Alad , una inocente pel ula para los m peque s

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30-04-2006
Resúmen y crítica cronológica de la conocida película de animación de la multinacional Walt Disney
Company, bajo una perspectiva de izquierdas y de clase
Aladín, una "inocente" película para los más pequeños
Juanma Illescas i Martínez
Rebelión
El filme comienza con un vendedor de Arabia que nos hace de narrador al introducirnos en la
historia. Éste, es un arquetipo negativo de cualquier árabe que vaya vendiendo por las calles, a los
ojos de los acomodados occidentales burgueses,es decir; mentiroso, tramposo y hombre sin
palabra que vende material de poca calidad. Es comprensible que numerosas asociaciones árabes
se quejasen de la imagen que daban de ellos en la película. La acción se desarrolla en la ciudad de
"Ágrabah".
A continuación se nos presenta el malo de la película: Yafar. Un brujo alto y delgado con cara de
amargado que busca una lámpara mágica, pero para conseguirlo debe encontrar a lo que llaman en
la película "un diamante en bruto", que no es sino un hombre de corazón totalmente "puro".
Acto seguido y enlazando con este concepto, se nos presenta el protagonista de la película:
Aladdín. Un chico pobre, obligado a robar alimentos para poder subsistir, que va acompañado de un
inseparable mono llamado Abú. En esta escena, unos guardias del Sultán persiguen a Aladdín que
acaba de robar unas frutas de un puesto. Al final logra escapar y ya más tranquilo en la azotea de
un paupérrimo edificio,a modo de reflexión, canta una canción en la que dispara auténticas "perlas"
conservadoras y reaccionarias como: "soy pobre, pero un señor" (ya se sabe que casi todos los
pobres no tiene alma y son seres despreciables, hijos de Satán supongo) o al dirigirse al mono
mientras en una azotea divisa el palacio del sultán "algún día Abu seremos ricos, viviremos en un
palacio y nunca más tendremos problemas" (Aladdín dixit). Esto último seguro que haría las
"delicias" de pedagogos progresistas del siglo XX como Giner de los Ríos o anarquistas como
Francesc Ferrer i Guàrdia. Todo un ejemplo para los niños, a los que la "inocente" película les dice
con un proseletismo procapitalista descarado: "haceros ricos y a los demás que les den".
En la siguiente escena se nos presenta a Yasmín, la hija del sultán, una niña pija, malcriada y
traviesa pero por supuesto muy atractiva (constante en Disney) que al igual que Bella (la
protagonista de la anterior superproducción Disney, "La Bella y la Bestia"), desea vivir aventuras y
se pregunta que habrá fuera de palacio de donde no ha salido nunca. Mientras, se dedica a
despachar pretendientes ante la desesperación de su padre, el Sultán. Éste, muy preocupado
porque según la ley (que el hace despóticamente) debe casarse antes de su siguiente cumpleaños.
Al sultán nos lo pintan como un viejo atolondrado y simpático 1 (para quien le haga gracia), que se
pasa el día sin pegar ni golpe y jugando con sus juegecitos (mientras la gente se muere de
hambre). Pero atención, no nos confundamos, él es buena persona (así nos dicen los creadores del
filme), solo que está mal aconsejado por el malvado Yafar. Moraleja Disney: nuestros gobernantes
son hombres buenos y si ocurre algo malo es por burócratas o consejeros ocultos en el engranaje
estatal. Esto tendría mucho que ver con las teorías neoliberales que empezaron a estar e boga en
los países capitalistas a partir de los gobiernos de Pinochet, Reagan y Tatcher, que pretendían la
minimización de la actividad estatal en pro de la iniciativa privada para así destruir el estado del
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bienestar (esos "malditos funcionarios") y aumentar las ganancias de la élite económica.
Yasmín se queja al padre y le dice "que la ley es cruel" (pero es la ley claro) y el Sultán (como todo
buen padre conservador) le contesta que él sólo quiere a alguien que la proteja (¡pero si será
reina!).
Yasmín consigue fugarse del castillo para mezclarse con la "plebe" y se da una vuelta por el
mercado central, en su felicidad y viendo que hay unos niños pobres que pasan hambre, coge una
manzana de un puesto y se la ofrece a ellos. Acto seguido, el tendero le exige que pague lo que
vale la fruta, pero ella no tiene dinero (ya se sabe,"tanto tienes tanto vales") así que el
"incivilizado" comerciante se dispone a cortarle la mano como dispone la ley 2. Aladdín que estaba
observando como un "voyager" a la chica de la que ya advertimos que se ha enamorado (porque es
atractiva y tiene un cuerpo sensual, repitamos como buenos borregos pro-Disney: "la belleza está
en el interior"), sale en su defensa y escapan juntos con Abu, el mono-mascota que los niños se
supone se disputaran por conseguir en el McDonalds junto a su Big-Mac. Al final los guardias los
cogen, pero ella es la princesa y no le pasa nada, en cambio a él lo apresan por orden de Yafar que
ya sabe por sus poderes mágicos que él es "el diamante en bruto" que buscaba.
En la cárcel, Yafar se le aparece a Aladdín transmutado en un viejo preso desdentado que le habla
de un tesoro. Con la condición de que vaya ha buscarlo y le de tan sólo la lámpara, le ayuda a salir.
Mientras, Aladdín se dirige con el viejo a la gruta fantasma donde está la lámpara mágica, Yasmín
llora desconsolada porque previamente Yafar la engañó diciéndole que Aladdín había sido
ejecutado.
Al llegar a la gruta que sale de las arenas del desierto por arte de magia y tiene forma de cabeza
de león (adelanto quizá de la película que ya preparaban "El rey león"), Aladdín se dispone a entrar
no sin antes recordar las palabras que le dice el animal-gruta, de que no toque nada (excepto la
lámpara se sobreentiende). Una vez que ve la lámpara en el interior, su mono-mascota que no es
tan "puro" como él 3, se olvida de las palabras del león y coge un diamante que había por allí. Al
hacer esto, toda la gruta se viene abajo y Aladdín se queda encerrado con la lámpara, su
mono-mascota y una alfombra mágica que hace el papel de perro fiel. A continuación sin darse
cuenta frota la lámpara y hace su aparición el genio. Éste, de piel azul y aspecto dicharachero es en
realidad un showman de la tele-basura (con más gracia intermitentemente que estos últimos) de
cualquier prgrama-concurso en el que los participantes tienen que superar pruebas tales como
meter la mano durante un minuto en una caja llena de arañas. Consiguen salir de allí con la ayuda
de éste.
Una vez fuera le explica a Aladdín que tiene tres deseos a su disposición de posibilidades ilimitadas
excepto tres: "no puede matar a nadie" (estaría muy feo para ser una película con público potencial
infantil), "no puede resucitar a los muertos" (más de lo mismo) y "no puede hacer que nadie se
enamore de nadie" (esto sería horrible porque en el amor burgués se basa en gran medida en el
concepto de libertad ilimitada, abstracta e inmaterial que nos vende el capitalismo liberal
americano). Para enfatizar este concepto de libertad (comprensible por otra parte), el genio le
confiesa que lo que el desea es ser libre y no estar encerrado en esa lámpara. Aladdín, que es el
héroe, y "aunque sea pobre" es de corazón de sangre azul, le dice que desea "conseguir"(a modo
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de objeto) a Yasmín y que cuando tenga sus dos primeros deseos, el tercero lo dedicará a liberarlo.
El primer deseo de Aladdín es ser un príncipe rico y así ocurre. Cree que así conquistará a Yasmín.
Así que se dirige al palacio del Sultán con todo su séquito para pedir la mano de la princesa. Como
al chico se le sube a la cabeza su nueva condición y cree que ya lo tiene hecho (ya había tenido
"feeling" con ella cuando huían juntos de los guardias), y Yasmín que es una mujer del siglo XXI que
va al gimnasio, es valorada en la oficina y todos los chicos van detrás de ella: pasa del pobre
Aladín. El chico se queda perplejo.
Mientras tanto Yafar, que por ahí anda sin reconocer a Aladdín que se hace llamar a sí mismo el
príncipe Alí-Abagua, se propone acabar con él porque desea casarse con la princesa para obtener el
poder como futuro sultán.
Aladdín con su alfombra mágica (su bólido) seduce a la princesa (como ya hiciera su antecesor
"dysneiniano" con Bella y su biblioteca gigante) y la invita a dar una vuelta. Ella acepta
entusiasmada, también parece reconocerlo como Aladdín, pero no le dice nada porque desea
montar en esa maravilla de alfombra. Al terminar el viaje con canción incluida llamada "Un
mundo ideal" (o "Cómo ser un joven pijo egoísta y disfrutar de la vida"), Al acabar la canción, deja a
la chica en palacio y se besan. Aladdín que está muy contento, se pregunta ahora si Yasmín le
amaría si supiese en realidad que es pobre, así que vuelve a afligirse. De repente los esbirros de
Yafar lo apresan, lo atan y lo tiran al fondo del mar (un canto a la sutileza criminal). Con la ayuda
del genio consigue salir y salvar la vida. Pero entonces Yafar se da cuenta de quién es Aladín y que
tiene su codiciada lámpara. Así que piensa un plan con la ayuda de su loro-mascota y consigue
robarsela.
Al hacerlo se transforma en el hechicero más poderoso del mundo, esclaviza al pobre
Sultán-Dictador y a su hija pija: Yasmín. Vemos como a ésta última la obliga a llevar poca ropa a
modo de azafata del "Un, dos, tres" (esto es un guiño para las calenturientas mentes de los
padres-voyeurs que acompañan a sus hijos al cine) y le dice que si se casa con ella, la liberarla.
Pero ella no acepta (porque es princesa, ama a Aladdín y tiene principios).
Al final Aladdín salva la situación con astucia y consigue que Yafar se quede de genio dentro de la
lámpara aprisionándolo así para toda la eternidad y de rebote liberando a su amigo el genio bueno.
Éste, se va de viaje con una gorra de Pluto y con ello los creadores del filme dicen a los niños: "¡el
mejor sitio para ir de viajes después de vacaciones es Dyneilandia/Eurodisney como hace nuestro
amigo el genio!". Si lo hace él, bien hecho está. Lo que sigue se halla en la mejor tradición
reaccionaria y derechista de Disney (Walt se sentiría orgulloso). Aladdín se hace príncipe por la
gracia del Todopoderoso Sultán y así se puede casar con la chica de la película y de rebote, oye,
será el futuro líder de Arabia. Realmente éste era su premio merecido, porque alguien tan noble y
bueno, no merece ser una "rata callejera" (como lo llaman en la película) y vivir en la pobreza.
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Algunos ejemplos de lo dicho...
- Al principio cuando se nos presenta Aladdín y se lamenta de su condición de pobre dice una
maravilla como la que sigue que demuestra el carácter poderosamente elitista de la película : "si
miran dentro (referiéndose a él) hallarán un hombre bueno". No se sabe si la película nos insinúa
que en general la gente pobre es mala, la duda queda.
- Al acabar la película, el rey le dice a Aladdín justificando su aprobación como príncipe:
"necesitamos una persona de carácter sincero que rija los destinos de este pueblo" (como él que
deja que corten manos a quien roba manzanas y que tiene a su pueblo medio muerto de hambre
tal y como se ve en la propia película).
- Por cierto que el malo de la película, Yafar, tiene un nombre peligrosamente parecido al
fallecido Arafat (antigua autoridad palestina).
*El autor es licenciado en Bellas Artes, creativo y crítico de arte.
1
Es curioso que el Sultán nos lo pinten con la misma imagen que la prensa oficialista
española da a "nuestro" Rey: Juan Carlos I. Es decir, la de un viejo simpático y bondadoso
que es capaz al final de enrrollarse y dar saltos en un balcón si se lo piden sus
complacientes súbditos.
La historia comienza con la narración en off de una historia de
2
Se supone que es la Ley Islámica. Luego, ya se sabe, los musulmanes son
incultos e incivilizados, están retrasados; por tanto: aún está pendiente el
civilizarlos. Una buena lección, para que los ñiños capitalistas occidentales
crezcan con el imperialismo como un compañero beneficioso y necesario. Como
aquel padre que se impone y castiga a sus hijos, pero siempre por su bien.
Proseletismo de primera para ingerir con regusto dulce cualquier guerra
imperialista como las de Afganistán e Iraq.
3
La teoría liberal americana es sencilla, los pobres que se lo merezcan
pasarán al estamento de los ricos. Evidentemente, aquí vemos como Aladín
se lo merece, pero no así su mono-mascota. Moraleja Disney: "No nos
engañemos, solo unos pocos pobres merecen la pena, los demás son
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basura de la peor calaña"
Una gran justificación para lo que los conservadores
norteamericanos llaman la sub-clase. Eufemismo que viene a decir
que, los casi 40 millones de pobres que tiene el estado más rico de la
Tierra, los son porque se lo merecen.
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