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Evaluación de la personalidad normal
y sus trastornos
Mercedes Fernández Liporace
Alejandro Castro Solano
(comps.)
Evaluación de la personalidad normal
y sus trastornos
Teoría e instrumentos
Fernández Liporace, María Mercedes
Evaluación de la personalidad normal y sus trastornos : teoría e instrumentos / María
Mercedes Fernández Liporace ; Analía Brizzio ; Alejandro Castro Solano ; compilado
por María Mercedes Fernández Liporace y Alejandro Castro Solano. ­1a ed. ­Ciudad
Autónoma de Buenos Aires : Lugar Editorial, 2015.
168 p. ; 23x16 cm.
ISBN 978-950-892-485-8
1. Psicología. I. Brizzio, Analía II. Castro Solano, Alejandro III. Fernández Liporace,
María Mercedes, comp. IV. Castro Solano, Alejandro, comp. V. Título
CDD 150
Edición: Mónica Erlich
Corrección: Juan Rosso
Diseño de tapa: Silvia C. Suárez
Diseño interior: Cecilia Ricci
Índice
Los autores . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Prólogo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9
Norma Contini
Introducción. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Los autores
1. Concepciones teóricas de la personalidad.
Modelos teóricos y definiciones. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 15
Alejandro Castro Solano
2. La aproximación analítico-factorial: el modelo
de los cinco factores. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 33
Guadalupe de la Iglesia, Agustín Freiberg Hoffmann
3. La aproximación teórica-racional: el modelo de T. Millon. . . . . . . 49
Alejandro Castro Solano
4. Los trastornos de personalidad. El DSM-5. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65
Juliana Stover
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este libro, en forma idéntica o modificada y
por cualquier medio o procedimiento, sea mecánico, informático, de grabación o fotocopia, sin
autorización de los editores.
ISBN 978-950-892-485-8
© 2015 Lugar Editorial S. A.
Castro Barros 1754 (C1237ABN) Buenos Aires
Tel/Fax: (54-11) 4921-5174 / (54-11) 4924-1555
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Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723
Impreso en la Argentina – Printed in Argentina
5. Instrumentos de evaluación de la personalidad . . . . . . . . . . . . . . . . 107
Mercedes Fernández Liporace
6. Instrumentos de evaluación de la personalidad normal
y patológica. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129
Mercedes Fernández Liporace
7. Casuística . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 153
María Laura Lupano Perugini, Analía Brizzio, Paula Ongarato,
María José Scheinsohn, Fabiana Uriel
Los autores
Analía Brizzio. Doctora en Psicología. Profesora Adjunta Interina
Universidad de Buenos Aires. Exbecaria Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).
Alejandro Castro Solano. Doctor en Psicología. Investigador independiente CONICET. Profesor Adjunto Universidad de Buenos Aires.
Director del Doctorado en Psicología de la Universidad de Palermo.
Guadalupe de la Iglesia. Doctora en Psicología. Becaria posdoctoral CONICET. Docente Universidad de Buenos Aires.
Mercedes Fernández Liporace. Doctora en Psicología. Investigadora independiente CONICET. Profesora Titular Universidad de Buenos Aires. Docente responsable de cursos de Doctorado y Maestría en
diversas universidades nacionales y privadas.
Agustín Freiberg Hoffmann. Doctor en Psicología. Becario posdoctoral CONICET. Docente Universidad de Buenos Aires.
María Laura Lupano. Doctora en Psicología. Investigadora asistente
CONICET. Jefe de Trabajos Prácticos Universidad de Buenos Aires.
María José Scheinsohn. Licenciada en Psicología. Jefe de Trabajos
Prácticos Universidad de Buenos Aires.
Paula Ongarato. Licenciada en Psicología. Jefe de Trabajos Prácticos Universidad de Buenos Aires. Exbecaria CONICET.
Juliana Stover. Doctora en Psicología. Becaria posdoctoral CONICET. Docente Universidad de Buenos Aires.
Fabiana Uriel. Especialista en investigación educativa. Doctorando Universidad de Buenos Aires. Jefe de Trabajos Prácticos Universidad de Buenos Aires.
Prólogo
Norma Contini
Esta obra está destinada al tratamiento de un tema central en Psicología, tanto desde una perspectiva conceptual como desde la práctica,
y este tema es el de la personalidad. Aquí se aborda una cuestión controversial, como la de la organización y estructura de la personalidad,
y se intenta dar respuestas a interrogantes tales como qué unidades
de análisis se deben considerar para estudiarla. Se otorga importancia,
además, a la operacionalización del constructo por medio de instrumentos de evaluación; esta articulación teoría/metodología le agrega
un gran valor a este texto.
Mercedes Fernández Liporace y Alejandro Castro Solano, compiladores y autores centrales, son doctores en Psicología, investigadores
de carrera del CONICET y docentes universitarios. Una vez más, dan
cuenta de una productividad poco usual y de la intención de comunicar resultados de numerosos estudios e investigaciones en el campo
de la evaluación psicológica, labor a la que se dedican desde hace
muchos años. En esta oportunidad, son coautores también un conjunto de jóvenes docentes vinculados con la cátedra universitaria de la
Universidad de Buenos Aires (UBA), o bien becarios e investigadores
de CONICET o de UBA.
A partir del concepto de que la personalidad implica el estudio
sistemático de patrones de comportamiento, emociones y pensamientos del sujeto, Castro Solano desarrolla en el Capítulo 1 diversas
concepciones teóricas. Hace referencia así a la tradición clínica (idiográfica) que concibe a la personalidad como sinónimo de singularidad, al enfoque correlacional, para el cual las diferencias individuales
se deben a ciertas disposiciones básicas –los rasgos psicológicos–, y
al enfoque experimental, que se centra en leyes generales –procesos
básicos– que se supone determinan el comportamiento humano. Para
el planteamiento de las diferentes teorías de la personalidad, toma
como referencia el criterio de Millon, diferenciando los enfoques en
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Mercedes Fernández Liporace y Alejandro Castro Solano (comps.)
monotaxonómicos, de carácter empírico, y politaxonómicos, de índole
explicativa. Deja planteado, como una cuestión mayor, la necesidad de
definición de las unidades de análisis que se deben tener en cuenta al
investigar la personalidad, a la vez que desarrolla con claridad conceptual la perspectiva centrada en los rasgos, las motivaciones, las
conductas manifiestas y los procesos inconscientes. Muy pertinentes
resultan además sus consideraciones acerca de la necesidad de estudiar la variación de los constructos personológicos en función de la
diversidad cultural, sin descuidar la universalidad de estos como
postulado fundamental de la psicología como ciencia. Como campo
emergente, plantea el desafío de integrar los desarrollos actuales de las
neurociencias con el cuerpo teórico, que desde diferentes perspectivas
se fueron construyendo a lo largo del siglo XX.
Guadalupe de la Iglesia y Agustín Freiberg Hoffmann desarrollan,
en el Capítulo 2, el modelo de los cinco factores, en el que se afirma
que la personalidad es un constructo psicológico complejo, compuesto por diversas dimensiones. El análisis factorial –enfoque empírico y politaxonómico– permitiría identificar componentes centrales
de la personalidad y analizar la validez de los resultados aportados por
los inventarios que se proponen evaluarla.
Castro Solano destina un capítulo más a la teoría de Millon, situada
como teórico-racional, donde plantea que las disposiciones biológico-temperamentales y las experiencias con el ambiente determinan
un patrón distintivo de interacciones interpersonales relativamente
fijo que definirían la personalidad. Enfatiza en el constructo patrón
en esta concepción. La personalidad puede ser entendida entonces
como un estilo distintivo de funcionamiento adaptativo del sujeto en
sus vínculos con el contexto. Los trastornos de la personalidad surgirían cuando dichos estilos se transforman en no adaptativos debido
a desequilibrios para afrontar las demandas del medio. Es destacable
la concepción de normalidad/anormalidad como nociones relativas y
que pueden ser mejor descritas como continuos más que como entidades discretas, como clásicamente las concibió la psiquiatría y la
psicología. Castro Solano desarrolla conceptos de particular utilidad
clínica, como las polaridades placer/dolor; sí mismo/otros; pasividad/actividad y la evolución de Millon desde la teoría biosocial a un
modelo ecológico-evolucionista. Así también, destaca que se trata de
una propuesta integrativa, en tanto reúne aportes de diferentes teorías
(interpersonal, evolucionista, psicodinámica, evolutiva). Otro mérito
de Millon, se sostiene, es la construcción de instrumentos específicos
Evaluación de la personalidad normal y sus trastornos
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de evaluación derivados de la teoría propuesta, con esfuerzos de vinculación con las categorías nosográficas del DSM.
Juliana Stover analiza en el Capítulo 4 el modelo categorial de los
trastornos de personalidad, según las propuestas del CIE-10 y el DSM-5.
Hace referencia a las críticas a dicho modelo, centradas en el tipo de clasificación de los trastornos, en su utilidad clínica, en la excesiva comorbilidad encontrada, en la heterogeneidad entre sujetos con el mismo
diagnóstico y en la falta de evaluación de la severidad basada en justificación teórica. Más allá de tales críticas, Stover destaca la inclusión en
la última versión del DSM-5 de aportes dimensionales sustentados en
parte en el modelo de los cinco factores, con la intención de proveer un
modelo basado en evidencia empírica.
Mercedes Fernández Liporace destina el Capítulo 5 al tratamiento
de diversos instrumentos de evaluación de la personalidad destacando las dificultades de tipo conceptual y metodológico para la
construcción de pruebas; se centra a continuación en la clasificación
metodológica de instrumentos en proyectivos y psicométricos; según
el diseño, según los objetivos de la evaluación y según se proponga
identificar la personalidad normal o patológica. Este capítulo ofrece
sólidos fundamentos acerca de los alcances y límites de cada una de
estas proposiciones, cuyo mérito es que el psicólogo tome consciencia
de ellos a la hora de utilizar un tipo de instrumento según los objetivos
que se propone con su empleo. El rigor con que la doctora Fernández
Liporace desarrolla el tema aporta, a mi criterio, a la jerarquización del
área de la evaluación psicológica. Invita al lector a conocer el respaldo
teórico de cada propuesta e indirectamente desalienta toda idea de
uso silvestre de pruebas psicológicas.
Este último capítulo se completa con el siguiente, en el cual Fernández Liporace desarrolla pormenorizadamente los principales instrumentos de evaluación de la personalidad normal y patológica hoy
disponibles. El capítulo cierra con una consideración central en las
prácticas de evaluación psicológica: que las pruebas deben ser interpretadas en un proceso de evaluación, definido como de toma de decisiones. Su fin último es contribuir a la resolución de la problemática
que originó dicho proceso.
El libro concluye con un capítulo a cargo de María Laura Lupano
Perugini, Analía Brizzio, Paula Ongarato, María José Scheinsohn y
Fabiana Uriel en el que se presentan casos clínicos; se informan resultados de evaluaciones de la personalidad –y sus trastornos– en las que
se emplearon técnicas desarrolladas en capítulos anteriores, casos que
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Mercedes Fernández Liporace y Alejandro Castro Solano (comps.)
permiten mostrar de un modo didáctico la articulación teoría-práctica, lo que los hace valiosos para el psicólogo usuario.
La claridad conceptual de esta obra invita a su lectura y tiene el
mérito de hacer una puesta al día de las teorías sobre un tema central
en Psicología y ciertamente complejo, como el de la personalidad y sus
trastornos. Los variados conceptos, vertidos con rigor científico, son
necesarios para saber qué se está evaluando cuando se emplean pruebas psicológicas, y a aquellos se destina parte del libro.
En suma, los autores han realizado un meritorio esfuerzo y un
aporte de gran valor sobre la cuestión de la personalidad, tanto para el
psicólogo clínico, como para el especialista en evaluación psicológica.
Introducción
Los autores
Esta obra está dirigida a nuestros estudiantes de grado y posgrado,
así como a los colegas que se desempeñan en la especialidad de la evaluación psicológica y que, en virtud de su campo de trabajo, requieren de los instrumentos de evaluación de la personalidad para llevar a
cabo su quehacer profesional.
Describir la personalidad normal, detectar riesgo psicopatológico
o bien realizar diagnósticos diferenciales de los distintos trastornos
resultan desafíos no menores para los profesionales de la salud mental. Y en la actualidad estas tareas son usualmente muy requeridas en
los ámbitos clínico, laboral y forense, así como también en los contextos comunitario y educacional.
Es así que la idea que nos ha reunido consiste en sintetizar los principales modelos y metodologías para evaluar la personalidad vigentes
al día de hoy, y realizar una descripción técnica de los instrumentos,
de ellos derivados, que se hallan disponibles y en condiciones técnicas
apropiadas para ser empleados en nuestro medio.
Asimismo, hemos reservado un lugar de importancia para comentar los principales tópicos y cambios introducidos en el DSM-5, esperando que estos materiales resulten de interés para nuestros lectores.
Finalmente, se incluye un capítulo con algunos casos informados, a
modo de aplicación didáctica, en relación con los contenidos referidos
a los inventarios antes descritos.
Esperamos que este trabajo sea de utilidad para nuestros lectores.
Agradecemos especialmente a la doctora Norma Contini, profesora titular de la Universidad Nacional de Tucumán, por su elogioso
prólogo, a nuestros colegas docentes de cátedra, quienes siempre nos
alientan a continuar trabajando, y particularmente a nuestros alumnos, de quienes siempre aprendemos en nuestra labor cotidiana.
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Concepciones teóricas de la personalidad
Modelos teóricos y definiciones
Alejandro Castro Solano
La personalidad implica el estudio sistemático de las diferencias
individuales en tanto patrones de comportamiento, emociones y pensamiento que los seres humanos poseen. Diferentes autores han dado
peso a uno u otro componente, según la tradición de investigación
en la que se hayan situado. Según Pervin (2000), podemos ubicar tres
tipos de abordaje de este constructo: el clínico, el correlacional y el
experimental. Describiremos a continuación, en forma sucinta, cada
una de estas tradiciones, sus metodologías y conceptualizaciones.
El abordaje clínico
Los primeros teóricos que evidenciaron la importancia de las diferencias individuales entre las personas fueron, sin lugar a dudas, los
psicólogos clínicos. Durante la primera mitad del siglo XX tuvo su auge
el estudio de las grandes teorías de la personalidad. Estos psicólogos
eran partidarios de una concepción holística u organísmica y estaban
preocupados por entender los principios de funcionamiento que son
comunes a todas las personas, en especial aquellos que hacen a la
singularidad propia de cada sujeto. Dentro de los autores más importantes podemos citar a Freud (psicoanálisis), Rogers (fenomenología/
humanismo) y George Kelly (constructos personales). Estas diferentes
líneas teóricas consideraban que cada individuo es singular, único e
irrepetible. Los autores basaban sus afirmaciones en el estudio clínico
de algunos pocos sujetos (pacientes) que estaban realizando tratamiento psicoterapéutico. En esta línea cobraba importancia el poder
comprender las causas del funcionamiento psicológico individual.
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Mercedes Fernández Liporace y Alejandro Castro Solano (comps.)
Dentro de esta tradición, personalidad era un sinónimo de psiquismo,
otorgándose importancia al poderoso efecto de los vectores internos
en la determinación tanto de los actos, los pensamientos, como de las
emociones personales (Fierro, 1996). Este enfoque se consideró idiográfico, ya que, como antes se comentaba, tomaba en cuenta el estudio
de pocos casos (clínicos). En algunas oportunidades, incluso, se trataba del estudio intensivo de un solo sujeto (e.g., Freud).
Las definiciones más clásicas de personalidad tienen su origen en
esta tradición. Allport (1937) definía el concepto como psicología de lo
individual, de lo idiosincrático. Para este autor, la personalidad es “la
organización dinámica de los sistemas psicofísicos que determina los
ajustes del individuo al medio circundante”. Murray (1938), en tanto,
consideraba que este constructo complejo estaba en relación con lo
singular y no podía ser entendido mediante leyes generales. Para otro
autor clásico, Filloux (1960), “la personalidad es la configuración única
que toma, en el transcurso de la historia de un individuo, el conjunto
de los sistemas responsables de su conducta”.
El abordaje correlacional
Si bien los seres humanos difieren en sus comportamientos, no
difieren al azar ni de modo incoherente. Los autores de esta línea se
preocuparon por identificar en las personas patrones o pautas comunes que fueran la razón de determinados estilos de comportamiento.
Estos psicólogos fueron denominados “rasguistas” porque intentaron aislar un conjunto de rasgos o dimensiones que diferenciaban a
los individuos. Se basaron en el análisis de las respuestas dadas por
los sujetos a inventarios de personalidad, que eran posteriormente
analizados mediante la metodología del análisis factorial. De este
modo, se identificaba la estructura subyacente a la organización comportamental y se establecían las regularidades del comportamiento
tomando como unidad de análisis los rasgos psicológicos. Los rasgos
se definen como tendencias latentes que predisponen a los seres
humanos a comportarse de determinado modo; son los responsables
de las diferencias individuales y predicen la conducta humana en
diferentes situaciones.
Esta aproximación también se denominó nomotética (nomos =
ley). La consideración de los rasgos psicológicos supone consistencia
Evaluación de la personalidad normal y sus trastornos
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y estabilidad. La consistencia se refiere a cierta regularidad de la
conducta en situaciones diferentes y la estabilidad hace alusión a la
perdurabilidad temporal de las conductas de un individuo. Dicho
de otro modo, esto implica que las personas son las mismas a lo
largo del tiempo y en los diferentes contextos. Los rasgos, a su vez,
fueron caracterizados como predisposiciones básicas (latentes) que
daban lugar al comportamiento efectivo. Autores como Cattell o
Eysenck estaban enrolados dentro de esta tradición de estudio de
la personalidad, que tuvo su auge a principios del siglo XX, luego se
dejó de lado hacia la mitad del siglo, y resurgió con vigor hacia finales
de los años ochenta a través del modelo de los cinco factores de la
personalidad (véase Capítulo 2).
El abordaje experimental
Esta escuela, a diferencia de la anterior, hace hincapié en las leyes
generales que rigen la conducta humana y que resultan aplicables a
todos los individuos. Si comparamos la tradición correlacional con la
experimental, la primera hace foco en las diferencias individuales, y
la segunda enfatiza más los universales que rigen los comportamientos humanos. Autores tales como Dollar y Miller durante las décadas
de 1940 y 1950 se enrolaron dentro de este enfoque experimentalista
y emplearon las bases de las teorías del aprendizaje para formular los
principios del funcionamiento individual. Hacia 1960 y 1970, y fruto
de la revolución cognitiva, autores como Bandura y Mischel enfatizaron, dentro de un marco de trabajo cognitivo-social, el estudio de los
procesos cognitivos en la determinación de la conducta humana. Este
abordaje metodológico intentó conectar los campos de la psicología
cognitiva y la psicología social.
En síntesis, para la tradición clínica (idiográfica), la personalidad
es sinónimo de singularidad; para la tradición correlacional, el origen
de las diferencias individuales entre los seres humanos se debe a ciertas disposiciones básicas –los rasgos psicológicos–, y para el enfoque
experimental, importan las leyes generales (procesos básicos) que
rigen los comportamientos humanos.
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