La tentación de la bomba

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La tentación de la bomba
España no ha renunciado a fabricar armamento nuclear y posee planes específicos y tecnología para lograrlo
España podría fabricar su propia bomba atómica en cualquier momento e integrarse así en el restringido club de las
potencias nucleares. Aunque nunca se ha tomado la decisión política de construirla, nuestro país dispone desde hace
20 años de la tecnología, infraestructura y planes necesarios para una empresa de tal envergadura. Existe una doctrina
militar que sustenta su uso y una línea política, mantenida desde el almirante Luis Carrero Blanco hasta el presidente
Felipe González, de no aceptar compromisos internacionales que lo impidan. Éstas son las principales conclusiones del
informe realizado por el equipo de investigación de EL PAÍS.
El Ejército español posee varios estudios de viabilidad y costes para la producción de armamento
nuclear táctico y para dotar a nuestra Marina de submarinos de propulsión atómica. Estos estudios,
"oficialmente" desconocidos por los distintos Gobiernos tienen carácter secreto.
El actual ministro de Defensa, Narcís Serra, declaró ante el Congreso el 12 de marzo de 1985: "No
hemos heredado ningún desarrollo o estudio para producir armas nucleares, ni este Gobierno los
hará". Tan rotunda negación de la herencia recibida contrasta con la existencia, comprobada por
este periódico, de los citados trabajos. Un estudio secreto del año 1971, por ejemplo, fijaba en 8.700
millones de pesetas de entonces (unos 63.000 millones de ahora) el coste de una bomba atómica
táctica de fabricación propia.
En los últimos días, un alto directivo de la antigua Junta de Energía Nuclear (JEN) confesó en
privado: "Si hubiera una decisión política, en tres o cuatro años a lo sumo tendríamos lista una
bomba atómica táctica. Y no de las más elementales, sino de las más modernas. Otra cosa es
contar con los instrumentos necesarios para lanzar esas bombas". El experto ignoraba o no quería
reconocer que el Ejército español dispone ya de obuses autopropulsados capaces de llevar cabezas
nucleares y de aviones que con ciertas modificaciones pueden convertirse en vectores.
EL ENEMIGO ARGELINO
Desde el punto de vista militar ya existía una doctrina sobre su utilidad. La simple existencia de
Vandellós y de otras instalaciones, que abrían la posibilidad de fabricar armas atómicas, constituía
una poderosa disuasión frente a los países del norte de África. Curiosamente, en aquella época, la
mayor inquietud no la despertaba Marruecos, sino Argelia, que acababa de conseguir la
independencia, y a la que algunos analistas del Ejército atribuían "demasiadas relaciones con la
URSS".
"Para los militares, el mayor peligro provenía de un posible acuerdo entre Rabat y Argel, del que se
habló mucho en aquellos años. Hubiera supuesto un enorme riesgo para Ceuta, Melilla y el Sáhara",
explica un ex ministro de Asuntos Exteriores.
"Desde un punto de vista técnico, el reactor de Vandellós no es el más apropiado para producir
energía eléctrica. Científicamente era obsoleto ya en 1964", explica un especialista que tenía en
aquella época un alto cargo en la JEN. "Sin embargo, Vandellós era la central ideal para obtener
plutonio militar. Si se hace funcionar esta central al rendimiento económico óptimo, el plutonio que
resulta no es de buena calidad para un arma, pero si el aprovechamiento comercial alcanza sólo un
20% del posible, entonces se obtiene un excelente plutonio 239, que puede ser separado en una
pequeña planta de reprocesamiento".
Vandellós, además, no estaba sometida a los controles de Estados Unidos o del Organismo
Internacional de la Energía Atómica (OIEA). La compañía Électricité de France (EDF) poseía el 25%
del capital y estaba representada en el consejo de administración. "El compromiso de uso pacífico
era puramente verbal, puesto que en realidad no existían salvaguardias. El control a través del
consejo de administración era mínimo y permitía toda clase de engaños", asegura uno de los
protagonistas de aquella operación.
Cómo se fabrica una bomba atómica
Las bombas atómicas se construyen a partir de 17 a 20 kilos de uranio altamente enriquecido o 6 de plutonio. España
no dispone de plantas para fabricar uranio militar. La única forma de obtenerlo es reprocesar los residuos de las
centrales nucleares de producción eléctrica. Existe una instalación piloto de este tipo en la JEN, aunque paralizada en
la actualidad.El plutonio surge en el proceso de fisión del uranio y está presente, en mayor o menor proporción, en los
residuos de todas las centrales. Las de grafitogas, como la de Vandellós, son las más plutoníferas.
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