Descargar - Escuela de Trabajo Social

Anuncio
Revista
Escuela de
Trabajo Social
Trabajo Social
Facultad de Ciencias Sociales
M A R Z O
73
20
06
Tercer sector
e intervención social: trayectorias
y perspectivas
FERNANDO FANTOVA
Naturalizaciones
violentas
análisis de algunas paradojas
existentes en las investigaciones
psicológicas y sociales en
fenómenos complejos como
la violencia escolar
TERESA MATUS
Un modelo analítico
para la intervención social:
integrando los enfoques de las
capacidades, el capital social y las
instituciones en el ámbito local
RENÉ OLATE
Métodos cualitativos
para la indagación social: relevando
esquemas de distinciones
RODRIGO FLORES
Mediación familiar
y conflicto: aspectos conceptuales
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
Observaciones de teorías
éticas en los procesos
argumentativos de trabajadores
sociales
Uso del capital social
en la generación de asociatividad
en pequeñas organizaciones
familiares campesinas
RODRIGO FLORES
Y
CAROLA NARANJO
Endeudamiento y ahorro
del personal en la gestión de los
bienestares institucionales
ISABEL MONCKEBERG
Políticas activas
del mercado de trabajo en Chile
2000-2005: leccciones para la
política pública y desafíos para
el trabajo social
ALICIA RAZETO
Certificación
de intervenciones sociales
RENÉ RÍOS
Dos soluciones
habitacionales para adultos
mayores pobres: ¿cuál prefieren
ellos?
MARGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA
ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
¿Cómo viven los
inmigrantes
irregulares sus procesos
de integración en Chile?
CLAUDIA SILVA
PATRICIO MIRANDA
ISSN 0716-9736 SANTIAGO / CHILE
Escuela de
Trabajo Social
Facultad de Ciencias Sociales
M A R Z O
73
20
06
Tercer sector
e intervención social: trayectorias
y perspectivas
FERNANDO FANTOVA
Naturalizaciones violentas
análisis de algunas paradojas existentes
en las investigaciones psicológicas y
sociales en fenómenos complejos como
la violencia escolar
TERESA MATUS
Un modelo analítico
para la intervención social: integrando
los enfoques de las capacidades, el capital
social y las instituciones en el ámbito
local
RENÉ OLATE
Métodos cualitativos
para la indagación social: relevando
esquemas de distinciones
RODRIGO FLORES
Mediación familiar
y conflicto: aspectos conceptuales
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
Observaciones de teorías
éticas en los procesos argumentativos
de trabajadores sociales
PATRICIO MIRANDA
Uso del capital social
en la generación de asociatividad en
pequeñas organizaciones familiares
campesinas
RODRIGO FLORES
Y
CAROLA NARANJO
Endeudamiento y ahorro
del personal en la gestión de los
bienestares institucionales
ISABEL MONCKEBERG
Políticas activas
del mercado de trabajo en Chile
2000-2005: leccciones para la política
pública y desafíos para el trabajo social
ALICIA RAZETO
Certificación
de intervenciones sociales
RENÉ RÍOS
Dos soluciones
habitacionales para adultos mayores
pobres: ¿cuál prefieren ellos?
MARGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA
DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
¿Cómo viven los inmigrantes
irregulares sus procesos de integración
en Chile?
CLAUDIA SILVA
Revista Trabajo Social
Marzo / No 73 / 2006
CONSEJO EDITORIAL
Lena Dominelli
Dra. en Trabajo Social
Universidad de Southampton
José Paulo Netto
Dr. en Trabajo Social, Universidad Católica de Sao Paulo
Universidad Federal de Río de Janeiro
Margarita Rozas
Dra. en Trabajo Social
Universidad de la Plata
Saúl Karz
Filósofo. Sociólogo
Asociación Prácticas Sociales de París
Ana María Quiroga
Dra. en Antropología, Universidad de la Sorbonne
ISER Río de Janeiro
Alberto Parisi
Director de la Maestría en Ciencias Sociales
Universidad Nacional de Córdoba
Fabiola Cortez-Monroy
Magíster en Sociología, Universidad de Lovaina
Pontificia Universidad Católica de Chile
Margarita Quezada
Master in Education Social Work, The Catholic University of America
Pontificia Universidad Católica de Chile
Aldo Mascareño
Dr. en Sociología, Universidad de Bielefeld
Universidad Alberto Hurtado. Pontificia Universidad Católica
de Chile
Leonardo Onetto
Dr. en Lingüística, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Pontificia Universidad
Católica de Chile
Pablo Salvat
Dr. en Filosofía, Universidad de Lovaina
Universidad Alberto Hurtado. Pontificia Universidad Católica
de Chile
EDITORA
Teresa Matus
[email protected]
Dra. en Sociología, IUPERJ
Dra. en Trabajo Social, Universidad Federal de Río de Janeiro
Pontificia Universidad Católica de Chile
DISEÑO Y DIAGRAMACIÓN
Departamento de Diseño de la Vicerrectoría
de Comunicaciones y Asuntos Públicos
IMPRESIÓN
Andros Impresores
La Revista de Trabajo Social es editada por la Escuela de Trabajo
Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Campus San Joaquín.
Vicuña Mackenna 4860
Teléfono: 0056 - 2 - 354 4606
Fax: 0056 - 2 - 354 4667
Santiago de Chile
www.trabajosocialuc.cl
Los artículos y colaboraciones que aparecen con firmas son
responsabilidad de sus autores y no representan necesariamente el
pensamiento de la Revista.
Los artículos pueden ser reproducidos total o parcialmente, siempre
y cuando se mencione la fuente.
ISSN 0716-9736
Escuela de Trabajo Social
Pontificia Univerisdad
Católica de Chile
Sumario
5
Editorial
ARTÍCULOS
7
Tercer sector e intervención social:
trayectorias y perspectivas
Third sector and social intervention:
history and perspectives
FERNANDO FANTOVA
31 Naturalizaciones violentas
Análisis de algunas paradojas existentes en
las investigaciones psicológicas y sociales
en fenómenos complejos como la violencia
escolar
Violent naturalizations
Analyzing some paradoxes in psychological
and social investigations dealing with complex
phenomena such as school violence
TERESA MATUS
45 Un modelo analítico para la intervención
social: integrando los enfoques de
las capacidades, el capital social y las
instituciones en el ámbito local
Integrating perspectives on skills, social capital
and local institutions. An analitycal model for
social intervention
RENÉ OLATE
63 Métodos cualitativos para la indagación
social: relevando esquemas de distinciones
Qualitative methods for social research:
recounting diferentiation schemes
RODRIGO FLORES
73 Mediación familiar y conflicto:
aspectos conceptuales
Family mediation and conflict:
conceptual topics
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y
MARÍA OLGA SOLAR
83 Observaciones de teorías éticas en los
procesos argumentativos de trabajadores
sociales
Ethical theories observations of argumentative
processes led by social workers
PATRICIO MIRANDA
99 Uso del capital social en la generación de
asociatividad en pequeñas organizaciones
familiares campesinas
The use of social capital in generating
associability in small rural family organizations
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
111 Endeudamiento y ahorro del personal en la
gestión de los bienestares institucionales
Indebtness and savings as part of employees
assistance program management
ISABEL MONCKEBERG
121 Políticas activas del mercado de trabajo en
Chile 2000-2005: leccciones para la Política
Pública y desafíos para el trabajo social
Current Chilean labor market policies
2000-2005: lessons in Public Policy and
challenges for social work
ALICIA RAZETO
131 Certificación de intervenciones sociales
Social intervention certification
RENÉ RÍOS
141 Dos soluciones habitacionales para adultos
mayores pobres: ¿cual prefieren ellos?
Two housing solutions aimed at poor elderly
adults. Which one do they prefer?
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES,
MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO.
157 ¿Cómo viven los inmigrantes irregulares sus
procesos de integración en Chile?
How do Ilegal inmigrants in Chile endure their
process of assimilation?
CLAUDIA SILVA
Editorial
La REVISTA DE TRABAJO SOCIAL de la Pontificia
Universidad Católica de Chile, surge en 1970 con
el objetivo de hacer una contribución específica a
las transformaciones sociales existentes, desde las
innovaciones disciplinarias disponibles.
Este horizonte de conexión entre desafíos de la
agenda social y avances en la forma de enfrentarlos
ha sido una constante en estos treinta y seis años de
recorrido. En las páginas de la Revista han quedado descritos los diversos avatares de la época y los
instrumentos y estrategias de intervención social y
las políticas públicas a que dieron lugar. Es más, la
propia revista ha sido usada en múltiples ocasiones
como fuente empírica de registro para diversas investigaciones.
Estar a la altura de los tiempos, sin embargo, involucra un mecanismo de constante ajuste. Para
permanecer fiel al espíritu de su creación hay, en la
actualidad, que enriquecer su forma. En estos años,
nuestra propia Escuela de Trabajo Social ha crecido
y se ha fortalecido. Nos encontramos hoy insertos
en redes internacionales, contamos con posgrados,
tanto a nivel de postitulo como de Magíster. Hemos avanzado decididamente en el campo de la
investigación y en la generación de modelos más
complejos de intervención social.
Esto lo queremos plasmar, por tanto, al interior de
una revista que sea capaz, en una línea de continuidad y fortalecimiento, de acoger ese caudal de
investigaciones existentes en los diversos centros
académicos de Chile y el extranjero, así como de
dar cabida a las mejores innovaciones existentes
tanto a nivel de intervenciones sociales como de
gestación, implementación y evaluación de políticas
y programas sociales.
De allí, que después de un tiempo de reflexión y
de pausa, demos lugar al lanzamiento remozado
de esta revista, la número 73. Tenemos ahora un
consejo editorial internacional que hemos ampliado y al que estamos, desde ya, agradecidos por su
valiosa colaboración. Hemos rediseñado la línea de
la revista, contamos con una editora y un grupo de
expertos atentos a recibir y aportar con una lectura
crítica los trabajos que se envíen. Hemos ampliado
los centros tanto nacionales como internacionales
de intercambio. Con todo, lo que buscamos es ofrecer un mejor producto e iniciar una nueva etapa en
el camino de servicio y aporte público que es tan
propio y querido para Trabajo Social.
Margarita Quezada
Directora
ESCUELA DE TRABAJO SOCIAL
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 7-29
Tercer sector e intervención social:
trayectorias y perspectivas
Third sector and social intervention:
history and perspectives
FERNANDO FANTOVA1
Resumen
En las siguientes páginas vamos a intentar reflexionar sobre nuestro sector voluntario y, específicamente, sobre el papel que está desempeñando y puede desempeñar en el ámbito de la intervención social, a tenor de las coordenadas en las que se van desplegando (y replegando), hoy y
aquí, las políticas sociales.
Palabras claves: voluntariado - intervención social - políticas sociales
Abstract
In the following pages we will try to meditate about our volunteering sector and, specifically,
about the role that it is carrying out and can carry out in the social intervention in the frame of
the actual social politics.
Key words: volunteering - social intervention - social politics
Denominación, definición
y delimitación del sector
A la hora de aproximarse al que denominamos sector
voluntario, la definición más citada es, seguramente,
la propuesta por Salamon y Anheier. Asumiéndola
como punto de partida, pero expresándonos con
nuestras propias palabras, entendemos que existe
un cierto consenso a la hora de recoger los siguientes elementos definitorios del sector voluntario o de
las organizaciones no gubernamentales (Fantova,
2001: 107-108):
• Algunos de los rasgos definitorios propuestos
hacen referencia al propio carácter de las organizaciones como tales. Así, se habla de un
cierto grado de diferenciación, formalización,
estabilidad, continuidad, estructuración o institucionalización.
• En segundo lugar, se insiste en su carácter no
gubernamental. Las organizaciones han de ser
privadas, es decir, no han de formar parte o
depender de las administraciones o poderes
públicos.
• En tercer lugar se haría referencia a la ausencia de ánimo de lucro. Las organizaciones no
1
han de distribuir beneficios económicos entre sus propietarias, socias, administradoras
o directivas.
• Por último, como rasgo usualmente citado, se
afirma que las organizaciones han de buscar
algún tipo de impacto social de interés general
o de mejora en calidad de vida de personas y
comunidades. Vinculado a este carácter, que
puede ser denominado mutualista o altruista
o, en general, solidario, suele plantearse que
las organizaciones estén regidas al más alto
nivel por personas que no obtienen beneficio
económico o que cuenten con la colaboración
de voluntariado.
Recogemos una figura de Victor Pestoff en la que
creemos que se refleja bien lo que es el sector voluntario o tercer sector. En esa figura (tomada de
Herrera, 1998: 109) se puede ver el sector voluntario como un sector que emerge en un espacio
desde el que mantiene fronteras que lo separan de
y lo relacionan con el sector público, el mercado y
la comunidad. Ciertamente ahí aparecen los cuatro
sectores a los que se refiere Demetrio Casado en su
artículo sobre “el tercer sector, de cuatro” (Casado,
Consultor social. [email protected]
7
FERNANDO FANTOVA
2003: 45) o, por citar otra referencia estimable, las
cuatro esferas a tomar en consideración para caracterizar los regímenes de bienestar que están manejando
profesoras y profesores que ubicamos en torno a la
Universidad Autónoma de Barcelona (Giner y Sarasa, 1997: 219; Gallego y otras, 2002: 13).
Formal
Informal
Nonprofit
Estado
Forprofit
Público
Tercer Sector
Privado
Comunidad
Mercado
sean difusas y porosas) con los otros tres sectores
o esferas. Podría pensarse, por ello, que dentro del
amplio territorio del sector voluntario hay organizaciones que están más o menos próximas, por sus
características y por sus relaciones, a cada uno de los
otros tres sectores. Y diríamos que, en buena medida, es en esas relaciones con las otras tres esferas en
las que el sector no lucrativo y sus organizaciones
se fortalecen o se debilitan, aprovechan oportunidades o sucumben frente a amenazas. Se diría que,
paradójicamente, no pueden existir organizaciones
voluntarias si no mantienen relaciones con las otras
tres esferas pero, a la vez, es imprescindible que se
diferencien frente a los otros sectores en su lógica
organizativa y estratégica y en sus modalidades de
acción e interacción.
Volviendo por un momento a la cuestión terminológica diremos que, a los efectos de este texto,
entendemos como sinónimas las siguientes expresiones:
sector no lucrativo = sector voluntario = tercer
sector
Aunque cabría citar otros referentes y denominaciones dentro de las ciencias sociales, Herrera
denomina relacional (con referencia a Donati) a
esta representación de la sociedad en la que esas diferentes esferas
“tienden a diferenciarse entre ellas para cumplir
determinados objetivos y funciones (...). [Así,]
la sociedad es concebida como un sistema compuesto de cuatro subsistemas o polaridades:
• el mercado, entendido como el sistema de las
empresas que actúan por beneficio;
• el Estado, caracterizado por el uso del instrumento del poder político (por tanto del
derecho) para el establecimiento forzoso de las
obligaciones de la ciudadanía y la redistribución de los recursos;
• el tercer sector, es decir, aquel conjunto de organizaciones autónomas no de beneficio que
actúan motivadas por objetivos solidarios y
que, en primer término, aunque no exclusivamente, usan medios solidarios; y
• las redes primarias: la familia, parientes, grupos
de amigos y redes informales, que en conjunto todos ellos constituyen un cuarto sistema
en cuanto desempeñan funciones sociales
insustituibles (sin equivalentes funcionales)”
(Herrera, 2003b: 490-491).
Según un esquema de estas características, como decíamos, el tercer sector mantiene fronteras (aunque
8
De igual modo entendemos como equivalentes:
organización no gubernamental = organización
no lucrativa = organización voluntaria
Para evitar confusiones, diremos que, para que denominemos voluntarias a unas organizaciones, no
es necesario que todas o la mayoría de las personas
que trabajan en ellas sean voluntarias. Dicho de otro
modo, asumimos que
“el hecho de que muchas entidades sociales no
tengan voluntariado no implica que no puedan
ser denominadas como organizaciones voluntarias ya que tal denominación se justifica en la
libre voluntad organizativa de la sociedad civil”
(Rodríguez Cabrero (coord.), 2003: 37).
Por otra parte, dentro del sector voluntario, obviamente, no todas las entidades se dedican a la
intervención social. Proponemos, tentativamente,
definir intervención social como:
• aquella actividad, formal u organizada,
• que toma como referente las necesidades sociales (no, por tanto y por ejemplo, la demanda
solvente) y
• tiene como propósito principal la integración,
autonomía, bienestar y participación de las
personas en su entorno,
• contando con algún tipo de legitimación pública.
Con el mismo sentido podemos utilizar también la
expresión acción social. En este ámbito incluimos
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
tanto el conjunto de los que suelen denominarse, en
España, servicios sociales como un amplio abanico de
iniciativas de carácter, por ejemplo, sociosanitario,
socioeducativo, sociolaboral o sociocultural a diferentes escalas que pueden ir desde la intervención
comunitaria hasta la cooperación internacional. En
nuestro concepto la intervención social es una actividad de fuerte contenido e impronta relacional (un
servicio altamente intangible) que no necesariamente
tiene un carácter asistencial (aunque frecuentemente
tiene tal dimensión) sino que puede incorporar componentes relacionados con el aprendizaje o cambio
individual y con el cambio social (frecuentemente
microsocial) estructural.
En todo caso, como frecuentemente recuerda Demetrio Casado (Rodríguez Cabrero (coord.), 2003:
121), si bien en el sector público rigen separaciones rígidas por “ramas especializadas de medios”
esto no suele ser y no tiene por qué ser así en el
sector no lucrativo, lo cual, por otra parte, representa una ventaja relativa para que las organizaciones
voluntarias se orienten a sus fines. Así, si bien en el
sector público diferenciaremos claramente el sistema de servicios sociales de otros (como el educativo
o el sanitario), las organizaciones no gubernamentales no se encorsetan de esa manera y de ahí también
la utilidad de un concepto que nos da más holgura
como el de intervención social.
Ahora bien, aunque hemos reconocido que las dedicadas a la intervención social no constituyen sino
una parte de las organizaciones voluntarias, hay que
decir que si pudiéramos bucear en las raíces y en la
historia de lo que hoy llamamos intervención social
y de lo que hoy llamamos tercer sector, concluiríamos, seguramente, que no es nueva ni casual la
cantidad y la vitalidad de las iniciativas que encontramos en la intersección entre esos dos territorios.
Ello es así, posiblemente, por las especiales sinergias que se dan entre la dinámica de la intervención
social y la de la acción voluntaria, lo cual resulta
patente tan sólo mediante una superficial comparación de los rasgos con los que hemos definido la
una y la otra.
Sea como fuere, estamos hablando del sector voluntario como un agente o instancia social a la que
reconocemos un estatuto cualitativamente equiparable en diferenciación e importancia al que
atribuimos al sector público, al sector mercantil o
a las redes familiares y comunitarias. Esta posición
nos aleja, en principio, de quienes hablan del tercer
sector como subproducto o sucedáneo de alguno de
los otros, o de quienes intentan interpretar el sector
voluntario en función de los fallos de alguno de los
otros sectores. Lógicamente, para sostener esta posición habrá que mostrar la especificidad tanto de
los procesos y las estructuras de las organizaciones
no lucrativas como de las relaciones que mantienen
y los efectos que son capaces de desencadenar en
su entorno.
Para ello podemos tomar una primera apoyatura en
Donati y en el concepto de bienes relacionales que
propone. En palabras de Herrera,
“para la óptica relacional, el tipo y grado de
relacionalidad definen una categoría de bienes
sociales, llamados relacionales, cuya característica es la de no ser estrictamente públicos, ni
estrictamente privados, de no ser competitivos
según juegos de suma cero y de poder ser producidos y disfrutados por el conjunto de sus
participantes en las redes informales (bienes
relacionales primarios) y en las redes asociativas
(bienes relacionales secundarios). El carácter
relacional tiene su paradigma de referencia cultural-simbólico (no ciertamente el organizativo)
en las esferas de la familia y de las redes primarias (de las que provienen, por otra parte,
aquellos medios simbólicos generalizados de intercambio que son la confianza y la reciprocidad)”
(Herrera, 1998: 263).
A partir de esta categoría de los bienes relacionales,
Donati plantea su concepto de ciudadanía societaria.
Para Donati
“la ciudadanía societaria es la ciudadanía vista
desde la sociedad (entendida como relación)
antes que desde el Estado (o desde el binomio
Estado-Mercado). El Estado no desaparece, pero
se convierte en un sistema específico, necesario
para garantizar una ciudadanía más compleja y
extensa. El término societaria enfatiza el carácter
asociativo (relacional) de la ciudadanía (...), la
sociedad post-moderna expresa una ciudadanía
compleja” (Donati, 1999: 46-47).
Desde esta perspectiva el desarrollo y expansión
de las cuatro esferas no se realiza, necesariamente,
según un juego de suma cero, en el que a más peso
de una esfera tendrá menos peso la otra. Desde cada
uno de los ámbitos se daría respuesta a las necesidades sociales de un modo peculiar, desde unas
determinadas ventajas comparativas o aportando un
valor añadido especial. En cada una de las esferas
funcionan unas determinadas reglas del juego, unos
medios simbólicos generalizados diferentes que no
funcionan en las otras esferas. Situándonos, para
simplificar, en el ámbito de la intervención social
9
FERNANDO FANTOVA
diríamos que las organizaciones voluntarias harían
intervención social de un modo diferente y con unos
efectos distintos a los modos y efectos con los que
hace intervención social el sector público o con los
que el sector mercantil se involucra en la acción social. De igual modo habrá que distinguir claramente
aquello que llamamos intervención social y aquellas
formas que las redes familiares y comunitarias tienen
de dar respuesta a una serie de necesidades sociales.
Para referirnos a esa aportación específica que se
esperaría, hoy y aquí, de ese sector voluntario del
que venimos hablando, en las conclusiones de un
seminario reciente nos expresábamos así:
“En el caso de las organizaciones del tercer
sector entendemos que su aportación peculiar
consiste en ser cauce accesible y organizado de
la participación activa, voluntaria y solidaria
de las personas o la comunidad en el abordaje de los problemas y retos sociales (...) De las
organizaciones del tercer sector esperamos y reclamamos una proximidad atenta, una actitud
vigilante y una alerta crítica a favor de los derechos de todas y de cada una de las personas y
especialmente de las más vulnerables” (Fantova
(coord.), 2003: 4).
Utilizando una expresión cada vez más frecuente,
podríamos decir que el sector voluntario de acción social hace intervención social (o lo que sea
que haga en cada caso) creando capital social.
Pensemos en una empresa con ánimo de lucro proveedora de servicios sociales o en una empresa que,
pese a ser otra su actividad principal, se involucra
en proyectos de acción social. Estas empresas harían intervención social y socialmente se esperaría
de ellas que, haciendo intervención social, crearan
riqueza, que crearan empleo o cualquier otra cosa
que se espera socialmente de esa institución que es
la empresa convencional. Pensemos ahora en el caso
de organizaciones no gubernamentales que realizan,
en principio, una intervención social o una acción
social muy similares a las de esas empresas. Sin embargo lo que se esperaría de la entidad voluntaria,
como valor añadido (complementario si se quiere) se
cifraría, por decirlo así, en términos de capital social,
entendido como conjunto o entramado de normas y
relaciones de reciprocidad y confianza presentes en
un cuerpo social.
En cualquier caso, pese a que hablemos de sector
voluntario hay que reconocer que es enorme la diversidad y heterogeneidad de realidades organizativas
que encontramos dentro del sector. Así lo reflejábamos en el mencionado seminario al señalar que
10
“en el tercer sector encontramos organizaciones con una u otra forma jurídica (por ejemplo
asociación, fundación, cooperativa u otras),
con mayor o menor actividad económica, con
mayor o menor orientación a la prestación de
servicios, con mayor o menor grado de relación
o colaboración con las administraciones públicas u otras instituciones, con una base social
mayor o menor y más o menos activa, organizaciones más o menos reivindicativas y vinculadas
en movimientos sociales, más mutualistas o más
altruistas, más grandes o más pequeñas y así sucesivamente” (Fantova (coord.), 2003: 4)
Desarrollo y situación actual: análisis
Hemos empezado a definir y a delimitar el sector
voluntario y cuando se hace esto frecuentemente
surge la duda acerca de en qué medida nos estamos refiriendo a un fenómeno nuevo. Pues bien,
ciertamente hay que decir que el fenómeno de
las organizaciones voluntarias, tal como las hemos definido y delimitado en el apartado anterior,
no puede ser considerado, en absoluto, como un
fenómeno nuevo (Casado, 2003: 13-43). Sin embargo sí es relativamente nueva una determinada
configuración y un determinado estatuto del sector
voluntario en la sociedad en general y en el ámbito
de las políticas sociales en particular. Intentaremos
explicarlo.
En palabras de Demetrio Casado,
“la acción voluntaria se está haciendo socialmente visible entre nosotros de manera progresiva.
Actividades y organizaciones las tuvimos siempre en nuestra historia (...) Pero no fuimos
inducidos o ayudados a ver tales manifestaciones de la vida colectiva como un conjunto
conexo, sino de manera fraccionada, sin identidad común (Casado, 2003: 65).
Efectivamente, tal como se ha dicho,
“aunque las organizaciones voluntarias y no lucrativas cuentan, en última instancia, con una
larguísima tradición histórica a sus espaldas,
no ha sido hasta la década de los setenta del
pasado siglo, y en el terreno precisamente de
la economía, cuando se comenzó a hablar de
ellas como un sector institucional diferenciado
del mercado y del estado” (Pérez-Díaz y LópezNovo, 2003: 27).
Rodríguez Cabrero y Montserrat, entre otras, señalan el Informe de la Comisión Filer (en 1975) sobre
el sector independiente, en Estados Unidos, como el
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
punto de inflexión para un interés renovado sobre
las organizaciones no lucrativas (Rodríguez Cabrero
y Montserrat, 1996: 18). Ahora bien, como también
se ha señalado,
“es muy probable que la idea de tercer sector no
hubiera pasado de ser una mera idea (una de
las muchas ideas que circulan en busca de una
realidad que reflejar) de no haber sido por un
fenómeno que ha afectado a todas las sociedades
democráticas liberales con economías de mercado avanzadas en las dos últimas décadas del
siglo XX, a saber: el crecimiento en progresión
geométrica en todos estos países de las asociaciones voluntarias y organizaciones sin ánimo
de lucro. Esta eclosión asociativa ha sido de tal
magnitud que algunos autores no han dudado
en calificarla de una revolución asociativa global.
El crecimiento fulminante de las asociaciones
voluntarias y las organizaciones sin ánimo de
lucro ha conferido espesor empírico a la idea
del tercer sector y ha reforzado su plausibilidad
en el debate académico y en el discurso público”
(Pérez-Díaz y López Novo, 2003: 34).
A la hora de desarrollar y articular la reflexión sobre
qué es lo nuevo y qué es lo que no es tan nuevo en
relación con el sector voluntario, resulta sugerente la
aportación de Muñoz Machado, quien reconociendo como “gran transformación (...) la espectacular
aparición de un sinfín de organizaciones sociales,
normalmente laicas, que han asumido el desempeño de tareas de servicio a la colectividad” (Muñoz
Machado, 2002: 709-710), relativiza la presunta
novedad del fenómeno. Lo que ha ocurrido, desde
su punto de vista es que había tenido lugar una
“larga etapa durmiente de asociaciones y fundaciones” (Muñoz Machado, 2002: 717). Así, señala
que “nada mejor para valorar la significación de su
aparatosa emergencia a final de siglo XX que conocer las causas de la no menos importante etapa de
la vida de los Estados europeos en que la actividad
asociativa y fundacional quedó reducida al mínimo”
(Muñoz Machado, 2002: 717). Este estudioso recuerda que el espíritu de la Revolución Francesa “no
toleraba ninguna sociedad particular, ningún grupo
parcial, ninguna corporación colateral, ni incluso
para cumplir lo que el Estado no cumpliese” (Muñoz Machado, 2002: 720). Y, de igual modo que en
otros países, “en España se sigue, como está bien estudiado, la ideología antiasociativa implantada por
la Revolución, desde los mismos momentos de la
aprobación de la Constitución de Cádiz de 1812”
(Muñoz Machado, 2002: 722).
Según Muñoz Machado,
“toda la gran operación de desmantelamiento
de las instituciones de base asociativa y fundacional que se produjo en los primeros años del
siglo XIX, tuvo su continuación, desarrollo y
fortalecimiento a lo largo del siglo y continuó
arrolladoramente hasta pasada la mitad del siglo
XX. Al menos así ocurre con las asociaciones y
fundaciones que ejercen actividades sociales”
(Muñoz Machado, 2002: 29).
Demetrio Casado recuerda, por ejemplo, que la primera Ley de Beneficencia española, de 1822, es un
exponente muy expresivo de del “proceso de afirmación del Estado que lleva consigo la asunción
de responsabilidades en actividades anteriormente
desarrolladas por agentes privados voluntaristas”
(Rodríguez Cabrero (coord.), 2003: 101-102).
Según este mismo autor, la segunda Ley de Beneficencia, de 1849, es más contemporizadora, de
modo que podría considerarse la “Beneficencia particular” como una primera construcción conceptual
próxima al sector voluntario en España.
Muñoz Machado concluye que, en lo relativo al
“derecho de fundación y de asociación en España (...), no sólo se ha visto constreñido por
la desconfianza y la prevención, cuando no por
la actitud manifiestamente contraria, del legislador, sino que además han quedado aplastados
por el crecimiento progresivo de los servicios
de carácter social ofrecidos por las Administraciones Públicas, que vinieron a ocupar, desde
principios del siglo XIX, todo terreno social
que había sido atendido antes por instituciones
de base asociativa o fundacional creadas por la
Iglesia o por la sociedad civil” (Muñoz Machado, 2002: 734).
Esta realidad europea contrastaría con la norteamericana, como observara Tocqueville en su obra
sobre la democracia en América, de 1831. Diríamos
que autores como Casado y Muñoz Machado, entre
otros, nos ayudan a comprender las raíces antiguas del sector voluntario y su larga tradición de
acción social. Ello nos parece particularmente útil
como vacuna preventiva de algunos lugares comunes
no infrecuentes en la literatura sobre el tercer sector. Lugares comunes en los que cabe valerse de la
pretendida novedad del sector voluntario tanto para
plantear algún tipo de ilegitimidad de su incursión
en el terreno de la intervención social (por ejemplo
frente al sector público) como, en el extremo opuesto, para considerarlo el agente actual que sustituiría
a otros propios de épocas anteriores.
11
FERNANDO FANTOVA
También arroja una interesante luz sobre el desarrollo del sector voluntario, particularmente en
España, Subirats cuando afirma que
“España continúa siendo anómala con relación
a muchos de los países europeos que conforman nuestro entorno y que casi siempre nos
sirven de referencia al menos en un punto (...):
el país en general no tiene una concepción de
lo público como un ámbito de responsabilidad
colectiva, ni tampoco dispone de una presencia
fuerte, estructurada y responsable de lo que se
viene denominando sociedad civil” (Subirats,
2001: 43-44).
Según este autor, “nuestra historia nos ha dejado
huellas (...) El tradicional alejamiento, extrañeidad
entre estructuras institucionales, sociedad política
y sociedad civil, esa peculiar dependencia social
del Estado que venía acompañada de una arraigada
(y sin duda justificada) desconfianza de lo público,
ha dejado secuelas en nuestra forma de entender el espacio de lo público, de lo civil” (Subirats
(ed.), 1999: 20). Se echaría en falta “una sociedad
civil fuerte, es decir, (...) una sólida red de lazos
sociales, (...) tradiciones de responsabilidad cívica y (...) pautas de interacción social basadas en
la confianza y en la autocapacidad de organización
social” (Subirats (ed.), 1999: 20). Tendríamos un
“déficit crónico de sociedad civil, entendida como
consenso social sobre valores civiles compartidos
entre grupos sociales y compartidos entre las diversas culturas que se expresan” (Subirats (ed.), 1999:
21). Una sociedad civil cuyo principal elemento
constitutivo y su manifestación más visible sería el
asociacionismo.
En el análisis de Subirats, la debilidad de la sociedad
civil en España viene acompañada de la debilidad
del Estado en la medida en que prima todavía una
pauta adscriptiva (la que permite formar parte de
una estructura de relaciones sociales) “en la que el
individuo sólo cuenta en tanto en cuanto forma parte de un entramado básicamente familiar y clientelar
del cual depende” (Subirats (ed.), 1999: 27). Notemos que, si el análisis de Subirats es correcto (y así
parecen sugerirlo diversos estudios que comparan
el desarrollo del tercer sector en diferentes países)
no hay un juego de suma cero entre desarrollo del
sector público y el desarrollo de sector voluntario
sino que pueden necesitarse mutuamente por las
sinergias que habría entre uno y otro.
En un trabajo que forma parte de la misma obra
coordinada por Subirats a la que venimos haciendo
referencia, Mota, a la hora de analizar la tradicional
12
debilidad histórica de la realidad asociativa en España, afirma que
“la transmisión intergeneracional de actitudes y
valores político culturales a través de la socialización aparece como el principal obstáculo para el
desarrollo y la expansión del asociacionismo y la
acción colectiva en España, desafiando las cada
vez más favorables condiciones que brindan la
modernización socioeconómica y la consolidación de instituciones políticas democráticas en
el conjunto del país. De modo que un factor
tan importante para la emergencia y extensión
del asociacionismo voluntario como es el grado
de confianza social se revela muy insuficiente de manera constante desde los años setenta
(...). La persistencia de la desconfianza social
generalizada ha concurrido con una afirmación
del proceso de individualización iniciado en la
sociedad española durante el desarrollo económico de los años sesenta, lo que se ha traducido
en un aumento de los índices de tolerancia y
en un avance importante en la aceptación del
pluralismo ideológico que son condiciones necesarias para el florecimiento del asociacionismo
y de la vitalidad de la sociedad civil. Sin embargo, existen indicios de que el crecimiento del
individualismo en España no ha estado ligado
a la aparición y desarrollo de valores y actitudes
personales que favorezcan la capacidad de intervención del individuo en la esfera pública y la
confianza en su poder de transformación social
(...). Es en parte debido a esta limitación de la
acción colectiva organizada en nuestro país que
el compromiso de los españoles con el estado
de bienestar sigue siendo muy fuerte (...). Por
tanto, las actitudes favorables al cambio de un
Estado providencia omnipotente y paternalista, a
un Estado relacional, que estimula el compromiso colectivo y la intervención pública desde la
propia sociedad civil, aún son muy minoritarias
en España de cara a promover las tendencias
hacia un mayor protagonismo de la iniciativa
social frente a la estatal que se están observando en otras democracias desarrolladas” (Mota,
1999: 40-41).
Recogemos este largo párrafo como exponente de
un análisis interesante y quizá poco frecuente sobre
el desarrollo del tercer sector en España. Con todo,
este autor, a finales de los noventa, observa “indicios de expansión y reciente vitalidad del fenómeno
asociativo en nuestro país” (Mota, 1999: 37). Nos
encontramos, por tanto, con un sector voluntario
de larga data y que se ha venido desarrollando en
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
un determinado contexto político, económico y
cultural. Con todo, subrayando las matizaciones
que aportan los enfoques aportados en los últimos
párrafos, entendemos que cabe hablar de una emergencia del sector voluntario en el último cuarto
del pasado siglo, también en España. Al analizar
este fenómeno se acostumbra a hacer referencia a
algunos factores, que recogemos sintéticamente:
• Oportunidades en el contexto del proceso de
globalización económica, por la crisis, flexibilización y precarización del empleo, por la
terciarización de la economía, por la reestructuración en red del tejido económico, por la
mayor valoración de activos intangibles en las
organizaciones (como el conocimiento) y por
el desarrollo de nuevos nichos de mercado
vinculados a nuevas necesidades, preocupaciones o demandas sociales.
• Apertura de espacios por la crisis o reestructuración del Estado de bienestar, unida a
discursos o prácticas diversas como, por ejemplo, la reducción del tamaño del Estado o la
desburocratización de los servicios públicos.
Mayor plausibilidad de nuevos agentes en propuestas o modelos de gobernanza participativa
tras el colapso del socialismo real y, en general,
el declive de otros agentes sociales.
• Oportunidades en el contexto de la denominada sociedad del riesgo en la que aparecen nuevas
vulnerabilidades en el entrecruzamiento complejo de trayectorias individuales cada vez más
prolongadas y diversas en un contexto cultural progresivamente secularizado en el que se
mezclan y entrecruzan prácticas consumistas y
valores posmaterialistas.
Veamos ahora, con algunos datos relevantes, a qué
situación nos ha conducido el desarrollo del sector voluntario que hemos intentado caracterizar y
analizar en las páginas precedentes. En lo relativo
al sector voluntario en general, según el estudio dirigido por Ruiz Olabuénaga, en 1995:
• Componían el sector no lucrativo en España
más de 250.000 organizaciones,
• en las que se cobraban cerca de 26 millones de
cuotas.
• Estas organizaciones contaban con 11 millones de personas asociadas
• y con 2,9 millones de personas voluntarias,
• de las cuales un millón dedicaba más de cuatro
horas semanales a la organización.
• Se hablaba en ese momento de 548.366 personas empleadas (el equivalente a 475.179
empleos a jornada completa, un 4,5% de las
personas que en ese momento trabajaban en
España).
• Se recogía, también, un gasto operativo que
rondaría el 4% del Producto Interior Bruto
(2,8 billones de pesetas).
• En una comparación internacional España tendría un sector voluntario de tamaño medio.
• Según este estudio la parte del tercer sector dedicada a los servicios sociales rondaría el 30%
(Ruiz Olabuénaga, 2000a).
Caracterizando el sector voluntario de acción social
en España, Pérez-Díaz y López Novo señalan que:
• Hay que resaltar el gran peso que tienen unas
pocas entidades (las tres primeras entidades
del sector representan el 50% de las personas
asalariadas y el 64% de las voluntarias)
• y el tamaño mínimo de la mayoría de las
entidades (en especial en el caso de las asociaciones),
• frecuentemente jóvenes (sólo el 9% de las asociaciones y el 40% de las fundaciones se creó
antes de 1977, el 51% de las asociaciones y
el 35% de las fundaciones se crearon en los
noventa),
• modestamente complejas y de ámbito local.
• Se trataría de entidades con escasa colaboración entre sí (no más del 30% lo hacen
regularmente),
• con muy poca relación con el mundo empresarial (sólo el 6% de las entidades declaran que
mantienen una colaboración constante con
empresas)
• y con una alta dependencia de la financiación
pública, básicamente a través de subvenciones.
• Una estimación del total de los recursos humanos del sector sugiere para 1999 una cifra de
algo menos de un millón de personas ocupadas en actividades de acción social en el tercer
sector (en torno a 200.000 asalariadas y unas
730.000 voluntarias).
• Los ingresos económicos del sector en 1999
habrían sido de 5.640 millones de euros (Pérez Díaz y López-Novo, 2003).
La imagen que aporta este estudio coincide
básicamente con otros anteriores (Fundación
Tomillo, 2000). Según el estudio dirigido por
Rodríguez Cabrero,
• Desde 1992 a 2000 el gasto de las organizaciones voluntarias de acción social se habría
13
FERNANDO FANTOVA
duplicado, llegando a rondar los 4.000 millones de euros.
• Este estudio, por lo demás, coincide en afirmar la existencia de muchas organizaciones
pequeñas y pocas muy grandes.
• También señala que las subvenciones públicas
constituyen la principal fuente de ingresos.
• Este trabajo indica que forman parte del sector voluntario de acción social unas 10.000
organizaciones (Rodríguez Cabrero (coord.),
2003).
A esta caracterización cabe añadir un par de rasgos
más: ineficaz estructura de gestión y temporalidad
y baja tecnificación en el empleo (Marbán, 2001:
200). Agregando lo señalado por un último estudio
diremos que, según Salinas,
“la consolidación y expansión de las organizaciones no lucrativas tiene una repercusión
positiva y directa en la creación de puestos de
trabajo. El empleo asalariado se caracteriza por
ser más flexible y adaptativo que el de otros sectores, frente a las necesidades cambiantes de la
realidad social, pero a la vez es un empleo caracterizado por una alta temporalidad y, en buena
medida, precariedad. El empleo voluntario disminuye a medida que aumenta el asalariado, y
se le considera como trabajo complementario
y/o valor añadido en algunas actividades” (Salinas, 2001: 241).
Este autor también señala una cierta evolución en
las fórmulas mediante las que la administración pública ha externalizado parte de sus servicios, de las
subvenciones y convenios (fórmula típica de la década de los ochenta) a los contratos públicos, que,
en la década de los noventa, han ido progresivamente ganando terreno.
Ensayando una interpretación valorativa a partir
de datos como los anteriores, en el seminario del
que hablábamos antes compartíamos este diagnóstico:
“Refiriéndonos al tercer sector diríamos que
su realidad, hoy y aquí, es valiosa pero frágil.
Creemos que es una realidad valiosa por la
existencia, la persistencia, la vitalidad y la renovación de personas y organizaciones que
llevan mucho tiempo haciendo y compartiendo
intervención social desde las claves que caracterizan la acción voluntaria. Sin embargo los
procesos de desdibujamiento de la identidad
en algunas entidades y las a nuestro juicio insuficientes dinámicas de coordinación o simple
14
comunicación entre las organizaciones ofrecen
en ocasiones una imagen de fractura y debilitamiento del sector. Desde nuestro punto de vista,
tanto el tercer sector como las administraciones
públicas se ven sometidos a tensiones en este
momento de reajuste o reestructuración (con
fuertes amenazas, en muchos casos, de desajuste y desestructuración) de los sistemas de
bienestar social en sociedades complejas en las
que tienen que responder eficientemente a demandas y exigencias difíciles de compatibilizar
que provienen de las diferentes personas y grupos con los que tienen vinculación o relación”
(Fantova (coord.), 2003: 5).
Así, estudiosos como Ascoli, Ranci y Pavolini advierten fuertes tendencias a la polarización y la
fragmentación en el seno del tercer sector de acción
social. Así, las exigencias de las administraciones
públicas y las dinámicas de mercantilización estarían contribuyendo a configurar un segmento de
organizaciones dedicadas al welfare duro, con capacidad de gestión y fortaleza financiera y cada vez
más parecidas a las empresas de servicio con ánimo
de lucro. En el otro extremo tendríamos a organizaciones de welfare ligero, más de base, con mayor
presencia del voluntariado pero pequeñas y poco
relevantes desde el punto de vista político y económico (Ascoli y Pavolini, 2000: 827-858; Ranci,
1999: 187).
Rodríguez Cabrero, se refiere a la “creciente competencia selectiva por parte de la empresa privada en
la prestación de servicios, la conversión del voluntariado en una fuerza social integrada en las políticas
públicas, la creciente competencia entre las propias
entidades sociales y la crisis de identidad que afecta
parcialmente al sector (Rodríguez Cabrero (coord.),
2003: 354) y habla de “la fuerza simbólica de lo
no lucrativo hoy frente a su relativa debilidad institucional” (Rodríguez Cabrero (coord.), 2003:
534). Este autor identifica las siguientes etapas en
el proceso de reconstitución del sector voluntario
de acción social (Rodríguez Cabrero (coord.), 2003:
361-364):
• La fase emergente la sitúa en los años setenta,
aunque los años precedentes son fructíferos en
la movilización en áreas como la discapacidad
y había una interesante tradición cooperativista. El crecimiento económico, el auge de las
clases medias urbanas y la fuerza emergente
del movimiento obrero se tradujeron en una
renovada capacidad de movilización y reivindicación de la emergente sociedad civil
español.
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
• En los años ochenta, finalizada la transición
política y consolidado el sistema de democracia
representativa, el sector sociovoluntario entra
en una fase de consolidación (ciertamente desigual y fragmentada), pero que permite una
amplia flexibilidad organizativa en el sector.
La desmovilización social hace tomar conciencia de que los nuevos rumbos del sector social
exigen consolidar los objetivos reivindicativos
bajo formas estables de organización como son
las asociaciones y muy pronto estas entidades
se incorporarán a la prestación de servicios.
Las leyes de servicios sociales de primera generación no reflejarán aún la importancia del
sector pero de facto se recurrirá a las organizaciones voluntarias.
• La década de los noventa es la fase de expansión del sector de la acción social (fase aún no
concluida). Este proceso de crecimiento no
altera el hecho de que el conjunto del sector
sigue siendo reducido en el imaginario colectivo a las entidades singulares como son Cáritas
Española, Cruz Roja y ONCE que con distintos matices institucionales estructuran buena
parte del sector y acumulan una parte notable
de los recursos económicos y humanos que se
movilizan. En esta fase una parte importante
de las organizaciones no gubernamentales se
convierten en empresas de servicios que colaboran con la administración pública bajo
la técnica de la subvención o el concierto. Se
consolida progresivamente un modelo mixto
de producción del bienestar en el que las entidades sociales ganan peso como prestadoras
de servicios públicos y en las que se necesita
una gestión económica profesional.
• En la actualidad estamos en una fase de institucionalización que ya había empezado en la
década precedente, en un período histórico en
el que la gestión privada de servicios públicos
y sociales se está consolidando y el rol social
de las organizaciones no gubernamentales se
ve condicionado por la competencia creciente
de la empresa privada y por la creciente institucionalización de la actividad voluntaria a
través de su juridificación y regulación. La actual fase de crecimiento de las organizaciones
no gubernamentales no ha finalizado, pero
cabe pensar que en los años venideros se producirá una ralentización y, posteriormente, su
reordenación y consolidación.
En opinión de Salinas, “en la actualidad el tercer
sector dedicado a los servicios sociales estaría cum-
pliendo el papel de brazo ejecutor de determinadas
políticas sociales del Estado. Comportándose más
como una extensión de los servicios sociales que
como un tejido social organizado capaz de plantear
alternativas e influir en el diseño de políticas sociales” (Salinas, 2001: 240). En opinión de Herrera
y Castón, “a pesar del crecimiento numérico y el
aumento del peso porcentual en la gestión de los
servicios financiados públicamente, las organizaciones del tercer sector en Europa continúan viviendo
en una situación de marginalidad” (Herrera y Castón, 2003: 169).
En síntesis diríamos que la larga historia de las
organizaciones voluntarias, una serie de condiciones contextuales y algunos de los datos aportados
por los diversos estudios nos presentan un sector
voluntario de intervención social de envergadura
e importancia apreciables. Sin embargo, una mirada atenta no deja de descubrir fragilidades y
amenazas relevantes que nos obligan a no dar por
descontada la coherencia y fortaleza que requeriría
el desempeño sostenible del papel que permita considerarlo un verdadero tercer sector en el ámbito de
una intervención social entendida como uno de los
componentes clave del bienestar social en nuestras
sociedades complejas.
Las organizaciones voluntarias que
hacen intervención social
Pasando por un momento de una mirada macro hacia el sector a una mirada micro dirigida a cada una
de las organizaciones no lucrativas que hacen intervención social, decíamos en alguna ocasión anterior
(Fantova, 2001: 121-122) que iban asemejándose
y aproximándose, cada vez más, organizaciones
como, por ejemplo, las siguientes:
• Organizaciones (sobre todo asociaciones) que
nacieron como grupos de ayuda mutua, concienciación ciudadana o reivindicación social
y que, en muchos casos, fueron asumiendo la
gestión de servicios. Un caso típico es el de
las asociaciones en favor de personas con discapacidades, entre las que se ha resuelto de
diferentes maneras la tensión entre la dimensión de movimiento asociativo y el carácter de
empresa de servicios.
• Asociaciones de voluntariado que nacieron
para dar respuesta a un problema social de
terceras personas y se fueron profesionalizando o tecnificando en la gestión y prestación
de servicios, y, eventualmente, cambiando su
personalidad jurídica (por ejemplo pasando a
15
FERNANDO FANTOVA
convertirse en fundaciones o cooperativas).
• Entidades promovidas desde las administraciones públicas en un contexto de privatización
de servicios de gestión pública o, al menos,
como alternativa a la creación de servicios de
gestión pública reivindicados por algún sector
o demandados por alguna problemática social
emergente.
• Organizaciones promovidas por instituciones
religiosas, financieras o de otro tipo como forma de realizar su función social.
• Entidades surgidas con el fin de proporcionar
empleo remunerado a determinadas personas
en riesgo o proceso de exclusión, que, a su
vez, asumen como campo de actuación el de
la intervención social.
• Fundaciones de fundador o fundadora individual creadas para responder a determinadas
necesidades sociales.
Efectivamente, como se ha dicho, nos encontramos
ante organizaciones que “han cristalizado desde
orígenes muy diversos” (Alonso, 2000: 337). Con
independencia, por ejemplo, de su forma jurídica,
nos encontramos con organizaciones con una más
o menos característica red o entrecruzamiento de
contratos o compromisos entre agentes o instancias
como las siguientes:
• Las personas, familias, grupos y comunidades
a los que potencial o realmente va destinada
la intervención social (incluyendo segmentos
más y menos solventes).
• Los entornos familiares, comunitarios o sociales de las destinatarias y destinatarios de la
intervención social o de las propias unidades
de intervención.
• Las socias y socios que forman parte de la
entidad y el tejido social del que surgen, incluyendo quienes asumen responsabilidades de
gobierno.
• Las personas que trabajan de forma profesional y remunerada en la organización y también
las agrupaciones de estas personas.
• Las personas que trabajan de forma voluntaria
en la organización y también las agrupaciones
de estas personas.
• Los poderes públicos y las administraciones
públicas que establecen diversos tipos de intercambios y, en general, relaciones con la
organización.
• Otras organizaciones del tercer sector y las
personas que intervienen socialmente en y
desde ellas.
16
• Las empresas con ánimo de lucro relacionadas
de una u otra manera con la intervención social que hace la organización voluntaria.
• Otros ciudadanos y ciudadanas y, en general,
el conjunto de la sociedad.
Diríamos que las organizaciones voluntarias que
hacen intervención social, hoy y aquí, se están
configurando de una manera más o menos reconocible en la medida en que emergen en ese haz o
entrecruzamiento de relaciones en el que participan al menos las mencionadas personas o grupos
implicados o interesados (stakeholders). Nos encontramos ante un sistema de relaciones o intercambios
(económicos, de servicio, de legitimación y así sucesivamente) característico y diferente del de otros
tipos de organización. Lógicamente, dentro de
ese marco, cada organización se irá escorando de
forma más o menos consciente hacia un determinado posicionamiento estratégico (o, si se quiere,
antiestratégico) y hacia la correspondiente (o no tan
correspondiente) configuración.
Entorno
Procesos
Recursos
Efectos
Infraestructura
Estructura
Conocimiento
Clima y Cultura
Y es que si atendemos a Maturana y Varela cuando hablan de los sistemas sociales como sistemas
autopoiéticos o autorreferenciales, vemos que están
hablando de
“un tipo de fenómeno donde la posibilidad de
distinguir un algo de un todo (...) depende de
la integridad de los procesos que lo hacen posible (...). La característica más peculiar de un
sistema autopoiético es que se levanta por sus
propios límites, constituyéndose como distinto
del medio circundante por medio de su propia
dinámica, de tal manera que ambas cosas son
inseparables (...). El ser y el hacer de una unidad
autopoiética son inseparables, y esto constituye
su modo específico de organización” (Maturana
y Varela, 1996: 38-41).
Así, entendemos las organizaciones como entrecruzamiento de procesos (de acción y relación)
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
en los que se ponen en juego unos recursos (humanos, económicos, materiales o informacionales)
y que desencadenan unos efectos en un entorno a
la vez que tienen la consecuencia de estructurar la
organización (en términos de infraestructura, de
estructura social y de superestructura cognoscitiva,
afectiva o cultural) y diferenciarla de dicho entorno
(ver arriba el esquema para la comprensión de una
organización, de elaboración propia).
Aplicando este esquema a las organizaciones no
lucrativas que hacen intervención social y salvando las grandes diferencias que puede haber y
hay entre unas y otras organizaciones hemos identificado algunas características que nos parecen
suficientemente relevantes y comunes (Fantova,
2001:123-149):
• Alto grado de interacción entre la organización y el entorno con muchas personas de la
organización en contacto directo y permanente con el exterior y, en particular, con las
destinatarias y destinatarios de la intervención social.
• Complejidad del sistema-cliente (o, mejor
dicho, del conjunto de personas y grupos interesados o implicados) de la organización y,
con frecuencia, situaciones paradójicas o contradictorias en relación con las necesidades o
demandas de diferentes instancias o interlocutores relevantes a quienes la organización ha
de dar respuesta.
• Frecuente referencia a un territorio de tamaño
reducido o a un grupo poblacional determinado y próximo.
• Potencialidad pero también vulnerabilidad de
las personas que hacen la intervención social
en la medida en que penetran profundamente
en toda una variedad de espacios y momentos de la vida de las personas y comunidades
desde posiciones de poco reconocimiento o
estatus profesional o institucional.
• Coexistencia de personal remunerado y personal voluntario así como coexistencia de
trabajadoras y trabajadores procedentes y no
procedentes de redes sociales con las que está
conectada la organización (y por tanto, presumiblemente, diferentes grados y tipos de
compromiso).
• Fragilidad, en general, en términos de activos
financieros y materiales.
• Interesante patrimonio de competencias y, en
particular, de competencias relacionales adquiridas en buena medida gracias a la pertenencia
o cercanía a los grupos y comunidades con las
que se interviene desde la organización.
• Variedad de experiencias de gestión de la calidad, gestión de recursos humanos, gestión de
las relaciones y gestión del conocimiento.
• Coexistencia más o menos pacífica o conflictiva entre la estructura de participación (por
ejemplo de socias y socios) y la estructura de
gestión de las actividades de la organización
(con peso de trabajadoras y trabajadores).
• Importancia otorgada a la base de valores de la
organización con dificultades, sin embargo, de
preservar y reinventar los valores en las sucesivas etapas de maduración, profesionalización
y estructuración de la organización.
Intentando plantear un posible esquema evolutivo
que encontramos en las organizaciones no lucrativas
de intervención social hemos propuesto las siguientes cuatro etapas (Fantova, 2001: 149-150):
• Organizaciones que están en su prehistoria
como organizaciones no lucrativas de intervención social. Se trataría de entidades que
todavía no han comenzado a prestar servicios
o realizar intervenciones de una mínima envergadura, pero que están constituidas o en
proceso de constitución, que empiezan a tener
profesionales y a entrar en relación con las administraciones públicas.
• Organizaciones, normalmente pequeñas, que
estarían, por decirlo así, en fase de lanzamiento. Están volcadas en la prestación de servicios
y, por decirlo de alguna manera se vive una
situación descrita en términos de que todo el
mundo hace de todo. Es relevante la tracción del
grupo iniciador que normalmente se caracteriza por un saber hacer la tarea. Suelen tener
peso los elementos ideológicos.
• Organizaciones de una cierta consolidación
que se han estructurado estableciendo una
división de funciones. Con el crecimiento,
la estructuración y la profesionalización han
ido ganando peso los elementos técnicos y
atemperándose los ideológicos. La división de
funciones y la incorporación de nuevo personal han contrarrestado la preponderancia del
grupo originario, a la vez que han sido necesarios conocimientos no vinculados con la tarea
específica de la organización.
• Organizaciones que, a partir de una primera
consolidación han emprendido procesos de
cambio en la organización, de diversificación
de servicios y clientes, de reflexión estratégica,
17
FERNANDO FANTOVA
de establecimiento de alianzas o de trabajo en red. Se trataría de organizaciones que
conjuran los peligros de la burocratización,
mercantilización o disolución de la organización ensayando diversas maneras de gestionar
el cambio.
No podemos ocultar, en todo caso, que no son
pocas las organizaciones que no adquieren una mínima estructuración y que se disuelven de nuevo
en el tejido social del que surgieron. De igual modo
hay no pocas organizaciones a las que la atracción
fatal del mercado o de las administraciones públicas
convierten en meros apéndices o instrumentos del
uno o el otro sector. Se trata de procesos de desnaturalización de las organizaciones voluntarias
que han sido colonizadas por lógicas diferentes de
la que les es propia. Una organización voluntaria
mercantilizada o burocratizada, un tercer sector
agarrotado por dinámicas clientelares o nepotistas,
están dejando de aportar ese valor añadido del que
hablábamos.
Con esta mirada micro y con la anterior mirada macro, hemos intentado aproximarnos a la realidad
de ese sector voluntario con cuya definición, delimitación y claves de desarrollo hemos comenzado
estas páginas. Veamos ahora con más detalle cuál
es el papel que se plantea para el tercer sector de
acción social en las situaciones y en los discursos
actualmente vigentes en materia de política social.
E intentemos ir pensando en qué medida y en qué
sentido puede el sector voluntario de intervención
social cumplir uno u otro papel. Entendemos que
la pregunta es pertinente pues de la respuesta que
reciba dependerá en cierto modo la calidad de vida
y el ejercicio de derechos de un buen número de
personas y, en alguna medida, la calidad democrática y social de nuestra convivencia y de nuestra
ciudadanía.
El contexto de la actual política social
como marco y el papel del tercer sector
Señalaremos, en principio, que en este texto entendemos la política social como política pública.
Cuando hablamos de políticas públicas nos referimos a orientaciones de la actuación pública, y, en
nuestro contexto, emanadas de los poderes públicos. Ahora bien, asumiendo el concepto enunciado
por Habermas de nueva esfera pública, entendemos
que la formación y el desarrollo de las políticas
públicas no se realiza en el interior de las administraciones públicas convirtiéndose el resto de agentes
o instancias en meras destinatarias, ejecutoras o es18
pectadoras de las mismas. En materia de políticas
públicas podemos encontrarnos, en la práctica, con
procesos de producción más o menos participativos
y con políticas más o menos explícitas, pero no es
casual la cuestión se plantee cada vez más en términos de gobernanza, aludiendo a la necesidad de
reconceptualizar la gestión pública y la planificación social en situaciones de creciente complejidad,
interconexión y multipolaridad.
Estamos hablando, por tanto, de la posibilidad de
un gobierno multinivel y de una gestión pública en
red (Subirats y otras, 2002: 409). Y, cuando hablamos de red, estamos hablando de nuevas tecnologías
de la información y la comunicación y también de
nuevas realidades sociales en un contexto que hace
entrar en crisis muchos de los límites y jerarquías
establecidas en las organizaciones y sistemas. Afirmar, en todo caso, la posibilidad y la necesidad de
la participación y la legitimación no supone la disolución de las legitimidades y responsabilidades.
Por otra parte, hay que entender que cuando los
poderes públicos formulan, implantan y evalúan
políticas públicas lo hacen, lógicamente, en el ámbito de su competencia y respetando la autonomía
de los diversos agentes o instancias. Además, no hay
que olvidar que las parcelas a las que se refieren las
diversas políticas públicas tienen muchas intersecciones y se atraviesan recíprocamente. Por todo ello
se revela como especialmente necesario atender al
proceso dialógico de formación de las políticas como
garantía de la mejor adecuación de las diversas
políticas y de las sinergias que puedan darse entre
ellas.
Centrándonos ya en la política social, según Gallego y otras,
“en un sentido estricto, el campo de las políticas
sociales se extiende, por una parte, a las intervenciones públicas sobre el plano laboral, es
decir, sobre las pautas de inserción y exclusión
de las personas en los mercados de trabajo y,
de otra, sobre el conflicto distributivo, es decir,
sobre las tensiones derivadas de la asignación
de todo tipo de valores, recursos y oportunidades entre los grupos y colectivos sociales (...).
Hay que destacar que las políticas sociales no se
agotan en la interacción entre Estado y mercado
(...). El mercado no es el único espacio generador de desigualdades, como tampoco es la única
esfera social más allá de los poderes públicos. El
Estado de bienestar tiene, de hecho, múltiples
papeles en el espacio complejo formado por las
esferas pública, mercantil, familiar y asociativa.
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
Las políticas sociales podrán desmercantilizar
ciertos procesos, de la misma manera que pueden desplazar al ámbito del Estado actividades
realizadas previamente por las familias o por el
tejido asociativo. O, en sentido inverso, el Estado de bienestar puede operar como un factor
de remercantilización, pero también de privatización familiarista o comunitaria de funciones
anteriormente absorbidas por la esfera pública
(...). En síntesis, las políticas de bienestar se
conforman como espacios de gestión colectiva
de los múltiples ejes de desigualdad -de clase,
de ciudadanía, de género, etc.- que atraviesan
las múltiples esferas -pública, mercantil, asociativa, familiar- que presentan las sociedades
avanzadas de principios del siglo XXI” (Gallego
y otras, 2002: 14).
En cuanto a las orientaciones actualmente predominantes en las políticas sociales en nuestro entorno
político, económico y social, asumimos que nos
encontramos en un momento de reestructuración
de los sistemas de bienestar construidos en las
décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.
Aquellos sistemas se construyeron según un modelo que basculaba en gran medida sobre el trabajo
remunerado y con derechos como herramienta de
inclusión, como otorgador de ciudadanía económica y social (junto a la política) y como espacio en el
que se trazaba la que se consideraba divisoria central
entre sujetos enfrentados. Notemos que este modelo se construye en buena medida en un contexto
cultural de posguerra (con sus correspondientes
valores) y sobre la base también de un determinado modelo familiar (el que ha sido denominado de
varón sustentador).
Se asume que a partir de los años setenta el modelo
entra en crisis y empezamos a hablar de sociedad
postindustrial, postfordista, postmoderna. La crisis
es denominada e interpretada de diferentes maneras
pero, en todo caso, su manifestación principal es
que el modelo es cada vez menos capaz de incluir.
El desempleo empieza a crecer y empezamos a escuchar, cada vez más, hablar de dualización y de
exclusión. En cierto modo podríamos decir que es
el propio éxito del modelo y los cambios que desencadena en la calidad de vida, la salud, los valores,
la situación económica o los modelos familiares el
que está, en cierta medida, en el origen de la propia
crisis. Crisis que, en todo caso, tiene mucho que ver
con una revolución tecnológica y un proceso de globalización de la economía. Crisis que también viene
dada por el incremento del impacto ecológico del
propio desarrollo.
Avanzando en el tiempo y con palabras de Rodríguez Cabrero, diríamos que
“desde los primeros noventa, el nuevo marco es
el de la globalización que se corresponde con un
proceso de mutación de las fuerzas productivas
a nivel mundial que ha modificado el modelo
anterior a dos niveles: congelando la oferta de
consumos públicos (lo que denominaremos
Estado de Bienestar) (...) y segmentando los
consumos privados en base a mayores dispersiones en la distribución de la renta en la que el
Estado juega un papel más pasivo” (Rodríguez
Cabrero (coord.), 2003: 45-46).
En este contexto “las políticas sociales de orientación grupal o categorial han ido ganando fuerza”
(Rodríguez Cabrero (coord.), 2003: 51), lo cual,
según este autor contribuye a la segmentación de
las políticas sociales en función de la distinta capacidad de movilización y presión, en un contexto,
por cierto, de “remercantilización de los derechos
sociales” en el que “la lenta pero imparable conversión de las clases medias funcionales en clases
medias funcional-patrimoniales tiende a minar los
fundamentos materiales e ideológicos del Estado
de Bienestar en pro de un Estado de Bienestar liberal-patrimonial crecientemente diferenciado y
fragmentado” (Rodríguez Cabrero (coord.), 2003:
51). En palabras de Alonso, “El Estado se convierte
(...) en un Estado remercantilizador, gerencialista,
emprendedor y empresarializador (...), workfare
state” (Alonso, 2000: 333). En el caso español hay
que señalar que todo este proceso se da de forma
simultánea y entrelazada con la descentralización
del Estado.
Ante esta situación: ¿qué hacer? Se diría que el modelo de referencia en este momento, especialmente
en lo que tiene que ver con lo que estamos denominando intervención social, sería el de la gestión
pluralista o el modelo mixto del bienestar, en el que
encaja la reivindicación de un importante papel para
el tercer sector. Estas propuestas no representarían
una especie de vía intermedia entre los términos clásicos de la dialéctica público-privado (privado con
ánimo de lucro, se entiende), sino más bien una superación de modelos de bienestar primordialmente
basados en esa dinámica y en esa dialéctica Estadomercado, en el que ambos polos juegan a un juego
de suma cero.
Desde el concepto de lo mixto, la aparición de
nuevos agentes en el sistema de bienestar no se
lee, necesariamente, en términos de privatización
o precarización, sino que puede ser interpretada:
19
FERNANDO FANTOVA
• como una dinámica de respuesta adecuada a
la complejidad de los problemas y recursos y a
los diferentes tipos de necesidades y bienes;
• como un incremento de oportunidades para
las personas y los grupos;
• como un aprovechamiento de la oportunidad
que da la disminución de los costes de transacción en la economía informacional;
• como una ocasión para que las personas involucradas (destinatarias, trabajadoras u otras)
puedan construir trayectorias individuales
flexibles y ricas en una sociedad red en la que
verdaderamente haya redes que recojan y proyecten a las personas que lo necesiten en cada
momento en que sea necesario.
Desde las propuestas del modelo mixto se acostumbra a criticar la mercantilización de la respuesta a
las necesidades sociales o, como es el caso actual en
España, la sobrecarga de muchas familias, y en particular de muchas mujeres, que están asumiendo en
buena medida la provisión, no remunerada, de toda
una serie de cuidados y atenciones. Ahora bien,
también es común desde ese discurso la crítica de
las paradojas sistémicas y dinámicas perversas de la
que podríamos llamar administración de la inserción,
mediante la cual un sistema estructuralmente excluyente encarga a una de sus partes que se ocupe de
la inclusión. Tomando unas palabras de Habermas,
diríamos que
“la socialdemocracia (...) se ha visto sorprendida
por la específica lógica sistémica del poder estatal,
del que creyó poder servirse como un instrumento
neutral, para imponer, en términos de estado social, la universalización de los derechos ciudadanos.
No es el estado social el que se ha revelado como
una ilusión, sino la expectativa de poder poner en
marcha con medios administrativos formas emancipadas de vida” (Zubero, 1994: 165).
El modelo mixto se plantea como un sistema más
amigable con la familia y las redes sociales informales y, en general, como un sistema menos
institucionalizado y más flexible. Y, por tanto, más
capaz de gestionar esas situaciones paradójicas de
las que hablamos.
El discurso de lo mixto y del tercer sector aparece
también desde la conciencia de la necesidad de crear
las condiciones éticas, culturales, comunitarias, sociales o prepolíticas de la solidaridad (entre sexos,
entre generaciones, con las generaciones futuras,
con las personas en riesgo o proceso de exclusión
social, en el trabajo, en la comunidad, a nivel in20
ternacional y así sucesivamente) en las sociedades
de la cultura de la satisfacción. Se plantea, por tanto,
como una nueva manera de unir lo social con lo
cultural y también como una nueva forma de unir
lo económico y lo social (economía social) y de unir
lo social y lo político (participación, partenariado,
gobernanza).
Así, por ejemplo, en un sugerente artículo, Vidal propone un modelo DIN-A-3 de Estado de
bienestar. Modelo dinámico de solidaridad como
superación de un modelo distributivo o asistencial
y de un modelo insertivo o normalizador. Modelo
a tres, en el que se da una relación sinérgica entre
mercado, administración y tercer sector. Modelo
propio de una sociedad del riesgo, de una sociedad
reflexiva, de una sociedad informacional y de una
sociedad reticular. Modelo para la construcción de
comunidades creativas, pluralistas, convivenciales e
inclusivas en las que sean posibles las diversas trayectorias personales de ciudadanas y ciudadanos
libres (Vidal, 2003).
Sin embargo frente a la visión positiva y promisoria
del modelo mixto no faltan las alertas críticas. Ciertamente bajo esa etiqueta de modelo mixto pueden
caber muchas cosas. Así, en opinión de Noguera,
por ejemplo, la comunitarización del bienestar no
se realiza ni mucho menos al mismo ritmo que la
mercantilización o la familiarización, con lo que
estamos ante un falso pluralismo, o un pluralismo
sesgado y hegemónico en favor del mercado y, en
todo caso, de una familia cada vez más sobrecargada (Adelantado (coord.), 2000, capítulo 14:7).
Según Rodríguez Cabrero, “el mercado amplia su
espacio material y refuerza su peso ideológico al
extender la lógica mercantil en forma de cuasi-mercados en el Estado de bienestar y en la propia esfera
relacional (Rodríguez Cabrero (coord.), 2003: 28).
Este autor nos invita a “preguntarnos si estamos
realmente reconstituyendo la sociedad civil o, por el
contrario, estamos aumentando la responsabilidad
de la sociedad en cuanto a los efectos sociales de la
crisis pero sin que realmente se extienda y profundice la participación ciudadana” (Rodríguez Cabrero
(coord.), 2003: 33). Según Marbán, “la lógica competitiva del proceso de globalización económica, el
recelo de las clases medias urbanas sobre un Estado fiscalizador, y la transformación del ciudadano
en usuario-consumidor preocupado por un menor
coste en los servicios y en reducciones impositivas,
están presionando hacia un mayor reforzamiento de
la sociedad civil en su versión lucrativa que en la
parcela de lo altruista” (Marbán, 2001: 174).
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
La metáfora podría ser la siguiente. Tenemos una
persona joven que, con cierta facilidad, entra y sale
del mercado de trabajo. Gana dinero pero difícilmente puede plantearse el adquirir una vivienda en
propiedad. Compra un coche veloz con el que tiene
un grave accidente. La sanidad pública altamente
tecnificada le salva la vida pero, pasados unas semanas le da el alta y vuelve a su casa afectado por
una grave discapacidad. Su familia le atiende con
escaso apoyo público en materia de ayuda a domicilio. Finalmente la solución es la contratación
precaria de una persona inmigrante que con lo que
gana mantiene a su familia en el país de origen. A
partir de esta metáfora la pregunta es: ¿qué significa
o puede significar el pluralismo del bienestar para la
reconstrucción y construcción de las redes o mallas
de seguridad, de los apoyos o sistemas de bienestar
que necesitan las diferentes personas y grupos que
aparecen en la historia?
Rodríguez Cabrero caracteriza de la siguiente manera los servicios sociales como caso concreto de
producción mixta de bienestar (Rodríguez Cabrero,
2000: 13):
• “En primer lugar, se trata de un sector donde históricamente el sector privado ha tenido
un peso muy importante en la prestación de
servicios, sobre todo residenciales, si bien con
alto nivel de dependencia financiera del sector
público. En ese sector privado las organizaciones religiosas y las entidades voluntarias tiene
un peso específico si bien en los últimos diez
años la oferta mercantil está ganando cuotas
(...) Se trata de una oferta atomizada y con un
bajo nivel de concentración lo que incrementa
los costes de transacción (...).
• En segundo lugar se trata de un sector ampliamente descentralizado (...).
• Tercero, estamos ante un tipo de población
muy diversa en cuanto a colectivos, caracterizados en general por la debilidad económica y
a veces por la exclusión y con distintos niveles
de expresión de las demandas, es decir, una capacidad de movilización muy diferenciada en
la que las organizaciones de personas mayores
y discapacitados ocupan el primer plano y los
inmigrantes económicos la última y casi invisible posición. Es cierto, sin embargo, que en los
últimos años el envejecimiento de la población
y sus consecuencias en cuanto a dependencia
física y mental, están ampliando la población
objetivo tradicional (pobres y excluidos) a grupos amplios de población de las clases medias.
• Finalmente, se trata de un sector de baja implantación comparativa, con ratios de cobertura
muy modestos y donde el acceso a los servicios se rige por la comprobación de recursos
(asistencialización) y no por la materialización
de un derecho subjetivo universal”.
En resumen, según este autor “las características del sector son las del privatismo dependiente,
descentralización subordinada, diversidad grupal
ampliada y bajo nivel de cobertura” (Rodríguez
Cabrero, 2000: 13). Abriéndonos a un contexto europeo, recogemos una caracterización del modelo
emergente en este mismo campo, que, según Ranci
se caracteriza por:
• “el intento de combinar intervenciones de
transferencia monetaria a las familias con
prestaciones de servicios finales con el fin de
sostener el trabajo familiar e informal de cuidado (cash and care);
• la introducción de una distinción cada vez
más clara entre las funciones de financiación
(que queda en el Estado, aunque haya una
diversidad de fórmulas previstas de financiación), la de encargo o adquisición (que
viene, plenamente o parcialmente, conferida a
los ciudadanos) y la de la gestión (que viene
descentralizada a agencias privadas, sean lucrativas o no lucrativas);
• la introducción de mecanismos competitivos
y de formas de regulación contractual en la
relación entre financiadores, adquiridores y
proveedores:
• la concesión de una mayor capacidad de elección a los ciudadanos, a través de la atribución
de un mayor poder de adquisición (bajo la
forma de asignaciones de cuidado (assegni di
cura) o de vouchers) y el alistamiento de procedimientos de acompañamiento y de consulta
dirigidos al empowerment de los sujetos más
desventajados;
• la introducción de medidas de sostén económico (sea de parte de la demanda o de parte
de la oferta) dirigidas a sostener el incremento
y la pluralización de servicios disponibles, así
como a la regularización y la profesionalización de los prestadores de servicio;
• el intento de realizar, bajo esta nueva base de
regulación, un significativo incremento del
abanico de beneficiarios, si no con una cobertura universal, sí, al menos, capaz de responder
al crecimiento de las necesidades de atención”
(Ranci, 2001: 34-35).
21
FERNANDO FANTOVA
Sea como fuere, parece claro que, hoy por hoy,
nos encontramos ante un escenario abierto en
el que la idea de modelo mixto opera más bien
como identificación de lo que no parece que vaya
a ocurrir. Efectivamente no parece previsible un
desmantelamiento de los sistemas, servicios, programas y prestaciones de bienestar; ni tampoco un
despliegue de un potente sistema público a la manera clásica en el campo de los servicios sociales y la
acción social. Sin embargo, más allá de la intuición
de lo mixto, diríamos que está por hacer la estructuración del sistema de servicios sociales y, con él, del
más amplio sector de lo que venimos denominando
intervención social.
Y es que, ciertamente, en más de una ocasión nos
ha recordado Demetrio Casado que la noción de
sistema implica unas “circunstancias de orden e interacción que están por probar en la acción social
y los servicios sociales de España” (Casado, 1995:
426), entre otras razones, diríamos, por la juventud
y el rápido crecimiento del sistema. Las fuerzas estructurantes han sido y son débiles. Ni desde los
poderes públicos ha habido una apuesta eficaz por
un determinado modelo ni otras dinámicas (la investigación y desarrollo llevada a cabo por agentes
privados o las dinámicas participativas emergentes
desde la sociedad civil, por citar ejemplos que han
operado como estructurantes en otros sectores de
actividad) han sido suficientemente poderosas. Nos
encontramos ante una red no siempre anudada y de
geometrías variables con muchos nodos de diferente tamaño y de diferente radio de acción en la que
conviven o compiten multiplicidad de tradiciones y
culturas, sin que nadie, al parecer, pueda reivindicar el liderazgo, la centralidad o la hegemonía y sin
que parezca fácil predecir la evolución futura.
Entendemos que la suerte de la intervención social,
hoy y aquí, se juega en buena medida en el proceso de estructuración o desestructuración del
sistema (o de los sistemas) de servicios sociales,
de su construcción o su deconstrucción. Del mismo
modo que hay tendencias y discursos que se orientan a la constitución de los servicios sociales como
un cuarto pilar del sistema de bienestar (con una envergadura y capacidad equiparables a los sistemas
de educación, salud y prestaciones económicas),
también hay tendencias y discursos que conducen
los servicios sociales a la condición residual de herramienta de control o contención social. El futuro
no está escrito y depende, en buena medida, del
papel que sean capaces asumir y que se posibilite
que asuman los servicios sociales ante fenómenos
como la exclusión social, la dependencia, los con22
flictos intrafamiliares o las dinámicas de integración
comunitaria intercultural en sus cambiantes configuraciones.
De particular relevancia para el futuro del sistema
de servicios sociales y, con él, de todo el sector de la
intervención social, nos parece el reto de la dependencia, en la medida en que en los próximos años
se va a jugar y estructurar el reparto de papeles en
la respuesta a ese reto que, como recogía más arriba
Rodríguez Cabrero, es el que más fácilmente puede
permitir a las clases medias percibir los servicios sociales y la acción social como algo que les concierne
y les interesa.
Sea como fuere, la conclusión a la que llegamos es
que, en lo que tiene que ver con la intervención social, el significado del modelo mixto y el papel que
pueda desempeñar el tercer sector en nuestro entorno cercano no son, en absoluto una cuestión cerrada.
Hemos descrito un sector voluntario de intervención
social de considerable envergadura e importancia,
pero también frágil y fragmentado. Las posibilidades
están abiertas y el interés que puede tener la construcción de un modelo mixto sostenible que permita
fortalecer la ciudadanía social no parece despreciable. Sin embargo parece claro que la configuración
de ese modelo mixto no está suficientemente asegurada. Así, llegamos a la última pregunta y, con ella, a
nuestro último apartado: ¿cuáles serían las condiciones de posibilidad para que el tercer sector de acción
social desempeñe un papel fuerte y sostenido en el
contexto de un modelo mixto de bienestar?
Condiciones de posibilidad para un
sector voluntario de intervención social
Queremos terminar apuntando algunas condiciones
de posibilidad para la constitución de un sector voluntario de intervención social que pueda merecer el
nombre de sector por su consistencia interna y que
pueda desempeñar un papel relevante en el ámbito
de la intervención social. Pueden entenderse como
retos que identificamos a partir del análisis que hemos intentado articular a lo largo de la reflexión que
hemos presentado. Así, tras una primera parte más
teórica y un bloque intermedio de vocación descriptiva, analítica e interpretativa, finalizamos con
una parte decididamente propositiva.
La primera condición de posibilidad tiene que ver
con el impulso de las políticas públicas en materia de servicios sociales. Desde nuestro punto de
vista, la importancia de los retos que tienen ante sí
los servicios sociales obligan a un esfuerzo político
y presupuestario de las administraciones públicas
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
si se quiere que el sistema de servicios sociales esté
en condiciones de ofrecer respuestas de calidad y
apreciadas por la ciudadanía. Parece difícil imaginar
un fortalecimiento del tercer sector de acción social
en nuestro entorno en ausencia de un reforzamiento
del compromiso público en materia de servicios sociales. Un compromiso que se traduzca en garantía
de derechos y en incremento de recursos.
Mas para que ese incremento de los recursos y esa
garantía de los derechos repercuta eficaz y eficientemente en las destinatarias y destinatarios de la
intervención social y para que se incorpore sinérgicamente la aportación del tercer sector, es necesaria
una política pública que apueste por la estructuración del sistema de servicios sociales y del sector
de la intervención social en general. Esa apuesta
por la estructuración supone optar por un modelo
en el que se vayan definiendo de forma participativa
y dinámica (pero suficientemente clara y estable):
• los aspectos que se reservan a la gestión pública directa,
• aquellos servicios que se contratarán en mercados sociales (con sus correspondientes
cláusulas sociales que puedan favorecer, por
ejemplo, a las organizaciones no lucrativas),
• aquellas cuestiones en las que se practicará la
acción concertada (mediante convenios entre
administraciones públicas y organizaciones no
lucrativas) y
• el espacio propio del accionar autónomo del
tercer sector con mayor o menor apoyo de las
administraciones públicas, por ejemplo mediante subvenciones.
Lógicamente una política pública en materia de acción social no se agota en una extensión y garantía
de derechos, en un incremento de recursos y en una
estructuración que clarifique el reparto de papeles
entre agentes o esferas. Éstos habrían de ir articulados con otros componentes como:
• el fomento de las actividades de investigación,
desarrollo e innovación;
• la gestión proactiva de la imagen de los servicios sociales;
• la gestión integral de los recursos humanos o
• la reforma de la administración social,
por señalar algunos ejes significativos (Para un
desarrollo pormenorizado de propuestas sobre
políticas públicas de servicios sociales ver Casado,
2002: 75-131).
Ahora bien, el sector voluntario de intervención social, además de participar en la construcción y el
desarrollo de las políticas públicas en materia de
servicios sociales, está interesado también por las
políticas públicas en relación con el propio tercer sector. En palabras de Muñoz Machado,
“la gran expansión del movimiento no lucrativo
se ha producido en España arrostrando los promotores una notoria inseguridad jurídica, que
deriva de las oscuridades e insuficiencias de la
regulación existente en una larga etapa de transición que llega casi hasta el final del siglo XX”
(Muñoz Machado, 2002: 737).
Dentro de este capítulo, por ejemplo, Vernis da por
bienvenida la reciente (2002) legislación española
sobre fundaciones y sobre régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales
al mecenazgo, mas considera que “aún están lejos de
la legislación de otros países” (Vernis, 2003: 330).
Hay que notar, sin embargo, que el tratamiento fiscal
especial de entidades del tercer sector está en el origen de casos de utilización espuria e instrumental de
las formas jurídicas del caso, lo que redunda en un
desprestigio y sospecha que en ocasiones se extiende
sobre un considerable número de organizaciones.
Sea como fuere, parece necesitarse una actualización de la legislación en relación con el tercer
sector y, posiblemente, un tratamiento global del
sector como tal por parte de los poderes públicos.
Entendiendo siempre que, desde un esquema relacional como el que hemos asumido en este trabajo,
cada una de las esferas ha de ser cuidadosa a la hora
de programar su influencia en las otras, lo cual vale,
en este caso, para la influencia del sector público
en el sector voluntario. En el seminario que hemos
tenido ocasión de mencionar en algunas ocasiones,
se proponían las pautas de la confianza, la reciprocidad y el reconocimiento de la alteridad, como claves
para esta relación de ida y vuelta, de partenariado,
de sinergia entre el tercer sector y las administraciones públicas.
Continuando con las que consideramos como asignaturas pendientes para que podamos hablar, en
toda la extensión y profundidad de la expresión, de
un sector voluntario de intervención social, hemos
de mencionar el incremento de las relaciones y
los vínculos entre las propias organizaciones
voluntarias. Las voces del tercer sector de acción
social suenan al unísono en pocas ocasiones todavía
en nuestro entorno, pese a haber estimables iniciativas de coordinación a diferentes escalas y en torno
a diferentes ejes de interés. Es necesario, por ello,
incrementar la cantidad y mejorar la calidad de los
esfuerzos que cada una de las organizaciones hace
23
FERNANDO FANTOVA
para gestionar sus relaciones con otras organizaciones y articularse sectorialmente.
Y uno de los ejes que está llevando a las organizaciones no lucrativas de acción social a agruparse
es el de la mejora de las relaciones laborales
y de la situación laboral en el sector. El sector
voluntario de intervención social debe hacer un esfuerzo importante de normalización y dignificación
de las condiciones laborales de sus trabajadoras y
trabajadores y si no se adelanta a hacerlo abriendo
potentes canales de comunicación entre entidades, trabajadoras y trabajadores, mundo sindical
y administración pública, los acontecimientos irán
por delante y es muy posible que se incremente el
número de conflictos en los que todas las partes
salgan perdiendo.
Por lo demás, la asignatura pendiente de la gestión
de las relaciones con otras organizaciones y de la
articulación sectorial no es, posiblemente sino una
parte de un fenómeno más amplio como es el de
la insuficiencia de la gestión estratégica en las organizaciones voluntarias de intervención social en
nuestro entorno. Es necesario un mayor grado de
reflexión sobre la diferenciación estratégica y el posicionamiento estratégico que tiene y que busca cada
entidad. Como hemos visto, la complejidad y heterogeneidad del tercer sector obliga a que cada una
de las organizaciones defina y construya una identidad, una estructura y unas relaciones sostenibles y
que adopte el consiguiente esquema estratégico que
le permita funcionar y desarrollarse.
Las organizaciones voluntarias de intervención
social, cada vez más, habrán de ser capaces de construir participativamente y comunicar eficazmente
respuestas propias. Está en buena medida por desarrollar en nuestro sector voluntario de acción social
una cultura y una praxis de la reflexión estratégica
• que introduzca mayor participación y racionalidad en los procesos de toma de decisiones,
• que incorpore en mayor medida la mirada a
medio plazo,
• que comprenda mejor la necesidad de renunciar coherentemente a unas determinadas
alternativas de diferenciación y posicionamiento si se ha optado por otras,
• que se plantee con mayor rigor la cuestión de
la escala adecuada en función de los fines y del
entorno (y las posibles alianzas y fusiones),
• que recoja con sensibilidad y procese con agilidad la información relevante desde un punto
de vista estratégico,
• y así sucesivamente.
24
Lógicamente todo ello está relacionado con otro reto
que es el de la modernización de la gestión de las
organizaciones no lucrativas de intervención social.
La casi absoluta omnipresencia que la referencia a
las empresas convencionales tiene en el campo del
conocimiento sobre gestión realmente existente
obliga al sector no lucrativo de intervención social a
incrementar su protagonismo en la recepción, aplicación, producción y distribución de conocimiento
útil para la gestión de las organizaciones que forman parte de él.
Y es que las personas y organizaciones que saben
hacer intervención social tienen una excelente caja
de herramientas de partida para involucrarse en tareas de gestión y para realizar un aprendizaje de
una gestión cada vez más profesional y científica.
Porque, ciertamente, algunas de las tendencias y
propuestas con mayor vigencia en el campo de la
gestión de organizaciones no pueden sino resultar
familiares y fácilmente asequibles para las personas
y organizaciones de la intervención social. Ello se
ve, por ejemplo, en:
• la centralidad que, cada vez más, se otorga a la
relación interpersonal en la gestión,
• la conciencia de la necesidad de utilizar una
variedad de indicadores de evaluación además
de los económicos,
• el creciente valor que se reconoce a los activos
intangibles de las organizaciones (conocimiento, sentimientos, valores),
• la incorporación de la perspectiva de género,
• el desarrollo de la ética corporativa o
• el énfasis en el liderazgo participativo.
Sin embargo hay que reconocer que en las organizaciones voluntarias de intervención social de nuestro
entorno hay que seguir dando pasos como, por
ejemplo:
• una mayor integración y potenciación de las
herramientas y sistemas de planificación,
• una gestión económico-financiera más proactiva y ambiciosa,
• una cuidadosa aplicación del marketing a la
amplia variedad de relaciones e intercambios
en los que está involucrada la organización o
• una recepción y reinvención de la gestión por
procesos, excesivamente escorada, en muchos
casos, por sus aplicaciones prioritariamente
industriales.
Párrafo aparte merece, en todo caso, otra de las
condiciones de posibilidad del desarrollo sostenible de las organizaciones no gubernamentales de
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
intervención social, como es el de la gestión de
la cultura. No cabe duda de que en el origen de
todas las organizaciones voluntarias de acción social hay una base de valores compartida. Sin esa
energía moral sería incomprensible un fenómeno
tan complejo (casi se diría que milagroso) como el
surgimiento de una organización, en nuestro caso
voluntaria y de intervención social. Sin embargo
ese capital cultural de partida hay que gestionarlo,
con herramientas variadas como la supervisión, la
selección, la acogida, la formación, la promoción,
la comunicación u otras. Los valores compartidos
que hicieron posible el nacimiento de la organización (y de las redes de organizaciones) han de ser
necesariamente contaminados, compartidos, reinventados y actualizados.
Por otra parte, como último reto que hemos
identificado, diríamos que las organizaciones voluntarias de intervención social están obligadas a
preocuparse por la reproducción del tejido social solidario del que nacieron. No basta que en
el origen de la organización hubiera una chispa de
solidaridad en algún lugar del tejido social pues
si las organizaciones voluntarias de intervención
social no se preocupan de la nutrición de ese humus solidario que las hizo posibles, antes o después
dejará de llegarles el alimento que de él reciben
y se irán difuminando y perdiendo sus señas de
identidad. No cabe un consumo irresponsable de la
energía solidaria presente en las socias y socios,
en las voluntarias y voluntarios, en las entidades,
empresas o instituciones que colaboran con la organización o en el electorado que apoya políticas
solidarias. Hay que orientar las estrategias y las actuaciones de la organización a la reproducción y la
reinvención de esa dinámica de solidaridad.
Conclusión
Con estos retos que acabamos de presentar finalizamos esta contribución, entendido como una
contribución más dentro del trabajo, el estudio, el
diálogo y el debate que va teniendo lugar, cada vez
con más fuerza, en la comunidad científica, institucional y profesional interesada por la realidad, el
desarrollo y la mejora del sector voluntario que hace
intervención social y, en última instancia, en la construcción de una sociedad cada vez más democrática
y participativa en la que encontremos sitio, en la
que obtengamos respuesta a nuestras necesidades y
en la que podamos ejercer nuestros derechos todas
las personas.
Bibliografía
ADELANTADO, J. (coord.)(2000): Cambios en el Estado
del Bienestar. Políticas sociales y desigualdades en España.
Barcelona, Icaria.
ALEMÁN, M.C. Y GARCÍA SERRANO, M. (1999):
“La contribución del tercer sector al bienestar social:
una aproximación a las entidades no lucrativas en
España” en Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales, núm. 15, pp. 123-148.
ALONSO, L.E. (2000) “Las transformaciones del Estado
de bienestar: participación social, sociedad civil y ciudadanía” en GARDE, J.A. (ed.): Informe 2000. Políticas
Sociales y Estado de bienestar en España. Madrid, Fundación Hogar del Empleado, pp. 327-359.
ALONSO, L.E. (2001): “Las transformaciones del Estado del bienestar: participación social, sociedad civil y
ciudadanía” en ZURDO, A. y otros: Voluntariado, tercer sector y movimiento sindical. Madrid, Confederación
Sindical de Comisiones Obreras, pp. 87-119.
ÁLVAREZ DE MON, S. y otras (1998): El tercer sector:
retos y propuestas para el próximo milenio. Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
ÁLVAREZ, J.J. y otras (1989): Organizaciones voluntarias e intervención social. Madrid, Acebo.
ARANGUREN, L.A. (2000): Cartografía del voluntariado. Madrid, PPC.
ARIÑO, A. (ed.) (2003): Diccionario de la solidaridad. Valencia, Tirant lo Blanch.
ASCOLI, U. (1987): Azione volontaria e welfare state. Bologna, Il Mulino.
ASCOLI, U. Y PAVOLINI, E. (2000): “Las organizaciones del tercer sector en las políticas socio-asistenciales
en Europa: comparación de diferentes realidades” en
MUÑOZ MACHADO, S. y otras: Las estructuras del
bienestar en Europa. Madrid, Cívitas/Escuela Libre Editorial, pp. 827-858.
AZÚA, P. (2003): “Las ONG ante los retos sociales del
nuevo milenio”, ponencia presentada en el Simposio
“ONG-Actividades solidarias y gestión de calidad”, Alicante, 13-15 marzo.
BAREA, J. y otras (dirs.) (2000): Grupos empresariales de
la economía social en España. Valencia, CIRIEC-España
BARTHÉLEMY, M. (2000): Associations: un nouvel âge
de la participation? Paris, Presses de Sciences Po.
BÉJAR, H. (2001): El mal samaritano. El altruismo en
tiempos del escepticismo. Barcelona, Anagrama.
BETZELT, S. (2001): The third sector as a job machine?
Frankfurt, Peter Lang.
25
FERNANDO FANTOVA
BRUGUÉ, Q. Y GOMÁ, R. (1998): “Las ONL: ¿Por
DE NIEVES, N. (2001): “Voluntariado y empleo en el
qué hay tantas y hacia dónde van?” en Educación Social,
núm. 9, mayo-agosto, pp. 12-22.
tercer sector” en Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, núm. 33 (www.mtas.es).
BUTERA, F. Y CARBOGNIN, M. (1998): “Reti di
DONATI, P. (1997): “La crisis del Estado Social y la
imprese, reti di persone” en Impresa Sociale, núm. 38,
marzo-abril, pp. 15-30.
emergencia del tercer sector: hacia una nueva configuración relacional” en Revista del Ministerio de Trabajo y
Asuntos Sociales, n. 5, pp. 15-35.
CABRA DE LUNA, M.A. (1999): “El tercer sector” en
CARPIO, M. (coord.): El sector no lucrativo en España.
Madrid, Pirámide, pp. 75-112.
DONATI, P. (1999): La ciudadanía societaria. Granada,
CANDELA, J. Y FERNÁNDEZ, R. (1997): “Recursos
DOYAL, L. Y GOUGH, I. (1994): Teoría de las necesida-
y capacidades en las entidades sin ánimo de lucro que
ofertan servicios de apoyo a personas”, en FAJARDO,
I.G. y otras: Gestión de servicios de apoyo a personas:
cuatro monográficos. Valencia, Fondo Social Europeo/
ADAPT.
CASADO, D. (1995): “Acción social y servicios sociales”
en Documentación Social, núm. 101, octubre - diciembre
(Síntesis del V Informe sociológico sobre la situación
social en España. Sociedad para todos en el año 2000),
pp. 425-457.
CASADO, D. (1996): “Visión panorámica de las organizaciones voluntarias en el ámbito social” en Documentación
Social, núm. 103, abril-junio, pp. 263-280.
CASADO, D. (1999a): “Historia y mitos de la acción voluntaria” en Zerbitzuan, núm. 39 (www.siis.net).
CASADO, D. (1999b): “Políticas públicas para el sector
voluntario en España” en Zerbitzuan, núm. 37 (www.
siis.net)
CASADO, D. (2002): Reforma política de los servicios sociales. Madrid, CCS.
CASADO, D. (2003): Imagen y realidad de la acción voluntaria. Barcelona, Hacer.
CASADO, D. (comp.) (1997): Entidades sociovoluntarias
en Europa. Barcelona, Hacer.
CASADO, D. y otras (1990): Iniciativa social y Estado.
Barcelona, INTRESS.
CASADO, D. y otras (1992): Organizaciones voluntarias
en España. Barcelona, Hacer.
CC.OO. (2001): Estudio sobre la evolución de las actividades y sistemas de organización de las entidades no
lucrativas. Madrid.
CEBS (Comité Español para el Bienestar Social) (1991):
Organizaciones voluntarias en Europa. Madrid, Acebo.
Universidad de Granada.
des humanas. Barcelona, ICARIA/FUHEM.
FANTOVA, F. (1999): “Organizaciones no lucrativas
de servicios sociales y modelos de gestión” en COP
(Colegio Oficial de Psicólogos). V Congreso Estatal de
Intervención Social. Madrid, IMSERSO, pp. 315-326.
FANTOVA, F. (2001): La gestión de organizaciones no
lucrativas. Herramientas para la intervención social. Madrid, CCS.
FANTOVA, F. (2002a): “Gestión de calidad en la acción
voluntaria” en Boletín del Real Patronato sobre Discapacidad, núms. 51-53, abril y agosto, pp. 17-22.
FANTOVA, F. (2002b)”Intervención social y construcción de redes” en Documentación Social, núm. 129,
octubre-diciembre, pp. 39-56.
FANTOVA, F. (2003): “Comunicación y relación en la
intervención social y en la gestión de calidad” en SETIÉN, M.L. y SACANELL, E. (coords.). La calidad en
los servicios sociales: conceptos y experiencias. Valencia,
Tirant lo Blanch, pp. 177-188.
FANTOVA, F. (coord.)(2003): Tercer sector y administraciones públicas. Sinergias para la solidaridad (Documento
final del seminario). Bilbao, Instituto Diocesano de Teología y Pastoral.
FANTOVA, F. (2004): “Perspectivas en gestión de servicios sociales” (de próxima publicación en la revista
Zerbitzuan, www.siis.net)
FOUREL, C. (dir.) (2001): La nouvelle économie sociale.
Efficacité, solidarité, démocratie. Éditions La Découverte& Syros.
FUNDACIÓN ESPLAI (2002): El tercer sector visto
desde dentro. La renovación de las ONGs y los retos de la
exclusión social. Cornellá de Llobregat.
FUNDACIÓN LUIS VIVES (2000): Propuestas de
(2003): Diccionario de la solidaridad. Valencia, Tirant lo
Blanch, pp. 241-255.
acción sobre el voluntariado y el marco financiero de las
organizaciones de acción social. Madrid (www.fundacionluisvives.org).
CORTINA, A. (2000): “El capital social: la riqueza de las
FUNDACIÓN TOMILLO (2000): Empleo y trabajo
CERRATO. J. (2003): “Fundación” en ARIÑO, A. (ed.)
naciones”, en El País, 12 de agosto, p. 12.
CORTINA, A. (2001): “La real gana: ética del voluntariado” en El País, 27 de febrero, p. 12.
26
voluntario en las ONG de acción social. Madrid, MTAS/
Fundación Tomillo.
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
FUNES RIBAS, M.J. (1995): La ilusión solidaria: Las
organizaciones altruistas como actores sociales en los regímenes democráticos. Madrid, UNED.
GALLEGO, R. y otros (2002): Els règims autonòmics de
benestar. Barcelona, Institut de Estudis Autonomics
(Generalitat de Catalunya).
GARCÍA ROCA, J. (1992): Público y privado en la acción
social: del Estado de bienestar al Estado Social. Madrid,
Popular.
GARCÍA ROCA, J. (1994): Solidaridad y voluntariado.
Maliaño, Sal Terrae.
GARCÍA ROCA, J. (1996): “El tercer sector” en Documentación Social, núm. 103, abril-junio, pp. 11-35.
públicas. Madrid, INAP (Instituto Nacional de Administración Pública), pp. 113-145.
HERRERA, M. (2001): “Política social y ciudadanía” en
Revista del Ministerio de trabajo y Asuntos Sociales, núm.
30, pp. 35-54.
HERRERA, M. (2003): “Tercer sector” en ARIÑO, A.
(ed.): Diccionario de la solidaridad. Valencia, Tirant lo
Blanch, pp. 491-494.
HERRERA, M Y CASTÓN, P. (2003): Las políticas sociales en las sociedades complejas. Barcelona, Ariel.
JEREZ, A. (coord.) (1997): ¿Trabajo voluntario o participación?: Elementos para una sociología del Tercer Sector,
Madrid, Tecnos.
GARCÍA ROCA, J. (2003): “Voluntariados: identidad y
KENDALL, J. Y KNAPP, M. (2000): “Modernización
diferenciación” en ARIÑO, A. (ed.): Diccionario de la solidaridad (I). Valencia, Tirant lo Blanch, pp. 511-526.
del tercer sector y del Estado de Bienestar: aportaciones, actividades y rendimiento comparativo” en
MUÑOZ MACHADO, S. y otras: Las estructuras del
bienestar en Europa. Madrid, Cívitas/Escuela Libre Editorial, pp. 809-826.
GINER, S. Y SARASA, S. (1997): “Altruismo cívico
y política social” en GINER, S. y SARASA, S. (eds.)
(1997): Buen gobierno y política social. Barcelona, Ariel,
pp. 209-237.
LAVILLE, J. y otras (1999): Tirad system: a european defini-
GOBIERNO VASCO (2003): Primer Plan Vasco del Vo-
tion. (www.istr.org/networks/europe/laville.evers.etal.pdf).
luntariado. Vitoria-Gasteiz.
GOMÁ, R. y otras (2001): Seminari sobre el tercer sector.
Barcelona, Generalitat de Catalunya (Departement de
la Presidencia/Secretaria General de Joventut).
GÓMEZ GIL, C. Y GADEA, P. (1999): “El debate
sobre las ONG’s en España: el caso de los servicios sociales” en Zerbitzuan, núm. 36, www.siis.net.
GUTIÉRREZ RESA, A. (1996): “Iniciativa social y
LESMES, S. (2002): Manual para la aplicación de cláusulas sociales. Pamplona, Fundación Gaztelan (www.
gaztelan.org).
LOFREDO, G. (1995): “¿Usted no tiene todavía su oenegé?” en Viento Sur, núm. 23, pp. 96 y ss.
LORENDAHL, B. (1999): “Trabajo y bienestar a través
de las organizaciones del Tercer Sector” en CIRIEC-España, Revista de Economía Pública Social y Cooperativa,
núm. 33, diciembre, pp. 9-27.
servicios sociales” en ALEMÁN, M.C. y GARCÉS, J.
(dirs.): Administración social: servicios de bienestar social. Madrid, Siglo XXI, pp. 301-324.
MADRID, A. (2001): La institución del voluntariado. Ma-
GUTIÉRREZ RESA, A. (1997): Acción social no guber-
MARBÁN, V. (2000): “Las ONGs de lucha contra la
namental. Análisis y reflexiones sobre las organizaciones
voluntarias. Valencia, Tirant Lo Blanch.
exclusión” (documento de trabajo 00-15, Unidad de
Políticas Comparadas, CSIC, www.iesam.csic.es).
HARRIBEY, J.M. (2002): “L’économie social et solidai-
MARBÁN, V. (2001): “Sociedad civil, tercer sector
re, un appendice ou un faux-fuyant?” en Mouvements,
Societés, Politique, Culture, Num. 19, enero-febrero, pp.
42-49 (www.attac.org).
y entidades de acción social en España” en Revista
Internacional de Sociología, tercera época, núm. 30, septiembre-diciembre, pp. 169-205.
HERRERA, M. (1998a): “La especificidad organizativa
MARBÁN, V. Y RODRÍGUEZ CABRERO, G. (2001):
del tercer sector: tipos y dinámicas” en Papers, núm.
56, pp. 163-196.
“El voluntariado: prácticas sociales e impactos económicos” en Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos
Sociales, número extra, serie Asuntos Sociales (www.
mtas.es).
HERRERA, M. (1998b): El tercer sector en los sistemas de
bienestar. Valencia, Tirant lo Blanch.
HERRERA, M. (2000a): “La relación social como ca-
drid, Trotta.
MARTÍNEZ DE PISÓN, J. Y GARCÍA INDA, A.
tegoría de las ciencias sociales” en Revista Española de
Investigaciones Sociológicas, Núm. 90, pp. 37-77.
(coords.) (1999): El voluntariado: regulación jurídica e
institucionalización social. Zaragoza, Egido.
HERRERA, M. (2000b) “Una nueva realidad en los sis-
MATURANA, H. Y VARELA, F. (1996): El árbol del
temas de bienestar: el tercer sector” en TRINIDAD,
A. (coord.): Evaluación y calidad en las organizaciones
conocimiento. Las bases biológicas del conocimiento humano. Madrid, Debate.
27
FERNANDO FANTOVA
MOLLEVÍ, J. (2001): Voluntariado y servicios sociales.
Barcelona, Atelier.
MONTRAVETA, I. Y VALLS, R. (1997): “Societat del
RANCI, C. (1999): Oltre il welfare state. Terzo settore,
nuove solidarietà e trasformazioni del welfare. Bologna,
Il Mulino.
benestar i mecenatge solidari” en Quaderns de Serveis
Socials, núm. 12, mayo, pp.41-46.
RANCI, C. (ed.) (2001): Il mercato sociale dei servizi alla
MONTSERRAT, J. (2000): “Las ONL ante el reto de la
RODRÍGUEZ CABRERO, G. (2000): “La economía po-
economía mixta del bienestar” en Economistas (Colegio
de Madrid), año XVIII, núm. 83, pp. 18-29.
lítica de las organizaciones no lucrativas” en Economistas
(Colegio de Madrid), año XVIII, núm. 83, pp. 6-17.
MONZÓN, J.L. (1996): “Raíces y perspectivas de la
RODRÍGUEZ CABRERO, G. (coord.) (2003): Las en-
economía social” en Documentación Social, núm. 103,
abril-junio, pp. 105-121.
tidades voluntarias de acción social en España. Madrid,
Fundación FOESSA.
MOTA, F. (1999): “La realidad asociativa en España”
RODRÍGUEZ CABRERO, G. Y MONTSERRAT, J.
en SUBIRATS, J. (ed.) (1999): ¿Existe sociedad civil en
España? Responsabilidades colectivas y valores públicos.
Madrid, Fundación Encuentro, pp. 37-64.
(dirs.) (1996): Las entidades voluntarias en España.
Institucionalización, estructura económica y desarrollo
asociativo. Madrid. Ministerio de Asuntos Sociales.
MUÑOZ MACHADO, S. (2002): “La contribución de
RUIZ DE GAUNA, R. (2003): “El tercer sector en Ca-
las organizaciones sociales a la transformación del Estado de Bienestar” en MUÑOZ MACHADO, S. y otras
(dirs.): Las estructuras del bienestar. Propuestas de refirma
y nuevos horizontes. Madrid, Escuela Libre Editorial/Cívitas, pp. 709-789.
taluña: situación y perspectivas” en Educación Social,
núm. 23, enero-abril, pp. 102-111.
NAVARRO YÁNEZ, C.J. (2001): La calidad pluralismo
de bienestar. Tercer sector y agencias gubernamentales en
Andalucía. Córdoba, Universidad de Córdoba.
ONG DE ACCIÓN SOCIAL (1999): Propuestas para la
mejora del tercer sector de acción social en España. Informe
para el Presidente del Gobierno (www.entornosocial.es).
PÉREZ ERANSUS, B. (2002): “El debate de lo público y lo privado en la intervención social” en www.
diariodenoticias.com/ediciones/20020303/opinion/
d03opi0106.php.
PÉREZ-DÍAZ, V. Y LÓPEZ NOVO, J.P. (2003): El
tercer sector social en España. Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.
PÉROTIN, V. (2001): “Sector voluntario, creación de
empleo y política social. Ilusiones y oportunidades” en
Revista Internacional del Trabajo, vol. 120 (2001), núm.
3, pp. 381-423.
PETRAS, J. (1997): “El posmarxismo rampante. Una
crítica a los intelectuales y a las ONG” en Viento sur,
núm. 31, marzo, pp. 35-46.
PUJOL, J.O. (2001): “Las personas: fundamento de las
entidades no lucrativas” en Educación Social, núm. 18,
mayo-agosto, pp. 79-96.
PUJOL, P. (2003): Entorn en transformació i tercer sector.
Capacitats organizatives, prestació de serveis i rol polític. El
cas de les associacions per la lluita contra l’exclusió social
a Catalunya. Tesi doctoral. Barcelona, Universitat Autónoma de Barcelona.
28
persona. Roma, Carocci.
RUIZ OLABUÉNAGA, J.I. (dir.) (2000a): El sector no
lucrativo en España. Bilbao, Fundación BBV.
RUÍZ OLABUÉNAGA, J.I. (2000b): “El sector no lucrativo en España” en Economistas (Colegio de Madrid),
año XVIII, núm. 83, pp. 63-78.
SÁENZ DE MIERA, A. (2000): El azul del puzzle. La
identidad del tercer sector. Oviedo, Nobel.
SAJARDO, A. (1996): Análisis económico del sector no lucrativo. Valencia, Tirant lo Blanch.
SALINAS, F. y otras (2001): La evolución del tercer sector hacia la empresa social. Estudio cualitativo. Madrid,
PPVE (Plataforma para la Promoción del Voluntariado
en España).
SARASA, S. (2003): “Régimen de bienestar” en ARIÑO,
A. (ed.): Diccionario de la solidaridad (I). Valencia, Tirant
lo Blanch, pp. 421-437.
SUBIRATS, J. (2001): “Sociedad civil y voluntariado:
responsabilidades colectivas y valores públicos en
España” en Documentación Social, núm. 122, eneromarzo, pp. 41-66.
SUBIRATS, J. (ed.) (1999): ¿Existe sociedad civil en España? Responsabilidades colectivas y valores públicos.
Madrid, Fundación Encuentro.
SUBIRATS, J. Y GOMA, R. (2000): “Estado de bienestar: nueva agenda para la innovación social” en
GARDE, J.A. (ed.): Informe 2000. Políticas Sociales y Estado de bienestar en España. Madrid, Fundación Hogar
del Empleado, pp. 33-63.
SUBIRATS, J. y otras (2002): Redes, territorios y gobierno. Barcelona, Diputació de Barcelona.
TERCER SECTOR E INTERVENCIÓN SOCIAL: TRAYECTORIAS Y PERSPECTIVAS
TOMAS CARPI, J. A. (1997): “La economía social en un
WUTHNOW, R. (1996): Actos de compasión. Cuidar de
mundo en transformación” en CIRIEC-España (Revista
de debate sobre economía social, pública y cooperativa),
núm. 25, abril, pp. 85-111.
los demás y ayudarnos a nosotros mismos. Madrid, Alianza Editorial.
VAQUER, M. (2002): “El derecho español ante el tercer
sector” en .ONG Social (Fundación Luis Vives), núm. 8,
marzo-abril, pp. 22-25.
VÉLEZ TORO, A.J. (2002): “El voluntariado como nue-
ZALAKAIN, J. (2000): “El tercer sector y los desafíos
del nuevo milenio. Financiación, creación de empleo y
calidad de servicios” (ponencia). Buenos Aires, Subsecretaría de Cooperación Internacional del Gobierno de
la Provincia de Buenos Aires.
vo modo de administración concertada. Notas sobre la
Ley 6/1996, de 15 de enero, del Voluntariado” en Doctrina XIII, núm. 11, marzo.
ZALAKAIN, J. (2001): “Nuevas herramientas de finan-
VERNIS, A. (2002): “La evolución del voluntariado
ZUBERO, I. (1994): Las nuevas condiciones de la solidari-
en España: una aproximación a los retos de futuro”,
ponencia presentada en la VII Escuela de Otoño de la
Plataforma para la Promoción del Voluntariado en España
(www.ppve.org).
dad. Bilbao. Instituto Diocesano de Teología y Pastoral
/ Desclée de Brouwer.
VERNIS, A. (2003): “Reflexiones a raíz del estudio El
tercer sector social en España” en PÉREZ-DÍAZ, V. y LÓPEZ NOVO, J.P. (2003): El tercer sector social en España.
Madrid, Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, pp.
319-333.
VIDAL, F. (2003): “El modelo DIN-A-3 de esfera pública: la dinámica del tercer sector en las transformaciones
del Estado de bienestar (copia).
ciación para el Tercer Sector” en Zerbitzuan, num. 39
(www.siis.net).
ZUBERO, I. (1996): Movimientos sociales y alternativas de
sociedad. Madrid, HOAC.
ZUBERO, I. (2000): ¿A quién le interesa el voluntariado?
La acción voluntaria entre la satisfacción y la deuda. Madrid, Cáritas.
ZUBERO, I. y otras (1996): Una potencia débil. Asociaciones y Nuevos Movimientos Sociales como vía de
participación para una sociedad solidaria. Bilbao, Fundación EDE.
FECHA DE RECEPCIÓN: julio 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
29
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 31-44
Naturalizaciones violentas
Análisis de algunas paradojas existentes en
las investigaciones psicológicas y sociales en
fenómenos complejos como la violencia escolar1
Violent naturalizations
Analyzing some paradoxes in psychological and social
investigations dealing with complex phenomena such as
school violence1
TERESA MATUS2
Proyecto FONDECYT ° 1040694 “Figuras estructurales de la violencia escolar: hacia una recuperación de la subjetividad
educativa”.
Resumen
El argumento consiste en mostrar cinco paradojas acerca de las formas de interpretación de la
relación violencia y cultura. Lo anterior es relevante ya que si se asume un posicionamiento dicotómico, la violencia vendrá siempre de los bárbaros y la civilización en cuanto cultura propondrá
soluciones. Lo anterior invisibiliza que la cultura puede provocar violencia. Esto cobra especial
importancia en las investigaciones acerca de la violencia escolar.
Palabras claves: relación violencia y cultura - investigaciones sociales - perspectivas epistemológicas
- violencia escolar
Abstract
The argument consists on showing five paradoxes about the forms of interpretation of the relationship between violence and culture. This is outstanding since if one assumes a dichotomical
position, the violence is every time assumed as coming from the barbarians and the civilization as
culture will propose solutions. The above-mentioned makes invisible the fact that the culture can
cause violence. This charges special importance in the investigations about the school violence.
Key words: relationship violence and culture - social investigations - epistemological perspectives
- school violence
“Toda naturalización encierra un gesto de violencia. El grito de guerra que pide la integración de las ciencias es expresión de desamparo, no de progreso y se vuelve tan riesgoso y ciego como la total fragmentación” (Theodor Adorno)
Lo anterior constituye la premisa central a desarrollar. Ella busca iluminar algunas paradojas
existentes en las formas de investigar el fenómeno
de la violencia escolar en sus diversos ámbitos y
desde diferentes disciplinas en el Chile de hoy.
ciones entre las diversas disciplinas, como
por ejemplo las existentes entre psicología y
sociología. Ya que tan erróneo resultaría pedirles unificación total, como una exposición
radicalmente autónoma.
1. Primera paradoja: la relevancia que tienen en
los estudios sobre violencia escolar las rela-
Según Katz y Kahn el 80% de las fallas de una investigación se deben a dimensiones que no se
1 Seminario sobre Violencia Escolar, realizada en el marco del proyecto FONDECYT ° 1040694 “Figuras estructurales de la violencia
2
escolar: hacia una recuperación de la subjetividad educativa”. Facultad de Educación, 24 de enero del 2006.
Subdirectora de investigación y postgrado. Directora del Programa de Magíster en Trabajo Social, Escuela de Trabajo Social. P. Universidad
Católica de Chile. Dra. en Trabajo Social. Universidad Federal de Río de Janeiro. Dra. en Sociología. IUPERJ. [email protected]
31
TERESA MATUS
consideran en el proceso por ser “obvias”3. Una de
ellas y tan riesgosa como el completo solipsismo de
las ciencias de la sociedad y la psicología o su insistencia en factores determinantes, es la petición de
su sumatoria integrada, bajo la promesa de armonizar un diagnóstico holístico sobre fenómenos tales
como la violencia escolar. A esta intención responde
la constitución, tanto en la investigación como en
la intervención, de los denominados equipos multidisciplinarios, esos profesionales que muchas veces
sólo interactúan como equipo al considerar la cercanía de sus oficinas, o en el debate acerca de la
primacía decisiva de sus propios puntos de vista.
Este ensayo trata, más bien, de explorar las contradicciones existentes allí, en esos choques de lógicas entre
expertos, para poder prestar real apoyo a la comprensión de fenómenos como la violencia que, de suyo, es
disgregado. Tal como nos recuerda Adorno: “el éxito
de la estrategia científica de Freud no deja de basarse
a la postre en el hecho que en él a la perspicacia psicológica se le uniera un carácter sistemático. Mientras
que justamente la intensión de forzar sus hallazgos
hasta abarcarlo todo, hizo madurar el punto de falsedad al psicoanálisis, debe su fuerza de sugestión
precisamente a ese afán de totalización”4.
En el caso de la violencia escolar, esa presión social
por el carácter resolutivo de alguna ciencia, el encontrar el factor causal, el diagnóstico decisivo, está
transversalmente colocado en padres, profesores,
estudiantes y autoridades públicas. Ahora bien, si
las investigaciones sobre el tema ceden a esta cohersión esperanzadora, inevitablemente se falsean. Un
ejemplo, es la explicación de la violencia escolar en
virtud de diversas psicopatologías, que van desde
la intranquilidad constitutiva a factores de neurosis
o de mayor perversidad (una especie de recreación
juvenil de Linch de sus asesinos por naturaleza).
Al colocarlos como síndromes, ayudan a totalizar
porque aíslan el supuesto componente de predisposición frente a esfuerzos de los múltiples agentes:
padres, compañeros, profesores. Incluso algunos de
estos últimos, olvidaron o en verdad nunca leyeron
(según su universidad de formación) clásicos como
la Didáctica Magna donde, con esa antigua lucidez
de los oficios, Juan Amós Commenio colocaba una
regla de oro como desafío al plantear que: “la tarea del maestro es enseñarles todo a todos”5. En este
mismo sentido, hace ya casi un siglo que Lukács
concebía la esquizofrenia como una consecuencia
extrema de la enajenación social del sujeto respecto
de la objetividad. Consecuentemente, la psicología,
a veces, sigue apareciendo sólo como perturbación,
como patología. No es raro entonces que lo normal
emerja simplemente como un sustrato residual, sobre lo cual hay poco, por inusual, que decir y los
verdaderos psicólogos sean los que se dedican a desbrozar las explicaciones acerca del carácter de los
violentos. Sólo que a la inversa de investigaciones
como “La Personalidad Autoritaria6”, no se basan
en las relaciones contradictorias y especulares de
individuo y sociedad sino en una especie de introyección individual que emerge de la separación de
los actos sociales o de la preponderancia del individuo como factor centralmente explicativo.
Entre otras consecuencias, “la separación de los actos sociales en los que se reproduce la vida de los
hombres, y ellos mismos, les impide llegar a ver el
mecanismo y los deja a merced de una sentencia,
según la cual todo se reduce al ser humano mismo”7. De
allí que se apele en algunas instancias (y en numerosas recomendaciones de estudios) a que los usuarios
superen sus impulsos violentos usando, at límite,
su voluntad (algo así como un llamado a liberarse
de la pulsión sexual mediante el deporte). El reverso de esta recomendación, pero sustentada en la
misma lógica, es una suerte de comprensión clínica,
debido justamente a su tipología, transformándose
en una especie científica y anticipatoria de voluntad
disculpada8, ya que esas desviaciones las llevarían
determinados jóvenes inscritas, al modo de una ley
kantiana, en el corazón. Pero, a diferencia de Kant,
no ven que ellas están allí como un imperativo colocado por la preponderancia de la regla social que
se transforma en moral colectiva.
De este modo, cuando se reflexiona sobre la relación entre teoría de la sociedad y psicología, en
reiteradas ocasiones no se hace sino señalar a ambas
disciplinas su lugar dentro de la sistemática de las
3 Katz, Daniel y Kahn, Robert. The study of organizations. Josey Bass Publishers, San Francisco, 1982.
4 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 47.
5 Commenio, Juan Amós. Didáctica Magna. Ediciones Salamanca, 1967. Pág. 89.
6 “La hipótesis que presentamos es que las convicciones políticas, económicas y sociales de un individuo conforman a menudo una pauta
amplia y coherente, cual si estuvieran unidas por una mentalidad o un espíritu común, esta pauta es la expresión de profundas tendencias
de la personalidad”. Adorno, Frrenkel-Brunswik, Levinson, Nevitt, Aron, y Morrow. La Personalidad Autoritaria. Editorial Proyección.
Buenos Aires, 1965. Vol I. Pág. 27.
7 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 50.
8 Para un mayor análisis se sugiere revisar: Savater, Fernando. La Voluntad disculpada. Editorial Taurus, Madrid, 1997.
32
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
ciencias y “las dificultades que plantea su relación de
tratan como cuestiones de los modelos conceptuales que hay que aplicar en cada caso”9 Ya el propio
Parsons, en el sentido trazado por Weber, percibe
con agudeza “lo inadecuado de muchas explicaciones psicológicas al uso de lo social”10.
Por otra parte, “las Ciencias de la Sociedad y de la
Psique, en la medida que avanzan sin vinculación
alguna entre ellas, incurren comúnmente en la sugestión de proyectar sobre su sustrato la división
del trabajo cognoscitivo”11. Si bien la separación
entre sociedad y psique es falsa conciencia, como
se demuestra claramente en una serie de investigaciones12, los seres humanos no son capaces de
reconocerse a sí mismos en la sociedad ni ésta en
sí misma, por ello “sus relaciones cosificadas se les
presentan como un ser en sí”13.
De allí el peligro de interpretaciones que, por ejemplo, intentan mostrar la violencia escolar como
un asunto de familia y bajas condiciones económicas
donde la Escuela tendría poco que resolver. Como
claramente lo coloca la directora del Programa Valoras: “Cuando un colegio atribuye a afuera lo que
está pasando dentro, es un mal colegio. Un buen
colegio reconoce y se da cuenta de que el fenómeno
de la violencia es algo que está en sus manos”14.
También constituye un riesgo, el análisis de una
serie de características de la violencia escolar asociados a actos delincuenciales, como se observa
con frecuencia en los estudios de Paz Ciudadana,
ya que van a reforzar un mapa donde el problema
de la violencia estriba ya sea en la proximidad fatal de un mal barrio, o de una propensión psicológica
del propio sujeto en cuestión. De este modo, al no
considerar el que la fuente de denuncias judiciales
de estos comportamientos proviene justamente de
comunas de sectores medios bajos y bajos, ya que
en las comunas de sectores medios altos y altos los
mecanismos con que se opera con otros (llamados
de atención, atención médica o psicológica espe-
cializada, cambio de colegio) y sólo se denuncia en
casos extremos; se reitera una oposición entre bárbaros y civilizados.
Como lo coloca en otro ámbito, prístinamente Perez
de Arce a propósito de la polémica por los reavalúos
fiscales: “a las comunas altas, donde gana la oposición y son habitadas mayoritariamente por gente
de derecha, que en general es más civilizada....se
mudan los izquierdistas cuando quieren vivir tranquilos”15. Por tanto, la seguridad no sólo es una
cuestión de civilización sino de tendencia política,
donde una preserva el orden y la otra impulsa el
caos.
Esta línea de análisis en relación con la violencia es
lo suficientemente antigua en nuestra cultura para
que ya Diego Portales sostuviera que, “el principal
resorte de la máquina disciplinaria era la distinción
entre lo que él llama en sus cartas los buenos y los
malos, aludiendo al carácter bellaco de los pipiolos,
soberano obstáculo para el avance del orden”16.
Mientras que las leyes sociales no pueden extrapolarse a partir de hallazgos psicológicos, en el polo
opuesto, el individuo no es un simple sustrato de la
psicología sino que es siempre soporte de las determinaciones sociales que lo marcan. Las diferencias
específicas de los individuos son tanto marcas de
la presión social como cifras de la genética o de la
libertad humana17. El asimilar el fenómeno de la
violencia escolar a una cuestión de carácter, o a la
distribución de golpes (el que los da, el que los recibe) de cada uno de los individuos constituye un
velo social, que opaca la cadena de montaje sistémico en que ella se teje: los dilemas de la desigualdad
social, el deterioro de las condiciones en que se ejerce la docencia, la re-estructuración de la educación
al tornarla dependiente de los municipios en 1978,
la caída de la movilidad social por la educación, de
Ibañez a esta fecha; el estrellón de los sueños colectivos, la historicidad que no resiste fidelidades
inhabitables18.
9 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 40.
10 Parsons, Talcott. “Psychoanalysis and the social structure”. The Psychoanalytic Quarterly. Vol XIX. Número 3 , 1950. Págs. 371 y ss.
11 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 41.
12 Adorno: La personalidad autoritaria, Goffman: Estigmatización y prejuicio, Horkheimer y Flowerman: Estudios sobre el prejuicio,
Wieworka: Estudios sobre la xenofobia.
13 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 42.
14 Mena, Isidora. Psicóloga. Directora del programa Valoras, de la Universidad Católica de Chile. Entrevista revista YA. El Mercurio
martes 21 de febrero del 2006. Pág. 28.
15 Perez de Arce, Hermógenes. “La izquierda se viene con todo”. Columna de opinión. El Mercurio. Miércoles 22 de febrero de 2006. Pág. A3.
16 Góngora, Mario. Obra citada. Pág. 44.
17 Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 46.
18 Respecto de la noción de fidelidades inhabitables, revisar: Guillebaud, Jean.Claude. La traición a la Ilustración. Editorial Manantial,
Buenos Aires, 1995.Págs. 32 y ss.
33
TERESA MATUS
Así, el culto al psicologismo es el complemento a
la deshumanización: “la ilusión de los impotentes de que su destino dependa de su constitución
natural”19. Irónicamente, en la ciencia donde ellos
buscaban individuarse como sujetos, se vuelven a
transformar en objetos. Esa psicología interior (con o
sin los componentes orientales que a veces la acompañan) independizada del exterior, se ha convertido
en una verdadera enfermedad para una sociedad
que la busca sin cesar y que está ávida por escuchar sus discursos en torno a la violencia escolar,
donde se pondrá el acento en las distinciones entre
individuos violentos, víctimas y testigos de la violencia.
Se trataría entonces de saber contener y desplazarse
entre esos estereotipos. Ante esta extendida situación en los estudios, concebida incluso como algo
natural y sustantivo, cabría recordar a Nietzsche al
sentenciar que “la locura es algo raro en los individuos, pero constituye la regla en grupos, partidos,
pueblos y épocas”20.
Ahora bien, cuando este psicologismo se expone
con metodologías analíticas se llega al verdadero paroxismo, al poder evidenciar sus supuestos
con gráficos y diagramas. Allí nos llenamos de
explicaciones de coeficientes, de tendencias, de
probabilidades, de correlaciones, de dispersiones,
de cartografías de ubicación de esos individuos en
la ciudad, de sus sectores de proveniencia, de la
distribución de estas patologías en colegios municipalizados y estrictamente privados. Los colores, la
profusión de las impresiones, la celeridad del ritmo de la presentación (que apenas les permite a los
oyentes más rápidos copiar uno de cuatro gráficos)
recrea un ambiente de veracidad pseudofáctica difícil de cuestionar.
En ese núcleo de cristalización individual, las conjeturas no se hacen esperar, medidas y refutadas
desde su propio patrón. La sociedad ha acuñado
en él la individualización, y ésta participa en su
destino como una relación social, en la que impera
la maldición de la fragmentación y la ilusión de
ahorrarse las contradicciones, mediante una lectura científica objetivada a través de los datos. Sin
embargo, si se los observa con detención muchas
de esas características de la violencia escolar, reposan sobre un soporte estructural (aunque con
técnicas computacionales de última generación)
19
20
21
22
23
que ya ha sido duramente criticado en las ciencias
sociales y la filosofía contemporánea. Asimismo, es
posible encontrar en algunos de esos estudios, un
centro expresado en un deber ser (cómo tendría
que ser un joven, una escuela, una familia) y en
una especie de anillos de mayor dimensión (como
al tirar una piedra en el agua) se van componiendo las diferencias en una jerarquización moral
que lleva a homologar violencia con los márgenes.
“El mandato freudiano donde era Ello, debe hacerse Yo21 contiene algo de vacío estoico, de falta
de evidencia. El individuo ajustado a la realidad,
sano-normal, es tan poco firme ante la crisis como
poco económico es el sujeto racional económico.
En la medida en que el sanado se asemeja a la totalidad demente, se vuelve de verdad enfermo, sin
que aquél en el que fracasa la cura estuviera por
ello más sano”22.
Cuando lo anterior sucede, es como si en el campo de la violencia escolar la psicología hubiese
abrazado con ardor el lado de esos padres que, o
bien responden con una sonrisa irónica a las ideas
de altos vuelos de sus hijos, o bien confían en que
la vida les enseñe modales, y que consideren más
importante ganar dinero que formarse ideas estúpidas. No hay que olvidar que la teoría psicológica
de los mecanismos de defensa se inserta dentro de
la tradición de la vieja enemistad burguesa contra
lo espiritual23.
De ese modo, como en el cine, al ver Quien quiere
ser John Malkovich, el techo es bajo, y presiona a que
los jóvenes se curven ante la imposibilidad de otros
sueños. Sin ver esa enorme y rígida arbitrariedad,
muchos de ellos, aún sin reconocerla como tal, se
rebelan. Es allí, justo cuando aparece la contestación, el garabato, la respuesta altanera, el golpe,
el des respeto hacia una autoridad reiteradamente
no legitimada sino de facto, que se habla de jóvenes violentos y se les explica solipsistamente ya sea
por mecanismos de caracterización psicológica o
social. Así, las ciencias escurren el bulto frente a un
fenómeno como la violencia escolar: “tratando catárticamente largo y tendido al paciente pudiente que
puede pagar, al pobre, en cambio, que rápidamente
ha de estar de nuevo en la arena del combate por
la sobrevivencia, se le dan ciertas ayudas sociales y
alguna psicoterapia breve -una división que al rico
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 50.
Nietzsche, Frederic. Más allá del bien y del mal. Aforismo 156. Editorial Alianza, Madrid 1982.
Freud, Sigmund. Nueva serie de lecciones de introducción al psicoanálisis. Lección 31. Volumen 15. 1944 Pág. 86.
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 53.
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Págs. 72 y 73.
34
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
lo convierte en neurótico y al pobre en psicótico”24.
El teatro de lo absurdo, se convierte así en realista,
pues la transformación de lo social en algo interior y
aparentemente atemporal lo convierte ficticiamente
en lo más concreto que existe.
De esta forma, la separación entre sociología y psicología es incorrecta y correcta a la vez. Incorrecta
por aceptar sin más la renuncia al conocimiento de
la totalidad que ordenó esa separación; correcta en
la medida en que registra la fractura, que se produce
de hecho, en forma demasiado profunda como para
permitir una precipitada unificación conceptual25.
Por su parte, la sociología cuanto más prescinde de
los sujetos y su espontaneidad, con mayor exclusividad se debe enfrentar a un objeto cosificado,
dando como resultado una sociología sin sociedad
donde los hallazgos sólo dicen algo interpretados
desde una ley fundamental.
La denominada sociología empírica sostiene su objetividad en los métodos, no en lo investigado. Por
tanto, la posibilidad de incurrir en aporías es muy
alta. Nuevamente acá, el fantasma de un sólido estructuralismo aparece reiteradamente aunque sea
revestido de nuevos ropajes. Bajo la presión social, la
sociología se entontece y muchas veces sólo reivindica lo siempre igual, fracasando ante la experiencia
de lo específico26. Con esto la sociología le brinda
en bandeja de plata a la psicología una oportunidad, ya que en la medida en que torna invariante
los sucesos históricos, lo psíquico, por el contrario,
se vuelve suceso histórico. De allí que justamente
de estos elementos estén hechas las noticias y sus
pautas editoriales, de expresiones individuales más
o menos extremas (dependiendo de la época y de la
competencia de narrativas) pero caracterizadas todas
como acontecimientos noticiosos. Pareciera que la
historia contemporánea de los telediarios estuviera
constituida por dos sustratos: uno psíquico y el otro
biológico. Así, entre las grandes gestas de personas,
o los crímenes, o las transgresiones y las explosiones
de la naturaleza (deshielo, maremotos, contaminaciones y desastres naturales, como si la acción
humana en ellos fuese inocente) se perdiera una posibilidad de lectura donde los procesos y las formas
de integración social hablen de una relación explíci24
25
26
27
28
29
ta con los movimientos de integración sistémicas27.
Lo anterior se concreta en la exclusión por principio
de lo nuevo, en la reducción a lo que ha sido alguna
vez, en una especie quijotesca de reiteración.
2. Segunda paradoja: La importancia de las
formas conceptuales de interpretación de la
relación violencia y cultura. Si se asume un
posicionamiento dicotómico, la violencia vendrá siempre de los bárbaros y la civilización
en cuanto cultura propondrá soluciones. Lo
anterior invisibiliza que la cultura puede provocar violencia.
Si, por ejemplo se coloca una estructura ideal de
familia, un núcleo de orden en el centro del orden
social y si esto es definido como un bastión cultural,
la violencia vendrá en una relación directamente
proporcional con los márgenes, y la interpretación
actuará graduando la gravedad. Asimismo, si se
define el hogar como lugar seguro, lo más riesgoso
será la calle. Esto invisibiliza uno de los principales
hallazgos en Chile en materias de violencia y género: uno de los sitios más riesgosos para las mujeres
es su entorno doméstico, ya que el 79% de los casos
de violencia contra mujeres ocurridas en el país los
agresores no sólo son conocidos, sino muchas veces una especie de enemigo íntimo28. En este mismo
sentido, si la violencia escolar es una consecuencia
exclusiva de factores socioeconómicos y rebeldías
ante estos sistemas de exclusión social, nos quedamos sin explicación, como lo muestran García y
Madriaza29 frente a los condicionantes de esta violencia en los jóvenes de sectores altos. Siguiendo los
ejes de ese argumento que cruza las relaciones de
violencia y cultura, uno puede disponer de una serie variopinta de naturalizaciones:
• Naturalizaciones, como ya se expuso, de
aquella psicología que se centra en patologías
individuales y estereotipos, muchas veces de
carácter estructural, con todo el problema que
ello tiene ya que entonces surgen los violentos,
así como aparecen los bárbaros, sin mayor explicación social, radicalmente construidos por
su individualidad.
• Naturalizaciones de lo social: donde la
violencia escolar se explica según niveles so-
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 76.
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 53.
Adorno, Theodor. Escritos Sociológicos I. “Sobre la relación entre sociología y psicología” Ediciones Akal Madrid, 2004. Pág. 56.
Habermas, Jürgen. Problemas de legitimación en el capitalismo tardío. Editorial Amorrortu. Buenos Aires, 1989. Págs. 56 y ss.
Informe Sernam 2002. Santiago de Chile.
García, Mauricio; Madriaza, Pablo. Sentido y Propósito de la violencia escolar de los cuicos. Análisis estructural del discurso de
estudiantes agresivos del nivel socioeconómico alto. Revista de Psicología. Universidad de Chile. Santiago, 2005.
35
TERESA MATUS
cioeconómicos, olvidando la ya clásica oferta
de desigualdad. Como expone Peña en su
columna llamada Alger, el embustero30, y en la
entrevista del 12 de febrero a la Nación: “nuestra educación eterniza las desigualdades ya
que las escuelas están diseñadas al compás de
la cuna”31. Sin embargo, los análisis de Peña
se topan con la arraigada y difundida creencia
en Chile que es justamente en el esfuerzo del
escolar donde radica la posibilidad de éxito,
en esa especie de síntesis cultural acuñada periodísticamente en la fórmula del vamos Chile
que se puede, y que constituye una fuente
enorme de exculpación de un sistema que
debe ser claramente investigado desde bases
más complejas. Donde las excepciones, que
llenan las páginas de los diarios acerca de la resiliencia de algunos estudiantes provenientes
de escuelas públicas o la fórmula del profesor
Alquinta, no hacen más que confirmar la regla
de la existencia de Chiles distintos en oportunidades y calidad de formación32 .
• Naturalizaciones que provienen de los expertos en la denominada cultura juvenil, como si
esto existiera en forma radical y constituyera
un universo cerrado33. Donde las explicaciones se basan en supuestas particularidades
adolescentes distintivas. Como si el resto de
la población no estuviera propenso a la rabia,
donde concretamente no se esté ni ahí con lo
social en que cohabitan, como si en ese resto
y en las relaciones fosilizadas de trabajo y expoliación no existiera la violencia, el tener que
guardar silencio, como si no fueran comunes
en su base, las experiencias de humillaciones
de la jerarquía y de los pares. Como si la estética, la gordura, la pinta, no se convirtieran
en padrón de contratación laboral. Como si
en las pesadillas o esperanzas colectivas no se
apareciera el mismo mercado con sus diversas
estrategias de seducción. Como si la experiencia de un tiempo hamletiano, fuera de sus ejes,
no tuviera como sujetos tanto a los estudiantes que ven la escuela como una rutina del sin
sentido, tanto y con proporcional desventura
como los cesantes ven asomarse otro día sin
empleo. Como si ambos en la feliz expresión
de Ciorán no estuvieran y se sintieran: caídos
del tiempo34 Como si la angustia del crecimiento
no dijera relación con la angustia de envejecer. Estudios donde la comprensión adquiere
siempre el adjetivo juvenil como sustantivo,
sirviendo éste incluso de base de comparación
entre los jóvenes de hoy y los de ayer.
• Naturalizaciones de la pedagogía al confundir
emancipación con orden, educación con hábitos comportamentales de disciplina, olvidando
lo que es enseñar y los tabúes de enseñar35.
Donde justamente el sentido político era ir
contra la barbarie, procurando abrir mayores
posibilidades de contingencia para todos. La
escuela no se puede confundir con la familia y
si en ésta última se juegan los ejes del amor y
de la norma, en el colegio radican las posibilidades concretas de aprender la pasión por la
lectura y la escritura y su capacidad para expresarse, elementos constitutivos y fundamentales
de la identidad de cada uno de nosotros.
“la ideología del éxito, la idea que a cualquiera puede irle bien si se levanta una hora antes que los demás y estudia con deleite, trabaja
con dureza y tiene una pizca de suerte, propagada por Horatio Alger, un escritor de novelas didácticas del que, alguna vez, se burló
Mark Twain... Al contrario de lo que las historias de ese capellán enseñan, de los niños chilenos que rindieron la PSU y provienen de
colegios municipalizados 37.014 no alcanzó los 475 ptos. para postular a un crédito y 30.042 no llegaron a los 450 ptos. Para postular
al sistema universitario... Según lo muestra una amplia literatura -Bernstein, Bourdieu, Coleman, Jenks-, la escuela en vez de igualar
las oportunidades tiende a reproducir la desigualdad”.
Alger, el embustero. Carlos Peña. Vicerector Universidad Diego Portales. El Mercurio, 31 de diciembre del 2005.
31 Entrevista a Carlos Peña. Diario La Nación, domingo 12 de febrero del 2006.
32 “Me crié con muchas dificultades. Soy una prueba de que se puede”. Declaraciones del profesor de Alto Hospicio, Alan Alquinta, quien
ganó el concurso que Educar Chile organizó para encontrar al profesor más valorado por sus alumnos. Revista El Sábado. El Mercurio,
7 de enero de 2006. Págs. 32 y ss.
33 No se trata de plantear que en Chile no existan buenas investigaciones sobre jóvenes o que el tema de los jóvenes en la sociedad carezca
de interés y relevancia. Cabe apuntar que sólo en Fondecyt existen aproximadamente 24 investigaciones realizadas en los últimos 15
años sobre jóvenes tanto en los ámbitos de sociología, psicología, ciencia política y educación. Interesantes estudios llevados a cabo por
ejemplo por Ramos, Sandoval, Valenzuela, Martinic, Gili, Illanes, Serrano, Manzi, Vives; que desde diversos enfoques contribuyen a un
diagnóstico más complejo del objeto de estudio. El reclamo apunta contra aquellas investigaciones que trabajan la categoría de jóvenes
y cultura juvenil, con casi total prescindencia de un sentido mayor de totalidad, se trata de aminorar las posibilidades de sostener como
originales ciertas manifestaciones juveniles.
34 Ciorán, Emil. El tiempo del destiempo. Editorial Trotta. Madrid, 2002. Pág. 34.
35 Adorno, Theodor. Educación para la emancipación. Ediciones Morata. Madrid, 1998. Págs. 65 y ss.
30
36
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
• Naturalizaciones de los expertos en familia36,
donde ella aparece como el vértice explicativo
más profundo de la violencia escolar. Donde
a ella se le atribuyen desde la desatención, la
intranquilidad de los jóvenes, la seducción
por la ingesta de drogas y alcohol, donde
se asume un escenario de incomunicación
como factor decisivo del desencadenamiento
de una reacción en cadena que puede hacer del joven un futuro delincuente. Donde
esta explicación se encuentra tan difundida
y funda tanta política pública que constituye
lo que Güell denomina una “sobre exigencia
desproporcionada sobre la familia”37. Así, a la
carga existente sobre los ya cansados padres,
que muchas veces divisan los días como una
carrera continua por dar respuesta a necesidades de todo orden, familiares, laborales,
personales (para qué decir en aquellos que
son, a la vez, padres y profesores) y que ahora son vistos como los factores causantes del
problema. Algo de esto, se encuentra irónicamente dicho en la columna de Marín llamada
“Moya culpable”, donde resulta que después
de todo, la gente es la responsable, el propio público aparece no como el afectado sino
como el causante tanto del retraso de trenes,
de obstáculo para que funcione el transantiago, o de la caída de diversos puentes en la
región del Maule: por el uso, el uso excesivo
de las vías38.
En la raíz de esas naturalizaciones se encuentra el
olvido de una sociedad contemporánea hecha para
el dominio.
Por tanto, todo proceso de investigación social
en esta esfera, tendría que considerar, de modos
diversos, que la violencia opera como elemento,
como manifestación, de un proceso cultural complejo que contiene rupturas y yuxtaposiciones
sucesivas. Ello requiere analizar cómo la cultura,
en tanto interrogante de diferenciación, contiene
en sus aspectos de construcción de significaciones
y espacios simbólicos, comportamientos y mate-
rialidades; vínculos con formas de manipulación y
distorsión, de poder e intereses fácticos.
3. Tercera paradoja a considerar: dichos enfoques dicotómicos de la violencia tienen larga
data en nuestra sociedad y constituyen una
especie de matriz cultural de interpretación,
que divide entre “buenos y malos”. Lo anterior reduce y simplifica las interpretaciones
complejas al interior de procesos de intervención en violencia.
Como ya se expusiera: “para Portales, el principal
resorte de la máquina era la distinción entre lo que
él llama en sus cartas los buenos y los malos. Los
buenos eran los hombres de orden, los hombres
de juicio y los que piensan, de notorio amor al
país y de las mejores intenciones. Los malos sobre
quienes debe recaer todo el peso de la ley, son los
forajidos, los lesos y bellacos, aludiendo sin duda
a los pipiolos y los conquistadores de cualquier
bando”39.
Dicha distinción portaliana, tal como lo señala
Góngora, fue posteriormente objeto de un condicionamiento sociológico. Así, “Rengifo (quien estuvo
con Portales hasta 1835) le escribe a Bulnes, ya presidente electo en 1841, que reina la paz conveniente
a los grandes propietarios, los hombres amantes del
orden y la tranquilidad pública, pues ya no quedan
multitud de aventureros que habían pertenecido a
la generación revolucionaria. Manuel Montt, por su
parte, le escribe a Salvador Sanfuentes en 1845 que
los partidos están reducidos a gente de frac y gente
de manta”40.
Podemos sostener, entonces, que los esquemas binarios de interpretación tienen antigüedad razonable
en nuestro país y que en ellos se reproduce una
imagen de una sociedad con un fuerte núcleo de
orden en cual se ve amenazado desde los márgenes
de alteraciones a su seguridad. Está claro allí que la
violencia se semantiza con la ayuda de estas visiones
escindidas, haciéndolas aparecer como buscadoras
de una posibilidad de emergencia y de desequilibrio del sistema social. A pesar de existir múltiples
Nuevamente, no se trata de hacer recaer el peso de la crítica en una generalidad de expertos, hay muchas indagaciones sobre la familia
en Chile que contribuyen fuertemente a un diagnóstico más complejo, como las realizadas por Fabiola Cortez-Monroy sobre Nuevas
configuraciones familiares: familias recompuestas. Revista de Trabajo Social n° 71 PUC. Santiago, 2003. Págs. 141 y ss. O los variados
trabajos de Teresa Valdés en FLACSO, o los aportes a la comprensión de las familias en la historia de Chile en el trabajo realizado bajo
la dirección de Rafael Sagredo y Cristián Gazmuri, sobre la Historia de la Vida Privada en Chile. Ediciones Aguilar. Santiago, 2005.
37 Guell, Pedro. Informe sobre el desarrollo humano en chile. Santiago, 2002.
38 Ver la columna de Marín en el Mercurio del Miercoles 22 de febrero del 2006.
39 GONGORA, Mario Ob. Cit. pág. 44.
40 Góngora, Mario Ob. Cit. pág. 45.
36
37
TERESA MATUS
estudios como los de Espinoza sobre la Historia de
los Pobres de la ciudad41, o la investigación de Ana
María Stuven sobre la Seducción del Orden42, o el
trabajo de Alejandra Araya sobre Ociosos, vagabundos y malentretenidos en el Chile colonial43; estas
argumentaciones dicotómicas siguen teniendo la
hegemonía no sólo en el sentido mal llamado común, el de las personas naturales, sino que sigue
estando presente con claridad en el juicio de muchos expertos chilensis en violencia.
En el Chile de hoy también contamos con toda una
suerte de imágenes duales de la violencia que no
permiten pasar a un debate que devele el nexo entre
sustrato cultural y violencia. Esta lógica se imbrica
con la manifestación de un pragmatismo que procura una administración consensual.
Ahora bien, un punto importante es que esta lógica
esencialista en lo moral coloca, por lo general, dos
tipos de recursos frente a los sectores involucrados
en sus juicios: o bien los califica de transgresores o
si son sectores importantes de la población los coloca en riesgo, es decir, en estado de vulnerabilidad.
Es así como lo demuestran diversos estudios, los
1.354.096 jóvenes chilenos hasta 24 años con que
el país cambió el milenio son vistos como potencial
de futuro pero también de debilidad, agresividad y
fragilidad44.
Es interesante hacer notar que en el discurso público la presencia peligrosa de jóvenes se ha asociado
a la delincuencia, las barras bravas del futboll, la
droga, el descontrol; pero no se han dado a conocer,
con la misma fuerza y publicidad por ejemplo que
existen variaciones fuertes en la estructura del empleo juvenil que, como lo muestra Valenzuela han
mudado en dos direcciones bien definidas, donde la
primera involucra una reducción considerable del
empleo obrero en el sector productivo, por lo que
los cambios “llevan el signo de la proletarización
y la marginalidad de los jóvenes, cuya intensidad
aumenta fuera de toda comparación histórica si
consideramos que tales procesos se dan en el marco
de niveles de desempleo enormes para los jóvenes,
sobretodo en los ochenta y noventa, que en regiones extremas llegan a más del 18%”45.
En la década del noventa, más de la mitad de los jóvenes entre 15 y 19 años ocupados figura dentro de
las categorías marginales de empleo y entre los 20
y 24 años el desempleo está alrededor de un 20%,
todas ellas tasas superiores en más de un tercio de
las apreciadas en décadas pasadas. Sin embargo,
estas variables sistémicas que afectarían una crítica
al funcionamiento de la estructura económica son
relegadas a segundo plano y lo que existe es una
preocupación enorme por “cuidar a estas personas frágiles46” pero no del desempleo o la falta de
oportunidades sino de la grave crisis moral que los
afecta: desviaciones sexuales, apatía política, consumismo, drogas, violencia escolar. La propia noción
de un acúmulo de factores de riesgo, debe ser analizada para poder desnaturalizarla.
Lo que se afirma es que hay formas de leer, de interpretar nuestros problemas que guardan una cierta
lógica, que son semejantes en la manera de abordarlos y de postular sus caminos de solución, y que
estos recursos binarios se transforman en una evidencia cultural.
4. Cuarta paradoja: La importancia de los imaginarios sociales de la violencia y la urgencia de
reconocerlos como construcciones conceptuales
que hay que desnaturalizar. Si prima la homologación del imaginario como algo opuesto a lo
material, lo que ellos contengan no tendría porqué preocuparnos, ya que es sólo simbólico.
Existen en nuestro país una serie de imaginarios
donde los violentos vienen de los márgenes, constituyendo ciertas representaciones totalizantes de la
violencia. Uno de los primeros pasos para configurar esta construcción, supone achacar la violencia
a determinadas personas47. Las manifestaciones
de violencia se explican en este marco como una
Espinoza, Vicente. Para una Historia de los Pobres de la Ciudad. Ediciones SUR. Santiago, 1988.
Stuven, Ana María. La Seducción del Orden. Ediciones Universidad Católica de Chile. Santiago, 2000.
Alejandra Araya Ociosos, vagabundos y malentretenidos en el Chile colonial. Ediciones LOM, 1999.
Valenzuela, Eduardo. “La Exclusión de los Jóvenes”. Documento de Trabajo FLACSO n°28 Santiago,1984.
Valenzuela, Eduardo. “La Exclusión de los Jóvenes”. Documento de Trabajo FLACSO n°28 Santiago de Chile,1984. Pág. 86.
Relevante resulta colocar que todo el FOSIS para el tratamiento de la pobreza está usando la denominada “Matriz Social de Riesgo”, en
su interpretación más liberal y que apunta ineludiblemente más a la protección que al fortalecimiento de competencias como la autonomía
y la ciudadanía. En Chile nos debemos un debate serio sobre las concepciones implicadas en las teorías del riesgo y sus diversos enfoques
conceptuales, así como sus repercusiones en la intervención social y en la forma que adquiere con ellas una política pública.
47 “Hay que erradicar la violencia porque es una enfermedad que en Chile tiene rebrotes agudos.
Pero no es la mayoría del país, son personas insensatas que crean una criminalidad y contra las que hay que actuar con mucha fuerza, con
mucho rigor, sin vacilación”. Valdés, Gabriel. Presidente del Senado. Las Ultimas Noticias. Santiago de Chile. 19 de marzo 1991.
41
42
43
44
45
46
38
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
forma de concebir la existencia de psicopatías diversas48. Aún más, se puede diferenciar este “tipo
de personas” como contrapartida a lo que se podría
denominar “nuestra forma de ser nacional”49.
A esa manera de encarar el problema se le suma un
efecto de dispersión. Ya no sólo caben en la clasificación aquellos “grupos violentistas” sino que la
violencia tiene acá una nueva reducción a otro grupo marginal: los delincuentes. Así, lentamente se va
conformando ese mecanismo del que Bentham nos
porporcionará tantas imágenes: las características
del encierro. Desde ya, nos habla de una suerte de
exclusión renovada donde el rigor50 ocupa uno de
sus lugares centrales51.
Extendiendo un poco más círculo se entra de lleno en la relación violencia-extrema pobreza52. Este
temor ancestral en Chile al “bajo pueblo”53 y sus agitaciones sociales se plasma hoy, entre otros rostros,
en los marginales urbanos54. Incluso al interior de
las comunidades de pobladores de barrios de extrema pobreza, algunos ven una división entre “buenos
y malos ciudadanos, donde se ejerce una concepción que busca propiciar una suerte de inseguridad
ciudadana masiva55. Se da, por tanto, una necesidad
de protección de personas que viviendo en sectores
populares no comparten una perspectiva de violencia aunque por territorio les toque convivir con “los
violentos”.
Este enfoque, reiterado cotidianamente por algunos medios de comunicación, sirve de base a una
concepción maniqueísta de describir y entender a
algunos pobladores en su propio medio56.
Ampliando la espiral, otro grupo bajo sospecha en
este esquema de disfuncionalidades lo constituyen,
sin lugar a dudas, los jóvenes57. Incluso algunas
formas de enfrentar el problema de la violencia en
mensajes dirigidos a jóvenes han sido hechos con
el mismo esquema de división y descalificación que
se desea combatir58. Ahora bien, sin duda alguna,
el debate en torno a la relación entre jóvenes y violencia alcanzó uno de sus puntos más candentes al
presentar el gobierno una medida acerca de bajar la
“Las acciones violentas son producto de mentes desquiciadas que sólo buscan dificultar el paso a la reconciliación que el país reclama”.
Velasco, Belisario. Subsecretario del Interior. Las Ultimas Noticias. Santiago de Chile. 17 de marzo de 1991.
49 “Estamos en presencia de una desviación, de una violencia de lo más malsana. El atacar en la oscuridad, sin dar la cara, es algo tan
opuesto a la forma varonil de los chilenos”. Martinez Busch, Jorge. El Mercurio. Santiago de Chile. 6 de noviembre de 1991.
50 Foucault, Michel. Vigilar y Castigar. Ediciones Siglo XXI. México, 1983. Págs. 58 y ss.
51 “En una sociedad sana al que delinque hay que tratar de recuperarlo y no de pisotearlo. Esto es lo que se debe educar. No se puede
seguir acentuando ese rigor insensato de que si uno no quiere la muerte de los delincuentes, quiere la muerte de los carabineros. Aunque
concuerdo que no existe una reinserción adecuada del preso en la sociedad, el sostener que no hay que preocuparse de los derechos
humanos de los indeseables es abrir una compuerta extremadamente peligrosa de la calificación apriori de los seres humanos”. Galiano,
José. Abogado. El Mercurio. Santiago de Chile. 12 de noviembre de 1991.
52“En los últimos 15 ó 20 años se ha generado una concertación nacional de los sectores de extrema pobreza, que provocan y facilitan
situaciones de esta índole”. Conclusión seminario sobre paz y seguridad ciudadana. Comuna de la Florida, 2001.
53 Para un mayor análisis ver Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas. Gabriel Salazar. Ediciones SUR. Santiago de Chile,
1990. Págs 52 y ss.
54 “El fantasma que hoy recorre muchas ciudades de Latinoamérica no es la imagen de la clase obrera, sino otro tanto más temible: las
masas marginales urbanas empobrecidas por la crisis económica que ha golpeado a la Región durante la presente década. El caso de las
‘protestas’ en Santiago en el período 83/85 no fue una excepción. La ‘opinión pública’ y la élite dirigente chilena comparten, en definitiva,
una misma sociología de la pobreza, la que tiende a vincular esta condición con una orientación a la violencia. Lo notable del caso es
que no hay eh Chile evidencia empírica para sostener esta mitología violentista”. Tironi, Eugenio. “Autoritarismo, Modernización y
Marginalidad”. Ediciones SUR. Santiago, 1990. Págs. 179 y ss.
55 “En los sectores populares del país ya prácticamente no hay un sólo hogar que no haya sufrido algún hecho de violencia desde que
asumió el Gobierno de la Concertación. Es tan generalizado el pánico y la inseguridad ciudadana en estos sectores que hoy denuncian
a carabineros menos del 15% de los hechos delictivos por temor a represalias”. Lavin, Joaquín. Dirigente de la Unión Demócrata
Independiente. El Mercurio. Santiago de Chile. 20 de octubre de 1991.
56 En estudios realizados por la Escuela de Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile en la comuna de La Pintana, se ha
podido comprobar que dichas visiones se han encarnado profusa y masivamente, con expresiones específicas y particulares, tanto entre
los dirigentes de juntas de vecinos (en la forma de describir sus problemas y caminos de solución) como en algunos jóvenes (llegando a
conformar dicha distinción un eje clasificatorio) y las organizaciones de mujeres pobladoras (usando la dualidad al decidir sus acciones
colectivas).Proyecto IAF. 1991.
57 “Algunos jóvenes chilenos entre 15 y 24 años tienen bajas defensas morales ante los movimientos de violencia. Diversos estudios
muestran una cierta apatía e indiferencia de los jóvenes frente al fenómeno de la violencia. Esto es preocupante”. Director de la
Secretaría de Comunicaciones y Cultura. Las Ultimas Noticias. Santiago de Chile. 9 de junio de 1991.
58 “La campaña de los spots sobre jóvenes y prevención de la violencia delictiva es una campaña agresiva, descalificadora, que divide al
mundo entre buenos y malos. Los buenos son los emisores del spot, y los malos ¿quiénes son?”. Fontecilla, María Eugenia. Directora de
la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. El Mercurio. Santiago de Chile. 12 de junio de 1991.
48
39
TERESA MATUS
edad de la imputabilidad penal de 16 a 14 años59.
Esto produjo encontradas reacciones. Hubo argumentos de rechazo60 e incredulidad61, pero fueron
opiniones minoritarias en relación a una mayoría
que apoyó la medida62. Lo paradojal es que si se
analizan las estadísticas de los años sobre los que se
fundó la medida, es decir del transcurso de la mitad
de los ochenta a los noventa, entregadas tanto por
el Servicio Nacional de Menores como por Gendarmería de Chile y las realizadas por Carabineros en
la Prefectura Metropolitana observamos que es falso
que la delincuencia juvenil haya aumentado ya que
incluso se muestra una leve baja en los años posteriores a 198863. Ahora bien, desde entonces hasta
ahora tenemos otras cifras, que incluso muestran
el aumento de la delincuencia juvenil, estamos ad
portas de la creación de un nuevo Ministerio sobre
Seguridad Ciudadana, pero aún nos debemos en el
país un debate más profundo sobre la asociación jóvenes y delincuencia. El imaginario social generado
desde hace tantos años no es impune. Un solo dato:
en los presos rematados de Colina II, el 78% de
ellos tienen el triste record de haber tenido más de
22 años de intervenciones sociales en su trayectoria
de vida. Las políticas públicas y los mecanismos de
intervención social, no pueden, con esas cifras, reclamar impunidad. En el mismo sentido que en la
reforma educacional, en el tratamiento de jóvenes y
pobreza, tenemos que preguntarnos sobre quienes
son los equipos a cargo de trabajar con ellos y el
nivel de su competencia, así como el peso cultural
de un bombardeo en la agenda pública, una presión
por tolerancia cero, por esa mano dura de otros tiempos, que revisita nuestra democracia, como si esa
fuera la salida. Ya que si bien, como lo demuestra
Sunkel en sus investigaciones, la prensa no nos dice
cómo pensar, nos coloca la agenda y el modo genérico de abordar las cuestiones tratadas.
De este modo, en la medida en que la violencia se
vea personificada en personas, en grupos, en sectores etáreos o sociales particulares, en psicopatías
diversas; es posible generar un efecto de diferenciación con el resto de la sociedad viéndola como una
transgresión a un sistema de orden social. El problema adicional, es que este círculo concéntrico se va
agrandando e involucra sectores vitales de la población que son vistos aquí no sólo como “violentos” y
excluidos de recursos económicos o acceso laboral y
social sino que son estigmatizados como transgresores, volviéndose doblemente víctima64. Además, si
sumáramos, para tener una noción de volumen de
los supuestos “disfuncionales” existentes, éstos alcanzarían más de la mitad de la población chilena.
Poniendo el acento en la responsabilidad de los
“otros” vemos como la problemática de violencia
“Rebajar a catorce años el límite de la imputabilidad penal, extendiendo entre los 14 y los 18 la exigencia de que el juez de menores
califique el discernimiento”. Medida Nº10 de la quince medidas anunciadas por el Gobierno el 9 de diciembre de 1991 en relación con
“el problema de la violencia”.
60 “Rechazo las medidas de bajar la imputabilidad penal de los menores”. Organización de defensa de los niños internacional. Integrante
del Consejo consultivo de la UNICEF. La Nación. Santiago de Chile. 11 de diciembre de 1991.
61 “He reaccionado con incredulidad. Ahora un niño de 14 años podrá ser encarcelado y castigado con penas de adulto. Pienso que esta
medida se origina en el desconocimiento que se tiene sobre la cultura de la pobreza. Con esto se castiga más a un niño ya muy castigado:
el echado de su casa, que luego abandonó la escuela, que cayó en la prostitución. Lamento que se haya puesto el énfasis en la represión
y no en la prevención y rehabilitación”. Avalos, Sergio. Director del Comité de Atención al Menor Encarcelado del Hogar de Cristo. La
Segunda. Santiago de Chile. 10 de diciembre de 1991.
62 En los partidos políticos hubo acuerdo entre la UDI, Renovación Nacional y Democracia Cristiana sobre esta medida. El PPD la apoyó
con dudas acerca del envío de menores a la cárcel y sólo el Partido Humanista y el Socialista la rechazaron.
59
Número de menores que ingresó a las unidades penales.
Fuente: SENAME
MENORES/AÑOS
1985
N° CASOS
5.532
Número de menores detenidos por delitos diversos
Fuente: Gendarmería de Chile
MENORES/AÑOS
1985
N( CASOS
4.674
Número de menores retenidos según causales
Fuente: Carabineros. Prefectura Metropolitana
CAUSALES/AÑOS
Robo
Hurto
Homicidio
Abusos deshonestos
Desórdenes
63
64
1986
6.793
1987
7.328
1988
8.704
1989
8.369
1990
8.233
1986
5.931
1987
5.872
1988
6.171
1989
5.863
1990
5.186
1988
2.591
789
63
41
496
1989
2.407
733
85
45
232
1990
2.439
641
50
29
80
Para un análisis mayor de este punto remito al texto de William Ryan: Blaming the Victim. Vintage books. New York. 1971.
40
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
puede servir para confirmar la propia adhesión a
un orden homogeneizante. Esta visión de “normalización” en una sociedad como la nuestra puede
conllevar la imposibilidad de enfrentar nuestros irresueltos desafíos culturales por lograr una identidad
colectiva que no intente suprimir las diferencias.
El nivel de pragmatismo en que se ha volcado el
problema de la violencia no deja pie para adentrarse
en esas tareas pendientes acerca de los procesos de
identidad cultural. Esto se expresa en el plano de la
discusión acerca de la violencia, haciéndola aparecer como una suerte de reivindicación donde cada
fracción busca sacar los mejores dividendos políticos posibles65. Por otra parte, se sigue sosteniendo
una visión reductiva de un Chile homogéneo que
no tiene problemas de heterogeneidad cultural66. El
superar estas reducciones y reconocer los supuestos que las subyacen implica una revisión crítica
de nuestra historia y un debate abierto acerca de
la forma de concebir y relacionarlos con nuestros
desafíos culturales.
La permanencia de lo binario en este ámbito sería,
entonces, una manifestación de los nexos no abordados entre violencia y cultura y, por tanto, una
perpetuación de una causal de violencia.
Finalmente, se concluye que la forma de legitimación social de la violencia, a través de los sucesivos
acercamientos binarios, pone de manifiesto una
semantización del orden eminentemente oligárquico. En ella existe una apropiación del polo cultural
como el núcleo del orden, de la “civilización” y
éste, a su vez, presenta como límite un polo más
asociado a la naturaleza, que sería el reducto de la
violencia. Es claro que “la pobreza”, “las etnias”, “la
delincuencia”, “los jóvenes”, pertenecerían a este
extremo al que se le puede aplicar, gradualmente,
la noción de barbarie. Por lo tanto, la distinción se
ejerce entre el núcleo de lo humano y el de lo nohumano. Estas formas de interpretación evidencian
que la diferenciación opera como mecanismo de
exclusión, la “derecha” plantea un orden sin la “izquierda”, el orden del sistema se logra reprimiendo
lo escindido. Luego, el consenso entre perspectivas
supuestamente diversas está basado en un acuerdo
fundante: compartir el esquema dual de distinción.
Podríamos decir, que es un acuerdo que se realiza
entre iguales, donde sólo hay matices en la operatoria con el polo de la naturaleza.
Esta visión, ligada desde antiguo a la oligarquía nacional (y compartida por sectores opuestos, sólo que en
una lógica invertida) nos enfrenta a un desafío radical: encontrar caminos de salida de una postura que
siempre verá amenazante todo despliegue de conflicto y que, llegado el momento, legitimará el uso de la
fuerza para reestablecer el orden. Allí, es imposible
que en las diferencias se establezca la comunicación,
aquella donde lo diferente es compartido67. Estas
evidencias culturales abren un cuestionamiento a las
formas asumidas por “nuestra modernidad”.
En ello influyen, decisivamente, las maneras de
plantearse la pregunta, las maneras de semantizar
el problema. Esto se articula con los modos de concebir la razón68. Mientras se reduzca el concepto de
razón a una racionalidad instrumental (planteándose, de esta forma la necesidad del retorno a la unidad
valórica perdida), o se intente pasar a –lo otro– de la
razón ya sea en su matriz amigo/enemigo69 o en la
“Quien sostenga que la violencia es un problema reciente en Chile y que antes no existió, incurre en un juicio temerario y no puede sino
presumirse que tan infundada aseveración busque dividendos políticos”. KRAUSS, Enrique. Ministro del Interior. La Nación. Santiago
de Chile. 10 de diciembre de 1991.
66 “Queremos mostrar a Chile como un sólo país: confiable, moderno y exitoso. Con una economía abierta, de gente culta. Un País de
grandes consensos, con una transición exitosa a la democracia y sin grandes conflictos religiosos, políticos o étnicos. Un Chile creativo,
serio, frío y apto para los negocios. Por eso el símbolo del iceberg”. MESCHI, Carlos. Gerente de Chile Expo Sevilla 92’, explicando el
lema de “Chile: modernidad helada”.
67 ADORNO, Theodor. Sobre sujeto y objeto, en Consignas. Editorial Amorrortu. Buenos Aires,1985. Pág. 169.
68 García, postula que a los modos de concebir la razón se asocian distintas formas de entender la relación del poder y la violencia. “Pienso que
entre las tareas del presente está lograr construir una alternativa que escape al dilema cuyos cuernos son una democracia conservadora que
frente a todo conflicto e intento de transformación agite el peligro de la violencia, y los proyectos que sostengan la inevitavilidad de ésta frente
a una democracia refractaria a los proyectos de la mayoría”.GARCIA, José Fernando. “RAZON, PODER Y VIOLENCIA EN LA FILOSOFIA
CONTEMPORANEA”. Colección Los Cuadernos. Universidad Nacional de Rosario. Argentina, 1990. Pág. 17.
69 “Como la concepción de política de Carl Schmitt, donde ésta se encuentra directamente referida a la crítica radical de la razón, donde el
enemigo es un otro radical, existencialmente distinto, un extranjero que debe ser negado en su vida o siguiendo la terminología hegeliana,
el enemigo es la ‘diferencia ética’. Con el calificativo de ‘existencial’ Schmitt quiere indicar que en dicha relación no es posible mediación
alguna, particularmente de tipo normativo. El enfrentamiento con el enemigo es inevitable, porque su simple existencia entraña la
negación del propio ser. Ninguna proposición ‘objetiva’, ‘imparcial’ o ‘neutra’ es posible frente a la agrupación amigo/enemigo. Toda
pretensión de mantenerse al margen de ella o mediar es una máscara, un disfraz que disimula una opción o un descompromiso incapaz
de percibir lo esencial de la relación política. Es inevitable, pues, la participación existencial en el conflicto y no hay posible justificación
a esa opción, que se fundamenta a sí misma”.GARCIA, José Fernando. “RAZON, PODER Y VIOLENCIA EN LA FILOSOFIA
CONTEMPORANEA”. Colección Los Cuadernos. Universidad Nacional de Rosario. Argentina, 1990. Pág. 24.
65
41
TERESA MATUS
fragmentación y transparencia de algunas posturas
postmodernas70 se vuelve difícil salir de los límites
del esquema planteado, ya que, como plantea García, en aquellas versiones de la razón que significan
una crítica radical a sus pretensiones o una ruptura
con el mundo de la vida cotidiana, poder y violencia son coextensivos71. Para encontrar caminos de
salida se requiere, por tanto, adentrarse en un concepto de razón que procure el establecimiento de
mediaciones y analizar la posibilidad de gestar una
sociedad más amable en una matriz cultural que se
resiste a aceptar la posibilidad de una diferencia legítima72.
5. Quinta y última paradoja: La investigación y los
procesos de intervención social son procesos de
categorizaciones simbólicas, que contribuyen a
la producción de subjetividades y la constitución identitaria. Por tanto, si se las considera
sólo como aporte en el nivel más superficial de
la empiria, esa importante dimensión de contribución científica se torna casi invisible.
Sin lugar a dudas, uno de los consensos en diversos ámbitos es que para intervenir en fenómenos
sociales complejos como la violencia, se requiere de
equipos multidisciplinarios. De allí que es necesario, pero no suficiente constituir equipos técnicos y
profesionales. Hay que discutir las matrices lógicas
en que cada uno de ellos ve y analiza el fenómeno:
• Así por ejemplo, si tomamos un caso de violencia escolar y al adolescente que ha sido víctima
se lo lleva a un médico, no podemos pasar por
alto que éste se rige por el padrón: vida/muerte. De allí que si un joven, viene caminando a
su consulta es imposible para él, que le ocurra
nada grave. Las lesiones, por tanto, son clasificadas desde este parámetro.
• Si el incidente tomó un carácter público y el
director del Colegio lo denuncia a carabineros,
ellos acostumbrados a diferenciar según las
alteraciones al orden público, y a la categorización de los delitos, puede que no le concedan
demasiada importancia a una denuncia que no
resultara en un delito grave o a la inversa, que
una pelea escolar se transforme en un asunto
oficial y penitenciario73.
• Ahora bien, si el problema fue lo suficientemente grave para constituir delito, y se lo lleva
a la justicia, los abogados, formados en la matriz clásica del derecho, tenderán a visualizar
el problema en términos de una lógica de inocencia y culpabilidad, de víctima y acusado; lo
que obstaculiza analizar más complejamente
la propia constelación de la violencia escolar.
• En el caso que sea una escuela pública y de
sectores bajos e intervenga un trabajador social, formado en una matriz diferenciadora
de factores económico-sociales, tenderá, por
lo general, a atribuir a estas dimensiones, un
papel de variables causales en el fenómeno de
la violencia, actuando éstos a veces, incluso
como principios explicativos.
• Por otra parte, un psicólogo, dependerá de la
perspectiva que asuma (gestáltico, conductista, psicoanalista en sus distintas tendencias,
etc.) visualizará de muy distinto modo un fenómeno como la violencia escolar.
De esta manera, se va gestando lo que Foucault
denomina, un archivo explicativo74. En el caso del
“Paradojalmente, la posición agresiva del postmodernismo contra la ideología fracasa en su intento por erradicar -e implicitamente
postula- la perspectiva totalizante que buscaba abolir, terminando así por contradecirse. Rechaza la crítica de la ideología, pero termina
introduciendo una suerte de crítica ideológica en su ataque a las metanarrativas y en sus análisis de diversos fenómenos sociales que
parecen ocultar una realidad más profunda... Así, estas concepciones socavan hasta tal punto las diferencias entre al iluminismo y la
manipulación, entre la verdad y la ideología, entre la razón y la dominación, que ellas mismas no pueden sobrevivir a su propia crítica”.
LARRAIN, Jorge.” POSTMODERNISMO E IDEOLOGIA”. Revista de Estudios Sociales. CPU Nº70 trimestre 4. Santiago de Chile,
1991. Págs 25 y 26.
71 GARCIA, José Fernando. “RAZON, PODER Y VIOLENCIA EN LA FILOSOFIA CONTEMPORANEA”. Colección Los Cuadernos.
Universidad Nacional de Rosario. Argentina, 1990. Pág. 27.
72 Para un mayor análisis ver: Matus, Teresa. La intervención como gramática. Revista Trabajo Social Nº71.
72 Para un mayor análisis ver: Foucault, Michel. Yo, Pierre Riviere... Ediciones Península. Barcelona, 1989.
72 Autés, Michel. Les Paradoxes du travail social. Editions DUNOD. París, 1999. Pág. 241-242
72 Autés esa. Cultura y violencia en Chile. Revista Persona y Sociedad. ILADES. Volumen VII N°4 Santiago de Chile, 1993. Págs. 133 a
183.
73 Interesantes aportes los de investigaciones sobre violencia escolar portoriqueña, ya que en la isla, desde hace unos diez años se ha
estimulado crecientemente la presencia de policías a la entrada de las escuelas, donde ellos tienen el poder no sólo de intervenir
revisando las mochilas de los alumnos, sino de frenar las peleas ocurridas en los patios. En las escuelas que han asumido estas medidas la
violencia escolar se ha incrementado y la autoridad de los profesores en el establecimiento ha disminuido drásticamente, convirtiéndose
la experiencia escolar en una experiencia de lidar con los códigos policiales.
74 Para un mayor análisis ver: Foucault, Michel. Yo, Pierre Riviere... Ediciones Península. Barcelona, 1989.
70
42
NATURALIZACIONES VIOLENTAS ANÁLISIS DE ALGUNAS PARADOJAS EXISTENTES EN LAS INVESTIGACIONES
PSICOLÓGICAS Y SOCIALES EN FENÓMENOS COMPLEJOS COMO LA VIOLENCIA ESCOLAR
parricidio de Pierre Riviere, Foucault yuxtapondrá
los discursos médicos, de la prensa, de los legisladores, de la familia, de los vecinos, los diarios escritos
por el propio Riviere en la cárcel, preguntándose
cómo trabajar con esas lógicas que chocan diversa y
desigualmente. Lo anterior es muy importante para
que las personas que acuden a estos servicios, que
ya han sido afectadas por un incidente de violencia
escolar, para que no sean doblemente maltratadas
por un sistema de intervención contradictorio. Asimismo, los usuarios tienen derecho a saber desde
qué enfoque van a ser vistos y cuál es la posibilidad
de una intervención exitosa
Ahora bien, si la categorización social se realiza en
términos estigmatizadores, esos sujetos llevarán esa
marca en forma persistente. De allí que estudiar
los modelos de investigación e intervención social
enfatizando su potencial simbólico-enunciativo, resulta clave en el logro de mayores oportunidades
de equidad y desarrollo de la ciudadanía. Se podría
sostener que algunos adolescentes han sido doblemente víctimas en el sentido en que no sólo se han
involucrado en un episodio de violencia escolar,
sino que han estado aprisionados por los límites y
los choques de las lógicas de los expertos que no
logran comprender de qué se trata ni las motivaciones y argumentaciones de los propios involucrados,
ya que su sentido más hondo se les escapa. Cuando
un profesor ve llegar a un estudiante a la inspectoría
y cree que ya sabe quien es y de qué se trata, es decir,
tiene ya una opinión formada antes de escuchar, el
resto transcurre, como en García Marquez como la
crónica de una muerte anunciada.
En este sentido, tal como expresa Autés, trabajar lo
social es una práctica simbólica y su eficacia es de
naturaleza simbólica75. Sin lugar a dudas, esa sentencia expresa un giro en la forma de pensar el sentido
y la función de la investigación y la intervención
social. Para entender su contenido, sin embargo,
se requiere no tratar lo simbólico ni como opuesto
a lo real o lo material, ni simplemente como gesto
emblemático76. Por el contrario, lo simbólico acá se
inserta en el cruce, en la mediación interpretativa
de todo lo real77. Así, él se encuentra implícito en
toda acción social y precisa ser develado en su construcción. De allí que desafía a los equipos a dejar su
lenguaje de exterioridad para deconstruir sus premisas. Aquí aparecen dos claras demandas: develar
los mecanismos epistémicos y socioculturales en los
que se inserta su quehacer y colocar los enfoques
éticos no por fuera o reducidos al profesional, sino
como parámetros, como indicadores operativos específicos en sus modelos de investigación social.
Lo anterior tiene como sustrato el entender que ejercer el oficio de investigador conlleva un ejercicio de
representación, ya que allí se representa y se vuelve
representación a esos otros que se nos aparecen con
su carga simbólica a cuestas. El “otro” ha sido fuente
de un riquísimo imaginario sociocultural poblado
de visiones amigables o amenazantes. Desde la idea
“otro natural” intrínsecamente bueno a un sujeto
que poco a poco se pervierte en el contacto societal78. Toda la noción de civilización y barbarie radica
en la distinción de la idea de otro79.
La cuestión acá es que “el otro” adopta las características dada por quien lo mira y lo busca nombrar80.
Y si bien a un otro, subornidado, jerarquizado, se le
puede conceder alguna virtud estética o moral, muy
difícilmente se le otorgará un estatuto de legítimo
pensamiento. Se podría plantear que, guardando las
distinciones, estamos en presencia de una semántica
que conforma una tipología, un tipo de representación social de la pobreza que está inscrita en el
corazón de esos mecanismos que generan, como va
a plantear Geremek: “a los hijos de Caín”. Que crea
una especie de tautología simbólica, al encadenar
Autés, Michel. Les Paradoxes du travail social. Editions DUNOD. París, 1999. Pág. 241-242.
Autés, Michel. Les Paradoxes du travail social. Editions DUNOD. París, 1999. Pág. 243.
Freynet, Marie-France. Les médiations du travail social. Chronique SocialLyon, 1999.
Rousseau, Jean Jacob. “El Contrato Social”. Editorial Alianza. Madrid, 1974. Págs. 33 y ss.
Toda la tematización en la conquista de América que hace Todorov se encuentra permeada por la idea del indio como “otro”: “No sólo
las coordenadas temporales, también las espaciales quedan descentradas. El encuentro con el indio-el otro- plantea una nueva escala
de diferencias que cuestiona de inmediato la propia identidad”. Todorov, Tzvetan. “La Conquete de L’amerique. La Question de L’autre”.
Editorial Seluil Paris, 1982. Pág. 25.
80 “Los salvajes se vuelven para los psicoanalistas aquella escena primordial de la que derivan la Ley y su Palabra, los estructuralistas los
convirtieron en una especie de computadoras silvestres dedicadas a reproducir inacabablemente su ingenioso juego de permutaciones,
con el único pie forzado del tabú del incesto; los marxistas descubrieron en ellos encubiertos conflictos de clase, un ensayo general de la
tragedia dialéctica pro venir, hallando así pruebas inequívocas del mágico motor de la historia que ronronea incansable desde los albores
del mundo; y los religiosos descubrieron en ellos, por supuesto, santos y pecadores. Lo cierto es que los salvajes disminuyen, pero las
interpretaciones se multiplican”.
Savater, Fernando. “El Buen Salvaje y el Mal Anarquista”. Editorial Alianza. Madrid, 1986. Pág. 142.
75
76
77
78
79
43
TERESA MATUS
las evidencias de la disconformidad de la pobreza
con un cierta cosmografía de la anti-sociedad, donde lo amenazante convoca a toda clase de personas
pobres, enfermos, vagabundos, pícaros, delincuentes81. Una especie de nave de los locos, pero ya sin
las interpretaciones de la miseria como un accionar
profético del verdadero sentido de la vida, propio
de los comienzos de la Edad Media82. Así, no es sorprendente que este tipo de interpretaciones llenen
sus manos de cosechas de anti-sociales y que su solución, en la mayoría de los casos alterne garrote
y zanahoria, represión y ayuda, conmoción por las
circunstancias y formas de vida de los miserables,
pero a la vez, una sensación creciente de amenaza
social. Dicho de otro modo, desde esta expresión de
un régimen de la mirada sobre el otro, se construyen una serie de imaginarios socioculturales83.
Así, mediante los procesos de investigación, se
genera un dispositivo de enunciación que controla, que restringe o que emancipa, que empodera,
que contribuye a fortalecer el capital social84. Consecuentemente, la investigación es una actividad
simbólica que renueva la acción social mediante
una resignificación de los imaginarios sociales que
se dan en el mundo social. Dicho en otras palabras,
opera en la producción de subjetividades, en la
construcción de identidades, en la reconstrucción
de los lazos sociales. Élla inscribe al sujeto en un
sistema de relaciones. Por su acceso a la palabra,
a la capacidad de enunciación, produce existencia
social, sobredeterminando sus propias prácticas85.
Se trata entonces, de comprender una vez más y entender que incluso todo dato cuantitativo, se coloca
y cobra vida al interior de un horizonte referencial
herméutico, de otro modo, no sólo la subjetividad
reflexiva de los involucrados no se recupera en
las investigaciones, sino que a la propia violencia
escolar se la estudia, paradójicamente, desde naturalizaciones violentas.
FECHA DE RECEPCIÓN: enero 2006
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
Geremek, Bronislaw. Os filos de Caim. Editorial Companhia das Letras. Sao Paulo, 1995. Págs. 302 y ss.
Gurvitch, F. Las categorías medievales de la pobreza. Editorial Península. Barcelona, 1999. Pág. 6.
Como el sinnúmero de recreaciones sobre “los otros” que muestra Eco a través de Superman, el gatopardo de Malasia, la idea de servicio
a los otros, la modelación de las exigencias del otro en los sectores medios, el rechazo del intelectual o la conciencia cívica como vigilancia
de los otros. Eco, Umberto. “Ni Apocalipticos Ni Integrados”. Editorial Lumen. Barcelona, 1993.
84 Para un mayor análisis de la relación Cultura-Capital social se remite a: Klisberg, Bernardo y Tomassini, Luciano. Capital Social y
Cultura. Claves estratégicas para el desarrollo. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2000.
85 Como ya lo sostenía Foucault: El discurso contiene un potencial de vida y de muerte. Foucault, Michel. EL orden del discurso. Editorial
La Piqueta. Barcelona, 1997. Pág. 4 y ss.
81
82
83
44
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 45-61
Un modelo analítico para la intervención
social: integrando los enfoques de
las capacidades, el capital social y las
instituciones en el ámbito local
Integrating perspectives on skills, social capital
and local institutions. An analitycal model for social
intervention
RENÉ OLATE1
Resumen
En este documento se entrega una aproximación a un modelo analítico de intervención social que
integra los conceptos de capacidades, capital social e instituciones sociales. El modelo se articula
en las realidades locales de América Latina y se destacan las implicancias que tiene para el avance
sostenido de los procesos de desarrollo e inclusión social. Además, se entregan algunas sugerencias metodológicas para la intervención social.
Palabras claves: modelo analítico de intervención - capital social- procesos de desarrollo-inclusión
social
Abstract
This document describes an approach to the analytical model of social intervention that integrates the concepts of skills, social capital and social institutions. The model is articulated in the
local realities of Latin America and its implications for the sustained advance of the development
processes and social inclusion is showed. Also some methodological suggestions for the social
intervention are given.
Key words: analytical model of intervention - social capital - processes of social developmentinclusion“
Los marineros se convertirán en piratas si la sociedad crea
incentivos para la piratería y los piratas se convertirán en
comerciantes cuando la sociedad cree incentivos para el
comercio” (Douglass North)
“Construir capital social no será fácil, pero es la clave para
hacer funcionar la democracia” (Robert Putnam)
“Para resolver los problemas a los que nos enfrentamos, hemos de concebir la libertad individual como un
compromiso social” (Amartya Sen)
1
Agradezco las sugerencias de Carlos Comas (Universidad Centroamericana de Nicaragua) así como los comentarios de los participantes
en el seminario del Center for New Institucional Social Sciences que dirige el profesor Douglass North en Washington University in St.
Louis. (c)Doctor en Trabajo Social Washington University in St. Louis [email protected]
45
RENÉ OLATE
Introducción
En las perspectivas teóricas sobre desarrollo se ha
observado en las ultimas décadas un desplazamiento desde aquellas posiciones que enfatizaban la
acumulación de capital como elemento central para
lograr el desarrollo, hacia posiciones que primero
enfatizaron la tecnología, luego el papel de las ideas
y finalmente la importancia de las capacidades, el
capital social y las instituciones.
Este desplazamiento en la concepción de desarrollo está marcado por el creciente reconocimiento
de que las diferencias en resultados económicos
no pueden ser completamente explicadas por diferencias en recursos tradicionales como la tierra, el
trabajo y el capital físico. Al respecto, Hoff y Stiglitz
(2001) señalan que el desarrollo ya no es visto como
un proceso primario de acumulación de capital sino
como un proceso de cambio organizacional. Este
cambio no significa que la concepción tradicional
de capital deje de ser importante en los procesos
de desarrollo, sino que básicamente debe entenderse como otro factor dentro de una complejidad de
elementos.
Dentro de esta complejidad se destacan tres concepciones. La concepción de las capacidades y del
desarrollo como expansión de libertades elaborada
por Amartya Sen y Martha Nussbaum.
La valoración de las relaciones sociales y del capital
social como elemento explicativo de procesos de desarrollo económico y social elaborada originalmente,
entre otros autores, por Pierre Bourdieu, James Coleman y Robert Putnam. Finalmente, la renovada
importancia del tema de las instituciones sociales
para explicar el desempeño de las economías y la
sostenibilidad de los procesos de desarrollo, teoría
desarrollada por diversos cientistas sociales entre
los cuales se destaca el historiador económico Douglass North.
Un elemento coincidente en los tres conceptos, desde la disciplina de la economía es que todos surgen
como reacción y crítica a la escuela neoclásica y a
la teoría de la elección racional. A pesar de este origen común, y aceptando las diferencias al interior
de cada corriente, esta tendencia al distanciamiento
estaría más cercana a la complementariedad. Otro
elemento común que es preciso destacar es el importante sendero de interdisciplinariedad que abren
estos enfoques en los temas de desarrollo y de estrategias tendientes a combatir la pobreza y a lograr
la inclusión social. Es difícil encontrar un planteamiento actual de desarrollo que no incluya a alguno
de los elementos que consideran estos enfoques.
46
Más allá de las coincidencias en el plano teórico, este
documento pretende plantear algunas preguntas relevantes en torno a las múltiples interrelaciones y
mixturas que estos temas presentan en las realidades
locales de América Latina, destacando la importancia que tienen para producir avances sostenidos en
los procesos de desarrollo. Por tanto, el objetivo de
este documento es presentar una primera aproximación a un modelo analítico de intervención social
que integre los conceptos de capacidades, capital
social e instituciones.
El argumento básico es que el desarrollo y la construcción de capacidades son procesos que se dan
en el ámbito individual y que se pueden potenciar o limitar de acuerdo a las relaciones sociales
o capital social, entendiendo a este último elemento en un contexto institucional. Analíticamente
estos tres conceptos se pueden asociar a tres distintos niveles de análisis que se interrelacionan.
Las capacidades se enfocan desde una perspectiva
individual-grupal, el capital social desde una perspectiva grupal-comunitaria, y las instituciones desde
una perspectiva comunitaria-societal. Se desprende
como elemento central que para incentivar procesos
de desarrollo desde la intervención social debemos
considerar este enfoque que integra simultáneamente la construcción de capacidades y capital social,
y la identificación, modificación o creación de instituciones sociales. Se deja planteada la necesidad
de contrastar esta primera aproximación analítica a
realidades concretas de América Latina, para de este
modo poder profundizar su potencia explicativa y
desarrollar sugerencias metodológicas para la intervención social.
El documento se estructura en cuatro partes. Las
tres primeras están dedicadas a la presentación de
cada perspectiva conceptual, señalando algunos
resultados de investigaciones empíricas relevantes.
La cuarta parte articula las tres perspectivas en el
modelo analítico de capacidades, capital social e
instituciones, sugiriendo algunos elementos explicativos y de intervención social. Finalmente, se
entregan algunas dimensiones que habrá que seguir
analizando para formular sugerencias metodológicas para la intervención social a nivel local.
El enfoque de las capacidades
El enfoque de las capacidades tiene como principales exponentes al premio Nóbel de Economía
Amartya Sen y a la filósofa Martha Nussbaum. Nussbaum (1995, 2001) ha enfatizado los temas éticos
y de género, destacando la idea de que las capa-
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
cidades pueden servir como principios legales y
constitucionales. Estos principios pueden ser utilizados por los ciudadanos para apelar ante el Estado.
Sen (1989, 1999), por su parte, propone el enfoque
de las capacidades2 basado en un análisis formal
de los temas fundacionales de la renovación de la
economía del bienestar, el análisis práctico de los
problemas de pobreza, especialmente el problema
de la hambruna, y una revisión de su planteamiento
de las necesidades humanas básicas.
En esta revisión, Sen propone el concepto de titularidades, que hace referencia al modo que tienen las
personas de acceder a los distintos bienes y servicios
que satisfacen necesidades básicas. Sen entiende el
concepto de titularidades como derechos económicos, distinguiendo entre titularidades de producción
y titularidades de cambio.
Sin embargo, Sen ha sido criticado por su enfoque
de las titularidades. Específicamente se considera
que: a) no ha especificado cuáles son las necesidades básicas; b) no ha señalado si estas son iguales
para todo el mundo y en cualquier tiempo; c) no
ha señalado cómo se pueden justificar y qué es lo
que determina una titularidad u otra (Pressman y
Summerfield, 2000). Intentando responder a sus
críticos, Sen centra sus estudios en lo que tiene un
valor intrínseco para la vida, en las potencialidades
más que en los bienes, en lo que entraña un valor
instrumental o beneficio personal. A partir de este
desarrollo propone el concepto de capacidades.
Sen (1999) define las capacidades como todo aquello que una persona es capaz de ser o hacer: estar
bien nutrido, escribir, leer, comunicarse, tomar parte en la vida comunitaria, participar en actividades
sociales, tener sentido de pertenencia a grupos. La
capacidad es un tipo de libertad, la libertad fundamental de lograr distintos estilos de vida. Es
conveniente señalar la distinción, que proviene de
la traducción del inglés al español de los conceptos
de capability y capacity. Ambos conceptos han sido
traducidos al español como capacidad o capacidades. Sin embargo, aluden a vertientes conceptuales
distintas.
La concepción de capacidades o capabilities de Sen
alude a la idea de las potencialidades de los individuos. Es por ello que una clave para entender este
concepto es cuando Sen sugiere que el núcleo del
desarrollo consiste en expandir las capacidades de
los individuos o sus potencialidades. En cambio, la
idea de capacidades siguiendo el concepto de capacities se concentra en el ámbito organizacional o
institucional. Por esta razón es frecuente encontrar
en la literatura la idea de generación de capacidades
organizacionales o institucionales. Por ejemplo, Moore (1995) menciona la generación de capacidades
operativas en las organizaciones públicas y Repetto
(2004) las capacidades estatales.
En el concepto de Sen, las necesidades básicas son
entendidas dentro de las capacidades. Sen señala
que la ausencia de capacidades conduce a las privaciones humanas. De este modo estructura su trabajo
de las capacidades humanas y privaciones en torno a
la importancia de ampliar las libertades, entendidas
como la libertad de expresión, la libertad de prensa,
la libertad para participar en las discusiones públicas, y de acceso a un sistema judicial transparente.
Esta preocupación por las capacidades humanas y
privaciones ha quedado plasmada en la construcción de los indicadores de desarrollo humano que
utiliza Naciones Unidas.
En el contexto de las titularidades y las capacidades,
Sen destaca la importancia de las instituciones. De
este modo señala que las tradiciones, las leyes y las
diferentes transferencias de bienestar pueden aumentar o disminuir las titularidades y el desarrollo
o expansión de las capacidades. Por ello, es posible
afirmar que tanto en los aspectos teóricos como en
los prácticos, esta perspectiva señala importantes
implicancias para los procesos de cambio institucional3.
Sen afirma que los tipos de capacidades son muy
variados, por ejemplo, desde tener acceso a un adecuado nivel de alimentación y nutrición hasta la
participación en la vida comunitaria. Por ello señala
que la expansión de las capacidades de las personas
depende de la eliminación de las privaciones y de la
Amartya Sen ha planteado esta perspectiva en “Resources, Values and Development” (1984) y en “The Concept of Development” (1995)
en H. Chenery y T. N. Srinavasan (eds.), Handbook of Development Economics. Los requisitos y las implicaciones más amplias de esta
perspectiva han sido examinados con profundidad en el libro “Development as Freedom” (1999). Sen destaca el trabajo realizado en
conjunto con Martha Nussbaum respecto a capacidades y calidad de vida (1993). El texto de Nussbaum (2001) “Women and Human
Development. The Capabilities Approach” sintetiza su trabajo en esta perspectiva.
3 En la conclusión del capítulo sobre mercados, estado y oportunidad social de su libro Desarrollo y Libertad, Sen señala que los individuos
viven y actúan en un mundo de instituciones. “Nuestras oportunidades y perspectivas dependen sobre todo de las instituciones que existen
y de cómo funcionan. Las instituciones no sólo contribuyen a aumentar nuestra libertad, sino que su papel puede evaluarse de manera
razonable a la luz de su contribución a aumentarla. La concepción del desarrollo como libertad permite evaluar sistemáticamente las
instituciones”.
2
47
RENÉ OLATE
entrega de servicios sociales básicos, como educación, salud, redes de seguridad social, las cuales no
necesariamente aparecen reflejadas en los ingresos
reales de las personas.
El aumento o crecimiento de los ingresos de las
personas probablemente expandirá las capacidades
de las personas, con mayor énfasis en aquellas de
ingresos más bajos. Sin embargo, desde el planteamiento de Sen, esto no puede ser considerado en
sí mismo como el criterio final del desarrollo o del
bienestar. Por ello, y siguiendo la perspectiva del
autor, la pobreza debe concebirse como la privación
de capacidades básicas y no sólo como la falta de
ingresos. Asimismo, este enfoque no rechaza la idea
razonable de que la falta de ingreso es una de las
principales causas de la pobreza, ya que la falta de
ingreso puede ser una importante razón por la que
una persona esté privada de capacidades.
Pressman y Summerfield (2000) destacan lo apropiado del enfoque de Sen para analizar la pobreza
utilizando el enfoque de las capacidades en oposición al ingreso como criterio único:
a) La pobreza puede identificarse de forma razonable con la privación de capacidades: el
enfoque centra la atención en las privaciones que son intrínsecamente importantes a
diferencia del bajo ingreso, que es sólo instrumentalmente importante.
b) Hay otros factores que influyen en la privación de capacidades, y por tanto en la pobreza
real, además de la falta de ingreso. El ingreso
no es el único instrumento que genera capacidades.
c) La relación instrumental entre la falta de ingreso y la falta de capacidades varía de unas
comunidades a otras e incluso de unas familias a otras y de unos individuos a otros. La
influencia del ingreso en las capacidades es
contingente y condicional.
Además del vínculo entre capacidades y pobreza, Sen
(1999) asocia el concepto de las capacidades al concepto de desarrollo. De este modo señala que se debe
evaluar el desarrollo en términos de la expansión de
las capacidades de las personas en vez de enfocarlo
solamente como crecimiento económico. La combinación de capacidades y posibilidades concretas es
lo específico del desarrollo y la libertad. Sen subraya
que la evaluación de la libertad puede ser susceptible
tanto a lo que hace una persona como a las alternativas que tiene; la libertad proporciona una perspectiva
más amplia para juzgar la ventaja humana, y por medio de ella, evaluar el éxito social.
48
Este es el razonamiento básico que proporciona
la base para considerar “el desarrollo como libertad”. Desde la perspectiva de Sen, el proceso de
participación debe ser entendido como una parte
constitutiva de los fines del desarrollo en sí mismos.
De este modo, la preocupación por la gobernabilidad de las instituciones no se debe solamente a que
mejores instituciones aumenten nuestra habilidad
para obtener fines ya dados por la teoría económica,
sino a que desde las instituciones democráticas proviene la única manera de definir adecuadamente lo
que pueden ser los fines económicos deseados. Las
instituciones democráticas también ofrecen, en si
mismas, la oportunidad de ejercitar una de las más
importantes capacidades humanas, la capacidad de
deliberar y de tomar decisiones.
La habilidad para tomar decisiones depende de las
expectativas compartidas de un conjunto de personas acerca de cómo puede y deben proceder los
intercambios y las discusiones de naturaleza pública y abierta. Cómo construir esas capacidades a
través de reglas y organizaciones que generen y recompensen tales expectativas constituye uno de los
desafíos más importantes. A pesar de colocar la deliberación en el centro de su concepto de desarrollo,
Sen no analiza cómo los intercambios y discusiones
públicos efectivos pueden encaminarse a crear instituciones fuertes.
Siguiendo esta perspectiva conceptual, es posible
afirmar que las personas aumentan su bienestar
cuando son capaces, por ejemplo, de leer, comer y
votar. En este sentido, lo importante de saber leer se
deriva de lo que se puede llegar a ser, de comer porque es necesario para la vida y la salud, y del votar
porque se valora un determinado tipo de sistema
político y una determinada forma de hacer política.
El número de opciones que las personas tienen y la
libertad de elección sobre estas opciones contribuyen al bienestar humano.
En su libro “Desarrollo como Libertad”, Sen compara
las tasas de supervivencia de hombres y mujeres en
tres regiones del mundo: la población blanca y la
afro-americana de Estados Unidos, la de China y la
del estado de Kerala en India. Con estos datos Sen
intenta destacar que, si bien el ingreso per capita de
los afro-americanos de Estados Unidos es considerablemente menor que el de la población blanca del
mismo país, los afro-americanos son mucho más
ricos, desde el punto de vista de los ingresos, que
los habitantes de China o de Kerala. Sin embargo,
y a pesar de la notable diferencia de ingresos con
los afro-americanos, los hombres de China y Kerala
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
viven hasta edades más avanzadas. Respecto a las
mujeres, las afro-americanas terminan teniendo un
patrón de supervivencia similar a las de China, que
son mucho más pobres, y muy inferior al patrón de
las de Kerala, todavía más pobres.
Con esta evidencia, Sen desarrolla una argumentación central en torno a una libertad fundamental:
la capacidad de sobrevivir. El argumento de Sen es
que debe integrarse al ingreso y la renta la perspectiva de las libertades y capacidades, y por supuesto
su cara opuesta, la carencia de capacidades y la falta
de libertad. Es por ello que la pobreza debe ser vista
no sólo como falta de ingresos sino también como
carencia de capacidades básicas. En este mismo sentido es que Sen focaliza su trabajo en la importancia
del desarrollo de las potencialidades humanas. Para
el autor, la economía debe permitir el desarrollo de
estas capacidades en las personas, incrementando
las opciones vitales.
El enfoque de las capacidades ha influenciado de
manera determinante muchos programas y políticas públicas. De acuerdo a Pressman y Summerfield
(2000) algunos de los impactos de la utilización de
este enfoque son los siguientes:
a) Cambios en la forma de concebir el desarrollo económico y la economía del bienestar. A
partir de este enfoque se incorpora la perspectiva de desarrollar las capacidades de las
personas. La idea básica es que es posible
hablar de desarrollo cuando las personas son
capaces de hacer más cosas y no sólo cuando
estas son capaces de comprar más bienes o
servicios.
b) Cambios en las formas de medir la pobreza y
la incorporación de nuevos indicadores para
la medición del desarrollo humano. Uno de
los planteamientos básicos que incorpora Sen
a estas mediciones es que el incremento de
ingresos no implica necesariamente un aumento del bienestar, debido a que al interior
de los hogares generalmente no hay estrategias de cooperación y distribución de los
recursos.
c) Introducción de los criterios de género como
parte integral de los procesos de desarrollo.
A partir de evidencia empírica, Sen demuestra que los niveles de desarrollo afectan en
forma distinta a hombres y mujeres debido
a diferencias en el acceso a distintos tipos de
servicios y alimentación.
La idea de que las personas son más desarrolladas
cuando son capaces de hacer más cosas genera
una serie de implicancias cuando se conciben e
implementan programas sociales, específicamente
en cuanto a objetivos y resultados esperados. Del
mismo modo, la consideración de que el ingreso
no constituye la única forma de medir el desarrollo
demanda un serio tratamiento al diseñar intervenciones sociales asistenciales. Finalmente, el criterio
de género como parte integral de los procesos de
desarrollo implica un esfuerzo fundamental para
entender y afinar intervenciones sociales que buscar
avanzar en los distintos tipos de equidades.
El enfoque del capital social
La discusión en torno al capital social ha sido particularmente prolífica en los noventa y parte del 2000
si bien ha tendido a disminuir en los últimos anos.
Una de las disputas en la abundante literatura de
esta concepto gira en torno a la primera publicación
sobre el tema4. Sin embargo, ya existe cierto consenso de que fue Lyda Hanifan, un joven educador
del Estado de Virginia en Estados Unidos, quien usó
por primera vez el concepto de capital social.
En un ensayo publicado en 1916, Hanifan destaca la importancia del compromiso comunitario y
de las redes de solidaridad entre los ciudadanos
para apoyar la democracia y el desarrollo. Luego
de este trabajo inicial, es posible encontrar diversas publicaciones que retomaron desde distintas
fuentes y perspectivas la temática5, sin embargo, el
concepto aparece sólidamente en el debate académico con las publicaciones de los sociólogos Pierre
Bourdieu, en Francia, James Coleman, en Estados
Unidos, y con el cientista político norteamericano
Robert Putnam.
Si bien estos autores señalan elementos comunes
en la definición de capital social, existen algunas
diferencias importantes. Bourdieu (1980, 1983) lo
define como la acumulación de recursos reales o
potenciales ligados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas
de conocimiento y reconocimiento mutuo o, en
otras palabras, a la afiliación a un grupo. El trabajo
de Bourdieu, sin embargo, está más centrado en el
Para un análisis riguroso del concepto de capital social se sugieren los textos de Woolcock (1998) y Portes (1998). También constituye
un valioso aporte la introducción del texto de Putnam (2003) “El declive del capital social”.
5 Al considerar la historia del concepto, estos autores son relevantes: L.J. Hanifan (1916, 1920), J. Jacobs (1961), G. Loury (1977), Pierre
Bourdieu (1980, 1983), James Coleman (1987, 1988) y Robert Putnam (1993, 2000, 2002).
4
49
RENÉ OLATE
concepto de capital cultural, el cual ha servido de
fuente importante para numerosos estudios antropológicos que tienen como foco la cultura.
Coleman (1988, 1990), por su parte, define el capital social desde una perspectiva estructural. Este
autor señala que el capital social se manifiesta tanto en el individuo como en la colectividad. En el
ámbito individual se manifiesta en los grados de
integración social, redes a las que se pertenece y
expectativas de reciprocidad. En el ámbito colectivo establece jerarquías legítimas que establecen
normas que regulan las relaciones de acuerdo con
un sentido de justicia. Coleman desarrolla estudios
longitudinales en los que compara resultados académicos en colegios estatales y católicos. Este autor
se concentra básicamente en los efectos en la familia y en las comunidades. A partir de sus estudios se
destacan la complementariedad del capital humano y del capital social, en el contexto de los logros
educacionales e inequidad social en adolescentes.
Coleman busca entender el capital social como
recurso. Desde esta perspectiva, se destacan tres elementos centrales: a) las obligaciones y expectativas,
b) los canales de información y c) las normas sociales. El trabajo de Coleman tiene similitudes con el
de Bourdieu en cuanto a su preocupación compartida por la educación. Sin embargo también tiene
diferencias importantes, por ejemplo en la relevancia que le otorga Bourdieu al tema del poder que se
refleja en su estudio de los grupos de elite.
Sin embargo, es Robert Putnam (1993, 2000)
quien coloca el concepto de capital social en el
centro del debate académico y de política pública
con su libro “Haciendo funcionar la Democracia”.
A diferencia de lo que señalan la mayoría de las
lecturas en torno a este trabajo, el objetivo inicial
de Putnam no fue analizar las diferencias de desarrollo entre el norte y el sur de Italia. La pregunta
central que se planteó en su investigación de más
de veinte años fue: ¿cuáles son las condiciones
para crear instituciones representativas efectivas,
responsables y fuertes?.
Putnam identificó en el proceso de descentralización italiano iniciado en la década de los 70 una
excelente oportunidad para estudiar sistemáticamente el nacimiento y desarrollo de una nueva
6
institución6. En definitiva, Putnam intenta explorar
los orígenes de un gobierno efectivo, presentando una evaluación comprensiva y comparativa del
proceso descentralizador en cada una de las veinte
regiones. Esto le permite indagar en los cambios a
través del tiempo y hacer comparaciones entre las
distintas regiones de las diferencias en desempeño
institucional.
Los hallazgos de la investigación de Putnam en
Italia se concentran en el vínculo entre desempeño institucional y comunidad cívica, lo que lo lleva
a preguntarse por qué algunas regiones son más
cívicas que otras. La respuesta a esta pregunta la encuentra en una argumentación histórica que gira en
torno a la poderosa monarquía del sur de Italia y a
un conjunto de repúblicas comunitarias del centro
y norte del país. Considerando desde la época medieval hasta la unificación de Italia en el siglo XIX,
Putnam encuentra el origen de las diferencias regionales en los patrones de participación cívica y
solidaridad.
Putnam concluye que en el presente son estas tradiciones las que han tenido consecuencias decisivas
para la calidad de vida pública y privada. De este
modo, establece la comunidad cívica como su variable explicativa central, y es desde la cual acuña
el concepto de capital social. Al trabajar el concepto
de capital social desde la perspectiva de Putnam,
son también tres los elementos centrales que se destacan: a) normas, b) redes, y c) confianza.
A partir del trabajo de Putnam, las publicaciones
en torno al capital social alcanzan un crecimiento vertiginoso, aunque con ellas también aparecen
las críticas. A continuación se mencionan algunas
de ellas. Portes (1998) señala que el conjunto de
procesos que alude el concepto de capital social
no son nuevos y han sido estudiados bajo otros
nombres en el pasado, en términos simples este
concepto es sólo vino añejo en vasijas nuevas. A su
vez, Portes y Landolt (2000) argumenta que muchas de las controversias del concepto de capital
social tienen que ver con su aplicación a problemas que se encuentran en diferentes niveles de
abstracción y su uso, en teoría, involucra distintas
unidades de análisis. Molyneux (2002) enfatiza que los investigadores no han incorporado la
Reconociendo diferentes perspectivas en la vertiente neo-institucional, Putnam señala que hay dos elementos coincidentes en ellas.
Primero, que las instituciones determinan la política, y segundo, que las instituciones están determinadas por la historia. Las instituciones,
afirma Putnam, influencian los resultados de la política porque ellas forman las identidades, el poder y la estrategia de los actores, y las
i
50
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
perspectiva de género en sus análisis de capital social. Finalmente, Fine (2001) señala que el capital
social es una expresión de la colonización de la
economía en las ciencias sociales manifestada en
su tendencia a reducir fenómenos complejos. Este
autor es particularmente crítico y escéptico respecto a la utilización de este concepto por parte de los
organismos financieros internacionales.
Desde la perspectiva económica, un tema relevante
en la literatura sobre capital social corresponde a
las distinciones entre stock y flujo y entre los niveles existentes del recurso y su productividad. Para
avanzar en la discusión del concepto es necesario
profundizar este debate. El capital social puede ser
entendido de manera simple como una categoría de
varios tipos de activos sociales que establecen un
conjunto de beneficios. Estos activos comprenden
el llamado stock de capital social, mientras que los
beneficios son los flujos. De este modo, la visión
que se tenga de la naturaleza del stock y del flujo va
influir no sólo en la manera en que puede ser entendido el capital social, sino también en las respuestas
ante la posibilidad de invertir en él.
Para entender la distinción entre stock y productividad es útil hacer un paralelo con otros tipos de
capital, por ejemplo el capital físico. Un gran stock
de capital puede ser utilizado con una baja productividad y eficiencia, mientras que un pequeño stock
puede ser utilizado con gran eficiencia. En el contexto del capital social estos temas son relevantes
porque nos alertan acerca de las posibilidades de
utilizar eficientemente los diferentes stocks de capital social con que se cuenta.
mentado en el corto plazo y un determinado stock
produciría un flujo de beneficios específico e invariable. Precisamente esta visión determinista, y de
algún modo pesimista del capital social, es la que
provee uno de los más ricos debates en torno al
concepto. En términos de inversión en capital social
aparecen de inmediato las opciones de crear capital
social y/o fortalecer los flujos de beneficios que este
genera. La distinción conceptual entre stock y flujo
es relevante por sus implicancias tanto para la investigación empírica como para la intervención en
capital social.
El reconocimiento de la distinción entre stock y flujo
es también útil para identificar la noción esencial de
cultura que subyace en las definiciones de capital
social de Putnam y Fukuyama. Implícitamente en
el caso de Putnam y explícitamente en el caso de
Fukuyama, ambos señalan culturas más o menos
confiables, otorgando estas características a regiones
enteras e incluso a países, desdibujando y minimizando las particularidades de comunidades o de
regiones más específicas. Desde esta perspectiva crítica del concepto de capital social, e implícitamente
de cultura, los índices agregados de capital social
a escala nacional o regional pueden ser fácilmente
criticados (Woolcock, 1998).
En los conceptos de capital social de Putnam (1993)
y de Fukuyama7 (1995), no aparece la diferencia entre stock y flujo, planteado en otros términos entre
lo que es el capital social y lo que produce. Ambos
autores asumen que altos niveles o stocks de capital
social invariablemente resultarán en altos flujos de
beneficios, mientras que un menor stock, del mismo
modo, redundará en bajos beneficios. La conexión
entre stock y flujos es directamente proporcional e
invariable (Krishna, 2000).
Woolcock (2001) resuelve el debate entre stock y
flujo, definiendo al capital social como las normas
y redes que facilitan la acción colectiva. Desde esta
perspectiva, es importante señalar que cualquier
definición de capital social se debe centrar más en
sus fuentes u orígenes que en sus consecuencias.
Es decir, lo importante para definir capital social
es preguntarse qué es, más que preguntarse qué
hace o produce. Woolcock no utiliza en su definición de capital social la confianza, pues esta sería
un resultado de repetidas interacciones sociales,
de instituciones sociales creíbles, de la reputación.
Este autor afirma que para avanzar en términos de
claridad conceptual, tiene más sentido entender el
capital social como una variable relacional (sociológica) que como una variable psicológica (individual)
o política (institucional nacional).
El asumir la perspectiva conceptual de estos autores genera una serie de consecuencias en cuanto al
tema de la inversión en intervenciones sociales en
esta área. El stock de capital social no podría ser au-
Al considerar esta definición de capital social
centrada en sus orígenes o fuentes, es necesario
destacar su naturaleza multidimensional. Woolcock, atendiendo a desarrollos conceptuales
7
Fukuyama (1995) define capital social como una capacidad que surge de la predominancia de la confianza en una sociedad o en parte
de ella. El problema de esta definición es que tanto el capital social como la confianza están histórica y culturalmente determinados. De
este modo, en su libro establece que sociedades o países pueden tener o no tener este atributo. Por ejemplo, clasifica a China, Francia,
Italia y Corea del Sur como sociedades familísticas, o a Alemania y Japón como sociedades de alta confianza.
51
RENÉ OLATE
anteriores,8 subraya tres dimensiones del capital
social. La primera corresponde a los lazos de unión
o bonding (expresión utilizada en inglés) que refiere a relaciones de solidaridad y apoyo típicas de
un capital social afectivo y compacto. Ejemplos de
este tipo de capital son las relaciones de solidaridad
y apoyo mutuo de los miembros de las familias,
amistades y vecinos. Woolcock (2000) situando
esta dimensión en contextos de pobreza, señala que
alude a salir adelante o a “arreglárselas” gracias a
“gente como yo”.
La segunda dimensión corresponde a lazos más
difusos y extendidos, es un tipo de capital social
que tiende puentes o bridging. Esta dimensión hace
alusión a relaciones entre personas de diferentes
grupos pero que comparten características demográficas, por ejemplo edad o sexo; alude también
a las relaciones sociales de amistad más lejanas, a
socios y compañeros de trabajo. Este tipo de capital
social tiende a ser fundamental en las organizaciones de voluntariado de convocatoria abierta y en las
asociaciones formales e informales que buscan comercializar productos entre ellas.
Las dos dimensiones anteriores hacen referencia a
relaciones sociales de carácter más horizontal. Sin
embargo, Woolcock también identifica una dimensión vertical del capital social: la de vinculación o
linking. Esta dimensión se refiere a las relaciones de
las personas y organizaciones con las instancias de
poder político y económico, a las relaciones sociales
con las instituciones formales, como por ejemplo
las autoridades de gobierno, de policía, las asociaciones empresariales. Este tipo de capital social
tiende a ser fundamental en estrategias de intervención social en contextos de pobreza ya que permite
establecer relaciones y alianzas entre los más pobres
y las instancias públicas y privadas.
Este enfoque multidimensional del capital social
subraya la necesaria complementariedad y dinamismo entre las tres dimensiones, las cuales son
fundamentales de entender para generar estrategias de intervención social. En general, aunque
no necesariamente en todos los casos, los grupos
más pobres de la población poseen fuertes lazos de
unión y relaciones que les permite tender puentes
con otras organizaciones y grupos. Sin embargo, los
pobres carecen de relaciones con las instituciones
económicas y políticas que les permitan mejorar su
situación social.
El cuadro 1, basado en la definición de capital social
de Woolcock (2001), muestra los determinantes y los
resultados del capital social. Este esquema ayuda a clarificar el debate entre stock y flujo, y contribuye en el
avance hacia mediciones más sólidas de capital social.
CUADRO 1
CAPITAL SOCIAL: DETERMINANTES Y RESULTADOS
Capital social
Ejemplos de determinantes
de Capital Social
Características Personales:
Edad
Sexo
Salud
Características Familiares:
Relación de pareja
Estado civil
Presencia de niños
Actitudes y valores
Tolerancia a la diversidad
Objetivos compartidos
Características del área donde
viven:
Rural / urbano
Nivel socioeconómico
Porcentaje de redes en la
localidad
Conocimiento de la localidad
Seguridad de la localidad
Redes en las cuales opera
la confianza y reciprocidad
Lazos de unión (Bonding):
Lazos informales:
Familia
Amigos
Vecinos
Compañeros de trabajo
Puentes (Bridging):
Relaciones Generalizadas:
Personas de la comunidad
Personas en general
Personas en grupos cívicos
Vinculación (Linking):
Relaciones Institucionales:
Relaciones con los sistemas
Institucionales
Lazos con el poder
Características de las redes:
Tamaño y extensión:
Numero de lazos informales
Numero de vecinos conocidos
Numero de contactos en el
trabajo
Densidad y cercanía:
Miembros de la familia con los
cuales tiene cercanía
Amigos cercanos
Vecinos cercanos
Diversidad:
Diversidad étnica de los
amigos
Diversidad educacional de los
grupos a los cuales pertenece
Diversidad cultural de la
localidad
Ejemplos
de
resultados
del capital social
Bienestar individual y familiar:
Capacidades para conectar
Capacidades para emprender
Bienestar Público:
Salud pública
Educación
Vida Cívica:
Voluntariado
Cooperación comunitaria
Vecindario / bienestar local:
Tolerancia a la diversidad
Disminución de la criminalidad
Bienestar político:
Participación democrática
Gobernabilidad
Bienestar Económico:
Crecimiento
Reducción de la inequidad
Fuente: el autor, tomando como base los trabajos de Stone (2001), Stone y Hughes (2002), y Woolcock (2001).
8
Para desarrollar estas dimensiones, Woolcock (1998, 2000, 2001) y Woolcock y Narayan (2000) consideran los aportes conceptuales
de Cooley (1909) en su trabajo respecto a los grupos primarios; a Granovetter (1973, 1985) en sus investigaciones respecto a los
lazos fuertes y débiles y al arraigo; a Gittell y Vidal (1998) en su investigación respecto a la organización comunitaria y las formas
de construir capital social como una estrategia de desarrollo; a Briggs (1999) en su trabajo de movilidad habitacional de grupos
sociales; a Fox (1997) en su trabajo respecto a como construir capital social en comunidades rurales en Méjico, y a Heller (1996) en su
investigación respecto a trabajadores industriales en la India.
52
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
El énfasis de Woolcock no esta en la confianza y la
cooperación como elementos centrales del capital
social. Woolcock ejemplifica este aspecto señalando
que el ámbito en el cual se extiende la confianza
total o parcial está determinado, en muchas ocasiones, por un pequeño círculo de amigos, personas
cercanas, organizaciones e instituciones. Al considerar esta perspectiva, se puede establecer no sólo
en quién se puede confiar, sino también cuánto
se puede confiar en determinada persona, grupo
o institución. La tarea de construir capital social,
por tanto, consistiría en extender esas expectativas
previas de mutua confianza para producir mayores
resultados en las comunidades.
En este sentido las expectativas juegan un rol central en las decisiones respecto al comportamiento.
Las expectativas relativas a las posibles conductas
de las personas y sus mismas expectativas influyen
en el comportamiento de las comunidades. Cuando
las diversas expectativas son convergentes y complementarias, el resultado es la cooperación. Si las
expectativas son divergentes o disímiles, la cooperación se hace más difícil9.
Otro aporte relevante para el concepto de capital social que considera las expectativas es el de Krishna
(2000). Este autor distingue capital social institucional y capital social relacional. En su propuesta,
Krishna intenta integrar la visión racionalista y culturalista en ciencias sociales, señalando que estas
dos dimensiones se refuerzan mutuamente y deben
ser entendidas como un proceso. Sin embargo, Krishna deja sin contestar la pregunta respecto a cómo
estas dos formas de capital interactúan a través del
tiempo, elemento central para intentar invertir o
intervenir desde esta perspectiva conceptual. Construir capital social, desde la visión de este autor, es
equivalente a crear expectativas apropiadas. Sin embargo, no es sólo la cultura o las preconcepciones
las que limitan las expectativas que conducen a más
o menos confianza. Son también las instituciones,
que reflejan el pasado y el presente de las condiciones estructurales de la sociedad, que actúan como
limitantes o propiciadoras de la confianza.
En América Latina es importante destacar, entre
muchas otras, las investigaciones de Fox (1997)
en comunidades rurales de Méjico, Durston (1999,
2002) en comunidades campesinas de Guatemala
y Chile, Bebbington (1998), Grootaert y Narayan
(2000) en Bolivia, y Flores y Rello (2003) en Méjico
9
y Centro América. En estas investigaciones se destaca el valor de las redes sociales, la participación
ciudadana, la importancia de la cultura y los valores, los cuales son fundamentales de considerar al
diseñar intervenciones sociales.
El enfoque de las instituciones
El tema de las instituciones sociales ha ganado
importancia significativa en las últimas décadas
en la teoría del desarrollo y en la creación de políticas y estrategias de intervención social dirigidas
a combatir la pobreza. Sin embargo, el concepto
de institución tiene múltiples interpretaciones, no
sólo en las diferentes disciplinas de las ciencias
sociales, sino también al interior de ellas. Dentro
de las distintas corrientes, el neo institucionalismo
económico ha ido ganando importante reconocimiento. Uno de sus precursores, el premio Nóbel
de economía Douglass North (1990), señala que el
desarrollo es el resultado del funcionamiento eficiente de las instituciones sociales. North (1986)
define las instituciones como el conjunto de restricciones basadas en reglas y regulaciones, en la
moral y la ética, y en las normas de conducta de
una sociedad que dan forma a la conducta e interacción entre las personas. En términos simples,
North señala que las instituciones son las reglas del
juego de una sociedad.
En general, la economía neo-institucional puede ser
entendida como un intento de incorporar la teoría
de las instituciones en la economía. Intenta básicamente mostrar las condiciones bajo las cuales surgen
las instituciones económicas particulares y los efectos de estas instituciones en el funcionamiento del
sistema económico. Williamson (1994), quien da el
nombre a la nueva economía institucional (Coase,
1998), afirma que la economía Neo-institucional
atiende a dos premisas centrales en su génesis: las
instituciones son importantes y los determinantes y
consecuencias de las instituciones se pueden analizar con las herramientas de la teoría económica.
Williamson (2000), señala tres aspectos relevantes
de las instituciones. Primero, que son muy complejas y que todavía existe desconocimiento en torno a
ellas; segundo, que en los últimos veinticinco años
ha habido un progreso enorme en su estudio; y finalmente, que mientras no haya una teoría unificada,
es necesario aceptar el pluralismo teórico existente.
Este autor también señala que los elementos cen-
Desde esta perspectiva es importante atender a las investigaciones desarrolladas por Elinor Ostrom (2000, 2003), especialmente a sus
últimas publicaciones en torno a capital social, confianza y reciprocidad.
53
RENÉ OLATE
trales asociados a la escuela neo-institucional son:
a) los derechos de propiedad, entendidos como los
derechos de un actor a usar activos valiosos; b) los
costos de transacción, entendidos como el costo de
oportunidad que implica para los actores establecer
y mantener el control interno de los recursos (su
papel es analizado como la conexión entre las instituciones y los costos de producción); c) los temas
de información incompleta e incentivos.
El postulado básico de la perspectiva de North señala que las instituciones reducen la incertidumbre,
minimizan los costos de transacción y crean incentivos para la exitosa cooperación entre los actores. El
ejemplo al que regularmente hace referencia North
es el de las reglas y normas utilizadas en un partido
de fútbol. Son precisamente el conjunto de reglas
que rigen el comportamiento de los jugadores en
el campo de juego las que reducen la incertidumbre, permiten acuerdos básicos entre los actores y
establecen incentivos para una cooperación exitosa. Siguiendo este ejemplo, North también enfatiza
la obligatoriedad del cumplimiento de las leyes, es
decir, el árbitro cuenta con reglas que le permiten
expulsar a un jugador cuando éste no las sigue, y a
su vez, el jugador acepta estas reglas. Finalmente,
North señala que en un partido de fútbol no sólo
existen reglas y normas formales sino que también
hay un conjunto de reglas informales que pueden
determinar la conducta de los jugadores.
Arrow, premio Nóbel de economía, señala respecto
a esta perspectiva que la escuela neo-institucional
es un movimiento dentro del paradigma o escuela
neo-clásica (Williamson, 2000). El neo-institucionalismo se aleja de la escuela neo-clásica, pero no la
abandona sino que la modifica y extiende. En este
sentido, el neo-institucionalismo económico puede caracterizarse por los siguientes elementos: a)
abandona la racionalidad instrumental, a la vez que
plantea los límites de la racionalidad; b) acepta las
premisas de la escasez y la competencia; c) emplea
la teoría de precios como parte esencial del análisis
de las instituciones; d) incorpora las ideas e ideologías dentro del análisis económico, modelando los
procesos políticos como un factor central en el desempeño de las economías.
La economía neo-institucional, afirma Williamson, intenta responder nuevas preguntas: por qué
las instituciones económicas emergen de una manera y no de otra. Si bien esta escuela emergente
tiene una amplia fortaleza en el análisis teórico,
aún señala un débil trabajo empírico. Una de sus
características más relevantes es que tiene una
54
perspectiva interdisciplinaria: derecho, antropología, sociología, ciencia política y otras disciplinas.
Básicamente, desde la perspectiva económica
neo-institucional, se postula que los individuos
típicamente actúan con información incompleta y
con modelos subjetivos.
Dentro de las diversas perspectivas del estudio de
las instituciones, y también relacionados con el neoinstitucionalismo en ciencias sociales, se encuentran
los estudios vinculados a la economía política de
las instituciones sociales. Al interior de esta amplia
perspectiva, también es posible encontrar diversos
tipos. Sin embargo, se pueden clasificar bajo dos
criterios: a) aquellos que estudian los efectos de las
instituciones para explicar su manutención y estabilidad, y b) aquellos que estudian los mecanismos
del cambio institucional.
Del mismo modo, complementando diferentes
perspectivas conceptuales, es importante destacar
que existen instituciones formales e informales, de
tendencia privada y de tendencia pública, locales,
nacionales y globales. Las instituciones sociales
informales son aquellas que emergen y son mantenidas sin el apoyo explícito del Estado, mientras las
instituciones formales son aquellas impuestas por la
autoridad legal del Estado. Debido a las múltiples
conexiones entre lo público y lo privado y a la imposibilidad de plantear en forma tajante el origen y
función de las instituciones, se señala que es más
útil hablar de instituciones de tendencia pública y
de tendencia privada.
En términos conceptuales, un debate aún no resuelto corresponde a las definiciones de las instituciones
en distintos niveles. Se señala que hay instituciones
locales, nacionales o globales, sin atender claramente a sus posibles diferenciaciones conceptuales.
También es importante atender a la diferenciación
que realiza North (1990) respecto a instituciones
y organizaciones. Para North, las organizaciones
corresponden a los actores, mientras que las instituciones son las reglas del juego.
En términos generales se plantea que las instituciones formales e informales son importantes porque
afectan el proceso de toma de decisiones y determinan la estructura de incentivos de una sociedad.
De esta manera, se señala que son precisamente las
instituciones políticas y económicas las que establecen los determinantes del desempeño económico.
El funcionamiento eficiente y legítimo de las instituciones sociales se manifiesta generalmente en las
relaciones sociales basadas en normas.
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
Es por ello que se destaca la importancia de las
estructuras legales como complemento fundamental en los proyectos de desarrollo. Sin embargo, si
estas estructuras legales no son las adecuadas, pueden constituirse en los principales obstáculos en la
implementación de proyectos. También se afirma
que las instituciones son importantes debido a que
las políticas públicas se formulan y operan desde
instituciones y debido a que la gobernabilidad del
sistema social depende de las instituciones.
Los autores del Nuevo Institucionalismo Económico señalan que la calidad de las ideas incorporadas
en las instituciones es esencial para explicar las diferencias en las tasas de crecimiento. Hoff y Stiglitz
(2001) señalan que la nueva teoría del crecimiento
económico y el análisis organizacional moderno del
crecimiento económico sitúan a la teoría del desarrollo en una comprensión compleja donde las
instituciones tienen un papel fundamental en el desarrollo.
En América Latina es importante destacar la investigación de Stone, Levy y Paredes (1996). Estos
investigadores analizan las interrelaciones y posibilidades de substitución entre las instituciones
formales e informales. Específicamente analizan la
industria de confección de ropa de Brasil y Chile
con relación al contexto legal y las regulaciones para
el inicio de los negocios.
El resultado de su análisis comparativo entre ambos
países señala que si bien Chile posee instituciones
formales más eficientes, Brasil posee instituciones
informales que substituyen en forma también eficiente sus carencias. En este sentido, es importante
mencionar que la investigación empírica de las interrelaciones entre instituciones formales e informales
se encuentra en su desarrollo inicial. Finalmente,
se destaca en la región la investigación del Banco
Mundial en torno a instituciones locales en Bolivia
(Grootaert y Narayan, 2000).
Modelo analítico: el encuentro
de los tres enfoques conceptuales
en lo local
Los enfoques de las capacidades, el capital social y
las instituciones están relacionados con la ampliación del concepto de desarrollo. En este sentido,
diversos autores han vinculado el desarrollo con
las complementariedades entre capacidades e ins-
10
tituciones o entre instituciones y capital social. Por
ejemplo, en su planteamiento de expansión de las
capacidades de los individuos, Sen le asigna un papel central a las instituciones.
Evans (2002a), considerando como punto de partida el enfoque de las capacidades de Sen, destaca
la importancia que tienen las instituciones para
favorecer el intercambio y la discusión pública10.
Woolcock (2001) en su planteamiento del capital
social destaca la importancia que tienen las instituciones para generar capital social. La propuesta
de este documento es que los tres enfoques poseen
múltiples posibilidades de complementación, y por
tanto, mayores posibilidades potenciales de lograr
desarrollo cuando son analizados en conjunto y en
ámbitos locales.
En América Latina existe abundante literatura en
torno al desarrollo local. Sin embargo, la definición
de lo local continúa siendo ambigua e imprecisa.
Acertadamente Boisier (1999) afirma que no hay
respuestas convincentes en torno a la definición de
lo local: “¿Qué es lo local?. ¿Se trata de una escala
que habría que precisar en número de habitantes o
en kilómetros cuadrados? ¿Supone un sistema de
interacciones con una cierta autonomía? ¿Se refiere
a una unidad político administrativa?”. Desde una
perspectiva antropológica, Appadurai (1997) afirma que lo local hace referencia a como se instalan
(embedding) realidades de mayor escala en mundos
concretos. A su vez, Appendini y Nuijten (2002)
señalan que el contexto institucional local hace referencia al entorno institucional relevante para los
hogares y las personas en espacios o áreas geográficas específicas.
Siguiendo a estos autores, lo local no alude necesariamente a territorios, ni tampoco a la estricta
definición de un municipio como ámbito local. Se
señala, por ejemplo, que un ministerio o una repartición que tiene una responsabilidad de coordinación
nacional también tienen su expresión en un ámbito
local. En efecto, en este tipo de organizaciones las
personas se relacionan, comparten normas y valores, construyen identidades y se generan y recrean
prácticas e instituciones sociales. Sin intentar saldar
la discusión en torno al concepto, en este documento se entiende por lo local el ámbito analítico en
el cual se expresan y es posible encontrar las instituciones, el capital social y las capacidades de los
individuos.
Peter Evans destaca el concepto de desarrollo deliberativo y lo conecta con el de democracia deliberativa siguiendo los trabajos realizados
por Bongham y Regh (1997), Elster (1998), y Fung y Wright (2001).
55
RENÉ OLATE
El ámbito analítico de lo local incluye organizaciones de tendencia pública y privada. Se acentúa
este aspecto difuso por la dificultad que envuelve
categorizar a organizaciones e instituciones como
sólo públicas o enteramente privadas. Además, porque se busca enfatizar la búsqueda permanente de
complementariedades y sinergias (Evans, 1996a,
1996b) entre instituciones y organizaciones de origen público, privado y mixtas.
Es precisamente en esta definición de lo local donde
es posible observar con más detalle la importancia
de las instituciones informales y su interacción con
las instituciones formales. En esta interacción muchas veces se sitúan los principales obstáculos o
bien los principales facilitadores de los procesos de
reforma y cambio institucional.
Además, esta definición de lo local presenta una necesaria visión balanceada del papel e importancia
del estado central y de las instituciones y organizaciones que operan en el nivel territorial o micro
(Serageldin y Grootaert, 2000). Lo local, desde
esta visión, explicita la necesaria dependencia y
posibilidades de articulación de los procesos, organizaciones e instituciones que operan y determinan
la globalización económica, cultural y política con
las realidades locales.
Otro elemento que subraya este enfoque analítico
de lo local son sus posibilidades de aplicación a diferentes contextos, reconociendo las significativas
diferencias entre realidades urbanas y rurales, pero
también destacando los nuevos procesos de migración temporal de la ciudad al campo. En efecto, las
economías más dinámicas de América Latina están
mostrando importantes migraciones, no sólo del
campo a la ciudad, sino también de trabajadores de
las ciudades a la industria agrícola en épocas o para
tareas específicas.
En este sentido, los enfoques tradicionales que sólo
hacen énfasis en los territorios muestran sus debilidades al intentar responder a estos movimientos de
población. En el modelo analítico propuesto (Cuadro 2) se identifican los tres distintos niveles que
corresponden a los enfoques conceptuales desarrollados. Las capacidades se entienden al nivel de los
individuos, el capital social en el ámbito grupal y
comunitario y las instituciones en el ámbito comunitario y de la sociedad.
Es necesario entender y desarrollar las diferentes
complementariedades entre los diversos niveles del
modelo. Para ello es necesario recoger evidencias
empíricas de formas de capital social alojadas en las
instituciones locales que sirvan como ejemplos de
buenas prácticas. También es necesario identificar
tanto los mecanismos por los cuales estas experiencias resultaron ser exitosas como aquellos aspectos
que todavía están pendientes.
El uso de indicadores para identificar, monitorear y
establecer impactos positivos de intervenciones locales es fundamental. Los indicadores utilizados por
Putnam (2000, 2001) y Narayan y Pritchett (1999)
son un buen punto de partida para avanzar en esta
línea.
Utilizando este modelo analítico resultaría interesante
analizar las destacadas experiencias de intervención
social de Villa el Salvador en Perú, el presupuesto
participativo de Porto Alegre en Brasil o las ferias de
consumo familiar en Venezuela. En estas tres realidades es posible especular que se dieron múltiples
círculos virtuosos entre instituciones locales, capital
social y construcción de capacidades.
CUADRO 2
MODELO ANALÍTICO
Integración de los Enfoques de las Capacidades (nivel individual),
el Capital Social (grupal - comunitario) y las Instituciones (comunitario - societal).
Sinergias y complementariedades
Instituciones
Nivel comunitario y nacional
Lo Local: como
ámbito de confluencia
e integración
Capital Social
Nivel grupal y comunitario
Capacidades
Nivel individual
56
Desarrollo e
Inclusión Social
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
Habiendo colocado las coordenadas básicas de
este modelo analítico, espacio privilegiado para
analizar e intervenir en y con instituciones, capital
social y capacidades, se enuncian un conjunto de
sugerencias que recogen los aspectos conceptuales
enunciados anteriormente. El mutuo refuerzo de la
interacción entre las instituciones locales y las nacionales incrementa el stock de capital social. Las
relaciones entre las instituciones formales e informales también necesitan ser consideradas. En el
nivel local, las municipalidades y otras instituciones
interactúan con una densa red de relaciones informales, estructuras y asociaciones de voluntarios.
Estas interacciones definen las posibilidades y limitaciones de los individuos, de los hogares y de las
actividades de los grupos.
La calidad de las instituciones es también importante. Las capacidades y efectividad de las instituciones
en los niveles micro y macro y en las esferas formal e
informal influencian los resultados de las intervenciones sociales publicas. Las instituciones necesitan
valores pero también necesitan capacidades organizacionales, de administración y habilidades técnicas
de comunicación para hacer funcionar estos valores.
En al ámbito local es posible observar relaciones
sociales caracterizadas por densas redes sociales informales basadas en la confianza y reciprocidad de
las relaciones cara a cara que constituyen recursos
fundamentales para avanzar en procesos de desarrollo. El proceso de interacción y desarrollo del capital
social y las instituciones es dinámico. El ejemplo citado frecuentemente en la literatura es el reemplazo
gradual, durante un proceso de desarrollo exitoso,
de las asociaciones y redes informales por estructuras administrativas formales y mecanismos de
mercado impersonal. Además, si el patrón de desarrollo es apoyado y complementado por tribunales
de justicia independientes que aseguren el cumplimiento de los contratos, capital social entendido
como instituciones, todos los agentes económicos
obtendrán ganancias.
creación de capacidades individuales puede promover el capital social y mejorar el desempeño de las
instituciones locales. En este sentido es importante
identificar cuales son las instituciones formales e
informales que incentivan la incorporación y participación de los pobres en los distintos mercados. Al
respecto, el Informe de Desarrollo del Banco Mundial de 2002 señala que las preguntas relevantes
son: ¿qué hacen las instituciones para promover el
crecimiento y facilitar el acceso? ¿cómo se edifican
estas instituciones? ¿de qué forma las instituciones
pueden ayudar a las personas a utilizar mejor los
activos que poseen y a multiplicarlos?
Sin embargo, no hay una única forma preestablecida para el desarrollo de las instituciones (World
Bank, 2001). Por supuesto, lo básico es qué es lo
que se puede hacer en el mundo real de nuestros
días y no lo que debería hacerse en el mundo ideal.
Para el desarrollo de las instituciones es necesario
destacar la importancia de la historia, del liderazgo,
las normas y la cultura.
Estas sugerencias e interrogantes tienen plena aplicabilidad en el contexto de las instituciones locales.
Es decir, las estrategias de construcción de instituciones locales conectadas con los procesos de
globalización pueden señalar muchas posibilidades
de respuestas en términos de desarrollo y específicamente en términos de intervención social.
Scheneider et al (1997) señalan en su investigación
empírica que el diseño de instituciones locales que
entregan servicios sociales puede influenciar los niveles de capital social. Del mismo modo, la policía
puede y de hecho afecta los niveles de capital social
de las comunidades. El cambio en la estructura y
composición de los centros de padres y apoderados de los colegios fortalece significativamente la
participación de los padres en una amplia gama de
actividades escolares, ayudando con ello a la construcción de capital social.
El reconocimiento de las distintas dimensiones
de capital social y sus complementariedades son
necesarios para producir óptimos resultados de intervenciones sociales. Estos resultados pueden ser
entendidos a través de la búsqueda de mejores indicadores sociales que den cuenta de experiencias
de intervenciones sociales exitosas en las cuales se
pueda demostrar los impactos obtenidos.
La existencia de instituciones que faciliten y apoyen
las conductas cooperativas refuerza las expectativas
de confianza y de reciprocidad. Sin estas instituciones que apoyen o fortalezcan este tipo de conductas
podemos observar en la cultura fenómenos contrarios a la cooperación y la confianza. Al respecto,
Cohen (2001) desarrolla la idea de intervenir en
las instituciones como una manera de introducir el
concepto de capital social dentro del poder político
democrático.
Estas intervenciones deben considerar todos los tipos de capital. En este sentido, el fortalecimiento y
Del mismo modo, Ostrom (2000) and Ostrom &
Ahn (2001) señalan que construir capital social a
57
RENÉ OLATE
partir de intervenciones externas no es una tarea
fácil y afirma que las instituciones regionales y nacionales afectan fuertemente el tipo de capital social
disponible para acceder a procesos de desarrollo de
largo plazo.
La participación es facilitada no sólo cuando los
agentes externos son más receptivos a las opiniones de la comunidad, sino también cuando estos
ayudan a las personas de la comunidad a construir
instituciones, las cuales incluyen reglas y normas,
estructuras, actitudes y desarrollo de capacidades.
Estas instituciones son el soporte principal para
apoyar las iniciativas de la comunidad en la identificación de problemas y alternativas de solución
y en la implementación de aquellas seleccionadas.
El sector público y el estado desempeñan un papel importante en la creación y fortalecimiento de
las capacidades, el capital social y las instituciones,
pero cómo deber ser entendido ese papel y cómo
debería ser desarrollado es una pregunta que permanece sin contestar adecuadamente.
Los elementos mencionados anteriormente han sido
enfatizados por diversos organismos internacionales de cooperación. El Banco Mundial ha destacado
sostenidamente el papel e importancia de las instituciones locales para el desarrollo (World Bank,
1998). A su vez, Rodrik (1999) sugiere que puede
ser útil pensar en instituciones políticas participativas como meta-instituciones que permitan obtener
y agregar un conocimiento local y por tanto ayuden
a construir mejores instituciones.
Del mismo modo, Fukuyuma (2003) señala que el
agujero negro de la administración pública consiste
en avanzar hacia soluciones locales para fortalecer
la capacidad institucional. Agrega que proponer la
capacidad institucional tiende a ser más un arte que
una ciencia y que la mejor solución será la local, o
al menos dependerá de una profunda comprensión
de las condiciones locales.
Consideraciones finales
Este documento situó los conceptos de instituciones, capital social y capacidades en una primera
aproximación a un modelo analítico. Si bien existe
abundante literatura sobre los tres conceptos por
separado, esta propuesta intenta integrarlos en un
esfuerzo no sólo por entender las realidades locales de un modo más integral sino también como
una alternativa efectiva para intervenir en ellas. De
este modo se pretende contribuir a establecer las
bases de un modelo de intervención social. Estos
elementos conceptuales, y el modelo en sí mismo,
58
se sustentan en el creciente consenso de que para
producir más y mejor desarrollo es necesario considerar no solo recursos tradicionales como la tierra,
el trabajo y el capital físico.
En el contexto de este modelo analítico de intervención social, la inversión social, entendida a través
de su expresión en programas y proyectos sociales,
debe considerar que la adquisición de capital humano y el establecimiento de capital físico necesitan
ser complementados con relaciones sociales efectivas que se den dentro de un contexto institucional,
sea este formal o informal.
Desde la perspectiva del modelo analítico propuesto, el análisis local institucional puede ayudar a
identificar las capacidades y carencias de los sujetos
que participan en las organizaciones y proyectos,
los potenciales beneficios y dificultades del capital
social en sus diferentes expresiones, y a la vez, modificar o crear instituciones sociales que aumenten
los impactos de las intervenciones sociales.
Atendiendo a las premisas expuestas, se necesita
mayor análisis e información respecto a mecanismos y metodologías utilizadas. Especialmente, es
necesario analizar intervenciones sociales que hayan
desarrollado círculos virtuosos entre las capacidades de los sujetos, el capital social y las instituciones
en el ámbito local. A la vez, se necesita conocer e
indagar en los errores y deficiencias que han tenido
las intervenciones sociales, analizándolas desde la
perspectiva del modelo propuesto.
Finalmente, se plantean algunas conclusiones para
cada uno de los niveles del modelo propuesto.
En cuanto al capital social. Para generar relaciones
sociales que favorezcan el desarrollo de programas
y proyectos sociales se debe trascender la visión romántica de que el capital social puede solucionar
todos los problemas y de que produce siempre resultados positivos. Sin lugar a dudas, este concepto
ha permitido a docentes universitarios, formadores
de políticas y profesionales de distintas disciplinas
acceder a un interesante nivel de cooperación y
dialogo. Pero es necesario confrontar y desarrollar
las distintas dimensiones del capital social, especialmente aquellas interrelaciones que favorecen la
inclusión de los pobres.
En cuanto a las instituciones. Para reducir la pobreza
y otorgar facultades a los pobres, un aspecto central
es encontrar las formas de crear sinergias entre las
instituciones civiles y estatales y entre las instituciones formales e informales. Es importante atender al
supuesto de que hay instituciones que favorecen la
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
eficiencia y el desarrollo y otras, que por el contrario, pueden ser ineficientes y por tanto obstáculos
importantes para el desarrollo.
and Poor Communities, editado por S. Saegert, J. Phillip Thompson, and Mark R. Warren. New York: Rusell
Sage Foundation.
En cuanto a las capacidades. Para profundizar la
democracia y fortalecer la participación ciudadana una de las capacidades más importantes que es
necesario desarrollar en los sujetos es la de deliberación. En este sentido, dar voz a los pobres es una
acción que debe necesariamente ir complementada
con la capacidad de tomar decisiones. En términos
conceptuales, la perspectiva de las capacidades en
el modelo propuesto es todavía amplia. Por lo tanto, es necesario seguir avanzando en una definición
más rigurosa y restringida.
COLEMAN, JAMES S. 1987. “Norms as Social Capi-
Bibliografía
APPADURAI, ARJUN. 1997. Modernity at Large: Cultural Dimensions of Globalization. Minnesota: University
of Minnesota Press.
APPENDINI, KIRSTEN Y MONIQUE NUIJTEN.
tal”. En The Economic Approach Applied Outside the Field
of Economics, editado por G. Radnitzky, and P. Bernholz. New York: Paragon House Publishers.
COLEMAN, JAMES S. 1988. “Social Capital in the
Creation of Human Capital”. American Journal of Sociology 94 (Complementado):S95-S120.
COLEMAN, JAMES S. 1990. Foundations of Social
Theory. Cambridge, MA: Harvard University Press.
COOLEY, CHARLES HORTON. 1909. Social Organization: A Study of the Larger Mind. New York: Charles
Scribner’s Sons.
DURSTON, JOHN. 1999. “Construyendo Capital Social
Comunitario”. Revista de la Cepal 69:103-118.
DURSTON, JOHN. 2002. El Capital Social Campesino en
la Gestión del Desarrollo Rural. Santiago, Chile: Comisión Económica para América Latina (CEPAL).
2002. “El papel de las instituciones en contextos locales”. Revista de la Cepal (76):71-88.
ELSTER, JON, ed. 1998. Deliberative Democracy. Cam-
BEBBINGTON, ANTHONY. 1998. “Sustaining the
EVANS, PETER. 1996a. “Development Strategies across
Andes? Social Capital and Policies for Rural Regeneration in Bolivia”. Mountain Research and Development
18 (2):173-418.
the Public-Private Divide”. World Development 24
(6):1033-1037.
BEBBINGTON, ANTHONY. 1999. “Capitals and Capabilities: A Framework for Analizing Peasant Viability,
Rural Livehoods and Poverty”. World Development 27
(12):2021-2044.
BOISIER, SERGIO. 1999. “Desarrollo (local): ¿de qué
estamos hablando?” Documento comisionado por la
Cámara de Comercio de Manizales, Colombia. Santiago de Chile, 1999.
BONHAM, JAMES Y WILLIAM REHG. 1997. Deliberative Democracy. Cambridge, MA: MIT Press.
BOURDIEU, PIERRE. 1980. “Le capital social. Notes
bridge: Cambridge University Press.
EVANS, PETER. 1996b. “Government Action, Social
Capital and Development: Reviewing the Evidence on
Synergy”. World Development 24 (6):1119-1132.
EVANS, PETER. 2002a. Beyond “Institutional Monocropping”: Institutions, Capabilities, and Deliberative
Development”. En Visiting Scholar Russel Sage Foundation. New York.
FINE, BEN. 2001. Social Capital versus Social Theory:
Political Economy and Social Science at the Turn of the Millennium. London: Routledge.
FLORES, MARGARITA Y FERNANDO RELLO.
Handbook of Theory and Research for the Sociology of
Education, edited by J. G. Richardson. New York:
Greenwood Press.
2003. “Capital social: virtudes y limitaciones”. En Capital social y reducción de la pobreza en América Latina y
el Caribe: en busca de un nuevo paradigma, editado por
Raúl Atria y Marcelo Siles. Santiago, Chile: Comisión
Económica para América Latina (CEPAL) - Michigan
State University.
BRIGGS, XAVIER DE SOUZA. 1998. “Brown Kids
FOX, JONATHAN. 1997. “How Does Civil Society
in White Suburbs: Housing Mobility and the Multiple Faces of Social Capital”. Housing Policy Debate 9
(1):177-221.
Thicken? The political Construction of Social Capital
in Rural Mexico”. En State-Society Synergy: Government
Action and Social Capital in Development, editado por P.
Evans. Berkeley, California: UC Berkeley, International
and Area Studies Publications.
Provisoires” Actes de la Recherche en Sciences Sociales.
BOURDIEU, PIERRE. 1983. “Forms of Capital” En
COASE, RONALD H. 1998. “The New Institutional Economics”. The American Economic Review 88 (2):72-74.
COHEN, CATHY J. 2001. “Social Capital , Intervening
Institutions, and Political Power”. En Social Capital
FUKUYAMA, FRANCIS. 1995. Trust: The Social Virtues
and the Creation of Prosperity. New York: The Free Press.
59
RENÉ OLATE
FUKUYAMA, FRANCIS. 2003. “The Black Hole of
NORTH, DOUGLASS C. 1990. Institutions, Institutional
Public Administration”. IDB American Magazine, July,
2003.
Change, and Economic Performance. New York: Cambridge University Press.
FUNG, ARCHON Y ERICK OLIN WRIGHT. 2001.
NUSSBAUM, MARTA C. 1995. “Human Capabilities,
“Deepening Democracy: Innovations in Empowered
Participatory Governance”. Politics and Society 29 (1).
Female Human Beings”. En Women, Culture, and Development: A Study of Human Capabilities, edited by M.
C. Nussbaum, and Jonathan Glover. New York: Oxford
University Press.
GITTELL, ROSS Y AVIS VIDAL. 1998. Community Organizing: Building Social Capital as a Development
Strategy. Thousands Oaks, CA: Sage Publications.
GRANOVETTER, MARK. 1973. “The Strength of Weak
Ties”. American Journal of Sociology 78 (6):1360-1380.
GRANOVETTER, MARK. 1985. “Economic Action
and Social Structure: The Problem of Embeddedness”.
American Journal of Sociology 91 (3):481-510.
GROOTAERT, CHRISTIAAN Y DEEPA NARAYAN.
2000. “Local Institutions, Poverty, and Household Welfare in Bolivia. Local Level Institutions”. Working Paper
9. Washington, DC, Estados Unidos: Banco Mundial.
HANIFAN, L.J. 1916. “The Rural School Community
Center”. Annals of the American Academy of Political
Science (67):130-138.
HANIFAN, L.J. 1920. The Community Center. Boston,
MA: Silver, Burdett & Company.
HELLER, PETER. 1996. “Social Capital as a Product
of Class Mobilization and State Intervention: Industrial Workers in Kerala, India”. World Development 24
(6):1055-1071.
HOFF, KARLA AND JOSEPH STIGLITZ. 2001. “Modern Economic Theory and Development”. En Frontiers
of Development Economics, editado por G. Meier y J. Stiglitz. New York: Oxford University Press.
JACOBS, JANE. 1961. The Death and Life of Great American Cities. New York: Random House.
KRISHNA, ANIRUDH. 2000. “Creating and Harnessing Social Capital”. En Social Capital. A Multifaceted
Perspective, editado por P. Dasgupta, and I. Serageldin.
Washington, DC, Estados Unidos: Banco Mundial.
LOURY, GLENN. 1977. “A Dynamic Theory of Racial
Income Differences”. En Women, Minorities, and Employment Discrimination, editado por P. A. Wallace y A.
LeMund. Lexington, MA: Lexington Books.
MOLINEUX, MAXINE. 2002.” Gender and the Silences of Social Capital: Lessons from Latin America”.
Development and Change 33 (2):167-188.
MOORE, MARK H. 1995. Creating Public Value. Strategic Management in Government. MA: Harvard University
Press.
NORTH, DOUGLASS C. 1986. “The New Institutional
Economics”. Journal of Institutional and Theoretical Economics 142:230-237.
60
NUSSBAUM, MARTA C. 2001. Women and Human
Development. The Capabilities Approach. Cambridge:
Cambridge University Press.
OSTROM, ELINOR. 2000. “Social Capital: A Fad or
a Fundamental Concept?” En Social Capital. A Multifaceted Perspective, editado por Dasgupta y Serageldin.
Washington, DC: The World Bank.
OSTROM, ELINOR. 2003. “Toward a Behavioral
Theory Linking Trust, Reciprocity, and Reputation”. En
Trust and Reciprocity. Interdisciplinary Lessons from Experimental Research, Editado por Ostrom, E. New York:
Rusell Sage Foundation.
OSTROM, ELINOR Y T.K. AHN. 2001. “A Social
Science Perspective on Social Capital: Social Capital and
Collective Action”. Paper read at Social Capital: Interdisciplinary Perspectives, at Exeter, United Kingdom.
PORTES, ALEJANDRO. 1998. “Social Capital: Its Origins and Applications in Modern Sociology”. Annual
Review of Sociology 24:1-24.
PORTES, ALEJANDRO Y PATRICIA LANDOLT.
2000. “Social Capital: Promise and Pitfalls of its Role
in Development”. Journal of Latin American Studies
32:529-547.
PRESSMAN, STEVEN Y GALE SUMMERFIELD.
2000. “The Economic Contribution of Amartya Sen”.
Review of Political Economy 12 (1):89-113.
PUTNAM, ROBERT D. 2000. Bowling Alone. The Collapse and Revival of American Community. New York:
Simon & Schuster.
PUTNAM, ROBERT D. 2001. “Social Capital Measurement and Consequences”. En The Contribution of
Human and Social Capital to Sustained Economic Growth
and Well-Being. International Symposium Report, editado por J. F. Helliwell. Quebec: Human Resources
Develeopment Canada (HRDC) and Organization for
Economic Co-operation and Development (OECD).
PUTNAM, ROBERT D., ed. 2002. Democracies in Flux:
The Evolution of Social Capital in Contemporary Society.
Oxford: Oxford University Press.
PUTNAM, ROBERT D., ed. 2003. El Declive del Capital
Social. Un Estudio Internacional sobre las Sociedades y el
Sentido Comunitario. Barcelona: Galaxia Gutenberg.
UN MODELO ANALÍTICO PARA LA INTERVENCIÓN SOCIAL:
INTEGRANDO LOS ENFOQUES DE LAS CAPACIDADES, EL CAPITAL SOCIAL Y LAS INSTITUCIONES EN EL ÁMBITO LOCAL
PUTNAM, ROBERT D., con Robert Leonardo y Ra-
STONE, WENDY. 2001. “Measuring Social Capital.
faella Y. Nanetti. 1993. Making Democracy Work: Civic
Traditions in Modern Italy. Princeton: Princeton University Press.
Towards a Theoretically Informed Measurement Framework for Researching Social Capital in Family and
Community Life”. Research Paper No. 24.Melbourne,
Australia: Australian Institute of Family Studies.
REPETTO, FABIAN. 2004. “Capacidad estatal: requisito necesario para una mejor política social en América
Latina”. Documentos de Trabajo. INDES - BID.
RODRIK, DANI. 1999. Making Openness Work. Maryland: Johns Hopkins University Press.
SCHNEIDER, MARK, PAUL TESKE, MELISSA
MARSHALL, MICHAEL MINTRON et all. 1997.
STONE, WENDY AND JODY HUGHES. 2002. “Social Capital. Empirical Meaning and Measurement
Validity”. . Melbourne, Australia: Australian Institute
of Family Studies.
WILLIAMSON, OLIVER E. 1994. “Transaction Cost
“Institutional Arrangements and the Creation of Social
Capital: The Effects of Public School Choice”. American
Political Science Review 91 (1):82-93.
Economics and Organization Theory”. En The Handbook of Economic Sociology, edited by N. J. Smelser, and
Richard Swedberg. Princeton, N.J.: Princeton University Press.
SEN, AMARTYA. 1984. Resources, Values and Develop-
WILLIAMSON, OLIVER E. 2000. “The New Insti-
ment. Cambridge, MA: Harvard University Press.
SEN, AMARTYA. 1995. “The Concept of Development”. En Handbook of Development Economics, edited
by H. Chenery, and T. N. Srinivasan. Amsterdam: North-Holland.
SEN, AMARTYA. 1999. Development as Freedom. New
York: Anchor Books.
SEN, AMARTYA Y MARTHA NUSSBAUM, ed.
1993. The Quality of Life. New York: Oxford University
Press.
SERAGELDIN, ISMAIL AND CHRISTIAN GROOTAERT. 2000. “Defining Social Capital: An Integrating
View”. En Social Capital. A Multifaceted Perspective, editado por Dasgupta y Serageldin. Washington, DC: The
World Bank.
STONE, ANDREW, BRIAN LEVY, AND RICARDO
PAREDES. 1996. “Transaction Cost and Economic
Development. Public Institutions and Private Transactions: a Comparative Analysis of the Legal and
Regulatory Environment for Business Transactions in
Brazil and Chile”. En Empirical Studies in Institutional
Change, editado por Alston, Eggertsson, y North. New
York: Cambridge University Press.
tutional Economics: Taking Stock, Looking Ahead”.
Journal of Economic Literature XXXVIII:595-613.
WOOLCOCK, MICHAEL. 1998. “Social Capital
and Economic Development: Toward a Theoretical
synthesis and Policy Framework”. Theory and Society
27:151-208.
WOOLCOCK, MICHAEL. 2000. “Managing Risk,
Shocks, and Opportunity in Developing Economies:
The Role of Social Capital”. En Dimensions of Development, editado por G. Ranis. New Haven, CO: Yale
Center for International and Area Studies.
WOOLCOCK, MICHAEL. 2001. “The Place of Social
Capital in Understanding Social and Economic Outcomes”. En The Contribution of Human and Social Capital to
Sustained Economic Growth and Well-Being, editado por
Helliwell. Quebec: Human Resources Develeopment
Canada (HRDC) and Organization for Economic Cooperation and Development (OECD).
WOOLCOCK, MICHAEL, Y DEEPA NARAYAN.
2000. “Social Capital: Implications for Development
Theory, Research, and Policy”. World Bank Researcher
Observer 15 (2):225-249.
WORLD BANK. 2001. World Development Report 2002:
Building Institutions for Markets. New York: Oxford University Press.
FECHA DE RECEPCIÓN: septiembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
61
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 63-72
Métodos cualitativos para la indagación
social: relevando esquemas de distinciones
Qualitative methods for social research. Recounting
diferentiation schemes
RODRIGO FLORES1
Resumen
Actualmente es posible observar un renovado interés por los modos y formas de investigación
cualitativa, basados, principalmente, en una crítica creciente y fundamentada al concepto mismo de ciencia positiva y la emergencia de enfoques sistémico constructivistas en la explicación
social. Ello ha llevado a la proliferación de conceptos que develan tal capacidad, como es el caso
de autonomía y autorreferencia, hasta llegar a concepciones más radicales, como la proposición
de que los sistemas sociales poseen las características propias de la autopoiesis Este artículo pretende abordar las implicancias que estas propuestas epistemológicas tienen para la metodología
cualitativa.
Palabras claves: métodos cualitativos - investigación social - autonomía - sistemas sociales
Abstract
At the moment it is possible to observe a renovated interest for the qualitative investigation
methods. This interest is based, mainly, in a growing critic of the concept of positive science and
in the emergency of new systemic constructivist’s points of view in the social explanation. This
has conduct to a proliferation of concepts, like it is the case of autonomy and autoreference to
more radical conceptions, as the proposition that the social systems possess the characteristics of
the autopoiesis. This article intends to explain the implications that this epistemological proposals
have for the qualitative methodology.
Key words: qualitative methods - social investigation - autonomy - social systems
Métodos cualitativos de indagación social
Hace ya más de veinte años atrás, Taylor y Bogdan (1992:15) en un libro que se ha convertido en
un clásico de lectura obligada para el estudiante e
investigador iniciado en métodos y técnicas cualitativas, indicaban que “el término metodología
designa el modo en que enfocamos los problemas
y buscamos las respuestas. En las ciencias sociales
se aplica a la manera de realizar la investigación.
Nuestros supuestos intereses y propósitos nos llevan a elegir una u otra metodología. Reducidos a
sus rasgos esenciales, los debates sobre metodología
tratan sobre supuestos y propósitos, sobre teoría y
perspectiva”. Con esta definición, los autores distinguían una de las características más significativas de
los métodos cualitativos, es decir, la capacidad que
1
tienen para abordar áreas de interés y enfocarlas de
forma problematizada con el objeto que se busque
una solución acorde.
El origen de la necesidad de asumir enfoques cualitativos en el estudio y comprensión de fenómenos
sociales debe remontarse a los griegos antiguos. Los
escritos de Platón y Aristóteles pueden ser vistos
como representantes de posturas epistemológicas
procuantitativas y procualitativas, respectivamente.
Esta dicotomía, que permite entender fenómenos
y procesos sociales, éticos, morales, etc, permanecerá durante toda la antigüedad hasta entrada la
edad media, específicamente entre los siglos XII
al XIV, donde se producirá un tránsito hacia formas matematizables de comprender y explicar el
mundo de la experiencia al aceptar, por ejemplo,
Antropólogo y Magíster en Antropología (U. de Chile) Doctor en Psicología Social (U. de Barcelona, España) Académico de la Escuela
de Trabajo Social, Pontificia Universidad Católica de Chile. rfl[email protected]
63
RODRIGO FLORES
la existencia del cero y del vacío. Posteriormente,
a partir de los postulados de Kant (1724-1804) se
observa una ruptura progresiva con el objetivismo
cartesiano y un desplazamiento hacia un modelo de
conocimiento basado en el entendimiento humano,
poniendo como foco de atención la comprensión y
la interpretación. En este proceso contribuye, igualmente, el trabajo de Dilthey (1833-1911) al realizar
la distinción entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu. Las ciencias del espíritu o humanas
tienen como objeto de estudio la conciencia, lo cual
es posible conocer por medio de la comprensión
(Verstehen) Se entiende que las ciencias del espíritu
dan cuenta de las experiencias vividas por los individuos (Erlebnis) y que intentan relacionarlas con su
contexto sociohistórico y cultural.
Un elemento destacable, en la consolidación de
los métodos cualitativos, lo conforma la serie de
estudios realizados a partir de mediados del siglo
XIX, por misioneros, colonizadores, antropólogos
y sociólogos interesados en conocer las formas y
costumbres de sociedades diversas y diferentes a
las occidentales, tanto de América, como en África, Asia y Oceanía. El método utilizado en estos
estudios incluyó, desde un comienzo, el trabajo de
campo, la etnografía y el interés por “conocer” distintos atributos o instituciones como la economía
y sistemas de intercambio, las creencias religiosas
y el trato con lo trascendente, el parentesco y los
vínculos familiares, la magia y la sanación, el uso
y distribución del poder, etc. Para ello fue necesario “vivir” por largas temporadas con los pueblos
que eran de interés, aprendiendo su lenguaje y sus
costumbres por medio de relatos orales y observaciones de primera mano. Ello marcó una impronta
definitiva y diferenciadora en los métodos y técnicas
cualitativas de investigación y recogida de datos sociales que perdura hasta hoy día.
Igualmente, podemos mencionar la serie de estudios, investigaciones y publicaciones que se
llevaron a cabo en la Universidad de Chicago, entre los años 1920 y 1940. El interés de esta escuela
por el desarrollo, utilización y difusión de métodos
y técnicas cualitativas quedó de manifiesto en los
procedimientos utilizados para abordar diversos
fenómenos sociales, tales como problemas de integración racial, ghettos y áreas naturales urbanas,
pandillas y organizaciones e instituciones. De la
gran variedad de estudios e investigaciones que se
desarrollaron bajo este influjo, pueden mencionarse
aquellos que utilizaron la técnica de la observación
participante (Anderson, The Hobo, 1923; Cressey,
The Taxi-Dance Hall, 1932); y la utilización de
64
historias de vida de criminales y delincuentes juveniles (Shaw, The Jack-Roller, 1966; Sutherland, The
professional Thief, 1937) También cabe destacar la
serie de estudios y publicaciones generadas por Lloyd Warner (1898-1970), quien aplicó el perspectiva
cultural al estudio de las organizaciones formales
norteamericanas. Del ejemplo infundido surgieron
otros investigadores interesados en este tipo de estudios. Sólo a modo de referencia se puede citar a
William Whyte quien estudió etnográficamente la
sociedad de la esquina (Street Corner Society, 1943)
y las relaciones humanas en diversas industrias,
restaurantes, hoteles, acero, automóviles, vidrio y
petróleo (Arnold y Flores, 2003).
Entre 1960 y 1980 observamos la emergencia de
distintas vertientes epistemológicas que pretenden
enfatizar y promover el uso de métodos y técnicas
cualitativas de investigación social. Aquí encontramos los estudios de Becker, Geer, Hughs y Strauss
(1961) denominado Boys in White y de Glaser y
Strauss (1967) The discovery of Grounded Theory.
Surgen, igualmente, perspectivas aún coexistentes,
como la fenomenología, el interaccionismo simbólico y la etnometodología, que rescatan al actor como
protagonista fundamental de los fenómenos sociales y las interpretaciones y significaciones que para
ellos tiene la denominada “realidad”. Se destacan
los aportes de investigadores influenciados por la
semiótica y la hermenéutica, entre los que podemos
nombrar una variedad significativa de enfoques
tales como el postestructuralismo de Barthes, el
neopositivismo de Phillips, el neomarxismo de Althusser, las teorías rituales del drama y la cultura
de V. Turner, el deconstructivismo de Derrida y la
etnometodología de Garfinkel.
Mención especial merece la descripción densa de
fenómenos sociales desarrollada por Clifford Geertz, quien adhiere a una concepción de ciencia que
se entronca directamente con el idealismo filosófico alemán, el cual distingue claramente entre las
ciencias de la naturaleza y las ciencias del espíritu
– wisenschaften / gesellschaften. En estas últimas se
destaca una concepción de lo humano que resalta
sus características únicas, tales como: la reflexibilidad, creatividad e intencionalidad, los propósitos y
significados, etc; en fin, todos aquellos asuntos que
están ausentes en el mundo natural y animal y a
los cuales no pueden ser aplicados los modos de
análisis con que se estudian los fenómenos físicos
o biológicos. Lo humano, bajo esta perspectiva, se
hace inteligible a través de procedimientos especiales: la comprensión, el rapport y un conjunto
de operaciones técnicas tales como la observación
MÉTODOS CUALITATIVOS PARA LA INDAGACIÓN SOCIAL: RELEVANDO ESQUEMAS DE DISTINCIONES
participante, las historias de vida y en general gran
parte del instrumental metodológico cualitativo que
caracteriza a los estudios de campo (Geertz, 1973)
Actualmente es posible observar un renovado interés por los modos y formas de investigación
cualitativa, basados, principalmente, en una crítica creciente y fundamentada al concepto mismo
de ciencia positiva y la emergencia y dominación
de enfoques sistémico constructivistas en la explicación social. En ella observamos por un lado,
una crisis de representación, al ponerse en duda
una de las premisas de la investigación cualitativa
tradicional, al cuestionarse la posibilidad del investigador de aprehender la experiencia vivida como
experiencia en sí y de poder transmitirla en cuanto
conocimiento institucionalizado. Dicha experiencia
queda, ahora, clausurada en la descripción realizada por el investigador, como una creación propia
e independiente de los fenómenos sociales. Y, por
otro lado, una crisis de legitimación, al cuestionarse principios básicos de la investigación científica
tradicional, tales como los criterios de validez y fiabilidad, por considerarlos obsoletos y caducos.
La consecuencia fundamental de tal forma de entender el proceso de investigación cualitativa, desde
un enfoque sistémico - constructivista, radica en la
imposibilidad aparente de no poder realizar una
investigación desde un enfoque neutro y objetivo.
Los procesos de investigación pasan a ser entendidos como construcciones de experiencias de vida,
no siempre concordantes con el fenómeno en sí,
pero alejados también del solipsismo. Ello ha llevado a la proliferación de conceptos que develan tal
capacidad, como es el caso de autonomía y autorreferencia, hasta llegar a concepciones más radicales,
como la proposición de que los sistemas sociales
poseen las características propias de la autopoiesis
(Luhmann, 1991) Tales consideraciones han ido
acompañadas por reformulaciones a la metodología
cualitativa, algunas de las cuales serán abordadas
en este artículo.
Características distintivas
de la investigación cualitativa de
fenómenos sociales
La investigación cualitativa es un proceso de conocimiento que obtiene datos del contexto en el cual
los eventos ocurren. En este sentido, puede ser
entendido como un esfuerzo por describir los fenómenos sociales que tienen cabida en escenarios
naturales. Para que ello sea posible, se realiza un
registro de una serie de datos descriptivos, donde
se relevan las palabras de las personas, habladas o
escritas, tal y como ellas las pronuncian, así como
la conducta observable. Taylor y Bogdan (1992) en
un estudio ya clásico sobre métodos cualitativos
de investigación, constataron la existencia de diez
características distintivas de la investigación cualitativa. Es de interés en estas páginas, destacar algunas
de esas características que hacen a los métodos cualitativos de investigación acercarse a los fenómenos
sociales de forma particular.
En primer lugar, es necesario señalar que la investigación cualitativa es inductiva. Se entiende que
quienes desean realizar una investigación con carácter cualitativo son capaces de elaborar conceptos,
ideas y comprensiones a partir de una serie de datos, y no necesariamente con el objeto de poner a
prueba sus teorías o comprobar hipótesis. Del mismo modo, podemos indicar que sus estudios siguen
un diseño flexible, no sujeto a rigideces de variables
o muestras. Muchas veces, sus estudios comienzan
con problemáticas formuladas de forma vaga, pues
son los fenómenos sociales quienes deben guiar el
diseño de investigación.
La investigación cualitativa requiere observar los
escenarios sociales desde una perspectiva integral,
holística y sistémica. Se entiende que los fenómenos
que estudiamos se encuentran interrelacionados
unos con otros, de forma aparente o latente, por lo
que no puede dejar de pensarse en las posibles relaciones entre ellos. Igualmente, pretenden desarrollar
explicaciones que utilicen los marcos de referencia
de las personas, con sus expresiones y significados.
Los investigadores cualitativos se identifican con las
personas que asumen el rol de informantes, con el
objeto de comprender los fenómenos desde su perspectiva particular.
Este tipo de investigación entiende que todos los
escenarios son dignos de estudio. No existen escenarios, temas, actores sociales (comunidades,
grupos, personas) que sean más o menos importantes que otras. Igualmente, cuando se inicia el
estudio en un escenario sociocultural determinado,
se debe poner atención en las sorpresas, lo que causa asombro y extrañeza. Asumir tal actitud, supone
encontrarse siempre abierto a las diferencias, a
aquello que no aparece como algo evidente o común para el investigador.
Los estudios cualitativos consideran a los fenómenos sociales como una co-construcción realizada
entre investigador y sus informantes. Los investigadores cualitativos entienden que la utilización de sus
métodos se encuentran asociados a formas y pautas
65
RODRIGO FLORES
de conocimiento validadas socialmente por la comunidad científica. Su utilización no hace más que
una reducción o simplificación de los fenómenos
estudiados. Las posiciones, afirmaciones y declaraciones entregadas por los informantes son, también,
simplificaciones de esos fenómenos realizadas desde perspectivas determinadas. La construcción del
conocimiento cualitativo se realiza, entonces, por
medio de un acercamiento pautado y meditado, que
permite un acoplamiento entre ambas perspectivas,
la del investigador interesado en conocer y explicar,
y la del informante.
El investigador interesado en poner en práctica un
estudio cualitativo da énfasis a los criterios de validez de la información que de ella surge. Al igual
que ocurre en otro tipo de estudios, que aseguran
sus constataciones haciendo hincapié en la confiabilidad y la reproducibilidad, los investigadores que
utilizan métodos cualitativos se encuentran preocupados por la validez de la información recolectada.
Un estudio cualitativo no es subjetivo, impresionista
e informal. Por el contrario, el conocimiento generado por este medio requiere un mayor grado de
rigurosidad, precisión y seriedad, aunque los datos
recolectados no necesariamente puedan ser estandarizados. Para ello, el investigador puede hacer
uso de una serie de técnicas que le permitan asegurar dicha validez, por ejemplo, mediante el uso de
la triangulación como forma de corroboración de la
información.
Otra característica de este tipo de estudios es su
flexibilidad. Se entiende que existe cierto grado de
flexibilidad a la hora de realizar la investigación
cualitativa. a diferencia de otros enfoques, el profesional que ha escogido este tipo de metodología
posee la suficiente libertad como para utilizar una
diversidad de técnicas que le permitan abordar en
mejor medida los fenómenos sociales. Los métodos
cualitativos se encuentran a disposición del investigador, quien asume la tensión de su realización.
La ejecución exitosa de muchas de las técnicas de
indagación social cualitativa recae en el investigador
que la realiza. No basta con conocer el funcionamiento de las técnicas en sus aspectos formales, su
ejecución acertada se garantiza en gran medida por
medio de la experiencia del investigador en haber
realizado con anterioridad dichas técnicas.
No obstante las características antes mencionadas,
el problema del acceso directo a las experiencias de
vida de los actores sociales es un tema aun en discusión. Que el investigador sea capaz de observar la
realidad sociocultural con los ojos de los actores ha
66
sido cuestionado fuertemente por algunos autores
(Geertz, 1973) Se entiende que la observación es selectiva tanto para el actor como para el investigador,
quien suele describir lo observado desde la lógica
científica, muchas veces alejada de las consideraciones de la vida cotidiana de los actores. Otro punto
de consideración dice relación con la posibilidad
de establecer generalizaciones a partir del estudio
de caso. Muchos de los estudios de caso descritos
en textos de ciencias sociales han generalizado sus
conclusiones a determinados colectivos, comunidades, grupos, clases sociales, etc. El alcance de los
estudios de caso queda delimitado al objeto de estudio de la investigación, por lo que la extrapolación
hacia otros conglomerados aparece como del todo
inapropiada.
Una antigua discusión.
Estrategias cualitativas y cuantitativas
de indagación social
No cabe duda que los métodos cualitativos y cuantitativos se han desarrollado al unísono, respondiendo
a orientaciones y estrategias diferenciadas al interior
de nuestras disciplinas, que pretenden comprender,
de la mejor forma posible, los fenómenos sociales.
El antecedente más claro de la dicotomía entre estrategias cualitativas y cuantitativas de investigación
se encuentra en el debate que generó la obra de
Thomas Znaniecki “El campesino polaco en Europa
y América”, y los estudios desarrollados por la Escuela de Chicago a principios del siglo pasado que
abogaban por el predominio y orientación de metodologías cualitativas basadas en las historias de vida
y la observación participante.
En los escritos de algunos autores (Alvira, 1983;
Pérez, 2001) es posible encontrar una serie de
atributos sobre los métodos cualitativos y cuantitativos. De ellos se suele mencionar que los métodos
cualitativos: a) postulan una concepción holística
fenomenológica, b) inductiva, c) estructuralista, d)
orientada al proceso; e) propia de la antropología. Por
otro lado, los atributos de los métodos cuantitativos
quedan designados por poseer: a) una concepción
global positivista, b) ser hipotético-deductivos,
c) particularistas, d) objetivos, e) orientados a los
resultados, f) y propio de las ciencias naturales.
Como puede verse, en tales declaraciones se entremezclan una serie de argumentos poniéndolos al
mismo nivel de análisis, por ejemplo: características
propias de las metodologías enunciadas (holística versus particular), connotaciones disciplinarias
(propios de la antropología versus propio de las
MÉTODOS CUALITATIVOS PARA LA INDAGACIÓN SOCIAL: RELEVANDO ESQUEMAS DE DISTINCIONES
ciencias naturales), distinciones epistemológicas
(fenomenológica versus hermenéutica), enunciados
teleológicos (orientadas al proceso versus orientados a los resultados), entre otros.
Desde nuestra perspectiva, deseamos resaltar lo inapropiado que resulta confundir dichos niveles de
análisis. Consideramos que una comparación pertinente entre ambas metodologías debe centrarse tan
sólo en sus características distintivas, puesto que
ellas no se encuentran circunscritas a una perspectiva epistemológica determinada, a una disciplina o
una finalidad. Entendemos que una investigación
cualitativa puede realizarse perfectamente desde
una orientación empirista positivista y al revés, puede darse la posibilidad de realizar una investigación
cuantitativista desde una orientación constructivista- sistémica, puesto que en tales enunciados no
agotan sus cualidades.
Junto a estas observaciones, a mediados de los
años ochenta, surgieron una serie de críticas y reticencias por parte de diversos autores, a la hora de
establecer una separación dicotómica entre métodos cualitativos y cuantitativos (Cook y Reichardt,
1986; Álverez, 1986; Trend, 1986). Para el caso que
nos ocupa en estas páginas, toda investigación cualitativa, al igual que su símil cuantitativa, poseerá
una serie de atributos que la harán tener ventajas y
desventajas, encontrar soluciones y enfrentar problemas, de acuerdo al fenómeno social que pretenda
abordar. Un esfuerzo de comparación de atributos
entre metodologías cualitativas y cuantitativas podemos encontrarlos en la tabla que se presenta a
continuación. Las diferencias en los enfoques no se
encuentran, entonces, en las formas de ver el mundo o entender el quehacer científico, sino en cómo
se posicionan en torno a fenómenos sociales concretos, cuáles son los aspectos o dimensiones que
están relevando, etc.
Por cierto, tanto los métodos como las técnicas, cualitativas y cuantitativas, no deben observarse como
una díada de pares opuestos e irreconciliables. Tanto desde un interés investigativo como práctico,
existen buenas razones para abogar por una complementariedad entre ambas metodologías cuando ello
resulta pertinente. Desde un interés investigativo,
se debe reconocer que, independientemente de la
perspectiva epistemológica escogida, la elección de
metodologías cualitativas o cuantitativas se encuentra determinada por el problema de investigación.
Deberíamos preguntarnos si al abordar fenómenos
sociales altamente complejos e irreductibles, podemos seguir insistiendo en la necesidad de utilizar
tan sólo uno de estos métodos. Igualmente, resulta
de interés constatar que a lo largo del trabajo profesional de muchos de nuestros egresados en ciencias
sociales se combinan una serie de multimétodos y
pluritécnicas. En escasas oportunidades ellos pueden / deben utilizar tan sólo métodos cualitativos /
cuantitativos. Esta situación obedece, por cierto, a
una moda, sino a la necesidad de articular diversas
visiones y perspectivas sobre fenómenos crecientemente diversos, cuyas variables no se encuentran
muy bien definidas o donde es imposible articular
con éxito una estrategia causalista.
TABLA 1
Orientación Cuantitativa
Orientación Cualitativa
• Aboga por el empleo de los métodos cuantitativos
• Aboga por el empleo de métodos cualitativos.
• Utiliza una medición penetrante y controlada.
• Interesado en la comprensión de la conducta del
actor social.
• Idea de objetividad científica. Control de las variables.
• Observación naturalista. Escaso control de las
variables.
• Perspectiva Etic “desde fuera”
• Perspectiva Emic “desde dentro”
• No fundamentada en la percepción del actor social,
generalmente orientado a la comprobación
y confirmación.
• Fundamentada en la percepción del actor
social, generalmente orientado
al descubrimiento.
• Utiliza hipótesis.
• Utiliza conjeturas.
• Busca la fiabilidad, preocupado por la
generación de datos que sean repetibles.
profundos.
• Busca la validez, preocupado por la
generación de datos orientados al sentido, intensos
• Mayormente generalizable. Estudio de
casos múltiples.
• Mayormente no generalizable.
Estudio de casos particulares.
67
RODRIGO FLORES
El observador y la observación social de
segundo orden
Reflexiones e investigaciones reciente, sobre el
quehacer investigativo en ciencias sociales, sostienen sus posiciones en argumentos que relevan la
relación entre descripción científica y construcción
social. De acuerdo a estos enfoques, todo investigador se relaciona con su ambiente por medio de
experiencias que ponen en juego la coparticipación
de observadores y observaciones. La investigación
social pasa a ser entendida como una coproducción
en la cual juega un importante papel la experiencia
vivida por quien realiza el estudio y las comunicaciones y descripciones realizadas por los informantes.
Tales posiciones entienden, junto a Luhmann (1991),
a las ciencias sociales como sistemas especializados
en la generación de conocimiento pertinente y válido sobre determinados ámbitos y procesos, lo cual
se realiza por medio de la aplicación de esquemas
y operaciones de observación sobre otros sistemas.
Tal posicionamiento, se engarza con la teoría general de sistemas y de otras vertientes, donde destacan
autores tales como Heiz Von Foerster, Humberto
Maturana, Francisco Varela, Jesús Ibañez, etc. Algunos de ellos, cuestionan el quehacer y el operar
mismo de la ciencia tradicional, al sostener que los
argumentos científicos, el conocimiento, no puede
basarse en una “realidad pre-existente” al ser humano. Han pasado ya más de veinte años desde que H.
Maturana (1986) sostuviera la improbabilidad de
apoyar la tradicional investigación científica en el
objeto externo o realidad objetiva, como un factor
que permita validar el conocimiento. En este contexto, la objetividad tan propia de las concepciones
tradicionales, no debe ser comprendida como adecuación al objeto, sino como una adecuación a un
conjunto de criterios de validación aprobados por
la comunidad de observadores. De este modo, toda
comunicación científica pasa a ser relativizada o
simplemente puesta entre paréntesis, desde donde
se emprenden decididos y obligados pasos hacia la
descripción detallada de la perspectiva según la cual
se hacen posibles las “observaciones” realizadas.
Bajo este enfoque, la figura principal en el acto de
conocer es el observador en la experiencia de observar. Una de las características principales del
constructivismo sistémico es que el observador no
es un supuesto ontológico a priori, pues no existe
el observador separado u alejado de la observación.
No existe observación sin observador ni observador sin observación, quedando así clausurada tal
distinción. Como señala Maturana (1997), el observador aparece en la distinción del observar cuando
68
nos preguntamos por el observador y el observar.
Este punto de partida obliga, sin lugar a dudas, a
replantear muchos de los supuestos implícitos con
los cuales ha operado tradicionalmente las ciencias
sociales. No constituye la intención de estas líneas
hacer una revisión crítica de ellas, sin embargo, al
parecer algunos cientistas sociales cualitativos han
reaccionado hace algún tiempo a nuevas y crecientes gradientes de complejidad en sus escenarios de
estudio, desde diferentes puntos de vista. Del mismo modo, ya no nos resulta extraño que se admita
la coexistencia de variados tipos y niveles de objetividades presentes al interior de la sociedad, cada
uno de ellos inserto en niveles de significación determinados, los cuales, de una u otra forma, limitan
a su propio contexto los dominios explicativos y
comunicativos provenientes de la ciencia. Las explicaciones comienzan a ser asumidas, desde ahora
en adelante, como tan sólo una -de las muchas posibles- formas del conocer social.
Por cierto, tales aseveraciones poseen enormes implicancias para la comprensión tradicional de lo
que se entiende por quehacer investigativo. El conocimiento se vuelve posible al observar y describir
observaciones, las cuales se convierten en puntos
de emergencia para nuevas distinciones e indicaciones (Spencer-Brown, 1979) La distinción es el trazo
que marca una diferencia, denotando dos lados de
un fenómeno, por lo que no es posible conocer
sin establecer una distinción. En una unidad indiferenciada, todo es igual, donde todo es igual no
existe variedad, donde los fenómenos sociales no
pueden ser distinguidos ni descritos. El primer acto
de distinción es imposible de rememorar. ¿Cuál es
la primera distinción que elaboran nuestras disciplinas sobre fenómenos sociales? Al mismo nivel
que la conciencia, sistemas más complejos, como
los propios de la cultura o la sociedad no son posibles de reconstruir de acuerdo al método causal.
Sabemos que una vez trazada la primera distinción,
todas las distinciones siguientes tienen su base en
ella, sin embargo no puede ser traída a la sociedad
sino en cuanto comunicación. Como se observa, el
proceso de elaboración de distinciones es altamente
recursivo y puede ser explicado mejor tomando en
cuenta el lenguaje. El niño aprende la simbología
de las letras y las asocia a los sonidos. Una vez reconocidos los sonidos y las letras es capaz de leer
palabras y por último elaborar frases completas que
adquieren sentido en el lenguaje. De ahí a la abstracción y la ideación de constructos de alto valor
complejo hay sólo un paso.
MÉTODOS CUALITATIVOS PARA LA INDAGACIÓN SOCIAL: RELEVANDO ESQUEMAS DE DISTINCIONES
En cuanto sistema social preocupado por el estudio del devenir social, nuestras disciplinas pueden
ser mejor comprendidas si se la trata como sistema de observación. A partir de tal distinción, todo
acto cognoscente ocurre por medio de la observación realizada por el observador. Bajo este prisma,
las operaciones que competen a las ciencias sociales
entran en juego cuando, por medio de la aplicación
de distinciones, un observador fija con sus indicaciones el mundo social. Reflexiones inspiradas en
la teoría sistémico - constructivista nos indican que
la descripción de nuestras ciencias no refiere a la
constatación de fenómenos sociales en sí. La observación del observador es una observación de primer
orden. Desde otra perspectiva, la observación de
primer orden de fenómenos sociales no tiene cabida
en la descripción social. La observación de nuestras
ciencias, en cuanto proceso de aplicación de distinciones, remite a una observación de segundo orden.
¿Quién realiza observación de segundo orden? Preferentemente las disciplinas cuyo objeto de estudio
son observadores. Es propio de las ciencias sociales
que se dediquen a fenómenos de gran complejidad,
porque observan fenómenos como la cultura, la sociedad, la política en sus diferenciaciones estatales
y de regímenes gubernamentales, la economía y las
creencias, entre otras.
La observación de segundo orden pretende observar
la observación de sistemas observadores (Luhmann,
1991; Ibañez, 1991) Análogamente, el sistema de
las ciencias sociales lo que hace es dar cuenta de
la observación y descripción que realizan distintos
observadores de los fenómenos sociales. La importancia de entender como sistema observador de
segundo orden recae en que esta perspectiva tiene
el privilegio de poder distinguir y describir lo que
otros observadores no pueden distinguir ni describir,
iluminando sus puntos ciegos o funciones latentes.
La observación de segundo orden oferta posiciones
para observar a otros observadores, mientras aplican
sus distinciones en sus observaciones. Su objetivo
central consiste en hacer distinguible las formas
del distinguir. Su propio conocimiento emerge mediante operaciones de observación y descripción
que indican cómo otros sistemas llevan a cabo sus
operaciones y cómo, en dependencia de ellas, construyen su quehacer (Arnold y Robles, 2000)
Develando esquemas de distinciones
En parte, la observación de segundo orden se relaciona con la distinción entre la perspectiva etic,
objetivismo u observación de primer orden, y la
emic que apunta a los esquemas y modelos de significación de los observados. La aplicación de estos
términos en la teoría social fueron mejor explicados por Harris (1994) con el fin de diferenciar dos
estrategias en investigación cultural: aquellas que
dirigen su observación a las dimensiones de la cultura de acuerdo a categorías internas a ellas mismas
y aquellas que observan las culturas de acuerdo a
categorías externas, propias de la ciencia. Tales
diferencias provienen del campo de la lingüística
antropológica y fueron desarrolladas en extenso por
K. Pike (1972) a mediados de la década de los años
cincuenta y remiten a los términos phonemic (fonémico) y phonetic (fonético). Los lingüistas, desde
un punto de vista etic, distinguen las unidades fónicas sonoras de las sordas (según la vibración de
las cuerdas vocales, sonidos aspirados o no, labiales
de los dentales, etc.), mientras que las descripciones emic de los sonidos del lenguaje se basan en el
sistema implícito o inconsciente de contraste fonológico, inscrito en la mente de los hablantes nativos
y que ellos utilizan para identificar el significado de
las expresiones de su lenguaje.
En el campo de lo social, el carácter emic o etic de
las descripciones de acontecimientos dependen del
origen de las categorías que establecen el marco
del discurso, y no de si la información proviene o
no de los informantes. Cuando la descripción responde a las categorías de tiempo, espacio, pesos y
medidas, etc. propias del observador, la descripción
será etic (Harris, 1994, 49). Igualmente, las descripciones emic no son menos científicas ni objetivas
que las descripciones etic. Tal como lo indica Harris
(2004:33), los estudios de carácter emic satisfacen
siempre los criterios de investigación científica.
De acuerdo con ello, toda observación social representa la operación de esquemas diferenciadores
- también abiertos a la observación- y que permiten
consignar la realidad en un sentido u otro. La observación de las distinciones pretende dar cuenta de
los esquemas que utilizan los sistemas sociales, los
que pueden ser agrupados en conjuntos ordenados
de distinciones. Conjuntos ordenados no significa
necesariamente igualitarios, reglamentados o coherentes. La coherencia no tiene nada que ver con los
fenómenos sociales estudiados, tal como lo señalara
Radcliffe - Brown (1974) hace más de setenta años.
Con el término conjuntos ordenados hacemos referencia a que ellos tienen cabida en la sociedad.
Desde orientaciones sistémico - constructivista los
llamamos esquemas de distinciones, al poseer las
propiedades antes expuestas. En cuanto objeto de
69
RODRIGO FLORES
estudio preferente, los esquemas de distinciones
hacen posible la comprensión de un sistema social.
Apelan, por ejemplo, a valores, creencias profundas,
concepciones a cerca del bien y del mal, la moral,
creencias religiosas, el valor de la amistad, el dinero, etc. El registro de esquemas de distinciones abre
la posibilidad de interceptar (interferir, intervenir)
comunicaciones y adentrarnos en los fundamentos
de lo social -expectativas cognitivas, explicaciones y
haceres - en los sistemas.
Como proceso de observación de segundo orden,
el conocimiento de los fenómenos sociales se construye, dinámica y activamente, como resultado de
operaciones de observación del sistema. Es el propio
sistema científico quien realiza procesos de observación de la distinción realizada por los sistemas
observadores de los sistemas sociales. Su descripción, propia del proceso de observación realizado,
se encuentra ligada al propio sistema. Este proceso,
clausura la operación de conocimiento realizado
por la disciplina, poniendo así en tela de juicio las
aseveraciones que indican que las ciencias sociales
se realizan desde los actores. Ello plantea radicales
transformaciones para la metodología cualitativa.
Un elemento importante de ser notado desde el
punto de vista sistémico - constructivista es que
las explicaciones y descripciones que se realizan de
las experiencias vividas por los observadores no reemplazan en ningún caso a lo que ellas explican o
describen. El observador que las escucha o las rememora sólo hace eso: escuchar y rememorar, pero
en ningún caso “vive” esa experiencia vivida y rememorada. La “realidad” de la experiencia vivida no
puede ser “re-vivida”. La “realidad” en este sentido
queda restringida al observador en su experiencia
concreta y acotada, y lo transmitido se convertirá
en una “nueva realidad” que alude a una experiencia concreta pasada, pero que no “es” la experiencia
concreta pasada.
Esta constatación, por cierto, lo único que hace es
abrir las posibilidades de la metodología cualitativa
a futuras distinciones. La más importante dice relación con el criterio de aceptación de la comunicación
generada en la indagación social. La contingencia
nunca puede ser reducida del todo, por lo cual, la
comunicación de la descripción de la observación
de la experiencia del fenómeno social no garantiza,
en ningún caso, su aceptación. Ninguna observación realizada por el sistema, introducida en la
sociedad como comunicación, tiene garantizada su
comprensión ni menos aún su aceptación. Ella puede también no ser comprendida por la comunidad
70
científica o puesta en tela de juicio y sus efectos se
encuentran siempre sujetos a la observación cuando
se actualizan en la comunicación.
Implicancias de la observación de
segundo orden para la indagación
cualitativa
Redefinir nuestro quehacer investigativo, en cuanto sistemas observadores de sistemas sociales
complejos, constituye el verdadero desafío para la
indagación cualitativa. Frente a tal complejidad, podemos apoyarnos en orientaciones metodológicas
orientadas a la indagación de categorías, significados y órdenes simbólicos que operan en el sistema
social, los cuales se encuentran orientados a develar
procedimientos que identifican y relevan las operaciones mediante las cuales se distinguen, organizan
y describen las experiencias. Para ello, podemos hacer uso de diversas técnicas cualitativas, las cuales
se encuentran dirigidas a la aprehensión del sentido
y descripción de categorías, tales como la observación participante (Bruyn, 1972), que prescribe una
inclusión consciente y planificada en la cotidianidad de los sistemas en estudio; las historias orales
(Samuel, 1982), que permiten el registro de la memoria colectiva de determinados sistemas sociales;
las entrevistas etnográficas (Spradley, 1979), que
pretenden relevar esquemas de distinciones en los
términos descritos por los observadores; los focus
groups (Morgan, 1988) y grupos de discusión (Ibáñez, 1991), que pretende rescatar la emergencia de
lo social desde su constitución grupal, etc.
Sobre dichas orientaciones, los instrumentos de
indagación deben contribuir a establecer una observación que apunte a dar cuenta de las formas del
ver y leer cotidiano, tomando en cuenta las operaciones en las cuales basan sus operaciones. Ello se
consigue estableciendo instancias adecuadas que
permitan generar ambientes donde observadores,
observaciones y medios de observación sean rescatados en procesos comunicativos que privilegian el
reconocimiento de lo social desde el punto de vista
de sus miembros, por medio del relevamiento de
sus categorías y distinciones significativas, validadas
por ellos mismos. Ello no implica desconocer el determinismo estructural propio de todo sistema, sino
que releva el punto de vista desde el cual se realizan
las observaciones.
Para el caso de la indagación social cualitativa, es
importante tener presente que ella misma debe
encontrarse orientada a rescatar el sentido de la
comunicación. Este proceso se encuentra unido
MÉTODOS CUALITATIVOS PARA LA INDAGACIÓN SOCIAL: RELEVANDO ESQUEMAS DE DISTINCIONES
al relevamiento de las explicaciones que los propios actores sociales realizan de sus categorías de
análisis, las cuales les permiten ordenar el mundo
social circundante. Debemos reconocer que ninguna observación agota todas las posibilidades de
distinción. Siempre se trata de una perspectiva. Con
ello, rescatamos la comunicación explícita, dejando
de lado estructuras latentes. La observación puede someterse ella misma a la observación, con el
objeto de develar sus puntos ciegos, las distinciones no distinguidas. En este sentido, se requiere la
utilización de técnicas cualitativas que fomenten la
observación de estos puntos ciegos, no distinguidos
ni previstos.
sistémico - constructivista. Al ser leído, se debe
guardar recaudo de que no se pretende establecer
una dicotomía entre ambas orientaciones, sino que
tan sólo servir de ejemplo de las convergencias y
divergencias. Algunos autores (Arnold y Robles,
2000) han intentado realizar con anterioridad un
esquema dicotómico entre ambas macroorientaciones, sin embargo, sus exposiciones resultan ser
imprecisas, confusas y demasiado simplificadas.
Imprecisas y confusas, pues ponen en un mismo
nivel orientaciones epistémicas y características metodológicas; y simplificadas, en cuanto no permiten
apreciar las convergencias y divergencias entre las
orientaciones.
Para lograr esta situación, se privilegiará, por ejemplo, la utilización de técnicas cualitativas que sometan
juicios, análisis y observaciones a la observación de
los descritos. Talleres que expliciten las orientaciones investigativas, fomento de la participación de los
actores en los resultados de las indagaciones, informantes calificados que participan en los estudios, etc.
son algunas de las alternativas que pueden ayudar a
ampliar la variedad de la observación, disminuyendo la incongruencia y acercando las observaciones
realizadas.
De acuerdo a la postura sistémico-constructivista, el
fenómeno cognoscente se realiza por medio de distinciones sucesivas, realizadas por un observador en
el acto de observar, por lo que pretende superar la
clásica relación sujeto/objeto. El investigador social
es un observador externo, especializado en la observación de observadores, es decir, un observador de
segundo orden. Así mismo, su propósito, es establecer explicaciones sobre los fenómenos sociales, las
cuales se encuentran limitadas por condiciones de
contexto y temporalidad. Sus explicaciones, puestas
en perspectiva, se orientan al rescate del sentido, en
el cual es relevadoen constantes procesos de acercamiento comunicativo. Ellos quedan construidos de
forma conjunta, en el acto de observar.
Con el objeto de ilustrar de mejor manera las consideraciones indicadas, es posible construir un
cuadro resumen en el cual se expone la orientación
empírico analítica y su diferencia con la orientación
TABLA 2
Orientación
Naturaleza de la
realidad
Relación
cognoscente
Propósito
Tipo de
explicación
Empírico-analítica Pre-existente
Singular
Tangible
Fragmentable
Relación
sujeto/objeto
Objetividad
Neutralidad
Generalizaciones
Leyes, explicaciones
nomotéticas
Deductiva
Centrada en
semejanzas
Causal
Primer orden
Constructivista–
sistémica
Distinción
Observador/observación
(Objetividad)
Perspectivismo
Explicaciones
limitadas por el
contexto
y tiempo
Inductiva
Centrada en las
diferencias
Orientada al sentido
Segundo orden
Construida
Múltiple
Holística
Divergente
71
RODRIGO FLORES
Bibliografía
ALVIRA, F. (1983) Perspectiva cualitativa / perspectiva
cuantitativa en la metodología sociológica, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 22, pp. 53-75
ANDERSON, N. (1923) The hobo, Chicago, University
of Chicago Press.
ARNOLD, M Y FLORES-GUERRERO, RODRIGO
(2003) Aportes de la antropología sociocultural al
estudio y comprensión de las organizaciones En Movimiento de campo en torno a cuatro fronteras de la
antropología en Chile. Nicolás Richard (editor). (pp.
251-270). Serie de publicaciones ARISTAS, Ediciones
ICAPI, Guatemala.
ARNOLD, MARCELO Y ROBLES, FERNANDO
(2000) Explorando Caminos Transilustrados más allá
del Neopositivismo. Epistemologías para el Siglo XXI.
En: Cinta de Moebio No. 7. Marzo 2000. Facultad
de Ciencias Sociales. Universidad de Chile. http://
rehue.csociales.uchile.cl/publicaciones/moebio/07/
frames11.htm
BRUYN, S. (1972) La perspectiva humana en sociología.
Amorrortu, Buenos Aires.
BECKER, H. S; GEER, B; HUGHS, E. C; STRAUSS,
A. L. (1961) Boys in white: student culture in medical
school, Chicago: University of Chicago Press.
FLORES-GUERRERO, RODRIGO (2004) Alcances para una Conceptualización Constructivista de la
Acción Social. En Ensayos sobre socioautopoiesis y
epistemología constructista. Francisco Osorio (Editor).
Ediciones MAD, Magister en Antropología y Desarrollo, Facultad de Ciencias Sociales. Universidad de
Chile. pp. 141-159.
GLASSER, B. G Y STRAUSS, A. L (1967) The discovery grounded theory. Chicago, Aldine Publishing
Company.
HARRIS, MARVIN. 1994 [1979]. El materialismo cultural, Alianza Editorial, Madrid.
HARRIS, MARVIN. 2004 [1989]. Teorías sobre la cultura en la era postmoderna. Crítica, Barcelona.
IBÁÑEZ, JESÚS (1991) El regreso del sujeto: la investigación social de segundo orden. Amerinda Estudios,
Santiago.
LUHMANN, NIKLAS (1991) Sistemas Sociales. Lineamientos para una teoría general. Universidad
Iberoamericana, México.
MATURANA, H. (1986) Fenomenología del conocer,
En Cruz, Medina y Maturana, Del universo al multiverso, Ed. Contreras, Santiago, pp. 105-153.
MATURANA, H. (1997), La objetividad, un argumento
para obligar, Santiago de Chile, Dolmen.
MORGAN, D. L. (1988) Focus group as qualitative research. Sage, California.
PÉREZ SERRANO, G (2001) Investigación cualitativa.
relatos e interrogantes. Muralla, Madrid.
PIKE, KENNETH (1972) Puntos de vista éticos y émicos
para la descripción de la conducta. En: Comunicación
y cultura, A. Smith (comp), Buenos Aires, Ed. Nueva
visión.
RADCLIFFE-BROWN, A. R. (1974) Estructura y
función en la sociedad primitiva. Barcelona, Ed. Península.
SAMUEL, R. (1982) Local History and oral history. En
Field Research: A sourcebook and field manual. Robert
Burgess, G. Allen & Uwin, London, pp. 136-145.
SHAW, C. (1966) The Jack-Roller, Chicago, University
of Chicago Press.
SPENCER-BROWN, G. (1979) Laws of form. Allen &
Unwin, Londres.
SPRADLEY, J. P. (1979) The ethnographic interview.
Holt, Rinehart and Wiston.
SUTHERLAND, E. (1937) The professional Thief, Chicago, University of Chicago Press.
TAYLOR, S. J.; BOGDAN, R. (1992) Introducción a
los métodos cualitativos de investigación, la búsqueda
de los significados, Paidós, Barcelona.
WHYTE, W. F. (1955) Street corner society, Chicago,
University of Chicago Press.
FECHA DE RECEPCIÓN: octubre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
72
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 73-82
Mediación familiar y conflicto:
aspectos conceptuales1
Family mediation and conflict.
Conceptual topics1
FABIOLA CORTEZ-MONROY2 Y MARÍA OLGA SOLAR3
Resumen
El presente artículo aborda conceptualmente el tema de la mediación familiar como un recurso
alternativo que permite a las personas enfrentar conflictos, manteniendo el control de sus vidas,
y decidir según sus valores y creencias. Los conflictos se analizan desde una perspectiva positiva,
como una oportunidad de transformación y crecimiento para las personas, de ahí que se enfatice
en la necesidad de aprender cómo enfrentarlos de una manera constructiva. Ello implica no sólo
el reconocimiento del conflicto, sino también comprender qué es, conocer sus componentes y
aquellos comportamientos y actitudes que favorecen a las partes involucradas encontrar soluciones por sí mismas.
Palabras claves: familia - mediación - conflicto
Abstract
The present article develops in a conceptual manner the topic of the family mediation as a resource that allows people to face conflicts, maintaining the control of their lives, and deciding
according to their values and beliefs. The conflicts are analyzed from a positive perspective, as an
opportunity for the transformation and growth of the persons. That is because it is emphasized
the necessity of learning how to face the problems in a constructive way. It does not only imply
the recognition of the conflict, but also the understanding of it, the knowing of their components and of those behaviors and attitudes that favor the involved parts to find solutions for
themselves.
Key words: family - mediation - conflict
La mediación tiene una larga historia en la mayoría
de las culturas del mundo. Así por ejemplo, los filósofos griegos utilizaban el concepto de mediación en
aquellos casos en que existía la necesidad de encontrar un modo de vincular dos elementos distintos.
“La mediación era concebida como la actividad propia de un agente facilitador o “realidad intermedia”,
es decir, como la “actividad de aquel individuo que
‘mediaba’ o ‘acercaba’ dos elementos distintos. Del
derecho romano se conocen los llamados jueces de
avenencia, y de la época de Cicerón, los juicios de
árbitros que acudían a la equidad para resolver las
disputas” (Highton & Álvarez: 1995:144).
En diversas culturas, los jefes de familias ofrecieron a sus miembros su sabiduría como un medio
de ayudarles a resolver sus discrepancias. De esta
forma, a través de la historia los círculos familiares
extensos constituyeron un recurso de mediación.
Sin embargo, “a medida que la familia nuclear
empezó a reemplazar a la familia extensa, la estructura familiar comenzó a disminuir en su carácter de
recurso para la resolución de conflictos, y las personas comenzaron a acudir en busca de mecanismos
formales para resolver sus desavenencias” (Folberg
y Taylor, 1984: 22).
Parte de los contenidos de este artículo se incluyeron en el material docente del Diploma “Construyendo Familia” de la P.U.C.
Asistente Social, Maestría en Sociología, Université Catholique de Louvain, Docente Escuela de Trabajo Social de la Universidad
Católica de Chile.
3 Asistente Social, Master of Teaching Social Work, Terapeuta Familiar, Mediadora, Docente Escuela de Trabajo Social de la Universidad
Católica de Chile.
1
2
73
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
La concepción actual de mediación, surge alrededor de los años sesenta en Estados Unidos como
una forma alternativa de resolución de conflictos en
diferentes materias de la vida social, entre ellas la
familia. En este contexto que ha sido llamado de
desformalización del derecho, se legitima la mediación. “Nuestras sociedades, cada vez más complejas
tienen necesidad de ‘elasticidad’ para escapar de
las exigencias de la modernidad, sin una ruptura
excesiva. Se trata de apoyarse sobre una ‘lógica funcional que ya no busca principios o normas para
estabilizar u ordenar una situación, como ocurre en
la lógica institucional’. El derecho es considerado
un conjunto de normas que no contempla lo suficiente la manera como se ponen en práctica dichas
normas, tal como lo haría la mediación. Es necesario entonces, que el legislador rechace las formas
canónicas jurídicas, si él desea promover este modo
de regulación. Las necesidades sociales requieren
ser reguladas, por dispositivos que relativicen las
reglas del ‘derecho formal’. De manera complementaria a esta filosofía del derecho, el ‘derecho
relativo’ de la mediación, favorecería, la emergencia
de nuevos procedimientos, flexibles y adaptados a
las necesidades de regulación de nuestra sociedad
postmoderna” (Le Roy, 1992: 17-18 en Ben Mrad
F., 2002: 15).
Mediación familiar: ¿qué es?
En Chile, se ha reconocido el potencial de la mediación para resolver conflictos en dominios diferentes,
siendo el espacio familiar uno de aquellos donde ha
adquirido mayor relevancia. Ella constituye un recurso alternativo de resolución de conflictos en el
que las partes reflexionan y dialogan con el objetivo
de generar alternativas posibles para la resolución de
sus conflictos. Es un proceso voluntario y confidencial en el que las partes asumen la responsabilidad
por la construcción de las resoluciones; las personas son autoras de la solución de sus conflictos
(Fonkert, 2000: 109).
En el ámbito familiar la mediación se presenta
como una opción que trabaja con los recursos de
la familia para resolver competentemente las situaciones novedosas que se presentan frente a crisis y
cambios de muy diferente índole: normativos, evolutivos, contextuales. La mediación familiar cubre
la problemática de las parejas que se divorcian -regulación del tiempo que cada progenitor pasa con
los hijos, progenitor a cargo, división de bienes,
etc.- y otras situaciones vinculadas con sucesiones,
empresas familiares o conflictos ligados al ciclo de
74
vida que surgen con los adolescentes o en la tercera
edad (Fonkert, 2000).
Para M. Guillaume-Hofnung (1995) la mediación
constituye un modo de construcción y de gestión
de la vida social gracias a la intervención de un tercero, neutro, independiente sin otro poder que la
autoridad que le reconocen las personas que lo han
elegido libremente. La finalidad de la mediación es
ayudar a las personas a encontrar por sí mismas las
soluciones a sus problemas.
De esta forma, en el dominio familiar, la mediación
puede ser entendida como “un método de resolución de conflictos, basado en la cooperación y por
el cual un tercero imparcial y calificado ayuda a los
miembros de la familia a elaborar por sí mismos un
acuerdo viable y satisfactorio para cada uno” (La
Brie, Langlois, 1992: 13). Se trata de un modelo de
intervención que puede “ayudar a la familia a mantenerse, a reequilibrarse, a evolucionar” (Brisson,
1992: 215).
Las necesidades de las personas constituyen el eje
del modelo de la mediación. La idea es poner en
evidencia, “inventariar” las necesidades de cada
uno de los miembros de la familia. Sobre la base
de estas necesidades que, representan, a su vez, los
intereses de las personas, se negocia. La mediación
se dirige a que las partes, con la ayuda de un tercero imparcial (mediador), busquen una solución al
conflicto o crisis que está viviendo la familia, solución que debe ser satisfactoria para cada uno de sus
integrantes.
Dar poder a las personas es la piedra angular de la
mediación. La mediación facilita, permite que las
personas asuman su situación y sus responsabilidades. Les permite mantener el control de sus vidas y
decidir según sus valores y creencias. En esta mirada, el mediador no es responsable del acuerdo final
(Brisson & Michea, 1997: 16). Él es el responsable
de conducir un proceso que facilite el surgimiento
de alternativas de solución frente a las necesidades
expresadas por las personas en mediación. La mediación busca potenciar la autodeterminación, la
comunicación y la responsabilidad de los individuos. De esta forma, el mediador es responsable del
proceso, pero no del resultado.
Ventajas de la mediación
La mediación, generalmente, es presentada como
un sistema alternativo de resolución de conflictos,
que se distinguiría de un sistema adversarial (por
ejemplo, juicio), en que en este último es “otro”, no
MEDIACIÓN FAMILIAR Y CONFLICTO: ASPECTOS CONCEPTUALES
involucrado en el conflicto, aquel que decide la “resolución” del mismo. En reiteradas ocasiones esta
forma de enfrentar los conflictos puede no satisfacer
a las partes, por lo cual el conflicto puede continuar,
aún después de la sentencia judicial. La mediación
busca terminar con el litigio, pero sin litigar, diluyendo las figuras de los de vencidos y vencedores,
transitando desde una lógica ganar - perder a otra
de ganar - ganar.
Para que esta nueva lógica del ganar - ganar pueda
desarrollarse, es necesario que se potencien nuevas
formas de relación entre las personas en conflicto, de manera que se logre movilizarlas desde una
posición adversarial hacia otra más colaboradora
y empática, lo que permite a ambas co-construir
el acuerdo para resolver el conflicto. Desde esta
perspectiva, se puede decir que la mediación es
una práctica social, que implica un compromiso
en la resolución de los conflictos a través del diálogo. Diálogo que necesita que los participantes
se aúnen en el desarrollo de nuevas visiones de
realidad, desde las cuales cambien su posición, dejando de combatir para empezar a colaborar. Al
encaminarse hacia un objetivo común, cada uno
redefine al otro y ambos ponen los cimientos de
una concepción del nosotros (Fried Schnitman,
2000: 18).
Es así como en materia de familia y, especialmente en
conflictos de pareja, la mediación presenta ventajas
en relación con el litigio. Rodríguez y Padilla (2003)
resumen en el siguiente cuadro las diferencias que
presenta la mediación con respecto al juicio.
Folberg y Taylor (1984) señalan que la forma más
útil de comprender la mediación es considerarla
como una intervención de solución de problemas
dirigida a una meta. Meta que no necesariamente
es la resolución del conflicto, ya que si bien la mediación tiene el propósito de resolver desavenencias
y reducir el conflicto, proporciona también un espacio de reflexión para la toma de decisiones. Esto
significa que, incluso en el caso en que no puedan
resolverse todas las diferencias, en el proceso de
mediación las partes tendrán la posibilidad de dialogar, de escucharse, de expresar sus opiniones e
intereses, de tal forma que es posible que lleguen
a entender la causa esencial del conflicto y puedan
reducirla a un nivel manejable, menos conflictivo.
De aquí entonces, que la mediación para estos autores, sea entendida como un proceso de manejo de
conflicto que permite:
CUADRO COMPARATIVO ENTRE MEDIACIÓN Y JUICIO
Mediación familiar
Juicio
• Promueve la comunicación y la colaboración
• Promueve la confrontación y mantiene el conflicto
• Desde el principio orientas las acciones hacia el futuro
• Como no toma en cuenta los conflictos emocionales,
la pareja se mantiene estancada en sus desacuerdos
por mayor tiempo
• Permite que la pareja tome sus propias decisiones y,
por lo tanto, que los acuerdos sean más duraderos
• Deja las decisiones sobre el futuro de la pareja y la
familia en manos de los abogados y el juez
• El mediador está del lado de toda la familia,
principalmente de los niños
• El abogado considera que los cónyuges son
adversarios y su obligación es el triunfo de su
defendido
• Ofrece un espacio privado y confidencial
para que la pareja pueda expresarse
• Expone a la pareja a exhibir públicamente
sus desavenencias
• Preserva la relación futura de la pareja
• Destruye cualquier relación previa y limita las
posibilidades de un entendimiento futuro
• Utiliza el conflicto como la posibilidad de
crecimiento personal y cambio positivo
• Utiliza el conflicto como la oportunidad
para definir vencedores y vencidos
• Reduce los costos del proceso legal
• Es costoso
• Es un proceso ágil
• Puede durar años
Rodríguez B., Padilla de Trainer M., Mediación en el divorcio. México, UNAM, 2001, pp. 24.
75
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
• Reducir los obstáculos a la comunicación entre los participantes.
• Realizar al máximo la exploración de alternativas.
• Atender a las necesidades de todos los que en
ella intervienen.
• Proporcionar un modelo para la futura resolución de conflictos en contextos sociales
diferentes. Marinés Suares (1996) además de
reconocer este atributo de la mediación, destaca como ventajas:
• Alivio a los tribunales, esto porque muchos
casos se resuelven, aún sin haber ingresado al
sistema judicial tradicional.
• Ahorro de tiempo y de dinero para las personas. Dado el modo como se conduce el
conflicto (a través de reuniones entre el mediador y las partes involucradas), la mediación
evita las demoras que un juicio trae aparejado
(presentación de pruebas, testigos entre otros).
El proceso se inicia cuando las partes acceden
a participar y los días y horarios de reunión
son determinados en conjunto con el mediador. En cuanto al dinero, la mediación resulta
mucho más económica que los procesos judiciales formales, puesto que existen instancias
en las que el servicio es gratuito y porque se
ahorran los costos asociados al mantenimiento
de un juicio durante meses e incluso años.
• Evita que haya ganadores y perdedores, lo que
favorece el mantenimiento de las relaciones futuras entre las personas.
• Aumenta el protagonismo y responsabilidad
de las partes, puesto que son ellos quienes deciden como resolver sus diferencias, sin que
sea un tercero que les indique como proceder
o qué acordar.
Es posible señalar, entonces, que la mediación es
un proceso en el cual se potencia una mayor colaboración y un mayor compromiso, asumiendo las
responsabilidades que cada uno de los involucrados ostenta en la construcción de los conflictos y
en la resolución de éstos, desde una postura protagónica.
Principios de la mediación
El proceso de mediación tiene principios sobre los
cuales se fundamenta. Estos principios, si bien no
garantizan el alcance de acuerdos y tampoco su
cumplimiento, contribuyen a potenciar en las personas capacidades y habilidades que les permitan
76
desarrollar acuerdos creativos, coherentes con sus
necesidades e intereses.
Voluntariedad: se relaciona con la libertad de las
personas para decidir si participan o no del proceso.
El mediador no cuenta con la autoridad para obligar
a las personas a mantenerse en el proceso, en este
sentido se habla de que no existen medios coercitivos que les obliguen a participar y a permanecer en
el sistema. Para que las personas decidan voluntaria
y libremente su participación es imprescindible que
se encuentren informadas sobre el servicio que se
prestará. La importancia de este supuesto no sólo
radica en la expresión de la libertad y autonomía de
las personas, sino también en el impacto posterior
que generará en el proceso de acuerdo, ello porque
“en la medida que el proceso es voluntario, asegura
el mayor compromiso o interés en resolver el problema que afecta a las partes” (Arrué et al, 1997).
Protagonismo: alude a la capacidad que las personas participantes de mediación tienen para sentirse
y considerarse autores, agentes de las acciones que
se desarrollan y de los discursos y narrativas que se
construyen. Además, implica sentirse responsable
por las consecuencias buenas o malas de las acciones llevadas a cabo o de los dichos que cada uno
manifiesta (Suáres, 2002).
Por otra parte, el protagonismo también implica
que el profesional mediador, que guía el proceso,
reconozca en los participantes sus capacidades y
fortalezas para asumir su proceso de resolución de
conflictos.
Confidencialidad: Junto con ser uno de los principios rectores del proceso de mediación es, también
una de las ventajas que ofrece en comparación a
otras instancias judiciales, como la conciliación judicial. En mediación, las personas gozan de entera
libertad para manifestar sus intereses y sus necesidades, su percepción del conflicto y de la relación,
sin temor a que el mediador (como receptor de ciertas confidencias), sea el que finalmente resuelva y
acuerde, si ellos no logran hacerlo. Por esto mismo,
permite a las partes estar seguras y confiadas de que
nada de lo que dicen será usado en su contra en
caso de no alcanzar acuerdo en mediación y deban
recurrir a un tribunal. “Un requisito ineludible del
proceso, es que las partes y el mediador puedan
comunicarse con total libertad. Para ser efectivo, el
mediador, debe poder solicitar información y hacer
preguntas que no serían contestadas si existiera el
peligro de utilización posterior fuera de contexto”
(Palma, 1999 en Arrué et al, 1997: 45).
MEDIACIÓN FAMILIAR Y CONFLICTO: ASPECTOS CONCEPTUALES
La confidencialidad implica reserva también, sobre
los que las partes comunican en las reuniones individuales. Sólo si ellas lo permiten, el mediador puede
poner sobre la mesa en las reuniones conjuntas, los
temas abordados en las sesiones individuales.
cual se ofrece a los participantes un espacio conversacional. Dar espacio a procesos de definición de
significados, apoyados en técnicas como parafraseo,
resúmenes, reformulaciones, reencuadres, revalorizaciones y preguntas, entre otros.
Mantener la confidencialidad durante el proceso
de mediación no responde sólo a una característica
procedimental de ésta, sino que también es considerada una norma o deber ético del mediador. Sin
embargo existen ciertas excepciones en las que se
debe y puede romper el compromiso. La confidencialidad no se extiende a la información relativa a
la comisión de un crimen o a la violencia sobre - o
abuso de- niños o niñas.
Deuteroaprendizaje: es un principio poco mencionado en el proceso de mediación. Deutero proviene
del griego, y significa segundo o secundario. En
consecuencia, deuteroaprendizaje significa segundo
aprendizaje, alude a la adquisición de capacidades
que permitan solucionar conflictos futuros. En este
sentido la mediación habilita para resolver conflictos futuros, por otra parte, potencia en los sujetos
capacidades como constructores y autogestores de
sus vidas, de sus problemas y de sus soluciones.
Neutralidad: Alude a la imparcialidad y equidistancia del profesional respecto del conflicto y de
las partes involucradas. El mediador es un tercero imparcial, en tanto, no actúa unilateralmente a
favor de una de las partes. La imparcialidad está
vinculada con la posición del mediador, que no
debe favorecer a ninguna de las partes. La equidistancia puede ser entendida como “estar a igual
distancia”, es decir, no acercarse más a uno que a
otro, no tener diferentes distancias con las partes
(Suares, 1996: 151).
El deuteroaprendizaje es un producto esperado
del proceso de mediación, pero no se aprecia en el
proceso mismo, sino que se manifestaría al enfrentar conflictos futuros., en los cuales las personas
pueden hacer uso de lo aprendido, intentando resolverlos por su propios.
Aún cuando se reconoce la imposibilidad de neutralidad absoluta en ningún acto de la vida de las
personas, el mediador debe contar con la capacidad
y habilidad que le permita abordar los conflictos de
las personas sin mostrar preferencia e inclinación
por ninguna de ellas.
Acento en el futuro: la mirada hacia el futuro le da
un carácter dinámico y fluido al proceso, importa
más el futuro que el pasado. Si bien existe la opción
de revisar el pasado, con lo cual se deja anclado el
presente, también se observa la capacidad de abrir
futuro a través de la conversación, construyendo
conjuntamente realidades y soluciones. Esto no significa que se reniegue del pasado, en la medida que
por éste las partes se encuentran en mediación. Se
trata de orientar la conversación hacia el futuro.
Respeto: Supuesto básico de toda relación, que
implica reconocer al otro como un otro con necesidades, intereses y posiciones tan válidas como las
propias. El respeto va acompañado de la capacidad
de escuchar el mensaje de aquél con cual no hay
consenso.
Si bien estos principios funcionan armónicamente
complementándose unos con otros, se diferencian
en tanto algunos están referidos al proceso, otros a
los deberes éticos de los mediadores, y los últimos
son aquellos relativos a las partes y otras personas
que participan en el proceso (MINJU, 2000).
Colaboración/Cooperación: aún cuando ambos
conceptos son usados indistintamente, es preferible
referirse a la cooperación en mediación, pues es este
término el que describe el compromiso que asumen
las partes para intentar lograr un acuerdo, a lo cual
contribuye el carácter voluntario del proceso. La
cooperación en mediación implica dejar de lado la
confrontación para la búsqueda de una salida a la
disputa. Cooperar se usa en el sentido de operar con
el otro. Alude a un equipo que trabaja en conjunto
para resolver un tema en conflicto.
Dentro de los principios éticos rectores del proceso
encontramos la promoción del protagonismo de las
partes y del trabajo en conjunto para resolver por
ellos mismos sus diferencias; igualdad de las partes;
restablecimiento de la comunicación; autonomía y
respeto por las ideas de los otros.
Diálogo: a través del diálogo las partes aprenden
a resolver sus conflictos. La intervención mediadora es definida como un proceso lingüístico, en el
En cuanto a los principios relativos al desempeño
profesional de los mediadores, se destacan la imparcialidad (actitud de equidistancia entre las partes);
confidencialidad, que alude a la prohibición ética
de divulgar o ventilar asuntos tratados en mediación; deber de objetividad que implica la realización
de su labor de manera responsable y basándose en
el manejo de técnicas y habilidades.
77
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
Por último en lo que respecta a los principios éticos
de las partes, se espera que éstos mantengan una
actitud de cooperación en el transcurso del proceso,
que éste se realice en un ambiente de respeto; que
haya honestidad en el planteamiento del conflicto,
intereses y necesidades, que exista una actitud activa, flexible y perseverante y que se ponga énfasis
en el futuro.
Conflicto y mediación familiar
La mediación familiar desarrolla métodos a fin de
tratar conflictos ligados a la vida en común, pasada
o presente, en tanto ellos emergen de una historia
compartida (Milburn, 2002: 73).
Los conflictos son situaciones en que dos o más personas entran en oposición o desacuerdo, porque sus
posiciones intereses, necesidades, deseos o valores
son incompatibles o son percibidos como incompatibles, donde juegan un papel muy importante las
emociones y los sentimientos, y donde la relación
entre las partes en conflicto pude salir robustecida
o deteriorada en función de cómo sea el proceso
de resolución del conflicto (Torrego, 2000: 37). El
conflicto no necesariamente debe ser percibido de
manera negativa, pues también puede representar
una oportunidad de transformación y crecimiento
para las personas.
Ahora bien, todo acto de mediación presupone la
existencia de un conflicto o discrepancia, pero no
todo conflicto implica un acto de mediación (De
Tommaso, 1997: 31). La mediación contribuye a
regular las relaciones familiares en el marco de diferentes procesos (separación conyugal, relaciones
padres e hijos, entre hermanos, etc.), con el propósito de preservar el interés de cada uno de los
miembros de la familia.
En el campo de la mediación, el conflicto es definido
por Suares (1996) como un proceso interaccional
evolutivo que, como tal, nace, crece y se desarrolla,
que se da entre dos o más partes, en el que predominan las interacciones antagónicas y en el que los
involucrados intervienen como seres totales (con
sus sentires, pensares y haceres). Se caracteriza por
ser un proceso co-construido por las partes, que en
ocasiones puede manifestarse de manera agresiva y
que puede ser conducido por los implicados o por
un tercero.
Si bien se conocen como conflictos, Suares (1996),
hace hincapié en que deberían ser llamados procesos conflictivos, puesto que presentan diferentes
etapas o estados. Autores como Folberg y Taylor
78
(1992) señalan que es posible establecer cinco fases
en la vida de un conflicto:
1. El conflicto latente: existe cuando hay solo
una estructura de conflicto generada por
la existencia de intereses que se oponen de
manera recíproca. El conflicto puede permanecer latente indefinidamente.
2. La iniciación del conflicto: el conflicto se activa cuando sucede un acontecimiento que lo
desencadena (conflicto manifiesto).
3. La búsqueda de equilibrio del poder: las
partes en conflicto buscan equilibrar sus
posiciones a través del uso de la fuerza o de
medios coercitivos. Sin embargo, también
pueden hacerlo mediante métodos colaborativos como la mediación.
4. El equilibrio de poder: ambas partes encuentran un punto medio en el que ven
satisfechas parte de sus demandas y/o necesidades, esto a través de procesos de
resolución de conflictos.
5. La ruptura del equilibrio, se da cuando las
condiciones que permitieron el equilibrio
de poder y alcance de acuerdo en algunos
casos, varían en el tiempo generando nuevas
rupturas.
Desde lo anterior es posible conceptuar el conflicto como una divergencia de intereses, la cual es
percibida por las partes. Los intereses constituyen
sentimientos de las personas acerca de lo que es básicamente deseable, razón por la cual tienden a estar
en el centro de sus pensamientos y de sus acciones,
formando así, el núcleo de muchas de sus actitudes, metas e intenciones. Son los intereses los que
motivan a las personas constituyéndose en el resorte silencioso que subyace en el conflicto (Highton
y Alvárez,1995: 42-43). En palabras de Torrego
(2000: 39), los intereses son los beneficios que deseamos obtener a través del conflicto.
Subyacen a los conflictos necesidades insatisfechas,
las que suelen estar detrás de los intereses. Para MaxNeef (1994), las necesidades humanas revelan de la
manera más apremiante el ser de las personas, ya
que éste se hace palpable a través de ellas en su doble condición experimental: como carencia y como
potencialidad. Comprendidas en un amplio sentido,
y no limitadas a la mera subsistencia, las necesidades
patentizan la tensión constante entre carencia y potencia tan propia de los seres humanos. Concebir las
necesidades tan sólo como carencias implica restringirlas a lo puramente fisiológico o subjetivo, que es
precisamente el ámbito en que una necesidad asume
MEDIACIÓN FAMILIAR Y CONFLICTO: ASPECTOS CONCEPTUALES
con mayor fuerza y claridad la sensación de “falta
de algo”. Sin embargo, en la medida en que las necesidades comprometen, motivan y movilizan a las
personas, son también potencialidades y, más aún,
pueden llegar a ser recursos. Enfrentar los conflictos
de una manera inadecuada, conlleva insatisfacción
necesidades y muchas veces frutración, la que puede ir acompañada de sentimientos de tristeza, ira,
temor, entre otros.
Por otra parte, Torrego (2000: 39) distingue las posiciones. Éstas corresponden al estado inicial de las
personas frente a un conflicto. Es lo que inicialmente reclama cada parte. Según ellas, responder a sus
posiciones les hará sentirse satisfechos. Responden
a la pregunta ¿qué quieres?. Las posiciones suponen
la cubierta de lo intereses y, frecuentemente, inhiben la comprensión del problema.
Centrarse en el análisis de las posiciones no es fructífero, pues detrás de ellas siempre vamos a encontrar
necesidades, que como ya se señaló revelan de la
manera más apremiante el ser de las personas.
NECESIDADES
INTERESES
Contexto del
Conflicto
Conflicto interno
al sistema
Conflicto entre
Sistemas
Individuo
Conflicto
intrapersonal
Conflicto
interpersonal
Grupo
Conflicto
intragrupal
Conflicto
intergrupal
Organización
Conflicto interno
a la organización
Conflicto
entre
organizaciones
Estado
Conflicto
intranacional
Conflicto
internacional
Nivel de
conflicto
En el conflicto intrapersonal el individuo se siente
presionado por expectativas o demandas contradictorias. En su origen está la presión por la decisión.
Lewin (1951 en Rodríguez, 2001: 193) clasifica
estas decisiones conflictivas en tres categorías:
• Atracción/
Atracción
Elección entre dos alternativas
igualmente atractivas
• Atracción/
Rechazo
Elección de un curso de acción
desagradable a cambio de un premio o
recompensa que es atractivo.
• Rechazo/
Rechazo
Elección de un curso de acción
desagradable para evitar el castigo o una
situación también desagradable
POSICIONES
Por lo anterior en mediación familiar es necesario
que, luego de conocer las posiciones de cada parte,
se identifiquen los intereses y las necesidades de éstas, de modo de lograr una mejor negociación.
Cualquier método de negociación debe juzgarse conforme a tres criterios: debe conducir a un
acuerdo sensato si el acuerdo es posible. Debe ser
eficiente. Y debe mejorar o por lo menos no deteriorar la relación entre las partes. (Un Acuerdo
sensato, puede definirse como aquel que satisface
los interese legítimos de ambas partes dentro de
lo posible, que resuelve los conflictos de intereses
con equidad, que es durable, y que tiene en cuenta
los intereses de la comunidad (Fisher R., Ury W.,
Patton B., 1994: 4).
Clasificación de los conflictos
Los conflictos se pueden clasificar según el tipo de
sistemas involucrados, y entre éstos es posible distinguir distintos niveles de conflictos (Rodríguez,
2001: 193):
También es posible clasificar los conflictos según la
visibilidad en:
• Conflictos latentes
• Conflictos manifiestos
Como se señaló anteriormente, de acuerdo a Folberg
y Taylor, 1992 se habla de conflicto latente cuando
existe sólo una estructura de conflicto caracterizada por la presencia de intereses opuestos entre las
personas y, si bien existen diferencias entre éstas,
el conflicto propiamente tal, aún no se manifiesta.
Un conflicto puede mantenerse latente indefinidamente, siendo posible y esperable que suceda algún
acontecimiento que lo desencadene y permita su
manifestación. Cuando esto sucede, el conflicto se
ha vuelto manifiesto para las partes y también para
quienes les rodean.
“El conflicto latente es desconocido y, por consiguiente no puede ser tratado. Una de las formas
de intentar el tratamiento de un conflicto latente
79
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
estriba en buscar formas de hacerlo manifiesto” (Rodríguez, 2001: 202).
se apoyan” (Walton, 1988, en: Higthon y Alvárez,
1995: 47).
Otras clasificaciones, nos permiten agrupar los conflictos según:
• La frecuencia: conflictos esporádicos, escasos
y permanentes.
• El tipo: conflictos de valores, de intercambios,
de metas, de distribución, entre otros.
Otros beneficios del conflicto son ( Pruitt y Rubin,
1992: 23):
• Al ejercer presión a favor de la innovación, la
creatividad y la transformación de las relaciones, se opone a la osificación del sistema.
• Al abordar los conflictos en toda su complejidad es más probable obtener mejores
soluciones. Por el contrario, si se impide el
curso natural de un conflicto, se puede llegar a
tomar decisiones prematuras sinónimo de decisiones pobres y de peores soluciones.
• Enfrentar los conflictos, es necesario para alcanzar la justicia. Desde el sistema social más
pequeño y en situaciones de desequilibrio de
poder, en ocasiones se impide que el conflicto
emerja, lo que da lugar a situaciones de opresión y de injusticia.
Se entiende por resolver los conflictos el proceso
que, a diferencia de manejarlos o gestionarlos, nos
conduce hasta sus causas profundas. No obstante, la resolución de un conflicto no implica que a
continuación no surjan otros. En la medida en que
se interacciona, siguen apareciendo conflictos que
ofrecen oportunidades para avanzar o retroceder,
dependiendo de cómo se enfrenten y los caminos
de solución que se escojan.
El reto que plantea, entonces, el reconocimiento de
los conflictos en la vida cotidiana de los individuos
y su importancia en el desarrollo de las relaciones
y el mantenimiento de la sociedad, será aprender a
cómo enfrentar y resolverlos de una manera constructiva. Esto implica no sólo el reconocimiento
del conflicto, sino también comprender qué es el
conflicto y conocer sus componentes, así como
desarrollar actitudes y estrategias que permitan resolverlos.
Visión positiva del conflicto
Highton y Alvárez (1995) señalan que en las últimas décadas la sociedad ha comenzado a considerar
el conflicto desde una visión positiva, como generador de energía, fuerza y un elemento vitalizador
de la innovación y el cambio. Incluso señalan que
el conflicto es deseable, en la medida que de existir,
significa que los seres humanos están en relación,
en contraste con la indiferencia.
Desde este enfoque el conflicto presenta importantes beneficios como factor de cambio, de hecho
se señala que “en muchos casos, las diferencias interpersonales, la competencia, la rivalidad y otras
formas de conflicto tienen un valor positivo para
los participantes y para el sistema social o la organización donde ocurren. Un nivel moderado
de conflicto interpersonal puede aumentar la motivación y la energía: el conflicto puede alentar la
innovación de los individuos y del sistema gracias
a que propicia una mayor diversidad de puntos de
vista (...) permitiendo a las personas, conocer mejor
las propias posiciones ya que el conflicto les obliga
a fundamentar y a sustentar los argumentos en que
80
Desde esta visión positiva del conflicto éste no sería
el problema, sino la forma de enfrentarlo. El énfasis
está puesto, entonces, en como reaccionamos frente
a una situación conflictiva
Estilos de enfrentar conflictos
Cuando un conflicto se hace manifiesto es posible
distinguir en las personas ciertos comportamientos
o conductas típicas: competir o contender; ceder
o conceder; convenir; colaborar y resolver problemas; evitar, no hacer nada o retirarse (Torrego 2000;
Higthon y Alvárez, 1995). Estos comportamientos
no son excluyentes, sino más bien constituyen estrategias que pueden ser usadas por las partes en
conflicto en distintos momentos de éste, y son productos de la relación que se da entre dos variables
que intervienen en un conflicto, a saber:
• la preocupación por los objetivos y metas propios,
• la preocupación por los deseos del otro u
otros.
En la práctica estos modos de enfrentar surgen debido a la combinación de ambas variables y de la
importancia que las personas le dan a cada una de
ellas.
1. Competir o contender: perseguir los objetivos personales a costa de los otros, sin
detenerse a pensar en los demás. “El que usa
esta estrategia, trata de resolver el conflicto
en sus propios términos, mantiene sus propias aspiraciones y trata de persuadir al otro
para que ceda. Hay diversas formas de tratar
MEDIACIÓN FAMILIAR Y CONFLICTO: ASPECTOS CONCEPTUALES
de imponer la solución preferida por la propia parte a la contraria. Las tácticas incluyen
las amenazas, los castigos o represalias que
pueden quedar sin efecto sin el otro se allana”
(Highton y Alvárez, 1995: 72)
2. Acomodarse, ceder o conceder: supone supeditar los propios deseos, anhelos y satisfacciones
a los de la otra parte. Uno resigna parte de sus
aspiraciones y el otro las satisface.
3. Contemporizar o convenir: alude a un claro
regateo en el que se observan ofertas y contraofertas. Existe una concesión parcial por
parte de las personas involucradas en el conflicto, de este modo ambos ceden algo de su
posición originaria para acordar con el otro y
satisfacer alguno de sus propósitos. Ambas se
acomodan y logran diseñar un acuerdo.
4. Colaborar y resolver problemas: implica un
nivel de unos y otros en la búsqueda de un
objetivo, supone explorar el desacuerdo, generando alternativas comunes que satisfagan
a ambas partes. Se parte del convencimiento
que es factible y además deseable, desde un
plano de reflexión ético, superar la aparente
dicotomía entre lo “mío” y lo “tuyo”. (Torre-
go, 2000: 45). Si al convenir las partes se
dividen el campo de la negociación, cuando
se logra la colaboración este campo se amplía. Este comportamiento ha de satisfacer
a todos los involucrados, en todos o la mayoría de sus intereses reales. Para lograrlo
“las partes deberán trabajar juntas para trascender la posición originaria -de la primera
oferta y contraoferta- haciendo una investigación real de los intereses y necesidades
que hay detrás de ellas, generando nuevas
alternativas, con lo que se incrementará el
campo de la negociación” (Higthon y Alvárez, 1995: 73)
5. Evitar, no hacer nada o retirarse: actitud básica que se caracteriza por no afrontar los
problemas; se evitan o posponen los problemas. Esto demuestra desinterés tanto por la
metas propias como por la del otro u otros.
Evitar, puede constituir en ocasiones, una
estrategia temporal que deja abierta la posibilidad de reasumir el conflicto y otra conducta
en el futuro. Sin embargo, evitar también
puede implicar el abandono definitivo del
conflicto.
ACTITUDES FRENTE AL CONFLICTO
(Suares, 2002:63)
COMPETIR
PREOCUPACIÓN
POR UNO MISMO
COLABORACIÓN
CONTEMPORIZAR
EVITAR
ACOMODARSE
PREOCUPACIÓN POR EL OTRO
81
FABIOLA CORTEZ-MONROY Y MARÍA OLGA SOLAR
Finalmente, al enfrentarse a un conflicto conviene
tener presente algunas premisas que al respecto
identifica Laurent-Boyer (1992):
• El conflicto puede ser positivo. Esta premisa es
coherente con la concepción moderna de los
conflictos, la que preconiza la necesidad del
conflicto como un elemento de la calidad de
vida de toda organización. En esta perspectiva,
el conflicto no debe ser evitado o suprimido,
sino más bien administrado con eficacia (Lévesque, 1992: 5).
• Ante la presencia de un conflicto, casi todas las
personas desean llegar a un acuerdo.
• Los mejores acuerdos se logran cuando negocian las mismas personas implicadas en el
conflicto.
• La mediación en conflictos familiares debe
considerar el presente, pero también debe estar orientada hacia el futuro, de modo que los
acuerdos reflejen cabalmente las necesidades
de las partes.
• Las necesidades y las condiciones de vida de
las partes en conflicto cambian, por lo tanto
es importante de considerar un mecanismo de
revisión permanente.
Bibliografía
ARRUÉ, A. et al, Investigación exploratoria acerca del
proceso y resultados de la aplicación de la mediación
como técnica alterativa de resolución de conflictos en
el ámbito judicial. Estudio de Finalización de carrera,
Santiago, P. Universidad Católica de Chile, Escuela de
Trabajo Social, 1997.
BEN MRAD, F., Sociologies des practiques de médiation.
Entre principes et compétences, Paris, L’Harmattan,
2002.
DE TOMMASO A, Mediación y Trabajo Social, Buenos
Aires, Espacio, 1997.
Diccionario de Mediación disponible en http://www.diccionariomediacion.es.vg/
FISHER R., URY W., PATTON B., Sí ... ¡De a cuerdo!. Cómo negociar sin ceder, Colombia, Carvajal S.A.,
1994.
FOLBERG J., TAYLOR A., Mediación. Resolución de
conflictos sin litigio, México, Limusa, 1992.
FONKERT R., Mediación padres adolescentes: recurso
alternativo a la terapia familiar de conflictos en familias
con adolescentes, en Fried Schnitman, D., Schnitman J.
(Compiladores) Resolución de conflictos. Nuevos diseños, nuevos contextos, Buenos Aires, Granica, 2000
FRIED SCHNITMAN, D. (Compilador) Nuevos paradigmas en la resolución de conflictos. Perspectivas y
prácticas, Buenos Aires, Granica, 2000.
GUILLAUME-HOFNUNG M., La Médiation, Paris,
Que sais-je, PUF, 1995.
HIGHTON, E. Y ÁLVAREZ, G., Mediación para resolver conflictos, Buenos Aires, Ad- Hoc, 1995.
LEDERACH J., ABC de la paz y los conflictos, Madrid,
Catarata, 2000.
LEVESQUE J., L’utilisation positive des conflits et la
mediation, en Intervention, Revue de la Corporation
Professionnelle des Travailleurs Sociaux du Québec, N°
91, mars 1992.
LOURENT-BOYER L., La médiation familiale: définition, cadre théorique, bienfaits, pour la famille et étude
de modèles, en Lourent-Boyer L. (coordinadora), La
médiation familiale, Québec, Yvon-Blais, 1992.
MAX-NEEF M., Desarrollo a escala humana, Barcelona,
Icaria, 1994.
MILBURN P, La médiation: expériences et compétences, Paris, La Découverte, 2002.
MOORE, C.: “The Mediation Process”, San Francisco,
California, Jossey Bass Publishers, 1996.
RODRÍGUEZ, DARÍO. Gestión Organizacional. Elementos para su estudio. Ediciones Universidad Católica
de Chile. Santiago de Chile, 2001.
SUARES M, Mediación, conducción de disputas, comunicación y técnicas, Buenos Aires, Paidós, 1996.
TORREGO J. (Coordinador), Mediación de conflictos
en instituciones educativas, Madrid, Narcea, 2000.
FECHA DE RECEPCIÓN: diciembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
82
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 83-97
Observaciones de teorías éticas en los
procesos argumentativos de trabajadores
sociales
Ethical theories observations of argumentative
processes led by social workers
PATRICIO MIRANDA1
Resumen
El foco de esta investigación lo constituye el rol de las teorías éticas en los procesos decisionales
de trabajadores sociales. Se comparan los hallazgos en Chile con los de la investigación de R.
Osmo, y R. Landau, realizada en la Paul Baerwald School of Social Work de The Hebrew University
of Jerusalem en Israel. Se examinan los argumentos de 103 trabajadores sociales en Chile relativos
a sus opciones en términos de principios éticos en general y dilemas éticos en particular.
Palabras claves: argumentación ética - valores- decisiones - Trabajo Social
Abstract
The focus of this investigation is constituted by the role of the ethical theories in the decision making processes of social workers. The results of a research in Chile are compared with the results
of the investigation of R. Osmo, and R. Landau, carried out in the Paul Baerwald School Social
of Work of The Hebrew University of Jerusalem in Israel. The arguments of 103 social workers in
Chile are examined considering their options in terms of general ethical principles and particular
ethical dilemmas.
Key words: ethical argumentation - values - decisions - Social Work
Introducción
El foco de esta investigación lo constituye el rol de las
teorías éticas en los procesos decisionales de trabajadores sociales. Este vínculo ha sido objeto de una
investigación específica en la Paul Baerwald School
of Social Work de The Hebrew University of Jerusalem en Israel, desarrollada por R. Osmo, PhD y R.
Landau, PhD. Estas autoras centraron su atención
en las argumentaciones de trabajadores sociales,
observando la correspondencia de sus estructuras
argumentativas con formas de teorías éticas específicas, específicamente, de carácter deontológico o
teleológico. Los interrogantes directrices de la indagación empírica apuntaban a determinar cómo
justifican los trabajadores sociales sus decisiones
y elecciones; cómo formulan sus argumentos; cuáles son los términos que utilizan; que relación de
derivación guardan tales términos con uno o más
esquemas de teorías éticas.
1
Como se deriva de los interrogantes, se trata de
una investigación empírica sobre cuestiones éticas
en los procesos argumentativos. Esta delimitación
del objeto de investigación la circunscribe en los límites del enfoque empírico- analítico. Razón más
que suficiente para cuidar de caer en la clásica falacia naturalista de derivar juicios de valor a partir
de juicios de hecho. Desde el momento en que se
asume que “lo moral no puede ser identificado con
ninguno de los fenómenos naturales que afectan la
vida humana” (Cortina & Martínez, 2001:108), se
torna imperativa una vigilancia epistemológica que
cuide de la tentación (muy cara a toda forma de empirismo) de resolver cuestiones éticas sustantivas en
trabajo social a partir de estudios empíricos de argumentaciones éticas de trabajadores sociales.
Pero la imposibilidad lógica de fundar juicios de
valor a partir de juicios de hecho no torna trivial
ni irrelevante el análisis empírico de los procesos
Subdirector de Docencia. Escuela de Trabajo Social [email protected]
83
PATRICIO MIRANDA
de argumentación ético. Concordando con Osmo
& Landau en que la percatación de sus propios
puntos de vista moral por parte de los trabajadores sociales aparece como un indicio de su mayor
o menor reflexividad en su quehacer profesional,
indagaciones de esta naturaleza contribuyen a los
procesos de elucidación del trabajo social: pensar lo
que se hace y saber lo que se piensa (Castoriadis, en
Heler,2002).
Para los trabajadores sociales no sólo la conciencia
ética es una parte necesaria de su práctica profesional
(IFSW, 2004), sino que se espera de ellos que estén
preparados para explicar sus decisiones basadas en
consideraciones éticas, y que sean responsables de
sus elecciones y acciones (IFSW, 2004). Allí precisamente se sitúa el foco de esta indagación, en
el escrutinio de las consideraciones éticas que los
trabajadores sociales despliegan cuando se ven enfrentados a la necesidad de justificar sus puntos de
vista y sus decisiones.
Como anotan Osmo & Landau, los trabajadores
sociales necesitan “identificar sus propios valores
personales” (Loewenberg, Dolgoff & Harrington,
2000, p.133), para comprenderse como seres éticos (Abramson, 1996), para comprometerse en
una argumentación explícita que puede hacer una
contribución significativa a la calidad de la toma de
decisiones (Osmo y Landau, 2001), y para tomar
una posición más crítica hacia su trabajo profesional
(Gambrill, 1997; Mattison, 2000). Una intervención
social reflexiva demanda “el escrutinio explícito de
los temas y la justificación explícita de los procesos
de toma de decisiones” (Osmo & Landau, 2004) en
cuestiones, problemas y/o dilemas (Banks, 1997).
Goldstein “exige que los trabajadores sociales ofrezcan argumentos articulados para sus preferencias
en términos de principios éticos cuando se enfrentan con distintos dilemas éticos” (Osmo & Landau,
2004). Esta explicitación adquiere mayor relieve a
la hora de asumir el imperativo ético que para los
profesionales significa el tener que dar cuenta de
sus intervenciones profesionales, de sus fundamentos, procesos y resultados.
El elucidar sus argumentos en la toma de decisiones
expone a los trabajadores sociales al pensamiento
crítico y al escrutinio público, así como permite el
examen de las deliberaciones implícitas que guían
a los profesionales (Osmo & Landau, 2004) y que
aun atemáticamente están teóricamente configuradas. De allí que tenga sentido el solicitar a los
profesionales “que justifiquen sus juicios morales”
(Banks, 1997:24).
84
Para el estudio de la argumentación Osmo & Landau siguen de cerca los desarrollo de Toulmin, para
quien “la argumentación es un acto de formación
de una racionalidad, de diseño de conclusiones y de
su aplicación en discusiones y decisiones” (Toulmin
en Osmo & Landau, 2004). En la perspectiva teórica de Toulmin un argumento se estructura sobre
la base de dos componentes principales o postulados: uno que muestre una visión particular y por lo
menos uno que especifique razones para esa visión.
Un argumento comunica una visión fundada. No
es una mera enunciación. “Cuando discutimos, no
sólo decimos lo que pensamos, sino también por
qué lo pensamos” (Osmo & Landau, 2004). Un argumento ofrece al interlocutor la posibilidad, o más
bien lo pone en situación, de tener que elaborar un
juicio crítico, tomar una posición de acuerdo o desacuerdo. La toma de decisiones frente a cuestiones,
problemas y/o dilemas éticos (Banks, 1997) se desarrolla sobre la base de procesos de argumentación
-si bien no siempre explicitados ni sometidos a la
crítica racional. La argumentación es así, “un elemento importante en la toma de decisiones éticas”
(Osmo & Landau, 2004).
El preguntarse por el tipo de perspectivas, pautas o,
más precisamente, por el punto de vista moral que los
ayudan a evaluar y justificar decisiones concernientes
a distintas cuestiones éticos-morales que convergen
en su quehacer profesional, constituye -al decir de
Rhodes (1998)- un deber para los trabajadores sociales. Cooper (1993) observa que la justificación se
refiere al sistema de creencias o teoría que está siendo usado para dar sentido a nuestra forma de vida
(Osmo & Landau, 2004). Pero no ha de entenderse
que con el relevar en esta indagación la importancia
del estudio de la argumentación se busque con ello
reeditar la creencia según la cual “la única ética posible sería la indagación de la lógica de los argumentos
morales y el análisis del lenguaje moral” (Cortina,
2001:107).Con esta investigación no se quiere hacer
un guiño al empirismo al modo de un Tughendat en
el marco de la ética analítica (Sádaba, 1989).
No obstante la importancia que la argumentación
tiene para el proceso de toma decisiones éticas, la
investigación empírica hecha desde el trabajo social
(ver Jansson and Dodd, 1998) sobre argumentación
en la toma de decisiones éticas (ver Osmo y Landau, 2001) es aún incipiente. En el caso chileno en
particular no se cuenta con un acumulo de investigaciones específicas sobre estos procesos.
Aún cuando en la literatura especializada en temas
de ética en trabajo social se pueden reconocer diver-
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
sos modelos de toma de decisiones éticas (Reamer,
1990; Rhodes, 1986; Loewenberg, Dolgoff y Harrington, 2000; Congreso, 1999; Matisson, 2000;
Sánchez Vidal,1991), aún se sabe muy poco acerca del proceso actual de las argumentaciones de
los trabajadores sociales cuando son demandados
a justificar sus principios éticos y/o confrontados
por dilemas éticos en la práctica (Osmo & Landau,
2004). ¿Cómo justifican los trabajadores sociales sus
decisiones y elecciones? ¿Cómo formulan sus argumentos? ¿Cuáles son los términos que utilizan? ¿Son
estos términos consistentes con uno o más marcos de
teorías éticas? ¿Difieren estos argumentos según los
contextos culturales? Son todos interrogantes para
los cuales no se cuenta con estudios especializados.
El esfuerzo de observar teorías éticas en las estructuras argumentativas de trabajadores sociales conecta
con la discusión sobre las clasificaciones éticas. De
la confrontación entre las teorías éticas en el largo
decurso de la razón práctica ha surgido un cúmulo
de clasificaciones éticas: descriptivas y normativas,
de móviles y de fines, de bienes y de fines, materiales y formales, autónomas y heterónomas, de bienes
y de valores, deontológicas y teleológicas, de la intención y de la responsabilidad, cognitivistas y no
cognitivistas, naturalistas y no naturalistas, comunitaristas y universalistas, nomológicas y dialógicas,
de máximos y de mínimos. Esta diversidad abierta
de clasificaciones éticas es reflejo tanto de los diversos enfoques filosóficos como de los diversos
aspectos destacados en el fenómeno de la moralidad. Cada una de estas clasificaciones vienen siendo
modos lógicos bajos los cuales se busca reconstruir
la acción moral (Cortina, 2001:105).
De acuerdo a Osmo & Landau, las teorías éticas en
la literatura del trabajo social pueden ser divididas en
dos grupos mayores de manera de ayudar a los trabajadores sociales a reconocer y entender los principios
en los cuales están basadas sus decisiones éticas (e.g.,
Matisson, 2000; Reamer, 2001): (1) Teorías deontológicas, que plantean que ciertos tipos de acción
son inherentemente correctas o incorrectas, como
una cuestión de principio. Este grupo de teorías se
focaliza en satisfacer los propios deberes; respetar los
derechos y la autonomía de otros y el tratar a otros
con justicia igualitaria. (2) Teorías teleológicas, que
postulan que ciertas acciones deben ser realizadas
porque son buenas a razón de sus consecuencias.
Una orientación teleológica que ha influido al trabajo
social es la teoría utilitarista (Reamer, 2001).
Banks (2001) identifica dos tipos de teorías éticas:
81) aquellas que se focalizan en principios de acción,
como las orientaciones deontológicas (e.g. respeto
por la persona individual y el reconocimiento de los
derechos de libertad de los usuarios en la toma de
sus propias decisiones y elecciones) y utilitaristas
(e.g. utilidad y justicia). (2) aquellas que se focalizan
en el carácter de los agentes morales y las relaciones
que se dan entre ellos, como la ética de la virtud y
la ética del cuidado. Más adelante, Hinman (1994)
introduce la teoría ética de los derechos como una
de las teorías éticas contemporáneas. Con todo, las
teorías éticas que esta investigación supone no agotan el arco semántico de la ética en sus desarrollos
actuales. Además ellas no han ser tratadas como
recíprocamente excluyentes. ¿Cómo desconocer la
dependencia que el desarrollo de la teoría de los derechos ha tenido respecto de la ética kantiana?; por
nombrar sólo un caso de solapamiento.
Osmo & Landau asumieron en su investigación la
perspectiva de Banks lo que les permitió ampliar el
registro teórico dando cabida a “un número de teorías éticas relevantes para el trabajo social, en adición
a aquellas teorías éticas más citadas en la literatura
del trabajo social: teorías éticas de la virtud, el cuidado y los derechos” (Osmo & Landau, 2004).
Cada una de estas teorías, al menos en su versión
más fuerte, reclama ser exclusivamente correcta. De
acuerdo a Banks la teoría ética kantiana “tiende a
enfatizar a la persona individual y sus derechos y
deberes, particularmente los principios de libertad
y justicia” (Banks, 1997:47). Al decir de Hinman
la teoría deontológica alega que “la moralidad es
un asunto de tener la intención correcta, una que
puede ser deseada universalmente para todos los
seres humanos”. En tanto, la teoría ética utilitarista -al decir de Banks- “remarca la noción del bien
público, prestando atención a las consecuencias
de las acciones en relación a los principios de utilidad y justicia” (Banks, 1997:47). Para Hinman, la
teoría utilitarista reclama que “la moralidad es solamente un asunto de consecuencias”; la “teoría de
los derechos ve los temas morales como temas de
derechos y deberes correspondientes para respetar
los derechos de otros”, y la “teoría de la virtud mantiene que la moralidad es primeramente un asunto
de carácter” (Hinman, esto es, el tener las virtudes
morales de alguien que actúa por motivos adecuados como el actuar con respeto, y benéficamente y
con equidad (Beauchamps & Childress, 1994). La
ética del cuidado, relacionada a la ética de la virtud
en algunos aspectos, se focaliza en un conjunto de
rasgos que son valorados en relaciones personales
cercanas: compasión, simpatía, fidelidad, y así otros
(Beauchamps & Childress, 1994).
85
PATRICIO MIRANDA
Esta investigación examina los argumentos de trabajadores sociales en Chile para sus preferencias de
principios éticos en general y específicamente en
el contexto de distintas situaciones que contienen
dilemas éticos (profesional y personal). Los argumentos de los trabajadores sociales son examinados
en términos de las 5 teorías éticas referidas diferenciando al interior de la deontológica las de carácter
monológico y dialógico. Se busca responder las siguientes preguntas:
¿Los argumentos de trabajadores sociales reflejan
una o más teorías éticas en sus elecciones de principios éticos?
¿Los argumentos de trabajadores sociales reflejan
diferentes teorías éticas en diferentes situaciones
prácticas?
¿El contenido de los argumentos de trabajadores
sociales es congruente con el contenido de los principios éticos en términos de teorías éticas?
¿Difiere el modo en que se reflejan las teorías éticas
en las argumentaciones de trabajadores sociales de
Chile e Israel?
La investigación que se llevó a cabo el año 2005,
sobre la base de una muestra de 103 trabajadores
sociales seleccionados en la Región Metropolitana
desde diversos ámbitos de desempeño profesional,
requirió a los participantes el ranguear una lista de
12 principios éticos del Trabajo Social, solicitándoles las argumentaciones que justificaban la selección
de los tres primeros así como la del último. La compilación de principios, se elaboró a partir de la
revisión de bibliografía relevante del trabajo social
(Bloom, 1990; Loewenberg, Dolgoff & Harrington,
2000; Reamer, 2001). Seguidamente, a los trabajadores sociales que componían la muestra, se les
presentaron dos dilemas éticos asociados a situaciones prácticas (por ejemplo, embarazo de una
adolescente que no desea que su familia conozca
su condición); ¿cómo decide aquí el trabajador social? Ante los dilemas, se les requirió a priorizar los
principios para su decisión demandándoles simultáneamente las argumentaciones desde las cuales
fundamentaban sus decisiones éticas.
Metodología
Diseño
En lo fundamental se sigue la metodología que sustentó la investigación de Osmo & Landau. De este
modo se buscó garantizar la comparabilidad en los
hallazgos de investigación.
86
El diseño fue de carácter no experimental, correspondiendo específicamente a una investigación
social mediante encuesta (Cea D’Ancona, 2001:
239-291). Los trabajadores sociales seleccionados
en la muestra fueron entrevistados en sus trabajos,
sobre la base de una adaptación del cuestionario
estructurado desarrollado por Osmo & Landau
(2003).
Instrumento
De manera de asegurar la comparabilidad de los resultados, el instrumento estuvo constituido por un
cuestionario semiestructurado basado en el elaborado por Osmo & Landau. El instrumento adaptado
fue validado por el equipo investigador del Israel,
no obstante se hizo la observación sobre la posibilidad de que las preguntas iniciales relativas al marco
de referencia, pudieran generar algún tipo de sesgo
en las argumentaciones.
El instrumento fue sometido a un proceso de pretest
del que se derivó la necesidad de algunas modificaciones formales.
La pauta de entrevista elaborada sigue la siguiente
estructura:
1. De manera de poder contar con un marco interpretativo de los datos generados en
la encuesta, se optó por iniciar la entrevista
explorando el marco de referencia de los entrevistados a través de 5 preguntas abiertas
relativas a los significados de la ética, y de los
principios y dilemas éticos, además de indagar en aquellos que fueran más comunes en
el quehacer del trabajador social. Estos resultados serán comunicados en otro artículo.
2. En un segundo ítem de la entrevista, se solicitó a los participantes ranguear una lista
de principios adaptada de aquella elaborada
por Osmo & Landau a partir de bibliografía
relevante del Trabajo Social (Bloom, 1990;
Loewenberg, Dolgoff & Harrington, 2000;
Reamer, 2001). Se les presentaron los doce
que se indican:
1. El principio de equidad e inequidad
postula que los trabajadores sociales tratan de igual manera a las personas que
se hayan en las mismas circunstancias
o en situaciones equivalentes; al mismo tiempo, tratan de manera diferente
a personas que se hayan en situaciones
disímiles, si la inequidad es relevante de
ser considerada.
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
2. El principio de justicia básica postula
que los trabajadores sociales articulan
las múltiples necesidades e intereses de
los usuarios con las posibilidades y recursos disponibles, conforme a criterios
de justicia.
3. El principio de privacidad y confidencialidad postula que los trabajadores
sociales tienen en cuenta los principios de
derecho a la intimidad, confidencialidad
y uso responsable de la información.
4. El principio de protección de la vida
postula que los trabajadores sociales
reconocen el derecho a la vida como el
más básico de todos los derechos.
5. El principio del bien o interés de los
individuos postula que los trabajadores
sociales trabajan en estrecha colaboración con los clientes y usuarios, y en
interés de los mismos, pero prestando
el debido respeto a los intereses de las
demás personas involucradas.
6. El principio de veracidad y acceso a la
información postula que los trabajadores sociales toman decisiones prácticas
que les permiten hablar con la verdad y
revelar toda información relevante para
sus clientes y para otros profesionales.
7. El principio de autonomía y libertad
personal postula que los trabajadores
sociales respetan y fomentan el derecho
de los clientes a la autodeterminación
y asisten a los clientes en sus esfuerzos
para identificar y clarificar sus objetivos.
8. El principio de calidad de vida postula
que los trabajadores sociales promueven
una mejor calidad de vida para todas
las personas, tanto para los individuos
como para la comunidad.
9. El principio de provisión de necesidades humanas básicas postula que los
trabajadores sociales orientan su acción
a la satisfacción de necesidades humanas básicas.
10. El principio del bien o interés de lo
público postula que los trabajadores
sociales orientan su acción hacia la provisión de bienes públicos.
11. El principio de menor daño postula
que al enfrentarse a dilemas que tienen
el potencial de causar algún daño, los
trabajadores sociales procuran evitar,
prevenir, reducir o reparar dicho daño.
12. El principio de obligación de obedecer
la ley y las regulaciones postula que el
trabajador social enmarca su quehacer en
el respeto a las leyes y regulaciones institucionales.
Los entrevistados debieron indicar el grado de ayuda que cada uno de los principios le prestaba en
su quehacer profesional. Asimismo, se les solicitó
ordenar en importancia estos doce principios éticos
y explicitar las razones del orden escogido para los
tres principios que consideraron más importantes y
para aquel que consideraron menos importante.
3. Posteriormente, se buscó observar cómo los
trabajadores sociales argumentan respecto
a dilemas éticos concretos, primero desde un
punto de vista profesional y luego desde un
punto de vista personal. Aquí el entrevistado
se enfrentó a dos situaciones prácticas donde
se les requirió priorizar los principios éticos
para su decisión demandándoles simultáneamente las argumentaciones desde las cuales
fundamentaban su elección de los dos primeros principios escogidos que podían guiarle
en la solución del dilema.
El primer dilema ético describía una situación
práctica donde una adolescente embarazada
de 14 años no quiere que sus padres se enteren de su condición (una versión modificada
de un caso descrito en Loewnberg & Dolgoff,
1992: 40). El segundo dilema describía una
familia de tres generaciones donde la abuela
de 70 años vive con la familia de su hija(o).
Ella se vuelve el centro del conflicto entre la
pareja. El único hogar de ancianos que el trabajador social encuentra adecuado es mucho
menos deseable para ella que la casa familiar
(Loewnberg & Dolgoff, 1992: 192).
Estas viñetas fueron seleccionadas por Osmo
& Landau porque los dilemas parecían en su
contenido adecuados para ser discutidos desde distintas perspectivas éticas. A diferencia
de la investigación de estas autoras, ambos
dilemas fueron presentados a la totalidad de
los entrevistados, debiendo el primero ser
abordado desde un punto de vista profesional y personal, y el segundo sólo desde un
punto de vista profesional.
87
PATRICIO MIRANDA
4. Las entrevistas fueron administradas por el
investigador asistente y alumnos integrantes
del equipo investigador, previamente sometidos a un proceso de entrenamiento.
5. Las entrevistas fueron grabadas y aplicadas entre los meses de agosto y octubre de
2005. La administración de la forma final del
cuestionario requirió alrededor de 30 a 40
minutos.
6. La confiabilidad del instrumento y de la
construcción de las codificaciones fue determinada sobre la base de categorizaciones
cruzadas entre tres miembros del equipo investigador.
Muestra
El diseño muestral sigue en lo fundamental el de
Osmo & Landau, no obstante se amplió la base
empírica. El diseño corresponde a un muestreo
estratégico (Cea D’Ancona, 2001:220-221), de carácter no probabilístico. Las unidades muestrales
fueron seleccionadas de acuerdo al criterio correspondiente a una muestra constituida por sujetos-tipo
(Hernández, 1994: 232), ello atendida su relevancia
en investigaciones donde el objetivo es la riqueza,
profundidad y calidad de la información y no la cantidad, y estandarización (Hernández, 1994: 232).
Para favorecer la comparabilidad con la población
objeto de la investigación realizada en Israel, se
seleccionó una muestra de tamaño similar (aproximadamente 60) de entre trabajadores sociales que
en la realidad chilena se ven enfrentados a dilemas
como los descritos. De acuerdo a la realidad de los
ámbitos de desempeño profesional de los trabajadores sociales en Chile, se seleccionaron, además, 15
casos de cada uno de los siguientes ámbitos: municipio, empresa, organismos del Estado (ministerios,
programas, etc.). La muestra estuvo constituida por
trabajadores de la Región Metropolitana. El tamaño
muestral final fue de 103 casos.
La distribución por sexo de la muestra es la siguiente: Un 85.6% es de mujeres y un 14.4% es
de hombres. Este resultado se corresponde con la
distribución de la matrícula total de los trabajadores
sociales en Chile donde un 85% son mujeres y un
15% son hombres (ver en www.futurolaboral.cl).
El 57.8% de las mujeres declaró estar casadas,
31.3% solteras, 1.2% viuda y 9.6% separada de hecho o anulada.
En el caso de los hombres, un 73,3% declaró estar
casado, un 26.7% soltero y para las otras categorías
no se presentaron casos.
88
El tiempo promedio que llevaban los informantes
en sus trabajos actuales fue de 5.89 años (SD =
6.425; rango 1 - 27).
Los ámbitos de desempeño laboral se distribuyen
de la siguiente manera: 12.4 % en el área de Salud,
10.5% Red SENAME, 15.2% Familia, 4.8% Adultos
mayores, 3.8% municipios, 17.1% Empresas, 9.5%
Políticas públicas, 6.7% Área Comunitaria, 5.7%
Área Académica. Un 10.5% se desempeña en otros
ámbitos y de un 3.8% de la muestra no se obtuvo
información.
Análisis de contenido de los argumentos
Las siguientes instrucciones de codificación fueron
especialmente construidas por Osmo & Landau
para analizar los argumentos:
1. Indicar si el informante incluyó razones para
el rankeo de un principio ético dado en su
argumento.
2. Indicar si el contenido de los argumentos
para el rankeo de un principio ético dado
se relaciona con una o más de las 5 teorías
éticas identificadas: utilitarista; deontológica;
de los derechos; de la virtud; del cuidado, o con
valores personales o profesionales.
Siguiendo en la línea de Osmo & Landau, cada
declaración en la respuesta fue codificada en forma
separada, permitiendo a cada informante aplicar
más de un argumento y, consecuentemente, descansar en más de una teoría ética.
Los criterios de codificación que construyeron
Osmo & Landau y el propio equipo investigativo,
son los que se indican:
1. El argumento fue codificado como utilitarista si él o parte de él incluía ideas o palabras
relacionadas con la utilidad y el consecuencialismo, como la maximización del bien y
la minimización del daño, o palabras como
ganancia, pérdida y resultados.
2. El argumento fue codificado como deontológico si él o parte de él incluía ideas o palabras
relacionadas con el deber, la intención o el
imperativo categórico.
3. El argumento fue codificado como basado
en derechos si él o parte de él incluía ideas o
palabras relacionadas con derechos, elegibilidades, y sus respectivas obligaciones.
4. El argumento fue codificado como basado en
virtudes si él o parte de él estaba enfocado en
el trabajador social o incluía ideas o palabras
relacionadas con su carácter.
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
5. El argumento fue codificado dentro de una
ética del cuidado si él o parte de él estaba enfocado en el cliente o incluía ideas o palabras
relacionadas con la relación profesional y el
proceso de cuidado.
6. El argumento fue codificado como basado en
valores profesionales cuando la argumentación
aludía a elementos identitarios del ethos profesional.
7. El argumento fue codificado como basado en
valores personales cuando la argumentación
aludía a los propios marcos axiológicos.
La confiabilidad de las instrucciones de codificación
fue determinada por el 90% de consenso entre tres
jueces: el investigador principal y dos integrantes
del equipo. En una primera etapa se seleccionó una
muestra aleatoria de las transcripciones, aplicándoles
las instrucciones de codificación y examinando las
concordancias y discordancias entre los resultados
obtenidos por los jueces. Luego, se seleccionó una
segunda muestra aleatoria, repitiendo el procedimiento anterior. Luego, el investigador responsable
categorizó las partes de la entrevista correspondientes a los argumentos ofrecidos frente a los principios
y dilemas éticos.
Una vez transcritas las entrevistas, se realizó un análisis de contenido de los argumentos, para lo cual
se utilizó el software de análisis cualitativo Atlas-ti.
Ello permitió generar reportes que contenían las citas seleccionadas en función de las categorías. Sobre
esa base se realizaron los últimos afinamientos a la
categorización.
Para el objetivo de carácter comparativo entre Chile
e Israel 4, se utilizó una matriz cualitativa de comparación.
Resultados
La mayoría de los informantes entregaron argumentos para sus tres primeros rankings de
principios éticos. Un total de 488 argumentos fueron analizados.
Los argumentos relativos a los principios éticos justificados en los cuatro contextos, fueron sometidos
a un análisis de contenido. Ellos fueron analizados
sin diferenciar entre el primer, el segundo, tercero y
cuarto principio preferido -cuando existía-, en tanto
los informantes fueron requeridos sólo de dar argumentos para la importancia de los principios que
ellos rankearon en los primeros lugares sin especificar la diferencia entre ellos.
Pregunta de investigación 1 - ¿Los argumentos
de trabajadores sociales reflejan una o más teorías
éticas en sus elecciones de principios éticos?
Distribución según modalidad de argumentación
Al examinar los argumentos según si se observa una
relación de correspondencia con teorías éticas o no,
se obtuvieron los siguientes resultados:
TABLA 1
Frecuencia según base teórica/no teórica de
argumentación sobre principios
Base de argumentación
Frecuencia Relativa
Teorías éticas
32.6%
No teórica-ética
67.4%
Total
100%
(488)
La base de argumentación dominante observada en
los discursos de los trabajadores sociales que constituyeron la muestra es ‘no teórica’. Al justificar la
elección de los principios sólo en un 32% de los
argumentos se observa una relación de adecuación
con algunas de las teorías éticas estudiadas.
Distribución según modo de argumentación
‘no teórico-ético’
Al examinar los argumentos en que no se observó
una base teórica relativa a algunas de las teorías éticas que consideró esta investigación, se obtuvieron
los siguientes resultados:
TABLA 2
Frecuencia según base no teórica de
argumentación de principios
Base de argumentación
no teórica-ética
Frecuencia Relativa
Valores personales
28.9%
Valores profesionales
52.0%
Otros
19.1%
Total
100%
(329)
La base dominante de argumentación correspondió
a ‘valores profesionales’ (52%), seguida de valores
personales (28.9%). Un 19.1% no ofrece algún tipo
de argumentación, las más de las veces sólo hace
enunciaciones o descripciones.
Distribución según teorías éticas
Al analizar los argumentos que guardan una relación de adecuación con algunas de las teorías éticas
estudiadas, se obtuvieron los siguientes resultados:
89
PATRICIO MIRANDA
TABLA 3
Frecuencias según teorías éticas de base
Teorías éticas
Frecuencia
Utilitarista
8.2%
Deontológica
37.7%
De los derechos
35.2%
De la virtud
6.3%
Del cuidado
12.6
Total
100%
(159)
Del total de argumentos asociados a teorías éticas
la teoría de mayor frecuencia es la deontológica
(37.7.6%), seguida por la teoría de los derechos
(35.2%). Con una marcada diferencia de estas teorías se ubican la del cuidado (12.6%), la utilitarista
(8.2%) y de la virtud (6.3%).
Pregunta de investigación 2 - ¿Los argumentos
de trabajadores sociales reflejan diferentes teorías
éticas en diferentes contextos de argumentación?
TABLA 4
Frecuencia de los argumentos en términos
de las teorías éticas en 4 diferentes contextos (%).
Caso de Chile.
Contextos
Teorías éticas
A*
B*
C*
D*
Total
Utilitarista
11.17
(13)
9.35
36.48
0.0
18.43
(87)
Deontológica
38.54
(60)
30.21
37.16
33.33
35.59
(168)
De derechos
32.96
(56)
16.54
6.08
16.66
18.22
(86)
De la virtud
8.37
(10)
4.31
0.67
16.66
4.87
(23)
Del cuidado
8.93
(20)
39.56
19.59
33.33
21.61
(102)
Total
100%
(179)
100%
(139)(
100%
148)
100%
(6)
100%
(472*)
La tabla 1 muestra que la teoría ética deontológica es la teoría dominante en la justificación de los
principios éticos preferidos en el contexto del ranking general (A=38.54%), frecuencia que tiende a
mantenerse en los argumentos que justifican los
principios relacionados a situaciones específicas
(B=30.21%, C=37.26%, D=33.33%).
La teoría utilitarista y la teoría del cuidado aparecen
con mayor frecuencia para justificar principios éticos
en situaciones específicas. En el caso de la teoría utilitarista, ésta representa un 36.48% de los argumentos
esgrimidos en el caso de la familia de tres generaciones, y sólo un 11.17% de aquellos presentados en el
contexto del ranking general. Este porcentaje es similar al 8.93% de argumentos que corresponden a la
teoría del cuidado en el contexto del ranking general,
teoría que sin embargo aparece con mayor frecuencia -junto a la teoría kantiana para el contexto D- en
la justificación de argumentos respecto a la adolescente embarazada, tanto en la dimensión profesional
(37.16%), como personal (33.3%).
Los argumentos referidos a la teoría de la virtud, están
mínimamente representados tanto en el ranking general como en las situaciones específicas (A=8.37%,
B=4.31%, C=0.67%); a excepción del contexto D
donde aparece con un 16.66% de frecuencia.
La teoría de los derechos muestra amplias diferencias entre el ranking general de principios y las
situaciones específicas, apareciendo con mayor
frecuencia en la justificación general de principios
éticos (32.96%), que en los contextos referidos a la
familia de tres generaciones (6.08%) y al embarazo
adolescente (B=16.54%),en tanto que en D alcanza
un porcentaje de 16.66%.
Al igual que en la investigación realizada en Israel
no fue encontrada ninguna diferencia notable en
la clasificación de teorías éticas a través de la comparación de los argumentos entre la evaluación
profesional y la personal en el caso de la adolescente
embarazada (B y D) (Osmo & Landau, 2004).
En resumen, los resultados muestran que el contenido de los argumentos de los trabajadores sociales,
en términos de teorías éticas, cambia según cambia
el contexto de las situaciones prácticas, a excepción
de la teoría deontológica que aparece con similar frecuencia en la totalidad de los contextos (A=38.59%,
B=30.21%, C=37.16%, D=33.33%).
Pregunta de investigación 4 - ¿Difiere el modo en
que se reflejan las teorías éticas en las argumentaciones de trabajadores sociales de Chile e Israel?
Al comparar las argumentaciones que calificaron
como de base teórica, se obtuvieron los siguientes
resultados:
* Los porcentajes han sido calculados sobre la base de un total de 472 argumentos. El ajuste al total de 488 no se espera que modifique las
tendencias observadas.
A= Justificación de principios; B= adolescente embarazada (dilema profesional); C= familia de tres generaciones (dilema profesional); D=
adolescente embarazada (dilema personal). Número de participantes = 103.
90
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
TABLA 5
Teorías éticas según contexto de argumentación y país
Contextos
Teorías éticas
A*
B*
C*
D*
Total
Israel
Chile
Israel
Chile
Israel
Chile
Israel
Chile
Israel
Chile
Utilitarista
28
11.2
36
9.4
48
36.5
37
0.0
35
(115)
18.4
(87)
Deontológica
33
38.5
23
30.2
22
37.2
24
33.3
27
(88)
35.6
(168)
De los Derechos
11
33
15
16.5
12
6.1
10
16.7
12
(41)
19.5
(92)
De la virtud
21
8.4
11
4.3
10
0.7
10
16.7
15
(48)
4.9
(23)
Del cuidado
7
8.9
15
39.6
8
19.6
19
33.3
11
(37)
21.6
(102)
100%
(123)
100%
(179)
100%
(114)
100%
(139)
100%
(50)
100%
(148)
100%
(42)
100%
(6)
100%
(329)
100%
(472*)
Total
*Los porcentajes han sido calculados sobre la base de un total de 472 argumentos. El ajuste al total de 488 no se espera que modifique
las tendencias observadas.
Respecto a la totalidad de los argumentos, la Tabla
5 muestra que la teoría de base más frecuente para
el caso de Israel es el utilitarismo (35%), mientras
en el caso de Chile la mayor frecuencia de los argumentos es congruente con la teoría deontológica
(35.6%). Los porcentajes que siguen a estas mayorías corresponden a distintas teorías según el país.
En el caso de Israel la segunda mayoría corresponde
a la teoría deontológica (27%), mientras en el caso
de Chile ésta corresponde a la teoría del cuidado
(21.6%).
Respecto a esta última el porcentaje de argumentos
en el caso de Israel es sólo de un 11%, distancia
que también se hace visible respecto a la teoría utilitarista en el caso de Chile, donde sólo un 18.4%
del total de argumentos es congruente con la teoría
utilitarista.
Diferencia similar se presenta en el caso de la teoría
de la virtud, donde mientras en Israel el porcentaje
corresponde a un 15%, en el caso de Chile éste llega
a un 4.9%.
La diferencia disminuye respecto a la teoría de los
derechos, donde los argumentos de Israel relacionados con esta teoría corresponden a un 12% y los de
Chile a un 18.2%.
En el contexto del ranking general de principios,
en ambos países la teoría deontológica sobredetermina con mayor frecuencia la justificación de las
argumentaciones sobre la elección de principios
(Israel: 33%; Chile: 38.5%). Sin embargo, los países
difieren en la teoría que sucede a la deontológica,
correspondiendo al utilitarismo en el caso de Israel
(28%), y a la teoría de los derechos en el caso de
Chile (33%). En este contexto, en Chile el utilitarismo aparece con un 11.2%, mientras en Israel la
teoría de los derechos lo hace con un porcentaje
similar (11%).
En ambos países, las teorías que son priorizadas
en el contexto del ranking general, no necesariamente son luego escogidas para las situaciones
específicas.
Israel y Chile coinciden en basarse con frecuencia en categorías utilitaristas para argumentar en
torno al dilema de la familia de tres generaciones
(48% y 36.5%, respectivamente). Difieren en las
otras dos situaciones específicas referidas al embarazo adolescente, donde la mayoría en Israel sigue
correspondiendo a la teoría utilitarista (B=36%;
D=37%) mientras en Chile la teoría del cuidado
pasa ser la primera prioridad (B=39.6; D=33.3%).
En el caso del último contexto, la teoría del cuidado
comparte la primera preferencia con la teoría deontológica (33.3%).
En términos de la clasificación por teoría ética, la
teoría utilitarista aparece con frecuencia en los 4
contextos para el caso de Israel (A=28%, B=36%,
C=48%, D=37%), mientras que para Chile esta es
sólo priorizada con frecuencia en el contexto de la
familia de 3 generaciones (36.5%).
91
PATRICIO MIRANDA
Respecto a la teoría deontológica, en los 4 contextos
los porcentajes son mayores en el caso de Chile que
en el de Israel correspondiendo en promedio a un
tercio de los argumentos expuestos.
En el ámbito de la teoría de los derechos, se produce una diferencia notoria entre ambos países,
específicamente en el contexto del ranking general.
Mientras sólo un 11% de los argumentos ofrecidos
por trabajadores sociales de Israel se relaciona con
la teoría de los derechos, este porcentaje llega a un
33% en el caso de Chile.
Para la teoría de la virtud, en general, es mayor el
número de argumentos congruentes con ella en el
caso de Israel. Especialmente en el contexto del ranking general, donde Israel alcanza un 21% y Chile
un 8.4%. Del total de argumentos compatibles con
la ética de la virtud se observa una diferencia de 10
puntos porcentuales entre trabajadores sociales de
Israel y Chile.
Similar a lo ocurrido con la teoría deontológica, en
los 4 contextos la teoría del cuidado aparece con
mayor frecuencia en el caso de Chile que en el de
Israel. Esta diferencia no es tan notoria en el ranking
de principios éticos (Israel 7%, Chile 8.9%), pero sí
en las dos situaciones referidas a la adolescente embarazada (Israel B=15%, D=19%; Chile B=39.6%,
D=33.3%).
Los resultados muestran que en ambos países el
contenido de los argumentos de los trabajadores sociales, en términos de teorías éticas, cambian con el
contexto de las situaciones prácticas.
Discusión y conclusión
Este estudio se focalizó en la comparación de los
argumentos provistos por trabajadores sociales de
Chile e Israel en términos de su correspondencia
con teorías éticas, cuando ellos son confrontados a
justificar su selección de principios éticos y su postura ante dilemas éticos profesionales. Junto con la
investigación de Osmo y Landau nuestros resultados iluminan un área relativamente desconocida en
el proceso de toma de decisiones éticas en la práctica
de los trabajadores sociales. Este desconocimiento
específico se condice con el estado de la investigación sobre cuestiones éticas en el trabajo social. En
efecto, si bien la discusión sobre ética y valores ha
tenido lugar desde que la profesión se inicia formalmente en el siglo XIX, la deliberación y el estudio
sistemático de los conflictos éticos de los trabajadores sociales es más reciente (Reamer, 1995:898). Es
a partir de 1970 que se observa un renovado interés
92
en examinar los valores de los mismos trabajadores
sociales y los aspectos éticos de su práctica (Reamer,
1995:895). En el periodo anterior, es posible observar una enorme laguna, un formidable vacío en la
producción intelectual en el ámbito de la ética en
trabajo social (Netto, 1996:6).
Como se desprende de los resultados a un nivel agregado, en los argumentos generados en los distintos
contextos de argumentación se observan diferencias
apreciables (no se ha calculado aún la significación
estadística) entre Chile e Israel. Allí donde en Israel la teoría dominante es la utilitarista (35%) en
Chile ese lugar lo ocupa la teoría deontológica (la
utilitarista alcanza sólo un 18.4%). Ambas teorías,
como anota Nidia Aylwin se reconocen entre las de
mayor influjo en el tratamiento de las cuestiones
ética en trabajo social (Aylwin, 1993). “Para analizar
el contexto ético en la profesión de Trabajo Social,
es necesario referirse a las principales corrientes de
pensamiento que han predominado en la filosofía
contemporánea, y que también están presentes en
las profesiones, respecto a la forma de justificar las
decisiones éticas. Ellas son las teorías deontológicas
y teleológicas, que forman parte de la ética normativa” (Aylwin, 1993:42).
Allí donde las teorías utilitaristas han puesto el foco
en las consecuencias de las decisiones y acciones
procurando la mayor utilidad (o bienestar en términos habituales en trabajo social), pudiendo llegar
a decirse que los principios utilitaristas han sido
tradicionalmente la guía más popular para la realización de decisiones éticas (Osmo & Landau, 2004;
Aylwin, 1993), las teorías éticas de corte kantiano
han capturado el fenómeno de la moralidad sobre
el cimiento de los imperativos categóricos, que
permiten responder la pregunta sobre qué se debe
(pregunta por lo correcto) y no sobre qué debemos
hacer (pregunta por lo bueno) (Habermas,2000).
La diferencia observada entre Chile e Israel talvez se
explique por el tradicional pragmatismo de la tradición anglosajona (humus del utilitarismo) que en
Chile parece haber tenido un menor influjo. Como
es sabido, una de las tradiciones dominantes en la
filosofía moral (ética) es la tradición anglosajona de
índole empirista. Bebe esa tradición de autores como
Locke, Hume o Mill. Como anota Vial Larraín, “en
una línea de clara continuidad con el pensamiento
de Hume está la ética dominante en Gran Bretaña en el siglo XIX, el utilitarismo, que representa
John Milll y que prolonga en él siglo XX el llamado
consecuencialismo” (Vial Larraín,1998:78). A esta
tradición se adscriben el utilitarismo, el emotivis-
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
mo, el consecuencialismo. Pero, ¿qué explicaría el
peso de lo deontológico en Chile? Una posibilidad
es que guarde relación con la expansión del ethos
de la modernidad (Salvat,2002).
Que la ética del cuidado, en el caso de Chile, ocupe
la segunda posición (21.6%) al nivel general de la argumentación y la primera posición (39.6%) al nivel
de los argumentos asociados al dilema del embarazo
adolescente, es una interrogante cuya elucidación
desborda el carácter prelimimar de este informe de
investigación. Recuérdese, sin embargo, que en el
caso de Israel la ética del cuidado ocupa la última
posición (11%) a nivel general y comparte las posiciones 3ª y 4ª con le ética de los derechos (15%) en
el caso del dilema del embarazo adolescente. ¿Qué
podría explicar esta diferencia? ¿Factores culturales?
¿Tradiciones distintas de trabajo social interpenetradas por estructuras y culturales irreductibles entre
sí? ¿O será una ironía de la contingencia rortyana?
¿Guardará relación con la situación de permanente
conflictividad en que se encuentra Israel? ¿Presionará ese hecho a una mayor sensibilización ante las
consecuencias de las acciones y decisiones? No lo
sabemos y no estamos en condiciones de adelantar
alguna hipótesis más allá de una genérica apelación
a las diferencias de los mundos vitales en los que se
inserta el trabajo social.
Otra diferencia importante con Israel dice relación
con que allí la teoría de los derechos, la teoría de la
virtud y la teoría del cuidado fueron observadas con
menor frecuencia de la esperada (Osmo & Landau,
2004: 15). No ocurre lo mismo en el caso de la investigación realizada en Chile. De hecho, la teoría
del cuidado es la segunda en frecuencia y la de los
derechos ocupa la tercera posición de entre cinco.
¿Cómo explicar en el caso de Chile el peso de la
teoría ética de cuidado, segunda a nivel general y
primera a nivel del dilema de la embarazada adolescente? ¿Qué dice del trabajo social en Chile? ¿Estará
asociada con imaginarios tradicionales de trabajo
social signados por un fuerte énfasis asistencialita?
o ¿es señal de apertura a ámbitos del fenómeno de la
moralidad descuidados en el trabajo profesional? Se
recordará que las teorías éticas del cuidado se focalizan en un conjunto de rasgos que son valorados en
relaciones personales cercanas: compasión, simpatía, fidelidad, y así otros (Beauchamps & Childress,
1994). Como anota Habermas, “las éticas de la
compasión se han percatado de que esta profunda vulnerabilidad [de las personas] hace necesaria
una garantía del recíproco respeto” (Habermas,
2000:19). Talvez por ello, Nouwen ha llamado la
atención sobre una comprensión reducida de la
compasión. Partiendo de la semántica originaria
del concepto, derivado de las palabras latinas pati
y cum, que juntas significan “sufrir con”, sostendrá
que “la compasión significa una total inmersión en la
condición humana. Cuando miramos la compasión
así, entonces queda claro que ella implica algo más
que una genérica amabilidad o ternura del corazón”
(Nouwen,1996:16). Reformulando la intuición de
la ética de la compasión, Habermas postula, junto
al principio de justicia (igual respeto y iguales derechos para cada individuo particular), el principio
de solidaridad que exige empatía y preocupación
por el bienestar del prójimo” (Habermas,2001:20).
¿La centralidad de la ética del cuidado en el caso de
Chile será expresión de esta empatía y preocupación por la suerte del otro? Y si fuera así, ¿por qué se
expresa con menor intensidad en el caso del dilema
relativo al adulto mayor? (allí aparece en tercera posición con un 19.6%).
Tampoco deja de ser significativo que, a diferencia
de Israel, nuestros hallazgos exhiban una mayor
preponderancia de la teoría de los derechos para el
caso de Chile. ¿Refeljo de una conciencia madurada al compás del compromiso histórico de muchos
trabajadores sociales en Chile con la defensa de los
derechos humanos?
Otro de los hallazgos destacados por Osmo y
Landau, es que su investigación provee soportes
adicionales a lo que ya Loewnberg, Dolgoff y Harringtons habían sostenido, en el sentido de que
los trabajadores sociales son deontológicos a nivel
de los principios y consecuencialistas a nivel de la
práctica profesional (Osmo & Landau, 2004: 16).
Nuestros hallazgos no son del todo compatibles con
dicha tesis. Efectivamente, en el caso de Chile la distribución de las teorías éticas difiere al cambiar de
contexto argumentativo. Los trabajadores sociales
investigados aparecen como deontológicos en los
principios pero difiriendo de orientación teórica al
cambiar de contexto argumentativo. Efectivamente, al nivel del quehacer profesional se observa un
quiebre de la tendencia al pasar del dilema de la
adolescente embarazada, al de la situación familiar
generada con la presencia del adulto mayor. En relación con el primer dilema, predomina la ética del
cuidado (39.6%), en tanto que con relación al segundo dilema, la orientación es hacia el utilitarismo
(36.5%). ¿Qué explica esta diferencia más hallá del
apresuramiento de pensar en una inconsistencia?
El análisis de contenido de los argumentos, entregado por los participantes en diferentes contextos,
93
PATRICIO MIRANDA
muestra que la mayor frecuencia de argumentos de los trabajadores sociales entrevistados para
este estudio basaron sus argumentos en conceptos
deontológico, seguido a 14 puntos porcentuales de
diferencia por conceptos relativos a la ética del cuidado (21.6%) y muy de cerca por la ética de los
derechos (19.5%) y el utilitarismo (18.4%). Con
una frecuencia mucho menor (4.9%) se ofrecieron
argumentos compatibles con la ética de la virtud.
¿Sugieren estos resultados que la imagen del trabajador social de sí mismo/a pesa poco en general a
la hora de tomar decisiones? ¿Habría que trabajar
esta dimensión en la formación ética de los futuros
trabajadores sociales?
Nuestros resultados no confirman el planteamiento de Loewnberg, Dolgoff & Harrington (2000)
respecto a que los trabajadores sociales son deontológicos en los principios pero adoptan una postura
utilitarista en la práctica. Carr (1999) plantea que
es natural preguntar dónde y cuándo es apropiado
razonar desde un punto de vista deontológico o utilitarista. La única respuesta general a esta pregunta
es que debe ser contextualmente determinado.
Banks (2001) también sostiene que ni las teorías
deontólógicas ni las utilitaristas “pueden proveernos
de un principio último para determinar lo correcto
o incorrecto de las acciones” (p. 34, mientras Beauchamps y Childress (1994) escriben que hay una
“teoría moral común” que es pluralista y combina
varias teorías éticas. De hecho, la inclinación común
en la ética profesional es ampliar la perspectiva de
las teorías éticas desde una postura dicotómica
(deontológica y teleológica) hacia un acercamiento más pluralista y diferencial, es decir, teorías que
enfatizan diferentes aspectos de los dilemas éticos
(Brannigan y Boss, 2001). A diferencia de Israel,
nuestros resultados, muestran que la teoría de los
derechos, la teoría de la virtud y la teoría del cuidado fueron utilizadas en mayor frecuencia que lo
esperado. El mayor porcentaje asociado a conceptos
de la teoría de los derechos apareció en el contexto
de la adolescente embarazada como un dilema profesional (16.54%), en conflicto con el derecho de la
adolescente de manejar su vida como un derecho
básico que el profesional debe respetar. Los conceptos de la teoría de la virtud formaron un 8.4% en la
jerarquía general de los principios éticos y aquellos
de la teoría del cuidado un 39.6% en la jerarquía de
principios éticos relativo a la adolescente embarazada desde un punto de vista personal.
Aún cuando los participantes en este estudio no
fueron demandados de justificar sus preferencias
94
por los principios éticos en términos de teorías
éticas, nuestro análisis de contenido de sus argumentos mostrarán si los conceptos de teorías éticas
eran identificables y congruentes con los principios
éticos preferidos.
Mientras ninguna teoría ética ofrece la verdad completa a un dilema moral, una diversidad de teorías
éticas parece dar una herramienta más comprensiva para un análisis efectivo de problemas y dilemas
éticos. Concordando implícitamente con Cortina
(2001) en cuanto a que, en cuestiones de ética aplicada, las teorías éticas no ofrecen una completa guía
para la acción, Osmo & Landau postulan un pluralismo ético sosteniendo que diversas teorías éticas
pueden dar una herramienta más comprensiva
para el análisis de dilemas éticos (Osmo & Landau,
2004: 17-18). De alguna manera, todas las teorías
éticas pueden aportar al iluminar distintos determinantes de la acción, a proveer bases racionales para
mejor hacer decisiones morales (Osmo & Landau,
2004: 18). Por su parte, Boss (1998) sugiere adoptar una postura muldimensional que emerge de las
fortalezas de cada teoría: “Todas las teorías tienen el
mismo objetivo final de proveer una base racional
para tomar mejores decisiones morales” (p. 40). En
tanto las éticas tienen un rol capital en la comprensión y justificación de la acción moral, una de sus
tareas ineludibles “es la de dar razón de fenómeno
moral, esto es fundamentarlo (Cortina,2991:130)
Tratándose de la ética aplicada -sostendrá Cortina-,
“un solo modelo de ética es impotente para orientar
las decisiones de los mundos políticos y económico,
médico, ecológico o, simplemente, la convivencia
ciudadana” (2001:159). Debido a que las teorías
éticas pueden ayudar a la toma de decisiones éticas, concordamos con Osmo & Landau en avalar
las recomendaciones de la literatura del trabajo social que plantea que las teorías éticas debieran ser
enseñadas en los procesos formativos de los trabajadores sociales (Osmo & Landau, 2004; e.g. Rhodes,
1998; Matisson, 2000).
También concordamos con Osmo & Landau en
sugerir que las teorías éticas sean estudiadas críticamente. Esto no sólo prepara a los estudiantes
para aplicar teorías éticas mientras consideran posibles intervenciones, sino que también les enseña
las limitaciones de cada teoría en la explicación y
resolución de dilemas éticos. Por ejemplo, como
los argumentos de la mayoría de los informantes
relacionados con la teoría ética utilitarista, los estudiantes debieran saber que no es fácil decidir el
valor de una acción cuando no está claro cuánta
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
utilidad es suficiente y cómo la utilidad es medida
en términos de consecuencias, dados los límites de
predicción (Hinman, 1994; cit. en Osmo & Landau, 2004). Tampoco la utilidad necesariamente
considera la dignidad y los derechos de cada individuo (Brannigan & Boss, 2001, p. 27. De hecho, el
utilitarismo clásico, cuando es llevado al extremo,
puede justificar el atropello sobre los derechos de
una minoría vulnerable con el fin de beneficiar a la
mayoría (Reamer, 2001, p. 28). La aplicación de tales teorías éticas a las decisiones profesionales de la
vida real, puede significar una valiosa guía, y de esta
manera impulsar una práctica más reflexiva.
Y que el utilitarismo ha de ser estudiado críticamente es algo que no pasó inadvertido a Nidia
Aylwin. Para ella, el utilitarismo en la práctica entra
con frecuencia en contradicción con los derechos
humanos. “El utilitarismo tiene gran influencia en
la actualidad porque calza muy bien con la economía de mercado y su búsqueda de la eficiencia.
Sin embargo, uno de los problemas más serios que
presenta este enfoque ético tiene que ver con la justicia, pues justifica la subordinación de los derechos
de una minoría para el logro de un total mayor de
bienes. “La idea de justicia, la idea de que alguien
posee un derecho que, a diferencia de los derechos
de propiedad, no es transable en el mercado, parece introducir una perspectiva no consecuencialista”
(Gómez - Lobo, p.22) en el juicio moral de los utilitaristas” (Aylwin, 1993).
Los estudiantes, y particularmente los practicantes, deben ser capaces de discutir críticamente el
razonamiento tras sus decisiones discrecionales y
ser capaces de sostener el escrutinio y el examen
de colegas profesionales e instancias legales, justificando sus decisiones discrecionales en términos
de estándares y valores profesionales. Esto es,
sus justificaciones éticas deben estar amarradas
a justificaciones normativas profesionales y estar
en congruencia con lo que puede ser llamado el
trabajador social “razonable”. La necesidad de desarrollar la autoconciencia y la habilidad de articular
explícitamente sus pensamientos, puede probar
la importancia de la eliminación de instancias de
decisiones arbitrarias y discrecionales que pueden
desatender los valores y preferencias de los clientes
(Osmo & Landau, 2004).
A diferencia de Israel, un 91.3% de los trabajadores sociales del estudio dieron argumentos para sus
principios éticos preferidos (en el caso de Israel este
porcentaje alcanza el 70%), permitiéndonos asumir
que ellos se muestran competentes en justificar sus
decisiones éticas. Sin embargo, el caso es que sólo en
el 32.6% de los argumentos se observa una relación
de adecuación con alguna (s) de las teorías éticas
consideradas en el estudio. Lo que resulta consistente con la precariedad reflexiva sobre las cuestiones
éticas en trabajo social (Reamer,1995; Neto,1996).
Esta dificultad puede emerger debido a que los
trabajadores sociales no están acostumbrados a someterse a un proceso explicito de justificación de
sus acciones y decisiones en situaciones reales.
Situándose las éticas profesionales en el ámbito de
las éticas aplicadas, el recurso a la “reflexión y al
lenguaje filosófico” (Cortina, 2003a: 21), resulta
imprescindible. Precisamente porque la ética en
Trabajo Social cuenta con la reflexión filosófica, “no
es moral cotidiana, sino aplicación a los problemas
cotidianos de lo ganado en los procesos éticos de
fundamentación. Por eso, el utillaje que utiliza para
comprender y debatir las cuestiones es el propio
del kantismo, utilitarismo o el aristotelismo” (Cortina, 2003a: 21). Consiguientemente, importa que
el profesional que trabaja las cuestiones éticas en
Trabajo Social, “conozca a fondo las distintas teorías
éticas (clásicas y contemporáneas) y tenga el discernimiento suficiente como para dilucidar en cada
caso cual de ellas resulta más fecunda para ayudar
en la toma de decisiones” (Cortina, 2003: 23).
El tratamiento de las cuestiones éticas en trabajo
social en el presente exige una confrontación con
los nuevos desarrollos en el debate ético internacional cruzado por tensiones entre universalismo y
contextualismo, entre liberalismo y comunitarismo,
entre otras (Cortina,2001). Las propuestas contemporáneas en trabajo social (Matus,1999) también
presionan hacia una relaboración de los discursos
que busque hacerse cargo de la pluralidad de voces
teóricas desde las cuales se piensa y gestiona la intervención social en sociedades signadas por procesos
de complejización y exclusión social. La articulación
de estos dos vectores da origen a distintas matrices
disciplinares en las que se entreveran concepciones
de ética y concepciones de trabajo social. El modo
en que se piense la ética sobredetermina el modo en
que se piense y configure el trabajo social. Sólo a título de ilustración baste con recordar que para Silva
Barroco pensar la ética en trabajo social en el horizonte de una ética tradicional, condujo, en el caso
de Brasil, a una moralización de la cuestión social
(2001:79). ¿Qué articulaciones pueden pensarse en
un presente que se ha vuelto complejo e incierto?
El discernimiento ético de las nuevas intervenciones sociales en este escenario de transformaciones
95
PATRICIO MIRANDA
se torna él mismo un imperativo ético ineludible.
Las profundas mutaciones socio-culturales obligan
a repensar tanto las formas de convivencia como los
principios éticos que la orientan. La larga historia
de compromiso con la justicia social y con el trato
justo a los sujetos vulnerados, exige al trabajo social una ampliación de perspectivas. Si “el trabajo
social trata con problemas individuales y sociales
y con situaciones que son, por definición, difíciles
y complejas” (Osmo & Landau, 2004), hoy esta
complejidad ha adquirido ribetes inesperados e inciertos. Para tomar decisiones éticamente fundadas
los trabajadores sociales requieren desarrollar procesos de ‘elucidación’. El pensar lo que hacen y saber
lo que piensan, pasa por el despliegue de argumentaciones fundadas, no sólo al nivel del discurso moral,
sino sobre todo al nivel del discurso ético. Estudiar
las estructuras argumentativas que comunican los
trabajadores sociales enfrentados a cuestiones éticas
en su quehacer profesional en correspondencia con
teorías éticas contemporáneas se constituye así en
un espacio privilegiado de indagación.
Tanto las decantaciones históricas del ethos profesional como los marcos axiológicos y normativos
de los mismos trabajadores sociales se ven tensionados con la conciencia de la contingencia del
propio punto de vista moral. Es más, aún cuando
los valores profesionales de los trabajadores sociales pueden ser en parte compatibles con los valores
sociales, pueden haber importantes diferencias en
énfasis, prioridades o interpretaciones (Loewenberg, Dolgoff & Harrington, en Osmo & Landau,
2004). Es así que en una sociedad pluralista, axiológicamente politeísta en términos weberianos,
los trabadores sociales deben hacer un esfuerzo
consciente para evaluar continuamente sus valores
profesionales y reconstruirlos en las estructuras de
su existencia concreta diaria (Cooper, en Osmo &
Landau, 2004). De ahí que, en cada situación, los
trabajadores sociales deban decidir nuevamente no
sólo cuál principio ético profesional tiene prioridad
con respecto a quién (Hugman and Smith, en Osmo
& Landau, 2004), sino desde qué teorías éticas configura sus propias intervenciones.
Como sujetos individualizados en la trama densa
de mundos de la vida, “la perspectiva con la cual los
trabajadores sociales ven el mundo refleja su filosofía personal y sistema de valores que derivan, a su
vez, de su historia personal y cultural” (ver Abramson, en Osmo & Landau, 2004). La percatación
96
de sus propios puntos de vista moral aparece como
un indicio de la mayor o menor reflexividad de los
trabajadores sociales en su quehacer profesional.
Por últimos, el reconocerse en un punto de vista moral posibilita la articulación crítica entre los valores
profesionales y los valores personales. Los resultados de Osmo y Landau indican que, mientras los
trabajadores sociales parecen atribuir gran importancia a los principios éticos profesionales, sus
valores personales pueden jugar un gran rol en su
proceso de toma de decisiones éticas. La influencia
de los valores personales de los trabajadores sociales
en su proceso de toma de decisiones requiere aún
de un mayor análisis (Osmo & Landau, 2004).
Bibliografía
ALLEN, JO ANN. (1995). The Constructivist Paradigm:
Values and Ethics. Encyclopedia of Social Work, Washington: National Association of Social Workers.
AYLWIN, N. (1993) Apuntes ética en trabajo social.
Santiago de Chile: Archivo Escuela de Trabajo Social
Pontificia Universidad Católica de Chile.
AYLWIN, NIDIA. (1996). El Olvido de la Persona. Revista de Trabajo Social, 67.
BANKS, SARAH. (1997). Ética y valores en el trabajo social. Barcelona: Paidós.
BONETTI, DILSÉA et al (ed). (1996). Serviço Social
e Etica: Convite a uma Nova Praxis, Sao Paulo: Cortez
Editora.
BRANT DE CARVALHO FALCAO, MARÍA DO
CARMO, (1997). Serviço Social. Una Visao Teórica, Sao
Paulo: Cortez&Moraez.
CEA D’ANCONA, MA ÁNGELES. (2001). Metodología cuantitativa. Estrategias y técnicas de investigación
social. Madrid: Editorial Síntesis.
CORTINA, A. Ética sin moral. Madrid: Tecnos.
CORTINA, A. & García-Marzá D. (2003). Razón pública
y éticas aplicadas. Los caminos de la razón práctica en una
sociedad pluralista. Madrid: Tecnos.
FEDERACIÓN INTERNACIONAL DE TRABAJADORES SOCIALES (IFSW). (2004). Ethics in Social
Work, Statement of Principles.
FLECK-ANDERSON, ANN. (1998). The Family as Moral Community: A Social Work Perspective. Families in
Society, 79 (3) : 233-240.
GOLDSTEIN, HOWARD. (1998). Education for Ethical
Dilemmas in Social Work Practice. Families in Society, 79
(3) : 241-253.
OBSERVACIONES DE TEORÍAS ÉTICAS EN LOS PROCESOS ARGUMENTATIVOS DE TRABAJADORES SOCIALES
HABERMAS, JURGEN. (2000). Aclaraciones a la ética
del discurso. Salamanca: Trotta.
IAMAMOTO, MARILDA V. (1996). O debate contemporáneo do Serviço Social e a Ética Profissional. En
BONETTI, Dilséa et al., Serviço Social e Ética. Sao Paulo: Cortez Editora.
LINZER, NORMAN. (1998). Resolving Ethical Dilemmas
in Social Work Practice. Boston: Allyn and Bacon.
LOEWENBERG, F.M. (2005). Ethical decisions for social
work practice, 7ª Ed. Illinois: Broooks/Cole.
MANNING, SUSAN. (1997). The Social Worker as
Moral Citizen: Ethics in Action. Social Work, 42 (3).
MATUS, TERESA. (1999). Propuesta contemporáneas en
trabajo social. Buenos Aires: Espacio.
NATIONAL ASSOCIATION OF SOCIAL WORKERS. (1995). Encyclopedia of Social Work. 19th ed.
Washington: NASW.
NOUWEN, HENRI. (1996). La compasión en la vida cotidiana. Buenos Aires: Lumen.
NETTO, JOSÉ PAULO. (1996). Ética e Crisis dos Projetos de Transformaçao Social. Sao Paulo: Cortez Editora.
OSMO, RUJLA & LANDAU, RUTH. (2004). The role
of ethical theories in decision making by social workers. Israel : [s.n]
REAMER, FREDERIC. (1995). Ethics And Values. En
Encyclopedia of Social Work, Washington: NASW.
REAMER, F. G. (1990) Ethical dilemmas in social service,
2d ed., Columbia: University Press, New York.
HELER, MARIO. (2002). Filosofía Social & Trabajo Social. Buenos Aires: Biblos.
SÁNCHEZ VIDAL. ALIPIO. (1999). Ética de la intervención social. Buenos Aires: Paidós.
SILVA BARROCO, MARIA LUCIA. (1996). Bases Filosóficas para una Reflexao sobre Ética e Serviço Social.
En: BONETTI, et al., Seviço e Ética. Sao Paulo: Cortez
Editora.
TOULMIN, S., RIECKE, & JANIK, (1984) An introduction to reasoning, Macmillan, New York.
VIAL CORREA, JUAN DE DIOS. (1998). Filosofía moral. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Católica
de Chile.
FECHA DE RECEPCIÓN: noviembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
97
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 99-109
Uso del capital social en la generación
de asociatividad en pequeñas
organizaciones familiares campesinas
The use of social capital in generating associability
in small rural family organizations
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO1
Resumen
Las tendencias más recientes en investigación y reflexión sobre pequeñas organizaciones familiares campesinas las han vinculado con el término capital social. Diversas publicaciones han constatado las implicancias sociales y económicas de la
adquisición y uso del capital social. El presente artículo pretende ilustrar, por medio
de dos modelos, el uso que realizan de este recurso, asociaciones de pequeñas organizaciones familiares campesinas.
Palabras Claves: asociatividad -capital social - organizaciones familiares campesinas
Abstract
The most recent tendencies in investigation and reflection of small rural family organizations have linked them with the social capital term. Diverse publications have
verified the social and economic implications of the acquisition and use of social
capital. The present article seeks to illustrate, by means of two models, the use that
small rural family organizations make of these resources.
Key words: associability - social capital - rural family organizations
Pequeñas organizaciones familiares
campesinas: entre la naturaleza y el
mercado
Las transformaciones ocurridas en los últimos treinta
años en el campo chileno recrean un nuevo escenario de ruralidad, más diverso en sus actividades y
complejo en sus interrelaciones, en comparación
con la agricultura tradicional latifundista. Ello ha
ocasionado, a nivel mundial –y en América Latina
en particular –un intenso debate sobre la orientación que seguirá el proceso de desarrollo agrícola.
Es posible encontrar dos corrientes de pensamiento en la literatura sociológica que ha abordado este
tema: los “campesinistas” y los “descampesinistas”.
1
Los primeros sostienen que es posible, bajo el modelo capitalista, la subsistencia de las pequeñas
organizaciones familiares, mientras que los segundos plantean su progresiva desaparición (Vivanco y
Flores, 2005).
La idea de que el campesinado se encuentra condenado a desaparecer, en el marco de una economía
mundial de mercado, ha dominado nuestras teorías
a partir de los años ochenta. De acuerdo a Chonchol
(2001) un número no menor de organizaciones familiares campesinas se ve impedida, por diversas
razones, de alcanzar los estándares de producción
requeridos para competir exitosamente en el mercado o no pueden organizarse adecuadamente para
Rodrigo Flores Guerrero. Antropólogo y Magíster en Antropología (U. de Chile) Doctor en Psicología Social (U. de Barcelona, España)
Académico de la Escuela de Trabajo Social, Pontificia Universidad Católica de Chile. rfl[email protected] Carola Pía Naranjo. Antropóloga
(U. de Chile) Magister (c) en Psicología Social Comunitaria (Universidad Católica).
99
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
constituir unidades productivas y comercializadoras
más grandes, lo que posee una serie de consecuencias.
La primera de ellas indica que bajo el esquema de
pensamiento económico vigente, esas pequeñas organizaciones familiares deberían salir de la actividad
agrícola o pecuaria y buscar otras fuentes de ingreso. Según Ramírez (2001), los principales ingresos
que actualmente perciben los campesinos chilenos
provienen de prácticas extra-agrícolas, es decir, de
actividades ejercidas fuera de la parcela. Muchos de
ellos han pasado a la categoría de semi-proletarios,
con ingresos y estructuras sociales que los asemejan a los asalariados, sustituyendo a los antiguos
trabajadores de las haciendas. Otra consecuencia importante de este proceso dice relación con la continua
emigración de su población novel y con mayor nivel
escolar en busca de mejores oportunidades laborales
(INE, 2002). La esperanza de encontrar un trabajo
remunerado, la mayoría de las veces, se orienta a actividades rurales no agrícolas. Según Dirven (2002) la
gran mayoría de los jóvenes que emigran del campo
lo hacen porque perciben importantes barreras a su
inserción tanto a la vida productiva como social de
sus comunidades. Sin embargo, sabemos que muy
pocos de ellos logran una posición en la sociedad
receptora que les permita mejorar, o siquiera mantener, los niveles de vida al que tuvieron acceso sus
progenitores. En nuestro país, las estructuras de subsistencia se han ido modificando y adecuando a la
realidad que impone la estacionalidad del empleo
asalariado en el agro. Debido a que la demanda de
trabajo para la agricultura es estacional, se genera un
desempleo agrícola por temporada. Por este motivo,
los trabajadores del campo llevan a cabo migraciones
temporales a otras zonas rurales o a ciudades. Otros
producen bienes no agrícolas en su propia unidad
territorial (Vivanco y Flores, 2005).
con el término “capital social”. Por capital social
se entiende habitualmente “aquel recurso o vía de
acceso a recursos que, en combinación con otros
factores, permite obtener beneficios a quienes lo poseen, y consideran al mismo tiempo que esta forma
de capital reside en las relaciones sociales” (Durston, 2002:19). Quienes han realizado definiciones
de forma relativamente detallada y completa sobre
capital social son Bourdieu, Coleman y Putnam.
Para Bordieu (1985), el capital social es entendido
como una suma de recursos reales o potenciales
que se encuentran ligados a una red permanente
de relaciones de reconocimiento mutuo más o menos institucionalizadas; mientras que para Coleman
(1990), los recursos socioestructurales constituyen
para el actor social un recurso de capital que facilita ciertas acciones, por ejemplo, el logro de fines
que no se alcanzarían en su ausencia. En el caso de
Putnam (1993ª) el capital social se encuentra constituido por elementos de las organizaciones sociales,
como las redes, las normas y la confianza, que facilitan la acción y la cooperación para beneficio mutuo,
ya que el trabajo en conjunto es más fácil en una
comunidad que tiene un acervo de capital social.
Afinando aún más la mirada, Putnam distingue dos
tipos de capital social, uno formal, objetivado en organizaciones estructuradas por normas y funciones
estables, duraderas en el tiempo, y uno informal,
que se despliega mediante vínculos más laxos, por
lo general sin objetivo preciso o en torno a una
meta puntual. Al respecto, Kliksberg (2000) señala
que más allá de la definición teórica del termino,
y sin obviar las dificultades y limitaciones para su
aplicación, el capital social, con sus actitudes de cooperación, sus valores y visiones de la realidad, es
un agente activo de desarrollo económico y social
que produce resultados efectivos.
A pesar de las consecuencias descritas, aun no hemos presenciado la desaparición de las pequeñas
organizaciones campesinas familiares. La realidad
nos muestra a los agricultores y campesinos tradicionales que siguen realizando sus actividades
productivas, aún cuando muchos de ellos presenten pocas ventajas comparativas para enfrentar la
competencia de los grandes productores nacionales
e internacionales (Vivanco y Flores, 2005).
Desde nuestra perspectiva, existe una estrecha vinculación entre el capital social y el devenir de las
pequeñas organizaciones familiares campesinas. El
capital social se entiende como la capacidad efectiva de movilizar los recursos asociativos que radican
en el entramado social que reside en un grupo, colectivo o comunidad. Los recursos asociativos que
permiten dimensionar el capital social con que cuentan estos individuos son las relaciones de confianza,
reciprocidad y cooperación, y pueden ser, en casos
determinados, movilizados productivamente y en
beneficio de todos (Flores, 2004). Estos procesos,
que pertenecen al ámbito de lo social, no constituyen un obstáculo a la modernización y al desarrollo,
tal como lo indicaron los sociólogos funcionalistas
de los años sesenta, ni contribuyen ahora, a la vuel-
Importancia del capital social
para las pequeñas empresas familiares
campesinas
Las tendencias más recientes en investigación y
reflexión en ciencias sociales sobre pequeñas organizaciones familiares campesinas lo han vinculado
100
USO DEL CAPITAL SOCIAL EN LA GENERACIÓN DE ASOCIATIVIDAD EN PEQUEÑAS ORGANIZACIONES FAMILIARES CAMPESINAS
ta del péndulo, a la superación de la pobreza ni a
la permanencia y sustentabilidad de la intervención
estatal. Sin embargo, deben ser tomados en cuenta,
estudiados y analizados, pues a partir de ellos pueden generarse aportes de relativa importancia, por
ejemplo, en la superación de la pobreza.
Al respecto, existen una serie de estudios e investigaciones realizados desde la sociología y la
economía que apuntan a destacar los efectos positivos que la generación, adquisición y uso de capital
social tiene para distintos tipos de colectivos, organizaciones y comunidades. Putman (1994), en su
clásico estudio comparativo del norte y sur de Italia,
considera que los altos niveles de asociacionismo y
participación de la sociedad civil contribuyen a un
mayor desarrollo económico y estabilidad política.
Baas (1997), relaciona este concepto con la cohesión social, precisando que el capital social ayuda
a superar las debilidades del mercado a través de
las asociaciones horizontales y el uso comunitario
de recursos. Kliksberg y Tomassini (2000) abordan
el tema del capital social vinculándolo con la cultura, como un elemento central en las estrategias
de desarrollo. Durston (1999), en un estudio realizado con campesinos de Guatemala, indica que el
capital social puede ser adquirido y generado por
una comunidad, sacándola de la exclusión. Arriagada (2003), en un análisis de políticas públicas en
Argentina, Brasil y Chile, indica que el capital social
puede ser visto como un componente efectivo en la
reducción de la pobreza.
Aunque para el caso chileno no se conocen estudios
que vinculen de forma explícita las pequeñas organizaciones familiares campesinas y el capital social,
puede nombrarse el Informe de Desarrollo Humano
del PNUD efectuado en 2000 (PNUD, 2000). Este
realizó un catastro de pequeñas organizaciones basadas en la asociatividad en nuestro país, arrojando
una cifra superior a las 80.000 instituciones, dejando abierta la puerta para nuevas exploraciones
sobre el tema.
Un caso de uso de capital social:
las asociaciones de pequeñas
organizaciones familiares campesinas
Entendemos por pequeña organización familiar
campesina a aquella unidad productiva que habita
y trabaja habitualmente en el campo, cuyos ingresos provienen fundamentalmente de la actividad
silvoagropecuaria, cualquiera que sea la calidad
jurídica en que la realice, siempre que sus condiciones económicas no sean superiores a las de un
pequeño productor agrícola. Del mismo modo, las
asociaciones de pequeñas organizaciones familiares
campesinas pueden ser entendidas como una organización productiva, orientada a entregar bienes y
servicios silvoagropecuarios, integrada por tres o
más pequeños productores campesinos (Flores y
Naranjo, 2004).
El devenir de las asociaciones de pequeñas organizaciones campesinas familiares debe circunscribirse
al complejo de interacciones sociales que configuran su realidad. Los primeros registros señalados
por la literatura pueden ser rastreados en la década
de 1920, con el inicio de la llamada “cuestión social” y los movimientos obreros. Muchas de estas
asociaciones tuvieron un carácter reivindicacionista,
como es el caso de la Federación Sindical Cristiana
de la Tierra, nacida en 1950, la Central Única de
Trabajadores, nacida en 1953, a la cual se afiliaron
la Federación Industrial de Trabajadores Agrícolas,
la Asociación Nacional de Agricultores y la Asociación Nacional de Indígenas (Flores y Naranjo,
2004). Sin embargo, nos interesa relevar en estas
páginas aquellas asociaciones de pequeñas organizaciones familiares campesinas que se basan en el
uso de capital social, sustentado en normas y redes
de cooperación, confianza y reciprocidad, que facilitan la acción colectiva para beneficio mutuo y la
consecución de ciertos fines.
Como lo hemos indicado en otra oportunidad (Flores, 2004) las asociaciones de pequeñas empresas
familiares campesinas son voluntarias, no remuneradas y establecen un vínculo explícito con el fin de
conseguir unos objetivos en común. En este sentido, deben ser entendidas como utilizadoras del
capital social, pero no es su sinónimo, puesto que
valores de cooperación, confianza y reciprocidad
son sus elementos componentes. En muchos casos,
el vínculo asociativo representa un fin en sí mismo,
que debe ser cuidado, mantenido y reproducido.
En un estudio realizado con anterioridad (Flores y
Naranjo, 2004) hemos indicado las características
de las asociaciones de las pequeñas organizaciones
familiares campesinas, entre las que encontramos:
Adscripción voluntaria. El vínculo que une a
quienes conforman la asociación es voluntario. La
integración de su membresía no es obligatoria ni
están condicionadas sus expectativas y comportamientos a medios coercitivos.
Identificación y compromiso. La identificación
y el compromiso apuntan a dar cuenta del vínculo sentido por la persona hacia la asociación de la
cual forma parte, reflejando el grado en el cual sus
101
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
miembros internalizan o adopta las metas y valores
de ésta. Va mucho más allá de la pura instrumentalidad o la satisfacción de necesidades.
Pertenencia no remunerada. El miembro que forma parte de una asociación no recibe remuneración
a cambio. Se incluyen aquí las asociaciones que sin
pagar remuneraciones, procuran conseguir beneficios para distribuirlos entre sus asociados, tales
como las cooperativas o aquellas asociaciones que
disponen de algunos cargos remunerados, como es
el caso de las corporaciones, sindicatos, etc.
Permanencia en el tiempo y grado de formalización. En cuanto asociación, un requisito es su grado
de formalización y la permanencia en el tiempo de
sus fines y objetivos, así como sus asociados. En este
sentido, se deben distinguir los vínculos asociativos
a los desarrollados por las conformaciones grupales
primarias, altamente aleatorias o circunstanciales,
o de muchos movimientos sociales o colectivos de
corta duración, aunque en este último caso, pueden
incluirlos.
Forma de gobierno y participación. La participación de los asociados en las instancias de decisión
es otra característica de estas asociaciones. Muchas
de ellas poseen facultades para determinar sus
acciones, incluyendo su creación, generación y renovación de autoridades, término o finalización de
actividades, definición de directivos, etc.
Observar el impacto social y económico que han
logrado desarrollar las asociaciones de pequeñas
organizaciones familiares campesinas resulta ser un
tema de vital importancia para la sociología. Barría,
Cereceda, Ortega y Aliaga (1988); Berdegué (1999);
Barrera (1999) y otras referencias provienentes de
textos institucionales del Ministerio de Agricultura,
se desprende la existencia de una agricultura familiar campesina que adolece de graves deficiencias.
La escasa renovación de liderazgos, problemas de
gestión interna, carencia de recursos humanos especializados, acceso al sistema financiero, escasa
capacidad para penetrar en los mercados, etc. son
algunas de las características y dificultades mayormente mencionadas. Diversas publicaciones han
constatado las implicancias sociales y económicas
de la adquisición y uso del capital social para este
tipo de conformaciones sociales. Berdegué (2000)
señala que las asociaciones de pequeñas organizaciones familiares campesinas pueden formar parte
de la solución a las limitaciones anteriores, puesto
que ayudarían a los pequeños productores agrícolas
a negociar acuerdos con agentes; incrementan las
garantías que los pequeños agricultores requieren
102
en sus negociaciones con instituciones financieras;
establecen programas de crédito y esquemas de
préstamos a grupos; mejoran la posición negociadora ante compradores y vendedores potenciales;
reducen los costos del control de calidad requeridos
por las agroindustrias; permiten que los pequeños
agricultores logren la escala de operaciones requerida para tener acceso a ciertos mercados de bienes
y servicios y para ciertas actividades más allá de la
producción agrícola básica, entre otros.
La experiencia internacional demostrada en países
como Estados Unidos, Canadá, España o Israel es
un caso sintomático del éxito de tales conformaciones. Por ejemplo, Carolan (2005) ha constatado
cómo los lazos sociales y el capital social hacen
sustentable y rentable la agricultura tradicional
estadounidense. En este contexto se destaca la
existencia y permanencia de asociaciones que en
nuestro país poseen una larga trayectoria. Una de las
experiencias más llamativas en este sentido, la constituyen las asociaciones productoras de pisco en la
IV Región, quienes, de forma integrada y sostenible,
constituyen un importante motor de desarrollo de
las distintas comunidades en las que operan. Las
asociaciones de pequeñas organizaciones familiares
campesinas han desarrollado eficientes instrumentos de asignación de recursos, al buscar de forma
democrática, equitativa y participativa, generar beneficios a sus socios - clientes o socios trabajadores;
del mismo modo han generado sistemas organizacionales innovadores que presentan importantes
ventajas comparativas y competitivas. Ejemplo de
ello es el caso de organizaciones asociativas como
COLUN en la X Región, una de las empresas lecheras más grandes de nuestro país, ORIENCOOP, en
la VII región, cooperativa de ahorro y crédito con
más de 150.000 socios en la región (cerca del 50%
de la PEA), o COOPEUMO, en la VI Región, la mayor empresa de pequeños productores campesinos
del país.
Acercamiento a buenas prácticas en
asociaciones agrícolas
No obstante el esfuerzo por identificar las consecuencias favorables de la conformación de asociaciones
de pequeñas organizaciones familiares campesinas,
la revisión de la literatura no nos presentan una visión integral de los procesos de conformación del
capital social que se dan al interior de las organizaciones rurales, así como tampoco nos entregan
luces sobre cómo es que ella puede contribuir a la
conformación de un potencial asociativo. Es propó-
USO DEL CAPITAL SOCIAL EN LA GENERACIÓN DE ASOCIATIVIDAD EN PEQUEÑAS ORGANIZACIONES FAMILIARES CAMPESINAS
sito de este estudio dar respuestas certeras a dichas
falencias.
En un estudio anterior (Flores, Narvarte y Naranjo, 2005) elaboramos dos modelos generales que
explican los factores y variables que intervienen en
dicho fenómeno. El primero de ellos se centra en
la organización y cómo ella ha desarrollado procesos y procedimientos que pueden ser interpretados
como de excelencia. El segundo de ellos se centra
en las relaciones que mantienen estas asociaciones
con su entorno, por ejemplo, instituciones gubernamentales, el mercado, la comunidad, etc. y que,
de igual manera, van constituyendo prácticas que
conforman su capital social. A las primeras las
identificamos con el interior de la organización, tal
y como si fuera un sistema, mientras que a las segundas, las relacionamos con el exterior, tal como si
fuera su entorno.
La construcción de los modelos se realizó bajo el
marco de la evaluación en su forma cualitativa. Los
investigadores de este trabajo afirmamos que no es
posible comprender una evaluación sin considerarla una investigación, sin embargo, su principal
característica es que sus resultados produzcan algún
cambio, en nuestro caso esperamos que contribuyan a una comprensión más sistémica del fenómeno
asociativo campesino y sus organizaciones.
La evaluación cualitativa esta constituida por corrientes metodológicas como la Etnografía, técnicas
e instrumentos de indagación cualitativa y los propósitos evaluativos. Existen diferentes tipos de
evaluación, según sus perspectivas y propósitos
(Chelinsky, 1997), éstas son Evaluación para la rendición de cuentas, Evaluación para el desarrollo y
Evaluación para conocer, debido a la naturaleza de
este estudio, podemos circunscribirnos a esta última.
La investigación social cobra importancia en este estudio, ya que a partir de ella es posible abordar la
complejidad de significados y visiones de los actores
sociales involucrados. Las técnicas utilizadas fueron
el estudio de caso, entrevistas semi-estructuradas en
profundidad, análisis de material y documentos de
las asociaciones campesinas y encuestas.
La técnica del estudio de caso consiste, en conocer a
las organizaciones de manera profunda y abarcando
todas sus dimensiones. Los estudios de casos son
construidos mediante la información recolectada,
por entrevistas en profundidad, las que fueron diseñadas de manera semi-estructurada. El muestreo
fue realizado de manera teórico-intencional, esto
quiere decir que se combinaron las variables de conocimiento obtenido desde la teoría, la experticia
de los investigadores y las recomendaciones de expertos en la materia. Luego de esta triangulación de
perspectivas, asociada a las variables de dispersión
geográfica territorial, se definió la muestra de acuerdo a los siguientes criterios:
• Empresas asociativas agrícolas exitosas, gestión exitosa de más de 3 años
• Representatividad de las organizaciones en el
territorio nacional
• Rubro de las organizaciones
MUESTRA DEL ESTUDIO:
Empresa Asociativa Agrícola
Rubro agrícola
Región
Cooperativa Campesina Intercomunal
de Peumo Ltda. COOPEUMO
Campesina, hortofrutícola
VI Región
Sociedad Agrícola Huertos del Sol
Frutícola
R.M
Sociedad Ganadera Socoder
Ganadera
VI Región
Red Nacional Apícola
Apicultura
Cobertura Nacional
Flores Curacaví
Flores de corte
R.M
Sociedad Agrofrutillas San Pedro
Berries
R.M
Cooperativa Vitivinícola “Los Robles. Ltda
Vitivinícola
VII Región
Sociedad Agrimaule
Frutícola
VII Región
Sociedad Agrícola “Los Maitenes”
hortofrutícola
V Región
ARCO S.A
Ganadera
VI Región
103
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
La investigación se realizó tomando en cuenta diez
asociaciones de pequeñas organizaciones familiares
campesinas. A cada estudio de caso se le aplicó 3
entrevistas en profundidad. En total se realizaron
30 entrevistas. La estrategia se complementó con la
realización de 6 entrevistas a experto, distribuidas
de la siguiente manera:
Informante calificado / experto
N° de entrevista
Informante calificado perteneciente
al mundo de políticas publicas de
fomento asociativo y campesino
2
Informante calificado perteneciente
al mundo académico experto en
desarrollo rural y campesino.
2
Las variables intervinientes que conforman el
potencial asociativo que hacen referencia a las ca-
racterísticas intrínsecas de las organizaciones, nos
remiten a dimensiones propias de su cultura organizacional y su administración empresarial. En el primer
caso encontramos características como la asociatividad, la toma de decisiones colegiada, innovación
en la conformación empresarial, la participación de
los asociados, la identificación y el compromiso y
la elaboración de planes y programaciones anuales.
En el segundo caso, encontramos características
intrínsecas al negocio, tales como la administración del negocio de forma eficiente y perdurable
la transparencia en la información, el acceso y
promoción de innovación en nuevas tecnologías,
contar con profesionales calificados y contar con
una adecuada estructura de gestión. Las características antes descritas pueden ser vislumbradas en el
siguiente modelo.
MODELO DE VARIABLES QUE CONFORMAN EL POTENCIAL ASOCIATIVO:
ADMINISTRACIÓN EMPRESARIAL Y CULTURA ORGANIZACIONAL.
104
USO DEL CAPITAL SOCIAL EN LA GENERACIÓN DE ASOCIATIVIDAD EN PEQUEÑAS ORGANIZACIONES FAMILIARES CAMPESINAS
Características propias de la cultura empresarial
• Empresarios Asociados. Las organizaciones rurales que tienen entre sus objetivos
emprender acciones de carácter asociativo
representan nuestro foco de atención. La asociatividad puede generar en ellas una serie de
efectos positivos: nuevos conocimientos, nuevas relaciones, nuevas redes, mayor poder de
negociación para obtener nuevos o mejores
recursos y bienes, etc.
• Participación de los socios. Es de vital importancia, para la empresa asociativa agrícola,
la participación de sus socios, son los propios
campesinos quienes indican que la participación también es un acontecimiento o evento
social donde se producen encuentros y re-encuentros de convivencia beneficiosos, para la
armonía de la organización.
• Identificación y compromiso. Es necesario que los asociados se identifiquen con su
empresa agrícola, este sentido de identidad
provoca un mayor compromiso en las actividades y tareas que se deben cumplir. Es
importante destacar, que el sentido de identificación y pertenencia se ve retroalimentado con
los beneficios directos que los socios obtienen
para su empresa agrícola. Son estos beneficios,
los que generan una distinción clara, en la
percepción de sentirse participe en la organización.
• Asociatividad. Una asociación de pequeñas
organizaciones familiares campesinas debe
valorar y fomentar, como principio rector de
su gestión, la asociatividad como centro de sus
acciones. Los campesinos, reconocen que la
estrategia de negocio asociativo es beneficiosa
tanto en la perspectiva gremial como de fortalecimiento económico.
• Capacitación permanente. La instrucción y la
formación deben ser una constante en las organizaciones agrícolas. La capacitación juega un
papel importante en la actualización de conocimientos y en la adquisición de información
a nivel técnico. El estudio de organizaciones
asociativas agrícolas, nos permite aseverar
que una fórmula exitosa en capacitación es la
práctica constante. Las empresas operan como
organismos técnicos de capacitación y tienen
una relación estrecha con SENCE. Es importante considerar capacitaciones técnicas que
tienen que ver con el rubro y tipo de negocio
agrícola. En el caso de las asociaciones que im-
parten capacitaciones, éstas forman parte de
un plan de formación o responden a acciones
contingentes.
Características de la Administración Empresarial
• Acceso a nuevas tecnologías. La adopción de
nuevas tecnologías en el agro no es un tema
fácil de resolver, el campesinado es un sector
que tiene años de tradición en “haceres agrícolas”, los valores operan generando normas
de comportamiento, y esto hace que la actitud
hacia las nuevas tecnologías sea más bien reaccionaria. Salvando las barreras costumbristas,
los campesinos entienden que la capacidad
de apropiarse y manejar nuevas tecnologías
es fundamental para la viabilidad futura de su
organización.
• Innovación en la conformación empresarial.
Las organizaciones deben ser flexibles y abiertas a conformar nuevas formas empresariales.
Deben ser capaces de idear y crear nuevos
emprendimientos que puedan aprovechar las
oportunidades y posibilidades del entorno
económico.
• Planes estratégicos. Las empresas agrícolas
deben ser viables, esto quiere decir que sean
capaces de mantener una existencia separada
del entorno, hacerlas fuertes, dinámicas. Es
por eso que deben tener directrices claras de
funcionamiento. Es relevante que las empresas agrícolas cuenten con definiciones claras
de sus metas, líneas de trabajo y acción. En
la elaboración de los planes estratégicos es
importante considerar la participación de los
socios de la organización. Este proceso participativo contribuye a que todos los asociados
conozcan los lineamientos estratégicos, involucrándose e identificándose con ellos
• Transparencia de la información. Una mejor práctica, que fue posible de reconocer en
las empresas agrícolas estudiadas, es la transparencia en la gestión de la información. Es
imprescindible que la organización de cuenta
de sus actividades, de la gestión de los recursos, ya que esto ordena su administración.
Lo anterior produce un acceso claro, rápido
y fidedigno al estado de resultados. La transparencia a su vez permite crear confianzas y
mantenerlas.
• Organización: definición de roles y puestos de trabajo. Las empresas agrícolas deben
tener claridad en la definición de los roles y
los puestos de trabajo. La conformación his105
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
tórica tradicional de las organizaciones rurales
las hacen mantener un doble vínculo entre lo
económico- productivo y la representación
gremial. Debido a esto, las estructuras se confunden entre los roles operativos del negocio y
los gremiales. Para que las empresas sean eficientes y competitivas, lo anterior debe estar
claramente distinguido. La definición de puestos de trabajo permite realizar una evaluación
de desempeño. Esta evaluación debe conocer
si se cumplen las tareas y funciones designadas, como también generar la posibilidad de
realizar cambios adecuados a las necesidades
de la organización.
• Cuerpos profesionales y técnicos. Ligado
al punto anterior, no sólo es necesario definir roles y puestos de trabajo, sino también se
hace necesario que estos sean ocupados por
las personas idóneas. Esta gestión “profesionalizada”, permite a las organizaciones liberar
tareas de dirección, gestión y negociación, del
rol de los productores, quienes en muchas
ocasiones, tienen que lidiar con una duplicidad en sus actividades en desmedro de su
propia producción. Es así, como las empresas agrícolas expresan, que debieran contar
con profesionales, para cada área de la organización, lo que genera un fortalecimiento
homogéneo de la empresa.
Las variables que intervienen en la conformación
del potencial asociativo que se refieren a las características extrínsecas a las asociaciones nos remiten a
características propias de su relación con el Estado
y las políticas públicas, relación con otras organizaciones, relación con la comunidad, y su relación con
el mercado. Igualmente, se hacen presentes factores
intervinientes, como el alcantarillado, agua potable,
luz, acceso a fuentes de información, etc. Las características antes descritas pueden ser vislumbradas
en el siguiente modelo.
MODELO GENERAL DE VARIABLES QUE CONFORMAN EL POTENCIAL ASOCIATIVO
SERVICIOS
BÁSICOS
106
USO DEL CAPITAL SOCIAL EN LA GENERACIÓN DE ASOCIATIVIDAD EN PEQUEÑAS ORGANIZACIONES FAMILIARES CAMPESINAS
• Importancia de la Comunidad. Una entidad
que muestra relevancia corresponde a la Comunidad, ya que es en ella donde se contienen
todas las redes territoriales de reciprocidad,
como son las redes de parentesco, de amistad
y compadrazgo. Es de especial atención el rol
de contexto que juega la comunidad, debido a
que ésta ayuda a conocer el tipo de asociatividad que se puede generar.
• Municipio y el impacto que tiene en las
organizaciones. Los municipios, autoridad
político - administrativa local por excelencia es
la que regula y canaliza las acciones de fomento
asociativo que mantiene el gobierno, es considerado una suerte de “socio estratégico”, por
las organizaciones.
• Universidades e Institutos Profesionales. Las
universidades, centros de formación superior,
tienen un rol de transferencia de conocimientos y búsqueda de modelos, cada vez más
precisos y viables para entender e intervenir
a las empresas agrícolas. Por su colaboración
al desarrollo y generación de conocimiento
académico-técnico, representan una alianza estratégica.
• Vínculos con la comunidad. Las organizaciones comunales son el mejor ejemplo de
asociación comunitaria, con las cuales se pueden establecer redes de reciprocidad, de apoyo
y redes comerciales.
• La Lógica del Mercado. Otra entidad relevante a considerar corresponde al Mercado. Es en
el mercado donde se focaliza la competitividad.
Este, juega una serie de roles determinantes para
la consecución del éxito asociativo. Por ejemplo, estableciendo condiciones que pueden
ser interpretadas como demandas, exigencias
o condiciones y que pueden ser aprovechadas
por las organizaciones rurales para cambiar el
status quo (por ejemplo, continuación de la
producción de productos tradicionales). De
este modo la relación de las organizaciones rurales con el mercado será de modo tal que el
grupo ofertará bienes y servicios con calidad y
precios competitivos, mientras el mercado entregará junto con la demanda correspondiente
señales de competitividad en precios y calidad
de los bienes y servicios que las organizaciones
producen o desean ofertar.
• Marketing. Es necesario que las organizaciones tengan una orientación o un plan de
marketing, que les permita un posicionamien-
to publico en los mercados competentes. El
marketing no debe ser improvisado, debe estar
en estrecha relación con los objetivos estratégicos de la institución.
• Buenas prácticas agrícolas. Los mercados
están cada vez más competitivos. Ello genera
una demanda al establecimiento de estándares
mínimos de calidad. Esta calidad debe estar
presente en las tareas productivas, de procesos
agrícolas, de servicios agrícolas y de gestión.
Es por eso que las buenas prácticas agrícolas
deben ser consideradas e implentadas por las
empresas agrícolas asociativas. Además las
buenas prácticas agrícolas se preocupan de
certificar normas de seguridad internacionales. Es reconocido, por los campesinos, que
el proceso de implementación de las buenas
prácticas es lento y necesita de una re-educación, para que los asociados lo comprendan.
• Relevancia del Estado y las Políticas Públicas. El Estado y las políticas públicas, a través
de los gobiernos y de sus instituciones, puede
contribuir al fomento de la asociatividad en
organizaciones rurales, proporcionando diversos tipos de oportunidades, espacios, recursos
e incentivos, que en conjunto, tienen como
resultado la disminución de los costes de transacción y de los riesgos de emprender acciones
conjuntas. De esta forma es posible aseverar
que Instituciones como INDAP, SERCOTEC,
CORFO, etc. representan socios estratégicos
en la consecución conjunta de los objetivos de
fortalecimiento y desarrollo de las organizaciones rurales.
• Otras organizaciones. (ONGs, gremios, empresas consultoras, etc.) también facilitan
los procesos y conformación de la asociatividad, proporcionando liderazgo político,
conocimientos técnicos, acceso al crédito,
metodología y “modelos” para el surgimiento
de procesos de acción conjunta y, a menudo,
entregando recursos. Dentro de este conjunto
distinguimos tres tipos de entidades: los asesores (consultores), las instituciones financieras y
otras organizaciones de carácter empresarial o
gremial. Los consultores entregan su capacidad
tanto para gerenciar y asesorar técnicamente a
los de empresarios, como para así llevar a buen
puerto los proyectos en los cuales participan.
Otra entidad a considerar, corresponde a las
instituciones financieras, como bancos y cooperativas de crédito, ellas adquieren relevancia
107
RODRIGO FLORES Y CAROLA NARANJO
cuando los empresarios requieren emprender
nuevas actividades de inversión que exceden
las posibilidades de las ayudas del Estado y de
su propio financiamiento, o bien, para solucionar problemas de liquidez transitorias -en
particular en épocas de crisis económica-. El
último grupo de instituciones, reunidas en
la entidad organizaciones, corresponde a las
asociaciones gremiales, organizaciones empresariales y ONGs entre otras.
• Misiones técnicas. El establecimiento de
alianzas de cooperación entre organizaciones
agrícolas, ha provocado la coordinación de
misiones técnicas entre ellas. En las misiones
técnicas existe un traspaso y transferencia de
conocimientos.
• Relaciones de asociación entre organizaciones rurales. Las valoraciones positivas, en este
apartado, tienen relación con el establecimiento
de relaciones gremiales fuertes, de representación. La asociatividad acá, se rescata en el hecho
de que unidos tienen mayor poder de reivindicación, negociación y comercialización.
En resumen, nuestro marco de análisis señala la
presencia de diversos factores que deben ser analizados a la hora de evaluar las condiciones ideales
para el surgimiento de procesos de acción colectiva
asociativa, co-producidas por instituciones y organizaciones públicas, sociales y privadas. En ellas,
cumple un rol condicionantes el entorno, por medio del acceso a condiciones básicas de cobertura de
agua, electricidad, alcantarillado, así como caminos
y transporte, etc. No disponer de estos servicios - o
disponer de ellos de forma no intermitente - puede
tener una serie de efectos, como el encarecimiento
de los productos y servicios, escaso acceso a mercados, etc.
A modo de reflexión
En el transcurso de este artículo hemos observado
cómo es que el uso de capital social puede generar
prácticas de asociatividad en pequeñas organizaciones familiares campesinas. Del mismo modo, se
rescataron, desde un enfoque cualitativo, cuáles son
las variables que ayudan en la conformación de un
cierto potencial que ayude en su conformación. Por
potencial asociativo pretendemos explicar un fenómeno complejo en su esencia: la manera en que por
medio del uso de lazos de confianza, cooperación
y reciprocidad, ciertas conformaciones sociales son
capaces de alcanzar ciertos fines en común.
108
El potencial asociativo se encuentra conformado
por una serie de variables intervinientes. En un
primer nivel, hace referencia a las características
intrínsecas de las organizaciones, nos remiten a dimensiones propias de su cultura organizacional y
su administración empresarial. En un segundo nivel, dice relación con una serie de características
extrínsecas a las asociaciones, las que nos remiten
a dimensiones propias de su relación con el Estado
y las políticas públicas, relación con otras organizaciones, relación con la comunidad, y su relación con
el mercado. Esperamos poder develar las relaciones
de estas variables en una futura investigación, pues
entendemos que estos procesos son de verdadera
importancia para las ciencias sociales. Entendemos
que existen buenas razones por las cuales los pequeños productores deberían conformar asociaciones,
todas las cuales merecen ser estudiadas con proligidad. Algunas de ellas son:
• Permiten acceder a información relevante de
acceso a fuentes de ayuda, privada o estatal.
• El conformar una asociación les permite un
mejor acceso al capital de trabajo.
• Les permite generar economías de escala, que
en otras circunstancias no podrían realizar.
• Los presenta como una organización mucho
mayor y más fuerte ante entidades financieras.
• Permiten autoayudarse en términos económicos. Ganan en capacidad de negocio y pueden
lograr apoyos en elementos tales como calidad, medio ambiente, etc.
• Pueden conformar redes de representación
asociacionista, donde el concepto fundamental
es la representación de los intereses y derechos
de los propios campesino, etcs.
Referencias consultadas
ARRIAGADA, IRMA (2003) Aprender de la Experiencia.
Capital Social en la superación de la pobreza. Libros de la
CEPAL 86, Santiago.
BASS, S. (1997) Participatiory Institutional Development,
Conference on Sustainable Agriculture and Sand Control in Gansu Desert Area.
BOURDIEU, P. (1986) The forms of capital, Handbook
of Theory and Research for the Sociology of Education,
John G. Richardson (comp.), Nueva York, Greenwood
Press.
CAROLAN, M. (2005) Barriers to the adoption os sustainable agriculture on rented land: an examination of cotesting
social fields. Rural Sociology, 70, n 3, pp. 387 a 414
USO DEL CAPITAL SOCIAL EN LA GENERACIÓN DE ASOCIATIVIDAD EN PEQUEÑAS ORGANIZACIONES FAMILIARES CAMPESINAS
COLEMAN, J. (1990) Foundations of Social Theory. Belknap Press, Cambridge, Mass.
CHELIMSKY, E. (1997) Thoughts for a new evaluation
society. Evaluation, vol. 3, nº1, pp. 97-104.
CHONCHOL, JACQUES (2001) Ponencia presentada
en el Taller sobre Soberanía y Seguridad Alimentaria
realizado en Santiago de Chile en Agosto 2001, por la
RIAD-Chile
DIRVEN, MARTINE (2002) Las prácticas de herencia de
FLORES, RODRIGO (2004) Tercer sector, capital social y
antropología sociocultural. Revista Chilena de Antropología, Universidad de Chile, nº 17, pp.33-45.
INSTITUTO NACIONAL DE ESTADÍSTICAS
(2002) Censo de población. Instituto Nacional de Estadísticas, Santiago, Chile.
KLIKSBERG B. Y TOMASSINI, L. (2000) Capital social y cultura: claves para el desarrollo estratégico, BID,
Fundación Felipe Herrera, Universidad de Maryland,
Fondo de Cultura Económica, Argentina.
tierras agrícolas: ¿una razón más para el éxodo de la juventud? Serie Desarrollo Productivo, 135, 17, CEPAL,
Diciembre.
PNUD (2000) Informe de Desarrollo Humano en Chile.
DURSTON, J. (1999) Construyendo capital social co-
PUTNAM, R. D. (1993) The prosperous community. Social
munitario. Una experiencia de empoderamiento rural
en Guatemala. Serie Políticas Sociales n 30, CEPAL,
Santiago.
DURSTON, JOHN (2002) El capital social campesino en
la gestión del desarrollo rural: díadas, equipos, puentes y
escaleras. CEPAL, Santiago.
FLORES, R; NARVARTE, P; NARANJO, C. (2005)
Antecedentes sobre el desarrollo de la asociatividad en la
pequeña empresa agrícola. En Alianzas para el desarrollo
de la empresa agrícola en el Siglo XXI. INDAP IICA,
AGCI, Santiago, pp. 189-207
PNUD. Santiago.
capital and public life. American Prospect, 13.
PUTMAN, R. (1994) Para hacer que la democracia funcione, Editorial, Gulac, Venezuela.
RAMÍREZ, E.; BERDEGUÉ, J.; CARO, J.C.; FRIGOLETT, D. (2001) Estrategias de generación de ingresos
de hogares rurales en zonas de concentración de pobreza
entre 1996 y 2000. Red Internacional de Metodología
de Investigación de Sistemas de Producción (RIMISP),
Santiago de Chile.
VIVANCO, MANUEL; FLORES, RODRIGO (2005)
Entre la naturaleza y el mercado. El caso de una organización familiar campesina. Revista de Sociología nº 19,
Universidad de Chile. pp. 171 a 186.
FECHA DE RECEPCIÓN: Noviembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: Marzo 2006
109
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 111-119
Endeudamiento y ahorro del personal en la
gestión de los bienestares institucionales1
Indebtness and savings as part of employees assistance
program management1
ISABEL MONCKEBERG2
Resumen
El objetivo de este artículo es compartir con los trabajadores sociales, elementos de diagnóstico
en el tema del endeudamiento y ahorro, siendo el sobreendeudamiento una temática especialmente emergente en los últimos años. También lo es el ahorro, dado los nuevos incentivos que
se dan para su fomento. Ambas variables son las distintas caras de un trabajo en la temática
económica que puede efectuarse a partir de las organizaciones de bienestar en las instituciones
laborales.
Palabras claves: endeudamiento - ahorro - gestión de bienestar - organizaciones sociales
Abstract
This article seeks to share with social workers some usefull tools for diagnosis, in the topic of
the indebtedness and savings, given the emergence of over indebtedness as a specially relevant
issue in the last years. Another relevant issue is savings, given the new incentives created for its
development. Both issues constitute different aspects of an effort , in the economical realm, that
can be started in the welfare administrations systems of labor institutions.
Key words: indebtedness - savings- employee assistance programs - social organizations
Los alcances que en este espacio se efectúan respecto de la realidad del sobreendeudamiento, están
basados en fuentes de información provenientes de
Estudios de Finalización de Carrera de alumnos de
la Escuela de Trabajo Social de la PUC.2, junto a
otros estudios nacionales.
Además de efectuar un trabajo de recopilación en el
tema, se diseñaron algunos instrumentos de apoyo
para diagnosticar el problema desde las unidades
sociales, autodiagnosticar el problema de sobreendeudamiento y formas comunicativas para difundir
y promover sistemas de ahorro en el personal.3
En el análisis del tema, se hace necesario realizar una
distinción básica respecto de un endeudamiento
normal y funcional para poder acceder a los bienes
de consumo necesarios en la vida de las personas,
de un endeudamiento excesivo, el cual es origen de
fuertes tensiones y repercusiones en la vida, de quienes lo sufren. El establecimiento de límites entre “el
sano endeudamiento” y “endeudamiento problemático”,
es un ejercicio que comporta cierto grado de arbitrariedad, como cualquier catalogación, pero útil, en la
medida que permite clasificar situaciones de riesgo
para los trabajadores sujetos de la atención social.
Al respecto, según los análisis que efectúan las entidades bancarias y financieras, cuando se trata de
créditos de largo plazo, como son los hipotecarios, se
ha establecido, que lo que la persona puede disponer
para el compromiso de pago mensual es el 25% de
sus ingresos familiares. Así, se puede entender que
estar endeudados por compromisos mensuales bajo
Este artículo ha sido extractado del trabajo de Monckeberg, Isabel “Trabajando la temática económica, un área de acción en la gestión de
los bienestares institucionales.”Enero 2006. Documento de Trabajo. Escuela de Trabajo Social. Pontificia Universidad Católica de Chile.
2 Ponce, Daniela y Ramirez Viviana. Estudio Descriptivo sobre la Situación de Endeudamiento y Consumo del personal en dos
Instituciones de Servicios de la Región Metropolitana, Estudio de Finalización de Carrera de las alumnas de Trabajo Social de la
Pontificia Universidad Católica.Agosto 2005. El estudio consideró una población de 343 trabajadores. Se describen y analizan los datos
en forma separada para cada organización. Por problemas de limitación de tiempo, y porque no respondía a sus objetivos, las alumnas
a cargo del estudio, no efectuaron un análisis conjunto para ambas instituciones.
3 Por razones de espacio, estos elementos no están incluidos en el presente artículo.
1
111
ISABEL MONCKEBERG
esa suma, es una situación controlada. Tratándose de
créditos de consumo, el Servicio Nacional del Consumidor establece como máximo de endeudamiento
familiar, montos de pago mensuales equivalentes al
25% del ingreso familiar mensual.4
Forma parte de la misión de las unidades de bienestar, velar por la calidad de vida de los trabajadores y
sus familias, y por ello, la protección del trabajador
en su “ vulnerabilidad económica “ es un aspecto
esencial de su acción.5 La experiencia laboral a través del contacto con personas que viven situaciones
que pueden ser catalogadas de sobreendeudamiento,
plantea la necesidad de intervenir de alguna forma,
ya sea para prevenir, evitar o ayudar a dar solución
a quienes viven las repercusiones de un sobreendeudamiento.
Son variadas las repercusiones de este problema, desde la pérdida del control sobre la propia situación
económica a repercusiones de índole familiar, por crisis en las relaciones interpersonales, deterioramiento
del estado de ánimo o problemas de salud derivados.
El ambiente de trabajo también se afecta, al producirse
distracciones propias de quien está altamente preocupado de situaciones externas; por alteración de los
estados de ánimo, o por la necesidad que se presenta de disponer de tiempos entre las horas de trabajo
para solucionar los urgentes problemas financieros.
Probablemente el estar muy comprometido económicamente le producirá al trabajador , un descontento
con su situación laboral, con el ingreso económico,
con el medio en general, todo lo cual puede afectar el
rendimiento en una situación de trabajo.
El sobreendeudamiento
6
Para distinguir entre situaciones de endeudamiento,
respecto de la presencia de sobreendeudamiento,
el estudio de referencia consideró la capacidad
de pago familiar que tenían los trabajadores al
momento del estudio, acotándolo a las deudas
de consumo. De acuerdo al concepto del Servicio
Nacional del Consumidor (SERNAC), clasificaron
como sobreendeudados a los trabajadores que man-
tenían pagos mensuales correspondientes a créditos
de consumo, por sobre el 25 % de los ingresos
mensuales familiares.
Las cifras del estudio muestran, la fuerte presencia
del problema en los trabajadores de las instituciones estudiadas, realidad que probablemente es
compartida por los trabajadores de diferentes organizaciones laborales, y que es coincidente con los
reportes de los trabajadores sociales.
En el endeudamiento estudiado, se incluye las deudas de consumo producto de créditos internos,
que se descuentan por planilla de sueldos, y las
causadas por endeudamiento externo. El nivel de
sobreendeudamiento, o personas que tienen deudas
de consumo por sobre el 25% de los ingresos mensuales familiares es cercano a un 60%.
Considerando el nivel de endeudamiento crítico, el
cual corresponde a aquellos que están endeudados, y
deben cancelar créditos de consumo, por sobre el 50%
de los ingresos familiares, este es mayor en el sector
público, correspondiendo a un 32% del personal. En
la institución privada si bien también es alto este porcentaje, correspondiendo al 26% del personal.
Endeudamiento – Sobreendeudamiento en
institución del sector público y en institución
del sector privado.
Nivel de endeudamiento
Institución
Pública
Institución
Privada
Endeudamiento bajo el 25%
de los ingresos
39%
43%
Endeudamiento entre 26%
y 40% de los ingresos
20%
18%
Endeudamiento sobre 41% y
50% de los ingresos
9%
12%
Endeudamiento “crítico”,
sobre el 51% de los ingresos
32%
26%
100%
99%
Total trabajadores
Antecedentes en Ponce, Daniela y Ramirez Viviana. Estudio Descriptivo sobre la Situación de Endeudamiento y Consumo del
personal en dos Instituciones de Servicios de la Región Metropolitana, Estudio de Finalización de Carrera de las alumnas de
Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica.Agosto 2005.
SERNAC. Departamento de Educación. Taller de educación para el consumidor. 2002. Santiago, Chile. Pág. 7. En Estudio Descriptivo sobre
la Situación de Endeudamiento y Consumo del personal en dos Instituciones de Servicios de la Región Metropolitana, de Daniela Ponce y
Viviana Ramirez. Estudio de Finalización de Carrera. Escuela Trabajo Social. Pontificia Universidad Católica de Chile. Agosto 2005.
5 Monckeberg, Pardo, Isabel. Gestión de bienestar en instituciones y empresas. Operatoria de las unidades de bienestar en la administración
de servicios y beneficios. Pontificia Universidad Católica, Escuela de Trabajo Social. Documento de Investigación. 2004.
6 La muestra estudiada en Ponce, Daniela y Ramirez Viviana, op cit, pertenece a dos instituciones de servicio de la Región Metropolitana,
una de ellas perteneciente al sector público y otra al sector privado. Se estudió un grupo de trabajadores con un sueldo mensual, inferior
a 68,4 UF. En la institución privada se trata de 134 casos, con una edad promedio de 41 años. En la institución pública la muestra se
compone de 209 casos, con una edad promedio de 43,5. En ambos casos quienes contestaron la encuesta, son trabajadores que lo hicieron
en forma voluntaria y anónima.
4
112
ENDEUDAMIENTO Y AHORRO DEL PERSONAL EN LA GESTIÓN DE LOS BIENESTARES INSTITUCIONALES
Respondiendo a la interrogante, ¿en quienes se intensifica el problema del sobreendeudamiento?, son los
trabajadores administrativos quienes presentan el
problema con mayor intensidad. El 68 % de ellos
tendría deudas de consumo por pagar mensualmente por un monto superior a la cuarta parte de los
ingresos familiares. En los trabajadores auxiliares y
en los técnicos también se denota una alta presencia
del problema.
Respecto de la situación económica, el sobreendeudamiento tiene mayor presencia en las personas con
menores ingresos familiares. Los grupos económicos E y D que son aquellos con ingresos mas bajos,
presentan un sobreendeudamiento del 63 y 60 %
de los trabajadores respectivamente. El grupo C3,
que representa a quienes tienen ingresos entre $
440.001 y $ 670.000, tiene un 46% de trabajadores
sobreeendeudados. El grupo C2, con ingresos sobre
esta cifra, tiene un nivel menor de sobreendeudamiento (34 %).7
Los créditos
La contratación de créditos para adquirir bienes,
obtener servicios o para responder a las deudas
ya contraídas, presenta varias alternativas. Una
primera clasificación permite distinguir las alternativas internas que se originan en la propia
institución, de las alternativas externas, disponibles en el mercado a las cuales accede el trabajador.
Las otras alternativas de crédito a la cual acceden
los trabajadores son netamente externas y sus
compromisos son cancelados directamente. De
este endeudamiento en las instituciones no se tiene mayor conocimiento.
En el estudio analizado, se abarcó todas las fuentes
posibles de crédito, internas y externas. En “préstamos empresa” se incluyeron los variados tipos de
préstamos internos. En “Créditos Cajas de Compensación”, a aquellos otorgados por estas instituciones
y que la empresa asegura el descuento por planilla.
Los créditos externos, están referidos a bancos, tarjetas de crédito bancarias, casas comerciales, tarjetas
de crédito de casas comerciales, créditos financieras
y tarjetas de crédito comercial. Un 27% de los compromisos de créditos de consumo en el personal
que está sobreendeudado, es con el sistema interno (créditos empresa y Cajas de Compensación),
en un 32% corresponde a créditos con el sistema
bancario, un 25% con casas comerciales, y 9% con
sistemas de tarjetas de crédito comercial. Este antecedente fortalece el concepto de que el problema
del sobreendeudamiento sobrepasa con creces los
límites institucionales.
Cuando se les consulta a los trabajadores respecto de
las áreas de consumo a las cuales han ido dirigidos
sus créditos, el área vestuario, es el que obtiene las
mayores nominaciones. Un 32% de los trabajadores
consultados menciona haber utilizado créditos en
los últimos seis meses para efectos de vestuario. El
segundo item mencionado es por gastos de salud,
en un 27%. Por gastos de alimentación, ha solicitado créditos un 25% y por educación un 20% de los
trabajadores consultados.
Antecedentes nacionales respecto
de los créditos de consumo
Relevantes antecedentes aporta un estudio efectuado
por la Superintendencia de Bancos e Instituciones
Financieras,8 que incluyó un universo del 90% del
sistema bancario nacional. De este estudio, se releva
que el promedio de la deuda personal por consumo
en el sistema, era de 79,5 UF. La morosidad de las
deudas es baja, para las mujeres es de un 0,9 %,
y para los hombres de un 1%. El endeudamiento
por consumo es proporcionalmente más alto, en las
personas de menores ingresos.
En relación al ingreso líquido de las personas, el endeudamiento promedio es de 2,3 ingresos para el
caso de las mujeres y 2,4 ingresos para los hombres.
Las personas que se clasifican en el tramo de rentas
mas bajas, hasta 19 UF,9 habrían estado endeudadas
el año 2001, en 4,6 rentas promedio. Las personas
que corresponden al tramo de rentas entre 19 y 32
UF, habrían estado endeudadas en el año 2001, en
3,2 rentas promedio. Y aquellas con remuneraciones por sobre las 32 UF, en 1,7 rentas promedio.
El estudio mencionado concluye que la participación de las mujeres en el mercado de los créditos es
significativa, aunque es inferior al de los hombres,
presentando un mejor comportamiento de pago. Su
nivel de participación en los créditos es constante
en los distintos tramos de edad. En los hombres, en
cambio hay una mayor concentración de los créditos a la edad cercana a 30 años.
Estos valores están referidos a Junio 2005.
Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras. “Deudas de personas en el sistema financiero. Una visión de género”. Santiago
Chile 2001.
9 Referencia a Octubre 31, 2005.
7
8
113
ISABEL MONCKEBERG
Los últimos antecedentes, reflejan un aumento sostenido de las deudas de consumo. El Informe de
Estabilidad Financiera del Banco Central, señala
que la deuda de consumo bancaria por deudor, en
Agosto 2005, es de 2,3 millones de pesos, cifra que
es cuatro veces superior a la presentada hace diez
años, y 14% sobre la presentada hace un año, aumento que no es proporcional al aumento de los
ingresos económicos de las familias chilenas.10
son más bajos. Sin embargo hay ciertos gastos como
lo son vivienda, y recreación donde se presentan
las mayores diferencias de gastos si se considera
los grupos económicos de referencia para cada una
de las personas estudiadas. También se producen
cambios importantes en los gastos de alimentación
y educación. En cambio en materias de transporte,
salud y vestuario es donde se producen las menores
diferencias entre un grupo y otro, siendo en estos
aspectos el gasto más similar.
Características del consumo
A través del consumo, o gastos efectuados por las
personas, se satisfacen los distintos tipos de necesidades personales y familiares. Aquellos ingresos que
no se destinan al consumo, constituyen ahorro.
La alimentación se presenta en los datos del estudio
analizado, como aquella necesidad a la cual se le destina los mayores montos en dinero promedio mensual.
En alimentación se destina una cantidad promedio
mensual correspondiente a 6,14 UF. En vivienda
5,93 UF. En educación 4,3 UF. En servicios básicos 3,
52 UF. Cantidades promedios menores se destinan a
transporte, vestuario, salud, y recreación.11
Gastos de Consumo
Gastos de
consumo
Institución Institución
Privada
Pública
Total
Valor UF
Alimentación
$109.826
$106.124
$107.699
6,14
Vivienda
$105.262
$103.357
$104.167
5,93
Educación
$79.219
$72.646
$75.442
4,30
Servicios
Básicos
$67.579
$57.655
$61.877
3,52
Transporte
$48.021
$43.154
$45.224
2,58
Vestuario
$39.439
$35.041
$36.912
2,10
Salud
$29.716
$41.667
$36.583
2,08
19.495
$14.118
$16.405
0,93
Recreación
Antecedentes en Ponce, Daniela y Ramirez Viviana. Estudio Descriptivo sobre la Situación de Endeudamiento y Consumo del
personal en dos Instituciones de Servicios de la Región Metropolitana, Estudio de Finalización de Carrera de las alumnas de
Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica.Agosto 2005
El consumo para las diferentes necesidades se modifica en forma decreciente a medida que los ingresos
Gastos de Consumo por grupo económico
Gasto
promedio
por grupo
económico
Grupo C2 Grupo C3 Grupo D Grupo E
Vivienda
$150.541
$139.874
$46.931
$36.258
Servicios
Básicos
$86.068
$59.883
$44.108
$35.089
Alimentación $142.514
$111.466
$81.183
$60.975
Educación
$102.493
$75.104
$49.926
$37.500
Vestuario
$49.548
$33.563
$29.546
$21.830
Transporte
$60.437
$24.118
$32.890
$33.801
Recreación
$29.249
$13.204
$7.976
$4.034
Salud
$38.635
$38.932
$31.422
$39.911
Antecedentes en Ponce, Daniela y Ramirez Viviana. Estudio Descriptivo sobre la Situación de Endeudamiento y Consumo del
personal en dos Instituciones de Servicios de la Región Metropolitana, Estudio de Finalización de Carrera de las alumnas de
Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica.Agosto 2005
Se tienen patrones de consumo diferentes de acuerdo a los ingresos de las personas. Hay rubros como
es la alimentación, en que bajan gradualmente los
gastos a medida que los ingresos son menores. En
cambio el rubro de la salud, el gasto se mantiene en
forma muy similar.
Motivos de endeudamiento
Cuando a las personas se les consulta lo que ha
motivado su nivel de endeudamiento, en su mayor
parte apela, a su nivel de ingresos. También mencionan como causas los problemas familiares, aspirar a
un nivel de vida mejor y a desorden presupuestario.
La razón “nivel de ingresos” es coincidente con el
10 Mendoza V Luis. Deuda de los hogares chilenos crece más rápido que sus ingresos. Artículo Diario la Tercera. Negocios. 16 diciembre
11
2005.
Los valores están calculados en UF. Los valores en $ corresponden al mes de Junio 2005.
114
ENDEUDAMIENTO Y AHORRO DEL PERSONAL EN LA GESTIÓN DE LOS BIENESTARES INSTITUCIONALES
dato aportado por el cruce de variables entre sobreendeudamiento y niveles de ingreso que reflejó
que, estaría más sobreendeudado el sector con menores ingresos.
La razón “problemas familiares”, corresponde a un
26% de los consultados. Este antecedente puede
considerarse en cierta medida como el porcentaje
de endeudamiento excesivo que se debe más bien
a imprevistos, que a situaciones buscadas voluntariamente. Sólo un pequeño porcentaje (8%) alude a
la razón “desorden en el presupuesto familiar”. Un
19%, se refiere a otras causas, respecto de las cuales
el estudio no entrega mayores antecedentes.
Se estima que las percepciones de las personas sobre el endeudamiento excesivo, se caracterizan por
una mirada de dependencia respecto de situaciones
externas que son las que ellos sienten que estarían
produciendo la situación riesgosa. Perciben que no
tienen un mayor control sobre la situación, que es
algo que se va produciendo producto de presiones
familiares, arrastre de situaciones anteriores, con lo
que se denota un comportamiento de poca prevención al respecto. Sólo un pequeño porcentaje realiza
un presupuesto familiar mensual, y en su mayoría
tienen escasa información al momento de solicitar
créditos. Estas razones avalan la interpretación de
que el sobreendeudamiento es una situación que no
sucede de un día para el otro, sino más bien es un
proceso que iría creciendo, de a poco, de acuerdo a
distintas situaciones, por lo que no habría una sola
razón, que la explique en cada caso.
créditos, deben afrontar pagos por castigos de morosidad, lo que les intensifica el problema. Tampoco
comparten con su familia, la necesidad de adquirir
nuevos créditos, lo que produce un empeoramiento de la situación, por cuanto el crédito se contrae
en forma individual por parte de cada uno de los
integrantes del grupo familiar, no considerándose
los compromisos adquiridos por el otro.
En este grupo de estudio, más de un 50% no era
propietario ni adquiriente de una vivienda, lo que
muestra la gravedad de su situación; son personas
que además de la situación de endeudamiento en
que estaban no han dado solución al problema
más básico, que es el problema de la vivienda, que
requiere ahorro previo y cierta capacidad de endeudamiento.
Interesantes antecedentes entrega un estudio de una
Compañía de Seguros.13, en que se menciona que
uno de cada tres chilenos de los grupos socioeconómicos C3 y D reconoce haber tenido problemas para
cancelar sus cuotas de crédito, siendo los más afectados el grupo de personas jóvenes, mencionándose
específicamente las edades entre 25 y 34 años.
Señala también el estudio, que el 60% de los trabajadores dependientes puede mantener sólo hasta
tres meses su nivel de gasto en caso de perder su
fuente de trabajo. Respecto de las percepciones de
riesgo que tienen los chilenos, éstas son las enfermedades catastróficas (93%), los hechos graves en
la familia (89%) y la posibilidad de quedar desempleado (88%).
Aportes de otros estudios en el tema
Efectos del sobreendeudamiento
En relación a los motivos de sobreendeudamiento,
un estudio anterior realizado por alumnas de Trabajo Social de la PUC, en su trabajo de finalización de
carrera,12 aporta algunos antecedentes de interés de
incluir es esta revisión del problema.
El sobreendeudamiento, constituye una variable
económica caracterizada por el alto riesgo de que las
personas puedan no cumplir sus compromisos contraídos. Se trata de una situación de vulnerabilidad
desde la perspectiva social, con probables repercusiones en la vida personal, familiar y laboral.
En este estudio, referido a un pequeño número de
casos, de dos empresas de la Región Metropolitana,
de trabajadores que estaban de hecho en condición
de sobreendeudados, el 50% de ellos, manifiesta
no cumplir oportunamente con las fechas de pago
cuando contrae una deuda. En consecuencia, estas
personas además de los intereses que pagan por los
En el estudio analizado, el personal consultado
reconoce que el sobreendeudamiento les ocasiona
distintos efectos. Un 47% reconoce sus consecuencias negativas. Aunque esta percepción se da por
igual en los trabajadores de la institución pública
que privada, los funcionarios públicos son los que
Matus, Tamara y Pumero, Andrea. Estudio descriptivo de las características y percepciones del sobreendeudamiento de los trabajadores
de dos empresas privadas de la Región Metropolitana. Estudio de Finalización de Carrera. Escuela Trabajo Social. Pontificia Universidad
Católica de Chile. Julio 2004.
13 Artículo. Una de cada tres personas tiene problemas para pagar sus créditos.26 de Agosto de 2005.Economía y Negocios, El Mercurio.
Se refiere a estudio efectuado por la Aseguradora Cardiff. La muestra de estudio corresponde a 1.002 chilenos mayores de 18 años.
12
115
ISABEL MONCKEBERG
nombran más efectos negativos, fruto de una situación de sobreendeudamiento.
Los efectos negativos mencionados se refieren al
deterioro de las relaciones familiares, apareciendo
principalmente el tema de las discusiones en el núcleo familiar así como la alteración en el estado del
ánimo. En las personas sobreendeudadas las consecuencias en esta área son más críticas; incluso se
da el caso de encuestados que señalaron la ruptura
familiar como un resultado negativo de su nivel de
endeudamiento.
Los sistemas de cobranza
Es frecuente que las casas comerciales, bancos y
financieras encarguen a compañías externas las
deudas que no han sido cumplidas en sus plazos
de pagos. Los sistemas para “ recordar estos créditos” han sido sujetos de crítica, en cuanto se han
convertido en formas de acosar al deudor , no cumpliéndose en algunos casos con las normas legales
al respecto, lo que afecta la vulnerabilidad de la
propia familia y a su situación laboral.14 Legalmente están establecidos los montos máximos de pago,
de acuerdo al total de la deuda, una vez que se haya
cumplido los 15 días corridos de atraso, desde el
vencimiento del pago.15
La ley del consumidor normó los procedimientos
para las formas de cobranzas no permitiendo apremios y amenazas; prohíbe el envío de documentos
que busquen hacer creer al deudor, que son escritos
judiciales. No se permiten comunicaciones a terceros ajenos a la obligación en las que se dé cuenta de
la morosidad, o visitas o llamados telefónicos al hogar, en horarios que no sean hábiles16 y en general,
conductas que afecten la privacidad del hogar, la
convivencia normal de sus miembros y su situación
laboral.17 Quien contrata un crédito, tiene derecho
a ser informado respecto de la empresa que le cobrará en caso que se retrase el pago, procedimientos
y horarios. La ley también le permite pagar directamente al proveedor las cuotas impagas, aunque sea
la empresa de cobranza la que se lo haya recordado.
Los reclamos respecto del no cumplimiento de estas
normas deben efectuarse al SERNAC, quien puede
entablar una demanda judicial.18
Otras normas respecto de los deudores
morosos
La normativa legal ha establecido que no puede
discriminarse a una persona en un proceso de selección laboral por sus deudas. Sólo puede exigirse el
certificado DICOM, cuando por la naturaleza de los
servicios que llevan implícitos, tiene especial relevancia conocer la información comercial, financiera
o bancaria, para efectos de garantizar al empleador
una adecuada decisión al momento de la contratación. Sólo se permite como excepción, tomar
conocimiento de los antecedentes indicados, de los
trabajadores que tengan poder para representar al
empleador, tales como gerentes, subgerentes, agentes o apoderados, siempre que en todos estos casos,
estén dotados a lo menos de facultades generales de
administración; y de los trabajadores que recauden,
administren o custodien fondos o valores de cualquier naturaleza.
Ahorro
El ahorro está constituido por aquella parte del
ingreso económico que se decide no destinar al consumo, sino a una inversión, con el fin de generar
ingresos futuros.
La conducta de ahorro puede ser considerada un
tipo de hábito que las personas sostienen, así como
también el sobreendeudamiento, en cierta medida,
puede ser considerado un tipo de hábito, en personas que manifiestan esta tendencia.
El ahorro de las familias de menores ingresos, creció en nuestro país sostenidamente en los años 90,
realizándose preferentemente a través de las libretas
de ahorro del Banco del Estado de Chile. Las motivaciones del ahorro obedecen a la adquisición de
una vivienda, al motivo “precaución” y para disponer recursos para la vejez. El fuerte crecimiento que
Cobranza Judiciales. Las deudas me acosan. Artículo Economía y Negocios. Diario El Mercurio. 26 Octubre 2005.
Los montos máximos los estableció la ley Protección de los derechos de los consumidores. Ley 19. 496.
• Para deudas hasta 10 UF, el monto máximo de cobro es el 9% de esta cantidad.
• Para deudas entre 10 y 50 UF, el monto máximo es el 6% de esta cantidad.
• Para deudas sobre 50 UF, el monto máximo es el 3% de esta cantidad.*
16 Se estableció como horario hábil, el horario entre las 8.AM y las 20 horas.
17 Ley 19.496, articulo 37, inciso quinto. Al respecto no son admisibles los llamados telefónicos de cobranza a otras personas del círculo
laboral del trabajador deudor.
18 Ver www. Sernac. Cl
14
15
116
ENDEUDAMIENTO Y AHORRO DEL PERSONAL EN LA GESTIÓN DE LOS BIENESTARES INSTITUCIONALES
habría experimentado el país, así como el hábito del
ahorro en las familias de menores ingresos , explicarían este aumento.19
El Banco del Estado, tiene la participación mayoritaria del mercado en el segmento Libretas de
Ahorro. Que no se exija saldo mínimo, no se cobren
comisiones de administración, que no se requieran
saldos mínimos de mantenimiento de cuenta y se
tenga acceso cercano desde los distintos lugares
del país, explicarían esta preferencia por el Banco
Estado en materias de ahorro personal y familiar
de las familias de menores ingresos.20 A nivel latinoamericano Chile destaca como un país que ha
implementado programas que incentivan el ahorro,
siendo un ejemplo de ello, el programa de subsidio
habitacional que premia el ahorro familiar en sus
formas de otorgamiento. Sólo Chile tiene en América Latina, políticas explícitas para el fomento del
ahorro familiar.21
Como variables de influencia en el ahorro familiar
de personas con bajos ingresos se señalan diversos
factores macro y microeconómicos, institucionales
y socioculturales. Serían condiciones que influyen;
la disponibilidad de instrumentos de ahorro alternativos, las condiciones de rentabilidad, riesgo y
liquidez, la cobertura geográfica de las instituciones financieras, las exigencias de montos mínimos
de ahorro, los beneficios adicionales y el desarrollo
previo de hábitos de ahorro.22
La política económica y social chilena, ha otorgado relevancia a los hábitos de ahorro; al respecto,
se constituyó en 1997, una Comisión Nacional del
Ahorro, con el objeto de generar propuestas de política financiera y tributaria para promover el ahorro
personal y familiar.23 De esta Comisión, a partir de
un diagnóstico de que el nivel de ahorro privado
era insuficiente, surgiría una serie de propuestas, y
entre ellas medidas para dinamizar el ahorro previsional, y establecer incentivos tributarios para el
ahorro de las personas, a través de una gama amplia
de instrumentos financieros.24
Un estudio efectuado por el Banco del Estado,
señala que el ahorro en cuanto sexo se distribu-
ye equitativamente entre hombres y mujeres. En
cuanto a edad, un alto porcentaje de los ahorrantes
son mayores de 36 años. Provienen en su mayoría
del sector asalariado, en segundo lugar de dueñas
de casa, y en tercer lugar del sector informal. Las
motivaciones para ahorrar son compra de vivienda, contar con medios financieros para enfrentar la
vejez, y disponer de un fondo para la educación de
los hijos. Se considera que el ingreso es una variable
significativa y correlacionada con el ahorro.25
Ahorro a través de cuentas de ahorro
previsional
A partir de agosto 2002, los afiliados del sistema
previsional deben elegir los fondos en que tienen
sus inversiones. El sistema AFP ofrece la opción de
cinco tipos de fondos, los cuales disponen distintas
combinaciones de instrumentos de inversión, que
implican rentabilidades y riesgos distintos para las
inversiones, lo que conlleva una necesaria mayor
responsabilidad de cada trabajador en la toma de
decisiones , lo que afecta su ahorro previsional.
Los fondos de pensiones se diferencian por el
porcentaje de recursos que pueden destinar a la
compra de instrumentos de renta variable. Las opciones van desde el Fondo E, que sólo invierte en
Renta Fija, hasta el Fondo A, que puede mantener
hasta un 80% invertido en títulos de renta variable.
Sólo hay restricciones en la elección, por concepto
edad, para quienes están más próximos a la edad
de jubilación, o que ya están con jubilaciones de
retiro programado y sólo son aplicables a la Cuenta
de Capitalización Individual Obligatoria.
La edad es un factor importante a considerar en la
elección de los fondos. Se espera que una persona joven, que tiene por delante un extenso período
de ahorro antes de jubilar, puede invertir su ahorro
previsional en un fondo con una mayor proporción
en renta variable, sin mayor riesgo, ya que en el
largo plazo es probable que se recuperen pérdidas
puntuales, obteniendo al final mejor rentabilidad.
Pero si se está mas próximo a pensionarse, es acon-
Errázuriz, Enrique, Ochoa, Fernando y Olivares Eliana. El ahorro familiar en Chile. Naciones Unidas. Proyecto CEPAL./ Gobierno de
Holanda. Políticas financieras para incrementar el ahorro y promover la equidad. Diciembre 2001.
20 Errázuriz, Enrique,Ochoa ,Fernando y Olivares Eliana. Op. Cit.
21 Szlachman, Raquel. Promoviendo el ahorro de los grupos de menores ingresos. Op. Cit.
22 Szlachman, Raquel. Promoviendo el ahorro de los grupos de menores ingresos. Documento Naciones Unidas. CEPAL. Abril 2003.
23 Errázuriz, Enrique,Ochoa, Fernando y Olivares Eliana. Op. Cit.
24 Hachette, Dominique. Comentarios al Informe de la Comisión del Ahorro. Hacia un mayor ahorro privado en Chile. 1998. www.
economia.puc.cl/publicaciones/ cuadernos/cuaderno104.htm - 35k - Resultado Suplementario.
25 Szlachman, Raquel. Promoviendo el ahorro de los grupos de menores ingresos. Op. Cit..
19
117
ISABEL MONCKEBERG
sejable privilegiar la seguridad, y elegir un Fondo de
Pensiones con una mayor proporción de renta fija.
Los antecedentes respecto del ahorro en las cuentas
de ahorro de las APF, o cuenta dos, son ilustrativos.
Un 20% de los afiliados al sistema tiene una cuenta
de este tipo, lo que equivale a más de 1,4 millón de
chilenos, según cifras a abril de 2005. Esta es una
alternativa de inversión ampliamente utilizada por
sectores económicos medios y bajos. En sectores sobre renta tope, en cambio, una cifra cercana al 14%
tiene ahorros en esta cuenta.26
Las motivaciones para ahorrar que se presentan en
las familias de menores ingresos, están representadas básicamente por la necesidad de adquirir una
vivienda, tener los medios financieros para la vejez,
lo que se traduce “ en no ser carga”, enfrentar imprevistos, especialmente el desempleo o emergencias, y
también el disponer de un fondo para la educación
de los hijos.27 Estas situaciones de ahorro se ven
afectadas por los ciclos económicos o condiciones
económicas del país. En tiempos normales, se describe que uno de cada cinco chilenos ahorra para
financiar la compra de un bien, físico o un servicio,
y uno de cada tres lo hace por precaución.28
Un 31% de los entrevistados del estudio analizado,
manifestó efectuar algún tipo de ahorro, y se dio la
relación lógica de que ahorran menos aquellos que
son catalogados de sobreendeudados. El estudio no
entrega antecedentes de las formas de ahorro que
utiliza el personal, ni sus motivaciones específicas.
Si se consideran sólo los datos de ahorro nacional a
través del sistema previsional, se tiene que a Junio
del año 2005, un 22 % de los cotizantes, lo que
incluye trabajadores dependientes e independientes
tiene cuentas de ahorro. El ahorro efectuado a nivel
nacional se da preferentemente en el Fondo tipo C,
el cual corresponde a las características de las inversiones que venía trabajando el sistema AFP antes de
la posibilidad de elección de fondos por parte de
los usuarios.
A modo de resumen: La contratación de créditos
para adquirir bienes, obtener servicios o para responder a las deudas ya contraídas, se origina en la
propia institución, y en alternativas externas, disponibles en el mercado. Internamente la mayor parte
de los créditos está destinada a la problemática salud. Una importante fuente de crédito, que obedece
a diferentes necesidades, son los créditos de Caja
de Compensación. En la institución pública, se presentan también, otras fuentes de crédito a las cuales
tiene acceso fácil el personal.
Más que con créditos internos, el sobreendeudamiento está comprometido con instituciones
externas a las organizaciones laborales. Las razones
de los créditos son variadas, siendo el rubro vestuario el que tiene mayor presencia.
En relación a los hábitos de consumo, la alimentación se presenta como aquella necesidad a la cual se
le destina los mayores montos en dinero promedio
mensual en las personas estudiadas (con remuneraciones de hasta $ 1.200.000, valor a Junio 2005). El
consumo para las diferentes necesidades se modifica
en forma decreciente a medida que los ingresos son
más bajos. Ciertos gastos como la vivienda, y recreación presentan las mayores diferencias de gastos
si se considera los grupos económicos de referencia
para cada una de las personas estudiadas. También
se producen cambios importantes en los gastos de
alimentación y educación. En cambio en materias
de transporte, salud y vestuario es donde se producen las menores diferencias entre un grupo y otro,
siendo en estos aspectos el gasto más similar.
La percepción de las personas, es que el endeudamiento se debe en su mayor parte a su nivel de
ingresos.Las percepciones de las personas sobre el
endeudamiento excesivo, se caracterizan por una
mirada de dependencia respecto de situaciones
externas que son las que ellos sienten que estarían
produciendo la situación riesgosa. Perciben que no
tienen un mayor control sobre la situación, que es
algo que se va produciendo producto de presiones
familiares, arrastre de situaciones anteriores, con lo
que se denota un comportamiento de poca prevención al respecto.
El sobreendeudamiento, desde la perspectiva social
provoca en el trabajador una situación de vulnerabilidad, con repercusiones negativas en la vida
personal, familiar y laboral. Trabajar por la prevención de esta situación, y su tratamiento cuando ya
se ha hecho presente es un desafío para los bienestares de las organizaciones laborales.
García Schilling, Daniel. El 20% de los afiliados tiene una “cuenta dos” en las AFP. Artículo. Jueves, 08 de Septiembre de 2005. Economía
y Negocios, El Mercurio.
27 Errázuriz, Enrique, Ochoa, Fernando y Olivares, Eliana. El ahorro familiar en Chile. Naciones Unidas. CEPAL. Unidad de estudios
especiales. Diciembre 2001. Documento disponible Internet.
28 Hunneus Cristóbal. Principales motivaciones de los chilenos para ahorrar: evidencia usando datos subjetivos. Universidad de Stanford.
Sin especifcación de año. www.b.central/estpub/estudios/bancocentral/v1.17k.
26
118
ENDEUDAMIENTO Y AHORRO DEL PERSONAL EN LA GESTIÓN DE LOS BIENESTARES INSTITUCIONALES
Bibliografía
EL MERCURIO. Economía y Negocios. Artículo. Una
de cada tres personas tiene problemas para pagar sus
créditos.26 de Agosto de 2005. El Mercurio. Economía
y Negocios. Artículo. Cobranzas Judiciales. Las deudas
me acosan. 26 Octubre 2005.
GARCÍA, SCHILLING, DANIEL. El Mercurio. Economía y Negocios. El 20% de los afiliados tiene una
“cuenta dos” en las AFP. Artículo. 08 de Septiembre
de 2005.
HACHETTE, DOMINIQUE. Comentarios al Informe de la Comisión del Ahorro. Hacia un mayor
ahorro privado en Chile. 1998. www.economia.puc.
cl/publicaciones/ cuadernos/cuaderno104.htm - 35k
- Resultado Suplementario.
HUNNEUS CRISTÓBAL. Principales motivaciones de
los chilenos para ahorrar: evidencia usando datos subjetivos. Universidad de Stanford. Sin especificar año. www.
b.central/estpub/estudios/bancocentral/v1.17k.
ERRÁZURIZ, ENRIQUE, OCHOA ,FERNANDO
Y OLIVARES ELIANA. El ahorro familiar en Chile.
Naciones Unidas. Proyecto CEPAL./ Gobierno de Holanda. Políticas financieras para incrementar el ahorro
y promover la equidad . Diciembre 2001.
LEY 19.496. www. Sernac. Cl .
MATUS, TAMARA Y PUMERO, ANDREA. Estudio
descriptivo de las características y percepciones del sobreendeudamiento de los trabajadores de dos empresas privadas
de la Región Metropolitana. Estudio de Finalización de
Carrera. Escuela Trabajo Social. Pontificia Universidad
Católica de Chile. Julio 2004.
MENDOZA V LUIS. Deuda de los hogares chilenos
crece más rápido que sus ingresos. Artículo Diario la
Tercera. Negocios. 16 diciembre 2005.
MONCKEBERG, PARDO, ISABEL. Gestión de bienestar en instituciones y empresas. Operatoria de las
unidades de bienestar en la administración de servicios
y beneficios. Pontificia Universidad Católica, Escuela
de Trabajo Social. Documento de Investigación. 2004.
MONCKEBERG, PARDO, ISABEL. La gestión de
bienestar en organizaciones laborales y la administración de beneficios y servicios. Pontificia Universidad
Católica, Escuela de Trabajo Social. Documento de Investigación. 2005.
PONCE, DANIELA Y RAMIREZ, VIVIANA. Estudio
Descriptivo sobre la Situación de Endeudamiento y Consumo del personal en dos Instituciones de Servicios de la
Región Metropolitana. Estudio de finalización de Carrera
Escuela Trabajo Social. Pontificia Universidad Católica
de Chile. Agosto 2005.
SERNAC. Departamento de Educación. Taller de educación para el consumidor. 2002.
SUPERINTENDENCIA DE BANCOS E INSTITUCIONES FINANCIERAS. Deudas de personas en el
sistema financiero. Una visión de género. Santiago Chile
2001.
SZLACHMAN, RAQUEL. Promoviendo el ahorro de los
grupos de menores ingresos. Documento Naciones Unidas. CEPAL. Abril 2003.
Centro de Estudios Públicos. Determinantes del ahorro
privado en Chile. Chile 2005. www.cepchile.cl/dms/
lang_1/indice_libro_3083.html
FECHA DE RECEPCIÓN: diciembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
119
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 121-130
Políticas activas del mercado de trabajo
en Chile 2000-2005: leccciones para la
Política Pública y desafíos para el trabajo
social1
Current Chilean labor market policies 2000-2005.
Lessons in Public Policy and challenges for social work1
ALICIA RAZETO2
Resumen
Este artículo tiene como propósito analizar las principales políticas activas del mercado de trabajo
puestas en marcha en el país durante el período 2000-2005. A la vez, se delinean algunas reflexiones vinculadas al proceso de implementación de los programas, como también a las tendencias
que asumirían éstos en el escenario actual. Finalmente, se mencionan los desafíos que trabajo
social debe asumir en este tipo de políticas .
Palabras claves: desempleo- mercado de trabajo- Políticas Públicas
Abstract
This article seeks to analyze the main current labor market policies, being introduced in Chile during the period 2000-2005. At the same time, it delineates some reflections linked to the implementation process of the associated programs, as well as to the trends that these programs would
follow in the current scenario. Finally, it lists the challenges that Social Work should internalize
faced to these type of policies.
Key words: unemployment - labor market - Public Policies
Uno de los efectos más visibles de la crisis asiática
en Chile fue el alto nivel de desempleo que ella generó, producto de la desaceleración de la economía
nacional. El desempleo aumentó en forma considerable hasta llegar a los 11.5 puntos porcentuales
en el trimestre junio-agosto de 1999, cifra máxima alcanzada desde 1988 hasta la actualidad. Del
mismo modo, entre los años 2000 y 2004 el nivel
de desempleo nacional se mantuvo en promedio
bordeando los diez puntos porcentuales, según los
datos oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas
(INE). Paralelamente, la encuesta de la Universidad
de Chile arrojaba cifras de desempleo aún mayo-
res para el Gran Santiago, llegando a alcanzar los
15.4 puntos porcentuales en junio del año 1999. En
suma, las principales y más respetadas fuentes de
información con respecto a la materia, mostraban
una situación nacional preocupante: el desempleo
había aumentado de forma alarmante en comparación con años anteriores, la crisis de los países
asiáticos golpeaba fuertemente a la economía de
nuestro país.
Tras varios años de crecimiento económico sostenido y bajas tasas de desempleo, las que fluctuaban
entre los cinco y siete puntos porcentuales durante
los últimos años, la crisis asiática vino a marcar un
Artículo elaborado en base a la participación de la autora en el estudio cuya publicación se denomina “Chile: superando la crisis,
mejorando el empleo. Políticas de mercado de trabajo 2000-2005”, cuyo autor es Mario Velásquez, los editores técnicos fueron Gerhard
Reinecke, Andrés Marinakis. Alicia Razeto es co autora. OIT, 2005.
2 Magíster en Políticas Públicas Universidad de Chile. [email protected]
1
121
ALICIA RAZETO
quiebre significativo al avance y desarrollo que el
país venía experimentando desde hacía un tiempo.
El bajo nivel de crecimiento que se presentó desde
1999 en adelante, mostró que Chile comenzaba a
sumergirse en una fase de caída del ciclo económico, la cual tuvo por principal efecto el aumento
del desempleo. Este escenario produjo repercusiones tanto sociales como políticas. Las primeras, se
asocian al impacto que tiene la desocupación en los
trabajadores en tanto que la ausencia de ingresos
hace mermar la posibilidad de cubrir las necesidades familiares. Si bien el desempleo es un riesgo
que afecta a todos aquellos que forman parte de
la masa de ocupados, lo hace con más fuerza en
aquellos sectores de la población que presentan
mayor vulnerabilidad frente al evento, es decir,
menos opciones de resguardarse ante el suceso:
los pobres. En aquel momento, cientos de miles de
trabajadores se encontraban desocupados, sin posibilidad de encontrar empleo a corto plazo, lo que
tampoco contribuyó a contrarrestar los efectos de
la economía internacional, ya que un alto desempleo claramente no permite movilizar los mercados
internos. Por su parte, las repercusiones políticas
tuvieron que ver con la necesidad del gobierno de
actuar frente a la problemática que se estaba generando, ya que ésta progresivamente adquiría el
carácter de emergencia debido a su masividad. De
este modo, la política pública en materia de empleo,
particularmente las políticas activas del mercado de
trabajo, fueron la herramienta fundamental a través
de la cual se abordó el efecto de la crisis experimentada por el país.
El panorama descrito demandó la acción del gobierno a través del diseño e implementación de variados
programas que tendieron a enfrentar el desequilibrio producido en el mercado de trabajo. Entre el
año 2000 y 2005 varios programas fueron realizados
al alero de diversas instituciones públicas, proceso
que fue complejo si se considera la dificultad que
produce la planificación de acciones en un contexto
que demandaba la acción rápida por parte del gobierno. No había tiempo que perder y así, algunos
programas de emergencia fueron continuados desde su implementación durante el gobierno anterior,
y otros fueron diseñados de acuerdo a la demanda
que la realidad iba ejerciendo en el momento.
Este artículo pretende mostrar de modo general, las
principales políticas y programas utilizados durante
ese período, así como también delinear los aprendizajes y lecciones que deja su implementación.
Finalmente, se pretende reflexionar sobre cuáles
serán las principales prioridades en la materia en el
122
escenario económico actual, y qué oportunidad se
le presenta al trabajo social para adquirir un rol de
relevancia en el tema.
Los instrumentos gubernamentales utilizados: las
políticas públicas y programas
Weller (2004) distingue tres tipos de herramientas
que los gobiernos pueden utilizar para enfrentar la
complejidad de problemáticas que presenta el mercado de trabajo: las políticas de empleo, las políticas
laborales y las políticas del mercado de trabajo. El
autor las define de la siguiente manera:
• Políticas de empleo: este tipo de políticas comprende aquellos instrumentos que inciden en
el nivel y composición del producto. A través
de ello, influencian el nivel y composición del
empleo y de las remuneraciones. Como ejemplo de este tipo de instrumentos se encuentran
la política fiscal, comercial, de desarrollo sectorial, regional, entre otras. Debido a su impacto
en el producto, el uso de este tipo de políticas
implica la intervención en el fomento de la demanda laboral.
• Políticas laborales: son aquellas políticas que
determinan el tipo y condiciones de la relación
contractual que se establece entre empleado y
empleador. La legislación laboral, así como
también en algunos casos la negociación
colectiva, son las más importantes fuentes reglamentarias de aquella relación.
• Políticas de mercado de trabajo: estas políticas contienen a todos aquellos instrumentos y
herramientas que tienen el propósito directo
de combatir el desempleo y de aumentar los
ingresos laborales.
Las políticas de mercado de trabajo pueden dividirse en dos tipos: las políticas activas y las pasivas. Las
políticas activas se enfocan a los trabajadores ocupados y a los desempleados, buscan incidir tanto en
la oferta como en la demanda laboral. En cambio,
las políticas pasivas tienen como propósito principal otorgar ingresos a personas desempleadas, por
lo tanto, son políticas que tienen un objetivo que
comprende al ámbito social. Dado que constituyen
el centro de atención de este artículo, conviene detenerse en describir cuáles son los instrumentos más
utilizados para implementar las políticas activas del
mercado de trabajo. Éstos son materializados, en el
caso de Chile, en múltiples programas desarrollados
desde diversas instituciones, fundamentalmente
públicas. A continuación se muestra una breve descripción de cada uno de ellos.
POLÍTICAS ACTIVAS DEL MERCADO DE TRABAJO EN CHILE 2000-2005: LECCCIONES PARA LA POLÍTICA PÚBLICA Y DESAFÍOS PARA EL TRABAJO SOCIAL
a. Capacitación: entendida como aquella actividad que permite que los trabajadores,
ocupados y/o desocupados, adquieran conocimiento, o desarrollen destrezas y habilidades
que les facilitan, en el caso de los ocupados,
desempeñar adecuadamente sus funciones
en el puesto de trabajo; y en el caso de los
desocupados, que les permitan desarrollar las
condiciones y características que les posibiliten insertarse laboralmente. Actualmente, el
núcleo de atención en materia de capacitación
lo constituyen las denominadas competencias laborales, abordado principalmente por
el Programa Chile Califica. Entendida de
este modo, la capacitación debe orientarse a
potenciar el desarrollo de competencias laborales en los trabajadores que les permitan
un desempeño laboral exitoso, en un contexto económico altamente competitivo. Se
entiende que el despliegue de competencias
laborales certificadas, que significa comprobadas, es la única manera para que el país
pueda contar con un capital humano adecuado, que contribuya a la mejora del resultado
de la economía.
b. Intermediación laboral: compuesta por aquellos organismos encargados de brindar el
servicio de apoyo en la búsqueda de empleo
al trabajador cesante, así como también de
generar información para que el demandante
de empleo logre ubicar a trabajadores con el
perfil buscado. En otras palabras, los servicio
de intermediación laboral tienen el propósito
de facilitar el acercamiento entre los oferentes
y demandantes de trabajo. En nuestro país,
los servicios de intermediación por excelencia lo constituyen las Oficinas Municipales
de Intermediación Laboral (OMIL), las que
operan en el nivel local, dependiendo administrativamente de las municipalidades y
técnicamente del Servicio Nacional de Capacitación y Empleo (SENCE). Si bien las
OMIL existen desde hace muchos años (nacen en la década de los setenta), su rol ha
sido permanentemente cuestionado, ya que
la efectividad y eficiencia en el servicio no
son claramente visibles en su gestión. Actualmente, si bien las críticas persisten, las OMIL
son visualizadas como una alternativa relevante para apoyar el proceso de búsqueda de
empleo a nivel territorial.
c. Generación directa de empleo: este instrumento cuenta con programas dedicados a
generar empleo para aquellos trabajadores
que se encuentren en situación de desocupación y que pertenezcan al sector más pobre
de la población. Por lo general, son programas implementados en contexto económico
de emergencia, puesto que buscan palear, a
menudo de modo temporal, los efectos de
una desaceleración económica. Cabe destacar
que las instituciones públicas adquieren una
importancia especial en este tipo de programas, ya que aparecen generalmente como los
empleadores de los trabajadores contratados.
Justamente ello ha sido el principal blanco
de críticas para este tipo de programas, ya
que a menudo la relación entre empleador y
beneficiarios se ha visto tergiversada por clientelismo, lo que atenta contra la rotación de
los beneficiarios del programa. Así, la permanencia exacerbada de los beneficiarios en los
programas directos ha mermado su equidad
y su eficacia, ya que sus beneficios se vuelven
altamente asistenciales y poco sustentables
desde el punto de vista social y económico.
d. Generación indirecta de empleo: apunta
a aquellos programas que se orientan a fomentar la demanda laboral. En Chile se ha
materializado mediante dos grandes tipos
de programas: entrega a las empresas de
subsidios a la contratación de trabajadores
desocupados, y entrega de créditos y/o capital
“semilla” a pequeños empresarios. Los subsidios a la contratación de mano de obra han
sido utilizados como una forma de incentivar
la contratación de desempleados por parte de
las empresas, en un contexto económico en
el que existe renuencia a contratar ya que las
expectativas económicas son estrechas. Por
otra parte, el apoyo a las microempresas ha
sido concebido como una forma de fomentar al autoempleo, y como una alternativa
que puede permitir potenciar la contratación
futura de mano de obra, en tanto la microempresa se fortalezca y se proyecte. En esto
último ha estado puesta la fuente de críticas,
ya que el fomento de microempresas en sectores de alta pobreza, que durante los últimos
años ha sido una iniciativa de uso bastante
indiscriminado, presenta obstáculos y complejidades importantes, que atentan contra la
posibilidad de que las iniciativas productivas
se vuelvan sustentables en el tiempo.
Cada uno de los instrumentales descritos ha sido
utilizado para abordar el problema del desempleo.
123
ALICIA RAZETO
Sin embargo, el uso que se le brinde o el énfasis
que se le coloque a un tipo u otro de programa,
dependerá del propósito que se tenga y del contexto
económico en el que éstos se sitúen. En efecto, como
se podrá observar en las siguientes páginas, la poca
claridad respecto de los propósitos de los programas, como también respecto de la poca articulación
existente entre las políticas, han complejizado en el
caso de Chile, la consecución de los resultados esperados en esta materia.
Las políticas y programas aplicados en
Chile 2000-2005: principales lecciones
Al analizar los programas implementados en el país
durante este período, cobra sentido distinguir a los
actores involucrados en ellos, vale decir, identificar
a aquellas instituciones y organismos que presentan un rol relevante en el proceso de gestión de las
políticas. En el Cuadro 1 se ofrece una mirada con
respecto a los principales actores presentes en las
políticas activas del mercado de trabajo.
Participan como beneficiarios indirectos de algunos
programas directos de empleo
El rol de las instituciones y organismos públicos
en el diseño e implementación de las políticas activas de mercado de trabajo es activo, puesto que la
mayoría de los programas tienen como institución
responsable y de ejecución directa a organismos
públicos. Si bien las instituciones públicas asumen
roles diferentes según se trate el programa, se puede
destacar en la experiencia chilena la participación
de organismos de distintas carteras. De este modo,
es posible afirmar que el sector público se vuelve
protagonista en las políticas activas, en tanto administra y asigna los recursos económicos asociados
a los programas, diseña las características de los
programas, en tanto cuenta con instituciones especializadas en el tema, implementa o en otros casos
se responsabiliza de la ejecución de lo propuesto,
y se encarga de evaluar las acciones, o lo encarga a
terceros, cuando ésta ha sido acordada como relevante para el programa. Así, han sido diversos los
ministerios involucrados en políticas de este tipo,
entre éstos destaca la presencia del Ministerio del
Trabajo y Previsión Social, el Ministerio de Planificación, Ministerio de Educación, entre otros. El
Ministerio de Hacienda a la vez, destaca como un
actor relevante, puesto que se encarga de la entrega de recursos económicos. Si bien la diversidad de
ministerios presentes puede ser interpretada como
una señal de que existe una visión múltiple o integral con respecto a cómo enfrentar el desempleo,
lo real es que ello se ha traducido más bien en una
dificultad para conciliar miradas distintas y formas
de operar diversas, que han atentado contra la conformación de una política pública en la materia que
sea efectivamente integral y articulada.
CUADRO 1
Principales actores involucrados en las políticas activas del mercado de trabajo 2000-2005
Actores
Tipo de instituciones u organismos
involucrados en las políticas
Ámbito en el que destaca su
participación
Sector público
Ministerios, servicios públicos, intendencias,
gobernaciones, municipalidades (OMIL)
Diseño, implementación y evaluación
de programas
Sector privado
Empresas
Participación en la implementación del
programa subsidio a la contratación de
mano de obra y franquicia tributaria,
como beneficiario indirecto.
Microempresas
Microempresas son beneficiarias de
algunos programas indirectos
Organismos técnicos de capacitación
Participan como ejecutores directos en
algunos programas de capacitación.
Trabajadores ocupados y desocupados
Rol pasivo como beneficiarios de los
diversos programas
Organizaciones no gubernamentales
Participan como implementadores
de algunos programas
Sociedad civil
Organizaciones comunitarias
124
POLÍTICAS ACTIVAS DEL MERCADO DE TRABAJO EN CHILE 2000-2005: LECCCIONES PARA LA POLÍTICA PÚBLICA Y DESAFÍOS PARA EL TRABAJO SOCIAL
Por otra parte, el sector privado asume roles diversos en las políticas analizadas. En algunos casos,
participa como beneficiario indirecto en aquellos
programas de subsidio a la contratación, ya que recibe la bonificación proveniente de la contratación de
cada trabajador desocupado. En otro nivel, las microempresas participan también como beneficiarias
directas de programas que apoyan la conformación
de unidades productivas. También debe destacarse
el importante rol que tienen las OTEC en la implementación de actividades de capacitación, como
entes especializados en la ejecución directa de este
tipo de programas. Actualmente las OTEC pasan
por una fase de mejoramiento de sus servicios ya
que han enfrentado, por parte del gobierno, una
demanda a incrementar su profesionalismo y especialización en la materia, ello en vista de la alta
proliferación de este tipo de organismos en años
anteriores, asociada a la expectativa de lucrar con
la capacitación en lugar de preocuparse por la excelencia del servicio.
Finalmente, la sociedad civil también posee una función importante, aunque bastante más pasiva que
los demás actores. Los trabajadores desocupados y
ocupados, beneficiarios de los distintos programas,
adquieren un rol asociado a su calidad de beneficiarios de los servicios ofrecidos. Por ello, cuando
surge la pregunta acerca del nivel de participación
de los beneficiarios en programas de este tipo, la
respuesta es bastante visible: los beneficiarios participan como usuarios de los servicios, reciben los
beneficios del programa y, eventualmente partici-
pan de algún tipo de actividad destinada a conocer
su opinión o satisfacción respecto del servicio. Por
otra parte, existen algunas organizaciones no gubernamentales que participan como implementadores
de algunos programas, al adjudicarse la ejecución
de proyectos. Sin embargo, los casos en los que participan este tipo de organizaciones son los menores.
Por último, algunas organizaciones comunitarias adquieren presencia como beneficiarias indirectas de
algunos programas de empleo, como por ejemplo,
en programas de emergencia cuyo servicio consiste
en la mejora o hermoseo de una sede vecinal.
De esta manera, es posible considerar que en los
programas que ejecutan las políticas activas del
mercado de trabajo, es el sector público el que
adquiere el rol principal, seguido por el sector privado y la sociedad civil. De este hecho, aparece la
inquietud de, si al menos en este tipo de políticas,
la participación de las personas está siendo aún
muy débil, en el sentido que no existen instancias
generalizadas que permitan la discusión sobre el diseño e implementación de los programas. A la vez,
puede resultar lícito preguntarse si en un contexto
económico de emergencia, como el recientemente
experimentado, la participación en otros niveles podría ser realmente factible.
Son varios los programas que han sido implementados entre los años 2000-2005. En el Cuadro 2 se
agrupan los nombres de los principales programas
ejecutados durante el período, según el tipo de instrumental al que corresponden3.
CUADRO 2
Nombre de los principales programas ejecutados en el período 2000-2005
Instrumental al que corresponden
3
Nombre de los programas
Capacitación
Sistema de Franquicia Tributaria, Programa Nacional de Becas,
Programa Chile Califica, Programa de Habilitación Laboral
para Mujeres Jóvenes y Programa de Desarrollo de Competencias
Laborales para Mujeres.
Intermediación laboral
Asistencia Técnica a las OMIL, Programa Red de Empleo, Bolsa
Nacional de Empleo, Programa de Bonificación a la Contratación
de Mano de Obra en Modalidad Chile Solidario (componentes de
Habilitación Laboral y Apoyo a OMIL)
Programas directos de empleo
Fondo Social de Absorción de Cesantía (FOSAC), Programa de
Mejoramiento Urbano (PMU), Programa de Emergencia de
Empleo (PEE), Programa de Formación, Capacitación y Empleo
(PROFOCAP), Programa de Inversión en la Comunidad (PROEMPLEO)
Programas indirectos de empleo
Programa de Bonificación a la Contratación de Mano de Obra
(PROEMPLEO), Programa de Reinserción Laboral y Empleo,
Programa de Apoyo al Microemprendimiento.
Para conocer en detalle el funcionamiento de cada programa se sugiere revisar el libro en el que está basado este artículo.
125
ALICIA RAZETO
Tal como se ha señalado, los programas que aparecen
en el Cuadro 2 se vinculan a distintos ministerios y
a distintos servicios públicos u organismos. Sin embargo, es el Ministerio del Trabajo y Previsión Social,
a través del Sence y de la Subsecretaría del Trabajo,
el que asume el liderazgo de la mayor parte de los
programas, especialmente en aquellos vinculados a
capacitación, intermediación laboral y generación
indirecta de empleo. No obstante, el Ministerio de
Planificación a través del FOSIS, también asume un
papel importante puesto que a través del Sistema
Chile Solidario se determina la focalización de los
programas hacia la población con menos recursos.
Además, este Sistema ha ofrecido un importante
espacio de discusión y organización de programas
de empleo enfocado hacia la extrema pobreza, ya
que el Chile Solidario coordina su gestión a través
de distintas comisiones en las que participan servicios públicos; la “Comisión de Trabajo e Ingresos”,
en tanto reúne a los diversos organismos públicos
que ofrecen servicios vinculados al empleo, se ha
constituido en un espacio que facilita bastante la
coordinación.
Ahora bien, más allá de la descripción de cada programa, es interesante conocer cuáles han sido las
principales lecciones que la experiencia en la acción
ha dejado con respecto a la implementación de este
tipo de programas en un contexto económico deteriorado como lo fue el período 2000-2005. Así, a
continuación se muestran aquellas reflexiones globales derivadas de la observación más directa del
funcionamiento del instrumental vinculado a las
políticas de mercado de trabajo.
1. La tendencia que hoy presentan las políticas
activas de mercado de trabajo, en especial los
programas directos, indirectos y de capacitación, es a orientarse hacia una población
objetivo con características especiales: la
pobreza extrema. Ejemplo de esto son los
programas tradicionales que han ido progresivamente incorporando como beneficiarios
a familias del Sistema Chile Solidario. Al haber dejado atrás el ciclo recesivo y con ello
los altos índices de desempleo, los programas pretenden ser refocalizados en aquella
parte de la población que presenta mayor
vulnerabilidad social y menor capacidad para
insertarse de modo autovalente en el mercado laboral. Ello parece acertado y lógico
desde una perspectiva de equidad social, así
como también desde una perspectiva económica enfocada en la necesidad de dinamizar
el mercado laboral.
126
Lo anterior hace visible que en el actual contexto, más que nunca se juntan dos temas
claves interrelacionados: empleo y pobreza.
Esta vinculación implica que en el momento
de formular programas pertinentes y eficaces
se deba conocer no sólo la lógica con la que
opera el mercado laboral, sino que también
la lógica con la que opera la producción y
reproducción de la pobreza. Es posible aquí
adelantar y advertir en esto una clara oportunidad para el trabajo social. Se enfrenta
entonces el desafío de que la política de mercado de trabajo vincule en su formulación e
implementación, la política económica con la
política social. No en vano el propósito del
Chile Solidario es sacar a las familias de la
extrema pobreza, proceso en el cual la incorporación de las personas a un empleo se
vuelve un aporte crucial.
2. La focalización de los programas en personas
que viven en extrema pobreza también presenta un riesgo, como lo es el dejar fuera a
población que si bien no es pobre, presenta
vulnerabilidad en términos de la posibilidad
de perder empleo, de sumirse en período de
cesantía importante o de insertarse en empleos precarios. En un contexto de flexibilidad
laboral, la protección social en materia de empleo aparece como una estrategia primordial
para garantizar un mínimo de seguridad. Así,
el seguro de cesantía, correspondiente a las
políticas pasivas, se muestra como programa
altamente pertinente. Sin embargo, las políticas pasivas para esta parte de la población
no son enteramente suficientes, también se
hace necesario pensar en programas de tipo
políticas activas de mercado de trabajo que
puedan ser capaces de monitorear las dinámicas que adquiere el mercado laboral para
esta parte de la población, de modo de poder
generar una estrategia adecuada de acción
al respecto. En este sentido, la capacitación
laboral y la intermediación laboral aparecen
como instrumentos necesarios para esta parte de la población. Se debe considerar que
uno de los debates relevantes en materia de
política pública es la desprotección en la que
han quedado los estratos medios frente a los
vaivenes y dinámicas de los mercados.
3. De la experiencia operativa, se pudo apreciar que debido a la alta contingencia de los
recursos, la planificación de los programas
de empleo es mayoritariamente basada en el
POLÍTICAS ACTIVAS DEL MERCADO DE TRABAJO EN CHILE 2000-2005: LECCCIONES PARA LA POLÍTICA PÚBLICA Y DESAFÍOS PARA EL TRABAJO SOCIAL
corto plazo. Escasea una visión de largo plazo
que permita generar procesos reflexivos sobre
los programas que se van implementando. Se
privilegia la creación de nuevos programas
por sobre la readecuación de los existentes,
ello fundamentalmente por la falta de realización de evaluaciones, tanto intermedias
como finales. La acción de las instituciones
privilegia la acción por sobre la reflexión
de los procesos, y al momento de diseñar e
implementar un nuevo programa, no se diagnostica la capacidad real de la institución y
del recurso humano para enfrentar el desafío
presentado.
4. Como consecuencia de lo anterior, se aprecia la falta de un eje que articule los diversos
programas existentes. Se debe considerar que
los programas de empleo son llevados a cabo
por instituciones muy diversas que operan
con lógicas de acción distintas. A la vez, son
instituciones que dependen de distintos ministerios. Ello permea a los programas, que se
ejecutan desde una lógica sectorial, de por sí
parcializada, y que no permite visualizar a los
programas integralmente. Los propósitos y
formas de funcionamiento de cada programa
responden a la especificidad de cada diseño,
y no se identifican los alcances y la posible
complementariedad que puede ser generada.
En este sentido, la creación de una institucionalidad articuladora, aglutinadora de las
diversas iniciativas, sería altamente pertinente. Se requiere de una instancia mayor,
que trascienda en el tiempo y que permita
diagnosticar dinámicas del mercado laboral,
generar información válida sobre él, e integrar y proyectar los programas a desarrollar.
Las políticas en el escenario actual:
desafíos y oportunidades para el
trabajo social
En la actualidad, es posible encontrar indicadores
que dan cuenta de las características de la economía
en el presente, en la que la recuperación y consolidación económica se destacan como procesos que
con el tiempo cobran fuerza y presencia. La proyección de crecimiento económico para éste y los
próximos años se sitúa en torno a un 5 y 5.5 puntos
porcentuales según el Banco Central, lo que marca
una tendencia que muestra que el país toma rumbo
hacia un fortalecimiento de su desempeño. Del mismo modo, durante el último tiempo se han podido
conocer cifras de desempleo que han disminuido
en relación a años anteriores y que se acercan a los
niveles de desempleo que el país tenía antes del advenimiento de la crisis asiática. En efecto, el último
dato de desempleo entregado por el INE durante el
trimestre noviembre-enero de 2006 fue de 7,0 puntos porcentuales. Este panorama, aunque si bien se
muestra incipiente, permite aventurar que el escenario que enfrentaban las políticas activas del mercado
de trabajo durante el período 2000-2005, en alguna
medida ha mutado. Ello implica un desafío para los
programas relacionados a empleo, ya que la pertinencia y coherencia con la realidad nacional deben
ser sus características más importantes.
Los principales desafíos que esto impone para las
políticas activas del mercado de trabajo se asocian a
mejorar la eficacia y eficiencia de las acciones, como
también a mejorar la pertinencia de éstos respecto a
las tendencias observadas. Así, las orientaciones que
podrían asumir las políticas pueden interpretarse en
base a los siguientes elementos:
• Si el nivel de desempleo continuara disminuyendo, se entiende que paulatinamente la
relevancia de los programas directos debiera
ir descendiendo. También deberán mejorar
su posibilidad de ser focalizados en aquellos
sectores de la población que presenten mayor vulnerabilidad. No se trata de disminuir
las vacantes masivamente ni para todos por
igual, sino que de focalizar la gestión de este
tipo de programas en aquellas personas que
presenten un perfil que amerite una intervención de este tipo. Dado que la emergencia en
materia de empleo ha ido quedando atrás, es
pertinente readecuar el instrumental utilizado
en vista de mejorar la eficiencia y efectividad
en el uso de los recursos. De todos modos, el
cambio en el foco de acción debe realizarse
de modo responsable, teniendo presente que
si bien en algunas regiones y sectores del país
el desempleo ha disminuido, en otras se mantiene estable y eventualmente en otras podría
aumentar.
• Dado que el crecimiento económico del país
ha aumentado en relación a años anteriores,
se entiende que en general las empresas tendrán mayor incentivo a invertir y por ende a
generar plazas de empleo. Ello implica que el
subsidio de la contratación a la mano de obra
debe ser enfocado para beneficiar a aquellos
trabajadores desocupados que presenten un
perfil claramente determinado, en los cuales sea de primera importancia el fomentar la
empleabilidad con una experiencia real de em127
ALICIA RAZETO
pleo. Del mismo modo, se debe precaver que
el subsidio a la empresa no vaya a disminuir
un costo en el que la empresa, de no mediar el
subsidio, de todas maneras hubiese incurrido.
Por otra parte, el apoyo a las microempresas
deberá centrarse para aquellas personas que
efectivamente presenten una iniciativa precaria, pero viable de ser proyectada al menos en
un mediano plazo. Así, el fortalecimiento de
estas unidades será relevante en la medida en
que en un futuro puedan crear nuevos puestos
de trabajo.
• Como se ha señalado, la intermediación laboral es un tipo de servicio que opera en el
nivel local y que facilita el proceso de búsqueda de empleo en los desempleados, por lo que
contribuye a que el mercado laboral funcione
de modo más eficiente. Así, fortalecer a los
programas que contribuyan a mejorar la intermediación se vuelve un imperativo, sobretodo
en aquellas localidades en las que el desempleo
ha sido renuente a disminuir. Profesionalizar
su gestión, así como potenciar el uso de tecnologías de información, pueden contribuir a
generar un sistema que permita acercar a los
trabajadores desempleados con la demanda laboral por parte de los empleadores. Este logro
dependerá, en gran medida, de la reasignación
de recursos económicos y humanos, y del apoyo permanente en el proceso de mejoramiento
de sus servicios. Así, legitimar la importancia
y el valor del servicio que entregan las OMIL
en la comunidad y en las políticas públicas, es
un desafío que debe abordarse como primera
prioridad.
• Finalmente, la capacitación es y será una de las
herramientas más relevantes para mejorar la
empleabilidad de los trabajadores en un contexto competitivo que demanda el desarrollo
de competencias por parte de las personas que
les permitan desempeñarse exitosamente en
los puestos de trabajo. En este sentido, dotar
de competencias actualizadas a aquellos trabajadores ocupados, como también entregar
conocimientos y capacidades para que los desocupados puedan vincularse adecuadamente a
puestos de trabajo, resulta una tarea actual y
fundamental para el futuro de la economía nacional. Así, mejorar la calidad de los actuales
programas de capacitación, como el mejorar
su vinculación con las demandas del mercado
resultan pasos relevantes que deben realizarse
para contribuir al desarrollo de la economía.
128
Los desafíos que se presentan para las políticas
activas del mercado de trabajo son múltiples y complejos, puesto que involucran la participación de
distintas instituciones y, por ende, la alineación de
variados esfuerzos para abordarlos. De hecho, los
aportes a la mejora del diseño e implementación
de las políticas públicas pueden provenir desde
distintos ámbitos, uno de los cuáles tiene que ver
con determinar el aporte que cada profesión y disciplina puede generar. Actualmente, en el ámbito
de las políticas en la temática de empleo, son los
economistas los profesionales que por excelencia
se encuentran a cargo de este tipo de programas.
Si bien existen algunas excepciones, por lo general
los trabajadores sociales se encuentran ubicados en
niveles más operativos.
En este contexto, el trabajo social es una profesión
que mucho puede contribuir en el diseño e implementación de programas de empleo, sobre todo si se
considera que la pobreza pasa a ser un denominador
común en el contexto local de operacionalización
de los programas. Sea en el nivel que sea, el trabajo
social por sus características como disciplina, puede contribuir con la mejora de la gestión, así como
también aportar con propuestas innovadoras a los
programas, entendiendo a la innovación no sólo
como la forma de hacer nuevas cosas, sino que también como la forma de abordar de mejor modo las
acciones que ya se están realizando.
A continuación se describen algunos desafíos en el
ámbito de la gestión, según tipo de instrumental,
los que pueden convertirse en oportunidades para
que el trabajo social pueda destacarse con aportes sustantivos para alcanzar los propósitos de los
programas. La mayor parte de los desafíos que se
presentan son tareas que deben ser abordados no
solo de forma exclusiva por el trabajo social, sino
que por todos aquellos involucrados en las iniciativas. Sin embargo, en este artículo se les asocia al
trabajo social en función de indicar cuáles son los
vacíos actuales existentes en la materia, es decir,
se desea mostrar en qué aspectos debe situarse la
mirada y en cuáles de ellos trabajo social, por su
características, puede generar mayor valor en la
acción.
1. Programas de Capacitación: se espera que el
trabajador social pueda contribuir a lograr
mayor sintonía entre la demanda del mercado por cierto tipo de habilidades o destrezas
y la oferta existente de capacitación. Se requiere de estudios certeros y confiables que
permitan visibilizar cuáles son las deman-
POLÍTICAS ACTIVAS DEL MERCADO DE TRABAJO EN CHILE 2000-2005: LECCCIONES PARA LA POLÍTICA PÚBLICA Y DESAFÍOS PARA EL TRABAJO SOCIAL
das actuales que las empresas presentan en
cuanto a capacitación de sus trabajadores.
En base a ello, el trabajador social al mismo
tiempo deberá contribuir a generar espacios públicos de participación que permitan
transparentar la canalización de las ofertas
de capacitación para que estas se muestren
actualizadas y viables. A la vez, el trabajador
social que se desempeñe en empresas deberá
preocuparse por prever que las capacitaciones que se dicten a los trabajadores ocupados,
sean coherentes con las necesidades de cada
puesto de trabajo. En otras palabras, que la
capacitación que se realice sea pertinente y
adquiera un sentido de desarrollo para el trabajador.
Tal como fue señalado, una de las preocupaciones centrales de los programas de
capacitación es el desarrollo de competencias
laborales. Éstas pueden entenderse de modo
general según tres ángulos distintos: las competencias técnicas, que tienen que ver con el
conocimiento que se tiene para abordar una
cierta tarea; las competencias metodológicas,
que tienen que ver con el desarrollo de habilidades y destrezas que permitan aplicar
exitosamente los conocimientos adquiridos
para efectuar una tarea; por último, se encuentran las competencias actitudinales, que
son aquellas que permiten desarrollar actitudes personales que facilitan llevar a cabo
una función en un puesto de trabajo. En el
fomento de este último tipo de competencias,
el trabajo social es una profesión que puede
aportar en la medida que es capaz de diagnosticar la historia laboral del trabajador a la
vez que su situación actual, por ende, es capaz de mediar entre lo que el trabajador es y
lo que la empresa requiere de él.
2. Programas de Empleo Directo: el trabajador
social que participe en este tipo de programas debe plantearse como interrogante
inicial la necesidad de determinar diagnósticos sociales que indiquen en qué regiones o
localidades es importante mantener este tipo
de programas. Por otra parte, deberá ser capaz de desarrollar diagnósticos acertados que
permitan evaluar la necesidad que tiene una
persona para ser partícipe como beneficiario
de este tipo de programas. Esto contribuirá
a dotar de mayor rotación a las vacantes, y
por tanto, permitirá superar la sola asistencialidad con el fin de darle mayor eficiencia
y sustentabilidad a los beneficios de este tipo
de programas.
También se debe ser capaz de contribuir a orientar para que las iniciativas tengan una cierta
rentabilidad social en el sentido que las obras
físicas que se realicen o los servicios que se
entreguen, sean útiles para las comunidades
en las cuales se desarrollan.
3. Programas de Empleo Indirecto: en este tipo
de programas los trabajadores sociales deben
orientar su acción y reflexión a contribuir a
determinar los criterios que deben utilizarse
para definir a los beneficiarios de este tipo
de programas. Ello, porque se entiende que
la pobreza no es el único criterio válido, ya
que la experiencia de la ejecución de este
tipo de programas muestra que son de suma
importancia las características emprendedoras de las personas, entre otros factores. Así
mismo, la entrega de subsidios, créditos, capacitación y asesorías deberá ser reevaluada
en términos de su pertinencia respecto a la
capacidad futura de desarrollo que tenga la
microempresa.
Por otra parte, el trabajador social debiese ser
capaz de realizar propuestas sobre la necesidad de reorientar el programa de subsidio a
la contratación de mano de obra. Así, la modalidad Chile Solidario de este programa se
presenta como una oportunidad para que los
indigentes tengan acceso a una primera experiencia laboral real, por lo que el aumento
de la empleabilidad debiese transformarse en
un resultado esperado de la gestión de este
programa, razón por la cual el mejoramiento
a realizar debiese enfocarse a ello.
4. Intermediación Laboral: el trabajador social
inserto en una OMIL puede contribuir a entregar un servicio profesional que aumente la
excelencia de los servicios que ofrecen este
tipo de organismos. Del mismo modo, será de
suma importancia, velar porque el conjunto
de recursos disponibles en las OMIL aumenten y sean manejados de forma eficiente y
transparente. Además, la capacitación en el
uso de nuevas tecnologías de información,
como el uso del software de la Bolsa Nacional
de Empleo será vital para mejorar la efectividad en la gestión de vacantes de empleo. Solo
así será posible contribuir a que en un corto
plazo, mejore la legitimidad de las OMIL en
el aparato municipal, y en los beneficiarios y
empleadores.
129
ALICIA RAZETO
Finalmente, a modo de reflexión final, se puede
afirmar que el principal desafío para las políticas
en materia de empleo, y por lo tanto también para
trabajo social, es generar un debate sobre las posibilidades factibles para que se pueda, no sólo
aumentar los niveles de empleo en el país, sino
que mejorar la calidad del empleo que se genera y
mejorar la dignidad de los puestos de trabajo. Tal
como lo señala la OIT (2005), es necesario adoptar
políticas que orienten y guíen el funcionamiento de
los mercados para alcanzar ciertos objetivos prioritarios, como el trabajo decente, definido éste como
un trabajo productivo, justamente remunerado y
ejercido en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.
Así, es posible determinar que, si bien es importante que el trabajador social realice contribuciones a
la efectividad de la gestión de programas de empleo,
130
también es relevante que asuma la necesidad de reflexionar y aportar, desde el desempeño profesional
y la discusión disciplinaria, sobre cómo puede ser
posible plantear un camino de progreso nacional
que privilegie la dignidad del trabajador en el tan
importante proceso de desarrollo económico.
Referencias bibliográficas
JÜRGEN WÉLLER (2004). “Introducción: temas,
tendencias y lecciones”, En búsqueda de efectividad,
eficiencia y equidad. Las políticas del mercado de trabajo y los instrumentos de su evaluación, Santiago de
Chile, LOM/Comisión Económica para América Latina
y el Caribe, CEPAL.
OIT (2005). “Panorama Laboral 2005, América Latina y
el Caribe (Avance primer semestre)”. Lima, Perú.
FECHA DE RECEPCIÓN: noviembre 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo 2006
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 131-140
Certificación de intervenciones sociales
Social intervention certification
RENÉ RÍOS1
Resumen
La Facultad de Ciencias Sociales ha acogido la iniciativa de docentes de sus tres unidades académicas (Escuela de Psicología, de Trabajo Social e Instituto de Sociología) de formar el Centro para
el Estudio de los Emprendimientos Solidarios. Uno de los propósitos centrales del CE-ES es
la certificación de intervenciones sociales que habitualmente se configuran como programas en
las organizaciones de acción social. En este artículo presentamos una reflexión para fundamentar
este propósito.
Palabras claves: sociedad civil – organizaciones – certificación- programas sociales
Abstract
The Faculty of Social Sciences creates the Center of Studies the Solidary Initiatives.
One of the purpose is to certificate social intervention of the programs to organization of social
actions.
Words key: civil society, organizations, certification, social action programs
La demanda por evaluación
y certificación
Se puede observar una diversidad de fuentes de
demanda por lo que, en general, se agrupa bajo
el rótulo de actividades de evaluación de las acciones de las organizaciones sin fines de lucro que
componen el denominado Tercer Sector. Entre las
principales fuentes se encuentran los donantes, que
procuran obtener respuestas a dos cuestiones centrales: ¿se están usando adecuadamente los recursos
que proveemos a la organización? ¿Existen otros
usos alternativos de estos recursos? La primera pregunta remite a la eficiencia con que los recursos se
están empleando por parte de la organización receptora. La segunda, a la efectividad ya que pone en
el horizonte de decisiones otras opciones, es decir,
si existen otras organizaciones o programas que podrían realizar actividades más necesarias, relevantes
o impactantes que la que hoy está recibiendo los
aportes. O, lo que viene a ser muy parecido, si hay
otros problemas que se podrían resolver con esos
recursos.
La primera cuestión se puede responder mediante
un conjunto de metodologías que evalúan la eficiencia de la organización y sus programas, tales
1
como marco lógico, evaluación de programas y su
efectividad. La segunda, mediante diversas modalidades de análisis de impacto. Se puede apreciar
que se orientan hacia temáticas, procesos o insumos y resultados distintos. Mientras las primeras
se enfocan hacia aquellas de menor duración temporal (habitualmente anuales), que son más fáciles
de medir; las segundas presentan grados de complejidad mayores, puesto que la temporalidad es
mayor, se busca identificar y observar efectos indirectos (tanto en el tiempo como en la estructura
causal) cuya atribución a la actividad del programa
es complicada. De ahí que los diseños requieren ser
cuasi experimentales, que permitan controlar los
efectos de muchas variables de entorno. Por ejemplo, el análisis de los efectos de un micro crédito
en el primer tipo procura establecer cómo se han
modificado las capacidades para generar ingresos
autónomos, dar ocupación a los integrantes de la
familia, o cuánto permiten incrementar el ingreso
familiar. El impacto del micro crédito, sin embargo,
es de mayor alcance, pues debe controlar los efectos producidos por cambios en la economía local, la
confluencia de otros microempresarios en el sector
o localidad, la sustentabilidad del emprendimiento
y otros aspectos de similar complejidad, tales como
Profesor Instituto de Sociología y Centro de Estudios de Emprendimientos Solidarios, Facultad de Ciencias Sociales. Pontificia
Universidad Católica de Chile.
131
RENÉ RÍOS
los efectos de la institucionalidad sobre la conducta del emprendedor, los niveles de consumo de sus
potenciales clientes e incluso las redes sociales en
que está imbricado.
Una segunda fuente de demanda por estudios evaluativos proviene de la propia organización cuando
se plantea preguntas acerca de dos ámbitos generales: la relevancia de su actividad y su eficiencia. La
relevancia se orienta por preguntas del tipo ¿lo que
estamos haciendo es lo más necesario, importante
o relevante? y ¿lo estamos haciendo bien, cómo podríamos mejorar?
Una tercera fuente la constituyen los “clientes” de la
organización, que se guía por preguntas acerca de
la necesidad y relevancia de los servicios que se le
están proveyendo, ¿es esto lo que quieren, necesitan
o demandan? Esto habitualmente va acompañado
de preguntas acerca de la forma cómo se proveen
los servicios, es decir si se hace con una buena
atención, respetando su dignidad, de forma asistencialista o habilitadora.
Para estas distintas fuentes de demanda existen
distintas metodologías y técnicas que permiten responder las principales preguntas. Debe tenerse en
cuenta que las decisiones acerca de qué metodología usar no es sólo una cuestión técnica, ya que
en las actividades evaluativas se enfrentan diversas
opciones que de una u otra forma tienen que ver
con las relaciones asimétricas que se establecen
entre la organización y los donantes, las formas de
dependencia y de ejercicio del poder entre ellos, el
uso de recursos para producir los datos y la información que se estima útil para los donantes, pero
que habitualmente no se usa en la toma de decisiones de la propia organización. También aparecen
otras funciones de las evaluaciones que poco tienen
que ver con lo que se postula en los lineamientos
metodológicos. Por ejemplo, se pueden usar para
legitimar a la organización ante potenciales donantes o ante otras organizaciones. Por el lado de los
clientes o beneficiarios también aparecen asimetrías
en ambas direcciones. La organización depende de
ellos para realizar su actividad, pues sin “clientes”
queda inactiva, y también los beneficiarios dependen de la organización que les provee servicios que
les alivian, consuelan o, por lo mínimo, les proveen
identidad y existencia como personas.
Tanto las fuentes de demanda por evaluaciones
como las respuestas que se generan para satisfacerla
se enmarcan en estructuras sociales que contienen
distintas expectativas de los actores que están involucrados o interesados. Las actividades (y agencias)
132
de evaluación de la efectividad organizacional de los
emprendimientos solidarios deben procurar esclarecer y relevar su imbricación con las estructuras
sociales para así disponer de capacidades para comprender sus propias decisiones que optan entre los
distintos métodos y técnicas de evaluación.
La efectividad organizacional
y la evaluación
Para comprender mejor estos procesos de evaluación y análisis de la actividad de las organizaciones
se requiere disponer de conceptos y distinciones
que permitan organizar el conocimiento y orientar
la acción de modo que sean efectivas en proporcionar conocimientos y extracción de aprendizajes que
sean útiles y pertinentes para los diversos interesados
e involucrados en la acción de las organizaciones.
En primer término es necesario distinguir los niveles de la propia organización que se expresan en su
jerarquía: la administración o gerenciamiento y los
programas que conforman la operación (Mintzberg,
1992). La gerencia se ocupa de las decisiones estratégicas, de la relación con el entorno que incluye la
obtención o captación de recursos, la asignación de
éstos a las actividades y el control de la gestión. Los
programas son los servicios que se proporcionan
a los beneficiarios cuyo diseño habitualmente está
a cargo de profesionales y se llevan a cabo como
rutinas más o menos estabilizadas que siguen procedimientos o aplican protocolos.
La evaluación se orienta hacia la estructura y los
procesos que se desempeñan en ambas dimensiones, gerencial y operativa, y establecen la relación
entre los insumos y su transformación en productos (servicios, atenciones e intervenciones). De
estas distinciones queda de manifiesto que la evaluación responde a distintas audiencias y se enfoca
en distintos aspectos de la organización. Si bien se
pueden separar - de hecho habitualmente se hace-,
eventualmente se requiere disponer de una descripción lo más completa posible que incluya todas las
estructuras y los principales procesos desempeñados, así como la vinculación entre los procesos que
componen el gerenciamiento con los que definen
al núcleo operativo. Esto es así puesto que se puede dar el caso de que una organización está muy
bien gerenciada pero sus programas pueden no ser
efectivos. O al revés, los programas pueden estar
bien ejecutados, pero a costa de una alta rotación de
profesionales o altos grados de desgaste y burnout
del personal. La efectividad organizacional se puede
CERTIFICACIÓN DE INTERVENCIONES SOCIALES
conceptualizar mediante la distinción adicional entre
capacidades – la estructura y procesos de transformación de recursos – y los resultados o “productos”
(Sowa, Selden y Sandfort, 2004). Es habitual que las
evaluaciones se enfoquen preferentemente en estos
últimos, dejando de lado consideraciones acerca del
cómo se logran o a qué costos tanto para la organización como para el personal. La principal razón
de esta concentración pareciera ser que los resultados son más medibles - si se ha hecho el esfuerzo
y establecido los procedimientos para disponer de
indicadores y de capacidad de producir datos. Esta
forma de contabilidad reduce una enorme complejidad a unos pocos números, de fácil comprensión
para las distintas audiencias, especialmente para los
donantes, cuyo interés por saber qué se ha hecho
por los recursos se puede responder mediante la
contabilización del número de personas atendidas,
de desayunos o almuerzos otorgados, de días camas
de internación, o de horas de enseñanza ofrecidas.
De modo que la efectividad organizacional se debe
demostrar de diversas maneras para las diversas
audiencias o interesados. Los mismo datos que sirven para el propósito de mostrar la efectividad a los
donantes pueden no ser útiles para la toma de decisiones en los procesos de organización y provisión
de los servicios, ni para establecer el grado de satisfacción de los usuarios (beneficiarios).
Esto se puede ilustrar con la evaluación de la educación pública en Chile que, para muchos, se reduce a
los puntajes obtenidos en las pruebas que conforman
el SIMCE. Sin embargo, los efectos de la reforma
abarcan otros aspectos que remiten a modificaciones de mayor envergadura, tal como argumenta
Brunner: “Varios de los cambios socio-culturales
que comienzan a emerger en Chile - como la afirmación de valores igualitarios, el reconocimiento
de diferentes formas de vida, las aspiraciones de
movilidad y modernidad, el pluralismo de posturas
éticas, la reclamación de derechos individuales y el
protagonismo de las mujeres, entre otros - tienen
su base en la creciente escolarización de la población. Sin duda, este es el mayor éxito de la reforma
educacional. Obsesionados como estamos con las
mediciones del éxito escolar, los rankings de colegios
y las comparaciones internacionales de resultados
del aprendizaje, tendemos a pasar por alto los efectos sociales más profundos de la reforma.(…) Para
nosotros, por tanto, el SIMCE más vital y decisivo
debiera ser un examen de la medida en que la sociedad supera la exclusión escolar y del grado en que
abre las puertas de la enseñanza superior. En ambos
frentes, el éxito de la reforma es innegable. A partir
de aquí debemos preocuparnos ahora de democratizar también los logros de aprendizaje de nuestros
niños y jóvenes.” (Brunner, 2006)
Sowa propone que para cada una de las subdimensiones –capacidades y productos– la evaluación
debería considerar dos tipos de datos e información:
aquella que adopta la forma más objetiva, como
todo lo que es contable, y la que aparece como
subjetiva ya que es perceptual y proviene de la subjetividad de los involucrados. Los datos necesarios
para el primer tipo son producidos por la actividad
de clasificación, registro y conteo de eventos que
habitualmente alimenta los sistemas contables que
contienen los costos y gastos y los que surten los
sistemas de control de gestión en base al registro de
lo que resulta o se produce. Para los segundos, sin
embargo, los datos son más esquivos y difíciles de
producir. Un ejemplo permitirá clarificar este tema:
una organización puede tener formulada su misión
de manera clara, articulada y consistente, pero el
personal puede no sentirse identificado con ella. No
es la que le provee el sentido ni a su pertenencia a la
organización, ni a las actividades que desempeña o
al trabajo que se realiza. O, en otro ámbito, el personal debe producir datos contables para la gerencia
pero que no usa para sus decisiones cotidianas en
la ejecución de las operaciones de provisión de los
servicios. Es habitual observar que ante este tipo
de situación el personal trata de esquivar y reducir los costos que ve asociado a una actividad que
para ellos no tiene sentido, importancia, relevancia
o necesidad. Entonces puede que la evaluación de la
efectividad de la organización muestre que los dispositivos de control por parte de la gerencia están
bien armados pero que simultáneamente la satisfacción del personal con muchas de las tareas que
les ocupa, en su percepción, demasiado tiempo y
esfuerzo, sea baja o esté en niveles cercanos a los
umbrales que provocan o estimulan la rotación.
Esta breve descripción revela la necesidad de disponer de modelos multi dimensionales para evaluar
la efectividad organizacional (Sowa, Selden y Sandfort, 2004) que permitan integrar la apreciación
acerca del funcionamiento de los distintos niveles
jerárquicos de la organización y sus componentes
en un todo que haga posible dar respuesta a las preguntas que provienen de distintas audiencias.
Audiencias y auditoría
En la sociedad contemporánea la Auditoría se ha extendido más allá de las audiencias que prestan oídos
a la contabilidad de costos y financiera: existe la au133
RENÉ RÍOS
ditoría ambiental, de procesos, de gestión y muchas
otras. Lo que está indicando es que crecientemente se están estableciendo procesos de rendición de
cuentas y de responsabilidad (accountability). Esto
obedece a cambios en la propia sociedad, sobre los
que nos ocuparemos más adelante.
Los procesos de auditoría se dirigen a distintas
audiencias interesadas en la organización. Entre
los principales está el Estado, que provee recursos
y los “clientes”, es decir aquellos que pagan por
servicios y para los que la organización trabaja y
que son distintos a los beneficiarios, por ejemplo,
un servicio público que subcontrata a la organización para llevar a cabo operaciones de reparación
o tratamiento, como el Servicio Nacional de
Menores. También es audiencia el Servicio de Impuestos Internos, no sólo por el tema propiamente
de impuestos, sino porque de él depende que la
organización sea clasificada como entidad sin fines de lucro. En esto también está involucrado el
Ministerio de Justicia que otorga la personalidad
jurídica. En el futuro próximo el Ministerio de
Planificación y Cooperación se constituirá en una
audiencia relevante ya que está a cargo de la distribución del fondo mixto de apoyo social creado
por la Ley 19.885 de Donaciones para fines sociales y públicos. Para el Estado, cuando subcontrata
operaciones para proveer servicios a la población
atendida por programas sociales, el interés se centra en el uso legítimo y eficiente de los recursos
aportados a las organizaciones contratadas.
Otra audiencia relevante son los donantes, que
pueden ser personas naturales o jurídicas -como
las Fundaciones- que apoyan la labor de otras fundaciones, corporaciones y organizaciones con y sin
fines de lucro. Para ellos el interés radica en el uso
eficiente de recursos aportados y en la atención adecuada (oportuna, pertinente) de las necesidades de
los beneficiarios.
Estas son audiencias externas a la propia organización que provee los servicios. También la propia
organización y sus componentes son audiencia.
De manera similar a la distinción sugerida anteriormente respecto de los procesos de evaluación,
se puede distinguir demanda desde la gerencia y
desde las unidades que ejecutan programas. Para
la primera, la auditoría le permite comunicarse con
las audiencias externas ante las cuales rinde cuenta
con el propósito fundamental de mantener activas
las fuentes de recursos, estabilizarlas y asegurarlas
a futuro. No menos importante es la función de legitimización que provee la auditoría (Power, 2003).
134
Para los integrantes de la organización además del
aporte legitimizador, las auditorías proveen apreciaciones independientes sobre los resultados y el
desempeño.
Finalmente están los usuarios o beneficiarios que
habitualmente están enfocados solamente hacia la
calidad del servicio y que a menudo no perciben
otros aspectos o formas alternativas a las que han
experienciado. Como las carencias son tantas, lo
que se les provea u otorgue posiblemente es altamente apreciado y, salvo fallas garrafales, agradecen
los servicios recibidos. Es dudoso que pudieran
proponer servicios alternativos muy distintos a los
ofertados por la organización que los atiende o por
otras que los hayan atendido. No obstante estas
limitaciones, generalmente tanto las evaluaciones
de impacto como las de efectividad organizacional
procuran incluir las apreciaciones de los usuarios.
También en ocasiones las propias organizaciones
buscan información sobre sus necesidades y demandas para ajustar los servicios a ellas, para introducir
modificaciones a ellos o para diseñar programas
completamente nuevos.
De este breve listado de las audiencias se puede colegir que hay tantas auditorías como audiencias y que
cuando se atienden sus requerimientos es necesario
diseñar las evaluaciones de modo que respondan
adecuadamente a ellos (Ebrahim, 2005). Las evaluaciones, como se planteó más arriba, se enmarcan
de distintas maneras y bajo diversas modalidades.
El enmarcamiento de la evaluación puede producir
apreciaciones muy disímiles según sea el punto de
observación que se adopte (Tassie, Murray y Cutt,
1998). Tassie et al., distinguen tres dimensiones del
enmarcamiento de la evaluación: a quién se evalúa
(el rango de la evaluación); qué se evalúa (el foco
de la evaluación) y cómo se lleva a cabo (el método
de la evaluación). En su investigación identificaron
tres identidades que emergen: el programa que es el
conjunto de actividades y recursos dirigidos a una
meta u objetivo; la agencia, esto es la organización
que atiende en un área local, las necesidades de una
o más clientelas; y el sistema compuesto por diversas agencias y programas dedicadas a la solución de
un tipo de problema, las clientelas y los mecanismos de financiamiento y regulación.
La dimensión que corresponde al foco, al qué se
evalúa, tiene dos aspectos: los productos que refieren a los resultados finales obtenidos, a los efectos
intencionados y los no anticipados o inesperados,
del programa, agencia o sistema. Por ejemplo las
tasas de alfabetización, los niveles instruccionales
CERTIFICACIÓN DE INTERVENCIONES SOCIALES
alcanzados por escolares o las tasas de reducción de
consumo de drogas. El segundo aspecto se enfoca en
los procesos y en cómo se llevan a cabo las actividades, al cómo se entregan los servicios. Esto incluye
las operaciones y sus estructuras, las combinaciones
de distintos recursos, los precios y costos, el ajuste
de la actividad con las disposiciones regulatorias, el
uso de mecanismos para garantizar la calidad como
los procesos de certificación y acreditación. El tercer
aspecto refiere a los métodos de evaluación empleados, que pueden ser formales e informales.
Certificación, intervención social
y programas
La certificación de las intervenciones refiere a la
segunda dimensión (qué se evalúa) en el aspecto
enfocado a los procesos. Como las intervenciones
habitualmente adoptan la forma de programas,
se puede certificar las formas de organizar las intervenciones sociales. No es este el espacio ni la
oportunidad para una exposición pormenorizada,
conceptual y reflexiva acerca de las intervenciones.
Baste para el propósito de este artículo plantear dos
ideas fundamentales acerca de ellas.
La intervención procura modificar un curso natural
de eventos, que dejados a él, generan un estado no
deseado por alguien. Así, por ejemplo, en el caso
de una enfermedad cuya prognosis es conocida, se
sabe que si no interviene la medicina, conllevaría a
la muerte del enfermo. El tratamiento con antibióticos de la tuberculosis interviene el curso natural
de la enfermedad, deteniendo la propagación de los
bacilos mediante su eliminación por la acción del
antibiótico. De manera similar, la cirugía mediante
la cual se extrae un tumor benigno evita su evolución en uno canceroso.
En la realidad social se puede pensar de una manera análoga. Dejada sin intervención, el probar una
droga puede conducir a la adicción que, si no es
tratada, tiene efectos conocidos y no deseados sobre
la retención escolar, actividad delictiva o disolución
familiar. De modo que las intervenciones descansan
en teorías, con supuestos explícitos o implícitos,
acerca del cambio social. Ellas establecen qué es
modificable o no, si la acción racional intencional
de los seres humanos puede tener efectos sobre el
curso esperado de los eventos y qué estado final o
resultado se puede razonablemente esperar.
La segunda idea es que para que exista intervención,
el propio proceso debe generar una distribución de
roles sociales que consisten en el interventor y en el
intervenido. Lo mínimo requerido es que este último
otorgue al primero la facultad para intentar afectar
su vida o algún aspecto de ella. Sin este consenso
básico, la intervención no es posible. La constitución del intervenido, o si se prefiere, la construcción
social del intervenido, es constituyente del proceso de intervención y la forma cómo se lleva a cabo
informa acerca de ella. Desde distintos ángulos de
observación se puede resaltar, por ejemplo, si respeta la dignidad del beneficiario, si lo habilita, si lo
hace dependiente, si lo empodera o no, si lo dota
de más capacidades para decisiones autónomas. Las
observaciones generalmente se realizan empleando
distinciones valóricas (dignidad, autonomía) o categorías de las ciencias sociales (empoderamiento,
habilitación).
Tomando elementos de las teorías organizacionales
y del gerenciamiento se puede representar las intervenciones como conjuntos de procesos articulados
entre sí de diversos modos y que en su ejecución
utilizan recursos, especialmente los portados por
los seres humanos, tales como conocimientos profesionales. Esta forma de representación permite
distinguir los distintos procesos, su concatenación,
las modalidades de coordinación que los articulan, los recursos que consumen y sus resultados.
También permite vincularlos con otros procesos organizacionales, en particular los de administración
para establecer cómo se influyen mutuamente, si se
estorban o facilitan, cómo se asignan y controlan los
recursos y numerosos otros.
Reflexión y certificación
El análisis de los procesos requiere la participación de observadores externos a la organización
pues toda auto observación presenta puntos ciegos,
como los que hay en los espejos retrovisores de los
automóviles. El observador externo ve aspectos
que los miembros no ven por que están inmersos
en ciclos de actividades que son auto referidas. En
otros términos, porque ejecutan las operaciones de
la organización bajo la forma de rutinas a las que
están habituados y sobre las cuales no cabe hacer
cuestionamientos de su sentido pues esto rompería
la habitualidad y la estabilidad que se requiere para
poder llevarlas a cabo.
Existe una diversidad de modelos de procesos disponibles en las ciencias sociales y administrativas.
La decisión acerca de cuál es el más adecuado para
cada organización y programa refiere, en parte a
aspectos técnicos - por ejemplo, la disponibilidad
135
RENÉ RÍOS
de datos producidos por la operación del programa
– pero más significativamente al sentido que se genera en la organización. Para un emprendimiento
solidario no tiene mucho sentido, ni relevancia o
pertinencia, hacer un análisis de procesos de generación de utilidades, pues su fin no es el lucro. El
hecho esencial de que las organizaciones tienen diversas audiencias implica que es necesario optar, vía
negociación (explícita o no), el sentido fundamental
que la orienta y que articula los diversos intereses
(Rodríguez y Ríos, 2002) (Anheier, 2000) (Drucker,
1990). En las metodologías de análisis en base a la
representación de la organización como procesos,
éstos se clasifican en nucleares -de identidad y prioritarios - de respaldo y mandatorios (Keen y Knapp,
1996). Los primeros son aquellos que proveen la
identidad de la organización (curar enfermos, reparar personalidades, educar) y son aquellos por los
que los clientes (como quiera que se definan) acuden a la organización. Los prioritarios son aquellos
que, no proveyendo identidad, son fundamentales
de realizarse para hacer posibles los de identidad.
Los de respaldo apoyan los restantes, mientras los
mandatorios son exigidos por entidades externas o
las leyes. Los más importantes son los dos primeros
(nucleares) pues son los que agregan valor a la transformación de recursos en resultados. Incluyen los
procedimientos que se siguen en la gerencia o cumbre estratégica para establecer la gobernación de la
institución, la obtención de recursos, la resolución
de conflictos, la asignación de responsabilidades y
de funciones. También aquellos que se desempeñan
en el núcleo operativo como el reclutamiento de beneficiarios o usuarios, la entrega de tratamientos, la
evaluación de sus efectos y las decisiones de egreso
(o de dar de “alta” en términos médicos).
Los beneficios de la observación externa de los
procesos que desempeña la organización pueden
ser muchos, aunque le genere incomodidad a veces. Por ejemplo, la observación puede señalar que
algunos procesos no existen y no se desempeñan.
Hemos observado que en muchos programas es
poco habitual encontrar definiciones del alta del
beneficiario, es decir, de una determinación medible o al menos observable de haber alcanzado un
estado o situación que gatilla la decisión de cesar
la intervención. Esto requiere definiciones del tipo:
cuándo se deja de ser indigente, cuándo está habilitada la persona para ejercer sus derechos, cuándo
se ha reducido el riesgo de adoptar alguna conducta
no deseada, qué grado de reparación es suficiente
para que la persona funcione de manera estable y
regular; y son el tipo de cuestiones que este proceso
136
debe abordar. Es fácil apreciar que requiere lograr
una operacionalización que permita observar a más
de un observador, comportamientos o conductas
del intervenido que lleve a optar en la decisión de
egresarlo del programa.
El objetivo fundamental de realizar un proceso que
conduzca a la certificación de calidad de un programa es llevar a cabo una reflexión por parte de la
organización acerca de sus actividades y su estructuración en procesos. Constatar si ha establecido
procedimientos necesarios para dar cuenta ante sus
distintas audiencias interesadas acerca de la validez,
confiabilidad, pertinencia, oportunidad, en suma,
de la calidad de lo que hace. La certificación es una
evaluación pero que lleva necesariamente imbricada
la oportunidad y necesidad de realizar aprendizajes por parte de la organización y sus integrantes
(Ebrahim, 2005). Sin los aprendizajes, la certificación se degrada a un mero trámite burocrático que
puede llegar a carecer de sentido. O en una ritualización para satisfacer necesidades, legítimas sin duda,
de mantener tranquilos y satisfechos a donantes o
mandantes, o de los propios integrantes para calmar sus conciencias y de ratificar que lo que hacen
está bien. Este supuesto conlleva a que el proceso
de certificación requiere del compromiso de los integrantes, su participación y su aportación activa.
Es un proceso que necesariamente es construido en
conjunto con los observadores externos (consultores o asesores), no algo que éstos llegan a imponer
a la organización.
Certificación y racionalidad
En la sociedad contemporánea se observa la creciente extensión de certificaciones y acreditaciones por
doquier y en los más diversos ámbitos de la actividad
social y humana. Esta constatación lleva a la consideración acerca de las causas más profundas que la
hacen necesaria. Si partimos del supuesto bastante
realista de que las personas que trabajan en emprendimientos solidarios tienen buenas intenciones
y buenos motivos para usar su tiempo, remunerado
o no (al hacerlo como voluntarios), y que quieren
hacer bien el bien, el disponer de herramientas que
les permiten mejorar sus emprendimientos debería
servirles para optar entre los diversos medios disponibles para el logro de sus fines. En otros términos,
el supuesto remite a que son personas racionales.
Aquí la racionalidad se entiende como la adecuación de medios a fines, tal como se conceptualiza
a partir de Weber, como racionalidad formal. En
el campo de los emprendimientos solidarios, los
CERTIFICACIÓN DE INTERVENCIONES SOCIALES
valores, fines, objetivos e intenciones son nobles
y altruistas, por lo que su racionalidad sustantiva
estaría asegurada. Hacer el bien no es discutible y
hacer bien el bien casi no es necesario justificarlo
pues el valor final es muy loable.
Sin embargo, es posible observar una cierta resistencia para con el análisis reflexivo de los procesos de
intervención o programas pues aparece distrayendo
a la organización de su actividad fundamental, gastando recursos escasos en actividades habitualmente
vistas como superfluas o que constituyen “lujos”,
desenfocándola de sus preocupaciones esenciales
y asignando tiempo de sus ya desgastados profesionales a la producción de datos y reportes, cuya
contribución final puede ser puesta en duda. Se
puede contrarrestar este tipo de apreciación haciendo argumentos acerca de la utilidad de la reflexión,
de las mejoras en las adecuaciones de los medios
a los fines, y de los logros en eficiencia y en eficacia que se pueden alcanzar tras estos ejercicios.
También acerca de sus contribuciones a la mantención de la reputación, prestigio y legitimidad de la
organización que puede demostrar que logra sus
resultados planteados.
En un cierto nivel de comprensión, por ejemplo al
de la organización este tipo de argumentación puede funcionar. Pero aún así, al argumento le falta dar
cuenta de las razones más profundas o de mayor alcance que hacen que la evaluación y la certificación
sean cada vez más requeridas, y no por las propias
organizaciones en primer lugar, sino por otras entidades que las observan.
De manera muy resumida el asunto se puede exponer como sigue. La sociedad y las organizaciones
que se dedican a la solución de diversos problemas
han alcanzado niveles de eficiencia nunca antes
vistos. Los avances tecnológicos y en la gestión de
las organizaciones permiten llevar a cabo acciones que en otras épocas eran impensables. Educar
a cientos de miles de jóvenes, curar a millones de
enfermos, producir alimentos en exceso a las necesidades locales (nacionales), transportar bienes y
personas a cualquier punto remoto del planeta, entretenerlas pues disponen cada vez de más tiempo
libre, y un gran etcétera, son tareas abordables exitosamente por la sociedad mediante organizaciones
razonablemente establecidas. De manera similar se
puede exterminar a naciones completas, contagiar
a millones con virus que se propagan globalmente,
llevar a la pérdida de sentido a la juventud, excluir
a poblaciones enormes, enfermar a los propios pacientes y otro gran etcétera. Estos hechos reales o
potenciales señalan que la racionalidad de los fines
o valores no está garantizada. Que hay fines que
hoy consideramos nefastos que en el futuro podrían
ser considerados heroicos y loables, según sea el
vencedor, como lo ilustran muchos casos en la historia del siglo XX, y que va más allá de la noción de
que la historia la escriben los vencedores. Remite
a cuestiones sustanciales acerca de la racionalidad
instrumental o estratégica que supuestamente guía
las decisiones de los seres humanos. ¿De dónde
proveerse de alguna garantía de que las decisiones
actuales son las mejores?
El punto es que podemos buscar en cualquier ámbito de la actividad humana y sin mucho esfuerzo,
se encontraran casos similares o más complejos. En
parte esto se debe a que el uso de los medios (tecnológicos, de poder, de dinero) conlleva consecuencias
que pueden no sólo afectar los fines perseguidos, sino afectar de manera significativa negativa,
aunque inesperada por quienes - desde su perspectiva- perseguían fines benéficos. La medicina, por
ejemplo, ofrece avances asombrosos pero también
es capaza de producir iatrogenia, las enfermedades
producidas por ella misma. Un estudio publicado
en la Revista Médica de la Asociación Americana de
Medicina (JAMA) por la dra. Barbara Starfield demostró que en el año 2000 se produjeron 225.000
decesos debido a causas iatrogénicas. Estas incluyen
12.000 muertes por cirugía no necesaria, 7 mil por
errores en administración de medicamentos en hospitales, 20.000 por otros errores hospitalarios, 80
mil por infecciones intra hospitalarias y 106 mil por
efectos adversos de medicamentos. La iatrogenia es
la tercera causa de muerte en los EEUU después de
los infartos y el cáncer (Starfield, 2000).
Esta información debería ser suficiente para alertar
acerca de las limitaciones que presenta una racionalidad instrumental que se ocupa de la eficiencia en
la adecuación de medios a fines. También acerca de
las pretensiones de elaborar una lista de fines loables pues al menos la contingencia histórica debería
alertarnos acerca de la fragilidad de su validez y capacidad de ayudar a alcanzar consensos sociales o
políticos.
También la racionalidad instrumental que procura aportar una relación entre medios y fines y que
caracteriza a las organizaciones formales presenta límites y restricciones. Esas fueron conceptualizadas
por Simon y March (March y Simon, 1958) como
racionalidad limitada (bounded rationality), que no
busca la mejor solución o el óptimo, sino aquella situación en que se hace posible tomar la decisión más
137
RENÉ RÍOS
satisfactoria. En vez de explorar todas las opciones y
alternativas, analizar toda la información disponible
y tras fijar los criterios de valor u optimización del
logro de objetivos tomar la decisión más adecuada,
a las organizaciones les basta tomar la decisión que
satisface mejor un criterio mínimo de adecuación.
Así las nuevas decisiones se parecen más a las tomadas con anterioridad frente a eventos clasificados
como similares. Sólo cuando la decisión no funciona para resolver satisfactoriamente la situación, se
realiza una (limitada) búsqueda de alternativas y se
obtiene algo más de información.
En estos cambios, la racionalidad comienza a consistir más en la consistencia de una decisión respecto a
las decisiones anteriores (Luhmann, 1997: cap IV),
que a la búsqueda de algún óptimo de solución. En
otros términos pasa a consistir en una racionalidad
procedimental o de procedimientos. Esa forma de
conexión, que va encadenando una decisión con
otras se expresa en las organizaciones en un “entramado de decisiones programadas en que cada
decisión ha de suponer que las demás también se
producen, de tal modo que cada decisión no sólo
cumple su fin específico (en cuanto medio para
otros fines), sino que, al mismo tiempo, se constituye en premisa para otras decisiones (Rodriguez
y Torres, 2006 (por aparecer) cap.VIII) (Corsi, Esposito y Baraldi, 1996: 133-134). De este modo,
el ejercicio de la autoridad en la organización, por
ejemplo al definir metas anuales, se constituye en
las premisas para las decisiones que los subalternos
deberán tomar, al asignar tareas a sus equipos. Lo
que se espera es que las decisiones sean consistentes unas con otras, que exhiban grados aceptables
de coherencia y coordinación, no que sean, necesariamente, las mejores elecciones entre alternativas
supuestamente disponibles.
La explicación de esta transformación a una racionalidad procedimental consiste en que en la sociedad
moderna las decisiones que se adoptan en el sistema
social pueden afectar su entorno. Esto significa que
las decisiones -que requieren una reducción de la
complejidad para poder tomarse y que, a su vez,
son una reducción de complejidad – implican riesgos para el entorno. Con la creciente diferenciación
funcional en subsistemas parciales y con la predominancia de las organizaciones dentro de ellos,
todas las decisiones conllevan riesgos para el entorno de ellas. Dicho entorno está constituido, además
del medio ambiente físico, por otras organizaciones.
De ahí que ellas comienzan a exigir a las demás una
reducción del riesgo a que quedan expuestas por
138
las decisiones que toman. La descripción de la sociedad contemporánea como “sociedad del riesgo”
recoge este cambio semántico y de sentido que se
aprecia en la realidad contemporánea (Beck, 1998)
(Luhmann, 1992).
La respuesta a esta exigencia consiste en la instalación de regímenes de auditoría y de rendición
de cuentas acerca de los procedimientos que las
organizaciones desempeñan y que, como vimos,
consisten de decisiones concatenadas. La garantía
de inocuidad de las decisiones para otras organizaciones y entornos se radica en la ejecución de
procedimientos que velan por la contención de daños a quienes no están implicados en la toma de
decisión pero que pueden ser afectados por ella. Lo
que se certifica entonces, es que la ejecución de los
procedimientos ha tomado en cuenta e incorporado
la consideración –dentro de márgenes razonablesde las consecuencias para otros. La certificación así
como la acreditación, contribuyen a mantener o
incrementar la confianza en las organizaciones por
parte de los donantes, que tiene efectos sobre los
montos donados (Bekkers, 2003). De manera similar, las regulaciones que los estados incorporan
hacia las organizaciones sin fines de lucro procuran
preservan la fe (confianza) pública en ellas, aunque
en muchos casos pueden llegar a representar importantes incrementos de costos para las organizaciones
(Irvin, 2005).
En síntesis, la certificación y acreditación de los
procedimientos en las organizaciones responden a
necesidades de distintas audiencias que exigen la
rendición de responsabilidades y de cuentas, para
así tomar sus propias sucesivas decisiones acerca del
apoyo, respaldo o contratación que le brindan. Por
otra parte, permiten abordar el requerimiento más
amplio por la reducción o contención de riesgos que
surge de la racionalidad limitada con que se puede
operar en la sociedad moderna. Tener en cuenta
este horizonte más amplio provee distinciones que
facilitan la adecuada comprensión de la necesidad
de rendir cuentas ya no sólo como un dispositivo
para asegurar la fe pública, o la continuidad de captación de recursos o simplemente para mejorar lo
que las organizaciones hacen. Responden a necesidades más profundas que caracterizan a la sociedad
contemporánea.
Profesionalismo y certificación
En esta última sección planteamos una temática
adicional que tiene fuertes incidencias en el trabajo
CERTIFICACIÓN DE INTERVENCIONES SOCIALES
y desempeño de los profesionales. Desde el análisis
sociológico las profesiones son ocupaciones que resguardan para sí una amplia autonomía para tomar
decisiones discrecionales. Para ello requieren la formación del juicio personal en base a la adquisición
de conocimientos y experiencias que demandan
muchos años de fuerte dedicación y esfuerzo (Freidson, 1973; 1984; 1994; 2001). La discrecionalidad
significa que el profesional adopta una decisión
que a su juicio y frente al problema específico que
enfrenta, le parece la mejor. Las profesiones se reservan, a menudo con el apoyo del Estado y de las
leyes, la potestad para evaluar el desempeño, que
sólo es considerado válido si es realizado por pares.
Las opiniones sobre las decisiones tomadas por los
profesionales emitidas por personas externas a la
profesión tienden a no ser tomadas en cuenta y son
desechadas por carecer de los niveles de expertismo
requeridos para juzgar lo apropiado de una decisión. Esto implica que la profesión se auto regula
mediante disposiciones de control propio y que,
además de los conocimientos y sus codificaciones
están basadas en una fuerte ética profesional.
De manera similar a la demanda por garantizar la
reducción de los riesgos, las profesiones están en
la actualidad sometidas al escrutinio público y su
autonomía decisional expuesta a intentos de estandarización mediante protocolos (en el caso de la
medicina) y de una variedad de dispositivos que,
en último término, afectan a su autonomía, reduciéndola. El trabajo de los profesionales en las
organizaciones ya presenta, por el hecho de ser asalariados o contratados por ellas, algunos grados de
reducción de la autonomía. La misión, los objetivos y propósitos de la organización enmarcan las
decisiones profesionales reduciendo las opciones.
Sin embargo, en sí esto no es muy grave puesto que
en la realización de la operación, es habitual que
se preserve un rango decisional bastante amplio.
Sin embargo, dicha amplitud a veces se mantiene
a costa de los objetivos de la organización, de la
opacidad que adquieren las operaciones que impide la explicitación de las razones que se tienen
en consideración para adoptar las decisiones que se
toman. También se pueden sostener afectando las
modalidades y eficiencia de los dispositivos de coordinación, reduciendo la colaboración mediante el
ocultamiento de información o de las razones de las
conductas.
Cuando la organización establece procesos y procedimientos que encadenan decisiones y las certifica
se está ante la posibilidad de que la autonomía de-
cisional se reduzca de maneras significativas. En
el extremo la reducción puede derivar en la transformación del profesional en un operativo que
aplica instrucciones pre-programadas con limitada
capacidad para adecuarlas a las características o
necesidades del “cliente” que está atendiendo. En
el otro extremo se puede partir por un cuestionamiento, previo al proceso de certificación, acerca
del grado de profesionalismo (o de profesionalización), de modo que dicho cuestionamiento podría
concluir en que el profesional no es, en rigor y sentido estricto, un profesional, sino un técnico o un
operativo.
Los procesos de certificación establecen protocolos
y procedimientos documentados que guían las decisiones de los profesionales. Efectivamente estos
pueden reducir su autonomía pero, a la vez, proveen
algunas salvaguardias contra los riesgos inherentes
a cualquier decisión. Por estas mismas razones es
que esos procesos de certificación requieren del
compromiso y participación activa de los integrantes de las organizaciones, puesto que, si están bien
diseñados, deben proveer los espacios y marcos de
negociación de expectativas acerca del desempeño
profesional y de los riesgos a que se expone a otros
por las decisiones propias. Disponer de dispositivos de contención de daños directos o colaterales
es preferible a no haber tomado conciencia ni haber
diseñado ningún tipo de curso de acción alternativo ante la aparición de los daños. Reflexionar sobre
ellos no es trivial aunque nunca se tenga la intención de provocarlos.
Conclusión
La necesidad de proveer ciertas garantías a audiencias o interesados acerca de los procesos de
intervención social que llevan a cabo las organizaciones de emprendimientos solidarios proviene de
algunas características de la sociedad contemporánea que se han señalado. Comprenderlas facilita el
reconocimiento de que las mejores intenciones no
son suficientes para sustentar los valiosos esfuerzos
que diariamente realizan. Los procesos de certificación pueden contribuir a que esos desvelos tengan
los principales efectos esperados en las personas
necesitadas de los servicios que se les proveen.
También ayudan a los integrantes, trabajadores
y voluntarios, a que sus aportes se conviertan en
resultados más valorados por todos los actores a
quienes les incumben. No menos significativo es
que facilitan la profesionalización del trabajo, es139
RENÉ RÍOS
tableciendo con nitidez los ámbitos de autonomía
y las coordinaciones necesarias para el éxito de
los emprendimientos. Establecerlos no sólo como
procesos para documentar las intervenciones sino,
fundamentalmente para que las organizaciones
y sus miembros dispongan de oportunidades de
aprendizaje, asegura que sean el resultado del desarrollo de mayores capacidades de colaboración y
cooperación entre ellos y la Universidad.
Referencias bibliográficas
ANHEIER, HELMUT K. 2000. “Managing non-profit
organisations: Towards a new approach.” Working
Paper I. Center for Civil Society London School of Economics.
BECK, ULRICH. 1998. La sociedad del riesgo. Barcelona:
Paidós ibérica.
BEKKERS, RENÉ. 2003. “Trust, accreditation and Phi-
—. 2001. Professionalism. The Third Logic. On the Practice of
Knowledge. Chicago: The University of Chicago Press.
IRVIN, RENEE A. 2005. “State Regulation of Nonprofit Organizations: Accountability Regardless of
Outcome.” Nonprofit and Voluntary Sector Quarterly 34
(2):161-178.
KEEN, PETAR G.W. Y ELLEN M. KNAPP. 1996.
Every Manager’s Guide to Business Processes. A Glossary
of Key Terms & Concepts for Today’s Business Leader. Boston, MA: Harvard Business School Press.
LUHMANN, NIKLAS. 1992. Sociología del riesgo.
Guadalajara, México.: Universidad Iberoamericana/
Universidad de Guadalajara,.
—. 1997. Organización y Decisión. Autopoiesis, Acción y
Entendimiento Comunicativo. Traducido por Rodríguez,
Darío. México, Santiago de Chile, Barcelona: Universidad Iberoamericana e Instituto de Sociología Pontificia
Universidad Católica de Chile. Anthropos.
lanthropy in the Netherlands.” Non profit and Voluntary
Sector Quartely 32 (4):596-615.
MARCH, JAMES Y HERBERT SIMON. 1958. Organi-
BRUNNER, JOSÉ JOAQUÍN 2006. “Gran transforma-
MINTZBERG, HENRY. 1992. Diseño de Organizaciones
zations. New York.: John Wiley and Sons,.
ción.” Artes y Letras. El Mercurio, Domingo 19 de marzo
de 2006.
Eficientes Traducido por Capmany, Roxana M. Buenos
Aires: Librería “El Ateneo” Editorial.
CORSI, GIANCARLO, ELENA ESPOSITO Y CLAUDIO BARALDI. 1996. Glosario sobre la teoría social de
POWER, MICHAEL K. 2003. “Auditing and the pro-
Niklas Luhmann Traducido por Pérez, Miguel Romero,
Carlos Villalobos y bajo la dirección de Javier Torres.
México: Universidad Iberoamericana e Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO).
Anthropos.
duction of legitimacy.” Accounting, Organizations and
Society 28 (4):379-394.
RODRÍGUEZ, DARIO Y RENÉ RÍOS. 2002. “Las
organizaciones en una sociedad compleja.” págs. 133152 en Gobernar los Cambios: Chile, más allá de la crisis.,
editado por Moya, Luis. Santiago: Lom Ediciones.
DRUCKER, PETER. 1990. Managing the Non Profit
RODRIGUEZ, DARÍO Y JAVIER TORRES. 2006 (por
Organization. Principles and Practices. New York, NY:
Harper Collins Publishers.
aparecer). Introducción a la teoría de la sociedad de Niklas
Luhmann. Méjico: Fondo de Cultura Económica.
EBRAHIM, ALNOOR. 2005. “Accountability Myopia:
SOWA, JESSICA E., SALLY COLEMAN SELDEN
Y JODI R. SANDFORT. 2004. “No Longer Un-
Losing Sight of Organizational Learning.” Nonprofit and
Voluntary Sector Quarterly 34 (1):56-87.
FREIDSON, ELIOT. 1973. Profession of Medicine. A Stu-
measurable? A Multidimensional Integrated Model of
Nonprofit Organizational Effectiveness.” Nonprofit and
Voluntary Sector Quarterly 33 (4):711-728.
dy of the Sociology of Applied Knowledge. New York, NY:
Dodd, Mead & Co.
STARFIELD, BARBARA. 2000. “Is US Health Really
—. 1984. “The Changing Nature of Professional Control.”
Annual Review of Sociology 10:1-20.
TASSIE, BILL, VIC MURRAY Y JAMES CUTT.
—. 1994. “Method and Substance in the comparative
study of professions.” en Plenary Address Conference on
Regulating Expertise. Paris.
the Best in the World?” JAMA 284 (4):483-485.
1998. “Evaluating Social Service Agencies: Fuzzy
Pictures of Organizational Effectiveness.” Voluntas:
International Journal of Voluntary and Nonprofit Organizations 9 (1):59-79.
FECHA DE RECEPCIÓN: enero de 2006
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo de 2006
140
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 141-155
Dos soluciones habitacionales para adultos
mayores pobres: ¿cuál prefieren ellos?
Two housing solutions aimed at poor elderly adults.
Which one do they prefer?
MAGARITA QUEZADA1, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
Proyecto Fondecyt Nº 1040806: la calidad de vida de adultos mayores que viven en vivienda básica y vivienda en
condominio: un análisis comparativo
Resumen
El artículo da cuenta de una investigación realizada en el ámbito de la vivienda social para adultos
mayores, intentando comparar la percepción que de su calidad de vida tienen las personas que
viven en condominio y aquellos que viven en departamentos. Interesó además evaluar el nivel de
satisfacción que cada de uno de los grupos tiene con su respectiva solución habitacional.
Palabras claves: Adulto mayor, pobreza, vivienda social, percepción de calidad de vida
Abstract
The article show in a research made in a social home for older adults; trying to compare
the quality of life that’s live in two solutions of social public politics. Also we evaluate
the level of satisfaction of each group.
Words key: Older adult, poverty, social home, quality of life
Introducción
La constatación del envejecimiento de la población
a nivel mundial se convierte en una preocupación
internacional. Este crecimiento desafía a la sociedad y a los Estados a repensar las estrategias de
intervención, considerando la emergencia de demandas de servicios sociales múltiples.
Surgen preguntas acerca de cómo deben ser
pensadas las políticas sociales para enfrentar los
requerimientos de esta población, y con mayor
fuerza preguntas acerca de cómo responder adecuadamente a aquellos adultos mayores con mayor
vulnerabilidad, por razones socio-económicas.
Uno de los aspectos más sensibles en la vida de
los adultos mayores es la seguridad de la vivienda:
dónde vivir, cómo vivir, con quien vivir y cómo
financiar los gastos de ella. Frente a esta situación surgen respuestas familiares, institucionales
1
-fundamentalmente de carácter privado- y del Estado a través de las políticas sociales, orientadas
principalmente hacia las personas en situación de
pobreza. Este es precisamente el tema que interesa desarrollar en este artículo, y la pregunta que
se pretende responder es cómo visualizan su calidad de vida dos grupos de adultos mayores en
situación de pobreza, que han sido beneficiados
por el Ministerio de la vivienda, con dos tipos de
vivienda básica diferentes y cual es el nivel de satisfacción respecto con cada una de las soluciones
habitacionales.
La percepción de calidad de vida es evaluada a
través de la aplicación y análisis del Whoqol-Bref
(Test de evaluación de calidad de vida del adulto
mayor) que corresponde a la versión abreviada
del World Health Organization Quality of Life
Group, patrocinado por la Organización Mundial de la Salud.
Trabajadora Social, Magíster en Educación para el Trabajo Social. The Catholic University of America. Magíster en Ciencias de la
Educación. Universidad Católica de Chile.
141
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
Presentación del argumento
de la investigacion
Envejecimiento de la población
“Así como el siglo XX ha sido un siglo de crecimiento
demográfico, el siglo XXI será el del envejecimiento
de la población. Tal fenómeno será un importante
desafío médico, familiar, social, para prever, encauzar y dirigir esta nueva situación”.2
La estructura de la población en el mundo está cambiando, y lo está haciendo en forma especialmente
acelerada en América Latina y en nuestro país. La
transición demográfica que se inicia en Chile en los
años sesenta muestra que en la actualidad el grupo que crece más rápidamente es el de los adultos
mayores. De acuerdo a la encuesta CASEN 2003,
la población de adultos mayores en el país representaba el 11.5% de la población total (1.779.928),
cifra que aumentaría a 18.2% en el año 20253. Las
tendencias muestran claramente que la mayor parte
de la población del mundo estará en los grupos de
edades que hoy se consideran adultos mayores.
Este envejecimiento de la población de Chile y del
mundo es uno de los fenómenos más importantes
de la evolución de la población en la actualidad, e
indudablemente el de mayor trascendencia social y
económica en el próximo siglo. La proporción de
adultos mayores se incrementa en forma significativa, por un aumento de la expectativa de vida
promedio, gracias a los avances de la ciencia, de la
medicina y fundamentalmente como resultado de
acciones de salud pública. La esperanza de vida de
hombres y mujeres en Chile ha aumentado progresivamente, pero en forma diferenciada según
género. Para el 2001-2002 la esperanza de vida de
los hombres fue de 74.42 años y para las mujeres
80.41 años (promedio 77.36 años)4
En nuestro país la población de adultos mayores se
concentra en un 66% en zonas urbanas y particularmente en las grandes ciudades (ciudades con más
de cien mil habitantes).5 Esta situación puede ser
2
3
4
5
6
7
8
9
observada en la Región Metropolitana a través del
índice de vejez6, el cuál alcanzaba al 36.1 en el año
2000, estimándose para el 2005 en 42.7 y para el
2010 en 50.9.7
La crisis de la vejez
Existe la tendencia a valorar a las personas en términos de su valor funcional en la sociedad, es decir
en su funcionamiento productivo o en su valor monetario en la economía, situación a la que se deben
enfrentar los adultos mayores, en el momento de la
vida en que paralelamente luchan por resolver la crisis de la vejez, entendida como la crisis en términos
de identidad, autonomía y pertenencia. Crisis de
identidad porque surge la necesidad de establecer
nuevas relaciones consigo mismo y con los demás.
Crisis de autonomía porque se hace indispensable
establecer nuevas relaciones con los demás con referencia a la satisfacción de las propias necesidades.
Crisis de pertenencia, producto de la necesidad de
establecer nuevas relaciones con la sociedad.8
El envejecimiento produce un deterioro de las
funciones de los distintos sistemas del organismo
humano que progresivamente serán expresados en
limitaciones, las que disminuirán el grado de auto
valencia de la persona mayor. Se reconoce que no
sólo la edad influirá en esta pérdida de valencia,
sino que también lo harán factores de personalidad,
redes de apoyo (familiares, organizacionales), enfermedades, medio ambiente y la percepción que la
sociedad tenga de la vejez.
Los ingresos monetarios se reducen considerablemente, lo que afecta directamente su estilo de vida
y sus patrones de conducta. El adulto mayor debe
enfrentar no sólo los cambios físicos e intelectuales
propios de la edad, sino también el estilo de vida, de
roles y responsabilidades sociales.9
Todas las pérdidas que experimentan los adultos
mayores constituyen una amenaza para la imagen
y estima propia. “La pérdida de la función social es
particularmente traumatizante, puesto que los roles
sociales son normalmente fuentes de pertenencia,
Marín, Pedro y Gag, Homero: “Manual de Geriatría y Gerontología”. Ediciones Universidad Católica de Chile. 2002. Santiago.Chile.
INE. Gobierno de Chile 2000.
INE Gobierno de Chile. Informe Estadístico Nº 21. Año 2004.
Arraigada, Camilo: Programas especiales de vivienda social para personas mayores: evaluación de la experiencia chilena durante los
años noventa”. CEPAL.CELADE. Reunión de Gobiernos y Expertos sobre envejecimiento de países de América Latina.
Indice de vejez: número de adultos mayores por cada 100 menores de 15 años.
INE. Gobierno de Chile. Chile y los Adultos Mayores. 2000.
Laforest, Jacques: Introducción a la Gerontología. El arte de envejecer. Editorial Herder. 1989.
Cook, J,S, y K.L. Enfermería Psiquiátrica Editorial Interamericana. Mc Graw Hill. Madrid. España 1993.
142
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
de dinamismo, valoración.”10 Al mismo tiempo la
ausencia de interacción social en el adulto mayor
produce un fuerte sentimiento de soledad y de frustración, de abandono y de falta de raíces”.11
Como se ha señalado, el adulto mayor se ve enfrentado a múltiples pérdidas de distinta naturaleza:
económicas, sociales, culturales, familiares, psicológicas, fisiológicas, razón por la cual necesita vivir
en un ambiente adecuado, que le permita sentirse
útil, aún con capacidades, en movimiento. Requiere
de un medio ambiente más protegido, seguro, pero
que no lo haga sentirse aislado. La necesidad de seguridad se traduce en la necesidad de estabilidad en
el medio ambiente inmediato.
Crisis de la vejez agravada por la pobreza
Es evidente hoy día que el estado vital del envejecimiento supone una experiencia que posee
características particulares: el individuo que envejece
ve transformadas sus relaciones con las cosas, con
los otros, consigo mismo, quedando así enfrentado
a una experiencia nueva para la cual la sociedad no
lo ha preparado, y para la cual ésta tampoco le ofrece
condiciones, que le permitan crecer creativamente
hacia la nueva condición y vivirla de modo positivo.
La situación se torna más difícil, si a las pérdidas
en los diferentes ámbitos descritos anteriormente,
se suma la situación de pobreza, entendida como
una condición dinámica de vulnerabilidad social,
situación de riesgo que enfrentan las personas o los
hogares, especialmente los más pobres, de no ser
capaces de mantener sus niveles de bienestar, como
resultado de determinadas situaciones de crisis y/o
cambio en las condiciones socioeconómicas.12
La vulnerabilidad, por lo tanto, podría entenderse
como el riesgo al que se ve enfrentado una persona
a perder bienestar, empeorar su condición de vida,
o a verse enfrentado a nuevos riesgos por no disponer de los recursos necesarios para hacer frente a un
evento que amenaza su condición de bienestar.
La pobreza entendida en esta perspectiva permite
capturar las condiciones, recursos y oportunidades
de sectores en riesgo permanente. Vulnerabilidad
hace referencia a la inseguridad y fragilidad. Para
Kastman y Worlmald el concepto de vulnerabilidad
da cuenta del creciente debilitamiento de los mecanismos de integración social que afectan a ciertos
sectores de la población. La vulnerabilidad posee
dos dimensiones centrales: una económica, en la
cual los lazos con el mercado de trabajo se ven amenazados y/o debilitados; y otra social, caracterizada
por la fragilidad de la integración en redes sociales
-familiares y/o comunitarias- y el acceso a los servicios públicos.13
Los adultos mayores pobres se ven enfrentados a
múltiples riesgos, entendiendo este riesgo como un
evento externo, que afecta la calidad de vida de las
personas y amenaza de diferente manera su subsistencia. Las personas pobres se ven mayormente
afectadas por razones de su vulnerabilidad y la menor disposición a asumir y enfrentar los riesgos.
Los riesgos están asociados, por una parte, con situaciones propias del ciclo de vida de las personas,
en este caso con la etapa que vive el adulto mayor, y por otra, con condiciones de la familia, de
la comunidad y del entorno donde las personas de
desenvuelven.14
Como elemento ejemplificador cabe señalar que el
Fondo de Solidaridad e Inversión Social (FOSIS)
desarrolló una “Matriz de Análisis de Riesgos” a partir del enfoque propuesto por el Banco Mundial. La
matriz se circunscribe específicamente a la población pobre del país. Se establecen grupos objetivos,
correspondiendo uno de ellos a adultos mayores (
60 años y más). El riesgo principal que se identifica
para este grupo de personas es el “Aceleramiento
y/o profundización del deterioro de sus capacidades
vitales”, expresándose este riesgo en: a) estado de
mal nutrición, b) No tener acceso a salud, c) sufrir de enfermedades graves o invalidantes, d) ser
maltratado, abandonado o sufrir negligencia, e) no
participar en organizaciones o grupos de adulto mayor y/u otras, f) No tener vivienda y g) Habitar un
espacio sin condiciones para desarrollarse autónomamente de la familia.
La percepción que el adulto mayor tenga de su calidad de vida, estará asociado a cómo logra manejar
los riesgos que enfrenta en su etapa de vida.
Laforest, Jacques. Introducción a la Gerontología. El arte de envejecer. Editorial Herder. 1989.
Villaseca, Patricia. El senescente y su familia. Capitulo en Salud Familiar. División Ciencias Médicas Oriente- Facultad de Medicina.
Universidad de Chile.
12 Moser, C: “The Asset Vulnerability Framework: Reassessing Urban Poverty Reduction Strategies”. En World Development. 1998.
13 Bayon, C. y Saravi, G. Vulnerabilidad social en la Argentina de los años noventa: impacto de la crisis en el Gran Buenos Aires. En:
Trabajo y ciudadanía. Coordinadores Rubén Kaztman y Guillermo Worlmald. 2002.
14 FOSIS. Gobierno de Chile. Manejo Social del Riesgo. Colección reflexiones para el Chile de hoy. 2002.
10
11
143
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
El cómo enfrenta y cómo percibe el adulto mayor
que está enfrentando los riesgos propios de su etapa
de vida, se relaciona con la percepción de su calidad
de vida.
Calidad de vida y adulto mayor
Cada persona tiene su propia percepción del grado de satisfacción que le proporciona la vida.
Situaciones aparentemente idénticas pueden tener
significados diferentes para dos o más personas o
para dos conjuntos de personas.
Mallman señala que “...la calidad de vida de una
persona depende de la dinámica de la satisfaccióninsatisfacción de sus deseos. Es por lo tanto un
concepto referido a los individuos, pero determinado por la interacción dinámica entre la persona,
la sociedad, el habitat...es un concepto dinámico,
evidentemente existencial. Los valores de los seres
humanos excluyen o favorecen ciertas necesidades
y/o satisfactores y, por lo tanto, modifican los deseos
y las aspiraciones”15.
Lo anterior muestra que en la calidad de vida se
deben considerar valores, expectativas, creencias,
diferentes satisfacciones a las que aspira el individuo, como parte de los aspectos subjetivos. Todo
esto da significados diferentes a las condiciones de
vida, a la percepción de ellas y modela deseos, aspiraciones, conceptos de felicidad y de satisfacción
muy propios de cada persona.
El concepto de calidad de vida puede ser entendido
en términos de “necesidades, expectativas y satisfactores y se asocia al bienestar, satisfacción o felicidad
de la gente”16. Lo anterior refuerza la idea de la subjetividad en la apreciación de la calidad de vida, en
el sentido de que cada persona le atribuye determinado significado, en función de sus necesidades,
expectativas, valores, experiencia de vida, por lo
tanto cada persona construye su propia idea de calidad de vida. Esto es particularmente importante en
términos de los adultos mayores pobres.
Fadda y Jirón plantean que “la calidad de vida debe
considerar principalmente dos dimensiones: las
condiciones objetivas tales como: medio ambiente
físico, infraestructura, contaminación y otros; y la
percepción que de estas condiciones objetivas tienen los habitantes”.17
En la línea de lo señalado anteriormente, la Organización Mundial de la Salud entiende la calidad
de vida como “la percepción del individuo de su
posición en la vida, en el contexto de la cultura y el
sistema de valores en los cuáles él vive y en relación
con sus objetivos, expectativas, categorías y preocupaciones”.18
Otro autor, Edwin Haramoto considera que “la mejor calidad de vida depende de la posibilidad de
satisfacer plenamente las necesidades humanas y del
ser viviente en general. Sin embargo lo que puede
ser bueno para unos, puede no serlo para otros”.19
Un aspecto que en su calidad de vida toda persona
-y particularmente el adulto mayor- valora es el de
la vivienda y el entorno, tema central de la investigación que da origen a este artículo.
Vivienda, política habitacional y adulto mayor
La vivienda satisface las necesidades de protección, seguridad, higiene y bienestar, pero también
responde a necesidades de identidad, pertenencia,
privacidad, belleza y armonía. Además la vivienda
tiene incidencia directa sobre la satisfacción de otras
necesidades fundamentales como: salud, educación,
trabajo y convivencia.20
El término vivienda plantea Edwin Haramoto “se
refiere no sólo a un lugar donde habitar, sino que
incluye una gama de facilidades que junto con
una casa son necesarios para un entorno de vida
sano. Estas incluyen el abastecimiento de agua y de
energía, el saneamiento, el drenaje y el acceso a las
redes de transporte.21 Este mismo autor señala que
es un sistema complejo que tiene como componentes el terreno, la urbanización (infraestructura), la
Mallman, Carlos. Calidad de vida y desarrollo. ICHEM 1977.
Fadda,G. y Jirón P. Calidad de vida y género en sectores populares urbanos. Un estudio de caso en Santiago de Chile. Síntesis final y
conclusiones. En Boletín INVI Nº 42. Mayo.
17 Fadda, G. y Jirón P. op cit.
18 The Whoqol Group. The development of the World Health Organization quality of life assessment instrument. In: Orley J, Kuyken W.
Editor “Quality of life assessment: international perspectives. Heidelberg. Springer Verlag.1994
19 Haramoto, E. Vivienda social: un desafío para la sustentabilidad del desarrollo. En Boletín del Instituto de la Vivienda Nº 24. Facultad
de Arquitectura. Universidad de Chile. 1995.
20 Pinto, C. La estrategia de la vivienda saludable. Organización Mundial de la Salud, Organización Panamericana de la Salud. División
de Salud Ambiental. 2001.
21 Haramoto, Edwin: Vivienda social: un desafío para la sustentabilidad del desarrollo. En Boletín de Vivienda, INVI, Nº 24. Facultad de
arquitectura. Universidad de Chile.
15
16
144
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
vivienda (techo o cobijo) y el equipamiento socialcomunitario, en un determinado contexto cultural,
socioeconómico, tecnológico, natural. No es una
mera suma de componentes, sino una estructura de
relaciones entre ellos con las variables del contexto.
El ser humano se desarrolla a lo largo de la vida y
en cada una de sus etapas surgen necesidades diferentes. Edwin Haramoto plantea que la vivienda
social debe ser evolutiva, en el sentido de que debe
evolucionar en función de las necesidades de quienes la habitan. En este sentido la vivienda para el
adulto mayor debe responder a las características y
requerimientos de su etapa de vida.
La calidad de la vivienda puede ser analizada en un
doble sentido: en cuanto a propiedades inherentes
a ella, otorgando a esta dimensión un carácter más
“objetivo”, y por otro, en cuanto a juicio de valor
que permite apreciarla como igual, mejor o peor
que las restantes, dimensión subjetiva de la calidad.
En el caso de la vivienda el carácter objetivo se asocia a las propiedades o atributos de la vivienda y
el carácter subjetivo se asocia al juicio que hace la
persona.
Desde la mirada “objetiva” o de los atributos de
la vivienda se pueden considerar los siguientes:
“localización (características del terreno, características del emplazamiento, inserción en el tejido
urbano, relación con otras actividades, niveles de
contaminación ambiental), urbanización y servicios
(dotación de infraestructura, servicios de transporte y comunicación, extracción de basuras y otros
servicios, características de calles, vías, espacios
libres y accesos, vegetación, arborización), edificación (diseño, características, flexibilidad en cuanto
a su adaptabilidad y factor físico.-ambiental: características físicas de la construcción, mantención,
luz, sol, aire, humedad, ventilación), equipamiento
social comunitario (accesibilidad, dotación de servicios)”.22
Desde la mirada subjetiva la percepción de la calidad
corresponde a la satisfacción residencial, es decir al
agrado o desagrado que las personas sienten por el
ambiente donde residen, incluyendo la vivienda. Es
la valoración que la persona hace respecto de los
atributos de la vivienda y el entorno, a partir de sus
necesidades, aspiraciones.
La vivienda es sin lugar a dudas, un factor fundamental en la percepción que las personas tienen de
22
23
su calidad de vida, en la medida que se asocia a la
satisfacción de necesidades fisiológicas, psicológicas, sociales y espirituales.
Por otra parte, la vivienda es un derecho consagrado
en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art.25, Nº 1) y forma parte importante de las
aspiraciones de amplios sectores de las sociedades
modernas. Es concebida como un bien indispensable que facilita el goce de otros derechos. De esta
manera, es deber del Estado generar políticas y diseñar programas que impidan el crecimiento del
problema habitacional.
La política de vivienda ha sido considerada una de
las más exitosas, entre otras razones porque ha sido
capaz de disminuir efectivamente el déficit habitacional del país. La política de vivienda se basa en
la aplicación sistemática y sostenida de programas
de subsidio habitacional, orientados a la demanda y
con participación del sector privado en la producción de la vivienda.
Uno de los programas dirigidos a los sectores más
pobres de la población es el de Vivienda Básica, que
entrega una vivienda terminada de pequeñas dimensiones (entre 30 y 50 metros cuadrados) y que
generalmente es construida como casa pareada por
ambos lados o como departamentos en edificios de
3 a 4 pisos.
Respecto a viviendas para adultos mayores pobres,
en el marco de la política habitacional, la historia se
remonta al año 1984, fecha en la que es promulgado
el Decreto Supremo Nº 62 (Título VI, Artículos 27
y 28), en el cual se establece que se podrá destinar
hasta el 2% del programa anual de viviendas para
adultos mayores de 65 años. Además se indica que
especialmente para los adultos mayores los SERVIU
podrán contratar viviendas con características especiales, no exige ahorro y la vivienda es entregada
bajo el sistema de comodato o arrendamiento23.
A partir del año 1997 algunos servicios de vivienda
regionales innovaron en el programa, construyendo
condominios que consistieron en viviendas de 25
m2, diseñadas para dos personas, dotadas de lavadero, calefon y terminación especial de baño (ducha
de teléfono, barra de apoyo y extractores de aire)
con equipamiento comunitario (sede con una sala
de uso múltiple, una oficina con lavatorio para uso
de médico u otro profesional, dos baños para uso
público, sala de espera con accesos especiales y área
Haramoto, Edwin: Incentivo a la calidad de la vivienda social. En: Boletín Instituto de la Vivienda. Boletín Nº 20. Universidad de Chile
Decreto Supremo Nº 62. Atención especial a los Adultos Mayores.
145
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
verde exterior. Estos condominios se ubican en zonas diferenciadas dentro de poblaciones regulares.
Luego, a partir del año 1990, el programa se proyectó a nivel nacional, alcanzando entre el año 1990
y 2000 una producción de 2.711 viviendas (1.355
casas, 200 viviendas en condominios y 1.130 departamentos).24 Esta modalidad constituyó una
innovación importante dentro de la política habitacional orientada a los sectores más pobres y de
mayor edad de la población.25
La segunda solución habitacional del Programa del
Adulto Mayor de vivienda básica corresponde a
departamentos localizados en primer piso, dentro
del conjunto habitacional destinado a otros beneficiarios, manteniéndose el sistema de asignación en
términbos de comodato o arrendamiento.26
Ambas soluciones habitacionales (condominio y
departamento) están orientadas a personas mayores de 65 años, de escasos recursos, que viven en
condición de allegado o arrendatario, interesados
en acceder a una vivienda básica, bajo el sistema de
comodato o arrendamiento.
Respecto de estas dos situaciones habitacionales se
propuso comparar la percepción que de su calidad
de vida tenían los adultos mayores que viven en
condominio y aquellos que viven en departamento.
En segundo lugar interesó evaluar ambas soluciones
habitacionales de acuerdo a sus atributos (calidad de
la vivienda objetiva) y de acuerdo a la satisfacción
del adulto mayor (calidad de la vivienda subjetiva).
Metodología propuesta
Universo de estudio
El universo de estudio lo constituyó el colectivo de
personas asignatarias de departamentos y viviendas
en condominio, entre los años 1998 y 2001.27 Los
asignatarios de viviendas en condominio suman
155 y corresponden a las comunas de: La Pinta-
na, Colina, Puente Alto, Quilicura, Buin, Cerrillos
y Maipú. Las mismas siete comunas fueron seleccionadas para el caso de las personas que viven en
departamentos, las que suman un total de 218. Por
lo tanto, el colectivo de estudio quedó constituído
por 373 personas.28
Evaluación de la calidad de vida
La comparación en términos de calidad de vida de
los dos grupos, se realizó a través de la aplicación
y análisis del Whoqol-Bref (Test de evaluación de
calidad de vida del adulto mayor) instrumento que
corresponde a la versión abreviada del World Health Organization Quality of Life Group, patrocinado
por la OMS.
El instrumento original consta de 100 items y evalúa
la calidad de vida percibida por el sujeto. Estructuralmente se compone de seis dominios o áreas las
cuáles a su vez están subdivididas en un total de 24
subáreas: Salud física; aspectos psicológicos; nivel
de independencia; relaciones sociales; espiritualidad, religión y creencias personales; y ambiente. A
partir de este instrumento se creó la versión abreviada (Whoqol-Bref) con la agrupación de cuatro
dominios: físico, psicológico, relaciones sociales y
ambiente. El instrumento consta de 26 item. Tanto el Whoqol 100 como el Whoqol-Bref tienen una
buena validez discriminante y de contenido y una
adecuada fiabilidad test-retest. Las puntuaciones en
las áreas del Whoqol-Bref se correlacionan con un
coeficiente de 0.9 con las del Whoqol 100. Se decidió utilizar el Whoqol-Bref considerando que las
personas tenían más de 65 años y el número de 26
preguntas era más adecuado.
Evaluación de la vivienda
Estado de materiales y condiciones de habitabilidad
Se diseñó una pauta de observación estructurada, planilla técnica, la que consideró el detalle de
las condiciones del estado de materiales y habita-
Arriagada, Camilo: “programas especiales de vivienda social para personas mayores: evaluación de la experiencia chilena durante los
años noventa”. CEPAL-CELADE Presentación en Reunión de Gobiernos y Expertos sobre envejecimiento de países de América del Sur.
2005.
25 Cabe hacer notar que los adultos mayores además de acceder al Programa Especial para el Adulto Mayor, pueden hacerlo a los
Programas Regulares de Subsidios.
26 En caso de que la renta familiar sea menor o igual a 1.5 unidades de fomento al mes, el beneficiario recibe una vivienda en prestamo y
no paga por ella mientras la ocupe. Si el ingreso es mayor a 1.5 UF, el beneficiario recibe la vivienda en arriendo, y paga el 10% de la
renta , con un top e de 0.3 UF mensuales.
27 La elección del año 1998 responde a que en este añoi se inicia la asignación de viviendas en condominio. Se definió el mismo año para
los asignatarios de departamentos con el propósito de homogeneizar los grupos en términos de tiempo de permanencia en la vivienda.
28 Los datos de los asignatarios fueron obtenidos a través de SERVIU Metropolitano.
24
146
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
bilidad. Se revisaron los planos de los conjuntos
habitacionales, planos de las plantas de las soluciones habitacionales, planos de fachada, información
de superficies construidas, superficies prediales y
detalle de los proyectos habitacionales.
En cuanto al estado de materiales se observó: fachadas, baños, cocina, dormitorio y estar. La situación
fue calificada en bueno, regular o malo, dependiendo de la presencia o ausencia de: fisuras, desgaste,
estado de conservación de los materiales, presencia
de humedad, estado de la pintura.
En cuanto a condiciones de habitabilidad de las
viviendas, se consideraron aspectos como: iluminación, ventilación, aislación, en los distintos espacios
de las viviendas.
De las 373 viviendas se visitaron 21, considerando a
lo menos una por conjunto habitacional.
Satisfacción con la vivienda
Se construyó un cuestionario semiestructurado que
se aplicó en domicilio a todo el colectivo. Este instrumento contenía 29 preguntas abiertas y cerradas,
y consideraba aspectos relativos a: antecedentes generales, historia, situación actual, redes (situación
pasada y presente), desplazamientos, acceso a servicios, deseos. Los aspectos relativos a satisfacción
con la vivienda fueron: aspectos que más le gustan y
que menos le gustan de la vivienda, nota con la que
calificaría su vivienda y el barrio, cambios que le introduciría, intención de trasladarse a otra casa o a otro
barrio, ganancias y pérdidas en cuanto a vivienda y
barrio producto del traslado a la vivienda actual.
Del universo considerado sólo se ubicó a 124 de
155 adultos mayores que viven en condominio y
para el caso de departamentos se ubicó a 152 de
218 adultos mayores. El resto ya no vivía en el
domicilio. Por lo tanto el grupo en estudio quedó
constituido por 276 casos.
Principales resultados
Descripción del grupo
Los entrevistados tienen en promedio 76 años de
edad, mayoritariamente son mujeres (70.5% en
condominio y 77% de departamentos), situación
que es concordante con la distribución poblacional
general por grupo etáreo. No hay mayor diferencia en edad entre hombres y mujeres, lo cual puede
reflejar que los grupos de adultos mayores son cohortes poblacionales nuevas, dónde aun no pesa la
mayor esperanza de vida de la mujer.
En promedio los entrevistados tienen una antigüedad de 4 años en su vivienda, observándose menor
rotación en los condominios. La principal razón
aludida para postular a este programa especial, es el
hecho de haber estado arrendando (44.9%), lo cual
significa que no vivían con sus familias y sus escasos
ingresos se veían disminuidos por concepto de gasto de arriendo. La segunda razón aludida (28.3%)
es el deseo de vivir sola. La tercera razón declarada
fue los problemas de convivencia.
Respecto a con quien vivía y con quien vive en la
actualidad, llama la atención el aumento de las personas que viven solas. De 73 adultos mayores que
vivían solos en la actualidad 164 se encuentran en
esa situación, de un 26.5% aumenta a 59.4%. Los
adultos mayores que viven en departamento informan vivir con otros parientes (pareja, hijos, nietos,
otros familiares) en mayor proporción que en los
condominios. Esto se puede deber a que el tamaño
de la vivienda de condominio dificulta el vivir con
más familiares.
Los entrevistados viven con un promedio de $
73.700 mensuales. Sobre el 96% de los casos cuenta con ingresos mensuales provenientes de pensión,
jubilación o montepío; alrededor del 19% recibe
además ingresos como apoyo de familiares y, cerca
del 11.5% realiza trabajos por cuenta propia. Estos
datos dan cuenta de una alta homogeneidad entre
ambos grupos. En promedio, ambos grupos tienen
un gasto fijo de $ 31.000 mensuales, producto del
pago de servicios. Al restar el gasto fijo al total de ingresos percibidos, el grupo total en promedio cuenta
con un saldo aproximado a los $ 42.000 mensuales
para satisfacer sus “otras necesidades”.
Respecto a salud, el 86.8% de los entrevistados se
atiende en un Centro de Salud en caso de enfermedad. En caso de urgencia recurren de preferencia al
SAPU. Llama la atención que tanto en condominio
como en departamento los vecinos no constituyen
la primera ayuda en caso de necesidad de atención
en un servicio de salud, aún cuando físicamente son
los más cercanos.
En cuanto a vivienda se indagó acerca de aspectos
relacionados con la salud de las personas. La información recogida muestra que el 99.3% utiliza gas
para cocinar, el 20% aproximadamente no utiliza
ningún elemento de calefacción, y los que lo hacen
utilizan mayoritariamente parafina (52.6%), seguido por estufa a gas (41.4%). En cuanto a existencia
de calefón el 79% declara tenerlo y mayoritariamente está ubicado fuera de la vivienda. Respecto a la
frecuencia de uso de este elemento, quienes menos
147
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
hacen uso de él son los habitantes de condominio
(46.7%) y las razones de la no utilización se concentran en “no sabe usarlo” y “está malo”. Los casos que
corresponden a respuestas de calefón en mal estado
se distribuyen en los distintos tramos de antigüedad
en la vivienda.
Cuentan con refrigerador el 82.2% de las personas
que viven en departamento y 71.0% en condominio. El televisor es un artefacto del que disponen el
91.7% de las personas.
Respecto a la existencia de mascotas en la vivienda,
el 14% de los residentes declara tener un perro o
un gato.
Comparación de las percepciones
sobre calidad de vida
Como se señaló en la metodología, el instrumento
utilizado para comparar la percepción de la calidad
de vida de ambos grupos fue el Whoqol-Bref. Este
instrumento proporciona un puntaje general para
la calidad de vida y puntajes para cada uno de los
dominios. Para un análisis más diferenciado se categorizó en tres grupos de satisfacción cada dominio
(categorías: bajo, medio y alto) y se compararon las
medias de ambos grupos.
Como se señaló anteriormente los dominios que
considera el test son: salud física, dominio psicológico, relaciones sociales y medio ambiente.
Salud física
La dimensión salud es evaluada a través de: dolor
físico, necesidades de tratamiento médico, energía
para la vida diaria, capacidad de desplazamiento,
satisfacción con el sueño, satisfacción con la capacidad para realizar actividades en la vida diaria y
satisfacción con la capacidad de trabajo. En ambos
grupos la satisfacción en esta dimensión se concentra en el nivel medio de satisfacción y dado que la
prueba de Chi cuadrado no es significativa no es
posible afirmar que el tipo de vivienda -condominio
y departamento- incida en el nivel de satisfacción en
este dominio.
Dimensión psicológica
La dimensión psicológica es evaluada a través de la
percepción del individuo de su estado cognitivo y
afectivo como el miedo, la ansiedad, la incomunicación, la pérdida de autoestima, la incertidumbre
del futuro. También incluye las creencias personales, espirituales y religiosas como el significado de la
vida y la actitud frente al sufrimiento. Los aspectos
que considera este dominio son: gozo de la vida,
148
sentimiento de vida con sentido, capacidad de concentración, satisfacción de si mismo, frecuencia de
sentimientos de tristeza, desesperanza, ansiedad,
depresión.
El grupo que vive en condominio se ubica en un
47.6% en la categoría alto y el 40.3% en la categoría
media. Una situación semejante ocurre con aquellas
personas que viven en departamento, un 57.6% se
ubica en la categoría medio y un 33.8% en la alto.
Por lo tanto en los condominios -en términos de
satisfacción- un 87.9% se ubica en medio y alto. En
los departamento la cifra alcanza al 91.4% entre las
categorías medio y alto.
Según los porcentajes, en el condominio se tiende a
valorar mejor el estado psicológico que en el caso de
los departamentos. El Chi cuadrado calculado revela que existe relación entre ambas variables: tipo
de vivienda y satisfacción en el aspecto psicológico,
siendo evidente la dirección de la asociación en el
condominio.
Los datos sugieren que la percepción de bienestar es
superior en el condominio, lo que podría explicarse
por los componentes de esta dimensión, los cuales
tienen relación con la potenciación entre pares.
Dimensión relaciones sociales
En la dimensión relaciones sociales la mayoría de
los adultos mayores se ubican en el nivel medio
(49.4%) y alto (39.1%), pero se observan diferencias de acuerdo al tipo de vivienda. En condominio
el mas alto porcentaje se ubica en la categoría alto
(47.5%) y 35.0% en la categoría medio. En el caso
de las personas que viven en departamento el mayor
porcentaje se ubica en la categoría medio (60.9%) y
en alto 32.5%. El valor de Chi cuadrado confirma la
asociación entre ambas variables.
Dimensión medio ambiente
El dominio medio ambiente se refiere a la percepción que la persona tiene respecto a: seguridad,
percepción de cuán saludable es el ambiente físico
que lo rodea, cantidad de tiempo para cubrir sus
necesidades, disponibilidad de información, oportunidad para desarrollar actividades de recreación,
satisfacción respecto a las condiciones en las que
vive, satisfacción con el acceso a baño, satisfacción
con la movilización del barrio.
Los adultos mayores que viven en condominio
concentran su opinión mayoritariamente en la categoría medio con un 68,5% y alto un 20º.2%. En
el caso de departamentos un 77.6% de las personas
se ubica en la categoría medio y un 3.9% en la alta.
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
El valor de Chi cuadrado indica asociación, por lo
tanto existe relación entre el tipo de vivienda y la
satisfacción con el medio ambiente.
Evaluación de las viviendas
Intentando alguna explicación se podría pensar que
las personas que viven en departamentos se sienten
más vulneradas respecto al medio ambiente por la
cantidad de viviendas, la heterogeneidad de la población, los problemas que se presentan en el barrio
y la inseguridad que manifiestan. En cambio en el
condominio, se encuentran junto a pares, en un espacio protegido, pequeño.
Todos los conjuntos habitacionales en condominio
se encuentran cerrados por una reja perimetral.
Esto permite aislar el conjunto del resto del territorio comunal y por lo tanto contar con una relativa
seguridad al interior de él. Poseen espacios públicos
para uso exclusivo de los beneficiarios, los cuales en
su mayoría corresponden a áreas verdes. Algunos de
ellos poseen equipamiento comunitario.
Resumiendo, se podría concluir que los adultos mayores se encuentran satisfechos en el dominio salud
física, lo mismo para el caso de los dominios psicológico, relaciones sociales y medio ambiente. Lo
interesante es que las personas que viven en condominio se encuentran más satisfechas en el dominio
psicológico, relaciones sociales y medio ambiente,
afirmación que es posible hacer a partir de la correlación obtenida entre las variables.A partir del
cálculo por dominio fue posible llegar al cálculo del
test total, distribuyendo los casos según los niveles
bajo, medio y alto.
Todas las viviendas son de un piso. Todas se encontraban pintadas por dentro y por fuera. El techo
es de pizarreño y poseen canaletas de aguas lluvias.
El piso interior es de baldosas (flexit) y los techos
interiores son cielorrasos de madera pintada. Las
separaciones de ambientes estaban hechas con
tabiques y cortinas de tela y nylon, siempre realizadas por las personas. En la mayoría de los casos,
el diseño de las viviendas y el tamaño, obligan al
propietario a tener estar-dormitorio en el mismo
espacio, lo que crea problemas de hacinamiento,
ventilación y falta de privacidad.
Del total de personas que se ubican en el nivel
superior de calidad de vida, el 68.5% pertenece a
condominio versus el 31.5% a departamentos. Al
mismo tiempo, si se analiza la distribución por tipo
de vivienda, se observa que casi un tercio (30.8%)
de los residentes en condominio está en dicho tramo, en tanto que los de departamentos representan
sólo el 11.3%.
El estado de los materiales de las viviendas es aceptable, aun cuando en algunos condominios (Villa La
Primavera, Centenario I y Bajos de Matte) presentaban alto grado de descascaramientos, separación de
las juntas de los cielorrasos y desgaste, roturas en los
pisos, pintura casi inexistente en baños y cocina y
hongos. Destaca el buen estado de las viviendas del
condominio Cardenal Silva Henríquez de Quilicura.
Condominios
WHOQOL TOTAL SEGÚN NIVELES Y TIPO DE VIVIENDA
Whoqol Total
Niveles de
calidad de vida
Tipo de vivienda
Condominio
Departamento
Total
Bajo
8
57.1%
6.7%
6
42.9%
4.0%
14
100%
5.2%
Medio
75
37.1%
62.5%
127
62.9%
84.7%
202
100%
74.8%
Superior
37
68.5%
30.8%
17
31.5%
11.3%
54
100%
20.0%
Total
120
44.4%
100%
150
55.6%
100%
270
100%
100%
149
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
Los principales problemas de uso están determinados por el diseño original de espacios, el cual
contempla un espacio común para estar y dormitorio de aproximadamente 5 por 3.5 metros. La única
división de ambiente es la correspondiente al baño.
Llama la atención el mal uso de calefont y llaves.
En tres de los siete casos las personas informaron
no utilizar los calefones, por desconocer el sistema,
así como tampoco utilizaban las llaves de paso por
desconocer su funcionamiento. Se apreció la falta
de mantenimiento, piezas desgastadas, rotas.
Departamentos
Los departamentos son parte constitutiva de edificios de hasta tres plantas. Los departamentos
destinados a adultos mayores siempre son de primer piso. La construcción es de ladrillo princesa o
bloque revocado y pintado, por dentro y por fuera,
con losa superior de hormigón.
Los pisos son de baldosas tipo “flexi”, techos interiores de hormigón, paredes interiores de ladrillo,
hormigón y bloque, revocados y/o pintados. El diseño original contempla un solo dormitorio. Las
separaciones interiores realizadas por los habitantes
son de tabiques de madera y cortinas de nylon y
tela. Los problemas de hacinamiento, ventilación
e iluminación tienen relación con la variación en
la distribución de los espacios interiores. Llama la
atención la reducida dimensión de ventanas en baños y cocinas.
Las viviendas presentan un considerable grado de
deterioro, principalmente en pisos, paredes y artefactos. Se observa presencia de hongos en baños y
cocina, desgaste de piso, roturas, falta de pintura.
Uno de los problemas más comunes detectados es el
uso de logias como bodegas, situación que bloquea
la circulación del aire y disminuye la iluminación
hacia la cocina. En muchos casos la cocina se encuentra integrada al estar-comedor, formando un
solo ambiente. En los casos en que se ha dividido
el Estar para formar un dormitorio adicional, se
destina esa ventana para el dormitorio, dejando la
cocina y el Estar confinados, sin ventilación y con
muy escasa iluminación. Otra situación importante
es la instalación de protecciones exteriores en ventanas, las que quedan casi obstruidas al abrirlas hacia
fuera, disminuyendo con esto las posibilidades de
ventilación e iluminación.
En síntesis, se constata mal estado general de materiales y mantenimiento, problemas de ventilación
e iluminación, provocados en gran parte por el mal
150
uso de los espacios y la construcción de divisiones por parte de los habitantes de los inmuebles.
El problema de aislación térmica es común a todos
los casos de condominio. La no mantención de las
viviendas de ambos tipos de vivienda se debe a desconocimiento y falta de recursos.
Las viviendas están diseñadas para una o dos personas, pero problemas familiares obligan al adulto
mayor a compartir su vivienda con más personas,
creándose un serio problema de hacinamiento.
Satisfacción residencial
La satisfacción de los adultos mayores respecto de
la vivienda en que habitan y el barrio, fue evaluada
a través de la calificación o nota (1 a 7) que las personas le asignan a su vivienda y al barrio, cambios
en la vivienda, ganancia y pérdida con el traslado y
deseos.
Vivienda y barrio
Las personas califican la vivienda actual, en un 86.2%
con nota 6 y 7. Las diferencias en las calificaciones
entre ambos tipos de vivienda tiene significación estadística, lo que permitiría afirmar que el nivel de
satisfacción (nota) está asociado, en algún grado,
con el tipo de solución habitacional. Las mas altas
notas se encuentran en los condominios, lo que indica que, en conjunto, se muestran más satisfechos.
Por otra parte, tanto los habitantes de condominios
como de departamentos hacen una mejor evaluación
de la vivienda actual, comparada con la anterior (en
promedio superior en 1.3 puntos).
Respecto del barrio los residentes de ambos tipos de
vivienda evalúan mejor el barrio anterior respecto del
actual (nota 6 y7). Las personas que viven en condominio le otorgan una buena calificación al barrio
actual (59.4% lo califican con nota 6 y 7), en cambio
las personas que viven en departamento consideran
que el cambio de barrio no es satisfactorio ( sólo el
35.5% le otorga calificación entre 6 y 7).
Lo mejor y lo peor de la vivienda
Otro aspecto relacionado con la satisfacción de la
vivienda, es la apreciación o el valor que le asignan
a elementos o condiciones presentes (o ausentes) en
la vivienda actual. La información recogida muestra
que existen diferencias de valoración entre ambos
grupos y que estas diferencias son estadísticamente
significativas.
El elemento más valorado por las personas que viven en condominio es el baño propio y para los que
habitan en departamentos el dormitorio. Respecto
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
de condominio, si se consideran todas las menciones, independientemente de primera, segunda o
tercera prioridad, se observa que el baño es lo más
apreciado, luego el buen entorno, seguido por la comodidad, todo, el patio y la privacidad. En el caso
de los departamentos más del 50% consideran que
“todo” es lo mejor de la vivienda , seguido de comodidad, buen entorno y privacidad.
Lo deficitario de la vivienda, desde la perspectiva
de las personas, es el entorno, luego “espacio insuficiente” y “deterioro de la construcción”. El espacio
es señalado por las personas que viven en condominio y el deterioro de la construcción por los que
viven en departamento.
Considerando en conjunto las respuestas de la primera, segunda y tercera mención, la característica
más citada es el entorno, seguida por el deterioro de
la construcción y el espacio insuficiente.
Cambios que efectuaría en la vivienda
Respecto a los cambios que le gustaría efectuar en su
vivienda, las respuestas son consistentes con lo mencionado anteriormente. Ambos grupos coinciden en
señalar los “arreglos internos” y “ampliación” como
los principales cambios que le introducirían a su vivienda. Las personas que viven en departamentos
señalan lo primero y los que viven en condominio
lo segundo.
Se cambiaría de casa, se cambiaría de barrio
Consultados los entrevistados acerca de si se cambiarían de casa la respuesta fue positiva en un 68.3%
en el caso de las personas que viven en departamentos y de un 32.5% para condominios. Esta opinión
es coherente con los antecedentes anteriores: en
condominio se califica mejor la vivienda y se destacan más características positivas de ella. La prueba
estadística realizada a estas respuestas corrobora lo
que muestran los porcentajes, es decir, el valor obtenido es estadísticamente significativo.
Respecto a si se cambiaría de barrio, nuevamente
las personas que viven en condominio, -que manifestaron mayor satisfacción con la vivienda y el
barrio- señalan mayoritariamente que no se cambiarían, no más del 31% lo dejaría. En cambio las
personas que viven en departamento manifiestan en
un 56.6% que le gustaría cambiarse de barrio.
Ganancias y pérdidas con el traslado de vivienda
y barrio
Otro de los factores considerados centrales en
el análisis sobre satisfacción con la vivienda es la
percepción que las personas tienen respecto de las
ganancias y las pérdidas con el cambio a la vivienda
actual. La ganancia considerada más relevante (no
hay diferencias significativas entre condominio y
departamentos) es la mayor seguridad que brinda el
barrio (mayor cercanía a carabineros). La segunda
ganancia mencionada por las personas de condominio fue: “relaciones”, “seguridad” y “cercanía al
comercio”. Para el caso de las personas de departamentos la segunda ganancia fueron: “relaciones”,
“cercanía al consultorio” y “cercanía al comercio”.
Por otra parte, las pérdidas mayormente mencionadas, independientemente del orden en el que
aparecen es el “frio” en el caso de personas de condominios y “jardin/plantas” para las personas que
habitan departamentos. Le sigue “espacio” en ambas viviendas.
Se consultó a las personas acerca de las ganancias
que visualizaba con el cambio de barrio y la respuesta en ambos casos fue la seguridad del barrio.
Como pérdidas las personas de condominio señalan la cercanía a bomberos, miedo y cercanía a la
Iglesia. Para los residentes de departamentos las
pérdidas respecto del barrio son: la posibilidad de
participación en grupos, las relaciones con vecinos
y la cercanía al comercio.
Ganancias y pérdidas como persona
La mayor ganancia como persona la constituye la
“tranquilidad alcanzada” siendo las personas que viven en condominios las que se sienten más seguras.
Deseos
Consultadas las personas acerca de sus deseos las
respuestas de mayor frecuencia fueron: “aumento
de ingresos”, “salud”, “barrio”; estos junto a “mayores vínculos familiares”, “propiedad”, “casa más
grande”, “arreglos de la vivienda” , concentran el
68.5% de las respuestas. Cuatro de estos deseos están referidos a la vivienda y/o entorno. Observados
los deseos en función del tipo de vivienda, se constata que en el caso de los condominios los deseos
están menos relacionados con la vivienda.
Índice de satisfacción
Para elaborar el índice se consideraron: nota otorgada a la vivienda anterior y a la actual, nota al barrio
anterior y el actual, cambio de casa, cambio de barrio, ganancias derivadas del cambio de vivienda,
pérdidas derivadas del cambio de vivienda, ganancias relacionadas con el cambio de barrio y pérdidas
relativas al mismo, ganancias como persona y pérdidas como persona.
151
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
Con las notas a la vivienda anterior y a la actual se
originó la variable “ diferencia de notas vivienda”,
lo mismo para el barrio originando la variable “diferencias de nota barrio”. Los puntajes obtenidos se
agruparon en tres intervalos: bajo, medio y alto.
Luego se creó la variable “conformidad con situación habitacional (cambiar de casa + cambiar de
barrio) y los puntajes obtenidos se recodificaron
como bajo, medio y alto.
Para las preguntas relacionadas con pérdidas y ganancias se contabilizó el número de menciones por
caso, lo que originó 6 variables asociadas a: vivienda, barrio y persona. Con estas nuevas variables se
construyeron otras tres: diferencia entre ganancia y
pérdida respecto a vivienda, barrio y pérdida como
persona. Los puntajes obtenidos se agruparon en:
bajo, medio y alto.
Con los datos anteriores se calculó e índice de satisfacción obteniéndose la siguiente distribución:
DISTRIBUCIÓN DE INDICE DE SATISFACCIÓN
1.00 - 1.68
1 = Bajo
1.69 - 2.37
2 = Medio
2.38 - 3.00
3 = Alto
A continuación se presenta el total de personas por
índice de satisfacción y tipo de vivienda.
Existe asociación entre el tipo de vivienda y el grado
de satisfacción que los encuestados tienen respecto
de su situación. Las personas que residen en condominios se muestran más satisfechos que los que
lo hacen en departamentos. Destaca la gran diferencia que se observa en el nivel de alta satisfacción,
del total de personas que se ubican en esa categoría
los casos altamente satisfechos en condominio casi
duplican a los de departamentos. Lo mismo sucede, pero en sentido inverso, con el nivel de baja
satisfacción, el cual muestra que entre los menos satisfechos, las personas que viven en departamentos
doblan a los de condominio.
Consideraciones finales
Como se señaló en la primera parte de este artículo,
el adulto mayor vive un proceso de su ciclo de vida
en el que paulatinamente va sintiendo pérdidas de
diferente índole, debe manejar los cambios físicos
que operan en él, enfrentar la disminución de su
vitalidad, empieza a ser conciente de la declinación
de su salud, las funciones cognitivas en ocasiones
tienden a deteriorarse con el paso de la edad, los ingresos decrecen, las relaciones sociales disminuyen,
la familia -a veces- se distancia, por lo tanto, el gran
desafío es mantener la independencia, recuperar la
fuerza, aceptar las pérdidas y sobreponerse a ellas,
poner en marcha una nueva forma de vida.
La situación se vuelve más compleja, si a las pérdidas
en los diferentes ámbitos descritos anteriormente,
se suma la situación de pobreza, entendida como
una condición dinámica de vulnerabilidad social,
situación que enfrentan las personas o los hogares,
especialmente los más pobres, al no ser capaces de
mantener sus niveles de bienestar, como resultado
de determinadas situaciones de crisis y/o cambios
en las condiciones socioeconómicas.29
TOTAL DE PERSONAS SEGÚN ÍNDICE DE SATISFACCIÓN Y TIPO DE VIVIENDA
Tipo de vivienda
Indice de satisfacción
Bajo
29
Mediano
Total
Alto
Condominio
12
10.3%
26.1%
50
42.7%
36.8%
55
47.0%
63.2%
117
100.0%
43.5%
Departamento
34
22.4%
73.9%
86
56.6%
63.2%
32
21.1%
36.8%
152
100.0%
56.5%
Total
46
17.1%
100.0
136
50.6%
100.0%
87
32.3%
100.0%
269
100.0%
100.0%
Moser, C: “The Asset Vulnerability Framework: Reassessing Urban Poverty Reduction Strategies”. En World Development. 1998.
152
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
Respetar la subjetividad de las personas y considerar los cambios que produce la marcha de la edad,
son condiciones necesarias para definir o redefinir
la política habitacional orientada a adultos mayores. Es en este sentido en el que esta investigación
pretende contribuir, por lo tanto los resultados y las
propuestas surgen fundamentalmente a partir de la
mirada que los propios adultos mayores tienen de
su calidad de vida.
La calidad de vida de estos adultos mayores está
asociada a las condiciones de vida, a la satisfacción
experimentada con dichas condiciones, lo cual es
producto de la combinación de componentes objetivos y subjetivos, en el marco de sus propios
valores, aspiraciones y expectativas.
El grupo en estudio tiene en promedio 76 años,
mayoritariamente son mujeres, el mayor porcentaje vive sola (o) tienen un ingreso promedio de
$ 73.700. Si a este ingreso se restan los gastos fijos mensuales en servicios ($31.000) quedan con
un saldo aproximado de $ 42.000 para gastos de
mantención. Son personas autovalentes, pero con
enfermedades crónicas y con evidentes limitaciones
físicas y mentales, producto del paulatino avance
de la vejez. Las características del grupo en estudio
confirman que el Programa para el Adulto Mayor
logra focalizarse efectivamente en el grupo objetivo
definido por la política habitacional.
Los resultados respecto del primer objetivo planteado
en esta investigación -comparación de percepciones
de calidad de vida- evidencian, que a pesar de la situación descrita anteriormente y de lo expresado en
las entrevistas respecto a la dificultad para “enfrentar
la vida” con estos recursos, la calidad de vida es evaluada en los niveles medio y alto.
En todas las áreas estudiadas -salud-física, aspecto
psicológico, relaciones sociales y medio ambiente- el
mayor porcentaje de adultos mayores se concentra
en los niveles medio y alto. Se concluye, entonces
que la percepción que las personas tienen de su calidad de vida es buena. De un total de 270 personas,
256 se ubican en los dos primeros niveles
Un segundo aspecto interesante respecto a percepción de calidad de vida es el que dice relación con la
comparación de las percepciones en ambos grupos.
Los resultados muestran que los adultos mayores
que viven en condominio se encuentran más satisfechos que aquellos que habitan en departamentos.
Los resultados -de acuerdo a las pruebas estadísticas
utilizadas- son significativos.
El segundo objetivo propuesto en esta investigación
fue la evaluación de ambas soluciones habitaciona-
les de acuerdo a sus atributos (calidad de la vivienda
objetiva) y de acuerdo a la satisfacción del adulto
mayor (calidad de la vivienda subjetiva).
Departamentos
Respecto a los atributos de la vivienda las características de diseño y materialidad fueron descritas
anteriormente. Interesa aquí destacar aspectos deficitarios que se evidencian en la observación directa
y que pueden ser mejorados a futuro con programas
complementarios, lo cual elevaría las condiciones
de habitabilidad. El diseño original contempla un
dormitorio, pero cuando se requiere de otro, las separaciones interiores son realizadas por los adultos
mayores de acuerdo a sus posibilidades, de allí que
se observen tabiques de madera, cortinas de nylon
y tela. Esto muestra la necesidad de diferenciar el
espacio para lograr privacidad, pero la forma en que
logra es a costa de crear problemas de hacinamiento, ventilación e iluminación. Un segundo aspecto
que influye en lo anterior es el reducido tamaño de
ventanas en baño y cocina.
Los departamentos presentan un importante estado de deterioro, en pisos, paredes y artefactos (con
excepción de los conjuntos Cardenal Raúl Silva
Henríquez II y III de la comuna de Los Cerrillos),
agravado por la humedad que se concentra por la
falta de ventilación e iluminación (las ventanas no
pueden ser abiertas hacia el exterior por las protecciones externas).
Condominios
En general se observa un estado aceptable de los
materiales de las edificaciones. El mayor grado de
deterioro se observa en Villa La Primavera de la
Pintana, Centenario I de Colina y Bajos de Matte
de la comuna de Buin, allí se evidencia descascaramientos, separaciones de las juntas de los
cielorrasos y desgaste, roturas de pisos y hongos
en baño y cocina.
Los principales problemas de uso están determinados por el diseño original de espacios, la única
división de ambiente es la correspondiente al baño,
por lo tanto los adultos mayores realizan separaciones de ambientes, básicamente separando un área
de dormitorio, lo cual -al igual que en el caso de
departamentos- se realiza con cortinas, tabiques de
madera o muebles. En algunos casos la división de
ambientes deja espacios sin ventanas y por lo tanto
sin iluminación y ventilación.
En las viviendas que no presentan separación de
ambientes (diseño original) el estar y dormitorio es153
MAGARITA QUEZADA, MARISA TORRES, MARÍA ELENA DUCCI Y REYNALDO RIOSECO
tán integrados totalmente, y aún cuando se produce
una superposición de funciones, se logra mantener
una mejor ventilación e iluminación.
entorno, la privacidad. Esto es coincidente con lo
manifestado en las entrevistas, en el sentido de estar
muy “agradecidos” por la solución ofrecida.
Un aspecto relevante de destacar tiene relación con
el uso del calefón. Del total de los entrevistados el
2.4% de condominios informa no disponer de este
artefacto, cifra que aumenta a 36.2% en departamentos. De los que disponen de calefón el 66%
de los adultos mayores optaron por no usarlo por
“no saber utilizarlo” o porque se encuentra en “mal
estado”. El mal estado no está relacionado con la
antigüedad de la vivienda. Ellos señalan que suplen
esta deficiencia calentando agua y trasladándola en
olla hacia el baño, esto representa un peligro para la
salud de las personas, considerando además la edad
y el deterioro físico de muchos de ellos.
Respecto a lo que “menos le gusta” de su vivienda
se menciona el reducido espacio en el caso de condominios y el deterioro en la construcción en los
departamentos. En cuanto a los cambios que introduciría a su vivienda se señalan -consecuentemente
con lo que menos les gusta- arreglos internos (departamento) y ampliación (condominios).
La aislación térmica de los techos de las viviendas
es un aspecto que es identificado como importante
por la mayoría de los adultos mayores, ellos señalan
que el calor en el verano y el frío del invierno es
“insoportable”.
Respecto al segundo aspecto de la calidad de la vivienda, la satisfacción, es importante destacar en
primer lugar que los adultos mayores se encuentran
satisfechos con su vivienda. De acuerdo al índice de
satisfacción calculado, los adultos mayores se agrupan en un 81% en los niveles medio y alto. A lo
anterior hay que agregar que existe relación entre el
tipo de vivienda y el grado de satisfacción, lo cual
indica que los habitantes de condominio se encuentran más satisfechos con su solución habitacional
que las personas que viven en departamentos. De
hecho, las personas que de condominio manifiestan estar altamente satisfechas con su vivienda, casi
duplican el número de las de departamentos. Por su
parte, las personas que declaran estar insatisfechos
en los departamentos duplican a los insatisfechos
en condominio.
Como se señaló en la primera parte de este artículo,
la satisfacción con la vivienda fue evaluada a través de
lo que más le gustaba de su vivienda y lo que menos
le gustaba, calificación con nota de 1 a 7 a su vivienda y barrio, cambios que le introduciría a la vivienda,
intención de cambiarse de casa o de barrio, las pérdidas y ganancias en cuanto a vivienda y barrio.
Lo más valorado de la vivienda es el baño y el dormitorio, lo primero en condominios y lo segundo
en departamentos. Llama la atención que “le gusta
todo” al 26% de las personas en caso de los condominios y al 41% en departamentos. Los adultos
mayores de departamentos y condominios aprecian de manera importante la comodidad, el buen
154
En cuanto a si se cambiaría de casa la información
recogida es coincidente con el nivel de satisfacción
con su vivienda. Las personas que viven en departamento se cambiarían en un 68.3% , en cambio las
de condominio lo harían en un 32.%. Respecto del
barrio éste no es determinante en el nivel de satisfacción en el caso de los condominios, el 61.1% de
ellos otorga alta calificación a su antiguo barrio cifra
que no difiere del 59.4% que evalúa con nota 6 o 7
el barrio actual y no se cambiarían en un 56%.
Para los habitantes de departamentos el cambio no
es satisfactorio, dado que sólo el 35.5% le otorga
alta calificación al barrio actual en contraste con el
64.4% de concentración en calificaciones 6 y 7 para
el barrio anterior. Manifiestan que se cambiarían
en un 69.4%. Esto probablemente esté asociado a
los problemas que señalaron en la entrevista como
sentimiento de inseguridad frente a sus vecinos y
al entorno, molestias causadas por adolescentes y
adultos (fiestas, alcohol, drogas).
Respecto a las ganancias con el traslado de barrio
la seguridad se menciona en primer lugar, para
ambos casos, en segundo lugar se menciona para condominios- “relaciones”, seguridad” y “cercanía al
comercio”. Para el caso de departamentos la segunda mención es “relaciones”, “cercanía al consultorio”
y “cercanía al comercio”. Respecto a las pérdidas los
adultos mayores señalan que “perdieron el miedo”
y los de departamento perdieron en “relaciones sociales”.
La “tranquilidad” es una ganancia como persona valorada por mas de dos tercios de la muestra, siendo
los habitantes de condominio los que más seguros
se sienten. Como se señaló anteriormente, el adulto
mayor vive un proceso en el que necesita esa tranquilidad, que se la proporciona la posibilidad de
vivir de manera independiente, un ambiente adecuado, protegido, pero no aislado.
Dada la conformación de los condominios en el
contexto poblacional, se hace necesario estimular
la interacción entre sus pares y con el entorno, y
DOS SOLUCIONES HABITACIONALES PARA ADULTOS MAYORES POBRES: ¿CUÁL PREFIEREN ELLOS?
recuperar en muchos casos los lazos familiares, organizacionales, vecinales, debilitados o perdidos.
Esto permitiría combatir la soledad, la frustración,
el sentimiento de abandono y la falta de integración, en la medida que rompe con las barreras
materiales y no materiales del condominio, y lo
abre al contexto.
Las características de los adultos mayores que viven
en los condominios a pesar de sus particularidades
individuales, comparten bastantes semejanzas en
cuando a: edad, estado de salud, situación de pobreza, necesidades de apoyo (materiales, instrumentales,
emocionales, cognitivas), de comunicación, lo cuál
desafía el pensar en una intervención que asuma estas
características y las propias de la vejez, que integre a
los propios adultos mayores en la formulación de la
misma y que comprometa a las organizaciones locales públicas, privadas, vecinales y de voluntariado.
Algunas propuestas de acción
Las soluciones habitacionales para adulto mayor,
están originalmente diseñadas para una o dos personas. Sin embargo algunos adultos mayores se ven
obligados a aceptar otras personas en su vivienda,
afectando sus condiciones de vida, autonomía y
tranquilidad.
Se sugiere buscar la forma de mantener alguna regulación a este aspecto.
Para el caso de los condominios se sugiere revisar
el material de aislación de los techos, así como las
placas para los cielorrasos, que se desprenden y se
separan de las juntas. En el caso de los pisos el material utilizado “flexi” se encuentra deteriorado y
despegado en la mayoría de los casos, con el consecuente riesgo de caídas y fracturas de las personas.
Se sugiere un material cerámico u hormigón lustrado y/o pintado. Para las paredes, materiales como
ladrillos bloques pintados sin revoque sería lo recomendable para facilitar el mantenimiento, evitar la
acumulación de humedad, fisuras y facilitar el arreglo de los sistemas tanto eléctricos como sanitarios.
Este tipo de programas habitacionales requeriría
una complementación en términos de capacitación
en el uso de la vivienda y orientación respecto de
los cambios que se quieran introducir en el espacio
interior, de tal manera de evitar la subutilización de
artefactos disponibles e introducir cambios que no
afecten aspectos esenciales como ventilación e iluminación.
Dada la imposibilidad de estos adultos mayores para
destinar parte de su ingreso a la mantención de la
vivienda, sería recomendable considerar un programa complementario de mantención, que resuelva
problemas de electricidad, gasfitería, pintura, etc.
Los conjuntos habitacionales de los condominios
contemplan un equipamiento comunitario, el que
está subutilizado por sus habitantes y por organizaciones comunitarias. Considerando el estado de
salud de las personas y las dificultades que manifiestan para trasladarse hacia los centros asistenciales
de salud, sería recomendable que entidades como
Centros de Salud, Cruz Roja, desarrollaran algún
tipo de actividad.
En nuestra opinión sería recomendable desarrollar
un programa integral para el adulto mayor, encabezado por el municipio, como entidad coordinadora
y que comprometiera acciones en el ámbito de la
salud, recreación, educativas, culturales, de organización social, concitando la participación de distintas
entidades de la comunidad, públicas y privadas yde
voluntariado, en un acto de responsabilidad social y
solidaridad con un grupo de población triplemente
excluído por su situación de vejez, por su situación
de pobreza y por el lugar que ocupa en el espacio
de la ciudad.
Este resultado nos parece particularmente importante en términos de decisiones de politica
habitacional, considerando que la vivienda y el barrio son factores relevantes en la percepción de la
calidad de vida.
Una de las cosas que se comprueba en esta investigación es que las necesidades, aspiraciones,
expectativas relacionadas con la calidad de vida se
asocian con la etapa de vida que viven estas personas, es decir la percepción de satisfacción se ve
influída por variables ligadas al factor edad.
FECHA DE RECEPCIÓN: enero de 2006
FECHA DE ACEPTACIÓN: MARZO DE 2006
155
ISSN 0716-9736 / Revista Trabajo Social / No 73 / Marzo / 2006 / P. 157-169
¿Cómo viven los inmigrantes irregulares1
sus procesos de integración en Chile?2
How do Ilegal1 inmigrants in Chile endure their process
of assimilation?2
CLAUDIA SILVA3
Resumen
Durante la década de los noventa hubo un aumento explosivo de la migración hacia Chile. Según
el Censo del 2002 se encontraban residiendo en esa fecha alrededor de 200.000 inmigrantes en
nuestro país, cerca del 10% de ellos serían irregulares. Los migrantes irregulares han formado
un nuevo tipo de pobreza urbana que comienza a ser preocupación de algunos sectores de la
sociedad civil. Desde la Vicaría de la Pastoral Social surge la iniciativa de intentar comprender
mejor los procesos de integración de los inmigrantes irregulares en nuestro país, realizándose un
primer estudio exploratorio sobre la materia. En el presente artículo tematizaremos el tema de
la migración irregular en América Latina y Chile y se expondrán los resultados de la indagación
exploratoria descriptiva.
Palabras Clave: migración - migración irregular - integración
Abstract
During the decade of the 90’s there was an explosive increase of the migration toward Chile. According to the Census of the 2002 they were around 200.000 immigrants residing in our country,
near 10% of them should be irregular ones. The irregular immigrants have formed a new type
of urban poverty and begin to be concern of some sectors of the civil society. That is why, from
the Vicaría de la Pastoral Social arises the initiative of trying to understand the processes of integration of irregular immigrants, and a first exploratory study on the matter has be done. In the
present article we will discuss the topic of the irregular migration in Latin America and Chile and
the results of the descriptive exploratory study will be exposed.
Words Key: Migration - irregular migration - integration
Migración en América Latina
La migración no es un fenómeno reciente en la humanidad, ya que ha estado presente durante toda
la historia del Hombre. Sin embargo, durante las
últimas décadas ha adquirido nuevas características
que hacen necesario que el tema se aborde desde
nuevas perspectivas. Esto, debido a que ha habido
un aumento explosivo de población migrante. En
el año 1965 había 75 millones de migrantes en el
planeta. En 1990, 120 millones (Gosh, 2002) y en
el año 2003 se calculó que existían 175 millones de
inmigrantes, lo que equivaldría a casi el 3% de la
población mundial (OIM, 2003). Así, “la migración
internacional se anuncia como una de las cuestiones
demográficas más importantes para la formulación
de políticas durante las próximas décadas” (Martine, Hakkert y Guzmán, 2000:163).
El análisis de la causa de los flujos migratorios
suele hacerse bajo un punto de vista que asume la
existencia de situaciones dicotómicas, donde el mi-
Los inmigrantes irregulares (comúnmente llamados “ilegales”), son aquellas personas que entran ilegalmente a un país o que habiendo
entrado con algún tipo de permiso (visa de turismo o residencia) al vencerse, siguen permaneciendo en él, la mayoría de las veces
trabajando en ausencia de cualquier tipo de protección social.
2 En el presente artículo se presentan los resultados de una indagación exploratoria descriptiva acerca de los procesos de integración de
inmigrantes irregulares residentes en la comuna de Estación Central, realizada por la Vicaría de la Pastoral Social en el marco de su
proyecto “Líderes Comunitarios para la Integración Social”.
3 Asistente Social. Licenciada en Trabajo Social. Pontificia Universidad Católica de Chile. Doktor der Philosophie (c) Institut für Politische
Wissenschaft und Soziologie. Rheinische Friedrich-Wilhelms-Universität Bonn. e-mail: [email protected] o [email protected]
1
157
CLAUDIA SILVA
grante se mueve desde países pobres a países ricos.
Sin embargo, la decisión de migrar no es puramente
individual, por lo que es necesario abordar el problema de forma más compleja. Para avanzar en la
captura de dicha complejidad, diferentes autores
han hecho referencia a determinados modelos “tipoideales” (Weber) que permiten entender de forma
más acabada los movimientos migratorios actuales.
Algunos autores hablan de un modelo de intercambio, donde se asume que la decisión de migrar está
sujeta a un cálculo racional -por parte de los inmigrantes- de costos y beneficios. De esta manera, los
desplazamientos migratorios tenderían a producir
un equilibrio en la distribución espacial de los factores productivos. Dicho equilibrio estaría dado por
la movilidad de la fuerza de trabajo, que tendería
a la óptima asignación del recurso humano. Este
modelo supone, por extensión, la diversificación
de la población migrante sobre la base de la división internacional del trabajo, así como el equilibrio
general entre emigración e inmigración. Lo que se
visualiza aquí es un proceso de circulación de la
fuerza de trabajo donde el desplazamiento es, en
general, voluntario. (Alarcón et al, 1997).
Otros autores hacen referencia a un modelo de
polarización, donde se enfatiza el contexto social, económico y político en que se lleva a cabo
la migración. Desde esta perspectiva, el equilibrio
migratorio es altamente improbable, dado que la
diversidad en la distribución de los factores productivos comporta decisivas asimetrías. Tendería a
darse una polarización en los movimientos migratorios, con aglomeración de población en algunas
regiones y despoblamiento de otras. Por lo tanto,
aquí se visualizan fenómenos de marginalización y
desplazamiento forzado. (Alarcón et al, 1997)
Puede decirse que estos modelos no son del todo
excluyentes. Es posible que se constituyan círculos
migratorios que liguen zonas productivas de alta densidad de población, las cuales funcionan a la vez como
polos de atracción para zonas aledañas de baja productividad y densidad decreciente (Alarcón et al, 1997).
Sin embargo, aunque estos modelos ayudan a entender mejor las causas de la migración, ninguno de
ellos permite cuestionar la visión dicotómica y dar
cuenta de manera más holística de las dimensiones
y características del fenómeno. Actualmente, “para
afrontar la cuestión de las migraciones internacionales hay que tener en cuenta sus causas estructurales:
4
desde la mundialización de la economía al surgimiento de regímenes jurídicos transnacionales
que conciernen a los derechos humanos, pasando
por la construcción de entidades supranacionales
como la Unión Europea (UE)” (Sassen, 2001:20).
Por lo tanto, como muchos otros, el fenómeno de
las migraciones masivas es imposible de entender
mientras se excluya de su análisis conceptos como
el de mundialización y sociedad global.
El concepto de sociedad global es de origen reciente. Mucha de la literatura de especialidad al
respecto ha emergido en los últimos años. Como su
nombre lo indica, el concepto de mundialización
toma como unidad de análisis el mundo entero,
el cual es tratado como un sistema social singular.
Los migrantes internacionales en este contexto son
actores del sistema global total, donde el concepto de país de origen y país de llegada se relativiza.
Así, la mundialización es el proceso por medio del
cual la población del mundo es vinculada a una
sola sociedad. El concepto sugiere que la creación
de la sociedad mundial es el resultado de interacciones sociales a escala mundial, donde cada parte
es interdependiente e influida por la otra. (Alarcón
et al, 1997).
En la medida que se acoge el concepto de mundialización, la migración deja de ser sólo una motivación
individual de algunos sujetos y pasa a ser parte estructural del sistema global, por lo que debe ser asumida
como un elemento más del mundo moderno.
De esta manera, podemos afirmar que la migración
no es simple consecuencia de la pobreza o resultado de las opciones individuales de los migrantes.
Es preciso vincular los hechos migratorios con las
políticas susceptibles de haberlos provocado. Todo
indica que es a partir de las opciones de los países
altamente desarrollados -importadores de mano de
obra-que se construyen los lazos que unen a los países de emigración e inmigración. Es en esos países
donde se crean las condiciones que hacen de la emigración una de las opciones de supervivencia para
las poblaciones (Sassen, 2001:20).
Como demuestran diversos estudios internacionales4 uno de los mayores patrones de migración
internacional de las últimas décadas es el patrón de
migración “de sur a norte”, es decir, de países subdesarrollados a países desarrollados.
Latinoamérica no está ajena a este proceso y es precisamente desde nuestra región que emigran millones
Ver estudios de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
158
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
de personas hacia países del norte. En Estados Unidos, por ejemplo, se encontraban residiendo 14.5
millones de latinoamericanos y caribeños en el año
2000 (Villa y Martínez, 2001).
Otro patrón de migración latinoamericano que ha
crecido en importancia durante las últimas décadas
es el intercambio de población entre los países de la
región. Así, las personas suelen migrar desde países
más empobrecidos a países con una situación económica más estable dentro de Latinoamérica. Los
países de destino principales entre los años 1970
y 1990 fueron Argentina y Venezuela. Durante las
dos últimas décadas México y Costa Rica se han
convertido en destinos principales en Centroamérica y Chile se ha convertido en foco de inmigración
dentro del Cono Sur, especialmente de personas
provenientes de Perú (Villa y Martínez, 2001).
Migración irregular en América Latina
Diferenciándose de las migraciones de los siglos anteriores, los actuales procesos migratorios de América
Latina han modificado su modalidad, siendo característicos de nuestra época las masivas emigraciones
laborales; la migración ilegal (generando bolsones
de extrema pobreza dentro de los sectores marginados de las sociedades de acogida); fuga de cerebros
(generalmente de personas jóvenes, que luego de
ser formados profesionalmente en sus países, ante la
imposibilidad de realizarse como técnicos y/o profesionales, deben migrar en búsqueda de mejores
posibilidades); y los movimientos de refugiados políticos, que deben forzosamente hacer abandono de
su patria para poner en resguardo sus vidas.
Dentro de estos modos de movilización humana, la
migración irregular en América Latina es uno de los
fenómenos de mayor relevancia en las últimas décadas. Millones de latinoamericanos de distintos países
se ven obligados a dejar sus sociedades de origen en
busca de oportunidades de sobrevivencia para ellos y
Extranjeros
sus familias. Pero los países de destino generalmente no están dispuestos a acoger a tantos trabajadores
migrantes con lo que se ha producido un fenómeno
de “cierre de fronteras”5. Este “cierre de fronteras”, sin
embargo, no ha disminuido el número de migrantes,
sólo ha aumentado el número de migrantes irregulares. Los inmigrantes irregulares constituyen uno de
los grupos más vulnerables dentro de las sociedades
de destino, ya que al no ser reconocidos como sujetos de derecho están expuestos a todo tipo de abusos
sin poder hacer valer sus derechos humanos fundamentales. Es por esta razón, que se constituyen en
un problema social, necesario de ser abordado en las
intervenciones de Trabajo Social.
Migración irregular en Chile
Si bien el fenómeno migratorio ha estado presente
en toda la historia del país, nunca antes tuvo las
características que a partir de la década recién pasada se observan. Ya que Chile históricamente fue
receptor de migraciones electivas y no espontáneas.
Se habla de migraciones electivas, pues éstas fueron propiciadas por el Estado dentro de las políticas
para la ocupación y colonización de territorios (ej.:
colonización de los alemanes en el sur, etc.).
Sin embargo, durante los años noventa ha habido
una migración espontánea de parte de residentes de
otros países latinoamericanos, sobre todo de países
vecinos. Esto, producto del desarrollo de los medios
de comunicación y la imagen de país exitoso en la
implementación del modelo neoliberal. Hoy Chile
es catalogado como uno de los países más estables
de la región. Otros aspectos relevantes que han convertido a Chile en un país atractivo para extranjeros
latinoamericanos son: la vuelta a la democracia y el
uso del mismo idioma. (Bazo, 2001)
Si analizamos los censos de las últimas décadas,
podemos ver claramente el aumento de migrantes
provenientes de Perú y Bolivia en nuestro país.
Censos
1970
%1970
1982
%1982
1992
%1992
2002
Bolivianos
7.666
8,48
6.113
7,60
7.729
6,74
10.919
5,6
Peruanos
3.930
4,35
4.100
5,10
7.649
6,67
37.860
19,38
%2002
Otros Extranjeros
78.845
87,17
70.252
87,3
99.219
86,59
146.541
75,02
Total
90.441
100,0
80.465
100,0
114.597
100,0
195.320
100
* Fuente OIM
5
El principal argumento para cerrar las fronteras, es que la absorción de mano de obra extranjera afectará negativamente la economía
local, generando disminución de las remuneraciones y cesantía. Sin embargo, este supuesto no ha podido ser comprobado en los estudios
internacionales, donde se hace referencia a los efectos positivos de la migración sobre la economía local.
159
CLAUDIA SILVA
En cuanto a la condición de residencia de los inmigrantes, el aumento de los flujos inmigratorios
regulares hacia Chile, ha provocado también el aumento de los flujos de irregulares. No se sabe con
exactitud la cantidad de personas en situación irregular residiendo en el país. Esto, ya que un tema a
considerar en materia de irregularidad dice relación
con la cuantificación y caracterización de dicha población. Cuantificar a los inmigrantes irregulares es
muy difícil, pues ellos deben esconder su situación.
Por lo tanto, la forma de acercamiento a una cifra
se ha basado en calcular el saldo acumulado de
turistas, es decir, la diferencia entre el número de
turistas entrados y salidos del país en un período
determinado de tiempo, menos el número de beneficios de residencia temporal otorgados en ese
mismo período. Sin embargo, esta forma de cálculo
no considera, por ejemplo, a las personas que ingresan ilegalmente al país.
Una forma de estudiar los procesos de inserción
de los inmigrantes irregulares es diferenciar entre
integración sistémica e integración social (Habermas). La integración sistémica se refiere al “sistema
de sociedad bajo el aspecto de su rendimiento, es
decir, de la capacidad para conservar sus límites”
(Matus et al, 2001). Específicamente, “aquellas articulaciones que las personas inmigrantes establecen
con dos grandes sistemas: el Estado y el Mercado”
(Matus et al,2001). En este sentido, consideraos
especialmente relevante estudiar el acceso que los
inmigrantes irregulares tienen a los sistemas de Educación, Vivienda, Salud, Trabajo y Asistencia Social,
entendiendo que en dicho acceso intervienen tanto
lógicas estatales como de mercado.
Aclarado aquello, se puede mencionar que las consideraciones del anterior método de medición más
estudios internacionales, indican que el número de
personas en condición irregular en los países que
tienen alguna presión migratoria, es de alrededor
del 10% del total de las personas que residen de
manera permanente en el país de destino. De esta
forma, se calcula que el número de irregulares en
Chile sería de aprox. 20.000 personas.
Al hablar de integración social, por lo tanto, nos
referimos al mundo de las sociabilidades y solidaridades primarias en - y desde - el cual se insertan
los inmigrantes irregulares al arribar y permanecer
en otro país: la familia, las comunidades y grupos
vecinales, las esferas socio-culturales y religiosas. A
partir de dichas esferas, estos individuos pondrían
en juego sus valores, sus identidades y relaciones de
pertenencia (Matus et al, 2001).
Integración de inmigrantes irregulares
Dada su situación de ilegalidad, las condiciones
de vida de los inmigrantes irregulares permanecen
invisibilizadas en la sociedad y sus derechos fundamentales muchas veces son pasados a llevar. Pero
los inmigrantes irregulares se insertan en las sociedades de acogida y se han convertido en una nueva
forma de pobreza, fundamentalmente urbana. Es
por esta razón, que consideramos necesario develar
la situación de vida de dicha población, para poder generar intervenciones adecuadas que permitan
mejorar la calidad de vida de estas personas. Consideramos esto un desafío especialmente relevante
para el Trabajo Social.
Estudiar el modo de integración de los inmigrantes
irregulares nos permitirán develar, por ejemplo, en
qué medida los migrantes acceden o no a: trabajo,
salud, educación, etc. y en qué medida los inmigrantes logran tener o no redes de apoyo que les
permita subsistir en la nueva sociedad. Un mayor
conocimiento sobre el tema permitirá realizar intervenciones de Trabajo Social debidamente fundadas.
160
Por otra parte la integración social se refiere al mundo-de-la-vida (Schütz, Habermas) estructurado
mediante símbolos, es decir, mediante la instancia
de las instituciones en que se socializan los sujetos.
Así, para poder entender mejor el fenómeno de la
migración irregular e intervenir sobre él, es necesario comprender cómo se insertan los inmigrantes
tanto a nivel de las estructuras como a nivel social,
cuáles son sus grupos de referencia, etc.
Indagación exploratoria descriptiva
Realizar estudios sobre las condiciones de vida de
los inmigrantes irregulares es una tarea particularmente difícil, ya que ellos suelen mantener oculta
su situación por miedo a ser deportados y, por lo
tanto, la accesibilidad a estos sujetos es muy limitada. Es por esta razón que a nivel internacional
existen pocos estudios empíricos sobre la materia y
a nivel nacional éstos son casi inexistentes.
Sin embargo, tanto la Vicaría de la Pastoral Social
como la Pastoral de Inmigrantes Pedro Arrupe
(PIPA, actual Servicio Jesuita a Migrantes-Chile) en
2002 decidieron asumir el desafío de elaborar un levantamiento descriptivo acerca de cómo se integran
los inmigrantes irregulares en nuestro país. Esto, ya
que como se ha mencionado con anterioridad, los
migrantes irregulares se han transformado cada vez
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
más en un factor de preocupación de distintos grupos de la sociedad civil, especialmente de la Iglesia
Católica (Instituto Católico Chileno de Migración,
Servicio Jesuita a Migrantes-Chile, Vicaría de la Pastoral Social, Vicaría Zona Norte).
Dado que esta es una de las primeras indagaciones
empíricas en Chile sobre la materia, se ha considerado interesante difundir sus resultados, a pesar de
las limitaciones del estudio.
Para realizar este primer levantamiento de información se elaboró una encuesta que se aplicó a
53 inmigrantes que se encontraran viviendo o hubieran vivido situación legal irregular. No hubo
elección intencionada de los sujetos, ya que se encuestó a todos aquellos que accedieron a participar.
La encuesta fue aplicada por agentes pastorales y
voluntarios de la Pastoral de Inmigrantes Pedro
Arrupe (PIPA) durante las visitas domiciliares que el
área de acogida de dicha organización suele realizar
los días domingo a las viviendas de los inmigrantes.
El hecho de haber contado con el apoyo de este grupo de voluntarios -que a su vez contaban con lazos
de confianza con los inmigrantes- fue fundamental
para hacer posible la aplicación de la encuesta.
Construcción de la encuesta
Para la construcción de la encuesta, se incorporaron
los conceptos de integración social e integración
sistémica, para cada uno de los cuales se elaboraron distintas dimensiones (con sus respectivos
indicadores). Además se recopilaron distintos antecedentes que se consideraron relevantes.
Síntesis de los resultados
A continuación se expondrá una síntesis de los resultados de la indagación, haciendo referencia a diferencias
entre hombres y mujeres sólo cuando sea pertinente.
ANTECEDENTES:
SÍNTESIS DE RESULTADOS:
Sexo
Se encuestó a 37 mujeres y 16 hombres, es decir, hubo clara preponderacia
de mujeres en la muestra (70%).
Edad
La distribución de la edad entre las personas encuestadas fue bastante heterogénea. Las edades fluctuaron entre los 19 y los 57 años, situándose el 50%
de las personas entrevistadas entre los 27 y 45 años.
País origen
La mayor cantidad de personas encuestadas provenían del Perú. Participaron
sólo 4 personas ecuatorianas, todos ellos hombres.
Nivel educacional
El nivel educacional difirió entre hombres y mujeres, ya que mientras 6 de los
16 encuestados hombres no alcanzaron a terminar la secundaria (38%), 4 de
ellos sí lo hicieron (19%) y 2 de ellos tiene educación técnica completa (13%)
Por su parte, 16 de las 37 mujeres sí tiene educación secundaria completa
(43%), 6 de ellas tienen educación técnica completa (16%) y 2 de ellas educación universitaria completa (5%).
Profesión u oficio
Los oficios declarados con mayor frecuencia por las mujeres fueron: asesora
del hogar, enfermera y cosmetóloga.
Última ocupación en país origen
Los oficios declarados por los hombres fueron extremadamente heterogéneos. Sólo hubo 2 que fueron mencionados dos veces: electricista y chofer.
31 de los 53 encuestados (58%) declaró NO tener la posibilidad de ejercer
su profesión u oficio en el país de origen. No hubo diferencias considerables
entre hombres y mujeres.
Año de llegada a Chile
Los años de llegada de las personas encuestadas fluctuaron entre el año 1997 y
2002, siendo la cantidad de personas llegadas por año bastante homogénea.
Estado civil
A pesar de que en ambos sexos la mayor cantidad de personas es casada o
convive con su pareja, existe una diferencia entre hombres y mujeres. Mientras 3 de los 16 hombres encuestados (20%) es separado o soltero, 17 de las
37 mujeres encuestadas (46%) es separada o soltera. El resto de las personas
encuestadas es casada o convive con su pareja.
161
CLAUDIA SILVA
Integración Sistémica: Se refiere a las articulaciones de los individuos y grupos sociales con dos grandes
sistemas: el Estado y el Mercado. Importa más el rol asignado al individuo, que su personalidad.
DIMENSIONES:
INDICADORES:
SÍNTESIS DE RESULTADOS:
Educación
Educación formal en Chile
Ninguno de loa adultos encuestados ha seguido algún
tipo de educación formal en Chile. Sin embargo, todos
los hijos de las personas encuestadas han tenido acceso
a la escuela.
Participación cursos capacitación
5 personas han logrado tener acceso a capacitación en
Chile.
Convalidación de estudios
Ninguno de los encuestados adultos logró convalidar
sus estudios en Chile, a pesar de que 36 de los 53 encuestados manifestó haberlo necesitado.
N° de cambios de domicilio
último año
24 de los 53 encuestados declaran haber residido en
un solo domicilio durante el último año, es decir, cerca
del 55% de las personas encuestadas ha tenido dos o
más domicilios durante los últimos doce meses.
Tenencia de la vivienda
7 de las personas encuestadas declaran vivir en la casa
del empleador (asesoras del hogar puertas adentro, que
arriendan una pieza para pasar sus días libres)
El resto de los encuestados (87%) viven en piezas
arrendadas. El arriendo de piezas fluctúa entre los $
50.000 y $100.000 pesos mensuales.
Tipo de vivienda
Las viviendas en la totalidad de los casos son piezas
con murallas de material ligero dentro de grandes casas
en la comuna de Estación Central.
Condiciones sanitarias
41 de los encuestados no cuenta con baño de uso exclusivo para los miembros del grupo familiar, sino que
debe compartirlo con el resto de los habitantes de la
casa (entre 30 y 50 personas).
El abastecimiento de agua en el 55% de los casos se
encuentra fuera de la habitación.
35 de las personas encuestadas (56%) tiene sólo acceso
a agua fría.
Calidad de la vivienda
La calidad de las viviendas es deficiente, ya que las
murallas de las habitaciones son de material ligero y
suelen lloverse en los inviernos.
Por otra parte, no existe sistema de calefacción seguro
(sólo estufas o braseros) ni de ventilación.
Existencia de afiliación
Ninguno de los hombres posee algún tipo de afiliación.
14 mujeres -que han regularizado su situación legal debido a su empleo- están afiliadas al sistema de salud.
Sistema al que está afiliado
El total de las mujeres afiliadas al sistema de salud, lo
está en Fonasa.
Acceso al sistema de salud
Los encuestados en su totalidad declara haber tenido
acceso a servicios de salud cuando lo ha solicitado, ya
sea en consultorios u hospitales públicos o en el consultorio del Hogar de Cristo, mediante la ayuda de la
Pastoral de Inmigrantes Pedro Arrupe (PIPA).
Según los datos manejados por PIPA, los hombres suelen solicitar menos servicios de salud que las mujeres.
Vivienda
Salud
162
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
Trabajo
Asistencia Social
Condición laboral actual
15 de las 53 personas encuestadas (29%) se declara
cesante; mientras 30 personas se declaran trabajadores
dependientes, 19 de ellas (4 hombres y 14 mujeres)
con contrato. 8 personas son trabajadores por cuenta
propia.
Tipo de empleo
El tipo de empleo varía según sexo.
14 de las mujeres encuestadas son asesoras del hogar, el
resto de las mujeres que tienen empleo heterogéneos y
se dedican, por ejemplo, a actividades de: ayudante de
cocina, cajera, cuidado de enfermos, etc.
Los hombres tienen empleos muy diversos, siendo el
más frecuente obrero de la construcción.
Ingresos
En términos generales, el ingreso varía entre los $80.000
y $ 200.000 pesos mensuales. Sin embargo, las mujeres
suelen tener mejores ingresos familiares que los hombres, ya que el 54% de las mujeres tienen un ingreso de
$120.100 o más, mientras el 56% de los hombres tiene
un ingreso familiar de $120.000 o menos.
Ambiente laboral
En cuanto al ambiente laboral, el 44% de los hombres
y el 43% de las mujeres lo describen como bueno, señalando que existe buen trato por parte del empleador
y buenas relaciones con compañeros de trabajo. El 25%
de los hombres y el 11% de las mujeres señalan que su
ambiente laboral es regular, ya que existe discriminación. Por otra parte, el 6% de los hombres y el 13% de
las mujeres consideran que el ambiente laboral es malo,
principalmente porque se producen muchos abusos de
parte de los empleadores, porque la jornada de trabajo
es demasiado extensa y porque existe un trato discriminatorio. El porcentaje restante de hombres y mujeres
no emite opinión al respecto.
Actividades remuneradas último
El 77% de los inmigrantes de la muestra que tienen
empleo declaran haber realizado una o dos actividades
remuneradas en el último año, lo que señala cierta estabilidad en el empleo.
Acceso al trabajo
En cuanto al acceso al trabajo, el 31% de los hombres
lo considera difícil debido principalmente a la indocumentación, a la escasez de trabajo y a la discriminación.
Igual porcentaje encuentra que la dificultad para encontrar trabajo es regular, mientras el 25% considera
que el acceso al trabajo es fácil en comparación con el
país de origen. El 13% restante no responde.
En las mujeres esta situación no varía mayormente. El
38% declara encontrar el acceso al trabajo difícil. Las
causas son las mismas señaladas por los hombres, pero
ellas agregan la maternidad. El 17% manifiesta que el
acceso al trabajo le parece regularmente difícil, señalando que encontrar empleo toma tiempo y que hay
que buscar alternativas distintas a la profesión u oficio.
El 28% considera que el acceso al trabajo es fácil y señala que INCAMI funciona bien como bolsa de trabajo.
El 16% restante no contesta.
Recibe asignación familiar
o subsidio (dinero, salud,
educación, vivienda, etc.)
46 de las personas encuestadas (87%) no recibe ningún
tipo de ayuda. Las personas que declaran recibir ayuda,
en su totalidad reciben asignación familiar.
163
CLAUDIA SILVA
Integración social: se refiere al mundo-de-la-vida, el mundo de las sociabilidades y solidaridades primarias:
las familias, las comunidades y grupos socio-vecinales, las esferas socioculturales y religiosas a partir de las
cuales los individuos construyen sus valores, sus identidades y relaciones de pertenencia. Es un espacio de la
vida que proporciona seguridad, estabilidad, identidad, sentido de pertenencia, sentido psicológico de comunidad y conexión afectiva al territorio (Matus et al, 2001).
DIMENSIONES:
INDICADORES:
SÍNTESIS DE RESULTADOS:
Situación familiar
Arribo con pareja
La mayoría de los encuestados (37 personas) arribó sin pareja
a Chile. Sin embargo, es mayor el porcentaje de hombres que
arribo sin pareja (93%) que el de mujeres (62%).
Pareja en Chile
Al momento de la entrevista 14 de los 16 hombres encuestados (88%) declaró tener pareja y 21 de las 37 mujeres
encuestadas (57%) declaró tener pareja.
Nacionalidad pareja
Tanto en los hombres como en las mujeres de nuestra muestra, la tendencia es a tener pareja de la misma nacionalidad.
Así, 27 de las personas encuestadas declaró tener pareja de
igual nacionalidad, 2 personas tener como pareja a un inmigrante de otra nacionalidad y 4 personas tener pareja chilena
(1 hombre y 3 mujeres).
Núcleo Familiar
Se puede señalar que tanto hombres como mujeres tienen
grupos familiares residiendo con ellos en Chile. Por cada
inmigrante existe entre 1 y 2 inmigrantes más residiendo en
Chile.
En cuanto a los niños, podemos observar que no existe gran
diferencia en la cantidad de niños (hijos en su mayoría) que
habitan con hombres y mujeres. Las personas que tienen hijos
duelen tener entre 2 y 3.
Vía por la que encontró empleo
En ambos sexos el medio más común para encontrar trabajo
fueron los amigos, ya que 22 personas encontraron empleo
por esa vía. El resto de las personas que se encuentran trabajando, encontró su empleo mayoritariamente a través de
INCAMI o avisos en el diario.
Nacionalidad amigos
36 de las personas encuestadas suele compartir su tiempo libre con inmigrantes de igual nacionalidad. En segundo lugar
se comparte con migrantes de otra nacionalidad y en tercer
lugar con chilenos
Ayuda Informal
Mientras 10 de los hombres encuestados (63%) afirma tener
a quien acudir en caso de necesitar ayuda, 24 de las mujeres
encuestadas (65%) declara NO tener a quien acudir en caso
de necesitar ayuda.
Pertenencia a organización
45 de los encuestados (84%) declaran no pertenecer a ninguna organización, 6 personas (12%) declaran pertenecer a
una organización y el resto de las personas encuestadas no
entregan información al respecto.
Nacionalidad vecinos
46 de las personas encuestadas (60%) declara tener como vecinos mayoritariamente a inmigrantes de igual nacionalidad u
otros extranjeros.
Satisfacción vivienda
El 44% de los hombres y el 33% de las mujeres encuestadas
dice sentirse satisfecho/a con su vivienda. Esto, porque sostienen que la vivienda es cómoda, pues se ocupa sólo para
dormir. Además el arriendo es barato, se está junto a la familia
y se tiene lo necesario para sobrevivir. El 19% de los hombres
y el 16% de las mujeres dice sentirse sólo medianamente satisfecho, pues el hacinamiento y las condiciones sanitarias son
Redes Sociales
Entorno
habitacional
164
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
complicadas. El 3% de las mujeres declara sentirse medianamente insatisfecha, pues a pesar de que es tolerable, se desea
algo mejor. Sin embrago, el 25% de los hombres y el 43%
de las mujeres declara sentirse insatisfecho/a. Las razones de
insatisfacción son la falta de privacidad, la mala calidad de la
vivienda, el hacinamiento, la falta de servicios higiénicos, la
estrechez del lugar, la falta de cocina y de agua caliente.
Relación con la
sociedad chilena
Satisfacción barrio
El 50% de los hombres y el 82% de las mujeres encuestadas
afirman que les agrada su barrio. Entre las razones de agrado
se encuentran la tranquilidad del barrio, la buena locomoción, la cercanía con el centro y el vivir con personas de igual
nacionalidad.
El 13% de los hombres y el 3% de las mujeres aseguran que
el barrio les es indiferente, mientras el 7% de los hombres
y el 10% de las mujeres declaran que no les agrada el barrio. Razones de desagrado son el consumo de drogas de los
adolescentes del barrio y la mala convivencia con los vecinos,
producto del hacinamiento y los distintos estilos de vida. Finalmente el 30% de los hombres y el 5% de las mujeres no se
refieren al tema.
Lo más significativo
Al preguntar por lo más significativo de vivir en Chile, entre
los aspectos negativos destacados tanto por hombres como
por mujeres, figura la distancia de la familia, la discriminación, la soledad y el difícil acceso al mercado laboral.
En cuanto a lo positivo, resaltan la formación de una familia o
la reunificación familiar y la mejoría económica, la posibilidad
de tener trabajo y surgir socialmente.
Podemos observar cómo tanto en lo negativo como en lo positivo destacan los lazos familiares primarios y el trabajo.
Deseo de continuar
residiendo en Chile
44 de los inmigrantes de nuestra muestra (84%) señala desear continuar residiendo en Chile. Sin embargo, la pregunta
no explicita si desean seguir residiendo en Chile sólo por un
tiempo o si desean radicarse en nuestro país.
En cuanto a las razones de estas respuestas, las personas que
afirman desear continuar residiendo en Chile sostienen que
en este país existen mejores alternativas económicas que en
el país de origen y que su permanencia en Chile depende de
la situación laboral. Por otra parte, hay quienes afirman que
permanecerán en Chile, pues aquí han formado su familia o
se han acostumbrado a vivir en nuestro país.
Las personas que declaran no saber si desean continuar residiendo en Chile, sostienen que todo depende de la condición
laboral y de cuánto tiempo soporten vivir lejos de la familia.
Por otro lado, aquellos que no desean continuar residiendo
en Chile, afirman que se los impide su situación de indocumentación, lo mucho que extrañan a la familia y/o lo poco
acogedora que ha sido con ellos nuestra sociedad.
Mayores dificultades
En cuanto a los problemas más graves que deben enfrentar
los hombres y las mujeres encuestadas, tanto hombres como
mujeres destacaron: la discriminación, la dificultad para regularizar la situación legal, el estar lejos de la familia y la
explotación laboral.
Cómo se vislumbra posible
solución a problema
Las posibles formas de solución que los inmigrantes de la
muestra distinguen para poder mejorar sus problemas son:
que el Estado facilite los trámites de documentación, que se
generen mejores oportunidades de trabajo y que se cree conciencia en la sociedad chilena de la realidad que deben vivir
los inmigrantes, para así bajar los niveles de discriminación.
165
CLAUDIA SILVA
Síntesis del análisis de los resultados
Antecedentes
La clara preponderancia de mujeres en la muestra
está en correspondencia con el patrón de migración
peruano hacia Chile. Según la OIM el 80% de la
migración peruana hacia nuestro país sería femenina. Dado que la mayor parte de los encuestados
fueron de nacionalidad peruana, la preponderancia
de mujeres es coherente con el patrón nacional. Así,
la migración de mujeres peruanas hacia nuestro país
se convierte en un fenómeno relevante, pues nunca antes en nuestra historia la migración femenina
estuvo tan presente. La mayor cantidad de mujeres
migrantes podría obedecer al hecho de que “ellas se
han incorporado fuertemente a la población económicamente activa, buscando trabajo remunerado.
Trabajo que muchas veces se encuentra fuera de su
país de origen... como es el servicio doméstico, los
trabajos no calificados y otro tipo de servicios personales” (Araujo et al, 1995:44). Sin embargo, éste
no es un fenómeno aislado dentro de las migraciones internacionales, ya que a nivel global se habla
de un proceso de “feminización de las migraciones”,
situación que no es menor, ya que afecta fuertemente la estructura familiar, debido a que muchas de las
mujeres que migran dejan a sus hijos al cuidado de
familiares en el país de origen. Este fenómeno se ha
estudiado bajo el concepto de “maternidad transnacional”.
En cuanto a la nacionalidad de los encuestados,
cabe destacar que al momento de la encuesta, la
PIPA declaraba que la población de inmigrantes
irregulares que atendía era fundamentalmente peruana. Hoy, en el año 2005, si bien sigue siendo la
población peruana la mayoritaria, en los registros
de PIPA figuran cada vez más inmigrantes irregulares provenientes del Ecuador.
En lo que respecta a la edad, éste factor se comportó
de manera muy heterogénea en los sujetos encuestados. Esto quiere decir que al menos en esta pequeña
muestra no se puede hablar de preponderancia de
migración joven o de migración adulta.
Por otra parte, los años de llegada a Chile de los
encuestados fluctúan entre 1997 y 2002. Estos años
coinciden con los años de mayor inmigración peruana a nuestro país, ya que según Bazo a partir del
año 1995 hubo una explosión de inmigración peruana hacia Chile.
En lo que respecta a educación, el nivel educacional
de los hombres y las mujeres de la muestra difiere
166
notablemente, contando las mujeres con mayores
niveles de educación. Otro aspecto que difiere según sexo en las personas de la muestra, es el estado
civil, siendo más elevado el porcentaje de hombres
casados o que conviven con su pareja.
En cuanto a los oficios, ellos están divididos por
sexo, ya que los oficios que tanto hombres como
mujeres asumen están relacionados con lo que en
el imaginario latinoamericano corresponde a roles
femeninos y masculinos. Esto es muy común en los
empleos de baja calificación.
Integración sistémica
Según los resultados de la encuesta, se puede afirmar
que el acceso a la educación y a la capacitación en
nuestro país ha sido casi nulo para los inmigrantes
de la muestra. Si bien 36 personas han necesitado
convalidar estudios ninguna ha logrado hacerlo y
sólo cinco personas han logrado tener acceso a capacitación en nuestro país. Esta situación es distinta
en los hijos de los inmigrantes, pues la mayoría de
ellos ha tenido acceso a la educación escolar.
En cuanto al trabajo, existe un porcentaje de cesantía bastante alto entre los hombres y las mujeres
de la muestra (32% en los hombres y 25% en las
mujeres). Esto indicaría un bajo acceso al mercado
laboral. Sin embargo, estos niveles de cesantía son
considerablemente menores a los vividos en el país
de origen, según afirman los inmigrantes encuestados. Es importante señalar que las mujeres suelen
tener mayor estabilidad laboral y mayor remuneración que los hombres. Esto probablemente tenga su
explicación en que las mujeres han logrado insertarse en un nicho laboral que estaba siendo dejado
de lado por las mujeres chilenas: asesoras del hogar
puertas adentro. Los hombres, por el contrario, no
han logrado insertarse en ningún nicho laboral estable. El que las mujeres hayan podido insertarse
en un nicho de trabajo les ha facilitado la regularización de la situación legal, lo que hace que su
nivel de integración sistémica sea más elevado en
este aspecto que el de los hombres.
Por otro lado, cabe destacar que si bien bastantes de
las personas encuestadas declaran tener una profesión u oficio, muy pocas han tenido la posibilidad de
ejercer esa profesión u oficio en Chile. Así, se podría
concluir que Chile no ofrece apertura en el mercado
laboral a los inmigrantes para trabajar en su especialidad, ofreciendo sólo empleos de baja calificación.
Esta situación concuerda con la tendencia internacional. Sin embargo, es necesario constatar que en
el país de origen alrededor del 50% de las personas
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
de la muestra tampoco tenía esa oportunidad.
Integración social
En cuanto al ingreso familiar, las mujeres suelen
tener mejor remuneración que los hombres. Esto
probablemente se deba a los distintos tipos de empleo al que hombres y mujeres acceden.
La integración social, es la que tiene que ver con las
solidaridades primarias, con el contar con grupos
de referencia que den seguridad y otorguen sentido
de pertenencia a una sociedad.
Tomando todo lo anterior en consideración, es
interesante constatar que el mayor porcentaje de
personas de la muestra (31% de hombres y 38% de
las mujeres) tiene la percepción de que el acceso al
trabajo en nuestro país es difícil, principalmente debido a la indocumentación, a la escasez de trabajo y
a la discriminación. Sin embargo, al mismo tiempo
se asegura que la situación laboral es mejor en Chile
que en el país de origen.
En el ámbito familiar, el 51% de los inmigrantes encuestados tiene parejas de igual nacionalidad. Esto,
ya sea porque se han reunificado con las familias
del país de origen o porque han formado nuevas
familias con otros inmigrantes en Chile. Así, se demuestra una baja integración con el pueblo chileno
a la hora de formar familia.
En lo que respecta a la asistencia social (ayuda social
que diversos organismos puedan otorgar), podemos
constatar que los inmigrantes encuestados no acceden a ningún tipo de subsidio o de ayuda por parte
de ningún organismo, salvo la asignación familiar.
La vivienda es uno de los aspectos más difíciles de
la migración irregular, pues los inmigrantes entrevistados suelen vivir en grandes casas en la comuna
de Estación Central, cuyas piezas (generalmente
estrechas) han sido divididas con material ligero y
suelen lloverse en los inviernos. El hacinamiento es
una de las características fundamentales, ya que las
piezas suelen ser compartidas por varios adultos o
familias. En las casas generalmente no hay abastecimiento de agua dentro de las piezas, existiendo
sólo un baño con agua fría que es compartido por
todos los habitantes de la vivienda (30 a 50 personas). Una pieza cuesta entre $50.000 y $100.000
pesos. Estas difíciles condiciones de habitabilidad
hacen que la movilidad domiciliaria sea una característica de los migrantes irregulares. Alrededor del
55% de los encuestados tuvo más de dos domicilios
en el último año.
Como último punto de la integración sistémica,
nos referiremos al acceso a la salud. En su mayoría,
tanto el acceso como la calidad de los sistemas de
salud es considerado como bueno por los inmigrantes encuestados. El acceso a salud se obtiene en los
servicios públicos o a través de la PIPA (Consultorio
del Hogar de Cristo). Las mujeres hacen más uso
de los servicios de salud, esto pudiera deberse a la
maternidad. Según los antecedentes que maneja
PIPA, dentro del grupo de inmigrantes irregulares
de Estación Central existe gran cantidad de embarazos, pues las mujeres no manejan adecuadamente el
sistema anticonceptivo por píldoras, ya que en Perú
se usan hormonas inyectables.
Cabe destacar que existen diferencias en la composición familiar de hombres y mujeres. Pues, a pesar
de que la mayor cantidad de hombres de la muestra declara haber llegado sin pareja a Chile, hoy es
mayor el porcentaje de hombres (con respecto a las
mujeres) casados o con pareja estable. De las mujeres de la muestra que llegaron sin pareja a nuestro
país, son pocas las que han encontrado pareja estable en Chile.
En cuanto a la situación parental, no se observa gran
diferencia en la cantidad de niños del grupo familiar
de hombres y mujeres.
Por su parte, en cuanto a las redes sociales, también es notable que el grupo de apoyo primario son
los inmigrantes de igual nacionalidad, pues es con
ellos con quienes suelen compartir el tiempo libre
y a quienes suelen acudir en caso de necesitar ayuda para encontrar empleo, por ejemplo. Es bastante
reducido el número de personas que declaran encontrar en chilenos apoyo o ayuda. Esto concuerda
con los estudios internacionales que señalan que la
integración con la sociedad de acogida se produce a
partir de la segunda generación.
Sin embargo, también en este ámbito se distingue
una diferencia entre hombres y mujeres. Ya que los
hombres suelen sentirse más protegidos que las mujeres a la hora de necesitar ayuda. A pesar de esto, es
interesante observar que casi no existen personas de
la muestra que estén vinculados a alguna organización. Es decir, existe escaso nivel de asociatividad.
Por su parte, el entorno habitacional está estrechamente ligado a las redes sociales. Pues los inmigrantes
suelen residir junto a vecinos (habitantes de otras
piezas en las casas) de igual nacionalidad. Esto a la
vez que entrega sentimiento de pertenencia con sus
con-nacionales, distancia de la sociedad chilena.
Así, se percibe una relación distante con los chilenos. Pues en general cuando los inmigrantes de la
167
CLAUDIA SILVA
muestra se refieren a la sociedad chilena lo hacen de
manera distante y ajena. Entre los hechos más significativos de vivir en Chile, en lo negativo destacan la
distancia de los seres queridos, la soledad y la discriminación. Entre lo positivo destaca la reunificación
familiar o el formar familia en Chile. Esto tiene que
ver con formar lazos de identificación y pertenencia. Como se pudo apreciar anteriormente, estos
lazos de pertenencia suelen formarse con personas
de igual nacionalidad. Otros aspectos positivos que
se destacan tienen que ver con la integración sistémica y se refieren a la posibilidad de encontrar
trabajo y a mejorar la situación económica.
Así, para la mayor parte de los inmigrantes de nuestra
muestra la decisión de continuar residiendo en Chile
radica en la idea de buscar mejores condiciones de
bienestar material para ellos y sus familias y no en la
idea de generar lazos con la sociedad chilena.
En cuanto a los problemas más graves, éstos se
producen por la situación de irregularidad y la
discriminación. A su vez, se considera difícil la regularización de la estadía en nuestro país.
De esta manera, podemos constatar cómo la inserción social de los inmigrantes de la muestra en
nuestro país es baja, pues todos los lazos primarios
de familia y amistad se dan fundamentalmente con
inmigrantes de la misma nacionalidad.
A modo de conclusión
Si bien dada la condición de irregularidad de los
migrantes se podría asumir como imposible la integración sistémica de los inmigrantes, en las personas
encuestadas se pueden observar formas de este tipo
de integración. Así, la integración sistémica es particularmente difícil en materia del Estado, pues por
la condición de irregularidad es muy difícil acceder
a servicios estatales. Sin embargo, a nivel de integración de mercado, se puede inferir que existen
mayores grados de inserción, pues los inmigrantes
tienen acceso, por ejemplo, a bienes de consumo, a
créditos en casas comerciales, etc.
Por otra parte, según los resultados de la encuesta
se puede sostener que el nivel de integración social
es menor que el nivel de integración sistémica en
los inmigrantes de la muestra, ya que existe un bajo
nivel de intercambio social con el pueblo chileno
en la esfera privada. Esto podría tener explicación
en el escaso tiempo de inserción de los inmigrantes
en Chile.
168
Aunque los resultado de esta indagación son demasiado limitados para ser generalizables, pensamos
que ellos pueden ayudar a abrir camino en torno
a la reflexión y comprensión del fenómeno de la
migración irregular en Chile. De esta manera, nos
parece imprescindible que existan nuevos esfuerzos
que contribuyan a profundizar el conocimiento en
la materia para así generar intervenciones de Trabajo Social que ayuden a mejorar las calidad de vida
de los inmigrantes y aseguren el respeto de los derechos humanos fundamentales.
Bibliografía
ALARCÓN, RODRIGO; ALLAN, VÍCTOR; MELLA, ORLANDO; URMENETA, ANA. “Cambios
en el carácter de los movimientos migratorios a partir
del MERCOSUR”. Colección Documentos. Ediciones
Fasic. Santiago de Chile, Septiembre de 1997.
ANDER-EGG, EZEQUIEL. “Investigación y diagnóstico para el Trabajo Social”. Editorial Humanitas. Buenos
Aires, 1987.
APPLEYARD, REGINAL. “Migración internacional y
desarrollo: Una relación por resolver”. En: http://www.
oim.web.cl/numesp/72979-02.doc
ARAUJO, LEGUA Y OSSANDÓN. “Migrantes andinas
en Chile. El caso de la Migración Peruana”. Fundación
Instituto de la Mujer, Santiago de Chile, 2002.
BAZO, FRANCISCO. “Migraciones en Chile: Un tema
pendiente”. En: Le Monde Diplomatique, Edición
Chilena. Numero 10. Editorial “Aún creemos en los
sueños” S. A. Julio del 2001
CASSARINO, MARÍA; MÁRMORA, LELIO. “La variable migratoria en el MERCOSUR”. En: http://www.
oim.web.cl/17/marcass.doc
ESCALA, MERCEDES. “Teoría y epistemología en la
construcción de diagnósticos sociales”. En: “El Diagnóstico Social: Proceso de Conocimiento e Intervención
Profesional”. Editorial Espacio. Buenos Aires, 2001.
FAJARDO, MARCELA. “Discriminación de la mujer
migrante”. En: Corporación Forja. “Seminario Internacional: Control Interamericanos de los derechos de los
Inmigrantes” Corporación Forja, Santiago, 2001.
GHOSH, BIMAL. “Migración y desarrollo: algunos temas
escogidos”. En: http://www.oim.web.cl/15/art-esp.html
HABERMAS, JÜRGEN. “Ensayos políticos”. Ed. Península. Barcelona, 1988
HOPENHAYN, M. Y BELLO, A. “Discriminación étnico - racial y xenofobia en América Latina y el Caribe”.
CEPAL. Santiago, 2001.
¿CÓMO VIVEN LOS INMIGRANTES IRREGULARES SUS PROCESOS DE INTEGRACIÓN EN CHILE?
KOROL, CLAUDIA. “Educación popular: Acción cultural para la libertad”. Universidad Popular Madres de
Plaza de Mayo 29 de mayo del 2001. En: www.rebelion.org
MÁRMORA, LELIO. “Apertura o restricción: Lo formal
y lo real en las políticas migratorias del cono sur”. En:
http://www.oim.web.cl/numesp/73690-04.doc
ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL PARA LAS
MIGRACIONES (OIM). “Notas sobre las migraciones en América Latina”. En: Apuntes capacitación
proyecto “Estudio exploratorio sobre la migración
fronteriza en Chile”, Fase “Diagnostico y percepción de
la migración fronteriza en Santiago”. Marzo, 2002.
RANGEL DE PAIVA, ALICE. “América Latina: globali-
¿orden o desorden mundial?”. En: http://www.oim.
web.cl/17/lelio.doc
zación, género y trabajo”. En: Todaro y Rodriguez (ed)
“El trabajo de las mujeres en tiempo global”. Isis Internacional, Ediciones de las mujeres N° 22, Santiago, 1995.
MARINE, HAKKERT Y GUZMÁN. “Aspectos de la
ROZAS PEGAZA, MARGARITA. “La intervención
MÁRMORA, LÉLIO. “Las migraciones internacionales,
migración internacional: Consideraciones preliminares”. www.eclac.cl/migraciones
profesional en relación con la cuestión social: el caso del
Trabajo Social”. Editorial Espacio. Buenos Aires, 2001.
MATUS SEPÚLVEDA, TERESA. “Propuestas con-
SABANES PLO, DAFNE. “Foro Social Mundial: Edu-
temporáneas en Trabajo Social: hacia una intervención
polifónica”. Editorial Espacio. Buenos Aires, 1999.
cación transformadora para una nueva ciudadanía”. 3
de febrero del 2002. En: www.rebelion.org
MATUS, TERESITA; QUIROGA, ANA MARÍA; SALLET, BERNARD. “Integración social en la ciudad”.
SASSEN, SASKIA. “¿Por qué emigran de a millones?:
El trabajo mundializado”. En: Le Monde Diplomatique,
Edición Chilena. Numero 10. Editorial “Aún creemos
en los sueños S. A”. Julio del 2001.
En: Programa URB-AL, II Encuentro Bienal Alcaldía de
la ciudad de Río de Janeiro. Comisión de las comunidades europeas, Río de Janeiro, 2001.
STEFONI, CAROLINA. “Inmigración peruana en Chi-
MINISTERIO DEL INTERIOR, DEPARTAMENTO DE EXTRANJERÍA. PROPUESTA POLÍTICA
le. Una oportunidad a la integración”. FLACSO-Chile.
Santiago, 2003.
MIGRATORIA, ASPECTOS LEGALES Y CONSTITUCIONALES DE LAS INMIGRACIONES. Gobierno de
Chile. Santiago, 1999.
VILLA, MIGUEL Y MARTÍNEZ, JORGE. “El mapa
internacional de América Latina y el caribe: patrones,
perfiles, repercusiones e incertidumbre”. www.eclac.
cl/migraciones
FECHA DE RECEPCIÓN: noviembre de 2005
FECHA DE ACEPTACIÓN: marzo de 2006
169
MAGÍSTER
trabajo
social
2006
Facultad de Ciencias sociales
escuela de trabajo social
www.trabajosocialuc.cl
INFORMACIONES E INSCRIPCIONES
Subdirección de Investigación y Posgrado
Escuela de Trabajo Social, Campus San Joaquín
Vicuña Mackenna 4860, Santiago, Chile
Fono: (56-2) 354 4606. Fax: (56-2) 354 4667
COORDINADOR ACADÉMICO DEL MAGÍSTER
Profesora: Teresa Matus Sepúlveda
E-mail: [email protected]
Postítulo
Estudios
de la
familia
Facultad de Ciencias sociales
escuela de trabajo social
www.trabajosocialuc.cl
INSCRIPCIÓN E INFORMACIONES
Secretaría Postítulo Estudios de la Familia
Escuela de Trabajo Social, Campus San Joaquín
Av. Vicuña Mackenna 4860, Santiago (Metro San Joaquín)
Secretaria Sra. María Elena Contreras H.
Teléfonos: (56-2) 354 4589 - (56-2) 354 4665.
Fax: (56-2) 354 4667, E-mail: [email protected]
COORDINADOR ACADÉMICO DEL POSTÍTULO
Profesora: Fabiola Cortez-Monroy M.
Escuela de Trabajo Social
Programa de Extensión 2006
Un espacio intelectualmente estimulante
que anima el juicio crítico,
la generación de conocimiento
y la intervención innovadora.
Programa de Extension 1o Semestre 2006
Diploma en Mediación
Fechas y horarios: Clases miércoles y jueves de 18 a 21 hrs. 5 de abril al 30 de noviembre de 2006. 220 horas cronológicas.
Diploma en Intervención Social con Adolescentes Infractores de Ley
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábados de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 11 de agosto de 2006. 100 horas cronológicas.
Diploma en Métodos Cualitativos de Diagnóstico e Intervención Social
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs y sábados de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 19 de agosto de 2006. 110 horas cronológicas.
Diploma en Propuestas Contemporáneas de Trabajo Social
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hr.s y sábados de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 19 de agosto de 2006. 110 horas cronológicas
Diploma en Pericia Social en Juicios Orales
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábado de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 21 de julio de 2006. 80 horas cronológicas.
Diploma de Especialización en el Sistema de Seguridad Social Chileno
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábados de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 26 de agosto de 2006. 120 horas cronológicas.
Diploma en Construcción de Modelos Innovadores de Intervención Social
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábado de 9 a 13 hrs. 7 de abril al 21 de julio de 2006. 80 horas cronológicas.
Programa de Extension 2o Semestre 2006
Diploma en Gestión Organizacional para el Trabajo Social
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs y sábados de 9 a 13 hrs. 7 de julio al 4 de noviembre de 2006. 110 horas cronológicas.
Diploma en Marketing Social
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábado de 9 a 13 hrs. 4 de agosto al 24 de noviembre de 2006. 100 horas cronológicas
Diploma de Intervención en Abuso Sexual Infantil
Fechas y horarios: Clases viernes de 18 a 21 hrs. y sábados de 9 a 13 hrs. 4 agosto al 24 de noviembre de 2006. 100 horas cronológicas.
Diploma en Gestión de Bienestar en Organizaciones
Fechas y horarios: Clases viernes de 15 a 20 hrs. y sábados de 9 a 13 hrs., cada 15 días. 18 de agosto al 1 de diciembre de 2006. 90 horas cronológicas.
Revista Trabajo Social
CONDICIONES DE PUBLICACIÓN
Las condiciones de publicación en la Revista de Trabajo
Social son las siguientes:
• Los artículos deben ser originales e inéditos, estar escritos
en castellano o inglés y tener un máximo de 15.000 palabras.
• Los artículos deben ser redactados según las normas del
Manual de Estilo de APA o Manual de Estilo de Chicago.
• Los artículos deben incluir una Página Titular con su nombre e institución, y el título corrido; un Resumen bilingüe
(castellano e inglés), de 75 a 120 palabras, en la segunda
página; un máximo de 5 Palabras Clave, ubicadas a continuación del Resumen; y una Nota del Autor en la página
siguiente a las Referencias, que debe incluir su nombre, institución, dirección y E-mail.
• El título del artículo debe estar en castellano e inglés.
• Los artículos deben ser enviados en triplicado en su versión
impresa y en versión electrónica.
• Los artículos serán enviados a expertos para su evaluación.
En este proceso se guardará reserva de los nombres de autores y evaluadores. La decisión de aceptar, revisar o rechazar
los artículos será tomada, en base a las evaluaciones, por el
Comité Editorial y comunicada a los autores por la Editora
de la Revista.
Publication requirements Social Work Review
publication requirements are the followings:
• The articles must be originals and unpublished, must be
written in Spanish or English and must have a maximum
extension of 15.000 words.
• The articles must be written according to the Publication
Manual of APA or Manual styles of Chicago.
• The articles must include the next elements: a Title page
with the name of author and institution, and a Running
head; a bilingual Abstract (Spanish and English) of 75
to 120 words or extension; 5 key words at most, located
downwards Abstract; an Author’s Note in next page after
References, which must include the name of the author and
his/her Institution, address and E-mail.
• Article’s title must be in Spanish and English.
• The articles must be sent to Social Work Review with 3
copies of its printed version and an electronic version.
• The articles will be sent to experts for evaluation. In this
process the author (s) and evaluator identities will be kept
confidential. The decision about acceptance, revision or
rejection of the article will be made by the Editorial Committee on basis of evaluations made by experts. Afterwards
the Editor will communicate this decision to the author (s).
Escuela de Trabajo Social
Pontificia Univerisdad Católica de Chile
ISSN 0716-9736
www.trabajosocialuc.cl
Descargar