La oración modelo - Biblecourses.com

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La oración modelo
2 Mateo 6.9–15; Lucas 11.1 –4
David Roper
¿Qué le gustaría a usted saber? Los niños tienen
un millón de preguntas, muchas de las cuales
comienzan con un «¿Por qué?». A los adolescentes
les preocupa qué van a hacer para ganarse la vida,
y cómo saber si están enamorados. Los adultos
desean saber cómo prosperar en la vida.1 Los
discípulos de Jesús, no obstante, deseaban saber
cómo orar: «Aconteció que estaba Jesús orando en
un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos
le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también
Juan enseñó a sus discípulos» (Lucas 11.1). A la
respuesta que dio Jesús se le ha llamado «la oración
del Padrenuestro».
Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás
en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga
tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo,
así también en la tierra. El pan nuestro de cada
día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros
pecados, porque también nosotros perdonamos
a todos los que nos deben. Y no nos metas en
tentación mas líbranos del mal (Lucas 11.2–4).
La versión más conocida de esta oración se
encuentra en Mateo 6, en el Sermón del Monte:
Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que
estás en los cielos, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el
cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras
deudas, como también nosotros perdonamos a
nuestros deudores. Y no nos metas en tentación,
mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y
el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén
(Mateo 6.9–13).
Este pasaje es uno de los más conocidos de toda
la Biblia. Tal vez solo el Salmo 23 sea más conocido.
Lamentablemente, muchos se han aprendido
esta oración de memoria pero no la han asimilado
de corazón. Durante los próximos minutos, analicemos qué es lo que esta oración realmente enseña, y
qué clase de desafío nos presenta a cada uno de
nosotros.
1
En relación con las tres categorías: niños, adolescentes
y adultos, traté de ser bastante genérico. Cuando usted
predique este sermón, use preguntas que estén planteando
los diferentes grupos de edad de su país o región.
Necesitamos comenzar aclarando algunos
aspectos que se han prestado para confusión. En
primer lugar, la oración de Mateo 6.9–13 y
Lucas 11.1–4 no tuvo como propósito servir de
oración ritualista. En los versículos que
preceden inmediatamente a Mateo 6.9–13, Jesús
advirtió contra las «vanas repeticiones» (Mateo
6.7). Además, el Señor dijo: «Vosotros, pues, oraréis
así» (Mateo 6.9a), no dijo: «use exactamente estas
palabras». Cuando Jesús más adelante volvió a
decir la oración (Lucas 11.1–4), ni siquiera Él usó
exactamente las mismas palabras: Usó 68 palabras
en Mateo2 y solo 37 en Lucas.3
En segundo lugar, el conocido título que se le
ha dado, de «La oración del Señor»,4 es inexacto.
Esta designación le fue dada por un erudito
anónimo de la Era del Oscurantismo, y es el nombre
que se le ha quedado. No obstante, no hay registro
alguno en el sentido de que Jesús mismo haya
usado esta oración. 5 Prefiero referirme a Sus
palabras como «La oración modelo». Es un modelo
en muchos sentidos. 1) Es un modelo de cobertura:
Contiene un reconocimiento de la grandeza de
Dios. Expresa interés por el reino y por todos los
que están en el mundo. Abarca incluso necesidades
personales. 2) También es un modelo de brevedad
y sencillez. Está contenida en cinco versículos en
Mateo y en tres versículos en Lucas. Solo se
necesitan cerca de veinte segundos para leer la
versión más extendida en voz alta.6 Como veremos,
es un modelo en otros sentidos. En este estudio
2
N. del T.: El autor se refiere a la versión que presenta
la NASB del evangelio de Mateo, y aclara que en el texto
griego, que no incluye la última parte de Mateo 6.13, se
usan 57 palabras. En la Reina-Valera se usan 75 palabras.
3
N. del T.: Este cálculo del autor se basa en la NASB,
y aclara que en el texto griego se usan 38 palabras. En la
Reina-Valera se usan 61 palabras.
4
El autor se refiere al título que se le da en inglés a la
oración que en el mundo de habla hispana se conoce como
el Padrenuestro.
5
Se ha dicho que la verdadera «Oración del Señor» se
encuentra en Juan 17.
6
No hay nada malo con las oraciones largas en privado.
Jesús a menudo oró toda una noche. No obstante, tenga
presente que no es necesario que las oraciones en público
(ni los sermones en público) se prolonguen indefinidamente
para ser eficaces.
1
usaremos Mateo 6 como el texto primordial porque
es más largo (y, por lo tanto, más completo) y
porque es más conocido; sin embargo, me referiré
ocasionalmente a Lucas 11.
UN MODELO DE DIRECCIÓN
Esta oración es un modelo en cuanto a la
dirección que se le da. En primer lugar, se dirige a
Dios: «Padre nuestro que estás en los cielos» (Mateo
6.9b; énfasis nuestro). Es a Dios a quien hemos de
orar, no a María ni a ningún santo, sino a Dios.
Pablo dijo que nosotros hemos de «[dar] siempre
gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo» (Efesios 5.20; énfasis
nuestro). Como ya se dijo, es a Dios, nuestro Padre
a quien debemos orar. Jehová no es un Dios impersonal, sino un Padre que protege y provee. Además,
es a Dios, que es nuestro Padre, a quien debemos
orar. Esta oración no es la oración de un ermitaño.
Tampoco es la oración de un hijo único. La frase
«Padre nuestro» reconoce la hermandad que
tenemos en común. Cuando oramos diciendo «Padre nuestro», indicamos que nos hemos reunido
para tratar asuntos de la familia.
Esta oración también es un modelo de dirección,
porque se dirige al cielo: «Padre nuestro que estás en
los cielos» (Mateo 6.9b; énfasis nuestro). Este mundo
es creación y posesión de Dios, pero no es Su hogar.
La nuestra es una religión que gira en torno al cielo.
Jesús vino del cielo, y volvió al cielo. Él está ahora
a la diestra de Dios en el cielo, intercediendo por
nosotros. Él volverá algún día del cielo a reunir a
los suyos, que pasarán una eternidad en el cielo
con Él. Pablo escribió que «nuestra ciudadanía está
en los cielos» (Filipenses 3.20). Jesús les dijo a Sus
discípulos que se regocijaran de que los «nombres
[de ellos estaban] escritos en los cielos» (Lucas
10.20). Nos desafía a todos nosotros a «[hacernos]
tesoros en el cielo» (Mateo 6.20).
UN MODELO DE REVERENCIA
La oración es también un modelo de
reverencia. Dios no es un amigo casual;7 Él es
nuestro Padre, y Su nombre es santo. La oración
continúa diciendo: «santificado sea tu nombre»
(Mateo 6.9c; vea Lucas 11.2b). La palabra que se
traduce por «santificado» proviene de la palabra
griega que equivale a «santo» y significa «con-
7
Cuando yo era joven, podríamos haber dicho: «Él no
es simplemente tu compadre [o compinche]». Sin duda
habrá expresiones semejantes en la región donde usted
vive.
2
siderar o reverenciar como santo».8 En el Antiguo
Testamento, el salmista dijo: «Santo y temible
es su nombre» (Salmo 111.9c). Moisés mandó,
diciendo: «No tomarás el nombre de Jehová tu
Dios en vano» (Éxodo 20.7a). La oración modelo de
Jesús nos hace saber que, aun bajo el nuevo pacto,
hemos de acercarnos a Dios con un profundo
sentimiento de temor reverencial.
UN MODELO DE ÉNFASIS
La reverencia que se acaba de mencionar
determina el tono que hemos de mantener al llegar
a las peticiones que hace la oración. El interés que
se expresa inicialmente, no es por uno mismo, sino
por los planes y propósitos de Dios, pues dice:
«Venga tu reino» (Mateo 6.10a; vea Lucas 11.2c).
¿Qué «reino» era el que anhelaban? Era la iglesia:
Me permitiré repasar algunos pasajes clave sobre
el reino mesiánico:
•
•
•
•
•
•
Daniel 2.44. Daniel anunció que el reino
mesiánico se establecería en los días del
Imperio Romano.9
Mateo 3.2; 4.17. Cuando los romanos
gobernaban el mundo, Juan el Bautista, y
luego Jesús, vinieron predicando: «El reino
de los cielos se ha acercado».
Mateo 16.18–19. En Cesarea de Filipo, Jesús
habló acerca de establecer Su reino; lo
llamó Su «iglesia».
Marcos 9.1. Cristo les dijo a Sus discípulos
que el reino vendría en un tiempo cuando
ellos todavía estarían vivos, y que vendría
«con poder». Más adelante, él dijo que el
poder vendría cuando viniera el Espíritu
Santo (Hechos 1.6–8).
Hechos 2.1–4. El Espíritu Santo vino en el
primer Pentecostés posterior a la muerte,
sepultura y resurrección de Jesús. En ese
momento, el poder vino y el reino, esto es,
la iglesia, fue establecido.
Hechos 2.47. A partir de ese momento, se
habla del reino, o la iglesia, como una
entidad existente. Cuando las personas eran
salvas, Dios las añadía a Su iglesia,
librándolas de la «potestad de las tinieblas»
y trasladándolas «al reino de su amado
8
The Analytical Greek Lexicon (El léxico griego analítico)
(London: Samuel Bagster & Sons Ltd., 1971), 3.
9
Daniel profetizó que el reino se establecería durante
el cuarto reino, el cual sabemos por la historia, que era el
Imperio Romano.
Hijo» (Colosenses 1.13). Los cristianos se
encuentran en un reino inconmovible
(Hebreos 12.28), la iglesia, ¡cuyas puertas
el Hades no puede destruir (Mateo 16.18)!
Cuando Jesús hacía que los discípulos oraran,
diciendo: «Venga tu reino», ellos en efecto
estaban diciendo: «Se establezca tu iglesia». El
Señor estaba pidiéndoles a Sus discípulos que
fueran participantes del gran plan eterno que
incluía a la iglesia (vea Efesios 3.10–11).
¿Deberíamos incluir en nuestras oraciones esta
parte de la oración modelo? En vista de que el
reino, esto es, la iglesia, ya fue establecido, es
mejor no usar exactamente las mismas palabras.
Podríamos adaptar la petición, diciendo: «Venga
tu reino a todo el mundo» o «Venga tu reino al
corazón de todos los hombres». Si no adaptamos las
palabras, le estaremos dando credibilidad a los
premilenaristas que creen que el reino de Cristo no
ha sido establecido todavía.
Aunque es necesario adaptar las palabras, la
oración enseña claramente que usted y yo debemos
estar interesados en el reino, esto es, la iglesia, y que
en nuestras oraciones debemos incluir el deseo por
la buena marcha de él. Debemos orar por la iglesia
que se reúne localmente. Debemos orar por la
iglesia que está alrededor del mundo. Al hacer
esto, ¡todavía podemos ser participantes en el gran
plan de Dios que busca dar a conocer Su sabiduría
«por medio de la iglesia» conforme a Su «propósito
eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor»
(Efesios 3.10–11)!
UN MODELO DE PREOCUPACIÓN
La siguiente petición continúa recalcando lo
espiritual, pero el énfasis se traslada de la iglesia,
o del reino, a toda la tierra, pues dice: «Hágase tu
voluntad, como en el cielo, así también en la tierra»
(Mateo 6.10b, c). Se expresa el deseo en el sentido
de que todos los que viven en la tierra obedezcan
la voluntad de Dios. Solo pensar en tal posibilidad
es para aturdir la mente. Considere cómo Su
voluntad se hace en el cielo. Imagínese los ángeles
y los arcángeles de pie ante el trono de Dios. Vea
qué dispuestos están a oír Sus mandamientos, y
qué prontos están a obedecerlos. ¡Qué maravilloso
sería que la voluntad de Dios se obedeciera de tal
manera en toda la tierra!
Para que esta parte de la oración se responda,
en vista de que la voluntad de Dios se revela en Su
Palabra, nosotros debemos llevar esta Palabra a
toda la tierra (Mateo 28.18–20; Marcos 16.15–16).
Debemos animar a la gente en todo lugar a obedecer
los mandamientos del Señor.
El valor más importante de esta parte de la
oración, no obstante, reside en que nos obliga a
examinar nuestras propias actitudes para con Su
voluntad. Francamente, muchos de nosotros no
estamos contentos con la voluntad de Dios para
nuestra vida. Alguien dijo que «a los hombres no
les gustan las partes que les son dadas a ellos por
el Rey del cielo». Esto es lo que algunos, en efecto,
han estado diciendo en oración: «Hágase mi
voluntad en la tierra». El propósito de la oración no
es lograr que Dios se someta a nuestra voluntad,
sino aprender a sujetar nuestra voluntad a la Suya.
UN MODELO DE MODERACIÓN
Estamos a mitad de la oración, y no se ha hecho
una sola petición personal, sin embargo, nuestro
corazón debe prepararse para hacer una. La
siguiente frase que leemos es «El pan nuestro de
cada día, dánoslo hoy» (Mateo 6.11). En la versión
de Lucas leemos: «El pan nuestro de cada día,
dánoslo hoy»10 (Lucas 11.3; énfasis nuestro). Note
la moderación de esta oración: No se pide pastel (ni
otros lujos11), sino pan. No se pide provisión de pan
para un mes, sino la cantidad necesaria para el día.
Una de las lecciones de esta parte de la oración
es que debemos contentarnos con las necesidades de
la vida. El alimento es una de las pocas cosas que
debemos tener. No es malo pedir otras bendiciones,
pero nuestra felicidad no debe depender de la
acumulación de cosas. Pablo escribió: «… teniendo
sustento y abrigo, estemos contentos con esto»
(1era Timoteo 6.8).
Hay otras lecciones que se encuentran en esta
parte de la oración. Por ejemplo, se nos recuerda
que Dios es la fuente de todas las bendiciones.
Hemos de orar a Él por algo tan sencillo y tan
básico como nuestro pan de cada día. No debemos
decir: «Miren lo que yo hice», sino: «Miren lo
que Dios hizo». Todo lo que tenemos, lo hemos
«recogido» en el camino; pero Aquel que puso esas
bendiciones allí para ser «recogidas» es Dios.
Hemos de trabajar por nuestro pan de cada día
(vea 2 a Tesalonicenses 3.11–12), pero todavía
debemos reconocer que Dios es la fuente absoluta
de toda bendición. Un antiguo verso sirve de
recordatorio de esta verdad:
Antes que el pan estuvo la harina,
Y antes que la harina estuvo el molino;
Y antes que el molino estuvo el trigo
10
N. del T.: Esta es la forma como se lee en la NASB.
Adapte esta aseveración de modo que refleje las
peticiones que podrían hacer donde usted vive.
11
3
Que ondeaba en la colina de más allá
Y antes que la colina estuvieron el sol
Y la lluvia y la voluntad del Padre.
La oración de Jesús insinúa además el deber de
no ser egoísta. No debemos orar pidiendo «el pan
mío de cada día», sino «el pan nuestro de cada día».
Por toda la oración, hay un énfasis en la comunidad
de los cristianos. Lea la oración otra vez. En ella no
se encuentra el pronombre personal «yo». La
oración está saturada de preocupación por los
demás.
UN MODELO DE HUMILDAD
En la oración se presenta después otra petición
personal: «Y perdónanos nuestras deudas» (Mateo
6.12a). La palabra griega que se traduce por
«deudas» se refiere a lo que se debe, pero la
referencia es a las deudas de carácter espiritual, no
a las financieras. En el Nuevo Testamento, la
palabra griega en singular se usa para referirse a
una ofensa, falta o pecado.12 En la versión de
Lucas se lee: «… perdónanos nuestros pecados»
(Lucas 11.4a).13 Al estar delante de un Dios santo,
reconocemos que somos pecadores y pedimos a
Dios que nos perdone. Este es un golpe a la esencia
de nuestro orgullo.
La parte que sigue de esta petición golpea
aún más dolorosamente nuestro orgullo: «…
como también nosotros perdonamos a nuestros
deudores» (Mateo 6.12b). ¡Es tan difícil perdonar!
Cuando alguien nos ofende, nuestro ego y nuestro
orgullo son heridos. Puede que tengamos la
tendencia a pensar: «¡Jamás lo podré perdonar!».
¡Qué difícil es perdonar a esa persona de corazón!
Debemos aprender a decir, en efecto: «Esto no es
tan importante; lo dejaré pasar».
Se han hecho intentos por evadir la dura
enseñanza de Mateo 6.12 (vea vers. os 14–15).
Algunos preguntan: «¿Podré realmente perdonar
a alguien que no se arrepiente ni pide perdón?».
Hay quienes señalan Lucas 17.3 y el hecho de que
Dios no perdona, sino hasta que nos arrepentimos.
No obstante, no estamos hablando de restauración
de la comunión, sino acerca de la actitud de nuestros
corazones. Cuando estaba en la cruz, Jesús oró,
diciendo: «Padre, perdónalos, porque no saben lo
12
Greek Lexicon (Léxico griego) 296. Una versión de
esta oración, que usa mucha gente, tiene la palabra
«infracciones» (una palabra que puede significar «pecados»): «Perdona nuestras infracciones como perdonamos a los que infringen contra nosotros».
13
Lucas usa las palabras «pecados» y «deudas» de
modo intercambiable.
4
que hacen» (Lucas 23.34a). Aunque Él dijo tal
oración, la culpa de los pecados de ellos siguió en
sus almas hasta que se arrepintieron (vea Hechos
2.36–38). No obstante, (y esto es lo que debemos
aprender a hacer), Jesús ya los había perdonado en
Su corazón. Si alguien me hace daño, es probable
que mi relación con esa persona se mantenga tirante
hasta que ella reconozca que hizo mal; pero mi más
grande preocupación debe ser asegurarme de que
en mi corazón yo no abrigue animosidad. Debo
mirar que no brote ninguna «raíz de amargura»
(Hebreos 12.15), que llene mi corazón y ahogue el
amor que debo tener por los demás.
La versión que da Lucas de esta parte de la
oración tiene esta nota positiva: «… porque también
nosotros perdonamos a todos los que nos deben»
(Lucas 11.4b). ¿Y si nosotros no estamos dispuestos
a perdonar? Se ha dicho que el hombre que no está
dispuesto a perdonar destruye el puente sobre el
cual él mismo debe pasar. Considere las palabras
que dijo Jesús inmediatamente después de la
oración modelo, y que son palabras que hacen
reflexionar: «Porque si perdonáis a los hombres
sus ofensas, os perdonará también a vosotros
vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los
hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os
perdonará vuestras ofensas» (Mateo 6.14–15).
UN MODELO DE DISCERNIMIENTO
La oración continúa diciendo: «Y no nos metas
en tentación,14 mas líbranos del mal» (Mateo 6.13;
vea Lucas 11.4c). La oración modelo es un modelo
de discernimiento porque no solo se preocupa por
el perdón de los pecados, sino también porque uno
se mantenga alejado de lo que lleva a pecar.
En relación con la palabra «mal», el texto griego
tiene un artículo definido, de modo que se lee: «el
mal». El significado puede ser «lo malo» (esto es,
cualquier maldad) o «el malo» (esto es, el diablo).
En vista de que el segundo es responsable de lo
primero (todo lo que es malo), cual sea el significado
que se le dé, transmite la misma idea básica.
Esta parte de la oración nos enseña a pedir la
ayuda de Dios para mantenernos alejados de la
tentación,15 para poder enfrentar las tentaciones
que encontremos en el camino y para derrotar a
Satanás. También nos asigna responsabilidad.
14
La palabra griega que se traduce por «tentación»
puede tener diferentes significados, pero en este versículo
se usa de modo intercambiable con la palabra «mal». En
este contexto, se refiere a «la tentación de hacer lo malo».
15
En vista de que Dios no tienta a nadie (Santiago
1.13), la frase «no nos metas en tentación» debe de significar
algo como «ayúdanos a no ser tentados».
UN MODELO DE ALABANZA
Las últimas palabras de la conocida oración del
«Padrenuestro» se encuentran entre corchetes en
la NASB: «[Porque tuyo es el reino y el poder y la
gloria para siempre. Amén]» (Mateo 6.13b). Este
final no se encuentra en los manuscritos más
antiguos. No obstante, hay pruebas de que estas
palabras se usaron en los primeros siglos de la
iglesia, y se encuentran en algún lugar en la mayoría
de las traducciones, ya sea en notas al pie de página
o en notas marginales, si no es que no están en
ningún otro lugar. Ellas constituyen una manera
apropiada de ponerle punto final a la oración. Son
palabras que vuelven a la fuente de todo lo que es
bueno, esto es, Dios mismo:
•
•
•
•
A Él pertenece «el reino». Él es el dueño, y
está por encima de todo. Debemos
reconocer esta verdad.
A Él pertenece «el poder». Cual sea el poder
que los hombres posean, es un poder endeble
en comparación con el poder de Dios.
Debemos reconocer esta verdad también.
A Él pertenece «la gloria», y debemos
proclamarla.
Todo lo anterior será «para siempre».
«Amén» y amén.
CONCLUSIÓN
Hemos estudiado la oración modelo. ¿Enseña
ella todo lo que usted y yo necesitamos saber acerca
de la oración? No lo enseña. Por ejemplo, no se
hace en el nombre de Jesús. La oración modelo fue
dicha cuando todavía estaba en vigor la ley de
Moisés, y hoy podría ser dicha por cualquier judío
consciente. Pablo enseñó que, bajo el Nuevo Pacto,
nosotros debemos «[dar] siempre gracias por todo
al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo»16 (Efesios 5.20; vea también Colosenses
3.17).
Reiterando lo dicho, las peticiones de la oración
modelo son de naturaleza general. Cuando usted y
16
La conocida frase «en el nombre de Jesús» no es
simplemente algo que decimos; por medio de ella reconocemos que Jesús es ahora nuestro mediador (1era Timoteo 2.5).
yo oramos, debemos ser específicos: Debemos dar
gracias por bendiciones específicas; debemos
confesar pecados específicos; debemos orar por
personas específicas.
No obstante, hay mucho que podemos aprender
de la oración modelo. Como se hizo notar, es un
modelo de dirección, de reverencia, de énfasis, de
preocupación, de moderación, de humildad, de
discernimiento y de alabanza.
Al poner punto final, debo recordarle que la
oración comienza diciendo: «Padre nuestro que
estás los cielos» (Mateo 6.9b; énfasis nuestro). Uno
no puede decir con verdad esta oración mientras
Dios no sea su Padre. ¿Es él su Padre? ¿Es usted hijo
de Él? ¿Ha nacido usted en el seno de la familia de
Dios por la fe y la obediencia? Pablo escribió: «…
pues todos sois hijos de Dios, por la fe en Cristo
Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados
en Cristo, de Cristo estáis revestidos» (Gálatas 3.26–
27; énfasis nuestro). Si usted ya fue bautizado
como creyente arrepentido, ¿se ha comportado como
hijo de Dios? ¿O acaso ha sido motivo de vergüenza
para la familia de Dios, esto es, la iglesia?
(1era Timoteo 3.15.) Si necesita ser bautizado o
restaurado (vea Gálatas 6.1; Hechos 8.22; Santiago
5.16), es mi oración que usted se decida hoy.
 NOTAS 
Cuando yo predico este sermón, hago que
alguien lea Lucas 11.1–4 antes de predicar. De este
modo, estas palabras están recién grabadas en la
mente los oyentes cuando yo comienzo a predicar.
Luego, cuando menciono que la respuesta de Jesús
fue la llamada oración del «Padrenuestro», esto es
lo que digo: «Usted acaba de oír la versión de Lucas.
He aquí la de Mateo». Luego leo o cito de Mateo 6.
Este sermón se anunció en de «La vida de
Cristo, núm. 8», La Verdad para Hoy. Mis notas
originales para este sermón fueron elaboradas hace
mucho tiempo; pido que me disculpen por no
haber hecho el reconocimiento a quienes lo
merecían por sus ideas.
!
Muy a menudo deseamos que Dios nos saque de
problemas después que hemos entrado en situaciones de tentación con los ojos completamente
abiertos. No podemos ser consecuentes cuando
decimos en oración: «No nos metas en tentación»,
y luego entramos deliberada y conscientemente en
situaciones en las cuales sabemos que seremos
tentados.
!O RE !
Muchos se preocupan por las «oraciones no
contestadas»; el verdadero problema lo constituyen
«las oraciones no expresadas». ¡Dios desea que le
pidamos! Él está ansioso por proveer. La oración
sin obras está muerta, pero las obras sin oración
también están muertas. Cuando las oraciones
cristianas ascienden, el poder de Dios desciende.
Extracto de My God and Prayer
(Mi Dios y la oración)
Charles B. Hodge, Jr.
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