- ¡Ay!
- ¿Pero, qué pasa?
- ¡Oh.. Ay!
- ¿Pero... qué sucede?
- ¡Ah... Ay... Ay!
- ¿Qué es lo que hay?
- ¡Oauh! ¡No hay nada... nada!
- Pero, si no hay nada, ni nadie: ¿Quién chilla?
- ¡Oauhhhh! ¡Oauhhhh! ¡Sácame de aquí por favor! ¡No puedo más! ¡Oauhh...
oauhhhhh!
- ¡Es que no sé dónde estás!
- ¡Debajo... debajo... debajo de tu pie!
Carlitos, era aún pequeño pero el gran tamaño de su pie indicaba claramente que
estaba creciendo a pasos agigantados. Primero levantó un pie y no vio nada, después el otro y
tampoco...
- ¡Uff... menos mal que te has apartado! ¡Qué mal lo estaba pasando!
- ¿Dónde estás que no te veo?
- ¿Que no me ves? ¿y tampoco ves mi pobre casa, que acabas de destrozar? ¡Bruto,
más que bruto!
- Perdóname.... es que yo no veo nada ¡Ay!
Carlitos, acababa de sentir un tremendo pellizco debajo del pantalón, justo por encima
de su zapatilla deportiva. Se agachó rápidamente y propinó un tremendo manotazo sobre la
zona que le acababa de picar, por si se le había colado algún insecto
- ¡Oahuuuu... ahora si que me duele!
Algo cayó al suelo, chillando de dolor
- ¡Oahuuuu... bruto más que bruto!
Carlitos se agachó y miró aquello que se había caído de su pantalón
- ¡Anda, pero si eres.... no puede ser... si eres!
- ¡Sí, soy un duende! ¿qué pasa?
- No.. nada, sólo que yo creía que los gnomos no existían... que eran pura fantasía
- ¿Sí? ¡Ya te daré yo fantasía... ! te daré un bofetón, como el que tu me has propinado
y verás que clase de fantasía es esa. Y mi pobre casa destruida ¡Valiente fantasía la tuya!
- ¿Tu casa? ¿no la veo por ninguna parte? ¿dónde está?
- Querrás decir que dónde estaba, porqué la has aplastado con tus patas de elefante
- ¿Pero dónde...?
- Al lado mismo de tu pie derecho: esa preciosa seta, roja y blanca, que tan buen
cobijo me daba
Carlitos vio un hongo, muy grande, que acababa de aplastar sin querer y exclamó:
- ¡Si es una seta venenosa!
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CEIP “Eduardo Palomo”
- Y a mi que más me da, si no era para comérmela ¿o acaso, te comerías tu casa?
- No, claro que no ¡Vaya como lo siento, señor gnomo!
- ¡Me llamo Gumersindo, Gummy para los amigos!
- ¡Bueno Gummy discúlpame!
- ¿Acaso te he dicho que seas mi amigo, para que puedas llamarme así?
- ¡Perdone, Don Gumersindo!
- ¡Don Gumersindo... Don Gumersindo!.. ¡ni que fuera un duende viejo de 500 años...!
Prefiero que me sigas llamando: Gummy
- ¿Es que hay gnomos de 500 años?
- ¡Uy... pues claro y de 1000 también! ¡Yo, por ejemplo, tengo 501.. digo... 499... no
vayas a pensar que soy tan viejo! ¡Es que tú eres muy ignorante! ¿Sabes algo sobre nosotros,
los duendes?
- ¡Sólo lo que contáis bonitos cuentos!
- ¡Cuentos.. cuentos! ¡Pamplinas! La realidad es que vivimos desde siempre pero,
somos tan listos, que tan sólo los más listos que nosotros, nos han visto alguna vez
- ¿Entonces, yo debo de ser muy listo.. aunque dice la maestra que podría estudiar
mucho más..?
- ¡Nada de listo... tu eres un patán.. y si no gastaras dos tallas más de lo que mide tu
pie, jamás me habrías pillado!
- ¡Ya! es que mi mamá dice que crezco demasiado deprisa y que, si comprara mi talla,
no utilizaría los zapatos más de una semana porque ya no me cabría el pie. Además, los
zapatos buenos son muy caros..!
- ¡Ya! ¿y que culpa tengo yo de que la vida vaya muy cara o de que crezcas tan
deprisa? ¿No ves que casi me apisonas? Además, con medidas tan grandes, podrías tropezar
y, caerte encima mío o de algún compañero, haciéndonos papilla
- ¡Lo siento, yo..!
- ¡Lo siento... lo siento... así no se puede hacer nada!
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Qué quieres decir... que quieres decir?
- ¿Porqué lo repites todo dos veces?
- ¡No, si encima te vas a burlar de mi!
- ¡No, de verdad que no. Sólo que me parece raro que lo repitas todo!
- ¡Te parece raro... te parece raro..!
- ¿Ves?
- ¡Basta, a callar!
Carlitos se calló para no enfadar más al pobre duende que había pisado y dejado sin
hogar. Mientras tanto, el gnomo, con la cabeza baja y las manos atrás, comenzó a pasear de
arriba a abajo, de abajo a arriba.. hasta que, de pronto, se paró, levantó la cabeza, miró
fijamente al sorprendido Carlitos y sonrió:
- ¡Ya sé lo que voy a hacer! ¡Me iré a vivir a tu casa!
- ¿Cómo?
- Sí, ya que has destruido mi hogar, por lo menos deberás dejarme cobijar en la tuya
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- ¡Está bien, tienes razón! Lo que no sé es como voy a explicárselo a mis papás
- ¡Guarda el secreto!
- ¡Imposible, yo a mis papás siempre les digo la verdad!
- Bien, pues toma dinero de tu casa y cómprame una seta de plástico para poder vivir
- Pero.. es que no tengo nada ahorrado y tampoco puedo quitárselo a mis papás. Yo lo
siento pero es que abrimos la hucha la semana pasada para hacerle un regalo a mi hermana.
Aunque si quieres... te prometo ahorrar, a partir de ahora, para comprarte una casa de
muñecas..
- ¡No, no y no!... ¿Cómo iba yo a vivir en una casa de muñecas? Todos vendrían a
verme, a molestarme.. y yo lo que quiero es pasar desapercibido, para poder vivir tranquilo
otros 500 años más. ¿Porqué te crees que vivía dentro de una seta venenosa?
- ¡Pues no lo sé!
- Porque nadie se atrevería a cogerla por miedo a envenenarse: así siempre me dejaban
en paz y pasan de largo... ¡Hasta que llegaste tú!
-¡Caray que listo que eres!
- ¿Verdad que sí?: son los años, que me han hecho aprender muchas cosas, y mi gran
curiosidad
- Entonces, Gummy: ¿Qué puedo hacer para compensar el mal que te he hecho?
- Tranquilo, amigo Carlitos, porque mereces ser mi amigo, ya que has pasado, con
éxito, las cinco pruebas mágicas
- ¿Qué pruebas?
- Te lo voy a explicar: En la primera de ellas, te he querido hacer enfadar, pero tú has
sabido mantener la calma; para la segunda, te he pedido tu casa y no me la has negado; como
tercera trampa, te he pedido que ocultes algo a tus padres y te has negado, porque los quieres
de veras. En cuarto lugar, te he pedido algo tan feo como que robaras y tampoco lo has hecho,
a pesar de ser por una justa causa
- ¿Y la quinta?
- La quinta y la más bonita es que te has ofrecido a ayudarme, incluso ahorrando para
satisfacerme. Por todo esto seré, para siempre, tu amigo, aunque nadie más que tú me podrá
ver jamás. Lo único que sucede es que...
- ¿Qué.... qué sucede?
- Es que sólo puedes pedirme tres deseos, antes del anochecer y, ya comienza a
oscurecer. Después de esta noche ya no te podré ayudar más y deberás conseguir todo lo que
te propongas mediante tu propio esfuerzo. Aunque, siempre que lo necesites, te daré buenos
consejos, nada más y tu deberás decidir, si los sigues o no.
- ¡Yo, siempre seguiré tus consejos, igual que hago con los de mis papás!
- ¡Eso, sólo el tiempo y tu orgullo lo decidirán, amigo Carlitos! Ahora dime: ¿Qué
deseas?
- Yo.. es que tengo todo lo que necesito y lo que quisiera, no son más que cuatro
juegos para el ordenador, que mis papás me comprarán de todas formas, si me porto bien...
aunque, tal vez...
- ¡Dime... di rápido, que va a oscurecer!
- Bien, en primer lugar, quiero un buen trabajo para mi papá, con más dinero, más
seguridad en su empleo y mejor considerado
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- ¡Concedido! además, para eso no le va ha hacer falta ni cambiar de empleo, tan sólo
cambiaré la forma de tratarlo su jefe
- Como segundo deseo, quiero que mi madre pueda hacer la carrera que tanto le había
gustado y que nunca pudo hacer por tener que cuidarnos
- ¡Concedido! ¡Y ahora ya sólo te queda un deseo: piénsatelo bien antes de formularlo!
- No tengo que pensarlo, porque hace rato que ya lo decidí
- Pues dímelo rápido, que apenas te queda tiempo
- ¡Una gran seta para ti!
Una hermosa seta apareció en el lugar donde antes, Carlitos, había pisado la humilde
casa de Gumersindo
Gummy no pudo evitar unas lágrimas de emoción que se convirtieron de inmediato en
hermosas perlas de color rosa. Gummy las cogió en sus pequeñas manos, que apenas podían
con tanto peso, y se las entregó a Carlitos
- Gracias amigo, toma este regalo para que puedas ayudar aún más a tus papás que
tanto quieres y ten por seguro que, siempre que necesites a un buen amigo, aquí me
encontrarás. Ahora, vuelve a tu casa, antes de que se preocupen por tu tardanza. ¡Hasta luego,
amigo Carlitos!
- ¡Hasta pronto, amigo Gummy!
Carlitos, llegó a casa, cantando y repleto de alegría. Sus papás se quedaron tan
sorprendidos, al verlo tan feliz, que no pudieron regañarlo por llegar tarde, además, tenían que
celebrar el ascenso de su papá y la decisión de su mamá de emprender su deseada carrera.
Carlitos no pudo evitar decir la verdad
- ¡Ya lo sabía, me lo ha contado Gummy!
Todos sonrieron y fue la primera vez que no le creyeron, aunque a media noche, y a la
misma hora, se despertaron papá y mamá con la misma pregunta en sus labios:
- ¿Quién es Gummy?
Por la mañana, se lo preguntaron a Carlitos, que enseguida se lo explicó, pero tampoco
se lo creyeron. Se miraron, el uno al otro y comenzaron a hacerle cosquillas, en medio de
tremendas risas:
- ¡Toma, por venirnos con fantasías!
Cuanto más repetía Carlitos, que todo era verdad, más cosquillas le hacían y más se
divertían
- ¡Fantasioso! ¡más que fantasioso!
Carlitos, estaba contento de ver tan felices a sus papás, además, les había dicho toda la
verdad. Y que le iba a hacer, si no se lo creían. Lo importante es que eran muy felices y había
conseguido el mejor amigo que alguien pueda soñar.
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LA INCREIBLE HISTORIA DEL NIÑO GOLOSIN
Érase una vez un niño muy mal comedor. Siempre protestaba por las comidas que le
hacía su mamá en especial odiaba las verduras y el pescado. El siempre decía que estaría todo
el día comiendo dulces, tartas de manzana y pasteles de chocolate, también disfrutaría
devorando pastelitos de cabello de ángel, cañas de crema, bollitos, buñuelos de viento y
tortas de anís que lo volvían loco y croissant de chocolate y...
Basta!!! dijo la madre un día que el niño se negaba rotundamente a cenar su plato de
verduras y pescado, si no te acabas el plato te irás a la cama sin postre. Y como el niño no
probó bocado se fue a su habitación sin más. Y allí estaba maldiciendo su plato de verduras
con pescado.
¡¡¡Ojalá no tuviera que comer verduras y pescado nunca más!!! Me pasaría la vida
comiendo dulces...
De repente ante sus ojos apareció una hermosa señora que no era otra que su hada
madrina y le dijo: "he venido a concederte este deseo que acabas de formular, a partir de
ahora no tendrás que comer nada más que dulces y pasteles como a ti te gustan".
"¿De verdad, hadita, no tendré que comer nunca más pescado ni verduras ni
garbanzos?"
"Nunca más pequeño, a partir de ahora todos los alimentos que toques se convertirán
en deliciosos productos de pastelería" y, después de despedirse, desapareció con la misma
facilidad con que había aparecido.
Al día siguiente el niño comprobó que su deseo se había hecho realidad. El desayuno
consistió en un tazón de chocolate con nata acompañado por unos churros calientes.
Al mediodía no tuvo menos suerte, un surtido de tartas y pastelitos lo esperaban
encima de la mesa mientras el resto de la familia se comía su plato de patatas con carne
estofada.
Al niño le supo mal no poder probar aquel plato que era uno de sus favoritos pero no
se quejó puesto que prefería seguir con lo suyo.
Y a la hora de la cena un pastel de moras y una natilla se comió.
Y así fue al día siguiente y al otro hasta que un día se quedó desganado. "¿Que hay
para comer mamá?"
" Hoy tienes tarta de nueces con chocolate"
"No me apetece mamita, ¿no hay nada más?"
"Tienes pastel de moras o tarta de chocolate o natillas de vainilla o...
"No sigas mamá, no tengo más hambre".
En aquel momento la familia estaba comiéndose un plato de verduras y el niño
observó como humeaban aquellas patatas, las verdes acelgas que se adivinaban tiernas,
aquellas zanahorias de color intenso y los brillantes guisantes todo regado con aceite de oliva
virgen y también miraba la cola de merluza adornada con rodajitas de limón y las rebanadas
de pan crujiente.
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Pero en cuanto intentaba tocar algo, inmediatamente se convertía en un delicioso
pastel.
El niño se levantó disgustado y corrió hacia su habitación llorando. "Hadita, hadita
buena, donde estás quiero comer un plato de verduras y pescado como los demás".
La hada madrina que era muy comprensiva acudió a su llamada. "Estas seguro de que
ya no quieres comer dulces todos los días". "Estoy seguro, quiero comer como todos y de vez
en cuando... un dulce".
Y así fue. Cuentan que a partir de entonces fue un fantástico gourmet
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LA ISLA ENCANTADA
Había una vez, cerca de las costas de Reino Unido, una casa, muy, pero muy antigua
donde vivían dos niños, Juan y María.
Era día de limpieza, y tocaba ordenar el sótano. Antes de hacerlo María dijo:
-¡No terminaremos nunca!. Este sótano es muy antiguo y no se sabe lo que podrías
encontrar aquí.
Juan le respondió: -No te preocupes. Lo vamos a solucionar, y aunque este muy sucio,
¡vamos a terminar!
-Bueno, dijo María.
Y empezaron a limpiar. Mientras María estaba limpiando uno de los muebles viejos
Juan dijo: -Ven María, mira lo que encontré. Y María fue a ver qué pasaba.
-Mira María, he encontrado un pergamino que, por lo que se ve, es muy antiguo, dijo
Juan.
Este pergamino estaba escrito en un lenguaje raro, que no era conocido en la Tierra. El
pergamino decía así: "...a avell euq ocigam ejasap un otreibucsed la adeuq aniloc al de acrec
soña lim adac" Los niños pasaban el texto a todas las lenguas pero no descifraban nada, lo
único que les quedaba era voltear el texto desde le final hasta el principio.
Juan y María llegaron a la conclusión de que el pergamino decía: "Cada mil años cerca
de la colina queda al descubierto un pasaje mágico que lleva a..." Los niños no sabían a dónde
llevaba ese camino y consultaron en la biblioteca unos libros de leyendas para tener más
información.
Los niños no pudieron saber a donde iría a terminar el camino, pero descubrieron que
la última vez que se abrió el camino fue hace mil años y el camino se abriría dentro de un mes
exactamente.
Un mes era suficiente para prepararse. Los niños se habían quedado con ganas de
saber a donde llevaba este pasaje.
Ya estaban en la colina. Y según lo que decían los libros, ya se tendría que haber
abierto el camino, pero... el camino no se abría.
-¡Estos libros deben decir mentiras!, dijo Juan.
Los niños decidieron irse a casa. Cuando se alejaban empezó a sonar algo así como un
temblor, era el dichoso camino que por fin se estaba abriendo, los niños, sin pensarlo,
corrieron hacia él.
En el camino se encontraron con un murciélago que no los dejaba pasar. El murciélago
estaba por morder a María pero Juan los alejó con una antorcha que estaba en las paredes.
Ya más adelante se encontraron con una parte donde se dividía el camino en tres
partes. Los niños no sabían por donde ir. Y cuando avanzaron aparecieron unos espejos que
confundían el camino y parecía que le camino se dividía en seis.
María eligió el camino de la izquierda.
- ¿Llegamos? -dijo Juan-.
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Juan y María habían llegado a una parte del camino tapada por una nube. Los jóvenes
dieron un paso y pisaron tierra firme. Cuando vieron el paisaje vieron una isla fría, oscura y
destruida completamente.
-¿Que habrá pasado? -Dijo MaríaY una voz le respondió: "Mi pueblo ha sido hechizado por un fantasma malvado y
envidioso que vive en un castillo que se encuentra en una montaña y tiene un murciélago de
aliado. Ha convertido a todos mis amigos en piedra y la única forma de romper el hechizo es
destruyendo al fantasma con una luz que fue encerrada en una cueva por el malvado
fantasma"
Juan después dijo: -No creo que sea muy difícil derrotar al fantasma y además vale la
pena derrotarlo después de tan largo viaje.
-Tienes razón. Vamos a derrotar al malvado fantasma y a salvar a la isla, exclamó
María.
-Muchísimas gracias, respondió el unicornio esa voz y apareció entonces un hermoso
unicornio convertido en piedra.
Después los niños se fueron a buscar la luz para derrotar al fantasma. El unicornio les
había dicho que la cueva se encontraba en el extremo Este de la isla.
Juan y María habían llegado a la cueva. María trató de entrar pero un campo de fuerza
protegía la cueva y la niña quedó muy dañada. Juan volvió con el unicornio y le preguntó
como podía atravesar ese campo de fuerza. El unicornio le dijo que la única manera de entrar
era si estabas tranquilo y no pensabas en nada.
Siguiendo las instrucciones del unicornio Juan se fue a la cueva. Juan trató de entrar y
sin pensar en nada logró entrar a la cueva y encontró la Sagrada Luz. Cuando salió de la cueva
Juan iluminaba todo a su paso y también logró restablecer las fuerzas de María.
Los niños se dirigieron al palacio donde se encontraba el malvado fantasma. Él, desde
el interior del castillo presentía que Sagrada Luz se acercaba y trató de huir. Los niños
lograron encontrarlo y, apenas vio la luz, el fantasma se desintegró por completo y todos los
habitantes de la isla convertidos en piedra volvieron a la vida.
El unicornio les agradeció a los niños lo que hicieron y como regalo les dio un mapa
donde encontrarían un tesoro que habían enterrado los antiguos habitantes de la isla.
Los niños se fueron a buscar el tesoro y, cuando lo encontraron y abrieron el cofre una
luz brilló y los niños aparecieron es sus camas. ¿Habrá sido un sueño?
Los niños no estaban seguros pero igual tenían el cofre con el tesoro en su casa.
Los niños nunca contaron nada de esto a nadie. ¿Quién les creería?
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LA JIRAFA Y EL LEONCITO
Una enorme jirafa se acercó a beber en un río.
Miró alrededor por si había cerca algún león. Tenía que tener cuidado, ya que muchas
veces los leones las atacaban cuando estaban bebiendo.
Abrió sus patitas delanteras para poder bajar su largo cuello y se acercó al agua.
Allí, vió una sombra y se asustó un poco, enseguida observó que un pequeño león se
escondía en un arbusto. Era Leonín, un pequeño león que se había perdido.
Leonín, miró hacia el cuello de la gran jirafa que parecía no acabarse nunca. Cuando al
fin vió su cara, unos enormes ojos negros le miraban.
El leoncito giró su cabeza y agachó las orejas.
Avanzó la jirafa, a paso lento y tranquilo, hacia él, le tendió la patita.
El león la acarició y ambos perdieron el miedo.
La jirafa le preguntó: - ¿Cómo estás tan lejos de tu casa?.
Verás, le dijo el león.
¡Me perdí, por salir corriendo detrás de una gacela!.
¡Sólo quería jugar!.
¡Corrí muy veloz hasta quedar agotado!.
¿Qué ocurrió después?.
La gacela se espantó y yo me quede en este lugar.
Estaba muy asustado, pero soy un león valiente, ¡no quería llorar!.
¡Estoy tan cansado, dijo el leoncito.
Ven, vamos hasta aquel árbol, - le dijo la jirafa – allí descansaremos.
El león se acurrucó entre las patitas de la jirafa y se quedó dormido junto a ella.
Juntitos muy juntitos para darse calor.
Pasaron largos días, la jirafa cuidaba de él, le alimentaba y le daba cariño como si
fuera su mamá.
Un día le explicó que tal vez, dentro de un tiempo tendría que volver con los demás
leones, pues era lo mejor para el leoncito.
Una mañana, el león bebía en el río, cuando unos leones se acercaron a él.
La jirafa les observaba desde un alto. Contempló como el león se había encariñado con
ellos.
Había llegado el momento de partir.
Ella vió como se alejaba el leoncito para siempre, pero a pesar de todo estaba feliz,
porque él, había encontrado a su nueva familia.
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EL FLAUTISTA DE HAMELIN
Hace mucho, muchísimo tiempo, en la próspera ciudad de Hamelín, sucedió algo muy
extraño: una mañana, cuando sus gordos y satisfechos habitantes salieron de sus casas,
encontraron las calles invadidas por miles de ratones que merodeaban por todas partes,
devorando, insaciables, el grano de sus repletos graneros y la comida de sus bien provistas
despensas.
Nadie acertaba a comprender la causa de tal invasión, y lo que era aún peor, nadie
sabía qué hacer para acabar con tan inquitante plaga.
Por más que pretendían exterminarlos o, al menos, ahuyentarlos, tal parecía que
cada vez acudían más y más ratones a la ciudad. Tal era la cantidad de ratones que, día tras
día, se enseñoreaba de las calles y de las casas, que hasta los mismos gatos huían asustados.
Ante la gravedad de la situación, los prohombres de la ciudad, que veían peligrar
sus riquezas por la voracidad de los ratones, convocaron al Consejo y dijeron: "Daremos cien
monedas de oro a quien nos libre de los ratones".
Al poco se presentó ante ellos un flautista taciturno, alto y desgarbado, a quien
nadie había visto antes, y les dijo: "La recompensa será mía. Esta noche no quedará ni un sólo
ratón en Hamelín".
Dicho esto, comenzó a pasear por las calles y, mientras paseaba, tocaba con
su flauta una maravillosa melodía que encantaba a los ratones, quienes saliendo de sus
escondrijos seguían embelesados los pasos del flautista que tocaba incansable su flauta.
Y así, caminando y tocando, los llevó a un lugar muy lejano, tanto que desde allí
ni siquiera se veían las murallas de la ciudad.
Por aquel lugar pasaba un caudaloso río donde, al intentar cruzarlo para seguir al
flautista, todos los ratones perecieron ahogados.
Los hamelineses, al verse al fin libres de las voraces tropas de ratones, respiraron
aliviados. Ya tranquilos y satisfechos, volvieron a sus prósperos negocios, y tan contentos
estaban que organizaron una gran fiesta para celebrar el feliz desenlace, comiendo excelentes
viandas y bailando hasta muy entrada la noche.
A la mañana siguiente, el flautista se presentó ante el Consejo y reclamó a los
prohombres de la ciudad las cien monedas de oro prometidas como recompensa. Pero éstos,
liberados ya de su problema y cegados por su avaricia, le contestaron: "¡Vete de nuestra
ciudad!, ¿o acaso crees que te pagaremos tanto oro por tan poca cosa como tocar la flauta?".
Y dicho esto, los orondos prohombres del Consejo de Hamelín le volvieron la
espalda profiriendo grandes carcajadas.
Furioso por la avaricia y la ingratitud de los hamelineses, el flautista, al igual que
hiciera el día anterior, tocó una dulcísima melodía una y otra vez, insistentemente.
Pero esta vez no eran los ratones quienes le seguían, sino los niños de la ciudad
quienes, arrebatados por aquel sonido maravilloso, iban tras los pasos del extraño músico.
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CEIP “Eduardo Palomo”
Cogidos de la mano y sonrientes, formaban una gran hilera, sorda a los ruegos y
gritos de sus padres que en vano, entre sollozos de desesperación, intentaban impedir que
siguieran al flautista.
Nada lograron y el flautista se los llevó lejos, muy lejos, tan lejos que nadie supo
adónde, y los niños, al igual que losratones, nunca jamás volvieron.
En la ciudad sólo quedaron sus opulentos habitantes y sus bien repletos graneros y
bien provistas despensas, protegidas por sus sólidas murallas y un inmenso manto de silencio
y tristeza.
Y esto fue lo que sucedió hace muchos, muchos años, en esta desierta y vacía
ciudad de Hamelín, donde, por más que busquéis, nunca encontraréis ni un ratón ni un niño.
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CEIP “Eduardo Palomo”
LA CENICIENTA
Hubo una vez una joven muy bella que no tenía padres, sino madrastra, una viuda
impertinente con dos hijas a cual más fea. Era ella quien hacía los trabajos más duros de la
casa y como sus vestidos estaban siempre tan manchados de ceniza, todos la llamaban
Cenicienta.
Un día el Rey de aquel país anunció que iba a dar una gran fiesta a la que invitaba a
todas las jóvenes casaderas del reino.
- Tú Cenicienta, no irás -dijo la madrastra-. Te quedarás en casa fregando el suelo y
preparando la cena para cuando volvamos.
Llegó el día del baile y Cenicienta apesadumbrada vio partir a sus hermanastras
hacia el Palacio Real. Cuando se encontró sola en la cocina no pudo reprimir sus sollozos.
- ¿Por qué seré tan desgraciada? -exclamó-. De pronto se le apareció su Hada Madrina.
- No te preocupes -exclamó el Hada-. Tu también podrás ir al baile, pero con una
condición, que cuando el reloj de Palacio dé las doce campanadas tendrás que regresar sin
falta. Y tocándola con su varita mágica la transformó en una maravillosa joven.
La llegada de Cenicienta al Palacio causó honda admiración. Al entrar en la sala de
baile, el Rey quedó tan prendado de su belleza que bailó con ella toda la noche. Sus
hermanastras no la reconocieron y se preguntaban quién sería aquella joven.
En medio de tanta felicidad Cenicienta oyó sonar en el reloj de Palacio las doce.
- ¡Oh, Dios mío! ¡Tengo que irme! -exclamó-.
Como una exhalación atravesó el salón y bajó la escalinata perdiendo en su huída un
zapato, que el Rey recogió asombrado.
Para encontrar a la bella joven, el Rey ideó un plan. Se casaría con aquella que
pudiera calzarse el zapato. Envió a sus heraldos a recorrer todo el Reino. Las doncellas se lo
probaban en vano, pues no había ni una a quien le fuera bien el zapatito.
Al fin llegaron a casa de Cenicienta, y claro está que sus hermanastras no pudieron
calzar el zapato, pero cuando se lo puso Cenicienta vieron con estupor que le estaba perfecto.
Y así sucedió que el Príncipe se casó con la joven y vivieron muy felices.
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CAPERUCITA ROJA
Había una vez una niña muy bonita. Su madre le había hecho una capa roja y la
muchachita la llevaba tan a menudo que todo el mundo la llamaba Caperucita Roja.
Un día, su madre le pidió que llevase unos pasteles a su abuela que vivía al otro lado
del bosque, recomendándole que no se entretuviese por el camino, pues cruzar el bosque era
muy peligroso, ya que siempre andaba acechando por allí el lobo.
Caperucita Roja recogió la cesta con los pasteles y se puso en camino. La niña tenía
que atravesar el bosque para llegar a casa de la Abuelita, pero no le daba miedo porque allí
siempre se encontraba con muchos amigos: los pájaros, las ardillas...
De repente vio al lobo, que era enorme, delante de ella.
- ¿A dónde vas, niña?- le preguntó el lobo con su voz ronca.
- A casa de mi Abuelita- le dijo Caperucita.
- No está lejos- pensó el lobo para sí, dándose media vuelta.
Caperucita puso su cesta en la hierba y se entretuvo cogiendo flores: - El lobo se ha
ido -pensó-, no tengo nada que temer. La abuela se pondrá muy contenta cuando le lleve un
hermoso ramo de flores además de los pasteles.
Mientras tanto, el lobo se fue a casa de la Abuelita, llamó suavemente a la puerta y
la anciana le abrió pensando que era Caperucita. Un cazador que pasaba por allí había
observado la llegada del lobo.
El lobo devoró a la Abuelita y se puso el gorro rosa de la desdichada, se metió en la
cama y cerró los ojos. No tuvo que esperar mucho, pues Caperucita Roja llegó enseguida,
toda contenta.
La niña se acercó a la cama y vio que su abuela estaba muy cambiada.
- Abuelita, abuelita, ¡qué ojos más grandes tienes!
- Son para verte mejor- dijo el lobo tratando de imitar la voz de la abuela.
- Abuelita, abuelita, ¡qué orejas más grandes tienes!
- Son para oírte mejor- siguió diciendo el lobo.
- Abuelita, abuelita, ¡qué dientes más grandes tienes!
- Son para...¡comerte mejoooor!- y diciendo esto, el lobo malvado se abalanzó sobre la
niñita y la devoró, lo mismo que había hecho con la abuelita.
Mientras tanto, el cazador se había quedado preocupado y creyendo adivinar las
malas intenciones del lobo, decidió echar un vistazo a ver si todo iba bien en la casa de la
Abuelita. Pidió ayuda a un segador y los dos juntos llegaron al lugar. Vieron la puerta de la
casa abierta y al lobo tumbado en la cama, dormido de tan harto que estaba.
El cazador sacó su cuchillo y rajó el vientre del lobo. La Abuelita y Caperucita
estaban allí, ¡vivas!.
Para castigar al lobo malo, el cazador le llenó el vientre de piedras y luego lo volvió
a cerrar. Cuando el lobo despertó de su pesado sueño, sintió muchísima sed y se dirigió a un
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estanque próximo para beber. Como las piedras pesaban mucho, cayó en el estanque de
cabeza y se ahogó.
En cuanto a Caperucita y su abuela, no sufrieron más que un gran susto, pero
Caperucita Roja había aprendido la lección. Prometió a su Abuelita no hablar con ningún
desconocido que se encontrara en el camino. De ahora en adelante, seguiría las juiciosas
recomendaciones de su Abuelita y de su Mamá.
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EL LEÑADOR Y EL DUENDE
Había una vez un leñador muy viejo y su hijo, que vivían en lo más profundo del
bosque , cercano al castillo de un rey orgulloso y pendenciero, quien era muy temido por su
crueldad. Su castillo era el mayor y sus bodegas estaban llenas de joyas y objetos de oro,
cortinajes de seda adornaban sus cámaras y en sus patios piafaban briosos corceles.
Sucedió una madrugada que el hijo del leñador , un joven muy apuesto deseó salir a
buscar fortuna . Para hacerlo debía pasar por los campos del castillo, ya que el reino tenía en
esa parte un gran río y una montaña que impedía el paso por otro lugar.
Juan, el hijo del leñador, se despidió de su anciano padre, que le esperaría junto de la
cabaña de troncos, como siempre, erguido y alto como un roble , pues era fuerte aún . El
joven partió , seguro de sí mismo , con una bolsa con ropa y algunos alimentos. Así caminó
durante siete días, durmiendo siete veces al amparo de los árboles. Al octavo día salió fuera
del bosque y miró, al fin, el gran río, la montaña y los verdes campos del rey Falten, cuyo
castillo dorado y negro, allá arriba de la alta montaña gris, dominaba la comarca. Al medio día
se topó con unos labradores que venían de sembrar, camino de unas lejanas casas, y les iba a
saludar , cuando uno de ellos le divisó , alertando a sus compañeros. Estos le quedaron
mirando y luego comenzaron a bajar a por él.
Juan continuó su camino silbando, pero interrumpió su canción al ver una formación
de guerreros armados, en alto sus lanzas y pendones. Frente a ellos iba el rey Falten , enhiesto
y orgulloso sobre su montura, portando una gruesa espada, cuya empuñadura arrojaba bellos
reflejos al caer sobre las joyas los rayos del sol. El rey y sus caballeros llegaron ante el joven,
y el rey miró con ojos malignos al leñador, diciendo:" ¿De adónde venís que ignoráis que ante
mí os debéis postrar ? " Juan se inclinó, sacándose el gorro que llevaba puesto, y contestó: "
Vengo de las profundidades del bosque Azul, en donde vivo con mi padre el leñador. He
salido a conquistar fortuna , para dar a mi anciano padre una vejez tranquila."
La comitiva del rey expresó su asombro con murmullos de roncas voces. El Rey, con
voz de trueno, bramó:" ¿ Entonces eres Juan, el hijo del antiguo rey de esta comarca ? ¡
Soldados : prendedle y llevadle de inmediato al calabozo de la torre Oscura !"
El joven, quien no esperaba tal reacción del rey, no puso resistencia pues estaba
desarmado. Encadenado sobre un caballo le llevaron hasta el castillo. Como era la hora del
almuerzo, pocos le vieron llegar entre la escolta de soldados . Le llevaron a la Torre Oscura,
la más alta de todas, en la que moraba el rey Falten . Sólo que a Juan le condujeron a las
mazmorras del subsuelo. En un calabozo húmedo y estrecho le arrojaron, excavado en la roca
de la montaña, con una única puerta metálica, que tenía una ventana estrecha, por la que
entraba la rojiza luz de una antorcha cercana. Una grieta en la roca dejaba pasar un hilillo de
agua que escurría por el muro y se perdía en el piso, en otra hendidura.
El joven, adolorido al caer , ya que los carceleros le habían empujado y había caído al
suelo, se sentó en el frío piso de piedra. Miró su habitación y se dijo que nunca debería haber
salido del bosque Azul, y que su padre debería haberle dicho que eran de sangre real. Así
habría estado prevenido. En un rincón algo de paja hacía las veces de jergón , en donde se
acostó de espaldas. Percibió un sonido muy apagado , que se repitió a los cinco minutos. Era
un sonido cristalino... aloha Buscó en los muros, y sintió que venía de la hendidura por la que
manaba el agua. En ese momento se abrió la puerta, y un carcelero le dejó una escudilla con
alimento y una cuchara.
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Comió de la pasta que le habían llevado, que tenía un olor rancio. Luego, con la
cuchara, comenzó a raspar la hendidura en la muralla, tratando de agrandar el boquete.
Cuando el hoyo estaba ya de un palmo de ancho, un trozo cedió, y saltó un chorro de agua al
interior del calabozo. El agua daba contra el muro de enfrene, escurriéndose hacia el suelo
ruidosamente. Como la celda era hermética, pronto el agua le llegaba a la cintura. Comenzaba
a pensar en aporrear la puerta, para no ahogarse, cuando un objeto brotó desde el boquete,
dando un sonido metálico al golpear el muro contrario. Era una botella, visible pálidamente
gracias a la luz de la antorcha del pasillo, que entraba dificultosamente por la mirilla de la
puerta.
Tenía un tapón sellado con lacre, y un signo estampado allí. Lo retiró el joven y sacó
el tapón . Un humo acre se expandió por la celda, entibiando el ambiente. Cuando se disipó,
vio a un duende, parado sobre el agua. Usaba ropa verde, y le miraba , con una cara de barba
en punta y ojos chispeantes.
" ¡ Me has liberado !"- Dijo el ser, con voz ronca y extraña.
- " Un duende !" - Exclamó el joven, sintiendo el agua a medio pecho; vio que el agua
ya salía al pasillo, usando la ventanilla como vertedero. - " Estuve allí mucho tiempo ! Pagada
está la apuesta por la que fui encerrado; pero te debo dos deseos, antes de poder partir. Hazlos
ya."- Conminó el duende, tocando ya su gorra el piso de piedra, ya que el agua seguía
acumulándose rápidamente.
- ¡ Deseo verme fuera del castillo ahora mismo !"- No alcanzó a esperar un segundo,
cuando ya estaba , de pie y con el frasco en la mano, justo fuera del castillo, sobre el puente
levadizo. El rey Falten venía saliendo a caballo ...
De un ágil salto, se puso tras unas piedras, tratando de pasar desapercibido. Ya cuando
parecía haberlo logrado, el rey le miró. Rápidamente, Juan salió corriendo hacia el interior,
puesto que los guardias se habían alertado, y con los corceles le habrían dado caza en
segundos, de haber elegido la calle para correr. Vio la entrad a a una torre, y se zambulló por
la entrada, hallando una escalera interior, que subía hacia los pisos altos, sin soltar la dichosa
botella, aunque del duende no se veían trazas. Entró a cualquier sala corriendo por sobre los
tapices de rico diseño, y traspasando dinteles de ricos cortinajes. Tras un biombo se ocultó,
acezando. En la misma sala estaba una joven doncella, preocupada tejiendo en un bastidor,
que volteó la vista, y le divisó, dando un grito y soltando la prenda.
- " ¡ No os asustéis, bella dama ! Me persiguen por ser el príncipe del antiguo Rey !
Imploro a vos me ocultéis hasta que pase el peligro !"- Pidió Juan.
Ella, encantada y prendada de ese joven tan apuesto y gentil, respondió de inmediato
:" ¿Cómo os llamáis ?" El le dio su nombre, a lo que ella dijo:"- Yo soy Flor de Sol, la hija del
rey Falten"
al oír esto el joven, retrocedió, alarmado. Ella dió algunos pasos, y le tomó del brazo,
susurrando :" ¡ No temáis ! Conozco lo cruel que es mi padre y os ayudaré a no caer en sus
manos. Confiad en mí!"
La bella doncella le hizo pasar hasta un gran armario , en donde tenía sus vestidos.
Apenas se hubo encerrado allí Juan, entró el Rey Falten a la habitación, preguntando:" ¿Has
visto a un hombre con trazas de leñador pasar por aquí ?" Como la princesa le repondiese que
no, el Rey siguió diciendo:" ¡ SE ha escondido en esta torre ! Pero ya le encontraremos: he
subido el puente levadizo y no podrá salir del castillo !"
Riendo como el rey cruel que era, salió de la habitación de la bella joven con su
espada en la mano. Flor de Sol corrió hasta el enjoyado armario y abrió una de sus puertas,
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para que saliera Juan. Juan se arregló la chaqueta, estirando su cuerpo, tras haber estado entre
los vestidos de la joven. La princesa, mirándole arrobada, le dijo:" ¡ Juan, tú también puedes
ayudarme a mí . el príncipe Oef, del reino vecino, se casará conmigo dentro de tres días, y yo
no lo quiero, pues es malo y cruel como mi padre. ¿Me ayudarás a escapar ?" Juan se pasó la
mano por la barbilla, pensando. De repente, dió una palmada en su frente, y sacando la botella
, que llevaba en el bolsillo de su chaqueta, le habló:" ¡ Duende ! Tú me ayudarás : quiero un
reino más grande que éste , con un gran castillo , vecino al del príncipe Oef, y que fuera de
esta torre me espere un caballo enjaezado !"
Dicho lo cual, volvió a sacar el tapón con los sellos, arrojándolo lejos.
El duende volvió a aparecer, pero viniendo desde un rincón de la sala, y dijo:" Tus dos
deseos son cumplidos, Juan !"
Dicho lo cual se fue caminando por la puerta de la habitación, hacia la tierra de los
duendes. la joven princesa miró por la ventana hacia el patio del castillo, viendo un caballo
con hermosa montura, atado a un poste que nunca antes vio por allí. Juan bajó con ella de la
mano, tapado el rostro con un manto. Subieron sin contratiempos sobre el corcel, con el cual
galoparon hacia el levantado puente levadizo, al cual se le rompieron las cadenas por ensalmo
y cayó al suelo, sirviendo para que los jóvenes traspusieran el foso , pasando por entre los
aterrados guardias de la puerta.
Tan rápido era el galope del corcel, que en contados minutos estuvieron en el castillo
de Juan. allí, una partida de caballeros armados les esperaba, para darles escolta. Dejando en
una decorada sala a la princesa Flor de Sol, Juan arengó a sus flamantes guerreros, y regresó
al castillo del rey Falten, el cual intentó resistir dentro de su torre mayor, pero fue derrotado
prontamente, por lo cual se lanzó desde la más alta ventana al vacío, destungándose al dar en
los adoquines del patio.
Regresaron Juan y sus valientes al castillo encantado, hallando a la princesa esperando
a la entrada del mismo.
- ¡ Tu padre ha sufrido un accidente ! Nadie le empujó, lo juro !"- Se defendió Juan,
descabalgando.
La princesa sonrió, diciendo: " ¡ Os creo, mi héroe !"
Y del brazo entraron a la torre mayor, en donde vivieron muy felices para siempre.
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LA LEYENDA DE OSA MAYOR
Hacía mucho tiempo que la lluvia no regaba la tierra. El calor era tan fuerte y estaba
toda tan seco que las flores se marchitaban, la hierba se veía seca y amarillenta y hasta los
árboles más grandes y fuertes se estaban muriendo. El agua de los arroyos y los ríos se había
secado, pozos estaban yermos y las fuentes cesaron de manar. Las vacas, los perros, los
caballos, los pajaros y la gente se morían de sed. Todo el mundo estaba preocupado y
deprimido.
Había una niñita cuya madre cayó gravamente enferma.
-Oh!-dijo la niña-, estoy segura de que mi madre se pondría buena de nuevo si pudiera
lleverle un poca de agua. Tengo que encontrarla. Así que cogío un pequeño cucharón y salío
en busca de agua.
Andando, andando, encontró un manantial diminuto en la lejana ladera de la montaña.
Estaba casi seco. Las gotas de agua caían muy lentamente de debajo de la roca. La niña
sostuvo el cucharón con cuidado para recoger aquellas gotitas. Al cabo de mucho, mucho
tiempo, acabó de llenarse.
Entonces la niña emprendío el regreso asiendo el cazo con muchísimo cuidado porque
no quería derramar ni una gota.
Por el camino se cruzó con un pobre perrito que aduras penas podía arrastrarse. El
animal jadeaba y sacaba la lengua fuera de tan seca que la tenia. -Oh, pobre perrito -dijo la
niña-, qué sediento estás.
No puedo irme sin ofrecerte unas gotas de agua. Aunque te dé un poco, todavía
quedará bastante para mi madre.
Así que la niña derramó un poco de agua en la palma de su mano y se la ofrecío al
perrito. Éste la lamio con avidez y se sintió mucho mejor.
El animal se puso a brincar y a ladrar, talmente como si dijera:
-Gracias, niña!
Ella no se dio cuenta, pero el cucharón de latón ahora era de plata y entaba tan lleno
como antes. Se acordó de su madre y siguío su camino tan rápido como pudo. Cuando llegó a
casa casi había oscurecido.
La niña abrío la puerta y se dirigío rápidamente a la habitación de su madre. Al entrar,
la vieja sirvienta que había trabajado durante todo el día cuidando a la enferma se acercó a
ella. La criada estaba tan cansada y sedienta que apenas pudo hablar a la niña.
-Dale un poca de agua -dijo su madre-. Ha trabajado duro todo el día y la necesita más
que yo. La niña acercó el cazo a los labios de la sirvienta y ésta bebió un poco;en seguida se
sintió mejor y más fuerte, se acercó a la enferma, y la ayudó a enderezarse.
La niña no se percató que el cucharón era ahora de oro y que estaba tan lleno como al
principio. La pequeña acercó el cazo a los labios de su madre y ésta bebió y bebió.
¡ Se encontró tan bien! cuando terminó, aún quedaba un poco de agua en el fondo.
La niña iba a llevárselo a los labios cuando alguien llamó a la puerta. La sirvienta fue a
abrir a apareció un forastero. Estaba pálido y cubierto de polvo por el largo viaje.
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-Estoy sediento -dijo-. Podrias darme un poca de agua?
La niña contestó:
-Claro que sí, estoy segura de que usted la necesita mucho más que yo. Bébasela toda.
El forastero sonrió y tomó el cucharón. Al hacerló, éste se convirtio en un cucharón
hecho de diamantes. El forastero dio la vuelta al cazo y el agua se derramó por el suelo.
Y allí donde cayó, brotó una fuente. EL agua fresca fluía a borbotones en cantidad
suficiente como para que la gente y los animales de toda la comarca bebieran tanta como les
apeteciera. Distraídos con el agua se olvidaron del forastero, pero, cuando lo buscaron, éste
había desaparecido. Creyeron verlo desvanecerse en el cielo, y, en efecto, allá en lo alto del
firmamento destellaba algo parecido a un cucharón de diamantes.
Allí sigue brillando todavía para recordar a la gente a esa niña amable y generosa. Es
la constelación que conocemos por la Osa Mayor.
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EL MONSTRUO DEL LAGO
Érase una vez la hija de un poderoso rey. Se llamaba Untombina y era muy valiente.
En el país en que ella habitaba existía un lago encantado al que ningún ser humano se
acercaba. En el lago vivía un Monstruo que, sin compasión ni piedad, se llevaba al fondo a
cuantos se extraviaban por aquella región y a los que equivocadamente intentaban bañarse en
las claras aguas del lago.
Untombina había oído hablar con frecuencia del Monstruo y también sabía dónde
estaba el lago que aquél habitaba.
Sucediéronse lluvias torrenciales y muy continuas en todo el país, y las tierras
quedaron inundadas; entonces Untombina dijo a sus padres:
- Yo quiero ir a ver al Monstruo del lago para preguntarle si podría hacer cesar esta
lluvia pertinaz.
Pero su padre, el Rey, se lo prohibió, y su madre derramó abundantes lágrimas a la
sola idea de lo que pudiese suceder, ya que era terca Untombina, y lo más fácil de suponer era
que el Monstruo la devorase.
En consecuencia, la muchacha permaneció en casa, más que por la prohibición paterna
y los llantos de la madre, porque, estando el país inundado, se hacían los caminos
intransitables.
Pero, al año siguiente, empezó a llover de nuevo y las aguas llegaron hasta lo más alto
de los más altos muros que rodeaban el poblado, y Untombina no pudo contenerse por más
tiempo. Quiso ir a toda costa al lago encantado y fue imposible disuadirla; ya ni escuchó la
voz autorizada del padre, ni las lágrimas de desconsuelo de la madre la cambiaron de
propósito.
Convocó a todas las muchachas del pueblo y eligió, de entre todas, a doscientas para
que la acompañasen en el viaje. Vistióse como una novia. Siguiendo su ejemplo, las
muchachas ataviáronse con sus mejores galas y sus más preciadas joyas.
Salieron juntas por las puertas del poblado. Untombina en medio y cien muchachas a
cada lado del camino, formando como una Corte de honor. Riendo y cantando caminaban las
jóvenes, como si llevaran a la novia al novio, y cuando encontraban por el camino a los
mercaderes que, en grandes carretas tiradas por bueyes, recorrían el país, llamábanlos con
voces joviales y gozosas y preguntábanles cuál, de entre todas, era la más bella.
Los hombres se acercaban y contestaban que ellos encontraban a todas muy lindas,
pero ninguna comparable con Untombina.
- Pues - decían los mercaderes - la hija de vuestro rey es esbelta como el árbol de la
altura y tan lozana coma la fresca hierba que brota después de las lluvias fecundas
Cuando las otras jóvenes oían estas palabras se enfadaban tanto que maltrataban a los
mercaderes y los llenaban de improperios. Luego proseguían su camino. Era un alegre,
espectáculo ver a aquellas encantadoras jóvenes caminando jovialmente, ataviadas con primor
y luciendo sus mejores joyas, refulgentes al sol, y sus collares y brazaletes de ricas perlas.
Declinaba el día cuando las bellas muchachas llegaron al encantado lago. Y, al llegar,
despojáronse de todas sus galas y saltaron al agua fresca y cristalina para bañarse a los
últimos rayos del sol.
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¡Qué alegres estaban las lindas negritas! Chapoteaban, tirábanse unas a otras agua del
lago, brincaban, saltaban y nadaban alborozadas.
Desapareció el sol y tuvieron que buscar un sitio donde pudieran dormir. Realmente ya
era hora de abandonar el placer del lago. Así lo hicieron, pero podéis imaginaros su espanto
cuando advirtieron la falta de sus lindas sayas y vestidos, de los aros de los tobillos, collares y
brazaletes.
- ¡Oh, oh, oh! - gritaron a una ¡Mira, Untombina, el Monstruo del lago nos ha robado
todas nuestras prendas y joyas! ¿Qué hacemos ahora?... Oh, Untombina, ¿qué hacemos ahora?
Gritaban tan fuerte como podían; tan sólo Untombina permanecía indiferente y altiva,
contemplando a las muchachas asustadas.
Al fin la más atrevida de todas dijo gritando:
- ¡La culpa es tuya, Untombina; sólo tú nos has traído esta desgracia!
Otra, muy piadosa por cierto, propuso que todas se arrodillaran y suplicaran al
Monstruo que les devolviera lo que les había robado.
Pero Untombina rehusó, altiva, la proposición.
- Yo soy la hija del rey - dijo - y no pienso humillarme ante el Monstruo.
Y diciendo esto se apartó de las otras muchachas que, entre lágrimas y sollozos,
suplicaban al Monstruo les devolviese sus tesoros.
-¡Oh, señor de este lago - clamaron - devuélvenos nuestras preciosas joyas y ricos
vestidos! No quisimos hacerte ofensa ni daño. Fue Untombina, la hija de nuestro rey, la que
aquí nos trajo. Solamente ella tiene toda la culpa.
Y entonces, de repente, vestido tras vestido, aro tras aro, collar tras collar, brazalete
tras brazalete, empezaron a caer como llovidos del cielo sobre la orilla del lago. Y, al cabo de
un corto espacio de tiempo, las doscientas muchachas, que habían acompañado, a Untombina
estaban vestidas y dispuestas a regresar al poblado.
Tan sólo Untombina no se había vestido. Altiva, permanecía erguida con los brazos
cruzados sobre su pecho y, cuando las muchachas le rogaban que pidiera al Monstruo que le
devolviese sus vestidos y sus joyas, ninguna palabra salió de sus labios.
- Oh, Untombina, hazlo, por favor. Pídeselos, Untombina - le suplicaban las
muchachas. Pero Untombina irguióse más altiva y más orgullosa aún, tanto que a los ojos de
sus compañeras no parecía tan linda, y contestó:
- Jamás. Yo soy la hija de un rey y no suplico a nadie.
Cuando el Monstruo del lago oyó estas palabras, salió a flor de agua, apoderóse de la
orgullosa muchacha y se la tragó.
Lanzando gritos de terror las muchachas huyeron como galgos y al llegar al poblado
contaron lo que le había ocurrido a la hija del rey.
- ¡Oh! - sollozó el desventurado padre; - yo se lo había advertido innumerables veces,
pero ella no quiso escucharme. Pero aguardad, muy pronto, la libertaremos de las garras del
Monstruo. Y ordenó:
- ¡Mis guerreros, armaos de vuestros escudos, lanzas, hondas, arcos y agudas flechas!
¡Vamos a libertar a mi hija!
Pronto todo un ejército de guerreros negros se puso en marcha hacia el lago encantado.
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El Monstruo asomó la cabeza fuera del agua, y al ver a tantos guerreros, abrió su
descomunal y gigantesca boca y se tragó a un sinfín de ellos con la facilidad con que antes se
tragara a Untombina. Su enorme cuerpo parecía que iba agrandándose por momentos, y era
verdaderamente espantoso ver cómo perseguía a los que intentaban salvarse; y así fue la
persecución hasta las mismas puertas del poblado.
Pero junto a la puerta estaba el rey con la más aguda de las lanzas que poseía y se
enfrentó con el Monstruo, cuyo cuerpo se extendía por casi sobre una legua de distancia, ¡tan
enormes eran sus proporciones!
El viejo rey era un valiente guerrero muy diestro en el arte de batallar, y supo al
instante dónde tenía que atacar a su enemigo. Primero le hundió la lanza en la garganta y
luego le hizo un agujero en un costado. Por este costado empezaron a salir todos sus guerreros
y finalmente la valerosa Untombina, más altiva que nunca.
El rey la tomó de la mano y la acompañó en triunfo hasta su madre, que tanto había
llorado por ella.
Afortunadamente el Monstruo fue muerto, y el lago donde habitaba quedó, desde
aquel instante, desencantado.
FIN.
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EL MONSTRUO DE BANYOLES
En las postrimerías del siglo VIII, una bestia de terribles dimensiones se había
cobijado a orillas del lago de Banyoles, aprovechándose de una caverna de gran profundidad.
El monstruo, que era el último descendiente de las bestias prehistóricas que habían
habitado la comarca, tenía un aspecto terrible.
Tal y como nos lo han descrito los cronistas de la época, le cubría el cuerpo una gruesa
piel de escamas provista de afiladas púas que lo hacían invulnerable a las garras y a las
ballestas.
A pesar de sus grandes alas, su descomunal peso no le permitía alzar el vuelo, solo
podía caminar con sus patas, enormes como las columnas de un templo antiguo, y al caminar,
la tierra temblaba como si fuera a quebrarse de un momento a otro.
Cuentan que sus ojos desprendían lenguas de fuego, y su aliento era tan pestilente que
de un soplido era capaz de secar las plantas, envenenar las fuentes, apestar los campos i
contagiar las enfermedades mas horribles a personas y animales.
Según los testimonios, era una fiera con un apetito voraz, si por desgracia un rebaño se
cruzaba en su camino, a buen seguro que daba buena cuenta de los infortunados animales.
El pánico, aquella paranoia tan medieval, planeaba sobre Banyoles y sus alrededores.
Sus habitantes no hacían mas que acudir a las iglesias y ermitas a rezar para que alguien les
librase de aquella bestia que les envenenaba los campos y les llenaba de terror. Nadie, por
aquel entonces, osaba ir hasta el lago, y algunos que lo habían intentado no volvieron jamás.
La población vivía recluida dentro de las murallas donde, a diario, entraban habitantes
de los caseríos del contorno a refugiarse de la amenaza del Dragón.
En las casas echaban el baldón mucho antes de que las gallinas se fueran a dormir, y
cuando obscurecía no se oía ni un respiro.
Todos temían que, mas tarde o mas temprano, la fiera se cansara de hartarse de
corderos o jabalíes y se acercase hasta la muralla para degustar lo que todos creían era lo que
más le gustaba: la carne humana.
Lo cierto es que cada noche una puerta de la ciudad era reventada y consecuentemente
desaparecía el ciudadano. Algunos de los que habían presenciado el rapto hablaban de que
una fuerza descomunal destrozaba la puerta por mas baldón y por más muebles que hubieran
detrás. Y que unas garras gigantescas se llevaban al morador entre los espeluznantes gritos de
las mujeres y de los chiquillos.
Aquella constante sangría llegó a oídos de la soldadesca de Carlomagno que, en aquel
tiempo, había entrado en nuestro territorio para anexionar y saquear con alguna excusa de
trámite que entonces era la caza y captura de los sarracenos.
Los soldados se paseaban ébrios de orgullo: Después de vencer a los de la media luna
se creían que la caza del Dragón seria un buen pasatiempo para esperar la próxima batalla.
Una columna de aquellos insensatos se plantó en "la Draga" (Terrenos donde el
Dragón tenía su morada, hoy convertidos en un magnífico parque) con sus caballos, sus
espadas y sus estandartes.
Todos creían que sería tan fácil como cazar una zorra coja, pero una vez hubieron
llegado hasta la hendidura donde se refugiaba el Dragón, una vaharada vomitiva les envolvió.
De repente se hallaron enmedio de una nube tóxica que les hacia toser y les cegaba.
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Intentaron dar media vuelta para alejarse de aquél espantoso vapor pero se
encontraron, cara a cara, con la bestia que salía a su encuentro. Algunos de ellos redondearon
su insensata acción esgrimiendo las espadas y encomendándose a su patrón. Pero, como un
jabalí que a su paso aplasta los zarzales y destroza los sembrados, el Dragón convirtió aquella
columna de bellacos en una alfombra de pieles y escudos nobiliarios.
El descalabro, el primero que habían tenido las tropas del emperador, fue transmitida a
éste de la forma en que a los reyes se les comunicaban las noticias, magnificando la
heroicidad de sus hombres y relatando que el enemigo era cien veces superior.
El emperador en persona quiso dirigir la revancha, lo cual ya indica que se trataba de
un tipo mas bien obtuso y bastante irresponsable.
Así, Carlomagno capitaneó la flor y la nata de su tropa. Atravesaron la ciudad con
augurios de victoria y, eso si, se encargaron muy bien de exigir a los ciudadanos comida,
ropas y monedas de plata. Algunos, por sus adentros, pensaron que aquella soldadesca era
tanto o más voraz que el Dragón.
Cuando el caballo del emperador pisó las tierras de "la Draga", Carlomagno alzó su
mítica espada que a aquellas horas de la mañana brillaba como las aguas del Lago.
Sus hombres lo imitaron y entonces, sobre aquellas tierras cayó un resplandor como de
metal: El Dragón salió pausadamente de su guarida, parecía cansado, se movía muy
pesadamente. Carlomagno, embargado de ardor guerrero levantó su caballo y galopó al acoso
de la bestia.
Quería degollar el animal delante de sus hombres y, seguramente, pretendía alimentar
su leyenda de héroe invencible.
De lo que pasó a continuación nos han llegado dos versiones:
La de los cronistas a sueldo de Carlomagno que explicaron que la batalla acabó en
tablas. Y la de los campesinos del "Lió" (lugar próximo a la "Draga"), que siguieron la batalla
desde la colina y vieron como la bestia lanzó su aliento vomitivo sobre el caballero y éste
cayó al suelo abatido.
Sus tropas, en lugar de ayudarle, huyeron hacia el pueblo, y el caballero, solo y
desamparado, se arrodilló y pidió perdón al animal enmedio de aquella nube infecta, pero el
Dragón se volvió a su guarida para no oír los lamentos de aquel patético emperador.
Después de aquel estrepitoso fracaso de las armas por doblegar al Dragón, continuó la
misteriosa desaparición nocturna de habitantes del pueblo.
Cuando ya se contabilizaba un centenar de desaparecidos, una comisión de ciudadanos
fue a la búsqueda de un reconocido monje que había entrado con las tropas de Carlomagno.
Se trataba de un religioso narbonés conocido por el nombre de Mer (*) y que se había ganado
fama de hacer milagros.
El monje accedió a las peticiones de los ciudadanos. Llegó a Banyoles y, rezando, se
encamino hacia la guarida del Dragón.
Cuando la bestia salió de su refugio se quedó mirando aquel hombrecillo que no
paraba de rezar y, según parece, la bestia no hizo ningún gesto de ferocidad, al contrario,
siguió al monje como si de un cachorrillo se tratara.
Al llegar a la plaza del pueblo, la multitud esperaba temerosa la reacción del animal, y
algunos de los presentes blandían toda suerte de armas.
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-He aquí a vuestra fiera maligna, el espantoso Dragón-, gritó el monje, -Ya podéis
guardar las armas, no os hará nada-.
La gente se acercó hasta el animal que se los miraba complaciente. Y todos se
preguntaban que había hecho el monje para amansarlo de aquella manera.
Alguien enmedio del gentío gritó: -"Ahora que lo tenemos amansado, matémoslo"-.
-Bien os guardaréis de hacerlo- contestó el monje, -Esta bestia es inofensiva, solo
come hierbas y raíces.
-¿ Y la gente que ha desaparecido ?-Todos los desaparecidos están sirviendo a las órdenes de Carlomagno. Pronto
volverán a casa, no temáis-.
-¿ Y los rebaños que se ha zampado ?-.
-Carlomagno sabe algo de ello, él y sus cocineros-.
Un niño salió de entre el público expectante, y se acercó a la bestia que lo miraba
cariñosamente. El niño acarició al animal, y después de él otros le imitaron.
Al final, el monje volvió a conducir al Dragón a su guarida donde aún, de cuando en
cuando, cuando alguien osa perturbar su sueño lanza su vomitivo aliento.
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CEIP “Eduardo Palomo”
LA NUBE DE LOS SECRETOS
El tren salió de su túnel oscuro, y los pasajeros se encandilaron con la luz del sol que estaba
atardeciendo en el mar. La niña de dorados rizos, que estaba sentada en el regazo de su mamá,
le decía que todavía habían bañistas en la playa aunque el verano playero acababa de
terminar, y le preguntó:
--¿Las olas hablan, mamá?
--Claro, hijita, las olas son quienes viajan por todo el mundo con sus blancas bocas, y
se cuentan unas a otras lo que ha pasado, por los lugares donde han estado.
A veces se rien mucho, y por eso oyes muchos splash seguidos en la rompiente, otras
veces están enfadadas y hay holas grandotas que rompen haciendo mucho ruido, como quien
da un portazo, en algunas ocaciones están perezosas y ni se mueven, es porque están
dormitando y una pequeña ola, que casi no dice nada sobre la arena, significa que está
roncando.
--¡Mira mamá! Qué nube más rara.
--Si, tienes razón, esa nube es la nube de los secretos. ¿Sabes qué hace esa nube? —Le
preguntó en secreto la mamá.
--Si... Escucha los secretos de todos... —Dijo la niña riéndose.
--Bueno, en cierta manera si. Todas las olas le cuentan sus secretos a ella, porque
saben que ella no los contará a nadie. También lo hacen los delfines y todos los animales del
agua. ¿Sabes qué otros animales de agua hay? —Le preguntó animándola a pensar un poquito.
--Si... Los pájaros de agua —Contestó riendo.
--Y... ¿Cómo se llaman? Ga... —Le daba una ayudita.
--¡Gaviotas! —Contestó contenta de saberlo—. ¡Mira mamá!, ahí hay una que está
jugando con las olas. ¿Sabes mami que las gaviotas flotan porque tienen una panza muy
gorda?
--Si, también porque se llenan de aire —Dijo la madre llenando sus cachetes de aire,
abriendo los brazos en redondo y moviéndose de lado a lado— y hacen como un flotador. A
veces las gaviotas quieren enterarse de los secretos que les cuentan las olas a la nube y la nube
se va un poco enfadada para otros lugares, y si la gaviota la molesta mucho entonces llueve.
Otras veces, llueve sobre la tierra y los secretos caen sobre las plantas, los árboles, las flores o
simplemente sobre la tierra. Como no concocen a las olas, no se enteran mucho qué significan
esos secretos, aunque les caigan encima.
--Y, ¿qué pasa con los secretos que llueven sobre la tierra? —Le preguntó mirando a
traves de la ventana.
--No pasa nada, caen como simples gotas de lluvia, guardando los secretos para
siempre en el corazón de cada gota y al ser absorvida por un árbol, o flor, o donde sea que
caiga, guarda ese secreto como si alguien se lo hubiera contado pero nunca puede recordar
qué es en realidad, como cuando uno cree que tiene algo por decir y no recuerda qué —Le
explicaba la mamá pegando su mejilla contra el de su hija de cuatro años.
La niña se reacomodaba sobre el regazo de la madre y le llenaba la cara con sus
tirabuzones dorados.
A medida que el tren traqueteaba algunas nubes rosa-azul-violeta se juntaban en el
horizonte a escuchar los secretos que alguien tenía para contarles, otras llegaban desde lejos
justo a tiempo para disfrazarse con el atardecer. Y entre contar nubes y nubes, fueron llegando
hasta su estación, donde bajaron y se despidieron de las señoritas del cielo hasta el día
siguiente.
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CEIP “Eduardo Palomo”
NAHUEL Y EL CÓNDOR
El cóndor estaba sobre una roca. Mirando con sus alas plegadas el gran valle
iluminado. Cuando nahuel lo encontró. El ave se dio cuenta que era él, pero siguió en su
posición.
Detrás del niño, llegó su abuelo, deteniéndose a su espalda. Apoyando su mano en el
hombro, la apretó y dijo
- Debes tomar una decisión, si le quieres de verdad.
- Sí abuelo, le quiero. Sabes que su espíritu esta conmigo desde que nací y más con
todo lo sucedido, es como si fuéramos uno.
- Entonces, debes actuar Nahuel. Si le retienes, morirá. Ama demasiado su libertad
como para estar así. Él, dentro de lo que es, también te quiere, te respeta por haberle cuidado
y protegido cuando estaba indefenso, no hará nada que tu no quieras, tu decides, si le dejas
libre o le retienes, matando su espíritu poco a poco.
Nahuel no pudo contener las lagrimas, sabia lo que tenia que hacer, pero le dolía
demasiado. No podía gesticular palabra.
Su abuelo, volvió a apretar su hombro como signo de fortaleza ante al decisión tan
dura y se marcho dejándolos solos.
El silencio que envolvía la tarde era especial
Nahuel se sentó sobre una roca y comenzó a recordar como había encontrado al
cóndor. Una tarde de tormenta, cuando pasaba las vacaciones con su abuelo en el valle.
Él vivía en una gran ciudad, pero sus raíces eran indígenas del sur. Había crecido
como todos los niños de las grandes urbes, pero aprendió las costumbres del pueblo de su
padre, y con ellas a respetar al cóndor. El ave era considerada por estos como el guardián de
las montañas, y su espíritu encerraba la armonía de las grandes cumbres.
Cuando el niño nació, un cóndor surco en ese mismo instante la casa donde le alumbro
su madre. Por esto, todos decían que el espíritu del ave se había posado sobre Nahuel.
Esa tarde, cuando encontró al cóndor, este estaba herido por unos cazadores furtivos.
No comprendía como había gente que se divertía matando a estas aves si estaban en extinción.
Necesito la ayuda de su abuelo para llevarlo a donde lo pudiera cuidar. Y así lo hizo durante
más de un mes. Cuando el ave estuvo bien, sucedió una cosa curiosa, no se fue. Se quedo
junto a Nahuel hasta ya casi terminado el verano.
El niño se había ocupado del ave en todo. Pero debía volver a la ciudad, y el ave a sus
montañas.
El sol comenzaba a ponerse, solo se escuchaba el latir de los dos corazones, y un
sollozo que se iba apagando poco a poco. En eso, decidido, tomando fuerzas, dijo.
- Vete gran ave, te quiero demasiado, como para tenerte en cautividad para que tu
espíritu sufra y muera de apoco. Vamos, vete ya, y alzó la mano como signo de que partiera
El ave, dirigió su mirada a Nahuel, volvió a ponerse frente al sol. Abrió sus alas
dejandose caer por el precipicio.
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Por un instante, el niño se asusto.. Porque penso que se había matado. Sabía que el
cóndor cuando se siente amenazado o enfermo, prefiere morir a seguir cautivo o siendo una
carga, y corrió al borde de la montaña. En eso, el cóndor, subió con sus alas desplegadas por
las corrientes de aire, planeando en dirección al sol pasando el borde de una por la cabeza de
Nahuel como diciendo adiós.
El niño sonrío.
La noche se hizo cerrada y todavía estaba mirando por donde había partido.
Al volver a su casa, encontró a su abuelo junto a la chimenea fumando su pipa, se
sentó a su lado sin mediar palabra.
- Que has hecho? Preguntó su abuelo.
- Lo que debía, dejarlo ir. Pero sabes siempre estará conmigo porque parte de su
espíritu ahora esta más en mi corazón, seremos uno siempre. Y yo estaré con él porque parte
de mis esperanzas y sueños se fueron con él.
El abuelo siguió fumando y acaricio la cabeza del niño que de repente se había hecho
hombre tomando una decisión así. Seria un buen hombre, estaba seguro.
Fin
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NENÉ TRAVIESA
¡Quién sabe si hay una niña que se parezca a Nené! Un viejito que sabe mucho dice
que todas las niñas son como Nené. A Nené le gusta más jugar a "mamá", o "a tiendas", o "a
hacer dulces" con sus muñecas, que dar una lección de "treses y de cuatros" con la maestra
que le viene a enseñar. Porque Nené no tiene mamá: su mamá se ha muerto: y por eso tiene
Nené maestra. A hacer dulces es a lo que le gusta más a Nené jugar: ¿y por qué será?: ¡Quién
sabe! Será porque para jugar dulces le dan azúcar de veras: por cierto que los dulces nunca le
salen bien de la primera vez: ¡son unos dulces más difíciles!: siempre tiene que pedir azúcar
dos veces. Y se conoce que Nené no quiere dar trabajo a sus amigas; porque cuando juega a
paseo, o a comprar, o a visitar, siempre llama a sus amiguitas; pero cuando va a hacer dulces,
nunca. Y una vez le sucedió a Nené una cosa muy rara: le pidió a su papá dos centavos para
comprar un lápiz nuevo, y se le olvidó en el camino, se le olvidó como si no hubiera pensado
nunca en comprar el lápiz: lo que compró fue un merengue de fresa. Eso se supo, por
supuesto; y desde entonces sus amiguitas no le dicen Nené, sino "Merengue de Fresa".
El padre de Nené la quería mucho. Dicen que no trabajaba bien cuando no había visto
por la mañana a "la hijita". Él no le decía "Nené", sino "la hijita". Cuando su papá venía del
trabajo, siempre salía ella a recibirlo con los brazos abiertos, como un pajarito que abre las
alas para volar; y su papá la alzaba del suelo, como quien coge de un rosal una rosa. Ella lo
miraba con mucho cariño, como si le preguntase cosas: y él la miraba con los ojos tristes,
como si quisiese echarse a llorar. Pero en seguida se ponía contento, se montaba a Nené en el
hombro, y entraban juntoa en la casa, cantando el himno nacional. Siempre traía el papá de
Nené algún libro nuevo, y se lo dejaba ver cuando tenía figuras; y a ella le gustaban mucho
unos libros que él traía, donde estaban pintadas las estrellas, que tiene cada una su nombre y
su color: y allí decía el nombre de la estrella colorada, y el de la amarilla, y el de la azul, y que
la luz tiene siete colores, y que las estrellas pasean por el cielo, lo mismo que las niñas por un
jardín. Pero no: lo mismo no: porque las niñas andan en los jardines de aquí para allá, como
una hoja de flor que va empujando el viento, mientras que las estrellas van siempre en el cielo
por un mismo camino, y no por donde quieren: ¿quién sabe?: puede ser que haya por allá
arriba quien cuide a las estrellas, como los papás cuidan acá en la tierra a las niñas. Sólo que
las estrellas no son niñas, por supuesto, ni flores de luz, como parece de aquí abajo, sino
grandes como este mundo: y dicen que en las estrellas hay árboles, y agua, y gente como acá:
y su papá dice que en un libro hablan de que uno se va a vivir a una estrella cuando se muere.
"Y dime, papá", le preguntó Nené: "¿por qué ponen las casas de los muertos tan tristes? Si yo
me muero, yo no quiero ver a nadie llorar, sino que me toquen la música, porque me voy a ir a
vivir en la estrella azul". "¿Pero, sola, tú sola, sin tu pobre papá?" Y Nené le dijo a su papá: –
"¡Malo, que crees eso!" Esa noche no se quiso ir a dormir temprano, sino que se durmió en los
brazos de su papá. ¡Los papás se quedan muy tristes, cuando se muere en la casa la madre!
¡Las niñitas deben querer mucho, mucho a los papás cuando se les muere la madre!
Esa noche que hablaron de las estrellas trajo el papá de Nené un libro muy grande:
¡oh, como pesaba el libro!: Nené lo quiso cargar, y se cayó con el libro encima: no se le veía
más que la cabecita rubia de un lado, y los zapaticos negros de otro. Su padre vino corriendo,
y la sacó de debajo del libro, y se rió mucho de Nené, que no tenía seis años todavía y quería
cargar un libro de cien años. ¡Cien años tenía el libro, y no le habían salido barbas!: Nené
había visto un viejito de cien años, pero el viejito tenía una barba muy larga, que le daba por
la cintura. Y lo que dice la muestra de escribir, que los libros buenos son como los viejos: "Un
libro bueno es lo mismo que un amigo viejo": eso dice la muestra de escribir. Nené se acostó
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muy callada, pensando en el libro. ¿Qué libro era aquel, que su papá no quiso que ella lo
tocase? Cuando se despertó, en eso no más pensaba Nené. Ella quiere saber qué libro es
aquel. Ella quiere saber cómo está hecho por dentro un libro de cien años que no tiene barbas.
Su papá está lejos, lejos de la casa, trabajando para ella, para que la niña tenga casa
linda y coma dulces finos los domingos, para comprarle a la niña vestiditos blancos y cintas
azules, para guardar un poco de dinero, no vaya a ser que se muera el papá, y se quede sin
nada en el mundo "la hijita". Lejos de la casa está el pobre papá, trabajando para "la hijita".
La criada está allá adentro, preparando el baño. Nadie oye a Nené: no la está viendo nadie. Su
papá deja siempre abierto el cuarto de los libros. Allí está la sillita de Nené, que se sienta de
noche en la mesa de escribir, a ver trabajar a su papá. Cinco pasitos, seis, siete... ya está Nené
en la puerta: ya la empujó; ya entró. ¡Las cosas que suceden! Como si la estuviera esperando
estaba abierto en su silla el libro viejo, abierto de medio a medio. Pasito a pasito se le acercó
Nené, muy seria, y como cuando uno piensa mucho, que camina con las manos a la espalda.
Por nada en el mundo hubiera tocado Nené el libro: verlo no más, no más que verlo. Su papá
le dijo que no lo tocase.
El libro no tiene barbas: le salen muchas cintas y marcas por entre las hojas, pero esas
no son barbas: ¡el que sí es barbudo es el gigante que está pintado en el libro!: y es de colores
la pintura, unos colores de esmalte que lucen, como el brazalete que le regaló su papá. ¡Ahora
no pintan los libros así! El gigante está sentado en el pico de un monte, con una cosa revuelta,
como las nubes del cielo, encima de la cabeza: no tiene más que un ojo, encima de la nariz:
está vestido con un blusón, como los pastores, un blusón verde, lo mismo que el campo, con
estrellas pintadas, de plata y de oro: y la barba es muy larga, muy larga, que llega al pie del
monte: y por cada mechón de la barba va subiendo un hombre, como sube la cuerda para ir al
trapecio el hombre del circo. ¡Oh, eso no se puede ver de lejos! Nené tiene que bajar el libro
de la silla. ¡Cómo pesa este pícaro libro! Ahora sí que se puede ver bien todo. Ya está el libro
en el suelo.
Son cinco los hombres que suben: uno es un blanco, con casaca y con botas, y de
barba también: ¡le gustan mucho a este pintor las barbas!: otro es como indio, sí, como indio,
con una corona de plumas, y la flecha a la espalda: el otro es chino, lo mismo que el cocinero,
pero va con un traje como de señora, todo lleno de flores: el otro se parece al chino, y llevaun
sombrero de pico, así como una pera: el otro es negro, un negro muy bonito, pero está sin
vestir: ¡eso no está bien, sin vestir! ¡por eso no quería su papá que ella tocase el libro! No: esa
hoja no se ve más, para que no se enoje su papá. ¡Muy bonito que es este libro viejo! Y Nené
está ya casi acostada sobre el libro, y como si quisiera hablarle con los ojos.
¡Por poco se rompe la hoja! Pero no, no se rompió. Hasta la mitad no más se rompió.
El papá de Nené no ve bien. Eso no lo va a ver nadie. ¡Ahora sí que está bueno el libro este!
Es mejor, mucho mejor que el arca de Noé. Aquí están pintados todos los animales del
mundo. ¡Y con colores, como el gigante! Sí, ésta es, esta es la jirafa, comiéndose la luna: este
es el elefante, el elefante, con ese sillón lleno de niñitos. ¡Oh, los perros, cómo corre, cómo
corre este perro! ¡ven acá, perro! ¡te voy a pegar, perro, porque no quieres venir! Y Nené, por
supuesto, arranca la hoja. ¿Y qué ve mi señora Nené? Un mundo de monos es la otra pintura.
Las dos hojas del libro están llenas de monos: un mono colorado juega con un monito verde:
un monazo de barba le muerde la cola a un mono tremendo, que anda como un hombre, con
un palo en la mano: un mono negro está jugando en la yerba con otro amarillo: ¡aquellos,
aquellos de los árboles son los monos niños! ¡qué graciosos! ¡cómo juegan! ¡se mecen por la
cola, como el columpio! ¡qué bien, qué bien saltan! ¡uno, dos, tres, cinco, ocho, dieciseis,
cuarenta y nueve monos agarrados por la cola! ¡se van a tirar al río! ¡se van a tirar al río!
¡visst! ¡allá van todos! Y Nené, entusiasmada, arranca al libro las dos hojas. ¿Quién llama a
Nené, quién la llama? Su papá, su papá, que está mirándola desde la puerta.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
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Nené no ve. Nené no oye. Le parece que su papá crece, que crece mucho, que llega
hasta el techo, que es más grande que el gigante del monte, que su papá es un monte que se le
viene encima. Está callada, callada, con la cabeza baja, con los ojos cerrados, con las hojas
rotas en las manos caídas. Y su papá le está hablando: –"¿Nené, no te dije que no tocaras ese
libro? ¿Nené, tú no sabes que ese libro no es mío, y que vale mucho dinero, mucho? ¿Nené, tú
no sabes que para pagar ese libro voy a tener que trabajar un año?" Nené, blanca como el
papel, se alzó del suelo, con la cabecita caída, y se abrazó a las rodillas de su papá: –"¡Mi
papá", dijo Nené, "mi papá de mi corazón! ¡Enojé a mi papá bueno! ¡Soy mala niña! ¡Ya no
voy a poder ir cuando me muera a la estrella azul!"
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NUBILDA
Había una vez una nube. Una nube juguetona. Una nube que se llenaba de sol. Una
nube que viajaba con el viento.
Un día Nubilda, que así se llamaba, pasó sobre una casita y vio que Mercedes lloraba.
Como Nubilda era bastante metereta se hizo finita finita y se deslizó por la cerradura.
Mercedes, cuando vio la nube parada delante, no lo podía creer.
_Yo soy Nubilda, ¿por qué llorás?
_Y . . . porque estoy sola y re-aburrida.
_ ¿No tenés juguetes?
_ Y sí, pero ningún muñeco.
_ ¿Por qué no te hacés uno?
_ Porque no sé, yo soy chiquita.
_ ¡Bah! Chiquita, chiquita ¿sabés mirar no es cierto? Vení conmigo delante del espejo.
Y diciendo y haciendo, Nubilda la puso a Mercedes delante del espejo. _ ¿Qué es esto
con pelo?
_¡Ja, Ja! Mi cabeza, se rió la nena.
_Que tiene lindo pelo, dos ojos grandotes para ver el cielo y para abrirse en la mañana
cuando el sol ya está, y cerrarse con sueñito para descansar.
Tu cabeza tiene esa linda boca que ya sabe cantar.
Y tiene dos orejas, una nariz adelante y ninguna para atrás.
Tienes dos brazos, cinco dedos en las manos una pierna en cada lado y ninguna para
atrás Ja, ja, ¿quién quiere más?
Y mientras decía esto, Nubilda hizo miguitas del pan. Con una pelotita hizo una
cabeza, con choricitos finos armó el cuerpo, le puso brazos y piernas. Se estiró y trajo un
poquito de sol, se corrió y juntó algo de viento y con todo eso terminó el muñeco de pan.
_Mirá Mercedes, tu muñeca está lista. Tiene algo de sol, de nube y de viento. Pero
serás tú la que puedas hacer las más hermosas cosas pues tienes ojos para ver, corazón para
querer, boca para cantar, brazos para abrazar, manos para tocar, piernas para caminar
y cabecita para todo lo demás.
Diciendo esto, Nubilda se hizo finita finita y se escapó por la chimenea. En el cielo
escribió
- Adióssssss, Mercedessssssssssss!
Y desapareció. Pero Mercedes desde ese día aprendió a hacer juguetes preciosos. Y
cuando tuvo hermanitos hizo para ellos unos muñecos tan lindos como jamás nadie vio.
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NEREA
Nerea era una niña muy guapa que vivía en un pueblecito español con sus padres y sus
hermanos. A pesar de su gran belleza no tenía ninguna amiga y se llevaba muy mal con sus
hermanos. Quería siempre ser el centro de atención de todas las reuniones, hablar de si
misma, olvidando a los que la rodeaban. Interrumpía las conversaciones de los mayores con
unas historietas sin importancia, despertando en estos adultos un sentimiento de rabia.
Los días de colegio, sus compañeras huían de ella. No soportaban sus aires de
grandeza, sus constantes críticas, sus mentiras incesantes. Nerea era una niña impertinente y
malvada. Quería ser la más guapa, la más inteligente, la más interesante y no se percataba que
poco a poco todo el mundo la dejaba de lado.
En cuanto una alumna llevaba ropa o zapatos nuevos, Nerea martirizaba a sus padres
para que le comprasen lo mismo. Al día siguiente, con sus nuevas prendas, se pavoneaba por
el patio, mientras las demás niñas jugaban sin hacerle caso.
Un día durante la hora del recreo, Nerea sacó de su mochila la última game-boy que le
regalaron sus abuelos y empezó a jugar. Marta, una niña de su clase se acercó y le pidió que le
prestase la maquinita. Nerea se negó contestándole que fuera a comprarse una. En cuanto
acabó la frase, salieron de su boca piedras, tierra y flores podridas.
Unas carcajadas estallaron por el patio del colegio. Todos los alumnos se estaban
burlando de ella. Sabían que la bruja del pueblo se estaban cansando de la actitud de Nerea y
la estaba castigando. Nerea quiso llorar y no pudo, en vez de eso sus ojos empezaron a
cerrarse repetidas veces sin que pudiera controlarlos.
Disgustada, intentó escaparse y no pudo. Se pasó el día siendo el centro de atención
de los niños y niñas del colegio. A cada vez que abría la boca para protestar salía un chorro de
piedras...
Cuando llegó a su casa, sus padres muy preocupados la llevaron al médico. Patidifuso,
el buen señor confesó que desconocía esta nueva enfermedad y les recomendó llevarla a la
capital para consultar con un especialista. Volvieron a casa muy turbados. Era la primera vez
que ocurría un caso semejante en el pueblo y no sabían a quien dirigirse.
Maria, la cocinera, les aconsejó que consultaran con Brillosinbrillo, la bruja del
pueblo, antes de marcharse a Madrid.
Se dirigieron hacia su cabaña, andando, ya que no existía ninguna carretera que
condujera hacia la vivienda de la anciana. Al cabo de unas dos horas, por fin llegaron delante
de la morada de la bruja. Sapos y serpientes vigilaban la puerta de entrada. No se atrevieron a
entrar.
Esperaron que la mujer, alertada por los gritos de los cuervos, saliese gritando y
tirando cubos de agua sucia. Divisando a la familia que aguardaba delante de su puerta,
moduló su voz con un tono melodioso y les hizo pasar dentro de la choza.
En cuanto entraron, la vieja casa se transformó en una bella mansión y la bruja se
transfiguró en una preciosa hada. Antes de que pudieran explicar lo sucedido, Brillosinbrillo
les expuso que lo que le ocurría a Nerea, no era ni más ni menos que un castigo que ella
misma le había impuesto por su repelente conducta. Hasta no cambiara de actitud, seguirían
naciendo de su boca tierra, piedras y flores podridas. Ningún medico podría jamás curarle.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
Regresaron a su casa muy apenados. Nerea había sido siempre una niña muy altiva y
muy caprichosa. Era imposible que consiguiese suplir su modo de ser por otro más afable.
Desfilaron los días unos detrás de otros sin que Nerea adoptase una actitud diferente.
En el colegio seguía siendo el centro de interés por los brotes de piedras que emergían de su
boca. Todos los alumnos se burlaban de ella.
Un día, durante el recreo, Nerea se fue a hablar con Marta , compartió con ella su
almuerzo y le prestó el juguete que le habían comprado sus padres por su cumpleaños. En
unos minutos se hicieron amigas y Nerea entendió a partir de ese momento que ni la belleza,
ni los bienes materiales sustituyen la amistad.
En cuanto Nerea sonrió, el embrujo se deshizo.
Era ya una niña agradable y sensata y no ansió más ser la protagonista. Quería ser
como los demás y vivir feliz con sus nuevos amigos.
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CEIP “Eduardo Palomo”
NICO Y EL MUNDO ENCOGIDO
¿Estás preparado para leer la historia de Nico?
¿De verdad? ......¿Estás sentado?.......
¿Te has lavado la cara hoy?....... ¿Y te has portado bien?
Pues...... empecemos si te atreves.....
Nico tenía el pelo de pincho y cara de luna llena. Lo que más le gustaba del mundo, y
hasta del universo entero, era jugar con sus amigos: jugaban a ser piratas, a saltar escaleras, y
a carreras de coches.... pero también les gustaba mucho jugar a quién decía la cosa más fea, o
quién hacía pis más lejos.
Como su padre vivía en otra ciudad, Nico vivía con su madre. Su casa era muy grande
para los dos, pero a ella le gustaba. Tenía cosas de esas que los pisos no tienen, como bodega,
desván, garaje y otras cosas raras.
El desván era la habitación secreta de mamá, y siempre estaba cerrada con llave. Nico
tenía prohibido entrar allí, pero algunas noches la espiaba cuando estaba dentro: a veces
sonaba música fea, a veces salía humo por el agujero de la cerradura, y en otras ocasiones se
la oía leer en voz baja. A Nico le daba un poco de miedo.
Un día, mamá tuvo que salir corriendo para ir a ayudar a una vecina: ¡ la lavadora se la
estaba comiendo, o algo así, por el ruido que hacía! Nico había estado esperando durante
meses, pero ¡ por fin la puerta estaba abierta! ¡ Y sin mamá!
Entró poco a poco y con cara de susto. En un rincón, junto a unas velas encendidas,
había un libro muy viejo. Estaba cubierto de polvo y escrito a mano. Era el libro más raro que
había visto nunca.
Lo abrió por el medio. Como en el colegio ya le habían enseñado a leer, empezó a
practicar:
“Cómo.. viajar.... al mundo pequeño”
Y siguió leyendo hasta terminar la página:
“Afortunada es... tancia.... en el mundo
mocrospóquico... no, microscó... pico”
¡ Qué cosas más difíciles de leer ponía en ese libro! ¡ No había entendido casi nada!
Como mamá debía estar a punto de volver, pensó que era mejor irse de allí. Dio un
paso, pero no se movió de lugar. Dio otro paso, pero tampoco se movió. Andaba hacia la
puerta, pero siempre parecía estar en el mismo sitio.
Miró a su alrededor. La habitación le parecía mucho más grande. ¡Y seguía creciendo!
¡ Y creciendo más y más!
Hasta que paró de crecer. ¿Porqué habría crecido la habitación?
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
-Vaya, eso me pasa por ser tan malo. No tenía que haber entrado aquí... Ahora mamá
me va a castigar sin chuches por hacerle grande el desván... ¡ Qué rollo!
Se sentó a pensar mirando hacia la ventana, como hacen los mayores. Afuera todo era
gigante también: los árboles, los pájaros, las otras casas...
- ¡Me he hecho pequeño yo! ¡Mamaaaaaaá! ¡ Mamaaaaaaaaá!
De repente oyó algo muy extraño. Parecía como si alguien estuviera hablando muy
bajito detrás de él...
-Sí, sí, es otro como nosotros –dijo alguien-. La Gran Bruja debe haberlo encogido
también..
-Pues aquí ya no cabe nadie más... ¡ Que se busque otro sitio! –exclamó alguien con
voz de hombre.
- ¡ Oye, tú! ¡ Lárgate de aquí! –le gritó una viejecita con voz de enfadada.
Nico se dio la vuelta. Delante de él había siete u ocho personas pequeñitas, encogidas
como él.
- ¿Y vosotros quienes sois?
- ¿Es que no nos reconoces?
- Yo soy el cartero. Ese que cada mañana llamaba a la puerta y os despertaba. Tu
madre, la Gran Bruja, me encogió con un hechizo.
-Y yo soy tu profesora de piano. Esa que te reñía tanto porque te tirabas pedos a mitad
de canción.
- ... es que no podía aguantarme... –respondió Nico.
- ¡Uno siempre puede aguantarse un pedo cuando se toca el piano, niño!
- Lo siento... -contestó él.
-Y ésta es tu tía Maruja, la que siempre venía de visita cuando tu mamá se estaba
tiñendo el pelo.
-Y ellos –dijo señalando a dos pequeños tipos algo raros- son los ladrones que
entraron un día y desaparecieron misteriosamente...
- Cleo, yo soy Cleo –interrumpió una figura menuda con el pelo rojo alborotado-. ¿Te
acuerdas de mí? Un día pisé el rabo de vuestro perro sin querer. Y, ¡ ya ves lo que me
pasó!
Vaya, Nico acababa de descubrir que mamá era una bruja. Una bruja de las grandes,
¡de las que podían encoger a la gente!
¡A lo mejor también podía volar en escoba, o convertir ranas en príncipes! ¡Guau!
¿Eso era bueno... o malo?
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
Nico tenía tanto miedo que se puso a correr y correr. Cuando hubo avanzado un
palmo, ya estaba tan cansado que no podía más.
Decidió sentarse bajo la butaca a esperar a mamá. Tenía mucha hambre, pero tuvo
suerte. A mamá se le había olvidado barrer allí debajo, y encontró dos trocitos de galleta
integral.
Era tan tarde, y estaba tan cansado...
En su mundo, encogido y tumbado debajo de la butaca, Nico se quedó dormido.
Y pasaron los minutos........... y las horas........
Y llegó la luna..........
Y llegó la noche.....
Y mucho, mucho después, la luna se acostó, y el sol se despertó bostezando. Había
llegado la mañana.
-¡Venga, despierta, dormilón! ¿Es que hoy no piensas ir al cole?
-¡Mamá!¡¡¡Soy grande!!!
-Sí cariño, ya tienes seis años.
-No, mamá, soy grande de grande, no pequeño como los bichos. Quiero decir... que
ahora todo es pequeño... normal... y yo también... ¡y mi cama no me sobra!¡¡¡y me
llegan los pies al suelo!!!
- Pero, ¿qué dices?
-Nico se tocó la frente, que le dolía un poco. ¡Tenía un chichón enorme!
- Mamá, tengo un chichón...
- Oh, eso. Te diste un golpe con una butaca, creo.
Nico no entendía nada, pero empezó a vestirse para ir al cole. Ese día le tocaba
gimnasia y plástica, sus dos cosas favoritas.
Antes salir de su habitación, su madre se giró y le miró a los ojos. Muy, muy seria, le
dijo poco a poco:
-Nico, nunca más leas los libros de mamá. Algunas cosa... podrían... NO tener
remedio...
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
EL OLOR DE LOS FANTASMAS
La casa de los fantasmas tiene una historia, mitad irrealidad y mitad silencio. Ahora es
una historia transformada, con olor a paraguas viejo que a veces se asoma por algún ventanal.
Esa casa vieja decía a nuestra infancia cosas terribles de imaginar y presentir, pero en
todo ello hay algo que es verdaderamente real: nuestro miedo, un miedo tan grande que no
nos atrevíamos ni siquiera a pasar por la puerta, ni a pisar su vereda brotada de pastos
amarillos.
Una vez, Dalmacio, que era el mayor de todos los chicos, tuvo la audacia de pensar en
voz alta: -¿Y si entramos a la casa de los fantasmas para ver cómo es por dentro? Un
suspenso pálido hizo temblar la respuesta. Hasta que por fin Eufrasia, haciéndose eco de
todos, dijo: -Tanto como el interior no, pero podemos ir hasta el patio de atrás y sacar
toronjas, el árbol está lleno, al pasar por la esquina se alcanza a ver como brillan con el sol. Está bien, podemos llevar una canasta para bajar muchas toronjas.
Y de esa manera, por primera vez tuvimos el atrevimiento de entrar; la puerta
herrumbrada, herida en sus goznes, no opuso mayor resistencia al grupo. Íbamos todos muy
juntos, azorados, por la vereda de cemento llena de grietas
En el mediodía lleno de domingo el grupo fue acercándose al inmenso árbol de
toronjas. -Suban rápido y alcancen las más grandes -susurro Chela, con la mirada fija en una
de las puertas herméticamente cerrada. No podía dejar de pensar en qué momento se abriría
para permitir el paso a algún monstruo esquelético muy enojado por nuestro atrevimiento de ir
nada menos que a sacar toronjas.
Y sucedió, en efecto, que muy lentamente se fue abriendo la puerta; el quejido
metálico hizo que cada uno permaneciera en su sitio, como estatuas de vidrio, con las manos
llenas de toronjas, las bocas abiertas, puro ojos, puro miedo, cuando del hueco se dibujó un
negrísimo movimiento de pelos erizados, cola breve y mirar curioso, que se puso a ronronear
amigablemente. -Un gatito negro, ¡qué lindo es! Eufrasia lo alzó. Era lindo de veras, lleno de
pulgas y hambre. -Llevémoslo a casa- fue la proposición de todos. De pronto la puerta se
cerró de golpe con tal violencia, que hizo la punta de los pastos. El pánico se apoderó de todos
y comenzamos a correr hacia la salida. Llegamos a casa sin aliento, justo cuando la campana
llamaba para el almuerzo y justo para contar la aventura.
Anacleta puso fin al relato diciendo que esa tarde iba a hacer dulce de toronjas, y acto
seguido se adueñó del gato para darle de comer. -Se llamará Mefistófeles - dijo.
Esa tarde, por los tres patios se extendió el olor a dulce de toronjas, que por supuesto,
desde entonces, se transformó en el olor de los fantasmas.
Mefistófeles, que tomó la costumbre de pasearse por el borde de las cornisas,
continuamente también me lo recordaba.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
LA OLA LOLA
Érase una vez una ola chiquitita, chiquitita, que estaba triste.
¿Qué te pasa?, le preguntaban los cangrejos cuando salían de la arena al retirarse las
aguas del mar.
Que nunca llego a la orilla con mis hermanas y primas (las olas también tienen
hermanas y primas), porque soy pequeñita. Y se ponía a llorar.
La pobre ola Lola no podía llegar hasta la orilla. Al ser pequeña, cuando empezaba a
desplazarse para llegar y romper en la orilla de la playa, siempre era adelantada por sus
hermanas y primas, que eran mayores que ella, y cuando estaba a punto de llegar, sus
hermanas y primas se la llevaban para atrás al retroceder la marea, ya sabéis, ese movimiento
alternativo de ascenso y descenso de las aguas del mar debido a la atracción gravitatoria del
Sol y de la Luna.
Un día de mucho sol, mientras que Lola seguía de adelante para atrás, entre las risas y
el bullicio de sus hermanas y primas, llegó a la orilla una niñita rubia, como los rayos del sol,
y con los ojos azules, intensos como la propia Lola.
Lola pensó:
- Mira que niñita tan bonita. Voy a jugar con ella.
Pero, mientras que se ponía en marcha, como tantas otras veces, las más mayores se
adelantaron y fueron a chocar contra la niña, que se tambaleó y cuando se iba a caer ya al
agua fue izada por su papá.
¡Uf!, menudo susto, pensó Lola. La niñita se puso a llorar desconsoladamente en el
hombro de su papá, y ya no quería volver al agua, así que se marcharon hacia donde estaban
sentados en la arena para jugar con el cubo y la pala, y hacer un gran castillo.
Lola se quedó muy triste, y muy enfadada con sus hermanas y primas porque habían
tirado a la niña y, por su culpa, se había marchado y ya no podría jugar con ella.
- Mirad lo que habéis hecho. Casi tiráis a la niña y ya no puedo jugar con ella, dijo
Lola gritando.
Pero sus hermanas y primas no la hacían caso y seguían llevándola de adelante hacia
atrás, sin llegar nunca a la orilla.
- Ya no vendrá más, pensaba Lola.
Al día siguiente, se encontraba Lola algo distraída de adelante hacia atrás, cuando, de
repente, vio que se acercaba a la orilla la niñita de los ojos azules con su papá, con su mamá y
con su güeli (que es como llamaba la niña a su abuelita), y que llevaban una barca. En
realidad era un flotador con forma de barca que tenía en la cubierta un par de agujeros para
sacar las piernecitas y poder nadar, en la proa tenía una especie de barra horizontal de plástico
para agarrarse, y en la popa un respaldo hinchado del mismo material.
- Que flotador más chulo, decía Lola, mientras se iba alegrando poco a poco.
- Si se mete ahí la niñita irá más segura y podré acercarme a ella para jugar sin que mis
hermanas y primas la tiren otra vez.
En efecto, el flotador/barca era para meter a la niña y que pudiera disfrutar del mar sin
ningún contratiempo.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
El papá de María, pues así se llamaba la bebita rubia, según había oído Lola, puso el
flotador sobre las aguas mientras que lo sujetaba la mamá de la niña, pues las hermanas y las
primas de Lola seguían haciendo de las suyas, y colocaron a la niña en él. Al principio, como
el agua estaba algo fresca, pues todavía el sol no brillaba con fuerza y, por lo tanto, no había
calentado aún el agua, la niñita no parecía muy contenta con la idea de mojarse. Enseguida su
güeli empezó a echarle poquitas a poquitas gotas de agua por los hombritos, y la niña
comenzó a tranquilizarse. Al poco tiempo, entre juegos de los papás y de la güeli, la niñita se
sintió más segura y pronto empezó a meter una manita en el agua. La sensación que le
produjo era muy agradable, tanto que acto seguido metió la otra manita.
Lola estaba feliz. Ahora que la bebita había perdido el miedo, podría acercarse hacia el
flotador y jugar con María. Pero había un inconveniente, ya sabéis, las otras olas mayores la
llevaban para adelante y para atrás y no podía acercarse al flotador. Recordando esto, Lola se
volvió a entristecer.
Algunos días más tarde, estando jugando María con sus papás y con su güeli en la
orilla, Lola vio como se adentraban más hacía el mar, más y más, que se estaban acercando a
Lola.
- ¿Será posible que vengan hacia aquí y que pueda estrechar entre mis brazos a
María?, pensó Lola que, por fin, podría ver cumplido su sueño de jugar con la niña y dejar de
estar sola.
En efecto. Los papás, la güeli y María fueron avanzando hacia adentro y llegaron a un
punto donde el agua estaba más calentita.
- ¿Nos quedamos aquí?, que parece que está más templada el agua, preguntó la mamá
de la niña.
- Sí, vale. Contestaron su papá y su güeli. Era Lola, claro. Al ser una ola chiquitita, el
sol la calentaba antes que a ninguna otra, y como iba para adelante y para atrás continuamente
se quedaba siempre en el mismo sitio, con lo que en ese punto el agua siempre estaba más
caliente.
Que contenta se puso Lola. No paraba de espumar sonrisas, pero todavía se puso más
contenta cuando, de repente, la niñita pidió brazos a su mamá pues quería salir del flotador y
jugar más en el agua.
- ¡Que la cojan!, decía Lola llena de expectación.
- ¿La cojo? Preguntó la mamá de María. Aquí cubre mucho.
- Bueno, estamos nosotros. No creo que le pase nada, contestó su padre.
- Sí, venga, gritaba Lola.
Y la cogieron.
La niñita, sujeta por su mamá, empezó a dar con sus manitas y sus piernecitas como si
quisiera echarse a nadar, y Lola iba por debajo, saltaba por arriba, se ponía en un lado de la
niña, tan feliz se encontraba que no se lo podía creer.
- Por fin tengo una amiguita, se decía para sí toda satisfecha.
Los días siguientes fue igual. Los papás y su güeli no sabían que Lola estaba allí. Iban
a ese sitio porque el agua estaba más caliente y pensaban que eso era mejor para la bebita.
Pero la niñita sí sabía que Lola se encontraba ahí, y las dos jugaban, y se reían mucho con el
flotador o sin él.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
El último día de las vacaciones, tuvieron que despedirse y las despedidas entre dos
buenos amigos son muy tristes, pero como al año siguiente volvería a esa playa, Lola la
estaría esperando para jugar.
De todos modos, Lola no era plenamente feliz pues aún no había roto sobre la arena y
no sabía si eso era divertido o no, aunque debía de serlo, y mucho, pues sus hermanas y
primas mayores volvían una y otra vez a la playa y se reían sin para.
Entonces se le ocurrió una brillante idea. Si María la ayudaba, ella se agarraría al
flotador mientras la niña daba a sus piernecitas y así, las dos, podrían llegar a la orilla,
aprovechándose además de la fuerza de arrastre de sus hermanas y primas.
- De acuerdo, dijo en pensamiento María, cuando Lola se lo comentó.
Pasaba en ese momento una prima de Lola, grande y esbelta, con una gran cresta
espumosa, muy impetuosa.
- Vamos, esta es la nuestra, se dijo Lola.
- Chtsí (es decir, si), dijo María también, mientras que empezaba a dar a sus
piernecitas.
Lola se agarró como pudo al flotador y fue arrastrada, con tal ímpetu que casi se
suelta, por su prima y por María hacia la orilla.
Como la ola prima de Lola era más fuerte y rápida, enseguida llegó a la orilla. Al
retroceder se llevó un poco para atrás al flotador, a María y a Lola, pero Lola que estaba
colocada por debajo del flotador dio un gran salto hacia arriba, erizó su cresta, avanzó con
todas sus fuerzas y ¡zas!, chocó contra la arena del borde de la playa, desaciéndose en
multitud de pequeñísimas gotas espumosas de agua sobre la arena. El contacto con las
partículas de arena le hizo cosquillas y se rió, sabiendo ya, por fin, porque disfrutaban tanto
con esto sus hermanas y primas mayores.
- Gracias, le dijo a María, con el pensamiento, claro. Hasta el año que viene.
La niñita le decía adiós con una manita, mientras que con la otra le mandaba muchos
besos.
Por fin Lola era plenamente feliz. De ahora en adelante, hasta que fuese más mayor,
sólo tendría que buscarse alguna tretilla para llegar hasta la orilla y disfrutar, mientras que
esperaba la vuelta de su buena amiguita.
Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
LA ORUGA
Hubo una vez una oruguita a la que nadie quería porque, según la gente, era muy fea.
El sapo se reía cuando la veía arrastrarse viscosamente por donde él y sus amigos estaban,
yendo a pasear y a por comida, y aunque la pobre oruga intentaba no ser vista, jamás lo
conseguía.
- ¿Adónde vas tan misteriosa, oruga?- decía el sapo.
- Voy a por comida- respondía la oruga.
- Pues la próxima vez avísanos para no verte. Nos da repelús ver cómo te arrastras
dejando ese reguero de babas por donde pasas... - reía el sapo, las ratonas y los demás
animalillos del bosque. Y la pobre oruguita bajaba la cabeza y, ya sin ganas de comer, daba
mediavuelta y se dirigía a su casa. Y así pasaba todos los días.
En su casa del árbol, un pequeño agujerito que compartía con otra oruga un poco más
agraciada que ella, se pasaba los días sin salir, yendo a por comida cuando llegaba la noche y
a expensas de que algún animal se la comiese, llorando a escondidas de su compañera que en
muy poco la ayudaba.
- ¿Por qué lloras? Debería darte vergüenza andar con esas pintas por la vida, esos
pelos tan mal peinados, siempre tan descuidada... Mírame a mí y aprende. Hasta me adulan
los escarabajos... No sé, ponte de vez en cuando un poco de perfume de rosas, píntate los
labios con el polen de las flores... ¡Ay, en fin, haz algo por ti misma, pero así no puedes ir por
la vida! -.
- Yo no soy tan agraciada como tú, así pues si hago lo que tú me dices, no aumentaré
mi belleza, sino que el sapo y sus amigos cuando me vean, se reirán con mucha más razón que
ahora.- Haz lo que quieras, pero no llores más. Haces que pase las noches en vela. Cuando
no estás llorando, te marchas a por comida dejando la puerta abierta. ¿Pretendes que viva
tranquila? Puede entrar cualquier bicho y comerme... ¡Oh, Dios mío, no quiero ni pensarlo!-.
- Lo siento, intentaré no molestarte más.Y la pobre oruguita estuvo sin comer tres días y tres noches. El sapo, que a parte de
maleducado disfrutaba haciéndola sufrir y sometiéndola al más inmenso de los ridículos, una
noche entró en su casa y mientras ésta dormía, le pintó con polen de flores de todos los
colores todo su cuerpo.
A la mañana siguiente, su compañera, que se había aliado con el sapo, la despertó y le
dijo que aquella mañana estaba más hermosa que nunca. Entonces la invitó a pasear y a
almorzar semillas con miel. La oruga, que estaba hambrienta y que se sintió muy halagada por
su compañera, accedió gustosamente y bajó del árbol muy contenta. Cuando estuvo abajo,
cientos de animalillos la estaban esperando con un trozo de cristal, donde sin saber cómo ni
por qué, se vio reflejada al instante.
Todos reían sin parar, y la pobre oruga, queriéndose morir, fue testigo de las críticas e
insultos que los animalillos imputaban hacia ella misma. - ¡Vaya facha, oruga! ¿De dónde
vienes, de un baile de disfraces?- decían unos.- ¡Aunque la oruga fea se vista de seda, oruga
fea se queda!- decían otros.
Y a todo esto, la pobre oruga no podía separar sus tristes ojitos del trozo de cristal,
donde veía por primera y última vez su rostro reflejado en él, rompiéndose por dentro como
un pétalo de flor en otoño, o como eso, como un cristal. No obstante, la oruga no hizo nada en
unos minutos. No se movió. No les miró.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
Entonces fue cuando su compañera hizo un gesto de ¡se acabó! Todos se callaron, y
tras unos minutos, la oruga dio media vuelta y subió de nuevo por el árbol dirigiéndose a su
casa. - ¡Oruga, era una broma! No te pongas así... -. Dijo su compañera, pero la oruga no hizo
caso porque no oía, solo quería morirse. Así que entró en su casa, cerró la puerta y ya no se le
vio más.
Abajo, todos los animalillos comenzaron a sentirse mal, todos menos el sapo. -¡Bah,
no os preocupéis! Ya se le pasará... -. La otra oruga, que como los otros, fue consciente de que
se habían portado muy mal con ella, subió rápidamente hacia su también casa, pero descubrió
que la había cerrado con llave. - ¡Oruga, oruga! Siento mucho lo que ha pasado. Sólo
queríamos gastarte una broma. Anda, abre la puerta.- Pero nada se oía, ni nadie abrió la
puerta.
Tras muchos intentos, viendo llegar la noche y sin techo donde dormir, la otra oruga
tuvo que desistir y marcharse con una lagartija que vivía sola en su madriguera. -¡Agghh, qué
asco! Dormir debajo de la tierra... ¡Bueno! al fin y al cabo, es solo una noche- Y así fue como
se resignó a compartir madriguera con el reptil. Nadie pudo dormir aquella noche pensando
en la oruguita, y hasta a buen recaudo sabemos que el sapo tampoco pudo hacerlo. Pensaron
que a la mañana siguiente la oruguita asomaría su cabeza por su puerta, pero no fue así.
Pasaban los días, las semanas, los meses, y nada se sabía de la oruga. - ¡Dios mío, oruga!
¡Abre la puerta te digo!- pero la rebeldía de la otra oruga no conseguía abrir la puerta. - ¿Se
habrá muerto de pena?- decían unos.- Quizás esté enferma y necesite nuestra ayuda- decían
otros, pero así estaban las cosas.
Después de dos meses, una mañana muy temprano, la otra oruga se enfadó con su
compañera la lagartija porque se le estaban apagando los colores de dormir bajo tierra y sus
pelos se habían encrespado y arruinado de no poder peinárselos con su cepillo. .
-¡Ya no aguanto más contigo! ¡Mira qué facha tengo! Muchas gracias por ofrecerme
cama y cobijo durante estos dos meses, pero ya no puedo soportar más vivir así... -.
- ¿Serás desagradecida? ¡Vete de mi casa, presumida, y no vuelvas!-.
Así pues, la oruga presumida se dirigió con mucha decisión y muy ojerosa hacia su
casa, y creyó divisar que la puerta estaba abierta. Se acercó más y más hasta que lo vio con
seguridad, subiendo enérgicamente por el tronco del árbol. Dentro estaba oscuro, muy oscuro,
y allí a lo lejos, algo se movió, algo que consiguió asustarla y que le hizo perder el equilibrio,
cayendo rápidamente al suelo. -¡Socorro! ¡Socorro! ¡Hay alguien extraño en mi casa!-. A sus
gritos, el sapo y todos los habitantes de aquel lugar del bosque salieron en su auxilio,
adelantándose el sapo y diciéndole: - ¿Se puede saber qué es lo que te pasa? ¿Y a dónde vas
con esas pintas? Cada día estás más fea... -. La oruga, muy irritada gritó: -¡Olvídate de mi
aspecto, sapo idiota! ¡Ahí arriba hay alguien muy extraño!-. Cuando el sapo y los demás
intentaban trepar por el árbol, algo con alas salió despedido por la puerta, tirándolos a todos al
vacío. Era la oruguita fea, que se había convertido en una hermosa mariposa de bellos y
brillantes colores. A todo esto, la mariposa bajó al encuentro de los animalillos y, posándose
en una flor, les dijo:
- Sabed que me habéis hecho mucho daño, pero he de perdonaros porque ahora soy yo
la que puede reírse de vuestra fealdad. Vosotros, los que se han reído de mí, sois los que
menos tenéis que hacerlo, puesto que si somos realistas, todos los insectos, deberíamos
catalogarlos como feos.
¿Veis? Mi belleza de ahora la he llevado escondida durante toda la vida. espero que a
vosotros os pase igual.
Y la mariposa se fue volando y ya nunca más volvió.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
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LA OSA MAYOR, LA OSA MENOR
Y EL DRAGÓN
En el cielo se dibujan un dragón, una Osa y su hija. ¿Nunca os habéis parado a pensar
por qué están ahí? ¿Por qué están dispuestas de esa forma? Pocos conocen la historia, pero
afortunadamente un sabio cangrejo me lo susurró al oído en agradecimiento un día que lo
encontré perdido por las calles de mi ciudad y decidí devolverlo al agua. Así comienza la
historia:
"Hace mucho, mucho tiempo, cuando el cielo no era más que una enorme bóveda de
pizarra, negra como el tizón, vivía en las montañas una gran Osa. Esta Osa era de color
plateado, pues así are el color de los osos antes de que el hombre pisara la tierra, pero un
plateado tan brillante que cuando se ponía al Sol nadie era capaz de mirarla sin entrecerrar los
ojos. Era hermosa, pero no solo eso, también era increíblemente sabia y fuerte, y por ello era
la reina de la montaña. Todos los seres sin excepción le respetaban como su líder y protectora
ante el peligro. Con el tiempo la Osa concibió una pequeña Osita tan plateada como ella.
Todos en la montaña estaban encantados con la criaturita ya que era alegre y juguetona.
Siempre estaba jugando entre las flores, bañándose en el río, persiguiendo a las mariposas y
haciendo sonreír de ternura a todo el que la veía.
Un día, el Dragón de Plata, señor del Valle del Agua que lindaba con la montaña,
decidió dar un paseo por los límites del valle. Hemos de decir que el Dragón de Plata era el
ser más vanidoso que podía encontrarse en todo el mundo y ante todo estaba orgulloso de sus
escamas de plata. Es por eso que cuando vio a la Osita jugando en un río, no pudo evitar que
el brillo del pelo de la criaturita hiciera que su corazón se llenara de envidia. Voló trazando
unos círculos en torno a ella y a cada vuelta que daba mayor era la rabia y la envidia que
sentía. Estaba a punto de abalanzarse sobre la Osita para devorarla cuando llegó su madre, la
Osa. Entonces fue el colmo para el Dragón de Plata, dos criaturas con una piel más brillante
que la suya era ya demasiado. Pero el Dragón se guardó de hacer nada porque había oído
hablar de la legendaria fuerza de la Osa, por eso se retiró a su cubil en la Fosa del Fuego para
idear un plan con el que acabar con la dicha de la Osa.
Un día la Osita estaba jugando cuando vio algo brillante en el cielo que llamó su
atención. Poco a poco el Dragón de Plata se perfiló en el cielo. La Osita lo siguió con la
mirada con gran interés mientras el Dragón se acercaba y se posaba cerca de ella. Entonces el
Dragón de Plata le dijo:
- Hola Osita, tu madre la Osa me ha dicho que te recoja, sube a mi lomo e iremos a
verla. La Osita en un principio se mostró reacia ya que su madre le había repetido hasta la
saciedad que nunca fuese con desconocidos. Pero si lo mandaba su madre ya no era un
desconocido y además le hacía mucha ilusión eso de volar. Así que sin rechistar se subió al
lomo del Dragón y se fueron volando.
En la cueva de la Osa estaban reunidos los representantes de todas las familias de la
montaña. El asunto era urgente, la Osita había desaparecido y no se sabía nada de su paradero.
Los Lobos habían rastreado toda la montaña y no habían descubierto la menor pista. Los
Topos habían recorrido sus túneles preguntando a los seres del mundo subterráneo si sabían
algo, pero nada. Y los Halcones no habían visto nada desde las alturas.
Finalmente un sapo entró en la cueva y torpemente se dirigió a la Osa:
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
- Ilustrísima Señora de la Montaña. Soy un mensajero del Dragón de Plata, señor del
Valle del Agua. Mi señor os informa de que tiene cautiva a vuestra hija en su cubil de la Fosa
del Fuego. Si queréis recuperarla deberéis ir allí y entregarle vuestra piel a cambio de vuestra
hija. Un gran revuelo se organizó en la cueva. Todos los representantes de las familias de la
montaña se ofrecían para organizar una partida de rescate y darle una lección a ese
presuntuoso dragón. La Osa les agradeció a todos su ofrecimiento pero lo rechazó. Era ella la
que debía ir a encontrarse con el Dragón de Plata.
Tras una dura y peligrosa marcha la Osa llegó al cubil del Dragón de Plata. En
realidad era un agujero en la pared del valle de un río de lava al que se accedía por una
estreche cornisa. Tras acostumbrarse a la oscuridad vio a su hija al fondo del cubil, encogida
por el miedo, y a su lado al Dragón de Plata quien exhibía una amplia sonrisa de triunfo. La
Osa fue la primera que habló:
- Aquí me tienes, ahora deja ir a mi hija. El Dragón se rió y contestó:
- Pobre ilusa. No puedo permitir que haya nadie en el mundo con una piel más lustrosa
que la mía. Ni tú ni tu hija escaparéis jamás de aquí, porque vuestros hijos seguirán teniendo
esa piel de plata más brillante que la mía. Diciendo esto se lanzó sobre la Osa. Entablaron una lucha sin igual que duró siete días
con sus siete noches. Y en ningún momento la lucha se inclinó del lado de ninguno. Pero los
Dragones son criaturas mágicas por lo que la Osa comenzó a sentirse débil después de tanto
tiempo de pelear. Sabiéndose perdida, decidió salvar a su hija de las garras del Dragón dando
su vida. Reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban se abrazó al Dragón y saltó con él al río
de lava.
La Osita se quedó sola y comenzó a llorar la muerte de su madre, y sus lágrimas eran
de plata. Fue entonces cuando Dios tomó las lágrimas de la Osita y le dijo, no te preocupes,
porque podrás ver a tu mamá todas las noches en el firmamento. Y con las lágrimas dibujó a
su madre la Osa Mayor, peleando con el Dragón, para salvarla a ella la Osa Menor. Y quiso
Dios que todo el mundo pudiera ver la escena para que aprendiesen que siempre hay almas
nobles que luchan contra la envidia y es por ello que convirtió las lágrimas en estrellas."
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
LA OVEJA NEGRA
La prudencia tiene ojos y lengua, eso nadie puede dudarlo. Lástima que casi siempre
ande cabizbaja y bale en chino. Esta pudiera ser la introducción a la historia de la oveja negra,
precisamente escogida por el tigre para apoderarse del rebaño. Resulta que como por el
colorido oscuro recibía los topones de sus compañeras y la propia madre parecía quererla
menos que a las blancas, esta ovejita tonta vivía amargada y resentida. Por eso le quedó
sonando lo que le dijo el tigre, deslizado un atardecer hasta el tunal o conjunto de tunos en
donde nacía la "mana", de modo que el agua y la fresca sombra formaban un bebedero
incomparable.
– Ovejita triste: para soportar golpes y desprecios, mejor estarías en los cerros, sin
pastor que te trasquile y sin colegas blancas que te joroben la vida.
– Pero si yo me fugo de aquí, me vas a comer en cualquier matorral.
– Ovejita mal pensada –contestó el felino, haciéndose el disgustado–. Inténtalo y te
convencerás de que nunca has tenido mejor amigo, te doy mi palabra. Además, para tu
tranquilidad te informo que la carne de cordero se me indigesta: lo mismo debe pasar con la
de oveja.
Entonces la ovejita negra pensó que aquella propuesta se la hacía, de la mejor buena
fe, un poderoso señor, instalado en espléndida casa, a la entrada del páramo. Y ya sin la
menor desconfianza, se escapó del corral de tablas y del potrero cercado con alambre de púas,
y se perdió en los charrascales del cerro en donde, en verdad, no escaseaba el pasto.
Las primeras noches tuvo miedo de la soledad y del tigre, pero después de una semana
comenzó a gozar de los privilegios de su nueva vida. Saltaba alegre debajo de los tunos, se
echaba al sol en los gramales, se quedaba dormida junto a la quebrada, oyendo el rumor del
agua, y se paraba a balar en lo más alto del cerro, como proclamándole al mundo su contento.
Una mañana se encontró con el tigre, que la saludó de esta manera:
– Buenos días, doña ovejita distinta. Y te digo así porque en poco tiempo de buena
vida eres realmente otra. Antes impresionabas por lo flaca y desmirriada. Ahora luces gorda,
imponente, hermosa. Además de que en el balido se te notan la salud y el buen genio.
– En realidad me siento distinta de lo que era –contestó la oveja.
Y eso, ¿a quién se lo debes?
– A ti, buen amigo.
– Es apenas justo que lo reconozcas –observó el tigre–. Y agregó:
– Valdría la pena que te vieran las otras ovejas: las que se quedaron en el fétido corral.
– Estoy seguro de que se morirían de envidia.
No se necesita mucha malicia para adivinar que esa misma tarde la oveja fue a visitar a
sus antiguas compañeras, sin pasar, naturalmente, la cerca de púas.
– ¡Qué llena y fuerte estás! –le dijo la oveja que más la mortificaba con los topones.
– Es increíble tu cambio –le confesó la oveja madre–. Me parece que ahora eres la
mejor de la familia.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
– ¡Qué doncellota estás! –fue el piropo del carnero que nunca antes había puesto en
ella los ojos.
– Que te ves muy bien ni lo dudo, observó la oveja de ojos claros que por el exceso de
lana era llamada La Mechuda. Ahora, lo importante es saber a qué se debe tan ventajoso
cambio.
– A la vida libre del cerro, a la hierba fresca y al agua limpia disfrutada a voluntad,
explicó la oveja.
– Y ¿el tigre? –preguntaron con afán más de dos baladoras a la vez.
– Esos temores los han creado los chismes del pastor, para que no nos alejemos del
potrero –respondió la aventurera–. Puedo jurar que el tigre es un buen amigo nuestro. Si les
dijera que justamente es él quien me indica en dónde están los mejores pastos, ustedes no lo
creerían.
– La conducta del tigre con nuestra hermana negra me parece bastante sospechosa. Yo
no me movería de aquí –afirmó La Mechuda, cuyos reparos pusieron recelosas a muchas
ovejas.
Habló así, entonces, La Motosa, la de los rulos en la lana, que por continuo mirar a las
lejanías de los páramos tenía fama de clarividente:
– No niego que el tigre sea uno de los riesgos de la libertad: pero, ¿qué es preferible: la
pradera abierta con tigre o el corral perpetuo?
Después de este concepto, la oveja negra no tuvo necesidad de aclarar que al tigre le
hacía daño la carne de cordero, porque dejando a La Mechuda con su desconfianza, el resto
del rebaño atropelló la cerca dé alambre y se perdió por los cerros en busca de pastos en flor.
No es difícil imaginar que las ovejitas estuvieron muy contentas durante los primeros
días de hierba fresca y de libertad; pero no así cuando comenzaron a notar que ciertas
madrugadas desaparecía una de ellas y cada vez el tigre se volvía más gordo y dormilón.
Y colorín colorado, que este cuento se ha acabado.
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EL PÁJARO CAMPANA
Cuando los árboles se miraban en las aguas del río y el sol ofrecía vida con su luz
dorada, nació un pichón de bellísimo plumaje.
Los animales del bosque, al oír la melodía de sus trinos, le pusieron el nombre de
Pájaro Campana.
Una mañana, que tenía en sí algo de divino, el pájaro de plumaje rojo y piquito negro
salió de su nido, desplegó sus alas al viento y voló como una chispa alegre más allá de las
nubes nacaradas.
Las ramas eran mecidas por el viento y los animales arrullados por los trinos del
pájaro cantor, que volaba haciendo círculos en el espacio donde las nubes fueron barridas por
el sol.
La noche tendió su manto sobre el bosque y el Pájaro Campana volvió a su nido bajo
un cielo salpicado de estrellas.
A fines de la más límpida estación del año, cuando el bosque estaba como botánico en
plenitud, llegó un gorila feroz desde el otro lado del río.
Aunque el Pájaro Campana no advirtió la llegada del cazador, los animales,
escondidos tras las piedras y los troncos, atisbaban al gorila que ingresaba al bosque a paso
marcial.
El vértigo de los días tristes aún no se presentó, por eso el sol resplandecía alegre,
esperando que el Pájaro Campana volara por encima de los árboles, desgranando sus
canciones cual racimos de flores.
Esa misma mañana, el pájaro de plumaje rojo y piquito negro voló como un cometa de
papel. Su corazón galopaba como un corcel y su sangre corría por sus arterias como un
ganado de vacas en tropel. Sus ojos, que eran la luz de su conciencia, veían alejarse la vida y
acercarse la muerte, mientras su canto hacía surcos en el aire.
El gorila, tendido sobre el follaje, escuchó el canto del Pájaro Campana. Alistó su fusil
y, tras apuntar contra la llamita de fuego, presionó el gatillo y la bala desapareció en la carne
vida del pajarito. Pero él, que tenía los huesos tenaces y los músculos fornidos, sólo aterrizó
agónico sobre el césped, con una herida abierta en su a la izquierda, de donde le fluía la
sangre a borbotones. Parecía una estrella diminuta apagándose en el bosque. La sangre se le
confundía con el color de su plumaje y los latidos del corazón con los redobles del tambor.
El sol radiante, testigo del acto fúnebre, proyectó el espectro enorme e impresionante
del gorila. La sombra cayó allí donde el pájaro se retorcía en suplicios de dolor.
-¡Muere ya! -gritó el gorila, con un bramido descomunal.
-No muero -replicó el pajarito-, porque hoy mismo nacen millares de pichones que
tienen el color de mi plumaje...
El trágico espectáculo hizo que el sol se escondiera detrás de las nubes y las flores se
marchitaran una a una.
Al precipitarse la noche, el gorila de corazón más duro que la roca y más frío que la
muerte retornó a su guarida. La luna se descompuso en aspas fosforescentes y los animales
decidieron vengar la muerte del Pájaro Campana.
Cuando la última estrella se apagó en el cielo, el gorila salió de su guarida, el fusil
terciado a la espalda y las botas destalonadas. Sintió retorcijones en su panza y se echó a
correr bosque adentro, articulando palabras que rebotaban en el silencio. Cortó la respiración
en su punto más alto, aspiró hasta inflarse como un sapo y aligeró sus pasos para internarse
cuanto antes en el bosque. Al cabo de un tiempo, se detuvo y miró en derredor; no se veía a
nadie ni se oía un murmullo.
-Todo ha quedado sin vida -dijo, contemplando sus botas destalonadas.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
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Y en medio de un silencio insondable, los animales emprendieron su plan de imponer
justicia en el bosque. Lo primero era cercar al gorila y después hacer..., hacer lo que vendría.
-¿Dónde están mis presas que no las veo? -dijo el gorila, con un tono de queja en su
voz.
Las lágrimas ahogaron su mirada y el aliento se le hizo un nudo en la garganta. No
sabía qué hacer, si quedarse o volver. Estaba cabizbajo y perniabierto, y su corazón, más
grande que el puño de una mano, parecía estallar contra los huesos de su pecho.
Los animales avanzaron hacia donde estaba el gorila, la boca espumante y los ojos
anegados. Había llegado el instante de la asonada final. El conejo lanzó un vibrante grito de
ataque y los demás se lanzaron a la carga.
El gorila, a pesar de estar armado, no pudo retener al torrente de animales que se le
abalanzaron con el ímpetu de una ola, pero así aprendió que el bosque no existen seres más
poderosos que la inmensa mayoría.
Pasado el incidente, aquel lugar volvió a ser como antes: el jardín florido de la tierra, y
el Pájaro Campana, que renació trinando versos de justicia, voló como una bandera victoriosa
anunciando la libertad.
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EL PECECILLO PRESUMIDO
Érase una vez un pececillo muy bonito, de cuerpo corto pero robusto, con un color
anaranjado muy intenso, y una zona central negra. Se parecía a un carbón encendido. En su
pequeña cabecita tenía una franja nacarada que le bajaba directamente a los ojos. Sus aletas
eran también anaranjadas, aunque las ventrales tenían una tonalidad oscura en su parte
anterior.
Era muy vivaz nuestro pececillo. Aunque sus compañeros vivían en grupos pequeños,
éste era muy solitario pues sólo sabía hacer una cosa que no podía compartir con nadie :
presumir.
Un día, paseándose por entre unos guijarros en el fondo del mar, se encontró con el
señor pulpo :
- ¡Eh, payaso !, ya que así se llamaba nuestro pececillo. En realidad era un pez payaso,
pero como no tenía nombre, todos le llamaban payaso.
- ¿Qué quieres, ocho patas ?, le contestó el pez payaso.
- ¡Ten cuidado !, hay humanos pescando, le dijo con cierto temor el señor pulpo.
- A mí que, contestó payaso.
- En vez de pavonearte tanto, deberías hacer algo, deberías aprender algo, si no..., el
día menos pensado..., le comentó el señor pulpo, que pasa por ser uno de los animales más
inteligentes.
- ¿Para qué ?, yo soy tan apuesto y bello que no necesito aprender nada. Si me pescan,
me soltarían por mi atractivo. Además, ¿para qué sirve aprender ?. Por ejemplo, ¿tú qué sabes
hacer ?, le dijo el pececillo al señor pulpo, no sin cierta prepotencia.
- Yo, con mis tentáculos, puedo defenderme, puedo coger varias cosas, puedo...
- Ya ves que interesante, le interrumpió payaso, lo que irritó un poco al señor pulpo,
pues no está bien interrumpir a un animal o persona cuando está hablando.
- Bueno, bueno. Sigue así y verás que pronto te pescarán.
- Tonterías, comentaba payaso mientras se alejaba en dirección a unas algas.
Siguiendo con su paseo, al girar una roca, se encontró con el pez globo.
- ¡Hola, payaso !, ¿qué haces ?, le preguntó éste.
- Nada, contestó payaso, que estaba todavía algo irritado después de su encuentro con
el señor pulpo.
- Pues si no haces nada, pronto acabarás en las redes de los humanos, le dijo el pez
globo en un tono conciliador.
- ¡Otro !, dijo enfurecido payaso, y continuó más enojado aún: ¿Tú qué sabes hacer
listillo ?.
- ¿Yo ?. Pues mira, si me cogen, me hincho y me hincho y, de este modo, como no me
pueden comer me sueltan, dijo el pez globo todo satisfecho.
Ahora sabéis ¿por qué se llama pez globo ?, mis menudos amiguitos.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
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- Pues menuda tontería, replicó el pez payaso. A mí, si me cogen me soltarían por mi
extraordinaria y sin igual hermosura, le dijo al pez globo, igual que antes había hecho con el
señor pulpo.
- Yo que tú, empezó a indicarle el pez globo, dejaba de presumir tanto y me esforzaría
en aprender algo, pues hay humanos pescando, comentó con cierto temor, también, el pez
globo.
- Tonterías, volvió a replicar payaso y, dando un fuerte movimiento a su aleta caudal,
se giró y se fue.
- Ten cuidado..., se quedó hablando el pez globo en la lejanía.
Así siguió durante parte del día el pececillo presumido y presuntuoso, hablando con
unos y con otros sobre las distintas maneras de zafarse de un ataque de otros peces o de los
humanos, las pinzas de los cangrejos, la tinta de los calamares, el mimetismo, etc., etc. Pero
payaso no prestaba atención, pues pensaba que eso no era útil.
De repente, se oyó un gran estruendo que provenía de detrás de una gran roca que
había en el lecho marino, un ruido como si algo grande se arrastrara por el fondo. El pez
payaso se dio la vuelta y fue a ver que era eso, y...
En la cubierta de un gran barco de pesca, varios pecadores se encontraban separando
los peces que habían caído en la red, cuando uno de ellos vio a payaso, tan bonito y tan
pequeño :
- Seguro que éste le gusta mucho a mi nenita, pensó. Y lo metió en una bolsa con un
poco de agua marina, y lo guardó en su cesta de comida.
Cuando empezó a recuperarse, payaso se preguntaba : ¿dónde estoy ?, ¿qué es esto tan
oscuro y tan pequeño?, pues intentando huir se daba de broces contra las paredes de la bolsa
de plástico.
Al cabo de unas horas, alguien coge la bolsa y se pone a mirar a payaso.
Payaso abre sus pequeños ojos y ve a una niña tan rubia que sus cabellos parecían los
rayos del sol, con unos ojos tan azules como el fondo del mar por el que presumía payaso, tan
bonita, pensó, como él, o más.
- Mami, mami, decía la preciosa chiquilla, mira que me ha traído papá.
- ¡Que bonito !, le dijo su madre. ¿Qué vas a hacer con él ?, le preguntó su madre.
- No se. De momento lo pondré en una pecera, dijo María, que era el nombre de esta
muñequita.
Pasaron los días, las semanas, los meses,... Payaso estaba cada día más triste, y
pensaba :
- ¡Ah !, que razón tenían mis amiguitos del mar. Sólo presumir y presumir. Antes
podía presumir ante muchos. Ahora, ni eso. Sólo puedo presumir ante esta niña, que además
es más bonita que yo. Si pudiera volver a mi mar..., pensaba una y otra vez el pez payaso
totalmente arrepentido de su forma de ser.
Pero la niñita también pensaba :
- Pobrecillo, sin su mamá, sin su papá, sin sus amiguitos. Tan bonito como es y sólo
yo puedo disfrutarlo.
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- Mami, papi, empezó diciendo una tarde la pequeñina : he decidido devolver al
pececillo al agua. Está muy solo y muy triste sin sus padres. No come casi nada y ¡es tan
bonito ! que debe seguir alegrando el fondo del mar con sus colores.
- Muy bien hija. Lo que tu digas.
Y se fueron en una barquita a devolver a payaso a su ambiente.
A payaso, que estaba adormecido por la hora que era, le llegó, de repente, un olor
conocido, el olor del mar. En un instante, todavía sin desperezarse del todo, unas pequeñas
manitas lo cogen, le dan un beso en la boquita, y lo meten en el agua, soltándolo a
continuación.
Se puso tan contento payaso, que dio varias vueltas sobre sí mismo, y antes de
alejarse, miró a la niña dándole las gracias y dejando escapar una pequeñísima lágrima de
satisfacción. Claro, la niña no le pudo oir, pero lo entendió perfectamente.
Nadando a toda velocidad, fue a ver al pez mariposa para que le aceptara en la escuela
de peces, y de este modo aprender todo lo que debe saber un pez de los peces y de los
humanos, aunque la primera lección ya se la había aprendido bien.
Todos los peces marinos se enteraron pronto de que payaso había vuelto y lo
celebraron con una gran fiesta en la que tocaron los cangrejos violinistas y el pez banjo, hizo
trucos de magia el pez hada, no paró de contar chistes el pez papagayo bicolor y los peces
saltarines no dejaron de hacer eso, precisamente, en toda la tarde.
Encima de ellos, la barquita iba en dirección al puerto. La niñita se había dormido en
los brazos de su padre que le había contado el cuento de Pedro y el lobo. El padre estaba muy
satisfecho por lo que su hijita había hecho gracias a las cosas que había aprendido hasta ese
momento.
Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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EL PICAPEDRERO
Había una vez, hace muchos, muchos años un reino muy bonito donde la gente era
muy feliz.
Los Reyes vivían en un castillo de piedra muy grande que estaba junto a un bosque de
olmos y a un lago de tranquilas aguas azules dónde se podía pescar y pasear en barca. Al
oeste había una gran montaña.
La hija de los Reyes se llamaba Teresa y era la Princesa de este cuento.
La Princesa Teresa salía todos los días a dar un paseo por los alrededores del castillo. Un día
conoció a un picapedrero llamado Pedro que trabajaba en la cantera que estaba en la falda de
la montaña.
Teresa y Pedro se enamoraron, se prometieron amor eterno y decidieron casarse.
Pero cuando el Rey se enteró que su hija quería con Pedro se enfadó muchísimo y le dijo a la
Princesa:
- ¡Mi hija no puede casarse con un simple picapedrero! Una princesa como tú debería casarse
con alguien muy poderoso, ¡con la persona más poderosa de la Tierra!.
Entonces el rey mandó llamar a todos los sabios de su reino y les pidió que estudiaran quién
era el más poderoso del Mundo. Los sabios se encerraron en una habitación del castillo
durante siete días y siete noches y pensaron y pensaron hasta que descubrieron quién era la
persona más poderosa del Universo.
- Majestad, le dijo el sabio más anciano al Rey, el Consejo de sabios se ha reunido
durante siete días y siete noches y ha llegado a la conclusión que el más poderoso del
Universo es el Sol, porque con sus rayos nos da luz y calienta toda la tierra para que podamos
vivir.
Dijo el rey:
- Tenéis razón parece que el Sol es el ser más poderoso.
Y ordenó con voz potente:
- ¡Que venga el Sol!
Mandaron llamar al Sol y el rey le dijo:
- Sol, te he mandado llamar porque me han dicho que tú eres la persona más poderosa
de la Tierra y quiero que te cases con mi hija la Princesa Teresa.
Entonces el Sol contestó:
*Majestad muchas gracias por tu ofrecimiento, sería para mí un honor casarme con tu
hija, pero hay alguien que es más poderoso que yo.
Y dijo el Rey:
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-¿Quién es más poderoso que el Sol?
- La Nube, contestó el Sol, porque cuando se pone delante no deja pasar mis rayos.
Entonces dijo el Rey:
- ¡Que venga la Nube!
Cuando llegó la Nube el Rey le dijo:
-Nube, te he mandado llamar porque me han dicho que tú eres la persona más
poderosa de la Tierra y quiero que te cases con mi hija la Princesa Teresa.
-Y la Nube le contestó:
- Majestad muchas gracias por tu ofrecimiento, sería para mí un honor casarme con la
Princesa, pero hay alguien que es más poderoso que yo.
Y dijo el Rey:
-¿Quién es más poderoso que la Nube?
- El Viento, contestó la Nube, porque cuando se pone a soplar me mueve con facilidad
de un sitio para otro.
Entonces dijo el Rey:
-¡Que venga el Viento!
Cuando llegó el Viento el Rey le dijo:
- Viento, te he mandado llamar porque me han dicho que tú eres la persona más
poderosa de la Tierra y quiero que te cases con mi hija la Princesa Teresa.
Y el Viento le contestó:
- Majestad muchas gracias por tu ofrecimiento, sería para mí un honor casarme con tu
hija, pero hay alguien que es más poderoso que yo.
Y dijo el Rey:
-¿Quién es más poderoso que el Viento?
- La Montaña, contestó el Viento, porque aunque sople con todas mis fuerzas no puedo
mover ni un centímetro a la poderosa Montaña.
Entonces dijo el Rey:
- ¡Que venga la Montaña!
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CEIP “Eduardo Palomo”
Pero la Montaña no podía moverse, así que el Rey tuvo que ir a la Montaña. Y le dijo
el Rey:
- Montaña, he venido hasta aquí porque me han dicho que tú eres la persona más
poderosa de la Tierra y quiero que te cases con mi hija la Princesa Teresa.
Y la Montaña le contestó:
- Majestad muchas gracias por tu ofrecimiento, sería para mí un honor casarme con tu
hija pero hay alguien que es más poderoso que yo.
Y dijo el Rey:
- ¿Quién puede ser más poderoso que la Montaña?
- ¡El picapedrero!, contestó la Montaña, porque todos los días me arranca un trocito de mi
cuerpo para hacer piedras.
Entonces el Rey comprendió que todas las personas, aunque parezcan seres
insignificantes, son importantes y permitió a su hija que se casara con el picapedrero Pedro. Y
fueron felices y comieron perdices.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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PÚAS EL ERIZO
Púas, era un erizo pequeñito, de color marrón, un poco torpe y patosito.
Tenía un hocico negro y unas patitas gordas.
Siempre se metía en líos, por culpa de sus púas pinchosas.
Un día, estaba tejiendo Doña Gatita un jersey muy lindo para su bebé gatito y Púas se
acercó a curiosear.
La gata, había comprado en la tienda del pueblo, una gran canasta de madejas de
colores y quería hacerle el jersey cuanto antes, para que no pasara frío.
Doña Gatita, le decía a su pequeñín: ¡Que guapo vas a estar!, ¡Eres el gatito más lindo
de toda la vecindad!.
Púas, se había escondido detrás del sillón. Los colores de las madejas, llamaron su
atención y al inclinar la cabecita para verlas mejor, se cayó dentro de la canasta.
El erizo, se metió, entre las madejas y no podía salir. El hilo se había enganchado en
sus púas y lo había enredado todo.
¡Ay, Ay, mira lo que has hecho! Dijo la gatita.
¡Ahora que voy a hacer!.
Púas, se sintió muy avergonzado y pidió perdón a la gatita, pero el hilo estaba
destrozado y ya no servía para hacer el jersey.
Al llegar a su casa, Púas le contó a su mamá lo que había ocurrido.
Le pidió que ella, hiciera un jersey para gatito.
Su mamá le dijo: ¡No te preocupes Púas, yo lo haré!.
¡No tienes que ser tan travieso!. ¡Has de tener más cuidado!.
Púas no sabía remediarlo, era tan inquieto, que volvió a meter la pata, bueno mejor
dicho las púas.
Vió la madriguera de un conejo y quiso entrar en ella para curiosear.
La Señora Coneja, acababa de tener crías. Estaban todas allí, muy juntitas. Todavía
eran demasiado pequeñas para salir.
Púas, consiguió meterse en la madriguera y llegar hasta las crías.
Todo estaba muy oscuro y no podía ver nada.
El erizo iba de un lado para otro, sin darse cuenta que según se movía iba pinchando a
las crías.
¡Fuera de aquí!. Le dijo Doña Coneja, muy enfadada.
Púas, estaba, triste, el no quería hacer daño, pero siempre le salía todo al revés.
Pensando y pensando, encontró la forma de hacer algo bueno y práctico con sus púas.
¡Ya sé!. ¡Limpiaré las alfombrillas de las casitas de los animales!. Dijo Púas,
convencido de que había encontrado la solución.
¡Esta vez, tengo que hacerlo bien y estar preparado para trabajar!.
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¡No volveré a equivocarme!.
Comenzó a trabajar, como un verdadero experto.
Se ponía su mascarilla para el polvo, y limpiaba y limpiaba.
Los animales, estaban muy contentos de que por fin, hiciera algo que le gustara y no
molestara a los demás.
Se convirtió en un gran limpiador de alfombras y todos estaban muy orgullosos de él.
Puás, había encontrado una razón para ser feliz.
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LA PRINCESA MAYAVITA
Érase una vez un matrimonio que se entendía muy bien, pero no lograban tener hijos,
y siendo esto una obligación entre la nobleza Chibcha, hubo de pensar el marido en tomar otra
mujer.
Para la pobre mujer repudiada fue muy duro y desconsolador y toda su felicidad se
vino al suelo. Decidió pues la mujer estéril pasar su vergüenza yéndose a vivir sola en el
bosque en una casa que heredó.
La joven y triste mujer pasaba las frías noches del altiplano deshecha en lágrimas, y de
día cultivaba el maíz o tejía e hilaba el algodón.
Pasaron varios meses y algo extraño sucedió. La mujer estéril a veces se sentía
mareada, a veces vomitaba, empezó a engordar y creyó tener una rara enfermedad. Resignada
esperó la muerte, pues la vida ya no le atraía después de perder a su amado marido.
Y un día que trabajaba en la huerta casera se sintió muy mal y con dolores en el
vientre y rapidamente fué a la casa y rogó a los Dioses para que se la llevaran.
Cuán extraña sorpresa ver que nació una bella niña, a la cual puso el nombre de
Mayavita. Esto cambió toda su vida y ahora tuvo una razón para existir.
La hermosa niñita fué educada con esmero por su madre que le contaba las leyendas
de los Chibchas y todo lo que la madre sabía.
Pero lo que más interesaba a la niña eran los relatos sobre el País del Eterno Verano,
un país que quedaba mucho más allá de las altas montañas de los Andes.
La madre relataba que los templos de los Dioses se hacían con maderas preciosas que
se traían de árboles gigantescos del país caliente. Un país donde se podía dormir sin mantas, y
dónde no conocían las heladas, ni la escarcha de la madrugada.
También había caimanes en ríos inmensos y peligrosos con muchos rápidos, y
serpientes gigantes. Los cueros de serpientes y caimanes se traían para los caciques Chibchas
en sus grandes ceremonias. Y había muchos venados que corrían por grandes llanos en el país
sin frío.
Cuando la madre trabajaba, Mayavita salía a jugar con los pajaritos, las loras y las
aves. Todos los colibríes y tucanes venían a la niña y se posaban en sus manos o en sus
hombros.
También había un frondoso árbol llamado Grao por el cual sentía la niña una extraña
atracción. El árbol tenía hojas de colores verde, naranja y amarillo y Mayavita pensaba que
era muy hermoso y que era su amigo.
Un día las manos de la niña empezaron a trabajar afanosamente tomando las hojas del
árbol Grao que había sobre el piso y haciendo dos preciosas aves de fantasía. La niña tomó
también hojas verdes y los dos pájaros gigantes quedaron preciosos y de muchos colores.
Cuál no sería la sorpresa cuándo las aves cobraron vida y alzaron vuelo llevando a
Mayavita que más que asustarse gozaba viendo pasar debajo de sí las lagunas, bosques y
sembrados.
Las aves enfilaron rumbo sobre los altos Andes y llevaron a Mayavita al País del
Eterno Verano, allí la niña fué muy feliz viendo los venados y amando las hermosas
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mariposas y pájaros que acudían a admirar la belleza y bondad de la indiecita y que no le
temían.
Mayavita siguió muy amiga de las dos grandes aves mágicas y les enseñó a hablar
como los humanos. Un día ella pensó en su madre y sintió tristeza y ganas de regresar. Les
dijo esto a sus dos grandes amigos con alas, pero estos ya habían hecho nido y tuvieron
polluelos.
Mayavita ayudó a cuidar los polluelos y cuando estos ya estaban grandes y podían
volar, decidieron llevar a la niña de regreso a su casa.
Pero debían pasar de nuevo las altas montañas de los Andes y Mayavita había crecido
y engordado un poco. Fué así como cuando cruzaban sobre unas grandes rocas en lo alto, una
ráfaga de viento hizo que la niña se desprendiera y se estrellara contra las rocas.
La sangre salpicó las aves que se tiñeron de bellísimos colores, y fué hasta el Dios Sol
que se vistió de rojo con la sangre de Mayavita.
Estaban los caciques Chibchas reunidos para adorar al sol cuando llegaron las dos aves
de esplendorosos colores. Los caciques se postraron para adorar las aves, pues tanta belleza
solo podía proceder del Dios Sol y claramente los dos hermosos pájaros eran mensajeros del
Sol.
Las aves narraron la historia de Mayavita y explicaron a los caciques que era la
voluntad del Sol que se le adorase también en sus aves sagradas, las guacamayas, y que se
recordase a Mayavita que se había sacrificado para darle más belleza al mundo y acercar los
humanos al Dios Sol.
Fin
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CEIP “Eduardo Palomo”
¿QUIÉN ROBO LOS PASTELES?
¿Has oído la historia de los pasteles que hizo la Reina de Corazones? ¿Y puedes
decirme qué pasó con ellos?
¡Por supuesto, claro que sí! ¿No es lo que cuenta la canción?
La Reina de Corazones hizo unos deliciosos pasteles
Un día de verano
El Paje de Corazones los robó
El muy villano se los llevó a un lugar lejano.
Bueno, sí, la canción dice eso. Pero no se podía castigar al pobre Paje simplemente
porque sale en una Canción. Había que meterle preso, encadenarles y llevarle ante el Rey de
Corazones para celebrar un juicio como es debido.
Si ahora miras el dibujo grande, el que está al principio de este libro, verás qué cosa
más grandiosa puede ser un juicio cuando el Juez es un Rey.
El Rey está magnífico, ¿verdad? Pero no parece muy feliz. Yo creo que esa corona tan
grande, colocada encima de la peluca, debe resultar incómoda y pesadísima. Pero, claro, tenía
que ponerse las dos cosas para que la gente pudiera notar que era a la vez Juez y Rey.
¿A que la Reina tiene cara de mal humor? Está viendo sobre la mesa la bandeja con
los pasteles que hizo con tanto trabajo. Y está viendo al malvado Paje (¿ves las cadenas que le
cuelgan de las muñecas?) Que se los robó: de manera que no es extraño que se sienta un poco
molesta.
El Conejo Blanco está de pie junto al Rey, leyendo la Canción, para que todo el
mundo sepa lo malísimo que es el Paje: y los Jurados (puedes ver a dos de ellos en su estrado,
la rana y el pato) son los que tienen que decidir si es «culpable» o «inocente».
Ahora te contaré el accidente que sufrió Alicia. Verás, estaba sentada junto al estrado:
y la llamaron como testigo. ¿Sabes lo que es un «testigo»? Un «testigo» es una persona que ha
visto al acusado hacer aquello de que se le acusa, o, por lo menos, que sabe algo que tiene
importancia para el juicio.
Pero Alicia no había visto a la Reina hacer los pasteles ni había visto al Paje llevarse
los pasteles: ni sabía en realidad nada de nada que tuviera que ver con el asunto: ¡De manera
que, desde luego, no soy capaz de explicarte porqué la querían de testigo!
Pero el caso es que la querían. Y el Conejo Blanco tocó una gran trompeta y gritó:
«Alicia!» y Alicia se puso en pie como un rayo. Y entonces... Y entonces, ¿qué crees que
pasó? ¡Pues que la falda de Alicia se enganchó en el estrado de los Jurados, y lo volcó, y
todos ellos salieron despedidos!
Vamos a ver si podemos identificar a los doce. Ya sabes que para formar un Jurado
tienen que ser doce. Yo veo la Rana, y el Lirón, y la Rata, y el Hurón, y el Erizo, y el lagarto,
y el Gallo, y el Topo, y el Pato, y la Ardilla, y un pájaro de pico largo que está gritando justo
detrás del Topo.
Pero sólo van once: nos falta uno.
¡Ah! ¿Ves una cabecita blanca que aparece detrás del Topo, exactamente bajo la
cabeza del Pato? Ya están los doce.
El señor Tenniel dice que ese pájaro que grita es un Cigoñino (naturalmente, tu sabes
bien lo que es eso) y que la cabecita blanca es un Ratoncito. ¿Verdad que es una monada?
Alicia los recogió con mucho cuidado. ¡Espero que no se hicieran mucho daño!
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EL ZORRO Y EL CABALLO
Un granjero tenía un Caballo leal que se había hecho viejo y ya no podía trabajar. Así
que su dueño no le dio más de comer y le dijo:
- Ya no te puedo utilizar más, pero todavía te quiero, si pruebas ser lo bastante fuerte
como para traerme un León, te cuidaré. Pero ahora vete de mi establo. Y así lo hecho a campo abierto. EL Caballo estaba triste, y fue al bosque para
conseguir un poco de refugio contra las inclemencias del tiempo. Entonces el Zorro se
encontró con él y le dijo:
- ¿Por qué estás tan cabizbajo y sólo? - ¡Ay de mí! - respondió el Caballo - Avaricia y fidelidad no pueden vivir bajo el
mismo techo. Mi amo ha olvidado los servicios que le he prestado durante tantos años, y
como ya no puedo empujar la rueda, no me alimentará más y me ha echado. - ¿Sin darte opción? - preguntó el Zorro.
- La opción era peor. - dijo él - Si fuera lo bastante fuerte para traerle un León, me
cuidaría. Pero bien sabe que no puedo hacerlo. El Zorro dijo: - Te ayudaré, limítate a tumbarte, a estirarte como si estuvieses muerto,
y no te muevas. El Caballo hizo lo que el Zorro dijo y el Zorro fue ver al León, cuya guarida no estaba
lejos, y le dijo:
- Un Caballo muerto está tirado ahí fuera, ven conmigo y tendrás un buen almuerzo. El León le siguió y cuando los dos estaban junto al Caballo el Zorro dijo: - Después de
todo, aquí no estarás cómodo. Te diré lo que haremos, te lo sujetaré por la cola y entonces
podrás arrastrarlo hasta la cueva y devorarlo en paz. Eso le gustó al León, se tumbó, y para que el Zorro pudiera atarle el Caballo a la cola
rápidamente, se quedó muy quieto. Pero el Zorro ató las patas del León con la cola del
Caballo y las ató y sujetó tan bien y con tanta fuerza que ninguna fuerza las podría romper.
Cuando terminó le dio un golpecito en el hombro y le dijo:
- Tira, Caballo blanco, tira. Entonces el Caballo se puso en pie de un salto, y se llevó el León con él. El León
empezó a rugir, y rugió tanto que todos los pájaros del bosque salieron volando aterrorizados.
Pero el Caballo lo ignoró y lo llevó arrastrándolo por todo el campo hasta la puerta de su
dueño. Cuando el dueño vio al León, se puso de mejor humor y le dijo al Caballo:
- Te quedarás conmigo y comerás bien. Y le dio de bien de comer hasta que murió.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
WALI Y LA ALFORJA MÁGICA
Erase una vez tres hermanos que vivían en una pequeña aldea, no muy lejos de la
ciudad de Herat.
El Mayor se llamaba Masud, el mediano Hamid y el más pequeño Wali. Sus padres
habían muerto durante una epidemia que asoló la región donde vivían y aunque unos vecinos
se ofrecieron para cuidarlos, los tres hermanos prefirieron partir en busca de sus propias
fortunas.
Los vecinos metieron en una bolsa de cuero todo el dinero que pudieron reunir y los
despidieron con sus bendiciones para su jornada.
Cuando estaban ya muy lejos, pararon al borde de una montaña y se abandonaron al
sueño. Durante la noche Masud tuvo un sueño. Soñó que entre estruendosos sonidos, unas
voces le hablaban diciendo:
-“Masud, Masud, cava en la tierra bien profundo debajo de ti y encontrarás oro”.
Tan pronto como amaneció, Masud corrió a buscar una pala en su equipaje y cavó
hasta encontrar monedas de oro. Entonces llenó sus bolsillos y dijo:
-“Hermanos encontré oro suficiente como para construirme una casa y conseguir una
esposa. Por eso, aquí me despido de vosotros y espero que tengáis tan buena suerte como yo”.
– De inmediato se puso de camino a casa.
Hamid y Wali reiniciaron su marcha, pues pensaban que debían buscar mas allá, para
poder encontrar sus propias fortunas.
Así continuaron su camino un día más y cuando la noche cayó se encontraron delante
de un enorme bosque. Prepararon un lugar debajo de un gran árbol y fueron a dormir. A
media noche Hamid tuvo un extraño sueño en el que oyó el sonido de trompetas tocando y de
voces que decían:
-“Hamid, Hamid, cava en la tierra bien debajo de ti y encontrarás joyas”.
Cuando amaneció, Hamid más que deprisa, cogió una pequeña pala en su equipaje y
comenzó a cavar. Cavó y cavó y cuando despertó Wali, su hermano ya había encontrado un
bote de barro lleno de valiosas joyas de todos los tipos.
-“Hermano” – dijo Hamid – “ahora que encontré mi fortuna regreso a nuestra aldea,
compraré una casa y conseguiré una mujer, como Masud. Por eso, aquí me despido de ti.
Adiós y espero que tengas tanta suerte como yo.
Y por el mismo camino que vino, se fue ahora.
Con la partida de su hermano, Wali se sintió un poco sólo, pero no se desesperó y
siguió caminando por el bosque. Había un camino estrecho con árboles a ambos lados e
imaginó como podría llegar a un claro donde hubiese una pequeña fuente de agua, pues sentía
mucha sed. Más parecía no tener fin aquel pasaje y fue sintiendo que antes de poder atravesar
todo el bosque se moriría de hambre o sed. Se subió entonces a lo alto de un árbol inmenso y
miró en todas direcciones, mas no divisó sino bosque por todas partes.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
Al descender del gran árbol cual fue su sorpresa al encontrar en el suelo una alforja
lindamente trabajada. Como parecía no haber nadie a su alrededor, muy deprisa la registró,
pensando que dentro podría haber alguna comida dejada por el que la hubiera perdido allí.
Pero estaba vacía.
-“¡Oh, que mala suerte!” – se dijo así mismo -“Uno de mis hermanos encontró oro, el
otro joyas, y yo todo lo que pude encontrar fue una alforja vacía. ¡Oh!, si al menos estuviese
repleta de cosas gustosas para comer”.
Y tan pronto como las palabras le salían de la boca, percibió que la alforja, antes vacía,
ahora estaba llena. Cuando la abrió, encontró una gallina asada, uvas, bombones y zumo
fresco en una garrafa. Estaba con tanta hambre que en un instante acabó con todo y se tumbó
relajándose profundamente.
-“Está alforja debe ser mágica” – pensó - “y todo lo que tengo que hacer es ordenar lo
que necesito y ya está”.
Inmediatamente deseó ropas nuevas y en ese instante se encontró un lindo par de
zapatos y una túnica de curo forrada de piel. También pidió unas botas, que en un abrir y
cerrar de ojos aparecieron. Estaba elegante y cómodo y emprendió de nuevo su camino
bosque adentro, con la alforja colgada en su hombro.
Wali no había pedido a la alforja que le proporcionase oro, plata o piedras preciosas,
pues pensó que en un viaje como ese mejor sería no llevar nada de mucho valor por si topaba
con ladrones.
Simplemente, día tras día, caminaba confortablemente recibiendo siempre la comida
que pedía o cualquier cosa que necesitase.
Pasado cierto tiempo, Wali llegó al final del bosque y se encontró frente una fértil
planicie, con grandes árboles batidos por la brisa, llenos de ricas peras, manzanas y toda clase
de ricas frutas.
En la lejanía vio una casa con un jardín lleno de flores a su alrededor.
-“Bien” – pensó – “Por fin podré hablar con alguien”
Tardó poco en llegar, y enseguida estuvo frente la casa llamado a su puerta. Una mujer
gorda, toda cubierta con velo abrió la puerta.
-“¿Podría pasar aquí la noche?, pues ya hace mucho tiempo que no duermo en una
casa, justo desde que salí a recorrer el mundo en busca de fortuna junto mis hermanos.” - dijo
Wali.
-“Pasa” –dijo la mujer - “Tengo un hijo de tu edad y sería bueno para él tener un
amigo, ya que vivimos en este sitio tan aislado. Pero ¿Y tus hermanos? ¿No están contigo?-“Ellos ya encontraron sus propias fortunas “- respondió Wali – “Uno halló oro y otro
piedras preciosas. En cambio yo lo único que pude encontrar fue esta vieja alforja, aunque
también me ha servido bastante bien - y calló pues prefirió no contar nada más sobre la magia
que poseía la alforja para evitar que la mujer lo propagase.
Cuando el hijo volvió del campo la mujer sirvió la mesa. Una vez estuvieron sentados,
la mujer comenzó a quejarse:
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
-“¡Oh que infortunio! No hay carne. Con la excitación de recibir tu visita no cociné
nada más que arroz.”
Entonces Wali dijo:
- “Oh señora no os lamentéis, voy a conseguir un poco de carne para nosotros.” En ese
instante metió su mano dentro de la alforja habiendo deseado antes carne suficiente para los
tres y se la entregó a la mujer
-¿Cómo lo hiciste muchacho?, o acaso ¿eres una especie de mago capaz de extraer de
su alforja aquello que necesita?.
-“¡No, no! Yo soy tan humano como usted o su hijo, solo que poseo un tipo de alforja
algo especial.”
El hijo de la mujer se quedó muerto de curiosidad y decidió indagar sobre aquello.
Resolvió mirar en la alforja tan pronto como el invitado se quedase dormido. Así una vez
llegada la noche, cuando Wali se encontraba dormido junto al fuego, el joven campesino fue
acercándose lentamente hacia él. Examinó cuidadosamente la alforja confiando encontrar todo
tipo de cosas allí dentro, pero cual fue su sorpresa al ver que allí no había nada.
Apesadumbrado volvió a su cuarto.
Wali que lo había visto todo con sus ojos semicerrados, decidió que debía irse cuanto
antes o su secreto sería descubierto y la mujer y su hijo acabarían por robarle la alforja.
A la mañana siguiente dejó la casa muy deprisa partiendo de madrugada. Al poco
tiempo llegó a la cabaña de un pescador, al margen de un río y llamó a la puerta. El pescador,
que estaba dentro arreglando sus redes, abrió un poco sorprendido.
-“Bienvenido joven” – le dijo –“No es común ver gente por estos lugares. ¿De dónde
vienes y hacia donde vas?
-“Vengo de una aldea cerca de Herat”- respondió Wali – “y voy por el mundo en
busca de mi fortuna. ¿Puedo quedarme con usted esta noche?, pues estoy muy fatigado y así
podré descansar un poco.”
-“¡Claro!, quédate por aquí el tiempo que quieras, pues viviendo en esta cabaña tan
alejada no siempre tango ocasión de conversar con alguien.”
Entonces hizo entrar a Wali en su pequeña morada de un solo aposento y le dio un
poco de pescado cocido para comer. Después de conversar un rato, el pescador comenzó a
contarle aquello que había sido el gran disgusto de su vida. El día anterior unos ladrones le
habían raptado a su mujer.
-“Nunca podré recuperarla “- decía con tristeza – “pues no tengo con que pagar el
rescate.”
-“Tal vez yo pueda hacer alguna cosa sobre eso”- dijo Wali – “Si mira hacia el otro
lado y cuenta hasta cien, su mujer será traída de vuelta”
El pescador hizo lo que se le había dicho y cuando Wali abrió la alforja, después de
haber formulado el deseo, allí estaba, saliendo de dentro, sana y salva, la mujer del pescador.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
-“¡Que la misericordia nos rodee!” – exclamó el pescador – “¿Eres alguna especie de
mago o genio para producir una magia como esta?” – y fue a abrazar a su mujer que no
parecía nada abatida por sus desventuras.
-“No” – dijo Wali – “Soy tan humano como usted o su mujer, sólo que poseo un tipo
de alforja un tanto especial.
Y así pasaron toda la noche festejando y celebrando lo que ese día había acontecido. A
la mañana siguiente, cuando había salido fuera de la cabaña a tomar el fresco, Wali escuchó a
la mujer del pescador diciendo:
-“Marido mío, debes coger la alforja de ese muchacho, pues nos sería de gran utilidad.
Ya no precisarías ser más un pescador y podríamos vivir como gente importante.
Cuando Wali escuchó esto, se dio cuenta que debía irse cuanto antes de allí, pues
aquella astuta mujer no descansaría hasta conseguir que su marido se hiciese con la alforja y
en ese caso ¿Qué sería de él?. Por lo que se fue atravesando el puente sobre el río y llegó al
otro lado cuando el sol estaba ya muy alto en el cielo.
Wali estaba ahora rodeado por enormes pinos y por rocas puntiagudas y buitres
sobrevolando por encima de su cabeza. Las rocas se volvían cada vez mayores y el camino se
hacía más difícil bajo sus pies. Llegó un punto en que fue preciso pararse y sentarse, pues sus
botas estaban casi despedazadas y hechas tiras. Era un día muy intenso de calor y el sol ardía
sobre su cabeza.
De repente, le pareció oír a alguien llamando por detrás de unos arbustos:
-¡Socorro, socorro, salvarme, por piedad, salvarme!
Wali dio un salto, puso la alforja en su hombro y fue en busca de aquella voz. Al poco
rato volvió a escucharla y acabó por descubrir a una pobre joven con sus vestidos hechos
harapos y atada de pies y manos, detrás de una gigantesca roca. Tenía sus largos cabellos
negros despeinados y enredados y sus pies estaban descalzos. Wali sacó una navaja de su
cinturón y le cortó las cuerdas de las muñecas y de los tobillos.
-“¿Quién hizo esto contigo?”- preguntó – “¿cómo fue que te dejaron en este estado?”
-“Mi nombre es Zulaika” “Mi padre se volvió a casar el mes pasado y mi madrastra en
vez de ser para mí como una madre, me mando a vivir a la casa de un siervo, pues no podía
soportar mi presencia. Conseguí escapar de aquellas gentes que me mantenían, bajo sus
órdenes, prisionera, pero fui raptada por un ladrón que me robó todas las joyas y me dejó
morir aquí en estas rocas lejos de mi antigua casa.”
-“Que cosa tan afortunada el haber venido por este camino y haberme parado a
descansar mis doloridos pies, pues de lo contrario supongo que nunca hubieras sido
encontrada”
-“Mil gracias te sean dadas. Si me pudieras llevar de vuelta a casa de mi padre estoy
segura de que él te lo agradecería. No queda lejos de aquí.”
-“Te llevaré de vuelta enseguida si me dices como llegar hasta allí”- dijo Wali – “Pero
si me perdonas el atrevimiento pienso que primero deberías vestirte con ropas nuevas”
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
Entonces la colocó en un lugar agradable a la sombra de una roca y pidió todo aquello
que ella podría necesitar. En pocos minutos y ante el asombro de la joven, él saco de su
alforja calzas de seda, un velo color rosa, una túnica y zapatillas doradas.
Cuando salió vestida de detrás de un arbusto con las delicadas ropas parecía una
princesa. Enseguida Wali sacó unos dátiles para que comiese y agua de rosas para lavarse las
manos.
Wali pidió entonces a la alforja un nuevo par de botas para sí mismo y cuando terminó
de calzarse, él y Zulaika partieron rumbo a la casa de su padre.
El sol ya no era tan fuerte y resultaba más fácil caminar. De pronto la joven mostró
una gran fortaleza.
-“¡Oh ¡ Allí está mi casa” – exclamó – “Vamos deprisa, estoy impaciente por llegar y
contarle todo a mi padre.
En poco tiempo Wali estaba llamando a la puerta de la casa. Zulaika cubrió su rostro
con el velo por miedo a que su madrastra la reconociese.
El portero preguntó a Wali con desconfianza que deseaba. La joven le dijo: -“dile que
traes noticias de Zulaika “ – Y Wali así lo hizo.
- “¡Oh noticias de mi pobre patrona!”
Wali y Zulaika se encontraron delante del jefe de la casa, que amablemente les saludó
y les invitó a contar todo sin omitir ni un solo detalle.
- “Señor, su hija Zulaika está sana y salva y en breve estará con usted.”
-“Que maravillosa noticia “ – grito el hombre- “Ya tenía miedo de que mi querida
hijita, la luz de mis ojos, estuviese muerta. Y dígame ¿Cómo la encontró y dónde está ahora
ella?
En ese momento, sin poder contener más las lagrimas, Zulaika quitándose el velo,
corrió a los brazos de su padre. Entonces poco a poco fue contando toda la historia. Cuando el
padre se enteró de la crueldad de la madrastra la envió de vuelta a su pueblo y nunca volvió a
poner los pies en aquella casa.
Al final Wali y Zulaika se casaron y vivieron felices para siempre.
Cada día tomaban de la alforja apenas lo que necesitaban, y por esto nunca les falto de
nada.
Pues aquella alforja había sido hecha de tal manera que si pedían solamente lo esencial
y necesario seguiría sirviéndoles siempre.
De lo contrario, si hubiesen sido ambiciosos y deseado demasiado, la alforja hubiera
desaparecido, para nunca más ser vista.
Fin.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
EL VIRUS
Muchos años después del año 2000 d.c. ...
Orcenix nadaba alegre cerca de una hermosa playa al lado de su hijo, a lo lejos se veía
la verde vegetación de la isla que habían escogido para pasear. Su pareja y sus otros hijos se
habían quedado en el cálido hogar familiar, solo él y su hijo pequeño habían decidido dar ese
paseo.
Orcenix miraba orgulloso como su pequeño hijo nadaba tranquilamente y con gran
maestría a su lado. Desde los primero meses de nacido lo había enseñado, según él, esa era la
edad propicia para aprender a nadar... Y ahora a los cinco años, lo hacía estupendamente.
-Padre –Dice el pequeño- siempre ha sido este planeta tan hermoso como ahora.
-No, no siempre fue así... Hace mucho, pero mucho tiempo, este planeta estuvo en
peligro de muerte.
-Padre, cuéntame la historia de como nos salvamos de morir, de cómo se salvo el
planeta en que vivimos.
-Pero hijo –Contesta Orcenix poco convencido a satisfacer los deseos de su hijo-, ya te
la he contado muchas veces.
-Vamos padre –Insistía el pequeño-, me gusta mucho como la cuentas.
Siempre era lo mismo, a Clink el hijo más chico de Orcenix, le encantaba la vieja
historia, y le insistía a su padre a que se la contase una y otra vez, no había pretexto que lo
convenciera para desistir de su deseo de escucharla, así fuesen mil veces, para Clink siempre
eran pocas. Su Padre lo sabía, así que, decidió satisfacer los locos deseos de su hijo.
-No sé para que quieres que te la cuente, si ya te la sabes de memoria; pero si tanto
insistes, he aquí las palabras que uno de mis antepasados le dijo a su hijo, y éste se la dijo a su
hijo, y así sucesivamente hasta que mi padre me las dijo a mí y ahora yo te las digo: En
aquella época, el hombre conquistó la galaxia, los viajes a los diferentes planetas del sistema
solar eran rutinarios... Pero el costo fue muy elevado. Nuestro planeta quedo devastado.
Contaminación, radiación, miles de especies extintas y basura, millones de toneladas de
basura; y con todo esto llegaron enfermedades nuevas y desconocidas y también hubo una
gran escasez de alimentos...
-¿En los océanos también hubo escasez de alimentos? –Interrumpió Clink-.
-Así es. –Contestó pacientemente Orcenix-. En todo el planeta faltó alimento, además
de estar convertido en un inmenso deposito de chatarra, desperdicio y basura. Pero eso no fue
lo peor, los hombres de aquellos tiempos, instalaron bases en otros planetas del sistema de
nuestro sol, y en ellos también crearon inmensos contenedores de basura... ¿Te imaginas?,
después de casi destruir este planeta empezaban a echar a perder los demás... ¡No habían
aprendido la lección! Y volvían a cometer los mismos errores.
-Pero padre, dime como se limpió este planeta, y como volvió a florecer la flora y la
fauna.
-Hijo, no seas impaciente, ¡Si ya lo sabes!, ¿porqué me interrumpes?... Como te decía,
el planeta era un caos, las enfermedades mataron muchos hombres, pero no solo los humanos
las sufrían, sino todas las especies; estas enfermedades eran causadas por la gran cantidad de
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
virus desconocidos que se desarrollaron... Tiempo después llegó un mensaje de otra galaxia
cercana, este mensaje causó un gran alboroto...
-¿Porqué causó tanto alboroto?
-Porque uno de los principales objetivos de los hombres de aquellos tiempos, era
encontrar vida inteligente en otro planeta que no fuera el nuestro... ¿Me dejas continuar?
-Perdón, padre.
-Los grandes científicos descifraron el mensaje y decía: “Habitantes de inteligencia
superior del tercer planeta del sistema solar, no decaiga su ánimo y esperanza, pronto los
sanaremos del mal que les aqueja, eliminaremos los mortales virus que los atormentan, y
limpiaremos de impurezas su bello planeta, espérenos. Somos sus cohabitantes universales,
seres del quinto planeta de la galaxia de Andrómeda. Las paz del universo sea con ustedes”.
Se pusieron muy contentos de descubrir vida fuera de este planeta y esperaban impacientes a
los nuevos visitantes para que les ayudaran a solucionar sus errores.
-Padre, ¿estos seres de la galaxia Andrómeda fueron los que nos salvaron de los
virus?.
-Así fue –Contestó pacientemente Orcenix, sabiendo que su hijo ya conocía la
respuesta-. Como te decía los hombres de aquella época esperaron a los extraños visitantes...
Cuando llegaron... Jamás imaginaron que serían exterminados... Primero destruyeron sus
bases en los otros planetas del sistema de nuestro sol... Para cuando los antiguos humanos
quisieron reaccionar, fue demasiado tarde... Las naves de los seres atacaron a los humanos y
los exterminaron.
-¿En realidad eran muy malos los hombres de aquella época?.
-¡No te imaginas cuánto!... Por poco y destruyen este planeta.
-¿Y eran muy poderosos?
-¡Mucho!
-¿Y porqué los destruyeron tan fácilmente?
-Por orgullosos, ellos siempre pensaron que eran los únicos seres inteligentes... Nunca
pensaron que el mensaje iba dirigido hacía todos los habitantes de este planeta, pero no hacia
ellos... Una vez exterminados, los seres de la galaxia de Andrómeda, restituyeron de vida al
planeta y nos lo dejaron encargado... El virus mortal del tercer planeta de nuestro sistema
solar fue la raza humana... Pero gracias a nuestros cohabitantes universales fueron
eliminados... Ahora regresemos, que tu madre nos espera en nuestro hogar.
Orcenix nadó hacia mar adentro, lanzando un potente chorro de agua por su espalda...
Clink, la pequeña ballena, hijo de Orcenix, nadó orgulloso atrás de su padre.
FIN
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
¡VAYA BANQUETES!
Había en una aldea lejana dos animalitos que vivían en sus casitas, una frente a otra.
Uno de ellos se llamaba don Cigüeño Zanquilargo. Su vecino, don Zorillo Chungoncete, era
un zorro que siempre estaba urdiendo bromas para divertirse a costa de los demás.
- Cómo me arreglaré para burlarme de don Cigüeño? -cavilaba el zorro. Estuvo
pensando y pensando, y finalmente halló la solución.
- Don Cigüeño -dijo un día al pescador, acercándose hasta él-, somos vecinos, pero
apenas nos hablamos más de lo indispensable. No le parece que no está bien? Por mi parte,
deseo que entablemos una gran amistad, y como prueba del mejor deseo que me guía, le
invito a usted a comer en mi casa.
- Me parece una idea excelente, señor vecino. Cuente conmigo. Le parece bien
mañana?
- Estupendo, don Cigüeño! Mañana le espero a usted sentado a la mesa.
- Así, cuando, al día siguiente, se presentó el invitado don Cigüeño, encontró sobre la
mesa dos grandes platos de natillas.
- Oh, natillas! Con lo que a mí me gustan las natillas... ! -exclamó, haciéndosele el
pico agua.
- Pues, adelante -dijo riendo el zorro-. Empecemos a comer!
Y comía y comía. Pero no así el infeliz don Cigüeño, que picaba en el plato, pero no
conseguía retener en su largo pico la golosina.
Don Cigüeño Zanquilargo picaba y picaba, ansioso del dulce festín; pero inútilmente.
Aquel largo pico no lograba coger la más pequeña porción del apetitoso manjar. Las
carcajadas de don Zorillo se oían desde la calle.
Por fin, don Cigüeño se marchó de la casa de su vecino, conteniendo su mal humor. Y,
entretanto, la risa del burlón zorro sonaba más y mejor.
Transcurrieron dos o tres días, y una tarde que el burlón zorro se paseaba por la
alameda, vio llegar junto a ´l a don Cigüeño, que le dijo:
- Señor don Zorrillo: tengo preparadas dos raciones de natillas que están diciendo:
"Comedme". Quiere venir y las saborearemos tranquilamente?
- Natillas...? Son mi bocado predilecto! -aprobó el zorro-. Vayamos allá, amigo don
Cigüeño. Precisamente hoy no he logrado encontrar caza y estoy en ayunas desde ayer.
- Hemos llegado a mi casa -dijo a este punto don Cigüeño-. Pase usted y sentémonos a
la mesa.
Penetró don Zorrillo en la casa, pero bien pronto desapareció de su rostro el gesto de
contento, al echar una mirada sobre la mesa. Allí había, sobre el limpio mantel, dos altas
jarras de estrecho cuello, conteniendo la sabrosa comida.
- Siéntese el señor don Zorrillo y empecemos a comer -ofreció el amo de la casa, al
tiempo que introducía el pico por el estrecho cuello de una de las jarras y comenzaba así a
saborear su contenido.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
El zorro daba vueltas alrededor de la otra jarra. No podía meter el hocico por la
estrecha abertura, y sufría viendo las natillas tan próximas a su lengua y, al mismo tiempo, tan
lejos de ella.
Y empezó a lamer el cristal de la jarra, ya que no podía hacer mejor cosa, preguntando
después a don Cigüeño:
- No tiene usted, señor vecino, alguna otra cosa que darme para postre de este convite?
- Sí -contestó el otro, terminando de comerse las dos raciones.
A continuación abrió un cajón de la mesa, y, sacando un paquete, se lo entregó a don
Zorrillo. Al abrirlo éste, vio que dentro de él había solamente un cartel que decía: Donde las
dan, las toman.
Escarmentó desde entonces y ya nunca volvió a burlarse de los demás.
FIN
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
LOS TRES PEREZOSOS
Érase una vez un padre que tenía tres hijos muy perezosos. Se puso enfermo y mandó
llamar al notario para hacer testamento:
Señor notario -le dijo- lo único que tengo es un burro y quisiera que
fuera para el más perezoso de mis hijos.
Al poco tiempo el hombre murió y el notario viendo que pasaban los días sin que
ninguno de los hijos le preguntara por el testamento, los mandó llamar para decirles:
Sabéis que vuestro padre hizo testamento poco antes de morir. ¿Es que
no tenéis ninguna curiosidad por saber lo que os ha dejado?
El notario leyó el testamento y a continuación les explicó:
- Ahora tengo que saber cual de los tres es el más perezoso
Y dirigiéndose al hermano mayor le dijo:
- Empieza tú a darme pruebas de tu pereza.
- Yo, -contestó el mayor- no tengo ganas de contar nada.
- ¡Habla y rápido! si no quieres que te meta en la cárcel.
- Una vez -explicó el mayor- se me metió una brasa ardiendo dentro del zapato y
aunque me estaba quemando me dio mucha pereza moverme, menos mal que unos amigos
se dieron cuenta y la apagaron.
- Sí que eres perezoso -dijo el notario- yo habría dejado que te quemaras para saber
cuánto tiempo aguantabas la brasa dentro del zapato.
A continuación se volvió al segundo hermano:
- Es tu turno cuéntanos algo.
- ¿A mí también me meterá en la cárcel si no hablo?
- Puedes estar seguro.
- Una vez me caí al mar y, aunque sé nadar, me entró tal pereza que no tenía ganas
de mover los brazos ni las piernas. Menos mal que un barco de pescadores me recogió
cuando ya estaba a punto de ahogarme.
- Otro perezoso -dijo el notario- yo te habría dejado en el agua hasta que hubieras
hecho algún esfuerzo para salvarte.
Por último se dirigió al más pequeño de los tres hermanos:
- Te toca hablar, a ver qué pruebas nos das de tu pereza.
- Señor notario, a mí lléveme a la cárcel y quédese con el burro porque yo no tengo
ninguna gana de hablar.
Y exclamó el notario:
- Para tí es el burro porque no hay duda que tú eres el más perezoso de los tres.
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CEIP “Eduardo Palomo”
LA SUPERBRUJA
La Bruja despertó de su sueño de varios siglos, se desperezó largamente y ya en pie se
miró en el espejo y dijo:
-¡Qué suerte! Estoy tan horrible como siempre. No, mejor aún. Estoy más fea que
nunca. ¡Qué hermoso! ¡Cuántas arrugas y granos tengo en la cara! Soy fea, muy fea, tan fea
que hasta yo misma me asusto al mirarme al espejo. ¡Magnífico! Sigo siendo, sin duda, la
bruja que más aterroriza y, espero, la que más maldades comete por minuto. En esto, a decir
verdad, no tengo competidoras. La bruja del cuento de Blancanieves al lado mío es un poroto.
¿Qué digo? Un microbio. Yo soy una Superbruja: la bruja más bruja.
Y, colocándose en la cabeza el bonete de bruja, agregó: -¡Qué bueno! tengo ganas de
hacer los peores hechizos, los más malignos. Voy a echar primero una mirada para ver como
anda el mundo. La última vez que me dormí, los hombres se deleitaban quemando brujas en la
hoguera. Quizás ahora haya mejorado nuestra situación laboral.
La Bruja salió con su escoba a recorrer el planeta y, de pronto, vio pasar un "jet", y
exclamó: -Vaya ¡qué bien se alimentan los pájaros en este tiempo! ¡Cómo han crecido y qué
hermosa armadura de metal llevan! Me gustaría hacer lo mismo con mi cuervo. Pero espero
que después no haga, como éste, tanto ruido al volar.
Más adelante la Bruja divisó una ciudad y gritó: -¿Qué veo allí? No lo puedo creer.
Una ciudad con casas que han crecido hasta las nubes. Y están todas juntas. Unas al lado de
las otras. Y eso.¿Qué es eso? parecen carruajes sin caballos y corren enloquecidos por las
calles .Me parece que esta vez dormí unos cuantos siglos de más. Dormí mil años, por lo
menos. ¡Qué sueñito largo tuve! ¿no?
La Bruja descendió a aquélla ciudad, se acercó a un transeúnte y le preguntó:
-Dígame, señor, ¿Cómo es qué andan esos carruajes sin caballos? ¿Cuál es el hechizo?
-Mire, señora, su disfraz es muy bueno, pero no tengo tiempo para perder con bromas.
¡Taxi! ¡Taxi!
La Bruja quedó atónita viendo al hombre correr tras uno de esos carruajes sin caballos,
y se dijo:
"¿Taxi? ¿Taxi? ¿Será una palabra mágica? Trataré de recordarla".
La Bruja comenzó a caminar y se encontró, de pronto, frente al escaparate de un
negocio de artículos electrónicos. Le llamó poderosamente la atención un televisor encendido
que estaba proyectando una película del Lejano Oeste. Vio la escena de un ataque de indios a
una diligencia, y expresó: -Ah, no yo quiero saber cómo lograron meter a toda esa gente y a
todos esos caballos dentro de esa cajita.
Entró al negocio y le manifestó al vendedor:
-Señor, ¿cuál es el hechizo de esta cajita?
-¿Hechizo? ¿Hechizo? No, no conozco esa marca.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
-Ah, usted tampoco me quiere responder. No se preocupe, yo lo voy a averiguar lo
mismo.
La Bruja metió la mano dentro del aparato y, lógicamente, se produjo lo que se podía
esperar: una terrible descarga eléctrica. La descarga le dejó carbonizados todos los cabellos y
electrificados los ojos. Por lo cual, comenzó a lanzar chispas por ellos y a maldecir, y
dirigiéndose al vendedor, dijo:
-Me vengaré de lo que me han hecho. En usted descargaré primero mi ira.
Hizo un pase mágico con su varita y, al instante, el vendedor se quedó en calzoncillos
y medias agujereadas.
La Bruja salió del negocio echando humo, diciéndose: " Me vengaré de todos los que
habitan en esta ciudad. Les haré una tremenda maldad. Van a llorar. Les envenenaré el agua".
Cuando llegó al río vio las aguas y, sorprendida, se dijo:"Huy, no puede ser. Alguien
se me adelantó e hizo el trabajo por mí. No importa. Envenenaré el aire, ya verán lo que es
bueno". Olfateó el aire con su nariz curva (que tenía un grano más grande que un tomate) y se
lamentó: "Pero no puede ser, alguien se me adelantó también en esto. ¡Qué fastidio! Ya sé.
Envenenaré los mares, los peces, las nubes, el suelo, los animales, las plantas, los bosques, las
selvas" .
La Bruja se dio cuenta, de inmediato, de que algo extraño ocurría. Cada vez que iba a
consumar uno de sus hechizos, comprobaba que alguien se le había adelantado para hacer su
maldad.
Se rompía la cabeza preguntándose quién habría sido capas de adivinar sus maléficos
pensamientos. Hasta que, finalmente, alguien le explicó que las brujas quedaban pequeñas en
esa época y que los hombres se habían convertido en los brujos más terribles: los brujos de la
contaminación. Su brujería era la peor que podía imaginar cualquier bruja, porque ella
conducía a la autodestrucción de la especie.
La Bruja riéndose con aire de victoria, aseveró: -Yo seré bruja, pero no tonta. Una
bruja protege a otra bruja y a la hermandad de las brujas. Pero el hombre de este tiempo busca
destruir a toda la humanidad. ¡Qué brujería más descabellada! Para mí el hombre de esta
época no es más que un brujazo tonto, un archibrujo tonto, un príncipe de brujos retonto.
La Bruja se alejó con su escoba y volvió a su negra morada para dormir otros siglos.
Después de todo, eran mejores las pesadillas que ella soñaba que aquellas que los hombres
vivían en ese tiempo.
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
RAPUNZEL
Habia una vez una pareja que hacía mucho tiempo deseaba tener un bebé. Un día, la
mujer sintió que su deseo ¡por fin! se iba a realizar. Su casa tenía una pequeña ventana en la
parte de atrás, desde donde se podía ver un jardín lleno de flores hermosas y de toda clase de
plantas. Estaba rodeado por una muralla alta y nadie se atrevía a entrar porque allí vivía una
bruja.Un día, mirando hacia el jardín, la mujer se fijó en un árbol cargadito de espléndidas
manzanas que se veían tan frescas que ansiaba comerlas. Su deseo crecía día a día y como
pensaba que nunca podría comerlas, comenzó a debilitarse, a perder peso y se puso enferma.
Su marido, preocupado, decidió realizar los deseos de la mujer. En la oscuridad de la noche el
hombre cruzó la muralla y entró en el jardín de la bruja. Rápidamente cogió algunas de
aquellas manzanas tan rojas y corrió a entregárselas a su esposa. Inmediatemente la mujer
empezó a comerlas y a ponerse buena. Pero su deseo aumentó, y para mantenerla satisfecha,
su marido decidió volver al huerto para recoger mas manzanas. Pero cuando saltó la pared, se
encontró cara a cara con la bruja.
"¿Eres tu el ladrón de mís manzanas?" dijo la bruja furiosa.
Temblando de miedo, el hombre explicó a la bruja que tubo que hacerlo para salvar la
vida a su esposa.
Entonces la bruja dijo, "Si es verdad lo que me has dicho, permitiré que recojas
cuantas manzanas quieras, pero a cambio me tienes que dar el hijo que tu esposa va a tener.
Yo seré su madre."
El hombre estaba tan aterrorizado que aceptó. Cuando su esposa dio a luz una pequeña
niña, la bruja vino a su casa y se la llevó. Era hermosa y se llamaba Rapunzel.Cuando
cumplió doce años, la bruja la encerró en una torre en medio de un cerrado bosque. La torre
no tenía escaleras ni puertas, sólo una pequeña ventana en lo alto. Cada vez que la bruja
quería subir a lo alto de la torre, se paraba bajo la ventana y gritaba: "¡Rapunzel, Rapunzel,
lanza tu trenza!Rapunzel tenía un abundante cabello largo, dorado como el sol. Siempre que
escuchaba el llamado de la bruja se soltaba el cabello, lo ataba en trenzas y lo dejaba caer al
piso. Entonces la bruja trepaba por la trenza y se subía hasta la ventana.Un día un príncipe,
que cabalgaba por el bosque, pasó por la torre y escuchó una canción tan gloriosa que se
acercó para escuchar. Quien cantaba era Rapunzel. Atraído por tan melodiosa voz, el príncipe
buscó entrar en la torre pero todo fue en vano. Sin embargo, la canción le había llegado tan
profundo al corazón, que lo hizo regresar al bosque todos los días para escucharla.Uno de
esos días, vio a la bruja acercarse a los pies de la torre. El príncipe se escondió detrás de un
árbol para observar y la escuchó decir:"!Rapunzel! ¡Rapunzel!, ¡lanza tu trenza!"Rapunzel
dejó caer su larga trenza y la bruja trepó hasta la ventana. Así, el principe supo como podría
subir a la torre.
Al día siguiente al oscurecer, fue a la torre y llamó: "¡Rapunzel!, ¡Rapunzel!, "¡lanza
tu trenza!"El cabello de Rapunzel cayó de inmediato y el príncipe subió.Al principio
Rapunzel se asustó, pero el príncipe le dijo gentilmente que la había escuchado cantar y que
su dulce melodía le había robado el corazón. Entonces Rapunzel olvidó su temor. El príncipe
le preguntó si le gustaría ser su esposa a lo cual accedió de inmediato y sin pensarlo mucho
porque estaba enamorada del príncipe y porque estaba deseosa de salir del dominio de esa
mala bruja que la tenía presa en aquel tenebroso castillo. El príncipe la venía a visitar todas
las noches y la bruja, que venía sólo durante el día, no sabía nada. Hasta que un día, cuando la
bruja bajaba por la trenza oyó a Rapunzel decir que ella pesaba mas que el príncipe. La bruja
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PLAN LECTOR 2006-07 (CUENTOS)
CEIP “Eduardo Palomo”
reaccionó gritando: "Así que ¿has estado engañándome?" Furiosa, la bruja decidió cortar todo
el cabello de Rapunzel, abandonándola en un lugar lejano para que viviera en soledad.
Al volver a la torre, la bruja se escondió detrás de un árbol hasta que vió llegar al príncipe y
llamar a Rapunzel. Entonces enfurecida, la bruja salió del escondite y le dijo: "Has perdido a
Rapunzel para siempre. Jamas volverás a verla". Por lo que el principe se quedó desolado.
Además, la bruja le aplicó un hechizo dejando ciego al principe. Incapacitado de volver a su
castillo, el principe acabó viviendo durante muchos años en el bosque hasta que un día por
casualidad llegó al solitario lugar donde vivia Rapunzel. Al escuchar la melodiosa voz, se
dirigió hacia ella. Cuando estaba cerca, Rapunzel lo reconoció.
Al verlo se volvió loca de alegría, pero se puso triste cuando se dio cuenta de su
ceguera. Lo abrazó tiernamente y lloró.Sus lágrimas cayeron sobre los ojos del príncipe ciego
y de inmediato los ojos de él se llenaron de luz y pudo voler a ver como antes. Entonces,
felizes por estaren reunido con su amor, los dos se casaron y vivieron muy felices.
FIN
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el árbol del ruiseñor