El padre que ama siempre

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Una Buena Noticia
para la semana
SUMMA
Aldapeta
Nº 119
Asterako berri ona
El padre que ama siempre
“Cuando comprendamos que Dios es la misericordia, el amor, que Dios es como las entrañas maternas que se
estremecen por nosotros, la vida será una fiesta” (Marko I. Rupnik).
En la parábola, Jesús pinta al hijo menor con los rasgos humanamente más miserables, y subraya así que Dios
acoge aunque se haya llegado a la mayor perversión.
El hijo empieza por exigir algo impensable e inaudito en aquella sociedad: dame la parte que me toca de la
fortuna. El colmo de la desfachatez. El libro del Eclesiástico decía: “Reparte tu herencia cuando acaben los días de tu
vida, a la hora de la muerte”. Pero aquel padre les repartió los bienes.
El hijo emigró a un país lejano. No le importaba lo hundido que dejaba al padre. Pensaba que fuera de la casa
paterna encontraría la libertad. Pero buscó un camino equivocado: derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Abandonando la casa paterna se vio, en contradicción con sus deseos de libertad, con la mayor de las esclavitudes. Convertirse en cuidador de cerdos es caer en el escalón más ínfimo de la cultura social del hebreo: el cerdo es un animal
impuro, y este hijo se convierte así en siervo y en bestia entre las bestias. A los animales se les daba de comer pero a
él le negaban hasta las algarrobas que comen los cerdos. Aquel buscador compulsivo de libertad se ve ahora sumido
en la mayor degradación.
Piensa entonces en volver a la casa de su padre. Pero el motivo de querer volver no es el dolor que ha causado
a su padre, sino el hambre que está pasando. Jesús lo podía haber pintado como alguien a quien al final le vence el
buen corazón, arrepentido del sufrimiento que ha ocasionado. Esto no sucede y, a pesar de todo, el padre no dejará
de acordarse del hijo y de esperar su vuelta a casa.
Cuando estaba de camino de vuelta, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se
puso a besarlo. Que un padre corriese al encuentro de un hijo, era una deshonra, y tener esas muestras de afecto fuera de casa totalmente impropio en aquel tiempo.
El beso en la Biblia es signo de perdón. Jesús está diciendo: “El Padre Dios perdona antes de que se le pida
perdón”. Además hace que le pongan el mejor vestido como signo de que le devolvía el honor que había perdido.
En cuanto al anillo, solo el dueño de la casa o el administrador podían usarlo. Tenía el sello equivalente a nuestra tarjeta de crédito en el comercio. La locura del padre por su hijo llega al extremo de dar tal poder a uno tan poco
fiable como aquel que había despilfarrado todo lo recibido.
En las casas solo los señores llevaban sandalias, los otros iban a pies desnudos. Calzan al hijo porque no será
un jornalero, que era lo máximo a lo que podía aspirar tras su desastroso curriculum, sino verdadero hijo.
La vuelta del hijo merece también un banquete, una fiesta. La persona que haya llegado a la mayor degradación humana no dejará de ser acogida entrañablemente por el Padre. Para su amor no hay fronteras ni condiciones.
Ignacio Otaño SM
Emailgelio 119 del 6 marzo 2016 – Cuarto domingo de Cuares-
Una Buena Noticia
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Nº 119
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Asterako berri ona
El amor del Padre (Lc 15, 1-3. 13-32)
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los
publicanos y los pecadores a escucharle. Y
los fariseos y los letrados murmuraban entre
ellos: “Ese acoge a los pecadores y come
con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: Un
hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo
a su padre: “Padre, dame la parte que me
toca de la fortuna”. El padre les repartió los
bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país
lejano y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo,
vino por aquella tierra un hambre terrible y
empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos.. Le entraban ganas de
llenarse el estómago de las algarrobas que
comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero
de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros”.
Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero
el padre dijo a sus criados: “Sacad enseguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercó a la casa, oyó la música y el baile, y
llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Este le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre
ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y se negaba a entrar; pero
su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira, en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nuca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cunado ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero
cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque
este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado”.
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