dossier - Revistas USP

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La Cultura Política Entre
lo Mediático y lo Digital1
NÉSTOR GARCÍA CANCLINI*
Perhaps I am afraid of losing Venice
all at once, if I speak of it.
Or perhaps, speaking of other cities,
I have already lost it, little by little
(CALVINO, 1991: 82).
ABSTRACT
This text aims to discuss the complex communication system of a city where we have
the confrontation between materials supports that built it, its images contaminated by
rotation of town stereotypes and the imponderable interaction process made by daily
uses who built values and behaviors.
Key words: city, media, images, interaction, communication
RESUMO
Este trabalho tem como objetivo o estudo da cidade como complexo sistema comunicativo onde se confrontam os suportes materiais que a constróem, sua imagem contaminada pela rotação de estereótipos de cidade e o imponderável processo interativo
que se processa, através do uso cotidiano, e alicerça valores e comportamentos.
Palavras-chave: cidade, meio, mídia, mediação, comunicação
* Profesor Distinguido
de la Universidad
Autónoma Metropolitana
e Investigador Emérito
del Sistema Nacional
de Investigadores.
1 Conferencia magistral
dictada en el Encuentro
Nacional de Bibliotecas
Populares de Argentina el
3 de mayo de 2007, en la
ciudad de Buenos Aires.
City: medium, media and mediation
¿
Qué entendemos hoy por cultura, por organización social y por ampliación de ciudadanía? Ninguna de estas nociones puede definirse de la misma
manera que cuando se constituyeron los Estados nacionales en América
latina, porque los procesos socioculturales cambiaron radicalmente. Tampoco
pueden pensarse como cuando la cultura no incluía comunicación transnacional a través de satélites, computadoras, Internet, teléfonos celulares ni iPOD.
Ni podemos hacerlo como cuando las políticas culturales eran gestionadas
principalmente por los Estados y encontraban en la escritura y la lectura, en
la educación y la deliberación ciudadana en espacios públicos nacionales, las
escenas de desarrollo.
Para percibir el desplazamiento ocurrido en el último medio siglo en
el lugar social de la cultura conviene mirar el desarrollo de la modernidad
“ilustrada”, que caracterizó a la cultura como un bien deseable para todos, que
debía ser difundido ampliamente, explicado y vuelto accesible, en contraste
con la concepción neoliberal que la sitúa como un conjunto opcional de bienes
adquiribles a los que se puede o no acceder.
No vamos a olvidar que en todas las etapas de capitalismo un gran sector
de los bienes simbólicos fue considerado como mercancía, sus expresiones
más valoradas tuvieron sentido suntuario y los comportamientos culturales
operaron como procedimientos para diferenciar y distinguir, incluir y excluir.
No obstante, en el proyecto de la primera modernidad, sobre todo desde el giro
que le imprimió el saber antropológico, se asignó valor cultural a la producción
simbólica de todas las sociedades. Se quiso que -a través de la educación y luego
de los medios- las manifestaciones juzgadas más valiosas fueran conocidas y
comprendidas por todas las sociedades y todos los sectores.
Estoy describiendo el proyecto de la modernidad ilustrada. Sabemos que
su realización fue deficiente, como lo muestran las investigaciones sobre la
entrada desigual a la escuela y su aprovechamiento diverso por diferentes clases,
sobre los dispositivos sociales que condicionan a los públicos para que vayan o
no a las bibliotecas, los museos, los teatros, las salas de concierto y los medios
masivos de comunicación. Si evoco aquí el proyecto incluyente de la modernidad
temprana no es porque olvide la parcialidad de sus logros, sino porque al menos
se aspiraba a que todos fueran incluidos.
¿Qué ocurría, en tanto, con la organización social moderna?
La búsqueda de la justicia y la democracia eran los objetivos de la participación ciudadana, y los Estados, como representantes del interés público,
debían garantizar el ejercicio de los derechos. La formación de los ciudadanos
y las disputas políticas ocurrían en la escena de la escritura. En cambio, ahora
confrontamos dos nuevas modalidades de organización sociocultural y ejercicio
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de la ciudadanía: a) el desarrollo mediático, que reordena los vínculos entre la
lectoescritura, lo oral y lo audiovisual, tanto en la oferta de bienes y mensajes
como en los hábitos culturales; b) la informalización del desenvolvimiento
socioeconómico, político y cultural contemporáneo, que conduce a la desintegración estructural de muchas sociedades.
Una vasta bibliografía viene mostrando que el debilitamiento de los Estados
modernos dejo al mercado, a un mercado global, dominado por gigantes corporativos privados, que compiten sin someterse a ninguna autoridad política,
la organización de la sociedad. Lo social y lo cultural quedan reducidos, casi
exclusivamente, a intercambios mercantiles en los que es difícil hacer valer los
intereses ciudadanos.
A esta explicación socioeconómica sobre los cambios en la relación entre
Estado y mercado, hay que agregar otras referidas a los modos en que ahora
leemos y nos informamos. Ya no nos formamos como ciudadanos, como decíamos, principalmente a través de materiales escritos, sino mediante la televisión
u otros recursos audiovisuales; vivimos desde hace décadas en lo que algunos
llaman la videopolítica y otros la videocracia.
Pero ¿realmente se lee menos, o se lee de otra manera? Vamos a buscar
la respuesta con información de estudios recientes efectuados en Argentina y
México sobre la reestructuración de los hábitos culturales.
Si pensamos que leer es leer libros, revistas y diarios en papel, las cifras
que presentan los países latinoamericanos son muy bajas. Los estudios reunidos en el Sistema Nacional de Consumos Culturales, publicado en 2006 por
la Secretaría de Medios de Comunicación de la Presidencia de la Nación sobre
la situación argentina, indican que 55.2% de la población afirma haber leído
libros en el año anterior (19% más que en 2004), y el promedio de libros leídos
anualmente fue de 4.5%.
En cuanto a otro tipo de publicaciones, contamos sólo con datos de 2005, según
los cuales dice leer diarios 55.9%, y sólo un 29.2% las revistas. Son significativos,
asimismo, los porcentajes de lectura de comics e historietas, la lectura y escritura
en Internet, y el envío y recepción de mensajes de texto a través del celular.
Internet, por su parte, tenía en 2005, 40.9% de usuarios, y dado el ritmo
de crecimiento de la red es posible suponer que en 2007 ya alcanza cifras semejantes a las de lectores de libros y diarios. Asimismo, la encuesta de 2006
revela un aumento en el uso de Internet para informarse, mayor en las grandes
ciudades.
Casi 28% dice haber consultado textos de lectura por medio de Internet,
y el porcentaje aumenta entre menores de 35 años y entre los de nivel socioeconómico alto y medio.
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PROMEDIO DE LIBROS LEÍDOS
Entre los que afirman haber leído libros en dicho período,reconecen leer casi cuatro libros promedio al año. Em
definitiva um livro cada tres meses. Sí se descompone tal promedio, se observa que la mayor parte (alrededor
del 70%) leyó em al año entre 1 y 5 títulos y el restante 30% más de 5.
A su vez, uma lectura más desagregada nos permite detectar que la lectura de libros aumenta com la
edad, y nivel socio-economico.
Sexo
N.S.E.
Edad
Cantidad de libros leídos
en los últimos 12 meses
Total
Masc.
Fem.
ABC1
C2
DE
PROMEDIO
3.9
3.9
3.9
4.8
4.5
3.3
12-17 18-34 35-49
3.0
3.3
4.8
Región
+50
AMBA
PAMP.
NOA
CUYO
NEA
PATAG.
4.5
3.5
3.8
3.2
4.4
4.8
4.5
Base: 2.974 casos (total encuestados)
También es interesante que, aun quienes no tienen recursos para
comprar computadora, consultan Internet fuera de casa, especialmente en
ciberlocutorios.
La información de México sobre consumos culturales en lectura y mensajes
audiovisuales da resultados semejantes, y disponemos de datos más cualitativos
para valorar los consumos gracias a la Encuesta Nacional de Juventud de 2005
y a la Encuesta Nacional de Lectura realizada en 2006. Encontramos que la
computadora, Internet, el celular, la agenda electrónica, el Mp3 y los videojuegos
están incorporados a los hábitos de 50 a 80% de los jóvenes. La posesión de esos
recursos es mayor, por supuesto, en los niveles económicos altos y medios, pero
también están familiarizados con los avances tecnológicos muchos jóvenes a
través de los cibercafés, la escuela y la sociabilidad generacional. Quienes dicen
que saben usar los recursos tecnológicos son más del doble de los que los tienen:
32.2% de los hombres tienen computadora y dicen manejarla 74%; la relación
en las mujeres es de 34.7% a 65.1; poseen Internet 23.6 de los varones, en tanto
65.6% lo utiliza, y en las mujeres la distancia es mayor: de 16.8 a 55.9%.
La Encuesta Nacional de Lectura de efectuada en México en 2006 da
resultados semejantes. Casi la tercera parte de los entrevistados dijo usar computadora (31.6%), y de este grupo tres cuartas partes (76.5%) emplea Internet.
La práctica más frecuente se encuentra entre adolescentes y jóvenes, así como
en quienes poseen educación universitaria, con promedios más elevados en las
grandes ciudades.
LA DEMOCRATIZACIÓN MODERNA COMO ACCESO
Hay un cambio en lo que ahora entendemos por sociedad moderna. En siglos
pasados aludía a Estados democráticos y participación ciudadana para buscar
el mejoramiento del conjunto de la sociedad nacional.
En los primeros años del siglo XXI, la palabra modernidad va asociada
con otros movimientos: viajar, comunicarse, intercambiar con el mundo. Los
bienes, los mensajes y las personas deben circular globalmente y ser interesantes
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en muchos mercados. Quiero destacar dos consecuencias de esta remodelación
de lo moderno. Por una parte, lleva a que muchos aspectos en la gestión de la
justicia y la democracia desborden la escena nacional y dependan de interdependencias transnacionales. Por otra, lleva a que percibamos poco eficaces a
los partidos políticos y lo que los ciudadanos podemos hacer para modificar
las desigualdades.
¿Qué hay que saber ahora para ser ciudadano? Decíamos que no alcanza
con conocer la realidad del propio país, y que lo que recibimos como información no procede principalmente de libros, diarios y revistas. Hace dos años, en
un artículo del diario El País se presentaba una encuesta entre jóvenes estudiantes españoles: les preguntaron ¿qué
LIBROS LEÍDOS
fue primero: el Imperio Romano
o la Revolución Francesa? Más de En cuanto a los libros leídos, se detecta una
la mitad de los alumnos contestó: importante y heterogénea dispersión de títulos.
dato salta a la vista: Al menos hasta el
“La Revolución Francesa”. Probé Un
momento los argentinos carecen de libros
la misma pregunta con estudiantes emblemáticos que lo distingan y caractericen. Y
mexicanos y también más de la mi- esa sí, es una asignatura cultural pendiente.
tad dijo que la Revolución Francesa
La Biblia
5,3%
había sido anterior o dudaba.
Harry Potter
3,6%
No dudamos de la importancia
El Alquimista
3,5%
de esos dos antecedentes de nuestro
El Código da Vinci
1,6%
derecho y nuestra ciudadanía. Pero
Martín Fierro
1,5%
¿tenemos los profesores la misma
El camino de la felicidade
1,5%
capacidad de explicar a nuestros
El señor de los anillos
1,5%
estudiantes los acuerdos de libre
Cien años de soledad
1,3%
comercio que firmó nuestro país o
Argentinos
1,2%
que tiene en estudio, qué significaEl camino de las lágrimas
1,0%
rían para nuestra agricultura e inHistoria integral de la Argentina
1,0%
dustria, como generación y pérdida
Mi planta de naranja lima
1,0%
de empleos, en la ampliación o la
Crónica de una muerte anunciada
0,9%
retracción de la cultura y las comuRayula
0,9%
nicaciones de nuestra sociedad?
El Diego
0,9%
¿Sabemos los profesores cuál
El Tunel
0,9%
es la capital de Kazajistán y dónde
Once minutos
0,8%
queda ese país asiático que es uno de
Relato de un náufrago
0,8%
los principales proveedores de petróEl camino del encuentro
0,8%
leo y gas a Europa, y por tanto clave
El camino de la autodependencia
0,8%
en la satisfacción de necesidades de
unos 300 millones de personas, en Base: 1.382 casos (los que leyeron libros)
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ESCRITORES MENCIONADOS
En referencia a la pergunta sobre el nombre
del autor del libro leído el dato más
relevante, frente a la gran dispersión de
nombres, es que: El 61.9% no pudo o supo
mencionar al escritor.
Paulo Coelho
5,9%
Jorge Bucay
5,8%
Gabriel García Márquez
4,6%
Isabel Allende
2,0%
Ernesto Sábato
1,6%
Jorge Lanata
1,6%
Pablo Neruda
1,4%
Julio Cortazar
1,4%
José Hernández
1,2%
J.K. Rowling
1,1%
J.R.R. Tolkien
1,1%
Félix Luna
0,9%
Agatha Christie
0,8%
Dan Brown
0,7%
Jorge Luis Borges
0,6%
Base: 1.382 casos (los que leyeron libros)
la estabilidad e incertidumbre de los
mercados de hidrocarburos y financieros, y en consecuencia en el desarrollo
futuro del mundo, incluida América
latina? ¿Sabemos cómo es la fiesta más
importante de los bolivianos que viven
en Buenos Aires -un millón de migrantes, lo que hace a Buenos Aires la segunda ciudad boliviana-, o lo sabíamos
antes de ver la película Copacabana?
¿Cuántos argentinos todavía piensan que
Copacabana sólo es una playa de Brasil?
¿Conocemos los profesores y maestros
que significan y cómo funcionan el MP3,
el GPS, las fusiones entre las empresas
editoriales, de telecomunicaciones, de
producción de discos y videos, o sea los
instrumentos tecnológicos que hoy hacen visible lo que ocurre en el mundo,
los recursos audiovisuales que organizan el trabajo, las relaciones de poder
y las nuevas formas de control social y
comunicacional?
Hay que agregar que las diferencias generacionales y entre maestros y
alumnos, no son sólo de manejo de contenidos informativos, sino en los estilos de acceso y uso de la información. Cuándo queremos preparar un trabajo
¿buscamos la información en libros, revistas o en Internet?
Volvamos a la necesidad de conocer el pasado para actuar en el presente.
¿Por qué le damos importancia a que los estudiantes sepan que el Imperio
Romano fue anterior a la Revolución Francesa? En parte, por una exigencia
de rigor en el conocimiento histórico, y tambiLECTURA
én porque suponemos que hubo evolución de un
DE
acontecimiento a otro, en lo cual estaría en juego el COMICS/HISTORIETAS
sentido contemporáneo de la organización social y
la ciudadanía.
Sin embargo, dos procesos tienden a debilitar
No
Si
67,8 % 32,2%
la relación con la historia. Uno es la mayor dependencia de nuestras conductas y decisiones de lo sincrónico que de lo diacrónico por la reestructuración
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tecnológica, económica y cultural del orden social. El otro factor es que, mientras las sociedades se reorganizan para hacernos consumidores del siglo XXI,
la reducción de beneficios sociales y la concentración de las decisiones en herméticas élites tecnocráticas, nos retrotraen a ser ciudadanos del siglo XVIII:
somos consumidores globalizados, pero apenas si nos dejan ser ciudadanos
de lo local.
LA INFORMALIDAD COMO DESINTEGRACIÓN
Esto tiene consecuencias sobre la valoración del tiempo histórico y la desintegración de las sociedades por la informalización. Quiero analizar este giro
hacia un presente efímero tal como aparece en algunos estudios sobre culturas
juveniles.
Voy a apoyarme en algunos resultados de la Encuesta Nacional de Juventud
realizada en México en 2005, que muestra resultados semejantes a los de otras
sociedades. Uno de los reactivos empleados por los entrevistadores fue la frase
“el futuro es tan incierto que es mejor vivir al día”. La mitad de los encuestados
dijo compartir el sentido de esa afirmación, y el mayor número de desilusionados con lo que está por venir se encontró en zonas rurales (65.9%) y en estratos
bajos (54.5%).
Suele verse este “presentismo”, o pérdida del sentido histórico y utópico,
en conexión con los rasgos estilísticos de la sensibilidad mediática: predominio
de las películas de acción y de efectos relampagueantes sobre las narrativas
de largo plazo; la intensidad de la comunicación instantánea posibilitada por
Internet; la obsolescencia planificada de los productos y mensajes; la fugacidad
de las modas, la información y las comunicaciones en los chats.
Sin duda, la gestión mediática y mercantil del tiempo empobrece la experiencia del pasado y las fantasías sobre el futuro, subordinándolos al presente.
Pero los materiales de esta encuesta revelan que la preferencia -o la resignación- por “vivir al día” tienen un soporte en las condiciones básicas de vida de
TIPO DE COMICS/HISTORIETAS QUE LEE
57,5%
27,7%
Humor Gráfico Mitos y leyendas
20,0%
Personajes
16,5%
Superhéroes
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2,0%
2,6%
Otros
No sabe
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las nuevas generaciones. ¿No es coherente la sobrevaloración del momento en
quienes deben aprender, más que en cualquier etapa anterior, que los trabajos
son precarios y a veces reducidos a oportunidades “eventuales”? Son los jóvenes
quienes experimentan más severamente la inestabilidad laboral y la exposición
a riesgos poco previsibles. Cuando logran durar en una empresa, se les exige
ser flexibles y renovar incesantemente la calificación técnica. Si les va bien y
quieren invertir, o si comprenden que el futuro de sus empleos está ligado no
tanto a la lógica de la producción y las necesidades sociales sino al vértigo de
la especulación financiera, también son llevados constantemente a descreer de
las estructuras y los procesos de larga duración.
Las dificultades para conseguir trabajo, la fragilidad de los empleos y la
deserción escolar conducen a la desesperanza respecto de lo que puede obtenerse
de la esfera pública regida por leyes. Los jóvenes consiguen trabajar “por un
amigo” (31.6%), porque un familiar los contrata o les consigue dónde hacerlo
(37.1%). Altos porcentajes de los jóvenes descreen de la participación política,
aprueban el no pagar impuestos y “hacer justicia por su propia mano” en vista
de que las autoridades no castigan a los culpables.
Si los recursos para sobrevivir o prosperar se logran usando los mapas
informales de la vida social, no sorprende hallar conductas semejantes en los
usos de su dinero para consumir. Se está volviendo “normal” acceder a los
bienes materiales y simbólicos apelando a vías ilegales, o al menos no incluidas
en la organización “oficial” de la sociedad. Los mercados informales proveen
los bienes necesarios y deseados en porcentajes varias veces mayores que las
tiendas formales y los centros comerciales. Música, ropa, libros y películas se
obtienen más baratos en los puestos de ventas piratas y en Internet.
PARA QUÉ SIRVE LA PIRATERÍA
Es interesante contrastar esta perspectiva, extendida entre los jóvenes, con otras
dos concepciones operantes a propósito de la circulación irregular de bienes
culturales. En los cines de México suelen proyectarse
USOS DEL CELULAR
antes de la película cortos en los que las empresas condenan la piratería de películas: un breve relato muestra Hablar y otras Ns/Nc
a padres que llevan a la casa un video “ilegal” y a un herramientas
0,8 %
hijo que aprovecha para negarse a estudiar aduciendo
54,1 %
que ya consiguió los resultados “piratas” del examen.
45,1 %
En varias salas, cuando aparece la admonición final:
“¿Qué le estás enseñando a tus hijos?”, escuché la misSó para
ma broma de algún adulto: “A ahorrar”.
Solo
parafalar
hablar
Tenemos tres miradas sobre la piratería: a) la de
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la empresa cinematográfica que la descalifica moralmente equiparando la copia
ilegal de la película con la copia de un examen (equivalencia entre la lógica
comercial y educativa que sería fácil cuestionar); b) la de los adultos que ironizan
el moralismo del mensaje empresarial con la alusión a una conducta virtuosa
-ahorrar-, recurso de mejoramiento económico a largo plazo en épocas de
estabilidad financiera; c) las risas o indiferencia de los jóvenes, que ven indulgentemente las compras piratas como un modo de revertir las desigualdades
de acceso en el consumo inmediato.
Frente a quienes defienden como legal
un orden económico que los beneficia y discrimina a amplios sectores (los empresarios culturales), ante “el público” que denuncia con ironía esa contradicción
en nombre de una ética de la acumulación paciente, a largo plazo, mediante el
ahorro, las prácticas juveniles utilizan de modo combinado recursos formales
e informales, legales o no legales, para concretar su aspiración a conectarse,
informarse y entretenerse ya mismo. La modernidad y la democratización,
repensadas como capacidad de acceso a bienes globalizados, aparecen viables
más a través de recursos informales, y aun ilegales, que como resultado de una
reestructuración más justa del orden social.
Lo que legitima para muchos jóvenes el uso de recursos o procedimientos
no legales es la obtención de bienes que la organización legal o formal de la
sociedad vuelve inaccesibles. Legalidad y legitimidad se separan. La pregunta
que surge es cuánta ilegalidad, o conflicto de legitimidades no legalizadas,
puede soportar una sociedad sin destruirse.
Llama la atención, asimismo, la ruptura entre dos campos sociales que la
modernidad ilustrada vinculó: la educación y el trabajo. En la valoración de la
mayoría de los jóvenes, la escuela se presenta como un espacio para adquirir
conocimientos y amigos, y, muy por debajo, para “conseguir trabajo” o “poner
un negocio”. “Ganar dinero” no aparece como resultado de las competencias
proporcionadas por la educación.
Las modalidades de acceso a la educación y la cultura no corresponden
TIPOS DE USOS DEL CELULAR
(entre los que utilizan otras herramientas además de halar)
97,5%
19,5%
Envía/recibe
mensajens
de texto
Baja ring
tones
10,5%
Saca fotos
8,8%
Navega por
Internet
4,8%
Filma
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1,0%
Juega
0,9%
No sabe
No conhece
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a lo que se suponía propio de la organización moderna de la sociedad: por un
lado, porque la democratización o socialización de las comunicaciones no es
igualitaria; por otro, porque la mayoría, como dijimos, alimenta su consumo
con videos, discos y soft ware piratas, y los contenidos que buscan a través de
esos medios, como en el uso de la radio y la televisión, muestran desinterés
hacia los temas y la información políticas.
La distinción socioeconómica y cultural entre los jóvenes ya no se organiza
sólo por referencia a los bienes más durables, ni al capital familiar (calidad de la
vivienda y barrio donde viven). El universo cultural de los jóvenes ha pasado del
comedor o la sala a la recamara personal en los sectores medios y altos. Como
observa Roxana Morduchowicz, se transformaron los vínculos familiares y la
propiedad de los medios: dejaron de ser “de la familia” y pasaron a ser “del hijo
mayor”, “del hijo menor”, “de la hija”, “de la madre” o “del padre”. Dado que
esta posesión personalizada, cuando se trata de aparatos portátiles (celulares,
discman, iPOD), permite trasladar los signos de distinción a las interacciones
públicas o entre amigos, el equipamiento individual se vuelve un recurso de
acceso personalizado a la información y el entretenimiento, y un marcador de
clase que cada uno lleva consigo a múltiples escenarios.
¿QUÉ ES HOY EMANCIPARSE?
Los jóvenes de clases media y alta son los que gozan de mayor autonomía
personal, accesos intensos y flexibles a información y entretenimiento más
diversificado, interactividad mediática y posibilidad de independizarse de los
mayores. Leí en una investigación española: “Hace 20 años los padres controlaban el 90% del ocio de sus hijos, ahora no saben qué hacen la mayor parte
del tiempo” (Gómez y Abril, 2006). Quizá las tecnologías de uso personalizado
sean hoy el principal resorte emancipador de los jóvenes.
Antes los jóvenes se emancipaban a través del trabajo, el estudio y el matrimonio. Estos tres ámbitos implicaban modos de participar en la sociedad y
desempeñarse como ciudadanos en relación con la producción, el conocimiento,
la vida familiar y la reproducción de la organización social. Ahora, para muchos,
las vías preferentes son la conectividad y el consumo.
En los comportamientos de los jóvenes se manifiesta una reorganización
radical de lo que veníamos entendiendo por modernidad. Vemos aumento de
la información y las interacciones con baja integración social, aceleración de
los cambios con empobrecimiento de las perspectivas históricas respecto del
pasado y el futuro, combinación asistémica de recursos formales e informales
para satisfacer necesidades y deseos a escala individual o grupal. La fascinación
por el acceso y los intercambios le gana a la memoria y la proyección al futuro.
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USO DE INTERNET PARA INFORMARSE
AMBA
(por estrato social)
GRANDES CIUDADES
(por clase social)
Si
7,9 %
No
92,1
%
Si
14,7
%
No
85,3
%
En consecuencia, disminuye el papel de la institucionalidad que organizó la
primera modernidad -las escuelas, los partidos políticos, la organización legal
y la continuidad del espacio público- en beneficio de los arreglos transitorios,
la apropiación flexible de recursos heterogéneos en el mercado laboral y en los
consumos.
Por una parte, encontramos mayor interés por la diversidad y la innovación momentáneas, o por la simple subsistencia diaria, que por la estabilidad
y el orden. Por otra, esta descomposición de la institucionalidad moderna se
manifiesta en el predominio de los arreglos informales y los recursos ilegales
en los arreglos cotidianos. La noción de informalidad, que nació hace cuatro
décadas para dar cuenta de irregularidades y explotaciones sin reglas en los
mercados de trabajo, y que ahora vemos operando en el campo del consumo,
resulta necesaria para comprender también otras áreas de la vida social. Por
ejemplo, la política, donde hallamos una convergencia entre el crecimiento de
procedimientos informales o ilegales (corrupción, clientelismo, linchamientos,
negociaciones ocultas, videos que develan estos actos en los medios más que en
la justicia o en instituciones formales) y el descrédito de los partidos, el Congreso
y otras instancias de gestión formal de la vida pública nacional (política, sindical
y judicial). Con frecuencia los medios, especialmente la televisión, buscan complacientes la construcción de la persuasión y la “legitimidad” usando recursos
ilegales. La captura de un político que lavó dinero o recibió apoyos ilegítimos
es exhibida menos como parte de un proceso de corrección de las deficiencias
que como un informante para desprestigiar a los adversarios.
En las estrategias de sobrevivencia, amplios sectores recurren a procedimientos, personas o redes “irregulares”. La noción de informalidad se vuelve
significativa en el conjunto de la trama social. Esta categoría, que nació como
designación residual para lo que se caía de la sociedad formalmente organizada,
se amplió hasta abarcar a sectores tan heterogéneos como las pequeñas empresas y los comercios domésticos ilegales, los vendedores callejeros, los niños
P. 55-71
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y adolescentes que ofrecen servicios o mercancías en las esquinas, músicos en
el metro, cartoneros y recicladores de desechos, artesanos no agremiados (o
sea la mayoría), taxis sin licencia, productores y vendedores de discos y videos
piratas, revendedores de entradas para espectáculos y cuidadores espontáneos
o amafiados de coches en concentraciones deportivas, y muchos otros sectores
que actúan en grupos familiares o en redes que “organizan” los circuitos de
la vida social.
Hay que destacar, pese al aspecto caótico que presentan estas actividades,
su papel organizador de la sobrevivencia cotidiana, los recursos que proveen
a familias excluidas de la economía formal, a migrantes y jóvenes que no encuentran dónde trabajar. A veces llegan a conformar microempresas, con mecanismos de acumulación, redes de cooperación y poder, que negocian con los
poderes públicos o con instituciones de la economía formal espacios, tolerancia
policial y negocios combinados: “legitiman”, así, las operaciones informales, y
entrelazan lo legal y lo ilegal. Después de décadas de este abigarrado crecimiento
cómplice entre gobiernos, redes y mafias, entre empresas legales y circuitos dispersos de sobrevivencia, la reproducción social y la gobernabilidad, o la simple
subsistencia del país y de muchas ciudades, ha cambiado de sentido. ¿Cómo
construir con tantas irregularidades sociedades gobernables? Un tratamiento
más amplio de estas cuestiones requiere correlacionarlas con los movimientos
que debilitan la esfera pública y confían al mercado la coordinación de los
procesos sociales.
No veo manifestación más elocuente de esta transformación que el cambio de signo de las muertes violentas. Muchos países latinoamericanos, desde
Argentina, Chile y Uruguay hasta Guatemala y El Salvador, pasando por Brasil,
Perú y Colombia, registraron cada uno miles de asesinatos y desapariciones entre los años sesenta y ochenta del siglo pasado en las guerras políticas y sociales.
En los años recientes, los miles de asesinatos que ocurren en Brasil, El Salvador,
Guatemala, México y otros países son principalmente resultado de secuestros
y enfrentamientos entre cárteles de
CONSULTA DE TEXTOS
narcotraficantes, ejércitos y policías
ATRAVÉS DE INTERNET
a menudo entremezclados con ellos, y
sólo en Colombia presentan un resto Casi un 28% reconece haber consuçtado textos
de apariencia política debido a la con- de lectura via internet. Los que en mayor
medida sobresalen por poseer este hábito son
fusa imbricación de la lucha político- los menores de
35 años y los
0,5 %
guerrillera y narcodelincuencia.
27,8 %
de nivel
Un sociólogo brasileño, Teixeira socioCoelho, refiriéndose a la rebelión de económico
71,7 %
delincuentes que tomaron Sao Paulo alto y medio.
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durante varios días en mayo de 2006, mataron a 272 personas, incendiaron
más de 80 ómnibus y atacaron unos 150 puestos policiales, destaca el vacío y el
silencio que impusieron en la ciudad. Lo compara con los riesgos de las calles
durante la dictadura militar, hace 40 años. “En ciertas noches de 1964 y, después,
de 1968 y, después, de 1970 y 1971 y 1972, nos quedábamos en casa para evitar
a la policía política. Pero éramos apenas un puñado los que teníamos motivos
para temer de la policía política: el resto de la ciudad, el enorme resto de la
enorme ciudad salía a las calles normalmente para hacer sus vidas normales.
En aquella noche de lunes, 15 de mayo, sin embargo, no había nadie en las
calles. Antes, sólo había “oído” un silencio igual en el medio de la Amazonia,
en una piragua con la que había ido río adentro con otra única persona a bordo, su dueño, que remaba lentamente: a diez minutos de distancia del puerto
improvisado en medio del río Negro, de donde habíamos partido, no se oía
sonido alguno, nada, ningún grito de pájaro, ningún rumor del agua, ningún
insecto, ningún animal, ningún ruido del follaje, nada de nada, sólo un silencio
absoluto que caía como un manto espeso sobre todo. Silencio irreal. No sabía
hasta entonces que la selva podía ser tan silenciosa. No sabía que una ciudad
de 15 millones de personas podía quedar tan silenciosa. Nadie en las calles,
nadie en las ventanas. Mi primera reacción, recordando el silencio de la selva,
fue decir que habíamos vuelto a nuestra condición primitiva, a la animalidad.
Pero, claro, era una comparación indebida, el silencio de la selva no tiene ese
sentido; aquella noche de lunes, habíamos vuelto a la condición más básica de la
humanidad en estos trópicos de subdesarrollo continuo, sostenido y acelerado:
la barbarie, ahora dentro de los muros de la ciudad, ya no solo a sus puertas.
Y percibo entonces el límite de la vida en la polis, el límite de la política: el
silencio.” (Teixeira Coelho, 2006: 8-9).
LECTURA Y VIDEODEMOCRACIA
LUGAR DESDE EL CUAL SE REALIZA LA CONSULTA
Casi la mitad de los argentinos accede a através de un Cyber/locutorio,
y alderedor de un 35% desde su propia casa o un 10% desde el trabajo.
49,5
%
34,4
%
Base: 826 casos
(los que consultaron
textos en internet)
10,2
Cyber/
Locutorio
Domicilio
Particular
%
Trabajo
3,6 %
2,1 %
Domicilio de Facultad/
Familiares/
Escola
Amigos
1,9 %
0,1 %
1,6 %
Biblioteca
Otros
Ns/Nc
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Sin embargo, la intensificada presencia de mensajes mediáticos en las casas, los
medios de transporte, los centros comerciales y cualquier lugar donde pueden
sonar los celulares, nos aleja del silencio.
Quiero profundizar, en una vertiente complementaria, este análisis con el
material obtenido en la Encuesta Nacional de Lectura realizada en México en
2006. Decíamos al comienzo que gran parte del debate moderno sobre justicia,
derechos y democracia estuvo centrado en interacciones socioculturales desplegadas en la escena de la escritura. Los estudios actuales sobre comunicación y
sobre políticas culturales, por ejemplo los impulsados por la UNESCO y CEPAL,
destacan el papel de la brecha entre la cultura letrada y la audiovisual-digital
como factor generador de desigualdades.
Los maestros suelen hablar de un divorcio o un cortocircuito entre la
escuela y la lectura, y, por otra parte, el mundo de la televisión, el cine y otros
entretenimientos audiovisuales. Las encuestas que contrastan el tiempo que
los niños y los jóvenes destinan a leer en comparación con las horas diarias
que pasan frente a la televisión parecen confirmar ese desencuentro como una
sustitución.
Esta visión antagónica entre lectura y tecnologías audiovisuales es replanteada desde hace varios años, tanto en los estudios sobre cultura como en los
que se hacen sobre comunicación. Comienza a cambiar, también, la concepción
de la escuela y la interacción de la lectura con la visualidad. El punto de partida es averiguar cómo conviven ahora la cultura letrada, la cultura oral y la
audiovisual. Efectivamente, los saberes y los imaginarios contemporáneos no
se organizan, desde hace al menos medio siglo, en torno de un eje letrado, ni
el libro es el único foco ordenador del conocimiento. (Martín Barbero, 2002;
Morduchowicz, 2004).
Las pocas preguntas formuladas por los encuestadores acerca del uso del
tiempo libre y de lugares no tradicionales para la lectura y la escritura (café
Internet, trabajo) obligan a no ver la secuencia lectura-libros-escuela-aprenderser culto de forma cerrada. Se usa la capacidad de leer no sólo para libros y
revistas sino en pantallas, no sólo para cultivarse (en el sentido escolarizado)
sino para elegir espectáculos, formarse como deportista o como mujer, saber qué
música se escucha, qué hay en la televisión y los cines, escribir correos electrónicos o chatear. Y también para obtener y transmitir información alternativa.
Quiero sugerir que, así como en los años noventa, los estudios sobre
sociología política y de la comunicación descubrieron la importancia de la
videopolítica, debemos prestar ahora más atención a otros modos de informarse, comunicarse y participar socialmente que se sitúan en las nuevas escenas
digitales de la lectura. Así como las políticas culturales no pueden ser ya sólo
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gutemberguianas, desubicadas en relación con los lugares y medios donde la
mayoría se informa y entretiene, no es posible centrar el debate sobre la democratización social sólo en la comunicación escrita. Ni tampoco en la manipulación televisiva. Una mirada hacia los nuevos modos de leer y comunicarse revela
que no se lee tan poco, ni menos que en el pasado. Se venden menos periódicos,
pero centenares de miles los consultan diariamente en Internet. Disminuyen
las librerías -hay que preocuparse y elaborar políticas más eficaces para darles
sustentabilidad, sobre todo a las especializadas-, pero aumentaron los cibercafés
y los medio portátiles de mensajes escritos y audiovisuales.
Por supuesto, no quiero incurrir en una idealización fácil de la ciberciudadanía como solución mágica a la pérdida de representación de los partidos
políticos y creadora de solidaridades horizontales. En ocasiones, la comunicación alternativa por mail o celular ha servido para organizar reuniones contra
las cumbres globalizadoras o contra penas de lapidación impuestas a mujeres
en África. La contrainformación por celulares entre centenares de miles de
ciudadanos españoles logró desautorizar la manipulación del gobierno y el
PP, que atribuían los atentados de Atocha a ETA (y presionaron a la prensa, la
radio y la televisión para que lo transmitieran), y convocar a manifestaciones
masivas de impugnación al gobierno de Aznar. Pero también las narcomafias
organizan desde las cárceles, a través de celulares, los secuestros y ataques
urbanos en Sao Paulo, Río de Janeiro, México DF, Tijuana y en decenas de
ciudades latinoamericanas.
PREGUNTAS FINALES
Este texto apenas se propone esbozar las condiciones socioculturales a partir de
las cuales es necesario reconsiderar el sentido posible de la justicia, la democracia
y la ampliación de la ciudadanía en una época globalizada y postgutemberguiana. Sintetizo la información sobre la importancia que adquieren en los nuevos
hábitos culturales la digitalización deslocalizada de la comunicación cultural
y la informalización desestatalizada de las interacciones sociales, económicas,
políticas y culturales. No haber hecho un videoclip o una página web con este
trabajo (aunque no me niego a que se hagan), sino una conferencia escrita y leída
en el marco de una reunión de bibliotecarios sugiere cierta confianza todavía
en los poderes de la escritura.
Por eso, viejas preguntas surgidas de la ciudad letrada me siguen pareciendo significativas. ¿No hay algo que se pierde irreparablemente cuando se
desconoce la información razonada de los diarios y se prefieren los clips rápidos
de los noticieros televisivos, o cuando los libros son reemplazados por la consulta
fragmentaria en Internet? ¿No ofrecen los libros una experiencia más densa de
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la historia, de la complejidad del mundo, que la espectacularidad audiovisual o la
abundancia fugaz de la informática? ¿Qué queda en las interconexiones digitales,
en la escritura atropellada de los chateos, de lo que la lengua sólo puede expresar
en la lenta elaboración de los libros y la apropiación paciente de sus lectores? En
suma, podemos vincular este debate sobre las nuevas escenas de la democratización
cultural y la comunicación política con el otro asunto planteado: la informalización
de la vida socioeconómica y cultural junto con el desvanecimiento de los Estados
nacionales. En los análisis actuales sobre políticas culturales, aun muchos autores
sensibles a la transnacionalización de la cultura y su reubicación en procesos comunicacionales mediáticos, siguen reivindicando el papel del Estado como garante
del interés público, de la pluridad informativa dentro de cada nación y facilitador
de un acceso más democrático a los bienes sociales y culturales (Balibar, 2002;
CEPAL-IIDH, 1997; Miller y Yúdice, 2002).
Así como se argumenta sobre el papel indispensable de los Estados en la defensa de la biodiversidad y frente a las amenazas ecológicas, los estudios recientes
sobre la recomposición globalizada de las industrias culturales sostienen que los
poderes públicos nacionales -y también regionales, como en la Unión Europeatienen responsabilidades en la promoción de la cinediversidad y la bibliodiversidad.
Para ello se requieren programas de apoyo a la producción cultural endógena de
cada nación y la protección de la propiedad intelectual, tareas que siguen siendo de
competencia de los Estados y de los organismos intergubernamentales.
Soy de los que piensan que hay que preservar y seguir cultivando lo que los
libros representan como soportes y vías de elaboración de la densidad simbólica, la
argumentación y la cultura democrática. Pero no veo por qué idealizar, en abstracto,
generalizadamente, a todos si al preguntar a los lectores sobre su libro favorito,
como se hizo en la encuesta mexicana sobre lectura, 40% no sabe cuál es y entre
los mencionados sobresalen libros de autoayuda o esoterismo como el Código Da
Vinci. No basta promover la lectura; hay que enseñar a leer. No basta promover la
lectura en papel; debemos todos aprender a leer en los distintos soportes, cambiando
las posibilidades de ser a la vez lectores, espectadores e internautas.
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BIBLIOGRAFÍA
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Diferentes, desiguales y desconectados: mapas de la interculturalidad, Gedisa, Buenos
Aires, 2004.
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2006.
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2006.
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Latinoamericana de Sociocultura y Comunicación, Grupo Editorial Norma,
Argentina, 2002.
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Teixeira Coelho, José. “La ciudad como selva”, Punto de vista, 85, Buenos Aires,
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