Puntos Sobresalientes – Eclesiastés 7 al 12

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Puntos Sobresalientes – Eclesiastés 7 al 12
Eclesiastés 7:1
*** w08 15/4 págs. 24-25 párrs. 18-19 ¿Qué le da valor a
la vida?
¿Cuál es, entonces, el bien más preciado que debemos tratar
de conseguir? El libro de Eclesiastés responde: “Mejor es un
nombre que el buen aceite, y el día de la muerte que el día en
que uno nace” (Ecl. 7:1). Nada lo ilustra mejor que el caso de
Jesús. Él se hizo un magnífico nombre ante Jehová. Al morir
fiel, vindicó la soberanía de su Padre y ofreció el sacrificio
redentor que nos abrió el camino a la salvación (Mat. 20:28).
Durante su corta existencia en la Tierra, Jesús puso el ejemplo
perfecto de lo que es vivir una vida que tiene verdadero valor,
un ejemplo que todos debemos imitar (1 Cor. 11:1; 1 Ped.
2:21).
19 Nosotros también podemos hacernos un buen nombre
ante Dios, lo cual es de mucho más valor que las riquezas
(léase Mateo 6:19-21). Todos los días podemos encontrar
maneras de hacer cosas que son buenas a los ojos de Jehová y
que enriquecen nuestra vida. Por ejemplo, podemos llevar al
prójimo las buenas nuevas, fortalecer nuestro matrimonio y
demás vínculos familiares, así como aumentar nuestra
espiritualidad mediante el estudio personal y la asistencia a las
reuniones (Ecl. 11:6; Heb. 13:16).
Eclesiastés 7:2
*** g03 22/3 pág. 21 Los proverbios del pueblo akan, fiel
reflejo de su cultura ***
Por ejemplo, las prendas en las que figura una escalera
recuerdan que por la escalera de la muerte no sube solo un
hombre. Este proverbio insta a todos a ser humildes y a no
vivir la vida como si nunca fueran a morir (Eclesiastés 7:2).
Eclesiastés 7:3
*** it-2 págs. 859-860 Risa ***
Salomón continúa diciendo: “Mejor es la irritación que la
risa, porque por el mal humor del rostro se mejora el corazón”.
(Ec 7:3.) La risa es una buena medicina, pero hay ocasiones en
las que debemos examinar con seriedad la orientación de
nuestra vida. Si vemos que estamos perdiendo demasiado
tiempo en frivolidades y no estamos haciéndonos un buen
nombre por medio de las buenas obras, tenemos razones para
estar descontentos con nosotros mismos y cambiar de
proceder, lo que hará que nuestro corazón se sienta mejor.
Actuar así nos ayudará a hacernos un buen nombre, de modo
que el día de nuestra muerte o el tiempo de la inspección final
por parte de Dios y Cristo sea mejor para nosotros que el día
de nuestro nacimiento. (Ec 7:1.)
Eclesiastés 7:4-5
*** w08 15/4 pág. 22 párr. 8 ¿Qué le da valor a la vida?
Por otra parte, si concedemos demasiada importancia a los
placeres, será imposible dar la debida atención a los asuntos
que sí tienen importancia. Recuerde que la vida es corta, y
nada garantiza que estaremos libres de problemas y
enfermedades. De ahí que, como también indicó Salomón, nos
beneficie más asistir a un funeral —en especial si es el de un
fiel hermano— que estar en “la casa del regocijo” (léase
Eclesiastés 7:2, 4). ¿Por qué? Porque escuchar el discurso de
funeral y reflexionar en la vida de ese fiel siervo de Jehová
quizás nos motive a examinar nuestra propia vida. Tal vez
veamos que para no desaprovechar los días que nos quedan,
debemos replantearnos los objetivos que tenemos (Ecl. 12:1).
*** it-2 pág. 860 Risa ***
Puntos sobresalientes lectura bíblica
Mejor es oír la reprensión de alguien sabio que ser el
hombre que oye la canción de los estúpidos.” (Ec 7:4, 5.) En
una casa donde alguien ha muerto, el corazón sabio actúa en
armonía con la seriedad que imponen las circunstancias, lo que
influye para que la persona medite en qué orientación está
dando a su vida; pero el ambiente de trivialidad propio de un
lugar de diversión atrae al corazón insensato y hace que se vea
la vida con una actitud superficial y despreocupada. Si alguien
comienza a alejarse de las sendas correctas, la reprensión de
un hombre sabio puede corregirlo y permitirle hacerse un buen
nombre para sí mismo, a fin de ponerse de nuevo en el camino
a la vida. Pero, ¿cómo puede ayudarnos el oír una canción o la
adulación vacía del insensato, que oculta nuestras faltas y por
ello hace que nos arraiguemos más en ellas? Tal proceder
únicamente puede conducirnos a hacernos un mal nombre ante
Jehová por no haber enderezado nuestros caminos.
Eclesiastés 7:6
*** w06 1/11 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro de
Eclesiastés ***
7:6. Conviene evitar la risa inoportuna, pues es tan irritante
y tan inútil como el chisporroteo de los espinos al quemarse
bajo una olla.
Eclesiastés 7:7
*** w92 1/7 pág. 4 ¿Por qué cunde la desesperación?
Según el Theological Wordbook of the Old Testament,
edición preparada por Harris, Archer y Waltke, la raíz de la
palabra del idioma original que se traduce “opresión” se
refiere “al agobiar, pisotear y aplastar de los que están en una
posición inferior”.
*** it-2 pág. 251 Locura ***
Locura debida a la opresión y confusión. Una de las
consecuencias extremas que los israelitas tendrían que sufrir
por desobedecer a Jehová era la locura. Por causa de la
opresión de los conquistadores, llegarían a enloquecer, y
actuarían de manera irrazonable debido a su sentimiento de
frustración. (Dt 28:28-34.) De hecho, el rey Salomón declaró
que la “mera opresión puede hacer que un sabio se porte como
loco”. (Ec 7:7.)
Eclesiastés 7:8
*** w00 1/9 pág. 4 ¿Sabe esperar? ***
No debe pasarse por alto el hecho de que el espíritu
impaciente revela una actitud orgullosa, un sentimiento de que
somos demasiado importantes para esperar. Quienes tengan
esa actitud harían bien en meditar en las siguientes palabras de
la Biblia: “Mejor es el que es paciente que el que es altivo de
espíritu” (Eclesiastés 7:8). La altivez, u orgullo, es un grave
defecto de personalidad, y el proverbio bíblico dice: “Todo el
que es orgulloso de corazón es cosa detestable a Jehová”
(Proverbios 16:5). Aprender la paciencia —aprender a esperar
— puede exigir, por tanto, que nos fijemos bien en cómo
somos y meditemos en nuestra relación con quienes nos
rodean.
Eclesiastés 7:9
ba págs. 25-26 Un libro práctico para la vida moderna
La salud física depende muchas veces del equilibrio mental
y emocional. Por ejemplo, los estudios han confirmado los
efectos nocivos de la ira. En su libro Anger Kills (La ira mata),
el doctor Redford Williams, director de Investigaciones sobre
el Comportamiento en el Centro Médico de la Universidad de
Duke, y su esposa, Virginia Williams, dicen que “la mayoría
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 1
de las pruebas disponibles indican que las personas hostiles
son más propensas a padecer enfermedades cardiovasculares (y
de otro tipo) por varias razones, tales como un menor apoyo
social, un aumento en las reacciones biológicas ocasionado por
la furia y una mayor participación en conductas perjudiciales
para la salud”.13
Miles de años antes de realizarse estos estudios, la Biblia
relacionó, en términos sencillos pero claros, las emociones con
la salud física: “Un corazón calmado es la vida del organismo
de carne, pero los celos son podredumbre a los huesos”.
(Proverbios 14:30; 17:22.) Las Escrituras dan estos sabios
consejos: “Depón la cólera y deja la furia”, y: “No te des prisa
en tu espíritu a sentirte ofendido [o “airarte”, BartinaRoquer]”. (Salmo 37:8; Eclesiastés 7:9.)
Eclesiastés 7:10
*** w02 1/12 pág. 32 Vivimos en el mejor momento de la
historia ***
CUANDO le sobrevienen penalidades, ¿añora usted “los
viejos tiempos”? Si es así, fíjese lo que dijo el sabio rey
Salomón: “No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días
anteriores resultaron ser mejores que estos?’, porque no se
debe a sabiduría el que hayas preguntado acerca de esto”
(Eclesiastés 7:10).
¿Por qué dio este consejo Salomón? Porque sabía que tener
un enfoque realista del pasado resulta muy útil para superar las
situaciones desagradables del presente. Quienes anhelan “los
viejos tiempos” quizá se olviden de que en el pasado también
abundaban los problemas y de que su vida nunca fue realmente
ideal. Es posible que algunas cosas del pasado fueran mejores,
pero lo más probable es que otras no lo fueran tanto. Como
observó Salomón, no es sabio vivir del pasado, pues
evidentemente no podemos recuperarlo.
¿Podría resultar peligroso mirar con nostalgia al pasado? En
cierto sentido sí, porque tal vez impida que nos adaptemos al
presente o que nos sintamos agradecidos por la época que nos
ha tocado vivir y por el futuro que nos aguarda.
En realidad, ahora vivimos en el mejor momento de la
historia, a pesar del aumento de los problemas mundiales. ¿Por
qué? Porque se acercan el cumplimiento del propósito de Dios
para la Tierra y las bendiciones de su pacífico Reino. La Biblia
promete: “[Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte
no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las
cosas anteriores han pasado” (Revelación [Apocalipsis] 21:4).
Cuando disfrutemos de condiciones tan buenas, nadie tendrá
razón alguna para añorar “los viejos tiempos”.
Eclesiastés 7:11-12
*** w02 1/12 pág. 32 Vivimos en el mejor momento de la
historia ***
Vivimos en el mejor momento de la historia
CUANDO le sobrevienen penalidades, ¿añora usted “los
viejos tiempos”? Si es así, fíjese lo que dijo el sabio rey
Salomón: “No digas: ‘¿Por qué ha sucedido que los días
anteriores resultaron ser mejores que estos?’, porque no se
debe a sabiduría el que hayas preguntado acerca de esto”
(Eclesiastés 7:10).
¿Por qué dio este consejo Salomón? Porque sabía que tener
un enfoque realista del pasado resulta muy útil para superar las
situaciones desagradables del presente. Quienes anhelan “los
viejos tiempos” quizá se olviden de que en el pasado también
abundaban los problemas y de que su vida nunca fue realmente
ideal. Es posible que algunas cosas del pasado fueran mejores,
pero lo más probable es que otras no lo fueran tanto. Como
observó Salomón, no es sabio vivir del pasado, pues
evidentemente no podemos recuperarlo.
¿Podría resultar peligroso mirar con nostalgia al pasado? En
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cierto sentido sí, porque tal vez impida que nos adaptemos al
presente o que nos sintamos agradecidos por la época que nos
ha tocado vivir y por el futuro que nos aguarda.
En realidad, ahora vivimos en el mejor momento de la
historia, a pesar del aumento de los problemas mundiales. ¿Por
qué? Porque se acercan el cumplimiento del propósito de Dios
para la Tierra y las bendiciones de su pacífico Reino. La Biblia
promete: “[Dios] limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte
no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las
cosas anteriores han pasado” (Revelación [Apocalipsis] 21:4).
Cuando disfrutemos de condiciones tan buenas, nadie tendrá
razón alguna para añorar “los viejos tiempos”.
Eclesiastés 7:13-14
*** w99 1/5 pág. 29 ¿Son “torcidos” los caminos de
Dios? ***
● “Ve la obra del Dios verdadero, pues ¿quién puede
enderezar lo que él ha torcido?” (Eclesiastés 7:13.)
En otras palabras, el rey Salomón se pregunta: “¿Quién
puede de entre la humanidad enderezar los defectos y las
imperfecciones que Dios permite?”. Nadie, pues hay una razón
por la que Jehová Dios deja que estas cosas sucedan.
Por lo tanto, Salomón aconseja: “En un día bueno demuestra
que estás en el bien, y en un día calamitoso ve que el Dios
verdadero ha hecho aun esto exactamente como aquello, a fin
de que la humanidad no descubra nada en absoluto después de
ella” (Eclesiastés 7:14). Debemos de agradecer el día en que
todo va bien y demostrar nuestro agradecimiento actuando con
bondad. Ese día hay que verlo como un regalo de Dios. Pero
¿qué ocurre si un día nos acontece una calamidad? Hacemos
bien en ‘ver’, es decir, reconocer que Dios ha permitido que
ocurra. ¿Por qué lo ha hecho? Salomón dice: “A fin de que la
humanidad no descubra nada en absoluto después de ella”.
¿Qué significa esto?
El que Dios consienta que tengamos tanto penas como
alegrías nos recuerda que no podemos prever lo que nos
deparará el futuro. La calamidad no hace distinciones, puede
acaecer a justos así como a injustos. Esto debe hacernos
recapacitar sobre la importancia de depender, no de nosotros
mismos, sino de Dios, recordando que “Dios es amor” (1 Juan
4:8). Aunque no entendamos ahora ciertos asuntos, podemos
estar seguros de que todo lo que Dios permita con el tiempo
redundará en el beneficio de todos los implicados.
Para el justo, cualquier daño que pueda sufrir ahora será
temporal. El apóstol Pedro dejó clara esta idea cuando
comentó con relación al sufrimiento que habrían de padecer
sus compañeros de creencia: “Después que ustedes hayan
sufrido por un poco de tiempo, el Dios de toda bondad
inmerecida, que los llamó a su gloria eterna en unión con
Cristo, terminará él mismo el entrenamiento de ustedes; él los
hará firmes, él los hará fuertes” (1 Pedro 5:10).
Eclesiastés 7:15
*** w77 1/12 pág. 731 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
dice: “A fin de que la humanidad no descubra nada en
absoluto después de ella.”
El hecho de que Dios nos permita enfrentarnos tanto a gozos
como a dificultades no solo nos suministra la oportunidad de
desarrollar aguante, sino que también, como señaló Salomón,
debe grabar en nosotros que no podemos saber exactamente
qué traerá el futuro. No hay excepciones; la calamidad puede
sobrevenirles tanto a los justos como a los inicuos. De hecho,
pudiera ser que personas justas estuvieran sufriendo, mientras
que hombres inicuos aparentemente estuvieran prosperando.
Salomón continuó: “Todo lo he visto yo durante mis días
vanos. Existe el justo que perece en su justicia, y existe el
inicuo que continúa largo tiempo en su maldad.”—Ecl. 7:15.
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
Esta situación, por supuesto, perturba a muchas personas.
Hasta se encolerizan con el Altísimo. Pero esto es algo que
debe evitarse. En cambio debemos confiar en Dios, recordando
que él es un Dios de amor. (1 Juan 4:8) Lo que él permite
nunca resultará en daño permanente para nadie. El hecho de
que tanto lo bueno como lo malo le puede venir a uno debe
hacernos comprender la importancia de no depender de
nosotros mismos, sino de Dios. Aunque quizás no entendamos
ciertas cosas ahora, podemos estar seguros de que, después de
haber llegado todo a su desenvolvimiento completo, lo que
Dios ha permitido habrá cumplido con un propósito
provechoso para todo el que ha estado envuelto en la situación.
El apóstol Pedro aclaró esto cuando comentó sobre el
sufrimiento que les sobrevenía a compañeros de creencia de él
en su tiempo: “Amados, no estén perplejos a causa del
incendio entre ustedes, que les está sucediendo para prueba,
como si algo extraño les sobreviniese. Al contrario, sigan
regocijándose por cuanto son partícipes de los sufrimientos del
Cristo, para que también durante la revelación de su gloria se
regocijen y se llenen de gran gozo. Si a ustedes los están
vituperando por el nombre de Cristo, son felices, porque el
espíritu de gloria, sí, el espíritu de Dios, descansa sobre
ustedes.” (1 Ped. 4:12-14) “Después que ustedes hayan sufrido
por un poco de tiempo, el Dios de toda bondad inmerecida, que
los llamó a su gloria eterna en unión con Cristo, terminará él
mismo el entrenamiento de ustedes, él los hará firmes, él los
hará fuertes.”—1 Ped. 5:10.
Eclesiastés 7:16-18
PREGUNTA 4 DEL REPASO DE LA ESCUELA
¿Cuál es el peligro de ser “justo en demasía”? (Ecl. 7:16.)
[w10 15/10 pág. 9 párrs. 8, 9.]
Otro riesgo que corremos se explica en Eclesiastés 7:16: “No
te hagas justo en demasía, ni te muestres excesivamente
sabio. .Por qué debes causarte desolación?”. El escritor de este
texto inspirado explica en el versículo 20 por qué debemos
evitar esa actitud: “No hay en la tierra hombre justo que siga
haciendo el bien y no peque”. Todo el que se hace “justo en
demasía” tiende a fijar sus propias normas de justicia y a
juzgar a los demás basándose en ellas. De lo que no se da
cuenta es de que en realidad está poniendo sus propias reglas
por encima de las normas divinas, por lo que termina
convirtiéndose en una persona injusta a la vista de Dios.
Quien es “justo en demasía” —o como dicen otras
traducciones bíblicas, “demasiado legalista” o “excesivamente
justo”— podría llegar a cuestionar la forma de actuar de
Jehová. No obstante, dudar de la justicia de sus decisiones
equivaldría a pensar que nuestro criterio es mejor que el suyo.
Sería como sentar a Dios en el banquillo de los acusados y
juzgarlo basándonos en lo que consideramos que es bueno o
malo. Pero .tenemos nosotros el derecho a establecer las
normas de justicia? Por supuesto que no! Eso solo le
corresponde a Jehová (Rom. 14:10).
*** yp2 cap. 27 pág. 228 ¿Por qué tengo que ser tan
perfeccionista? ***
La Biblia aconseja: “No te hagas justo en demasía, ni te
muestres excesivamente sabio. ¿Por qué debes causarte
desolación?” (Eclesiastés 7:16). Así es, el perfeccionista sufre
“desolación”, es decir, se perjudica a sí mismo. Con su actitud
aleja a los demás y pierde la oportunidad de tener buenas
amistades. “A nadie le gusta estar con personas que lo hagan
sentir mal —dice Amber—. Conozco a gente muy
perfeccionista que ha perdido buenos amigos por simples
tonterías.”
*** w77 15/12 pág. 757 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
Lo sabio de evitar los extremos
Puntos sobresalientes lectura bíblica
Es muy fácil para los seres humanos imperfectos perder el
equilibrio y ver cualesquier asuntos desde un punto de vista
extremado. Por lo tanto, el rey Salomón dio esta admonición:
“No te hagas justo en demasía, ni te muestres excesivamente
sabio. ¿Por qué debes causarte desolación? No seas inicuo en
demasía, ni te hagas tonto. ¿Por qué debes morir cuando no es
tu tiempo? Mejor es que eches la mano al uno, pero del otro
también no retires tu mano; porque el que teme a Dios saldrá
con todos ellos.”—Ecl. 7:16-18.
La persona que es justa en demasía se preocupa demasiado
por asuntos de poca importancia. Por ejemplo, da tremenda
importancia a cosas que son procedimientos o métodos
estrictamente humanos, asuntos que no se manifiestan en las
Escrituras. Cuando ve que alguien muestra una bondad, o
quizás obra con misericordia, quizás objete fundándose en que
se ha pasado por alto cierto “protocolo.” Es muy semejante a
los fariseos que no se regocijaron por el maravilloso alivio que
Jesucristo daba a los afligidos en el sábado, sino que se
enfurecieron y llegaron a la conclusión de que el Hijo de Dios
había violado la ley al ejecutar curaciones en aquel día. (Mar.
3:1-6; Luc. 14:1-6) Las personas que son justas en demasía
suelen no pensar en lo que sería misericordioso, amoroso o
ayudador hacer. Llevan las reglas hasta lo último. Cuando,
según ellas ven las cosas, se ha violado alguna regla, no toman
en consideración ninguna otra cosa.—Compare con Mateo
12:2-7; 23:23; Romanos 14:1-4, 10.
Eclesiastés 7:19
*** w06 1/11 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro de
Eclesiastés ***
7:19. ¿En qué sentido es más fuerte la sabiduría que
“diez hombres en poder”? La Biblia utiliza a veces el
número 10 como símbolo de plenitud. En este versículo
Salomón indica, por lo tanto, que la sabiduría protege mejor a
uno que el número pleno de los guerreros que guardan una
ciudad.
Eclesiastés 7:20
*** g78 22/3 pág. 4 La vida en casa puede ser gozosa ***
Importante cambio en punto de vista
El hacer que la vida en casa sea gozosa exige un cambio
fundamental de actitud de parte de todos los miembros de la
familia. La Biblia ayuda a la gente a lograr esto al declarar:
“Pues no hay hombre justo en la tierra que siga haciendo el
bien y no peque.” (Ecl. 7:20) ¡Sin duda eso es cierto! Así es
que el individuo consciente de sus imperfecciones heredadas
no debería insistir tercamente en hacer las cosas a su modo. En
vez de eso, debería tener el deseo de corregir los hábitos que
les son molestos a otros. Y la persona que reconoce sus propias
imperfecciones no debe esperar que otros manifiesten
perfección. En vez de ser un criticón crónico, esa persona
debería prestar atención a la admonición de Jesús:
“Dejen de juzgar para que ustedes no sean juzgados; . . .
¿Por qué, pues, miras la paja en el ojo de tu hermano, pero no
tomas en cuenta la viga en tu propio ojo? O, ¿cómo puedes
decir a tu hermano: ‘Permíteme extraer la paja de tu ojo’;
cuando ¡mira! hay una viga en tu propio ojo? ¡Hipócrita!
Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces verás
claramente cómo extraer la paja del ojo de tu hermano.”—Mat.
7:1-5.
El apóstol Pablo proveyó otro principio importante que
puede hacer que la vida en casa sea gozosa, al escribir: “Que
cada uno siga buscando, no su propia ventaja, sino la de la otra
persona.” No hagan “nada movidos por espíritu de
contradicción ni por egotismo, sino considerando con
humildad de mente que los demás son superiores a ustedes, no
vigilando con interés personal solo sus propios asuntos, sino
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 3
también con interés personal los de los demás.”—1 Cor. 10:24;
Fili. 2:3, 4.
Eclesiastés 7:21-29
*** g01 22/10 pág. 14 ¿Qué hay de malo en desquitarse?
Piensa en las palabras recogidas en Eclesiastés 7:21, 22:
“No des tu corazón a todas las palabras que hable la gente,
para que no oigas a tu siervo invocar el mal contra ti. Porque tu
propio corazón sabe bien, aun muchas veces, que tú, hasta tú,
has invocado el mal contra otros”. Desde luego, no es grato
aguantar los comentarios crueles de la gente, pero la Biblia
reconoce que, lamentablemente, son parte de la vida. ¿Nunca
has dicho cosas de otras personas que deberías haberte
callado? Entonces, ¿por qué hacer un drama de los
comentarios desagradables que alguien haga sobre ti? Muchas
veces, la mejor manera de afrontar las burlas es no
prestándoles atención.
*** w78 1/1 pág. 15 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
No se preocupe en demasía por lo que diga la gente
A veces uno se pregunta: ¿Qué dicen los demás de mí?
¿Realmente les agrado, o no? Cuando eso sucede, es necesario
ejercer precaución. El sabio aconsejó: “No des tu corazón a
todas las palabras que hable la gente, para que no oigas a tu
siervo invocar el mal contra ti. Porque tu propio corazón sabe
bien aun muchas veces que tú, tú mismo, has invocado el mal
contra otros.”—Ecl. 7:21, 22.
Es imprudente el preocuparse en demasía por lo que dice la
gente, tomar muy a pechos sus palabras. Los seres humanos
son imperfectos y por eso pueden decir a otros, acerca de
amigos y conocidos, ciertas cosas que de ninguna manera les
son halagüeñas. Salomón hizo notar que un siervo, que debería
serle leal a su amo, pudiera enfadarse e invocar el mal contra
él. Por eso uno simplemente no puede tomar en serio todo
comentario y permitir que le perturbe. Por otra parte, cuando
los comentarios son excepcionalmente favorables, esto puede
tener un mal efecto por alimentar el orgullo de uno.
En armonía con ello, cuando se trata de las palabras de la
gente, es bueno pensar en cuanto a nuestro propio hablar.
Como señaló Salomón, uno mismo quizás frecuentemente
haya dicho cosas malas acerca de otros, sin propósito
malicioso. Entonces, ¿por qué perturbarse y agitarse por lo que
otros digan por tomar demasiado en serio sus palabras? ¿Por
qué hasta tener indebida curiosidad por lo que se dice? Sea
favorable o desfavorable, lo que otros digan puede
desequilibrar a uno si uno lo toma demasiado en serio.
A pesar de su extensa investigación de los asuntos humanos,
Salomón se dio cuenta de que todavía no tenía dentro de su
alcance una comprensión completa. Declaró: “Todo esto lo he
puesto a prueba con sabiduría. Dije: ‘Ciertamente me haré
sabio.’ Pero estuvo lejos de mí.” (Ecl. 7:23) Los principios que
Salomón formuló como resultado de su extensa investigación
estaban probados. Él usó su sabiduría para evaluarlos y quedó
convencido de que eran correctos, buenos. Había llegado a
comprender la vanidad, la vacuidad, del modo de vivir
materialista que pasa por alto al Creador. Sin embargo,
Salomón se dio cuenta de que, en el sentido absoluto, estaba
lejos de la sabiduría. Esto era a pesar de que realmente había
querido conseguir perspicacia, como lo muestra claramente la
determinación que se expresa en las palabras: “Ciertamente me
haré sabio.” Hubo muchas cosas que Salomón, aunque
sobresalientemente dotado de sabiduría, no pudo sondear.
Continuó: “Lo que ha llegado a ser está muy lejos y es
sumamente profundo. ¿Quién puede descubrirlo?” (Ecl. 7:24)
Evidentemente Salomón hizo esta observación en cuanto a los
tratos, obras y propósitos de Dios.—Compare con Romanos
11:33, 34.
Página 4
La condición de la humanidad
Reconociendo la grandeza y complejidad de la obra de Dios,
Salomón de nuevo dirige su atención a los asuntos humanos.
Escribe: “Yo mismo me volví, aun mi corazón lo hizo, para
saber y para explorar y para buscar la sabiduría y la razón de
las cosas, y para saber acerca de la iniquidad de la estupidez y
la tontedad de la locura; y yo estaba descubriendo: Más
amarga que la muerte hallé a la mujer que es ella misma redes
para cazar y cuyo corazón es redes barrederas y cuyas manos
son grillos. Uno es bueno ante el Dios verdadero si escapa de
ella, pero uno está pecando si es capturado por ella.”—Ecl.
7:25, 26.
Note que la investigación cuidadosa, de todo corazón,
condujo a Salomón a singularizar a una mujer mala, una
prostituta, como una de las peores cosas con las cuales se
puede envolver un hombre. Él compara las seducciones de ella
a “redes barrederas” y “grillos.” El hombre que es entrampado
por tal mujer puede pasar por una experiencia más amarga que
la muerte; pudiera contraer una repugnante enfermedad
venérea o acarrear ruina a su familia si es casado. Más
importante todavía, el ceder a una prostituta puede poner en
peligro la relación de uno con Jehová Dios.
El que Salomón recalcara tan fuertemente las seducciones
de una mala mujer sugiere que posiblemente en aquel tiempo
era común una norma muy baja entre las mujeres. Esto quizás
se debía a la influencia extranjera y una inclinación hacia la
adoración de Baal, un culto relacionado con la fertilidad que
posteriormente fue patrocinado por Salomón en un esfuerzo
por agradar a sus esposas extranjeras. (1 Rey. 11:3-8) Estos
antecedentes pueden esclarecer lo que escribió enseguida
Salomón: “¡Ve! Esto he hallado, . . . una cosa tomada tras otra,
para descubrir el resumen, el cual ha buscado de continuo mi
alma, pero no he hallado. Un hombre entre mil he hallado,
pero una mujer entre todas éstas no he hallado.”—Ecl. 7:27,
28.
Salomón llegó a comprender que era difícil hallar a un
hombre recto. Pudiera ser que hubiera uno entre mil. Sin
embargo, fundándose en su propia experiencia con numerosas
esposas y concubinas y lo que había observado en cuanto a
otras mujeres, Salomón llegó a la conclusión de que la mujer
ideal era más rara todavía en aquel tiempo. Esto no quiere
decir que no hubiera mujeres excelentes, sino que, en conjunto,
las mujeres ejemplares eran pocas. Bendecido de veras era el
hombre que hubiera hallado una buena esposa. Aptamente dice
el libro de Proverbios: “Una esposa capaz, ¿quién la puede
hallar? Su valor es mucho más que el de los corales.” (Pro.
31:10) “¿Ha hallado uno una esposa buena? Uno ha hallado
una cosa buena.”—Pro. 18:22.
Sin embargo, el hecho de que fuera difícil hallar hombres y
mujeres rectos no se le puede achacar a Dios. Salomón
reconoció esto: “El Dios verdadero hizo a la humanidad recta,
pero ellos mismos han buscado muchos planes.” (Ecl. 7:29) En
vez de acatar las normas justas de Dios, en su mayor parte los
hombres y las mujeres han optado por seguir
voluntariosamente sus propios planes, proyectos, ardides o
caminos, para su propio daño.
Eclesiastés 8:1-7, 10
*** w78 15/1 pág. 5-6 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
LA SABIDURÍA puede tener un efecto saludable en el que
la posee. “¿Quién hay como el sabio?” escribió el rey
Salomón. “¿Y quién hay que conozca la interpretación de una
cosa? La sabiduría misma del hombre hace brillar su rostro, y
hasta la severidad de su rostro es cambiada a algo mejor.”—
Ecl. 8:1.
El hombre verdaderamente sabio es sobresaliente en la
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
sociedad humana, incomparable. Aparte de otro sabio, no hay
otro como él. Conoce la “interpretación de una cosa,” es decir,
posee la perspicacia necesaria para resolver problemas de la
vida que causan perplejidad.
Hasta el semblante del sabio es agradable. Su rostro irradia
un gozo y satisfacción interiores. Como resultado, un rostro
que, si otra cosa fuera lo cierto, parecería severo y repulsivo,
asume una expresión atrayente.
Cómo afrontar la gobernación humana imperfecta
Como rey, Salomón estaba en buena posición para dar
consejo en cuanto a cómo obrar con sabiduría para con los
gobernantes. Declaró: “Guarda la mismísima orden del rey, y
eso por consideración al juramento de Dios. No te des prisa,
para que salgas de delante de él. No te quedes plantado en una
cosa mala. Pues todo aquello que se deleite en hacer él lo hará,
porque la palabra del rey es el poder de control; y ¿quién
puede decirle: ‘¿Qué estás haciendo?’”—Ecl. 8:2-4.
En el Israel antiguo, pudiera ser que los ancianos que
representaban a la nación entraran en un pacto con el rey, en el
cual concordaran en permanecer leales al rey. Por ejemplo,
tocante a David leemos: “Todos los ancianos de Israel vinieron
al rey, a Hebrón, y el rey David celebró un pacto con ellos en
Hebrón delante de Jehová.” (2 Sam. 5:3) En armonía con ello,
la desobediencia al mandato del rey significaría infidelidad al
juramento de lealtad hecho delante de Jehová. Por otra parte, la
obediencia constituía respeto al Dios verdadero, en cuya
presencia se había hecho el pacto. De modo similar, por
respeto a Jehová, los cristianos verdaderos permanecen en
sumisión a los gobiernos de este mundo, al reconocer que éstos
existen por permiso de Dios.Rom.13:1, 2.
El consejo de Salomón en cuanto a no apresurarse a salir de
la presencia del rey se amplía en Eclesiastés 10:4: “Si el
espíritu de un gobernante se levantare contra ti, no dejes tu
propio lugar, porque la calma misma templa grandes pecados.”
Pudiera suceder que alguien en autoridad corrigiera a otra
persona. Esta pudiera resentirse por la corrección y estar presta
a renunciar a un puesto o hasta a cambiar de actitud para con el
gobernante. Sin embargo, Salomón recomienda evitar acción
apresurada en cuanto a cambiar lealtades o renunciar a un
puesto. Hoy se puede aplicar el mismo principio a la relación
entre patrono y empleado.
El sabio rey Salomón aconseja además contra el ‘quedarse
plantado en una cosa mala,’ es decir, contra el envolverse en
algo que el gobernante considere malo. En virtud de la
autoridad del rey, su palabra lleva mucho más peso que la
palabra de cualquiera de sus súbditos. Su voz es la que
controla; tiene autoridad indisputable. Por eso nadie puede
decirle en desafío: “¿Qué estás haciendo?”
La persona que sigue siendo observante de la ley no debería
de tener nada que temer del gobernante. Salomón comenta: “El
que está guardando el mandamiento no conocerá ninguna cosa
calamitosa.” (Ecl. 8:5) El súbdito obediente no sufre una “cosa
calamitosa” que venga como castigo por haber violado la ley
del rey. El consejo del sabio paralela con las palabras del
apóstol Pablo: “El que se opone a la autoridad se ha puesto en
contra del arreglo de Dios; los que se han puesto en su contra
recibirán juicio para sí mismos. Porque los que gobiernan no
son objeto de temor para el hecho bueno, sino para el malo.
¿Quieres, pues, no temer a la autoridad? Sigue haciendo el
bien, y tendrás alabanza de ella.”—Rom. 13:2, 3.
Pero ¿qué hay si el gobernante es injusto? Evidentemente en
alusión a una situación de esta índole, continuó Salomón: “El
corazón sabio conocerá tanto el tiempo como el juicio. Pues
existe un tiempo y juicio aun para todo asunto, porque la
calamidad de la humanidad es abundante sobre ella. Pues no
Puntos sobresalientes lectura bíblica
hay quien sepa lo que llegará a ser, porque ¿quién puede
informarle justamente cómo llegará a ser?”—Ecl. 8:5-7.
La persona sabia no se levanta en revuelta. Porque tiene un
corazón impelido por la sabiduría, se da cuenta de que hay un
tiempo apropiado para entrar en acción y una manera
apropiada de aguantar a un gobernante opresivo. La rebelión
abierta significaría buscar el desastre. El buen juicio, por otra
parte, impide que la persona obre en un tiempo inoportuno.
(Sal. 37:1-7) Para “todo asunto” hay un tiempo y juicio o
manera de tratar apropiados. De modo que uno simplemente
está buscando dificultades si hace caso omiso de este hecho y
obra apresuradamente. Los seres humanos imperfectos ya
tienen suficientes problemas sin que tengan que aumentarlos
por obrar imprudentemente, pasando por alto el hecho de que
“existe un tiempo y juicio aun para todo asunto.” Además,
nadie puede estar seguro de lo que encierra el futuro. Hasta los
hombres que están en autoridad mueren. El tener presente este
hecho puede ayudar a uno a aguantar una situación difícil. El
gobierno del tirano no puede continuar indefinidamente. Todo
en este sistema imperfecto tiene su fin.
Examen cabal del opresivo regir humano
Las conclusiones a las que llegó Salomón en cuanto al regir
opresivo por el hombre se fundaron en observación cuidadosa.
Él dio consideración sincera a todo el alcance de tal regir
humano y el efecto de éste en la gente. Por esta razón pudo
decir: “Todo esto he visto, y hubo una aplicación de mi
corazón a toda obra que se ha hecho bajo el sol, durante el
tiempo que el hombre ha dominado al hombre para perjuicio
suyo.”—Ecl. 8:9.
Sin embargo, los gobernantes tiránicos no pueden hacer que
su dominación continúe indefinidamente. Continuó Salomón:
“Aunque esto es así [el que el hombre domine al hombre para
perjuicio suyo], he visto a los inicuos siendo enterrados, cómo
entraron y cómo se iban del mismísimo lugar santo y eran
olvidados en la ciudad donde actuaron de aquella manera. Esto
también es vanidad.” (Ecl. 8:10) Mientras vivieran, los inicuos
entrarían y saldrían del lugar santo, el cual, en el día de
Salomón, era la ciudad santa de Jerusalén con su templo de
Jehová. (Mat. 24:15) Allí no debieron haber practicado la
iniquidad. Cuando se les entierra se van de él por última vez. A
pesar de la posición ensalzada de los inicuos, morirían, se les
enterraría y, en la ciudad en que habían estado activos, pronto
se desvanecerían de la memoria de los vivos. Así su vida como
gobernantes tiránicos resultaría haber sido vana, vacía.
Eclesiastés 8:8
*** it-1 págs. 1062-1063 Guerra ***
Salomón escribió en Eclesiastés 8:8: “No hay hombre que
tenga poder sobre el espíritu para restringir el espíritu; [...] ni
hay licencia alguna en la guerra”. En el día de su muerte una
persona no puede retener el espíritu o fuerza de vida e impedir
que regrese a Dios, su Dador y Fuerza, para así vivir más
tiempo. La humanidad moribunda no puede evitar que la
muerte le alcance. Tampoco puede librarse, mediante esfuerzos
humanos, de la guerra que su enemigo la Muerte libra contra
ella sin hacer excepciones. El hombre pecaminoso no puede
hacer que otro hombre como él le sustituya en la muerte y de
esta manera librarse de ella. (Sl 49:6-9.) La única liberación
posible se debe a la bondad amorosa de Jehová por la
mediación de su hijo Jesucristo. “Así como el pecado reinó con
la muerte, así mismo también la bondad inmerecida reinara
mediante la justicia con vida eterna en mira mediante
Jesucristo nuestro Señor.” (Ro 5:21.)
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 5
Eclesiastés 8:9
*** w02 1/1 págs. 4-5 ¿Será posible lograr una sociedad
sin clases? ***
Hasta la fecha, su ideal de sociedad no se ha materializado,
ya que aún imperan la desigualdad y las diferencias de clase.
¿Le han reportado algún bien a la sociedad estas divisiones?
No. El clasismo separa a las personas y produce envidias, odio,
dolor y grave derramamiento de sangre. El antiguo concepto
de la supremacía blanca que se tenía en África, Australia y
América del Norte ocasionó sufrimiento a otras razas, como lo
demuestra el completo genocidio de los aborígenes de la tierra
de Van Diemen (la actual Tasmania). En Europa, el hecho de
catalogar a los judíos como inferiores dio paso al Holocausto.
La opulencia de la aristocracia y la insatisfacción de las clases
baja y media contribuyeron al estallido de la Revolución
francesa (siglo XVIII) y de la Revolución bolchevique, en
Rusia (siglo XX).
Un sabio de la antigüedad escribió: “El hombre ha
dominado al hombre para perjuicio suyo” (Eclesiastés 8:9).
Sus palabras son válidas, ejerzan la dominación personas
individuales o grupos sociales. Cuando una clase se eleva
sobre otra, es inevitable que cundan la angustia y el
sufrimiento.
Eclesiastés 8:11
*** tp cap. 12 pág. 135 párrs. 14-15 El respeto a la
autoridad es esencial para vivir en paz ***
14 A veces alguien pudiera pensar que podría pasar por alto a
la autoridad y hacer sólo lo que quisiera porque no sería
probable que lo prendieran y lo castigaran. Pero hay grave
peligro en eso. Aunque al principio la desatención a la ley
pudiera tener que ver con asuntos de poca importancia, el que
la persona implicada no recibiera castigo pudiera
envalentonarla a cometer mayor desafuero. Como declara
Eclesiastés 8:11: “Por cuanto la sentencia contra una obra mala
no se ha ejecutado velozmente, por eso el corazón de los hijos
de los hombres ha quedado plenamente resuelto en ellos a
hacer lo malo”. Pero ¿es la verdadera razón para obedecer la
ley simplemente el temor de recibir castigo por desobedecer?
Para un cristiano, debe haber un incentivo mucho más
vigoroso. El apóstol Pablo lo llamó una “razón apremiante”...
el deseo de tener una conciencia limpia. (Romanos 13:5.) La
persona cuya conciencia ha sido educada por los principios
bíblicos sabe que, si siguiera un proceder de desafuero, estaría
poniéndose “en contra del arreglo de Dios”. Sea que otros
hombres sepan lo que estemos haciendo o no, Dios lo sabe, y
nuestras perspectivas de vida futura dependen de él. (1 Pedro
2:12-17.)
15 Lo mismo es cierto respecto a la actitud de un joven para
con su maestro en la escuela, y la actitud de un adulto para con
su patrono seglar. El hecho de que alrededor de nosotros
muchas otras personas hagan cosas malas no debería ser el
factor determinante. El que el maestro o el patrono supiera o
no lo que hiciéramos no debería tener importancia alguna en
esto. La cuestión es: ¿Qué es lo correcto? ¿Qué le agrada a
Dios? De nuevo: si lo que se nos pide que hagamos no está en
conflicto con la ley de Dios o Sus principios justos,
cooperamos.
Eclesiastés 8:12-13
*** w97 15/2 págs. 17-18 párrs. 17-18 “Todo el deber del
hombre” ***
17 Aunque algunas religiones enseñan que hay un más allá,
mucha gente cree que esta vida es en realidad la única que
tiene segura. Es posible que la haya visto reaccionar como
describió Salomón: “Por cuanto la sentencia contra una obra
mala no se ha ejecutado velozmente, por eso el corazón de los
Página 6
hijos de los hombres ha quedado plenamente resuelto en ellos
a hacer lo malo”. (Eclesiastés 8:11.) Aun aquellos que no se
sumen en la maldad demuestran que su principal preocupación
es únicamente el presente. Esta es una razón por la que el
dinero, las posesiones, el prestigio, el poder sobre el semejante,
la familia u otros intereses similares adquieren una importancia
exagerada para ellos. Sin embargo, Salomón no terminó ahí su
razonamiento. Añadió: “Aunque un pecador esté haciendo lo
malo cien veces y continuando largo tiempo según le plazca,
sin embargo también me doy cuenta de que les resultará bien a
los que temen al Dios verdadero, porque le han tenido temor.
Pero de ninguna manera le resultará bien al inicuo, ni
prolongará sus días, que son como una sombra, porque no le
tiene temor a Dios”. (Eclesiastés 8:12, 13.) Salomón estaba
convencido, sin duda, de que nos resultaría bien si ‘temíamos
al Dios verdadero’. ¿En qué sentido nos iría bien? Hallamos la
respuesta en el paralelo que traza a continuación. Jehová puede
‘prolongar nuestros días’.
18 En particular los que aún son relativamente jóvenes
deberían reflexionar sobre el hecho absolutamente confiable de
que les resultará bien si temen a Dios. Como es posible que
haya observado, el corredor más rápido puede tropezar y
perder la carrera. El ejército poderoso puede sufrir una derrota.
El empresario prudente puede acabar en la pobreza. Y muchas
otras incertidumbres hacen que la vida sea bastante
impredecible. Pero puede tener la absoluta certeza de lo
siguiente: el proceder más sensato y seguro es disfrutar de la
vida haciendo el bien dentro del marco de las leyes morales de
Dios en armonía con Su voluntad. (Eclesiastés 9:11.) Este
proceder implica aprender lo que es la voluntad de Dios según
la Biblia, dedicar la vida a él y bautizarse como cristiano.
(Mateo 28:19, 20.)
Eclesiastés 8:14
*** w78 1/2 pág. 29 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
Los que se apresuran a ofenderse y alimentan rencores “en
el seno” dan evidencia de ser altivos. Los individuos que se
preocupan por lo que está saliendo mal en su vida no obtienen
felicidad de las cosas que están saliendo bien. Según Dios
evalúa las cosas, son “estúpidos.” Por otra parte, la persona
humilde es paciente. Se restringe de sentirse ofendida y de
hacerse una persona cínica y amargada. Rehúsa dejar que las
circunstancias adversas la venzan. Las personas que ejercen
ese dominio de sí mismas suelen descubrir que “el fin de un
asunto posteriormente” trae un cambio inesperado hacia una
mejor situación.
Para encararse con éxito a las cosas que no son como deben
ser es necesario escuchar el consejo bíblico acerca de qué no
hacer. Consideremos dos ejemplos importantes.
Usted probablemente sabe de personas que pasan mucho
tiempo tratando de descubrir una regla o fórmula para
determinar por qué las cosas suceden como suceden en este
mundo. Algunas formas de adivinación (por ejemplo, la
astrología) se han hecho muy populares debido a que
supuestamente pueden mostrar que los acontecimientos que
tienen lugar en la Tierra suceden según un patrón fijado de
antemano que puede ser descubierto por los seres humanos.
Pero las Escrituras muestran que todos esos esfuerzos son
sencillamente una pérdida de tiempo. Leemos: “Cuanto más
apliqué mi corazón a estudiar la sabiduría y a contemplar el
ajetreo que se da sobre la tierra —pues ni de día ni de noche
concilian los ojos el sueño— fui viendo que el ser humano no
puede descubrir todas las obras de Dios, las obras que se
realizan bajo el sol. Por más que se afane el hombre en buscar,
nada descubre, y el mismo sabio, aunque diga saberlo, no es
capaz de descubrirlo.”—Ecl. 8:16, 17, Biblia de Jerusalén.
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
El escritor bíblico dice que las cosas que suceden en la
Tierra son “obras de Dios,” pero no en el sentido de que Dios
cause estas cosas. Más bien, estas cosas son como ‘obra de
Dios’ en el sentido de que existen porque Dios las permite y se
deben en gran medida a causas que no pueden ser controladas
ni previstas por la humanidad. La Biblia muestra claramente
que todo esfuerzo por “buscar,” o discernir, algún patrón o
modelo general de acontecimientos fácil de predecir con
relación a la humanidad y el comportamiento humano no
puede menos que terminar en fracaso.
Eclesiastés 8:15
*** w96 1/10 pág. 14 párrs. 1-2 La hospitalidad cristiana
en un mundo dividido ***
“LA HUMANIDAD no tiene nada mejor bajo el sol que
comer y beber y regocijarse, y que esto los acompañe en su
duro trabajo durante los días de su vida, que el Dios verdadero
les ha dado bajo el sol.” (Eclesiastés 8:15.) Con estas palabras,
el antiguo congregador hebreo nos dice que Jehová Dios no
solo desea que su creación humana disfrute y sea feliz, sino
que, además, le concede los medios para conseguirlo. A lo
largo de la historia, la humanidad parece haber tenido el deseo
de gozar y divertirse.
2 Hoy vivimos en una sociedad hedonista, en la que los
hombres buscan con afán el placer y la diversión. La mayoría
son “amadores de sí mismos, [...] amadores de placeres más
bien que amadores de Dios”, como predijo la Biblia. (2
Timoteo 3:1-4.) Esto, desde luego, es una burda tergiversación
de lo que Jehová Dios se proponía. Cuando la búsqueda del
placer se constituye en un fin, o cuando el único objetivo es la
autocomplacencia, no hay verdadera satisfacción y ‘todo es
vanidad y un esforzarse tras viento’. (Eclesiastés 1:14; 2:11.)
De ahí que el mundo esté lleno de individuos solitarios y
fracasados, lo que, a su vez, origina muchos de los problemas
que afectan a la sociedad. (Proverbios 18:1.) La gente se
vuelve recelosa y se suscitan divisiones raciales, étnicas,
sociales y económicas.
Eclesiastés 8:16-17
*** w06 1/11 pág. 16 Puntos sobresalientes del libro de
Eclesiastés ***
8:16, 17. Es imposible comprender a la perfección cada una
de las cosas que Dios ha hecho o que ha permitido que ocurra
en el mundo. No lo lograríamos aunque nos desveláramos
pensando. Lo único que conseguiríamos preocupándonos por
todas las injusticias que se han cometido sería perder la alegría
de vivir.
Eclesiastés 9:1-12
*** w87 15/9 pág. 25 “Teme al Dios verdadero y guarda
sus mandamientos” ***
♦ 9:1.—¿Cómo están en la mano de Dios las obras de los
justos?
Aunque la calamidad ataca a los sabios y a los justos, esto
sucede únicamente por permiso de Dios, y él nunca los
abandonará. Por la “mano” o poder aplicado de Dios los justos
pueden ser librados de una prueba, o recibir fortaleza para
aguantarla. (1 Corintios 10:13.) El recordar esto puede
consolar al siervo de Jehová cuando se encuentra en
dificultades.
*** w78 15/3 pág. 14-15¿Qué quiso decir el sabio? ***
Por otra parte, la declaración del sabio en Eclesiastés 9:1 se
pudiera explicar como sigue: Entre los seres humanos
imperfectos las emociones del amor y el odio con frecuencia se
expresan sin ton ni son. De modo que los seres humanos
carecen de conocimiento, entendimiento o comprensión del
motivo de todo el amor y todo el odio que se hubiesen
expresado antes de ellos. Comprendidas así, las palabras de
Puntos sobresalientes lectura bíblica
Salomón enlazarían con su siguiente consideración de las
incertidumbres de la vida y lo imposible de prever cuándo la
muerte le puede poner fin a todo. El amor y el odio pueden ser
exactamente igual de ciegos e incomprensibles.
En virtud de estar en un mundo imperfecto y pecaminoso,
los seres humanos, justos o inicuos, pueden experimentar tanto
lo bueno como lo malo, amor y odio. Jehová Dios permite que
tanto justos como inicuos disfruten del alimento y la bebida así
como de sus otras provisiones generosas para sustentar la vida.
(Mat. 5:45; Hech. 14:16, 17) Además, cuando se trata de morir,
no hay ninguna distinción. Continuó Salomón: “Todos son lo
mismo en lo que tienen todos. Un mismo suceso resultante hay
para el justo y el inicuo, el bueno y el limpio y el inmundo, y el
que sacrifica y el que no sacrifica. El bueno es lo mismo que el
pecador; el que jura [leve o irreflexivamente] es lo mismo que
cualquiera que ha temido un juramento.”—Ecl. 9:2.
Puesto que exteriormente quizás parezca que no hay
diferencia entre lo que le acontece al justo y al inicuo durante
su vida, y especialmente puesto que todos acaban en la muerte,
pudiera parecer que no hay verdadera ventaja en llevar una
vida recta, con temor de Dios. Salomón señaló esto como una
razón para el mal proceder que persiste entre la humanidad, al
decir: “Esto es lo calamitoso en todo cuanto se ha hecho bajo
el sol, que, porque hay un mismo suceso resultante para todos,
el corazón de los hijos de los hombres también está lleno de lo
malo.”—Ecl. 9:3.
Pero ¿les beneficia el que se entreguen al desafuero? No,
pues el sabio declara: “Hay locura en su corazón durante su
vida, y después de eso... ¡a los muertos!” (Ecl. 9:3) Mientras
están vivos, obran como si estuvieran fuera de sí; siguen sus
deseos e inclinaciones incorrectos sin restricción alguna.
Finalmente, su vida de francachela y concupiscencia termina
abruptamente en la muerte. Entonces, ¿cuál es el derrotero
verdaderamente sabio?
Disfrute de su vida de manera sana
Uno debe apreciar su vida y usarla bien. Escribió Salomón:
“Pues respecto a cualquiera que está unido a todos los
vivientes existe confianza, porque un perro vivo está en mejor
situación que un león muerto. Porque los vivos están
conscientes de que morirán [un pensamiento que comunica
equilibrio y seriedad y que debería moverlos a utilizar su vida
de manera beneficiosa]; pero en cuanto a los muertos, ellos no
están conscientes de nada en absoluto, ni tienen ya más salario,
porque el recuerdo de ellos se ha olvidado. También, su amor y
su odio y sus celos ya han perecido, y no tienen ya más
porción hasta tiempo indefinido en cosa alguna que tenga que
hacerse bajo el sol.”—Ecl. 9:4-6.
Solo cuando uno está vivo puede haber alguna confianza,
alguna esperanza. Entonces es el tiempo en el cual edificar un
buen nombre con el Creador. Mientras haya vida, hay
esperanza de que haya mejoramiento, aun en el caso del
individuo que obra con desafuero. Cuando llega la muerte es
demasiado tarde. Por lo tanto, el perro vivo, aunque
despreciado, está en mejores circunstancias que la bestia regia,
un león, muerta. Los vivos todavía pueden efectuar cosas, pero
los muertos no participan en ninguna actividad ni en las
emociones del amor, el odio y los celos que constituyen gran
parte de la existencia terrestre del hombre.
Por lo tanto, debemos disfrutar de las obras de nuestras
manos como personas que tememos a Dios. Salomón
amonesta: “Ve, come tu alimento con regocijo y bebe tu vino
con buen corazón, porque ya el Dios verdadero se ha
complacido en tus obras. En toda ocasión resulten blancas tus
prendas de vestir [resplandecientes y limpias, reflejando, no
duelo ni lobreguez, sino gozo], y no falte el aceite [que
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 7
igualmente representa el gozo, pues el aceite es refrescante,]
sobre tu cabeza. Ve la vida con la esposa que amas todos los
días de tu vida vana que Él te ha dado bajo el sol, todos los
días de tu vanidad, porque ésa es tu porción en la vida en tu
duro trabajo con que estás trabajando duro bajo el sol. Todo lo
que tu mano halle que hacer, hazlo con tu mismísimo poder,
porque no hay trabajo ni formación de proyectos ni
conocimiento ni sabiduría en el Seol, el lugar adonde estás
yendo.”—Ecl. 9:7-10.
El disfrutar sanamente de la vida, incluso del alimento y la
bebida, es correcto, apropiado. Es don de Dios y, por lo tanto,
tiene su aprobación. Evidentemente eso es lo que Salomón
quiso decir cuando tras el estímulo que dio en cuanto a
deleitarse en el alimento y la bebida puso las palabras: “porque
ya el Dios verdadero se ha complacido en tus obras.” Sí, el
Altísimo no quiere que llevemos una vida austera, y nos
privemos de todo gozo. Puesto que él es un Dios feliz, quiere
que la gente sea feliz en el vivir cotidiano, incluso en su vida
conyugal. (Hech. 14:17) Esto, por supuesto, no es abogar por
una vida en la cual falte la sobriedad y simplemente se busque
el placer. Salomón estimuló el trabajo, aprovechar las
oportunidades de ejercitar las manos en hacer lo bueno antes
de que uno quede totalmente incapacitado por la muerte y
acabe en el Seol, el sepulcro.
En este mundo, pues, el proceder más sabio es disfrutar de
la vida mientras se pueda, haciéndolo dentro de los límites de
las leyes morales de Dios. Muy rápidamente la muerte puede
reducirlo todo a nada, porque muy a menudo sucede lo
inesperado. El corredor más rápido puede tropezar y perder la
carrera. Un ejército poderoso puede ser derrotado por fuerzas
inferiores. El sabio quizás no pueda conseguir buen trabajo y
por eso padezca hambre. Gente que tenga excelente
entendimiento de administración comercial pudiera verse
imposibilitada, por las circunstancias, de poner a trabajar su
entendimiento, y así encontrarse en pobreza. Puede ser que
personas informadas incurran en la ira de los que estén en
autoridad y caigan en disfavor. Esto es algo que notó de paso el
rey Salomón, pero, después de reconsiderarlo más
cuidadosamente, escribió: “Me volví para ver bajo el sol que
no tienen los veloces la carrera, ni los poderosos la batalla, ni
tampoco tienen los sabios el alimento, ni tampoco tienen los
entendidos las riquezas, ni aun los que tienen conocimiento
tienen el favor; porque el tiempo y el suceso imprevisto les
acaecen a todos. Porque tampoco conoce el hombre su tiempo
[pues la muerte puede venir inesperadamente]. Justamente
como peces que se cogen en una mala red, y como pájaros que
se cogen en una trampa, así son cogidos en lazo los hijos de los
hombres en un tiempo calamitoso, cuando cae sobre ellos de
repente.”—Ecl. 9:11, 12.
De modo que, así como los peces pueden ser atrapados
inesperadamente en una red y los pájaros en una trampa, la
muerte puede alcanzar de repente a los seres humanos, sin
aviso. ¡Qué vigorosa lección dio Salomón acerca de disfrutar
sana y remuneradoramente de la vida y sus beneficios y
oportunidades verdaderos mientras uno puede!
PREGUNTA 3 DEL REPASO DE LA ESCUELA
Algunas personas creen que las palabras de Salomon
registradas en Eclesiastés 3:1-9 inducen a creer en el destino.
¿Cómo aclara Eclesiastes 9:11 que el destino no determina
todo lo que ocurre? [w09 1/3 pág. 4 párr. 4.]
“Porque el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen a
todos.” (Eclesiastés 9:11.)
Como vemos, Salomón no pudo haber indicado que nuestra
vida ya está predeterminada, pues afirmó que “el tiempo y el
suceso imprevisto les acaecen a todos”. En efecto, los seres
Página 8
humanos somos incapaces de predecir con exactitud qué va a
ocurrirnos. La realidad es que a veces las cosas suceden
simplemente porque estamos en el lugar menos indicado en el
momento más inoportuno.
Eclesiastés 9:13-18
*** w78 1/4 pág. 18 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
No siempre se aprecia la sabiduría
En este mundo, frecuentemente las cosas que suceden son
muy diferentes de lo que uno esperaría. Como notó el rey
Salomón: ‘Los sabios pudieran hallarse sin alimento y los que
tienen conocimiento pudieran encontrarse en disfavor.’ (Ecl.
9:11) Una razón para esto es que los hombres suelen juzgar por
la apariencia exterior en vez de por la realidad plena.
El sabio rey Salomón suministró una notable ilustración de
esto, una que le pareció “grande.” Leemos: “También esto vi
respecto a la sabiduría bajo el sol... y me pareció grande [“para
mí fue una gran lección,” Nueva Biblia Española]: Había una
ciudad pequeña[un lugar muy insignificante], y los hombres en
ella eran pocos [por lo tanto, con pocas fuerzas para su
defensa]; y vino a ella un gran rey, y la cercó y edificó contra
ella grandes fortalezas. Y fue hallado en ella un hombre,
necesitado pero sabio, y ése le proveyó escape a la ciudad por
su sabiduría. Pero ningún hombre se acordó de aquel hombre
necesitado.” (Ecl. 9:13-15) Si no hubiera sido por aquel sabio
necesitado, la ciudad habría caído en las manos del “gran rey.”
Resultó que la sabiduría de aquel pobre triunfó de las obras de
sitio y los hombres combatientes del rey. Sin embargo, la
gente, en vez de sentirse endeudada con el hombre necesitado,
se olvidó completamente de él después que hubo pasado el
peligro.
Salomón sacó la siguiente conclusión de esto: “Mejor es la
sabiduría que el poderío; sin embargo la sabiduría del
necesitado es despreciada, y sus palabras no son escuchadas.”
(Ecl. 9:16) Sí, cuando un hombre no ocupa una posición
elevada o no tiene prominencia, con frecuencia se pasan por
alto sus palabras. Se les atribuye poco peso. A veces, quizás
como último recurso, se obre en armonía con las palabras
sabias del necesitado, pero una vez que ha pasado la crisis no
se le otorga ningún honor.—Compare con 1 Corintios 1:26, 27;
2:8-11.
No obstante, la sabiduría es de gran valor y no hay duda de
que no siempre se desatiende solo porque venga de una fuente
modesta. Continuó Salomón: “Las palabras de los sabios en
quietud se oyen más que el clamor de uno que gobierna entre
gente estúpida. Mejor es la sabiduría que los útiles para pelear,
y meramente un solo pecador puede destruir mucho bien.”—
Ecl. 9:17, 18.
Como indicó aquí el sabio, es mucho mejor y más lógico
escuchar las expresiones calmadas, decorosas, de las personas
sabias, prescindiendo de lo humildes que sean, que los gritos
de un gobernante que saca su apoyo popular de súbditos que
demuestran, en sus sendas y acciones, un punto de vista
estúpido en cuanto a la vida. Como se ilustró en el caso del
sabio necesitado, se puede obtener mucho mayor beneficio de
la sabiduría que del equipo de pelear. Sin embargo, un solo
pecador o tonto puede causar dificultad incalculable. Por su
razonamiento incorrecto, quizás expresado en alta voz, o por
sus malos actos, puede frustrar el mejor plan, arruinar la
reputación de una comunidad o malgastar energías y recursos.
(Compare con 3 Juan 9-11.) Verdaderamente, debe preferirse la
sabiduría hasta cuando los hombres no aprecien a los que la
posean.
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
Eclesiastés 10:1-11
*** w06 1/11 pág. 16 Puntos sobresalientes del libro de
Eclesiastés ***
10:1. Hay que tener cuidado con nuestra forma de actuar y
hablar. Basta con un único desliz, como una reacción furiosa,
un exceso con el alcohol o una acción contraria a la castidad,
para echar a perder el respeto y el buen nombre de que
gozábamos.
*** w06 1/11 pág. 15 Puntos sobresalientes del libro de
Eclesiastés ***
10:2. ¿Qué quiere decir que el corazón de una persona
esté “a su diestra” o “a su siniestra”? La derecha suele
referirse a la posición de favor. Figurativamente, si el corazón
está a la diestra, inclina a la persona a obrar bien, y si está a la
siniestra, a actuar mal.
*** w78 1/5 pág. 28-29 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
Hasta un poco de tontedad puede ser perjudicial
Tan solo un acto de tontedad puede bastar para manchar la
reputación de un hombre. Escribió el sabio rey Salomón: “Las
moscas muertas son lo que hace que el aceite del ungüentario
apeste, borbotee. Así le hace un poco de tontedad al que es
precioso por sabiduría y gloria.” (Ecl. 10:1) Un buen nombre o
reputación se puede comparar con un aceite fragante que puede
ser fácilmente arruinado por algo tan insignificante como unas
moscas muertas. La putrefacción de estos insectos hace que el
aceite apeste y fermente, que “borbotee.” De manera parecida,
un hombre puede perder la buena reputación de persona sabia
y honorable por alguna indiscreción, “un poco de tontedad.”
Esto se debe a que la gente espera mucho más del que es
afamado por su sabiduría. Por lo tanto, tiene que tener mucho
cuidado en lo que se refiere a su habla y acciones. Cosas como
un solo estallido violento de ira, un solo grave tropiezo por el
uso inmoderado de las bebidas alcohólicas o un solo acto
incasto con una persona del sexo opuesto pueden manchar su
excelente reputación.
Dónde debe estar el corazón
Para no sucumbir a la tontedad, uno necesita un corazón que
tenga la motivación correcta. El sabio hizo notar lo siguiente:
“El corazón del sabio está a su diestra, pero el corazón del
estúpido a su siniestra. Y también por cualquier camino en que
esté andando el tonto, le falta su propio corazón, y ciertamente
le dice a todo el mundo que es tonto.”—Ecl. 10:2, 3.
En el uso bíblico, la “diestra” a menudo representa una
posición favorable. (Compare con Mateo 25:33.) El que el
corazón del sabio esté a su diestra, por lo tanto, indicaría que
su corazón lo inclina a un derrotero bueno, favorable. El
estúpido, sin embargo, recibe impulso hacia una senda
incorrecta, pues su corazón está a su “siniestra.” Este se
asemeja mucho a la persona que es derecha y que, al verse
imposibilitada de usar su diestra, pudiera desplegar desmaño
con su mano izquierda y no poder hacer bien lo que tiene que
hacer. Por carecer de buen motivo, de “corazón” a su diestra, al
tonto se le reconoce fácilmente por lo que es. Es como si
estuviese ‘diciendo a todo el mundo que él es tonto.’ Por no
querer corrección y consejo, esa persona también se apresura a
llamar ‘tontos’ a los que tratan de ayudarla.
Un grave error
Cuando un gobernante comete un grave error al escoger
hombres para puestos encumbrados, se efectúa mucho daño.
Para el sabio rey Salomón un error de esa índole merecía
llamarse una calamidad. Escribió: “Existe algo calamitoso que
he visto bajo el sol, como cuando sale una equivocación a
causa del que está en poder: La tontedad ha sido colocada en
muchos puestos encumbrados, pero los ricos [“nobles y ricos,”
Nueva Biblia Española] mismos siguen morando meramente
Puntos sobresalientes lectura bíblica
en una condición baja. He visto a siervos a caballo pero a
príncipes andando en la tierra justamente como siervos.”—Ecl.
10:5-7.
Salomón llama “ricos” a los que califican para el puesto
encumbrado. No debemos entender que esto significa que él
favorecía una plutocracia, gobernación exclusiva por los
acaudalados. Está claro que Salomón estaba pensando en las
personas que usan de buen juicio y administran bien sus
asuntos. Esos hombres sin duda indican mayor aptitud para
gobernar que los que han malgastado o administrado mal sus
recursos.
Debido a mal juicio por parte del que está en autoridad,
quizás no se conceda a los príncipes o nobles la dignidad que
merecen y se les trate como esclavos. Sin embargo, es posible
que hombres mucho menos calificados, simples siervos,
terminan montando caballos como la nobleza. Esta situación
dificulta los asuntos para los súbditos que se ven obligados a
someterse a funcionarios que en realidad no están capacitados.
Ciertamente las palabras de Salomón remachan la importancia
de escoger a personas calificadas para atender trabajo vital.
No se debe envidiar a las personas incapaces que
obtienen un puesto
Es posible que al principio no se reconozca la
incompetencia. Ciertos hombres pueden impresionar a otros
con lo que parece discernimiento profundo. Pudiera suceder
que se les seleccionara para manejar responsabilidades,
mientras se pasara por alto a hombres que tuvieran verdadera
sabiduría. Cuando hay personas no calificadas en un puesto de
confianza, otros pudieran inclinarse a envidiarlas. Pero, en
realidad, no se ha de envidiar a las personas incompetentes.
Están en peligro constante de perder lo que han alcanzado.
Porque carecen de la sabiduría que se necesita, con el tiempo
puede quedar demostrado a las claras lo que son y pueden
sufrir una terrible y estrepitosa caída en la cual sufran daño e
ignominia.
Es patente que Salomón estaba ilustrando que hay peligros
inherentes en la incompetencia cuando señaló otras cosas que
están llenas de peligro. Escribió: “El que está cavando un hoyo
caerá él mismo directamente en él [porque un hoyo descubierto
siempre presenta un peligro]; y al que está rompiendo a través
de un muro de piedra, una serpiente [que establece su morada
en los muros viejos] lo morderá. El que está sacando piedras
de la cantera se lastimará con ellas. El que está partiendo
troncos tendrá que tener cuidado con ellos.” (Ecl. 10:8, 9)
Tanto la explotación de canteras como el rajar troncos pueden
poner en peligro la vida y los miembros del cuerpo y, por lo
tanto, se deben efectuar con debida precaución.
No hay duda de que la persona competente está en mucho
mejor situación que la persona que tenga habilidad pero que
carezca de la sabiduría que se necesita para utilizarla
apropiadamente. Ilustrando este punto, Salomón declara: “Si
un hierro se ha embotado y alguien no ha amolado su filo,
entonces empleará con esfuerzo sus propias energías vitales.”
Sería tonto utilizar un hacha sin filo para partir madera; se
harían esfuerzos innecesarios y sin embargo no se podría
efectuar buen trabajo. “De manera que,” continúa el rey
Salomón, “el usar la sabiduría para éxito significa ventaja.”
(Ecl. 10:10) Sí, lo que vale es la sabiduría aplicada. Pudiera ser
que alguien tuviera conocimiento. Pero ¿de qué serviría ese
conocimiento si no supiera usarlo? Salomón lo expresa así: “Si
la serpiente muerde cuando no resulta encantamiento, entonces
no hay ventaja para el que se entrega a usar la lengua.” (Ecl.
10:11) El tener la habilidad de encantar a una serpiente es
inútil cuando el que puede hacer eso recibe una mordida antes
de que se realice el encantamiento. La Versión de los Setenta
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 9
dice: “Si una serpiente muerde en un intervalo del
encantamiento, no hay ventaja para el que la encanta.” De
modo que uno tiene que hablar con eficacia.
Por consiguiente, en vez de envidiar a los incompetentes
que consiguen lugares de autoridad, uno debe comprender la
posición precaria en que están los demás y, en su propio caso,
esforzarse por usar sabiamente su conocimiento y habilidades.
A la larga, el sabio, aunque no se le reconozca su buen juicio al
principio, todavía está en mejores circunstancias que el
individuo que ha sido ensalzado pero es incompetente.
Eclesiastés 10:12-20
*** w78 15/5 pág. 27-28¿Qué quiso decir el sabio? ***
La triste situación de la persona tonta
Al contrastar el efecto de las palabras del sabio con las de
un tonto, Salomón escribió: “Las palabras de la boca del sabio
significan favor, pero los labios del estúpido se tragan a éste.”
(Ecl. 10:12) De la boca de los sabios proceden palabras que
imparten lo que es bueno y favorable al oyente. (Compare con
Efesios 4:29.) Lo más probable es que los dichos de ellos
también reciban una respuesta favorable. Pero el habla del
estúpido lo expone a vituperio y así lo arruina o ‘se lo traga.’
El “estúpido” profiere tontedad de principio a fin; con
frecuencia argumenta con una premisa incorrecta como base y
termina en conclusiones falsas. Salomón describe esto como
sigue: “El comienzo de las palabras de su boca es tontedad, y
el fin de su boca posteriormente es locura calamitosa. Y el
tonto habla muchas palabras. El hombre no sabe lo que llegará
a ser; y lo que llegará a ser después de él, ¿quién se lo puede
informar?” (Ecl. 10:13, 14) Al tonto le parece que él puede
hacer eso.
Una persona como ésta también se hace difícil la vida de
otras maneras. Continúa Salomón: “El duro trabajo de los
estúpidos los fatiga, porque ni uno solo ha llegado a saber por
dónde ir a la ciudad.” (Ecl. 10:15) Las personas que no usan de
buen juicio pueden afanarse interminablemente, y fatigarse, y
no obstante no lograr casi nada que verdaderamente valga la
pena. Pasan por alto, obstinadamente, lo que el sentido común
debería enseñarles. Hasta pasan por alto lo que es obvio, las
cosas que se comparan a la vía pública que se reconoce con
facilidad y que lleva a la ciudad.
Cuando existe tontedad entre la clase gobernante
La tontedad es bastante mala cuando la exhibe un ciudadano
común. Pero cuando los gobernantes no despliegan buen
juicio, esto es para ruina del gobierno y daño de sus súbditos.
“¿Qué tal te irá a ti, o país,” pregunta Salomón, “cuando tu rey
es un muchacho y tus propios príncipes siguen comiendo hasta
por la mañana?” (Ecl. 10:16) Ciertamente es mala la situación
cuando un gobernante tiene las características de un joven
inexperto y está rodeado de príncipes o consejeros que no se
interesan en los asuntos del Estado. Si pasan su tiempo
comiendo por la mañana cuando deberían estar atendiendo sus
deberes, el reino se desintegra.
Contrastando con eso el efecto de la buena administración
gubernamental, Salomón continúa así: “Feliz eres tú, oh país,
cuando tu rey es el hijo de personas nobles [por lo tanto, él
mismo es gobernante sabio y noble] y tus propios príncipes
comen al tiempo apropiado para poderío [para obtener fuerzas
para su trabajo], no simplemente para beber [pues no se
entregan al desenfreno].” (Ecl. 10:17) Sí, los gobernantes
sabios pueden contribuir mucho a la felicidad de sus súbditos.
El dicho proverbial que introduce después de eso Salomón
ilustra que cuando no se efectúa el trabajo vital el resultado es
ruina y decadencia. Leemos: “Por gran pereza se hunde el
envigado, y por dejar bajar las manos hay goteras en la casa.”
(Ecl. 10:18) La casa que no se mantiene bien reparada se
Página 10
deteriora y queda en condición dilapidada. El techo se hunde y
deja gotear el agua. Así mismo, la ruina viene cuando los
asuntos del Estado no se atienden en debida forma.
Al llegar a este punto, Salomón presenta otro dicho
proverbial: “El pan es para la risa de los trabajadores, y el vino
mismo regocija la vida; pero el dinero es lo que tiene buena
acogida en todo.” (Ecl. 10:19) Se puede disfrutar muchísimo
del comer y junto con ello tener conversación agradable. Pero
sin dinero no se puede obtener el pan, y el beber vino causa
regocijo limitado cuando lo que uno tiene para las cosas
necesarias de la vida es muy poco. En este sistema presente, el
dinero es el medio por el cual se pueden obtener todas las
cosas materiales y, por lo tanto, “es lo que tiene buena acogida
en todo.” El pensamiento detrás de la declaración de Salomón
puede ser que, siendo diligente, el hombre puede obtener el
dinero que necesita para el pan y el vino, para las comodidades
que hacen que se pueda disfrutar mejor de la vida.
Luego amonesta Salomón: “Ni aun en tu alcoba invoques el
mal contra el rey mismo, y en los cuartos interiores donde te
acuestas no invoques el mal contra ningún rico; porque una
criatura volátil de los cielos transmitirá el sonido y algo que es
dueño de alas informará el asunto.” (Ecl. 10:20) Aunque la
clase gobernante descuide los asuntos del Estado, el sabio
todavía no se arriesga innecesariamente. Si no está dentro de
su poder el corregir una situación, ¿de qué provecho sería el
que refunfuñara y se quejara en la parte más remota de la casa?
Alguien pudiera creer que no hay quien pueda estar
escuchando lo que dice. Pero a veces las cosas salen a luz de
las maneras más insólitas e inesperadas. Por eso, ¿por qué
poner en peligro uno su paz y seguridad haciendo comentarios
indiscretos acerca de personas que están en autoridad?
(Compare con Mateo 12:36, 37; Romanos 13:1; Tito 3:1, 2; 1
Pedro 2:13-17.) ¡Qué práctico es el consejo de Salomón!
Eclesiastés 11:1-8
*** w78 1/6 pág. 28-29 ¿Qué quiso decir el sabio? ***
Aproveche la oportunidad
A veces se presentan excelentes oportunidades para hacer lo
bueno o para obtener algo útil. Sin embargo, debido a las
incertidumbres de la vida en el sistema actual, pudiera
requerirse alguna fe para aprovechar debidamente algunas
situaciones. No obstante, si tenemos dudas en casos de esta
índole, pudiera ser que perdiéramos algo que verdaderamente
vale la pena. Bien pudiera ser que no llegáramos a ser una
fuente de estímulo para otros.
El sabio rey Salomón suministró consejo muy práctico sobre
este asunto. Escribió: “Envía tu pan sobre la superficie de las
aguas, pues con el transcurso de muchos días lo hallarás otra
vez. Da una porción a siete, o aun a ocho, pues no sabes qué
calamidad ocurrirá en la tierra.” (Ecl. 11:1, 2) Por lo común se
han considerado estas palabras como una exhortación a la
generosidad.
Uno nunca sabe lo que pudiera resultar de sus actos
generosos. A uno pudiera parecerle que está entregando algo a
un cuerpo de “aguas,” sin que parezca que haya de haber
inmediatamente buenos resultados para uno. Sin embargo, los
actos generosos de uno pudieran encariñarlo en el corazón de
otros y hacer que éstos respondieran generosamente si uno
llegara a verse realmente necesitado. Esto no quiere decir que
la persona verdaderamente generosa debe ser artera y contar
con que se le pague de vuelta. Más bien, se deleita en dar a
otros y confía en que siempre tendrá lo que necesita. Por eso,
no restringe su dar a unos cuantos escogidos, solo a dos o tres,
sino que es generoso de todo corazón, dando a “siete, o aun a
ocho.” Pudiera haber personas precavidas que creyeran que
esto es sumamente imprudente, al temer que el individuo que
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
eso hiciera pudiera llegar a verse en condición de necesidad si
atacara la calamidad. Sin embargo, la persona generosa tiene
mucha más probabilidad de recibir ayuda al enfrentarse a algún
desastre. Jesucristo expresó un pensamiento similar cuando
dijo: “Practiquen el dar y se les dará. Derramarán en sus
regazos una medida excelente, apretada, remecida y
rebosante.”—Luc. 6:38.
Nuestros actos de generosidad hasta podrían compararse a
plantar arroz en suelo cubierto de agua. Después de “muchos
días” lo que así se planta llega a su madurez y produce una
abundante cosecha.
Después, Salomón se funda en ciertas leyes fijas al mostrar
que la indecisión en los asuntos de la vida no es el mejor
derrotero. Hace notar lo siguiente: “Si las nubes están llenas de
agua, derraman un verdadero aguacero sobre la tierra; y si un
árbol cae hacia el sur o si hacia el norte, en el lugar donde cae
el árbol allí resultará estar.” (Ecl. 11:3) Estas cosas
simplemente suceden; no se pueden controlar humanamente.
Por eso, ¿por qué ser indeciso y por lo tanto vacilante en
cuanto a ser generoso o hacer lo que es necesario hacer? Si va
a llover, va a llover. Si un árbol va a caer en cierta dirección,
allí es donde va a caer. Eso aplica a muchas otras cosas en la
vida. La inacción sola no garantiza que esas cosas no
sucederán.
Si uno tratara de regular su vida por medio de determinar
primero con exactitud lo que pudiera ser que sucediera o no
sucediera, no lograría efectuar nada. Como hizo notar
Salomón: “El que está vigilando el viento no sembrará [por
temor de que el viento se lleve la semilla]; y el que está
mirando las nubes no segará [por temor de que si corta el
grano se mojará antes de que se le pueda poner en el
almacén].”—Ecl. 11:4.
Por lo tanto, tenemos que proseguir con lo que es necesario
hacer, comprendiendo que de seguro hay incertidumbres. No
hay modo de desentrañar la obra de Dios, es decir, de descubrir
alguna regla mediante la cual determinar con exactitud lo que
él quizás haga o tolere en el desenvolvimiento de su propósito
y luego conducir nuestros asuntos en armonía con tal regla.
Salomón indicó que para el hombre la obra de Dios es tan
misteriosa como lo es el desarrollo de un infante en el vientre.
Escribió: “Tal como no te das cuenta de cuál es el camino del
espíritu en los huesos en el vientre de la que está encinta, de
igual manera no conoces la obra del Dios verdadero, que hace
todas las cosas.”—Ecl. 11:5.
En vista de las incertidumbres de la vida y de que no está
dentro del poder del hombre cambiar ciertas leyes fijas,
Salomón da este consejo: “Por la mañana siembra tu semilla y
hasta el atardecer no dejes descansar tu mano; pues no sabes
dónde tendrá éxito esto, ya sea aquí o allí, o si ambos a la par
serán buenos.” (Ecl. 11:6) Por lo tanto, el mejor derrotero es
proseguir diligentemente con nuestras labores, sin permitir que
las incertidumbres nos preocupen a tal grado que estorben
nuestra actividad, sea que se trate de esfuerzo por adelanto
espiritual, trabajo seglar o actos de generosidad.
Esto puede contribuir a que uno tenga un punto de vista
alegre de la vida. Escribió Salomón: “La luz también es dulce,
y bueno es para los ojos ver el sol; pues si viviere un hombre
aun muchos años, que en todos ellos se regocije.” (Ecl. 11:7, 8)
Puesto que solo los que están vivos pueden apreciar la luz y el
Sol, aquí Salomón está indicando que es bueno estar vivo y
que uno debe disfrutar de la vida. Sin embargo, agrega un
pensamiento que estimula a mirar a los asuntos con seriedad:
“Que se acuerde de los días de oscuridad, aunque pudieran ser
muchos; todo día que ha venido es vanidad.” (Ecl. 11:8) Uno
no debe perder de vista el hecho de que puede perder su fuerza
Puntos sobresalientes lectura bíblica
y vigor al sobrevenir los “días de oscuridad” o la vejez.
Reducido uno a una condición de decrepitud, tal vez descubra
que, a medida que la vida se prolonga por años, cada día es
vanidad, aparentemente vacío y sin significado. Por eso,
mientras pueda, uno debe esforzarse por disfrutar de manera
sana de la vida, desplegando buen juicio y buscando la guía de
Dios en todo lo que hace.
Eclesiastés 11:9-10
*** w04 1/5 pág. 13 Joven, ¿estás poniendo un buen
fundamento para el futuro? ***
Disfruta tu juventud
3 Los mayores te dirán que la juventud pasa volando, y
tienen razón. En pocos años quedará atrás, así que disfrútala
mientras dure. Ese fue el consejo del rey Salomón, quien
escribió: “Regocíjate, joven, en tu juventud, y hágate bien tu
corazón en los días de tu mocedad, y anda en los caminos de tu
corazón y en las cosas vistas por tus ojos”. Sin embargo,
Salomón advirtió a los jóvenes: “Quita de tu corazón la
irritación, y evita a tu carne la calamidad”. Y añadió: “Pues la
juventud y la flor de la vida son vanidad” (Eclesiastés 11:9,
10).
4 ¿Entiendes lo que Salomón quiso decir? Por ejemplo,
piensa en un joven que recibe un gran regalo, quizá una
herencia. ¿Qué hará con ella? Podría derrocharla en placeres,
como el hijo pródigo de la parábola de Jesús (Lucas 15:11-23).
¿Pero qué pasará cuando se acabe el dinero? Pues que sin duda
lamentará haber sido tan inconsciente. Por otra parte,
supongamos que emplea el regalo pensando en el futuro, tal
vez invirtiendo prudentemente casi todo. Cuando a la larga
coseche los beneficios de su inversión, ¿te parece que se
arrepentirá de no haber gastado todo el dinero en divertirse de
joven? Claro que no.
5 Piensa en tus años de juventud como un regalo de Dios,
pues la verdad es que lo son. ¿Qué harás con ellos? Puedes
gastar toda esa energía y entusiasmo en pasarlo bien, yendo de
una diversión a otra sin pensar en el futuro. Pero si hicieras
eso, en tu caso “la juventud y la flor de la vida” realmente
serían “vanidad”. ¡Cuánto mejor es que aproveches tu juventud
preparándote para el futuro!
Eclesiastés 12:1-8
*** w99 15/11 págs. 13-18 Acordémonos de nuestro
Magnífico Creador ***
Acordémonos de nuestro Magnífico Creador
“Acuérdate, ahora, de tu Magnífico Creador [...] antes que
procedan a venir los días calamitosos.” (ECLESIASTÉS 12:1.)
JEHOVÁ da a sus siervos la fuerza que necesitan para hacer
Su voluntad (Isaías 40:28-31). Esto es cierto sin importar la
edad que tengan. Ahora bien, los jóvenes dedicados a Dios, en
especial, deberían usar su juventud y sus fuerzas con sabiduría,
tomando a pecho el consejo del “congregador”, el rey Salomón
del antiguo Israel. Este dijo: “Acuérdate, ahora, de tu
Magnífico Creador en los días de tu mocedad, antes que
procedan a venir los días calamitosos, o hayan llegado los años
en que dirás: ‘No tengo en ellos deleite’” (Eclesiastés 1:1;
12:1).
2 La admonición de Salomón sobre recordar al Magnífico
Creador durante la juventud se dirigió en primer lugar a los
hombres y mujeres jóvenes de Israel. Estos habían nacido en el
seno de una nación dedicada a Jehová. Pero ¿qué puede decirse
de los hijos de los cristianos dedicados de hoy día? Sin duda,
ellos también deben tener presente a su Magnífico Creador. De
ese modo lo honrarán a Él y también se beneficiarán
personalmente (Isaías 48:17, 18).
Excelentes ejemplos del pasado
3 Muchos de los jóvenes que se mencionan en la Biblia son
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 11
un buen ejemplo en lo que tiene que ver con recordar a su
Magnífico Creador. José, el hijo de Jacob, recordó a su
Creador desde su juventud. Cuando la esposa de Potifar lo
tentó para que tuviera relaciones inmorales con ella, rehusó
firmemente y dijo: “¿Cómo podría yo cometer esta gran
maldad y realmente pecar contra Dios?” (Génesis 39:9). El
levita Samuel no solo se acordó de su Creador durante su
niñez, sino a lo largo de toda su vida (1 Samuel 1:22-28; 2:18;
3:1-5). El joven David de Belén también tuvo presente a su
Creador. Su confianza en Dios fue evidente cuando se enfrentó
al gigante filisteo Goliat y declaró: “Tú vienes a mí con una
espada y con una lanza y con una jabalina, pero yo voy a ti con
el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de las líneas de
batalla de Israel, a quien tú has desafiado con escarnio. Este
día Jehová te entregará en mi mano, y yo ciertamente te
derribaré y te quitaré la cabeza; [...] y personas de toda la tierra
sabrán que existe un Dios que pertenece a Israel. Y toda esta
congregación sabrá que ni con espada ni con lanza salva
Jehová, porque a Jehová pertenece la batalla, y él tiene que
darlos a ustedes en nuestra mano”. Al poco tiempo, Goliat
yacía muerto y los filisteos se daban a la fuga (1 Samuel
17:45-51).
4 Otra joven que recordó al Magnífico Creador fue una niña
cautiva israelita, cuyo buen testimonio a la esposa de Naamán,
el jefe del ejército sirio, hizo que este acudiera al profeta de
Dios, se curara de la lepra y se convirtiera en un adorador de
Jehová (2 Reyes 5:1-19). El joven rey Josías promovió con
valor la adoración pura de Jehová (2 Reyes 22:1–23:25). Pero
el mejor ejemplo de alguien que se acordó de su Magnífico
Creador cuando aún era muy joven fue Jesús de Nazaret.
Recordemos lo que sucedió cuando contaba 12 años de edad.
Sus padres lo llevaron a Jerusalén para la Pascua. En el viaje
de regreso se dieron cuenta de que Jesús no estaba con ellos,
de modo que se volvieron para buscarlo. Al tercer día lo
encontraron planteando preguntas de las Escrituras a los
maestros del templo. En respuesta a la solicitud ansiosa de su
madre, Jesús preguntó: “¿Por qué tuvieron que andar
buscándome? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi
Padre?” (Lucas 2:49). A Jesús le beneficiaba conseguir
información de valor espiritual en el templo, ‘la casa de su
Padre’. Hoy, el Salón del Reino de los Testigos de Jehová es un
lugar excelente para conseguir conocimiento exacto de nuestro
Magnífico Creador.
Recordemos ahora a Jehová
5 La persona que adora a Jehová de todo corazón desea
emprender Su servicio tan pronto como sea posible y
permanecer en él toda la vida. Sin embargo, ¿cuáles son las
perspectivas de la persona que malgasta su juventud por no
haberse acordado entonces de su Creador? El congregador dice
bajo inspiración divina: “Acuérdate, ahora, de tu Magnífico
Creador en los días de tu mocedad, antes que procedan a venir
los días calamitosos, o hayan llegado los años en que dirás:
‘No tengo en ellos deleite’” (Eclesiastés 12:1).
6 Nadie se deleita en “los días calamitosos” de la vejez. Sin
embargo, las personas mayores que tienen presente a Dios se
sienten contentas. Por ejemplo, el anciano Simeón tomó en
brazos al niño Jesús en el templo y declaró con gozo: “Ahora,
Señor Soberano, estás dejando que tu esclavo vaya libre en
paz, según tu declaración; porque mis ojos han visto tu medio
de salvar que has alistado a la vista de todos los pueblos, una
luz para remover de las naciones el velo, y una gloria de tu
pueblo Israel” (Lucas 2:25-32). Ana, que contaba 84 años de
edad, también se acordaba de su Creador. Siempre estaba en el
templo, y se hallaba presente cuando se llevó allí al niño Jesús.
“En aquella misma hora se acercó y empezó a dar gracias a
Página 12
Dios y a hablar acerca del niño a todos los que esperaban la
liberación de Jerusalén.” (Lucas 2:36-38.)
7 Los testigos de Jehová de tiempos modernos que han
envejecido en el servicio a Dios posiblemente sufran los
dolores y limitaciones de la edad avanzada. No obstante, se
sienten muy felices, y nosotros agradecemos de corazón su fiel
servicio. Tienen “el gozo de Jehová”, pues saben que él ha
asumido su poder invencible con respecto a esta Tierra y ha
instalado a Jesucristo como poderoso Rey celestial (Nehemías
8:10). Ahora es el tiempo para que tanto jóvenes como
mayores observen la exhortación: “Ustedes los jóvenes y
también ustedes las vírgenes, viejos junto con muchachos.
Alaben ellos el nombre de Jehová, porque solo su nombre es
inalcanzablemente alto. Su dignidad está por encima de tierra y
cielo” (Salmo 148:12, 13).
8 “Los días calamitosos” de la vejez son poco gratificantes
—quizá muy penosos— para aquellos que no tienen presente a
su Magnífico Creador y que no entienden sus gloriosos
propósitos. Les falta la comprensión espiritual que puede
contrapesar las pruebas de la edad avanzada y los ayes que han
acuciado a la humanidad desde que se echó a Satanás del cielo
(Revelación 12:7-12). Por ello, el congregador nos exhorta a
acordarnos de nuestro Creador “antes que se oscurezcan el sol
y la luz y la luna y las estrellas, y hayan regresado las nubes,
después el aguacero” (Eclesiastés 12:2). ¿Qué significan estas
palabras?
9 Salomón comparó la época de la juventud al verano
palestino en el que el Sol, la Luna y las estrellas emitían su luz
en el cielo despejado. Todo parecía entonces muy brillante. Sin
embargo, en la vejez los días son como la temporada fría y
lluviosa del invierno, con un aguacero de problemas tras otro
(Job 14:1). Sería muy triste saber del Creador pero no servirle
en el verano de la vida. En el invierno de la vejez, todo se
oscurece, especialmente para aquellos que han desaprovechado
las oportunidades de servir a Jehová en su juventud por
haberse dedicado a actividades vanas. De modo que, no
importa la edad que tengamos, ‘sigamos plenamente a Jehová’,
como el fiel Caleb, compañero leal del profeta Moisés (Josué
14:6-9).
Efectos de la edad avanzada
10 Salomón luego hace mención de las dificultades que
acaecen “el día en que tiemblen los guardianes de la casa, y se
hayan encorvado los hombres de energía vital, y las mujeres
que muelen hayan dejado de trabajar por haber llegado a ser
pocas, y las señoras que ven por las ventanas lo hayan hallado
oscuro” (Eclesiastés 12:3). “La casa” representa el cuerpo
humano (Mateo 12:43-45; 2 Corintios 5:1-8). Sus “guardianes”
son los brazos y las manos, que protegen el cuerpo y satisfacen
sus necesidades. En la vejez suelen temblar por debilidad,
nerviosismo o parálisis. “Los hombres de energía vital” —las
piernas— ya no son columnas fuertes, sino que se han
debilitado y encorvado de modo que los pies no pueden más
que arrastrarse. En cualquier caso, ¿no nos alegramos de ver a
nuestros hermanos de edad avanzada en las reuniones
cristianas?
11 ‘Las mujeres que muelen han dejado de trabajar porque
han llegado a ser pocas.’ ¿En qué sentido? Puede que los
dientes se hayan estropeado o caído, y que queden pocos o
quizá ninguno. Se hace difícil o imposible triturar el alimento
sólido. “Las señoras que ven por las ventanas” —los ojos
unidos a las facultades mentales que posibilitan la visión— se
nublan, si es que no se oscurecen por completo.
12 “Y —sigue diciendo el congregador— las puertas que dan
a la calle hayan sido cerradas, cuando el sonido del molino se
haga quedo, y uno se levante al sonido de un pájaro, y todas las
Puntos sobresalientes lectura bíblica
- Eclesiastés 7 al 12 -
hijas del canto suenen bajo.” (Eclesiastés 12:4.) Las dos
puertas de la boca —los labios— ya no se abren mucho o no se
abren en absoluto para expresar lo que hay en “la casa” —el
cuerpo— de las personas de edad avanzada que no sirven a
Dios. No se emite nada a “la calle” de la vida pública. Sin
embargo, ¿qué puede decirse de los celosos proclamadores del
Reino de edad avanzada? (Job 41:14.) Tal vez anden
lentamente de casa en casa y a algunos les cueste hablar, pero
sin lugar a dudas alaban a Jah (Salmo 113:1).
13 El sonido del molino se hace quedo, pues se masca el
alimento con las encías desdentadas. El anciano no duerme
profundamente de noche. Aun el gorjeo de los pájaros lo
despierta. Pocas son las canciones que entona y, si lo hace, es
débilmente. “Todas las hijas del canto —las notas melódicas—
suenan bajo.” El anciano no oye bien la música ni las
canciones que otros interpretan. Sin embargo, los ungidos de
edad avanzada y sus compañeros, algunos de los cuales ya no
son tan jóvenes, siguen elevando su voz en cánticos de
alabanza a Dios en las reuniones cristianas. ¡Cuánto nos alegra
tenerles a nuestro lado, ensalzando a Jehová en la
congregación! (Salmo 149:1.)
14 La suerte de las personas mayores, especialmente aquellas
que han pasado por alto al Creador, es muy triste. Dice el
congregador: “También se han llenado de temor meramente de
lo que es alto, y hay terrores en el camino. Y el almendro lleva
flores, y el saltamontes se arrastra, y la baya de la alcaparra se
revienta, porque el hombre va andando a su casa de larga
duración y los plañidores han marchado alrededor por la calle”
(Eclesiastés 12:5). Muchas personas mayores tienen miedo de
caerse cuando suben una escalera y miran hacia abajo. Incluso
mirar hacia arriba a algo alto puede marearles. Cuando tienen
que caminar por calles atestadas, les aterroriza la idea de
lastimarse o ser asaltadas por algún ladrón.
15 En el caso del anciano, “el almendro lleva flores”, lo que
al parecer indica que su cabello se vuelve gris y luego blanco
como la nieve. El pelo canoso cae como las blancas flores del
almendro. Se ‘arrastra’, quizá encorvado y con los brazos
colgando, o con las manos en la cadera y los codos doblados
hacia arriba, lo que le da la apariencia de un saltamontes. Si
alguno de nosotros encaja en cierto modo con esa descripción,
dejemos que se vea claramente que somos parte del rápido y
enérgico ejército de langostas de Jehová (véase La Atalaya del
1 de mayo de 1998, págs. 8-13).
16 La persona de edad ya no tiene apetito, aunque el
alimento que se ponga delante de ella sea tan gustoso como la
baya de la alcaparra. Estas bayas se han utilizado desde hace
mucho tiempo para estimular el apetito. El que ‘la baya de la
alcaparra reviente’ da a entender que cuando la persona de
edad pierde el apetito, ni siquiera este fruto despierta su deseo
de alimentarse. Todo ello indica que se aproxima a “su casa de
larga duración”, el sepulcro. Este será su casa para siempre a
menos que haya tenido presente a su Creador y su proceder en
la vida no haya sido tan impropio que Dios no se acuerde de
ella en la resurrección. La voz lastimera y los quejidos que
salen de las puertas de la boca del anciano son indicio de la
cercanía de la muerte.
17 Se nos exhorta a acordarnos de nuestro Creador “antes
que se remueva la cuerda de plata, y se quebrante el tazón de
oro, y se quiebre el jarro junto al manantial, y haya sido
quebrantada la rueda del agua para la cisterna” (Eclesiastés
12:6). “La cuerda de plata” puede referirse a la médula espinal.
Cuando se daña irreparablemente este maravilloso conducto
que lleva los impulsos al cerebro, la muerte es inevitable. “El
tazón de oro” quizá haga referencia al cerebro, que se halla en
el interior del cráneo (parecido a un tazón), y que está unido a
Puntos sobresalientes lectura bíblica
la médula espinal. Es de oro por su inestimable valor, pues un
fallo del cerebro augura la muerte.
18 “El jarro junto al manantial” es el corazón, que recibe y
bombea el torrente sanguíneo para que circule por todo el
cuerpo. En el momento de la muerte, el corazón es como un
jarro que se rompe, que se hace añicos junto al manantial,
porque ya no puede recibir, contener ni bombear la sangre vital
para el sustento y la revitalización del cuerpo. La ‘quebrantada
rueda del agua para la cisterna’ deja de girar, y termina la
circulación de la sangre que mantiene la vida. De modo que
Jehová reveló a Salomón la circulación de la sangre mucho
antes de que la descubriera el médico William Harvey en el
siglo XVII.
19 El congregador añadió: “Entonces el polvo vuelve a la
tierra justamente como sucedía que era, y el espíritu mismo
vuelve al Dios verdadero que lo dio” (Eclesiastés 12:7). Una
vez rota “la rueda del agua”, el cuerpo humano, hecho en un
principio del polvo del suelo, vuelve a este (Génesis 2:7; 3:19).
El alma muere porque el espíritu, o fuerza de vida, que Dios da
vuelve al Creador, en quien radica (Ezequiel 18:4, 20; Santiago
2:26).
¿Qué futuro espera a los que se acuerdan de Dios?
20 Salomón demostró de manera convincente lo importante
que es acordarse del Magnífico Creador. No cabe duda de que,
para aquellos que tienen presente a Jehová y hacen su voluntad
de todo corazón, una vida comparativamente corta y
dificultosa no es todo cuanto hay. Sean jóvenes o viejos, tienen
la misma actitud que Moisés, quien oró: “Muéstranos
precisamente cómo contar nuestros días de tal manera que
hagamos entrar un corazón de sabiduría”. El humilde profeta
de Dios deseaba con todas sus fuerzas que Jehová le mostrara
o enseñara a él y al pueblo de Israel a valorar con sabiduría
‘los días de sus años’ y a usarlos de manera que agradara a
Dios (Salmo 90:10, 12).
21
Especialmente los jóvenes cristianos deben estar
determinados a seguir el consejo del congregador de tener
presente al Creador. Estos disponen de oportunidades
maravillosas de rendir servicio sagrado a Dios. No obstante,
sin importar la edad que tengamos, si aprendemos a contar
nuestros días para la gloria de Jehová en este “tiempo del fin”,
posiblemente podamos seguir contándolos para siempre
(Daniel 12:4; Juan 17:3). Para ello, tenemos que acordarnos de
nuestro Magnífico Creador. También debemos cumplir con
todo nuestro deber para con Dios.
Eclesiastés 12:9
*** w99 15/11 pág. 21-23 párrs. 10-11 ¿Estamos
cumpliendo con todo nuestro deber para con Dios? ***
10 El congregador podía dar directrices muy útiles en cuanto
a acordarnos de nuestro Magnífico Creador. Jehová había
contestado sus oraciones sinceras y le había otorgado una
sabiduría extraordinaria (1 Reyes 3:6-12). Salomón hizo una
investigación exhaustiva de todo el espectro de las actividades
humanas. Es más, Dios lo inspiró a poner por escrito sus
descubrimientos para el beneficio de la humanidad: “Y además
de haberse hecho sabio el congregador, también enseñó de
continuo conocimiento a la gente, y meditó e hizo un
escudriñamiento cabal, a fin de arreglar muchos proverbios
ordenadamente. El congregador procuró hallar las palabras
deleitables y la escritura de palabras correctas de verdad”
(Eclesiastés 12:9, 10).
11 La Septuaginta griega traduce así estas palabras: “Y más,
pues fue Predicador sabio, pues enseñó ciencia [...] al hombre;
y la oreja escudriñará lo ornado de las parábolas. Mucho buscó
el Predicador para hallar palabras con gusto, y escrito de
rectitud, palabras de verdad” (La Sagrada Biblia, Guillermo
- Eclesiastés 7 al 12 -
Página 13
Jünemann, nota). Salomón procuró llegar al corazón de sus
lectores con palabras deleitables y temas de verdadero interés
que valían la pena. Ya que sus palabras, que se hallan en las
Escrituras, son el producto de la inspiración del espíritu santo,
podemos aceptar sus hallazgos y consejo sabio sin reservas (2
Timoteo 3:16, 17).
12 Aunque no existían entonces los métodos de impresión
modernos, en los días de Salomón había muchos libros.
¿Cómo debía considerarse toda aquella literatura? Él dijo: “Las
palabras de los sabios son como aguijones, y justamente como
clavos hincados son los que se entregan a las colecciones de
sentencias; han sido dadas por parte de un solo pastor. En
cuanto a cualquier cosa además de estas, hijo mío, acepta una
advertencia: El hacer muchos libros no tiene fin, y el aplicarse
mucho a ellos es fatigoso a la carne” (Eclesiastés 12:11, 12).
13 Las palabras de las personas que poseen la sabiduría
procedente de Dios resultan ser como aguijones. ¿En qué
sentido? Incentivan a los lectores u oyentes a progresar a tenor
del contenido de las sabias palabras que leen u oyen. Además,
los que se ocupan en “colecciones de sentencias”, es decir,
dichos sabios y valiosos, son como “clavos hincados” o fijados
sólidamente. Quizá sea así debido a que las excelentes palabras
de tales personas reflejan la sabiduría de Jehová y, por lo tanto,
pueden servir para estabilizar y sostener a sus lectores u
oyentes. Si usted es un padre temeroso de Dios, ¿no debería
esforzarse en lo posible por inculcar tal sabiduría en la mente y
corazón de su hijo? (Deuteronomio 6:4-9.)
14 Pero ¿por qué se expresó así Salomón en cuanto a los
libros? Pues bien, comparadas con la Palabra de Jehová, el
sinfín de publicaciones de este mundo solo presentan
razonamientos humanos, y buena parte de ellos reflejan la
mente de Satanás el Diablo (2 Corintios 4:4). Por lo tanto,
“aplicarse mucho” a tal literatura seglar produce poco que sea
de valor duradero. De hecho, gran parte de ella puede ser
dañina en sentido espiritual. Meditemos, al igual que Salomón,
sobre lo que dice la Palabra de Dios acerca de la vida, lo cual
fortalecerá nuestra fe y nos acercará a Jehová. La atención
excesiva a otros libros o fuentes de instrucción puede
agotarnos. Su efecto es especialmente destructivo e insano para
nuestra fe en Dios y en sus propósitos cuando tales escritos son
producto del razonamiento humano que está en conflicto con la
sabiduría divina. Así pues, recordemos que los escritos más
provechosos del tiempo de Salomón, y de nuestro tiempo, son
los que reflejan la sabiduría del “solo pastor”, Jehová Dios. Él
nos ha provisto los 66 libros de las Santas Escrituras, y a estos
debemos dar nuestra principal atención. La Biblia y las útiles
publicaciones del “esclavo fiel” nos permiten adquirir “el
mismísimo conocimiento de Dios” (Proverbios 2:1-6).
Todo nuestro deber para con Dios
15 Resumiendo toda su investigación, el congregador,
Salomón, dice: “La conclusión del asunto, habiéndose oído
todo, es: Teme al Dios verdadero y guarda sus mandamientos.
Porque este es todo el deber del hombre. Porque el Dios
verdadero mismo traerá toda clase de obra a juicio con relación
a toda cosa escondida, en cuanto a si es buena o es mala”
(Eclesiastés 12:13, 14). Un temor saludable, o respeto
reverencial, a nuestro Magnífico Creador nos protegerá a
nosotros, y seguramente a nuestras familias, de seguir en la
vida un proceder insensato que pudiera ocasionarnos graves
dificultades y lamentos, tanto a nosotros como a nuestros seres
queridos. El temor saludable a Dios es puro y es el mismo
principio de la sabiduría y el conocimiento (Salmo 19:9;
Proverbios 1:7). Si poseemos perspicacia basada en la Palabra
inspirada de Dios y seguimos su consejo en todo, cumpliremos
con ‘todo nuestro deber’ para con Dios. No, no es cuestión de
Página 14
confeccionar una lista de deberes. Lo que tenemos que hacer es
buscar la guía de las Escrituras para resolver los problemas de
la vida y efectuar siempre las cosas a la manera de Dios.
16 Debemos tener presente que nada escapa a nuestro
Magnífico Creador (Proverbios 15:3). Él “traerá toda clase de
obra a juicio”. Sí, el Altísimo juzgará todas las cosas, entre
ellas las que están ocultas a los ojos humanos. El que seamos
conscientes de esa realidad puede incentivarnos a observar los
mandamientos de Dios. Pero el mayor incentivo debería ser el
amor a nuestro Padre celestial, pues el apóstol Juan escribió:
“Esto es lo que el amor de Dios significa: que observemos sus
mandamientos; y, sin embargo, sus mandamientos no son
gravosos” (1 Juan 5:3). Y ya que el objetivo de los
mandamientos de Dios es promover nuestro bienestar eterno,
no solo es apropiado observarlos, sino que también es lo más
prudente. No supone ninguna carga para los que aman al
Magnífico Creador. Estos quieren cumplir todo su deber para
con él.
Cumplamos con nuestro deber
17 Si somos sabios y verdaderamente deseamos cumplir todo
nuestro deber para con Dios, no solo observaremos sus
mandamientos, sino que tendremos un temor reverencial de
desagradarle. En realidad, “el temor de Jehová es el principio
de la sabiduría”, y los que observan sus mandamientos tienen
“buena perspicacia” (Salmo 111:10; Proverbios 1:7). Por lo
tanto, actuemos con sabiduría y obedezcamos a Jehová en
todas las cosas. Esto es especialmente importante ahora, pues
el Rey Jesucristo está presente, y se ha acercado su día de
juicio como Juez nombrado por Dios (Mateo 24:3; 25:31, 32).
18 Todos nosotros estamos ahora bajo el escrutinio divino.
¿Somos personas de disposición espiritual, o hemos permitido
que las influencias mundanas debiliten nuestra relación con
Dios? (1 Corintios 2:10-16; 1 Juan 2:15-17.) Seamos jóvenes o
mayores, hagamos todo lo posible por agradar a nuestro
Magnífico Creador. Si obedecemos a Jehová y guardamos sus
mandamientos, rechazaremos toda la vanidad de este viejo
mundo que está pasando. De ese modo podremos abrigar la
esperanza de vida eterna en el prometido nuevo sistema de
cosas de Dios (2 Pedro 3:13). Esta es una magnífica
perspectiva para todos aquellos que cumplen con todo su deber
para con Dios.
Puntos sobresalientes lectura bíblica
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