Tercer trimestre de 2011, volumen 11 número 3

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Carta del director
o
En Latinoamérica se está produciendo
un nuevo fenómeno con la entrada
de las primeras damas en la primera
línea de la política, ya sea mediante el
juego de la alternancia política con sus
esposos presidentes, como copresidentas de facto o como apoyo político más
allá de las clásicas funciones de asistencia social. Hay un conocido antecedente en la historia de Latinoamérica
en la figura de Juan Domingo Perón,
quien a su fallecimiento en 1974 fue sustituido por su esposa y vicepresidenta
María Estela Martínez, conocida como
Isabel Perón. Además, en sus mandatos
previos, el presidente Perón compartió
la popularidad con su anterior esposa,
Eva Duarte, Evita, líder del movimiento peronista.
El fenómeno no es exclusivo de
Latinoamérica. En Asia, aunque en
circunstancias distintas, se produjeron procesos de sustitución política
entre matrimonios. Tras el asesinato
de Benigno Aquino, su viuda, Corazón Aquino, le sucedió como líder de
la oposición al regresar del exilio en
1983, y ocupó la presidencia en 1986. En
Pakistán, Benazir Bhutto, asesinada en
2007 durante la campaña electoral, fue
sucedida por su esposo Asif Ali Zardari como líder del Partido Popular de
Pakistán y, posteriormente, como Presidente del país en 2008.
Gracias al actual contexto democrático generalizado, las mujeres lati-
noamericanas están alcanzando la
presidencia en contienda electoral,
pero su alto grado de empoderamiento
político tiene ya un cierto recorrido:
Violeta Chamorro (1990-1997) en
Nicaragua, Mireya Moscoso (19992004) en Panamá, Michelle Bachelet
(2006-2010) en Chile, Laura Chinchilla (desde 2010) en Costa Rica,
Dilma Rousseff (desde 2011) en Brasil y
Cristina Fernández de Kirchner (desde
2007) en Argentina. Esta última fue
elegida para el cargo en 2007 después
del mandato de su esposo Néstor Kirchner, fallecido en octubre de 2010, y el
21 de junio anunció su candidatura para
competir por la reelección presidencial
en octubre de 2011.
En este número, se analizan los
casos de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en Argentina; de
Sandra Torres en Guatemala; Rosario Murillo, compañera del presidente
Daniel Ortega de Nicaragua; de la ex
presidenta de Chile Michelle Bachelet,
y de Margarita Zavala, copartícipe del
proyecto político de su esposo, el presidente de México Felipe Calderón. Los
ensayos han sido elaborados, respectivamente, por Dan Rosenheck, Dina
Fernández, Gema Santamaría, Beatriz
Manz y Sara Sefchovich, y ofrecen una
perspectiva detallada y rigurosa de las
primeras damas en un contexto histórico, así como su trayectoria y sus objetivos políticos.
vii
En otro orden de ideas, las revueltas en el mundo árabe son un tema
que sigue abierto. El artículo de Farid
Kahhat aborda la situación en el Medio
Oriente y su relación con Latinoamérica, así como el paralelismo que
se observa en los procesos de democratización de ambas regiones. En su
ensayo, Dina Shehata describe y explica
la caída de Hosni Mubarak en Egipto
después de 18 días de disturbios inspirados en la Revolución del Jazmín en
Túnez. Jack A. Goldstone brinda una
explicación más holística de la caída
de los regímenes dinásticos y autoritarios en el Medio Oriente y su extensión al norte de África: el aumento de
precios y la falta de crecimiento no es
lo que provoca las revoluciones, sino la
persistencia de la pobreza en medio de
una riqueza cada vez más extravagante.
El dilema que plantea el autor es que si
se ofrece ayuda económica a estos países antes de que se hayan creado nuevas
instituciones y gobiernos responsables
sólo se promovería la corrupción y se
socavaría el avance hacia la democracia. Las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea no facilitan las
soluciones, como explica Juan Tovar en
su análisis de los desencuentros entre los
líderes en ambos lados del Atlántico en
los últimos años y señala las repercusiones que se podrían derivar de tal distanciamiento en distintas regiones, incluso
en Latinoamérica.
Centrado en Latinoamérica,
Russell Crandall se refiere a la pérdida
de influencia de Estados Unidos en la
región en años recientes. En vista de
los cambios que se están produciendo
en Latinoamérica, Estados Unidos
viii
debe adaptarse a las nuevas realidades de la era posthegemónica, y actuar
discretamente y sin tratar de mantener
su legado de hegemonía. La prudencia
de los gobiernos latinoamericanos, en
especial de los de izquierda, sin abandonar su postura pro libre mercado y con
recetas propias frente a la crisis económica, está teniendo éxito, como puede
observarse en sus tasas de crecimiento
económico. Crandall es contundente
al afirmar que el auge de Brasil como
potencia es el resultado directo de una
menor influencia de Estados Unidos en
la región. Esto significa un aumento de
la responsabilidad de Brasil, un cambio en las relaciones con sus vecinos y
un nuevo juego de equilibrios en el que
los gobiernos más izquierdistas pierden influencia, mientras que los gobiernos de izquierda democrática optan por
políticas favorables a Estados Unidos y
tienen éxito.
Las elecciones presidenciales en Perú
pueden ser un ejemplo más de este realineamiento latinoamericano. Los electores peruanos han otorgado, en segunda
vuelta, la presidencia a Ollanta Humala
en su contienda contra Keiko Fujimori:
una elección sin duda controvertida
en la que se eligió entre el nacionalismo izquierdista de Humala y la propuesta liberal conservadora de Fujimori.
El pasado autoritario y corrupto de su
padre lastró el ascenso de Keiko Fujimori. Humala, en cambio, ha conseguido convencer al moderar su discurso
y sus propuestas políticas, y al distanciarse de Hugo Chávez.
Jordi Bacaria Colom
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