Discurso Rector Hugo Lavados Montes

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Discurso
Rector Hugo Lavados Montes
Ceremonia de investidura
Martes 1 de julio 2014
Como es natural, siento orgullo y emoción. Lo primero que tengo que decir es
que reconozco y agradezco a la Junta Directiva de la Universidad, que me
confió la dirección de esta Institución. Por cierto, tengo claro el gran desafío
que enfrento.
El progreso y el cambio deben basarse en nuestros 25 años de historia, breve
por cierto, y en los principios y en la cultura de la Institución. Un ejemplo de
esa cultura la encuentro en las comunicaciones que he recibido, de todos los
directivos, y muchos académicos y administrativos.
Todos somos tributarios de otras personas. En mi caso, quiero mencionar
a cuatro grandes pilares en mi familia. Primero a Mary Rose, mi mujer y
compañera por más de 40 años, con quien hemos construido una familia
de dos hijos, dos nueras y cuatro nietos, que son, para nosotros, TODO (por
supuesto, me refiero a los nietos). Siempre me ha apoyado y acompañado
en las decisiones de estudio y trabajo. “Haga lo que de verdad quiera”
es su respuesta, para temas de estudio y trabajo. Mi hermano Jaime, el
mentor académico e intelectual de todos nosotros, sobre todo en mi caso,
porque nuestro padre falleció cuando tenía cuatro años. Iván, mi querido e
inolvidable hermano y amigo. Mi mamá, profesora normalista, para quien la
educación era el valor más importante en la vida. Nos impulsó a estudiar y
ha sido fuente de inspiración, para que los tres hermanos siempre hayamos
estado estrechamente ligados a la universidad.
Ellas reflejan el estilo de relaciones que existe y que debe mantenerse en esta
organización. Por eso, seré un primus inter pares con los académicos y espero
regresar a hacer clases y estudiar, como es la vida de un profesor universitario.
Existe aquí un gran espíritu de equipo, considerando importantes a todos
quienes colaboramos aquí, con la búsqueda incesante de calidad académica
y eficacia en el uso de los recursos.
Dejo de ser Decano, con la carrera de Ingeniería Comercial consolidada, con
un proyecto educativo acorde a lo que necesitan nuestros alumnos y requiere
el país. Gracias a mis colaboradores en esa Facultad.
La USS inicia una nueva etapa
Lo primero que debo decir es que hemos tenido un proceso sostenido de
desarrollo institucional. Así lo vemos en la declaración de nuestra Junta Directiva,
al informar sobre mi nombramiento, “un Rector que dirija la Universidad en un
período donde el principal desafío es incrementar los logros alcanzados estos
años… La Universidad emprende una nueva etapa en la que, junto con los
nuevos desarrollos que se ha propuesto (en investigación y vinculación con
el medio), ha querido reafirmar su voluntad de seguir siendo siempre fiel a su
vocación docente y a su compromiso con la mejor formación profesional y
valórica de todos sus alumnos, de pre y postgrado.”
Quienes colaboramos en la USS, nos sentimos con grandes responsabilidades,
al ser depositarios de lo que podemos llamar “licencia social”, al ser una
universidad, y como tal, reconocida por el Estado. Se nos ha entregado el
mandato de cumplir una misión pública, tan importante como es la formación
de miles de jóvenes, que junto a sus familias, nos obligan a satisfacer sus
esperanzas y anhelos de progreso personal y de contribución al país. No es
otro el norte de nuestro trabajo.
Estos conceptos permiten dar sustentabilidad a una universidad.
Deseo compartir con ustedes tres recientes manifestaciones del modo de
relacionarnos internamente.
La primera es lo que señaló públicamente, hace dos semanas, la directiva
reelecta del sindicato de la USS, que encabeza don Andrés Saavedra. “De
esa manera, la directiva del sindicato de la USS pretende seguir avanzando
en la conquista de mayores beneficios para sus asociados, usando siempre
el diálogo propositivo, con mirada positiva y que apunte a potenciar a la
Universidad como una Casa de Estudios de Excelencia y Tradición”.
La segunda, es de don Eduardo Salvo, supervisor de seguridad, junto a los
jefes de turno y guardias, quienes me enviaron sus más cordiales y sinceras
congratulaciones, junto con felicitaciones y buenos deseos en estas nuevas
responsabilidades.
La tercera, está tomada de un discurso muy reciente del nuevo presidente
de la Federación de Estudiantes, FEUSS, Sede Santiago. “Nuestra Universidad
tiene muchas cosas de excelencia y también muchas cosas que mejorar. Acá
estamos los estudiantes con ganas de ser parte de la construcción del sello
USS, de una vida universitaria más activa y compleja y dispuestos a trabajar
colaborativamente por el bien de la comunidad. En un ciclo que, sin duda, será
complejo, en un contexto externo cargado de prejuicios hacia las universidades
privadas, que cuestionan su calidad académica, injustificadamente, y que
siempre nos posterga como estudiantes, frente a los beneficios y apoyos
estatales. Vamos a asumir el compromiso sebastiano con la sociedad, con
seriedad, pasión y compromiso. Vamos a representarlos con ímpetu, energía
y, por sobre todo, con alegría.”
Este es el mismo espíritu de trabajado colaborativo manifestado por las demás
federaciones, a través de sus presidentes y directivas, que nos acompañan:
Camila Soto de Puerto Montt, Cristóbal Salinas de Valdivia, representado
por el vicepresidente: Fernando Hoffmann; Pablo Osorio de Concepción; y
Frank Garrido de Santiago.
Desde 2011, la Universidad es propietaria de todos sus inmuebles, no teniendo
contrato de arrendamiento alguno, directo ni indirecto, con los socios de la
Corporación, ni con los integrantes de su Junta Directiva. Es una situación
clara y transparente, que miramos con satisfacción y tranquilidad, frente a
una enorme falta de información fidedigna.
Todo lo antes indicado, me interpela para mantener esa común unidad, en
torno a lo que deseamos ser, a partir de lo que somos. Eso es tan obvio, que
me produce cierto pudor decirlo; sin embargo, deseo enfatizar a todos en
la Universidad, que esas serían palabras sin contenido si no se encarnan en
nuestras definiciones, en la organización y en el día a día. También refuerza
mi convencimiento en torno a tener una política y una actitud de puertas
abiertas, entendiendo que la Comunidad Universitaria representa un desafío
en permanente construcción.
La USS hoy
Nuestra trayectoria
La USS fue fundada en 1989 en Concepción por Raúl Poblete y Javier Pivcevic,
académicos y emprendedores regionales. Inició sus actividades en 1990. Se
obtuvo la autonomía (licenciamiento), otorgada por el Consejo Superior de
Educación, en 2001.
La primera acreditación fue por 2 años, en 2006. A fines del 2008 se renueva la
acreditación, ahora por 3 años. La acreditación vigente es por 4 años, obtenida
a comienzos de 2012. Lo anterior es clara evidencia de consolidación, que
fundamenta aspirar a desafíos superiores.
Como se dijo, somos una Universidad que pone énfasis en la formación de
pregrado, que está en un proceso de desarrollo de programas de postgrado,
de vinculación con el medio, y de investigación focalizada en las áreas de
mayor desarrollo relativo.
La USS tiene 26.500 estudiantes de pregrado; con cinco Sedes que demuestran
la vocación regional, que se mantiene desde su inicio. Concepción tiene
10.300 alumnos, 9.050 en Santiago, 3.100 en Valdivia, 530 en Osorno y 3.500
en Puerto Montt. En cada uno de los últimos años hemos matriculado a 6.000
nuevos estudiantes.
Tenemos 31 carreras, agrupadas en 14 Facultades, siendo el área Salud la
de mayor tamaño, con 11 carreras y 14.300 estudiantes. Están funcionado
20 programas de magíster, 6 especialidades médicas y 7 especialidades
odontológicas,
El 86% de nuestros alumnos estudia en carreras acreditadas, siendo la primera
del país en lograr esta proporción. Al 2015 esperamos que prácticamente
todas las carreras de la USS estén acreditadas.
La Universidad ha sido responsable, con un proceso gradual y sostenido de
desarrollo, y continuará en esa senda, porque no es sensato improvisar, menos
en una universidad, ni en el conjunto de ellas.
En 2013 se titularon 2.120 nuevos profesionales. El tiempo de titulación promedio
fue de 5,5 años, exceptuando Medicina que demora 7,4 años.
El Plan Estratégico de la Universidad, para el período 2008–2015 demuestra
esa orientación. En el desarrollo de la USS se profundizará una cultura de la
calidad. Para lograr esta meta, es indispensable un eficiente desempeño
académico y administrativo, que pueda ser mejorado continuamente. También
se presenta un gran desafío, concretar el proceso de acreditación de las
carreras de Educación y Medicina, junto con incorporar la investigación, que
esté conectada con los postgrados. Hoy esas carreras están acreditadas,
habiéndose renovado recientemente Medicina, que se imparte en 3 sedes,
por 4 años.
La mitad de nuestros alumnos es la primera generación en su familia que ingresa
a la universidad, con un promedio de ingreso mensual del hogar del orden de
$ 600.000, igual a la mediana del país. Esto significa necesidades de apoyo,
académico y financiero, lo que ocurre en la gran mayoría de las universidades
chilenas. Desarrollamos el programa CREAR y tutorías, que entregan apoyo
académico. Junto a eso, sobre el 70% de los estudiantes recibe fuerte apoyo
financiero, vía el CAE, becas estatales por MM$ 1.960 y un sistema de becas de
la propia USS, que aportó este año MM$ 2.300, considerando sólo a alumnos
nuevos.
En el Sistema Único de Admisión 20 universidades tuvieron admisión con un
promedio PSU inferior al nuestro, y en este grupo se encuentran universidades
estatales, privadas del CRUCH y otras privadas.
Sobre la selectividad del sistema universitario nacional existe desinformación,
y no se enfatiza que ninguna universidad en Chile solo matricula alumnos
con más de 600 puntos; que ocho universidades tienen promedios PSU sobre
600 puntos; no se dice que, por definición del instrumento, el 50% de quienes
rinden la PSU cada año obtienen menos de 500 puntos. Ni que menos del 3%
obtiene más de 700 puntos.
Además, no está en la discusión pública que de cada 100 estudiantes en cuarto
medio, alrededor de 34 de ellos ingresan a una universidad. Y que se titula la
mitad de esos 34. Es decir, hemos tenido una gran expansión en la matrícula,
con un proceso de masificación que se está dando en todo el mundo, pero
donde los profesionales universitarios son un grupo muy minoritario.
Nuestro proyecto
Es el momento de iniciar una nueva etapa, en la cual proyectaremos nuestras
convicciones, en torno a los ejes que definen desde su inicio el qué y el cómo
hacer de la USS.
En una Universidad acorde a los nuevos tiempos, sostenida en tres pilares
estrechamente inter relacionados: Inclusión – Calidad- Oportunidades.
Con este triple hélix logramos:
Reconocer y encarnar el valor del mérito, del esfuerzo personal, y del espíritu de
superación. Hacemos realidad en nuestro espacio la igualdad de oportunidades
para surgir, a quienes históricamente no la han tenido.
INCLUSIÓN con CALIDAD = más y mejores OPORTUNIDADES.
La Universidad San Sebastián es un proyecto que debe entregar educación
de calidad. Queremos ser la Universidad que genere el mayor valor agregado
a sus egresados, traducido en conocimientos, habilidades y competencias,
junto con adquirir un mayor capital cultural.
Por eso, tenemos un proyecto educativo que se centra en el aprendizaje de
los estudiantes y, para lograrlo, es clave conocerlos, analizar sus estilos de
aprendizaje, sus formas de relacionarse y analizar su entorno. Eso hacemos,
con rigor académico, como muy pocas otras instituciones.
Los desafíos que enfrentamos son múltiples. Uno de ellos es cómo mantener,
consolidar y profundizar el crecimiento y desarrollo de la USS, tanto en
calidad de la educación como en el desarrollo académico, que se deberían
alimentar mutuamente. Lo digo, porque es posible pensar en un importante
desarrollo académico, desconectado de la calidad del pregrado, como a
veces ocurre con núcleos de investigadores no integrados con la formación
de ese nivel.
Después de 25 años, no podemos eludir el desafío de avanzar hacia una
mayor complejidad, desarrollando los postgrados y postulando a proyectos de
investigación más importantes. Los desafíos son aumentar la investigación y la
oferta de postgrado; profundizar en la vinculación con el medio; y fortalecer
el plan de estudios con materias relevantes para el desarrollo del país.
Nuestro horizonte, para el cual trabajamos con mucha fuerza, es el convencimiento
que la calidad debe llevarnos a una acreditación acorde con nuestro nivel y
nuestro potencial a futuro. Por supuesto, un concepto como la calidad debe
tener contenidos, una orientación proviene de los criterios de acreditación;
por eso, si ellos son rígidos o alejados de los procesos globales y nacionales en
Educación Superior, terminan condicionando a las instituciones a uno de los
riesgos mayores en educación, en todos los niveles: la uniformidad no creativa,
porque es necesario “hacer lo que se mide”. Esto ocurre con el Simce y la PSU.
Los instrumentos de evaluación se transforman en los objetivos: Nos ponemos
hielo, para que el termómetro marque 36°, la enfermedad no importa.
Estamos frente a discusiones y reformas que a todos nos han remecido y
seguirán haciéndolo; a un escenario de cambios y de mayor supervisión del
Estado sobre el sistema y, particularmente, sobre las universidades privadas.
Solo podemos responder con lo que somos y lo que hacemos. Como estamos
convencidos que cumplimos un papel relevante en la Educación Superior
chilena, eso nos da tranquilidad y confianza frente a un futuro más demandante
y exigente.
Por cierto, tenemos opinión sobre los temas presentes en el debate, que
pondremos sobre la mesa en las instancias correspondientes, con la idea que
seremos incorporados en ese análisis. Muchas veces queda la sensación que
predomina el prejuicio irreflexivo y desinformado, la descalificación a priori,
que es lo opuesto al enfoque académico. Un punto que debo enfatizar es
la incomprensible negativa del CRUCH a nuestra solicitud de incorporación
al Sistema de Selección, repetida por 3 años. Las razones administrativas
esgrimidas y el argumento de necesitar más estudios sobre el funcionamiento
de la situación actual no nos convencen.
Definiciones institucionales
El perfil docente lo asumimos como parte de nuestra definición institucional,
con claridad y sin complejo alguno. Por lo demás, incluso en los países más
desarrollados del mundo, y por cierto también en Chile, las universidades,
colleges, institutos tecnológicos y otras denominaciones semejantes, que
tienen de verdad el perfil de las llamadas “research universities”, son una
gran minoría. Este es uno de los mayores mitos sobre la Educación Superior
que existe en nuestro país.
Las tendencias mundiales llevan a concluir que las research universities son
muy minoritarias, que los colleges y universidades que de verdad y en serio
aportan al acervo de conocimientos científicos son los menos. ¿Cuántas
tenemos en Chile? Otro ejemplo, la Carnegie Foundation ha clasificado en
USA a 4.500 colleges, universidades e institutos tecnológicos que entregan
grados académicos de 4 años o más. De ellos, menos de 200 son research
universities y no más de 800 hacen investigaciones con impacto.
Mi hipótesis es que los integrantes de las elites chilenas, tanto intelectuales
como económicas, cuando estudian fuera de Chile, en su mayoría asisten a
postgrados en research universities y les va muy bien, lo que indica una buena
calidad de las universidades chilenas de origen. Luego, el modelo que tienen
en mente para analizar el fenómeno de la expansión universitaria es el que
conocen y no el de Island State University of California, que es esencialmente
docente.
Frente a estos problemas, una vía es continuar un debate muy interesante,
sobre qué debería llamarse universidad, o qué es una universidad, pero que
resulta algo bizantino y añejo, sin utilidad para orientar decisiones de políticas
públicas sobre las universidades y decisiones al interior de una institución. Por
supuesto no se trata que las denominaciones no importen; sin ellas no nos
comprenderíamos. Mi punto es que esas definiciones no pueden solo referirse
a abstracciones, sino que considerar qué ha pasado en otros países, junto a
nuestra historia, cultura y situación.
Debemos plantearnos que la Universidad San Sebastián tiene que ser una
universidad para el nuevo Chile, una universidad que realmente tenga
significado para la vida de nuestros estudiantes y para sus familias, y que sea
un aporte para el país.
Para ser un real aporte a la sociedad, a nuestros alumnos y a sus familias, tenemos
que hacer las cosas bien. Y eso significa capacitarnos para garantizar la calidad
del proyecto y obtener resultados concretos y, a la vez, ser responsables con
nuestras decisiones financieras.
Queremos ser la universidad de las oportunidades para todos. Inclusión +
calidad = igualdad de oportunidades.
Por lo mismo, la USS debe tener una presencia, acorde a nuestra importancia,
en el debate sobre el futuro de la universidad en Chile. Nuestros académicos
y estudiantes tienen que hacer sentir su pensamiento, hacia adentro y hacia
afuera de la USS; tener la actitud crítica que tanto se reclama a los universitarios,
y que hoy casi se ha opacado, frente a consignas y falta de reflexión.
Para finalizar, deseo invitar a nuestra comunidad universitaria a ser parte
de un proyecto que se mueve en esas tres dimensiones: inclusión/calidad/
oportunidades y cuya expresión concreta es poner siempre el foco en los
estudiantes y en el perfeccionamiento de nuestros profesores. Eso es lo que
lleva a la calidad.
Los invito a ser inclusivos, afectivos, cercanos. Para que la calidad dé resultado
se requiere cercanía y preocupación por el otro.
Tenemos que ser capaces de soñar juntos, pero siempre con un cable a tierra,
que nos lleve a intentar expandir la frontera de lo posible, junto con estar
inmersos en nuestra cultura, historia y valores.
Hacer las cosas bien es trabajar por el bien de nuestros alumnos, frente a
quienes tenemos una doble responsabilidad: una es académica, parte de ser
universitarios; la otra es más profunda y definitiva. Es nuestra responsabilidad
ética hacia los jóvenes y sus familias, y hacia la sociedad, por la licencia social
que he mencionado; ellos nos entregaron su confianza en que los llevaríamos
más arriba y más adelante.
Ese es el compromiso esencial que orientará mi trabajo como Rector de la
Universidad San Sebastián.
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