Relatos pueblerinos
Ricardo Moreno Galeano
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2009. Ricardo Moreno Galeano
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Relatos pueblerinos
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ÍNDICE
ÍNDICE ......................................................................................................... 2
LA GRU ....................................................................................................... 3
LAS HERMANAS CRITI .................................................................. 5
TRASTORNOS DE LA GORDURA ........................................ 8
LA OPERACIÓN DE MI NIÑA .................................................. 11
LA PELMAZA DE LA ABUELA................................................. 13
AL CORAZON POR LA OLLA .................................................. 16
PETUNIA .................................................................................................. 19
MI BAR ....................................................................................................... 22
BIOGRAFÍA ............................................................................................ 24
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LA GRU
Me llamo Conchirri Lagartiloba, y les voy a relatá lo que me pasó el mes pasao,
por obra y gracia de los gamberros de mis niños, yo tengo cinco y ocho gatos, más las
moscas que son como de la familia, mis dos hijas mayores ya tienen los ojos en los
novios y me dan poco la lata; pero mis tres chicos, son tres huracanes que no dejan
una flor viva, son matricula de honó en romper y ensucia, y cero en estudios,
educación y finos modales, en fin, tres cromos repes que nadie quiere para su
colección. Como les digo, a primeros del pasao mes de septiembre, concretamente el
día uno a las siete de la tarde, estaba yo en la calle tomándome un poquito de café
charlando con mi vecina, Paca, cuando de repente como un bombazo que resonó en
toda la calle, y a Paca le entró hasta hipo, se escuchó un tremendo ¡CLOOOM!
Procedente de mi casa; yo con la permanente tiesa del susto y temiendo cualquier
cosa mala porque de mis niños no se espera nunca na bueno; salí corriendo pallá,
encontrándome la lavadora que me regaló mi suegra, y que era la envidia de la calle
porque me dejaba la ropa como la cal, tirada por el suelo y destrozá, y a mi Julito
llorando cuajao de chichones, a mí me bajó la tensión y el colesteró, les grité:
“¡Bicharracaaaaaaaa, que habéis hecho con la lavadora!”; me contaron que jugaban
al ascensor, ataron la lavadora de carga superió con una cuerda, pasando el otro
extremo de la soga por uno de los palos del techo del tinglao, uno se metia en la
lavadora y los otros dos tiraban subiendo la lavadora hacia el techo, y cuando mejor se
lo pasaban la soga hizo ¡RAS! y mi Julio se pegó el lavadorazo, dejándome la maquina
retorcia y sin arreglo, me quité la chancla y agarrando a mi Julio por el flequillo, le di
más que a una estera, los otros dos salieron corriendo a esconderse en el ropero, no
pa la chatarra quedó la lavadora linda.
Mi vecina Paca que me habia seguio, al ver mi lavadora despachurrá, me dijo
que, como el cacharro había quedao que no lo arreglaba ni un milagro de Lourdes, no
echara ni una lagrima por el sino que me comprara una lavadora superatropatica GRU
como la suya, que lava, secar, te recoje la ropa, te la plancha, te la guarda en el
armario, vamos, un primor de lavadora, solo le falta que me decia, hacernos el potaje,
las camas y limpiarnos la casa, y nosotros tó el día por ahí de boleo y descansas. Tan
bien me habló de la lavadora que no lo pensé más, yo tambien queria otra Gru como la
suya que me lo haga tó y yo sentá viendo la novela, por lo que a la mañana siguiente
cogí a mi hija la mayor Marga, y nos fuimos a la ciudá a comprarla.
Cuando lleguamos a la tienda le solté al dependiente: Quiero una
superatropatica GRU, la más dura de la tienda a prueba de vándalos. Después de
reirnos un rato y a mi Marga quitarsele el bochorno, porque yo no se decir,
superatropatica, o como sea, el vendedor me mostró toas las GRU de la tienda, de tos
los tamaños y colores, hasta las habia que lavaban con música de discoteca que a mi
Marga le encantó, pero yo elegí una de las tradicionales porque a mi la musica disco
no me va, si me cantara pasodobles todavía, en fin, le insistí al vendedor si estaba a
prueba de los niños más gamberros de la provincia, a lo que él me aseguró que ni una
bomba nucleá le haría cosquillas. Mi Marga me pidió que le comprara una batidora pa
su ajuá, a lo que le repliqué que se la comprara ella, en vez de irse los domingos a
comer churrasco. La compra qued´po hacha y quedamos en mandarmela pronto a mi
casa, y que ya mi marío pondría el deo con tinta en las letras pa pagarla a plazos. Tres
días después me trajeron la lavadora y me la instalaron, mis vecinas que siempre
están al noveleo, cuando el camión de la tienda se fue, toas vinieron disparás a
olisqueá y toqueteá la compra, toas admirás me decían: “¡que linda es, que linda, y
que marca más buena! ¡Que bien sabes comprá, gorriona!”. Yo explotaba de gusto y
estaba encantá con mi Gru, a mi prole les encantó y yo les advertí que no la rozaran ni
con la sombra, o probarian la tranca de la puerta, mi Julio me preguntó si la GRU
hacía bocatas de chorizo ibérico.
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Al rato llegó mi Marga con el novio, que traía una chaqueta más antigua que la
catedrá de Burgos, y con más mugre que el rabo de una vaca, mi Marga le dijo:
“¡Niñoo, que chaqueta con más roña llevas!¡trae pacá que la lave en mi Gru!” Metió la
chaqueta en la lavadora, y el aparato empezó a dar saltos por el portal como una
cabra, mi Marga horrorizá, me vino corriendo a la cocina donde hacía yo el almuerzo,
gritando: “¡Mama, mama, que se escacharra la lavadora sin que hayamos pagao ni
una letra!” Yo salí tirá encontrándome a la lavadora brincando como una loca diciendo
que quería volverse a la tienda, menos mal que logré pararla y sacarle la ingesta
chaqueta antes de que palmara. Después mi hija Yolanda, le metió unos leotardos que
hacía tres inviernos que no se quitaba, y mi Gru empezó a carraspeá y a tosé sin
contró, mudando hasta de coló, yo que me enteré del resfriao de la lavadora corrí a
pararla, y a mi niña le dí unos alpargatazos hasta en el paladá, prohibiéndole que se
acercara a mi Gru, pa que le volviera la salú a mi lavadora, tuve que darle medio bote
de jarabe pa la tos y un frenadó, a este paso me iban a matá al pobre cacharro el
primer día de su llegada.
Por la tarde, mis niños que corren y saltan por tos los callejones revolcándose
por lo más sucio, se fueron a jugar al regajo, cayéndose mi Alfredo en el agua negra y
apestosa, poniendose de barro podrío hasta las cejas, sin que yo lo viera porque sabía
lo que le esperaba, se quitó la ropa y la echó en la lavadora, entonces mi Gru se lió a
pegá botes como una endemoniá, y a echá espumarajos negros, dando arquéas de
fatiga y asco, que me pensé que al fin expiraba pa siempre, la Grau echó a correr y se
escondió bajo la cama, a tirones pudimos sacarla que no queria ni a tiros y volverle al
lavadero, a mi Alfredo no le vi el flequillo hasta la hora de la cena, yo que lo esperaba
con la chancla en la mano le dejé el culo echando humo. Tambien esa tarde, llegó mi
marío del bar, tirandose un puro de medio metro, yo que estoy hasta el moño de sus
toses y escupitajos le pegué un chillío corralero, que me tiró el purazo dentro de la
Gru, al cabo de una hora pegó la lavadora un ¡BOOOOOOOOM! tan ensordecedó,
que no quedó ni un pájaro en el pueblo, y ni un gato en los tejaos, el explotío de la
lavadora me levantó el techo del lavadero,y la puerta de la Gru cayó en el nido de la
cigüeña del campanario, la Gru quedó irreconocible e irrecuperable pa la existencia, la
lavadora ni me duró ni un día con mi gente, toas las vecinas estaban escandalizás.
Y aquí estoy, pagando las letras y sin lavadora que me refriegue. Me ha dicho
mi Marga que se privará de los churrascos, mi Yolanda de ir a la disco, y mi marío que
le dio la puntilla, se privará de los puros, pa comprarme otra lavadora barata, espero
que no sea de pedales, sino va a lavá quien yo me sé.
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LAS HERMANAS CRITI
Las hermanas CRITI, son dos rancias solteronas, altas, huesudas, de canos
roetes y vestidas de negro, a ellas no les mola la tele ni la radio, ni leer el periódico,
tampoco hacer punto ni ganchillo, ni dormir la siesta. Su desenfrenada pasíon es echar
el ojo por la ventana y ver al que viene, al que va o estornuda, para ponerlo verde de
arriba abajo, viven las hermanasen un destartalado caserón en la plaza mayor, con
amplios ventanales idóneos para el fisgoneo. Cada día tras el almuerzo con un ojo en
la ventana, rezan a la Virgen el rosario, dejando a medias más de un avemaría, pues
percibiendo el más minimo sonido en el exterior vuelan a la ventana a saciar su
curiosidad, sería imperdonable se perdiesen cualquier sucedido en la calle, antes
prefieren un cólico al hígado, son el terror del “ganao” vivo.
Aquella tarde, hallabase Trini la más joven de las doscomo de costumbre
sentada junto a la ventana, curioseando y acariciando a su ngro gato, que le
ronroneaba en el regazo, cuando se le acercó su hermana Laura, dijo:
-
-
-
-
Trini niña, acabo de caer en la cuenta que ya hace una semana que falleció la
prima Bernarda, y no hemos io a consolar a su hija, pobrecilla, siento como la
conciencia me pega gritos por el olvido, tó el vecindario nos criticará y con
razón, hemos de remediarlo al punto.
Tienes razón Laura, -le respondio Trini- no tenemos perdón, la criatura
desconsolada y nosotras sin aparecer, ¿Qué pensará de la familia? Aunque
estoy segura que purita nos comprenderá, pues estamos tan ocupadas
vigilando que ningún gamberro haga alguna guarrería en nuestra plaza, porque
tú sabes que los municipales vigilan menos que un buho de escayola, vaya
prendas.
Cierto querida, pero yo no puedo aguantar más, es necesario que vayamos a
consolar a Purita, además, necesito saber y ver, en que ambiente soltó el
último vaho la querida prima, si había moscas, si olía a establo, si pringue en la
cocina…
¡Tienes razón querida, yo ya estoy que no vivo! –afirmó también Trini
impaciente- Ahora mismo me pongo derecho el roete y nos vamos disparás a
curioseá, digo a consolá, pobre Purita, que mal lo pasará hija mí.
Al poco rato, ambas hermanas agarradas del brazo oliendo a colonia de baño
caminaban por la calle hacia la vivienda de su pariente, los vecinos al verlas movían la
cabeza preguntándose, a donde irian las dos urracas.
Con gestos, compasivos, suspiros y palabreria de consuelo, las Crit.
Irrumpieron en el hogar del familias, las hermanas se abrazaron a la doliente que se
hallaba acompañada de dos vecinas, Laura le decía consoladora:
-
Resignación querida, es ley de esta vida ingrata, pero debes sentirte muy
orgullosa de tu madre porque era muy religiosa, muy buena y muy limpia, el
Señor la tendrá en la gloria, aunque siempre Dios se lleva a los buenos y deja
aquí a los bicharracos, pero él sabrá porqué..
Acto seguido, las hermanas se sentaron en la sala con la reunión, dirijiendo sin
mucho disimulo sus miradas hacia la lámpara, cortinas, muebles, suelo, contando
hasta las moscas que entraban y salían a su aire, Trini, soltando un suspiro que voló el
paño de la mesa,dijo:
- No somos ná en este mundo, tanto trabajar, ahorrar, bailar, cantar, comé
gambas, criticá, murmurá pa dejarlo tó, esta vida es de asco, por eso tenemos
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que aspirá a las cosas eternas de Dios, que nunca se nos acabarán, cuando
estemos en la gloria podremos reir, cantar, fisgar, murmurá pa siempre, qué
felicidá…
Dime querida –habló Laura fingiendo arrascarse el pie, y hurgar bajo la falda de
la camilla- ¿tu madre te habrá dejao algunos ahorrillos en el banco?
Poca cosa –respondió Purita- ella disfrutaba repartiendo el dinero a sus hijos y
guardaba poco.
Muy bien que hacía –dijo ahora Trini, a la vez que miraba si descubria alguna
araña en los rincones- nosotras de tener hijos hariamos igual, le dariamos el
corazón, pero como no tenemos es tó pa nosotras, que vamos a hacer, la vida
es así, nuestra herencia se la dejamos al gato, es tan coscon y lindo, nos lanza
cada maullio de alegria cuando nos ve, es un amor de gato.
Yo también soy de la opinión, -habló una de las vecinas- que lo que una tenga,
se lo debe dejar a quien le de amor y compañía, y cuando ya no pueda le pinte
los labios y la lleve a la peluquería.
¿Verdá que si querida?... volvió a decir Trini, después añadió- Perdona que te
incomode Purita querida, pero me ha entrado una sed desertica, sino te
importa voy a la cocina a tomar un poco de agua.
No te molestes, yo te la traigo. –le dijo Purita.
¡De ninguna manera! –la detuvo Trini- tú te quedas atendiendo las visitas,
hasta ahí podiamos llegar, yo sé muy bien donde está el grifo.
Trini salió corriendo de la sala, pues lo que deseaba era fisgar en la cocina, a ella
se encaminó cual exploradora a descubir misterios fascinantes, que lo era para una
cotilla diplomada como ella, con ojos como tazones hurgó todos los rincones, hasta el
hueso del jamon tras la puerta. Cuando retornó con la reunión con una mirada de
complicidad, dijo a su hermana que la inquiría y escudriñaba curiosa: “Espera que te
cuente, te vas a quedar con los leotardos colgando”. Laura dijo:
-
-
Sabemos que echarás de menos a tu madre querida, pero tienes la alegría de
tus cinco niños, y de tu marío que es muy bueno y trabajadó, además nos
tienes a nosotras palo que se te ofrezca ¿verdá Trini?
Puedes contar con ello querida, tó lo nuestro incluso las deudas son tuyas.
Todos rieron la salida de Trini, ahora Laura pidio:
-
Querida, me gustaría ver la habitació donde fallecio la prima, ¿sería ello
posible? Quiero empaparme de tó lo suyo
La doliente accedió a la petición, y tras ella corrieron las hermanas ansiosas de
curiosear, Purita les abrió el cuarto y las Crit. Con las pestañas de par en par, dirijian
las hambrientas pupilas a todos los rincones, naturalmente nada fue de su agrado,
todo lo hallaron rancio, apolillao, percochao, de pesimo gusto, de ambiente afixiante e
higienico, Laura, sofocada por para ella horrenda vista, dándose aire exclamó:
- Purita guapa, no puedo soportarlo más, me embarga la emoción por nuestra prima,
necesito tomá un poco el aire, Trini querida, acompañame al corral un momento. Con
el pretexto de la emoción y el sentimiento, las dos hermanas salieron al corral con
intención de continuar la exploración, que era lo que deseaban y les daba alegría de
vivir. Con aspavientos y abriendo las bocas de nefasta y desagradable impresión,
olisquearon bajo las tejas, en el pozo, los tinglados, en el cubo de la basura y hasta en
el corral de la vecina, nada les resultó bonito, alegre ni perfumado, hasta el canario
que en su jaula trinaba feliz, les pareció basto y cateto. En un rincón en que dormía la
perra loba de la familia soñando con un hueso de jamón, un olor a apestosas
comadrejas la despertó, abriendo los ojos el animal descubrió a las Criti, con la
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pelambre de punta y mostrando la caja de dientes mordedores, la perra pegó un salto,
echando a correr con furibundos ladridos tras las hermanas, quienes temiendo por
sus esqueletos salieron gritando pidiendo socorro hacia la calle, Purita y sus vecinas
se partían de risa, premiando con un rosco de vino a la perra, por librarlas de aquellas
brujas.
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TRASTORNOS DE LA GORDURA
Por la ventana abierta, se coló una danzarina mariposa mensajera de la primavera, a
su sutil revoloteo se paseó por la habitación, y observando a Conchirri que reposaba
en una butaca, quiso acercársele juguetona, pero la chica que no estaba para juegos
agarró el matamoscones dispuesta a mandarla al otro barrio sin confesión, pero la
mariposa que no tenia antena de tonta, conociendo al funesto aparato salió disparada
por donde había entrado, escandalizada de la mala leche que tienen algunas gordas.
Conchirri, jovenzuela oronda cual mesa camilla, empotrada en la butaca se dolia en
silencio de su desgracia, como era estar etiquetada como la foca del pueblo, sin poder
bailar agarrado con los chicos debido a sus temidos pisotones. Tampoco podía
participa en el concurso de miss primavera pueblerina, por exceso de pecho, cintura y
tonelaje. Sentíase echada del mundo juvenil y supermoderno, al no encontrar pantalón
que no le estallara, vestidito que le luciera, ni zapatito tacón de aguja último grito que
la aguantara. Sus amigas como espigas y con novio, y ella sola cual gallina clueca sin
gallo que le cantara versos a la oreja. Dos mil veces se había puesto a dieta pero de
nada le servían, ya que a la media hora de iniciarlas y en llegándole el delicioso aroma
a cocido de la cocina, la dejaba al punto relamiéndose volando desesperada hacia la
olla, y es que los potajes, la “pringá” y los pasteles eran su locura, y su madre guisaba
con tanto arte y sabrosura... En estas meditaciones se absorbía, cuando una vaca
salerosa rumiando forraje se asomó por la ventana, la cual viéndola tan
descuajeringada lanzóle un sonoro ¡MUUU! Para animarla, a lo que Conchirri
respondió:
-
Gracias Filomena por tu consuelo, pero el que peses 5 kilos más que yo no me
anima “ná”, en tu mundo vacuno no existen modas discriminadoras de las
gordas, ni chicos guapos que te miren cual tonel de taberna. No sabes la
suerte que tienes Filo. La vaca se alejó rumiando bajo el sol primaveral,
dejando a la joven entre suspiros de resignación.
Varias semanas más tarde comenzaron las fiestas de primavera, y Conchirri luciendo
un nuevo vestido talla gigante, zuecos de suela reforzada, y bolso de plástico a juego ,
salió con sus amigas dispuesta a pasarlo cañón. Era ya a mitad de la velada cuando la
oronda muchacha agotada de rocanrrolear en la disco y hacer temblar las baldosas,
que deseó salir y recrear la vista paseando entre los puestos de pasteles, y entre ellos
deambulaba cual en el séptimo cielo, cuando se fijó en algo que le llenó toda la vista, y
le puso a cien el corazón. Tratábase de un joven forastero guapo y de pronunciados
michelines, que algo apartado estaba sentado solo y con cara de agobio. La
muchacha jubilosa, sintiendo que al fin le había caído el gordo en su vida, adquirió una
docena de pasteles para invitarlo e iniciar la relación, acercándose soñadora y
animosa le dijo:
-
Hola tio, te veo “aburrio” con cara de “estreñio”, Anda anímate con un pastelazo
de estos.
Gracias nena, pero estoy a dieta, -respondió osco el chico-. La gordura no es
buena compañía.
Conchirri, sorprendida y cortada dijo:
-
-
Vaya hombre que casualidad, ejem ejem, también yo estoy a dieta desde
ahora, así que los dulces irán al bolso “pa” empachar al gato. Bien esto… pues
mayamos a tomar un refresco.
No puedo, llevan azucar y engorda, gracias.
Pues unas cervezas con doble raciónde adobo.
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-
Tampoco, el alcohol y las frituras atocinan también, y deja ya de hablar de
comida chata.
Bueno no te pongas así. En tal caso podríamos dar un garbeo lejoos de los
pasteles, las gambas a la parrilla, los calamares con limon…
El muchacho, levantose de un salto y exclamó:
-
¡Vamos, vamos donde tu quieras! Con tal de que te calles y dejes de provocar
mi paladar.
Se alejaron del centro de la fiesta, y charlando tomaron confianza contándose sus
problemas.
-
-
Es necesario estar delgado y ágil, -dijo el joven-. De lo contrario te quedas en
ayunas en tantos placeres destinados a los espigaos.
Estoy de acuerdo cariño mio digo amigo mio, pero me desinflo “toa” viendo en
mi plato una lechuga mal “aliñá”, y a mis hermanos atracándose de flan con
galletas, “aderezao” con canela, caramelo y…
¡Calla esa boca tentadora! –cortó el chico en seco-. Pero no te había dicho que
no me hables de comida, parece que disfrutas martirizándome.
Que va chico perdona, sin querer la golosa imaginación, voló cual mosca al
arroz con leche.
El muchacho relató donde vivía, donde trabajaba, y la parcela de castaños que poseía,
Conchirri saltó:
-
¡Pues si probara mi tarta de castañas con miel, almíbar, y nata montada que…
¡Otra vez! –exclamó el joven con la boca hecha agua- ¿es que no sabes hacer
mas que poner la mesa?
Perdona hombre es que yo…
Procuraron alejar el tema, comentando el chico su afición a tocar la guitarra, Conchirri
replicó:
Yo prefiero el trino de los pájaros mientras contemplo las vacas pastar, e
imaginando los sabrosos quesos que mi madre hace, y con mermelada están…
- ¡Pero es que no te enteras tia! –cortó de nuevo el muchacho molesto-.
- ¡Oh, lo siento! He vuelto a meter la lengua sin querer, -se excusó la chica
mordiéndose el labio-.
Prosiguieron con el paseo charloteando, cuando repentinamente a Conchirri se le
abrieron de par en par las narices, olfateando un olorcillo que le hizo brincar todas las
glándulas salivares, exclamando con relamidos irrefrenables:
-
¡Jamón ahumado, chorizo a la brasa, lomo a la pimienta, tortilla campera, ay
que rico tooo!
- ¡Basta, bastaaaaa, no lo soporto más! –aulló el joven alteradisimo-. Esto es
superior a mis fuerzas y a mi estómago berreante.
Conchirri cayó en cuenta de que nuevamente había metido su patorra, quedando
abobaliconada de disgusto, imaginando tan prometedora relación irse a pique cual
barco apolillado, pero el chico continuó exclamando con aspavientos:
-
-
¡Al carajo la dieta, la moda y los suspiros por estofado de cerdo, porque estoy
“enamorao” de tus guisos, de tus pasteles, de tu gordura y hasta de tu madre, y
si estamos juntos que importa el mundo! ¡Viva el amor, los michelines y la
buena mesa “abarrotá” de embutidos!
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-
¡Así se habla amor mío! –gritó Conchirri dando un salto y tirando el bolso al
aire-. Me has hecho la gorda más feliz del pueblo, vayámonos a mi casa a
ponernos como el kiko.
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LA OPERACIÓN DE MI NIÑA
Soy Fernanda la langosta, me llaman así porque una es saltarina y vivía pa tó, les voy
a relatá lo que pasé con mi hija Alfonsa cuando se fue a operar de un grano que le
salió en la oreja, pareciéndole que tenía un pendiente de bisutería, cada vez que se
miraba al espejo se deprimía toa, porque ella las alhajas solo las acepta de oro
macizo. Algunos de sus novios cuando le regalaban algo de plata los echaba a patá de
la casa, diciéndoles que tan birriosa joya reflejaba su birrioso amor por ella, en fin, mi
Alfonsa es de esta tela y de ella no hay quien haga carrera, es ella la que hace correr
a quien no vaya por su ley y voluntá.
Yo la acompañé el día del ingreso, cuando subimos a la planta del hospital me dijo que
no le gustaba aquella planta, que la encontraba arcaica, fea, incómoda, que allí se
aburría como una mona con reuma, porque no tenia discoteca, ni cine en
tridimensioná, que no se que porra será eso, ni bingo, ni na pa pasarlo traca, que sino
fuera por el grano de bisutería que la tenia enrrabietá, sin poder presumí de oreja
elegante, quemaba la planta y se largaba, a lo que yo le repliqué, que aquello era un
hospital pa curarse y no Las Vegas ni Las Islas Canarias. Cuando llegamos a la mesa
de las enfermeras, pa que nos arreglara el ingreso y nos diera la habitación, una
enfermera jovencita y muy mona, le tomó algunos datos y nos pidió esperásemos un
momento en la sala de espera, pallá nos fuimos sentándonos en sillones de plástico,
mi Alfonsa que fuma como una drogá, se fumó medio paquete sin que la enfermera
nos llamara pa la habitación, de tanto esperá el pompi se nos entumeció, pasó una
hora y mi niña aburria y desesperá, se arrancaba hasta las mechas del peinao, con las
uñas roias de esperá al fin explotó mi Alfonsa como una olla express, y dando un
brinco del plástico duro, dando gritos apaches salió de la sala, gritando que estaba ya
hasta el mismo moño de esperá, yo que la conozco porque la he pario, le dije que a
donde iba arremangá, y con esos modos tan poco refinaos de cabrera, temiendome
que arrastrara a alguien por los pelos me fui tras ella, con grandes zancadas y con los
brazos en jarra como una señora vaca llegó al mostradó, y viendo a la misma
enfermera jovencita muy cómoda leyendo un libro, mi niña echándose llamas por la
boca le soltó, que ya tenía hasta el moño entumecío de esperá y ella allí tan fresca
leyendo, que como ella tenia el culo muy cómodo no se acordaba de las que estaba en
el plástico duro, que en los hospitales de la Seguridad Social había muy poca
vergüenza, que ella le pagaba el sueldo con sus sudores con la fregona, y se merecía
toas las atenciones del universo y que le besara el suelo que pisaba.
Ante la vaca de mi Alfonsa creo que a la enfermera se le fue las ganas de lee, creo
que hasta de respirá, y pa quitársela de encima pegó un bote del sillón arreglándolo tó
en un vuelo, después nos acompañó al cuarto, en el que había dos enfermas ya
operás en la cama. Mi Alfonsa que es un manojo de nervios, se aburría allí como una
leona enjaulá, se asomaba veinte veces al pasillo, se paseaba por el cuarto arriba y
abajo mareando hasta a las moscas, no quería leé tebeos, ni revistas, ni periódicos, no
quería acostarse un rato, pa matá el aburrimiento solo fumaba y fumaba como una
desesperá, soltando tanto humo que ya en el cuarto no se veía ni las camas, las dos
enfermas tosiendo como locas y a mi niña le daba lo mismo, yo temiendo que las
mujeres echaran los puntos por la boca y se murieran asfixiás toas, abrí de par en par
las ventanas pa que salieran el forrerón y a mi niña le quité el paquete de tabaco y lo
tiré a la calle; mi Alfonsa pataleó y se quería tirá por la ventansa pa cogerlo como una
loca, menos mal que la agarré por los collares y me la llevé pa el pasillo.
Por las habitaciones venía un vendedó arrastrando un carro, con toas clases de
chucherias, tabaco, tebeos y revistas, que los enfermos compraban pa distraerse, a mi
hija le compré catorce paquetes de pipas pa que se entretuviera, y tirando cáscaras
estuvimos en la puerta del cuarto hasta que llegó el almuerzo. Nos dieron una bandeja
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que me llevé pa la mesilla de noche, cuando mi Alfonsa la abrió, poniendo hocico de
gran asco, dijo que la comia no era de su agrado, no le gustaba el olor, no el color, la
probó y tampoco el sabor; gritando ante las dos compañeras de cuarto que asombrás
la miraban, que bastante tenía con está allí enclaustrá y aburria, y agobia, pa que le
dieran una comia tan asquerosa, de tan poca calidá y exquisité, que ella queria el libro
de reclamaciones pa prostestá y armá un superescándalo, que ella queria una carta de
restauran pa elegí el almuerzo que le apeteciera, a mi se me puso la cara colorá de
bochorno ante la fiera de mi niña, no se que pensaría las dos enfermas de nosotras,
pero seguro que na bueno ni galante, le advertí a mi hija, que aquella era la comia que
había, que se la comiera o se quedaría con el estómago berreando, porque no
pensaba bajar al bar a traerle sus caprichos, por lo que no tuvo más remedio que
tragá, aunque estuviera sosa, yo también comí.
Cuando se acabó el almuerzo nos volvimos a asomá al pasillo pa distraernos, por ellos
iban y venían los médicos y las enfermeras, cuando las enfermeras del turno de la
mañana ya se marchaban, mi Alfonsa las miraba con disgusto y me parece, cierta
envidia, cuando pasaban frente a ella, mi niña descará como ella sola les soltó:
-
¿ya os vais bando de galgas? ¿ya habéis terminao hoy de arrastrá las
chanclas por el pasillo y gastá el escay de los sillones? ¡Anda que no estáis a
gusto, unas arriñonás con la fregona pa ganá una miseria y otras dais cuatro
pastillas y ponéis dos inyecciones y se acabó, a leé novelas como fieras! Este
mundo es un asco.
Las enfermeras asombrás ante el sermón de mi hija, sin responderle palabra se
marchaban cuchicheando, yo como un tomate de vergüenza me metí pa el cuarto, una
de las enfermas me dijo, que mi niña le parecía un poquito rebelde, a lo que le
repliqué, que lo que le hacía falta con urgencia era un buen trancazo en las cervicales,
porque me abochorna donde la llevo, la mujer me dijo, que pese a tó, se lo estaba
pasando bomba con mi niña.
Pa la merienda le trajeron un tazón de leche y cuatro galletas, mi Alfonsa como una
jabata me advirtió, que no pensaban oler aquella merienda pa viejas, que o le iba al
bar a por un bocata de chorizo y una coca-cola, o tiraba la bandeja por la ventana; yo
pa impedir que nos montara otro nuevo chou, me merendé yo las galletas y la leche, y
después le bajé al bar a por lo que quiso, las dos enfermas tronchaban con mi hija
más que con la Lina Morgan, pero a mi no me hacía ni pizca de gracia, porque por
donde va da el espectáculo.
A la mañana siguiente, le quitaron el pendiente de bisutería osea el grano, y nos
volvimos a casa quedando las dos compañeras de habitación aburrias, tó salió bien
gracias al cielo. Y esto es tó, espero hayan disfrutao del temperamento de mi niña, que
llama la atención por donde el tacón de aguja, y no precisamente por su glamú y
finura.
Relatos pueblerinos
Ricardo Moreno Galeano
12
LA PELMAZA DE LA ABUELA
En la última calle del pueblo y en la última casa de la dicha calle, vive el matrimonio
Trompicones con sus dos hijas Claudia, la mayor, y María Jamaica, la pequeña, ésta
última es un modelo de orden, disciplina y educación, con matrículas de honor en el
cole y hablando cuatro idiomas, más el pueblerino a la perfección, sus padres están
locos con ella porque sabe que llegara alto y ellos piensan subir con ella. En cambio
Claudia es otro cantar, ella tranquilota, independiente, desobediente, no quiere nada
con la cultura ni complicaciones, con cartilla escolar de bochorno, dejó la escuela al no
pasar de 2º curso, por lo que sus padres perdida toda esperanza que aprendiera el
abecedario de carrerilla, la pusieron a ayudar en casa, cosa que tampoco iba del todo,
pues en su inteligencia preclara opinaba, que la vida era corta para pasarla moviendo
la escoba. En estos menesteres solo a base de alpargatazos de su madre o dejándola
sin postre funcionaba, ella, sencilla como un geranio solo deseaba sentarse en el
umbral a ver la gente pasar, y la informaran de los sucesos y novedades pueblerinas,
así es ella, así es feliz.
Era ya bien entrada la mañana bajo el cielo azul del verano, cuando despegó las
pestañas legañosas Claudi, saltando de la cama se vistió, se calzó las chanclas, se dio
un cepillazo en los rizos y bajó a la cocina a desayunar, extrañada que en la casa no
se percibiera el sonido del fregoteo doméstico, se preguntó que pasaría, en la mesa de
la cocina halló una nota que lo aclaró, el papel decía: “Claudia, me voy con tu hermana
al médico porque le ha salió una llaga, no calientes el umbral tan temprano, dedícate
al menos a matar las moscas”. La joven volvió a dejar el papel en la mesa pensando
que habría tiempo de arrearle al mosquerío, le dejaría disfrutar más tiempo de la
mugre, ella iba a desayunar.
Satisfecha del desayuno, Claudia se disponía a divertirse practicando su máxima
afición, por lo que saliendo a la calle se sentó en el umbral a esperar novedades, de
momento estaba vacía, solo vio pasar un huesudo galgo “adornao” de garrapatas, que
se detuvo frente a ella con mirada lastimera, a ver si le echaba un solomillo ibérico con
patatas, mas viendo que la joven le hacía menos caso que a un papel “arrugao”, optó
por largarse con el hambre a otra parte. Claudia, sentada en el umbral aguardaba sin
prisa, cuando descubrió un nubarrón en el horizonte que le puso los rizos de punta, le
volaron las ganas de palique y le caía una depresión dicho nubarrón caminaba por la
calle apoyado en su bastón, era su abuela paterna que se acercaba como un
relámpago, la chica deseaba meterse en su casa y pegar a la puerta un cerrojazo,
haciendo ver que no estaban, pero la vieja ya le había echado sus cristales de lince y
no podia escurrirse, si lo hiciera, la abuela aporrearía la puerta hasta hacerla astillas
para el brasero, menuda las gastaba la cuatro ojos con el garrote. Desde que el
médico le dijo a la mujer que estaba a punto de ser diabética, la anciana y su bastón
se pateaban cuarenta veces diarias el pueblo, cosa que aprovechaba para visitar a su
larga prole y tomarse algún tentempié, la abuela llegando junto a su nieta le preguntó:
-
¿Qué haces sentá tan temprano? No me extraña que te estés poniendo com
una vaca. ¿Dónde está tu madre?
¡Ha io al médicoooo! –le gritó malhumorada Claudia, pues la abuela de
tímpano endeble, solo oía lo que le convenía y daba parné, como el bingo.
¡A por un borrico! –se sorprendió la anciana- ¿y pa que quiere ella ese bicho?
¡Que no, al médico, al medicoooo!
¡Ah al médico!, ¿y pa qué ha io?
¡Con mi hermana, que tiene una llagaaaa?
¡Pa tu hermana que es una vaga! Pues te ha dejao a ti, y tú hija mía gandula…
Relatos pueblerinos
Ricardo Moreno Galeano
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Claudia se tiraba de los pelos de rabia ante aquella vieja metomentodo, deseando
despeinarle el roete de un peñascazo, pero educada y civilizada se contuvo, de nuevo
a grito limpio le volvió a decir:
-
-
¿y tú a qué has veniooo?
No hija, hoy no ha llovio, -respondió la abuela con su oreja chunga- yo estoy en
planta desde las seis de la mañana, ya he freago, barrio, limpiao, echo mi
cama, lavao, y me he pateao tres veces el pueblo, y no ha caio ni una gota.
¡que no, que tu que quieres!
¡que voy a queré nieta! Desayuná como Dios manda, desde ayer no he clavao
la muela en ná.
La joven, agobiada y resignada al mal rato que debia pasar, se levantó del umbral para
ayudar a su abuela a entrar en la casa, tomándola por el brazo la condujo hasta el
comedor sentándola, seguidamente entró en la cocina a prepararle el desayuno, en
ello estaba, cuando la anciana desde la mecedora le pidió:
-
¡nietaaaaa, ponme la radio pa escuchá el cante de la tierra que me alegre el
día, y me invitea taconeá!
Sin hacerle mucho caso, Claudia desde la cocina gritó:
-
¡la radio está averiaaa!
¡que la habéis tirao ya, pero si estaba nueva! –replicó la anciana con el
tímpano a su aire- ¡tiráis las cosas nuevas pa comprá otra, ya podiais haber
vivio en mis tiempos donde no tirabamos ni la piel del plátano, la guardabamos
pa cocinarla al chilindrón, no como hoy, que tiran el bocadillo de jamón a la
calle porque no saben que es pasá necesidá, ni dormir miná de pulgas.
La chica mandándola a freir espárragos no le respondió, al poco rato le colocó ante el
hocico “arrugao” una cazuela de café migado de pan, que a la abuela le devolvía su
saltarina juventud, dándole irrefrenables deseos de saltar las vallas, escalar el
Moncayo, tirarse en parapente y arrearle un par de bastonazos en los riñones a su
vecina Paca, a la que hacía seis meses le prestó un huevo y no se lo habia devuelto.
Cucharada tras cucharada la abuela zampaba el café migado, desde la puerta de la
cocina Claudia la miraba roer y tragar, poniéndola de vuelta y media por lo bajo y bajo
las pezuñas de las cabras. Cuando arrebañó la cazuela, como aun sintiera hambre
pidió un taco de queso y una barra de pan, luego pidió postre, arramblando con toda la
fruta de la casa a excepción de un melón, que la chica ocultó en el horno, cuando al fin
terminó y tras obsequiar a Claudia con media docena de estruendosos eructos, la
anciana muy satisfecha habló:
-¡Ay niña! Que bien me ha sentao este tentempié mañanero, porque estaba esmayaita
que ya no podia ni con la berruga, yo también quiero ir al médico uno de estos días,
porque me noto una mijilla desganá, no tengo ganas de guisá, me gusta más comer
fuera, creo que me estoy volviendo comodona. Bueno nieta, me voy a seguir con mi
garbeo, saluda a tu madre y dile que volveré pronto.
La abuela se levantó de la mecedora y tomando su bastón se encaminó a la calle,
Claudia, sin reprimirse le fritó:
-¡Adios, so lagarta!
A lo que la anciana volviéndose le dijo:
Relatos pueblerinos
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-
¿Qué le pasa a mi falda? Sepas que la llevo desde que Dios se llevó a mi
Rosendo, que no me la quito ni pa ducharme y con ella pienso plantá el tacón
en el otro mundo, no como las pendonas de hoy que no tienen respeto por ná.
Se marchó la anciana, y Claudia se desahogó cerrando la puerta de tal portazo, que
resonó en la calle como la explosión de un butano.
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Ricardo Moreno Galeano
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AL CORAZON POR LA OLLA
Me llamo Juan Palomo Desplumao, soy propietario de un pequeño circo ambulante
herencia de mis padres, con el que nos ganamos el pan, las alubias con chorizo,
ademas de divertir al populacho que tambien da satisfacción.
Me han pedio bajo pago de unos cuantos billetes de euros, que les cuente algo que
considere interesante de mi vida de transhumante, y un servidor que pa ganá el tinto
del almuerzo hace lo que sea, añado, siempre que ello sea honrao y de ley, y sobre to
si se trata de darle a la lengua que no es cosa que canse, y sentao como es en este
asunto, aun mejor. Bueno, y paso a relatarles uno de los sucedios más relevantes en
mi vida, que me la mudó de rumbo, de aroma, de sabor, de horas de siesta que ahora
son menos, porque no me dejan los bullangueros crios, en fin, me lo cambió tó y pa
bien.
Recuerdo que era veranno cuando llegamos al pueblo próximas de las próximas
actuaciones, lo recuerdo aparte por el calor, porque na más llegar a la población me
picaron tres avispas, dieciocho mosquitos y una garrapata. Tras el permiso de la
alcaldía, instalamos el circo con to la moneria abanicandose en una explanada junto al
pueblo, los siguientes que vinieron a darnos la bienvenida fueron las moscas
acompañando una enorme piara de cabras y al cabrero, jamás había visto tantas
moscas juntas, por suerte se fueron acompañando a las cabras, sólo nos dejaron las
pestilentes pelotillas negras del ganao caprino, que las chicas del circo y el enano con
las narices tapás, se apresuraron a limpiar con las escobas, pronto se fue el feo olor y
quedó el aire puro.
Al poco toa la chiquillería del pueblo apareció y los jubilaos, curioseando las jaulas de
los animales, especialmente la de los monos que son los más simpáticos, los nenes
guasones en vez de echar a los monos las avellanas, se las comían, arrojándoles las
cáscaras, cosa que a los sensibles animalitos les indignó, por lo que respondian a la
mofa recibida, sacándoles la lengua, tirándose peos, los chicos en vez de ofenderse
se doblaban de la risa. Nuestra atracción estelá son los piojos funambulistas,
despertando por to los lugares donde actuamos, oleadas de admiración y aplausos,
con expcepción debo decir de los cegatos y miopes que al no poder verlos, protestan
pidiendo se les devuelva el dinero de la entrada, a lo que les replico que no es mi
culpa, que se compren una lupa, en fin, las cosas.
Pasado el mediodía ya está la carpa montá y to listo pa la función de la noche, los
demás componentes de la trupe circense reposaban o dormían la siesta, yo me
dispuse a dar el almuerzo a los monos, plátanos de canarias, espinacas con
garbanzos que las relamen hasta las pulgas del rabo, y papas aliñás que les refresca,
de postre les doy unos cacahuetes con los que explotan de placé; cuando hacía esto,
me percaté por el rabo del ojo de la negruzca presencia de una zagala, era delgá
como el palo de una escoba y la pelambre tiesa que miraba emboba, pensé que tal
vez tuviera hambre y ansiaba roer los cacahuetes de los monos, me dio lástima y le
pedí que se acercara, pa darle un puñao; pa que se me ocurrió decirle ná, la muy
ingrata como si le hubiera entrao de repente la rabia, empezó a coger piedras del
suelo, arrojándomelas a mi y a toa la moneria a la vez que nos gritaba si nos
habíamos creído que ella era una de mis monas esmayás, que ella era mujer de alta
cuna con edredón de plumas, y poseía terrenos de petróleo y un chalé en la costa; yo
corrí a esconderme tras una valla antes que me acertara en tó el craneo; los monos
horrizaos ante los peñascazos no sabían donde meterse pa que no les diera; cuneado
la chica apuró toas las piedras de la explana, echó a corré y desapareció.
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Yo pude salir del escondite, y la moneria bailaba por sevillanas, por haberse librado de
la fiera de las piedras sin hacerles ni un chichón, ni quitarles las ganas de rascarse. Al
poco rato, me hallaba en la tumbona saboreando unos tomates en aliño y leyendo el
diario que le volví a ver la tiesa pelambre a la zagala, estaba otra vez mirándome tras
unos postes de luz, con temor de empeorar las cosas decidí ignorarla,
concentrándome en la lectura, pero ella ante mi fingida ignorancia, no sé de donde se
apoderó de un cencerro vacuno, sembrando de estruendosos tolones el sereno aire
estival, el cencerro además de a medio circo, despertó a mi perra galga Cleo, que
sobresalta por el ruio, y disgustada por sacarla de su sueño reparadó, pegando ladrios
furibundos y sancando su afilá dentadura, echó a correr hacia la chica dispuesta a
dejarla sin peroné, pero la experta lanzadora de piedras en vez de temblá como una
hija de otoño, ágil y felina se apoderó de un ladrillo, tirándoselo al perro en las
costillas, y dejándola tiesa en un grito de doló; los dolorosos chillios de la perra arruinó
la siesta a medio pueblo, yo indignao por los quejaos de mi perra y los problemas que
me creaba aquella fulana desconocía, cojí el palo más gordo que encontré dispuesto a
peinarla y sin fijadó pero ella como una lagartija en primavera salió dispará y se
escapó; a mi pobre Cleo tuvimos que hacerle el boca a boca pa que resollara ,
además de escayolarla toa, al animalito le dolía hasta el hocico, vaya tiparraca la tia.
Pasaron unas dos horas, yo me afeitaba en mi carromato, cuando el agrietao espejo
me devolvió una imagen familiar y puñetera, la de la negruzca chica que otra vez me
contemplaba desde una de las ventanas, furioso corrí pa agarrarla de la melena, pero
tras lanzarme un avioncillo de papel, desapareció; recogí el papel desdoblandolo y
tenía esta escritura: “Barrigón de mis amores, príncipe de los michelines, desde que
en tu figura de butano me he fijao y en tu endeble pelo rizao, de tu planta toa me he
enamorao. Te espero arreglá y perfumá en el lugá de nuestro primer encuentro, la
jaula de los monos, si no vienes me deprimiré toa, abriré la jaula y le daré a la monería
pasaporte pa la selva.” Entonces tiré la cuchilla y con la cara enjaboná corrí pa la jaula
de los monos, antes que aquella loca me buscara la ruina, y dejá de caé en la jaula me
la encontré comiendo un helao, y a los monos apretujaos en un rincón temiendo por su
existencia, porque aunque la chica ahora estaba peiná y arreglá, y debo reconocer que
se la veia menos negra y más mona, los animales habian reconocio a la lanzadora de
pedruscos, ella dijo que se llamaba Cati, y que me amaba ya pa toa la vida y mas allá,
que estaba segura que yo tambien la amaba, a lo que yo le repliqué que estaba
borracha como un tonel de tinto, que no me causara mas prolemas y se fuera con sus
amores a refrescarlos al río, porque ella era muy escuchumizá y negruzca pa mi gusto,
a lo que me respondió que tenía medías de maniquí cotizao, y que me daría más
mimos que un banquero al ganador de una primitiva, yo le volví a repilicá que se
largara a su casa y me dejara en paz a mí y a mis monos, que me los iba a matá de
susto, y ella me volvió a decir que cuando probara los garbanzos con pringá que ella
cocinaba, yo me sentiría mejor que un rey y los monos en la gloria. Yo dándome
cuenta de la hora que era y solo tenía una patilla afeitá, puse fin a aquella ridícula
conversación mandándola a freir espárragos, me fui y la dejé allí plantá.
A aquella función de estreno acudió to el pueblo, ni un gato se la quiso perder,
fue un completo éxito de público y billetes, digo taquilla. Según costumbre de tos los
lugares, la gamberra chiquillería rajó la lona de la carpa pa colarse sin pagá, pero el
enano Pirindolo experto en triquiñuelas pueblerinas, los esperaba con los brazos
abiertos y la bota puesta, pa arrojarlos fuera de una patá en la nalga. El respetable
aplaudio mucho la actuación de los monos fumadores, de los payasos, de Encarni la
encantadora de serpientes, pero el bombazo como en to los lugares donde ibamos
fueron los piojos funambulistas, la carpa se venía debajo de aplausos, vítores y
silvidos, la gente enloquecía con ellos, les pedía autógrafos, querían hacerse fotos,
vamos, el despiporre total. Como un bombo de satisfacción, me dirigí a mi carromato
pa cambiarme, pero cuando empujé la puerta, que me extrañó que estaba abierta , me
pareció me había equivocao de lugá, to estaba cambiao, olía diferente, me lo habían
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revolucionao tó, en el lugar de la cama encontré el armario, en el de la mesa un sillón,
en el de la tele un florero, ene. de las moscas, pringue y telarañas, brillo y pulcritú,
sobre la hornilla en lugar de la vasija del aliño un puchero humeando, despidiendo un
aroma que despertaba los cinco sentios, y hasta a la momia de la pirámide, no puedo
negá que aquel ambiente acojedó y escamondao me supo a gloria celestial, entonces
Cati, que raspaba un perol tiznoso se volvió a mi y me dijo, que ahora vería lo que era
vivir sin mugre ni garrapatas, y lo que era comer en condiciones y no tomates aliñaos
como los grillos, pero aquella chica sin permiso se había colao en la intimidá de mi
carro y me había tirao el aliño, por lo que mi orgullo gitano se reveló y le grité que
aquello era una violación y que jamás me había pasao na igual en la vida, libre y
andariega que llevaba, y que un hombre no vende su corazón a la primera que le
guisa garbanzos y le quita las telarañas, por lo que agarrándola de un brazo la arrastré
pa la puerta, entonces ella, posando sus ojos en los míos con una mirada tan dulce
que me empalagó la voluntá, me susurró, que probara primero sus garbanzos con
pringá, y después se iría con la noche, igual que un bello sueño imposible; ya no pude
resistir ni negarme más, ella me hizo sentá a la mesa poniéndome al cuello la
servilleta, me sirvió su comida y sentí tanto placer en mi barriga, digo estómago, que
me lo tragué tó sin respirá, lamiendo después el plato, y entre eructos de gusto y
satisfacción, me encontré diciéndole guapa, guapa, te amo te amo, recitándole versos
como: Eres un tesoro, me gustas más que los retretes de oro de los moros.
Reconozco que fui un pelín ordinario pero a ella no le importó, le besé la mano y el
suelo que su alpargata pisaba, proponiéndole de inmediato matrimonio sin ajuar ni ná,
a lo que ella se negó, dijo que ella iría al altar como una gran señora, sin que le faltara
un encaje.
Una semana después nos casamos, Cati invitó a tó el pueblo y hasta a las
golondrinas, que no dijeron que no. Fueron nuestros padrinos Encarni de las
serpientes y el padrino, preguntó el señor cura que donde estaba, a lo que respondí
que lo tenía junto a sus rodillas, era el enano Pirindolo. Al convite quiso Cati que
acudiera toa la monería, pa compensarla de los soponcios que les hizo pasá, y la
galga Cleo, pa que le perdonara el ladrillazo en las costillas; también vinieron los
piojos funambulistas, que animaban con sus picores a los invitaos, tó resultó
estupendo sin que sobrara ni una rodaja de chorizo, a los monos les chiflaban las
gambas. Desde entonces debo reconocer, que al corazón se le conquista también por
el estómago, al menos el mío quedó tirao a los pies de mi Cati, con la dentellá del
primer garbanzo.
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PETUNIA
Es Petunia, una chica veinteañera, romántica, charlatana, y sin novio en el horizonte,
es su ideal de vida casarse, tener hijos y un gato, una casa en propiedad sin trampas
en el banco, y los fines de semana dejarle los nenes a la suegra, para con su marido
largarse al bar a inflarse de gambas y adobo. El problema está en el noviazgo la chica
es un pelin exigente, no se conforma con un jornalero pobretón, ni un bruto que huela
a cabra, se limpia la boca en la manga ni lance sonoros eructos, ella desea un tipo
refinado, delgado y a ser posible bien colocado, pero dichos especimenes en el pueblo
no so sobran, o están ya pescados por una lagarta según ella.
Era la mañana de un sábado veraniego, ya el calor se comenzaba a percibir y
las moscas a sus anchas volaban vigilando la nevera, y los mosquitos agazapados
tras las cortinas aguardaban la noche, para volver a ponerse como el Kiko de rico
plasma. En la casa de Petunia, además de la olla expres derramando vapores de
cocido también se oía charlotear a Catalina, amiga de Petunia, que ante un vaso de
refresco le relataba las últimas novedades pueblerinas; Catalina, con entusiasmo
decía:
-
Como te cuento guapa, una barcas columpio preciosísimas, de un dorao y
niquelao lindo, lindo, tiene que ser un placer estratosférico columpiarse en
ellas, yo esta tarde me pienso columpiar como una loca. Además, me he tomao
la molestia de fisgar y parece gente de categoría, porque el moreno de su piel
no es de los terrenales, ni agua de charco, y no he descubierto por las casetas
ni una garrapata, los niños están peinaos, y se zampaban un polo de fresa que
pa mí lo quisiera, lo que yo te diga, son gente con posibles y cartilla de banco.
Esta tarde funcionarán, será un bombazo.
Petunia pensó, que tampoco ella faltaría, se pondría mona, quien sabe…
Cuando el sol se ocultó, y la tarde veraniega sólo era iluminada por la luz del cielo
crepuscular, Petunia con su vestido de lino blanco, zapatos y bolso a juego, salió de su
casa , dispuesta a contemplar la atracción tan espectacular de la que hablara Catalina.
Desde su calle se podía oir la música a toda gramola, el ambiente era cálido y el suelo
de las puertas desprendía olor a tierra mojada, que las vecinas habían regado para
refrescarlo, y después sentarse en sillas o hamacas a tomar el fresco, muchos de los
vecinos viendo a la joven pasar la saludaban, algunos después de murmuraban,son
las cosas y diversiones de la gente del pueblo. Cuanto Petunia más se acercaba al
lugar donde se hallaba montada la atracción barqueril, con más fuerza se oía la
música del tocadiscos que resonaba a todo volumen, canciones del folclore andaluz.
Cuando al fin Petunia se plantó en el lugar, ya había gente mirando y columpiandose
en las barcas columpio, solo que a la chica no le pareció tan divina la cosa como se la
pintó su amiga, ciertamente la atracción estaba pintada de amarillo y blanco, pero
nada que ver con el dorado esplendoroso narrado por Catalina, sino más bien unos
colores mugrosos y deslucidos, y las barcas al columpiar soltaban unos chirridos de
hierro mohoso, que la puerta de un establo; Petunia, disgustada por ver sus
expectativas por los suelos, se dijo que cuando le echara el ojo a su amiga, le iba a
aclarar los cristales de las gafas con el escándalo del año; ya que estaba allí, Petunia,
decidió quedarse a mirar un rato, sin rozarse con nada percochao que le manchara su
nacarado y flamante vestido.
Ya harta de oir tanto el folklore de la tierra, quiso acercarse al tocadosos
trompetero, y pedir al pinchadiscos algo moderno que la animara; el pinchadiscos, era
un joven aceitunao de largas patillas, la chica le dijo:
Relatos pueblerinos
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19
-
Oye chico, ¿tienes algo de los Bitel?
El joven de largas patillas miró de arriba abajo a Petunia, luego le respondió
educao:
- No, de grupos melenuos no tengo na.
La joven un tanto molesta, por llamar grupo melenuo a sus ídolos del pop y el
bailoteo; le replicó:
-
-
-
-
-
-
-
¡Como te atreves a llamar pelandruscos a mis Bitel, que son el grupo musical
más moderno e internacional, y que cantan y tocan como los ángeles!
Lo siento chica, pero a mí no me gustan, a mí me parecen unos saltimbanquis,
con las melenas cuajas de caspa y piojos como melones.
¡Que mis Bitel tienen piojos! –se inflingió aun más la joven, y añadió- ¡que
sabrás tú de música de vanguardia y supermoderna, que te pone los pelos de
punta de emoción, hay que ponerse en onda chico, y dejarse ya de esos
cantes de tasca maloliente y mugrosa…
¡Que mis cantes son de tasca! –se indignó ahora el aceitunao joven y le soltó¡que sepas que la NIÑA ROPONA, está considerá el número uno en tó
elplaneta, ha paseao sus quejios flamencos por tos los rincones y palacios, ha
revolucionao la selva indómita, y hecho caer a dictadores pirraos por su cante
jondo.
No me digas, -le volvió a decir Petunia burlona- seguro que en la selva no
quedó una garrapata huyendo de esa ropota, y a los dictadores lo mató de una
depresión y un cólico con sus quejios.
Me parece que eres una señorita con aires de marquesa pobre y que no tiene
ni idea del verdadero arte.
¡que yo parezco una marquesa pobre! –se irritó el orgullote Petunia, y
respondió- ¡tu si que no tienes ni educación ni cultura, y es que de un tipo con
esas patillas no se pueda esperá na refinao, so gitano de río!
¡yo gitano de río! –se ofendió el muchacho- ¡Sepa señoritinga presumia, con
más maquillaje que talento, que este gitano de río, es doctor en derecho,
económicas y ciencias exactas, diplomao en química y matemáticas, tengo la
carrera de piano, bandurria y gaita gallega, y pos si le parece poco, hablo a la
perfección el inglés y el andalú, además me he leido quince veces el Quijote y
el Conde de Montecristi.¿le parece bastante cultura a la señora?
Sí, sí ni que una se chupara el deo, -le dijo Petunia, incrédula y burlona- tú si
acaso te habrás leio el tebeo y con faltas de ortografía, y no has visto en tu
pobretona vida ni la carrera de una media.
Con que no, eh; te lo demostraré…
De un salto el muchacho se apeó del lugar donde pinchaba los discos, y
agarrando a Petunia por un brazo la arrastró hacia su carromato, empujándola dentro,
la chica quedó boquiabierta ante lo que veía, todas las paredes cubiertas de
estanterías cuajados de libros de todos los colores y tamaños, jamás había visto tanto
libro apelotonao pero ordenao, y en un rincón también vio un pequeño piano, el joven
la obligó a sentarse en un sillón mientras él lo hacía frente al piano y comenzó a
tocarlo; Petunia no salía de su asombro ante aquella música y tanto librote
derramando cultura y conocimientos. Cuando acabó de tocar Petunia dijo:
-
No niego que helá como un carámbano, y dime, ¿verdá que después de comer
no te limpias la boca en las mangas de la camisa, ni en la falda de la camilla?
¡Claro que no! –contestó el chico sorprendio- me gusta más limpiarmela en el
vesgtio que tengo al lao.
Relatos pueblerinos
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20
-
¡que asqueroso, a mí no te acerques so guarro!
Es broma mujer, jo jo –se rió el joven y añadió- tampoco lanzo eructos como un
sapo.
Creo que no nos vamos a llevar mal, y si me quitas de la vista esas horrendas
patillas aun mejor. Le dijo la chica con acaramelada voz…
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MI BAR
Soy Agustina de Aragón Locadelmoño, y les voy a relatá cuando hace unos años a mi
casa llegó la crisis, sin que nadie le abriera la puerta y le diera permiso pa entrar. Mi
marío trabajaba pa Braulio el carbonero, repartiendo el carbón a las viviendas que lo
solicitaban, pero como el progreso llega a todas partes llegó también a mi pueblo, el
progreso se llamó BUTANO, y la gente alucinó con ese gas metiéndolo en sus cocinas
y estufas, despreciando el negro, pestilente y tiznoso carbón, por lo que Braulio no
vendía ni pa tabaco y a mi marío lo echó al paro. Yo preocupadísima por las lentejas
de mi prole y mi marío que no hallaba curro, puse a hervir mi cerebro como una olla pa
hallar una solución, y cuando sacaba la colada de la lavadora la encontré, pondríamos
un bá, porque en los bares no entra la crisis, y cuanto más chico, rústico y apolillao
sea, más le gusta al público. Como un palanganazo de agua helá se lo solté a mi
marío en el almuerzo, la cosa no le hizo dar carcajadas, me dijo qque yo estaba
emporrá, en cambio los nenes daban botes en las sillas de júbilo, pensando podrían
inflarse de tapas gratis. Le insistí a mi marío, que arreglaríamos la vieja casa de su
madre y allí lo pondríamos, él estaría en el mostrador y yo en la cocina, y a su madre
que está aburria sería la camarera, mi marío me dio otro rotundo no. Entonces le pasé
ante los ojos y el cinemascope, a los niños y al gato con los estómagos berreando de
hambre, la nevera vacía sólo con agua del grifo, los aburrios fines de semana sin ir al
bá a tomar cerveza con chocos, la Navidá sin polvorones ni anís del mono, tanto le dije
que se le quitó el hambre , las ganas de vivir y pensé que se me caía de la silla al
suelo de una depresión, hasta que a punto del infarto de imaginá penurias, me dijo
que bueno, que lo hiciera y salió huyendo al baño.
Cuando volvió, lo animé diciéndole que a lo mejor nos iba de lujo y ahorrariamos pa
pasar tó el verano en la costa y comprarnos la tele de plasma pa que viera el furbo a
tamaño natural. De momento tó estaba arreglao y apunto de marcha, pero como las
alegrías duran un soplio en la casa del pobre, pronto me llegó el primer disgusto, mi
suegra no queria ser camarera, a tó grito corralero en su casa que se enteró media
calle, me soltó ofendidísima que ni hablá del pelucón, que ella serviría encantada en el
HOTEL RICH, pero jamás a los borrachones e una tasca maloliente, que ella se
quedaba en su casa viendo la tele, y echándole alpiste al canario, que no la
esperaramos ni pa comé adobo. Que llamara a mi futuro bá, tasca maloliente no me
gustó un pelo, si no llega a ser quien es la dejo sin tinte en el pelo.
Entonces pensé pa camarera en mi hija mayor Yolanda, que por entonces estudiaba
peluqueria, pero a la niña tampoco le gustó el plan, yo le argumenté que lo primero era
el arró con bacalao pa llená el buche, y ella me replicó que le daba fatiga el arró,
entonces le di el argumento definitivo, sino entraba parné en la casa como pagaría las
clases de la academia, si ella no tenia ni pa un chicle dde menta, en cambio si nos iba
bien, volvería a los rulos y secadores, esto la convenció toa.
Inauguramos mi bá, quiero decir nuestro bá, un domingo de Abril, tó relucia y
espejeaba como el agua clara, animando el ambiente con música que mi niña poniaen
el casete, muchos vecinos curiosos vinieron a la puerta a curioseá pero no entrabab, el
teimpo pasaba pero nadie entraba, cosa que me empezó a escamá, entonces se me
ocurrió cambiar la música clásica que ponía mi niña por marchas populares,
pasodobles y flamenqueo, aquello fue un resorte, un pinchazo en la nalga, la gente
oyendo las cornetas y los tambores se arañaban por entrá, aquella música callejera les
daba vida, temperamento, ganas de disfrutá a tope, de cantá, de bailá aunque fuera
con la mas fea, y lo mejor de bebé y comé que era lo mío. Mi Bá se llenó de palmas y
jaleo, tó el mundo cantaba, silvaba, las viejas con el delantal remangao encima de las
mesas taconeaban, y lo mejor, pa reponer energías y apagar la sé pedían litros y litros
Relatos pueblerinos
Ricardo Moreno Galeano
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de bebía y bandejas y bandejas de tapeo, yo desde la cocinilla gritaba de gusto y mi
mario desde el mostrador ya se veía dueño de la tele de plasma gigante, mi Yolanda
luciendo tipito, enarbolaba la bandeja como una reina.
El jolgorio y ambientazo del bá ¡que forma de cantá, de bailá, de palmeteá, de
taconeá, de comé, de bebé y eructá, nunca había visto cosa igual!
Eran ya las seis de la mañana, y en el bá no cabía más ni un pelo de gamba, los
jóvenes se sentaron hasta en las ventanas, no se hartaban de disfrutá, bebé y tragá, ví
como mi marío se resbalaba de sueño en el mostradó, y a mí me pesaba ya hasta el
maquillaje, también mi niña estaba arriññoná con callos hasta en el sobaco. La verdá,
yo ansiaba que se fueran ya pa tirarme a la cama agotá, pero a la fiesta no se le veíael
fín. Se terminaron las bebías borrachonas y las tapas, pero pidieron tomá café, y
cuando ya no me quedaba ni azuca en el azucarero, solo el agua del grifo se fue la
luz, y to la clientela se esfuma como una pesadilla, yo daba gracias al cielo porque al
fin podía cerrá. Con el tiempo descubrimos que algun gamberro me había quitao los
plomo pa hacer la oscuridá, y largarse tos sin pagá, hasta borraron las cuentas que mi
marío tenia echas en el mostradó, entonces lo llamé, que estaba roncando bajo el
mostradó, pa decirle que estabamos en la ruina, y que se despidiera de la tele de
plasma, mi Yolanda, no pudo bajá los brazos en una semana, en fin un desastre,
nunca imaginé que en mi pueblo hubiera tantos gamberros.
Por suerte, mi marío pronto encontró trabajo, y tó nos va bien a Dios gracias.
Relatos pueblerinos
Ricardo Moreno Galeano
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BIOGRAFÍA
Mi nacimiento se produjo en Agosto del año 1960, en un
pueblito de la provincia de Sevilla. Desde los 23 años soy
invidente. Nunca me interesaron los estudios, pero
siempre he tenido gran afición a la lectura, mi lectura
esencialmente es de libros de espiritualidad católica. Me
gusta pintar al óleo, cosa que hice durante diez años,
generalmente el tema paisajístico pues me gusta mucho
la naturaleza. Mi vida ahora es un tanto retirada, me
gusta oir música, escribo del tema religioso para la
parroquia, y los relatos de humor que se verán. Mi humor
está inspirado en el ambiente rural donde nací y vivo, es
un humor blanco, no me gustan las palabras
malsonantes ni groseras, se basa más en el comentario
simpático y la exageración, reconozco que es un humor inusual, particular, pero es el
mío, ojalá encuentre adeptos, mi deseo es divertirnos juntos. Esperando que os guste,
os saludo afectuosamente.
Ricardo M. Galeano
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