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Senado de la Nación
Secretaría Parlamentaria
Dirección General de Publicaciones
(S-2759/09)
PROYECTO DE DECLARACIÓN
El Senado de la Nación
DECLARA
De interés de esta Cámara el homenaje a la poeta Olga Orozco "La
breve tierra y el reino prometido", organizado por la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín, a realizarse
el día 5 de noviembre próximo en la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, por cumplirse este año el 10º aniversario de su muerte.
Silvia E. Gallego.FUNDAMENTOS.
Señor Presidente
Este año se cumple el décimo aniversario del fallecimiento de una de
las poetas más importantes de nuestra lengua, y es nuestro grato
deber acompañar las iniciativas que se hagan en torno a su
recordación y homenaje.
Olga Orozco nace en Toay, La Pampa, El 17 de marzo de 1920, y su
espíritu y su letra recorrerán los paisajes de su infancia y el amor una y
otra vez hasta el 15 de agosto de 1999, cuando ya Buenos Aires la
vea morir.
En su recordación y homenaje, el próximo Jueves 5 de noviembre a
las 18 hs. se realizará en la Fundación Internacional Jorge Luis
Borges, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el encuentro titulado
"La breve tierra y el reino prometido", organizado por la Facultad de
Humanidades de la Universidad Nacional de San Martín. Participarán
del homenaje el Dr. Carlos Ruta -Rector de la Universidad-, María
Rosa Loja, Hugo Mujica y María Gabriela Rebok. En este encuentro se
conmemorará también la publicación de "Últimos poemas" (Barcelona,
Bruguera, 2009) y el volumen de alrededor de 400 páginas que
publicará este año la Universidad de Sevilla en torno a la obra de la
poeta pampeana.
Queremos acompañar este homenaje porque entendemos y
valoramos la apertura de sentidos que genera la obra de arte, y
particularmente en este caso lo reconocemos en la poesía de Olga,
así como en todos aquellos que se brindan al renovado fundar de lo
cotidiano.
Hacemos mención brevemente a sus obras y premios. Antes de su
partida, Olga nos ha dejado una vasta obra literaria, entre la que se
destacan las publicaciones Desde Lejos (1946), Las muertes (1952),
Los juegos peligrosos (1962), La oscuridad es otro sol (1962), Museo
salvaje (1974), Cantos a Berenice (1977), Mutaciones de la realidad
(1979), La noche a la deriva (1984), En el revés del cielo (1987), Con
esta boca, en este mundo (1994) y También la luz es un abismo
(1995).
Por esta obra la poeta ha recibido numerosos premios: Primer Premio
Municipal de Poesía (1962), Gran Premio de Honor otorgado por la
Fundación Argentina para la Poesía (1971), Primer Premio de Teatro
para Pieza Inédita (1972), Gran Premio de Honor otorgado por el
Fondo Nacional de las Artes (1980), Primer Premio Esteban
Echeverría (1981), Laurel de Poesía otorgado por la Universidad de
Turín, Italia (1984), Primer Premio de Poesía otorgado por la
Fundación Fortabat (1987), Primer Premio Nacional de Poesía (1988),
Gran Premio otorgado por la Sociedad Argentina de Escritores (1989),
Premio San Martín de Tours al mérito en Literatura (1990), Gran
Premio de Honor Alejandro Shaw (1993), Premio Konex de Platino
(1994), Premio Gabriela Mistral otorgado por la OEA (1994) y el último
fue el premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe -Juan Rulfoen 1998, consagrando así su camino en la poesía.
Cumplimos con esta mención, pero queremos también dejar por
escrito algunas impresiones de su obra. Así, hacemos nuestras estas
palabras del también poeta argentino Luis Etcheverry:
“Pronunció Olga Orozco, en su Discurso de recepción del Gran Premio
Fondo Nacional de las Artes, que la poesía como tal es inaprensible.
Es improbable que un lector sensible, al iniciar la andanza por alguno
de sus poemas, pueda sustraerse de un cautivante asombro. Sin
embargo los territorios fantásticos que ofrecen los cuentos, si bien
pueden deslumbrar menos instantáneamente, lo harán de un modo
más demorado y permanente. A través de su poesía la poeta se vive
en clave de un enigma impreciso y a la vez fulgurante. En sus cuentos
esa clave se remonta hacia los horizontes de una patria inmemorial;
aquella que Rilke señaló como la propia del poeta: la infancia. En
ambos casos, sin embargo, la incertidumbre existencial, lejos de ser
un problema concluyente y fatal, inaugura cada vez un periplo vital en
torno de la poesía, “en torno de un fulgor”. Por eso es frecuente el
planteo de un estado de caída o pérdida a partir del cual el acto
narrativo o poético resiste, puja, da a luz, recomienza. Un buen
ejemplo es el cuento Los Adioses que se inicia con esa constatación:
“Ahora todo nos va llevando a sacudidas, como si nos empujaran para
arrojarnos del paraíso.” (Orozco 1998b, 225)
“Pero, parafraseando aquel Discurso antes citado, la poesía es
siempre una tentativa perversa porque es “apenas la aproximación a
un centro que siempre se sustrae” (Orozco 1980) porque “el poeta se
obstina en asir una presencia que se le escabulle” (Orozco 1980). Es
ensayo de cercanía a una presencia, a un centro que siempre se
escapa. Una presencia que puede sentirse vertiginosamente al borde
del abismo, como aquel que acompañaba a Pascal a la izquierda de
sus paseos, o sufrirse como un enigma de luz que encandila y que
pertenece siempre al otro lado; que únicamente es soportable por la
sombra que arroja de este lado. Se trata, en efecto, de la metáfora
límite que descubre a la mirada el resplandor de las sombras. Puede
leerse en Los Adioses: “Aquí todo está hecho para soportar la luz por
la sombra que arroja, y su presencia plena sólo se manifiesta en un
relámpago, porque no es de este lado.” (Orozco 1998b, 236)
“Visto así, la espera de un recomienzo no es esperanza pasiva sino
una preparación que emprende el camino hacia el encuentro. Es
provocación que da lugar al advenimiento, más allá del cálculo de su
concreción. La narración del cuento Los adioses nos ubica en el dolor
de una niña frente a una partida, ante el duelo de una infancia que se
desgarra, de un paraíso que se deja atrás y abre una distancia
insalvable, una diferencia constitutiva. Una partida que leída en su
registro histórico es el inicio inaugural de todo posible destino histórico.
La comprensión de la que podemos apropiarnos con la obra de
Orozco será pues, entre otros, el temple anímico del dolor, el dolor de
una fecundante diferencia.
“Con todo puede que nos preguntemos una y otra vez para qué poetas
y para qué la poesía en este mundo que más bien requiere de
nosotros soluciones inmediatas. La siguiente cita de Orozco es un
testimonio de la vocación acatada por la poeta, de su relación con el
mundo y su inclaudicable tensión para extremar las significaciones de
la verdad:
¿Y para qué? ¿Para qué sirve este oráculo ciego, este guía
inválido, este inocente temerario que se inclina a cortar la flor azul
en el borde de los precipicios? Reduciendo al máximo su misión
en este mundo, prescindiendo de su fatalidad personal y de sus
propios fines y limitando su destino al papel de intermediario que
desempeña ante los demás, aun sin proponérselo y por antisocial
que parezca, diremos que ayuda a las grandes catarsis, a mirar
juntos el fondo de la noche, a vislumbrar la unidad en un mundo
fragmentado por la separación y el aislamiento, a denunciar
apariencias y artificios, a saber que no estamos solos en nuestros
extrañamientos e intemperies, a descubrir el tú a través del yo y
el nosotros a través del ellos, a entrever otras realidades
subyacentes en el aquí y en el ahora, a azuzarnos para que no
nos durmamos sobre el costado más cómodo, a celebrar las
dádivas del mundo y a extremar significaciones -¿por qué no?cuando la exageración abarca la verdad. (Orozco 1980)
“Se nos dice que gracias a la imaginación poética los artistas nos
permiten imaginar un mundo diferente, un mundo mejor, esto es,
alentar una utopía. Cierto que la utopía significa un no lugar finalmente
irrealizable y, por momentos, delirante. Positivamente, sin embargo, la
utopía nos da la oportunidad para sentir el estremecimiento frente a
nuestro presente inmediato, para contrastarlo y criticarlo, para
extender sus horizontes. De allí que contra la huida hacia trasmundos
nostálgicos de una patria ideal y perdida; contra la claudicación de un
pesimismo que no asume las dificultades laboriosas de cada día, Olga
Orozco nos invita a jugar nuestra historia de otro modo, a recomenzar
cada vez desde la fuente originaria de nuestra historia. No, por cierto,
a disponer la mera realidad en función de seguridades ilusorias y
mediocres sino a la intemperie más riesgosa. Visto así, el arte es la
máscara eminente de la afirmación vital. Si nos apropiáramos de la
obra de Orozco, sentiríamos con ella cómo la vida se vuelve
celebración de posibilidades lanzadas siempre más allá: hacia el
mundo finito-infinito de un devenir tan caótico como pródigo. Así
celebramos la deslumbrante experiencia poética de Orozco bajo las
múltiples máscaras de su poesía, sus ensayos y cuentos. De ese
deslumbre compartido, nuestra utopía saldrá siempre renovada para
transformar, en el arte del quehacer cotidiano, el destino histórico de
nuestra patria”.
Y es esta confianza en el obrar del arte el motivo del presente
proyecto, la fe en que la utopía y los ideales pueden rescatarnos de la
mera realidad y del mero interés en pos de un presente y un futuro
promisorios.
Es por estas razones que solicito a nuestros pares la aprobación del
presente Proyecto de Declaración.
Bibliografía citada
OROZCO, Olga; Discurso de recepción del Gran Premio Fondo
Nacional de las Artes, versión mecanografiada cedida por el archivo
personal de María Gabriela Rebok., 1980.
OROZCO, Olga; La oscuridad es otro sol, Losada, Buenos Aires,
1967.
OROZCO, Olga; También la luz es un abismo, Emecé, Buenos Aires,
1998.
ETCHEVERRY, Luis; La obra poética de Olga Orozco: Una invitación
a repensar los orígenes de nuestra utopía. Inédito.
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